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FLOODING RECORDS IN ARCHEOLOGICAL STRATIGRAPHY, RIO DE LA PLATA BASIN.

REGISTROS DE CAMBIOS CLIMATICOS EN LA ESTRATIGRAFIA ARQUEOLOGICA DE LA


CUENCA DEL RIO DE LA PLATA, REPUBLICA ARGENTINA

Carlos N. Ceruti

Las tierras bajas del nordeste argentino se tornaron potencialmente habitables a partir del período
básicamente frío y seco que se extiende entre los 30.000 y 10.000 años A.P., cuando las áreas
montañosas fueron ocupadas por los hielos glaciales. La existencia de un “mar de arena” que se extendía
desde la pampa hasta el sur de la provincia de Santa Fe, y los mantos de sedimentos loésicos que
cubrieron buena parte del territorio restante, indican el predominio de ambientes abiertos, desérticos-
semidesérticos a subhúmedos, de sabanas y pastizales, a lo sumo con formaciones aisladas de monte
xerofítico o bosque en galería bordeando los cursos de agua, bastante transitables para los primeros
grupos de cazadores.

Por entonces el río Uruguay corría profundamente encajonado, con un cauce labrado en basaltos y en los
depósitos sedimentarios de la Formación Salto Grande. El Paraná, desde fines del Mioceno había
depositado las “arenas Puelches” (Formación Ituzaingó) en las actuales provincias de Corrientes, Entre
Ríos, Chaco, Santa Fe y Buenos Aires, ocupando fajas controladas por fracturas que abandonaba
mediante fenómenos de avulsión.

La abundancia de megafauna (son particularmente frecuentes los hallazgos de restos fósiles de


mastodontes y gliptodontes) lleva a pensar que la aridez del medio no era un impedimento para la vida,
sino todo lo contrario. Y quien dice megafauna, dice también ciervos, camélidos, roedores, armadillos y
todo el conjunto de especies pampeanas que llegan a nuestros días, menos espectaculares pero mucho
más fáciles de capturar que las formas gigantes. El ambiente se tornó aún más favorable a fines del
Pleistoceno, cuando la abundancia de agua y el mejoramiento de las condiciones climáticas generales
permitieron el crecimiento de un suelo bien desarrollado, cuyo Horizonte B aún es visible en algunos
perfiles de las provincias de Santa Fe y Entre Ríos.

En este momento el río Paraná sufrió su último gran cambio, abandonando el paleocauce ocupado por el
Iberá-río Corrientes-bajo de los Saladillos para desplazarse hasta el cauce actual. El río Uruguay depositó
la Formación El Palmar, conformando en ambas márgenes y fuera del valle actual una terraza alta (25 m)
compuesta por bancos de rodados, gravas y arena.

Entre 9.000 y 8.000 años A.P., la megafauna todavía era numerosa en los ambientes pampeanos de Santa
Fe y Entre Ríos. Si alrededor de 10.000 años atrás los cazadores del Paleoindio se encontraban en el
Noroeste argentino, Mendoza, Buenos Aires, Patagonia y Río Grande do Sul, su hallazgo en el Nordeste
es, probablemente, cuestión de tiempo e incremento de las investigaciones.

Alrededor de 8.000 años atrás, a fines de un evento árido, cazadores con puntas líticas triangulares
superaron el escollo del Río Uruguay, y se establecieron en ambas márgenes y las islas del Salto Grande,
en la Pcia. de Entre Ríos. Tal hazaña no requiere de una tecnología muy compleja, siendo suficiente el
conocimiento de medios de navegación rudimentarios. Los basaltos que conforman el lecho del Río
Uruguay estaban allí desde al menos 60 millones de años atrás, facilitando el cruce a grupos pedestres
provenientes de Brasil y Uruguay durante los períodos secos, e incluso en el estiaje, en los períodos
húmedos como el actual, cuando el caudal disminuía de 36.000 a 95 metros cúbicos por segundo. El
cruce por el Salto Grande ha sido una constante histórica durante todo el Holoceno, y la abundancia de
materia prima bajo la forma de cantos rodados, aptos para la confección de instrumental lítico, permitió
documentar la existencia de poblaciones humanas en un ambiente sedimentario absolutamente negativo
para la conservación de materia orgánica.

