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Revolución científica

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Philosophiæ naturalis principia mathematica de Newton (1687).

La revolución científica es un concepto usado para explicar el surgimiento de


la ciencia durante la Edad moderna temprana, asociada principalmente con los siglos
XVI y XVII, en que nuevas ideas y conocimientos
en física, astronomía, biología (incluyendo anatomía humana) y química transformaron las
visiones antiguas y medievales sobre la naturaleza y sentaron las bases de la ciencia clásica.1
234567 De acuerdo a la mayoría de versiones, la revolución científica se inició en Europa hacia

el final de la época del Renacimiento y continuó a través del siglo XVIII, influyendo en el
movimiento social intelectual conocido como la Ilustración. Si bien sus fechas son discutidas,
por lo general se cita a la publicación en 1543 de De revolutionibus orbium coelestium(Sobre
los giros de los orbes celestes) de Nicolás Copérnico como el comienzo de la revolución
científica.
Una primera fase de la revolución científica, enfocada a la recuperación del conocimiento de
los antiguos, puede describirse como el Renacimiento Científico y se considera que culminó
en 1632 con la publicación del ensayo de Galileo; Diálogos sobre los dos máximos sistemas
del mundo. La finalización de la revolución científica se atribuye a la "gran síntesis" de 1687
de Principia de Isaac Newton, que formuló las leyes de movimiento y de la gravitación
universal y completó la síntesis de una nueva cosmología.8 A finales del siglo XVIII, la
revolución científica había dado paso a la "Era de la Reflexión".[cita requerida]
El concepto de revolución científica que tuvo lugar durante un período prolongado surgió en el
siglo XVIII con la obra de Jean Sylvain Bailly, que vio un proceso en dos etapas de quitar lo
viejo y establecer lo nuevo.9
El filósofo e historiador Alexandre Koyré acuñó el término revolución científica en 1939 para
describir esta época.10

Índice

 1Introducción
o 1.1Significado
 2Antecedentes antiguos y medievales
 3Método científico
o 3.1Empirismo
o 3.2Ciencia Baconiana
o 3.3Inductivismo
o 3.4Experimentación científica
o 3.5Método hipotético-deductivo
o 3.6Matematización
o 3.7La filosofía mecánica o Mecanicismo
o 3.8Institucionalización
 4Ideas nuevas
o 4.1Generalidades
o 4.2Astronomía
o 4.3Biología y medicina
o 4.4Química
o 4.5Física
 5Nuevos dispositivos mecánicos
o 5.1Dispositivos de cálculo
o 5.2Máquinas industriales
o 5.3Telescopios
o 5.4Otros dispositivos
 6Las grandes revoluciones científicas
o 6.1Revolución copernicana
o 6.2Revolución darwiniana
o 6.3Revolución einsteniana
o 6.4Revolución indeterminista
 7Desarrollos científicos
 8Críticas
 9Véase también
 10Referencias
 11Enlaces externos
 12Bibliografía
o 12.1Bibliografía adicional en español

Introducción[editar]
Retrato de Galileo Galileide Leoni.

Los avances en la ciencia han sido llamados "revoluciones" desde el siglo XVIII.
En 1747, Clairaut escribió que «se decía que Newton en vida había creado una revolución».11
La palabra también fue usada en 1789 en el prefacio de la obra de Lavoisier anunciando el
descubrimiento del oxígeno. «Pocas revoluciones en la ciencia han excitado inmediatamente
tanto aviso general como la introducción de la teoría del oxígeno... Lavoisier vio su teoría
aceptada por todos los hombres más eminentes de su tiempo, y se estableció en gran parte
de Europa en pocos años desde su primera promulgación».12
En el siglo XIX, William Whewell estableció la noción de una revolución en la ciencia misma (o
el método científico) que había tenido lugar en el siglo XV-XVI. Entre las más visibles de las
revoluciones que han experimentado las opiniones sobre este tema, está la transición de una
confianza implícita en las facultades internas de la mente del hombre a una profesa
dependencia de la observación externa y de una veneración ilimitada por la sabiduría del
pasado, a una ferviente expectativa de cambio y mejora."13 Esto dio lugar a la visión común de
la revolución científica de hoy:
«Una nueva visión de la naturaleza surgió, reemplazando la visión griega que había
dominado la ciencia durante casi 2000 años. La ciencia se convirtió en una disciplina
autónoma, distinta de la filosofía y la tecnología y llegó a ser considerada como tener
objetivos utilitarios».14
Tradicionalmente se asume que comenzó con la Revolución copernicana (iniciada
en 1543) y fue completada en 1687 con la "gran síntesis" de Isaac Newton Principia. Gran
parte del cambio de actitud vino de Francis Bacon cuyo "anuncio seguro y enfático" en el
progreso moderno de la ciencia inspiró la creación de sociedades científicas como
la Royal Society, y Galileo que defendió a Copérnico y desarrolló la ciencia del
movimiento.
En el siglo XX, Alexandre Koyré introdujo el término «Revolución Científica», centrando su
análisis en Galileo, y el término fue popularizado por Butterfield en su obra Origins of
Modern Science (Orígenes de la ciencia moderna). El trabajo de Thomas Kuhn de
1962 La estructura de las revoluciones científicas enfatizó que no pueden compararse
directamente diferentes marcos teóricos —como la teoría de la relatividad de Einstein y la
teoría de la gravedad de Newton, que la reemplazó.
Producción de libros en Europa occidental en las edades Media y Moderna (en naranja
manuscritos y en azul impresos). Para permitir la comparación obsérvese que la escala no es
lineal, sino exponencial en potencias de diez.

Biblia de Gutenberg (1450-1455). El desarrollo de la imprenta permitió por primera vez un


acceso casi instantáneo y universal a los conocimientos a medida que se iban produciendo.
La publicación (que también podía hacerse mediante la correspondencia) se convirtió en un
requisito para la atribución de un logro científico, y convirtió la ciencia en una actividad
colectiva. La alfabetizaciónse generalizó, sobre todo en los países del norte de Europa, donde
triunfó la Reforma protestante (que insistía en la necesidad del acceso individual a la lectura de
la Biblia). La relación entre La ética protestante y el espíritu del capitalismo fue señalada
por Max Weber.
Ethica ordine geometrico demonstrata de Spinoza, 1677.

Representación artística del terremoto de Lisboa (1755). La impresión que causó en la opinión
pública europea confirmó en los llamados philosophes (comprometidos en el ambicioso y
peligroso proyecto de L'Encyclopédie ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des
métiers de Diderot y D'Alembert, 1751-1772) la necesidad de un cuestionamiento radical de los
dogmas; un sentido crítico y una osadía intelectual (sapere aude) que Kant definió
posteriormente como "la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad" (Ausgang des
Menschen aus seiner selbstverschuldeten Unmündigkeit), en su artículo Was ist
Aufklärung? ("Qué es ilustración", 1784).

Desde la Antigüedad los conceptos de "ciencia" y "filosofía" eran indisociables, en un


esquema de las ramas del conocimiento (el arbor scientiarum) que desde la Edad Media
está presidido por la teología (philosophia ancilla theologiae -"la filosofía es esclava de la
teología"-, tópico atribuido a Pedro Damián).15 La separación de los ámbitos de las
llamadas "ciencias útiles" y de las llamadas "humanidades", y el fin del uso del latín como
lengua científica se fue produciendo con mucha lentitud, y no antes del siglo XVIII; pero ya
desde su comienzo en la segunda mitad del siglo XV, la "modernidad" de la "Edad
Moderna" significó en primer lugar la secularización del pensamiento y la diferenciación
entre "letras humanas" y "letras divinas", paso indispensable para convertir la "filosofía
natural" en un dominio autónomo que sólo se sometiera a la razón y a la experimentación,
diferenciado del de las ciencias morales, humanas o sociales (diferenciación que
posteriormente será lamentada como una escisión intelectual entre dos culturas). Tales
subdivisiones fueron produciéndose a medida que el desarrollo de la historia cultural fue
haciendo imposible que un "humanista" pretendiera dominar todas las ramas del saber (al
menos en cuanto a la capacidad objetiva de leer todo lo que se publicaba, ya que
la imprenta multiplicó las publicaciones). En torno a 1500 Leonardo da Vinci pudo ser un
sabio universal. En la primera mitad del siglo XVII todavía René Descartes podía ser a la
vez óptico, geómetra, analista matemático, psicólogo, teórico del conocimiento y
metafísico; mientras que Spinoza pretendía demostrar la ética "de modo geométrico"
y Leibniz fue considerado "el último sabio universal".16 Para redactar L'Encyclopedie a
mediados del siglo XVIII tuvo necesariamente que recurrirse a múltiples expertos en
múltiples disciplinas especializadas.
Con la revolución copernicana se inició un conflicto entre la ciencia y la fe: Miguel
Servet y Giordano Brunofueron quemados, uno por los protestantes y otro por los
católicos (en realidad las partes más problemáticas de su pensamiento no eran tanto las
científicas -circulación sanguínea y heliocentrismo, respectivamente- como las
propiamente religiosas, pero la clave residía precisamente en el hecho de que tanto
jueces como acusados compartían la convicción de que ambos ámbitos estaban
necesariamente vinculados), mientras que Galileooptó por retractarse. El
propio Copérnico fue ajeno a tales problemas, al no publicarse su obra hasta después de
su muerte. Con un planteamiento muy distinto, Blaise Pascal (Pensées, 1669) concilió su
conciencia científica con su conciencia religiosa aplicando una "apuesta"
probabilística que le demostraba la conveniencia de mantener creencias sobrenaturales;
un fideísmo compartido por algunos católicos, como Pascal, y algunos protestantes,
como Pierre Bayle, que llegó a proponer la completa separación de las esferas de la fe y
la razón (Dictionnaire Historique et Critique , 1697). La condena papal a Galileo no se
levantó explícitamente hasta el siglo XX, pero ya en 1741 Benedicto XIV (llamado "el papa
de las luces") había otorgado el imprimatur a sus obras completas, una vez que James
Bradley había aportado una prueba óptica de la trayectoria orbital de la Tierra. El conjunto
de las obras heliocentristas fueron sacadas del Index librorum prohibitorum en 1757. Pero
no fue hasta después de la Revolución francesa que fue posible una escena como la
protagonizada por Laplace y Lagrange ante Napoleón Bonaparte, en la que se
consideraba la existencia de Dios como una mera hipótesis, que había pasado a ser
innecesaria para explicar el mundo.
Ars Magna de Gerolamo Cardano(1545), la obra más importante del nuevo álgebra del siglo
XVI, que desarrolla las ideas de Tartaglia17 y precede a las que cierran el siglo (Rafaelle
Bombelli y François Viète). En la primera mitad del siglo habían destacado los
maestros calculistasencargados de la contabilidad en los
puertos hanseáticos(Rechenmeisters).1819

Kepler demostró su honestidad intelectual al renunciar al sistema ptolemaico tras comprobar


que las observaciones daban datos incompatibles con él, a pesar de todas las sofisticadas
formulaciones teóricas que intentó, incluyendo modelos con sólidos platónicos inscritos unos en
otros, que pretendían encontrar la perfección formal de un universo creado por Dios. La
solución que encontró, órbitas elípticas con el sol en uno de los focos, no era tan mística, pero
funcionaba (leyes de Kepler, 1609-1618). El sistema copernicano(expuesto en De
Revolutionibus Orbium Coelestium la obra póstuma de Nicolás Copérnico, 1543) fue defendido
también por Giordano Bruno(condenado a la hoguera en 1600) y Galileo Galilei (obligado a
abjurar en 1633 de su Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo Tolemaico, e
Coperniciano, 1632), encontrando su definitiva expresión en la ley de la gravitación
universal de Newton, cuyos términos (la atracción entre cuerpos en relación directa a la masa e
inversa al cuadrado de la distancia) estaban en el ambiente intelectual desde el final de las
décadas de 1660 antes de ser expuestos ante la Royal Society en 1686, lo que suscitó una
acusación de plagio por Robert Hooke.

Las observaciones de Tycho Brahe (Tablas rudolfinas, 1627) llevaron a Kepler a


confirmar, muy a su pesar, la inviabilidad del sistema ptolemaico. Christian
Huygens desarrolló una teoría ondulatoria de la luz (1678). Evangelista Torricelli midió
la presión atmosférica con el primer barómetro (1644). Francis Bacon definió el método
experimental y Robert Boyle fundó la "filosofía de la naturaleza". Tras la precoz
renovación del álgebra de François Viète (1591), a finales del XVII Isaac
Newton y Leibniz inventaron el cálculo infinitesimal, diferenciale integral. Con esas nuevas
herramientas matemáticas, y sus investigaciones en óptica y mecánica, Newton estableció
el nuevo paradigma de las ciencias físico-naturales, lo que permite hablar a finales del
siglo XVII del triunfo de una verdadera revolución científica coincidente en el tiempo con la
llamada crisis de la conciencia europea que significó la apertura de una nueva época en la
historia de la cultura y las ideas: la Ilustración.
En 1738, la expedición de Pierre Louis Moreau de Maupertuis para medir el arco de
meridiano terrestre verificó la corrección de la teoría de Newton, habiendo de desecharse
la teoría de los vórtices20 de Descartes. Voltairese convirtió en el principal propagandista
de Newton y la ciencia moderna (Épître sur Newton, 1736, Éléments de la philosophie de
Newton, 1738). La mecánica analítica se desarrolló en el siglo XVIII
con Varignon, D'Alembert, Maupertuis, Lagrange y otros, que también continuaron la obra
de Jakob Bernoulli sobre el análisis matemático (prolongada en la de su hermano Johann
Bernoulli y la de Euler).21 El formalismo en medios continuos permitió
a D'Alembert determinar en 1747 la ecuación de las cuerdas vibrantes, y a Euler
establecer en 1755 las ecuaciones generales de la hidrodinámica, campo en el que otros
Bernoulli (Daniel, Hydrodynamica, 1738, y Johann) habían realizado importantes
contribuciones. Tras que D'Alembert publicara su Traité de dynamique (1743), en el que
intenta reducir toda la dinámica a la estática, Maupertuis descubría el principio de mínima
acción, y Lagrange publicaba Mécanique analytique (1788). La física experimental y el
estudio de la electricidad tuvieron un desarrollo significativo desde los años 1730, con los
franceses Nollet y Du Fay, el holandés Musschenbroek, los
ingleses Desaguliers y Stephen Gray y el norteamericano Benjamin Franklin. Al final del
siglo desarrollaron sus trabajos Charles de Coulomb y Alessandro Volta.
Las teorías del calor se desarrollaron a partir de Boyle y Mariotte a finales del XVII (Ley de
Boyle-Mariotte, 1662, 1676). Guillaume Amontons hizo importantes trabajos sobre
los termómetros a comienzos del siglo XVIII, que son pronto superados por los
de Fahrenheit y de Réaumur. En 1741, Anders Celsius definió como extremos de su
escala de temperaturas en cien grados la ebullición y la congelación del agua, lo que fue
adoptado por Linneo en 1745 y confirmado en 1794 por el sistema métrico decimal.22
Todavía no había una diferencia conceptual entre temperatura y calor, hasta Herman
Boerhaave, Joseph Black y finalmente Antoine Lavoisier, que nombra a un fluido como
"calórico" (cuya inexistencia no se comprobó hasta el siglo XIX).23
El mismo Lavoisier revolucionó la química al superar la teoría del flogisto que venía
utilizándose como paradigma de la química
pneumática desde Becher y Stahl hasta Priestley (quien a pesar de descubrir
el oxígeno como componente del aire que permitía la combustión y la respiración, lo
llamaba "aire desflogistizado"). La introducción de la noción de elemento químico y el
establecimiento de una nomenclatura química funcional convirtieron al Traité Élémentaire
de Chimie de Lavoisier (1789) en el primer manual de una química establecida sobre
bases científicas sólidas. La alquimia quedó relegada al ámbito de las pseudociencias.
Clasificación del "reino animal" en Systema Naturae de Linneo (1735). El diseño de
la nomenclatura binomialdotó a la biología de una herramienta de clasificación científica de
primera magnitud.

Las ciencias de la Tierra y la biología conocieron un gran desarrollo a partir de


los primeros viajes de exploración científica, y del tratamiento de los datos obtenidos
por científicos de gabinete:24 Buffon, Linneo, Georges Cuvier, Jean-Baptiste Lamarck.
El fin de siglo ve la creación del sistema métrico decimal, con el notable impulso
de Laplace.
Significado[editar]
En este período se vio una transformación fundamental en las ideas científicas a través de
la matemática, la física, la astronomía y la biología en las instituciones que apoyaban la
investigación científica y en la imagen más ampliamente extendida del universo. La
revolución científica llevó al establecimiento de varias ciencias modernas. En 1984,
Joseph Ben-David escribió:
La rápida acumulación de conocimiento, que ha caracterizado el desarrollo de la ciencia
desde el siglo XVII, nunca había ocurrido antes de ese tiempo. El nuevo tipo de
actividad científica surgió sólo en unos pocos países de Europa occidental, y se limitó a
esa pequeña área durante unos doscientos años. (Desde el siglo XIX, el conocimiento
científico ha sido asimilado por el resto del mundo).25

Muchos escritores contemporáneos e historiadores modernos afirman que hubo un


cambio revolucionario en la visión del mundo. En 1611, el poeta inglés John
Donne escribió:
[La] nueva Filosofía llama a todos en duda,
El elemento del fuego está apagado;
El sol se pierde, y la Tierra, y el ingenio de nadie
Puede dirigirlo donde buscarlo.25

El historiador de mediados del siglo XX, Herbert Butterfield, estaba menos desconcertado,
pero sin embargo vio el cambio como algo fundamental:
desde que la revolución convirtió la autoridad en inglés no solo de la Edad Media, sino
del Mundo Antiguo —ya que comenzó no sólo en el eclipse de la filosofía escolástica,
sino en la destrucción de la física aristotélica— eclipsa todo desde el surgimiento del
cristianismo y reduce El Renacimiento y la Reforma al rango de meros episodios,
simples desplazamientos internos dentro del sistema de la cristiandad medieval ... [Ello]
tan grande como el verdadero origen tanto del mundo moderno como de la mentalidad
moderna que nuestra habitual periodización de la historia europea se ha convertido en
un anacronismo y estorbo.26

Antecedentes antiguos y medievales[editar]


Véanse también: Ciencia medieval y Física aristotélica.

Modelo ptolemaico de las esferas de Venus, Marte, Júpiter y Saturno de Georg von
Peuerbach, Theoricae novae planetarum (1474).

