Está en la página 1de 406

THE LIBRARY OF THE

UNIVERSITY OF
NORIH CAROLINA

THE LmRARY OF THE


UNIVERSITY OF
NORTH CAROLINA
AT CHAPEL HILL

ENDOWED BY THE
DIALECTIC AND PHILANTHROPIC
SOCIETIES

BUILDING USF ONfv


AP63
.07
Ano 11
Tomo 32
1923 Of M
Digitized by the Internet Archive
in 2014

https://archive.org/details/cubacontemporane32vela
(Síúxúmpúxánm
REVISTA MENSUAL

director;
MARIO GUIRAL MORENO

AÑO XI

TOMO XXXII
(MAYO A AGOSTO, 1923)

DIRECCION Y ADMINISTRACION:
O'REILLY, 11.
LA HABANA
CUBA
REDACTORES:
Carlos de Velasco.
(t 19 febrero 1923.)

Julio Villoldo.
José S. de Sola.
(t 6 febrero 1916.)

Max Henríquez Ureña.


Ricardo Sarabasa.
Leopoldo F. de Sola.
Francisco G. del Valle.
Enrique Gay Calbó.
Dulce M'^' Borrero de Lujan.
Emilio Roig de Leuchsenring.
Alfonso Hernández Catá.
Luis Rodríguez-Émhil.
José Antonio Ramos.
Bernardo G. Barros.
(t 20 mayo 1922.)

Juan C. Zamora.
Ernesto Dihigo.
LIBRAR Y m
i V, o?
MORTH CAROLINA

AÑO XI

Tomo XXXII. Lo Habana, mayo 1923. Núm. 125.

EL PROBLEMA FORESTAL EN CUBA

Utilidad de los montes

|ODAS las naciones progresivas han puesto limitaciones


al antiguo derecho de los dueños de los montes para
poder talarlos y arrasarlos completamente. Estas res-
tricciones modernas a la propiedad particular se hace
invocando altas conveniencias de interés público, dado que los
montes desempeñan un papel importantísimo en la física del
globo, y no es posible prescindir de su influencia bienhechora sin
alterar el régimen de las aguas, la regularidad de las lluvias, la
templanza del clima, la salubridad y la riqueza nacional.
El arbolado presta un servicio de utilidad pública importante,
y no es posible que por la legislación se consienta todavía que
los propietarios destruyan a su voluntad los bosques que poseen,
sin que haya un Gobierno que reglamente dicho derecho. Sa-
grado y justo es, sin duda, el derecho de propiedad; mas no cabe
darle tal extensión que pueda ejercitarse en perjuicio de los demás.
Si un propietario tiene derecho a exigir al vecino que arranqu3
la planta que le perjudica, ¿por qué razón no ha de poder obli-
garlo también a conservar la vida del árbol cuya desaparición le
causa un daño?
Desde que están demostradas las bienhechoras influencias de
los montes, la fiscalización de las prácticas seguidas por los partí-
6 CUBA CONTEMPORÁNEA
4*

culares que comprometen la buena conservación de las fincas fo-


restalesimpone fatalmente nuevas restricciones al derecho de pro-
piedad. El hombre que no puede incendiar su casa por el peligro
de ocasionar un daño a sus vecinos, ¿por qué razón ha de poder,
destruyendo un monte o cortándolo a mata rasa, arrojar sobre los
terrenos inferiores los desprendimientos de tierras y los arrastres
torrenciales? Por esto, la intervención oficial en las fincas de
propiedad particular enclavadas en la zona de los montes se ha
erigido ya en un principio de derecho público.
El problema del abastecimiento de agua a la ciudad de San-
tiago de Cuba se ha agravado estos últimos años por las perti-
naces y largas sequías que toda la región ha sufrido, siendo con-
secuencia de ello el empobrecimiento del caudal subterráneo de
agua existente en el Valle de San Juan, que obliga a buscar otros
ríos más lejanos para llenar esta necesidad, con el encarecimiento
consiguiente en el costo de tan importante obra. Y estas largas
sequías que han agotado los manantiales próximos a la capital de
nuestra Provincia de Oriente, son el resultado inevitable y fatal

de los desmontes y talas que desde hace medio siglo se han rea-
lizado en las sierras próximas, con la desaparición de los montes
protectores de la cuenca, siendo éste un ejemplo práctico de la
beneficiosa influencia del arbolado y de la necesidad urgente de
reglamentar la repoblación y conservación de los montes, a fin de
que no sufra el régimen de los ríos, fuentes y manantiales.
Vamos a tratar separadamente cada una de las acciones bien-
hechoras de los montes.
—La
1*^ influencia de los bosques en el régimen de las aguas
es bien notoria, y son muchos y variados los hechos prácticos que
la confirman. Los montes detienen en las copas de los árboles
gran parte del agua de lluvia, dejándola caer con suavidad cuando
están excesivamente cargados de ella; sujetan, como clavos in-
mensos, la tierra a la roca, evitando los arrastres; dan mantillo
al suelo,haciéndolo esponjoso; y oponen, con sus troncos, repetidos
obstáculos a la formación de las grandes corrientes en la montaña,
que son las que llevan las inundaciones al llano.
Cuando el aguacero descarga sobre una cuenca desprovista de
vegetac'ón, los efectos son muy distintos. El agua cae directa-
mente sobre una superficie tersa o una tierra arrastradiza, y no
EL PROBLEMA FORESTAL EN CUBA 7

encuentra obstáculo alguno que se oponga a la formación de


corrientes. Éstas adquieren, por lo tanto, gran fuerza y velo-
cidad, y si al principio se limitan a llevarse la capa superior de
la tierra, luego, ya más potentes, arrastran las piedras y cuantos
obstáculos encuentran a su paso, hasta el punto de que en las
vertientes de gran inclinación se calcula que su volumen contiene
un 30% de agua y un 70% de materiales arrastrados. Todos
los arroyuelos desaguan así en los arroyos, todos los arroyos en
el río, y como el cauce natural de éste es pequeño para recibir
tan gran aumento, su caudal se desborda, y el agua, que es elemento
de vida para los pueblos, se presenta ante ellos amenazadora, como
enemigo irreconciliable e invencible.
Las inundaciones que sufren varias regiones de España, prin-
cipalmente Málaga, Barcelona, Valencia, Almería y Murcia, son
pruebas fehacientes de la perturbación grande que ha sufrido el
régimen de los ríos de aquella nación, por haber sido destruidos
los bosques que cubrían antes sus escabrosas cordilleras. No se
limita a esto el daño causado por las talas y los descuajes: mu-
chas son las fuentes situadas en la falda de la montaña o en el

fondo del valle, que se ciegan por haberse destruido los montes
que coronaban sus vertientes, y el caudal de los ríos se empobrece,
porque las grandes avenidas que lanzan brusca y rápidamente al
mar el agua de lluvia, han de debilitar necesariamente el curso
normal de dichas corrientes.
Como ejemplo notable de un río empobrecido en su régimen,
puede citarse el caso del Tajo, en España. Este río y sus afluen-
tes tuvieron en otro tiempo una regularidad de la que no es po-
sibleformar hoy concepto, pero que está demostrada por docu-
mentos auténticos, de veracidad indiscutible. El célebre ingeniero
Antonelli relata en sus cartas el viaje que, en febrero de 1582,
hizo de Lisboa a Madrid navegando por dicho río, cuando sus
riberas eran célebres por su frondosidad. La radical diferencia
entre los frondosos montes existentes en la España de aquella
época y las peladas sierras de hoy, explica perfectamente la per-
turbación que ha sufrido el régimen de los ríos de esta nación.
— La
2"' influencia local de los montes para favorecer la regu-
lación de las lluvias es el único de los beneficios que aun es objeto
de controversia científica, no ciertamente porque no haya razones
8 CUBA CONTEMPORÁNEA

poderosas que la demuestren, sino por la dificultad de separarla


de la influencia ejercida por el relieve del suelo y de la causa
general de la producción de las lluvias. Pero la dificultad de
precisar con hechos concretos la importancia de esta influencia,
no es obstáculo para que el razonamiento la señale concretamente.
La lluvia es un fenómeno físico, fácilmente explicable, recor-
dando que el calor dilata los cuerpos y el frío los condensa, y que
cuanto más vapor de agua tenga un espacio determinado, menos
cantidad necesitará de él para saturarse, o, lo que es lo mismo,
para resolverse en las gotas de agua que constituyen la lluvia.
Además, no debe olvidarse que el ambiente de los bosques es
mucho más húmedo y frío que el de las tierras desprovistas de
arbolado, a causa del vapor de agua que las hojas lanzan a la at-
mósfera, robando al espacio que las rodea el calor necesario para
la evaporación.
Con estos hechos en la memoria, sólo queda por añadir que
las corrientes de aire cargadas de humedad al cruzar el ambiente
frío y húmedo de los bosques se resuelven muchas veces en suave
lluvia; pero que si, en cambio, encuentran una atmósfera seca y
abrasada, se dilatarán prolongando las sequías, o formarán nubes
excesivamente cargadas de humedad en medio de un espacio seco,
lo que origina ese estado eléctrico especial que es indudablemente
la causa principal de la violencia de las grandes tormentas.
No faltan hechos concretos que confirman la influencia de los
montes en la producción de las lluvias. Además del ejemplo an-
tes citado de la cuenca que surte actualmente de agua a la ciudad
de Santiago de Cuba, puede mencionarse lo ocurrido en el Valle
de Orizaba (México). Hace unos treinta años gozaba esa región
de un clima sumamente saludable y uniforme, distinguiéndose su
atmósfera por el alto grado higrométrico, razón por la cual, así
como por sus abundantes y regulares cursos de agua, se estable-
cieron en Cantón de Orizaba importantes establecimientos in-
el

dustriales de hilados y tejidos del país. Desde hace unos diez


años, y a medida que se fueron talando los bosques de la serranía
o cuenca hidrográfica superior, el clima de la región se ha con-
vertido en irregular o extremoso, y la humedad atmosférica ha
disminuido a tal extremo, que las fábricas tienen que darla arti-
ficialmente por esparcimiento de vapor de agua en sus talleres,
r

EL PROBLEMA FORESTAL EN CUBA 9

para mantener la buena calidad de sus productos, siendo así que


antes de las talas de los montes de la cuenca dicha humedad era
natural en la atmósfera. Los ríos de la región se han convertido
en torrenciales, disminuyendo en más de una tercera parte el

caudal de los permanentes; las condiciones de salud en el país


se han empeorado, y la degradación de los terrenos de la cuenca
superior es que las quiebras o repliegues antes cubiertas de
tal,

arbolado, han convertido en barrancas deleznables, y todos


se
esos arrastres están empobreciendo los terrenos del Valle de Ori-
zaba, que antes eran los más ricos del Estado. Estos males se
han agudizado tanto, que los grandes industriales de la región han
dirigido con frecuencia solicitudes al Gobierno Federal de aquella
nación pidiendo se provea el remedio de los daños causados por
los desmontes.
39 —La influencia de los montes para templar los rigores del
clima, es un hecho científicamente demostrable. Para ello basta

recordar que la tierra absorbe calor durante las horas del día y lo
pierde por la noche merced al fenómeno llamado de radiación.
Estas dos acciones se atenúan grandemente por la humedad del
aire y por la vegetación; la primera porque el vapor de agua ab-
sorbe los rayos térmicos y es causa de que no llegue a la tierra
todo el calor solar, impidiendo que la caldee excesivamente, además
de evitar que dicho calor se irradie rápidamente cuando el astro
del día se oculta tras del horizonte; y la vegetación produce aná-
logos efectos, pues obra a manera de una gran cubierta protec-
tora extendida sobre la tierra, siendo así que las copas de los
árboles detienen durante el día los rayos solares y no les permiten
llegar al suelo, mientras que por la noche se oponen a que atra-
viesen el espacio los rayos caloríficos que emite la tierra por el
citado fenómeno de radiación.
En un
país seco y desprovisto de vegetación, el tránsito del
día a la noche es muy brusco, pudiendo citarse el caso del de-
siertode Sahara, en donde de temperaturas muy frías durante la
noche se pasa a otras alrededor de 45° en el término de veinti-
cuatro horas.
Resulta así que cuanto más húmedo esté el ambiente y más
cubierto de árboles el suelo, más se atenuará esta diferencia de
temperatura, y de ahí el importantísimo papel que en este par-
10 CUBA CONTEMPORÁNEA

ticular desempeñan los montes, los cuales tienen realmente el

poder de almacenar calor durante las horas en que se produce con


exceso, y de devolverlo en gran parte lentamente cuando desciende
la temperatura, por lo que su efecto es distinto y siempre favo-

rable; contra los ardores del calor, proporcionan sombra, y contra


los rigores del frío, forman una cubierta protectora. Por esto
el caminante lo mismo encuentra apacible descanso a la sombra
de un bosque durante las horas del sol, que a su abrigo en las

noches destempladas o frías.

Esta acción de los montes no queda limitada a la reducida


extensión que ocupan, sino que influye en los alrededores de los
mismos, por las corrientes de aire que entre unos y otros se es-
tablecen, de lo que proviene la influencia local que ejercen en los
poblados próximos y caseríos inmediatos. Ejemplo elocuente de
esta influencia es lo ocurrido en Madrid, la capital de España.
Su clima actual es extremado y riguroso en invierno y en verano,
sin primavera la mayor parte de los años, siendo muchos los
días en que sus habitantes sufren en el reducido espacio de una
hora, calor y frío; y cuando todavía les parece que despide fuego
la tierra, sienten que les azota el aire helado del Guadarrama.
La causa de estos males radica en la falta de arbolado que se
nota en los alrededores de Madrid, que en épocas pasadas gozó
de un clima templado y benigno merced a tener sus contornos po-
blados de vastísimos bosques, y esta suavidad de su ambiente fué,
precisamente, una de las razones que hubo para trasladar la Corte
a dicha ciudad.
49 —La acción eficaz de los montes para mejorar la salubridad
pública se funda en la influencia que ejercen sobre el clima, y
también en que purifican el ambiente y sanean el suelo.
Bajo la acción de la luz, los vegetales absorben el ácido car-
bónico que envenena el ambiente, y exhalan oxígeno, que es el
principal elemento de vida para nuestros pulmones. Otros cuer-
pos perjudiciales a la salud, talcomo el amoniaco, son también
asimilados por los árboles; de modo que el ambiente de los mon-
tes es, indudablemente, más sano que el de las poblaciones, en
donde existen muchos focos de infección, tales como la aglome-
ración de los habitantes, el polvo de las calles, las emanaciones
EL PROBLEMA FORESTAL EN CUBA 11

de las cloacas, el humo de las chimeneas etc., que son la causa


principal de tan notable diferencia en la pureza del aire.
Las especies resinosas, que son las que cubren la mayor parte
de la superficie de nuestra Isla de Pinos, despiden perfumes bal-
sámicos, cuya base es la trementina, tan recomendada hoy para
diferentes enfermedades, y es ésta una de las causas a que debe
dicha Isla sus admirables condiciones de salubridad, que la han
hecho famosa y centro de temporadistas que a ella acuden para
curar sus males.
Esta influencia positiva de los montes en la pureza del aire
que los rodea, ha hecho que los ingleses llamen a los parques
arbolados los pulmones de las ciudades.
Pero, además, los árboles tienen un poder asombroso para pri-
var al suelo de sustancias nocivas a la salud y convertirlas, en el
laboratorio de sus tejidos y jugos, en elementos de vida y de
higiene. Los focos de infección a través de sus filtros maravi-
llosos se cambian en balsámicos y salutíferos perfumes, de igual
modo que algunas plantas de jardín transforman en olorosas y
delicadas fiores el hediondo estiércol en que asientas sus raíces.
El Dr. Ebermayer y su ayudante el Dr. Baumann afirman que des-
pués de numerosas experiencias no han encontrado en el suelo de
losmontes ninguna bacteria patógena de las que tanto abundan
en las poblaciones, en los campos y en los terrenos de huerta,
principalmente si están abonados, bacterias que cuando se seca el
suelo pasan al aire y las absorbemos al respirar.
Donde aparece más claramente confirmado que los montes
oponen siempre una valla infranqueable a la propagación de las
epidemias, es en la India. Allí se ha visto que las casas de campo
y las aldeas rodeadas de montes o de muchos árboles no eran
atacadas por el cólera, que estaba haciendo numerosas víctimas en
pueblos próximos completamente desarbolados; que la epidemia
apareció en algunos sitios en cuanto se talaron los bosques que

y que los destacamentos que acampaban en el interior


los cubrían,
de extensos montes durante la propagación de la epidemia, no
sólo se veían libres de ella, sino que se conservaban en perfecto
estado de salud.
La influencia comprobada de los montes en la salubridad pú-
blica por su doble acción en el aire y en el suelo, ha hecho que
12 CUBA CONTEMPORÁNEA

desde antiguo se hayan preconizado los parques y las filas de


árboles en las poblaciones y se haya considerado saludable la vida
de los montes. De aquí también que se aconseje el estableci-

miento de los sanatorios en sitios próximos a los bosques, prin-


cipalmente de especies resinosas.
Los perniciosos efectos de la destrucción de los bosques cons-
tituyen un mal general de todos los países en que ella se practica,
puesto que entraña el desquilibrio en las condiciones biológicas
naturales. Estos efectos son aún más graves en las regiones me-
ridionales e intertropicales y de suelo accidentado, pues las ele-
vadas temperaturas y una distribución de lluvias o de humedad
atmosférica, no permanente como la de las regiones septentrio-
nales, sino periódica, favorecen la destrucción total de la vegeta-
ción y hacen más intensos los efectos torrenciales de los desmontes.
Así se ven países que en otro tiempo fueron los más prósperos
de la Tierra, convertidos hoy en pobres y miserables al faltarles

la vegetación forestal protectora de sus zonas montañosas, y como


consecuencia inmediata la inclemencia climatológica, molestísima
e insalubre para la vida de los pueblos, la carencia de agua, aun
para las necesidades más urgentes, y el empobrecimiento del suelo,
incapaz de producir por los cultivos los elementos de nutrición
indispensables para el sostenimiento de la sociedad humana.
Tal es el cuadro que presentan hoy los países que fueron la

cuna o el emporio de las civilizaciones antiguas de Europa, Asia


y África, en los tiempos inmediatamente anteriores y posteriores
al nacimiento del Cristianismo. Las riquísimas regiones del Asia
y de la Turquía Europea a que se refieren la Biblia y los antiguos
clásicos griegos y romanos son en gran parte hoy día, desiertos
inhabitables o regiones miserables por el efecto del empobreci-
miento del suelo que la desaparición de los árboles trajo consigo.
El Norte del África, que fué asiento de poblaciones importantes
y poderosas en tiempo de los romanos, y que por su vigorosa ve-
getación forestal, en la serranía del Atlas desde Marruecos hasta
el Egipto, tuvo contenido el desierto de Sahara en límites muy
hacia el interior del Continente africano, convirtióse después, con
la destrucción de los bosques de aquellas cordilleras, en país de
escasísimos recursos, desapareciendo ciudades tan grandiosas como
Tigda, al verse privadas del agua, abrasadas por un sol candente
EL PROBLEMA FORESTAL EN CUBA 13

y resecador, y hundidas finalmente en el polvo que arrastraron


los vientos de los terrenos del contorno desprovistos de vegetación.
El desierto de Sahara, rota y deshecha la barrera que le oponía el
arbolado de la Sierra del Atlas, fué invadiendo riquísimos terrenos
y llevando por todas partes la muerte y la desolación, al punto
que el Gobierno francés, tanto en Argelia como en Túnez, ha
tenido que realizar titánicos esfuerzos por medio de repoblaciones
forestales, en condiciones onerosísimas, para luchar pontra el

avance de los desiertos.


Igual lucha llevan a cabo los Gobiernos de los otros países
que completan la cuenca del Mediterráneo y del Adriático para
salvar de la miseria las extensas regiones empobrecidas por la
destrucción de los bosques; y así vemos la admirable labor que
los mismos franceses montañas de los Alpes,
realizan en las Pi-
rineos y Cevenes, la que emprendieron los austriacos en la
se-
rranía del Garzo, la efectuada por los italianos en sus Alpes y
Apeninos; siendo incapaces los escasos recursos de los Gobiernos
de Grecia, de los Estados Balcánicos, de Turquía y aun de España,
para volver la vegetación a sus empobrecidos terrenos, que fueron
en tiempos antiguos de los más ricos y florecientes del mundo.
La Historia nos enseña, pues, que la conservación de los bos-
ques es una necesidad para el equilibrio biológico y económico
de los pueblos, habiendo pasado a tener la categoría de axioma
esta gran verdad entre los economistas y hombres de Estado mo-
dernos. Sin regularidad en el las lluvias, con un
régimen de
clima grandemente perturbado y con frecuentes inundaciones que
arrasan campos y fábricas, la agricultura ha de arrastrar una vida
lánguida y la industria ha de estar en peligro, no sólo por la ac-
ción violenta de las inundaciones, sino también por la falta de un
caudal de agua abundante y regular que mueva sus máquinas.
Importa insistir acerca de los daños que a la agricultura causa
la irregularidad en el régimen de los ríos y arroyos. Cuando las
aguas proceden de abruptas y desnudas cordilleras, descienden
cargadas de materiales de acarreo, y su propia violencia las lleva
a separarse de su curso natural, en contraposición a lo que ocurre
cuando las sierras están cubiertas de arbolado, pues entonces las
aguas bajan limpias y suaves al llano, ciñéndose a los cauces que
la naturaleza y el hombre les trazaron. Resulta así que en los
14 CUBA CONTEMPORÁNEA

países desprovistos de montes, las aguas asurcan los terrenos que


atraviesan, arrancándoles su capa de tierra vegetal, y siguen au-
mentando su pesada carga hasta que encuentran un terreno llano
en que depositarla, originando de este modo un doble daño, por-
que la tierra pasa de un lugar donde hace falta a otro donde
sobra. El cuadro final de este fenómeno es que grietas enormes
surcan las pendientes, impidiendo el cultivo y poniendo en algunos
sitios la roca al descubierto, a la par que extensas masas de ma-
teriales de acarreo cubren los campos del llano, marcándolos con
un sello de espantosa esterilidad.
Si la naturaleza geológica del suelo hace que los arrastres no
tengan la violencia que acabamos de describir, no por esto de-
jarán de ser menos temibles. Su acción es más lenta, pero más
traidora; tal vez pase inadvertida a los mismos que sufren sus
consecuencias, pero si no se acude a detenerla, irá de día en día
disminuyendo el espesor de muchas tierras y acabará por poner
en ellas la roca al descubierto.
Las ligeras explicaciones que acaban de hacerse y los hechos
históricos que las confirman, han elevado las beneficiosas in-
fluencias de los montes al grado de verdades universalmente ad-
mitidas, destacándose en el reconocimiento de estas influencias
naciones que, como los Estados Unidos de Norte América, Ale-
mania, Abisinia y Suiza, tienen situaciones geográficas, hábitos
nacionales y formas de gobierno completamente distintos.

Superficie forestal necesaria.

Pasando revista a los diferentes países europeos, encontraremos


que, en efecto, aquellos que han sabido conservar su riqueza fo-
restal y atender el cultivo del suelo, no sufren miseria en condi-
ciones normales de vida, excluyendo desde luego las actuales cir-

cunstancias. Fijándonos en la superficie que las distintas naciones


tienen cubiertas de bosques en relación con su total territorio,
vemos que Suecia alcanza el 46%, la antigua Rusia europea (in-
cluyendo Finlandia) tiene el 39%, Servia posee el 38%, Bul-
garia el 30%, Alemania el 26%, Suiza el 20%, Francia y Bél-
gica el IS% cada una, Italia el 14%, España el 10%, los Países
Bajos el 8%, Portugal el Q% y la Gran Bretaña e Irlanda el 4%.
EL PROBLEMA FORESTAL EN CUBA 16

Estas diferencias notabilísimas de una nación a otra no señalan


realmente distintos criterios, porque los montes no son necesarios
en todas partes, sino que tienen su zona propia, pudiendo decirse
en términos ¿enerales, que cuanto más quebrado es el territorio de
un país, mayor extensión del mismo ha de estar bien cubierta de
monte. Así por ejemplo, el Gobierno inglés no ha tenido que
ocuparse en la metrópoli de la cuestión forestal, porque la especial
topografía de las Islas Británicas, escasas de serranías elevadas,
su constante humedad y temperatura, resultado de la corriente de
aire de los trópicos que a ellas llega y que conserva la vegeta-
ción espontánea del suelo, ha hecho mirar con indiferencia los
productos forestales, tanto más cuanto que con un subsuelo tan
repleto de carbones minerales no necesitan de los montes, bastán-
dole para atender a las funciones higiénicas asegurar el arbolado
de los parques de las grandes poblaciones y crear para sus Colo-
nias un numeroso personal técnico que atiende este servicio fores-
tal. En cuanto a los Países Bajos y Dinamarca, cuya superficie
de bosques no llega al 8% de sus respectivos territorios, son paí-

ses llanos en que sus mayores altitudes sólo alcanzan a 210 y 180
metros, respectivamente, por lo que, según se comprenderá, no
reclaman la cubierta protectora de los montes.
Para asegurar el equilibrio biológico y económico de los pue-
blos, se considera necesario que cada nación conserve un área fo-
restal no menor de la tercera parte de su territorio, o sea el 33%
de su total superficie.

Según una estadística practicada recientemente, y sin que pue-


da garantizarse la exactitud completa de sus cifras, diremos que
las superficies forestales de Cuba, expresadas en caballerías, son
como sigue:

Monte alto 92,363


Monte bajo 30,415
Ciénagas, manglares, & 13,070

Total 135,848

Dado que nuestro mide 114,524 kilómetros cuadra-


territorio
dos, o sea 847.480 caballerías, que sólo tenemos cubier-
resulta
tos de bosques el 16% del mismo. Tan pavorosa consecuencia
16 CUBA CONTEMPORÁNEA

indica que se impone la necesidad de conservar los montes que


nos quedan y de procurar la más pronta repoblación forestal de
aquellos terrenos que son impropios para el cultivo.
La prosperidad del suelo cubano hay que buscarla en el au-
mento de riqueza dentro del cultivo propio de cada zona, decla-
rando guerra sin cuartel a la sabana e intensificando el rendi-
miento forestal. Hay que atender los montes públicos a fin de
que, sin ser destruidos, produzcan beneficios al Tesoro nacional,
mediante una científica ordenación dasocrática, dado que es un
hecho comprobado que los rendimientos de los montes aumentan
considerablemente al someterlos al régimen de la ordenación, que
aviva sus energías poniendo en producción todos sus elementos
de vida. La comparación entre el valor de los aprovechamientos
de los montes antes de ordenarse y después de iniciado el plan
especial con arreglo a tan útiles estudios, acusa diferencias muy
notables que se han observado en los países donde se practica la
Dasocracia. Así, en España se han visto montes que antes de ser
ordenados producían por hectárea 1.96 pesetas, y después de la
ordenación subía la renta a 9.08 pesetas por igual superficie.
Comprendiendo esta inmediata necesidad, el Gobierno cubano
ha dictado en fechas recientes, los Decretos números 1831, de 16
de diciembre de 1922, y 21, de 6 de enero de 1923, los cuales
tienden a considerar los montes del Estado como reservas fores-
tales, puesto que en ellos sólo se permitirá la explotación me-
diante una ordenación científica que indique la posibilidad sus-
ceptible de rendir el monte al año, a P.n de que éste no se des-
truya y se conserve indefinidamente. Hay que
considerar que
sólo en los terrenos de propiedad nacional puede haber garantía
completa de que los bosques, sometidos a un régimen forestal
adecuado, no desaparezcan, pues en los de propiedad particular
hay el constante riesgo de la destrucción, dado que es siempre
tentador para los actuales dueños aprovechar en su totalidad el
valor o riqueza que contiene el monte, preocupándose muy poco
del bien de los que les sucedan; mientras que el Gobierno de una
nación, al ser imperecedero y estar imbuido de la importancia
que por tantos conceptos entraña la conservación de las zonas
forestales de propiedad nacional, puede protegerlas conveniente-
mente. De aquí que todas las naciones más adelantadas y jui-
EL PROBLEMA FORESTAL EN CUBA 17

ciosas tengan importantes reservas de bosques de propiedad del


Estado y que tiendan a aumentarlas cada vez más.
Siendo necesario de momento elevar en Cuba la proporción
de área forestal hasta que dicho factor alcance del quinto al tercio

de su suelo, es evidente que los terrenos montañosos pertenecientes


al Estado deben dedicarse a bosques nacionales, sometidos a un

régimen forestal apropiado, a fin de garantizar la conservación


indefinida de un tanto en la proporción del área forestal necesaria
para el país, y no menor esa extensión que la tercera parte del
área de éste, pues si en los países europeos se la juzga así indis-
pensable, con tanta mayor razón lo será en el nuestro, que tiene
zonas bastante montañosas y que, a causa de su situación geo-
gráfica, está sujeto a un régimen de lluvias torrenciales periódicas,
por lo que entra en la categoría de los países que requieren una
protección especial para sus montes.

Legislaciones forestales extranjeras.

Si los bosques del Estado fuesen suficientes para garantizar


la necesaria proporción del área forestal del país, de modo tal que
llenara con eficacia su papel importantísimo en el equilibrio bio-
lógico y económico, sería entonces innecesario que la Ley exi-
giera determinadas restricciones al terrateniente particular en el
libre uso de su propiedad forestal, pues bastaría entonces con que
el Estado atendiese en debida forma la conservación de sus mon-
tes; pero aquello no acontece en nuestro país, siendo reducida la

extensión de terrenos de propiedad nacional existentes en zonas


donde sus bosques puedan ejercer la influencia debida en la cli-
matología, hidrología y riqueza del suelo. En cambio, gran parte
de bosques de propiedad particular o de terrenos de igual ca-
tegoría apropiados a la selvicultura, son de todo punto indis-
pensables para el mantenimiento del área forestal del país, de
donde resulta necesario someter dichos bosques o terrenos mon-
tuosos a un régimen forestal adecuado, que garantice la conser-
vación del arbolado, así como su restauración.
Conocido y sancionado que por razones de interés público
está,
se restringen los derechos de la propiedad urbana particular o su
libre uso, impidiendo en los poblados y ciudades levantar edificios
18 CUBA CONTEMPORÁNEA

que no llenen determinados requisitos de higiene privada y pú-


blica; se destruyen bienes de propiedad particular como nocivos
a la salubridad, y aun se coarta la misma libertad personal, que
es el primero y más sagrado de los derechos del hombre, por ra-
zones de higiene u otros intereses públicos, por medio de cuaren-
tenas, aislamientos, etc.; se prohibe al ciudadano portar armas de
fuego sin la correspondiente licencia; se impide la destrucción de
ciertas especies de animales y se regula la caza de otras, no per-
mitiéndola más que en determinadas épocas del año. Con tanta
mayor razón deben imponerse restricciones al libre uso de la pro-
piedad forestal, cuando está demostrado científica y experimental-
mente que el abuso de ese derecho trae para la comunidad males
gravísimos, que significan no sólo pérdida de riqueza y miseria
general, sino también profunda alteración de los elementos na-
turales para la vida individual y de la sociedad.
Así lo han comprendido casi todas las naciones de Europa y
América, dictando disposiciones que regulan la intervención ofi-
cial en las fincas forestales de propeidad particular y señalando
de hecho una limitación a ésta en beneficio de la comunidad.

Véanse las legislaciones forestales de Suiza, Francia, Alemania,


Bélgica, Italia, Austria, Hungría, España, Suecia, Inglaterra, Por-
tugal, Chile, Brasil, Venezuela, Colombia, Argentina, Nicaragua,
Santo Domingo, y se comprobará que es ya un principio de de-
etc.,

recho público la intervención oficial en las fincas de propiedad


particular enclavadas en las zonas de los montes.
Basta un ligero examen de estas legislaciones para convencerse
de que una nación tan liberal como Suiza estimula de manera
eficaz a los particulares para la repoblación y buena conservación
de sus montes, y que limita además su derecho de propiedad.
La ley federal suiza de 10 de octubre de 1902 puede citarse como
modelo de esta clase, siendo uno de sus principios fundamentales
auxiliar a los particulares para que abran caminos de saca en
sus montes, auxilio que al propio tiempo que es de gran impor-
tancia para el dueño de la finca, desenvuelve la riqueza pública,
dando valor a los productos forestales y haciéndolos accesibles
al mercado.
La ley francesa de 4 de abril de 1882, relativa a la repoblación

y conservación de terrenos montuosos, establece que en los mon-


EL PROBLEMA FORESTAL EN CUBA 19

tes particulares el Estado ño tiene más que derechos de vigi-


lancia para evitar principalmente los desmontes, y ningún propie-
tario puede roturar sus fincas forestales sin una declaración previa,
estando la Administración investida de la facultad de oponerse a
ello, en interés: 1', del sostenimiento de las tierras en las mon-
tañas y vertientes; 2*?, de la defensa del suelo contra las erosiones
y el desbordamiento de los ríos, arroyos y torrentes; 3-, de la

existencia de las fuentes y cursos de agua; 4^, de la protección


de las dunas y de las costas contra las erosiones del mar y la

invasión de las arenas; 5'=*, de la defensa del territorio en la zona


fronteriza; y 6", de la salubridad pública.
En Alemania no existe una legislación forestal común, sino
que cada Estado tiene leyes especiales, si bien predominan dos
sistemas: el primero es el de la soberanía del Estado, con acción

y procedimiento, más o menos rigurosos, sobre la totalidad de


los montes del país; el segundo, que se inspira en el espíritu de

la ley francesa de 1859, es el de la libertad, a reserva de esta-


blecer prohibiciones en determinados casos, es decir, para los
montes llamados de protección. Sobre todos los montes particu-
lares de la zona forestal grava la prohibición de transformarlos

y desvastarlos, siendo obligatoria su repoblación. La intervención


en la ordenación y los aprovechamientos se ejerce sólo en los
montes protectores.
En la antigua Prusia eran muy rigurosas las Ordenanzas, que
prohibían a los particulares abusar de sus montes, tratándolos de
modo contrario a los principios forestales. Estos preceptos con-
servadores cayeron en desuso, y el edicto de cultivos de 14 de
febrero de 1811 determinó que el Estado no tiene ningún derecho
de vigilancia sobre los montes. Pero, impresionado después el

Gobierno Prusiano por los grandes daños ocasionados por la des-


trucción de los montes en ciertas regiones, trató de remediarlos
en la segunda mitad del siglo XIX y el 6 de julio de 1875 se

promulgó la ley para la Conservación y creación de los montes


de protección y la constitución de Asociaciones forestales. Los
propietarios, usuarios y colonos de los montes de protección, pue-
den estar obligados a practicar su labor con las restricciones re-
conocidas por la ley, y a ejecutar los trabajos de protección y
que les sean ordenados. La ley enumera
los cultivos forestales
20 CUBA CONTEMPORÁNEA

los casos en que pueden imponerse estas obligaciones, o sea cuando


hay peligro de invasión de las arenas, arrastres de materiales por
los torrentes, erosiones, perturbación del régimen de las aguas

y daños causados por los vientos. El propietario debe contribuir


a los gastos de los trabajos que se le impongan, y tiene derecho a
indemnización en el caso de que sufra perjuicio pecuniario. Co-
rresponde pedir la ejecución de estos trabajos:
19 —A todo individuo amenazado. Si el propietario de un te-

rreno estima que la roturación de un monte situado en la parte


alta ocasionará el aterramiento de su que el viento cause
finca, o

daño a sus cultivos, puede pedir que se impongan restricciones al


dueño del mismo.
29 —A las Autoridades locales, Municipios, Sociedades o Aso-
ciaciones comunales.
39 —A las Autoridades administrativas de la región.
Como los montes, a causa de las divisiones por herencias o
ventas en lotes, se fraccionan de tal modo que se hace imposible
su ordenación, y como la gestión de un predio forestal no puede
dar resultados útiles sino teniendo gran extensión, se pensó en la
reunión de parcelas formando sus poseedores una Asociación, en
la forma que dispone el título III de la ley de 6 de julio de 1875.
En el Estado de Baviera se autorizan las roturaciones de montes
particulares cuando se reúnan las tres condiciones siguientes:
— Que las superficies roturadas se dediquen a cultivos de
mayor utilidad, como campos, viñas, prados, etc.

—Que
29 la existencia del monte no sea necesaria para la pro-
tección contra los accidentes naturales.

— Que
39 los que tengan algún derecho en el monte hayan
consentido en la roturación.

Los montes necesarios para la protección contra los accidentes


naturales son:
19 —
Los situados en las cuerdas y crestas de las montañas,
sobre rocas escarpadas, en las pendientes y en situaciones aná-
logas.
29 — Los situados en las pedrizas y terrenos sueltos de las
altas montañas y en todos aquellos en que el estado montuoso
concurra a impedir desprendimientos de tierras, aludes y los efec-
tos destructores del viento.
EL PROBLEMA FORESTAL EN CUBA 21

3*? —En las regiones donde la conservación del monte impide


la invasión de las arenas o asegura el caudal de las fuentes y
manantiales y la regularidad de las corrientes de agua.
Es obligatoria, en Baviera, la repoblación de los claros y cal-
veros en el plazo designado por la Administración forestal, incu-
rriendo en responsabilidad el propietario que así no lo haga y

ejecutándose en tal caso a su costa la repoblación. Las cortas a


mata rasa, o las que por su repetición causen el mismo efecto,
están prohibidas, salvo autorización especial y mediante condi-
ciones impuestas por la Administración.
En Wurtemberg el Ejecutivo zona forestal y para ello
fija la

tiene en cuenta la necesidad de evitar los deslizamientos de te-


rrenos y otros accidentes naturales. Si un propietario prescinde
de las reglas establecidas y pone en peligro el suelo del monte,
la Administración está autorizada para imponerle la limitación
temporal en el libre uso y disfrute de sus fincas, siendo esta me-
dida en las leyes alemanas la de mayor restricción al derecho de
propiedad.
En Badén, no puede hacerse roturación, corta a mata rasa o
corta muy intensa, sin permiso de la Administración forestal, que
no lo niega si es evidente que ha de verificarse la repoblación de
las superficies denudadas. Existen prescripciones referentes al

aprovechamiento, y si un monte es tratado con tal desorden que


sea de tem.er la destrucción de su vuelo, pueden prohibirse los
procedimientos empleados, así como en caso de operaciones con-
trarias a las prescripciones de la Ley, puede monte del propie-
el
tario contraventor ser sometido temporalmente régimen forestal,
al
aplicándosele en tal caso las disposiciones que rigen para los
montes públicos.
Las deplorabilísimas operaciones de desmontes verificadas en
Austria hacia la mitad del siglo XIX, dieron por resultado que se
prohibieran' las roturaciones y que sin previa autorización no pueda
ser transformado ningún predio forestal para destinarlo a otros
fines. Es interesante conocer las medidas de carácter general
adoptadas por el legislador austriaco en su Código forestal de
1852 al preocuparse de poner remedio a
la despoblación de los
montes, y al aumentar después las restricciones a la libre dispo-
sición de los productos del monte, obligando a los propietarios a
22 CUBA CONTEMPORÁNEA

la previa declaración para verificar ciertas cortas y aun a la prác-


tica de la ordenación, como lo establece la ley de 7 de agosto
de 1895.
Así vemos que el tratamiento abusivo, que puede comprometer
el porvenir del monte, está prohibido, lo mismo que la roturación,

y castigado con iguales penas, y si por consecuencia de los abusos


cometidos es imposible la repoblación, la multa es máxima. Los
montes altos situados en el límite de la vegetación forestal deben
ser tratados solamente por método de cortas por entresaca.
el

Los situados en las pendientes de las montañas o en las orillas no


peñascosas de los ríos y arroyos, deben ser tratados de modo que
no se produzcan derrumbamientos ni erosiones, no pudiendo ex-
traerse las cepas sino cuando se hayan tomado las medidas nece-
sarias para que esté localizada la denudación. Si por ciertas ex-
plotaciones son de temer devastaciones en los predios inmediatos,
está obligado el propietario de un monte a sostener una faja pro-
tectora o cortina de 37 metros de anchura, en la que sólo se pueden
verificar cortas por entresaca. Si una corta a mata rasa, hecha
en ex'jensas superficies y en laderas muy pendientes de gran-
des altitudes, puede producir la esterilización del suelo, las
cortas deben localizarse por fajas alternas o hacerse por entre-
sacas, y es obl'gatorio repoblsr inmediatamente las superfic'es
denudadas. Los montes particulares pueden ser puestos en bandos
o edictos por interés público, y entonces se imponen limitaciones
muy importantes al disfrute del propietario, si bien éste tiene
derecho a indemnización.
La ley de 1879 dictada en Hungría tiene un carácter franca-
mente conservador y ha sido visiblemente inspirada por el pe-
ligro creciente de la desaparición de los montes. La roturación
quedó prohibida en absoluto, sin que se pueda autorizarla en los
montes de protección. La roturación ilícita se castiga con una
multa importante, siendo además obligatoria la repoblación en un
plazo variable, que no ha de exceder de seis años. En los montes
de protección no basta que el propietario se abstenga de la rotu-
ración, pues queda obligado a obtener del Departamento de Agri-
cultura el plan de aprovechamientos que ha de aplicar a su pred'o,
siendo de gran importancia esta servidumbre que implica la in-
tervención absoluta de la Administración en la gestión de las fincas
EL PROBLEMA FORESTAL EN CUBA 23

particulares, no pudiendo los propietarios disponer de los produc-


tos menudos de sus montes, tales como hojas secas, hierbas, mus-
gos, etc. No sólo están prohibidas la roturación y las cortas a
mata rasa, sino que en terrenos desnudos y necesitados de arbo-
lado es obligatoria la repoblación, siendo el Ministerio el que de-

signa las superficies que han de ser repobladas, a propuesta del


Comité Administrativo y del inspector forestal, oídos los princi-
pales interesados. Esta repoblación debe verificarse, no por el
dueño del terreno, sino por los de las propiedades que en primer
lugar se aprovechan de la protección que ha de dispensar. El
propietario de las parcelas que han de repoblarse puede hacer a
su costa los trabajos, y, si renuncia a ellos, debe organizarse entre
los propietarios interesados en los trabajos de defensa una Aso-
ciación obligatoria, cuyo funcionamiento detalla la ley, y que le
concede el derecho de expropiación.
La ley húngara, siguiendo el procedimiento establecido por la
suiza de 1876, ha dividido los montes del país en dos zonas: una
de llanura, donde los montes particulares están completamente li-
bres de las obligaciones impuestas por la ley, con la excepción de
algunas restricciones en los terrenos de arena movediza o que no
pueden destinarse a otros cultivos; y otra, donde está reconocida
la necesidad de conservar el estado montuoso y en la que se su-
jetan las propiedades particulares a las limitaciones antes indi-
cadas, por razón de pertenecer a la zona peligrosa.
El Estado húngaro favorece la repoblación, distribuyendo gra-
tuitamente semillas y plantas, adelantando los gastos de repobla-
ción cuando los particulares o Asociaciones no disponen de medios
pecuniarios suficientes para ejecutar los trabajos, y concediendo
indemnizaciones iguales a la diferencia entre los gastos que se
imponen a los propietarios por la repoblación obligatoria y los
beneficios que produzca esta operación. Al propietario de un pre-
dio repoblado por otros, se le reserva un plazo de seis años, a
partir de la terminación de los trabajos, para recobrar su pro-
piedad, debiendo reembolsar los gastos de expropiación y repo-
blación, bonificados con los intereses del 5%, con derecho a hacer
el pago por anualidades en un plazo de diez años a lo más.
En España se dictó la Ley de 24 de junio de 1908 para la
conservación de montes y repoblación forestal, así como el Re-
24 CUBA CONTEMPORÁNEA

glamento de 8 de octubre de 1909; disposiciones ambas íntima-


mente relacionadas conla ley suiza de 1902, la cual se adaptó en

lo posible a dicha nación. Necesidades posteriores, originadas por


las talas inmensas que se llevaron a cabo durante la guerra eu-
ropea de 1914 a 1918, dieron motivo a la Ley de defensa de
bosques de 24 de julio de 1918, que restringió aún más los de-
rechos de los dueños de los montes, prohibió la corta de varias
especies maderables y fijó los diámetros mínimos que debían
tener los árboles para ser admisible su corta.
Fué Chile una de las primeras naciones del Continente ame-
ricano que fijó su atención en la necesidad que tienen las co-
munidades de poseer bosques, pues su Ley de 13 de junio de
1S72, así como el Reglamento para su ejecución de 3 de mayo
de 1873, prohiben cortar árboles y arbustos en los lugares donde
existen o aparecieren vertientes en una distancia de cuatrocientos
metros arriba de los manantiales y doscientos metros a cada uno
de sus restantes lados, con la única excepción de que se trate de
manantiales que nacen en terrenos planos regados. Dichas dis-
posiciones prohibieron igualmente la destrucción de la roza de
los bosques por medio del fuego, y la destrucción de los árboles
existentes sobre los cerros desde la medianería de sus faldas hasta
la cima, salvo cuando se refiera a cerros cuya elevación no alcance
a sesenta metros desde su base.
El Decreto de 16 de enero de 1879 estableció la reserva de
bosques fiscales, disponiendo que en las venías de terrenos del
Estado se reservase una faja de montaña, no menor de diez ki-

lómetros de ancho, en donde sólo el Gobierno podrá hacer uso de


sus bosques, quedando prohibido a los particulares cortar maderas
dentro de la misma. Por la Ley de 19 de octubre de 1908 fueron
declarados de utilidad pública los terrenos de propiedad particular
situados dentro de las reservas forestales creadas anteriormente,
con una superficie total de 80,000 hectáreas.
También Código Civil de Chile, en sus artículos 783, 906,
el

1908 y 1981, protege a los árboles de una heredad, limitando las


facultades de los usufructuarios o colonos, que no pueden derribar
los árboles del inmueble y se encuentran obligados a su conser-
vación.
De la República Argentina conocemos el Decreto reglamentando
EL PROBLEMA FORESTAL EN CUBA 25

la explotación de bosques y yerbales de 4 de octubre de 1906,


por el cual se establece el régimen forestal en todos los terrenos
con montes pertenecientes al Estado, así como los pertenecientes

a municipalidades, corporaciones o particulares que lo soliciten, a


cuyo efecto se divide el territorio nacional en las cuatro zonas
denominadas Boreal, Mesopotámica, Central y Austral, cada una
de las cuales se subdivide en distritos, secciones y comarcas fo-
restales con arreglo a las necesidades administrativas. Puede ob-
tenerse la declaración de utilidad pública y la expropiación nece-
saria en los siguientes casos:
1^ —De los terrenos de montes que afecten la formación de
montañas o pendientes.
2^ —
De los que contribuyan a la regularización del suelo en
cursos de arroyos o torrentes.
3^ — De los que aseguren la existencia de fuentes y cursos de
agua en general.
4«? — De los que por su constitución forestal determinen la fi-

jeza de dunas marítimas, o que por la protección del suelo poblado


de monte impida el desmoronamiento de costas.

La República de Colombia por su Ley 119 de 1919 regula


la explotación de sus bosques nacionales, e indica los requisitos
que es preciso cumplir para obtener contratos de arrendamiento.
Los dueños o propietarios comuneros de aguas, pueden oponerse
a las talas o desmontes que hagan los propietarios de los fundos
superiores en las cabeceras de los ríos o vertientes y demás na-
cimientos de aguas aprovechadas o aprovechables, con el derecho
de obligar a replantar el monte si oportunamente se hubieren
opuesto a la tala. En toda adjudicación de baldíos, o en la ex-
plotación de bosques nacionales, habrá siempre una zona de bos-
ques, no m.enor de cincuenta metros ni mayor de ciento, a cada
lado de los manantiales, corrientes y cualesquier depósitos natu-
rales de aguss aprovechables, zona en la cual están prohibidos el
desmonte y las quemas, siendo el contraventor castigado con una
multa de cien pesos por cada hectárea de bosque talado o quemado,
y con la obligación de replantar los árboles destruidos.
La Ley sobre conservación de bosques de Nicaragua, que lleva
fecha 21 de junio de 1905, así como la Ley agraria de 2 de marzo
de 1917 y el decreto de 25 de agosto del mismo año, son alta-
26 CUBA CONTEMPORÁNEA

mente interesantes pues contienen preceptos sumamente restric-


tivos en la explotación de los montes particulares. Se prohibe,
tanto en los terrenos baldíos como de particulares, cortar árboles
y arbustos dentro de un radio de cuatrocientos metros arriba de
los manantiales que nacen en las montañas, así como dentro de
una faja de doscientos metros, medidos de cada orilla de las ver-
tientes, en toda la extensión de su curso, o dentro de un radio
igual a doscientos metros alrededor de las fuentes que nacen en
terrenos planos, ya sea que se resuelvan o no en corrientes tem-
porales o permanentes. También alcanza la prohibición de cortar
árboles y arbustos o de desmontar en las márgenes de los ríos,
lagos y lagunas, temporales o permanentes, dentro de una latitud
de cien metros por toda su extensión, y dentro de cincuenta metros
a cada lado de las vías de uso público y las carrileras, aun cuando
atraviesen fundos de propiedad particular. Los dueños de te-

rrenos atravesados por ríos, quebradas, riachuelos o manantiales,


en cuyas vegas se hallen destruidos los bosques que les servían
de abrigo, están obligados a plantar, cada año, árboles de pronto
y gran desarrollo, en las márgenes de los mismos ríos, quebradas,
riachuelos o manantiales, en una extensión de diez a cincuenta
metros, en todo el curso comprendido dentro del fundo respectivo.

Se prohibe también cortar o destruir los árboles y arbustos que


existan en las montañas desde la medianería de sus faldas hasta
la cima, quedando sólo exceptuados de esta prohibición los montes

y árboles situados en cerros o eminencias cuya altura desde su


base no alcance a sesenta metros.
El Gobierno Militar de Santo Domingo expidió en 9 de di-
ciembre de 1.919 la Orden Ejecutiva núm. 365, señalando como
Reservas Forestales cualesquiera secciones, regiones, áreas, co-
lindancias de terrenos, o tierras que sean más a propósito para la
selviculturaque para otros fines agrícolas, incluso extensiones
montañosas en que sea preciso conservar las selvas por medio
de obras sistemáticas, prevenir los fuegos de bosques, facilitar
el curso de las corrientes de aguas, evitar la erosión destructora
del suelo, asícomo también otras tierras poco productivas a con-
secuencia del suelo poco feraz, pobre o pedregoso, entendiéndose
que el Ejecutivo puede, después de oir a los interesados en una
audiencia pública, revocar, modificar o declarar suspensa toda
EL PROBLEMA FORESTAL EN CUBA 27

orden o aviso que señale dichas tierras como reserva forestal, con
tal de que sean respetados los derechos particulares. El Secretario
de Agricultura e Inmigración está facultado para prohibir, siempre
que lo crea conducente al bienestar público, la tala de árboles, el
desmonte de los terrenos y quema de la broza, dictando con ese
fin las instrucciones y disposiciones pertinentes al caso. Tam-
bién puede el ejecutivo señalar las selvas públicas que sea con-
veniente fomentar y proteger por servir de refugio a toda clase
de pájaros. Las infracciones se castigan con multas no menores
de cinco ni mayor de quinientos dólares, o con encarcelamiento de
no más de seis meses, o con multa y encarcelamiento, a discreción
del tribunal.
La Ley de Montes y Aguas promulgada en Venezuela en 26
de junio de 1915 declara en su artículo I*? la utilidad pública de
los árboles en su triple aspecto de conservación, mejora y protec-
ción, habiendo quedado subsistente dicho precepto en las dos pos-
terioresLeyes de Aguas y Montes de 21 de junio de 1919 y de 17
de junio de 1921 que se promulgaron para modificar la primera,
perfeccionándola en varios puntos que la experiencia adquirida
prso de manifiesto. Tenemos aquí un país hermano de raza, de
id'oma y de clima, cuya actividad legislativa en materia forestal
es digna de loa y de imitación, ya que en el reducido plazo de un
quinquenio ha promulgado tres leyes sucesivas sobre los Montes
y las Aguas.
El Reglamento para la explotación de los productos naturales
dictado por el Gobierno de Venezuela en 8 de febrero de 1922 es
digno de estudio por los beneficiosos preceptos que contiene en
defensa de los montes, principalmente su Sección segunda, que
que someterse las explo-
dicta reglas generales a las cuales tienen
taciones, tanto en losmontes de dominio público como en los de
propiedad particular. En todos los casos en que se concede per-
miso para explotar las maderas de los montes de dominio público,
queda obligado el concesionario a dejar como reserva tres árboles
en pie por cada uno que tale, y respecto de estos últimos no podrá
hacer el corte antes de la salida ni después de la puesta del sol,
así como tampoco podrá usar de procedimientos que impidan el
retoño en los árboles talados.En las explotaciones de un monte
28 CUBA CONTEMPORÁNEA

donde existan valles con aguas corrientes o morichales con ojos


de agua, se harán las salvedades siguientes:
\Q —
Que en las vegas de les valles se conservará a cada lado
de la corriente de las aguas una zona de montes con cien metros
como mínimo.
2*?
—Que en los sitios de terrenos aplicados a la cría donde
hubieren manantiales que procedan de morichales o matas, queda
prohibida la tala de esos morichales y demás arboledas y el apro-
vechamiento de pastos para los ganados en una zona alrededor
de la mata, no menor de cien metros.
3^
—Que en los riachuelos y arroyos formados como lo
ríos,

indica el número anterior, y en los demás que atraviesan los te-


rrenos de cría y otros depósitos de agua, como lagunas, caños,
aguadas y abrevaderos, habrá un margen de cien metros por lo
menos a cada orilla, donde también queda prohibida la tala.

Nuestro atraso en la materia.

Es tan lamentable nuestra situación en este particular, que sólo


se explica por la riqueza excesiva del país, que hace a sus hijos
indolentes y despreocupados. Nada se ha hecho hasta el presente
para evitar la tala despiadada de los montes, elevada a una con-
siderable potencia en los años de 1915 a 1920, aletargada un
poco en bienio 1921-1922, y que vuelve ahora a resurgir con el
el

alza del precio del azúcar, que estimula a convertir en cañaverales


extensas y riquísimas selvas de las provincias orientales.
Los daños de esta inmensa quemazón son cada vez más pal-
pables y evidentes, siendo de temer que el mal se agrave de ma-
nera considerable si el Gobierno no lo evita con prudentes dis-
posiciones que impidan la destrucción completa de la riqueza
forestal cubana.
Las Ordenanzas de 21 de abril de 1876, que no son más que
el Reglamento de la Ley española de Montes de aquel año hecho
aplicable a Cuba, daban facultades omnímodas a los terratenientes
para arrasar totalmente con sus montes y arboledas, no exis-
tiendo en ellas precepto alguno que impida el descuaje de las
selvas milenarias. La Ley del Poder Ejecutivo de 1909 concluyó
con tal enormidad científica, propia más bien de la época feudal;
EL PROBLEMA FORESTAL EN CUBA 29

pero se necesitan urgentemente reglamentos que fijen el alcance


de la limitación impuesta a los particulares para arrasar con sus
bosoup^í V que den reglas precisas para que las maderas se apro-
vechen a su debido tiempo y no se pierdan con inutilidad mani-
fiesta. Y es preciso, también, fijar en nuestra legislación el con-
cepto de los montes protectores para la nación, así como el ca-

rácter de pública utilidad que tienen.


Los artículos 245 y 256 de la citada Ley del Poder Ejecutivo
han establecido una limitación al derecho que tenían en nuestro
país los dueños de los montes para poder arrasarlos completa-
mente, pues ambos sientan el principio de que no puede hacerse
aprovechamiento forestal alguno en la República sin obtener antes
de la Secretaría de Agricultura la correspondiente licencia; y al
no señalar que ello sea aplicable a determinada clase de montes,
indican con claridad evidente que el precepto es completamente
general, tanto para los miontes públicos como para los particulares.

Es que por estos dos artículos de la Ley del Poder Ejecu-


decir,
tivo ha quedado derogada la libertad absoluta que a los dueños
de montes particulares concedía el artículo 84 de las Ordenanzas
de 21 de abril de 1876, siendo ahora necesario legitimar antes el
aprovechamiento que se intenta realizar. Y si a la Secretaría de
Agricultura compete por ministerio de la Ley expedir licencias a
los particulares para que éstos puedan realizar aprovechamientos
en sus montes, dicho queda que es preciso dictar reglas de carácter
general que definan cuándo debe otorgarse la licencia y los casos
en que la conveniencia pública exija su negativa. La indicación
de estos preceptos tendientes a la conservación de nuestros montes,
es lo que debería hacerse por el Poder Ejecutivo, dictando un
Reglamento para que los particulares conozcan hasta donde llega
su derecho para cortar sus montes, y los preceptos técnicos que
son de cumplimiento obligatorio a fin de impedir que desaparezca
en plazo breve la riqueza forestal cubana.
No es posible negar que el Poder Ejecutivo tiene facultades
legales para hacer la declaración de utilidad pública de los montes
situados en las zonas protectoras, al igual que, por razones de
interés general, declara de pública conveniencia una mina y fa-
culta al dueño para acudir a la expropiación forzosa del terreno
si no ha podido llegarse a un acuerdo con el propietario de la
30 CUBA CONTEMPORÁNEA

finca (Decreto núm. 593 de 16 de mayo de 1913). La declaración


de utilidad pública es una facultad propia e inalienable del Poder
Ejecutivo, que hace uso de la misma cuando, como en el presente
caso, razones poderosísimas deben inducirlo a ello, ya que la

prosperidad de la patria así lo reclama.


Hay que crear reservas forestales en los terrenos del Estado
y de los particulares, obligando a éstos a que, cualquiera que sean
la naturaleza y situación de sus fincas, conserven de un 5% a un

15% de su total superficie, cubierta de bosques.


Urge también establecer premios de repolDlación, para esti-
mular a los campesinos a que siembren árboles maderables en las
regiones donde ya han desaparecido los montes y en terrenos que
realmente son impropios para el cultivo.

Es inmensa la labor reglamentaria que el Ejecutivo puede rea-


lizar en esta materia, a fin de poner a Cuba al unísono de las
demás naciones mundo. Del patriotismo y talento de
cultas del
los actuales gobernantes depende la realización de estas reformas
en materia forestal.

José Isaac Corral.


La Habana, abril, 1923.
CON EL ESLABON
Undécimo apéndice

I por desgracia amas la libertad, y la buscas ansioso,


no vuelvas la vista hacia las edades pasadas, ni la
dirijas tampoco en torno tuyo.
—¿En dónde está entonces?
—En los labios falaces del orador y en la pluma aun más
falaz del escritor.

La retórica no es arte, sino artificio.

Nada nos sorprende tanto como un rasgo de sensibilidad de-


licada en los autores antiguos. La manzana de Calatea sigue
trazando su graciosa curva buenos siglos hace.

Hesiodo es un modelo de hombre escrupuloso. Bien al prin-


cipio de su Genealogía de los Dioses nos declara que sabemos
mentir a nuestras anchas con discreta apariencia de verdad. Es
decir que somos maestros en el arte de dorar las pildoras.

— ¡Hombre! ¿quién no sabe que son patrañas cuanto endilga


el viejoHesiodo?
— Pero entre sus lectores pasaba por palabra de evangelio.
El caso se ha repetido, en griego y en otras lenguas.
32 CUBA CONTEMPORÁNEA

Bartolomé Díaz, su descubridor, llamó a la extremidad meri-


dional de Africa, Cabo de las Tormentas; pero el rey Juan le
cambió en seguida el nombre por Cabo de Buena Esperanza. Como
se ve, este rey empresario merecía el título de rey de los em-
presarios.

Según el buen obispo que la inventó, los habitantes de la isla

Dioscoride eran fidelísimos guardadores y observadores de su re-


ligión, de la cual no entendían una sola palabra. ¿Entendería
muchas de la suya el buen obispo ?

Construir una doctrina, retocarla, perfilarla, pulirla, bruñirla.


Bonitísimo. La imaginación es una arañita muy atareada. Po-
nerla en práctica. En eso estamos.

"Si se escribiera la historia del indio en el Ecuador, haría


llorar mundo", exclama Montalvo. Esto pinta la sensibilidad
al

del autor, y nada más. Se ha escrito la historia de todos los ex-


plotados en todo el mundo, y la leemos con ojos enjutos.

En Alemania la filosofía no sabe andar sino del brazo de la


pedantería. Cada filósofo, y hasta aprendiz de filósofo, se in-

venta su vocabulario enrevesado. Y cuantos filosofan en España,


como hayan pasado por cátedra del Norte, farfullan el mismo
guirigay.

En las relaciones del hombre y la mujer, la organización social


es monstruosa. Pero también es monstruosa la corcova del jo-
robado; y el Rigoletto vive con su joroba.

— De modo que para ti el caso no tiene remedio.


—No digo eso; sino que el caso es teratológico.

«
!

CON EL ESLABÓN 38

—^¿Por qué lo has de ver todo en gris? Hay quien todo lo


ve color de cielo.

— ¡Qué más quisiera yo sino ver con sus ojos!

El cristianismo, condenando el suicidio, somete al hombre a


la más cruel de las esclavitudes: la de una vida intolerable. ¿Su-
fres todas las torturas de la carne? Sufre. ¿Sufres todas las

torturas del espíritu? Sufre. Te queda en cambio un átomo


infinitesimal de posibilidad de alcanzar la gloria eterna.

La invención del infierno y sus tormentos implica la visión


más horrenda del mundo y el encanecimiento completo de la sen-
sibilidad. Esa fantasía espanta, y esa apreciación de la maldad
en el hombre nos hiela hasta la médula. ¡Qué espectador y qué
espectáculo
*

Ante
la vida y sus males inevitables, hay dos actitudes. La
del que se encoge de hom.bros, y resiste desdeñoso; la del que
baja la cabeza, y aguanta los porrazos.

Mientras dura la vida, dura la esperanza, nos enseña la con-


ciliadora bonachonería popular. ¿Caes desfallecido con los tor-
tores del hambre? Entorna los ojos, y contempla como bajan
hacia ti los angelitos con un cesto colmado de pan candeal.

Las poesías en que habla Milton de su horrible ceguera re-


velan siempre el temple heroico de su pecho varonil. Ese pu-
ritano sí que tuvo alma de estoico.

Hay que defienden y hay libros que ensalzan la guerra.


libros
Los primeros son tontos, los segundos inicuos. Con sobra de ma-
jadería o con falta de corazón, se pueden decir maravillas de la
peste negra.
*
34 CUBA CONTEMPORÁNEA

¡Qué gran cosa la higiene! La personal y la pública. Lás-


tima que como limpiamos lo de fuera, no podamos baldear tam-
bién lo de dentro.
— Pero se ha escrito la higiene del alma.
— Sí, seha escrito.

Nos confiesa Montaigne que su ocupación constante era sondear


los despeñaderos de su mente. Me espanta la tortura de ese
Prometeo estoico, que jamás se lamenta y a veces se sonríe.

Cuidado con las metáforas, dicen con ceño los neorretóricos.


Pero si soy metafórico, si pienso en metáforas ¿qué le he de
hacer? Lo importante no es que el lenguaje vaya cubierto o
descubierto, sino que se dé a entender. Pero no lo entiendo.
Lo siento; quiere decir que hablamos lenguas distintas. No escribo
para ti.

Se ha de escribir para todo el mundo. Enséñame ia lengua de


todo el mundo.

Los napolitanos aullaron de espanto a la vista del "Martirio


de San Bartolomé" del Españólete. Me lo explico. Ni Rivera,
ni Caravagio su maestro, vieron en su fantasía dislocada esas
torturas infernales, ni esas carnes crispadas y dilaceradas por los
azotes y los garfios. Las veían a diario en sus mazmorras y en
la plaza pública. En sus telas la ferocidad ambiente no hacía
sino disfrazarse con el ropaje del arte.

Fácilmente se connaturaliza el hombre con lo monstruoso. Por


lujo o por comodidad, quita al reciennacido del seno materno y
lo confía a seno extraño. Rompe los vínculos de la sangre, y
convierte la maternidad menesterosa en materia explotable. ¡Oh
santidad de la familia!
CON EL ESLABÓN 35

Lee los anuncios. Se alquilan nodrizas a media leche o a


toda leche, y cabras, y burras, y vacas holandesas. También se
venden.

Toda júbilo es hoy la gran Toledo. Hoy regalamos unos tres

milloncejos a Mr. Morgan, para que nos remache al cuello la

cadena que nos llegaba a la cintura. Hombre oficioso. Cuba


rumbosa.

Escalígero motejó a Montaigne de ignorante arriscado. Del


ignorante nos queda el libro; del erudito el nomxbre.

Rubens, el Lope de Vega de los pintores; Lope, el Rubens de


los poetas.

Dicen que la gente de letras es de suyo rijosa, de humor inde-


pendiente, como de quien piensa con su cabeza. Bravo, bravo.
Siquiera entre ellos estará en desuso el atropamiento. Nada de
Aristóteles en su vociferante gremio. Pero recuerdo que ayer no
más Brunetiére en Francia, Menéndez y Pelayo en España con-
ducían bajo su férula numerosa tropa escritoril. Ya desconfío;
es humano... ser herrado.

Ponderando la clemencia de Julio César nos cuentan que,


habiendo amenazado a unos piratas con la cruz, si los atrapaba,
como cayesen luego en sus manos, movido a compasión, los cru-
cificó sí, pero haciéndolos primero estrangular. Miel sobre ho-
juelas.

¡Qué vino tan sutil y capitoso es la lisonja! Cómo se sube a


la cabeza más firme.

Sobrenatural. Gran palabra, bien hueca y bien sonora. Cím-


36 CUBA CONTEMPORÁNEA

balo resonante, sobre el cual golpea gravemente la majadería de


los doctos, para congregar papanatas boquiabiertos.

Qué carga tan abrumadora, para un alma sensible, la de ini-

ciar al niño en el vía crucis de la vida.

Tienen los viejos la propensión, por tratar de ser completos,


a perderse en digresiones. Tarea de Sísifo. Porque las ramifi-

caciones de cualquier pensamiento son demasiado intrincadas, para


que pueda seguirlas ni de lejos nuestra locuacidad.

La vida se vive de mil maneras; y para cada quisque la suya


es por lo menos tan legítima como cualquier otra.

Los reyes de Italia hacen primos suyos a aquellos a quienes


confieren la orden de la Anunciata. Más a la llana, cualquiera
de nuestra ¿ente del bronce hace hennano suyo a aquel a quien
echa el brazo. Oye, mi hermano, le dice, sobándole el hombro.

La policía de Nueva York ha traído de Alemania un gran


perro, prodigioso en rastrear a los criminales. El hecho no co-
gerá de sorpresa a los panegiristas de los conquistadores de Amé-
rica—los hay — ; si recuerdan que estos heroicos salteadores tenían
perros de presa para azuzarlos contra los indios; así como sus
descendientes cubanos los tuvieron ayer para cazar cimarrones.
Hermandad del hombre y la bestia realmente conmovedora.

Las autobiografías suelen ser documentos muy divertidos. La


del aventurero Santiago Casanova deleita por la colosal fatuidad
del héroe. En su visita, real Casanova
o supuesta, a Voltaire,
deja tamañito al patriarca de Ferney. Casanova resulta más agu-
do que Voltaire, más maleante que Voltaire, más leído que Vol-
CON EL ESLABÓN 37

taire, más hombre de mundo que Voltaire. Lástima que de todo


ello no esté enterado sino Casanova.

Los creyentes colocan sus fantasmas luminosos en una región


recóndita que llaman la fe. Sus raíces se afianzan en el corazón,
no en la inteligencia. Dulces quimeras, pero quimeras. Indiscu-
tibles, como irreales.
«

Es un libro exquisito, de maravillosa fantasía, el Orlando Fu-


rioso. Pero cuesta perdonar al grande Ariosto el tremendo arras-
tre de sus imitaciones españolas, empezando por el Bernardo del

obispo Balbuena, y muy especialmente este soporífero Bernardo de


Balbuena.
*

Afirma el Montaigne que los más de los filósofos


sutilísimo
dogmáticos envuelven de propósito sus dudas y aun su ignorancia
en enrevesados circunloquios. Esto es, digo yo: la noche bien
oscura, la capa bien negra y el embozo hasta los ojos.

Con qué fruición bucean los eruditos en el mar inmenso de


lo pasado; con el escafandro de la fantasía registran su fondo
cenagoso. Ya, ya dieron con la esmeralda de Polycrates. Pa-
rece un guijarro sobre el cual se ha espesado el limo de los si-

glos, pero es la esmeralda de Polycrates.

¿Quién escapa a la egolatría? /vlirémonos bien por dentro, y


nos sorprenderemos en adoración perpetua ante nuestro mismísimo
ombligo.

En el corral vecino hay un pavo y un pavón. El pavo es viejo;


su cola, corta y rala. Pero en cuanto el pavón despliega en círculo
rutilante la gloria de su viril de plumas, esponja él también su
abanico destrizado.
38 CUBA CONTEMPORÁNEA

¡Cuántos millares de disputas cesarían, como por ensalmo, si

lográramos saber a ciencia cierta que pone cada cual dentro de


lo

la cáscara quebradiza de las palabras! Pero bien mirado, ¿po-


nemos todos y ponemos siempre algo, dentro de nuestras pa-
labras ?
»

¡Oh dioses sagacísimos del viejo Egipto! Todavía, desde


vuestros muros y estelas, nos miráis con el dedo en la boca. Pa-
recéis decir: si nos conoces, calla.

Enrique José Varona.


La Habana, 1923.
COSTA RICA, GRAN REPUBLICA

ARA muchos individuos de nuestra América Española


habrá sido una sorpresa el gesto gallardo de la dele-
gación costarricense en ía actual Conferencia Pan-
americana de Santiago, al formular, con palabra razo-
nadora y precisa, su proposición, ya famosa, en defensa de los

fueros preteridos de las nacionalidades latinoamericanas.


Es más. Este movimiento de sorpresa debe haber tenido lugar
también en tierras de yanquilandia, y me atrevo a afirmar que,
de una manera relativa y, quizás, de un modo absoluto, dicho
movimiento se ha operado en un número mayor de iberoameri-
canos que de angloamericanos. La razón de mi osadía es una: que
éstos nos observan y estudian y han llegado a conocer el grado de
cultura cívica, de progreso m.aterial, de potencialidad económica,
temperamento, idiosincrasias y hasta la geografía e historia locales
de cada uno de nuestros países, mejor que cada uno de nosotros lo
referente a los demás grupos, respecto de los que nos sentimos vin-
culados—según vivimos diciendo— ,
por sentimientos e intereses de
una fraternidad conmovedora.
El desconocimiento entre latinoam.ericanos es un viejo postu-
lado que ya no se discute y que sir\^e de base a las frecuentes
lamentaciones de todo aquel que quiere apostolizar sobre los be-
neficios de la unión de nuestros grupos, débiles en fuerza de vivir
dispersos. Este desconocimiento hace posible que circulen a ve-
ces sobre nosotros y entre nosotros mismos consejas fantásticas
con patente de verídicas historias ; y si a ello se suma la tendencia,
que es una de las características de nuestra psiquis, a evaluar
en poco o nada las virtudes propias o familiares, no es extraño
que al considerar una determinada situación de cosas, morales o

40 CUBA CONTEMPORANEA

materiales, en alguno de nuestros países, eliminemos casi siempre,


con facilidad y prontitud pasmosas, los factores o hechos que ele-
varían el concepto, y formemos el juicio con aquellos que lo

degradan, y el juicio así formado lo mantengamos y circulemos


com.o noticia fehaciente y no rectificable.
Recuerdo que un distinguido personaje sudamericano me afirmó
en Caracas, un día cualquiera del año de 1910, que Costa Rica
país que mi infonnante aseguraba haber visitado — , era una tierra
y hermosa, con un clima delicioso, habitada por gente culta,
fértil

y muy lindas sus mujeres; pero dominada, desgraciadamente, por


una poderosa compañía frutera norteamericana, la United Fruit
Ccmpany^ que ejercía sobre los destinos políticos y económicos
de la República una verdadera y avasalladora dictadura.
Y una larga década más tarde sufrí en México la sensación
dolorosa de advertir repetida la calumnia, pero aquilatada mi pena
porque entonces yo sahía, me constaba plenamente, que la impu-
tación era falsa, y porque el medio de circularla era infinitamente
más eficaz. Al día siguiente de mi arribo a Ciudad de México,
en mi primera visita a dicha capital, el 12 de junio de 1921, se
afirmaba el hecho infamante, exhibiéndolo como un argumento
contra el emperialismo de los Estados Unidos, en un editorial de
El Universal, el diario de más extensa circulación de la República
mexicana.
Nada más embargo; y sin dejar de reconocer que
incierto, sin
la United Fruit Company —única
en la exportación del plátano o
banano, arrendataria del Ferrocarril del Norte que une al puerto
principal del Atlántico con la capital, y propietaria de la línea de
navegación marítima que puede denominarse matriz con relación
al comercio exterior —
representa un potentísimo elemento de la
,

vida económica del país, pero completa, absolutamente subordinado


al Poder Público, y constituido éste, en cada oportunidad, por la

voluntad libérrima y soberana del pueblo costarricense.


¿Con que no se abatió la indomable autonomía nacional, fuerte
por la conciencia lúcida de sus derechos, ante el colosal poderío
del Gobierno de los Estados Unidos representado por Bryan en
su célebre Tratado con Nicaragua, pretendiendo excluir a Costa
Rica de todo concierto sobre la disposición de las aguas del río
San Juan en la presunta emergencia de la apertura de un nuevo
COSTA RICA, GRAN REPÚBLICA 41

canal interoceánico, e iba a rendirse ante una mísera partícula


de mismo poderío, que no otra cosa es la Uniied Fruit
ese
Company?
En marzo de 1912 llegué a Costa Rica expulsado de Colombia
y tuve al instante la visión gratísima de un núcleo indohispano,
ilustrado y ordenado, practicando, serena y armoniosamente, las
más excelsas virtudes de la democracia. El costarricense, cual-
quiera que sea su condición y la esfera social en que gire, es un
ciudadano pleno.
Para mi espíritu inquieto y atormentado de venezolano ^un —
día, muy mozo, soldado revolucionario; otro, muy joven. Mi-

nistro; y, otro, conspirador; pero, nunca, elector pacífico — , Costa


Rica fué el Pero también, y simultáneamente, la sa-
asombro.
tisfacción, el gozo y el orgullo, y fuente de atracción irresistible,
como bajo la umbra de la arboleda frondosa el remanso de
linfas diáfanas y dulces para el peregrino sediento, entristecido
y fatigado.
Y me quedé en Costa Rica y soy su deudor, en prestación
imperecedera, de una hospitalidad generosa y gentilísima y de
un tesoro invaluable: la afirmación de mi fe en los destinos de
nuestra raza. ¿Porqué, si ellos — los costanicenses — , mezcla de
conquistadores y de indígenas, han logrado cristalizar la vida
en normas de equidad, de probidad, de libertad y de justicia,
social
no hemos de alcanzarlo, con igual provecho, otros descendientes
de aborígenes y colonizadores, estimulados y auxiliados por las
corrientes perfeccionadoras de otras razas que vienen a diario a
fundirse en el crisol de nuestros medios nacionales?
En 1912 era Presidente de la República el Licenciado Don
Ricardo Jiménez, mentalidad vigorosísima, muy bien nutrida, y
un carácter integérrimo. Nadie me ha fascinado tanto como este
hombre de temperamento frío, de virtud rectilínea y desdeñosa,

buen corazón bajo su capa de escéptico, gigante del pensamiento


y la palabra. Nadie sabe, como él, quintaesenciar la idea hacién-
dola fulgurar con iridiscencia irresistible en la veste de la frase
elegante y sobria. Su estilo enjundioso no le permite malgastar
una oración, ni un vocablo. Su argumento cae sobre el adver-
sario como un enorme mazo manejado por un titán. Pulveriza al
contrincante y si alguna molécula de la masa informe pretende
,

42 CUBA CONTEMPORÁNEA

resistiry se agita con vida rebelde, pronto la hiela hasta inmovi-


lizarla con el soplo de su ironía. Y este hombre extraordinario
que en la Revolución Francesa habría dominado a Robespierre y
en la emancipadora de las colonias inglesas de América habría
estado más alto que Jefferson, fué elegido Presidente de la Re-
pública por la más abrumadora mayoría de votos que registran
los comicios de aquel país —que es un país de comicio auténtico —
y, precisamente, por haber destacado su personalidad de estadista,
hasta convertirla en centro de las simpatías y de los anhelos po-
pulares, en la lucha parlamentaria inmediatamente precedente a
la elección, con oportunidad de una campaña antiyanquista que él

mismo y dirigió dándole remate victorioso. Fué


inició, desarrolló

motivo de dicha campaña un proyecto de Empréstito presentado


al Congreso por el Poder Ejecutivo. Y cuenta la crónica que en
uno de sus célebres discursos de aquel instante memorable llegó
a expresar el concepto de que la Banca de Wall Street está cons-
tituida por una banda de salteadores, pudiéndose afírmar que si
se elevase una piedra en el vacío, al descender sobre cualquiera
persona con oficina en la famosa calle le rompería, de fijo, la ca-
beza a un gran ladrón. Ello no obstante, a su ruidosísima exal-
tación presidencial no se opuso ni la sombra ni la sospecha de
ningún veto extranjero.
Pero es que no podría ser cierto que ningún país extranjero
— mucho m.enos ninguna fuerza particular extranjera pueda — ,

conquistar en la bella y culta Tiquicia influencias suficientes a


controlar los destinos nacionales. Débese esta imposibilidad a
que el contamcense es un patriota sin estridencias de patriotero,
ni actitudes y exclamaciones teatrales. Su espíritu sencillo y ecuá-
nime ha conformado su ambiente para el ejercicio sin violencias
de las actividades individuales y colectivas en todas las esferas
del trabajo honesto. El pueblo ücoj como él mism.o se llama, es
esencialmente trabajador y ahorrativo; y porque sabe trabajar y
ahorrar, es propietario y conservador, en su gran mayoría, y dis-
fruta de independencia económica, que es la base de toda inde-
pendencia y de la práctica, sin flaquezas, de todo ideal grande y
generoso. Ni ama, ni odia la política; la acepta, filosóficamente,
como una necesidad natural irremediable. En ella se distingue
por su reflexión y tolerancia, hijas de su educación y de su tem-

1
COSTA RICA, GRAN REPÚBLICA 43

peramento, sin duda, pero un poco también del hecho de que todo
el mundo tiene qué perder y en qué ocuparse con más gusto y

m.ás provecho que en vivir detrás de los políticos incensando sus


malas pasiones. Pasa sereno a través de los períodos cálidos de

sus luchas electorales, consciente cada ciudadano de la efectividad


de su voto, de que no habrá subterfugio capaz de desviar el resul-

tado ambicionado por la mayoría, y conformándose el vencido con


su derrota, porque la presume legal y porque para nadie envuelve
la victoria una condición de vida, ni siquiera de mejor u opulenta

vida, pues en aquel noble país sólo por excepción confunde un


candidato su aspiración de encumbramiento público con la torpe
y abominable de su enriquecimiento personal.
He aquí, en una síntesis imperfecta, las virtudes que sirven
de asiento a la grandeza democrática de ese pueblo, tan pura
como la de Atenas, sin sus veleidades ni sus ingratitudes, más
que la de Roma, sin sus sueños de conquista ni su máquina gue-
rrera, y comparable en nuestros días, con toda justeza, a la in-
superable y diáfana de la Confederación Helvética.
La repugnancia por el peculado es su máxima fortaleza cívica.
Quienes han sido Presidentes, y sus Ministros, salvo señaladísimas
excepciones escandalosamente anatematizadas por la opinión pú-
blica, han abandonado el Poder tan pobres o tan ricos, o más po-
bres o menos ricos que cuando lo escalaron. Un Maestro muy
ilustre de esta democracia, jurisconsulto eruditísimo, Don Cleto
González Víquez, después de cuati'o años de ejercicio de la Pre-
sidencia, precedidos inmediatamente por cuatro años de Minis-
terio de Hacienda, volvió a la vida de simple ciudadano verdadera-
mente empobrecido, pues no sólo carecía de bienes materiales,
sino que su Bufete, uno de los más prestigiosos y activos del
país, había perdido toda su clientela. no se concibe que
Allí
m.ientras un abogado notable sirve en un alto cargo a la Repú-
blica, su Bufete quede abierto y se prevalga de la posición del

Jefe para atrapar y explotar negocios turbios y jugosos. Cuando


Don Ricardo Jiménez terminó su período presidencial estimábase
generalmente que su patrimonio, desatendido ante el reclamo pre-
ferente de la cosa pública, había sufrido un quebranto no menor
del cincuenta por ciento del monto que tenía en la época dé la
elección.

44 CUBA CONTEMPORÁNEA

La carencia del vicio del peculado y la devoción del hombre


público costarricense al resguardo permanente de su reputación
de hombre íntegro, combinada con su preparación cultural, de
laque hablaré luego, hace de él, por regla general, un verdadero
estadista con capacidad para querer y lograr el bien público, in-
conmovible ante el halago corruptor, puntilloso y rebelde ante el

acto que merme sus ati'ibuciones legales o lo exhiba supeditado


por una voluntad dictatorial. Como consecuencia de esta ma-
nera de ser, el primer documento que suscribe un hombre público
costarricense, al iniciar sus funciones oficiales, es el de su propia
renuncia, para mantenerla lista a la orden de las circunstancias.
Con un pueblo de tales costumbres y con hombres de esta
índole, no es cosa fácil el entronizamiento de la tiranía vernácula,
mucho menos el de la extranjera. Im.posible, en todo caso, la

perdurabilidad de una u otra.