A partir de otro episodio árido, producido entre el 7.000-6.000 A.P., en el alto Paraná y el Uruguay
medio pueden detectarse sitios correspondientes a otras tres entidades de cazadores-recolectores-
pescadores, con énfasis en un recurso u otro según las posiblidades del ambiente.

Los cazadores-recolectores de Umbú, con diversos tipos de punta de proyectil de piedra, raramente con
boleadoras, se distribuyeron en Misiones, Corrientes (especialmente en la zona de Yacyretá y la cuenca
del arroyo Mocoretá) y en Entre Ríos (Salto Grande del río Uruguay). En la R.O. del Uruguay
penetraron por el curso inferior del río Negro, y también alcanzaron las lagunas litorales de la costa
atlántica, perdurando hasta épocas históricas (etnías charrúa y minuán). Alrededor del 2.000 A.P.,
algunos de estos grupos recibieron la cerámica, desarrollando una entidad que se ha denominado Vieira.

Los cazadores-pescadores-recolectores de Ivaí, con material lítico tallado poco diferenciado, pero con
boleadoras y (probablemente) proyectiles con punta de madera y hueso, se establecieron en las costas
próximas al Paraná y sus afluentes en la zona de Yacyretá, y también en el río Uruguay medio,
especialmente en las terrazas alta y media del Salto Grande. Hacia 2.500 años atrás adquirieron el
conocimiento de la cerámica (entidad Salto Grande), adaptándose a los cambios climáticos y perdurando
hasta por lo menos el 650 A.P.

Los cazadores-recolectores Humaitá (a quienes algunos autores consideraron como los primeros
horticultores), sin puntas de proyectil de piedra y con una industria lítica muy peculiar, con artefactos
bifaciales en forma de hachas, cuñas e incluso, curvados como un búmeran, ocuparon la Pcia. de
Misiones, especialmente la costa del alto Paraná. Durante el período húmedo del Optimo Climático, con
el avance de las áreas de selva tropical, una parte de las poblaciones Humaitá retrocedió hacia zonas más
frías, en el planalto de Brasil, y otra parte se adaptó a las nuevas condiciones. Así parecen indicarlo los
hallazgos realizados en la Cueva 3 de Mayo, con énfasis en la pesca, la recolección de moluscos y la
captura de especies silvícolas similares a las actuales, como tapir, corzuela, pecarí y monos. Unos y otros
desarrollaron una cerámica característica, conocida como Taquara-Eldoradense, fechada entre el 1850-
160 A.P.

El período húmedo del Holoceno Medio, que facilitó el avance de la selva misionera hasta límites más
australes que el actual, permitió también la formación de suelos bien desarrollados en la llanura central
argentina y en las provincias del oeste: Córdoba, San Luis y Mendoza. En relación con el suelo Los
Toldos (San Luis) y el Suelo Las Tapias (Córdoba), se ubica un conjunto de pueblos cazadores y
recolectores, con puntas de proyectil de piedra, que poblaron hace más de 3.000 años el borde de las
lagunas residuales del Pleistoceno, hoy convertidas en salinas.

Estos grupos, cazadores de armadillos, ñandú, ciervo y guanaco, comenzaron a desplazarse hacia el este a
medida que desmejoraban las condiciones ambientales en el borde de las sierras, y sus derroteros pueden
seguirse gracias a los hornos en forma de pera que cavaban en el suelo para cocinar sus alimentos. Al ser
cortados por la erosión, aparecen como anillos de color ladrillo, fácilmente visibles en el suelo desnudo o
en cortes de barrancas

Hace 2.000 años llegaron a la provincia de Santa Fe, siguiendo los paleocauces del río Dulce y el Salado
y su red de afluentes, y algo después, bordeando la Salina de Ambargasta, a Santiago del Estero. Sus
campamentos fueron descriptos en Santa Fe por Joaquín Frenguelli, en las cercanías de la ciudad de
Esperanza. Están vinculados estratigráficamente a la Formación San Guillermo, un depósito de
sedimentos eólicos originados en la erosión y redepositación del suelo del Holoceno medio, y a las
“dunas de arcilla” que bordean las hoyas de deflación cavadas por el viento en paleocauces del Paraná, o
del Salado y sus afluentes.

