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ALMANAQUE

DE

EL MUSEO DE LA LNDUSTRIA
1872, •
PUBLICADO BAIO LA DIRECCIÓN DE EDUARDO DE MAKIATEGUI,
CON LA COLABORACIÓN DE LOS SEÑORES

ASfiNJO BARBIEEI, BALAGÜER, BORRELL, C Ü B Í , FERNANDEZ


DE VELASCO, FULQOSIO, MANJARRÉS, POLERÓ, RICO Y SINOBAS, ROjf, DOCTOR THEBUSSEM,
TUBINO, URGELLÉS DE TOVAR, VICDÍÍA, VILLAAMIL Y CASTRO, ETC.,

É ILUSTRADO CON 52 GRABADOS.


(SEGUNDO AÑO.)

GRATIS
PAEA LOS SUSCEITORBS Á EL MUSEO DE LA INDUSTEIA.

PRECIO : 3 PESETAS.

MADRID.Í
AUltlINISTRACIOX, I M P R E S T A DE R I V A D E . V E V n A ,
GALLE DE ATOCHA, 143, PRINCIPAL. CALLE DEL DUQUE DE OSUNA, NÚMEK > 3.

Biblioteca Nacional de Espaa


Es propiedad.

f • r
Biblioteca Nacional de Espaa
INDICE.

Páginas.

Calendario 1
Al que leyere 17
Arte é industria, por D. Jose de Manjarrés 18 '
De la fabricación de instrumentos de miisica en España, en los siglos xv, xvi
y X V I I , por D. Francisco Asenjo Barbieri 30
Gusto artístico de ciertas épocas en relación con la industria, por D. Fernando
Fulgosio 41
Disposiciones legales sobre la ley de los metales preciosos, por D. R. Vinader. 49
Ordenangas del Ducado de Medina Sidonia en el siglo x v i , por el doctor The-
bussen 53
Amueblamiento de las iglesias , por D. José Villaamil y Castro 59
Corona imperial de la Virgen del Sagrario, en Toledo, por E. de M 64
Peritos tasadores.—Importancia de las tasaciones, por D. Vicente Poleró. . . 67
Venta de alhajas pertenecientes á la Virgen del Pilar, por A. R 79
Consideraciones sobre el trabajo, por D. Francisco M. Tubino 86
Industria moderna.—Joyero toledano, por Z 93
Máquinas agrícolas, por D. A. Cuví 95
Joyero del siglo xiii, por J. S 102
Trabajos de metales (del hierro y sus artífices españoles).—Noticia histórica de
la cuchillería y de los cuchilleros antiguos en España, por D. Manuel Rico y
Sinobas 103
El marfil, por D. Francisco Balaguer 136
Exposición de El Fomento de las Artes, por M. Borrell y G. Vicuña 146
Revista científico-industrial de 1871, por el mismo 162
Exposición industrial y artística de Valladolíd 178
Exposición general catalana, por D. Agustín Urgellés de Tovar 180
Las bellas artes en Andalucía, por O. E 189
Fábrica de acero fundido de F. Krupper Esser, por D. Eduardo Fernandez de
Velasco • 194
ilotas y recetas técnicas 212

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ENEBO.—Esta palahra se deriva de la voz latina Jamarius, Jano, dios de los gentiles, á quien
habian consagrado este mes, á el cual corresponde el signo del Zodiaco Acuario, representado
por un mancebo que derrama agua en un cántaro que lleva en las manos, aludiendo à la abun-
dancia de lluvias que caen en este mes. Estíi consagrado este mes por el orbe católico al Nifto
Jesus. Tiene 3 1 dias.

SOL. LUBTA.

Sale. Pónese. ENERO. Sale. Pónese.


H. M. H. M. H. K.

21 4 48 1 Lún. >J« L A C I B C Ü N O I S I O N D E L S E Ñ O R . — Ind. píen. 10 10 58.


