Está en la página 1de 254

INTRODUCCIÓN A LA GEOMETRÍA

AVANZADA

Ana Irene Ramı́rez-Galarza


José Seade Kuri
Índice general

1. Geometrı́a Euclidiana 5
1.1. Simetrı́as . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6
1.2. Transformaciones rı́gidas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 22
1.3. Invariantes bajo transformaciones rı́gidas . . . . . . . . . . . . . 36
1.4. Cilindros y toros . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 47
1.5. Subgrupos finitos de E(2) y E(3) . . . . . . . . . . . . . . . . . 57
1.6. Frisos y mosaicos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 71

2. Geometrı́a Afı́n 89
2.1. La recta al infinito . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 91
2.2. Transformaciones afines
y sus invariantes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 99

3. Geometrı́a Proyectiva 107


3.1. El plano proyectivo real . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 108
3.2. El Principio de Dualidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 116
3.3. La forma de P 2 ( ) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 122
3.4. Cartas coordenadas para P 2 ( )
(y para P 1 ( )) . . . . . . . . .
 . . . . . . . . . . . . . . . . . . 129
3.5. El grupo proyectivo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 133
3.6. Invariancia de la razón cruzada . . . . . . . . . . . . . . . . . . 143
3.7. El espacio de las cónicas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 149
3.8. Propiedades proyectivas
de las cónicas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 152
3.9. Polos y polares . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 158
3.10. Geometrı́a Elı́ptica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 166
i
ii

4. Geometrı́a Hiperbólica 173


4.1. Los modelos del plano hiperbólico . . . . . . . . . . . . . . . . . 174
4.2. Transformaciones
del Plano Hiperbólico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 182
4.3. La red de Steiner . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 191
4.4. La métrica hiperbólica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 196
4.5. Primeros resultados
en Geometrı́a Hiperbólica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 205
4.6. Superficies con
estructura hiperbólica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 213
4.7. Mosaicos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 223

5. Apéndices 229
5.1. Funciones diferenciables. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 229
5.2. Relaciones de equivalencia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 231
5.3. El grupo simétrico
en cuatro sı́mbolos: S4 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 232
5.4. Postulados euclidianos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 236
5.5. Topologı́a . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 237
5.6. Algunos resultados
sobre la circunferencia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 239

6. Bibliografı́a 243
Introducción

Al escribir este libro hemos tenido el propósito de compartir con el lector el


placer que proporciona la Geometrı́a, ası́ como mostrar cuál es su importancia
dentro de las matemáticas y los muy variados caminos que puede recorrer quien
se adentra en este campo.
También queremos hacer una propuesta concreta para introducir al estu-
diante en los conceptos surgidos en el periodo transcurrido del apogeo de la
escuela griega a la fecha. Consideramos, como lo hace Elmer Rees en [Re],
que lo más indicado es trabajar con modelos que admiten coordenadas, pues
ello propicia el uso de resultados algebraicos y analı́ticos y muestra además la
forma en que se relacionan las tres áreas.
Este libro está dirigido a estudiantes del segundo año de la carrera de
matemáticas y su contenido esencial puede cubrirse en un curso semestral.
Presuponemos que el lector está familiarizado con algunos hechos de la
Geometrı́a Euclidiana plana (sobre todo los relativos al triángulo y la circunfe-
rencia), y también con los elementos de la Geometrı́a Analı́tica (intersección de
rectas y planos, las ecuaciones y las principales propiedades de cónicas y cuá-
dricas) y del álgebra Lineal (hasta los conceptos de valor y vector caracterı́stico
de una transformación lineal del plano o del espacio cartesiano).
Asimismo, supondremos el conocimiento de los conceptos y resultados del
Cálculo Diferencial e Integral para funciones de en , y esperamos que
el estudiante esté siguiendo al menos el primer curso de Cálculo de Varias
Variables. A lo largo del texto mencionamos la bibliografı́a relacionada con
cada tema particular.
Con ese bagaje es posible presentar de manera formal, usando el método
analı́tico en modelos que admiten coordenadas, las geometrı́as que “siguen”
de la euclidiana: la Geometrı́a Afı́n, la Geometrı́a Proyectiva, la Geometrı́a
Elı́ptica y la Geometrı́a Hiperbólica. En este último caso haremos uso de coor-
denadas complejas, pero lo haremos de forma tal que quede claro cuáles aspec-
1
2

tos de los números complejos están involucrados en el problema concreto.


La presentación de esas geometrı́as permite comprender el papel fundamen-
tal desempeñado en cada una por el grupo de transformaciones permitidas y
muestra de manera concreta cómo se conjugan el álgebra, el Análisis y la Geo-
metrı́a, para obtener una mejor comprensión de un resultado o la resolución
de un problema.
El paso de estas geometrı́as planas a sus extensiones tridimensionales o n-
dimensionales, es sencillo en algunos casos y los incluiremos. Para los incisos
y ejercicios cuyo nivel esté por encima del promedio, daremos siempre una
referencia como apoyo.
La mejor medida del grado de comprensión de los conceptos y resultados
será la proporción de ejercicios resueltos; hay que intentarlos todos.
Para las preguntas que no encuentren respuesta en este libro, incluimos
bibliografı́a existente en las librerı́as o que puede consultarse en las bibliotecas
de nuestras universidades.

Los comentarios y observaciones pueden dirigirse a

Ana Irene Ramı́rez Galarza José Seade Kuri


Cubı́culo 204, Departamento de Unidad Morelos del Instituto de
Matemáticas, FC, UNAM Matemáticas de la UNAM
Ciudad Universitaria, C.P. 04510 Cuernavaca, Morelos
rgalarza@servidor.unam.mx jseade@math.unam.mx
3

DEDICATORIA

A los integrantes de una generación fundamental


para la Geometrı́a en México:

Francisco González Acuña,


Santiago López de Medrano Sánchez,
Sevı́n Recillas Pishmish,
Alberto Verjovsky Solá.

Agradecimientos

A los compañeros que, en diversas formas, cooperaron a mejorar este libro:


Ricardo Berlanga Zubiaga, León Kushner Schnur, Laura Ortiz Bobadilla, Oscar
Palmas Velasco, Ernesto Rosales González, Alberto Verjovsky Solá.
Al Comité Editorial de Aportaciones Matemáticas de la Sociedad Matemá-
tica Mexicana por hacerse cargo del arbitraje de esta obra.
A los alumnos cuya lectura cuidadosa de las versiones preliminares permitió
eliminar varias erratas: Juan José Alba Fernández, Rolando Gómez, Ernesto
Mayorga, David Mireles.
A Juan Pablo Romero por su excelente labor en los dibujos.
A Guilmer González Fernández por su diseño tipográfico.

Este libro es el tercero del proyecto PAPIME “Textos de Geometrı́a para


el Mejoramiento del Aprendizaje en Matemáticas” a cargo de la primera de los
autores.
4

GLOSARIO DE SIMBOLOGÍA
números naturales
números enteros


números racionales


números reales
 números complejos
n
espacio cartesiano n-dimensional
Sn n-esfera: vectores de norma 1 en n+1
Sn grupo simétrico en n sı́mbolos
Roθ rotación por un ángulo θ en 2 en torno al origen
Reφ reflexión en la recta por el origen de pendiente tanφ en 2
E(n) grupo de transformaciones rı́gidas en n
GL(n, ) grupo lineal de orden n
SL(n, ) grupo lineal especial de orden n
O(n, ) grupo ortogonal en n
SO(n, ) grupo de rotaciones en torno al origen en n
A2 plano afı́n
A(2) grupo afı́n
P n( ) espacio proyectivo n-dimensional sobre
P 1( )  espacio proyectivo 1-dimensional sobre 

Dn vectores de norma menor que 1 en n


∇F (P0) gradiente de F en P0
P GL(n, ) proyectivizado del grupo lineal de orden n
P SL(2, )  grupo de transformaciones de Möbius
∆ modelo del disco para la Geometrı́a Hiperbólica
H+ modelo del semiplano superior para la Geometrı́a Hiperbólica
GC subgrupo de P GL(3, ) que fija una cónica
G+∆ subgrupo de P SL(2, ) que fija ∆


G+H+ P SL(2, ), subgrupo de P SL(2, ) que fija H +




G∆ isometrı́as de ∆
GH + isometrı́as de H +
1
Geometrı́a Euclidiana

La rama de las Matemáticas que llamamos Geometrı́a nace formalmente en


Grecia hacia el año 300 a.C., aunque, para nuestra cultura occidental, sus
orı́genes se remontan a Mesopotamia y Egipto, alrededor del 3000 a.C.
El tratado clásico de Euclides, Elementos [Eu], reviste una importancia
capital para toda la ciencia, pues no sólo recopila y ordena los conocimientos
geométricos y fı́sicos generados hasta ese momento, sino que propone un modo
de validar los conocimientos teóricos que los vuelve imperecederos; a eso se
debe que siga editándose.
El texto tuvo pequeñas fallas que llevó mucho tiempo enmendar (véase [H]),
pero sorprende constatar que la mayorı́a de ellas fueron causa de inquietud pa-
ra Euclides, quien en cada ocasión manejó el problema con todo el cuidado
que le permitió la cultura de su tiempo, donde todavı́a no surgı́an conceptos
fundamentales como el de número real, el de lı́mite y el de grupo de trans-
formaciones, que hoy podemos utilizar merced al lenguaje algebraico de que
disponemos.
No entraremos a la discusión de los postulados euclidianos, pues el trata-
miento analı́tico de la Geometrı́a asigna coordenadas a los puntos, ecuaciones
a los lugares geométricos y concibe como funciones a las transformaciones per-
mitidas. Eso significa que nos basaremos en las propiedades del sistema de los
números reales que se estudian en el primer curso de Cálculo (véase [Cou]), y
con ellos es posible demostrar que el plano cartesiano cumple con los postulados
euclidianos.
Según varios autores (véase [Ki]), Euclides se mostraba insatisfecho con
el método de superposición utilizado en sus demostraciones de congruencia
de triángulos, pero el método analı́tico clarifica dicho método hasta volverlo
la esencia misma de la Geometrı́a Euclidiana: el estudio de invariantes bajo
transformaciones rı́gidas.
Este capı́tulo está dedicado al estudio del grupo de transformaciones rı́gidas
en 2 y en 3, y a dar un panorama de los resultados que este enfoque permite
obtener. Las referencias son [Cox 1,2,5], [Eu], [Ev], [H], [Mar], [Ra] y [Re].

5
6

1.1. Simetrı́as
El concepto de simetrı́a es fundamental en Geometrı́a y en la naturaleza
misma: el cuerpo humano es exteriormente simétrico con respecto a un plano, y
esa simetrı́a determinó la construcción de objetos que también lo son, como los
jarrones con dos asas o los pares de calzado; la simetrı́a de un disco respecto
a su centro da lugar a múltiples aplicaciones; y un cilindro circular infinito
es simétrico no sólo respecto a muchos planos y muchos puntos, sino también
respecto a muchas rectas, en particular su eje; en este inciso mostraremos cómo
justificar estas últimas afirmaciones a partir de la ecuación del cilindro.
Para precisar qué entendemos por cada tipo de simetrı́a, empezaremos por
recordar cómo determinamos algunas distancias en el espacio tridimensional.
Las fórmulas las recordamos un poco más adelante.
PSfrag replacements
Q(x2, y2, z2) P P

H Π
H Q
Q L
P (x1 , y1, z1)

(a) (b) (c)


Figura 1.1: Distancias: de un punto P a otro Q; de un punto P a una recta L; de
un punto P a un plano Π.

Definición. La distancia de un punto P a otro punto Q es la longitud


del segmento de recta entre los puntos.

Definición. La distancia de un punto P a una recta L es la longitud


del segmento perpendicular del punto a la recta.

Nóte que, de todos los puntos de la recta, el pie H de la perpendicular del


punto P a la recta L es el que determina un segmento de longitud mı́nima (es
cateto de cualquier triángulo P HQ en la Figura 1.1(b)).
7

Definición. La distancia de un punto P a un plano Π es la longitud


del segmento perpendicular del punto al plano.

También en este caso ocurre que el pie H de la perpendicular de P al plano


Π, es el punto del plano que minimiza la longitud de los posibles segmentos de
P a un punto Q del plano Π, pues P H es cateto de cualquiera de los triángulos
rectángulos P HQ (vea la Figura 1.1(c)).

Los distintos tipos de simetrı́a que puede tener un objeto son:

Definición. Un objeto F es simétrico respecto a un punto O si para


cada punto P en F , también P 0 pertenece a F , donde O es el punto medio del
segmento P P 0 (vea la Figura 1.2). El punto O es un centro de simetrı́a.

sen X
1 P
O
X
PSfrag replacements P0
−1

(a)
P
π/2 P
π

O O

P0 P0

(b) (c)

Figura 1.2: Figuras simétricas respecto a un punto.


8

La gráfica de la función seno es simétrica respecto al origen (Figura 1.2(a));


un cono de revolución es simétrico respecto a su vértice (Figura 1.2(b)); un cubo
es simétrico respecto a su centro (Figura 1.2(c)). La comprobación analı́tica
de las dos primeras afirmaciones es muy sencilla, como veremos.

Definición. Un objeto F es simétrico respecto a una recta L, si para


cada punto P en F , también P 0 pertenece a F , donde L corta perpendicular-
mente al segmento P P 0 en su punto medio (vea la Figura 1.3). La recta L es
un eje de simetrı́a.

La gráfica de la función coseno es simétrica respecto al eje Y (Figura 1.3(a)),


pero no respecto al eje X; un pentágono regular es simétrico respecto a cual-
quier recta que pase por un vértice y el punto medio del lado opuesto (Figura
1.3(b)); un cubo es simétrico respecto a cada una de las rectas que unen los
centros de caras opuestas, y a las que unen puntos medios de aristas opuestas,
pero no respepcto a rectas que unen vértices opuestos (Figura 1.3(c)). Al final
del inciso verificaremos estas afirmaciones muy fácilmente.
cos X

P P0

(a)
P
PSfrag replacements

P P0

P0
(b) (c)

Figura 1.3: Figuras simétricas respecto a una recta.


9

Definición. Un objeto F es simétrico respecto a un plano Π si para


cada punto P en F , también P 0 pertenece a F , donde Π es el plano perpen-
dicular a P P 0 por el punto medio. El plano Π es un plano de simetrı́a.

El cuerpo humano es simétrico, exteriormente, respecto al plano que pasa


por la columna vertebral y la punta de la nariz; un cubo es simétrico respecto
a un plano que contenga diagonales paralelas de caras opuestas, y también
respecto a un plano paralelo a dos caras opuestas y que pase por el centro; un
cilindro circular infinito es simétrico respecto a cualquier plano perpendicular a
su eje, y también respecto a cualquier plano que pase por su eje. Verificaremos
las dos últimas afirmaciones al final del inciso.

P
P0
P

frag replacements

P0

(a) (b) (c)

Figura 1.4: Figuras simétricas respecto a un plano.

Hay fórmulas para calcular las distancias involucradas en las definiciones de


simetrı́a. Pero antes de revisarlas, veamos cómo bastan unas consideraciones
algebraicas sencillas para obtener el punto simétrico de un punto P (x, y, z) con
respecto a un plano coordenado, un eje coordenado y al origen.
10

Esto es útil porque, salvo los casos en que el sistema coordenado está dado
de antemano, podremos tomar el sistema de forma que el plano, la recta o
el punto respecto al cual nos interesa examinar la simetrı́a, sea uno de esos
elementos coordenados. Y, además, la inclusión canónica de 2 en 3 nos
permite utilizar esos criterios en el caso del plano. La Figura 1.5 ilustra las
definiciones siguientes.

PZ
PSfrag replacements PY Z
PXZ P (x, y, z)

O
Y

X
PO
PX PY

PXY

Figura 1.5: Los simétricos de un punto respecto a los planos y ejes coordenados, y
al origen.

El punto simétrico de P (x, y, z) respecto al origen de coordenadas


O, es el punto PO (−x, −y, −z), pues P, PO y O son colineales, −P = PO y
||OP || = ||OPO ||.

El punto simétrico del punto P (x, y, z) respecto al eje X es el punto


PX (x, −y, −z), pues el vector P − PX = (0, 2y, 2z) es perpendicular a (1, 0, 0)
y el punto medio del segmento P PX es (x, 0, 0) ∈ X.
11

Análogamente se demuestra que el simétrico del punto P (x, y, z) res-


pecto al eje Y es el punto PY (−x, y, −z), y que el simétrico del punto
P (x, y, z) respecto al eje Z es el punto PZ (−x, −y, z).
Y también es fácil demostrar que los simétricos respecto a los diversos
planos coordenados de un punto P (x, y, z) son:

PXY (x, y, −z) es simétrico de P (x, y, z) respecto al plano XY ;

PY Z (−x, y, z) es simétrico de P (x, y, z) respecto al plano Y Z;

PZX (x, −y, z) es simétrico de P (x, y, z) respecto al plano ZX.

Con todo lo anterior, el lector no tendrá problema en demostrar la obser-


vación siguiente:

Si una figura es simétrica respecto a los tres planos coordenados, también lo es


respecto a los ejes coordenados y al origen.

Vayamos ahora a las fórmulas y el álgebra necesarias para determinar las


simetrı́as que hemos mencionado.
3
Para cualesquiera dos vectores de definimos su producto escalar,
(x1, y1, z1 ) · (x2, y2, z2 ) = x1 x2 + y1 y2 + z1z2 = Σ3i=1 xi yi .
3
y mediante él obtenemos la norma de un vector (x, y, z) ∈ :
q q
||(x, y, z)|| = (x, y, z) · (x, y, z) = x2 + y 2 + z 2 ,
que puede interpretarse como la longitud de la diagonal del paralelepı́pedo
determinado por (0, 0, 0), (x, y, z) y las proyecciones de (x, y, z) en cada uno
de los planos coordenados y cada uno de los ejes coordenados (haga un dibujo).
La norma permite definir la distancia entre dos puntos P (x1 , y1, z1 ) y
Q(x2, y2, z2) como:
q
d(P, Q) = ||P − Q|| = (x1 − x2)2 + (y1 − y2 )2 + (z1 − z2)2 ,
y entonces el ángulo entre dos vectores ū = (u1, u2, u3 ) y v̄ = (v1, v2, v3)
puede definirse ası́: !
ū · v̄
6 (ū, v̄) = 6 cos ,
||ū|| ||v̄||
12

pues la desigualdad de Schwarz asegura (vea el Ejercicio 7)

|ū · v̄| ≤ ||ū|| ||v̄||.

Observación 1. A lo largo de todo el libro, identificamos a 2 con la imagen


de la inclusión canónica de 2 en 3 dada por (x, y) 7→ (x, y, 0). Desde
luego, no es la única forma de ver a 2 como subespacio vectorial de 3 , pero
sı́ es la más usada.
3
Además del producto escalar de dos vectores ū, v̄ ∈ , contamos también
con su producto vectorial:

b
ı b kb

ū × v̄ = (u2v3 − u3 v2, u3v1 − u1 v3, u1 v2 − u2v1 ) = u1 u2 u3

v1 v2 v3

donde bı, b y kb son los vectores de la base canónica de 3 : (1, 0, 0), (0, 1, 0) y
(0, 0, 1), respectivamente.
Con la norma del producto vectorial podemos calcular el área de un pa-
ralelogramo, pues si θ = 6 (ū, v̄), es fácil demostrar que

||ū × v̄|| = ||ū|| ||v̄|| |sen θ|.

Y, finalmente, el triple producto escalar de tres vectores ū, v̄, w̄, [ū, v̄, w̄],
sirve para calcular el volumen orientado del paralelepı́pedo determinado
por 0̄, ū, v̄, w̄, ū + v̄, ū + w̄, v̄ + w̄ y ū + v̄ + w̄ (vea la Figura 1.6).
v×w

PSfrag replacements u

w
v

Figura 1.6: Interpretación geométrica del triple producto escalar.


13

[ū, v̄, w̄] = ū · v̄ × w̄ = ||ū|| ||v̄ × w̄|| cos φ,


donde φ = 6 (ū, v̄ × w̄), y como v̄ × w̄ es perpendicular a v̄ y w̄, el número
||ū|| cos φ es la altura orientada de P(ū, v̄, w̄) respecto a la base formada por
el paralelogramo determinado por v̄ y w̄ (vea la Figura 1.6), cuya área es
precisamente ||v̄ × w̄||.

Ahora es fácil dar una fórmula para la distancia de un punto Q(a, b, c)


a una recta L ⊂ 3 que pasa por P0 en la dirección de un vector unitario ub:

d(Q, L) = ||(Q − P0 ) × ub|| = ||Q − P0 || |sen θ| (1.1)

pues como ||ub|| = 1, la norma de (Q − P0) × u


b se reduce a ||Q − P0|||sen θ| que
es precisamente la altura del paralelogramo mostrado en la Figura 1.7, y que
está contenido en el plano definido por L y Q, donde θ = 6 (ū, Q − P0 ) .
Si la recta y el punto se ubican en 2 , la fórmula de la distancia del
punto Q(x0, y0 ) a la recta L ⊂ 2 de ecuación Ax + By + C = 0 es
|Ax0 + By0 + C|
d(Q, L) = √ . (1.2)
A2 + B 2

PSfrag replacements Z
Q

Q − P0
L
P0 û
X

3
Figura 1.7: Cómo calcular la distancia de un punto a una recta en .

El lector deberá justificar esta fórmula en términos del producto escalar, y


con el mismo razonamiento demostrará que la fórmula de la distancia de un
punto Q(x0, y0, z0 ) a un plano Π de ecuación Ax + By + Cz + D = 0 es:
|Ax0 + By0 + Cz0 + D|
d(Q, Π) = √ . (1.3)
A2 + B 2 + C 2
14

Como tenemos ya una manera de medir distancias entre puntos, ángulos


entre rectas, áreas y volúmenes, estamos listos para abordar el estudio analı́tico
de la Geometrı́a Euclidiana en el plano y en el espacio.
Para empezar, comprobaremos todas las simetrı́as prometidas en los ejem-
plos, eligiendo en cada caso un sistema coordenado conveniente, para
aplicar los criterios que acabamos de recordar. No hay una receta general pa-
ra determinar cómo hacer esa elección; en este caso, como en muchos otros, el
verdadero maestro es la práctica. Lo que sı́ es general es la necesidad de definir,
mediante ecuaciones o desigualdades, la figura a tratar.

1. La gráfica del seno es simétrica respecto al origen.

En este caso, el sistema coordenado ya está preestablecido, pues la gráfica


de una función y = f (x) hace referencia a las coordenadas (x, y) de un plano
coordenado.
La gráfica del seno consta de los puntos (x, sen x), y como sen x = −sen (−x),
podemos escribir −sen x = sen (−x). Entonces, un punto P (x, sen x) pertene-
ce a la gráfica de la función seno si y sólo si el punto P 0 (−x, −sen x) también
pertenece a la gráfica (vea la Figura 1.8).
PSfrag replacements
sen x
1
P
−x
O x

P0
−1

Figura 1.8: La gráfica de la función seno es simétrica respecto al origen.

Esta propiedad de la función seno recuerda la propiedad de las funciones


y = xn , donde n es impar, y por eso se dice que la función seno es una función
impar.

2. La gráfica de la función coseno es simétrica respecto al eje Y .

También en este caso el sistema coordenado ya está dado; invitamos al


15

lector a trazar la gráfica y recordar la identidad trigonométrica que implica


que P (x, cos x) pertenece a la gráfica si y sólo si P 0 (−x, cos(−x)) también
pertenece a la gráfica.

3. Una circunferencia es simétrica respecto a su centro y a cualquiera de


sus diámetros.

En este caso conviene tomar un sistema coordenado cuyo origen sea el


centro de la circunferencia y cuyo eje X coincida con el diámetro respecto al
cual queremos mostrar la simetrı́a. Entonces, la ecuación de la circunferencia
es
x2 + y 2 = r 2
y como x2 = (−x)2 y y 2 = (−y)2, es claro que P (x, y) satisface la ecuación
de la circunferencia si y sólo si P 0 (−x, −y) también la satisface, es decir, la
circunferencia es simétrica respecto a su centro.
Por la misma razón, PX (x, −y) pertenece a la circunferencia si y sólo si
P (x, y) lo hace, lo cual demuestra la simetrı́a de la circunferencia respecto a
cualquiera de sus diámetros (vea la Figura 1.9).
Y
PSfrag replacements
PY (−x, y) P (x, y)

P 0 (−x, −y) PX (x, −y)

Figura 1.9: Las simetrı́as de la circunferencia.

4. Un pentágono regular es simétrico respecto a las rectas que pasan por


un vértice y el punto medio del lado opuesto.

Un pentágono es regular si todos sus lados son congruentes y todos sus


ángulos interiores son congruentes.
En primer lugar, podemos tomar un sistema coordenado de suerte que si
A, B, C, D y E son los vértices del pentágono, A se ubique en el eje Y y los
vértices C y D sean simétricos respecto al eje Y . Entonces el eje es una de las
16

lı́neas que nos interesan (vea la Figura 1.10).


Los lados BC y ED forman ángulos π − α y α, respectivamente, con la
parte positiva del eje X, por la igualdad de los ángulos interiores en C y en D.
Por tanto, si la pendiente de DE es m, la de BC es −m, y como pasan por
los puntos C y D, respectivamente, las ecuaciones de los lados BC y DE son:
BC : y = −mx − md, DE : y = mx − md
PSfrag replacements

Y
A

B E

α π−α
X
C(−d, 0) D(d, 0)

Figura 1.10: Simetrı́as del pentágono.

Con esas ecuaciones es inmediato comprobar que los puntos del lado CB
tienen sus simétricos respecto al eje Y en el lado DE, lo cual dejamos al lector.
Y también corresponde al lector demostrar que los simétricos de los puntos en
el lado BA se encuentran en el lado EA.

5. Un cilindro circular es simétrico respecto a su eje, a cualquier plano que


pase por su eje, a cualquier recta y plano que corten perpendicularmente al eje
y también es simétrico respecto a cualquier punto en el eje.

Un cilindro circular puede pensarse como la superficie de revolución gene-


rada por una recta que rota en torno a una paralela fija, el eje de revolución.
Esta vez ubicamos al cilindro de forma que su eje sea el eje Z, que el plano
por el eje Z respecto al cual queremos probar la simetrı́a sea el plano Y Z, y
que el plano ortogonal al eje del cilindro, y respecto al cual queremos examinar
la simetrı́a, sea el plano XY , y el pretendido centro de simetrı́a será el origen.
Con todas estas especificaciones, la ecuación del cilindro es
x2 + y 2 = r 2 ,

y como x y y aparecen con exponente par y z es libre, es claro que hay simetrı́a
17

respecto al origen, a cada uno de los ejes coordenados y a cada uno de los planos
coordenados, en particular respecto al eje Z, al plano Y Z y al plano XY .
Z
PSfrag replacements

PZ P PY Z

PO Y
X
PXY

Figura 1.11: Simetrı́as de un cilindro de revolución.

Tal vez en un principio el lector no creyera que hubiera otros ejes de simetrı́a
distintos del eje de revolución, pero la sencillez del criterio para demostrar la
simetrı́a de una figura respecto a un eje coordenado, nos permitió descubrir
que el cilindro tiene infinitos ejes de simetrı́a: cada una de las rectas que cortan
perpendicularmente al eje de revolución.
ésa es una de las ventajas del estudio de la Geometrı́a utilizando álgebra:
permite descubrir hechos geométricos que uno no se habı́a planteado.

6. Un cono de revolución (recuérdese que las generatrices son rectas com-


pletas) es simétrico respecto a su vértice, su eje, cada recta perpendicular al
eje por el vértice, el plano perpendicular al eje por el vértice y cada plano que
contiene al eje. Esta vez encargamos el dibujo correspondiente al lector.

También en este caso conviene tomar como eje de revolución al eje Z, el


vértice como el origen, el plano perpendicular al eje respecto al cual interesa
analizar la simetrı́a como el plano XY , y el plano por el eje de revolución como
el plano Y Z.
El lector deberá hacer el dibujo, establecer la ecuación del cono, y compro-
bar que, al resultar simétrico respecto a todos los elementos coordenados, se
cumplen todas las afirmaciones del enunciado.

7. Un cubo es simétrico respecto a los planos equidistantes de dos caras


paralelas, a los planos que contienen diagonales paralelas de caras paralelas, a
18

las rectas por los centros de caras opuestas y a las rectas por los puntos medios
de aristas opuestas (obtenidas como intersección de caras distintas), y al punto
en que se cortan todos los planos y ejes de simetrı́a.

Consideremos un cubo cuyas aristas midan 2a, y ubiquémoslo de forma que


el origen sea el punto en que se cortan los planos equidistantes de caras opuestas
PSfrag
(vea replacements
la Figura 1.12), y elijamos como planos coordenados sean precisamente
esos planos equidistantes.

D
(−a, −a, a)
C(−a, a, a)
A
(a, −a, a)
B(a, a, a)

Y
U T (−a, a, −a)
(−a, −a, −a)
X
R
(a, −a, −a) S(a, a, −a)

Figura 1.12: Simetrı́as del cubo.

Las ecuaciones de los planos a que pertenecen las caras son x = a y x = −a;
y = a y y = −a; z = a y z = −a, y si los vértices de la tapa son A, B, C y D
y los de la base son R, S, T y U , las caras quedan definidas ası́:

ABCD = {(x, y, z)| z = a, |x| ≤ a, |y| ≤ a};

RST U = {(x, y, z)| z = −a, |x| ≤ a, |y| ≤ a};

BST C = {(x, y, z)| y = a, |x| ≤ a, |z| ≤ a};

ARU D = {(x, y, z)| y = −a, |x| ≤ a, |z| ≤ a};

ARSB = {(x, y, z)| x = a, |y| ≤ a, |z| ≤ a};

DU T C = {(x, y, z)| x = −a, |y| ≤ a, |z| ≤ a}.


19

Las coordenadas de un punto P en la cara ABCD, son (x, y, a), donde


|x| ≤ a y |y| ≤ a, ası́ que su simétrico respecto al plano XY es PXY (x, y, −a),
que pertenece a la cara RST U .
Análogamente se comprueba la simetrı́a respecto a los planos Y Z y ZX, que
son los equidistantes de las caras delantera y posterior, y derecha e izquierda,
respectivamente.
Entonces, de acuerdo a la observación que siguió a la lista de los criterios
de simetrı́as respecto a los elementos coordenados, hemos demostrado también
las simetrı́as respecto a los ejes coordenados y al origen, que en este caso son,
respectivamente, las rectas que unen los centros de caras opuestas y el punto
en que se cortan esas tres rectas (y los tres planos equidistantes), y que se
llama centro del cubo por ser un centro de simetrı́a.
Para demostrar que el cubo es simétrico respecto a los planos determinados
por diagonales paralelas de caras paralelas, bastará caracterizar los puntos
pertenecientes a las caras que están en ambos lados de uno de esos planos de
manera adecuada; entonces el comportamiento de los parámetros facilitará la
comprobación de la simetrı́a.
Tomemos como ejemplo el plano ART C (véase la Figura 1.12), que clara-
mente tiene a (1, 1, 0) como vector normal y, por pasar por el origen, satisface
la ecuación x + y = 0.
La figura indica que la cara ARU D es simétrica de la cara ARSB respecto
al plano ART C.
Los puntos del plano ARU D son de la forma P = A + sub + tvb, donde ub
es un vector unitario en la dirección de A − D = (2a, 0, 0) y vb es un vector
unitario en la dirección de A − R = (0, 0, 2a), es decir,

(x, y, z) = (a, −a, a) + s(1, 0, 0) + t(0, 0, 1) = (a + s, −a, a + t);

los puntos quedan confinados a la cara ARU D cuando −2a ≤ s ≤ 0 y −2a ≤


t ≤ 0.
Un argumento similar muestra que los puntos P 0 en la cara ARSB son de
la forma

(x, y, z) = (a, −a, a) + σ(0, 1, 0) + τ (0, 0, 1) = (a, −a + σ, a + τ ),

donde 0 ≤ σ ≤ 2a y −2a ≤ τ ≤ 0.
Cuando s = −σ y t = τ, el segmento P P 0 es perpendicular al plano ART C,
pues P − P 0 = (s, s, 0) es paralelo a (1, 1, 0), y las distancias de P a ART C y
20

de P 0 a ese mismo plano son, respectivamente, y según la fórmula (1.3),

|a − s − a| |s| |a − a + s| |s|
√ =√ ; √ =√ ,
2 2 2 2

lo cual demuestra la simetrı́a que nos interesaba.


Para el resto de los planos que contienen diagonales paralelas de caras
opuestas, el cálculo es similar.
En la Sección 5 analizaremos las simetrı́as de cada uno de los sólidos pla-
tónicos, el cubo en particular, desde el punto de vista de las transformaciones
rı́gidas. Ese método, mucho más poderoso que el usado aquı́, permite hacer un
análisis más completo en forma sencilla.

EJERCICIOS
1. Dé ejemplos de figuras con un número infinito de: centros de simetrı́a;
ejes de simetrı́a; planos de simetrı́a.
2. Demuestre que si una figura en el plano cartesiano es simétrica respecto
a ambos ejes, necesariamente tiene un centro de simetrı́a.
3. Dibuje una curva C en el plano y fije un punto O ∈/ C. Complete el dibujo
de suerte que la figura resultante sea simétrica respecto a O. Repita el
ejercicio fijando una recta L.
4. Analice las simetrı́as de todas las cónicas, incluidos los casos singulares
(esto es, cuando el plano de corte pasa por el vértice del cono). Analice
también las simetrı́as de las cuádricas.
5. ¿Qué caracterı́stica tiene la ecuación canónica de una cuádrica que es
simétrica respecto a un plano coordenado? ¿Y para que sea simétrica
respecto a un eje coordenado? ¿Y respecto al origen?
6. Demuestre que si una figura en el espacio cartesiano es simétrica respecto
a cada uno de los planos coordenados, también lo es respecto a los ejes
coordenados y el origen.
7. ¿Cuántos ejes de simetrı́a tiene un triángulo isósceles? ¿Y uno equilátero?
8. Determine en un dibujo las proyecciones de P (x, y, z) en cada eje y plano
coordenados, y dibuje el paralelepı́pedo que determinan.
9. Demuestre la desigualdad de Schwarz a partir de la desigualdad
||ū + tv̄||2 ≥ 0.
21

10. Justifique la Fórmula (1.2) para calcular la distancia de un punto a una


recta en 2 , y la Fórmula (1.3) para obtener la distancia de un punto a
un plano en 3.
11. Demuestre que el producto vectorial de dos vectores ū, v̄, es un vector
ortogonal a ambos.
12. Demuestre que tres vectores son coplanares si y sólo si su triple producto
escalar se anula.
13. Demuestre las identidades siguientes
(ū × v̄) × w̄ = (ū · w̄)v̄ − (v̄ · w̄)ū,
(ū × v̄) × w̄ + (v̄ × w̄) × ū + (w̄ × ū) × v̄ = 0̄.
que implica la no asociatividad del producto vectorial.
14. Dé una fórmula (y justifı́quela) para encontrar la distancia entre dos
rectas que se cruzan en el espacio (dos rectas se cruzan si no se cortan
ni son paralelas).
15. Demuestre que la gráfica de la función seno no es simétrica respecto a
ninguno de los ejes coordenados.
16. Complete la demostración de las simetrı́as de un cono de revolución y
haga un dibujo donde las exhiba todas.
17. Demuestre que en 2 se cumplen los axiomas euclidianos:
I. (Es posible) trazar una recta por cualesquiera dos puntos.
II. (Es posible) prolongar indefinidamente una recta finita a una recta.
III. (Es posible) trazar una circunferencia dados un centro y un radio.
IV. Todos los ángulos rectos son iguales entre sı́.
V. Si una recta que corta a otras dos forma, del mismo lado, ángulos
interiores que suman menos de dos ángulos rectos, al prolongar inde-
finidamente las dos rectas, éstas se cortan del lado en que los ángulos
interiores suman menos de dos ángulos rectos.
18. Demuestre que el cubo es simétrico respecto a cada una de las rectas que
unen puntos medios de caras opuestas.
19. Note que en cada vértice del cubo concurren tres aristas; use eso pa-
ra convencerse de que las diagonales mayores del cubo no son ejes de
simetrı́a.
20. Demuestre que las diagonales de un rectángulo no cuadrado no son ejes
de simetrı́a. ¿Hay alguna(s) rectas que sea(n) eje(s) de simetrı́a del rec-
tángulo? ¿Hay algún centro de simetrı́a?
21. ¿Cuántos planos de simetrı́a tiene el cubo? ¿Y cuántos ejes de simetrı́a?
¿Y cuántos centros? Justifique su respuesta.
22. Responda las preguntas anteriores en el caso de una esfera, y justifique
sus respuestas.
22

1.2. Transformaciones rı́gidas


Dijimos al principio de este capı́tulo que el concepto matemático que per-
mite validar la superposición utilizada por Euclides para comprobar la con-
gruencia de dos triángulos, es el concepto de grupo de transformaciones.
El concepto de grupo, poderoso y fundamental para muchas ramas de las
matemáticas, fue comprendido y utilizado por primera vez por Evariste Galois
hacia 1830 para decidir sobre la solubilidad por radicales de ecuaciones de grado
arbitrario, y en 1872 Félix Klein dió una plática, conocida como el Programa
de Erlangen (Erlangen es una ciudad bávara, sede de la universidad a la que
se incorporaba Klein), donde planteaba tomar el concepto de grupo como eje
del estudio de la Geometrı́a [Ke]:

Geometrı́a es el estudio de los invariantes bajo un grupo de transformaciones.

Por ejemplo, la simetrı́a de una figura respecto a un plano puede expresarse


diciendo que la figura permanece invariante bajo una reflexión en ese plano.
Otras figuras permanecen invariantes cuando las rotamos en torno a un punto,
como una circunferencia que gira en torno a su centro, o cuando las trasladamos
una distancia fija, como un cilindro infinito.
El lector juzgará por sı́ mismo, a lo largo de este libro, sobre el alcance de
la propuesta de Klein y del desarrollo posterior debido a Sophus Lie. A quien
desee conocer la historia de la evolución del concepto de simetrı́a hasta llegar
a la propuesta de Klein y los trabajos de Lie, le recomendamos el muy ameno
libro de Yaglom, [Y].
Las transformaciones permitidas por Euclides son las que preservan la dis-
tancia euclidiana, y por ellas empezaremos. Veremos primero el grupo corres-
pondiente a 2 y luego el de 3.

Definición. Una transformación rı́gida del plano en el plano es una


función suprayectiva1 T : 2 → 2 que respeta las distancias entre puntos, es
decir,
d(P, Q) = d(T (P ), T (Q)).

A las transformaciones rı́gidas también se les conoce como isometrı́as por


respetar las medidas.
1
No es necesario pedir la suprayectividad, lo hacemos por comodidad
23

Los mejores ejemplos de transformaciones rı́gidas en el plano son traslacio-


nes, rotaciones y reflexiones, que se definen a partir de la situación intuitiva.
Definición. Una traslación en el plano por un vector fijo ā ∈ 2 es
la transformación Tā : 2 → 2 que desplaza cada punto una distancia igual
a ||ā||, en la dirección y con el sentido de ā (vea la Figura 1.13):
Tā(P ) = P + ā.
Note que no fue necesario utilizar las coordenadas de P ni las de ā, por
lo que la forma de definir traslación en 3 será la misma. Note también la
diferencia en la notación para P y ā; se debe a la diferencia en los papeles de
uno y otro, pues ā es un vector fijo que desplaza a cada P ∈ 2.
Y
PSfrag replacements
Q + ā

P + ā

Q
X

2
Figura 1.13: Traslación en por un vector fijo ā.

Una traslación es una transformación rı́gida, pues


d(Tā (P ), Tā(Q)) = ||P + ā − (Q + ā)|| = ||P − Q|| = d(P, Q).
¿Qué podemos decir del conjunto de traslaciones?
Para empezar, la composición de dos traslaciones, Tb̄ ◦Tā , es otra traslación,
a saber, Tā+b̄ , como es inmediato comprobar si aplicamos la composición a un
punto P arbitrario:
(Tb̄ ◦ Tā ) (P ) = Tb̄ (Tā(P )) = Tb̄ (P + ā) = P + ā + b̄ = Tā+b̄ (P )
Y como la traslación por el vector 0̄ deja a cada punto en su lugar (es decir, T0̄ es
la transformación identidad), al componer T0̄ con cualquier otra traslación
Tā por cualquiera de los lados, obtenemos nuevamente Tā :
Tā ◦ T0̄ = Tā+0̄ = Tā
24

Por respetar distancias, cualquier transformación rı́gida es inyectiva, es


decir, lleva puntos distintos en puntos distintos.
Eso asegura la existencia de (Tā)−1 , pero intuitivamente es claro que para
“regresarçada punto a su lugar después de desplazarlos por ā, basta desplazar-
los por −ā. En consecuencia,

(Tā)−1 = T−ā .

Y como la composición de funciones cualesquiera es asociativa, tenemos

Tc̄ ◦ (Tb̄ ◦ Tā ) = (Tc̄ ◦ Tb̄ ) ◦ Tā.

Todas esas propiedades significan que

Las traslaciones del plano en el plano forman un grupo bajo la composición.

Antes de sacar en limpio la definición de grupo, que será fundamental a lo


largo de todo el libro, nos interesa resaltar el hecho siguiente.
2
Observación 2. Cada vector de determina una traslación y, además,

La suma de vectores determina la traslación asociada a la composición de las


traslaciones definidas por esos vectores.

Ahora bien, 2 es un objeto geométrico, donde sabemos medir y, en con-


secuencia, precisar los conceptos de cercanı́a mediante vecindades de radio .
En cambio, de las traslaciones hemos demostrado que son un grupo. ésa es
una caracterı́stica muy importante de 2 (y de cualquier n ), tener tanto una
estructura geométrica como una algebraica. Veremos, a lo largo del libro, que
lo mismo les ocurre a otros objetos geométricos que conocemos bien.

Demos ahora la definición de grupo.

Definición. Un grupo es un conjunto G en el que está definida una


operación, es decir, una función ? : G × G → G con las propiedades siguientes

1a. Cerradura: El resultado de operar dos elementos de G es un elemento de


G; en sı́mbolos:

g ? h ∈ G para cualesquiera g, h ∈ G.
25

Note que la propiedad de cerradura es consecuencia de que el contrado-


minio de la función ? sea G, pero el hecho es tan importante que conviene
resaltarlo.

2a. Asociatividad: Para cualesquiera tres elementos de G, da lo mismo operar


los dos primeros y al resultado operarlo con el tercero, que operar el
primero con el resultado de operar los dos últimos. Esto es,

(g ? h) ? k = g ? (h ? k) .

3a. Existencia de neutro: Existe un elemento e ∈ G tal que al operarlo con


cualquier otro no afecta a este último. En sı́mbolos,

e ? g = g ? e = g.

4a. Existencia de inverso de cada elemento dado: Para cada g ∈ G, existe


otro elemento de G, g −1 , tal que al operarlo con g da como resultado el
elemento neutro e. En sı́mbolos,

g −1 ? g = g ? g −1 = e.

Cuando a estas cuatro propiedades se añade la conmutatividad:

g1 ? g 2 = g 2 ? g 1 ,

el grupo se llama grupo conmutativo o abeliano, esto último en honor de


Niels Henrik Abel (1802-29).
Varios de los sistemas numéricos familiares para el lector, como los números
enteros, los racionales y los reales, son grupos: los números enteros forman un
grupo, abeliano inclusive, con la operación de suma; los números racionales (y
los reales) son un grupo para la operación de suma, y si omitimos el cero (en
ambos casos), el resto de los números forman también un grupo conmutativo
bajo la operación producto.
Es evidente que las traslaciones del plano en el plano forman un grupo
conmutativo bajo la composición y sabemos que los vectores de 2 forman un
grupo conmutativo bajo la suma. La correspondencia es biyectiva y respeta
(o traduce) las operaciones según la Observación 2; esta propiedad es muy
importante y también vale la pena destacarla.
26

Definición. Un isomorfismo de grupos es una correspondencia biunı́-


voca entre dos grupos, φ : G → G0 , donde si ? es la operación en G1 y · es la
operación en G0 , se cumple

φ(g1 ) · φ(g2 ) = φ(g1 ? g2 ).

Otro ejemplo de grupo, indispensable en Geometrı́a, es el de las matrices


cuadradas de n × n con entradas reales y con determinante distinto de cero,
GL(n, ), cuando la operación considerada es la multiplicación matricial. De-
jaremos como ejercicio comprobar esta afirmación tanto para las matrices de
2 × 2 como para las matrices de 3 × 3, que son las que usaremos. Salvo el caso
n = 1, estos grupos no son conmutativos, como es muy fácil comprobar.

En el plano cartesiano, las definiciones de una rotación en torno al origen,


y de una reflexión respecto a una recta por el origen, puden darse en términos
de matrices de 2 × 2 con entradas reales, pues la rotación de un punto P del
plano en torno al origen por un ángulo θ, puede reducirse a la rotación de
los vectores de una base de 2. Y lo análogo puede decirse de una reflexión
respecto a una recta por el origen. Veamos por qué.
Si rotamos el triángulo rectángulo correspondiente a P = x(1, 0) + y(0, 1),
obtenemos (vea la Figura 1.14)

Roθ (P ) = x Roθ (1, 0) + y Roθ (0, 1).

Y
PSfrag replacements
y(0, 1)
P (x, y)

(cos θ, sen θ)
θ
X
Roθ (P ) x(1, 0)

(−sen θ, cos θ)

Figura 1.14: Rotación por un ángulo θ en torno al origen en 2.


27

Pero la rotación de (1, 0) por un ángulo θ en torno al origen, lo transforma


en (cos θ, sen θ), y a (0, 1) lo lleva en (−sen θ, cos θ). En consecuencia,

Roθ (x, y) = x(cos θ, sen θ)+y(−sen θ, cos θ) = (x cos θ−y sen θ, x sen θ+y cos θ),

lo cual justifica la afirmación siguiente.


2
Afirmación. La rotación por el ángulo θ en torno al origen en ,
es la función Roθ : 2 → 2 cuyo efecto sobre un punto P (x, y) es
    
cos θ −sen θ x x cos θ − y sen θ
Roθ (x, y) = = .
sen θ cos θ y x sen θ + y cos θ

Una rotación en torno al origen es una transformación rı́gida, pues los


triángulos rectángulos de la Figura 1.14 son congruentes y, en consecuencia,
para cualquier P ∈ R2 , ||Roθ (P )|| = ||P ||. Entonces, tomando en cuenta la
linealidad de la transformación inducida por una matriz:

d(Roθ (P ), Roθ (Q)) = ||Roθ (P )−Roθ (Q)|| = ||Roθ (P −Q)|| = ||P −Q|| = d(P, Q).

Note que la matriz de una rotación tiene la forma


 
a −b
, donde a2 + b2 = 1. (1.4)
b a

Con esta observación es muy sencillo comprobar que, como lo sugiere la


intuición, al aplicarle a un punto P (x, y) primero la rotación por el ángulo θ
y después la rotación por el ángulo φ, el efecto es el mismo que si rotamos
P (x, y) por el ángulo θ + φ.
Utilizaremos la sustitución a = cos θ, b = sen θ, c = cos φ, d = sen φ:
    
c −d a −b ca − db −cb − ad
= ,
d c b a da + cb −db + ca

y las identidades trigonométricas para el coseno y el seno de la suma de dos


ángulos, implican que ca − db = cos(θ + φ) y da + cb = sen (θ + φ), lo cual
asegura que la composición de dos rotaciones Roφ ◦ Roθ está definida por la
matriz correspondiente a la rotación por el ángulo θ + φ.
Es decir, hay una correspondencia biunı́voca entre las rotaciones en torno
al origen por un ángulo θ ∈ [0, 2π), y las matrices de la forma (1.4), y esa
28

correspondencia, además, respeta las operaciones, es decir, la composición


de rotaciones se traduce en el producto de matrices.
Tomando en cuenta esa correspondencia, es fácil demostrar que

Teorema. Las rotaciones en torno al origen forman un grupo conmutativo.

Demostración. Comprobaremos cada una de las condiciones:

Cerradura: La composición de dos rotaciones es otra rotación, como aca-


bamos de comprobar.

Asociatividad: La composición de rotaciones es asociativa, pues eso es cierto


para funciones cualesquiera. Pero además, en este caso, también es consecuen-
cia de que el producto de matrices es asociativo, como lo comprobará el lector
en el Ejercicio 1.

Existencia de neutro: La rotación por el ángulo 0 corresponde a la matriz


 
1 0
,
0 1

que es el neutro para el producto de matrices.

Cada rotación tiene una rotación inversa: Al componer la rotación por el


ángulo −θ con la rotación por el ángulo θ, resulta la rotación por el ángulo
0, que es el neutro para la composición de rotaciones, pues si a = cos θ y
b = sen θ,
      
a b a −b a2 + b2 −ab + ab 1 0
= = ,
−b a b a −ba + ab b2 + a2 0 1

Conmutatividad: La composición de dos rotaciones puede efectuarse en


cualquier orden sin afectar el resultado. La comprobación de esta propiedad
queda a cargo del lector.2

Nuestro último ejemplo de transformación rı́gida en el plano lo constitu-


yen las reflexiones respecto a una recta que pasa por el origen. También esta
vez daremos una definición acorde a la intuición, y eso implicará que estas
reflexiones son lineales.
29

En la Figura 1.15, hemos vuelto a asociar al punto P el triángulo rectángulo


correspondiente a P = x(1, 0) + y(0, 1), y hemos reflejado todo ese triángulo
en la recta Lφ (piénsela como un espejo), que forma un ángulo φ con la parte
positiva del eje X, que denotaremos con X + .
El triángulo reflejado es nuevamente rectángulo, y el vector correspondiente
a Reφ (P ) puede formarse ası́:

Reφ (P ) = x Reφ (1, 0) + y Reφ (0, 1).

Como la recta forma el ángulo φ con X + , el reflejado de (1, 0) en la rec-


ta Lφ forma el ángulo 2φ con X + y, en consecuencia, sus coordenadas son
(cos 2φ, sen 2φ).
El reflejado de (0, 1) no forma un ángulo de π/2 con (cos 2φ, sen 2φ), sino
un ángulo de −π/2, porque una reflexión invierte el sentido de los ángulos.
Entonces, el reflejado de (0, 1) es (sen 2φ, − cos 2φ), y ya podemos construir la
PSfrag
matrizreplacements
que da la reflexión.

(cos 2φ, sen 2φ) 2φ


P0 Lφ

φ
y(0, 1) P
X
x(1, 0)
(sen 2φ, − cos 2φ)

Figura 1.15: Reflexión respecto a una recta por el origen.

Afirmación. La reflexión en el plano respecto a la recta Lφ que


pasa por el origen y forma un ángulo φ con la parte positiva del eje X, es la
transformación Reφ : 2 → 2 cuyo efecto sobre un punto P (x, y) es
    
cos 2φ sen 2φ x x cos 2φ + y sen 2φ
Reφ (x, y) = = .
sen 2φ − cos 2φ y x sen 2φ − y cos 2φ
La demostración de que una reflexión de este tipo es una transformación
rı́gida queda a cargo del lector.
30

Esta vez la matriz tiene la forma


 
a b
, donde a2 + b2 = 1. (1.5)
b −a
Observe que la matriz de una rotación tiene determinante 1, mientras que
el determinante de la matriz de una reflexión es −1.
Lo anterior implica que la composición de dos reflexiones no puede ser una
reflexión, pues las matrices correspondientes se multiplican y el determinante
de la matriz producto es el producto de los determinantes: 1.
Por tanto, no podemos pensar en demostrar que las reflexiones forman un
grupo, pues no tenemos propiedad de cerradura, ni el neutro de la multiplica-
ción de matrices puede ser una reflexión pues tiene determinante 1.
Pero sı́ es cierto que la inversa de una reflexión es una reflexión, ella misma,
como lo sugiere la intuición: si P 0 es el reflejado de un punto P respecto a una
recta, y luego reflejamos P 0 respecto a esa misma recta, obtenemos nuevamente
P . Invitamos al lector a demostrarlo formalmente multiplicando por sı́ misma
la matriz de una reflexión.
Ahora bien, si escribimos la matriz de una rotación en la forma (1.4), y
la de una reflexión en la forma (1.5), podremos demostrar fácilmente que el
producto es una reflexión, aunque la recta en que se refleja depende del orden
de la multiplicación (véase el Ejercicio 5).
Eso sugiere que

Teorema. El conjunto de rotaciones en 2 en torno a (0, 0) y reflexiones


respecto a una recta por (0, 0), forman un grupo bajo la composición.

El lector queda encargado de hacer la demostración, sólo deberá recordar


que el inverso de un producto de matrices (o de la composición de transforma-
ciones) es el producto de los inversos tomados en el orden inverso.
Este grupo se llama el grupo ortogonal de orden 2, O(2, ), porque las
matrices asociadas tienen como vectores columna los elementos de una base
ortonormal: derecha, para las rotaciones, izquierda para las reflexiones.
Para las matrices cuyos vectores columna constituyen una base ortonormal
de 2 (o de n ), es inmediato verificar que su inversa M −1 , es igual a su
traspuesta M t , la matriz que tiene como columnas los renglones de la original
(respetando el orden), y se les llama matrices ortogonales.
Las matrices ortogonales cuyo determinante es +1, que es simplemente
nuestro grupo de rotaciones, forman el llamado grupo ortogonal especial,
31

y se le denota por SO(2, )

Antes de entrar a las transformaciones rı́gidas de 3 , recordemos que, como


en 2 tenemos una forma de medir la distancia entre ā y b̄, el isomorfismo entre
el grupo aditivo 2 y el grupo (bajo la composición) de las traslaciones nos
permite hablar de traslaciones cercanas, o de la vecindad de radio  de una
traslación Tā : está formada por todas las traslaciones Tb̄ tales que ||ā − b̄|| < .
Algo semejante ocurre con el grupo de las rotaciones en torno al origen:
podemos identificar la rotación por el ángulo θ con el punto de la circunferencia
de radio 1 y centro en el origen,

S 1 = {(x, y) ∈ 2
| x2 + y 2 = 1},

que determina el radio que forma el ángulo θ con la parte positiva del eje X. De
los puntos de la circunferencia podemos decir qué tan cercanos están, porque
sabemos medir distancias en S 1. Entonces, en este grupo también tenemos una
estructura geométrica. Más aún, S 1 puede verse como el grupo multiplicativo
de los números complejos de norma 1, y la correspondencia con SO(2, ) es
un isomorfismo.
El primero en estudiar este tipo de grupos fue Sophus Lie (1842-99), con-
temporáneo y amigo de Klein, y en su honor se les llama grupos de Lie.
Volveremos a ellos más tarde, y en el caso de las rotaciones mostraremos la
conveniencia de utilizar coordenadas complejas.

Para las transformaciones rı́gidas del espacio euclidiano tridimensional en


sı́ mismo, el espacio en que vivimos, también podemos dar como ejemplos
traslaciones, rotaciones y reflexiones.
Las primeras se definen exactamente como en el caso del plano, pues la
traslación en 3 por el vector fijo ā ∈ 3, está dada por
3 3
Tā : → tal que Tā (P ) = P + ā.

