Está en la página 1de 64

1

EL CONCEPTO DE REVOLUCIÓN CIENTÍFICA EN THOMAS KUHN

DIEGO ARMANDO BOLAÑOS ANDELA

UNIVERSIDAD DEL CAUCA


FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS Y SOCIALES
DEPARTAMENTO DE FILOSOFÍA
2019
2

EL CONCEPTO DE REVOLUCIÓN CIENTÍFICA EN THOMAS KUHN

DIEGO ARMANDO BOLAÑOS ANDELA

Trabajo monográfico presentado como requisito para optar por el título de


Filósofo

Director: Juan Carlos Aguirre García.

UNIVERSIDAD DEL CAUCA


FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS Y SOCIALES
DEPARTAMENTO DE FILOSOFÍA
2019
3

Contenido pág.

Introducción…………………………………………….…………………..………...…4

Capítulo I. Reconstrucción del concepto de revolución científica

1.1 Síntesis histórica……………………………………………….………………….8


1.2 El modelo de ciencia de Kuhn………………………………………………...…16
1.3 El modelo de ciencia confrontado por Kuhn – la ciencia vista por la concepción
heredada – crisis de esta concepción……………………………...……………...19
1.4 La revolución de Kuhn en la filosofia de la ciencia…………………………..….22

Capitulo II. El concepto de revolución en el contexto del progreso de la ciencia

2.1 Escenario del debate Kuhn – Popper…………………………………………..…28


2.2 El progreso de la ciencia para Popper………………………………..…………...29
2.3 El progreso de la ciencia para Kuhn……………………………………...………35
2.4 Balance de la polémica Kuhn – Popper…………..………………………………43

Capitulo III. Aportes de Kuhn a las ciencias humanas y sociales

3.1 Las ciencias humanas dentro del modelo kuhniano………………………..……..49


3.2 El paradigma kuhniano en las ciencias humanas y sociales……...……...……….51
3.3 Conclusiones…………………………………………………………………..….59
3.4 Referencias bibliográficas……………………..………………………………….61
4

INTRODUCCIÓN

Actualmente, nuestra vida se ve innegablemente ligada a lo que ha dado en


llamarse la globalización, un proceso sistemático y estratégico, que pretende
“hacer nuestra vida más confortable”, en la gran dimensión del termino; es un
fenómeno creciente y dinámico que abarca, como es de esperarse, un sin
número de posibilidades en nuestra interpretación y comprensión del mundo
actual. Un ejemplo preciso de ello es la investigación científica, identificada
básicamente con el modo según el cual intentamos interpretar la realidad e
intentamos adecuarnos a ella, pero también acerca de la manera como el ser
humano se rige bajo esquemas de orden lógico mejor conocidos como “teorías
científicas”, a partir de las cuales se intenta hacer del mundo un lugar más
confortable en términos de estudiarlo y entenderlo prácticamente. El resultado
de este proceso sistemático es “ese creciente cuerpo de ideas llamado ciencia”,
caracterizado por ser racional, empírico, verificable, etc. Asimismo por medio de
la investigación científica el hombre ha alcanzado una reconstrucción
conceptual del mundo que cada día es más exacta, rigurosa y profunda.

Lo dicho anteriormente es ya sabido; sin embargo, en un intento por plantear


una reflexión de orden filosófico, concerniente al modo como las grandes
teorías científicas y su estructura en general opera en el marco de la historia de
la ciencia, más allá de presupuestos lógicos y sistemáticos, que es el plus como
de común se entiende el quehacer de la ciencia, el siguiente trabajo
monográfico tiene la intencionalidad de analizar un fragmento de la historia de
la ciencia y su estructura, partiendo de un autor relevante de la filosofia de la
ciencia: Thomas Kuhn, en cuya obra más representativa La estructura de las
revoluciones científicas, encontramos valiosos y significativos aportes a esta
disciplina.

En el contexto de su obra, la ciencia es entendida como un producto


histórico, sujeto a múltiples variantes que han alterado notablemente la
diversidad de perspectivas acerca del fenómeno científico, dando paso, durante
los últimos años del siglo pasado a una comprensión nueva de la naturaleza de
la ciencia y su carácter epistemológico. Así pues, es preciso señalar que, a lo
largo de la historia de occidente, filósofos, científicos y demás mentes brillantes,
han sentido la necesidad de reflexionar y plantearse problemas sobre la ciencia
y el conocimiento que esta nos brinda en aras de entender sus posibilidades y
límites que demarcan el estatus epistemológico de las principales hipótesis y
teorías científicas y su realización práctica y concreta en esta realidad; sin
embargo, durante la segunda mitad del siglo XX, la creencia en una ciencia
como fenómeno sólido, consolidado y sobre todo seguro se fue disolviendo
5

gradualmente con la paulatina introducción de la obra de Kuhn al interior de la


corriente filosófica conocida como filosofia de la ciencia, encargada de
reflexionar sobre los distintos aspectos de la ciencia, como por ejemplo: su
utilidad, la matematizacion del lenguaje científico y la evaluación del progreso a
través de los cambios previamente ocurridos.

Por tanto, es en este último aspecto en el que mi propuesta se inscribe,


teniendo presente que la ciencia, asumida desde una perspectiva filosófica,
necesariamente ha de estar relacionada con interrogantes implícitos en ella, y
que, en un primer momento, no pueden mover el interés intelectual del
científico puro. Ahora bien, tras la publicación de la obra de Kuhn surgieron
múltiples debates al interior de la filosofia de la ciencia, suscitados
principalmente por la introducción del concepto de revolución científica y sus
elementos teóricos. La nueva forma de interpretar y ver la ciencia con base en
factores históricos, significaba una novedad en su análisis, pues suponía dejar
de lado una epistemología ortodoxa e implementar una forma diferente de ver
el desarrollo científico.

El análisis de la historia de la ciencia era esa herramienta que se imponía y


examinaba su desarrollo, teniendo como eje la rica construcción teórica
kuhniana del concepto de revolución científica, que dentro de su renovada
“epistemología historicista” era entendido como un momento crucial en el
desarrollo de la ciencia, dentro del cual un arsenal teórico constituido para
abordar sus principales problemas dejaba de funcionar adecuadamente a
razón de que no podía solucionar los problemas o enigmas que se le
presentaban; por lo tanto, era necesario introducir una nueva metodología,
nuevas teorías, nuevos conceptos que suplieran esa necesidad; y es
precisamente el paso de una estructura teórica a otra lo que Kuhn denominó
revolución científica, en el marco de la historia de la ciencia.

Dichos interrogantes varían de acuerdo con la preocupación del filósofo de


la ciencia, pero generalmente pueden referirse a la definición del término
ciencia como tal, el carácter teórico de la ciencia y su estructura lógica; cambios
teóricos en la estructura de la ciencia previamente establecida, mediante la
contrastación empírica de hipótesis y teorías; y, por supuesto, el progreso
científico. De esta manera, mi proyecto se encuentra guiado esencialmente por
el abordaje de estos interrogantes, teniendo como pauta a seguir la pregunta
epistemológica que indaga por el progreso científico una vez ha ocurrido una
revolución en su estructura, pero también la identificación de problemas claves
mediante la unión reflexiva entre filosofia, y ciencia, más aún, sus
consecuencias para una teoría del conocimiento que intenta plantear “las
consecuencias de la concepción kuhniana de la ciencia en cuanto al estatus de
6

las ciencias sociales” (Iranzo, 2012, p. 3). Como elemento que no puede ser
dejado de lado o invizibilizado.

En este sentido, el siguiente trabajo de monografía está planteado en tres


capítulos, dentro delos cuales se intenta mostrar los principales planteamientos
epistemológicos del filósofo de la ciencia norteamericano. El primer apartado
plantea como tema de análisis la reconstrucción del concepto de revolución
científica. Esto se hace con el fin de mostrar cómo en una de sus primeras
obras, La revolución copernicana, el término revolución científica aparece
identificado en un primer momento con el estudio de la historia de las ideas
científicas, a partir del cual se empiezan a desprender múltiples y variadas
consecuencias para un modelo de ciencia que deja de lado ciertos criterios
para optar por otros. Con todo y lo anterior, se intenta analizar el concepto
kuhniano de revolución a partir de los presupuestos teóricos consignados en
dos de sus primeras obras: La revolución copernicana y La estructura de las
revoluciones científicas. Además, me apoyo en otros autores para ratificar su
planteamiento de que la historia de la ciencia es indispensable para tener otra
comprensión del modo como la ciencia opera más allá de sus criterios lógicos.
En otras palabras, partiendo de una síntesis histórica de las principales ideas
de la ciencia, se espera establecer por qué dicho concepto se convirtió en
fuente de debate al interior de la filosofia de la ciencia durante el siglo XX, y por
qué para Kuhn representa la base de su edificio epistemológico.

La segunda parte de la monografía procura, entre otros aspectos, mostrar la


forma como el concepto de revolución, una vez establecido, se incorpora a lo
que ha dado en llamarse “el giro histórico de Kuhn en la filosofia de la ciencia”,
es decir, explicar el modo como su visión de entender la ciencia con base en
factores históricos, fragmenta una visión hegemónica y un tanto dogmática,
como era el caso de sir Karl Popper, quien pretendía explicar la ciencia y su
operatividad solo de la mano de criterios lógicos, renunciando a factores
secundarios, como por ejemplo su historia. A decir de Iranzo (2012), un
académico en cuyo trabajo me respaldo, “su consigna historicista es un reto al
modo en que los empiristas lógicos y los popperianos, las escuelas
predominantes a mediados del siglo XX, entendieron la filosofía de la ciencia”
(p. 4). Asi pues, este apartado está dedicado a reseñar algunas de las tesis
fundamentales de lo que fue un debate muy sonado en el marco de la filosofia
de la ciencia entre Kuhn y Popper; de esta manera, se espera identificar la raíz
del debate, sus desacuerdos y puntos en común, para posteriormente evaluar
y definir cuál modelo de ciencia resulta victorioso de la contienda: el lógico –
formal de Popper, o el histórico – sociológico de Kuhn, pero también, se espera
7

establecer cuál modelo es más propicio o cuál fomenta de manera más directa
el desarrollo en la ciencia.

Lo anterior es el punto de referencia sobre el que está proyectado este


capítulo. En este sentido, los principales referentes son los autores del debate:
Kuhn y Popper. Pero también me apoyo en otros autores e intérpretes de sus
obras, para tener una panorámica más amplia que me permita definir por qué el
concepto de revolución científica “desembocaba en la sustitución del viejo
paradigma por uno completamente distinto” (Iranzo, 2012, p.6). Y más aún por
qué es indispensable para la reflexión filosófica del progreso en la ciencia.

Finalmente, el tercer y último capítulo está proyectado como conclusión; en


él se busca pensar y analizar los aportes de Kuhn al campo de las ciencias
humanas y sociales. Esto a raíz de que la actualidad de su obra parece haber
perdido notoriedad, puesto que ha trascurrido más de medio siglo desde que
fuera publicada. En consonancia con lo anterior, y en un intento por valorar la
actualidad discursiva de la obra de Thomas Kuhn, este capítulo de cierre se
dirige a responder a las siguientes preguntas: ¿siguen vigentes las propuestas
epistemológicas de Kuhn? ¿Es aplicable aún hoy su terminología? ¿Hasta
dónde tienen alcance sus tesis? Las respuesta a estos interrogantes conforman
la estructura de este capítulo, para cuya elaboración se tiene presente una
serie de artículos publicados de algunos intérpretes y estudiosos de la obra de
Kuhn, quienes han intentado fijar la actualidad de sus planteamientos,
específicamente dentro del campo de las ciencias humanas y sociales, por lo
que este apartado está enfocado en esa dirección, es decir, definir la actualidad
de la obra de Kuhn en el campo de las ciencias humanas y sociales.

En este sentido, se parte de una breve caracterización sobre la divergencia


existente entre ciencias humanas y ciencias exactas, ya que de la diferencia
conceptual habidas entre ellas surgen algunas pautas que nos permiten
adecuar la terminología kuhniana al ámbito de las ciencias humanas; para de
esta manera, examinar la viabilidad de aplicar términos que parecen ser más
adecuados a la ciencias exactas que a las humanidades dentro de la obra de
Thomas Kuhn.

Posteriormente, se aborda desde la ejemplificación ofrecida por algunas


ciencias humanas (psicología, sociología,) el modo como algunos conceptos
fundamentales de la obra de Kuhn, se adecuan a la forma en que ellas
proceden, en clara diferencia a como se daría en las ciencias exactas, para las
cuales está pensada en gran medida la obra del filósofo e historiador de la
ciencia.
8

EL CONCEPTO DE REVOLUCIÓN CIENTIFICA EN THOMAS KUHN

“Si se considera la historia como algo más que un depósito de anécdotas o


cronología, puede producir una transformación decisiva de la imagen que
tenemos actualmente de la ciencia” (Kuhn, 1971, p. 20).

1 – RECONSTRUCCIÓN DEL CONCEPTO DE REVOLUCIÓN


CIENTIFICA

El tema que dinamiza este escrito es el análisis del concepto de revolución


científica en la obra de Thomas Kuhn, a partir de la lectura de los textos que
más afinidad tengan con el tema en cuestión.

El objetivo general es definir, a partir de las primeras obras del autor, el


concepto de revolución científica, para, posteriormente, valorar su actualidad
discursiva, definir su relación con el progreso y, sobre todo, determinar su
vigencia actual.
En ese orden de ideas, se parte como primer punto de la reconstrucción del
concepto kuhniano de revolución, a fin de dar razón acerca de la amplitud y
profundidad de los planteamientos de su autor, especialmente, su aguda
resonancia en el escenario de la filosofía de la ciencia de la segunda mitad del
siglo XX. Comenzaremos con la lectura del prólogo del texto La estructura de
las revoluciones científicas, (1971) tan presente en su autor como señal de
alerta y cambio en su visón de la ciencia habida hasta el momento; pero
antes, es necesario resaltar la panorámica histórica que permitió que el
concepto de revolución científica se convirtiera en piedra angular de la reflexión
filosófica de la ciencia a partir de 1960.

1.1 – SÍNTESIS HISTÓRICA


Para comenzar, recordemos que Kuhn publicara hacia el año 1957, un texto
originalmente titulado La revolución copernicana – la astronomía planetaria en
el desarrollo del pensamiento occidental. En el citado texto se puede apreciar,
desde el prólogo, cuál va a ser el horizonte en el que su autor desenvolverá su
propuesta epistemológica, es decir: “El estudio de la historia de la ciencia”
(Kuhn, 1978, p.12). Ahora bien, este texto se puede entender, a grandes rasgos
y en términos generales, como una pormenorizada investigación histórica,
sobre el proceso de transición que operó para dar paso de una astronomía
geocéntrica de origen ptolemaico al modelo heliocéntrico de Copérnico. Así
pues, el núcleo bajo el que se da esta revolución es la astronomía (p.10).
Ante todo, resulta interesante la forma como relata el alcance del término
revolución; en este sentido, dice que aunque fue un nombre singular, su
alcance fue plural, no se limitó al fenómeno de la trasformación de la
9

astronomía matemática, sino que, a partir de esta, se derivaron


importantísimos cambios conceptuales de orden particular, como por ejemplo:
en la cosmología, la física, la filosofia y la religión; pero, reunidos en una
pluralidad, conforman una de las características principales de la revolución
copernicana.
Hacia el año de 1543, tras la publicación del texto De Revolutionibus
Orbium Coelestium por parte de Nicolás Copérnico, una nueva concepción del
universo y del mundo se empezó a gestar gradualmente, (transcurriría cerca
de un siglo para que la aceptación de sus ideas fuera plena); diferentes
conceptos de diversos campos del saber se entremezclan para darle al hombre
renacentista una nueva perspectiva del mundo en el que habitaba. Se da el
paso de una filosofia mística, que consideraba el sol como dios, a una renovada
visión bajo la cual es puesta en entredicho la concepción que se tenía del
espacio, pero también, y esta es muy importante, la relación del hombre con
dios.
La revolución copernicana fue una revolución en el campo de las ideas,
una trasformación del concepto de universo que tenía el hombre hasta
aquel momento y de su propia relación con el mismo. Se ha dicho una y
mil veces que este episodio de la historia del pensamiento renacentista
representó el punto álgido de un cambio de perspectiva irreversible en
el desarrollo intelectual del hombre occidental. (Kuhn, 1978, p. 23)
La aparición del De Revolutionibus, puso en Jaque los cimientos de la
iglesia y la larga tradición del sistema Aristotélico, convertido en credo; supuso
trasformar los valores que regían la sociedad occidental (P.25).Una
consecuencia esperada, pues este texto era un conjunto de fórmulas
matemáticas, diagramas y tablas (de muy difícil comprensión, para alguien no
experto en astronomía); que introducían una visión del orbe completamente
renovada, una nueva física que, en oposición al orden eclesiástico, ratificaba
las bases con las que nace la llamada ciencia moderna en el siglo XVII, es
decir, el método de unir la observación experimental con las matemáticas a fin
de develar las leyes ocultas de la naturaleza. En otras palabras, establecer las
bases de la nueva visión del mundo en oposición a las tradicionales.
El efecto de este proceso de transición de un sistema conceptual a otro es
entendido por Kuhn como el ejemplo más claro y preciso de lo que es en sí una
revolución científica. Hay un antes y un después en el campo de las ciencias
físicas y astronómicas con la aparición de la obra de Copérnico; por esta razón,
el filósofo de la ciencia entiende que la combinación entre la historia de las
ideas con las de la ciencia, son importantes si se quiere entender en
profundidad el significado pluralista de dicha revolución. Principalmente su
influencia decisiva en la formacion de otro tipo de conocimiento por el que
debería transitar la ciencia en adelante. Las tesis consignadas por Kuhn al
inicio de La Revolución copernicana (1978) así lo sugieren: “Los conceptos
científicos son ideas, y como tales forman parte de la historia intelectual” - “El
10

estudio de la historia podía proporcionar un nuevo tipo de comprensión acerca


de la estructura y función de la investigación científica” (pp. 11- 12).
El resultado de esta revolución en el pensamiento será el enfrentamiento
entre dos visiones, entre dos concepciones antagónicas de ver el mundo, que
intentarán, por un lado, mantener su status quo y, por otro, implantar un nuevo
orden, en la comprensión de los fenómenos físicos. En este sentido sostiene
Kuhn, (1971). “La innovación de Copérnico no fue solo mover la tierra; por el
contrario, fue un modo completamente nuevo de ver los problemas de la física
y la astronomía, que necesariamente cambiaba el significado de tierra y
movimiento” (p.232). La relación del hombre con la naturaleza cambia
radicalmente con la aparición y posterior introducción de la experimentación
como método propicio para desentrañar los secretos de la naturaleza, que
según dijera Galileo están escritos en el lenguaje de las matemáticas. Los
prejuicios filosóficos, que antaño habían servido para mantener al hombre en
un estado dogmático de indefensión, perdían vigencia, los discursos
especulativos de origen filosófico o religioso convenientes a la iglesia
tambaleaban, pues ahora no se describía únicamente los fenómenos naturales
desde la dimensión de los sentidos, sino desde métodos propios de la naciente
ciencia. (Observación, experimentación, razonamiento lógico).
A causa de la riña entre posturas intelectuales de uno y otro lado, se fue
implantando lentamente las ideas de Copérnico, consignadas en el De
Revolutionibus. Grandes hombres de ciencia como Galileo Galilei, Kepler,
Newton, solo por nombrar los más representativos, comenzaron a darle cuerpo
y dimensión de verdad a la nueva física, propugnada por el sistema
heliocéntrico, investigando en el campo de la astronomía, en el caso de Galileo,
y Kepler, para llegar a resultados esclarecedores que acreditaran la verdad de
dicho sistema. En este sentido, se considera a Galileo como el padre fundador
de la física moderna, por haberse atrevido a constatar por medio de la
observación una hipótesis en la que poco o nada se creía, es decir, demostrar
que la tierra es un planeta esférico, que se mueve en una órbita circular
alrededor del sol.
La consecuente lucha con la física Aristotélica se tornó en un episodio
verdaderamente revolucionario en la historia de la ciencia. Las ideas de
Copérnico discrepaban sustancialmente de las ideas peripatéticas sobre el
universo, en una época en que se consideraba la tierra como el centro del
orbe y como un disco plano rodeado de agua, que se precipitaba a abismos sin
fin; el copernicanismo se presentaba como un peligro y a la vez como una
innovación; cuestionaba el modelo medieval que situaba por encima del disco
plano a las estrellas y planetas así como su recorrido circular alrededor de la
tierra y también, reservaba debajo de este un lugar para el infierno; por lo tanto,
era un modelo muy conveniente para la iglesia. Esta teoría suponía la
aceptación acrítica de un modelo preestablecido del universo, lo cual significa
que “la autoridad espiritual e intelectual de la iglesia era total” (Kuhn, 1978,
11

p.153). No era lícito cuestionar su autoridad intelectual basada en la


interpretación ortodoxa de las escrituras.
Cerca de veinte siglos trascurrieron desde la vida de Aristóteles hasta
Galileo – por este extenso periodo no se concibió otro modelo de conocimiento
que aquel limitado a todo aquello percibido a simple vista. Las investigaciones e
interpretaciones de Ptolomeo de Alejandría (87- 164 d.c) (geógrafo, matemático
y astrónomo) sobre el orbe, según las cuales el sol y los planetas giran
alrededor de la tierra, resumidas en un saber astronómico, dominaron gran
parte del pensamiento occidental hasta bien entrado el Renacimiento; adicional
a esto, la figura doctrinal del filósofo del Liceo, como el último gran sabio de la
antigüedad, acentuaba aquella visión. Sus opiniones “constituyeron, con el
paso del tiempo, el punto de partida para la mayor parte del pensamiento
cosmológico medieval y gran parte del renacentista” (Kuhn, 1978, p. 116).
A pesar de esto, durante el siglo XVII, aquel prejuicio filosófico empezaba a
ser gradualmente sustituido por la adopción de nuevas ideas heredadas de la
obra de Copérnico; empiezan a formarse los rasgos fundamentales de una
revolución científica. “Poco a poco fue tomando cuerpo la nueva actitud
intelectual, que se disocio de la fe en la autoridad. Ya no se estaba dispuesto a
aceptar, sin crítica las teorías tradicionales sobre la naturaleza, sino que se
quería escudriñarlas a fondo” (Hiller, 1968, p. 132).
Nunca la noción de paradigma se ha ilustrado más claramente: una
idea, una sola idea, sencilla, clara, que obliga a cambiar radicalmente
la visión general del mundo. La tierra sobre la que vivimos no es el
centro. Lo es el sol. Los seres humanos no somos tan importantes […]
De repente toda perspectiva cambia. (San Miguel, 2010, p. 114).
De este modo, la interpretación del orbe de Nicolás Copérnico (1473 – 1543)
médico, lingüista, jurista y astrónomo, para quien la tierra es un planeta más de
los múltiples que existen y que orbitan alrededor del sol, se convirtió en lo que
Kuhn llamara un cambio de paradigma; se abrieron nuevos horizontes para el
pensamiento. No obstante, hay que resaltar que las ideas sobre el universo de
Copérnico contaba con precedentes, me refiero a que otros intelectuales
habían propuesto, como lo hiciera en su momento Ptolomeo otros modelos
para entender la naturaleza de los astros y los planetas.
Esta propuesta es la de Aristarco de Samos (310- 230 a. c), astrónomo
griego, quien hacia el año 250 a.c había desarrollado un modelo en el cual la
tierra era esférica, y “El sol estaba en el centro de una inmensa esfera estelar y
la tierra describía una órbita circular a su alrededor” (Kuhn, 1978, P.73). Sin
embargo, sus investigaciones no tuvieron acogida ni aceptación en la
civilización de aquellos días; por eso Copérnico, en un intento por actualizar
aquella perspectiva, se atrevía a asumir las ideas de Aristarco, en apariencia
poco dicientes, para zanjar los futuros cimientos de la ciencia moderna.
12

