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BREVE HISTORIA DE LOS BLOQUEOS DE LA CARRETERA

PANAMERICANA EN EL CAUCA (COLOMBIA)


Popayán, 5 de abril de 2019
Con ocasión de la polémica y ataques violentos que sufre La Minga por el bloqueo de la
carretera panamericana presento este brevísimo recuento que está más ampliamente relatado
en mi libro “El Cauca en su momento de cambio – Sociedad abigarrada, pueblos rebeldes,
futuros posibles”.
Es indudable que el “bloqueo” o “tranca” de esa importante carretera tiene grandes efectos
tanto para los protagonistas de esa lucha como para el Estado, los grandes empresarios
capitalistas, los transportistas y viajeros, los cientos de miles de personas que en la región
suroccidental se ven afectados en su economía, trabajo y vida cotidiana, y por ello es
interesante recordar la historia de esa forma de lucha.
La carretera pan-americana fue construida como un plan estadounidense para conectar a todo
el continente americano. No fue un plan autónomo de Colombia. Fue concebida en la V
Conferencia Internacional de los Estados Americanos en 1923, celebrándose el Primer
Congreso Panamericano de Carreteras en Buenos Aires en 1925, al que siguieron los de 1929
y 1939 (Wikipedia).
Es preciso aclarar que el bloqueo de la carretera panamericana en Colombia no es un invento
indígena, como muchos creen. En la década de los años 80s del siglo XX ya se utilizaban los
“tranques” en Argentina y Bolivia, pero en el caso del Cauca son los campesinos mestizos y
negros movilizados en 1984 afectados por la construcción de la represa y el embalse de La
Salvajina (Morales-Suárez), los que descubren ese método de protesta, que perfeccionan más
en 1986, durante la Gran Marcha de La Salvajina, de Santander de Quilichao a Popayán.
Lo interesante es que como todo lo bueno, ocurrió casi sin querer, sin un propósito previo.
Sucede que en cada sitio donde las comunidades paraban a comer y a descansar, la
acumulación de personas y de vehículos generaba el trancón, y de inmediato surgía el
conflicto con la policía (todavía no había ESMAD). Así, los campesinos caucanos fueron
descubriendo esa herramienta y forma de lucha, la eficacia de bloquear la vía y la enorme
presión para el gobierno que ello significaba.
Los obreros de fábricas no necesitan trancar vías. Con solo “bajar los brazos” y no trabajar,
paralizan la producción y logran presionar a empleadores y gobiernos para obligarlos a
negociar y reconocer sus derechos. Los campesinos no pueden hacer eso, se morirían de
hambre en sus fincas y parcelas sin llamar la atención de nadie. Los trabajadores de la salud
y la educación a veces han utilizado los bloqueos de carretera porque a los gobiernos no les
importan los servicios y se requiere forzar situaciones para hacer visible el conflicto.
Los campesinos del Macizo Colombiano fueron los que de inmediato aprendieron esa
lección. Activistas que estuvieron en la lucha de La Salvajina llevaron a sus luchas esa nueva
experiencia. Entre 1987 y 1988 realizan varios bloqueos entre La Vega y Almaguer, y entre
Bolívar y El Bordo. Después realizan el Gran Paro de Rosas en agosto de 1991, que fue una
enorme y bien organizada movilización que por primera vez bloqueaba la carretera
panamericana a lo largo de dos semanas. Allí surgió el Comité de Integración del Macizo
Colombiano CIMA.
En julio de 1992, el pueblo Misak (guambianos) realiza una alianza con los campesinos de
El Tambo (Cauca) y realizan un primer bloqueo que repiten en 1995. Es la primera vez que
los indígenas caucanos utilizan el bloqueo de la carretera panamericana para obligar al
gobierno a entregarles tierras para ampliar sus resguardos y sumar otras reivindicaciones de
tipo político, social, económico y cultural.
Los pueblos indígenas no utilizaban esa forma de lucha. Ellos recuperaban en forma directa
las tierras. Para ellos era “recuperar” mientras que para los terratenientes y gobiernos era
“invadir”. Irrumpían en forma masiva y organizada con mujeres y niños en las haciendas de
grandes latifundistas, procedían a “picar” y “sembrar matas” en esos predios, y de esa forma
presionaban al propietario y al Instituto Colombiano de la Reforma Agraria INCORA para
que esas tierras fueras ofertadas, compradas y entregadas a las comunidades indígenas, a
veces como ampliación de sus resguardos, y en otras ocasiones como tierra de “empresas
comunitarias”.
En 1992 los pueblos originarios del Cauca inician el bloqueo de carreteras en forma
sistemática. Lo hacen porque desde 1986 no habían podido recuperar más tierras de la forma
tradicional debido a que los terratenientes vendieron una parte de sus tierras a
narcotraficantes y, así, conformaron una especie de “cordón” de protección violenta frente a
lo que llamaban “invasión nativa”. En 1991, en la hacienda de El Nilo, en Caloto, los
indígenas nasas sufrieron la Masacre de El Nilo que fue un ataque perpetrado en el municipio
de Caloto, el 16 de diciembre de 1991, por miembros de la Policía Nacional y civiles armados
o paramilitares. Fueron asesinados 21 comuneros indígenas.