Como la demostración de que las traslaciones en 2 constituyen un grupo


no utilizó el hecho de que ā y P fueran elementos de 2 , ya sabemos que las
traslaciones en 3 forman un grupo conmutativo. Y otro tanto ocurre con el
hecho de que estas traslaciones sean también transformaciones rı́gidas.
Más aún, todo el tratamiento de traslaciones puede generalizarse a n ,
y entonces cualquier elemento ā ∈ n puede verse como una transformación
rı́gida en n .
32

Para definir una rotación y una reflexión en 3, plantearemos extender las


definiciones correspondientes en 2.
Recordemos que la base canónica de 3 está formada por los vectores
eb1 = (1, 0, 0), eb2 = (0, 1, 0), y eb3 = (0, 0, 1), todos con norma 1, ortogonales dos
a dos, y que forman una base derecha.
Como ocurrió para una rotación en 2, pediremos que esa base derecha
se transforme en otra base derecha; piense el lector en tres varillas soldadas
por uno de sus extremos de forma que permanezcan perpendiculares 2 a 2,
y que pueden moverse con la única restricción de que ese extremo común
permanezca fijo; entonces es posible definir una rotación en 3 mediante una
matriz ortogonal de 3 × 3 con determinante 1.
3
Definición. Una rotación en torno al origen en es una función
Ro : 3 → 3 cuyo efecto sobre un punto P (x, y, z) es
    
u1 v1 w1 x xu1 + yv1 + zw1
    
Ro(x, y, z) =  u2 v2 w2   y  =  xu2 + yv2 + zw2  ,
u3 v3 w3 z xu3 + yv3 + zw3
donde ub = (u1 , u2, u3), vb = (v1, v2, v3), wb = (w1, w2 , w3) forman una base
ortonormal derecha.
Es claro que bajo una rotación en torno a 0̄ en 3 , cualquier esfera con ese
centro va en sı́ misma, en particular la esfera de radio 1,
S 2 = {(x, y, z) ∈ 3
| x2 + y 2 + z 2 = 1}.
Nuestra experiencia al jugar con una pelota nos muestra que si queremos
hacer girar una pelota entre las manos, debemos poner una mano frente a
la otra. Eso corresponde al hecho algebraico de que una rotación en torno al
origen en 3 deja fija punto a punto alguna recta por el origen, el eje de la
rotación.
Eso se debe a que el polinomio caracterı́stico es de tercer grado y debe
tener una raı́z real; con ese valor caracterı́stico (o valor propio o eigen-valor)
determinamos un subespacio invariante de la rotación. En consecuencia, cual-
quier rotación en 3 en torno al origen se reduce a una rotación en el plano
perpendicular al eje de la rotación (véase [Ra]).

Para una reflexión, pedimos que la base canónica se transforme en una base
ortonormal izquierda:
33

3 3 3
Definición. Una reflexión en es una función Re : → cuyo
efecto sobre un punto P (x, y, z) es
    
u1 v1 w1 x xu1 + yv1 + zw1
    
Re(x, y, z) =  u2 v2 w2   y  =  xu2 + yv2 + zw2  ,
u3 v3 w3 z xu3 + yv3 + zw3

donde ub = (u1 , u2, u3), vb = (v1, v2, v3 ), wb = (w1 , w2, w3) forman una base
ortonormal izquierda.

3
Ejemplos de matrices de reflexión en son
     
−1 0 0 1 0 0 −1 0 0
     
 0 a −b  , 0 a b  y  0 −1 0  .
0 b a 0 b −a 0 0 −1

La primera deja invariante al eje X aunque intercambia los semiejes (en


el plano YZ se tiene una rotación), y la segunda fija puntualmente el eje X y
efectúa una reflexión en el plano Y Z. La tercera corresponde a un caso muy
interesante, la aplicación antı́poda , que deja invariantes todas las rectas por
el origen, aunque cada punto se transforma en su simétrico respecto al origen.
Las esferas con centro en el origen se aplican en sı́ mismas bajo una refle-
xión, y si nos preguntamos por los subespacios invariantes bajo una reflexión,
nuevamente tenemos una recta por el origen invariante bajo una reflexión, pues
el polinomio caracterı́stico tiene grado 3, aunque esta vez los puntos pueden
no quedar fijos, sino intercambiarse con los de la semirrecta complementaria.
La demostración de que las rotaciones y reflexiones en 3 son transfor-
maciones rı́gidas se basa nuevamente en el hecho de que son transformaciones
lineales, y como en el caso del plano no utilizamos coordenadas, la demostra-
ción es válida en este caso.
Nuevamente ocurre que rotaciones y reflexiones de 3 constituyen un grupo
bajo la composición (la composición corresponde a la multiplicación de las
matrices). Esta vez el grupo se denota O(3, ) y se llama grupo ortogonal
de orden 3.

Al definir rotaciones y reflexiones en 3 como transformaciones lineales,


estamos obligando a que el origen se quede fijo. Pero es claro que podemos
efectuar rotaciones y reflexiones respecto a cualquier punto de 3 y por ello
34

el tratamiento que hemos hecho puede parecer restrictivo; las consideraciones


siguientes mostrarán que no es ası́.

Proposición. Cualquier transformación rı́gida es composición de una tras-


lación con una transformación ortogonal.

Demostración. Denotamos por T una transformación rı́gida de 3 .


Si T (0̄) = ā, la composición de T−ā con T , U = T−ā ◦ T fija a 0̄.
Ahora bastará demostrar que cualquier transformación U rı́gida y que fija
a 0̄, es ortogonal. Los detalles queda a cargo del lector.
Un camino posible es comprobar, sucesivamente, lo siguiente:

i) U respeta normas, es decir, ||ā|| = ||U (ā)||.

ii) U respeta el producto escalar. Para ello bastará desarrollar los dos miem-
bros de la igualdad, garantizada porque U es rı́gida,

||ā − b̄||2 = ||U (ā) − U (b̄)||2 ,

y tomar en cuenta i).

iii) U es lineal; para ello, compruebe que ||U (λā) − λU (ā)||2 = 0, y también
que ||U (ā + b̄) − U (ā) − U (b̄)||2 = 0. Como 0̄ es el único vector caracterizado
por su norma, eso asegura que U “saca escalares se distribuye sobre la suma.
2

Entonces, la matriz correspondiente a U en una base ortonormal, es orto-


gonal.2

Es sencillo convencerse de que cualquier transformación rı́gida en el plano


está determinada por 3 puntos no colineales y sus imágenes, y de que cual-
quier transformación rı́gida en el espacio está determinada por 4 puntos no
coplanares y sus imágenes (y ası́ sucesivamente).
Tomando en cuenta eso, uno puede demostrar que cualquier transformación
rı́gida en el plano es producto de a lo más 3 reflexiones (véanse los ejercicios 7
y 8 siguientes).
El grupo de las transformaciones rı́gidas del plano en el plano es el grupo
euclidiano de orden 2, E(2), y el correspondiente a 3 es el grupo eucli-
diano de orden 3, E(3).
En el inciso siguiente mostraremos que conocemos bastantes ejemplos de
35

invariantes bajo transformaciones rı́gidas, y además presentaremos un concepto


fundamental en Geometrı́a Diferencial: la curvatura.

EJERCICIOS
1. ¿Es − {0} grupo respecto al producto?
2. Demuestre que GL(2, ), el conjunto de las matrices de 2 × 2 con en-
tradas reales y determinante distinto de cero, forman un grupo bajo la
multiplicación llamado grupo general lineal de orden 2. ¿Es conmu-
tativo?
3. Demuestre que el producto de matrices del tipo (1.4) es conmutativo.
4. Demuestre que una reflexión en el plano respecto a una recta por el
origen, es una transformación rı́gida.
5. Demuestre que la transformación inversa de una reflexión en el plano
respecto a Lφ , es la misma reflexión.
6. Determine la recta de reflexión para la composición de una rotación y una
reflexión, y verifique que la recta depende del orden de la composición.
7. Demuestre que, en el plano, toda rotación en torno al origen es compo-
sición de dos reflexiones en rectas que pasan por el origen.
8. Demuestre que, en el plano, cualquier traslación es composición de dos
reflexiones en rectas paralelas y perpendiculares a la dirección de la tras-
lación.
9. Demuestre que las afirmaciones de los dos ejercicios anteriores pueden
generalizarse ası́: “La composición de dos reflexiones en rectas arbitrarias
es una rotación, salvo el caso en que las rectas sean paralelas, donde se
obtiene una traslación, entonces tiene sentido afirmar que una traslación
2

es lı́mite de rotaciones. ¿Puede justificar esto último?


10. Demuestre que, en el plano, una transformación rı́gida queda determina-
da cuando se conocen las imágenes A0 , B 0 , C 0 de tres puntos no colineales
A, B, C.
11. Demuestre que cualquier transformación rı́gida en el plano es composi-
ción de a lo más 3 reflexiones. Para ello, tome 3 puntos A, B y C y sus
imágenes, A0, B 0 y C 0 , y compruebe que eso ocurre en cada uno de los
casos siguientes, que agotan todos los posibles:
i) A = A0, B = B 0 y C = C 0 ;
ii) A = A0 , B = B 0 y C 6= C 0;
iii) A = A0, B 6= B 0 y C 6= C 0 ;
iv) A 6= A0, B 6= B 0 y C 6= C 0 .
36

12. Para 3 establezca la afirmación análoga a la hecha en el Ejercicio 6, y


demuéstrela.
13. Para 3, establezca la afirmación análoga a la hecha en el Ejercicio 7, y
demuéstrela.
14. Para 3, establezca la afirmación análoga a la hecha en el Ejercicio 10,
y demuéstrela.
15. A cada matriz M de 3 × 3 con entradas reales, asóciele un elemento de
9
escribiendo los renglones uno a continuación del otro, y recı́proca-
mente. En 9 defina una distancia mediante el producto escalar, y úsela
para definir una distancia entre las matrices de 3 × 3. Demuestre que
si restringe la distancia entre matrices a los elementos de O(3, ), para
cualquier M ∈ SO(3, ) existe  > 0 tal que si d(M, M 0) < , M 0 no
puede ser reflexión.
16. Demuestre que hay un isomorfismo entre el campo de los números
complejos x + iy y el conjunto de las matrices con entradas reales de la
forma  
x −y
,
y x
provisto de la suma y el producto usuales para matrices. Demuestre tam-
bién que esas matrices son composición de una rotación con una homo-
tecia Hρ : 2 7→ 2 que lleva (x, y) en (ρx, ρy) con ρ = ||(x, y)||.

1.3. Invariantes bajo transformaciones


rı́gidas
Analizaremos ahora cuáles propiedades de los objetos geométricos se con-
servan (es decir, son invariantes) bajo transformaciones rı́gidas.
Los tipos de triángulos: equiláteros, isósceles y escalenos, son desde luego
caracterizaciones invariantes bajo transformaciones rı́gidas, pues se definen en
términos de distancias: si un triángulo ABC tiene todos sus lados iguales (en
longitud), lo mismo es cierto para el triángulo A0B 0C 0obtenido al aplicarle al
primero una transformación rı́gida; más aún, las medidas de los lados se con-
servan y eso obliga a los ángulos a tener también las mismas medidas (¿puede
dar una justificación?). Lo análogo ocurre en los otros dos tipos de triángulo.
Rectas paralelas van en rectas paralelas, puesto que las paralelas son equi-
distantes, y rectas que se cortan en un cierto ángulo se transforman en otras
37

rectas que se cortan en ese mismo ángulo (considere el triángulo formado por
un punto en cada recta y el punto de intersección). Por todo ello, bajo una
transformación rı́gida, un cuadrado se transforma en otro cuadrado, etc.
También el tipo de cónica es invariante bajo una transformación rı́gida;
por ejemplo, una elipse es el lugar geométrico de los puntos P del plano tales
que la suma de sus distancias a dos puntos fijos, F1 y F2, es una constante
(que solemos denotar por 2a). Entonces, si las imágenes de los focos bajo una
transformación rı́gida T son F10 y F20 , el punto P 0 = T (P ) cumple la condición
definitoria de elipse respecto a F10 y F20 . Y, desde luego, los semiejes medirán
lo mismo que en la elipse original.
El mismo razonamiento se aplica en los otros dos tipos de cónica.

Para las superficies cuádricas, empecemos por precisar qué entendemos por
una superficie cuádrica y cómo las hemos clasificado.
Una superficie cuádrica es el lugar geométrico de los puntos (x, y, z) que
satisfacen una ecuación de segundo grado en 3 variables:

Ax2 + By 2 + Cz 2 + 2Dxy + 2Exz + 2F yz + Gx + Hy + Iz + J = 0,

y los distintos tipos de superficies cuádricas, 15 en total (algunas degeneradas),


se obtienen al variar los coeficientes.
La clasificación de los distintos tipos se realiza, primero, con base en la
matriz de la forma cuadrática, que es la matriz simétrica
 
A D E
 
 D B F .
E F C
El lector recordará que una matriz como ésta es siempre diagonalizable, y
las entradas de esa diagonal, los valores caracterı́sticos de la transformación
correspondiente a la matriz, indican cuánto se alargan (o encogen) los vectores
caracterı́sticos, y si conservan su sentido o lo invierten (vea [B-ML] o [Ra]).
El rango de una matriz es la dimensión de su imagen, que en este caso
coincide con el número de su valores caracterı́sticos no cero, y su signatura es
la diferencia entre el número de sus valores propios positivos menos el número
de los valores propios negativos. El rango y la signatura son invariantes bajo
transformaciones ortogonales porque el polinomio caracterı́stico lo es.
La demostración de la invariancia de una cuádrica (en tipo y medida) bajo
una transformación rı́gida, quedará demostrada debido a los hechos siguientes:
38

1o. El grado de un polinomio es invariante bajo transformaciones rı́gidas,


pues lo es tanto bajo una traslación como bajo una transformación orto-
gonal. En consecuencia, un polinomio cuadrático se transforma en otro
polinomio cuadrático, es decir, toda superficie cuádrica se transforma en
otra superficie cuádrica.

2o. Las únicas formas canónicas de las superficies cuádricas son las siguientes,
porque agotan todos los casos posibles (damos un ejemplo de cada tipo,
y, salvo 1), 3), 7) y 13), los ilustramos en la Figura 1.16):
- Rango 3:
1) el conjunto vacı́o, correspondiente a la ecuación x2 + y 2 + z 2 = −1;
2) un elipsoide, correspondiente a la ecuación x2 + 2y 2 + 3z 2 = 1;
3) un punto, dado por la ecuación x2 + 2y 2 + 3z 2 = 0;
4) un hiperboloide de 2 hojas, dado por la ecuación x2 − 2y 2 − 3z 2 = 1;
5) un hiperboloide de 1 hoja, cuya ecuación tı́pica es x2 + 2y 2 − 3z 2 = 1;
6) un cono, cuya ecuación tı́pica es x2 + 2y 2 − 3z 2 = 0.
- Rango 2:
*) el conjunto vacı́o, dado por x2 + y 2 = −1;
7) una recta, dada por la ecuación x2 + 2y 2 = 0;
8) dos planos que se cortan, cuya ecuación es x2 − 2y 2 = 0;
9) un cilindro elı́ptico, cuya ecuación tı́pica es x2 + 2y 2 = 1;
10) un cilindro hiperbólico, dado por la ecuación x2 − 2y 2 = 1;
11) un paraboloide hiperbólico, de ecuación x2 − 2y 2 = z;
12) un paraboloide elı́ptico, con ecuación x2 + 2y 2 = z;
- Rango 1:
*) el conjunto vacı́o, dado por x2 = −1;
13) un plano doble, cuya ecuación tı́pica es x2 = 0;
14) 2 planos paralelos, correspondientes a x2 = 1;
15) un cilindro parabólico, cuya ecuación tı́pica es x2 = y.
39

cilindro elı́ptico cilindro parabólico cono


2
x2
+ yb2 = 1 y2 = 4px x2 + y 2 = z 2
a2

PSfrag replacements
2 planos que se cortan 2 planos paralelos elipsoide
2
x2 2
y2 = kx2 x2 = k 2 a2 + yb2 + zc2 = 1

paraboloide elı́ptico hiperboloide de 1 manto cilindro hiperbólico


2
x2 y2 x2 2 y2 2

a 2 + b2 = z a2
− yb2 + zc2 = 1 a2
− xb2 = 1

paraboloide hiperbólico hiperboloide de 2 mantos


2 2 2 2 2
− ax2 + yb2 = z − ax2 + yb2 − zc2 = 1

Figura 1.16: Superficies cuádricas no denegeradas en 3.


40

3o. Hay superficies distintas con idéntico rango y signatura; la diferencia


se debe a la parte no cuadrática que les asigna caracterı́sticas métricas
distintas, como lo es su dimensión, su extensión: si es acotada (cuando
la superficie está contenida en alguna bola con centro en el origen) o no,
o si está limitada por algún plano (como ocurre con un paraboloide); si es
reglada, es decir, por cada uno de sus puntos pasa una recta totalmente
contenida en la superficie; si consta de una sola pieza, etc.
Esta última parte la dejaremos como ejercicio para el lector, siguiendo el
tipo de razonamientos que damos en el caso de las cuádricas de rango 3:

- Signatura 3: Las dos superficies de rango 3 con signatura 3 son un


elipsoide y un punto, pero el término independiente, que no se afecta por
una transformación rı́gida, da dos grados de libertad a los puntos que
satisfacen (2) y ningún grado de libertad al único punto que satisface
(3).

- Signatura 1: Las dos superficies de rango 3 con signatura 1 son un


hiperboloide de 1 hoja y un cono, pero el término independiente los dis-
tingue: si en la ecuación (5) dejamos del lado izquierdo una diferencia de
cuadrados, el nuevo lado derecho es también una diferencia de cuadrados
y eso muestra que tenemos una superficie doblemente reglada (por ca-
da punto pasan dos rectas complemente contenidas en el hiperboloide),
mientras que un cono es una superficie simplemente reglada (por cada
punto distinto del vértice, pasa sólo una recta completamente contenida
en el cono: la generatriz a la que pertenece).

- Signatura -1: Sólo tenemos una superfice de rango 3 y signatura −1, el


hiperboloide de 1 hoja, que es una superficie doblemente reglada.

Es claro que no todos los lugares geométricos listados tienen derecho a lla-
marse superficies, como ocurre con el vacı́o (ecuaciones 1), *) y **)), un punto
(3), o una recta (7), que son casos lı́mite de un elipsoide y un cilindro elı́ptico,
respectivamente, y por eso se llaman cuádricas degeneradas. Sin embar-
go, todos son lugares geométricos correspondientes a ecuaciones polinomiales
cuadráticas en 3 variables.
La demostración de la invariancia del rango y la signatura de una matriz
41

bajo una transformación no singular, puede consultarse en [B-ML], y tiene


como consecuencia la invariancia del grado.

Daremos ahora una primera versión del invariante bajo isometrı́as más
importante en Geometrı́a Diferencial, la curvatura de una superficie en
cada uno de sus puntos (como veremos, el valor de la curvatura puede
cambiar de punto a punto). Una referencia para quien desee profundizar en
este tema es [DoC].
Las figuras estudiadas en esa rama de la Geometrı́a deben ser suaves, es
decir, si se trata de curvas requerimos que en cada uno de sus puntos esté bien
definida la recta tangente, y si se trata de superficies, la condición es que en
cada uno de sus puntos tenga bien definido su plano tangente.
El lector recordará que la utilidad de que una curva tenga bien definida
la recta tangente en cada uno de sus puntos, es la posibilidad de aproximar
a la curva por su tangente en una vecindad suficientemente pequeña
del punto. Lo análogo ocurre con una superficie, si en cada punto está bien
definido el plano tangente, habrá muchos problemas donde pueda sustituirse,
localmente, la superficie por su plano tangente (véase la Figura 1.17).
Eso no siempre ocurre, pues en una superficie tan sencilla como un cono
de revolución, no puede definirse el plano tangente en el vértice. Para con-
vencernos, basta considerar que cada una de las generatrices es una recta no
sólo tangente al cono, sino contenida en él, y si existiera un plano tangente al
cono en el vértice, cada generatriz deberı́a estar contenida en ese plano, lo cual
evidentemente es imposible.
El Cálculo nos da una técnica sencilla para detectar cuáles superficies son
suaves, al menos si se trata de superficies definidas por una función diferencia-
ble F : 3 → , como lo son E(x, y, z) = x2 +4y 2 +9z 2 , P (x, y, z) = x2 +y 2 −z,
Π(x, y, z) = x + 2y + 3z (para aclarar algunos de los conceptos mencionados
en el resto de esta sección, puede recurrirse al Apéndice 5.1, o a [Cou]).
Un hiperboloide de dos mantos (4), y un cono (6) son superficies de nivel
de la función
F (x, y, z) = x2 − y 2 − z 2 ,
cuyo gradiente ∇F es

∇F (x, y, z) = (2x, −2y, −2z),

que sólo se anula en (0, 0, 0).


42

El origen no pertenece al hiperboloide de 2 mantos x2 − y 2 − z 2 = 1, y ası́


∇F (P ) 6= (0, 0, 0) en cualquier punto P del hiperboloide. Decimos por eso que
1 es un valor regular de F.
En cambio, el origen sı́ pertenece al cono x2 − y 2 − z 2 = 0, es su vértice, y
como ∇F (0, 0, 0) = (0, 0, 0), decimos que 0 es un valor crı́tico de F .

PSfrag replacements

P1 N̂

H1
T1
H3 T2

H2
P3
P2 T3

Figura 1.17: Planos tangentes a distintas superficies en algunos de sus puntos.

Si una superficie S es imagen inversa de un valor regular r (vea el


Apéndice 5.1) de una función diferenciable F : 3 → , es decir, si
3
S = {(x, y, z) ∈ | F (x, y, z) = r y ∇F (x, y, z) 6= (0, 0, 0)},

es fácil demostrar, usando la Regla de la Cadena, que para cualquier P0 ∈ S,


el gradiente de F en el punto, ∇F (P0), es un vector perpendicular al vector
velocidad α0 (t0) de cualquier curva suave α(t) = (x(t), y(t), z(t)) contenida en
S que pase por P0 en el tiempo t0. Veamos, como la curva está contenida en
S,
F (x(t), y(t), z(t)) = r para todo t ∈ Dom(α).
Al derivar respecto a t y valuar en t0 , obtenemos, por la Regla de la Cadena,
dF
(t0) = ∇F (P0) · α0 (t0) = 0.
dt
Entonces, el plano que pasa por P0 y perpendicular a ∇F (P0) contiene al
vector tangente de cualquier curva suave contenida en S que pase por P0 ; por
43

eso se le llama el plano tangente a S por P0 . Su ecuación es


(P − P0 ) · ∇F (P0) = 0. (1.6)

La Figura 1.17 ilustra varios planos tangentes a un elipsoide, un paraboloide


hiperbólico y a un toro de revolución.
Para el elipsoide, el plano tangente al elipsoide en un punto corta a la
superficie sólo en ese punto, y deja a la superficie en un solo lado del plano
tangente. Ese tipo de puntos se llaman puntos elı́pticos.
Para el paraboloide hiperbólico, el plano tangente en un punto corta a
la superficie en 2 rectas, puesto que es una superficie doblemente reglada; hay
puntos de la superficie en ambos lados del plano tangente. ésta es una condición
necesaria para que un punto sea un punto hiperbólico.
Para el toro de revolución, la intersección con el plano tangente depende
de la ubicación del punto. En el toro hay puntos elı́pticos, puntos hiperbólicos
y puntos parabólicos, para los cuales hay una curva tal que en todos sus
puntos el vector normal es fijo y el plano tangente deja a la superficie en uno
de los dos semiespacios que define.
El lector puede comprobar nuestras afirmaciones si determina la ecuación
del plano tangente con la fórmula (1.6), pues todas las superficies mencionadas
son imágenes inversas de valores regulares de funciones diferenciables de 3 en
(vea el Ejercicio 6 c)).
Los planos que contienen a la recta determinada por P0 y ∇F (P0), cortan a
la superficie en curvas llamadas secciones normales. La Figura 1.18 muestra
secciones normales C1, C2 y C3 en el punto P0 , de un cilindro, un elipsoide y un
paraboloide hiperbólico.
Si una curva suave α(s) = (x(s), y(s), z(s)) está parametrizada de for-
ma que su vector tangente α0 (s) tenga siempre norma 1, podemos definir
su curvatura k(s0 ) en el punto α(s0 ), como la norma del vector α00(s0 ) =
(x00(s0 ), y 00(s0), z 00(s0 )).
Eso se debe a que ||α0 (s)|| es constante, y entonces al derivar este vector
sólo medimos la variación respecto a su posición, la rapidez con que la curva
se aleja de la recta tangente en el punto.
El parámetro s que logra ||α0 (s)|| = 1 se llama longitud de arco, pues
permite recorrer arcos iguales en tiempos iguales. Cualquier curva suave admite
una parametrización ası́ (véase [DoC]).
Para una recta, la curvatura en cualquier punto es cero, pues como la
parametrización de una recta por longitud de arco es α(s) = P0 + sub, con P0
44

y ub constantes y ||ub|| = 1, resulta α00 (s) = 0̄ para todo s.


Para una circunferencia, la curvatura es el inverso del radio, pues si la
parametrización es

α(s) = (r cos(s/r), r sen (s/r)),

entonces el vector velocidad es

α0 (s) = (− sen (s/r), cos(s/r)),

que tiene norma 1, y el vector aceleración es

α00 (s) = (−(1/r) cos(s/r), −(1/r) sen (s/r)),

que tiene norma 1/r y, además, apunta en todos los casos hacia la parte cóncava
de la circunferencia.

Π3 Π1 Π3
Π1 Π2
Π2
Π2 C2 Π1
PSfrag replacements C1 C2
C2
C3 C1 Π3
C3 C3
C1

Figura 1.18: Secciones normales de un cilindro, un elipsoide y un paraboloide


hiperbólico.

La definición de curvatura de una superficie S ⊂ 3 en uno de sus


puntos, P0 , requiere de dar un signo a las curvaturas de las secciones normales.
Para ello, fijamos uno de los dos posibles vectores normales unitarios en el
punto, Nc(P ), y proyectamos en él al vector α00 (s ); si la proyección tiene el
0 0
mismo sentido que N c(P ), la sección tendrá curvatura positiva, y será negativa
0
en el caso contrario.
En el caso de un elipsoide, los vectores de aceleración de todas las secciones
normales quedan de un mismo lado del plano tangente, mientras que en el caso
45

de un paraboloide hiperbólico, en cada punto hay secciones normales en ambos


lados del plano tangente, como ocurre con las curvas C1 y C3 del paraboloide
hiperbólico de la Figura 1.18.
Hay tantas secciones normales como diámetros en una pequeña circunfe-
rencia centrada en P0 en el plano tangente, es decir, una para cada θ ∈ [0, π].
Por tanto, la curvatura de una sección normal, llamada curvatura seccional,
puede verse como una función del ángulo θ, k(θ).
Un resultado muy importante en Cálculo asegura que una función continua
definida en un intervalo cerrado toma en él su máximo y su mı́nimo; por tanto,
para algunos θ1, θ2 ∈ [0, π], tendremos k1 = k(θ1) la curvatura máxima y
k2 = k(θ2 ) la curvatura mı́nima de las secciones normales.
La curvatura de una superficie en uno de sus puntos, K(P ), fue
definida por Leonhard Euler (1707-83) como el producto de las curvaturas
máxima y mı́nima de las secciones normales:
K(P ) = k1 (P )k2 (P ).
Note que el valor de K(P ) no cambia aunque elijamos como vector normal
a −N c(P ).
0
Actualmente, K(P ) se denomina la curvatura gaussiana de la superficie
en un punto P en honor a Karl Friedrich Gauss (1777-1865) quien ubicó a este
concepto como uno de los más importantes de la Geometrı́a Diferencial (vea
[DoC]).
Cuando K(P ) es constante, la superfice se llama superficie de curvatura
constante. Una esfera tiene curvatura constante K = 1/r 2 , donde r es su
radio, y un plano tiene curvatura constante 0.
Como la norma de α00(s) es invariante bajo transformaciones rı́gidas, al apli-
car una transformación rı́gida a una superficie, las curvaturas de las secciones
normales también son invariantes.
En el Ejercicio 5 dejamos al lector la tarea de completar la demostración de
la invariancia de la curvatura K(P ) bajo transformaciones rı́gidas, y calcular la
curvatura de las superficies propuestas en los ejercicios en los puntos indicados.
Le será útil la fórmula siguiente, que expresa la curvatura k(t) de una curva
α(t) con parámetro arbitrario (vea el Ejercicio 5)
||α0 × α00 ||
k(t) = . (1.7)
||α0||3
Esperamos que recurra a la imagen de la superficie para decidir cuáles son
las secciones de curvatura máxima y mı́nima.
46

Antes de finalizar esta sección, definiremos otros dos conceptos que pueden
ser fácilmente entendidos si los analizamos en los ejemplos de superficies que
hemos trabajado.
El primero es el de superficie homogénea. De forma intuitiva, decimos
que una superficie es homogénea si un trozo de superficie que rodee un punto
puede superponerse a la superficie en torno a cualquier otro punto; eso ocurre
con el plano, con la esfera y también con el cilindro, pero no con el toro de
revolución ni con un elipsoide.
De manera formal, podemos decir que una superficie S es homogénea si
para cualesquiera dos puntos P y Q en la superficie, existe una transformación
rı́gida que lleva una porción de la superficie en torno a P en una porción de la
superficie en torno a Q.
Al segundo concepto lo llamaremos isotropı́a, y se refiere al hecho de que
en un punto, la superficie muestre el mismo aspecto al mirar en cualquier
dirección. El plano y la esfera son isotrópicos, pero el cilindro no lo es.
Decimos que un punto de una superficie es un punto umbı́lico si todas
las curvaturas seccionales en el punto son iguales. Los puntos de un cilindro
no son umbı́licos, pero sı́ lo son los de una esfera y los de un plano.

EJERCICIOS
1. Demuestre que el polinomio caracterı́stico de una matriz, es invariante
bajo transformaciones rı́gidas.
2. Para cada una de las cuádricas con un mismo rango y signatura, dé
caracterı́sticas métricas, como las simetrı́as y la extensión, que muestren
la diferencia entre los distintos tipos.
3. Dibuje la superficie definida por la ecuación

3x2 − y2 + 4xz − 10x + 2y − 4z + 3 = 0.

4. Sin hacer ningún cálculo, demuestre cada una de las afirmaciones siguien-
tes.
(a) la curvatura de un plano en cualquiera de sus puntos es 0;
(b) la curvatura de una esfera toma el mismo valor en cada uno sus
puntos (encuéntrela);
(c) la curvatura de un cilindro tiene el mismo valor en cada uno de sus
puntos (encuéntrela);
47

(d) la curvatura de un paraboloide hiperbólico en cualquiera de sus pun-


tos, es negativa.
5. Demuestre la Fórmula (1.7). (Sugerencia: vea [DoC].)
6. Calcule la curvatura de cada una de las superficies propuestas en los
puntos indicados.
(a) Paraboloide hiperbólico: x2 − y2 = z, en (0, 0, 0). ¿Cuál es el plano
tangente en el origen?
(b) Cuártica de revolución: z = x4 + 2x2 y2 + y4 , en (0, 0, 0). ¿Cuál es el
plano tangente en el origen?
(c) Toro de revolución: x4 + y4 + z 4 + 2x2y2 + 2x2z 2 + 2y2 z 2 − 10x2 −
10y2 + 6z 2 + 9 = 0, en los puntos (0, 1, 0), (0, 2, 1) y (0, 3, 0).

1.4. Cilindros y toros


En esta sección utilizaremos un concepto fundamental en todas las áreas de
las matemáticas, el de clase de equivalencia, e introduciremos el concepto
de geodésica, o trayectoria en una superficie que minimiza la distancia entre
dos puntos de la superficie, al menos localmente.
Usaremos relaciones de equivalencia (vea el Apéndice 5.2) para construir
nuevos objetos geométricos a partir de otros conocidos, de suerte que los nuevos
objetos conserven propiedades importantes de los originales.
Por ejemplo, construiremos un cilindro y un toro plano que heredarán la
forma de medir en el plano, y, por ello, serán superficies de curvatura gaus-
siana constante 0. Ese cilindro y ese toro son geométricamente distintos del
cilindro y el toro de revolución contenidos en 3, del cual heredan una manera
de medir; los nuevos objetos, a los que podemos llamar intrı́nsecos, son crea-
ción matemática en el sentido más propio de la expresión, no requieren de un
entorno.
Las geodésicas del cilindro y el toro plano estarán determinadas por las
geodésicas del plano que, como el lector espera, son rectas.
Para construir un cilindro (más bien, una porción de cilindro), de niños
solı́amos tomar un rectángulo de cartulina y pegábamos dos lados paralelos.
Tomemos ahora bandas verticales de ancho 1 en 2 , como se muestra en
la Figura 1.19. Decimos que dos puntos pertenecen a la misma clase de
48

equivalencia (vea la sección 5.2) si sus coordenadas tienen la misma ordenada


y sus abscisas difieren por un entero, es decir,
(x, y) ∼1 (x0 , y 0) si y = y 0 , x − x0 ∈ .


Entonces, en la banda vertical


B̄ = {(x, y)| 0 ≤ x ≤ 1}
hay uno y sólo un representante de cada clase de equivalencia, excepto por los
puntos de los bordes con la misma ordenada, pues son representantes de la
misma clase de equivalencia. Identificar esos puntos equivale al pegado de dos
lados paralelos de la cartulina; resulta entonces un objeto que puede pensarse
como un cilindro (infinito), y que escribimos ası́
2
Cil = / ∼1 , donde (x, y) ∼1 (x0, y 0) si y = y 0 , x − x0 ∈ .


El mismo cilindro puede obtenerse de cualquier banda vertical de ancho 1


cuando pegamos los bordes, pues una tal banda contiene un representante de
cada clase de equivalencia, salvo por los puntos de los bordes.

PSfrag replacements Y
(x,y) (x+1,y) (x+2,y) 2/ ∼

2
Figura 1.19: Al identificar los puntos de con la misma ordenada y x − x0 ∈ ,
obtenemos un cilindro.

De hecho, llamamos región fundamental a un conjunto R que satisface


dos condiciones

(i) Cualquier punto P del plano tiene al menos un representante P 0 ∈ R;


(ii) Si P 0 es un punto interior de R, entonces P 0 no es equivalente a
ningún otro P 00 ∈ R.

El interior de un conjunto es el mayor abierto contenido en el conjun-


to, por lo que un punto interior pertenece a un disco sin frontera totalmente
contenido en el conjunto.
49

Una forma de construir una región fundamental es tomar un punto P y


buscar sus equivalentes más cercanos, P 0 y P 00 ; los bordes de la región son las
mediatrices de los segmentos P 00 P y P P 0 .
Este cilindro comparte muchas cualidades con el plano, pero presenta tam-
bién diferencias esenciales, como veremos.
Entre estas últimas se cuenta el hecho de que al hacer el pegado convertimos
cualquier recta paralela al eje X en una curva cerrada, resultado de identificar
los extremos de cualquier tramo de longitud 1.
Una de estas curvas cerradas se distingue de una circunferencia en el plano
en que mientras la última puede deformarse continuamente a un punto
sin salir del plano, para una “circunferencia.en el cilindro que resulte de la
identificación anterior, la deformación es imposible sin salirse del cilindro (véase
la Figura 1.20).
Otra forma de establecer esta diferencia surge al observar que, en el plano,
toda circunferencia es la frontera de una región acotada del plano: el inte-
rior del disco. En el cilindro, en cambio, una “circunferencia”proveniente de la
identificación no determina una región acotada.

PSfrag replacements

Figura 1.20: En un cilindro hay curvas cerradas que no se pueden deformar a un


punto del cilindro sin salirse del mismo.

El estudio de las curvas cerradas de una superficie conduce a un concepto


muy importante en Geometrı́a, llamado grupo fundamental, que escapa a
nuestros propósitos y que el lector interesado puede consultar en [F].
En cambio, el cilindro y el plano comparten las geodésicas, curvas que
minimizan la distancia entre dos puntos suficientemente cercanos, en el sentido
siguiente.

Teorema. En el plano, la trayectoria más corta entre dos puntos P y Q es


50

el segmento de recta entre P y Q.

Demostración. Recordemos que la longitud de una curva parametrizada


diferenciable α : (c, d) → 2 de α(a) = P a α(b) = Q (donde [a, b] ⊂ (c, d)), es
Z b
l(α) = ||α0(t)||dt.
a

Si vb es un vector fijo de norma 1, la derivada de α(t) · vb es α0 (t) · vb y por


eso al integrar esta última función obtenemos
Z b Z b
(Q − P ) · vb = α0 (t) · vb dt ≤ ||α0(t)||dt = l(α),
a a

donde la desigualdad entre las dos integrales es consecuencia de la desigualdad


(punto a punto) entre las funciones de los integrandos.
Q−P
Ahora basta tomar vb = ||Q−P ||
para tener en el miembro izquierdo de la
expresión anterior ||α(b)−α(a)||, lo cual demuestra que la longitud el segmento
es menor o igual que la longitud de cualquier otra curva que una a P y Q.2

Pues bien, dados dos puntos cualesquiera P y Q del cilindro, si P 0 es un


punto de 2 que se aplica en P , de todos los puntos de 2 que se aplican en
Q hay alguno que es el más cercano a P 0 , denotémoslo por Q0; el segmento
de recta entre P 0 y Q0 da una curva en el cilindro, y si hubiera en el cilindro
una curva más corta de P a Q que la correspondiente al segmento, esa curva
darı́a lugar a una curva en 2 que no puede tener longitud menor que la del
segmento.

El toro plano, métricamente distinto del toro de revolución del Ejercicio


6(c) §1.3 como se verá enseguida, también presenta diferencias y coincidencias
con el plano. El toro plano está formado por las clases de equivalencia de puntos
de 2 bajo la relación

(x, y) ∼2 (x0, y 0) si x − x0 ∈ , y − y 0 ∈ ,
 

es decir, ahora dos puntos del plano están relacionados si tanto la diferencia
entre sus abscisas como la diferencia entre sus ordenadas, son enteros.
Ası́ como la primera condición nos obligó a restringirnos a una banda ver-
tical, la segunda nos obliga a restringirnos a una banda horizontal, y como
estamos pidiendo ambas condiciones, una región fundamental en este caso es
51

un cuadrado de lado 1 cuyos bordes paralelos deben identificarse (vea la Figura


1.21).
Al lector enseguida se le ocurrirá pensar el objeto resultante como un toro,
aunque si intenta construirlo con un cuadrado de papel, se enfrentará con el
problema de que al pegar los dos últimos bordes, el papel se arruga.
El toro plano no puede construirse sin arrugas o dobleces en nuestro espacio
euclidiano tridimensional, pues ası́ como en el cilindro todas las circunferen-
cias creadas por la identificación tienen longitud 1, la longitud de un lado del
cuadrado, en el toro plano todas las circunferencias creadas por cada una de
las dos identificaciones tienen esa misma longitud, por eso se arruga el papel
al intentar pegar los bordes del cilindro.
Más aún, en el toro plano K(P ) = 0 en cualquier punto, en contraste con
el toro de revolución donde hay puntos elı́pticos, parabólicos e hiperbólicos
(Ejercicio 6 c) de la sección 1.3)

Y
(x,y+1) (x+1,y+1)

PSfrag replacements

(x,y) (x+1,y) !
X

2
Figura 1.21: Al identificar los puntos de con x − x0 ∈ y y − y 0 ∈ , obtenemos
un toro plano (que no cabe bien en 3).

Esta vez hay dos clases de curvas cerradas que no pueden deformarse en
un punto, una clase por cada par de lados paralelos del cuadrado.
Pero si bien lo anterior establece una diferencia esencial entre el plano y el
toro plano, al plantearnos cuáles son las geodésicas del toro basta considerar
que para cualesquiera dos puntos distintos P y Q en el toro, si P 0 ∈ 2 se
aplica en P , hay un punto Q∗ ∈ 2 que se aplica en Q y que es el más cercano
a P 0 de entre los 9 posibles (vea la Figura 1.22).
El segmento de recta de P 0 a Q∗ se aplica en una curva del toro que nece-
52

sariamente minimiza la longitud del recorrido de P a Q en el toro plano, pues


si hubiera una curva en el toro plano de P a Q de longitud menor a la de ese
segmento, esa curva darı́a lugar a una curva entre P 0 y Q0 de longitud menor
a la del segmento, lo cual es imposible.

Q∗

PSfrag replacements Q
P0
Q0
P

Figura 1.22: El segmento de P 0 a Q∗ da lugar a una curva en el toro que minimiza


el recorrido de P a Q.

Otra forma de escribir todo lo anterior es considerar la llamada proyección


canónica de un espacio en el conjunto de sus clases de equivalencia, en este
caso:
2
Π: → Toro,

que aplica cada punto (x, y) en su clase [(x, y)] según la relación de equivalencia
∼2 .
Entonces, las geodésicas del toro plano son las imágenes bajo Π de las
geodésicas de 2, pues la forma de medir en el toro plano se hereda de 2
También conviene hacer notar que el cilindro y el toro plano tienen bien
definido el plano tangente en cada uno de sus puntos. Eso se debe a que al
pegar los bordes de una banda que sea región fundamental del cilindro, los
puntos donde hicimos el pegado tienen la misma calidad que todos los demás;
en particular, por ellos pasan curvas en todas direcciones, como lo muestra la
Figura 1.23.
El plano tangente en un punto P se considera formado por los vectores
velocidad de curvas que pasan por P (pueden ser segmentos de recta centrados
en P ). Las curvas pueden recorrerse en un sentido o en otro, y con la rapidez
que queramos; por eso los vectores tangentes realmente forman todo un plano
(vea la Figura 1.23).
53

Figura 1.23: Los vectores tangentes en un punto cualquiera de un cilindro o un


toro plano, forman el plano tangente en P .

Un ejercicio interesante, sobre todo por las aplicaciones que tiene más ade-
lante, es pensar en una recta dibujada en 2 cuya traza quisiéramos conservar
al obtener las identificaciones que hemos planteado.
En el cilindro, obtendrı́amos una “hélice”, y como casos lı́mite tendrı́amos
una recta y una circunferencia (véase la Figura 1.24).
En el toro, podemos obtener muchos tipos de curvas cerradas, como ocurre
con la recta por el origen y de pendiente 1, puesto que los cuatro vértices del
cuadrado acaban identificándose en uno solo, o con cualquier otra recta que
una dos puntos de coordenadas enteras, por la misma razón del caso anterior
(vea la Figura 1.24).
Pero cuando en el plano tomamos una recta por el origen de pendiente
irracional, la curva que se origina en el toro no se cierra y, además, se enrolla
en él de forma tal que para cualquier punto del toro hay puntos de la curva tan
cercanos como se quiera, esto es, la curva es un conjunto denso en el toro.
Para demostrar esto último, consideramos la recta y = mx con m 6∈ .


Entonces, los puntos en el lado izquierdo del cuadrado que son equivalentes a
puntos de la recta de la forma (n, mn) con n entero, son de la forma (0, mn −
[mn]), donde [mn] es la parte entera de mn; escribiremos yn = mn − [mn].
Si dividimos el lado izquierdo del cuadrado en k partes, con k ∈ , de los
puntos (0, yj ) provenientes de los k + 1 puntos (1, m), (2, 2m),..., (k + 1, (k +
1)m), por el “principio de las casillas”hay dos en el mismo segmento de longitud
1/k, es decir, para algunos r, s ∈ {1, 2, ..., k + 1}, tenemos
1
ys − y r < .
k
54

PSfrag replacements X

II I II 2

1 1 0, II
I
2 2

0 1
I

Figura 1.24: Una recta en 2 da lugar a hélices en el cilindro, y a curvas que se


enredan en el toro, a veces de manera densa, sin autointersecciones.

R
C C
R
c
PSfrag replacements
r c
r

Figura 1.25: Una hipocicloide y una epicicloide.


55

El trozo de recta entre los puntos (r, mr) y (s, ms) es congruente con el
trozo de recta entre (0, 0) y (s − r, (s − r)m), lo cual significa que también
hay dos puntos de la curva en el primer segmento de longitud 1/k en el lado
izquierdo, y en consecuencia en cualquiera otra de las partes en que habı́amos
dividido al lado izquierdo.
Como k fue arbitrario, concluimos que hay puntos provenientes de la curva
tan cerca como se quiera de cualquier punto del lado izquierdo. Por tanto, hay
un conjunto denso de intersecciones de la curva con el lado izquierdo.
Lo mismo ocurre para cualquier otro segmento vertical, y por eso la curva
del toro plano originada por una recta de pendiente irracional es densa en el
toro y no tiene autointersecciones.
Aquı́ cabe mencionar que hay un fenómeno análogo para las curvas llamadas
hipocicloide y epicicloide, descritas por un punto fijo de una circunferencia
de radio r que gira sin resbalar dentro (o fuera) de otra circunferencia de radio
R (vea la Figura 1.25).
Cuando la razón entre los radios es racional, la curva se cierra, pero si la
razón es irracional, el punto toca a la circunferencia de radio R en puntos que
forman un conjunto denso en dicha circunferencia. La demostración se deja
como ejercicio en esta sección.

Ahora bien, aún no justificamos el tı́tulo de esta sección, pero el lector


estará de acuerdo con nosotros en que las traslaciones T(n,0) correspondientes a
los vectores de la forma (n, 0) con n ∈ , forman un grupo bajo la composición,


y por eso se le llama un subgrupo del grupo de traslaciones; lo denotaremos


por T .
Si a P0 (x0 , y0) ∈ 2 lo trasladamos por cada uno de los elementos de este
subgrupo, obtenemos puntos de la forma (x0 + n, y0), que reconocemos como
puntos relacionados con P0 según el tratamiento del principio de la sección,
donde utilizamos clases de equivalencia.
Desde este punto de vista, decimos que la órbita de P0 bajo el grupo T
es

O(P0 ) = {(x, y)| (x, y) = T(n,0)(x0, y0) = (x0 + n, y0 ) para algún n ∈ }.




Entonces, el cilindro puede verse como el espacio de las órbitas de los


puntos del plano bajo la acción del grupo T , esto es, el espacio que se
obtiene al pensar cada órbita como un “punto”.
Análogamente, el toro plano puede verse como el espacio de las órbitas de
56

los puntos del plano bajo la acción del grupo T × , cuyos elementos son las
traslaciones T(n,m) asociadas a vectores (n, m) con entradas enteras.
Son realmente dos lecturas diferentes de un mismo hecho geométrico, la
obtención de superficies con una estructura euclidiana a partir de 2, ya sea
como espacios de identificación bajo una relación de equivalencia, que es
el punto de vista topológico, o como el espacio de órbitas de los puntos de 2
bajo la acción de un grupo, que es el punto de vista algebraico.
No cualquier grupo tiene como espacio de órbitas un objeto geométrico
nuevo, o interesante; por ejemplo, si el grupo que actúa en 2 es T , donde
Tr ∈ T corresponde a la traslación horizontal por un vector (r, 0) con r ∈ ,
resulta que la órbita de un punto P (0, y0 ) es toda la recta horizontal y = y0;
en consecuencia, el espacio de las órbitas de los puntos de 2 bajo la acción
del grupo T es sólo una recta, que puede pensarse como el eje Y .

EJERCICIOS
1. Dé 4 ejemplos de superficies homogéneas, y analice cuáles contienen pun-
tos umbı́licos.

2. Establezca las ecuaciones paramétricas de la hipocicloide y demuestre


que si la razón entre los radios no es racional, la curva toca a la circun-
ferencia fija en un conjunto denso de puntos.

3. Si m = p/q, con p y q enteros primos relativos, la curva en el toro plano


resultado de la proyección de la recta por el origen y de pendiente m se
cierra cuando vuelve a pasar por un punto de coordenadas enteras. De-
termine cuántas vueltas debe haber dado la curva en el toro plano tanto
en el sentido de los “meridianosçomo en el sentido de los “paralelos”para
cerrarse. (Llamamos meridianos a las curvas cerradas resultado de la
identificación en las rectas verticales, y paralelos a las curvas cerradas
resultado de la identificación en las rectas horizontales.)

4. En un toro de revolución, dibuje la curva que en el toro plano corresponde


a m = 3/2.

5. ¿Cuál es el espacio de las órbitas de los puntos de 2 bajo la acción del


grupo de traslaciones T 2 , es decir, si cualquier punto puede aplicarse en


cualquier otro?
57

1.5. Subgrupos finitos de E(2) y E(3)


En esta sección estudiaremos algunos subgrupos de O(2, ) y O(3, ) con
un enfoque distinto de la sección anterior, pues ahora nos interesa estudiar los
objetos que se preservan bajo su acción, es decir, bajo cualquier transformación
del subgrupo en cuestión.
En la sección 1.2 vimos ya que las rotaciones en 2 con centro en el origen
y las reflexiones en rectas por el origen forman un grupo bajo la composición,
O(2, ).
De hecho, la función
det : O(2, ) → ,
que a cada matriz le asocia su determinante, divide a O(2, ) en dos clases
ajenas, la de las rotaciones y la de las reflexiones, y al multiplicar por una re-
flexión fija cada una de las rotaciones, obtenemos todas las reflexiones. Aunque
en este libro no precisaremos del concepto de subgrupo normal, vale la pena
anotar que el subgrupo SO(2, ) es un subgrupo normal de O(2, ) porque es
la imagen inversa de 1 (vea [B-ML]).
Un objeto que permanece invariante bajo cualquier rotación por el origen
es una circunferencia con centro en el origen y radio arbitrario, C(Ō, r). Y
también permanece invariante bajo cualquier reflexión respecto a cualquiera
de sus diámetros, cada uno contenido en una recta por el origen de 2 , ası́ que
permanece invariante bajo todos los elementos de O(2, ).
Consideremos ahora un subgrupo H de SO(2) en el que no figuran todas
las rotaciones con centro en el origen. Si en el subgrupo hay una rotación
no trivial, por un ángulo θ, Roθ , entonces también debemos tener todas sus
iteraciones, es decir, la composición de Roθ consigo misma todas las veces
que sea necesario.
El Ejercicio 2 del inciso anterior muestra que el caso más sencillo ocurre
cuando θ tiene la forma 2π/k con k ∈ . Entonces, si un punto P pertenece a


una figura F que debe permanecer invariante bajo un subgrupo que contiene
(i)
a Roθ , sus imágenes bajo las iteraciones de la rotación, Roθ (P ) = Roθ ◦ ... ◦
Roθ (P ), también deben pertenecer a F .
éste es el caso, por ejemplo, de un polı́gono regular de n vértices inscrito
en una circunferencia con centro en el origen; la figura siguiente muestra los
casos de un cuadrado y un pentágono regulares inscritos en C(Ō, 1).
El cuadrado permanece invariante bajo la rotación por θ = 2π/4 = π/2
58

y sus múltiplos 2θ, 3θ y 4θ = id; el pentágono permanece invariante bajo la


rotación por φ = 2π/5 y sus múltiplos, 2φ, 3φ, 4φ y 5φ = id. En ambos casos
el número de rotaciones coincide con el de los lados.
Pero es inmediato notar que el cuadrado permanece también invariante
bajo las reflexiones respecto a las rectas que pasan por los puntos medios de
lados opuestos (M y M 0 , N y N 0 en el cuadrado de la Figura 1.26), coincidentes
con los ejes para el cuadrado ilustrado, y bajo las reflexiones por las diagonales,
rectas que unen vértices opuestos; son 4 reflexiones en total.
En cambio, las reflexiones que dejan invariante al pentágono corresponden
PSfrag replacements que contienen un vértice y el punto medio del lado opuesto, como A
a rectas
y MA en el pentágono de la Figura 1.26. Hay 5 de tales reflexiones.
Llamamos grupo de simetrı́as del cuadrado al subgrupo de O(2, )
que contiene tanto a Roπ/2 como a Reπ/4 y a todos los productos que pueden
formarse con estas transformaciones.
Y Y
P0
P0 P
N
θ P
φ
X X
M0 ō M MA ō A
P 00
0
N P 00

Figura 1.26: Simetrı́as de polı́gonos regulares.

Como el producto de dos rotaciones es una rotación y el producto de una


rotación con una reflexión es una reflexión, las cuatro posibles potencias de
a = Roπ/2 dan las cuatro rotaciones mencionadas antes, y al multiplicarlas por
b = Reπ/4 obtenemos las cuatro reflexiones observadas en el cuadrado.
Entonces, para describir este grupo bastan dos generadores, a = Roπ/2 y
b = Reπ/4 , que satisfacen las relaciones a4 = Id, b2 = Id y ab = ba3 (véase
[B-ML]).
El grupo de simetrı́as del pentágono debe contener a Ro2π/5 , a Re2π/5
y a todos los posibles productos que pueden formarse con estas dos transforma-
ciones. Este grupo está generado por a = Ro2π/5 y b = Re2π/5, que satisfacen
59

las relaciones a5 = Id, b2 = Id y ab = ba4.


En general, el grupo de simetrı́as de un polı́gono regular con n lados es
el llamado grupo diédrico, que consta de 2n elementos generados por una
rotación a y una reflexión b que satisfacen las relaciones an = Id, b2 = Id y
ab = ban−1.
Este grupo se puede describir geométricamente como sigue: consideramos
el plano XY en 3 y un polı́gono regular con n lados contenido en ese plano,
cuyos vértices pertenezcan a la esfera unitaria S 2.
El subgrupo de SO(3) formado por las rotaciones de XY que preservan al
polı́gono es, claramente, un grupo con n elementos. De hecho, es un grupo
cı́clico (i.e., que consta de las potencias de un solo elemento) Γ de orden n,
generado por la matriz
 
cos 2π/n −sen2π/n 0
a =  sen2π/n cos 2π/n 0 

,
0 0 1
que claramente satisface an = Id. Tenemos ya n simetrı́as del polı́gono.
La reflexión del plano XY que falta para duplicar este número, puede verse
como la rotación b de la esfera S 2 por un ángulo de 180◦ en torno a uno de
los ejes de simetrı́a del polı́gono, es decir, con respecto a una recta que une
a dos vértices opuestos si n es par, o a un vértice y el punto medio del lado
opuesto si n es impar. La composición de b con los n elementos de Γ, incluida
la identidad, da los otros n elementos del grupo diédrico. Es obvio que b2 = Id,
y dejamos como ejercicio verificar que a y b satisfacen la relación ab = ba n−1 .
Lo importante es observar que hay subgrupos del grupo ortogonal O(2, )
que surgen de manera natural al estudiar objetos tan sencillos como los polı́-
gonos regulares.
Por otro lado, también podemos preguntarnos cuál es el espacio de las
órbitas de los puntos P ∈ 2 correspondiente al grupo G generado por una
rotación del tipo Ro2π/n , con n ∈ .


Es claro que cualquier sector del plano acotado por dos rayos que partan
del origen y formen un ángulo 2π/n contiene un representante de cada órbita,
excepto por los puntos en los bordes que, como en el caso del cilindro, deben
identificarse. Esta vez, un punto P en un rayo frontera se identifica con el punto
P 0 en el otro rayo frontera si ambos están a la misma distancia del origen; se
forma ası́ un cono infinito, aunque las generatrices no son rectas completas,
sino sólo rayos por el origen. ése es el espacio de las órbitas de los puntos de
60

2
bajo la acción del grupo G; en el vértice, los vectores tangentes al cono no
forman un plano.

