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EL UNIVERSO TIENE

UN MENSAJE PARA TI
EL UNIVERSO TIENE
UN MENSAJE PARA TI

ESTE ES UN LIBRO SENCILLO Y AMENO, CON EL QUE ESPERO


PODER ACLARAR ALGUNAS DE TUS DUDAS SOBRE EL MÁS ALLÁ,
SOBRE LO QUE PASA DESPUÉS DE LA MUERTE Y SABER ENTENDER
LOS MENSAJES QUE NUESTROS GUÍAS ESPIRITUALES NOS DAN.

DIANA DAHAN SANTOS


Primera edición: marzo 2015

© Derechos de edición reservados.


Editorial Círculo Rojo.
www.editorialcirculorojo.com
info@editorialcirculorojo.com
Colección Autoayuda

© Diana Dahan Santos

Edición: Editorial Círculo Rojo


Maquetación: Germán Fernández Martín
Fotografía de cubierta: © Fotolia.es
Diseño de portada: © Antonio López Galdeano

Producido por: Editorial Círculo Rojo.

ISBN: 978-84-9095-667-0

DEPÓSITO LEGAL: AL 270-2015

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de


cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida
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un ensayo en el que el autor haga valoraciones personales
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IMPRESO EN ESPAÑA – UNIÓN EUROPEA


Dedicado a MI MARIDO SERGIO, POR SU APOYO
INCONDICIONAL y ayuda en la redacción de este libro,
Y A LUISA, POR SU EMPUJE Y APOYO.
ÍNDICE

Prólogo........................................................................................... 11
Introducción................................................................................... 15
Historia nº 1: Diana, el despertar................................................ 21
Historia nº 2: Paquito y sus cigarros........................................... 27
Historia nº 3 :Gloria. Un caso de posesión............................... 51
Historia nº 4: Noelia, la fuerza del amor.................................... 55
Historia nº 5: El bien y el mal..................................................... 59
Historia nº 6: La preocupación................................................... 61
Historia nº 7: Ana.......................................................................... 63
Historia nº 8: Isabel y las carolinas............................................. 69
Historia nº 9: Eva y su hermana................................................. 73
Historia nº 10: Amalia y su alma................................................. 77
Historia nº 11: Josefa y las marismas.......................................... 81
Historia nº 12: María y su hija..................................................... 85
Historia nº 13: Diana y Sergio..................................................... 91
Historia nº 14: Diana y los animales........................................... 95
Historia nº 15: Lidia y Egipto...................................................... 97
Historia nº 16: Manolo y su oportunidad................................. 101
Historia nº 17: Carla y su coche................................................. 103
Historia nº 18: Rosa y Luisa........................................................ 107
Historia nº 19: Manoli y su prometido...................................... 113
Historia nº 20: Lina y su perro................................................... 119
Historia nº 21: Marta y el dinero................................................ 125
Historia nº 22: Alfredo y el chequeo espiritual........................ 131
Historia nº 23: Andrea y su padre.............................................. 135
Epílogo........................................................................................... 139
P R Ó L O GO

Conocí a Diana en época de vacaciones. La Costa Brava es una


fuente natural de energía y por ello mi cuerpo, de forma anual,
me reclama inexorablemente que la recarga se produzca.
Las vacaciones son un oasis para el cuerpo y la mente, que
en medio de la vorágine diaria de nuestro sinvivir, se convierten
en imprescindibles para todos.
Lo que no sabía es que en el verano de 2013 conocería a
Diana en ese paraíso marítimo que es la playa de Palamós. Era
el último día de mi estancia allí y tuve la suerte de que me hiciera
un hueco en su agenda.
Todo fue casual, a partir de una conversación con mi osteó-
pata de Playa de Aro, que es la que hace que la reparación de
mi cuerpo sea total; me explicó su experiencia con Diana, a
pesar de su escepticismo sobre estos temas.
Diana entra de forma natural en la parte más íntima de nos-
otros mismos, porque tiene acceso a lo secreto de no sé qué di-
mensiones.
Lo primero que uno se pregunta interiormente antes de ir a
verla es si habrá algún tipo de «fraude» o engaño en la sesión a

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El universo tiene un mensaje para ti

realizar, pues la conexión con otras dimensiones no es un ser-


vicio corriente o habitual, pero al ver a Diana, sus ojos trans-
parentes, la luz de su rostro y la dulzura de su voz, te das cuenta
de que estás allí porque alguien te quiere decir algo y cualquier
duda desaparece al instante.
En mi percepción coincidió, además, que el tono de su voz
es idéntico al de una gran amiga mía, muy espiritual, y ese fue
el punto clave de la conexión inicial que continuamos mante-
niendo.
En escenarios como los que viví en esa sesión, mi actitud
natural es de observadora de los hechos y las personas, y os
puedo decir que Diana me cautivó desde el principio.
Mi visita no obedecía a nada en concreto, soy investigadora
por naturaleza y estaba abierta a una nueva experiencia, pero
puedo decir que fue sorprendente desde el minuto uno.
El primer contacto que me facilitó Diana fue con mi padre
y la certeza de que el contacto se había producido fueron unas
contraseñas que ella me dijo que solo mi padre y yo sabíamos.
Me dio luz en aspectos de mi vida que necesitaban guía y
que realmente me han sido de gran ayuda.
Pero lo curioso fue ratificar a través de Diana que mi abuela
Conxita, con quien siempre me he sentido conectada espiritual-
mente, se erigió en mi guía y protectora para acompañarme en
mi camino.

Todos sus contactos con mis seres próximos trajeron res-


puestas ciertas que reconocí y acepté como un regalo de la vida.
Fue tan fuerte la certeza del momento que integré a Diana
en el círculo de mis guías, para que o bien de forma personal o

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Diana Dahan Santos

a través de las conversaciones que sostiene con seres de otra di-


mensión me ayudaran en la toma de mis decisiones y en la es-
cucha de mi corazón.
Nuestra relación, por tanto, ha sido continuada desde ese
primer encuentro, formando parte de mi día a día, siendo la
fuente y el canal de contacto con todos aquellos guías que sirven
para dar luz y respuesta a muchas de mis dudas diarias.
Si ella me lo permitiera, me honraría poder decir en estos
momentos que entre nosotras hay una amistad en estado puro.
Gracias, Diana, por ofrecer al mundo tus dones, que nos ayu-
dan tanto a comprender la vida y el porqué de muchos de nues-
tros actos y decisiones.
LIS

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I NTRO DU C CIÓN

SI ERES SORDO Y NO OYES EL SONIDO,


NO SIGNIFICA QUE EL SONIDO NO EXISTA…

Hola, mi nombre es Diana, soy vidente, médium y canalizadora,


lo he sido toda mi vida, aunque durante muchos años, tantos
como más de 20, lo he «ocultado», a causa de la sociedad en
que vivimos, ya que, por desgracia, la mayoría de las personas
no creen que pueda existir otro mundo paralelo al nuestro. Así
viví durante tantos años, pero mis experiencias con el mundo
espiritual seguían ocurriendo, hasta que decidí dedicarme de
pleno a ello y poder ayudar a las personas en este plano…
Este libro es una recopilación de mensajes del mundo espi-
ritual, sin más pretensión que lo podáis entender de una manera
plana y sencilla, compartir con todos vosotros mis experiencias,
videncias y los mensajes que los seres de luz me transmiten,
mensajes entendibles a niños y mayores, mensajes que os hagan
comprender lo que ocurre cuando morimos y después de la
muerte, porque ¿cuando fallece un ser querido, todavía lo sen-
timos a nuestro alrededor…? Experiencias del día a día en mi
consulta, con mensajes de seres fallecidos a mis consultantes,
que nos pueden servir a todos… absolutamente.
En mi consulta o en mi vida diaria, obtengo mensajes de
seres que ya no tienen cuerpo físico, mensajes directos para mis

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El universo tiene un mensaje para ti

consultantes y mensajes generales para que la humanidad pueda


entender lo que ocurre a nivel espiritual, así que decidí plas-
marlo en este libro.
Ojalá hubiera podido tener un libro de estas características
años atrás, me hubiese ayudado tanto a entender tantas cosas…
Son tantas las personas que reciben mensajes o señales del
mundo espiritual y no los logran entender…
Una frase que durante años de mi vida he ido repitiendo más
veces de las que desearía, pero es así es que vivimos en un
mundo terrenal, en el que también cabe lo espiritual.
Espiritual tanto a nivel personal (crecimiento interno) como
espiritual, a nivel de que vivimos rodeados de almas, almas que
no encuentran su paz, almas que nos cuidan, nos protegen,
almas que desean fervientemente comunicarnos mensajes, men-
sajes para nuestro bienestar, para nuestra vida, nuestra tranqui-
lidad, mensajes para que reconduzcamos nuestra vida en otra
dirección, mensajes para calmar nuestra propia alma y mente, y
cómo no, lo más ansiado de ellos es poder darnos los últimos
mensajes, directrices, explicaciones o lo que ellos consideren
apropiado para darnos paz a nosotros, y sobre todo para darnos
paz al alma (el alma es nuestra energía, nuestra esencia más pro-
funda, no tiene edad, en ella están todos los recuerdos y blo-
queos, tanto negativos como positivos, de todas nuestras vidas
anteriores).
También están estas almas que solemos llamar «errantes»,
son las almas que no aceptan dejar el plano terrenal, son las
almas codiciosas, materialistas… Hablaremos de ellas más ade-
lante.
Pensemos también que muchas almas en paz con ellas mis-
mas tampoco dejan este plano, sienten que deben cuidar a una
o más personas, cuando este no es su deber. Nuestro deber en

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Diana Dahan Santos

la tierra es intentar por lo menos ser conscientes de que, aunque


somos seres humanos con nuestros defectos y carencias, debe-
mos intentar, en la medida de lo posible, dejar todos nuestros
asuntos terrenales a nivel de amor y alma hacia todas las perso-
nas que nos rodean, sobre todo familiares directos e indirectos,
«solucionados», y así cuando nos llegue el momento de la
muerte, poder morir en paz, no tener miedo de dejar nuestro
cuerpo físico y elevar nuestra alma sin miedos.
Los espíritus, o seres de luz, nos acompañan constantemente
a lo largo de nuestra vida, algunos de ellos, cómo no, son los
que conocemos como los ángeles de la guarda… (o guías espi-
rituales).
Los guías espirituales son energías muy elevadas, limpias, ca-
recen de nombres, categorías o sexo. Con mis años de expe-
riencia, y dialogando con ellos a diario, cada día tengo más
seguridad de que ellos son una ampliación de nuestra alma, de
nuestro ser más limpio y elevado, no intoxicado, que tal y como
denomina su propio nombre, están aquí para guiarnos, para
ayudarnos, no para solucionarnos la vida, librándonos de pro-
blemas o enfermedades, ya que todo lo que nos pasa y pasará
en esta vida terrenal lo hemos pactado antes de nacer, todo…
absolutamente todo: defunciones, hijos, parejas, amantes, tras-
lados, accidentes, etc. Estos aspectos y otros son necesarios para
el camino evolutivo de nuestra alma, esta vida no es ni más ni
menos que la representación teatral del guion que planificamos
antes de encarnarnos y venir a este mundo
Nuestros guías espirituales, me refiero a ellos en plural, ya
que personalmente he visto hasta tres guías espirituales acom-
pañando a una sola persona, nos acompañan durante toda nues-
tra vida, están a nuestro alrededor, dándonos mensajes…,
guiándonos…, sin perder su afán, aunque nosotros no logre-
mos escucharlos.

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El universo tiene un mensaje para ti

Cuidado con los guías, tenemos dos guías: el de la luz y el de


la oscuridad, es muy importante saber o percibir con qué guía
estamos conectados; el oscuro intentará por todos los medios
hacerse pasar por nuestro guía de luz; de esta manera, le abri-
mos inconscientemente las puertas de nuestra alma y persona,
permitiendo equivocadamente e inconscientemente que esa
energía se enlace con la nuestra. Así, esa energía negativa se ali-
menta de nuestra energía, debilitando nuestra aura hasta que
«enfermemos» y permitiéndole cada vez más el control sobre
nuestras emociones y pensamientos.
A lo largo de los años, han sido y son tantas y tantas las per-
sonas que me dicen que están conectados con sus guías espiri-
tuales, que les hablan, les dan mensajes, les halagan, etc.
¡¡No, amigos!! Tu guía espiritual nunca te dirá palabras ama-
bles al oído, ni te dirá lo bien que lo haces, ni te dirá que estás
extremadamente protegido y no necesitas conectar con «Dios».
Todas estas «conversaciones» pertenecen a las energías densas,
inflan el ego y, precisamente el ego, está directamente relacio-
nado con las energías del bajo astral.
Tu guía espiritual no te habla al oído, te hace sentir, sientes
directamente en tu alma lo que te hace bien o que te hace mal,
lo que te conviene y lo que no, el camino correcto o incorrecto,
etc.
¡Recuerda, se siente, no se escucha!
Han sido muchos años de aprendizaje conmigo misma, de
cerrar mis puertas a la negatividad, a la densidad, para saber y
sentir realmente que estoy conectada con los guías de luz, tanto
los míos como los de mis consultantes; cada día de mi vida «lim-
pio y enlazo» mis energías para conectar con los guías espiri-
tuales.
Hay que comprender que en nuestros pensamientos están
muchos de estos mensajes, pero no les hacemos caso, pensamos
que son tonterías…

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Diana Dahan Santos

¿Cuántas veces nos han invitado a algún sitio y vamos por


compromiso?; en el momento de recibir la invitación, el primer
pensamiento que nos viene es el de «… uf, no me apetece…»
o cuando se van los hijos al colegio, por ejemplo, y las madres
se quedan con un poquito de angustia ese día. Luego, resulta
que cuando llegan a casa, vuelven con algún problema, o con
un brazo roto… Esos son dos ejemplos de lo más sencillos para
llegar a comprender que el primer pensamiento que nos llega
suele ser de nuestro guía espiritual, él siempre está a nuestro
lado. A veces actúa de una manera un poquito más radical…
Vamos a poner otro ejemplo:
Imaginemos que tenemos un trabajo estable, en el que co-
bramos un buen sueldo, pero siempre hay polémicas a nuestro
entorno, acechándonos…, siempre hay problemas con los jefes,
o simplemente discusiones con tus compañeros. Cuando llegas
a casa, estás tan irritado por tu día laboral que no te encuentras
a gusto con la familia…, y así un día tras otro… Simplemente,
te están llegando mensajes de que ese no es tu lugar, ese no es
el trabajo que tienes que seguir realizando… Te ponen trabas y
te pondrán todavía más trabas hasta que todo salte de una ma-
nera u otra para que marches de este sitio… Si te está pasando
esto, nadie dice que dejes tu trabajo actual ya, pero ábrete al uni-
verso, intenta escuchar sus señales, que te aseguro que son mu-
chas, tu guía espiritual se encargará de que sepas qué camino
debes escoger, simplemente con esas señales a las cuales todos
debemos estar atentos. Te pueden llegar por amigos o conoci-
dos, que te propongan alguna idea o algún negocio…, te pue-
den llegar, cómo no, por noticias en la tele, te pueden llegar por
algún libro que estés leyendo…
Hay tantos caminos para las señales que simplemente relá-
jate, abre tu alma y todo te llegará en la medida y el momento
adecuado.

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HISTORIA Nº 1

DIANA, E L D E S P E R TA R

O s voy a contar una historia, la mía propia… Como antes


os he explicado, toda la vida he estado conectada con los
seres de luz, pero yo, ni caso…, yo, a lo mío, trabajar, adquirir
una vivienda, etc., en fin, lo «normal» en este mundo occidental.
Lo curioso del caso es que casi cada día recibía mensajes de mi
guía espiritual, me decía que no iba por el camino establecido
para mí, que tenía y debía dedicarme a enlazar el mundo terrenal
con el mundo espiritual.
En fin, que yo ni caso… Lo gracioso es que cuando iba a vi-
sitar a algunas videntes, ellas siempre me decían lo mismo, que
mi guía espiritual ya me había comunicado hasta la saciedad (se-
ñales que llegan por terceras personas) y siempre, siempre, ter-
minaban diciéndome que yo tenía que dedicarme a lo mío. Que
soy vidente, canalizadora, médium…, que debía dedicarme a
esto… En fin, estas eran mis visitas con las videntes, pero yo a
lo mío…, oídos sordos, aunque interiormente lo sabía, pero
¿cómo iba a cambiar mi vida laboral de un plumazo? ¿Cómo
iba a tirarme a la piscina sin un poquito de agua dentro? Uf,
solo de pensarlo me entraban escalofríos, así que yo a lo mío…

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El universo tiene un mensaje para ti

Pero, ¡ay!, amigos lectores, os puedo asegurar que cuando te-


nemos una misión concreta en esta vida, que todos la tenemos,
la acabaremos realizando, porque nuestro guía espiritual nos
empujará hasta conseguirlo…
Yo, en estos últimos diez años, tenía un negocio, un negocio
ya establecido entre los habitantes del pueblo en donde estaba
ubicado, con una clientela fija, y además, un boca a boca mara-
villoso, que hacía incrementar las ventas, es verdad que en ese
periodo, deje casi totalmente mi vida espiritual a un lado… ¡Mi
guía espiritual se enfadado y mucho!
Así que de repente las cosas cambiaron, también debido a la
crisis económica, y empecé a preocuparme por seguir adelante,
mi guías espiritual me hablaba, me decía que tenía que dejarlo
y dedicarme a lo mío, a canalizar, a enlazar el mundo de los di-
funtos con los vivos, a pasar mensajes de un plano a otro…
¿Pero cómo? ¡Con todas las deudas económicas que tengo! ¡No
puede ser! ¡Tengo que seguir con mi negocio!
Y sí, durante un tiempo las ventas remontaban y luego vol-
vían a caer en picado… y allí volvían los mensajes de nuevo:
«Deja esto y dedícate a tu misión en esta vida».
Hasta que un día, me enfadé, y hablando con él en un tono
un poco más alto de lo habitual, le dije: «¡Vale, venga! ¡Pero me
tienes que buscar un local o despacho para pasar las consultas!»
(yo me medio reía en mi fuero interno, ya que durante ocho
años había estado buscando adquirir un local de propiedad para
mi negocio y no lo encontré). Así que le pedí que me echara
una mano, que en mi casa no podía pasar consultas y lógica-
mente tampoco podía pagar el alquiler de un local… Y sucedió
lo increíble… Di voces y en cuarenta y ocho horas me llamó
mi amiga Ka para decirme que había encontrado un despacho
de dos plantas que le gustaría compartir, y que si sabía de alguna
persona de confianza… ¡Me quedé atónita!

