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Álvaro Mutis, (1923-2013).


De los cafés bogotanos
al exilio mexicano

Alvaro Mutis, (1923-2013). From


cafés in Bogotá to Mexican exile

Juan Gustavo Cobo Borda (Colombia)


coborda@gmail.com

Resumen Abstract
A propósito de la muerte del novelista Speaking of the death of the Colombian
y poeta colombiano Álvaro Mutis, en novelist and poet Alvaro Mutis, in Sept-
septiembre de 2013, Juan Gustavo ember 2013, Juan Gustavo Cobo Bor-
Cobo Borda presenta a los lectores de da introduces to the readers of Poliantea
Poliantea un homenaje al escritor de La a tribute to the writer of La Mansión de
mansión de Araucaima, recordando al Araucaima, evoking the legendary Wind-
legendario café Windsor. sor Café.

Fecha de recepción: 12 de junio de 2013 Para citar este artículo / to cite this article
Fecha de revisión: 18 de junio de 2013 Cobo, J. (2013). Álvaro Mutis, 90 años. De los cafés
Aprobación: 22 de julio de 2013 bogotanos al exilio mexicano. Poliantea, (IX), 17,
pp. 201-214.

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▶ Álvaro Mutis, 90 años - Juan Gustavo Cobo Borda

Palabras clave: literatura, Álvaro Mutis, Keywords: literature, Álvaro Mutis, Wind-
café Windsor, bohemia. sor Café, bohemia.

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Álvaro Mutis, 90 años.


De los cafés bogotanos
al exilio mexicano

Alvaro Mutis, 90 years. From cafés


in Bogotá to Mexican exile

Juan Gustavo Cobo Borda (Colombia)


Poeta y ensayista bogotano. Fue director durante una década (1973-1984) de la revista Eco, de la
librería Buchholz, y Gaceta, del Instituto Colombiano de Cultura. Ha ocupado cargos diplomáticos en
Buenos Aires y Madrid y fue embajador en Grecia. Miembro número de la Academia Colombiana de
la Lengua desde 1993, y correspondiente, de la Academia Española. Ha sido jurado tres veces del
Premio Juan Rulfo (Guadalajara, México); del Rómulo Gallegos (Caracas); del Reina Sofía de Poesía
Iberoamericana (Madrid) y del Neustad (Universidad de Oklahoma, Estados Unidos). Ha colaborado
con otras publicaciones, como Plural, de México; ABC, de España, y El Nacional de Venezuela.

Café Windsor, tinto y sifón


El café Windsor, en la calle 13 con la esquina de la 7.a, frente a la oficina de
los correos, fue uno de los primeros refugios donde gentes venidas de todo
el país se daban cita.
Allí arribarían Ricardo Rendón, Luis Tejada y León de Greiff, prove-
nientes de la Villa de la Candelaria. Por allí asomaría Germán Arciniegas,
bogotano y sabanero de hacienda y ordeño administrada por su padre, para
encontrarse con Gregorio Castañeda Aragón, quien traería el yodo y la sal
marina desde Santa Marta, a esa atmósfera de humo y puerta vaivén, quizás
de emboladores en el estrecho espacio, donde el tinto se alternaba con el si-
fón. Donde los negociantes de ganado y trigo de Sogamoso convivían con un
vikingo que declamaba: “Esta mujer es una urna / llena de místico perfume”.

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Augusto Ramírez Moreno re- comunistas, con figuras como María


