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HISTORIA DE LA HISTORIOGRAFÍA

SEGUNDO PARCIAL
NUEVA ESCUELA HISTORICA ARGENTINA
FOLIA HISTÓRICA
Se origina y propaga inicialmente en centros universitarios y se caracteriza fundamentalmente por
la aplicación rigurosa de los criterios metodológicos que se difundieron en Europa en la segunda
mitad del siglo XIX, en una concepción nacional y americanista de la historia argentina.
Su surgimiento era anunciado, en forma quizás profética por el Dr. Ricardo Rojas en 1909,
estableciendo la necesidad de su existencia como un órgano de restauración nacional.
Rómulo Carbia ubica el surgimiento de la Nueva Escuela a partir de la fecha en que se celebró el
primer centenario de mayo y la caracteriza como un “nuevo despertar de los estudios históricos
motivado por la abundante bibliografía de documentos que instituciones científicas han hecho
conocer…”. A esto se agregaba la formación de “bibliotecas especialistas en obras históricas,
americanas y el acceso libre a otras para el público…”. Los factores mencionados, considera, eran
propicios para avivar la fecundidad productora de libros.
En la opinión del Dr. Ricardo Levene, “No se trataba de la aparición de una escuela histórica, que
habría implicado la revelación de una nueva obra histórica, distinta de las existentes”, sino de la
“intensificación en el estudio de la historia y el hallazgo de nuevas fuentes históricas” (se puede
notar su negativa de considerar el movimiento como una nueva escuela).
El Dr. Ravignani, en nota al Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay se refiere al nuevo
movimiento que ha marcado nuevas direcciones en la investigación y crítica de las fuentes
documentales.
Resulta evidente que se trata de algo nuevo. Si bien es cierto que representa una intensificación
del estudio de la historia, que ya se había hecho con anterioridad, la novedad está dada en el
hecho de que ello se hace en forma sistemática, enunciando previamente los grandes problemas
de la historia nacional considerada en su totalidad, y planificando el tratamiento de los temas,
teniendo en vista la posible rectificación de errores y con la finalidad última de elaborar la historia
argentina general.
El hallazgo de nuevas fuentes documentales responde a ese objetivo y se concreta mediante una
tarea en equipo, con definidos objetivos, orientada hacia archivos europeos y locales, incluidos los
del interior del país que hasta ese momento habían permanecido casi inexplorados. Por otra parte,
el nuevo estudio de la historia argentina va a realizarse a la luz de nuevas influencias ideológicas y
en función de un sentido nacionalista, enmarcado en el sentimiento de solidaridad americana.
Es posible entonces afirmar que la Nueva Escuela Histórica existió verdaderamente. Fue una
realidad, sobre todo en el campo metodológico. Constituyó una respuesta a los problemas que
contemporáneamente planteaba la investigación histórica y que en alguna medida habían sido
anunciados por Paul Groussac.
Se manifestó en principio en el ámbito universitario, teniendo como centro inicial a la Facultad de
Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Se proyectó gradualmente a otros centros
universitarios y a instituciones consagradas a los estudios históricos, inclusive a la Junta de Historia
y Numismática Americana. Ganó prestigio en el exterior, aún en países con avanzados
movimientos historiográficos como Francia y Alemania.
Sus efectos fueron de singular trascendencia. Fundamentalmente se logró la formación científica
de historiadores. Como consecuencia de su afán heurístico, un importante lote de material
documental fue puesto a disposición de los investigadores en cuidadas ediciones. La elaboración
de la historia general argentina y la revisión de la que se había escrito con anterioridad fueron
objetivos que marcaron logros importantes.
A partir de la década del treinta los principales efectos del movimiento se habían generalizado, al
punto de que es posible afirmar que la mayoría de los autores de relevancia en la época, debían
algo a la Nueva Escuela Histórica.