La revolución científica fue construida sobre la base del aprendizaje de la Grecia clásica;
la ciencia medieval, que había sido elaborada y desarrollada a partir de la ciencia de
Roma/Bizancio; y la ciencia islámica medieval.27 La tradición aristotélica seguía siendo un
importante contexto intelectual en el siglo XVII, aunque para esa época los filósofos
naturales se habían alejado de gran parte de ella.5
Las ideas científicas clave que se remontaban a la antigüedad clásica habían cambiado
drásticamente en los últimos años, y en muchos casos habían sido desacreditadas.5 Las
ideas que quedaron, y que serían transformadas fundamentalmente durante la revolución
científica, incluían:

 La cosmología de Aristóteles que colocaba a la Tierra en el centro


del cosmos jerárquico y esférico. Las regiones terrestres y celestes se componían de
diferentes elementos que tenían diferentes tipos de movimiento natural.
o La región terrestre, según Aristóteles, consistía en esferas concéntricas de los
cuatro elementos-tierra, agua, aire y fuego. Todos los cuerpos se movían
naturalmente en líneas rectas hasta llegar a la esfera apropiada a su composición
elemental, su lugar natural. Todos los otros movimientos terrestres no eran
naturales, o violentos.2829
o La región celeste estaba formada por el quinto elemento, el éter, que era
inmutable y se movía naturalmente con un movimiento circular uniforme.30 En la
tradición aristotélica, las teorías astronómicas trataron de explicar el movimiento
irregular observado de los objetos celestes a través de los efectos combinados de
múltiples movimientos circulares uniformes.31
 El modelo ptolemaico del movimiento planetario basado en el modelo geométrico
de Eudoxo de Cnido y el Almagesto de Ptolomeo, demostró que mediante cálculos se
podía calcular la posición exacta del Sol, la Luna, las estrellas y planetas en el futuro y
el pasado, y mostró cómo estos modelos se derivaban de las observaciones
astronómicas.32 Como tales, forman el modelo para desarrollos posteriores
astronómicos. La base física de los modelos ptolemaicos invocaba capas
de envolturas celestes, aunque los modelos más complejos eran inconsistentes con
esta explicación física.33
Es importante señalar que existieron precedentes antiguos de teorías alternativas que
prefiguran posteriores descubrimientos en el campo de la física y la mecánica, pero en
ausencia de una fuerte tradición empírica, el dominio de la escuela aristotélica, y teniendo
en cuenta el número limitado de obras que sobrevivieron en una época en que muchos
libros se perdían en guerras, estas teorías permanecieron en la oscuridad durante siglos,
y se considera tradicionalmente que tuvieron poco efecto en el redescubrimiento de tales
fenómenos; con la invención de la imprenta se hizo común la difusión amplia de tales
avances graduales del conocimiento. Mientras tanto importantes avances en la geometría,
matemáticas y astronomía se hicieron en la época medieval, particularmente en el mundo
islámico y Europa.
No obstante, muchas de las figuras importantes de la revolución científica compartían el
respeto renacentistapor el aprendizaje antiguo y citaban linajes antiguos para sus
innovaciones. Nicolás Copérnico (1473-1543),34 Kepler (1571-1630),35 Newton (1642-
1727),36 y Galileo Galilei (1564-1642)12337 trazaron diferentes ascendencias antiguas y
medievales para el sistema heliocéntrico. En los escolios a los axiomas de su
obra Principia, Newton decía que sus tres leyes axiomáticas del movimiento ya fueron
aceptadas por matemáticos como Huygens (1629-1695), Wallace, Wren y otros, y
también, en apuntes en sus borradores de la segunda edición de los Principia, atribuyó
la ley de la gravedad y su primera ley del movimiento a varias figuras históricas.3638
A pesar de estas cualidades, la teoría estándar de la historia de la revolución científica
afirma que el siglo XVII fue un período de cambios científicos revolucionarios. No solo
hubo desarrollos revolucionarios teóricos y experimentales, sino que, lo que es más
importante, también hubo radicalmente cambiada en la forma en la cual trabajaban los
científicos. Por ejemplo, aunque las sugerencias del concepto de inercia se sugieren
esporádicamente en la antigua discusión del movimiento,3940 el punto más destacado es
que la teoría de Newton difiere de los antiguos entendimientos de maneras clave, como
por ejemplo en el enunciado que dice que una fuerza externa es un requisito para el
movimiento violento en la teoría de Aristóteles.41

Método científico[editar]
Bajo el método científico que se definió y aplicó en el siglo XVII, se fueron abandonadas
las circunstancias naturales y artificiales, y lentamente se fue aceptando una tradición de
investigación de la experimentación sistemática a través de la comunidad científica. La
filosofía de usar un acercamiento inductivo a la naturaleza —abandonando la suposición y
simplemente intentando observar con una mente abierta— estaba en estricto contraste
con el anterior enfoque aristotélico de la deducción, mediante el cual el análisis de los
hechos conocidos producía mayor comprensión. En la práctica, por supuesto, muchos
científicos (y filósofos) creían que era necesaria una combinación saludable de ambos, la
disposición a cuestionar suposiciones, pero también a interpretar observaciones asumidas
como que tienen cierto grado de validez.
Al final de la revolución científica, el «mundo cualitativo» de los filósofos hacía la lectura
de libros había sido transformado en un mundo mecánico y matemático conocido a través
de la investigación experimental. Aunque si bien no es cierto que la ciencia newtoniana
era como la ciencia moderna en todos los aspectos, conceptualmente se parecía a la
nuestra en muchos aspectos. Muchas de las características de la ciencia moderna,
especialmente con respecto a su institucionalización y profesionalización, no se
estandarizaron hasta mediados del siglo XIX.
Empirismo[editar]
La principal forma de interacción de la tradición científica aristotélica con el mundo era la
observación y la búsqueda de circunstancias "naturales" a través del razonamiento. Junto
con este enfoque estaba la creencia de que los eventos raros que parecían contradecir los
modelos teóricos eran aberraciones, no diciendo nada sobre la naturaleza como era
"naturalmente". Durante la revolución científica, las percepciones cambiantes sobre el
papel del científico con respecto a la naturaleza, el valor de la evidencia, experimental o
observada, condujeron a una metodología científica en la cual el empirismo desempeñó
un gran rol aunque no absoluto.
Al comienzo de la revolución científica, el empirismo ya se había convertido en un
componente importante de la ciencia y la filosofía natural. Pensadores anteriores,
incluyendo el filósofo nominalista del siglo XIV Guillermo de Ockham, habían comenzado
el movimiento intelectual hacia el empirismo.42

Leviathan de Hobbes (1651), uno de los textos fundadores de las modernas ciencias políticas
(con El Príncipe de Maquiavelo -1513-, Los seis libros de la República de Bodino-1576-, Mare
Liberum43 de Grotius-1609- o Tratados sobre el gobierno civil de Locke -1689-). En el siglo XVI
fue decisiva la influencia de la neoescolástica Escuela de Salamanca, mientras que en el siglo
XVIII lo fueron los ilustrados franceses (Montesquieu -El espíritu de las leyes, 1748-, Voltaire-
Candide ou l'Optimisme, 1759- y Rousseau -El contrato social, 1762-) y los
italianos Vico (Principi di Scienza Nuova d'intorno alla Comune Natura delle Nazioni, 1725-
1744) y Beccaria(De los delitos y las penas, 1764).

Entró en uso el término británico empiricism traducido al español como "empirismo" para
describir las diferencias filosóficas percibidas entre dos de sus fundadores, Francis Bacon,
descrito como empirista, y René Descartes, que fue descrito como un
racionalista. Thomas Hobbes, George Berkeley y David Hume fueron los principales
exponentes de la filosofía, quienes desarrollaron una sofisticada tradición empírica como
base del conocimiento humano.
El reconocido fundador del empirismo fue John Locke quien propuso en su Ensayo sobre
el entendimiento humano (1689) que el único conocimiento verdadero que podía ser
accesible a la mente humana era el que se basaba en la experiencia. Argumentó que la
mente humana fue creada como una tabula rasa, una «tableta en blanco», sobre la cual
las impresiones sensoriales son grabadas y se construye el conocimiento a través de un
proceso de reflexión.
Ciencia Baconiana[editar]

Francis Bacon fue una figura fundamental en el establecimiento del método científico de
investigación. Retrato de Frans Pourbus (1617).

Los fundamentos filosóficos de la revolución científica fueron establecidos por Francis


Bacon, que ha sido llamado el padre del empirismo. Sus trabajos establecieron y
popularizaron las metodologías inductivas para la investigación científica, muchas veces
denominado método Baconiano, o simplemente método científico. Su exigencia de un
procedimiento planificado para investigar todo los elementos naturales marcó un nuevo
giro en el marco retórico y teórico de la ciencia, muchos de las cuales todavía rodean las
concepciones de la metodología adecuada hoy en día.
Bacon propuso una gran reforma de todo proceso de conocimiento para el avance del
aprendizaje divino y humano, que él llamó Instauratio Magna (La Gran Instauración). Para
Bacon, esta reforma conduciría a un gran avance en la ciencia ya una progenie de nuevos
inventos que aliviarían las miserias y necesidades de la humanidad. Su Novum
Organum fue publicado en 1620.
Argumentó que el hombre es «el ministro e intérprete de la naturaleza», que «el
conocimiento y el poder humano son sinónimo», que «los efectos son producidos por los
medios de los instrumentos y ayuda», y que «el hombre mientras opera solo puede aplicar
o retirar cuerpos naturales, la naturaleza interna realiza el resto», y más tarde que «la
naturaleza solo puede ser comandada obedeciendo a ella».44 He aquí un resumen de la
filosofía de esta obra, que por el conocimiento de la naturaleza y el uso de instrumentos,
el hombre puede gobernar o dirigir el trabajo natural de la naturaleza para producir
resultados definitivos. Por lo tanto, ese hombre, al buscar el conocimiento de la
naturaleza, puede alcanzar el poder sobre él —y así restablecer el «Imperio del Hombre
sobre la creación», que había sido perdido por la caída junto con la pureza original del
hombre—. De esta manera, creía él, la humanidad se elevaría por encima de las
condiciones de desamparo, pobreza y miseria, mientras que llegaba a una condición de
paz, prosperidad y seguridad.45
Con este fin de obtener conocimiento y poder sobre la naturaleza, Bacon esbozó en esta
obra un nuevo sistema de lógica que él creía superior a las viejas formas del silogismo,
desarrollando su método científico, consistente en procedimientos para aislar la causa
formal de un fenómeno (Calor, por ejemplo) mediante inducción eliminativa. Para él, el
filósofo debe pasar por el razonamiento inductivo del hecho al axioma a la ley física. Sin
embargo, antes de comenzar esta inducción, el investigador debe liberar su mente de
ciertas nociones o tendencias falsas que distorsionen la verdad. En particular, encontró
que la filosofía estaba demasiado preocupada por las palabras, en particular el discurso y
el debate, en lugar de observar el mundo material: «Pues mientras los hombres creen que
su razón gobierna las palabras, de hecho las palabras se vuelven y reflejan su poder
sobre el entendimiento, Y así hacen que la filosofía y la ciencia sean sofisticadas e
inactivas».46
Bacon consideró que es de la mayor importancia para la ciencia no seguir haciendo
discusiones intelectuales o buscar objetivos meramente contemplativos, sino que debe
trabajar para mejorar la vida de la humanidad produciendo nuevas invenciones, incluso
afirmando que las «invenciones son también, por así decirlo, nuevas creaciones e
imitaciones de obras divinas».44[página requerida] Exploró el carácter cambiante y de gran
alcance del mundo de las invenciones, como la imprenta, la pólvora y la brújula.
Inductivismo[editar]
Artículo principal: Inductivismo

El inductivismo considera el conocimiento científico como algo objetivo, medible y


demostrable, a partir solamente de procesos de experimentación observables en la
naturaleza a través de nuestros sentidos. Por lo tanto, los inductivistas están preocupados
por la base empírica del conocimiento.47
Esta filosofía de la ciencia comienza a gestarse durante la revolución científica del siglo
XVII, y se consolida definitivamente como paradigma del método científico por la
fundamental obra de Isaac Newton. Francis Bacon insistió en que para comprender la
naturaleza se debía estudiar la naturaleza misma, y no los antiguos escritos de Aristóteles.
Así, los inductivistas comenzaron a renegar de la actitud medieval que basaba ciegamente
sus conocimientos en libros de los filósofos griegos y en la Biblia.47
El inductivismo gozó de una enorme aceptación hasta buena parte del siglo XX,
produciendo enormes avances científicos desde entonces.47 Sin embargo, el problema de
la inducción y la crisis de la ciencia moderna llevaron al ocaso de este paradigma.
Experimentación científica[editar]
Bacon describió por primera vez el método experimental.
Sigue siendo una experiencia simple; que, si se toma como viene, se llama accidente, si
se busca, experimento. El verdadero método de la experiencia enciende primero la vela
[hipótesis], y luego, por medio de la vela, se muestra el camino [arregla y delimita el
experimento]; comenzando como lo hace con la experiencia debidamente ordenada y
digerida, ni tortuosa ni errática, y de ella deduciendo axiomas [teorías], y de axiomas
establecidos, nuevos experimentos.
Francis Bacon. Novum Organum. 1620.48

William Gilbert fue uno de los primeros defensores de este método. Tuvo un fuerte
rechazo tanto de la filosofía aristotélica predominante como del método escolástico de
enseñanza universitaria. Su libro De Magnete fue escrito en 1600, y es considerado por
algunos como el padre de la electricidady el magnetismo.49 En este trabajo, describió
muchos de sus experimentos con su Tierra modelo llamada terrella. A partir de estos
experimentos, concluyó que la Tierra era magnética y que esta era la razón por la que
las brújulas apuntaban hacia el norte.

Diagrama de De Magnete de William Gilbert, un trabajo pionero de la ciencia experimental.

De Magnete fue influyente no solo por el interés inherente de su tema, sino también por la
manera rigurosa en la que Gilbert describió sus experimentos y su rechazo a las antiguas
teorías del magnetismo. Según Thomas Thomson, el libro de Gilbert sobre el magnetismo,
publicado en 1600, es uno de los mejores ejemplos de filosofía inductiva que jamás se ha
presentado al mundo, y es el más notable porque precedió al Novum Organum de Bacon,
en el que se explicó por primera vez el método inductivo de filosofar."50
Galileo Galilei ha sido llamado el "padre de la astronomía observacional moderna",51 el
"padre de la físicamoderna",5253 el padre de la ciencia",5354 y el padre de la ciencia
moderna",5553 Sus contribuciones originales a la ciencia del movimiento se hicieron a
través de una innovadora combinación de experimentos y matemáticas.56

En esta página Galileo Galileiprimero observó las lunas de Júpiter. Galileo revolucionó el
estudio del mundo natural con su riguroso método experimental.
Galileo fue uno de los primeros pensadores modernos en afirmar claramente que las leyes
de la naturaleza son matemáticas. En su libro El Ensayador escribió: "La filosofía está
escrita en este gran libro, el universo ... Está escrito en el lenguaje de las matemáticas, y
sus personajes son triángulos, círculos y otras figuras geométricas;...."57 Sus análisis
matemáticos son un desarrollo posterior de una tradición empleada por los filósofos
naturales escolásticos tardíos, que Galileo aprendió cuando estudió filosofía.58 Mostraba
una peculiar habilidad para ignorar las autoridades establecidas, sobre todo el
aristotelismo. En términos más amplios, su trabajo marcó otro paso hacia la separación
eventual de la ciencia de la filosofía y de la religión; un desarrollo importante en el
pensamiento humano. Muchas veces se disponía a cambiar sus puntos de vista de
acuerdo con la observación. Para realizar sus experimentos, Galileo tuvo que establecer
estándares de longitud y tiempo, de modo que las mediciones realizadas en días
diferentes y en diferentes laboratorios pudieran compararse de una manera reproducible.
Esto proporcionó una base fiable sobre la cual confirmar las leyes matemáticas utilizando
el razonamiento inductivo.
Galileo mostró una notable apreciación moderna de la relación adecuada entre la
matemática, la física teórica y la física experimental. Comprendió que la parábola, tanto en
términos de secciones cónicas como en términos de la ordenada (y) que varía como el
cuadrado de la abscisa (x). Galilei afirmó además que la parábola era
la trayectoria teóricamente ideal de un proyectil uniformemente acelerado en ausencia
de fricción y otras perturbaciones. Concedió que hay límites a la validez de esta teoría,
argumentando por razones teóricas, que una trayectoria de proyectiles de un tamaño
comparable al de la Tierra no fuera posible una parábola,59 pero, no obstante, sostuvo que
para las distancias hasta el alcance de la artillería de su tiempo, la desviación de
la trayectoria de un proyectil de una parábola sería solamente muy leve.6061
Método hipotético-deductivo[editar]
Artículo principal: Lógica empírica

Uno de los grandes aportes de Galileo62 a la ciencia fue combinar la observación de los
fenómenos con dos métodos desarrollados en otras ramas del conocimiento formal:
la hipótesis y la medida.63 Supone el origen del método experimental que él llamó
«resolutivo-compositivo», y ha sido muchas veces considerado con el nombre de
«hipotético-deductivo» como prototipo del método científico e independiente del método
empírico-analítico. Según Ludovico Geymonat la lógica empírica se caracteriza por tres
métodos estructurados en un todo:

 Buscar una hipótesis como explicación teórica.


 Buscar una unidad de medida para medir el fenómeno.
 Buscar un experimento, es decir, una observación condicionada preparada para medir
y corroborar la hipótesis.
Matematización[editar]
El conocimiento científico, de acuerdo con los aristotélicos, se ocupó de establecer las
causas verdaderas y necesarias de las cosas.64 Si bien los filósofos naturalistas
medievales usaban problemas matemáticos, limitaban los estudios sociales a análisis
teóricos de la velocidad local y otros aspectos de la vida.65 La medición actual de una
cantidad física y la comparación de esa medida con un valor calculado sobre la base de la
teoría, fue limitada en gran parte a las disciplinas matemáticas de la astronomía y
la óptica en Europa.6667
En los siglos XVI y XVII, los científicos europeos empezaron a aplicar cada vez más
medidas cuantitativas a la medición de fenómenos físicos en la Tierra. Galileo sostenía
firmemente que las matemáticas proporcionaban una especie de certidumbre necesaria
que se podía comparar con la de Dios: "... con respecto a esas pocas
[ proposiciones matemáticas] que el entendimiento humano entiende, creo que su
conocimiento es igual al Divino en certeza objetiva..."68
Galileo anticipa el concepto de una interpretación sistemática y matemática de
experimentos y hechos empíricos en su libro Il Saggiatore (El ensayador):
La filosofía [i.e., la física] está escrita en este gran libro —me refiero al universo— que
permanece continuamente abierto a nuestra mirada, pero no se puede entender a
menos que primero se aprenda a comprender el lenguaje y la interpretación de los
caracteres en que está escrito. Está escrito en el lenguaje de las matemáticas y sus
caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin las cuales es
humanamente imposible entender una sola palabra de él; sin estos, uno está dando
vueltas en un oscuro laberinto.69

La filosofía mecánica o Mecanicismo[editar]


Artículo principal: Mecanicismo

Isaac Newton en un retrato 1702 de Godfrey Kneller.

Aristóteles reconoció cuatro tipos de causas, y donde sea aplicable, la más importante de
ellas es la "causa final". La causa final fue el objetivo, el objetivo o el propósito de algún
proceso natural o hecho por el hombre. Hasta la revolución científica, era muy natural ver
tales objetivos, como por ejemplo, el crecimiento de un niño, conduciendo a un adulto
maduro. La inteligencia fue asumida solo en el propósito de los artefactos artificiales; no
fue atribuido ni a otros animales ni a la naturaleza.
En la "filosofía mecánica" o Mecanicismo no se permite ningún campo o acción a
distancia, las partículas o corpúsculos de materia son fundamentalmente inertes. El
movimiento es causado por colisión física directa. Cuando las sustancias naturales habían
sido previamente entendidas como de naturaleza orgánica, los filósofos mecánicos las
consideraban máquinas.70 Como resultado, la teoría de Isaac Newton parecía una especie
de retroceso hacia la "acción espeluznante a distancia". Según Thomas Kuhn, él
y Descartessostuvieron el principio teleológico de que Dios conservó la cantidad de
movimiento en el universo:
La gravedad, interpretada como una atracción innata entre cada par de partículas de
materia, era una cualidad oculta en el mismo sentido en que había sido la "tendencia a
caer" de los escolásticos... A mediados del siglo XVIII esa interpretación había sido casi
universalmente aceptada, y el resultado fue una reversión genuina (que no es lo mismo
que un retroceso) a un estándar escolástico. Las atracciones innatas y las repulsiones
unían el tamaño, la forma, la posición y el movimiento como propiedades primarias
físicamente irreducibles de la materia.71

Newton también había atribuido específicamente el poder inherente de la inercia a la


materia, contra la tesis mecanicista de que la materia no tiene poderes inherentes. Pero
mientras que Newton negaba vehementemente la gravedad fuera un poder inherente de la
materia, su colaborador Roger Cotes hizo de la gravedad también un poder inherente de
la materia, según lo establecido en su prefacio famoso a la segunda edición de 1713
de Principia que él corrigió y que contradecía al mismo Newton. Y fue la interpretación de
Cotes de la gravedad más que la de Newton la que llegó a ser aceptada.
Institucionalización[editar]

La Royal Society tuvo sus orígenes en Gresham College, y fue la primera sociedad científica en
el mundo.