Vayamos ahora al caso de O(3, ). Nuevamente la función determinante


parte al grupo en dos clases, la de las matrices con determinante 1 y las que
tienen determinante −1.
A las primeras las habı́amos llamado rotaciones y forman el subgrupo
SO(3), mientras que las segundas fueron llamadas reflexiones, no forman un
subgrupo y pueden obtenerse al multiplicar cada rotación por una reflexión
fija.
También en este caso es trivialmente cierto que una esfera con centro en
el origen y radio arbitrario permanece invariante bajo cualquier elemento de
O(3).
Pero si queremos descubrir algún objeto que permanezca invariante bajo
los elementos de un subgrupo distinto de la identidad G < O(3), el objeto debe
tener cierta regularidad, de lo contrario su grupo de isometrı́as es muy pobre,
como acontece con una nube, cuya forma puede ser completamente arbitraria.
Más aún, mientras más regular sea el objeto, como un cubo, más grande
será el grupo G de isometrı́as que lo dejan invariante.
Trabajaremos con objetos acotados, es decir, que pueden encerrarse en una
esfera aunque el radio sea muy grande, y entonces llamaremos vértices a los
puntos V en el objeto cuya distancia al origen sea máxima.
Si la norma de V es r, V pertenece a la esfera con centro en el origen y
de radio r, lo mismo que todos sus transformados bajo elementos de G. Por
razones que quedarán claras más adelante, pediremos que el número de vértices
sea finito, y que cualquier vértice pueda transformarse en otro mediante alguna
isometrı́a.
Como cada elemento de O(3, ) es una isometrı́a, la distancia entre cua-
lesquiera dos vértices y sus transformados debe ser la misma. Los segmentos
determinados por un vértice V0 y cualquiera de sus transformados más cercanos
a V0 se llamarán aristas.
Para que en el subgrupo aparezca una rotación cuyo eje pase por un vértice
V0 , deberemos pedir que todas las aristas que concurren en él midan lo mismo,
y que los ángulos entre cualesquiera dos de ellas sean congruentes. Como los
vértices se transforman unos en otros, las consideraciones anteriores son válidas
para cualquier vértice.
Dado que el número de vértices es finito, también lo es el número de aristas,
61

y si de las aristas que concurren en un vértice V0 tomamos dos consecutivas,


a1 y a2, al considerar los otros extremos de dichas aristas, V1 y V2 , podemos
tomar aristas consecutivas a a1 y a2, a01 y a02 , que sean lo más cercanas posible
a la otra: a01 cercana a a2 y a02 cercana a a1 .
Se forma ası́ un polı́gono regular que, por ser inscriptible en una circunfe-
rencia, es necesariamente plano. Estos polı́gonos, todos congruentes entre sı́,
son las caras de un poliedro regular, y el cuerpo que delimitan es un sólido
platónico, pues no sólo fueron estudiados por los griegos de la antigüedad, sino
que además jugaron un papel importante en su filosofı́a. Entonces, un poliedro
regular es inscriptible en una esfera y sus caras son polı́gonos regulares, todos
congruentes. Un ejemplo obvio es un cubo, inscriptible en la esfera cuyo centro
es el del cubo y cuyo diámetro tiene la longitud de una diagonal principal (vea
la Figura 1.27). Los demás ejemplos son los otros “cuerpos geométricos”que
construimos en la primaria: el tetraedro (4 caras), el octaedro (8 caras), el
dodecaedro (12 caras) y el icosaedro (20 caras).

Antes de abordar el estudio de estos objetos geométricos que maravillaron


a los griegos y que, lejos de ser meras abstracciones, aparecen reiteradamente
en la naturaleza, conviene demostrar que son los únicos posibles.
Para ello, observamos que en cada vértice deben concurrir al menos 3 caras
(de lo contrario, no podrı́amos pegar las caras), ası́ que el número k de caras
que inciden en un vértice cumple k ≥ 3.
Y como el número n de lados de un polı́gono regular también tiene como
mı́nimo 3, n ≥ 3, con lo cual hemos acotado inferiormente k y n.
Para acotarlos superiormente, basta observar que la suma de los k ángulos
interiores de las caras que concurren en un vértice debe ser menor que 2π :
k(n − 2)π
< 2π,
n
es decir, k(n − 2) − 2n < 0; al sumar 4 en ambos miembros, resulta la desigual-
dad (k − 2)(n − 2) < 4, de la cual se sigue que los únicos valores admisibles
para una pareja (k, n) son
(3, 3), (3, 4), (3, 5), (4, 3). (5, 3),
cada una de los cuales se realiza en uno solo de los sólidos platónicos de la
Figura 1.27.
La tabla siguiente muestra el número de vértices, aristas y caras de los
sólidos platónicos; en ella podemos observar dos hechos muy interesantes.
62

2 3
1
4
1 3

2
PSfrag replacements
2 5
4
3
8
7
5
6
6

1 5
5 4

3
1 9 6
2 4
14
10
2 3 10
6 15 8 13 9

7 19
20 8
11
11 12 18

16 7 12
17

Figura 1.27: Los cinco sólidos platónicos


63

Sólido # vértices # aristas # caras


Tetraedro 4 6 4
Hexaedro (cubo) 8 12 6
Octaedro 6 12 8
Dodecaedro 20 30 12
Icosaedro 12 30 20

Para empezar, los números del cubo (o hexaedro) y del octaedro se corres-
ponden, sólo que con los números de vértices y caras intercambiados, y otro
tanto ocurre para el dodecaedro y el icosaedro. Eso se debe a que al tomar
los baricentros de las caras como vértices y formar poliedros regulares con las
mismas reglas que usamos antes, obtenemos el otro sólido de la pareja, incluido
el caso del tetraedro que debe considerarse como su propia pareja.
Decimos que los miembros de una pareja son uno el dual del otro, por
razones que veremos más adelante.
El otro hecho relevante consiste en que al formar en cada caso el número

X = V − A + C,

donde V es el número de vértices, A es el número de aristas y C es el número


de caras, en todos los casos obtenemos X = 2.
El primero en observar este hecho fue Leonhard Euler (1707-83), y en su
honor X se llama la caracterı́stica de Euler de la superficie en cuestión.
Desde luego, hay superficies para las cuales el valor de la caracterı́stica de
Euler no es 2, como sucede con un toro, ya sea de revolución o plano.
Si lo dividimos en triángulos, como lo muestra la Figura 1.28 (observe que
los triángulos se cortan en una arista, en un punto o no se cortan), al contar
las caras, aristas y vértices, podemos verificar que X = 0 en este caso:

el total de vértices es 8, 4 “adentro” y 4 “afuera”;

hay 4 aristas adentro y 4 afuera, más 4 aristas adicionales en cada uno


de los vértices interiores (cada una de estas aristas llega a un vértice
exterior); el total de aristas es 4 + 4 + 16 = 24;

en cada vértice interior concurren 6 caras, pero 4 de ellas concurren tam-


bién en otro vértice exterior, ası́ que sólo contaremos 2 de ésas; entonces
la cuenta correcta es 4 × 4 = 16 caras.
64

3
PSfrag replacements
4
7
6
8
5 2

Figura 1.28: Para la superficie de un toro, la caracterı́stica de Euler es 0.

En consecuencia, para un toro la caracterı́stica de Euler es

X = 8 − 24 + 16 = 0.

La caracterı́stica de Euler es un concepto que pertenece al área de la topo-


logı́a. Puede demostrarse que no depende de la triangulación, si los triángulos
se cortan como mencionamos antes; por eso es una caracterı́stica de un objeto
topológico.

Veamos cuáles son los grupos de simetrı́as de los sólidos platónicos. Deja-
remos el caso del tetraedro al lector (vea el Ejercicio 5 al final de la sección),
pero esperamos que el análisis de los casos del cubo y del dodecaedro le per-
mitan demostrar que las simetrı́as del tetraedro forman un grupo isomorfo al
grupo de permutaciones de cuatro sı́mbolos (que corresponden a los vértices),
usualmente denotado por S4 y llamado el grupo simétrico en cuatro letras
(vea el Apéndice 5.2).
Como lo hicimos en la sección 1.1, ubicamos al cubo de forma que sus caras
sean paralelas a los planos coordenados y el centro del cubo sea el origen; ası́
los vértices pertenecen a una esfera con centro en el origen, y entonces las
simetrı́as del cubo forman un subgrupo de O(3, ) (vea la Figura 1.29, que
reproduce la Figura 1.12).
La tarea ahora es determinar el subgrupo de O(3, ) que deja invariante al
cubo. Por lo que hemos visto, basta restringirnos al subgrupo de las rotaciones,
65

SO(3), pues al componer cualquiera de ellas con la antı́poda,


 
−1 0 0
 
 0 −1 0  ,
0 0 −1

que evidentemente fija al cubo por mandar cada vértice en su diametralmente


opuesto, obtendremos todas las reflexiones que dejan invariante al cubo, como
ya lo comentamos.
A diferencia del caso del tetraedro, no podemos pensar en permutar arbi-
trariamente los 8 vértices, pues en el cubo
√ hay vértices que distan l, el largo
de una arista, mientras
√ que otros distan 2l, la longitud de la diagonal de una
cara, y otros distan 3l, la longitud de una diagonal del cubo.
La tarea se facilita si notamos que las diagonales del cubo, que son 4 (ilus-
tradas en la Figura 1.29):

D1 = AT ; D2 = BU ; D3 = CR; D4 = DS,
deben ir unas en otras bajo cualquier rotación que deje invariante al cubo, esto
es, cualquier rotación que fije al cubo da lugar a una permutación de cuatro
PSfrag replacements
objetos, las diagonales.

Z
D
C
A
B

Y
U T

X R
S

Figura 1.29: Las rotaciones que fijan el cubo, llevan diagonales en diagonales.

Para demostrar que cualquier permutación de D1 , D2 , D3 ,y D4 , proviene de


una rotación del cubo, tomaremos dos diagonales y exhibiremos una rotación
que las intercambia dejando fijas a las otras dos. Con ello, a cada trasposición
de cuatro objetos le corresponderá una rotación de 3 que fija al cubo.
66

Entonces, como las trasposiciones generan a todas las permutaciones, y


la composición de dos rotaciones es otra rotación, cualquier permutación de
cuatro objetos puede obtenerse como imagen de una rotación del cubo en torno
a una de sus diagonales.
La rotación R que intercambia D1 con D2 y fija las otras dos diagonales
tiene como eje la recta por los puntos medios de las aristas opuestas AB y T U
y la rotación en torno a ese eje es por un ángulo de π.
Para comprobar que R(D1 ) = D2 y R(D2 ) = D1 , basta observar que
A 7→ B, U 7→ T , B 7→ A y T 7→ U ; las otras dos diagonales se aplican cada
una en sı́ misma porque C 7→ R y R 7→ C, lo cual lleva D3 en D3 , y como
D 7→ S y S 7→ D, también D4 se transforma en sı́ misma. En el lenguaje
de las permutaciones, R corresponde a la trasposición (12), y hay 6 = 4 · 3/2
trasposiciones de 4 objetos.
Como un ejercicio, veamos cuál es la rotación que resulta al componer dos
rotaciones provenientes de trasposiciones.
Llamemos R0 a la rotación correspondiente a la trasposición (23); la com-
posición de R0 con R corresponde a efectuar primero la trasposición (12) y
luego (23), lo cual lleva a 1 en 3 y a 3 en 2, esto es,

(23)(12) = (132).

Como la diagonal D4 queda fija, la rotación correspondiente a la permuta-


ción (132) tiene D4 como eje y la rotación en torno a ese eje es por un múltiplo
entero de 2π/3, pues hay 3 aristas que concurren en el vértice D.

Si demostramos que hay tantas rotaciones como elementos en el grupo S4,


esto es, 24, habremos demostrado que la correspondencia entre las permuta-
ciones de las diagonales y las rotaciones del cubo es un isomorfismo del grupo
simétrico en cuatro letras, S4 , y el subgrupo de SO(3) que deja invariante al
cubo.
Con ello habremos demostrado también que el grupo de isometrı́as del
tetraedro es un subgrupo del grupo de isometrı́as del cubo. Eso es inmediato
del hecho de que en cubo el hay dos tetraedros inscritos (uno reflejado del
otro): los formados con las diagonales de las caras que concurren en un vértice
(vea los ejercicios 5 y 7).

Para contar las rotaciones, analicemos cuáles son los ejes de rotación y los
posibles ángulos de rotación que no producen la identidad:
67

- Si el eje es la recta que une los puntos medios de dos aristas opuestas,
el ángulo de rotación sólo puede ser π; como hay 6 pares de aristas opuestas,
tenemos 6 rotaciones de este tipo.
- Si el eje es la recta que une los centros de caras opuestas, los ángulos de
rotación que fijan el cubo son múltiplos enteros de π/2; hay 3 de ellos que no
dan la identidad, y como hay 3 pares de caras opuestas, tenemos 9 rotaciones
de este tipo.
- Si el eje es la recta que une vértices opuestos, como en un vértice concurren
3 aristas, los ángulos de rotación posibles son múltiplos enteros de 2π/3, y de
ellos sólo 2 no dan la identidad; como hay 4 pares de vértices opuestos, tenemos
8 rotaciones de este tipo.

Si a estas 23 rotaciones les añadimos la identidad, tenemos 24 rotaciones


distintas, el mismo número de elementos en S4 .
Un buen ejercicio para el lector será encontrar la rotación correspondiente
al producto de 2 trasposiciones ajenas, como (12)(34), y a una permutación de
longitud 4, como (1234).
Conviene que el lector haga una tabla completa con la correspondencia
entre los productos de trasposiciones y de rotaciones, por eso lo dejamos como
un ejercicio.
Y, desde luego, hay que recordar que el grupo de todas las isometrı́as del cu-
bo consiste de las 24 rotaciones listadas arriba, y de las 24 reflexiones obtenidas
al componer cada una de esas rotaciones con la transformación antı́poda.

El caso del octaedro se traduce en el del cubo gracias a la dualidad. Y el


caso del dodecaedro, que se traduce en el del icosaedro por la misma razón, es
sólo un poco más complicado que el del cubo; veámoslo.
Nuevamente ocurre que no todos los vértices del dodecaedro distan lo mis-
mo, y por eso no podemos permutar arbitrariamente sus 20 vértices.
Pero ası́ como en el cubo las 4 diagonales necesariamente van unas en otras
bajo cualquier isometrı́a que deje invariante al cubo, en el dodecaedro hay 5 cu-
bos inscritos que necesariamente se intercambian bajo cualquier isometrı́a que
fije al dodecaedro: son los cubos cuyas aristas son diagonales de los pentágonos,
una en cada cara (vea la Figura 1.30).
Si tomamos la diagonal AB, los vértices antı́podas A0 y B 0 determinan
una diagonal paralela a la anterior, y la diagonal CD, también paralela a AB
porque ambas son paralelas a la arista RS del dodecaedro, da lugar con los
68

vértices antı́podas a la diagonal C 0D0 . Serán cuatro aristas paralelas del cubo.
Otro juego de diagonales paralelas resulta de considerar las diagonales AC,
A C , DB y D0 B 0 , todas paralelas a la arista T U del dodecaedro, y el último
0 0

juego de diagonales paralelas está formado por AD 0 , A0D, CB 0 y C 0B, todas


paralelas a la arista LM del dodecaedro.
La regularidad del dodecaedro implica que el paralelepı́pedo cuyos vértices
son A, B, C, D, A0, B 0, C 0 y D0 , es verdaderamente un cubo.
Las 5 diagonales de cada cara del dodecaedro son aristas de un cubo dis-
tinto, ası́ que hay 5 cubos inscritos en el dodecaedro, y es posible llevar uno en
cualquiera de los otros mediante rotaciones de los tipos siguientes:

- Rotaciones cuyo eje pase por los centros de dos caras opuestas, por un
ángulo de 2kπ/5, con 1 ≤ k ≤ 4; hay 6 pares de caras opuestas y cuatro
rotaciones distintas de la identidad por cada par. Eso da 24 rotaciones de este
tipo.
- Rotaciones cuyo eje pase por dos vértices opuestos, por un ángulo de
2kπ/3, con 1 ≤ k ≤ 3; hay 10 pares de vértices opuestos y 2 rotaciones distintas
de la identidad para cada par. Eso da 20 rotaciones de este tipo.
- Rotaciones cuyo eje pase por los puntos medios de aristas opuestas, por
un ángulo de 2kπ/2, con k = 1, 2; hay 15 pares de aristas opuestas y sólo una
rotación distinta de la identidad para cada par. Hay entonces 15 rotaciones de
este tipo.
Si a estas 59 rotaciones les añadimos la identidad, tenemos 60 rotaciones
en total, que es precisamente el número de elementos de A5, el subgrupo
alternante, o de permutaciones pares, de S5 .
El lector deberá comprobar que la correspondencia entre el grupo de rota-
ciones que dejan invariante al dodecaedro y los elementos de A5 es realmente
un isomorfismo, ası́ como que

Ninguna isometrı́a del dodecaedro da lugar a una trasposición de los 5 cubos,

pues cualquier isometrı́a del dodecaedro que intercambie un par de cubos,


necesariamente intercambia también otro par.
El grupo completo de isometrı́as del dodecaedro se obtiene al componer
cada una de las rotaciones con la antı́poda; por tanto, es isomorfo a A5 × {±1},
pero no a S5 , por la observación que acabamos de hacer.
Lo anterior muestra que el grupo de simetrı́as del cubo es un subgrupo del
69
PSfrag replacements
grupo de simetrı́as del dodecaedro, y como el grupo de simetrı́as del cubo tiene
como subgrupo el grupo de simetrı́as del tetraedro, resulta que

S4 es un subgrupo del grupo de simetrı́as de cualquier sólido platónico.

L0 B

A S
R

M0 U0
0
C

T T0 D
D0
R0
A0
S0
C
M
U

B0 L

Figura 1.30: Isometrı́as del dodecaedro.

Hemos completado ası́ la información sobre los grupos de simetrı́as de los


sólidos platónicos (el lector debió encargarse del tetraedro):

Tetraedro: S4 , con A4 como subgrupo de rotaciones.

Cubo y octaedro: S4 × {±1}, con S4 como subgrupo de rotaciones.

Dodecaedro e icosaedro: A5 × {±1}, con A5 como subgrupo de rotaciones.

EJERCICIOS
1. Demuestre que SO(2, ) es un grupo isomorfo al grupo multiplicativo
de los números complejos de norma 1.
2. Considere la función determinante de GL(3, )a − {0}. ¿Es subgrupo
70

del grupo multiplicativo − {0} la imagen de O(2, ) bajo esa función?


3. Dada una reflexión en el plano XY respecto a una recta que pase por
el origen, encuentre la matriz de rotación en torno al origen del espacio
cartesiano XY Z, cuyo efecto en XY es la reflexión inicial.
4. Verifique que las transformaciones a y b dadas en la descripción geomé-
trica del grupo diédrico de orden 2n, satisfacen ab = ban−1.
5. Demuestre que el grupo de simetrı́as del tetraedro es isomorfo a S4 .
(Sugerencia: exhiba una reflexión que intercambie dos vértices y fije los
otros dos; ésa es una trasposición de los vértices; puede consultar 5.3.)
6. Establezca explı́citamente el isomorfismo entre el grupo de las rotaciones
que dejan invariante al cubo y el grupo simétrico S4 .
7. Dibuje los dos tetraedros inscritos en un cubo, formados con las diagona-
les de las caras que concurren en un vértice. Justifique la afirmación: “el
grupo de isometrı́as del tetraedro es un subgrupo del grupo de isometrı́as
del cubo”.
8. Determine el subgrupo de SO(3) que consiste de todas las rotaciones que
fijan al polo norte de la esfera S 2 . (El subgrupo se llama el estabilizador
del polo norte.)
9. Demuestre que SO(3) actúa transitivamente en puntos en S 2 , es decir,
para cualesquiera dos puntos P, Q ∈ S 2 , existe una rotación que lleva P
en Q.
10. Dados P, Q ∈ S 2 , determine cuántos elementos de SO(3) llevan P en Q.
11. ¿Cuál es la caracterı́stica de Euler del doble toro ilustrado?

12. Parta un disco cerrado en cuatro “triángulos”, y calcule su caracterı́stica


de Euler.
13. Verifique que si en uno de los“triángulos”del disco se fija un punto interior
y a partir de él se trazan rectas a los vértices del “triángulo”, el valor de
la caracterı́stica de Euler con esta nueva triangulación, coincide con el
anterior.
71

1.6. Frisos y mosaicos


Hay muchos edificios que presentan, a lo largo de sus fachadas o en paredes
interiores, bandas decorativas llamadas frisos cuyo diseño está formado por
una misma figura que se repite “indefinidamente”, como ocurre con los de la
Figura 1.31, obtenidos haciendo girar un cilindro grabado y entintado.

Figura 1.31: Frisos de origen mexicano.

Y también es frecuente encontrar en los edificios paredes o pisos completos


cubiertos por una figura que se repite en forma regular, como ocurre con los
ilustrados en la Figura 1.32, En el lenguaje coloquial se llama mosaicos a las
piezas utilizadas para recubrir el piso, pero en matemáticas se llama mosaico
al diseño completo formado sobre el piso con las piezas.
72

Figura 1.32: Mosaicos de origen árabe.

El problema que estudiamos en este inciso es el de encontrar todos los tipos


posibles de frisos y mosaicos en cuanto al subgrupo de E(2) que lo preserva. El
problema fue resuelto en la práctica desde hace mucho tiempo, y al precisarlo
matemáticamente pudo generalizarse a las geometrı́as elı́ptica e hiperbólica,
como veremos en los capı́tulos 3 y 4.

Para crear un friso, deberemos trazar una recta L y observar dos reglas:

1. Usar un patrón recortado en un cartón con la base marcada (Figura 1.33),


en cada tramo de longitud a igual a la base del cartón.
2. Si el patrón se usa en un lado de la recta, no es válido volverlo a usar con
otra posición del mismo lado en ese tramo, pues eso equivaldrı́a a tener otro
patrón. La base debe permanecer pegada a L.

Entonces, el grupo de isometrı́as de un friso consta de los elementos de


E(2) que fijan una recta y contiene un subgrupo de traslaciones cı́clico infinito.
Ilustraremos cómo se construyen todos los tipos posibles de frisos, usan-
do como patrón el triángulo que resulta al cortar un rectángulo a lo largo
de una diagonal (en la práctica, hay que dejar un pequeño borde). Después
demostraremos que realmente no hay más tipos posibles.

PSfrag replacements
L
L
Figura 1.33: Un patrón simple, sin simetrı́as internas que fijen la base.
73

Conviene denotar por rA los puntos de L correspondientes a segmentos


de longitud ra, donde r es de la forma n/2 con n entero, y para analizar las
isometrı́as del plano que dejan invariante al friso, comenzaremos por anotar
las isometrı́as con que generamos el friso.
1o. Lo más fácil es usar el patrón en cada tramo sólo desplazándolo; el friso
obtenido después de pintar el hueco es F1 de la Figura 1.34.
Este friso queda invariante bajo el grupo cı́clico infinito de isometrı́as G1
generado por la traslación Tā , donde ā es un vector paralelo a L y de longitud
a. La notación siguiente se lee “G1 es el grupo generado por Tā”:
G1 =< Tā > .
2o. También podemos utilizar el patrón en ambos lados, girándolo en cada
caso 180◦ en torno al punto (1/2)A de L, y después desplazamos la figura que
hemos obtenido por Tā; el friso F2 que resulta al pintar en ambas posiciones
el hueco del patrón en cada tramo, es el segundo de la Figura 1.34.
El grupo G2 de isometrı́as que dejan invariante este friso, puede generarse
con σ1/2, la rotación de 180◦ en torno al punto (1/2)A, y Tā . Sabemos que
2
σ1/2 = Id, y en la figura es fácil comprobar que σ1/2 ◦ Tā ◦ σ1/2 = (Tā)−1 ;
entonces, para presentar G2 escribimos también estas relaciones:
2
G2 =< σ1/2, Tā| σ1/2 = Id, σ1/2 ◦ Tā ◦ σ1/2 = (Tā )−1 > .
3o. Si usamos el patrón de ambos lados de la recta reflejando el patrón en L y
luego trasladando por Tā, el friso obtenido es F3 , el tercero de la Figura 1.34.
El grupo G3 de isometrı́as que dejan invariante a F3 , está generado por
la reflexión en L, que denotaremos RL , y por Tā . La composición de estas
isometrı́as es conmutativa, ası́ que esta vez la única relación es R2L = Id, y
escribimos
G3 =< RL , Tā| R2L = Id > .
4o. El cuarto friso de la Figura 1.34, F4 , resulta de reflejar el mosaico en cada
caso respecto a su borde vertical derecho.
El grupo G4 de isometrı́as que dejan invariante a F4, puede generarse con
la reflexión en la recta V perpendicular a L por el punto A, que denotaremos
RV , y con la traslación T2ā, puesto que hemos formado una figura del doble
de largo del patrón original. Sabemos que R2V = Id, y es fácil comprobar que
−1
RV ◦ T2ā ◦ RV = T2ā , por lo que esta vez escribimos
G4 =< RV , T2ā| R2V = Id, RV ◦ T2ā ◦ RV = T2ā
−1
>
74

5o. También podemos formar un friso F5 , que recuerda nuestras pisadas en la


arena, utilizando la isometrı́a llamada precisamente paso y que denotaremos
γ; un paso resulta al componer la traslación por ā con la reflexión en L: γ =
Tā ◦ RL .
Esta vez no hace falta incluir una traslación entre los generadores, pues
2
γ = T2ā, ası́ que el grupo G5 es

G5 =< γ > .

Note que si bien los grupos G1 y G5 son ambos cı́clicos infinitos, los ele-
mentos de E(2) que generan cada uno son isometrı́as distintas, por eso el friso
F1 no queda invariante bajo un paso.

6o. Un sexto friso resulta si utilizamos las dos reflexiones RL y RV y, necesa-


riamente, la traslación T2ā.
El friso F6 (vea la Figura 1.34), permanece invariante bajo el grupo G6
generado por estas tres isometrı́as. Como en G6 tenemos los dos generadores
de G4 , se dan las relaciones que anotamos en ese caso, más la debida a R2L = Id,
y la del cuadrado del producto de ambas, (RL ◦ RV )2 = σA2 = Id, por lo que
esta vez escribimos:

G6 =< RV , RL , T2ā| R2V = Id, R2L = Id, (RL ◦RV )2 = Id, RV ◦T2ā◦RV = T−2ā > .

7o. Finalmente (y en un momento justificaremos que hemos terminado), el


friso F7 se construye reflejando primero el patrón en la vertical derecha, y
después rotándolo 180◦ en el punto de L denotado por 2A.
El grupo de isometrı́as G7 que dejan invariante F7 tiene la presentación
siguiente:

G7 =< RV , σ2A | R2V = Id, σ2A


2
= Id, (RV ◦ σ2A)2 = T4ā > .

Nótese que también esta vez no hace falta incluir una traslación entre los
generadores, porque (RV ◦ σ2A )2 = T4ā.
PSfrag replacements 75

F1 queda invariante bajo ... ...

G1 = hTāi L
A 2A 3A
F2 queda
D invariante
E bajo
G2 = σ1/2, Tā , donde ... ...

2
σ1/2 = Id, σ1/2 ◦ Tā ◦ σ1/2 = (Tā)−1 L
PSfrag replacements ... ...

F3 queda invariante bajo


G3 = hTā, RL i, donde ... ...

R2L = Id L
PSfrag replacements ... ...

F4 queda invariante bajo


G4 = hT2ā, RV i, donde
R2V = Id, RV ◦ T2ā PSfrag
◦ RV = replacements
T−2ā ... ...

F5 queda invariante bajo


G5 = hγi
... ...

L
PSfrag replacements ... ...

F6 queda invariante bajo


G6 = hT2ā, RV , RL i, donde
... ...
R2V = Id, R2L = Id, (RL ◦ RV )2 = Id,
L
PSfrag replacements
RV ◦ T2ā ◦ RV = T−2ā ... ...

F7 queda invariante bajo


G7 = hRV , σ2a i, donde
R2V = Id, σ2A
2
= Id ... ...

L
y (RV ◦ σ2a) = T4āPSfrag replacements
2
... ...

Figura 1.34: Los distintos tipos de frisos y sus grupos.


76

Dejaremos al lector el análisis de cuáles son los ejes y centros de simetrı́a


de los frisos que hemos construido (cuando los hay), ası́ como la determinación
de los llamados dominios fundamentales, esto es, los trozos de friso que, al
trasladarse por los elementos del subgrupo de traslaciones incluido en el grupo
que lo fija, permiten obtener el friso completo.
Pero sı́ nos interesa demostrar que no puede haber más tipos de frisos
que los correspondientes a la Figura 1.34, en el sentido de que los subgrupos
obtenidos son todos los subgrupos de isometrı́as que fijan una recta y que
cumplen las condiciones 1 y 2.

Proposición. Los subgrupos de isometrı́as de E(2) que fijan una recta L


y que cumplen las condiciones 1 y 2, son únicamente G1 a G7 .

Demostración. Las isometrı́as que dejan invariante una recta L del plano y
que permiten observar la regla de utilizar una vez el patrón en cada tramo de
longitud a son:

(i) cualquier traslación por nā, donde ā es un vector paralelo a L y n es un


entero, denotada por Tnā ; la restricción de que el múltiplo sea entero se debe
a que el patrón no puede superponerse, pues entonces la figura obtenida en un
tramo no corresponderı́a a la figura del patrón;

(ii) cualquier rotación por 180◦ en torno a un punto rA ∈ L con r = n/2,


n entero, denotada σrA ;

(iii) la reflexión en L, denotada por RL ;

(iv) la reflexión en una recta V perpendicular a L en un punto del tipo


nA (recuerde que el patrón no puede superponerse ni en parte); nótese que la
utilización de una tal reflexión, obliga a que la traslación que deja invariante
el diseño corresponda a un vector 2nā;

(v) un “paso”, γ = Tā ◦ RL , la isometrı́a que genera el friso F5 .

Veamos ahora cuáles grupos pueden generarse con estas isometrı́as:

1. Si un subgrupo contiene únicamente traslaciones, debe ser precisamen-


te G1 , puesto que el patrón debe utilizarse una vez en cada tramo de
longitud a y siempre del mismo lado.
77

2. Si un grupo contiene una isometrı́a del tipo (ii), con r = 1/2, el patrón
se utiliza en ambos lados en cada tramo y la traslación necesariamente
es Tā, ası́ que el subgrupo que generan es G2 .

3. Si el subgrupo contiene una isometrı́a del tipo (iii), el patrón se ha uti-


lizado en ambos lados y la traslación debe ser Tā ; el grupo generado es
G3 ;

4. Si el subgrupo contiene una isometrı́a del tipo (iv), podemos agregar otra
del tipo (i), con n = 2; el subgrupo que generan es precisamente G4 .

5. Si el subgrupo contiene la isometrı́a (v), automáticamente contiene la


traslación por T2ā y ninguna correspondiente a un vector de longitud
menor, ası́ que el grupo que genera es G5 .

6. Si en el subgrupo figuran una isometrı́a del tipo (ii) y la del tipo (iii),
automáticamente aparece una del tipo (iv), y como todas ellas son invo-
luciones (su cuadrado es la identidad), es necesario añadir una traslación
que necesariamente corresponde a 2ā, ası́ que el grupo es G6 .

7. Si ahora permitimos una isometrı́a del tipo (ii) y otra del tipo (iv), el
grupo que generan es G7 .

8. Una isometrı́a del tipo (ii) y otra del tipo (v) que no den lugar a una
superposición del patrón, son σ1/2 y γ, pero entonces necesariamente la
recta V es un eje de simetrı́a (demuéstrelo), y el grupo es isomorfo a G7 .

9. Las isometrı́as (iii) y (iv), cuando se componen, dan lugar a una del tipo
(ii), todas son involuciones, y entonces en el grupo debe introducirse la
traslación por T2ā, por lo que el grupo es G6 .

10. Si al patrón le podemos aplicar las isometrı́as (iii) y (v), obtenemos el


friso F3, lo cual se debe a que G3 contiene un subgrupo isomorfo a G5 .

11. Las isometrı́as (iv) y (v) originan, al componerse, centros de simetrı́a


(encuéntrelos), es decir, aparece una isometrı́a del tipo (ii) y el subgrupo
nuevamente es isomorfo a G7 .

El lector queda encargado de comprobar que no hace falta considerar grupos


con más de 3 generadores; por ejemplo, la inspección de los frisos ilustrados
78

permite descubrir que varios de ellos quedan invariantes bajo pasos de largo
distinto al de γ. Si además resuelve el Ejercicio 6, podemos dar por concluida
la demostración de la proposición.

Vayamos ahora a los mosaicos. En este punto nuestra exposición no será


exahustiva, pues la demostración de que hay sólo 17 tipos distintos de mosaicos
para el plano es bastante extensa y queda fuera de las metas del libro. Nosotros
únicamente generaremos un ejemplo de cada uno de los tipos posibles, y de la
forma en que los construiremos será claro que son distintos.
Para el lector interesado, mencionamos varios tı́tulos sobre el tema, con di-
versos grados de profundidad; entre ellos, [Mar], [G-S], [Sp] y [C-G]. El primero
incluye la demostración, y el último es un video muy atractivo.

Esta vez, el problema matemático es determinar los distintos subgrupos de


E(2) (subgrupos no isomorfos, o subgrupos isomorfos cuyos elementos genera-
dores son elementos distintos de E(2)) que dejan invariante un mosaico.
Desde luego, si el mosaico no tiene regularidad alguna, la única isometrı́a
que lo deja invariante es la identidad. Los mosaicos invariantes bajo un subgru-
po no trivial de E(2) se construyen a partir de una región que se repite, es decir,
una región que al trasladarse por los elementos de un grupo de traslaciones con
dos generadores Tā y Tb̄ , cubra todo un plano.
Naturalmente, lo primero que se ocurre es tomar cualquiera de los siete
frisos y trasladarlo por los elementos del grupo generado por Tā⊥ , donde ā⊥ es
perpendicular a ā y tiene la misma longitud.
ése es el ejercicio que realizamos en la Figura 1.35, donde es inmediato
observar que no resultan siete grupos distintos para esos mosaicos, sino sólo
cinco, pues el mosaico M4 se obtiene del mosaico M3 mediante una rotación
por π/2; en consecuencia, el grupo que deja invariante a uno es conjugado del
que deja invariante al otro; en el grupo hay reflexiones y pasos.
En álgebra se dice que un subgrupo H 0 de un grupo G es conjugado de
otro subgrupo G, si existe un elemento g ∈ G tal que cualquier h0 ∈ H 0 puede
obtenerse ası́: h0 = ghg −1 .
Entonces, las isometrı́as g 0 que dejan invariante a M4 pueden obtenerse
de los elementos g ∈ M3 mediante la conjugación por la rotación por π/2:
g 0 = Roπ/2 ◦ g ◦ Ro−1π/2 .
El mosaico M1 también queda invariante bajo el mismo grupo que M3,
sólo que esta vez la biyección que lleva un mosaico en el otro se establece ası́:
79

M1
pm
M2 M3
p2 pm

Sfrag replacements
M4 M5
pm pg

M6 M7
p4m pmg
Figura 1.35: Cinco de los 17 tipos de mosaicos.
80

Primero, se efectúa una rotación por π/4 (con centro en el centro de cualquiera
de los cuadrados), luego se reduce la distancia entre los ejes de los pasos (en
¯ donde d¯ es el vector diagonal contenido en un
lugar de ser 2||ā|| será ||(1/2)d||,
eje de simetrı́a) y, finalmente, la traslación en los pasos es Td¯. La composición
de estas tres transformaciones no es una isometrı́a, pero es sólo un cambio de
escala, y entonces será claro que a cada isometrı́a que deje invariante M 3, le
corresponde una isometrı́a del mismo tipo que deja invariante M1 .
La notación debajo de Mi es la utilizada en cristalografı́a, donde estos
grupos aparecen de manera natural.
Esta vez no podremos utilizar un mismo patrón para generar mosaicos
correspondientes a todos los tipos posibles, ası́ que nos conviene hacer algu-
nas observaciones sencillas y demostrar un único teorema, el de la restricción
cristalográfica, que clasifica naturalmente los 17 tipos de mosaicos.
Primero, una definición:

Llamamos n-centro de un mosaico a un punto O del plano que es centro


de una rotación por un ángulo 2π/n, con n ∈ , que deja invariante al mosaico.

Y ahora, las observaciones.

I. Los grupos de rotaciones que permiten la invariancia de una región son los
grupos cı́clicos generados por un ángulo de la forma 2π/n con n ∈ ; de lo
contrario, las imágenes de la región se traslaparı́an.

II. Si O es un n-centro de un mosaico y O 0 = T (O), donde T ∈ G, con G el


grupo de isometrı́as que dejan invariante al mosaico, entonces también O 0 es
un n-centro del mosaico. Análogamente, si L es el eje de una reflexión que deja
invariante al mosaico, L0 = T (L) es también un eje de simetrı́a del mosaico.

III. Si O1 y O2 son n-centros de un mosaico, la distancia entre los dos no


puede ser menor que la mitad de la norma mı́nima de las traslaciones que
dejan invariantes al mosaico. Eso se debe a que la composición de la rotación
R−1
2 , con centro en O2 por el ángulo −2π/n, con R1 , con centro en O1 por el
ángulo 2π/n, es una traslación T (demuéstrelo) que debe pertenecer al grupo
de invariancia del mosaico, G, y por tanto es de la forma T = Tb̄j ◦ Tāi ; en
consecuencia,

R1 = R2 ◦ T.
81

Al aplicar ambos miembros a O2 , obtenemos un triángulo isósceles de vér-


tices O1 , O2 y T (O2). Entonces, por la desigualdad del triángulo,
||T || ≤ 2d(O1 , O2 ),
como afirmamos.

Ahora podemos enunciar y demostrar el Teorema de la Restricción


Cristalográfica.

Teorema. Si O es un n-centro de un mosaico, entonces n sólo puede tomar


los valores 2, 3, 4 ó 6.

Demostración. Sea Q 6= O otro n-centro del mosaico cuya distancia a O sea


mı́nima. Si R se obtiene rotando O en torno a Q por +2π/n, y S se obtiene
rotando Q en torno a R por ese mismo ángulo (haga un dibujo), R y S son
también n-centros del mosaico y tenemos las igualdades d(O, Q) = d(R, Q) =
d(R, S) y 6 OQR = 6 QRS.
Si S = O, los puntos O, Q, R forman un triángulo equilátero y n = 6, pero
si S 6= O, tenemos también la desigualdad d(O, Q) ≤ d(O, S), debida a la
elección de Q. Si se da la igualdad, tenemos un rombo con ángulos contiguos
iguales, es decir, un cuadrado, lo cual da n = 4; y si d(O, Q) < d(O, S), el
ángulo debe ser mayor que 2π/4 y las únicas posibilidades para n son 3 ó 2,
como habı́amos afirmado.2

Entonces, una clasificación natural de los mosaicos se refiere al tipo de n-


centros que admite: un 6-centro también es un 3-centro y un 2-centro, pero
en cambio hay 3-centros y 2 centros que no son 6-centros. Algo similar ocurre
para los 4-centros y los 2-centros, y puede demostrarse que no son compatibles
los 4-centros con los 6-centros o los 3 centros (vea [Mar]).

Empezaremos con los mosaicos que admiten 6-centros.


Desde luego, para que haya 6-centros podemos tomar como pieza básica
del mosaico un hexágono regular. Si el hexágono no tiene marcas, el centro de
cualquiera de los mosaicos es un 6-centro, y cualquier vértice de uno de los
hexágonos es un 3-centro. Además, las rectas que contienen a las diagonales
del hexágono son ejes de simetrı́a, lo mismo que las rectas que contienen a los
lados del hexágono (Figura 1.36(b)). En cristalografı́a, el tipo de ese mosaico
se denota p6m.
82

PSfrag replacements

(a) (b)

Figura 1.36: Dos mosaicos con 6-centros.

Tomemos ahora un hexágono básico con marcas como las ilustradas; en-
tonces, la reflexión en una diagonal no deja invariante a la pieza básica, pero
el centro de cualquier hexágono sı́ es un 6-centro del mosaico. Por tanto, el
mosaico (b) de la Figura 1.36 queda invariante bajo un grupo distinto del
correspondiente al mosaico (a), pues el primero no contiene reflexiones y el
segundo sı́. El tipo del mosaico (a) se denota p6.
Si las marcas del hexágono básico son sólo tres, como las ilustradas en la
Figura 1.37(a), nuevamente las diagonales del hexágono no son ejes de simetrı́a,
y esta vez el centro de cualquier hexágono es un 3-centro del mosaico, como
también lo son los vértices. No hay 6-centros. Las siglas para su tipo son p3.
En cambio, si las tres marcas son apotemas del hexágono, como en la
Figura 1.37(b), y reflejamos el hexágono central sobre sus lados para generar los
hexágonos contiguos, y después trasladamos en las direcciones de las apotemas
por múltiplos de 4 veces el apotema, ocurre que el centro de cualquier hexágono
es un 3-centro, pero no lo son los vértices. No hay 6-centros, pero esta vez, sı́
hay ejes de simetrı́a: las rectas que contienen a las apotemas. Los lados de los
hexágonos no son ejes de simetrı́a, y las siglas correspondientes a este tipo de
mosaico son p3m1.
Finalmente, otro mosaico con sólo 3-centros resulta al tomar como pieza
básica un triángulo equilátero con tres marcas, como en la Figura 1.37(c), y lo
reflejamos sobre sus lados para obtener los triángulos contiguos. El centro de
83

cualquier triángulo es un 3-centro, pero no están contenidos en ejes de simetrı́a;


en cambio, los vértices son 3-centros contenidos en ejes de simetrı́a. Su tipo se
denota con p31m.

frag replacements

(a) (b) (c)

Figura 1.37: Tres mosaicos con sólo 3-centros.

Vayamos ahora a los mosaicos con 4-centros. La pieza básica será un cua-
drado, con o sin marcas.
Para eliminar reflexiones, marcamos el cuadrado como en la Figura 1.38(a),
y para generar los mosaicos contiguos sólo trasladamos. El centro de cualquier
mosaico será un 4-centro del mosaico, lo mismo que los vértices, pero no hay
ejes de simetrı́a. El tipo de este mosaico se denota por p4.
Si no marcamos el cuadrado y lo trasladamos por ā y ā⊥ , los centros y los
vértices de los cuadrados son 4-centros, y tanto los lados como las diagonales
de los cuadrados son ejes de simetrı́a del mosaico (Figura 1.38(b)). Todos los
4-centros pertenecen a ejes de simetrı́a, y las siglas de este mosaico son p4m.
Finalmente, volvemos a marcar el cuadrado como en el primer caso, sólo que
ahora lo reflejamos sobre sus lados para generar los cuadrados contiguos. La
Figura 1.38(c) muestra el mosaico resultante. Los centros de los cuadrados son
4-centros del mosaico, pero esta vez los vértices no son 4-centros; en cambio,
sı́ hay ejes de simetrı́a: los lados de los cuadrados. La diferencia con el mosaico
(a) es que los 4-centros no pertenecen a ejes de simetrı́a. Las siglas para este
mosaico son p4g.
84

PSfrag replacements

(a) (b) (c)

Figura 1.38: Tres mosaicos con 4-centros.

Los mosaicos que sólo aceptan 2-centros son cinco.


El primero se logra marcando un cuadrado como lo ilustra la Figura 1.39(a),
para romper la simetrı́a respecto a las diagonales; los cuadrados contiguos se
obtienen trasladando vertical y horizontalmente por los múltiplos enteros de
a. El centro y los vértices de cada cuadrado son 2-centros, y no hay ejes de
simetrı́a. Las siglas cristalográficas son p2.
El segundo mosaico resulta si reflejamos el cuadrado marcado en sus lados;
la figura resultante es 1.39(b). Los centros de los cuadrados son 2-centros que
no pertenecen a ejes de simetrı́a, mientras que los vértices son 2-centros que sı́
pertenecen a ejes de simetrı́a. Las siglas para este mosaico son cmm.
El tercer mosaico de este tipo resulta de reflejar el cuadrado marcado en los
lados verticales, creando ası́ un friso que luego trasladamos por los elementos
del grupo generado por ā⊥ . El mosaico resultante se ilustra en la Figura 1.39(d);
los centros de los cuadrados son 2-centros que no pertenecen a ejes de simetrı́a,
y éstos son todos paralelos. Las siglas cristalográficas son pmg.
Un cuarto mosaico utiliza el cuadrado marcado para crear pasos cuya tras-
lación es T(1/2)ā; la longitud de la traslación impide la existencia de ejes de
simetrı́a, y los centros de los cuadrados son 2-centros. El mosaico resultante
corresponde a la Figura 1.39(e), cuyas siglas cristalográficas son pgg.
Finalmente, si usamos como pieza básica un rectángulo sin marcas, y tras-
ladamos horizontal y verticalmente por los múltiplos enteros de a, el centro,
los vértices y los puntos medios de los lados del rectángulo son 2-centros, y
todos pertenecen a ejes de simetrı́a: los lados y las rectas paralelas a los lados
por el centro de cada rectángulo. Las siglas son pmm, Figura 1.39(c).
85

(a) (b) (c)

PSfrag replacements

(d) (e)

Figura 1.39: Los cinco mosaicos con sólo 2-centros.

Sólo faltan cuatro mosaicos para completar los 17 prometidos; estos mosai-
cos comparten la caracterı́stica de carecer de centros de simetrı́a.
Ya conocemos dos de ellos, son M1 y M5 de la Figura 1.35, ilustrados nue-
vamente en la Figura 40, como (d) y (b), respectivamente. El primero admite
ejes de simetrı́a, las diagonales perpendiculares a las que dividen los dos colo-
res, y pasos; sus siglas cristalográficas son pm. El segundo sólo admite pasos,
y sus siglas cristalográficas son pg.
Otro mosaico resulta del friso F3 , cuando la traslación adicional no es
vertical, sino por múltiplos enteros de l̄ = 2ā⊥ + (1/2)ā. Eso da lugar a ejes de
pasos que no son ejes de simetrı́a, como ocurre para el mosaico de la Figura
1.40(c), cuyas siglas cristalográficas son cm.
Para generar el último mosaico, tomamos como pieza básica un rectángulo
bicolor, como el de la Figura 1.40(a). Si trasladamos horizontal y verticalmente
al rectángulo por múltiplos enteros de su base y de su altura, no hay ejes de
simetrı́a, y las siglas cristalográficas son p1.

Reiteramos al lector que la demostración de que no hay más tipos de mosai-


86

cos que permanezcan invariantes bajo un grupo de isometrı́as del plano, puede
encontrase en [Mar] y en [Sp].

(a) (b)

PSfrag replacements

(c) (d)

Figura 1.40: Cuatro mosaicos sin centros de simetrı́a.

Y también vale la pena mencionar que en la Alhambra, un palacio morisco


de Granada, España, hay mosaicos de los 17 tipos exhibidos en este inciso; la
demostración puede encontrarse en [Mo] (vea también el video [C-G]).

EJERCICIOS
1. Busque ilustraciones de frisos de culturas antiguas (griega, celta, ma-
ya,etc.) e identifique el grupo que los preserva.
2. Dé un ejemplo de cada uno de los tipos de frisos, construidos usando un
mismo patrón básico (distinto del usado en el texto).
3. Determine regiones fundamentales para cada uno de los frisos de la Fi-
gura 33, y también para los del Ejercicio 1.
4. Determine los centros y ejes de simetrı́a de cada uno de los frisos de la
Figura 33.
5. Demuestre que el grupo que deja invariante a los frisos siguientes, es G7.
87

... ... ... ...

L L
PSfrag replacements ... ... ... ...

6. Identifique el grupo que deja invariantes los mosaicos siguientes, prove-


nientes de la Alhambra:

7. Diseñe un mosaico para cada uno de los 17 grupos de isometrı́as del plano
dados en la Tabla 1.
8. Para al menos tres de los grabados de Escher que tapizan el plano eu-
clidiano, identifique el grupo utilizado para construirlo (Sugerencia: con-
sulte [Co1]).
9. Averigüe qué es una teselación no periódica. (Sugerencia: consulte [G-S].)
88
2
Geometrı́a Afı́n

La presentación que haremos de la Geometrı́a Afı́n es bastante distinta de las


que suelen aparecer en la literatura, pero la hemos elegido porque es un puente
natural, tanto desde el punto de vista histórico como desde el punto de vista
formal, entre la Geometrı́a Euclidiana y la Geometrı́a Proyectiva. Esto último
se justifica porque el grupo de las transformaciones afines es más amplio que el
grupo euclidiano, y está contenido a su vez en el grupo de las transformaciones
proyectivas.
Mostraremos la relación entre la Geometrı́a Afı́n y la Perspectiva, entendida
esta última como la teorı́a desarrollada por los artistas del Renacimiento que,
abandonando su tarea plástica, decidieron crear un método, plasmado en textos
de diversos autores (véanse [Ki] o [R-S]), para llevar a un lienzo las escenas
tridimensionales de nuestro entorno.
Nosotros vemos que los lados de un camino, paralelos en la realidad, se
juntan a lo lejos, y eso ocurre para caminos con cualquier dirección. Los pintores
debı́an dibujar en el plano del papel cada uno de los puntos en que se juntan los
lados de caminos con direcciones distintas; los llamaron puntos de fuga, y al
decidir ubicarlos todos en una misma recta del dibujo, la lı́nea del horizonte,
abrieron el camino para que los matemáticos analizaran el comportamiento “al
infinito”de multitud de objetos y conceptos geométricos.
Por ejemplo, cuando en alguna configuración euclidiana existe la posibi-
lidad de que haya rectas paralelas, algunas propiedades deben enunciarse en
varias versiones, como ocurre con la siguiente afirmación (véase la Figura 2.1):

Afirmación. Un cuadrilátero tiene 6 vértices, excepto en el caso de que


haya lados paralelos: si sólo un par de lados son paralelos, el cuadrilátero tiene
5 vértices, y si hay dos pares de lados paralelos, el cuadrilátero sólo tiene 4
vértices.

Recordemos que un cuadrilátero es la figura determinada por cuatro rec-


tas no concurrentes por tercias, y donde no hay una terna de paralelas, y un
vértice del cuadrilátero es la intersección de dos lados (vea la Figura 2.1).
89
90

En la Geometrı́a Afı́n, para la cual las paralelas se cortan en un “punto al


infinito”, cualquier cuadrilátero tiene seis vértices, pero algunos de ellos son
especiales.

5
6 3
5 3
PSfrag replacements 3 4
2
2 4 2
4

1
1 1

Figura 2.1: En un cuadrilátero, el número de vértices depende del número de pares


de lados paralelos.

De hecho, el concepto de paralelismo dio lugar a muchas discusiones des-


de su formulación; cuando uno compara el enunciado del Postulado V, el de
las paralelas, con los cuatro primeros (véase el Apéndice 5.2), que son muy
breves, comprende que hubiera quien tratara de demostrarlo a partir de los
anteriores, pues Euclides cuidó de enunciarlo en la forma útil para su uso en
las demostraciones, y eso lo hizo bastante más complicado que los anteriores.
Para llegar a una geometrı́a, la Geometrı́a Proyectiva, donde cualesquiera
dos rectas se corten, fue necesario entender el comportamiento “al infinito”de
las paralelas, y para ello debió transcurrir mucho tiempo, pues si bien los
orı́genes de la Geometrı́a Proyectiva se remontan al siglo XVI, con Desargues
y Pascal, hubo que esperar hasta el siglo XIX para su correcta formalización.
En la Geometrı́a Proyectiva no habrá casos especiales, y por eso podremos
enunciar y demostrar resultados de una manera uniforme; la Geometrı́a Afı́n es
el peldaño intermedio entre la Geometrı́a Euclidiana y la Geometrı́a Proyectiva.

Las reglas establecidas por los pintores lograron dar un tratamiento con-
sistente al comportamiento “en el infinito”de las rectas paralelas, y tiempo
después Leonhard Euler llamó Geometrı́a Afı́n a una geometrı́a más general
que la euclidiana que, en particular, permite dar un carácter matemático a los
puntos de fuga y a la lı́nea del horizonte, ası́ como relacionar matemáticamen-
91

te dos pinturas o dos fotografı́as de un mismo paisaje hechas desde posiciones


distintas.
El lector estará de acuerdo en que somos capaces de reconocer el lugar
representado en ambas pinturas o fotografı́as; en consecuencia, debe haber
relaciones presentes en ambas ilustraciones que nuestro cerebro reconoce. Esas
relaciones son los invariantes de la Geometrı́a Afı́n.
Entonces, formalmente, este capı́tulo está dedicado al estudio de las trans-
formaciones afines y sus invariantes, entre otros el tipo de cónica, pero nuestro
discurso tendrá como referente la Perspectiva. La parte algebraica se basa en
[B-ML], y en [Va] se describe el descubrimiento de la Perspectiva.

2.1. La recta al infinito


El problema al que se enfrenta un dibujante (que no un fotógrafo), es repre-
sentar en una hoja o lienzo bidimensional, objetos del espacio tridimensional.
La parte esencial de la solución que ofrece la Teorı́a de la Perspectiva es
privilegiar el plano cartesiano del piso y dar las reglas para dibujar en
el plano del dibujo las rectas del plano del piso que son paralelas. En lo
sucesivo, esos dos planos juegan papeles distintos y nos dedicaremos a explicar
cómo están relacionados.
Llamamos punto de fuga a un punto del plano del dibujo en que con-
curren los trazos de todas las lı́neas del piso paralelas a una misma dirección;
los puntos de fuga de cada familia de paralelas del piso, conforman en el plano
del dibujo una recta (un segmento más bien), llamada lı́nea del horizonte.
La Figura 2.2 esquematiza el dibujo de un edificio ubicado en una esquina.
Los bordes de la banqueta definen dos puntos de fuga, y éstos determinan la
lı́nea del horizonte. Note que los bordes del último piso del edificio también
concurren en los puntos de fuga, pues son paralelos a los bordes de la banqueta
aunque no pertenezcan al piso, es decir, los planos cartesianos paralelos al plano
del piso se cortan en la lı́nea del horizonte.
La gran diferencia entre el plano cartesiano del piso y el plano del dibujo,
es que en el plano del dibujo marcamos puntos que no existen en el plano
cartesiano del piso.
Lo anterior da lugar a dos reglas básicas para dibujar con perspectiva:
92

1. Todas las rectas que en el espacio tridimensional son paralelas a una misma
dirección, se dibujan concurrentes en un mismo punto de fuga.

2. Los puntos de fuga de las rectas en el plano del piso, se dibujan como
pertenecientes a una misma recta, la lı́nea del horizonte.

café París

Figura 2.2: Croquis de un edificio.