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El personaje que encabeza el movimiento es el Dr. Emilio Ravignani. Paul Groussac es considerado
por Carbia como precursor, con mucho acierto, pero de ninguna manera puede ser ubicado como
iniciador del mismo. Groussac plantea los problemas fundamentales y aventura las soluciones,
pero sus ideas sólo sirven de punto de partida. Es más, puede luego hasta ser considerado
adversario de la nueva postura historiográfica, de carácter eminentemente científico, que el
movimiento adopta.
La época en que la Sección de Historia se transforma en Instituto de Investigaciones Históricas y
pasa a ser dirigida por el Dr. Ravignani, va a señalar la década de apogeo de la acción del
movimiento.
Características de la Nueva Escuela Histórica
Señalan deficiencias en la producción historiográfica: el enfoque unilateral del contenido histórico
(una marcada preferencia por la llamada historia externa política, militar), la ausencia del cultivo
de la historia genética, y finalmente la reticencia a abordar temas de la historia argentina
contemporánea, fundamentalmente aquellos correspondientes a la segunda mitad del siglo XIX.
Estas falencias que presenta la historiografía contemporánea que se produce en el país, lleva a los
historiadores del nuevo movimiento a enunciar, defender y divulgar los nuevos principios que se
refieren tanto a las formas como al contenido.
En lo que hace al primero de los aspectos, hay una mayor preocupación heurística que se concreta
en la búsqueda sistemática de fuentes en los archivos de la Capital y de las provincias. Con
posterioridad, esta tarea se extenderá a los archivos españoles y a los de otros países
históricamente relacionados con la Argentina: Francia, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos.
Consecuencia inmediata de esta característica será el logro del relevamiento de los archivos de
nuestro país y la posterior organización de estas entidades, en base a principios modernos.
Se propicia la publicidad de los documentos hallados en esos archivos, con el objeto de estimular
las investigaciones tendientes a establecer la verdad sobre ciertos hechos, que habían sido
tratados con incertidumbre por desconocerse su verdadera fuente informativa, en este sentido, es
posible afirmar que la Nueva Escuela iniciará la revisión de la historia nacional, de acuerdo con los
nuevos principios metodológicos.
Los trabajos emprendidos revelan la aplicación rigurosa y la difusión de los principios de crítica
histórica y de síntesis postulados por Bernheim.
Se manifiesta preferencia por la obra monográfica, de concreto y reducido asunto. Se postula la
posterior fusión de las monografías en un intento de llegar a la última etapa del conocer histórico:
la síntesis científica.
Los adelantos metodológicos se proyectan a nivel educativo. Se adopta la práctica del seminario
en las cátedras universitarias.
En lo que se refiere al contenido de la producción histórica, se sostiene fundamentalmente que la
historia y sus principios son obra de la reflexión, del análisis, de la crítica de los conceptos, para
fomentar la aptitud superior de la síntesis.
La historia argentina es concebida dentro del fenómeno americano, debiendo establecerse los
procesos con concepto de universalidad, intentando abarcar la totalidad de la historia argentina
en dimensión geográfica y temporal y tratando de vincular los hechos históricos que se producían
en el interior, con la historia que se desarrollaba en Buenos Aires.
Se realiza el enfoque genético de la historia nacional, con verdadera preocupación por
desentrañar las causas de los sucesos. Por ejemplo, se sustenta la necesidad de conocer
previamente la historia colonial para poder interpretar correctamente el proceso revolucionario
de 1810.
El interés antes centrado en la historia política y militar, va a extenderse a otros aspectos de las
manifestaciones históricas: constitucional, jurídico, cultural, ideológico, etc.

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La Nueva Escuela Histórica trató de desterrar las falencias que señalaba y en buena medida lo
logró, excepto en el hecho de que tampoco trató con la frecuencia deseada, los temas de la
historia argentina contemporánea. Tal vez su insistencia en sostener la concepción genética de la
historia, concebida en su totalidad, los inclinó en general al tratamiento de los temas de la historia
colonial.
