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Resumen de la lectura “El miedo al APRA”

Sin duda, el miedo al APRA constituye uno de los más importantes del siglo XX; hasta la década del
1960, no podía imaginarse pesadilla peor que un gobierno aprista. Desde su creación en 1930
hasta la aparición de nuevos partidos como Acción Popular en 1956 y Democracia cristiana, los
peruanos se dividían en dos bandos, Apristas y antiapristas; donde ambos se caracterizaban por su
apasionamiento. El antiaprismo se encarnó en los partidos no apristas de derecha, centro e
izquierda de tal manera que todos tenían algo en común: Su miedo y antipatía al APRA. Incluso
varios gobiernos, ya sea regímenes militares o gobiernos civiles, temían más a los apristas que a
los izquierdistas.

Había motivos racionales e irracionales para temer al APRA. Entre los motivos <<racionales>> se
encontraba que, para los grupos de la derecha política, el APRA representó la reforma social y
tenían un impresionante poder de convocatoria. Sumado a esto, después de la persecución
lanzada por Sánchez Cerro y Benavides al partido, este se armó y formó grupos de defensa
internos. Loa años que pasaron en la clandestinidad inculcaron en los apristas un espíritu de
camaradería, y la violencia de la década de 1930 no hizo más que fomentar un clima de ansiedad y
miedo. Los magnicidios de Sánchez Cerro y los Miro Quesada confirmaron, para los no apristas,
que su temor respecto a que los apristas eran violentos y peligrosos. Aunque el APRA negó vínculo
con estos hechos, había motivos para temer la venganza de algunos militantes aprista, algunos de
los cuales pudieron actuar con o sin el consentimiento del partido.

Sin embargo, no se puede negar que el miedo iba más allá de lo razonable, para sustentar esto,
basta conocer la descripción que Manuel Cesar de la Guarda, escritor peruano de la década de
1930 hizo del partido, pues lo retrata de un <<Cáncer Social>> que perturba las relaciones sociales
e incita la violencia.

Durante la década de 1930 se libraba dos movimientos que inspiraron temor por distintas razones:
El fascismo y el comunismo. El comunismo era temido porque era una amenaza a las clases altas y
medias; el fascismo por ser una nueva forma de autoritarismo nacionalista que despreciaba tanto
a los liberales como a los comunistas. Aunque parezca una contradicción que existiera un
movimiento fascista y comunista a la vez, esta imagen es la que tenían del APRA muchos
antiapristas. El Comercio se refería al partido como <<aprocomunismo>> y el poeta Alberto
Hidalgo calificada a Haya como un nuevo <<Lenín>>. Otros sin embargo vieron en Haya a un nuevo
<<Mussolini>>, fundador de un nuevo movimiento fascista.

La imagen de APRA como partido comunista se debía a su retórica marxista, pese a ello, Haya
siempre recalcó que su partido no era comunista.

Para Haya las condiciones para el marxismo aún no se daban en Latinoamérica, el APRA era un
partido marxista solo en sentido filosófico y espiritual, adaptado a la realidad de Latinoamérica.
Sin embargo, esta aclaración no atenuaba los temores de que se tratara de un partido comunista
disfrazado.

El miedo a que el APRA fuera un partido fascista se basó en varios factores. Primero, la misma
estructura del partido era de tipo corporativo, comenzando por <<El Jefe máximo>> hasta las
bases o las <<células>> en las bases. El partido tenía un cuerpo especializado para todos: La
juventud aprista, los chicos apristas y los grupos profesionales. Los grupos juveniles tenían
bandera, cantos y códigos. También eran notorios los búfalos, que eran en realidad matones;
además, había un sindicato afiliado al APRA: La CGTP. El APRA mantenía una férrea disciplina
interna, lo que no era normal en un partido democrático occidental. En resumen, el estilo aprista
evocaba la manifestaciones de la Italia fascista y la Alemania Nazi; y los apristas eran conscientes
de dichas críticas.

Junto a los otros factores había otro que aumentaba el miedo frente al APRA: El ambiente de
misterio y hermetismo que rodeaba al partido.