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LEY GRAVITACIONAL UNIVERSAL

¿POR QUÉ CAEN LOS CUERPOS Y SE MUEVEN LOS ASTROS?


SEGÚN una famosa leyenda, Isaac Newton, sentado bajo un manzano, meditaba
sobre la fuerza que mueve a los astros en el cielo, cuando vio caer una manzana
al suelo. Este suceso tan trivial fue para él la clave del problema que le intrigaba:
se dio cuenta de que el movimiento de los cuerpos celestes es regido por la
misma fuerza que atrae una manzana al suelo: la fuerza de la gravedad. Newton
descubrió que la gravitación es un fenómeno universal que no se restringe a
nuestro planeta. Aun siendo poco veraz, esta leyenda ilustra uno de los
acontecimientos que señalan el nacimiento de la ciencia moderna: la unión de la
física celeste con la física terrestre.
Antes de Newton, nadie había sospechado que la gravitación es un fenómeno
inherente a todos los cuerpos del Universo. Muy por el contrario, durante la Edad
Media y aun hasta tiempos de Newton, se aceptaba el dogma de que los
fenómenos terrestres y los fenómenos celestes son de naturaleza completamente
distinta. La gravitación se interpretaba como una tendencia de los cuerpos a
ocupar su "lugar natural", que es el centro de la Tierra. La Tierra era el centro del
Universo, alrededor del cual giraban los cuerpos celestes, ajenos a las leyes
mundanas y movidos sólo por la voluntad divina. Se pensaba que la órbita de la
Luna marcaba la frontera entre la región terrestre y el cielo empíreo donde las
leyes de la física conocidas por el hombre dejaban de aplicarse.
En el siglo XVI, Copérnico propuso un sistema heliocéntrico del mundo según el
cual los planetas, incluyendo la Tierra, giraban alrededor del Sol. El modelo de
Copérnico describía el movimiento de los astros con gran precisión, pero no
ofrecía ningún indicio del mecanismo responsable de ese movimiento.
La obra de Copérnico fue defendida y promovida apasionadamente por Galileo
Galilei. Además de divulgar la hipótesis heliocéntrica, Galileo encontró nuevas
evidencias a su favor realizando las primeras observaciones astronómicas con un
telescopio; su descubrimiento de cuatro pequeños astros que giran alrededor de
Júpiter lo convenció de que la Tierra no es el centro del Universo. Galileo también
fue uno de los primeros científicos que estudiaron la caída de los cuerpos, pero es
una ironía de la historia el que nunca sospechara la relación entre la gravedad y el
movimiento de los cuerpos celestes. Al contrario, creía que los planetas se movían
en círculos por razones más estéticas que físicas: el movimiento circular le parecía
perfecto y estable por ser idéntico a sí mismo en cada punto.
Kepler, contemporáneo de Galileo, descubrió que los planetas no se mueven en
círculos sino en elipses y que este movimiento no es arbitrario, ya que existen
ciertas relaciones entre los periodos de revolución de los planetas y sus distancias
al Sol, así como sus velocidades. Kepler plasmó estas relaciones en sus famosas
tres leyes. Una regularidad en el movimiento de los planetas sugería fuertemente
la existencia de un fenómeno universal subyacente. El mismo Kepler sospechó
que el Sol es el responsable de ese fenómeno; especuló que algún tipo de fuerza
emana de este astro y produce el movimiento de los planetas, pero no llegó a
elaborar ninguna teoría plausible al respecto.
Es justo mencionar que, antes de Newton, el intento más serio que hubo para
explicar el movimiento de los planetas se debe al científico inglés Robert Hooke,
contemporáneo de Newton. En 1674, Hooke ya había escrito:

...todos los cuerpos celestes ejercen una atracción o poder


gravitacional hacia sus centros, por lo que atraen, no sólo, sus
propias partes evitando que se escapen de ellos, como vemos
que lo hace la Tierra, sino también atraen todos los cuerpos
celestes que se encuentran dentro de sus esferas de actividad.*