Si bien es cierto no se advierte en todos los autores una formación ideológica homogénea, puede
determinarse en general, la marcada influencia de algunas corrientes de pensamiento o ideologías
como el positivismo y el nacionalismo.
Los historiadores de la Nueva Escuela fueron eminentemente positivistas. El método experimental
se convirtió para ellos, en el único medio que aseguraba el éxito, o sea la verdad, en la
reconstrucción histórica, y el uso del documento constituyó el camino más conveniente para
lograr ese fin, garantizando al mismo tiempo la objetividad y el carácter científico de la historia.
Para estos historiadores, la historia es única e indiscutiblemente una ciencia. Su objetivo es
estudiar los elementos y fenómenos históricos, sometiéndolos a procedimientos analíticos y
positivos. El verdadero papel del historiador es ponerse en contacto con los documentos, sin
mezclar nada de sí mismo, a la manera postulada por Langlois.
El afán cientificista aplicado a la historia los lleva a concentrar su preocupación en el material de
los archivos que pasa a constituir el elemento primordial de la investigación, desplazando a veces
a una función accesoria el papel del investigador.
En mayor o en menor medida participan ellos de la filosofía nacionalista que se gestó y difundió en
nuestro país en el primer cuarto de nuestro siglo y que alcanzó a diversas disciplinas,
principalmente a la historia. Pero este nacionalismo fue más precisa y elocuentemente expresado
en el campo de la literatura. Allí tuvo como paladín al Dr. Ricardo Rojas. En Rojas, el nacionalismo
se identifica con el patriotismo que tiene como base territorial y política a la Nación.
Para la Nueva Escuela Histórica, el objetivo de la historia es la reconstrucción de los modos de
vida, inquietudes y aspiraciones de los hombres, elementos con los cuales se define la
personalidad de un pueblo y a través de los cuales se logra despertar la conciencia en sus propias
fuerzas y en su destino manifiesto.
La Nueva Escuela, en síntesis, trata de llegar a la verdad con espíritu científico para que ello
contribuya a la toma de conciencia de nuestra identidad como Nación.
En cuanto a la concepción metodológica, la idea genética aplicada a la historia, se convierte en
requisito indispensable de la investigación. Es frecuente hallar como objeto de estudio a los
“procesos” históricos y no a los hechos. Se advierte también la idea de contemporaneidad
filosófica de la historia de Croce, autor de cierta gravitación en algunos de los autores del
movimiento.
Desde el punto de vista metodológico, los historiadores del movimiento manifiestan, en general,
aplicar los más estrictos métodos de Bernheim. Sin embargo, en los primeros tiempos, se observa
la indudable influencia del manual de Langlois y Seignobos.
Para la Nueva Escuela, el punto de partida de la reconstrucción histórica son las fuentes. Ellas
deberán ser sometidas a severos procesos de crítica para comprobar su autenticidad y
posteriormente, a través del análisis, desintegradas en sus elementos constitutivos. Entre ellos, el
historiador seleccionará aquellos de valor con los que abordará la reconstrucción del hecho
histórico.
Por otra parte, afirman aplicar las mismas técnicas de la Escuela Alemana de Ranke y así lo
demuestran en la tarea de examinar fuentes manuscritas y de editarlas si consideraban que eran
auténticas y útiles en beneficio de la investigación. También incursionan en técnicas propias de
esta escuela como la lectura paleográfica, la aplicación del método filológico y la crítica bíblica.

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Podemos señalar también que se aproximan a la escuela de Ranke, en el sentido nacionalista que
impulsa su labor.
Hacia la tercera década del siglo, se hace sentir la influencia de la contemporánea Escuela de
Síntesis Francesa. Ello se advierte fundamentalmente en el objetivo, reiteradamente manifiesto,
de llegar a alcanzar la síntesis científica de la historia argentina, mediante la elaboración de
trabajos monográficos planificados, a su vez, síntesis eruditas que habrían de conjugarse, por
último, en la forma final del trabajo histórico: la síntesis científica, en la terminología de Henri
Berr. Este objetivo creerá ser alcanzado cuando se concreta la publicación de la Historia de la
Nación Argentina por parte de la Academia Nacional de la Historia, en cuya elaboración
intervienen numerosos miembros del Instituto de Investigaciones Históricas.