Es probable que estas poblaciones accedieran al conocimiento de la alfarería en la provincia de Santa Fe,
llevándola hasta Córdoba, Santiago del Estero y el sur de Tucumán. Durante más de 1.000 años se
desplazaron entre los afluentes de margen derecha del Paraná y el pie de las Sierras Pampeanas,
aprovechando los recursos fluviales durante los derrames invernales, y los algarrobales de los oasis
serranos en el verano, tal como lo hacía todavía la etnía querandí en el momento de la conquista española.
Durante los períodos secos cruzaban la llanura siguiendo las redes de paleocauces y hoyadas de
deflación, pasando por la zona de Los Porongos, en la desembocadura del Dulce, y a través de la laguna
Mar Chiquita. En los períodos húmedos como el actual, en que estos caminos son impracticables,
utilizaban las márgenes del río Carcarañá. Ninguno de los grupos de cazadores pedestres llegados al
Nordeste argentino, ya sea desde el este como del oeste, pudo atravezar el Paraná Medio, que aún en los
períodos más secos se constituyó en una valla insalvable.

Los primeros pueblos afines al ámbito fluvial paranaense se hacen presentes hacia comienzos de nuestra
era, pero se expanden fundamentalmente entre 1.500 y 1.000 años atrás, cuando las condiciones
ambientales alcanzaron niveles de temperatura y humedad similares a las actuales. Por entonces, la
principal entidad de canoeros paranaenses, denominada Goya-Malabrigo, caracterizada por las
representaciones escultóricas de animales de su alfarería, ocupó todas las islas y costas bajas del Paraná
medio, desde Resistencia al sur de Santa Fe y Entre Ríos. En esta misma época, coincidentemente con la
expansión de la selva tropical y subtropical, llegaron a Misiones los primeros representantes de la
tradición Tupiguaraní, agricultores de floresta amazónica procedentes de Brasil, que poco antes de la
conquista española ya se encontraban asentados en la isla Martín García y la costa de la provincia de
Buenos Aires. El delta inferior, a medida que se conformaba, fue ocupado paulatinamente por grupos
alfareros emparentados con la entidad Vieira del sur de Brasil y la R.O. del Uruguay, y por los canoeros
de Goya-Malabrigo y Tupiguaraní.

Sintetizando:

• A fines del Pleistoceno o comienzos del Holoceno, con la región misionera cubierta de sabanas y las
costas del Paraná y Uruguay bajo un clima húmedo y más frío que el actual, ya estaban dadas las
condiciones necesarias para la ocupación humana del Nordeste argentino. Hasta el momento, no se
han hallado restos correspondientes a cazadores de megafauna (“Paleoindio”). La ausencia de tales
sitios en el registro arqueológico, puede deberse a alguno de los siguientes factores: a) carencia de
piedras en el territorio, salvo en las costas del alto Paraná y río Uruguay; b) condiciones ambientales
desfavorables para la conservación de materia orgánica; c) destrucción de yacimientos por la
migración del Paraná medio desde el bajo de los Saladillos a su posición actual, y por la Ingresión
Platense; d) investigaciones insuficientes.

• En el período húmedo del Holoceno medio (entre 8.500 y 3.500 años atrás) apareció la selva
misionera, alcanzando una extensión mayor que la actual, y en las costas de los ríos y arroyos
principales creció la selva en galería. Se produjo la Ingresión Platense. El territorio, hacia el sur,
solamente pudo ser ocupado hasta la altura de Rosario, y los sitios más antiguos, si existieron,
probablemente fueron destruidos. Solamente hay posibilidades de localizar sitios antiguos en las Isla
Ibicuy, que permaneció emergida en esta fase de evolución del delta.