Sin esa atracción, prosigue Hooke, los cuerpos celestes se moverían en línea
recta, pero ese poder gravitacional curva sus trayectorias y los fuerza a moverse
en círculos, elipses o alguna otra curva.
Así, Hooke intuyó la existencia de una gravitación universal y su relevancia al
movimiento de los astros, pero su descripción no pasó de ser puramente
cualitativa. Del planteamiento profético de Hooke a un sistema del mundo bien
fundamentado y matemáticamente riguroso, hay un largo trecho que sólo un
hombre en aquella época podía recorrer.
Tal era el panorama de la mecánica celeste cuando Newton, alrededor de 1685,
decidió atacar el problema del movimiento de los planetas utilizando un
poderosísimo formalismo matemático que él mismo había inventado en su
juventud —el cálculo diferencial e integral— logró demostrar que las tres leyes de
Kepler son consecuencias de una atracción gravitacional entre el Sol y los
planetas.
Todos los cuerpos en el Universo se atraen entre sí gravitacionalmente. Newton
descubrió que la fuerza de atracción entre dos cuerpos es proporcional a sus
masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que los separa.
Así, si M1 y M2 son las masas de dos cuerpos y R la distancia entre ellos, la
fuerza F con la que se atraen está dada por la fórmula:
donde G es la llamada constante de la gravitación.
Newton publicó sus resultados en su famoso libro intitulado Philosophiae Naturalis
Principia Mathematica, cuya primera edición data de 1687; la física teórica había
nacido.
La gravitación es el cemento del Universo. Gracias a ella, un planeta o una estrella
mantiene unidas sus partes, los planetas giran alrededor del Sol sin escaparse, y
el Sol permanece dentro de la Vía Láctea. Si llegara a desaparecer la fuerza
gravitacional, la Tierra se despedazaría, el Sol y todas las estrellas se diluirían en
el espacio cósmico y sólo quedaría materia uniformemente distribuida por todo el
Universo. Afortunadamente, la gravedad ha permanecido inmutable desde que se
formó el Universo y es una propiedad inherente a la materia misma.
LOS CUERPOS OSCUROS DE LAPLACE
Durante el siglo que siguió a su publicación, el libro de los Principia fue
considerado una obra monumental erigida por su autor para honrar su propia
memoria, pero accesible sólo a unos cuantos iniciados. Se decía que Newton
había publicado sus cálculos en forma deliberadamente difícil, para que nadie
pudiera dudar de la magnitud de su hazaña científica.
Sin embargo, el valor de los Principia era tan evidente que la obra empezó a
trascender del estrecho círculo de discípulos de Newton y llegó al continente
europeo, y muy especialmente a Francia, que se encontraba en aquel entonces en
pleno Siglo de las Luces. El escritor y filósofo Voltaire visitó Inglaterra durante los
últimos años de vida de Newton, cuando la física del sabio inglés se había
consolidado plenamente en su patria. Voltaire entendió la gran trascendencia del
sistema newtoniano y se encargó de introducirlo en Francia; no entendía de
matemáticas, pero convenció a su amiga y musa, la marquesa de Le Chatelet, una
de las mujeres matemáticas más destacadas de la historia, de que se interesara
en la obra de Newton. La marquesa tradujo los Principia al francés y, tanto ella
como sus colegas Maupertuis, D'Alembert y otros contribuyeron a propagar la
nueva ciencia.
Era necesario, sin embargo, reescribir a Newton en un lenguaje matemático más
claro y manejable. La culminación de esta labor quedó plasmada en la gigantesca
obra de Pierre-Simon Laplace, publicada en varios volúmenes bajo el título
de Mecánica celeste, en la que desarrolló todas las consecuencias de la física
newtoniana, reformulándola en un lenguaje matemático que permitió su
subsecuente evolución hasta la física de nuestros días.
Con el fin de divulgar su obra, Laplace escribió una versión condensada de
la Mecánica celeste, que publicó en 1793, año IV de la República Francesa, con el
título de El sistema del mundo. En este libro explicaba las consecuencias de la
gravitación universal, no sólo para la estabilidad del Sistema Solar, sino incluso
para su formación a partir de una nube primordial de polvo y gas.
En un pasaje particularmente interesante de este libro, Laplace llamó la atención
de sus lectores sobre el hecho de que, a lo largo de la historia, muchas estrellas
habían aparecido súbitamente y desaparecido después de brillar
esplendorosamente durante varias semanas:

Todos estos cuerpos vueltos invisibles, se encontraban en el


mismo lugar donde fueron observados, pues no se movieron de
ahí durante su aparición; existen pues, en los espacios celestes,
cuerpos oscuros tan considerables y quizás en cantidades tan
grandes, como las estrellas. Un astro luminoso de la misma
densidad que la Tierra y cuyo diámetro fuera doscientos
cincuenta veces más grande que el del Sol, debido a su
atracción no permitiría a ninguno de sus rayos llegar hasta
nosotros; es posible, por lo tanto, que, por esa razón, los cuerpos
luminosos más grandes del Universo sean invisibles.

Analicemos este pasaje tan notable. Las estrellas vueltas invisibles a las que se
refiere Laplace son principalmente las que ahora llamamos supernovas. Como
veremos en el capítulo III, algunas estrellas pueden explotar bruscamente y
volverse extremadamente luminosas durante algunos días. Tal fenómeno ha
ocurrido en nuestra galaxia al menos unas cuatro veces durante los últimos mil
años; las dos supernovas observadas más recientemente ocurrieron en 1572 y
1604. También en el capítulo III, veremos que una estrella, después de estallar
como supernova, arroja gran parte de su masa al espacio interestelar y, su núcleo
que permanece en el lugar de la explosión, se vuelve ... ¡un cuerpo oscuro!
El razonamiento que llevó a Laplace al concepto de un cuerpo que no deja
escapar la luz es bastante simple. Sabemos por experiencia que un proyectil
arrojado verticalmente hacia arriba alcanza una altura máxima que depende de la
velocidad con la que fue lanzado; mientras mayor sea la velocidad inicial, más alto
llegará antes de iniciar su caída. Pero si al proyectil se le imprime una velocidad
inicial superior a 11.5 kilómetros por segundo, subirá y no volverá a caer,
escapándose definitivamente de la atracción gravitacional terrestre. A esta
velocidad mínima se le llama velocidad de escape y varía, de un planeta o estrella,
a otro. Se puede demostrar que la velocidad de escape Vescdesde la superficie de
un cuerpo esférico es

donde M es la masa del cuerpo, R su radio y G la constante de la gravitación que


ya tuvimos ocasión de conocer.
En el cuadro I se dan las velocidades de escape de la superficie de varios cuerpos
del Sistema Solar; es importante notar que esta velocidad depende tanto de la
masa como del radio del astro.

CUADRO I. La velocidad de escape de la superficie de varios cuerpos celestes.


Esta velocidad depende de la masa y del radio.

