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ASAMBLEAS DE DIOS DE VENEZUELA

INSTITUTO BÍBLICO DE TEOLOGÍA EVANGÉLICA


“CELESTINO RODRÍGUEZ QUERO”
MODALIDAD: NOCTURNO
CABIMAS, ESTADO ZULIA

REALIZADO POR:
NELSON CHACIN
CÁTEDRA: ESCATOLOGÍA
INTRODUCCIÓN

Una vez que el Señor Jesucristo retorne por segunda vez a la tierra y ejecute sus
juicios sobre sus enemigos, se establecerá sobre la tierra el reino milenial de
Cristo, también conocido como el reino Mesiánico o simplemente como el Milenio.

La palabra milenio viene del latín y quiere decir “mil años”. Es la era en la cual
Cristo reinará sobre la Tierra después de Su retorno en gloria. Su reinado será de
justicia y paz.

De la misma manera que creemos en el cumplimiento literal de las profecías que


tratan de los sufrimientos del Señor, no hay razón objetiva alguna para rechazar
las promesas concernientes a Israel, los grandes juicios del fin y el triunfo visible
de Jesucristo sobre la tierra.

En efecto, el reino de Cristo ha de llenar “toda la tierra”, es decir, el mismo espacio


ocupado por los imperios y las naciones. A Jesucristo le ha sido prometido “el
trono de David su padre”, el cual nunca ha estado situado en el cielo. Los elegidos
reinarán al principio con Él “sobre la tierra”, antes de ser transportados a los cielos
nuevos y la tierra nueva.
EL REINO MILENIAL
Después de la Venida de Cristo y el fin de la Gran Tribulación, tenemos con ellos
el inicio de la séptima y última dispensación.

Ahora estamos en la séptima Dispensación, que es la última Dispensación, bien


como el período que precede el nuevo cielo y la nueva tierra. En este período de
1000 años Cristo pondrá Sus enemigos debajo de sus pies. (Efesios 1.10,21; I
Corintios 15.24-28; Apocalipsis 20.1-6).

Este período es conocido también como del Gobierno Divino porque Cristo
reinará.

Su inicio es con la Venida de Cristo en gloria y terminará con el gran juicio del
Trono Blanco. La duración, como dice el propio nombre, es de 1000 años.

EL MILENIO Y LOS PACTOS

Como una conjuración de grandes ríos, el principio del milenio será la confluencia
de todos los pactos anteriores que Dios hiciera con el hombre (Apocalipsis 11.19).
El pacto edénico, con la restauración de la supremacía del hombre sobre la
creación animal y su efecto sobre la naturaleza; el pacto con Adam, con la
redención casi realizada totalmente; el pacto con Abraham, con su exaltación de
los judíos y la restauración de Palestina; el pacto con David cumplido en el
establecimiento del hijo de David como rey eterno en Sión; el pacto con Moisés
que orienta sobre el ritual del templo y el sistema de fiestas anuales para formar la
adoración del milenio; y el nuevo y eterno pacto en su plenitud; todo contribuye a
hacer de éste el gran período del pacto y poner a Dios en una más íntima y forme
relación con esta tierra como nunca antes.

CRISTO Y SU REINADO

Durante el período del milenio, Cristo reinará con la ayuda de los santos. (Isaías
4.2-3; 9.6-7; Jeremías 23.5-8; Apocalipsis 11.15).

Durante este período, Satanás será amarrado en el abismo. Apocalipsis 20.1-3. El


gobierno será perfecto en Justicia. No será monarquía, ni democracia, pero una
teocracia. David tendrá parte en el reino.(Oseas 3.5; Jeremías 10.9; Ezequiel
34.24; 27.24-25).

Durante este período habrá un solo reino que cubrirá toda la tierra, habrá una sola
capital, Jerusalén. Pecadores estarán en el reino pero estarán obligados a
obedecer las leyes del reino. (Isaías 2.2-5; Salmos 2.7-9; Miqueas 4.3; II Corintios
15.25-28; Apocalipsis 20.1-10; Zacarías 14.16-21.

Las escrituras dicen que durante este período habrá un templo nuevo. Cristo lo
continuará (Zacarías 6.13-15). El templo que los judíos habrán hecho y que el
anticristo habrá profanado, será destruido en la batalla de Armagedón. (2
Tesalonicenses 2; Mateo 24.15; Apocalipsis 11.1,2).

¿CÓMO SERÁ EL REINO DE CRISTO?