Los primeros movimientos hacia la institucionalización de la investigación científica y la


difusión tomaron la forma del establecimiento de sociedades, donde los nuevos
descubrimientos eran expuestos, discutidos y publicados.
La primera sociedad científica que se estableció fue la Royal Society of England. Esto
surgió de un grupo anterior, centrado alrededor de Gresham College en los años 1640 y
1650. Según una historia del Colegio:
La red científica que se centró en Gresham College desempeñó un papel crucial en las
reuniones que condujeron a la formación de la Royal Society.72

Estos médicos y filósofos naturales fueron influenciados por la "nueva ciencia", como
promovió Francis Baconen su Nueva Atlántida, desde aproximadamente 1645 en
adelante. Un conocido grupo de la Sociedad Filosófica de Oxford fue dirigido bajo un
conjunto de reglas aún conservadas por la Biblioteca Bodleiana.73
El 28 de noviembre de 1660, el comité de 1260 comités de 12 anunció la formación de un
"Colegio para la Promoción del Aprendizaje Experimental Físico-Matemático", que se
reuniría semanalmente para discutir ciencia y realizar experimentos. En la segunda
reunión, Robert Moray anunció que el Rey aprobó las reuniones, el 15 de julio de 1662 fue
firmada una carta real que creó la "sociedad real de Londres", con señor
Brouncker sirviendo como primer presidente. el 23 de abril de 1663 fue firmada una
segunda Carta Real, que señalado al Rey como el Fundador y con el nombre de "La Real
Sociedad de Londres para la Mejora del Conocimiento Natural"; en noviembre Robert
Hooke fue nombrado Curador de Experimentos. Este favor real inicial fue continuando, y
desde entonces cada monarca ha sido el patrón de la Sociedad.74
La Academia de Ciencias Francesa fue establecida en 1666.

El primer secretario de la Sociedad fue Henry Oldenburg. Sus primeras reuniones


incluyeron experimentos realizados en primer lugar por Robert Hooke y luego por Denis
Papin, quien fue nombrado en 1684. Estos experimentos variaron en su área temática, y
fueron importantes en algunos casos y triviales en otros.75 La sociedad comenzó la
publicación de Philosophical Transactions a partir de 1665, la revista científica más
antigua y más larga del mundo, que estableció los principios importantes de prioridad
científica y la revisión por pares.76
En 1666, los franceses establecieron la Academia de Ciencias. En contraste con los
orígenes privados de su contraparte británica, Jean-Baptiste Colbert fundó la Academia
como un cuerpo de gobierno. En 1699 rey Luis XIV estableció sus reglas, cuando recibió
el nombre de "Academia Real de Ciencias" y fue instalado en el Louvre de París.

Ideas nuevas[editar]
La revolución científica no se caracterizó por un solo cambio. Las siguientes ideas nuevas
contribuyeron a lo que se denomina revolución científica. Muchos de ellos eran
revoluciones en sus propios campos.
Generalidades[editar]

 La sustitución de la Tierra como centro del universo por el heliocentrismo.


 Menosprecio de la teoría aristotélica de que la materia era continua e integrada por los
elementos tierra, agua, aire y fuego, porque su rival clásico, el atomismo, se prestaba
mejor a una «filosofía mecánica» de la materia.7778
 La sustitución de las ideas mecánicas aristotélicas79 con la idea de que todos los
cuerpos son pesados y se mueven de acuerdo a las mismas leyes físicas.
 La inercia reemplazó a la teoría del ímpetu medieval que proponía que el movimiento
no natural (movimiento rectilíneo «forzado» o «violento») es causado por la acción
continua de la fuerza original impartida por un impulsor sobre el objeto en
movimiento.8081
 La sustitución de la idea de Galeno sobre los sistemas venoso y arterial como dos
sistemas separados, por el concepto de William Harvey de que la sangre circulaba de
las arterias a las venas «impulsada en un círculo, y en un estado de constante
movimiento».82
Astronomía[editar]
Heliocentrismo
Retrato de Johannes Kepler.

Durante casi cinco milenios, el modelo geocéntrico de la Tierra como centro del universo
era prácticamente aceptado por todos excepto por unos cuantos astrónomos. En la
cosmología de Aristóteles, la localización central de la Tierra era tal vez menos
significativa que su identificación como reino de imperfección, inconstancia, irregularidad y
cambio, en contraposición a los "cielos" (Luna, Sol, planetas, estrellas) considerados
perfectos y permanentes, inmutables, y en el pensamiento religioso, el reino de los seres
celestiales. La Tierra estaba compuesta de material diferente, los cuatro elementos
"tierra", "agua", "fuego" y "aire", mientras que lo suficientemente lejos por encima de su
superficie (aproximadamente la órbita de la Luna), estaban los cielos compuestos de una
sustancia diferente, el llamado "Éter".83 El modelo heliocéntricoque lo reemplazó implicaba
no solo el desplazamiento radical de la Tierra hacia una órbita alrededor del Sol, sino que
su compartición con los otros planetas implicaba un universo de componentes celestes
hechos de las mismas sustancias cambiantes que la Tierra. Los movimientos celestiales
ya no necesitaban ser gobernados por una perfección teórica, confinada a órbitas
circulares.
El trabajo de Copérnico de 1543 sobre el modelo heliocéntrico del sistema solar intentó
demostrar que el sol era el centro del universo. Pocos fueron molestados por esta
sugerencia, y el papa y varios arzobispos estaban bastante interesados por este modelo
pues deseaban más detalle.84 Posteriormente, su modelo fue utilizado para crear
el calendario del papa Gregorio XIII.85 Sin embargo, la idea de que la tierra se movía
alrededor del sol fue puesta en duda por la mayoría de los contemporáneos de Copérnico.
Contraditaba no solo la observación empírica, por la ausencia de una paralaje
estelar observable,86 sino más significativamente en su momento, la autoridad de
Aristóteles.
Los descubrimientos de Johannes Kepler y Galileo dieron credibilidad a la teoría. Kepler
fue un astrónomo que, usando las observaciones exactas de Tycho Brahe, propuso que
los planetas se mueven alrededor del sol no en órbitas circulares, sino en las elípticas.
Junto con sus otras leyes del movimiento planetario, esto le permitió crear un modelo del
sistema solar que era una mejora sobre el sistema original de Copérnico. Las principales
contribuciones de Galileo a la aceptación del sistema heliocéntrico fueron su mecánica,
las observaciones que hizo con su telescopio, así como su presentación detallada del
caso para el sistema. Utilizando una teoría primitiva de la inercia, Galileo pudo explicar por
qué las rocas que caen de una torre lo hacen hacia abajo incluso si la tierra gira. Sus
observaciones de las lunas de Júpiter, las fases de Venus, las manchas en el sol y las
montañas en la luna contribuyeron a desacreditar la filosofía aristotélica y la
teoría ptolemaica del sistema solar. A través de sus descubrimientos combinados, el
sistema heliocéntrico ganó apoyo, y a finales del siglo XVII fue generalmente aceptado por
los astrónomos.
Este trabajo culminó en la obra de Isaac Newton. El Principia de Newton formuló las leyes
del movimiento y la gravitación universal, que dominaron la visión de los científicos sobre
el universo físico durante los próximos tres siglos. Derivando las leyes de movimiento
planetario de Kepler a partir de su descripción matemática de la gravedad, y luego
utilizando los mismos principios para explicar las trayectorias de los cometas, las mareas,
la precesión de los equinoccios y otros fenómenos, Newton eliminó las últimas dudas
sobre la validez del modelo heliocéntrico del cosmos. Este trabajo también demostró que
el movimiento de los objetos sobre la Tierra y de los cuerpos celestes podría ser descrito
por los mismos principios. Su predicción de que la Tierra debería tener la forma de un
esferoide ovalado fue posteriormente reivindicada por otros científicos. Sus leyes de
movimiento debían ser el fundamento sólido de la mecánica; su ley de la gravitación
universal combinada con la mecánica terrestre y celestial en un gran sistema que parecía
ser capaz de describir el mundo entero en fórmulas matemáticas

El Principia de Isaac Newton, desarrolló el primer conjunto de leyes científicas unificadas.

Además de probar el modelo heliocéntrico, Newton también desarrolló la teoría de la


gravitación. En 1679, comenzó a considerar la gravitación y su efecto sobre las órbitas de
los planetas con referencia a las leyes de Kepler del movimiento planetario. Esto siguió
tras la estimulación de un breve intercambio de cartas en 1679-80 con Robert Hooke, que
había sido designado para manejar la correspondencia de la Royal Society y que abrió
una correspondencia destinada a obtener contribuciones de Newton a las transacciones
de la Royal Society.87 El despertar del interés de Newton en materias astronómicas recibió
el estímulo adicional por la aparición de un cometa en el invierno de 1680-1681, el cual se
correspondía con John Flamsteed.88 Después de los intercambios con Hooke, Newton
elaboró demostraciones de que la forma elíptica de las órbitas planetarias resultaría de
una fuerza centrípeta inversamente proporcional al cuadrado del radio vector (véase la ley
de Newton de la gravitación universal - Historia y De motu corporum in gyrum). Newton
comunicó sus resultados a Edmond Halley y a la Royal Society en De motu corporum in
gyrum, de 1684.89 Este tramo contenía el núcleo que Newton desarrolló y expandió para
formar el Principia.90
El Principia fue publicado el 5 de julio de 1687 con el estímulo y la ayuda financiera
de Edmond Halley.91 En esta obra, tres leyes universales del movimiento declaró las tres
leyes universales del movimiento que contribuyeron a muchos avances durante
la Revolución Industrial que siguieron y que no fueron mejoradas durante más de 200
años. Muchos de estos avances siguen siendo los fundamentos de las tecnologías no-
relativistas en el mundo moderno. Usó la palabra latina gravitas (peso) para el efecto que
se conocería como gravedad, y definió la ley de la gravitación universal.
El postulado de Newton de una fuerza invisible capaz de actuar sobre vastas distancias le
llevó a ser criticado por introducir "organismos ocultos" en la ciencia.92 Posteriormente, en
la segunda edición de los Principia (1713), Newton rechazó firmemente tales críticas en
un General Scholiumconcluyente, escribiendo que era suficiente que los fenómenos
implicaran una atracción gravitacional, como lo hicieron; Pero hasta el momento no
indicaron su causa, y era innecesario e inapropiado enmarcar hipótesis de cosas que no
estaban implícitas en los fenómenos. (Aquí Newton usó lo que se convirtió en su famosa
expresión "hipótesis no fingo"93).
En un punto fue necesaria la confrontación de dos sistemas (Descartes-Newton)
contemporáneos en la concepción del mundo natural:94

 Descartes, Principia philosophiae (1644), a pesar de su indudable modernidad,


mantiene la herencia de la filosofía anterior anclada en las formas divinas y propone
un método basado en la deducción a partir de unos principios, las ideas innatas,
formas esenciales y divinas como «principios del pensar».95 El mundo es un
«mecanismo» determinista regido por unas leyes determinadas que se pueden
conocer como ciencia mediante un riguroso método de análisis a partir de
intuiciones evidentes. Es la consagración definitiva de la nueva ciencia, el triunfo del
antiaristotelismo medieval, la imagen heliocéntrica del mundo, la superación de la
división del universo en mundo sublunar y supralunar en un único universo mecánico.
 Newton, Principia Mathematica philosophiae naturalis, (1687). Manteniendo el espíritu
anterior sin embargo realiza un paso más allá: el rechazo profundo a la hipótesis
cartesiana de los vórtices. La ciencia mecanicista queda reducida a un cálculo
matemático a partir de la mera experiencia de los hechos observados sobre un
espacio-tiempo inmutable.
Tanto uno como otro daban por supuesto la exactitud de las leyes naturales deterministas
fundadas en la voluntad de Dios creador. Pero mientras el determinismo de Descartes se
justifica en el riguroso método de ideas a partir de hipótesis sobre las regularidades
observadas, Newton constituía el fundamento de dichas regularidades y su necesidad en
la propia «observación de los hechos». Mientras uno mantenía un concepto de ciencia
«deductiva», el otro se presentaba como un verdadero «inductivista», Hypotheses non
fingo.
Biología y medicina[editar]
Descubrimientos médicos
Los detallados dibujos de las disecciones humanas de Vesaliuspublicados en Fabrica ayudaron
a derribar las teorías médicas de Galeno.

Los escritos del médico griego Galeno habían dominado el pensamiento europeo en el
tema durante más de un milenio. Fueron las conclusiones publicadas del erudito
italiano Vesalius las que primero demostraron los errores en el modelo galénico.
Sus enseñanzas anatómicas se basaban en la disección de cadáveres humanos, en lugar
de las disecciones de animales que Galeno había utilizado como guía. Publicado en
1543, De humani corporis fabrica de Vesalius96 fue un trabajo pionero de la anatomía
humana. Hizo hincapié en la prioridad de la disección y lo que ha llegado a llamarse la
visión "anatómica" del cuerpo, viendo el funcionamiento interno humano como una
estructura esencialmente corpórea llena de órganos dispuestos en un espacio
tridimensional. Esto estaba en contraste con muchos de los modelos anatómicos usados
previamente, que tenían fuertes elementos Galénicos/Aristotélicos, así como elementos
de la astrología.
Además de la primera buena descripción del hueso esfenoide, mostró que
el esternón consiste en tres porciones y el sacro de cinco o seis; y describió con precisión
el vestíbulo en el interior del hueso temporal. No solo comprobó la observación de Etienne
sobre las válvulas de las venas hepáticas, sino que describió la vena azygos, y descubrió
el canal que pasa en el feto entre la vena umbilical y la vena cava, desde ese momento
denominada ductus venosus. Describió el omento y sus conexiones con el estómago,
el bazo y el colon; dio las primeras vistas correctas de la estructura del píloro; observó el
pequeño tamaño del apéndice cecal en el hombre; dio la primera buena explicación
del mediastino y la pleura y la descripción más completa de la anatomía del cerebro, pero
avanzada. No entendía los huecos inferiores; y su descripción de los nervios se confunde
considerando la óptica como el primer par, el tercero como el quinto y el quinto como el
séptimo.
William Harvey llevó un trabajo más innovador, que publicó De Motu Cordis en 1628.
Harvey hizo un análisis detallado de la estructura general del corazón, pasando a un
análisis de las arterias, que muestra cómo su pulsación depende de la contracción
del ventrículo izquierdo, mientras que la contracción del ventrículo derechopropulsa su
carga de sangre hacia la arteria pulmonar. Se dio cuenta de que los dos ventrículos se
mueven juntos casi simultáneamente y no de forma independiente como habían sido
pensados previamente por sus predecesores.97

Imagen de las venas de Exercitatio Anatomica de Motu Cordis et Sanguinis in


Animalibus de William Harvey. Harvey demostró que la sangre circulaba alrededor del cuerpo, en
lugar de ser creada en el hígado.

En el octavo capítulo, Harvey estimó la capacidad del corazón, cuánta sangre se expulsa
a través de cada bomba del corazón y cuántas veces late el corazón en media hora. A
partir de estas estimaciones, demostró que según la teoría de Gaelen de que la sangre se
producía continuamente en el hígado, tendría que producirse la cifra absurdamente
grande de 540 libras de sangre por día. Teniendo esta proporción matemática sencilla
pero esencial a mano - que demostró el imposible papel anteriormente mencionado
del hígado - Harvey continuó demostrando cómo la sangre circulaba en un círculo
mediante innumerables experimentos inicialmente realizados en serpientes y peces:
atando sus venas y arterias. En períodos separados de tiempo, Harvey notó las
modificaciones que ocurrieron; de hecho, al amarrar las venas, el corazón se vaciaba,
mientras que el hecho de repetir el mismo hecho con las arterias, el órgano se hinchaba.
Este proceso se realizó posteriormente en el cuerpo humano (en la imagen de la
izquierda): el médico ató una ligadura apretada en el brazo superior de una persona. Esto
cortaría el flujo sanguíneo de las arterias y las venas. Cuando esto se hizo, el brazo por
debajo de la ligadura estaba fresco y pálido, mientras que por encima de la ligadura
estaba caliente e hinchado. La ligadura fue ligeramente aflojada, lo que permitió que
la sangre de las arterias entrara en el brazo, ya que las arterias estén más profundas en la
carne que las venas. Cuando se hizo esto, se vio el efecto opuesto en el brazo inferior. Se
puso caliente e hinchado. Las venas también eran más visibles, ya que ahora estaban
llenas de sangre.
Se hicieron varios otros avances en la comprensión y la práctica médica.
El médico francés Pierre Fauchard comenzó la ciencia de la odontología tal como la
conocemos hoy, y ha sido llamado "el padre de la odontología moderna".
El cirujano Ambroise Paré (c.1510-1590) fue un líder en técnicas quirúrgicas y medicina
del campo de batalla, especialmente el tratamiento de heridas,98 y Herman
Boerhaave (1668-1738) se le llama a veces el "padre de la fisiología" debido a su
enseñanza ejemplar en Leiden y su libro de texto Institutiones medicae (1708).
Química[editar]
Título de la página de The Sceptical Chymist, un texto fundamental de la química, escrito por
Robert Boyle en 1661.

La Química y su antecedente la Alquimia se convirtieron en un aspecto cada vez más


importante del pensamiento científico en el curso de los siglos XVI y XVII. La importancia
de la química está indicada por la gama de académicos importantes que participan
activamente en la investigación química. Entre ellos estaban el astrónomo Tycho Brahe,99
el médico químico Paracelso, el químico Robert Boyle, el escritor Thomas Browne y el
físico Isaac Newton. A diferencia del mecanicismo, la filosofía química subrayaba los
poderes activos de la materia, que los alquimistas frecuentemente expresaban en
términos de principios vitales o activos—de los espíritus que operan en la naturaleza.100
Los intentos prácticos para mejorar el refinado de los minerales y su extracción a metales
fundidos fueron una importante fuente de información para los primeros químicos en el
siglo XVI, entre ellos Georg Agricola (1494-1555), que publicó su gran obra De re
metallica en 1556.101 Su obra describe los procesos altamente desarrollados y complejos
de extracción de minerales metálicos, extracción de metales y metalurgia de la época. Su
enfoque eliminó el misticismo asociado con el tema, creando la base práctica sobre la que
otros podrían construir.102
Se considera que el químico inglés Robert Boyle (1627-1691) refinó el método científico
moderno para la alquimia y separó la química de la alquimia.103 Aunque su investigación
tiene claramente sus raíces en la tradición alquímica, Boyle es largamente considerado en
el siglo XX y XXI como el primer químico moderno, y por lo tanto uno de los fundadores de
la química moderna, y también uno de los pioneros del método científicoexperimental
moderno. Aunque Boyle no fue el descubridor original, es mejor conocido por la ley de
Boyle, que presentó en 1662:104 La ley describe la relación inversamente proporcional
entre la presión absoluta y el volumen de un gas, si la temperatura se mantiene constante
dentro de un sistema cerrado.105
Boyle también es acreditado por su histórica publicación en 1661 de The Skeptical
Chymist, que es visto como un libro de piedra angular en el campo de la química. En el
trabajo, Boyle presenta su hipótesis de que cada fenómeno era el resultado de colisiones
de partículas en movimiento. Boyle apeló a los químicos para que experimentaran y afirmó
que los experimentos negaban la limitación de los elementos químicos solo a los clásicos
cuatro: tierra, fuego, aire y agua. También abogó por que la química dejara de estar
subordinada a la medicina o a la alquimia y pasara al estado de ciencia. Es importante
señalar que abogaba por un enfoque riguroso del experimento científico: creía que todas
las teorías debían ser probadas experimentalmente antes de ser consideradas como
verdaderas. El trabajo contiene algunas de las primeras ideas modernas
de átomos, moléculas y reacción química, y marca el comienzo de la historia de la química
moderna.
Física[editar]
Óptica

Opticks de Newton o tratado sobre las reflexiones, refracciones, inflexiones y colores de la luz.