El efecto de esta perspectiva está íntimamente ligado con la transición del


calendario juliano al gregoriano, que causó una gran agitación en la ciencia de
aquello días. Nicolás Copérnico es convocado por el Vaticano para colaborar
en la reforma del calendario, acontecimiento que le daría la oportunidad de dar
a conocer las principales características de su modelo heliocéntrico del
universo, trayendo como resultado que distintas personas de diferentes lugares
se interesaran por el estudio de la astronomía, dando a conocer así su obra. “la
teoría de Copérnico se convirtió en un foco de las apasionada controversias
religiosas, filosoficas y sociales que, durante los dos siglos subsiguientes al
descubrimiento de América, establecerían el curso del espíritu moderno” (Kuhn,
1978, p.24).
El libro Sobre las revoluciones de los orbes celestes. Causaría una sin igual
revolución no solo en el ámbito de la astronomía, sino de la ciencia y su
historia. El camino que debiera recorrer sería largo y tortuoso antes de su total
adopción; generó poco interés en el mundo católico que, “cuestionaban
radicalmente la afirmación de que la tierra girara alrededor del sol” […] Para
ellos el universo no podía tener otra estructura que la enunciada por Aristóteles
y Ptolomeo (p. 158). De manera que, el significado de la “la revolución
copernicana”, supuso una reforma radical en los conceptos astronómicos, y a
su vez una reforma de la cultura en la que se dan dichos conceptos.
El resultado de la negativa ideológica por parte de la iglesia a aceptar que la
tierra se movía, hizo que un astrónomo de origen protestante, llamado Jhojanes
Kepler ( 1571 – 1630), centrara su atención en las bases matemáticas que
permitieran verificar hasta qué punto la validez del modelo heliocéntrico era
fiable. Kepler perfecciona el modelo de Copérnico, lo depura “de los
incongruentes residuos arcaicos” (Kuhn, 1978, p. 274), demostrando para ello
que los planetas giran en orbitas elípticas y no circulares. Llega a esta
conclusión después de observar que la órbita del planeta Marte, no era
perfectamente circular, tal como había dicho Copérnico, sino elíptica. En
consecuencia, se desvanecían varios prejuicios, entre ellos el de que los
planetas únicamente podían orbitar, siguiendo la más perfecta de las curvas, la
circunferencia. Kepler depuró el sistema copernicano de su apego de la antigua
tradición ptolemaica, y lo ubicó dentro de una nueva perspectiva renovada,
alejada de los prejuicios de una tradición aferrada aún a las ideas de una tierra
inmóvil.
Sin embargo, y pese a los descubrimientos de Kepler (enunciación de sus
tres leyes del movimiento planetario), respecto al modo como orbitan los
planetas alrededor del sol y las consecuencias derivadas de este hecho, como
por ejemplo, el porqué del día y la noche, había un ambiente de tensión, pues
la Iglesia se negaba a aceptar la nueva forma de ver, interpretar, y entender el
mundo; el fanatismo religioso trajo consecuencias muy graves para la historia
del pensamiento, la más recordada sea quizá la muerte, en el año de (1600),
en Roma de Giordano Bruno – quemado vivo en la hoguera a manos de la
inquisición por defender el sistema copernicano.
13

La influencia ejercida por la iglesia fue, por lo general, hostil a la


ciencia. La teoría copernicana se desarrolló en el marco de una
tradición científica apadrinada y apoyada por la iglesia. [...] los padres
de la iglesia estaban absolutamente persuadidos de que las escrituras y
la exégesis católica encerraban todos los conocimientos necesarios
para la salvación. La ciencia era un saber profano (Kuhn, 1978, p. 151).
Otro personaje importante en la implantación del heliocentrismo y la nueva
ciencia fue Galileo Galilei (1564 – 1642), un astrónomo de origen italiano, quien
hacia el año (1609) perfeccionaría un instrumento óptico, el telescopio, que le
permitiría observar los cielos en profundidad y, así, realizar una serie de
descubrimientos, como por ejemplo: el relieve de la luna, los principales
satélites de Júpiter, y la presencia de estrellas en la vía láctea, que ratificarían
definitivamente el sistema heliocéntrico de Copérnico, en clara oposición a la
filosofia escolástica y al modelo geocéntrico heredado de los peripatéticos.
[…] Estas observaciones trastocaron por completo la concepción que
se tenía del cielo, heredada de los antiguos y que contaba con el aval
de la iglesia, según la cual la naturaleza física y las leyes que en el
regían eran distintas de las terrestres. […], Galileo afirmó, basándose
en lo que veía a través de su telescopio, que las físicas del cielo y de la
tierra eran idénticas, y que, por consiguiente, la naturaleza era un sola
(San Miguel, 2010, p. 125).
Como dato anecdótico, se dice que Galileo hizo llegar un gran número de
telescopios a las cortes europeas, con el fin de que corroboraran sus
observaciones; pero estos se negaron a mirar a través de él, las doctrinas
parecían más convenientes que las observaciones. Su adhesión al
copernicanismo fue duramente cuestionada por la santa inquisición y en el año
de 1663 fue acusado de herejía y llamado a indagatoria para obligarlo a
retractarse públicamente sobre sus enseñanzas antirreligiosas y abjurar de sus
falsas creencias, esto tras la publicación en el año anterior de un texto titulado:
“ Diálogo sobre los dos grandes sistemas del mundo tolemaico y copernicano”,
en el que exponía su particular visión de entender los aspectos más
importantes del acontecer científico y una nueva manera de entender los
problemas del entorno físico. Fue obligado a retractarse de sus
descubrimientos y enseñanzas; pero la evidencia aportada de las
observaciones del cielo no se podían eliminar y la idea de que la tierra gira
alrededor del sol era una evidencia comprobada; cuenta la leyenda que Galileo
pronuncio la famosa frase “E pur si move” (y sin embargo se mueve) como
respuesta a quienes lo acusaban de ser hereje; ratificaba el papel de la
invención, observación y experimentación en el desarrollo del conocimiento
científico, que por cerca de dos mil años había estado prácticamente inmóvil.
Galileo fue importante más allá de sus descubrimientos porque fue quien
dio significado con sus trabajos al alcance de una revolución en la ciencia, y
más aún porque fue quien propició, de manera más directa el cambio de
paradigma que llegaría a su máxima expresión con el desarrollo de la mecánica
14

newtoniana durante el siglo XVIII, dando origen a un nuevo marco conceptual,


sólido en sus bases, y que rompía para siempre con el paradigma aristotélico
de una tierra fija, sin movimiento. Tal como sostiene Kuhn (1978) “al producirse
en el momento en que lo hizo, la obra astronómica de galileo contribuyo
esencialmente a una operación de limpieza general cuando la victoria final ya
aparecía claramente sobre el horizonte” (p. 285).
De manera que, gracias a los trabajos de Kepler y Galileo, el terreno estaba
preparado para que la introducción de nuevos conceptos iniciada por Copérnico
llegara a su culmen. De esto se encargaría el físico, matemático y astrónomo
de origen inglés sir Isaac Newton (1642 – 1727); una nueva teoría sobre el
comportamiento de la naturaleza se consolidaba en el año de 1687, con la
publicación de “Philosophie Naturalis Principia Mathematica”- Los principios
matemáticos de la filosofia natural - base de los posteriores desarrollos en la
ciencia. En dicho texto se encontraban consignadas las llamadas tres leyes de
Newton, bases para explicar el movimiento de los cuerpos sobre la tierra y
sobre los demás planetas, gracias a la teoría de la gravitación universal. En
consecuencia, la mecánica Newtoniana significaba un cambio de paradigma,
alejada de cualquier presupuesto teórico de la física aristotélica; cambio en la
concepción física de la caída de un cuerpo. Significaba una nueva y renovada
comprensión de los problemas de la ciencia; nacida del rechazo y superación
de las explicaciones aristotélicas y escolásticas del mundo.
La genialidad de Newton residía en haber aprovechado los trabajos de sus
predecesores para establecer matemáticamente una renovada visión del
universo. “con la construcción del universo corpuscular newtoniano se completa
la revolución conceptual iniciada por Copérnico un siglo y medio antes”. (Kuhn,
1978, p. 332).A partir de los trabajos de Newton, los planteamientos en favor de
una tierra planetaria, se concretaron y revitalizaban el dinamismo de la ciencia,
que en adelante continuaría ese camino.
Gracias a este sucinto recorrido histórico, podemos decir que, se identifica el
concepto de revolución científica con el nacimiento de la ciencia moderna, que
daría paso a una nueva y variada conceptualización de esta, y se constata la
tesis de Kuhn en la Estructura de las revoluciones científicas (1962), según la
cual, si se considera la historia más allá de un cumulo de información
cronológica, producirá una radical trasformación de la ciencia. El resultado de
esta perspectiva es la constatación de que, en la historia de la ciencia, las
revoluciones científicas son momentos de gran tensión entre una y otra visón
del mundo, que acaban enfrentándose entre sí, cambiando radicalmente un
modelo sistemático de pensamiento. Ejemplos de estos episodios son, quizás,
el más representativo por su trascendencia aunque no el único, el iniciado por
Copérnico en el campo de la astronomía y finiquitado por Newton en la física;
otros pueden ser: la teoría evolucionista de Darwin en oposición a otros
principios biológicos anteriormente sustentados; la aparición en el siglo XIX de
las llamadas geometrías no euclidianas, en oposición a la geometría clásica.
15

Al final de La revolución copernicana, Kuhn da unas pinceladas sobre su


interpretación del mecanismo de progreso en la ciencia, que se asemeja al
definido en La Estructura algunos años después, dando a entender que en su
camino la ciencia no se ciñe a un único marco conceptual, sino que lo supera
según requiera su actitud frente al progreso en una época dada. Al respecto
dice:

Así es como progresa la ciencia: cada nuevo esquema conceptual


engloba los fenómenos explicados por sus predecesores y se añade a
los mismos [...] A medida que progresa la ciencia sus conceptos se ven
repetidamente destruidos y reemplazados, y en la actualidad los
conceptos newtonianos no parece que vayan a constituir una excepción
a la regla (Kuhn, 1978, pp. 336 -337).

El énfasis de Thomas Kuhn para apoyar sus argumentos interpretativos en


la historia de la ciencia pueden entenderse a partir del significado que le
adjudicó a la revolución copernicana y la influencia ejercida por este texto en el
modelo de ciencia defendido por él. Kuhn entendió que el Almagesto
ptolemaico, la Física aristotélica, el De Revolutionibus de Copérnico, o los
Principia de Newton, eran elaboradas propuestas teóricas que respondían a
ciertas etapas del desarrollo del pensamiento humano, con variadas
características en su forma de enunciación, pero que finalmente eran la
expresión de otra concepción del mundo y su historia, de otro tipo de saber,
aceptado por una comunidad científica en el marco de un nuevo paradigma,
que solo sería reemplazado al entrar en crisis y agotar los límites de las
investigaciones para su sostenimiento, es decir, cuando eso llamado por Kuhn
acumulación de anomalías, de lugar a una revolución científica, y por
consiguiente a un nuevo paradigma.

La revolución científica, para Kuhn, es una revolución conceptual, toda vez


que sus significados tradicionales estén sometidos a modificación cuando
envejecen. Así lo argumenta en la revolución copernicana ( 1978), cuando
afirma:

[..] Tal es, a grandes rasgos, la estructura lógica de una revolución


científica. Un esquema conceptual, en el que se cree porque es
económico, fecundo y satisfactorio desde el punto de vista de la
cosmología conduce finalmente a una serie de resultados incompatibles
con la observación; debe entonces renunciar a creer en él y adoptar
una teoría que lo reemplace; acto seguido, comienza de nuevo el
proceso. (Kuhn, 1978, p. 113).

Tómese como ejemplo los acontecimientos que trajo consigo la revolución


copernicana. Uno era el significado de la tierra antes de Copérnico y otro
después de él. (Kuhn, 1994, p.59) .El resultado de esta perspectiva para la
filosofia de la ciencia, sería el nacimiento de una “nueva filosofia” – sustentada
16

en la premisa según la cual “No se puede pasar de lo viejo a lo nuevo mediante


una simple adición a lo que ya era conocido” (p.60). El modelo Kuhniano de la
ciencia, significaba otra forma de analizar el progreso científico, dándole
prioridad a la historia de la ciencia y al cambio paradigmático; este ocurre
cuando un marco conceptual es sustituido por otro, dando paso a una
reorganización de su corpus.

Teniendo en cuenta los aspectos anteriormente señalados, veamos ahora la


nueva imagen de ciencia trazada por Kuhn, y la forma como la historia se
incorpora a la filosofia de la ciencia, como su base directriz.

1.2 - EL MODELO DE CIENCIA DE KUHN

Podemos comenzar este apartado afirmando que la nueva propuesta de la


actividad científica, promulgada por Kuhn, se basa principalmente en el estudio
de la historia de la ciencia y la forma como “cada revolución científica modifica
la perspectiva histórica de la comunidad que la experimenta” (Kuhn, 1971,
p.15). En efecto, la perspectiva y consecuente reflexión epistemológica
defendida por Kuhn es de tendencia histórica; en ella busca asentar los criterios
de su nueva epistemología, entendida como una revolución historiográfica que,
por supuesto, buscaría elevar la categoría de historia más allá de la
acumulación de conocimiento, para darle un papel preponderante en el análisis
e interpretación de las ideas científicas desde épocas pretéritas hasta la
actualidad.

Al igual que con Nicolás Copérnico, con quien se marca un antes y un


después en el desarrollo de la astronomía, también hay un antes y un después
con Thomas Kuhn en el desarrollo de la filosofia de la ciencia; para él, la
ciencia, entendida como un mecanismo dinámico, progresa, cuando una teoría
antigua e inestable teórica y experimentalmente es reemplazada por otra. Así lo
hace saber en la Revolución copernicana cuando sostiene: “La historia de la
ciencia está llena de ejemplos conceptuales en los que se ha creído de forma
fervorosa hasta que fueron reemplazados por otras teorías incompatibles con
ellos” (Kuhn, 1978, p. 69). De acuerdo con esta afirmación, para Kuhn es el
análisis histórico el que permite ver cuáles han sido esos momentos de mayor
avance en la ciencia y cuáles han sido los más oscuros; la nueva filosofia de la
ciencia dará más importancia a los datos históricos proporcionados por la
ciencia que a los aspectos lógicos de esta.

Así pues, un aspecto clave de sus planteamientos teóricos es la importancia


atribuida al carácter revolucionario del progreso científico. Una revolución
supone el abandono de una estructura teórica o esquema conceptual y su
consecuente substitución por otra, incompatible con la anterior. Kuhn nos ubica
frente a dos problemas importantes inmersos en su interpretación
epistemológica de la Filosofía de la Ciencia.
17

El primer problema es de orden histórico: apunta a entender la Revolución


en su generalidad como cambio en las ideas respecto a un tema específico, en
este caso el de la visión dominante de la ciencia bajo un único margen de
entendimiento; según Kuhn (1978) “es necesario algo más que estudiar la
ciencia como un cuerpo organizado de conocimientos, algo más que una simple
comprensión de las teorías científicas” (p.17). Lo anterior nos da una idea
anticipada de cuál va a ser el camino a transitar rumbo a una nueva
comprensión e interpretación del acontecer científico, es decir, una
interpretación que se inclina más por la historia del pensamiento científico como
elemento diferencial de la nueva imagen de ciencia que debería ejecutarse. La
ciencia, tal como Kuhn la entiende, es también un producto histórico sujeto a
sus cambios y variantes, que puede, más aún debe, ser entendida como un
proceso dinámico, inacabado en su constitución.

El segundo problema es el de orden social, de ahí merece destacarse la


noción de paradigma y el cambio de paradigma como base sobre la que está
apoyada gran parte de la obra de Kuhn y que conlleva a que defensores y
detractores de un paradigma previamente establecido rivalicen y debatan en su
visión del mundo dado. Ahora bien, es sabido que la publicación en el año de
1962 de Estructura la obra más importante de Kuhn, marca un antes y un
después en la filosofia de la ciencia; este ensayo rompería definitivamente con
una concepción de la ciencia ligada a lo estrictamente lógico – formal; postura
defendida por aquellos miembros del llamado positivismo lógico, que alcanzó
su madurez durante la década de 1920 y que por su particular visión de
entender la ciencia había venido dominando su desarrollo en el ámbito
académico.

Según ellos, la ciencia debía ceñirse, de manera exclusiva, a todas aquellas


afirmaciones y enunciados que fueran empíricamente verificables y que
tuvieran pleno sentido en la experiencia; sus miembros defendieron, como se
dice coloquialmente “a capa y espada”, una visión de ciencia centrada en un
criterio verificacioncita, es decir, renunciando a explicaciones metafísicas o
teológicas (Carnap) para centrarse en un criterio empirista como significado
pleno e incuestionable de la verdad en las ciencias y en su progreso.
Cuestionar el concepto de metafísica en relación con la ciencia es su objetivo,
así lo afirma Carnap ( 1993) cuando afirma:

El desarrollo de la lógica moderna ha hecho posible dar una respuesta


nueva y más precisa al problema de la validez y justificación de la
metafísica. Las investigaciones de la lógica aplicada o de la teoría del
conocimiento, cuyo propósito es esclarecer por medio del análisis
lógico el contenido cognoscitivo de las proposiciones científicas y, a
través de ello, el significado de las palabras que aparecen en dichas
proposiciones, conducen a un resultado positivo y a uno negativo. El
resultado positivo es elaborado en el campo de la ciencia empírica: se
esclarecen los conceptos particulares de distintas ramas de la ciencia,
18

se explicitan tanto sus conexiones lógicas como epistemológicas. En el


campo de la metafísica (incluyendo la filosofía de los valores y la
ciencia normativa), el análisis lógico ha conducido al resultado negativo
de que las pretendidas proposiciones de dicho campo son totalmente
carentes de sentido […] El análisis lógico ha revelado que las
pretendidas proposiciones de la metafísica son en realidad
pseudoproposiciones. (pp.1 -2)
Es en este escenario donde Thomas Kuhn, entra en escena como crítico
sagaz de esa concepción de ciencia basada únicamente en la metodología
empírica y la lógica de orden simbólico, para introducir gradualmente un cambio
de perspectiva en la filosofia de la ciencia que vendría acompañada de una
crisis al criterio empirista de verdad, dada la constante reflexión de la ciencia
durante la década del sesenta sobre su “progreso” como lo era el estudio
pormenorizado de la física atómica, que dejaba espacio a estudios establecidos
más allá de la experiencia.
Por tanto, la novedad introducida por el físico teórico convertido a historiador
de la ciencia, consistió en asumir un enfoque predominantemente histórico en
su interpretación de la ciencia, con todos los problemas y consecuencias que
eso significaba, dado que se estaba enfrentando con una tradición intelectual
ya consolidada en el ámbito epistemológico que no dejaría derrumbar sus
fundamentos tan fácilmente; pues consideraban la metodología histórica
inapropiada para tratar los problemas y preguntas fundamentales de la ciencia.
Esta postura era defendida por Popper (1980) en su racionalismo crítico,
cuando afirma “el problema central de la epistemología ha sido siempre, y sigue
siéndolo, el del aumento del conocimiento. Y el mejor modo de estudiar el
aumento de conocimiento es estudiar el del conocimiento científico” (p. 16)
De este modo, entender las consecuencias primordiales de este cambio de
perspectiva se torna importante, pues ya no hay una única metodología para
entender el complicado proceso del desarrollo científico, sino que se da paso a
las revoluciones históricas como episodios que pueden explicar
coherentemente el cambio científico en un momento dado del pensamiento, y
de los que como consecuencia nacen nuevas orientaciones metodológicas del
enfoque científico. Por esta razón, defiende argumentativamente la existencia
de las revoluciones científicas como fenómenos históricos, para profundizar en
su comprensión, en este sentido, Kuhn (2002) sostiene: “Las cuestiones que
nos llevaron a examinar la documentación histórica fueron producto de una
tradición filosófica que consideraba la ciencia como un cuerpo estático de
conocimiento” (P. 138).
Por consiguiente, el propósito de Thomas Kuhn, en la mayor parte de su
obra es demostrar el modo como una nueva concepción de ciencia basada en
su historia, es capaz de trastocar profundamente una visión consolidada sobre
el modo como la ciencia progresa. La ciencia kuhniana no es únicamente
contraste entre las teorías y la realidad en la que se dan, sino que al interior de
ella hay dudas, debate, tensión, luchas y diálogo. En consecuencia, “el
19

resultado de todas estas dudas y dificultades es una revolución historiográfica


en el estudio de la ciencia (Kuhn, 1971, p.23).
Así pues, el problema que me propongo abordar, siendo el más significativo
y de largo alcance en su obra, es el análisis del concepto de revolución
científica, entendida en un primer momento como Ciencia Revolucionaria, en la
cual se pone en cuestión el Paradigma establecido, ya que se presentan
problemas, enigmas, que este no logra resolver con su arsenal teórico. Como
consecuencia inmediata, el paradigma vigente se va resquebrajando y se
necesita uno nuevo que lo reemplace. Así, por ejemplo, la física Newtoniana y
de Einstein constituyen dos cambios paradigmáticos por excelencia en el
campo de las ciencias físicas. En otras palabras, se busca responder la
pregunta de si el estudio de la historia de la ciencia, tiene la potencialidad
teórica para llevar acabo la trasformación conceptual pretendida (Kuhn, 1971,
p.31).
Antes de dar paso a la exposición de lo que es una revolución científica
propiamente dicha, es preciso señalar en qué consistía esa tradición de la
filosofia de la ciencia que Kuhn se proponía remover. Se parte para ello de la
definición básica sobre el término “epistemología”– que ellos entendieron e
interpretaron según intereses de distinto orden.