Volviendo a Laplace: es posible, al menos en principio, que un cuerpo sea tan


masivo o tan compacto que la velocidad de escape de su superficie sea superior a
la velocidad de la luz. En ese caso, se podría pensar que los rayos luminosos no
escapan de ese cuerpo. Este es justamente el argumento que condujo a Laplace a
postular la existencia de cuerpos oscuros.
Es fácil ver de la fórmula para la velocidad de escape que un cuerpo esférico de
masa M tendrá una velocidad igual a la de la luz si su radio mide
donde c es la velocidad de la luz: 300 000 kilómetros por segundo. El valor rg se
llama radio gravitacional y es proporcional a la masa del cuerpo; si el radio de un
cuerpo esférico es menor que el radio gravitacional, la velocidad de escape de su
superficie es superior a la velocidad de la luz.
Un cuerpo oscuro con densidad comparable a la de la Tierra y 250 veces mayor
que el Sol tendría una masa aproximadamente igual a cien millones de soles. Pero
puede haber, en principio, cuerpos oscuros con cualquier masa. El radio
gravitacional que corresponde a una masa solar es de 3 kilómetros, lo que implica
que si una estrella como el Sol se comprime a ese radio se volverá un cuerpo
oscuro en el sentido de Laplace (en comparación, el radio del Sol es de 696 000
kilómetros). El radio gravitacional correspondiente a la misma masa que la de la
Tierra es de un centímetro aproximadamente.
Sin embargo, las consideraciones anteriores sólo podían ser especulativas en la
época de Laplace. En primer lugar, la fórmula de la velocidad de escape es válida
para cualquier partícula material, independientemente de su masa, pero ¿se
comporta la luz como cualquier partícula material bajo la acción de la gravedad?
Esta es una pregunta cuya respuesta era desconocida hasta principios del siglo
XX. En segundo lugar, era difícil, en tiempos de Laplace, concebir que existieran
en el Universo cuerpos cien millones de veces más masivos que el Sol, o astros
de la masa del Sol comprimidos a un radio de sólo 3 kilómetros, o un cuerpo tan
masivo como la Tierra y del tamaño de una nuez.
Quizás fue por estas serias dudas que Laplace eliminó toda mención de los
cuerpos oscuros de las subsecuentes ediciones de su Sistema del
mundo, publicadas en plena restauración borbónica. Para entonces, su autor se
había vuelto el marqués de Laplace, y quizá no juzgó tales especulaciones dignas
de un noble y prestigiado científico.
Los cuerpos oscuros permanecieron en la oscuridad hasta el siglo XX, cuando la
teoría de la gravitación de Einstein y la astrofísica moderna arrojaron nuevas luces
sobre ellos.
En el siguiente capítulo esbozaremos la teoría de la relatividad de Einstein, en el
contexto de la cual se pueden estudiar los fenómenos relacionados con la luz y la
gravedad. En el capítulo III veremos cómo la evolución de una estrella puede
conducir, bajo ciertas condiciones, a la formación de un cuerpo que no permite a la
luz escapar de su superficie.
LAS LEYES QUE RIGEN EL MOVIMIENTO DE LOS CUERPOS

En el siglo XVII, el estudio mismo del movimiento se desarrollaba ya de manera


muy diferente a la de las antiguas explicaciones lógicas de la filosofía griega.
Galileo realizó un gran número de experimentos y mediciones con cuerpos en
diversos tipos de movimiento, los que reportó con gran detalle en sus
publicaciones para que cualquiera que lo deseara pudiera repetir las experiencias.
Con ello ejemplificaba el concepto de investigación científica como lo conocemos
ahora aunque, dicho sea de paso, no fue el primero ni el único en pensar así. Pero
así se inició la descripción matemática de los movimientos de los cuerpos y la
búsqueda de las leyes que los gobiernan.

1. LA PRIMERA LEY

En 1638 Galileo publicó el libro Discursos y Demostraciones Matemáticas


Concernientes a dos Nuevas Ciencias Pertenecientes a la Mecánica y al
Movimiento. De los estudios presentados en este libro, y de su posterior desarrollo
por Descartes entre 1640 y 1650, se llegó a la conclusión de que los cuerpos en
movimiento dejados a sí mismos (es decir, libres de la acción de toda fuerza) no
se detienen —como se creía anteriormente— sino que mantienen un movimiento
rectilíneo y con rapidez constante. Esto es lo que Newton llamaría después la
Primera Ley del Movimiento, conocida ahora como la Primera Ley de Newton. Con
ella se corregía la errónea concepción de que se necesitaba aplicar continuamente
una fuerza para mantener moviéndose a un cuerpo: el movimiento rectilíneo y de
rapidez constante no requiere de ninguna fuerza.
Pero el movimiento de los planetas alrededor del Sol no es rectilíneo ni de rapidez
constante; por lo tanto, estos movimientos sí deben estar dirigidos por la acción de
una fuerza. Ahora los movimientos giratorios de los cuerpos celestes ya no eran
considerados simplemente como movimientos naturales que había que describir
(como para los griegos), sino que eran complejos movimientos curvos que
requerían una explicación mecánica. Kepler y Descartes, por supuesto,
especularon sobre las fuerzas que podrían estar empujando (o jalando) a los
planetas a lo largo de sus órbitas. Pero su enfoque estaba equivocado, pues aún
faltaba por establecerse la Segunda Ley del Movimiento, que describe cuál es la
acción de una fuerza al ser aplicada a un objeto. Con esta ley, que tendría que
esperar hasta Newton, el problema podría ya plantearse correctamente.
2. LOS PRINCIPIOS Y LA SEGUNDA LEY DEL MOVIMIENTO