Se realizó un importante trabajo en el campo de la óptica. En 1604. Johannes


Kepler publicó Astronomiae Pars Optica. En él describió la ley del cuadrado inverso que
gobierna la intensidad de la luz, la reflexión por los espejos planos y curvos, y los
principios de las Cámara estenopeicas, así como también implicaciones astronómicas de
la óptica como el paralaje y el tamaño aparente de los cuerpos celestes.
Generalmente, Astronomiae Pars Optica se reconoce como la fundación de la óptica
moderna (aunque la ley de refracción está visiblemente ausente).106
Willebrord Snellius (1580-1626) encontró en 1621 la ley matemática de la refracción,
conocida en el siglo XX y XXI como la ley de Snell. Posteriormente, René
Descartes (1596-1650) mostró, usando la construcción geométrica y la ley de la refracción
(también conocida como la ley de Descartes) , que el radio angular de un arco iris es de
42° (es decir, el ángulo subtendido en el ojo por el borde del arco iris y el centro del arco
iris es 42°).107 También descubrió independientemente la ley de la reflexión, y su ensayo
en la óptica fue la primera mención publicada de esta ley.
Christiaan Huygens (1629-1695) escribió varios trabajos en el área de la óptica. Éstos
incluyeron Opera reliqua(también conocido como Christiani Hugenii Zuilichemii, dum
viveret Zelhemii toparchae, opuscula posthuma) y el Traité de la lumière.
Isaac Newton investigó la refracción de la luz, demostrando que un prisma podría
descomponer la luz blanca en un espectro de colores, y que una lente y un segundo
prisma podrían recomponer el espectro multicolor en luz blanca. También demostró que la
luz coloreada no cambia sus propiedades separando un haz coloreado y brillando en
varios objetos. Newton señaló que, independientemente de si se reflejaba, se dispersaba
o se transmitía, permanecía del mismo color. De este modo, observó que el color es el
resultado de que los objetos interactúan con la luz ya coloreada en lugar de los objetos
que generan el color. Esto se conoce como la teoría del color de Newton. De este trabajo
llegó a la conclusión de que cualquier telescopio refractor sufriría la dispersión de la luz en
colores. El interés de la Royal Society le animó a publicar sus notas On Colour (más tarde
expandidas en Opticks). Newton argumentó que la luz está compuesta por partículas o
corpúsculos y estos se refractaban acelerando hacia el medio más denso, pero tuvo que
asociarlas con ondas para explicar la difracción de la luz.
En su Hipótesis de Luz de 1675, Newton postuló la existencia del éter para transmitir
fuerzas entre partículas. En 1704, Newton publicó Opticks, en el que expuso su teoría
corpuscular de la luz. Consideraba que la luz estaba compuesta de corpúsculos
extremadamente sutiles, que la materia ordinaria estaba hecha de corpúsculos más
gruesos y especulaba que mediante una especie de transmutación alquímica "¿No son
convertibles los cuerpos gruesos y la luz unos en otros? ...y los cuerpos no pueden recibir
mucha de su actividad de las Partículas de Luz que entran en su Composición?"108
Electricidad

Experimentos de Otto von Guerickesobre la electrostática, publicados en 1672.

El Dr. William Gilbert, en De Magnete, inventó la nueva palabra


latina electricus de ἤλεκτρον (elektron), la palabra griega para "ámbar". Gilbert emprendió
una serie de cuidadosos experimentos eléctricos, en el curso de los cuales descubrió que
muchas sustancias distintas del ámbar, como el azufre, la cera, el vidrio, etc.,109 eran
capaces de manifestar propiedades eléctricas. Gilbert también descubrió que un cuerpo
calentado perdía su electricidad y que la humedad impedía la electrificación de todos los
cuerpos, debido al ahora bien conocido hecho de que la humedad alteraba el aislamiento
de tales cuerpos. También notó que las sustancias electrificadas atraían
indiscriminadamente todas las demás sustancias, mientras que un imán solo atraía el
hierro. Los muchos descubrimientos de esta naturaleza le ganaron a Gilbert el título
de fundador de la ciencia eléctrica.110 Al investigar las fuerzas sobre una aguja metálica
ligera, equilibrada en un punto, amplió la lista de cuerpos eléctricos y encontró también
que muchas sustancias, incluyendo metales y imanes naturales, no mostraban fuerzas
atractivas cuando se frotaban. Observó que el tiempo seco con viento del norte o del este
era la condición atmosférica más favorable para exhibir fenómenos eléctricos -una
observación susceptible de conceptos erróneos hasta que se entendiera la diferencia
entre el conductor y el aislante.111
Robert Boyle también trabajó frecuentemente en la nueva ciencia de la electricidad, y
añadió varias sustancias a la lista de eléctricos de Gilbert. Dejó un relato detallado de sus
investigaciones bajo el título de Experiments on the Origin of Electricity (Experimentos
sobre el origen de la electricidad).111 Boyle, en 1675, declaró que la atracción eléctrica y la
repulsión pueden actuar a través del vacío. Uno de sus descubrimientos importantes fue
que los cuerpos electrificados en el vacío atraerían sustancias ligeras, lo que indica que el
efecto eléctrico no dependía del aire como medio. También añadió resina a la entonces
conocida lista de eléctricos.109110112113114
Esto fue seguido en 1660 por Otto von Guericke, quien inventó un
generador electrostático primitivo. A finales del siglo XVII, los investigadores habían
desarrollado medios prácticos para generar electricidad por fricción con un generador
electrostático, pero el desarrollo de las máquinas electrostáticas no comenzó en serio
hasta el siglo XVIII, cuando se convirtieron en instrumentos fundamentales en los estudios
sobre la nueva Ciencia de la electricidad. El primer uso de la palabra electricidad se
atribuye a Sir Thomas Browne en su obra de 1646, Pseudodoxia Epidemica. En
1729, Stephen Gray (1666-1736) demostró que la electricidad podría ser "transmitida" a
través de filamentos metálicos.115

Nuevos dispositivos mecánicos[editar]


En este período como una ayuda a la investigación científica, fueron desarrolladas varias
herramientas, ayudas de medición y dispositivos de cálculo.
Dispositivos de cálculo[editar]

Un conjunto de huesos de Napier de marfil, un dispositivo de cálculo primitivo inventado


por John Napier.

John Napier introdujo los logaritmos como una poderosa herramienta matemática. Con la
ayuda del prominente matemático Henry Briggs, sus tablas logarítmicas incorporaron un
avance computacional que hacía cálculos manualmente mucho más rápido.116 Los huesos
de Napier usaban un conjunto de varillas numeradas como una herramienta de
multiplicación usando el sistema de multiplicación de celosía. El camino fue abierto a
avances científicos posteriores, particularmente en astronomía y dinámica.
En la Universidad de Oxford, Edmund Gunter construyó el primer dispositivo
analógico para ayudar a la computación. La «escala de Gunter» era una escala plana
grande, grabada con varias escalas, o líneas. Las líneas naturales, como la línea de
acordes, la línea de los senos y tangentes se colocaban en un lado de la escala y los
correspondientes artificiales o logarítmicos estaban en el otro lado. Esta ayuda de cálculo
fue un predecesor de la regla de cálculo. Fue William Oughtred (1575-1660) quien usó por
primera vez dos escalas que se deslizaban entre sí para
realizar multiplicaciones y divisiones directas, y por lo tanto se le atribuye como inventor
en 1622 de la regla de cálculo.

La "pascalina", calculadora diseñada por Blaise Pascal en 1642.


Blaise Pascal (1623-1662) inventó la calculadora mecánica en 1642.117 La introducción de
su Pascalina en 1645 puso en marcha el desarrollo de calculadoras mecánicas por
primera vez en Europa y posteriormente en todo el mundo.118119 Gottfried Leibniz (1646-
1716), basándose en el trabajo de Pascal, se convirtió en uno de los inventores más
prolíficos en el campo de las calculadoras mecánicas; fue el primero en describir
una calculadora de rueda de pines, en 1685,120 e inventó la rueda de Leibniz, utilizada en
el aritmómetro, la primera calculadora mecánica de producción masiva. También
perfeccionó el sistema numérico binario, base de casi todas las arquitecturas de
computadora modernas.121
John Hadley (1682-1744) fue el inventor del octante, precursor del sextante (Inventado
por John Bird), que mejoró mucho la ciencia de la navegación.
Máquinas industriales[editar]

El Savery Engine de 1698 fue el primer motor de vaporexitoso.

Denis Papin (1647-1712) fue mejor conocido por su pionero invento del digestor a vapor,
el precursor de la máquina de vapor.122 El primer motor de vapor que funcionó fue
patentado en 1698 por el inventor Thomas Savery, como una "...nueva invención para
levantar agua y ocasionar el movimiento a toda clase de trabajos de molino por la fuerza
de fuego, que será de gran utilidad y ventaja para drenar minas, servir a las ciudades con
agua y para el trabajo de todo tipo de molinos donde no tienen el beneficio del agua ni el
viento constante." [sic]123 el 14 de junio de 1699 la invención fue demostrada a la Royal
Society y la máquina fue descrita por Savery en su libro The Miner's Friend; o, un motor
para levantar el agua por fuego (1702),124 Thomas Newcomen (1664-1729) perfeccionó
una máquina de vapor práctica para el bombeo de agua, la máquina de vapor de
Newcomen. En consecuencia, se le puede considerar como un precursor de la Revolución
industrial.125
Abraham Darby I (1678-1717) fue el primero y más famoso de tres generaciones con ese
nombre que jugaron un papel importante en la Revolución Industrial. Desarrolló un método
de producción de hierro de alta calidad en un hornoalimentado por coque en lugar
de carbón. Este fue un gran paso adelante en la producción de hierro como materia prima
para la Revolución Industrial.
Telescopios[editar]
Los telescopios refractores aparecieron por primera vez en los Países Bajos en 1608. Los
fabricantes de lentes Hans Lippershey, Zacharias Janssen y Jacob
Metius de Alkmaar contribuyeron todos a su invención.126 En 1609, Galileo fue uno de los
primeros científicos en utilizar esta nueva herramienta para sus observaciones
astronómicas.127
El telescopio reflector fue descrito por James Gregory en su libro Optica Promota (1663).
Argumentó que un espejo con una parte que presente una sección cónica, corregiría
la aberración esférica que dañaba la precisión de los telescopios refractores. Sin embargo
su diseño, el "telescopio gregoriano", permaneció sin construir.
En 1666, Isaac Newton argumentó que las fallas del telescopio refractor eran
fundamentales porque la lente refractaba la luz de diferentes colores de manera diferente.
Concluyó que la luz no podía ser refractada a través de una lente sin causar aberraciones
cromáticas128 De estos experimentos Newton llegó a la conclusión de que no podía
hacerse ninguna mejoría en el telescopio refractante. [110] Sin embargo, fue capaz de
demostrar que el ángulo de reflexión era el mismo para todos los colores, por lo que
decidió construir un telescopio reflector.129 Se completó en 1668 y es telescopio funcional
reflectante más primitivo que se conoce.130
50 años después, John Hadley también desarrolló formas de hacer objetivos esféricos y
parabólicos precisos para telescopios reflectores, la construcción del primer telescopio
newtoniano parabólico y un telescopio gregoriano con espejos de forma precisa.131132
Estos fueron demostrados con éxito a la Royal Society.133
Otros dispositivos[editar]

Bomba de aire construida por Robert Boyle. Muchos instrumentos nuevos fueron ideados en
este período, que ayudó grandemente en la extensión del conocimiento científico.

La invención de la bomba de vacío abrió el camino para los experimentos de Robert


Boyle y Robert Hooke sobre la naturaleza del vacío y la presión atmosférica. El primer
dispositivo de este tipo fue hecho por Otto von Guericke en 1654. Consistía en un pistón y
un cilindro de pistola de aire con las aletas que podrían aspirar el aire de cualquier
recipiente que le fuera conectado. En 1657, se sacó el aire de dos hemisferios unidos y se
demostró que un equipo de dieciséis caballos era incapaz de separarlo.134 La construcción
de la bomba de aire fue mejorada grandemente por Robert Hooke en 1658.135
Evangelista Torricelli (1607-1647) fue mejor conocido por su invención del barómetro de
mercurio. La motivación de la invención fue mejorar las bombas de succión que se
utilizaban para extraer agua de las minas. Torricelli construyó un tubo sellado lleno de
mercurio, colocado verticalmente en una cubeta de la misma sustancia. La columna de
mercurio cayó hacia abajo, dejando un vacío torricelliano por encima.136

Las grandes revoluciones científicas[editar]


Son cada uno de los periodos históricos en que se ha producido uno de esos cambios.
Cada una de ellas surgió y se concentró especialmente en determinadas disciplinas
científicas, aunque también trajeron consecuencias para las demás.137
Revolución copernicana[editar]
Revolución en astronomía y física, desde Nicolás Copérnico (De revolutionibus, siglo XVI)
hasta Isaac Newton (finales del siglo XVII; la importancia de Newton en la aceptación del
nuevo paradigma y su fijación hace que se suela hablar de él como paradigma
newtoniano). El filósofo e historiador de la ciencia Alexandre Koyré propuso el
término revolución astronómica para este proceso.138
En el mismo año (1543) en que Copérnico moría y se publicaba póstumamente su libro,
también lo hacía el De humani corporis fabrica de Andrés Vesalio, que revolucionó
la anatomía. Suele hablarse de revolución científica del siglo XVII para referirse al
periodo fundamental que supuso el cambio del concepto de ciencia cualitativa, basada en
la lógica silogística por la ciencia cuantitativa basada en la lógica experimental. En ese
proceso fue fundamental la renovación del método científico a cargo de personajes
como René Descartes, Johannes Kepler, Francis Bacon o Galileo Galilei. La polémica
entre empirismo y racionalismo, deducción y razonamiento inductivo y otros debates
intelectuales, como el debate de los antiguos y los modernos (superación del principio de
autoridad propio de la escolástica), se completan con lo que a finales del siglo XVII se
conoce con el nombre de crisis de la conciencia europea (concepto acuñado por el
historiador Paul Hazard) que precede a la Ilustración del siglo XVIII.
Revolución darwiniana[editar]
Revolución en biología y ciencias de la Tierra, desde Charles Darwin (El origen de las
especies, 1859). También suele denominarse revolución evolucionista.
Revolución einsteniana[editar]
Revolución en física, desde Albert Einstein (artículos de 1905). También suele
denominarse revolución relativista.
Revolución indeterminista[editar]
No se refiere al indeterminismo filosófico opuesto al determinismo, sino a la
indeterminación: la superación de la concepción mecanicista o deterministade la ciencia,
sobre todo a partir de las tres famosas construcciones teóricas de los años veinte y treinta
del siglo XX debidas a Heisenberg, Schrödinger y Gödel, sobre la indecidibilidad,
el principio de incertidumbre, la indiferencia y la imposibilidad de eludir la interferencia del
experimentador u observador y sobre el hecho experimentado u observado.
Incluida en ésta, la revolución cuántica se inició en un periodo anterior, a partir de Max
Planck (1900, constante de Planck) y Einstein (Un punto de vista heurístico acerca de la
creación y transformación de la luz, uno de los famosos artículos de 1905).
Esta revolución cuántica no puede denominarse por un sólo científico, ni siquiera por un
único grupo de ellos, equipo o escuela local, dada la gran cantidad que intervino en el
complejo proceso que llevó a lo largo del primer tercio del siglo XX hasta la definición de
la mecánica cuántica (Pieter Zeeman, Hendrik A. Lorentz, James Franck, Walter
Nernst, Henry Moseley, Peter Debye, Arnold Sommerfeld, Arthur Holly Compton, Hendrik
Kramers, Wolfgang Pauli, Louis de Broglie, George Uhlenbeck, Samuel Goudsmit, Paul
Dirac, John von Neumann, etc.); entre los que Heisemberg, Max Born, David Hilbert, Felix
Klein, Pascual Jordan y Niels Bohrdesarrollaron la llamada mecánica cuántica matricial y
Schrödinger la mecánica cuántica ondulatoria (1926 Cuantización como un problema de
valores propios).139

Desarrollos científicos[editar]
Personas e ideas claves y que surgieron en los siglos XVI y XVII:

 tercera edición impresa de los Elementos de Euclides en 1482.


 Nicolás Copérnico (1473-1543) publicó Sobre el movimiento de las esferas
celestiales en 1543, que propuso la teoría heliocéntrica de la cosmología.
 Andreas Vesalius (1514-1564) publicó De Humani Corporis Fabrica (De la estructura
del cuerpo humano) (1543), que desacreditaba las opiniones de Galeno. Encontró que
la circulación de la sangre provenía del bombeo del corazón. También montó el primer
esqueleto humano cortando cadáveres abiertos.
 Franciscus Vieta (1540-1603) publicó In artem Analyticem Isagoge (1591), que dio la
primera notación simbólica de los parámetros en el álgebra literal.
 William Gilbert (1544-1603) publicó Sobre el imán y los cuerpos magnéticos y sobre el
gran imán la Tierra en 1600, que sentó las bases de una teoría del magnetismo y
la electricidad.
 Tycho Brahe (1546-1601) hizo extensas y precisas observaciones a ojo de los
planetas en el siglo XVI. Estas se convirtieron en los datos básicos para los estudios
de Kepler.
 Sir Francis Bacon (1561-1626) publicó Novum Organum en 1620, que detallaba un
nuevo sistema de lógica basado en el proceso de reducción, y que Bacon proponía
como una mejora sobre el proceso filosófico de Aristóteles del silogismo. Esto
contribuyó al desarrollo de lo que se conoce como el método científico.
 Galileo Galilei (1564-1642) mejoró el telescopio, con el que hizo varios
descubrimientos astronómicos importantes, incluyendo las cuatro mayores
lunas de Júpiter, las fases de Venus y los anillos de Saturno, e hizo observaciones
detalladas de las manchas solares. Desarrolló las leyes sobre la caída de cuerpos
basándose en experimentos cuantitativos pioneros que analizó matemáticamente.
 Johannes Kepler (1571-1630) publicó las dos primeras de sus tres leyes del
movimiento planetario en 1609.
 William Harvey (1578-1657) demostró que la sangre circula, utilizando disecciones y
otras técnicas experimentales.
 René Descartes (1596-1650) publicó su Discurso del método en 1637, que ayudó a
establecer el método científico. También inició el método del razonamiento deductivo.
 Antonie van Leeuwenhoek (1632-1723) construyó poderosos microscopios de una sola
lente y realizó extensas observaciones que publicó alrededor de 1660; se le considera
precursor de la microbiología.
 Isaac Newton (1643-1727) trabajó sobre la obra de Kepler y Galileo. Demostró que
una ley del cuadrado inverso de la gravedad explicaba las órbitas elípticas de los
planetas, y presentó la ley de gravitación universal. Su desarrollo del cálculo
infinitesimal abrió nuevas aplicaciones de los métodos matemáticos a la ciencia.
Newton enseñaba que la teoría científica debe ir acompañada de una
experimentación rigurosa; esto se convertiría en la "piedra angular" de la ciencia
moderna.

Estudios anatómicos de Leonardo da Vinci

Paracelso.

Curvas balísticas de Tartaglia.

Uso de la ballestilla en una ilustración de Cosmographiae introductio de Petrus


Apianus (1529).

Christianisimi restitutiode Miguel Servet (1553), en cuyo Libro V se describe por primera vez
la circulación pulmonar.

Instauratio magna de Francis Bacon (1621), que incluye el Novum organum, texto
fundamental de la revolución científica del siglo XVII.

Observatio Domini Petri de Fermat, la anotación al margen de la Aritmética de Diofantodonde


el joven matemático expuso en 1637 la llamada conjetura de Fermat, que no pudo
demostrarse hasta 1995.

Bomba de aire en una ilustración de New Experiments ... Touching the Spring of the
Air de Robert Boyle (1661).