1.3 - EL MODELO DE CIENCIA CONFRONTADO POR KUHN – LA CIENCIA


VISTA POR LA CONCEPCION HEREDADA – CRISIS DE ESTA
CONCEPCION
De acuerdo con la definición, de epistemología, ofrecida por Ferrater Mora
(1979), tenemos que esta, se encarga del estudio del conocimiento científico o
de dilucidar problemas concernientes a las ciencias, es decir, la investigación
sobre su naturaleza y su práctica; pero también se encarga de indagar cómo
se desarrollan y cambian las teorías científicas de acuerdo a unos
presupuestos tales como: La naturaleza y obtención de las teorías y conceptos
científicos, su relación con la realidad, los medios para determinar la validez,
formulación y uso del denominado método científico y las implicaciones para
una teoría del conocimiento científico con diferentes y variados métodos en su
aplicación y sus formulaciones teóricas. (P.960)

Dentro de esta línea de pensamiento encontramos la denominada filosofia


de la ciencia, disciplina de no muy larga data, pues tuvo su origen a principios
del siglo XX, con la formacion del llamado Círculo de Viena, una organización
intelectual de científicos y filósofos, quienes reflexionaban sobre la naturaleza
del conocimiento científico, pero lo hacían a partir de la seguridad dogmática
que le adjudicaban al método científico como único medio de dar con una
certeza absoluta de los enunciados de la ciencia, basados en una metodología
de orden empírico y de verificación. El “criterio verificacionista del significado”,
consideraba que una teoría es eficaz si satisfacía los test a los que se sometía,
una especie de examen para determinar su validez.
20

Según esta visión de la ciencia, el Círculo de Viena defendió durante cuatro


décadas que un enunciado tiene sentido en la experiencia dada de hechos si
puede comprobarse empíricamente; de lo contrario es falso. Este criterio para
demarcar lo que es ciencia y lo que no hizo que este célebre movimiento
tomara distancia de cualquier criterio metafísico o teológico, el ejemplo más
significativo es el texto de Rudolf Carnap: “La superación de la metafísica
mediante el análisis lógico del lenguaje” (1993), que, como dije anteriormente,
traza los objetivos principales de la llamada concepción heredada, es decir, ver
en las teorías científicas un instrumento para predecir fenómenos observables,
renunciando así a buscar explicaciones de cómo surgen dichas teorías o cuál
es su pasado; se considera el buscar explicaciones de los cómo o los porqué
como palabrería, sin ningún tipo de significado, dentro de un lenguaje
estrictamente lógico, que es su bandera insignia.

De manera que, teniendo en cuenta estos presupuestos, podemos decir


que, para el Círculo de Viena, la filosofia de la ciencia consistía en reflexionar
sistemáticamente sobre la ciencia, a fin de llegar a una mejor comprensión de
cómo funciona su estructura. Sin embargo, se dejaban de lado elementos
importantes para su mejor comprensión, por ejemplo, el desarrollo de las ideas
científicas enmarcadas en la historia; no obstante, este grupo de pensadores
los pasaron por alto, dada su extrema racionalidad lógica que, en cierto sentido,
les cohibía el optar por otras alternativas sobre las cuales pensar la ciencia
desde otro horizonte.

Las siguientes premisas confirman la gradual racionalización de la ciencia,


siendo un aspecto de suma importancia, dejar de lado elementos metafísicos
en su constitución y darle prioridad a la conceptualización de las teorías
científicas, siguiendo los preceptos de la lógica matemática. Por lo tanto, la
filosofia de la ciencia, para la concepción heredada, consiste en analizar la
estructura lógica de las teorías científicas, dejando de lado las condiciones en
las que se desarrolló dicho conocimiento. “No les interesa la génesis del
conocimiento científico, ya que éste será un problema para la sociología o la
psicología” (Palma, 1998, pp. 56 - 57).

Según Palma (1998) - la tarea de la filosofía de la ciencia consiste en el


análisis, es decir la reconstrucción de la estructura lógica de las teorías
científicas mediante métodos matemáticos. Asi lo argumenta cuando señala
que:
[…] En 1928, en su Der logische Aufbau der Welt, (La construcción
lógica del mundo) - (1928) R. Carnap presentaba un sistema y un
método para la construcción cognitiva y ontológica del mundo.
Consideraba tal sistema como una reconstrucción racional de los
procesos de conocimiento y “conformación de la realidad” que en la
mayoría de los casos se llevan a cabo intuitivamente, y entendía la
reconstrucción en sentido fuerte, como descriptiva, fidedigna y
siguiendo “la forma racional de derivaciones lógicas”. El problema
21

fundamental de la filosofía (que en este contexto quedaba reducida a


cumplir un papel de auxiliar de las ciencias) consistiría en lograr esta
reconstrucción racional con los conceptos de todos los campos
científicos del conocimiento. (pp. 53 – 79)

Por eso, la caracterización de la filosofia de la ciencia que responde a la


elaboración de distintos y variados esquemas conceptuales destinados a
entender la ciencia desde distintas variantes, adquiere con este grupo cierto
estancamiento, debido a su interpretación ortodoxa de la ciencia, ceñida a la
cientificidad de un método único que, a su vez, estaba amparado sobre
presupuestos de igual orden, es decir, los que responden a aumentar la
exactitud de la verdad, entendida como una verdad sujeta al dictamen de la
experiencia, única fuente y garantía de que dicho conocimiento sea verdadero.
“La Concepción Heredada concibe la historia de la ciencia como un proceso
acumulativo lineal: cualquier desarrollo científico confirmado se conserva a lo
largo de la historia, sea subsumido en teorías posteriores o porque subsume a
otras” (Palma, 1998, p.58).

El efecto y posterior consecuencia de esta perspectiva en la filosofia de la


ciencia fue el surgimiento, durante la década de 1960, de otras visiones que se
inclinaban por reflexionar sobre la ciencia, pero, al hacerlo, optaban por dejar
de lado las visiones entonces dominantes y volcaban su reflexión sobre
aquellos aspectos que la cristalizada Concepción Heredada había dejado
marginados en su afán de buscar la “verdad”. El énfasis está ahora dirigido no
tanto a los aspectos lógicos y empíricos que sustenten los fundamentos
epistemológicos de las teorías, sino a los aspectos históricos y sociales, en los
que se enmarca la actividad.
Al adoptar este enfoque sistemático y formal la concepción heredada, como
ya se mencionó, dejaba marginados variados enfoques, entre ellos el enfoque
histórico propiciado por Kuhn, al considerarlo carente de significado y que nada
le aporta a la constitución del “método científico”. Sin embargo, Kuhn abogará
por la defensa del contexto de justificación en detrimento de la objetividad del
“análisis lógico del lenguaje”; en adelante se dará principal atención a la
estructura del conocimiento científico, entendido como análisis histórico.
Dentro de esta renovada perspectiva de la ciencia, encontramos la
propuesta epistemológica de Kuhn, entendida como “la combinación de la
historia de las ideas con la de la ciencia” (Kuhn, 1978, p.11). En consecuencia,
su planteamiento rompe con la hegemonía consolidada de la “concepción
heredada” en la filosofia de la ciencia, y a la vez desarrolla otro modo de
interpretar la ciencia, ahora desde su historia como método alterno al lógico –
formal. Este aspecto daría pie durante la década del sesenta a variados
debates en la forma de apreciar el desarrollo científico. Asi lo refiere palma
(1998), cuando afirma:
Una serie de críticas y objeciones de diversos orígenes fueron
socavando poco a poco la fuerza y rigurosidad inicial de los
22

fundamentos centrales de la Concepción Heredada. Así, la idea de


reconstrucción racional, el presupuesto empirista, las nociones de
objetividad, decidibilidad empírica, intersubjetividad y racionalidad, la
idea de que la ciencia es sólo un sistema de enunciados, y
fundamentalmente la restricción al contexto de justificación, recibieron
objeciones desde múltiples frentes (pp. 59 - 60).
La revolución científica defendida por Kuhn como un acontecimiento muy
significativo en la historia de la ciencia y su progreso, entra en conflicto con la
noción de “racionalidad”, en tanto característica distintiva y esencial del
conocimiento científico” – su crítica a la concepción heredada y a Popper
“marca un punto de ruptura de la influencia generalizada en todo el ámbito
epistemológico e intelectual, […] sus reclamos por atender la historia efectiva
de la ciencia como una instancia epistemológica de peso y tomar a la
comunidad científica como sujeto del desarrollo cognitivo” ( p. 61), le convierten
en uno de los principales defensores de este enfoque, que transformaría en
gran medida la filosofia de la ciencia en adelante.

1.4 - LA REVOLUCION DE KUHN EN LA FILOSOFIA DE LA CIENCIA


En primer lugar, es preciso remitirse al texto de Kuhn en el que más
claramente muestra su objetivo de hacer de la historia de la ciencia tanto su
punto de partida como de llegada de un proyecto que requería total entrega y
dedicación. Ese texto es el ya mencionado Estructura de las revoluciones
científicas en el que su propuesta se consolida notablemente en un marco
teórico organizado cuya secuencia da cuenta de la profundidad de la tesis
historicista enunciada y que se menciona por primera vez en la Revolución
copernicana, ( 1978) que fue la primera obra histórica relevante de Kuhn en
este sentido. Esta tesis dice: “Los conceptos científicos son ideas, y como tales
forman parte de la historia intelectual”. (p. 11). Esta premisa se convertirá en el
fundamento que defina lo que será la Estructura como texto revolucionario en la
filosofia de la ciencia y su posterior desarrollo. Cuestionar los principios
epistemológicos sobre los que la ciencia se asentaba.

En el Prólogo a la Estructura, Kuhn nos relata cuál fue el modo en que


siendo un joven, graduado en física teórica, incursionó por primera vez en la
historia de la ciencia y sus posteriores consecuencias de orden personal, que lo
llevarían a pasar de “la ciencia a su historia” (Kuhn, 1971, p.10). Como dato
importante menciona que su proyecto tuvo origen en el año de 1947, cuando
fue encargado de dictar un curso de colegio sobre ciencias (“sobre los orígenes
de la mecánica del siglo XVII”) para los no científicos, hecho que
indudablemente lo ubicó y puso de frente con la historia de la ciencia, así como
los escritos de “Alexandre Koire, Emile Meyerson, Helene Metzger y Anneliese
Maier” quienes ejercieron una influencia decisiva en su formacion “sobre lo que
puede ser la historia de las ideas científicas” (p.10). Así mismo, reconoce su
deuda intelectual con la monografía de Ludwig Fleck titulada “Creación y
23

desarrollo de un hecho científico” (1935) que le brindaría las pautas necesarias


para el posterior desarrollo de sus propias ideas. (Pérez, 2010).

La controversia generada por Kuhn en 1962 con la publicación de su texto,


en el que exponía su particular visión de entender la evolución del conocimiento
científico y la función desempeñada por la historia de la ciencia en la
comprensión de dicho conocimiento, significó una profunda ruptura y
enfrentamiento con la llamada “Concepción Heredada” y principalmente con el
falsacionismo de Karl Popper. Para Kuhn, la historia de la ciencia constituye el
eje sobre el que debe girar la investigación sobre la dinámica de las teorías
científicas.
El contacto con una disciplina ajena a su formacion académica acabó por
hacerle caer en cuenta de que algunos conceptos básicos sobre los que opera
y se sustenta la ciencia carecían del estudio que la historia ofrecía sobre ellos y
simplemente se implementaban como parte de una formacion académica ya
establecida; pero como considera que esos conceptos eran importantes y que
podían nutrir la discusión científica, decidió “ahondar más en sus fallas de
verosimilitud” ( Kuhn, 1971, p.9), y moverse por terrenos que él no conocía muy
bien pero que acogió, pues aceptó entonces la utilidad de la historia de la
ciencia, para entender la nueva perspectiva sobre la naturaleza de la ciencia
que él pretendía desarrollar en oposición a una concepción clásica en filosofia
de la ciencia con pretensiones de exclusividad; este hecho, reitero, lo llevó a
proponer un concepto nuevo de lo que es una teoría científica enmarcada
históricamente.
Señala también Kuhn, en gran parte del Prefacio, cuál fue la génesis que le
permitió ahondar aún más en un campo ajeno a su formacion académica, pues
él había sido formado en un ambiente de científicos “naturales”, alejado de
problemas e inquietudes propias de un científico social. El autor lo refiere así:
“Principalmente, me asombré ante el número y el alcance de los desacuerdos
patentes entre los científicos sociales, sobre la naturaleza de problemas y
métodos científicos aceptados” (Kuhn, 1971, p. 13). Lo cual significa que el
hecho de haber recibido su formacion intelectual en un ambiente académico,
propio de científicos puros, suponía un reto para él, pues debía enfrentarse al
dilema que le comenzaban a generar sus estudios históricos, sobre la certeza
de las respuestas a preguntas suscitadas por científicos sociales, sobre un área
del conocimiento que él conocía muy bien.
Siendo así, esta divergencia entre uno y otro método en torno a cuál es más
propicio para la investigación científica, y el tratar de descubrir el origen de esa
diferencia, le llevó a introducir un concepto fundamental que daría pie a la
formulación posterior de su ensayo; este concepto es el de paradigma 1. En sus
palabras lo define así: “Considero a estos como realizaciones científicas

1
Margaret Masterman (1970) denuncio en su trabajo “La naturaleza de un paradigma” que
en la Estructura hay, por lo menos, 21 definiciones de paradigma, por lo tanto una sola
definición es imprecisa.
24

universalmente reconocidas que, durante cierto tiempo, proporcionan modelos


de problemas y soluciones a una comunidad científica” (Kuhn, 1971, p.13). En
consecuencia, y siguiendo su objetivo de explicar las ideas sobre la ciencia de
manera eficaz, en contraste con la historia, tendrá como su objetivo central, “un
cambio en la percepción” y una reorientación en la filosofia de la ciencia
predominante hasta entonces. La filosofia de la ciencia antes de Kuhn era
identificada con lo que Popper denominó “lógica de la investigación científica”.
Lo racional designa que reglas sean aplicadas estrictamente, alejadas de
cualquier ambigüedad; la verdad se entiende como un conjunto de relaciones
lógicas bajo las que la verdad de una hipótesis científica se da.
El concepto de revolución científica kuhniana, se entiende así como un
cambio de perspectiva, que renueva la filosofia de la ciencia, que en adelante
será entendida como un análisis histórico, que según Kuhn, demostraba que lo
que se había entendido hasta el momento como progreso en la ciencia, no era
más que un proceso de acumulación lineal de conocimientos. En el prólogo a
La tensión esencial (1982), Kuhn presenta la contrapropuesta a esta visión
cuando dice: “El desarrollo científico depende en parte de un proceso de
cambios no acumulativos, es decir, se trata de un proceso revolucionario”
(p.17). En consecuencia, la epistemología kuhniana sustentada en el estudio de
la “historia de las ideas científicas”, va a proponer “el método hermenéutico”
como principal herramienta sobre la que debe darse el análisis de la ciencia,
en un intento por desligarse de una visión hegemónica en la filosofia de la
ciencia. Así pues, se entiende que el objetivo de su obra es develar “las
implicaciones filosóficas de la visión de la ciencia, históricamente orientada”
(Kuhn, 1971, p.17).
La nueva imagen de la ciencia propuesta por Kuhn, rompe con la
perspectiva de una única imagen de la ciencia heredada del Círculo de Viena,
además de considerar la historia como algo más que “una mera descripción” –
y recolección de datos cronológicos. Para Kuhn la filosofia de la ciencia, “se
ocupa de lo científico en general, preguntándose por ejemplo, cuál es la
estructura de las teorías científicas, la posición de las entidades teóricas o las
condiciones necesarias para que los científicos puedan asegurar que están
produciendo conocimientos sólidos” (Kuhn, 1982,p.36). Siendo así, la
revolución científica de Kuhn propicia que se deba entender el progreso de la
ciencia a la luz de su historia, y de un paradigma que cambia o es sustituido
por otro dado que ya no es eficaz para resolver problemas reales de la ciencia
en el seno de una comunidad científica.
Este proceso, en apariencia fácil de darse y sin mayores consecuencias, es
la base de lo que el autor denomina “ crisis” un momento de la ciencia en que
un paradigma, entendido como un modelo o patrón de referencia para resolver
problemas, deja de ser aceptado porque su estructura no brinda respuestas
adecuadas a problemas propios de la investigación científica. Kuhn identifica
este acontecimiento como acumulación de anomalías, es decir, problemas sin
resolver a la luz del paradigma vigente; en consecuencia, surge un periodo de
25

crisis de las teorías científicas, que conduce, en un primer momento, a que la


ciencia normal se reactualice, es decir, aquel periodo de la ciencia en que un
grupo de científicos o “comunidad científica” trabaja a la luz de los problemas
suscitados por la investigación y sus posibles soluciones, siguiendo unos
métodos aceptados por todos los miembros, pues se consideran viables para
tal fin, su objetivo no es otro que responder las preguntas suscitadas por la
investigación científica, agotando las posibilidades del paradigma vigente.
Siguiendo las reglas paradigmáticas aceptadas durante el periodo de ciencia
normal, no se introducen innovaciones radicales que alteren el orden; por el
contrario, se busca extender su aplicación hasta un máximo de posibilidades;
Kuhn lo remite así: “ ninguna parte del objetivo de la ciencia normal está
encaminada a provocar nuevos tipos de fenómenos; a los fenómenos que no
encajarían dentro de los limites mencionados frecuentemente ni siquiera se los
ve” (Kuhn,1971,p.53), lo cual significa que el grupo de científicos adscritos a
determinado paradigma tienden a creer que los problemas suscitados por las
dificultades en la aceptación de una teoría, se pueden resolver sin cambios
radicales al paradigma; pero no es así. Las teorías se vén separadas por las
revoluciones científicas en las que se rechaza un paradigma, pero se acepta
otro - cambios paradigmáticos, con múltiples implicaciones epistemológicas en
el terreno de la nueva imagen de la ciencia. “Lo que antes de la revolución eran
patos en el mundo científico, se convierten en conejos después” (p.176).
Otro aspecto importante de este proceso es el surgimiento de la ciencia
revolucionaria. Surge como respuesta a la crisis suscitada por el gran número
de anomalías que no pueden ser resueltas, siguiendo un modelo anterior de
paradigma, por lo que se hace imperativo proponer nuevos problemas, nuevas
reglas, nuevas soluciones para sus problemas; pero sobretodo un cambio
significativo en el lenguaje, los conceptos asociados a cada teoría y la forma
como se relacionan con la realidad. En una revolución científica “los científicos
ven cosas nuevas y diferentes” (Kuhn, 1971, p.176), que traen consigo nuevos
métodos para solucionar anomalías y por consiguiente nuevas formas de
investigación científica; por lo tanto, una vez ocurrida una revolución científica,
todo el conjunto teórico del quehacer científico se reordena sustancialmente y
en un periodo cíclico se reordena para fundar nuevamente un nuevo periodo de
ciencia normal.
Pero para que se dé una revolución científica existe una condición
fundamental: para proponer un nuevo modelo de ciencia, un nuevo paradigma,
y romper con el anterior, es necesario proponer otro; en otras palabras, si no
se propone un nuevo paradigma no opera una revolución científica. Dice Kuhn.
“El rechazar un paradigma sin reemplazarlo con otro, es rechazar la ciencia
misma”. (Kuhn, 1971, p. 131). Para ejemplificar esta transición de un paradigma
a otro, Kuhn realiza una investigación histórica denominada “La revolución
copernicana”( 1957), texto en el que expone, a partir de la investigación
histórica de la ciencia, cuál fue el proceso y sobre todo como opero ese cambio
de visión del mundo desde una cosmología ptolemaica, amparada en la
dogmática física aristotélica, paradigma vigente por varios siglos, y su transición
26