construyó la nómina del Windsor: Cano e Ignacio Torres Giraldo. Mu-
chos círculos en expansión se cons-
Todas las tardes a las cinco y to-
dos los domingos de una a siete de tituyeron a partir de los cafés, en esa
la tarde se reunían León de Greiff, ciudad andina aislada del mundo.
Carlos Pérez Amaya, Alejandro Con razón Germán Arciniegas
Mesa Nicholls, Luis Tejada, Car-
los Pellicer, Rafael Vásquez, Luis recordó en 1996, en El Tiempo:
Vidales, Ricardo Rendón, Germán
Pardo García, Rafael Bernal Jimé- Lo del Windsor no se repetirá ja-
nez, Juan Lozano y Lozano, Palau más. No tiene nada que ver con los
Rivas, Francisco Umaña Bernal, cafés de París o de Viena. Es el café
Alberto y Felipe Lleras, Jorge Zala- de los hombres solos que no se qui-
mea, Alberto Angel Montoya, Ciro tan el sombrero y recitan sonetos,
Mendía, Gabriel Turbay, Jorge Elié- consumiendo tinto o sifón, mien-
cer Gaitán y Rafael Jaramillo. Du- tras en la calle rueda el tranvía de
rante cinco horas se tomaba el café mulas, sube el Partido Liberal y para
tinto, se recitaban poesías inéditas, no romper la costumbre bogotana,
se leían prosas acabadas de salir del llueve a cántaros y se muere de frío.
horno.
Más joven que Germán Arci-
Y en alguna forma se suscita- niegas (1900-1999), Alberto Lleras
ban varios hechos culturales y po- Camargo (1906-1990) también ten-
líticos que transformarían el país. dría en el Windsor su base de opera-
Las caricaturas de Rendón demo- ciones, justificada en aquel entonces
lían la hegemonía conservadora, la por su trabajo en los periódicos li-
revista Los nuevos y la revista quin- berales El Tiempo y El Espectador,
cenal Universidad, fundada por porque los cafés eran también pro-
Germán Arciniegas en 1921, incor- longaciones de las salas de redac-
poraban ensayistas como Baldome- ción, antes de entrar a laborar y
ro Sanín Cano y Luis López de Mesa luego que ya la edición circulaba
y se abrían generosamente hacia por toda la pequeña parroquia de
una América Latina ignorada has- entonces. Revive Lleras Camargo
ta entonces, con figuras como José aquellos tiempos cuando evoco a
Carlos Mariátegui y la reforma uni- Ricardo Rendón (1976):
versitaria de Córdoba, Argentina.
Finalmente, se constituirían las pri- En ellos se freían empanadas, cu-
meras organizaciones socialistas y yas grasas de cerdo extendían un

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excitante olor en el recinto estre- Retengamos dos nombres: León de


cho y las afueras inmediatas… Se Greiff y Jorge Zalamea.
tomaba, desde luego, café, mucho
café, negro y amargo, y además, de
tiempo en tiempo, algún licor fuer- Los provincianos llegan a
te, whisky, brandy, ron o aguar- los cafés bogotanos
diente, o grandes jarros de cerveza
negra o rubia que llegaba en tone-
El café como institución cumple un
les, en grandes carros tirados por papel destacado porque se renue-
percherones imponentes. Aquello va con cada generación que arriba
era barato, al alcance de nuestra
pobreza.
a sus mesas, admira de lejos a las
figuras consagradas y poco a poco
Vuelve a destacarse allí la silue- busca aproximarse a ese círculo
ta de León de Greiff: mágico.
Además, para la gente que vie-
En la calle 14 con la carrera 7.ª, de ne de provincia establece un rito
preferencia en la acera suroriental, de pasaje, un salvoconducto y una
enfrente de una droguería que mi- credencial, que les permite sentirse
raba desplazarse la vida de la calle y
luego se hundían en el café Riviere, integrados a la capital. Veamos al-
antecesor del Automático, que fue gunos casos. Danilo Cruz Vélez, el
después puerto de otra generación: filósofo nacido en Filadelfia (Cal-
León, “que trabajaba como con-
das), en 1920, y quien moriría en
tabilista en un banco de la calle Bogotá en 2008, reconstruyó en sus
Real” y Luis Tejada, que destila- diálogos con Rubén Sierra Mejía
ba sus “gotas de tinta” para El Es-
pectador, donde amigos como Luis
(1996) su arribo a la capital y su ac-
Vidales y José Mar soñaban con el ceso al mundo de los cafés, sobre los
remoto soviet de la hoz y el martillo cuales aseveró: “La vida intelectual
y se identificaban con su conmo-
vida “Oración para que no muera
de Bogotá estaba centrada en algu-
Lenin”. nos cafés”.
Con Rafael Carrillo se encon-
Esos eran los cafés. Ese era traba en los cafés Martignon y Lucer-
el Windsor. Esa fue una época de na, donde comentarían, entre otros
nuestra cultura, en la creatividad del tópicos, las nuevas traducciones que
diálogo y el afrontar de modo co- publicaba la Revista de Occidente en
lectivo muchas empresas editoriales Madrid, dirigida por José Ortega y
y variados movimientos literarios. Gasset. Continúa Cruz Vélez:

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▶ Álvaro Mutis, 90 años - Juan Gustavo Cobo Borda

Otro café, muy famoso, que recuer- su taheña barba” pergeñaba soli-
do y al cual acostumbraba ir León de tario sus mamotretos entre copa y
Greiff en esa época, era el café de Pa- copa de aguardiente; Alberto Án-
rís, que estaba situado en la carrera gel Montoya, un poeta cuya obra
7.ª, un poco antes de llegar a la Plaza completa recitaba de memoria en
de Bolívar. Otro fue el café El Moli- mis nocturnas navegaciones, y a
no, que era el tertuliadero de la nue- quien imité en mi adolescencia,
va generación poética, de Eduardo asistía allí, medio ciego, a una ter-
Carranza, Carlos Martín, Camacho tulia de fieles amigos que celebra-
Ramírez y Jorge Rojas. Después em- ban como expresiones de la mayor
pezó a frecuentarlo León de Greiff. genialidad sus paradojas muy a lo
Había uno en la carrera 8.ª, antes de Wilde y sus boutades sobre la ordi-
llegar a la plaza de Bolívar, que se nariez de la vida bogotana. Por ahí
llamaba café Felixerre. Y a la vuel- desfilaban Eduardo Carranza, Jor-
ta de El Molino, el café Asturias, ge Rojas, Arturo Camacho Ramí-
cuyo auge hay que situarlo en épo- rez y Carlos Martín, los adalides
ca posterior a los años de apogeo de del movimiento de Piedra y Cielo
El Molino. El Asturias se convirtió (p. 73).
también en café de los poetas, don-
de se reunían Ángel Montoya, los Oigamos ahora a un historia-
piedracielistas y posteriormente los dor. En sus Memorias intelectuales
pospiedracielistas (p. 73). (2007), Jaime Jaramillo Uribe nos
recuerda cómo a su llegada a Bogo-
Luego de un filósofo, un poe-
tá desde su natal Pereira, uno de sus
ta: Fernando Arbeláez (Manizalez,
parientes por el lado materno era
1924 – Bogotá, 1995). En un texto
propietario de tres cafés en Bogotá:
suyo titulado “El Asturias y el Auto-
el Victoria, el Colombia y De la Paz,
mático”, incluido en el libro Voces de
en los cuales trabajaría ayudándolo
bohemia (1995) se reiteran los mis-
en la caja. Allí también precisa las
mos elementos: asombro de aso-
direcciones de esos cafés a los cuales
marse al Olimpo literario y sentir,
asistía, como el Victoria (carrera 7.ª
en proximidad física, lo que antes
núm. 13-19) y el Felixerre (carrera
eran solo firmas en los suplemen-
8.ª núm. 11-74), también menciona-
tos literarios o voces por la radio. Al
do por Danilo Cruz Vélez y donde
hablar del Asturias, en los años cua-
los libros de la Revista de Occiden-
renta, así lo vivió Arbeláez, recién
te, como La decadencia de Occiden-
llegado a Bogotá:
te, de Oswald Spengler, y las obras
En una esquina del fondo del café, de José Ortega y Gasset, eran refe-
León de Greiff, con su “alta pipa y rencias habituales, sea La rebelión de

