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Iturralde Fernando.

Historia del pensamiento matemático.

Plan de trabajo: La proporción áurea.

Introducción: “entre matemáticas y numerología.”

En el film Pi: el orden del caos de Darren Aronofsky, el personaje principal, Max
Cohen, se ve atrapado en una obsesión por encontrar el patrón que rige la totalidad de la
naturaleza. Según él, ese número es Pi cuando está completo por lo que se embarca en
una búsqueda frenética de éste sin importar sus frecuentes delirios, alucinaciones y
ataques de violencia. En una de las partes más importantes del film, Max se entrevista
con su maestro al que comenta sobre lo cerca que está de descubrir el patrón que rige la
naturaleza gracias a Pi. El maestro, en tono admonitorio, le dice: “cuando para uno los
números son sólo números, se es matemático, pero cuando detrás de los números se
encuentra algún sentido, uno se vuelve numerólogo.” La división que realiza el maestro
no es del todo incongruente. De hecho, el matemático siempre estaría en riesgo de pasar
al lado de la numerología y sin embargo existen números que nos hacen pensar que la
matemática está estrechamente ligada con la naturaleza, con la belleza o con otro orden
de cosas. Uno de esos números es el número áureo Fi o 1,61803…, que resulta del
cociente de la proporción áurea o divina proporción. Ésta es el resultado de la división
armónica de un segmento en media y extrema razón. Es decir que el segmento menor es
al segmento mayor como éste a la totalidad. Este número y las relaciones de esta
proporción nos circundan en todo momento y aparecen en elementos de la naturaleza y
de la creación humana, esto lo veremos más adelante. Lo importante aquí es plantear el
problema: ¿la casi omnipresencia de la proporción divina en la realidad es indicio de
algún sentido allende de esta proporción? ¿Podemos hablar de elementos matemáticos
que rigen la realidad?

I.- Pitágoras, Euclides y Pacioli: los orígenes.

A.- Pitágoras y los pitagóricos.


Es a Pitágoras a quien se le atribuye el descubrimiento o invención de la
proporción áurea. Él nació en 582 a.C. y murió en 500 a.C aproximadamente, aunque
debemos siempre tener en cuenta que la vida de Pitágoras está siempre rodeada de
misticismo, de dudas y de leyenda. Es posible que Pitágoras y los pitagóricos se hayan
encontrado con el número áureo y la proporción áurea a través del signo de la secta: la
estrella pentagonal o de cinco puntos. Para ellos cada número describía o representaba
algún elemento de la realidad, el cinco era uno de los más importantes y representaba el
matrimonio. El número era pues el arché para ellos, origen, vigencia y finalidad del
cosmos. Así, la relación entre la diagonal del pentágono y su lado es el número de oro.
Cabe recordar que para los pitagóricos el número de oro no era tan importante como tal,
lo que importaba era la proporción.
B.- Euclides.
Es a Euclides a quien se le atribuye la sistematización de las ideas de los
pitagóricos y por tanto de la proporción áurea. Fue en sus Elementos (300 a.C.) donde
Euclides expuso los avances de la geometría hasta él, y puso los fundamentos de la
geometría axiomática que gobernaría el pensamiento matemático por los años a venir.
"Euclides de Alejandría, trecientos años antes de Cristo, en el libro II de su tratado "Los
Elementos", piedra angular del edificio matemático, trata por primera vez de la "media
y extrema razón", "proporción armónica", "proporción áurea" o "regla de oro" ".
"La formulación euclidiana se limita a establecer que un rectángulo encierra la
máxima belleza si resulta semejante a otro formado por su lado mayor y la suma
de ambos lados.

C.-Los desarrollos ulteriores de Pacioli.


Luca Pacioli escribe su tratado "La Divina Proporción" "llamada así
por sus propiedades excelsas, supremas, excelentísimas, incomprensibles, inestimables,
innumerables, admirables, inefables, singulares ..., que corresponde por semejanza a
Dios mismo". Al descubrir estas propiedades se detiene en la decimotercera, número de
comensales en la Santa Cena, estimando que de seguir, equipararía la proporción divina
al propio Dios y ello pondría en juego su salvación. Entre las muchas propiedades que
omitió para eludir el infierno, se encuentra la de que el rectángulo divino tiene sus lados
en la misma proporción que el radio y el lado del decágono, esto es

Corolario obligado de la divinización de la proporción áurea es que la naturaleza,


cuando es perfecta, conforma a sus criaturas según la divina proporción.