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Diana Dahan Santos

No podía ser…, qué va…, qué casualidad (os recuerdo, ami-


gos, que la casualidad no existe… existe la causalidad…, que
no son sino los hilos que va formando nuestro camino y que
nos lleva de una cosa a otra).
Le contesté que justamente estaba buscando una sala o des-
pacho para pasar mis consultas, así que, si no le importaba, que
de momento no buscase a nadie más, que me interesaba.
¡No podía ser! En solo dos días ya tenía una opción de un
local, cuando durante ocho largos años no encontré absoluta-
mente nada, ningún local para mi anterior negocio.
Estipulé con Ka que yo llamaría al día siguiente al teléfono
de contacto para ver qué tal las condiciones y tratos.
Llamé (sin muchas esperanzas, la verdad) y lo cierto es que
nos quedamos anonadadas las dos. En primer lugar, resulta que
cuando llamé, descolgó un señor, cuya voz me era muy familiar,
pero no comenté nada, seguí hablando con el hombre, hasta
que, sorpresa…, casualidad (hilos que nos llevan de una cosa a
otra), el dueño del local era ¡mi gestor! El gestor que durante
más de diez años llevó los papeles de la colchonería. No me lo
podía creer…
Resulta que nos alquilaron el local a un precio más que ase-
quible. A ella, a Ka (diseñadora gráfica), en su sala superior, le
instalaron parqué, nos arreglaron cuatro desperfectos sin im-
portancia…, nos dieron una carta de colores para escoger en
qué color queríamos pintar las diferentes estancias del local…
Nos lo pintaron enterito…, todo eso sin pagar ni pedir absolu-
tamente nada, y, encima nos dieron las llaves un mes antes de
lo previsto, y nos empezaron a cobrar el alquilar al mes si-
guiente. ¡Un mes gratuito!
En ese momento realmente me di cuenta de que tenía que
cerrar el negocio por el que tanto había luchado, y volver a em-

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El universo tiene un mensaje para ti

pezar desde cero en lo que durante años me daban señales de


que era a lo que me tenía que dedicar…
Pero, ¡Dios mío! Al comprometerme y firmar el contrato del
nuevo local, debía cerrar mi negocio. Tenía un mes escaso para
atar todos los cabos, empezando, claro está, por que tenía un
contrato de alquiler en mi negocio que no finalizaba hasta un
año y medio más tarde… Debía vender todos los artículos que
tenía tanto en la tienda como en el almacén… (era una colcho-
nería) No se venden colchones a diario, aparte de que mis pro-
ductos eran de alta gama y disponía tan solo de un mes y
medio… ¡Horror!
Me desequilibré totalmente pensando que había cometido
una locura al aceptar y firmar el contrato con el otro local;
¿cómo decirle al dueño del local actual que me marchaba…?
Que en un mes cerraba… El dueño del local actual estaba en
su pleno derecho de pedir una indemnización por incumpli-
miento de contrato. Pero, amigos, cuando uno está en sinto-
nía con su yo superior no existen impedimentos. Le pedí a
mi guía espiritual que intercediera de la manera que él conside-
rara más efectiva para ayudarme en el proceso. Recordad que
nuestro guía espiritual nos lleva, no nos pone la solución en-
frente de nuestros ojos, pero como siempre digo, «estate
atento, alinea tu alma con tu espíritu, y verás respuestas
claras».
Como por «arte de magia», encontré un abogado que le hizo
entender muy amablemente al dueño de la colchonería que yo
tenía que irme en un mes, y a ver cómo podríamos arreglar el
tema de la penalización de manera justa para las dos partes.
Cuando mi abogado me comentó que habían tenido la reunión
y que estaba a la espera de su contestación, le dije: «Jaume, va a
ser muy complicado, conozco perfectamente a este señor, y es

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Diana Dahan Santos

bastante avaro, con lo cual me veo en tribunales» (la mala cos-


tumbre que tenemos casi todos de adelantar acontecimientos…
, ¿os suena?).
En dos días obtuvimos la respuesta del dueño. No ponía re-
paros en absolutamente nada, no me iba a reclamar nada, sola-
mente se quedaría con la fianza del local…, ¡nada más! Yo no
me lo podía creer y mi abogado creo que todavía a día de hoy
no sale de su asombro. Repetía: «No lo entiendo, no lo com-
prendo…». Pero yo sí lo comprendí, y no paraba de darle gra-
cias a mi guía espiritual .
Segundo punto…, ¿cómo iba a vender todo mi género en
menos de un mes? Puse el típico cartel de «liquidación por cie-
rre» y se vendió más de lo que yo me esperaba, pero aun así,
veía que el tiempo apremiaba y me iba a quedar con un género
que además no tenía espacio físico para guardar.
Me relajé, volví a pedir la mediación de mi guía espiritual,
con unas técnicas especificas, y le dije: «Bueno, ya que me has
hecho llegar hasta donde estoy, por lo que te estoy muy agra-
decida, ayúdame con el género (lo pedí con sentimiento, con
pasión)».
Iban pasando los días, se iba vendiendo el género, pero se
acercaba peligrosamente la fecha de entrega de llaves. ¡Mi estado
anímico estaba empezando a alterarse! ¡Dios, ¿qué haría yo con
el género sobrante?!
Al cabo de un par de horas, entró un señor por la puerta, una
persona con una energía agradable y equilibrada, le pregunté qué
necesitaba, en qué podía ayudarlo, a lo cual me contestó que que-
ría hacerme una proposición… ¿Qué proposición?
Me explicó que tenía una colchonería en otra ciudad, y que
la semana anterior, acudiendo a una comida familiar, pasó por
delante de mi tienda, vio el cartel de liquidación y se percató de

25
El universo tiene un mensaje para ti

que el género le podría interesar. Me propuso llegar a un


acuerdo económico, justo para los dos, y se quedaría con
todo…
¿Os podéis imaginar mi cara de asombro? Seguro que no…
Yo todavía me río cuando me acuerdo de esta situación.
Total, llegamos a un acuerdo económico y le ofrecí que tam-
bién podía quedarse con todos los expositores de la tienda, de-
talle que me agradeció, acordamos un día de entrega y,
finalmente, dos días antes de la entrega de llaves, me libré de
todo el género. ¡Increíble! ¡Todo esto en apenas un mes!
Amigos lectores, no os podéis llegar a imaginar lo que
puede hacer la intervención divina.
Sí, así son las señales… Nos llegan por todos lados, hasta
una simple «conversación en la pescadería» puede ser una señal,
solo debemos estar atentos.
Así son las señales, a veces más radicales y a veces más sen-
cillas, pero siempre están. Solo se trata de no obsesionarnos
con ellas, nos llegan a todos por igual, de una manera u otra.
Bueno, debo hacer un inciso sobre este tema: las señales nos
pueden llegar distorsionadas en según qué situaciones y hay que
saber escucharlas.

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HISTORIA Nº 2

PA Q U I T O Y SUS CIGARROS

T odos sabemos, que las drogas y el alcohol no son buenos…


Esto no es ninguna novedad, pero os voy a contar un caso
que me pasó con Paquito.
Resulta que Paquito fumaba porros de marihuana habitual-
mente. Un día de verano, estábamos en una terraza y esta per-
sona estaba fumando su «cigarro especial», cuando de repente,
al cabo de estar un rato hablando, vi que, por encima de su ca-
beza, se abría un canal de luz, en el que saltaban hacia arriba
unos rombos de color dorados... Yo jamás había visto esto
antes, y preguntándome qué debía ser, seguidamente vi que en-
traban por su canal unas formas negras (energías negativas…
o, mejor dicho, seres de la oscuridad). Los rombos dorados sal-
taban una vez tras otra hacia arriba para expulsarlos, la verdad
es que lo conseguían, pero alguna de las formas negras entraban
en su canal.
Lo que os quiero explicar con esto es que cuando tomamos
sustancias nocivas, automáticamente debilitamos nuestra
energía, nuestra aura y damos paso a que el lado oscuro entre
en nuestra aura, cuerpo y, lo que es peor, en nuestra mente, lo

27
El universo tiene un mensaje para ti

que conlleva comportamientos no habituales en nosotros y, con


el tiempo, si estos hábitos persisten, llevará a posesiones físicas.
Es imposible que al consumir sustancias de este tipo podamos
escuchar a nuestro guía espiritual, ya que la información está
distorsionada.
Cuando hablamos de posesiones, no hablamos de las típicas
películas llevadas al cine (aunque siempre tienen un punto de
veracidad). Yo escuché hace años por televisión a un psiquiatra,
que explicaba que muchas personas que están ingresadas en
centros de salud mental, no eran ni más ni menos que casos de
posesiones en diferentes grados… ¡Cómo podía ser que difun-
dieran una información así por televisión y no le dieran más re-
percusión!
Es así, las almas errantes que no quieren ir a la luz buscan
volver a sentir los placeres mundanos en cuerpos que no les co-
rresponden…
De aquí deriva, por ejemplo, el peligro de hacer una ouija.
La ouija es un tablero compuesto por el abecedario, los nú-
meros del cero al nueve y un «sí» y un «no». Este tablero puede
prepararlo uno mismo o comprarlo. Sobre este tablero se coloca
un vaso de cristal en medio del mismo. Las personas allí reuni-
das colocan cada uno de ellos un dedo de la mano sobre el vaso.
A partir de aquí hay un protocolo a seguir, para tener la «con-
vicción» de con quién estamos conectados, quién nos da las res-
puestas a nuestras preguntas moviendo el vaso.
Digo convicción entre comillas, ya que, habitualmente, las
energías que se conectan con la ouija son del bajo astral, ener-
gías densas y oscuras, que contestarán a la perfección a las pre-
guntas y dudas formuladas; estas energías saben las respuestas
a todas nuestras dudas y preguntas, haciéndose pasar por fami-
liares o amigos difuntos. En este punto es donde les abrimos la
puerta a esta dimensión.

28
Diana Dahan Santos

El año pasado, por Navidades, paseando con mi marido, dis-


frutando de la magia especial de esta época festiva, y mirando
escaparates, de repente, en la vitrina de una juguetería vimos
varios juegos de mesa, entre los cuales estaba expuesto como
«juego de mesa» ¡la ouija!
¡Nos hemos vuelto todos locos de golpe! ¡Señores, no es nin-
gún juego! La ouija es extremadamente peligrosa. ¡Cómo pue-
den venderlo como juego de mesa!
Os voy a explicar en qué consiste y cuáles son sus peligros:
Como ya os he explicado antes, vivimos en un mundo terre-
nal, en el cual estamos físicamente y podemos tocarnos e inter-
actuar entre nosotros, pero no estamos solos. Nuestra energía,
nuestra vibración, nuestro cuerpo, nuestra persona… conviven
conjuntamente con otros seres, seres desencarnados, seres de
luz y seres del bajo astral. Estos seres se mantienen en su plano,
en su sitio, cercanos a nosotros, pero sin invadir nuestro espacio
personal. Bien, las velas (usadas para peticiones) y, sobre todo,
la ouija son puertas, puertas directas al bajo astral.
¡Cuidado! Imaginaos que estáis en casa, un domingo por la
tarde, viendo una película, acompañados por vuestra pareja e
hijos, plácida tarde de televisión y palomitas, y de repente llaman
a la puerta… ¿Abriríais la puerta de buenas a primeras sin ni si-
quiera mirar por la mirilla para saber quién hay al otro lado? ¡A
que no!
La ouija es esa puerta, una puerta que no podemos controlar,
que no tiene mirilla, que no sabemos quién hay al otro lado, y
aun así, la abrimos, y de golpe entra una energía, una energía
fría, oscura y densa.
¡Y feliz! Feliz porque después de tantos días, meses o años
llamando a diversas puertas, por fin, alguien abre, y ahí la tene-

29
El universo tiene un mensaje para ti

mos, a esta energía negativa, queriendo gozar, vivir y disfrutar


de nuevo de los placeres del mundo terrenal, y qué mejor ma-
nera de hacerlo que volviendo a esta dimensión, a este plano,
con la puerta abierta de par en par.
Y ya nada vuelve a ser igual, esta energía puede actuar de
muchas formas distintas, ella escoge…, el mundo está en sus
manos… y los que le han abierto la puerta son sus «sirvientes»
o «alimentos». Sirvientes, porque, de alguna manera, esta energía
densa y oscura, a la cual se ha «invitado» a entrar por la puerta
grande, se cree y se siente con derechos sobre nosotros (las per-
sonas presentes en la ouija).
El primer derecho (y peor) sería la posesión, la energía entra
dentro del cuerpo energético de una de las personas trastocando
y manipulando sus emociones y decisiones, haciendo que sus
actos ya no sean los mismos de antes de efectuar la ouija.
El segundo acto sería que la energía se quedara dentro del
espacio donde se realizó la ouija; pongamos un ejemplo clásico:
Los padres se van de fin de semana, y el hijo se queda en
casa con unos amigos. ¿Qué hacen? Una ouija para pasar el
tiempo, para investigar, para divertirse, como experiencia, etc.
Total, proceden a este peligroso «juego», conectan con seres
del bajo astral (sin saberlo), preguntas, contestaciones, risas…,
al cabo de un rato se cansan y terminan el «juego». También
hay un protocolo de cierre, pero no siempre se lleva a cabo, y,
la verdad, aunque se haga, si la energía ha traspasado la puerta
dimensional, ya da igual cómo se haga el cierre.
Comentan la jugada, y después de risas e historias de miedo
(típico en estos casos), les vence el sueño y se dirigen finalmente
a tumbar sus cuerpos y disfrutar de horas de dulce y reparador
sueño…

30
Diana Dahan Santos

¿Reparador sueño? ¿Estamos seguros?


Pues no, tal vez la primera, segunda, tercera noche, sí sean
«normales», mejor rectifico, todas las noches serán normales,
con la diferencia de que en esta casa, donde días antes se realizó
la ouija, se encuentra un espíritu, una energía del bajo astral que
ya ha vuelto al mundo terrenal que tanto ansiaba, pero que igual
que nosotros, también necesita alimentarse, claro está, pero no
de alimentos físicos, sino de energía, necesita energía para man-
tenerse en este plano.
¿Y de quién se alimenta? En este caso, de las personas que
viven bajo el techo donde se hizo la ouija.
Es aquí donde estas personas se convierten en el «alimento»
de estas energías. A medida que se alimentan de nuestra energía
vital, nuestra energía va disminuyendo, nos sentimos más can-
sados y desganados de lo habitual, enfermamos y bajo este es-
pacio (donde se realizó la ouija), las energías se transforman en
oscuras y enfermizas, llegando a enfermar toda la energía de la
casa…
Os voy a explicar un caso que viví en primera persona, mi
primera (y única) experiencia con la ouija.
Justo acababa de cumplir dieciocho años, había conseguido,
después de mucho esfuerzo, comprar un coche. ¡Mi primer
coche! Un utilitario de tercera mano, que a mí me parecía el ve-
hículo más maravilloso, cómodo y bonito del mundo, que «dor-
mía» en la calle cada noche.
Vivía con mis padres en una urbanización bastante apartada
y solitaria, en la cual solo había movimiento los meses de ve-
rano, ya que acudían todos los demás vecinos para disfrutar de
sus segundas residencias.
Nuestra calle en concreto no era muy larga, con una placita
al final, llena de arbustos y árboles; en invierno solo la casa de

31
El universo tiene un mensaje para ti

mis padres estaba habitada, realmente daba miedo, apartada de


la civilización, sin vecinos, sin farolas que alumbraran la calle,
solitaria y en medio del bosque.
Pues bien, en este sitio pernoctaba mi coche, sin seguridad
ninguna.
Nos juntamos en casa unos amigos para cenar y charlar apro-
vechando la ausencia de mis progenitores. Después de la cena,
a Mario se le ocurrió una brillante idea.
—¿Hacemos una ouija? —lanzó al aire Mario.
Nadie contestó, a lo cual me alegré mucho, pero María, mi
querida María, era todo oídos y contestó:
—¡Anda! Pues estaría bien… ¡Venga! ¡Vamos a hacerla!
Recuerdo mirar a María como si no la conociera y decirle:
—María, por dios, ¡qué dices! ¿Te has vuelto loca?
No tuvo tiempo de responderme; los allí reunidos aplaudie-
ron la propuesta de Mario. Así que yo, sin quererlo ni buscarlo,
me vi involucrada en una ouija; sabía que no podía ser bueno,
pero pensé: «Va…, seguro que ni se mueve el vaso, se aburrirán
y en media horita todos hacia sus casas…». Qué poco podía
imaginar el vuelco que tomaría la situación:
Recuerdo la hora como si fuese ayer, eran las ocho de la
noche, noche de invierno, negra y fría, dispusieron un tablero
de ouija, nos sentamos todos en la mesa del comedor (en total
éramos seis personas), y colocaron el vaso preparados para co-
menzar con la ouija; todos los allí presentes posaron sus dedos
sobre el vaso menos yo.
Yo no quería, no me atraía nada este espectáculo, pero allí
estaba, sentada, todos mis amigos mirándome, esperando a que
yo también participara en esta sesión, pero no quise, les dije que

32
Diana Dahan Santos

no, que yo no, que no contaran conmigo, que no era buena idea
seguir con la ouija, que podíamos y estábamos a tiempo de parar
esto.
Hicieron caso omiso a mis palabras, decidieron empezar, no
sin antes darme bolígrafo y papel.
—Tú serás la que escriba —dijo Mario.
Por lo visto, al no querer participar directamente en la ouija,
Mario había decidido que yo iría enlazando las letras que el vaso
señalaba en el tablero para formar las palabras; de esta forma
—según Mario—, ellos podrían estar más relajados al no tener
que estar pendientes de ver qué palabras formaba el vaso.
—Vale. —Pensé que eso no sería tan malo…
Mario llevaba la sesión, y yo recuerdo hacer dibujitos en el
papel, pensando en cómo les iría a mis padres y que la próxima
vez marcharía con ellos. Mario me despertó de golpe de mi en-
soñamiento.
—¡Diana! ¡Quieres estar al tanto y escribir las palabras que
señala el vaso!
—Vale, de acuerdo —contesté sin muchas ganas, y me dis-
puse a hacer de «apuntadora».
Ellos preguntaban, la ouija contestaba, y yo apuntaba… Así
estuvimos casi una hora, hasta que Andrés (un chico del grupo)
separó su dedo del vaso, se levantó de la silla y se encaminó
hacia el baño. Mario se le quedó mirando atónito durante unos
segundos, parpadeó y le gritó:
—¡Andrés! ¿Qué haces?
Andrés se giró, le miró y simplemente le contestó:
—Voy al baño…

33
El universo tiene un mensaje para ti

Mario le estaba explicando que cuando haces una ouija no


puedes levantarte de la mesa así sin más, que había que pedirle
permiso a la ouija…
Andrés, en plan jocoso, le pidió permiso a la ouija desde la
lejanía del tablero, a lo cual el espíritu que movía el vaso le dijo
que sí, que tenía permiso.
María aprovechó la ocasión para «pedir permiso» para salir
a la terraza a fumar un cigarro (dentro de casa estaba prohibido
fumar).
¡Denegado! Por lo visto, el espíritu dijo que no… Que nadie
más podía levantarse de la mesa. «Vaya rollo», pensé, «creo que
tardaré un poco más de media hora en ir a dormir…».
Mario comentó que Verónica (el nombre del espíritu con el
cual habían contactado) seguramente se había enfadado porque
Andrés se había levantado sin pedir permiso.
Andrés volvió del baño, se sentó en la mesa, dispuso su dedo
sobre el vaso y Mario dijo:
—Vale… Ahora pedimos permiso para que María salga a
fumar.
Así lo hicieron, pero… resulta que la tal Verónica ya no era
tan amable, nos mostró su verdadera cara y nos echó un buen
pulso.
En primer lugar, dijo, a través del vaso de la ouija, que de la
mesa nadie se iba a mover, que no daba permiso ni para salir a
fumar y mucho menos para abandonar la sesión… Yo no salía
de mi asombro, ya que era la que iba escribiendo lo que Veró-
nica marcaba. Pensé que esto era una broma, que no iba a ir a
más, pero no fue así.

34
Diana Dahan Santos

Mario le preguntó directamente a Verónica qué pasaba, por


qué no les dejaba levantarse de la mesa. La respuesta de Veró-
nica nos dejó helados a todos:
—Porque poseo maldad —contestó Verónica.
Y a partir de este momento, todo cambió…
La tal Verónica resulta que era un espíritu burlón (los espíri-
tus burlones son energías que se hacen pasar por otras; por
ejemplo, pongamos que alguien está en una sesión de ouija, cre-
yendo estar comunicándose con su abuela Berta, pero resulta
que no es la abuela con quien comunica, sino con un espíritu
burlón, que toma la identidad de Berta, en este caso para poder
pasar la puerta y entrar en esta dimensión). Los espíritus burlo-
nes no siempre son amables, y menos en la sesión de ouija, que
para ellos es llegar a la meta de una carrera (pasar la puerta que
nosotros les abrimos) y harán todo lo posible por ser los pri-
meros.
Bien, en este caso Verónica pasó todos los «supuestos filtros»
que Mario había establecido, pero por lo visto nos engañó a
todos, ¡y de qué manera!
Consiguió pasar «la puerta» y allí estaba Verónica, en casa de
mis padres, controlando toda la situación, a todos nosotros, seis
personas sentadas alrededor de una mesa, con un tablero de
ouija en medio de la mesa, un vaso posado encima, y todos nos-
otros mirándonos unos a otros, mirando a Mario, esperando al-
guna solución proveniente de él, pero no… Personalmente,
cuando vi a Mario bajar la cabeza, supe que estábamos perdidos,
estábamos en manos de un espíritu maligno, que no podíamos
ver ni sentir y que nos acechaba desde nuestra misma dimen-
sión…

35
El universo tiene un mensaje para ti

Estaba «en casa»…, mejor dicho, estaba en mi casa…, más


concretamente en el comedor. Era una estancia de unos veinte
metros cuadrados, compuesta por la mesa del comedor, ocho
sillas de madera, sofá más butaca y algunos muebles auxiliares;
lo más llamativo del comedor era la chimenea.
La chimenea era de piedra, piedra de río, y no era la típica
chimenea pequeña, todo lo contrario, ocupaba una de las pare-
des del comedor, tenía medidas estándar, pero las piedras abar-
caban toda la pared a modo de decoración; realmente era lo
más llamativo de toda la casa.
Estábamos todos sentados en la mesa, cuando de repente
empecé a escuchar ruidos, provenían de fuera de la casa (os re-
cuerdo que era una calle solitaria), más concretamente del
coche…, ¡de mi coche!
—¡Ay, Dios! —exclame—. ¡Me están robando el coche!
Estábamos todos sentados alrededor de la mesa, escuchando
claramente los portazos seguidos del coche, abrían y cerraban
las puertas sin parar… Me levanté de golpe para dirigirme hacia
afuera… ¡Me estaban robando el coche!
No me lo permitieron. Ana, una de las chicas, me cogió la
muñeca, me miró fijamente a los ojos, pidiéndome que me sen-
tara, que recordara en qué situación nos encontrábamos y que
no podíamos abandonar la mesa…
¡Mis ojos iban a salirse de sus órbitas! ¡Alguien estaba pe-
gando portazos en mi coche y yo no podía salir ni levantarme
de la mesa!
Pero Ana me dio una idea:
—Diana, pregúntale a Verónica qué está pasando con tu
coche…

36
Diana Dahan Santos

Ciertamente, la idea de Ana no era descabellada, no me hizo


ninguna gracia, pero al oír que en la calle alguien seguía dando
portazos a mi coche, decidí que sí, que alguien de la mesa le
preguntara a Verónica quién estaba golpeando mi coche de esta
manera (recordad que yo era la apuntadora, así que no podía
formular la pregunta directamente).
Mario hizo la pregunta, a lo que Verónica contestó enfo-
cando el vaso muy lentamente letra por letra:
—Robar —contestó Verónica—, nadie está robando tu
coche… Soy yo… Estoy divirtiéndome con él…
Creo que sobran las palabras, los golpes de portazos eran
cada vez más fuertes, nosotros sentados en la dichosa mesa sin
poder levantarnos, yo releyendo lo último que había dictado
Verónica. Todo me estaba pareciendo una pesadilla, pero no…
, no lo era…
En un momento determinado, Mario se levantó de la silla,
cabreado, harto de la situación, despotricando a diestro y sinies-
tro y entre palabras y gritos cogió un cigarrillo y el mechero,
encaminándose hacia la terraza para tranquilizarse, pero ocurrió
algo que nunca mientras viva se me borrará de la mente. Mario,
encaminándose hacia la terraza, pasó por delante de la pared
de la chimenea y en ese momento se le cayó el mechero de la
mano, se agachó para recogerlo y justo en ese momento, el vaso
(el del tablero de la ouija) le pasó a la altura de la cabeza a una
velocidad de vértigo. No se veía el vaso, solo se apreciaba una
línea blanca hacia la cabeza de Mario… Si Mario no se llega a
agachar a recoger el mechero, ahora mismo no estaría vivo.
Más de uno se preguntará cómo salió el vaso despedido y
quién se lo tiraría con tan mala fe a Mario. ¡Pues nadie! ¡Nadie
físico! Estábamos todos sentados, alrededor de la mesa, mirán-
donos entre nosotros al saber que Verónica estaba «jugando»

37
El universo tiene un mensaje para ti

con mi coche, nadie estaba tocando el vaso, el vaso estaba en-


cima del tablero… y de golpe, el vaso empezó a girar solo ha-
ciendo una «o» sobre el tablero, él solito… y del tablero despegó
hacia Mario.
¿Castigo por levantarse de la mesa sin permiso? No lo sé…
Solo sé que el vaso se estampó en la pared de piedra y no se
rompió, se quedó en el suelo, de lado…
Mario recogió el vaso, lo puso sobre la mesa y lo rompió con
la ayuda de un atizador de la chimenea (es una herramienta de
hierro para mover las ascuas del fuego)
—Muerto el perro se acabó la rabia —espeto con desespero.
Y allí terminó mi primera y última experiencia con una ouija,
o eso creía yo…
Se marcharon todos, era ya muy tarde, y pensé en que era
hora de ir a dormir y que todo esto quedaría en una anécdota.
Poco podía imaginar que era solo el principio de una larga pe-
sadilla, llena de miedos e impotencias por mi parte…
Pasé lo que quedaba de noche más o menos durmiendo, me
levanté al día siguiente e inicié mi rutina diaria, pensando de vez
en cuando en la experiencia del día anterior, pero por la noche
ya ni me acordaba… Me fui a la cama, estaba leyendo una apa-
sionante novela cuando, de repente, un fular, que estaba posado
en la puerta del armario (la puerta estaba un poquito abierta),
empezó a moverse… Pensé que era un efecto óptico, seguí le-
yendo sin dejar de mirar por el rabillo del ojo al fular, cuando,
al cabo de unos veinte minutos, los extremos del fular empeza-
ron a levitar (imaginaos el fular posado en el alto de la puerta
del armario con los dos extremos colgando por cada lado de la
puerta, y que venga una persona y coja cada extremo y lo le-
vante en el aire).