En contraste con el punto de vista amilenial, que considera el reino de Dios


primariamente como un reinado espiritual en los corazones de los hombres,
muchos pasajes apoyan la conclusión de que el reino es un reino literal sobre la
tierra, en el cual Cristo será realmente el gobernador político supremo y el líder
espiritual y objeto de culto. Este concepto se presenta en forma amplia en al
Antiguo Testamento y en el Nuevo.

En el Salmo 2, donde se anuncia la rebelión de la nación contra dios, se le da la


siguiente orden al Hijo de Dios: "Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y
como posesión tuya los confines de la tierra" (v.8). Este no es un gobierno
espiritual, sino un gobierno político real, como se ve en el versículo siguiente: "Los
quebrantarás con vara de hierro, como vasija de alfarero los desmenuzarás"(v.9).
Evidentemente este no puede referirse a la iglesia o a un reinado espiritual en el
cielo, sino más bien representa a un monarca absoluto que abatirá a los inicuos y
los pondrá bajo sujeción.

Otro pasaje importante que enfatiza el carácter terrenal del reino es Isaías 11,
donde Jesús, como descendiente de David, es presentado como que trae un justo
juicio sobre la tierra y castiga a los impíos.

Una cantidad casi innumerable de otros versículos afirman o implican que el reino
será sobre la tierra (Isaías 42.4; Jeremías 23.3-6; Daniel 2.35-45; Zacarías 14.1-
9). La descripción en estos pasajes del reinado de Cristo sobre la tierra en el reino
milenial evidentemente no describe la edad presente ni describe el cielo. Cualquier
cumplimento razonable requeriría de un reinado literal sobre la tierra a
continuación de la segunda venida de Cristo.

ISRAEL EN EL MILENIO

Durante el período del reino milenial Israel gozará de un lugar de privilegio y de


bendición especial. En contraste con la edad actual de la iglesia, en que judíos y
gentiles están en un mismo plano y tienen los mismos privilegios, el pueblo de
Israel en el milenio heredara la tierra prometida y será objeto del favor especial de
Dios. Será el tiempo de la reunión de Israel, su restablecimiento como nación y la
renovación del reino davídico.

Muchos pasajes tratan de este asunto. En el milenio los israelitas serán reunidos y
restaurados a su antigua tierra. (Jeremías 30.3; 31.8-9; Ezequiel 39.25-29; Amós
9.11-15). Los reinos divididos de Israel y Judá volverán a unirse nuevamente
(Jeremías 3.18; 33.14; Ezequiel 20.40; 37.15; 39.25; Oseas 1.11). En los estudios
escatológicos, el tema del milenio es estudiado con más profundidad.
FIN DEL PERIODO MILENIAL

Como en las otras dispensaciones esta terminará en fracaso.

Sobre la natural depravación del corazón humano, podemos ver en el resultado de


estos mil años expuestos a las más sanas de las influencias - Satanás encerrado,
Cristo y el Espíritu Santo reinando supremo. Al final del milenio, Satanás será
desatado por "un poco de tiempo" (Apocalipsis 20.3; 20.7-9), y una vasta multitud
le seguirá en rebelión contra Cristo en Jerusalén. Esta rebelión será de inmediato
y totalmente dominada por un fuego consumidor que descenderá del cielo y los
devorará. Este será el fin de la carrera terrenal de Satanás, porque ahora será
echado en el lago de fuego para ser atormentado para siempre jamás (Apocalipsis
20.10). Esta es la condenación final de Satanás, porque su destino es el fuego
eterno preparado por Dios para el diablo y sus ángeles (Mateo 25.41).

El término del milenio es también el fin de todos los períodos terrenales y la


consumación de los siglos. Después de rechazar a Dios en este último período, en
el cual se ha manifestado su irresistible presencia para que el hombre acepte su
gracia y vida eterna, ya no hay más esperanza para el hombre, sino sólo un
horrendo juicio. Dios prometió a Noé no destruir nunca más la tierra por medio de
agua; de manera que la destrucción ahora es por medio del fuego (2 Pedro 3.7-12;
Apocalipsis 20.9).

Al final de este período, será establecido el gran Trono Blanco donde los impíos
muertos de todas las edades son traídos a juicio delante del Dios Todopoderoso
(Apocalipsis 20.11-15). Estos son los que participarán de la SEGUNDA
RESURRECCIÓN. Todos ellos serán condenados. En esta resurrección no hay
salvos. La resurrección de los justos fue la que estudiamos en la Dispensación de
la Gracia (Apocalipsis 20.6; I Corintios 15.23).