Institut de France, institución que reúne las academias francesas. La Académie des
sciencesfue fundada en 1666.

Espermatozoidesdibujados por Anton van Leeuwenhoek a partir de sus observaciones


al microscopio, 1678.

Diseño de submarino de Denis Papin publicado en las Acta Eruditorum(Leipzig, 1695), una de
las primeras revistas científicas.

Críticas[editar]
Matteo Ricci (izquierda) y Xu Guangqi (derecha) en Athanasius Kircher, La Chine ... Illustrée,
Ámsterdam, 1670.

Véase también: Revisionismo histórico

No todos los historiadores de la ciencia están de acuerdo en que hubo alguna revolución
en el siglo XVI o XVII. La tesis de continuidad es la hipótesis de que no hay discontinuidad
radical entre el desarrollo intelectual de la Edad Media y los desarrollos
del Renacimiento y la Edad Moderna. Así, la idea de una revolución intelectual y científica
después del Renacimiento es —de acuerdo con la tesis de la continuidad— un mito.
Algunos teóricos de la continuidad apuntan a anteriores revoluciones intelectuales que
ocurrieron en la Edad Media, que denominan «Renacimiento del siglo XII»6 europeo o
«Revolución científica musulmana»140141142 medieval, y ven como un signo de la
continuidad.
Otro punto de vista contrario, ha sido propuesto por Arun Bala en su
historia dialógica sobre nacimiento de la ciencia moderna. Bala argumenta que los
cambios relacionados con la Revolución científica —la matemática realista,
la filosofía mecánica, el atomismo, el papel central asignado al Sol en el heliocentrismo de
Copérnico— tienen su origen en las influencias multiculturales de Europa. La ciencia
islámica dio el primer ejemplo de una teoría matemática realista, con el Libro de óptica de
Alhacén en la que los rayos de luz física viajan a lo largo de líneas matemáticas rectas. La
rápida transferencia de tecnologías mecánicas chinas en la época medieval cambió la
sensibilidad europea de la percepción del mundo hacia la imagen de una máquina.
El sistema de numeración indo-arábigo, que se desarrolló en estrecha colaboración con el
atomismo de la India, llevaba implícito un nuevo modo de pensamiento matemático
atómista. Y la teoría heliocéntrica, que asigna el estatus central al Sol, así como el
concepto newtoniano de fuerza que actúa a distancia, tienen sus raíces en las ideas
religiosas del antiguo Egipto asociadas con el hermetismo. Bala argumenta que el ignorar
tales impactos multiculturales nos ha llevado a una concepción eurocéntrica de la
revolución científica.143
Un tercer enfoque toma el término «renacimiento» literalmente. Un estudio más detallado
de la filosofía griega y la matemática griega demuestra que casi la totalidad de los
resultados revolucionarios de la llamada revolución científica fueron en realidad
reformulaciones de ideas, en muchos casos más antiguas que las de Aristóteles y en casi
todos los casos, al menos tan antiguas como las de Arquímedes. Aristóteles incluso
argumenta explícitamente en contra de algunas de las ideas que se demostraron durante
la revolución científica, como el heliocentrismo. Las ideas básicas del método científico
son bien conocidas por Arquímedes y sus contemporáneos, como lo demuestra el
conocido hallazgo de la flotabilidad. Los primeros que hablaron sobre atomismo
fueron Leucipo y Demócrito. Desde este punto de vista, la revolución científica se reduce a
un periodo de reaprendizaje de ideas clásicas, es en gran medida una extensión del
Renacimiento. Este punto de vista de la revolución científica no niega que se produjera un
cambio, pero sostiene que se trataba de una reafirmación de los conocimientos previos
(un renacimiento) y no la creación de nuevo conocimiento. Citan como prueba
afirmaciones de Newton, Copérnico y otros a favor de la visión pitagórica del mundo.144

Véase también[editar]
 Revolución química
 Revolución informática
 Ilustración
 Historia de la química
 Historia de la navegación astronómica
 Historia de la relojería
 Era de los descubrimientos
 Era de la navegación a vela
 Crisis de la conciencia europea

Referencias[editar]
1. ↑ Saltar a:a b Galilei, Galileo (1974) Two New Sciences, trans. Stillman Drake, (Madison:
Univ. of Wisconsin Pr. pp. 217, 225, 296-7.
2. ↑ Saltar a:a b Moody, Ernest A. (1951). «Galileo and Avempace: The Dynamics of the
Leaning Tower Experiment (I)». Journal of the History of Ideas 12 (2): 163-
193. JSTOR 2707514. doi:10.2307/2707514.
3. ↑ Saltar a:a b Clagett, Marshall (1961) The Science of Mechanics in the Middle Ages.
Madison, Univ. of Wisconsin Pr. pp. 218-19, 252-5, 346, 409-16, 547, 576-8, 673-82.
4. ↑ Maier, Anneliese (1982) "Galileo and the Scholastic Theory of Impetus," pp. 103-123.
En On the Threshold of Exact Science: Selected Writings of Anneliese Maier on Late
Medieval Natural Philosophy. Philadelphia: Univ. of Pennsylvania Pr. ISBN 0812278313
5. ↑ Saltar a:a b c Hannam, p. 342.
6. ↑ Saltar a:a b Edward Grant (1996), The Foundations of Modern Science in the Middle
Ages: Their Religious, Institutional, and Intellectual Contexts, Cambridge: Cambridge
University Press
7. ↑ "Scientific Revolution"
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9. ↑ I. Bernard, Cohen (1976). «The Eighteenth-Century Origins of the Concept of Scientific
Revolution». Journal of the History of Ideas (en inglés) 37 (2): 257-
288. JSTOR 2708824. doi:10.2307/2708824.
10. ↑ Shapin, Steven (1996). The Scientific Revolution.
11. ↑ Clairaut, Alexis-Claude (1747). Du système du monde, dans les principes de la
gravitation universelle (en francés).
12. ↑ Whewell, William (1837). History of the inductive sciences [Historia de las ciencias
inductivas] (en inglés) 2. pp. 275, 280.
13. ↑ Whewell, William (1840). Philosophy of the Inductive sciences [Filosofía de las ciencias
inductivas] (en inglés) 2. p. 318.
14. ↑ «Physical Sciences». Encyclopedia Britannica [Ciencias Físicas] 25 (15ta edición). 1993.
p. 830.
15. ↑ Bernardus Baudoux: Philosophia "Ancilla Theologiae", in: Antonianum 12 (1937). Fuente
citada en en:Philosophia ancilla theologiae
16. ↑ Comellas, op. cit., pg. 120. Es significativa la comparación de Leibniz con Descartes que
se realiza por M. Bordas-Demoulin y F. Boullier en Du cartesianisme et de l'eclecticisme,
en Revue des deux mondes, 1843, pg. 938-939: "La historia de las ideas, como todas las
otras historias, ofrece accidentes cómicos. Leibniz, que había querido, en interés de la
religión, castigar el sistema de Descartes por el procedimiento de señalar sus errores,
llega de consecuencia en consecuencia a su famosa conclusión del optimismo, es decir
que priva a Dios de toda libertad, porque declara que Dios no ha podido hacer otra cosa
que lo que ha hecho, y que todo fue hecho para lo mejor. Dios, en virtud misma de su
derecho divino, se vio obligado a formar el mejor universo posible. Y, sin embargo, con su
optimismo, ¡Leibniz se cree cristiano! Si Leibniz consiguió, hacia el final del siglo XVII,
contrarrestar la influencia de Descartes, no lo hizo tanto gracias a sus ideas dogmáticas
sino por su vasta e inteligente erudición en la historia de la filosofía.
Descartes, Malebranche y Locke, cada uno por diferentes motivos y en diferentes grados,
habían inspirado a sus contemporáneos un cierto desprecio de la sabiduría antigua.
Leibniz la honraba, su gran espíritu no aceptaba representar el papel ya visto de la
revuelta contra Aristóteles. Monsieur Bordas-Demoulin pretende que Leibniz no se ocupa
de lógica más que para oponer Aristóteles a Descartes y adornarse con el título de sabio
universal. En estas palabras hay una gran ligereza. ¿Cómo Monsieur Demoulin, quien ha
leído mucho a Leibniz, no se acuerda del primer capítulo de los Nuevos ensayos sobre el
entendimiento humano? [ Nouveaux Essais sur l’entendement humain, publicados en 1765
y redactados en 1704, son una refutación capítulo por capítulo del Ensayo sobre el
entendimiento humano de Locke, 1689; en forma de diálogo entre un empirista, Philalète,
que representa la opinión de Locke, y un racionalista, Théophile, que representa la opinión
de Leibniz - gallica.bnf.fr fuente citada en fr:Nouveaux Essais sur l'entendement humain - ],
donde uno de los interlocutores, Théophile, dice así: «¿Hace falta que te dé la noticia de
que ya no soy cartesiano [ Cartesio es la latinización de Descartes ], y que sin embargo
estoy más distante que nunca de tu Gassendi [ Pierre Gassendi (1592-1655), sacerdote y
astrónomo, que pretendía conciliar a Epicuro con el cristianismo limitando los átomos a un
número finito y atribuyendo su creación e impulso a Dios ] a quien de todas formas
también reconozco el saber y el mérito? Me ha impresionado un nuevo sistema del que he
leído alguna cosa en las revistas científicas [journaux des savans] de París, de Leipzig y
de Holanda, y en el maravilloso diccionario de Monsieur Bayle, artículo Rorarius [
latinización de Girolamo Rorario -D. Des Chene, 2005, ‘Animal’ as category: Bayle’s
“Rorarius”
 Archivado el 28 de marzo de 2014 en la Wayback Machine.- ]. Desde entonces, me
parece ver una nueva cara del interior de las cosas. Este sistema parece combinar
Platón con Demócrito, Aristóteles con Descartes, los escolásticos con los modernos,
la teología y la moral con la razón. Parece que toma lo mejor de todos lados, y
después de eso va más lejos de lo que nunca hemos estado.» He ahí la clave de la
filosofía leibniziana. Esta filosofía, en el pensamiento de su autor, era la conclusión
pacífica del movimiento insurreccional de Descartes; era también la resurrección
necesaria de los resultados de la sabiduría antigua, que había sido abandonada en un
olvido injurioso; era, en fin, una audaz pretensión de los mejores resultados. Es el
destino de todos los innovadores el ser seguidos a medias, y a medias contradichos,
por los eclécticos. Tras Aristóteles y Platón ¡qué nube de conciliadores! Leibniz, que
por sí solo vale un ejército de filósofos, emprendió el cierre de la revolución cartesiana
mediante una transacción que él consideraba satisfacía las pretensiones legítimas de
todos los grandes sistemas tanto como todas las exigencias de la razón y de la fe. La
transacción fue desgarrada por Kant, que ha representado en el último siglo un papel
revolucionario análogo al de Descartes, y que nosotros hemos visto en nuestros días
representar por Hegel, retomando por otras vías la obra de Leibniz, desarrollar un
sistema con el que ambicionaba abrazar y conciliar todo. En cuanto a Schelling, es
probable que termine como Malebranche, sin querer discutir, y en el seno de la fe."
17. ↑ Los tercetos de la discordia
18. ↑ VV. AA. El legado de las matemáticas, pg. 93.
19. ↑ Jewish Encyclopedia, fuente citada en de:Rechenmeister
20. ↑ Les principes de la philosophie (1644), fuente citada en en:Mechanical explanations of
gravitation#Vortex (explicaciones mecánicas de la gravitación).
21. ↑ Robert Locqueneux, Une histoire des idées en physique, Paris, Vuibert, 2006: p. 90
22. ↑ Robert Locqueneux, Une histoire des idées en physique, Paris, Vuibert, 2006, p. 102
23. ↑ Lavoisier, Traité élémentaire de chimie, 2 vol, 1789
24. ↑ "Dorinda Outram ha señalado cómo a principios del XIX la oposición entre un espacio
interior -receptor del flujo de la información- y otro exterior -un espacio abierto y emisor de
información- genera un discurso sobre la distancia respecto al objeto necesaria para
rentabilizar toda la información recibida. Según se sea un expedicionario o un científico de
gabineta se estará en condiciones de realizar un trabajo más o menos global" (Nuria
Valverde, Actos de precisión: instrumentos científicos, opinión pública y economía, CSIC,
2007; cita como fuente a Outram, New spaces in natural history).
25. ↑ Saltar a:a b Donne, John An Anatomy of the World, citado en Kuhn, Thomas S.
(1957) The Copernican Revolution: Planetary Astronomy in the Development of Western
Thought. Cambridge: Harvard Univ. Pr. p. 194.
26. ↑ Butterfield, Herbert: The Origins of Modern Science, 1300–1800, (Nueva York: Macmillan
Co., 1959), p. viii.
27. ↑ Grant, E.: The Foundations of Modern Science in the Middle Ages: Their Religious,
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28. ↑ Grant, pp. 55-63, 87-104.
29. ↑ Pedersen, pp. 106-110.
30. ↑ Grant, pp. 63-8, 104-16.
31. ↑ Pedersen, p. 25.
32. ↑ Pedersen, pp. 86-89.
33. ↑ Pedersen, pp. 86-89.
34. ↑ Thomas Kuhn (1957) The Copernican Revolution. Cambridge: Harvard Univ. Pr. p. 142.
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37. ↑ Espinoza, Fernando (2005). «An analysis of the historical development of ideas about
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motion] who attributed to atoms in an infinite vacuum a motion which was rectilinear,
extremely swift and perpetual because of the lack of resistance... Aristotle was of the same
mind, since he expresses his opinion thus...[in Physics 4.8.215a19-22], speaking of motion
in the void [in which bodies have no gravity and] where there is no impediment he writes:
'Why a body once moved should come to rest anywhere no one can say. For why should it
rest here rather than there ? Hence either it will not be moved, or it must be moved
indefinitely, unless something stronger impedes it.'».
39. ↑ Sorabji, R. (2005). The Philosophy of the Commentators, 200-600 AD: Physics. G –
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a moving body from without. It thus contrasts with purely external forces like the action of
air on projectiles in Aristotle, and with purely internal forces like the nature of the elements
in Aristotle and his followers.… Impetus theories also contrast with theories of inertia which
replaced them in the seventeenth to eighteenth centuries.… Such inertial ideas are merely
sporadic in Antiquity and not consciously attended to as a separate option. Aristotle, for
example, argues in Phys. 4.8 that in a vacuum a moving body would never stop, but the
possible implications for inertia are not discussed.»
40. ↑ Heath, Thomas L. (1949) Mathematics in Aristotle. Oxford: Clarendon Press. pp. 115–6.
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63. ↑ Galilei, Galileo (1638). Discurso y demostración matemática, en torno a dos nuevas
ciencias. Madrid: Editora Nacional. «DEFINICIÓN.- Por movimiento igual o uniforme
entiendo aquel en el que los espacios recorridos por un móvil en tiempos iguales,
cualesquiera que éstos sean (quibuscumque), son iguales entre sí. ADVERTENCIA.- Nos
ha parecido oportuno añadir a la vieja definición (que habla simplemente del movimiento
igual en cuanto que en tiempos iguales recorren espacios iguales) la expresión
"cualesquiera", es decir, para todos los tiempos que sean iguales. En efecto, puede
suceder que un móvil recorra espacios iguales en determinados tiempos iguales, mientras
que distancias recorridas en fracciones de tiempo más pequeñas puedan no ser iguales,
aunque lo sean dichos intervalos más pequeños. De la definición que acabamos de dar se
siguen cuatro axiomas; a saber: AXIOMA I.- En el caso de uno y el mismo movimiento
uniforme, el espacio recorrido en un tiempo mayor es mayor que el espacio recorrido
durante un intervalo de tiempo menor. AXIOMA II.- En el caso de uno y el mismo
movimiento uniforme, el tiempo durante el cual se recorre un espacio mayor es también
mayor que el tiempo empleado para recorrer un espacio menor. AXIOMA III.- El espacio
recorrido en un tiempo dado a mayor velocidad, es mayor que el espacio recorrido, en el
mismo tiempo, a menor velocidad. AXIOMA IV.- La velocidad con la que se recorre en un
tiempo dado un espacio mayor, es mayor, a su vez, que aquella con la que se recorre, en
el mismo tiempo, un espacio menor.»
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Enlaces externos[editar]
 Esta obra contiene una traducción total y ampliada derivada de Scientific revolution de
Wikipedia en inglés, concretamente de esta versión, publicada por sus editores bajo
la Licencia de documentación libre de GNU y la Licencia Creative Commons
Atribución-CompartirIgual 3.0 Unported.

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2222222222222222222222222.

LA REVOLUCIÓN
CIENTÍFICA ACTUAL
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La historia de la ciencia puede entenderse como la historia de las
revoluciones científicas, es decir épocas de crisis en las que los enigmas
(preguntas imposiblemente resueltas por los paradigmas científicos) obligan a la
comunidad científica a reestructurar su forma de proceder ante la realidad
cuestionada. Sin embargo, la “caída” en un proceso de crisis también tiene sus
bemoles, no debemos olvidar que los científicos forman colectivos humanos, es
decir sociedades científicas que, por el solo hecho de ser humanos, no se eximen
de la soberbia, ambición, envidia, interés personal y económico, deseo de fama y
autoridad. Así, podemos observar a lo largo del tiempo que las sociedades
científicas han intentado preservar sus posturas, líneas de investigación y soporte
de resultados, muchas veces yendo aún más lejos de lo que el paradigma
desquebrajado les permite. A pesar de este “aguante” de las sociedades
científicas por mantener sus formas tradicionales de pensar, la revolución
científica llega, a veces más tarde o más temprano, pero llega.

Quizá la revolución científica de mayor peso histórico fue, precisamente, aquellas


que devino en el surgimiento de la ciencia moderna, dicho sea de paso, para
algunos (me incluyo), es difícil pensar que el surgimiento de la ciencia fuese de
suyo una revolución científica pues ¿cómo puede revolucionar algo que aún no
surge? Pensaría en cambio, en ese terreno, en una revolución del pensamiento
humano. Sea como sea, los trabajos del siglo XVII principalmente de Newton,
Descartes y Bacon sin duda marcaron el futuro de la forma en que el ser humano
se conduciría al preguntarse por la realidad. Con el afán de ser sintético, puedo
enumerar al menos 3 rasgos que, a mi entender definen la estructura de la
revolución del pensamiento humano del XVII que derivó en la ciencia tal y como la
conocemos hoy:
1. La matematización de la realidad a través de las concepciones de Newton

2. La separación del hombre de la naturaleza y Dios a través de la filosofía de


Descartes

3. El dominio de la naturaleza y la desacralización de la misma a través de la filosofía


de Bacon

Posterior al siglo XVII otras revoluciones científicas permitieron el surgimiento de


la química y la biología, que derivaban de la práctica científica de la física del
XVII, incluso, dentro de cada una de estas áreas de la ciencia varias revoluciones
se han gestado, pensemos por ejemplo en la necesidad de la física cuántica ante
la insuficiencia de la mecánica clásica para explicar fenómenos subatómicos o
pensemos en la biología molecular que derivo de la propuesta del modelo físico-
químico de la molécula de ADN de James Watson y Francis Crick.

Recorrer a través de la memoria los vaivenes de la ciencia nos revela por una
parte que, las preguntas propias de la práctica científica están inmersas en una
sociedad donde todos los factores juegan: la economía, la religión, la cultura
popular, la lengua, etc. Así, podemos entender que las revoluciones y vaivenes
científicos están íntimamente ligados a los vaivenes culturales. Por otra parte, este
recorrido nos lleva inevitablemente a la pregunta ¿cuál ha sido la revolución
científica más reciente?

Para responder esta pregunta debemos mirar al siglo XX. La física de la primera
mitad del XX aún se basaba primordialmente en la mecánica newtoniana, las tres
famosas leyes y la gravitación universal eran el pan nuestro de cada día, sin
embargo, el desarrollo tecnológico permitió adentrase cada vez con mayor detalle
en la estructura interna de la materia derivando en la exposición de fenómenos
donde la física clásica poco o nada tenía que hacer; por su parte, la exploración
del espacio que iniciaba una carrera más que científica o tecnológica, militar,
ponía en entre dicho la validez de Newton en fenómenos cercanos a la velocidad
de la luz.