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las masas, El tema de nuestro tiempo en 1928 y fallecido en el 2010, tam-


o España invertebrada. bién arribó a Bogotá para conquis-
Aquí resulta pertinente recor- tar la gloria con sus dibujos bajo el
dar las palabras de Gabriel García brazo. Así lo cuenta José Font Cas-
Márquez en el homenaje a Belisario tro en el libro Omar Rayo (1990):
Betancur en febrero de 1993:
A comienzos de los años cincuenta
Para nosotros, los aborígenes de era muy fácil codearse con las más
todas las provincias, Bogotá no era célebres figuras de las letras co-
la capital del país ni la sede de Go- lombianas. Bastaba con asomarse
bierno, sino la ciudad de lloviznas al mediodía al café El Automático,
donde vivían los poetas. de la avenida Jiménez de Quesa-
da. Allí coincidían casi diariamente
Con el mismo terror reverencial León de Greiff, Juan Lozano y Lo-
con que íbamos de niños al zoológi- zano, Jorge Zalamea, Eduardo Ca-
co, íbamos al café donde se reunían rranza, Jorge Rojas, Aurelio Arturo,
los poetas al atardecer. El maestro Eduardo Caballero Calderón, Jai-
León de Greiff enseñaba a perder me Tello, Guillermo Payán, Arturo
sin rencores en el ajedrez, a no dar- Camacho Ramírez y Darío Sam-
le ni una sola tregua al guayabo y, per, entre los más habituales. Y al
sobre todo, a no temerle a las pala- lado de esa pléyade de poetas y es-
bras. Esta es la ciudad a donde llegó critores los caricaturistas de moda
Belisario Betancur cuando se lan- —Merino, Chapete, Rincón— y de
zó a la aventura del mundo, entre vez en cuando uno que otro pin-
el pelotón de antioqueños sin des- tor, pues no había muchos. La se-
bravar, con el sombrero de fieltro de sión se reanudaba hacia las seis de
grandes alas de murciélago y el so- la tarde, después de que el maestro
bretodo de clérigo que lo distinguía De Greiff, que era quien la presidía,
del resto de los mortales. Llegó para timbraba la tarjeta de salida en la
quedarse en el café de los poetas, Contraloría General de la Repúbli-
como Pedro en su casa” (Gabriel ca, donde trabajaba de contable.
García Márquez, Yo no vengo a de-
cir un discurso, Bogotá, Mondadori, Un día Rayo sorprendió a los habi-
2010, pp. 69-70). tués del Automático —hasta enton-
ces su audiencia cautiva— con una
exposición de los veinte personajes
Subrayaremos en este tramo
más conocidos del lugar, cuyos ros-
dos nombres: Eduardo Carranza y tros parecían estar formados con
Gabriel García Márquez. trozos de madera. Tal era el realis-
mo y la textura que se percibían en
Otro provinciano, en este caso aquellos cuadros, los cuales había
pintor, dibujante y grabador, Omar que mirar muy de cerca para des-
Rayo, nacido en Roldanillo (Valle), cubrir que no se trataba de madera,

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sino de un dibujo. Había nacido el En este mundo de cafés y radiope-


“maderismo”, la primera tendencia riódicos, donde era fácil comprar La
con nombre propio que se recuer-
da en la moderna pintura colom- Nación de Buenos Aires, con su suple-
biana. (Creo que aquellos cuadros mento literario dirigido por Eduardo
no lograron venderse. Debieron Mallea, que traía colaboraciones de
quedar para cancelar viejas deudas
de aguardiente, pues los recuerdo Jorge Luis Borges, Ricardo Molinari
permanentemente colgados en las y Carlos Mastronardi, que tanto ha-
paredes del Automático, como par- bría de marcar a Aurelio Arturo con
te de su decoración. Y nada de raro
tiene que también hubiesen su- su “luz de provincia”, es donde Álvaro
cumbido con ese antiguo y último Mutis haría sus primeras velas de ar-
refugio de la bohemia bogotana). mas para ingresar en la vida literaria.
Lo recordó así en 1980, desde Méxi-
Del café Windsor, de la ca- co, al hablar de Gilberto Owen:
lle 13 núm. 7-14, propiedad de los
hermanos Luis Eduardo y Agustín Éramos adolescentes y nuestro ba-
Nieto Caballero, al café El Automá- chillerato se iba desvaneciendo en-
tre el billar y la poesía en el Bogotá
tico de la avenida Jiménez de Que- de los últimos treinta. En las tardes,
sada núm. 5-28, han pasado varias era obligado sentarse en una mesa
décadas, desfilado diversas figuras y del café Molino, vecina de la que
ocupaban los grandes de nuestras
discutido asuntos que abarcan des- letras de entonces. Allí campeaba
de James Joyce y T. S. Eliot, promo- Jorge Zalamea con su aire arrogan-
vidos y traducidos por Jaime Tello, te de Dorian Gray, su voz tam-
bién altanera e inteligente; León
hasta temas de marxismo y revolu- de Greiff con las barbas de vikingo
ción planteados por Luis Vidales. aún rojizas entreveradas ya de no
Fue así el café bogotano el club de pocas canas, sus ojos azules de fior-
do y su acento de Antioquia para
los que no tenían club o la univer- decir escasas palabras, pero siem-
sidad de los que les aburrían las cla- pre lapidarias; Luis Vidales con su
ses y prefirieron el billar y la poesía, aire malicioso y su sonrisa agu-
da, que ocultaba, vaya uno a saber,
como siempre lo ha reivindicado qué sarcásticas visiones de pesca-
Álvaro Mutis. Las verdaderas cáte- dor de almas; Eduardo Caballero
dras de billar y poesía eran las que Calderón, aún sin barbas, ya clau-
dicante, con un aire malhumora-
se impartían en los cafés. do más superficial, de comentarios
siempre hechos a costa de algunos
Cuadernícolas y extranjeros de los presentes. A este grupo se