II.- Número de oro, números de Fibonnace y los fractales.

A.- Phi y la proporción áurea.


El número de oro forma parte de un conjunto de números especiales
llamados números metálicos. Algunos de ellos son:
Número de plata:

Número de bronce: Aplicando la proporción áurea obtenemos la siguiente


ecuación que tendremos que resolver

Una de las soluciones de esta ecuación (la solución positiva) es x= .


Lo sorprendente ahora es calcular el valor que se obtiene al dividir el segmento mayor
entre el menor,

Es decir, la relación entre las dos partes en que dividimos el segmento es el número de
oro.

B.- Los números de Fibonace.


Consideremos la siguiente sucesión de números:
1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34...
Cada número a partir del tercero, se obtiene sumando los dos que le preceden. Por
ejemplo, 21 = 13 + 8; el siguiente a 34 será 34 + 21 = 55.
Esta sucesión es la llamada "sucesión de Fibonacci"1.
La sucesión de Fibonacci presenta diversas regularidades numéricas. Para que
resulte más sencillo las hemos enunciado en casos particulares (aunque se cumplen en
general) y hemos calculado los primeros catorce términos de esta sucesión:
t1 t2 t3 t4 t5 t6 t7 t8 t9 t10 t11 t12 t13 t14

1 1 2 3 5 8 13 21 34 55 89 144 233 377


 Si sumas los cuatro primeros términos y añades 1, te sale el sexto (1+1+2+3 +
1 = 8). Si sumas los cinco primeros términos y añades 1, te sale el séptimo
(1+1+2+3+5 + 1 = 13).
 Si sumas los tres primeros términos que ocupan posición impar (t1,t3,t5) sale el
sexto término (t6), (1+2+5 = 8). Si sumas los cuatro primeros términos que
ocupan posición impar (t1,t3,t5,t7) sale el octavo término (t8), (1+2+5+13 = 21).
 Si sumas los tres primeros términos que ocupan posición par (t2,t4,t6) y añades 1,
sale el séptimo término (t7), (1+3+8 + 1 =13). Si sumas los cuatro primeros
términos que ocupan posición par (t2,t4,t6,t8) y añades 1, sale el noveno término
(t9), (1+3+8+21 + 1 =34).
¡Aún las hay más difíciles de imaginar!
 Tomemos dos términos consecutivos, por ejemplo: t4=3 y t5=5; elevando al
cuadrado y sumando: 32+52=9+25=34 que es el noveno (4+5) término de la
sucesión. Tomando t6=8 y t7=13; elevando al cuadrado y sumando:
82+132=64+169=233 que es el (6+7) decimotercero término de la sucesión.
 Pero si elevamos al cuadrado los cinco primeros términos y los sumamos, sale el
producto del quinto y el sexto término: 12+12+22+32+52=40=5*8. Si hacemos
lo mismo para los seis primeros términos, sale el producto del sexto y el
séptimo término:12+12+22+32+52+82=104=8*13.

1
Es el sobrenombre con el que se conoció al rico comerciante Leonardo de Pisa (1170-1240). Viajó por
el Norte de África y Asia y trajo a Europa algunos de los conocimientos de la cultura árabe e hindú,
entre otros la ventaja del sistema de numeración arábigo (el que usamos) frente al romano.
 Y quizás la más sorprendente sea la siguiente propiedad. Dividamos dos
términos consecutivos de la sucesión, siempre el mayor entre el menor y veamos
lo que obtenemos:
1 :1 = 1
2 :1 = 2
3 : 2 = 1´5
5 : 3 = 1´66666666
8 : 5 = 1´6
13 : 8 = 1´625
21 :13 = 1´6153846....
34 :21 = 1´6190476....
55 :34 = 1´6176471....
89 :55 = 1´6181818....

III.-La proporción áurea y el arte: el secreto de la belleza.

A.- La proporción áurea y la pintura.