En las postrimerías del siglo XIX surgió a la cabeza del Poder
Ejecutivo un político batallador e inquieto, temperamento progre-
sista, de imaginación y palabra sugestivas, y de carácter fuerte:
Don Rafael Iglesias. Cumplido su primer período, en el que des-
arrolló, sin duda, brillantes iniciativas, impuso su reelección. Se
operó entonces, a su alrededor, el vacío más absoluto, hasta que
cayó por ministerio de la ley y veredicto de la opinión pública,
para no levantarse más al nivel de sus ambiciones ni de sus eje-
cutorias de gran Administrador. Es que el pueblo costarricense,
a pesar de su espíritu práctico, y quizás por ser eminentemente
práctico, ama el imperio de las libertades públicas muchísimo
más que las maravillas del progreso material si ellas han de venir
unidas a los eslabones de la cadena áe hierro o de oro, el metal
importa poco —
de la esclavitud, y desconfía de los hombres de-
(,

masiado enérgicos que a cambio de transformaciones incuestiona-


blemente útiles en los sistemas monetarios, vías de comunicación,
pavimentación de ciudades y otras bienandanzas, ofrecen el pe-
ligro de gobiernos personales que suelen colocarse por encima de
las leyes y erigir en leyes los caprichos del mandatario.
En enero de 1917 Federico Tinoco Granados derribó de un
golpe de cuartel al Presidente González Flórez. A raíz de este
movimiento el aunque mirando, con pena, roto el prestigio
país,
de su tradición pacifista de más de medio siglo, prestó su apoyo

COSTA RICA, GRAN REPÚBLICA 45

al militar osadoque se dijo intérprete de nobles sentimientos y


aspiraciones Empero, tan pronto se dió cuenta del
populares.
engaño, se alejó de Tinoco y contra él se irguió firme y austero.
Y los tranquilos costarricenses, moderados y corteses que no tienen
alardes abracadabrantes, ni poses de matachines, ni frases incen-
diarias de héroes de opereta, derrocaron la Dictadura Tinoco en
tiempo corto, de brevedad que contrasta con la duración del ciclo
porfiriano en México, y el cuarto de siglo de"métodos andinos"
en mi adorada patria venezolana. Y cuenta con que en México
y en Venezuela pretendernos ser hombres de pelo en pecho.
El tipo del caudillo político existe en Cosía Rica, como forzo-
samente ha de existir en toda democracia organizada, aun en las

más elevadas y de abstracciones más idealistas, pues no es conce-


que sirven de guía y
bible el culto a las ideas y a los principios
de bandera a los grupos o partidos, sin que su práctica o la supo-
sición de la mejor aptitud para su ejecución y defensa, deje de
rodear a ciertos hombres de peculiares autoridad e influencias.
Pero allí no llega nadie a tener una fuerza de arrastre que ponga
en peligro la tranquilidad social, porque los políticos de prestigio
son casi todos hombres de una cultura superior, universitarios de
primera clase que antes de llegar a la primera fila han pasado
por dilatadas y relevantes experiencias, y porque a ello se opone
el temperamento, pleno de tolerancia, de las masas populares.

Sentí la vibración ennoblecedora y constante de este tempera-


mento durante el lustro de mi permanencia en suelo castorricense.
honra de tratar a los señores Don Bernardo
Allí tuve el gusto y la
Soto, Don José Rodríguez, Doctor Carlos Durán, Don Rafael Igle-
sias, Don Ascensión Esquivel, Don Cleto González Víquez y Don

Ricardo Jiménez, quienes en 1915 eran los últimos ex Presidentes,


y convivían en el país sin que su permanencia en él fuese otra
cosa sino el suceso de mayor normalidad, ni causa de la menor
perturbación por choques entre sus diferentes parciales. El exa-
men de la personalidad misma de dichos señores es bastante a
demostrar la capacidad admirable para la elección de sus gober-
nantes —que es sólo atributo de las democracias, superiores
que distingue al pueblo costarricense. He hablado de Jiménez,
González Víquez y de Iglesias. Debo agregar que el Licenciado
Don José Rodríguez fué un insigne abogado, Presidente del Tri-
4G CUBA CONTEMPORÁNEA

bunal Supremo antes de su elección presidencial. Rango tan


alto entre los cultivadores de la ciencia jurídica ocupó Don As-
censión Esquivel, quien caracterizó sus iniciativas gubernamen-
tales por trascendentalísimas reformas en la codificación nacional.

Y en elogio del Doctor Durán puede decirse que fué en su época


el primer galeno de su patria, espíritu de amplia inteligencia y
de rectitud ejemplar. ¡Cuántos otros pueblos, de extensión y
población mucho más grandes, se dirían felices con poder elegir
no ya hombres-cumbres como éstos, sino sus mediocridades más
sanas, como un escudo contra la legión de impreparados, de in-
conscientes,de amorales, y hasta de ladrones y asesinos que
pugnan, a veces con éxito rotundo, por adueñarse de los destinos
nacionales!
Se quejan algunos centroamericanos de la desviación familiar de
la hermana Costa Rica. Acúsanla, con frecuencia, de ser loca-
lista, mezquina, egoísta; de que en su espíritu no hay amor

sino odio para el ideal morazánico de vida confederada.


Se comete una injusticia notoria. Costa Rica respondió como
ninguna otra, dando, sin estrépito, la nota del sacrificio heroico,
en los momentos de angustia más grande que vivió Centro América,
cuando el bucanero pretendió fundar en el corazón mismo del solar
común un Estado de raza distinta, como avanzada temible de un
imperialismo que desenvainaba la espada francamente en perse-
cución de la conquista definitiva, cínica y brutal. Al pueblo que
produjo a Don Juaniío Mora y lo auxilió y acompañó con entu-
siasmo viril en su cruzada magnífica más allá de las fronteras
nacionales, y regresó luego, trayendo por todo trofeo de sus épi-
cos triunfos, la satisfacción de haber concurrido, con su dinero y
con su sangre, a defender a la hermana en desgracia, no puede
enrostrársele jam.ás el dictado de mezquinó, porque no rendirle el
homenaje que merece por su generosidad excepcional constituiría
ya una verdadera ingratitud.
Cosía Rica ha respondido, además, a toda excitación que se
le —
ha dirigido como lo hizo en Washington en 1907 y allí mismo
lo acaba de repetir —
para acordar las normas de vida interna-
,

cional más estrecha, m.ás cordial y de más fecunda cooperación en


beneficio de todos. Pero ha exigido que se mantengan indepen-
COSTA RICA, GRAN REPÚBLICA 47

dientes los gobiernos seccionales hasta el advenimiento de tiempos


más propicios.
Ytiene razón. No es que ella se considere la mejor y, domi-
nada por un sentimiento de innoble soberbia, pretenda desdeñar
a las demás Repúblicas del istmo. No. Es que sus hábitos, sus
principios y sus anhelos colectivos son incom.patibles con algunos
métodos políticos vigentes en otras secciones de Centro América.
Para la ideología de un costarricense es inconcebible la vida y la
salud pública dentro del régimen de gobierno personal de Estrada
Cabrera, o en el Hon-
centro del convulsivismo revolucionario de
como en
duras, o bajo los auspicios de los bliie-jackets americanos,
Nicaragua. Y no se podría tachar a una persona de mala hermana
porque, viviendo en casa adyacente de la de otro hermano que
gusta de las altas temperaturas y para obtenerlas mantiene en-
cendidos grandes hornos, se niegue a derribar las paredes para
formar una sola casa, siendo así que a ella le encanta vivir, y

sólo encuentra salud, bajo el influjo de tem.peraturas templadas.


Me consta, por el contrario, que en ese país de pequeña ex-
tensión geográfica y de poca población, pero enorme como modelo
de vida republicana, existe una simpatía sincera y una adhesión
muy firme para el ideal de unión de la raza hispanoamericana.
Si alguna duda existió, bastaría a desvanecerla su enérgica y ha-
bilísima actitud en defensa de las nacionalidades latinoamericanas
supeditadas por la diplomacia estadounidense en la actual organi-
zación de la Oficina de la Unión Panamericana. En la Conferencia
de Santiago, Costa Rica miró a su alrededor y sintiendo pena por
la ausencia del hermano México —
uno de los mayores y más no-
torios de la familia, a
quien los países centroam.ericanos son deu-
dores de los más elocuentes testimonios de afecto y aprecio con — ,

reposada dignidad propuso una gestión reparadora.


No envuelve su proposición ningún agravio para los Estados
Unidos ni podría envolverlo porque, aparte de que entre los temas
fijados de antemano por Consejo Directivo de la Unión Pan-
el
americana para Conferencia figuraba en primer término
la actual
el de reorganización de la Unión, Costa Rica mira y ha mirado con

plena justificación a los Estados Unidos como un buen amigo que


ahora mismo, refrenando los ímpetus del fuerte, acaba de recono-
cerle, por medio de un Tratado, sus derechos sobre el río San
y

48 CUBA CONTEMPORÁNEA

Juan. Y Costa Rica es, además, uro de los países que puede
enorgullecerse legítimamente del tacto y preparación de sus Di-
plomáticos. No en balde este país consagra a la instrucción pú-
blica la mayor parte de los ingresos de sus Presupuestos y la más
preferente atención de sus estadistas.
La escuela primaria costarricense es un modelo en todo sen-
tido, en todos sus grados. Pienso que en ella se ha pecado a veces
por exceso de reformas en los sistemas de enseñanza; pero, de
todas maneras, puede afirmarse con propiedad que es el pueblo
latinoamericano que tiene el mayor número relativo de escuelas
públicas, mejor atendidas y mejor pagados sus maestros. Es digno
del aplauso más caluroso el celo gubernativo por la asistencia
escolar. Y el maestro representa papel muy airoso en la sociedad
costarricense. El respeto y la consideración de que disfrutan
quienes dirigen la instrucción de los enjambres infantiles hace de
ellos verdaderos personajes que coadyuvan, por medio de sus aso-
ciaciones, y con toda eficacia, a difundir entre el pueblo las prác-
ticas de la más elevada cultura, tales como la asistencia a lecturas
públicas y conferencias, examen de revistas instructivas, vulgari-
zación de libros clásicos. El pueblo lee mucho, sabe leer y asi-
milar, y brinda estímulos poderosos a todos aquellos que, con fama
o sin ella, con talento y erudición, o con modestos conocimientos,
quieren ofrecer al criterio ajeno, desde cualquier tribuna, estudios
o ensayos sobre cualquier idea o tema interesantes. Está educado
para la Biblioteca y la Conferencia.
Su cultura superior es verdaderamente extraordinaria.
I>e su cuerpo de leyes puede decirse no sólo que es de lo

más avanzado en el Derecho Positivo moderno, sino que obedece


a los principios más altos de la Filosofía Jurídica, y encuentra —
este en su carácter más sobresaliente —
en la honorabilidad in-,

discutible e insospechable de quienes integran el Poder Judicial,


la más hermosa y enaltecedora humana.
virtualidad
La Escuela de Derecho de la República es un centro que honra
a la ciencia del mundo. Sabiduría y conciencia del deber del
Profesorado y realidad del esfuerzo en el cumplimiento de ese
deber, constituyen el aporte exigido al Catedrático para el desem-
peño de su misión augusta. Y ésta se cumple en medio de la
convivencia espiritual de profesores y alumnos, cordial y sencilla,
COSTA RICA, GRAN REPÚBLICA 49

con disciplina que concilia el respeto y el decoro, la sanción esti-


muladora y justiciera con y que rinde sus frutos
la cívica altivez,
dotando a la República de espléndidas legiones de jóvenes letrados
que irán en el porvenir que está inmediato a regir los destinos de
la Patria,desde los encaños del Congreso, las poltronas ministeria-
les, o el solio presidencial, con la toga sagrada de los jueces o de
la magistratura, o con la casaca diplomática, con ciencia noble,
hombría de bien, probidad que nunca se pone en almoneda y éxito
franco de verdaderos estadistas.

Alejandro Rivas Vázquez.


La Habana, abril, 1923.
ALAS QUE NACEN

FARSA QUE QUIERE SER TRAGICA

Original de Felipe Pichardo Moya

Personajes

El abuelo.
La mujer.
El niño.
Un soldado inválido. Otros soldados.
Un capitán mambí.
Un guerrillero. Más guerrilleros.
Una vieja.
Un vecino.
Una mujer del vecindario y su hija muda.

ha acción en Camagüey, al comenzar la última guerra por la indepen-


dencia. Trajes campestres. Toda la obra en el interior de un
rancho.

CUADRO PRIMERO
La escena es en el interior de un rancho, con una puerta grande al
fondo y una ventana, que dejarán ver un llano y unas lomas lejanas.
En segundo término, a la derecha, se supondrá otra habitación del
rancho. Recostado en un taburete en la puerta del fondo, estará el
Abuelo, como descansando de una faena, y hablando con él, el Niño,
que tendrá unos quince años, y el modo infantil de quien quiere apa-
rentar más. La Mujer camina de un lado a otro en su quehacer do-
mástico. Es la tarde.

La Mujer:

¡Hace ya dos años que tenemos guerra!


. .

ALAS QUE NACEN

El Abuelo:

Fueron diez la otra. Y en toda esta tierra


no quedó pedazo sin sentir sus males,
y fueron hogueras los cañaverales,
y los bandoleros como malos genios,
con buenos pretextos quemaban ingenios...
Y todo era sangre, y lucha y cenizas,
y al que tuvo casa le quedaron trizas!

La Mujer:

¡Sin haberlo visto no habrá quien lo crea!

El Abuelo :

Regueros de luces esparció la tea,

y se reflejaban en el horizonte
las lenguas de sangre del fuego del monte.
Detrás del cubano y del español
bandadas de auras tapaban el sol. .

Después que tal cosa con mis ojos viera


creí que más nunca, nunca, sucediera.

El Nieto:

Abuelo, ¿y los muertos


en qué cementerio se les enterraba?

El Abuelo:

Se quedaban solos, al sol descubiertos,

y el aura los campos hambrienta limpiaba.


Si en tantas moliendas yo hubiera vivido
como he visto muertos tendidos al sol,
estaría ya todo enriquecido . .

Y el aura, al cubano como al español,


en el mismo sitio le abría la entraña:
52 CUBA CONTEMPORÁNEA

allí eran iguales como dos hermanos


el hijo de Cuba y el hijo de España.

El Nieto:

Abuelo, y qué gusto para los gusanos!

La Mujer:

No digái, mi alma, tanta cosa, tanta


historia de muertos ... Yo no sé qué gusto,
todo el día desde que el sol se levanta
siempre estái hablando de cosas de susto!

El Nieto:

Abuelo, ¿eran muchos aquellos soldados


de la parte nuestra? ¿Acaso los vístei?
¿Es verdad que fueron todos acabados?
Dime cómo eran, si los conocístei.

El Abuelo:

A todos los vide! Bravos capitanes,


muchachos doctores fuertes como robles,
eran mismamente que los gavilanes
con las alas prontas a los vuelos nobles.
Eran seguidores de puros afanes:
cualquiera, en los ojos tenía el relámpago de fieros mandobles!
Aquel de las barbas como un rey francés,
aquel bayamés
que al modo de un águila fué muerto después;
y el otro, que título era de Castilla,
pues era marqués,
y al monte se vino dejando riquezas,
aquel que en sus actos de vida gloriosa nos deja semilla
y que anda de nuevo por estas m.alezas;
y el que abandonara la esposa elegida de su corazón,
. .

ALAS QUE NACEN

y el lecho mullido de reciencasado trocó por maniguas,


y tuvo rugidos como de león,
haciendo proezas de historias antiguas!
Y el otro que era invencible ariete

desencadenando su carga al machete . .

A todos los vide por estas maniguas.


Muchachos y niños de las poblaciones

ponían el pánico en los batallones


ungidos de gloria. .

Y más orgullosos que no en la victoria


vencidos, eran aún
manos hechas para llevar guanteletes,
eran como garfios de acero clavados sobre los machetes!

El Nieto:

¿Y están muertos todos? Yo quisiera verlos:


A la guerra iría para conocerlos!

El Abuelo:

Aun viven algunos: Salvador Cisneros


va por las maniguas y por los senderos
llevando en sus claras pupilas de noble
la fe, y en el alma la fuerza del roble.
Y pasa cual tromba, soberbio jinete
entre los relámpagos del propio machete,
Maceo, el Arcángel del loco denuedo:
detrás de sus huestes aullan los flacos mastines del miedo
Y hay otro ahora que dicen que lleva
en los grandes ojos un batir de alas:
ése, con palabras la gente subleva

y tiene sonrisas estando entre balas,


y los enemigos en la frente aquella
se dice que miran arder desde lejos una blanca estrella!

. El Nieto:
Abuelo, quisiera
tener un caballo... Sería un jinete
. .

64 CUBA CONTEMPORÁNEA

que para la guerra veloz me partiera:

y qué rico cuando, más tarde, volviera


llevando en el cinto desnudo el machete . .

Con el viejo iría tras los generales,


a todo ¿alope, sin coger resuello,
saltando por sobre los cañaverales
cuando los clarines toquen a degüello.

El Abuelo:

Hijo, usté no sabe


lo que es una guerra. No diga tal cosa. .

Si no queda viva ni bestia ni ave,


y sólo es festejo para la tiñosa.
Como perro jíbaro se suelta la muerte,
los hombres se vuelven todos bandoleros,
y por los senderos
la vida al más débil le quita el más fuerte.
La misma familia
de hambre se muere, y nadie la auxilia.
Es virtud crimen, y es virtud el robo:
el

adentro del hombre, sediento de sangre se despierta un lobo!


El propio ganado
que desde pequeño uno mismo ha criado,
para su riqueza con nobles pretextos lo roba el soldado.

Los soldados fieros,

los bravos guerreros,


vienen como tromba, las manos cual garras, los ojos de furia
y con ellos una hambrienta jauría de fieros pecados:
la ira, la gula, los odios, la peste, venganza, lujuria,
son como lebreles que van retozando detrás los soldados!
Y si tiene hija,
más vale la muerte
que no que la suerte

con ver su deshonra por siempre le aflija...


Y la sangre suya viciará la extraña
sangre deshonrosa de gente enemiga,
y en la propia tierra, sobre cada caña
ALAS QUE NACEN 55

nacerá una ortiga!


Tal cosa es la guerra,

que mal nos obliga:


al

la cosa más mala que hay en la tierra.

(Al terminar de hablar el Abuelo y se oye una cabalgata lejana.


Las pisadas de los caballos, remedan un aguacero. El Abuelo,
desde la puerta, avizora el llano lejano, y se para. Los tres se
asoman a la puerta del fondo, mirando la cabalgata que se acerca,
y la alarma de todos es tranquilizada.)

El Abuelo:

Es la gente nuestra:
a todo galope, para los machetes va libre la diestra!

El Nieto:

Y en cada sombrero, una escarapela incendia el yarey!

La mujer:

Y el Jefe el primero, al frente de todos va dando la ley!

(En el llano frontero a la casa habrán descabalgado los insu-


rrectos, y entran en el bohío.)

El CAPITÁN insurrecto:

Mujer, es la muerte por la patria, vida;


sobre su caballo fué mortal la herida!

(Cuatro soldados entrarán el cadáver del marido sobre una


improvisada camilla.)

Un soldado:

Cayó cómo un ave herida en las alas!


. .

56 CUBA CONTEMPORÁNEA

Otro soldado:

Yo vi que a su lado llovían las balas!

Otro soldado:

Aun galopaba con el pecho abierto,


las manos en alto y suelta la brida.

El primer soldado:

La sangre se iba por la gran herida,


pero el enemigo se quedó bien muerto!

La Mujer:

Igual vi a mi padre, igual vi ami hermano. .

¡Más vale ser ciego que nacer cubano!


¿Señor, ya en su cama no muere el cristiano?
Todos los que quiero los traen así:
la cuenta perdí
de los que ya vide caer por la guerra. .

Si sigue la cosa,
a limpiar la tierra
no dará abasto el aura tiñosa!
Ya fueron diez años que sufrió la gente,
ya fueron diez años de manigua ardiente,
y ahora de nuevo la guerra, el espanto,
y en cada bohío, nada más que llanto!
¿Señor, es mi sino que yo sufra tanto?

El Abuelo:

Es la misma lucha, que tiene dos partes!


Si los españoles con dichosas artes
nos vencen de nuevo, habrá aún otras partes!
Es la misma lucha de la guerra antigua.
Acá en la manigua,
.

ALAS QUE NACEN 67

mi hija, es preciso que se nuble el sol,

o se marchen las tropas del rey español!


Por cada león
habrá un gavilán,
y por cada lágrima de nuestra aflicción,
nacerá un guerrero con un noble afán!

La Mujer:

Señor, que no pueda ya vivir en paz!


Yo no sé el pecado de que fui capaz
que lo estoy purgando!
Dos años completos lo estuve esperando
para verlo muerto cual lo estoy mirando!
La pupila tengo para el llanto pobre.
Que me dé su amparo la Virgen del Cobre!
Que me quede ciega
puesto que la hora de la paz no llega!

CUADRO SEGUNDO
El mismo interior del rancho , con la puerta del fondo un poco en-
tornada. De la puerta de la derecha saldrá alguna luz, porque en la
habitación a que lleva estará tendido el muerto. En esta misma puerta,
sentada, la Mujer, y a su lado Una Mujer de la Vecindad y Su Hija
Muda. Un soldado inválido. Una Vieja. Un vecino. El Abuelo.. El
Niño. Será la media noche.

La Mujer:

Como vi a mi padre lo tengo que ver,


con los ojos fijos en otra visión!
Igual que a mi padre lo ayudé a tender,
y nada se ha roto en mi corazón . .

La Vieja:

La Muerte lo quiso para su ventura.


La señora Muerte lo bajó a su pozo lleno de negrura!
58 CUBA CONTEMPORÁNEA

Una mujer del vecindario:

Que el Señor le abra las puertas del cielo


para que nosotros tengamos consuelo.

El soldado inválido:

Murió como un bravo,


y es mejor morir que no ser esclavo!

Un vecino:

Ninguno en la hueste cubana tenía más bravo el empaque:


él era el primero cuando la corneta mandaba el ataque!

El Abuelo:

Iguales a garras eran sus dos manos,


dos garras de acero para el enemigo,
que se convertían como en dos hermanos
para el buen amigo!
Cuando galopaba sobre su caballo,
eramismamente que si fuese un rayo!

Un vecino:

No usaba de riendas este gran jinete:


a todo galope, las dos manos eran para su machete!

El Abuelo:

Y ahora descansa en paz en su caja,


la bala enemiga le dió la mortaja!

(Se escucha el silbido de una lechuza.)

Una mujer del vecindario:

Viene por su alma la blanca lechuza!


alas que nacen

El Abuelo:

Con hacer la cruz, ya el pájaro cruza.

La Vieja:

Pájaro maldito, sigue tu camino,


y Dios de tus males libre al peregrino.

El inválido:

Pájaro ladrón que a brujas socorres


robando el aceite de todas las torres,
sigue tu camino!

Una mujer del vecindario:

Pájaro ladino,
lechuza maldita que apagas las luces,
que por mi camino
con tus alas mudas en jamás te cruces!

(Suena nuevamente el silbido.)

La Vieja:

Lechuza ladrona
que cegái los ojos de la comadrona
la noche del parto,

y con los silbidos


hacéi que se mueran los recién nacidos,

y las yerbas buenas tracái en esparto,


que el señor os haga seguir el camino
y de vuestra sombra libre al peregrino!

(Resuena largamente un último silbido.)

Una mujer del vecindario:

Lechuza maldita, í con los canallas!


. !

60 CUBA CONTEMPORÁNEA

El Abuelo:
Sola vayas!

El inválido:

Sola vayas!

La voz DE todos:

Sola vayas, sola vayas, sola vayas!

(Con la imprecación y entran de repente en el rancho unos


cuantos guerrilleros. El Capitán^ barbado y marcial, tiene algo
de gavilán en el perfil soberbio. Todos enmudecen, y el silencio
temeroso es interrumpido bruscamente.)

El capitán guerrillero:

Acá la mambisa,
¿por dónde siguiera la insurrecta tropa?

La Vieja:

Pasaron de prisa . .

sabe Dios ahora por dónde galopa!

Otro guerrillero:

Capitán, un herido
descansa dormido
sobre la camilla que estamos mirando...
Los mambises deben de estamos velando!

(Al avanzar el Capitán, lo interrumpe.)

La Mujer:

Acá mi marido
se encuentra ya muerto, que no mal herido
.. . .

ALAS QUE NACEN

Mucho tiempo, mucho lo estuve esperando,


para verlo muerto cual lo estoy mirando . .

El Abuelo:

El que está tendido


bien muerto se encuentra, y no mal herido. .

pues ni aun impedido


el cubano del monte se tiende vencido.
Ka muerto en la guerra.
La bala enemiga en pleno combate le dió la mortaja,
y desde el caballo en medio del fuego se vino a la tierra,
pues al insurrecto la Muerte tan sólo del arnés lo baja.
Los otros se han ido,
jamás os diremos por dónde han cogido. .

Aquí en la manigua la gente mambisa no sabe traiciones!


Palpitan unidos por solo un empeño nuestros corazones!

El Capitán:

Yo nunca la guerra hice con ancianos!


Si es verdad que nunca di paz a mis manos
llevando la espada,
es verdad que nunca fuera deshonrada.
Acá mi guerrilla
lucha por la santa causa de Castilla,
y Castilla es noble allá en sus solares
y debe de serlo por sobre los mares.
Si en vez de ser vos un viejo que llora
la muerte de un hijo,
fuérais un guerrero, sabríais ahora
todo lo que puede mi espada, de fijo.

(Envaina su espada, y siempre marcial se encamina a la puerta.


Rompe de nuevo el silencio el llanto de)

La Mujer:

Dos años enteros lo estuve esperando


para verlo muerto cual lo estoy mirando . .

\
. .

CUBA CONTEMPORÁNEA

La Vieja:

Para su camino estará su hijo:


sus huellas sin duda seguirá, de fijo.

La Mujer:

¿Para que no tenga reposo su madre?


¿Para que lo traigan lo mismo que al padre?
Destino que dejái para mi cabeza
tan sólo tristeza,
¿hasta que me muera seguirá este sino?
¿Estará su hijo para su camino?
Guerrillas que vide por los matorrales,
¿porqué no arrancasteis mis ojos mortales?
¿Para qué más tiempo vivir en la tierra,
si toda la vida ha de ser en guerra?

Perros, perros jíbaros, comedme a pedazos!


Que nada me queda, nada, de los brazos
que allí lo tendieron... Comedme las manos!
¡Que coman mi cuerpo todos los gusanos!

Una mujer del vecindario:


(Aparte al Inválido.)
Conoce su sangre. Llora por
. . el hijo

que detrás del padre correrá de fijo . .

El soldado inválido:

La patria lo llama, y quien es cubano


sólo por inválido da paz a la mano.

El Abuelo:

Siempre a pelear y a querer morir


en la misma lucha de los tiempos viejos . .

Siempre ha la vida de reproducir


una misma cosa, como los espejos!
. . . ,

ALAS QUE NACEN 63

(Habrá un silencio largo y especiante j que cortan algunas


toses. Ese silencio misterioso de los velorios campesinos^ en el
que se oculta mucho del temor a los muertos. Las luces par-
padean, y algún concurrente se duerme. La muchacha muda
tendrá el espanto dibujado en su rostro.)

El Niño:

Mi madre, mi madre,
¿no escucháis la voz de mi padre?
Yo lo oigo llamarme clarito, muy claro,
como desde lejos... Seguro, mi madre!
Es él que me pide que vaya en su amparo!

La Madre:

Dejadme, mi hijo, que ninguno os llama:


para nuestra pena, él está bien muerto!

El Niño:

Mi madre, no sueño. Lo escucho que clama.


Hace mucho rato que estoy ya despierto,
y escucho sus voces llamándome al monte.
Dice que en la guerra faltan siempre brazos,
falta gente brava que la lucha afronte . .

Sus palabras oigo como latigazos,


mi madre. Mi madre, oidlo que llama.
. . .

Oidlo, mi madre . ,

(La madre llora a grandes sollozos, y todos callan con un terror


del más allá.)

El Niño:

Mi madre, mi madre
aquí está el Abuelo, que tanto te ama
porque él es tu padre. .
! .. !

64 CUBA CONTEMPORÁNEA

Pero yo a mi padre lo escucho que clama


por mí... Que me llama... Muy claro lo escucho!
Y es mi padre, sí. . . Y lo quiero mucho. .

Déjame que parta, mi madre querida.


Con mi sangre nueva lavaré su herida,
con mis brazos nuevos lucharé en la guerra
para darle fosa en su propia tierra...
Déjame que mi madre... Mi madre,
parta,
déjame que sea digno de mi padre!

(Llora la mujer , sin responder, mientras comentan los otros:)

La Vieja:

Que marche, que marche. Su sangre lo pide,


La voz de la sangre es la que decide

El Inválido:

Que Dios lo proteja, pues no va por mal!

La mujer del vecindario:

Igual se fué el padre . . . Asimismo . . . Igual

El Abuelo:

Siempre a pelear y a querer morir


en la misma lucha de los tiempos viejos!. .

Un vecino:

La gente cubana ha de conseguir


que la castellana la quiera de lejos!

(Decidido y soberbio, el Niño sale por la puerta del fondo, y


se le ve encabalgando el caballo del padre muerto. H\acia la misma
puerta se adelanta el Abuelo, temblona la alta estatura.)
ALAS QUE NACEN 65

El Abuelo:

Nieto que sois rosa final de mi vida,


esperad mi muerte para vuestra ida!

(A la voz del Abuelo, se oye el galope del jinete que se aleja,


y retorna el viejo con su paso cansado. Como a un impulso de
locura, la Mujer se levanta y corre a la puerta: la voz llorosa
increpa a la manigua frontera):

La Mujer:

Patria en que nací hace treinta años,


¿qué es lo que os hice para tantos daños?
¿Por qué los pedazos de mi corazón
para la fogata de la guerra esta
han de ser carbón?
Auras que hace años celebráis fiesta,
¿en qué día acaba vuestro gran banquete?
¿Cuándo no arderán los cañaverales
y en los cinturones colgará el machete
de los generales?
Patria en que nací hace treinta años,
¿qué es lo que os hice para tantos daños?

(En el silencio de todos, la voz resuena cada vez más deses-


perada) :

La Mujer:

Hijo de mi vida que os vais a la guerra:


que al menos logréis del Rey Español
que los vuestros duerman en su propia tierra
bajo la caricia de su propio sol!

ASÍ TERMINA ESTA FARSA.


REVISTAS CUBANAS

LAS ESCUELAS NORMALES EN CUBA

S^^^S^ el número correspondiente a junio-diciembre últimos

^ ^^^^£i de la Revista de Facultad de Letras y Ciencias, se


la

P^^^^^^ ''^^ notable trabajo sobre el origen de las es-


m l^^^Sl
S^ -'
^T^^ l cuelas normales en Cuba y su desenvolvimiento, desde
los primeros ensayos para implantarlas, hasta la época actual. Este
trabajo, que viene a enriquecer la historia de nuestras instituciones
pedagógicas, ha sido presentado como tesis para optar al grado de
doctor en Pedagogía en nuestra Universidad Nacional, por la se-
ñorita Candad González y Venegas. La disertación lleva por
ttuloOrigen y desarrollo de las escuelas normales en Cuba y
forma un extenso resumen histórico sobre el tema de la tesis,
siendo al mismo tiempo un trabajo de crítica pedagógica, puesto
que al estudiar los distintos ensayos efectuados en Cuba para
crear dichas escuelas, la ilustrada disertante, utilizando sus cono-
cimientos en la ciencia de la educación, hace la crítica, con cri-

terio imparcial y científico, de los proyectos y de las instituciones.


El que examine el trabajo de la Srita. González hallará más
de lo que su título promete, pues la autora antes de abordar el

verdadero tema de su tesis, que es la historia de las escuelas nor-


males en Cuba, presenta el cuadro de la instrucción primaria en
nuestra patria en los últimos años del siglo XVIII y el primer
tercio del XíX, hasta la época en que verdaderamente se trató de
escuelas o institutos para preparar maestros, es decir, cuando Luz
y Caballero en su célebre Informe recomendaba la creación de
una sección normal en el Instituto proyectado (1).

Informe presentado a la. Real Junta de Fomento, de Agricultura y Comercio de


(1)
esta en el expediente sobre traslación, reforma y ampliación de la escuela
Isla...
náutica... de Regla, refundiéndola en un Instituto científico... Habana, 1834.
REVISTAS CUBANAS 67

"Siempre fué aspiración de los cubanos más eminentes por su


talento o su saber, la creación de institutos de esta clase", dice
la Srita. González; en efecto, no hay más que leer su tesis y se
tendrá el convencimiento de tal verdad al considerar el número
de proyectos, algunos sin fructificar y otros medio realizados, que
se han sucedido en nuestro país hasta el año 1857 en el que al
fin se fundó la primera escuela normal, la establecida en Guana-
bacoa y dirigida por los Padres Escolapios, veintitrés años des-
pués de publicado el Informe del gran educador cubano. La se-
ñorita González analiza el Informe y reproduce los párrafos en
los que Luz y Caballero al proponer la fundación de la sección
normal, explicaba la clase de instrucción que debían recibir los
alumnos.
La primera parte del trabajo de la nueva doctora, es de índole
histórica. Después de referirse en una corta introducción al origen
de las escuelas noi'males en general y haber señalado su impor-
tancia, trata, corno ya hemos dicho, de modo extenso, de la ins-
trucción pública en Cuba y su lamentable estado a fines del siglo
antepasado y principios del XíX, y rehace la historia de la en-
señanza primaria en aquellos tiempos ya lejanos, con tal acopio
de datos que demuestra que para su trabajo ha tenido necesidad
de pacientes investigaciones. Labor sintética de gran mérito ha
sido la suya y en la que la erudición de primera mano que su
tesis supone, no se halla presentada por pedantescas citas, ni por
transcripciones y copias. Todo está allí expuesto en orden cro-
nológico, y el examen de los ensayos o proyectos acompaña a la
relación histórica de los mismos. La prueba de lo minuciosa y
concienzuda que es su información la hallamos en el Capítulo IV,
que está todo dedicado a la escuela normal que en 1852 dispuso
el General Concha que se creara en La íiabana; a pesar de que

esta escuela no llegó a funcionar y quedó en estado de proyecto,


la Srita. González examina el Reglamento de la misma, detalla-
damente, artículo por artículo. Ya en el Capítulo V comienza el
estudio de las escuelas normales, con la primera que se estableció
en nuestro país, la de Guanabacoa, que emprendió sus tareas
en 1857.
La escuela de Guanabacoa, ¿llenó cumplidamente los fines
esenciales para que fuera eficaz su enseñanza? No, ciertamente,
68 CUBA CONTEMPORÁNEA

pero su creación fué un gran adelanto, pues el primer paso se


había dado, y ya existía en Cuba un instituto para instruir maes-
tros. Era preferible su funcionamiento defectuoso a la carencia
completa de una escuela de su clase. Después de haber expuesto
en detalle plan de enseñanza y la distribución de los cursos,
el

la Srita. González de m.anera acertada hace la crítica de la ins-

titución en los siguientes términos:

...Como hemos podido observar, la instrucción era muy amplia,


facilitando variados y basíaníes sólidos conocimientos a los que en su
día alcanzarían un título profesional. Reconocido esto, si observamos
la listade materias, tanto en la Escuela Normal como en la Práctica,
vemos el predominio de la enseñanza religiosa. Nótase también la ca-
rencia casi absoluta de estudios de carácter pedagógico en la Escuela
Normal. En una sola ciencia llamada Pedagogía no era posible pre-
sentar los múltiples aspectos que com.prende el arte y ciencia de la
educación. Al estudio de los métodos conocidos en la Península y a
ideas sobre organización de escuelas y deberes de los maestros, estaban
reducidos los conocimientos que de su carrera habían de suministrarse
a los futuros profesores.
La preferente atención a la enseñanza de la religión, cuyo predo-
minio hemos notado, no es de extrañar en un establecimiento dirigido
por una congregación religiosa, domiciliada en un país sometido al do-
minio de una nación eminentemente católica y en la que existía, y existe
aún, religión de Estado. Agréguese a esto, que el plan de la ense-
ñanza era una imitación del vigente en España en las instituciones de
la misma clase. Pero, aun teniendo en cuenta estas circunstancias, nos
parece excesivo que en todos los cursos figuren la religión y la moral
católica como materia preponderante, cuando la Pedagogía, verdadero
objeto de la Escuela, tan sólo se encuentra de un modo general, con
las denominaciones de Pedagog'a teórica y Pedagog'a práctica.
Esta falta de espíritu científico en la distribución de las materias,
objeto de la enseñanza, no la notamos juzgándola de un modo parcial
y sin tener en cuenta la diferencia de épocas; nuestra crítica, aun
cuando hubiéramos expuesto en los tiempos de la creación de la
la
Escuela, hubiera sido la misma. En el año de su fundación, si la
ciencia pedagógica no estaba adelantada en Metodología, Psicología ex-
perimental y otras materias como en los tiempos actuales, no dejaba
por eso de ser posible, si un espíritu científico alentara una obra de
educación, dar mayor amplitud a la Pedagogía, es decir al arte y a la
ciencia de enseñar.
Para convencerse de esto, no hay más que comparar los planes de
estudios de cualquier otra nación culta en la época de la fundación de
la Escuela de Guanabacoa, con los de ésta. Además, nuestra crítica
.

REVISTAS CUBANAS 69

ya la había hecho un contemporáneo. González de los Ríos al estudiar


en su Ensayo histórico-esiadísüco de la Instrucción Pública en la Isla
de Cuba el funcionamiento de esta Escuela, hace observar la deficiencia
de la misma en la parte pedagógica, expresando que algo más debía exi-
girse, pues el objeto de la Escuela es formar profesores, es decir, peda-
gogos, "hombres que deben estudiar y conocer por principios la ciencia
de educar". .

Concluye la disertante el examen de la Escuela Normal de


Guanabacoa haciendo notar el escasonúmero de profesionales que
produjo, pues en los diez años que funcionó (1857-1868), tan
sólo se graduaron 112 maestros.
A continuación de la Escuela Normal de Guanabacoa, la autora
se ocupa de la Escuela preparatoria para maestros fundada en
1878 por la Sociedad Económica, institución que, según sus pa-
mucho de llenar el vacío de una escuela normal".
labras, "distaba
En examen que hace de los proyectos de las escuelas normales
el

para maestras y maestros de la Diputación Provincial de La Ha-


bana (año de 1883), manifiesta que si dichas escuelas hubieran
funcionado, no habrían prestado gran adelanto, pues eran atrasadas
para la época. "Sus estudios —dice—eran muy rudimentarios."
El estudio que de las escuelas normales creadas por Real De-
creto de 19 de junio de 1890, hace la Srita González, constituye la
parte más notable de su trabajo. Examina detalladamente el ci-

tado Real Decreto citando los principales artículos y explica la or-


ganización de las escuelas conforme al Reglamento de las mismas,
haciendo atinadas observaciones llenas de recto espíritu crítico y
de suficiencia pedagógica. Termina su examen con estos párrafos
en los que sintetiza su opinión emanada de las observaciones an-
teriores :

...Con terminación de la soberanía española en Cuba, dejaron de


la
existir estasnormales de las que tantos beneficios se esperaban y que
sin embargo no pueden ofrecernos en su historia ninguna enseñanza pro-
vechosa, ni ningún ejemplo que pueda servirnos de guía, no sólo como
instituciones de carácter pedagógico, sinocomo centros de cultura ge-
neral. No
fueron lo que pudieron haber sido; no respondieron al ideal
cuando podían haberlo encarnado; el país las aguardó con entusiasmo y
después las vió desaparecer con indiferencia.
La inauguración de esas escuelas contaba con las sipipatías de todo
el magisterio, en especial con el perteneciente al elemento femenino.
70 CUBA CONTEMPORÁNEA

porque si bien es cierto que ya anteriormente había existido la Escuela


Normal de Guanabacoa, había sido solamente para maestros: era por
tanto la primera vez en que la mujer cubana, contando con el apoyo de
los poderes gubernamentales, iba a prepararse para hacer su entrada en
la carrera en la que más tarde había de obtener grandes éxitos. Grande
era el número de señoritas que aguardaban la apertura de la institución
para matricularse en ella, aunque es necesario confesar que en su mayor
parte lo hacían sólo con el objeto de alcanzar una instrucción bastante
amplia, muy difícil de lograr entonces; pero m.uy contadas lo hacían
con el propósito de consagrarse al magisterio.
Esas normales, desde el punto de vista general, representaron un
paso de avance, ya que ponían térm.ino a la obra tan poco eficaz de
habilitar maestros mediante los exámenes de que ya hemos tratado...

...Mas cuando llegamos a la parte pedagógica, encontramos que las


Normales de 1892 fueron unas instituciones que no estaban a la altura
de la época. Los que aspiraban al título de Maestro o Maestra Normal
Elemental sólo, en el primer curso estudiaban Principios de Educación
y Métodos de Enseñanza, estudios que serían más amplios para los que
aspiraban al de Maestro o Maestra Normal Superior, agregando Legis-
lación de Primera Enseñanza. Es decir, ofrecían a los alumnos una
instrucción más o menos vasta, pero el ñn principal, que era prepa-
rarlos para ser buenos educadores de la niñez, quedaba desatendido.
Además, en ellas se abusó del verbalismo, concediéndose muy poca im-
portancia a la práctica, siguiendo el modelo de las escuelas españolas,
de las que resultaban un verdadero calco. Las clases, como en la de
Guanabacoa, eran de excesiva duración.
Estas Escuelas, que, com.o hemos dicho, habían sido tan ansiosa-
m.eníe esperadas, pronto fueron encontrando un gran vacío a su al-
rededor. Al cubrirse las plazas por concurso, quedando así en poder
de profesores peninsulares, el país pudo comprender la finalidad po-
lítica que se perseguía. Ocupadas las cátedras por españoles, era na-
tural que desde allí tratarían de desairragar las ideas separatistas de
los cubanos. Abiertas en 1892, ya en 1895, año en que estalló la guerra
de independencia, com.enzó para ellas una vida lánguida, contando la
de m.aestros con escaso núm.ero de alumnos. A pesar de todo, la in-
fluencia política de ellas fué casi nula porque los alumnos en su ma-
yoría eran pertenecientes a la enseñanza doméstica y libre, para los
cuales poco significaba la opinión de sus maestros...

Con la misma competencia con que la Srita. González estudia


las instituciones que precedieron a las actuales escuelas normales,
aborda el examen de éstas, no sin tratar antes, con la extensión
debida, del período transcurrido desde el cese de la soberanía es-
pañola en Cuba, hasta 1915. Relata detalladamente las disposicio-
REVISTAS CUBANAS 71

nes tomadas por el Gobierno Interventor para remediar en lo po-


sible la carencia de maestros y de escuelas. La Srita. González
enumera las reformas urgentes que desde el primer momento se
implantaron: la creación de las Superintendencias, la organización
de las Juntas de Educación, los exámenes para los aspirantes al
normales de verano, la visita
certificado de maestro, las escuelas
de los maestros a la Universidad de Han^ard, la fundación de la
Escuela de Pedagogía en la Universidad Nacional y la introducción
del Kindergarten en Cuba. A esta última institución dedica un
capítulo de su trabajo, en el que examina la Circular núm. 1 1 de 8
de febrero de 1902 que y el Reglamento que más adelante
la creó,

fué promulgado para la Escuela Normal de dicha enseñanza. El


resumen crítico sobre la Escuela Normal de Kindergarten lo en-
cierra en las siguientes observaciones:

...Algunas críticas han sido expuestas por personas peritas acerca


del plan de enseñanza de esta Escuela Normal, tanto en la parte que se
relaciona con la duración de los estudios, como en la que se contrae al
modo como la enseñanza se practica, y hay que convenir que gran nú-
mero de esas críticas no están desprovistas de fundamento. Indudable-
mente, dos años no es tiempo suficiente para obtener un título que ca-
pacite para desempeñar con la idoneidad requerida, una enseñanza de
índole tan especial y delicada com,o lo es la del Kindergarten. Si a esto
se agrega lo incompleto de los estudios, se verá que la institución no
ha podido dar los resultados que se esperaban. El rem.edio, por lo
tanto,creemos pudiera hallarse aumentando en un año los estudios y
que a las profesoras encargadas de la enseñanza se les exija mayor
capacidad académica para el ejercicio de los cargos.
Además, esta Escuela, en lugar de funcionar independientemente,
nos parece que debiera constituir una dependencia especializada de la
Escuela Normal para maestras... (2)

En eJ estudio de las actuales escuelas normales, la autora da


muestras, com.o en el examen de las escuelas de su clase que las

(2) La Srita. González no se muestra confoririC con la sustitución del nombre de


Kindergarten por el de Jardines de la Infancia. Con respecto a este particular, dice:
"Al Kindergarten se le cambió el nombre por el da Jardines de la Infancia siendo Se-
cretarlo de Instrucción Pública el Dr. Francisco Domínguez y Roldan, al entrar Cuba en
la guerra europea, como protesta antigermánica, pero el público y todos los que hacen
referencia a esta enseñanza especial, siguen designándola con el nombre inmortalizado
por su genial fundador. Por nuestra parte, creemos que el nombre primitivo no debió
nunca ser substituido por otro que no encierra la concisión de la palabra alemana, ni
su sonoridad, siendo además la denominación que Froebel dió a su sistema."
72 CUBA CONTEMPORÁNEA

precedieron, de sus conocimientos pedagógicos y del resultado de


sus investigaciones históricas sobre la materia. Examina el texto
legal de su creación (Ley de 16 de marzo de 1915), extendiéndose
en pertinentes consideraciones y dando a conocer el juicio que le
merecen las disposiciones de la ley. De sus críticas, algunas muy
bien fundadas, podemos señalar las que dedica a las condiciones
que se exigen para optar a las cátedras de la Escuela, expresando"
su opinión de que tratándose de institutos cuyo objeto es enseñar
a enseñar, debe ser indispensable el título de Doctor en Pedagogía,
y que los Doctores en Medicina, Filosofía y Letras, Ciencias y los
Ingenieros Agrónomos, para poder presentarse a oposición de las
cátedras, deben tener aprobados estudios pedagógicos. También
opina que los cursos resultan demasiado cargados de materias,
prefiriendo la enseñanza intensiva a la extensiva. Refiriéndose a
la creación de la Escuela Normal Superior a que se contrae el ar-

tículo XXíX de la Ley, la considera innecesaria, existiendo en


nuestra Universidad Nacional la Escuela de Pedagogía, cuyo objeto
es análogo al de aquélla.
No desconoce la autora de la tesis que las actuales Escuelas
Normales no son perfectas ni en su organización ni en sus métodos,
pero con sentido práctico y sensatez, aconseja su mejoramiento y
no su destrucción, sin incurrir en los pesimismos de los que cen-
suran toda institución nacional sin tener en cuenta, como ella
dice, que "ninguna obra en el m.undo nace en completo estado de
desarrollo". En la conclusión de su trabajo la Srita. González
hace justicia a la obra educativa de la primera Intervención y de
la República, en estos términos:

Cuando retrospectivamente consideramos la historia de nuestra en-


señanza y comparamos su estado actual, aun con sus deficiencias, con el
de la época colonial, no podemos menos de considerar que la obra pe-
dagógica emprendida por la Intervención Americana en el último año
del siglo pasado y primeros del actual, y continuada por nuestra Repú-
blica, es digna de loa y encarecimiento. El poder interventor implantó
un sistema de escuelas públicas que extendió por todo el país los bene-
ficios de la enseñanza y reformó la instrucción superior, en cuya reforma
estaba incluida la Escuela de Pedagogía, y el Gobierno de la República
ha creado las Escuelas Normales.
Al decir que esta obra es digna de celebración, no se nos oculta lo
distante que está de ser perfecta; pero ninguna obra en el mundo nace
REVISTAS CUBANAS 73

en completo estado de desarrollo, y a nuestro cuidado y vigilancia se


ha de deber el mejoramiento que indudablemente ha de presentar en lo
futuro. Con censurar y lamentarse no se alcanza nada...
...Debemos dedicar todos nuestros afanes, todas nuestras fuerzas,
al mejoramiento de nuestras Escuelas Normales, cuyas deficiencias, que
no debemos ocultar, pero tampoco exagerar, han de ir desapareciendo
progresivamente si todos ponemos la voluntad en tan patriótico empeño.
Los pesimismos exagerados y las injustificadas censuras a instituciones
tan necesarias, tan indispensables para la cultura del país, sólo producen
el estancamiento y ciega las fuentes del entusiasmo y del estímulo sin
los cuales no puede haber obra meritoria, ni duradera.

El trabajo de la Srita. González merece, por sus méritos, ser


conocido por todos aquellos a quienes interesan los estudios peda-
gógicos. Su tesis, dentro de los límites de una disertación aca-
démica, abraza una historia completa del asunto; todos los que en
lo sucesivo quieran conocer la materia deberán consultarlo, pues
es producto tíe investigación personal, hecho sobre fuentes origi-
nales y con método científico.

Luciano de Acevedo.
BIBLIOGRAFIA'*'

Las mejores poesías (líricas) de los mejores poetas. XXXIX Del-


MiRA AGUSTIN!. 6.0C0. Editorial Cervantes. Rambla de Cata-
luña, 72. Barcelona. [1922] 8^ 68 p.

Delmira Agustini murió hace ocho años, en su ciudad natal, Mon-


tevideo, cuando apenas había llegado al cuarto de siglo. En vida tan
corta, ¡cuántos dolores, cuánto sentimiento y cuánta poesía! Fué una
una de las primeras mujeres que en la América tratara con absoluta
libertad los temías del am^or. Hasta Delmira Agustini muy pocas poe-
tisas podrían ser citadas entre las cultivadoras de esa literatura ar-
diente y humana. La moral de nuestras sociedades, moral de conve-
niencia discutible en algunos de sus aspectos, encontraría mucho que
rechazar en la obra de la escritora uruguaya. Pero ella pudo decir
con razón a los asombrados compatriotas que los mioldes usados du-
rante siglos sólo podían dar figuras iguales, de frialdad correcta e in-
móvil y de estolidez definitiva.
Se ha querido establecer paralelos entre la Agustini y Juana de
Ibarbourou. Maristany dice en el prólogo de esta edición lo perti-
nente para fijar las diferencias entre una y otra poetisa. Ka habido
únicamente influencia en el sentido de que la personalidad y la gloria
de la primera han podido pesar en la otra "lo bastante para decidirla
a desbordar su sinceridad". Pero si en la Ibarbourou el carácter fisio-
lógico de su obra tiene un sabor "apacible, sano e idílico, en aquélla lo
tiene atormentado, morboso y trágico". Leyendo algunos versos de la
Agustini se siente inevitable y próximo un soplo de tragedia. Es como
un fantasma im.previsto, que se condensara en la sombra y que nos
amenazara. Leyendo a Juana de Ibarbourou se viaja por las llanuras
amables y fecundas de la serenidad.

(*) Debemos recordar que en esta sección serán únicamente analizadas aquellas
obras de las cuales recibimos dos ejemplares remitidos por los autores, libreros o edi-
tores. De las que recibamos un ejemplar, sólo se hará la inscripción bibliográfica
correspondiente.

BIBLIOGRAFÍA 75

En El vampiro, la Agustini, es la alucinada que advierte en sí el


morboso placer del mal:

En el regazo de la tarde triste


yo invoqué tu dolor... Sentirlo era
sentirte el corazón. Palideciste
hasta la voz; tus párpados de cera
bajaron... y callaste... Pareciste
oir pasar Muerte... Yo que abriera
la
tu herida —
mordí en ella ¿me sentiste?
¡como en el oro de un panal mordiera!

Y exprimí más, tradiora, dulcemer.te,


tu corazón herido mortalmente,
por la cruel daga rara y exquisita

de un mal sin nombre, ¡hasta sengrarlo en llanto!


y las mil bocas de mi sed m.aldita
tendí a esa fuente abierta en mi quebranto.

¿Por qué fui tu vampiro de amargura?


¿Soy flor o estirpe de una especie obscura
que come Hagas y que bebe el llanto?

Ella mJsma muestra en La musa su credo artístico. Quiere una


musa misteriosa y compleja, con ojos de abismo que sean
carrtbiante,
de luz, con una fruta perfumada en la boca, que sienta celos y prodigue
caricias y quejas y heridas, que sea águila, tigre y palomea

y una frente que, erguida, su corona reclame


¡de rosas, de diamantes, de estrellas o de espinas!

Así fué la poetisa, por lo menos en su obra. Reflejó su personalidad


en sus deseos, y vibra, se desmaya, llora, ruge y canta en los versos
transparentes, como un jardín lleno de sol que produjera flores de mal
entre lindas rosas ingenuas, entre sedantes jazmines y violetas.

Raimondo Cabrera. I miei bei tempi. Memorie di uno studente.


Traduzione di Angelina Fantoli. Parigi. Delgado & Gabrieli.
33, Rué de Lille, 33. 1922. 8^ XX-232 p.

"Angelina Fantoli, de origen italiano, huérfana y sin recursos, llegó


a Cuba en la edad en que los favoritos de la suerte alimentan las más
bellas ilusiones. Para ella la vida sólo fué lucha y amarguras."
76 CUBA CONTEMPORÁNEA

Así hablan los editores de este libro del Dr. Raimundo Cabrera cuya
traducción llevó a cabo con amor y con alegría la escritora muerta en
esta ciudad hace algunos años. Fué la señora Fantoli una admiradora
de la obra del Dr. Cabrera y especialmente de Fñis buenos tiempos, tan
rebosantes de emoción y de optim.ismo. Ese libro en el cual la me-
lancolía y la esperanza van tan perfectamente unidas, está desde ahora
incorporado a la literatura italiana, gracias al cariño de la traductora.
Los estudiantes de aquel país conocerán las tristezas y las vicisitudes
de un estudiante cubano, que no obstante recuerda esos tiem.pos aza-
rosos como los mejores de su vida. Y es que realmente siempre fueron
buenos los tiempos de la juventud, los días en que la ilusión reina y
en que todo pesar cruza pronto para dejar paso a una nueva esperanza.

Antología de poetas italianos. Versiones de B. Contreras. Edi-


ciones Mínimas. Buenos Aires. MCMXXÍI. 8^, 46 p.

La selecta publicación que dirige hace cinco años en Buenos Aires


el Leopoldo Durán dedica sus dos últimos números de 1922 a una
Sr.
antología de poetas italianos. El traductor de los poem^as es B. Con-
treras, que hace poco vertió al español las Odas bárbaras de Carducci
y mereció por ello elogios de los más distinguidos escritores.
Aquí está el canto Al sol, de Campanelía, en que el monje llora su
cautiverio y clama por la luz del "Padre de la natura"; aquí Caducci
con sus Primaveras helénicas, sus Poetas gibelinos, su Noche de mayo
y su Primo veré; Fogazzaro en A los que me aman hace la dedicatoria
de lo menos vil de sus cantos, en Al anochecer descifra los rumores de
las campanas, los ecos de los valles, de la onda del lago y la cascada
de Rescia; Guido Mazzoni remeda Los coros de la vida: los guerreros,
los jóvenes amantes, los ancianos, y canta las glorias de Afrodita Ana-
diomena; en Las víctimas del ideal y Canto nocturno hay magníficos
acentos de Ada Negri; Solón y Sileno, de Pascoli; y Egoísmo y caridad,
de Zanella.
Las traducciones de Contreras son libres, casi literales. No se unce
a la rima, y ello le permite respetar las ideas y sobre todo la belleza.
Acaso hay un poco de frialdad mecánica en algunos versos, pero siempre
hay honradez y discreción. El traductor no se lanza por el original como
guerrero en tierra conquistada, a imitación de tantos otros. Por ese res-
peto y por la sinceridad y el cariño de su esfuerzo, es digno de consi-
deración el traductor de esta breve antología.

Selección de novelas breves. María Edgeworth. Dos familias.


Traducción directa del inglés por A. Nadal Editorial Cervantes.
Rambla de Cataluña, 72. Barcelona. [1923] 8", 170 p.

Es la historia de dos familias de diferente educación: los Frankiand,


honestos, cumplidores, activos, y los Bettesworth, indolentes, envidiosos
BIBLIOGRAFÍA 77

y perversos. La novelista hace triunfar a los primeros


después de muy
dolorosas vicisitudes, y lleva a los otros al fracaso al través de períodos
de prosperidad y victoria. Dos familias no es un cuento moral para
señoritas. Es algo más, aunque tiene mucho de eso. Es un cuadro
de la vida, hecho con arte sobrio y claro tanto en la manera de conducir
la acción como en la presentación de los personajes y en las des-
cripciones.

José Ingenieros. Por la Unión Latino Americana. Discurso pro-


nunciado el 11 de octubre de 1922 ofreciendo el banquete de
los escritores Argentinos en honor de José Vasconcelos. 1922.
L. J. Rosso y Cía., Impresores. Buenos Aires. 8^, 14 p.

Cuando el Dr. Ingenieros pronunció su discurso en honor del diplo-


mático y estadista mexicano, causaron impresión sus afirmaciones y
produjo gran alegría su actitud. Era que venía sin limitaciones al
campo de la unión americana un pensador de gran prestigio moral, de
enorme influencia en todo el Continente y de una actividad maravillosa.
La adquisición es realmente importante. No hay en la América otro
problema, ni científico, ni económico, ni industrial, ni de clase alguna,
superior al político. Martí dijo que juntarse debe ser la ambición de
los pueblos. Y Martí tuvo siempre una clarividencia asombrosa. La
gloria más pura de un escritor nuestro es la que proviene de su labor
de confraternidad. Rodó fué un apóstol máximo de la unión. Por
ello es que su pensamiento puede ser invocado sin preocupaciones de
fronteras, com.o el de Martí, por todos los americanos. Y por ello es
que han nacido y nacen agrupaciones y revistas que procuran difundir
su espíritu más que su obra en las diferentes repúblicas del mundo

colombiano. Es verdad como dice Rodó, de Chile, en su primer nú-

mero que "representa para nosotros los americanos un verdadero guía
espiritual, un sembrador elevado que manteniendo viva constantemente
su inspiración y su idea, la propagan y renuevan en alas del entu-
siasmo, y la encarnan, como él pedía para los reformadores morales,
en "sentimiento, en conducta y en ejemplo". Por eso, cada vez que se
quiera en América levantar un nombre como Paladión, ninguno más
eficaz que el de Rodó, por la trascendencia de su obra, y por la lección
inmortal que representa para nosotros su vida entera. Y en la Revista,
en el libro, en todo en donde pueda trasmitirse el sentimiento y la
idea, su nombre no puede menos que significar fe en la acción y vir-
tualidad en el ideal."
Así como fué Rodó el verbo de América, Ingenieros puede ser uno
de los representantes insignes de la acción, uno de los hombres que
marquen la ruta a nuestros países. Con su discurso se ha puesto en la
vanguardia. Y la publicidad que han encontrado sus palabras en toda
la prensa continental prueba que el sociólogo ha comprendido la mag-
78 CUBA CONTEMPORÁNEA

nitud de nuestros males, y es un halagador estímulo para el pensador


lanzado al combate para defender nuestra América.

Un chapitre du centenaire de Napoléon. Bonaparte jviembre de


l'institut. Par G. Lacour-Gayet, Membre de TAcademie des
Sciences morales et poÜíiques. (Avec seize ilustrations hors
texte). París. Gauthier-Villars et Cié., Editeurs. Libraires du
Bureau des Longitudes, de l'École Polytechnique. 55. Quai des
Grands-Agusíins, 55. 1921. 4^, 94 ps.

El notable historiador Lacour-Gayet, el mismo que publicó en 1921


una completa vida de Napoleón para conmemorar el centenario del em-
perador francés, estudió también una parte de la carrera del grande
hombre y la ha dado en este interesante volumen. Se presenta aquí a
Bonaparte como académico. El Sr. Lacour-Gayet encontró en los pa-
peles inéditos de los archivos de la Academia de Ciencias noticias bas-
tantes para escribir un libro acerca de la elección del guerrero y de sus
trabajos en el Instituto desde 1797 hasta 1802. Contiene la obra cinco
apéndices y diez y seis ilusíraciones, entre las cuales se hallan un
retrato de Napoleón en 1798, sesiones y actos níemorables del Instituto
y reproducciones de distintos documentos.

Juan Ramón Uriarte. Ex-Director del Instituto Normal de Varones


de El Salvador. Fórjate! Sugestiones normativas a los jóvenes.
Vromant & Co., Bruselas. 1921. S*?, 52 p.

El profesor Uriarte daba fin a sus clases de moral en el Instituto


de El Salvador con una "sugestión de idealismo". Eran como prédicas
de honor, de bondad, de exaltación, dichas con tono de sinceridad y con
las ansias de que en los jóve:ies cerebros de sus discípulos ^maestros —
del m^añana —
prendiera la buena semilla que iría dando frutos por toda
la nación. No fueron disquisiciones abstrusas que el educando oye
entre bostezos, anheloso de la terminación de una clase a la que se
asiste para llegar al grado, sino cortas y vivas manifestaciones de ideal
que seguramente cautivaban la imaginación del alumno.
Con esas páginas claras y nobles ha hecho el profesor Uriarte un
pequeño volumen, para extender aún más su propaganda de bien y de
verdad.

Biblioteca "Oriente". La pampa y otros poemas. Por Luis Váz-


quez de Cuberos. Editorial "Oriente". Tipografía "Aguilera".
Saco y Corona. Santiago de Cuba. 1922. 8^, 94 p.

¿Qué decir de este libro que no esté influenciado por el cariño fra-
ternal y por la más inalterable estimación? Luis Vázquez de Cuberos
BIBLIOGRAFÍA 79

formó parte de un grupo de muchachos que nos reunimos en Santiago


de Cuba en 1910 para publicar la revista Renacimiento. El nobilísimo
Fernando Torralva, atormentado y suicida, Vázquez de Cuberos y yo
fuimos los poetas premiados en un galante concurso de aquel mismo
año. La pugna de los miembros del jurado había trascendido. Era
uno solo el premio a discernir y tres las poesías que los jueces consi-
deraban premiables. Al fin se acordó crear accésits. El mismo día en
que se hizo público el fallo los poetas comenzaron una amistad que la
muerte ha empezado a destruir.
Acerca de este poeta que es algo más que amigo, dice en el prólogo
Armando Ley va: "No es Luis Vázquez de Cuberos un poeta que pudiera
permanecer mucho tiempo acomodado en los fríos talleres de un par-
nasianismo laborioso y sin vehemencias: la sangre se le hubiera helado
sobre los oros y las crisoteyas, y al cabo habría huido de la glacial
orfebrería. El sitio del poeta estaba en la cum.bre sin límites que do-
mána todos los horizontes y en la que convergen todos los caminos,
centro de una divina rosa de las rutas y fuente de las aguas vivas que
ceden al freno de las cosas, pero que jamás se refrenan a sí mismas.
Así los versos de Vázquez de Cuberos se distinguen por lo alio y vi-
goroso de los motivos, como por la independencia de los ritmos y la
rima. Y es verdad. Y la visión se ha cumplido. El joven amador de
los motivos recios y viriles, es hoy arribado a la máxima serenidad de
los treinta años, el continuador triunfante de aquella modalidad en-
tonces insinuada. El poema La Pampa, que inicia este volumen, lo
dice mejor y más definitivamente que Ío pudiéramos soslayar nosotros
en estas líneas liminares escritas a todo vuelo. Empero, el artista ha
querido demostrar que su lira tiene más de una cuerda y ahí tenéis
esos juegos inimitables de gracia y sutilezas que se llaman Regresión,
donde hay una gran tristeza que no quiere llorar, aunque desgarra el
alma, porque el llanto en el hombre pocas veces es perdonable."
El Credo sereno y límpido de Vázquez de Cuberos es un elevado
himno al espíritu:

El alma está en todas las cosas. En las rosas


blancas, en los lirios y en la blanca lila.
El alma es la esencia de todas las cosas
y es blanca, lo mismo en Sansón que en Dalila.

El alma es el niño que nunca envejece


y todos llevamos adentro.
El Hombre, los astros, todo crece y crece;
el alma es el centro.

La Pampa es un símbolo de la América, y termina con un canto de


exaltación a la Magna Patria:
:

80 CUBA CONTEMPORÁNEA

América
ha de llegar el día no lejano
en que, después de la jornada homérica,
alces bajo la aurora, la elocuencia
cupular y radiosa de tu idea.

Vázquez de Cuberos une a la seguridad de su técnica una ingenua


emoción que todavía lo conmueve y le trasmite el poder de hacer sentir.
La vida va despojando al hombre de esa generosa capacidad de exal-
tación, y sólo lo poetas la conservan al través de cansancios y dolores
y alegrías. Vázquez de Cuberos es poeta. Después de largos años,
es grande la satisfacción del ausente que encuentra por la vida al ca-
marada de la juventud y le reconoce en el alma los mismos tesoros de
belleza y de lealtad que le hicieron llamarse su amigo.

Enrique Gay Galbo.

La Habana, abril, 1S23.


NOTAS EDITORIALES

EL FALLECIMIENTO DE VELASCO Y LA PRENSA


NACIOiNAL Y EXTRANJERA

Como un homenaje a la memoria de nuestro inolvidable com-


pañero Carlos de Velasco, muerto en París el 1*? de febrero del
corriente año, y también por un deber de cortesía respecto de
aquellos periódicos, nacionales y extranjeros, que le han dedicado
frases de encomio al juzgar su labor como escritor y periodista,
reproducimos a continuación los artículos y sueltos relativos al
fallecimiento del que fué primer Director de Cuba Contempo-
ránea, llegados a nuestras manos con posterioridad al I"? de
marzo último, fecha correspondiente al número de esta revista en
el cual fueron transcriptos los publicados hasta entonces.

UN MUERTO ILUSTRE.— El Sr. Carlos de Velasco, Vicecónsul ads-


crito a la Legación de Cuba en Francia y Director fundador de la no-
table revista Cuba Contemporánea, acaba de fallecer en París.
El finado fué gran admirador de Bolívar, sobre cuya personalidad
publicó varios trabajos importantes, y buen amigo de Venezuela. Es-
taba condecorado con la Orden del Libertador en la Segunda Clase.
El Universal, al lamentar sinceramente la muerte del notable li-
terato y periodista cubano, le hace presente su más sentida expresión
de condolencia a la honorable familia del ilustre extinto.

(El Universal, Caracas, Venezuela, 20 febrero 1923.)

UN CUBANO ILUSTRE.—Carlos de Velasco.— Periodista y diplo-


mático. —Admirador del —
Libertador y amigo de Venezuela. La infor-
mación cablegráfica nos impuso de la muerte del señor Carlos de Velasco,
82 CUBA CONTEMPORÁNEA

noticia que hicimos del dominio público en nuestra edición del 20 del
corriente.
El extinto era una de las figuras más distinguidas de la Cuba po-
lítica e intelectual, periodista cuyo talento, laboriosidad e ilustración se
hicieron admirar, sobre todo en la redacción del importante diario cubano
La Discusión, y en la de Cuba Contemporánea; en el periodismo de su
país la labor de Velasco fué intensa e inspirada en los más nobles sen-
timientos de patriotismo.
la política se señaló con mérito en la Secretaría de
Su actuación en
la Gobernación, donde prestó su valioso contingente, hasta ingresar
después en la diplomacia, a cuyo servicio ha muerto en París, desem-
peñando el cargo de Vicecónsul adscrito a la Legación de Cuba en
Francia.
En muchos de sus trabajos literarios manifestó su ferviente admi-
ración por Libertador y su gran afecto por Venezuela, a la cual supo
el

am.ar con sentimiento profundo y sincero, como lo evidenció en diversas


oportunidades.
Nosotros lamentamos hondamente el fallecimiento de este ilustre
hijo de Cuba, que desaparece joven, en pleno vigor, y cuya muerte le
resta a su país un elemento que supo honrarla en todas las actividades
de su fecunda existencia, que mantuvo siempre enrumbada hacia el
honor y el bien.

(El Universal, Caracas, Venezuela, 22 febrero 1923.)

CUBA CONTEMPORANEA.—Muere en París su primer Direc-


tor. — Hacumplido la primera década de vida esta importante Revista,
uno de los exponentes más altos de la cultura del Mundo Latino.
Fundada en enero de 1913, bajo la solícita dirección del periodista
Carlos de Velasco, siguió Cuba Contemporánea una carrera ascendente,
en la que cada día se ha llenado de prestigio.
Abierta a las más amplias manifestaciones del pensamiento, laboró
preferentemente por la cultura cubana, por su hegemonía, por sus pro-
blemas internacionales, económicos y pedagógicos, por sus grandes
hombres y figuras representativas, por las ciencias y las letras.
Así continúa trabajando, después de diez años de lucha, sin apar-
tarse un punto de su civilizador programa, como si todavía resonase el
verbo cálido del filósofo Enrique José Varona que, en la aurora de
Cuba Contemporánea hizo oir su voz, dejando constancia de que la
Revista' era obra de la juventud, llena de ideales y de patriotismo,
cristalizados en provechosas empresas de mejoramiento del pueblo.
Las más distinguidas plumas de la América, de México a la Agen-
tina, han colaborado en esa nítida y alta Revista, que cifró su orgullo
en presentarse elegante y correctísima, sin molestosas rectificaciones y
fe de erratas.
NOTAS EDITORIALES 83

Escribir en Cuba Contemporánea es llenarse de prestigio, por lo


difundida que es en Europa y América.
Treinta gruesos volúmenes ha lanzado en su primera década.
Empezó bajo la atinada vigilancia del Sr. Don Carlos de Velasco,
su distinguido Director que tuvo que separarse del cargo con motivo
de su viaje a Europa con una misión consular.
Pero ahora, ironías de la suerte, al cerrar sus diez años de exis-
tencia, su antiguo y primer Director fallece en París.
La desaparición Don Carlos de Velasco ha conmovido a
del escritor
los intelectuales de Cuba que le preparan sentido homenaje.
Fué un patriota de actividad y de corazón. Su libro Aspectos Na-
cionales encerraba grandes verdades referentes al bienestar cubano, a
la rectificación de prejuicios y cambio de rumbo en su vida nacional.
Tocó trascendentales problemas, firme a sus convicciones que las ex-
ponía con la honradez de su alma, sin que se transparentara la menor
flaqueza, la contemporización claudicante.
Altas prendas adornaron al insigne periodista Carlos de Velasco.
Su bien intencionado libro Aspectos Nacionales será consultado a me-
nudo por todos los que aman a Cuba, y los numerosos tomos que deja
de la Revista que él, cual estandarte de cultura, supo tremolar ante el
mundo, como victoriosa enseña de la raza latina y gloria persistente del
habla castellana, esos luminosos volúmenes serán firme pedestal que
sus anhelos juveniles meritoriamente levantaron con la constancia de
un apostolado.
Cuba Contemporánea está de duelo por la valiosa pérdida de uno
de sus más enérgicos propulsores que, antes de los 40 años, se ha
hundido en la tumba.

(El Comercio, Quito, Ecuador, 9 marzo 1923.)

CARLOS DE VELASCO.— El viernes llegó a esta ciudad el cadáver


del señor Carlos de Velasco, joven y prestigioso intelectual cubano,
muerto en París recientemente, ciudad donde ocupaba el cargo de Vi-
cecónsul de la República.
El señor Velasco era al morir, director fundador de la afamada re-
vistaCuba Contemporánea, y miembro supernumerario de la Academia
de Artes y Letras. En cuantos cargos ocupó durante su vida, supo
siempre poner su preclara inteligencia y sus fogosos entusiasmos al
servicio de los altos intereses de la nación, habiendo librado en ese
sentido esforzadas y memorables campañas, que le valieron la admi-
ración y el afecto de sus conciudadanos.
El traslado de los restos del señor Velasco al Cementerio de Colón
constituyó una sentida e imponente manifestación de duelo de la que
participaron muy caracterizados elementos de nuestra sociedad, habién-
84 CUBA CONTEMPORÁNEA

dosele rendido asimismo al cadáver los honores oficiales correspondientes


al cargo diplomático que desempeñaba.
Bohemia aprovecha esta oportunidad para reiterar a los familiares
todos del ilustre cubano desaparecido, el testimonio sincero de su con-
dolencia más sentida.

(Bohemia^ La Habana, 11 marzo 1923.)

EL SOLDADO DESCONOCIDO DE CUBA.— Uno de estos días pa-


sados fueron desembarcados en un muelle de La Habana, los restos del
soldado cubano desconocido. No se trata, sin embargo, de la parodia
grotesca e irrespetuosa propuesta por alguien cuando a Cuba llegó no-
ticia de la conmovedora costumbre, característica de estos tiempos se-
guida por otros países con relación a sus héroes anónimos, rescatando
los huesos de uno de ellos del montón común y honrando en ellos los
de todos. No hemos necesitado los cubanos caer en ese mimetismo
deshonroso, habiendo podido tener en cambio el suceso entre nosotros
todas las características propias e inconfundibles de nuestra idiosin-
crasia en la hora actual.
Nos referimos según va a verse a algo cabalmente cubano.
El soldado desconocido de Cuba tenía nombre conocido. ¿Se quiere
nada más cubano? No lo sería si no tuviera el sello de la sinrazón
y el contrasentido, común a todo cuanto hoy ocurre en la patria del
viceversa.
Se llamaba ciertamente Carlos de Velasco, caído en plena lucha por
su patria fuera de ella, y en ella enterrado entre el silencio y el olvido
de sus compatriotas. Este silencio y este olvido, lejos de ofenderlo,
debió serle grato en su actual morada ignota al objeto de ellos, pues
amante como era de todo lo cubano, ninguna otra manifestación de
tan acendrado cubanismo pudo concurrir a recibir sus huesos en el
muelle como ese ingrante desvío.
Precisamente ese desvío hace de Carlos de Velasco el soldado cubano
desconocido. Si se dice soldado a quien combate y se ofrece en sacri-
ficio por la vida y la gloria de su patria ¿a cuál otro cubano pudo lla-
mársele con mejores títulos? ¿A cuál otro tampoco se le desconoció
tanto y con tal injusticia e ingratitud? Su vida entera fué una milicia
por Cuba, en la cual su pluma le sirviera de espada y su corazón de
escudo.
Así su espada se cubrió de gloria y su corazón de cicatrices. Pero
su patria lo ignoró siempre y Carlos de Velasco se complació en de-
járselo ignorar, como un avaro de su propia gloria.
Eso le hizo irse de Cuba hace unos meses, tácitamente, como de
soslayo y con disimulo, despidiéndose apenas hasta la vuelta. ¡Hasta
la vuelta! Cómo si temiera ver de pronto descubierto todo su valer de
NOTAS EDITORIALES 85

escritor bizarro y enjundioso y sus insignes merecimientos de creador


y de combatiente, se embarcó de incógnito.
Y de incógnito ha vuelto, como si por encima de su voluntad des-
orientada y a espaldas de su turbada conciencia su patria hubiera al fin
acertado sin saberlo a premiar, dándole muerto el amargo premio del
olvido durante toda su vida apetecido y saboreado, al soldado descono-
cido caído en tierras lejanas y sobre cuyos huesos vienen enredados
en una bandera una pluma gloriosa y un corazón sangrando.

Miguel Angel de la Torre.

(El Sol, Cienfuegos, 19 marzo 1923.)

UN OPROBIO EN PERSPECTIVA:
LAS CORRIDAS DE TOROS

Con la protesta, enérgica y vigorosa, de cuantos cubanos se


dan exacta cuenta del oprobio que sería para nuestra patria el res-
tablecimiento de las corridas de toros, después de haber sido pro-
hibidas con general beneplácito hace próximamente un cuarto de
siglo, audaces empresarios —secundados en sus propósitos por dos
o tres diarios habaneros, y contando, desde luego, con la actitud
pasiva de completa inacción o abstinencia por parte de las Auto-
ridades llamadas a velar por el estricto cumplimiento de la ley y
la moral pública —se disponen a celebrar varias corridas de toros
en esta capital, con transgresión ostensible y manifiesta de las
disposiciones legales que prohiben tales espectáculos, no sólo por
su crueldad, sino también por sus malsanos efectos entre las masas
populares, cuyos más bajos instintos exaltan, contribuyendo acti-
vamente a la perversión moral del individuo —
^cualquiera que sea
su condición social — embotando sus sentimientos más nobles y
,

corrompiendo las costumbres públicas, harto ya desmoralizadas en


nuestro país, al cual le cabe el triste privilegio de figurar en primer
término, sobre todos los demás pueblos del orbe, en cuanto a la
proporcionalidad en la perpetración de los delitos de sangre.
Para impedir que el hecho anunciado llegue a consumarse, con
quebranto de nuestra moral y escarnio de nuestras leyes en vigor,
ha sido presentada al Alcalde Municipal una instancia que contiene
86 CUBA CONTEMPORÁNEA

la protesta de muy valiosos elementos, por su alta representación


social, como se podrá apreciar examinando las firmas que apa-
recen al pie del referido documento, entre las cuales figuran, en
primer término, de Varona y Sanguily, las dos más altas cum-
las
bres de la intelectualidad cubana, reliquias vivientes en quienes
pudiera considerarse encarnado el espíritu de la Revolución liber-

tadora; el Dr. Fernando Ortiz, Presidente de la Junta Cubana de


Renovación Nacional, el Sr. Mario A. Macbeath, Presidente del

Club Rotado de La Habana, el Sr. Pedro P. Kohly, Presidente del


Comité Permanente de las Corporaciones Económicas de Cuba;
el Sr. Lisandro Otero, Presidente de la Asociación Nacional de

Maestros de Instrucción Primaria; el Dr. Cosme de la Torriente,

Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado


de la República; el Dr. Carlos Alzugaray, Presidente de la Aso-
ciación de Buen Gobierno; los Directores de Cuba Contempo-
ránea, Social y El Fígaro; ex Secretarios del Despacho, Senadores,
Representantes, profesionales, escritores, periodistas, altos fun-
cionarios, industriales, comerciantes, etc.
Dice así el expresado documento:

Sr. Alcalde Municipal de la Habana.


Señor:
Los que suscriben, ciudadanos cubanos en posesión de todos sus
derechos civiles y políticos, haciendo uso del que les reconoce el ar-
tículo 27 de la Constitución de la República, solicitan de usted se sirva
denegar la autorización que por algunos individuos ha de pedírsele en
estos días, como Alcalde Municipal de La Habana, para celebrar en esta
capital varias corridas de toros, con infracción manifiesta y ostensible
de las disposiciones legales que las prohiben de un modo expreso y
terminante, las cuales deben ser respetadas y cumplidas por todos los
residentes en el territorio nacional, y en particular por los extranjeros
que forman parte de nuestra población, cualquiera que sea el criterio
que en su fuero interno mantengan acerca de la justicia, procedencia y
preceptos de moral que han inspirado aquellas disposiciones.
Al solicitar de usted los firmantes de esta instancia que no permita
el referido espectáculo, bajo ningún concepto ni con determinadas res-
tricciones o cortapisas, alegan los siguientes fundamentos y razones de
orden legal y moral, que juzgan incontrovertibles:
1» —La vigencia de la Orden Mjltiar núm. 187, de 10 de octubre de
1899, que tiene fuerza legal en Cuba, la cual no sólo impide como —
capciosamente pretenden afirmar sus presuntos infractores con el deli-

berado propósito de burlarla determinados lances o suertes del toreo,

NOTAS EDITORIALES 87

sino que de manera clara y absoluta prohibe la celebración de corridas


de toros en todo el territorio nacional. Es decir, que lo que prohibe es
el espectáculo en sí, cualesquiera que sean la denominación que pre-
tenda dársele, los actos que lo integren y las suertes que se realicen
por los lidiadores.

2a Que, según es ptíblico y notorio, por haberlo anunciado la prensa
habanera en estos últimos días (véanse el Diario de la Marina, edición
de la mañana del día 20 del actual, página 7, sección titulada Habaneras,
y el Heraldo de Cuba, número del día 21 de este mes, página 4, artículo
titulado Charlottadas y Corridas), en las corridas de toros cuya celebra-
ción se proyecta, "que serán lidias en forma", se verificarán "todas las
suertes del toreo", suprimiéndose tan sólo el sacrificio de la res; lo
cual, caso de llevarse a efecto, constituiría un acto de refinada crueldad,
repulsivo a todos los espíritus de cierto nivel moral, pues en las corridas
en forma, la muerte del toro constituye precisamente el acto que pone
térm.ino a los sufrimientos del animal que ha sido durante largo tiempo
martirizado. Suponer que pueda devolvérsele vivo al corral, después
de ser sometido a picas y banderillas, sería tan monstruoso, que difí-
cilmente se concibe que pueda alguien haberlo proyectado; y resultaría
en verdad cosa inaudita, si no fuera porque el deseo de satisfacer ciertos
gustos o aficiones y, sobre todo el espíritu de lucro que impulsa todo
gran negocio como el que se intenta realizar al amparo del menosprecio
de las leyes cubanas, constituyen la única explicación de hechos que en
otro caso jamás la tendrían.