38
Diana Dahan Santos

No di tiempo a mucho más, mi imaginación fue más rápida


que los hechos en sí e imaginé el fular por los aires, volando
hacia mí, ahogándome… No me paré a pensar…, salí descalza,
en pijama, y dormí (por decir algo) toda la noche en el coche…
¡Dios mío! ¡¿Qué estaba pasando en casa?! Al día siguiente,
entré en casa y todo parecía estar tranquilo. Pensé que, tal vez,
lo había imaginado.
No… no lo había imaginado, era verídico… y allí me asusté
de veras. Llamé a Mario para comentarle la jugada, a lo que me
contestó que no pasaba nada, que seguramente eran energías
residuales de la ouija y que en un par de días pasaría…
—Vale —le contesté—, si tú lo dices…
Pero no lo veía claro… Y no me equivoqué…
Volví a casa, hice mis tareas cotidianas, sin pensar más en lo
paranormal, hasta que sonó el teléfono. Upss…, era mi madre,
diciendo que volverían a casa unos días más tarde de lo previsto,
alargaban sus días de descanso sin ni siquiera imaginar todo lo
que estaba ocurriendo en casa.
Llegó la noche, me fui a la cama, leí la novela y me quedé
dormida profundamente…
Al amanecer, me despertó un ruido habitual, al cual no le
prestas atención, el sonido de la cadena del depósito de agua
del váter; lo típico, te levantas por la mañana a hacer tus nece-
sidades y tiras de la cadena. Hasta aquí todo correcto y nor-
mal… si no fuera porque en casa ¡no había nadie! ¡Solo estaba
yo!
Me desperté de golpe, eran las seis y media de la mañana,
hacía frío y estando sola en casa «alguien» tiraba constantemente
de la cadena del váter…, ¿qué podía hacer yo? Pues armarme
de valor.

39
El universo tiene un mensaje para ti

Me levanté de la cama, abrí la puerta del dormitorio (no sin


miedos) y me dirigí hacia el baño, abrí la puerta con sumo cui-
dado (todavía no sé por qué) y entré. Iba descalza, así que no
me faltó mucho tiempo para darme cuenta de que mis pies sen-
tían frío, un frío húmedo; al bajar la vista, vi que estaba pisando
agua, todo el suelo del baño estaba con un par de dedos de
agua… «Qué mala pata», pensé, «lo que faltaba, ahora va y hay
un reventón». Me vestí, fui hacia el pueblo y finalmente conse-
guí dar con un fontanero para que viniera a casa ese mismo día
a arreglarlo.
Pepe, así se llamaba el fontanero, era un hombre de unos
cincuenta y cinco años, vital, jovial y muy bromista. Entró en
casa y se dirigió al baño con su caja de herramientas contando
chistes; «al fin una persona positiva en casa», pensé yo. Estaba
en la cocina, cuando de repente Pepe apareció en el umbral de
la puerta.
—Diana —me dijo pepe—, ven un momentillo, acompá-
ñame al baño.
Me quité el delantal, me sequé las manos y me dispuse a se-
guir a Pepe (pensando en la factura, en lo que costaría el reven-
tón). Pero no…, resulta que Pepe no encontró ningún reventón,
ninguna fuga, absolutamente nada. Me dijo textualmente con
su alegría:
—Niña…, yo sé que tú has venido a buscarme con razón,
ya que el suelo del baño estaba lleno de agua, pero, Diana, con
todos mis años de experiencia nunca me había encontrado con
esto. ¿Sabes qué, Diana? Volveré mañana con un colega para
ver si encuentra explicación a esto. —Y finalizó diciendo lo si-
guiente—: Niña, esto parece cosa de fantasmas.
Lo que me faltaba por escuchar…

40
Diana Dahan Santos

Le di las gracias, le pagué el desplazamiento y le dije que no


viniera al día siguiente, que no iba a estar, que ya le llamaría yo
en unos días… ¿Para qué iba a volver…?
Ahora resulta que Verónica estaba ya manipulando energías
físicas de casa, y eso sí que era peligroso…
Me senté, respiré hondo y dije: «Vale, se terminó, hasta aquí
hemos llegado, Verónica, no te voy a retar, ya que sé de sobra
que me ganarías, pero ya no te tengo miedo, ahora estamos tú
y yo, este plano no te corresponde, no es el tuyo, y una de las
dos tendrá que salir de esta casa».
Volví a respirar, me levanté y, en este mismo momento, cam-
bié mi energía, reforcé mi campo magnético y astral para que
ella no pudiera acercarse a mí y perjudicarme, y para eso debía
dejar mis miedos atrás.
Y los dejé… Y Verónica lo sabía… Desde ese mismo día
empezó su guerra particular contra mí, para desbancarme y vol-
ver a tomar el control de la situación a través de mis miedos…
(cuando sentimos y tenemos miedo, nuestra aura y campo ener-
gético se debilitan, pueden ser segundos, incluso décimas de se-
gundos, pero en este tiempo, las energías del bajo astral tienen
tiempo más que suficiente para introducirse un poquito en nos-
otros).
Esa misma noche, estaba viendo una película en la televisión
(quiero recordar que las televisiones de años atrás no eran pla-
nas como las de ahora, era la típica televisión que las madres, y
sobre todo las abuelas, decoraban con un tapete de ganchillo y
alguna figura o retrato encima de ella; vamos, que era un mueble
más…). Encima del típico tapete de ganchillo había un jarrón
pequeño con una hoja de palmera en miniatura y un par de flo-
res de tela. De repente, me pareció ver que algo del jarrón se
movía, no hice mucho caso, y seguí viendo la película hasta que

41
El universo tiene un mensaje para ti

ya era tan evidente que algo extraño pasaba encima de la tele


que no pude más que fijarme en el jarrón… Resulta que la ho-
jita de palmera se iba moviendo sobre ella misma. Daba una
vuelta, daba otra, hasta que fue girando constantemente sin
parar.
Yo, sentada, miraba y observaba atentamente hasta que me
levanté y le grité a Verónica: «¡Basta, vete a tu plano y déjame
tranquila!».
El jarrón se cayó al suelo, se rompió y allí acabó el tema…,
de momento… Recogí los restos, los tiré a la basura y sin más
volví a sentarme a mirar la televisión… Esa noche no pasó nada
más y pasaron unos días. Hasta llegué a pensar que por fin se
habrían acabado, que ya todo había vuelto a la normalidad…
Una semana después del altercado con el jarrón, puse una lava-
dora, programa corto y agua fría (al igual que la tele, la lavadora
de aquellos años solo tenía un botón para regular la temperatura
del agua: agua fría, botón hacia la derecha, agua caliente, botón
hacia la izquierda). Al cabo de un rato, fui al baño (allí estaba la
lavadora) a lavarme las manos. Cuando vi el botón hacia el lado
izquierdo (caliente), dude por un momento y lo volví a poner
en agua fría. A los veinte minutos, volví al baño y el botón es-
taba otra vez en agua caliente; ahí ya me mosqueé, sabía per-
fectamente que lo había puesto en agua fría, así que me planté
delante de la lavadora, volví a poner el botón en agua fría y re-
cuerdo perfectamente que dije en voz alta: «Bueno, a ver qué
pasa con el botón de las narices», y justo en ese momento el
botón viró hacia el agua caliente, solito…, sin que nadie lo to-
cara… Mejor dicho, nadie físico.
«¡Verónica, ya es suficiente! ¡Para ya!», grité enfurecida.
Y de repente, el tambor de la lavadora se abrió, con la ropa
dentro dando vueltas, envuelta en el agua del lavado, giraba y

42
Diana Dahan Santos

giraba, y no salió ni una sola gota de agua… Cerré la puerta del


tambor de un golpe, salí de casa, cogí el coche y me dirigí di-
rectamente hacia un lugar donde nunca pensé que iría, fui a la
iglesia, mejor dicho, a la rectoría, en busca del cura. ¡Necesitaba
ayuda!
Llamé a la puerta y me abrió una señora mayor, muy amable,
le pregunté por el cura, le comenté que era una urgencia, pero,
por desgracia, no estaba en este momento; me dijo que sería
mejor pasar al día siguiente por la mañana, después de la pri-
mera misa, que seguro que lo encontraría.
Pensé que no pasaría nada hasta el día siguiente y me fui a
casa. Mis padres llegarían al cabo de una semana justa, y tenía
que zanjar el tema de una vez por todas… Todo marchó bien
hasta la hora de la cena…
Estaba sentada en la mesa del comedor, cenando y viendo
la televisión, cuando de repente la ventana del comedor se abrió
de golpe, no me hizo ni pizca de gracia, pero me levanté y la
cerré; al cerrarla, se abrió la otra ventana de golpe… Ya me ca-
breé y más cuando resultaba que en la calle no hacía nada de
viento, no se movían ni las hojas de los árboles.
Me volví a sentar, continué cenando cuando de nuevo se
abrieron las ventanas de golpe, con tal fuerza que las hojas to-
caban la pared, ya no pude más, era Verónica de nuevo, ya es-
taba cansada, no le dije absolutamente nada, me levanté, dejé
la cena encima de la mesa, la televisión encendida, cogí las llaves
del coche, y, aunque era tarde, me encaminé hacia la casa del
cura.
Llamé a la puerta y esperé, nadie contestó, volví a llamar,
nada…, llamé de nuevo, y sí…, me abrieron la puerta, era la
misma señora amable de la mañana, se me quedó mirando sin
entender mucho qué hacía yo allí. Antes de que pudiera abrir la

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El universo tiene un mensaje para ti

boca, le cogí las dos manos y le supliqué ver al cura, ya que era
extremadamente urgente…
No le dio tiempo a contestarme que detrás de ella aparecía
el cura, preguntando qué estaba pasando. La señora se giró para
contestarle, pero no la dejé, me adelanté a ella diciéndole que
tenía que ayudarme, que era muy urgente, que mi casa estaba
embrujada…
Después de pensarlo unos segundos, finalmente invitó a la
señora a retirarse y nos quedamos los dos hablando, le expliqué
todo, absolutamente todo, desde el primer día que hicimos la
ouija hasta hacía un momento, cuando las ventanas se abrían
solas. Recuerdo sus palabras, claras y nítidas:
—Diana, tienes un espíritu dentro de tu casa y debe mar-
charse.
—Eso mismo pensaba yo… Por eso estaba allí, esperando
su ayuda.
Me pasó la mano por la cabeza y me hizo esperar. Volvió al
cabo de unos minutos, abrigado, y mirándome a los ojos me
dijo:
—Vamos, Diana, acompáñame a tu casa…
Llegamos a mi casa en un abrir y cerrar de ojos; a mí no se
me quitaba la sonrisa del rostro, pensando que el fin de mis
males había llegado. Me quedé esperando en el coche mientras
el cura hacía sus oraciones y exorcismos con agua bendita; al
cabo de una hora aproximadamente, el cura salió de casa y me
dijo que todo estaba «limpio», que Verónica ni siquiera se le
había rebotado…
—¡Perfecto. Al fin todo volverá a la normalidad!
Lo dejé en su casa, no sin antes darle un millón de gracias y
volví a casa, cantando, feliz y alegre.

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Diana Dahan Santos

Aparqué el coche, abrí la puerta de casa, encendí la luz y vi


que en el suelo de la cocina estaban las patatas y cebollas del
cesto de mimbre, me extrañó, pero al momento recordé que el
cura había estado allí, y seguramente habría tropezado sin darse
cuenta. Me duché y, estando en mi dormitorio desvistiéndome,
de repente la puerta del armario se cerró de golpe. Eso no era
la corriente…, era Verónica. Allí estaba, allí seguía, no se había
marchado.
Ya no me quedaban más puertas que tocar que la mía propia,
era el momento de hacer lo que durante tantos años había es-
quivado, era el momento. Era mi momento.
Me senté en la cama, respiré hondo, hice mi ritual de cone-
xión con otras dimensiones, me protegí, y allí estaba ella, allí es-
taba Verónica, en mi dimensión, mirándome fijamente, riéndose
de mí.
No bajé la guarda ni un solo momento, seguí mirándola, ha-
blando con ella, preguntándole qué pasaba, qué quería y qué
demonios seguía haciendo en mi casa. En este momento fue
cuando ella se rio de veras, con más ganas que nunca, se rio de
mí y del cura, diciendo que no se me ocurriera volver a traer a
nadie más para sacarla de allí, no pensaba irse, estaba muy a
gusto conmigo, decía que mi energía le atraía enormemente, al
mismo tiempo que me profesaba un extraño respeto (recordad
que Verónica nunca me había asaltado personalmente, pu-
diendo hacerlo).
Entre dimensiones y conversaciones, se me plantó delante
mi guía espiritual (alguna vez lo había visto físicamente, pero
no tan de golpe).
—Diana —me dijo—, todavía no sabes quién eres, sabes la
fuerza que tienes, pero no te lo crees; esto no es una prueba
más en tu vida, es la prueba… Es tu momento de actuar, tienes

45
El universo tiene un mensaje para ti

la fuerza y la protección para apartar a este espíritu de tu vida y


de este espacio, pero recuerda…, no puedes hacerle daño…
Ella está perdida, no puedes ni debes juzgarla, ayúdala y te ayu-
darás a ti. Yo te ayudaré, yo te guiaré, esta será tu primera «lim-
pieza», prepárate, escucha bien y actúa…, porque te esperan
muchas más en el futuro…
Seguí «conectada» y fui siguiendo las instrucciones de mi guía
espiritual, hasta que me encontré en una dimensión diferente a
la terrenal. No sabría bien cómo explicarlo, estaba sentada en
mi cama, pero seguía viéndome en otra dimensión, también
sentada en mi cama, fue una sensación extraña, hasta que en-
tendí que para poder limpiar espacios o personas debía hacerlo
en otra dimensión y limpiar todas y cada una de las dimensiones
(vivimos en el plano terrenal, pero hay más dimensiones que
condicionan nuestra forma de vivir, ya que nos desplazamos
constantemente sin ser conscientes hasta en nueve planos dis-
tintos ). Al efectuar limpiezas energéticas, me voy moviendo
por varias dimensiones, en las cuales el cuerpo físico carece de
densidad, se evapora, solo quedan las almas, pero con el cono-
cimiento mental de esta dimensión.
Allí estaba con Verónica, ella me miraba, su energía ya no
era la misma, ya no era tan prepotente ni tan altiva, así que, si-
guiendo uno de los protocolos que me enseñó mi guía espiri-
tual, le exigí que hablara para que yo pudiera entender por qué
no se iba de casa.
Verónica me explicó que hacía mucho tiempo que estaba es-
perando para volver al plano terrenal, lo había intentado de va-
rias formas, hasta que vio a seis ingenuos sentados alrededor
de una mesa y supo que este sería su momento. Y lo aprovechó
a través de la puerta abierta a hacer la ouija, ella se coló y se cre-
ció, se reía de todos nosotros y sobre todo de mí. Decidió que-

46
Diana Dahan Santos

darse conmigo, según ella, porque vio en mí una luz muy bri-
llante y sabía que podía permanecer en este plano gracias a mi
energía.
—Verónica —intercedí—, dijiste textualmente que poseías
maldad, ¿por qué he de creerte ahora, dónde está la Verónica
desafiante?
Verónica me contestó que estando yo en mi plano, ella tenía
más fuerza, pero al pasar yo a su dimensión, ella estaba desar-
mada, yo mandaba a través de la energía de mi guía espiritual.
Aproveché el momento para preguntarle qué había pasado
con el cura.
Verónica me contestó que, efectivamente, el cura había
hecho bien su trabajo, pero no con la consistencia que requería;
ella simplemente se había escondido y al marcharse él, ella había
vuelto.
Ciertamente, todos conocemos casos de exorcismos hechos
por curas especializados del Vaticano, son trabajos realizados
por personas que solo se dedican a esta rama, tienen oraciones
y aguas benditas específicas, logran traer a esta dimensión a los
demonios que atormentan a tantas personas, sacarlos de ellos
y después, ellos seguirán su protocolo con estas energías.
En mi caso, yo me desplazo a otra dimensión para sacar las
energías negativas que hay dentro de las personas o ambien-
tes…
Y allí estaba yo, en la misma dimensión de Verónica, mirán-
dola, hasta que de golpe me encontré frente a frente con su
energía más profunda, con su alma, un alma con sentimientos
encontrados, con mucho sufrimiento.
Verónica me enseñó imágenes de su desgarradora vida y en-
tendí el porqué de «yo poseo maldad». Era su propia amargura,

47
El universo tiene un mensaje para ti

amargura por unos hechos terroríficos. Verónica era en vida


una ama de casa con tres hijos. Hasta aquí todo normal, si no
fuera porque era toxicómana y su marido alcohólico, tenía tres
niños pequeños, una niña de cinco años y dos mellizos de unos
tres años; pasaban frío y hambre.
Un día, Verónica dejó a los niños en casa y se fue a buscar
su dosis diaria, el marido no estaba en casa, ella pensó: «Voy,
me compro la dosis y vuelvo a casa… No puede pasar nada».
Así lo hizo Verónica, se encaminó hacia el lugar donde com-
praba la droga, y allí mismo se la inyectó, con la contrariedad
de que se quedó dormida; se despertó al cabo de un par de
horas, totalmente colocada, y se fue hacia su casa. Antes de lle-
gar vio mucho movimiento de policías y bomberos, pero siguió
caminando hacia su vivienda, hasta que de repente una vecina
corrió hacia ella impidiéndole el paso, con la cara desencajada…
Había tres cuerpecitos sobre el asfalto, eran los hijos de Veró-
nica.
Por lo visto, aburridos de estar solos en casa, abrieron la
puerta del balcón para jugar con un conejo que tenían allí, y
nadie sabe qué ocurrió, pero el final fue trágico, allí estaban los
niños, sus cuerpos, aplastados encima del asfalto, habían caído
de un sexto piso.
Verónica lo vio todo desde la lejanía, le faltaba el aire, y de
repente se desplomó y murió. Su debilitado corazón se paró en
este momento, su alma se perdió, no encontró el camino ni
hacia la luz ni hacia sus hijos (recordad que iba drogada).
Estuvo años deambulando, buscando la luz, pero Verónica
estaba conectada con la oscuridad, y por allí deambulaba, total-
mente perdida.
Miré a mi guía espiritual, que estaba detrás de ella escu-
chando su relato, y me dijo que debía liberarla de tanto dolor,

48
Diana Dahan Santos

debía cerrar sus puertas hacia la negatividad y conectar a Veró-


nica con la energía de Dios y de su yo superior (debía conectar
estas energías) con la suya propia: esta era la única manera que
tenía Verónica de encontrar a sus hijos, de ir hacia la luz.
Seguí las indicaciones de mi guía espiritual, y poco a poco,
durante muchos días, iba a esa dimensión, limpiaba y abría los
caminos de Verónica hacia la luz, hacia sus hijos, siempre con
las indicaciones de mi guía, hasta que al cabo de veintiocho días
fui a hacer mi trabajo, cuando ya no la vi. Verónica ya no estaba,
solo estaba mi guía espiritual, con una sonrisa que aún le ilumi-
naba más (si eso era posible). Me dio las gracias y me dijo que
Verónica era libre, se había ido a la luz y se había reunido con
sus hijos…
Le contesté que las gracias se las daba yo a él por enseñarme
y ayudarme, y que me había encantado la experiencia, me sonrió
y se fue…
Esa noche, en mi cama, ni leí ni puse la televisión, estuve re-
pasando mentalmente todo lo ocurrido desde el primer día
hasta esa misma noche, en la que me di cuenta de que imperaba
una extraña paz en casa, el ambiente era más ligero, más plácido,
no tan denso… En estos momentos entendí lo que me dijo mi
guía días atrás: «Ayúdala y te ayudarás». Así fue, nunca más hubo
fenómenos paranormales en casa, y Verónica se despidió de mí,
se presentó en sueños sonriendo, acompañada de sus hijos y
dándome las gracias
¡Gracias a ti, Verónica!

