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REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA EXPERIMENTAL LIBERTADOR

INSTITUTO DE MEJORAMIENTO PROFESIONAL DEL MAGISTERIO

NUCLEO ACADEMICO TACHIRA

Disciplina filosófica y pedagogía como ciencia

Shari Odette Rojas Cifuentes

C.I. 84573610

Lapso: 2019-I

San Cristóbal, Julio 2019


Existen infinidad de fenómenos en las instituciones educativas y es
allí donde la filosofía educativa centra sus intereses, en el presente
trabajo se define el objeto de la filosofía educativa, como disciplina que
integra las ciencias de la educación y que une la brecha que ha
existido hace mucho entre la teoría y la práctica pedagógica, para
reducir así a la filosofía educativa en su acepción más estricta. El
hombre es quien se inquieta por el mundo y por todo aquello que
sucede a su alrededor, es por esto que se debe mirar la filosofía
educativa como una disciplina firmemente cimentada que se inquieta
por lo que acontece en los contextos educativos y no como una
disciplina acomodaticia; para ello debemos antes que nada dar una
definición de lo que la filosofía educativa.

Existen conceptos epistemológicos en las ciencias, hay ciencias que


pueden ser aplicadas y otras que por el contrario son teoréticas, pero
como lo que nos interesa es conocer la relación biunívoca entre la
filosofía y la educación, daremos todo el énfasis a la filosofía de la
educación como una ciencia aplicada que provee soluciones prácticas
a la educación y la pedagogía. El empirismo nunca le ha dado a la
filosofía el lugar que le corresponde como ciencia, pero algunos
autores si ven a la filosofía como una disciplina científica, debido, a la
racionalidad y sistematicidad que esta da al conocimiento, para
Quintana (1995) en un sentido amplio cabe considerar a la filosofía
como una ciencia y aplicarle el anterior esquema de división de las
ciencias, este esquema es el de ciencias aplicadas y teoréticas, si lo
hacemos nos saldrá una nueva manera de dividir la filosofía: como
filosofía propedéutica, filosofía general, filosofía especial y filosofía
aplicada.

En el mismo orden de ideas se observa como la filosofía educativa


como ciencia práctica muestra siempre los fines de toda actividad
educativa y la manera como deben ser perseguidos, para Amilburu
(1996) la finalidad del discurso filosófico debe encaminarse hacia un
conjunto de conceptos claros, coherentes y específicos, que iluminen el
ejercicio educativo; lo que pretende la filosofía educativa es dar
claridad e iluminar cada vez más las preguntas que han estado en el
tapete educativo o educacional, sobre los cuales o no se ha
reflexionado, o si se ha hecho ha sido muy poco.

Es de vital importancia por lo tanto reconocer que la filosofía


educativa, es una ciencia de carácter especulativo que se articula de
forma sistemática con toda actividad educativa; podrían determinarse
infinidad de razones por las que la educación se beneficia de los
estudios de la filosofía educativa y así definir desde la filosofía
educativa lo que se debe hacer ante fenómenos específicos que
acontecen en las instituciones educativas, aplicando soluciones que
hayan sido expuestas por la filosofía.

Así mismo la Filosofía. Esta ciencia está estrechamente


relacionada con la pedagogía desde sus inicios. En la antigua Grecia
se daban los primeros indicios de la pedagogía. Hoy en día a través de
la filosofía de la educación se busca planear y ver eficazmente la
manera de determinar qué tipo de ser humano queremos formar, es
decir que tenga un desarrollo físico, mental y social óptimo para que los
seres humanos en formación se puedan integrar a la sociedad sin
problemas.

Cabe destacar Al amparo de estas exigencias, nuevas posibilidades de


acercamiento e integración entre los distintos campos del saber son
cada vez más plausibles, lo cual, según piensa De Sousa Santos
(1996, p. 56), se debe a dos hechos:

...en primer lugar, el avance científico de las ciencias


naturales es el principal responsable de la crisis del
modelo positivista y frente a ella las características que
dictaron la precariedad del estatuto epistemológico de las
ciencias sociales, son hoy reconceptualizadas pasando a
orientar el posible horizonte epistemológico en su
conjunto. En segundo lugar, la materialidad tecnológica
en que se plasmó el avance científico de las ciencias
naturales no hizo que sus objetos teóricos dejasen de ser
distintos a los de las ciencias sociales, pero hizo que
aquello en que se distinguían fuese progresivamente
menos importante que aquello en lo que son iguales.

Y a propósito de estas incertidumbres vale la pena plantearse una pregunta


para finalizar que tiene que ver con la naturaleza de los saberes que darían
cuenta del objeto de la Pedagogía y que la privilegiarían como ciencia: ¿los
saberes teóricos, vinculados estrictamente a intereses intelectuales que
buscan de manera rigurosa y sistemática -vale decir conforme a los cánones
de la ciencia- comprensiones y explicaciones legitimadas del hecho
educativo (el qué y el por qué )?; o ¿los saberes prácticos, vinculados a
condiciones e intereses implícitos en la orientación de las acciones humanas
(el cómo, dónde, cuándo y para qué)?. No en vano se ha planteado la
tradicional distinción entre "especialistas", a quienes se atribuye el dominio
de conocimientos científicos específicos, y los "pedagogos", expertos en
estrategias, métodos y técnicas para la enseñanza.

Todo parece indicar que aquí también se impone romper con los dilemas,
esto es, superar la división de los dos mundos que se han creado en el
campo educativo, vale decir, los teóricos y los prácticos; los primeros,
pertenecientes al nivel de los que piensan y construyen conocimiento; y, los
segundos, al nivel de los operarios que sólo están llamados a aplicar reglas y
prescripciones pedagógicas. Ello equivale a sostener que el saber
pedagógico se construye y valida desde múltiples referencias, una de las
cuales es la cotidianidad escolar y dentro de ella. El mismo docente, ubicado
en el contexto de su práctica pedagógica: un docente recuperado en tanto
sujeto capaz de conciencia y construcción y, por tanto, capaz de someter a
procesos de reflexión crítica y creativa sus propias concepciones, creencias y
prácticas, y sus implicaciones en los contextos en que dichas prácticas tienen
lugar. Desde luego que aquí surge un nuevo elemento que suma complejidad
al problema que venimos tratando y es la vinculación del objeto de la
Pedagogía también con el desarrollo ideológico (político) de los procesos
sociales.

Por ello, quienes de alguna manera estamos vinculados a la educación y,


más específicamente a la investigación educativa, haremos una contribución
importante al desarrollo científico de la Pedagogía, si el estudio y reflexión
sobre lo pedagógico trasciende los enfoques simplistas, lineales y
deterministas, por miradas mucho más globales e integrales, armados con lo
que Morin llama "pensamiento complejo", para dar cuenta de los elementos,
tanto desde una perspectiva multirrelacional interna -o fenomenología interna-
desde la diversidad de relaciones entre las entidades fundamentales
(docente, estudiantes, medios, entorno, etc.), como de la multiplicidad
estructural de relaciones con otros campos y experiencias -o fenomenología
externa-, a cuyo efecto no debe aceptarse la primacía de alguna ciencia en
particular, sino el concurso colectivo de las mismas, sumado al de referencias
del mundo de la vida no necesariamente inscritas en los campos científicos
(saberes populares o cotidianos), que permitan el desarrollo de saberes
pedagógicos integrados , bajo una perspectiva de complementariedad.