A este número se le llama número de oro, se representa por el símbolo Ø y su valor es
1,61803..., lo obtuvieron los griegos al hallar la relación entre la diagonal de un
pentágono y el lado. El nombre de "número de oro" se debe a Leonardo da Vinci. En "el
hombre ideal" de Leonardo, el cociente entre el lado del cuadrado y el radio de la
circunferencia que tiene por centro el ombligo, es el número de oro. Aparece en pinturas
de Dalí, en la Venus de Boticelli. Esta razón también la usaron en sus producciones
artistas del Renacimiento. En España, en la Alambra, en edificios renacentistas como El
Escorial ... y en la propia Naturaleza en las espirales de las conchas de ciertos moluscos.
El cuadro “Semitaza gigante volante, con anexo inexplicable de cinco metros de
longitud“ que Salvador Dalí pintó durante los años 1944 y 1945 es un rectángulo de 50
por 31 centímetros de lado. Y por lo tanto su proporción es 50/31= 1,6... , prácticamente
igual a la proporción áurea. Muchos elementos de este cuadro son típicos en Dalí: el
paisaje de Cadaqués, los objetos volantes, la granada y el reflejo perfecto.
Dalí conocía la belleza y armonía estética que tienen estos rectángulos, pero
además, en esta obra, muestra ser gran conocedor de sus propiedades geométricas. Así
se puede comprobar que los motivos más destacados de la pintura van apareciendo
inscritos en la sucesión decreciente de rectángulos áureos que resultan al extraer,
sucesivamente, un cuadrado al rectángulo anterior.
Se observa, además, que el asa de la taza se confunde con un arco de la espiral
áurea que arranca en la zona sombreada del cuadro y que se construye a partir de la
sucesión de rectángulos.
El interés de Dalí por conocer y utilizar las propiedades geométricas y estéticas
relacionadas con el rectángulo de proporción áurea fue inspirado por su relación con el
matemático Matila Ghyka, autor del libro “The Geometry of Art and Life".
En el título del cuadro aparece la palabra “inexplicable” ¿Por qué crees que Dalí pintó
este larguísimo anexo?
Seurat, pintor francés inventor del puntillismo, pintó en 1889 “La parada”. Este
cuadro no tiene proporción áurea ya que los lados miden 150 y 99 centímetros, por
tanto, es un rectángulo de proporción 1,51...., menor que la proporción áurea. Se
observa claramente la división del cuadro en un cuadrado y en un rectángulo, y también
es posible trazar una malla de rectángulos áureos que superpuesta al cuadro enmarca sus
partes más destacadas. La partición en rectángulos y cuadrados es utilizada por Seurat
para lograr una composición armoniosa y proporcionada en varias de sus obras como en
el caso de “Los bañistas” (1984) y “Las modelos” (1888).

B.- La proporción áurea y la arquitectura.


Los griegos también la usaron en sus construcciones, especialmente El Partenón,
cuyas proporciones están relacionadas entre sí por medio de la razón áurea. El Partenón
fue mandado construir por Pericles, en honor a la diosa Atenea. Su realización fue
encargada a los arquitectos Calícrates e Ictinios bajo la supervisión artística del maestro
Fidias entre los años 447 y 432 a.C.
Fidias, utilizó en su construcción su conocimiento de la belleza y armonía
inherentes al número áureo para fijar las dimensiones de todo el edificio y situar los
detalles escultóricos.
En su diseño los arquitectos debieron de realizar numerosos estudios y maquetas
como se desprende del hecho de que cada elemento debió ser concebido
individualmente en razón de las correcciones ópticas que eliminan las aberraciones que
produce la perspectiva:
De hecho, el número áureo se denota con la letra griega "Fi" () en honor a
Fidias.

C.- La proporción áurea y la música.


