Está en la página 1de 4

1

GRAS, CARLA y HERNÁNDEZ, VALERIA


RADIOGRAFÍA DEL NUEVO CAMPO ARGENTINO. Del terrateniente al empresario transnacional
Bs. As., Siglo XXI, 2016 (1ª edición)

Introducción. El boom agrícola en debate


“América Latina está llamada a ocupar un rol central en la economía política contemporánea. En un escenario
internacional que anticipa importantes incrementos en la demanda de alimentos y de energía, la abundancia de recursos
naturales en la región y la extensión de la tierra agrícola potencialmente útil llevaron a los organismos multilaterales a
proyectarla como una proveedora clave de materias primas. Durante las últimas décadas, bajo gobiernos de muy
diferente signo político, vimos emerger lineamientos económicos con un denominador común: el rol estratégico de los
commodities. Haciéndose eco de los escenarios futuros proyectados por las usinas de gobernanza global, las
administraciones nacionales comenzaron a pensar estos productos primarios sean de origen agrícola, minero o
energético como palanca para el desarrollo local. Este enfoque sobre el rol de nuestros países en el capitalismo global
se ha visto corroborado por el fuerte crecimiento en la demanda de materias primas en lo que va del siglo XXI, así como
por el incremento del área cultivada a escala regional.” (p. 15)
“(…) Un tema especialmente debatido es la evolución alcista de los precios de los alimentos básicos en la región.
En este contexto, el boom agrícola no sólo reaviva la cuestión de la seguridad alimentaria, sino también de la soberanía
para definir las políticas de producción, gestión y distribución de los recursos.” (p. 16)
“(…) Este liderazgo productivo de la región ha sido resultado de la expansión de lógicas de acumulación de
capital que configuran el llamado modelo de agronegocios, y que, en el caso argentino, explica hoy más del 80% de la
producción agrícola para el mercado internacional. Este modelo retoma la asimilación entre tecnología, crecimiento de
la productividad y desarrollo, principios característicos de la oleada modernizadora de la década de 1960 que, con
variantes, primó como orientación de la economía luego de la caída del peronismo en 1955.
 “En la actualidad, el modelo de agronegocios se plantea un horizonte mayor: un desarrollo que excede el mero
crecimiento económico, pues aspira a fundar una sociedad con capacidad de integrar en su dinamismo a todos los
sectores, principalmente porque los nuevos esquemas empresariales no van a depender de la propiedad de la tierra, sino
de la articulación de una economía de servicios orientada tecnológicamente. Actores de diverso perfil y procedencia
sectorial (incluidos los industriales) podrían integrarse al negocio agrícola bajo la dirección del agronegocio.” (p. 17)
 “Comprender la hegemonía alcanzada por el agronegocio en la Argentina implica considerar una compleja
trama de elementos de orden histórico, económico e ideológico. Dar cuenta de la ‘organización cultural que mantiene
en movimiento el mundo ideológico y examinar su funcionamiento práctico’ (Gramsci, 2004:380) fue el norte que guió
la redacción del presente libro. En el recorrido que propone, trataremos de dilucidar el proceso por el cual una particular
forma de organizar una actividad económica devino hegemónica. O lo que es lo mismo: cómo el modelo de desarrollo
vigente se estructuró en torno de megajugadores internacionales y nacionales, a los que se sumaron estratégicamente
socios locales de diverso perfil. Así, nos abocaremos a definir los rasgos que singularizan las dinámicas de
funcionamiento y los contenidos ideológicos, económicos y políticos del modelo tal como resultan de las prácticas de
los actores que lo constituyen, así como la construcción de las legitimidades desde las posiciones de poder que estos
fueron conquistando. Para eso, tomamos en consideración la última mitad del siglo XX, sin que ello signifique en modo
alguno un estudio histórico, sino sólo una temporalidad que nos permitió abordar las condiciones de emergencia y los
procesos de cristalización del modelo hoy dominante.” (p. 18)
 “(…) En términos de la comprensión de la hegemonía lograda por el agronegocio en la economía local en
tanto modelo de producción asociado al carácter global de las formas de acumulación capitalistas contemporáneas, su
análisis implicaba desentrañar cómo esas lógicas globales motorizadas por grandes corporaciones transnacionales
anclaron en el ámbito nacional. Más concretamente, mostrar la mecánica microsocial de esas alianzas que resultaron
centrales para el agronegocio. Esta es una hipótesis central del presente libro, y para desarrollarla debemos considerar
el modo en que los empresarios se integraron y participaron de la estructuración del agronegocio en la Argentina a partir
de las transformaciones operadas en el interior de ese grupo social, tanto en una dimensión material como simbólica-
ideológica.” (p. 19)
“En síntesis, buscamos esclarecer el tipo de entrelazamiento entre agro, desarrollo y tecnología que puso en pie
la burguesía agraria durante la última mitad del siglo XX. Mediante el análisis de las dos instituciones
[AACREA+AAPRESID] que esta se dio para asegurarse la dirección del desarrollo agropecuario, procuraremos
identificar los modelos empresariales, los modos de movilizar los factores productivos (trabajo, tierra y capital) y el
2