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sumaba a menudo un hombre de Semana, dedicaría su portada del


aspecto un tanto hindú, elegante, número de abril 2 de 1949 al poeta
de pocas palabras, con una mira-
da oscura, honda y para nosotros Fernando Arbeláez, donde el perfil
cargada de misterio. Era Gilberto de Arbeláez con bigote y entre re-
Owen, el poeta mexicano, radicado creaciones de Picasso y Dalí se apo-
entonces en Bogotá y casado con
una rica heredera antioqueña. […] yaba sobre un titular tremendista:
Era una poesía por completo ajena “En el principio era el Caos”.
a nuestras simpatías del momento: Semana censaba entonces 53
el García Lorca de Poeta en Nueva
York; el Vallejo de España: aparta poetas, entre quienes, además de
de mi este cáliz, Cernuda y, desde Mutis, se destacaban Fernando Cha-
luego, el Neruda de la segunda Re- rry Lara, Eduardo Mendoza Varela,
sidencia en la tierra (Álvaro Mutis,
Desde el solar¸ Bogotá, Ministerio Jaime Ibáñez, Carlos Castro Saave-
de Cultura, 2002, p. 145). dra, Helcías Martán Góngora, José
María Vivas Balcázar, Guillermo
Alberto Zalamea publicaría en Payán Archer, Rogelio Echavarría,
La Razón el primer poema de Mutis, Carlos Medellín, Julio José Fajar-
titulado “El miedo”, aprobado por el do, Maruja Vieira, Jaime Tello, Dora
crítico de arte y galerista polaco Ca- Castellanos, Meira Delmar y Emilia
simiro Eiger. Engendrado en el café, Yarza. Aún no habían publicado li-
participante asiduo de este, Bogotá bro ni Arbeláez, ni Andrés Holguín,
daba a la luz un gran poeta: Álvaro ni Daniel Arango, ni José Constan-
Mutis, nacido en 1923. te Bolaños, ni Jaime Duarte French,
En 1948, en compañía de Car- ni Enrique Buenaventura, que tam-
los Patiño, publicaría en doscientos bién se mencionaban como poetas.
ejemplares La balanza, con ilustra- En medio de ese heterogéneo con-
ciones de Hernando Tejada, y que- junto, al cual Hernando Téllez no
daría así adscrito al movimiento que consideraba muy consistente y en
Hernando Téllez llamaría Los Cua- el que todos se parecían demasiado
dernícolas, por su propensión a pu- entre sí, se hallaba Mutis: “Semejan
blicar solo breves ediciones de muy una legión de muchachos en unifor-
pocas páginas, muchas de ellas im- me lírico que trabajan en la misma
presas por Ediciones Espiral. Té- corriente estética, en el mismo uni-
llez, director entonces de la revista verso de símbolos y con los mis-
mos temas”; varios de ellos aparecen

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fotografiados en el habitual café El a quien Mutis dedicará en 1947 su