Al hacer una ouija, abrimos puertas a otras dimensiones, a


energías del bajo astral…, una puerta peligrosa, porque no sa-
bemos qué hay al otro lado, y la mayoría de las veces quienes

49
El universo tiene un mensaje para ti

entran son almas sedientas de volver a sentir con cuerpo físico


(es un tipo de posesión). No significa que la persona cambie de
un día para otro, pero sí notaremos cambios sutiles de su per-
sonalidad, hasta llegar, en el peor de los casos, a una transfor-
mación total de la misma. No debemos asustarnos ni
obsesionarnos con este tema, pero debemos pensar que es tan
real como que el sol sale cada mañana.

50
HISTORIA Nº 3

GLORIA. UN CASO DE POSESIÓN

H e conocido casos de posesiones realmente espeluznantes,


como el de una señora mayor, llamada Gloria, que estaba
totalmente equilibrada, y, según su marido, después de ir un día
de excursión, en un pueblo no muy cercano a su localidad, pa-
searon por la vía de un tren abandonada… Al cabo de un
tiempo, notó cómo su esposa estaba cambiada, pero lo achacó
a la edad, hasta que la cosa fue a más.
De golpe y porrazo, Gloria dejó de reconocer a su familia y
amigos más cercanos; lógicamente fueron al médico, quien diag-
nosticó alzhéimer.
Hasta aquí, correcto y comprensible, sobre todo por la edad
de la señora…, pero resulta que la hija de esta última no lo veía
tan claro, y buscando y preguntando llegó hasta el lugar donde
estábamos mi marido y yo.
Gloria se pasaba el día en su casa, sentada al lado de la chi-
menea, sin fuerzas y cabizbaja. Y el pobre marido, que no en-
tendía nada, se dedicaba a cuidarla día y noche con todo el amor
del mundo. El primer día que nos invitaron a tomar café en su
casa, Gloria al vernos se levantó del sillón de un respingo. La

51
El universo tiene un mensaje para ti

hija y el marido se quedaron atónitos al ver cómo esa persona


que apenas podía levantar un brazo para comer, se hubiera le-
vantado tan de golpe, como una niña de quince años… Muy
sencillo, lo que llevaba dentro (la posesión) sabía perfectamente
quiénes éramos nosotros…
Sabía que podía llegar al extremo de sacar esta energía de ese
cuerpo y liberar a esa pobre señora (qué inteligentes son, pero
cómo se delatan ellos mismos). Gloria se puso agresiva con nos-
otros y empezó a decir cosas que nadie entendía, su mirada
cambiaba cuando nos observaba; así, para no forzar una situa-
ción desagradable, decidimos marchar y volver otro día.
La siguiente visita que les hicimos fue un poquito más de lo
mismo, con la diferencia de que al encontrarse «acorralada» la
energía que dominaba a Gloria empezó a hablar y finalmente
explicó que un día la señora y su marido paseaban al lado de las
vías de un tren, las mismas vías donde años antes, una mujer,
abandonada por su marido, sin familia directa, sola, desesperada
y angustiada, esperaba el tan ansiado regreso de su amado; sus
días eran monótonos, y grises, y en un día de ofuscación total
decidió terminar con tanto sufrimiento, se tiró a la vía en el mo-
mento justo en que el tren pasaba, muriendo en el acto, pero
su alma quedó atrapada en ese sitio, durante años. El alma de-
ambulaba, perdida (las almas de las personas que atentan sobre
su propia vida no encuentran el reposo, quedan perdidas), hasta
que vio a una pareja cogida de la mano, rebosando amor a los
cuatro vientos; justamente esa energía de amor tan envolvente
hizo reaccionar al alma errante y se acercó a Gloria para sentir
y alimentarse de esa maravillosa energía. Lo que no se esperaba
es que Gloria se desmayara. Justo en este momento se apoderó
de su cuerpo, entró en ella, poseyéndola de una forma total; no
estaba dispuesta a salir de ese cuerpo de ninguna manera, quería
y necesitaba volver a sentir el amor y el cariño de una pareja,

52
Diana Dahan Santos

así que después de mucho hablar con la familia decidimos que


lo mejor era dejarlo como estaba, ya que Gloria, al ser de una
edad avanzada, probablemente no aguantase la experiencia de
expulsar esa posesión (quiero dejar bien claro que no hago exor-
cismos físicos, sino limpiezas del alma, que es donde se encuen-
tra toda nuestra esencia y la información de esta y otras vidas;
es como desatascar una chimenea (nuestra alma) para que en
esta vida actual pueda volver a fluir y a sentir).
Una pena, la verdad…

53
HISTORIA Nº 4

NOELIA, LA FUERZA DEL AMOR

O tro caso de posesión era el de Noelia, una chica joven, in-


teligente, culta, pero que en su juventud había tonteado
demasiado con drogas. Se rehabilitó y pasó a ser una persona
totalmente integrada, hasta que se enamoró locamente de un
muchacho y fue correspondida.
Al cabo de un tiempo, Noelia empezó a notar cambios es-
porádicos en su comportamiento y forma de pensar, no le dio
más importancia hasta que la cosa fue a más, tenía muchas y
fuertes peleas con su pareja, cuando se amaban profundamente.
Cada vez que Noelia iba a la cocina y cogía un cuchillo, su
primer pensamiento era clavárselo a su amado. Con el tiempo,
las peleas eran cada vez más fuertes y su marido le decía que
cuando se peleaban no era ella, que se transformaba, que le
cambiaba la mirada… ¿Qué era lo que estaba pasando?
Noelia, como mujer perspicaz que era y es, buscó ayuda y
llegó a mí, tenía un grado de posesión bastante avanzado, una
posesión que la quería al cien por cien, pero, claro, había un
«contratiempo», que era su marido.

55
El universo tiene un mensaje para ti

La energía que la estaba poseyendo intentaba de todas las


maneras posibles separar a esa pareja como fuera, con intentos
de suicidio incluidos, cuando ella amaba la vida como nadie…
, pero ese ser maligno que la estaba poseyendo la quería para él
solito; si no podía ser viva, sería muerta, pero él quería su ener-
gía de una manera u otra…
Pero, ay…, la fuerza del amor es la más potente que hay, y
eso fue lo que la salvó, por los pelos, pero la salvó. Fue una ex-
periencia muy traumática para ella, pero finalmente al cabo de
unos cuantos meses, después de una buena limpieza energética,
está limpia, feliz y sigue con su pareja…, así que, enhorabuena,
y ¡viva el amor!
Sí, amigos lectores, las posesiones están a la orden del día,
nos guste o no, pero sigamos recordando que hay varios niveles
de posesión, y siempre se está a tiempo de «limpiar» a estas per-
sonas. Esta posesión, en concreto, venía de sus años de perdi-
ción con drogas y hombres…

En una de mis canalizaciones, se presentó la abuela de una


consultante, para darle mensajes a su nieta… Lo curioso del
caso es que en medio de nuestra conversación se «entrometió»
otro ser, de nivel más elevado a los que yo llamo maestros as-
cendidos, para darnos un mensaje…
Los mensajes no tenían nada que ver con la abuela, sino que
eran mensajes de que nos fuéramos preparando, que el mundo
terrenal iba a cambiar para todos nosotros, debido a que en el
nivel energético se estaba preparando una «guerra» entre el bien
y el mal, entre el lado positivo y el lado negativo…, o sea, en
pocas palabras, que el «ejercito del mal» estaba captando solda-
dos (los soldados son nuestras almas), para que sus tropas fue-
ran cada vez más fuertes y poderosas, allí estaba la respuesta
del porqué de tantas posesiones.

56
Diana Dahan Santos

Sin ir más lejos, cuando me encargan el trabajo de limpiar el


alma de algunas personas, cada vez me encuentro con más
almas que tienen un grado de posesión, a veces más cogidas y
otras menos, pero lo están. Suerte que tenemos las herramientas
necesarias para limpiar estas almas, aunque a veces signifique
tener que lidiar con el lado oscuro, que no siempre está dis-
puesto a dejar ir a sus captados. Pero como yo siempre digo…,
el bien, el amor, la luz…, siempre pueden contra el lado
oscuro.

57
HISTORIA Nº 5

EL BIEN Y EL MAL

M ás de uno de vosotros se habrá quedado un poco extra-


ñado al leer lo de la guerra entre el bien y el mal… Aquí
os dejo el mensaje recibido por los seres de luz, refiriéndose a
este tema.
Al hablar de guerras, a todos nos vienen a la mente los
bombardeos, genocidios y demás barbaridades, sobradamente
conocidos por todos…, pero ¿qué es una guerra a nivel ener-
gético?
Simplemente es hacer que las personas se deshumanicen
cada vez más (esto ya está ocurriendo), intentar que las acciones
negativas, como violaciones, iras, locuras, falta de comunicación,
prepotencia, altivez, ansias de poder y dinero, etc., sean cada
vez más fluidas en nuestras vidas, ¿para qué? ¿A cambio de qué?
A cambio de que si «perdemos la cabeza», perderemos
nuestra alma.
Nuestra alma pasará a «manos del lado oscuro», estaremos
totalmente desestabilizados, nos agobiaremos por problemas
sin importancia y nos llegará el insomnio, con lo cual nos des-

59
El universo tiene un mensaje para ti

equilibraremos todavía más, creando un estado anímico más


bajo de lo normal; a consecuencia, nuestra aura también se de-
bilitará…
Y allí está el lado oscuro, esperando pacientemente que todo
esto suceda, para, de esta manera, estar al acecho como un vam-
piro, y alimentarse de nuestra energía…, debilitándonos cada
vez más, y haciéndose él cada vez más fuerte…
¿Os podéis imaginar lo que es esto con millones de perso-
nas…? Sería un caos, nos convertiríamos en cuerpos sin almas,
cuerpos errantes esperando «órdenes» del lado oscuro y obe-
deciéndolas como robots…
¿Os imagináis qué mundo sería este?
Sí, sí, ya sé que más de uno pensará que esto parece ser el
guion de una película de ciencia ficción, pero para desgracia
nuestra, no es ni será una película…, será una realidad si no lo
impedimos.
Y es tan fácil poner freno a esto como ser fieles a nosotros
mismos, a nuestro amor, amor hacia nosotros mismos (es lo
más importante); si nos amamos como seres de luz que somos,
irradiaremos esta misma luz hacia todo lo que nos rodea, per-
sonas, animales, plantas, el aire que respiramos, etc. Todo, ab-
solutamente todo lo que hacemos y pensamos, debe estar
proyectado por esa luz y ese amor que somos nosotros mismos,
¡somos esencia pura!
¡Solo debemos creérnoslo!
Ese amor, el amor que conlleva alegrías, ternuras, risas,
sonrisas, eso es lo que puede cambiar nuestro mundo,
nuestra tierra… Esa tierra en la cual vivimos, esto, amigos
lectores, es lo que transforma las energías negativas en
positivas.

60
HISTORIA Nº 6

LA P R E O C U PA C I Ó N

N o hace mucho, en una canalización, me avisaron textual-


mente de lo siguiente: «¡Dejad de preocuparos tanto por
las cosas mundanas de la vida, que la vida es el alma de
cada uno, que debemos abandonar los estereotipos, que
si somos más altos, más bajos, más gordos o feos… y que
dejemos ya de compararnos y de competir!».
Este mundo se está yendo al garete porque estamos per-
diendo y hemos perdido la humanidad personal y profunda de
cada alma; como ya he dicho antes, se está preparando una gue-
rra a nivel energético; por eso se está muriendo tanta gente de
forma traumática y a tantas más se les está yendo la «cabeza»
por momentos… (ofuscación mental).
Se está haciendo una limpieza en la que solo las personas
equilibradas a nivel energético no sufrirán estos cambios tan
drásticos que nos acechan...
Se espera un cambio energético en el planeta y las personas
que en ella vivimos. Va a ser un mundo totalmente nuevo a nivel
de almas. Deberemos acostumbrarnos a mirar dentro de cada
persona, porque dentro de un tiempo, veremos la verdadera fe-
aldad de cada uno… Fealdad a nivel de alma…
Eso da que pensar, ¿verdad?

61
HISTORIA Nº 7

ANA

E n una de mis consultas, estaba con Ana, y entre charla y


consulta, se presentó una energía que nos hizo saber que
era su difunto padre (digo que nos hizo saber, porque nunca se
presentan diciéndome directamente quiénes son… Me van
dando pistas para que el consultante los pueda identificar, o
bien, cuando el consultante está bloqueado, entonces, ellos, las
energías, me dan informaciones directas que solamente ellos
pueden saber, para que podamos identificarlos).
Total, que la energía de este señor era muy fuerte y positiva,
le dio los mensajes pertinentes a Ana, la cual se emocionó pro-
fundamente, pero ella le pidió que, por favor, se fuera a descan-
sar, que ya no le tocaba estar errando por la tierra, y que
estuviese tranquilo.
La energía del padre de Ana le contestó con firmeza lo si-
guiente: «Cuando tú empieces a vivir, entonces yo me iré a des-
cansar».
Ana se quedó impactada con esta contestación; le dije, resu-
miendo, que lo que le quería transmitir su padre era simple-
mente que empezara a disfrutar de la vida y no se preocupase

63
El universo tiene un mensaje para ti

tanto por cosas que no tienen importancia. Así quedó la con-


versación sobre este tema.
Ana volvió varias veces a mi consulta, pero un día después
de una sesión, en la cual yo le dije que me alegraba, que su aura
había cambiado, que se había reforzado y que energéticamente
estaba muy fuerte…; de repente, se presentó de nuevo la ener-
gía de su padre; yo me quedé un poco desconcertada, ya que
veía a su padre al lado de lo que yo en ese momento definí
como una «tubería muy blanca». Ana se me quedó mirando,
atónita, pero es que su padre no hablaba, no decía nada, tan
solo nos miraba, sonreía y allí estaba, al lado de esa extraña «tu-
bería blanca».
Después de unos minutos, que nos parecieron mucho más
debido a lo «cómico» de la situación, el padre de Ana decidió
explicarnos qué hacía allí con esa «tubería blanca».
Nos explicó que cuando falleces, antes de abandonar el
cuerpo físico, tienes una (o varias) muerte anterior. Os lo trans-
mitiré tal y como él lo hizo.
Pocos seres humanos, por no decir ninguno, estamos prepa-
rados para la muerte (en países orientales es diferente, muchos
están toda la vida preparándose para su muerte). Normalmente,
antes de desencarnarnos, tenemos por lo menos una experien-
cia de liberación del alma. Muchas personas, días o semanas,
antes de fallecer, «deliran», ya que estando solos en su dormi-
torio, de repente, empiezan a hablar con alguien…
Esos «alguien» son familiares, amigos o conocidos ya falle-
cidos que «bajan» al plano terrenal para ayudar a las personas a
liberar su alma. Algunas veces estos seres se llevan a la persona
moribunda a dar un «paseo» para que puedan ver y sentir lo que
les espera al otro lado, y normalmente en pocos días la persona
abandona definitivamente su cuerpo…

64
Diana Dahan Santos

Concretamente «el paseo» nos lo detalló de la siguiente ma-


nera:
Vives (el alma) en un piso antiguo, frío, con humedades, sin
luz, sin calefacción, con vecinos ruidosos (tu cuerpo), y, en la
acera de enfrente hay un edificio nuevo, luminoso, recién pin-
tado, con vistas a la naturaleza, niños riendo…, y todos los ve-
cinos son viejos conocidos, familiares, amigos. De vez en
cuando, te vienen a buscar y te llevan a tu nueva vivienda, pero
tú…, vuelves a tu piso antiguo y decrépito, donde tantos años
llevas viviendo y tan a gusto te encuentras… Al cabo de un
tiempo, los vecinos (amigos, familiares…) llaman de nuevo a tu
puerta y te acompañan al piso nuevo; te encuentras más a gusto
que la primera vez que lo visitaste, pero vuelves de nuevo al
viejo piso. Hasta que un día, sin decir nada, te mudas al edificio
soleado, luminoso y armónico.
De esta manera tan bonita nos explicó el padre difunto de la
consultante de qué manera se realiza la transición del plano te-
rrenal al plano espiritual.
Tenemos pequeñas «muertes» antes de la definitiva, en donde
el alma sale del cuerpo acompañado por personas conocidas
para que el impacto de la desencarnación definitiva no sea im-
pactante.

Más abajo os explicaré un caso personal de esta experiencia.


A partir de esto, el alma va a un lugar muy luminoso, es un
sitio que el padre de Ana nos definió como si fuese un mar en
calma, En este lugar hay «un tubo» de luz brillante, muy bri-
llante; ese tubo siempre está allí presente. Las almas son las que
escogen ir hacia esa luz o no. No importa que en vida se haya
sido buena persona o mala, la luz está allí presente para todos;

65
El universo tiene un mensaje para ti

la diferencia es que las almas que allí se encuentran, y a las que


les cuesta pasar a un nivel más elevado, ya sea por carga emo-
cional hacia un ser querido o por querer acompañar a su manera
a alguna persona todavía encarnada, tienen una especie de «pro-
tección», están como en una cúpula de luz, que las independiza
un poco de las otras almas que divagan y, por codicia u otras
cargas emocionales, no van a la luz…
Las otras, las almas más «espesas», debido a querer seguir
aferradas al mundo terrenal por codicia, pueden tardar bastante
más en ir hacia esa luz, o quizás nunca vayan.
Estas almas son las que desean fervientemente volver a sentir
los «placeres de la vida terrenal». Aquí radica el peligro de hacer
sesiones de ouija, por ejemplo. En estos actos, lo que hacemos,
tal vez sin darnos cuenta, es abrir una puerta, una puerta al más
allá, en la que no sabemos qué o quién pueda entrar… Es muy
peligroso, como explicamos antes más profundamente.
Según esta alma (el padre de Ana), no existe el purgatorio tal
y como lo conocemos, nos contó que el purgatorio está aquí,
en nuestra vida cotidiana; todos hemos cometido errores y los
seguiremos cometiendo, ¡cómo no, somos humanos! Y estamos
aquí para evolucionar y aprender.
Pero tenemos constantemente la oportunidad de rectificar
nuestros actos; si no, nos los llevaremos a otra encarnación, a
otra vida. Cuando morimos, no importa lo que hayamos hecho,
bueno o malo, no existe el infierno o el paraíso; a la hora de
dejar el cuerpo físico, todos, absolutamente todos, vamos al
mismo sitio. La diferencia es la densidad de nuestra alma al dejar
nuestro cuerpo físico, acceder con más o menos rapidez a la
luz.
Al fallecer, se abren dos canales: el canal oscuro y el canal de
luz. En el canal de luz están todas las personas y animales con

66
Diana Dahan Santos

los cuales hemos tenido experiencias maravillosas en vida o sen-


timientos de mucho amor. Nos están esperando, y todos nos-
otros estamos preparados a nivel de alma para coger el camino
de la luz.
Por contrapartida, está el canal de la oscuridad, de las ener-
gías densas, estas energías que se alimentan de nosotros, que
nos «necesitan» y que intentan por todos los medios captarnos
en el momento de nuestra muerte.
Todos nosotros estamos preparados para ir hacia la luz, hay
seres de alta vibración que nos esperan y nos ayudan a pasar
esa puerta, pero debemos estar seguros en vida de tener nuestra
alma del lado de la luz, y no de la oscuridad, para que este trán-
sito sea más fácil…
Hay muchas formas de tener nuestra alma del lado de la luz:
- Pensamientos positivos (está demostrado que los pensa-
mientos positivos elevan nuestra energía vibracional).
- Intentar no juzgar.
- No criticar.
- No tomar drogas.
- Tener proyecciones mentales específicas (no permitir que
la mente divague).
- Reír.
- Conversar.
- Jugar.
- Estar en contacto con la naturaleza y el aire libre.
Y…, si os apetece, podéis recitar esta oración una vez al día
en voz alta. Es mágica y poderosa.

67
El universo tiene un mensaje para ti

(Canalización)

Yo pertenezco a Dios,
mi alma pertenece a Dios,
mi cuerpo pertenece a Dios,
yo soy de Dios Padre,
Dios es mi guía,
renuncio a todo lo que no es divino,
renuncio a todo lo que no es divino,
renuncio a todo lo que no es divino,
vibro a través de la vibración de Dios padre,
hablo a través de la vibración de Dios Padre,
amo a través de la vibración de Dios Padre,
siento, a través de la vibración de Dios Padre,
actúo, a través de la vibración de Dios Padre,
yo soy de Dios Padre,
Dios es mi guía,
renuncio a todo lo que no es divino,
renuncio a todo lo que no es divino,
renuncio a todo lo que no es divino.

Os la recomiendo, si la recitáis en voz alta (o baja) cada día


de vuestra vida, veréis cómo cambia vuestra vibración.

