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ANTEPOYETO DE LA PRÁCTICA

Introducción
El Fe es un elemento esencial para el crecimiento y desarrollo de las plantas, ya que
participa en numerosos procesos enzimáticos y metabólicos, así como en la síntesis de la
clorofila. La deficiencia de este nutriente en los cultivos se conoce como clorosis férrica y es
una de las principales limitantes del rendimiento de cítricos en suelos calcáreos.

La deficiencia de hierro es común en suelos calcáreos, donde el pH es elevado; estos suelos


pueden contener cantidades considerables de Fe, sin embargo, se encuentra en una forma
poco disponible para las plantas. La baja disponibilidad de Fe en los suelos calcáreos se debe
a que las altas concentraciones de carbonatos y bicarbonatos disminuyen la solubilidad y
movilidad del Fe, ya que el Fe es menos soluble a medida que el pH del suelo aumenta por
encima de 6.5 a 6.7. Cabe mencionar que la mayoría de las plantas pueden absorber el
hierro como ion libre (Fe2+) y este elemento se encuentra en este estado solamente cuando
el pH del suelo fluctúa entre 5.0 a 6.5. La clorosis férrica también se puede atribuir a bajas
temperaturas, baja concentración de materia orgánica y pobre aireación. Además, la
deficiencia de hierro puede ser inducida por alto contenido de Fósforo (P) o la acumulación
de metales en el suelo, principalmente Cobre (Cu) y Zinc (Zn) (INSTAGRI, S/F).

El Fe es el micronutriente más afectado por el pH del suelo ya que por cada unidad de
aumento del pH (entre 4-9) su disponibilidad se reduce en 1000 veces, mientras que la
disponibilidad de Mn, Zn y Cu disminuye en 100 veces por cada unidad de incremento en el
pH (Ferreyra et al., 2008 citado por Díaz, et. al., 2018).