progresivo rol del conocimiento, así como el alcance y los límites de dichos modelos empresariales. De esta manera,
veremos cómo se fue reconfigurando el perfil de las clases dominantes y sus mecanismos de construcción de hegemonía,
y cómo, lejos de suponer la restitución de antiguos grupos de poder, el proceso recompuso mediante desplazamientos,
permanencias e ingresos la cúpula del sector agropecuario.
El devenir de procesos macro vinculados a los desarrollos tecnológicos, financieros, científicos, productivos y
políticos caracterizó la evolución del capitalismo contemporáneo, y en diálogo con configuraciones históricas y políticas
precisas produjo modalidades específicas de anclaje de aquellos procesos. Este tercer horizonte, producto de la historia
que hacen los hombres, irá surgiendo, en sus propios términos, a lo largo del recorrido que aquí iniciamos.” (p. 21)

PARTE I. DESARROLLO, AGRO Y TECNOLOGÍA. LA MODERNIZACIÓN DE LA MANO DE LA


REVOLUCIÓN VERDE

1. La cuestión agraria en perspectiva


“(…) el primitivismo técnico de la agricultura (Hora, 1994) era visto como la consecuencia natural de una
estructura agraria caracterizada por una alta concentración de la propiedad dela tierra.
Esta es una de las hipótesis que marcó el debate de los años setenta y ochenta sobre el estancamiento pampeano.
Para estas posiciones, la consolidación de la estancia capitalista se explicaba por la capacidad de esa clase social de
captar renta diferencial a escala internacional. En esa línea podemos ubicar el enfoque de Flichman (1977). El análisis
de Jorge Sábato (1988) aportó elementos que complejizaron esas posturas. Su estudio sobre la organización de la
‘estancia mixta’ encontraba que la combinación ganadería-agricultura (estuviera esta última en manos del propio
terrateniente o de sus arrendatarios) permitía maximizar (p. 27) ganancias a partir de la diversificación de riesgos y
responder con un alto grado de flexibilidad a las demandas del mercado mundial. Según esta visión, el terrateniente
manejaba con gran racionalidad su negocio, del que la valoración de la tierra era una parte integrante pero no única, ni
la dominante.” (p. 28)
“Durante el peronismo, además, dos aspectos caracterizaron a la política pública en este sector: por un lado, las
transformaciones operadas en el sistema de tenencia de la tierra y, por otro, la extensión del proceso de tecnificación de
las medianas explotaciones. Ambos apuntaban a reconfigurar el lugar de la gran explotación, y dejaban interrogantes
abiertos en relación con la posibilidad de que otros sujetos sociales la mediana y pequeña empresa pudieran impulsar
el crecimiento agrícola (…)” (p. 29)
“Por último, la política de comercio exterior del gobierno peronista fue eje de virulentos conflictos con los
sectores liberales más ortodoxos, identificados históricamente con la clase terrateniente pampeana. Disposiciones como
la que resolvió en 1944 que la Junta Reguladora de Granos no trasladara a los productores el diferencial originado en
momentos de altos precios internacionales, o la creación en 1946 del Instituto Argentino de Promoción del Intercambio
(IAPI), que nacionalizó las exportaciones y permitió al Estado captar dicho diferencial, ponían en juego una concepción
planificadora del desarrollo desde el Estado.” (p. 31)
“(…) hasta mediados de la década de 1970, la dinámica de transferencia de rentas desde el agro hacia otros
sectores dela economía no fue desactivada por completo, si bien conoció diversos mecanismos de política económica y
sectorial.”
“La reformulación del régimen de acceso a la tierra impulsada por el gobierno de 1955 no apuntaba a la
restitución de la gran propiedad como eje del desarrollo: antes bien, la figura clave del progreso agrario era el pequeño
propietario, a imagen del farmer estadounidense. (p. 33) Sin embargo, su alcance fue limitado (…)”
Modernización 1950-1960: “(…) el desarrollo fue planteado, entonces, como un proceso de modernización mediante
el activo involucramiento de la esfera estatal, donde la reforma agraria era el paso previo a aumentar la productividad
sobre la base de la incorporación de tecnologías.” (p. 34)
“En 1959, Frondizi promovió el desarrollo tecnológico del agro como medio de incrementar la oferta
exportadora, en consonancia con la primacía de la llamada ‘Revolución Verde’ como paradigma mundial de desarrollo
capitalista en la agricultura. En rigor, esta constituía la ‘exportación’ del modelo de agricultura moderna de los Estados
Unidos a los países en vías de desarrollo (Otero, 2014). Este modelo involucró el uso de un paquete tecnológico
específico integrado por semillas híbridas y mejoradas, pesticidas, fertilizantes desarrollados por la industria química
y la mecanización de labores, y favoreció la aceleración de los (p. 35) tiempos productivos y la homogeneización de la
producción. En tanto paradigma, la Revolución Verde supuso la adopción de un ‘espectro de soluciones a los problemas
de la producción agrícola [que] tiende a ser resuelto con base en una pequeña variedad de opciones’ (Otero, 2014:25)
y, por lo tanto, la exclusión de otras soluciones posibles. La expansión de este paradigma fue de la mano de la
3