EL GRAN TRONO BLANCO

En Apocalipsis 20.11-15, tenemos una clara descripción de lo que será el Juicio


delante del Gran Trono Blanco. Aquí, según la palabra, el Rey de todos, ahora es
Juez de todos. Aquí Cristo comparte el trono con el Padre (Apocalipsis 3.21;
Mateo 19. 28; Hechos 2. 30, 34, 35).

Es importante observar que aquí no cita cualquier hueste de ángeles o de


cualquier otro seres celestial. Todos los ojos estarán fijos directamente sobre el
trono, que ocupa todo el campo de la visión.

Es llamado de Blanco, porque resplandece de pureza y de santidad Divina.

El versículo 12 de los libros: "los libros fueron abiertos, otro libro fue abierto, el
cual es el de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban
escritas en los libros, según sus obras". El versículo siguiente repite el hecho
condenador: "según sus obras" Aquí se expresa el resultado del rechazo de la
gracia en términos absolutos. No hay perdón aparte del Cristo (Hechos 4. 12), y
los que rechazan la gracia inevitablemente deben ser juzgados por sus pecados.

Aquí en el libro de la vida es procurado los nombre; si sus nombres no aparecen


en el libro de la vida, es que no han recibido vida eterna. Se declara que están
condenados, y en Apocalipsis 10.14,15 está escrito "y la muerte y el Hades fueron
lanzados al lago del fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló
inscripto en el libro de la vida fue lanzado al lago del fuego".

NUEVO CIELO Y NUEVA TIERRA

Después del juicio del Gran Trono Blanco y de la destrucción del primer cielo y la
primera tierra, Juan escribe en Apocalipsis 21.1: "Vi un cielo nuevo y una tierra
nueva: porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía
más" (Apocalipsis 21.1). El extraño silencio de las Escrituras sobre la apariencia
de la tierra nueva y del cielo nuevo no se explica en ninguna parte. En cambio
nuestra atención es dirigida hacía la ciudad santa, la nueva Jerusalén.

LA NUEVA JERUSALÉN

Juan en Apocalipsis 21.2, escribe sobre la nueva Jerusalén el problema inmediato


que enfrentan todos los intérpretes es el significado de lo que Juan vio. Si uno
acepta la declaración tal como la expresa. Juan vio una ciudad santa llamada
nueva Jerusalén, en contraste con la vieja Jerusalén terrenal que había sido
destruida cuando la tierra fue arrasada. Se dice que la ciudad desciende del cielo,
de Dios. Es significativo que no se diga que la ciudad fue creada, y aparentemente
existía durante el período previo del reino milenial, posiblemente como una ciudad
satélite sobre la tierra; como tal, pudiera haber sido el hogar celestial de los santos
necesitados y arrebatados. Por la descripción de la tierra milenial se ve claramente
que había sobre la tierra ninguna ciudad como la nueva Jerusalén durante el
milenio. Algunos creen que Cristo se refería a la nueva Jerusalén cuando dijo en
Juan 14.2: "Voy, pues, a preparar lugar para vosotros". Aquí en Apocalipsis se ve
a la nueva Jerusalén descendiendo del cielo y ciertamente con el destino de
posarse sobre la nueva tierra.

Hay una referencia en Isaías 66.22, donde afirma: "Porque como los cielos nuevos
y la tierra nueva que yo hago permanecerán delante de mí, dice Jehová, así
permanecerá vuestra simiente y vuestro nombre". Mientras la nueva Jerusalén
terrenal será destruida al final del milenio, la nueva Jerusalén permanecerá para
siempre así como la simiente de Israel permanecerá para siempre.

En Apocalipsis 21.9,10, Juan ve la nueva Jerusalén descendiendo del cielo, de


Dios.
CONCLUSIÓN

Dios creó al hombre a su imagen con poderes y habilidades inferiores con el fin de
preparar al hombre para gobernar con él en un gobierno que será eterno. El
propósito de Dios al decirnos “buscad primeramente el reino de dios y su justicia”
es ayudarnos a desarrollar, a través de nuestras experiencias en esta vida, su
carácter santo y justo y prepararnos para gobernar bajo Cristo como reyes y
sacerdotes sobre esta tierra (apocalipsis 5:10).