Está en la página 1de 2

ÍNDICE DE GINI Y CURVA DE LORENZ

Para medir la desigualdad en la distribución del ingreso de un país y compararla con la


desigualdad de otros países se emplea la curva de Lorenz y el índice de Gini.

¿Cómo se construye la curva de Lorenz?

La curva de Lorenz relaciona los porcentajes acumulados del total de ingresos recibidos con los
porcentajes acumulados de individuos o familias que reciben dichos ingresos, comenzando con
los más pobres.

Porcentaje del total de ingresos

Más pobre Porcentaje del total de población Más rico

En primer lugar, se ordenan todos los individuos o familias de acuerdo con el nivel de ingresos,
como hemos dicho de los más pobres a los más ricos. Luego se dividen en percentiles de 5
grupos (quintiles; 20% en cada uno). Tras esto se calcula el ingreso de cada percentil y se
expresa como porcentaje del PIB.

Tabla: Distribución de la renta por quintil de población en dos economías

20% más Segundo Tercer Cuarto 20% más


pobre quintil quintil quintil rico

País 1 2.1 4.9 8.9 16.6 67.5


País 2 2.5 14.0 17.6 22.3 36.6
La proporción de renta percibida por estos grupos se representan de forma acumulada. Es decir,
la curva representa la participación del quintil más pobre en el ingreso contra el 20% de la
población; la participación del quintil más pobre y el quintil siguiente (el segundo) en el ingreso
contra el 40% de la población, y así sucesivamente, hasta que se representa la participación de
los cinco quintiles (igual a 100%) contra el 100% de la población. Al unir todos los puntos,
partiendo del 0% del ingreso recibido por el 0% de la población, se obtiene la curva de Lorenz.

Cuanto más pronunciada sea la curva de Lorenz, mayor será la desigualdad de la distribución
del ingreso del país. En la gráfica la curva de distribución absolutamente igualitaria se
corresponde con la diagonal. Esta diagonal nos indica que el primer 20% de la población recibe
exactamente el 20% del ingreso, el 40% de la población el 40%, y así sucesivamente. También
se han representado en la gráfica las curvas de Lorenz correspondientes a dos países
imaginarios, uno en azul y otro en rojo. Vemos así que cuanto más próxima se halle la curva de
Lorenz a la diagonal más igualitaria será la distribución de la renta.

El índice de Gini es un índice de concentración de la riqueza y calcula la superficie entre una


curva de Lorenz y la línea de igualdad absoluta. Este índice puede expresarse en tantos por cien
o en tantos por uno y su recorrido se encuentra entre 0 y 1. Así, un índice de Gini del 0%
representa la igualdad perfecta: la curva de Lorenz coincide con la línea de equidistribución. Un
índice de Gini del 100% supone la desigualdad absoluta: la curva de Lorenz coincide con el eje
de abcisas y sube perpendicularmente en el último valor de x (es decir, la familia o individuo más
rico concentra toda la renta). En realidad, ni la igualdad perfecta ni la desigualdad perfecta son
posibles. Por ello, los índices de Gini son siempre mayores que 0 y menores que 1; cuanto más
próximo a 0 sea el valor del índice más equitativamente se encuentra distribuida la renta y cuanto
más cercano a 1 se encuentre el valor del índice más concentrada está la renta.

¿La desigualdad de la distribución del ingreso es beneficiosa o perjudicial para el desarrollo


de un país? Hay opiniones diferentes sobre la distribución óptima; algunos consideran, por
ejemplo, que el índice de Gini debería ser cercano al 25% (como en Suecia); otros, al 40% (como
en los Estados Unidos). Examinemos los siguientes argumentos.

Una distribución muy aproximada a la igualdad absoluta puede resultar negativa para la eficiencia
económica. Por ejemplo, la experiencia de los países socialistas, donde la reducción deliberada
y pronunciada de la desigualdad (sin ganancias privadas y con diferencias mínimas en sueldos
y salarios) eliminó los incentivos a participar activamente en la economía y trabajar con diligencia
y espíritu emprendedor. La nivelación socialista de los ingresos tuvo por consecuencia el
debilitamiento de la iniciativa de los trabajadores; la mala calidad y la escasa variedad de bienes
y servicios; la lentitud del progreso técnico y, finalmente, la desaceleración del crecimiento
económico, lo que desembocó en una mayor pobreza.

Por otra parte, la desigualdad excesiva afecta la calidad de vida de la gente, pues aumenta la
incidencia de la pobreza y, de este modo, obstaculiza las mejoras en materia de salud y
educación, favorece el delito y la estabilidad política de un país, lo cual puede acabar afectando
al crecimiento económico.