3a La vigencia de la Orden Militar número 217, de 28 de Mayo
de 1900, que en su inciso primero castiga todo acto de crueldad con
los animales, señalando pena de arresto o multa para todos "los que
castigaren curuelmente o atormentaren a cualquier animal, o lo da-
ñaren, mutilaren o mataren, bien sea el animal domesticado o no, bien
sea de su propiedad o perteneciente a otro", y que en su inciso V señala
conK) penalidad una multa de $10.00 a $500.00, o arresto de uno a seis
meses, para ''toda persona que de cualquier modo presencie, coadyuve
o coopere en la celebración de corridas de toros o lucha de otros ani-
males, que con premeditación se proponga el dueño de éstos, o el que
los tenga a su cuidado."
4a QuQ, siendo de la competencia de los Alcaldes Municipales con-
ceder o denegar los permisos que se les pidan para la celebración de
toda clase de espectáculos, deben denegarlos dichas autoridades en to-
dos los casos en que se presuma fundadamente que ellos pueden dar
lugar a la alteración del orden público; como es casi 'seguro que habría
de ocurrir en el caso a que se contrae esta instancia, si, contra lo que
es de esperarse, llegare a concederse por usted la autorización necesaria
para la celebración de las corridas de toros, pues según se afirma, hay
un grupo numeroso de ciudadanos que, celosos del cumplimiento de la
ley y de las conquistas de orden moral obtenidas por la Revolución que
al triunfar independizó a Cuba de España, se proponen impedir la ce-
88 CUBA CONTEMPORÁNEA

lebración de esos espectáculos; no por la fuerza, sino haciendo uso


de todos los recursos legales a su alcance, impetrando la cooperación
de la Policía Nacional, de las Fuerzas Armadas de la República y de
las autoridades judiciales; pero ello daría lugar, de seguro, dada la
cantidad y calidad del público que suele concurrir a esta clase de es-
pectáculos, a que surja el conflicto, a que el orden se altere, y, tal vez,
a que se derrame sangre dentro o fuera de la plaza. Y no es de creerse
que una autoridad popular contraiga conscientemente la grave respon-
sabilidad legal y moral de arrostrar tales peligros.
Para esperar una resolución favorable a esta petición, concurre
entre otros motivos la circunstancia de ser dirigida a una autoridad de
carácter electivo cuyas primeras disposiciones después de tomar posesión
del cargo han propendido a corregir graves faltas y deficiencias de an-
teriores Administraciones, siendo acogidas con beneplácito general por
la opinión pública; y no es presumible que tal proceder se empañe, o
anule por completo, al concederse una autorización que entrañaría el
incumplimiento de una ley vigente en la República.
Bastaría recordar, para que sin vacilación se negara por esa Al-
caldía el permiso que se intenta obtener de ella a fin de celebrar desde
la semana próxima corridas de toros en el Término Municipal de La
Habana, el recuerdo de lo ocurrido en 1915, cuando un Senador de la

República que después de haber sido Concejal del Ayuntamiento de
Madrid volvió a Cuba y llegó a formar parte de la Alta Cámara en

nuestro Poder Legislativo presentó un proyecto de ley autorizando de
nuevo la fiesta taurina en nuestra patria: la protesta de los Veteranos
de la Independencia fué tan vigorosa, y la opinión pública reaccionó
de tal modo, en un movimiento unánime y de alto civismo que encabe-
zaron muchas de nuestras más distinguidas personalidades, que el ci-
tado proyecto de ley quedó definitivamente abandonado, y victoriosos en
toda la línea los elementos que se opusieron a la reimplantación de un
espectáculo cuyo recuerdo se halla íntimamente unido al de una época
qye terminó en Cuba con la soberanía española.
Es de recordar, por último, que el documento presentado entonces
al Senado de la República, del cual se acompaña una copia, publicada
en el diario El Día, de esta ciudad, correspondiente al 18 de abril de
1915, fué reproducido y extensamente comentado en algunos periódicos
de España y muchos de la América Latina, consagrándole con tal mo-
tivo calurosos elogios a nuestro pueblo por ese gesto de patriótico ci-
vismo que fué considerado como un acto de alta dignificación; tan sig-
nificativo seguramente como ahora lo sería, en sentido inverso, si se
supiera que ocho años después el pueblo de Cuba había retrocedido al
permitir que se anulara en la práctica una de las disposiciones que con
general beneplácito fué dictada poco después de obtenida la indepen-
dencia y que, acaso por una coincidencia en cierto modo significativa,
lleva la fecha patriótica del 10 de Octubre.
Los abajo firmantes hacen constar que, si fuera necesario, se diri-
-

NOTAS EDITORIALES 89

girán al Sr. Fiscal del Tribunal Supremo de Justicia, poniendo en su


conocimiento deliberado propósito que existe de infringir las citadas
el
Ordenes Militares 187, de 1899, y 217, de 1900, a fin de que actúe en
forma rápida y eficiente para impedir esta transgresión hasta la fecha —

en grado de tentativa ya que, según públicamente se afirma, los pre-
suntos infractores, dándose perfecta cuenta de que es imposible efectuar
corridas de toros en nuestro país sin faltar al cumplimiento de pre-
ceptos legales en vigor, se disponen a pagar la multa de $500.00 que la
primera de dichas Ordenes Militares señala a los infractores, contando
con que la importancia y magnitud del negocio que se proyecta, y que
se espera ha de rendir grandes utilidades, permitirá dejar incumplida
la ley, burlándola en la forma expuesta, y contando desde luego con la
actitud pasiva de las autoridades llamadas a velar por su estricta ob-
servancia; no sólo en su letra, sino también en cuanto a su espíritu,
que en este caso es el espíritu de la Revolución emancipadora de todos
los vicios, hábitos y costumbres coloniales.
Habana, 26 de abril de 1923.
— —
Enrique José Varona. Manuel Sanguily. Mario Guiral Moreno. —
— —
Fernando Ortiz. R. Gutiérrez Lee. Mario A. Macbeath. Pedro P. —
— — — —
Kohly. Julio Villoldoi Francisco G. del Valle. Lisandro Otero. José
— —
María Chacón y Calvo. Alberto Lámar Schweyer. D. Figarola-Ca-
— —
neda. Luciano P. de Acevedo. Raúl de Cárdenas. — Enrique Gay Cai-
to.— — —
José A. Cosculluela. Oscar Soto. Emilio Roig de Leuchsenring. —
— —
José M. Collantes. Cosme de la Torriente. Laura G. de Zayas Ba-

zán. Leopoldo F. de Sola. — —
José Isaac Corral. /. Zarranz Sánchez. —
— — —
Enrique Berenguer. Luis A. Baralt Z. Francisco J. Sierra. Oscar Con-
treras.— — —
Hubert de Blanck. Francisco Fernández Inda. Aurelio Mi-
randa. — — —
Dr. José A. Dowling. Ramón A. Catalá. Luis Marino Pérez. —
Juan Clemente Zamora. — Conrado W. Massaguer. — Alberni Yance. —
V.
Juan Manuel Planas. —Félix —Juan B. Lombard.—Enrique Ca-
Callejas.
yado. —E. Mazquiarán. —Andrés Terry. —Luis E. Rivas. —Luis A. De-
chard. —José Ramírez. —Rafael de Castro Palomino. —Andrés García Gu-
— Juan Martinello Vidaurreta. — Andrés Balaguer. — Francisco
tiérrez.
Prieto.—Eduardo Betancourt.—Manuel González. —Armando Mareé.—
J.
Carlos Alzugaray. —Alberto Crusellas. —Luis Machado. —Eusebio
det.—José A. Gelabert.—Pablo Llaguno.—Bernabé Pichardo.—Diego Dar- Mo-
L.

ra.—Emeterio Santovenia.—Bernardo Crespo.—Pedro Cañas.—


S. J.
Luis Ros. —Antonio Valverde. —Susini de Armas. —Federico Castañe-
L.
da.—Julio M. Marcos.—Buenaventura Alemany. — Cabrera Milián.— J.
Manuel Rodríguez. —Laureano Guerrero. —José Marcial Lacorte.

Aun cuando los crecidos gastos que han hecho los empresarios
de la cruenta fiesta taurina, el haber abierto con precios muy ele-
vados un abono a tres corridas, y la gran publicidad dada al anun-
cio del espectáculo, por medio de periódicos
y carteles, son in-
CUBA CONTEMPORÁNEA

dicios vehementes de que se cuenta de antemano con la impunidad


para la delincuencia y con la pasividad de nuestro pueblo, indife-
rente o resignado, por su innata abulia, ante las reiteradas infrac-
ciones de la ley, Cuba Contemporánea tiene la esperanza todavía
de que nuestras Autoridades gubernativas rectificarán su actual
actitud de completa inercia ante el anuncio de una flagrante vio-
lación de la ley, dictando las disposiciones tendientes a exigir su
más estricta observancia.

EL PRIMER CONGRESO NACIONAL DE MUJERES

Durante los días I"? a 7 de abril último, ha tenido lugar en esta


ciudad, con gran lucimiento y éxito extraordinario, el Primer Con-
greso Nacional de Mujeres, organizado por la Federación Nacional
de Asociaciones Femeninas de Cuba, habiendo tomado participa-
ción en él treinta y una instituciones cubanas, interesadas en la
solución de los problemas del feminismo en nuestra patria.
Para apreciar la importancia y posible trascendencia de este
Congreso, como paso inicial indispensable en el desenvolvimiento

de las actividades de la mujer en la vida pública nacional, basta


la simple enumeración de los temas que fueron presentados y dis-
cutidos extensamente en las doce sesiones celebradas. Dichos
temas fueron los siguientes: Profilaxis en defensa de la especie^
Protección al hogar cubano, La mujer en el Arte, Derechos de la
mujer, Cultura física e intelectual de la mujer, Tribunales de mu-
jeres para juzgar delitos cometidos por las de su sexo. Protección
a la niñez. Escuelas Especiales, Influencia de la mujer en la pro-
tección moral y física de la raza, La mujer en el cumplimiento de
las leyes humanitarias. Amor a las plantas y a las flores. Misión
social de la mujer. Nacionalismo, Derecho del niño. Necesidad de
reconocer los mismos derechos a los hijos ilegítimos que a los
legítimos. Necesidad de Cortes juveniles en Cuba, Actuación de
la mujer en el hogar, Derechos de la mujer. Actuación de la mujer
en la sociedad, Lucha contra las drogas heroicas, La mujer en la
lucha por la vida. Asistencia social de la juventud. La mujer en
el periodismo, El feminismo en acción, La ley contra la naturaleza:
:

NOTAS EDITORIALES 91

desigualdades legales entre los hijos, Misión social de la mujer,


Necesidad de la intervención de la mujer en la dirección de la
enseñanza, El Trabajo de la mujer en Cuba, Protección a la niñez;
Feminismo, Contribución de la mujer al embellecimiento de la
ciudad. Revisión de la legislación sobre el adulterio, El sufragio
femenino corneo principio de justicia, El sufragio femenino desde
el punto de vista jurídico. El voto femenino. Sufragio y feminismo.
La educación sexual como protección a la especie. Amor y protec-
ción a los animales. Educación del niño desde el punto de vista
teosófico, Actuación de la mMjer ert el hogar. Evolución de la mujer
en el siglo contemporáneo. Reforma de
la enseñanza femenina.

Necesidad de equiparar mujer al del hombre. Es-


el trabajo de la

cuelas Cívicas para mujeres, y algunos otros de cuya mención he-


mos prescindido por no ser temas adecuados para un Congreso
Feminista, sino más bien disquisiciones históricas o disertaciones
puramente académicas, cuya inclusión en el programa es de atri-

buirse a un exceso de benevolencia en la admisión de los temas, y,


acaso, también a la inevitable falta de experiencia en un primer
Congreso de esta índole.
De sumo interés, en cambio, son las conclusiones aprobadas
por el Congreso, dadas a conocer en la solemne sesión de clausura,
efectuada en la noche del día 7 de abril. He aquí las mencionadas
conclusiones

la —Que se emprenda, por todas las mujeres de la República, una cam-


paña intensa para obtener el voto, como primera medida de profi-
laxis social.
2» —Trabajar por la reforma de la enseñanza en general, incluyendo las
escuelas especiales, y por que se le dé preferente atención a la
enseñanza de la eugenesia y de la puericultura.
3» —Trabajar por las reformas de las leyes civiles y penales, en el sen-
tidode equiparar, en derecho y responsabilidades, a la mujer y al
hombre.
4» —(Trabajar por que se cumplan las leyes protectoras de la infancia
que están en vigor, y por que se dicten todas las que sean nece-
sarias para hacer más eficaz la protección.
5a — Prestar atención preferente a los Reformatorios, y trabajar hasta
obtener la creación de Tribunales de menores.
6a — Intensificar el amor a las plantas y a los animales.
7a —Trabajar por el embellecimiento de la ciudad.
92 CUBA CONTEMPORÁNEA

8a—Creación de escuelas cívicas populares, como


las medio de inten-
nacionalismo.
sificar el
9a— lucha contra
Intensificar la drogas heroicas, las la prostitución y la

trata de blancas, adhiriéndose todas las asociaciones para este fin,


al "Club Femenino de Cuba".
10. —Intervención de mujer en
la organización la inspección de
alta e
la enseñanza.
11. — Protección trabajo de mujer en material y moral, y equi-
al la lo
paración, en económico,
lo de hombres.al los
12. —Reforma penitenciaria.
13. — Revisión de legislación sobre
la el adulterio.
14. —Trabajar intensa y eficazmente, con todos medios a los lícitos
nuestro alcance, y sin contraer compromisos con ningún partido,
para obtener el derecho de sufragio.

Cuba Contemporánea se complace en reconocer el éxito y


repercusión alcanzados por este Primer Congreso Nacional de Mu-
jeres; felicita por ese triunfo a sus organizadoras y a cuantas en
sus deliberaciones tomaron parte activa, y hace sinceros votos por
que los resultados de este gran esfuerzo, que es demostración del
alto nivel intelectual de la mujer cubana, correspondan a las es-
peranzas de quienes fundadamente confían en su benéfico influjo
en la vida pública de nuestro país, para el afianzamiento de la
nacionalidad y la perdurabilidad de la República.

UN BENEFACTOR DE LA UNIVERSIDAD:
SANCHEZ DE BUSTAMANTE

El eminente internacionalista Dr. Antonio Sánchez de Busta-


mante, catedrático de nuestra Universidad y miembro del Tribunal
Permanente de Justicia Internacional, ha hecho recientemente un
donativo de $25,000.00 a la Universidad de La Habana, para que
con los intereses que esa cantidad produzca se creen becas de
viajes, que serán otorgadas a los alumnos de la Facultad de De-
recho que se distingan en sus estudios.
El generoso rasgo del ilustre Presidente de la Sociedad Cu-
bana de Derecho Internacional es tanto más digno de encomio,
cuanto que él lo singulariza, presentándolo como un ejemplo digno
NOTAS EDITORIALES 93

de imitación, ya que, desgraciadamente, es nuestra patria uno de


los países donde las donaciones de esta índole son menos frecuen-
tes y, por lo tanto, más excepcionales.
Nuestros hombres ricos, tanto los cubanos que viven en la

opulencia, más omenos fastuosa, como los extranjeros que, ha-


biendo llegado a Cuba sin bienes de fortuna, logran con su personal
esfuerzo constituir grandes capitales, reservan éstos, por regla ge-
neral, para que los disfruten íntegramente sus familiares, nativos
o extranjeros, segün los casos, y algunas veces, cuando se deciden
a invertir una parte de su fortuna en obras de beneficencia o de
fines culturales, los últimos la invierten en su patria de origen, en
el pueblo o provincia de donde son oriundos, sin dedicar, por gra-
titud siquiera al paísen que acumularon sus riquezas, una pe-
queña suma a remediar la situación de los seres desvalidos, a fo-
mentar centros de enseñanza o empresas culturales y de fines al-
truistas. Hay algunos casos recientes, que, por sus especiales cir-

cunstancias, se señalan a la consideración de nuestro pueblo como


dignos de la mayor censura.
En contraposición a la conducta vituperable de quienes así pro-
ceden, los nombres de los benefactores de Cuba, cuyo número no
puede ser más reducido, merecen destacarse notoriamente, no sólo
por motivos de justificada gratitud, sino también para estímulo de
quienes pudieran y debieran imitarlos.
Cuba Contemporánea felicita a su muy estimado colaborador
el Dr. Sánchez de Bustamante por su valioso donativo, y también
a la Universidad de La Habana, por contar entre sus profesores
a quien de manera tan elocuente sabe honrarla y enaltecerla.

FRANCIA Y CUBA

La Revue de VAmérique Latine, de París, en su número corres-


pondiente al mes de abril último, sección titulada La vie en Amé-

rique Latine, extracta y comenta la nota editorial que bajo el título


de Una descortesía de Francia con Cuba, publicó Cuba Contem-
poránea en noviembre del año último. Dicen así los párrafos
que traducimos:
94 CUBA CONTEMPORÁNEA

Por razones de orden material, estamos persuadidos de ello, la Misión


Mangin, en su viaje a la América Latina, no pudo llegar a Cuba. Ha
sido muy sensible; pero lo más entristecedor es que nuestros admirables
amigos de La Habana han interpretado esta abstención como una "des-
cortesía de Francia". Cuba Contemporánea expone, en un editorial,
los títulos de la Repííblica insular al reconocimiento de los aliados:
"Cuba fué la primera república latinoamericana que declaró la guerra
a los Imperios centrales. Contribuyó poderosamente en servicio de los
aliados intensificando su producción de azúcar de manera que este ar-
tículo indispensable no faltara a los países de la Entente y no obtuvo
provecho alguno de esa producción intensiva.
"Después de la guerra, una sola de todas las potencias aliadas, In-
glaterra, envió una misión especial a Cuba para expresar al pueblo
cubano el reconocimiento y la simpatía del pueblo británico. Los Es-
tados Unidos, por el contrario, parece que han olvidado los servicios
prestados durante la guerra. Y hoy Francia parece seguir el ejemplo,
porque la Misión Mangin ha olvidado a Cuba, cuando le era fácil hacer
escala aquí."
Esta queja tan digna conmoverá a las almas francesas y demostrará
a los jefes del Quai d'Orsay que no es bastante llevar a los amigos
en lo más profundo del corazón, sino que es preciso también mani-
festar esa amistad con señales exteriores que refuercen los lazos es-
pirituales.

Cuba Contemporánea recoge en sus páginas, con gran compla-


cencia, las sentidas frases que dedica a nuestra patria la importante
revista parisiense, cuyos son los bellos párrafos transcriptos, y
espera que la Cancillería francesa, atendiendo sus indicaciones, no
ha de tardar en la reparación de una falta de cortesía inexplicable.

CUBA TRIUNFANTE EN LA CONFERENCIA PANAMERICANA


DE SANTIAGO DE CHILE

Un cablegrama recibido en esta capital, hace muy pocos días,


nos ha dado cuenta de haber triunfado la Delegación Cubana
ante la Quinta Conferencia Panamericana, que actualmente se
reúne en Santiago de Chile, en su empeño de conseguir que la
próxima reunión de tan importante Congreso, en el año de 1927,
se celebre en esta ciudad de La Habana. La designación de
NOTAS EDITORIALES 96

nuestra capital se hizo por votación unánime, al ser retirada por


el Uiruguay la propuesta favorable a la ciudad de Montevideo,
que contaba en un principio con el apoyo de la Argentina, Brasil,
Chile y Paraguay.
Cuba Contemporánea anota en sus páginas esta gran vic-
toria diplomática, cuya importancia no es posible desconocer, y
felicita a la Cancillería cubana, así como a sus Delegados ante
el Congreso Panamericano de Santiago, por la habilidad y el éxito
de sus gestiones.

CONCURSO PARA PREMIAR LA MEJOR NOVELA


AMERICANA

En vista del éxito que obtuvo el concurso del año pasado, en


el que se reveló como un maestro el escritor argentino, hasta
entonces desconocido, José M. del Hogar, con su novela Las Pri-
meras Espigas, la Casa Editorial Franco-Ibero-Americana, de
París, organiza este año un segundo concurso, en las mismas con-
diciones que el precedente, para premiar con 10,000 francos la
mejor novela americana.
El objeto principal de este certamen es el de sacar de la obs-
curidad a aquellos escritores de talento que por carecer de me-
dios para publicar sus obras quedan postergados, o por lo menos
recluidos en límites estrechos, cuando merecen ser conocidos en
todos los países de habla castellana.
He aquí las condiciones del concurso de este año:

la — El autor ha de ser americano, y novela,


la inédita.
2a —La novela deberá ser enviada copiada a máquina, y su ex-
tensión no deberá exceder de 300 páginas del tamaño de la novela
Las Primeras Espigas, de José M. del Hogar, publicada por la misma
Casa Editorial.
3a —
El asunto es libre, con la sola limitación de que no haya en la
obra nada que ofenda a la religión ni a la moral.
4a —
Los originales deberán llegar a la Casa Editorial antes del
día 30 del mes de septiembre próximo.
5a —
Ningún original deberá ir firmado: a cada uno de ellos acom-
pañará un sobre cerrado, sobre el cual estará escrito un lema y en cuyo
96 CUBA CONTEMPORÁNEA

interior habrá un pliego indicando el nombre del autor, su nacionalidad


y su residencia. El mismo lema deberá figurar en la primera página
del manuscrito.
Qa —
El original premiado con los 10,000 francos, quedará como pro-
piedad de la Casa Editorial, que lo publicará a su costa, procurando
realzar con una buena presentación el mérito de la obra.
7a —
Si en opinión del Jurado alguno de los originales no premiados
mereciese los honores de la publicación, la Casa Editorial tratará con
los autores las condiciones mediante las cuales la Casa podrá editar
dichas obras.
ga —
Los originales se enviarán en sobre certificado, dirigido a la
Casa Editorial Franco-Ibero-Americana, 222, Bd. Saint-Germain, París.
Qa —Los originales no premiados serán devueltos a sus autores por
correo certificado, o entregados en París a la persona que exhiba una
autorización del autor propietario.
10a —
La Casa Editorial Franco-Ibero-Americana no será responsable,
en modo alguno, de la pérdida o extravío de algún original.

Cuba Contemporánea se complace en contribuir a divulgar


las bases de este concurso, que constituye un gran estímulo para
los escritores americanos.

IMP. DE LA SOCIEDAD EDITORIAL CUBA CONTEMPORANEA


AÑO XI

Tomo XXXll. Lo Habana, junio 1923. Núm. 126.

LA HABANA EN EL SIGLO XVI

Introducción

A poesía, ese consuelo eterno e inagotable del corazón


humano ; ese don divino que sustrayéndonos por breves
instantes de la monótona realidad de las cosas, nos
hace soñar con un mundo en perpetua felicidad, sin
odios ni rencores, sin lucha ni intereses encontrados; esa luz que
en los momentos de tristeza y desasosiego, levantando y forta-
leciendo el ánimo decaído por los embates de la vida, nos des-
cubre bellezas ocultas enla penumbra, presentándonos cuadros de

un optimismo risueño y subyugador; esa fuerza, en fin, que anima


todo lo grande y todo lo hermoso, ha sabido sintetizar en los
conocidos versos de Jorge Manrique, lúgubres y sonoros cual el
tañido de una campana, el perpetuo descontento del hombre ca-
racterizado por su desconfianza en el presente y la admiración
entusiástica por el pasado, que se nos presenta siempre más bri-
llante y deslumbrador con el manto caritativo de la leyenda y la
poesía.
El poeta, con el alma entristecida por la muerte de su padre,
y contemplando la existencia a través de su pesimismo desconso-

() Conferencia leída en e! Ateneo de La Habana el día 26 de noviembre de 1922.


98 CUBA CONTEMPORÁNEA

lador, desarrollauna serie de sencillos pensamientos filosóficos al-


rededor de su tema fundamental, la fragilidad de las cosas humanas
ante el poder indestructible de la muerte; y buscando con el ansia
natural de todos los seres algo que no sólo justifique la vida, sino
que también embellezca sus momentos más monótonos y abu-
rridos, reposa sus penas en, la contemplación de todo lo pretérito,

y manifiesta su desencanto en la tan conocida estrofa:

Cuan presto se va el placer,


como después de acordado
da dolor,
como a nuestro parecer
cualquiera tiempo pasado
fué mejor.

Y se explica fácilmente su última exclamación. Todo espíritu


algo cultivado que observe esa vulgaridad evolucionadora que lla-

mamos vida, con sus pequeños problemas que por un espejismo


intelectual nos parecen tan grandes, con sus ambiciones injusti-
ficadas, sus pueriles preocupaciones, sus luchas egoístas e inhu-
manas, y su materialismo brutal y desconcertante, de seguro ha de
sentir una repugnancia instintiva, un deseo de huir de ese vulgo
municipal y espeso, como lo calificadora el genio de Rubén Darío,
y refugiarse en la admiración impotente por lo pasado, que siem.-
pre nos parece más bello porque no lo hemos vivido en la realidad.
En nuestro país nunca se ha manifestado esa admiración por lo

pretérito;nunca hemos sentido ese impulso de que hablábamos an-


teriormente; ha sido preciso que en el centenario Convento de
Santa Clara se encontrasen, casi como existían en aquellos tiem-
pos, algunas edificaciones y un tramo de una calle de La Habana
antigua, para que saliésemos de nuestra habitual despreocupación,

y dirigiésemos nuestra curiosidad excesiva a aquellos primeros


años de nuestra existencia histórica.
Para satisfacer esa curiosidad, y también para aumentarla si

es que consigo dar una idea de lo que era nuestra ciudad en el


siglo XVI, me he atrevido a pronunciar esta conferencia, que no
ha de ser una escrupulosa y erudita enumeración de hechos histó-
ricos, sino un estudio ligero, y lo más ameno posible, de las cos-

tumbres, leyendas y el desarrollo político y social de La Habana du-


rante dicho siglo. Daré algunas ideas fundamentales de ella antes de
LA HABANA EN EL SIGLO XVI 99

SU fundación, sobre la traslación de nuestra ciudad, de su primi-


tivo asiento al lugar que hoy ocupa, y de la organización guber-
nativa de la Colonia o Presidio de Fernandina de Cuba; me re-

feriré, en una breve ojeada, a los gobernadores que durante el

siglo XVÍ rigieron los destinos de esta capital; hablaré de su des-


arrollo político y comercial y de sus medios de vida; describiré en
lo posible la población primitiva, la vida social de sus habitantes
y sus fiestas y costumbres; y para terminar narraré algunas de
las más importantes leyendas de La Hjabana en aquel siglo, muchas

de ellas tan interesantes como poco conocidas por la generalidad.

II

Datos históricos de La Habana antes de su fundación.

Antes de la llegada de los españoles, el terreno que hoy cons-


tituye la Provincia de La Habana formaba un cacicazgo indepen-
diente regido por Habaguanex, cuyos dominios se extendían desde
El Mariel hasta algo más allá de la bahía de Guanímar, hoy de
M,atanzas, asiento de un importante poblado que gobernaba el

niíayno Guayacayex, vasallo del Cacique de La Habana.


Los indígenas precolombinos de nuestra Provincia, sencillos
cual verdaderos siboneyes, y sin temor a las incursiones guerreras
de los temibles caribes, vivían en perpetua paz con los guanaca-
beyes, indios bárbaros y asustadizos que habitaban en el extremo
occidental de Cuba, cantando en sus areytos, al son de maracas y
caracoles, sentimentales versos en glorificación de la isla de Bi-
mini y de sus milagrosas aguas que rejuvenecían al dichoso mortal
que tenía la suerte de bañarse en ellas.
Como es sabido, Cristóbal Colón, en sus numerosas incur-
siones por los mares antillanos, no llegó a cruzar las aguas de la
Costa Norte de La Habana, muriendo con la creencia de que nues-
tra isla estaba unida al Continente; de modo que en la actualidad,
no existiendo prueba en contrario, puede afirmarse que la expe-
dición que al mando de Sebastián de Ocampo bojeó nuestra isla
en el año de 1508, fué la primera que reconoció el puerto de La

Habana, al cual, por haberse tenido que detener en él para ca-


renar sus naves, llamó el hidalgo gallego, Puerto de Carenas.
100 CUBA CONTEMPORANEA

Cabe pensar que, posteriormente, algunas expediciones espa-


ñolas tocaron nuestro puerto; pero, sin embargo, muy poco se
sabe de este asunto de una manera fija. Las crónicas nos hablan
solamente de un navio que encalló en la costa Norte del extremo
occidental de Cuba, meses antes del comienzo de la conquista y
colonización españolas, y cuyos tripulantes perecieron casi todos
asesinados, salvándose solamente un hombre y ,dos mujeres, que
fueron rescatados poco después por Pánfilo de Narváez y el Padre
Las Casas.
Estos dos hombres, de caracteres tan contradictorios, y cuyo
papel en la historia de Cuba es también tan diverso, después de
haber destruido el Padre Las Casas, con su caridad inagotable,
el efecto desastroso que causó entre los siboneyes la matanza que
consintióPánfilo de Narváez en Caonao, se recogieron con sus
hombres en el pueblo de Cara-Hate, donde disfrutaron de un ban-
quete que duró quince días, y en el cual, al decir de los cronistas,
sacrificaron a su devorador apetito, más de diez mil papagayos;
y en dicho pueblo, bautizado por los españoles en recuerdo del
citado festín con el nombre de Casa-Harta, recibieron a dos mu-
jeres blancas, cubiertas solamente por algunas hojas, de tal mo-
do —dice el historiador Urrutia — que recordaban el traje que vistió
nuestra primera madre Eva, en el Paraíso, al perder la gracia
original.
Después de habérseles dado unos mantos y camisas, de ma-
nera que quedasen honestamente vestidas, contaron al Padre Las

Casas su dolorosa odisea: un temporal destruyó su nave contra la


costa y apenas pasada esta catástrofe, al atravesar un pedazo de
mar en unas canoas, los indios que las conducían, los arrojaron
al agua, ahogándose la mayoría de los españoles, excepto las dos

mujeres, que, como dice muy bien el citado cronista, muy pronto
se hicieroií del lugarque por sólo ser de su sexo nunca les falta
entre los hombres, casándolas el Padre Las Casas con dos sol-
dados de la expedición con ellos se salvó, además, un hombre que
;

debía su vida a la amistad del cacique Habaguanex de la Provincia


de La Habana, con el cuaí habitaba, más bien como camarada que
como naboría o esclavo.
Inmediatamente Narváez, puesto en auto por Las Casas de lo

ocurrido, dió la orden de partida y pocos días después llegaron


a la Provincia de La Habana.
LA HABANA EN EL SIGLO XVI lÓl-

Los indígenas habían abandonado sus poblados, temiendo re-


presalias por el asesinato de los españoles; pero Las Casas, que
ya comenzaba a tener autoridad entre los siboneyes, les hizo saber
los buenos propósitos de ios conquistadores, de manera que aqué-
llos les enviaron una comisión de 18 caciques, a los cuales Nar-

váez quiso ahorcar, no atreviéndose a hacerlo en virtud de las


amenazas del Padre Las Casas, que los puso en libertad con un
mensaje para su rey, pidiéndole que le entregase al cautivo es-
pañol; y a los pocos días fueron sorprendidos por la visita de
Habaguanex, al frente de más de 300 indios, casi todos comple-
tamente desnudos y con el cuerpo pintado caprichosamente de
franjas y círculos rojos y negros.
El encuentro fué solemne y pintoresco y divirtió extraordina-
riamente a los castellanos. Los indígenas, después de depositar
a los pies de los conquistadores los regalos y presentes con que
les obsequiaban, bailaron largo rato de un modo desaforado, al
compás de un canto monótono y lento; luego se sentaron en cu-
clillas formando un semicírculo y se adelantó Habaguanex, un

anciano de más de sesenta años, acompañado del cautivo español,


llamado García Mejía. El cacique se lo entregó al Padre Las
Casas, testimoniando que lo había tratado como hijo, e inmedia-
tamente fraternizaron ambos pueblos, que recorrieron juntos, en
continua fiesta, la Provincia de La Habana, anotando Pánfilo de
Narváez, como hecho el encuentro de un gran
extraordinario,
pan de cera que atribuyó a alguna nave española naufragada en
nuestras costas (1).

ni

Fundación y primeros años de la villa de


San Cristóbal de la Habana.

La fecha y el lugar exactos en que fué fundada nuestra ciu-


dad ha llenado de innumerables dudas a los historiadores, dudas
causadas indudablemente por las escasas noticias de este asunto
recogidas por los que publicaron crónicas sobre la conquista y la

(1) Ignacio J. de ürrutia, Teedro Cubano, pág. 164.


102 CUBA CONTEMPORÁNEA

colonización españolas; y, sobre todo, por no poseer La Habana


documentos de sus primeros años, pues como veremos después,
en dos ocasiones, en 1538 y en 1555, los forbantes franceses sa-
quearon e incendiaron nuestra entonces incipiente ciudad, perdién-
dose por estos hechos, innumerables y curiosísimos datos conte-
nidos en sus archivos.
Sin embargo, por medio de hipótesis basadas en lo poco que
dicen de La Habana los cronistas más veraces, José Martín Félix
de Arrate (2) ha podido afirmar que nuestra ciudad fué fundada
por Narváez y el Padre Las Casas, en el año 1515, denominándola
San Cristóbal, porque comenzó a poblarse el 25 de julio, día de
ese santo que según la tradición, después de una vida sencilla que
ha glosado deliciosamente en una de sus mejores novelas Ega de
Queiroz, llevó en sus brazos al niño Dios; aunque ahora celebramos
dicha fiesta, por especial permiso de la Santa Sede, el 16 de no-
viembre, por ser el día antes mencionado la fiesta de Santiago,
patrón de España y de la Isla.

El lugar en que estuvo asentada la primitiva villa de San


Cristóbal es algo más difícil de determinar, pues los cronistas de
Indias nos hablan unas veces de una población así denominada
que existía en la costa Sur de nuestra Provincia, y de otras dos
más que con el mismo nombre se hallaban situadas respectiva-
mente en la desembocadura del río Casiguaguas, en el lugar hoy
conocido por La Chorrera, y en el puerto que Ocampo llamó de
Carenas; pero, a pesar de esta aparente contradicción, podemos
llegar a conclusiones satisfactorias.
A nuestro modo de ver, es mucho más lógico admitir, como
lo hace Urrutia (3), la existencia por el año de 1518, de dos
ciudades denominadas respectivamente La Habana o Carenas, y
San Cristóbal, que limitarse a refutar los datos que evidencian
ese aserto, con el fin de sostener caprichosamente la idea de una
sola ciudad primitiva.Herrera, Oviedo y Bernal Díaz del Castillo
nos hablan de que Cortés, después de abandonar a Trinidad, pasó
a la villa de San Cristóbal, situada, en la banda del Sur; mientras
que sus tenientes, Alvarado y Escalante, iban por tierra y por la
costa Norte a recoger soldados y bastimentos, reuniéndose ambos

(2) Llave del Naevo Mundo y Aniemnral de las Indias, págs. 38 y siguientes.
(3) Obra citada, págs. 171 y siguientes.
LA HABANA EN EL SIGLO XVI IOS

grupos, el del Norte y el del Sur, en el cabo de San Antonio. De


modo que, según parece admitido, por estos años la banda del
Norte de nuestra Provincia estaba ya habitada por los españoles.
Nosotros no queremos con esto hacer una afirmación categó-
rica, sino que solamente presentamos razones, pues nos parece
este problema completamente resuelto con admitir la existencia
primitiva de dos ciudades llamadas La Habana, aunque confesamos
que hoy por hoy sólo está suficientemente probada la existencia
de una villa en la costa del Sur, pues de la del Norte sólo po-
seemos indicios que pueden hallarse en los cronistas de indias,
entrando verdaderamente esta otra villa a la luz de la íiiistoria

cuando en 1519 se le incorporó la del Sur, aprovechando, como


dice José María de la Torre, las magníficas condiciones de salu-
bridad de nuestro puerto, y la existencia en él de algunas chozas,
tanto en el lugar conocido por Carenas, como en la desemboca-
dura del río Casiguaguas, donde es también lo más probable que

existiera en los primeros años del siglo XVI una villa conocida en
nuestros documentos más antiguos, por Pueblo Viejo, que luego
se agregó también a La Habana.
La primitiva ciudad, y nos referimos ya exclusivamente a la
que resultó de la fusión de la del Norte con la del Sur, se asentó
en el terreno que se halla entre el Castillo de la Fuerza, la actual
casa del Ayuntamiento, en que se edificó la Iglesia Parroquial, y
laAduana, celebrándose en la misma fecha de la traslación (1519),
una misa seguida de la primera elección de Alcaldes y Regidores,
bajo una ceiba que fué conservada hasta el año de 1753, en que
se ordenó la edificación de un pequeño pilar de mampostería, ro-
deado de varias ceibas, las cuales fueron reemplazadas por las
actuales, el año de 1828, enque se edificó el Templete.
Sus primeros habitantes fueron Pedro Barba, Teniente Gober-
nador por Diego Velázquez, y luego compañero de Hernán Cortés
en la conquista de México; Francisco Montejo, que abandonó la
villapara ser adelantado en Yucatán; Garci-Caro, Juan de Ná-
Pacheco, Rojas, los hermanos Martínez, y un tal Santa Ciara,
jera,
que también acompañaron a Cortés en su expedición; Juan dé
Roxas, llamado El Rico; Juan de Lobera, que luego fué Caste-
llano de la Fuerza y Regidor Perpetuo; Antonio de la Torre, tam-
bién Regidor y Alcalde; Juan de Inestrosa, qué fué Teniente del
1Ó4 CUBA CONTEMPORÁNEA

Gobernador Pedro Méndez de Avilés; Calixto Calderón, Alguacil


en los tiempos de Gonzalo Pérez de Angulo; el carpintero Manuel
de Juan; el Alcalde de la Santa Hermandad, Bartolomé Cepero;
el Escribano Pérez de Barroto o de Borroto; el sastre Domingo
Talayera, y otros más que hacían un total de 50.
La población fué edificada sin orden ni concierto; pues las
casas, la mayor parte de barcones y yagua, se extendían capricho-
samente a los alrededores de la actual Plaza de Armas, dejando
únicamente libre la parte que daba al mar; verdaderas calles no
existían, pero abundaban los jejenes y cangrejos; y el puerto era
poco más o menos lo que es en la actualidad, debiendo hacerse
notar que el mar anegaba la parte del litoral comprendida desde
la Cortina de Valdés hasta el Parque de San Juan de Dios.

De la historia de estos primeros años de La Habana, casi


nada conocemos. En 1528 arribó a nuestro puerto Diego de Soto
o Sotolongo, llamado El Viejo, que después fué Regidor, Alcalde
Ordinario y Teniente del Gobernador Gabriel Montalvo, obteniendo
del Ayuntamiento un solar en el barrio llamado posteriormente de
Campeche, y que fué origen de la hacienda de Diego de Soto,
que comprendía los actuales barrios de Jesús María, Vives y San
Isidro. En 1532 era La Habana, a pesar de su despoblamiento, la
segunda ciudad de la Isla, y los buques que entraban en nuestro
puerto pagaban como derechos unos doscientos pesos al año; en
1538, siendo Teniente Gobernador de La Habana Juan de Roxas,
un pirata francés, quién sabe si el mismo que luchó en Santiago
de Cuba contra la nave de Diego Pérez, aprovechando la falta
de defensas de nuestra ciudad, entró en ella, derrotó a su Te-
niente Gobernador, hizo huir a sus habitantes a las estancias de
los alrededores, y después de saquear la villa la destruyó com-
pletamente por medio de un incendio.
La vida de de La Habana, como es
los primitivos habitantes
un campo de acción muy limitado; lós in-
lógico suponer, tenía
dígenas de nuestra Provincia nunca constituyeron un problema
serio para los españoles; la producción agrícola era casi nula, y
el comercio se realizaba por las escasas naves que de tiempo en

tiempo arribaban a nuestro puerto con el fin de recoger basti-


mentos destinados a las expediciones que se realizaban en los
países que baña el golfo mexicano.
LA HABANA EN EL SIGLO XVI 106

Los medios de existencia, pobres y miserables, influían deci-


sivamente sobre las costumbres sociales; las chozas de madera

y guano que habitaban no reunían comodidad alguna, y hacían


llevar a los fundadores de nuestra ciudad una vida muy parecida
a la de los indígenas precolombinos de Cuba; de tal manera,
que el ambiente rudo, unido al escaso nivel cultural de los con-
quistadores, explican las inmoralidades y los abusos de aquellos
primeros tiempos de nuestra existencia histórica. Las riñas y los
homicidios eran muy frecuentes; algunos conquistadores se ha-
bían casado con mujeres españolas o indias y otros vivían pú-
blicamente amancebados, de tal modo que, en realidad, tanto en
las relaciones públicas como en las privadas, no se conocía el
orden que caracteriza a todo organismo civilizado; sin embargo,
en las fiestas o "alegrías", como se calificaban en aquella época,
destinadas a celebrar algún acontecimiento de importancia suma,
subía a la superficie de los conquistadores de entereza y valor
legendarios, una satisfacción fugaz y momentánea, que alegraba
su vida casi imposible de resistir, y que constituye la sonrisa de
aquella sociedad ruda, tétrica y muchas veces cruel.

IV

Organización gubernativa de la Colonia de


Fernandina de Cuba y en especial de la villa de
San Cristóbal de la Habana. (4)

El gobierno de la Colonia o Presidio de Fernandina de Cuba,


y en especial de de San Cristóbal de la Habana, tuvo,
la Villa
puede decirse así, una organización casi idéntica durante todo
el siglo XVL Existía un Gobernador nombrado por el Rey y
dependiente de la Audiencia de Santo Domingo, cuyas funciones
eran amplísimas, lo mismo en el campo político que en el ad-
ministrativo, el militar y el judicial; habitaron primeramente en
Santiago de Cuba, pero después, con la decadencia de esta po-
blación y elaumento progresivo de La Habana, fijaron habitual-
mente su residencia en esta ciudad. Mientras ejercían sus fun-

(4) Ramiro Guerra, Historia de Cuba, Tomo I; pág. 283. Arrate, obra citada, pá-
ginas 188 y siguientes.
106 CUBA CONTEMPORÁNEA

ciones, no tenían prácticamente ninguna responsabilidad; sus po-


deres eran casi omnímodos, pues les eran delegados por el Rey,
y la Audiencia solamente una inspección en los actos
ejercía
del gobernante, dando cuenta al monarca, para que resolviese
lo oportuno; el juicio de residencia que se tramitaba al terminar

la gestión de cada Gobernador, era el único medio de pedirles

cuentas de sus actos; y puede citarse como dato elocuente, que


la mayor parte de los gobernadores resultaron condenados en

la residencia. A mediados del siglo XVI se les agregó un Te-


niente Gobernador, que habitualmente era letrado, cuyas funciones
se reducían a auxiliar al Capitán General, que casi siempre era
militar, con sus conocimientos jurídicos.
Las villas y ciudades como La Habana tenían también su or-
ganización y gobierno particular; cada pueblo para sus asuntos
interiores poseía un grupo de autoridades denominado indistin-
tamente Cabildo, Concejo, Justicia y Regimiento, que animados
por el mismo espíritu de independencia de las municipalidades
de Castilla y Aragón, defendieron enérgicamente en estos pri-
meros años de nuestra existencia histórica los intereses de los
vecinos y habitantes de la isla, ante las arbitrariedades del Go-
bernador y de los Concejos que dirigían en España los asuntos
relacionados con las Indias, por medio de las Juntas de Procu-
radores, que eran los representantes legítimos del vecindario de
las ciudades y villas cubanas ante las Cortes Castellanas, a las
que acudían sostenidos por el espíritu democrático que caracterizó
a España en la época medioeval, y que dió muestras de vitalidad
extraordinaria en la primera mitad del siglo XVI en nuestra isla,
decayendo por las medidas radicales adoptadas por Angulo y
Mazariegos, que llegaron a prohibir durante algunos años que se
celebrasen elecciones en el Cabildo, Justicia y Regimiento de
La Habana.
El Concejo Municipal, que se elegía siempre el día primero
de enero de cada año, estaba formado por un número variable
de Concejales, llamados Regidores, que fueron tres hasta el año
de 1558, en el que, en vista de que no había generalmente con
quien hacer Cabildo, por las ausencias al campo de los Regidores,
se acordó elegir a cuatro (5). Posteriormente fueron nombrados

(5) Arrate, obra citada, pág. 219.


LA HABANA EN EL SIGLO XVI 107

Regidores PerpetuosJuan de Lobera y Antonio de la Torre,


llegando a suceder que desde 1571 a 1578 no se hicieran elce-
ciones de Regidores, por ser todos Perpetuos. Había también dos
Alcaldes elegidos por los vecinos, que se denominaban Primero
y Segundo, cuyas funciones eran solamente judiciales; un Te-
niente Gobernador, representante personal del Capitán General
en la Villa y que se llamaba Alcalde Mayor; dos Alcaldes de

la Santa Hermandad, destinados a la persecución de los crimi-


nales, ejerciendo las funciones de policía en los alrededores, un
Alférez Mayor, un Depositario General; y algunos puestos más
como Receptores de la Real Cámara y Tenedores de los bienes
de los difuntos, que los desempeñaban habitualmente los Regi-
dores. También deben citarse los cargos de Escribano, cuya
función, consistente en llevar las actas del Cabildo, desempeñó
por tanto tiempo Francisco Pérez de Borroto; y el Procurador
General, especie de representante del pueblo ante el Ayunta-
miento, con facultades discrecionales y muy semejantes a la de
los Tribunales de la Plebe en Roma.

Breve enumeración de los Gobernadores de Cuba


EN EL Siglo XVI.

Los primeros gobernadores de Cuba no se ocuparon directa-


mente de La Habana. Diego Velázquez, después de dar un im-
pulso poderoso a nuestra naciente nacionalidad, dedicó sus úl-
timos años a su litigio con Hernán Cortés, sobre sus derechos a
los beneficios obtenidosen la conquista de México; y Manuel de
Rojas, Juan de Altamirano y Gonzalo de Guzmán, preocupados
con las sublevaciones de los indios o dedicados a una vida muelle
y disoluta, no hicieron nada por nuestra ciudad, pudiendo afir-
marse que hasta Hernando de Soto, ninguno de los gobernadores
de Cuba dedicó su atención al progreso de La Habana.
Este hidalgo,que se había distinguido en la conquista de
Darién, Nicaragua, y sobre todo en la del Perú, a la que asistió
como Teniente de Francisco Pizarro, fué nombrado en 1538 Go-
bernador de Cuba, con el fin de que nuestra Isla lé sirviese de
1Ó8 CUBA CONTEMPORÁNEA

base a las expediciones que emprendería para la conquista de la


Florida.
En Santiago de Cuba recibió Soto noticias del saqueo e in-

cendio de La Habana, por los forbantes franceses, y como había


pensado que nuestra ciudad, por su cercanía a la Florida, sería
el punto de partida de su expedición conquistadora, comisionó al

capitán Mateo Aceituno, para que pasara a ella por mar y diri-

giera los trabajos de la reparación de la villa, mientras que él


en Santiago, ayudado eficazmente por Vasco Porcallo de Figueroa,
reclutaba gentes y alimentos para su expedición; y por los meses
de agosto y septiembre del mismo año llegó Hernando de Soto
a La Habana, después de recorrer desde Santiago de Cuba las
poblaciones del interior de la Isla, encontrando ya en nuestra
población a las naves de su Armada.
La Habana, con el millar de individuos que componían la flota
, de Hernando de Soto, aumentó extraordinariamente su población,
que no pasaba de 300 habitantes; y el Gobernador, de acuerdo
con Juan de Rojas, tomó las medidas necesarias para la reedi-
ficación de la plaza, disponiendo también que Mateo Aceituno
dirigiese la edificación de una fortaleza que, restaurada \poco
después, fué nuestro Castillo de la Fuerza,
Soto, antes de partir, dejó encomendado el gobierno de la
isla a su esposa, Inés de Bobadilla, nombrando su Teniente en
La Habana a Juan de Rojas; la labor de aquél en pro de nuestra
villa fué tan agradecida por sus vecinos, que su muerte fué ge-
neralmente sentida, y con mayor motivo aún, por haberse recibido
poco después la noticia del fallecimiento de la mujer de Soto,
que habiendo sido su compañera en vida y amándole con un
amor imposible de describir, no pudo sobrellevar la existencia
sin su esposo y le acompañó también en la muerte.
Por esos años el pirata Robert Baal, que al frente de una
armada francesa había saqueado los puertos de Santa Marta y
Cartagena, se presentó con el mismo fin frente a La Habana.
Respetando los cañones del Castillo de la Fuerza, no se atrevió
a entrar en el puerto y desembarcó su gente algo más allá de
la Punta, trabando una batalla con los vecinos, en la que fué
completamente derrotado.
Sucedieron a Hernando de Soto en el gobierno de la Isla,
LA HABANA EN EL SIGLO XVÍ

Juan de Ávila y Antonio de Chávez, que se ocuparon respectiva-


mente en la reedificación de La Habana, y en la construcción
de la Zanja para abastecer de agua potable a la villa. Este útlimo
gobernó hasta el año de 1550, en que fué nombrado para su-

cederle el Dr. Gonzalo Pérez de Angulo cuyo gobierno se carac-


terizó por sus luchas con el cabildo habanero, y la toma e in-

cendio de La Habana por Jacques de Sores en el año de 1555.


Angulo vino a La Habana con el propósito de aplicar una
Real Cédula sobre el valor de la moneda, y las disposiciones de
los reyes en favor de la libertad de los indios; pero ambas ideas
al ser llevadas a la práctica produjeron continuas desavenencias
con el cabildo habanero, que sintetizan toda la labor de este go-
bernante, quien, dando muestras de su incapacidad para el cargo,
no supo, en el año de 1555, defender nuestra plaza de la agresión
de los corsarios franceses al mando de Jacques de Sores. Este
último hecho, y la acción del gobernador de pagar la retirada de
una nave francesa, que posteriormente entró en nuestro puerto,
fueron las causas de que se quitase el gobierno de la isla a
Angulo, nombrándose para sustituirlo al Capitán Diego de Ma-
zariegos.
Mazariegos se ocupó en reformar la organización gubernativa
de la colonia, creando nuevos cargos que complicaron nuestra
sencilla administración, y reforzó considerablemente las fortifi-
caciones de La Habana; su sucesor, García Ossorio, pasó todo
su gobierno en escandalosas desavenencias con el Alcaide del
Castillo de la Fuerza, que sobresaltaron a la villay dificultaron
su gestión gubernativa; y fué relevado en 1568 por Pedro Me-
néndez de Avilés, que por el encargo de expulsar de la Florida
a los protestantes franceses que se habían establecido no se allí,

ocupó para nada de nuestra que fué gobernada por sus


isla,

Tenientes Francisco de Zayas, Diego de Rivera y Cepero, Pedro


Menéndez Márquez, Sancho Pardo Ossorio y Juan de Inestrosa,
durante cuyos gobiernos se fundó e\ Hospital de San Felipe y

Santiago en La Habana y se inició la construcción de la casa


Parroquial en los terrenos que hoy ocupa la Casa del Ayunta-
miento, merced a los donativos de Juan de Rojas, que murió
pocos años después dejando todas sus riquezas a su sobrino
Hernán Manrique de Rojas.
110 CUBA CONTEMPORÁNEA

A Pedro Menéndez de Avilés, o a sus Tenientes, le sucedió


en el gobierno de la Isla, Gabriel Montalvo, que residió común-
mente en Bayamo, nombrando su Teniente en La Habana a
Diego de Soto; y por estos años vino a esta ciudad, por orden
de la Audiencia de Santo Domingo, el Oidor Alonso de Cáceres,
el cual redactó en 1574 las Ordenanzas que tienen su nombre y

que marcan una época en la historia de los Municipios cubanos.


Su sucesor, Francisco Carreño, fué uno de los gobernadores
más íntegros y honrados de Cuba, muriendo envenenado en La
Habana a causa de haber querido castigar a los defraudadores e
inmorales de aquella época. Carreño, con el fin de crear una
nueva fuente de riquezas para nuestra Isla, envió a España di-
versas muestras de macera, de las cuales se escogieron la caoba,
el ébano y el guayacán para la fabricación del Monasterio del

Escorial.
El Licenciado Gaspar de Torres se dedicó nada más que a
borrar los benéficos resultados del gobierno de Carreño, y sus
inmoralidades fueron tantas que huyó al tener noticias de que
viajaba hacia Cuba su sucesor Gabriel de Luján, quien quiso
terminar con los abusos de las tropas en La Habana, y después
de tratar inútilmente de contener los excesos del Alcaide de la
Fuerza, Diego Quiñones, que por la organización gubernativa
de no estaba sujeto a su autoridad, pidió y obtuvo que
la colonia

se suprimiese dicho csrgo, uniendo sus atribuciones a las del


Gobernador.
Le sucedió Juan de Tejada, en cuyo tiempo el Ingeniero An-
Morro y de la Punta, transformando,
tonelli edificó los Castillos del
merced a sus trabajos, la villa que por aquellos años fué convertida
en ciudad; y fué reemplazdo por Don Juan Maldonado y Barnuevo,
último gobernador de Cuba en el siglo XVI, y en compañía del
cual vino a La Habana Hernando de Parra, cuyos escritos sobre
nuestra ciudad en 1598, que ya en otra sesión pública del Ateneo
leyó y comentó el Dr. Salvador Salazar, son las noticias más an-
tiguas que tenemos sobre el aspecto exterior y las costumbres de
nuestra ciudad a fines del siglo XVI.
LA HABANA EN EL SIGLO XVI 111

VI

Causas que produjeron el progreso de La Habana en la


segunda mitad del siglo xvi.

El progreso de La Habana durante los primeros años de su


historia, fué muy difícil y lento, pues a pesar de las Reales Or-
denes que prohibían el paso dei unaj a otra Colonia en la América,
por la pobreza de las minas de oro que aquí se explotaban, y
más aun, por las fabulosas riquezas que hallaron los españoles
en México y el Perú, poco a poco se produjo la despoblación de la
Isla. Además, La Habana había sufrido dos saqueos e incendios
por parte de los corsarios franceses, de manera que puede fácil-
mente concebirse la imposibilidad de que adelantase una ciudad
que había experimentado en tan pocos años tantas catástrofes.
Así únicamente se explica que, en el año de 1556, el Obispo Sar-
miento, en carta al Rey, dijese que muchas veces era imposible
celebrar el Santo Sacrificio de la misa por la falta de vino o por
la imposibilidad de que lo comprasen I03 sacerdotes, dado el precio
abusivo que tenía; todos los vecinos —-agregaba—desean abandonar
esta tierra, y los indios se extinguen rápidamente, porque los es-
pañoles y mestizos monopolizan todas las mujeres, y si un indio,
decía el Obispo, encuentra para sí una de 80 años, debe darse por
satisfecho. (6)
Sin embargo, desde esta fecha se inicia el evidente progreso
y desarrollo de la villa de San Cristóbal de la Habana.
El reconocimiento, por Diego Maldonado, del canal de Bahama
influyó de un modo decisivo en los destinos de nuestra ciudad.
Antiguamente el viaje de regreso a España se hacía por la costa
Sur de Cuba, pues aunque el vjento les era contrario, los marinos
preferían este camino antes de cruzar por entre los numerosos
cayos de la costa Norte de la Isla; pero desdo que se conoció la
existencia de un canal algo más al Norte, que no presentaba los
obstáculos de estos dos caminos, el mismo Rey ordenó que fuese
el lugar escogido para la navegación de ultramar, y desde entonces

(6) Documentos Inéditos de Indias. Primera Serie. Tomo V, pág. 555.


.

112 CUBA CONTEMPORÁNEA

La Habana fué punto de parada de todas las flotas españolas (7).


Las magníficas condiciones de nuestro puerto contribuyeron
también a que se tomase esa determinación; la bahía es amplia y
por lo angosto de su entrada y las pequeñas elevaciones que la

rodean, las naves se hallan en su interior protegidas de olas y


golpes de viento peligrosos. Los alrededores son bellísimos y
nuestros campos muy
productivos desde que, merced a la pro-
tección del venerableSan Marcial, se extinguió la plaga de hor-
migas que destruía todos los árboles de la jurisdicción de La
Habana.
La única desventaja de nuestra población era la dificultad con
que se abastecía de agua potable. El agua que se utilizaba en
los primeros años de la existencia de nuestra villa, la traían los

vecinos, del río Jigüey o Luyanó, pero la calidad era tan mala,
que se construyeron algibes y pozos para satisfacer las necesi-
dades de la villa. Aumentando la población de La Habana, y
mucho más aun por el número bastante notable de barcos que
arribaban a nuestro puerto con el finj de abastecerse de todo lo
necesario para el viaje a España, se agravó este problema.
Los vecinos que realizaban su negocio abasteciendo a las flotas,
iban en canoas hasta el río Almendares, trayendo el líquido en
vasijas y botijas, que vendían luego en la ciudad; y, con el fin
de mejorar sus medios de vida, se ideó, por el año de 1547, la
construcción de una zanja que trajese a La Habana el agua de
dicho río, no activándose verdaderamente la obra hasta el año
de 1562, en que la tomó a su cargo Hernán Manrique de Rojas,
creyéndose verosímilmente que la zanja fué terminada por el in-

geniero Antonelli.
Esta zanja, que después de atravesar toda la ciudad iba a
morir al costado de la Catedral que da a la calle de San Ignacio,
en el lugar conocido por el Chorrito, abasteció de agua a La Ha-
bana hasta mediado el siglo XVIÍI, en que fué completamente
restaurada (8)
La determinación de los Reyes de que la navegación a ultramar
se hiciese por medio de las flotas, contribuyó también y no poco
al desarrollo de La Habana. En los primeros tiempos las expe-

(7) Ignacio J. de Urrutia, obra citada, págs. 363 y 368.


(8) Arrate, obra citada, págs. 141 y 149.
LA HABANA EN EL SIGLO XVI 113

diciones ultramarinas se hacían por pocos barcos, tres o cuatro,


y aun a veces por embarcaciones solas; pero poco después, en
virtud de las expediciones de los forbantes y piratas europeos
destinadas a capturar las riquezas que conducían las naves es-
pañolas a la Península, hicieron que prácticamente, ai empren-
derse la navegación a ultramar, las naves mercantes buscasen la
protección de los barcos de guerra. Este fué el origen de las
flotas, cuya organización quedó regulada poco después por los
Reyes. La primera flota, formada por 30 navios y dirigida por
Gonzalo Salazar, salió de San Lucar de Barrameda, escoltada por
las fuerzas que llevó Hernando de Soto para la conquista de la
Florida; pero hasta 1556, cuando Pedro Menéndez de Avilés fijó

el derrotero de las flotas, reformando su organización y cambiando


las galeras y carabelas por los famosos galeones, que durante más
de dos siglos hicieron la carrera de ultramar, sólo irregularmente,
en virtud de las circunstancias, se constituían las flotas.

, Desde esta fecha, los galeones constituyeron la "Armada de la

guarda de la carrera de las Indias", e iban mandados por un Ca-


pitán que no disfrutaba de sueldo, sino que tenía una comisión
en las mercancías que conducían, dirigiendo toda la escuadra un
General de galeones.
Constituían la flota de 20 a 30 navios, pero algunas veces
pasaban de 50 o 60. Las expediciones partieron primero .de San
Lúcar de Barrameda, y después de Cádiz; y las naves navegaban
juntas hasta cerca de las costas americanas, donde se dividían;
la flota de Nueva España seguía por las longitudes de Puerto Rico
y Santo Domingo, destacando los barcos destinados a estas islas;
se detenía dos semanas en La Habana y proseguía su viaje hasta
Veracruz, donde permanecía habitualmente todo el mes de sep-
tiembre; y la otra parte de la flota, denominada genéricamente
"flota de galeones o de Tierra firme", se separaba de la de Nueva
España antes de llegar a Santo Domingo, trasladándose a Carta-
gena de Indias y a Portobelo, y después de permanecer algunas
semanas en dicho puerto, se dirigía a La HIabana a esperar aquí a
la flota de Nueva España y realizar juntas el viaje de regreso
(9).
Como es lógico suponer, el acontecimiento más importante de

(9) Jacobo de la Pezuela, Historia de Cuba, tomo I, pág.' 405.


114 CUBA CONTEMPORÁNEA

La Habana en aquellos tiempos era, sin duda alguna, la llegada

de las flotas. Inmediatamente que la campana del Castillo de la


Fuerza anunciaba, tocando a rebato, que algo extraordinario acon-
tecía, los vecinos abandonaban sus labores de costumbre y corrían

en busca de sus armas, pues el tambor que redoblaba el flamenco


Juan de Emberas en el torreón levantado en la Caleta denotaba
que se aproximaban navios, y muy bien pudieran ser barcos cor-
sarios, que intentasen saquear e incendiar por tercera vez a la
villa de San Cristóbal de la Hiabana; pero la noticia de que era

la flota de ultramar, aquietaba los ánimos; la alegría se notaba^ en


todos los rostros, y los vecinos, haciendo comentarios sobre las
noticias que traerían los tripulantes, corrían apresuradamente ha-
cia la playa, como si su precipitación diese más fuerza al viento
que calmudamente impulsaba las naves hacia el puerto. Unos
pensaban en las ganancias que obtendrían dando alojamiento y
comida a tantos forasteros; otros, amantes de la fiesta y el jolgorio,
aburridos ya de apurar el desesperante veycosi, entreveían días
de perpetuo placer con una moza alegre como las castañuelas y
varias copas de buen vino de España; los tahúres, émulos del
gran Monipodio, se aprestaban a despojar a incautos e inocentes,
que pagaban muy caro su novatada en nuestra ciudad; los miem-
bros del Cabildo y Regimiento de La Habana, con la seriedad de
las autoridades en ocasiones semejantes, se esforzaban por no
perder su empaque solemne, y unirse a la bulliciosa alegría del
vulgo. Algunas jóvenes esperaban a sus novios, otros residentes
aguardaban a sus padres, éstos a sus hermanos y parientes, aquéllos
a sus amigos; y todos querían noticias, alegres o dolorosas, pero
noticias al fin de la patria lejana; sólo los padres y maridos, que
no amaban el escándalo y la inmoralidad que producían aquellos
días de aturdimiento y disipación, y el Gobernador, que coordinaba
los medios para encauzar aquellos corazones arrogantes y des-
ordenados, que fácilmente perdían el respeto a su autoridad, se
dolían con un leve suspiro de tristeza, pensando en los trabajos y
contrariedades que sufrirían, pero como la alegría era tan ruidosa
y comunicativa, se disipaban prontamente sus tétricos pensamientos,
y abrían el corazón, saludando con gritos estruendos a la repre-
sentación de la patria amada.
Porque si es verdad que las flotas traían sus ventajas, tenían
LA HABANA EN EL SIGLO XVI lio

también numerosos inconvenientes. El juego, el escándalo, las

riñas y los homicidios eran frecuentes durante esos días en La


Habana; y los vecinos serios que no intervenían para nada en
estas luchas, llegaban en ocasiones a repeler por medio de las
armas los desafueros de soldados y tripulantes, quienes, estando
sujetos únicamente a la jurisdicción de sus jefes, no obedecían a
las autoridades y corrían a refugiarse en las naves o en el Cas-
tillo de la momentos de mayor apuro.
Fuerza, en los
El historiador Pezuela nos cita un caso que sintetiza perfec-
tamente la situación de La Hjabana en las semanas en que la
flota permanecía en nuestro puerto (10).
Poco después de hacerse cargo Gabriel de Luján del gobierno
de la Isla, arribó a La Habana, de regreso a España, la flota de
Veracruz que mandaba su pariente Francisco de Luján. Un sobrino
de éste, Diego Manrique, hijo del Virrey del Perú, por medio de
cohecho se introdujo, para cumplir una apuesta que había con-
certado, en el dormitorio de una dama principal, pero hallándose
ésta casualmente en compañía de varias mujeres, pudieron con
sus gritos ahuyentar al atrevido galán. La dama; se quejó a su
marido, Alférez Real Jorge de Baeza y Carbajal; a su padre,
el

el Capitán Francisco de Avalos y aun al mismo Gobernador, del

atrevimiento del mozo, que, desatendiendo las advertencias de su


pariente y ansioso de vengarse de su fracaso, al frente de un
grupo de amigos agredió al Capitán Avalos, refugiándose todos
en su huida dentro de las naves. Luján pidió que le fuera en-
tregado el malhechor, pero Diego Flores Valdés, General de la
Flota de Tierra Firme, no sólo se negó a aceptar la orden del Go-
bernador, sino que, dando muestras del poco caso que le hacía,
arrebató de manos del alguacil el mandamiento de prisión y lo
rompió ante la alegría de los presentes.
Luján, al enterarse de lo ocurrido, corrió en busca de Flores
Valdés, y encontrándolo en uno de los mesones de la villa, le or-
denó que se diese como preso; mas el Almirante, sin tener en
cuenta que el Gobernador estaba desarmado, sacó la espada
y
le hirió en un brazo. El pueblo se armó inmediatamente, pero
la lucha terminó gracias a que Francisco de Luján, General de

(10) Obra citada, tomo I, pág. 286.


116 CUBA CONTEMPORÁNEA

la Flota, ordenó a Flores Valdés que diese satisfacciones al Go-


bernador, poniendo en prisión al joven Manrique.

Desde el gobierno de Luján, teniendo el Gobernador de la Isla

el mando de las tropas destacadas en el Castillo de la Fuerza,


pudo hacer algo más efectiva su autoridad y disminuyeron nota-
blemente los escándalos en tiempos de la llegada de las flotas.

VII

Medios de vida de los habaneros de aquella época.


La ganadería. Inicios de la industria azucarera.

La Habana, merced a estas expediciones periódicas, adelantó


rápida y prontamente, de tal manera que el Rey, a petición de
las autoridades habaneras, ordenó a todos los buques que en-
trasen en nuestro puerto que saludasen con salvas al Castillo de
la Fuerza; en 1574 ya entraban en La Habana anualmente, 100
buques procedentes de España y 115 de la América española, sa-
liendo 107 para cada uno de dichos lugares; y en 1592, por una
Real Cédula, fechada en Eras a 20 de diciembre, se ennobleció
a nuestra antigua villa con el título de ciudad, basándose el Rey
para dicha determinación, en que sus vecinos le habían servido
fielmente contra sus enemigos y en que La Habana era por aque-
llos tiempos la principal villa de Cuba. Dicha Cédula debió ser
acompañada de la que determinaba nueva ciudad,
el escudo de la
pero habiéndose perdido, los vecinos acudieron a Reina Go- la

bernadora Doña Mariana de Austria, que en 30 de noviembre de


1665 repitió dicha concesión, determinando el escudo de La Ha-
bana, formado por tres Castillos y una Llave en campo azul, en
señal —
decía textualmente la mencionada Real Orden de su for- —
taleza y del valor con que( sus naturales y vecinos la defendieron
en cuantas ocasiones se ofrecieron y para honor y lustre de dicha
ciudad en los siglos venideros (11).
La ganadería y la agricultura fueron la base de la riqueza de
La Habana en los primeros tiempos, pues por medio de ellas
abastecían de carnes, frutas y viandas a los tripulantes de las

(11) Arrate, obra citada, pág. 256.


LA HABANA EN EL SIGLO XVÍ 117

Ilotas;pero estos productos no eran de fácil exportación; del ga-


nado solamente se exportaba en pequeña cantidad el cuero cur-
tido, y las maderas sólo comenzaron a exportarse a partir del

gobierno de Francisco Carreño; además, en nuestra Provincia nun-


ca se dedicaron especialmente a la cría del ganado, sino que los
habaneros comerciaban, trayendo trabajosamente los productos del

interior para revenderlos luego en nuestra ciudad. La ganadería


comenzó a desarrollarse en las provincias orientales, cuando en
virtud de las Ordenanzas de Alonso de Cáceres se concedió a los
Consejos Municipales la facultad de mercedar y distribuar las tie-
rras a nombre del Rey; y en vista de que la isla, por la pobreza
de sus minas, no producía objetos fáciles de exportar, se pensó
en fabricar azúcar y miel, de la caña que Cristóbal Colón había
introducido en Cuba.
En 1535 se pidió licencia para establecer un ingenib en la
isla, pero hasta ñnes del siglo XVÍ, después que el Rey, por medio
de una Real Cédula, concedió ciertas ventajas a los que fomen-
tasen ingenios, subvencionándolos con dinero de la Caja de la

Isla,y determinando, además, que las tierras y esclavos destinados


a esa industria, no podrían ser ejecutados por deudas, no se inició
verdaderamente la fabricación del azúcar en Cuba.
En 1595, dice José María de la Torre (12), se estableció el
primer ingenio en La Habana, en el lugar conocido^ por Los Can-
Puente de Chávez, y era su dueño Don Vicente
grejos, cerca del
Santa María; poco después fundó otro Alonso de Rojas, en el
paraje conocido por Los Ranchitos y que posteriormente se llamó
El Tívoli, y cuyo edificio, que estaba situado en las calles de Zanja
y Belascoaín, con ligeras modificaciones se conservó hasta hace
dos o tres años, en que fué derruido, levantándose en el mismo
lugar una zapatería de nombre exótico; e inmediatamente se fo-
mentaron otros ingenios en el Cerro, Jesús del Monte, San Antonio
Chiquito y Guaicanímar, hoy Regla.
El azúcar se fabricaba primitivamente por el aparato que aun
se seguía usando a mediados del pasado siglo en nuestra isla
y
conocido por Cunyaye. Consistía en dos fuertes brazos de madera
asentados sobre un horcón; la caña se introducía entre ambos y

(12) Lo que fuimos y lo que somos, pág. 139.


118 CUBA CONTEMPORÁNEA

el Operario la comprimía de manera que el zumo cayera sobre

una vasija colocada en el suelo. Con este procedimiento el resul-


tado era casi nulo, de modo que sólo se usaba para producir lo
necesario para el consumo doméstico, aunque algunas veces rendía
lo suficiente para iniciar un negocio en pequeña escala. A fines
del siglo XVI ya se usaba un rudimentario trapiche, movido por
los brazos de los esclavos, por caballos o bueyes. El edificio del
ingenio consistía en un amplio colgadizo sostenido por columnas
y casi sin paredes; el trapiche se hallaba en uno de los extremos
y estaba formado por dos mazas compresoras entre las cuales se
colocaba la caña y que giraban por el impulso de un árbol colo-
cado en la parte superior, de cuyos extremos partían gruesos ba-
rrotes que comunicaban al aparato con la fuerza motriz.
Lo que más se producía era melado y azúcar terciada, que se
vendían a precios exorbitantes, pues la operación era larga y di-

y habitualmente, dice un documento antiguo citado por José


fícil;

María de la Torre, a causa de la impericia de los azucareros y de


lo poco inteligentes que eran en el arte de cocinar el jugo de la
caña, los moldes se evacuaban espontáneamente y el azúcar ya
cuajado se convertía nuevamente en líquido.

VIH

número de habitantes y aspecto de la población.


Calles, plazas, iglesias, fortalezas y otras edificaciones de
La Habana en el siglo XVL

En los primeros tiempos de la villa, la población decreció rá-


pidamente, tanto por las pocas facilidades que ofrecía el medio
como por las leyendas fabulosas que contaban los viajeros sobre
México y el Perú; pero ya por los años de 1540 vivían habitual-
mente en La Habana cerca de 40 vecinos que representaban con
sus esclavos e indios una población de 300 a 400 habitantes; du-
rante el Gobierno de Angulo, según aparece en las actas del Ca-
bildo de aquella época, fueron 33 los vecinos principales de La
Habana, que se opusieron a las arbitrariedades del citado Gober-
nador (13), y pocos años después, al tratarse de la fabricación

(13) Urrutia, obra citada, pág. 421.


LA HABANA EN EL SIGLO XVI 119

del torreón de la Caleta de San Lázaro, figuran en las actas del

Ayuntamiento de La Habana más de 50 vecinos acomodados, los


que debían contribuir con sus negros y herramientas a la construc-
ción de dicha obra pública, pudiendo calcularse que los habitantes
de La Habana y sus alrededores llegarían probablemente al millar.
Posteriormente, el desarrollo de La Rabana por la visita de las
fiotas y el estacionamiento de una fuerza fija para defensa de sus
fortalezas, hizo aumentar de un modo extraordinario la población
de que, a fines del siglo diez y seis, podía alcanzar
la ciudad, la

unos cuatro mil habitantes, llegando muy bien, en la época del


más de cinco mil forasteros.
arribo de las flotas, a albergar
El aspecto externo de La Habana también se modificó con el
aumento progresivo de la villa. La Habana de los primeros años
ya la hemos bosquejado como una aglomeración de casuchas al-
rededor de la ceiba bajo la cual se dijo la primera misa, formán-
dose así la plaza conocida hoy con el nombre de Plaza de Armas.
Después de los dos saqueos e incendios realizados por los pi-
ratas, se edificó la ciudad siguiendo el mismo orden; se extendió
posteriormente a lo largo del muelle, al formarse las calles de
los Oficios y de los Mercaderes; más tarde se abrió la calle Real,
que conducía a las estancias de los alrededores por el camino de
San Antonio Chiquito, llamado en los tiempos de la colonia Cal-
zadá de la Reina; y al otro extremo de la ciudad se formaron pri-
meramente las calles conocidas por Cuba, Habana y Aguiar, que
conducían por la calle de La Chorrera, especie de camino cam-
pesino que hoy corresponde a nuestra calzada de San Lázaro,
hasta el Torreón de la Caleta y al Vedado, llamado también Monte
de Barasoaín.
A fines del siglo XVI, ya La Habana contaba con diversas calles,
como la de Peña Pobre, llamada así porque desde ella se divisaba
la loma del Angel, conocida con ese nombre por la exigüidad de
su vegetación; el Callejón del Chorro, al costado de la actual Ca-
tedral, en cuyos terrenos, entonces en extremo pantanosos, desem-
bocaba el Chorro de la Zanja Real; O'Reilly, conocida en aquellos

tiempos con los nombres de Calle Honda o del Sumidero; Enna,


llamada del Boquete de la Ceiba; Obispo; el Callejón de Jústiz,
llamado de San Ambrosio; Cuba, conocida por la calle de la Cam-
pana o de la Fundición; Habana; Inquisidor, llamada de las Re-
120 CUBA CONTEMPORÁNEA

des; Oficios, conocida por Concepción; Muralla, llamada calle


Real; Teniente Rey, o del Basurero; y Baratillo, llamada así por-
que en ella estuvieron los puestos de venta al menudeo (14).
En estas calles era donde únicamente se seguía una disposición
algo regular para las edificaciones; de modo que el aspecto general
de la plaza era caprichoso y desordenado; cada cual construía su
vivienda en el lugar que le acomodaba, y muchas de ellas, espe-

cialmente las que formaron luego el barrio de Campeche en la


parte Sur de la ciudad, desde la calle de la Merced a Desampa-
rados, eran de guano y yagua; abundando también las casas cons-
truidas con maderas del país y existiendo ya algunas de sólida
mampostería.
La ciudad no se extendía más allá de la calle de Habana, y
todo el terreno que posteriormente, al construirse en el siglo XVII
las murallas, se llamó de extramuros, estaba repartido en estancias
de labor o ingenios de azúcar, y aun en pequeños poblados, como
el de San Antonio Chiquito, que aun existe poco más o menos

como en aquella época, al pie del Castillo del Príncipe, en la

conjunción de las calles Carlos líl y la Calzada de Zapata; las


principales estancias eran las de Diego de Soto, que comprendía
toda la parte Sur de la ciudad; la de Alonso de Rojas, situada
en la calle Belascoaín y Zanja; la de vicente Santa. María, en el
Puente de Chávez; y otra de Alonso de Rojas al otro lado de la
bahía, estando dedicadas la mayor parte de ellas a la fabricación
del azúcar.
La ciudad tenía tres plazas que eran
los centros de vida y ac-
tividad de la población: la Plaza de Armas, donde estaban el Cas-
tillo de la Fuerza y la Iglesia Parroquial, y llamada así porque en
esa explanada, las fuerzas de guarnición realizaban sus ejercicios
habituales; la Plaza de San Francisco, donde estuvo el primer
mercado, que se quitó de allí por la influencia de los frailes, y
que a fines del siglo XVI era el lugar más importante de la ciudad;

y, finalmente, la Plaza Nueva, que quedó trazada desde 1560 en


la calle de Teniente Rey, y que después fué Plaza Vieja, desde
que existieron la Iglesia y plazoleta del Cristo (15).

Las edificaciones más importantes eran las iglesias y fortalezas.

(14) José María de la Torre, obra citada, pág. 51.


(15) Arrate, obra citada, pág. 130.
LA HABANA EN EL SIGLO XVI 121

La primitiva Iglesia Parroquial, de tosca arquitectura, estuvo


situada donde está hoy la casa del Ayuntamiento, pero destruida
en los dos saqueos de los piratas franceses, no se comenzó su
reedificación hasta mediados el siglo XVI, merced a un donativo
del rico vecino y fundador de La Habana Don Juan de Rojas, ter-

minándose en 1571, aunque después fué varias veces reedificada.


Su exterior era muy poco artístico, de tal manera que más parecía
una casa particular que un templo de Dios. El interior, de muy
grosero gusto, estaba repartido en dos amplias naves, y la torre,
muy desproporcionada, tenía tres cuerpos, estando en el superior
un reloj. De los libros parroquiales, cita el historiador Val-
dés (16), que el matrimonio más antiguo allí anotado data de 1582,
y tenemos que agregar que en un costado de dicha Parroquia es-
tuvo el primer cementerio de La Habana. La Iglesia, única pa-
rroquial de nuestra ciudad en el siglo XVI, subsistió hasta me-
diados del siglo XVIII, en que fué derruida para edificarse en su
terreno la Casa del Gobierno, trasladándose la Parroquia Mayor,
convertida ya en iglesia Catedral, a donde hoy está, que fué pri-
meramente la iglesia de los jesuítas.
En 1578 se fundó el Convento de Santo Domingo, al fondo de
la Iglesia Parroquial, y el cual después sir/ió de asiento al Insti-
tuto y a la Universidad de La Habana, siendo dicho edificio de
mayor amplitud y belleza que el de la Parroquia.
El Convento de San Francisco, donde están hoy las Oficinas
del Correo, no se terminó hasta 1591 ;
pudiendo agregarse que los
religiososSan Luis Beltrán y San Francisco Solano, fueron res-
pectivamente conventuales en dichas Iglesias, según el acta del
Cabildo de 6 de febrero de 1632, en que se pide al Papa su cano-
nización, "y^ Que sus virtudes habían resplandecido en esta parte
de las Indias, haciendo el Señor por ellas grandes favores y mer-
cedes espirituales a esta ciudad."
A fines del siglo XVI existió un Beaterío de Monjas Franciscas,
que decayó rápidamente a la muerte de la monja Magdalena de
Jesús, no existiendo otro convento de esa clase en La Habana,
hasta la fundación del de Santa Clara, ya entrado el siglo XVII.
A mediados del siglo XVI, también se edificó un pequeño hos-

(16) Historia de la Isla de Cuba y en especial de la Habana, págs. 451 y 463,


122 CUBA CONTEMPORÁNEA

pital, llamado de San Felipe y Santiago, en el que resplandeció


lacaridad de Sebastián de la Cruz, y que poco después, con el
nombre de San Juan de Dios se erigió en los terrenos del parque
así denominado actualmente.
Las fortalezas eran ya muy numerosas en el siglo XVI, pues
la importancia de La Habana así lo exigía. Ya hemos dicho que
Hernando de Soto dispuso la edificación de un castillo que sirvió
de residencia a los gobernadores durante el siglo XVÍÍ, siendo
reedificado durante el Gobierno de Cagigal; y a fines del siglo XVI,
gobernando Tejada, el ilustre ingeniero Aníonelli dirigió la edi-
ficación de otros dos castillos, el del Morro y el de la Punta.
La fortaleza de los tres Reyes, llamada también del Morro,
mejorada notablemente después de la toma de La Habana por los
ingleses, fué terminada en los años de 1597, y recibió ese nombre
por hallarse edificada sobre una montaña redonda y pequeña, a la
que los españoles, desde años anteriores, llamaban El Morro; y
fué su primer Alcaide Alonso Sánchez de Toro. El castillo de
San Salvador de la Punta, muy inferior por su situación estraté-
gica al anterior, y edificado en dicho lugar porque por allí habían
desembarcado los piratas de Robert Baal y Jacques de Sores, pos-
teriormente, al construirse las Murallas que encerraron en sus
brazos de piedra a nuestra ciudad, sir\qó de punto de apoyo a
uno de los extremos de la defensa de la plaza.
El Torreón que todavía se encuentra frente a donde existió
hasta hace pocos años la Caleta de San Lázaro, fué también cons-
truido en el siglo XVI; pues el 8 de marzo de 1553 acordó el Ca-
bildo la contribución de cada vecino para levantar una pequeña
fortaleza en la Caleta, con el fi.n de situar allí permanentemente
un individuo. El primero que desempeñó ese empleo fué el fla-
menco Juan de Emberas, que, por avisar con los redobles de un
tambor la cercanía de las escuadras, recibía un sueldo de 36 du-
cados al año (17).
Las fuerzas que a fines del siglo XVI guernecían permanente-
mente la ciudad, eran 300 hombres, cada uno de los cuales cobraba
8 ducados de sueldo, y estaban repartidos en las tres fortalezas
principales y a las órdenes inmediatas del Capitán General,^ de tal

(17) José María de la Torre, obra citada, págs. 106 y l5l.


LA HABANA EN EL SIGLO XVI 123

manera, que cuando el gran marino inglés Francisco Drake se pre-


sentó ante nuestra ciudad, no se atrevió a atacar la plaza, a
pesar de que por su riqueza era la población más importante del
golfo mexicano, siendo ya en realidad, como la calificó después
Arrate, la Llave del Nuevo Mundo y Antemural de las Indias
Occidentales.
Las casas de La Habana en el siglo XVI presentaban distintos

tipos de edificación, según la fortuna de sus dueños.