La influencia de Paul Groussac
Carbia lo asigna como precursor. La producción historiográfica de Paul Groussac está dirigida
fundamentalmente al período hispánico, en especial al siglo XVI. Sus ideas historiográficas se
convierten en el elemento que prueba su influencia y justifica su nominación como precursor del
movimiento.
La historia, para Groussac, tiene como primera razón de ser, la investigación de la verdad. Para ello
necesitaba fundarse en sólida base documental, sobre la cual se ejecutaba la tarea de crítica y de
análisis. La crítica, análisis e interpretación eran función propia del historiador, quien a partir de
los documentos intentaba hallar la verdad oculta, por inferencia o deducción.
Manifiesta la conveniencia de que el investigador realice previamente el inventario completo y
minucioso de todos los documentos inéditos para tratar de llegar a la verdad, aunque reconoce
que esta será siempre relativa y precaria.
Su actitud de crítica apunta en varias oportunidades hacia sus contemporáneos a quienes acusa de
practicar, en historia, una moral flexible y oportunista que se reserva “para solucionar
cómodamente los conflictos entre nuestras pasiones y las ajenas”.
A través de las ideas que expone el autor es posible reconocer postulados que más adelante
pondrá en práctica la Nueva Escuela. Fundamentalmente rescatamos las siguientes:
Jerarquiza a la heurística como paso previo e indispensable en la investigación histórica. Postula la
rigurosidad en la aplicación de los principios de la crítica histórica. Asigna capital importancia a los
archivos nacionales y europeos. Manifiesta la necesidad de rehacer desde los cimientos nuestra
historia en base a documentos y prescindiendo de las obras anteriores.
Carbia señala diferencias con Groussac: la ausencia de la universalidad del fenómeno histórico, la
importancia que asigna en la función del historiador al don personal de penetración, que la Nueva
Escuela parece ignorar.
Analizando el proceso de evolución de la nueva postura historiográfica, observamos que en sus
inicios existe un profundo respeto y consideración por aquel a quien en algunos momentos llaman
el “ilustre maestro”. Con el correr del tiempo, los integrantes de la Nueva Escuela acentúan sus
críticas hacia quienes cuidaban excesivamente de lo externo en la obra histórica, atacando al uso
de la retórica, de la declamación, del conceptualismo, en una palabra, a quienes confundían la
historia con el arte de escribir, crítica que en alguna medida alcanza a los principios sustentados
por Groussac. Por otra parte, el avance creciente y la aceptación de la nueva corriente, lo
previnieron contra ella y es entonces cuando se inician sus ataques contra la nueva metodología
histórica propiciada. En su concepto, ésta se reducía a formular principios aplicables a solamente
dos operaciones correlativas: la recolección, ordenamiento y análisis de los documentos y el
empleo racional de los mismos en la reconstrucción histórica, prescindiendo de toda preocupación
literaria.
Al mismo tiempo no reconocía a los progresos alcanzados como ninguna novedad o como algo
original. Sin embargo no deja de reconocer algunos aspectos positivos en la reciente producción

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historiográfica y evidentemente lo halaga el hecho de que la nueva generación de historiadores lo
señale como precursor.
En el fondo, sus divergencias con la Nueva Escuela radicaban en la aparente antinomia entre la
historia-arte y la historia-ciencia. Los historiadores que iniciaron el movimiento habían rechazado
la primera por entender que hacía peligrar la existencia de la segunda.
Groussac sostiene que la historia no puede pretender ser una ciencia y llegar a la verdad, por
cuanto los hechos históricos son únicos y su falta en el contexto no puede ser reparada sino por
hipótesis o conjeturas. Solamente puede aspirar a aproximaciones conjeturales y subjetivas.
