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Historia de la astrología

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v · d · e (https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Plantilla:Ast_box&action=edit)

Las creencias astrológicas en las correspondencias entre la observación del cielo y los eventos terrestres han influido en
numerosos aspectos de la historia humana, incluyendo su cosmovisión, el lenguaje y muchos elementos de cultura social.
Entre los pueblos indoeuropeos, el nacimiento de la astrología se ha fechado en torno al II milenio a. C., a raíz de los sistemas
calendáricos empleados para predecir los cambios estacionales y para interpretar los ciclos celestes como símbolo de
comunicaciones divinas. Hasta el siglo XVII se consideró a la astrología una tradición académica, y ayudó al desarrollo de la
astronomía. Era comúnmente aceptada en círculos políticos y culturales, y algunos de sus conceptos se empleaban en otras
disciplinas tradicionales como la alquimia, la meteorología y la medicina. Hacia finales del siglo XVII, los conceptos científicos
emergentes en astronomía, como el heliocentrismo, comenzaron a diezmar irrevocablemente la base teórica de la astrología, que
fue perdiendo paulatinamente su carácter académico.

En el siglo XX, la astrología adquirió mayor popularidad entre los consumidores gracias a la influencia de productos derivados de
medios de comunicación, como los horóscopos en los periódicos.

Índice
Primeras etapas
Antigüedad
Egipto helenístico
Grecia y Roma
Mundo islámico
Europa medieval y renacentista
India
China
Mesoamérica
Véase también
Notas
Referencias
Referencias adicionales
Enlaces externos

Primeras etapas
La astrología, en su sentido más amplio, es la búsqueda del conocimiento humano en el firmamento; su objetivo es comprender
conductas humanas generales y específicas a través de la influencia de los planetas y de otros objetos celestiales. Se ha
argumentado que la astrología comenzó como disciplina de estudio en el momento en que los seres humanos llevaron a cabo
esfuerzos conscientes para medir, registrar y predecir cambios estacionales teniendo como referencia los ciclos astronómicos.

Las primeras evidencias de estas prácticas aparecen en forma de marcas en huesos y paredes de las cavernas, lo que demuestra
que los ciclos lunares ya se registraban hace 25 000 años; el primer paso para discernir la influencia de la Luna sobre las mareas y
los ríos, y para organizar un calendario común. Con el advenimiento de la revolución neolítica surgieron nuevas necesidades
gracias al creciente conocimiento de las constelaciones, cuyas apariciones en el firmamento nocturno cambian con las estaciones,
dado lo cual se asociaba la aparición de determinados grupos de estrellas con el anuncio de inundaciones anuales o el comienzo
de las estaciones. Hacia el II milenio a. C., las civilizaciones avanzadas habían desarrollado un conocimiento sofisticado de los
ciclos celestes, y se piensa que sus templos se orientaron a conciencia para alinearse con el orto helíaco de las estrellas.

Existen evidencias dispersas que sugieren que las referencias astrológicas más antiguas conocidas son copias de textos escritos
durante este período, en particular en Mesopotamia (Sumeria, Acad, Asiria y Babilonia). Se ha dicho que dos de ellos,
encontrados en la tablilla de Venus de Ammisaduqa (datada en Babilonia hacia el 1700 a. C.), se compusieron durante el reinado
de Sargón I de Acad (2334-2279 a. C.). Otro, que demuestra un uso temprano de la astrología electiva, se adscribe al reinado del
gobernante sumerio Gudea de Lagash (aprox. 2411-2124 a. C.). Este describe cómo los dioses le revelaron en un sueño las
constelaciones más favorables para la construcción planeada de un templo. Sin embargo, existe una controversia acerca de si
realmente se compusieron en aquel tiempo o se adscribieron con posterioridad a antiguos reyes. La evidencia incontestable más
antigua del uso de la astrología como un sistema integrado de conocimiento se atribuye, pues, a los registros derivados de la
primera dinastía de Mesopotamia (1950-1651 a. C.).

Antigüedad
La astrología babilónica fue el primer sistema organizado de astrología, que
surgió en el II milenio a. C. 1[1][1][1][./History_of_astrology#cite_note-11 [11]]
Se especula que alguna forma de astrología apareció en el período sumerio en el
III milenio a. C., pero las referencias aisladas a antiguos augurios celestiales
fechadas en este período no se consideran evidencia suficiente como para
demostrar una teoría astrológica integrada.2 Se asume, pues, que la historia de
expertos en adivinación celestial comenzó con textos paleobabilónicos tardíos
(1800 a. C. aprox.), y que continuó durante los períodos babilonio medio y asirio
medio (1200 a. C. aprox.).

