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Capítulo séptimo - La pastoral de los jóvenes –

 La pastoral juvenil debe cambiar. La anterior a veces


no ayuda a las necesidades de los jóvenes.
 Es acción del Espíritu Santo el resurgir de grupos
juveniles con diferentes carismas, pero es
importante que éstos participen en la pastoral general de
la Iglesia y estén unidos entre ellos, sabiendo que es
toda la comunidad quien evangeliza y que ellos han de
tener un protagonismo mayor en las propuestas
pastorales.

Pastoral sinodal
 Tengamos en cuenta que:
- los mismos jóvenes son los agentes más idóneos
para la pastoral juvenil, acompañados y guiados;
pudiendo utilizar su creatividad y su audacia, su
conocimiento del mundo juvenil, sus necesidades y
aspiraciones a la vez que comparten experiencias,
reciben formación y viven juntos el encuentro con El
Dios Vivo.
- Valoremos todo lo que haya dado buenos resultados
y sea eficaz para comunicar la alegría del Evangelio.
- Acojamos y utilicemos toda la riqueza personal y
grupal en la tarea de la pastoral, todos somos riqueza
para el conjunto de la Iglesia, a pesar de nuestras
miserias, hemos de aspirar a ser una Iglesia
participativa y corresponsable, capaz de
valorizar la riqueza de la variedad que la
compone, que acoja con gratitud el aporte de
cada uno de sus miembros

Grandes líneas de acción


1. Buscar a los jóvenes, atraerlos a Cristo.
- Sabiendo como dice el Papa,” confío en la
capacidad de los mismos jóvenes… Sólo hay
que estimular a los jóvenes y darles libertad
para que ellos se entusiasmen misionando en
los ámbitos juveniles”.
- Utilicemos en esta búsqueda el lenguaje de la
proximidad, del amor desinteresado, utilicemos para
llevar el Kerigma, su mismo lenguaje.

2. Crecimiento y madurez en el camino


comenzado.
No aburramos a los jóvenes con solo doctrina y conceptos
Hagamos que experimenten el gran amor de Cristo con
diversos medios: testimonios, canciones, Sagrada
Escritura, adoración… y enamorados de Él entenderán
que cualquier proyecto formativo, cualquier camino de
crecimiento para ellos, debe incluir ciertamente una formación
doctrinal y moral.
No olvidemos los dos grandes ejes:

- uno es la profundización del kerigma, la experiencia


fundante del encuentro con Dios a través de Cristo
muerto y resucitado.
- El otro es el crecimiento en el amor fraterno, en la
vida comunitaria, en el servicio …en estar cerca de
los pobres.
Ambientes adecuados
- Necesitamos desarrollar y potenciar mucho más:
- Nuestra capacidad de acogida cordial, pues la caída de
las certezas básicas, fomentada en la cultura actual,
provocan esa sensación de profunda orfandad a la cual
debemos responder creando espacios de amistad,
fraternos y atractivos donde se viva con un sentido,
donde se puedan compartir las alegrías y las penas; espacios
de recreación, oración y anuncio donde todos con libertad,
en un clima de hogar, como hermanos colaboramos , nos
tenemos paciencia y nos perdonamos cada día, sintiendo así
la presencia de Dios entre nosotros.

- Ambientes donde compartir la fe para ayudarse


mutuamente con el testimonio porque los jóvenes son
capaces de guiar a otros jóvenes y de vivir un verdadero
apostolado entre sus amigos; sin desvincularse de la
comunidad parroquial u otras instituciones eclesiales donde
con dinamismo se anuncia a Jesucristo.

La pastoral de las instituciones educativas


Revisemos la pastoral en nuestras instituciones educativas,
veamos si su fruto son experiencias de fe perdurables que les
preparan para saber afrontar la realidad social, otros
pensamientos u otras creencias y les hacen ser personas
fuertes, integradas, protagonistas y capaz de dar.

La escuela católica sigue siendo esencial como espacio de


evangelización de los jóvenes, una escuela misionera,
humanizadora, fomentando la cultura, la investigación, el
conocimiento y el encuentro, no sin esfuerzo e incluyendo
siempre a los pobres.

Distintos ámbitos para desarrollos pastorales


Tengamos en cuenta que los jóvenes gustan de:
- los momentos de silencio, oración, adoración al Santísimo,
en una liturgia fresca, auténtica y alegre.

-Les atrae el servicio, las expresiones artísticas (teatro,


pintura, música), la naturaleza, el deporte…todo en clave
educativa y espiritual

-No olvidemos abrirlos a la Palabra del Señor siempre viva y


eficaz, la presencia de Cristo en la Eucaristía que nos
alimenta, y el Sacramento del perdón que nos libera y
fortalece, al testimonio de sus santos y a la enseñanza de los
grandes maestros espirituales. Aunque tengamos que
respetar sus tiempos y buscar los momentos oportunos.

Una pastoral popular juvenil


Demos lugar a una “pastoral popular juvenil”, que tiene otro
estilo, otros tiempos, otro ritmo, otra metodología. Consiste
en una pastoral más amplia y flexible; acompañándolos y
estimulándolos, confiando en la genialidad del Espíritu Santo
que actúa como quiere e incluye a todos, aún a los más
débiles a aquellos que tienen otras visiones de la vida,
profesan otros credos… porque todos los jóvenes, sin
exclusión, están en el corazón de Dios y, por lo tanto, en el
corazón de la Iglesia.

- Apoyemos su audacia y los eduquemos para que


asuman responsabilidades, seguros de que incluso el
error, el fracaso y las crisis son experiencias que
pueden fortalecerles.
- Valoremos las diversas manifestaciones de piedad
popular, especialmente las peregrinaciones que
atraen a gente joven

Siempre misioneros
Los jóvenes se enriquecen mucho cuando toman contacto
con la vida de la gente, aprenden a mirar más allá de su
familia y de su grupo, comienzan a entender la vida de una
manera más amplia. Al mismo tiempo, su fe y su sentido de
pertenencia a la Iglesia se fortalecen.

Son capaces de crear nuevos espacios de misión como, las


redes sociales, donde hay que convocarlos para que las
llenen de Dios, de fraternidad, de compromiso.

El acompañamiento de los adultos


Los jóvenes necesitan ser respetados en su libertad, pero
también necesitan ser acompañados por: La familia y la
comunidad entera que debe valorarlos, acogerlos, motivarlos,
alentarlos y estimularlos, sin exigirles una perfección que no
responde a su edad.

-Se necesitan adultos que sepan escuchar, acoger,


acompañar; los seminaristas, los religiosos y las
religiosas deberían tener una mayor capacidad para
acompañar a los jóvenes líderes». Siendo como piden los
jóvenes:

- auténticos cristianos, comprometidos con la Iglesia y con el


mundo;

- que busquen constantemente la santidad;

- que comprendan sin juzgar;

- que sepan escuchar activamente las necesidades de los


jóvenes y pueda responderles con gentileza;

- que sean muy bondadosos;


- que reconozca sus límites y

- que conozca la alegría y el sufrimiento que todo camino


espiritual conlleva…

Es urgente promover una buena educación permanente y


programas de liderazgo juvenil.

Las instituciones educativas de la Iglesia tienen en este


campo una gran misión.