En que luego fué barrio de Campeche, en los alrededores,
el

y aun en el centro de la ciudad, abundaban las casas de paja y

yagua al estilo indígena, rodeadas de un pequeño corral, abundante


en árboles corpulentos y que consistían generalmente en un portal
y dos habitaciones interiores; el piso era de tierra y el techo se
hallaba sostenido por maderas sin labrar.
Pero ya a fines del siglo XVÍ no eran todas las casas de ese
tipo, y aunque Hiernando de Parra diga lo contrario en sus na-
rraciones de La Habana en el año de 1598, lo cierto es que,
según una carta del Gobernador Luján al Rey, inserta en la his-
toria de Pezuela (18), ya existían en la ciudad cómodos edificios
construidos por sus moradores más ricos, como Juan de Rojas,
Juan de Lobera, Diego de Soto y otros.
Las mejores casas de La Habana se hallaban entonces en la
Plaza de San Francisco, como la primera Casa Consistorial, edifi-
cada en un terreno que se compró a Juan' de Rojas y que creemos
sea el que ocupa actualmente la Lonja del Comercio (19) la ;

Cárcel de la villa, y las casas de Melchor de la Torre, Blas Pe-


droso y su tía Isabel.
El tipo de las casas ricas y suntuosas de aquella época era la
de Juan de Rojas, que al decir de Pezuela (20) debió ser la que
se encuentra en la actualidad en uno de los costado^ del periódico
La Discusión. La casa, que es casi cuadrada y sin adornos de
ninguna especie, data del año 1550, y según las historias más ve-
races sirvió de residencia a Jacques de Sores, mientras estuvo
en nuestra ciudad; su aspecto es más bien el de una fortaleza,
sin balcones ni portal; la planta baja se compone de varios sa-

(18) Tomo I pág. 304.


(19) Arrate, obra citada, pág. 132.
(20) Obra citada, tomo I pág. 207,
124 CUBA CONTEMPORÁNEA

Iones amplios, que se utilizarían como almacén, o como era de


costumbre en aquella época, que servirían de residencia a los
criados y trabajadores de la casa; mientras que en la planta su-
perior estaban los dormitorios de las personas de la familia, y
algunas habitaciones más destinadas a diversos menesteres propios
de las casas de rango.
También había casas mucho más pequeñas, pero de mejor
arquitectura, cuyo tipo es la llamada Casa del Marino, encontrada
en el Convento de Santa Clara, y algunas; que todavía pueden ob-
servarse en las calles de Aguiar, Lamparilla y otras. En estas
edificaciones no encontramos esos patios amplios, esos zaguanes
inmensos que caracterizan a las casas cubanas de antaño; son
edificiosgeneralmente con un salón y dos cuartos en la planta
baja, y otro salón y un cuarto en la alta, que constan, además,
del corredor característico de las antiguas casas españolas. El por-
tal está a ras de la calle y los horcones que sostienen el techo

son de madera del país, labrada rudimentariamente; las paredes


en extremo sólidas, tienen barrotes también de madera, que sirven
de apoyo y unión a la tierra que constituye el material de cons-
trucción; y lo más notable son los trabajos perfectos de los ba-
rrotes de madera de las ventanas, y de las gruesas vigas del techo,
con dibujo, que demuestran algún gusto artístico.
las casas de La Habana a fines del siglo XVI, no eran
Pero
por común, ni tan amplias y suntuosas como la de Juan de
lo

Rojas, ni tampoco reunían la perfección de la llamada Casa del


Marino; eran habitualmente de una sola planta, construidas de
madera dura o de mampostería; y generalmente estaban rodeadas
de corrales sembrados de árboles frutales que anidaban mosquitos
tan feroces, dice Hernando de Parra, que según le aseguraron
llegaban a producir la muerte con sus picaduras.
Los muebles eran diversos, según las riquezas de los que los
usaban; los había tan toscamente tallados que recordaban los in-
tentos de industria de los siboneyes; los otros los construían car-
pinteros de la villa; y sólo los ricos mandaban a hacerlos a Cas-
tilla, con madera de la isla; se acostumbraba a usar en los cuartos,
estampas y cuadros de devoción, a los cuales se encendían velas
de sebo fabricadas en Cuba, o velones mandados a buscar a Se-
villa. Los utensilios de cocina eran por lo general de hierro, aun-
LA HABANA EN EL SIGLO XVI 125

que para condimentar los platos del país, se preferían de barro, a


la manera de los indios; las comidas —
dice Parra, refiriéndose al
"ajiaco" —
repugnan al principio, pero se habitúan tanto a ellas
,

los europeos, que olvidan las de su país y les dan siempre pre-
ferencia; también se usaba y abusaba del maíz, el casabe y otros
productos de la tierra, para preparar los alimentos.

Calixto C. Masó.
( Concluirá.)

El autor de esta interesante conferencia hasta ahora inédita, es uno de los más va-
liosos elementos de la actual juventud cubana, habiéndose distinguido como escritor
de excelentes cualidades para los estudios de investigación y recopilación históricas, por
los cuales ha mostrado preferencia. Es Doctor en Derecho Civil y Público, habiendo
presentado como tesis para optar a este último título un magnífico estudio sobre Socio-
logía cubana, en el que analizó muchos de sus más importantes aspectos. Es autor de
una monografía acerca de La Habana en los siglos XVI y XVII, premiada con un
Accésit — —
cuando el autor sólo contaba diez y siete años de edad en el concurso cele-
brado por la Academia de la Historia de Cuba en 1919, para conmemorar el Cuarto Cen-
tenario de la fundación de La Habana; y de una Prehistoria e Historia Precolombina
de las Antillas, que presentó al II Congreso de Historia) y/ Geografía Hispanoamericanas,
celebrado en Sevilla en 1921. Cuba Contemporánea le envía expresivas gracias por la
remisión de este muy ameno estudio, cuya lectura ha de interesar seguramente a cuantos
deseen conocer datos y antecedentes relativos a nuestra capital en los primeros años
de su fundación.
CENTROAMERICA INTERVENIDA

^^STAMOS asistiendo al desarrollo de los acontecimientos


más importantes de nuestra historia. De toda la Amé-
rica vienen las voces fraternales de inquietud y de tris-
teza por el peligro que nos amenaza. Las naciones
pequeñas situadas en la proximidad de los Estados Unidos van
acercándose como alucinadas al abismo de la absorción, al aniqui-

lamiento de su soberanía, a la entrega absoluta de cuanto las man-


tiene aún en la asociación de los pueblos libres.
Cuba, con la Enmienda Platt convertida en cosa elástica por
la imprevisión de los propios cubanos; Santo Domingo, con sus
elecciones supervisadas después de una ocupación militar injustifi-
cable; Haití, con su situación política dolorosa; y Panamá y Cen-
troamérica a merced del Norte. Tal es el cuadro que presenta
hoy esta parte del mundo americano a los ojos de cualquier ob-
servador poco atento.
Muchos son los enemigos que entre nosotros conspiran contra
la felicidad de estos países. Se cuentan como principales la pe-
queñez territorial, la escasez de población, el increíble afán de
dispersión, de atomización, que nos caracteriza. Parece que se
\ opone entre América la voluntad de un Maquiavelo
los pueblos de
incontrastable, que se empeñara en dividir para vencer. Y nos-
otros, que sólo por esto somos nuestros más encarnizados ene-

(*) Trabajo leído en la sesión que celebró la Sociedad Cubana de Derecho Interna-
cional, en La Habana, el día 25 de abril de 1923.
CENTROAMÉRICA INTERVENIDA 127

migos, nos mantenemos en un salvaje y absurdo aislamiento, e


imposibilitamos todas las tentativas de unión. Y la unión es la
única esperanza que nos resta.
Las naciones pequeñas vecinas de una nación grande viven en
constante intranquilidad. Todo envuelve un peligro para su exis-
tencia; todo anuncia la absorción, la influencia o el predominio de
los hombres más fuertes, apoyados en los cañones de su escuadra,
en las bayonetas de sus; soldados o en el oro de sus Bancos. La
diplomacia de esos hombres puede ir en triunfo por un Continente,
por el mundo: nada será más poderoso que su deseo o su con-
veniencia. El único valladar inmediato puede ser la virtud, como
el único remedio en el porvenir puede ser la unión. El ejemplo
de los Estados Ubidos será siempre el más convincente para reco-
mendar a los pueblos amenazados de América la unión. De trece
colonias no muy extensas en su origen ha surgido la gran repú-
blica que influye tan decisivamente en los acontecimientos mun-
diales.
Nos hacefalta la» unión, intelectual y diplomática primero; co-
mercial y de intereses más tarde; acaso política después. Pero la
unión firme, la que haga sufrir y vibrar el alma americana, desde
las fronteras de México ha'cia el Sur, en todo momento en que
sea atacada o desconocida de algún modo la soberanía de cualquier
pueblo nuestro. Y nombre de todas las
se debe pedir la unión en
cosas que hasta ahora' no han sido invocadas. Porque además del
depósito espiritual que la historia ha dejado en nosotros, además
de nuestra civilización y de las razones sentimentales más o menos
patéticas que esgrimen conmovidos los oradores del Continente,
debemos defender el porvenir, los intereses nuestros. No es la
América una tierra de salvajes en donde se vive una temporada
para hacer dinero y poder disfrutar la vida civilizada con holgura
en otras partes. La América es tierra de producción, de cultura,
de progreso. Es preciso que la defendamos para nosotros, que
merezcamos con su prosperidad la riqueza más satisfactoria de su
libertad y su decoro. La unión nos hará dueños del territorio,
de los campos feraces, de las industrias, porque nos hará dueños
de la América, que permanece en poder de extraños, ni más in-
teligentes, ni más activos, ni más laboriosos que los naturales de
nuestras repúblicas.
128 CUBA CONTEMPORÁNEA

II

En buque norteamericano Tacoma, prolongación de un te-


el

reunieron el 20 de agosto del año último los


rritorio extraño, se
Presidentes de El Salvador, Honduras y Nicaragua y firmaron un
pacto defensivo y casi ofensivo. Concurrieron a la reunión, y fir-

maron también el documento, los Ministros de Norteamérica en


San Salvador, Tegucigalpa y Managua, y los Secretarios de Re-
laciones Exteriores de las tres repúblicas.
Los unionistas incondicionales, y en la América son muchos,
recibieron con aplausos la noticia. Se creía que estaban en vías
de reanudación los trabajos para unir a los cinco países de Cen-
troamérica. Pero la realidad es otra: el pacto del Tacoma res-
pondía a muy distintas necesidades. El Gobierno del Sr. Rafael
López Gutiérrez, de Honduras, se vió hostilizado en julio por
irrupciones de emigrados hondureños organizadas en territorio ni-
caragüense; la presidencia del Sr. Diego M. Chamorro, de Nica-
ragua, fué puesta en peligro por un movimiento armado que es-
talló el 10 de agosto en León, Chinandega y Corinto bajo la di-
rección del Senador Salvador Castrillo, del Coronel José Dolores
Fonseca y del Sr. Gerardo Guillén; el Sr. Jorge Meléndez, Presi-
dente de El Salvador, temía que el Presidente de Guatemala apro-
vechara la incertidumbre del período electoral salvadoreño y atacara
a su país.
El convenio del Tacoma declara en su primer artículo válido
para El Salvador, Honduras y Nicaragua el Tratado General de
Paz y Amistad, desconocido en 1917 por los Gobiernos de Nica-
ragua y los Estados Unidos a fin de poder libremente construir
el canal y establecer una base naval en el golfo de Fonseca. En
el segundo artículo se obliga a los Presidentes a no permitir emi-

graciones políticas e invasiones a los territorios de las repúblicas


signatarias. El tercero y el cuarto regulan esa obligación. El
quinto habla de una conferencia centroamericana para

escogitar medios que, como el libre cambio, unificación de la moneda,


unificación de los sistemas arancelarios, vías de comunicación, y otros,
asegurados por tratados aproximativos hagan verdaderamente practicable
en un porvenir preparado la unificación política de Centro América.
CENTROAMÉRICA INTERVENIDA 129

El sexto se refiere al libre cambio. El séptimo trata de que


sean sometidas a arbitraje todas las cuestiones que puedan surgir
entre los pueblos firmantes. Y el octavo establece que los Go-
biernos de Costa Rica y Guatemala serán invitados a suscribir el

convenio.
Costa Rica, por unas razones, y Guatemala por otras, se ne-
garon a firmar el pa'cto, aunque declararon que consideraban vi-

gente el Tratado General de Paz y Amistad de 1907. El Go-


bierno de los Estados Unidos, "satisfecho de la actitud de esos
países al reconocer la validez del Tratado General de Pa'z y Amis-
tad", invitó a las cinco repúblicas a tomar parte en una confe-
rencia que debía inaugurarse en Washington el 4 de diciembre.
Fijaba la Cancillería los temas a discutir: primero: tratados que
hicieran efectivas las estipulaciones convenientes de los acuerdos
de 1907; segundo: limitación de armamentos en Centroamérica;
tercero: establecimiento de Tribunales de Información para las
disputas y cuestiones que surjan entre dos o más países centro-
americanos; y cuarto: "Algunas cuestiones que los países repre-
sentados en la Conferencia deseen considerar de común acuerdo."

La opinión pública de Costa Rica, que antes se había decla=


rado opuesta al pacto del Tacoma, no fué contraria al envío de de-
legados a esa Conferencia. Y esto por un deber de cortesía in-

ternacional únicamente, pues no se esperaba de la asamblea so-


lución alguna para los problemas del ítsmo. El propio Presidente
de la República, Sr. Julio Acosta, en una entrevista con el director
del Diario del Comercio, de San José, Sr. Vicente Sáenz, afirmó
que será difícil mantener ahora la Corte de Justicia Centroameri-
cana —desaparecida Chamorro-Bryan
a raíz del tratado porque — ,

es dudoso que Centroamérica garantice sus resoluciones.

— —
Tratándose de Convenios Comerciales agregó el libre intercambio
ni conviene a Costa Rica ni se podrá implantar, porque ya hemos visto
que a eso se oponen, mientras no estemos unidos, los mismos norteame-
ricanos que saldrían perjudicados en su comercio. En lo que toca a
revoluciones, éstas no se podrán evitar con un simple Tratado.

El problema fundamental de Centroamérica, según dijo y re-


conoció el Presidente Acosta', es el creado por la situación anormal

de Nicaragua. El Tratado Chamorro-Bryan lesiona los intereses


130 CUBA CONTEMPORÁNEA

de las cinco repúblicas, a la vez que anula la soberanía nicara-


güense. No es posible tomar en consideración un solo intento de
acuerdo sin haber resuelto antes la dificultad que imposibilitó en
1921 la federación del Itsmo y que será siempre el punto de dis-
cordia de los centroamericanos.
Al fin, Costa Rica envió sus delegados a la Conferencia de
Washington. Los centroamericanos lamentaron desde las primeras
sesiones la ausencia de la representación de México, nación her-
mana cuyo delegado, el Embajador Creel, fué testigo de los con-
venios de 1907. Se habló de que era necesario reconocer el Go-
bierno del General Obregón, para que un representante suyo con-
curriera a \V¡ashington. Pero no fué tratado más el asunto porque
una declaración norteamericana resolvió que la Conferencia inte-
resaba sólo a Centroamérica. Ya veremos cómo ha sido aplicada
esa doctrina. Cuando se empezó por tratar de incluir en el plan
de las deliberaciones la conveniencia de una unión política centro-
americana, se tropezó con el obstáculo de la actitud adversa de los
plenipotenciarios costarricenses y guatemaltecos. Se convino en
posponer toda tentativa de federación.
Quedaron los puntos originales de la convocatoria: el arbitraje
centroamericano, el desarme, etc. Pero aquí también surgieron
graves dificultades. Varios de los gobiernos del Itsmo se sostienen
porque disponen de tropas y de armas. Desarmados, se pondrían
a merced del pueblo, que no los estima y que inmediatamente los
destruiría. No está precisamente Costa Rica entre esos países,
pues según las estadísticas el ejército más pequeño es el de aquella
culta nación. Otros son los que necesitan el apoyo militar para
que en ellos siga ocupando el poder una sola familia. En el caso
de que Centroamérica consintiera en el desarme propuesto por la
Cancillería de Washington, la mayoría de la población combatiría
violentamente a sus gobernantes, y entonces se verían obligados
los Estados Undios a proteger a los indefensos mandatarios. Ven-
dría a ser la parte central un protectorado norteamericano.
Para la Corte de Justicia, o Tribunal Internacional de Arbitraje,
hay otra objeción: de nada sirve que funcione
si sus fallos no tienen

la fuerza Se podría aceptar su restauración si sus de-


de leyes.
cisiones se cumplieran en el futuro y no se diera de nuevo el es-
pectáculo de que uno o más Estados rehusaran acatar sus fallos.
CENTROAMÉRICA INTERVENIDA 131

Y aun así, surgiría el problema de la autoridad de aquella Corte,


desconocida por los Estados Unidos y Nicaragua. Acaso se podría
fijar como condición precisa para volver a su anterior funciona-

miento la anulación del Tratado Chamorro-Bryan, origen del fra-


caso de la admirable situación jurídica» centroamericana nacida al
amparo de las Convenciones de 1907.
El único resultado positivo de la Conferencia de Washington
podía ser, así, el estudio de un plan para unificar los diferentes
sistemas de legislación arancelaria, de trabajo, de educación, de
justicia, etc., a fin de hacer posible, en la Conferencia ya fijada
de 1926, el ideal de la federación centroamericana. Y ese pro-
grama no merecía, en verdad, que el Departamento de Estado de
Washington se tomara la molestia de reunir espectacularmente
una brillante asamblea de plenipotenciarios centroamericanos, por-
que no es eso lo que preocupa a los Estados Unidos.
Quince tratados y convenciones aprobaron los representantes
de Centroamérica el Tratado General de Paz y Amistad, Con-
:

vención para el establecimiento de un Tribunal Internacional Cen-


troamericano, Protocolo adicional. Convención sobre la limitación
de armamentos, Convención para el establecimiento de comisiones
permanentes centroamericanas. Convención de Extradición, Con-
vención relativa a la preparación de proyectos de leyes electorales,
Convención para unificar las leyes protectoras de obreros y traba-
jadores, Convención para el establecimiento de centros para ex-
perimentos agrícolas y sobre industrias pecuarias, Convención para
el cambio recíproco de estudiantes centroamericanos. Convención

sobre el ejercicio de profesiones liberales. Convención de libre-


cambio, Convención para el establecimiento de comisiones inter-
nacionales de investigación. Protocolo de un acuerdo entre los
Gobiernos de Estados Unidos de América y los de Guatemala,
los
El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, por virtud del
cual el primero designará quince de sus ciudadanos para que for-
men parte del Tribunal que se creare de conformidad con las es-
tipulaciones de la Convención para el establecimiento de un Tri-
bunal Internacional de Centroamérica, y Declaración que expresa
que el texto español de los tratados celebrados entre las repúblicas
centroamericanas en la Conferencia sobre asuntos centroamericanos
es el único obligatorio.
132 CUBA CONTEMPORÁNEA

Toda una serie de instituciones jurídicas, todo un cuerpo de


doctrinas para dar aspecto legal a una situación de hecho. Porque
la verdad es que Centroamérica sufre hoy las consecuencias de la

intromisión de los Estados Unidos, iniciada desde la caída del Pre-


sidente Zelaya y que pretende afirmarse con un acuerdo sobre los
derechos de Costa Rica en el canal de Nicaragua. Las conven-
ciones y los tratados de Washington facilitan la intromisión, que
sd hará cada vez más influyente y decisiva' en todas las cuestiones
centroamericanas. El Tratado General de Paz y Amistad es muy
parecido al de 1907, con la diferencia de que, en. lugar de la Corte
de Justicia, dispone la creación de un Tribunal Internacional Cen-
troamericano. El Tratado para el establecimiento de este Tribu-
nal Internacional es una sorprendente sucesión de cosas incom-
prensibles. Asombra pensar que los representantes de cinco re-
públicas hermanas hayan dado tanta ingerencia a los Estados
Uínidos en un Tribunal creado para resolver asuntos propios, des-
avenencias familiares; que hayan dejado tantas brechas a la su-
tileza y a la diplomacia oscura del imperialismo.
El artículo primero de esa Convención dice que el Tribunal
resolverá las cuestiones sobre las que no se hubiere llegado a un
acuerdo diplomático y si las naciones en discordia no

convinieren en otra forma de arbitraje, ni estuvieren de acuerdoi en so-


meter dichas cuestiones o controversias a la decisión de otro tribunal.
No podrán, sin embargo, ser objeto de arbitraje ni de demanda las
cuestiones o controversias que afecten la existencia soberana e inde-
pendiente de cualquiera de las Repúblicas signatarias.

Todas las salvedades anteriores han sido hechas, a la medida


de los deseos de Washington, para fortalecer el Tratado Cha-
morro-Bryan, que entrega mansamente la soberanía de Nicaragua
a' los Estados Unidos. Por la protesta de Costa Rica, El Salvador
y Honduras se vió en peligro el tratado, y debido a ello los Go-
bierños de Managua y Washington tuvieron que desconocer el fallo
de la Corte de Justicia Centroamericana, que negaba a Nicaragua
el derecho a' hipotecar su soberanía.
En mencionado Tribunal Centroamericano pueden figurar
el

ciudadanos de los Estados Unidos. El Gobierno de esta nación


designará quince jurisconsultos norteamericanos que estarán siem-
CENTROAMÉRICA INTERVENIDA 133

pre dispuestos a tomar parte, como inapelables jueces, en la reso-


lución de los más vitales asuntos de la América Central. Verdad
es que para dar un cariz aceptable a esa cooperación extranjera,
se permite la entrada a cinco abogados de los demás países de la

América. Estos últimos han de ser personas excepcionales: tie-

nen que

haber sido o ser Jefes o Ministros de Estado o miembros del más alto
Tribunal de Justicia de su país o Embajadores o Ministros Plenipo-
tenciarios... o miembros de algún Tribunal de Arbitraje Internacional,
o Corte Permanente Internacional, o representantes de su Gobierno
ante ellos,

mientras que entre los otros puede haber simplemente

abogados que tengan derecho para litigar ante la Corte Suprema de


Unidos y Catedráticos de Derecho internacional.
Justicia de los Estados

III

Centroamérica es un país de explotación, productor fecundo de


millones, que recaudan los trusts norteamericanos. Durante la

guerra europea hubo año en que los rendimientos logrados por


las compañías fruteras ascendieron a noventa millones de dólares,
cantidad superior con mucho a la totalidad de los presupuestos de
las cinco repúblicas. Ese dinero cruzó los mares y fué a en-
grosar las fortunas de algunos capitalistas norteamericanos. Sólo
muy pequeñas sumas quedaron en Centroamérica en forma de con-
tribuciones, etc. En tiempos normales las ganancias de los trusts
llegan a setenta millones.
Además de todo esto, que interesa a respetables firmas nortea-
mericanas, los Estados Uinidos necesitan el dominio más completo
en todo Itsmo y las mayores garantías de que sus fáciles con-
el^

quistas diplomáticas no sufrirán riesgo alguno, y su objetivo es


el canal. Después del Tratado Chamorro-Bryan, que es hasta aho-
ra un convenio no llevado a la práctica por la molesta oposición
de Costa Rica, El Salvador y Honduras, se imponía la destrucción
de los derechos alegados. Nada más importante y decisivo en estas
luchas que el factor tiempo. Los Estados Unidos han sabido es-
perar más de seis años desde el día en que la Corte de Justicia
134 CUBA CONTEMPORÁNEA

Centroamericana declaró ilegalidad de aquel Tratado, y han


la

vuelto a la contienda con mejores armas y principalmente sin la


preocupación de la Corte de Justicia. Ahora la Corte se llamará
Tribunal Internacional y en él tendrán participación cinco juris-
consultos norteamericanos. Ya no habrá, para emitir un fallo

como el de 1917, un organismo libre. El canal de Nicaragua, las


estaciones navales del Golfo de Fonseca, las zonas de acampa-
mentos militares, las líneas ferroviarias propias, el comercio pro-
pio, todo, todocuanto quieran estará debidamente garantizado, se-
gún su capricho o conveniencia. Continuarán los empréstitos en-
cadenando a las cinco repúblicas, y será preciso que los banqueros
cobren. Vendrá la ocupación de las aduanas, como ha venido ya
la fiscalización de los ingresos aduaneros en algunas repúblicas,
entre ellas El Salvador desde junio de 1922. Y de una manera
gradual, sin extraordinarias conmociones, una parte muy grande
de la América, de enorme importancia estratégica y política, figu-

rará entre las dependencias de los Estados Unidos. La República


Mexicana se quedará aislada y sometida a los procedimientos de
la diplomacia del Norte, implacable y poderosa. Su lucha será
más ruda y más terrible, y sus probabilidades de victoria dis-
minuirán.

IV

Sólo queda una esperanza a los que anhelamos que no se


efectúe la definitiva intervención norteamericana consentida por
los tratados y convenciones de la Conferencia de Washington.
Además del seguro resultado de una gestión de las repúblicas del
Sur. Esa esperanza está en los respectivos Congresos de las
cinco naciones del Itsmo, en el admirable poder legislativo de
Costa Rica, que supo rechazar un empréstito traicionero y que
según noticias se prepara a combatir y ha empezado ya la campaña;
en los ilustrados legisladores de El Salvador, en los de Guatemala,
en los de Honduras y hasta en los de Nicaragua. No es posible
pensar que estos últimos sean capaces de contribuir a la entrega
de su patria en condiciones tan desastrosas. Porque no se trata
de problemas de política poblana o de adhesión a un gobernante,
sino del porvenir nacional, de la dignidad pública, de la soberanía,
CENTROAMÉRICA INTERVENIDA 136

conceptos superiores siempre a todas las conveniencias de los

hombres.
Acerca de Costa Rica se puede adelantar la opinión de que
tanto el Tratado General de Paz y Amistad, como la Convención
para el establecimiento de un Tribunal Internacional Centroameri-
cano —en que tengan participación abogados de los Estados
el

Unidos — , como
las Comisiones Internacionales de Investigación

y el Convenio para la cesión de los derechos costarricenses en el


canal, han de encontrar en el Congreso una mayoría dispuesta a
la más escrupulosa depuración. Saben los congresistas de San
José que mientras no cambien los procedimientos de la Cancillería
del Norte, los demás americanos ejercitamos un derecho, obligados
por el instinto de conservación, al mirar como acto sospechoso
cualquier movimiento de ingerencia norteamericana en nuestros
asuntos, aunque venga cubierto con la máscara de la cooperación.
Y como el empréstito que mermaba su soberanía, esos
rechazaron
legisladores sabrán oponer su repulsa a los cuatro documentos que
anulan y destruyen la independencia de Centroamérica. Mientras
las potencias del Sur no asuman su papel defensor de la América,
debemos atrincherarnos en nuestra dignidad, a pesar de nuestra
pequeñez y de nuestros ínfimos recursos.
Los demás Congresos tendrán que seguir la orientación del
costarricense. En estos momentos la salvación de Centroamérica
está en la negativa, porque algo anuncia ya que muy pronto será
efectiva la influencia del Sur en las cuestiones americanas. Y es
necesario tener para entonces la soberanía libre de hipotecas, para
ser dignos de la igualdad y del afecto de las hermanas mayores.

Esa situación se fijó hace poco a la vista de la América atónita


y desorientada, en vísperas de Conferencia Panamericana, y
la
no ha habido una sola gestión oficial en relación con el nuevo
estado de cosas de Centroamérica. Ningún representante de las
naciones de la América ha propuesto en la reunión de Chile el
estudio de la Conferencia de Washington. Era este el momento
oportuno para demostrar que los demás pueblos quieren que la
136 CUBA CONTEMPORÁNEA

igualdad internacional proclamada en congresos y en círculos di-


plomáticos sea efectiva, completa y no sufra limitaciones por parte
de los más poderosos.
No basta proponer, como lo ha hecho el Delegado de Costa
Rica, la admisión de representantes de gobiernos no reconocidos
por los Estados Unidos ; ni es tampoco suficiente la creación de
una Corte Internacional Americana para resolver los problemas
continentales. Hace falta organizar la Liga recomendada por el
Uruguay, con poderes más que deliberativos y con influencia extra
sentimental. Las naciones ya consolidadas, la Argentina, Brasil,
Chile, Uruguay, deben tomarse también atribuciones, interesarse
por la estabilidad de los restantes pueblos hermanos.
La diplomacia en las relaciones de nuestras repúblicas no pue-
de estar limitada a un papel amistoso' y de presencia, a una visita
cortés e indiferente que permanece bien instalada' en un país y
se retira sin otras consecuencias qu&^ un grato recuerdo social, sin
dejar un solo surco en el campo de todos, sin poner un solo es-
fuerzo para edificar la unión. Los diplomáticos americanos des-
cendientes de un mismo tronco son como delegados en los dis-

tintos hogares de una misma familia, factores del progreso común,


del progreso económico, y sobre todo del progreso espiritual y
moral. La concepción europea dela diplomacia tiene explicación

en Eutopa, por la diversidad de orígenes, de idiomas e intereses


en un escaso territorio. América debe tener otro concepto de la
diplomacia, un concepto propio, aplicable a su peculiar manera de
ser, a su realidad. En hay pueblos iguales situados en in-
ella
mensas enormes montañas, a la orilla de dos
llanuras, junto a
océanos. Desde México al Ca'bo de Hornos se disfrutan todos
los climas. Se produce en sus territorios granos, pieles, telas, todo
lo que necesita el hombre. Es la América un mundo compuesto
por una sola familia de la humanidad, unida por la historia, por el
idioma y por el afecto. Sus diplomáticos en los pueblos de ella
no pueden ser fríos personajes, ceremoniosos y discretos, que es-
timen cumplido su deber asistiendo a las recepciones oficiales, a
funciones de gala y a ciertos actos públicos. Los Gobiernos pueden
utilizar sus representantes diplomáticos para ejercer una política
preventiva desde el Sur, como se ejerce desde el Norte. La ad-
vertencia cortés, cariñosa, el ofrecimiento de cooperación, siempre
CENTROAMÉRICA INTERVENIDA 137

serán bien acogidos por los países pequeños y débiles. Como no


serán desdeñadas las indicaciones serenas sobre revoluciones, dic-
taduras, estados de anarquía, y cuantos conflictos surjan entre
pueblos. Esas orientaciones serán pruebas sinceras y leales de
confraternidad, y las naciones grandes de la América deben dadas
con toda la frecuencia que sea necesaria. Con ellas se evitarían
los inminentes repartos, y se mantendría la' integridad moral y
material de la América para la futura e imprescindible unión.
Se obtendría un principio de respeto que nos obligaría a elevarnos
cada vez más para' merecer así la buena situación internacional

que vayamos adquiriendo.


La intervención norteamericana en Centroamérica es un hecho
consumado, es ya una inevitable realidad. La intervención del
Sur podría ser un contrapeso, por la lealtad, el cariño y el buen
fin americano que la inspiraría. Las naciones del Sur serían más
respetuosas con la independencia y el decoro de las repúblicas
centroamericanas y de estas amenazadas repúblicas del Caribe.
Y acaso esa política, seguida con exquisito cuidado y con la patrió-
tica resolución de cumplir un deber, pondría a la América en
situación de unirse en pocos años con los lazos de una suave
y leal confederación.

Enrique Gay Calbó.


La Habana, abril, 1923.
ANALISIS Y CONSECUENCIAS
DE LA INTERVENCION NORTEAMERICANA
EN LOS ASUNTOS INTERIORES DE CUBA<*'

UCHO se ha discutido y se sigue discutiendo sobre


el concepto del patriotismo.
Para unos, éste ha de consistir siempre en la apo-
logía o defensa de hombres y de hechos, si
en la
aquéllos pertenecen a nuestra patria o éstos han acaecido en ella.
Pero para otros, y para mí, el patriotismo humano, el patrio-
tismo útil y fructífero es el patriotismo renovador; es el que
busca en la historia del pasado y en el desenvolvimiento del pre-
sente los errores y los defectos, no para censurarlos y ponerlos
en la picota simplemente por el gusto de hacerlo, sino para en-
contrar en ellos enseñanzas que permitan evitar en el mañana la

repetición de hechos análogos; es el patriotismo que en situaciones


críticas y en momentos difíciles no quiere ocultar, envolviéndolos
hipócritamente en la bandera, los errores y los crímenes, ni trata
de ahogar con las notas vibrantes del himno patrio el clamor del
pueblo que pide justicia y rectificación.Es el patriotismo que
dice la verdad, aunque
amarga y dolorosa. Es el pa-
ésta sea
triotismo que nosotros necesitamos en estos momentos para re-
solver la profunda crisis que padecemos.
Y en este problema de nuestras relaciones con los Estados

Unidos en mi concepto el más grave y trascendental de nuestra

República es en el que más necesitamos, si queremos estudiarlo
y resolverlo debidamente, decir la verdad, sin cortapisas ni eu-
femismos.

(*) Discurso pronunciado en la Sociedad Cubana de Derecho Intsrnacional el día 27


de abril de 1923.
ANÁLISIS Y CONSECUENCIAS, ETC. 139

Y yo en este trabajo la voy a decir, porque debo decirla. Per-


donadme si a veces es dolorosa y amarga.
Se repite constantemente que a la Enmienda Platt, o mejor
dicho, al Tratado Permanente de 1903 en el cual aquélla está
vaciada, se debe la forma especialísima en que se desenvuelven
nuestras relaciones con los Estados Unidos; y esto es verdad en
cuanto al aspecto legal o internacional de la cuestión. Pero por
encima de este aspecto legal, y con anterioridad a él, deben te-

nerse en cuenta el aspecto histórico y el aspecto geográfico, y


principalmente este último. Nuestra posición geográfica es la

que ha determinado todos los sucesos ocurridos en el desenvolvi-


miento de nuestras relaciones con los Estados Unidos.
Desde hace largos años nosotros hemos sido el punto de mira,
la preocupación y la inquietud constantes de los Estados Unidos,
que, por esos motivos, realizaron en distintas épocas varías ten-
tativas a fin de comprar a España la Isla o de anexársela.
No faltó tampoco la oposición a que alcanzáramos la indepen-
dencia. Y en tres ocasiones, a los intentos realizados por Bolívar
en el Congreso de Panamá, y a los áe\ Inglaterra en 1829 y 1840,
en favor de nuestra separación de la Metrópoli, los Estados Unidos
se opusieron a ello tenaz y enérgicamente. Y en el último de
estos casos hasta llegaron a aliarse con España en contra de Cuba,
ofreciéndole al efecto, en 15 de julio de 1840, el Gobierno nor-
teamericano al español, por medio del Embajador en Madrid, Mr.
Aaron Vais, lo siguiente:

Está V. autorizado para asegurar al Gobierno español que, en caso


de que se efectúe cualquiera tentativa, de donde quiera que proceda,
para arrancar de España esta porción de su territorio, puede él contar
confiadamente con los recursos militares y navales de los Estados Unidos
para ayudar a su nación, así para recuperar la Isla, como para mante-
nerla en su poder.

¿Qué quiere decir esto? Que en el problema de nuestras


relaciones con los Estados Unidos éstos han procedido y proce-
derán siempre de acuerdo con sus conveniencias y no con las nues-
tras, lo cual no deja de ser, en el fondo, muy humano. Pero es
necesario decirlo y demostrarlo, para hacer ver el error y el ri-
dículo en que incurren los que a diario pregonan
y repiten el tan
,

140 CUBA CONTEMPORÁNEA

manoseado tópico de la generosidad de los Estados Unidos hacia


Cuba, de su amor haciaj los cubanos y de la deuda eterna de gra-
titud que con ellos tenemos. Realmente es una deuda eterna
porque siempre la estamos pagando.
Por fin — no es posible que yo me dedique a examinar en
el corto espacio de tiempo de que dispongo, todos los sucesos —
en abril de 1898 el Congreso de los Estados Unidos votó su
Resolución Conjunta declarando que el pueblo de Cuba era, y
de derecho debía ser, libre e independiente.
¿Cuáles fueron las verdaderas causas de esta resuelta actitud
que ahora adoptaban en favor nuestro, y, más aun, las de la de-
claración que aparece en la cláusula cuarta de la Joint Resolution,
de que no tenían deseos ni intención de ejercer jurisdicción ni
soberanía ni de intervenir en el gobierno de Cuba, el que sería
dado al pueblo de la Isla tan pronto se realizase su pacificación?
Puntos son éstos, ajenos al presente trabajo, sobre los que
vengo recogiendo desde hace años documentos y pruebas, datos y
antecedentes, que me permitirán, tal vez en breve, dar a conocer
hechos realmente interesantísimos y algunos de ellos sensacionales.
Qcurre la guerra con España; triunfan las armas norteameri-
canas, y los Estados Unidos se hacen cargo de la Isla, poniendo
al frente de ella un Gobernador militar.
Y ocurrió entonces un fenómeno sobre el que es necesario
detenernos para dejar sentada su significación e importancia en
el desenvolvimiento de los hechos posteriores.
Es el siguiente: Que en Cuba el proceso de la independencia
no marca, como en todas las otras repúblicas latinoamericanas,
una línea de continuidad que de la revolución conduce a la Re-
pública. Entre nosotros ocurre una brusca y trascendental inte-
rrupción: la ocupación americana. No soni las tropas cubanas vic-
toriosas lasque dan al país una nueva forma de gobierno. Es un
poder extraño el que expulsa a España y se coloca en su lugar.

Y las huestes cubanas, que durante años de épica lucha comba-


tieron por la libertad de la patria, y los emigrados que sufrieron
privaciones sin cuento; unas y otros, ven sí, que ya del Morro de
La Habana se ha arriado la bandera gualda y roja; pero que en
lugar de ésta se encuentra, no la de la estrella solitaria, sino la de
las barras y las estrellas.
ANÁLISIS Y CONSECUENCIAS, ETC. 141

Y entonces los patriotas, contemplando la transformación que


la realidad les ofrece de los que eran sus ideales, lloran en los
versos del poeta nacional su triste suerte:

Al llegar de distante ribera


con el alma enlutada y sombría,
afanoso busqué mi bandera,
y otra he visto además de la mía!

Y en aquellos momentos tristes y solemnes, pensando en las


luchas y sacrificios pasados, lanzan desde lo más profundo de sus
adoloridos corazones, este canto de anhelo y de esperanza:

Hoy que lánguida y triste tremola,


mi ambición es que el sol, con su lumbre,
la ilumine a ella sola — ¡a ella sola!
en el llano, en el mar y en la cumbre!

El calvario de los patriotas cubanos continuó. Y la preponde-


rancia y el poder! supremo y último que los Estados Unidos ejer-
cían en todos los órdenes sobre Cuba, se fué introduciendo en la
conciencia del pueblo. Los mismos revolucionarios, para no mo-
rirse de hambre, se vieron obligados a aceptar, unos, mísera li-

mosna del Gobierno de los Estados Unidos, y otros, modestos


empleos a las órdenes de las autoridades interventoras.
Y durante los tres largos años que duró la ocupación ameri-
cana, en lugar de fortalecerse el concepto de la personalidad po-
lítica, la confianza en el propio esfuerzo, el sentimiento de la
soberanía, se fueron debilitando más y más todos estos principios
tan indispensables para la vida de una nación.
Y ésta no se constituyó sino cuando los Estados Unidos lo
creyeron oportuno, y por orden de ellos.

Y hubo más. Redactada y aprobada ya por la Convención Cons-


tituyente la Ley fundamental del Estado, cuando los patriotas y
el pueblo todo empezaban a olvidar los esfuerzos y sacrificios que

en la paz ^más dolorosos que los de la guerra habían tenido que —
sufrir; cuando eran pocos los momentos que faltaban para el
logro de todos los ideales soñados, vino una última prueba a rea-
firmar aún más la idea de que los Estados Unidos eran para nos-

142 CUBA CONTEMPORÁNEA

Otros el poder, la fuerza y la última instancia en nuestros pro-


blemas: la imposición de la Enmienda Platt.
Muchos son los que han censurado a los constituyentes cu-
banos por haberla aceptado. Yo declaro que no quisiera nunca
encontrarme en la situación terrible, de responsabilidades extraor-
dinarias, en que se encontraron aquellos hombres, y adivino la
tempestad que en sus cerebros y en sus corazones se desencade-
naría en aquellos momentos. Su caso fué el del sediento a
quien, después de interminable y penosísima jornada, le ponen
al alcance de los labios un vaso de agua, pero que, para dejar

bebérsela, le exigen ciertas condiciones que su conciencia en el


fondo rechaza. Vacila, duda. Le dicen y le repiten que no hay
nada de denigrante en esos requisitos que ellos en nada merman
;

su libertad, sino que al contrarío la reafirman; y mientras tanto,


la sed lo devora... ¿Qué hubiérais hecho vosotros? ¿Qué hu-
biera hecho yo? En el reposo y tranquilidad de mi gabinete de
trabajo, veinte y tantos años después, sólo puedo juzgar en sus
consecuencias aquel hecho, declarando que si facilitó el que se
constituyera la República, nos ha sido fatalmente perjudicial,
pues acabó de debilitar en nuestro pueblo la confianza en sí mismo
y en el gobierno propio y ha sido la causa primordial de todos
nuestros males y de todas nuestras desgracias.
La Enmienda Platt se aprobó, y el Gobierno de la República
de Cuba concertó con el de los Estados Unidos un Tratado Per-
manente en el que se reprodujeron las cláusulas de la Enmienda.
Yo creo que ni la letra ni elj espíritu de éstas merman nuestra
soberanía. Leyéndolas y estudiándolas, examinando la interpre-

tación que sus autores claramente le dieron ^la cual ya fué exa-
minada por mí en la sesión del año pasado, y con elocuencia, por
el Dr^ Cosme de la Torriente en la sesión solemne de este año

se llega a la conclusión de que ellas no nos impiden ser un Estado


libre y soberano, en lo exterior y en lo interior. Y esto es indis-
pensable repetirlo una y otra vez para que el pueblo lo conozca
perfectamente y no se deje engañar por los que, para realizar
mezquinos propósitos, tratan de hacerle ver lo contrario.
Por la Enmienda Platt o Tratado Permanente no estamos más
ligados a los Estados Unidos que lo que hemos estado siempre
por nuestra situación geográfica. Root explícitamente lo declaró
ANÁLISIS Y CONSECUENCIAS, ETC. 143

así a la Comisión de la Constituyente que en abril de 1901 fué


a Washington para conocer el alcance e interpretación que el

Gobierno de los Estados Unidos le daban a dicha Enmienda.

— —
Los Estados Unidos dijo desde hace tres cuartos de siglo han
proclamado a la faz del mundo europeo y americano el derecho de
intervenir en Cuba, y han negado a otros Estados, hasta la intervención
amistosa en los asuntos cubanos.

En este sentido, las cláusulas de la Enmienda Platt, limitan,

aclaran y restringen ese derecho que los Estados Unidos, basados


en su fuerza y en su poder, se han arrogado no sólo sobre Cuba
sino también sobre las demás naciones del Caribe y el Golfo de
México. Sin Enmienda Platt han intervenido e intervienen en las
naciones hermanas y queridas de Centroamérica, de Haití y Santo
Domingo, y sin Enmienda Platt ocuparon militarmente esta úl-
tima, destituyeron su gobierno, y aun no le han devuelto su li-

bertad y su soberanía.
Es el derecho de la fuerza. Pero frente a él, esgrimiendo como
armas las cláusulas del Tratado Permanente y la interpretación
que los propios Estados Unidos le dieron, tanto los autores de la
Ley Platt y sus comentaristas como el Ejecutivo y el Congreso
norteamericanos, y uniendo a esto las solemnes declaraciones he-

chas en una ley de este último la Joint Resolution y en un —

compromiso internacional el Tratado de Paz con España ^por —
las cuales reafirman nuestra condición de pueblo libre y soberano
de sus propios destinos; esgrimiendo, repito, todas esas armas,
podemos nosotros oponer a los Estados Unidos la fuerza de nues-
tro derecho.

Ya en los primeros años de constituida la República, en nues-


tras relaciones con los Estados Unidos, se empezó a ver el des-
envolvimiento de este proceso curiosísimo : la lucha entre la creen-
cia arraigada en ellos deque su nación, basada en su fuerza y su
poder y en nuestra situación geográfica, tenía derechos especiales
para intervenir en Cuba, y las cláusulas del Tratado Permanente
limitando y evitando esa intervención, cuando eran esgrimidas há-
bilmente, con patriotismo y firmeza por el Gobierno cubano.
Durante el Gobierno de Estrada Palma fueron varias las veces
que intentaron intervenir en nuestros asuntos interiores. Contra
144 CUBA CONTEMPORÁNEA

esas pretensiones se les expusieron razones y argumentos, y en


todos los casos desistieron de sus propósitos.
Vino la Revolución de Agosto de 1906, y entonces fué el Go-
bierno cubano el que, con ceguera e irreflexión inconcebibles, pidió
a los Estados Unidos que intervinieran.
Renunció el Presidente Estrada Palma, después de haberlo
hecho el Vicepresidente y aceptándoles antes la renuncia a todos
los Secretarios del Despacho, sin nombrar a otras personas para
que los sustituyeran, como estaba obligado a hacerlo por la ley;
realizado todo ello con el calculado propósito de que el Gobierno
de la República quedara acéfalo y los Estados Unidos se vieran
obligados a intervenir; creyendo que la República era patrimonio
exclusivo suyo y que debía correr la suerte a que su terquedad
lo había conducido, hundiéndose con él en el abismo a que sus
propios errores lo habían llevado.
No menos censurable fué la actitud del Congreso negándose
a integrar el quórum en la sesión en que se trataba, después de
la renuncia de Estrada Palma y sus Secretarios, de elegir un Pre-
sidente provisional, evitándose con ello la ;intervención. En
aquella hora trágica de nuestra vida política, el Congreso debió
haberse reunido y elegir a cualquier cubano, al iprimero que pasara
en esos momentos por las puertas del Palacio Congresional, colo-
cándolo en la Presidencia y prestándole todo su apoyo y coopera-
ción para impedir que desapareciese la República.
En aquel caso los Estados Unidos intervinieron de acuerdo
con los preceptos del Tratado Permanente.
Se estableció el Gobierno Provisional norteamericano y los
males que éste nos causó, los purgamos todavía. Dividió y ani-
quiló nuestros partidos políticos fomentando la discordia entre
sus jefes y corrompiéndolos con el reparto injustificado e injusto
de destinos, prebendas y favores que repartía el Gobernador Ma-
goon a diestro y siniestro, a costa del tesoro cubano, el cual no
sólo dejó exhausto, sino empeñado en varios millones de pesos;
modificó a su capricho las leyes y la Constitución; se realizaron
inmensos negocios y contratos inmorales y lesivos para Cuba,
llegando, además, en el desbarajuste administrativo y despilfarro
económico, a un grado inconcebible.
Cuando los comisionados Taft y Bacon intervinieron en Cuba
ANÁLISIS Y CONSECUENCIAS, ETC. 145

no se conocía entre nosotros la corrupción administrativa. Estrada


Palma con todos sus defectos políticos, que los tuvo grandes, se
portó como un administrador de la cosa pública honrado y austero.
Fueron Magoon, y el Gobierno provisional norteamericano los que
malearon y corrompieron nuestras costumbres administrativas.
Y ya tenemos un nuevo mal, un gravísimo mal introducido
en nuestra patria por la política intervencionista de los gobiernos
norteamericanos.
Restaurado el Gobierno cubano en 1909, durante los cuatro
años en que el general José Miguel Gómez ocupó la Presidencia,

se acentuaron las intromisiones de los Estados Unidos en nuestros


asuntos interiores.
La reclamación llamada tripartita, de Francia, Inglaterra y Ale-
mania, por daños causados a sus ciudadanos durante la guerra de

independencia; la agitación veteranista; la agresión al Encargado


de Negocios norteamericano Mr. Gibson por el periodista Sr. En-
rique Mazas; la concesión hecha a la Compañía Agricultora de
Zapata para la desecación de la ciénaga de este último nombre, y
la revuelta racista, dieron ocasión y pretexto a repetidas intromi-
siones del Ministro Americano en nuestros asuntos, en una forma
fuera de la acostumbrada y que después se ha seguido como
norma constante.
Pero en todos estos casos y en otros varios, frente a las ten-
tativas de intervención se levantaron enérgicamente tanto el Pre-
sidente Gómez como sus Secretarios de Estado Justo García Vélez
y Manuel Sanguily, y los Estados Unidos no pudieron llevar ade-
lante sus propósitos intervencionistas.
Subió el general García Menocal a la Presidencia de la Re-
pública y ocupó durante unos meses la cartera de Estado el Dr.
Cosme de la Torriente, el cual supo también enfrentarse satisfac-
toriamente contra pretendidas intromisiones norteamericanas en
dos asuntos de gran importancia: la ya citada reclamación tripar-
tita de Francia, Alemania e Inglaterra, y la concesión hecha por
el Gobierno para el Dragado de los puertos de la Isla. En ambas
quiso mezclarse el Gobierno, de los Estados Unidos, y el Dr. To-
rriente se opuso y logró que se dejara libre al Gobierno cubano
para resolver esas cuestiones.
Dejó el Dr. Torriente la Secretaría de Estado y desde entonces
146 CUBA CX)NTEMPORÁNEA

hasta nuestros días hemos estado y estamos intervenidos por el

Gobierno norteamericano. Con esta particularidad: que la política


intervencionista norteamericana lejos de haber sido, como se mos-
tró durante la administración de Estrada Palma, á posteriori, es-
perando que los sucesos se desarrollaran para entonces actuar, se
ha desarrollado por completo en la forma preventiva, que ya había
ensayado, sin resultados, durante el Gobierno del general Gómez
y los primeros meses del general García Menocal.
Se sucedieron, entonces, los nombramientos de expertos, ase-
sores y consejeros extranjeros para distintos ramos de la Admi-
nistración, aparentemente pedidos por el Presidente, pero en rea-
lidad impuestos o exigidos a éste, y las visitas constantes del Mi-
nistro norteamericano, fuera de las reglas diplomáticas, al Palacio
Presidencial.
Estas intervenciones se acentuaron al surgir la Revolución de
1917 contra la reelección de García Menocal. Fué entonces cuando
se llegó al extremo inaudito de que el Ministro norteamericano
González diera a los periódicos, notas y proclamas en las que,
arrogándose facultades ejecutivas, legislativas y judiciales, ame-
nazaba directamente a los revolucionarios con un inmediato cas-
tigo y juzgaba por sí la Revolución, haciendo saber que no la

toleraría.
Pero más inaudito fué que el Gobierno cubano diera las gra-
cias por esas notas; pensando no en el honor de la República, sino
en que ellas significaban un apoyo que a sus planes reeleccionistas
prestaba su aliado y amigo el Ministro González.
En esas notas se sentaba también la doctrina sustentada en-
tonces por Gobierno norteamericano, de no prestarle apoyo a
el

los Gobiernos surgidos de revoluciones.


Errónea y contraprodu-
cente doctrina. La Revolución de Febrero de 1917 no se hizo para
derrocar el Gobierno del General García Menocal, sino para im-
pedir que éste se reeligiera por medios ilegales y violentos. De-
clararse en América contra revoluciones es teoría utópica y
las
ridicula. El derecho a la revolución es sagrado, y más en nuestro
Continente. A ella deben su existencia, todas nuestras Repúblicas.
La revolución no puede condenarse. Dañinas y perjudiciales son
las dictaduras; y no son pueblos desgraciados y censurables los
que se lanzan a la revolución para acabar con ellas, sino los que
ANALISIS Y CONSECUENCIAS, ETC. 147

permanecen inconscientes y adormecidos soportando impasibles


las violaciones y las arbitrariedades de los tiranos y dic-
de la ley,

tadores. Las dos revoluciones que nuestra República ha sufrido,


las de 1906 y 1917, fueron justas y explicables y demostraron que

la conciencia cubana no estaba muerta, porque en ella palpitaba


intensamente el sentimiento' de la libertad, el del derecho y el de
la justicia.

Con el apoyo del Gobierno de los Estados Unidos el general


García Menocal dominó Revolución y continuó en el poder;
la

pero desde entonces quedó atado a los que lo apoyaron y ayudaron.


Ya las intervenciones norteamericanas no revistieron la forma epi-
démica, sino la endémica; fueron, no la excepción, sino lo normal
y esperado.
Nuevos y numerosos expertos; desembarco y permanencia de
tropas norteamericanas en territorio cubano; y por último la lle-
gada del General Crowder, como Enviado personal del Presidente
de los Estados Unidos, sin noticia siquiera del Presidente García
Menocal. Que esto es verdad, lo prueban los cables, de los cuales
poseo copia, dirigidos por la Cancillería cubana a su Ministro en
Washington para que protestase del envío del general Crowder
e inquiriese cuál era su misión. El Minnesota estuvo detenido
mientras se aclaraban estos particulares, fuera de nuestras aguas,
hasta que se llenaron ciertos trámites, si no diplomáticos, al menos
corteses.
Y el general Crowder empezó a actuar en todos nuestros asun-
tos económicos, políticos, administrativos, e intervino de manera
decisiva en nuestro último pleito electoral presidencial.
En éste el Partido Liberal cometió un error imperdonable al \
recabar del Gobierno norteamericano la supervisión de las elec-
ciones. Y ocurrió entonces que el Gobierno, por un lado, y los
jefes del Liberalismo por
el otro, disputaban a porfía para ver

quién se captaba mejor y más pronto las simpatías y el apoyo del


Enviado personal, para colocar aquél al candidato que apoyaba;
en el poder; para lograr conquistarlo, los otros.
Triunfó
el candidato gubernamental, y, entonces, el Presidente

que apoyó quiso hacerle, antes de que ocupara el poder, un


lo

regalo digno de Maquiavelo: el propio general Crowder; y, al


efecto, por conducto de nuestra Legación en Washington, la Can-
148 CUBA CONTEMPORÁNEA

cillería cubana hizo saber al Gobierno norteamericano sus deseos


en la forma siguiente, según cable que conservo:

Mayo 2 de 1921.
Cuban Lega.
'Wjashington.
Estrictamente confidencial. — Presidente
Menocal acaba de saber que
es posible se declare terminada en breve la misión del General Crowder
aquí y que se le ordene regrese a Washington y Presidente desea que
inmediatamente vea V. al Secretario de Estado y le manifieste lo per-
judicial que sería para Cuba que el General nos dejare por ahora,
puesto que están pendientes de resolución muchas cuestiones en que
son de grandísima utilidad los consejos y experiencias del General por
el conocimiento completo que tiene de todos nuestros problemas. Entre
estas cuestiones está la financiera y aplicación ley Torriente, ceremonial,
revisión constitucional, supresión del Ejército y fijación del presupuesto,
queriendo el Presidente que V. manifieste al Secretario de Estado que
él tiene motivos para saber por informes fidedignos que el mismo doctor
Zayas reconoce que la cooperación General Crowder es altam.ente ne-
cesaria y se alegraría de que continuase aquí indefinidamente por el
concepto de aptitud y honorabilidad de que goza entre todos los cubanos.

Desvernine.

El Dr. Zayas negó primero que éL hubiese manifestado lo que


en el cable se dice, aclarando después que vería con agrado la

permanencia en Cuba del general Crowder.


Y, efectivamente, el Dr. Zayas comenzó su período presiden-
cial teniendo también a su lado al Enviado del Presidente de los

Estados Unidos.
La forma en que éste ha actuado en estos últimos tiempos,
todos la conocen perfectamente. Ha intervenido en casi todos
nuestros asuntos, inclusive enrenuncia y el nombramiento de los
la

Secretarios de Despacho; y ha contratado un empréstito que nos


ata una vez más al gobierno y a la banca norteamericanos. De
toda esta actuación conservo documentos y datos preciosos y des-
conocidos en su mayor parte del público: copias de los famosos
memoranda, de notas y cables, tanto de procedencia cubana como
americana. En su día verán la luz en un libro que preparo.
De esos documentos sólo voy a citar ahora tres, en los cua-
les se determina, fija y define el carácter de la política inter-
vencionista que los Estados Unidos están siguiendo en la actua-
lidad en Cuba.
ANÁLISIS Y CONSECUENCIAS, ETC. 149

El primero es una carta dirigida por el general Crov/der desde


el Minnesota, al general García Menocal, en 25 de febrero de 1921,

protestando del acuerdo del Comité Ejecutivo del Partido Conser-


vador contra la petición hecha por los liberales en favor de una
supervisión electoral. Crowder declara en esa carta que los ciu-
dadanos cubanos tienen el derecho de dirigirse al Gobierno nor-
teamericano para que éste resuelva sus problemas internos.
HIe aquí los párrafos principales de dicha carta, de la cual
conservo copia completa:

Buque de los Estados Unidos Minnesota.


Habana, febrero 25 de 192Í.
Querido Señor Presidente:
Ayer se me facilitó una copia de la resolución del Comité Ejecutivo
del Partido Conservador, proveyendo que la condición previa para un
acuerdo con el Partido Liberal, habría de ser el solemne compromiso
con dicho Partido:
"De renunciar todo esfuerzo directo o indirecto, público o privado,
cerca del Gobierno americano, con relación al problema electoral de
Cuba."
Siento que se haya incluido el lenguaje antes transcrito, y que ex-
presa, como condición previa, a cualquier esfuerzo unido en favor del
restablecimiento de la necesaria cordialidad para que las próximas elec-
ciones puedan llevarse a cabo, dentro de las condiciones normales, y lo
siento por las siguientes razones:
Primero: Parece completamente improcedente e inoportuno traer, a
la consideración y discusión, durante la presente crisis el procedimiento
que ha de regir a los ciudadanos dq Cuba, al someter al estudio del Go-
bierno de los Estados. Unidos, materias que afectan a las obligaciones
de los dos países según el Tratado, y a la responsabilidad al respecto
del mantenimiento de un gobierno adecuado y. estable en Cuba.

Más adelante expresa Crowder en su carta:

El deseo del Gobierno de los Estados Unidos de que la celebración


de las elecciones por las? autoridades, ofrezca una completa vindicación
de la capacidad del pueblo cubano para llevar a cabo, mediante los
órganos legalmente constituidos, su propia administración electoral.

Y, por último, le hace saber a García Menocal su deseo, que


es más bien una orden:

De que el lenguaje antes copiado, y que establece la condición


previa, por uno de los Partidosy para concertar sus esfuerzos en favor
150 CUBA CONTEMPORÁNEA

de la armonía entre los partidos, será eliminado, al objeto de que los


Comités de conciliación puedan acometer, desde luego, su importante
labor.
De V. verdaderamente amigo,
(f) E. H. Crowder.

El segundo documento es una Nota enviada por el general


Crowder a su Gobierno, recomendándole que éste exija al de Cuba,
como condición precisa para la contratación de un empréstito,
una completa intervención norteamericana en las aduanas y en
todas las oficinas y asuntos de orden fiscal, en la forma más pa-
recida posible a la intervención que se practica en Santo Domingo.
Dice así:

Habana, julio 3, 1921.


El primero de julio dirigí una comunicación al Presidente Zayas, ma-
nifestándole que aun cuando sin tener instrucciones precisas de m.i Go-
bierno, mi opinión era que,de obtener la aprobación del Depar-
ai fin

tamento de Estado para cualquier Empréstito, sería requisito previo e


indispensable, primero que se apresurase el trabajo de la Comisión
Mixta, a que me refiero en mi despacho urgente número 84 de junio 30,
párrafo 3, de revisar el Presupuesto 1918-19, reduciéndolo, y las leyes
de los impuestos, aumentándolos; y segundo, que se acompañen al
informe de la Comisión Mixta cálculos prudentes, hechos por peritos,
que demuestren al Departamento de Estado y a los banqueros de quie-
nes se espera que se hagan cargo del Empréstito, que el exceso de los
ingresos, sobre los gastos, sería suñciente para hacer frente al pago
de los intereses y al fondo de amortización, sobre toda la deuda pú-
blica, incluyendo el Empréstito o los Empréstitos adicionales que se
propusieran. ¿Debo continuar en esa actitud?
No abrigo dudas de que Zayas solicitará, finalmente, que el Depar-
tamento sancione la emisión interior de bonos descrita en mi despacho
urgente núm. 86, párrafo primero, para liquidar el déficit del Tesoro
Nacional y también el Empréstito exterior descrito en el mismo cable,
párrafos 3 y 4, el cual sería administrado por una comisión financiera
cubana, satisfactoria a los banqueros y al Gobierno de los Estados
Unidos, siendo el total de los Empréstitos arriba mencionados, consi-
derablemente superior a la actual deuda nacional.,
No concibo que nuestro Gobierno sancione Empréstitos que se
aproximen a estas cantidades, a no ser que se constituya aquí una
supervisión americana de alguna clase sobre los ingresos del Erario
cubano.
No necesito advertir al Departamento que una supervisión completa,
como la que se practica, en Santo Domingo, encontraría aquí oposición
muy determinada y, si llegara- a establecerse, resultaría de ella, una
ANÁLISIS Y CONSECUENCIAS, ETC. 151

crisis política y, probablemente el abandono del Gobierno a una inter-

vención americana.
Como alternativa, en este caso sugiero que cuando se solicite auto-
rización para estos Empréstitos se le haga saber al Gobierno cubano,
que sólo puede resolverse favorablemente la solicitud a condición previa
de que el Gobierno cubano^ reconozca el derecho y autoridad de la Co-
misión Financiera Cubana y del Ministro Americano para inspeccionar
e informar: Primero, sobre todos los presupuestos anuales ^ todas las
leyes especiales del Congreso referentes a créditos adicionales a los
dispuestos en el presupuesto, con anticipación a su promulgación. Se-
gundo, sobre todos los Decretos del Ejecutivo situando créditos espe-
ciales, con anticipación a su emisión y Tercero, sobre todas las leyes
suprimiendo impuestos y estableciendo otros en lugar de los suprimidos,
naturalmente con anticipación a su promulgación; y dejando la admi-
nistración efectiva en manos del Gobierno de Cuba.
De esta manera es probable que estuviéramos seguros, en todo
tiempo, de que los ingresos serían adecuados para hacer frente a los
intereses y al fondo de amortización de toda la deuda pública, inclu-
yendo los Empréstitos adicionales.

Su Gobierno parece que no aceptó estas tremendas proposi-


ciones del Enviado personal, por las cuales quería poner al Con-
greso y al Jefe del Poder Ejecutivo completamente en manos
suyas o del que ocupara el puesto de Ministro norteamericano.
jY todavía se seguirá sosteniendo que el general Crowder es
un gran amigo y defensor de los cubanos, y que a él debemos el
que nuestra República subsista y el Gobierno de su nación no nos
haya intervenido ya!
El tercer documento es la Nota enviada, a indicación de Crow-
der, por el Departamento de Estado norteamericano al Presidente
Zayas, en 9 de febrero de 1922, sobre la interpretación que el
Gobierno americano da actualmente a las cláusulas Primera, Se-
gunda y Tercera del Tratado Permanente, en el sentido de que,
de acuerdo con las mismas, tiene aquél el derecho de intervenir
y ramos de nuestra Administración que crea opor-
fiscalizar los

tunos; Nota que fué contestada por el Presidente Zayas el 21 del


propio mes, oponiéndose a esa interpretación.
En esos tres documentos está definida y confirmada la política
intervencionista preventiva que el Gobierno de los Estados Unidos
sigue actualmente en Cuba; política nefasta para nuestra patria,
y que sólo puede practicarse, no ya en desacuerdo con el espíritu
152 CUBA CONTEMPORÁNEA

del Tratado Permanente, sino valiéndose del derecho que le dan


su fuerza y su poder y de la complacencia y complicidad de los
Gobiernos cubanos.
Esta política ha traído como consecuencias que se pierda más
y más cada día la fe en nuestra soberanía y la confianza en el Go-
bierno y el esfuerzo propios; con la agravante de que no ha re-
suelto en definitiva ninguno de nuestros problemas, y que está
minando los cimientos de la nac'onalidad. Y cuando más daño
nos hace es precisamente cuando nos hace un bien, porque en-
tonces el pueblo, mirando ese caso aisladamente, piensa que el
beneficio momentáneo se lo debemos a la intervención del Go-
bierno norteamericano, y generaliza en el sentido de que sólo de
éste podemos esperar lo bueno que en Cuba se realice, sin acor-
darse de los antecedentes y sin pensar en las consecuencias.
En nuestro edificio nacional ea ruinas, los Estados Unidos al

presentarse los problemas en que intervienen, lo que hacen es po-


ner puntales que eviten la caída inmediata; pero para ponerlos ne-
cesitan escarbar, ahondar y destruir más los cimientos: la nacio-
nalidad. El daño no se ve, porque la prosperidad de la tierra
lo cubre aparentemente; pero la República se va destruyendo poco
a poco.
¿Qué sacamos con que en un momento dado, por la interven-
ción del general —
Crowder Enviado Personal o Embajador se —
sustituya un Secretario malo por otro Secretario bueno, o se in-
terrumpa la realización de un negocio nocivo al país, si la causa
y el causante productor del mal subsisten, y hasta se beneficia
este último con ello? Es como si a un enfermo, para quitarle
un dolor que lo martiriza, le diéramos un calmante que lo alivia,

que lo mejora momentáneamente, pero que no le cura la enfer-


medad, y además lo lleva, por fin, a la muerte.
Esta es la verdad, dolorosa y amarga, agravada aun más por
estos dos hechos de extraordinaria y pavorosa significación y tras-
cendencia: el que a diario, y cada día más, la tierra se nos va,
pasando a manos de los grandes capitalistas y empresas extranjeras

y principalmente americanas, los cuales adquieren a su vez poder

y fuerza incontrastables, no sólo económica sino también moral y


y materialmente, ya que en momentos de conflictos con el capital
o el Gobierno cubanos, tienen siempre aquéllos a su disposición
ANÁLISIS Y CONSECUENCIAS, ETC. 153

para defenderlos y ampararlos, en contra de Cuba, al Gobierno


norteamericano.
Es necesario que en esto reaccionemos, si queremos salvar-
nos; que tengamos menos egoísmo y afán de lucro y más amor
al país. Y en cuanto a los malos gobiernos, el pueblo no puede
ni debe sufrir sus actos perniciosos. Usemos contra ellos las ar-
mas a nuestro alcance, para obligarlos a que cumplan con su
deber, a que sean honrados y patriotas: las armas judiciales y
electorales. Usándolas debidamente, con entereza y energía, no
será necesario apelar a otros recursos extremos, a veces, sin em-
bargo, indispensables y justos.
Y con patriotismo en el pueblo, con buenos gobiernos, con hon-
radez administrativa, con confianza en el propio esfuerzo, podre-
mos entonces colocarnos resueltamente frente a las intervenciones
del Gobierno de los Estados Unidos en nuestros asuntos interiores,

y obligarlo —mientras llega el día deseado en que el Tratado Per-


manente se convierta en un Tratado de amistad y alianza—, a que
se ciña y ajuste al espíritu y a la letra de sus preceptos. Ha-
ciéndolo así, podrá resplandecer entonces, en la constelación de
^ pueblos americanos, libre, independiente y soberana, de hecho y

de derecho, en sus relaciones exteriores y en sus asuntos inte-


riores, la República de Cuba.

Emilio Roig de Leuchsenring.


GABRIELA MISTRAL

ECIR que Gabriela Mistral es una poetisa de veras


es decir poco. Asegurar que es una buena poetisa
es decir lo justo, pero no todo. El hecho de que mu-
chas revistas hispanas han publicado y reproducido
sus versos, y de que algunas casas editoriales se han dirigido a
ella solicitando sus poesías para publicarlas en un libro, es una
prueba de que su fama va corriendo mundo. Hasta ha llegado
su nombre a tierras angloamericanas: los maestros de habla in-

glesa que enseñan español y literatura española en las escuelas


y universidades de los Estados Unidos admiran su obra. Al Ins-
tituto de las Españas de Nueva York le ha cabido la suerte de
publicar la obra completa de esta poetisa en un tomo de unas
doscientas cincuenta páginas. De todo esto puede deducirse que
Gabriela Mistral constituye una personalidad literaria que no es
posible desconocer; es en efecto, una gloria naciente que figurará
al lado de las más puras glorias literarias hispanas del presente
siglo.

Es cierto que no posee el cosmopolitismo, la técnica admirable


y la multiplicidad del genio de Darío; carece de la solidez y la
fuerza simbólica de Antonio Machado, ni tiene la amable super-
ficialidad ni la riqueza métrica de Manuel Machado; es ajena a la

exuberancia y ornamentación de Chocano, y a su corona poética


le faltan las tenues lucecillas de la joyería mística de Ñervo;
pero, así y todo, es de la misma cepa aristocrática de todos ellos.
GABRIELA MISTRAL 156

No es de esperarse, sin embargo, que esta poetisa llegue a ser


verdaderamente popular: hay en su obra ciertas rudas sinceridades
que de seguro herirán a la mojigatería y a la gazmoñería de hom-
bres y mujeres. Los hipócritas y envidiosos no le perdonarán
nunca su gran valor moral ni su gran sinceridad, cualidades que
sobresalen en su obra.
Los que tanto esperan la aparición del verdadero poeta de la
América de habla española se llevarán esta vez un nuevo chasco,
a no dudarlo. No, Gabriela Mistral no podrá jamás ser el poeta
de América ni es de creerse que ella haya aspirado nunca a tal
título. Ya es tiempo de que todo el mundo sepa que la América
española no tiene un solo poeta, sino muchos, y algunos de ellos
de fama merecida. Cabe aquí preguntar ¿son los poetas verda-
deros voceros del pueblo en que nacieron, se educaron y vivieron?
Tal vez podrían serlo los poetas de un pueblo unido por un mismo
deseo de emancipación política; pero al verdadero poeta lírico
jamás le cabrá la triste gloria de ser el vocero de su pueblo. En
los mismos países de la América hispana en que la política es más
intrigante y rastrera, en que los odios de partido andan más cam-
pantes, en que el caciquismo estampa su pie de hierro en la so-
ciedad, en que la vida social tiene más de tribu que de sociedad
organizada, en que los esfuerzos individuales se dirigen a la aca-
paración de poder o de dinero, ahí mismo hay poetas más o menos
buenos que se elevan por encima de las mezquindades del am-
biente y cantan con serenidad o con fervor lírico la belleza eterna
o su propia sed de idealidad o sus propios dolores, que en sentido
alguno son los dolores del pueblo. Debe tenerse en cuenta que
el aunque universal, no iguala a los hombres; para que
dolor,
así fuera sería precisoque todos tuviesen un idéntico sensorio.
De ningún modo podría el poeta lírico ser el vocero de su pueblo:
podrá ser a lo más su abogado, pero nunca su representante.
En este sentido, Gabriela Mistral no representa a Chile, su
patria. ¡Con qué tono trágico ataca sin piedad la falta de fe de
la sociedad en que vive, con qué exactitud hace la diagnosis del
mal que aqueja a las gentes y las pone en la picota de su indig-
nación, que se manifiesta con palabras duras, y no las salva sino
las entrega a eterna condenación con una pasión rayana en fa-
natismo !
166 CUBA CONTEMPORÁNEA

En su crítica de los hombres tales como son, le falta esa suave


tolerancia espiritual del que ha pecado mucho y ha sido al fin
purificado por sus propios dolores. Los dolores de la poetisa chi-
lena son los que siempre van al lado de la vida sin turbarla.
Ella los expresa en versos tristes, piadosos, casi religiosos a veces;
pero de una religiosidad de aguas poco profundas, aunque claras,
común a las almas buenas de mujer, religiosidad que se detiene
a flor de tierra y no llega hasta las entrañas mismas de la vida.

No se trata aquí de fe; la religiosidad es algo diferente, aunque


ambas convergen en muchos puntos y tienen por igual su funda-
mento en la actitud del alma sentimental hacia los misterios de
la vida. La fe es más bien un estado estático, la pasiva entrega
de sí mismo; el éxtasis del espíritu, de la voluntad y de las emo-
ciones a un mismo tiempo; pero la religiosidad es esa fuerza
interior siempre en actividad, de que habla Eucken, la cual obra
como corriente de aguas subterráneas que lo fertiliza todo en la
superficie y renueva de continuo a la vida desde sus raíces.
Tiene a veces, sin embargo, arranques de gran religiosidad que
se convierte en ternura derramada a cañón lleno sobre los dolores
no entendidos de la gente; pero no ilumina todas las cosas como
la luz del sol: más bien, al modo de los rayos de luz que pasan
por un lente fotográfico, su claridad sólo cae en los objetos colo-
cados en el foco de su conciencia. Las cosas distantes o dema-
siado cerca, los dolores no sentidos por ella y las alegrías nunca
tenidas, quedan relegados a la sombra.
En su corazón "siempre vertido, pero nunca vaciado", según
sus propias palabras, hay un lugar predilecto para la niñez. La
parte de su obra dedicada a los niños es un jardincito de delica-
das rosas infantiles. Ama a los niños como lo que son: un ge-
neroso don de Dios. Los agasaja, les dice cuentos para hacerlos
reir,vierte su piedad sobre los que la necesitan, y hasta se es-
fuerza para reir y llorar con ellos igualándose a ellos. Es na-
tural, sin embargo, que haya en estos poemitas más preocupación
docente que adivinación de madre. No deja andar a los niños
por sí solos en su mundo, viviendo sus propias vidas, cosechando
en sus propios huertos juveniles, sino los lleva a menudo de la
mano, con amor, eso sí, por sitios no conocidos de ellos y por
caminos transitados por la gente crecida. Con un simbolismo de
GABRIELA MISTRAL 15^

buena ley, pero no entendido de ellos, por fortuna, trata a veces


de poner en sus adorables cabecitas la dolorosa sabiduría de los
grandes. Hay en esto mucho de cariño de madre española, que
en deseo de librar a los hijos de los dolores futuros pasa por
el

alto las alegrías presentes mostrándoles las encrucijadas de la


vida. Las razas norteñas envuelven a la niñez en luz de alba y
permiten vivir a los niños su niñez completa, sin el conocimiento
de las acres realidades cotidianas, en la esperanza de que cuando
sean grandes sabrán echar mano de sus recursos naturales de ini-

ciativa para hacer frente a las vicisitudes de la existencia. Es


una verdad sabida de los hombres que el choque de las cosas fa-
tales no puede evitarse de ninguna manera: cada uno tiene que
dar sus propias batallas y perderlas o ganar sus victorias por sí solo.
Por lo que respecta a los niños, sin emibargo, tienen ellos derecho

sin disputa alguna a un ala protectora que les garantice su niñez


íntegra. Gabriela Mistral, que siente un profundo amor por ellos,

como se ve por los versos que les dedica, presta su sombra amiga
a esta dichosa edad y aun consigue a ratos rodearla de un am-
biente verdaderamente infantil. Lo realizado por ella en este te-

rreno es en verdad digno de elogio, y ella debe enorgullecerse de


ello y de saber asimismo que ningún alto poeta de lengua espa-

ñola ha tenido acentos de solicitud más tiernos. Por su estruc-


tura y por la intención de que están grávidos, estos poemas in-
fantiles llegarán al corazón de los lectores, aunque no haya en
ellos esa cualidad de plenitud que se advierte en las poesías en
que ella exprime el zumo recóndito de su vida.
Cada cual, según su modo de ser, reacciona de cierta manera
en contacto con el mundo. Los versos de la poetisa chilena mues-
tran que ella reacciona con estremecimientos de niño lastimado.
Como aparece en su obra, no son reacciones mentales que se rea-
lizan tardíamente después de tenida la experiencia agradable o
dsagradable. Vale decir aquí que ella tiene el mérito de poner
en su poesía sus sensaciones más íntimas, y al leer sus versos
parece distinj,uirse detrás de cada frase los movimientos que acom-
pañan a la emoción sentida. El roce de las cosas dolorosas hace
que sus versos fluyan frescos como jugo de roca; parece que sa-
lieron espontáneamente de sus labios durante el momento supremo
de la emoción y tomaron forma en el papel al acabar de pronun-
158 CUBA CONTEMPORÁNEA

ciarse la última palabra. Así obran las almas ingenuas e impul-


sivas. Después de dicho todo, ésta es sin duda la mayor gloria
de Gabriela Mistral: su poesía es la expresión espontánea de ex-
periencias genuinas; tiene, por consiguiente, calor de vida y está
preñada de sentido humano. De aquí igualmente su sinceridad
para consigo misma, que es la sinceridad primordial, anterior a
toda otra.
Los hombres le deben las palabras serenas que esta poetisa
deja caer en sus momentos de tregua, y las flores de buena vo-
luntad que crece en sus campos fertilizados con lágrimas. Es
no obstante, escaparse uno al sentimiento de desesperanza
difícil,

que corre por sus versos como aguas que inundan con sosiego;
porque no hay violencias en sus ademanes ni rebeldías en sus
reacciones ante las fatalidades a que están sujetos los mortales.
Su poesía es triste, quietamente triste. Su concepto de la vida,
sin embargo, parece unilateral. Es cierto que sus labios se en-
treabren de vez en cuando para dar paso a una sonrisa, y hasta
llega a reir a veces; pero sus risas mueren al nacer, no recorren
toda la escala de la alegría. Aun en sus palabras de esperanza
hay un dejo triste. No tiene la impasibilidad ni la sutil ironía
con que se escuda Anatole France para no sentir quizás los dolores
de la vida, ni en su bagaje humano figura el humorismo con que
redime Dickens su sentimentalismo burgués y hace simpáticos e
interesantes a sus personajes más comunes y ordinarios. Su hu-
manidad es escueta, armadura protectora alguna. No es cues-
sin
tión de fe, porque ella tiene mucha; mas su fe de precepto, si

bien la consuela, a no dudarlo, no puede volverla invulnerable.


Por eso recibe de lleno todos los golpes y aun las rozaduras más
leves, y deja escapar a cada paso en su obra, por lo tanto, las
crispaturas de dolor y hasta los movimientos puramente reflejos.
No hay que traiga en sus alas el olor de los campos
brisa de sierra
ni montaña que se éntre en los pulmones sedientos
aire puro de
de oxígeno y resfresque el alma del lector fatigada con la abun-
dancia de dolores que hacen revivir a los suyos propios. El único
elemento redentor, que eleva su obra a las altas esferas de la li-
teratura, es el valor moral con que esta poetisa descubre las ave-
nidas espirituales de su ciudad interior para mostrar las heridas
GABRIELA MISTRAL 169

este valor moral y a esta sinceridad, y todo ello basta a cimentar


la fama de un poeta.
Los lectores imbuidos en un optimismo petulante y superfi-
cial,- que dispone de todos los problemas de la vida humana con

un simple movimiento de la mano, quizás pongan mala cara ai


pesimismo que se nota en la obra de la poetisa chilena. No es
posible negar que hay pesimismos que deben rechazarse, como el
pesimismo que se encierra herméticamente en la conocida fórmula
de los pesimistas extremados: que el peor de los males es el haber
nacido. Ningún ser humano puede quedar ajeno a esta verdad,
tan profunda y dolorosa como la vida misma; pero hay que con-
venir en que no lleva a nadie a ninguna parte, porque nada re-
suelve. De buen o mal grado, voluntariamente o no, aquí nos
hallamos en la tierra y lo importante es decidir lo que hemos de
hacer con nuestras vidas.
Huelga decir que su pesimismo no es de esta marca. Por otra
parte,no es lo principal en su fábrica sino un producto accesorio.
Si bien se considera, no debiera llamarse pesimismo al suyo, sino
más bien descontento de las cosas como aparecen en la vida. Y
es natural que Gabriela Mistral sea maestra amén de poeta: el

profesorado, para los que no son verdaderos artistas de profesión,


es el único refugio a que pueden acogerse las almas reflexivas y
sinceras que se niegan a aceptar ciertos valores creados por la
civilización. Su descontento corre parejas con la desesperanza
de que ya se ha hablado. Ambos tienen razón de ser, porque su
pesimismo, si le tiene, es el de todo espíritu serio que profundiza
en sí mismo y en en las cosas y en las situaciones. Se
los otros,
ve con gusto que su pesimismo no le hace perder del todo el sen-
tido de las relaciones; por esto los objetos y los hombres a los
cuales da claridad su poesía ocupan el lugar que les corresponde
en el espacio y en el tiempo. Para decirlo todo de una vez, su
pesimismo cesa con la vida orgánica, pues la poetisa chilena tiene
la esperanza de que este corto espacio de tiempo de nuestra pe-

regrinación por el mundo sea sólo una parte infinitesimal de la


totalidad de la vida.
Bueno sería inquirir si el título de una obra literaria a la in-
mortalidad podría también ganarse con la incorporación en ella
160 CUBA CONTEMPORÁNEA

del elemento de la actualidad, en el sentido de que la obra tenga


de su alma, y la sinceridad con que se da toda entera a su arte,
sin reservas ni claudicaciones. Y debe añadirse a esto que, aun-
que su lenguaje es casi elemental y su estilo resulta a veces algo
conceptuoso y tiene ciertos amaneramientos de escuela, sin em-
bargo, cuanto form.a el conjunto de la obra pone de relieve a
que ver principalmente con las cuestiones candentes y con los
hombres y las cosas de su época. El culto de lo contemporáneo
es la sustancia principal de que se compone la obra de los poetas
modernos; mas no sabemos a ciencia cierta si este elemento de
lo actual basta por si solo a aumentar o rebajar el mérito de una

obra literaria. Este punto no queda resuelto con todo y saber que
las obras que han alcanzado vida inmortal dan a la posteridad
una síntesis completa de una raza, prodigio realizado por los gran-
des poetas porque toman a un pueblo en un momento histórico
de plenitud y presentan en un cuadro casi perfecto sus cualidades
permanentes. Los poetas de hoy también buscan lo permanente,
aunque por otros caminos, y si bien son menos comprensivos y
menos grandes, tienen la cualidad de ser más interesantes y más
humanos por hallarse más cercanos a nuestra humanidad en sen-
timientos e ideas. No importa que estos sentimientos e ideas
echen raíces profundas en unos, y en otros se extienda la rai-
gambre solamente en la superficie: lo importante es que los poetas
modernos comprendan el alma contemporánea y lleguen hasta
ella.