El gran éxito de Newton se debió a que él mismo descubrió, a lo largo de su vida,


los últimos eslabones necesarios para armar la cadena hacia el establecimiento de
la gravitación universal, pero no los publicó conforme los obtuvo: los sacó a la luz
todos juntos en su monumental obra Principios Matemáticos de la Filosofía
Natural, publicada en 1687. Los primeros capítulos están dedicados a las leyes del
movimiento y posteriormente se discute el problema de las fuerzas que mantienen
a los planetas en sus órbitas. Con este golpe maestro, Newton dejó sin
oportunidad a sus contemporáneos y se consagró como el más grande de los
pensadores de su tiempo.
En los Principios, Newton no describe la metodología que usó para llegar a los
resultados presentados. Al comienzo de sus actividades científicas se había
dedicado a experimentar con la luz y en 1672 envió a la Royal Society un trabajo
titulado Teoría de la Luz y los Colores en donde detalla todos los experimentos y
razonamientos que lo llevaron a esa teoría. Sin embargo, este escrito fue tan
acremente criticado por algunos personajes importantes de la época que Newton
decidió no volver a publicar. Posteriormente cambió su actitud por insistencia de
su amigo Edmund Halley, quien quedó tan impresionado al conocer todo lo que
Newton había desarrollado respecto al movimiento y la gravitación que ofreció
cubrir él mismo todos los gastos de publicación de los Principios. Pero entonces
Newton prefirió el estilo axiomático-deductivo de los antiguos griegos y su libro
refleja la estructura lógica de los libros de geometría de Euclides. En su obra,
parte de principios generales y procede luego, en forma deductiva, a sacar de
ellos todas sus consecuencias lógicas. Para llegar a estos principios generales
necesariamente debió hacer muchos experimentos a la manera galileana, así
como pruebas geométricas y matemáticas a la manera de Kepler, pero no
menciona nada de ello.
La Primera Ley indica que el efecto de una fuerza sobre un cuerpo no es
mantener su estado de movimiento sino cambiarlo, pero la forma como las fuerzas
cambian a los movimientos no estaba clara. Esto fue establecido por Newton
como la Segunda Ley del movimiento, la cual dice que cuando una fuerza actúa
sobre un cuerpo, el movimiento del cuerpo se altera de tal manera que el cambio
en el tiempo de su cantidad de movimiento (d mv/dt) es igual a la fuerza que actúa
sobre él y este cambio se produce en la misma dirección que la fuerza:

d mv/dt = F
Así pues, era cosa de ver en qué dirección cambia el movimiento de los planetas
en sus órbitas yeso indicaría la dirección de la fuerza que está provocando ese
cambio; la magnitud de la tasa de cambio indicaría la magnitud de la fuerza.
Evidentemente, para un movimiento como el de los planetas en sus órbitas, la
fuerza no es constante en dirección ni en magnitud.
La pregunta y el principio de la respuesta: los ángeles empujan hacia el Sol
La pregunta de moda entre la “comunidad científica” en la época de Newton era:
¿qué tipo de fuerza se necesita para hacer que un cuerpo se mueva en una órbita
elíptica de acuerdo a las leyes de Kepler? Sin el establecimiento de la Segunda
Ley del Movimiento no era posible siquiera plantear con precisión la pregunta,
pues no estaba claro el efecto que se esperaba de la fuerza. Con la Segunda Ley,
aplicada a las órbitas de los planetas, fue fácil para Newton determinar, en primer
lugar, que la dirección de esa fuerza siempre es hacia el Sol: ¡el Sol atrae a los
planetas hacia sí!
Decía Richard Feynman, un gran físico contemporáneo que murió hace algunos
años, que el paso crucial hacia la explicación de los movimientos celestes se dio
cuando los hombres descubrieron que para mantener a los planetas en órbita no
se necesitaban ángeles que los empujaran a lo largo de sus trayectorias, sino
ángeles que los empujaran hacia el Sol. Y así fue, en efecto. Con este
establecimiento, la posición del Sol en el centro del sistema planetario ya no era
sólo una cuestión de jerarquía, sino que su presencia era la causa mecánica que
determinaba que los planetas giraran alrededor de él: el Sol no estaba en el centro
del Universo, sino que el centro del Universo estaría dondequiera que estuviera el
Sol.
Newton demostró que para cualquier fuerza que, como ésta, se dirija siempre a
un mismo punto, se cumple la ley de las áreas de Kepler, independientemente de
cuál sea la magnitud de la fuerza. Además, de las características del movimiento
de los planetas también pudo calcular la magnitud de la aceleración (el cambio en
el tiempo de la velocidad, a = dv/dt) en cada punto de la órbita. Así, Newton
encontró que la fuerza de atracción que el Sol ejerce sobre los planetas depende
inversamente del cuadrado de la distancia que los separa de él, y demostró que
con una fuerza tal se cumple también la ley de Kepler de los periodos. Así pues,
de la sola aplicación de la Segunda Ley del Movimiento al caso de las órbitas
planetarias descritas por Kepler, fue posible determinar que eran producidas por la
presencia constante de una fuerza que los atrae hacia el Sol con una intensidad
que disminuye con el cuadrado de su distancia a él.
Una gravitación celeste y terrestre
En el siglo XVII, el siglo de Newton, los cuerpos celestes ya habían perdido su
status especial. Tycho, Kepler y Galileo habían mostrado que son cuerpos
semejantes a la Tierra y pregonaban que deberían estar sujetos a las mismas
leyes naturales que todos los cuerpos en nuestro planeta (cosa que aún seguimos
creyendo). Galileo había descubierto con su telescopio un sistema de satélites
girando alrededor de Júpiter —como el sistema de planetas del Sol y como el
sistema Tierra-Luna—, y posteriormente se descubrieron varios satélites alrededor
de Saturno. Se había observado ya que los movimientos de los satélites alrededor
de su respectivo planeta también obedecen las leyes de Kepler, por lo que
deberían estar controlados por el mismo tipo de fuerza que mantiene a los
planetas alrededor del Sol.
En particular, la Tierra debería estar atrayendo a la Luna hacia sí con una fuerza
proporcional al inverso del cuadrado de la distancia que las separa. Pero, ¿la
Tierra atrae solamente a la Luna? ¿Qué pasa con los demás objetos en su
entorno? Por supuesto que también los atrae. Todos los cuerpos caen hacia el
centro de la Tierra. Es más, Galileo ya había mostrado que la gravedad hace que
todos los cuerpos caigan con la misma aceleración, independientemente de sus
propiedades particulares. ¿Sería esta aceleración debida a la misma fuerza que
mantiene a la Luna en su órbita? Era lógico esperar que sí; todo era cosa de hacer
un pequeño cálculo para cerciorarse.
La fuerza con que la Tierra mantiene en órbita a la Luna es, como ya dijimos,
proporcional al inverso del cuadrado de la distancia. La aceleración con que caen
los cuerpos cerca de la superficie de la Tierra ya se podía medir con buena
precisión, y la aceleración que tiene la Luna en su órbita se podía calcular de las
características de su movimiento. Se sabía, además, que la Luna está
aproximadamente a sesenta radios terrestres de distancia, por lo que está sesenta
veces más lejos del centro de la Tierra que los cuerpos que están sobre la
superficie de ésta. Por lo tanto, la aceleración de caída de la Luna debería ser de
1/602 de la aceleración de la gravedad y un cálculo muy sencillo permitió a
Newton darse cuenta de que en realidad lo es. Así quedó establecido que la
misma fuerza de gravedad actúa sobre los cuerpos celestes y terrestres. La unión
de la física de los cielos y de la Tierra, preconizada por Galileo, Tycho, Kepler y
todos sus seguidores, encontró en este descubrimiento de Newton uno de sus
más sonoros triunfos.