68
HISTORIA Nº 8

ISABEL Y LAS CAROLINAS

O tro caso que me impactó muchísimo fue el de Isabel, una


consultante que vino a verme, entre otras cosas para «con-
tactar» con sus seres fallecidos. Ella quería hablar con su padre
y su hermana.
Su padre se presentó, pero su hermana no; en cambio sentí
una energía muy potente masculina. Al describírsela, ella reco-
noció a su marido, fallecido hacía cuatro años. Isabel, de alguna
manera, se sentía muy mal, muy sola desde la muerte de su es-
poso, a lo cual él le comunicó que lo mejor fue que se hubiera
muerto en el momento en que falleció, ya que en ese momento
todavía estaba «bien», que su enfermedad había pasado a su san-
gre, y que todo hubiese ido mucho peor a nivel de sufrimiento
para todos…
Isabel asintió con la cabeza y me confirmó que, efectiva-
mente, su esposo tenía un cáncer de huesos y en los últimos
tiempos había pasado a la sangre, pero murió antes de que se
desarrollara.
El esposo de Isabel le comunicó a través de mí varios men-
sajes que calmaron el alma de Isabel, pero lo más bonito e im-

69
El universo tiene un mensaje para ti

pactante fue que, en un momento de la consulta, él se puso al


lado de Isabel, sosteniendo con sus dos manos un ramito de
flores, unas flores que yo pude distinguir claramente, ¡eran ca-
rolinas! Un tipo de flor campestre, de un bonito color amarillo,
y con los pétalos como grasientos…
Le dije a Isabel que su marido estaba posicionado a su izquierda
con esas flores en las manos. Isabel, llevada por la emoción, se
llevó las manos a la cabeza y se echó a llorar, explicándome que,
en vida, su marido se iba a un huerto de vez en cuando y con la
llegada de la primavera le llevaba asiduamente un ramito de flores
amarillas: ¡le traía a Isabel un ramito de carolinas!
Isabel no se lo podía creer.
El marido de Isabel, fallecido cuatro años antes, allí estaba,
con un ramo de carolinas entre sus manos, pidiéndole a su
mujer que, cuando pudiera, llevase un ramito de las mismas flo-
res a su tumba.
Isabel se «desmontó» entre la alegría y la felicidad de poder
comunicarse con su marido y con esas pruebas tan íntimas entre
los dos…
Pero allí no terminó la cosa; en un momento, vi cómo el ma-
rido de Isabel le acariciaba la mejilla. Sin darle pistas, le pregunté
qué sentía en su cuerpo (no le mencioné su rostro, sino su
cuerpo), a lo cual ella me contestó que notaba un hormigueo y
calor en una de sus mejillas (la misma donde tenía su marido
puesta la mano).
Le dije a Isabel que era la mano de su marido que la estaba
acariciando. Isabel, cómo no, se puso a llorar desconsolada-
mente (era la primera vez desde la muerte de su marido que no-
taba su presencia física directamente).

70
Diana Dahan Santos

Los dejé solos, salí del despacho durante un rato, y en este


espacio de tiempo, Isabel estuvo hablando y despidiéndose de
su marido, con la tranquilidad que no tuvo en el momento de
su fallecimiento.
Uf…, qué bonito… Esas cosas son las que hacen que mi tra-
bajo sea pleno. No hay muchas palabras, por no decir ninguna,
que puedan explicar momentos tan profundos. La liberación
para las almas en estos casos es enorme, se abre un canal ener-
gético de amor y de bondad entre las personas físicas y las ener-
gías desencarnadas, llenando sus vidas y energías de calma,
liberación y bienestar, tanto para los difuntos, que se desatan
de cadenas emocionales, como para los consultantes, que en-
cuentran paz y sentido a la vida.

71
HISTORIA Nº 9

E VA Y SU HERMANA

E n otra ocasión, se presentó en mi consulta Eva, una joven-


cita de solo veintiún años, que quería saber su futuro. Bien,
como es costumbre en mí, no suelo permitir que me den infor-
mación, solamente les pregunto cuando se cruzan las energías
(al traer fotos de otras personas, suelen cruzarse las energías).
Antes de empezar, percibí la presencia de una energía que la
acompañaba, y que venía por parte de su madre. Eso lo vi
claro…, pero fui incapaz de definir si era una energía de tía,
abuela… Le pregunté a Eva, y ella me contestó que su madre
estaba viva, su abuela materna también, que la única que había
fallecido era su abuela paterna, a lo cual le contesté que no, que
venía por parte de madre.
Intente comunicarme con esa energía, pero no pude, no me
contestaba; entonces detecté un dato, pude percibir que era una
energía de hermandad. Le pregunté a Eva si en la gestación de
su madre venía con alguna hermana que hubiese muerto. Eva,
sorprendida, me contestó que no a esa pregunta, pero que un
tiempo antes de quedarse su madre embarazada de ella, había
tenido un aborto y el feto era una niña.

73
El universo tiene un mensaje para ti

¡Pues bien, allí estaba la energía de esa niña! Una energía que
iba acoplada al cuerpo físico y energético de Eva. Esta energía
estaba ubicada físicamente en la espina dorsal de Eva. Después
de comentárselo, me confirmó que prácticamente, desde que
tiene uso de razón, le duele esta parte de la espalda y nunca
había conseguido que se le paliara, ni con medicación ni con
masajes (ahora, Eva empezaba a entender, entre risa y estupe-
facción, el tema de su dolor de espalda).
Le pregunté si era cierto que sentía una relación de amor-
odio llevada al extremo con su madre; ella me confirmó que sí.
Le pregunté por qué tenía impulsos y pensamientos suicidas.
Eva se quedó paralizada, diciéndome que estas emociones eran
muy profundas, y que sí, que a menudo lo pensaba, pero que
no lo entendía, que tenía veintiún años, trabajo, salud, amigos,
vamos…, que no entendía cómo podían caber pensamientos
de este tipo en su vida. Ella misma se hacía cruces y no lo en-
tendía…
Bien, llegados a este punto, le expliqué a Eva lo que pasaba.
Le dije que la energía de su hermana (que, recordemos, no llegó
a nacer) estaba totalmente acoplada a ella, que muchas de sus
emociones y actuaciones no le correspondían, que no eran
suyas, sino de esa energía, sobre todo las emociones relaciona-
das con su madre y con los pensamientos suicidas. Le expliqué
que la energía de su hermana se estaba apoderando de ella, tanto
de su mente como de su cuerpo físico; por el motivo que fuera,
quería vivir y sentir a través de ella…
Entre explicación y explicación, me di cuenta de que Eva es-
taba blanca, callada y con los ojos fuera de sus órbitas… Le pre-
gunté si quería parar un rato y le di un vaso de agua. Eva me lo
agradeció, pero no, no quería parar, comentó que a partir de
ese momento habría un antes y un después en su vida. Al fin,

74
Diana Dahan Santos

lo entendía todo, entendía muchas actuaciones de su vida per-


sonal, ahora todo le cuadraba y notaba que se había quitado un
peso de encima (había llegado a pensar que se estaba volviendo
loca).
A estas alturas, la energía de su hermana estaba molesta, des-
pués de tantos años se había sentido descubierta y no le gustaba.
Eva todavía no lograba entender cómo podía ser que su «her-
mana» mandara sobre ella. Pero mandaba, sí, y mucho más de
lo que ella misma se imaginaba, hasta tal punto que le pregunté
a Eva si le gustaban los nenúfares… Eva, sorprendida por la
pregunta, me contestó que no, vamos, un no rotundo.
Entonces le pedí que me explicara por qué había comprado
una planta con un nenúfar… Ahí sí que Eva se sorprendió.
—¿Cómo puedes tú saber esto? —me preguntó Eva…
—Tu «hermana» me lo está contando —contesté—. Por lo
tanto, esta planta que tú piensas que has comprado, ¡no era del
todo decisión tuya! Date cuenta de hasta qué punto tus pensa-
mientos y acciones no son del todo tuyos…
Eva me explicó que, efectivamente, el día anterior fue al mer-
cado y compró una planta, que llevaba un pequeño nenúfar de
decoración insertado en la tierra, pero ¿cómo podía ser que
fuera la energía de su hermana muerta la que le incitara a com-
prar esa planta?
Pobre Eva, no salía de su asombro, pero al final, tras un rato
de calma emocional, me pidió una limpieza.
La limpieza trata de separar las energías de estas dos
almas, cada una debe estar en su plano, para poder avan-
zar individualmente.
Así lo hice; tras un par de meses, Eva volvió a visitarme, to-
talmente cambiada, ¡feliz con sus propios pensamientos y ac-

75
El universo tiene un mensaje para ti

tuaciones!, sin más dolores de espalda y, además, contentísima,


ya que había perdido nada más y nada menos que ocho kilos.
En fin, el tema de los kilos yo no lo quise atribuir a la lim-
pieza… Vamos, sería la primera vez que al hacer una limpieza
energética, alguien hubiese adelgazado, pero en su caso fue así.
Sí, amigos lectores, cuando conseguimos separar esas
almas que no nos corresponden, que no siguen sus cami-
nos, nosotros nos liberamos de una gran carga energética
y emocional, y se nos abre un sinfín de caminos delante
de nosotros, que hasta ahora permanecían cerrados, de-
bido a esos embotellamientos energéticos, y les permiti-
mos a estas energías seguir su camino, su evolución, sea
la que sea, encarnarse de nuevo, evolucionar en planos su-
periores, etc.

76
HISTORIA Nº 10

AMALIA Y SU ALMA

Otro caso, diferente eso si, fue el de Amalia


Amalia, una mujer separada, con dos hijos, negocio propio,
guapa, simpática y culta no levantaba cabeza desde hacía unos
diez años.
Vino a verme a la consulta. Resultaba que un señor (por darle
nombre) le había hecho una magia negra (no es una palabra que
me agrade, pero por desgracia existe).
Amalia no sabía qué hacer, lo había probado todo, hasta ora-
ciones realizadas por unos grupos de personas que ansiaban
ayudarla, pero nada daba resultado. Así que, un día quedamos
en su casa para charlar.
Allí estábamos en su terraza cuando de repente (eso es lo
que yo estaba esperando) se presentó la energía de este hombre
que le había hecho el trabajo.
Este hombre está vivo, pero las energías de los vivos también
se presentan, y más en este caso, que él sabía perfectamente que
estábamos hablando de él.

77
El universo tiene un mensaje para ti

Le comenté a Amalia que a su lado se encontraba este hom-


bre; le definí físicamente como era él; Amalia confirmó mis
datos y con cara de repugnancia le dijo que se fuera, que no
quería saber nada de él y que la dejara tranquila ya de una vez
para todas. La energía de este hombre empezó a reírse, dicién-
dole que ella había aceptado un pacto entre ellos dos. Yo miré
a Amalia y ella me lo negó verbal y físicamente…
Este hombre, su energía, volvió a reír sarcásticamente, di-
ciéndole a Amalia que una noche le arrebató un trozo de su
alma fuera del cuerpo de ella, y que en otro plano Amalia acce-
dió a ese pacto. Volví a mirar a Amalia y esta vez asintió con la
cabeza con resignación, comentándome que recordaba este epi-
sodio, pero que ella pensaba que había sido un sueño; mejor
dicho, una pesadilla…
Bien, no sin antes unas cuantas amenazas por parte de ese
hombre, valoramos el tema de limpiarla de este pacto y de este
hombre. Después de ignorar una y otra vez las amenazas, decidí
tirar adelante con este encargo, nada fácil…
Expliqué a Amalia los pros y los contras de la limpieza ener-
gética; por supuesto, los pros eran muchos más y los contras
no eran nada que no pudiera subsanar con paciencia y mucho
amor (los contras, entre otras cosas, son por ejemplo que al
hacer las limpiezas energéticas y romper los pactos, normal-
mente, las energías negativas me amenazan a mí o a mi familia,
y me hacen pasar alguna que otra noche un poco espesa…, pero
con amor todo se soluciona; recordad que el amor puede con
absolutamente todo).
En los temas de limpiezas de espíritus o energías negativas,
jamás se conseguirá nada actuando a la fuerza o dictatorial-
mente; eso también nos vale para la vida cotidiana.
Y así, día a día, con la limpieza energética, Amalia fue avan-
zando en su vida, poco a poco, sin prisa; todo se volvió a reco-

78
Diana Dahan Santos

locar en su sitio, consiguió que su ex le comprara la parte de la


casa que a ella le correspondía, pudiendo así liquidar unas deu-
das que le preocupaban, pasando por cambiar ella físicamente.
Le nació una luz muy especial en el rostro, que todavía a día
de hoy la acompaña, y, cómo no, lo más difícil e increíble para
ella… Amalia volvió a encontrar el amor; después de diez años
de soledad, se le volvieron a abrir las puertas.
No fue fácil, la verdad…, ya que este hombre estaba total-
mente poseído por energías oscuras. La verdad es que su amo
y señor es Lucifer, y él actuaba a expensas de ese ser… Qué
duro debe de ser para él…
Nos guste o no vivimos en un mundo en el que las energías
negativas están siempre a nuestro acecho…
Cuidado con las noches; inconscientemente, mientras dor-
mimos, hacemos viajes astrales (el alma sale del cuerpo y viaja
por esta y otras dimensiones). Algunas veces nuestra alma se
encuentra con otras almas y hacen pactos, de los cuales no
somos conscientes, pero estos pactos vuelven a la dimensión
terrenal en cuanto nuestra alma retorna al cuerpo físico. ¡Y se
materializan!
Igual que cerramos cada noche las puertas de casa para que
no entre ningún ladrón, debemos hacer lo mismo con nuestra
alma. Cerrarla y protegerla de «los ladrones» es tan sencillo
como decir lo siguiente justo antes de dormir o en el momento
de ir a la cama: «Dejo mi alma en manos de Dios».
Con esta sencilla frase, nuestra alma queda protegida…

79
HISTORIA Nº 11

J O S E FA Y LAS MARISMAS

J osefa, una señora que no entendía mucho de estos mundos


espirituales, vino un día a verme a la consulta.
Comenzamos la visita y, en un momento dado, le comenté
que ella, por las noches, realizaba viajes astrales inconscientes,
le expliqué que un viaje astral era que el alma abandonaba el
cuerpo físico para viajar en otros niveles de existencia, a otras
dimensiones, otros planos
Josefa lo relacionó como un sueño, y así quedó la explica-
ción. Cuando le expliqué que en estos viajes astrales, ella, su
alma, se iba hacia las marismas negras a visitar a esclavos que
ella tenía allí, se me quedó mirando atónita, sin entender abso-
lutamente nada. ¿Qué marismas eran esas? ¿De qué le estaba
hablando?
—Josefa —le dije—, en esta vida y en otras hacemos pactos
con demonios y tú, en esta, sales de tu cuerpo por la noche para
ir a visitarlos…
Yo creo que Josefa, si no fuera porque se quedó pegada a la
silla del susto, habría salido corriendo del despacho… En fin,
terminé la consulta y allí quedó esta información.

81
El universo tiene un mensaje para ti

Al cabo de unos días, Josefa me llamó para hacerle una lim-


pieza energética, nada de limpiar magias negras, solo una lim-
pieza para abrir caminos (son limpiezas para hacer que todo
fluya mejor en nuestro día a día, quitando pactos con negativi-
dades, ansiedades, miedos, etc.). Procedí a la limpieza, y todo
iba bien hasta que di por concluido el trabajo por mi parte.
Siempre estoy en contacto con las personas a las cuales hago
limpiezas, y al cabo de unos dos meses recibí una llamada de
Josefa…
—¡Diana! ¿Sabes lo que me pasó anoche? Me acordé de ti a
las cinco de la madrugada. Tuve un sueño muy extraño, muy
raro —iba diciendo ella—, fue una experiencia realmente vi-
vencial, ¡parecía más que un sueño!
—¿Un viaje astral? —pregunté.
Después de unos segundos de silencio, Josefa me explicó su
«sueño».
—Estaba durmiendo —relataba ella— y de repente noté,
percibí, como que me iba «hacia abajo», y, de golpe, me encuen-
tro en un sitio muy oscuro, lleno de almas o personas a las cua-
les iba a ver, que ya las conocía, y les decía que tenían que
seguirme, que tenían que ir hacia arriba, hacia la luz, y dejar la
oscuridad. De golpe apareció un hombre muy grande, al que
no pude ver el rostro y me dijo: «Josefa…, hola…, ¿qué haces?
Debes volver con nosotros…, que allí arriba te están enga-
ñando».
»Yo les decía a mis «amigos» que tenían que seguirme, que
tenían que venir conmigo y dejar este sitio, pero aparecía de
nuevo el hombre de antes y volvía a repetirme: «Josefa…,
vuelve con nosotros, que arriba te están engañando, nosotros
aquí te daremos todo lo que deseas…, y justo en este momento
me desperté, Diana».

82
Diana Dahan Santos

—¡Ay, Josefa! —le dije yo—. ¿Es que no te recuerda a algo


este episodio que me cuentas?
—Sí —me contestó ella. Pero el día que me explicaste esto
pensé que, bueno, te habrías equivocado, pero ¡Dios mío, lo he
vivido yo!
—Bien, Josefa —contesté—, no te preocupes, lo importante
es que te hayan dicho que volvieras con ellos; esto significa que
hemos cortado el cordón umbilical con este demonio…

Bien, amigos, esto os lo cuento para que tomemos concien-


cia de que los pactos con el diablo existen, pueden ser cons-
cientes o inconscientes, pero son reales; cuando dormimos y
nuestra alma sale de nuestro cuerpo, no sabemos dónde va, y
algunas veces hacemos estos pactos sin ser conscientes. Por eso,
es muy importante que cuando vayamos a dormir, dejemos
nuestra alma en las manos protectoras de Dios.

Es curioso que yo, como la mayoría de vosotros y con per-


dón, nunca creí en Dios, en este Dios que nos enseñaron de
pequeños, de que debíamos ir a la iglesia, de que si no hacíamos
las cosas correctamente nos castigaría, etc., así que yo perso-
nalmente creo que le di la espalda en muchas ocasiones, hasta
que con el tiempo, en mis consultas, no tuve más remedio que
rendirme a la evidencia de que realmente Dios sí que existe, tal
vez no de la manera en que nos enseñaron (o sí), pero en mi
caso particular, cuando estoy en mi despacho, veo más claro
cada día que solamente existen dos energías: la blanca y la negra.
O sea, Dios y Lucifer. Y os puedo asegurar, amigos lectores,
que es así: o estás con una banda o estás con otra, así que mejor
estar del lado de Dios.

83
HISTORIA Nº 12

MARÍA Y SU HIJA

V ino a verme María con alegría y con fotos de toda su fami-


lia y amigos.
Estábamos hablando de su marido —estaba muy preocu-
pada por su salud—, cuando su guía espiritual me obligó a
coger la foto de su hija… Bueno, pues nada, se lo comenté a
María y le dije que la prioridad era su hija Lucía…
Le dije a María (entre otras informaciones) que su hija Lucía
había hecho una ouija alrededor de los catorce años de edad…
, que ella no quería participar, pero que de alguna manera la ha-
bían obligado, y que debido a esa ouija había entrado en con-
tacto con energías oscuras, que la llevaban atormentando desde
ese día (habían pasado diez años). El lado oscuro quería a Lucía,
quería su energía y su fuerza, por lo que avisé seriamente a
María de que fuera con cuidado, ya que en el aura de Lucía veía
claramente que la energía del suicidio la rondaba…
María se echó a llorar.
Efectivamente, su hija había intentado quitarse la vida en tres
ocasiones, pero, por suerte, siempre la habían encontrado en el
último momento.