Automático con Jorge Zalamea y el poema “Tres imágenes”. Y el alemán
pintor Ignacio Gómez Jaramillo. Ernesto Volkening (Amberes, 1908
Pero Mutis y Patiño en realidad - Bogotá, 1983), asiduo siempre de
se destacaban por su insistencia en los cafés del centro, donde corregía
ciertos elementos de una geografía las galeras de la revista ECO cuan-
poética tropical: hojas de banano, do era su director y quien nos dejó
hoteles y burdeles de tierra caliente, varias páginas muy agudas sobre las
entierros en medio de cierta feraci- obras de Álvaro Mutis, quien le de-
dad voraz, hangares y aeródromos dicaría su primera novela La nieve
abandonados y la presencia insólita del almirante (1986), Gabriel García
de húsares napoleónicos en medio Márquez y José Antonio Osorio Li-
de tal escenario. Luego, por reminis- zarazo. También asentó esta síntesis
cencias de Mutis y los poemas que le reveladora sobre el papel de los cafés
dedica a León de Greiff, comprende- bogotanos: “Aquellos (los escritores
mos que esos húsares también sur- colombianos) desperdiciaban [du-
gieron en los cafés, cuando los dos rante ‘tardes de café’] material sufi-
rememoraban las hazañas napoleó- ciente para que un escritor europeo
nicas y trataban de superarse en el viviera un año”.
número de batallas recordadas del Solo que el café, como el caso
general corso que admiraban con del Gato Negro, sería también el lu-
fervor. También los cafés podían im- gar donde asesinarían a Jorge Elié-
partir clases de historia. cer Gaitán y donde Colombia jamás
A esto debemos añadir los via- volvería a ser la misma, desde ese 9
jeros extranjeros, temporales o de abril de 1948. No sorprende en-
permanentes, que se sentaban en tonces que en 2013, algunos de los
dichos cafés. A Casimiro Eiger, el cafés sobrevivientes conserven de-
polaco, y Gilberto Owen, el mexi- trás de sus barras, grecas y cajas
cano, debemos añadir el guatemal- registradoras, fotos y afiches de la fi-
teco, también asilado como Mutis gura de Jorge Eliécer Gaitán, el puño
luego en México —Mutis arriba- en alto, convocando en sus ya histó-
ría a México en octubre de 1956 y ricos discursos políticos a sus aún
no volvería nunca a vivir en Co- fieles seguidores.
lombia— Luis Cardoza y Aragón,

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Mutis crece y se expande tenga como escenario la selva, como


en el exilio mexicano los raudales del Orinoco.
Sabemos que la obra de Álvaro Mutis En Un bel morir (1989) enume-
se precisa a partir de esos diálogos en ra algunos de los dudosos oficios de
cafés bogotanos, ya sea con León de Maqroll: “contrabando de armas en
Grieff, Jorge Zalamea o Eduardo Ca- Chipre, de banderas navales truca-
rranza, y de su forma de ahondar en das en Marsella, de oro y alfombras
el perdido paraíso de la infancia, cer- en Alicante, de blancas en Panamá;
ca del río Coello, en el Tolima. Solo en fin, no sigo porque la lista nos to-
que para poder expresar esos mun- maría varias horas” (p. 320).
dos, el de la historia y el de la vivencia Pero sus siete novelas nos pro-
infantil, el de la lectura y la aventu- ponen también un museo de temas
ra, recurrirá a una máscara: Maqroll y personajes que pueden ir “de la ti-
el Gaviero. Donde la distinción en- bia mañana del 29 de mayo del año
tre poesía y prosa es del todo inne- de Cristo de 1453, cuando los turcos
cesaria, pues ambas de nutren de una toman Constantinopla y dan muer-
misma intensidad creativa. La de un te al último y joven emperador de
paria aventurero que recorre las co- la dinastía de los Paleólogos” has-
marcas colombianas de tierra calien- ta, por decir algo, el 13 de abril de
te, ríos, cordilleras, sembrados de 1742, cuando se estrena en Dublin
café, y luego se desplaza por el mun- El Mesías de Händel. Es decir, Mutis
do, como una suerte de marino no se interesa en esa península de Asia
demasiado ortodoxo, embarcado en llamada Europa y los hombres que
empresas un tanto al margen de la la pueblan y reflexionan sobre su
ley, con sus cómplices de turno. Las destino, llámese André Malraux o
combinará con su interés por figuras Drieu la Rochelle, en campos opues-
históricas, como el príncipe de Ligne, tos: uno miembro de la resistencia,
lecturas de volúmenes un tanto eso- el otro partidario de Alemania, pero
téricos y en ocasiones obsoletos del capaces de reconocerse. Aun cuan-
todo. En ese espejo distante enlaza do Drieu se suicide y Malraux ter-
las guerras dinásticas europeas con mine por ser el ministro de Cultura
la crueldad violenta y en ocasiones del general De Gaulle.
sádica de la violencia colombiana, Pero a quien más ama Mutis
es a la “última leyenda”: un general