Estas dos reglas bastan para dibujar correctamente en el plano de una hoja
o en un lienzo, un piso de mosaicos cuadrados en que estemos parados: una vez
que dibujemos uno de ellos (el cuadrilátero sombreado en la Figura 2.3, cuya
forma depende de la posición de quien dibuja), el punto de fuga de los lados
“horizontales”, F1, y el punto de fuga de los lados “verticales”, F2, determinan
la lı́nea del horizonte, que puede no ser horizontal en el papel. Al cortar con
ella la recta a la que pertenece la diagonal ilustrada del cuadrilátero sombrea-
do, determinamos un tercer punto de fuga, F3, en el que deben concurrir los
trazos de todas las diagonales de los cuadriláteros que representen a los demás
mosaicos pues, en el plano del piso, son paralelas a la diagonal ilustrada.
Para comprobar que el dibujo de los demás mosaicos ya está determinado,
basta trazar las rectas que pasan por F3 y cada una de las esquinas marcadas
con H1 y V1 . Esas rectas incluyen a las diagonales de los mosaicos derecho y
superior, respectivamente, del mosaico sombreado.
La intersección de F3H1 con V1 F1, y la de F3V1 con F2 H1 determinan los
puntos M2 y N2 , respectivamente. El punto M2 es la esquina superior derecha
del mosaico derecho del sombreado, y el punto N2 es la esquina superior derecha
del mosaico superior del sombreado.
Si ahora trazamos la recta F2 M2 , su intersección con la recta F1H1 da
93

el punto H2 que es la esquina de la base del segundo mosaico horizontal, y


al trazar la recta F1 N2, cortaremos a la recta F2 V1 en el punto V2 que es la
esquina del lado izquierdo del segundo mosaico vertical. Hemos completado
ası́ tres mosaicos adjuntos al sombreado, pues también queda determinado el
mosaico siguiente sobre la diagonal.
Es claro que el proceso puede (y debe) continuar para que el dibujo de
todos los mosaicos corresponda realmente a lo que nuestro ojo ve.
Entonces, pese a que los puntos correspondientes a las orillas de los mosai-
cos no están a distancias iguales en el papel, sı́ están completamente determi-
nados por la forma en que dibujamos el primer mosaico (puede ser cualquier
cuadrilátero, eso depende de la ubicación de quien dibuja), es decir, no son
arbitrarios. Por ejemplo, el centro de un mosaico es el punto de intersección
de las diagonales; entonces, el punto del dibujo que corresponde al centro de
un mosaico es el punto en que se cortan las diagonales del cuadrilátero que
representa a ese mosaico.

F2 F3 F1

PSfrag replacements

N2
V2 M2

V1
H2
H1

Figura 2.3: El dibujo correcto de un piso de mosaicos.

Para formalizar estas ideas, los cientı́ficos necesitaron resolver una cuestión
que nunca surge al dibujar:

¿Debe añadirse uno o dos puntos “al infinito.a una recta, puesto que al girar
180◦ , los bordes de un camino parecen juntarse también en el otro sentido ?
94

Desargues y Kepler resolvieron que para cada recta debı́a existir sólo un
punto al infinito, lo cual significa que el aspecto topológico de una recta afı́n es
el de una curva cerrada, como la circunferencia, aunque el punto que cierra a
la curva es de una calidad distinta de los demás, pues es el “punto al infinito”.
La proyección de una circunferencia en una recta ilustrada en la Figura 2.4,
justifica intuitivamente esta decisión.
En la Geometrı́a Proyectiva esta diferencia entre los tipos de puntos desa-
parecerá, como veremos en el capı́tulo siguiente, y por eso el plano proyectivo
es homogéneo.
Llamaremos punto al infinito a un punto de fuga, es decir, será un “punto”
en que concurren cualesquiera dos rectas de una misma familia de paralelas
(hay uno por cada dirección euclidiana), y con todos los puntos al infinito de
un plano conformaremos la recta al infinito, que viene a sustituir a la lı́nea
del horizonte.
Note que la recta al infinito también tiene el aspecto topológico de una
circunferencia, puesto que las pendientes de las rectas cartesianas pasan de
PSfrag replacements+∞ a −∞ según que el ángulo entre la recta y la parte positiva del eje X
tienda a 90◦ por la derecha o por la izquierda, respectivamente. Eso significa
que la lı́nea del horizonte deberı́a dibujarse ligeramente curva, pero para todo
propósito práctico, dibujarla como (parte de) una recta, es correcto.

P∞ O P∞

A F

B D

A0 B0 C0 C D0 E0 F0

Figura 2.4: A cada recta se le añade sólo un punto al infinito.

El plano afı́n, A2 , se obtiene al añadir a los puntos del plano euclidia-


no, los puntos al infinito, que como conjunto quedarán invariantes bajo las
transformaciones que llamaremos afinidades (vea la Figura 2.5).
Entonces, a diferencia del plano euclidiano, en el plano afı́n cualesquiera
95

dos rectas se cortan: dos rectas ordinarias se cortarán en un punto ordinario si


tienen pendientes distintas, y en un punto al infinito si la pendiente es común.
Además, una recta ordinaria y la recta al infinito se cortan en el punto al
infinito determinado por la pendiente de la recta.
Como estamos interesados en el uso de coordenadas, debemos poder asig-
narlas a los puntos al infinito, sin perder la ventaja de tener coordenadas para
los puntos ordinarios.
Sabemos que los pares ordenados de números reales agotan a los puntos or-
dinarios; en consecuencia, necesitamos otro número, que puede ser una tercera
coordenada, para distinguir los puntos ordinarios de los puntos al infinito.
Convenimos en que la tercera coordenada sea 1 en el caso de los puntos
ordinarios y 0 en el caso de los puntos al infinito; el capı́tulo siguiente mostrará
la razón de elegir de esta manera la tercera coordenada para cada tipo de punto.
Los puntos ordinarios tendrán como primeras coordenadas las usuales, y
entonces (x, y, 1) serán las coordenadas de un punto ordinario.
Los puntos al infinito, que son comunes a todas las rectas paralelas a una
cierta dirección, tendrán como primeras coordenadas un par de números λ y
µ cuyo cociente µλ determina la pendiente de su dirección. Entonces, λ y µ no
pueden ser simultáneamente cero, y el cociente puede ser infinito.
Eso significa que estamos hablando de una clase de pares, todos los que
dan el mismo cociente. La notación (λ : µ : 0) para las coordenadas de un
punto al infinito nos recordará que debemos considerar iguales dos ternas que
definen la misma pendiente, como (2 : 3 : 0) y (−4 : −6 : 0).
Esta forma de tomar las coordenadas de un punto al infinito concuerda con
varios hechos: cada punto al infinito define una clase de rectas, las que son
paralelas a la misma dirección, y además hay tantos puntos al infinito como
pendientes de rectas en el plano.

Podemos crear un modelo del plano afı́n usando tres ejes coordenados,
como lo muestra la Figura 2.5: la recta al infinito, caracterizada porque la
tercera coordenada es nula: z = 0, y los dos ejes ordinarios (que no necesitan
ser perpendiculares, sólo transversales), caracterizados por y = 0 y x = 0. En
estos últimos, la tercera coordenada de los puntos deberá ser 1.
Para poder localizar puntos en el plano afı́n, necesitamos fijar el punto
correspondiente a (1, 1, 1) porque entonces el punto correspondiente a 1 en
los ejes y = 0 y x = 0 resulta de cortarlos, respectivamente, con las lı́neas
determinadas por (0 : 1 : 0) y (1, 1, 1), y por (1 : 0 : 0) y por (1, 1, 1). Fijar el
96

punto (1, 1, 1) equivale a dibujar el primer mosaico en la Figura 2.3.


Una vez hecho eso, los puntos en cada eje correspondientes a 2, 3, etc.
quedan determinados por la construcción ilustrada en la Figura 2.3, y lo mismo
puede decirse de los puntos asignados a números racionales p/q en cada eje.
Esto último es consecuencia de que si atendemos al denominador q, para
obtener el punto de coordenadas (1/q, 0, 1) basta trazar la recta por (0, 0, 1) y
(1, q, 1) para obtener un punto en el lado superior del primer mosaico corres-
pondiente a (1/q, 1, 1); la recta por (1/q, 1, 1) y (0 : 1 : 0) corta al lado inferior
del primer mosaico en el punto (1/q, 0, 1).
PSfrag replacements
En la Figura 2.5 aparecen los puntos con coordenadas (1/2, 3, 1) y (1/3, 0, 1).

(0:1:0)

( 12 ,3,1) (1:1:0)
z=0

(0,3,1)
(1:0:0)
(0,2,1)

(0,1,1) (1,1,1)

y=0
x=0
(2,0,1)

(1,0,1)
(0,0,1) ( 12 ,0,1)
( 31 ,0,1)

Figura 2.5: Sistema coordenado para al plano afı́n.

Los puntos correspondientes a números negativos resultan al aplicar la cons-


trucción para dibujar mosaicos ubicados a la izquierda o debajo del mosaico
con vértices (0, 0, 1), (1, 0, 1), (0, 1, 1) y (1, 1, 1) (vea la Figura 2.6).
Para obtener el resto de los puntos correspondientes a números reales en
los ejes y = 0 y x = 0, basta considerar que un real es el lı́mite de una sucesión
de racionales, como en el caso de la recta real.

En cuanto a la recta al infinito, sus puntos también tienen determinadas


coordenadas una vez que hemos fijado el punto ordinario (1, 1, 1).
97

Por ejemplo, el punto al infinito de las diagonales es (1 : 1 : 0), pues la


pendiente de las diagonales es 1; para las rectas de pendiente 21 el punto al
infinito es (2 : 1 : 0), etc.
Para dibujar una recta en el plano afı́n, cuya ecuación es la misma que en
el caso euclidiano,

Ax + By + C = 0,

ahora basta ubicar en la recta al infinito el punto (al infinito) que le corres-
ponde: (B : −A : 0), y tomar alguno de los puntos ordinarios, por ejemplo una
de las intersecciones con los ejes, y = 0 o x = 0.
En la Figura 2.6 ilustramos las rectas cuyas ecuaciones son 3x − y + 2 = 0
y −x + 2y + 4 = 0.
(0:1:0) (1:3:0) (1:1:0) (2:1:0) (1:0:0)

3x−y+2=0

(0,3,1)
PSfrag replacements (0,2,1)

(0,1,1)

(0,0,1)

−x+2y+4=0

(0,−1,1)

(0,−2,1)

Figura 2.6: Rectas en el plano afı́n.


98

EJERCICIOS
1. Encuentre las coordenadas del punto al infinito de la recta

−3x + 4y − 5 = 0.

2. Dé la ecuación de la recta que pasa por el punto ordinario (4, 1, 1) y por
el punto al infinito (3 : 2 : 0), y también dé la ecuación de la recta por
(0, 0, 1) por el mismo punto al infinito.

3. Dé un algoritmo geométrico para determinar, en el plano del dibujo, los


puntos correspondientes a mosaicos que tengan como lado la cuarta parte
del lado de los mosaicos del dibujo anterior, y justifı́quelo.

4. Copie la Figura 2.3 y dibuje los demás mosaicos que tienen algún lado
común con el sombreado.

5. Dibuje las rectas correspondientes a las ecuaciones de los ejercicios 1 y 2,


en un sistema coordenado afı́n dado de antemano en la hoja del dibujo.

6. Haga una construcción para localizar el punto correspondiente al tercer


mosaico horizontal en la misma hilera del mosaico dibujado en la figura
siguiente.

7. En el plano afı́n, dibuje la representación de un segmento, y dé un al-


goritmo geométrico (y justifı́quelo) para obtener el punto del segmento
dibujado que representa al punto medio del segmento original.
99

2.2. Transformaciones afines


y sus invariantes
Ahora bien, si dos personas con ubicaciones diferentes sobre un mismo piso
de mosaicos lo dibujan en hojas traslúcidas, al superponer las hojas podemos
observar que la ilustración de un mismo mosaico marcado ocupa posiciones
diferentes en cada hoja (la parte derecha de la Figura 2.7 ilustra las hojas
superpuestas), pero se puede pasar de un dibujo a otro aplicando a los lados
OH1 y OV1 una transformación que es composición de una traslación Tā con
una transformación lineal no singular L, como explicamos a continuación.
La transformación lineal L es la que lleva los vectores OH1 y OV1 del dibujo
D1 , en los vectores Õ H̃1 y ÕṼ1 del dibujo D2 ; como desde ninguna ubicación
sobre el piso vemos superponerse dos aristas contiguas, los vectores OH1 y OV1
son linealmente independientes, lo mismo que los vectores ÕH̃1 y Õ Ṽ1 , por eso
L resulta no singular. La traslación será la que aplique el punto O del dibujo
D1 en el punto Õ del dibujo D2 .
Luego completamos cada dibujo siguiendo las reglas 1 y 2.
frag replacements

F2 F1 F̃1
F2 F1
F̃2

V1 V1
H1 H̃1
H1

Ṽ1
D1 D2

O O Tā

Figura 2.7: Para llevar D1 en D2 , componemos una traslación con una transforma-
ción lineal no singular.

Lo anterior muestra que las transformaciones de ese tipo pueden sernos


100

útiles; empezamos por definirlas formalmente.

Una transformación afı́n es la composición de una traslación Tā con una


transformación lineal no singular L:

A(P ) = Tā ◦ L(P ) = L(P ) + ā.

Las transformaciones afines forman un grupo, el grupo afı́n que denota-


remos por A(2), como demostramos a continuación.

i) La composición de dos transformaciones afines es una transformación


afı́n:

A2 ◦ A1(P ) = (Tā2 ◦ L2 ) ◦ (Tā1 ◦ L1 )(P )


= L2 (L1 (P ) + ā1 ) + ā2
= L2 ◦ L1 (P ) + (L2(ā1 ) + ā2), (2.1)

cuya parte lineal es la composición de las partes lineales (lo cual implica que es
no singular), y cuyo vector de traslación resulta de sumar ā2 al vector obtenido
al aplicar la transformación L2 al primer vector de traslación, ā1 .
ii) La asociatividad es válida para transformaciones cualesquiera.
iii) La identidad puede escribirse como una transformación afı́n, si compo-
nemos a la traslación por 0̄ con la identidad.
iv) La inversa A−1 de una transformación afı́n A es una transformación
afı́n, A−1 , que se obtiene ası́:

P 0 = L(P ) + ā ⇒ P = L−1 (P 0 − ā)  


= L−1 (P 0 ) + L−1 (−ā) = TL−1 (−ā) ◦ L−1 (P 0 ).

Nótese que la parte lineal de la transformación inversa es la inversa L−1 de la


parte lineal L, mientras que la traslación en la transformación A−1 corresponde
al vector L−1 (−ā).

Las transformaciones afines pueden representarse por matrices de 3 × 3


como la siguiente:
 
a b r
 
c d s, con ad − bc 6= 0, (2.2)
0 0 1
101

donde la parte lineal está dada por la submatriz de entradas a, b, c, d, y la


traslación está dada por el vector columna (r, s)t .

Veamos si al aplicar el grupo A(2), construido formalmente, a los puntos del


plano afı́n A2 , construido con base en las reglas de la perspectiva, obtenemos
los resultados que esperamos.
El tipo de punto es invariante bajo el grupo afı́n, pues cuando una matriz
de la forma (2.2) multiplica al vector columna correspondiente a un punto
ordinario (x, y, 1), el resultado es un punto ordinario, es decir, tiene tercera
coordenada 1, y cuando transforma a un punto al infinito, el resultado es un
punto al infinito, pues la tercera coordenada es nula:
         
a b r x ax + by + r a b r x ax + by
         
 c d s   y  =  cx + dy + s  ;  c d s   y  =  cx + dy  .
0 0 1 1 1 0 0 1 0 0
Eso significa que rectas paralelas van en rectas paralelas, aunque la di-
rección puede cambiar. Note que si esto no fuera cierto, la parte lineal de la
transformación afı́n no serı́a inyectiva (¿por qué?), pero ya hemos visto que
tiene inversa.
La incidencia, esto es, el hecho de que una recta pase por un punto, o el
de que un punto incida (esté ubicado) en una recta, o el de que dos rectas se
corten, es un invariante afı́n, es decir, los transformados también deben incidir.
Esta propiedad es formalmente trivial, pero no lo es al dibujar manualmente.
Otro invariante afı́n es el grado de la ecuación polinomial que define un lugar
geométrico; una traslación deja invariante el coeficiente del término de grado
mayor, como deberá comprobarlo el lector. En el caso de una transformación
lineal no singular, demostraremos este hecho en el capı́tulo siguiente para un
grupo más grande, GL(3, ).
Para obtener la ecuación del lugar geométrico F 0 en que se transforma el
lugar geométrico dado por una ecuación polinomial F (x, y) = 0, procedemos
como siempre:

Si P 0 = A(P ), entonces P = A−1 (P 0 ), y al sustituir (x, y) en términos de


(x0, y 0) en la ecuación del lugar geométrico original, resulta la ecuación del
lugar geométrico transformado.

Como ejemplo, tomemos una recta y una cónica especı́ficas


−x + 2y − 3 = 0; y 2 = 4x, (2.3)
102

y obtengamos las ecuaciones de la recta y la cónica resultantes bajo la trans-


formación afı́n  
−1 1 2
 
A =  2 −3 −2  .
0 0 1
La matriz inversa de A es (el lector deberá comprobarlo)
 
−3 −1 4
 
A−1 =  −2 −1 2  ,
0 0 1

y al aplicarla a (x0 , y 0, 1) para obtener (x, y, 1) tenemos


      
−3 −1 4 x0 −3x0 − y 0 + 4 x
  0  0 0   
 −2 −1 2   y  =  −2x − y + 2  =  y  .
0 0 1 1 1 1

Es decir, las expresiones de x y y que debemos sustituir en (2.4) son:

x = −3x0 − y 0 + 4; y = −2x0 − y 0 + 2.

Las ecuaciones de la recta y la cónica transformadas son, respectivamente:

−x + 2y − 3 = −(−3x0 − y 0 + 4) + 2(−2x0 − y 0 + 2) − 3
= −x0 − y 0 − 3 = 0
2
y − 4x = (−2x0 − y 0 + 2)2 − 4(−3x0 − y 0 + 4)
= 4x02 + y 02 + 4x0y 0 + 4x0 − 12 = 0.

Note que nuestros cálculos demostraron que, bajo una transformación afı́n,
una ecuación de primer grado se transforma en otra del mismo grado, y lo
análogo sucede con las ecuaciones de segundo grado.

Uno puede preguntarse si, bajo una transformación afı́n, una elipse puede
transformarse en un parábola o una hipérbola. Pero eso no ocurre, pues el tipo
de cónica es un invariante afı́n, como veremos a continuación.
Como una traslación no cambia el tipo de cónica (pues es una transforma-
ción rı́gida), basta comprobar la afirmación para una transformación lineal no
singular L, procediendo de forma análoga a la que demuestra la invariancia del
discriminante de una cónica bajo transformaciones ortogonales.
103

Si la cónica está dada por

Ax2 + 2Bxy + Cy 2 + Dx + Ey + F = 0,

su discriminante es B 2 − AC, el negativo del determinante de la matriz M de


la parte cuadrática.
Para la cónica transformada bajo L, el discriminante es el negativo del de-
terminante de la matriz de la parte cuadrática: (L−1 )t M L−1 (hemos denotado
por L−1 a la matriz de la transformación inversa de L).
Como el determinante de un producto es el producto de los determinantes
y el determinante de una matriz y el de su transpuesta coinciden, el signo del
discriminante de la cónica original y el del discriminante de la cónica transfor-
mada coinciden y el tipo de cónica se preserva.

Esta propiedad concuerda con el hecho de que una elipse no tiene puntos
al infinito, pues la elipse es una cónica acotada; una parábola tiene un punto
al infinito (P en la Figura 2.8), en el sentido de que la recta tangente a la
parábola en uno de sus puntos tiende a volverse paralela al eje focal cuando el
punto se aleja indefinidamente del vértice (ya sea por uno u otro lado del eje
focal); entonces, el punto al infinito del eje de la parábola es el lı́mite de los
puntos al infinito de las tangentes a la parábola cuando el punto de tangencia
se aleja del vértice por uno u otro lado del eje focal.

P
(0:1:0) A1 A2
z=0

PSfrag replacements (1:0:0)

x=0

y=0

(0,0,1)

Figura 2.8: Los puntos al infinito de cada tipo de cónica.


104

En el mismo sentido, una hipérbola tiene dos puntos al infinito, dados por
las pendientes de sus ası́ntotas (A1 y A2 en la Figura 48), pues la tangente
en uno de sus puntos tiende a una de las ası́ntotas cuando el punto se aleja
indefinidamente del vértice de la rama a la que pertenece; cada rama de la
hipérbola queda de lados distintos de la recta al infinito, y el lector no debe
extrañarse de la forma en que se pegan las dos ramas de la hipérbola, pues hay
de por medio una Banda de Möbius (vea la sección 3.2).
De hecho, el concepto de ası́ntota puede definirse ası́: una recta es ası́n-
tota de una curva si el punto al infinito de la tangente a la curva tiende al
punto al infinito de la recta cuando la distancia entre ambas tiende a cero.
Es decir, el concepto de ası́ntota es un concepto de la Geometrı́a Afı́n.
A estas alturas, esperamos que el lector admita un hecho que puede parecer
sorprendente: el dibujo de cada una de las cónicas afines es una curva cerrada,
pues el punto al infinito del eje focal “cierra.a la parábola, y los puntos al
infinito de la hipérbola “peganüna rama con otra.

El lector queda encargado de demostrar que el grupo afı́n A(2) tiene como
subgrupo al grupo de las transformaciones rı́gidas, E(2), y en consecuencia al
de las transformaciones ortogonales, O(2), al de las rotaciones, SO(2), y al de
las translaciones.
El grupo de transformaciones proyectivas, que estudiaremos en el capı́tulo
siguiente, tendrá al grupo afı́n como subgrupo, pues estarán dadas por matrices
de 3 × 3 con determinante distinto de cero.
Hay más invariantes afines, en particular todos aquéllos que sean invariantes
bajo el grupo de transformaciones proyectivas, pues las transformaciones afines
constituyen un subgrupo del grupo proyectivo, como lo vemos en el capı́tulo
siguiente.
Pero hay un invariante afı́n que nos interesa destacar y que no es un in-
variante proyectivo: la razón en que un punto P divide a un segmento
AB. Sabemos que las traslaciones preservan esa razón por ser transformaciones
rı́gidas, y es fácil comprobarlo para transformaciones lineales L.
Supongamos que la razón en que el punto P divide al segmento AB es λ,
es decir,

P − A = λ(B − P ).

Entonces L(P ) también divide al segmento L(A)L(B) en la misma razón,


105

como lo demuestra el cálculo siguiente:

L(P ) − L(A) = L(P − A) = L(λ(B − P )) = λ(L(B) − L(P )).

Este invariante se traduce, en el plano de la perspectiva como modelo lo-


cal del plano afı́n, en el hecho de que las esquinas de los mosaicos quedaron
determinadas al fijar en los ejes x = 0, y = 0, el segmento correspondiente a
la unidad.
La razón de llamar modelo local del plano afı́n al plano de la perspectiva,
quedará claro cuando construyamos el plano proyectivo en el inciso siguiente.

EJERCICIOS
1. Encuentre la transformación inversa de
 
3 1 −2
T = 2 2 4 
0 0 1

2. Encuentre el transformado del punto al infinito (3 : 2 : 0) bajo la trans-


formación T del Ejercicio 1.
3. Aplique la transformación anterior a los puntos A(2, 4, 1) y B(2, 8, 1),
y compruebe que el punto medio del segmento AB se transforma en el
punto medio del segmento T (A)T (B) donde T es la transformación del
Ejercicio 1.
4. Demuestre que el coeficiente del término de mayor grado de una ecua-
ción polinomial en dos variables, P (x, y), no varı́a cuando se aplica una
traslación.
5. Aplique la transformación del Ejercicio 1 a las cónicas siguientes, y veri-
fique que, en cada caso, son del mismo tipo que la cónica original.
x2 y2 x2 y2
+ = 1; − = 1.
4 16 4 4
6. Dibuje una buena porción de la hipérbola
x2
− y2 = 1,
100
y, dando media vuelta a la tira, una los dos extremos (en el papel) de
cada una de las ası́ntotas. La parte “torcida”del papel no está ilustrada
en la Figura 2.8.
106

7. Determine el subgrupo de A(2) correspondiente a E(2), y los subgrupos


correspondientes a O(2), SO(2) y a las traslaciones.
8. Defina el espacio euclidiano n-dimensional n , el producto punto en n,
su grupo de isometrı́as E(n), y sus subgrupos: O(n), SO(n) y el grupo
de las traslaciones en n.
3
9. ¿Cuántas direcciones hay en ? ¿Cuántos puntos al infinito hace falta
añadir? ¿Y en n ?
10. Generalice A(n) cuidando de que tenga E(n) como subgrupo.
3
Geometrı́a Proyectiva

Ésta es la geometrı́a más amplia de todas las que estudiamos en este libro, en
el sentido de que su grupo de transformaciones admite como subgrupos a los
que ya hemos estudiado y a los que aún nos faltan.
Además del grupo euclidiano y el grupo afı́n, hay otros subgrupos del gru-
po proyectivo que juegan un papel importante en Geometrı́a; nos interesarán,
en particular, los que dan lugar a geometrı́as no euclidianas. La llamada Geo-
metrı́a Elı́ptica será la parte final de este capı́tulo, mientras que la Geometrı́a
Hiperbólica será el tema del próximo.
Como en el capı́tulo anterior, trabajaremos fundamentalmente en el ca-
so bidimensional, pero en algunos temas extenderemos sin dificultad nuestras
consideraciones a dimensión mayor.
Desde luego, la Geometrı́a Proyectiva debe su nombre a que en ella estarán
permitidas las proyecciones. Entonces, en esta geometrı́a el tipo de cónica no
es un invariante, pues cualquier cónica puede obtenerse de otra mediante una
proyección adecuada, como lo muestra la Figura 3.1.

Figura 3.1: Al proyectar una circunferencia en planos con diversos ángulos de


inclinación respecto al eje del cono de luz, resulta otra cónica no singular
107
108

El borde circular de la pantalla de una lámpara se proyecta en la pared en


una rama de hipérbola, pero si interponemos una cartulina inclinada, el borde
de la región iluminada puede ser una circunferencia, una elipse, una parábola
o una hipérbola; los casos singulares: un punto, una recta doble y dos rectas
que se cortan, resultan cuando el plano pasa por el centro de proyección, que
es el vértice del cono de luz.
Al agrandar el grupo perderemos algunos invariantes, pero surgirán nocio-
nes nuevas, como la dualidad, cuya belleza y potencia está presente en muchas
ramas de la matemática.

3.1. El plano proyectivo real


Para reproducir fielmente en un plano un objeto tridimensional, los artistas
italianos idearon la técnica siguiente, ilustrada por Alberto Durero en [Du] (vea
la Figura 3.2).

Figura 3.2: Técnica renacentista para dibujar objetos en un lienzo.


109

Se fijaba en la pared un arillo a la altura de los ojos de una persona, y por


el arillo se hacı́a pasar el extremo libre de una cuerda unida a una pesa; ese
extremo libre atravesaba un marco, y se tensaba la cuerda hasta tocar un punto
del objeto que resultara visible desde el arillo; finalmente, se fijaba al marco
una cuerda horizontal y otra vertical que se cruzaran tocando a la cuerda que
atravesaba el marco; el cruce de la horizontal y la vertical permitı́a marcar en
una cartulina (pegada en otro marco), el punto correspondiente al punto del
objeto
El marco podı́a estar más o menos lejos del objeto, y seguramente estaba un
poco inclinado, pero en cualquier caso cada punto de la cuerda tensa representa
al punto elegido del objeto.
La forma en que definiremos punto proyectivo atenderá precisamente a esa
propiedad de la cuerda.
Note además que, si nuestro ojo fuera realmente un punto y pudiéramos
mirar en todas direcciones, cada una de ellas, tantas como diámetros en una
esfera, incidirı́a en un único punto de los objetos a nuestro alrededor; por eso,
al cortar con el plano del dibujo, obtenemos una representación a partir de la
cual reconocemos los objetos de nuestro entorno.
En el capı́tulo de Geometrı́a Euclidiana aprendimos a construir espacios
nuevos a partir de los ya conocidos mediante el recurso de formar clases de
equivalencia que eran consideradas como los puntos del espacio nuevo.
En este caso, para construir el plano proyectivo, definimos en 3 −{(0, 0, 0)}
la relación de equivalencia sugerida por la discusión anterior y que denotaremos
“∼”:

(x1, x2 , x3) ∼ (x01 , x02, x03) si existe λ ∈ − {0} tal que xi = λx0i . (3.1)

La lectura geométrica de esta relación de equivalencia entre los puntos de


3
− {(0, 0, 0)} es que todos los puntos de una recta por el origen, excepto el
origen mismo, pertenecen a la misma clase, y además el conjunto de las clases
de equivalencia tiene dimensión 2, puesto que al identificar todos los puntos
de un subespacio unidimensional de 3 , estamos perdiendo una dimensión.

Un punto proyectivo es la clase de puntos en 3 que definen una misma


dirección, y el plano proyectivo real, P 2 ( ) consta de todos los puntos
proyectivos, es decir, de las clases definidas en 3 − {(0, 0, 0)} por (3.1).

La clase definida por una terna no nula (a, b, c) se denota por (a : b : c);
110

los dos puntos entre las coordenadas tienen la finalidad de recordarnos que
estamos considerando clases de tercias, no las tercias mismas, y que al menos
una de las coordenadas es no cero.
Nótese que esta relación de equivalencia puede definirse entre los vectores no
cero de cualquier espacio vectorial V sobre un campo k (nosotros sólo usaremos
k = ó : dos vectores no nulos v̄, w̄ están relacionados si y sólo si uno se


obtiene del otro multiplicando por un escalar no cero:

v̄ ∼ w̄ si y sólo si v̄ = λw̄ para algún λ ∈ k − {0},

es decir, si pertenecen al mismo subespacio unidimensional.


El conjunto ası́ obtenido se llama el proyectivizado del espacio vecto-
rial V , y se escribe P (V ); entonces, para V = 3 escribimos

P 2( ) = P ( 3
),

y el lector no debe extraññarse de que los números difieran: el exponente en el


lado izquierdo denota la dimensión, 2, del plano proyectivo real, y el exponente
en el lado derecho, 3, denota la dimensión de 3 , que se ve disminuida en 1
por ser equivalentes los puntos en el mismo subespacio unidimensional.

Hay dos ejemplos que nos interesa analizar: P 1 ( ) y P 1 ( ). Ambos casos




son interesantes por derecho propio, el primero porque P 1 ( ) es la recta


proyectiva real, y el segundo porque será el medio en el que desarrollaremos
los modelos de la Geometrı́a Hiperbólica.
Los puntos proyectivos de P 1 ( ) = P ( 2), corresponden a rectas por
el origen de 2, o a un par puntos antı́podas, (x : y) y (−x : −y), de S 1 =
{(x, y) ∈ 2 | x2 + y 2 = 1}, pues podemos restringirnos a vectores de norma 1.
Eso significa que para tener un conjunto de representantes basta tomar una
semicircunferencia e identificar sus extremos; la figura que resulta es una curva
cerrada, como la circunferencia, y todos los puntos tienen la misma calidad
(porque la semicircunferencia pudo ser cualquier mitad de S 1) a diferencia de
una recta afı́n donde el punto al infinito es distinto de los demás.
En Topologı́a se dice que P 1 ( ) es homeomorfo a una circunferencia,
porque la proyección mostrada en la Figura 3.3 exhibe una correspondencia
biyectiva, continua y con inversa continua, entre P 1 ( ) y S 1. En el Apéndice
5.5 precisamos qué se entiende por una topologı́a y por una topologı́a relativa,
y demostramos que esta proyección es un homeomorfismo.
PSfrag replacements 111

O
P
S
Q
P0 Q0 R S0

R0

Figura 3.3: Una recta proyectiva real es homeomeorfa a una circunferencia.

En el caso de P 1 ( ), que es el proyectivizado de 2, P ( 2 ), debemos formar


  

clases de pares ordenados de números complejos no ambos cero, (z : w), y la


equivalencia ası́ obtenida, (z : w) ∼ (z 0 : w0 ) ocurre cuando existe algún número
complejo λ ∈ − {0} tal que (z, w) = (λz 0 , λw0 ).


Para poder imaginar la forma de P 1 ( ), tomamos primero pares de núme-




ros complejos (z, w) donde w 6= 0. La división entre w nos da representantes


del tipo (z : 1), y eso evidencia que hay tantas clases con segunda coordenada
no cero como elementos de . 

En cambio, los pares con w = 0 forman una sola clase, (1 : 0), correspon-
diente a la única dirección compleja que hay en : cualquier complejo no cero


z se obtiene de otro no cero z ∗ multiplicando por el complejo no cero z/z ∗ , y


entonces (z : 0) = (z ∗ : 0).
El punto (1 : 0) ∈ P 1 ( ) se denota a menudo por ∞ y eso justifica escribir


P 1( ) = ∪ {∞}; sin embargo, ésta es una mera notación, pues los elementos
 

de P 1 ( ) tienen todos la misma calidad. Otra notación es


 ∪ {∞} = b ,  

llamado el plano complejo extendido.


Hay otra forma de interpretar P 1 ( ); para ello, notemos que 2 tiene
 

dimensión real 4 y, como en el caso real, podemos restringirnos a vectores


(z, w) ∈ 2 de norma 1, es decir, si z = x + iy, w = u + iv, pediremos que las


partes real e imaginaria satisfagan x2 + y 2 + u2 + v 2 = 1, que es la ecuación de


S 3, la esfera de radio 1 con centro en el origen:

S 3 = {(x, y, u, v) ∈ 4
| x2 + y 2 + u2 + v 2 = 1}.

Los puntos (proyectivos) de P 1 ( ) son subespacios unidimensionales com-



112

2
plejos de  por el origen (menos el origen),
2
{(z, w) ∈  − (0, 0)| w = kz, k ∈  fijo },

que puede leerse como un plano por el origen de 4 ; éste corta a S 3 en una
circunferencia cuyos puntos son representantes de una misma clase (en el caso
real, los puntos antı́podas de S 1 resultan de cortar S 1 con la recta por el origen
de los puntos en la misma clase). Por eso podemos escribir:

P 1( ) = P (
 
2
) = S 3 /S 1 .

En cuanto a su forma, P 1 ( ) es homeomorfo a la esfera bidimensional S 2:




S 2 = {(x, y, z) ∈ 3
| x2 + y 2 + z 2 = 1},

que, en este contexto, se llama la esfera de Riemann; la correspondencia


biyectiva, continua y con inversa continua que justifica ese término es la pro-
yección estereográfica ilustrada en la Figura 3.4 y definida ası́: cualquier
punto P de S 2 , excepto el polo norte N , determina con N una recta que corta
al plano del ecuador, que identificamos con , en un único punto z ∈ que
 

asociamos con (z : 1).


Entonces, si convenimos en asignar a N el punto (1 : 0), la proyección
estereográfica
ΠN : S 2 → P 1 ( ) 

2 1
PSfrag replacementsestablece el homeomorfismo prometido entre S y P ( ) (vea el Apéndice 5.5). 

N
T
P
T0
S

R0
0
Q = Q0 P0
S
R

Figura 3.4: P 1 ( ) es homeomorfo a S 2.


113

La proyección estereográfica tiene además la propiedad de ser conforme,


es decir, dos curvas en la esfera que se corten formando un cierto ángulo, se
proyectan en curvas del plano que se cortan formando ese mismo ángulo en
valor absoluto (vea el Ejercicio 9 al final de la sección).

El primero de nuestros ejemplos se generaliza al caso de P 2 ( ) (y de hecho,


a P n ( )), para proporcionarnos un conjunto de representantes de puntos de
P 2( ) formando clases de puntos de la esfera unitaria en 3 ,
S 2 = {x̄ ∈ 3
| ||x̄|| = 1}.
Hay tantas direcciones en 3 como pares de puntos antı́podas en S 2 ; por
eso podemos interpretar P 2 ( ) como las clases de puntos x̄ ∈ S 2 definidas por
la relación antı́poda
x̄ ≡ −x̄.
El hecho de que la aplicación de S 2 a P 2 ( ) que permite construir este
último sea 2 a 1, justifica decir que la esfera S 2 es un recubrimiento doble
del plano proyectivo P 2 ( ).
Entonces podemos escribir (y convendrá tener presentes todas esas inter-
pretaciones del plano proyectivo real):
P 2( ) = P ( 3
)=( 3
− {0̄})/ ∼ = S 2 /(x̄ ≡ −x̄).
En otro inciso nos ocuparemos del aspecto topológico de P 2( ), pues in-
volucra la noción de orientabilidad que vale la pena discutir con cuidado. Pero
antes de concluir este inciso, nos interesa mostrar cómo se establecen las ecua-
ciones de los lugares geométricos, pues para eso nos sirven las coordenadas.

En P 2 ( ), las rectas proyectivas estarán definidas por dos puntos proyecti-


vos, es decir, por dos direcciones linealmente independientes de 3; si por cada
dirección tomamos un vector, los dos vectores generan un plano por el origen
en 3, es decir, un subespacio de dimensión 2, y una recta proyectiva puede
definirse ası́:

Una recta proyectiva en P 2( ), consta de los puntos proyectivos defini-


dos por direcciones coplanares en 3 .

Entonces, ası́ como los puntos proyectivos están definidos por subespacios
unidimensionales de 3, las rectas proyectivas corresponden a subespacios bi-
dimensionales de 3.
114

Si cortamos la esfera S 2 con un plano por el origen, resulta un cı́rculo má-


ximo cuyos puntos antı́podas deben identificarse para obtener representantes
de todos los puntos que conforman una recta proyectiva, lo cual concuerda con
la Figura 3.3.
La ecuación de una recta proyectiva es la ecuación del plano por el origen
de 3 determinado por dos direcciones distintas (cada una de los cuales define
un punto proyectivo), (a : b : c) y (d : e : f ).
En el espacio cartesiano tridimensional, un vector normal al plano deter-
minado por esas dos direcciones, se obtiene como el producto cruz (a, b, c) ×
(d, e, f ), y si lo denotamos por (A, B, C), la ecuación del plano por el origen
de 3 es
Ax + By + Cz = 0.
La recta proyectiva definida por esta ecuación, consta de los puntos pro-
yectivos (x : y : z) ∈ P 2 ( ) tales que Ax + By + Cz = 0.
Esta ecuación es lineal y homogénea, y justamente por esto último si una
terna (x0, y0, z0 ) satisface la ecuación, también (kx0 , ky0, kz0) la satisface para
cualquier k 6= 0 :

A(kx0)+B(ky0)+C(kz0) = k(Ax0+By0+Cz0) = 0 ⇐⇒ Ax0+By0+Cz0 = 0.

éste es un hecho que conviene resaltar:

Si un lugar geométrico proyectivo está dado por una ecuación polinomial, la


ecuación debe ser homogénea, pues sólo podremos decir que un punto proyectivo
satisface la ecuación si eso es válido para cualquier terna representante del
punto.

Note que estamos pidiendo que una función, la correspondiente al lado


izquierdo de la igualdad, tome el mismo valor (0 en este caso) en puntos equi-
valentes. Esta observación es la base del procedimiento que permite encajar
P 2 ( ) en 4 (vea la sección 3.3).
Y ahora estamos listos para demostrar el primer hecho geométrico que con-
trasta con la Geometrı́a Euclidiana, pues implica que no hay rectas proyectivas
paralelas:

Teorema. Cualesquiera dos rectas del plano proyectivo tienen un único


punto en común.
115

Demostración. Dos rectas proyectivas distintas tienen ecuaciones

Ax + By + Cz = 0,
A0x + B 0y + C 0z = 0,

donde (A, B, C) y (A0 , B 0, C 0) son vectores no paralelos en 3.


Cada ecuación da lugar en 3 a un plano por el origen, y como los planos
son distintos, se cortan en una recta por el origen con vector de dirección
(L, M, N ) = (A, B, C) × (A0, B 0, C 0). Esa recta por el origen corresponde a un
punto proyectivo, como afirmamos.2

EJERCICIOS
1. Encuentre el punto en que se cortan las rectas proyectivas siguientes:
L1: 3x − y + z = 0 y L1: −x − 2y + 2z = 0.
2. Diga cuáles de las ecuaciones siguientes definen un lugar geométrico en
P 2( ), y justifique su afirmación:
(a) 3x2 + xy − z 2 = 0; (b) −x3 − y2 + x + z = 0;
(c) x4 + y4 − z 4 = 0; (d) x2 + y2 + z 2 = 0.
3. Encuentre los representantes de (−2 : 6 : −4) con la caracterı́stica que
se indica:
(a) x = 1; (b) z = 1; (c) (x, y, z) ∈ S 2 .
4. Demuestre que tres puntos proyectivos pertenecen a la misma recta pro-
yectiva, si y sólo si el determinante de las coordenadas de sus represen-
tantes se anula.
5. Demuestre que si a cuatro puntos OHV U en posición general, es
decir, tales que ninguna terna sea colineal, se les asigna las coordenadas
O(0 : 0 : 1), H(1 : 0 : 1), V (0 : 1 : 1), U (1 : 1 : 1), eso determina
coordenadas para todos los demás puntos de P 2( ).
6. Dado un punto (x1 , x2, x3) ∈ S 2 , determine el número complejo z = x+iy
asociado bajo la proyección estereográfica desde el polo norte.
7. Defina P 3( ) y diga cómo caracterizar las rectas proyectivas y los planos
proyectivos en este espacio proyectivo.
8. Defina P n( ) = P ( n+1
), y considere

||(z0, z1, ..., zn)|| = ||(x0, y0, x1, y1, ..., xn, yn )||,
116

donde zk = xk + iyk y ||(x0, x1, ..., xn, yn)|| es la norma definida por
el producto escalar en n+1. Demuestre que P n( ) = S 2n+1 /S 1 . (La
proyección canónica Π : S 2n+1 → P n( ), se conoce como la fibración
de Hopf, vea [Do].)
9. Demuestre que la proyección estereográfica es conforme, es decir, dos
curvas en la esfera que se cortan en un punto P formando un ángulo
α, se aplican bajo la proyección estereográfica en curvas que forman
ese mismo ángulo (en valor absoluto). (Sugerencia: considere la figura
siguiente, donde τ es el plano tangente a la esfera en el punto P , v̄ y w̄
son los vectores tangentes a las curvas en la esfera; H y H 0 pertenecen a
la proyección ortogonal de la recta N P en el plano τ : H es la intersección
de esa proyección con el plano tangente a la esfera en N y H 0 pertenece
al plano del ecuador, que es paralelo al anterior.)

N H
PSfrag replacements
P
v

w
v0
XY
H0
P0
w0

3.2. El Principio de Dualidad


Como consecuencia del teorema del inciso anterior, en el plano proyectivo no
hay casos excepcionales para la intersección de rectas, y por eso a la afirmación
válida

Dos puntos determinan una recta,


117

le corresponde otra afirmación también válida:

Dos rectas determinan un punto.

Este hecho es la clave de una de las propiedades más bellas del plano proyectivo
real: la dualidad, la correspondencia biyectiva entre puntos y rectas del plano
proyectivo real que respeta la incidencia: un punto incide en una recta si el
punto pertenece a la recta, y una recta incide en el punto si la recta pasa por
el punto.
El Principio de Dualidad de la Geometrı́a Proyectiva, afirma que

Si en una proposición válida aparecen únicamente los términos punto y


recta y la relación de incidencia, entonces la proposición dual, obtenida de
la original intercambiando las palabras punto y recta, también es cierta.

Por ejemplo, si pensamos a un triángulo como la figura determinada por


tres puntos no colineales, los vértices del triángulo, las rectas determinadas por
(que inciden en) dos de esos puntos son los lados del triángulo; un triángulo
tiene tres vértices y tres lados.

La noción dual es la de trilátero: la figura determinada por tres rectas


no concurrentes, los lados del trilátero; los puntos en que se cortan (en que
inciden) dos lados son los vértices del trilátero.
Como vemos, también un trilátero tiene tres vértices y tres lados, y eso
justifica decir que un triángulo es autodual. Pero eso ya no ocurre con un
cuadrángulo (vea el Ejercicio 1).

El producto escalar de 3 permite expresar de manera sencilla la incidencia


de un punto y una recta, pues si la ecuación de la recta proyectiva es Ax +
By + Cz = 0, determinada por la terna no nula (A, B, C), (por su clase más
bien), usando el producto punto de 3 podemos escribir
(A, B, C) · (x, y, z) = 0, (3.2)
y el punto (x0 : y0 : z0) incide en la recta definida por (A : B : C) si y sólo si
(A, B, C) · (x0 , y0, z0) = 0,
pero esta ecuación puede también leerse como que la recta proyectiva (definida
por) (A : B : C) incide en el punto (x0 : y0 : z0).
118

La dualidad geométrica justifica el nombre de espacio dual V ∗ de un


espacio vectorial V dado al conjunto de las transformaciones lineales T :
V → k donde k es el campo de escalares (vea [B-ML] o [Ri]).
Para el caso que nos ocupa, V = 3 , (A, B, C) puede verse como una
transformación lineal de 3 a , y la ecuación (3.2) caracteriza al núcleo de
esa transformación, es decir, el lugar geométrico de las ternas (x, y, z) que bajo
la transformación definida por

T (x, y, z) = (A, B, C) · (x, y, z)

se aplican en 0 ∈ .
Ese lugar geométrico es un plano por el origen de 3 , que define una recta
proyectiva, y la correspondencia queda establecida por la clase (A : B : C),
pues (A, B, C) y (λA, λB, λC) tienen mismo núcleo.
Entonces, en P 2 ( ) hay una biyección entre puntos como rectas, y cualquier
afirmación de incidencia entre puntos y rectas puede dualizarse, y siendo válida
la primera también lo es la segunda.
Por ejemplo, ya habı́amos pedido al lector demostrar la afirmación siguiente
(vea el Ejercicio 4):

Afirmación. Tres puntos P , Q y R inciden en la misma recta si y sólo si el


determinante de sus coordenadas se anula.

Al intercambiar las palabras “punto(s)” por “recta(s)”, tenemos la afirma-


ción dual:

Afirmación. Tres rectas P, Q y R inciden en el mismo punto si y sólo si el


determinante de sus coordenadas se anula.

En ambos casos, estamos diciendo que hay una dependencia lineal entre los
tres objetos, puntos en un caso, rectas en el otro, y si dos de ellos satisfacen
(3.2), una combinación lineal de ellos también lo hace.
Una recta puede verse como un haz de puntos, todos los que inciden en
ella, y un punto puede verse como un haz de rectas, todas las rectas que
inciden en el punto (vea la Figura 3.5).
Vale la pena mencionar que, en un lenguaje más coloquial, a las rectas que
inciden en el mismo punto se les llama concurrentes, y a los puntos que inciden
en la misma recta les llamamos colineales.
119

En ambos casos, el haz está determinado por dos de sus elementos, y los
restantes son combinación de esos dos; lo escribiremos en forma de observación.

Observación. Si en un haz marcamos dos elementos A y B, cualquier otro


elemento P es combinación lineal de A y B: λA+µB, y tiene sentido representar
a P por (λ : µ),

Figura 3.5: Una recta es un haz de puntos, y un punto es un haz de rectas.

El mejor ejemplo de aplicación del Principio de Dualidad, lo constituyen


el llamado Teorema de Desargues y su dual, que en este caso coincide con el
recı́proco.

Teorema (de Desargues). Si los triángulos A, B, C y A0, B 0 y C 0 son


tales que las rectas definidas por vértices correspondientes son concurrentes,
entonces también sucede que las intersecciones de lados correspondientes son
colineales.

En la Figura 3.6, las rectas gruesas AA0, BB 0 y CC 0 inciden en un punto


O, y los puntos R = AB ∩ A0B 0, S = BC ∩ B 0C 0 y T = CA ∩ C 0A0 parecen ser
colineales; demostraremos que eso ocurre utilizando la técnica de Desargues de
proyección y sección, con la cual obtuvo un gran número de resultados.
Antes de dar la demostración, escribiremos la proposición dual según la
regla de intercambiar los términos punto y recta (el lector deberá convencerse
de que hemos procedido correctamente).

Proposición dual del Teorema de Desargues. Si los triláteros abc y a0b0c0


son tales que los puntos definidos por lados correspondientes aa0, bb0 y cc0
120

inciden en una recta L, entonces también sucede que las rectas definidas por
vértices correspondientes: a ∩ b y a0 ∩ b0; b ∩ c y b0 ∩ c0 ; c ∩ a y c0 ∩ a0, inciden
en un punto O.
Las dos afirmaciones pueden resumirse ası́:

Dos triángulos están en perspectiva desde un punto si y sólo si están en


perspectiva desde una recta.
X
O

L
PSfrag replacements M Y A

S Z C
B
R

B0

A0
C0
T
Figura 3.6: Dos triángulos en perspectiva desde un punto, también lo están desde
una recta.

Demostración del Teorema. Los puntos O, A, B, C, A0, B 0, C 0, R, S y T


pertenecen a un mismo plano, en tanto que X es un punto fuera de ese plano;
en la recta XB elegimos un punto Y , y llamamos Z a la intersección de XB 0
con la recta OY (las rectas se cortan porque los puntos X, B, O, Y y B 0 son
coplanares).
Las rectas OA, OC y OY son las aristas de una pirámide triangular, y los
121

triángulos AY C y A0ZC 0 pertenecen a dos secciones planas de la pirámide.


Los planos de esas secciones se cortan en una recta a la que pertenecen T =
AC ∩ A0C 0, CY ∩ C 0 Z = L, y Y A ∩ ZA0 = M , y cuando proyectamos los
triángulos ACY y A0C 0Z en el plano original, recuperamos los triángulos ABC
y A0 B 0 C 0 .
La proyección de los puntos colineales T , L y M al plano original, da lugar
a los puntos, necesariamente colineales, T , S y R.2

La relación entre el plano proyectivo y el plano afı́n quedará clara más


adelante, pero por lo pronto queremos hacer notar que cada punto proyectivo
(x : y : z) admite un representante donde al menos una de las coordenadas es
1, pues

- si x 6= 0, (x : y : z) = (1 : y/x : z/x);
- si y 6= 0, (x : y : z) = (x/y : 1 : z/y);
6 0, (x : y : z) = (x/z : y/z : 1),
- si z =

y en la tercera forma reconocemos ya las coordenadas de los puntos ordinarios


del plano afı́n.

EJERCICIOS
1. Dualice el concepto de cuadrilátero, dado al principio del Capı́tulo 2.
2. Justifique la afirmación siguiente: En P 3( ), un tetraedro es autodual.
3. Demuestre el Teorema de Desargues usando el Ejercicio 5 de la sección
3.1.
4. Defina P n( ) y generalice la noción de dualidad, es decir, establezca
una biyección entre el conjunto de puntos (x0 : x1 : ... : xn) y el de
los hiperplanos proyectivos que respete la incidencia, entendiendo por
hiperplano proyectivo el suconjunto definido por una (n + 1)-ada, (A0 :
A1 : ... : An ) mediante la ecuación

(A0 : A1 : ... : An ) · (x0 : x1 : ... : xn ) = 0.

5. Utilice el producto escalar de n+1 para demostrar que en n+1, hay


una dualidad entre el conjunto Gk,n de los k-subespacios, y el conjunto
G(n−k),n de los (n−k)-subespacios para todo k ∈ 1, 2, ..., n. Esos conjun-
tos se denominan variedades grassmannianas (vea [Mat]), y con ellos
122

se establece una dualidad en P n( ) entre los (k − 1)-planos proyectivos


y los (n − k − 1)-planos proyectivos.

3.3. La forma de P 2( )
Después de definir el plano proyectivo real, escribimos

P 2( ) = P ( 3
)=( 3
− {0̄})/ ∼ = S 2 /(x̄ ≡ −x̄),

y la última expresión indica que cuando nos restringimos a vectores unitarios


en 3, es decir, a los puntos de la esfera, todavı́a tenemos que identificar
los puntos antı́podas, puesto que pertenecen a la misma recta por el origen.
Entonces, podemos quedarnos con los puntos de un hemisferio siempre que en
el borde identifiquemos los puntos antı́podas.
La Figura 3.7 sugiere que el pegado no puede realizarse en 3 sin que el
objeto creado se corte a sı́ mismo; los puntos de corte no debieran existir pues
si bien cada punto del arco AB se identifica con un punto del arco A0 B 0, y cada
punto del arco BA0 se identifica con un punto del arco B 0A, no hay puntos de
arcos contiguos que deban identificarse, pues no son antı́podas. Sin embargo,
esos puntos surgen necesariamente si queremos construir P 2 ( ) en 3 .

A A0 A A0 A A0
PSfrag replacements B0
A B0
B B0 B B0
B
B
A0

Figura 3.7: P 2 ( ) no puede construirse en 3 sin autointersecciones.


123

En cambio, P 2 ( ) sı́ cabe en 4


sin autointersecciones. Para demostrarlo,
definimos f : S 2 → 4 dada por

(x, y, z) 7→ (x2 − y 2, xy, xz, yz).

Cualesquiera dos puntos antı́podas de la esfera se aplican en el mismo punto


de 4 , y eso permite definir una función en P 2 ( ), F : P 2 ( ) → 4, dada por

(x : y : z) 7→ (x2 − y 2, xy, xz, yz),

cuya inyectividad, que deberá comprobar el lector, asegura que P 2 ( ) cabe en


4
sin autointersecciones.

El plano proyectivo es una superficie con un solo lado; para entender lo que
esto significa, tomamos nuevamente la esfera y marcamos en ella un cinturón
simétrico alrededor de un cı́rculo máximo (vea la Figura 3.8).

Figura 3.8: P 2 ( ) contiene una Banda de Möbius.

Es claro que de los dos casquetes podemos eliminar uno, pues los puntos
de un casquete tienen sus antı́podas en el otro casquete, y también es cierto
que podemos eliminar la mitad del cinturón, por ejemplo la que está detrás,
pues los antı́podas de esos puntos están en la mitad delantera del cinturón.
Los bordes izquierdo y derecho de la mitad delantera del cinturón, están
formados por puntos antı́podas y, por tanto, deben identificarse en la forma
indicada por las flechas; eso sólo puede lograrse después de voltear un extremo,
originando una Banda de Möbius, llamada ası́ en honor a su creador, F. A.
Möbius (1790-1808).
124

Para terminar de construir el plano proyectivo, el borde de la Banda de


Möbius debe pegarse con el borde del disco, pero nuevamente tendremos pro-
blemas para realizar el pegado en nuestro espacio tridimensional.

El grabador holandés Maurits Cornelis Escher (1898-1972) [Es], hizo varios


grabados que ilustran la propiedad esencial de una Banda de Möbius: uno
puede caminar sobre la Banda de forma tal que, al regresar al punto en que
inició el recorrido, tenga la cabeza apuntando en dirección opuesta, lo cual está
representado por el alfiler de la Figura 3.9.

Figura 3.9: Un cilindro tiene dos lados, una Banda sólo tiene un lado.

Para establecer qué entendemos por orientabilidad de una superficie, debe-


mos empezar por definir lo que significa triangularla.
La esfera de la Figura 3.10 está dividida en ocho “triángulos”, de forma que
se cumplen las condiciones siguientes:

i) la unión de todos los triángulos es la esfera;


ii) la intersección de dos triángulos que no son ajenos, sólo puede ser un
vértice común o todo un lado común.