21 4 49 2 iifárí. S. Isidoro, ob. y mr. — Abrense los tribunales. 11 11 11 24
21 4 50s 3 M'érc. S. Antero, p. y mr. 11 11 11 49
3 Cuarto meng. á las 9 y 44 minutos de la noche,
21 4 Jiíéi). S.'Aquilino, mr., y S. Timoteo, ob. 12 15 12 16.
21 5 Viérn. S. Telesforo, p. y mr. 1 22.. 12 43
21 6 Sáb. ^ L A A D O R A C I Ó N D E L O S S A N T O S UUYES.—Indul- 2 32 1 14
gencia plenaria.
7 21 4 54i 7 Dom. I después de la Epifanía.— S. J u l i á n , mr., y San 3 46 1 52
Teodoro, monje. — Abrense las velaciones.
7 21 4 56 8 Lún. S. Luciano y comps. mrs. 5 2 2 37
7 21 4 56 9 Márt. S. Julián, mr., y su esposa Sta. Basilisa, vg. 6 17 3 33
7 20 4 67 10 Miérc. S. Nicanor, diác. y mr., y S. Gronzalo de Ama- 7 26 4 40
rante, cf.
© Luna nueva á las 2 y 43 minutos de la tarde.
7 20 4 68 11 Juév. S. Higinio, p. y mr. 8 24 5 54n
7 20 4 69 12 Viérn. S. Benito, abad y cf. 9 12 7 11
7 19 6 0 13 Sáb. S. Gumersindo, mr. 9 51 8 25
7 19 5 1 14 Dom. IIdespués de la Epifanía.—El Dulce Nombre de 10 23 9 37
Jesus, y S. Ilario, ob y cf.
7 18 5 2 15 Lún. S. Pablo, primer ermitaño, y S. Mauro, ab. 10 51 10 44
7 18 5 3 16 Márt. S. Marcelo, p. y mr., S. Fulgencio, ob y cf., y 11 16 11 49
Sta. Estefanía.
7 18 6 4 17 Miérc. S. Antonio, ab. y cf. 11 41 11 49
C Cuarto cree, á las 11 y 47 minutos de la mañana.
7 17 5 6 18 Juév. La Cátedra de S. Pedro en Roma, y Sta. Prisca. 12 7- 12 52
7 17 5 6 19 Viém. S. Canuto, rey y mr., y S. Mario y oomps. mrs. 12 34 1 53'
SOL EPÍ ACUARIO.
7 16 5 8 20 Sáb. S. Fabián, p., y S. Sebastian, mrs. 6 2 54
7 16 5 9 21 Dom. III después de la Epifanía.—Sta. I n e s , vg. y mr., 40 3 54
y S. Fructuoso y comps. mrs.
7 15 5 10 22 Lún. S. Vicente, diáo., y S. Anastasio, mrs. 20
7 14 6 11 23 Mái-t. >¡i S. I L D E F O N S O , arzobispo de Toledo, patron 7
de su arzobispado, y S. Baimundo, cf.
7 14 5 13 24 Miérc. Ntra. Sra. de la P a z , y S. Timoteo, ob. y mr. O 6 36
7 13 6 16 25 Juév. La conversión de S. Pablo apóstol. 57. 7 20
# Luna llena á las 5 de la tarde.
7 12 5 16 26 Viérn. S. Policarpo, ob. y mr., y Sta. Paula, viuda. 6 57 7 58
7 11 5 17 27 Sáb. S. J u a n Crisòstomo, ob. y dr. 6 59 8 32
7 11 6 18 28 Dom. de Septuagésima. — S. Julián, obispo de Cuenca, 8 1 9 1;
patron de su obispado.—Ánima.—Absolticion gene-
ral en la Trinidad.
5 18' 29 Lún. S. Francisco de Sales, ob. y mr., y ef. 9 4 9 28
5 1^ 30 Márt. Sta. Martina, vg. y mr., y S. Lésmes, ab. 10 7 9 53
6 2rt 31 Miérc. S. Pedro Nolasco, fund. — Absolución general 11 12 10 18
en la Merced.

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— 2 -TT

FEBRERO.—lista palabra se deriva de la latina Febrmrius, de las fiestas Februales cm quo


los romanos distinguían las que consagraban á los muertos. A este mes corresponde el signo
del Zodiaco Piscis. Los católicos lo consagran al misterio de la Purificación de la Virgen. Tie-
ne 29 dias.

SOL. LUITA.

Sale. Pónese. FEBRERO. Sale. Pónese.