hacia una nueva perspectiva, es decir, un nuevo paradigma que implicaba


nuevos cambios conceptuales, en los terrenos de la filosofia, religión, y
cosmología. Esta revolución en el pensamiento y en la historia de las ideas
científicas es definida de la siguiente manera: “tiene un nombre singular, pero
fue un acontecimiento plural, una trasformación de la astronomía matemática”
(Kuhn, 1978, p. 9). Kuhn, siguiendo a Kant, entendió que “La filosofia de la
ciencia sin la historia de la ciencia es vacía; la historia de la ciencia sin la
filosofia de la ciencia es ciega” (Lakatos, 1987, p. 11).
Este cambio de perspectiva en la reflexión sobre la ciencia, se hace evidente
desde el primer capítulo de La estructura de las revoluciones científicas, titulado
“Un papel para la historia” en el que pone en entredicho la imagen de ciencia
habida hasta el momento, ya que cuando se da una revolución se “modifica la
perspectiva histórica de la comunidad que la experimenta” (Kuhn, 1971, p15).
Asi pues, los cambios producidos por una revolución científica como por
ejemplo en la transición del sistema ptolemaico al copernicano, implican
distintos cambios, no solo concernientes al campo de la ciencia, sino de la
cultura que la experimenta. Al llegar a este punto, conviene recalcar que la
piedra angular de la propuesta de Kuhn es el estudio de la historia de la
ciencia, en base a la cual está dirigido su análisis del progreso de la ciencia. En
La tensión esencial (1982) dice:
Lo que me hizo pasar tardíamente de la física y la filosofia a la historia
fue el descubrimiento de que la ciencia, leída en sus fuentes, parecía
una empresa muy distinta de la que se halla implícita en la pedagogía
de la ciencia y explicita en los escritos filosóficos comunes y corrientes
sobre el método científico. (p.27).
Lo anterior muestra como su propuesta se aleja de la imagen de ciencia
habida hasta entonces, la cual estaba basaba en libros de texto que no se
salían de los márgenes comunes para su enseñanza y eso imposibilitaba
abordar verdaderos problemas epistemológicos, que deberían ser centrales. Al
respecto dice: “Lo que se escribe sobre la filosofia de la ciencia sería mejor si la
historia le preparara antes el camino” (Kuhn 1982, p. 36).
Por eso, tratará de mostrar en la Estructura, a partir del estudio historio de la
ciencia, que hemos sido mal conducidos en muchos aspectos por esta
perspectiva un tanto dogmática y en consecuencia, va a “trazar un bosquejo
del concepto absolutamente diferente de la ciencia que puede surgir de los
registros históricos de la actividad de investigación misma” (Kuhn, 1971, p.20).
Estará depurado del estereotipo no histórico, sugerido por los libros de texto
científicos, en los que el contenido neto de la ciencia no se sale de lo
ejemplificado por leyes y teorías. En otras palabras, el estudio de la historia
devela que los libros de texto nos ofrecen solo una forma de aprendizaje de la
ciencia, la cual se rige según las pautas del “método científico” de observación
y experimentación, cuyo resultado es “un concepto de ciencia con profundas
implicaciones sobre su naturaleza y su desarrollo” (Kuhn, 1971, p.21).
27

La ciencia, así entendida, significa un conjunto de hechos, teorías y


métodos, reunidos en libros de texto sobre los que su enseñanza se ampara, y
no lejos de esta imagen, los científicos serán hombres que, desarrollando
experimentos y aplicando los métodos para ello utilizados, contribuyen a
fomentar este conjunto particular dirigido hacia el científico, rumbo al desarrollo
científico, entendido como un proceso en el que esos conceptos se han
añadido al caudal de conocimientos ya habidos en el ámbito de la ciencia.
Esa perspectiva de la ciencia, propia de la concepción que propugnaba que
el progreso científico era acumulativo; hizo de Kuhn uno de sus más fervientes
críticos en tanto historiador de la ciencia; desconfía de este modelo, para él: “la
ciencia no se desarrolla por medio de la acumulación de descubrimientos e
inventos individuales” (Kuhn, 1971,p.22) sino, como ya quedó dicho, por medio
de revoluciones científicas – mediante las que se llega a poner de manifiesto la
integridad histórica de esa ciencia en la época en que fue enunciada.
De lo anterior resulta que Kuhn se incline por la perspectiva histórica de la
ciencia que no solo desafía una imagen tradicional, sino que intenta responder
la pregunta “¿que son las revoluciones científicas?” – cuya respuesta más
inmediata es que son “episodios del desarrollo no acumulativo en que un
antiguo paradigma es reemplazado” (Kuhn, 1971, p.149). Teniendo en cuenta
esto, los historiadores dedicados al estudio del conocimiento por acumulación,
se enfrentan con problemas diversos, siendo uno de los más importantes el
“distinguir el componente científico de las observaciones pasadas y las
creencias” (p.22), y con ello determinar que es o no ciencia propiamente dicha.
Kuhn, pone de manifiesto este problema al sostener que algunos historiadores
de la ciencia han descubierto que:
Es cada vez más difícil desempeñar las funciones que el concepto de
desarrollo de desarrollo por acumulación les asigna […] La
investigación histórica misma que muestra las dificultades para aislar
inventos y descubrimientos individuales, proporciona bases para
abrigar dudas profundas sobre el proceso de acumulación, por medio
del que se creía que habían surgido esas contribuciones individuales a
la ciencia. (Kuhn, 1971, pp. 22 - 23)
Por lo anterior, el planteamiento central que defendió Kuhn, fue que al igual
que las revoluciones políticas se dan porque las instituciones que hay no son
capaces de solucionar los problemas que ellas mismas han creado; esto
conlleva a que esa instituciones cambien; así mismo las revoluciones científicas
surgen cuando “un paradigma existente ha dejado de funcionar
adecuadamente” (Kuhn, 1971, p. 149), y necesita ser cambiado por otro que
satisfaga la solución de problemas propios de la ciencia.
En últimas, la historia de la ciencia significa para Kuhn, como ya se había
dicho más que un cumulo de información cronológica, para él es una “fuente de
problemas” y más aún “una empresa de naturaleza explicativa, que induce a
28

comprender, y por eso debe mostrar no únicamente hechos sino también las
conexiones que hay entre ellos.” (Kuhn, 1982, p. 39).
El cambio de paradigma en la ciencia conduce a que se reconstruyan las
bases sobre las que se sustenta, no es solo el abandono de una teoría, sino
también una revolución que implica elegir “entre paradigmas en competencia”.
Este acontecimiento es muy importante dentro del proceso por el cuál se da
una revolución científica, pues los paradigmas, “son la fuente de los métodos,
problemas y normas de resolución aceptados por cualquier comunidad
científica madura, en cualquier momento dado.” Por lo tanto “la recepción de un
nuevo paradigma frecuentemente hace necesaria una redefinición de la ciencia
correspondiente” (Kuhn, 1971, p.165). Estos aspectos marcan un hito en el
nuevo enfoque de la ciencia, inviable para aquellos que concebían el avance
científico como acumulativo; ese es el resultado de una revolución en la ciencia,
que da paso “a una comprensión mucho más realista de lo que es la empresa
científica de cómo opera y de lo que puede y no puede conseguir, de la que
antes se tenía” (Kuhn, 2002, p. 131- 132).

2 - El CONCEPTO DE REVOLUCIÓN EN EL CONTEXTO DEL


PROGRESO DE LA CIENCIA
A partir de la obra de Thomas Kuhn, la filosofía de la ciencia clásica da un
giro radical, supuso cuestionar en profundidad la visión ahistórica sobre su
reflexión y tratar de incorporar la ciencia al plano epistemológico como un
producto histórico; esto supone una nueva forma de practicarla en el marco de
un paradigma o modelo vigente. Este aspecto conduce a un problema
fundamental, a saber, el de tratar de definir cuál de los dos modelos el lógico –
formal o el histórico – psicológico, le conviene más a la ciencia y su noción de
progreso, en otras palabras, de lo que se trata es de responder a la pregunta.
“¿cómo se puede decidir entre las diferentes metodologías que se han
propuesto para la ciencia?”, dado que “cada metodología tiene sus problemas
lógicos y epistemológicos específicos. (Lakatos, 1987, pp. 14 - 107)
En este sentido, este segundo apartado trata de esa cuestión, es decir, de
definir, a partir del debate suscitado por las ideas de Karl Popper y Thomas
Kuhn, en relación con su particular modo de entender la ciencia, si esta
progresa o no, y si lo hace cuál es el modelo propicio para su desarrollo. De
esta manera, se parte de una breve caracterización sobre el escenario en que
se dio dicho debate; posteriormente, se exponen algunas ideas de la
controversia Kuhn – Popper, esto desde dos textos específicos: ¿ Lógica del
descubrimiento o psicología de la investigación? (Kuhn,1975) - y la ciencia
normal y sus peligros (Popper, 1975); de esta manera, y pese a las diferencias
entre una y otra concepción del modo como opera la ciencia en el contexto del
progreso, se espera llegar a un balance que permita tomar partido por cuál de
las dos perspectivas resulta más adecuada y precisa al respecto.
2.1 ESCENARIO DEL DEBATE KUHN – POPPER
29

La década de 1960 supuso un cambio radical en la filosofía de la ciencia,


pues, como se ha venido insistiendo la publicación de la Estructura de la
revoluciones científicas (1962), cambió drásticamente la forma de concebir el
desarrollo de la ciencia bajo un método único que auspiciaba el modelo
metodológico - racionalista. Según Kuhn (1994) - “en los sesenta, lo que entró
en crisis no fueron la racionalidad y el progreso de la ciencia, sino la
concepción popperiana de estos” (p. 47). Para el filósofo de la ciencia
norteamericano, “Ningún proceso descubierto hasta ahora por el estudio
histórico del desarrollo científico se parece en nada al estereotipo metodológico
de la demostración de falsedad, por medio de la comparación directa con la
naturaleza” (p.128). Esta divergencia sobre los criterios que rigen el acontecer
científico, sería la base para que tanto Kuhn como Popper defendieran
argumentativamente sus tesis epistemológicas en el año de 1965, en el marco
de un “Coloquio internacional de filosofía”, celebrado en Bedford College
(Princeton).
Si bien no fueron los únicos asistentes al seminario, pues también asistieron
Lakatos, Feyerabend, Margaret Marterman, entre otros, su participación suscitó
especial atención dada la divergencia entre sus criterios epistemológicos para
entender y explicar la filosofia de la ciencia. Popper defenderá un modelo de
ciencia que no se sale de los márgenes racionalistas empíricos de
contrastabilidad y falsabilidad de las teorías científicas; por su parte, Kuhn,
interpreta la ciencia siguiendo un modelo historicista que toma distancia del
modelo clásico, ya consolidado, lo cual suponía una gran novedad, pues se
hace de la ciencia y su historia el punto de partida de un nuevo tipo de
reflexión.
El resultado de este debate sería fructífero para Kuhn. Publicaría en 1970
una segunda edición de “La Estructura de las Revoluciones Científicas”, que
incluía una Posdata, en la que aclaraba algunos equívocos suscitados por su
lectura, esto a raíz de las críticas de las que fue objeto en el “Coloquio
internacional de filosofia”. El cambio de enfoque en algunas ideas, clarificaba el
concepto de paradigma y la forma como se ha utilizado. De acuerdo con
Bautista (2015) - “La importancia de esclarecer la noción de paradigma estriba
en que la teoría de la ciencia kuhniana, se construye sobre ella, la ciencia
normal, los enigmas, las crisis, las revoluciones, etc., dependen de lo que sea
un paradigma” (p.197).
2.2 EL PROGRESO DE LA CIENCIA PARA POPPER
La ponencia de Karl Popper titulada – “La ciencia normal y sus peligros”, es
en gran medida una crítica a Thomas Kuhn y su modelo de ciencia de tipo
histórico – psicológico. Popper examina a la luz de su método de falsacion, la
viabilidad del modelo kuhniano de concebir la ciencia, pero a la vez, acepta
algunos aspectos centrales de su obra. A continuación se esbozan las
principales ideas contenidas en la ponencia de Karl Popper.
30

En primer lugar, Popper acepta la crítica de Kuhn como una de las más
interesantes y profundas al respecto; sin embargo, considera que en aspectos
fundamentales es mal interpretado o simplemente no entendido. Según Popper
cuando Kuhn cita un pasaje especifico de un capítulo de La lógica de la
investigación científica, (1980), lo cita sin haber consultado una edición anterior
del texto, por lo que es una cita fuera de contexto, pues para Popper en esa
primera edición él anticipa una idea de vital importancia en la obra de Kuhn, a
saber, que “los científicos desarrollan necesariamente sus ideas dentro de un
marco general teórico definido” (Popper, 1975, p. 149).
La postura de Popper respecto a lo que debe ser el conocimiento científico,
es radical, dice que este debe ser una “estructura organizada”, en la cual se
tratan los problemas científicos. Insiste en que hay una estructura organizada o
como él lo llama un edificio racional, que da a los científicos las pautas
necesarias para abordar un problema, sin embargo, Kuhn pasa por alto este
planteamiento; en otras palabras, para Popper sus ideas se acercan bastante a
lo denominado por Kuhn “ciencia normal” - es decir una estructura teórica
organizada, en la que trabaja una comunidad científica de forma racional.
De lo anterior resulta que para Popper, Kuhn adecuo la lectura de su oba en
base a sus intereses intelectuales, tomando distancia de lo que en verdad quiso
decir. Ahora bien, pese a esta divergencia, considera que fue Kuhn quien entre
todos sus críticos le entendió mejor, y acepta consecuentemente las críticas
más importantes. Entre ellas la de la conceptualización de la ciencia normal,
pues el historiador de la ciencia, consideraba que sir Karl se había dedicado
únicamente a investigar la ciencia extraordinaria, dejando marginada la ciencia
normal. Pese a esto acepta la crítica en los siguientes términos:
Pienso que la distinción entre estos dos tipos de ocupación quizá no
es tan tajante como Kuhn la hace; no obstante, estoy muy dispuesto a
admitir que en el mejor de los casos sólo me he dado cuenta
débilmente de esta distinción; y, además, que esta distinción señala
algo que es de una gran importancia (Popper, 1975, p. 150).
En este punto es donde empieza a hacerse más aguda la crítica de Popper.
Sostiene que en realidad no es necesaria tal distinción entre una u otra clase de
ciencia, ni tiene la preponderancia que se le adjudica: “[…] “es un asunto
comparativamente de menor importancia el de si los términos “ciencia normal” y
“ciencia extraordinaria” son o no en cierto modo peticiones de principio”.
(Popper, 1975, p.150); no obstante reconoce a Kuhn el mérito por haber
realizado la distinción y haberle presentado variedad de problemas con total
claridad.
Lo dicho hasta aquí supone creer que Popper compartía alguna afinidad con
los planteamientos kuhnianos; en efecto así es, acepta la noción de lo que
Kuhn llama “ciencia normal”; no obstante, la acepta para hacer caer en cuenta
que es un peligro para la práctica científica, al ser un dogma compartido por los
científicos; supone la aceptación de un modelo dado y, por consiguiente cierto
31

dogmatismo para resolver problemas centrales de la ciencia; considera la


ciencia normal como una moda compartida por una mayoría. Se refiere a esta
de la siguiente manera:
Lo que Kuhn ha descrito existe, y los historiadores de la ciencia deben
tenerlo en cuenta […] Que sea un fenómeno que a mí no me guste
(porque lo considero un peligro para la ciencia) mientras que a él al
parecer no le disgusta (porque lo considera “normal”) es otra cuestión;
una cuestión importante, sin duda. (Popper, 1975, P.150).
En consecuencia, descalifica al científico normal, por considerarle un
científico aplicado que deja olvidado el “pensamiento crítico” y opta por
tecnicismos sin preguntar el porqué de su aplicación. El científico normal se
contenta con “resolver rompecabezas”; pero la labor que debe cumplir un
científico serio o “el hombre de ciencia” sin importar si es teórico o
experimental, debe ser la contrastación de hipótesis con base en sus
observaciones y experimentos, de ahí surge el mejor método de análisis para
las ciencias empíricas (Popper, 1980, p.27).
En este punto asoma la siguiente crítica: ¿cuál es el significado del término
rompecabezas?, citando a Wittgenstein y su tesis según la cual “no hay
problemas genuinos en filosofía” concluye que el sentido de este término
kuhniano, designa problemas poco profundos o no tan fundamentales para la
ciencia y para el científico normal (Popper, 1975, p.150). Desde esta
perspectiva, para Popper el científico que trabaja bajo una teoría dominante o
paradigma, trabaja en un problema rutinario, poco diciente; se adecua a la
resolución de rompecabezas, lo cual significa rechazar teorías que no estén
generalmente aceptadas y esto conlleva a que no se investigue sobre
auténticos problemas científicos. Esta actitud supone un peligro desde la óptica
popperiana, pues siempre está la posibilidad de que la ciencia llegue a ser
normal; y esto supone un peligro para el desarrollo en la ciencia.
El énfasis crítico de Popper cuestiona el concepto de “ciencia normal”; para
él, este tipo de ciencia sobre la que recae la investigación y posterior desarrollo
científico no es normal, y esto constituye una equivocación por parte de Kuhn.
“estoy en desacuerdo con Kuhn acerca de lo característico de la ciencia”.
(Popper, 1975, p.151). La razón de este desacuerdo radica principalmente en
que para Popper una ciencia que genere problemas fundamentales no es
necesariamente ciencia revolucionaria.
Tomando como ejemplo la “botánica descriptiva”, Popper dice que esta
pese a no ser revolucionaria, genera problemas de distinto orden (distribución,
localización, simbiosis, enfermedades, características. etc.), estos conducen al
científico a realizar experimentos con el fin de darle corpus teórico a una teoría
netamente descriptiva. Además, sugiere que: “en cada etapa más que
“rompecabezas” surgen problemas genuinos” (Popper, 1975, p.151). Lo que
para Kuhn son rompecabezas, para Popper son problemas profundos y
significativos.
32