Pero esto mostraba algo más. Si la aceleración debida a la fuerza de gravedad a


una distancia dada del centro de la Tierra —por ejemplo, cerca de su superficie—
es igual para todos los cuerpos, independientemente de su masa (como había
mostrado Galileo), entonces esa fuerza debe ser proporcional a la masa del
cuerpo atraído pues, de acuerdo a la Segunda Ley, a = F/m. La única manera de
que la aceleración no dependiera de la masa era que la fuerza fuera proporcional
a ella, de manera que al hacer la división se cancelaran. Así pues, la fuerza de
gravedad que atrae a los cuerpos hacia la Tierra y mantiene a los planetas y a los
satélites en sus órbitas debe ser directamente proporcional a la masa del cuerpo
atraído e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que lo separa del
centro atractor. El modelo de la gravitación universal iba tomando más forma.
LA TERCERA LEY Y LA RESPUESTA
Descartes ya había demostrado que en las interacciones entre los cuerpos la
cantidad de movimiento total se conserva. Esto quiere decir que en la interacción
de dos cuerpos si uno sufre un cambio en su cantidad de movimiento, el otro
deberá sufrir un cambio de igual magnitud, pero de signo contrario, para que en
total no haya cambio. Esto, en términos de la Segunda Ley, implica que en la
interacción ambos deben sentir una fuerza de igual magnitud, pero de dirección
contraria. Esta es, ni más ni menos, la Tercera Ley del Movimiento que
formalmente se expresa así: todas las fuerzas son de interacción, y en la
interacción la fuerza que uno de los cuerpos ejerce sobre otro es de la misma
magnitud, pero de dirección contraria a la que el otro ejerce sobre él.
Con referencia a la fuerza de gravitación o gravedad, la Tercera Ley establecía
que si el Sol ejerce una fuerza de atracción sobre los planetas, estos a su vez
deberían ejercer sobre el Sol otra fuerza de igual magnitud, pero en dirección
hacia ellos; la Tierra atrae a la Luna con una cierta fuerza que es igual, pero de
dirección contraria a la fuerza con la que la Luna atrae a la Tierra. Si, como
acabamos de ver, la fuerza con que la Tierra atrae a un objeto depende de la
masa de ese objeto, la fuerza con la que el objeto atrae a la Tierra debe depender
de la masa de la Tierra. Pero ambas fuerzas deben tener la misma magnitud, por
lo que entonces la fuerza de interacción debe ser proporcional al producto de las
masas de los cuerpos que interactúan.
Ya dijimos que los movimientos de los satélites alrededor de sus respectivos
planetas también obedecían las leyes de Kepler. Pero las constantes de estos
movimientos eran diferentes en el caso de los planetas alrededor del Sol y para
cada conjunto de satélites. Era evidente que alguna propiedad del centro atractor
intervenía también en la magnitud de la fuerza. Y ahora era evidente que esta
propiedad debería ser su masa. Toda la trama empezaba a revelarse.
EJERCICIOS

Dos planetas de masas iguales orbitan alrededor de una estrella de masa mucho
mayor, el planeta 1 describe una ´orbita circular de radio r1 = 108 km con un
La situación del problema es muy sencilla de resolver, ya que basta en tomar los
datos y reemplazar en la fórmula, como podemos ver las masas se encuentran en
kilogramos, y la distancia en metros, por lo que no habría necesidad de convertir a
otras unidades, ahora veamos el uso de la fórmula.