La rígida postura de la nueva generación de historiadores en este sentido, fue atenuándose con el
tiempo, pero nunca admitieron los principios de Groussac. Su exagerada insistencia en el dato
objetivo a través de la documentación prolija y copiosa, se flexibilizó más adelante, para dar lugar
también al ejercicio del razonamiento y hasta de la intuición como recurso para lograr la
comprensión explicativa de los hechos históricos. Pero el enfoque literario o el factor emocional,
no tuvieron cabida en la concepción histórica del grupo.
La nueva generación de historiadores, irá alejándose poco a poco del “maestro”. Varias
circunstancias así lo indican, pero tal vez el hecho más significativo de este proceso, sea la
participación del grupo inicial en el Congreso de Ciencias Sociales celebrado en Tucumán, en 1916.
En la ocasión, en el trabajo de conjunto que presentan, se critican duramente las publicaciones de
documentos realizados por Groussac en los Anales de la Biblioteca, aduciendo que en ellas no se
han tenido en cuenta los cánones críticos. Se señala allí que el autor “no da fe de autenticidad, no
indica el lugar donde se hallan, no enmienda ni reduce fechas, no dispone orden serial…”
Hacia la tercera década del siglo, la Nueva Escuela Histórica irá convirtiéndose en sistemática
censora de Groussac. Chaneton llegará a señalar graves deslices en el maestro, acusándolo de
actuar de novelista en las ocasiones en que debió hacerlo de historiador.
En época en que Groussac está lejos del país, en Francia, buscando alivio para sus males físicos,
casi ciego pero siempre trabajando, miembros del Instituto de Investigaciones Históricas dan
noticias periódicas de sus trabajos y exaltan su obra de investigador de nuestro pasado. Producido
su deceso, el Instituto le rinde su homenaje a través de la publicación de su bibliografía.
Paul Groussac puede ser considerado, efectivamente precursor, porque anunció los problemas
que debía encarar la Nueva Escuela Histórica. De ninguna manera maestro orientador, porque en
momentos en que se da el movimiento, ya se ha convertido en casi un enemigo del mismo. Su
fondo romántico no podía conciliarse con el acentuado positivismo y exagerado rigor
metodológico de los nuevos historiadores.
Historiadores de la Nueva Escuela Histórica
Constituyeron el núcleo inicial de este movimiento de renovación de los estudios históricos, tanto
García como Ravignani, Luis María Torres, Molinari, Carbia y Correa Luna dentro de la Sección de
Historia y Ricardo Levene y Ruiz Guiñazú fuera de ella.
Para la década del treinta, época en que podemos considerar estabilizada la constitución del
Instituto bajo la dirección del Dr. Ravignani, son adscriptos honorarios: Caillet Bois, Canter, Carbia,
Correa Luna, Chaneton, Molinari.
Los maestros orientadores, profesores e investigadores que intervienen en la formación ideológica
y metodológica: García, Dellepiane, Quesada, David Peña, Larrouy y Luis María Torres.
La generación conductora: Luis María Torres, Emilio Ravignani, Diego Luis Molinari, Rómulo Carbia,
Ricardo Levene, Enrique Ruiz Guiñazú, Carlos Correa Luna, José Torre Revello. La figura epónima
de esta generación sería el Dr. Ravignani.
Los epígonos, continuadores y difusores de los principios y objetivos de la Nueva Escuela: Juan
Canter, Narciso Binayán, Caillet Bois y Abel Chaneton.

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De los grupos citados nos ocupa fundamentalmente el segundo. Constituye efectivamente una
generación. Se advierte en ellos cierta homogeneidad de formación, sus integrantes son
coetáneos, la mayoría ha egresado de la Facultad de Derecho o de la de Filosofía y Letras y se
desempeñan en funciones de docencia universitaria. Asimismo existe un lenguaje generacional
que surge de una particular concepción de la historia nacional y de una marcada preocupación
metodológica.