Efectivamente, la proporción áurea se da con cierta frecuencia en música, al
menos en el sentido de que los puntos de articulación de muchas obras tienden a
aproximarse a ella. De la misma forma que los puntos importantes de los diversos
niveles mesoformales. Es importante darse cuenta de que en la mayor parte de la
historia, condicionantes tales como el compás hacen imposible que la proporción áurea
se produzca con exactitud. Aproximaciones como las que hemos visto en la obra de
Bach, o más precisas, son corrientes (en los casos en que se produce, cuanto más larga
sea la obra, tanto mayor puede ser la precisión). Algún caso veremos, si ustedes quieren.
Mis opiniones sobre la sección áurea en música
1. Las aproximaciones a la sección áurea en música se dan con suficiente
frecuencia como para poder descartar que sea un fenómeno casual. Eso no
presupone en ningún caso que el autor deba haber tenido conocimiento de la
existencia de ese fenómeno. Si de alguna forma esa es una relación
especialmente agradable al ser humano, se debe poder llegar a ella mediante
procedimientos intuitivos o prácticos (o místicos, para quién siga creyendo que
las musas llaman al móvil del compositor), que serán tan válidos y no más ni
menos, como un procedimiento especulativo.
2. Hay que destacar que, en mi experiencia, la sección áurea aparece con mucha
mayor probabilidad en las músicas que tienen un carácter narrativo, tal y como
se define el término aquí, en el apartado Lo narrativo como estructura
dramática y que busquen el tiempo dialéctico. Muchas otras músicas existen de
espléndido funcionamiento donde no se detecta esta proporción, de forma que no
debe considerarse una ley universal. También hay que considerar que la
proporción puede aparecer en niveles mesoformales y no macroformales, o al
contrario. Esto va a resultar tanto más cierto en obras de gran longitud, como
óperas, donde la retentiva humana sería incapaz de distinguir esa proporción.
3. Especular sobre posibles repercusiones sobrenaturales de todo ello no añade
nada a nuestro conocimiento de la obra. Incluso es cuestionable la especulación
sobre que responda a un sentido de la proporción natural de los cuerpos
humanos, en la medida en que el oído es un sentido distinto de la vista.
4. Destaco que uso siempre la expresión aproximación a la proporción áurea.
Buscar la precisión absoluta conduce en demasiadas ocasiones a tener que
falsear resultados, cosa que me parece inaceptable.
5. El conjunto de todo lo anterior me lleva a conjeturar que, en una posible teoría
musical futura haya un subgrupo de tipos formales que, por alguna razón,
tiendan a provocar la aparición de esta relación.

La proporción áurea aparece en forma evidente por ejemplo en la obra de


Debussy, donde la armonía está ligada estrechamente a un cumplimiento de un
compás regido por el número áureo.

IV.- Proporción áurea y realidad: el orden del caos.

A.- La proporción áurea en la naturaleza.


El dibujo «Las proporciones de la figura humana» (1492) de Leonardo da Vinci se basa
en un sistema de proporciones que elaboró Vitruvio en el año 27 d. C. Éste propuso unas
relaciones fundamentadas en las medidas del cuerpo humano para emplearlas en la
creación de edificios, esculturas y pinturas. « Si a un hombre lo colocamos sobre su
espalda», escribió «con las manos y los pies extendidos y un par de compases en su
ombligo, los dedos de las manos y los de los pies tocarán la circunferencia de un
círculo». El hombre de Leonardo muestra las proporciones áureas del cuerpo humano.
Si la distancia de la punta del dedo a la articulación del codo es la longitud de la línea, la
muñeca recae sobre una de las divisiones de la sección áurea. Pero lo que quizás nos
pueda resultar más curioso es la presencia de la razón áurea en la naturaleza. Hay
enigmáticas conexiones de la espiral de los nautilus (un tipo de caracola) y las espirales
de los girasoles con la razón áurea. Esta curva ha cautivado, por su belleza y
propiedades, la atención de matemáticos, artistas y naturalistas. Se le llama también
espiral equiangular (el ángulo de corte del radio vector con la curva es constante) o
espiral geométrica (el radio vector crece en progresión geométrica mientras el ángulo
polar decrece en progresión aritmética). J. Bernoulli, fascinado por sus encantos, la
llamó spira mirabilis, rogando que fuera grabada en su tumba.
La espiral logarítmica vinculada a los rectángulos áureos gobierna el crecimiento
armónico de muchas formas vegetales (flores y frutos) y animales (conchas de
moluscos), aquellas en las que la forma se mantiene invariante. El ejemplo más
visualmente representativo es la concha del nautilus.

B.- La proporción áurea en las creaciones humanas.


Ejemplos de rectángulos áureos los podemos encontrar en las tarjetas de crédito, en
nuestro carnet de identidad y también en las cajetillas de tabaco.

Conclusión y video.
Potencias. Los números guardan unas curiosas relaciones entre si.

Efectivamente, podemos deducirlas a partir de la ecuación que tiene

como solución el número de oro:

Potencias 2. Consideremos la sucesión de término general: . Si calculamos


los primeros términos, podemos observar una curiosa relación entre ellos. Calculando
primero algunas potencias

podemos concluir que la sucesión dada se convierte en

Evidentemente, cada término a partir del tercero se puede obtener sumando los dos
anteriores. Lo curioso es que esta relación es la misma que se verifica en la sucesión de
Fibonacci.