Reemplazando datos

Por lo que:

Qué sería la fuerza de atracción entre las masas,

Ahora veamos un ejemplo, tipo algebraico para ver como se relacionan los
problemas de la ley de la gravitación universal.

Problema 2.- ¿A qué distancia se encuentran dos masas de 6×10^-2 kg y 7×10^-


3 kg, si la magnitud de la fuerza con la que se atraen es de 9×10^-9 N?
Solución: A diferencia del problema anterior, tenemos que encontrar la distancia
que separan a las dos masas, por lo que debemos de saber que necesitamos
realizar un despeje, ¿no sabes despejar?, puedes visitar nuestro artículo
de ¿Cómo despejar fórmulas? bien, al despejar a “d” de nuestra fórmula de la ley
de gravitación universal, tenemos:

El despeje queda así:

Ahora es momento de sustituir nuestros datos en la fórmula:


Realizando la multiplicación de las masas y la división entre la fuerza.

Bien, ahora realicemos lo que está dentro de la raíz cuadrada.

Por lo que la distancia es:

Qué sería la distancia que existe entre ambas masas, ¿fácil no?, veamos otro
ejemplo un poco más de razonar.

Problema 3.- La fuerza de atracción entre dos cuerpos de masas m1, y m2, que
se encuentran separados una distancia d es F. Si la distancia se incrementa al
doble, ¿qué sucede con la magnitud de la nueva fuerza de atracción?
Solución: En este problema no hay un valor numérico, pero se puede expresar de
manera algebraica hasta entender a grandes conceptos que nos quiere dar a
entender, colocamos nuestra fórmula.

Ahora coloquemos los datos, aunque si observamos nos daremos cuenta que lo
único que cambiará será la distancia, puesto que el problema dice que se
incrementa al doble, es decir “2d”.
Por lo que, quedaría en nuestra fórmula.

Resolviendo

Si te das cuenta he apartado 1/4 detrás de la constante de gravitación universal,


esto es para que nos quede nuevamente la fórmula inicial, y así reemplacemos
por la Fuerza “F”.

quedando así.

Le que colocado así para evitar confusiones, y como te podrás dar cuenta.

Cuando la distancia aumenta al doble, la fuerza de atracción disminuye en 1/4


de fuerza,
BIOGRAFIAS

Isaac Newton
(1642/12/25 - 1727/03/31)