85
El universo tiene un mensaje para ti

También le dije a María que su hija Lucía oía voces y la to-


caban en la cama cuando ella estaba durmiendo.
María me explicó que, efectivamente, su hija Lucía había pa-
sado una época en la cual escuchaba voces, pero que se había
terminado, había estado en tratamiento psiquiátrico durante
unos meses, y me dijo rotundamente que su hija ya no escu-
chaba voces, porque lo sabría ella. Decía que Lucía se lo habría
comentado.
Y su hija no le había dicho nada, y lo de la ouija, como que
lo dudaba…
Sí era cierto que la paz ya no reinaba en su hogar, todo eran
peleas y tristeza, y la energía de la casa era de lo más densa y
oscura…
Esto era debido a la energía oscura que acompañaba a Lucía
desde hacía más de diez años.
Estas energías oscuras no tienen prisa para nada, viven de
nosotros, de nuestra energía y vitalidad, les encanta provocar
discusiones, ya que de esta manera manipulan nuestra mente.
El primer paso para hacerse más fuertes y con más poder se da
cuando la oscuridad entra en nuestra mente y nos manipula, de-
bemos ser muy cautos; os voy a poner el ejemplo de Lorena.
Lorena es una excelente profesora de yoga, equilibra muy
bien su lado espiritual con su lado terrenal, como bien dice ella:
si hemos decidido reencarnarnos en esta sociedad, es que algo
debemos aprender (equilibrio).
Su trabajo personal es conseguir mantener esta armonía en
su día a día. ¿Por qué? Llegó un momento en que Lorena se
cerró al mundo externo, se cerró su vida social. ¿El motivo?
Cuando Lorena salía con sus amigas, ellas siempre termina-
ban hablando, comentando y, lo peor, criticando a unos y a

86
Diana Dahan Santos

otros… Lorena no se sentía a gusto entre dimes y diretes, no


se sentía bien, se limitaba a sonreír cuando la miraban, pero
nunca entró en estas temáticas ni contestó a ningún critiqueo…
Notaba que después de estas reuniones se iba a casa con una
sensación de pesadez en su energía y no dormía bien hasta por
lo menos pasados unos días. Así sopesó la situación y decidió
no salir con sus amigas. Poco a poco, sin darse cuenta, Lorena
se ciñó a su trabajo, marido e hijos.
Cuando acudió a mi consulta, lo primero que comunicó su
guía espiritual fue lo siguiente: «Lorena, no puedes ni debes vivir
en una jaula de oro. Tienes que tener vida social, no te has en-
carnado en una montaña lejana para dedicarte a la contempla-
ción. No en esta vida. Desafortunadamente, hay muchas
personas ligadas a habladurías, criticar la vida de los demás, no
son conscientes de que todo lo que chismorrean es lo que
deben arreglar en su propia vida… Sobre todo, nunca debéis
juzgar las emociones y decisiones de terceras personas. Cada
uno de vosotros tiene un camino y aprendizaje diferente; es su
camino y es su aprendizaje».
Lorena asintió con la cabeza, y su guía espiritual siguió trans-
mitiéndonos mensajes.
«Hay un tipo de personas que necesitan nutrirse de chismes,
dimes y diretes, para más tarde contarlo en público de forma
notoria; se sienten bien. Las personas que a su lado se encuen-
tran, mientras hablan y hablan, miran con “admiración” (es lo
que cree la persona que explica los chismes), pero cuidado…,
esta persona que parlotea sin parar sin ser consciente está
siendo utilizada por energías del bajo astral, están manipulando
su mente para, de esta manera, poder alimentarse de su energía
vital. Pero no termina aquí…
Las personas que la rodean “escuchándola” y participando
en esta cháchara también están al acecho de las energías densas;

87
El universo tiene un mensaje para ti

estas energías se cuelan en las energías vitales de estas personas,


intoxicando el aura…».
—Esto es lo que te ocurre, Lorena… Esto es lo que sien-
tes… Por eso te encuentras densa y no consigues descansar, tu
aura está tocada. Pero puedes y debes cortarlo. ¡Cuando empie-
cen con los critiqueos, simplemente levántate con cualquier ex-
cusa y márchate! Llegará un momento en el que, estando tú
presente, ya no chismorrearán, y si lo hacen, será tan poco que
ni te llegará a afectar…
»Debes aprender a lidiar con las dos energías, también es tu
aprendizaje. La manera de ser fuerte frente a las energías del
bajo astral son nuestros pensamientos y decisiones…

Al día siguiente recibí una llamada de María, diciéndome que


había hablado largo y tendido con su hija, la cual le confirmó
que efectivamente, con trece años, estando de campamento, sus
compañeros hicieron una ouija; ella no quería participar, pero
prácticamente la obligaron. Nunca habló de este tema con
nadie, ya que se asustó con fenómenos paranormales que ocu-
rrieron en esa sesión…
María no daba crédito a lo que estaba escuchando, y sí, ac-
tualmente, Lucía escuchaba voces, pero no le había comentado
nada a su madre para que no la volvieran a llevar al psiquiatra;
la cosa no terminaba allí…
Lucía le dijo a su madre que unos días antes estaba en la
cama durmiendo, y sintió cómo alguien levantaba la colcha, se
metía con ella en la cama y la tocaba, así que a petición de María
hice una limpieza energética a Lucía… No fue fácil, pero se
consiguió.
Lucía dio un cambio radical en pocas semanas. María, su
madre, se hacía cruces por este cambio tan repentino en su hija.

88
Diana Dahan Santos

Lucía no solamente cambió su forma de vestir (volviéndose


más femenina), sino que encontró trabajo, siguiendo con sus
estudios superiores, con muchas ganas e ilusión.
Pero lo más importante es que, aunque los primeros días de
la limpieza, Lucía lo pasó bastante mal, ya que por la noche las
entidades oscuras la atormentaban —hasta el punto de estar
ella tumbada en su cama y ver a una entidad oscura amenazán-
dola y diciéndole que ella tenía la culpa de todo lo malo que le
pasaba a su familia—, ciertamente, Lucía fue fuerte, muy fuerte
y Lucía está fuerte y es feliz…
Concienciada de todo lo que ha pasado y cuál era el origen
de todos sus males, nunca más tuvo pensamientos suicidas…
Recordadlo, amigos, la luz siempre, siempre, puede
con la oscuridad. Aunque a veces no veamos la luz al final
del túnel, existe, es real y siempre está a nuestro alcance.

A veces hasta yo me tengo que parar a respirar cuando doy


según qué tipo de informaciones…
Dios mío, ¿cómo pueden interferir de esta manera las ener-
gías oscuras en nuestra vida y entornos? A veces parece de cien-
cia ficción, pero no, es real, y mucho; de la misma manera que
las energías de nuestras vidas pasadas vuelven a esta —mejor
dicho, nos acompañan en la transición de encarnación de una
vida a otra—, todos los pactos que hacemos, consciente o in-
conscientemente, juramentos, etc., que no llevamos a cabo en
la vida en la cual hicimos esta petición, nos acompañarán du-
rante vidas y vidas… Por eso es tan importante tener mucho
cuidado con nuestras actuaciones cotidianas, y cómo no…, con
nuestras palabras…
Las palabras tienen una fuerza energética muy potente que
traspasa dimensiones…

89
El universo tiene un mensaje para ti

Uno de los pactos más frecuentes es el del matrimonio ca-


tólico, la unión de dos personas en que el cura los bendice di-
ciendo «marido y mujer hasta que la muerte os separe». ¿Os
suena? ¡A que sí! Y yo digo…, si nuestra alma no tiene edad ni
tiempo, nos reencarnamos una vida y otra, solo cambiamos de
traje (el cuerpo físico), entonces… ¿de qué muerte hablamos?
¿De esta vida… de la próxima… la otra…?
No existe el tiempo energético…, por Dios…, qué peligro…
Imaginaos, os casáis, aceptáis estar junto a vuestro marido o
mujer hasta que la muerte os separe, pero resulta que no sois
felices junto a esta persona, y os la encontráis una vida tras otra,
vidas llenas de desdichas emocionales a nivel de parejas…, ¿fir-
maríais? ¡A que no!
Cuando mis amigos se casan por el rito católico y me piden
consejo, siempre les digo una cosa: «Mientras el sacerdote dice
lo de hasta que la muerte os separe…, vosotros en voz baja o men-
talmente, decid lo siguiente: somos marido y mujer hasta que
la muerte nos separ e; mientras, disfrutamos de estos cuer pos
físicos y en esta vida».
¡Corto y conciso!

90
HISTORIA Nº 13

DIANA Y SERGIO

Un ejemplo que os puedo dar es mi propia experiencia…


Desde que conocí a mi marido Sergio, aparte de la felicidad
y el amor que nos embriagaba y nos sigue acompañando, siem-
pre tuve un miedo terrible de perderlo, de que se muriera…
Esta sensación me acompañó durante años, era un verdadero
tormento. Cuando Sergio se marchaba a trabajar, siempre le
decía que me llamara cuando llegara, lo mismo que cuando ter-
minaba su jornada laboral y volvía a casa.
No era normal, yo era consciente, pero no podía apartar el
temor de perderlo; fue una época dura a nivel emocional para
mí. Hasta que decidí hacer una regresión.
Las regresiones son terapias realizadas por terapeutas
cualificados, en los que bajo una relajación muy profunda,
te llevan conscientemente a otras vidas, episodios que te
han marcado negativamente, para poder solventarlos y li-
berarnos de esta carga en esta vida actual…
Benditas las regresiones terapéuticas.
Bárbara, una estupenda terapeuta suiza, experta en regresio-
nes, me recibió en su casa, era una señora dulce y firme al

91
El universo tiene un mensaje para ti

mismo tiempo. Me hizo sentir bien, me explicó que intentaría-


mos empezar desde el momento de antes de mi concepción,
nacimiento, y con suerte podríamos llegar a experimentar al-
guna vida pasada. Todo esto, Bárbara me lo iba explicando
mientras yo sacaba mi chuleta del bolso… ¡Una vida!
¡Pero si yo iba con diecisiete preguntas existenciales para mí,
qué había que resolver con regresiones!
Cuando Bárbara vio mi chuleta se rio con ganas, sobre todo
al ver mi cara de estupefacción.
Ella, muy dulcemente, me explicó que no todo el mundo está
preparado para bucear en vidas pasadas tan alegremente.
—Bueno —contesté yo con una sonrisa—, Bárbara, estamos
tardando, empecemos ya.
La verdad es que hubo conexión entre ella y yo desde el pri-
mer momento.
Empezamos la sesión a las doce del mediodía y cuando me
preguntó si tenía alguna duda más, o quería ir a otra vida, miré
el reloj y ¡eran las seis de la tarde! ¡Seis horas buceando en vidas
pasadas!
Bárbara me guiñó un ojo y me dijo:
—¿Qué tal, Diana? ¡Me has dejado estupefacta! En total has
hecho doce regresiones, y estás tan fresca… ¡Felicidades…!
En fin… a lo que iba, entre otras cosas, quería saber qué me
pasaba con Sergio, con mi miedo a perderlo, y salió…, ¡y tanto
que salió!
Resulta que en las doce vidas en las cuales buceé con la ayuda
de Bárbara, en todas, absolutamente todas, la energía de Sergio
me acompañaba. En una vida estábamos en una guerra, éramos
militares; en ese caso, él era una mujer que luchaba en el frente,

92
Diana Dahan Santos

era guapísima, la recuerdo morena, con sus trenzas y su rostro


de niña pícara, yo me vi en forma de hombre, rudo, con barba,
y sin ningún sentido del humor… Como era de esperar, Sergio,
encarnado con la energía de esa mujer tan preciosa, me dejó,
se marchó con otro hombre…
En otra vida, yo era una adolescente que practicaba magia y
rituales, hasta que me cogieron y quisieron quemarme en la
plaza del poblado en el cual vivía junto a mi familia. Mi madre
en esa vida, con tal de evitarlo y salvarme la vida, me llevó a la
fuerza a un convento, donde ingresé hasta mi muerte. Cómo
no…, ¿quién era el sacerdote? Pues Sergio… Allí estaba su
energía de nuevo. Este sacerdote se encaprichó de mí y me con-
vertí en su amante durante años, pero tampoco pudimos acabar
juntos en esa vida…
Otra más… Esta regresión y la próxima fueron las que más
me impactaron.
Sergio, en esa vida, era mi hijo, tendría unos ocho años y es-
taba muy enfermo. Yo, su madre, era una mujer grande, con un
delantal enorme de color marrón que trabajaba en una taberna,
llena de hombres borrachos y maleducados, pero yo aguantaba
por mi hijo.
Una noche, después de la taberna, regresé a casa y allí estaba
mi hijo (Sergio) muy malito, con mucha fiebre. Recuerdo que
lo abracé fuertemente entre mis brazos, le dije que no se preo-
cupara, que podía marcharse en paz, que siempre, siempre, es-
taría junto a él, que jamás lo dejaría, y en ese momento
falleció…
Podría explicaros unas cuantas regresiones más de vidas an-
teriores junto a Sergio, en las cuales siempre nos perdíamos uno
al otro, de una manera u otra, pero al revivir todas estas vidas
(seguro que hay muchas más), se cortan esas energías, esos mie-

93
El universo tiene un mensaje para ti

dos y, realmente, funciona… Funciona de tal manera que, desde


el día siguiente a la regresión, nunca más me preocupé de esa
manera insana por Sergio. Fue un cambio impresionante, total-
mente positivo para mi vida y, por supuesto, para Sergio…, más
tranquilidad, y de eso hace ya unos largos años.
La terapia regresiva es uno de los tratamientos más
completos a todos los niveles que he experimentado, en-
tiendes el porqué de tus bloqueos, al mismo tiempo que
los sanas… Fantástico.

94
HISTORIA Nº 14

DIANA Y LOS ANIMALES

O tra regresión que hice fue por un motivo muy concreto


que me atormentaba: el sufrimiento que siento hacia los
animales y por qué siempre llegaban a mí animales enfermos.
Desde que tengo uso de razón, he padecido por los animales.
Todas las mascotas que me han acompañado a lo largo de mi
vida eran encontradas o recogidas con traumas o enfermedades
y, cómo no, allí estaba yo para darles amor y paz (mis padres se
encargaban de los gastos de veterinarios).
Al hacerme mayor, decidí no tener más mascotas (para no
sufrir), pero de una manera u otra siempre acababa disfrutando
de la compañía de uno u otro de estos maravillosos seres… Pe-
rritos y gatos enfermos, pájaros heridos, hasta tengo un caballo
(fue maltratado) que si no fuera por mi amor hacia él y los cui-
dados que goza en la hípica donde reside, ya estaría en otro
plano
Así que un día, quise saber el porqué. Por qué todos los ani-
males que se acercaban a mí y disfrutábamos de un tiempo más
o menos largo de viaje juntos, siempre estaban enfermos…

95
El universo tiene un mensaje para ti

Decidí hacer una regresión para conocer y sanar el principio


de este sentimiento. Concreté día y hora, me preparé para esta
regresión, y al cabo de aproximadamente veinticinco minutos,
con la ayuda de la terapeuta, ya pude saber el porqué.
Me «vi» en una vida anterior, experimentando en un labora-
torio con animales. ¡Horror! Yo, que no puedo ver un animal
sufriendo, resulta que experimentaba con ellos (obviaré deta-
lles).
Así que, en esta vida estoy o estaba pagando el «karma» de
haber hecho daño a tantos animalitos. Digo estaba, ya que a
raíz de la terapia regresiva, se sanan muchos aspectos, en mi
caso concreto, sigo amando y sufriendo por los animales, pero
a un nivel distinto, sin tanta implicación, por lo menos implica-
ción dolorosa para mí…
¡Imaginaos hasta qué punto nos acompañan las energías de
nuestras vidas pasadas en esta!
Tened en cuenta que todas las personas (y animales) que
forman parte de nuestra familia actual y amigos han es-
tado junto a nosotros en otras vidas, es un ciclo que se re-
pite, las almas se vuelven a reencontrar, encarnadas en
otros cuerpos…

96
HISTORIA Nº 15

LIDIA Y EGIPTO

O s comentaré el caso de una consultante. Lidia vino a


verme un precioso día de primavera…
Entre unas cosas y otras más o menos terrenales, su guía es-
piritual le dieron un mensaje bien explícito: «Lidia, hoy enten-
derás el porqué de tu caos emocional».
Resulta que el guía espiritual de Lidia le explico que, en su
vida anterior, había vivido en Egipto, que había sido una sacer-
dotisa que se encargaba de ayudar a los moribundos a pasar de
un plano a otro. Por lo visto, según relataban sus guías, Lidia
era muy buena en su trabajo, tan buena que, por lo visto, mu-
chas veces se le presentaban almas de personas ya fallecidas,
buscando en ella el camino hacia la luz. De esta manera, Lidia,
prácticamente, dedicaba, en esas transiciones, muchas horas al
día.
La reputación de Lidia creció y creció hasta que un día fue-
ron a buscarla.
Por lo visto, un señor muy importante estaba a punto de fa-
llecer, vivía a muchos kilómetros de la casa de Lidia, pero le su-

97
El universo tiene un mensaje para ti

plicaron que les acompañara, que ese hombre no quería fallecer


sin su ayuda, sin su transición, así que Lidia recogió unas pocas
ropas y les acompañó.
Al llegar a la casa, efectivamente, aquel hombre estaba espe-
rándola para fallecer con tranquilidad, con la seguridad de que
su alma no quedaría perdida en la tierra…
Lidia hizo su rito particular, y ese mismo día se realizó la
transición.
Como agradecimiento, la familia le insistió a Lidia en que-
darse a cenar y a dormir; ella lo agradeció y se quedó. Lo que
no sabía Lidia es que este sería su último trabajo… Efectiva-
mente, en esa cena la envenenaron.
La familia de aquel hombre poderoso y adinerado pensaba
que ese debía ser el último trabajo de transición de Lidia. Así
creían ellos que el alma de su familiar sería más puro en la otra
dimensión.
Total, que asesinaron a Lidia, y, cómo no, nuestra Lidia ac-
tual, la de esta vida, ha venido a este mundo con una pequeña
problemática… Atrae irresistiblemente a todas y cada una de
las almas errantes que se encuentra. Sí, tal y como lo leéis, Lidia
ha vuelto a este mundo con la energía de su vida en Egipto. De
su ayuda de pasar almas de un plano a otro, y sin saberlo ella,
sin ser consciente, todas las almas se le adhieren de una forma
u otra, esperando una transición que Lidia no puede hacer, ya
que en esta vida actual es secretaria…
Cuando su guía espiritual le dio toda esta información, se
sintió sorprendida, pero inusualmente no era un tema tan ex-
traño para ella. Me comentó que no sabía por qué desde pe-
queña no quiso acercarse a un cementerio; ella no sabía por qué,
pero le daba la sensación de que le perseguían las almas de los

98
Diana Dahan Santos

difuntos. Al ser pequeña, este hecho careció de importancia,


pero hoy en día Lidia tiene cuarenta y seis años y seguía sin acer-
carse a los cementerios.
Digo seguía, ya que le enseñé qué hacer para lidiar con amor,
con el mundo espiritual…
Parece que funcionó, ya que lo último que sé es que se atre-
vió a visitar por fin la tumba de su abuela…
El momento de la muerte es extremadamente impor-
tante. Si estamos en paz con nosotros mismos, si somos
conscientes de que vamos a morir, nuestra transición se
efectúa con normalidad; si, por lo contrario, nos envene-
nan, como el caso de Lidia, no cerramos las conexiones
de la vida en la cual morimos; por lo tanto, en ocasiones
nuestra alma se reencarna con «puertas» abiertas en otras
vidas.

99
HISTORIA Nº 16

MANOLO Y S U O P O R T U N I DA D

M anolo es un chico que vino a mi consulta como acompa-


ñante de otra persona, ya que no creía en estas energías y
acompañaba a una amiga suya para, según él, desmontar este
mundo espiritual lleno de mentiras…
Se sentó, estuvo escuchando atentamente la sesión de su
amiga y, al finalizar, me pidió hora para venir él.
Me dijo que los mensajes que le había pasado a su amiga no
los conocía nadie; algunos eran muy personales como para que
yo ni siquiera pudiera intuirlos, así que, tal y como me dijo tex-
tualmente, me daría una oportunidad… le cité para el día si-
guiente.
Fue una sesión complicada, ya que Manolo no hacía más que
ponerme trabas para impedir mi trabajo. Hubo un momento
en que pensé: «¿Qué hace este chico sentado delante de mí?».
Al momento, mi
guía espiritual me dijo: «Está aquí porque lo necesita, tal vez
su mente no entienda, pero su alma sí, así que sigue».

101
El universo tiene un mensaje para ti

Seguí con la sesión hasta que el guía espiritual de Manolo le


dio un mensaje muy preciso que hizo que cambiara su postura
corporal y fuera todo oídos.
—Manolo —le dijeron—, debes cuidar tu salud, debes dejar
de fumar y cambiar tu alimentación. En una vida pasada tuviste
cáncer, cáncer de estómago; esta enfermedad se desarrolló es-
tando tú preso, te quedaban siete años para ser libre, pero de-
cidiste suicidarte para acabar con tanto sufrimiento…
»En esta vida, has vuelto a traer esta energía de enfermedad,
y cómo no, te quedan siete años de condena que decidiste cortar
en la otra vida. ¿Te suena de algo, Manolo?
Yo, a medida que iba transmitiendo el mensaje a Manolo,
pensaba… «Dios mío, ¿cómo puede el guía espiritual de esta
persona transmitirle estos mensajes tan profundos…? ¡No en-
tenderá nada!».
Me quedé mirando a Manolo, el cual estaba mirándome fija-
mente con expresión de sorpresa y cabreo al mismo tiempo.
Decidí no hablar, preferí que fuese él quien hablase primero,
para no interferir en sus pensamientos, y después de pedirme
un vaso de agua me dijo lo siguiente:
—Diana…, increíble. Tengo que analizar todo lo que me has
dicho, pero así, a priori, entiendo cosas…, mejor dicho, ¡en-
tiendo todo!
Manolo me explicó que desde pequeño tenía problemas es-
tomacales (como muchas personas), pero en estos momentos
de su vida, con cuarenta y dos años, no podía comer según qué
alimentos, ya que le producían unos terribles ardores. Lo que
más le preocupaba era que últimamente comiendo frutas tam-
bién se resentía de estos ardores tan molestos. Le comenté que
hiciera caso, que no fuera tonto, le dije a Manolo que cuando
los guías decían que cuidado con esto o con lo otro, era un aviso
de que todavía disponíamos de tiempo para rectificar… Le
conté el ejemplo de Carla…

102
HISTORIA Nº 17

CARLA Y SU COCHE

C arla pidió hora para ella y su madre. Vinieron al despacho,


enseguida me di cuenta de que Carla era especial, tenía esa
luz de fuerza interior muy desarrollada; entre unas informacio-
nes y otras le dije a Carla que la veía con un coche nuevo, un
coche negro…
Carla me contestó que esto era totalmente imposible, que
estaba en paro, sin trabajo, y no era viable la compra de un ve-
hículo.
Bien, Carla, yo veo este coche en tu vida…
A Rita, su madre, su guía espiritual le dijo que debía perdonar
a todas y cada unas de las energías negativas que se habían cru-
zado en su vida, sobre todo al padre de su hija (el perdón puede
ser energético, con sentimiento durante por lo menos veintiún
días; no hace falta que sea físico).
Por lo visto, estas energías estaban intercediendo negativa-
mente en el físico de Rita, pudiendo llegar a transmutar en una
enfermedad, tal y como le informaron sus guías: cáncer de ova-
rios. Así se lo comuniqué.