concentración y transnacionalización de la producción y comercialización de insumos agrícolas, constituyéndose en un


vector clave en la conformación de circuitos globales de producción y consumo de alimentos.”
“Reformulada de esta manera la ‘cuestión agraria’, el Estado se convertía en un actor central, ya que era quien
podía organizar un sistema nacional de ciencia y tecnología. El principal mecanismo puesto en marcha fue el INTA, en
1958. Su creación revela la penetración alcanzada por la Revolución Verde, al mismo tiempo que refleja la concepción
desarrollista sobre la relación entre el agro y la industria, para la cual la antinomia entre ambos era cosa del pasado: el
agro no sólo debía proveer la divisas para fomentar la industrialización sustitutiva, sino que también era un ámbito de
inversión y retabilidad para los capitales del sector.” (p. 36)

2. De estancieros a empresarios
“(…) Con un horizonte distinto del planteado por la histórica Sociedad Rural Argentina, la AACREA
[Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola, 1957] se propuso moldear una
perspectiva propia sobre la modernización, fundando un imaginario de moderna empresa agropecuaria alejado del de
la antigua estancia. Técnica y política serán articuladas de un modo preciso por ella para retomar la perdida vocación
del progreso y de poder que había enarbolado la SRA entre 1866y 1930.
En continuidad con la concepción desarrollista para la cual la tecnología permitía subsanar los problemas de
crecimiento de la economía, la AACREA emergió como un espacio de ceración de un nuevo lenguaje colonizado por
el tecnicismo. Con ello, el dominio de la actividad agropecuaria pasó a ser resultado de la eficiencia basada en criterios
técnicos y científicos. La AACREA logró consolidar una novedosa noción de transformación agraria, vinculada al
desarrollo de tecnologías, en vez de la transformación de la tenencia de la tierra, al tiempo que la asociaron al logro del
bienestar social. Lejos de referenciar el bienestar mediante una mayor democratización de los medios de producción y
de la riqueza, los terratenientes de la asociación desplegaron una dimensión cristiana de la moral económica y política.
Así, desde sus inicios, la AACREA buscó constituirse en la ‘punta de lanza de una nueva agricultura’”.
“Según surge de diversos documentos institucionales y de los numerosos relatos recogidos entre sus integrantes,
el mito fundacional de la AACREA refiere a una idea noble: un trabajo en equipo, de un grupo pequeño, para mejorar
la producción a través del intercambio de ideas, (p. 39) información y experiencias. Así, se alude a las motivaciones
que congregaron a los pioneros de esta organización. Luego de tres generaciones, este mito mantiene su vigencia.”
“Las preocupaciones técnicas y la inquietud por integrar el conocimiento científico en la producción idea que
movilizaron la creación de los primeros CREA estaban anudadas a una concepción de la práctica pública y de la
cuestión social de fuerte contenido católico. Otro aspecto central para comprender esta entidad se refiere a la
homogeneidad del grupo fundador en términos de clase; en este sentido, la AACREA será también un espacio de
reproducción social de la burguesía terrateniente.” (p. 40)
“Los principios que organizaron la visión del mundo de los CREA fueron los de la generosidad reflejado en
propósito de compartir el conocimiento, la cooperación, la responsabilidad social frente a los bienes que detentaban,
la búsqueda del bien común y la denostación de la mediocridad. En suma, la AACREA se planteaba ‘dotar a la ruralidad
en su conjunto del compromiso de llevar adelante acciones íntimamente ligadas con los valores cristianos’,