El pensamiento lineal sobre la naturaleza comenzaba a tambalear. Otras áreas


como la biología no se han visto exentas, el pensamiento no lineal en los procesos
biológicos pone en entredicho las teorías de Charles Darwin, al parecer, no hay
una evolución ni direccional, ni gradual, ni lineal. El estudio de redes neuronales,
sociedades complejas de animales que se creían simples como los insectos, el
comportamiento de una virus epidémico, el origen y expansión del universo, la
conducta social, las decisiones macroeconómicas y hasta un simple juego de
niños como el “piedra, papel o tijeras”, han demostrado que la realidad está mucho
más allá de la linealidad de Sir. Isaac Newton.
“La realidad no es predecible, es caótica y compleja”, revela
el Dr. Walter Ritter del Centro de Ciencias de la Atmósfera
del Instituto de Geofísica de la UNAM”

La ciencia de la complejidad, pensamiento unificador entre “las ciencias”, versa


sus dichos sobre la aseveración de que la ciencia debe ser una pues una es la
realidad. La hemos fragmentado ante la terquedad de analizarla por partes; el
estudio de los sistemas complejos nos revela que hemos errado. Estudiar no solo
las partes de un sistema sino al sistema en sí, permite a la mente humana
aproximarse con mayor certeza a la physis, a esa naturaleza que no se había
desquebrajado en el medio evo y que rompimos en miles de trozos para estudiar,
según nosotros, con “mayor detalle”. La ciencia de la complejidad intenta entender
la naturaleza como una sola, dinámica, no estática, en constante interacción, no
aislada, conectada en red, no lineal.

En la actualidad, la ciencia de la complejidad parece ser la más reciente revolución


científica, incluso, nuestro México del tercer mundo ha entrado en el estudio de la
naturaleza mediante el pensamiento complejo, en la UNAM, científicos como los
hermanos Miramontes, Natalia Mantilla, Germinal Cocho y muchos más se han
adentrado en este estudio. La recién creada Universidad Autónoma de la Ciudad
de México, ofrece el posgrado en Ciencia de la Complejidad, donde físicos,
químicos, matemáticos, biólogos y hasta médicos están dispuestos a cambiar el
paradigma de la linealidad y la fragmentación de la physis por el estudio de las
interacciones en la naturaleza.

Nuestra Benemérita Universidad Autónoma de Puebla no se queda atrás, en el


Instituto de Física “Luis Rivera Terrazas” investigadores como el Dr. José Luis
Carrillo estudian las propiedades mesoscópicas complejas de la materia con fines
tecnológicos, en la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas, el Dr. Fernando
Rojas aplica sus conocimientos al estudio de sistemas complejos en la biología.
Cada vez la tarea de estudiar sistemas complejos va dejando de ser una actividad
aislada y casi personal, como me lo revelaría el Dr. Rojas hace unos meses.

Así que, la invitación queda abierta, a interesarse primero en el estudio de la


complejidad a partir de entender que el todo es mucho más que la simple suma de
sus partes y acudir, por un momento, a la historia y la historiografía de la ciencia
para esclarecer por qué hoy pensamos así, como pensamos. Hasta la próxima y
¡Sigamos dudando juntos!

Eduardo Pineda
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¿Ha acabado la revolución científica?


Autor: Mariano Artigas, Universidad de Navarra
Publicado en: Reuniones Filosóficas (Texto inédito)
Fecha de publicación: 1989
Indice
1. El sentido de la revolución científica
2. Tres imágenes de la naturaleza
3. Organicismo y mecanicismo
4. La perspectiva sistémica
5. La verdad científica
6. El alcance de la perspectiva científica
1. El sentido de la revolución científica
Cuando se habla acerca de la revolución científica, habitualmente se
piensa en el fenómeno histórico que cristalizó en el siglo XVII, o sea, el
proceso que desembocó en el nacimiento de la ciencia moderna. Se
trata de un hecho inconfundible. En la ciencia experimental del siglo
XVII, por vez primera en la historia, se combinaron las matemáticas y la
experimentación, consiguiendo un conocimiento de la naturaleza que
puede somerterse a control y sirve como base para las aplicaciones
tecnológicas. Esa revolución, preparada durante siglos mediante
trabajos que se remontan a la antigüedad, tomó cuerpo gracias a genios
tales como Copérnico, Kepler y, de modo especial, Galileo, y alcanzó su
madurez con la formulación de la mecánica de Newton.

En este sentido, la revolución científica equivale al nacimiento


sistemático de la ciencia experimental moderna, y supone un logro
definitivo en la historia de la humanidad. Las revoluciones científicas
posteriores, gracias a las cuales se consolidaron, junto a la física, otras
ciencias como la química y la biología, y se formularon nuevas teorías en
cada una de ellas, como las teorías cuántica y relativista en la física,
aparecen como desarrollos particulares de un paradigma global que
básicamente quedó establecido en el siglo XVII con la formulación de la
física clásica. En la vida normal, al nacimiento sigue el crecimiento. De
modo semejante, a la ciencia clásica se han añadido nuevas ramas y
nuevas disciplinas, y el proceso continúa; pero se trata de desarrollos de
un mismo fenómeno básico, de modo semejante a como el estado
adulto de una misma persona está en continuidad con su juventud.

Vistas las cosas bajo esta perspectiva, la pregunta: ¿ha acabado la


revolución científica? tiene una respuesta clara: sí, acabó hace 300
años. La física de Newton fue ya ciencia moderna en el sentido más
pleno.

Sin embargo, esta respuesta, aun siendo verdadera, es demasiado


superficial. El nacimiento de la ciencia moderna representó la
culminación de un período y el comienzo de otro. Pocos hechos tienen
tanta trascendencia a la hora de dividir en etapas la historia de la
humanidad. Parece lógico, por tanto, preguntarse por el significado de
un hecho de tanta trascendencia.

No se trata sólo de las repercusiones exteriores de un hecho que, de por


sí, sería neutral. Desde luego, los fundadores de la ciencia moderna no
la veían como neutral. Por el contrario, la nueva ciencia aparecía ante
sus ojos cargada de implicaciones filosóficas, teológicas y sociológicas.
El nacimiento de la ciencia experimental fue acompañado de una clara
conciencia de que estaba sucediendo algo trascendental en la historia de
la humanidad.

Ciertamente, esa conciencia adquirió manifestaciones diferentes de


acuerdo con el genio de los científicos y con las preocupaciones de los
filósofos y teólogos. En este sentido cabría cuestionar si se trata
propiamente de la revolución científica o más bien de las
interpretaciones que suelen acompañar a todo hecho social relevante.

Mi propósito es argumentar que la revolución científica tiene por sí


misma unas implicaciones de muy largo alcance que condicionan en
buena parte importantes problemas actuales que no están resueltos de
modo satisfactorio. En este sentido, a la pregunta: ¿ha acabado la
revolución científica?, mi respuesta es: no. Además de no haber
acabado, todavía no se han manifestado completamente sus
implicaciones. Y pienso que aquí se encuentra una clave decisiva para
comprender aspectos especialmente críticos de nuestra civilización.

Uno de ellos es la idea acerca de lo objetivo y lo subjetivo, con sus


múltiples implicaciones en el ámbito de la especulación teórica, de la
conducta práctica y de la organización social. La ciencia experimental se
presenta como un saber riguroso centrado en el estudio de las
relaciones entre los fenómenos y en la determinación de los mecanismos
causales, excluyendo de su ámbito la consideración de las causas finales
y, en general, de todo lo relacionado con la metafísica y la
trascendencia. El ámbito metafísico queda relegado a un mundo aparte;
en el mejor de los casos, se trataría de un tipo de reflexiones que, si
bien podría considerarse legítimo, carecería de la validez intersubjetiva
característica de la ciencia experimental y remitiría, por principio, a la
conciencia y vida privadas de cada persona. La educación y, en general,
toda la vida social, deberían estar regidas por una visión aséptica, plural
y no comprometida, de acuerdo con las exigencias de la objetividad
propia del conocimiento público, en el que no parece haber lugar para
fines. Y el paradigma de la objetividad y del conocimiento público
vendría dado por la ciencia experimental.
La dicotomía entre lo científico-objetivo y lo metafísico-subjetivo es una
de las características básicas de nuestra cultura, y parece ser una
consecuencia inevitable de la revolución científica. Sin embargo, una vez
superado el sarampión del positivismo, que puede ser considerado como
una enfermedad infantil que ha acompañado al progreso científico y
técnico en una época ya pasada, esa dicotomía se muestra
insatisfactoria. Persiste el convencimiento de que debe existir una
unidad en el saber, de modo que sea posible obtener una imagen del
mundo y del hombre que satisfaga, al mismo tiempo, las exigencias del
rigor científico y de la búsqueda de sentido propia de la metafísica.
Tampoco parece lógico admitir que cualquier perspectiva filosófica tenga
la misma validez. Se siente además la necesidad de contar con una base
metafísica mínima que pueda servir de fundamento para solventar las
graves cuestiones éticas que se plantean a la humanidad y que, en
buena parte, se deben precisamente a los resultados de la ciencia y de
la tecnología.

Estas aspiraciones, junto con el desarrollo de nuevas perspectivas


científicas que tienen un carácter abiertamente interdisciplinar y que
ofrecen puntos de conexión entre enfoques que hasta tiempos recientes
eran considerados como excluyentes, han dado lugar a intentos que
pueden considerarse característicos de nuestra época, mediante los
cuales se pretende tender un puente entre la perspectiva científica y la
filosófica. En este contexto, la revolución científica del siglo XVII podría
considerarse como un punto de partida que solamente tendría una
validez parcial, y que vendría completado por otras perspectivas
científicas que son el fruto de los avances posteriores. En otras palabras,
la revolución científica no habría acabado ni siquiera en el ámbito
propiamente científico. La revolución del siglo XVII no sería un
paradigma general en el que se englobarían las revoluciones
posteriores, sino solamente la puesta en marcha de la ciencia moderna,
condicionada por puntos de vista parciales que ahora, con perspectivas
más amplias, deberían ser completados. En particular, sería posible
alcanzar una perspectiva en la cual se integrasen el rigor científico y las
cuestiones profundas acerca de la vida humana.

Pueden mencionarse diversos intentos de ese tipo. Su variedad muestra


que ocupan un lugar importante en la cultura científica actual. Unos se
sitúan en el ámbito de las disciplinas particulares y abordan problemas
fundamentales, como por ejemplo el origen y el fin del universo en la
cosmología, y los condicionamientos de la libertad humana en la
biología. En otros casos se llega a plantear una nueva filosofía natural
basada sobre logros científicos tales como la mecánica cuántica y la
termodinámica de los procesos irreversibles, que tendrían implicaciones
profundas respecto a conceptos tales como la causalidad, el tiempo, y la
auto-organización de la materia. Otros intentos formulan perspectivas
interdisciplinares que pretenden extenderse tanto a las ciencias
naturales como a las humanas; tal es el caso de la teoría de sistemas,
de la sinergética y, recientemente, de los estudios sobre la existencia de
pautas en fenómenos complejos que vienen etiquetados bajo el título
del caos.

Además de esos intentos, que se plantean en el terreno científico, en el


ámbito de la filosofía de la ciencia se proponen perspectivas que giran
alrededor de los mismos problemas básicos. Baste mencionar las
discusiones acerca de la racionalidad científica y de la racionalidad
humana en general, que en las últimas décadas se han multiplicado
hasta alcanzar proporciones notables.

Si la variedad de intentos unificadores revela que el problema es


percibido con intensidad en nuestra época, también manifiesta que no
existe unanimidad en el modo de enfocarlo. Existe una conciencia
generalizada de que nos encontramos en una nueva época, diferente de
la cultura antigua pre-científica pero que también se distancia cada vez
más de la cultura científica de la modernidad. Sin embargo, no existe
una base común, generalmente compartida, en la que se unifiquen el
enfoque antiguo, finalista y metafísico, y el enfoque moderno,
mecanicista y científico, o que, cuando menos, integre los aspectos
válidos de ambos enfoques en una nueva síntesis.

Cuando existen diferencias notables en torno a un problema, hay


motivos para pensar que una revisión de su planteamiento puede
resultar fructífera. En nuestro caso, existen varias cosmovisiones típicas
que han acompañado al progreso científico o se han presentado como
sus interpretaciones legítimas. Por tanto, parece conveniente recurrir a
algunas reflexiones históricas en busca de ayuda para situar el problema
en sus dimensiones reales.

2. Tres imágenes de la naturaleza


La costumbre de dividir la historia en grandes períodos, a los que
corresponden diferentes concepciones sobre un mismo problema, ha
llegado a ser un lugar común en la historiografía y en la filosofía. En
relación con el problema que nos ocupa, se han propuesto diversas
clasificaciones de ese tipo. Aludiré a continuación a cinco de ellas.

Robin George Collingwood propuso una división tripartita a la que


corresponderían las ideas griega, renacentista y moderna acerca de la
naturaleza *(1). En la idea griega, la naturaleza vendría concebida al
modo de un organismo, una especie de animal racional con una mente
propia que impone el orden. Según la idea renacentista, la naturaleza
sería como una máquina que funciona de acuerdo con unas leyes
dictadas por el creador divino, quien ha creado la maquinaria, la ha
puesto en marcha comunicándole el movimiento inicial, y la gobierna a
través de las leyes establecidas por su sabiduría. En la visión moderna la
naturaleza ya no sería concebida como un conjunto de substancias sino
como un despliegue de procesos evolutivos sometidos a un desarrollo
histórico progresivo que estaría orientado en sentido finalista.
Collingwood situó su propia perspectiva en la línea de esta tercera
visión, que tiene matices idealistas, atribuyendo su formulación a Hegel,
y su desarrollo a Henri Bergson, Samuel Alexander y Alfred North
Whitehead.

Una concepción semejante de los dos primeros períodos ha sido


expuesta por Stanley Jaki*(2), quien ha centrado su atención en
Aristóteles como representante principal de la idea organicista de la
naturaleza, y ha ilustrado con detalle el nacimiento de la concepción
mecanicista en el siglo XIV y su desarrollo en el siglo XVII. A diferencia
de Collingwood, Jaki concibe el tercer período como un resurgimiento de
las ideas pitagóricas, caracterizando la perspectiva moderna como un
pan-matematismo en la línea de la física cuántica, que se centra en las
formulaciones matemáticas y prescinde de las representaciones
imaginativas.

Gerald Whitrow ha propuesto también una división tripartita*(3), que


coincide con las anteriores en lo referente a los dos primeros períodos y
difiere respecto al tercero. Los tres períodos son caracterizados
mediante las analogías del organismo, la máquina y la sociedad. La
imagen organicista correspondería al universo teleológico aristotélico,
donde lo temporal está subordinado a lo permanente en una alternancia
cíclica y las explicaciones fundamentales están en función de las
tendencias naturales finalistas. La imagen de la máquina sería la del
universo newtoniano, que viene concebido como un reloj mecánico,
creado y dirigido por la inteligencia divina, donde las tendencias y
formas aristotélicas vienen sustituídas por hipótesis y leyes expresadas
de modo matemático que permiten calcular el desarrollo de los procesos
en el tiempo. Por fin, el universo evolucionista de la ciencia moderna es
representado a semejanza de una sociedad en la que se dan procesos
con una historia, de tal modo que la caracterización del tiempo como
una variable independiente, neutral con respecto a los procesos, da paso
a una nueva idea del tiempo que se relaciona con el carácter irreversible
de los procesos reales y con la historia del universo.

Una perspectiva análoga ha sido expuesta por W.W. Spradlin y P.


Porterfield *(4), quienes introducen un cambio importante. En efecto,
centran su atención en la búsqueda de la certeza como hilo conductor de
las tres grandes ideas acerca de la naturaleza. Afirman que la imagen
antigua, que presentan en estrecha conexión con el cristianismo, ofrecía
explicaciones puramente verbales de los hechos y obedecía a tendencias
antropomórficas que llevaban a introducir seres espirituales como
agentes causales. La imagen moderna viene descrita, al igual que en los
autores antes mencionados, como una combinación de máquinas y
números. La imagen actual sería la del mundo de los procesos, en el
cual, como consecuencia de la incertidumbre inherente a los fenómenos
microfísicos, ya no podría darse ninguna certeza.

Nicolai Hartmann presentó una panorámica que, si bien tiene puntos de


contacto con las anteriores, difiere en cuanto a su sentido y alcance
filosófico*(5). Hartmann distinguió en la historia de la filosofía natural
cuatro períodos seguidos de un interregno. El primer período abarca
desde la filosofía platónica hasta finales del siglo XVI, y está centrado en
la teleología natural aristotélica y escolástica. El segundo, anunciado en
el siglo XIV y madurado en el XVII, es el de la física clásica de Galileo y
Newton, en el que se formuló una cosmología fundada en leyes exactas,
prescindiendo de las causas finales. El tercero, que corona el período
anterior, está representado por Kant, y de modo especial por sus obras
sobre la historia general de la naturaleza, los principios metafísicos de la
ciencia natural y la teleología; Hartmann afirma que la crítica kantiana
supuso el final de la vieja teleología, y la califica como hazaña que acabó
con la filosofía natural aristotélica y planteó la filosofía de lo orgánico. El
cuarto es la metafísica idealista de la naturaleza de Schelling y Hegel;
fue un retroceso hacia las ideas teleológicas, pero supuso tan sólo un
breve intermedio que fue pronto superado por el desarrollo de las
ciencias. La época posterior, marcada por el dominio exclusivo de las
ciencias positivas y la dispersión en métodos especializados, es la época
positivista, y equivale a un interregno en el que se prestó atención sólo
a los problemas metodológicos, sin llegar a abordar los propiamente
filosóficos. La etapa actual vendría representada por la filosofía natural
del propio Hartmann, centrada en el estudio de las categorías
cognoscitivas y marcada por una dependencia esencial respecto al
estado de las ciencias en cada momento concreto.

Estas perspectivas históricas sugieren que las tres imágenes de la


naturaleza se han dado en épocas sucesivas. Parece existir un acuerdo
básico respecto a las dos primeras, la organicista y la mecanicista, y el
punto de referencia para establecer una ruptura entre ambas suele
situarse en la revolución científica del siglo XVII. El desacuerdo respecto
a la tercera imagen es, sin embargo, notable. ¿Por qué?
Ese desacuerdo se debe, probablemente, a la complejidad de los
problemas implicados, que tienen aspectos históricos y sistemáticos
bastante complejos. Desde el punto de vista epistemológico, la
naturaleza de la ciencia experimental sigue siendo objeto de
interpretaciones diversas. Desde luego, mientras no se clarifique esta
cuestión, que está en la base de los cinco esquemas mencionados y de
otros semejantes, no puede esperarse una comprensión adecuada de las
implicaciones filosóficas de la ciencia. Desde el punto de vista histórico,
no está claro que la ruptura entre las imágenes organicista y
mecanicista fuese total, ni tampoco en qué medida esa ruptura fue una
consecuencia necesaria de la física nueva o, más bien, se debió a
interpretaciones que han sido superadas por el desarrollo posterior de la
ciencia. Hay, además, datos que no encajan bien con la idea de una
sucesión temporal de esas dos imágenes; por ejemplo, el mecanicismo y
el organicismo coexistieron en la Grecia antigua, y el organicismo ha
reaparecido en la época contemporánea en perspectivas tales como las
filosofías de Bergson y Whitehead, que pretenden tener en cuenta el
progreso científico moderno. En esas condiciones, no puede maravillar
que existan desacuerdos cuando se trata de valorar la situación actual y
de sugerir nuevas síntesis.