Por esta razón, poderosa de suyo, Gabriela Mistral es un poeta


que comprendemos y admiramos, y sus versos vivirán mientras per-
sista el estado de alma actual de los lectores. Es de esperarse,
con todo, que ella nos regale otro libro en que diga todo lo que
se ha callado hasta ahora, que venga a ser la continuación
un libro
de su obra de sinceridad empezada ya en los poemas publicados,
los cuales de seguro han de llevar solaz por esos mundos. Los
que hem.os leído su libro con interés no podemos contentarnos
con que ella deje incompleta su obra, por más que le sea for-
zoso buscar nuevas plenitudes en un silencio indefinido. Ella sabe
muy bien que quien ha dado una vez sus pensamientos íntimos
a la publicidad no se pertenece a sí mismo, sino a todos los que
han ido a beber con deleite en el manantial de su poesía. Se lo
GABRIELA MISTRAL 161

debe igualmente a sí propia, pues no debe dejar perder para sí

el filón que ella misma ha encontrado en su alma, filón cuyo oro


ella ha empezado a dar a los demás a manos llenas.

Julio Mercado.

Nueva York, 1923.

El señor Julio Mercado, autor de' este bello artículo sobre la insigne chilena Gabriela
Mistral, es un notable poeta colombiano que en la actualidad dedica todas sus energías
al Instituto de las Españas en los Estados Unidos, como editor de sus publicaciones.

Recientemente ha reunido sus poesías en un volumen, con el título Del camino, que ha
servido para reafirmar su reputación como versificador. Cuba Contemporánea le agra-
dece el envío del este trabajo, en el que pone de manifiesto sus condiciones como prosista
de estilo sobrio y elegante y correctísima forma.
MUSSOLINI, JEFE DEL FASCISMO <*»

Traducción del Dr. Julio Villoldo

ENÍTO Mussolini nació en Predappio, provincia de


Forli, Italia, en 1883. Obtuvo muy joven un diploma
de profesor. Después de algunos años de magisterio
en una oscura aldea' de Romagne, emigró a Suiza,
pobre en dinero, rico de fe y entusiasmo. Opositor de toda in-
justicia y educado pon su padre en los principios de un generoso
socialismo, se interesó, preparado por la vida diaria y los libros,
en las luchas civiles y en los problemas sociales. Imbuido en las
letras francesas, dirigió una hoja revolucionaria en la cual expuso
íntegramente la doctrina marxista. Pero el joven Mussolini fué
expulsado en calidad de "extranjero pernicioso" por las autoridades
de la Confederación Helvética. De regreso a Italia, secundó con
ardor la propaganda socialista y fué entonces cuando escribió en
un periódico de Emilia. Puesto a la vanguardia, por su talento
y su fuerza de voluntad más que por el afecto de sus compañeros
en doctrinas, se convirtió en uno de los principales jefes del
partido socialista italiano. Triunfó en el famoso Congreso de An-
cona, en donde la masonería italiana recibió una fuerte repulsa
del socialismo oficial, a petición de Mussolini. Poco después fué
nombrado director de Avanti, el periódico más importante del par-
tido. Al iniciarse la guerra mundial, por un instinto político de
admirable clarividencia, se convierte, con Felipe Corridoni, en par-

(*) En La Revue Hebdomadaire, de París, número correspondiente al día 6 de


enero del corriente año, se publicó este muy interesante artículo, en el que se describe
la vigorosa personalidad del jefe del fascismo italiano. Cuba Contemporánea se com-
place al reproducirlo, traducido del francés por uno d© sus redactores, por ser en cierto
sentido un complemento del magnífico estudio de Adolfo Zerboglio sobre El fascismo,
inserto en el número de febrero último.
MUSSOLINI, JEFE DEL FASCISMO 168

tidario decidido de la intervención de Italia en el conflicto armado,


después de hacer dejación de todos los cargos que desempeñaba
en el socialismo.

Fué entonces cuando fundó el Popólo d'Italiay verdadero mi-


lagro en el periodismo, voz escuchada y respetada por los patriotas
italianos. Voluntario en la guerra contra Austria-Hungría, cumplió
su deber de soldado. Herido, retornó a Milán á dirigir otra clase
de combate contra el comunismo subvencionado por el oro ruso
y aun quizás por el alemán.
Sobrevino Caporetto. El desastre de las armas nacionales le-

jos de abatirlo, lo incita a perseverar en el camino que lleva a la


victoria innegable de Italia sobre el enemigo tradicional.
Contra la locura criminal de las muchedumbres embriagadas
por el odio de clase, contra la tiranía subversiva y su afán des-
tructivo, contra un pacifismo que reniega de la guerra nacional, el

director del Popólo dltalia levanta ya la voz* durante los meses de


octubre, noviembre y diciembre de 1917.
Por tanto, le pertenece incuestionablemente el honor de haber
sido el primero que, en la hora de la derrota y de la duda, afirmó
a los italianos en su confianza contra' el enemigo de afuera y el

del interior.

Mussolini reúne en sí las más recomendables cualidades de la


raza. Es un hombre de acción: lógico, pensador agudo, rápido en
la intuición, naturalmente exuberante, polemista, apasionado, vo-
luntarioso —moderno. Él domina "en toda su estatura" a los otros
jefes más populares del fascismo. Es el alma, el corazón, el
cerebro de esta doctrina. Liberissimo e fortissimo spirito itálico
(librey fuerte espíritu italiano), hemos dicho de él en otra ocasión.
Posee un vasto saber coordinado y asimilado por la inteligencia.
Orador que arrastra, de una elocuencia irresistible, agitador de
grandes recursos, Mussolini representa la más alta y fuerte ex-
presión del movimiento nacionalista. Detesta la retórica blanda,
a los charlatanes, a los pedantes, a los pesimistas, a los perezosos,
a la gente de mala fe. A los traidores los odia; si es posible,
los castiga de manera ejemplar. Su generosidad no tiene límites.
Taciturno, trabajador, valeroso, tenaz, coherente en su aparente
164 CUBA CONTEMPORÁNEA

fantasía, fascinador, terrible en la cólera, fiel en la amistad; te-

mible e inexorable en la venganza. En


bueno y en lo malo lo

sobresale, todo en una pieza. El éxito no lo ha embriagado


nunca; el desastre no lo ha abatido jamás. Está en el apogeo
de su juventud; es infatigable y de una ardiente actividad. Y,
sin embargo, posee en alto grado el sentimiento de la mesura.
Comprende que la más
preciosa virtud es la prudencia y que los
justos límites no se traspasan jamás impunemente. Sabe perfec-
tamente que es vano querer salir de las posibilidades, de em-
prender y esperar máa allá de lo que se puede conseguir, y de
este modo se prohibe a sí mismo todo género de imprudencias.
Gran cerebro que, en tumulto de sus acciones y en el torbellino
el

de sus pensamientos, sabe imponerse un freno. Conoce que el cam-


po abierto a las actividades de los hombres es extremadamente
restringido y que lo que más importa es saberlo laborar y man-
tenerse allí. Él mismo le ha señalado fronteras a la agresividad
fascista. Mussolini insiste en todas las páginas de su obra, en to-

dos los pasos de su política, en la necesidad de la mesura, virtud


de virtudes. Recuerda las palabras de Píndaro:

Conviene a los Grandes no desear níás que cosas discretas, si piensan


en lahora actual y en los líntites señalados a los mortales.

Sin preocuparse por la popularidad, despreciando toda dema-


gogia, ha sabido fijar las líneas que no deben franquearse.
Después de la derrota comunista en el terreno de la violencia,
él ha impedido al fascismo abandonarse a los mismos excesos que

el adversario. Prudencia, moderación, mesura, que ponen de ma-


nifiesto al hombre capaz de gobernar en el mañana al Estado con
la tranquila certeza de la clarividencia.

Entre su inteligencia apasionada y su alma grave y profunda,


parece, a primera vista, que se pueda establecer una oposición
irreducible, como entre lo concreto y lo abstracto, como entre la
fantasía y la reflexión. Observado más de cerca, descubrimos que
existe allí algo parecido a las dos ramas de una misma curva
cuyos puntos extremos se dominan. Político "de la mesura",
no pierde nunca, aun en los instantes de la más viva emoción y
!

MUSSOLINI, JEFE DEL FASCISMO 165

de la más ardiente lucha interior, el esquilibrio de su "majestuosa


razón". En vano buscaríamos en él esta excitación, estas pa-
siones exorbitantes, este declive sentimental, cualidades propias
de hombres políticos mediocres. Tiene el hábito de la reflexión,
la facultad de extraer de los casos particulares la norma general
de su conducta. Su que se conoce por
espíritu está dotado de lo
"la aptitud filosófica". Las vigorosas imágenes con las que ilustra
la prosa magistral de sus artículos en el Popólo d'Italia ponen de

manifiesto la harmonía y la concentración de su genio multiforme


y flexible. Son la flor de una fuerza especulativa increíble. Se
puede decir de Mussolini lo que de Crispi: su infalible instinto
político está envuelto en todo el conjunto de la*s facultades hu-
manas. Imaginaos a un Mussolini afilósofo o solamente impre-
sionista o impulsivo: convertiréis inm.ediatamente en inexplicable
el rasgo más seductor, más mussolínico, por así decirlo; este per-
fecto equilibrio físico del hombre de
estudio, de pensamiento y
de acción, tan pronto! apasionado y combativo, como a veces pon-
derado, lúcido, absorto, reflexivo.
Uno de los nuestros, Settinelli, que tiene también el honor de
tratar al jefe supremo del fascismo, ha escrito:

Eíi motivo de gran placer que Mussolini, fundador y guía del fas-

cismo, no tenga más que treinta y siete años y sea aficionado a todos
los deportes.
Con la misma elegante desenvoltura que muestra en sus artículos
de una aristocrática ironía, ved cómo vuela por el cielo de Milán, timonea
un potente automóvil o simplemente monta una bicicleta.
¡En fin! ¡En fin! Parecía imposible que en Italia alguien hiciera
figura de hombre político sin usar como medios de locomoción unas
angarillas o un palanquín.
¡En desprecio de todos nuestros viejos, tener un Presidente del
Consejo que aterriza en Viminal en un aeroplano manejado por él
mismo
¡Treinta y siete años! Todavía veinte años de intensa vida políítica.
¿Quién puede prever su vuelo de águila?
Cuando uno se aproxima a él, puede que moleste su rudeza, su
franqueza a veces imperiosa. Pero no se tendrá jamás el enojo y la
pena de" encontrarse con la majestad del papagayo de todos aquellos
que se creen superhombres porque están sentados sobre ilustres es-
cabeles.
Al contrario. Éste es un hombre sencillo, enemigo de la declamación
y de los ademanes pontificios.
166 CUBA CONTEMPORÁNEA

Al contrario. Es éste un mozo que desprecia el encomio y que tiene


una elevada idea de su misión.
Al contrario. Él es un espíritu alegre que se burla con gusto del
bluff, de las frases hechas y de sus vanidades.
En, la dirección del Popólo (Vitalia, considera más la sustancia que
la forma. Es capaz de divertirse locamente con, las erratas o faltas de
impresión de que puede ser víctima y de todos los accidentes que
harían perder el aspecto de las grandes circunstancias a los demás di-
rectores de periódicos del mundo. Italiano de pura sangre, era her-
moso contemplario el día del armisticio, en los salones de la redacción
convertidos en fortaleza o dando órdenes a los arditi, con un, revólver
sobre su mesa. Hay en él una parte pintoresca que es encantadora:
es un italiano qye ha comprendido perfectamente a los italianos.
Orador, ha rehabilitado la elocuencia, esta oratoria dañada por las
costumbres curialescas y que es muy a menudo algo parecido a la
virtuosidad de un cantor.
Hombre de acción, da a las palabras la fuerza de la vida.
Puede dar a conocer en un discurso un estado de alma; resolver
una crisis intelectual; imitar por medio de una síntesis delumbradora,
las confusas aspiraciones de una multitud.
La tierra de Cicerón y de los "cicerones" abunda en oradores. Pero
todos se parecen lamentablemente. Son, por así decirlo, charlatanes.
Mussolini, con algunos otros pocos, tiene su estilo, su encanto peculiar.
Su palabra, que mana espontáneamente, está armada de una lógica
precisa y cortante.
Tiene su esplendor y sus giros, nada de preparado ni de inflado.
Habla como si se tratara de una gigantesca conversación, sin alterar
el tono. Él es uno; los otros son mil, diez mil, simplemente porque él
es bastante fuerte para dirigirse a una muchedumbre como si tuviera
un solo interlocutor.
Es agresivo. Se presenta al público como ante un adversario. Él
lo afronta y sacude,
lo le m.ira a los ojos y lo ilumina.
Las multitudes, que aman a los espíritus varoniles, que en el, fondo
tienen mayor preferencia por un maestro que porque los las adulan,
están metidas en un puño, maltratadas y entusiasmadas.

Las muchedumbres italianas conocen a Mussolini, tribuno, par-


lamentario, periodista. Éste, a su vez, sabe leer en el corazón
de las masas, ora le sean adversas, ora favorables. Él las en-
tiende y las ama. No se desprende de ellas. Simpatiza con sus
grupos profesionales, sus sindicatos, sus cooperativas, de las que
ellas con todo derecho se sienten orgullosas, porque estas ins-
tituciones representan un esfuerzo constante y durable realizado
por ellas. Él aprecia su fuerza organizada en sólidas federa'-
MUSSOLINI, JEFE DEL FASCISMO 167

ciones nacionales e internacionales, que existen desde hace muchos


años, y que traducen no solamente el deseo de una emancipación
teórica, sino también reales intereses proletarios. En resumen,
Mussolini no está en contra del socialismo, cuando éste tiende a
la conquista gradual de mejores derechos y de un mayor bienestar.
Se podría definir su socialismo como un socialismo a lo Sorel.
Unicamente detesta la demagogia de los antiguos jefes, y la pira-
tería de los nuevos (la de unos y otros de igual mala fe). Mus-
solini concede una gran importancia al movimiento sindicalista de

clases. Tiene por secundario el socialismo político: la esperanza


de la conquista del poder por el proletariado, por medio de la re-

volución. La accesión legal al poder del proletariado productor,


en estrecha colaboración con las demás clases sociales, constituye
la esencia, el trazo más sobresaliente de su sistema político social.
El más ferviente de los patriotas, jamás ha ocultado su irreducible
desacuerdo con los socialistas, calificados de puros, y los organiza-
dores rojos más fogosos. De ahí parten tantas diatribas y polé-
micas ya antiguas sobre su talento, su sinceridad, sobre su posición
entre el "tránsfuga", el "rebelde", de una parte, y los otros jefes
del socialismo, aparentemente más fieles a los sacrosantos princi-
pios del partido, en todo tiempo cerrados a toda independencia. El
socialismo de Mussolini ha estado siempre en perfecta contradic-
ción con la doctrina maximalista de Constantino Lazzari y de Ja-
cinto Menotti Serrati, lo mismo que con el socialismo reformista
de Turati o de Giovanni Zibordi. Este reformismo, a fin de cuenta,
a pesar de las negativas de Turati, ha ido a encenagarse en el
parlamentarismo y en el ministerialismo a todo precio. Para
Mussolini, el socialismo no tiene su verdadero carácter si no con-
siste en un movimiento espontáneo del proletariado contra los
santones de la demagogia. Su socialismo es más bien individua-
En
lismo^ voluntarismo, esplritualismo, y no socialismo marxista.
elmomento de la intervención, una concepción distinta del fenó-
meno guerra separó a Mussolini de sus antiguos compañeros. Él
adivinó cuál sería lá situación de la Italia futura, librada por una'
guerra victoriosa de una antigua alianza de treinta años, consentida
por razones de equilibrio europeo y por motivos dinásticos, pero
siempre mal vista por el pueblo. La crisis de su espíritu comenzó
entonces, en el momento en que la mejor parte de la nación se
168 CUBA CONTEMPORÁNEA

manifestaba por la guerra al lado de VEntente y en contra de


los verdugos de Bélgica; en tanto que la otra, dirigida por el par-

tido y por los "giolittianos", se mantenía abier-


socialista oficial
tamente opuesta a ella'. De este disentimiento provino el odio
entre los dos elementos, o por mejor decirlo, un rencor irreducible
entre las dos facciones. Y esta malquerencia no ha cesado, aun
después de terminada la guerra. Ella ha conducido a sangrientas
violencias a los socialistas comunistas, favorecidos por las circuns-
tancias y por un ministerio desidioso. Mussolini fué el primero
en rebelarse contra la revolución leninista, y el primero en de-
fender la nación, aunque persuadido en su fuero interno de que
la revolución violenta no es jamás sino un episodio despreciable.
Él, hijo de trabajadores, creía y cree aún en la sociedad, en la
civiliza'ción socialista, pero a condición de que el socialismo in-
ternacional pueda asegurar por todas partes, gracias a circuns=
tancias un estado de espíritu superior de concordia
favorables,
civil y de sincera fraternidad enti'e los pueblos. Es por tanto
ridículo, es estúpido tratarlo de reaccionario, de traidor, de vendido.
Los hombres pasan, las verdaderas ideas perduran. Las del jefe
del fascismo desafían tranquilamente la- prueba de los tiempos y
la injuria de un adversario henchido de rencor.

Mussolini no ha sido jamás el opositor del proletariado. Basta


citar, para ofrecer la prueba, lo que escribió para comentar el

discurso electoral de Balandra, en Bari:

Cualquiera puede constatarlo. Las ideas del honorable Salandra y


las nuestras coinciden. Les hemos gritado a los que se llaman bur-
gueses que no se debe tocar nada de aquello que las masas obreras,
industriales y agricultores han realizado. Nadie puede soñar en re-
ducir a la masa obrera a condiciones de trabajo y de existencia menos
favorables que las actuales. Nosotros, los primeros, nos opondríamos
a semejantes tentativas. Pero al mismo tiempo declaramos, al propio
tiempo repetimos que en la forma aun parcial y rudimentaria de su
organización y de su cultura, el proletariado no puede pretender subs-
tituir, aunque sea parcialmente, a la organización capitalista, resul-
tante de experiencias milenarias, de afianzamiento y selección.

Salandra había dicho:


MUSSOLINI, JEFE DEL FASCISMO 169

Ciego será el que no vea que el obrero industrial y el campesino


tienen derecho a un beneficio, recompensa de sus afanes, y que el
principio del trabajo debe ser el consentimiento, no la imposición, Pero
loco será el que pueda creer, mentiroso el que finja hacerlo, que las
inmensas y complejas empresas que exigen, para vivir y prosperar, to-
das las ayudas técnicas y todos los aspectos del comercio internacional,
puedan sustraerse a la dirección, a la autoridad personal de los más
inteligentes, de los más activos, de los mejores preparados.

El diputado por Milán ha sido de los pocos que han perma-


necido siempre prestos a combatir sin tregua a todos los enemigos
de Italia. Espíritu constantemente dirigido al porvenir, ha sido
el jefe de esta vanguardia que tuvo* el valor de luchar, sola desde
un principio, contra el leninismo.
Los fascistas eran pocos entonces, pero sostenidos por una
energía y por una invencible voluntad en sus ataques siempre
victoriosos. Mussolini formó de la nada una milicia civil, disci-

plinada, organizada, hecha a todos los peligros. En sus tropas,


él ha preferido ante todo la calidad, y en ellas ha depositado su
orgullo y su esperanza.
Sin enfrascarnos en análisis, diremos que la psicología de Mus-
solini es muy sencilla. Mussolini es fuerte: en esto estriba todo.
Ejerce sobre sus partidarios (que hoy forman legión) un magne-
tismo extraordinario. Conoce a' las mil maravillas el arte de
tratar y de atraerse a los hombres. En su despacho, en las ofi-
cinas de la redacción del Popólo d'Italia, baluarte de silencio y de
fuerza moral, sabe infaliblemente obligar al visitante, cualquiera
que sea la raza a que pertenezca, a descubrir sus baterías, en
tanto que él guarda las suyas, calmoso, impasible, inexpugnable.
Se complace en hacer esperar largamente antes de presentarse o
de recibir, y cuando avanza, solemne, frío, intimidativo, mira la'
gente a la cara, con sus enormes ojos vivos y móviles. Escucha
y, brusco, no rompe el silencio sino para decir: "He comprendido".
O en su lugar: "Está bien; váyase". Acostumbra a tratar a todo
el mundo militarmente. Le encanta el ultimátum. Dice 'Taro
questo'\ es decir, "procederé de este modo". Y es bastante.
Detesta las frases hechas. Ama la brevedad a lo Tácito, rápido
como el viento en el pensamiento y la acción. No solamente ja-
más pide consejos a[ sus redactores o a los miembros del Consejo
Central del Fascismo, sino que cuando concibe un plan, lo eje-
170 CUBA CONTEMPORÁNEA

cuta a todo evento, aunque sepa que el mundo se hundirá. Una tal

confianza en sí mismo inspira la confianza a los demás.


El jefe del fascismoj posee la seguridad de juicio, la amplitud
de miras que le permiten trabajar con un gran número de cola-
boradores, todos perfectamente dominados, encantados, fascinados.
Autoritario, la mirada fija sobre un fin bien determinado, por le-
jano que se encuentre este objetivo de él tan sólo conocido, avanza
imperturbablemente hasta que obtiene lo que espera. Temamos
los paralelos. ¿Pero no es éste el sistema de los grandes capi-
tanes y de los grandes políticos?

La viveza de su espíritu es maravillosa. Cuentan sus íntimos


que otro que no fuera él, se ahogaría en el océano de su co=
rrespondencia diaria. Se refieren al hecho de cómo él sabe coger
ñl vuelo, por así decirlo, una proposición, en tanto que las expli-
caciones no están más que a la mitad. O de qué modo, eri las

asambleas y en las reuniones políticas, sus oyentes, preparados


para discutir las ideas y las cuestiones, no pueden seguirlo con
éxito en los planes que expone con una dialéctica ajustada. Los
que lo tratan de cerca ensalzan menos su habilidad dé organizador
y de tribuno que la rapidez y la felicidad de sus empresas. Su
tranquilidad es proverbial. En el peligro, non muove costa né
batte cigliOj ni se mueve ni pestañea.
En 1919, cuando la derrota electoral, conservó una calma pro-
digiosa, en tanto que la turba clamorosa llenaba con su nombre
las calles de Milán y le ofrecía la horca. Temple de un gran
carácter, ejemplo vivo de la serenidad que pueden alcanzar los
hombres. . . Era preciso contemplarlo también durante la victoria
de 1921, en las grandes reuniones, la faz roja y brillantes los ojos,
su brazo imperiosamente extendido hacia la multitud. Vuelto hacia
sus adversarios, les exponía todo su apasionamiento de ciudadano
y de soldado; o bien lanzaba contra ellos uno de esos dardos san-
grientos que un magnífico desdén arrancaba a sus fibras de hombre
honrado. El fuego de la mirada y esta impetuosidad, este aliento,
todo en él hablaba el lenguaje de la generosidad.
Los adversarios lo han confesado. No se podía resistir el

deseo de darle la razón; de afiliarse a su partido; de prestarle


MUSSOLINI, JEFE DEL FASCISMO 171

mano fuerte para alguna empresa audaz; de seguirle como se


sigue a un general habituado a la victoria.
En las trampas del escenario político, o combatido por las bo-
rrascas de la vida, o estrechado por todas partes por agudas zo-
zobras materiales y personales, sabiendo que en pocos días, en
pocas horas, en pocos minutos, la batalla entablada o los hechos
en curso iban a decidir misteriosamente de su porvenir y de toda
su existencia, se le ha visto permanecer frío, grave, inalterable
en su fisonomía. Quien entonces lo observara encontraba el már-
mol de un rostro duro.
Estamos seguros cualesquiera que sean la situación y
: las cir-

cunstancias adversas, Mussolini no se desconcertará jamás, y me-


nos aun será melodramático. De la misma manera que ha sabido
vencer a sus adversarios políticos, sabrá en el mañana morir en
silencio, lacónicamente. Su fuerza de alma es verdaderamente
digna de ser citada como ejemplo. Se comprende que sea el ídolo
de los corazones honrados y de los espíritus buenos.

Entre los hombres que han ejercido en Italia una gran in-

fluencia sobre el espíritu contemporáneo, nadie iguala tal vez a


Benito Mussolini por la seguridad de la intuición, por la nobleza
de la expresión, y siempre por el constante ardor de su fe. Desde
la intervención italiana en la guerra mundial, desde las primeras

adhesiones de los primeros jóvenes que el entusiasmo de las


ideas y de la libertad habían reunido en torno de su persona, en
medio de todos los golpes recibidos de plano, sin doblar jamás la
cerviz, a través de las desilusiones y de las defecciones, hasta
mes de marzo
Caporetto, hasta Vittorio Véneto, hasta este fatídico
de 1919, hasta la primera y segunda batallas electorales y hasta
este día, Benito Mussolini ha permanecido siempre en pie, firme,
incansable.
La cobardía contemporánea, el atragantamiento demagógico y
la actual política traficante e ignara, no han cesado jamás de ser
combatidos y denunciados por él.
I

172 CUBA CONTEMPORÁNEA

Es demasiada verdad que en Italia existía una llamativa con-


tradicción entre lo que un pensamiento riguroso exige y lo que
la opinión pública admitía común y confusamente. Me explicaré.
La conciencia italiana había permanecido en política por completo
fuera de las corrientes del pensamiento moderno. Estaba privada
de todo realismo, desprovista de toda originalidad, unida por la
rutina (verbalismo, humanitarismo, ideología) una construcción
a
vacía, sepulcro de la Idea' de Musso-
que estaba antes animada.
lini ha comprendido su desarreglo, la ha tomado en todas sus

formas y manifestaciones, la ha ridiculizado a muerte, armado


de su lógica feroz y de su vehemencia. Pero en seguida' nos ha
conducido a las nubes, nos ha elevado por encima de las diarias
miserias y cobardías, ha renovado en el alma de la juventud de
las trincheras estas grandes pasiones que siempre han amado los
pueblos destinados a figurar en la historia del mundo. Tiene el
mérito de haberle abierto a Italia una vía, un porvenir, cuando
sólo contaba con un presente miserable. Ha vuelto a iluminar en
los corazones italianos la llama extinta de la romanidad. Ha res-
tablecido la religión de la Patria, de su grandeza, de su gloria,
de su poderío, de su dichosa fortuna. H¡a hecho escuela de ita-

lianismo. Ha demostrado a los que lo ignoraban el valor moral


de la tragedia en que el país vivía. Y de está tragedia, en pleno
terror bolchevique,ha exaltado sistemáticamente a los héroes por
una continua conmemoración y apoteosis; los héroes, naturalmente,
célebres o modestos, aquellos que los italianos conocían, y los
que no conocerán jamás. Sin desesperar, ha reaccionado contra
la aventura leninista, disolvente de todo. Al principio solo, in-

comprendido, burlado, ignorado; después, exaltado, aclamado, fa-

náticamente amado.
En que los demagogos
tanto que Nitti afligía a Italia, mientras
alborotaban, en los momentos en que Bombacci y Graziadei pre-
decían el próximo advenimiento del bolchevismo, mientras que el

Estado abdicaba, que renunciaba y la burguesía se inclinaba,


la ley
Mussolini, despreciando los oráculos de los pesimistas y fran-
queando todas las dificultades, trabajaba en el despertar de la
patria. La mayoría de los italianos no conocía mucho de este
verdadero jefe, antes de la creación de las "Fasces de Mando".
Cuando él llamó a las armas, para esta nueva guerra que sucedía
MUSSOLINI, JEFE DEL FASCISMO 173

a los cuatro años de la anterior, tomó el mando, abrigando la

voluntad de vencer. Con honor, como Italia lo esperaba y como


él mismo tenía la seguridad.
Tal es Mussolini, nuevo y poderoso factor de la civilización
itálica. Un hombre dotado de extraordinario talento, que ha re-
corrido su difícil carrera' sin pedir ni simpatía, ni consejo, ni ayuda
a nadie. Un hombre que ha sido prodigiosamente odiado, te-

mido, adorado. Un hombre que ha vivido con una fuerza ex-


trema, teniendo siempre ante sus ojos la salud del país. Parecido
en esto a otros dos grandes italianos que viven, los únicos que
en este respecto pueden comparársele: Luis Cadorna y Gabriel
d'Annunzio.

Pedro Gorgolini.
BIBLIOGRAFIA <*'

Alfred Capus. De TAcademie Fran^aise. Scénes de la Vie diffi-


ciLE. Román. J. Ferenczi et fils, Editeurs. Paris. — 9, rué An-
toine - Chantin, 9.— Paris. [1922] 8^, 316 p.

Las Escenas de la vida bohemia de Murger sirvieron para describir


la vida pintoresca de los artistas franceses eni la época del romanti-
cismo. De aquellas páginas salió toda una falange de poetas, de pin-
tores y músicos que recordaban con sus excentricidades y su exaltación
al novelista. Queda todavía en el mundo alguno que otro Rodolfo esca-
pado de su tiempo y de su alegre y torturada compañía. Pero ya hay
pocos artistas escritores que conozcan la vida bohemia. Hoy la vida es
difícil. A relatar escenas de esa vida difícil dedicó el eminente escritor
francés Capus una de sus últimas obras.
Las escenas de la vida difícil son sencillas, lacerantes, humanas,
como observadas en la propia vida. Dij érase que el autor no ha puesto
imaginación ni esfuerzo en estos cuadros, que se ha limitado a copiar
con arte y con belleza el paso de algunos hombres por el escenario de
París durante cuarenta años. La amistad sostenida sin alteraciones! du-
rante casi medio siglo, a despecho de trastornos y de una lucha inter-
minable con la pobreza, es la característica principal de la novela. Acaso
sea esa la luz que cae sobre la narración y la hace clara, serena y
noble. Nada hay definitivamente indigno en ella. Hasta los momentos
que viven en el garito dos de los personajes tienen limpidez.
Cinco amigos: Gonzagne, su amante Andrea, el conde d'Antragne,
el político Sigismond y el periodista Barjol, amigos desde los veinte
años, llegan a la ancianidad sin haber perdido el mismo grado de afecto
que nació en la lejana juventud. Gonzagne ha subido más que los otros:
es el jefé de la casa de banca de su antiguo patrón Salandar, y es el
esposo de la sobrina de éste, aunque mantiene sus relaciones con An-

(*) Debemos recordar que en esta sección serán únieamente analizadas aquellas
obras de las cuales recibimos dos ejemplares remitidos por los autores, libreros o edi-
tores. De las que recibamos un ejemplar, sólo se hará la inscripción bibliográfica
correspondiente.
BIBLIOGRAFÍA 175

drea. Para llegar al éxito, ¡cuántas vicisitudes! El éxito llega, se le

rinde sin restricciones, y el dinero es en él una fuerza agregada a su


vida, no un objetivo máximo. El conde d'Antragne derrocha su patri-
monio y es enviado por Salandar a la Indo China, en viaje de explora-
ción civil. Vuelve aureolado por la fama de sus proezas increíbles y
retorna al despilfarro de su juventud y de su oro. Cuando las dificul-
tades eran mayores, se casa con una rica viuda de su provincia que
paga sus enormes deudas y le cuida sus reumatismos. Barjol y Sigis-
mond son los que menos felicidades disfrutaron. Sin embargo, el úl-
timo, que desde 1885 es reelegido por su departamento, ve cercana su
designación como' Ministro en uno de los Gabinetes de post guerra. Y
Barjol, que ha podido educar a su hijo con algún decoro, olvida sus
calamidades cuando piensa en el porvenir de su muchacho, estudiante
de ingeniería que ha dejado la carrera para entrar en la casa de banca
de\ Gonzagne, después de haberse endurecido en las trincheras.
A los cinco amigos iniciales se añade luego la esposa de Barjol,
Marta, griseta honesta que sabe ser mujer de escritor. Marta y Andrea
son los dignos personajes complementarios de esta obra humana y un
poco triste, personajes que le dan tonalidad y belleza con su abnega-
ción y su inteligencia admirable. Ellas comprenden y aman, y tienen
la noción exacta del talento de los dos hombres que tienen junto a
ellas, y gozan en su rincón cuando los envuelve una ráfaga de triunfo.
Son mujeres que dan justificación a la vida. Capus ha sabido presen-
tarlas bien, con todos sus atributos, como reprodujera los rasgos de
mujeres vistas en la realidad.

Gertrudis Gómez de Avellaneda. Poesías escogidas. Casa Edito-


rial Franco-Ibero-Americana. 222, Boiilevard St. Germain. Pa-
rís. [1923] IG?, 156 p.

Descubre el admirado Ventura García Calderón, en las páginas que


preceden a esta selección de la Avellaneda, una cordial devoción por
Cuba. Y no es el afecto de los que se sienten hermanos de raza y
llamados a un mismo porvenir, sino el de los que conocen y por ello
aman. Se nota en sus líneas liminares un interés sincero por nuestra
vida. Véase cómo describe el ambiente que rodeó a la poetisa hasta
su primera juventud: "Eli paisaje es idílico, como en Pablo y Virginia;
triste, como en La Cabana del Tío Tomás. Mientras sacuden a América
los grandes entusiasmos libertarios, continúa en la isla encantada el
sueño del Bosque Durmiente. Ningún clima espiritual podía predispo-
ner mejor a la pequeña Gertrudis para las melancolías románticas. En
la vida provincial sólo resuenan los soñolientos pregones, los gritos del
calesero de espuela de plata o las solemnes procesiones gimientes; y,
cubierto con un paño negro, pasa el futuro ajusticiado que va al ga-
rrote del Rey Nuestro Señor. Cuando la primavera llega, la isla es
176 CUBA CONTEMPORÁNEA

un incensario pagano que agrava la sensualidad del alma naciente.


Perfume de las piñas o los mameyes y e\ olor del melado en los "in-
genios". El sarao mismo, como el baile de Emma Bovary, hará más
agudo el tedio de la provincia. Melancolía y sensualidad, tristeza de
las gentes e invitación pagana de la Naturaleza, ¡cómo no han de exas-
perarse los sentidos bajo esta lucha alternada!"
García Calderón, que dirige estas bellas ediciones del más puro
aspecto literario, ha escogido en la obra de la Avellaneda un pequeño
número de fragantes poesías, que en la nueva generación han de pro-
ducir aplausos y celebraciones para la inmortal cubana. Son nece-
sarias estas reimpresiones de los poetas que fueron, porque con ellas
se da la mejor idea de la- evolución que; ha ido sufriendo la poesía. Y
a veces se pone de manifiesto la vejez de muchas cosas nuevas. El
propio García Calderón ofrece, en la nota puesta a los versos de la
Avellaneda sobre Los reales sitios, un amplio estudio de la vida román-
tica de la escritora, en que promete analizar el singularísimo parecido
de esos versos con Era un aire suave. y Pórtico, de Rubén Darío.
. .

Víctor Margueritte. La GARgoNNE. Román. París. Ernest Flamma-


ríon, éditeur. 26, rué Racine, 26... [1923] XII -312 p.

Esta novela produjo en Francia, a raíz de su publicación todavía


muy reciente, un escándalo formidable. El autor la calificó de novela
de costumbres, y sus detractores han dicho que esas costumbres son
demasiado licenciosas y que un escritor de verdadero renombre como
Margueritte no tiene derecho a cubrir con él una obra poco recomen-
dable, a prevalerse de su crédito literario para lanzar un libro con fina-
lidad industrial. Los periódicos reaccionarios, monárquicos más o me-
nos encubiertos, los ultramontanos, llevaron la censura hasta la cruel-
dad. Muchos negaron talento al novelista que de tal modo echaba por
tierra su historia de hombre y de escritor honrado. Los periódicos li-
berales, los radicales, defendieron. Yl entre artículo y artículo, las edi-
ciones de la novela iban repitiéndose. El público quería saber lo que
hay en La gargonne que pueda apasionar de tal manera a los periodistas
franceses. A los seis meses de su aparición, la obra alcanzaba tres-
cientos setenta y cinco ediciones, y en estos momentos debe haber
llegado al medio millón de ejemplares.
El éxito de librería es evidente. Víctor Margueritte debe agradecerlo
al escándalo, aunque pese a sus enemigos. Es seguro que no esperaba
tal triunfo en su vida ya en ocaso.
Según muchos, la crítica es siempre innecesaria y a veces perjudicial.
Sus consecuencias son en muchos casos, y éste es uno, contraprodu-
centes. La crítica se' propuso destruir al autor de La gargonne. Logró
que el Consejo de la Orden de la Legión de Honor borrara su nombre
del cuadro de sus miembros, entre los que figuraba con la categoría de
BIBLIOGRAFÍA 177

Comendador. Pero no ha borrado la fama del escritor, ni ha impedido


sus ganancias enormes con la novela» censurada.
Pero veamos lo que contiene La gargonne. El propio Anatole France
nos lo dirá en pocas líneas: "Una joven, bien dotada y con un carácter
enérgico, encuentra con razón muy feo el mundo. Por un error, que
Víctor Margueritte no aprueba ni mucho menos, esta joven desesperada
se extravía en los vicios, para los cuales no estaba hecha. Después de
algunos años de error, que ella misma estima en muy poco para ha-
cerlos amar, entra en una vida honesta y regular en que halla la paz
del corazón y la alegría que buscaba en vano por otras partes." No
es por la trama, sin duda, por lo que algunos críticos han estigmatizado
a Margueritte. La causa del escándalo es la crudeza de algunas des-
cripciones, según los mismos protestantes. Y, según el novelista, es la
pintura "de ciertas costumbres de las altas clases" tal como ellas son.
En verdad, esa reproducción de escenas es bastante viva, está fiel-
mente ajustada a los hechos, a determinados hechos, que pocos escri-
tores trasladan a sus libros. Aquí surgela vieja discusión que tiene

dos aspectos: ¿Puede un autor mostrar la vida como ella es, con todas
sus indecorosas o feas realidades? ¿Puede, aunque sea con el pro-
pósito de dar una idea de los pantanos sociales, hablar de las aberra-
ciones humanas, llevar la luz de su palabra hasta el desván o el es-
condrijo en que se efectúan las más bajas acciones? ¿Con hacer del
vicio una descripción descarnada se aparta de él a, los lectores? Y
¿se puede poner limitación a las actividades del artista, decirle que
tocar tal o cual materia, o tocarlas de un modo u otro, es inmoral, o
peligroso, o inadecuado?
La argumentación de Anatole France es formidable: "Víctor Mar-
gueritte es conocido por un gran número de libros que atestiguan un
noble talento y una alta moralidad. ¿Cómo se habrá convertido de
pronto en el autor de una obra infame? Eso no puede ser, y no es.
Se encuentra en este libro, que levanta esos fingidos furores las ideas
generosas que han inspirado siempre al autor... A decir verdad, son
ciertos detalles los que han chocado más, ser me dice, en la obra incri-
minada. Sería muy sorprendente que un escritor tan seguro de su
forma como lo es Víctor Margueritte hubiera perdido de súbito su maes-
tría. ¿No han sido desconocidos, en perjuicio suyo, los derechos del
arte, las justas libertades del pensamiento y las exigencias de una fá-
bula que trata de una sociedad como jamás la ha habido en Francia?
Víctor Margueritte ha pintado, en La gargonne, la sociedad que la guerra
hizo; ha mostrado la depravación que alcanzó, entre los nuevos ricos,
un inaudito desarrollo. Todo el mundo lo sabe, porque en estos tiempos
desvergonzados el libertinaje se desbordaba hasta en la calle. A mí
modo de ver, el pintor, en sus cuadros, ha quedado lejos de la realidad.
Los males no medidos de una larga guerra, produjeron costumbres abo-
minables que el moralista debía pintar Es lo que ha hecho Margueritte,
178 CUBA CONTEMPORÁNEA

con una moderación que revela al hombre de gusto. Antes de conde-


narlo, ved con qué vigorosos creyón pintó d'Aubigné en su tiempo a los
que él nombró los Hermafroditas. ¿Es entonces a Juvenal a quien se
debe reprochar los furores de Mesalina?"
Aquí está indicada la afirmación de Varona. "No hay crítica, sino
críticos." Porque es lo cierto que todos parecen tener razón, tanto en
este como en otros pleitos literarios. Los cinco o seis pasajes fuertes
que han escandalizado en La gargonne a los críticos conservadores, pa-
recen a los radicales o transigentes los más oportunos y necesarios para
enrostrar a los nuevos ricos un reflejo de sus vicios insolentes, de su
corrupción plebeya e irritante.
Algo debe haber, sin embargo, de espejo en esta novela. Acaso al-
gún personaje, lleno de honores y respetos, se halla aquí vivo y sin
velos que cubran su deformidad moral. No ha habido tan inusitado
apasionamiento a la aparición de algunas novelas de Huysmans, de
Barbousse, de Frappa, de Gourmont, de Fierre Louys, en el presente;
y en el pasado, de Musseí, de Gauthier, y de tantos más. Y no se ex-
cluye de lectura y elogios a los clásicos, generalmente libres y des-
preocupados para nuestra actual concepción de la moral. La gargonne
no es más, ni menos, que El infierno^ de Barbusse, y es mucho más
limpia que Al revés, de Huysmans, y que otras obras notables de la lite-
ratura francesa. Sería tan novela como es sin esos momentos escabrosos.
Pero en el plan de su autor estaba seguramente llegar a esos detalles,
,

en los que es preciso confesar que hay un arte exquisito, debido al cual
no ha caído el novelista en el relato de sucias obscenidades. El lector
que haya abierto La gargonne con avidez, con curiosidad morbosa por
los platos quemantes de pimienta, se habrá sentido un poco defraudado
al no encontrar en las trescientas páginas el interminable chorro de
miserias que esperaba. Y habrá pensado que no era preciso alborotar
de esa manera porque un novelista ha hecho una vez lo que hacen e
hicieron otros casi todos los días.

Los grandes músicos. Colección publicada bajo la dirección del


ilustre compositor Camilo Saint-Saens. Héctor Berlioz. Su
vida y sus obras. Por J. Muñoz Escámez... Cubierta de Fla-
ment. Casa Editorial Franco-Ibero-Americana. 222, Boulevard
Saint-German, 222. París. [1923?] 8-?, 188 p. Con retratos y
grabados.

Fué una vida vibrante, llena de penalidades y de pocos triunfos


aunque también de fe y de nobleza, la de este músico que nació para
revolucionar y dar nuevos rumbos al arte musical. Berlioz, que no
fué muy apreciado en su época, es hoy considerado como uno de los
compositores más grandes del siglo pasado. Su vida, apasionada como
BIBLIOGRAFÍA 179

su obra, merece respeto y admiración. Este ensayo del Sr. Muñoz


Escámez nos presenta al maestro cuya tormentosa existencia es un
verdadero poema de dolor por las contrariedades y los descalabros ar-
tísticos, y un ejemplo de fortaleza indoblegable por el nuevo vigor con
que Berlioz volvía a la lucha después de cada derrota.

Las relaciones de la República de Cuba y los Estados Unidos


DE América conforme al Tratado Permanente. Por Cosme
de la Torriente. Presidente de la Comisión de Relaciones Ex-
teriores del Senado. Vicepresidente de la Sociedad Cubana de
Derecho Internacional. Ex-Secretario de Estado. Discurso leído
en la sesión solemne de inauguración de la sexta reunión
anual de dicha Sociedad, en La Habana el 23 de abril de 1923.
Habana. Imprenta y Papelería de Rambla, Bouza y C-, Pi y
Margan, Núms. 33 y 35. 1923. 8^ 64 p.

El extenso, claro y documentado discurso del Dr. Torriente es una


explanación más de nuestros derechos a ser libres y de nuestra realidad
internacional. El disertante leyó su trabajo en la Sociedad Cubana de
Derecho Internacional, ante diplomáticos y eminentes personalidades.
Sus afirmaciones, que por nadie serán desmentidas porque se ajustan
a la situación verdadera de Cuba, produjeron buena impresión. Es ne-
cesario que se diga:^ una y otra vez, que se repita sin descanso lo que
hace poco dijo el ilustre norteamericano Mr. James Brown Scott y
copia el Dr. Torriente: "Aparentemente fué intención de Cuba y de los
Estados Unidos que las disposiciones de la Enmienda Platt declarasen
y definiesen las relaciones entro las dos Repúblicas de tal manera que
ninguna de las dos pudiese, sin el consentimiento de la otra, modificar
las obligaciones creadas por la Enmienda; que Cuba no pudiese rehuirlas
sin el consentimiento de los Estados Unidos y que les Estados Uiiidns
no pudiesen darle otro alcance sin el consentimiento de Cuba; que cual-
quiera de las dos partes contratantes en el Tratado puede interpretarlo
por sí misma, pero ninguna de las dos puede imponerle a la otra su
interpretación; que las diferencias de interpretación deben conciliarse
por la vía diplomática y que en el caso de no poderse llegar a un
acuerdo) por ese método, deben someterse a arbitraje según lo estable-
cido por la costumbre entre naciones independientes y soberanas." Mu-
chos siguen dudando, aunque distinguidos cubanos como el Dr. To-
rriente hayan dedicado la mayor parte de su labor brillante a exponer
la verdad de nuestra soberanía, aunque en Congresos internacionales y
Conferencias haya figurado Cuba "como una entidad igual a las otras
Potencias con quienes trataba."
El Dr. Torriente hace historia de la Enmienda Platt y relata las pe-
180 CUBA CONTEMPORÁNEA

ripecias ocurridas en la Convención Constituyente cubana, en 1901, con


relación a lo que hoy es Tratado Permanente de 1^ República de Cuba
y los Estados Unidos. Los Constituyentes recibieron con estupor el
texto de la Enmienda, y no se tranquilizaron hasta que una comisión
nombrada por ellos, de cubanos insospechables, se informó cumplida-
mente y volvió de >X''ashington con todos los temores disipados. El
Senador Torriente, que participó de la vida pública de aquellos años, co-
noce el desarrollo de todos sus acontecimientos y de los posteriores, y va
exponiendo hechos y opiniones con respecto a la manera de cumplir el
Tratado por las dos naciones firmantes. Por eso termina su discurso
con estas importantes palabras: "Cualquier mal hombre, cualquier mal
ciudadano, cualquier mal funcionario, pasará; pero la República es
permanente, siempre habrá de subsistir; y para que subsista y merezca
el respeto de las demás naciones, para que permanezca con vida inmu-
table y pueda siempre cooperar internacionalmente con los demás pue-
blos libres, para el logro del triunfo de la paz, del derechQ y de la jus-
ticia, es imperiosam.ente necesario que todos en Cuba, a una, defenda-

mos lo que es el fundamento de la propia vida: la intangibilidad de


nuestros derechos soberanos y del Tratado Permanente que los reconoció,
mientras... no lleguen tiempos mejores en que los Gobiernos de los
dos pueblos puedan, con la mayor franqueza y armonía, negociar un
Tratado de alianza que substituya al que hoy regula las relaciones
entre las dos naciones."

E, G. C.

La Habana, mayo, 1923.


NOTAS EDITORIALES

UN GRAN TRIUNFO: LA PROHIBICION DE LAS


CORRIDAS DE TOROS

En nuestro número anterior, al comentar la instancia —que en


él insertamos íntegramente — ,
dirigida por valiosos elementos, de
altarepresentación intelectual y social, al Alcalde Municipal de
La Habana, pidiéndole que no concediera, o que retirara si ya lo
había dado, el permiso solicitado por un conocido empresario para
celebrar varias corridas de toros en esta ciudad, hicimos constar
que abrigábamos la esperanza "de que nuestras Autoridades gu-
bernativas rectificarían la actitud de completa inercias en que hasta
entonces habían permanecido ante el anuncio de una flagrante
violación de la ley, dictando las disposiciones tendientes a exigir
su más estricta observancia." Y no nos equivocamos entonces, al

pensar así, misma fecha en que circulaba el úl-


puesto que en la
timo número de Cuba Contemporánea, firmó el Secretario de
Gobernación la siguiente resolución, digna de las mayores ala-
banzas, tanto por su parte dispositiva como por las consideraciones
de orden patriótico y moral que se tuvieron en cuenta al dictarla.

Dice así:

Por cuanto: En el día de ayer se personó en esta Secretaría una


comisión de damas, con objeto de suplicar que se hicieran cumplir los
preceptos legales vigentes que prohiben las corridas de toros y el mal-
trato a los animales, y al efecto, entregaron el escrito que consta unido
al expediente número 12.819, del Negociado de Orden Público.
Por cuanto: Es criterio de esta Secretaría que las pantomimas cono-
cidas por el nombre de Charlottadas, lidias de toros cómicas, o como
182 CUBA CONTEMPORÁNEA

quiera llamárseles, serían el primer paso para ir despertando en el pueblo


la latente y ya casi extinguida afición a las corridas de toros en la
forma usual en otros países; no habiendo una sola razón de necesidad,
utilidad o conveniencia, que se pueda alegar en pro de esas fiestas,
que no producen más que la perversión del ánimo y la decadencia del
buen gusto.
Por cuanto: En las corridas simuladas que vienen efectuándose en
el Parque Mundial, si bien no hay el derramamiento de sangre, dominan
sí el cansancio y la fatiga que constituyen el maltrato causado al
anim.al, debido a los capeos y demás suertes a que se le somete.
Por cuanto: Es maltrato a los animales lo que ocurre en las otras
fiestas de toros, consistentes en capeos, corridas incompletas, ence-
rronas y demás espectáculos taurinos.
Por cuanto: Es un hecho notorio que el solo anuncio de corridas de
toros, más o menos completas, ha conmovido la opinión pública al ex-
tremo de apasionar violentamente los ánimos, lo que hace suponer lógi-
camente que si llegaran a celebrarse, podrían provocar escándalos y
desórdenes.
Por cuanto: Aparte de otras razones de orden moral, existen las de
orden legal que se oponen a la autorización de esa clase de diversiones.
Por cuanto: La Orden Militar número 187, de 10 de octubre de
1899, prohibió en absoluto las corridas de toros en la Isla de Cuba, y
la 217 de 28 de mayo de 1900, castiga a los que maltrataran a los ani-
males, bien imponiéndoles un trabajo excesivo o tratándolos impropia-
mente.
Por cuanto: En
la referida Orden Militar número 217, no se hacen
distincionessobre clase de corridas de toros (ni si éstas son o no
completas), y no cabe hacer distingos en donde la Ley no los establece.
Por tanto, y haciendo uso de las facultades que me están concedidas.

Resuelvo:

Prohibir como perjudiciales a la moral y a las buenas costumbres,


por estar comprendidos en las Ordenes Militares número 187 y 217, de
10 de octubre de 1899 y 28 de mayo de 1900, respectivamente, y por
estimarlos perturbadores del orden los espectáculos conocidos por Char-
lottadas, que se celebran en la actualidad en el Parque Mundial, así
como todos aquellos que intenten efectuarse, consistentes en capeos, en-
cerronas u otras fiestas de toros similares.
Comuniqúese lo resuelto a los señores Gobernadores Provinciales
para que, a su vez, lo hagan a los respectivos Alcaldes Municipales y
publíquese en la Gaceta Oficial, para general conocimiento.
Habana, 1? de mayo de 1923.

Rafael Iturralde,
Secretario de Gobernación.
NOTAS EDITORIALES 183

La preinserta resolución, acogida por la opinión pública con


muy grandes y justificados elogios, sin más excepciones que las
constituidas por un cierto número de taurófilos, en su mayoría
extranjeros, puso fin, afortunadamente, a la situación creada en
nuestra capital desde la fecha en que el Alcalde y la Adminis-
tración Municipal de La Habana, faltando al cumplimiento de dis-

posiciones legales —cuyo texto, claro y terminante, no se presta


a dudas ni admite capciosas interpretaciones — , autorizaron la

construcción de una Plaza de toros, edificio hecho ad hoc para


celebrar espectáculos prohibidos en nuestro país desde hace vein-
titrés años, y dieron después el permiso para que pudieran efec-
tuarse fiestas taurinas en nuestra República, cobrando, indebida-
mente, en concepto de arbitrio m.unicipal, los derechos correspon-
dientes a tales espectáculos ilícitos, los cuales fueron anunciados
en forma ostensible, casi provocativa, por el alarde que se hizo
en cuanto al menosprecio de las disposiciones prohibitivas del
sangriento espectáculo cuyo recuerdo se halla indisolublemente uni-
do al de la última época de la dominación española, de triste re-

cordación para todos los cubanos que coadyuvaron conscientemente


al triunfo de la revolución emancipadora.
Cuba Contemporánea aplaude entusiásticamente al actual Se-
cretario de Gobernación por su resolución oportuna y firme, y
hace extensivos sus plácemes al Bando de Piedad, al Club Feme-
nino de Cuba, y a los diarios habaneros La Discusión, La Lucha,
La Noche y El Imparcial, que con nosotros coadyuvaron en el
propósito de impedir, por segunda vez en el transcurso de una
década, que en nuestra república resurja la tauromaquia, con to-
das sus malsanas consecuencias^ para la moral de los pueblos.

LA LIBERTAD DE IMPRENTA EN CUBA

Con motivo de una Circular dictada por el Secretario de Go-


bernación en los primeros días de mayo último, dirigida al Di-
rector de Comunicaciones, en la cual — interpretando erróneamente
ciertos preceptos del Código Postal—se autorizaba a Adminis- los
tradores de Correos para examinar y detener en su circulación
184 CUBA CONTEMPORÁNEA

las publicaciones que contuvieran figuras o conceptos ofensivos a


la moral, o que fueran injuriosos para las Autoridades y funcio-
narios públicos, tuvo lugar en la Redacción del diario La Prensüy
de esta ciudad, el día 7 del próximo pasado mes, una reunión,
convocada por el Dr. José I. Rivero en su doble carácter de Pre-
sidente de la Asociación de la Prensa de Cuba y de Director del
Diario de la Marina, en la cual estuvieron representados, por sus
Directores o principales redactores, además de los dos diarios antes
mencionados, La Discusión, La Lucha, El Mundo,
los periódicos
La Noche, El Triunfo, Heraldo de Cuba, Et Impar cial. Diario Es-
pañol, Avisador Comercial, El Comercio, The Havana Telegram,
Correo Español, Mercurio, La República Cubana, El Veterano,
Heraldo Comercial, La Caricatura, El Sufragista, La Política Có-
mica, El Hogar, El Fígaro, Bohemia, Social y Cuba Contempo-
ránea, habiéndose tomado en dicha reunión el acuerdo de que
todos los concurrentes a ella se entrevistaran el siguiente día con
el Secretario de Gobernación para pedirle la derogación de su
Circular, y de encomendar a una Comisión, integrada por los se-
ñores José I. Rivero, Orestes Ferrara, Carlos E. Garrido, Ricardo
de la Tórnente, Juan O'Nagthen y Bartolomé Sagaró, el encargo
de redactar "una exposici6n solicitando de la Cámara de Repre-
sentantes la aprobación de una ley que regule definitivamente las
faltas y los delitos cometidos por medio de la imprenta", estu-
diando al propio tiempo las bases sobre las cuales debe descansar
esa legislación especial.
La primera parte mencionado acuerdo fué cumplida, con
del
éxito inmediato, en la entrevista que celebraron el día 8 de mayo
último los Directores de casi todos los periódicos antes citados con
el Secretario de Gobernación, quien, dándose perfecta cuenta del

espíritu de justicia que inspiraba la protesta formulada contra las


medidas recomendadas en su referida Circular, ofreció derogarla
inmediatamente, como así lo hizo, a cambio de la declaración hecha
por todos los Directores de periódicos presentes, en cuanto a la
norma de conducta que habían de seguir sus respectivas publica-
ciones al tratar de los problemas que afectan al mantenimiento
intangible de la soberanía cubana; declaración cuyo alcance y
trascendencia pueden apreciarse por el texto de los dos primeros
párrafos de la nota, allí mismo redactada, para darle publicidad,
y en los cuales se hizo constar que
CUBA CONTEMPORÁNEA 185

los directores de los periódicos manifestaron que es su intención más


decidida, lo ha sido siempre, mantener intangibles los ideales de la
como
República y el amor a su independencia; que ellos quieren que los ór-
ganos de publicidad afiancen las instituciones, sin que aparezca que los
poderes públicos estén sometidos a la acción de autoridad extraña, por-
que una propaganda deletérea para Cuba podría debilitar el espíritu de
nacionalidad que por nuestros pocos años y continuos errores no tiene
aún el arraigo poderoso que las circunstancias reclaman; que la prensa
cubana en sus distintos matices ha tenido siempre alto el ideal de
nuestros mayores.
Los directores de periódicos añaden que estos ideales deben ser su
única guía, dejándose al libre juego de las ideas políticas la formación
de la conciencia popular.

Cuba Contemporánea —que estuvo representada en ambos


actos por su Director — , estima absolutamente necesario y ur-
gente el cumplimiento de la segunda parte del acuerdo tomado
en la reunión del día 7 de mayo, a fin de establecer garantías en
cuanto a la libre emisión del pensamiento, y, al propio tiempo,
fijar responsabilidades para los periodistas que incurran en delitos,
especialmente en los de difamación, injuria y calumnia, evitán-
dose que, al amparo de la inmunidad parlamentaria, puedan los

legisladores atacar impunemente por medio de la prensa a entidades


y personas respetables, privándolas del derecho, legítimo e inalie-
nable, de ejercitar ante los Tribunales de Justicia las acciones
que en todo país civilizado reservan las leyes a los que, injusti-
ficadamente, se ven atacados en su dignidad, o en su honra.

UN JUICIO DE VARONA SOBRE EL ESTADO ACTUAL DE


NUESTRA PRODUCCION LITERARIA

Por estimar que tiene gran valor la opinión del insigne Va-
rona sobre el estado actual del movimiento literario en nuestro
país, Cuba Contemporánea' se complace en dar a conocer en sus
páginas el siguiente interesante documento:

Señor Secretario de la Sociedad de las Naciones. •

Ginebra.
Señor Secretario:
He recibido, con gran aprecio, la carta de lo de mayo de M. O.
Halecki, Secretario de la Comisión de Cooperación Intelectual, quien
186 CUBA CONTEMPORÁNEA

me trasmite la circular del Sr. Presidente de esa Comisión, M. Henri


Bergson, solicitando informes sobre las condiciones de la producción
literaria en mi país; y me pide que dirija mi respuesta a la Secretaría
de la Sociedad.
Muy me sería satisfacer cumplidamente esos deseos, pues
grato
bien se me
alcanza la importancia, para los hombres de ciencia y de
letras del mundo, de estar recíprocamente al tanto de la actividad
mental en las diversas naciones. Pero mi avanzada edad me impide
emprender esa tarea con la amplitud que demanda para resultar eficaz.
Quiero, no obstante, corresponder de algún modo a petición tan hon-
rosa; y a este fin incluyo aquí mis observaciones sobre algunos puntos
interesantes del cuestionario de la Comisión.
Mis respuestas siguen el orden numérico de las preguntas.
1. El punto de vista personal influye demasiado en la apreciación
de las m.odificaciones que se verifican en torno nuestro; y esto lo mismo
en el campo intelectual que en cualquier otro. Lo que voy a decir, por
tanto, responde a mi manera de ver. A mi juicio, Cuba, desde co-
mienzos del siglo anterior, y tenida cuenta de su población y de los
elementos que la han compuesto, ha sido un país de gran actividad
literaria. Pero ésta se ha intensificado en lo que va de siglo y ha ad-
quirido mayor variedad, a medida que las libertades públicas se han
arraigado, y el pueblo cubano se ha ido haciendo a este cambio de
condición, tan favorable al desarrollo mental.
Desde luego no sería posible encontrar entre nosotros las divisiones
y subdivisiones de escuelas, grupos, cenáculos, que se advierten en las
grandes naciones de nuestros días; ni se manifiesta la producción con
la misma intensidad en todos los campos de la actividad literaria. La
razón me parece obvia. La poesía, la novela, la obra impresa en ge-
neral, se contentan con núcleos de población menos densos que el
teatro, necesitado de un público numeroso que se renueve con faci-
lidad. Así la labor de los líricos y novelistas cubanos es copiosa y de
gran mérito; pero nuestro teatro, a pesar del talento de muchos de sus
cultivadores, y del esfuerzo loable de un grupo de patrocinadores ilus-
trados, no tiene verdadera vida en las tablas. Sus piezas pasan por la
escena, y van a refugiarse en el libro. No le descubro otro remedio
que el que ha de traer consigo el aumento de población. Puede notarse
como la República Argentina, cada vez más poblada, empieza a tener
un teatro propio; y se observa que autores notables nacidos en Uruguay
han cruzado el gran río para realizar su obra- en Buenos Aires.
Difícil, muy difícil juzgo determinar la verdadera originalidad de
nuestra producción. Están hoy en demasiado contacto los pueblos del
grupo de civilización occidental, para que el influjo de las obras que se
popularizan no se haga sentir en todas direcciones. Una muy notable
poetisa cubana de nuestros días ha llamado la colección de sus versos
Unanimismo, y probablemente no conoce, o conoce sólo de oídas, la
NOTAS EDITORIALES 187

obra de Jules Romains y sus adeptos. Pero me parece que la novela


y el cuento (nouvelle) florecen hoy en Cuba con frescura y pujante
savia. Tratan, y muchas veces lo consiguen, de nutrirse de los ricos
elementos de su ambiente social; lo cuai no significa, desde luego, que
se diferencien en su aspecto formal de las producciones similares ex-
tranjeras. Y este fenómeno se advierte asimismo, en el propio género
literario,en otras muchas naciones hispanoamericanas.
Aunque la oratoria no sea un género exclusivamente literario, el
mérito singular de algunos de nuestros oradores demanda mención es-
pecial en este lugar. Recientemente se han publicado colecciones de dis-
cursos y conferencias que pueden hombrearse con lo mejor de lo pro-
ducido en nuestra lengua, tan rica en obras de esta clase, y que ofrece
para ellas un instrumento tan apto.
2. Nuestro público no se ha especializado todavía bastante, para
que los asuntos de orden literario tengan su radio de acción propio, es
decir lectores idóneos en número apreciable; y la masa general se
muestra indiferente hacia ellos. Carecemos de esta condición primor-
dial para la actividad persistente de, los autores; así es que la prensa
no profesional sólo de algún tiempo a esta parte presta alguna atención
a las obras de bella literatura, y por punto general prefiere las extran-
jeras. El gobierno, en su rama legislativa, no se ha ocupado en la pu-
blicación de alguna obra notable sino de un modo intermitente; y las
academias practican todavía el método anticuado y rara vez fructuoso de
los certámenes, para estimular las labores literarias.
El resultado comercial de éstas es todavía casi nulo para los au-
tores; el editor procura llevarse la mayor parte de las utilidades. Ex-
plota su negocio, con indiferencia absoluta por su aspecto de servicio
social.
3. Habiéndome ceñido en mis respuestas a la profesión literaria,
he de hacer notar que a ella acuden espontáneaniente aquí, como casi
en todas partes, los que tienen capacidad o se juzgan con ella. Entre
nosotros no se consideran las letras como oficio lucrativo; y son muy
contados los que sacan de ellas algún provecho material.
Lo que llamala encuesta preparación técnica sólo se dispensa de un
modo sistemático en las escuelas normales, los institutos y la univer-
sidad. Las librerías se han multiplicado, aunque subordinadas a un fin
comercial; y nuestras pocas bibliotecas públicas están organizadas de
tal suerte que resultan casi inaccesibles para el lector que las necesita
verdaderamente. Sólo la biblioteca municipal, que es reciente y todavía
muy modesta, se abre de noche.
4.Cuba cuenta con varias asociaciones importantes de orden cien-
tífico,y en el orden literario con una Academia Nacional de Artes y
Letras, que trabaja con empeño y con éxito. Está subvencionada, aun-
que no con largueza, por el gobierno.
Entre nuestras revistas, que son muchas, pero muy especializadas,
188 CUBA CONTEMPORÁNEA

prestan no pequeña atención a las materias de letras, Cuba Contempo-


ránea, la Revista de la Facultad de Letras y Ciencias de la Universidad,
Social y Smart. Los semanarios, como El' Fígaro, Bohemia y otros, de-
dican buena parte de su contenido a la bella literatura; pero se van
apartando de esa tradicional dedicación, arrastrados por las necesidades
de una vida social más compleja. Revistas únicamente literarias sólo
se encuentran en algunas ciudades importantes de provincia, como Pinar
del Río y Manzanillo.
En lo concerniente a establecimientos de enseñanza sufrimos en
Cuba una lamentable regresión. Por atavismo y por snobismo, hemos
dado la espalda a los principios sustentados a este respecto por la
revolución emancipadora; y hemos entregado la educación e instruc-
ción de los mancebos y de las niñas de la clase más o menos acomo-
dada a corporaciones religiosas, todas extranjeras, que van desnacio-
nalizando su alma, y la hacen vivir en la atmósfera espiritual de lo
pasado.
5. La influencia literaria deEspaña y Francia sigue siendo predo-
minante. La de Inglaterra,que se hizo sentir en otro tiempo, ha de-
clinado; y la de los Estados Unidos, a pesar de que se ha aumentado
y depurado su producción, es nula.
7. Las relaciones de nuestros literatos con los de fuera del país
son, cuando existen, de carácter individual. Hoy se despierta el senti-
miento de la conveniencia de regularizarlas y organizarías; y se pre-
tende por literatos hispanoamericanos celebrar un congreso en La Ha-
bana o México, donde se reúnan hombres representativos de cada na-
ción de este grupo, para poner los fundamentos de una gran unión
literaria.
9. Problema muy arduo es el de la recíproca influencia de la moral
pública sobre las letras y el de éstas sobre aquélla. La novela cubana
se ha encaminado de preferencia a poner de relieve nuestro estado so-
cial,más que al estudio meramente psicológico de los caracteres; pero
no he podido notar, ni antes, ni ahora, resultado alguno apreciable
de su acción en nuestras costumbres. Quizás se deba a que es todavía
poca la permeabilidad de nuestro medio, para la difusión de ideas pre-
sentadas sólo en forma artística.
Enrique José Varona.
La Habana, 21 de mayo, 1923.

Cuba Contemporánea da expresivas gracias a su ilustre co-


laborador el Dr. Enrique José Varona por la oportunidad que le
ha brindado de dar a sus lectores la primicias, en Cuba, de la
preinserta comunicación.
NOTAS EDITORIALES 189

EL HOMENAJE AL DR. COSME DE LA TORRIENTE

Em la noche del 21 del próximo pasado mes tuvo lugar en el


Teatro Nacional, el homenaje, consistente en un banquete al que

asistieron muy cerca de quinientos comensales, que tributaron los


más valiosos elementos de nuestra sociedad, al Dr. Cosme de la
Tórnente por su brillante actuación como Presidente de la Dele-
gación Cubana en la última Asamblea de la Liga de las Naciones
y por sus constantes esfuerzos tendientes al mantenimiento y de-
fensa de la soberanía de Cuba, sintetizados en el magnífico es-
tudio hecho por él acerca de las relaciones políticas existentes en-
tre nuestro país y la gran República norteamericana, y que fué
leído por su autor, el día 23 de abril último, en la sesión so-
lemne de apertura de la sexta reunión de la Sociedad Cubana
de Derecho Internacional.
El Dr. Cosme de la Torriente, que ha sido Representante a
la Asamblea de Yara (1897), Magistrado de la Audiencia de Ma-
tanzas (1902), Ministro Plenipotenciario de Cuba en Madrid
(1903), Secretario de Estado de República (1913), Jefe del
la

Partido Conservador (1914), Senador (1917) y Presidente de la


Comisión de Desarme de la Liga de las Naciones (1922), ha
prestado un nuevo servicio a nuestra patria al sef objeto de este
merecido homenaje, puesto que él, como acertadamente dijo el

propio Dr. Torriente, ha sido "un gran acto de solidaridad y con-


fraternidad cubana, de afirmación de nuestra personalidad inter-
nacional, de pública demostración de que cada vez son más fuer-
tesy firmes los cimientos en que se asienta la República de
Cuba como nación libre, independiente y soberana, ya que esos
cimientos no son otros que el inmenso amor y orgullo que por su
patria sienten todos los cubanos de la hora presente y que no
ceden en intensidad al que sintieron los centenares de miles de
cubanos que en el curso del siglo pasado todo lo sacrificaron por
hacer a esta patria libre,"
Cuba Contemporánea se complace al consignar en sus pá-
ginas la alta significación del acto celebrado en honor del Dr. Cosme
de la Torriente, y felicita a éste por el homenaje recibido.

190 CUBA CONTEMPORÁNEA

RAIMUNDO CABRERA

El día 21 de mayo último, a la avanzada edad de 71 años


había nacido en La Habana el 9 de marzo de 1852 —
falleció en ,

esta ciudad el Ldo. Raimundo Cabrera y Bosch, publicista y es-


critor de justo renombre y extraordinaria popularidad.
Fué Diputado Provincial por La Habana y Director fundador
del periódico La Unión, de Güines (1878-1885); de la revista
Cuba y América, en Nueva York (1896), y del bisemanario El
Tiempo, de esta ciudad. Ocupó, hasta el día de su fallecimiento,
la Presidencia de la Sociedad Económica de Amigos del País,
de La Habana, y también la de la Junta de Inspectores de la
Universidad Nacional. Entre sus producciones literarias se cuen-
tan las obras tituladas Don José de la Luz y Caballero. Su sepulcro
(1887); Cuba y sus jueces (1887), traducida al inglés (1896);
Del parque a la luna, zarzuela (1888) Intrigas de un Secretario,
;

zarzuela (1889) Los Estados Unidos (1889) Mis buenos^ tiempos


; ;

(1892); Cartas a Govín. Impresiones de viaje (1892); Cartas a


Covín. Impresiones de viaje, segunda serie (1893); Mi vida en
la manigua (1898); Cuentos míos (1898); Cartas a Estévez. Im-
presiones de viaje (1906); juveniles. Ensayos de rimas (1907);
Borrador de, viaje; Medio siglo, cuentos y novelas; La Casa de
Beneficencia y la Sociedad Económica; Los partidos coloniales;
Sombras que pasan. Ideales,' y Sombras eternas, novelas de carác-
ter político; Mis malos tiempos, y Sacando hilas, habiendo alcan-
zado algunas de estas obras hasta diez ediciones.
Cuba Contemporánea lamenta la desaparición del notable
escritor y periodista cuyos trabajos contribuyeron a reafirmar la
personalidad cubana, a vindicar los derechos de nuestra patria, a
alcanzar su libertad e independencia y a justificar sus anhelos de
emancipación, durante la época colonial.
NOTICIAS

Le Fígaro de París, se dirigió a los- hombres de letras de Francia


preguntándoles cuál era, según su modo de apreciar, la frase más
bella de Renán (excepción hecha de la Friere sur VAcropole, por ser
muy conocida). Muchos contestaron citando hermosas frases del gran
estilista, pero lo curioso ha sido que entre las escogidas, ninguno ha
citado la misma.
Esto parece haber dado la razón a Henri de Régnier, quien, al
excusarse de contestar dijo:
"Hay en cualquier página de Renán una perfección tan igual, tan
unida, que la frase que prefiero es siempre la última que acabo de
leer."
*
M. Nicolás Ségur publicará un libro titulado M. Renán devant
l'amour.
M. P. Martino anuncia su obra sobre el Naturalismo francés
(1870-1895).
Andrés Gide ha recogido en un volumen sus conferencias sobre
Dostoiewsky.
*
M. Emile Henriot, distinguido hombre de letras francés, anuncia el
hallazgo de una interesante página inédita de Baudelaire, escrita en
la falsa portada de uno de los ejemplares de la edición original de
los Paraísos perdidos, que perteneció al autor de Flores del mal.
Esta página, que es un documento muy interesante para la biblio-
grafía baudeleriana, fué escrita el año 1864, en Bruselas, a guisa de
exordio, para la conferencia en que debía tratar sobre la obra Paradis
artificiéis, acto que fué suspendido por dificultades económicas del
Círculo literario belga, que contrató al poeta para una serie de cinco
conferencias sobre diversos temas.
*

En el mes de febrero último se estrenó, en el teatro Avenida, de


Buenos Aires, con gran éxito, una bella revista titulada América. Entre
los distintos cuadros hay uno que se relaciona con la vida cubana. Los
autores son los señores León A. Alberti y Manuel Hernández, en cola-
boración con el músico señor Jesús Ventura.
192 CUBA CONTEMPORÁNEA

El Sr. Felipe Lenard, miembro de la Academia de Ciencias de


Suecia y uno de los titulares del premio Nobel, se ha opuesto abierta-
mente a la reciente concesión de uno de los premios al sabio alemán
Einstein.
*

El famoso escultor catalán Benlliure ha modelado una magnífica


estatua ecuestre de la Reina Victoria, de España, quien aparece vis-
tiendo el uniforme de Coronel.
Un crítico define la obra diciendo que la figura aparece llena de
"gallardía, arrogancia, distinción, espiritualidad..."
*

La GarQonne, comentadísima novela de M.


Víctor Margueritte, que
provocó su expulsión de la Legión Honor, y que ha sido uno de los
mayores éxitos de librería que se recuerdan en Francia, por haber
alcanzado la obra una tirada de más de 200,000 ejemplares, ha sido
dramatizada.
*

El de marzo último se hizo cargo de la Presidencia de la Re-


19

pública del Uruguay, el Sr. José Serrato, distinguido ingeniero que ob-
tuvo los sufragios de todas las facciones del Partido Colorado.
El sucesor del Dr. Baltasar Brum nació en Montevideo en 1868; ha
sido agrimensor y se graduó de ingeniero en 1892; fué profesor de
matemáticas en la Universidad de Montevideo, miembro del Concejo
Municipal de la propia ciudad, Ministro de Obras Públicas, del Interior,
de Instrucción Pública, de Industria y de Hacienda. Al ser electo
Presidente de la República, ocupaba el cargo de Presidente del Banco
Hipotecario del Uruguay. En 1898 fué electo congresista, y en 1902
publicó su comentado libro Problemas económicos.
El período presidencial del Sr. Serrato termina en 28 de febrero de
1927.
*

El célebre pensador Max


Nordau, muerto en Madrid recientemente,
a la edad de 74 años, había nacido en Pesth (Hungría).
Se graduó de médico en 1872, pero ejerció su profesión durante
pocos años.
Publicó, entre otros, los siguientes libros: Del verdadero país de
los billones; Estudios y cuadros parisienses; Del Kremlim a la Al-
hambra; Burbujas de jabón; París en la tercera República; Las men-
tiras convencionales de nuestra civilización; Paradojas; Los nuevos
periodistas ; Maha Kag, El doctor Kohn (novela) Morganática; y De-
;

generación. Publicó, además, gran número de artículos de crítica.

J. V.

IMP. DE LA SOCIEDAD EDITORIAL CUBA CONTEMPORANEA


AÑO XI

Tomo XXXII. La Habana, julio 1923. Núm. I2T.

CON EL ESLABON
Duodécimo apéndice

ELICIOSA condición humana. Las pasiones nos trans-


portan y ciegan de tal modo, que las hay capaces de
precipitarnos a la ruina, con tal de sepultar en la misma
fosa a nuestros enemigos.

Los teólogos muerden a los metafísicos. Pero la teología y


la metafísica son dos mellizas, acostadas en la misma cuna y cu-
biertas con los mismos pañales.

No basta saber decir, se necesita tener algo que decir.

Dicen que los areopagitas juzgaban y sentenciaban de noche.


¡Grandes simbolistas, los atenienses! En plena oscuridad siguen
sus sucesores, dando tajos y reveses con el herrumbroso espadón
de la justicia.

En mala hora inventó el hombre las matemáticas. El manejo


de esta artificiosa máquina, que monta y desmonta a voluntad, le
194 CUBA CONTEMPORÁNEA

ha hecho dar en la ilusión de que el mundo y la sociedad son


también artefactos plegadizos a sus deseos. Recias descalabra-
duras recibe, y nada le enseñan los golpes. Protesta, y hasta
aprieta los puños, pero no escarmienta.

De los escarmentados nacen los avisados. Falso. El escar-


miento es estéril.

Para que nuestra inteligencia lo vaya pasando tal cual, no hay


sinoun precepto válido: no sutilizar. Vivimos grosso-modo; pen-
semos grosso-modo.

La invención de los santos se ajusta como un guante a nuestra


deliciosa vanidad. Un dios es poco para cuidar \de nuestros
catarros; necesitamos circa unum caput tumultuantes déos.

También hay flujo y reflujo en el mar de las letras. Rubén


Darío ha influido sobre la lírica contemporánea de España, y Walt
Whitman sobre los poetas sociales de Francia y Bélgica.

Lo que caracteriza principalmente la inteligencia humana es


la incomprensión. Todo lo insólito, como la revolución rusa, nos
entontece y nos hace disparatar. El guirigay de la torre de Babel
en su apogeo.

¿No hemos de beber el vino sin encabezarlo? ¿Nos eleva


el sublime Leopardi? Bah! misántropo. ¿Nos suspende el su-
tilísimo Nietzsche? ¡Psh! demente. El proteico Víctor Hugo,
cicatero. El clarividente Moliere, . . . maridazo.

*
CON EL ESLABÓN 195

Las bibliotecas son los cementerios de los libros; y los biblió-


manos, los sepultureros.

¡Quemar un libro! Bobería. Al libro en la hoguera le nacen


alas, como al fénix. ¿Quieres acabar con él? Déjalo en el
montón.

Llamamos a la vejez, invierno de la vida. Triste símbolo, ¡y


tan verdadero! Porque se nos va retirando, como en noche polar,
el caliente sol de la simpatía.

Teocracia, aristocracia, mesocracia, democracia, canallocracia,

y todas las cracias que se inventen, no son sino bordones que


repican nuestra radical incapacidad de gobernar, de gobernarnos
y de ser gobernados.

¡Ecuanimidad! ¿Cómo puede mantenerse en equilibrio el alma,


veleta rechinante montada sobre el eje de la pasión, y azotada
por todos los vientos del espíritu?

Mucho se elogia la sutileza y flexibilidad de algunos religiosos


para insinuarse en las buenas gracias de su cliente. Esta habilidosa
captación no tiene siempre su puestecito en el código penal.

¿Texto para una plática? De donde quiera se saca un texto.


De San Pablo, de Papiniano, del Bertoldo, de los cuentos orien-
tales.

A propósito. Antes decíamos "Las mil y una noches". Parece


que debemos decir "Las mil noches y una". Aquí de los arabi-
196 CUBA CONTEMPORÁNEA

zantes. Ya tienen tela cortada para decidir entre una y otra lec-
ción. Por mi parte me decido por los cuentos.

Pronto entramos en el fecundo período de las promesas electo-


rales. ¡Como almíbar, las de China! ¡Como almíííbar!

Triste. Triste. ¡Cuántas veces hubiera querido que estas chis-


pas fueran rayo que alumbrara las conciencias, que inflamara los
corazones! Y una voz secreta me ha canturriado en son de fisga:
je ne suis plus que littér ature.

La perversidad humana, sutilísima en buscarse disfraces. Cómo


hace cabriolas con Quien inventó la frasecita "el
las palabras.
fin justifica los medios", extendía un pasaporte universal a todos
los facinerosos hipócritas.

Los médicos de antaño tenían miedo al exceso de salud. ¡Gran-


des sabios y grandes precavidos! Sabían los grados de salud que
nos convienen, y a fuerza de purgas y sangrías nos dejaban en
su punto. En el punto de ellos, se entiende.

¿No ha habido por ahí grandes estadistas, émulos del doctor


Sangredo ?
*

Tengo mis días de irreverencia, en que me da por comparar la


Enmienda Platt con la famosa carabina de Ambrosio. ¿Qué En-
mienda han esgrimido los de arriba para tratar soldadescamente a
Santo Domingo, Haití y nuestras otras hermanas mártires? No
es la Enmienda; es el dollar y es el puño.

i
Cuántos siglos hace que el buen Cartesio quiso conjurar a los
pedantes, lanzándolos de las aulas de la filosofía! Logró desterrar
CON EL ESLABÓN 197

la jerga latina; pero no contó con la jerga kantiana, ni con la


hegeliana y sus renuevos infinitos.

¿Qué es lo presente? Una luz mortecina entre dos oscuri-


dades insondables.

Para entender, hay que simpatizar.

— Hablamos el mismo lenguaje, y no me entiendes.


—Hablamos el mismo idioma, no el mismo lenguaje.

Montaigne, tratando de las reglas del duelo, se indigna porque


en ellas el puntillo se sobreponga a la razón. No advierte que
esta facultad razonante es un ente de razón. Según dicen, todos
la tenemos, y, en realidad, nadie la tiene.

Él (besándole la mano con efusión). — ¡Dulcísima!


Ella (tranquilamente). —Es tu boca.