• En los intervalos áridos y semiáridos producidos alrededor del 8.000 a.P. y el 7.000-6.000 a.P., por
el cuadrante nordeste penetraron diversos grupos de cazadores-pescadores-recolectores procedentes
de Brasil. Siguiendo el Paraná llegaron por lo menos a la zona de Yacyretá, y por el río Uruguay
alcanzaron el Salto Grande. Ninguno de ellos, hasta donde llegan nuestros conocimientos, pudo
atravezar el río Paraguay o el Paraná medio.

• Al aumentar la pluviosidad, algunos de estos grupos se retiraron a las regiones más frías del planalto
brasileño, y otros se adaptaron paulatinamente a las nuevas condiciones ambientales. En la llanura
central argentina y el borde de las Sierras Pampeanas se produjeron procesos pedogenéticos intensos,
formándose suelos con Horizonte B bien desarrollado. Un pueblo de cazadores-recolectores
pedestres, originario del borde de las lagunas pleistocénicas residuales de San Luis, Mendoza y
Córdoba, comenzó a desplazarse hacia el este, penetrando en la llanura.

• Entre 3.500 y 1.500 años atrás, hubo un intenso proceso de aridificación. El suelo del Holoceno
medio se erosionó y redepositó en forma de un manto de sedimentos limosos de color gris. En los
paleocauces se formaron hoyas de deflación, con lunetas de arcilla indicando la dirección de los
vientos dominantes. Los pueblos del oeste cruzaron la llanura, alcanzando la laguna de Mar Chiquita
y luego el centro y norte de la Pcia . de Santa Fe, en la faja comprendida por el Salado y sus
afluentes, hasta las proximidades del Paraná. Por el norte siguieron el curso del Dulce, llegando
hasta el sur de Tucumán. Los cazadores del río Uruguay continuaron avanzando hacia el sur, y
alcanzaron las costas de las lagunas del litoral atlántico de Brasil-Uruguay. El Paraná tenía muy poco
caudal y desembocaba en un estuario, con acción morfogenética de las mareas hasta 30 km al sur de
Rosario.

• A fines de esta etapa, entre 2.500 y 1.800 años atrás, todos los pueblos costeros del Paraná-Uruguay
y también los de la llanura central accedieron al conocimiento y dominio de la cerámica. A
comienzos de la Era Cristiana, coincidiendo con algún pulso húmedo, surgieron en las costas del
Paraná los primeros grupos de canoeros, que poco a poco se instalaron en el dominio fluvial.
• Su presencia es aún más evidente a partir del período de calentamiento medieval (800-1.300 d.C.),
durante el que los pueblos fluviales paranaenses dominaron la llanura aluvial desde Barranqueras-
Corrientes al delta medio, penetrando por el Uruguay hasta las islas del Salto Grande. En esta última
región, sobre la terraza baja, los pobladores formaron conchales de Felipponea iheringi, un molusco
fluvial de aguas tropicales.

• A partir de los años 900-1.000 d.C. se produjo una gran expansión de pueblos en el nordeste,
estableciéndose relaciones de distinto tipo que vincularon toda la cuenca del Plata entre sí y con
regiones bastante alejadas. A Misiones llegaron grupos horticultores procedentes del planalto de
Brasil. Hacia la misma época o un poco después, se instalaron también las primeras aldeas
tupiguaraní, de agricultores de floresta tropical. En la serranía cordobesa aparecieron los primeros
poblados de agricultores, que se vincularon con el Paraná por intermedio de los cazadores pedestres
de la llanura central, utilizando el camino del Carcarañá-Tercero. El delta inferior fue ocupado por
pueblos fluviales provenientes de la costa uruguaya, y luego por los canoeros paranaenses y los
tupiguaraní, procesos que continuaban en el momento de los primeros contactos con los españoles.

Taller “Astrobiology, El Niño and South American Ecosystems”, organizado por INIDEP, AGENCIA,
SECyT, CONAE. Mar del Plata, 7 al 9-4-99.