H. M. H. M. H. M. H. M.

7 7 6 22 1 Juév. S. Ignacio, ob. y mr., y Sta. Brígida, vg. 11 12 1 0 44".


7 6 5 23 2 Viérn. ^ L A P U R I F I C A C I Ó N D E N T R A . S R A . — Procesión 1 2 19" 11 1 3
general en las iglesias y hendicion de candelas.
C Cuarto meng. á las 9 y 5 5 minutos de la mañana.
7 5 5 24 3 Sáh. S. Blas, ob. y mr., y el bto. Nicolas de Longobardo. 1 29". 1 1 46
7 4 5 25 4 Dom. de Sexagésima. — S. Andrés Corsino, ob., y San 2 41 12 27.
José de Leonisa, cf. — Ind. píen.
7 3 5 26 5 Lún. Sta. Águeda, vg. y mr., y S. Felipe de Jesus, mr. 3 54 1 16
7 2 5 27 6 Márt. Sta. Dorotea, vg. y mr. 5 4 2 16
7 1 5 28 7 Miérc. S. Romualdo, ab., y S. Ricardo ; rey. 6 6 3 26
7 0 5 29 8 Juév. S. J u a n dc Mata, fund. 6 59 4 41
6 59 5 30 9 Viérn. Sta. Apolonia, vg. y mr. 7 42 5 58"
© Luna nueva á la 1 y 37 minutos de la mañana.
6 57 5 32 1 0 Sáb. Sta. Escolástica, vg., y S. Guillermo, duque de 8 18 7 13
Aquitania, of.
6 56 5 33 1 1 Dom. de Quincuagésima.— S. Saturnino, presb., y com- 8 48 8 24
pañeros mrs. — Ind. píen.— Ciérranse los tribunales.
6 55 5 35 1 2 Lún. Sta. Olalla, vg. y mr., y la primera Traslación de 9 15 9 32
S. Eugenio.
6 54 5 36 1 3 Márt. S. Benigno, mr., y Sta. Catalina de Rizzis, vg.—• 9 41 10 38
Ciérranse las velaciones.
6 53 5 37 1 4 Miérc. de Ceniza.— S. Valentín, presb. y mr.—Absti- 10 6 11 43
nencia.— Ind. píen, entodos los dias de Cuaresma,.—
A brense los tribunales.
6 51 5 38 1 5 Juév. S. Faustino y Sta. Jovita, hermanos mrs. 10 34 11 43
6 50 5 38 1 6 Viérn. S. Julián y 5 . 0 0 0 oomps. mrs. — Abstinencia. 11 4 12 45
3 Criarlo cree, á lasQ y 9 minutos de la mañana.
6 49 5 39 1 7 Sáb. S. Julián de Capadooia, mr. 11 38 1 46".
6 47 5 40 1 8 Dom. I de Cuaresma.—S. Eladio, arz. de Toledo, y San 12 16. 2 45
Simeón, ob. y mr. — Absolución general en las Trini-
tarias y en la Merced.
SOL EIV PISCIS.
6 46 5 42 1 9 Lún. S. Alvaro d^ Córdoba, cf., S. Gavino, presb. y mr., 1 1 3 41
y S. Conrado, cf.
6 45 5 43 2 0 Márt. Stos. Leon y Eleuterio, obs.—Ánima. 1 52 4 32
6 43 5 44 2 1 Miérc. S. Félix, ob., y S. Maximiano, ob.y cf.—Témpora. 2 48 5 18
6 42 5 45 2 2 Juév. La Cátedra de S. Pedro en Antioq.^ y S. Pascasio. 3 48 5 58
6 40 5 46 2 3 Viérn. Sta. Marta, vg. y mr., y Sta. Margarita de Cor- 5 16 6 33
tona. — Témpora. — A bstineneia.
6 39 5 47 2 4 Sáb. S. Modesto, ob. — Témpora. — Órdenes. 5 53.. 7 3
® Luna llena á las 1 0 y 4 1 minutos de la mañana.
6 38 5 48 25 Dom. II de Cuaresma.—S. Matías, ap., y S. Cesáreo, cf. 6 56 7 30
6 36 5 49 26 Lún. S. Alejandro, ob. ' , 8 0 7 66
6 35 5 50 27 Márt. S.Baldomero, cf. 9 5 8 22
6 33 5 51 28 Miérc. S. Roman, ab. y fr. 10 12 8 47
6 32 5 53 29 Juév. S. Jíacario y comps. mrs. 11 20 9 15

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MAIÌZO.—Esta palabra se deriva déla latina Martius, Marte, dios de la guerra, á quien lo
[_ p(i Rómulo.
consagró Ríímnlft. A este mes rorresnonde
corresponde el signo del Zodiaco Aries, representado
repreí por un car-
írT nero. Los católicos consagran este mes al patriarca San José. Tiene 51 dias.