La triangulación de una superficie será necesaria para definir la caracte-


rı́stica de Euler de una superficie; recuerde que en el Capı́tulo 1 aprendimos
a calcularla para los sólidos platónicos y también para el toro y para el toro
doble.
125

Figura 3.10: Triangulación de una esfera, con triángulos orientados.

Decimos que una superficie es orientable si, después de triangularla y


dibujar en uno de los triángulos una flecha curvada que indique el sentido de
recorrido de su frontera, al trasladar la flecha curvada a los demás triángulos,
ocurre siempre que un lado común a dos triángulos queda recorrido en sentidos
opuestos, como en la esfera de la Figura 3.10.
Intente el lector hacer eso en la Banda de Möbius; la Figura 3.11, que toma
una tira antes de pegar los bordes, muestra por qué es imposible.

Figura 3.11: La Banda de Möbius no es orientable.

La flecha del primer triángulo se ha trasladado y marcado en cada triángulo,


pero después de identificar los bordes para formar la Banda de Möbius, obte-
nemos un lado que está recorrido en el mismo sentido para los dos triángulos
126

a los que pertenece.


Si en la Figura 3.9 en lugar del alfiler hubiéramos tomado un tornillo de
cuerda derecha para completar un sistema coordenado derecho en cada punto
de la Banda, nos encontrarı́amos con una incompatibilidad al cruzar el lado
en que hicimos el pegado; por eso decimos que la Banda de Möbius no es
orientable.
Este tema amerita varios comentarios adicionales; por ejemplo, los topólo-
gos construyen el plano proyectivo real a partir de un cuadrado cuyos bordes
deben identificarse como lo indican las flechas de la Figura 3.12 (como un cua-
drado y un hemisferio son homeomorfos, la Figura 3.12 realmente repite la
primera parte de la Figura 3.7).
Es claro que al pegar los bordes con una sola flecha, ya tenemos una Ban-
da de Möbius, por eso el pegado de las flechas dobles resulta imposible sin
autointersecciones del objeto.
La noción de orientabilidad se puede definir para objetos con dimensiones
distintas de 2, y es posible demostrar que P n ( ) sólo es orientable si n es
impar (vea [Hr]).

A B
A A0

PSfrag replacements B B0

B0 A0

Figura 3.12: Construcción del plano proyectivo real a partir de un cuadrado.

Finalmente, vale la pena demostrar que SO(3) es homeomorfo a P 3 ( ).


Para que esta afirmación tenga sentido, debemos definir una topologı́a en
cada objeto, lo cual dejamos como ejercicio para el lector.
Una vez hecho eso, recordemos que P 3 ( ) es el resultado de identificar
los puntos antı́podas de S 3 , la bola con centro en el origen de 4 y de radio
1; entonces, basta tomar un “hemisferio” de S 3 e identificar los puntos de la
127

frontera de ese “hemisferio” que son antı́podas.


Es fácil ver que un hemisferio de S 2 es homeomorfo a D2 , el conjunto de
los puntos de 2 con norma estrictamente menor que 1; basta pensar en la
proyección ortogonal del hemisferio norte en el plano XY (vea la Figura 3.13).
Análogamente, un “hemisferio” de S 3 es homeomorfo a D3 , los puntos de 3
con norma menor que 1 (esta vez proyectamos ortogonalmente el “hemisferio”
norte de S 3 sobre el espacio XY Z), y es inmediato comprobar que la frontera
de D3 es S 2 .
Eso significa que podemos pensar a P 3 ( ) como el espacio obtenido de
la bola tridimensional D3 cuando identificamos los puntos antı́podas de su
frontera (c.f. Ejercicio 8).
Por otro lado, sabemos que una rotación en torno al origen de 3 (un
elemento de SO(3)), deja fija (punto a punto) una recta: el eje de la rotación,
y deja invariantes (esta vez como conjunto) a los planos ortogonales al eje;
todos los puntos de esos planos giran por un mismo ángulo, el de la rotación.

Y
Z

frag replacements
X
D1 D2
Y

Figura 3.13: Un hemisferio de S n es homeomorfo a Dn .

Hay tantos ejes de rotación posibles como diámetros en una esfera, y tantos
posibles ángulos de rotación como puntos en el intervalo [−π, π], salvo que, una
vez elegido el eje, rotar por π tiene el mismo efecto que rotar por −π.
Entonces, en la esfera de 3 con centro en el origen y radio π, los diámetros
corresponden a los posibles ejes de rotación, y los puntos del interior de esa
esfera, que necesariamente pertenecen a algún diámetro, determinan un ángulo
de rotación, definido por el punto del intervalo (−π, π) que corresponde al
128

diámetro.
Todo lo anterior significa que podemos identificar cada punto del interior
de la esfera de radio π, i.e., un punto de Dπ3 , con una rotación cuyo eje contiene
al diámetro definido por el punto, y cuyo ángulo está definido por la distancia
orientada θ ∈ (−π, π) del punto al centro de la esfera. En cambio, los puntos
de la frontera, que es la esfera de centro en el origen y de radio π, deberán
identificarse si son antı́podas, como ocurre en la construcción de P 3 ( ).
Entonces SO(3) es el espacio resultante de Dπ3 cuando identificamos los
puntos antı́podas de su frontera, y como Dπ3 y D3 son homeomorfos, también
lo son SO(3) y P 3 ( ).

EJERCICIOS
1. Construya tres Bandas de Möbius utilizando tres tiras de papel. Pinte
la primera de algún color, y corte las otra dos ası́: la primera a lo largo
de la lı́nea central, la segunda a lo largo de una curva que equidiste del
borde y de la lı́nea central. En cada uno de los casos, explique lo que
ocurre.
2. Dibuje un intervalo, divı́dalo en varios subintervalos y, después de asignar
un sentido de recorrido en el primero (ponga una flecha), cópielo para los
restantes trasladando la flecha. Compruebe que es posible completar el
vector asociado a cada flecha, con otro vector que forme una base derecha
para el plano en el punto, de forma que esa elección sea compatible
después de identificar los bordes del segmento original.
3. Compruebe que S 2 es orientable, por alguno de los métodos siguientes:
a)“Triangule”la esfera, y compruebe que es posible orientar los triángulos
de forma que los lados comunes queden recorridos en sentidos opuestos.
b) Calcule el gradiente de la función F (x, y, z) = x2 + y2 + z 2 (vea
el Apéndice 5.1) y compruebe que en cualquier punto (x0 , y0, z0) ∈ S 2 ,
∇F (x0, y0 , z0) 6= (0, 0, 0). El hecho de que ∇F (x, y, z) varı́e continuamen-
te con el punto (x, y, z) ∈ S 2 implica que puede definirse orientaciones
compatibles para curvas que rodean puntos cercanos (vea [DoC] para
otra definición de orientabilidad).
4. Marque los lados horizontales de un cuadrado con flechas que apunten
a la derecha, y los lados verticales con flechas que apunten una hacia
abajo y otra hacia arriba. Pegue primero los lados horizontales haciendo
coincidir las flechas (¿qué obtiene?), y explique por qué no puede realizar
en 3 el pegado que falta haciendo coincidir las flechas verticales. El
129

objeto resultante de esa identificación en los lados de un cuadrado se


llama Botella de Klein, que es una superficie no orientable.
5. Rote la circunferencia del plano Y Z ⊂ 3 con centro en (0, 2, 0) y radio
1 en torno al eje Z. Demuestre que el toro de revolución T ası́ obtenido
es invariante bajo la aplicación antı́poda, y que al identificar los puntos
antı́podas de T , resulta también una Botella de Klein.
6. Demuestre la inyectividad de la función F : P 2( ) → 4
dada por
(x : y : z) 7→ (x2 − y2 , xy, xz, yz).
7. Dé una función inyectiva, continua y con inversa continua, entre las re-
giones del plano acotadas por un cuadrado y por una circunferencia.
8. Defina una topologı́a para SO(3) y otra para P 3( ) (vea el Apéndice
5.5).
9. El borde de un casquete de la Figura 3.8 puede deformarse a un punto
del casquete sin salir del casquete. ¿Es posible deformar la lı́nea central
de la Banda (que es una recta proyectiva) en el borde de la Banda?, es
decir, ¿es posible deformar una recta proyectiva a un punto sin salir de
P 2( )?
10. Defina P n( ) y déle una topologı́a.

3.4. Cartas coordenadas para P 2( )


(y para P 1 ( ))
Al final de la sección 3.2, vimos que cualquier punto del plano proyectivo
admite representantes de al menos una de las formas siguientes:

- si x 6= 0, (x : y : z) = (1 : y/x : z/x);
- si y 6= 0, (x : y : z) = (x/y : 1 : z/y);
6 0, (x : y : z) = (x/z : y/z : 1);
- si z =
2
por eso en Geometrı́a Diferencial se dice que las aplicaciones de en P 2( )
x̄1(u, v) = (1 : u : v),
x̄2(u, v) = (u : 1 : v),
x̄3(u, v) = (u : v : 1), (3.3)
forman un atlas para P 2 ( ) (vea [DoC]).
130

Cada una de las aplicaciones x̄ : 2 → P 2 ( ) en una parametrización de


una región U ⊂ P 2 ( ), y como la aplicación inversa, x̄−1 : U → 2, permite
asignar coordenadas (u, v) a un punto P del plano proyectivo, se llama carta
coordenada). Si un punto admite más de una de esas representaciones, como
ocurre para (2 : 3 : 4), el cambio de coordenadas es diferenciable, porque

(2 : 3 : 4) = x̄1 (u1, v1) = x̄2(u2 , v2) = x̄3 (u3, v3)

implica
(2 : 3 : 4) = (1 : u1 : v1 ) = (u2 : 1 : v2 ) = (u3 : v3 : 1). (3.4)
De la primera igualdad de (3.4) resulta (u2, 1, v2 ) = u2 (1, u1 , v1), y, por
tanto, u2 u1 = 1 y u2v1 = v2. El cambio de coordenadas está dado por

u2 = u−1 −1
1 , v 2 = v 1 u1 ,

que son funciones diferenciables de u1 y v1 en (u1, v1) = (3/2, 4/2).


La segunda igualdad de (3.4) implica (u3, v3, 1) = v3(u2 , 1, v2); en conse-
cuencia, v3v2 = 1 y v3u2 = u3 . El cambio de coordenadas está dado por

u3 = u2v2−1 , v3 = v2−1 ,

que son funciones diferenciables de u2 y v2 en (u2, v2) = (2/3, 4/3).


El lector no tendrá dificultad en comprobar que u3 y v3 también son fun-
ciones diferenciables de u1 y v1 en (u1 , v1) = (3/2, 4/2).
∂(ui ,vi )
Y como los jacobianos ∂(u j ,vj )
son distintos de cero para todos los puntos
2 2
en la intersección x̄i ( ) ∩ x̄j ( ), el Teorema de la Función Inversa asegura
que también (uj , vj ) son funciones diferenciables de (ui , vi ).
El hecho de que cualquier punto del plano proyectivo real pertenezca a al
menos una vecindad parametrizada: x̄1( 2 ), x̄2( 2 ) o x̄3( 2 ), y de que los cam-
bios de coordenadas (ui(uj , vj ), vi(uj , vj )) sean difeomorfismos, es decir, fun-
ciones diferenciables con inversa diferenciable, lo cual acabamos de demostrar,
se expresa diciendo que P 2 ( ) es una variedad diferenciable de dimensión
dos.
Note que cada parametrización cubre al plano proyectivo salvo una recta
proyectiva, caracterizada por x = 0 en el caso de x̄1 , y = 0 en el caso de x̄2, y
z = 0 en el caso de x̄3 ; dos de las parametrizaciones no bastan porque el punto
de intersección de las dos rectas faltantes, una en cada vecindad parametrizada,
falta en ambas.
131

La última parametrización en (3.3) fue la que utilizamos para los puntos


ordinarios del plano afı́n; si hubiéramos elegido alguna de las otras dos, la
recta al infinito tendrı́a como ecuación x = 0 en el primer caso, o y = 0 en el
segundo.
De hecho, tiene sentido decir que el plano afı́n resulta de elegir una recta
del plano proyectivo, que debe permanecer invariante bajo las transformaciones
permitidas en la Geometrı́a Afı́n.
Esto último justifica la técnica de homogeneizar una ecuación polinomial
con coeficientes reales en dos variables, F (x, y) = 0. Tomemos como ejemplo
la ecuación cartesiana de una cónica:

Ax2 + 2Bxy + Cy 2 + 2Dx + 2Ey + F = 0. (3.5)

Si z 6= 0, la sustitución x 7→ x/z, y 7→ y/z en (3.5), da lugar a la ecuación

A(x/z)2 + 2B(x/z)(y/z) + C(y/z)2 + 2D(x/z) + 2E(y/z) + F = 0, (3.6)

que se transforma en una ecuación polinomial homogénea en las tres variables


x, y y z cuando multiplicamos por z 2 :

Ax2 + 2Bxy + Cy 2 + 2Dxz + 2Eyz + F z 2 = 0. (3.7)

ésta es la ecuación proyectiva de una cónica, y con ella será sencillo de-
mostrar, una vez que hayamos introducido el grupo de transformaciones cuyos
invariantes nos interesan, la afirmación hecha en la introducción a este capı́tulo:
que todas las cónicas no singulares son proyectivamente equivalentes.
Por lo pronto, note que cualquier lugar geométrico proyectivo dado por
una ecuación polinomial homogénea, puede estudiarse usando tres ecuaciones
afines, porque hay tres formas canónicas de “deshomogeneizar”.
En nuestro ejemplo, si z 6= 0, podemos dividir entre z 2 y recuperamos la
ecuación original (3.5), pero también podemos dividir entre y 2 para los puntos
(x : y : z) con y 6= 0, y obtenemos la ecuación (estamos escribiendo x en vez
de x/y y z en vez de z/y)

Ax2 + 2Bx + C + 2Dxz + 2Ez + F z 2 = 0. (3.8)

Desde luego, podemos hacer lo análogo para x: dividir entre x2, lo cual
tiene sentido para todos los puntos (x : y : z) ∈ P 2 ( ) tales que x 6= 0; esta
vez obtenemos una ecuación de segundo grado en y y z que no escribiremos.
132

Como lo dijimos ya, la homogeneización es una técnica, una técnica que


aplicamos cuando queremos estudiar propiedades proyectivas de un objeto geo-
métrico.

En el caso de P 1 ( ) también podemos hablar de cartas coordenadas, sólo




que ahora las coordenadas son complejas.


Sabemos que cualquier punto (z : w) ∈ P 1 ( ) admite un representante de


al menos una de las dos formas siguientes:

- si z 6= 0, (z : w) = (1 : w/z);
- si w 6= 0, (z : w) = (z/w : 1),

ası́ que esta vez basta con dos parametrizaciones que aplican  en P 1 ( ), para


tener parametrizados todos los puntos de P 1 ( ): 

x̄1 (z1) = (1 : z1 ), z1 ∈ 

x̄2 (z2) = (z2 : 1), z2 ∈  . (3.9)


En cada vecindad parametrizada sólo falta un punto: (0 : w) para la pri-
mera, (z : 0) para la segunda, pero ese punto está incluido en la otra vecindad
parametrizada. Y para los puntos (z : w) que figuran en ambas cartas, el
cambio de coordenadas está dado por z1 = z2−1 .
También en este caso el cambio de coordenadas es diferenciable, pues la
derivada de una función f : → , se define exactamente igual que en el caso
 

de : es el lı́mite (si existe) del cociente del incremento del valor de la función
entre el incremento de la variable, cuando éste último tiende a cero (vea [A] o
[Ma]).
Entonces el cambio de coordenadas z1 = z2−1 , es diferenciable en todos los
puntos de su dominio (definido precisamente por z1, z2 6= 0), lo mismo que su
inversa; en Variable Compleja, una función diferenciable se llama holomorfa
o analı́tica, y cuando la inversa también es diferenciable, a la función original
se le llama biholomorfismo.
Debido a esta propiedad del cambio de coordenadas, se dice que P 1 ( ) 

es una superficie de Riemann. El lector interesado en este tema, del que


veremos un poco más en el Capı́tulo 4, puede consultar [F] o [Spr].

EJERCICIOS
133

1. Demuestre que la esfera S 2 = {(x, y, z) ∈ 3 | x2 + y2 + z 2 = 1} es una


variedad diferenciable de dimensión dos usando dos parametrizaciones:
la proyección estereográfica desde el polo norte, y la proyección estereo-
gráfica desde el polo sur. Determine la intersección de las regiones de
la esfera parametrizadas por cada una, y encuentre explı́citamente los
cambios de coordenadas para demostrar que son difeomorfismos.
2. Defina dos proyecciones estereográficas para la esfera de dimensión n,
S n = {(x1, ..., xn+1) ∈ n+1| x21 + ... + x2n+1 = 1}, a fin de demostrar que
es una variedad n-dimensional.
3. Demuestre que la Botella de Klein es una variedad diferenciable de di-
mensión 2.
4. Demuestre que P n( ) es una variedad diferenciable de dimensión n.
¿Qué puede decir al respecto de P n( )?

3.5. El grupo proyectivo


Hemos prometido dos cosas respecto al grupo de transformaciones cuyos
invariantes estudiaremos en este capı́tulo: que contendrán al grupo afı́n como
subgrupo, y que, haciendo honor a su nombre, incluirán las proyecciones de
una recta proyectiva en otra desde un punto exterior a ambas rectas.
En cuanto a lo segundo, las proyecciones de una recta en otra desde un
punto exterior a ambas se llaman perspectividades, y como la composición
de dos perspectividades no necesariamente es una perspectividad (vea la Figura
3.16) pero sı́ debe ser elemento del grupo proyectivo, un elemento cualquiera
del grupo proyectivo se llamará una proyectividad.
Y en cuanto a extender el grupo de las afinidades, que están dadas por
matrices invertibles de 3 × 3 de un cierto tipo, es natural considerar el grupo
lineal de orden 3, GL(3, ). Veamos si es el grupo adecuado a nuestros
propósitos.
Las proyectividades deben llevar puntos proyectivos en puntos proyectivos
y rectas proyectivas en rectas proyectivas, para empezar. Eso parece posible
porque cualquier T ∈ GL(3, ) es una transformación lineal no singular y eso
implica que lleva subespacios unidimensionales y bidimensionales de 3 (rectas
por el origen y planos por el origen), en subespacios de la misma dimensión.
Pero necesitamos más: el subespacio resultante debe ser independiente del
vector particular que define al subespacio original. Y eso ocurre, pues sólo
134

depende de su dirección:
    
a b c λx λ(ax + by + cz)
    
 d e f   λy  =  λ(dx + ey + f z)  .
g h i λz λ(gx + hy + iz)
En consecuencia, cualquier elemento de GL(3, ) lleva puntos proyectivos
en puntos proyectivos, y también las rectas proyectivas se transforman en rectas
proyectivas, por la dualidad (piense en el vector normal en 3 al subespacio
bidimensional correspondiente a la recta proyectiva que se debe transformar).
Finalmente, note que cualquier múltiplo no cero de una matriz dada M ∈
GL(3, ), define la misma proyectividad, pues las ternas resultantes sólo di-
fieren por ese múltiplo; por tanto, el punto proyectivo obtenido es el mismo y,
por la dualidad, lo mismo puede decirse para una recta proyectiva.
Por eso el grupo proyectivo será P GL(3, ), el conjunto de las clases de
matrices en GL(3, ) definidas por la relación de equivalencia
   
a b c a0 b0 c0
   
 d e f  ∼  d0 e0 f0 
g h i g0 h0 i0
si existe λ ∈ − {0} tal que
   
a0 b0 c0 λa λb λc
 0   
d e0 f 0  =  λd λe λf  .
g0 h0 i0 λg λh λi
Es interesante ver cómo se relacionan el transformado de un punto y la
transformada de una recta bajo una misma proyectividad.
Tomemos como ecuación de una recta Ax + By + Cz = 0, y escribámosla
como el producto de matrices
 
x
 
(A B C )  y  = 0. (3.10)
z
Como la matriz M que define una proyectividad es invertible, la relación
P 0 = M P , implica P = M −1 P 0 , y al sustituir
   −1  
x a b c x0
     0
y  = d e f  y ,
z g h i z0
135

en (3.10), obtenemos la ecuación de la recta transformada bajo la proyectividad


correspondiente a M :
 −1  
a b c x0
   0
(A B C )d e f   y  = 0. (3.11)
g h i z0
De esta ecuación es claro que la terna que define a la recta transformada
está dada ası́
 −1
a b c
 
( A0 B0 C0 ) = ( A B C )d e f  ,
g h i
y (A0 B 0 C 0) 6= (0 0 0) porque M es no singular y (A B C) 6= (0 0 0).

Como en el plano proyectivo no hay puntos distinguidos, uno espera que


cualquier punto pueda P transformarse en otro P 0 por una proyectividad: si eso
ocurre, otro tanto puede decirse para las rectas, por la dualidad. En el Ejercicio
4 el lector deberá demostrar que lo anterior es cierto y por eso decimos que el
grupo proyectivo es transitivo en puntos y rectas.
Comprobemos ahora que el grupo proyectivo es más amplio que el grupo
afı́n; bastará demostrar que una perspectividad puede darse como un elemento
de P GL(3, ), pero que no es una transformación afı́n. Empecemos por esto
último.

Proposición. Una perspectividad no es transformación afı́n.

Demostración. Consideremos la Figura 3.14, que ilustra el plano afı́n, donde las
rectas L y M corresponden a los ejes y = 0 y x = 0, y el punto O desde el cual
proyectaremos L en M tiene las coordenadas (1, 1, 1). El sistema coordenado
se completa con el eje z = 0, que en el plano afı́n corresponde a la recta al
infinito.
El dibujo muestra que bajo la proyección de L en M desde O, el punto al
infinito (0 : 1 : 0) del plano afı́n es la imagen de un punto finito (x, 0, 1) (de
hecho, sabemos que es el punto (1, 0, 1)), y en cambio el punto al infinito de
la recta L (el eje y = 0), (1 : 0 : 0), se proyecta en un punto finito (0, y, 1)
(también en este caso sabemos cuál es el punto: (0, 1, 1)).
Como el tipo de punto es invariante bajo transformaciones afines, hemos
demostrado que una perspectividad no puede ser una transformación afı́n.2
PSfrag replacements
136

(0 : 1 : 0) y=0 (1 : 0 : 0)

M y=0
(1, 1, 1)
x=0
L
(0, 1, 1) 2
(1, 0, 1)
O
(0, 0, 1)

Figura 3.14: Una perspectividad no es una transformación afı́n.

Pero una perspectividad sı́ esta dada por un elemento del grupo proyectivo:

Proposición. Una perspectividad es una proyectividad.

Demostración. Debemos demostrar que dadas dos rectas L y M, y un punto


fuera de ambas, O, existe un elemento de P GL(3, ) que lleva los puntos P
de L en los puntos P 0 de M de forma que P OP 0 sean colineales.
El sistema coordenado adecuado es aquél donde L corresponde a y = 0 y
M corresponde a x = 0 (vea la Figura 3.15); el centro de proyección será el
punto O(1 : 1 : 1) y el tercer eje es una recta distinta de las anteriores que no
pasa por O.
Note que (0 : y : 1) es colineal con (x : 0 : 1) y (1 : 1 : 1) si y sólo si
(x : 0 : 1) es colineal con (0 : y : 1) y (1 : 1 : 1), por lo que una perspectividad
es su propia inversa (Ejercicio 2); la colinealidad equivale a la nulidad del
determinante formado con sus coordenadas:
137


x 0 1


0 y 1 = 0,

1 1 1

y después de desarrollar el determinante, resulta y = x/(x − 1).


Por tanto, nuestra tarea se reduce a encontrar una matriz que lleve el punto
(x : 0 : 1), en el punto (0 : x : x − 1) (¿por qué?).
Es claro que el punto común a L y M, (0 : 0 : 1) permanece fijo, lo cual
significa que (note que en el lado derecho sólo pedimos λ 6= 0):
    
a b c 0 0
    
 d e f   0  =  0  , λ 6= 0.
g h i 1 λ

Al efectuar la multiplicación del lado izquierdo obtenemos c = 0, f = 0,


i 6= 0, y en consecuencia la matriz tiene la forma
 
a b 0
 
 d e 0  , i 6= 0.
g h i

(0 : 1 : 0)
PSfrag replacements

(0 : y : 1)
M

(1 : 1 : 1) (1 : 0 : 0)

(0 : 0 : 1) (x : 0 : 1) L

Figura 3.15: Sistema coordenado conveniente para la demostración

Al establecer la condición de que los puntos de la recta L, (x : 0 : z), se


apliquen en puntos de la recta M, (0 : y 0 : z 0), obtenemos a = 0 (verifı́quelo),
138

y eso restringe aún más a la matriz:


 
0 b 0
 
 d e 0  , i 6= 0.
g h i

También podemos utilizar las observaciones hechas respecto a la Figura


3.14: el punto (1 : 0 : 1) se proyecta en el punto (0 : j : 0), con j 6= 0, y el
punto (1 : 0 : 0) se proyecta en el punto (0 : h : h), con h 6= 0; después de
efectuar las multiplicaciones resulta: d 6= 0, g + i = 0, y d = −i, y la matriz es
 
0 b 0
 
 −i e 0.
−i h i

La condición que define a la perspectividad implica que cualquier recta


por (1 : 1 : 1) se transforma en sı́ misma, ası́ que el punto (1 : 1 : 1) queda
invariante:     
0 b 0 1 k
    
 −i e 0   1  =  k  , k 6= 0.
−i h i 1 k
Al efectuar la multiplicación del lado izquierdo, obtenemos:
 
b

 −i +e  ,
−i + h + i

y como las tres entradas deben ser iguales y no cero b = −i + e = h.


Usamos ahora el resultado del Ejercicio 2: una perspectividad es un invo-
lución; entonces, al multiplicar la matriz por sı́ misma obtenemos la identidad
(haga la multiplicación); eso da b = −i y si b = 1, la matriz representante es
 
0 1 0
 
1 0 0 ,
1 1 −1

por eso hay una sola T ∈ P GL(3, ) que da la perspectividad buscada.2

Supongamos ahora que tenemos una perspectividad de L en M desde O


(vea la Figura 3.16), y otra de M en N desde O 0 ; la composición es una
PSfrag replacements

139
C 0 D0
O

B0 D
A0 O0
C L
M

B
A
N

A00
00 C 00 B 00
D

Figura 3.16: La proyectividad que resulta de componer dos perspectividades no


necesariamente es una perspectividad.

proyectividad, pero no necesariamente es una perspectividad de L en N , pues


las rectas AA00, BB 00 y CC 00 no son concurrentes.
Pero sı́ será cierto que cualquier proyectividad entre dos rectas, esto es, una
correspondencia entre sus puntos establecida por un elemento de P GL(3, ),
puede expresarse como el producto de a lo más tres perspectividades.
Eso será consecuencia del llamado Teorema Fundamental de la Geo-
metrı́a Proyectiva, que enunciamos y demostramos a continuación.

Teorema. Dadas dos cuartetas A, B, C, D y A0, B 0, C 0, D0 de puntos de P 2 ( ),


cada una en posición general, existe una única proyectividad T ∈ P GL(3, )
tal que A0 = T (A), B 0 = T (B), C 0 = T (C) y D0 = T (D).

La demostración es consecuencia del Lema siguiente.

Lema. Dados cuatro puntos A, B, C, D ∈ P 2 ( ) en posición general, es po-


sible encontrar representantes para ellos que cumplan (a1, a2, a3) = (b1, b2 , b3)+
(c1, c2 , c3) + (d1 , d2 , d3 ).

Demostración. Cuatro puntos proyectivos en posición general, equivalen


a cuatro direcciones no coplanares de 3 , y en consecuencia, vectores en la
dirección de cualesquiera tres de ellas generan un vector en la dirección de la
140

cuarta:
(a1, a2, a3 ) = β(b01, b02, b03 ) + γ(c01, c02 , c03) + δ(d01 , d02 , d03 ).
Basta entonces tomar (b1, b2, b3 ) = (βb01, βb02, βb03), (c1 , c2, c3 ) = (γc01, γc02 , γc03),
y (d1 , d2 , d3 ) = (δd01, δd02 , δd03), para obtener los representantes buscados.2

Demostración del Teorema. Aplicamos el Lema a cada cuarteta para obtener


representantes tales que

Ā = B̄ + C̄ + D̄, Ā0 = B̄ 0 + C̄ 0 + D̄0 .


Entonces, si M ∈ GL(3, ) es la única matriz que lleva la base B̄, C̄, D̄ de
3
en la base B̄ 0, C̄ 0, D̄0 , la linealidad implica que Ā0t = M Āt .2

Un corolario inmediato es el siguiente.

Corolario 1. Si T ∈ P GL(3, ) fija cuatro puntos en posición general, enton-


ces T = Id ∈ P GL(3, ).

Cuando el Lema y el Teorema se enuncian para el caso de P 1( ), es fácil


demostrar el resultado siguiente, que se refiere a cualquiera de los dos tipos de
haces ilustrados en la Figura 3.5.

Corolario 2. Una correspondencia proyectiva entre dos haces, está determi-


nada por dos ternas de puntos correspondientes.

Como consecuencia tenemos otro corolario.

Corolario 3. Una proyectividad entre dos haces es producto de, a lo más,


tres perspectividades.

Demostración. Note que si el punto de intersección de dos rectas se aplica


en sı́ mismo, una proyectividad entre ellas debe ser una perspectividad (¿por
qué?). Entonces, dados A, B, C ∈ L y A0, B 0, C 0 ∈ L0 , la proyectividad T entre
las rectas L y L0 que lleva una terna en otra, puede exhibirse introduciendo
una recta auxiliar M por A0 (vea la Figura 3.17).
Ahora proyectamos los puntos de L en M desde O = AA0 ∩ BB 0; las
imágenes de A, B y C son A0, B 00 y C 00 y si proyectamos los puntos de M en
L0 desde O0 = B 0B 00 ∩ C 0C 00: A0 va en sı́ mismo, B 00 va en B 0, y C 00 va en C 0.
Al componer ambas perspectividades resulta la proyectividad T .
PSfrag replacements
141

O L
M
C
C 00
B
A

B 00

B0 C0 L0
A0

O0

Figura 3.17: Una proyectividad entre dos rectas distintas es composición de dos
perspectividades.

Cuando L = L0 , la introducción de una recta auxiliar L00 en la que pro-


yectemos los puntos de L0 desde O00 exterior a ambas rectas, nos lleva a la
situación anterior (vea el Ejercicio 8).2

Antes de concluir este inciso, volvamos la mirada a P 1 ( ), para determinar 

algunas propiedades de las transformaciones que actúan en él.


Por analogı́a con el caso de P 2 ( ), el grupo cuyos invariantes interesa estu-
diar debe ser P GL(2, ), esto es, clases de matrices de 2 × 2 invertibles, cuyas


entradas a, b, c, d, son números complejos, y que actúan sobre un elemento de


(z : w) ∈ P 1 ( ) por multiplicación:


    
a b z az + bw
= .
c d w cz + dw
Entonces, excepto para el punto de P 1( ) con w = 0, tiene sentido escribir


(porque (z : 1) es un representante de un punto con w 6= 0)


az + b
f (z) = , (3.12)
cz + d
y la acción de f puede extenderse a b con las reglas usuales del Cálculo cuando


la variable z tiende a infinito:

f (∞) = a/c, f (−d/c) = ∞.


142

Note que, en el primer caso, el procedimiento equivale a utilizar la carta


correspondiente a z 6 0, es decir, si el representante es (1 : w), para w = 0
obtenemos el valor a/c.
La expresión (3.12) muestra que podemos restringirnos a matrices con de-
terminante 1 (basta dividir los coeficientes entre la raı́z cuadrada del determi-
nante de la matriz).
Por tanto, el grupo que actúa en P 1 ( ) es P SL(2, ), donde la S indica que
 

el determinante es 1. Este grupo es mejor conocido como el grupo de trans-


formaciones de Möbius, y nos interesa porque juega un papel relevante en
Geometrı́a Hiperbólica, como veremos en el Capı́tulo 4.
Por ahora sólo demostraremos que las transformaciones de Möbius son
directamente conformes porque respetan ángulos con todo y sentido.

Proposición. Las transformaciones de Möbius, P SL(2, ), son directa- 

mente conformes.

Demostración. Basta efectuar la división indicada en (3.12):


az + b a b − (ad/c)
f (z) = = + ,
cz + d c cz + d
pues el lado derecho expresa a f como composición de transformaciones direc-
tamente conformes (vea el Ejercicio 10):
1 b − (ad/c) b − (ad/c)
z 7→ cz 7→ cz + d 7→ 7→ 7→ + (a/c).2
cz + d cz + d cz + d

EJERCICIOS
1. Haga los cálculos omitidos en la demostración de que una perspectividad
es elemento de P GL(3, ).
2. Demuestre que una perspectividad es una involución (i.e., es su propia
inversa).
3. Encuentre la recta transformada de 2x−y +4z = 0 bajo la proyectividad
dada por la matriz
 
0 1 0
 −1 −1 −1  .
1 1 −1
143

4. ¿Es siempre posible encontrar una proyectividad que lleve un punto dado
en otro? ¿Y si se trata de dos rectas cualesquiera? ¿Y si además fijamos
un punto en cada recta? Justifique sus respuestas.
5. Demuestre que la transformada de una cónica no singular bajo una pro-
yectividad, es otra cónica no singular.
3
6. Encuentre una proyección en que lleve una circunferencia en una
hipérbola.
7. Demuestre el Corolario 2.
8. Demuestre el Corolario 3 cuando las dos ternas de puntos pertenecen a
la misma recta.
9. Enuncie y demuestre el Teorema Fundamental de la Geometrı́a Proyec-
tiva para P n( ).
10. Compare el Teorema Fundamental de la Geometrı́a Proyectiva con la
afirmación de que el dibujo de un mosaico determina los restantes.
11. Compruebe que cada uno de los tipos de transformaciones en que se
descompone una transformación de Möbius, es conforme.

3.6. Invariancia de la razón cruzada


Una vez establecidas las transformaciones permitidas, nuestra tarea es en-
contrar los invariantes asociados.
Uno de ellos, fundamental para gran parte de la teorı́a, es numérico y se
refiere a la razón doble de cuatro elementos de un haz, que pensaremos como
P 1( ).
Empecemos por observar que una perspectividad no respeta la razón en que
un punto divide a un segmento; la Figura 3.18 ilustra un triángulo isósceles, y
cuando la base AB se proyecta desde C en una recta que pasa por B distinta de
la base, el punto medio M se aplica en un punto M 0 que no divide al segmento
A0B en partes iguales.
En consecuencia, la razón en que un punto divide a un segmento no es
un invariante proyectivo, por eso puede parecer sorprendente que sı́ lo sea la
razón doble o cruzada (A, B; C, D) entre cuatro puntos colineales A, B, C,
y D, que para puntos de la recta real tiene la forma:
C−A
B−C (A − C)(D − B)
(A, B; C, D) = D−A
= , (3.13)
B−D
(C − B)(A − D)
144

PSfrag replacements A0

M0

A M B

Figura 3.18: La razón en que un punto divide a un segmento, no es un invariante


proyectivo.

El cociente doble (3.13) se forma, como lo exhibe el miembro intermedio,


como el cociente de dos razones: la razón en que C divide al segmento AB
entre la razón en que D divide a ese mismo segmento.
Note que el orden en que se escriben los puntos es muy importante, y
para convencerse de ello, nada mejor que efectuar el ejercicio clásico (Ejercicio
4), consistente en demostrar que, fijos cuatro puntos colineales, hay sólo seis
valores posibles de la razón doble, dependiendo del orden en que se escriben los
puntos; por ejemplo, es muy fácil comprobar que si intercambiamos las parejas
conservando el orden en ellas, la razón doble se conserva:
(A, B; C, D) = (C, D; A, B).

En la Figura 3.19 hemos marcado los ángulos α, β, γ y δ; el lector que-


da encargado de demostrar (Ejercicio 3), usando la Ley de los Senos, que
(A, B; C, D) y (A0 , B 0; C 0, D0 ) tienen la misma expresión en términos de los
senos de esos ángulos :
senαsenγ
senβsenδ
Un caso particularmente interesante ocurre cuando el valor de la razón cru-
zada (A, B; C, D) es −1; se dice entonces que A, B, C, D forman un conjunto
armónico de puntos (como el lector sospechará, el término proviene de la
música), y que C y D son conjugados armónicos uno de otro respecto a
A, B 1.
1
Si una cuerda oprimida en los puntos A y B produce una cierta nota, al oprimirla en los
puntos C y D se obtienen las otras notas de la triada mayor.
145
PSfragEn
replacements
el estudio de los invariantes proyectivos, hay varios conjuntos de puntos
armónicos que surgen de manera natural, como veremos más adelante.
O

D0
α β
C0
B0
A0
δ
γ
D
C
A B

Figura 3.19: La razón doble (A, B; C, D) es igual a la razón doble (A0, B 0 ; C 0 , D0).

La manera de extender la definición de razón doble de cuatro puntos


de una recta proyectiva, con coordenadas (a1 : a2), (b1 : b2), (c1 : c2 ),
(d1 : d2 ), es


a1 c1 d1 b1

a c2 d 2 b2
2
(A, B; C, D) =
c1
. (3.14)
b1 a1 d1
c b2 a 2 d 2
2

Es inmediato comprobar que la definición no depende de los representantes


escogidos para los puntos, debido a las propieddes de los determinantes y a
que cada uno figura tanto en el numerador como en el denominador. Y para
demostrar que esta definición extiende la del caso euclidiano, calcule el valor
de la razón cruzada cuando la segunda coordenada de cada punto es 1.
En los ejercicios hay varias expresiones para la razón cruzada que vale la
pena tener presentes para utilizar la más adecuada a una cierta situación.

Para demostrar la invariancia bajo proyectividades de la razón cruzada


entre cuatro elementos de un haz, usamos primero que al suprimir en la fórmula
(1.2) el valor absoluto en el numerador, obtenemos la distancia orientada
146

2
de un punto P0 (x0 , y0) ∈ a la recta L de ecuación Ax + By + C = 0:
Ax0 + By0 + C
d(P0 , L) = √ . (3.15)
A2 + B 2
Consideremos ahora dos rectas A y B, con ecuaciones

α(x, y) = A1x + B1 y + C1 = 0 y β(x, y) = A2 x + B2y + C2 = 0,

que abreviaremos como α = (A1, B1 , C1) y β = (A2, B2 , C2 ).


Con esa notación, el conjunto de puntos P (x, y) ∈ 2 cuyas distancias a A
y B están en la razón constante k, es la recta C correspondiente a γ(x, y) = 0,
si los coeficientes de γ están dados por
q
A21 + B12
γ = α − kq β, (3.16)
A22 + B22
como es inmediato verificar si se escriben las dos distancias en la forma (3.15)
y se pide que el cociente entre ellas sea k.
La lectura interesante de lo anterior es que la recta C representada por
(3.16) divide al par (A, B) en la razón k, y si tenemos otra recta D con ecuación
δ(x, y) = 0 dada por
q
A21 + B12
δ(x, y) = α − h q β, (3.17)
A22 + B22
la razón cruzada de las rectas (A, B; C, D) es, simplemente, k/h.
Escribamos este resultado como un lema, con la notación simplificada que
toma en cuenta que, para las rectas proyectivas obtenidas al homogeneizar las
ecuaciones, los coeficientes de la combinación proporcionan coordenadas para
las rectas del haz definido por (A, B):

Lema 1. Si las rectas concurrentes A, B, C y D tienen coordenadas α, β,


α + λβ y α + µβ, entonces el valor de la razón cruzada (A, B; C, D) es
λ
(A, B; C, D) = .
µ
√ 2 2
A +B
Note que no es necesario normalizar las ecuaciones, pues el factor √ 12 12
A2 +B2
aparecerı́a tanto en el numerador como en el denominador.
147

Para demostrar la invariancia bajo T ∈ P GL(3. ) de la razón cruzada


de cuatro puntos colineales A, B, C y D, ya sólo necesitamos establecer un
segundo lema.

Lema 2. Si A, B, C y D son cuatro puntos colineales con coordenadas


(a1 : a2 : a3); (b1 : b2 : b3 ) ;
(a1 : a2 : a3 ) + λ(b1 : b2 : b3 ) ; (a1 : a2 : a3 ) + µ(b1 : b2 : b3 ),
respectivamente, al unirlos con un punto (r1 : r2 : r3) externo a su recta,
obtenemos rectas A, B, C y D cuya razón doble es
λ
(A, B; C, D) = .
µ
Demostración. Basta escribir las ecuaciones de las rectas mediante la nuli-
dad del determinante cuyas columnas son (x, y, z)t, (a1 , a2, a3)t , y (r1 , r2, r3 )t ,
para α(x, y, z) = 0, y análogamente para las otras tres. En el caso de C y D,
la columna intermedia es combinación de dos columnas y, por las propiedades
de los determinantes, las ecuaciones de las cuatro rectas tienen precisamente
la forma dada en el Lema 1, lo cual concluye este segundo Lema.2

Con estos resultados, la invariancia de la razón cruzada bajo proyectivida-


des es inmediata.

Teorema. La razón cruzada (A, B; C, D) de cuatro puntos colineales A,


B, C, D es invariante bajo cualquier T ∈ P GL(3, ).

Demostración. Los puntos colineales A, B, C, D, se aplican, bajo T , en pun-


tos colineales A0, B 0, C 0, D0 . El argumento usado en la demostración del Lema
del inciso 3.5, asegura que es posible encontrar representantes de los primeros
tres tales que sus coordenadas sean

(a1 : a2 : a3 ), (b1 : b2 : b3), (a1 : a2 : a3) + (b1 : b2 : b3),

y entonces la combinación lineal de (a1 : a2 : a3) y (b1 : b2 : b3) que da


las coordenadas de D, está determinada por el valor λ de la razón cruzada
(A, B; C, D) : (a1 : a2 : a3 ) + λ−1 (b1 : b2 : b3 ). Al aplicar T a cada uno de
esos puntos, las combinaciones de las coordenadas de A0 y B 0 correspondien-
tes a C 0 y D0 coinciden con las de C y D; en consecuencia, (A, B; C, D) =
(A0, B 0; C 0, D0 ). 2
148

EJERCICIOS
1. Considere los puntos −2, 0, 3 y 5 de la recta real, y establezca todas las
posibles razones dobles entre ellos.
2. Demuestre que, para puntos en 2, las fórmulas para las coordenadas
del punto P (x, y) que divide al segmento P1P2 en la razón µ 6= 1, son

x1 − µx2 y1 − µy2
x= , y= .
1−µ 1−µ
(Sugerencia: considere los triángulos semejantes que se forman al trazar
una paralela al eje X por P1, y las paralelas al eje Y por P y P2 .)
3. En la Figura 3.19, demuestre (A, B; C, D) = (A0, B 0 ; C 0, D0 ) expresando
ambas razones dobles en términos de los senos de los ángulos α, β, γ y δ.
4. Demuestre que, fijos cuatro puntos colineales, los únicos valores posibles
para las razones dobles que pueden establecerse entre ellos son λ, 1 −
λ, λ/(1 − λ) y sus recı́procos.
5. Demuestre que cuatro puntos de un haz forman un conjunto armónico si
y sólo si (A, B; C, D) = (A, B; D, C).
6. Para rectas de un haz, enuncie y demuestre resultados análogos a los
propuestos en los ejercicios anteriores.
7. En cada caso, demuestre que la razón cruzada tiene el valor propuesto
cuando los elementos del haz (que pueden ser puntos colineales o rectas
concurrentes), tienen las expresiones dadas (escribimos ā para (a1 : a2)):

h1 k 2
(ā, b̄; k1ā + h1b̄, k2ā + h2 b̄) = ;
h2 k 1

(k3 − k1)(k4 − k2)


(ā + k1 b̄, ā + k2b̄; ā + k3b̄, ā + k4b̄) = ;
(k3 − k2)(k4 − k1)


k3 h3 k4 h4

k1 h1 k 2 h2
(k1ā + h1b̄, k2ā + h2b̄; k3ā + h3 b̄, k4ā + h4 b̄) = .
k3 h3 k4 h4

k2 h2 k 1 h1
149

3.7. El espacio de las cónicas


Al principio del capı́tulo hicimos un dibujo que justifica intuitivamente el
hecho de que

Todas las cónicas no singulares son proyectivamente equivalentes.

Ahora ya podemos justificar esa afirmación formalmente de manera sencilla


con sólo observar que a cada cónica no singular le corresponde una matriz simé-
trica no singular M (su clase más bien), es decir, un elemento de P GL(3, ),
y como P GL(3, ) es un grupo, para cualesquiera dos elementos M y M 0
existe otro elemento, T , éste pensado como transformación proyectiva, tal que
M 0 = T M.

La forma de asignar una matriz simétrica (de hecho, una clase) a una cónica
proyectiva, resulta de escribir como un producto de matrices la ecuación:

Ax2 + 2Bxy + Cy 2 + 2Dxz + 2Eyz + F z 2 = 0,

obtenida al homogeneizar la ecuación cartesiana de una cónica, Ax2 + 2Bxy +


Cy 2 + 2Dx + 2Ey + F = 0.
El lector puede comprobar que el miembro izquierdo de la ecuación anterior
es   
A B D x
  
(x y z)B C E y , (3.18)
D E F z
y también es sencillo demostrar la unicidad de la clase de la matriz simétrica,
que en adelante se llamará la matriz de la cónica.
Utilizando esas matrices, la clasificación de las cónicas proyectivas es muy
sencilla, pues podemos diagonalizar la matriz por ser simétrica, y utilizando
una proyectividad adecuada, las entradas de la diagonal son 1 ó −1; entonces,
si la cónica es no singular su rango es 3 y, para que sea no vacı́a, su signatura
debe ser 1; en consecuencia, su forma canónica es

x2 + y 2 − z 2 = 0.

En cambio, las cónicas singulares no tienen una única forma canónica.


Como su matriz debe ser singular, el rango es 2 ó 1.
150

Cuando el rango es 2, la signatura puede ser 2 ó 0, y las formas canónicas


son las siguientes:

x2 + y 2 = 0, que corresponde al punto proyectivo (0 : 0 : z);

x2 − y 2 = 0, que corresponde a dos rectas proyectivas, (x : x : z) y (x : −x :


z).

Finalmente, cuando el rango es 1 la forma canónica es

x2 = 0, cuyo lugar geométrico es la recta doble (0 : y : z).

Analicemos ahora las cónicas desde otro punto de vista.


Como a cada cónica proyectiva le corresponde una matriz simétrica de 3×3,
podemos parametrizar al espacio de las cónicas con las entradas de este tipo de
matrices: 3 parámetros en la diagonal y 3 arriba de la diagonal, 6 en total. Pero
al formar clases perdemos una dimensión, y por eso esencialmente tenemos 5
parámetros, lo cual corresponde al hecho geométrico de que 5 puntos, y no
menos, determinan una cónica.
Es decir, cada cónica proyectiva determina un elemento de P 5 ( ). Y vi-
ceversa, aunque la aplicación no es biyectiva, pues cualquier punto en P 5 ( )
cuyas coordenadas tengan todas el mismo signo, corresponde al conjunto va-
cı́o. No ocurrirı́a eso si nuestras coordenadas fueran números complejos, pues
entonces el lugar geométrico de una ecuación como x2 + y 2 + z 2 = 0 no serı́a
vacı́o.
Para evitar el problema de que una ecuación pueda carecer de raı́ces, en
Geometrı́a Algebraica las variables toman valores en campos algebraica-
mente cerrados, donde cualquier polinomio con coeficientes en él, tiene una
raı́z, y en consecuencia todas, en el campo. El Teorema Fundamental del ál-
gebra, debido a Karl Friedrich Gauss (1777-1855), establece que tiene esa
propiedad (vea [B-ML] o [A]).
Sólo para el resto de este inciso, supondremos que las variables toman
valores en ; entonces, la clasificación de las cónicas se simplifica porque el


único invariante es el rango y la dejamos como ejercicio para el lector.


Al tomar al azar un elemento (A : B : C : D : E : F ) de P 5 ( ), lo más


probable es que determine una cónica no singular, puesto que eso equivale a
que el determinante de la matriz simétrica no se anule.
En cambio, cuando el determinante se anula, las coordenadas del punto
151

(A : B : C : D : E : F ) ∈ P 5 ( ) deben satisfacer la ecuación de tercer grado:




ACF + 2BED − CD2 − AE 2 − F B 2 = 0. (3.19)


Esta ecuación define una hipersuperficie en P 5 ( ), cuyo complemento es


un conjunto abierto formado por puntos que representan cónicas no singulares.


El término hipersuperficie indica únicamente que se ha perdido un grado
de libertad, lo cual se debe a la restricción impuesta por la ecuación; en este
caso, a la dimensión 5 le restamos 1 y por ello decimos que las cónicas de rango
2 determinan en P 5 ( ) un subconjunto de dimensión 4.


También podemos obtener la conclusión sobre la dimensión observando que


una cónica de rango 2 representa dos rectas distintas (rectas complejas), y como
en P 2 ( ) también es válida la dualidad, el espacio de rectas tiene dimensión


2; en consecuencia, la dimensión del espacio de pares de rectas es 4.

Cuando el rango es 1, en la matriz de la cónica todos los subdeterminan-


tes de orden 2 se anulan (lo cual implica que se satisface la ecuación (3.19).
Eso parecerı́a establecer demasiadas ecuaciones, cada una de las cuales nos
harı́a perder un grado de libertad, pero si el lector escribe los determinan-
tes encontrará que sólo 3 de las ecuaciones que determinan son linealmente
independientes, por eso la dimensión del espacio de cónicas de rango 1 es 2.
Desde luego, la conclusión sobre la dimensión es inmediata si tomamos en
cuenta que cada cónica de rango 1 determina una recta (doble) proyectiva, y
que la dimensión del espacio de las rectas en P 2 ( ) es 2.


Antes de concluir este inciso, mencionaremos la aplicación de Veronese,


que puede definirse tanto para como para : 

v : P 2 ( ) → P 5 ( ), dada por (x : y : z) 7→ (x2 : y 2 : z 2 : 2xy : 2xz : 2yz).

Esta aplicación es claramente diferenciable e inyectiva (compruébelo), y


por eso la imagen tiene dimensión 2, es decir, es una superficie llamada la
superficie de Veronese.
Bajo esta aplicación, cada cónica C ⊂ P 2 ( ) pertenece a un hiperplano
de P 5 ( ), aquél cuya ecuación tiene como coeficientes las entradas de la matriz
de la cónica:
Ax1 + Bx2 + Cx3 + Dx4 + Ex5 + F x6 = 0.
El espacio dual de P 5 ( ) consta precisamente de los hiperplanos, y la co-
rrespondencia entre cónicas de P 2 ( ) e hiperplanos de P 5 ( ), puede interpre-
152

tarse como una correspondencia entre las cónicas de P 2 ( ) y el dual (P 5 ( ))∗


de P 5 ( ).

EJERCICIOS
1. Compruebe que al proyectivizar la ecuación de una cónica no singular,
la matriz asociada es no singular.
2. En 2, dé las ecuaciones de dos cónicas que pasen por los mismos 4
puntos. Utilice esas ecuaciones para dar dos cónicas distintas en P 2( )
que se corten en 4 puntos.
3. Clasifique las cónicas en P 2( ). (Sugerencia: recuerde que en este caso
el único invariante es el rango.)
4. Demuestre que la aplicación de Veronese es inyectiva.

3.8. Propiedades proyectivas


de las cónicas
En la Figura 3.20 hemos dibujado una elipse en la que fijamos seis puntos
cualesquiera numerados del 1 al 6; la recta 12 corta a la recta 45 en un punto
P , la recta 23 corta a la recta 56 en un punto Q, y la recta 34 corta a la recta
61 en un punto R. Trace ahora la recta P Q; comprobará que parece pasar por
el punto R.
Esta sección tiene como uno de sus propósitos la demostración de este
hecho, descubierto por Blaise Pascal (1623-62), quien, maravillado, acabó por
llamar mı́stico a un hexágono inscrito en una cónica.
Note que un caso particular del Teorema de Pascal es el Teorema de Pappus
(cuya demostración queda a cargo del lector):

Teorema (Pappus). Si 1, 3 y 5 son tres puntos de una recta, y 2, 4 y 6 son


tres puntos de otra recta, entonces las intersecciones de 12 con 45, de 23 con
56, y de 34 con 61, son colineales.

Pero no es el de Pascal el resultado más sorprendente en las cónicas; por


153

ejemplo, podemos tomar cuatro puntos A, B, C, D de una cónica (vea la Figura


3.21) y considerar las rectas que forman con dos puntos fijos, también en la
cónica, O y O0 ; siempre existe una proyectividad entre los haces definidos por
O y O0 que lleva OA, OB, OC y OD en O 0 A, O0 B, O0 C y O0 D.
PSfrag replacements
1 3
5

4
2 6

P R
Q

Figura 3.20: Las intersecciones de lados opuestos de un hexágono inscrito en una


cónica, son colineales.

El recı́proco también es cierto, y ambos resultados se resumen ası́:

Teorema (Caracterización proyectiva de las cónicas). Toda cónica es el


lugar geométrico de las intersecciones de rectas correspondientes de dos haces
con vértices O y O0 , donde la correspondencia está dada por una proyectividad.

Este resultado es corolario del teorema siguiente, debido a J. Steiner.

Teorema (Steiner). Dados 4 puntos A, B, C, D, en una cónica, la razón


cruzada de las rectas que determinan con un quinto punto O en la cónica, no
depende del punto O.

Demostración. La demostración se reduce a comprobar que, si O 0 es otro


punto en la cónica, entonces

(OA, OB; OC, OD) = (O0 A, O0 B; O0 C, O0 D), (3.20)

donde OA denota la recta del haz definido por O que contiene a A, O 0 A denota
la recta del haz definido por O0 que contiene a A, y análogamente para B, C, D.
154

O
O0
PSfrag replacements

A D

B C

Figura 3.21: Fijos A, B, C, D ∈ C, para cualesquiera O, O0 ∈ C, ocurre que


(OA, OB; OC, OD) = (O0A, O0B; O0C, O0D).

Sabemos que podemos encontrar coordenadas α y β para OA y OB de


forma que α + β sean las coordenadas de OC; entonces, por (3.16), la razón
cruzada de las rectas por O se reduce al cociente −β(D)/α(D).
Para las rectas por O0 también podemos encontrar representantes tales
que, si α0 y β 0 son las coordenadas de O0 A y O0 B, entonces α0 + β 0 sean las
coordenadas de O0 C, y por la misma razón de antes, la razón cruzada de las
rectas por O0 es −β 0(D)/α0 (D).
En consecuencia, la comprobación de (3.20) se reduce a verificar la igualdad

β 0(D)/α0 (D) = β(D)/α(D). (3.21)

Para ello, escribimos las ecuaciones de los pares de rectas OA, O 0 B y O0 A,


OB, que son, respectivamente,

(αx̄t )(β 0x̄t ) = 0 y (α0 x̄t)(β x̄t) = 0.

Como los cuatro puntos O, A, O 0 , B pertenecen también a la cónica C, su


ecuación debe ser combinación lineal de las dos anteriores:

r(αx̄t )(β 0x̄t ) + s(α0 x̄t)(β x̄t) = 0.