Hacia el siglo XVI a. C. se puede evidenciar el empleo reiterado de la astrología


basada en presagios en la compilación de un amplio libro de referencia conocido
como Enuma Anu Enlil. Contenía 70 tablillas cuneiformes que comprendían 7
000 presagios celestiales. Los textos de esta época también hacen referencia a
una tradición oral, cuyo origen y contenido solo pueden especularse. En aquel
tiempo la astrología babilónica era exclusivamente mundana, dedicada a la
Detalle de la Puerta de Ishtar, en
Babilonia predicción de asuntos meteorológicos y políticos, y antes del siglo VII a. C. el
conocimiento astronómico de los que la practicaban era bastante rudimentario.
Parece que los símbolos astrológicos representaban tareas estacionales, y se
empleaba como un almanaque anual de actividades listadas que recordaban a la comunidad las tareas apropiadas a la estación o al
tiempo atmosférico (tales símbolos representaban los tiempos de la cosecha, la recogida de marisco, la pesca con caña o con red,
la siembra de cultivos, la recogida o administración de reservas de agua, la caza o tareas críticas que aseguraban la supervivencia
de niños o crías de animales). Hacia el siglo IV, sus métodos matemáticos habían progresado lo suficiente como para calcular
posiciones planetarias futuras con una precisión razonable; en este punto comenzaron a aparecer extensas efemérides.

La astrología babilónica se desarrolló en el contexto de la adivinación. Un conjunto de 32 tablillas con modelos de hígados, que
datan de aprox. 1875 a. C., son los textos más antiguos conocidos de adivinación babilónica, y estas demuestran el mismo
formato interpretativo que el empleado en el análisis de los presagios celestes. Las marcas y las manchas que se encontraban en
los hígados de los animales sacrificados se interpretaban como signos simbólicos que presentaban mensajes de los dioses al rey.

También se creía que las deidades se aparecían en las imágenes celestes de los planetas o de las estrellas con los que se asociaban.
Los presagios celestiales malignos atribuidos a un planeta en particular se veían, por lo tanto, como indicios de insatisfacción o
molestia de la deidad representada por el planeta.3 Estos indicios iban seguidos de intentos de aplacar al dios y de encontrar una
manera de canalizar sus actos, de modo que ni el rey ni el pueblo sufrieran daños graves. Un informe astronómico dirigido al rey
Asarhaddón, a propósito de un eclipse lunar de enero del 673 a. C., muestra cómo el uso ritual de reyes sustitutos, o eventos
sustitutos, aunaban una creencia incuestionable en la magia o en los presagios y una visión puramente mecánica de que el evento
astrológico tenía que tener algún correlato en el mundo material:
...A principios de año una inundación sobrevendrá y romperá los diques. Cuando la Luna se haya
eclipsado, el rey, mi señor, deberá escribirme. Como sustituto del rey, hendiré un dique, aquí en
Babilonia, en plena noche. Nadie lo sabrá.

En su libro de 1995 Mesopotamian Astrology, Ulla Koch-Westenholz argumenta que esta ambivalencia entre una cosmovisión
teísta y mecánica define el concepto babilónico de adivinación celeste como aquel que, a pesar de una fuerte creencia en la magia,
permanece libre de implicaciones de un castigo dirigido con propósitos vengativos, y así «comparte algunos de los rasgos
definitorios de la ciencia moderna: es objetiva y libre de valores, opera en consonancia con reglas conocidas, y sus datos se
consideran universalmente válidos y pueden encontrarse en tabulaciones escritas».4 Koch-Westenholz también establece la
distinción fundamental entre la astrología babilónica y otras disciplinas adivinatorias, consistente en que la primera se dedicaba
originalmente solo a la astrología mundana, estaba orientada geográficamente y se aplicaba específicamente a países, ciudades y
naciones, y estaba dedicada casi por completo al bienestar del estado y del rey como máxima autoridad gobernante de la nación.5
Por lo tanto, se sabe que la astrología mundana es una de las ramas más antiguas de la astrología.6 Solo con el nacimiento
gradual de la astrología de horóscopos, a partir del siglo VI a. C., esta astrología desarrolló las técnicas y prácticas de la astrología
natal.7 8