103
El universo tiene un mensaje para ti

Son informaciones no muy gratas, pero me veo en la obli-


gación de transmitir este tipo de mensajes también.
Rita y Carla marcharon y no supe más de ellas hasta unos
dos años y medio después. Carla me llamó para concretar una
consulta.
Me alegró volver a ver a Carla. Entre unas cosas y otras, me
comentó que el día que vino con su madre se fueron del des-
pacho sin creer en nada de lo que su guía espiritual le transmitió;
hablaron entre ellas, diciendo que yo no podía dar informacio-
nes como que Rita tendría un cáncer si no arreglaba sus emo-
ciones con las energías masculinas, y que vaya vidente era yo, al
decirle a Carla que la veía con un coche nuevo…
Cuando Carla terminó de explicarme todo esto, le pregunté
que cómo me había vuelto a pedir hora.
Carla me dijo que hacía unas semanas que había comprado
un coche negro, y que mientras firmaba las letras de la compra,
de repente se acordó de lo que le había dicho tiempo antes, pero
también me comentó que su madre estaba ingresada en el hos-
pital, a punto de operarse…, de un cáncer de ovarios…
Esto fue lo que le expliqué a Manolo, lo entendió y decidió
ir al médico con más tranquilidad (nuestro guía espiritual jamás
nos darán pautas o informaciones que no tengan arreglo).
¿Os acordáis del tema de la cárcel?
En la otra vida, a Manolo le quedaban siete años de condena,
que no se consumaron ya que se quitó la vida. En esta vida, Ma-
nolo tuvo problemas con la justicia lo bastante importantes
como para que le pidieran una condena de siete años de cárcel.
¡Qué casualidad! Justo los mismos años que le quedaban por
cumplir en la otra vida…

104
Diana Dahan Santos

Así es, nuestras vidas pasadas tienen mucho que ver con
nuestra vida actual. Todo lo que no cerramos en otra vida, lo
traemos a esta, con la contrariedad de que no nos acordamos,
así que la terapia regresiva funciona para sanar heridas de otras
vidas…
Tal y como dicen en China: «No existe la enfermedad, sino
los enfermos».
Para la cultura asiática, las enfermedades por sí no existen,
son energías negativas creadas en nuestro pensamiento, son
energías de conflicto (con nosotros mismos u otras personas)
no sanadas en nuestra mente… En definitiva, la energía nega-
tiva sale de nosotros, de nuestras emociones, y se posa en nues-
tra aura, hasta que después de darnos no pocos avisos, florece
en forma de enfermedad. Cuanto menos caso hagamos a las
señales, más fuerte será la enfermedad, más nos parará en todos
los sentidos para que recapacitemos y arreglemos facetas de
nuestra vida.

105
HISTORIA Nº 18

ROSA Y LUISA

H ace unos días me llamó una señora para pedirme hora en


la consulta.
Por teléfono me comentó que vendría con su hermana, ya
que querían saber quiénes les acompañaban y si podían ponerse
en contacto con sus seres fallecidos. Por supuesto, accedí a su
petición, no sin antes comentarle a Rosa que muy gustosamente
les haría de enlace entre los dos planos, siempre y cuando sus
seres queridos se presentaran (este es un tema que me gusta
dejar claro: si vienen, paso los mensajes, si no se presentara
nadie de otro plano, nunca les llamo, deben venir ellos libre-
mente; forzar una comunicación con el otro plano es, desde mi
punto de vista, peligroso).
Después de esta pequeña explicación telefónica, Rosa me
dijo que igualmente vendría con su hermana Teresa, que en el
caso de no presentarse ningún familiar estarían encantadas de
recibir los mensajes de su guía espiritual. De esta forma, con-
cretamos día y hora.
Llegado el día, llamaron a la puerta de mi consulta y allí es-
taba Rosa con su hermana Luisa. En un principio, debían venir

107
El universo tiene un mensaje para ti

con su otra hermana, con Teresa, pero por lo visto esta última
no pudo en el último momento, por lo que Luisa se presentó
en su lugar. Se sentaron y noté que Rosa, una señora de mediana
edad, estaba un poco nerviosa, estuvimos charlando un rato de
temas triviales, hasta que le dije:
—Rosa, aquí hay muchas personas esperando comunicación,
debes ayudarme a saber quién quiere hablar contigo o tu her-
mana Luisa.
Luisa estaba sentada junto a su hermana, de brazos cruzados,
un poco escéptica, situación que yo entiendo perfectamente, y
más en un primer momento, que no sabes hasta qué punto es
seria la persona que tienes sentada enfrente.
Así que empezamos la consulta…

—Rosa…, aquí hay varias personas, ayúdame un poco, por-


que no entiendo nada… De momento solamente se dejan ver,
pero no hablan. Hay dos personas mayores, que intuyo que son
tus padres, cogidos de la mano, pero detrás de ellos hay un
grupo de hombres, vestidos con ropas militares; vienen con tus
padres, pero no son familiares suyos…
»Rosa…, yo capto que tus padres lo pasaron realmente muy
mal en la guerra, les marcó de una manera muy fuerte, y aun
siendo difuntos, esa energía bélica les sigue persiguiendo…
Rosa asintió con la cabeza, diciendo que sí, que efectiva-
mente no me había equivocado.
—Pues bien, no te preocupes que después hablamos con
ellos, ya que aquí hay más personas que quieren comunicarse.
»Rosa, Luisa, vamos a ver… aquí hay un chico joven, un hijo
me dice, pero yo no acabo de ver la relación con vosotras…

108
Diana Dahan Santos

En eso, que ellas dos se quedan mirando atónitas y me dicen


casi al unísono:
—Sí, Diana…, es normal que veas a un hijo, pero no es nues-
tro, es de nuestra hermana Teresa, es su hijo, nosotras somos
sus tías, pero mi hermana no ha podido venir hoy…
—Detrás de este chico, hay un señor que me dice que es tu
marido, Rosa…
No hizo falta esperar respuesta, ya que Rosa se sumió en un
profundo llanto.
El marido de Rosa estaba encantado y feliz de poder comu-
nicarse por fin con su esposa, comunicarse, como decía él, de
una manera que ella pudiera escuchar con sus oídos, ya que el
pobre hombre, desde que falleció, hacía unos quince años, no
había dejado ni un solo instante de hablar y acariciar a su es-
posa…
El marido de Rosa me comentó, entre otras cosas, que eran
una pareja que se había amado muchísimo toda la vida y que
eso no había cambiado para nada, que él la seguía amando y es-
perando, que no se preocupara, que recordaran lo que habían
creado juntos y que dejara ya de pensar en cosas que la dañaban
a ella.
En ese instante, Rosa levantó la mirada, me miró con extra-
ñeza, diciéndome que no sabía a qué se refería su esposo con
este último comentario.
Miré a su esposo y me explicó que años atrás habían inten-
tado separarlos como pareja; por lo visto era un matrimonio
que creaba envidias, y Francisco (el marido difunto de Rosa) le
dijo textualmente:
—Rosa, ¿recuerdas cuando nos quisieron separar, cuando
tuvimos aquella crisis tan fuerte, que tú pensabas que yo te en-

109
El universo tiene un mensaje para ti

gañaba con otra? Pues no…, eso no pasó jamás. Solamente fue-
ron habladurías, así que, por favor, deja ya este tema. Solamente
he estado contigo y con nadie más.
De repente, Luisa se descruzó de brazos, abrió la boca estu-
pefacta y me dijo:
—¿Cómo puedes saber eso?
—Luisa, no es que yo lo sepa, es que me lo está diciendo tu
cuñado…
A partir de este momento, Luisa ya no se cruzó más de bra-
zos…

Rosa no cabía en sí de gozo por el solo hecho de saber que


su marido estaba allí a su lado.
El marido de Rosa le siguió pasando mensajes. En algunos,
Rosa reía y en otros se emocionaba, pero con felicidad; lo que
más gracias nos hizo a todas fue que Francisco, en un momento
dado, enseñó sus zapatos, limpios, limpios.
Yo, extrañada por esa imagen, se lo conté a Rosa; en ese mo-
mento, se pusieron a reír las dos ¡hasta que se les saltaron las
lágrimas!
Resulta que el marido de Rosa era un hombre extremada-
mente pulcro, y, en vida, si tenía alguna cita, intentaba ser siem-
pre muy puntual, pero… si no tenía los zapatos limpios no iba
a ninguna parte, antes los limpiaba y llegaba tarde a su cita…,
¡pero con zapatos limpios!
Y siendo difunto, todavía nos enseñaba los zapatos limpios,
fue un momento divertido y relajado para Rosa y su hermana.
Pero Rosa seguía triste por la muerte de su marido, se sentía
culpable.

110
Diana Dahan Santos

Francisco le dijo:
—Rosa, amor mío, tú sabes que yo tenía que haberme
muerto mucho antes de cuando morí, pero tú, Rosa, con tus
rezos diarios, para que no me muriera, conseguiste que pudiera
darte un tiempo más de mi vida, aunque fuera postrado en la
cama: tú lo pediste y yo te lo regalé. ¿A que no lo sabías? —le
dijo Francisco a Rosa en tono risueño.
—Pues si…
—Y te doy las gracias también por el día en que me cogiste
la mano y me diste permiso para marchar; así lo hice, marché
de mi cuerpo enfermo, pero sigo estando a tu lado…
Ciertamente, sobran comentarios, fue una sesión muy bo-
nita.

Lo que sí quería es hacer un pequeño inciso…


A las personas moribundas debemos dejarlas ir. Una persona
puede estar en coma, pero su alma se comunica con nosotros;
un enfermo de alzhéimer es exactamente igual, pueden perder
la cabeza, la memoria, no reconocernos, pero las almas se co-
munican.
Si lloramos, nos lamentamos constantemente en el lecho de
un ser querido, impedimos que esta alma se vaya, y es más do-
loroso para todos y para ellos…
Ya sé que es fácil decirlo fríamente, pero es así: ellos se afe-
rran a la vida terrenal, a nosotros y a nuestro dolor.
Bueno, después de este «pequeño» inciso, seguimos con la
consulta de Rosa y Luisa…
Rosa ya había recibido todos los mensajes de su difunto ma-
rido, pero Luisa, su hermana, estaba ansiosa por saber quién

111
El universo tiene un mensaje para ti

quería ponerse en contacto con ella. Y, efectivamente, había tres


energías que querían contactarla: una energía era masculina,
pero no de su familia, esa energía me mostraba un árbol pre-
cioso. Una mimosa… Cuando se lo comuniqué a Rosa, con una
sonrisa me dijo que sí, que era un amigo suyo llamado Juan, que
había fallecido años atrás, y que sentía especial predilección por
las mimosas.
La otra energía era de una amiga suya que había muerto de
un tumor cerebral.
Y la tercera, la más fuerte, era de su madre, la madre de
ambas en ese caso, pero necesitaba hablar con su hija Luisa, así
que iniciamos la comunicación.
La madre no conseguía descansar en paz, ya que se sentía
culpable de todo lo malo que había pasado en la vida de su hija,
se culpaba, explicándole que lo pasaron especialmente mal en
la guerra, que les había marcado muchísimo, que habían pasado
mucha hambre y que para poder dar de comer a sus hijos (Luisa
entre ellos) había tenido que pasar personas por la frontera de
los Pirineos hacia Francia, que le pagaban por ello, y que por
eso no había podido estar tan pendientes de sus hijas (allí en-
tendimos todas estas personas vestidas con uniforme que la
acompañaban; era una señal de agradecimiento).
Luisa, a partir de estas explicaciones y unas cuantas más, en-
tendió muchas cosas: su madre le expresó el amor tan grande
que sentía por ella, y que nunca le había demostrado en vida; lo
mejor es que Luisa lo percibió.
Nunca se puede culpar a nadie de los actos, ya que todos
somos consecuencia de nuestros hechos pasados.
Luisa lo entendió y lo sintió.

112
HISTORIA Nº 19

MANOLI Y SU PROMETIDO

T uve el privilegio de tener en consulta a Manoli, una gran


mujer, con mucho carácter, pero perdida emocionalmente.
Me dijo que su prometido, Luis, estaba en coma tras haber su-
frido un aparatoso accidente de coche. Estaba realmente mal,
muy mal, no le daban a Manoli ninguna seguridad de que, si
Luis despertase del coma, no tuviesen que inducirlo médica-
mente a un nuevo coma (el coma de este señor no era inducido
en el momento de la consulta).
Bien…, contacté con el alma del prometido de Manoli. ¡Fue
increíble! Manoli y Luis estuvieron «hablando». Él le dijo los
motivos por los cuales no quería volver, no quería darle más
trabajo a ella, ya que su rehabilitación podía durar de dos a tres
años, en los cuales necesitaría ayuda prácticamente para todo, y
que por eso su alma estaba en un momento de duda, no sabía
si quedarse (despertar) o irse (morir).
Manoli, al escucharlo, se enfadó con él, y con mucho senti-
miento le dijo a su prometido que de eso nada, ¡que cómo se le
podía ocurrir! Le amaba y quería casarse con él…

113
El universo tiene un mensaje para ti

Estuvieron hablando un rato más y se despidieron. Manoli


me llamó al día siguiente para comentarme que los médicos ha-
bían notado «mejoras» en el estado de Luis desde que estuvie-
ron comunicándose; algo bueno había pasado en Luis, en su
alma y su energía, pasando a su cuerpo físico.
Luis «despertó» pocos días después de la sesión con Manoli,
se casaron y tiempo después Manoli le comentó la sesión con-
migo y lo que estuvieron hablando, Luis le contestó que pen-
saba que había sido un sueño, no era consciente de nada, pero
le resonaba como un sueño…
Por favor, a las personas en coma, hay que hablarles,
darles un motivo para volver, ellos nos escuchan, su alma
escucha…
Un caso contrario a este fue el de Raquel. Llegó a mí a través
de Manoli (se conocían del hospital). Raquel tenía a su marido
en coma, un chico joven de treinta y tres años, estaba desespe-
rada, ya no sabía qué camino tomar, tenían dos niñas pequeñas
(Sheila y Alejandra) y Carlos (su marido) no respondía…
Raquel estaba ansiosa, me miraba buscando respuestas, re-
almente sus nervios la superaban, la invité a sentarse, y después
de un ratito de charlar sobre temas triviales, se tranquilizó, me
pidió ayuda desesperadamente, necesitaba respuestas, no enten-
día por qué Carlos no respondía a los tratamientos.
Mientras Raquel hablaba, detrás de ella había un chico joven
fuerte, alto, era Carlos, allí estaba en mi consulta, miraba a Ra-
quel con una energía de amor y cariño enorme, la cogió por los
hombros e iba diciendo que no con la cabeza.
Se lo expliqué a Raquel, le narré todo lo que estaba viendo,
hasta que Carlos se separó levemente de ella y habló, no fue
fácil, le costaba, le faltaba la fuerza, así que le dije:

114
Diana Dahan Santos

—Carlos, no te preocupes, tienes tiempo, te ayudaré a pasar


tus mensajes y que puedas comunicarte con Raquel. Cuando
quieras, Carlos…
Carlos permitió que viera su imagen real, estaba destrozado
físicamente, me entraban escalofríos solo de verlo (omitiré de-
talles); le pregunté a Raquel qué le había ocurrido a Carlos.
Carlos era comercial, el día del accidente, la rueda de su
coche pinchó, Carlos aparcó como pudo en el arcén, se puso el
chaleco reflectante, se apeó del coche para cambiar la rueda y
justo entonces pasó un camión y lo arrolló… Desde ese día
(hacía cuatro meses), Carlos estaba en coma. Ahora entendía
por qué lo veía tan destrozado.
Le pregunté si quería transmitir algún mensaje a su mujer e
hijas, y su respuesta fue un sí rotundo…
Raquel abrió los ojos como platos, deseando poder comuni-
carse con su marido en coma.
Carlos inició la conversación, calmó a Raquel, le fue deta-
llando vivencias de ellos como pareja, recordando momentos
felices, sobre todo los nacimientos de sus hijas. Carlos no pa-
raba de repetir que Raquel y sus hijas le habían salvado la vida,
una vida oscura en la cual él conoció la verdadera y bella vida
al conocer a Raquel, que culminó con el nacimiento de sus hijas.
Carlos hablaba, sonreía, lloraba de felicidad (al igual que Ra-
quel), cuando de repente el diálogo cambió de matiz. Carlos se
puso serio, su semblante pasó de la alegría al dolor, se lo comu-
niqué a Raquel, y ella bajó la cabeza y le pidió a su marido sin-
ceridad. Carlos se estaba despidiendo, Raquel lo sabía, pero aun
así quiso escucharlo… Carlos le dijo que había intentado «vol-
ver» hacía unas cinco semanas (Raquel asintió con la cabeza),
lo había intentado por ella y por sus hijas, pero justo antes de

115
El universo tiene un mensaje para ti

volver a su cuerpo entubado, lo pararon (familiares de él) y le


dijeron que tenía permiso y que podía volver a fusionarse en su
cuerpo físico, pero que debía saber y aceptar que su vida nunca
volvería a ser la misma de antes del accidente. Carlos podía «des-
pertar», pero para Carlos, el precio era demasiado alto, para él
y para sus hijas. Pasaría de ser una persona activa y deportista a
estar atado a una silla de ruedas (sus piernas ya no respondían),
ciego de un ojo, con visión reducida del otro, y lo más grave
para Carlos: debido a todo lo ocurrido, padecería ataques epi-
lépticos…
Con este panorama, Carlos decidió que no quería volver, no
lo consideraba un acto egoísta, sino de liberación hacia su mujer
y sus hijas…
Raquel lo entendió, lo comprendió y le «dio permiso» para
marchar. Terminaron llorando los dos, hablaron durante un rato
más, y antes de terminar la sesión, Raquel le pidió el último
favor a Carlos…
—Carlos, no te marches antes de que las niñas puedan des-
pedirse de ti, solo te pido esto, hazlo por ellas.
Carlos asintió con la cabeza, sonrió y se fue a vigilar su
cuerpo físico…
Raquel tenía una extraña sensación de paz, dolor y felicidad;
charlamos un poco más sobre la sesión y Raquel se fue de la
consulta con una gran sonrisa en su rostro…
Al cabo de una semana, Raquel me llamó, me explicó que
tres días después de la consulta habló con sus hijas para expli-
carles que irían a ver a papá al hospital para despedirse de él
por si acaso… En ese momento, Sheila, su hija pequeña, tapó
con su manita la boca de su madre y riendo le dijo:
—Mamá…, papá vino a noche a verme, me dijo muchas co-
sitas bonitas, también me dijo que hoy iríamos a darle un besito

116
Diana Dahan Santos

muy grande las tres, que ya no lo veríamos más por casa, pero
volvería a verlo por las noches…
Raquel siguió diciéndome que fueron al hospital, las dejaron
estar a las tres juntas en la habitación, se cogieron de las manos
y unieron las manos de Carlos en este último acto de amor hacia
él, estuvieron hablando una a una con él, recordando momentos
felices, cantaron, le besaron y Carlos se fue al cabo de un par
de minutos…
¡Sin palabras de nuevo!

117
HISTORIA Nº 20

LINA Y SU PERRO

L ina, una señora de ochenta y seis años, viuda de un ser es-


tupendo llamado Roberto…
Roberto partió un día sin más, se encontró mal, un poco de
mareo y, puff, falleció…
Fue duro para toda la familia, ya que era una gran persona,
de ese tipo de personas que nunca quisieras que se marcharan
de tu lado, pero llegó su momento y no sufrió. En cambio, Lina,
su esposa, era una persona dura, la cara opuesta de su marido.
Lina fue menguando su salud poco a poco hasta que cuando
faltaba un mes y medio para partir, cayó en picado, ya no era
ella, ya no conocía a nadie. Le costó mucho dejar su cuerpo, se
aferraba a la vida, con la misma fuerza que le había acompañado
toda su vida, hasta que un día, estando yo en la casa con el resto
de la familia, le dije a su hijo…
—Tu madre no pasará de hoy.
Marta, hija de Lina, al oírme, me dio la razón, alegando que
era el peor día que la veía físicamente, ojos hundidos, piel gris,
frialdad térmica… La verdad es que todo indicaba que sería su

119
El universo tiene un mensaje para ti

último día en la tierra, así que les aconsejé que se despidieran


de ella, no importaba que no pudiera oírles, el alma si escucha,
y necesita este bagaje emocional para transitar hacia el otro
plano con mas ligereza
Yo estaba en la habitación cuando su hijo (amigo íntimo
nuestro) se despedía de ella, y le dije:
—Pablo… Hoy no va a ser el día.
—¿Por qué? —me preguntó Pablo…
—No se quiere ir, se aferra a la vida terrenal, tiene miedo, y
no estamos solos en la habitación, está tu padre cogiéndole la
mano, diciéndole que se vaya ya con él.
También hay una monja muy bajita (luego supe que era co-
nocida de ella) y tres personas más (que luego resultaron ser
amigos ya difuntos de Lina), pero lo que más me extrañó fue la
visión de un perro, un perrito de color negro, que andaba por
la habitación…
Extrañada, se lo comenté a Pablo y a Marta, y entre risas me
dijeron que era Sultán, el perro de su madre de hacía más de
cuarenta años… ¡Hasta el perrito estaba allí!
Nunca nos podemos imaginar quién vendrá a buscarnos en
nuestro lecho… En fin, al ver que Lina seguía en cama, deci-
dieron entre todos que lo mejor para ella sería que estuviese en
una residencia, con cuidados, veinticuatro horas al día. Encon-
traron una muy bonita, totalmente nueva, con buen ambiente
y un estupendo equipo.
Trasladaron a Lina a su nuevo hogar, y… cosas de la vida…
, o la muerte…, Lina solamente duró dos días y una noche. El
motivo, muy simple: la familia estuvo con ella el primer día del
ingreso, pero por la noche estuvo en su cama, sola, acompañada

120
Diana Dahan Santos

por un equipo médico que la supervisaba, pero no había nadie


que la despertara con mucho amor para que comiera, para que
bebiera o simplemente para saber cómo estaba. En esa habita-
ción, nadie la retenía emocionalmente, y su alma pudo al fin
hacer el viaje hacia otro plano.
Muchas veces, sin darnos cuenta, retenemos a nuestros seres
queridos en este plano. A la persona moribunda, debemos fa-
cilitarle la transición. Esta familia estaba totalmente volcada en
Lina, día y noche, atendiendo sus necesidades antes que Lina
pidiera. Qué «casualidad» que la única noche en la cual no había
ningún familiar para atender a Lina, su alma pudo finalmente
abandonar su cuerpo físico y descansar.
Esto me recuerda el caso de Sandra.
Sandra vino a mi consulta para hablar con sus seres queridos.
Era rubia y menudita, pero era todo nervio. Cuando conseguí
que se calmara, le dije que había dos energías que la acompaña-
ban. Una de las energías había muerto suicidándose, Sandra me
dijo que sí…, que era su tía…
—La segunda energía que te acompaña, Sandra, es más
fuerte, murió de un tumor cerebral.
Allí Sandra se quedó blanca, no respiraba (la verdad es que
me asusté). Le serví un vaso de agua y le pregunté si quería se-
guir…
—Por favor, Diana…, sigue…, es mi marido. —Y se echó a
llorar desconsoladamente…
Estaba realmente afectada y emocionada, me contó que su
marido hacía cuatro años que había muerto de un tumor cere-
bral, se lo llevó en diez meses, y Sandra, aun teniendo un hijo
al que cuidar, no levantaba cabeza, estaba sumida en una pro-
funda depresión.