Lo mismo puede decirse respecto a los pares de rectas OA, O 0 C y O0 A, OC,


ası́ que la ecuación de C también es combinación lineal de las dos ecuaciones

(αx̄t )(α0 x̄t + β 0x̄t ) = 0 y (α0 x̄t )(αx̄t + β x̄t) = 0.


155

Si los coeficientes de esta otra combinación lineal son ρ y σ, tenemos


ραα0 + ραβ 0 + σαα0 + σα0 β = 0,
y como β anula el segundo y el cuarto sumando pero no satisface αα0 = 0, el
coeficiente ρ + σ del término en αα0 debe ser cero; eso implica que r = −s = 1.
Por tanto, la ecuación de C es
(αx̄t )(β 0x̄t) − (α0 x̄t)(β x̄t) = 0,
de la cual resulta la igualdad (3.21).2

La ecuación (3.20) implica que tiene sentido definir la razón cruzada de


cuatro puntos en una cónica, precisamente como la razón cruzada de las
rectas del haz con vértice O ∈ C que contienen esos cuatro puntos, pues ese
número no depende de la elección de O ∈ C.
La demostración del Teorema que caracteriza proyectivamente a las cónicas,
queda ahora a cargo del lector (Ejercicio 1).

El Teorema de Pascal es una consecuencia sencilla del Teorema de Steiner,


como veremos a continuación.

Teorema (del hexágono mı́stico). Para cualquier hexágono inscrito en


una cónica, las intersecciones de lados opuestos son colineales.

Demostración. Elegimos denotar a los puntos por números porque entonces


los lados opuestos (obtenidos al “brincar” dos lados consecutivos), se obtienen
sumando 3 módulo 6 a los vértices del lado elegido: 12 y 45 con intersección
P ; 23 y 56 con intersección Q, y 34 y 61 con intersección R.
La Figura 3.22, que reproduce la Figura 3.20, no sólo marca las interseccio-
nes P , Q y R de los lados opuestos, sino también S = 12∩56 y T = 16∩45, que
nos servirán para establecer razones cruzadas en las rectas 56 y 16, cuya igual-
dad estableceremos mediante proyecciones en la cónica y el uso del Teorema
de Steiner.
El objetivo, la colinealidad de P, Q y R, se deberá a que la igualdad entre
las razones cruzadas de rectas en dos haces, obligará a P Q = P R.
Escribimos (Q, S; 6, 5) para la razón doble entre los cuatro puntos en el
lado 56 del hexágono. Si proyectamos estos puntos en la cónica desde el vértice
2, obtenemos, respectivamente, 3, 1, 6 y 5; por tanto,
(Q, S; 6, 5) = (3, 1; 6, 5).
PSfrag replacements
156

1 3
5

4
2 6
S T
P R
Q

Figura 3.22: P , Q y R son colineales.

Si ahora proyectamos estos puntos de la cónica en la recta 16 desde 4,


obtenemos, respectivamente, R, 1, 6 y T ; en consecuencia,
(Q, S; 6, 5) = (3, 1; 6, 5) = (R, 1; 6, T ).
Entonces, hay una proyectividad del haz con vértice en P en sı́ mismo tal
que
(P Q, P S; P 6, P 5) = (P R, P 1; P 6, P T ).
Las rectas P S y P 1 son la misma; otro tanto ocurre con las rectas P 5 y
P T . Entonces las rectas P Q y P R también son la misma, como afirmamos.2

Antes de terminar este inciso, estableceremos una propiedad muy importan-


te de un cuadrilátero, que generaliza el hecho siguiente, observado en cualquier
paralelogramo euclidiano (vea la Figura 3.23):

PSfrag replacements A D

B M C

Figura 3.23: M es el punto medio de BC.

La paralela a dos lados de un paralelogramo por el punto de intersección de


las diagonales, corta a cualquiera de los otros lados en su punto medio.
157

Note que eso equivale a decir que (B, C; M, ∞) forman un conjunto armó-
nico de puntos, donde ∞ es el punto al infinito de la recta BC.
Como en la Geometrı́a Proyectiva no hay paralelas, el enunciado toma la
forma siguiente.

Lema. En un cuadrilátero, los tres vértices en uno de sus lados (B, C y


F ), y la intersección M de ese lado con la recta del haz determinado por los
otros lados que contienen a dos de esos vértices (BA y CD), y que pasa por la
intersección L de las diagonales AC y BD, forman un conjunto armónico de
puntos, es decir, (B,C;M,F)=-1 (vea la Figura 3.24).

Demostración. El lector quedó encargado de demostrar que (B, C; M, F ) =


(C, B; M, F )−1; en consecuencia, B, C, M y F forman un conjunto armónico
de puntos si y sólo si (B, C; M, F ) = (C, B; M, F ).
Nuevamente, bastará proyectar convenientemente para obtener la igualdad
deseada: primero proyectamos el lado BC sobre el lado AD desde L, y luego
proyectamos el lado AD en el lado BC desde G:

(B, C; M, F ) = (D, A; N, F ) = (C, B; M, F ).

PSfrag replacements
La igualdad del primer y el último miembros es lo que buscábamos.2
G

D A
N
D
L

B M C F

Figura 3.24: B, C, F y M forman un conjunto armónico de puntos.


158

EJERCICIOS
1. Demuestre que una cónica es el lugar geométrico de las intersecciones de
rectas correspondientes de dos haces ligados por una proyectividad.
2. Demuestre el Teorema de Pascal en el caso del hexágono ilustrado.

5
PSfrag replacements 1
3

6
4 2

3. Dualice el concepto de cónica utilizando la caracterización proyectiva de


cónica.

4. Dualice el Teorema de Pascal; esta proposición se llama Teorema de


Brianchon.
5. Demuestre el Teorema de Pappus.
6. Analice qué ocurre con el Teorema de Pascal cuando dos de los vértices
se confunden, i.e., cuando un “lado” se vuelve tangente a la cónica.

3.9. Polos y polares


Al tratar el tema de la dualidad, utilizamos varias veces el concepto de
ortogonalidad en 3, donde el producto escalar es el producto punto usual.
Cualquier producto escalar en 3 da lugar a una matriz simétrica (se llama
la matriz de la métrica) (vea [B-ML] o [Ri]), que en el caso del producto
punto usual es la matriz neutra para el producto de matrices, y por eso la
omitimos al escribir (a, b, c)·(r, s, t); en el caso general, para obtener el producto
159

escalar de dos vectores cualesquiera, escribirı́amos


  
A B D r
  
(a b c)B C E s.
D E F t

La matriz simétrica puede pensarse como la matriz de una cónica


  
A B D x
  
(x y z)B C E   y  = 0, (3.22)
D E F z
y cuando P0 (x0 : y0 : z0) no pertenece a la cónica, el álgebra muestra que el
lugar geométrico de los puntos P (x : y : z) que satisfacen la ecuación
  
A B D x
  
( x0 y0 z0 )  B C E   y  = 0, (3.23)
D E F z

es una recta, llamada la recta polar de P0 respecto a C, y cualquier punto


en esa recta es un punto polar de P0 (vea la Figura 3.25).
Note que la simetrı́a de la matriz implica que la relación A es polar de B
respecto de C, es una relación simétrica.
Note también que los puntos en la cónica son polares de sı́ mismos, y que
las polares de puntos colineales, son rectas concurrentes (demuéstrelo).

De nuestra discusión sobre la forma de P 2 ( ), el lector aceptará que hay


una diferencia esencial entre una recta proyectiva y una cónica, a pesar de que
ambas son cı́rculos topológicos: la primera no separa en dos regiones ajenas a
P 2( ) (la lı́nea central de la Banda es una recta proyectiva, pues proviene de
un cı́rculo máximo), mientras que una cónica sı́ lo hace (el borde de la Banda es
una cónica, pues al provenir de dos paralelos antı́podas satisface una ecuación
de segundo grado); de estas dos regiones, una es homeomorfa a un disco, y la
otra a una Banda de Möbius (vea la Figura 3.25).
Entonces, un punto P0 que no pertenece a la cónica puede pertenecer al
interior de la cónica, y en tal caso no existen tangentes a la cónica por P0
(demuéstrelo algebraicamente); pero si el punto pertenece al exterior de la
cónica, la región homeomorfa a la Banda, hay dos tangentes a la cónica por
P0 , y los puntos de tangencia determinan la polar.
160

(0 : 1 : 0)

PSfrag replacements

(0 : 0 : 1) (1 : 0 : 0)

Figura 3.25: Una cónica separa en dos partes no homeomorfas a P 2 ( )

Entendemos por recta tangente a C precisamente a una recta que corta


a C en un punto doble, es decir, si la recta está determinada por dos puntos
R y S, cualquier punto de la recta distinto de S es de la forma R + λS, y
al sustituir este punto en la ecuación (3.23), resulta una ecuación de segundo
grado en λ:
(R + λS)M (R + λS)t = 0,
donde M denota la matriz de la cónica.
Si desarrollamos esta ecuación, obtenemos

λ2 (SM S t ) + 2λ(SM Rt ) + RM Rt = 0,

y la raı́z es doble cuando el discriminante se anula:

(SM Rt )2 − (SM S t )(RM Rt ) = 0. (3.24)


Ahora es fácil determinar la polar de un punto R fuera de la cónica (vea la
Figura 3.26).

Proposición. Si desde R es posible trazar dos tangentes a una cónica, y los


puntos de tangencia son S1 y S2 , entonces la polar de R es la recta S1 S2 .

Demostración. Bastará demostrar que S1 y S2 pertenecen a la polar de R.


Como S1 pertenece a la cónica, la ecuación (3.24) se reduce a S1 M Rt = 0,
lo cual muestra que S1 pertenece a la polar de R.
Lo análogo es cierto para S2 , y en consecuencia cualquier combinación lineal
de ambos también pertenece a la polar.2
161

S1

PSfrag replacements

R
S2

Figura 3.26: Los puntos de tangencia determinan la polar.

Si el punto R se ubica en el interior de la cónica, su polar puede trazarse


aplicando la proposición que acabamos de demostrar, ası́:
Tomamos dos rectas L y L0 por R; cada una corta a la cónica en dos puntos
(demuéstrelo): A y A0 para la primera, B y B 0 para la segunda (Figura 3.27).
Las tangentes a C en A y A0 se cortan en un punto X, y por la construcción
dada en la última proposición, la polar de X es la recta por A y A0. Lo análogo
ocurre con B y B 0: las tangentes a C por B y B 0 se cortan en un punto Y cuya
polar es precisamente la recta por B y B 0.
En consecuencia, X y Y son polares respecto a R, lo cual implica que la
recta por X y Y es la polar de R.
PSfrag replacements

L L0 B0
A
R
B A0

X Y

Figura 3.27: Construcción de la polar para un punto R en el interior de C

El concepto de polaridad puede utilizarse para resolver un problema im-


portante de álgebra Lineal, que es la diagonalización simultánea de dos formas
cuadráticas.
En este punto seguimos una de nuestras principales fuentes, [Re].
162

Definición. Un triángulo ABC se llama triángulo autopolar respecto a


una cónica C, si cada lado es la polar del vértice opuesto.

La condición podrı́a parecer muy restrictiva, y es razonable preguntarse si


para cualquier cónica existen triángulos autopolares.
La respuesta es afirmativa, como es sencillo comprobar (haga un dibujo):
si fijamos un punto A fuera de C, y pretendemos que BC sea su polar respecto
a C, podemos elegir B arbitrariamente en la polar de A, y entonces C, por
definición de triángulo autopolar, está obligado a ser la intersección de la polar
de A con la polar de B.
Veamos ahora cuál es la ecuación de la cónica C cuando el triángulo de
referencia es un triángulo autopolar respecto a la cónica; los lados del triángulo
tienen ecuaciones x = 0, y = 0 y z = 0, y los puntos de intersección de los ejes
son, cada uno, polar de los otros dos.
Las coordenadas de esos puntos son (0 : 0 : 1), (0 : 1 : 0) y (1 : 0 : 0), y la
condición de polaridad implica que la matriz de la cónica sea diagonal.
Ya desde los cursos básicos de Geometrı́a Analı́tica, uno aprende las ven-
tajas de que la matriz de una cónica o cuádrica pueda diagonalizarse: en esa
forma (la forma canónica) es muy fácil reconocer a la cónica. Posteriormente,
surge la necesidad de diagonalizar simultáneamente dos formas cuadráticas.
Por eso serı́a muy útil que hubiera triángulos autopolares respecto a dos
cónicas, pues al tomarlo como triángulo de referencia, las matrices de ambas
cónicas tendrı́an forma diagonal.
La pregunta ahora es:

Dadas dos cónicas, ¿hay un triángulo que sea autopolar respecto a ambas?

Una pregunta como ésta debe analizarse siempre desde el punto de vista de
los grados de libertad, esto es, de las dimensiones de los objetos involucrados.
El espacio de los triángulos en P 2( ) tiene dimensión 6 (porque cada vértice
puede tomarse arbitrariamente en el plano proyectivo), y la dimensión del
espacio de los triángulos autopolares respecto a una cónica tiene dimensión 3,
puesto que el primer vértice puede tomarse arbitrariamente en un espacio de
dimensión 2, P 2 ( ), el segundo vértice puede tomarse arbitrariamente en un
espacio de dimensión 1, la polar del primer vértice, y el último vértice ya no
tiene libertad alguna.
Si ahora tenemos dos cónicas, pretender que haya triángulos autopolares
163

respecto a ambas es pedir que dos espacios tridimensionales de un espacio de


dimensión 6, el espacio de los triángulos, se corten.
A grosso modo, una forma de determinar un espacio tridimensional en un
espacio de dimensión 6, es establecer tres ecuaciones polinomiales linealmente
independientes, pues ası́ cada ecuación elimina un grado de libertad. Y para
que dos espacios tridimensionales tengan puntos en común, necesitamos que
haya solución de un sistema de seis ecuaciones con seis incógnitas.
Puesto en estos términos, el problema tiene visos de solución, aunque de-
bemos recordar que no cualquier ecuación polinomial de grado mayor que 1
con coeficientes reales tiene solución real. Por ello será necesario poner una
condición que, ciertamente, no es demasiado restrictiva (vea la Figura 3.29).

Teorema. Dadas dos cónicas que se cortan en cuatro puntos, existe siempre
un triángulo autopolar respecto a ambas.

Antes de hacer la demostración del Teorema, demostraremos una propiedad


muy interesante de los puntos de intersección de una cónica con una recta.

Lema. Dado un punto P que no pertenece a una cónica C y una recta por P
que corta C en C y D, si M es la intersección de la polar P de P , ocurre que
(P, M ; C, D) = −1. Y recı́procamente, si M es tal que (P, M ; C, D) = −1, M
pertenece a la polar de P .
Demostración del Lema. Si las coordenadas de C y D son (1 : 0 : 0) para C y
(0 : 1 : 0) para D, la ecuación de la cónica es de la forma xy+z(kx+ly+mz) = 0
(porque la cónica no es singular), con k, l, m constantes, y las coordenadas de
P y M son de la forma (1 : r : 0) y (1 : s : 0), respectivamente. Al establecer la
condición de que P y M sean polares, resulta r + s = 0 y con ello, la condición
de armonicidad. El recı́proco es obvio.2
El teorema es consecuencia de este lema y el de la sección anterior:

Demostración del Teorema. En la Figura 3.29 denotamos a los cuatro puntos


por A, B, C y D, y consideramos las rectas AB, CD, AC y BD. Sean P =
AD ∩ BC, Q = AC ∩ BD, y R = AB ∩ CD. Demostraremos que P QR es
autopolar respecto ambas cónicas.
Por el lema del final del inciso anterior, (P, M ; B, C) = −1, donde M =
QR ∩ BC, y por el Lema que acabamos de probar, M pertenece a la polar de
P . Análogamente se demuestra que (R, N : A, B) = −1, donde N = QR ∩ BC.
164
PSfrag replacements P

C M L D
P

Figura 3.28: P, C, M y D forman un conjunto armónico.

En consecuencia, N pertenece a la polar de P , lo cual implica M N = QR,


que es la polar de P .
De la misma forma se demuestra que P Q es la polar de R, y entonces
también P R es la polar de Q. En resumen, el triángulo P QR de los puntos
diagonales del cuadrángulo ABCD, es un triángulo autopolar respecto a una
cónica que contenga a los cuatro puntos.2
A
N
D

PSfrag replacements Q

M
B
C P

Figura 3.29: El triángulo diagonal P, Q, R del cuadrado ABCD, es autopolar res-


pecto a ambas cónicas.

Para terminar esta sección, vale la pena mencionar que la condición im-
puesta en el enunciado del teorema se da naturalmente cuando el campo de
coeficientes es , según lo establece un resultado muy importante sobre curvas

165

algebraicas que no demostraremos (vea [Fu]), pero que sı́ explicamos, pues nos
permitirá demostrar que el grado de una ecuación polinomial es un invariante
proyectivo.

Teorema de Bezout. Dos curvas proyectivas en P 2 ( ) sin componentes co-




munes y con ecuaciones F (x, y, z) = 0, G(x, y, z) = 0, de grados m y n, se


cortan en mn puntos.

Sabemos que si F y G definen un lugar geométrico proyectivo, deben ser


homogéneos, y también sabemos que los polinomios pueden factorizarse; en-
tonces, la hipótesis “sin componentes comunes” significa que F y G no tie-
nen factores comunes. Bajo esa condición, el teorema asegura que el número
de puntos comunes de las curvas definidas por las ecuaciones F (x, y, z) = 0,
G(x, y, z) = 0, es mn.

Corolario. El grado de un polinomio homogéneo con coeficientes reales


F (x, y, z) es un invariante proyectivo.

Demostración. Aplicaremos el Teorema de Bezout, tomando n = 1, es decir,


cuando G representa una recta. Entonces, el número de puntos en que la curva
definida por F corta a esa recta es el grado de F . Pero entonces cualquier
proyectividad T ∈ P GL(3, ) respeta ese número de intersecciones:


#{T (F ) ∩ T (G)} = m,

pues los puntos comunes van en puntos comunes y no puede haber nuevos
puntos comunes para las imágenes, por la inyectividad de T .
Como P GL(3, ) es un subgrupo de P GL(3, ), el resultado sigue siendo


válido cuando los polinomios F y G tienen coeficientes reales y T ∈ P GL(3, ).


Como la transformada de una recta es una recta, al conservarse el número de
intersecciones, se conserva el grado de F .2

EJERCICIOS
1. Demuestre que las polares de puntos colineales son concurrentes.
2. Demuestre que una recta por un punto del interior a una cónica (carac-
terı́celos), no puede ser tangente a la cónica.
166

3. Demuestre que en el plano euclidiano 2, ninguna recta por el centro de


una hipérbola es tangente a la hipérbola, pese a que el centro es exterior
a la cónica.

3.10. Geometrı́a Elı́ptica


Para terminar este capı́tulo, estudiaremos el plano elı́ptico, que no es otra
cosa que P 2 ( ) provisto de una forma de medir longitudes de curvas y áreas
de regiones.
Para introducir en P 2 ( ) una forma de medir, tomamos en cuenta que
en S 2 tenemos ya una forma de medir longitudes y áreas heredada de 3.
Entonces podemos definir la longitud de una curva C del plano elı́ptico
como la longitud de cualquiera de las dos curvas en S 2 que se aplican en C
bajo la aplicación canónica
Π : S 2 → P 2 ( ).

Como en el Capı́tulo 1, las curvas deberán ser parametrizadas y suaves,


para que podamos utilizar la fórmula usual del Cálculo:
Z b
l(α) = ||α0(t)||dt.
a

El problema de determinar las curvas en la esfera que minimizan el recorrido


entre dos de sus puntos, las geodésicas de la esfera, fue planteado por la
navegación (olvidémonos de mares difı́ciles e islas que rodear) desde épocas
remotas:

¿Cuál es la ruta de un punto a otro en el globo terráqueo, que minimiza la


distancia recorrida?

Para responder a esa pregunta, recurrimos a un experimento sencillo, con-


sistente en fijar una liga estirada de A a B (vea la Figura 3.30).
Si, conservando fijos los extremos, jalamos de la liga y luego la soltamos,
la liga toma siempre la forma de un arco de cı́rculo máximo, esto es, una de
las circunferencias que resultan al cortar la esfera con un plano que pasa por
el centro.
167

B
PSfrag replacements

Figura 3.30: Las geodésicas de la esfera son cı́rculos máximos.

El Principio del Mı́nimo Esfuerzo asegura que ésa es la curva que minimiza
la tensión en la liga porque la longitud también lo hace. (Por una deformación
del lenguaje, no se le llama circunferencia máxima, sino cı́rculo máximo, tal
vez porque de las secciones planas de una esfera sólida, la de mayor área se
obtiene cuando el plano pasa por el centro.)
En Geometrı́a Diferencial [vea DoC], se dice que una curva de una superficie
contenida en 3 es una geodésica de esa superficie en uno de sus puntos, si su
vector de aceleración es ortogonal al plano tangente a la superficie en el punto.
Eso da lugar a un sistema de ecuaciones diferenciales de segundo orden
que determinan las geodésicas cuando se fijan las condiciones iniciales: un
punto por el que pase la geodésica y la velocidad con que lo hace. (La solución
de ese sistema de ecuaciones existe y es única por el Teorema de Existencia y
Unicidad de Solución de Ecuaciones Diferenciales, vea [L])
El motivo de pedir que se anule la componente tangencial de la acelera-
ción, es que las rectas del plano euclidiano tienen aceleración cero, y es fácil
demostrar que las curvas de una superficie en 3 con esa propiedad, minimizan
la distancia entre puntos suficientmente cercanos.
La última puntualización,“suficientemente cercanos”, se justifica si notamos
que dos puntos de un cı́rculo máximo que no sean antı́podas determinan dos
arcos, y sólo uno de ellos da la ruta de longitud mı́nima.
En el plano, las rectas nos sirven para formar triángulos y polı́gonos, y
de ellos establecimos algunas propiedades en el Capı́tulo 1; ahora podemos
plantearnos qué resultados obtenemos cuando las geodésicas de la esfera juegan
el papel de rectas.
168

A diferencia de lo que ocurre en el plano euclidiano, dos puntos no siempre


determinan una única geodésica, pues por los polos del globo terráqueo (o por
cualesquiera dos puntos antı́podas de una esfera), pasa no uno sino un número
infinito de cı́rculos máximos: los meridianos.
Pero eso ya no ocurre si en vez de la esfera consideramos el plano elı́ptico,
pues dos rectas proyectivas se cortan en un único punto.
Entonces, una recta elı́ptica está formada por los representantes de norma
1 de puntos de una recta proyectiva.
Y como dos rectas proyectivas cualesquiera siempre se cortan, podemos
establecer un primer resultado:

1. En el plano elı́ptico no hay rectas paralelas.

Este hecho es una de las negaciones posibles del Axioma de Playfair, mismo
que equivale al Postulado V; entonces, la Geometrı́a Elı́ptica es una geometrı́a
no-euclidiana.
Otro resultado contrastante con el caso euclidiano es:

2. Las rectas elı́pticas tiene longitud finita (de hecho, π), y el plano elı́ptico
mismo tiene área finita, 2π (la mitad del área de S 2).

Los primeros estudiosos de las Geometrı́as no euclidianas (vea [Bo], [W]


o [R-S]), llegaron a la conclusión de que al sustituir el Postulado V por su
negación N 1 (vea el Apéndice 5.3): una recta no admite paralelas, las rectas
debı́an tener longitud finita y eso bastó para que consideraran haber llegado
a un absurdo. Nosotros dejaremos al lector la tarea de demostrar que en el
plano elı́ptico se cumplen los postulados I a IV, aunque deberá interpretar el
Postulado II en el sentido sugerido por Bernhard Riemann: siempre es posible
avanzar sobre una geodésica tanto como se quiera.

Otro resultado muy interesante es el que se refiere a la suma de los ángulos


de un triángulo elı́ptico, es decir, un triángulo cuyos lados son arcos de cı́rculo
máximo.
Una simple regla de tres permite establecer que el área de un huso de
ángulo α de S 2, es decir, la parte de S 2 comprendida entre dos meridianos que
forman entre sı́ un ángulo α, es 2α. Con esta observación, podemos demostrar
un resultado muy importante:
169

3. La suma de los ángulos de un triángulo elı́ptico es mayor que 180◦ .

El lado izquierdo de la Figura 3.31 muestra un triángulo esférico (y, nece-


sariamente, el triángulo antı́poda que es congruente); el lado derecho muestra
los cı́rculos máximos que dan lugar a las rectas elı́pticas.
PSfrag replacements
T10
α

T3 α T2
T T γ
β
β γ T30
T20
T1

Figura 3.31: En un triángulo elı́ptico, los ángulos suman más de 180◦.

En ambas figuras denotamos por T al triángulo elı́ptico, y por α, β y γ a


sus ángulos internos (recuerde que el ángulo entre dos curvas que se cortan, es
el ángulo entre las tangentes a las curvas en el punto de corte).
El triángulo T está contenido en los tres husos: uno con ángulo α y área
2α; otro con ángulo β y área 2β; el tercero con ángulo γ y área 2γ.
En el huso de ángulo α, el complemento de T se denota por T1; en el de
ángulo β, el complemento se denota por T2, y en el de ángulo γ el complemento
es T3. Por tanto. si usamos la misma letra para las áreas y para los triángulos,
tenemos:
T + T1 = 2α; T + T2 = 2β; T + T3 = 2γ. (3.25)
La suma de estas tres ecuaciones es
3T + T1 + T2 + T3 = 2(α + β + γ) (3.26)
Observe ahora que los triángulos que en el lado derecho hemos denotado
por T10 , T20 y T30 son congruentes con T1 , T2 y T3, respectivamente, porque son
sus antı́podas (vea la figura del lado izquierdo). Por eso es válida la igualdad
siguiente, que expresa el área del hemisferio ilustrado por el disco inferior
izquierdo:
2π = T + T1 + T20 + T3 = T + T1 + T2 + T3 . (3.27)
170

Al sustituir en (3.26) el valor que acabamos de obtener para T +T1 +T2 +T3,
resulta
2T + 2π = 2(α + β + γ), (3.28)
y como T > 0 porque es el área de un triángulo elı́ptico, hemos demostrado
que la suma de los ángulos de un triángulo elı́ptico es mayor que π. 2

Por último, notemos que la ecuación (3.28) nos dice que

4. La suma de los ángulos de un triángulo elı́ptico determina su área.

Eso no es cierto en el plano euclidiano: por un lado, la suma de los ángulos


de un triángulo euclidiano es constante, 180◦ , y por otro tenemos triángulos
semejantes (con los mismos ángulos) cuyas áreas son tan pequeññas o grandes
como queramos. De hecho, podemos decir algo más:

5. En el plano elı́ptico, no hay triángulos semejantes y no congruentes.

Para demostrarlo, utilizamos la Figura 3.32, que en el lado izquierdo ilus-


tra el triángulo elı́ptico de ángulos por α, β y γ. Los planos Π1 y Π2 por el
origen que determinan los meridianos que forman el ángulo α, tienen vectores
normales correspondientes a dos radios, r1 y r2 que forman entre sı́ ese mis-
mo ángulo α, pues las rectas tangentes con ángulo α y los radios r1 y r2 son
perpendiculares a la recta Π1 ∩ Π2
Mostraremos cómo determinar un radio r3 que forme con el radio r1 un
ángulo γ, y con el radio r2 un ángulo β.
En el lado derecho ilustramos el cono de revolución en torno a r2 cuyas
generatrices forman un ángulo β con r2 , y el cono de revolución en torno a r1
cuyas generatrices forman un ángulo γ con r1 ; recuerde que el ángulo entre r1
y r2 es α.
Los dos conos se cortan en dos generatrices comunes, r3 y r30 , simétricas
respecto al plano que contiene a r1 y r2 . Esas generatrices determinan planos
Π3 y Π03 , que dan lugar a cı́rculos máximos que forman, con los provenientes de
Π1 y Π2, dos triángulos congruentes y con orientaciones opuestas, con ángulos
α, β y γ, lo cual concluye la demostración.
171

r2 r1

PSfrag replacements α

γ β
r1 r2 β γ

β T γ

Π2 Π1

Figura 3.32: Los ángulos de un triángulo elı́ptico determinan el triángulo (salvo


orientación).

Los resultados que hemos obtenido son sólo una parte de la Geometrı́a
Elı́ptica, y la esfera misma tiene propiedades muy importantes que no hemos
mencionado; para conocer varias de ellas, el lector puede consultar [H-C].
únicamente mencionaremos el tema de los mosaicos esféricos, esto es, de-
terminar todas las formas posibles de tapizar la esfera con polı́gonos esféricos
regulares y congruentes entre sı́.
El total de las posibilidades resulta al proyectar los sólidos platónicos en
la esfera desde el centro de ésta, y sólo hay que aññadir el caso degenerado de
dos hemisferios, cada uno de los cuales puede considerse un polı́gono de dos
lados (meridianos) que forman un ángulo de 180◦ (por eso le llamamos caso
degenerado). La justificación de que no hay más posibilidades se la dejamos al
lector (vea el Ejercicio 4).

EJERCICIOS
1. Verifique la validez de los cuatro primeros postulados euclidianos en el
plano elı́ptico.

2. Determine la mı́nima cota superior para la suma de los ángulos de un


172

triángulo elı́ptico.
3. Determine la mı́nima cota superior para la longitud de una circunferencia
elı́ptica.
4. Demuestre que hay únicamente cinco mosaicos regulares esféricos no de-
generados con los cuales puede tapizarse la esfera.
5. Un sólido platónico está inscrito en una esfera S, pero si tomamos una
esfera con el mismo centro y de radio menor que el de S que corte a
cada arista del sólido platónico en dos puntos, es posible utilizar esos
puntos para obtener otros enmosaicados de la esfera menor, que aunque
no están formados únicamente por polı́gonos esféricos congruentes, sı́
presentan ciertas simetrı́as. ¿Puede determinar el subgrupo de O(3) que
deja invariante a cada uno?
4
Geometrı́a Hiperbólica

En el capı́tulo anterior vimos que la geometrı́a del plano elı́ptico es una


geometrı́a no-euclidiana, puesto que cualquier par de rectas elı́pticas se cortan,
es decir, en ella no existen rectas paralelas (negación N 1 del Postulado V).
En este capı́tulo intentaremos familiarizar al lector con la Geometrı́a Hi-
perbólica, donde se verifica la negación N 2 del Postulado V de Euclides: existe
más de una paralela a una recta por un punto exterior a ella. Nuevamente lo
haremos utilizando modelos, como en los casos de la Geometrı́a Euclidiana y
de la Geometrı́a Elı́ptica.
La historia misma del descubrimiento de la existencia de esta geometrı́a y
de la obtención de un buen modelo es muy interesante (vea [Ki], [R-S], [Y] o
[W]), y nuestro primer inciso estará dedicado a presentar los modelos usuales
del plano hiperbólico.
Sorprendentemente, los modelos se relacionan unos con otros mediante pro-
yecciones biyectivas y, para dos de ellos, hay una función que permite utilizarlos
indistintamente.
Es muy importante, para lograr desarrollar la intuición hiperbólica, fami-
liarizarse con los modelos llamados conformes (concepto que explicamos más
adelante), realizando uno mismo los dibujos, aunque también hay programas
computacionales que lo hacen. Otro recurso es analizar los grabados de M.C.
Escher referentes a este tema incluidos en [Cox1], donde además hay un análisis,
o bien [Er] o [Es].
Y desde ahora invitamos al lector a observar cómo el uso de coordenadas
complejas da lugar a una muy fecunda interrelación de argumentos algebraicos,
topológicos, métricos y analı́ticos, ası́ como a consultar, si desea ahondar más
en este fascinante tema de las matemáticas, el libro [T] de uno de los mejores
geómetras contemporáneos, William Thurston, cuyos trabajos dieron un gran
impulso a la Geometrı́a Hiperbólica en la década de 1980-89.

173
174

4.1. Los modelos del plano hiperbólico


Una vez demostrada por Janos Bolyai (1802-60) y Nikolai Lobachevski
(1793-1856) la consistencia del sistema de axiomas que resultan de sustituir en
el sistema euclidiano el Postulado V por su negación N 2: existe más de una
recta paralela a otra dada por un punto exterior a ésta, matemáticos distin-
guidos se dieron a la tarea de buscar un modelo de la Geometrı́a Hiperbólica
plana entre las superficies contenidas en 3.
Eso significaba, en particular, que la longitud de las curvas en la superficie
elegidas como rectas hiperbólicas, las geodésicas, debı́a ser infinita, cuando
su longitud se mide como lo hacemos en los cursos de Cálculo. La búsqueda
fue infructuosa porque, como lo demostrarı́a más tarde David Hilbert (1862-
1943), es imposible que exista una superficie de 3 con las caracterı́sticas que
se pretendı́a: que la manera de medir sea la inducida por la métrica usual de
3
, y que la curvatura gaussiana, definida en el Capı́tulo 1, sea constante y
negativa (vea [DoC], Cap. 5).
Una superficie de 3 que tiene curvatura gaussiana constante −1 es la seu-
doesfera, superficie de revolución generada por una tractriz (vea la Figura
4.1).

PSfrag replacements

Figura 4.1: Geodésicas de la seudoesfera.

La tractriz es la curva que dibuja en la arena el carrito arrastrado por un


niño, después de que ha girado 90◦ con respecto a su dirección inicial (que
hemos señalado con una flecha horizontal); la proyección del cordel en el piso
175

da el segmento de tangente entre el objeto y la trayectoria perpendicular,


que se convierte en una ası́ntota de la tractriz; como el cordel está tirante, el
segmento mide siempre lo mismo. La parametrización de la tractriz se propone
en el Ejercicio 1, y el lector deberá verificar que satisface esta última condición,
que la caracteriza.
En la Figura 4.1 hemos ilustrado algunas geodésicas de la seudoesfera; para
obtenerlas, podemos emplear nuevamente una liga tirante, sólo que esta vez
habrá casos en que la liga deba colocarse por dentro.
El gran defecto de este modelo, descubierto por Eugenio Beltrami (1835-
1900), es que no es completo, es decir, uno no puede caminar tanto como
quiera sobre una de las generatrices cuando se dirige a la boca de la trompeta;
eso viola el Postulado II.
Beltrami mismo dio otros dos modelos que sı́ son completos, pues con la
manera de medir que introduciremos las rectas tendrán longitud infinita. Sin
embargo, ambos tienen la desventaja de no ser conformes, es decir, dadas dos
geodésicas que se cortan en un punto, el ángulo que vemos, el ángulo formado
por las tangentes, no es el ángulo correspondiente a la manera de medir. Sin
embargo, ambos son útiles para estudiar diversos problemas (vea [Ve]) y por
eso los presentaremos.

El modelo proyectivo del plano hiperbólico, también debido a Beltrami,


consiste en un disco sin la frontera. Los puntos del interior del disco serán
los puntos del plano hiperbólico, y los puntos de la frontera del disco se
denominan puntos al infinito, pues jugarán un papel similar a los puntos al
infinito del plano afı́n.

L
P

PSfrag replacements

Figura 4.2: El modelo proyectivo del plano hiperbólico.

En la Figura 4.2 hemos trazado algunas cuerdas; Beltrami llamó a estas


176

cuerdas rectas hiperbólicas, y es claro que hay muchas de ellas que contienen
al punto P y que no cortan a la recta L: todas las cuerdas del sector en gris.
Se cumple ası́ la negación N 2 del Postulado V (vea el Apéndice 5.3).
Como las rectas hiperbólicas de este modelo son segmentos de rectas eu-
clidianas, podrı́a pensarse que no hemos hecho nada realmente nuevo. La di-
ferencia está en la métrica que se da para este modelo (vea [Ve]), que no
está inducida por el producto punto usual, y que tiene como consecuencia, por
ejemplo, que las rectas hiperbólicas tengan longitud infinita, es decir, un punto
que se desplace hacia la frontera con velocidad constante jamás la alcanzará.
La construcción de la métrica hiperbólica la haremos con cuidado más
adelante, usando otro de los modelos.
La validez del Postulado I es inmediata (vea el Apéndice 5.4), pues por
dos puntos del plano hiperbólico siempre es posible trazar el segmento co-
rrespondiente, y también es cierto que podemos extender esa segmento para
obtener una recta hiperbólica completa, esto es, una cuerda que, como veremos,
resultará tener longitud infinita. Por tanto, también será válido el Postulado
II.
Cuando presentemos el modelo en el que definiremos la forma de medir
longitudes y ángulos, el lector podrá comprobar que las rectas con un mismo
punto al infinito son tangentes en él (note que cada recta tiene dos, no uno,
puntos al infinito). Eso no es lo que vemos en el modelo proyectivo, pues las
cuerdas que tienen un punto de la frontera en común forman ángulos distintos
de cero; entonces, en este modelo, un ángulo es el que “leemos” al verlo (puesto
que la única intuición que hemos desarrollado es la euclidiana), y otro el que
nos dará la fórmula.
La razón de llamar proyectivo a este modelo es que el grupo de transforma-
ciones permitidas en él, es el subgrupo de P GL(3, ) obtenido al fijar la cónica
x2 + y 2 − z 2 = 0. Para evitar confusiones debidas al término “proyectivo”, a
este modelo lo llamaremos modelo de Beltrami.

El segundo modelo se llama modelo del hiperboloide, y se obtiene del


anterior cuando ubicamos al disco en el plano z = 1 (llamaremos a este disco
D1 ), y proyectamos, desde el origen, los puntos P ∈ D1 en puntos P 0 de la
hoja superior del hiperboloide de dos mantos (vea la Figura 4.3)

x2 − y 2 − z 2 = 1.

Cuando cortamos el manto superior del hiperboloide con un plano por el


177

origen, resulta una rama de hipérbola que es una recta hiperbólica de este
modelo.
El lector estará de acuerdo en que estamos proyectando (desde el origen)
las rectas del primer modelo en el hiperboloide; esta proyección es biyectiva
y, en consecuencia, en el modelo del hiperboloide es posible encontrar muchas
rectas M0 que pasan por un punto Q0 exterior a una recta L0 , sin cortarla.
Z

PSfrag replacements M0 L0

Q0

L z=1
Q
M

X
Y

Figura 4.3: El modelo del hiperboloide del plano hiperbólico.

Los otros dos modelos del plano hiperbólico se deben a Henri Poincaré
(1854-1912), y son los más adecuados para desarrollar la intuición hiperbólica
porque sı́ son conformes.

El modelo del disco de Poincaré, ∆, consta también de un disco sin


la frontera, pero esta vez las curvas elegidas como rectas hiperbólicas son los
arcos de circunferencia que cortan ortogonalmente a la frontera.
En la Figura 4.4 hemos trazado varias rectas hiperbólicas con un mismo
punto al infinito; esas rectas se llaman paralelas hiperbólicas, a diferencia
de las ultraparalelas, como L y M, que son rectas que no se cortan ni en
puntos del disco hiperbólico ni en puntos al infinito.
Dos rectas hiperbólicas paralelas son tangentes en un punto al infinito,
puesto que todas forman un ángulo de 90◦ con la frontera. Note cómo varı́a el
haz de paralelas: a la derecha del diámetro que pasa por el punto al infinito
P∞ , las circunferencias son cóncavas a la derecha, y las de la izquierda son
178

cóncavas a la izquierda.

El modelo del semiplano superior, H + , tiene como puntos a los del


semiplano superior del plano cartesiano: P (x, y) con y > 0, y los puntos del
eje X juegan el papel de puntos al infinito.
En este modelo, las rectas hiperbólicas son las semicircunferencias perpen-
diculares al eje X, y entre ellas admitiremos a las de radio infinito: las rectas
perpendiculares al eje X. La Figura 4.5 es análoga a la Figura 4.4.

L
PSfrag replacements

P∞

Figura 4.4: Modelo del disco de Poincaré, ∆.

PSfrag replacements

X
P∞

Figura 4.5: El modelo del semiplano superior de Poincaré, H + .

El modelo del semiplano superior tiene un origen fı́sico, que se explica ası́.
Cuando una cuchara está sumergida en el agua de un vaso, al mirar a
través del vaso parece que la cuchara está doblada; eso se debe a que la luz no
continúa viajando en lı́nea recta cuando pasa de un medio (el aire) a otro (el
179

agua), sino que modifica su trayectoria de acuerdo a la ley siguiente.

Ley de Refracción (W. Snell, 1621). El producto del seno del ángulo de
incidencia por el coeficiente de densidad del medio del que procede la luz, es
igual al producto del seno del ángulo de refracción por el coeficiente de densidad
del medio al que se introduce (vea la Figura 4.6, donde los ángulos se miden
con respecto a la perpendicular).

d1 senα = d2 senβ.
PSfrag replacements
α1
d1
d1 α
d1
d2
α2 d2
α2
α2
β
d2 d3
α3

Figura 4.6: En un medio no homogéneo, la trayectoria de la luz no es recta.

A la derecha hemos ilustrado la trayectoria de la luz cuando atraviesa


sucesivamente medios cuya densidad crece cada vez más. La trayectoria no es
una recta pues una propiedad esencial de la luz es viajar de forma que minimiza
el tiempo de recorrido, no la distancia.
Note que si la forma en que crece la densidad es de tipo exponencial: 1 a
altura 1; 2 a altura 1/2; 22 a altura 1/4; etc., la luz jamás alcanza el borde,
por eso llamamos a esos puntos puntos al infinito o puntos ideales.

Concluimos este inciso exhibiendo las biyecciones entre los distintos mo-
delos; como ya tenemos una entre el modelo de Beltrami y el modelo del
hiperboloide, basta dar una biyección entre el modelo de Beltrami y los de
Poincaré.
Para ello, consideramos la esfera S 2 de 3 y ubicamos el modelo proyectivo
en el disco del ecuador (vea la Figura 4.7 (a)).
180

Proyectemos perpendicularmente en el hemisferio inferior las rectas hiper-


bólicas del modelo de Beltrami; cada una de las rectas determina un plano
perpendicular al plano del ecuador y, en consecuencia, corta a la esfera en una
circunferencia perpendicular a la circunferencia del ecuador.
A continuación, utilizamos la proyección estereográfica de la esfera en el
plano del ecuador desde el punto (0, 0, 1); las circunferencias en la esfera per-
pendiculares al ecuador se transforman en circunferencias del plano XY que
siguen siendo perpendiculares al ecuador, puesto que la proyección estereo-
gráfica es conforme según debió probarlo el lector en el Ejercicio 9, sección
3.1.
La composición de las dos proyecciones, primero de XY en S 2 y luego la
estereográfica de S 2 en XY , transforma las rectas del modelo proyectivo en
rectas del modelo del disco de Poincaré ∆.
Z Z

(0, 0, 1) (0, 0, 1)

L
L 0
PSfrag replacements L
L0
Y Y

X X

(a) (b)

Figura 4.7: Relación entre los distindos modelos del plano hiperbólico.

El modelo del semiplano H + resulta cuando proyectamos perpendicular-


mente el modelo de Beltrami en el hemisferio superior, y luego proyectamos
estereográficamente S 2 en el plano XZ desde el punto (0, 1, 0) (vea la Figura
4.7(b)).
El ecuador da lugar al eje X, y el hemisferio superior se aplica en el semipla-
no superior del plano XZ. Por la conformalidad de la proyección estereográfica,
181

las semicircunferencias ortogonales al ecuador se proyectan en semicircunferen-


cias perpendiculares al eje X, dando lugar al modelo del semiplano superior
de Poincaré.
Note que hemos establecido una biyección entre el modelo del disco, ∆, y
el del semiplano, H + ; el lector deberá demostrar que es conforme.
Sugerimos al lector que realice todos los ejercicios siguientes, y que invente
algunos más; es la única manera de desarrollar la intuición hiperbólica.
A ese respecto, vale la pena hacer notar que el modelo del disco de Poincaré
tiene una ventaja muy importante sobre el modelo del semiplano: muestra que
todos los puntos de la frontera tienen la misma calidad.
En cambio, en el modelo del semiplano, el punto que falta en el eje X para
volverlo una circunferencia topológica parece jugar un papel especial, lo cual
es falso. Sin embargo, seguiremos la notación tradicional de denotarlo con el
sı́mbolo ∞.

EJERCICIOS
1. Verifique que una parametrización de la tractriz es
 
t
α(t) = sent, cos t + log tan( ) ,
2
donde t mide el ángulo que el vector de posición de α(t) forma con el eje
vertical (vea la Figura 4.1).
2. En el modelo proyectivo, encuentre dos rectas hiperbólicas que contengan
al punto (0 : 0 : 1) y que no corten a la recta 2x − z = 0.
3. Determine la recta hiperbólica del modelo del hiperboloide, en que se
proyecta la recta del modelo proyectivo que pasa por los puntos (1 : 0 : 1)
y (0 : 1 : 1) de D1 .
4. Demuestre que la biyección establecida entre los dos modelos de Poincaré,
es conforme.
5. En el modelo del disco de Poincaré, ∆, marque cuatro puntos de la fron-
tera que la dividan en arcos congruentes (euclidianamente), y trace las
rectas hiperbólicas que unen dos puntos consecutivos. Divida ahora cada
arco en dos partes iguales, y trace las rectas hiperbólicas que unen los
nuevos puntos con sus adyacentes. Itere el proceso mientras pueda. Esos
polı́gonos se llaman ideales, porque sus vértices son puntos al infinito.
6. En el modelo del disco de Poincaré, ∆, marque en la frontera ocho puntos
1, 2,..., 8, que la dividan en arcos congruentes, y trace las rectas del mo-
182

delo que unen 1 con 3, 2 con 4, etc. Observe que estas rectas hiperbólicas
determinan un octágono regular. Tomando en cuenta que los modelos
de Poincaré sı́ son conformes, diga cuánto miden los ángulos en que
se cortan dos cualesquiera de las rectas, y cuánto mide la suma de los
ángulos interiores de este octágono regular hiperbólico.
7. Generalice el método utilizado en el ejercicio anterior, para construir
polı́gonos hiperbólicos regulares con n > 4 lados.
8. Proponga un proceso similar al anterior para construir un triángulo re-
gular hiperbólico sin vértices al infinito.
9. Observe que en el segundo paso del Ejercicio 5 obtuvo un octágono ideal
cuya suma de ángulos interiores es 0◦ , mientras que para el octágono
ordinario del Ejercicio 6 la suma de los ángulos interiores fue mayor que
2π. ¿Puede dar un argumento que justifique la existencia de octágonos
hiperbólicos regulares cuya suma de ángulos interiores sea exactamente
2π?
10. En el modelo del semiplano superior, H + , trace varios triángulos y en
uno de ellos verifique que la suma de los ángulos interiores es menor que
180◦ (recuerde que los ángulos se miden de la manera usual).
11. En cada uno de los modelos de Poincaré, trace una recta hiperbólica L
y, para cada uno de sus dos puntos al infinito, trace varios elementos del
haz de paralelas a L.

4.2. Transformaciones
del Plano Hiperbólico
Como tenemos varios modelos del plano hiperbólico. en cada uno de ellos
debemos dar transformaciones que no sólo sean biyecciones entre los puntos,
sino también biyecciones entre las rectas. Empezamos con el modelo de Bel-
trami, y el del hiperboloide lo dejaremos como ejercicio para el lector.

El modelo de Beltrami se llama proyectivo precisamente porque su grupo


de transformaciones es un subgrupo de P GL(3, ).
Si homogeneizamos la ecuación de la circunferencia que es la frontera del
disco, obtenemos una cónica proyectiva C

x2 + y 2 − z 2 = 0. (4.1)
183

Las transformaciones proyectivas T ∈ P GL(3, ) que dejan invariante a la


cónica C (como conjunto) forman un subgrupo GC (compruébelo) y llevan el
interior de la cónica en sı́ mismo por lo siguiente.
En la sección 3.9, vimos que una cónica separa a P 2( ) en dos partes ajenas:
una Banda de Möbius y un disco. La Banda y el disco no son homeomorfos
porque en el disco toda curva cerrada puede deformarse a un punto sin salir
del disco, y en la Banda hay curvas, como la lı́nea central, que no tienen esa
propiedad.
Entonces, como cualquier T ∈ GC es la proyectivización de una transfor-
mación lineal no singular, eso la hace un homeomorfismo; en consecuencia,
T no puede intercambiar el interior y el exterior de la cónica. Es decir, una
transformación proyectiva T que deje invariante a la cónica necesariamente
deja invariante a su interior; en consecuencia, T lleva puntos del modelo de
Beltrami en puntos de ese mismo conjunto.
También es cierto que las rectas hiperbólicas se transforman en rectas hi-
perbólicas, puesto que un plano por el origen de 3 se transforma por T en otro
plano por el origen, y si el plano corta al interior de la cónica, el transformado,
por lo anterior, también lo corta.
Si tomamos representantes (x : y : 1) obtenemos el disco D1 de la Figura
4.3, y las rectas hiperbólicas resultan de cortar D1 con planos de 3 por el
origen.
El lector queda encargado de comprobar que siempre existe un elemento
T ∈ GC que transforma cualquier punto P del plano hiperbólico en otro Q,
ambos elegidos arbitrariamente, y lo mismo ocurre con dos rectas hiperbólicas.
Más aún, podemos fijar una recta hiperbólica L y un punto L en ella, y otra
recta hiperbólica M y un punto M en ella, y siempre será posible encontrar
una transformación T ∈ GC que lleve L en M y L en M . Se dice por ello que
el grupo GC es transitivo en puntos y rectas (vea el Ejercicio 3).
Para el modelo del hiperboloide, el grupo de transformaciones permitidas
es el subgrupo de GL(3, ) que fija la hoja del hiperboloide con z > 0, el lector
queda encargado de caracterizarlo.

Vayamos ahora a los modelos de Poincaré, donde haremos un estudio más


completo del grupo de transformaciones permitidas y los invariantes asociados.
Advertimos al lector que usaremos uno u otro modelo, según convenga.
Como de costumbre, nos interesa que las transformaciones permitidas no
sólo dejen invariante al conjunto de que se trate, sino que también lleven rectas
184

hiperbólicas en rectas hiperbólicas, es decir, circunferencias euclidianas (rectas


incluidas) ortogonales a la frontera en otras con la misma propiedad.
Para empezar, note que H + y ∆ pueden verse como subconjuntos de , es 

decir:

H + = {z = x + iy ∈  | y > 0}, ∆ = {z ∈  | |z| < 1}.

Observe además que la transformación Q ∈ P SL(2, ) (el grupo de las

transformaciones de Möbius introducido al final de la sección 3.5),

z −i
Q(z) = , (4.2)
−iz + 1

lleva el semiplano superior H + en el disco ∆. Gracias a Q y a su inversa,


podremos trabajar indistintamente con uno u otro modelo.
En la sección 3.5 demostramos que las transformaciones de Möbius son
composición de transformaciones que respetan no sólo los ángulos, sino también
su sentido:

- homotecias compuestas con rotación: T (z) = cz, con c ∈ ; 

- traslaciones: T (z) = z + b;
- composición de la reflexión en el eje real con la inversión en la circunfe-
rencia unitaria (vea el Apéndice 5.6): T (z) = 1/z.

Aunque eso basta para asegurar que una transformación de Möbius necesa-
riamente lleva una circunferencia en otra (admitiendo las de radio infinito, las
rectas euclidianas), comprobaremos esto último directamente en un momento
con un cálculo sencillo.
Entonces, el subgrupo de P SL(2, ) que lleve los puntos de cada modelo


en puntos de ese mismo modelo, también llevará rectas del modelo en otras
rectas del modelo, pues en ambos casos se trata de circunferencias ortogonales
a la frontera.
ésas serán las isometrı́as que preservan el sentido de los ángulos, que hemos
llamado directas.
Las transformaciones de cada modelo que jugarán el papel de las reflexiones
euclidianas, se obtendrán componiendo las isometrı́as directas con una trans-
formación que invierta el sentido de los ángulos y que deje invariante al modelo
en cada caso.
185

En el caso de ∆, la transformación buscada es la conjugación, que aplica


cada número complejo en su conjugado:

J:  →  tal que x + iy 7→ x − iy.

El conjugado z̄ de z resulta al reflejar z respecto al eje real, por eso la


conjugación invierte el sentido de los ángulos.
La conjugación tiene también una interpretación algebraica: es un auto-
morfismo de , es decir, un isomorfismo del campo
 en sı́ mismo que fija


cada número real (vea [B-ML]).


En el caso de H + , la transformación que invierte el sentido de los ángulos
que añadiremos para obtener las isometrı́as inversas, será la reflexión en el eje
imaginario: z 7→ −z̄ (compruebe que z y −z̄ son reflejados uno de otro con
respecto al eje imaginario).

La conjugación también aparece en la demostración de que los elementos


de P SL(2, ) preservan “circunferencias”; el lector deberá interpretar la im-


portancia de este Lema en términos de las rectas hiperbólicas de los modelos.

Lema. Cualquier transformación de Möbius

az + b
f (z) = ,
cz + d

donde a, b, c, d ∈ y ad − bc = 1, lleva circunferencias en circunferencias,


entendiendo por circunferencia también a las de radio infinito, las rectas eucli-
dianas.

Demostración. La ecuación de una tal circunferencia C en el plano carte-


siano es
Ax2 + Ay 2 + Dx + Ey + F = 0, (4.3)
(desde luego, los coeficientes son reales), y es claro que cuando A = 0 se trata
de una recta euclidiana.
Al sustituir en la ecuación (4.3) las expresiones de x y y como la parte real
x y la parte imaginaria y de z:

z + z̄ z − z̄
x= , y= , (4.4)
2 2i
186

obtenemos la ecuación de C en términos de z y z̄ (haga los cálculos):


D − iE D + iE
Az z̄ + z+ z̄ + F = 0.
2 2
Las caracterı́sticas de esta ecuación son: el coeficiente de z z̄ es un número
real; el coeficiente de z y el de z̄ son conjugados; el término independiente es
real. Como los coeficientes son elementos de , escribiremos la ecuación de


una circunferencia C como

Az z̄ + Bz + B̄ z̄ + C = 0, donde A, C ∈ . (4.5)

Ahora, para obtener la ecuación de f (C), procedemos como lo hemos hecho


siempre: como f tiene inversa f −1 ∈ P SL(2, ), si f (z) = w, entonces z =


f −1 (w), y podremos sustituir z y z̄ en (4.2) por las expresiones que obtengamos


de f −1 .
Recordemos ahora que las transformaciones de Möbius pueden manejarse
en términos de matrices (los elementos de P SL(2, )): 

    
a b z az + b
= ;
c d 1 cz + d
entonces, como el determinante de la matriz es 1, su inversa (que corresponde
a f −1 ) es:  
d −b
,
−c a
y en consecuencia,
dw − b
z = f −1 (w) = .
−cw + a
El conjugado de una suma de números complejos es la suma de los con-
jugados, y lo análogo ocurre con los productos; por eso, para obtener z̄ basta
conjugar todos los términos de la derecha, es decir,
d¯w̄ − b̄
z̄ = .
−c̄w̄ + ā
El lector queda encargado de comprobar que la expresión resultante de
sustituir z y z̄ en (4.5),
! ! ! !
dw − b d¯w̄ − b̄ dw − b d¯w̄ − b̄
A +B + B̄ + C = 0,
−cw + a −c̄w̄ + ā −cw + a −c̄w̄ + ā
187

tiene las caracterı́sticas de la ecuación de una circunferencia cuando se escribe


en términos de w y w̄.2

Corolario. Cuatro puntos z1, z2, z3 , z4 ∈ b pertenecen a una circunferencia




si y sólo si su razón doble es real.