Hay quien escribe con hiél; hay quien escribe con miel. Y
el original del cuadro es uno mismo. No olvidemos además que
cada cual ve con sus ojos, miopes por la mañana, por la tarde
présbitas.
*

¡Qué fácil nos es creer, y qué difícil discernir! ¡Y osamos lla-


marnos críticos! La afición o la aversión nos cargan los dados, y
pretendemos jugar limpio.
*

En el fondo todos somos más o menos urraca. Deshacerme de


un libro me cuesta sudor de sangre. Aunque el Jibro valga menos
que un peine desdentado o una cajita de fósforos vacía.
'

CUBA CONTEMPORÁNEA

Nuestras condiciones sociológicas nos han jugado una bien


mala pasada. Cincuenta años nos estuvimos desangrando por salir

del infierno colonial; y hoy nos encontramos con que somos, en


lo material, colonia de los Estados Unidos, y, en lo moral, colonia
de España.

— El hombre ha sido un monstruo, desde luego. Ha jugado


con la vida de sus semejantes, como el chicuelo con sus soldados
de plomo.
—Ha sido. ¿Y es?
— Pues para contestar necesita cada cual mirarse a sí m.ismo,
insinúo modestamente que nos hemos enmendado mucho.

No la sociedad no se compone de monstruos y de santos, como


;

en mundo heroico y quimérico de Corneille. Por suerte somos


el

gente mediocre, que lo hacemos generalmente muy mal, pero sin


encaramarnos en zancos.

El gran silencio del amanecer, en la calle solitaria, fué turbado


por la gran voz lamentable de un auto. ¿Lamentable? ¡A cuántos
parecerá regocijada! Nuestra melancolía lo pone todo melancó-

lico. Sí; como nuestra alegría todo alegre.

Como no he la bolsa ajena, y no


aprendido a ser liberal con
abulta mucho que cercenar mis gustos y mis gastos.
la propia, tengo
Llamo a esto parsimonia; y mezquindad lo llaman mis amigos.

¿Por qué las memorias de grandes personajes, al contarnos lo


que pasaba entre bastidores en los palacios, saben tanto a chis-
moteo de casa de vecindad? Porque las mismas pasioncillas pal-
pitan bajo la batista y bajo la estameña.

*
CON EL ESLABÓN 199

—¿Tan poco seguro estás de la eficacia de tus preceptos, mo-


ralista que necesitas apoyarlos en supersticiones idén-
católico,
ticas a las que combates en los de fuera de tu gremio?
— Confío en mis preceptos; pero desconfío de la naturaleza
humana.
—^¿Y modificas la naturaleza, porque edulcoras con falsedades
lo que tienes por verdades?

Hb leído que los babilonios sacaban a la plaza sus enfermos,


y los transeúntes les propinaban piadosamente sus remedios. Pues
seguimos en Babilonia. No sacamos los pacientes a la calle; pero
todo el que llega a casa se entra hasta la cama, y les receta.

Un espíritu muy perspicaz, Gobineau, decía que cuanto se


aprende no es sino una puerta que se abre sobre la inmensidad.
¿Y los que sólo podemos abrir una rendija? Aunque, después
de todo, ventana o grieta, ante la oscuridad impenetrable de ese
abismo infinito, ¿qué más da?

¡Cuánta tinta se ha gastado inútilmente, para tratar de pro-


barnos que no hay nada inútil!

Con juegos malabares de palabras quiere Bergson significar


tanto, que acaba por escamotear la significación del mundo, acce-
sible a nuestra inteligencia.

El rapsoda homérico califica reiteradamente a Aquiles de ligero


de pies, podas okys. Este epíteto me abre dilatadas perspectivas
sobre su concepto del honor militar. El prototipo del guerrero
debía correr como un gamo.

Giacomo Leopardi maldice la vida, y se anega voluptuosamente


200 CUBA CONTEMPORÁNEA

en la naturaleza; Anthero de Quental abomina con idéntica rabia


la vida cruel y la naturaleza impasible.

No creo en los remedios de los socialistas; pero veo y toco es-


pantado los males profundos de que se quejan con razón y justicia..
Si no se les pone remedio, acabarán con burgueses y socialistas.


No habla el miedo ¿qué puede temer quien ha soportado tanto
la vida? —, habla la previsión.

El novelista, el comediógrafo, el narrador deben buscar la ve-


rosimilitud. Regla de oro. Quitémonos el sombrero. Sólo que la
verosimilitud cambia de pueblo a pueblo, de época a época, y hasta
de ti a mí, querido amigo.

Enrique José Varona.


La Habana, 1923.
LA HABANA EN EL SIGLO XVI'*'

( Concluye.)

IX

Composición social. Los indígenas. Los esclavos: sus fiestas y


COSTUMBRES. La VIDA DEL ELEMENTO BLANCO.

N La Habana de aquella época existían tres distintos


elementos de población: los indígenas, los blancos y
los negros.
El elemento indígena, aniquilado por la civiliza-

ción a pesar de que desde los tiempos de Gonzalo Pérez de Angulo


gozaba casi por completo de libertad, y de que el Cabildo haba-
nero se ocupó en diversas ocasiones de su bienestar y adelanto,
disponiendo por el año de 1570, que se recogieran en el pueblo
de Guanabacoa, antes llamado Tarraco, a todos los indios que
existían dispersos por nuestra provincia, nombrándoseles un pro-
tector,que fué Fernán Manrique de Rojas; no obstante esto, y los
pocos trabajos y la vida fácil que llevaban los de La Habana, a
fines del siglo XVI existía un número muy pequeño de siboneyes
en nuestra ciudad, ocupados en su mayor parte en las labores del
campo, en las que eran superiores a los blancos y aun a los mismos
negros. De modo que la influencia de los indígenas, no determinó
aspectos especiales en los caracteres primarios de aquella sociedad.
La raza blanca entró en Cuba representada por los conquista-
dores españoles, y fué aumentando progresivamente por las inmi-
graciones sucesivas, que trajeron a estas tierras las virtudes y los
vicios, las grandezas y los desaciertos del carácter español.

(*) Véase el número 126 (junio, 1923) de Cuba Contemporánea.


202 CUBA CONTEMPORÁNEA

La orden de la Reina Católica, permitiendo únicamente el paso


a estas Indias a los castellanos y el hecho de que durante todo el
siglo XVI de Ultramar partiesen de los puertos anda-
las flotas

luces, explican elporqué estos dos pueblos, los más audaces y tí-
picos de toda España, fuesen los únicos que pasasen a nuestra isla.
Ansiosos de riquezas, amantes de las empresas extraordinarias
y nacidos en un país de una tradición heroica de más de seis siglos,
donde habían luchado denodadamente contra los árabes, en defensa
de su integridad territorial con ese fanatismo religioso tan inexpli-
cable en el español, y con ese desenfado y' arrogancia que les son
característicos, pasaron a estas tierras irnpulsados por las aspira-
ciones y los deseos dó su corazón endurecido por las guerras de la
reconquista y los sangrientos autos de fe.

Por eso se comprende la anarquía e indisciplina de los primeros


años de la conquista española; las luchas de los Ayuntamientos
con los gobernadores; las inmoralidades, riñas y homicidios, que
caracterizaron durante todo el siglo XVI a las poblaciones cu-
banas; y esos odios y rencillas, muchas veces ridículos, que sinte-
tizan la historia deLa Habana en aquella época. Así vemos en
una carta que el Gobernador de Cuba, Pedro Valdés, dirigió al
Rey en el año de 1604, que la causa de que Juan de Villaverde,
Alcaide de la fortaleza del Morro, fuese enviado preso a España,
como un criminal, debióse únicamente a que se atrevió a usar en
la iglesia un cojín de terciopelo igual al del Gobernador, y un

bastón; de modo — dice Valdés —que no había diferencia de uno


al otro... (21)
Por eso las leyes de Indias, conociendo las condiciones de exis-
tencia en las Colonias, en las que la lejana Merópoli no constituía
una limitación efectiva para la autoridad excesiva de los Goberna-
dores, prohibieron que los Capitanes Generales y demás oficiales
del Rey contrajesen matrimonio en el lugar donde ejercían su ju-
risdicción, sin especial parmiso del Monarca.
La raza negra también era un factor importante en aquella
época. Introducida en Cuba casi al mismo tiempo que la raza
blanca, y siendo desde los primeros tiempos una de las riquezas
principales de la Isla, de tal manera que desde 1532 los Concejos

(21) Pezuela, obra citada, tomo 1, pág. 377.


LA HABANA EN EL SIGLO XVI 203

y las Juntas de Procuradores afirman que lo que más necesitaba la


colonia eran negros, siendo necesario que cada vecino tuviese a lo
menos cuatro esclavos de ambos sexos, se explica fácilmente esa
influencia en la sociedad cubana del siglo XVI.
El desarrollo de la producción azucarera aumentó la entrada de
los esclavos en Cuba, y puede afirmarse que a fines del siglo XVI
ya estaba organizada en la Isla la esclavitud con todas sus con-
secuencias lamentables, que fueron haciéndose más evidentes con el
transcurso del tiempo.
Cazado como animal en las selvas africanas, y conducido a
nuestra isla en la bodega de los barcos negreros, por lo general el

negro, antes dd soportar la dura' vida de la esclavitud, se suicidaba


o apelaba a la fuga convirtiéndose en cimarrón, y ya por el año
de 1597 el Gobernador Don Juan Maldonado Barnuevo tuvo que
organizar las primeras partidas de rancheadores, con el fin de per-
seguir a los esclavos prófugos.
Lo más notable de la vida del esclavo eran sus bailes y sus
fiestas, verdaderamente típicos. El baile era una necesidad para
el esclavo negro, y sus días más alegres eran cuando el amo le

concedía permiso para tocar tambor al estilo africano. Las casas


del ingenio se adornaban entonces con telas y banderines, y los
esclavos se colgaban al cuello abalorios y brujerías de vidrio, que
al irizar en la luz solar producían arcos multicolores. Desde el
amanecer las tumbas atronaban el espacio con su sonido sordo y
profundo, haciendo saltar de alegría el corazón de los esclavos. El
baile iba a empezar; la música sensual y desconcertante, unida a
las voces roncas de los negros, así lo indicaban.
A una señal del director, que de antemano había repartido los
papeles de la danza, una negra joven, bella y ardiente avanza con
pasos sensuales, como embriagada por el canto monótono y lento
y los sones lujuriantes de la orquesta; va sencillamente vestida:
un ligero paño multicolor cae sobre su cuerpo dibujando sus formas
firmes, robustas y atrevidas de Venus negra; avanza altiva susci-
tando envidia y, mueve su cuerpo con espasmos
despertando deseos,
epilépticos, haciendo saltar sus pechos como frutas agitadas por la
brisa; un estremecimiento recorre todo su sér y queda quieta como
desafiando a la música que ha callado repentinamente sus sones.
Pero la tumba no ha terminado : un esclavo ya de alguna edad
204 CUBA CONTEMPORÁNEA

y famoso como bailador, moviendo acompasadamente el cuerpo co-


mienza a avanzar hacia animado por la música que ya
la doncella,

galopa; llega hasta ella y pretende abrazarla, pero la joven, des-


pertando súbitamente, echa a correr moviendo todo el cuerpo con
lujuria y abriendo los brazos con coquetería, y la persecución pro-
sigue hasta que el bailador, sin perder el compás, se adhiere como
un parásito al cuerpo sudoroso de la negra; entonces todos bailan,
cantarí y tocan sus instrumentos rápidamente, ponen su alma libre
en el baile que resulta un símbolo pintoresco, y danzan hasta que
el sol, ocultándose en el poniente, recoge la última nota, melancó-
lica y sensual, de la tumba africana.
El Día de Reyes era el de la fiesta máá, importante de los es-
clavos, y su origen, al decir de Bachiller y Morales, se remonta
hasta casi los primeros años dd nuestra existencia histórica, por la
invitación de los negros a las fiestas de los soldados en dicho día,
pidiendo aguinaldo con gritos y tambores. También los velorios,
con su acostumbrado lechón asado en la época más antigua, y sus
galleticas y queso en la actualidad; y las comparsas del carnaval,
que no eran sino nuevos aspectos de las fiestas y saturnales afri-
canas, se deben, a nuestro modo de ver, a aquellos esclavos que,
desde loa primeros años del siglo XVI, trasladaron a nuestra tierra
sus costumbres fetichistas y los hábitos, muchas veces sangrientos
y criminales, de la brujería y el ñañiguismo (22).
La vida del elemento blanco, aunque no era tan miserable
como la del esclavo, teiía también escasos momentos de diversión;
las luchas de los Gobernadores con los Cabildos; las excomuniones
que el Obispo había lanzado contra ambas autoridades; la llegada
de las flotas de Ultramar; los nacimientos, bodas y defunciones,

eran los acontecimientos más importantes de aquella época. Des-


pués de cerrada la noche, nos dice Hernando de Parra, nadie se
atrevía a salir a la calle, a no ser acompañado de amigos y criados
que portasen armas y linternas, por temor de caer en una furnia,
o para, repeler e! ataque de los perros jíbaros y aun de los negros
cimarrones, que a menudo bajaban del monte en busca de recursos.
A fines del siglo XVI la ciudad carecía de casi todo; existía un
sastre de regular tijera, que vivía cerca de la calle de la Amargura,

(22) Fernando Ortiz, Los Negros Esclavos.


.

LA HABANA EN EL SIGLO XVI 206

llamado el Maestro Talayera, el cual cobraba más de 20 doblones


por una ropilla; y las dos únicas boticas del pueblo, la de Sebastián
Milanés, situada en la calle Real, y la de López Alfero, cerca del
Callejón del Chorro, tenían casi todas las drogas inútiles, y si se
acababan, había que esperar a la llegada de las flotas; pero sin
embargo las siembras de caña, según dice el mismo Parra, aumen-

taban de un modo extraordinario y La Habana estaba en camino


de ser algún día la más rica e importante de las ciudades del Nue-
vo Mundo (23)
Los enterramientos se hacían en las iglesias, pues hasta en-
trado ya el siglo XIX no existió en nuestra ciudad un cementerio
general, merced a la paciencia y al ardor verdaderamente apos-
tólicos del Obispo Espada, en contra de los prejuicios y costumbres
de los habaneros.
Domingo Rozaín en su curiosa e interesante obra La Necrópolis
de La Habana, describe los enterramientos en aquellos primeros
años de nuestra existencia histórica, del modo siguiente:

El párroco acompañado de presbíteros y cantores y precedido de la


cruz, sale de la Parroquia rezando en voz baja el Miserere. Llegados
al lugar en donde se halla el cuerpo, el preste o Sacerdote que celebra,
lo rocía con agua bendita, y entona el rezo prescripto en el ritual Ro-
mano. Concluido éste, parten para la Iglesia portando luces y llevando
al cuerpo en hombros de parientes y amigos, y depositado allí dan co-
mienzo las exequias, no siendo éstas más que seguir la voluntad del
difunto; y al Pater Noster se le vuelve a rociar e incenciar. Aun cuando
la ceremonia se verifique en la Iglesia de un Convento, la cruz que
conduce al cuerpo de su morada al templo debe ser la de la feligresía
a que> pertenece, y la cual se retira luego que el cadáver se entrega a
la comunidad donde se celebra la exequia. Estos los reciben con cruz
en la puerta de su Iglesia. La cera amarilla debe emplearse en la de
los adultos como signo de tristeza y de dolor, pero este color más se
tiene como lujo por ser más costosa. La blanca, en los entierros de
las vírgenes, religiosas y sacerdotes. Los ciriales y capa pluvial se usan
para más solemnidad. Si el entierro es por la mañana se celebra misa,
llamada de cuerpo presente. Las velas se dan a los acompañantes a
beneficio de éstos y muchas veces se pagaban plañideros para dar mayor
ostentación a los funerales.
Los derechos que por esto se abonaban eran: Responso con capa de
coro, sacristán y cruz alta en casa del difunto, $7; capa de coro en el

(23) José María de ia Torre, obra citada, pág. 22.


206 CUBA CONTEMPORÁNEA

entierro $4; vigilia, $5; Misa cantada con diáconos $6; Clamores, cua-
tro campanas $2; cada sacerdote con sobrepelliz a $1 y si permanecen ;

hasta celebrar el oficio, cuatro reales más.

Y como en la misma vida es muy común el pasar de la tristeza

a la alegría, hablemos de la música en aquellos tiempos.


El nivel artístico de nuestros antepasados no era muy elevado;
en las Iglesias cantaban esclavos, apareciendo entre los instru-
mentos de la orquesta el güiro y las castañuelas; los cantos, cuya
letra se ha perdido, eran algunas veces inmorales; y los bailes,
graciosos y extravagantes al decir de Parra, bailándose además la
zarabanda y otras danzas de la madre patria, que se distinguían
por sus meneos de cuerpo y de caderas, muy poco honestos al

decir del Padre Mariana.


En 1598 había sólo en la ciudad cuatro músicos, y eran Pedro
Almanza, que tocaba el violín; Jácome Viceira, el clarinete; Pascual
de Ochoa, el violón; y la negra horra Micaela Ginés, la vigüela,
con algunos acompañantes que llevaban el compás con el güiro y

las castañuelas, mismo concurrían a las fiestas de la


quienes lo

Parroquia, que a los bailes profanos, y como su repertorio no debía


ser muy abundante, sospechamos que tocaban las mismas piezas
en ambos lugares, pues como lo que se necesitaba era música, la
letra importaba muy poco. A estos músicos se les pagaba una
cantidad crecida, pues habían monopolizado el arte en la ciudad;
y además había que darles cabalgaduras desde su casa al lugar
de la fiesta, asegurándoles también una ración de todo lo que se
repartiese, para ellos y cada uno de sus familiares (24).

Datos recogidos de las actas del Cabildo y Regimiento


DE La Habana.

La lectura de las actas del Cabildo y Regimiento de La Ha-


bana, nos ayudará a completar el cuadro que hemos presentado de
nuestra ciudad en el siglo XVI (25).

(24) José María de la Torre, obra citada, pág. 118.


(25) Véase la obra ya citada de José María de la Torre, págs. 142 y siguientes.
LA HABANA EN EL SIGLO XVI 207

En el Cabildo de 12 de septiembre de 1550 se prohibió que


los negros cortasen los cedros y las caobas, para hacer bateas y
otras obras de poca calidad, bajo la pena de diez días de prisión
en el cepo de la cárcel y de 300 azotes, porque dichas maderas
hacían falta para la construcción de los edificios.
El 27 de febrero de 1551 se acordó un arancel, determinándose
los siguientes precios:
La libra de pan, cuatro cuartos.
La torta de peopao, medio.
Huevos, seis por un real.
Dos rábanos, medio.
Una lechuga buena, cuatro cuartos.
Una col, medio.
Una carga de Casabe, dos pesos oro. ,

En 18 de abril del mismo año, en vista de que los desórdenes


producidos en las tabernas causaban verdadero perjuicio a la re-

pública, se mandó qu^ los taberneros no tuviesen más de una pipa


de vino, castigándose a los infractores con una multa de seis
pesos oro.
En la misma sesión se dispuso

que todos los vecinos traigan espada de día y de noche bajo la pena
de un peso oro, y que dentro de diez días; se provean de ellas los que
no la tengan y las presenten al Gobernador.

En el Cabildo del 29 de enero del año siguiente, en vista de


haberse fugado el negro Bartolomé Fernández, se acordó nombrar
pregonero y verdugo de la villa al esclavo de Juan de Rojas, lla-

mado Antón.
El 30 de marzo del mismo año el Gobernador, en vista de que

se tenía como cierta un próxima guerra con Francia, determinó


de acuerdo con Juan de Lobera,

que en la además de los hombres que el


Fortaleza, todas las noches
Alcaide tiene velen con ellos tres más; que en el Morro, haya de
allí,

día y de noche dos hombres, para que avisen a la villa y a la Fortaleza


de la cercanía de navios; que en el Pueblo Viejo [creemos que se re-
fiere a la Chorrera] se sitúen de noche dos hombres a caballo,

encargando a Diego de Soto, Juan de Rojas y Pedro Velasco, de la


208 CUBA CONTEMPORÁNEA

organización de este servicio de vigilancia. También se ordenó que


al tenerse noticia de la presencia de algún navio, disparase un tiro
la Fortaleza, y a cualquier hora, doce personas de antemano se-
ñaladas, se encerrasen en ella con el Alcaide; mientras que los
demás vecinos fuesen en busca de sus armas, poniéndose a las

órdenes del Gobernador. El que no acudiese, dice el acuerdo,


será multado con 100 pesos de oro.
En el Cabildo de 1^ de julio de 1552 se recibió de barbero y
cirujano de la villa a Juan Gómez, mandándose que mientras es-
tuviese aquí, nadie pudiera ejercer su facultad so pena de dos
pesos oro para el mismo Gómez.
En el Cabildo de 15 de abril de 1556 se acordó poner arancel
a ios zapateros, porque pedían caro por las obras, fijándose los
precios de venta en la forma siguiente:
Reales.
Zapatos de trece puntos y de doce a 10
Zapatos de diez y once puntos 9
Zapatos de ocho y nueve puntos 8
Zapatos de badana y de gamuza de doce y trece puntos 6
Y siendo de nueve y diez puntos 5
Por solar unas botas o unos zapatos 4
Todo esto bajo la pena de dos pesos de oro.

El 18 de enero de 1557,

en vista de que muchas negras y otras personas andan por las calles
vendiendo longanizas, buñuelos, tortas de maíz, pasteles y catibías,

sin pagar los derechos al procomún, se dispuso que en lo ade-


lante^ la vara y media de longaniza se venda a un real, dejando a
la voluntad del Regidor el precio de los otros artículos.
El 14 de mayo del mismo año,

dado que muchas negras esclavas en esta villa, han tomado por cos-
tumbre el tener casa para hospedaje y tabernas causando perjuicios a la
moralidad de la república,

se ordenó públicamente que en lo adelante ninguna negra esclava


sea osada de vivir en casa por sí, ni tener taberna, so pena de
cincuenta azotes a cada una de dichas negras.
En 19 de julio se dispusieron grandes festejos para celebrar el
LA HABANA EN EL SIGLO XVI 209

advenimiento al trono de Felipe II, construyéndose un pendón


con las Armas Reales de Castilla y de León, que fué paseado por
toda la villa, como muestra de sumisión y vasallaje al soberano.
En el Cabildo de 3 de junio de 1559 se proveyó que de ese
día en lo adelante

haya rondas que visiten las velas y puestos y playas de esta villa y
que anden a caballo siempre de noche, repartiéndose en esta forma:

Sábado. Hernán /vlanrique de Avellaneda.

Domingo. Cepero y su hermano.

Lunes. Aranda y Pedro el Alguacil.

Martes. Miranda y su hermano.
Miércoles. —Ávalos y Zapata.
Jueves. —Alonso de Rojas y Quiñones.
Viernes. —Juan Gutiérrez y Diego López.
Sábado. —Antón Recio y Diego de Soto.
Domingo. —Juan de Baena y Juan Suárez.
Lunes. — Melchor Rodríguez y Francisco Pérez.
Martes. —Juan García y Astorga.
Miércoles. — Castilla y Juan Guillen.
Alonso Sánchez del Corral está obligado a tener caballo dispuesto y
a salir cuando hubiese rebato.

También se dispuso que Juan de Rojas tuviese dos caballos,


y Pedro Velasco e Inés de Gamboa, uno cada uno, a disposición
del Gobierno de la Villa.
El 26 de abril de 1564 hizo el Regidor cata del vino para el
abasto y resultó que había 83 pipas y 400 botijas;

que Juan Alonso tiene 50 pipas y 400 botijas, Melchor Rodríguez 25


pipas, Antón Recio siete pipas, y Castillo una pipa; y se prohibió la
estracción y embarque de vinos a Hernán López que quería vender
fuera el que trajo en una carabela.

El 10 de diciembre de 1565 se acordó

que por cuanto hay noticia e se tiene por cierto que como este puerto e
pueblo de la Havana en dias e años pasados ha sido de Corsarios fran-
ceses requestrados e robado, e después acá han venido navios de los
dichos Corsarios franceses sobre él, e porque al tiempo que este pueblo
fue saqueado e robado de franceses entraron por el camino que viene
de la Caleta por el monte a esta villa, e para que de aqui en adelante
los dichos corsarios no puedan venir por el monte como lo hicieron,
acordaron e mandaron: que es útil e provechoso para la seguridad de
210 CUBA CONTEMPORÁNEA

esta villa que los dichos caminos que van a la Chorrera e salen a la
playa e mar, se cierren, e que no se ande sino fuere por la propia playa
que va a pueblo viejo, que se cierren los dichos caminos a que ninguna
persona sea osada de lo abrir ni hacer otros nuevos caminos y veredas
que salgan a la playa, ni vengan a esta villa, so pena de si fuere español
se le pone 50 pesos para gastos de la guerra e si no tuviere de que
pagar, pena de cien azotes, e si fuera negro libre o esclavo, se le pone
de pena que sea desjarretado de un pie, e si fuere indio que sirva un año
a la obra de la Fortaleza e so la misma pena mandaron que nadie ande
por dichos caminos que ansi se cierran (26).

El 18 de abril de 1556,

en cuanto que en esta villa estaban unas casas de guano y madera, las
cuales son de S. M. y sirvieron de aposento, a Diego de Mazariegos en
los tiempos de su gobernación, se dispuso que dichas casas fuesen re-
paradas con dinero del procomún.

En el Cabildo de 5 de sepiembre de 1566,

en vista de que se esperaba un ataque de corsarios y que existían en


la villa algunos forasteros que no tienen armas y hacienda de que sus-
tentarse, se acordó que se le den armas para que salgan a los rebatos a
defender a la villa, repartiendo a dichos forasteros entre algunos ve-
cinos que tienen posibilidad para sustentarlos, y no pueden salir por
enfermedad o vejez. Se asentaron por memoria los vecinos que se
encontraban en dicho caso y resultaron ser: Juan de Roxas; Diego de
Soto; Antonio de la Torre; Alonso Sánchez del Corral; Antón Recio;
La Portuguesa; Francisco Hernández; Cecilia y Susana; un soldado;
María Delgado; Catalina Rodríguez; la de Juan Alonso; Eufrasia Pérez;
Teresa Luisa Melena; Isabel Cacanga; Bartola; Beatriz; Nicardo y Qui-
teria; y también se acordó que todas las personas que salgan en los
rebatos lleven sus arcabuces proveídos de pelotas y pólvora, so pena de
dos ducados al que faltare.

En 1568 se dispuso por el Licenciado Francisco Zayas el arancel


que debía cobrarse en la tramitación de los asuntos judiciales; y
en el año siguiente se prohibió que las mujeres saliesen en la
procesión de los disciplinantes, porque daban objeto a deshones-
tidades que repugnaban con lo santo del Oficio.

(26) A esta disposición, que por su importancia hemos copiado textualmente, se


debe que en la actualidad se llame el Vedado a uno do los más hermosos barrios de
nuestra ciudad.
LA HABANA EN EL SIGLO XVI 211

En el Cabildo de 26 de febrero de 1659,

habiendo tratado el Gobernador y Justicia y Regimiento de esta villa,


la gran necesidad que tiene de botica y médico y cirujano, ansi para
los vecinos como para muchas personas que a ella concurren en flotas
y fuera de ellas, y porque el Licenciado Gamarra, que al presente está
en la villa es graduado en Alcalá de Henares de todas las tres Li-
cencias, y concurren en él todas las calidades que se requieren, sea obli-
gado como se obliga a hacer su asiento en esta dicha villa y poner
botica y servir los dichos oficios por si y por sus oficiales suficientes,
atento a que en este Cabildo le dan y ofrecen a dicho Licenciado cierta
paga en un año; como consta por la lista que pasó ante mi el presente
escribano, y queda en poder de lo que cada uno da y le ha de pagar;
la cual nos, la dicha Justicia y Regimiento se obligaron de hacer cumplir

y guardar con todas las personas que en lo adelante en ella se pusieren,


el cual dicho Licenciado se obligaba y obligó, que a las dichas tales

personas, como a sus mujeres e hijos y a todas las de su casa las


curará, y hará sangrar dándoles todos el mejor remedio que entendiere
para su salud y hanle de ser pagadas las medicinas que en esto gastare,
y como es dicho tendrá dentro de un breve tiempo, que será dentro de
un año, su botica, y en el entretanto curará las enfermedades que se
presenten a los sobredichos con las medicinas y demás remedios que
hubiere en la dicha tierra: y los vecinos no se podrán curar con otra
persona sino con él, porque durante el tiempo que el residiere en esta
villa a servir el dicho oficio, ninguna otra persona Licenciado, médico,
boticario, barbero podrá ejercerla sino fuese con su licencia y especial
consentimiento, so pena de pagar con el doble la persona que así se cu-
rare y con el cuádruple el que hiciere la tal cura.

El 10 de abril de 1573,

en vista de que la fiesta del Corpus Cristi viene presto, y con el fin
de que la proseción y fiesta que se hiciere, tenga el suficiente luci-
miento mandaron que todos los oficiales como los carpinteros, zapateros,
herreros, y calafates saquen invenciones y juegos para aquel día y que
para ello se junten con Pedro Castilla, que les dará la orden de como
lo han de hacer y repartir, y ansi mismo acordaron que los negros
horros se junten para celebrar dicha fiesta, conforme como les mandare
el dicho Pedro Castilla con su invención; lo que se mandó a pregonar
para que venga a noticia de todos y ninguna pretenda ignorancia.

El 23 de noviembre de 1576 se mandó rematar el estipendio


de aguas de la que más botijas diese, poniéndose penas
Chorrera al

a los infractores. Y en otro Cabildo, de 7 de diciembre del mismo


año, consta que Ginés Horta proveía entonces a razón de cuatro

212 CUBA CONTEMPORÁNEA

botijas por un real, y con este motivo se le concedió un bohío de


treinta pies, junto al mar, para que depositase allí sus pipas y
botijas de agua.
El 15 de diciembre del mismo año, con el fin de evitar los
abusos de los pescadores, se un arancel para el precio del
fijó

pescado, determinándose que la sardina valiese un real el arrelde


(cuatro libras), el pece grande de chinchorro a real y medio el
arrelde; el pece grande o la tortuga a dos arreldes por un real;
y el que fuere pescado con cordel, el pece grande dos reales, cas-
tigándose con una pena de dos ducados a los infractores, y con
cien azotes a los reincidentes.
El 23 de diciembre de 1588, en vista de que la ciudad había
sufrido un huracán que destruyó casas y estancias de labranza,
estando los vecinos de La Habana amenazados por el hambre,

se acordó: 1. —
Suplicar al Virrey de Nueva España 200 pipas de harina
por cuenta del Rey por ser grande la necesidad de los soldados; 2.
Que se trate con Melchor Rodríguez, la persona acredita en dicha Nueva
España, para que por su cuenta y riesgo traiga de ella bastimentos;
compareció y se obligó a traer 50 pipas de harina por medio de sus
corresponsales Bartolomé González y Juan de Uribe; se ofreció tam-
bién Rodríguez, movido del servicio público y de S. M. traer de su
riesgo 600 cargas de Casabe de la villa de Yaguané en la Isla de

Santo Domingo, dándole buque; 4. También se acordó enviar 1,000
ducados a la villa de Bayamo, de los cuales ofreció Rodríguez 400 para
que se envíen en Casabe, tomándose prestado los 600 del fondo de la
sisa a devolverlos con su producto, comisionándose para esta diligencia
al Procurador General Francisco de Rojas, con autorización del Gober-


nador Gabriel de Lujan; y 5. Que se abran. y limpien los caminos para
hatos y corrales que están cegados por el huracán, cometiendo la eje-
cución y el repartimiento de los vecinos para peones, el alcalde Her-
nando de Orellana y a Cristóbal de Soto.

En abril de 1590 se mandó a vender el pan a razón de 18 onzas


el real de pan blanco cocido, de manera qudi cada pan valía nueve
onzas, y el pan acemite 30 onzas por un real, bajo pena de 1,000
maravedises (27).

(27) Algunas de estas actas, como puede fácilmente notarse, están copiadas ínte-
gramente del libro citado, con el lenguaje de la época, y en otras nos hemos atrevido a
tomar sólo lo más importante para no hacer demasiado larga y pesada esta parte de
nuestro trabajo.
LA HABANA EN EL SIGLO XVI 213

XI

Leyendas de La Habana en el siglo XVL

Hasta aquí hemos seguido lo más fielmente posible, los datos


que nos ofrece la hisíoria, que siempre ha de ser verídica y so-
lemne, y, salvo contadas excepciones, hemos sujetado fuertemente
a la imaginación; mas, para completar el estudio de todos los
aspectos de La Habana en el siglo XVI, que hemos presentado
anteriormente, creemos conveniente añadir a ellos la narración de
las más importantes leyendas de nuestra ciudad en aquel siglo,
con que la tradición embellece a la adusta y grave musa de la
Historia.

San Cristóbal^ Patrón de La Habana.

Uno o dos siglos después de que Jesucristo, en el Calvario,


escribió con su sangre la inmortal tragedia de la Redención, no
nos atrevemos a asegurar si fué en la Siria o en Palestina, pero
símuy cerca de aquellas regiones, nació un niño que desde pe-
queño dió muestras de su complexión hercúlea y de una fuerza
mi^i^
sobrenatural.
En los primeros años de su vida, fué objeto de la curiosidad y
del asombro de sus conciudadanos, que recibían sonriéndose los
enérgicos manotazos con que el pequeño gigante denotaba su ale-
gría; pero creció tan desmesuradamente y llegó a adquirir una
fuerza tan brutal, que los vecinos tuvieron motivo para pensar
muy seriamente que aquel mocetón no era un hombre como todos
los demás, sino un producto de sortilegios y encantamientos.
No tenía aún doce años y ya pasaba de los seis pies de estatura;
su voz, aunque quisiese dulcificarla, era brusca y atemorizante; su
cuando su
cara, horriblemente fea, se contraía con gestos ridículos
risa franca y atronadora salía de entre sus labios gruesos y bel-
fudos; y unas orejas deformes, los pies y las manos enormemente
grandes, la piel velluda y la mirada impresionante como el relám-
pago, explicaban fácilmente los temores supersticiosos de aquellos
labradores de la época de la dominación rómana.
214 CUBA CONTEMPORÁNEA

Pero, sin embargo, aquel engendro de la naturaleza no se me-


recía tal actitud de sus compatriotas, pues su corazón estaba siem-
pre animado de los propósitos más altos y generosos, y desintere-
sadamente prestaba sus fuertes manos para ayudar a los más nece-
sitados, que lo aceptaban de mala gana, creyendo contaminarse con
las hechicerías; y sobre todo, cuando veía jugar a los niños, que
eran los únicos que lo apreciaban, porque soportaba cachazudamente
sus impertinencias y travesuras, su rostro horrible ádquiría una
viveza especial, se iluminaba por un resplandor divino, como si

todo el bien y todos los amores desinteresados al prójimo, se ex-


presasen en aquella luz celestial que transfiguraba su semblante.
Un día murieron sus padres y se aumentó de tal modo la ene-
mistad de sus compatriotas, que se le hizo imposible la existencia
entre ellos, y aquel niño grande, apoyado en una rama de árbol

y acompañado solamente de las santas y consoladoras máximas


que sus progenitores le habían enseñado, comenzó a recorrer el
mundo dejando por todos los lugares huella de su firme paso, y
de las bondades que le inspiraba su corazón amante de los des-
graciados, de los débiles y de los pecadores.
Pero el gigante llegó a viejo, sus aventuras habían sido muchas,
su rostro estaba surcado por arrugas, que eran como canales por
donde corrían las lágrimas de penitencia que a menudo derra-
maba; su cabello había encanecido, y su cuerpo, ahora encorvado,
no era tan flexible y ágil como en otros tiempos, mas sin em-
bargo, su corazón seguía como el de un niño, e inocentemente
siempre se sacrificaba por sus semejantes.
Llegó un momento en que tuvo que renunciar a sus correrías
y aventuras, y sintiéndose ya inútil se encerró en una cabaña que
se erguía milagrosamente en las márgenes turbulentas de un río;
pero como no podía estar inactivo y constantemente sentía im-
pulsos de ayudar
al prójinio, se dedicó a trasladar de una a otra

orilla a los viajeros que temían la impetuosidad de la corriente.


Cierta vez en que se sentía más triste y solitario, sin el amor,
ni el cariño de todos esos seres por los cuales tantos sacrificios
había realizado, oyó una voz dulce que lo llamaba.
—¿Qué quieres niño?— preguntó volviendo le el rostro hacía
donde sonaba voz. la

—Pues que me pásés otro lado—re respondió


al él muchacho,
215
LA HABANA EN EL SIGLO XVI

que era hermoso como un dios; y el gigante, sonriéndose, lo en-


caramó sobre sus espaldas comenzando a atravesar el torrente.
Aquel niño pesaba extraordinariamente, parecía de metal...
pero no, algo más pesado aun componía su cuerpo, porque el gi-
gante, que no había encontrado nunca obstáculo para su fuerza
sobrehumana, sentía flaquear sus piernas; y trabajosamente, con
un arranque de amor propio, no cayó en el agua confesando su
derrota, y al fin, tambaleándose como un beodo, puso al muchacho
en la otra orilla del río.
El muchacho comenzó entonces a hablarle y le dijo tantas cosas,
que aunque él no las comprendía le llegaban al corazón, y sin-
tiéndose inspirado, empezó desde ese día a predicar el Evangelio
con el nombre de Cristóforo (el que lleva a Cristo), con que lo

bautizó aquel niño que era el mismo Dios.


Esta es la sencilla leyenda de San Cristóbal, patrón de La
Habana.

San Marcial y las hormigas.

Allá en los primeros años de la historia de la villa. La Habana


sufría una desgracia que ponía fuera de sí a todos sus vecinos.
Ni las incomodidades que tenían que sufrir para traer el agua
desde el río de la Chorrera; ni el ruido que por las noches for-
maban los cangrejos y los perros jíbaros andando por las calles;
ni el temor a las picaduras de uno de esos feroces mosquitos de
que nos habla Hernando de Parra; ni aun la posibilidad de un
ataque por parte de los corsarios y forbantes franceses, preocu-
paba más a los habaneros de antaño.
Una plaga de hormigas asolaba la jurisdicción, talando árboles
y sembrados, de modo que los vecinos de la villa de San Cristóbal,
cuyos medios de manutención estaban en la agricultura, se vieron
amenazados por hambre; pues las bibijaguas, las hormigas bra-
el

comején y especialmente la feroz huyuya,


vas, de ala, soplillo, el
no sólo destruían las plantas y las paredes de las casas, sino que
llegaban aun a atacar a los niños de pecho.
El Cabildo tomó infinitas medidas para remediar el mal; tra-
taron de extirpar por medio del fuego a los satánicos animalitos;
y favorecieron la introducción en la Isla, de la hormiga loca, para
216 CUBA CONTEMPORÁNEA

destruir a la bibijagua, cosa que, como dice exageradamente el

cronista Arrate, se consiguió en la jurisdicción de Managua, a


donde se propagaron, pero siendo el remedio peor que la enfer-

medad, dado que esta hormiga, traída de Francia, es mucho más


dañosa que todas las otras, pues no sólo destruye los árboles y
labranzas, sino que pica al hombre con más furia que ninguna,
habiendo llegado el caso de encontrarse muerto a uno que em-
briagado se había echado en un lugar del campo donde nadie
pudo verlo, hasta que fué descubierto comido por este infernal
insecto.
Las cosas llegaron a tal punto que eran imposibles de resistir,

de manera que tuvieron que apelar los habaneros a los recursos


extremos; y en vista de que las fuerzas humanas no podían detener
la destrucción, el Cabildo en 31 de enero de 1586 eligió, por

acuerdo unánime de sus miembros, al Venerable San Marcial,


Patrón de la Villa, haciendo voto de celebrar todos los años su
fiesta y de guardar su día; con la intercesión de dicho abogado
se logró lo mismo que en la Isla Española habían obtenido me-
diante la de San Saturnino, es decir, la destrucción de la referida
plaga; porque cabe notar que tanto en Cuba como en Santo Do-
mingo, se buscó, dice Arrate, (28) un sagrado asilo contra la mul-
titud y ferocidad de estos animalitos que bastaron a exterminar
en la Etiopía una Provincia entera y acá destruyeron y exasperaron
a tantas poblaciones.

El Fraile Juan Ferrer.

Ya en las páginas anteriores hemos bosquejado el aspecto que


presentaba La Habana en el siglo XVI, a la llegada de las flotas;
la animación y la alegría de los vecinos, que, como vulgarmente
se dice, hacían su agosto comerciando con la marinería; y las
inmoralidades y los escándalos de los tripulantes en las tabernas
y mesones que por lo común degeneraban en riñas y homicidios,
al punto de que la vida de aquella época en nuestra ciudad se

podía sintetizar con los versos del clásico:

(38) Obra cít«4», pág. 157;


LA HABANA EN EL SIGLO XVI 217

Matan a diestro y siniestro,


Matan de noche y de día,
Matan al Ave-María,
Matarán al Padre-Nuestro.

En la flota de 1553, venía un fraile llamado Juan Ferrer, en-


teco y resumido de cuerpo, y a cuyo extraño pelaje contribuían un
rostro pálido y macerado, y su hablar incoherente de profeta en
éxtasis.Desde que embarcó en Veracruz, se había dedicado a
una desgracia a la expedición; y en
profetizar la ocurrencia de
La Habana, recorriendo las calles sucias de la urbe, ayudaba a
caminar a los borrachos que embortonaban de eses el camino;
aconsejaba continencia y recato a los que, con escándalo de los
vecinos serios, demostraban en la vía pública el deseo amoroso
que los dominaba; y dirigía palabras de consuelo y mansedumbre a
losque reñían, pues era necesario arrepentirse, hacer penitencia,
dado que la escuadra naufragaría indefectiblemente en su viaje
de regreso a Europa; pero todos lo acogían con burlas y menos-
precio, y no pocas tundas de palos recibieron las espaldas del
indiscreto misionero.
Llegó el momento de la partida a España, y él siguió reco-
mendando penitencia a los navegantes, quienes pensaron seria-
mente en echar por la borda al majadero que al parecer estaba
empeñado en destruir la alegría del viaje; pero una noche arreció
el viento, las nubes se arremolinaron, y las gotas de lluvia azo-
taron con energía las blancas alas de los galeones; un temporal
se estaba formando; las naves se dispersaron, y fueron a estre-
llarse contra las costas de la Florida, salvándose tan sólo doscientos
de los dos mil tripulantes, y entre ellos e! enteco y resumido Fray
Juan Ferrer, que tanto había pronosticado el naufragio.

El chivo del Castillo de la Fuerza (29).

Francisco Carreño fué uno de los gobernadores más enérgicos


y honrados que tuvo La Habana en el siglo XVI comenzó su vida ;

en América luchando contra los corsarios y sometiendo a los indios


de Nicaragua; rechazó a los corsarios franceses que venían a

(29) Esta tradición ha sido citada por Alvar© de la Iglesia.


.

218 CUBA CONTEMPORÁNEA

saquear a Cartagena de Indias; fué gobernador de Panamá du-


rante la revuelta de los feroces marañones, nombre con que se
conoce en la historia de la conquista de América a los partidarios
de Lope de Aguirre, y dió claras muestras de su cul-
el Traidor,

tura y preparación con su Memoria sobre el examen y ejercicio


de los artilleros de la navegación de las Indias, que se conserva
en el Archivo de Sevilla.
En el gobierno se distinguió por la energía de que había dado
muestras en sus empeños militares; sostuvo notables litigios con

el Obispo Don Juan del Castillo, que lo excomulgó porque no


quiso aceptar sus arbitrarios consejos en la aplicación de las mandas
de un testamento; y envió preso a España a su antecesor Gabriel
Montalvo, por las irregularidades que se habían cometido en la
reedificación del Castillo de la Fuerza.
Carreño procedió inmediatamente contra el Director de las
obras, y le hizo reintegrar los dos mil ducados que había estafado
a la Caja de la Isla. El Arquitecto Francisco Colona juró ven-
garse, a pesar deque el Gobernador benignamente le había dejado
la plaza; y aprovechó el día de su santo para enviarle un plato
de manjar blanco envenenado, que le produjo la muerte al justiciero
Gobernador, con alegría y contento de gran parte del vecindario
de la villa de San Cristóbal, que estaba complicado en lo que
llamaríamos hoy el chivo del Castillo de la Fuerza, una de las
primeras extravagancias de que da noticias nuestra historia.

Los fantasmas en La Habana antigua (30)

En aquellos dichosísimos tiempos en que el rigor con que los


padres trataban a sus hijas, asemejaba a los conventos las casas
de nuestros antepasados; como a pesar de trabas e inconvenientes,
el amor hacía estragos en el corazón de los habaneros, los amantes,
para pelar la pava como vulgarmente se dice, tenían que recurrir
a medios ingeniosos y fantásticos.
Cuando después de los preliminares de costumbre un hombre
y una mujer se ponían de acuerdo en asunto tan importante, si
cualquiera de esos odios entre las familias, tan comunes en las

(30) El Penüenie (MoveU). Cirilo YiHaverde. .


LA HABANA EN EL SIGLO XVI 219

poblaciones pequeñas, impedían que los parientes del novio se


atreviesen a pedir la la joven, los amantes, aunque no
mano de
utilizaran la escala deRomeo, usaban unos zancos enormes y se
disfrazaban de fantasmas, para poder así platicar de amores con
entera libertad.
La Habana del siglo XVI, como habrá podido comprenderse,
más que una ciudad era una baraúnda de casas de madera y
mampostería, de chozas, de terrenos yermos, de iglesias y forta-
lezas; todavía no se habían construido las murallas, y las escasas

calles eran tortuosas y llenas de precipicios y hondonadas; no


existía alumbrado público, ni policía que cuidase del orden, pues
la ronda sólo recorría la población a horas determinadas que
eran conocidas por pillos y ladrones; los perros jíbaros que ba-
jaban del monte ensordecían al vecindario por las noches con
sus ladridos, y obligaban a los escasos transeúntes a salir armados;
los negros cimarrones y asesinos se encontraban al doblar de cada
esquina; y a las ocho, cuando se tocaba la queda, todas las puertas
eran herméticamente cerradas, no atreviéndose a salir a la calle
después de esa hora, sino los ladrones, los fantasmas y los seres
que con su grito acompasado y monótono despertaban, junto con
el ladrido de los perros y las campanas del Castillo de la Fuerza,
al tranquilo y pacífico vecindario.
Puede afirmarse que no hay año en la historia de nuestra ciu-
dad, que no se halle caracterizado por la aparición de un fantasma.
Un vecino trasnochador notaba primero su presencia y lo comu-
nicaba a sus amigos; y éstos, llevados por un temor cerval, atran-
caban sus puertas y se tendían cómodamente en sus lechos creyén-
dose libres de la maléfica influencia del fantasma; y sólo uno que
otro audaz se atrevía a mirar por las rendijas de las puertas y
ventanas. Al día siguiente el pavor era mayor; y los corrillos de
vecinos comentando los sucesos se agitaban con nerviosismos y
temores. Los unos decían que el fantasma volaba sobre una
nube blanca, los otros que tenía unas alas inmensas, los de más
allá que andaba colgado de las goteras de los tejados; éste afir-
maba y juraba, para demostrar su valor, que lo había visto des-
vanecerse como una columnilla de humo; y aquél que vió cómo
atravesaba la tapia de tal o cual convento; pero todos estaban
conformes siempre en que su estatura era gigantesca. Pasaban
220 CUBA CONTEMPORÁNEA

los de temor y sobresalto, en los que el fantasma era el


días
tema obligado de las conversaciones, hasta que se celebraba una
boda precedida del consabido rapto y desaparecía el fantasma y
con él la animación de unas cuantas semanas; pero lo más cu-

rioso de aquellos tiempos era que una parte del vecindario per-
manecía serio y circunspecto ante el temor general; eran las
muchachas casaderas, cuyos amantes obligados por las costumbres
de la sociedad, se disfrazaban de fantasma para platicar de amor,
la única causa de la abundancia de fantasmas en la historia de
La Habana antigua.

El matrimonio de sortija.

En los primeros tiempos de nuestra ciudad, los amantes para


dar cierta legalidad a sus relaciones ilícitas, cambiaban unas sor-

y desde aquel momento se consideraban como casados, no


tijas,

temiendo la mujer, por esa especie de compromiso solemne que


nadie se atrevería a romper, el entregarse al que había de ser
su esposo.
Este matrimonio llamado de sortija era el que había contraído
por año de 1570, la hija del Teniente de Gobernador Don Diego
el

de Rivera y Cepero, con uno de los Oficiales de las fuerzas que


custodiaban La Habana, y sólo esperaba que aquél mejorase de
fortuna para contraer el matrimonio canónico.
Pero como el hombre propone y Dios dispone, la María Cepero,
hembra hermosa y placentera, desvió su atención del enamorado
oficial, y puso sus ojos en un gallardo mozo, dando al olvido sus

juramentos y promesas.
El amante recibió con aparente frialdad la noticia, pero pre-
paraba en el misterio su venganza.
Una mañana, en la fiesta de San Cristóbal, a la que concurrían
el Cabildo en pleno y las fuerzas de la guarnición, María Cepero
acababa de salir de la iglesia y triunfaba entre las damas por su
belleza y donaire, cuando al sonar unas salvas que disparaban para
celebrar el día, una bala perdida se le clavó en el pecho. Era el
amante quien la había disparado para vengarse de la que había
sido infiel al matrimonio de sortija (31).

(31) José María de la Torrej obra citada, pág. 53.


LA HABANA EN EL SIGLO XVI 221

La primera función teatral


que hubo en La Habana.

Por ei año de 1598 era Gobernador de La Habana, el Caba-


llerizo de la Reina, Contador de la Invencible Armada y Caballero
de la Orden de Santiago Don Juan Maldonado y Barnuevo; y los

vecinos, con el fin de obsequiarle, determinaron para el día de San


Juan, ofrecerle una función teatral (la primera que se hacía en
La Habana) con la representación de la obra intitulada Los bienes
,

en y los males en el suelOj de autor para nosotros desco-


el cielo

nocido, y cuyos principales papeles los desempeñaban jóvenes de


nuestras más encopetadas familias.
A las diez comenzó la función que se celebraba en una barraca
levantada en la calle del Sumidero; pero como nuestros antepa-
sados no tenían la costumbre de verse reunidos en tal número,
hablaban a gritos y reían a carcajadas, impidiendo comprender y,
oir al magnífico Gobernador los argumentos teológicos que iban a
demostrarle la bondad del cielo y los males de este mundo te-

rrenal. Tal era el escándalo, que Maldonado tuvo que amenazar


con el cepo al que no guardase la debida compostura en el teatro,

para que la comedia pudiese continuar; y fué tan enorme el éxito


de la fiesta, que la función se terminó a la una, y la gente quedó
tan regustada y complacida, dice Parra, que pidió que se volviera
a empezar (32).
La procesión de los penitentes.

Una de las fiestas más importantes que celebraban las iglesias


de La Habana, desde los primeros años de su historia, era la del
Vía Crucis de Nuestro Señor, pues como vimos al citar las actas
del Cabildo a fines del siglo XVI, se prohibió a las mujeres del
pueblo bajo que concurrieran a esas ceremonias, porque su pre-
sencia quitaba honestidad y recato a la procesión que se llamaba
de los penitentes.
Ésta, por lo común, salía a las doce de la noche, no retornando
alpunto de partida sino hasta pasadas las cuatro de la madrugada.
Toda la población acudía a ella, excepto algunos de los más ricos,

(32) José María de la Torre, obra citada, pág. 119.


222 CUBA CONTEMPORÁNEA

que preparaban en sus casas hermosos altares y que recibían la


visita de las imágenes. Delante iban los curas cantando liturgias
en latín; después venían las imágenes sostenidas por los hombros
de los devotos; les seguían los penitentes y al final marchaba
enorme gentío, produciendo un rumor sordo al arrastrar todos
acompasadamente los pies por el suelo de las calles.
Había diversos modos de penitencia, nos dice Cirilo Villaverde:
crucificados, encadenados, maniatados, mancornados, arrodillados,
azotados y otros órdenes de tormentos muy difíciles de bautizar.

Los primeros llevaban el cuerpo y los brazos atados por una soga
de cerda a una pesada cruz, dejando únicamente libres las piernas para
moverse; los encadenados traían al cuello una argolla de hierro de la
cual pendían dos cadenas del mismo metal, con las cuales arrastraban
dos pesadísimos trozos de madera; los maniatados se ceñían los brazos
por las muñecas a las rodillas; los mancornados iban sujetos de dos
en dos por los brazos, el cuello y el cuerpo, tan fuertemente, que nadie
podía pasar un hilo a través de sus espaldas, y se movían sólo de lado
con el trabajo que se puede imaginar; los doblados se ataban con un
cordel de cáñamo, y a distancia de media vara, el dedo pulgar de la
mano derecha al dedo grueso del pie izquierdo. Pretendían los arrodi-
llados hacer la carrera de rodillas, pero gracias que hicieran una o dos
estaciones, porque de la sangre que de ellas vertían y de los dolores
caían desmayados; y últimamente los azotados o disciplinantes eran
aquellos que con unas disciplinas de muchos ramales, emplomadas sus
puntas, se daban tremendos azotes en las espaldas casi desnudas, .pues
se arrollaban la camisa en torno del pescuezo y se la despedazaban de
lo lindo (33).
Como era lógico, la sangre que corría por las calles, y los ha-
chones encendidos que llevaban los fieles, daban un aspecto dan-
tesco a aquella escena típicamente medioeval.

Sebastián de la Cruz.

Una mañana en que las campanas de la Iglesia Parroquial,


repicando loca y alborozadamente, demostraban que concluía la
Misa Mayor, y que los fieles, reunidos en la plaza, comentaban el
docto sermón del Obispo Salcedo sobre las provincias de la Flo-
rida que él acababa de visitar, un estruendo de voces graves y
aguardentosas unido a los chillidos de mujeres y muchachos, que

(33) Cirilo Villaverde, El Penitente, pág. 131.


LA HABANA EN EL SIGLO XVI 223

se oía bajar por la calle del Sumidero, hizo suspender las conver-
saciones y todos atendieron al curioso espectáculo que se les pre-
sentaba.
Un hombre alto, huesudo y cubierto, más bien que vestido, con
unos harapos rotos y deshechos por todos lados, de una barba des-
cuidada y con muestras de mugre en el rostro y el cabello, cami-
naba trabajosamente apoyado en un fuerte y nudoso bastón, mien-
tras que la muchedumbre que lo seguía le arrojaba pelotas de
fango, que él recibía con humildad y paciencia.
El pobre hombre se detuvo asustado ante la noble concurrencia;
y los borrachos y mujerzuelas que lo seguían, echaron a correr, al
observar que el Gobernador Tejada había requerido el auxilio de
la fuerza para dispersarlos; y quedó solo allí, frente a las más
noble familias de La Habana, aquel despojo humano.
Él también quiso retirarse; prefería andar entre los humildes,
aceptando con paciencia sus insultos, que rozarse con la nobleza
de la observaba como un animal raro; y cuando. ya
ciudad que lo

el Gobernador iba a ordenar que fuese detenido el vagabundo, se


le adelantó el Obispo de la Diócesis con el propósito de molestar
a Tejada, y puso sus manos sobre los hombros de aquel miserable,
roto y maltrecho, que cayó a sus pies manchando su manto con
sus besos y lágrimas.
Al día siguiente, con un aspecto más presentable y vistiendo
un hábito de la venerable Orden Tercera de San Francisco, pero

con el semblante siempre serio y ensimismado, comenzó a recorrer


las calles de La Habana, curando y consolando a los enfermos, y
dando por todos lados muestras de su inagotable caridad; de modo
que pronto se ganó el respeto y la admiración de todos los ve-
cinos que lo adoraban como a un santo; y desde entonces comen-
zaron a correr por la ciudad fábulas y leyendas acerca del miste-
rioso misionero.
Se llamaba Sebastián de la Cruz y, según decía él mismo, na-
vegando en un barco a la altura de la isla, le sorprendió una tem-
pestad que lo arrojó a las costas de Bacuranao, salvándose única-
mente él del naufragio; allí encontró unos indios que lo cuidaron
con caridad cristiana, conduciéndolo a Guanabacoa, de donde pasó
a pie a La Habana, dispuesto a enmendarse de sus muchos pe-
cados.
224 CUBA CONTEMPORÁNEA

Pero nadie estaba conforme con que Sebastián callase sobre su


vida pasada; algunos decían que era un peligroso asesino escapado
de una nave, y que por trabajos y sufrimientos que había pasado
se convirtió milagrosamente; otros lo hacían pirata, tocado por la
gracia de Dios en los últimos días de su existencia; pero todos
estaban conformes en loar la ejempiaridad de su vida en nuestra
ciudad, y veían con íntima satisfacción que La Habana iba a
contar con un representante en el santoral.
La vida de Sebastián de la Cruz explicaba el respeto que le
tenían en La Habana. Habitaba en un colgadizo que se hallaba
junto al colegio y hospital de San Felipe y Santiago; soportaba

con humildad los insultos de borrachos y perdidos, que después


llegaron a adorarle; se disciplinaba con unos fuertes vergajos y
daba muestras en todos lados de su inmenso amor al prójimo, pues
terminaba pendencias y deshonestidades; ayudaba a bien morir a
los agonizantes; socorría a los enfermos; para los pobres siempre
tenía algo con que mejorar su situación; y devolvía la paz a los
ricos con algunos consejos que le dictaba su caritativa alma; con-
tribuyó decididamente al desarrollo del primer hospital de La Ha-
bana, recogiendo limosnas y donativos con ese fin; y por eso,
cuando murió en esta ciudad, el 17 de mayo de 1598, toda la
población creyó haber perdido un santo (34).

XII

Epílogo.

Para terminar, solamente diré que al hacer fijar la atención en


un pasado tanto más bello mientras más remoto, lo único que
siento es que la insuficiencia del narrador no haya podido sintetizar
en el marco de un trabajo de esta índole toda la poesía que en-
cierra la vida de los habaneros del siglo XVI. He tratado de pre-
sentar a nuestra urbe de aquellos tiempos, tal como verdadera-
mente era, y especialmente todo lo que se refiere a las costumbres
o ideas de nuestros antepasados, para ver si de este modo contri-
buímos a que nuestra sociedad, que de un modo tan lamentable

(34) Valdés, obra citada, pág. 490.


LA HABANA EN EL SIGLO XVI 225

ha olvidado las enseñanzas de la Historia, dedicando breves mo-


mentos al ideal, adquiera la energía suficiente para que se rec-
tifiquen y varíen los métodos de nuestra vida republicana.
Pero, si el cuadro ha quedado incompleto, si esta narración no
ha llegado a daros una idea de lo que era La Habana en el si-
glo XVI, repetiré con José Martín Félix de Arrate, al terminar
su Llave del Nuevo Mundo y Antemural de las Indias Occidentales:

Aquí suelto la pluma ¡oh patria amada,


Noble Habana, ciudad esclarecida!
Pues si harto bien volaba presumida,
Ya es justo se retire avergonzada.

Si a delinearte, patria venerada.


Se alentó de mi pulso mal regida,
Poco hace en retirarse ya corrida
Cuando es tanto dejarte mal copiada.

Mas ni aun así he logrado desairarte;


Pues si tanto hijo tuyo sabio y fuerte
En las palestras de Minerva y Marte

Te acreditan y exaltan, bien se advierte


Que donde han sido tantos a ilustrarte,
No he de bastar yo solo a oscurecerte.

Calixto C. Masó.
JURISCONSULTOS CUBANOS

JOSE CALIXTO BERNAL Y SOTO

AMAGÜEY tiene pendiente con este ilustre cubano


una deuda, que yo le invito a saldar. Todos los hijos
de esta Provincia deben estar interesados en que los
restos mortales de Bemal reposen en ese pedazo de
la tierra cubana, a la que él tanto amó y a la cual consagró, por
defenderla, todo su talento y toda su energía, que eran muy gran-
des. Desde el año 1886 reposan sus restos en el Cementerio de

San Justo, en Madrid, en medio de nuestra indiferencia. En 1866


fué designado Comisionado, en representación de Puerto Príncipe,
ante la célebre Junta de Información, y desde esa fecha, hasta
1886 en que falleció, vivió Bemal consagrado constantemente a
obtener beneficios para su provincia. Es inmensa ingratitud no
hacer que sus cenizas reposen tranquilas en su terruño, al lado
de sus comprovincianos, a quienes tanto amó. Si algún patriota
es merecedor de esta justicia es Bernal; yo pido más para él.

Pido que los camagüeyanos le levanten una estatua en una de las


plazas públicas para que recuerde a los cubanos y especialmente
a sus conterráneos, sus virtudes cívicas y su gran talento, puestos
al servicio de Cuba y especialmente de Camagüey. ¡Ojalá que
este llamamiento que hago no resulte en vano!
Para que pueda apreciarse lo mucho que valía Bemal, voy a
exponer los hechos principales de su vida.
José Calixto Bemal y Soto nació en la ciudad de Puerto Prín-
cipe el día 14 de octubre de 1804, según consta en el libro 9 de
bautismos, al folio 185, número 1342, de la Parroquia, hoy Ca-
tedral, de la ciudad de Camagüey, según el asiento que dice así:
JOSÉ CALIXTO BERNAL Y SOTO 227

En la villa de Santa María del Puerto del Príncipe, año del Señor
de mil ochocientos cuatro, a veinte y tres de Octubre, Yo Dn. Melchor
Valera Teniente de Cura de la Santa Iglesia Parroquial Mayor: Bautizó
solenünemente, puse óleo y crisma a un niño que nació a catorce del
dicho, a quién puse por nombre José Calixto: hijo legítimo del Ldo.
Dn. José Bernal y Da. Josefa Soto; abuelos paternos Dn. Melchor
Bernal y Da. Tomasa Villafaña: maternos Dr. Dn. José Soto y Da. María
de los Angeles Pérez: padrino dicho Dr. Soto a quién advertí el paren-
tezco que contrajo. I para que conste lo firmo. —
Melchor Valera.

Escasas noticias puedo ofrecer con referencias a los primeros


estudios que hizo Bernal. Al archivo de la Universidad he acu-
dido, y por las investigaciones hechas resulta que la carrera uni-

una época en que desempeñaba la Secretaría


versitaria la cursó en
de dicho cuerpo docente un fraile que tenía perturbadas sus fa-
cultades mentales, motivo por el cual el expediente de Bernal está
plagado de defectos esenciales. Sólo consta en él que desde sep-
tiembre de 1816 a marzo de 1817 ganó el curso de súmulas, y que
comenzó este último mes y año la carrera de leyes, terminando
los cuatro cursos exigidos entonces para aspirar al grado de Ba-
chilleren Leyes, al cual fué admitido, a Claustro Pleno, en 17 de
marzo de 1820. El expediente no contiene más datos. No consta
en él la partida bautismal, que siempre servía para iniciar el ex-
pediente, ni tampoco la información de limpieza de sangre que
en aquella época era necesaria para poder comenzar los estudios.
La partida de bautismo que dejo transcripta, la he adquirido di-
rectamente de la iglesia Catedral de Camagüey. A tal extremo
llegan las omisiones y deficiencias del expediente, que en él no
constan la calificación ni el acta del grado, deduciéndose que éste
se verificó, por una nota escrita en latín que aparece al pie de
la tesis sustentada por Bernal en el acto de dicho grado.
Obtenido el título de Licenciado en Derecho el año 1822, se
trasladó a Puerto Príncipe, donde comenzó a ejercer la abogacía.
Habiendo sido nombrado en 1834 el padre de Bernal, Oidor de
la Audiencia de dicha ciudad, no pudo Bernal seguir ejerciendo
su profesión, motivo por el cual su padre lo envió a España, y
allí permaneció tres años, regresando después a La Habana, y
aquí se estableció, ingresando en el bufete del letrado Don Ilde-
fonso Suárez, asesor legal éste del Gobernador Capitán General
Don Miguel Tacón y padre del abogado y notable escritor Anselmo
228 CUBA CONTEMPORÁNEA

Suárez y Romero. Al relevo de dicho Gobernador se siguió el


juicio de residencia del mismo, y en él, ocurrido en 1838, se vió
envuelto el citado Suárez por una acusación que se le hizo, de la

que defendió Bernal, con calor y entusiasmo, arriesgando en


lo

aquellos momentos su posición y porvenir.


Enaño 1839, cuando se creó la Audiencia Pretorial de La
el

Habana, fué nombrado Teniente Fiscal de la misma, cargo que


desempeñó hasta el año 1841, en el que, por prescripción facul-
tativa, a consecuencia de un padecimiento de estómago, salió de
La Habana para Europa, con licencia que obtuvo por un año. De
regreso de ese viaje, escribió su libro Impresiones y recuerdos de
viajes (Madrid, 1845). En esa obra hizo la descripción de los
países que había recorrido: Francia, Inglaterra, Italia, Alemania,
Suiza, Portugal y las principales ciudades de^ mediodía de España.
La lectura de esta obra, según decía Don Fermín Gonzalo Morón
en la Revista de España, de Indias y del extranjero (1846),

. . . resulta útil y entretenida, cuando se logra atraer


el interés de
los lectores por la pintura exacta de costumbres, por la copia de
las
datos históricos y de observaciones filosóficas, que ofrece a un viajero
instruido el estudio de los pueblos y puntos que recorre. Las impre-
siones y recuerdos de viajes revelan su origen americano, y llevan el
sellode cierto amor a la libertad y civilización moderna, y de una tris-
teza y sentimentalismo, que distinguen generalmente a los literatos
americanos.

Por consejo de los médicos de Madrid y París fijó Bernal su


residencia en la primera de estas ciudades, con el
fin de recuperar

su salud; y desde entonces vivió siempre en España, sometido a


un régimen curativo muy severo.
Residiendo en Madrid, publicó en 1845 un volumen que tituló
Miscelánea, formado con varios trabajos. Refiriéndose a esta obra
dice el distinguido escritor, Don Domingo Figarola-Caneda, en
una biografía de Bernal que publicó en 1887 en el periódico La
Ilustración Cubana, editado en Barcelona, lo siguiente:

Este libro titulado Miscelánea y escrito para sus amigos antillanos,


tuvo en Cuba grandísimo éxito, porque en cada una de sus hojas y al
través de descripciones hechas a grandes rasgos, pero de mano maes-
tra,se siente palpitar el corazón del criollo, que al verse fuera de las
ligaduras del coloniaje, respira a sus anchas el aire puro y regenerado
229
JOSÉ CALIXTO BERNAL Y SOTO

de y de la civilización. Llenan las últimas páginas de ese


la libertad
libro tresbuenas poesías y una comedia que el autor prohibió se repre-
sentara, por haber escogido su lugar en el mismo Puerto Príncipe, y los
personajes entre sus afecciones más íntimas. No podemos resistir el
deseo de copiar las primeras líneas de ese libro, que, por sí solas, dan
una idea exacta del vigor y la elegancia de un estilo propio, de la lo-
zanía de la imaginación, el profundo sentimiento de amor a la patria, y
el espíritu observador y analítico de Bernal. Hay que creer que esas
líneas tocaron el corazón de algunos hombres, que antes no se habían
atrevido a exaniinar de dónde venían, dónde estaban y cuál era su deber
como ciudadanos. de los más constantes amigos de Bernal, ha-
Uno
blando de ese nos dijo que en él, por lo menos, se produjo esa
libro,
impresión, y hemos de referirnos a esa carta en que encontramos este
recuerdo, porque allí hay también, datos suficientes para completar la
biografía. He aquí ahora la primera página del libro de Bernal:
"Patria. ¿Y la tenemos nosotros? ¿Cuál es nuestra patria? ¿La de
nuestro nacimiento o la de nuestro origen? Ésta nos rehusa: aquélla
por una circunstancia única, sin ejemplo, no puede gloriarse de sus
hijos. Aquélla sin pasado, sin actualidades, sin porvenir, no tiene his-
toria ni esperanzas. Su pasado, sólo presenta dos grandes crímenes: el
aniquilamiento de una raza y la perdición de otra. Su actualidad, el
confuso hacinamiento de todas; sin origen, sin unidad, sin nacionalidad,
sin objeto: su porvenir... cubierto con negro manto. Vale más no adi-
vinarlo. Nosotros no podemos repartir nuestros afectos entre la Patria
y los nuestros; cada uno no tiene más que los suyos. Mi pensamiento,
sólo está en nosotros."
Y embargo, añade a estas palabras uno de los compatriotas de
sin
Bernal que con más intimidad le tratara: "El hombre que escribió esa
página, el que consumiéndose lejos de sus hogares, rodeado de indife-
rentes y desconocidos, viviendo en el pasado porque ese pasado era
su juventud, unida a todos los recuerdos y esperanzas que pudo aca-
riciar su corazón bajo el cielo que le vió nacer; ese hombre buscaba
incesantemente en todas partes la reivindicación y porvenir de esa
patria que le negaban, y él halló en sus viajes y después, en la soledad
de su retiro, ideas nuevas y antiguas tradiciones que obligaron a Es-
paña, no sólo a estudiar una reforma en el orden político, sino a ocu-
parse de las regiones que le quedaban en el nuevo mundo, bajo un
punto de vista que no había querido hacerlo hasta entonces."

En esta época se dedicó Bernal a escribir en revistas y perió-


dicos liberales, y especialmente en el titulado La Discusión^ que
fundó y dirigió en Madrid Don Nicolás María Rivero, en el que
colaboraban plumas tan notables como las de Don Nemesio Fer-
nández de Castro y el Marqués de Albaida.
230 CUBA CONTEMPORÁNEA

En 1847 publicó en París, y en idioma francés, su libro titulado


Pensamientos sobre reformas sociales, que le dió tanto nombre, y
que fué causa de que se le ofreciera la fundación en España de
un periódico para sostener y propagar las ideas contenidas en ese
libro. La Reforma, siendo
El periódico que se fundó se titulaba
el primero —
según dijo un que inauguró
escritor —y sostuvo en
España el principio de la democracia pura, de la que siempre fué
devoto Bernal; por este motivo Don Fermín Gonzalo Morón llamó
a Bernal "el fundador de la democracia en España". Las ideas
expuestas en aquella obra y la propaganda que de ellas hizo en el
citado periódico, suscitaron, según se dice, frecuentes polémicas con
liberales y conservadores, principalmente con aquéllos, pues los
mismos republicanos, que entonces eran más parlamentarios que
republicanos, atacaban duramente a la expresada doctrina, que,
siendo más liberal, había de ser la ruina del parlamentarismo,
que no es sino una relajación o falsificación de la democracia.
Pero la obra que más renombre dió a Bernal, como escritor
jurídico y como político eminente, fué su libro Teoría de la au-
toridad aplicada a las naciones modernas (1). En esta obra es-
tudiaba las distintas formas que ha revestido la democracia en las
diversas naciones y la manera cómo debía organizarse el Estado
en ellas. Pero lo —
que resulta más original según ya observó el
señor Luis Marino Pérez (2) —
leyendo ese libro de Bernal, es su
proyecto de confederación de las naciones, al trazar en él una
constitución federal internacional, que en 1856 limitó a las na-
ciones europeas, y que más tarde, en 1877, cuando reformó su
obra, hizo extensiva a las de América.
No puedo en este lugar hace un examen minucioso de ese
proyecto, que he visto surgir de nuevo, patrocinado por Mr. W.
Wilson, Presidente que fué de los Estados Unidos de la América
del Norte, con motivo del tratado de pazque puso fin a la guerra
mundial de 1914, bajo el nombre de Liga de las Naciones. Las
doctrinas fundamentales de Bernal, expuestas en 1856, al ser re-
producidas en 1918 prueban la previsión y el gran talento político
de nuestro ilustre compatriota, cuyas ideas apuntadas con más de

(1)Madrid, 1856, 2 tomos, en 4^


(2)Véase el número 79 (juHo, 1919) de Cuba Contemporánea, tomo XX, pá-
ginas 411 y siguientes.
JOSÉ CALIXTO BERNAL Y SOTO 231

medio de antelación, aparecen hoy como nuevas y sirviendo


siglo
de base a uno de los fundamentos del tratado de paz ya citado.
En unos apuntes autobiográficos de Bemal que se insertaron
en la Revista Cubana^ tomo 5, se dice lo siguiente:

No creía completo mi trabaje si no aecía algo sobre la cuestión in-


ternacional o el derecho de gentes, que está aún hoy por establecerse.
Las naciones viven hoy, como los salvajes en los bosques, sin más
corrección para sus acciones que la fuerza bruta. De aquí las conse-
cuencias que no pudieron evitar los salvajes conteniéndose en sociedades
regularizadas por leyes. Las naciones no evitarán esas consecuencias
si no hacen mismo, confederándose o sometiéndose a las reglas que
lo
dicten ellas mismas. Nunca lo han hecho, aunque siempre ha habido
conatos como los hay en el día. Son tan enormes los gastos para los
armamentos y tanto lo que se suprime el trabajo reproductivo con los
ejércitos permanentes, que no es difícil que el mismo exceso del mal
traiga el remedio. Yo aplico' a esa federación o legislación que de ella
ha de salir, el principio democrático, no considerando a cada nación, sino
como una personalidad, dando a todas igual número de votos, lo mismo
a las grandes que a las pequeñas. La mayor fuerza corporal, o mayor
riqueza de un individuo no le da ni puede dar, mayor número de votos.
Por el contrario, para evitar el arma de esas mayores dificultades es
para lo que se igualan las individualidades con el voto.
Los intereses bastardos creados a la sombra de los vicios del sistema
representativo dificultan el advenimiento de la democracia pura; pero
ya comienzan a convencerse aquéllos de que el régimen democrático es el
correctivo único. Ya se habla,: se pide, y como se acepta por algunos
el mandato imperativo de los electores a los elegidos, éste será el puente
por donde sei pase a la democracia verdadera.

Este libro de Bernal fué traducido al francés y anotado en


1861 por M. Egmont Vachin, con el título de Théorie de Vantorité
appliquée aux nations modernes, ou traité de la soberanité na-
tionale.
Publicó también Bemal el año 1877, en Madrid, otra obra en
la cual modificó algo su proyecto de bases de la "constitución fe-
deral internacional", a que antes me he referido, con el siguiente
título Tratado político. El derecho. Teoría y aplicación del derecho
:

y la autoridad (3) Para que el lector conozca ese proyecto de con-


.

federación federal, voy a copiar sus bases, tomándolas de este


libro. Dicen así:

(3) Madrid, 1877, en 4o


232 CUBA CONTEMPORÁNEA

I. Una convención federal se ocupará de los asuntos internacio-


nales de los Estados confederados. El primer efecto de' esta confede-
ración será una alianza general ofensiva y defensiva. La convención
se compondrá delos diputados de las naciones que se expresen.
Estos diputados serán elegidos en igual número por cada nación
II.

independiente de la manera que determine la autoridad en cada una


de ellas.
III. La convención se reunirá y tendrá sus sesiones en el punto en
donde hayan acordado de antemano los gobiernos respectivos.
IV. La convención elegirá su presidente de entre su seno, y for-
mará y ejecutará su reglamento interior.
V. La convención podrá ocuparse de todos los asuntos internacio-
nales; sobre todo de aquellas cuestiones que pudieran producir una
guerra, o cualquier clase de conflicto, y de todas las demás que con
el carácter de internacional proponga cualquiera de los gobiernos.

VI. Los acuerdos de la Convención no serán obligatorios, sino des-


pués de aprobados por los respectivos gobiernos, o por su mayoría.
VII. La convención tendrá también iniciativa para tratar sin pro-
posición anterior de todo aquello que juzgue conveniente a los inte-
reses universales.
VIII. Los gobiernos de distintas naciones están obligados a sumi-
nistrarle todos los datos y noticias que, les sean pedidos para el efecto.
IX. Los acuerdos de la Convención se tomarán por pluralidad abso-
luta de votos.

La explicación de esta última base, la da el mismo Bernal, de


esta manera:

Los individuos son y deben ser todos iguales ante la ley común, sea
cual fuere su inteligencia, su fuerza corporal, o sus bienes de fortuna.
Las sociedades deben ser todas iguales ante la ley internacional, sean
cuales fueren su población y sus recursos. En tal situación, dar en
este congreso a la voz de cada gobierno la fuerza en proporción del
número de sus sometidos, traería las consecuencias contrarias a las que
se desean obtener: no se haría más que consagrar con el derecho el
mismo sistema de fuerza que se quiere eliminar. Todas las potencias,
pues, grandes o pequeñas, deberán tener igual número de votos en el
Congreso internacional.

¿No es curioso que Mr. Wilson en 1918 haya coincidido, en


principios, con las ideas de Bernal, expuestas en 1856 y am-
pliadas en 1877?
En la década de 1850 a 1860, una de las,' más florecientes para
las letras en Cuba, se redactaba en Madrid un periódico titulado
JOSÉ CALIXTO BERNAL Y SOTO 283

La América, bajo la dirección de Don Eduardo Asquerino. En él

colaboró constantemente Bernal, hasta su extinción, debida ésta


a la constante oposición que le hacía la censura. En los pocos
tomos que existen de este periódico, pueden leerse los valientes
escritos de Bernal, en los que resaltan la sinceridad de sus opi-
niones, su patriotismo y vastos conocimientos.
Cuando en 1865
se convocó la Junta de Información para, tra-
reformas necesarias en Cuba y Puerto Rico, fué Ber-
tar sobre las
nal nombrado Comisionado por el Ayuntamiento de Puerto Prín-
cipe; y en Madrid, al lado de algunos cubanos ilustres designados
por otros Ayuntamientos, como lo fueron José Antonio Saco, el
Conde de Pozos Dulces, José Morales Lemus, Nicolás Azcárate,
José Antonio Echeverría, Tomás Terry y otros, todos pertenecientes
al Partido Reformista, trabajó incesantemente por su patria. Ese
grupo fué unido y profesaba los principios autonómicos, como lo
demostraron en el infonne que se dió sobre la materia; informe
del cual se separaron Saco y Bernal por no estar de acuerdo en
que al mismo tiempo hubiera Cámaras en Cuba y diputados a
Cortes en Madrid, pues estimaban Saco y Bernal que esta dua-
lidad desnaturalizaba y hacía estéril el régimen autonómico, por
lo que formularon voto particular.
Durante la estancia en Madrid, siguió Bernal su campaña pe-
riodística, colaborando en la Revista Hispanoamericana^ en Las
Antillas y otras publicaciones, y patentizando en todos sus es-
critos, su amor a Cuba y su protesta contra su opresión.
El desprecio con que el gobierno de España trató a los Comi-
sionados a la Junta de Información, y que rebozó la medida de
los agravios por tanto tiempo hechos a los cubanos, dando lugar
a la guerra de 1868, alejó un; poco a Bernal de la vida activa de
la política, y se concretó a escribir. A esta época corresponden
sus folletos Vindicación, Soluciones para Cuba, Apuntes sobre las
reformas y extinción de la esclavitud, Cuba y la Hacienda española,
y sus trabajos insertos en los periódicos, El Jurado, El Demócrata,
Las Novedades, El Sufragio Universal, La Discusión y otros, en
los cuales defendía la autonomía administrativa
y los derechos
de los cubanos. Esta campaña lo señaló como poco afecto a Es-
paña, según se decía en aquella época, y fué motivo de su des-
tierro a Ceuta. Éste se efectuó del modo siguiente:
234 CUBA CONTEMPORÁNEA

En la madrugada del 4 de julio de 1875, por orden del go-


bierno se procedió al registro de sus papeles, siendo conducido a
la cárcel, en clase de incomunicado, y encerrado en un calabozo.
A los doce o trece días, recibió la orden verbal de ser puesto en

comunicación y fué llevado al departamento de la cárcel llamado


correccional, donde tuvo por compañeros a hombres de las más
pésimas costumbres. A fines de julio recibió la orden, también
verbal, de ser puesto en libertad; pero en seguida fué conducido
al Gobierno Civil de la Provincia, en el que se presentó acom-
pañado de su guarda. Allí se le notificó la orden de salir al día
siguiente para Cádiz y esperar órdenes en esta ciudad. Ese viaje
lo hizo Bérnal solo y libre, y sin exigírsele palabra de que lo rea-

lizaría, por lo que muchos amigos le aconsejaron que se sustrajera


a la acción del gobierno, marchándose fuera de España; pero
Bernal no siguió esos consejos. Llegó a Cádiz y se presentó al
Gobernador.
Esta autoridad no pudo menos de sorprenderse al ver que se
le presentaba solo y espontáneamente un hombre que debía ser
reo de algún delito y del cual él no tenía noticias. Llamó e in-
terrogó al Secretario, que tampoco las tenía, y el Gobernador,
después de preguntar a Bernal dónde se hospedaba, le dijo que
regresara a su casa y volviera dentro de dos o tres días para ver
si llegaban noticias sobre su situación. Volvió y tampoco las había.
Volvió de nuevo, y entonces el Gobernador, le dijo:
— Creo que hablo con un caballero.
— V.
^Tieneprueba, — lacontestó Bernal. le

—Sin embargo, déme V. su palabra de que no hará uso de lo

que voy a decirle.


—Está dada.
—Pues Gobierno dispone que vaya V. deportado a Ceuta.
el

— Puede V. contar con que Ceuta cuando V. disponga.


iré a
—^Vuelva pues, dentro de dos o
V., para arreglar tres días el

modo de que pueda ir a Algeciras en el vapor ordinario que sale


de este puerto y tome allí el que sale diariamente para Ceuta.
—¿Y cómo voy a Ceuta?
—Libre y solo, como ha venido V.; y en prueba del concepto
que V. me merece, vaya V. con el Secretario, de mi orden, y ex-
tienda V. mismo el informe para el Gobernador General de Ceuta.
JOSÉ CALIXTO BERNAL Y SOTO 235

Bernal declinó este honor y dijo que se conformaba con el

que diera el expresado Gobernador.