De acuerdo con esto, la caracterización hecha por Kuhn de la ciencia


requiere puntualizarse para, de esta manera poder entender sus limitaciones.
En este sentido sostiene Popper que la caracterización tanto de los periodos
de ciencia normal como de ciencia revolucionaria, se ajusta perfectamente a lo
que sucede en el campo de la astronomía, pero no ocurre lo mismo con otras
ciencias, por ejemplo las biológicas; de este modo, se entiende la limitación
Kuhniana a una contextualización histórica especifica en el marco de la historia
de la ciencia, que sustente su visión de la ciencia como revolucionaria. Asi
pues, la base epistemológica de su enfoque revolucionario entra en conflicto
con la historia, es decir, no encuentra sustento pleno en ella.
Con todo y lo anterior, se llega a un punto en el que Popper evidencia tal vez
la crítica más fuerte a su concepción de la ciencia como un edifico racional,
dicha critica es “la tesis de que la lógica de la ciencia tiene poco interés y
ningún poder explicativo para el historiador de la ciencia” (Popper, 1975, p.152).
Sin embargo, Popper considera esta tesis paradójica, porque Kuhn es partidario
de una tesis lógica, denominada “lógica del relativismo histórico”.
El modo de entender la ciencia a partir del método de contrastación y
falsacion, es inviable para Kuhn; él no cree que el método más propicio para
que la ciencia progrese sea el conjetural crítico. Desde su óptica, en los
periodos de ciencia normal no se contrastan los paradigmas, sino que se tratan
de solucionar los rompecabezas, a la luz del paradigma vigente; solo cuando se
presenten anomalías que no tengan solución y se dé un periodo de crisis, solo
entonces surge otro paradigma, que reemplaza el anterior. La respuesta de
Popper a esta cuestión es la misma; sus argumentos no son de orden
psicológico o histórico, sino lógicos. “su teoría de la comunicación racional”
implica la aceptación de un marco general común, es decir, un lenguaje lógico
común.
Kuhn emplea la lógica, no meramente para argumentar, sino, precisamente
en el mismo sentido en el que Popper habla de la lógica del descubrimiento.
Él emplea, sin embargo, una lógica del descubrimiento que en algunos puntos
difiere radicalmente de la popperiana, la lógica de Kuhn es la lógica del
relativismo histórico. (Popper, 1975, p. 154). En este sentido, el término
relativismo se pude entender como búsqueda de la verdad, pero sin llegar a
determinar con precisión qué es. Asi lo ratifica Bautista (2015) cuando sostiene
que:
Una de las ideas que dan cauce al relativismo era que en una discusión
se pretende encontrar la verdad. Pero como la mayoría de veces no se
llega a ella, entonces estaríamos tentados a caer en el relativismo, es
decir, como no se llega a una sola verdad, entonces hay que aceptar
que existen distintas verdades. El relativismo sostiene que la verdad es
relativa a los diferentes marcos conceptuales. (p.193)
De este modo, considera esta tesis errónea, porque al ser sometida a crítica
la base de la epistemología kuhniana, es decir, el marco general, no pasa el
33

test para ser verdadero; por tanto, no contribuye al avance del conocimiento
científico, que, según dijera Popper (1980) debe enunciar problemas con total
claridad y tratar de dar soluciones a través de la crítica y discusión racional
(p.17).
Lo anterior significa uno de los puntos más problemáticos y candentes de la
confrontación intelectual entre Karl Popper y Thomas Kuhn. Mientras para este
último no es el método de contrastación y verificación el medio por el cual
avanza la ciencia, sino la solución de enigmas, tras haber sido puesto en
cuestión un paradigma vigente; entonces, más que lógica la explicación debe
ser sociológica y psicológica; en otras palabras, debe ceñirse a la investigación
histórica y a las conclusiones que se puedan derivar de su estudio. Para
Popper la sociología, la psicología o la historia, comparadas con una ciencia
rigurosa, carecen de objetividad; además de estar llenas de modas y prejuicios,
lo cual supone cierto estancamiento para el ejercicio científico al no cumplir con
el criterio de contrastabilidad.
Teniendo en cuenta estos aspectos, puede notarse que el modelo de
ciencia más eficaz por medio del cual la ciencia progresa, es, para Popper, el
de la verdad empírica objetiva y contrastable con la experiencia, un marco
general es solo un dogma peligroso, pero no eficaz. Este último aspecto
constituye otro de los puntos más problemáticos de la controversia: “Kuhn
considera que la racionalidad de la ciencia presupone la aceptación de un
marco general común […] y que la discusión racional, y la crítica racional, sólo
son posibles si estamos de acuerdo sobre los puntos fundamentales. (Popper,
1975, p. 155). Para Popper, la epistemología de Kuhn raya el extremo
dogmatismo, al considerar que fuera de la ciencia normal, no puede darse
ningún tipo de discusión. Solo dentro del marco común es posible la discusión;
y esto constituye para Popper un error conocido como tesis del mito del marco
general.
En síntesis, Popper reconoce lo difícil de debatir un problema, como el del
desarrollo y progreso de la ciencia, con personas que han sido educadas en
otros “marcos generales”; sin embargo, no lo considera imposible, es más ve en
los resultados de esa discusión crítica otra forma de considerar las cosas.
Puede agregarse que él comparte como resultado de esta perspectiva, una
revolución intelectual, pero que se da específicamente en el marco crítico y
racional de la ciencia. En este sentido, sostiene que:
“Siempre es posible una comparación crítica de las teorías que están
en competencia, de los marcos generales que están en competencia. Y
la negación de esta posibilidad es un error. En la ciencia (y sólo en la
ciencia) podemos decir que hemos hecho genuino progreso: que
sabemos más que sabíamos antes” (Popper, 1975, p.154).
De suerte que, si ha de buscarse una radical diferencia entre Popper y
Kuhn, debe insistirse en que dicha oposición se da principalmente en el
enfrentamiento entre “lógica versus historia y psicología social; normativo
34

versus descriptivo” (Kuhn,2002,p.153); por un lado, se busca hacer del


conocimiento científico un sistema de teorías formal, que se acerque más a la
verdad, y así aumentar su contenido; pero esto solo es posible si se eliminan
los errores por medio de la crítica racional en pro de sistematizar gradualmente
la verdad. Y por el otro, se persigue un objetivo idéntico, solo que renunciando
a la lógica como herramienta de análisis y discusión; se intenta incorporar
elementos ajenos a esta (ciencia normal) para escudriñar en profundidad
cuáles son sus fundamentos y su posible verdad. Popper pone de manifiesto su
diferencia respecto a Kuhn de la siguiente manera:
La diferencia entre Kuhn y yo se remonta, fundamentalmente, a la
lógica […] Todos sus propios argumentos se remontan a la tesis de que
el científico se ve obligado lógicamente a aceptar un marco general,
puesto que, no es posible ninguna discusión racional entre marcos
generales. Ésta es una tesis lógica (Popper, 1975, p 156).
Karl Popper es muy contundente con su crítica. Él no cree que ciencias
carentes de valor objetivo puedan aportar elementos a la discusión para
responder la pregunta acerca de ¿qué es el conocimiento científico? El punto
de vista desde el cual él entiende la ciencia, no se ocupa “por cuestiones de
hecho”, sino “únicamente por cuestiones de justificación”; de esta manera, la
ciencia se entiende como un producto netamente racional, sujeto a la
objetividad que puedan dictar los hechos. Se puede apreciar que lo que Kuhn
denomina ciencia revolucionaria es uno de los episodios más importantes que
dan pasó a un nuevo marco teórico; no obstante, para Popper no tiene tanta
importancia, porque en ese proceso de transición no opera estrictamente la
lógica ni la crítica, sino acontecimientos psicológicos y sociológicos que en
nada contribuyen a fomentar el progreso de la verdad racional.
Todo esto parece indicar que el progreso de la ciencia para Popper, debe
estar guiado exclusivamente por la objetividad empírica de problemas reales y
contrastables, esto es, debe dejarse de lado aspectos secundarios. Para que la
ciencia progrese se debe seguir el método de ensayo y error, es decir,
contrastar una teoría buscando refutarla, para así probar su eficacia en el
campo de la ciencia empírica. Este método constituye para Popper una de las
bases más solidadas sobre la que se asienta el objetivo de la epistemología, en
tanto teoría del conocimiento científico: “el problema central de la epistemología
ha sido siempre, y sigue siéndolo, el problema del conocimiento. Y el mejor
modo de estudiar el aumento del conocimiento es estudiar el del conocimiento
científico” (Popper, 1980, p.16).
En pocas palabras, Popper propone como rasgos esenciales de su noción
de progreso en la ciencia, los siguientes aspectos: “una concepción de la
verdad, un realismo moderado, una metodología específica y una tradición
crítica. A partir de estos elementos rechaza el relativismo y la idea de la
imposibilidad de diálogo entre marcos distintos” (Bautista, 2015, p.196).
Concluye su ponencia dando respuesta a la pregunta de Kuhn acerca de cuál
criterio, si la lógica del descubrimiento o la psicología de la investigación
35

conviene más a la ciencia; ratifica su planteamiento: la lógica del


descubrimiento no tiene absolutamente nada que aprender de la psicología de
la investigación, mientras que esta sí debe aprender mucho de aquella.

2.3. EL PROGRESO DE LA CIENCIA PARA KUHN


“Lo primero que me llevó a la historia y a la filosofia de la ciencia fue el
descubrir la desconcertante naturaleza de las revoluciones” (Kuhn, 2002,
p.164).
En primera instancia, es preciso decir que su debate con Popper, al interior
de la filosofia de la ciencia, resulta muy interesante si se tiene en cuenta que
son dos de las visiones del modo como opera la ciencia con más peso y
acogida durante las últimas décadas. En este sentido, este apartado estará
dedicado más que a mostrar sus diferencias, respecto al modo como el
conocimiento científico se desarrolla, a señalar aspectos e ideas centrales que
permitan ver en la obra de Kuhn más que un relativista histórico, al decir de
Popper, un científico, estudioso de la historia de la ciencia, preocupado por
vislumbrar cuál es la metodología más adecuada para el progreso de esta y las
consecuencias derivadas para un modelo de ciencia que toma distancia del
enfoque dominante sometiendo a critica sus principales tesis; entre ellas, la de
que “la historia está subordinada a la lógica de la ciencia” (Kuhn, 1994, p.13).
Anteriormente vimos la respuesta ofrecida por Popper a la ponencia de
Kuhn, en la que muestra una oposición radical de concebir la ciencia como un
producto histórico, sociológico o psicológico; para ello, ataca críticamente la
base epistemológica de Kuhn, es decir la conceptualización de “ciencia normal”,
y, pese a que la acepta en algunos puntos, la considera un peligro para el
mecanismo del progreso científico.
Veamos ahora los argumentos ofrecidos por Thomas Kuhn en su ponencia
“¿Lógica del descubrimiento o psicología de la investigación?”(1975), que le
permiten profundizar en sus ideas de tendencia historicista, consignadas en la
Estructura, además de permitirle separarse de un pensamiento ortodoxo y
concebir la filosofia de la ciencia desde otro enfoque, puesto que Popper no
cree en las revoluciones científicas, como cambios reales del mundo; amparado
dogmáticamente en la lógica, las califica como episodios poco importantes en el
desarrollo de la ciencia – Kuhn responderá que, al igual como Popper señaló
haber sido mal entendido, lo mismo ocurre con su propuesta de una nueva
metodología para la ciencia.
A diferencia de sir Karl, Kuhn defiende los cambios científicos como
revolucionarios en base en factores históricos y sociológicos. Les adjudica vital
importancia, a diferencia de Popper para quien la falsabilidad debería ser el
criterio por excelencia que defina lo que es la ciencia. De lo anterior se
desprende que si bien la ciencia tiene una metodología establecida en base a
36

criterios formales, no se pueden olvidar aquellos factores “secundarios”


invizibilizados por su gran racionalidad, tales como los históricos o sociológicos,
que son importantes para la construcción teórica del modo como opera un
paradigma dentro de la propuesta kuhniana de la ciencia.
La utilidad de las confrontaciones críticas no le parece viable a Kuhn, de
acuerdo a su modelo de ciencia, aunque comparte con Popper cierta afinidad
intelectual referente a problemas explícitos de la ciencia, tales como el modo
más adecuado de adquirir conocimiento científico. No obstante, Kuhn reconoce
su proximidad con Popper en algunos puntos de vista problemáticos de la
ciencia, por ejemplo, su rechazo de la afirmación de que la ciencia progresa
acumulativamente: “ambos rechazamos el punto de vista de que la ciencia
progresa por acumulación” (Kuhn, 1975, p .81); también su énfasis en el
proceso revolucionario cuando una teoría es derrocada por una nueva e
incompatible, y su ocupación del proceso mediante el que se adquiere
conocimiento científico dejando de lado su “estructura lógica”.
Sin embargo, para Kuhn hay un punto vital de coincidencia entre él y
Popper, a saber, que “el análisis del desarrollo del conocimiento científico debe
tener en cuenta el modo como la ciencia trabaja en realidad” (Kuhn, 1975,
p.84). Este aspecto ratifica su afirmación según la cual solo se les puede
distinguir por sus métodos.
Ahora bien, es necesario preguntarse: ¿qué significa en este contexto la
Estructura como texto revolucionario en la filosofia de la ciencia? – La
respuesta ya ha venido siendo trabajada, pero concretamente puede
responderse que es un texto revolucionario porque es una crítica rotunda a la
metodología popperiana de entender el conocimiento científico. Puede
agregarse que, para Kuhn, muchos seguidores de Popper leen la Estructura
como una revisión tardía de La lógica de la investigación científica, adecuando
su lectura e ideas a puntos de vista secundarios; de esta manera se pierde de
foco su verdadero objetivo, es decir, comparar, más allá de los aspectos
periféricos, los puntos en los que hay acuerdo; por tanto, se espera llegar a la
conclusión de que, pese a tratar temas muy afines, sus respuestas para los
mismos no son iguales y ahí radica su diferencia. Según Kuhn (1975),
Sir Karl y yo recurrimos a los mismos datos; hasta un extremo poco
común estamos viendo las mismas líneas sobre el mismo papel […]; no
obstante, cuando decimos las mismas cosas nuestras intuiciones son a
menudo muy diferentes. Aunque las líneas sean las mismas, las figuras
que de ellas emergen no lo son. Por eso es por lo que, más que un
desacuerdo, yo llamo a lo que nos separa un cambio de gestalt” (p. 83)
Por otra parte, Kuhn se pregunta cómo argumentarle a Popper sobre el
desarrollo del conocimiento científico, siendo que este conoce todo sobre él;
cómo mostrarle “que lo que él llama pato puede ser visto como un conejo”.
(p.83). Lo que entra en juego aquí es un enfrentamiento de criterios
epistemológicos definidos; por tanto, la pretensión de Kuhn es ver en qué
37

medida es posible dialogar y criticar otros puntos de vista, pese a que estos ya
están consolidados. El primer problema que encuentra es un problema de
terminología, de acuerdo con Kuhn, una relectura de los principales trabajos de
Popper le sugiere que hay “una serie de frases que se repiten” (p.83), y a pesar
de que no está en total desacuerdo con ellas, difiere en que él no las usaría en
los mismos lugares, pues para él son metáforas inapropiadas.
Recordemos que, para Popper, el método más eficaz para decidir entre lo
que es y no es ciencia es el método de la falsabilidad. Así lo afirma en La
lógica de la investigación científica (1980), cuando dice:
En la medida en que trasciende el análisis puramente lógico de las
relaciones existentes entre enunciados científicos, la teoría del método
se ocupa de la elección de los métodos, o sea, de las decisiones
acerca del modo de habérselas con los enunciados científicos. Y tales
decisiones dependerán, a su vez, como es natural de la meta que
elijamos (entre cierto número de metas posibles). La decisión que he
de proponer para establecer reglas adecuadas relativas a lo que llamo
“el método empírico” está unida estrechamente a mi criterio de
demarcación: pues propongo que se adopten aquellas reglas que nos
den la seguridad de que los enunciados científicos serán
contrastables, es decir, de que serán falsables (p. 48).
En el mismo sentido se pronuncia Lakatos (1987), para quien:
El auténtico progreso de la ciencia es acumulativo y tiene lugar en el
terreno uniforme de los hechos comprobados […] Según el código de
honor del falsacionista, una teoría es científica sólo si es posible
contrastarla con un enunciado básico; y una teoría debe rechazarse si,
de hecho, esta en conflicto con un enunciado básico aceptado (pp. 17 –
21).
Se acude a estos ejemplos de lo que significa el conocimiento científico en
un contexto lógico, a fin de articular en su punto más central; quizás la crítica de
Kuhn a este modelo metodológico, sea, “poner de manifiesto la integridad de
esa ciencia en su propia época” (Kuhn, 1971, p.23). Para el historiador de la
ciencia, la idea que tiene Popper de la contrastación, y el prototipo del científico
como alguien que contrasta enunciados empíricamente verificables, son un
cliché. Según Kuhn (1965), esa afirmación es “ambigua” por tres razones:
1- No especifica si lo que se contrasta son los enunciados o las teorías.
2- Hay una generalización de la contrastación, pero esta es
“históricamente errónea”.
3- Se omite la idea de la práctica científica – que es lo que distingue a la
ciencia “del resto de trabajos de creación”. (p.84)
Por esta razón, el principal cuestionamiento de Kuhn a la metodología
popperiana va dirigido al modo como opera la contrastación de teorías. Según
38

él la conceptualización de lo que Popper llama contrastación, y aquello que los


científicos conjeturan, no son otra cosa que un componente de la “ciencia
normal”, todo ese proceso mediante el cual se contrasta una hipótesis para
definir su verdad o falsedad, corresponde a la solución de rompecabezas. Pero,
“tales contrastaciones no tienen por objeto la teoría establecida” (Kuhn, 1975,
p. 85) dado que cuando los científicos trabajan en un problema de ciencia
normal, deben tener una teoría sólida en la cual apoyarse; en consecuencia, la
ciencia tal como Kuhn la entiende, consiste en la solución de rompecabezas,
durante los periodos de ciencia normal, y no en conjeturas ni refutaciones de
problemas.
Según Kuhn, cuando Popper acepta que el crecimiento de la ciencia no se
da por acumulación, “sino por el «derrocamiento revolucionario» de una teoría
aceptada y su reemplazamiento por otra mejor” (p.85), omite una de las
características principales de su epistemología, es decir, la conceptualización
de ciencia normal – que según dijera en El camino desde la estructura (2002)
“es un corolario de la existencia de las revoluciones” (p. 154), y su negación
conduce a que los episodios revolucionarios defendidos por Popper peligren.
Así pues, el eje de la controversia se da a partir de la distinción hecha por
Kuhn entre ciencia normal y ciencia extraordinaria. La primera puede ser
entendida como la ciencia dominante durante algún tiempo, la más adecuada y
precisa para resolver enigmas o rompecabezas siguiendo un paradigma
compartido por una comunidad científica, en un campo de investigación
específico. La segunda es un rompimiento con el modelo científico dominante
y, supone el abandono de una estructura teórica y su sustitución por otra que
satisfaga la nueva forma de ver y concebir el mundo: “La ciencia normal es la
que produce los ladrillos que la investigación científica está continuamente
añadiendo al creciente edificio del conocimiento científico [...] El cambio
revolucionario se define en parte por su diferencia con el cambio normal” (Kuhn,
1994, pp. 56 – 57).
Los ejemplos ofrecidos por Popper para ilustrar su idea de contrastación,
son, a juico de Kuhn, ejemplos “destructivos en sus resultados”; además de
omitir el hecho de que cuando se producen son causados por una “crisis”
teórica con el campo científico de investigación normal. A este respecto,
Bautista (2015) sostiene que, “la contrastación popperiana, […], no tiene en
cuenta el modo como trabaja la ciencia en realidad y, por tanto, no constituye
un criterio adecuado de demarcación de la ciencia. (p.186)
Además, según Kuhn (1971),
Ni siquiera la existencia de una crisis transforma por sí misma a un
enigma en un ejemplo en contrario. No existe tal línea divisoria precisa.
En lugar de ello, provocando una proliferación de versiones del
paradigma, la crisis debilita las reglas de resolución normal de enigmas,
en modos que, eventualmente, permiten la aparición de un nuevo
paradigma. Creo que hay solamente dos alternativas: o ninguna teoría
39

científica enfrenta nunca un ejemplo en contrario, o todas las teorías se


ven en todo tiempo confrontadas con ejemplos en contrario (p.132)
De esta manera, toda la descripción que Popper hace del proceso de
contrastación, es para Kuhn, en últimas, solo un aspecto (“sus partes
revolucionarias”) del modo como el conocimiento científico progresa; además
de ser un error, pues se ve la investigación científica solo a través de episodios
revolucionarios que no se dan periódicamente, y “aunque la contrastación de
los presupuestos básicos solo tiene lugar en la ciencia extraordinaria, es la
ciencia normal quien pone al descubierto tanto los puntos específicos que hay
que contrastar como el modo de realizar la contrastación” (Kuhn, 1975, p.86);
es justamente ese aspecto que Popper ignora, es decir la ciencia normal,
donde se puede encontrar el mejor criterio de demarcación de la ciencia.
Dicho de otro modo, lo que Kuhn denomina paradigma, un cambio en el
modo de concebir el desarrollo científico, no se rechaza con base en criterios
de falsabilidad, sino porque hay un paradigma mejor para reemplazar el
anterior: “la decisión de rechazar un paradigma es siempre, simultáneamente,
la decisión de aceptar otro, y el juicio que conduce a esa decisión involucra la
comparación de ambos paradigmas con la naturaleza y la comparación entre
ellos” (Kuhn, 1971, p. 129); asimismo, no es el rechazo constante de una teoría
por otra la mejor manera de avance en la ciencia, pues “antes de poder romper
los marcos hay que vivir en ellos y explorarlos” (Kuhn, 2000, p.165 – 166).
El siguiente punto cuestionado por Kuhn, es la idea de “la tradición de
discusión critica” la cual Popper remonta a los filósofos griegos, siendo esta por
excelencia la mejor manera en que nuestro conocimiento se amplíe: “Quizá el
concepto más importante en Popper para entender la historia dela ciencia es el
concepto tradición crítica o racionalista […]Para Popper, el paso de una
tradición a otra, o el liberarse de una tradición, es el resultado de la crítica
racional” (Mejía, 1989, p. 85). Sin embargo, este aspecto no constituye, según
Kuhn una descripción de lo que es la ciencia; simplemente son “debates sobre
los fundamentos”, una caracterización de la filosofia y de las ciencias sociales
que en nada se adecua al modo como se desarrolla la ciencia. Siguiendo a
Kuhn, cuando nacieron algunas ciencias como la matemática o la astronomía
se abandonó el discurso crítico y se dio paso a la solución de rompecabezas.
Su argumento más contundente dice:
[…] es precisamente el abandono del discurso crítico lo que marca la
transición a la ciencia. Una vez que determinado campo ha hecho esa
transición, sólo se vuelve al discurso crítico, en los momentos de crisis
en los que las bases de ese campo están de nuevo en peligro. (Kuhn,
1975, p. 87).
De lo anterior se deduce que, para Kuhn, la noción de tradición critica no
sea determinante para la ciencia, dice que un científico se comporta como
filosofo solo en tiempos de crisis, es decir, cuando tiene que elegir entre teorías
diferentes y debe volcar su mirada hacia “el análisis filosófico como instrumento
40

para resolver los enigmas, pero, […] los científicos generalmente no han
necesitado ni deseado ser filósofos” (Kuhn, 1971, p. 143) Por tanto, la
contrastación popperiana no constituye para Kuhn la importancia que se le
atribuye en la elección de teorías. Aun así, parece haber una coincidencia entre
la resolución de enigmas y la contrastación, pero no es así; su relación difiere
en los procesos utilizados, aunque sus resultados sean similares.
Lo dicho hasta aquí supone que Popper, al explicar lo que es la
contrastación, solo explica una cara de la moneda y olvida la “tradición de
resolución de rompecabezas”, su otra cara, por lo que el criterio para decidir
entre lo que es y no ciencia es inexacto: “La astrología no es ciencia no porque
los astrólogos no hayan hecho predicciones contrastables, sino porque no
había en ella una tradición de resolución de enigmas” (Bautista, 2015,p.187); no
obstante, al elegir entre los dos criterios, el de resolución de rompecabezas
resulta ser el más eficaz y contundente para el desarrollo de la ciencia. Para
Kuhn, “las contrastaciones no son un requisito para las revoluciones a través
de las cuales avanza la ciencia” (Kuhn, 1975, p.91); limitar el tratamiento de la
ciencia a un único criterio (verificacionista) es un gran error, puesto que se
omite uno de los rasgos distintivos de su actividad.
La tercera crítica de Kuhn va dirigida al uso de los errores que hace Popper
al interior de su metodología de la ciencia. Cuestiona la tesis consignada en el
prefacio a Conjeturas y refutaciones (1972) según la cual “podemos aprender
de nuestros errores” (p.13); esta afirmación, para Kuhn, más allá de la
experiencia cotidiana y en los contextos en los que se pretende usar, es poco
clara. Al respecto dice: “un error es algo que se hace, o se comete en un tiempo
y en un lugar determinados por un individuo particular” (1975, p.92).
El cuestionamiento consiste en que los errores referidos por Popper, en
efecto, sí existen, pero no tienen la trascendencia que este les da; estos son
fallas en los procedimientos para aplicar reglas dadas, pero no son como él
pretende, “teorías científicas”, sino más bien episodios históricos que muestran
la transición de una teoría a otra, al margen de los postulados inductivistas,
según los cuales una teoría es verdadera si se acompasa con los hechos y es
falsa en idénticas circunstancias.
Para Kuhn, la noción acerca de los errores que tiene Popper es incorrecta,
puesto que no tiene presente la distinción que él hace entre los dos tipos de
ciencia, normal y extraordinaria. Los errores que se cometen por ejemplo en la
astronomía ptolemaica o copernicana, referente a observaciones, análisis de
datos y demás, corresponde a la práctica científica normal, pero “en el sentido
en que lo emplea sir Karl, un error contamina por completo a un sistema y solo
puede corregirse reemplazando todo el sistema” (Kuhn, 1975,p.93). A causa de
esto, Kuhn ve en el error popperiano un problema de terminología, pues ha sido
desligado de la ciencia normal donde su uso es claro y preciso y ha sido
adecuado a la ciencia extraordinaria donde su uso se torna problemático.
Siguiendo la misma línea argumentativa, afirma Kuhn:
41