Demostración. El Teorema Fundamental de la Geometrı́a Proyectiva es


válido cuando las coordenadas son números complejos (revise los argumentos);
por tanto, existe siempre una transformación T ∈ P GL(2, ) que lleva tres


puntos cualesquiera de P 1 ( ) = b , z1, z2, z3 en otros tres puntos arbitrarios


 

w1, w2 , w3. Si estos últimos se ubican en el eje real, la circunferencia C por z1, z2
y z3 se aplica en la recta real y para cualquier otro punto z ∈ C, la razón doble
(z1, z2; z3, z) es real porque (w1 , w2; w3 , T (z)) lo es.2

Para caracterizar el subgrupo de P SL(2, ) que deja invariante cada mo-




delo, basta pedir que la frontera orientada del conjunto considerado quede
invariante bajo las transformaciones permitidas, puesto que al conservarse el
sentido de los ángulos, la región que se ubica a la izquierda cuando recorremos
la frontera como lo indica la Figura 4.8, se aplica nuevamente en la región
situada a la izquierda. Es claro que las transformaciones con esa propiedad
forman, en cada caso, un subgrupo de P SL(2, ). 

Im Y

PSfrag replacements

+90o
+90o +90o
X

Figura 4.8: Al respetar la frontera, una transformación de Möbius manda la región


a la izquierda en sı́ misma.

Al subgrupo de P SL(2, ) que fija al semiplano superior lo denotamos por




G+ +
H + , y al que fija al disco lo denotaremos G∆ .
Tomemos primero el caso del semiplano superior H + .
Si f ∈ P SL(2, ) es tal f (z) ∈ H + para todo z ∈ H + , también ocurre que

188

f aplica la frontera, , en la frontera, por continuidad.


Es inmediato comprobar que cuando todos los coeficientes de f son números
reales, se tiene f ( ) ⊂ , y como f preserva la orientación de , el semiplano
superior va en el semiplano superior.
Demostraremos que la condición de que los coeficientes sean reales también
es necesaria.
Busquemos entonces el subgrupo de las transformaciones f ∈ P SL(2, ) 

que llevan cualquier número real en otro número real.


Cuando evaluamos f (z) en z = 0 obtenemos
b
f (0) = ∈ ;
d
y podemos escribir b = λd, con λ ∈ .
Como ∞ pertenece a cualquier recta por el origen en b , también debe


ocurrir que al evaluar f (z) en ∞ obtengamos un número real, esto es


!
az + b a
f (∞) = lı́m = ∈ ,
z→∞ cz + d c
si c 6= 0 (¿qué pasa si c = 0?); en consecuencia, a = µc, con µ ∈ .
Al evaluar f (z) primero en z = 1 y luego en z = −1, los resultados respec-
tivos son
a+b −a + b
f (1) = ∈ , f (−1) = ∈ .
c+d −c + d
Proponemos al lector que, usando todas las relaciones ya obtenidas, com-
pruebe que todos los coeficientes a, b, c y d son múltiplos reales de uno solo de
ellos, por ejemplo d; entonces es posible dividir el numerador y el denominador
de f (z) entre dicho coeficiente para obtener una expresión donde todos los
coeficientes son números reales, y si además dividimos cada coeficiente entre
la raı́z cuadrada del determinante, podemos lograr a0 d0 − b0 c0 = 1,
a0 z + b 0
f (z) = .
c0 z + d 0
Lo anterior se resume en el teorema siguiente.

Teorema. Una transformación de Möbius f (z) deja invariante al semiplano


superior H + si y sólo si tiene la forma
az + b
f (z) = , donde a, b, c, d ∈ , ad − bc = 1.
cz + d
189

El grupo formado por estas transformaciones se denota por P SL(2, ).

Cuando añadimos la reflexión en el eje imaginario, obtenemos el grupo


completo de transformaciones del semiplano superior, GH + , cuya geometrı́a
asociada estudiaremos.
Se puede demostrar que GH + contiene a cualquier transformación que res-
pete ángulos (no necesariamente su orientación) y fije el semiplano superior,
aunque no lo haremos aquı́ (vea [Be]).
Entonces, el grupo de las transformaciones que respetan ángulos y
fijan el semiplano superior, GH + , consta de las transformaciones f : →  

de alguna de las dos formas siguientes:

az + b a(−z̄) + b
f (z) = ó f (z) = ,
cz + d c(−z̄) + d

donde a, b, c, d ∈ y ad − bc = 1.

Podemos hacer algo semejante para determinar el subgrupo G∆ que deja


invariante al disco ∆: caracterizar los elementos del subgrupo de P GL(2, ) 

que fija a S 1 , la frontera del disco unitario, y añadir la reflexión en el eje real.
Pero es más fácil observar que basta utilizar la transformación Q (4.2) y
su inversa Q−1 para obtener, de los elementos f ∈ GH + , los elementos h ∈ G∆
ası́:
h = Qf Q−1 : ∆ → ∆. (4.6)
El lector queda encargado de comprobar que Qf Q−1 realmente tiene como
dominio y contradominio a ∆, y también deberá convencerse de que cada
elemento h ∈ G∆ puede expresarse de esta manera en forma única.
Entonces es muy sencillo caracterizar a los elementos de G∆ , pues al mul-
tiplicar la matriz de un elemento f ∈ GH + por la matriz de Q y la de Q−1 en
el orden indicado por (4.6), resulta una matriz de entradas complejas donde
los elementos de las diagonales son conjugado uno del otro.
Tenemos entonces un teorema análogo al anterior.

Teorema. Una transformación de Möbius f (z) deja invariante al disco unitario


∆ si y sólo si tiene la forma

az + b
f (z) = , donde |a|2 − |b|2 = 1.
b̄ + ā
190

Dichas transformaciones forman un grupo.

Por tanto, en el caso del disco hiperbólico, el grupo cuya geometrı́a estu-
diaremos, G∆ , tiene elementos de la forma:

az + b az̄ + b
h(z) = ó h(z) = ,
b̄z + ā b̄z̄ + ā

con |a|2 − |b|2 = 1.

EJERCICIOS
1. Demuestre que el conjunto de transformaciones T ∈ P GL(3, ) que fijan
la cónica (4.1), es un grupo GC .

2. Encuentre una transformación T ∈ GC que lleve la recta y = 0 y el punto


(5 : 0 : 1), en la recta x − y = 0 y el punto (0 : 0 : 1). Haga también el
ejercicio en general.

3. Demuestre que si elegimos arbitrariamente un par de rectas L y M del


modelo proyectivo, y fijamos en cada una un punto, L y M , respectiva-
mente, es posible encontrar T ∈ GC que lleve L y L en M y M . ¿Cuántas
posibles T hay?

4. Determine el subgrupo de GL(3, ) que deja invariante al modelo del


hiperboloide.

5. Demuestre que la aplicación z 7→ z̄ de en , es un isomorfismo del


campo en sı́ mismo que fija puntualmente .

6. Encuentre el elemento de P SL(2, ) que corresponde a cada una de las


transformaciones siguientes:
f1 (z) = z + 1; f2 (z) = 2z; f3 (z) = (cos θ + isenθ)z; f4 (z) = 1/z.

7. Demuestre que el subgrupo G∆ que deja invariante al disco de Poincaré,


puede obtenerse del subgrupo GH + utilizando la relación dada por la
ecuación (4.6).
191

4.3. La red de Steiner


En este inciso estudiamos propiedades esenciales de las transformaciones
de Möbius que nos serán de gran utilidad cuando las restrinjamos a GH + y a
G∆ .
Para empezar, observemos que cualquier transformación de Möbius tiene
dos puntos fijos α y β, que pueden ser coincidentes. Eso es consecuencia de
que al plantear
az + b
= z,
cz + d
determinamos una ecuación de segundo grado:

cz 2 + (d − a)z − b = 0. (4.7)

El Teorema Fundamental del álgebra asegura que las dos raı́ces pertenecen
a  , y para obtenerlas usamos la fórmula de costumbre.
Las consecuencias geométricas de este hecho algebraico son muy interesan-
tes.
Examinemos primero el caso en que α 6= β; del lema en 4.2 es inmediato
que cualquier circunferencia en el plano complejo extendido b que pase por α


y β, se transforma bajo f en otra circunferencia por esos puntos.


Llamamos F1 a la familia de todas las circunferencias que pasan por α y
β; por lo anterior, F1 es invariante bajo f , es decir, f (F1) = F1.
Lo notable es que hay otra familia F2 invariante bajo f y cuyos elementos
cortan ortogonalmente a los de F1 .
Para visualizar esta segunda familia, suponemos α = 0 y β = ∞ (la trans-
formación h(z) = z−αz−β
muestra que no hay pérdida de generalidad), e identifi-
camos a estos puntos con los polos norte y sur de la esfera de Riemann (vea la
Figura 4.9).
En la esfera, cada elemento de la familia F1 está formado por dos meridia-
nos que forman un ángulo π; los elementos de la familia F2 son los paralelos.
Es claro que por cada punto P de la esfera distinto de 0 e ∞ pasa uno y
sólo un elemento de cada familia, y que el ángulo que forman en P esas dos
circunferencias es recto.
A la derecha aparece el resultado de proyectar estereográficamente ambas
familias desde (0, −1, 0) en un plano que pasa por los polos norte y sur, deno-
tados por N y S tanto en la esfera como en el plano.
192

N c1 c2

c01
PSfrag replacements N

c1 c2
 
c02 c01
S S
c02

Figura 4.9: Cualquier f ∈ P SL(2, ) determina dos familias invariantes de circun-


ferencias cuyos elementos se cortan ortogonalmente.

Como la proyección estereográfica es conforme, los elementos de cada fa-


milia que se cortan en un cierto punto del plano distinto de N y S, lo hacen
ortogonalmente.
El lector familiarizado con el concepto sospechará que la familia F2 corres-
ponde a cı́rculos de Apolonio con puntos lı́mite α = N y β = S, lo cual
comprobamos en el Apéndice 5.6. El conjunto de las dos familias forma en el
plano una red circular denominada red de Steiner.
En el Apéndice 5.6 demostramos otras propiedades de la red de Steiner
relacionadas con la inversión.
Cuando α = β resulta una red de Steiner degenerada; invitamos al
lector a dibujarla como un caso lı́mite del anterior.

Queremos estudiar ahora el efecto de f en las familias F1 y F2. Esto es senci-


llo cuando tomamos el modelo del semiplano superior; por simplicidad nos res-
tringiremos a las transformaciones que preservan orientación, f ∈ P SL(2, ).
Entonces la ecuación (4.7) tiene coeficientes reales y el estudio puede realizarse
utilizando los puntos fijos de f , α y β, que son las raı́ces de (4.7):

(a) α y β son números reales distintos; a la transformación se le llama hi-


perbólica por fijar dos puntos al infinito; la transformación h(z) = z−α
z−β
que
lleva α, β ∈ en 0 e ∞, respectivamente, nos permite tomar como forma
canónica de f ∈ GH + hiperbólica el caso en que los puntos fijos son 0 e ∞.
193

Pero entonces la forma de f es


f (z) = kz, con k > 0 (4.8)
por lo siguiente: como 0 es punto fijo de f ∈ P SL(2, ), necesariamente b = 0,
y como ∞ es punto fijo, necesariamente c = 0; eso reduce f a la forma f (z) =
(a/d)z = kz. Dejamos al lector la comprobación de para cada k > 0 existe una
matriz en P SL(2, ) con ese efecto.

(b) α y β son números reales y coincidentes; a la transformación se le llama


parabólica por fijar sólo un punto al infinito; la forma canónica de f ∈ GH +
parabólica se obtiene cuando el único punto fijo es ∞. En ese caso, la forma
de f es
f (z) = z + 1 (4.9)
porque, como antes, ∞ punto fijo implica c = 0, y el hecho de que sea el
único punto fijo implica que el discriminante de la ecuación (4.7) se anula, es
decir, (a + d)2 = 4. Como además ad = 1, la ecuación anterior se convierte en
(1/d) + d = ±2, lo cual implica d = ±1, y al proyectivizar la matriz resultante
obtenemos f (z) = z + k, con k ∈ ; para hacer el estudio, tomamos k = 1.

(c) α y β son números complejos conjugados; la transformación se llama elı́p-


tica porque no fija puntos al infinito; en este caso llamaremos forma canónica
de f ∈ GH + elı́ptica cuando los puntos fijos sean i y −i:
az + b
f (z) = . (4.10)
−bz + a
De (a) y (b), concluimos que, para el modelo del semiplano superior, los
puntos fijos son elementos de la frontera (casos (a) y (b)), o un punto interior
y otro exterior (caso (c)), y podemos sacar varias conclusiones sobre el efecto
de f en las curvas correspondientes a los cı́rculos de Steiner (note que no todas
son rectas hiperbólicas).

En el caso (a), la transformación f ∈ GH + fija dos puntos de la frontera


y, en consecuencia, la recta hiperbólica L por ellos también queda fija (como
conjunto); el resto de los elementos de la familia F1 también quedan fijos como
conjunto y ya no son rectas hiperbólicas. Los elementos de la familia F2 , que
son todas rectas hiperbólicas, se transforman unos en otros; por continuidad,
si una de estas perpendiculares se desplaza en un sentido (hacia la derecha
194

o hacia la izquierda), todas las demás lo hacen en el mismo sentido (vea la


Figura 4.10 (a)). Cuando hayamos introducido la métrica, será fácil verificar
también que uno de los puntos fijos es atractor, en el sentido de que f (P )
está más próximo del punto fijo atractor que P , mientras que el otro punto fijo
es repulsor, pues los puntos se alejan de él al aplicarles la transformación f
(vea el Apéndice 5.6).
f (c2)

c2
L

α = f (α) β = f (β)

(a)

f (c2)
c1

c2

α = f (α)
PSfrag replacements
(b)
c1

c2 f (c2)

ᾱ
(c)

Figura 4.10: Cada f ∈ GH + define una red de Steiner.


195

En el caso (b), f ∈ GH + fija sólo un punto de la frontera (α = β). La familia


F1 consta de circunferencias euclidianas tangentes entre sı́ (y tangentes al eje
real) en el punto fijo; no son rectas hiperbólicas y en Geometrı́a Hiperbólica,
se les denomina horociclos. Resultarán ser curvas equidistantes unas de otras
bajo la métrica que definiremos, y cada una es invariante (como conjunto) bajo
f . Esto último es obvio si se considera la forma canónica: f (z) = z + 1, cuyo
punto fijo es ∞ y donde los horociclos son rectas euclidianas paralelas al eje
real. La familia F2 sı́ consta de rectas hiperbólicas, todas tangentes en α, y por
ello forman un haz de paralelas. Como en el caso anterior, si bajo f una de
ellas se desplaza en un sentido, por ejemplo a la izquierda, las demás también
lo hacen (vea la Figura 4.10 (b)).
Finalmente, en el caso (c), como va en sı́ mismo, los demás elementos de la
familia F2 (que no son rectas hiperbólicas), también quedan invariantes (como
conjunto), mientras que los de la familia F1 (que sı́ son rectas hiperbólicas),
se transforman unos en otros, dando la impresión de girar en torno al punto
fijo (vea la Figura 4.10 (c)). Observe que la matriz de la forma canónica es
precisamente una matriz de rotación.
Aquı́ se impone resaltar un hecho algebraico.

Observación Las transformaciones f ∈ GH + pueden clasificarse de acuerdo al


cuadrado de su traza, a + d, pues el signo del discriminante de (4.7) determina
el número de raı́ces reales. Pero si calculamos el discriminante y recordamos
que ad − bc = 1, es fácil demostrar lo siguiente (vea el Ejercicio 2)

- f ∈ GH + es hiperbólica si y sólo si (a + d)2 > 4;


- f ∈ GH + es parabólica si y sólo si (a + d)2 = 4:
- f ∈ GH + es elı́ptica si y sólo si (a + d)2 < 4.

Los dibujos análogos a los de la Figura 4.10 para el modelo ∆ deberá rea-
lizarlos el lector.
Para este tema, la referencia clásica es [Be], y también puede consultarse
el Seminario Chileno de Geometrı́a Compleja [G-R].
196

EJERCICIOS
1. Analice cómo se transforma la red de Steiner bajo Q−1, y haga los dibujos
correspondientes a la Figura 4.10 en el caso de ∆.
2. Demuestre la afirmación hecha en la Observación final.

4.4. La métrica hiperbólica


Mencionamos ya que será necesario modificar la forma en que medimos
las longitudes para lograr encontrar, en nuestro espacio tridimensional, una
superficie que modele la Geometrı́a Hiperbólica.
Los modelos que hemos propuesto son subconjuntos del plano, pero no
serı́a correcto decir que son subconjuntos del plano euclidiano precisamente
porque mediremos de una forma distinta, para la cual las rectas propuestas
son geodésicas, es decir, curvas que minimizan esa nueva distancia entre dos
de sus puntos.
Una consecuencia del resultado de Hilbert que mencionamos en la sección
4.1, es que para poder ver al plano hiperbólico como subconjunto de un n
con la métrica inducida por el producto escalar usual, es necesario que n ≥ 4.
El Ejercicio 6 de esta sección ayudará a convencer al lector de que el plano
hiperbólico no “cabe” en 3.
La motivación fı́sica del modelo del semiplano superior planteó que cuando
el medio se vuelve más denso a medida que nos aproximamos al borde, la
luz, cuya velocidad es constante, debe modificar su trayectoria a fin de seguir
avanzando con la misma velocidad. Si la densidad en el borde es infinita, la luz
no puede alcanzar el borde y por eso la longitud de una geodésica será infinita.
Una forma muy sencilla de lograr eso es modificar el producto punto eucli-
diano (que es básico para medir distancias y ángulos) de forma que las normas
se incrementen al acercarnos a la frontera.

Definición. El producto escalar hiperbólico de dos vectores en el semi-


197

plano superior, ū y v̄, anclados en el punto z = x + iy, está dado por


ū ·E v̄
ū ·H v̄ = ,
y2
donde ·E denota el producto punto usual del plano euclidiano (vea la Figura
4.11).
Note que este producto escalar hiperbólico hereda del producto escalar
usual, las propiedades necesarias para un producto escalar:

- su valor es un número real para cualesquiera ū y v̄ anclados en un mismo


punto; es no negativo cuando ū = v̄ y, en este caso, se anula sólo si ū = 0̄;
- abre sumas y saca escalares de cada factor, es decir, es bilineal;
- su valor no depende del orden de los factores: es simétrico.
PSfrag replacements


1 kv̄kH

(x, 1) v̄
1
2 ū kūk
H
(x0, 12 )

Figura 4.11: El producto escalar hiperbólico depende de la altura del punto de


apoyo de los vectores.

Una vez definido el producto escalar ·H , podemos definir la norma hiper-


bólica de un vector v̄ anclado en un punto P0 (x0, y0) del semiplano superior:
||v̄||H = (v̄ ·H v̄)1/2.
Con eso es posible medir la longitud hiperbólica de una curva en H + en
forma análoga a la usual: si α : [a, b] → H + es una curva diferenciable, su
longitud hiperbólica es
Z b
lH (α) = ||α0 (t)||H dt.
a

Ciertamente, la forma de calcular la norma varı́a con el punto α(t) en que está
anclado el vector tangente, pero si la curva es suave la variación es continua y
eso da sentido a la integral.
198

Y dados dos puntos P1 y P2 de H + , la distancia hiperbólica de P1 a P2


es el ı́nfimo de las longitudes de las curvas en H + que unen esos dos puntos.
Tenemos ası́ una nueva manera de medir en el semiplano superior, llamada
métrica hiperbólica. Las métricas obtenidas a partir de productos escalares
que varı́an suavemente con el punto de apoyo de los vectores, se denominan
métricas riemannianas, y juegan un papel central en Geometrı́a Diferencial.
Nuestro principal propósito al dar esta definición de producto escalar, fue
lograr que las rectas hiperbólicas minimicen la distancia entre dos de sus pun-
tos, y que tengan longitud infinita.
A continuación comprobamos esto último en el caso especial del semie-
je positivo Y , y luego demostramos que al transformar esa recta especial en
cualquier recta hiperbólica utilizando f ∈ GH + , la norma hiperbólica de los
vectores tangentes no se altera. Eso significará que f es una isometrı́a, y, en
particular, que cualquier recta tiene longitud infinita.
La recta hiperbólica correspondiente al semieje positivo Y tiene una para-
metrización muy sencilla:

(x(t), y(t)) = (0, t),

donde t ∈ (0, ∞).


Bastará demostrar que la longitud de la semirrecta correspondiente a (0, 1]
es infinita; recuerde que la forma de calcular la longitud de una curva es análoga
a la usual, sólo que la norma del vector tangente es la norma hiperbólica:
Z 1 Z 1
0 0
||(x (t), y (t))||H dt = lı́m ||(0, 1)||H dt
0 a→0 a
Z 1
1
= lı́m dt
a→0 a t
= lı́m ln t|1a = lı́m(0 − ln (a)) = +∞. (4.11)
a→0 a→0

En consecuencia, la longitud de la semirrecta hiperbólica (que es un seg-


mento de longitud euclidiana 1), es infinita.
Llevemos ahora la parte positiva del eje Y en una recta hiperbólica cual-
quiera; bastará tomar el caso de la semicircunferencia con centro en el origen
y de radio 1, pidiendo además que i se transforme en sı́ mismo y la orientación
se conserve.
Entonces, f ∈ GH + debe cumplir:

f (0) = −1; f (∞) = 1; f (i) = i. (4.12)


199

Los elementos de GH + que conservan la orientación tienen la forma

az + b
f (z) = ,
cz + d
con a, b, c, d ∈ , y por (4.9) tenemos:

b a ai + b
= −1 : = 1; = i.
d c ci + d
Entonces,

b = −d; a = c; ai + b = di − c, que implica a = d, b = −c.

Por tanto, la expresión para f (z) es:

dz − d z−1
f (z) = = .
dz + d z+1
Los puntos de la parte positiva del eje Y tienen la forma z = it, por lo que
al aplicarles f obtenemos:

it − 1 (it − 1)(−it + 1) −1 + t2 + 2ti


f (it) = = = .
it + 1 (it + 1)(−it + 1) 1 + t2

Es decir, los puntos f (it) en la semicircunferencia tienen la parametrización


!
−1 + t2 2t
(x(t), y(t)) = , ,
1 + t2 1 + t2

y el vector tangente es, después de simplificar,


!
0 0 4t 2(1 − t2)
(x (t), y (t)) = , .
(1 + t2 )2 (1 + t2 )2

Si el lector calcula la norma hiperbólica de (x0(t), y 0(t)), encontrará que es


1/t, la misma que para el vector tangente al semieje Y positivo en el punto it.
Y también le dejamos como tarea dar argumentos que demuestren la validez
del resultado para cualquier otra recta hiperbólica, es decir, cuando la circun-
ferencia tiene su centro en cualquier punto del eje X y el radio es arbitrario.
200

Con ello habrá demostrado que la longitud de cualquier segmento perma-


nece invariante bajo cualquier f ∈ GH + , y podemos enunciar ese resultado en
la forma siguiente.

Teorema 1. Los elementos de GH + , son isometrı́as de H + respecto a la métrica


hiperbólica.

Y del primer cálculo es inmediato también otro resultado fundamental:

Teorema 2. Las rectas hiperbólicas son curvas que minimizan la distancia


hiperbólica entre dos sus puntos, es decir, geodésicas.

Demostración. Por el Teorema 1, basta considerar el caso de la recta hi-


perbólica dada por el semieje imaginario; cualquier curva (x(t), y(t)) que una
los puntos Ai y Bi del eje imaginario, tiene longitud hiperbólica mayor o igual
que la correspondiente al segmento de Ai a Bi, que es L(B/A). Para compro-
barlo, tomamos el caso de una curva sin autointersecciones con t ∈ [a, b], y
recordamos que y(t) > 0:
Z b Z b
||(x0(t), y 0(t))||H dt ≥ ||(0, y 0 (t))||H dt
a a
Z b
y 0 (t)

= dt
a y(t)
= ln (y(t))|ba = ln (B) − ln (A) = ln (B/A).2

Ahora, los resultados se suceden en cascada, como los siguientes.

Proposición 1. Dos horociclos con el mismo punto al infinito, son curvas


equidistantes. Es decir, si desde un punto de uno de ellos se traza una perpen-
dicular al otro, la longitud del segmento de perpendicular es independiente del
punto.
Demostración. Una transformación f ∈ GH + que lleve el punto fijo a ∞,
convierte a cualquiera de los horociclos en una circunferencia de radio infinito,
es decir, una recta euclidiana, y como todos los horociclos cortan ortogonal-
mente a la recta hiperbólica perpendicular al eje X por el punto de tangencia,
al transformarlos en rectas euclidianas son horizontales (vea la Figura 4.12).
Entonces, la distancia hiperbólica entre dos de ellas es constante, como habı́a-
mos afirmado. 2
201
PSfrag replacements

c3
f (c1)
c2 f
f (c2)
c1
f (c3)
PSfrag replacements

Figura 4.12: Los horociclos con el punto al infinito en común son curvas equidis-
tantes.

Q1
Q5
Q4 P3 P4
Q3 P2
Q2 P1 L
Q1
H

Figura 4.13: L y M no son curvas equidistantes, pero M y E sı́ lo son.

Note que dos rectas hiperbólicas paralelas, es decir, con un punto al infinito
en común, no son curvas equidistantes, pues la distancia hiperbólica entre ellas
(la longitud del segmento de perpendicular de P ∈ L a M) crece a medida
que el punto P se aleja del punto al infinito.
En la Figura 4.13 ilustramos el caso en que una de las rectas hiperbólicas es
una paralela M al eje imaginario: la distancia de L a la recta M crece tanto
como se quiera cuando P tiende al otro punto al infinito de L; en cambio,
cualquier semirrecta euclidiana E por H sı́ es una curva equidistante de M. El
lector puede hacer la demostración si nota que todos los arcos de Qi a M son
homotéticos.
No hemos analizado aún cómo se ve una circunferencia hiperbólica; el con-
cepto tiene sentido puesto que, fijo un punto C, en cualquier dirección a partir
de él podemos trazar una recta hiperbólica y medir sobre ella una distancia
fija de antemano r (vea la Figura 4.14).
202

Dejamos al lector la demostración de la proposición siguiente; la Figura


4.14. sugiere cómo hacerla.

Proposición 2. Las circunferencias hiperbólicas son circunferencias euclidia-


nas, aunque el centro hiperbólico está desplazado hacia la frontera.

Im
2i

PSfrag replacements
i

1
2i

Figura 4.14: Las circunferencias hiperbólicas son circunferencias euclidianas, pero


los centros difieren.

Ahora podemos probar un teorema que tal vez el lector ya esperaba.

Teorema 3. Las únicas isometrı́as de H + en sı́ mismo que preservan orien-


tación, son los elementos de P SL(2, ).

Demostración. El Teorema 1, demostrado en esta misma sección, implica


que los elementos de P SL(2, ) son isometrı́as de H + . Por tanto, para demos-
trar el Teorema 3 sólo falta probar la implicación en el otro sentido, es decir,
que éstas son todas las isometrı́as que preservan la orientación.
Como en el caso euclidiano y el elı́ptico, una isometrı́a es una biyección
T : H + → H + que preserva la distancia entre puntos. Por tanto, si una curva
C es una geodésica, T (C) también es una geodésica. El argumento utilizado en
el caso euclidiano para comprobar que dos triángulos congruentes determinan
una única isometrı́a T , es válido en este caso, pues si P, Q, R y P 0 , Q0, R0 son
los vértices de los dos triángulos congruentes, cualquier S ∈ H + determina con
P y Q un triángulo.
Una isometrı́a T que lleve ∆P QR en ∆P 0Q0R0 , lleva también ∆P QS en
∆P 0 Q0S 0 , y para S 0 hay sólo dos posibilidades, que son los puntos de intersec-
ción de las circunferencias hiperbólicas con centro en cada uno de los vértices
P 0 y Q0 y radios dH (P, S) y dH (Q, S), respectivamente. La elección dependerá
203

de que ∆P QR en ∆P 0Q0 R0 estén igualmente orientados o no. Si T respeta la


orientación, necesariamente coincide con el único elemento f ∈ P SL(2, ) tal
que (P, Q; R, S) = (P 0 , Q0; R0 , f (S)). En caso contrario, deberemos componer
f con la reflexión en el eje imaginario para obtener T .2

Para terminar este inciso, conviene decir cuál es la métrica en el caso del
disco, y expresar la distancia hiperbólica en términos de la razón cruzada.
Habı́amos planteado que, al dar una métrica para uno de los modelos,
podrı́amos definir la métrica en otro de los modelos utilizando una biyección
entre ambos.
Utilizando la biyección establecida por (4.2):
z−i
Q(z) = ;
−iz + 1
es posible demostrar que el producto escalar para el modelo del disco está dado
por la fórmula
4ū ·E v̄
ū ·∆ v̄ = , (4.13)
(1 − r2 )2
donde r es la distancia del punto de apoyo de los vectores al centro del disco
(vea la Figura 4.15).


p ū

PSfrag replacements r

Figura 4.15: Cómo medir en el modelo del disco de Poincaré.

La distancia hiperbólica del centro de ∆ a cualquier punto de la frontera,


es infinita, pues ya demostramos que la distancia de i (que se aplica en 0 por
Q) a cualquier punto del borde del semiplano, es infinita.
Además, como 1 y −1 quedan fijos, la recta hiperbólica de H + que contiene
i, 1 y −1, se transforma en la recta hiperbólica de ∆ por 0, 1 y −1: el diámetro
204

horizontal. El resto de las rectas hiperbólicas por i en H + , da lugar al resto de


los diámetros, todos ellos rectas hiperbólicas de ∆.
Expresemos ahora la distancia entre dos puntos z y w en términos de la
razón cruzada (z ∗, z; w, w∗ ), donde z ∗ y w∗ son los puntos al infinito de la única
recta hiperbólica L determinada por z y w (vea la Figura 4.16).

PSfrag replacements
z

z∗ w∗

Figura 4.16: La distancia de z a w está dada por (z ∗ , z; w, w∗).

Consideremos la transformación T ∈ P SL(2, ) que lleva L en el eje imagi-




nario de forma que z ∗ se transforma en 0; el otro punto al infinito se transforma


en ∞ y los puntos z y w tienen imágenes de la forma iy1 e iy2.
El lector no tendrá problema para justificar las igualdades siguientes:
!
T (z)
dH (T (z), T (w)) = ln
T (w)
= ln (0, iy1 ; iy2, ∞)
= ln (z ∗ , z; w, w∗). (4.14)

Como la transformación Q : H + → ∆ es una proyectividad y, por tan-


to, deja invariante la razón doble, la fórmula anterior también es válida para
puntos en ∆.
205

EJERCICIOS
1. Demuestre que la semirrecta euclidiana E de la Figiura 4.13, es una curva
equidistante de la recta hiperbólica M.
2. Demuestre que dos rayos euclidianos que parten de un mismo punto al
infinito de H + , son curvas equidistantes con la métrica hiperbólica.
3. ¿Es la translación euclidiana z 7→ z + b, con b ∈ una traslación en el
plano hiperbólico? Justifique su respuesta.
4. Demuestre la Proposición 2. (Sugerencia: localice dos puntos A y B del
eje imaginario a la misma distancia hiperbólica r de i, y determine la
circunferencia euclidiana C de diámetro AB. Para cualquier recta hiper-
bólica L por i, calcule la longitud hiperbólica del segmento de i a L.)
5. Justifique la fórmula (4.13).
6. Demuestre que hay polı́gonos hiperbólicos regulares de n lados con todos
sus ángulos rectos si n > 4.
7. Construya varios hexágonos euclidianos regulares, todos congruentes, y
cortando a lo largo de un radio, añada a cada uno un triángulo congruente
con los seis que forman el hexágono. Ahora pegue los hexágonos unos
con otros a lo largo de uno de sus lados; si el número de hexágonos
modificados es grande, el objeto no es cómodo de manipular, pese a que
sólo en los centros de los “hexágonos” se tiene curvatura negativa. Esto
ilustra la imposibilidad de que el plano hiperbólico quepa en 3 con la
métrica inducida.
8. Demuestre, a partir de (4.14), que dH satisface la desigualdad del trián-
gulo.

4.5. Primeros resultados


en Geometrı́a Hiperbólica
En este inciso estudiaremos varios de los resultados obtenidos por los pri-
meros estudiosos de la Geometrı́a Hiperbólica; algunos contrastan con lo que
ocurre en las otras geometrı́as que hemos estudiado, otros más son simplemente
206

parte de la riqueza de este tema que, principalmente en el caso bidimensional,


puede ser estudiado con multitud de técnicas.
No daremos las demostraciones originales; utilizaremos siempre alguno de
los modelos de Poincaré. Las demostraciones originales pueden encontrarse en
[Bo], [Ce] y [W]; una breve narración de la parte histórica puede encontrarse
en [R-S].

[1] (Girolamo Saccheri,(1667-1733)) La suma de los ángulos de un triángulo


hiperbólico es menor que 180◦ .

A
PSfrag replacements
α C
γ
β γ0

β0
B

Figura 4.17: En un triángulo hiperbólico, α + β + γ < 180o.

Demostración. Usamos una isometrı́a para llevar el vértice A al centro del


disco, y ası́ dos lados son radios, mientras que los otros dos vértices determinan
el lado BC, perteneciente a un arco perpendicular al borde del disco (vea la
Figura 4.17). Los ángulos hiperbólicos β y γ, son menores que los respectivos
ángulos euclidianos β 0 y γ 0; entonces,

180◦ = α + β 0 + γ 0 > α + β + γ.2

[2] (Johann Heinrich Lambert, (1723-1812)) El área de un triángulo hiper-


bólico, es igual a π menos la suma de los ángulos interiores del triángulo.
De hecho, el enunciado original de Lambert se refiere a un polı́gono hi-
perbólico y dice que: “la diferencia de la suma de los ángulos interiores de un
polı́gono euclidiano, menos la suma de los ángulos interiores de un polı́gono
207

hiperbólico con los mismos vértices, es proporcional al área (hiperbólica) del


polı́gono”.

Demostración. En el caso de un triángulo elı́ptico, el cálculo de su área dio


como resultado
área del triángulo = α + β + γ − π;
en este caso, el cálculo del área de un triángulo nos da ese mismo tipo de
información, aunque los resultados difieren esencialmente.
Empecemos por aclarar cómo medir áreas hiperbólicas; basta considerar
que si la forma de medir la longitud hiperbólica de un vector tangente en el
punto z = x + iy ∈ H + varı́a, respecto de la euclidiana, en forma inversa a
la parte imaginaria y, entonces el elemento de área hiperbólico varı́a, respecto
del euclidiano, en forma inversa a y 2 .
Como cualquier f ∈ GH + es una isometrı́a hiperbólica, el área no varı́a si
llevamos el lado AB del triángulo a coincidir con la recta correspondiente a la
semicircunferencia |z| = 1 (vea la Figura 4.18).
Haremos el cálculo en el caso del triángulo ideal AB∞ (note que la altura
es infinita), pues cualquier triángulo puede obtenerse como diferencia de dos
PSfrag replacements
triángulos con un mismo vértice ideal (Ejercicio 1).

Im γ C
β B
α α0

A
β
α

Figura 4.18: Área(∆ABC) = 180o − (α0 + β + γ).

Es claroqque x varı́a de cos(π − α) a cos β, y que dado x, la parte imaginaria


y varı́a de (1 − x2) a ∞. Por tanto, el área del triángulo hiperbólico ∆AB∞
es !
Z cos β Z ∞
dy
área ∆AB∞ = √ dx = π − (α + β).
cos(π−α) (1−x2 ) y 2

El lector puede aplicar este resultado a los triángulos ∆BC∞ y ∆CA∞


208

para obtener la afirmación del enunciado,

área (∆ABC) = 180◦ − (α + β + γ).2

Note que, en vista del cálculo anterior, en la Geometrı́a Hiperbólica es


posible tener un triángulo de altura infinita y área finita.
En el caso de un cuadrilátero hiperbólico P con ángulos α, β, γ, δ, el
resultado de Lambert dice que

área de P = 2π − (α + β + γ + δ).

El resultado siguiente, debido a Gauss, caracteriza a las circunferencias en una


forma que es válida para las circunferencias hiperbólicas y también para las
ecuclidianas.
Para ello define cuándo un punto A del plano hiperbólico es un punto
correspondiente a un punto fijo D respecto a un haz de vértice O: la
condición es que el triángulo OAD sea isósceles, lo cual Gauss expresa diciendo
que OA y OD deben formar ángulos iguales de un mismo lado de AD (vea la
Figura 4.19).

[3] (Karl Friedrich Gauss (1777-1855)). Una circunferencia es el lugar geo-


métrico de los puntos en las rectas de un haz, correspondientes a un punto fijo
D (dado un haz con vértice O, decimos que un punto A en una de las rectas
del haz es un punto correspondiente al punto D, si A es tal que OA y
OD forman ángulos iguales en un mismo lado de AD.)

A
D
PSfrag replacements O A0

A00

Figura 4.19: Puntos correspondientes a D en rectas por O.


209

Demostración. En este caso, tomamos el modelo del disco y, mediante una


isometrı́a, ubicamos el vértice del haz en el centro O del disco. Para un punto
fijo arbitrario D ∈ ∆, el punto correspondiente a D en una de las rectas del
haz, es el punto A tal que OAD es un triángulo isósceles, por eso no sólo los
ángulos miden lo mismo, sino que todos los segmentos OA miden lo mismo,
dH (O, D) (vea la Figura 4.19).
El resultado siguiente no debe sorprendernos, después de la observación
hecha en la demostración de [1], pero tiene el mérito de definir un número
asociado a la Geometrı́a Hiperbólica.

[4] (Ferdinand Karl Schweikart, (1780-1859)) La altura de un triángulo


rectángulo e isósceles crece al crecer los lados, pero sin llegar a rebasar una
cierta longitud llamada la constante.

PSfrag replacements

A1 B1
A2 B2
L
P1 P2

Figura 4.20: La altura de Ai V Bi no puede exceder de dH (V, L).

Demostración. En el modelo del disco, ubicamos el ángulo recto en el centro


del disco mediante una isometrı́a; la Figura 4.20 muestra que la altura no puede
exceder de la distancia del centro del disco a la recta L por P1 y P2 , donde
éstos son los puntos al infinito de los rayos a los que pertenecen los lados
congruentes.
El lector deberá realizar el cálculo de dicha constante.

La caracterı́stica fundamental de la Geometrı́a Hiperbólica es el hecho de


que, por un punto P exterior a una recta L, existe más de una recta que
no corta a L, y definimos como paralelas únicamente a las dos rectas que
210

comparte con L un punto al infinito; las demás fueron llamadas ultraparalelas.


El resultado siguiente dice cómo depende el ángulo formado por las paralelas,
de la distancia de P a L.

[5] (Janos Bolyai, (1802-1860)) El ángulo 2α formado por las dos paralelas a
una recta L por un punto P exterior a ella, depende únicamente de la distancia
del punto a la recta (y se llama ángulo de paralelismo).

Demostración. Si usamos el modelo del disco, al aplicar una isometrı́a al


punto P y la recta L que lleve el punto P al centro del disco, resulta que el
ángulo 2α entre las paralelas a L es el ángulo entre los radios determinados
por los puntos al infinito P1 y P2 de L (vea la Figura 4.21).

P1

PSfrag replacements
a
L P1

P2 P
P2

Figura 4.21: El ángulo de paralelismo depende de a.

Es fácil observar que la distancia a de P a L crece cuando el arco P1 P2 se


cierra; de hecho la relación entre 2α y a es

cosh asenα = 1. (4.15)

La demostración de esta fórmula puede encontrarse en [Be], lo mismo que


varios resultados más referentes a la trigonometrı́a hiperbólica.

El último resultado que mencionaremos, muestra cómo puede extenderse el


modelo del semiplano superior a dimensiones mayores, y tiene la particularidad
de hacer énfasis en el hecho de que en el espacio hiperbólico hay subconjuntos
(de dimensión menor), para los cuales es válida la Geometrı́a Euclidiana.
211

[6] (Nikolai Lobachevski, (1793-1856)) En una esfera de radio infinito, (ho-


roesfera), es válida la Geometrı́a Euclidiana. (A semejanza de un horociclo,
una horoesfera es una esfera euclidiana contenida en el semiespacio superior
y tangente al plano de los puntos al infinito.)
Z
z = cte. horoesfera
PSfrag replacements

Y
X

Figura 4.22: Modelo del semiespacio superior para el espacio hiperbólico 3-


dimensional.

Demostración. Para entender este resultado, basta considerar el semiespa-


cio superior, {(x, y, z)| z > 0}, provisto de un producto escalar que modifique
al usual dividiendo entre z 2 , el cuadrado de la altura sobre el plano XY del
punto en que se anclan los vectores (vea la Figura 4.22).
Con ese producto escalar, cada semiplano perpendicular al plano XY con-
tenido en el semiespacio superior, como por ejemplo el semiplano XZ con
z > 0, tiene la estructura hiperbólica del semiplano superior.
Los puntos del plano XY son puntos al infinito y las geodésicas son se-
micircunferencias perpendiculares al plano XY y con centro en él, más las
semirrectas perpendiculares al plano XY , todas las cuales tienen un punto al
infinito común que debe añadirse a los del plano XY .
Como lo afirma el resultado de Lobachevski, en los planos paralelos al plano
XY (horoesferas que tienen este último punto al infinito en común), donde z
es constante, el producto escalar de vectores tangentes a ese plano, difiere del
euclidiano sólo en una constante: 1/z 2 .
Por eso en una horoesfera es válida la Geometrı́a Euclidiana.
En ninguno de los resultados presentados utilizamos el modelo de Beltrami,
en particular porque no introdujimos una métrica en él. Pero eso es algo que
sı́ puede hacerse y vale la pena mencionar que ese modelo, al igual que el
del semiplano superior, tiene la ventaja de poderse generalizar a dimensiones
212

superiores (vea [Ve]).


Tampoco usamos el modelo del hiperboloide, que también se generaliza a
dimensiones mayores que 2 y es el modelo más adecuado para construir sub-
grupos de isometrı́as del espacio hiperbólico H n , con propiedades semejantes
a las que describiremos en las secciones siguientes para el caso n = 2.
Para concluir este primer acercamiento a la Geometrı́a Hiperbólica, en el
inciso siguiente mostraremos cómo construir nuevos objetos cuya geometrı́a
sea hiperbólica, y en el último abordaremos el problema de cubrir el plano
hiperbólico con mosaicos congruentes.

EJERCICIOS
1. Demuestre que cualquier triángulo en H + cuyos vértices sean puntos
hiperbólicos, puede obtenerse a partir de triángulos con un vértice ideal.

2. Calcule la constante definida en [4].

3. Demuestre que dos rectas son ultraparalelas si y sólo si tienen una per-
pendicular común.

4. Obtenga y justifique una fórmula para el área de un polı́gono hiperbólico


de n lados.

5. Demuestre que si n ≥ 3, existen polı́gonos regulares donde al ángulo


satisface 0 < α < (n − 2)π/n.

6. Justifique llamar rotación a una transformación elı́ptica.

7. En [4], demuestre que la recta hiperbólica AD forma ángulos iguales con


OA y OD si y sólo si el centro de la circunferencia euclidiana que la
contiene, pertenece a la bisectriz del ángulo AOD.

8. Calcule el cociente del área hiperbólica de un disco entre la longitud


hiperbólica de su frontera, y determine el lı́mite de ese cociente cuando
la longitud hiperbólica del radio tiende a ∞. Compare su respuesta con
la que obtiene en el caso euclidiano.

9. Considere el modelo del semiespacio superior mencionado en el resultado


[6]; ¿qué puede decir de una semiesfera con centro en el plano XY ?
213

4.6. Superficies con


estructura hiperbólica
En los Capı́tulos 1 y 3, creamos nuevos objetos geométricos a partir de otros
que conocı́amos bien mediante la técnica de formar el cociente módulo un
subgrupo del grupo de isometrı́as considerado, esto es, el nuevo objeto consta
de las clases de equivalencia definidas por el subgrupo del grupo de isometrı́as
considerado.
Ası́, al considerar subgrupos de traslaciones de 2 , primero con sólo un
generador, T(1,0) y luego con dos generadores, T(1,0) y T(0,1), obtuvimos un
cilindro y un toro, respectivamente, que heredaron la forma de medir en 2.
Y en el Capı́tulo 3 obtuvimos el plano elı́ptico al formar las clases definidas
en la esfera S 2 por el subgrupo de isometrı́as de la esfera que tiene sólo dos
elementos: la identidad y la antı́poda.
Ahora daremos una introducción a la teorı́a equivalente a éstas en el caso
hiperbólico.
Cabe mencionar que ésta es un área de las matemáticas sumamente ri-
ca y ampliamente estudiada, donde convergen la Geometrı́a Hiperbólica (ver,
por ejemplo, [Ve]) y la Variable Compleja, más especı́ficamente la Teorı́a de
Superficies de Riemann (veáse [Spr] o [F]).
Toda esta teorı́a puede desarrollarse también desde el punto de vista del
álgebra y la Geometrı́a Algebraica, obteniéndose entonces las Curvas Algebrai-
cas. La matemática requerida para esos estudios rebasa el propósito de este
libro, por lo que nos conformaremos con dar una introducción intuitiva a esta
fascinante área de la Geometrı́a.

Comencemos por observar que tanto para las traslaciones de 2 como para
la aplicación antı́poda en S 2, cada punto tiene una vecindad en la hay sólo un
representante de las clases de equivalencia de cada uno de sus puntos (vea la
Figura 4.23), y por eso, en regiones suficientemente pequeñas, el objeto nuevo
se comporta como el original en cuanto a la manera de medir.
Un subgrupo de un grupo de isometrı́as con la propiedad anterior, se llama
subgrupo discontinuo.
No ocurre eso con un subgrupo generado por una rotación o por una refle-
xión.
Si consideramos una rotación por 2π/n en 2, cualquier vecindad del pun-
214

to en torno al cual se rota contiene varios representantes de los puntos que


aparecen en ella, y en el caso de la esfera S 2 sucede lo mismo cuando consi-
deramos unarotación de 3: la rotación fija a su eje, y para los puntos en que
dicho eje corta a la esfera, no es posible encontrar una vecindad que contenga
sólo un representante de los puntos que aparecen en ella. Algo similar ocurre
si consideramos el subgrupo que genera una reflexión, {I, Re}

PSfrag replacements

(0, 0) (1, 0) (2, 0)

(0, −1) (1, −1) (2, −1)

Figura 4.23: Cada representante tiene una vecindad donde hay un sólo represen-
tante de las clases que aparecen en ella.

En el caso del subgrupo generado por una rotación, tendrı́amos una situa-
ción peculiar al formar el objeto cociente: una vecindad del punto fijo semeja
más a un cono que a un plano, pues los vectores tangentes de curvas diferencia-
bles que pasan por ese punto no forman un plano. En el caso de una reflexión,
los puntos de la recta en la cual se refleja no tienen vecindades homeomorfas a
un disco, sino a medio disco con el diámetro incluido; ese tipo de situaciones
exigen un tratamiento especial, pues se trata de “variedades con frontera” (vea
[G-R]).

En el caso del plano hiperbólico (piense en H + ), también hay transformacio-


nes que fijan puntos hiperbólicos, y como eso crea problemas cuyo tratamiento
escapa al nivel de este libro, nos restringiremos al caso de transformaciones sin
puntos fijos ordinarios
Un primer ejemplo de un subgrupo discontinuo lo constituye el subgrupo
generado por una transformación hiperbólica T .
Recordemos que una transformación hiperbólica T tiene sus dos puntos fijos
en el infinito, z ∗ y w∗ , y por tanto la recta L que determinan es invariante;
215

entonces, cualquier punto P ∈ L se transforma en otro punto T (P ) ∈ L, y la


distancia orientada entre P y T (P ) no depende de P , como deberá demostrarlo
el lector recurriendo a la forma canónica de f para el caso de H + : f (z) = kz
(k>0), cuyos puntos fijos son 0 e ∞ y, en consecuencia, L es el eje imaginario.
De hecho, el efecto de T sobre cualquier punto R ∈ H + puede obtenerse
ası́ (cambiaremos de modelo para mostrar fácilmente un hecho importante):
bajamos la perpendicular de R a L, que hemos tomado como u diámetro, y
llamamos H al pie de la perpendicular; aplicamos T a H y T (R) resulta al
localizar el punto R0 de la perpendicular a L por T (H) tal que d(T (H), R0 ) =
d(H, R) (vea la Figura 4.24); note que esta distancia es una distancia orientada
debido a que T respeta la orientación de los ángulos.

R T (R)

PSfrag replacements H T (H)


L

|a| |a|

Figura 4.24: Cómo localizar T (R) para una transformación hiperbólica.

En vista del papel especial que juega la recta L para determinar el trans-
formado bajo T de cualquier punto R del plano hiperbólico, se dice que L es
el eje de T , y la distancia entre P ∈ L y T (P ) ∈ L se denomina distancia
de traslación.
El hecho que deseábamos demostrar, es que la distancia entre un punto y
su transformado es mayor para puntos fuera del eje de traslación que en el
caso de puntos en L, pues el arco de la geodésica determinada por R y T (R),
que ya euclidianamente tiene una longitud mayor que el arco de L, tiene una
longitud aún mayor en la métrica hiperbólica. Por tanto, la distancia entre un
punto R y su transformado T (R) bajo una transformación hiperbólica, toma
su mı́nimo en los puntos del eje L.
216

El subgrupo de G∆ generado por una sola transformación hiperbólica T ,


tiene como región fundamental cualquier banda limitada por dos perpendicu-
lares al eje L cuyos pies disten |a|, y el cociente de ∆ por el subgrupo generado
por T tiene el aspecto de un cilindro, puesto que los puntos en los bordes de la
banda están relacionados por T en la forma descrita anteriormente, y por tanto
deben identificarse (vea la Figura 4.25). Note que en este cilindro hiperbólico,
hay una curva cerrada de longitud mı́nima.

Figura 4.25: El cociente de ∆ por el subgrupo generado por una transformación


hiperbólica, es un cilindro topológico.

En el caso de la Geometrı́a Euclidiana, después de construir un cilindro


como el conjunto de clases de equivalencia definidas por el subgrupo generado
por una sola traslación, hicimos lo propio con el subgrupo generado por dos
traslaciones y obtuvimos un toro.
Por eso se antojarı́a ahora formar el cociente de ∆ por el subgrupo generado
por dos transformaciones hiperbólicas T1 y T2 con ejes distintos, como las rectas
L y M de la Figura 4.26.
Para obtener un dominio fundamental de T1 , podemos aplicar T1 a M,
y para obtener un dominio fundamental de T2, podemos aplicar T2 a L. La
intersección de las dos bandas, es decir, el cuadrilátero que es intersección de
los dominios fundamentales de T1 y T2, en general no tiene las caracterı́sticas
deseadas, pues los lados opuestos no miden lo mismo (vea la Figura 4.26):
|BC|∆ < |AD|∆ , y |AB|∆ < |DC|∆ .
El único caso en que los lados opuestos son congruentes, es cuando tienen
longitud infinita, como ocurre en la Figura 4.27.
Es posible tapizar el disco con cuadriláteros obtenidos del sombreado αβγδ
bajo las transformaciones hiperbólicas generadas por T1 con eje L y distancia
217

de translación |a|, y T2 con eje M y distancia de translación |b|.


PSfrag replacements

T2(L)
A D

|b|
L B |a| C
T1(M)
M

Figura 4.26: Los lados opuestos del cuadrilátero ABCD sólo son congruentes si el
cuadrilátero es ideal.

α δ
M

|b|
PSfrag replacements L
|a|

β γ

Figura 4.27: Las imágenes del cuadrilátero αβγδ bajo el subgrupo generado por
T1 y T2, cubren a ∆.

Para convencer al lector, le sugerimos considerar primero el cuadrilátero


sombreado y sus infinitas imágenes bajo la transformación hiperbólica que
218

fija al diámetro vertical; el lector estará de acuerdo que cuando se aplica la


transformación hiperbólica que fija al diámetro horizontal, no sólo obtenemos
la imagen del cuadrilátero sombreado αβγδ, sino también las de sus imágenes
bajo la primera transformación.
Pero el objeto obtenido al formar las clases de equivalencia de ∆ módulo
el subgrupo generado por T1 y T2 no es un toro topológico porque le falta un
punto, puesto que todos los vértices, que se identifican en un solo punto bajo
la acción del grupo, son puntos al infinito. En Geometrı́a Compleja, ese punto
se llama una ponchadura de la superficie cociente.
Nosotros trataremos únicamente con superficies compactas, a las que
no les falta ningún punto y que no tienen frontera.
Las transformaciones que estamos considerando, f ∈ P SL(2, ), son fun-


ciones -diferenciables en cualquier punto z0 de su dominio, es decir, para




las cuales existe el lı́mite


f (z0 + h) − f (z0)
lı́m .
h→0 h
Ese lı́mite se denota por f 0 (z0), se denomina derivada de f en z0 y es un
número complejo; las transformaciones -diferenciables también se denominan


holomorfas o analı́ticas (vea [A]).


Entonces, dos representantes de un mismo punto tendrán coordenadas
z1 y z2 relacionadas por una transformación -diferenciable con inversa -
 

diferenciable.
Al final de la sección 3.4 dijimos que las superficies con esa propiedad se
llaman superficies de Riemann, y es fácil demostrar que resultan orientables.
En consecuencia, los objetos con los que trataremos serán superficies compactas
y orientables.
Ahora bien, las superficies con esas caracterı́sticas han sido ampliamente
estudiadas, y sabemos cómo son gracias a dos teoremas muy importantes. No
damos aquı́ su demostración, pero sı́ proporcionamos al lector referencias donde
puede encontrarlas.
El primer teorema que mencionaremos pertenece a la rama de las matemá-
ticas denominada Topologı́a, y a su demostración está dedicado [I], que es un
libro muy accesible, aunque aparece también en las referencias sobre superficies
de Riemann, como por ejemplo [Spr].

Teorema de Clasificación de Superficies. Las únicas superficies compactas


y orientables son la esfera y toros con un número finito de asas (vea la Figura
219

4.28).
PSfrag replacements
α α1
α2
β1
...
β β2

Figura 4.28: Las superficies compactas y orientables son: la esfera y toros con un
cierto número de asas.

Note que cada asa da lugar a dos curvas cerradas αi , βi que no pueden
deformarse a un punto sin salir de la superficie, y se puede demostrar que
tampoco es posible deformar alguna de esas curvas correspondientes a un asa,
en otra de ellas correspondiente a otra asa.
Los topólogos construyen toros con g asas a partir de un polı́gono con 4g
lados, cuyos lados identifican como lo muestran las flechas de la Figura 4.29
para el caso del toro de género 2.

Figura 4.29: Construcción topológica de un toro con 2 asas.