Matemático y físico británico


Áreas: Física, matemáticas, astronomía, teología, alquimia
Materias: Epistemología, metafísica, física, óptica, matemáticas, ética, psicología,
biología
Obras: Philosophiæ naturalis principia mathematica
Aportaciones: Ley de gravitación universal; Leyes de la dinámica; Teoría
corpuscular de la luz; Desarrollo del Cálculo diferencial e integral
Isaac Newton nació el 25 de diciembre de 1642 (según el calendario juliano), 4 de
enero 1643 (calendario gregoriano), en Woolsthorpe, una aldea en el condado de
Lincolnshire, Inglaterra.
Hijo póstumo; vino al mundo prematuramente tres meses después de la muerte de
su padre, también llamado Isaac Newton, un próspero granjero analfabeto.
Su pequeño tamaño y delicado estado hacen temer sobre su suerte, aunque
finalmente sobrevive. Su madre Hannah Ayscough, se volvió a casar cuando
Newton tenía tres años, yéndose a vivir con su nuevo marido, el reverendo
Bernabé Smith, dejando al pequeño Isaac al cuidado de su abuela, Margery
Ayscough. Su progenitora tuvo tres hijos en este segundo matrimonio.
Cuando tenía 14 años, su padrastro (al que odiaba) murió y Newton regresó a
Woolsthorpe.
Primeros años y educación.
Desde joven apareció como "tranquilo, silencioso y reflexivo" aunque lleno de
imaginación. Se entretenía construyendo artilugios como un molino de viento, un
reloj de agua, un carricoche que andaba mediante una manivela accionada por el
propio conductor, etc.
Su madre quería que se convirtiera en agricultor, aunque Isaac Newton aborrecía
la agricultura.
Desde los 12 años hasta que cumplió los 17, cursó estudios en la escuela primaria
en Grantham. En 1661, ingresó en el Trinity College de la Universidad de
Cambridge, donde estudió matemáticas bajo la dirección del matemático Isaac
Barrow.
Recibió su título de bachiller en 1665 y le nombraron becario en Trinity College en
1667 (entre 1665 y 1667 la Universidad de Cambridge se cerró por la peste y
Newton regresó a Woolsthorpe). Desde 1668 fue profesor. Newton se dedicó al
estudio e investigación de los últimos avances en matemáticas y a la filosofía
natural.
Descubrimientos
Realizó descubrimientos fundamentales que le fueron de gran utilidad en su
carrera científica. Consiguió en el campo de las matemáticas sus mayores logros.
Generalizó los métodos que se habían utilizado para trazar
líneas tangentes a curvas y para calcular el área encerrada bajo una curva,
descubriendo que los dos procedimientos eran operaciones inversas. Uniéndolos
en lo que llamó el método de las fluxiones.
Desarrolló en 1666 lo que se conoce hoy como cálculo, un método nuevo y
poderoso que situó a las matemáticas modernas por encima del nivel de la
geometría griega. En 1675Leibniz llegó de forma independiente al mismo método,
al que llamó cálculo diferencial; su publicación hizo que Leibniz recibiera los
elogios por el desarrollo de ese método, hasta 1704, año en que Isaac
Newton publicó una exposición detallada del método de fluxiones.
La manzana
El famoso incidente de la manzana puede que sea el más famoso de su vida.
Ocurrió en 1666. Según su biógrafo, William Stukeley, Isaac Newton se
encontraba bajo la sombra de un manzano en su granja cuando del árbol cayó un
fruto. Fue entonces se le ocurrió la idea de la gravitación. Se preguntó por qué la
manzana desciende siempre perpendicularmente respecto del suelo.La manzana
en cuestión le llevó a plantearse la existencia de la gravedad, una fuerza universal
de atracción de los cuerpos que según su modelo podía expresarse como el
producto de las masas de los dos cuerpos dividido por el cuadrado de la distancia
que los separa. Esta ley explicaría por qué las órbitas de los planetas alrededor
del Sol son elípticas, por qué la Luna provoca las mareas y por qué los objetos
caen al suelo.
En 1669 obtuvo la cátedra Lucasiana de matemáticas en la Universidad de
Cambridge.
La óptica también fue del interés de Newton. Llegó a la conclusión de que la luz
del Sol es una mezcla heterogénea de rayos diferentes -representando cada uno
de ellos un color distinto- y que las reflexiones y refracciones hacen que los
colores aparezcan al separar la mezcla en sus componentes. Demostró su teoría
de los colores haciendo pasar un rayo de luz solar a través de un prisma, el cual
dividió el rayo de luz en colores independientes. En el año 1672 envió una breve
exposición de su teoría de los colores a la Sociedad Real de Londres.
Tras la muerte de su madre en 1678, Isaac Newton entró seis años de reclusión
intelectual donde solo se comunica con las notas breves. En 1704, publicó su obra
Óptica, en donde explicaba detalladamente su teoría.
En 1684 recibió la visita de Edmund Halley, un astrónomo y matemáticos con el
que discutió el problema del movimiento orbital. Durante los dos años y medio
siguientes, estableció la ciencia moderna de la dinámica formulando las tres leyes
del movimiento. Aplicó estas leyes a las leyes de Kepler sobre movimiento orbital y
dedujo la ley de la gravitación universal.
Publicó su teoría en Philosophiae Naturalis Principia Mathematica (Principios
matemáticos de la filosofía natural, 1687), que marcó un punto de inflexión en la
historia de la ciencia y que se consideró como la obra más influyente en la física.
Tardó dos años en escribirlo siendo la culminación de más de veinte años de
pensamiento.
Newton sentó las bases de nuestra era científica. Sus leyes del movimiento y la
teoría de la gravedad sustentan gran parte de la física moderna y la ingeniería.
En 1687 apoyó la resistencia de Cambridge contra los esfuerzos del rey Jacobo
II de Inglaterra para convertir la universidad en una institución católica. Tras
la Gloriosa Revolución de 1688, la universidad lo eligió como uno de sus
representantes en una convocatoria especial del Parlamento británico. Ese mismo
año Newton conoce al filósofo John Locke, entre los dos dedican bastantes horas
a la discusión de temas teológicos, en especial el de la Trinidad, Newton canaliza
sus esfuerzos en los problemas de la cronología Bíblica.
En 1693 Newton mostró síntomas de una severa enfermedad emocional. Aunque
recuperó la salud, su periodo creativo había llegado a su fin.
Fue nombrado inspector y más tarde director de la Casa de la Moneda en
Londres, donde vivió hasta 1696; durante su mandato se cambió la moneda
británica del patrón plata, al patrón oro.
En ese año participa en un desafío matemático propuesto por Jacob Bernoulli, su
contendor era Leibniz el cual no logra superar en prontitud las soluciones
presentadas por él. Perteneciente a la joven generación de Fellows de la Royal
Society, en 1703 fue elegido su presidente, cargo que ocupó hasta el final de su
vida. Además de su interés por la ciencia, también se sintió atraído por el estudio
de la alquimia, el misticismo y la teología.
Newton además tuvo fama por su mal carácter y conflictos con otras personas, en
particular con Robert Hooke y Gottfried Leibniz.
Sus años de madurez y vejez transcurrieron en su residencia en Cranbury Park,
cerca de Winchester, al cuidado de una sobrina, Cátherine Barton hija de una
hermanastra y casada con John Conduit, que se convertiría en su más ferviente
apologista.
Tras un brusco empeoramiento de su afección renal, falleció en Londres mientras
dormía, el 20 de marzo 1727 (calendario juliano), 31 de marzo de 1727 (calendario
gregoriano). Fue enterrado en la Abadía de Westminster, siendo el primer
científico en recibir este honor. Voltaire pudo haber estado presente en su funeral.
Algunos biógrafos corrigen que Isaac Newton murió virgen. Su evidente misoginia,
unida a un puritanismo extremo, le impedía acudir a los burdeles.
Dejó una cuantiosa colección de manuscritos. Los investigadores descubrieron
miles de folios conteniendo estudios de alquimia, comentarios de textos bíblicos,
así como cálculos herméticos oscuros e ininteligibles.
Su pelo fue examinado en 1979 y se encontró mercurio, probablemente como
resultado de sus búsquedas alquímicas. El envenenamiento por mercurio podría
explicar la excéntrica conducta de Newton durante la vejez.
Edmund Halley - Edmond Halley
(1656/10/29 - 1742/01/14)

Astrónomo británico

Nació el 29 de octubre de 1656 en Haggerston, cerca de Londres.