Sir Karl ha buscado regularmente procedimientos de evaluación de


teorías que pueden ser aplicados con la apodíctica certeza que es
característica de las técnicas mediante las que se identifican los errores
en la aritmética, en la lógica, o en la medida. Me temo que está
persiguiendo algo inalcanzable nacido de la misma combinación de
ciencia normal y ciencia extraordinaria que hizo que las contrastaciones
pareciesen un rasgo fundamental de las ciencias (Kuhn, 1975, p.94).
Por otro lado, Kuhn vuelve a aceptar su similitud con Popper cuando ambos
conciben que una teoría que no aporte reglas para resolver problemas o
rompecabezas es la fuente de un periodo de crisis, cuya consecuencia es su
reemplazo por otra mejor: “esta evidencia lógica y sus implicaciones me parece
que es un paso adelante del que no debemos volvernos atrás” (Kuhn, 1975,
p.94). Aun así, indaga nuevamente en el terreno de la falsacion popperiana,
cuestionando los términos “falsacion” y “refutación”; de esta manera, dice que
no demuestran nada; por el contrario, no son una forma concluyente de
demostración “apodíctica” puesto que siempre existe la posibilidad de que los
experimentos y teorías se modifiquen, y “es importante que esto sea así,
porque con frecuencia es desafiando a las observaciones y reajustando las
teorías cómo se desarrolla el conocimiento científico” (p.95).
Lo más importante de todo esto radica en que Kuhn señala que, pese a
considerar a Popper como un “falsacionista” no ingenuo, dado que conoce
claramente el modo como se da el falsacionismo, en el fondo sigue siendo un
dogmático, porque considera que las contra demostraciones son suficientes
para probar la ilegitimidad de un enunciado; para él “una teoría es científica si y
solo si pueden deducirse lógicamente de ella enunciados de observación”
(Kuhn, 1975,p.96) por lo tanto, su “falsacion lógica” lo convierte en un
“falsacionista ingenuo”; argumenta en la Estructura en contra de esta visión
diciendo que si todos los fracasos sirven de base para rechazar las teorías,
entonces deberían rechazarse todas las teorías “ en todo momento” (Kuhn,
1971, p. 228). A este respecto Bautista (2015) sostiene:
“La cuestión según Kuhn, es que Popper utiliza la falsacion como
criterio sintáctico de demarcación de la ciencia [...] pero la extiende a
los campos de la semántica y la pragmática de la ciencia. Pero no
indica como pasar de la sintaxis a la semántica y a la pragmática” (p.
188).
Este aspecto constituye para Kuhn una refutación de la falsacion, pues
tiene por base un dogmatismo lógico extremo. Para Popper, la lógica del
conocimiento consiste en “contrastaciones sistemáticas”, todo aquel método
que sirva para la investigación científica y pruebe que ese conocimiento es
verdadero a fin de deducir de él “reglas metodológicas” que garanticen su
certeza. En consecuencia, “sir Karl ha dado una ideología; más que reglas
metodológicas, ha dado máximas para el empleo de procedimientos” (Kuhn,
1975, p. 97).
42

En uno de los últimos aspectos de su crítica, Kuhn refiere que Popper deja
varias cuestiones sin responder por lo que no se puede considerar su criterio de
contrastación y falsacion “una lógica del conocimiento” acertada para el
desarrollo de la ciencia. Finalmente, su última crítica a la falsacion popperiana
consiste en su descripción de la verosimilitud, es decir, la forma más adecuada
de elegir entre teorías rivales. En este sentido dice:
Que produzcamos primeramente todas las consecuencias lógicas de
la teoría y elijamos luego de entre ellas, con la ayuda de conocimientos
básicos la clase de las consecuencias verdaderas y la clase de las
consecuencias falsas. […] sin embargo, ninguna de estas tareas puede
cumplirse salvo que la teoría esté completamente articulada
lógicamente y salvo que los términos mediante los cuales se ponga en
contacto con la naturaleza estén completamente definidos como para
determinar su aplicabilidad en cada uno de los casos posibles (Kuhn,
1975, p.98).
Como podemos ver, todo el mecanismo para decidir entre una teoría
verdadera y una falsa es sumamente complejo y conlleva a entender y articular
una serie de elementos que no se pueden obviar: “Kuhn argumenta que
ninguna teoría científica puede cumplir con esa exigencia, y si lo hiciese dejaría
de ser útil” (Bautista, 2015, p. 188). ). Esto se ratifica con la siguiente afirmación
de Kuhn (1975);
En mi opinión, no comprendemos el éxito de la ciencia sin comprender
toda la fuerza de los imperativos causados retóricamente y compartidos
profesionalmente. Tales máximas y valores, institucionalizados y
posteriormente (y, en cierto grado, diferentemente) articulados, pueden
explicar el resultado de elecciones que no podrían haber sido dictadas
únicamente por la lógica y el experimento (p. 106).
Con todo y lo anterior, se entiende que, para Kuhn no son los criterios
lógicos de falsacion y contrastación los únicos métodos para decidir si una
teoría es o no científica. Para él es precisamente “lo incompleto y lo imperfecto”
lo que en gran medida define la solución de enigmas en los que trabaja la
ciencia normal. Desde esta perspectiva, existen al margen de los criterios
metodológicos, otros elementos, quizás olvidados, pero que tomados
seriamente pueden contribuir a forjar otro tipo de metodología para la ciencia,
que no sea únicamente el de la lógica ortodoxa; esta nueva y renovada
perspectiva es aquella que se inclina a ver en la historia de las ideas científicas,
considerada más allá de un cúmulo de información pasada, un punto de
referencia concreto desde el cual ubicarse frente a una tradición consolidada en
la filosofia de la ciencia, y tratar de hacerle frente desde otro enfoque,
amparado en el modo como el acontecer científico se da en la historia del
hombre.
En otras palabras, para Kuhn son las revoluciones científicas, entendidas
como revoluciones históricas las que propician un cambio de Gestalt o una
43

nueva forma de concebir el mundo de la investigación científica, pues “los


cambios de paradigmas hacen que los científicos vean el mundo de
investigación, que les es propio, de manera diferente” (Kuhn, 1971,p.176) y
esto constituye a su juicio un viraje radical y necesario en la forma de concebir
el mecanismo del progreso para la ciencia desde otro horizonte.

2.4 – BALANCE DE LA POLEMICA KUHN – POPPER


En los anteriores dos apartados se intentó mostrar los principales
argumentos que sostienen las ideas de Popper y Kuhn, en relación con la
defensa que cada uno hace del modo como la ciencia debería progresar,
siguiendo las pautas de ciertos criterios epistemológicos. Si bien sus opiniones
guardan cierto paralelismo en algunos puntos, hay otros en los que difieren
considerablemente. Teniendo en cuenta este aspecto, el siguiente apartado
está enfocado en realizar una evaluación de las principales ideas de la
polémica, con el fin de tomar posición acerca de cuál de los dos modelos de
ciencia, le convienen más al progreso científico.
Es sabido que la polémica entre Popper y Kuhn después de su encuentro en
el “Coloquio internacional de filosofia”, contribuyó en gran medida a que cada
uno evidenciara los rasgos más débiles de sus formulaciones epistemológicas y
tratara de aclararlos en escritos posteriores, esto con el fin de evitar que la
comprensión de sus críticos fuera imprecisa y poco clara. En lo que respecta a
este escrito, una evaluación de los puntos centrales de la polémica Kuhn –
Popper nos conduce a la formulación de la siguiente pregunta: ¿cuál modelo es
el más adecuado para la ciencia a partir de los argumentos ofrecidos por cada
uno? La respuesta a esta pregunta gira alrededor de si se acepta la
metodología de la falsacion popperiana como el criterio más preciso para
decidir qué es la ciencia o, por el contrario, se rechaza en favor de la postura
kuhniana que la concibe como un producto histórico; “menos popperiana y más
irracional” (Kuhn, 1994, p.48). ¿A cuál de los dos se le da la razón?
Por lo que se refiere a la crítica de cada uno, se puede apuntar que en cada
caso se dirige a la base de la teoría indagada. Así, en su artículo, Popper
cuestionó como punto central la noción de ciencia normal; lo propio hizo Kuhn
al criticar la idea de falsabilidad. De uno y otro lado hay argumentos en favor de
sus posturas. Ahora vamos a considerar los aspectos más relevantes de sus
discrepancias, que según sugiere Kuhn (2002) se pueden entender desde “tres
categorías coherentes” (p.153). Estas son:
1- Como primer punto importante, tenemos sus diferencias al elegir un
método bajo el cual estudiar la ciencia, pues Popper se entrega de lleno
al planteamiento según el cual “la tarea de la lógica del conocimiento
consiste pura y exclusivamente en la investigación de los métodos
empleados en las contrastaciones sistemáticas a que debe someterse
toda idea nueva antes de que se la pueda sostener seriamente” (Popper,
44

1980, p.31). Kuhn, por su parte rechaza este enfoque lógico


argumentando que es la descripción de la historia de la ciencia el
método propicio de abordar el tratamiento de la ciencia.

2- El rechazo del concepto de ciencia normal, articulado por Kuhn en la


Estructura, dado que para Popper constituye un equívoco, denominado
“el mito del marco”, es decir, una especie de modelo dogmático en el que
los científicos se encierran a considerar los problemas de la ciencia, sin
dar cabida a otros modos de entenderla. Entre ellos el del “pensamiento
crítico”, que según Popper conduce a la formulación de auténticos
problemas, opacados por no ser parte del paradigma vigente y esto,
según Popper, es un peligro para el progreso de la ciencia.

3- “La naturaleza del cambio desde una tradición científica normal a otra y
la de las técnicas por las que se resuelven los conflictos resultantes”
(Kuhn, 2002, p.155). De este punto merece destacarse que una de las
críticas centrales a Kuhn, radican en la metodología que emplea para
describir el proceso de “ciencia normal” a parir de “ciencias espurias”, es
decir, carentes de valor objetivo, como es el caso de la sociología o la
psicología. Por eso Kuhn sostiene que más allá de cualquier otra
diferencia secundaria, lo que lo separa de Popper y otros de sus críticos
“es respecto a la ciencia normal” y los objetivos progresistas que
persigue con ella, dado que toma distancia de la premisa que sostiene:
más allá de la “sintaxis lógica y lingüística”, no se puede dar con un
canon de racionalidad apropiado para el desarrollo científico (p. 156).
Cuando se pregunta cuál es el método más conveniente de estudiar la
ciencia, Kuhn (2002) dice que “no hay ninguna diferencia” con Popper, puesto
que él, pese a hacer gala de extremo racionalismo, también utiliza en sus
principales escritos ejemplos extraídos de la historia y más aun de
“generalizaciones sobre la conducta científica” (p.157). En otras palabras, su
concepción del progreso científico se explica a partir de las “normas y valores”
que comparte la comunidad científica, regida por un paradigma. Por lo que la
defensa kuhniana del acontecer científico, a partir de elementos históricos,
psicológicos o sociológicos, encuentra apoyo en un punto de vista diferente y
renovado que explica de manera concreta la estructura de la ciencia.
Al llegar a este punto, se vislumbra otra crítica implícita en su concepción de
la ciencia normal, esta es que se dirige con mayor acierto a aspectos
descriptivos, dejando de lado los normativos, Kuhn; (2002) responde de la
siguiente manera: “Si yo tengo una teoría de cómo y por qué funciona la
ciencia, eso debe forzosamente tener implicaciones en el modo en que los
científicos deberían comportarse si su empresa tiene que resultar fructífera” (p.
159). De lo anterior se deduce que la ciencia normal, más allá de ser un dogma
compartido por los científicos, es “el paradigma del conocimiento, de la
racionalidad y el progreso” (Kuhn, 1994, p.47). Por lo tanto, el científico normal
sí trabaja en problemas serios y profundos cuando resuelve rompecabezas, ya
45

que son la actividad central de la ciencia normal: “son los que usualmente
proporcionan la ocasión […] y los materiales para la revolución” (Kuhn, 2002, p.
171).
La crítica de Popper a la ciencia normal, por no tener presentes otras teorías
a la hora de resolver problemas, Kuhn la acepta como su principal diferencia
dado que para él en el momento en que se dispone de una teoría que dé
respuesta a la mayoría de interrogantes de la ciencia, ya no será necesaria la
crítica ni mucho menos otras teorías (p. 169). No obstante, considera que la
única manera en la que Popper podría renunciar el tener que ir a la historia,
sería que su “algoritmo de verosimilitud”, una especie de método para elegir
entre teorías rivales tuviera éxito; de este modo no tendría necesidad de recurrir
a la “comunidad científica”.
Aun así, no lo consigue; por eso su intento de implantar un método
científico netamente normativo fracasa, pues varios pasajes de sus obras solo
se pueden leer desde la óptica descriptiva y los valores que las comunidades
científicas comparten a la hora de concebir el progreso de la ciencia (Kuhn,
2002, p.164), consistente en revoluciones científicas que no son permanentes,
de serlo serían un “imperativo ideológico”. “En suma, según Kuhn, Popper
recurre, y tiene que hacerlo, a la filosofia de la ciencia descriptiva para poder
fundamentar sus tesis normativas, al igual que él” (Bautista, 2015, p.199).
Otra respuesta a la crítica popperiana, según la cual Kuhn se limita a un
ejemplo muy preciso, como es el caso de la transición de la astronomía
ptolemaica, a la copernicana para ilustrar el cambio de un paradigma a otro y
que esto no le brinda total apoyo en la historia para sustentar su visión de la
ciencia como revolucionaria, es contestada aduciendo que “la astronomía
copernicana fue revolucionaria para todos; el oxígeno una revolución para los
químicos, pero no para […] los astrónomos matemáticos” (Kuhn, 2002, p.177).
Lo anterior da a entender que si hay un rasgo distintivo de una revolución
científica es su capacidad de incidir en cada detalle, así sea insignificante, de la
vida del hombre y del mundo en el que vive; por lo tanto, considerar que no se
tienen presentes otras revoluciones que se dan en otras ciencias es un error,
puesto que estas no son tan relevantes, o si lo son pero para el grupo de
científicos que están preparados en ella. “Una revolución es considerada como
tal cuando altera el conocimiento de la naturaleza” (Kuhn, 1994, p.92).
El otro aspecto relevante de esta confrontación, que ya se ha intentado
explicar anteriormente, es el del rechazo de la ciencia normal y con ella la
noción de “marco general”, tras considerar a Kuhn un relativista histórico, de
quien no se sabe con certeza hacia dónde dirige su reflexión sobre la ciencia al
no estar enfocada en criterios lógicos precisos. Este aspecto constituye para
Kuhn uno de los elementos centrales del desacuerdo que más inquieta a sus
críticos (Kuhn, 2002, p.164). Pero también uno de los que más lo acercan a
Popper, ya que ambos son partidarios de que los científicos trabajan y
desarrollan sus ideas “dentro de un marco teórico definido” (p.165), necesario
46

para que se dé la investigación y posterior revolución (rechazo y sustitución de


un marco). Su argumento, objetando a Popper, dice así: “Dado que la ciencia
que yo llamo normal es precisamente la investigación dentro de un marco, solo
puede ser la cara de una moneda en la que el reverso lo ocupan las
revoluciones” (p.165).
Con todo y lo anterior, la afirmación de Popper de que no es necesaria,
porque carece de valor, la distinción entre ciencia normal y ciencia
revolucionaria, queda desprestigiada. Suponer que “si lo intentamos podemos
salir de nuestro marco en cualquier momento” es un error y “una contradicción
en los términos” (Kuhn, 2002, p.165). Para Kuhn (2002), hay progreso cuando
la actividad científica normal (“En las ciencias desarrolladas”) agota las
posibilidades de investigación en base a un paradigma establecido, dejando de
lado la crítica y la instauración de nuevas teorías, que sin duda son
importantes, pero en otro ámbito (p.166).
Vale la pena aclarar que, si bien Kuhn se muestra contrario y crítico de
algunas posturas claves en la comprensión popperiana de la ciencia, hay
aspectos que rescata y les da importancia, pero siempre dentro de su
metodología. Entre esos aspectos tenemos el pensamiento crítico, que para
Kuhn no tiene tanta importancia en relación con el progreso; considera que su
aplicación es más acertada a “protociencias” como el arte o la filosofia que no
progresan del mismo modo como lo hace la ciencia, es decir, el discurso crítico
constante solo encuentra aplicabilidad en estas áreas del conocimiento,
“porque sin la crítica constante y la proliferación de nuevos modos de
practicarlos no habría revoluciones” (Kuhn, 2002,p.167).
Además, Kuhn acentúa este punto de vista argumentando que Popper era
consciente de la diferencia habida entre la tarea correspondiente a un científico
y a un filósofo; pero aun así, “señalando la diferencia, la ignora, recomendando
la misma estrategia tanto a los científicos como a los filósofos. (Kuhn, 20002,
p.166); en su afán de generalización ignora que “el marco de una ciencia
madura”, es la que da las pautas a una comunidad científica sobre lo que hay
que hacer. Todo esto parece indicar que la crítica racional de Popper no es una
metodología que dé pie al progreso de la ciencia, más allá de la filosofia y las
artes. En definitiva, para Kuhn, la metodología de Popper carece de elementos
que en las ciencias maduras (física) permiten el progreso sin ninguna negativa.
Según Kuhn (2002), todas las ciencias establecidas surgieron en su
momento de la especulación que se dio en la “filosofia natural” o “en algún
periodo bien definido del pasado” (p.169); esta es a su juicio, una de las
condiciones esenciales para que el progreso aflore y salgan a relucir sus
planteamientos. Para él una ciencia es madura cuando:
a- Satisface el criterio de demarcación de Popper, que permite hacer
predicciones concretas y denominar a una ciencia como tal.
b- Hay éxito en la predicción de fenómenos concretos.
47

c- “Las técnicas predictivas” – tienen fundamento teórico, sin importar si es


metafísico para justificar su éxito y lograr mayor precisión.
d- El mejoramiento de la técnica predictiva se convierte para el científico
en un reto (Kuhn, 2002, p.169).
Como se ve, el esquema progresivo de la ciencia kuhniana, de lo que debe
ser “una buena teoría científica”, sin dejar de lado la propuesta de Popper, la
adecua y la integra a su propuesta de lo que es un paradigma y su aplicación
concreta en el campo de la ciencia. Ahora bien, cabe preguntarse: ¿cuál es la
tarea de la metodología popperiana al interior de las ciencias exactas? Mejor
aún, ¿cuándo ser crítico? – La respuesta más inmediata sería que se debe ser
crítico cuando, y esto lo sugiere Kuhn, a pesar de tener una teoría plena y
concisa que permite el desarrollo de la ciencia normal, el científico no aborda
los rompecabezas sino que, en su lugar, se comportan como filósofos, es
decir, buscan flanquear esa teoría buscando “puntos potencialmente débiles”
en pro de dar con teorías alternativas (Kuhn, 20002, p. 170). Pero esto solo es
posible cuando haya puntos problemáticos sin solución posible y que se
conviertan en crisis, de lo cual la ciencia normal dirá en su momento, “cuándo
poner a prueba sus teorías y transformarse en críticos popperianos” (Bautista,
2015, p. 200).
En suma, para Kuhn, no hay por qué ejercer la crítica al modo popperiano
sobre las ciencias maduras, es más, no hay qué hacerlo. En la ciencia normal
lo que se busca es ampliar el conocimiento, pero a partir de un análisis
pormenorizado de la historia de la ciencia de tipo descriptivo. Sin embargo, es
necesario recalcar que Kuhn no desecha totalmente la metodología popperiana,
a pesar de considerar que más que una lógica del conocimiento es una
ideología; rescata la contrastabilidad con algunos matices, pues considera que
una teoría que no sea contrastable, en principio, no funciona cuando se aplique
científicamente a la solución de rompecabezas ( Kuhn, 2002, p. 172).
Por consiguiente, Kuhn considera que la acusación de ser un relativista
histórico, por no tener en cuenta la lógica en el desarrollo de la ciencia normal,
es un error, ya que sí la tiene en cuenta, solo que no de la misma manera en
que el falsacionismo popperiano, el cual queda absorbido como elemento
integrante en el desarrollo de su metodología de la ciencia, pero no como una
metodología individual apta para que la ciencia progrese, esto por varias
razones anteriormente descritas. Quizás la más significativa, y que recoge a las
demás, sea su extrema creencia en que la lógica es la única herramienta para
determinar qué es la ciencia y el modo en que debe operar. Así pues, lo que
Kuhn demostró fue que “con sólo la lógica de la ciencia no se puede aclarar el
carácter racional o progresivo de la empresa científica” (Kuhn, 1994, p.51), y
esto constituye un plus para elevar, y ampliar el estudio de la historia de la
ciencia hacia otros campos, con el fin de mostrar su agudo impacto.
Anteriormente se había hecho la pregunta de si se le daba la razón a la
propuesta epistemológica de Popper o Kuhn. Creo que la respuesta es que la
metodología kuhniana de concebir el desarrollo y progreso de la ciencia con
48

base en factores históricos o revoluciones científicas (“si hay revoluciones,


entonces tiene que haber ciencia normal”) acaban por demostrar que “la falta
de una visión adecuada de la historia de la ciencia lleva a Popper y a los
popperianos a considerar que no hay paradigmas sobre algunos casos
específicos del campo científico” (Bautista, 2015, p.200). Por lo tanto, cabe
concluir que la exposición realizada por Kuhn, de su visión del modo como la
ciencia progresa, es más sólida y atinada que la defensa popperiana de la
falsacion como método adecuado para su desarrollo.