Egipto helenístico
En el 525 a. C., Egipto fue conquistado por los persas, por lo que pudo existir alguna influencia mesopotámica sobre la astrología
egipcia. El historiador Tamsyn Barton se posiciona a favor de esto y da un ejemplo de lo que parece ser una influencia
mesopotámica en el zodíaco egipcio, con el que compartía dos signos —la Balanza y el Escorpión—, evidenciados en el Zodíaco
de Dendera (en la versión griega, la Balanza se conocía como las Pinzas del Escorpión).

Tras su ocupación por Alejandro Magno en 332 a. C., Egipto cayó bajo dominio e influencia helenísticos. La ciudad de
Alejandría fue fundada por Alejandro Magno tras la conquista, y durante los siglos III a. C. y II a. C., los eruditos alejandrinos
fueron prolíficos escritores. Allí, en la Alejandría ptolemaica, la astrología babilónica se mezcló con la tradición egipcia de la
astrología decánica para crear la astrología de horóscopos. Esta contenía el zodíaco babilonio con su sistema de exaltaciones
planetarias, las triplicidades de los signos y la importancia de los eclipses. Junto con estos elementos también incorporó el
concepto egipcio de dividir el zodíaco en 36 decanatos de 10º cada uno, con énfasis en el decanato ascendente, y el sistema griego
de dioses planetarios, regímenes de signos y cuatro elementos.

Los decanatos eran un sistema de medida temporal basado en las constelaciones, tomando como referencia la constelación de
Sotis, o Sirio. La ascensión de los decanatos nocturnos se empleaban para dividir la noche en «horas». El ascenso de una
constelación justo antes del amanecer (orto helíaco) se consideraba la última hora de la noche. A lo largo del año, cada
constelación se alzaba justo antes del amanecer durante diez días. Cuando pasaron a formar parte de la astrología de la Época
Helenística, cada decanato se asociaba con diez grados del zodíaco. Los textos del II milenio a. C. listan predicciones basándose
en las posiciones de los planetas en los signos zodiacales en el momento del orto de determinados decanatos, especialmente Sotis.
El zodíaco más antiguo encontrado en Egipto data del siglo I a. C., el zodíaco de Dendera.

De particular relevancia en el desarrollo de la astrología de horóscopos fue el astrólogo y astrónomo Ptolomeo, que vivió en
Alejandría, en Egipto. La obra ptolemaica Tetrabiblos sentó las bases de la tradición astrológica occidental, y como fuente de
referencia posterior se dice que «ejerció una autoridad casi bíblica entre los escritores astrológicos de los mil años posteriores, o
más». Fue uno de los primeros textos astrológicos que circularon en la Europa medieval tras ser traducido del árabe al latín por
Platón de Tívoli (Tiburtinus) en España en 1138.

De acuerdo con Julio Fírmico Materno (siglo IV), el sistema de astrología de horóscopos le fue dado anteriormente a un faraón
egipcio llamado Nechepso y a su sacerdote Petosiris. Los textos herméticos se compusieron también durante este período, y
Clemente de Alejandría, escritor durante la época romana, demuestra hasta qué grado los astrólogos debían conocer estos textos
en su descripción de los ritos sagrados egipcios:

Esto se demuestra principalmente por sus ceremonias sagradas. En primer lugar se adelanta el Recitador,
llevando uno de los símbolos de música. Puesto que dicen que debe aprender dos de los libros de Hermes, uno
de los cuales contiene los himnos de los dioses, y el segundo las regulaciones de la vida del rey. Y tras el
Recitador avanza el Astrólogo, con un reloj en su mano, y una [hoja de] palma, los símbolos de la astrología.
Debe tener los libros astrológicos de Hermes, que son cuatro en número, siempre en su boca.