Revisión de literatura
La práctica que es utilizada para la corrección de clorosis en los cultivos consiste en
aspersiones foliares de sulfato ferroso (FeSO4) (Fernández y Elbert, 2005; Ozores-
Hampton, 2013). No obstante, esta práctica en muchos casos es infructuosa o inoperante
ya que depende del grado de severidad de clorosis presente en el cultivo, de la oportunidad
y de la frecuencia de las aspersiones (Kabir et al., 2016; Lucena, 2009). Las aspersiones
de FeSO4 deben iniciarse al presentarse los primeros síntomas en estado de plántula ya que
en plantas adultas pueden resultar inef icaces (Magallanes et al., 2014; Schenkeveld et al.,
2008). En 2003 la Unión Europea inició la regulación para la producción comercial del
quelato sintético tipo EDDHA [ac. etilendiamino-di-(o-hidroxifenilacético)], el cual muestra
efectividad en suelos calcáreos con pH > 8.5 (Álvarez et al., 2005; García-Marco et al.,
2006). Este quelato se ha utilizado para la corrección de clorosis férrica principalmente en
frutales y cultivos hortícolas (Ozores-Hampton, 2013; Whiting et al., 2015); con escasa
información de su aplicación en granos o cultivos extensivos (Díaz, et al., 2018).
Un quelato es un compuesto químico en el cual una molécula orgánica rodea y se enlaza en
varios puntos a un ion metálico, de manera que le protege de cualquier acción desde el
exterior evitando su hidrólisis y su precipitación. Los quelatos, químicamente hablando, son
por lo tanto, moléculas muy estables (Cadahía, 2005 citado por Arizmendi, et al., 2011).
Según Liphadzi y Kirkham (2006) citados por Arizmendi, et al. (2011) Esta práctica se ha
intensificado en la actualidad, al grado de provocar la presencia de cantidades no usuales
de hierro en las aguas subterráneas que son atribuidas al fenómeno de lixiviación de los
quelatos demostraron que no deben añadirse quelatos al suelo porque movilizan a los
metales pesados, lixiviándose y contaminando las aguas subterráneas.
La solubilidad del Fe en un suelo también depende del contenido en materia orgánica del
mismo. Así, la asociación del hierro con los agentes quelantes de la materia orgánica da
lugar a la formación de complejos que incrementan considerablemente la concentración y
la movilidad de este nutriente en la disolución del suelo (Lobartini y Orioli, 1988; Cesco et
al., 2000). Estos agentes quelantes tienen distinta procedencia tales como la transformación
de la materia orgánica (ácidos fúlvicos, aminoácidos, ...), los compuestos exudados por las
raíces del vegetal (fitosideróforos), y los segregados por los microorganismos (sideróforos).
Las sustancias húmicas no reducen las pérdida de Fe no (o,o-EDDHA) que se producen tras
la interacción con los suelos, aunque si produce variaciones en la velocidad de retención del
Fe no (o,o-EDDHA) por la fase sólida del suelo. Estos datos hacen pensar en efectos directos
de las sustancias húmicas sobre el vegetal que mejoran la nutrición férrica (Juárez, et al.,
2015).
En las últimas décadas se han ido estableciendo una serie de efectos bioestimulantes de la
materia orgánica sobre el vegetal, los denominados efectos directos, que se traducen
fundamentalmente en: mejor desarrollo radicular (Adani et al., 1998), cambios en la
permeabilidad de las membranas (Vigneault et al., 2000); y modificación de determinadas
actividades enzimáticas implicadas en la toma y el metabolismo de nutrientes. Pinton et al.
(1997) y Varanini et al. (1993) han puesto de manifiesto el incremento de la actividad H+-
ATPasa en la membrana plasmática con el consiguiente aumento en la liberación de
protones por parte de las raíces, hecho de gran repercusión en la toma de nutrientes,
especialmente hierro. Varanini y Pinton (2000) establecen un aumento en la actividad
nitrato reductasa inducida por sustancias húmicas, que se traduce en un incremento en la
toma de nitratos por el vegetal (Juárez, et al., 2015).
Se ha de tener en cuenta que la acción que la materia orgánica ejerce sobre el suelo requiere
la aplicación de cantidades considerables de materia orgánica, y que algunos de sus efectos
se producen durante los procesos de transformación de ésta en el suelo. Por el contrario,
la incidencia directa requiere de pequeñas cantidades y de tamaños y estructuras
moleculares más precisas, y sus efectos sobre el vegetal pueden realizarse tanto por parte
de los compuestos o estructuras orgánicas presentes en los suelos como por aplicación
foliar de sustancias húmicas (Juárez, et al., 2015).
Varanini y Pinton (2000) resumen los efectos de las sustancias húmicas sobre la nutrición
férrica de los vegetales en los siguientes procesos: a) las sustancias húmicas de bajo peso
molecular, pueden formar complejos con el hierro de los constituyentes del suelo,
aumentando su solubilidad, el complejo férrico se mueve a través del apoplasto hasta la
membrana plasmática, y se comporta como un sustrato para la reductasa de complejos o
quelatos de Fe(III); b) la sustancia húmica puede estimular directamente la bomba de
protones (H+-ATPasa) de la membrana plasmática, lo que modifica el pH del citoplasma y
apoplasto con cambios en el transporte de iones y los enzimas dependientes del pH (p. e.
Fe(III)- reductasa) y posiblemente el metabolismo celular (Juárez, et al., 2015).
Objetivos
Corregir la deficiencia de hierro en plantas desarrolladas en suelo alcalino mediante la
aplicación foliar de fertilizantes para mejorar la concentración nutrimental y la producción
de biomasa.
Buscar alternativas de fertilización foliar de manera que se reduzca la aplicación de quelat
EDDHA por efectos de contaminación a manto freáticos por lixiviación.
Hipótesis
La aplicación de quelato EDDHA adicionando té de composta (foliar) sobre las plantas es
más eficiente que la aplicación de quelato EDDHA más materia orgánica (composta) en el
suelo.
La aplicación de té de composta únicamente favorece y es suficiente para corregir la
deficiencia de hierro en las plantas de maíz y frijol.
Materiales y métodos
Quelato EDDHA comercial.
Composta
Semillas de maíz y frijol.

Dosis: 1% de Quelato EDDHA comercial.

Diseño experimental
Aplicación de quelato EDDHA en frijol y maíz
Aplicación de quelato EDDHA y adicionando materia orgánica (composta) al suelo.
Aplicación de quelato EDDHA y té de composta (foliar)
Aplicación de te de composta
Testigo

Variable a evaluar

Bibliografía

https://www.intagri.com/articulos/nutricion-vegetal/la-fertilizacion-ferrica-en-citricos.