3 - APORTES DE KUHN A LAS CIENCIAS HUMANAS Y SOCIALES


Han trascurrido cerca de seis décadas desde que fuera publicada por
primera vez La Estructura de las Revoluciones Científicas (1962), “un clásico de
la literatura científica de la segunda mitad del siglo xx, ampliamente citada”
(Maríns, 2014, p. 66). El texto más influyente de Kuhn en la filosofia de la
ciencia, hasta entonces incuestionable, cerrada y limitada al campo de la lógica
como su herramienta más valiosa; su insignia directriz fue “la búsqueda de “un
método” fundamentado en formalismos lógico-matemáticos o axiomas que den
consistencia y sistematicidad a sus enunciados teóricos” (Marín, 2007, p. 83);
aun así, la particular forma en que Kuhn entendió el desarrollo científico con
base en su acontecer histórico – social, le convirtió en uno de sus más dignos
representantes y defensores ante otras tendencias, que consideraban su
“epistemología historicista”, carente de valor y, por ende, descartable frente a
cualquier discusión seria de los principales aspectos de la ciencia, considerada
únicamente desde el margen formal y empírico; sin embargo, Kuhn demostró
que “La ciencia no es […] tan racional y objetiva como se presentaba, al menos,
se destruye el mito de una estricta racionalidad lógico – empírica (Ursúa y
Mardones,1982, p. 123). Por lo demás, ya es sabido el gran impacto intelectual
de su obra en distintos campos del saber, por ejemplo en la filosofia de la
ciencia, la historia y las ciencias humanas y sociales en general.
Con todo y lo anterior, este apartado está enfocado en explorar la
supervivencia de las propuestas kuhnianas, en el campo de las ciencias
humanas y sociales, pese a que ha pasado más de medio siglo desde que
fueron enunciadas; en otras palabras, se busca responder la siguiente
pregunta: ¿siguen vigentes sus ideas en la actualidad? Esta pregunta se hace
dado que, como afirman Ursúa y Mardones (1982),
Kuhn propicia no solo una concepción distinta a la popperiana de
progreso científico, racionalidad científica, etc., sino también la reflexión
sobre la finalidad de las ciencias, las responsabilidades de la praxis
científica y abre el camino hacia lo que se ha denominado una
epistemología social de la ciencia (p. 124).
En ese orden de ideas, se parte de la lectura de algunos artículos
publicados al respecto, en los que se muestra “la resonancia de la categorías
49

kuhnianas” y su agudo impacto en las “ciencias de la cultura”, a partir del


análisis que teóricos y científicos sociales hicieran de su obra más
representativa, esto según sugiere (Gómez, 1997) “brinda la posibilidad de
abordar disciplinas muy distintas en términos alejados del positivismo lógico y el
racionalismo crítico” (p. 139). Lo dicho hasta aquí supone ir más allá de la
pregunta “por el estatus científico de las ciencias sociales”, implica también
mostrar el alcance y límite de las tesis epistemológicas de Kuhn en esos
campos. En otras palabras, lo que se busca señalar es “la necesidad de una
reflexión rigurosa acerca del espacio que realmente tiene este concepto
(paradigma), y las tesis de Kuhn en general” (Gómez, 1997 p. 141).
De esta manera, se espera mostrar, tal como se dijo anteriormente, el
alcance de las tesis kuhnianas dentro de la perspectiva de las ciencias
humanas y sociales; pero antes de llegar a una conclusión sobre la actualidad
que conserva su obra, es necesario señalar la forma como algunas de estas
ciencias incorporan su discurso, tratando de adecuarlo a sus pretensiones
intelectuales, esto debido a que el modo en que los científicos sociales y los
filósofos de la ciencia propiamente dichos interpretan a Kuhn difiere. Siendo
así, la recepción de su obra está sometida a problemas y ambivalencias. En
este sentido dice Rodríguez (1997): “La valoración de las tesis kuhnianas no es
unánime dentro de cada disciplina y se diferencia de una especialidad a otra”
(p.140).

3.1- LAS CIENCIAS HUMANAS DENTRO DEL MODELO KUHNIANO


Para comenzar, es preciso señalar una cuestión sin duda importante en lo
que toca al modelo epistemológico kuhniano, aplicado a las ciencias humanas,
lo cual significa, establecer en qué medida sus principales tesis pueden ser
aplicadas al campo de la humanidades; esto a raíz del amplio debate suscitado
por las diferencias que existen entre las llamadas ciencias exactas y ciencias
humanas, es decir, los criterios, métodos y demás aspectos que cada una
manejan para definir la mejor manera de aplicarlos a su campo de acción. En
este sentido (Ursúa y Mardones, 1982) sostienen:
La disputa se centra en torno al problema de si las ciencias sociales,
dentro de la estructura unitaria de la ciencia, poseen una estructura de
saber idéntica a la de las ciencias de la naturaleza, (teoría unificada del
método), o si tienen una estructura metódica propia y siguen métodos
diferentes y específicos de investigación (p.103).
Teniendo en cuenta estos aspectos, puede anotarse que “una de las
primeras dificultades con las que tropieza el análisis kuhniano de las ciencias
sociales es la ambigüedad que presenta la noción de paradigma, dada la
vaguedad de la misma definición de Kuhn” (Gómez, 1997, p.141); en otras
palabras, la interpretación del concepto de paradigma, y de la obra de Kuhn en
general, está sujeta a distintos matices, que varían dependiendo de cuál sea el
50

campo del saber en que se aplique; para el caso de las ciencias humanas y
sociales se les relega a cumplir un papel secundario, tal como señala Iranzo
(2012) “Las ciencias sociales, por su parte, cumplen una función subsidiaria”
(p.8). Lo anterior es una de las formas como se entiende la ciencia desde una
óptica popperiana, es decir, esta es racional, empírica y falsable, y es así como
se debe entender, renunciando a aspectos explicativos del porqué de su
racionalidad entre otros aspectos.
Sin embargo, Kuhn postula, como bien es sabido, en la Estructura, una
interpretación diferente del modo como la ciencia opera, en el cual “campos
como la historia de la ciencia, e incluso la sociología de la ciencia, resultan
imprescindibles para entender lo que la ciencia es” (Iranzo, 2012, p.7). De esta
manera, puede agregarse que si bien el concepto de paradigma es muy
variado respecto a un significado exacto, tal como denunciara Margaret
Masterman (1970) en su trabajo “La naturaleza de un paradigma”; en el cual
“señaló “veintiún sentidos diferentes de paradigma”, se puede acotar su
significado e intentar adecuarlo a un modo en que resulte apropiado para el
abordaje de las ciencias humanas. Según Gómez, (1997), esto es posible si el
concepto de paradigma se entiende desde tres aspectos básicos.
1-Como metaparadigama – es decir las proposiciones generales,
compartidas por una comunidad científica.
2-Matriz disciplinar – (paradigma sociológico); este representa los
compromisos de alguna comunidad científica, relacionados con creencias,
valores etc.
3- Como ejemplares - tiene un sentido más restrictivo, se refiere a los
problemas y posibles soluciones que los estudiantes se topan en su
educación científica (p. 142).
La cuestión de fondo, como se ve, es determinar en cuál de los tres sentidos
está siendo usado dicho término en “el análisis de las ciencias sociales”, cuyo
punto de partida es la distinción entre ciencias paradigmáticas y ciencias pre
paradigmáticas, perteneciendo las ciencia sociales a las segundas. Calificadas
de ciencias jóvenes, en las que abunda los desacuerdos entre los científicos
sociales a la hora de determinar sus problemas, métodos y fundamentos
(Gómez, 1997, p.144). Aun así, de este aspecto no se deriva que pueda o deba
considerarse su inmadurez como algo global; en este sentido Gómez (1997)
dice: “Se lleva, así, a cabo un importante esfuerzo para mostrar que las
diferentes ciencias sociales son paradigmáticas en algún sentido relevante del
término, pretendiendo responder a la cuestión que Kuhn había planteado” (p.
144).
Es decir, responder a la pregunta de cuales ciencias sociales están en proceso
de adquirir esos paradigmas. Lo que Kuhn estaría refiriendo, en últimas, sería
que la ciencia social, incluyendo la historia, es vital para comprender las
ciencias naturales, que no se basta por sí misma para comprenderse, es decir,
su autosuficiencia debe considerarse limitada (Iranzo, 2012,p.7).
51

Teniendo en cuenta lo anteriormente dicho, se puede enfatizar en favor de


una postura que aboga por un papel central de las ciencias humanas en la
ciencia; al respecto, Ursúa y Mardones (1982) sostienen:
El conocimiento no comienza con percepciones observación, la
recopilación de datos y hechos, sino con problemas. No hay
conocimiento sin problemas – pero tampoco no hay ningún problema
sin conocimiento. […] Al igual que todas las otras ciencias, también las
ciencias sociales se ven acompañadas por el existo o el fracaso […], y
están en idéntica relación con la importancia o el interés de los
problemas que entran en juego (p. 105).
El resultado de este enfoque es el eje directriz que demarca que las ciencias
sociales, pese a no tener un método definido sobre el cual direccionar su
quehacer investigativo, no tienen por qué ser relegadas a cumplir un papel
secundario; Kuhn, en La estructura, “revela lo injustificado de mantener una
frontera entre ciencias naturales y sociales basada en el progreso y la
racionalidad” (Iranzo, 2012, p.8). Lo que sugiere, entonces, es que debe haber
un diálogo entre ambas, ya que la proclamada cientificidad no puede ser
argumento suficiente para excluir a las humanidades del debate sobre las
ciencias naturales.
De esta manera, la descripción que hace Kuhn del cambio científico,
involucra en su estructura “la adopción y adhesión a un paradigma en
particular, que no puede explicarse sin aludir al contexto sociológico” (Iranzo,
2012, p.8). Por lo tanto, una explicación concisa sobre un paradigma vigente
tendrá en cuenta no solo los argumentos lógicos, sino también “factores psico-
sociales”, que se ven involucrados en su creación, independientemente de si es
o no una ciencia madura. Tal como sostiene Gómez (1997):
El análisis de las ciencias sociales no tiene porqué centrarse en la
búsqueda, contra viento y marea, de un paradigma dominante,
siguiendo el modelo de desarrollo de la física, sino que ha de procurar
mostrar la índole multiparadigmática de estas ciencias, indagando si
disponen de la clase de paradigmas propios de las ciencias maduras o
son ciencias inmaduras aunque dispongan de paradigmas. (p. 145)

3.2 – El PARADIGMA KUHNIANO EN LAS CIENCIAS HUMAS Y SOCIALES


En cuanto al análisis acerca del lugar que ocupa el concepto de paradigma
dentro del abordaje de las ciencias humanas, tal como se señaló anteriormente,
es preciso no identificar su significado con aquel atribuido al análisis de ciencias
exactas, ya que su significado varía sustancialmente. Más bien, es necesario
formular la siguiente pregunta: “¿cómo pasar del paradigma de las ciencias
naturales al paradigma de las ciencias sociales y humanas?” (Marín, 20007, p.
81). En este sentido, Kuhn “permite dar un primer paso al pretender romper
con las categorías de la ciencia clásica positivista y al introducir nuevas
52

categorías históricas que obedecen a fuerzas irracionales e ilógicas,


relacionadas más con factores sociológicos y psicológicos que con principios
racionales empíricos” (p.81). De tal suerte, puede afirmarse que, Kuhn propicia
una nueva y renovada perspectiva desde la cual abordar “las ciencias de la
cultura” y su posible cientificidad, pero también nutre el debate sobre los
métodos que “distinguen” a las ciencias naturales y a las ciencias sociales.
Al respecto conviene decir que la reflexión realizada por Kuhn sobre la
ciencia y su desarrollo a parir de una interpretación en clave histórica, permite
en gran medida fundamentar el lugar que corresponde a las llamadas “ciencias
del espíritu”, dentro de las cuales tal como sostienen Ursúa y Mardones (1982),
“No hay consenso […] acerca de la fundamentación de su quehacer” (p. 15) ;
por lo tanto, el debate de si ciencias humanas tales como: la psicología,
historia, sociología, filosofia, ciencias políticas, etc., tienen una fundamentación
científica, entra en crisis a partir del siglo XIX, momento histórico en el que se
devela que la sociedad, la vida del hombre y sus relaciones no eran algo claro y
establecido definitivamente; “desde ese momento de crisis el pensamiento y la
reflexión pugnaron por encontrar estabilidad” (p.15). El problema de fondo era
determinar, en ese contexto social que se había tornado problemático, si
aquellas proclamadas ciencias humanas eran realmente ciencia o, por el
contrario, debían acomodarse “al paradigma o modelo de ciencias verdaderas,
es decir, de la físico-naturales” (p.15).
A causa de esta controversia, las ciencias humanas, se vieron en el deber
de mostrar en qué medida su estatuto de cientificidad estaba desarrollado, y el
lugar central que debían ocupar en el análisis sobre los principales aspectos
que configuran el conocimiento de la ciencia.
En consecuencia de lo anterior, encontramos la reivindicación que intenta
hacer Kuhn de estos dos campos de conocimiento, separados por sus doctrinas
metodológicas, pero que en el fondo conservan aspectos importantes de
afinidad, que permiten pensar la manera como se implican mutuamente. En
este sentido Ursúa y Mardones (1982) sostienen que “al atender a elementos
psicosociales” sobre los que la ciencia se apoya en gran medida para
fundamentarse, Kuhn reafirma el papel de la praxis científica, pero entendida
en términos sociológicos, es decir, hay “ un desplazamiento” del acontecer
científico desde el terreno lógico y exacto a un campo más reflexivo y
humanístico. (p.124). En otras palabras, el trabajo de Kuhn fragmenta aquella
tradición clásica heredada del positivismo lógico y el circulo de Viena, que en su
momento tuvo gran influencia en el modo de concebir el quehacer científico
durante las primeras décadas del siglo pasado.
Aquella tesis según la cual “la ciencia es ante todo un conjunto de teorías,
esto es, enunciados o entidades lingüísticas susceptibles de ser verdaderas o
falsas; […] las cuales presentan, además, una estructura lógico-axiomática”.
(Marín, 2007, p.83), es puesta en entredicho; lo cual significa una “reacción
contra el paradigma clásico” en la filosofia de la ciencia, pero a la vez la
paulatina introducción del “Paradigma historicista”, el cual supone, tener la
53

necesidad de recurrir a aspectos sociales, históricos, psicológicos para llegar a


una conclusión sobre lo que puede ser la ciencia enmarcada socialmente.
Dicho de otro modo, con Kuhn se implanta una nueva visión de la ciencia
desligada de criterios ortodoxos, y reorientada por el sendero “de las nuevas
implicaciones historiográficas”, que “no puede ser forzada mediante
razonamientos lógicos” (Marín, p.84).
En este orden de ideas, veamos ahora algunos casos en que las ciencias
humanas, o “ciencias del espíritu”, encuentran su lugar dentro de la obra de
Kuhn. Para ello me limitaré a mostrar algunos ejemplos concretos, tomados de
la sociología y la psicología, de lo que ocurre con la implementación del
aparataje conceptual kuhniano en este tipo de ciencias.
Inicialmente, vale la pena aclarar que “Kuhn no escribió La estructura
pensando en las Ciencias Sociales” (Iranzo, 2012, p. 12). Por lo tanto,
establecer una relación con ellas en este caso con la sociología, a partir del
modelo de ciencia normal o ciencia madura, no es del todo acertado, ya que en
este periodo, el científico trabaja bajo un “paradigma hegemónico”, que le
brinda todo el arsenal metodológico necesario para abordar problemas propios
de su disciplina. Pero en las ciencias sociales no ocurre así, ya que no existe
consenso entre los científicos sociales para llegar a un común acuerdo sobre la
forma más acertada de abordar problemas fundamentales; por el contario,
existe “controversia entre diversas escuelas sobre aspectos fundamentales de
las disciplinas, como sus supuestos metodológicos o el arsenal conceptual
básico para categorizar la realidad social” (Iranzo, 2012, p.12). Sin embargo,
desde otra perspectiva, sí es posible en alguna medida articular el “formato
kuhniano” a la reflexión sobre el lugar de las humanidades en su aparataje
epistémico.
A propósito de esto, Gómez (1997) dice que desde que la obra de Kuhn
apareció en escena, los científicos sociales intentan de distintas formas articular
su terminología a su campo de estudio, entre ellos los sociólogos, quienes “se
esfuerzan, por establecer la naturaleza paradigmática de la sociología”; aunque
se topen con diversas teorías y modos de aplicarlas en sus análisis, (p.146); no
obstante, el modelo paradigmático para estas cambia. Pongamos por caso lo
que sucede con la sociología. Al interior de esta ciencia social coexisten
distintos modelos teóricos que pueden considerarse como candidatos a ser el
paradigma domínate, por ejemplo: “El marxismo, el estructuralismo, el
darwinismo social y, sobre todo, el funcionalismo” (Gómez, 1997,p.147); pero el
modo como se entiende el significado del concepto de paradigma en este
sentido cambia; está ligado ahora a lo que anteriormente se consideró como
uno de sus significados, es decir, se identifica como un metaparadigama, un
modelo teórico generalizado a partir del cual se define la sociología, pero no se
especifica si solo abarca una área específica de su campo. Dicho de otro modo,
el paradigma sociológico (“la teoría marxista de lucha de clases”) se ciñe
únicamente a un significado, dejando de lado los restantes, por lo que su
aplicación en el sentido kuhniano es limitado, “lo que significa que la sociología
54

no se ajusta al modelo kuhniano de desarrollo científico.” (Gómez, 1997,p. 149);


pero se asemeja al modelo de Kuhn en cuanto este sugiere que un periodo de
crisis tiene lugar cuando otros paradigmas aparecen, solo que, en el modelo del
historiador de la ciencia, este se da solo cuando existen anomalías al interior de
un paradigma establecido.
Veamos ahora algunas consideraciones sobre las características del
paradigma sociológico. De acuerdo con Gómez (1997), “Los sociólogos
identifican como paradigmas a grandes tradiciones teóricas que aúnan la teoría
social con la ontología, la epistemología y la metodología” (P. 147). De acuerdo
con esto, tenemos que dentro de la sociología, y las ciencias sociales en
general, existen distintos modelos teóricos que pugnan constantemente por ser
el paradigma directriz; para este caso específico, se considera “el
funcionalismo” como el paradigma dominante en la sociología en las últimas
décadas; esto porque debido a que ha aportado soluciones novedosas a
problemas planteados al campo de la sociología y de otras ciencias sociales,
lo cual significa que es el paradigma dominante porque ha producido “ una
comprensión realista del rol del conflicto en todos los sistemas sociales y una
comprensión del modo en la que los sistemas de pensamiento se relacionan
con la estructura social” (Gómez, 1997, p.147). Esto constituye una semejanza
con lo que ocurre en el desarrollo científico durante su fase normal.
Pese a esto, diversas interpretaciones de este paradigma postulan la idea
de que constituye “un paradigma transversal”, es decir, no toma como
prioridad una única ciencia, sino que abarca otras y las intenta asumir
indistintamente. Como resultado de esta perspectiva se postula la siguiente
tesis: “Las ciencias sociales constituyen una ciencia unitaria en la que prima la
interdisciplinaridad” (Gómez, 1997, p.147). Esta afirmación rivaliza con la tesis
sostenida por Kuhn en la posdata (1969) a la Estructura, en la que sostiene que
“un paradigma es lo que comparten los miembros de una comunidad científica
y, a la inversa una comunidad científica consiste en una personas que
comparten un paradigma” (p.271). La divergencia entre estas dos posturas
antitéticas revela la postura de Kuhn respecto a la cientificidad de las
humanidades, en otras palabras, él no cree que las humanidades hayan
alcanzado el nivel de madures de las ciencias exactas, puesto que “lo decisivo
para alcanzar la madurez en una ciencia es que el paradigma permita el
desenvolvimiento de la ciencia “«normal»” (Iranzo, 2012, p. 13).
Lo anterior significa que, adecuar el término de paradigma en un sentido
estricto a la sociología y a las ciencias humas en general requiere que estas
tengan “un paradigma hegemónico”, bajo el cual desarrollar sus
investigaciones; de lo contrario seguirán siendo consideradas ciencias
inmaduras, que no tienen presente la definición del paradigma como modelos
ejemplares lo cual significa, dejarlos de entender como “soluciones ejemplares
[...] que permiten reducir la complejidad de las situaciones reales para hacerlas
abordables, admitidas por todos los miembros de la comunidad científica”
( p.14).
55

