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Una experiencia, cualquiera que esta fuere, se teje entre el sentir, el pensar y el actuar.

Estar en congruencia
entre lo que se siente, lo que se piensa y lo que se hace, se le llama también tener consciencia de lo que implica
cualquier experiencia.

Sin embargo, esta congruencia de la que hablo, no siempre es nítida, fluida, coherente. De hecho, sucede que,
a quien así lo experimente, a veces el sentir, no corresponde con lo que se piensa de aquello, o ni se siente, y
luego al actuar, lo hacemos distinto de aquello que estábamos pensando, y viceversa.

Esto tiene que ver con los bloqueos en el ciclo de la experiencia. Siguiendo al Dr. Salama, llamamos bloqueos
a las interrupciones inconscientes de la energía, que la persona presenta. Estos tienen la finalidad de evitar el
contacto con el satisfactor, y por lo tanto, el cierre de la experiencia; y guardan una estrecha relación con los
esquemas neuróticos adquiridos a temprana edad (Salama; 1985: 43), cuando los sedimentos de base, sobre
los que se desarrollaría la personalidad actual, se establecieron, productos de la herencia que la cultura, la
sociedad y la familia, nos legaron.

Estos bloqueos se corresponden a cada una de las fases del ciclo; el terapeuta gestalt, se verá interesado en
resolver estas interrupciones de la energía que el paciente presenta, de modo que se logre el cierre de la
experiencia, para afrontar las formaciones de nuevas gestalten, o necesidades emergentes.

Siguiendo el ciclo de la experiencia como lo esquematiza el Dr. Salama, hallamos en la fase del reposo, el
bloqueo conocido como postergación, el cual sirve para impedir la continuidad natural de cada momento, una
frase típica para describir esta interrupción de la energía sería: Luego lo hago.

A esta fase le sigue la sensación, cuyo bloqueo es la desensibilización, el cual representa una negación del
contacto sensorial entre el organismo y la necesidad emergente, una frase característica de este bloqueo sería:
No siento.

Siguiendo la misma línea que lleva a la energía a satisfacer sus necesidades, hallamos la formación de figura,
cuyo bloqueo, o interrupción en este andariego de la energía, es la proyección, la cual consiste en atribuir a
algo externo al individuo, lo que le pertenece a sí mismo, negándolo en él. Una frase característica de la
proyección, sería: Por culpa de…

La siguiente fase es la movilización de la energía, cuyo bloqueo es la introyección, el cual implica la


incorporación de actitudes, ideas y creencias que no fueron asimiladas por el organismo, y son ajenas al Yo.
Una de las frases características de este bloqueo es la de: Debería…

Pasando a la zona externa, hallamos la fase de acción, la cual tiene por bloqueo la retroflexión, este se refiere
a una acción que la persona se hace a sí misma, cuando le gustaría hacérselo a los demás, quienes por lo
general, son personas significativas para ella, o procede con una acción hacia su propio organismo, en vez de
realizar alguna acción sobre el ambiente. Una de las frases características de este bloqueo es: Me aguanto.

La siguiente fase es el precontacto, cuyo bloqueo se conoce como deflexión, a través del cual, el organismo
evita enfrentar al objeto relacional, dirigiendo su energía a objetos que son alternativos y no significativos. Una
frase característica de este bloqueo es: Lo evito.

Viene entonces el contacto, cuyo bloqueo es la confluencia, que se refiere a cuando el individuo no distingue
límite alguno entre su Si mismo y el medio, confundiendo sus fronteras de contacto con las del ambiente que lo
rodea, o las de sus semejantes. Una de las frases características de este bloqueo es: Lo que tú mandes.

Por último tenemos al postcontacto, cuyo bloqueo es la fijación, el cual consiste en la necesidad de no retirarse
del contacto, lo cual lleva al organismo a rigidizar sus patrones de comportamiento, y no cerrar el ciclo de la
experiencia. Una de las frases características de este bloqueo es: No dejo de…

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