Cursó estudios en la Universidad de Oxford. Con veinte años abandonó la
universidad para trasladarse a la isla de Santa Elena para observar las posiciones
precisas de las estrellas australes.
En 1679 recibió un título honorífico de la Universidad de Oxford y fue elegido
miembro de la Royal Society.

Muy interesado por las teorías de Isaac Newton, se animó a escribir los Principios,
que publicó en 1687haciendofrentealos gastos.
En el año 1721 le nombraron astrónomo real y ejerció durante dieciocho años.
Realizó un estudio sobre la revolución completa de la Luna a través de sus nodos
ascendente y descendente.
Entre sus obras destaca el tratado científico la Synopsis astronomiae cometicae,
iniciado en 1682 y publicado en 1705. En la obra aplicó las leyes de Newton a
todos los datos disponibles sobre los cometas y demostró matemáticamente que
estos giran en órbitas elípticas alrededor del Sol.
Su acertada predicción del regreso de un cometa en 1758 (hoy conocido
como cometa Halley) refrendó su teoría de que los cometas son miembros de
nuestro sistema solar.
Amigo de Isaac Newton, le animó a escribir su "Principia Mathematica".
Edmund Halley falleció el 14 de enero de 1742 en Greenwich.
Johannes Kepler
(1571/12/27 - 1630/11/15)

Astrónomo alemán
Reconocido por: Leyes sobre el movimiento de los planetas sobre su órbita
alrededor del Sol.
Materias: Astronomía, Astrología, Física, Matemáticas...
Obras: Astronomia nova, Harmonices mundi, Tablas rudolfinas...
Cónyuges: Barbara Müller, Susanne Reuttinger
Johannes Kepler nació el 27 de diciembre de 1571, en Weil der Stadt,
Württemberg.

Hijo de Katharina Guldenmann, sanadora y herbolaria, y de Heinrich Kepler,


mercenario que se cree que murió en la Guerra de los Ochenta Años en los
Países Bajos.

Fue un niño enfermizo que padeció de forúnculos, dolores de cabeza, miopía,


infecciones de la piel, fiebres y afecciones al estómago y a la vesícula. Con cuatro
años, casi sucumbió con los estragos de la viruela.

Cursó estudios de Teología y clásicas en la Universidad de Tübingen. Tuvo como


profesor de matemáticas a Michael Maestlin, partidario de la teoría
heliocéntrica del movimiento planetario desarrollada en principio por Nicolás
Copérnico.
En el año 1594, viaja a Graz (Austria), donde elaboró una hipótesis geométrica
compleja para explicar las distancias entre las órbitas planetarias. Posteriormente,
dedujo que las órbitas de los planetas son elípticas.

Johannes Kepler sostenía que el Sol ejerce una fuerza que disminuye de forma
inversamente proporcional a la distancia e impulsa a los planetas alrededor de sus
órbitas. Publicó un tratado titulado Mysterium Cosmographicum en 1596.

Profesor de astronomía y matemáticas en la Universidad de Graz de 1594 hasta


1600.

En 1600, se vio obligado a abandonar Austria después de que el archiduque


Fernando promulgara un edicto contra los protestantes. En octubre se trasladó a
Praga, donde fue invitado por Tycho Brahe, que había leído algunos trabajos de
Kepler. Fue ayudante del astrónomo danés en su observatorio de Praga y a la
muerte de este en 1601, fue nombrado matemático imperial y astrónomo de la
corte del emperador Rodolfo II.

Una de sus obras más importantes durante este periodo fue Astronomía
nova (1609), fruto de sus esfuerzos para calcular la órbita de Marte. El tratado
contiene la exposición de dos de las llamadas leyes de Kepler sobre el movimiento
planetario. Según la primera ley, los planetas giran en órbitas elípticas con el Sol
en un foco. La segunda, o regla del área, afirma que una línea imaginaria desde el
Sol a un planeta recorre áreas iguales de una elipse durante intervalos iguales de
tiempo.

En el año 1612 se hizo matemático de los estados de la Alta Austria. En 1615, su


madre fue acusada de brujería. Kepler dedicó seis años en su defensa litigando
ante los tribunales.

Publicó Harmonices mundi, Libri (1619), cuya sección final contiene otro
descubrimiento sobre el movimiento planetario (tercera ley): la relación del cubo
de la distancia media (o promedio) de un planeta al Sol y el cuadrado del periodo
de revolución del planeta es una constante y es la misma para todos los planetas.

Le siguió Epitome astronomiae copernicanae (1618-1621), que reúne todos sus


descubrimientos en un solo tomo. Su última obra importante aparecida en vida
fueron las Tablas rudolfinas (1625). Basándose en los datos de Brahe, las nuevas
tablas del movimiento planetario reducen los errores medios de la posición real de
un planeta de 5 °a 10'.
Además realizó aportaciones en el campo de la óptica y desarrolló un sistema
infinitesimal en matemáticas, que fue un antecesor del cálculo.

Contrajo matrimonio de conveniencia, el 27 de abril de 1597 con Barbara Müller.


En 1612 murió su esposa, al igual que dos de los cinco niños que habían tenido
juntos. Otro de sus hijos murió a la edad de siete años. Solo su hija Susanne y su
hijo Ludwig sobrevivieron. Posteriormente se casó en Linz con Susanne
Reuttinger, con la que tuvo otros siete niños, de los que tres morirían muy pronto.

Johannes Kepler falleció el 15 de noviembre de 1630 en Regensburg. Compuso


este epitafio para su lápida: "Medí los cielos, y ahora las sombras mido, En el cielo
brilló el espíritu, En la tierra descansa el cuerpo".

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