Es necesario recalcar que, si bien las ciencias humanas no disponen de un


modelo paradigmático fijo sobre el cual desarrollar sus investigaciones, al modo
de las ciencias exactas, eso no significa que “la transición hacia la fase
paradigmática” de ciencias humanas tales como “la psicología y la economía”
no estén tomando ese camino; solo que es más lento su avance a raíz de que
su “objeto de estudio, o sea, los sistemas políticos y sociales” (Iranzo,2012,p.
15), sean inestables y estén constantemente sujetos a variantes y cambios,
situación que no se da en las ciencias exactas.
De modo que la adecuación del paradigma kuhniano a las ciencias humanas
tiene por base el establecimiento de una teoría que, siguiendo los parámetros
de las ciencias exactas, guíe el gradual acercamiento a este modelo. En
últimas, de lo que se trata es “de postular prescriptivamente qué habría que
hacer para que la ciencia social en su totalidad dispusiese de un paradigma
exclusivo” (Gómez, 1997, p.148). En consecuencia, tenemos que la hipótesis
según la cual “los paradigmas sociológicos tienden a convivir durante amplios
periodos de tiempo incluso con sus rivales” (p. 149), tiene que ser desvirtuada
si se quiere hacer de la sociología una ciencia humanística más rigurosa, para
lo cual debe abandonar su naturaleza metafísica y adecuarse a la interpretación
del paradigma como “matriz disciplinar o ejemplar” dado que, por lo regular, los
sociólogos interpretan mal el concepto de paradigma; esto es, lo asumen como
“una perspectiva teórica general”, lo que conduce a equívocos y falsas
adecuaciones.
Desde otra perspectiva, se puede hacer la salvedad en favor de la
sociología y, por consiguiente, de las ciencias humanas, de que la pluralidad
paradigmática obedece a los criterios metodológicos que separan a las ciencias
sociales y a las ciencias exactas; dicho de otro modo, al interior de las ciencias
humanas no puede haber un único paradigma que determine la investigación,
puesto que “las ciencias naturales y sociales son diferentes”; además, como se
señaló anteriormente Kuhn fundamento su noción de paradigma pensando en
ciencias exactas como la física; es por eso por lo que “sus esquemas no
pueden aplicarse directamente a estas disciplinas; es necesario adaptarlos”
(Gómez,1997,p. 152).
De lo anterior resulta una acusación a Kuhn, fundamentada en que concibe
el quehacer científico como un tipo de “conocimiento técnico e instrumental”,
que excluye otras formas de conocimiento (dialéctico) desde el que disciplinas
como la sociología podrían tener mayor fundamento. A diferencia de lo que
ocurre con el ciclo ciencia normal – crisis –revolución– ciencia normal, en
términos kuhnianos, en las ciencias humanas su operatividad es otra. Esto se
puede notar, por ejemplo, cuando un paradigma entra en crisis; que
comúnmente se asocia con cambio; no obstante, en el terreno de la sociología
no implica de súbito rechazar un “viejo paradigma”, sino por el contrario una
reinterpretación de los problemas que lleva consigo. Al respecto conviene decir
que en la sociología, “no hay desplazamiento de paradigmas en crisis, sino que
estos se reajustan para ofrecer nuevas soluciones a viejos problemas sin
56

abandonar su núcleo teórico” (Gómez, 1997, p. 153). De modo que la crítica a


la sociología por compartir paradigmas con otras áreas afines, queda justificada
en virtud de su naturaleza; en consecuencia, la existencia de más de un
paradigma es algo intrínseco a las ciencias humanas, por lo que no se les
puede pedir abandonarlos, sino mejorarlos.
Puede agregarse a lo ya dicho que pretender hacer de una ciencia
multiparadigmática como la sociología, una ciencia de tendencia exacta, al
modo del positivismo, constituye un error, ya que “un paradigma exclusivo
supondría una perspectiva monolítica sobre la sociedad, una única teoría
social” (Gómez, 1997, p.154). Por esta razón, la adecuación de la obra de
Kuhn a la sociología y a las ciencias humas en general, debe tener presente y
valorar su naturaleza multiparadigmática. Lo cual significa “mostrar que del
hecho de que esta disciplina y las ciencias sociales en general carezcan de
paradigmas exclusivos, no se deriva que sean ciencias pre paradigmáticas e
inmaduras” (Gómez, 1997, p. 154). Más bien su modo de proceder es distinto.
En definitiva, una mediana aproximación a la sociología muestra que tanto
ella como las demás ciencias sociales, no pueden ser reducidas a un modelo
paradigmático único y limitado; su esencia se basa en el principio contrario, es
decir, en “la diversidad de la conceptualización”, por lo que la madurez, y
exclusividad de un paradigma, requisito principal para que una ciencia sea
madura, queda en entredicho almenos en el campo de la humanidades. Lo que
es más importante: “No ha existido una visión absolutamente global y
hegemónica en la explicación de lo humano y lo social al modo en que se ha
dado en las ciencias de la naturaleza”. (Gómez, 1997, p. 156).
Siguiendo esta línea argumentativa, consideremos ahora el caso de la
psicología y el modo como se adecua al paradigma kuhniano. Por lo que se
refiere a esta área de las humanidades, cabe también preguntarse si se puede
reclamar para ella “el estatus de ciencia madura”, puesto que generalmente se
asocian este tipo de ciencias con inmadurez.
Ahora bien, según Gabucio (2002), es atinado considerar a Kuhn el
“precursor de la ciencia cognitiva, por el estilo con el que él mismo había
elaborado su concepción del devenir científico, apelando conjugadamente a
nociones de historia de la ciencia, de sociología, de psicología y por supuesto
filosóficas”(p. 252). Si bien esta afirmación es verdadera, el autor plantea
ciertas limitantes del abordaje de la psicología desde una perspectiva
epistemológica kuhniana; esto debido a la concepción según la cual las ideas
científicas se renuevan constantemente, tal es el caso de la obra de Kuhn, que
parece haber entrado en “crisis” a partir de la década del ochenta, momento en
que se emprendió un proyecto de “estudio de la cognición” que abarcaba
diferentes ciencias humanísticas que iba desde la filosofia hasta la
neurociencia; de esta manera, el modelo de Kuhn resultaba insuficiente para
abordar sus problemas y soluciones. Así lo sostiene Gabucio (2002):
57

Pongamos por caso, “la discontinuidad […] entre: El conductismo y la


psicología cognitiva”; para cuyo abordaje se desechó el modelo
paradigmático kuhniano, tras considerarlo cómplice de legitimar una
postura por encima de otra. En reemplazo fueron tenidas en cuenta
otras concepciones del cambio científico, como la propugnada por
Lakatos, que se adecuaban mejor para el caso concreto de la
psicología, y daban mejor cuenta “de la transición del conductismo al
cognitivismo, que pasaba a ser vista, y de eso se trataba, como una
transición con continuidad en lugar de como una ruptura paradigmática”
(p.253).
Este hecho ha sugerido que la recepción de la ideas kuhnianas en la
psicología sean reformuladas; de esta manera, puede haber una aproximación
de su vigencia en este campo humanístico. En este sentido, Gabucio (2002),
formula una idea que puede resultar iluminadora sobre lo que ha pasado al
interior de la psicología, respecto a la concepción kuhniana de esta. Él lo refiere
así: “La historia de la psicología se ha explicado en términos kuhnianos, pero el
carácter científico de la psicología sigue explicándose en términos del más
rancio positivismo que imaginarse pueda” (p.254). Todo esto parece indicar que
en la psicología ha habido un mayor desarrollo de la disciplina en términos
normativos, lo cual significa que el aparataje kuhniano es importante para
comprender su historia; pero no para explicar su normatividad científica; el
autor hace hincapié en este aspecto señalando que en la psicología “una cosa
es la metodología y otra distinta la epistemología” (p.254).
De modo que la significación y alcance de las tesis kuhnianas en la
psicología se topa con el obstáculo de su cientificidad, que parece desviar su
reflexión a un campo más exacto. Por lo tanto, la vigencia de su obra en esta
ciencia social puede ser valorada, pero no como núcleo del debate, sino más
bien como reflexión sobre sus criterios epistemológicos en términos generales.
Esto ha ocurrido así, según el autor, porque la interpretación de su obra
abandonó “un cierto deslumbramiento” creado por la introducción de novedosas
ideas; por lo que ahora la lectura de su obra se efectúa desde un terreno más
crítico, y esto ha conllevado a que campos como la psicología, en sus
pretensiones de cientificidad, sea precavida a la hora de tomar en cuenta las
propuestas de Kuhn (Gabucio, 2002, p. 256).
Lo anterior, nos lleva a considerar lo siguiente: disciplinas como la psicología
pueden entenderse mejor, y reforzarse como tal, si se toma en cuenta “su
autoanálisis histórico”; por consiguiente, cabe considerar que sí hay un lugar
para Kuhn dentro de la psicología, y este corresponde a sus aportes
epistemológicos, “cuyas preocupaciones teóricas tienen que ver con el
aprendizaje y el cambio conceptual […] y con el papel de la cultura y del
mundo en la construcción del conocimiento. (p. 257).
Al afirmar que Kuhn es relevante para la psicología, en términos
epistemológicos, se está diciendo que, “Kuhn, sin dejar de ser historiador,
filósofo y sociólogo de la ciencia, es también un psicólogo del conocimiento”
58

(Gabucio, 2002, p. 258); cuyo trabajo, pese a estar formulado para un abordaje
casi que exclusivo de las ciencias exactas, encontró un espacio reflexivo en las
ciencias humanas; en la psicología en este caso.
En otras palabras, las categorías kuhnianas han sido utilizadas
generalmente para el abordaje “de la historia de la psicología”, pero de ahí no
se desprende el hecho de que sea importante “interesarse por la
fundamentación y la pertinencia psicológica y la capacidad explicativa de esas
mismas categorías” (p.263). De modo que, comprender la psicología en
términos históricos no implica el rechazo de otras perspectivas que pueden ser
útiles. En definitiva, Kuhn y su epistemología de “carácter eminentemente
descriptivo (en las vertientes histórica, sociológica y psicológica)” (p.266), no se
adecua de forma definitiva a un criterio de verificación o falsacion; lo cual
permite considerar a la psicología, pese a su nivel de cientificidad, como un
campo en el que aún es dable el debate epistemológico sobre su naturaleza
paradigmática.
Puede agregarse a lo anteriormente señalado que, “conceptos psicológicos
tales como conciencia, cambio, resistencia, percepción, creencia, esquema,
confianza, crisis, etc. son constantemente empleados por el autor para
argumentar y justificar su teoría” (Maríns 2014, p.68); esto implica tener en
cuenta en su formulación factores “psicosociales y sociológicos” que
acompañan el abordaje epistemológico de la psicología, que según (Maríns,
2014), fue diferente después de Kuhn, toda vez que este hizo caer en cuenta
de que al no reunir las condiciones de “una ciencia madura” debería ser
considerada una disciplina “que se encontraba en un estado preparadigmático”
(p.71). Esta afirmación se ratifica con el hecho de que proliferan distintas
escuelas psicológicas, surgiendo así divergencia respecto a la aplicación de un
paradigma dominante que le diera estatus de ser científica.
A pesar de esto, los vaivenes en la psicología, durante la década del
sesenta, convirtieron el concepto de paradigma en algo fundamental para su
explicación; por ejemplo, en el abordaje explicativo de “la transición del
conductismo hacia el cognitivismo”, que tal como se dijo anteriormente es
bastante problemática, sin embargo, la noción de paradigma fue fundamental
en su análisis. “La interpretación tanto histórica como epistemológica de la
psicología estuvo atravesada fuertemente por las ideas de Kuhn” (Maríns,
2014, p. 75).
En ultimas, tal como sugiere (Maríns, 2014),
Las ideas de Kuhn no solo propiciaron una lectura epistemológica,
sino también histórica respecto del pasado de la psicología. A partir de
sus ideas, con la referencia central en la noción de paradigma y la
significación otorgada a la idea de crisis, la historia de la psicología fue
interpretada como una sucesión de diversas escuelas, corrientes o
sistemas psicológicos en permanente conflicto (p.73).
59

En contra de lo que pudiera pensarse, el autor se muestra escéptico


respecto a la actualidad de las ideas de Kuhn en la psicología actual. Si bien
acepta que su obra fue base importante sobre los principales debates teóricos,
que buscaban demarcar la cientificidad de la psicología, advierte
reiteradamente que sus ideas, “ya han cumplido su ciclo”, es decir, ya no son
relevantes como lo fueron en el momento de su aparición. Actualmente, la
aparición de distintas y variadas escuelas o “sistemas psicológicos” ha ayudado
a “abordar la psicología con otros recursos teóricos y metodológicos,
primordialmente aquellos ligados a la sociología del conocimiento” (Maríns,
2014, p.82). Por tanto, “parece poco probable que sus ideas sigan orientado las
visiones retrospectivas y epistémicas de la psicología” (p.82)
Para terminar, se puede decir que la psicología, en tanto disciplina
humanista, se vio permeada en su estructura, a partir de la aparición de la obra
de Kuhn, que no limitó su análisis al desarrollo de la ciencia propiamente dicha,
sino que se permitió abordar variados campos de las ciencias humanas y
sociales; entre los cuales la psicología encontró su lugar y se nutrió en
términos epistemológicos de este debate, lo que le permitió actualizarse,
conceptualmente, orientarse hacia “nuevos horizontes”, y, sobre todo, definirse
como un “campo disciplinar y profesional” (Maríns, 2014, p.82).

3.3 - CONCLUSIONES
Al inicio de este aparatado, se preguntó si las ideas de Kuhn conservaban
actualidad. En algún sentido parte de la respuesta ya ha sido respondida; sin
embargo, voy a hacer algunas consideraciones finales para tratar de clarificar
esta cuestión.
En primer lugar, es preciso señalar que la discusión sobre la actualidad de la
obra de Kuhn en las ciencias humanas está sujeta al contraste que se da con
las ciencias exactas o maduras, cuya “diferencia está arraigada en el
vocabulario conceptual” que cada una utiliza. En este sentido, Kuhn (2002)
sostiene: “Las ciencias sociales, […] parece que son total y absolutamente
hermenéuticas e interpretativas” (p.263) mientras que las ciencias naturales, se
rigen por la investigación normal, o sea por la resolución de rompecabezas.
Esta diferencia respecto al modo en que cada una aplica distintos métodos
en su desarrollo, es la base para considerar la actualidad de sus ideas en el
campo social – humanístico. Al respecto conviene decir que si la obra de Kuhn
tiene alguna actualidad para las ciencias humanas, esta gira alrededor de lo
que (Marín, 2014), denomina el “paradigma Crítico-hermenéutico” (p.85), es
decir, la capacidad de las ciencias humanas como la historia o la filosofia para
“reivindicar al sujeto humano como protagonista de sus propias acciones”. En
otras palabras, no se puede pretender que las “ciencias de la cultura” (aunque
algunas tengan esa pretensión) lleguen a convertirse en ciencias maduras
siguiendo el método formal al modo de la física, por ejemplo, ya que los hechos
60

sociales se dan en el seno de una cultura, la cual está sujeta a múltiples


interpretaciones sobre su funcionamiento y operatividad; lo cual desacredita la
pretensión de exactitud para ellas; además, “la fugacidad de los hechos
sociales e históricos”(p.87), no permiten tal fin, su método hermenéutico brinda
la posibilidad de interpretar la realidad de variadas formas, lo cual imposibilita al
modo de las ciencias exactas “experimentar o repetir los hechos, en la forma
como sí se puede hacer con las ciencias naturales en los laboratorios” (Marín,
2014,p.87).
En este sentido, Kuhn (2002) sugiere que la fundamentación conceptual de
la ciencias naturales en cualquier periodo, son un producto histórico, fruto del
medio socio histórico en el que los profesionales han sido educados; lo cual
facilita el surgimiento de otros modos de pensamiento (p. 263). Ahora bien,
pese a que Kuhn afirma esto, considera que las ciencias naturales “no son
empresas hermenéuticas”, por lo que considerarlas como tales es un error; de
otro lado, las ciencias sociales no pueden renunciar al método hermenéutico, o
al menos no hasta que tengan “un paradigma capaz de sustentar la
investigación normal”, consistente en solucionar rompecabezas. (p. 264).
Como consecuencia de lo anterior tenemos que “las ciencias sociales y
humanas […] se asientan finalmente en el paradigma crítico hermenéutico con
un interés histórico interpretativo, pero sin olvidar que tienen un fin práctico,
comprender toda la realidad de la cultura de la humanidad” (Marín, 2014, p. 87).
Desde esta perspectiva, tenemos que la obra del filósofo e historiador de la
ciencia, a pesar de pertenecer en gran medida al campo de las ciencias
naturales, permite adherir “diferentes maneras metodológicas” de acceder a la
realidad, identificada con los hechos sociales, psicológicos, políticos,
económico etc., dentro de los cuales la ciencia se encuentra inmersa; en otras
palabras, ciencias humanas y ciencias naturales no se excluyen totalmente.
Puede haber diálogo entre ellas. Tal como afirma (Marín,2014): “Las ciencias
sociales pueden servirse de métodos y técnicas cuantificables y medibles
propios de las ciencias naturales, y a la vez, en el campo de las ciencias
naturales es posible hacer inferencias de tipo cualitativo” (p.87); desde esta
visión, uno de los principales aportes de Kuhn a las ciencias humanas consistió
en haber logrado que disciplinas diferentes metodológicamente, hayan podido
dialogar en aras de enriquecer sus conocimientos; y eso constituye un gran
logro tanto para la ciencia exacta o dura como para las ciencias humanas y
sociales.
61

REFERENCIAS BIBLIOAGRAFICAS:

Bautista. J (2015). Karl Popper: Controversias en filosofía de las ciencias. Recuperado


de: https://www.uaa.mx/direcciones/dgdv/editorial/docs/ve_popper.pdf

Carnap, R. (1993). La superación de la metafísica mediante el análisis lógico del


lenguaje, Madrid: FCE.

Gabucio, F. (2002). El ultimo Kuhn y la psicología, Universidad de Barcelona, Anuario


de psicología, 2002, vol. 33, n°2, pp. 249 – 266

Gómez, A. (1997). T.S Kuhn y las ciencias sociales, UNED, Madrid, Endoxa, series
filosoficas, PP. 139 – 166

Hiller, H. (1968). Contribución a una historia del pensamiento científico natural.


Madrid: Gredos, S.A.

Iranzo, V. (2012). Las ciencias sociales en el modelo kuhniano de la ciencia, Prisma


Social, núm. 9, diciembre, 2012, pp. 0-27

Kuhn, T. (1971). La estructura de las revoluciones científicas. México: FCE.

Kuhn, T, (1978). La Revolución Copernicana. Barcelona: Ariel.

Kuhn, T. (1994). ¿Qué Son las Revoluciones Científicas? y Otros Ensayos. Barcelona,
España: Altaya, S.A.

Kuhn, T. (1982). La tensión esencial. Estudios selectos sobre la traducción y el cambio


en el ámbito de la ciencia. México: FCE.

Kuhn, T. (1975). Lógica del descubrimiento o psicología de la investigación, En: Crítica


y el desarrollo del conocimiento. Lakatos y Musgrave (eds.). Barcelona: Grijalbo, p. 81.

Kuhn, T. (2002). El camino desde la estructura. Ensayos filosóficos 1970- 1993.


Barcelona, España: Ediciones Paidós Ibérica, S. A.

Lakatos, I (1987). Historia de la ciencia y sus reconstrucciones racionales, Madrid:


Tecnos, S.A.

Maríns, M. (2014).Thomas Kuhn y su vinculación con la psicología: un homenaje de


despedida, Universidad nacional del rosario, Argentina, Revista de Historia de la
Psicología, 2014, vol. 35, núm. 2 (junio), pp. 65 – 92

Marín, J. (2007). Del concepto de paradigma en Thomas S. Kuhn, a los paradigmas de


las ciencias de la cultura, PP. 73 – 88
62

Mejía, H. (1989). La concepción de K.R. Popper sobre la historia de la ciencia, Ideas y


valores, Universidad Nacional de Colombia. PP. 47 – 64.

Mora, F. (1979). Diccionario de filosofia, Madrid: Alianza editorial, S.A. Tomo II.

Popper, K. (1975). La ciencia normal y sus peligros, En: crítica y el desarrollo del
conocimiento. Lakatos y Musgrave (eds.). Barcelona: Grijalbo, p.149.

Popper, K. (1980). La lógica de la investigación científica, Madrid: Tecnos, S.A.

Palma, H. (1998). De la concepción heredada a la epistemología evolucionista. Un


largo camino en busca de un sujeto no histórico, Redes, vol. V, pp. 53-79

Pérez, M.M. (2010). Ludwik Fleck: precursor del pensamiento de Thomas Kuhn. Eidos
nº13, pp. 130-149

San miguel, J. (2010). Filosofia de la naturaleza, Barcelona: Kairos S.A.

Ursúa, y Mardones. (1982). Filosofia de las ciencias naturales y sociales. Barcelona:


Fóntamara, S.A.
63
64