Grecia y Roma
La conquista de Asia por Alejandro Magno expuso a los griegos a las culturas e ideas cosmológicas de Siria, Babilonia, Persia y
Asia central. El griego sustituyó a la escritura cuneiforme como la lengua internacional de comunicación intelectual, y parte de
este proceso fue la transmisión de la astrología del cuneiforme al griego. Alrededor de 280 a. C., Beroso, un sacerdote de Bel, en
Babilonia, se trasladó a la isla griega de Cos para enseñar astrología y cultura babilonia a los griegos. Con esto, lo que el
historiador Nicholas Campion llama «la energía innovadora» de la astrología se desplazó hacia el oeste al mundo helenístico
griego y egipcio. De acuerdo con Campion, la astrología que llegó desde Oriente estaba marcada por su complejidad, con
diferentes formas emergentes de astrología. Hacia el siglo I a. C. existían dos variedades de astrología: una requería la lectura de
los horóscopos para establecer detalles precisos acerca del pasado, el presente y el futuro; la otra, teúrgica, enfatizaba el ascenso
del alma a las estrellas. Aunque no eran mutuamente exclusivas, la primera daba información sobre la vida, mientras que la
segunda estaba relacionada con la transformación personal, en la que la astrología funcionaba como forma de diálogo con lo
Divino.

Como con muchas otras cosas, la influencia griega desempeñó un rol fundamental en la transmisión de la teoría astrológica a
Roma. Sin embargo, nuestras primeras referencias que demuestran su llegada a Roma revelan su influencia inicial sobre las clases
sociales más bajas, y demuestran una preocupación hacia el recurso, sin cuestionar, a las ideas de los «astrónomos» babilonios.
Entre los griegos y los romanos, Babilonia, también conocida como Caldea, se identificaba tanto con la astrología que la
«sabiduría caldea» llegó a ser sinónimo frecuente de la adivinación que empleaba los planetas y las estrellas.

La primera referencia definida a la astrología proviene de la obra del orador Catón, quien en 160 a. C. escribió un tratado que
prevenía a los capataces de las granjas de consultar a los caldeos. El poeta romano Juvenal, del s. II, en su ataque satírico hacia
los hábitos de las mujeres romanas, también se queja de la influencia persuasiva de los caldeos, a pesar de su baja clase social,
diciendo que «se confía incluso más en los caldeos; creerán que cualquier palabra proferida por el astrólogo proviene de la fuente
de Amón (...) hoy en día, ningún astrólogo tiene crédito, a menos que haya estado preso en algún campo distante, con cadenas
rechinando en cada brazo».

Uno de los primeros astrólogos en llevar la astrología hermética a Roma fue Trasilo, quien, en el siglo I, ejerció de astrólogo para
el emperador Tiberio. Este fue el primer emperador del que se dijo que poseía un astrólogo oficial, aunque su predecesor Augusto
también había empleado la astrología para ayudar a legitimizar sus derechos imperiales. En el siglo II, el astrólogo Claudio
Ptolomeo estaba tan obsesionado con obtener horóscopos certeros que llevó a cabo el primer intento de elaborar un mapa correcto
del mundo (pues anteriormente los mapas eran más relativos o alegóricos) para poder cartografiar la relación entre el lugar de
nacimiento de la persona y los cuerpos celestes. Mientras lo hacía, acuñó el término «geografía».

Aunque parece que los emperadores sí que emplearon la astrología, también existía una prohibición, hasta cierto punto, sobre
ella. En el siglo I, Publius Rufus Anteius fue acusado del crimen de financiar al astrólogo proscrito Pammenes, y de preguntar su
propio horóscopo y del entonces emperador Nerón. Por esto, Nerón forzó a Anteius a cometer suicidio. En aquel tiempo, la
astrología podía conllevar cargos por magia y traición.

Mundo islámico
Tras la rendición de Alejandría a los árabes en el s. VII y la fundación del califato abasí en el s. VIII, los eruditos islámicos
recibieron la astrología con entusiasmo. El segundo califa abasí, Al-Mansur (754-775), fundó la ciudad de Bagdad para que
funcionase como centro intelectual, y en su diseño incluyó una biblioteca y escuela de traducción conocida como Bayt al-Hikma
'casa de la sabiduría', que continuó desarrollándose bajo sus herederos y dio impulso a las traducciones árabes de textos
astrológicos helenísticos. Entre los primeros traductores se contaban Masha'allah, que contribuyó a fijar la fecha para la fundación
de Bagdad, y Sahl ibn Bishr (Zael), cuyos textos influyeron poderosamente en los astrólogos europeos posteriores, como Guido
Bonatti en el s. XIII y William Lilly en el s. XVII. El conocimiento de los textos árabes comenzó a exportarse a Europa durante
las traducciones latinas del siglo XII, a consecuencia de las cuales se sentaron los precedentes de lo que sería el Renacimiento.