proponiéndose una lógica de responsabilidad que debía desprenderse de su carácter de ‘clase superior’ por sus
posesiones, su educación y s acceso a espacios de poder. Esa responsabilidad, sin embargo, no declinaba políticamente,
es decir, no se expresaba en una vocación por la actividad gremial o partidaria. Se presentaba, antes bien, en términos
ético-religiosos y, por ello, quedaba sustraída de la lucha política: simplemente era el orden natural de las cosas.” (p.
41)
“(…) El accionar de la entidad, en consecuencia, se orientó a impulsar la incorporación de avances técnicos y
la profesionalización de la gran empresa. Ese proceso le permitió recortarse como un actor como un actor diferenciado
en el mapa institucional del agro y encarar una renovación ideológica entre los terratenientes.” (p. 42)
“(…) De este modo, se apelaba continuamente a la refundación de liderazgos al interior de la clase terrateniente,
que debían basarse en la eficiencia técnica, tanto como en las obligaciones morales; el rol del empresario debía estar
orientado al logro del bien común.” (p. 43)
“(…) La AACREA se propuso construir una ‘nueva agricultura’ liderada por empresarios, lo que requería una
‘verdadera revolución intelectual’ que sustentara el pasaje de ‘jefes de estancia’ a ‘jefes de empresas agropecuarias’.
Ese pasaje operó tanto en términos de las prácticas que hacían a la gestión y organización de la producción, como en la
identidad y generación de una nueva cultura económica que iba a partir aguas con la imagen del estanciero tradicional.”
= racionalización y eficiencia de los procesos productivos
4

“(…) Sustentados en la centralidad de las relaciones cara a cara, los grupos CREA se constituyeron en
verdaderas comunidades de experiencias en torno a las cuales se creó un nuevo modo de vida y un nuevo mundo moral.
Ciertamente, la base de esa experiencia residía en las cuestiones técnicas, sobre las que se organizaban las reuniones.
Auténticos espacios de socialización, estos grupos generaron un lenguaje común para hablar de la agricultura y del rol
de los miembros CREA como empresarios, a la vez que dieron origen, en ese ámbito, a la necesaria identificación de
sus integrantes como un colectivo con rasgos propios.” = ‘tecnologías de costo cero’ (p. 45)
“Los grupos, además, fueron pioneros en la introducción de conceptos e instrumentos de gestión económica-
financiera. En la visión de la AACREA, una gestión moderna de la explotación agropecuaria era indispensable para la
rentabilidad y el crecimiento del sector, y se relacionaba con las capacidades individuales. Así, la diferencias del
tamaño, productividad e ingresos se explicaban por la falta de una gestión adecuada, lo que obliteraba las desigualdades
en el acceso a la tierra, el capital y la tecnología.” = ‘margen bruto’ (p. 46)
“Hacia el inicio de la década de 1970, la entidad se enorgullecía de haber liderado el cambio en la producción
pampeana tras haber aportado soluciones para los ‘problemas que en determinado momento actuaban como limitantes
de la productividad’. Según la visión de sus dirigentes, el conocimiento agronómico, económico y financiero que la
AACREA había generado y las herramientas para aplicarlos habían permitido dar un verdadero ‘salto productivo’. Los
resultados obtenidos por los miembros CREA confirmaban esa pretensión: la de haberse ubicado en el centro de un
nuevo campo de poder, el de la técnica. Poder que se materializaba en una estructura técnica de envergadura, en
aceitados mecanismos de participación en ámbitos vinculados con la ciencia y la tecnología, y en lo que se manifestaba
como una verdadera capacidad de anticipación a los cambios tecnológicos y comerciales en el mundo. “(p. 48)