El número g de asas se denomina el género de la superficie S, y entre el


género y la caracterı́stica de Euler de la superficie, X (S), existe la relación (vea
[I] o [Spr]):
X (S) = 2 − 2g,
El lector quedó encargado de demostrar que en el plano hiperbólico hay
polı́gonos regulares si el número de lados es mayor que 4, y cuyos ángulos
sumen 2π.
Lo anterior asegura la existencia de elementos en G∆ que identifican dos
220

lados con el mismo sı́mbolo y orientaciones opuestas (como ocurrió con las
translaciones en el caso de un cuadrado euclidiano).
El otro teorema que nos interesa enunciar, afirma eso (y más), y es conocido
como Teorema de Uniformización.
Este Teorema pertenece a la rama de las matemáticas denominada Geo-
metrı́a Compleja, y a su estudio estuvieron dedicados muchos matemáticos de
primera lı́nea, que inclusive debieron crear teorı́as nuevas para comprenderlo
cabalmente. La demostración del Teorema de Uniformización, que es bastante
complicada, fue realizada simultánea e independientemente en 1907 por Paul
Koebe (1882-1945) y por Henri Poincaré, pero su germen se encuentra en un
teorema célebre debido a Riemann:

Teorema (de la Aplicación de Riemann) Para cualquier subconjunto


propio y simplemente conexo (i.e., sin hoyos) R de , existe una aplicación


f : R → ∆ que es un biholomorfismo, es decir, -diferenciable con inversa




 -diferenciable.

Note que un biholomorfismo respeta los ángulos, con todo y su sentido (¿por
qué?), y eso justifica decir que si entre dos superficies hay un biholomorfismo,
las superficies son conformemente equivalentes.
Nosotros ya hemos exhibido un tal biholomorfismo en el caso de que R sea
un semiplano: la transformación Q : H + → ∆ dada por (4.2).
Las referencias para el Teorema de Uniformización son [Spr] y [F], y para
el Teorema de la Aplicación de Riemann, [A].
Para las superficies que nos ocupan, las superfices de Riemann compactas,
la versión coloquial del Teorema de Uniformización afirma que b tiene una


geometrı́a (doblemente) elı́ptica, que los toros con un asa tienen una geometrı́a
parabólica (plana), y que los toros con g ≥ 2, tienen una geometrı́a hiperbólica.
Eso, como consecuencia de que entre las superficies de Riemann más sen-
cillas desde el punto de vista topológico, b ,
  y ∆, no es posible establecer
una función biyectiva f que sea un biholomorfismo (note que biholomorfismo
implica homeomorfismo):

- Una esfera y un plano no son homeomorfos, pues la esfera es compacta


y  no lo es (vea [DoC] para caracterizaciones de conjuntos compactos). Por
eso se dice que b y no son conformemente equivalentes.
 

- Y aunque y ∆ sı́ son homeomorfos, no es posible establecer entre ellos un



221

biholomorfismo, pues una función -diferenciable cuyo dominio sea y cuya


 

imagen esté contenida en el disco ∆, es una función acotada; para ese tipo de
funciones, hay un teorema de Variable Compleja, el Teorema de Liouville (vea
[A]), que asegura que la función debe ser constante. Pero entonces la imagen de
la función no puede cubrir a ∆, y por eso y ∆ tampoco son conformemente


equivalentes.

El enunciado formal del Teorema de Uniformización, es el siguiente.

Teorema de Uniformización. Cualquier superficie de Riemann, puede do-


tarse de una geometrı́a (doblemente) elı́ptica, o de una geometrı́a parabólica
(euclidiana), o de una geometrı́a hiperbólica, según sea conformemente equi-
valente al conjunto de clases de equivalencia de b , de o de ∆, determinadas
 

por un subgrupo discontinuo de P SL(2, ). 

Note que la única superficie de Riemann compacta (doblemente) elı́ptica


es la esfera b , y las únicas superficies parabólicas compactas son los toros


con 1 asa (no cualesquiera dos de tales toros son conformemente equivalentes,
vea [A]), mientras que las superficies hiperbólicas compactas son los toros con
cualquier número de asas.
Por eso dijimos que la mayorı́a de las superficies compactas y orientables
admiten una estructura hiperbólica.

Veamos ahora cómo construir un toro con 2 asas a partir de un octágono


regular hiperbólico cuyos ángulos midan 2π/8, cuando los lados se identifican
como lo muestra la Figura 4.30. Es necesario cuidar la medida de los ángulos
para que al identificar todos los vértices en un punto, el plano tangente a la
superficie cociente en ese punto esté bien definido. Con eso garantizamos que
puede medirse en el objeto nuevo usando la métrica en ∆.
En el caso del cuadrado euclidiano, la identificación de los lados opuestos se
hizo con traslaciones por T (1, 0) y T (0, 1); en el caso del octágono hiperbólico,
identificamos los lados con el mismo sı́mbolo y orientación opuesta, usando las
transformaciones hiperbólicas hi cuyo eje es la perpendicular común Hi a los
lados marcados con el mismo sı́mbolo y cuya distancia de traslación es la del
segmento de perpendicular entre los lados; como debió comprobarlo el lector,
esa perpendicular común existe si y sólo si las rectas son ultraparalelas, como
es el caso.
222

El octágono es el dominio fundamental del subgrupo G2 cuyas isometrı́as


directas están generadas por las cuatro transformaciones h1, h2 , h3 y h4 , y
es claro que ∆ puede cubrirse con las imágenes del octágono ilustrado en la
Figura 4.30 debidas a los elementos de G2 .

b−1
1
a−1
1

a2
b1
H1
H3
b2
a1

a−1
2 b−1
2

Figura 4.30: Construcción geométrica de un toro con 2 asas.

EJERCICIOS
1. Demuestre que si T es una transformación hiperbólica con eje L, d(P, T (P ))
no depende de P ∈ L.
2. Utilice el homeomorfismo establecido por la función tangente entre el
intervalo (−π/2, π/2) y , para dar un homeomorfismo entre y ∆.
3. Demuestre que cualquier toro con g asas puede obtenerse a partir de un
4g-ágono regular hiperbólico usando transformaciones hiperbólicas, si se
cuida de que los ángulos tengan el tamaño adecuado.
4. ¿Qué condición debe satisfacer una función f : 2 → para que tenga
sentido decir que también define una función en el cilindro euclidiano
223

2
creado como cociente de por el subgrupo generado por la traslación
T(1,0)?
5. Establezca las condiciones que debe cumplir una función f : 2 →
para que tenga sentido que también define una función cuyo dominio sea
el toro plano del Capı́tulo 1.
6. ¿Tiene sentido plantearse un problema análogo en el caso de f : ∆ →
y un toro con más de un asa?
7. Agrande la Figura 4.30 y añádale al menos los octágonos resultado de
aplicar hi y h−1
i con i = 1, 2, 3, 4.

4.7. Mosaicos
Abordaremos ahora el problema de tapizar el plano hiperbólico con mo-
saicos congruentes, y encontrar el grupo de isometrı́as que dejen invariante a
dicho enmosaicado.
A diferencia de los casos euclidiano y elı́ptico, hay un número infinito de
maneras de tapizar el plano hiperbólico con mosaicos congruentes; como ve-
remos, eso es consecuencia de la forma en que se construye un enmosaicado
hiperbólico, y del hecho de que haya triángulos cuya suma de ángulos es tan
pequeña como se quiera.
Nuestro único propósito formal en este inciso será mostrar cómo construir
enmosaicados hiperbólicos utilizando polı́gonos hiperbólicos de cualquier nú-
mero de lados. Construiremos nuestros ejemplos en el disco ∆, y pediremos al
lector convertirlos en enmosaicados de H + .
En cuanto al lado lúdico de este problema, quien lo utilizó en forma magis-
tral fue el ya mencionado grabador holandés M. C. Escher pese a que, al menos
al principio, no sabı́a que estaba utilizando transformaciones hiperbólicas1.
Escher decoró los polı́gonos hiperbólicos con imágenes diversas para crear
varios de sus más célebres grabados; si el lector los analiza desde el punto de
vista de este inciso (vea [Er] y [Es]), ganará en intuición hiperbólica, pues en
1
“En matemáticas nunca obtuve ni siquiera un ‘suficiente’. Lo curioso es que, a lo que
parece, me vengo ocupando de matemáticas sin darme cuenta bien de ello. ¡Quién se iba a
imaginar que los matemáticos ilustrarı́an sus libros con mis dibujos, que me codearı́a con
hombres tan eruditos como si fueran mis colegas y hermanos!” Escher, en [Er]
224

ellos se ilustra cómo cambia el decorado al rotarlo en torno a un punto, al


reflejarlo en una recta hiperbólica y al trasladarlo sobre una recta.
Al final, el mejor ejercicio será crear algún enmosaicado con el método aquı́
expuesto.

Dos de las figuras de la sección anterior, 4.27 y 4.30, muestran cómo cubrir
el disco de Poincaré con mosaicos hiperbólicos: los primeros son cuadriláteros
ideales, con sus vértices en el infinito, los segundos serı́an octágonos regulares
(no están dibujados, pero le pedimos al lector que lo hiciera en el Ejercicio
7, sección 4.5) cuyos vértices son puntos ordinarios y cuyos ángulos interiores
miden 2π/8. Los octágonos que no están dibujados se obtienen mediante las
transformaciones hiperbólicas utilizadas para “pegar” los lados con el mismo
sı́mbolo y orientaciones opuestas, pues cada una de ellas translada el octágono
a lo largo de la perpendicular común a esos lados; al utilizar todas las trans-
formaciones hiperbólicas generadas por esas transformaciones, podemos cubrir
∆ con octágonos regulares.
En ambos casos, las transformaciones usadas para tapizar el disco fueron
únicamente transformaciones de tipo hiperbólico, que en un cierto sentido se
parecen a las traslaciones euclidianas. En el caso del cuadrilátero ideal, bas-
taron dos transformaciones hiperbólicas para generar el subgrupo que tapiza
∆, pero en el caso del octágono con vértices ordinarios, fue necesario utilizar
cuatro transformaciones hiperbólicas para generar el grupo que tapiza ∆.
Entonces, tenemos ya un número infinito de maneras de tapizar ∆ con
mosaicos regulares y distintos:

- Con polı́gonos ideales de 2k lados, con k ≥ 2; el lector queda encargado


de describir el grupo de isometrı́as.
- Con 4n-ágonos regulares cuya suma de ángulos sea 2π; el grupo de isome-
trı́as de ese enmosaicado está generado por las 2n transformaciones hiperbólicas
cuyos ejes son las perpendiculares comunes a los lados que deben identificarse,
y donde las distancias de traslación de cada una es la distancia entre esos lados
(vea la Figura 4.27).

Pero cuando admitimos como isometrı́as a las transformaciones del plano


hiperbólico que fijan puntos ordinarios (transformaciones elı́pticas), o rectas
(reflexiones), no es necesario que los polı́gonos sean regulares, ni que el número
de lados sea múltiplo de cuatro.
225

Como hasta este punto no hemos utilizado las reflexiones hiperbólicas, vale
la pena ilustrar cómo trabajan en el caso del disco. En la literatura, las re-
flexiones hiperbólicas que describiremos se conocen como inversiones (vea el
Apéndice 5.6).
Si la recta en que deseamos reflejar pasa por el centro del disco, la reflexión
hiperbólica coincide con la reflexión euclidiana, pero si la reflexión se lleva a
cabo en otra recta, lo que define al reflejado P 0 de un punto P respecto a una
recta L, es el hecho de que P 0 debe pertenecer a la recta perpendicular a L por
P , debe pertenecer al otro semiplano definido por L, y las distancias de ambos
puntos a L deben ser la misma, todo lo cual ocurre en el caso euclidiano (vea
la Figura 4.31):
d∆ (P, L) = d∆ (P 0, L).

También en analogı́a con el caso euclidiano, la reflexión de un punto P en


una recta cualquiera L de ∆, puede obtenerse llevando la recta al origen, por
ejemplo mediante una transformación hiperbólica T , reflejando T (P ) en esa
situación, y aplicando T −1 al reflejado de T (P ).

L
PSfrag replacements P
P0

Figura 4.31: Cómo reflejar en una recta hiperbólica para el modelo del disco.

Pero también puede recurrirse al método que abordamos en el Apéndice


5.5: la inversión euclidiana respecto a una circunferencia, que abarca el proceso
que describimos en primer lugar y que permite localizar de manera analı́tica
el reflejado de un punto respecto a una recta en el plano hiperbólico, tanto en
un modelo como en el otro.
226

Hecha esta aclaración, empecemos tomando como pieza básica el polı́gono


más sencillo: un triángulo.
Dejamos como ejercicio para el lector ilustrar la forma en que cualquier
triángulo ideal y sus reflejados (y los reflejados de los reflejados, etc.), en cada
uno de sus lados, tapizan ∆
En el caso de un triángulo T cuyos vértices sean todos puntos ordinarios,
para que los reflejados de T en sus lados den lugar a un enmosaicado de ∆,
debemos empezar por asegurarnos de que, en torno de cada vértice Vi , un
número finito 2ki de imágenes de T cubran una vecindad en torno a ese vértice
sin traslaparse.
Eso implica que, si el ángulo en Vi es αi ,
π
2ki αi = 2π, es decir, αi = . (4.16)
ki
El 2 se explica porque vamos a aplicar una reflexión en cada uno de los lados
del triángulo, y deseamos que el enmosaicado resultante quede invariante bajo
rotaciones en torno a cada vértice, como ocurrı́a en el caso euclidiano, donde
el tipo de rotación nos sirvió para clasificar los mosaicos.
Un ejemplo permitirá que el lector se haga cargo del problema que sur-
ge cuando el ángulo no permite un número par de reflexiones. Tomemos un
triángulo con un vértice en el centro del disco, y cuyo ángulo en ese vértice sea
α = 2π/5.
Después de hacer una marca en uno de los dos lados contenidos en radios,
si procedemos a reflejar el triángulo en esos lados para cubrir el pentágono, no
podremos obtener un pentágono invariante bajo rotaciones en torno al centro
(Ejercicio 3).
En consecuencia, cada uno de los ángulos de un triángulo hiperbólico que
sea la pieza básica para construir un enmosaicado hiperbólico, debe ser de la
forma π/n, con n ∈ .

Por otro lado, sabemos que la suma de los tres ángulos debe ser menor que
π; entonces, si α1 = π/p, α2 = π/q y α3 = π/r, obtenemos una restricción
sobre los números p, q, r ∈ :
1 1 1
+ + < 1. (4.17)
p q r
Una terna (p, q, r) que satisface la restricción es (7, 2, 3); consideraremos
triángulos con uno de sus vértices en el centro del disco y donde el ángulo en
227

ese vértice corresponde al primer número: π/7, respectivamente; entonces el


triángulo básico y sus sucesivas reflexiones en los lados pertenecientes a dos
radios forman un heptágono (vea la Figura 4.32).
Las reflexiones en los lados de los triángulos pertenecientes a radios, dejan
invariante al heptágono. Pero las reflexiones en los lados opuestos al vértice
en el centro, generan otros polı́gonos congruentes con el original, que tam-
bién deben reflejarse en sus lados. Las reflexiones debidas a polı́gonos distintos
empatan bien porque en los vértices del heptágono los ángulos son de 120◦ .

Figura 4.32: cuyo triángulo básico corresponde a (7, 2, 3).


228

El grupo que deja invariante a este mosaico tiene como generadores a la


rotación por 2π/7 en torno al centro del heptágono central, a la rotación por
2π/3 en torno a uno de los vértices del heptágono, y a la rotación en torno al
pie de una apotema del heptágono (la perpendicular del centro a un lado).

Para los lectores interesados en este tema, la mejor referencia es [Be].

EJERCICIOS
1. Marque al azar cuatro puntos en la frontera de ∆ y dibuje el cuadrángulo
hiperbólico con esos vértices; dé y justifique un algoritmo geométrico para
obtener las imágenes de ese cuadrángulo bajo las reflexiones en sus lados.
2. En el modelo del disco, dibuje un pentágono regular con centro en (0, 0)
y divı́dalo en triángulos como se indicó en el texto. Determine si es po-
sible generar con el triángulo marcado, un enmosaicado cuyo grupo de
isometrı́as sea no trivial.
3. Considere el caso de un triángulo T cuyos vértices no sean todos idelales
ni todos ordinarios. ¿Podemos tapizar ∆ con él? Justifique sus afirma-
ciones.
4. Para al menos tres de los grabados de Escher que tapizan el plano hiper-
bólico, determine los valores p, q, r del triángulo básico, y el subgrupo de
G∆ que deja invariante al enmosaicado. (Sugerencia: consulte [Es].)
5. Diseñe al menos dos mosaicos hiperbólicos.
5
Apéndices

5.1. Funciones diferenciables.


La manera de extender el concepto de diferenciabilidad para una función
de varias variables, F : n → en un punto P0 de su dominio, es recordar que
el valor de una función diferenciable en un punto cercano a P0 , P0 + h̄ puede
aproximarse por el valor de la función en el punto, F (P0 ), más el valor de una
transformación lineal, llamada precisamente la derivada en P0 , aplicada al
incremento h̄, donde ||h̄|| es suficientemente pequeño.
En el caso de una función F : 3 → , la transformación lineal que da
lugar a la aproximación se puede pensar como un vector llamado el gradiente
de F en P0 , ∇F (P0), que se forma con las llamadas derivadas parciales de
F en P0 (x0 , y0, z0), que pueden obtenerse ası́ (ejemplificamos sólo una):
∂F 1
(x0 , y0, z0) = limh→0 (F (x0 + h, y0 , z0) − F (x0+, y0, z0)) .
∂x h
Es claro que la derivada parcial respecto a una variable considera sólo la
variación respecto a esa variable, las demás permanecen constantes.
Entonces ∇F (P0) se forma ası́:
!
∂F ∂F ∂F
∇F (P0) = (x0, y0 , z0), (x0, y0, z0 ), (x0 , y0, z0) ,
∂x ∂y ∂z
y se aplica a un vector ū = (h, k, l) mediante el producto punto:
!
∂F ∂F ∂F
∇F (P0)(ū) = (x0, y0, z0 ), (x0 , y0, z0), (x0, y0 , z0) · (h, k, l)
∂x ∂y ∂z
Se puede demostrar que, si cada una de las parciales es continua y ||(h, k, l)||
es suficientemente pequeña, es válida la aproximación

F (x0 + h, y0 + k, z0 + l) ∼ F (x0, y0 , z0) + ∇F (P0) · (h, k, l),


229
230

en el sentido de que la diferencia entre ambos miembros tiende a cero más


rápidamente que ||(h, k, l)||.
Por ejemplo, para F (x, y, z) = x2 + 4y 2 + 9z 2 , la parcial de F respecto a x
en P0 , la parcial de F respecto a y en P0 y la parcial de F respecto a z en P0
son, respectivamente,
∂F
(x0 , y0, z0) = 2x0 ;
∂x
∂F
(x0 , y0, z0) = 8y0 ;
∂y
∂F
(x0 , y0, z0) = 18z0 ,
∂z
y el gradiente de F en (−1, 1, −1) es

∇F (−1, 1, −1) = (−2, 8, −18).

Un valor r ∈ de F es un valor regular si para todo (x0 , y0, z0) ∈ 3 tal


que F (x0, y0, z0) = r, el gradiente de F en (x0 , y0, z0) es no nulo.
El conjunto de los puntos que se aplican en un mismo valor r se llama
la imagen inversa de r (o superficie de nivel r), y se denota F −1(r). Por
ejemplo, la circunferencia de radio 1 y centro en el origen, es la imagen inversa
de 1 bajo la función F (x, y, z) = x2 + y 2 + z 2, y lo análogo para cada una de
las superficies cuádricas.
Un punto (x0, y0, z0 ) ∈ 3 donde el gradiente ∇F (x0, y0 , z0) se anula, se
conoce como un punto crı́tico de F , y r ∈ es un valor crı́tico de F si
existe un punto crı́tico en la imagen inversa de r.
En el caso del cono, que es imagen inversa de 0 bajo la función F (x, y, z) =
x + y 2 − z 2 , cada una de las generatrices es una curva en el cono que pasa
2

por el vértice, y eso muestra que los vectores tangentes a curvas por el vértice
no forman un plano, por eso no se puede definir el plano tangente al cono en
el vértice. Esto se debe a que 0̄ ∈ 3 es punto crı́tico (el único) de la función
F (x, y, z) = x2 + y 2 − z 2.
Cada punto de 3 está contenido en una superficie de nivel de esta función,
y por eso se dice que las superficies de nivel de esta función folı́an al espacio,
lo llenan con sus hojas. Si r < 0 o si r > 0, las superficies son regulares, y el
cambio de un tipo de hiperboloide al otro pasa por el cono, que es la superficie
de nivel 0; el cono divide a los dos tipos de hiperboloides, y por eso se le llama
separatriz de la foliación. Para profundizar en estos temas, consulte [Hi].
231

5.2. Relaciones de equivalencia


En un conjunto A tenemos una relación de equivalencia si hemos deter-
minado una relación R entre sus elementos que satisface las tres condiciones
siguientes:

i Reflexividad: Cualquier a ∈ A está relacionado consigo mismo: aRa.

ii Simetrı́a: Si a ∈ A está relacionado con b ∈ A, entonces b está relacionado


con a: aRb ⇒ bRa.

iii Transitividad: Si a ∈ A está relacionado con b ∈ A y b está relacionado


con c ∈ A, entonces a está relacionado con c: aRb y bRc ⇒ aRc.

Los elementos relacionados unos con otros forman una clase de equi-
valencia y dos clases distintas no pueden tener elementos en común, por la
transitividad. Se dice por ello que

Una relación de equivalencia en un conjunto A induce una partición de A en


clases ajenas.

El conjunto de las clases de equivalencia se llama el conjunto cociente


de A módulo la relación de equivalencia.
Hay ejemplos cotidianos de relaciones de equivalencia: entre los dı́as de un
mes, el nombre de un dı́a es el mismo que el de otro si sus números difieren en
un múltiplo de 7: si el dı́a 3 es domingo, los demás domingos son los dı́as 10.
17 y 24.
Entre los números enteros, una relación empleada con mucha frecuencia
proviene del residuo que dejan los números al dividirlos entre un número fijo,
5 por ejemplo: la clase del 0 está formada por los números divisibles entre 5,
la clase del 1 está formada por los números de la forma 1 + 5k para cualquier
k 0in , la clase del 2 está formada por los números de la forma 2 + 5k, etc.


Cada número tiene bien definida su clase residual módulo 5.


Una función f entre dos conjuntos: f : A → B cuyo dominio sea A, indu-
ce una relación de equivalencia en A cuando se considera que dos elementos
a, a0 ∈ A están relacionados si f (a) = f (a0 ). Las clases de equivalencia son los
subconjuntos de A que son imagen inversa de un elemento fijo b ∈ B.
232

En el caso particular de una función f : n → , la imagen inversa de un


valor r ∈ se llama el conjunto de nivel r de la función. Si n = 2 se trata
de curvas de nivel, si n = 3, son superficies de nivel, etc.

5.3. El grupo simétrico


en cuatro sı́mbolos: S4
Las biyecciones de un conjunto en sı́ mismo pueden verse como un rearreglo
de los elementos del conjunto, y por eso, cuando el conjunto tiene un número
finito de elementos, llamamos a una biyección una permutación.
Los sı́mbolos 1, 2, 3, 4, pueden ordenarse de 4! maneras distintas, porque el
primer sı́mbolo puede escogerse de entre 4 elementos, para el segundo ya sólo
hay 3 opciones, para el tercero hay 2, y para el último hay sólo una opción.
Como 4! = 24, vale la pena escribir todas las ordenaciones; escribiremos
primero las que empiezan con 1, luego las que empiezan con 2, etc. Son
1234 1243 1324 1342
2134 2143 2314 2341
.
3124 3142 3214 3241
4123 4132 4213 4231
Cualquier ordenación puede obtenerse de otra efectuando una permutación,
y para determinarla, escribimos una ordenación debajo de la otra y decimos
que el primer sı́mbolo de la segunda ordenación ha sustituido al que aparece en
primer lugar en la primera ordenación; luego buscamos en la primera ordena-
ción el sı́mbolo que sustituyó al primero, y vemos cuál sı́mbolo de la segunda
ocupa el mismo lugar, y ası́ sucesivamente.
Por ejemplo, si tomamos 1234 y 3124, escribimos
 
1 2 3 4
,
3 1 2 4
y leemos: “1 se ha reemplazado por 3; 3 se ha reemplazado por 2 y 2 se ha
reemplazado por 1”, lo cual escribimos abreviadamente en forma de ciclo:

(132),
233

que debe interpretarse ası́: 1 se reemplaza por 3; 3 se reemplaza por 2, y 2 se


reemplaza por 1.
Nótese que 4 permaneció en su lugar original, y por eso no es necesario
escribirlo.
Cuando la permutación se reduce a intercambiar dos sı́mbolos, como ocu-
rre con las ordenaciones 4132 y 4231, el ciclo consta únicamente de esos dos
sı́mbolos, (12) y se llama una trasposición.
Las permutaciones pueden componerse, pues son funciones, y el resultado
de aplicar primero una permutación y luego otra, es también una permutación
de los sı́mbolos, pues la composición de dos biyecciones es una biyección. Como
la composición de funciones es asociativa, y la inversa de una biyección es otra
biyección, resulta que las permutaciones de cuatro sı́mbolos forman un grupo,
llamado el grupo simétrico en cuatro sı́mbolos que se denota S4 .
El neutro de este grupo es la permutación donde todos los sı́mbolos per-
manecen en su lugar, y la escribimos como producto de ciclos de longitud 1:
(4)(3)(2)(1).
Para determinar la permutación que resulta de aplicar primero la permu-
tación (234) y luego la permutación (13), escribimos la ordenación 1234 y apli-
camos las dos permutaciones en el orden propuesto, a la derecha (234) y a la
izquierda (13), como es costumbre en la composición de funciones, (13)(234));
en los renglones siguientes se ve el efecto de aplicar a los elementos del primer
renglón la permutación (234), y después la permutación (13) a los elementos
del segundo renglón:  
1 2 3 4
 
1 3 4 2.
3 1 4 2
La comparación del último renglón con el primero nos hace ver que: 1 se
reemplaza por 3; 3 se reemplaza por 4; 4 se reemplaza por 2 y 2 se reemplaza
por 1; esa permutación se escribe con el ciclo (1342), y entonces el producto
de la permutación (234) con la permutación (13) es (recuerde que el orden
en el lado izquierdo es el de la composición de funciones):

(13)(234) = (1342).

Es claro que (1342) = (3421) = (4213) = (2134), pues todas esas permuta-
ciones tienen el mismo efecto sobre cualquier ordenación.
234

Los ciclos se denominan 2-ciclos, 3-ciclos o 4-ciclos, según el número de


sı́mbolos que figuren en él. Note que el producto de dos trasposiciones ajenas no
puede escribirse como un 3-ciclo ni como un 4-ciclo; ése es el caso de (23)(14).
El número de permutaciones de 4 sı́mbolos es 4! = 24, pues cada ordenación
resulta de efectuar una permutación a la ordenación “natural”1234, y el número
de ordenaciones es 24.
Pero también podemos contar ası́: como cada permutación tiene una ex-
presión en ciclos, podemos contar el número de 2-ciclos, el de 3-ciclos, el de
4-ciclos y el de productos de 2-ciclos ajenos, sumarlos y añadir la permutación
identidad (que puede verse como producto de 1-ciclos):

El número de 2-ciclos es 4·3


2
= 6.
El número de 3-ciclos es 4·3·2
3
= 8.
4·3·2·1
El número de 4-ciclos es 4 = 6.
El número de productos de dos 2-ciclos ajenos es 6/2 = 3, pues debido a que
son ajenos, el orden de los factores no afecta el producto.

Si a estas 6 + 8 + 6 + 3 = 23 permutaciones les añadimos la permutación


identidad, tenemos 24 permutaciones en total.

El tema dista mucho de estar agotado con esta presentación (sugerimos


al lector que consulte [Bi]), pero seguramente convenceremos al lector de la
importancia del tema obteniendo todas las isometrı́as del tetraedro utilizando
los elementos de S4 .
Lo único que necesitamos es un hecho fundamental que no es difı́cil demos-
trar:

Observación. Cualquier permutación de n sı́mbolos puede obtenerse como


producto de un número finito de trasposiciones (no necesariamente ajenas).

Por ejemplo, la permutación (243) puede obtenerse ası́ (verifı́quelo):


(243) = (24)(23).
Es fácil demostrar que cualquier 4-ciclo es producto de 3 trasposiciones, y
que cualquier 3-ciclo es producto de 2 trasposiciones.
Como consecuencia de la observación, resulta que
1. Las trasposiciones generan al grupo simétrico, y las permutaciones pue-
den clasificarse como pares e impares dependiendo del número de trasposiciones
235

necesarias para obtenerlas.


El subgrupo de las permutaciones pares se llama el grupo alternante,
que en el caso de cuatro sı́mbolos se denota A4.

Con respecto a las isometrı́as del tetraedro, notemos dos hechos:


2. Cualquier isometrı́a del tetraedro da lugar a una permutación de sus
vértices, es decir, corresponde a un elemento de S4 .
3. En el tetraedro, cualesquiera dos vértices distan lo mismo: la longitud
de una arista (eso no ocurre en el cubo).
Ahora podmos ya empezar el análisis de las isometrı́as del tetraedro.
- Para cualquier trasposición, por ejemplo (23), hay una isometrı́a que
intercambia esos vértices dejando fijos los otros dos, 1 y 4: la reflexión en el
plano que contiene a los vértices fijos (1 y 4) y al punto medio M23 de la arista
de los otros dos. Para 4 sı́mbolos hay 6 trasposiciones, lo cual casa con el hecho
de que hay 6 puntos medios de aristas.
El producto de dos trasposiciones corresponde a la composición de dos refle-
xiones:
- Si las trasposiciones son ajenas, como (23) y (14), las dos reflexiones
asociadas fijan los puntos medios M23 y M14 ; entonces la recta que determinan
queda fija y la isometrı́a es una rotación por 180◦ en torno a ese eje. Sabemos
que hay 3 permutaciones producto de ciclos ajenos, lo cual corresponde al
hecho de hay 3 pares de aristas opuestas.
- Si las trasposiciones no son ajenas, como (12) y (13), el producto es un
3 ciclo, (13)(12) = (123) que deja fijo a 4. La isometrı́a correspondiente es
una rotación por 120◦ en torno a la recta por el vértice 4 y por el baricentro
de la cara 123, B123. El producto en el otro orden, (12)(13) = (132), está
asociado a la rotación en torno al mismo eje por 240◦ . Hay 8 de estos 3-ciclos,
correspondiendo al hecho de hay 4 caras y dos rotaciones para cada una que
no son la identidad.
Sólo nos falta encontrar las isometrı́as asociadas a 4-ciclos, como (1324). Estos
ciclos son producto de 3 trasposiciones, en nuestro caso, (1324) = (14)(23)(12).
Por la asociatividad de la composición de funciones, podemos multiplicar pri-
mero los dos últimos, (23)(12) = (132), lo caul da la rotación mencionada al
final del párrafo anterior; esa rotación se sigue de la reflexión asociada a la
trasposición (14). Ningún vértice queda fijo y, desde luego, la orientación cam-
bia: compare cómo ir de 1 a 2 y luego a 3 en la cara original y en la cara final
que contienen a esos vértices. Sabemos que el número de 4-ciclos es 6.
236

Esta vez la justificación geométrica del número de esas isometrı́as viene


directamente del intercambio entre los vértices, ninguno de los cuales queda
fijo bajo un 4-ciclo. Una vez escogido el vértice i en que aplicaremos al vértice 1
(hay sólo 3 posibilidades), el vértice i puede aplicarse únicamente en 2 vértices,
pues no puede aplicarse en 1 porque tendrı́amos un 2-ciclo y, necesariamente,
otro (y sólo otro) para que todos los vértices se intercambien, lo cual no es el
caso.
A estas 23 isometrı́as sólo falta añadir la identidad, que se escribe como pro-
ducto de 1-ciclos: (1)(2)(3)(4); eso da las 24 isometrı́as posibles del tetraedro.

5.4. Postulados euclidianos


La forma original de los postulados euclidianos es la siguiente, tomada de
[E].

I. (Es posible) trazar una recta de un punto a otro punto.

II. (Es posible) prolongar sin cesar una recta finita a una recta.

III. (Es posible) trazar una circunferencia dados un centro y un radio.

IV. Todos los ángulos rectos son iguales entre sı́.

V. Si una recta que corta a otras dos forma, del mismo lado, ángulos interio-
res que suman menos de dos ángulos rectos, al prolongar indefinidamente
las dos rectas, éstas se cortan del lado en que los ángulos interiores suman
menos de dos ángulos rectos.

El Postulado V se enuncia actualmente en las escuelas en la forma conocida


como Axioma de Playfair, debido a que John Playfair utilizó esta equiva-
lencia del Postulado V en su intento de demostrarlo a partir de los postulados
I a IV.
El Axioma de Playfair se utiliza en el texto para establecer las dos posibles
negaciones del Postulado V:

Axioma de Playfair. Por un punto P exterior a una recta L, es posible trazar


una y sólo una recta M que no corta a L (vea la Figura 5.2).
237

M
PSfrag replacements L1

L2 β

Figura 5.1: Si α + β < 180o, L1 y L2 se cortan de ese lado de M.

PSfrag replacements P M

H
L

Figura 5.2: M es la única paralela por P a L.

Como el Axioma de Playfair establece tanto la existencia como la unicidad de


una paralela a una recta L por un punto P exterior a L, hay dos formas de
negar el Postulado V:

N1 Por un punto P exterior a una recta L no es posible trazar alguna


paralela a L.

N2 Por un punto P exterior a una recta L es posible trazar más de una


paralela a L.

5.5. Topologı́a
En los cursos de Cálculo se define la noción de conjunto abierto de n :
es un conjunto A tal que cualquiera de sus puntos es centro de una bola de
radio positivo completamente contenida en A.
Es fácil verificar que los conjuntos abiertos de n poseen las propiedades
siguientes:
238

n
1. El vacı́o y el total ( ) son conjuntos abiertos.

2. La intersección de dos conjuntos abiertos es un conjunto abierto.

3. La unión arbitraria de conjuntos abiertos es un conjunto abierto.

La definición de espacio topológico establece precisamente estas condi-


ciones. Se dice que un conjunto E es un espacio topológico si entre los subcon-
juntos de E hay una familia F , la familia de los abiertos de E, que satisface
las tres condiciones anteriores. La familia F es una topologı́a para E, y cada
abierto es una vecindad de cada uno de sus puntos.
Note que la definición de función continua de en puede leerse ası́:

f : → es continua en un punto x0 de su dominio, si dado un


abierto B que contenga a f (x0 ) existe un abierto A que contiene a x0 y tal que
f (A) ⊂ B.

Por eso es posible definir funciones continuas entre dos espacios topológicos
cualesquiera E1 y E2 : basta pedir que la imagen inversa bajo f de cualquier
abierto de E2 sea un abierto de E1 .
Si la función f es continua y biyectiva, existe la función inversa, f −1 , y si
ésta es también continua se dice que E1 y f (E1 ) ⊂ E2 son homeomorfos (no
confundir con homomorfo, noción perteneciente al álgebra), y que f es un
homeomorfismo.
Es muy importante que el lector se pregunte cuáles de las funciones que
conoce son continuas, y de éstas cuáles son homeomorfismos. Por ejemplo, la
proyección Π : 2 → tal que Π(x, y) = x, es una función continua cuando
2
en y en consideramos los abiertos usuales, pero no es un homeomorfismo
porque no es inyectiva.
Cuando en un conjunto E tenemos definida una topologı́a, es posible con-
vertir cualquiera de sus subconjuntos, E 0 , en un espacio topológico relativizan-
do los abiertos, es decir, A0 ⊂ E 0 es un abierto relativo de E 0, si existe un
abierto A de E cuya intersección con E 0 es A0, es decir, A0 = A ∩ E. El lector
no tendrá dificultad en comprobar que los abiertos relativos satisfacen las tres
condiciones de una familia de abiertos.
Ahora ya es sencillo demostrar que la proyección estereográfica de una
circunferencia en la recta real a la que añadimos un punto (vea la Figura 3.3),
es un homeomorfismo.
239

Los abiertos de S 1 serán los abiertos relativos de S 1 como subconjuntos de


2
, y los abiertos de ∪ P∞ son las vecindades usuales de puntos de la recta
y las vecindades de P∞ que definimos como los complementos de conjuntos
acotados, esto es, conjuntos que pueden encerrarse en un intervalo (−R, R)
con 0 < R < ∞.
Nuevamente, lo mejor que puede hacer el lector es verificar que al aña-
dir estos abiertos a los abiertos usuales de , se obtiene una topologı́a para
P 1(R), y entonces tampoco tendrá dificultad en demostrar por sı́ mismo que
la proyección estereográfica ilustrada en la Figura 3.3 es un homeomorfismo.

5.6. Algunos resultados


sobre la circunferencia
En este apéndice, el lector tendrá oportunidad de constatar la enorme ven-
taja de trabajar con coordenadas complejas.

Inversión respecto a una circunferencia euclidiana.

El conjugado de un número complejo z = x + iy es el número complejo que


conserva la parte real y cambia de signo a la parte imaginaria: z̄ = x − iy; la
interpretación geométrica es la de una reflexión con respecto al eje real.
Si z ∈ − y aplicamos a ∪ {∞}, z y z̄ una transformación de Möbius


que lleve en S 1 , como


z+i
T (z) = ,
iz + 1
es claro que T (z) y T (z̄) quedan uno dentro y otro fuera de S 1. Pero compro-
baremos que, además, el producto de los módulos es 1:
s    


z + i z̄ + i z+i z̄ − i z̄ + i z−i
=
iz + 1 iz̄ + 1 iz + 1 −iz̄ + 1 iz̄ + 1 −iz + 1
v ! !
u
u z̄ 2 + 1 z2 + 1
= t = 1, (5.1)
z2 + 1 z̄ 2 + 1
pues en el primer radical los productos, tomando los pares adecuados, son suma
por diferencia tanto en el numerador como en el denominador.
240

En la Geometrı́a Euclidiana plana, dada una circunferencia C con centro O


y radio R, a dos puntos P y P 0 tales que

d(O, P )d(O, P 0 ) = R2 ,

les llamamos puntos inversos respecto a C.


La ecuación (5.1) muestra que T (z) y T (z̄) son inversos respecto a S 1 , y
nuestra experiencia con las transformaciones de Möbius nos muestra que si
después de aplicar la inversión respecto a S 1 aplicamos una homotecia H de
razón λ, el producto de los módulos de H ◦ T (z) y H ◦ T (z̄) hubiera sido λ2 .
Por eso tiene sentido llamar a la inversión respecto a una circunferencia
euclidiana, reflexión en una recta hiperbólica.
Es interesante hacer notar que los puntos P 0 y P 00 correspondientes a las
proyecciones estereográficas de un punto P ∈ S 2 desde los polos N , norte, y
S, sur, respectivamente, son puntos inversos respecto a la circunferencia de
radio 1 del ecuador, como es fácil demostrar si se consideran los triángulos
rectángulos que aparecen en la figura que se crea en el plano que contiene a
todos los puntos en cuestión: el centro O de S 2, N , S, P , P 0 y P 00.
El lector está invitado a hacer el dibujo y la demostración, y a considerar
que el ser P 0 y P 00 puntos inversos respecto a S 1 , demuestra que S 2 es una
variedad diferenciable, pues el cambio de coordenadas de P 0 a P 00 es z 7→ 1/z:
un difeomorfismo si z 6= 0.

Circunferencias de Apolonio y redes de Steiner

Una circunferencia de Apolonio es el lugar geométrico de los puntos P


de un plano cuyas distancias a dos puntos fijos α y β, es una constante k.
En coordenadas complejas escribimos
|z − α|
= k, (5.2)
|z − β|
+
ecuación que tiene sentido para todo k ∈ ∪ {0}, y que al ser escrita en
coordenadas cartesianas toma la forma

(1 − k 2 )x2 + (1 − k 2)y 2 − 2(α + βk 2)x + α2 − k 2 β 2 = 0, (5.3)

que es la ecuación de una circunferencia porque no hay término mixto y los


coeficientes de x2 y y 2 son iguales.
241

Cuando k varı́a en + ∪ {0}, se obtiene la familia de circunferencias


de Apolonio determinadas por los puntos α y β (es la familia F2 de las
figuras 4.9 y 4.10 (a)).
De la ecuación (5.2) es inmediato que cuando k → 0, la circunferencia
tiende al punto α, y que cuando k → ∞ la circunferencia tiende al punto β.
Estos puntos se llaman los puntos lı́mite de la familia de circunferencias de
Apolonio.
Asimismo, cuando k > 1, la circunferencia tiene a β en su interior, aunque
no como centro, y cuando k < 1, la circunferencia tiene a α en su interior,
nuevamente no como centro.
La ecuación (5.3) muestra que cuando k = 1, la circunferencia es una recta,
la mediatriz del segmento definido por α y β.
La transformación T ∈ P SL(2, ) 

z−α
T (z) = ,
z−β

lleva a α en 0 y a β en ∞, y en consecuencia transforma a las circunferencias


por esos puntos (la familia F1 de las figuras 4.9 y 4.10), en rectas euclidianas
por el origen, mientras que las circunferencias de Apolonio (los elementos de
la familia F2), se transforman en cı́rculos concéntricos con centro en el origen,
pues si w = T (z) es tal que |w| = ρ, eso equivale a

|z − α|
= ρ,
|z − β|

es decir, z pertenece a la circunferencia de Apolonio correspondiente a la cons-


tante ρ.

Las familias F1 y F2 forman una red de Steiner y sus elementos se llaman


cı́rculos de Steiner.
Las propiedades listadas en [A] para ellos (y que se siguen de lo que hemos
discutido) son:

1. Para cada punto en b − {α, β}, hay uno y sólo un elemento C1 ∈ F1 y




C2 ∈ F2 que lo contienen.

2. Cualesquiera C1 ∈ F1 y C2 ∈ F2 se cortan en ángulos rectos.


242

3. La inversión euclidiana (reflexión hiperbólica) en C1 ∈ F1 lleva a cual-


quier C2 ∈ F2 en sı́ mismo, y a cada C1 ∈ F1 en otro elemento de la
misma familia.

4. Los puntos lı́mite son simétricos (inversos uno respecto al otro), respecto
a cada elemento C2 ∈ F2 , y sólo con respecto a ellos.
6
Bibliografı́a

A Ahlfors, L.V. Complex Analysis, Mc Graw Hill, 1985.

Be Beardon, A.F. The Geometry of Discrete Groups, Springer-Verlag, 1983.

B-ML Birkhoff, G., MacLane, S. A Survey of Modern Algebra, MacMillan, 1963.

Bo Bonola, R. Non-Euclidean Geometry, Dover, 1955.

C-G Costa, A., Gómez, B. Arabesques and Geometry, Springer VideoMATH,


1991.

Cou Courant, R. Differential and Integral Calculus, Interscience, 1937.

Cox1 Coxeter, H.S.M. Fundamentos de Geometrı́a, Limusa, 1971.

Cox2 Coxeter, H.S.M. Regular Complex Polytopes, Cambridge Universit Press,


1974.

Cox3 Coxeter, H.S.M. Projective Geometry, Springer-Verlag, 1994.

Cox4 Coxeter, H.S.M. Non-euclidean Geometry, University of Toronto Press,


1965.

Cox5 Coxeter, H.S.M. Geometry Revisited, The Mathematical Association of


America, 1983.

DoC Do Carmo, M.P. Differential Geometry of Curves and Surfaces in 3 ,


Prentice Hall, 1976. (Trad. Oscar Palmas, Vı́nculos Matemáticos 183,185,
193, 194, 197, F.C., UNAM, 1991.

D-P Dodson. C., Parker, E. A User’s Guide to Algebraic Topology, Kluwer


Ac. Pub. Group, 1997.

Du Durero, A. Instituciones de Geometrı́a, Fuentes 3, IIB, UNAM, 1987.


243
244

Er Ernst, B. El Espejo Mágico de M.C. Escher, Taschen, 1992.

Es Escher, M.C. The Graphic Work of M.C. Escher, Taschen, 1992.

Eu Euclides. Euclid’s Elements, Dover, 1979.

Ev Eves, H. Estudio de las Geometrı́as, UTEHA, 1969.

F Forster, O. Lectures on Riemann Surfaces, Springer-Verlag, 1991.

Fu Fulton, W. Algebraic Curves, Mathematics Lecture Notes Series, Benja-


min, 1969.

G-R González, V., Rodrı́guez, R. Seminario de Geometrı́a Compleja 1, Uni-


versidad de Santa Marı́a y Universidad de Santiago, 1983.

G-S Grünbaum, B., Shepard, G.C. Tillings and Patterns, W.H.Freeman and
Co., 1987.

Gr Graustein, W. Introduction to Higher Geometry, The Macmillan Co.,


1949.

H Hilbert, D. Foundations of Geometry, Open Court Publishing Co., 1962.

H-C Hilbert, D., Cohn Vossen, S. Geometry and the Imagination, Chelsea
Publishing Co., 1983. (Edición facsimilar en Vı́nculos Matemáticos No.
150, FC, UNAM, 2000.).

Hr Hirsch, M. Differential Topology, Springer-Verlag, 1967.

I Illanes, A. La Caprichosa Forma de Globión, la ciencia para todos, 168,


Fondo de Cultura Económica, 1999.

Ke Klein, F. Le Programme d’Erlangen, Gauthier-Villard, Paris, 1974.

Ki Kline, M. Mathematical Thought from Ancient to Modern Times, Oxford


University Press, 1991.

L Lefschetz, S. Differential Equations: Geometric Theory, Pure and Ap-


plied Mathematics VI, Intersiencie, 1957.

Ma Markushevich, A. Teorı́a de las Funciones Analı́ticas, MIR, 1987.


245

Mar Martin, G. Transformation Geometry. An Introduction to Symmetry,


Springer-Verlag, 1997.

Mat Matsushima, Y. Differential Manifolds, Marcel Dekker, 1972.

Mo Montesinos, J.M. Classical Tessellations and three-Manifolds, Springer-


Verlag, 1985.

Ra Ramı́rez-Galarza, A. Geometrı́a Analı́tica: Una introducción a la Geo-


metrı́a, Las Prensas de Ciencias, UNAM, 1998.

R-S Ramı́rez-Galarza, A., Sienra, G. Invitación a las Geometrı́as No-euclidianas,


Las Prensas de Ciencias, UNAM, 2000.

Re Rees, E. Notes on Geometry, Universitexts, Springer Verlag, 1983.

Ri Rincón, H. álgebra Lineal, Las Prensas de Ciencias, UNAM, 2001.

Sa Samuel, P. Projective Geometry, Springer-Verlag, 1988.

Sp Speiser, A. Die Theorie der Gruppen von Endlicher Ordnung, Dover,


1945.

Spr Springer, G. Introduction to Riemann Surfaces, Addison-Wesley Publis-


hing, 1957.

T Thurston, W. Three Dimensional Geometry and Topology, Vol. 1, Prin-


ceton Mathematical Series 35, 1997.

Va Vasari, G. Vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos,


Nuestros Clásicos 74, UNAM, 1996.

Ve Verjovsky, A. Introducción a la Geometrı́a y las Variedades Hiperbólicas,


Departamento de Matemáticas, CINVESTAV, IPN, 1982.

W Wolfe, H.E. Introduction to Non-euclidean Geometry, Holt, Reinhert and


Wiston, 1945.

Y Yaglom, I. Felix Klein and Sophus Lie, evolution of the idea of symmetry
in the nineteenth century, Birkhäusser, 1988
Índice alfabético

abierto, 237 cara, 61


relativo, 238 caracterı́stica de Euler, 63
acción de un grupo, 56 carta coordenada, 130
ángulo centro
de paralelismo, 210 n-, 80
entre dos vectores, 11 de simetrı́a, 7
antı́poda, 33, 113 de un cubo, 19
aplicación de Veronese, 151 ciclo, 232
área de un paralelogramo, 12 clase
arista, 60 de equivalencia, 47
ası́ntota, 104 de pares, 95
automorfismo, 185 de rectas, 95
Axioma de Playfair, 236 residual, 231
cm, 85
Banda de Möbius, 123
cmm, 84
base
completo, modelo, 175
canónica, 12
conforme, 113, 116
izquierda, 32
conformemente equivalente, 220
Beltrami, E., 175
conjugación, 78, 185
biholomorfismo, 132, 220
conjugado
Bolyai, J., 174
armónico, 144
Botella de Klein, 129
de un número complejo, 185
cı́rculo(s) subgrupo, 78
de Apolinio, 192, 240 conjunto
de Steiner, 241 abierto, 237
máximo, 166 acotado, 239
puntos lı́mite de, 241 armónico, 144
cambio de coordenadas, 130 cociente, 231
campos algebraicamente cerrados, 150 de nivel, 232
246
247

denso, 53 esfera de Riemann, 112


frontera de un, 49 espacio
constante hiperbólica, 209 de identificación, 56
cuadrilátero, 89 proyectivizado, 110
vértice de un, 89 topológico, 238
curvatura estabilizador, 70
constante, 45 Euclides, 5
de una curva, 43 Euler, L., 63
de una superficie, 45
máxima, 45 fibración de Hopf, 116
mı́nima, 45 foliación, 230
seccional, 45 hojas de una, 230
forma canónica, 192, 193
derivada friso, 71
en n , 229 frontera de un conjunto, 49
parcial, 229 función
desigualdad de Schwarz, 12 analı́tica, 132, 218
difeomorfismo, 130  -diferenciable, 218
distancia contı́nua, 238
de traslación hiperbólica, 215 holomorfa, 132, 218
de un punto a otro, 6, 11
de un punto a un plano, 6 Galois, E., 22
de un punto a una recta, 6, 13 Gauss, K.F., 150
hiperbólica, 197 generadores de un grupo, 58
orientada, 145 género, 219
dominio fundamental, 76 geodésica, 49, 166
dual gradiente, 229
de un espacio vectorial, 118 grupo, 24
de un sólido platónico, 63 abeliano, 25
dualidad acción de un, 56
principio, 117 afı́n, 100
alternante, 68, 235
eje cı́clico, 59
de simetrı́a, 8 conmutativo, 25
de una rotación, 32 de Lie, 31
epicicloide, 55 de simetrı́as, 58
equivalencia conformemente, 220 directas, 184
Escher, M.C., 124 euclidiano, 34
248

lineal, 133 lı́nea del horizonte, 89, 91


ortogonal, 30, 33 Lobachevski, N., 174
especial, 30 longitud
proyectivo, 134 de arco, 43
relaciones en un, 58 de una curva, 166
simétrico, 64, 233 hiperbólica, 197
transitivo, 183
matriz
haz de la métrica, 158
de puntos, 118 de una cónica, 149
de rectas, 118 de una forma cuadrática, 37
Hilbert, D., 174 ortogonal, 30
hiperbólica, transformación, 192 rango de una, 37
hipersuperficie, 151 signatura de una, 37
hipocicloide, 55 transpuesta, 30
holomorfa, función, 132 métrica, 158
homeomorfismo, 110, 238 hiperbólica, 198
homogeneizar, 131 riemanniana, 198
homotecia, 36 Möbius, F. A., 123
horociclo, 195 Banda de, 123
horoesfera, 211 modelo
huso, 168 completo, 175
de Beltrami, 176
ideales, polı́gonos, 181 del disco de Poincaré, 177
imagen inversa, 42, 230 del hiperboloide, 176
incidencia, 101, 117 del semiplano superior, 178
inclusión canónica, 12 proyectivo, 175
interior de un conjunto, 48 mosaico, 71
inversiones, 240
involución, 77 n-centro, 80
isometrı́a, 22 n-ciclo, 233
directa, 184 norma
isotropı́a, 46 de un vector, 11
iteración, 57 hiperbólica, 197

Klein, F., 22 órbita, 55

Ley de Refracción, 179 p1, 85


249

p2, 84 triple escalar, 12


p3, 82 vectorial, 12
p31m, 83 proposición dual, 117
p3m1, 82 proyección
p4, 83 canónica, 52
p4g, 83 estereográfica, 112
p4m, 83 proyectividad, 133
p6, 82 punto(s)
p6m, 81 al infinito, 94, 175, 179
paralelas hiperbólicas, 177 atractor, 194
parametrización, 130 correspondiente, 208
Pascal, B., 152 crı́tico, 230
paso, 74 de fuga, 89, 91
permutación, 232 elı́ptico, 43
perspectividad, 133 hiperbólico, 43
pg, 85 interior, 48
pgg, 84 inversos resp. a una cónica, 240
plano lı́mite, 241
afı́n, 94 parabólico, 43
cartesiano, 91 polar, 159
complejo extendido, 111 proyectivo, 109, 110
de simetrı́a, 9 repulsor, 194
del dibujo, 91 umbı́lico, 46
elı́ptico, 166
proyectivo real, 109 rango, 37
tangente, 43 razón doble o cruzada, 143, 145
pm, 85 de puntos en una cónica, 155
pmg, 84 recta(s)
pmm, 84 al infinito, 94
Poincaré, H., 177 elı́ptica, 168
poliedro regular, 61 hiperbólica, 176
polı́gonos ideales, 181 polar, 159
posición general, 115 proyectiva, 110, 113
Principio de Dualidad, 117 que se cruzan, 21
producto tangente, 159
escalar, 11 recubrimiento doble, 113
hiperbólico, 196 red de Steiner, 192
250

degenerada, 192 homogénea, 46


reflexión orientable, 124
en 3 , 32 reglada, 40
en una recta hiperbólica, 240
respecto a una recta, 29 Teorema (de (la))
región fundamental, 48 Aplicación de Riemann, 220
relación de equivalencia, 231 Bezout, 165
rotación, 27, 32 Brianchon, 158
eje de una, 32 Clasificación de Superficies, 218
Desargues, 119
sección normal, 43 Fundamental de la Geometrı́a Pro-
signatura, 37 yectiva, 139
simetrı́a respecto a hexágono mı́stico(Pascal), 155
el orı́gen, 10 Pappus, 152
un eje coordenado, 10, 11 Restricción Cristalográfica, 81
un eje plano coordenado, 11 Steiner, 153
un plano, 9 Uniformización, 220
un punto, 7 Thurston, W., 173
una recta, 8 topologı́a, 238
sólido platónico, 61 toro
Steiner de revolución, 43
red de, 192 plano, 50
teorema de, 153 tractriz, 174
subgrupo, 55 transformación
alternante, 68 afı́n, 100
discontinuo, 213 de Möbius, 142
estabilizador, 70 elı́ptica, 193
normal, 57 hiperbólica, 192
superficie identidad, 23
cuádrica, 37 inyectiva, 24
curvatura de una, 41 parabólica, 193
de curvatura constante, 45 rı́gida, 22
de nivel de una función, 41 transitividad, 135
de Riemann, 132 traslación, 23, 31
de Veronese, 151 trasposición, 233
degenerada, 40 triángulo, 117
extensión de una, 40 autopolar, 162
251

trilátero, 117
triple producto escalar, 12

ultraparalelas, 177

valor crı́tico, 42, 230


valor regular, 42, 230
imagen inversa de un, 42
variedad
diferenciable, 130
grassmaniana, 121
vecindad, 238
vértice, 60
volumen de un paralelepı́pedo, 12