Entre los astrólogos árabes más importantes, uno de los más influyentes fue Albumasar, cuya obra Introductorium in
Astronomiam se convirtió más tarde en un popular tratado de la Europa medieval. Otro de ellos fue el matemático, astrónomo,
astrólogo y geógrafo persa Al-Juarismi. Los árabes sumaron muchos conocimientos a este campo, y muchos nombres de estrellas
conocidos actualmente, como Aldebarán, Altair, Betelgeuse, Rigel y Vega retienen el legado de su lenguaje. También
desarrollaron la lista de partes helenísticas hasta tal punto que se conocen históricamente como partes arábigas, razón por la cual
se afirma a menudo que fueron los astrólogos árabes quienes las inventaron, por más que se sepa a ciencia cierta que fueron un
rasgo fundamental de la astrología helenística.

Durante el progreso de la ciencia islámica, algunas prácticas astrológicas fueron refutadas en el ámbito teológico por astrónomos
como Al-Farabi (Alpharabius), Alhacén y Avicena. Sus argumentos eran que los métodos de los astrólogos eran más conjeturales
que empíricos, y que entraban en conflicto con las posturas ortodoxas de los ulemas, puesto que sugerían que la Voluntad de Dios
se puede conocer y predecir con precisión. Estas refutaciones se concernían a las «ramas judiciales» (como la astrología horaria),
más que a las «ramas naturales» (como la astrología médica o la astrología meteorológica), que en aquel tiempo se consideraban
parte de las ciencias naturales.

Por ejemplo, la obra de Avicena Refutación de la astrología (Resāla fī ebṭāl aḥkām al-nojūm) carga contra la práctica de la
astrología al mismo tiempo que apoya el principio de que los planetas actúan como agentes de causación divina que expresan el
poder absoluto de Dios sobre su creación. Avicena consideraba, de modo determinista, que los movimientos de los planetas tenían
influencia sobre la vida en la tierra, pero se posicionaba en contra de la capacidad de determinar la influencia exacta de las
estrellas. En esencia, Avicena no refutó el dogma esencial de la astrología, sino que negó nuestra habilidad para comprenderla
hasta el punto de que se pudieran elaborar predicciones precisas o fatalistas.

Europa medieval y renacentista


Mientras que en Oriente la astrología floreció tras el desmembramiento del
imperio romano, con las influencias de la India, Persia y el mundo islámico
sobre los eruditos y un activo movimiento de proyectos de traducción, en el
mismo período la astrología occidental se había vuelto «fragmentada y poco
sofisticada (...) debido en parte a la pérdida de la astronomía científica griega y
en parte a que estaba condenada por la Iglesia».9 Las traducciones de obras
árabes al latín comenzaron a llegar a España a finales del siglo X, y en el siglo
XII la transmisión de obras astrológicas de Arabia a Europa «adquirió gran
ímpetu».

Hacia el siglo XIII, la astrología formaba parte de las prácticas médicas


habituales en Europa. Los médicos combinaban la medicina galénica (del
fisiólogo griego Galeno, 129-216 d. C.) y el estudio de las estrellas. Para finales El astrólogo y astrónomo Richard de
del siglo XVI, a los médicos se les requería por ley calcular la posición de la Wallingford midiendo un equatorium
Luna antes de llevar a cabo procedimientos médicos como sangrías o cirugía. con un compás. Obra del siglo XIV.
Los trabajos más influyentes del siglo XIII incluyen los del monje
británico Johannes de Sacrobosco (1195-1256 aprox.) y del astrólogo
italiano Guido Bonatti. Bonatti prestaba servicio a los gobiernos
comunales de Florencia, Siena y Forlì, de donde era originario, y era
consejero de Federico II Hohenstaufen. Su libro de texto astrológico
Liber Astronomiae, escrito en torno a 1277, se granjeó la fama de ser
«la obra astrológica escrita en latín más importante del siglo XIII».
Dante Alighieri inmortalizó a Bonatti en la Divina Comedia (principios
del siglo XIV) al colocarle en el octavo Círculo del Infierno, lugar al
que iban a parar los que adivinaban el futuro y donde se les mantenía
con la cabeza vuelta del revés.