La Nueva Escuela Histórica en la perspectiva del tiempo
En 1905 se crea la primitiva Sección de Historia, se toma este como año inicial y como final en año
1947, fecha en que el Dr. Ravignani deja la dirección del Instituto de Investigaciones Históricas.
Surgen cuatro períodos fundamentales:
1. la época inicial que se ubica en la primera década del siglo. Época de los maestros formadores,
en la cual los nuevos principios metodológicos tienen cabida tímidamente en las cátedras
universitarias. Momento en que la circunstancia de celebrarse el Centenario de la Revolución de
Mayo acentúa el interés por los temas históricos y proporciona el marco apropiado para incentivar
los primeros ideales.
2. la etapa de la configuración y consolidación del movimiento. Época de armonía de principios y
de objetivos. Lapso que concluirá con la transformación de la Sección de Historia en Instituto de
Investigaciones Históricas y con el cambio de autoridades de la institución.
3. el período de apogeo de la actividad, la tercera década del siglo, con el Instituto como entidad
aglutinadora de los historiadores y difusora de los nuevos principios, promoviendo la investigación
histórica monográfica, relacionándose con el movimiento historiográfico mundial e iniciándose la
proyección del movimiento hacia otros centros. Este periodo se cierra a comienzos de la década
del treinta.
4. la cuarta época, de difusión plena. La extensión de las nuevas ideas halla concreta expresión en
la producción de historiadores formados por el movimiento, en el surgimiento de instituciones
consagradas, en la celebración de congresos y reuniones sobre temas históricos y en la concreción
de la edición de la Historia de la Nación Argentina. Etapa en la que también influyen
negativamente la crisis económica, las ideas políticas diferentes. Estos factores frustran algunos
planes y conducen paulatinamente al desgranamiento del núcleo inicial.
A estos cuatro momentos agregaríamos los años que transcurren en la década del cuarenta. El
grupo inicial ya está casi desmembrado, sin embargo no es posible hablar de decadencia. Porque
la acción realizada ya ha dado sus frutos. El rumbo ha quedado marcado. La historiografía
argentina se ha transformado en científica.
La perspectiva de alcanzar la proyectada síntesis de la historia argentina se malogró, tal vez por la
insistencia en el enfoque del detalle minúsculo y la prisa por concretar el plan. Con frecuencia se
quedaron en la historia de “acontecimientos”, que teóricamente desdeñaban como un nivel
inferior de investigación. La postulada revisión de la historia nacional se frustró también, en alguna
medida, por la tendencia a la polémica estéril. La excesiva individualidad y la, con frecuencia
obsesiva, insistencia en atender a aspectos metodológicos, unida a un severo sentido crítico
ejercido entre ellos, fueron mellando la armónica relación inicial de sus integrantes. El
permanente afán erudito quitó a algunas obras históricas de valor, el atractivo, el dinamismo y la
belleza de expresión que vivifican la historia.
No obstante estos defectos, es preciso también destacar que sus logros fueron de real magnitud y
que ellos sitúan a la Nueva Escuela como un importantísimo momento en el desarrollo de la
historiografía argentina.
Fundamentalmente, contribuyó a un conocimiento más acabado y completo de nuestro pasado,
cimentando la crítica histórica sobre bases firmes, eliminando la fraseología vaga o el juicio
apresurado de los hechos históricos y aportando mayor precisión al relato.

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Produjo, a través de la enseñanza de la historia, la divulgación de los nuevos principios
metodológicos de la Escuela Alemana con las técnicas instrumentales de Ranke y los de la Escuela
Francesa de Síntesis, contribuyendo eficazmente a la formación de investigadores y ubicando a la
historia nacional en el cauce científico y a la historiografía argentina en el concierto mundial.
Inició la revisión de los contenidos de la historia argentina, en base a los adecuados criterios
heurísticos y críticos y produjo paralelamente un acrecentamiento del interés hacia el estudio de
los problemas históricos. Acometió, en fin, la gran empresa de elaborar la historia general
argentina, tarea inconclusa que aún espera continuadores.