Así lo hizo. Bernal fué a: Ceuta y allí su Gobernador le trató
con la misma distinción, eximiéndole de presentarse a la policía y
de otras precauciones a que se sujeta a los demás deportados.
He hecho esta relación, tomándola de los apuntes autobiográ-
ficos ya citados, para que se vea temple de alma de Bernal y
el

el concepto que tenía de las reglas a las cuales debía someter su


conducta, la cual contrasta notablemente con la orden injusta de
deportación que contra él se dictó, la que fué meramente guber-
nativa, sin que durante todo el¡ tiempo que duró ese estado se le

instruyera causa, ni fuera interrogado por autoridad judicial ni


militar alguna.
El 29 de noviembre de 1876 se le notificó por escrito la Real
Orden en la¡ que el Ministro de la Gobernación mandaba a ponerle
en libertad por haber cesado las causas que motivaron su deporta-
ción. El 30 de noviembre salió de Ceuta y regresó a Madrid.
Cuando Bernal recibió la orden de libertad, exclamó: "Ya me iba
acostumbrando a esta vida y no la abandonaría si me permitieran
trabajar aquí por la paz de mi patria."
En el registro que le hicieron al deportarlo, se le secuestró,
entre sus libros y papeles, el manuscrito de su obra ya citada
el cual le fué devuelto al regresar del destierro.
Tratado político ^
A instancia de sus amigos y costeada por éstos, se publicó dicha
obra en 1877, como ya he dicho.
Iniciado el movimiento político que produjo la Paz del Zanjón,
se pensó en Bernal para un puesto de Diputado en las Cortes es-
pañolas, representando a Puerto Príncipe, su pueblo natal. En
la creencia de que con arreglo a la ley electoral entonces vigente
corresponderían a esa Provincia dos diputados, se designó a Bernal
y a su amigo y comprovinciano Don José Ramón Betancourt; pero
rectificado el censo de población, sólo tuvo derecho esa Provincia
a nombrar uno, y por este motivo se eligió a Betancourt, dándosele
la representaciónde Santa Clara a Bernal.
Desde que recibió el acta y tomó posesión del cargo de Di-
putado fué un trabajador incansable, y no desperdiciaba momentos
y oportunidades para conseguir, a favor de su país, ventajas de
todas clases. No pronunció nunca discursos en el Congreso; pero
.

236 CUBA CONTEMPORÁNEA

en cambio luchaba con los Ministros en sus despachos, tratando


de arrancarles beneficios para Cuba.
A esta época corresponde la publicación de su notable folleto
La Autonomía y su proyecto de ley política, que fué ampliamente
discutido por sus compañeros de diputación. En esta época el
Partido Liberal no había definido bien su dogma o aspiraciones,
que fueron más tarde concretadas en el célebre artículo Nuestra
Doctrina que publicó El Triunfo^ periódico que ostentaba la re-
presentación de dicho Partido. De ahí la necesidad de un pro-
grama claro, que fué la tarea que se impuso Bernal en aquella
ley, que acaba de citarse. Ese trabajo lo publicó, en forma de
folleto, en 1881, con el título de La reforma política en Cuba y
su ley constitutiva (4)
El deseo de servir a su patria, de un modo efectivo, le hizo
celebrar una entrevista con Don Antonio Cánovas del Castillo,
a quien estimaba partidario de una legislación especial para las
Antillas, según se consignó por ese político en el preámbulo del
decreto convocando la Junta de Información de 1865; pero Bernal
sufrió una decepción horrible: ya Cánovas había cambiado de
opinión y había entrado en el sendero que él mismo había pre-

parado para llevar a Cuba a la desesperación. Otra entrevista


celebró con Don Fernando de León y Castillo, Ministro de Ul-
tramar a la sazón, de quien obtuvo la confesión de ser contrario
a la autonomía, si bien era partidario de una amplia descentra-
lización; habiendo encargado a Bernal que buscara la fórmula de
realizarla ;
pero Bernal, lo mismo que la Junta Central del Partido,
no admitió términos medios.
Por otro camino quiso llegar Bernal a esos mismos fines. Ce-
lebró varias conferencias con el Jefe de la sección política del
Ministerio de Ultramar, explicándole sucintamente las reformas
que él deseaba para Cuba, sobre
la base de la autonomía, a fin
de que ese Jefe propusiera e indujera al Ministro a dichas re-
formas. Para esas conferencias fué autorizado el referido Jefe
por el propio Ministro.
Su vida, como diputado, era ésta: trabajaba sin cesar y apro-
vechaba todas las oportunidades para conseguir sus propósitos.

(4) Madrid, 1881, en 4q, 54 páginas.


JOSÉ CALIXTO BERNAL Y SOTO 237

En diciembre de 1879 dirigió, desde Madrid, una notable carta


al Director del Diario de la Marina, de La Habana, que se en-
cuentra inserta en la Colección postuma de papeles de Saco, en
la cual carta defendió a éste de los conceptos erróneos que se le
atribuyeron de no aceptarel sistema político autonómico que

defendía El Triunfo, y una legislatura provincial o diputación


insular. Explicando Bernaí porqué Saco no aceptada la palabra


autonomía, dice:

Nadie ignora, ¿quién ha de ignorarlo?, que toda la guerra que se


ha hecho a las justísimas aspiraciones políticas de los cubanos; la más
poderosa arma que se ha esgrimido contra ellos; todo el fundamento
para llamar separatistas y enemigos de España a los partidarios de
aquellas ideas, no era otro que esa palabra autonomía. Arma de doble
y funesto efecto. Con ella se obligaba a los cubanos a silenciar sus
deseos, y por la pretensión y falta de explicación de esos deseos, se
les anatematizó con ella. Con ella sólo triunfaban los enemigos de
aquellas legítimas aspiraciones, y fuerza y deber era tratar de inutili-
zarlos, y esto fué lo que intentó Saco.
La palabra autonomía como he dicho antes, dañaba a las aspiraciones
de los cubanos mientras éstas no pudieran ser conocidas; pero hoy que
lo son, es indiferente y puede aceptarse para calificarlas aquella palabra
u otra cualquiera como convencional, por no haber otra que pueda ser
más propiamente aplicada a una legislación provincial dependiente del
poder central de la Nación. Y la declaración es la de que, además de
lo general del programa liberal de ésa, estoy completa y especialmente
conforme con la parte que se refiere a la diputación insular, que con-
sidero la base sine qua non de las reformas políticas que necesita Cuba,
sea cual fuere el nombre con que se les califique.

Después de las elecciones de ese año, Bernal fué reelecto en


las celebradasen 1881, para representar a Santa Clara, por ha-
berse designado otra vez a José Ramón Betancourt por Puerto
Príncipe.
No es posible que dentro de los límites de este artículo en-
cierre una biografía completa de Bernal. Su vida laboriosa fué
intensa y útil. Su valer lo comprueban las líneas que se le han
dedicado realzando sus méritos. Rafael María de Labra en un
artículo que insertó en La Habana Literaria, abril de 1892, dice
de Bernal lo siguiente:

A pesar de todo esto, es absolutamente imposible negar el hecho


de que Don Calixto Bernal es unq de los fundadores de la democracia
:

238 CUBA CONTEMPORÁNEA

española. Su extraordinaria modestia, y quizás lo endeble de su salud,


le impidieron tomar parte activa en los movimientos políticos posteriores
al retraimiento de 1886. El carácter de Don Calixto era absolutamente
incompatible con toda exhibición. Vivía retraído en su palomar de la
calle del Prado, y sorprendía la humildad de su apariencia, la dulzura
de su trato y su adversión a la notoriedad, con su afición a la polémica
periodísítica, y su atrevimiento y energía en el libro. En este terreno
era verdaderamente indomable.
Las doctrinas de nuestro amigo se caracterizaban siempre por una
gran originalidad, como su estilo por un gran vigor, una claridad ex-
traordinaria, y una propensión irresistible a atacar los problemas más
temerosos. Muchas veces recuerdo a Girardin, otras a Considerant.
De todas suertes, es un espíritu muy latino, y muy saturado de las ten-
dencias de 1848. En el orden colonial era más localista y autoritario
que liberal y demócrata.

Describiéndonos su aspecto físico y moral, escribe el propio


Labra en la revista citada:

Era pequeño de cuerpo, delgado, nervioso y de complexión delicada.


Sin embargo, la viveza de sus ojos, la forma de su cabeza y lo promi-
nente y espacioso de su frente, acusaban la potencia de sus facultades
intelectuales. Se alimentaba como un pájaro, y vivía con insistente
preferencia, en habitaciones muy altas para respirar con facilidad aire
puro y muy oxigenado. Su vida era de una regularidad asombrosa. Su
pasión el Ateneo. Paseaba mucho, hablaba muy poco y apenas hacía
visitas. Su modestia, su desinterés y su rectitud rayaron en lo ex-
cepcional. Nunca le oí hablar mal de nadie, ni quejarse de ninguna
injuria. Pero se enardecía con la polémica, y literalmente perdía los
estribos cuando se hablaba de la desigualdad y la injusticia con que se
trataba a su querida Cuba, tema de sus dulces recuerdos y de sus más
gratas aspiraciones.

Desde el año 1884 se retiró de las luchas políticas: sus ochenta


años de edad le tenían muy
achacoso y decepcionado. Así vivió
dos años más: el 20 de diciembre de 1886, a las diez y media de
la noche, dejó de existir, víctima de una pulmonía senil. Don
José Ramón Betancourt, dando cuenta del fallecimiento de Bernal,
escribió

Calixto Bernal todo lo reunía; talento, instrucción, valor, virtudes


cívicas y privadas, estudio profundo de los problemas económicos y
políticos coloniales, previsión y tacto para indicar sus soluciones más
dignas y oportunas y provechosas; celo y laboriosidad inquebrantables
JOSÉ CALIXTO BERNAL Y SOTO 239

para velar y proteger los intereses antillanos; energía para presentarlos


bajo su verdadero punto de vista al Gobierno y al pueblo, sin exagera-
ciones, impaciencias ni desfallecimientos; modestia ejemplar para im-
pedir todo aquello que pudiera dar realce a su nombre o para recom-
pensas, que siempre rehusó, y por fin, amor sin límites a la libertad,
consagración exquisita a la causa de la democracia, y ferviente empeño
en procurar favorecer de cualquier modo los destinos del país, con tal
de que no se abandonara la senda de la paz y de la legalidad, por donde
él solía decir que llegaríamos más despacio; pero indudablemente con
más seguridad a la realización de nuestras esperanzas más legítimas.
Desde la calle de San Bartolomé, número 3, donde falleció en Madrid,
el señor Bernal y Soto, fué conducido al Cementerio de San Justo, en
el que sus compatriotas y correligionarios acordaron cubrir su sepulcro
con una lápida de mármol que protegerá sus preciosos restos, hasta que
su pueblo natal los reclame. Sobre su ataúd vimos una corona que tenía
esta inscripción: A Calixto Bernal y SotOj Puerto Príncipe.

Labra en el trabajo citado, dice:

Betancourt, Portuondo, los hermanos Zurbano y Labra iniciaron una


suscripción que produjo lo suficiente para que en el citado Cementerio
se haya erigidoun monumento a la memoria de Don Calixto Bernal, en
tanto sus paisanos los camagüeyanos resuelvan la traslación de sus
cenizas a su tierra natal.

Termino estas líneas, sin agotar el tema, pidiendo para las


cenizas de Bernal un lugar en su terruño. Me acompañan en esta
petición Betancourt y Labra. ¿Olvidarán los camagüeyanos esta
súplica?

Antonio L. Valverde.
LEGISLACION INTERNACIONAL DEL AIRE**'

L mundo que habitamos está formado por tres ele-

mentos: la tierra, cuna de la raza humana y centro


donde se desenvuelven todas nuestras actividades in-
dividuales y colectivas; el agua, que cubre las tres
cuartas partes del globo, separando los Continentes para unir más
estrechamente a los pueblos en una inmensa vía de comunicación;
y el aire, que formando una esfera envolvente alrededor de los
otros dos, es indispensable a la existencia de todas las especies
orgánicas que pueblan el planeta.
De ha sido durante mucho tiempo
estos tres elementos, la tierra
el único campo de acciónDerecho Internacional. Divididos los
del
Continentes en naciones por fronteras convencionales, formadas a
veces por ríos y cordilleras y a veces por líneas imaginarias,
dentro de las que viven intensamente grupos raciales tan diversos
como desproporcionados y en los que la ley nacional, producto
de su exclusiva voluntad, es absoluta y soberana, ha ido surgiendo
en el transcurso de los siglos al lado de ese derecho nacional y
como fruto forzoso de las relaciones de los pueblos entre sí, el
conjunto de reglas consuetudinarias que forman el Derecho In-
ternacional.
El descubrimiento de nuevas tierras, los perfeccionamientos
científicos que permitieron al hombre la travesía segura de los
océanos, los inventos que hicieron del mar un juguete dócil del
hombre, abrieron a fines del siglo XV al derecho de las naciones
el más extenso de sus campos conocidos, arrebatando a las cosas

(•) Trabajo leído en la sesión que celebró la Sociedad Cubana de Derecho Inter-
nacional, en La Habana, el día 25 de abril de 1923.
LEGISLACIÓN INTERNACIONAL DEL AIRE 241

comunes del Derecho Romano el más fecundo y el más amplio de


los laboratorios que han formado el Derecho Internacional con-
temporáneo.
Los descubrimientos científicos que caracterizaron el final del
pasado siglo y los maravillosos inventos mecánicos que han trans-
formado la civilización del mundo durante las dos primeras dé-
cadas de la presente centuria dando al hombre absoluto dominio
de la tierra y del mar y que, burlando la ley de la gravedad le
han permitido volar como las aves, ascender a alturas increíbles
y recorrer enormes distancias con velocidad fantástica, han abierto
al Derecho Internacional público el más vasto de sus campos,

poniendo así bajo el imperio de la Ley de las Naciones el más


internacional por excelencia de todos los elementos del planeta.
La novedad del asunto, surgido hace pocos años, unida al
incremento notable de la navegación aérea, hacen de la legislación
internacional del aire el tema más interesante hoy en día del De-
recho Internacional público.
La forma esporádica, lenta y anticientífica en que se han des-
arrollado las reglas más importantes del Derecho de Gentes en
la tierra y en el mar, a medida que lo han exigido las necesidades
y las conveniencias de las naciones, orientadas casi siempre por la
ambición y las conveniencias materiales inmediatas, neutralizadas
por el recelo y los intereses encontrados de las demás naciones,
para ser en definitiva, la resultante débil e imprecisa de corrientes
políticascuyo curso varía en razón directa de las ambiciones en
juego, han hecho desear ardientemente a los adeptos del Derecho
Internacional que la triste experiencia pasada impulsara a las na-
ciones a reglamentar a priori los aires, para que los principios
que habrían de regirlos fueran el producto de la reflexión y del
estudio científico, en vez de normas de conducta dictadas por la
conveniencia momentánea y circunstancial de intereses materiales
y transitorios.
La naturaleza del aire, mezcla invariable de gases que en-
vuelve uniformemente el globo terráqueo, su carácter que rechaza
toda idea de apropiación, sus facilidades para poner en contacto
las regiones más apartadas del globo, aun aquellas que encerradas
por otras naciones carecen de comunicación directa con el mundo
exterior, y la necesidad fundamental que para su existencia tienen
242 CUBA CONTEMPORÁNEA

de él todas las especies vivientes, hacen difícil su reglamentación


efectiva, por lo menos, mientras los medios de que dispone el

hombre actualmente, aunque maravillosos por todos conceptos, no


le presten un dominio más completo del espacio.

Sin embargo, preocupados por su reglamentación, los interna-


cionalistas contemporáneos más notables y las Conferencias in-
ternacionales más importantes, se han esforzado en solucionar de
diversos modos el problema.
Un ligero examen de los distintos sistemas propuestos me
parece necesario para apreciar cumplidamente las diversas fases
de la cuestión.
El primer sistema y el que más adeptos ha conseguido- entre
los internacionalistas contemporáneos por su sentido generoso e
idealista, es el que predica la libertad absoluta del aire. Pro-
hijado por el gran tratadista suizo Bluntschli y defendido caluro-
samente por Pradier Podéré concentró su más apasionado defensor
en el belga Nys, que en un informe presentado al Instituto de
Derecho Internacional en la sesión de Bruselas de 1902, después
de abogar por la libertad de la navegación aérea sobre el mar y
el territorio nacional sin distinción de nacionalidades, exhortaba
a sus compañeros de trabajo a impedir que el uso del aire fuera
restringido por la serie de reglas y limitaciones que enredaban y
empequeñecían el Derecho Internacional sobre la tierra.
La analogía existente entre el mar libre y el aire y la libertad
universalmente reconocida al primero, tenían sin duda que predis-
poner a los internacionalistas a defender la causa simpática de la
libertad del aire, que, por su naturaleza, es si cabe más libre que
el mirnio mar; sobre todo en aquella época en que Europa, ilu-

sionada todavía con la utopia de la paz perpetua, encontraba en


la libertad del aire una palanca poderosa para la solidarización y
fraternidad de todos los pueblos del universo. No es, pues, ex-
traño que en 1910 Henri Couannier haya sostenido en Ir Revista
Jurídica Internacional de Locomoción Aérea, con el apoyo de mu-
chos escritores, que la frontera superior del Estado era la super-
ficiede su territorio y que el aire, desde la tierra al infinito, caía
bajo el exclusivo dominio del Derecho Internacional.
Al propio tiempo y en contraposición con la generosa doctrina
de la libertad absoluta del aire, surgía capitaneada por intemacio-
LEGISLACIÓN INTERNACIONAL DEL AIRE 243

nalistas sajones la doctrina de la soberanía absoluta de los Estados


sobre el aire y el mar territorial, ramificación postuma del famoso
principio del Derecho Romano que atribuía al dueño de la super-
ficie el dominio desde el centro de la tierra hasta lo infinito. El
derecho de conservación de los Estados, tan manoseado siempre,
sirvió de base a la nueva doctrina y la posibilidad indiscutible de
lanzar bombas desde globos y aeroplanos, de espiar y observar la
situación de ejércitos y fortalezas, de introducir contrabando de
guerra y aduana, de burlar las leyes nacionales sobre inmigración,
higiene y comercio, y los peligros de violación de la soberanía
territorial en los casos de aterrizaje voluntario o forzoso con el
riesgo anexo a vidas y propiedades particulares, que con tanta
maestría relaciona en su libro sobre la guerra aérea el escritor
francés Bellenger, fueron serios escollos con que desde el prin-
cipio tropezó la escuela de la libertad absoluta del aire.
La lucha encarnizada que durante los dos primeros lustros de
este siglo sostuvieron esas dos escuelas recalcitrantes, en el seno
del Instituto de Derecho Internacional, para sumarse adeptos y
debilitar adversarios, dió origen a una tercera escuela, patrocinada
por el gran internacionalista francés Paul Fauchille, que surgió
del anhelo de llegar a una transacción entre dos tendencias tan
divergentes.
En un trabajo sobre el Régimen Jurídico de las Naves Aéreas
presentado al Instituto de Derecho Internacional, notable como
todos los suyos por su previsión, Fauchille, aceptando el principio
de la libertad del aire como el de la libertad del mar y asimilando
los globos a los buques, propuso que a semejanza del principio
que sobre el mar
reconoce a los Estados soberanía y juris-
libre
dicción sobre una zona de tres millas de ancho a lo largo de sus
costas, en el aire libre se reconociera a los Estados soberanía
y
jurisdicción sobre una capa de aire adyacente al territorio cuya
altura él proponía se fijara en 1500 metros, dejando el resto del
espacio aéreo libre, como el océano, sin restricciones de ningún
género.
Esta teoría, aceptada y defendida con calor por RoUand, Bon-
nefoy, Merignhac y el Capitán Ferber, resultó a la larga más dis-
cutida y combatida que las dos que con su creación pretendió ar-
monizar. Nació débil e imprecisa y las disquisiciones a que la
244 CUBA CONTEMPORÁNEA

llevaron sus propios defensores, tratando de solucionar de dis-

tintos modos los diversos problemas a que daba origen, la hicieron

caer pronto en descrédito. Mientras muchos con Fauchille pre-


tendían fijar definitivamente la altura de la capa de aire terri-
torial en una medida fija e invariable, PAerignhac, por analogía
con zona marítima terrestre, consideraba más justa la del al-
la

cance de los armamentos, y Rolland, por su parte, exigía que el


límite fuera el de la vista. Y mientras Bar predicaba la prohibi-
ción de la guerra en el espacio, Otlet aferradamente atribuía la
jurisdicción y soberanía sobre el aire libre a un estado interna-
cional nuevo que habría de crearse al efecto.
La nueva escuela, tratando de satisfacer a la vez a sus dos
ahijadas dándoles a ambas la razón, se olvidó de solucionar los
problemas que justificaban su existencia, ya que la división del
aire continental en dos capas superspuestas, aparte de su dificutad
práctica, aun con los perfeccionamientos modernos, no eliminaba
la ley de la gravedad que forzosamente haría descender a tierra
las bombas y el contrabando de guerra lanzados desde la capa su-
perior, ni suprimía los peligros que para la vida y la propiedad
originaban los accidentes y los aterrizamientos voluntarios o for-
tuitos, ni impedía que Estados poco escrupulosos abusaran de esa
libertad aprovechándose para espiar y observar el territorio de las
demás naciones.
Su propio padre, Fauchille, con una amplitud de miras digna
de elogio se encargó de darle muerte en el nuevo proyecto que
presentó al Instituto de Derecho internacional en la sesión de
París de 1910, en el que, reconociendo las deficiencias de su
plan, sugirió nuevas soluciones al problema que, aunque inspi-
radas al parecer en el principio de la libertad internacional del
aire, revelaban francamente su inclinación a reconocer la sobe-
ranía de los Estados sobre el aire territorial.
Los esfuerzos de los internacionalistas en ponerse de acuerdo
sobre los principios que habrían de inspirar la legislación interna-
cional del aire indujo a las grandes potencias a celebrar una Con-
ferencia para dictar reglas definitivas sobre la materia. Esta Con-
ferencia se reunió en París en 1910, pero después de largas dis-
cusiones se disolvió sin haber llegado a conclusiones prácticas,
debido a las irreconciliables divergencias de criterio sustentadas
LEGISLACIÓN INTERNACIONAL DEL AIRE 245

por los representantes de los distintos Estados, y especialmente


por Inglaterra, que celosa de la superioridad aérea de Francia
veía en la doctrina de la libertad absoluta del aire, defendida por
casi todos los intemacionalistas Isíinos, la quiebra de la invulne-

rable seguridad que la Home-Fleet había garantizado hasta en-


tonces al Archipiélago británico.
Un nuevo esfuerzo de Fauchille en el instituto de Derecho
Internacional en la sesión de Madrid de 1911, al que presentó
un proyecto acabado de Reglamentación de la Circulación Aérea,
y la Aerial Navigation Act votada por el Parlamento inglés en el
propio año y enmendada en 1913, que fueron luego sumamente
útiles en fijar orientaciones sobre el régimen de las naves aéreas
en las Conferencias de la Paz de 19 19, son los últimos trabajos
dignos de mención producidos antes de la guerra mundial de 1914.
La guerra europea de 1914 encontró al Derecho Internacional
desprovisto de leyes para resolver los numerosos e intrincados
problemas que las máquinas aéreas pronto iban a plantearle con
toda magnitud. Las teorías sustentadas por los tratadistas y las
Conferencias internacionales celebradas no habían pasado de ser
especulaciones científicas en que sus mismos autores no habían
podido ponerse de acuerdo; y cada Estado, desligado de todo
compromiso previo, estaba en libertad de obrar según mejor con-
viniera a sus intereses nacionales, libertad de que, por otro lado,
hubiera gozado aunque el Reglamento que preparó la Conferencia
de P^rís de 1910 se hubiera aceptado, puesto que el artículo 49
de dicho proyecto reconocía expresamente a los Estados contra-
tantes amplia libertad de acción en caso de guerra.
Podemos afirmar que, con excepción de la Declaración firmada
en ElHaya en 18 de octubre de 1907, prohibiendo el lanzamiento
de proyectiles y explosivos desde globos, y del artículo 25 de las
Leyes de Guerra Terrestre sobre bombardeo, de igual fecha, reglas
imprecisas, limitadas y cuyo cumplimiento por otra parte no era
exigible por no ser todos los beligerantes partes a los mismos,
no existía en todo el Derecho Internacional un solo precepto que

pudiera aplicarse a la guerra aérea ni a las relaciones entre avio-


nes nacionales y enemigos, beligerantes y neutrales, públicos y
privados o a la legitimidad de los medios de guerra que las ne-
cesidades militares habrían de poner en juego inmediatamente.
246 CUBA CONTEMPORÁNEA

Y quizás haya sido conveniente para la humanidad que no exis-


tiera en esa época una legislación internacional que los adelantos
meses y
increíbles de la aviación harían insuficiente a los pocos
que sin duda hubiera impedido o al menos restringido notable-
mente el desarrollo de los principios y reglas nuevos que jamás
hubieran salido de la discusión científica en las Conferencias in-
ternacionales.
El empleo de globos en la guerra no era una novedad. Casi
todos los tratadistas mencionan como curiosidad su uso en la ba-
tallade Fleurus por los franceses en 1794. La tentativa de su
empleo por los rusos en Moscow en 1812, las observaciones hechas
por Carnot en Amberes en 1815, la explosión de 200 globos pe-
queños cargados de explosivos en el sitio de Venecia sobre las
propias líneas austríacas y la utilización de globos durante el sitio

de París en 1870, demuestran que los militares de todos los países


presentían la importancia que en la guerra habría de tener la
aviación. Sin embargo, en realidad, hasta la guerra Italo-Turca
de 1912 no se emplearon con relativa eficacia y sólo en servicios
de exploración.
Al estallar la guerra mundial el empleo de los globos, aun
más importante que el de los aeroplanos, parecía limitado al

espionaje y observación. Los inventos se sucedieron con rapidez


vertiginosa y las nuevas aplicaciones mecánicas pronto relegaron
los globos a un plano secundario, dándole preferencia al aeroplano
cuya utilidad había de ser una sorpresa para todos los beligerantes.
La guerra mundial no sólo cambió las ideas de los pueblos, sino
que constituyó una revolución mayor aun en el orden militar. El
submarino y el aeroplano, desconocidos casi hasta entonces, hi-
cieron su aparición como armas defensivas y ofensivas y trastor-
nando las leyes anticuadas de la guerra hicieron sentir la nece-
sidad de que una legislación moderna más acabada regulase en
lo futuro las formas de ataque y defensa creadas por nuevos ele-

mentos de combate. Limitando hoy nuestro estudio al aeroplano,


el trastorno producido por su introducción en la guerra como ele-
mento militar fué incalculable. El aeroplano dejó de ser el medio
inofensivo de la exploración para convertirse en el más terrible de
los armamentos de ataque y destrucción. Su costo relativamente
pequeño, su eficacia en destruir fortificaciones y escuadras enemi-
LEGISLACIÓN INTERNACIONAL DEL AIRE 247

gas, SU manejo sencillo, su facilidad en rehuir el enemigo ocul-

tándose entre nubes y niebla, su radio de acción ilimitado, su


estabilidad para el combate, su velocidad que aseguraba la sor-
presa del adversario, y su impunidad, garantizada por la imperfec-
ción en los medios que existían para combatirlo, más peligroso
para los que los empleaban que para el propio atacado, lo hicieron
durante la guerra el arma favorita de los beligerantes, que servía
de centinela a los ejércitos y escuadras y que podía desde los
cielos descubrir sin peligro al enemigo en la tierra o en el fondo
del mar.
Al iniciarse las hostilidades, los Estados beligerantes como
medida de seguridad prohibieron la circulación aérea a los aviones
particulares, resolviendo así tácitamente a favor del Estado el
discutido problema de la soberanía territorial del aire. Los es-

casos aeroplanos al servicio de particulares fueron expropiados por


los gobiernos para los fines de la guerra y no pudieron por tanto
surgir en 1914 los problemas relativos al carácter de corrbatier.te
y no combatiente y a la legitimidad o ilegalidad del corso aéreo,
cuestiones que surgirán imperiosamente cuando la aviación haya
alcanzado su desarrollo máximo con el incremento que actual-
mente experimenta y la navegación aérea sea uno de los medios
más eficaces del intercambio comercial entre las naciones. La
distinción de las naves aéreas en combatientes y no combatientes,
en públicas y privadas, en beligerantes y neutrales y la conversión
de naves aéreas mercantes en aviones militares, con las cuestiones
inherentesal lugar, época, forma, declaración y demás particulares

de dicha conversión, confrontarán forzosamente a la Ley de las


Naciones en lo futuro, que debe estar preparada para solucionarla
jurídicamente.
¿Qué leyes deben aplicarse a los aviones durante la guerra?
La cuestión se planteó con toda su agudeza durante la guerra
mundial, recibiendo distintas soluciones según los intereses en
juego de los beligerantes, pero sin que se le diera una resolución
jurídica definitiva. Asimiladas las naves aéreas a los buques, gran
número de tratadistas han pretendido que les sean aplicables por
analogía las reglas que rigen la navegación marítima en tiempo
de paz; pero, desconocido hasta la guerra mundial el hidroplano
y limitadas, por consecuencia, las operaciones aéreas a la guerra
248 CUBA CONTEMPORÁNEA

territorial, era forzoso aplicarle las leyes de la guerra terrestre.


La aparición del hidroplano hizo variar el problema que Merignhac
y RoUand trataron de solucionar proponiendo se aplicaran las leyes
de la guerra terrestre cuando los aviones efectuaran operaciones
en tierra y las leyes de la guerra marítima cuando operaran en
el mar. La distinción en uno y otro caso, no siempre posible,
no ofrece una pauta científica y práctica, dadas las diferencias a
que en poco tiempo un mismo avión se vería sujeto. Es que, en
realidad, elempleo de aviones en la guerra constituye un medio
especial de guerra por sí que debe tener su reglamentación tam-
bién especial.
Si los aviones se asimilan a los buques en tiempo de paz,
¿pueden aplicárseles en tiempo de guerra las disposiciones que
regulan apresamiento, enjuiciamiento y condena de buques por
el

tribunales de presa? En otras palabras, ¿la propiedad privada


aérea debe ser inviolable como la propiedad privada en la guerra
terrestre, o susceptible de apresamiento como la propiedad pri-

vada enemiga en la guerra marítima? No existe ley que dé con-


cretamente a los beligerantes una noiTna de conducta, y ni si-
quiera había antes de la guerra opiniones de autores sobre este
asunto completamente nuevo. Hoy, mientras Kaufmann, Merier
y Rolin se declaran decididos defensores' de la inviolabilidad de la
propiedad privada aérea, Renault y Holland abogan por el apre-
samiento de naves aéreas y de mercancías enemigas en los mismos
casos y condiciones que en la guerra marítima.
De más interés práctico durante la guerra mundial resultó la
cuestión de si los aviones podían capturar buques enemigos y si

dichas capturas debían sujetarse a las leyes de la guerra marítima


con su secuela de sumisión a tribunales de presa y respeto a la
propiedad neutral bajo pabellón enemigo. Al final de la guerra
un aeroplano aliado capturó varios buques dejados por los ale-
manes en su retirada de Zeebruge y la presa fué confirmada por el
Tribunal de presas belga. El bombardeo del vapor inglés Elfland
en marzo de 1915 por un hidroavión alemán, puso sobre el tapete
el derecho de los beligerantes a destruir las presas, ya que por
sus condiciones los aeroplanos en el estado actual de su funciona-
miento son incapaces, al igual que los submarinos, de ofrecer
refugio a la tripulación y pasajeros del barco atacado.
LEGISLACIÓN INTERNACIONAL DEL AIRE 249

¿Pueden los aeroplanos efectuar en alta mar el derecho de


visita, registro y captura de barcos neutrales que el Derecho In-

ternacional marítimo concede a los buques de guerra beligerantes?


Esta cuestión suscitó las más vivas protestas de los neutrales
durante la guerra mundial y aunque pospuesta su solución mo-
mentáneamente por consideraciones de política internacional, será
uno de los problemas más serios con que debe enfrentarse el
Derecho internacional en lo futuro.
Pero la cuestión que dió lugar a las más agrias discusiones
entre los internacionalistas contemporáneos durante la guerra mun-
dial, fué la legitimidad del empleo del aeroplano en el bombardeo

terrestre. Como decíamos anteriormente, al romper las hostilidades


no existía en todo el Derecho de Gentes más regla aplicable a
la guerra aérea que la Declaración de El Haya de 1907 sobre

lanzamiento de bombas y explosivos desde globos, cuya duración,


limitada hasta la celebración de la tercera Conferencia de la Paz,
quedó interrumpida por el hecho de tomar parte en las operaciones
de guerra, potencias que no estaban adheridas a la misma. Eli-
minada la posibilidad de exigir el cumplimiento de ese precepto,
sólo quedaba para restringir el bombardeo aéreo el artículo 25 de
las reglas de la guerra terrestre firmadas en El Haya en 1907, que
prohibía el bombardeo de ciudades no defendidas por cualquier
medio. Pero ¿qué se entiende por ciudades no defendidas? En
el estado actual de nuestra civilización, en el que las grandes
industrias, incluso las relacionadas estrechamente con la guerra,
se desenvuelven en el seno o en los alrededores de las grandes
capitales y en el que no puede deslindarse siempre con toda
precisión dónde empieza la ciudad y dónde el reducto de defensa,
la calificación de ciudad defendida o no defendida está entera-
mente en manos de la buena o mala fe de los beligerantes, máxime
cuando durante la guerra no había ciudad que no pudiera colocar
en un momento cañones verticales contra aeroplanos y donde los
hangares no pudieran lanzar al espacio en breves minutos flo-
tillas de aviones para combatir a sus adversarios.
Pero unánimemente la humanidad ha condenado, por brutal
y salvaje, el bombardeo innecesario de ciudades indefensas situa-
das a gran distancia del teatro de operaciones militares, sin más
objeto inmediato que intimidar a las masas de mujeres, niños y

250 CUBA CONTEMPORÁNEA

ancianos que no podían combatir con las armas en el frente de


batalla.
Y como, por otra parte, bombardeo
el objetivo principal del

la ocupación —no bombardeo aéreo, dado el redu-


es viable en el
cido contingente que puede transportar una flotilla aérea en ope-
raciones, y que los requisitos de notificación y ultimátum le pri-
varían de su base fundamental para el éxito, que es la sorpresa,
los escritores más notables del mundo, entre ellos Fauchille y
Oppenheim, han abogado decididamente por la prohibición del
bombardeo aéreo, o al menos su reglamentación a límites tan se-
veros que equivalen prácticamente a su supresión absoluta.
Estos problemas, tan complicados como imprevistos y cuya
resolución costó a los beligerantes centenares de miles de vidas,
hizo pensar seriamente a los estadistas que reunidos en París en
1919 pretendían reconstruir el mundo, en la conveniencia de apro-
vechar la ocasión propicia para dar un nuevo paso de avance en
la reglamentación internacional del aire. Y a ese efecto la Con-
ferencia de la Paz designó de su seno una Comisión de Aero-
náutica, en la que estuvo dignamente representada Cuba por nues-
tro querido e ilustre Presidente de la Sociedad Cubana de De-
recho Internacional, el Dr. Antonio Sánchez de Bustamante.
Ya antes de la terminación de la guerra, Inglaterra siempre
alerta, víctima principal de los excesos de la guerra aérea, pre-
sintiendo la importancia que a su terminación adquiriría la nave-
gación comercial por los aires, había constituido en mayo de 1917
una Comisión de Transporte Civil Aéreo, para estudiar los pasos
que debían darse a fin de desarrollar y regular a la terminación
del conflicto la aviación civil y comercial. El informe de esa Co-
misión, presentado en 11 de mayo de 1918, sirvió de base para
lapromulgación de la Air Navigation Act de 30 de abril de 1919,
que sirvió de precedente valioso y orientó a los plenipotenciarios
reunidos en París, influyendo decisivamente en la redacción de
la Convención Internacional del Aire firmada en 13 de octubre de
1919, por veintisiete naciones del mundo, que aunque hecha en
Francia y al parecer por Francia, a la que más directamente afec-
taba como primera potencia aérea del mundo, tiene, como todos
los convenios salidos de las Conferencias de la Paz, un marcado
sabor inglés.
LEGISLACIÓN INTERNACIONAL DEL AIRE 251

La Convención Internacional del Aire ha venido, al fin, a crear


algunas reglas definidas de Derecho Internacional. En ella se
declara, siguiendo la doctrina de los anglosajones, que los Estados
tienen soberanía sobre el aire que cubre su territorio y el mar
territorial y, por consiguiente, caen bajo su jurisdicción las aero-
naves que los atraviesen, pero quedan obligados en tiempo de
paz a permitir el tránsito inocente de aviones sin distinción de
nacionalidad, aunque reservándose el derecho de prohibir previa
notificación toda circulación en determinados lugares por motivos
de defensa o de seguridad pública y teniendo facultades para de-
signar rutas especiales a fin de que por ellas exclusivamente se
efectúe dicho tránsito, reservándose el tráfico aéreo de cabotaje
a los aviones nacionales.
En cuanto al régimen de las naves aéreas, la Convención, asi-

milándolas a los buques, fija como base fundamental la naciona-


lidad, exigiendo que todo avión esté inscrito en el país de donde
sean nacionales sus dueños, debiendo llevar marcas de identifi-
cación que permitan reconocerlo, a cuyo efecto los Estados con-
tratantes deben canjear periódicamente sus informes sobre sus na-
ves nacionales.
El convenio consagra a los Estados el derecho de inspeccionar
y obligar a descender a los aeroplanos que atraviesen su territorio,
fijando al efecto lugares de aterrizaje, y los faculta para prohibir
el transporte de explosivos, municiones o aparatos fotográficos

en iguales condiciones para nacionales y extranjeros.


Las naves aéreas se clasifican, como los buques, en públicas y
privadas, según pertenezcan a los Estados o a los particulares,
subdividiéndose las primeras en militares y no militares, según es-
tén afectos a un servicio militar o civil. Los aviones militares
gozan, como los buques de guerra, del beneficio de extraterrito-
rialidad, pero no pueden volar sobre el territorio de los Estados
sin su consentimiento, salvo en caso de accidente. Los aviones
públicos destinados a un servicio pacífico quedan, como los aviones
particulares, sujetos a la jurisdicción del Estado que atraviesen,
debiendo aterrizar cuando se les ordene en los aeródromos y adua-
nas destinadas al efecto y estando obligados a respetar las leyes
que sobre aduanas, sanidad, comercio e inmigración dicten los
Estados.
252 CUBA CONTEMPORÁNEA

El convenio, aparte de otras disposiciones de menor impor-


tancia, sobre modos de impedir la ficción de nacionalidad y de
regular el salvamento en caso de accidente, reglamenta con lujo
de detalles en los anexos al Tratado las marcas y los signos
convencionales que debe llevar todo avión para distinguir su
nacionalidad y diferenciarse de los de un mismo Estado, los re-
quisitos del certificado de navegación, los libros que deben lle-
varse a bordo, análogos a los de los buques mercantes, y las
reglas de señales, luces de situación y código internacional para
la navegación aérea, distribución de informes meteorológicos y

técnicos, así como la preparación de mapas de rutas aéreas.


Y dejando amplio margen al desarrollo que promete la nave-
gación aérea en lo futuro, el convenio instituye la Comisión In-
ternacional del Aire, bajo la supervisión de la Liga de las Na-
ciones —contra cuya constitución antidemocrática formuló opor-
tunamente reservas la Delegación Cubana en el Congreso de la

Paz —organismo que está encargado de decidir y transmitir los


informes y recomendaciones necesarios y de reglamentar la nave-
gación aérea, resolviendo las cuestiones que se le sometan de ca-
rácter técnico, político o administrativo, y quedando reservados al
Tribunal Permanente de Justicia Internacional las diferencias de
carácter legal que surjan sobre interpretación, alcance o aplicación
del convenio, cuyas disposiciones sólo pueden modificarse mediante
acuerdo de las dos terceras partes de los Estados adheridos a la
misma.
El proyecto presentado al Congreso de la Paz por la Comisión
de Aeronáutica era más progresista, ya que comprendía varias
reglas de Derecho Internacional Privado sobre el régimen de los
aviones, las personas y los bienes, debidas la mayoría de ellas a
nuestro ilustre Delegado Dr. Antonio Sánchez de Bustamante,
quien conquistó fácilmente el respeto y la admiración de sus com-

pañeros por su talento y competencia indiscutibles.


La aceptación de esas reglas por el Congreso de la Paz hubiera
dado un gran impulso a la legislación internacional del aire, solu-
cionando, al menos durante la paz, la mayoría de los problemas
que aun confronta la navegación aérea. Era, sin embargo, dema-
siado prematuro, y los Estados recelosos y suspicaces, temiendo
haber ido demasiado lejos en la reglamentación ya acordada, pre-
LEGISLACIÓN INTERNACIONAL DEL AIRE 263

firieron dejar el asunto para otra ocasión y restringieron aún más


la fuerza de la Convención al disponer en el artículo 38 que ésta
no limita la libertad de acción de las partes contratantes en caso
de guerra.
Aunque el progreso alcanzado en París es notable por todos
conceptos, la legislación internacional del aire dista mucho de
estar terminada, ya que no sólo se excluyeron deliberadamente
del convenio las reglas propuestas por la Delegación Cubana, que
hubieran completado la reglamentación efectiva del aire en tiempo
de paz, sino que, reservada expresamente a los beligerantes su
libertad de acción por el Tratado, los problemas surgidos durante
laguerra se complican y agravan con la intensificación del tráfico
y el perfeccionamiento de las naves aéreas.
Por otro lado, la guerra mundial ha conmovido los cimientos
del Derecho Internacional Público. La efectividad de los blo-
queos, base clásica de todo el Derecho Marítimo, es un mito
desde que los aviones, elevándose a alturas inconcebibles, lo bur-

lan con facilidad; los derechos de visita y registro de buques en alta


mar resultan insoportables hoy día para los neutrales, dado el
enorme desplazamiento de los vapores modernos; la dificultad de
los Estados neutrales, grandes y pequeños, para impedir las vio-
laciones del territorio por aviones beligerantes, hacen insostenible
hoy el antiguo concepto de la neutralidad; las proporciones enor-
mes de la guerra moderna, que exige la cooperación de todos
los ciudadanos en servicios militares o en trabajos íntimamente
relacionados con las operaciones de guerra, hacen imposible la
antigua diferenciación entre combatientes y civiles; y por último,
las industrias modernas, auxiliares necesarios de la guerra, que
invaden las ciudades han producido una crisis radical del Derecho
Internacional Público y aun aquellas reglas claras, precisas y fun-
damentales del Derecho de Gentes oscilan hoy al infíujo de las
nuevas condiciones en que se desarrolla la vida de la humanidad.
En este movimiento de progreso, la aviación va a !a cabeza.
Así nos lo indica la siempre previsora Bretaña, que ha celebrado
ya varios tratados provisionales sobre navegación aérea, entre
otros países, con Bélgica para el servicio de correos, en 23 de
septiembre de 1920; con Grecia, sobre pasaportes, en 27 de julio
: :

254 CUBA CONTEMPORÁNEA

de 1921; y con Portugal y Noruega, sobre navegación comercial,


en 6 de mayo y 15 de julio de 1921, respectivamente.
El mundo civilizado demanda hoy una legislación internacional
del aire que complemente la Convención de París de 13 de octubre
de 1919 y que estudie, resuelva y regule los problemas interna-
cionales que planteó la guerra y qué planteará en lo futuro la
navegación por los aires.

Cuba, que no ha ratificado aún la Convención Internacional


del Aire, está interesada, sin embargo, quizás más que ninguna
otra potencia de América, en el desenvolvimiento de la navegación
aérea. Nuestro comercio, nuestro desarrollo, nuestra riqueza, y
sobre todo, nuestra situación privilegiada, escala forzosa en la
navegación comercial que pronto unirá más estrechamente las

tres Américas, y baluarte estratégico inapreciable para el control


militar del Nuevo Mundo, parecen llamar a la Inglaterra ame-
ricana a desempeñar una posición brillantísima en el intercambio
aéreo del mundo.
Inspirado en las ideas antes expuestas y deseando darle un
carácter práctico a este trabajo, someto a la consideración de la
Sociedad Cubana de Derecho Internacional la adopción de los
siguientes

ACUERDOS

Primero: La Sociedad Cubana de Derecho Internacional, apre-


ciando las necesidades actuales del Derecho Internacional Público,
acuerda dedicar una sesión especial en su próxima reunión anual,
al estudio y discusión de los problemas relacionados con la nave-
gación aérea durante la paz y los principios que deben regular
la guerra aérea.

Segundo: La Sociedad Cubana de Derecho Internacional acuerda


dirigirse al Poder Ejecutivo de la República de Cuba, indicándole
la conveniencia de que, en ejercicio de sus facultades constitu-
cionales, invite a todos los Estados de América a que en la pró-
xima Conferencia de la Unión Panamericana, que habrá de cele-
brarse en esta ciudad en 1927, se discutan y resuelvan los pro-
blemas inherentes a la navegación y la guerra aérea.

Nuestra patria, que ya juega un papel importante en la vida


LEGISLACIÓN INTERNACIONAL DEL AIRÉ 2oo

internacional, daría su mejor contribución al Derecho de Gentes


si los pueblos de América, reunidos a su llamada y hospedados

bajo el manto protector de nuestra estrella solitaria, legaran al


mundo civilizado una legislación internacional del aire, completa y
acabada, por la que claman a gritos el Derecho y la Humanidad.

Luis Machado.
¿QUE VENTAJAS PRODUJO A LA
CIVILIZACIÓN, EL DESCUBRIMIENTO DE LA
AMERICA POR ESPAÑA?

O sólo en los ricos archivos de la vetusta China, sino


también en los antiguos libros de la Arabia se hacía
ya mención de la existencia de un país al Oeste del
Atlántico.
Los dioses de México y del Perú, muy semejantes a los de
los Manchúes; y las máximas de la Religión de Buda, que los
sacerdotes de este culto encontraron en aquellos pueblos, quinientos
años antes de Jesucristo, nos indican que los pueblos de aquende
el Atlántico llevaban ya relaciones con el Asia, para esa fecha.
Sabido es que la superficie de nuestro globo ha cambiado de
forma, debido a los grandes acontecimientos seísmicos que han
tenido lugar en las diversas épocas de su formación, y como la
existencia del hombre data, según de los biólogos y
los cálculos
geólogos, de cerca de cien millones de años, no es de extrañar
que los diversos Continentes que se hallan hoy separados por pe-
queños estrechos, formaran antes un solo cuerpo, y que la tierra
que hoy se halla dividida por los mares en Continentes, islas, etc.,
fueran en épocas relativamente cortas, con respecto a la misma
existencia del hombre, un todo.
Los estudios paleontológicos y prehistóricos, y los de la lin-
güística y de la misma Religión, nos enseñan que el poligenismo
es una verdad científica y, por consiguiente, que el hombre apareció
en muchas y diversas partes del globo.
Esta aparición no pudo realizarse al mismo tiempo en los
diversos lugares, porque para que tal cosa aconteciera, hubiera
¿QUÉ VENTAJAS PRODUJO A LA CIVILIZACIÓN, ETC. 257

sido necesario que todos éstos reuniesen en un mismo momento


todas las condiciones requeridas para la formación del germen hu-
mano; lo que los estudios geológicos prueban que no ha sucedido.
Las diferencias de clima y de composición telúrica de las di-
versas zonas en las distintas épocas de la formación del globo
terráqueo, diferencias que existen todavía, hicieron imposible que
aquellas condiciones se realizaran un mismo tiempo; y, por
a
consiguiente, la aparición del hombre en
la tierra no fué simul-

tánea. Es un hecho indiscutible hoy para la ciencia que el hombre,


tanto física como psíquicamente, es un producto del medio.
El color, la formación craneal, el desarrollo físico, etc., de-
penden del clima, de la alimentación, de los ejercicios a que se
dedica, etc. El pequeño número de ideas que forman y consti-
tuyen su alma, su espíritu social o el medio psíquico en que nace
y se forma; sin que esto implique que consideremos el espíritu
social como la suma de los espíritus individuales, ni que confun-
damos el uno con el otro.

Así como el clima y la alimentación han sido el fundamento


de la vida física del hombre, el aspecto general de la naturaleza
ha sido el fundamento de su vida
intelectual; y a la diferencia
de estos elementos constitutivos del medio, es precisamente
tres
a lo que se debe la diferencia que existe entre la civilización an-
tigua y la moderna, como también los diversos caracteres de los
pueblos.
En los insignificantes vestigios de la civilización americana
que la ignorancia,
fanatismo y la insaciable codicia de los
el
conquistadores de la América Latina no pudieron destruir, se ve
que aquellos pueblos eran más civilizados que los crueles con-
quistadores.
No era más sabia la organización política y económica de
España que la del Perú y México.
El Perú tenía tan sabiamente resuelto su problema agrario,
que todavía sería para las naciones civilizadas una importante
medida económica adoptar tal organización con muy pocas mo-
dificaciones.
No era más noble la dinastía de los Borbones que la de los
Incas, la de los Aztecas o la de los Muiscas.
La brillante civilización que alcanzó el Perú durante la domi-
268 CUBA CONTEMPORÁNEA

nación de los Incas lo si no superior, no inferior


ponía a un nivel,
al de sus invasores, y podemos asegurar que, dado el procedi-
miento empleado por los españoles, quienes faltaban a cada mo-
mento a su palabra empeñada, su nivel moral era muy inferior al
de la raza americana.
Manco-Capac, el primero de los Incas, fué un verdadero ci-

vilizador. Él dictó muchas leyes humanas y sabias, enseñó a su


pueblo las artes y el cultivo de la tierra, estableció la familia, or-
denó que todo súbdito debía contraer matrimonio a los veinte
años de edad y reglamentó la más sabia distribución de la tierra

que se conoce.
Tales fueron los bienes que derramó tan gran monarca sobre
su pueblo, que éste lo consideró como a una deidad y le dió el

nombre de CapaCy que significa rico de virtudes.


Entre los descendientes de este gran monarca se cuentan reyes
tan eminentes como Inca-Roca, quien fundó escuelas para los
príncipes, en donde aprendían la interpretación de los quipos,
que equivalían a nuestra escritura y de los cuales se valían para
conservar sus tradiciones. Estableció el cargo de historiador del
Imperio, quien conservaba los quipos en el templo del Sol, y con
un ejército de treinta mil hombres aumentó sus grandes dominios;
como Pachacutec, que dilató de tal manera el Imperio, que me-
reció el glorioso título de Conquistador; y fundó ciudades, cons-
truyó hermosos palacios, acueductos para las ciudades, caminos,
etc., y en general, esa hermosa pléyades de reyes que termina en
Sayri-Tupac, llamado Don Diego Inca, último de los emperadores
de Perú, quien renunció todos sus derechos al Imperio en la per-
sona de Felipe II, rey de España.
En México, la mano inquisitorial de un arzobispo llamado Juan
de Zumarraga, verdadero verdugo de la civilización, reunió en
diversos puntos del país, y sobre todo en Texcoco, todos los ma-
nuscritos y pinturas que encontraron los invasores, y formando
con ellos verdaderas montañas, como dicen los historiadores, los
mandó a quemar; cometiendo así uno de los más grandes crí-

menes contra los anales de la humanidad.


En los Códigos dictados por los Aztecas se encontraba esta-
blecido el principio de que ninguna persona podía nacer esclava
en México, y esos mismos Códigos proscribían el tormento.
¿QUÉ VENTAJAS PRODUJO A LA CIVILIZACIÓN, ETC. 259

El Imperio de Texcoco, había llegado a un alto grado de prosperidad


y de civilización en tiempo de los Acolhúas, quienes extendieron gra-
dualmente su dominación sobre las tribus más salvajes del Norte, mien-
tras que su Capital se colmaba de numerosa población, activamente ocu-
pada en las artes más útiles y en las del ornato de una sociedad culta.
En medio de este bienestar fueron asaltados súbitamente por sus
bélicos vecinos, los Tepanecas, procedentes de la misma raza, y que
habitaban en la misma llanura. Invadieron las provincias, derrotaron
los ejércitos, asesinaron al rey y la floreciente ciudad de Texcoco quedó
presa del vencedor. La rara capacidad del joven príncipe Nezahual-
coyotl, heredero legítimo del trono, sostenido por sus aliados mexicanos,
hizo salir al país de este estado de abyección y le abrió nueva senda de
prosperidad más brillante que la primera.

El primer acto de este gran Emperador fué una amnistía ge-


neral; pues tenía por máxima que si un monarca tiene el derecho
de castigar, venganza es indigna de él.
la
Hizo construir un gran templo que dedicó ''Al Dios no conocido,
a la causa de las causas'*, en cuyo vértice había una torre de
nueve cuerpos que representaba las nueve divisiones del cielo.
Lo que hace recordar las siete murallas de Echutana construidas
por Deyoces y que representaban las siete esferas celestes.
Entre los Araucanos se encontraron costumbres análogas a las
de Esparta.
De los Muíscas no dejaron nada los invasores.
Ante esta civilización, que ha debido deslumhrar a los que se
llamaban los portaestandartes del progreso y a determinarlos a
atraerse aquéllos pueblos por medio de las alianzas, respetando
sus costumbres, su moral, sus leyes y sus dioses, los españoles
opusieron los más odiosos procedimientos. La base de sus triun-
fos fué la traición a aquellos nobles hombres que se les entre-
gaban confiados en la nobleza de su palabra. La perfidia, el ase-
sinato y el despojo, fueron las armas que esgrimieron los porta-
dores de la fe católica al Nuevo Mundo.
Durante cuarenta y cinco años los conquistadores de la Amé-
rica consideraron a los habitantes de este importante Continente
como inferiores a los seres irracionales; y cuál sería el inicuo
tratamiento que se les daba, que los mismos historiadores espe-
ñoles lo censuraron acerbamente, y el papa Pablo III, alarmado
por tanta iniquidad, expidió su bula de 2 de junio de 1537 en la
260 CUBA CONTEMPORÁNEA

que declaró en toda forma que el indio nativo del Nuevo Mundo
era realmente hombre, capaz de profesar la fe católica y que como
criatura racional tenía derecho a los bienes del Cristianismo; no
obstante lo cual permaneció excluido de todos los beneficios so-
ciales durante más de dos centurias.
La población del Nuevo Continente era tan numerosa cuando
la visitó Colón, que, a pesar de que sus invasores destruyeron,
valiéndose de los medios más inicuos, cerca de quince millones
de hombres y del propósito nefasto que predominaba en su espí-
ritu, de acabar con todos, cuando la América alcanzó su indepen-

dencia, existía todavía un considerable número de sus naturales.


El estado de atraso en que se encontraba la Europa, y sobre
todo España, cuando Colón solicitó de las diversas testas coro-
nadas los auxilios necesarios para emprender su viaje hacia las
Indias Occidentales, fué lo que indudablemente decidió desde en-
tonces del porvenir de estos países.
España que, debido al aspecto general de la naturaleza que
ella presenta, ha sido en todos los tiempos la nación más faná-
tica de Europa, fué la que, desgraciadamente para nosotros, sumi-
nistró a Colón aquellos auxilios; y como la empresa de este gran
geógrafo era en verdad una de las más atrevidas que registra la
historia, sólo podía ser secundada o por espíritus tan elevados
como el suyo, que le lanzaba a lo desconocido, impulsado por el
insaciable deseo de comprobar la deducción científica que había
obtenido de los profundos conocimientos adquiridos tanto en sus
viajes como en sus estudios, o por aventureros vulgares, que
veían en la realización de tan gloriosa obra un medio eficaz de
alcanzar una gran fortuna.
El número de los primeros era muy escaso, mientrasque el
de los segundos muy crecido, y de aquí que fuera entre éstos
donde encontrara sus compañeros.
Tales hombres no podían ser guiados por ningún ideal noble,
pues iban impulsados únicamente por la codicia, a la cual sacri-
ficaban todo.
Mientras que para Colón, el fin de todos sus sacrificios era el
enriquecimiento de la ciencia y la mayor gloria de su nombre,
para los que lo acompañaban consistía en la satisfacción de su
insaciable sed de oro; propósito éste que no podía de ninguna
¿QUÉ VENTAJAS PRODUJO A LA CIVILIZACIÓN, ETC. 261

manera ser nada favorable al progreso social del Nuevo Conti-


nente; lo que se
de aquí que estos hombres sacrificaran todo
oponía a la que no estuviera de
realización de su ideal y a lo
acuerdo con el fanatismo que los dominaba. Productos de un
medio diferente, tenían necesariamente que poseer costumbres,
moral, creencias e instituciones distintas de las de los habitantes
de América, y era un deber de ellos respetar las ideas que cons-
tituían la base de la civilización de éstos, para cooperar así con
los preciosos elementos que encontraron en los nuevos pueblos a
aumentar el inapreciable tesoro de la ciencia.
Si la criminal mano del Arzobispo Zumarraga, no hubiera
entregado fuego todos los escritos y pinturas encontrados en
al

México, hoy tendríamos donde estudiar la civilización de aquel


gran pueblo cuyas obras arquitectónicas causan todavía la ad-
miración de nuestros sabios.
Si los españoles, en lugar de entregarse al pillaje, hubieran
conservado las obras de la civilización de los nuevos países y
respetado la organización social que en ellos encontraron, y hu-
bieran encauzado todas las actividades de su población al mayor
desarrollo del progreso humano, la América hoy uno
latina sería
de los focos de la civilización más poderosos mundo.
del
Pero muy lejos de esto, España sólo vió en las nuevas tierras
el Rico Dorado ambicionado por sus codiciosos gobernantes; y
Rey, Corte y Pueblo se dieron a la ímproba tarea de absorber
todas las riquezas con que soñaba su loca fantasía, sin cuidarse
para nada del bienestar de los nuevos gobernados.
La obra de España en América fué una obra destructora y de
ninguna manera civilizadora. Ella se limitó a imponer a los nuevos
pueblos la religión católica, sin detenerse a observar, que siendo
la religiónuna de las ideas fundamentales de la civilización de
un pueblo, constituye una de las principales características de su
alma y es por consiguiente tan irreducible como las características
de las diversas especies.
La religión, que indica ya cierto grado de cultura intelectual
de una raza, forma parte, como la moral y las instituciones mis-
mas, del precioso acervo que nos han legado nuestros mayores, y
es ella una de las más eminentes manifestaciones del poderoso
imperio que ejercen los muertos sobre los vivos; pretender subs-
:

262 CUBA CONTEMPORÁNEA

tituirla violentamente por otra, es una manifestación de igno-


rancia; es como pretender cambiar violentamente el pico de un
ave o la fruta de un árbol.
La noble raza que poblaba la América, viendo que, a pesar de
la favorable acogida que hizo a los invasores de su suelo, era

hostilizada de todas maneras por éstos, en su propio lugar; des-


pojada de sus riquezas y de su poder, y obligada a cambiar de
costumbrse, de moral, de religión y de instituciones, opuso la
fuerza a la fuerza; y aunque fué vencida triunfó de sus vence-
dores, porque la victoria que ellos obtuvieron y que más tarde
debía convertirse en derrota, no sirvió sino para exhibir al mundo
una inaudita crueldad y una insaciable codicia.
El triunfo de España sobre los naturales de América sólo com-
probó una vez más lo funesto que es para la civilización el fa-
natismo de las sectas religiosas. A los invasores les era permitido
todo por considerárseles los portadores de la fe evangélica; y a
nombre de la más hermosa, de la más noble, de la más generosa

y de la más abnegada de las religiones, de la Religión de Cristo,


violaban, robaban, incendiaban, asesinaban y aplicaban toda clase
de tormentos, desde la parrilla en que asaron al noble azteca hasta
el cruel suplicio que, en nombre de esa misma religión, se hizo
padecer al napolitano Vanini, quien acusado de ateísmo fué con-
denado a muerte por el parlamento de Tolosa.
En todos los tiempos, el comercio ha sido el zapador del pro-
greso humano, porque por medio de él se establecen y se con-
servan las relaciones entre los diversos pueblos. España prohibió
el comercio de sus posesiones con el resto de Europa, limitándolo
únicamente a las naves y puertos de ella, cerrando así las puertas
de la América Latina a la civilización.
"Instruid a los hombres y los haréis mejores", decía Sócrates;
y nosotros podemos decir: instruid a los pueblos y los civilizaréis.
España fué completamente opuesta a que se ilustraran los habi-
tantes de la América; tres siglos después de su descubrimiento
decía Carlos IV: "No conviene que se ilustre a los americanos";
y no hace un sigloí que en la correspondencia que se le interceptó
al General Morillo, después de la batalla de San Félix, dirigida

al coronel Cenuti, Gobernador de la Guayana, aquel caudillo


decía
¿QUÉ VENTAJAS PRODUJO A LA CIVILIZACIÓN, ETC. 263

Haga usted en ésa lo que yo he hecho en Nueva Granada: cortar


la cabeza a todo el que sepa leer y escribir, y así se logrará la paci-
ficación de la América.

Con semejantes principios y con semejantes hombres, el Nuevo


Continente tenía que estar completamente perdido para la civili-

zación.
El atraso en que se encuentra actualmente la América Latina
comparado con el gran desarrollo que ha alcanzado la América
del Norte, se debe exclusivamente a la diferencia de carácter de
las dos naciones que las dominaron. Desde un principio, las ten-
dencias que impulsaron a los habitantes de esas naciones, al diri-
girse al Nuevo Continente, fueron completamente distintas. Los
unos fueron impulsados por la defensa y conservación de sus ideas

religiosas, de la pureza de sus costumbres y de la independencia


de su carácter; mientras que a los otros no los impulsaba sino el

deseo de las riquezas, la ambición del oro. Los unos buscaban


aquende el Atlántico una nueva patria, un nuevo "home" en donde
consagrarse libremente al ejercicio de su culto y a la educación
de sus hijos; mientras que los otros sólo consideraban a la nueva
tierra como un objeto de explotación, como un medio provisional
de enriquecerse únicamente.
Los sajones llegaron organizando, los españoles destruyendo.
Los sajones consagraban su energía y su actividad al cultivo
y desarrollo de las riquezas del nuevo suelo, al que consideraban
como una prolongación de su patria, y al que venían dispuestos
a pasar el resto de sus días dedicados a formar un patrimonio
para sus descendientes y a establecer sobre las sólidas bases de
la libertad individual y del respeto a las instituciones, la prospe-
ridad de su nuevo país.Los españoles no pensaron jamás en hacer
de América su nueva Patria, y venían a ella únicamente movidos
la

por un sentimiento de especulación; su espíritu aventurero los


impulsaba a visitarla con el único propósito de extraer de ella
todas las riquezas posibles para regresar a España a disfrutarlas;
y de aquí que no se cuidaban de conservar ninguno de los ele-
mentos constitutivos de la civilización, ni de dictar leyes ade-
cuadas al nuevo medio, que vinieran a fomentar su riqueza y la
cultura intelectual de sus naturales.
España no solamente privaba a los naturales de la América
264 CUBA CONTEMPORÁNEA

de gustar el pan de la instrucción, sino que también limitaba la


ración de ésta a los mismos hijos de los españoles que nacían en
ella; y como la base de la civilización y del progreso es preci-
samente la instrucción de los pueblos, los americanos, sumergidos

como estaban en la densa noche de la ignorancia a que los habían


reducido sus dominadores, no podían progresar.
Destruida por completo tanto la civilización Inca como la Az-
teca, muertos o esclavizados sus representantes, la América
y
Latina quedó completamente sometida a España; lá que le impuso
sus costumbres, su moral, su lenguaje, su religión y sus institu-
ciones.
Nada, absolutamente nada quedó de las civilizaciones ameri-
canas, y sobre sus ruinas, España, lejos de reedificar una nueva,
continuó su tarea de destrucción extrayendo de los nuevos países
toda la savia de su vida, sin comprender que tal procedimiento
la privaba del principal objeto de su conquista, el cual no era otro
que su propio enriquecimiento.
Es un hecho que la traba más poderosa del desenvolvimiento
de la América fué la codicia de España, en aras de la cual sa-
crificó todas las riquezas del Nuevo Continente en lugar de fo-
mentarlas para obtener mayor provecho. Debido a su desmedida
ambición, cerró la puerta de estos países a todos los que no fueran
españoles. Por las leyes I, VII y otras, libro tercero de la reco-
pilación de Indias, se ordenaba que ningún extranjero pudiese pa-
sar a ellas, ni internarse, so pena de la vida y perdimiento de
bienes.
El comercio, que es —según queda dicho —uno de los agentes
más importantes de la prosperidad de los pueblos, fué monopoli-
zado; de los caminos, que son las arterias por donde corren las
riquezas de las naciones no se ocupaban nunca y sólo usaban como
tales los que encontraron al invadir el nuevo territorio. Todo el
progreso impuesto por España consistió en la construcción de inú-
tiles fortalezas, que desgraciadamente subsisten todavía para ver-

güenza de las nuevas naciones que aún las conservan, pues están
exclusivamente destinadas a consumir la vida de todos aquellos
hombres que por cualquier circunstancia pueden ser útiles a sus
respectivas patrias y son, por consiguiente, un obstáculo para la
perpetuación de las tiranías; como sucede en Venezuela.
¿QUÉ VENTAJAS PRODUJO A LA CIVILIZACIÓN, ETC. 265

Todos los actos España en América parece


ejecutados por
que estaban directamente encaminados a obstaculizar su desaroUo
y a hacerla desaparecer como un factor de la civilización, y tal
procedimiento, empleado durante tres centurias, tenía que con-
ducir forzosamente a los nuevos pueblos a laborar por su eman-
cipación. Ellos no podían sufrir por más tiempo tanta abyección

y tanta servidumbre; y de aquí que la independencia de la Amé-


rica se considere como la obra de la necesidad que tuvo su razón
de ser en la ley imperiosa de los acontecimientos.
Dados los el Nuevo Continente, y
procedimientos de España en
el grado de cultura intelectual que ella misma había alcanzado en
la fecha de la independencia, nuestra emancipación vino indudable-
mente a señalar un rumbo muy favorable a los destinos de las
nuevas naciones.
Si la América hubiera continuado bajo el dominio de España,
no habría alcanzado el grado de desarrollo en que hoy se en-
cuentra; sus pueblos permanecerían envueltos aún en las tinieblas
de la ignorancia y el fanatismo religioso se erguiría todavía entre
ellas con todo su pavoroso cortejo.
Ninguna de las conquistas de la libertad hubiera venido a fa-
vorecernos y todavía continuaríamos siendo el objeto de la sórdida
especulación de nuestros dominadores.
La guerra de la Independencia abrió las puertas de la América
a todas las naciones, lo que produjo un cruzamiento favorable al
desarrollo de la civilización y del progreso social; mientras que
España sólo permitió la inmigración de los negros esclavos, que
tenía necesariamente que ser de funestas consecuencias para el
porvenir de los nuevos pueblos.
La destrucción del elemento étnico, cuyo grado de cultura in-
telectual ofrecía un factor muy favorable para el cruzamiento
con raza española, fué una de las manifestaciones del gran
la

atraso en que se encontraban nuestros invasores; y el propósito


deliberado de mantener en la noche de la ignorancia a los ame-
ricanos, para especular mejor con ellos, y de no ocuparse para
nada del desarrollo de sus riquezas naturales, ni de su progreso
material, hizo necesaria, de toda necesidad la guerra de la In-
dependencia, sin la cual el Nuevo Continente, dada la marcha
retrógrada que le habían impulsado, estaría hoy en peor estado
que en el que se encontraba a principios del siglo XIX.
266 CUBA CONTEMPORÁNEA

Actualmente la América Latina ha alcanzado un grado de pro-


greso relativamente muy superior al de España, y las dificultades
e inconvenientes que presenta todavía el estado social en que

se encuentra, para que florezca en todo su esplendor el árbol de


la libertad, se deben precisamente a las prácticas que aún nos
quedan del dominio español.
La superioridad del progreso de la América del Norte sobre
la América Latina es una prueba evidente de que los resultados

que produjo en ésta la dominación española fueron completa-


mente negativos.
Si la América Latina hubiera sido dominada por una nación que
hubiera sabido aprovechar la civilización que ella había alcanzado,
que hubiese derramado en ella la semilla de la instrucción y que
hubiese desarrollado sus inmensas riquezas naturales, el grado de
civilización y de progresoque habría alcanzado hoy sería verda-
deramente sorprendente. Su población no sería de ninguna ma-
nera inferior a la del Norte; y tan poderosos focos de civiliza-
ción habrían indudablemente cambiado la faz del universo.
En mi concepto ese hecho habría sido de tal trascendencia
para la humanidad, que quizá la espantosa guerra de Alemania
y Austria contra los aliados, de que fué presa el mundo civilizado,
no hubiera ocurrido, porque la América Latina en el apogeo de
su desarrollo hubiera ofrecido a toda^ las razas y a todas las na-
ciones un inmenso campo para su expansión comercial, en el
cual la competencia, que es la causa fehaciente de las rivalidades
que conducen a la destrucción de hombres y de pueblos, no se
sentiría, en virtud de que el consumo sería mayor que la pro-
ducción.
El campo que ofrecea la actividad el inmenso territorio que
abarca América Latina, es verdaderamente infinito; en él pueden
la

florecer perfectamente la civilización que tuvo por origen la fer-


tilidad del suelo y la que se debió a la benignidad del clima.
La Argentina, Chile y gran parte del territorio mexicano se
encuentran en una zona igual a la zona europea; de modo que
podemos decir que la superficie situada en nuestra zona templada
es casi igual a la zona de las más importantes naciones de Europa.
Y por consiguiente, si España, en lugar de impedir
la inmigración
europea, la hubiera estimulado, los inmigrados al encontrar en un
clima igual al suyo tierras vírgenes que cultivar y un inmenso
¿QUÉ VENTAJAS PRODUJO A LA CIVILIZACIÓN, ETC. 267

campo para el desarrollo de sus industrias, se hubieran establecido


desde entonces en esta parte del Nuevo Mundo, como lo están
haciendo hoy al amparo de los Gobiernos que han llegado a com-
prender que el mejor medio de hacer prosperar a los pueblos, es

derramar en ellos la simiente de la instrucción, educándolos en


la prácticade la virtud y del respeto a las instituciones.
Poblada la zona templada de nuestro Continente, el exceso de
población y el desarrollo de sus riquezas se hubiera extendido
hacia los trópicos, y los inconvenientes que en éstos presenta la
insalubridad producida por la calidad de sus climas combinados
con los grandes pantanos que forman en las llanuras los innume-
rables ríos que las atraviesan y las lagunas que en ellas se en-
cuentran, como también la misma exuberancia de la fertilidad de
sus tierras, hubieran sido allanados fácilmente con la aplicación
del capital a la modificación del medio; y hoy ambas zonas pre-
sentarían un espectáculo más sorprendente aun que el que pre-
senta la América del Norte.
La historia de la América Latina nos enseña que los trescientos
años de dominación española fueron completamente perdidos para
la civilización, y mucho más desfavorables que convenientes para
el progreso social.
Su superficie, que comprendía una extensión de más de 24
millones de kilómetros cuadrados, cultivables en su mayor parte,
cruzada en su más vasta extensión por los más grandes ríos del
mundo, los cuales se comunican entre sí por sus afluentes, que
fácilmente pueden convertirse en canales, cubierta de la más
rica y preciosa flora y cubierta de la más variada fauna, podría
contener holgadamente una población mayor que la de China, que
alcanza hoy a cerca de seiscientos millones de habitantes.
La más poderosa imaginación se detiene asombrada al pensar
el fabuloso desarrollo que hubiera alcanzado esta parte del mundo,
si España, en lugar de cerrar sus puertas para impedir el movi-
miento civilizador y el intercambio con todas las naciones, hubiera
invitado a éstas a disfrutar junto con ella de las innumerables
riquezas que ofrecía el Nuevo Continente. No
tendría más exis-
tencia el Canal de Suez que elPanamá y la ciudad de este
de
nombre habría alcanzado desde hace mucho tiempo la misma
importancia que Napoleón profetizó a Constantinopla; pero el
estado de la América cuando inició su independenciá comprueba
268 CUBA CONTEMPORÁNEA

que su descubrimiento por España no produjo ventaja alguna a


la civilización.
Las inmensas riquezas acumuladas por las dinastías de los
Aztecas y de los Incas, el ensanchamiento que día por día daba a
sus extensos territorios, la bondad de sus respectivas instituciones,
la de sus ejércitos y la construcción de ciudades,
organización
caminos y acueductos, nos revelan que la civilización de la Amé-
rica hubiera adquirido por sí sola un gran desarrollo, y quizá hu-
biera sido mucho más provechoso para la humanidad el desenvol-
vimiento autóctono de su progreso, que lo que fué su descubri-
miento por España.
Ya vimos anteriormente que la conquista costó a este Conti-
nente la vida de cerca de quince millones de habitantes y la

destrucción de sus pueblos, de sus propiedades y de todas sus


riquezas, y vimos también que durante trescientos años él sólo
sirvió de fuente de especulación para sus dominadores, sin que en
todo ese tiempo se le diera un mínimo impulso al desarrollo de su
suelo, lo que nos hace comprender que si su factor étnico hu-
biera continuado el proceso de su propio crecimiento, hoy ten-
dríamos una población quíntuple de la que tenemos, con una le-

gislación apropiada a nuestro medio, y nuestras relaciones con el


Viejo Continente serían quizá más provechosas para ambos
pueblos.
Todas estas reflexiones nos hacen deducir que la intervención
de España fué más funesta que provechosa para los destinos de
la América, la cual, dado su desarrollo intelectual y material en
la época de la conquista, si hubiera quedado abandonada a sus

propios esfuerzos, quizá estaría hoy a la altura del Japón, cuyo


vertiginoso desarrollo apenas data de cuarenta años para acá, y
nuestro factor étnico como el de este poderoso país, estaría des-
lumhrando el mundo con sus hechos.

Carlos León.

El Dr. Carlos León, sociólogo venezolano y figura prominente en la política de su


país, tuvo a su cargo, durante muchos años en la Universidad de Caracas, la cátedra de
Sociología. Es autor de un excelente tratado sobre esta materia, que ha merecido
elogios deprensa europea, y ha sido Ministro de Educación Pública en su patria.
la

Cuba Contemporánea le agradece el envío de este interesante trabajo, escrito en la


cárcel de Caracas, donde el Dr. León estuvo preso —
por causas políticas durante —
siete años.
. .. . — . .

EN NOMBRE DE LA NOCHE. .

Silencio... Unicamente así dirépor qué hablo


en nombre de laNoche... Por qué mi corazón,
que adora a Jesucristo, dialoga con el Diablo,

y acepta la fragante rosa de tentación . .

La Noche, en su serena mudez, lo dice todo. .

— Muerte misma tiembla por su secreto y es,


la —
a su penetrativa virtud, que debo el modo
de interpretar la clave del "antes" y el "después".

La claridad da sombras a nuestro pensamiento;


— luz que ilumine el alma será siempre interior

y en nuestro cráneo prende como un deslumbramiento,


bajo la Noche amiga, la llama del dolor. .

Diafanízanse las perspectivas borrosas


y así adquiere el espíritu la tersa lucidez
que, en la impericia humana por indagar las cosas,
destruye el torpe "acaso" y el inútil "tal vez"...

Fatiga de la absurda caza de las verdades;


límite estrecho y parco que nunca se cruzó. .

chocar con las amargas imposibilidades


y hacer tratados para fundamentar el No . .

(*) Con este mismo


tiene en preparación el autor un tomo de poesías, del
título
cual ha que aparecen en este número, todas ellas inéditas.
seleccionado las Cuba
Contemporánea se complace al dar las primicias de dicha obra.
. . . . .

270 CUBA CONTEMPORÁNEA

Ciencia que afianza leyes y rige por sistemas,


que subordina al método la voluntad de Dios,
y explica con sofismas y alega con teoremas
por qué se riza la onda, por qué da luz el sol. .

De pie, tranquilo y fuerte, frente a la Noche muda,


despierta la conciencia, dormida la razón,
elévate hasta el cielo profundo de la Duda
y oirás que la Certeza canta en tu corazón!

NOCTURNO I

Estoy en lo que puedo llamar, filosofando,


limitación exacta del ser y del no ser;
donde sin inquietarme por el "cómo" y el "cuándo"
lo miro todo sin necesidad de ver.

¡Oh, la serenidad suprema que anhelaba...!


El divino desprecio por la humana ascensión;
que
el perfecto equilibrio el latido buscaba
para metodizar su marcha al corazón . .

Reposo espiritual y material ... La calma


donde se agote en germen toda emotividad;
la bruma del silencio donde se arrope el alma
para dormir un dulce sueño de eternidad. .

¿Para qué la inquietud, corazón, por la nueva


que ha de ser a tu anhelo salvadora o fatal,
cuando el tiempo impasible pena y gozo se lleva,
vencedor de la Muerte y del Bien y del Mal?...

Ha fingido una aurora esta noche profunda


para mi pensamiento que en su penumbra ve
desgarrarse la sombra con la luz que la inunda
y en el alma romperse la rosa de la fe . .
. . .

EN NOMBRE DE LA NOCHE

NOCTURNO III

Diafanidad de noche primaveral. Ninguna


sombra que empañe el parque empapado de luna.
En la sombra serena hay rumores de halago . .

Se ha dormido un lucero en las ondas del lago.,.

El jazminero en flor semeja un incensario;


mi corazón, como un inmenso relicario,
se abre piadosamente a la luz que lo inunda. .

Hay no sé qué misterio en la noche profunda.

Una interrogación abre la primavera


medrosa de su fin próximo. Se dijera
que hasta el cisne, en su cuello, interroga al destino.
Desgrana un ruiseñor la gloria de su trino.

El corazón ninguna fatalidad concibe


en la maravillosa quietud... Y así recibe
el alma, bajo el cielo desnuda, como una
bendición del Señor, el beso de la luna...

El germen, en el seno de la naturaleza,


murmura su oración como un labio que reza,
La noche se extenúa pródiga de esplendor. .

Dijérase que un alma palpita en cada flor.

Inmóvil, mi razón, bajo la comba inmensa


del cielo azul, medita sin meditar, y piensa
sin que mi pensamiento desgarre el velo arcano...
El enigma es divino y el raciocinio humano!

El secreto es soñar, sin correr de la ingrata


realidad — ¡oh, verdad filosófica! — en pos...
(Una estrella fugaz deja un rastro de plata
que en el cielo parece la rúbrica de Dios. .
.)
. .

272 CUBA CONTEMPORÁNEA

NOCTURNO VI

(La hora sencilla,)

Basta, mi pobre alma, no más filosofías...


£)esecha el torpe estímulo de la ardua indagación...
Mira cómo te han puesto las hondas profecías
lo único que palpita por nos: el corazón...

Sistemas, ciencias, fórmulas, kábalas, maleficios,


las leyec-, inmutables de la transmigración,
y las siete virtudes contra los siete vicios
¿qué son? Formas abstractas de nuestra incomprensión!

Siento un sincero horror al goce metaf ísico . .

Querer saber si el agua padece o si la piedra


medita, es un empeño que pone el cuerpo tísico . .

No pienses ni siquiera en la dicha de ayer,


porque aun este sencillo análisis, me arredra
que muestre un esqueleto donde hubo una mujer...

NOCTURNO VIII

(Alma lúcida.)

De todas las virtudes prefiero yo el cinismo


que es una forma ecléctica de la sinceridad,
pero desdeño el sueño del humanitarismo,
ficción que, desde Cristo, reta a la eternidad.

Es fácil, sin embargo, fijar el nexo interno


que une la gran mentira con la verdad fatal,
y hay sólo un sentimiento conmovedor y tierno:
el de la generosa limosna espiritual...
.

EN NOMBRE DE LA NOCHE

Alma de selección potente y comprensiva;


perennemente recta como una fuerza viva
tu soledad cautiva mi espíritu ... No sé

si contemplar tan sólo tu empírico aislamiento,


o a ti acudir en busca de un hondo pensamiento
que, por ser hondo, pueda vigorizar mi fe. .

NOCTURNO IX

(Un pensador.)

Este espíritu luz que todo lo asimila,


que tiene la virtud de ser tranquilo y fuerte,
me da la sensación cabal de una pupila
que atentamente observa la marcha de la muerte.

Yo envidio esa equidad de nervio y pensamiento


que escruta lo invisible, sin alterar el modo
de circular por entre la red del sentimiento,
cuya emoción es tanta que lo oscurece todo.

La voluntad persigue lo ignoto, en el empeño


de descifrar la vaga libélula de un sueño,
(tan poderosamente, con tal penetración)

que a veces se detiene la sombra, absorta y muda,


viendo que en sus entrañas desgarra al fin la duda
lo que no pudo nunca rasgar el corazón!
.

274 CUBA CONTEMPORÁNEA

LEJANA ESTRELLA

Eres tan exquisita, tan diáfana, tan pura,


que hasta mi audacia tiembla de verse sorprendida,
cuando proyecta sombras en tu lustral blancura,
¡esa deslumbradora blancura de tu vida!

Tu vida, que a mi absurda pasión se muestra humana,


sin las complicaciones del morbo sensitivo,
tan adorablemente perfecta y tan lejana,
que neutraliza en mí todo temblor lascivo...

Yo sé, lejana estrella, que nunca serás mía,


mas la esencia de tu alma, por no sé qué armonía
secreta, hizo en mi alma su eterna comunión . .