Imagen relativa a la astrología, de Las muy


ricas horas del Duque de Berry. Muestra la
supuesta relación entre las partes del cuerpo
y los signos del zodíaco.

En la Europa medieval, la educación superior se dividía en siete materias, cada Tímpano de la ascensión de la
Puerta Real de la catedral de
una representada por un planeta distinto, y conocidas como las siete artes
Chartres. El tema central es la
liberales. Dante atribuyó un planeta a cada una de ellas. Puesto que se concebían ascensión de Cristo, pero en los
en orden ascendente, eso se hizo con los planetas, en orden decreciente de bordes se encuentran los signos del
velocidad planetaria: a la gramática se le asignó la Luna, el cuerpo celeste más Zodíaco y los Trabajos de los Meses.
veloz; a la dialéctica se le asignó Mercurio; a la retórica, Venus; a la música, el
Sol; a la aritmética, Marte; Júpiter a la geometría y la astrología-astronomía el
cuerpo celeste más lento, Saturno.

Los escritores medievales utilizaban el simbolismo astrológico en la literatura. Por ejemplo, la Divina Comedia muestra variadas
referencias a las asociaciones planetarias cuando describe la arquitectura del Infierno, el Purgatorio y el Paraíso (como los siete
pisos de la montaña del Purgatorio donde se expían los siete pecados capitales que se corresponden con los siete planetas clásicos
de la astrología). En las obras de Geoffrey Chaucer se observan también alegorías astrológicas y motivos planetarios similares.

Los pasajes astrológicos de Chaucer son particularmente frecuentes, y basándose en sus obras se le presuponen conocimientos
astrológicos, pues sabía lo suficiente de la astrología de su época como para escribir el Tratado del astrolabio para su hijo. Ubica
el comienzo de la primavera en los Cuentos de Canterbury en los versos iniciales del prólogo, señalando que el Sol «ha recorrido
la mitad de su camino en el signo de Aries». En La comadre de Bath, se refiere a la «dureza robusta» como atributo de Marte, y
asocia a Mercurio con los «tenderos». A principios de la Edad Moderna, también se encuentras referencias astrológicas en las
obras de William Shakespeare y John Milton.

Uno de los primeros astrólogos ingleses que dejó detalles de sus prácticas fue Richard Trewythian (1393). Su cuaderno demuestra
que su rango de clientes era muy amplio, de todas las clases sociales, e indica que las relaciones con la astrología en la Inglaterra
del siglo XV no estaban limitadas a los provinientes de círculos cultos, teológicos o políticos.
Durante el Renacimiento, los astrólogos de la corte complementarían su uso de los horóscopos con observaciones y
descubrimientos astronómicos. Muchos a los que hoy se elogia por subvertir el antiguo orden astrológico, como Tycho Brahe,
Galileo Galilei y Johannes Kepler, eran astrólogos practicantes.

A finales del Renacimiento disminuyó la confianza antaño depositada en la astrología, con el derrumbe de la física aristotélica y
el rechazo de la distinción entre el reino celeste y el reino sublunar, que se habían comportado históricamente como los
fundamentos de la teoría astrológica. Keith Thomas escribe que, aunque el heliocentrismo es consistente con la teoría astrológica,
los avances astronómicos de los siglos XVI y XVII significaron que «el mundo ya no se podía concebir como un organismo
compacto e interrelacioando; pasó a ser un mecanismo de dimensiones infinitas, del cual había desaparecido irrefutablemente la
subordinación jerárquica de la tierra al cielo». En un primer momento, entre los astrónomos de la época, «casi ninguno intentó
una refutación seria a la luz de los nuevos principios», y en realidad los astrónomos «eran reticentes a abandonar la satisfacción
emocional que proveía un universo coherente e interrelacionado». Hacia el siglo XVIII el interés intelectual que hasta entonces
habían mantenido el estatus de la astrología fue abandonado casi por completo. La historiadora científica Ann Geneva escribe:

La astrología en la Inglaterra del siglo XVII no era una ciencia. No era una religión. No era magia.
Como tampoco lo eran la astronomía, las matemáticas, el puritanismo, el neoplatonismo, la psicología,
la meteorología, la alquimia o la brujería. Empleaba algunas de ellas como herramientas; mantenía
lazos comunes con otras, y algunas personas eran adeptas a algunas de estas habilidades. Pero, en
suma, solo era eso mismo: un único arte adivinatorio y prognóstico que comprendía siglos de
acreditada metodología y tradición.