3. Organicismo y mecanicismo
Consideremos más de cerca las dos primeras imágenes. Desde la
antigüedad hasta nuestros días, uno de los problemas centrales de la
filosofía ha consistido en el enfrentamiento de las concepciones
mecanicista y finalista. Ambas fueron formuladas en la filosofía griega, y
su itinerario se prolonga a lo largo de toda la historia del pensamiento
occidental. La concepción finalista de Sócrates, Platón y Aristóteles se
impuso al mecanicismo de Demócrito, Epicuro y Lucrecio, y proporcionó
durante dos milenios el esquema básico al que se referían, en último
término, las explicaciones acerca de la naturaleza. Pero la revolución
científica del siglo XVII invirtió los términos. El anti-finalismo de Francis
Bacon, el mecanicismo de René Descartes y la física matemática de
Isaac Newton supusieron el triunfo de una imagen mecánica que prontó
contó con el respaldo de éxitos científicos y tecnológicos de primera
magnitud. El paradigma mecanicista fue canonizado en la filosofía de
Immanuel Kant como condición necesaria del conocimiento científico de
la naturaleza, mientras que el finalismo venía reducido a una idea
regulativa, útil para la investigación biológica, pero carente de
objetividad.

Poco después, la revolución de Charles Darwin pareció liquidar el


reducto biológico que servía aún de justificación para el finalismo,
proponiendo una explicación de la aparente finalidad natural en
términos de procesos mecánicos combinados por azar. El resultado de
este largo proceso fue una imagen de la naturaleza que se presentaba
como el triunfo definitivo de una ciencia objetiva de los mecanismos
causales en donde no quedaba ningún lugar para la finalidad. Tal
parecía ser el resultado de la revolución científica.

El finalismo suele asociarse a una perspectiva metafísica en la que la


naturaleza viene concebida como una jerarquía de entidades que
remiten a una causa trascendente. En este aspecto, el caso del
mecanicismo es más complejo, puesto que se ha utilizado para apoyar
tanto las perspectivas metafísicas como las materialistas; de hecho,
durante los siglos XVII y XVIII la cosmovisión mecánica fue
ampliamente utilizada como punto de apoyo para la teología natural, y
desde finales del XVIII se asoció cada vez más con las ideas
materialistas y naturalistas. En el siglo XIX, el progreso de la ciencia
venía identificado con el éxito de las explicaciones mecanicistas y
fácilmente era considerado como una prueba en favor de las ideas
materialistas.

Las revoluciones científicas del siglo XX supusieron cambios en las


apreciaciones anteriores. La física cuántica mostró las limitaciones de la
perspectiva mecanicista en el ámbito microfísico. El progreso de la
biología, al mismo tiempo que permitía el conocimiento de los
mecanismos más profundos de los fenómenos vitales, los relacionó con
las ideas de auto-regulación e información, en las que pueden
descubrirse matices organicistas y finalistas. En este contexto, han
aparecido perspectivas científicas que, aun admitiendo el valor de las
explicaciones mecánicas, rechazan el mecanicismo como cosmovisión
general y admiten la validez de las ideas finalistas. Por ejemplo, la
teoría general de sistemas ha formulado modelos explicativos que
permiten conjuntar diversos aspectos del mecanicismo y del finalismo;
la termodinámica de los procesos irreversibles y los estudios sobre el
caos proporcionan las bases para comprender cómo surgen patrones
naturales de comportamiento a partir de fenómenos desordenados,
superando la rigidez de los modelos físicos clásicos y explicando el
nacimiento de distintos tipos de orden; la sinergética explica cómo la
cooperación de componentes produce efectos que no podrían preverse si
sólo se tuviera en cuenta la mera suma de los efectos parciales.

En todos estos casos, parece superarse la antigua dicotomía entre


mecanicismo y finalismo, en una nueva síntesis que se formula en el
plano puramente científico. Si esa síntesis es viable, la revolución
científica aparecería bajo una nueva luz. En efecto, podría afirmarse que
el predominio de la concepción mecanicista fue solamente un primer
paso que, si bien ayudó a conseguir logros parciales, no agotaba todas
las posibilidades de la ciencia experimental. Y también que la revolución
científica no ha sido suficientemente comprendida hasta que, gracias al
desarrollo de nuevas teorías, disciplinas y enfoques, se han obtenido
perspectivas que, según parece, serían aplicables incluso a los
problemas de las ciencias humanas y sociales.

4. La perspectiva sistémica
En las perspectivas holistas, se afirma que las totalidades organizadas
se encuentran en un nivel que supera a la mera suma de los
componentes. Este enfoque es característico de las perspectivas
mencionadas, y ha sido desarrollado sobre todo en la teoría general de
sistemas, que pretende proporcionar un nuevo paradigma científico, e
incluso una entera filosofía, donde se supere las perspectiva analítica,
típica de la ciencia clásica*(6).
En este paradigma ocupan un lugar central nociones tales como orden,
organización, forma, interacción, coordinación, teleología, y otras
similares, que se refieren a estructuras y comportamientos globales*(7).
Por supuesto, se considera a los sistemas como compuestos de
elementos, pero con un matiz peculiar: que se tiene siempre en cuenta
la interdependencia de los elementos en el todo. Un sistema viene
concebido como un conjunto de elementos relacionados entre sí
funcionalmente, de modo que cada elemento es función de algún otro, y
no se dan elementos aislados. Por eso, el sistema no resulta de la suma
de los elementos como simples partes, pues cada elemento tiene una
función que está coordinada con las funciones de los otros. Y, en
consecuencia, la organización desempeña una función esencial. El
sistema es una entidad holística.

Estas características permiten obtener una síntesis entre la perspectiva


mecanicista, de tipo analítico, centrada en los elementos componentes y
en su agregación, y la perspectiva finalista, de tipo sintético, en la que
las propiedades de conjunto desempeñan una función decisiva. La
noción de sistema es, en sí misma, neutral respecto a las perspectivas
atomista y globalista, y parece que integra a ambas.

La perspectiva sistémica puede situarse en el nivel metodológico, si se


utiliza solamente como un modelo explicativo, y en el ontológico, si
además se refiere a la articulación de la realidad. Además, se trata de
una perspectiva con posibilidades interdisciplinares, ya que sus nociones
pueden aplicarse a muy diversos tipos de entidades organizadas,
independientemente de su naturaleza física, biológica o sociológica.
Viene a ser un metalenguaje integrador con capacidad de ser aplicado a
las matemáticos, a la física, a la cibernética, a la biología y a la
sociología. Y, si la teoría general de sistemas se proyecta en forma de
filosofía de sistemas, se obtendría una nueva filosofía de la naturaleza
capaz de solventar las disputas entre las concepciones mecanicistas y
finalistas, llegando a una imagen del mundo como una gran
organización en la cual, sin embargo, no sería forzoso admitir las
imágenes antropocéntricas que solían acompañar al antiguo
organicismo.

Por estos motivos, la perspectiva sistémica se ha presentado como un


esfuerzo para reunir los conocimientos fragmentarios especializados en
un cuadro unitario coherente, haciendo posible al mismo tiempo la tan
deseable unidad entre las ciencias y la filosofía. ¿Sirve realmente para
cumplir esos ambiciosos objetivos?

Una piedra de toque para valorarlo es el caso de la antropología, que


obviamente tiene una especial relevancia en el contexto de las
relaciones entre las ciencias y la filosofía. Ludwig von Bertalanffy afirmó
que, desde el punto de vista de la biología, el carácter tan específico del
lugar que el hombre ocupa en el universo se debe al hecho de que el
hombre crea un mundo de símbolos para vivir en él; esto sería una
condición necesaria y suficiente para demarcar el lenguaje, la conducta,
la historia y la cultura humanos frente a la conducta puramente
biológica. Por ese motivo, von Bertalanffy concluyó que, como biólogo,
se oponía a una concepción biologista del hombre, o sea, a la reducción
de lo humano a simples factores biológicos, porque de ese modo no
pueden explicarse la cultura, el arte, la ética ni la religión*(8).
En este contexto, el problema clásico mente-cuerpo vendría
contemplado desde un nuevo ángulo; en efecto, no se plantearía como
el enigma de la interacción psico-física entre mente y materia, puesto
que la propia física habría prescindido de la noción clásica de materia.
Según von Bertalanffy, en la física moderna, la materia se resuelve en
dinámica, en relaciones formales que además se expresan mediante
leyes estadísticas, de tal modo que no tendría sentido afirmar que la
realidad última está constituída por unidades materiales y leyes físico-
químicas*(9).
Sin embargo, la perspectiva sistémica ha sido utilizada también como
instrumento en la formulación de ideas filosóficas de tipo
materialista*(10). No está claro, por tanto, que por sí misma sea
suficiente para dilucidar los problemas filosóficos implicados en la
antropología.

Von Bertalanffy rechazó como obsoleta la idea de que el conocimiento


humano conduce progresivamente a la verdad o a la realidad. El
conocimiento sería sólo una herramienta que permitiría al hombre, o a
cualquier otro animal, desenvolverse en el mundo y sobrevivir,
utilizando esquemas que, si bien son útiles, no reflejan el universo tal
como es*(11). De este modo, se plantea explícitamente la pregunta
acerca del valor de la ciencia y del conocimiento en general, que
antes quedó apuntada y que ahora reaparece en el marco de la
perspectiva sistémica. Si el conocimiento tiene un valor
meramente instrumental, ¿cabe siquiera formular interrogantes
propiamente filosóficos acerca de la realidad en sí y del valor de
nuestro conocimiento, o de la validez de las explicaciones
mecanicistas y finalistas?
Por tanto, para delimitar el valor de la perspectiva sistémica como
puente entre las ciencias y la filosofía, es preciso afrontar el problema
epistemológico desde su base. Esto no puede sorprender. Por el
contrario, no es difícil apreciar que, tras los problemas relacionados con
la objetividad, se encuentran principalmente interrogantes de tipo
epistemológico.

5. La verdad científica
He dedicado mi último libro a la filosofía de la ciencia experimental, y allí
se encuentra un análisis de los objetivos, métodos y construcciones de
las ciencias, junto con reflexiones acerca de la objetividad y la
verdad*(12). Me referiré ahora solamente a algunas ideas que pueden
representar una ayuda para situar el problema que aquí nos ocupa.

En la actividad científica se busca el conocimiento de la naturaleza, y


para ello se recurre a construcciones teóricas que no son meras
traducciones de la realidad. Esas construcciones, y los métodos
utilizados para comprobar experimentalmente su valor, se apoyan en
supuestos convencionales. ¿Qué puede decirse, en esas condiciones,
acerca de la verdad de los enunciados de la ciencia experimental?

Podemos distinguir dos sentidos de la objetividad científica: uno débil,


que se identifica con la intersubjetividad, y otro fuerte, que se refiere a
la verdad. En el primer sentido, la intersubjetividad se alcanza gracias a
la objetivación, porque el objeto científico se construye de modo que
exista una correspondencia entre las construcciones teóricas y la
experimentación. Cualquier disciplina se apoya sobre unos predicados
básicos que delimitan el tipo de objetos que se estudian, y requiere la
formulación de criterios de protocolaridad, mediante los cuales se
establece qué enunciados experimentales se consideran válidos. Para
formular unos y otros, es necesario recurrir a acuerdos o estipulaciones
convencionales. Todo ello define una objetivación concreta.

La existencia de supuestos convencionales no sólo no impide la


intersubjetividad, sino que es una condición que la hace posible. Una
vez establecidas las bases de una objetivación rigurosa, se obtienen
demostraciones intersubjetivas válidas, si bien se trata siempre, en ese
ámbito, de demostraciones contextuales, ya que su validez se refiere al
contexto teórico y práctico de cada objetivación particular.

Sobre esa base puede delimitarse la validez de la objetividad en sentido


fuerte, o sea, de la correspondencia de las construcciones científicas con
la realidad. En efecto, la demostrabilidad contextual implica la
demostrabilidad referencial, ya que la demostrabilidad contextual de un
enunciado implica que los significados y referencias de los términos
están bien establecidos, y que lo mismo sucede con los métodos de
operación teórica y experimental. Por tanto, una demostración
contextual proporciona automáticamente el significado y la referencia de
lo que se demuestra. En definitiva, si las demostraciones científicas son
rigurosas y están libres de interpretaciones que sobrepasan los métodos
utilizados, podemos afirmar que los enunciados científicos se refieren a
la realidad en el sentido preciso que viene dado por las demostraciones
contextuales.

Como consecuencia, si la verdad de cualquier enunciado debe ser


valorada con referencia al contexto de la objetivación y estipulaciones
adoptadas, es obvio que siempre será posible obtener nuevas verdades
mediante el progreso en las objetivaciones y estipulaciones. O sea:
debido a que la verdad científica es contextual, es también parcial. Una
objetivación concreta no agota la realidad. De este modo, la verdad de
los enunciados es simultáneamente auténtica y parcial: los enunciados
bien fundamentados se refieren a la realidad, pero contemplándola bajo
el punto de vista implicado por la objetivación respectiva, y por tanto
dejando campo abierto para ulteriores modificaciones de la objetivación.

Por otra parte, cuando las demostraciones contextuales están bien


establecidas, o sea, cuando se consigue relacionarlas con la
experimentación, entonces puede afirmarse su verdad pragmática,
puesto que es posible aplicarlas a la explicación y control de problemas
fácticos. Puede verse ahora con más claridad por qué hemos afirmado
que la demostrabilidad contextual garantiza automáticamente la
demostrabilidad referencial. En efecto, una vez que establecemos la
verdad contextual y pragmática, queda fijada la correspondencia con la
realidad. Los enunciados se refieren al modelo ideal definido en la
objetivación respectiva, y ese modelo se refiere a la realidad a través de
un conjunto de criterios operativos. Por tanto, los enunciados que son
válidos en el contexto de las condiciones teóricas y prácticas
establecidas, se corresponden con la realidad dentro de esos límites.

En definitiva, alcanzamos conocimientos auténticos que al mismo tiempo


son parciales, aproximativos y perfectibles. Parciales, porque sólo se
refieren a los aspectos de la realidad que son accesibles a la objetivación
correspondiente. Aproximativos, porque las construcciones teóricas se
corresponden con la realidad dentro de un margen impuesto por las
posibilidades teóricas y experimentales disponibles. Y por consiguiente
son perfectibles, ya que podemos conseguir objetivaciones más
profundas y exactas. Además, reflejan la realidad mediante signos que
requieren interpretación, o sea, a través del lenguaje de cada teoría.

La equivalencia entre demostrabilidad contextual y referencial no


suprime todas las dificultades, pero señala el camino a seguir para
afrontarlas. Evidentemente, para clarificar la significación de las
construcciones científicas, debe recurrirse a conceptos cuyo estudio
temático es propio de la filosofía. Se tratará de explicitar de modo
riguroso, con la ayuda de los conceptos filosóficos pertinentes, lo que en
el plano científico está solamente implícito.

El camino para explicar la verdad científica puede parecer paradójico.


Consiste en reconocer desde el primer momento los aspectos
convencionales que intervienen en la construcción del objeto científico y
en las demostraciones, delimitando después en qué sentido se refieren a
la realidad las construcciones teóricas. La paradoja reside en que el
punto de partida para fundamentar un concepto de verdad no
convencional es precisamente el reconocimiento de los factores
convencionales de la ciencia. Pero este es el método que se emplea en
la actividad científica real, y así es como se consiguen resultados
verdaderos, en el sentido de la verdad contextual y parcial que hemos
examinado. Por el contrario, si se parte de una imagen de la ciencia
centrada en demostraciones lógicas estrictas y se pretende introducir en
ese contexto el concepto de verdad, se tropieza con un obstáculo
insalvable: la existencia de los factores convencionales que han sido
pasados por alto pero que, siendo reales, aparecen en el último
momento, impidiendo que pueda explicarse la verdad de las
construcciones teóricas.

6. El alcance de la perspectiva científica


Las reflexiones anteriores acerca de la objetividad y la verdad científicas
permiten situar el alcance auténtico de la perspectiva científica. Ese
alcance está determinado por el tipo de objetivación que se utilice en
cada caso.

Cualquier disciplina experimental se basa sobre un requisito mínimo, a


saber: que esté formulada mediante una objetivación en la cual se
encuentren bien definidos los predicados básicos y los criterios de
protocolaridad en relación con experimentos repetibles. Se trata del
requisito del control experimental. Esta exigencia no podrá cumplirse si
se estudian aspectos de la realidad respecto a los cuales no es posible,
en línea de principio, realizar experimentos repetibles; tal es el caso, por
ejemplo, de la libertad humana y cualquier problema en el que
intervengan dimensiones espirituales. Tales dimensiones sólo podrán ser
objeto de la ciencia experimental en la medida en que estén
relacionados de modo entitativo o causal con los aspectos controlables.

En este sentido, la revolución científica del siglo XVII fue definitiva,


puesto que supuso el establecimiento sistemático, por primera vez en la
historia, de una ciencia basada en objetivaciones experimentales. Puede
discutirse en qué momento se logró definitivamente ese planteamiento,
aunque parece claro que, en sus líneas maestras, quedó formulado ya
en la mecánica newtoniana.

Un problema diferente es la conciencia que de ello se ha tenido. En


efecto, hasta nuestra época no se ha conseguido un enfoque
satisfactorio acerca de la naturaleza del método experimental. Esto no
debería sorprender. Durante tres siglos, la ciencia experimental ha
avanzado mediante el establecimiento de ramas y disciplinas muy
diversas, de modo que no ha sido fácil distinguir los rasgos
fundamentales de su método hasta que no se ha dispuesto de un
panorama suficientemente desarrollado de enfoques diferentes.
Además, el estudio sistemático de la epistemología se ha consolidado en
las últimas décadas, y sólo recientemente se han superado los
condicionamientos positivistas que le dieron un impulso definitivo. Para
conseguir un planteamiento equilibrado de la filosofía de la ciencia se ha
debido esperar a que la ciencia experimental y la propia epistemología
hubieran madurado suficientemente. En definitiva, la revolución
científica, en sus aspectos básicos, puede identificarse con el desarrollo
sistemático de la ciencia experimental en el siglo XVII y, en este caso,
deberá afirmarse que terminó en aquella época. Sin embargo, su
comprensión cabal sólo se ha conseguido en una época muy reciente.

Por otra parte, las objetivaciones de la ciencia experimental se han


enriquecido notablemente a lo largo de tres siglos. En este sentido,
puede hablarse de transformaciones profundas que, de algún modo,
permiten considerar la revolución científica como un abanico cuyas
posibilidades se abren de modo progresivo. Durante dos siglos, el
paradigma científico básico fue la física clásica, y, por este motivo, la
ciencia experimental apareció asociada a ideas de tipo mecanicista. Las
revoluciones de la física en el siglo XX no afectaron a la naturaleza de la
ciencia en lo esencial, pero introdujeron profundas alteraciones en
muchos conceptos básicos y ayudaron a distinguir los aspectos
fundamentales del método científico respecto a otros más particulares,
propios de disciplinas y teorías específicas. El gran desarrollo de la
biología en nuestra época ha ayudado a profundizar más aún en esa
distinción, manifestando el valor parcial de modelos explicativos que
antes eran considerados como rasgos necesarios de la ciencia.

En esta línea se sitúan los factores que han sido puestos en primer
plano por la teoría de sistemas. Consideremos, como ejemplo ilustrativo
que tiene especial relevancia para el argumento que venimos tratando,
qué ha sucedido con la noción de finalidad. Como hemos visto, en
ocasiones se afirma que uno de los rasgos principales, e incluso el
principal de todos, de la revolución científica habría sido la eliminación
de cualquier alusión a la finalidad. Sin embargo, los progresos de la
cibernética y de la biología muestran que la finalidad desempeña una
función científica importante, y la teoría de sistemas ha analizado los
diversos sentidos en que ello sucede.