121
El universo tiene un mensaje para ti

Sandra necesitaba sentir a su marido, saber que era él quien


le transmitía mensajes, calmar su dolor…, ¡necesitaba creer!
El marido de Sandra me miró, sonrió y empezó a hablar, le
recordó a Sandra cómo se conocieron, cuánto se amaban, y me
mostró una bonita imagen de ellos dos, en una playa de noche
mirando las estrellas y hablando; se lo expliqué a Sandra (pen-
sando que tal vez eran unas vacaciones) cuando volvió a llorar
de nuevo, esta vez era distinto… Lloraba y reía al mismo
tiempo, me pidió más agua y le pregunté a Sandra si es que su
marido me estaba relatando unas bellas vacaciones juntos…,
pero no…, resulta que ellos dos regentaban un chiringuito de
playa y cuando terminaban su jornada laboral (solía ser muy
tarde), preparaban una mesa en la terraza, cenaban y miraban
las estrellas, hablando y hablando…
Sandra no se lo podía creer… Su rostro se iluminaba a cada
momento…
Le dijo a Sandra que las cortinas rojas de la habitación ya es-
taban pasadas…, que eran viejas y que las cambiara…
Sandra no salía de su asombro…
En un momento de la conversación entre ellos dos, le dije a
Sandra que su marido estaba de pie, feliz, y sostenía algo verde
entre sus manos con mucha ilusión, pero no sabía lo que era,
aunque decía que ella sí lo sabría…
Después de pensar durante un par de minutos, Sandra saltó
de la silla, riendo a carcajadas…
—¡Es un jersey verde! El primer regalo que le hice… Sandra
no paraba de emocionarse, esta vez de alegría…
Después de lágrimas de felicidad, Sandra se puso seria.
—Diana —me dijo—, quiero hacerle una pregunta.

122
Diana Dahan Santos

—Dime, Sandra.
—Por favor, Diana, pregúntale por qué me hizo lo que me
hizo… El día de su muerte estuve con él en el hospital todo el
día… El único momento en que bajé a fumar un cigarrillo, se
fue… se murió…
Le expliqué lo que ya he narrado antes: el alma de este ser
tenía que marchar, pero no podía, Sandra no le dejaba, y el
único momento en que ella salió de la habitación, él aprovechó
para desencarnar y descansar…

123
HISTORIA Nº 21

M A R TA Y EL DINERO

M arta, una chica joven de unos treinta y tres años, me llamo


un día muy preocupada.
—Diana, por favor, necesito verte en consulta, me pasan
cosas muy extrañas…
Le pedí que no me diera más información (me gusta que mis
consultantes lleguen «vírgenes» a mi consulta, sin tener yo in-
formaciones previas) y le di hora.
Cuando Marta entró en mi despacho, me encontré con una
mujer fuerte, decidida y desconfiada, me comentó que había
consultado a muchas videntes para saber lo que le pasaba a ella
y a su familia, y que venía recomendada por una amiga suya,
pero un poco escéptica y a la defensiva.
Le di dos besos y la invité a acomodarse en la silla. Marta me
enseñó fotografías de sus hijos, marido y demás familiares,
cuando en un instante, vi una figura negra muy grande detrás
de ella. Al momento supe lo que le pasaba…
—Marta, creo que tengo la contestación a todos vuestros
males. Detrás de ti, te acompaña un demonio. Tú misma le

125
El universo tiene un mensaje para ti

abriste la puerta haciendo una sesión de espiritismo hace ya


unos cuantos años, pero como para ellos el tiempo no existe,
aquí lo tienes, acompañándote a ti y, no sé bien por qué motivo,
a uno de tus dos hijos.
Marta, todavía con las fotos en una mano, se me quedó mi-
rando, extrañada y colapsada.
—¡Perdona, Diana, ¿qué estás diciendo? ¿Qué tonterías son
estas?!
—Bueno, Marta, soy un poco brusca hablando, lo sé, pero
eso no quita que lo que esté diciendo es real, y te diré más: el
día que hiciste esa sesión había en la habitación mucho color
azul, no sé lo que es, pero predominaba el color azul.
Marta dejó las fotografías encima de la mesa, me miró muy
seriamente y dijo:
—Diana…, ¡me estás asustando! Efectivamente, hice una se-
sión de espiritismo, pero de eso hace dieciséis años.
Le expliqué lo que ya sabéis de sobra…
—Marta, el tiempo no existe en estos niveles, no importa
que haga dieciséis días o dieciséis años, esa energía está con-
tigo…
Marta se iba rascando la frente, cambiando las expresiones
de su rostro, sin mirarme, apretando los labios, con lo cual me
preocupé por su estado emocional (a menudo ocurre que una
energía oscura al verse descubierta interfiere en la energía física
del consultante, llegando a provocar mareos y algunas veces
mucho frío y temblores).
—Marta —pregunté—, ¿te encuentras bien? ¿Tienes fuerzas
para seguir?
—Sí, Diana…, estoy bien, no te preocupes. Simplemente es-
taba intentando recordar hechos de ese día concreto y, efecti-

126
Diana Dahan Santos

vamente, había color azul, tanto como que hicimos la sesión en


el suelo de una casa vieja, ¡y el suelo era de baldosas azules!
¡Dios, ¿cómo lo puedes saber?!
—No importa… Lo importante es sacarte a ti y a tu familia
este enlace negativo que tenéis con esta energía… Os está afec-
tando a todos los niveles, tanto a ti como al resto de tu familia.
Estuve con Marta ese día mucho tiempo, diciéndole en qué
afectaba esta entidad en su vida y la de su familia; ella, a medida
que yo le daba la información, no daba crédito a lo que oía,
pero al mismo tiempo afirmaba constantemente con la cabeza.
Cuando terminó la consulta, Marta me miró fijamente a los
ojos, diciéndome:
—Al fin encuentro un sentido a todo el caos en el que vivo,
necesito digerir toda la información que me has dado y hablar
con mi marido; nos volveremos a ver, Diana, necesito que me
quites ese lastre que llevo encima.
Nos despedimos no sin antes charlar un buen rato.
Al cabo de pocos días, Marta me llamó:
—Hola, Diana, estamos asustados con todo lo que me di-
jiste, pero he hablado con mi marido y queremos hacer la lim-
pieza; confiamos en ti.
—Bien, Marta, ningún problema, empezamos mañana
mismo.
Al día siguiente empecé con la limpieza energética de ella y
toda su familia, y por supuesto su casa, ya que en el apartamento
había sucesos extraños, además de un frío helador en la habita-
ción de su hijo.
Como siempre, no fue fácil, pero tuvo sus resultados en
todos los aspectos. Tras unas semanas de empezar con la lim-
pieza, las cosas empezaron a cambiar, ¡y de qué manera!

127
El universo tiene un mensaje para ti

Resulta que Marta y su marido tenían serios problemas eco-


nómicos, hacía más de seis meses que no pagaban la cuota de
la hipoteca, y estaban a punto de embargarles el piso. Los padres
de su marido eran personas con una situación financiera des-
ahogada, pero jamás les habían ayudado en nada, ellos no sabían
por qué y eso afectaba seriamente a la relación de Daniel con
sus padres.
Marta llevaba meses buscando trabajo, pero por un motivo
u otro no encontraba nada, no lo entendía, una chica joven, de
buen ver, culta y con muchas ganas de trabajar…, pero no había
manera, parecía que una mano negra le arrebataba los trabajos
en el último momento. Daniel, una persona sobradamente pre-
parada en todos los aspectos, tanto culturalmente como física-
mente, cuando lo conocí, se estaba preparando para unas
oposiciones, pero mientras trabajaba de camarero en un restau-
rante, donde abusaban de él.
Daniel empezaba su jornada laboral temprano, sin saber
nunca a qué hora terminaría la misma. Jamás tenía un horario
fijo, cosa habitual en hostelería, pero en el caso de Daniel, ade-
más de dejarse la piel en el restaurante, recibía un trato humi-
llante por parte de su jefe, por no hablar de un sueldo irrisorio
para un padre de familia, haciendo horas extras que nunca co-
braba.
Con este panorama, empezamos la limpieza.
A Daniel le importaba mucho la tranquilidad y seguridad de
su familia, deseaba fervientemente cambiar de oficio, pero su
mujer Marta no encontraba nada. Él no lo entendía… ¡Llevaba
nueve años buscando trabajo!
Les expliqué que tuviesen paciencia, que todo se arreglaría.
En cuanto yo consiguiera deshacer esa energía negra que les
acompañaba, las cosas cambiarían.

128
Diana Dahan Santos

Ellos confiaron en mí, y yo confié en ellos, sabíamos que


poco a poco todo volvería a su sitio, como efectivamente ocu-
rrió…
Al cabo de unos pocos meses de empezar la limpieza, Marta
me llamó emocionada; al fin había encontrado trabajo, ¡la ha-
bían llamado! No había ni hecho falta que saliera a buscarlo, la
llamó su antiguo jefe, para volver a contratarla. ¡No cabía en sí
de gozo!
En su vida familiar todo se estabilizó, como por arte de
magia. En Navidad recibieron dos sobres con dinero, uno por
parte de la abuela de Marta y el otro… de los padres de Daniel.
Era la primera vez en años que les regalaban algo, y ellos sin
pedirlo. Recibieron una cantidad importante de dinero que ne-
cesitaban urgentemente, fue un regalo caído del cielo…
Pero el matrimonio seguía con los problemas por la falta de
pago de la hipoteca, cada vez subían más las cuotas debido a
los intereses, y ellos veían que el banco terminaría embargán-
doles el piso. Intentaron renegociar la hipoteca, pero antes de-
bían poner al día todos los impagos.
Era una cantidad importante, que ellos no tenían, así que
desistieron y empezaron a buscar otro sitio para vivir, con la
preocupación de que, aunque el banco se quedase con su piso,
ellos deberían seguir pagando la deuda. Así que les pasé una
oración para que por lo menos pudieran pagar esa deuda y re-
negociar la hipoteca… ¡Increíble! Marta me llamó al cabo de
unas semanas.
—¡Diana! —Estaba exultante—. ¡No te lo vas a creer: mi
suegro —al que nunca le importaron sus problemas— y mi her-
mana —con la cual apenas tenía relación— nos dejan la canti-
dad exacta de dinero para poder pagar la deuda y renegociar la
hipoteca! ¡Increíble, ¿no?!

129
El universo tiene un mensaje para ti

—No, Marta, no es increíble, teníais esa energía oscura que


os obstaculizaba en todos los sentidos. Ahora, esta entidad os-
cura ya no está en vuestras vidas, y ahora todo se está colocando
en su sitio, no te preocupes, que seguramente habrá más sor-
presas…
Y así fue, no hace mucho recibí una llamada de ella, feliz y
agradecida.
—Diana, esto funciona, no te lo vas a creer… Han llamado
a Daniel de una empresa en la que trabajó hace muchos años…
Lo han llamado ellos a él, ¡con la crisis que hay! ¿No te parece
increíble?
—No, Marta, no me parece increíble, cuando consigues li-
brarte de la oscuridad, entonces la luz brilla con más
fuerza si cabe…

130
HISTORIA Nº 22

ALFREDO Y E L C H E Q U E O E S P I R I T UA L

A
etc.
Alfredo lo conocí hace unos años, vino a mi consulta para
hacer unas preguntas sobre su negocio, familia, proyectos,

A partir de nuestra primera cita, Alfredo decidió venir cada


año para hacer, como decía él, un chequeo espiritual…
Es una gran persona, con una energía tremenda dentro de
su alma, pero que no entiende ni conoce. Esa energía le saldrá
algún día, de hecho, ya está saliendo, pero Alfredo tapona sus
canales energéticos debido a su mente, es muy mental, y esto a
mí me hace mucha gracia, ya que sé perfectamente que tomará
sí o sí de alguna manera su camino espiritual…
Alfredo acudió como cada año a mi consulta.
Estaba sentado delante de mí, nervioso por su empresa y
economía, y, empezando a preguntar por esos temas, cuando
de repente le dije:
—Alfredo…, ¿qué ha pasado…? Deja de preguntarme ahora
por tu empresa, lo miraremos más tarde…, pero dime, ¿dónde
estuviste hace unos cuatro meses?

131
El universo tiene un mensaje para ti

Él, lógicamente, se me quedó mirando, con los ojos fuera de


las órbitas, diciéndome:
—Diana, no me líes…, vengo con preguntas concretas y
tengo prisa…
Al verme mirando detrás de él, se serenó y me dijo:
—Vale, Diana, tú ganas, ¿qué está pasando? ¿Qué estás
viendo?
Volví a mirarlo a los ojos.
—Alfredo, tienes contigo un espíritu detrás… Lo llevas con-
tigo desde hace unos cuatro meses, y no es bueno para tu
vida… Me está diciendo que en el avión de vuelta hubo un dis-
turbio. También me comunica que fue tu padre en otra vida, y
que hicisteis un pacto en el astral para volver a encontraros en
esta vida a nivel energético… Me dice que fue un hombre ava-
ricioso, sin emociones ni dignidad, pero en un momento de su
vida, decidió dar un cambio radical e ingresó en un monasterio,
optando por una vida austera y religiosa, hasta el día de su
muerte.
Alfredo no sabía si reír o irse directamente, pero estaba an-
sioso por saber más.
—Diana —comentó Alfredo—, hace cuatro meses estuve
de vacaciones en Israel, estuvimos haciendo un tour con mi es-
posa, y en Jerusalén sentí unas emociones muy profundas y ex-
trañas, pero no le di más importancia. Efectivamente, como
bien dices, en el avión de vuelta, hubo un altercado con tres chi-
cos que se pelearon, así que soy todo oídos; por favor, sigue…
—Alfredo, este ser está demasiado apegado a ti, a tu ener-
gía… y eso no es lo correcto. Me dice que desde que volviste
del viaje, te duele la pierna derecha, tienes ardores estomacales,

132
Diana Dahan Santos

la empresa no va bien y para colmo estás a punto de separarte


de tu esposa…
Alfredo asintió con la cabeza, pero seguía sin entender
mucho…
—Diana, ¿qué es todo esto? No entiendo qué hace este per-
sonaje en mi vida, y qué tiene que ver con mi salud, mi empresa
y mi esposa.
Miré al espíritu, esperando respuestas, y las tuve.
Explicó que debido al pacto que habían hecho en el astral,
se habían vuelto a encontrar para estar juntos a nivel energético,
claro, para este ser era lo normal, pero para Alfredo o cualquier
otro mortal no es en absoluto lo habitual. Debido a que la ener-
gía de este ser era de austeridad, se la pasó a Alfredo…
De esta forma, entendimos por qué desde hacía unos cuatro
meses, todo pegó un bajón importante para él, la empresa pasó
de tener ingresos a pérdidas, de ser feliz en su matrimonio a
pensar seriamente en separarse de su esposa, y de tener una
salud equilibrada a tener achaques. Alfredo lo entendió todo de
golpe.
Procedí, a petición suya, a limpiar esa energía que tanto le
afectaba en todos los sentidos, y al cabo de unos días, Alfredo
me llamó contentísimo, diciéndome que parecía increíble. Vol-
vía a estar en comunicación con su esposa, la empresa dio un
giro importante a nivel de pedidos, que le permitieron sanear
su economía, y ya no tenía ardores estomacales…

Sí, amigos, hasta yo aprendo cada día más, cuando me co-


munico con seres energéticos…
Otra vez los pactos…

133
HISTORIA Nº 23

ANDREA Y S U PA D R E

H ace aproximadamente unos tres años, apareció una señora


por mi consulta. Andrea venía acompañada de su her-
mana Maribel; ambas querían hablar con el padre difunto; por
supuesto, el padre se presentó y resultó ser encantador; estuvo
pasando mensajes a sus hijas, recordándoles viejos tiempos, en
los cuales estaban todos juntos y añorando tiempos pasados,
entre emociones y algunas que otras risas (ya que este ser man-
tenía intacto su sentido del humor).
De repente «se puso serio», tenía un mensaje concreto para
una de sus hijas, para Andrea. Le dijo textualmente que fuera
con mucho cuidado en su matrimonio, que cuidara más su vida
conyugal… Andrea me dijo que estaba completamente equivo-
cada, que ella y su marido eran un matrimonio unido y fortale-
cido; cada domingo iban a la iglesia y absolutamente nada ni
nadie podría con el matrimonio, que ya habían vencido muchos
obstáculos y eran absolutamente felices…
Terminada la sesión, Andrea se marchó del despacho mirán-
dome con cierta extrañeza y pensando Dios sabe qué… A pesar
de ello, sentía gran curiosidad porque había reconocido las ca-

135
El universo tiene un mensaje para ti

racterísticas de su difunto padre a través de los diversos men-


sajes que ella y su hermana habían recibido en la sesión.
Al cabo de unos meses, volvió a pedir otra visita con su hija
Natalia; la joven quería comunicarse con su abuelo… Natalia
reconoció en cada uno de los mensajes recibidos la energía de
su querido abuelo, no dejó de sollozar en toda la sesión y se sin-
tió muy aliviada al reconocer que había algo más después de la
muerte y que su abuelo seguía estando a su lado.
Tras finalizar la conversación entre Natalia y su abuelo, este
último, mirando fijamente a su hija Andrea, le volvió a repetir
que cuidase de su matrimonio, porque se avecinaban problemas.
Andrea volvió a mirarme con incredulidad, me dio dos besos y
se marchó acompañada por su hija.
Pasaron unos meses más hasta que Andrea me llamó de
nuevo para pedirme hora de consulta. Volvía acompañada de
Natalia, estaba muy exaltada preguntando, por favor, si su padre
la podía ayudar para decirle qué es lo que estaba pasando en su
matrimonio, que su marido estaba realmente extraño y ella no
entendía nada… Mientras Andrea hablaba conmigo, su difunto
padre apareció a su lado y le dijo textualmente: «Cuidado, hija,
tu marido está enganchado a páginas pornográficas en el orde-
nador…». Recuerdo perfectamente que mientras transmitía
estas palabras, ellas no podían dar crédito a lo que estaban es-
cuchando. Yo pensaba de nuevo que Andrea no iba a dar nin-
gún tipo de credibilidad al mensaje, pero esta vez tanto su hija
como ella estaban más receptivas a los avisos que transmitía su
padre.
Andrea me llamó al cabo de una semana para decirme que
entre su hija y ella habían conseguido entrar en el ordenador de
su marido y que efectivamente, tal y como había comunicado
la energía del padre de Andrea hasta la saciedad, el padre de la

136
Diana Dahan Santos

joven y marido de Andrea estaba totalmente enganchado a pá-


ginas de contenido pornográfico de Internet, estuvieron revi-
sando las cuentas bancarias y se dieron cuenta de las cantidades
de dinero usadas en este tipo de páginas…
Fue terrible cuando el marido de Andrea fue descubierto…
Hoy en día, gracias a los mensajes recibidos por el padre de An-
drea, este señor buscó ayuda para curar esta adicción; no fue
un camino fácil para ellos.
Consiguió tras un arduo tratamiento librarse de esta adic-
ción.
Actualmente, vuelven a ser una pareja feliz y unida.

137
EPÍLOGO

Diana os podría continuar relatando historias fascinantes que


rodean su trabajo diario, contribuyendo con ello a dar a conocer
y profundizar sobre la propia evolución cuando el traspaso de
las almas inicia nuevos caminos.
A ella le resulta difícil terminar este recuento de historias por
una razón muy fácil de entender: sus vivencias son permanen-
tes, porque se trasladan de un plano a otro con la misma facili-
dad del que nos cuenta la película de cine que vio ayer.
Quien vive en la inmanencia, no tiene noción del principio
y fin de las cosas.
El propio contenido de su quehacer diario genera mucho es-
cepticismo, hay que reconocerlo. Yo no voy a entrar en un de-
bate sobre el tema, solo reto al lector a que lo pruebe y luego
opine por sí mismo.
Por muy alto que sea vuestro grado de escepticismo, no va a
poder resistir a la autenticidad de Diana y, si contactáis con ella,
os daréis la oportunidad de comunicaros con vuestros seres
traspasados.

139
El universo tiene un mensaje para ti

Mientras uno lee cada uno de los relatos que componen este
libro y llega a su lectura final, la curiosidad le embarga por todas
las historias que se han quedado en el tintero.
Pidamos a Diana, tras la lectura de este libro y ayudando a
su difusión, que empiece a escribir el próximo para deleitarnos
con sus contenidos y poder tener lectura para «las mil y una no-
ches».
Los que quieran contactar con ella, pueden dirigirse a:
dahandiana@hotmail.com
Lis

140
Este libro se terminó de imprimir
en Almería durante el mes de marzo de 2015