De allí en adelante la carretera panamericana ha sido bloqueada en decenas de ocasiones. El
primer gran bloqueo que organiza el Consejo Regional Indígena del Cauca CRIC fue para
conmemorar los 500 años de la invasión europea (o “Descubrimiento de América”), en
octubre de 1992. De allí en adelante, el mes de octubre se convierte en un mes emblemático
para las protestas y movilizaciones indígenas y populares del Cauca.
Otro bloqueo histórico se realizó en 1999, donde participaron casi todas las organizaciones
campesinas mestizas, afros e indígenas del departamento del Cauca, con más de 35.000
manifestantes fuertemente organizados. Se trancó la carretera en el sur de Popayán, en
Galíndez (Patía) y en el norte, en El Cairo (Cajibío). Esa magnífica jornada de lucha popular
fue la antesala de la elección del dirigente Misak, Floro Alberto Tunubalá, como Gobernador
del Departamento, con la conformación del Bloque Social Alternativo.
En 2008, los pueblos indígenas y otros sectores campesinos bloquearon la carretera en La
María (Piendamó) en el mes de octubre, y actuaron aliados con los corteros de caña de los
ingenios azucareros del Norte del Cauca y sur del Valle, que estaban en paro desde el 15 de
septiembre. El ejército asesinó a un comunero indígena que fue filmado en directo y
divulgado a nivel internacional. Ha sido una de las gestas de mayor trascendencia porque se
actuó con mucha flexibilidad, combinó el bloqueo con una masiva Marcha a Cali y se obligó
al presidente de entonces, Álvaro Uribe Vélez, a acudir –casi derrotado y humillado– al
Resguardo de La María (Piendamó).
Entre 1992 y 2019 se ha bloqueado la carretera panamericana en infinidad de ocasiones por
campesinos, afros e indígenas, destacándose últimamente, el Paro Nacional Agrario de
agosto de 2013, en donde pequeños y medianos productores de café de todo el departamento,
bloquearon la carretera en forma contundente sin que ocurrieran mayores actos de violencia,
dado que la vecindad de esos productores agrarios con la carretera hizo que ese bloqueo fuera
muy efectivo por lo masivo, beligerante y pacífico.
Las comunidades afros también bloquearon la carretera entre Santander de Quilichao y
Villarrica, en 2016, en protesta contra la gran minería. Fue su primer ejercicio autónomo.
En todas esas jornadas las comunidades han sufrido la represión, persecución y violencia del
Estado y de sectores reaccionarios liderados por los grandes terratenientes. Esas luchas han
dejado decenas de protestantes muertos y heridos, cientos de luchadores encarcelados y
perseguidos, pero también, han sido grandes experiencias que se convierten en el legado y
principal capital para garantizar la continuidad de una lucha de los pueblos originarios,
mestizos y afros del Cauca y de Colombia, de campesinos y pequeños productores agrícolas
que siguen buscando no solo la reivindicación de sus derechos sino la construcción de un
mundo mejor para las nuevas generaciones.
Y ahora, tenemos en marzo y abril de 2019, la Minga por la Defensa de la Vida, el Territorio,
la Democracia, la Justicia y la Paz. Hoy los enemigos utilizan una política de guerra para
derrotar a los pueblos en lucha. Todas las fuerzas de la reacción se han unido para aplastar
esta Minga. Desde acusarlos de estar infiltrados por grupos armados, de ser instrumentos de
partidos políticos, de hacer parte de un complot del gobierno de Venezuela, hasta acusarlos
de ser “los nuevos terratenientes” y de tener “más poder” que los que siempre han dominado
este país, han recurrido a todo tipo de ataque y mentira para vencer la resistencia de unos
pueblos que enfrentan el asesinato sistemático de sus dirigentes y el exterminio como
pueblos.
Toda clase de racismos y perjuicios han surgido desde lo profundo del inconsciente de las
clases dominantes de la región y del país. Piden a grito herido, “mano fuerte” y represión
abierta. Pero no podrán derrotar La Minga, no lo lograrán.
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Ahora, que en próximos días se realiza en Popayán la famosa “Semana Santa”, traigo a
relación estas 100 palabras con las que intento mostrar el desconocimiento que siempre ha
existido entre los diversos pueblos que habitan ese complejo y “abigarrado” departamento
del Cauca. Fueron publicadas en un periódico de la región:
“Oscuro y mágico. ¿Cómo percibirían los indígenas nativos las procesiones de
Semana Santa en Popayán? ¿Qué significaba ese ritual? Les parecía raro, oscuro
y mágico, porque no coincidía con los equinoccios y porque lo hacían de noche
y en secreto. Y aunque alumbraban con pequeñas teas (velas), nada quemaban.
Desfilaban por las calles cargando sus dioses durante los días más lluviosos del
año. Murmuraban cantos sórdidos, que podrían ser conjuros contra ellos. No
imaginaban que los españoles atenuaban su miedo ante la insondable e
inescrutable América, con un rito que los compenetraba con su madre España y
su historia. Si lo hubieran sospechado, habrían sonreído.”
E-mail: ferdorado@gmail.com / Blog: https://bit.ly/2KctUl7

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