SOL. LUNA.
Sale. Pónese. MARZO. Sale. Pónese.
H. II. H. M. H. M.

6 30 5 55 1 Viém. El Santo Ángel de la Guarda, y S. Rosendo, ob. 11 20 9 46.


y cf.—A bstineneia. — Ind. píen.
6 29 5 56 2 Sáb. S. Lúoio, ob. y mr.—Anima. 12 31n 10 24
C Cuarto meng. á las T y 14 minutos de la tarde.
6 27 5 57 3 Dom. III de Cuaresma. — S. Emeterio y S. Celedonio, 1 42... 11 8
mrs.—Ánima.
6 26 5 58 4 Lún. S. Casimiro, rey y cf. 2 61 12 3
6 24 5 59 5 Márt. S. Eusebio y comps. mrs. 3 54 1 6
6 23 6 O 6 Miérc. Stos. Víctor y Victoriano, mrs., y Sta. Coleta., Y g . 4 49 2 18
6 21 6 1 7 Juév. Sto. Tomas de Aquino, dr. 5 34 3 33
6 20 6 2 8 Viérn. S. Juan de Dios, fr., y S. Julián, arzobispo de 6 13 4 47
Toledo.— Abstinencia.—Bend.pl. en S.Juan de Dios.
6 18 6 3S 9 Sáb. Sta. Francisca, viuda romana. 6 45 6 O
© Luim nueva á Zas 12 ?/ 38 minutos de la tarde.
6 16 6 4 10 Dom. IV de Cuaresma. — S. Meliton, mr.—Ánima. 7 13 7 11.
6 15 6 5 11 Lún. S. Eulogio, presb. y mr., y Sta. Áurea, vg. 7 40 8 18
6 13 6 6 12 Márt. S. Gregorio el Magno, p. y dr. 8 6 9 25
6 12 6 7 13 Miérc. S. Leandro, arzb. de Sevilla, y S. Rodrigo, mr. 8 32 10 30
6 10 6 8 14 Juév. Sta. Matilde,jeina, y la Traslación de Sta. Flo- 9 2 11 33
rentina, vg.
6 9 15 Viérn. S. Raimundo, ab. y S. Longínos.—Abstinencia. 9 34 11 33
6 10 16 Sáb. S. Julián, mr.— Órdenes. — Cúbrense los altares. 10 11 12 34
6 It, 17 Dom. de Pasión. — S. Patricio, ob. y of. 10 54 1 31.
3 Cuarto cree, á las 2 y 10 minutos de la mañana.
(i ,| 6 12 18 Ltin. S. Gabriel Arcángel. 11 43 2 26
<; 2 6 13 1 9 Márt. >J< S. J O S É , esposo de Ntra. Sra., patron de la 12 37. 3 14
Cristiandad.
SOL EiV A R I E S . — P R I M A V E R A .
i; Oí 6 14 20 Miérc. S. Niceto, ob., y Sta. Eufemia, vg. y mr. 1 35 3 56
i< 59- 6 15 21 Juév. S. Benito, ab. y fr., patron de Monreal. 2 37 4 32
o 67j 6 16 22 Viérn. de Dolores.— S. Deogracias, ob.—Abstinencia.— 3 39 5 4
Ánima.
5 56| 6 17 23 Sáb. S. Victoriano y comps. mrs. — Ánima. — Visita 4 43 5 33
de cárceles. — Ciérranse los tribunales.
5 54^ 6 18 24 Dom. de Ramos.— S. Agapito, ob., y el beato José Ma- 5 48 5 59
ría Tornasi, cf.
5 52; 6 19, 26 Lún. >^ LA A N U N C I A C I Ó N D E N T R A . SRA. Y E N C A R N A - 6 64« 6 24
C I Ó N D E L H I J O D E Dios, y S. Dímas el Buen Ladrón.