Por ejemplo, von Bertalanffy ha distinguido una teleología estática, tal


como la que se da en configuraciones que parecen útiles para conseguir
determinados objetivos, y una teleología dinámica, o sea, una
direccionalidad en los procesos, tal como el comportamiento de un
sistema que parece condicionado por el estado final, de modo que se
alcanza ese mismo estado de modos diferentes mediante mecanismos
de retroalimentación*(13). E incluso puede decirse que , en el ámbito de
la mecánica clásica, ya existían aspectos relacionados con la idea de
finalidad; por ejemplo, el principio de mínima acción y, en general, las
leyes que establecen que un sistema, en su evolución, satisface ciertas
condiciones globales. De modo amplio, cabría relacionar con la finalidad
todos los principios de conservación, que desempeñan una función de
primer orden tanto en la física clásica como en la actual.

No resulta adecuado, por tanto, caracterizar la revolución científica


como un cambio de perspectiva que dejó fuera de lugar toda
consideración teleológica. Sin embargo, debe advertirse que, en la
ciencia experimental, se tratará siempre de aspectos de la teleología
que puedan ser estudiados de acuerdo con el tipo de objetivación
característico del método experimental. Esto significa que, si bien la
cibernética, la biología y la teoría general de sistemas han formulado
explicaciones que son al mismo tiempo científicas y teleológicas, los
aspectos de la teleología en los que intervienen consideraciones de tipo
específicamente metafísico o antropológico continúan encontrándose
fuera de las posibilidades del método experimental tal como éste se
aplica en las ciencias naturales. Por supuesto, es posible que se continúe
ensanchando el elenco de problemas de tipo teleológico que llegan a ser
susceptibles de estudio experimental, pero, para ello, necesariamente
habrán de conseguirse objetivaciones que permitan satisfacer el
requisito del control experimental.
Consideraciones semejantes pueden formularse respecto a las nuevas
posibilidades abiertas por la termodinámica de procesos irreversibles, la
sinergética, y otros puntos de vista semejantes que poseen una
capacidad integradora interdisciplinar y resultan aptos para tratar
muchos problemas sin restringirse a las limitaciones de los modelos
clásicos. Se trata de perspectivas que abren, sin duda, nuevos
horizontes, ayudan a situar la validez de los modelos clásicos en su
justo punto, y permiten asimismo examinar bajo nueva luz diversos
problemas de la filosofía natural. Pero, en la medida en que se trata de
enfoques propios de la ciencia experimental, necesariamente han de
satisfacer las exigencias del control experimental y, por tanto, las de la
objetivación que lo hace posible. Por consiguiente, los problemas
filosóficos que exigen una perspectiva de totalidad, examinando
cuestiones referentes al sentido, requieren que se adopte una
objetivación que, en parte, es diferente.

La reflexión antropológica y metafísica, en la medida en que desea ser


rigurosa, ha de someterse también a un proceso de objetivación que
resulta análogo al de la ciencia experimental, ya que ha de basarse en
los datos de experiencia y en el rigor lógico. Pero se ocupa de
cuestiones que afectan a toda la realidad, en sí misma o desde el punto
de vista de nuestra interpretación de ella; tales cuestiones constituyen
los presupuestos de todo conocimiento particular, y, por tanto, su
estudio supera las objetivaciones en las que se utilizan modelos
convencionales. En cambio, puede utilizar ampliamente las metáforas y
la analogía, que son instrumentos de una gran eficacia para abordar los
estratos más profundos de la realidad.

El conocimiento metafísico implica un cierto compromiso personal, en el


cual la individualidad desempeña una función insuprimible. Sin embargo,
esto no autoriza a relegarlo a un ámbito subjetivo en el sentido del
relativismo. El progreso científico no elimina la metafísica; por el
contrario, la validez de la ciencia experimental constituye una
comprobación de ideas ontológicas y epistemológicas realistas. Y no
puede sorprender que el rigor metafísico sea más difícil de conseguir
que el de la ciencia experimental: esa dificultad resulta lógica si se tiene
en cuenta el compromiso vital que las ideas metafísicas implican. La
dicotomía entre lo objetivo-científico y lo subjetivo-metafísico no está de
acuerdo con los análisis epistemológicos rigurosos; sin embargo, la
profundización en la metafísica es una tarea exigente que exige, de
modo especial, el cultivo de actitudes éticas.

Si uno de los rasgos distintivos de la persona humana es la utilización de


símbolos, puede decirse que la ciencia experimental surgió cuando se
aprendió a crear un lenguaje simbólico particular que permite, por así
decirlo, establecer un diálogo con la naturaleza. Ese lenguaje se apoya
necesariamente en una actividad, la experimentación, por la que se
interviene activamente en el curso de los fenómenos naturales, y esto
condiciona las posibles modalidades del lenguaje científico. El mundo de
este lenguaje quedó definitivamente abierto con la revolución científica
del siglo XVII. Pero las posteriores revoluciones, si bien son sólo
parciales, continúan abriendo nuevos horizontes que tienen en ocasiones
una fuerte densidad filosófica. Puede afirmarse que las modernas
revoluciones científicas permiten comprender mejor la naturaleza misma
de la ciencia experimental, la naturaleza de la reflexión metafísica, y la
armonía que existe entre ambas perspectivas.

He sostenido que la revolución científica no ha acabado, en cuanto que,


hasta ahora, no se ha conseguido una interpretación plenamente
satisfactoria de lo que significa la perspectiva de la ciencia experimental.
La dificultad misma del tema explica esta situación. Sin embargo, nos
encontramos en condiciones de completar esa tarea en sus aspectos
esenciales. En la medida en que lo consigamos, podremos afirmar que la
revolución científica ha acabado.

Notas
1. R.G. Collingwood, The Idea of Nature, Clarendon Press, Oxford 1964 (1ª edición de 1945). La
concepción griega es analizada en las págs. 3-4 y 29-92, la renacentista en las págs. 4-9 y 92-
132, y la moderna en las págs. 9-27 y 133-177.
2. S.L. Jaki, The Relevance of Physics, Chicago University Press, Chicago 1970 (1ª edición de
1966). La primera parte del libro está dedicada a los tres grandes modelos del mundo según la
física: el mundo como un organismo (págs. 3-51), como un mecanismo (págs. 52-94), y como
un diseño numérico (págs. 95-137).
3. G.J. Whitrow, The Role of Time in Cosmology, en: W. Yourgrau - A.D. Breck
(editores), Cosmology, History, and Theology, Plenum Press, New York 1977, p. 159-177.
4. W.W. Spradlin - P. Porterfield, The Search for Certainty, Springer, New York 1984.
5. N. Hartmann, Ontología. IV: Filosofía de la naturaleza, Fondo de Cultura Económica, México
1960 (original de 1950), p. 5-13.
6. Pueden verse, como referencias básicas: L. von Bertalanffy,General System Theory, George
Braziller, New York 1968; y E. Laszlo, Introduction to Systems Philosophy, Gordon and Breach,
New York 1971. Una exposición sucinta se encuentra en: E. Laszlo - L. von Bertalanffy, Hacia
una filosofía de sistemas, Revista Teorema, Valencia 1981.
7. Un estudio acerca del vocabulario de la teoría de sistemas se encuentra en: S. S. Robbins - T. A.
Oliva, The Empirical Identification of fifty-one Core General Systems Theory Vocabulary
Components, General Systems, 28 (1983-1984), p. 69-76.
8. L. von Bertalanffy, Perspectivas en la teoría general de sistemas, Alianza, Madrid 1986, p. 45.
9. Ibid., p. 66-67.
10. En este sentido, Mario Bunge ha utilizado ampliamente el enfoque de la teoría de sistemas en la
formulación de sus ideas. Puede verse, de modo especial, su obra Ontology II: A World of
Systems, Reidel, Dordrecht 1979 (volumen IV de su Treatise on Basic Philosophy).
11. Cfr. L. von Bertalanffy, Perspectivas en la teoría general de sistemas, cit., p. 76.
12. M. Artigas, Filosofía de la ciencia experimental, Eunsa, Pamplona 1989, capítulo VI. Coincido
básicamente con las ideas de Evandro Agazzi y las he aprovechado en mi estudio; puede verse
al respecto: M. Artigas,Objectivité et fiabilité dans la science, en la obra colectiva L'objectivité
dans les différentes sciences, editada por E. Agazzi, Editions Universitaires, Fribourg 1988, p.
41-54, donde se recogen también las referencias a los principales trabajos de Agazzi sobre esta
cuestión.
13. L. von Bertalanffy, General System Theory, cit., p. 77-80.
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La Revolución Científica
y el origen de la ciencia
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Por Carmen Báez

Ciudad de México. 17 de octubre de 2017 (Agencia Informativa Conacyt).- Fue a mediados


del siglo XX cuando se popularizó el concepto de Revolución Científica, movimiento que fue
asignado a los siglos XVI y XVII, épocas características del progreso científico. De acuerdo
con Ruy Pérez Tamayo, este movimiento cambió la filosofía de la estructura de la ciencia de
forma radical y definitiva, incluso algunos autores interpretaron esta etapa de la historia como
el origen de la ciencia modera.
En el marco del Segundo Encuentro Libertad por el Saber, Tiempos de Revoluciones, que
organiza El Colegio Nacional, los doctores Ruy Pérez Tamayo, Alejandro Frank,
José Sarukhán y Antonio Lazcano, todos ellos miembros de esa institución, expusieron los
momentos más destacables de la historia de la ciencia, a través de la Revolución Científica.

Ruy Pérez Tamayo, coordinador de la mesa redonda, afirmó que se trata de un tema en el que
historiadores y filósofos de la ciencia han estado en desacuerdo, esto en cuanto a la etapa
histórica en que sucedió y dio pie al origen de la ciencia.

“Existen dos conceptos diferentes sobre la revolución de la ciencia: el concepto que contempla
numerosos episodios sucesivos conformados cada uno en su estructura cíclica y secuencial que
explican el desarrollo de la ciencia, a este fenómeno se le conoce como las revoluciones
científicas. El otro concepto postula un solo episodio ocurrido en los siglos XVI y XVII, y que
produjo un cambio radical e irreversible en la estructura de la disciplina y que se conoce
como la Revolución Científica”, comentó.
Ruy Pérez Tamayo.El primer concepto de múltiples
revoluciones, dijo el también miembro de la Academia Nacional de Medicina de México
(ANMM), es la forma en que se postulan las diferentes disciplinas científicas. El concepto
contemporáneo de la Revolución Científica, agregó, no corresponde con exactitud a las
revoluciones científicas introducidas a partir del siglo XVII.

“El concepto actual de esta Revolución Científica ha ocurrido una sola vez: a fines del siglo
XVI y primera mitad del siglo XVII y que su resultado fue la transformación irreversible de la
ciencia y de la visión total del mundo, que pasó entonces de medieval a moderna”, expresó.

En este sentido, el doctor Ruy Pérez Tamayo expuso los factores que contribuyeron al
desarrollo de la era moderna, tales como el renacimiento humanístico, el desarrollo de la
imprenta, la reforma religiosa, el descubrimiento de un nuevo mundo, principalmente.

“Con la presencia de numerosos libros y textos en lenguas europeas se dio mayor acceso a
quienes sabían leer; la reforma religiosa y el consecuente debilitamiento económico de la
iglesia católica romana sobre el pensamiento del ciudadano común; el descubrimiento, la
colonización y explotación de un nuevo mundo cambió radicalmente la visión y la realidad de
la vida del ciudadano europeo; la emergencia del concepto del Estado, que culminaría con el
feudalismo y surgimiento de las comunidades europeas. Todos estos factores contribuyeron
para que el mundo occidental abandonara su antigua estructura medieval y se arriesgara a
cambiarla por otra, que hoy conocemos como la edad moderna”, explicó.

Por su parte, el doctor Alejandro Frank expuso que las aportaciones de Galileo Galilei, Charles
Darwin e Isaac Newton influyeron de manera importante en el método y pensamiento científico
de otras disciplinas como la química y la biología.
“Galileo fue tal vez el primer científico moderno, es decir, el primero en combinar la
observación con el análisis matemático, y uno de los primeros exponentes de la ciencia como la
concebimos hoy, basada en la racionalidad y la lógica deductiva. Su legado revolucionado se ha
visto reivindicado por los grandes descubrimientos de hoy en día”, dijo.

Respecto a Charles Darwin, Alejandro Frank, también coordinador del Centro de Ciencias de la
Complejidad de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), consideró El origen
de las especies como la posible obra científica más importante de la era moderna, misma que ha
sido extendida y amplificada con los avances de la biología molecular y la genética. “Sus
teorías aún son cuestionadas por fundamentalistas de muy diversos credos y su profundo
mensaje no ha sido comprendido por gran parte del hombre”.

Alejandro Frank.En
este punto, el físico mexicano expuso
que en pleno siglo XXI, y aun con los avances científicos, persisten supersticiones basadas en
la ignorancia y dogmas irracionales. “Es innegable que la racionalidad científica y humanística
conviven en pleno siglo. Una doctrina persistente es la de la conspiración, que afirma, por
ejemplo, que el virus de la influenza A (H1N1) es un arma biológica de los Estados Unidos”.

Por otro lado, para el doctor Sarukhán fue durante el siglo XIX cuando surgieron desarrollos e
ideas destacables para la ciencia. “Me parece una época con una fertilización intelectual
importante. Resultó en el desarrollo enorme de la ciencia y el pensamiento científico al grado
de que se le conoce como 'el siglo de la Revolución Científica'. Fue en ese siglo cuando muchos
científicos echaron a andar sus ideas y propuestas”, dijo.

En lo que respecta a las ciencias médicas, el doctor Ruy Pérez Tamayo destacó que el progreso
ha sido a través de la acumulación progresiva de ideas y hechos que se van adaptando a los
nuevos descubrimientos y conceptos desarrollados a partir de ellos, sin abandonar por completo
las ideas y observaciones anteriores.

“En las ciencias médicas, el progreso se ha hecho por la acumulación progresiva de ideas y
hechos que se van adaptando a los nuevos descubrimientos y conceptos desarrollados, sin
abandonar por completo las ideas y observaciones anteriores. Por ejemplo, la historia del
descubrimiento de la circulación de la sangre, las observaciones sirvieron para corregir las
teorías de Galeno, que habían sido comparadas por las de Cesalpino y después por Servet, todos
postularon la circulación de la sangre en el organismo, pero los detalles fueron diferentes según
cada doctor”, explicó.

Por último, el también divulgador científico, Ruy Pérez Tamayo refirió la Revolución
Científica como un tema de interés para los historiadores y filósofos de la ciencia, y más
recientemente ha cobrado importancia en disciplinas como la sociología y antropología, entre
otras áreas.

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Los Paradigmas y las Revoluciones Científicas. Hoy va de Kuhn.

Thomas Kuhn era físico, pero en sus ratos libres se interesaba por la historia de la ciencia.
Le llamaba especialmente la atención lo poco que se parecía esa historia a la ciencia a la
que dedicaba gran parte de su tiempo a la ciencia que él había estudiado y ejercía.

De esta confrontación surgió una reflexión filosófica a partir de la cual construyó su tesis
central:

“las nuevas teorías científicas no nacen por verificación ni por falsación, sino por
sustitución”

Pero… ¿sustitución de qué?.

En la época de Kuhn las ideas de Popper eran absolutamente incuestionables, y levantó una
gran polémica con su concepto de la filosofía de la ciencia, que defendía a capa y espada.
Para Kuhn, la filosofía de la ciencia es, básicamente, la reflexión filosófica sobre la
construcción, la reelaboración, la sustitución y la reconstrucción de las teorías científicas.
Proceso que -en su opinión -no siempre sigue el camino ortodoxo de la lógica.

El enfoque de toda la obra escrita de Thomas S. Kuhn es por tanto un enfoque histórico-
sociológico. Kuhn analiza desde las ciencias de la naturaleza el desarrollo histórico real de
las grandes concepciones del mundo. Y para ello confiere gran importancia al
comportamiento de los científicos. Le interesa desentrañar el carácter humano de cualquier
elaboración de la ciencia. En concreto, a Kuhn le interesa mostrar cómo los científicos (o
mejor, las comunidades científicas) elaboran, difunden, utilizan, aplican, aceptan o
rechazan las diversas teorías de las ciencias.
La evolución de la ciencia

Para Kuhn la ciencia es un producto fruto de la combinación de la historia y la sociedad.

 Kuhn descubrió que la ciencia es fundamentalmente un producto histórico, de ahí


que la palabra revolución, concepto típicamente historiográfico, se clave a hierro en
su obra.

 Además identifica como a la social la otra gran componente de la ciencia, y a partir


de ella derivará el concepto de paradigma.

Kuhn intenta ofrecer una imagen de la ciencia ajustada a su historia, con lo que hay que
replantearse una visión idílica de la ciencia que la identifica con un saber eterno y
atemporal, con esa imagen clásica de la ciencia que la concibe como la disciplina que
atesora la verdad.

Kuhn resume el cambio científico con el siguiente esquema:

 Un paradigma está constituido por los supuestos teóricos generales, las leyes y las
técnicas para su aplicación que adoptan los miembros de una comunidad científica.
Trabajar dentro de un paradigma implica poner en práctica lo que se llama “ciencia
normal”, que es la que articula y desarrolla el paradigma.

 En este desarrollo, surgirán problemas, fenómenos que no quedan explicados por el


paradigma. Si estas dificultades se consolidan, puede llegarse a la crisis que se
puede resolver sólo desde un nuevo paradigma.

 Cuando este nuevo paradigma rompe radicalmente con el anterior, se produce


una revolución científica.

Veamos con más detalle cada uno de los conceptos implicados en esta descripción:

El paradigma coordina y dirige la resolución de problemas y su planteamiento. Es el


modelo de hacer ciencia que orienta la investigación científica y bloquea cualquier
presupuesto, método o hipótesis alternativa. El paradigma es el soporte para la ciencia
normal. Consta de leyes y supuestos teóricos, así como de aplicaciones de esas leyes y el
instrumental necesario para las mismas. De fondo, aparece también un principio metafísico,
una concepción de la realidad y de las cosas. Un paradigma conlleva una weltanschauung.

La ciencia normal es la actividad para resolver problemas (teóricos o experimentales)


gobernada por las reglas de un paradigma. Sólo desde el paradigma se logran los medios
adecuados para resolver problemas. Los fenómenos inexplicados son anomalías,
responsabilidad del científico, no de la teoría. El científico “vive” en el paradigma.
La preciencia se caracteriza por la falta de acuerdo en lo fundamental, por el “debate” sobre
las leyes principales y los principios rectores. La ciencia normal, por el contrario, se
sustenta en un modelo compartido, en un acuerdo que sirve como punto de partida para la
investigación científica.

Surge la crisis con la existencia de anomalías, aunque sólo eso no implica una crisis
necesariamente. Cuando se afecta al fundamento del paradigma y no es superado, es
cuando el fenómeno constituiría una crisis. Las anomalías también conducen a una crisis
cuando haya necesidades o exigencias sociales, tiempo escaso, o acumulación de
anomalías. La crisis produce “inseguridad profesional marcada”: surge la duda, la
discusión, e incluso terminará formándose un paradigma rival.

Hablamos entonces de revolución; la crisis puede dar lugar a un cambio, a un “nuevo


mundo”. Los científicos rivales “viven en mundos distintos” y hay factores sociales,
históricos, económicos, culturales y religiosos que pueden propiciar que un individuo se
mantenga en su paradigma. La elección entre paradigmas rivales resulta ser una elección
entre modos incompatibles de vida comunitaria y ningún argumento puede ser lógica ni
siquiera probabilísticamente convincente. Intervienen factores personales, psicológicos. Por
tanto, la revolución es ejecutada por parte de una comunidad científica y no por un
científico particular.

En “La estructura de las revoluciones científicas”, Kuhn se plantea la naturaleza del cambio
científico. Para él, el desarrollo por reducción es incompatible con lo que en realidad ha
sucedido en la historia de la ciencia. El cambio científico es
fundamentalmente revolucionario. Las revoluciones científicas son aquellos episodios de
desarrollo no acumulativo en los que un viejo paradigma es sustituido total o parcialmente
por otro distinto incompatible con él.

Seguiremos con Kuhn en la siguiente entrada, en la que comenzaremos metiéndole un


poquito de caña.