India
El uso más temprano del término jyotiṣa es con el sentido de una Vedanga, una disciplina auxiliar de la religión védica. La única
obra de este tipo que ha sobrevivido es el Vedanga Jyotisha, que contiene reglas para registrar los movimientos del Sol y de la
Luna, en el contexto de un ciclo intercalar de cinco años. No se conoce la fecha de esta obra, dado su estilo lingüístico y
compositivo tardío, consistente con los últimos siglos antes de Cristo, aunque pre-Maurya, que entra en conflicto con algunas
evidencias internas de una fecha más temprana, del II milenio a. C.10 11

La historia documentada del Yiotisha en los nuevos términos de la moderna astrología de horóscopos se asocia con la interacción
de las culturas india y helenística en el período indo-griego. El griego se convirtió en una lingua franca del valle del Indo tras las
conquistas militares de Alejandro Magno y los grecobactrianos. Los tratados más antiguos que han sobrevivido, como el
Yavanajataka o el Brihat-Samhita, se remontan a los primeros siglos d. C. El tratado astrológico más antiguo en sánscrito es el
Yavanajataka ('Dichos de los griegos'), una versificación compuesta por Sphujidhvaja entre 269 y 270 d. C. de una traducción,
hoy perdida, de un tratado griego de Yavanesvara durante el siglo II d. C., bajo el patronazo del rey Rudradaman I, un saka de los
sátrapas occidentales.

La astronomía y la astrología indias se desarrollaron juntas. El tratado más temprano sobre jyotish, el Bhrigu Samhita, data de la
etapa védica. El sabio Bhrigu es uno de los Saptarshi, los siete sabios que ayudaron a crear el universo. Escrito en páginas hechas
con corteza de árbol, se dice que el Samhita ('Compilación') contiene cinco millones de horóscopos que comprenden a todos
aquellos que han vivido en el pasado o vivirán en el futuro. Los primeros autores conocidos que escriben tratados sobre
astronomía son del siglo V, fecha en la que se puede decir que comienza el período clásico de la astronomía india. Además de las
teorías de Aryabhata en el Aryabhatiya y el perdido Arya-siddhānta, está el Pancha-Siddhāntika de Varahamihira.

China
El sistema chino se basa en la astronomía y en los calendarios y su gran desarrollo está ligado al de la astronomía, que floreció
durante la dinastía Han (siglo II a. C.-siglo II d. C.).
La astrología china mantiene una relación estrecha con la filosofía china (teoría de las tres
armonías, cielo, tierra y agua) y usa los principios del yin y el yang, así como conceptos que no se
hallan en la astrología occidental, como el Wu Ching, los Diez Troncos Celestiales, las Doce Ramas
Terrestres, el calendario lunisolar y el cómputo del tiempo en años, meses, días y shichen (時辰).

Tradicionalmente, la astrología en China estaba bien considerada, y se dice que Confucio la trataba
con respeto, pues dijo: «El Cielo envía sus símbolos bondadosos o malignos y los hombres sabios
actúan en consecuencia». El ciclo de 60 años que combina los cinco elementos con los doce signos
del zodíaco chino se ha documentado desde, por lo menos, los tiempos de la dinastía Shang (1766-
1050 a. C.). Se han encontrado huesos oraculares que datan de este período, con las fechas
emarcadas en el ciclo de 60 años inscritas en ellos, junto con el nombre del adivino y el asunto
Un oráculo de
sobre el que se adivina. Uno de los astrólogos chinos más famosos fue Tsou Yen, que vivió en torno
hueso de tortuga
al 300 a. C. y escribió: «Cuando está a punto de alzarse una nueva dinastía, el cielo muestra signos
auspiciosos para el pueblo».

Mesoamérica
Los calendarios de la Mesoamérica precolombina se basan en un sistema de uso común en toda la región, que se remonta hasta
por lo menos el siglo VI a. C. Los primeros calendarios eran empleados por pueblos como los zapotecas y los olmecas, y
posteriormente por los mayas, los mixtecas y los aztecas. Aunque el calendario mesoamericano no nació con los mayas, las
extensiones y refinamientos posteriores que estos le aplicaron fueron las más sofisticadas. Junto con los de los aztecas, los
calendarios mayas son los mejor documentados y los mejor entendidos.