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▶ Álvaro Mutis, 90 años - Juan Gustavo Cobo Borda

sarnoso que inicia la campaña de esos personajes enfocados en sus


Italia con un ejército venal y poco postrimerías y en verdad difíciles de
dispuesto, y que terminará por ser el penetrar y comprender los que sus-
dueño de Europa y de un imperio de citan en Mutis, a partir de un retrato,
casi mil años, el de los Habsburgos, mediante una frase, el incentivo para
y su capital Viena, detentador de la una psicobiografía poética, una sem-
corona del Sacro Imperio. Se trata blanza mítica. Figuras capitales en el
de Napoléon Bonaparte. orbe mundial y europeo: Felipe II y
Pero es la historia convertida Napoleón Bonaparte, cuyas leyendas
en sueño la que se cuela en las no- se trasladarán hasta Colombia en su
ches de sus personajes, como Ilona, relato “El último rostro”, publicado
que hace el amor con un coronel na- en 1978, referido a los últimos días
poleónico, o un relator de la Secre- del Libertador Simón Bolívar, visto
taría Judicial del Gran Consejo de la por un coronel polaco, y donde se re-
Serenísima República de Venecia (p. vive la coronación como emperador
200). El mundo que Fernand Brau- en el París de Napoleón.
del caracterizó en su precioso libro Porque en verdad desde La
El Mediterráneo en la época de Felipe mansión de Araucaima (1973) se
II, que abarca Oriente y Occidente, iniciará ese ciclo donde los sueños
Venecia y España, y que Mutis asu- de los personajes son el catalizador
mirá como propio al dedicar todo que revela su carácter y orienta sus
un libro de poemas a ese rey que di- pasos. Tres sueños, el de la Machi-
ría: “Prefiero no reinar, a reinar so- che, el Fraile y la Muchacha, son los
bre herejes”. La fe de una cruzada que ahondan la mansión y revelan
que en Crónica regia y Alabanza al un trasfondo de postergaciones, se-
reino (1985) hará de Felipe II, en la ñales y tiempos imposibles de con-
lucha en los Países Bajos y el descu- trolar, en la claridad alucinante con
brimiento de América, con el oro y que se viven situaciones concretas
la plata que de allí provienen, el mo- pero irreales, no por ello menos car-
narca que desde El Escorial fue el gadas de sensualidad y deseos fe-
más grande. De Nápoles a Filipinas, briles, como sucede con el sueño de
de México a Marruecos, viendo, a la Bolívar en el relato mencionado.
vez cómo este imperio se quebraba y A los sueños, como enigma y
se iba poco a poco deshaciendo. Son clave, bien podemos añadir, en el

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curso de las varias novelas, ciertas personas, Matías Aldecoa, en el caso