Jamás mi beso ardiente palpitará en tu boca,


pero perennemente te seguirá esta loca
sed de posar mi frente sobre tu corazón!

BESO DE LUZ

Te amo por tu blancura de lirio y de inocencia,


por tu infantil recelo, por tu superstición,
porque diafanizaste de nuevo mi conciencia
'

y has puesto tu dulzura sobre mi corazón . . .

Déjame que te bese sólo una vez. Por eso


no he de manchar tu casta frente... Pondré en tu vida
la purificadora virtud del primer beso...
¡primer beso de amor que nunca más se olvida!

Así, cuando el destino separe nuestras huellas,


tú, victoriosamente, conquistarás la aurora
que en el poniente, siempre corónase de estrellas...

Yo aunque jamás distinga su luz resplandeciente,


tendré, para cruzar la sombra aterradora,
tu nombre, como un beso de luz sobre mi frente!
. .

EN NOMBRE DE LA NOCHE 275

EL GOCE INTIMO

Tienes razón, yo soy un especulativo;


mi sensibilidad se exalta de tal modo,
que ya he subordinado mi vida al subjetivo
placer de comprenderlo y adivinarlo todo...

Tú encadenas tu vida al minuto lascivo,


y encuentras tantos sabios éxtasis en el lodo,
que hasta a mí, que te asombro por imaginativo,
dió tu lujuria el beso frenético y beodo!

Mi plácido deleite, tu erótico entusiasmo,


conducen, por amargo designio, al mismo espasmo;
pero yo juzgo tu ansia torturadora. Y es

que no podrás, esclava de lúbricos instantes,


gozar con los deleites que se complican antes
y que imaginativos, perdurarán después...

PAZ SILENTE

Tarde otoñal. La primavera ha muerto


llevándose en su tálamo de flores,

del ave errante el matinal concierto,


de la desnuda fronda los rumores . .

En el sendero,' hoy árido y desierto,


no trinan ya su amor los ruiseñores,
ni los claveles, en la paz del huerto,
ponen la rebelión de sus colores.

Lanza una esquila su gemir doliente.


Hay honda paz. Traza la tarde roja
su última pincelada en el poniente.

Sólo anima el crepúsculo sombrío


una garza que, rauda, cruza y moja
su nítido plumaje sobre el río. .
. . . . .

CUBA CONTEMPORÁNEA

EVOCACON SENTIMENTAL

La vi llegar indiferente y fría


por sendero de mi vida, y era
el

como una flor de eterna primavera


en el jardín de mi melancolía. .

En su mirada lánguida tenía


esa expresión de quien, muriendo, espera. .

Y era quizás su anhelo, una quimera


que la fatalidad desvanecía.

Murió una tarde, sin angustias . . . Llena


de esa resignación dulce y serena
que dió a su vida la quietud de un lago . .

Y al extinguirse, el llanto en su pupila


cuajó un diamante que en mi negro estrago
como una estrella sin cesar rutila . .

INTIMA

De todas las tristezas en que ahonda


mi corazón, ninguna más sombría
que esa tristeza inconsolable y honda
de verte ajena y de soñarte mía. .

Al irradiar tu nombre, en un milagro,


esta infinita noche en que me pierdo,
desde mi altiva soledad consagro
una flor de ilusión a tu recuerdo ...

Sobre el pasado, dolorosamente,


arrojemos el manto del olvido
con una firme voluntad consciente ..

Hagamos, del ayer desvanecido,


una esperanza en el dolor presente
de un nuevo amor por el amor perdido!
. .. ! . .

EN NOMBRE DE LA NOCHE

LOS PARAISOS DEL MAL

Oriente. Es el misterio de la hora


crepuscular. De las pagodas chinas,
viene un rumor de palmas de Bassora
y un desgranar de notas argentinas. .

Decoración lejana de pirámides. .

Un despertar de incógnitos anhelos. .

Bajo una regia púrpura de clámides


hondas nostalgias de remotos cielos...

Alma, a soñar! Tu afán de lejanía


duerme en la hipnosis del dolor. . . La aguja
ha de rasgar la carne en la sombría

delectación del mal... Bajo el bochorno


crepuscular, de súbito, dibuja
el humo azul su divino contorno...

¿Ensueño? ¿Turbación? Siento que salgo


espíritu inmortal, del cuerpo mío,

y en un lienzo del Greco, un viejo hidalgo


quiere en vano contar algo sombrío . .

¡Revelación de la verdad! ¡Por algo


puso el Señor la tierra en el vacío . . .

¡Querer sondar la eternidad y valgo


menos que el árbol, que el peñón, que el río. .

Y todo gira en mi redor. . . Y crece,


obedeciendo a su poder ignoto,
una medrosa turbación . . . Parece

que asalta al cráneo la locura. Siento


cómo la aurora de la fe, se ha roto
en la noche sin luz del pensamiento!
. .

278 CUBA CONTEMPORÁNEA

III

Y en la cárcel del cráneo, un pensamiento


confuso, cruel, maravilloso, vivo...
Quiero fijarlo en el papel, concibo
con ansiedad febril, y entonces siento

que se deshace en el clamor del viento


sinun rastro de luz . . . Y pensativo,
sueño el minuto lúcido, y escribo
versos de amor, de fe, de sentimiento...

Pero no puedo más. . . Es una idea


obsesionante y loca, que desea
ser acto, ser creación Pide una herida . . .

para brotar al exterior. . . ¡Darío!


"Pájaro azul...!" El ímpetu suicida...
La libertad del pensamiento mío!

IV

Y en el salón a media luz, se hizo


súbitamente su visión silente . .

Vivió un instante y luego se deshizo


como un celaje de oro en el poniente...

Recuerdo el negro y solitario rizo


como un pecado en su marmórea frente . .

Aquel mirar sin ver y aquel hechizo


de inmaterialidad, casta y doliente...

En los fragores del fatal destino


perdurará su luz en mi camino
como una flor de inmolación. Y cuando

toda inútil piedad se hunda en lo inerte,


al evocar su imagen sollozando
tal vez su imagen vencerá a la muerte!
. . . .

EN NOMBRE DE LA NOCHE 279

¿Cómo el milagro fué. . . ? No lo adivina,

loca de esfuerzo, la razón. Confieso


que aquel prodigio turbador, fascina
mi corazón, en el milagro preso...

Sobre el marfil de aquella cartulina,


su rostro irreal, de toda gracia impreso,
pidió en ofrenda casta, la divina
consagración espiritual del beso . .

Se destacó del marco su figura

y con un paso majestuoso y parco


llegó hasta el fondo y se perdió en la altura. .

Y al esfumarse en la amplia lejanía,


quedó tan sólo en la pared, el marco
como una fauce enorme que reía!

VI

Y todo ha sido sin esfuerzo. Copio


lo que el recuerdo en su crisol germina,
en la divina turbación del opio,
y en la embriaguez letal de la morfina.

¡Oh, la fatal iniciación! El propio


miedo, la torpe voluntad domina...
Una severa convicción apropio:
no hay voluntad cuando el placer conmina!

Sobre el diván de rojo terciopelo,


el cuerpo, en laxitud, descansa inerme
en una muda imploración al cielo. .

La realidad al fin . . . El cráneo zumba


bajo el dolor. El pensamiento, duerme
con un ensueño perennal de tumba. .

Arturo Alfonso-Roselló.
BIBLIOGRAFIA

Biblioteca de Las Antillas. Colección de folletos literarios, histó-


ricos y filosóficos. IV. Carlos Manuel de Céspedes, Discurso
pronunciado en la noche del 10 de octubre de 1918 por Sergio
Cuevas Zequeira, Profesor de la Universidad Nacional y Aca-
démico de la Historia. Oración inaugural de la serie destinada
por la Sección Ciencias Históricas del Ateneo de la Habana
a glorificar a los Grandes Hombres de Cuba. Versión taquigrá-
fica... — Segunda edición 1923. "Tipografía Moderna" de Al-
fredo Dorrbecker. R. M. de Labra 82. Habana. 4"?, 20 p.

El Dr. Cuevas Zequeira ha heclio una nüeva edición del discurso


que pronunció en el aniversario glorioso en el Ateneo, discurso que es
un cálido elogio del héroe inmortal. La elocuencia del orador, el mo-
mento solemne y el tema atractivo lograron para el distinguido profesor
uno de sus más legítimos triunfos intelectuales. Al leer la vibrante
pieza oratoria se comprende el éxito del orador: aquí está la vida del
Precursor en toda su grandeza, mostrada a la admiración y al cariño
de sus conciudadanos, a la vez que se presenta como ejemplo que seguir,
como una enseñanza para los que amen la República que él quiso fundar.

Diccionario Cubano de seudónimos. Por Domingo Figarola-Ca-


neda. Fundador y ex-Director de la Biblioteca Nacional de la
Habana; Delegado Oficial de Cuba en los Congresos Inter-
nacionales de Bibliografía y de Bibliotecarios de París, de 1900;
Vicepresidente de e;ste último; Miembro de la Library Asso-
ciation of the United Kingdom, de Londres; Miembro Hono-

(*) Debemos recordar que en esta sección serán únicamente analizadas aquellas
obras de las cuales recibimos dos ejemplares remitidos por los autores, libreros o edi-
tores. De las que recibamos un ejemplar, sólo se hará la inscripción bibliográfica
correspondiente.
BIBLIOGRAFÍA 281

rario de la Association des Bibliothécaires Franjáis de París;


Oficial de Academia; Individuo de Número de la Academia de
la Historia de Cuba. Habana. Imprenta «El Siglo XX» Te-
niente Rey, 27. 1922. 4', 182 p.

En los rincones de la historia hay siempre detalles, hechos y per-


sonalidades que a veces el más laborioso investigador no llega a cono-
cer, en parte por el exquisito cuidado habido para conservar el se-
creto, por el anónimo en que se mantuvo el autor, o por otras circuns-
tancias. El seudónimo, que sirve para ocultar a un para pro-
escritor, o
ducir mayor impresión con su escrito, es algo muy
importante para los
'

historiadores. Un suceso cualquiera, comentado por un autor que per-


manece en la penumbra de un seudónimo, se presenta al curioso con
mayor relieve y significación que los relatados por escritores o perio-
distas cuyo nombre es conocido. Claro está que no es esa la razón de
los seudónimos, pero ese es su efecto indudable.
En Cuba, por la índole de nuestras conspiraciones y luchas revolu-
cionarias, se ha utilizado mucho el seudónimo. Los separatistas cubanos
necesitaban salir indemnes de sus propagandas y acudían al disfraz.
En el libro que hace poco dió a la imprenta el Sr. Figarola-Caneda se
advierte esa costumbre de nuestros escritores del siglo pasado. Ha sido
muy paciente y difícil la tarea del autor de esta obra, que en montones
inmensos de periódicos, en las revistas, en libros y folletos buscó e
hizo la comprobación de centenares de seudónimos parecidos o iguales,
extravagantes o demasiado sencillos, desconcertantes o transparentes, y
que luego los fué clasificando hasta componer con ellos este volumen
claro y manuable. En la copiosa producción del Sr. Figarola-Caneda
figurará dignamente el Diccionario cubano de seudónimos, ^ov la can-
tidad de datos que aporta, lo mismo para el historiador que para el
bibliógrafo, el aficionado o el simple curioso que pasa por el campo de la
literatura por mera distracción.

Teófilo Gautier. Avatar. Traducción de C. A. Barcelona. Edito-


rial Cervantes. Rambla de Cataluña, 72. 1923. 8"?, 160 p.

En su magnífico estudio de los Goncourt, Emilio Zola habla de la


novela francesa, precisamente de los años en que Gautier escribió al-

gunas de sus mejores obras. Después de Víctor Hugo dice en sínte-

sis ,de Jorge Sand, Dumas, Mérimée, Stendhal y Balzac, que repre-
sentan "el soplo épico, la idealidad, la imaginación, la observación, la
realidad... bien podía reputarse imposible encontrar un nuevo sen-
dero..." Sin embargo, "a la hora en que se desvanecía la esperanza
de un renacimiento, surgió un grupo de novelistas de una imprevista
originalidad, y cuyas obras han sido la florescencia de los últimos
282 CUBA CONTEMPORÁNEA

veinte años de nuestra literatura." Gautier es de esos novelistas ori-


ginales, fuertes, adoradores de la naturaleza, que ha sido descrita en
sus obras con delectación. Pintor, como los Goncourt, era mucho más
cuidadoso de su estilo. Conocía perfectamente el instrumento que debía
utilizar, aunque no era fatigoso ni incomprensible. Hacía labor de or-
febre, sin olvidar las exigencias de su arte, ni las nuevas orientaciones
de la literatura. Mademoiselle de Maupin solamente bastaría para
probarlo, así como esta bella y curiosa novela que acaba de imprimir
la Editorial Cervantes.
Avatar es de un enamorado. Octavio de Saville, que ha
la historia
resuelto dejarse languidecer, convencido de que no obtendrá los fa-
vores de su dama, la condesa Labinska, maravillosa polaca que siente
un intenso amor por su marido. El Dr. Baltasar Cherbonneau, médico
que había vivido muchos años en la India, se propone curarlo, y apro-
vechando sus conocimientos misteriosos logró hacer que las almas del
esposo y del galán cambiaran de cuerpo. La superchería habría resul-
tado ventajosa para Octavio si la condesa no hubiera sorprendido en
su anhelante prisa algo insólito que la obligó a cerrar púdicamente su
puerta a un marido exasperado en demasía. También sospechó ante el
desconocimiento del dulce idioma natal, que no pudo entrar en el alma
de Octavio al ocupar éste el cuerpo del conde Labinski. Mientras tanto,
la tortura espantosa del conde verdadero, encerrado en una envoltura
extraña, le hacía realizar actos que para los demás habrían sido locuras.
Se presentó en su propia casa y trató de penetrar a altas horas en sus
habitaciones, pero fué expulsado; se batió con Octavio de Saville alo-
jado en su cuerpo. Al fin, el enamorado, que no pudo calmar sus an-
sias, propuso un nuevo cambio, y volvió el conde a ocupar su domicilio
natural. En el experimento, el alma de Octavio ascendió, alejándose de
su cuerpo hasta desaparecer de la atmósfera de influencia del doctor
Cherbonneau, y éste, ya anciano y próximo a la muerte, se traslada
a la armazón que había quedado vacía.
No es Avatar una novela romántica o de aventuras, sino un cuento
fantástico propio de la época, en que el realismo era uno de los ideales
del arte. Gautier le ha dado el encanto de su estilo y la perfección
de su técnica. El traductor español ha sido respetuoso con la obra
del gran artista.

Lino Gutiérrez Alea. Imágenes. Poesías. La Habana. Imprenta


"El Siglo XX". Teniente Rey 27, 1922. S*?, 214 p.

Sencillo, sereno, casi sonriente, como si jamás hubiera tenido luchas


en su vida, se muestra Gutiérrez Alea en Imágenes. Y bien saben cuan-
tos lo conocen que ha necesitado largos años de esfuerzos y sacrificios
para llegar a la meseta desde la cual ve ahora tranquilo el cruce de los
acontecimientos. Que esa es la suerte del escritor en nuestros países,
BIBLIOGRAFÍA 283

que así ha de ocultar durante mucho tiempo al idealista nacido en él,


hasta que un relativo bienestar le permite volver al surco a poner una
semilla, de vejez en ciertas ocasiones, y pobre e infecunda, de madurez
prolífica en otras. No pocos quedan definitivamente hundidos en el
anónimo llevadero o enriquecedor de los negocios, de la burocracia o
de la política. Y siempre muere en el silencio interm.inable algo del
artista, por lo menos una parte de su obra de juventud que no llegó a
realizar.
Lino Gutiérrez Alea es hoy Profesor de Instituto. En la soledad se
ha mantenido poeta. Este libro viene a demostrarlo. No un poeta de
exaltaciones, sino de suavidades, de ternuras y de elegancia artística.
Cincela, además de crear. Y aunque no alcance muy altas cumbres,
aunque no sorprenda por sus arrebatos, agrada por su nobleza de con-
cepción, por su espiritualidad sincera, por su alto sentido de la belleza
y por su respeto a los cánones del arte. Me bastará una de las com-
posiciones del libro, que prueba plenamente mis palabras anteriores.

TIEMPO MUERTO

Ha
terminado su tarea
lamaquinaria del central,
sobre la alta chimenea
hay un sinsonte que gorjea
como una flauta de cristal.

No más el áspero engranaje


rechina al ímpetu motriz;
no más el humo, cual celaje,
marca en el cielo del paisaje
su veleidosa nota gris.

Brota hierba en el sendero


la
libre delrudo transitar;
en el ambiente placentero
vierte un florido limonero
emanaciones de azahar.

Bajo la casa de calderas,


entre un horcón y la pared,
unas arañas hilanderas
tienden solícitas, ligeras,
el entramado de su red.

Hacen su nido, entre las ruinas


del viejo y hosco barracón,
284 CUBA CONTEMPORÁNEA

las dos alegres golondrinas


que vuelven siempre peregrinas
cuando florece la estación.

Y en esta paz agonizante,


en este lapso de quietud,
hay un reposo de gigante
bajo la cántiga arrullante
de un enigmático laúd.

Tal, la avecilla que gorjea


en el silencio vesperal,
finge que arrulla y que recrea
desde la alta chimenea
el sueño augusto del central.

Ha escrito un cordial prólogo para Imágenes otro poeta, José Ma-


nuel Carbonell, amigo de Gutiérrez Alea desde los tiempos no muy
lejanos pero románticos de la notable revista Letras.

Manuel Gutiérrez Nájera. Cuaresmas del Duque Job. Casa Edi-


torial Franco-Ibero-Americana. 222, Boulevard St-Gérmain. Pa-
rís. [1922] 169, 142 p.

Cuatro fueron en América los precursores de la poesía moderna,


los poetas que dieron un sentido más humano a la palabra, que for-
jaron el verso con mayor belleza y seguridad y que expresaron ideales
poéticos no conocidos: Julián del Casal, Gutiérrez Nájera, José Martí
y Rubén Darío. Y los cuatro fueron también prosistas admirables. Los
trabajos que los devotos de esos maestros han ido publicando, demues-
tran una similitud maravillosa en la limpidez cristalina, en el encanto
dialéctico, y en casi todas las características de los cuatro prosadores.
Y no por eso se deja de advertir una personalidad definida, única, en
cada uno de ellos.
El Duque Job, el magnífico Gutiérrez Nájera, es en las Cuaresmas
un supremo artista y además un amable y sereno apóstol del bien. Ele-
gante, correcto, sobrio y siempre exquisito, va indicando normas para
la vida espiritual de sus feligresas, de las divinas lectoras a quienes
consagraba los sermones. Es insinuante, persuasivo y a veces delicio-
samente diabólico, o mejor dicho: ajeno al bien y al mal admitidos
por la sociedad. Pero es siempre claro, de una claridad sorprendente,
como si hubiera hecho finísimo y bello cristal con las palabras, o como
si predicara desde una altura en la más diáfana de las mañanas. Pocos

prosistas de lengua española alcanzan ese tono límpido y armonioso, esa


perfección, esa pureza, si no son los otros tres precursores citados.
BIBLIOGRAFÍA 286

Y es con las Cuaresmas con lo que Ventura García Calderón ha


querido enaltecer su Biblioteca Liliput; con las prédicas de bondad,
con las encantadoras exhortaciones de un sacerdote artista, que siempre
fué poeta, adorador de lo bello, que amó sin limitaciones a la mujer y
por la cual ofició religiosamente en los altares de la Vida.
Las Cuaresmas son portentosos regalos para el espíritu más adolo-
rido, y para todo que sienta con verdad y con amor el arte. Sabo-
el
rearlas es gustar los placeres completos, una de las felicidades
uno de
que puede alcanzar el hombre. Este libro será de los más leídos y
apreciados. ¡Acaso, en la soledad de un jardín, en la penumbra de una
alcoba, en el poético marco de un emparrado, cuántas comuniones su-
blimes provocarán estas páginas llenas de sonrisas y de refinamientos!
Allá en la inmortalidad El Duque Job sentirá con ello bien compen-
sadas su tristezas, y creerá suficientemente cumplida su misión en la
tierra, dará por bien rota su vida, segada en fértil y soberana juventud.

Dr. Arturo Montori. El feminismo contemporáneo. Habana. Imp.


y Lib. La Moderna Poesía. Obispo, 129 al 139. 1922. 8^ 456 p.

El dibujante que ha hecho la portada un poco llena de colorines de


esta obra, ha pintado una mujer saliendo de negro abismo, castamente
desnuda, con el largo pelo suelto y alborotado y con las manos dirigidas
a la altura en un gesto de liberación. Nubes azules, o montañas, y un
sol radiante completan el cuadro. Es un símbolo: así va surgiendo la
mujer de la sima profunda de los prejuicios, así se muestra el femi-
nismo cada vez que gana una batalla a la tradición, a la intolerancia
y a los obstáculos que sus propios errores ponen en su camino.
El Dr. Montori estudia con minuciosa dedicación los problemas,
los conflictos y las contiendas que se relacionan con el feminismo. Si
no estuviera ya, por sus anteriores obras, considerado como uno de
nuestros escritores más serios y bien orientados. El feminismo con-
temporáneo haría su reputación de sociólogo y de pedagogo. Con una
amplia y segura mirada al mundo entero, y teniendo en su poder una
documentación completa, ha examinado en todos sus aspectos la cues-
tión femenina, ha observado todos los males y todas las ventajas de
cuantas soluciones fueron propuestas hasta hoy, y ha dado con valor
sus conclusiones.
No queda un solo punto del ya viejo debate que no haya sido tra-
tado y resuelto por el Dr. Montori: desde la emancipación económica
de la mujer, a su rehabilitación jurídica; desde la obtención de derechos
políticos para ella, hasta su educación integral y la adopción de una
ética sexual en armonía con la lógica humana y con la realidad.
Tiene capítulos este libro cuyos temas son candentes brasas y que
sin embargo el autor ha sabido estudiar serenamente, despojándose de
sus intereses de hombre, intereses basados en los derechos que dan
286 CUBA CONTEMPORÁNEA

siglos de dominación. Tales son los titulados Aptitud de la mujer para


la actividad económica, La inferioridad jurídica de la mujer. La capa-
cidad política de la mujer y La formación de la nueva moral femenina.
La mujer sólo tiene una carrera, según la concepción secular: el
matrimonio. Ha de ser primero la muñeca de resortes dóciles a la
mano masculina, la madre ignorante que pone hijos en el mundo y no
sabe encaminarlos ni preparar su alma, la esposa que se exhibe en
sociedad como una prenda de lujo o como un objeto de arte que pro-
voca envidia o admiración. Pero... "la experiencia ha venido a de-
mostrar... cómo el mantenimiento rígido de aquel principio ha llegado
a viciar la vida misma del hogar, porque la mujer inerme, que no se
ha preparado en su vida más que para casarse, una vez que ha rea-
lizado esta suprema aspiración, tiende a caer, fatalmente arrastrada
por las fuerzas irresistibles de la vida, en una condición de servidumbre,
disimulada o descubierta, en su relación doméstica con el marido." Y
la mujer es apta para la vida económica. Sabe trabajar. "En la gene-
ralidad de las familias, la mujer, aun en el interior del hogar, trabaja
tanto o más que el hombre..." Y en la calle, en las oficinas, en los
talleres, en los comercios, la mujer va conquistando puestos. El doc-
tor Montori rebate la argumentación de los tradicionalistas, que quieren
mantener a la mujer en su estado actual para que no se masculinice y
pierda sus encantos. Después pregunta: "entre una muchacha física y
espiritualmente cultivada, de voluntad disciplinada por el ejercicio de
una profesión, capaz de discurrir sobre los principales problemas de la
vida y afrontar los contratiempos de la adversidad, y la muñeca inútil,
inexpresiva y frágil, criada en la ociosidad, diestra en las fórmulas de
la etiqueta mundana, pero desconocedora de las más elementales difi-
cultades de la existencia, capaz únicamente de discurrir acerca de
adornos, de modas y diversiones u otros motivos de frivolidad seme-
jante, ¿qué hombre de espíritu medianamente refinado podría vacilar?
Con respecto a la inferioridad jurídica de la mujer, sus afirma-
ciones son igualmente atendibles: ya no es esa parte de la humanidad
un conglomerado de esclavitudes, sino de organismos pensantes que
tienen voluntad y sentimientos y cuyos derechos nadie puede desconocer.
En Cuba, y en algunos otros países, la mujer cuenta con varias defensas
legales tesoneramente pedidas y conquistadas por hombres previsores:
las más importantes son la que capacita a la mujer casada para admi-
nistrar sus bienes, y el divorcio, ley más favorable a sus intereses que
a los del hombre, aunque la combatan en nombre de ella los represen-
tantes de una religión secular, que se han arrogado sin poderes su de-
fensa. En cuanto al adulterio, presenta el criterio moderno que estima
la infidelidad conyugal, desde el punto de vista jurídico, como un simple
quebrantamiento del contrato que es el matrimonio; y proclama la "ne-
cesidad de fundamentar las uniones sexuales en la sinceridad afectiva
y en la sinceridad".
BIBLIOGRAFÍA 287

Es partidario el Dr. Montori del reconocimiento de derechos políticos


a la mujer, y no ve en ello peligro alguno para la familia, para el hogar
o para la sociedad. Su conclusión se basa en la historia, en los hechos,
en la verdad científica. Sin apasionamientos, pero con energía, desme-
nuza y abate las razones de los contrarios al voto femenino, y demuestra
qué factor tan importante de bien y de progreso ganaría la humanidad
si diera a la mujer el derecho del sufragio absoluto, la facultad de ele-

gible y electora.
La moral femenina, o mejor: la nueva moral femenina, ocupa pá-
ginas trascendentales en este libro. Se habla en ellas de la esclavitud
sexual de la mujer, del matriarcado, del patriarcado, que determinó la
institución de las costumbres actuales, de la fidelidad forzada, del ma-
trimonio monogámico, de la prostitución, de la moral y del amor libre,
entre otras muchas e interesantes cosas. Se establece el código del
amor libre, una especie de evangelio que fija el estado perfecto del
hombre. "Y después que una generación entera haya crecido respirando
en el nuevo y vigorizador ambiente; y las mujeres se hayan acostumbrado
a disfrutar la libertad de que hoy carecen, cuyos primeros destellos aún
deslumhran su vacilante vista; y por su parte el sexo masculino se haya
educado en el respeto a la libertad y a la dignidad de la mujer; cuando
en el porvenir, los jóvenes de espíritu iluminado y templado por las
recias y vitalizadoras verdades de los nuevos evangelios, se crucen en
los senderos de la vida y en sus pupilas brote la llamarada de la pasión
prendida en sus entrañas... ellos resolverán si su amor estará necesi-
tado de la sanción de señaladas ceremonias religiosas y jurídicas o si
prescindirán de todas ellas; ellos aquilatarán en su conciencia si el
juramento de fidelidad que sus labios pronuncien ha de obligarles por
un plazo transitorio o por todo el resto de su vida."
Contiene además el libro otros capítulos, otros tantos estudios no-
tables de diversos puntos de vista del feminismo actual. Para tratarlos
todos con la atención que es preciso poner en ellos, serían necesarios
mayor tiempo, más calma y mucho espacio. Sirvan sólo estas líneas
como síntesis de unas pocas de las reflexiones de grandísimo interés
para todos los que hace el Dr. Montori en El feminismo contemporáneo,
obra con la que el publicista pone a nuestra nación entre las que más
se preocupan por esos graves y sencillos problemas de las relaciones
entre el hombre y la mujer.

Rosas y espinas místicas. Por César Barja. De la Universidad de


Michigan, Ann Arbor (E. U. A.) Madrid. Tip. de la «Revista
de Arch., Bibl. y Museos» Olózaga, I.— Teléfono S.1.385. 1921.
8S 144 p.
288 CUBA CONTEMPORÁNEA

Estado de algunas cárceles de Europa. (Portugal, España, Fran-


cia, Inglaterra, Bélgica, Alemania e Italia) Informe presentado

a la Intervención Nacional, por el comisionado Doctor Adolfo


S. Carranza, donde se proyectan las bases de un moderno sis-

tema carcelario. Tucumán [Argentina] Talleres gráficos de


«La Gaceta» 1921. 4"?, 58 p.

Centenario de Carabobo. Discurso pronunciado por el Dr. Vi-


cente Dávila en el Panteón Nacional el 5 de julio. Imprenta
Bolívar. Caracas. 1921. 4^ 22 p.

Junta para ampliación de estudios e investigaciones científicas.

Centro de Estudios Históricos. Teatro


antiguo español,
Textos y estudios. IV. Lope de Vega. El cuerdo loco. Pu-
blicada por José F. Montesinos. Madrid. 1922. 4"?, 234 p.

Alfonso Mejía Robledo. El poema de mi vida. 1920. Pereira. Imp.


Nariño. 16"?, 36 p.

La inspección escolar. Sugestiones que un impulso generoso de-


dica al mejoramiento de la Enseñanza y que persigue al mismo
tiempo el bien de sus abnegados propagadores, por José Lino
Molina. Ex-Inspector de Instrucción Pública Primaria. y ac- . .

tualmente Director de la «Revista de la Enseñanza», y Cola-


borador de la Oficialía Mayor de la Secretaría de Instrucción
Pública. San Salvador. Año de 1921. Imprenta Nacional. 8",

66 p.

"Por donde se ve. ." Réplica del P. G. Palau S. J. a Don Miguel


.

de Unamuno. República Argentina: "Editorial Bayardo" Sar-


miento 865, Buenos Aires. España: "Unión Librera de Edito-
res, S. A." Puertaferrisa 14, Barcelona. [1922] 8", 164 p. con
retratos.

Enrique Gay Calbó.


La Habana, junio, 1923.
NOTICIAS

Hace poco falleció en Rio de Janeiro el renombrado internacionalista


Sa Vianna, autor del libro La moral es tan obligatoria para las na-
dones como para los hombres.
*
El profesor Henri Mery ha expuesto en
la Academia de Medicina
de París, un tratamiento preventivo del sarampión, que consiste en in-
yecciones subcutáneas de dos a cuatro centímetros cúbicos de suero
extraído de la sangre de los niños convalecientes de esa enfermedad.
El tratamiento se ha empleado con gran éxito, en 1922, durante dos
epidemias de sarampión.
*
En Buenos Aires se explican unos cursos de "Bachillerato nocturno",
que benefician extraordinariamente a la población obrera de esa pro-
gresiva capital americana.

En el teatro La Princesa, de Madrid, ha sido estrenado recientemente


el drama Madre, en tres actos, de Rafael Martí Orberá, quien obtuvo
un éxito bastante lisonjero en su condición de autor.
*
En primer informe de la Fundación Carnegie, se demuestra que
el
desde que se estableció esa institución, en 1911, las donaciones efec-
tuadas suman más de cincuenta y siete millones de pesos.
«
Le PheniXy última obra de Maurice Rostand, alcanzó un gran
la
éxito al ser representada en París, en el teatro de la Porte Saint-Martin.

El Dr. José Arce, Rector de la Universidad de Buenos Aires, ha sido


nombrado miembro honorario de la Real Academia de Medicina de
Roma.

El Museo Social Argentino prepara un Congreso Internacional de


Economía Social, una de cuyas vicepresidencias le ha sido ofrecida al
notable penalista italiano Enrique Ferri.
*
.

290 CUBA CONTEMPORÁNEA

Las oficinas meteorológicas de Francia y de los Estados Unidos


tratan de establecer un servicio, por medio de la radiotelegrafía, de
pronósticos del tiempo a través del Atlántico, para trasmitir avisos a
los buques durante la travesía.
*
En Buenos Aires, con motivo de los últimos carnavales, ocurrieron
muchos incidentes debido a la falta de cultura de una parte del público.
Y con este motivo dice un diario bonaerense que "la grosería es una
mancha para el pueblo mismo y éste será el colaborador más eficaz

de las autoridades para extirparla al sentirse defendido en su propósito


de educación social."

En la última Conferencia Centroamericana, que tuvo lugar en Wash-


ington recientemente, se acordó, entre otras cosas, que la reducción de
armamentos se basara en el área de población de las repúblicas que
tomaron parte en esa Conferencia.

El libro de Ramón y Cajal Charlas de Café, obra del famoso hom-


bre de ciencia español, ha alcanzado recientemente su tercera edición.
*
En Berlín se ha fundado una empresa que con el nombre de Editora
Internacional "se propone ofrecer a los países de habla castellana una
serie de las obras más importantes aparecidas en Europa durante estos
últimos tiempos." Nitti, que corresponde al tomo
El libro de Francisco
primero de la biblioteca, titulado Europa sin paz, está dedicado a todos
los pueblos de habla española y lo precede un prólogo del argentino
Alberto M. Condioti.
*
Los bebedores de sangre es de una novela que acaba de ser
el título
publicada en Italia por el conocido Bruno Corra, autor de
escritor
otras novelas tituladas Yo te amo. Madrigales y grotescos. El toro,
Mujer rubia. .

La última obra de Corra trae como prefacio una carta de Mussolini,


y trama novelesca tiene estrecha relación con los sucesos políticos
la
que se han venido desarrollando en Italia últimamente.
*
Una compañía francesa explota actualmente en París cuarenta y
siete líneas de ómnibus, con 1050 vehículos que representan 42,000 H. P.
Durante el pasado año de 1922, esta compañía transportó más de
tres millones de pasajeros.

El Sr. M. F. Espalter ha publicado una Antología de poetas uru-


guayos, que ha merecido plácemes de la crítica suramericana, la que
considera la obra del compilador como "un trabajo hecho con amor
y conciencia, que servirá mucho a quienes quieran conocer la rica
poesía del Uruguay."
NOTICIAS 291

En Montevideo, República del Uruguay, ha sido inaugurado reciente-


mente un monumento a la memoria de José Artigas, el insigne caudillo
de las libertades patrias, a quien los uruguayos consideran "como el pri-

mer campeón de los orientales contra la dominación española."


*

En Buenos Aires se viene estudiando con ahinco la idea de im-


plantar allí, como institución de carácter permanente, el teatro griego.
Las obras que se piensa dar a conocer son las siguientes: Agammenon,
Las Colferas y Las Euménides, de Esquilo; Edipo Rey, de Sófocles; Las
Bacantes, Alcester y Ciclope, de Eurípides. También serán representadas
Las Nubes y Los Caballeros, de Aristófanes.
0
La comedia titulada Por un marido, original de la escritora Angela
Ramos de Rotalde, ha obtenido un ruidoso éxito al ser estrenada en la
ciudad de Lima.
*

El Municipio de Río de Janeiro ha recibido un valioso obsequio del


Gobierno de Chile, consistente en un artístico bronce que simboliza el
progreso de la floreciente y bella capital brasileña.
*

Las novelas del popular novelista argentino Hugo Wast han empe-
zado a ser traducidas al portugués, en Río de Janeiro, por el Dr. Gomes
Leite.
ÜC

El actual Papa Pío XI, ha dirigido una carta al Cardenal Vicario


Vannutelli, en la que se duele de que en Roma se haya conmemorado
el centenario del insigne escritor francés Ernesto Renán.
*

Mr. Bernard Grossman, hombre de ciencias de los Estados Unidos,


ha realizado afortunadas experiencias utilizando la luz solar como ge-
neradora de fuerza.
*
En Londres ha fallecido hace poco, el famoso retratista norteame-
ricano James Jebusa Shanon.
*

La Renaissance, de París, señala el peligro para las letras francesas


de que España se esfuerza por conquistar los mercados libreros de la
América Latina, desalojando lentamente al libro francés.
*
En Congreso de la Prensa que tuvo lugar en Lyon, se acordó la
el
formación de una Asociación de Periodistas Latinos, con una oficina
central en París y con delegaciones en las grandes ciudades latinas de
Europa y de América.
*
<

•^92 CUBA CONTEMPORÁNEA

El régimen municipal de la ciudad de Roma será modificado por el


actual Gobierno fascista, teniendo en consideración un proyecto de Crispi
que data de 1895.

En uno de los principales paseos de la ciudad de Santiago de Chile


ha sido inaugurado el monumento erigido a la memoria de los héroes
de Concepción en la guerra del Pacífico.
Es autora de la valiosa obra artística la renombrada escultora Re-
beca Matte Iñiguez y las distintas piezas fueron fundidas en Florencia.

En Buenos Aires, la Liga de Honor Pro Moral, a imitación de lo


ocurrido en París, denunció ante la Junta Correccional a los editores
Rubli Hermanos y F. Munner, concesionarios de la novela La Gargonne,
de Víctor Margueritte, como atentatoria a la moral. Además pidieron
en su escrito que se confiscaran las ediciones publicadas y que se
impusiera un año de prisión a los denunciados.
El juez que falló la causa estimó que la obra no era inmoral, por
ser ese el dictado de la crítica de escritores de gran talento y que
tampoco atentaba a las buenas costumbres.
Los denunciantes han establecido apelación contra tan justa sen-
tencia.
*

El renombrado escultor francés Bourdelle está finalizando el gran-


dioso monumento que se levantará en Buenos Aires a la memoria del
General Alvear.

Las mal calladas es el título de la nueva novela de Benito Lynch,


conocido escritor argentino.

Durante la celebración de la Quinta Conferencia Panamericana, que


ha tenido lugar recientemente en Santiago de Chile, el importante pe-
riódico chileno El Mercurio convirtió su salón-biblioteca en oficina des-
tinada a los representantes de los diarios americanos que concurrieron
a la Conferencia.

Recientemente ha tenido lugar en la ciudad de Lyon, en Francia,


un Congreso de la prensa latina, en el cual uno de los delegados ar-
— —
gentinos representante del periódico La Nación planteó la impor-
tante cuestión de la reciprocidad informativa.
El distinguido periodista sostuvo la tesis de que en tanto que los
periódicos delNuevo Mundo conceden una gran importancia a la vida
europea, prensa de Europa, especialmente la francesa, parece ignorar
la
por completo lo que sucede en América.
J. V.

IMP. DE LA SOCIEDAD EDITORIAL CUBA CONTEMPORANEA


AÑO XI

Tomo XXXII. Lo Habana, agosto 1923. Núm. 128.

MARTI, POETA

(Conferencia leída por la señora Dulce María Borrero de


Lujan en la velada que celebró el Colegio de Abogados
de Santa Clara, el 19 de mayo de 1923.)

Señor Decano del Colegio de Abogados; señor Presidente del


Consejo Local de Veteranos; Señores:

ON —
vergüenza y orgullo y con otro sentimiento más
suave que todo lo mejora: con agradecimiento estoy — ,

entre vosotros esta noche en que de nuevo palpa


Cuba la áspera verdad de su desgracia, llorando su
dolor con nuevas lágrimas. Con vergüenza, que me aflige hasta
el alma, porque sé de antemano que cuanto os diga de aquel
cuya sombra pura nos ha congregado aquí, como si todavía, de
su boca hecha polvo salieran las palabras que llamaban y unían,
será ruin y distante de su gloria; con orgullo, que momentánea-
mente me inviste de la capacidad mayor que socorre al hombre
en sus actos de amor y de enseñanza, porque hablar de él eleva
y dignifica el corazón, aclara y enriquece la mente, fortalece la
conciencia, orienta el alma; y todos estos bienes reflejos consue-
lan por fuerza nuestro espíritu, llevándolo, como en alas repen-
tinas, muy lejos de la triste realidad ... ; con agradecimiento, que
del fallo de mis fuerzas me excusa, porque debo a vosotros la
294 CUBA CONTEMPORÁNEA

dicha que este último bien supone para mí, que, no sé por qué
terquedad clarividente, presiento un anochecer para la patria en
tanto perduren rivalidades y enconos envenenándonos la vida a
que nacimos aquel día supremo, en que, de la silla de montar,
cayó, transfigurado por la muerte, al suelo amado — entonces virgen
de cizaña torpe — ,
aquel dios de alabastro y de tristeza, aquel
hombre de cerebro volcánico y corazón lilial, el más puro y más
grande de América entre la pléyades de sus hombres grandes,
como pudiera, de la sombra de una nube ascendente, caer el sol
al libre azul del cielo!

De la gran hoguera de corazones entusiastas que fué el pri-


mer congreso femenino de Cuba recientemente celebrado en La
Habana, se propagó al mío la chispa de un deseo irresistible, pero
humilde: ir a mi bien amado Camagüey que nunca he visto sino
en el hondo espejo de mi heredado amor a sus grandezas; venir
a Villaclara a tocar en las almas de mis hermanas pidiendo una
limosna de buena voluntad y de virginal vigor para inyectar las
venas empobrecidas de la patria; a preparar, por medio de una
acción de simpatía y de concordia, el abono necesario al sustento

de nuestro primitivo ideal de igualdad y educación, que está mu-


ñéndose como un arbusto recién plantado al que le falta riego.
Tal intención me animaba serenamente, como nos anima todo im-
pulso al cual estamos seguros de obedecer con fruto, porque es-
peraba que esta bella porción de la mitad de la conciencia del
mundo, todavía oprimida y a obscuras en la noche de prejuicios
decrépitos, de sólo vislumbrar la libertad y el contento que el nuevo
movimiento de la razón le brinda, había de responder al llama-
miento perentorio de mi voz con un pensamiento unánime y un
general anhelo de reforma. La experiencia del dolor de su impía
servidumbre dispone favorablemente a todas las mujeres de la
tierra a lacomprensión y aceptación de toda novedad moral que
otra le anuncie, y esta seguridadme daba alientos. Pero venir a
hablaros de Martí en esta hora de recuerdo ardiente y de hambre
de luz para todos los cubanos, es más grave tarea, es casi mortal
empeño del que no sabe mi alma si saldrá con decoro, y en el
que sólo puede auxiliarla el poderoso sentimiento de admiración,
fervoroso como un culto, que le inspira su memoria.
No nace mi dolorosa turbación de este instante, del conocí-
MARTÍ, POETA 295

miento de mi insuficiencia, ni de un mezquino sentimiento de


vanidoso desconsuelo suponer de antemano relegados a un plano
al

muy inferior mis apreciaciones y juicios personales acerca de la


obra y la vida del maestro, ya qucj no hay ni ha habido en estos
últimos veinte años grande escritor o pensador de médula que
no haya ennoblecido su pluma revelando al mundo algo singular o
nuevo, o ya conocido y excesivo en su obra gloriosa y prin-
lo

cipal. De Martí estamos todos los cubanos, y aun todos los hom-
bres amantes de la libertad, facultados a hablar, aun cuando a la
pequeñez de nuestra mente escape la verdadera proporción de su
grandeza, como todos los habitantes de la tierra, súbditos de la
gran república del sufrimiento y la miseria humana, a hablar de
aquel a quien no se conoce, pero se necesita, como razón y con-
suelo de la vida. Y si por mucho hablar de él a lo largo de nuestra
eclipsada existencia de libertos acabamos todos un día por decir la
misma cosa, alcanzará significación de himno nuestro culto, y
de la Isla querida subirá al espacio la más hermosa narración
con que puede ilustrarse la Epopeya. No es ese mi temor. Se
dice Martí, y se mezcla a su evocación tal suma de fo y de ima-
ginadas grandezas, que no se siente defraudada el alma por no
acertar a medir, aquilatar y desenlazar unas de otras sus ex-
celsas virtudes, porque una religiosa intuición nos hace sentir que
en él encarnan la virtud y el bien, íntegramente.
En su nombre, por mucho que seamos incapaces de discer-
nirlo, va implícito todo lo más grande, bello y noble de la moral

humana, como en la luz la presunción de todas las apariencias,


los ideales e infinitos contornos de todas las formas existentes.
Ni se agota el caudal de aquel vivo tesoro de excelsitudes por-
que uno y otro día, mientras impere en América la fealdad re-
pugnante de cien vicios mortales, se acuda a buscar en él el ma-
terial sublime de justicia y honor, de dignidad y fe de que estamos

carentes. De aquella cantera podemos sacar todos los construc-


tores desinteresados de almas libres la piedra necesaria, sin miedo
a que se agote.
Nace mi vacilación del temor, casi sagrado, que me produce
la idea de ir a daros una visión menguada de aquel cuya vida,
pensamiento y obras forman un todo eterno e indivisible, al que-
.

296 CUBA CONTEMPORÁNEA

rerlo presentar a vuestro amor bajo uno solo de sus varios as-
pectos.
No es posible decir Martí político, Martí orador, Martí poeta,
Martí libertador, Martí escritor, Martí reformador, vidente, már-
tir... O se le mira de todos modos, o no se le mira sino como
antes dije: sin análisis, englobando en su persorialidad intuitiva-
mente, la vasta complejidad de todos los principios básicos del bien

y la sabiduría, edificadores e infinitos, con la unción mística con


que se mira, con los ojos inmateriales del alma, al que no se com-
prende, pero se siente superior a toda idea y a toda realidad. De
lo contrario, nos exponemos a desconocerlo, que es peor que ig-

norarlo.
Quien espere conocer el valor de la obra escrita de aquel
hombre sin parecido, por el procedimiento vulgar de la crítica
erudita que traza paralelos, coteja y detalla, fracciona y sondea,
descoyunta y exprime la forma y los sistemas de expresión de
aquellos creadores sublimes que nunca osaron mancillar el ímpetu
doloroso del corazón con un acto de premeditación mezquino y
vano, quedará defraudado en su esperanza. De mis labios no ha
de un nombre, ni una envilecedora insinuación de semejanza
salir

o filiación que haría raquítica la apariencia total de aquel acervo


grandioso de doctrinas, de enseñanzas, de ejemplos sobrehumanos
que representan la prosa y los versos de Martí. Queriendo re-
frescar mi juvenil e inderrocable impresión, yo misma, en estos
días, confusa y desconcertada por vuestro ruego, busqué y me
rodeé de cuantos libros suyos tuve noticia, imaginando poder en-
cauzar y constreñir mis impresiones en un solo sentido; ¡qué ilu-
sión! Salí de la lectura con el alma dilatada y en sueños, en-
mudecida, perfumada, loca, como se sale de un bosque llevando
impregnados los cabellos, los vestidos, las carnes del olor profundo
y natural de la tierra, que se derrama, como un llanto de oro, en
transparentes gomas de los troncos lujuriosos e intactos. .

Y enbucear precipitado y ansioso, tuve la persuación, con-


el

traproducente a mi pueril propósito, de que las perlas más bellas


de aquel mar de bondad y sentimiento se me rompían entre las
manos dejándomelas llenas de nacarado polvo.
Conocí la desesperación; desistí de mi profanador empeño;
sentí lo que sentimos cuando ante el grandioso espectáculo de la
MARTÍ, POETA 297

conflagración crepuscular quisiéramos contemplar al mismo tiem-


po, con una misma mirada de nuestros ojos deslumhrados, a oc-
cidente y a oriente, donde la agonía del sol se duplica, dando una
sensación de amanecer. Y al dejar, afligida y descorazonada el
tesoro de tanta y tanta página preciosa apenas comenzada, y abatir
meditabunda mis manos sobre los libros cerrados en un supremo
gesto de impotencia, me pareció que de ellas salía luz, que alum-
braban con un reflejo azul, como si hubieran trasegado con fós-
foro...
Creedlo; es imposible. ¿Quién acaba de comprenderlo nunca?
¿Quién lo conoce en todo su valor? ¿Quién se atreve, como en una
disección vulgar, a separar por partes, de sus páginas eternas la
materia y la esencia, el nervio y la intención, siempre magnánima
y heroica?
En el tribuno aparecen juntos el vidente y el soñador; en el
poeta aparece el apóstol, en el libertador el filósofo dueño de la

sabiduría serena de los fuertes. En sus prosas iracundas, aciba-


radas de santo enojo, surge unas veces de improviso el hilo de
amable poesía de la fe, por cuya frescura se reconcilian su limpio
corazón y manchado corazón a quien castiga, y del que espera
el

rectificación; y en sus más suaves haces de espigas de ternura, de


armoniosa mansedumbre, estalla otras la centella secreta de una
imprecación lapidaria, de una divina cólera, empurpurada de dolor
y de angustia.
Leed: ¡pero no! ¿No es sacrilegio que yo pretenda daros a be-
ber el cielo a sorbos? Qué sacaría yo de mostraros a fragmentos
escogidos con injusticia flagrante entre el noble conjunto de sus
arengas centelleantes, este o aquel pasaje? Además, estamos aquí
esta noche para amarle, para resucitarle con fervor, no para tem-
blar y enrojecer, señores! Desistamos, pues, de una labor irriso-
riamente fácil, y veamos y aquilatemos en su aspecto general su
obra inmortal.
Un sentido superior de la equidad; un sabio conocimiento del
valor de la esperanza; una generosa concepción del bien, un amor
inextinguible a la libertad, provedora de felicidad y contento para
los hombres dueños de su conciencia y conscientes de su fuerza;
un maravilloso don de atracción, un perfecto dominio de sí propio
y una avasalladora pasión por la patria mil veces maltratada y
2é8 CUBA CONTEMPORÁNEA

ultrajada por nosotros después de su muerte, no podían conden-


sarse sino en aquellos párrafos ardientes y en aquel estilo suyo
encendidos de color, salpicados de imprevistos giros, sembrados,
como de diamantes una malla de acero, de adjetivos supremos,
únicos, insustituibles, preciosos; cosidos con hilos luminosos de
ideas sobrenaturales, hondas, pías; saturados de una recóndita, fe-

cunda y natural tristeza, como han debido ser siempre el verbo


y de los redentores, a cuyas metáforas celestes y a cuyas
el estilo

singulares y evangélicas prédicas no ha de buscarse entre voces


humanas parangón.

Se ha dicho ^y lo ha dicho su más leal y fervoroso discípulo,
aunque no con propósito ruin de empequeñecer su obra escrita,
sino antes bien, con el reverente anhelo de presentar en toda su
majestad de potencia natural su intelecto portentoso — ,
que "del
exceso de fuerza, del exceso de penetración, abarcación, desen-
trañamiento, se resiente Martí en ocasiones". ¡Nunca! digo yo.
Su pensamiento, estrecho en el discurso natural de la expresión
hablada, se refugia en símbolos a veces tan altos, a veces tan
profundos que da la sensación de oscuridad y de vacío al más aten-

to y mejor capacitado de sus amorosos intérpretes. En ningún es-


critor, en ningún tribuno de los tiempos modernos alcanzó como

en él la palabra su valor imponderable, único, excepcional, como


expresión del concepto filosófico y del sentido humano del amor.
Martí elevó a más excelsa jerarquía, dió más profunda significa-
ción que todos cuanto han expresado en nuestra lengua su credo
y su grandeza, a los instrumentos del corazón humano; confirió,
por la fuerza inaudita de su sinceridad, su verdadero y sublime
valor a los intérpretes del sentimiento: el pensamiento, el gesto
y la palabra. /

Y sobre esta fusión indivisible del sentimiento, la idea y la


expresión, la poesía enorme, conmovedora, eterna, encarnación re-
ligiosa del dolor purificador y fecundo que como un aliento de vida
sobre todas los seres y sobre todas las cosas, reflejándose
flota

como en un espejo límpido, con prodigiosa, feliz fidelidad.


En este bloque compacto de excelencias anímicas y mentales
donde perdura tallado para siempre su espíritu multiforme y pro-
f ético, ¿no vienen a ser cualidades secundarias la aristocracia de
sus gustos, su sutil percepción de la belleza artística, su porten-

MARTÍ, POETA 299

toso dominio de la lengua, su inimitable manera de decir, su


siempre renovada singularidad, única y sorprendente?
Más valor tiene su sintetismo verbal, hijo de su práctica pe-
renne de heroica contracción del alma, que sabía, como el león
antes de saltar a morder y a desgarrar, replegarse en dolorosa
contractura y sacrificar en silencio todo cuanto no fuera la gran-
deza y la razón del ímpetu aniquilador.
Pasman sus versos, desde aquellos de su primera y fluyente
manera, por la significación profunda, por la vasta y sugerente

nitidez de la idea. Toda su capacidad de sacrificio, toda la virtud


imperativa de su deseo de libertar a un pueblo atormentado, se
funde en esta estrofa:

Que el patrio amor las piedras abrillanta,


la tierra tronco añoso mueve,
anima, el
por agua pisa, a Lázaro levanta
y sombras y cadáveres conmueve.

Y este valor legítimo al apreciar sus modos de expresión, con


ser tan grande, queda oscurecido, deshecho ante el mérito de
otras síntesis dolorosas y sublimes, en las que su respeto a la
humana dignidad y el orgullo intangible del sentimiento viril de
su dolor entraban, íntegros:

En estas pálidas tierras


¡oh, niña! en silencio muero!
Como la queja deshonra,
yo no me quejo!

Del mutuo amor de los hombres


el magnífico concierto,

de la pasión nuestra vida
no escucha el eco.

Como una bestia encorvada


a un yugo vil, aro, y ruego,
y como un águila herida
muero en silencio.

¿No sería predilección de hormigas, tarea de pigmeos antepo-


ner, en el estudio amoroso de sus versos, la admiración puramente
estética a que nos mueve su peculiar estilo poético, su brillantez
300 CtlBA CONTEMPORÁNEA

musical, su manejo magistral del metro y la palabra, a ese hondo,


doloroso, transparente misterio que se abre bajo todos sus pensa-
mientos como un luminoso abismo? ¿Fuera justo decir que su
originalidad cautivadora está en la peculiar estructura que colora
y modela la rima, y no en esas sutilísimas filtraciones de alma a
través de sus más naturales aspectos? ¿No es eso inconfundible,
inimaginable, puro, y permanente a un tiempo que
triste, fugitivo

deja volar de sí a las estrofas perfectas y armoniosas lo que no


puede olvidarse nunca, lo que nunca se puede desentrañar y tasar
mezquinamente desligado de las formas poéticas?
La perfección y belleza de lo expuesto queda más de una vez
oscurecido ante el chispazo del sentimiento preso en lo que no
se dice como aquí:

El alma trémula y sola


padece al anochecer:
hay baile, vamos a ver
la bailarina española.

Han hecho bien en quitar


el banderín de la acera;
porque, si está la bandera,
no sé, yo no puedo entrar!

Ya llega la bailarina;
soberbia y pálida llega;
¿cómo dicen que es gallega?
Pues dicen mal; ¡es divina!

Lleva un sombrero torero


y una capa carmesí:
¡lo mismo que un alelí
que se pusiera un sombrero!

Se ve, de paso, la ceja,


'ceja de mora traidora;
y la mirada, de mora;
y como nieve la oreja.

Preludian: bajan la luz,


y sale en bata y mantón
la virgen de la asunción
bailando un baile andaluz.
MARTÍ, POETA 30Í

Alza, retando, la frente;


crúzase al hombro la manta:
en arco brazo levanta;
el
mueve despacio el pie ardiente.

Repica con los tacones


zalamera,
el tablado,
como si la tabla fuera
tablado de corazones.

Y va el envite creciendo
en las llamas de los ojos,
y el manto de flecos rojos
se va en el aire meciendo.

Súbito, de un salto arranca;


húrtase, se quiebra, gira,
abre en dos la cachemira,
ofrece la bata blanca.

El cuerpo cede y ondea;


la boca abierta provoca,
es una rosa su boca:
lentamente taconea.

Recoge de un débil giro


el manto de flecos rojos:
se va, cerrando los ojos,
se va como en un suspiro...

Baila muy bien la española:


es blanco y rojo el mantón,
¡vuelve, fosca, a su rincón
el alma trémula y sola!

Le bastaron a Martí dos pinceladas delicadas para deslizar en


esa joya de color y movimiento digna sólo de un Goya de la
pluma, aquella melancolía perenne de su alma, viajera ensimis-
mada, errante en los caminos de otras ansias; aquella orgullosa
tristeza que en todas partes y ante todos los espectáculos asaltaba
su pensamiento en sombra y soledad.
Y aun le bastó una sola para bosquejar, con genial sutileza,
todo el panorama de su aislamiento interior, al final de esta acua-
302 CUBA CONTEMPORÁNEA
1

reía exquisita y amable en que toda la abigarrada locura de una


fiesta galante se compendia:

Estoy en el baile extraño


de polaina y casaquín
que dan, del año hacia el fin,

los cazadores del año.

Una duquesa violeta


va con un frac colorado:
marca el vizconde pintado
el tiempo en la pandereta.

Y pasan chupas rojas,


las
,

pasan de fuego,
los tules
como delante de un ciego
pasan volando las hojas.

Con ser tan fino su arte, más fina y alevosa es la daga de su


pena, y de intento he querido haceros notar esta constante pre-
sencia de su tristeza molvidable, aun al través de sus momentos
menos crueles y graves. Su aristocracia sensitiva, por decirlo así,
baña siempre de una majestuosa luz de grandeza sus pensamientos,
desde los versos sedeños de Ismaelillo hasta los grandiosos de
sus endecasílabos "hirsutos" nacidos de las borrascas divinas de
su alma, pasando por el granero fecundo de sus versos sencillos,
perlas dolorosas y puras donde ostenta su corazón los matices más
suaves y adorables. ,¿De qué manera podrían hermanarse más
armoniosamente la pujanza viril y el magnánimo respeto, la altiva

arrogancia del justo y la misericordiosa justicia del fuerte que en


estos versos, conocidos de todos?:

Del tirano? Del tirano


di todo, ¡di más! y clava
con furia de mano esclava
sobre su oprobio al tirano.

Del error? Pues del error


di el las veredas
antro, di
obscuras..., di cuanto puedas
del tirano y del error.
! —

Martí, poeta 303

¿De mujer?... Pues puede ser


que mueras de su mordida:
¡pero no manches tu vida
diciendo mal de mujer!

Pero donde aquel espíritu universal y excelso halla su molde


justo, es en la selva simbólica de sus imponentes versos libres,
por cuyo dédalo de imprevistas revelaciones va el corazón con
ansias de oración, como cuando se teme a la majestad de lo des-
conocido.
Aquel alto sentimiento de dignidad que en todo instante lo
sostiene, aquella providente bondad de su alma, aquel su místico
anhelo de hermandad, de acercamiento, de fusión espiritual di-

chosa, en ninguna parte se contienen, abundantes y vivos, como


allí. Y es así como es necesario bajar a conocerlo a los abismos
de su filosofía consoladora y de su incorruptible sentido del amor.

— —
Oh, dice verso amigo,
nuevo de soledad, de amor me muero!
No de amor de mujer: estos amores
envenenan y ofuscan...

Y gime:

Es de inefable
amor, del que yo muero, del muy dulce

menester de llevar como se lleva
un niño tierno en las cuidosas manos
cuanto de bello y triste ven mis ojos.

Es así, en su aspecto espiritualista y supremo como hace falta


conocer y sondear a Martí, en esta hora de blanda sumisión sen-
sual, de apetitos pequeños, de egoísmos y de deleites envilece-
dores, cuando se embota en la molicie y en el fácil paladeo de
manjares torpes la conciencia de un pueblo que por su sobriedad
y energía viril era modelo de pueblos y dinamo de espíritus como
aquél
Podrá pensarse que una pasión absorbente y fatal, que un
amor delirante anuló en aquel corazón de fuego y de serenidad
todo otro impulso, toda otra capacidad sensitiva, y no es así. Como
un arpa de cuerdas prodigiosas vibraba el alma celeste de aquel
CUBA CONTEMPORÁNEA

hombre a la presión del sentimiento supremo de la vida, y pará


medir exactamente el mérito de haber sabido sacrificar en todo
tiempo al sublime amor patrio los goces del otro grande y provi-
dente amor que ata y completa los seres, es necesario abandonarse
con fruición al torrente armonioso de este canto donde la belleza
del símbolo es excelso y grandioso el aliento que lo abrasa:

COPA CON ALAS


Una copa con alas, ¿quién la ha visto
antes queyo? Yo ayer la vi. Subía
con lenta majestad, como quien vierte
oleo sagrado: y a sus dulces bordes
mis regalados labios apretaba.
¡Ni una gota siquiera, ni una gota
del bálsamo perdí que hubo en tu beso!

Tu cabeza de negra cabellera


—¿te —
acuerdas? con mi mano requería,
porque de mí tus labios generosos
no se apartaran. Blanda como el beso
que a ti me trasfundía, era la suave
atmósfera en redor; la vida entera
sentí que a mí abrazándote, abrazaba!
Perdí el mundo de vista, y sus ruidos,
y su envidiosa y bárbara batalla!
Una copa en los aires ascendía
y yo, en brazos no vistos reclinado
tras ella, asido de sus dulces bordes
por el espacio azul me remontaba!

Oh, amor! oh, inmenso, oh acabado artista!


En rueda, o riel funde el herrero el hierro;
una flor, o mujer, o águila, o ángel
^ en oro o plata el joyador cincela;
¡Tú sólo! Sólo tú, sabes el modo
de reducir el Universo a un beso!

¿Qué importa saber ahora si, aunando a esta honda y desbor-

dada armonía armonía del ritmo realizó Martí en sus ardientes


la

y profundos poemas una obra de belleza más circunscrita y visible


desde el punto de vista literario? Esto no tiene valor, cuando se
ha penetrado el sentido de sus símbolos y se ha sentido sobre el
MARTÍ, POETA 305

corazón, suspenso de sagrada admiración, el vuelo de sus alas


gigantescas.
De aquella urdimbre luminosa de ligeras y henchidas palabras
donde quedó engarzado su corazón a manera de una perla celeste
en los conmovedores poemas de "Ismaelillo"; de aquella alacridad,
de aquel irisado juego de espumas en que las voces oportunas y
llenas de sentido tejen la cristalina guirnalda de la música sobre
los profundos abismos del concepto filosófico y la vasta quietud
del sentimiento, no prevalece ciertamente el ritmo, ni el encanto
armonioso y singular, sino la candorosa visión de la flor humana
abierta, embriagando y dominando un alma inquebrantable con los
efluvios castos de la gracia y la virginidad de la expansión.
Se conoce a Martí sólo en su aspecto patriótico y heroico; su
innata rebeldía a todo yugo que no fuera el voluntario y estrecho
de su razón de hombre, nos ha llevado a ver en aquella redondilla
hiriente, altiva, en que se igualan el dolor y el orgullo:

Yo quiero, cuando me muera,


sin patria, pero sin amo,
tener en mi losa un ramo
de flores y una bandera,

la personificación perfecta de su espíritu. Mas donde realmente


se le posee todo entero es en aquellas otras dos, perfumadas y
gratas como dos gotas de miel caídas del panal generoso de su
pecho; es en este inefable poema de perdón, donde su alma lumi-
nosa y serena se derrama:

Cultivo una rosa blanca


en julio como en enero,
para el amigo sincero
que me da su mano franca.

Y para aquel que me arranca


el corazón con que vivo,
cardo ni oruga cultivo:
cultivo la rosa blanca.

De su carne heroica han contemplado algunos las desgarra-


duras y el tormento, palideciendo de egoísmo santo al pensar que
aquel padecer y morir sobre la cruz, fué el signo de su designio
!

306 CUBA CONTEMPORÁNEA

de inmolarse en aras de la felicidad de su pueblo — de ¡ este pueblo


De su alma de Redentor, más vasta y más bella, pocos han
visto el extremecimiento. Martí llevaba plegadas bajo el corazón
las alas de un dios entre nudos de un deber perentorio,
los dulces
aherrojadas en las suaves cadenas de un paternal deseo. Su ansia
de sacrificio, empero, era más santa: su sed de libertad para todos
los hombres, su visión infinita de consuelo y salud universal, refle-
jándose como un rayo de sol en el espejo de su sentimiento in-

domable de justicia, fueron los que lo llevaron al camino ineludi-


ble de su deber principal. Soñó, dió carne y vida a su sueño de
hacernos libres, porque la libertad del hombre, en todas partes,
era su bella y eterna aspiración.
¿Quién puede dudarlo todavía? Oid el grito inmensurable de
inmolación que desgarró su alma, haciendo brotar de ella, en vez
de sangre, estos versos sublimes, de su raro poema Isla famosa:

lAquí estoy, solo estoy! despedazado.


Ruge el cielo; las nubes se aglomeran,
y aprietan, y ennegrecen, y desgajan.
Los vapores del mar la roca ciñen.
Sacra angustia y horror mis ojos comen.
¿A qué, naturaleza embravecida,
a qué la estéril soledad en torno
dé quien de ansia de amor rebosa y muere?
¿Dónde, ¡Cristo sin cruz! los ojos pones?
Dónde, ¡oh sombra enemiga! dónde el Ara
digna por fin de recibir mi frente?
¿En pro de quién derramaré mi vida?...

¡Como rayos de la preñada nube debieron salir de su alma


magnánima estos versos!
La aristocracia de sus gustos, por otra parte, salvó a Martí,
innovador y revolucionario del viejo caudal lírico, de caer en el
vicio de otros poetas menos proteicos y subjetivos que él. Así,
no dislocó, no asesinó
la música desnuda que es carne y calor
del verso, yaque él, como todos los altos aedas, sabía que la no-
vedad poética no está en combinar palabras, como meros agentes
gráficos del pensamiento, ensartándolos en tal o cual molde rít-

mico, o en aquella otra áspera e isócrona mensura — atrofia elec-


tiva de muchos innovadores —sino en el subjetivismo virginal, en
MARTÍ, POETA 307

la singularidad e idiosincrasia sensitiva del creador que eterniza


en estados fugitivos del alma, y abstracciones complejas de la
él

mente. Y de una vez debemos reconocer que tanto su obra es-


crita como su obra vivida —más grande y singular —no es compa-
rable a ninguna» ni a nada, puesto que. lo que de él queda es san-
gre y luz de un cerebro y un alma excepcionales; puesto que de
aquella asombrosa mente, como del limpio fanal de un faro po-
liédrico, surgen tales y tan numerosos rayos, que bastarían a orien-
tar, en todos los mares de la concupiscencia que devora la época,
a todos los débiles náufragos del bien si, de antemano vencidos,
íio cerraran los ojos en la noche.
De la una, fragmentaria, multiforme, profusa, dispersa y en-
volvente como el espacio en torno nuestro, mucho se ha perdido.
Sin embargo, proteica y pulverizada como un diamante milagroso
que fragmentado en millones de chispas brillase todavía con su
fuégo total, es homogénea, preciosa, imponderable. Se le ve a su
través íntegramente, como a pocos pensadores a través de otras
obras más ordenadas y metódicas, de más meditada y perfecta
concatenación.
En la estrofa altiva y pura que como hostia perfumada satis-
face el misticismo popular; en el apotegma hiriente que se encaja
como una espada en las conciencias viles movida por la lengua
de sus buenos discípulos que todavía vigilamos y fiamos en la eterna
virtud de su pasión; en el aforismo generoso y burilado que es
ya como un cascarón frío en la boca olvidadiza y regalada de quie-
nes hubieran debido darle forma y vida, está Martí, inmortal.
De la otra, sublime, gigantesca, gloriosa; siempre más admira-
ble a medida que el pincel reverente del recuerdo diseña sus con-
tornos en el lienzo callado de los años, mucho hemos dejado perder
también, ¡para vergüenza nuestra!, porque una incuria criminal
ha permitido que la carcoma del desamor, royéndola día tras día,
la acribille y la manche. Pero en lo que aun conservamos de su
tesoro se ve la huella eterna de su voluntad, nos queda Martí
entero, único, inmenso, dispuesto a soltarse del grillete de hielo
de la muerte para empezar de nuevo la obra increíble, urgente y
salvadora.
LA ÉPICA POPULAR EN ESPAÑA

(Tema desarrollado por el Dr. Max Henríquez Ureña, el 11


de julio de 1923, en las oposiciones a la cátedra de lite-
RATURA DE LA Universidad de La Habana.)

EMA de suyo vasto y complejo es el estudio de la épica


popular en España. La poesía popular castellana
surge, como en todos los pueblos, de las entrañas
mismas del alma nacional, y se manifiesta en forma
de poemas rudos y sencillos; después, asume una forma peculiar,
la de los romances, que es la revelación más espontánea y bri-
llante del espíritu poético español; y, en suma, da base también
para florecimiento prolífico de la comedia española, y repercute,
el

a lo largo de la literatura, en manifestaciones diversas y en formas


diferentes. Es preciso, pues, hacer una síntesis de todo este pro-
ceso, empezando por sus orígenes.

La épica primitiva y la lírica primitiva.

Ante todo, surge una cuestión: ¿fué la poesía épica la pri-


mera manifestación del verso popular en España o cabe admitir
la hipótesis de que con ella coexistiera o a ella se anticipara, en
embrión, una poesía que no ha podido conservarse? El
lírica

insigne investigador don Ramón Menéndez Pidal, en memorable


conferencia pronunciada en el Ateneo de Madrid no hace mucho,
en 1920, se pronunció en favor de la existencia de esa poesía
lírica, hoy perdida.

() Véase la Nota Editorial que se publica en este número con el título de Loa
oposiciones a la Cátedra de Literatnra en nuestra Universidad.
LA ÉPICA POPULAR EN ESPAÑA 309

La misma cuestión se ha planteado en otras y no literaturas

me refiero, con ello, al brillante que flo-


desarrollo del lirismo
reció con los trovadores bajo el cielo azul de Provenza, ni al que
tan hermosas revelaciones alcanzó en el Norte de Francia con los
troveros, o al que en Alemania culminó en el refinamiento ama-
nerado y elegante de los minnesinger. Estas manifestaciones son la
expresión avanzada y aun amanerada del sentimiento poético per-
sonal. Me refiero, en cambio, a la poesía lírica popular que, sin
refinamiento técnico, tuvo en Francia, en el siglo X, cuando menos,
manifestaciones sencillas y breves como las "chansons á danser"
y las "chansons de toile".
¿Influyó esa poesía lírica en la épica? El problema se discutió
en torno de y corrió fortuna la teoría de
las cantilenas francesas,
que, amalgamándose y yuxtaponiéndose, esas cantilenas habían en-
gendrado los poemas épicos o canciones de gesta. Pero, por una
parte, al decir de Brunetiére,

esas cantilenas no tienen absolutamente nada de lírico, y a poco que


uno intente imaginar su esencia y naturaleza, son propiamente hablando,
epopeya difusa, son epopeya que no es todavía, que llegará a serlo
cabalmente, pero ya epopeya.

Y, por otra parte, es inaceptable que la canción de gesta haya


podido formarse por yuxtaposición. "Por intusucepción sí", declara
Lanson; esto es, esas cantilenas han podido ser el embrión, el
germen de la epopeya, pero han necesitado ampliarse, acrecentarse

gradualmente, hacerse cada vez más extensas, hasta constituir, no


por arte de suma sino por virtud de su crecimiento, la verdadera
canción de gesta.
Tesis análoga sostuvo Huber en relación con los romances
castellanos, y lo apoyó Wolf se suponía al románce una antigüedad
:

remota y fabulosa, y se pretendía que primitivos y olvidados ro-


mances, yuxtaponiéndose, habían formado las gestas españolas.
Las profundas investigaciones que se han hecho después en re-
lación con los romances han demostrado su relativa modernidad,
si se les compara con las gestas
y además, en modo alguno podía
;

admitirse, como no era admisible tampoco en el caso de las can-


tilenas francesas,un proceso de yuxtaposición, esta vez doble:
yuxtaposición de un verso corto a otro verso corto, para formar
310 CUBA CONTEMPORÁNEA

un verso largo desigual e irregular, cosa ilógica desde cualquier


punto de vista que se la considere; y yuxtaposición de un cantar
corto a otro cantar corto para formar un extenso poema.
Los brotes de poesía lírica popular que debieron existir, según
Menéndez Pidal, en la época primitiva de la literatura española no
tienen nada que ver con el romance. Son explosiones fugaces,
instantáneas, relampagueantes, del sentimiento lírico del pueblo,
cuyos vestigios quedan en remotas canciones de amigo y cántigas
de serrana, a las cuales se refería ya, desde antes, Pedro Henríquez
Ureña en su libro sobre La versificación irregular. La lírica po-
pular es, como la música popular, —
no la vulgar o vulgarizada,

que suele ser extensa y prolija ^^un grito, una queja, un suspiro
de amor, una confidencia brusca, que al punto se extingue y apaga,
muchas veces en tono menor. Parco de palabras, porque su vo-
cabulario no es extenso, el pueblo es también parco en variaciones
melódicas: su música no tiene desarrollo, es melodía pura, breve
y sintética como una interjección, que resume en un vocablo toda
una larga oración.
Esta poesía popular, de índole lírica, no influyó, ni podía in-
fluir, en la formación de las canciones de gesta, dado caso de

que existiera antes, lo que es mera conjetura y no que apro- —
ximadamente coexistiera con ellas, que es lo más probable. In-
fluyó, sin embargo, como influyó también la música, según pre-
tendo demostrarlo más adelante, en la desmembración del verso
largo de las gestas para formar el octosílabo del romance.

II

Orígenes de la épica popular castellana

Cambio de frente, de no escasa importancia, es el que ha dado


la crítica erudita en relación con los orígenes de la epopeya po-
pular en España, desde que Rajna en su famoso libro Le Origini
de repopea francesa expuso su tesis de que la épica francesa era
de origen germano. La hipótesis más aceptada hoy, en relación
con la epopeya castellana, es la de que es también de remoto
origen germano.
LA ÉPICA POPULAR EN ESPAÑA 311

Es Útil, sin embargo, fijar las limitaciones necesarias que re-


quiere este concepto. Oigamos a Lanson:

Como todos los germanos, los Francos tenían una poesía narrativa,
unas veces mítica, otras veces histórica, por medio de la cual celebraban
los dioses o los antiguos reyes de la raza: el Sigfrido de los Nibelungos
no es otro que Sigofredo, héroe nacional de los Francos, que primitiva-
mente fué quizás un dios. Tenían sus scopas que se acompañaban
con el arpa, y sus guerreros también a veces componían y cantaban.
Amos de la Galia, y convertidos en cristianos, los Francos olvidaron o
redujeron a hechos humanos sus mitos religiosos: conservaron sus
poemas históricos y su gusto por las narraciones épicas que exaltan
el valor y encantan la imaginación. Mas aun, mientras que su historia,
sobre esa tierra de Galia que les pertenecía, hacía germinar nuevos
cantos, los cantos antiguos, con ese desdén de la cronología que es
propio de los tiempos épicos y de las leyendas populares, continuaron
su evolución, y se recargaron de hechos recientes o se rejuvenecieron
para adaptarse a éstos. Así en esa historia poética de los Merovingios
se dejan entrever vestigios de los viejos poémas francos; én las can-
ciones de gesta, ciertas narraciones, ciertos personajes, ciertos rasgos
de las costumbres y de los usos de la vida guerrera y civil son residuos
manifiestos de la más antigua poesía y de la más antigua civilización
de los francos.

Desde luego, este origen remoto de la epopeya francesa, que


ofrece tales huellas germánicas, tiene solamente la importancia de
una tradición poética. Los poemas épicos franceses son, en su
mayoría, marcadamente franceses, porque traducen la historia, las
costumbres, las leyes, la época y los hombres de esa nación en la
segunda mitad de la Edad Media. Otro tanto ocurre en España,
donde la huella del germanismo es menos visible. De la influencia
de poesía popular que acaso tuvieron las primeras razas pobla-
la


doras de España y el dato aparece en varios historiadores anti-
guos—con su literatura propia, ruda y salvaje, no cabe hablar: de
tal manera ha desaparecido esa antigua producción ibera (dicho

sea en sentido amplio, geográfico, para abarcar el pandemónium


de pueblos distintos que hubo en la península desde sus orígenes
más confuso al través de los siglos) que cabe
históricos, y se hizo
dudar de certidumbre de la existencia de una literatura tan
la
rica como suponen algunos historiadores. Pero sí es cosa r.dmitida,
como dice Menéndez Pelayo, que
312 CUBA CONTEMPORÁNEA

los gérmenes épicos que existían entre la gente visigoda no menos que
en los restantes pueblos de estirpe germánica, permanecieron latentes
mientras aquel pueblo fué dominado y avasallado por la superior cul-
tura de los hispano-latinos, que súbitamente y como por encanto le hizo
subir a un grado de civilización no alcanzado por ninguna otra de las
tribus invasoras que se repartieron los despojos del imperio romano.
Pero cuando esta civilización, que algo tenía de artificial y sobrepuesta,
pareció hundirse con la misma rapidez con que había subido a la
cumbre, hubieron de retoñar los antiguos instintos individualistas y
guerreros, y a la vez que renacía en las almas el furor bélico, tan amor-
tiguado en las postrimerías del reino gótico, y se creaban nuevas con-
diciones de vida social adecuadas a la defensa común y a la recuperación
del territorio perdido, brotó también el escondido manantial del canto
heroico, ora yaciese en las almas de los antiguos iberos domeñados por
Roma, ora en las de los conquistadores septentrionales, ora la tuviesen
unos y otros.

¿No obstante proceder de un mismo origen, la épica francesa


influyó en la española? mucho tiempo, con Puy-
Así se consideró
maigre y Gastón Paris, que entendían que la influencia francesa
era la única que había pesado sobre la épica española. Demos-
trado el origen germánico de la epopeya española — que Menéndez
Pidal analiza cumplidamente en su libro sobre La Epopeya Cas-
tellana, apreciando la existencia de poemas germánicos que tienen
héroes hispánicos como el Walther de España, convertido después
en el Walther de Aquitania, y señalando el carácter fuertemente
germánico de la sociedad pintada en la épica castellana — resta por
analizar hasta qué punto influyó la epopeya francesa en la espa-
ñola. La Chanson de Roland, que con no escaso fundamento se
considera la más antigua de las gestas francesas, es obra de la
segunda mitad, probablemente, del siglo XI, pero con razón se
supone que es un nuevo poema o una nueva versión de gestas
anteriores, referentes a hechos, como los que en ella se narran,
ocurridos (descontando la parte de fantasía) en el año 778, o sea
más de dos siglos antes. Precisamente, la intervención de la fan-
tasía paradeformar los hechos, agrandándolos, es uno de los ar-
gumentos que favorecen la hipótesis de que existieron otras gestas
anteriores sobre el mismo tema, probablemente más ajustadas o
aproximadas a la verdad histórica. El Poema del Cid—el más
antiguo monumento de las letras castellanas — es del siglo XII,
probablemente de la primera mitad, aunque el códice que lo con-
LA ÉPICA POPULAR EN ESPAÑA 313

serva es posterior. Pero está demostrado que el Poema del Cid


no es sino el superviviente de un no escaso acervo de poemas
épicos anteriores, escritos sobre otros hechos históricos, también
anteriores, como es lógico. Antes del Poema del Cid se escri-
bieron otros, hoy perdidos, sobre el Rey Rodrigo, el que perdió a
España, sobre Fernán González y sus descendientes (el de Fernán
González se conserva, adulterado, en "mester de clerecía", reto-
cado por poetas cultos), sobre los Infantes de Lara, sobre las par-
ticiones del Rey Fernando, sobre el cerco de Zamora, y sobre
otros acontecimientos históricos. Más aún: admitiendo, por ser
legítima la hipótesis, la mayor antigüedad de las gestas españolas,
en relación con el Poema del Cid, no es aventurado, sino por el
contrario muy legítimo también afirmar que de todas suertes las
gestas francesas fueron anteriores a las castellanas. Y que estas
gestas se conocían en España, por lo menos en el siglo XII, es
cosa comprobada, aun con la misma falsa crónica del pseudo-
Turpín, y con la afluencia de trovadores y juglares de Francia en
tierras de España. Esta influencia, de todas suertes, es tardía,
pertenece a una época relativamente avanzada de la formación
y desenvolvimiento de la épica española. La epopeya española
ya existía, pero algo se benefició de esa influencia, que no llegó
en un principio al pueblo sino al mundo culto, pero que después
provocó la creación de héroes, como Bernardo del Carpió, pura-
mente legendario, en oposición al más famoso de los héroes fran-
ceses.
La influencia que es preciso descartar, de manera categórica,
en laepopeya española, es la arábiga. Ni aun en los romances
Menéndez Pelayo, porque
fronterizos cabe admitirla, al decir de
el elemento morisco de esos romances no es formal, no es de
técnica poética, sino meramente histórico.
Resurrección del espíritu épico de los visigodos, adormecido
un tiempo, la epopeya castellana, favorecida más tarde en el orden
formal por la influencia francesa, es profundamente española. La
influencia germánica no indica más que la prolongación de un fe-
nómeno propio de los pueblos arios, que son los únicos que tieneil
epopeya: la India, Persia, Grecia, Bretaña, Alemania, Francia,
España. La influencia francesa no indica, por su parte, sino me-
ras sugestiones de forma. Pero la epopeya castellana es esencial-

S14 CÜfeA COÑTEMPORÁÑÉA

mente española en su espíritu: por eso es exclusivamente histó-


rica. Es, por eso, la revelación más acabada del carácter nacional,
del alma nacional, y por eso informa y preside toda la literatura
castellana, y con el tiempo se transforma en romance, pasa al

teatro y sobrevive, en su esencia, alcanzando aun en nuestros


días a inspirar obras como Las hijas del Cid de Marquina, que,
si volvemos los ojos al Poema del Cid y a la evolución del es-

píritu épico-histórico en la literatura española, nos produce el


efecto de una maravillosa puesta de sol.

III

Los POEMAS ÉPICOS POPULARES EN ESPAÑA.

Las canciones de gesta, según ya he apuntado, fueron muchas


en España, pero en su mayoría se han perdido. Cuando Gastón
Paris decía —a reserva de rectificarlo después, como lo hizo
"L'Espagne n'a pas d'épopée", no pensaba sin duda en la impor-
tancia del Poema del Cid ni podía suponer que posteriores inves-
tigaciones revelarían la existencia de otros muchos poemas, hoy
desaparecidos, pero de los cuales se conservan evidentes huellas
en las Crónicas. No es la epopeya española —por referirse a temas
exclusivament