El característico calendario maya utilizaba dos sistemas principales; el primero trazaba el año solar de 360 días, que regía la
siembra de las cosechas y otros asuntos domésticos, mientras que el segundo (Tzolkin), de 260 días, estaba dedicado al uso ritual.
Cada uno de ellos estaba relacionado con un elaborado sistema astrológico que cubría todas las facetas de la vida. El quinto día
tras el nacimiento de un niño, los astrólogos-sacerdotes mayas levantaban su horóscopo para determinar su futura profesión:
guerrero, sacerdote, siervo o víctima de sacrificio. También se observaba el ciclo de 584 días de Venus, que registraba las
apariciones y conjunciones de Venus, el cual se veía como un planeta de malos auspicios y nefasta influencia, por lo que los
gobernantes mayas solían planear las campañas militares coincidiendo con el ascenso de Venus. Existen evidencias de que los
mayas también registraban los tránsitos de Mercurio, Marte y Júpiter, y de que poseían un zodíaco de algún tipo. El nombre maya
para la constelación de Escorpio también era 'escorpión', mientras que el nombre de Géminis era 'pecarí'. Algunas evidencias
sugieren que existían otras constelaciones con nombres de animales. El observatorio maya más conocido, aún intacto, es el
observatorio Caracol, en la antigua ciudad maya de Chichén Itzá (México).

El calendario azteca comparte la misma estructura básica con el calendario maya, con dos ciclos principales de 360 y 260 días. El
calendario de 260 días era llamado Tonalpohualli y se empleaba sobre todo con fines adivinatorios. Como el calendario maya,
estos dos ciclos formaban un «siglo» de 52 años.

Véase también
Planetas clásicos en alquimia occidental
Postura judía sobre la astrología
Influencia cultural de la astrología
Astrología y ciencia

Notas
1. Holden (1996) (https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_astrology#Reference-Holden) p.1.
2. Rochberg (1998) (https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_astrology#Reference-Rochberg) p.ix.
3. Koch-Westenholz (1995) (https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_astrology#Reference-Koch) p.11.
4. Koch-Westenholz (1995) (https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_astrology#Reference-Koch) p.13.
5. Koch-Westenholz (1995) (https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_astrology#Reference-Koch) p.19.
6. Michael Baigent (1994). From the Omens of Babylon: Astrology and Ancient Mesopotamia. Arkana.
7. Michael Baigent, Nicholas Campion and Charles Harvey (1984). Mundane astrology. Thorsons.
8. Steven Vanden Broecke (2003). The limits of influence: Pico, Louvain, and the crisis of Renaissance astrology (ht
tps://books.google.com/books?id=y0yDeNFZOT4C&pg=PA185). BRILL. pp. 185-. ISBN 978-90-04-13169-9.
Consultado el 5 de abril de 2012.
9. Nick Kanas, Star Maps: History, Artistry, and Cartography, p.79 (Springer, 2007).
10. Sastry, T.S.K. K.V. Sarma, ed. «Vedanga jyotisa of Lagadha» (https://web.archive.org/web/20110501084408/htt
p://www.new.dli.ernet.in/rawdataupload/upload/insa/INSA_1/20005abd_s1.pdf). National Commission for the
Compilation of History of Sciences in India by Indian National Science Academy, 1985. Archivado desde el
original (http://www.new.dli.ernet.in/rawdataupload/upload/insa/INSA_1/20005abd_s1.pdf) el 1 de mayo de 2011.
Consultado el 22 de noviembre de 2009.
11. Pingree, David (1981), Jyotiḥśāstra, Wiesbaden: Otto Harrassowitz p.9

Referencias
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Referencias adicionales
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1995. ISBN 0-14-019296-4 (http://worldcat.org/isbn/0-14-019296-4).
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Manchester Univ. Press, 1995. ISBN 0-7190-4154-6 (http://worldcat.org/isbn/0-7190-4154-6).
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F. Rochberg, The Heavenly Writing: Divination, Horoscopy, and Astronomy in Mesopotamian Culture. Cambridge
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Enlaces externos
Hellenistic Astrology (http://www.iep.utm.edu/astr-hel/)
Bibliography of Mesopotamian Astronomy and Astrology (http://www.staff.science.uu.nl/~gent0113/babylon/baby
bibl.htm)

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