oraciones de esotérica sabiduría, de de De Greiff y Maqroll en el de Mu-
tono bíblico o religioso, de himno y tis, se unen en una misma muerte.
decálogo, como sentencias apócri- En un similar escenario son más-
fas de un código de conducta, va- caras poéticas para alcanzar su más
cío ya de toda fe. Pero quizás este honda verdad.
es también un retorno a sus prime-
La muerte de Matías Aldecoa,
ros textos, la “Oración de Maqroll”,
ni cuestor en Queronea,
y a lo que en “Los trabajos perdi- ni lector en Bolonia,
dos” consignará así: “De nada vale ni coracero en Valmy,
ni infante en Ayacucho;
que el poeta lo diga… el poema está
en el Orinoco buceador fallido,
hecho desde siempre”. Este no sería buscador de metales en el verde
más que “el comercio milenario de Quindío,
farmaceuta ambulante en el cañón
los prostíbulos”. O mejor aún, en el
del Chicamocha,
mismo texto: “La derrota se repite mago de feria en Honda,
a través de los tiempos / ¡ay, sin re- hinchado y verdinoso cadáver
en las presurosas aguas del
medio!”. Desde 1953, cuando Mu-
Combeima,
tis publicó este texto, ya todo estaba girando en los espumosos remolinos,
dicho. Consciente del fracaso inhe- sin ojos ya y sin labios,
exudando sus más secretas mieles,
rente a la poesía, en su ascenso y su
desnudo, mutilado, golpeado
inevitable caída, como en Altazor de sordamente
Vicente Huidobro, una de sus lectu- contra las piedras.
ras del comienzo.
El primer libro de poesía que Álvaro Mutis dejará Colombia
Álvaro Mutis publica en Méxi- para siempre en octubre de 1956.
co se titulará Los trabajos perdidos Publicaría su primer poema en
(1965). Allí, entre otros textos de- 1945, titulado El miedo.
dicados al exilio, a los republicanos El texto que escribió sobre Jorge
españoles y a las vastas noches del Zalamea, en 1970, en México, para
Tolima, dedicará un poema a uno presentar un disco con su voz, es, en
de sus maestros del café bogotano, cierto modo, un texto que también
a una de las múltiples personas en alude al propio Mutis. Cuando habla
que este se desdobla como Mutis lo de los viajes juveniles de Zalamea a
hace con Maqroll el Gaviero. Ambas México y España, anota:

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▶ Álvaro Mutis, 90 años - Juan Gustavo Cobo Borda

Esto sirvió para arrancarlo, en una Gómez Martínez, A. y Martínez


edad formativa y crucial, del redu- Simanca, A. (2012). Estudiantes y
cido y manido ambiente bogotano.
Cuánto lamentarían luego muchos cambios generacionales en la socie-
de sus compañeros de generación dad colombiana (1910-1934). Bogo-
el no haber sido capaces de rom- tá: Los Nuevos.
per entonces con esa rutina de café
y de redacción de periódico en la
Jaramillo Uribe, J. (2007). Memo-
que perdieron años preciosos de su
vida que trataron de rescatar luego, rias intelectuales. Bogotá: Taurus.
cuando era demasiado tarde, en los
ocios de las embajadas o en las in- Lleras Camargo, A. (1987). Ricardo
terminables siestas en los salones Rendón. en Obras selectas (t. V, pp.
del Congreso (Desde el solar, p. 29).
233-242). Bogotá: Biblioteca Presi-
dencia de la República.
Desde los cafés bogotanos al
exilio mexicano, la obra de Mutis Mutis, Á. (1997). Summa de Ma-
se sostiene sobre esos dos polos y se qroll el Gaviero 1948-1997. Sala-
vuelve así generosamente universal, manca: Universidad de Salamanca.
en lectores de todo el mundo y ver-
tida a muchas lenguas. Mutis, Á. (2007). Empresas y tribu-
laciones de Maqroll el Gaviero. Bo-
gotá: Alfaguara. Incluye siete nove-
Referencias las publicadas entre 1986 y 1993.
Castaño Castillo, Á. (2006). El café
Mutis, Á. (1985). Obra literaria. Bo-
del Rhin. En Para la inmensa mino-
gotá: Procultura.
ría (pp. 229-231). Bogotá: Taurus.
Sierra Mejía, R. (1996). La época
Castaño Castillo, Á. (2006). Mutis
de la crisis. En Conversaciones con
se sumerge en su infancia. En Para
Danilo Cruz Vélez (pp. 72-73). Cali:
la inmensa minoría (pp. 234-236).
Universidad del Valle.
Bogotá: Taurus.
Semana (1949, abril). El lío de los
Cobo Borda, Juan G. (1998). Para
poetas.
leer a Álvaro Mutis. Bogotá: Planeta.

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