# Luna llena á lai y 29 minutos de la mañana.


6 20^ 26 Márt. S. Braulio, ob. y cf. 8 1 6 50
G 21Í 27 Miérc. S. Ruperto, ob.—Abst. y los tres dias siguientes. 9 11 7 17
6 22; 28 Juév. Santo.—vStos. Castor y Doroteo, mrs., y S. Sixto. 10 22 7 47
6 23^ 29 Viém. Santo.— S. Eustasio, ab. y mr., y S. Siro. _ 11 35
6 24i 30 Sáb. S. Juan Climaco, ab., y S. Régulo, ob.—- Ordenes. 11 36
6 25Í 31 Dom. de Pascua de Resurrección.— Sta. Balbina, vg. y 12 46
mr., y S. Amos, profeta.

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ABRIL.—Esta palabra se deriva de la latina Aperire, abrir, porque en este mes la tierra abre
s u seno para ofrecernos su riqueza, y las flores sus corolas. A este mes corresponde el signe de
Tauro, emblema de la Primavera. Los gentiles consagraban este mes á Vénus, diosa de los amo-
res. El mundo católico lo consagra á los Dolores y Soledad de la Virgen. Tiene 30 dias.

SOL. LUNA.

Sale. Pónese. ABRIL.Ì Sale.


H. M. H. M. H. M.

5 41 1 Lún. S. Venancio, ob. y mr., y la Impresión de las lla- 1 49»


6 26
gas de Sta. Catalina de Sena.—Ind. píen.
C Cuarto ìÀeng. á las 2 ?/ 17 minutos de la mañana.
6 40 6 27 2 Márt. S. Francisco de Paula, fr., y Sta. María Egipcia- 2 46
c a — Ind.píen. — Ábrense los tribunales.
5 38 6 28 3 Miérc. S. Ulpiano y S. Pancracio, mrs., y S. Benito de 3 33
Palermo, cf.— Ánima.—Indiligencia plenaria.
5 36 6 29 4 Juév. S. Isidoro, arz. de Sevilla. — Ind. píen. — Ánima. 4 11
5 35 6 30 5 Viém. S. Vicente Ferrer, cf., y Sta. 'Emilia. — Ind. píen. 4 44
5 33 6 31 6 Sáb. S. Celestino, papa y cf.— Ind. píen. 5 13
5 32 6 32 7 Dom. de Quasimodo. — S. Epifanio, ob., y S. Ciríaco, 5 40
mrs.—Ind. píen. — Ordenes.
5 30 6 33; 8 Lún. S. Dionisio, ob., y el beato Julián de San Agustín. 6 5
— Absolución en la Merced. — Abrense las velaciones.
© Luna nueva á las 12 y 17 minutos de la noche.
29 6 34 9 Márt. Sta. María Cleofé, y Sta. Casilda, vg. 6 31
27 6 35 10 Miérc. S. Daniel y S. Ecequiel, profetas. 6 59
26 6 36 11 Juév. S. Leon I, papa y dr. 7 30
24 6 37 12 Viérn. S. Víctor y S. Zenon, mrs. 8 6
23 6 38 13 Sáb. S. Hermenegildo, mr., rey de Sevilla. 8 47
21 6 39 14 Dom. S. Tiburoio y S. Valeriano, mrs. 9 33
20 6 40. 15 Lún. Stas. Basilisa y Anastasia, mrs. 10 25
3 Cuarto cree, á las d y 57 minutos de la noche.
5 18 6 41 16 Márt. Sto. Toribio de Liébana, ob,, y Sta. Engracia, v g . 11 22
5 17 6 42 17 Miérc. S. Aniceto, p., y la bta. María Ana de Jesus, v g . 12 22'
5 15 6 43 18 Juév. S. Eleuterio, ob., y S. Perfecto, mr. de Córdoba. 1 24
6 14í 6 44 19 Viérn. S. Vicente y S. Hermógenes, mrs. 2 27
5 135 6 45 20 Sáb. Sta. Ines de Monte-Pulciano, vg. 3 31
SOL E N TAURO.
5 11. 6 46 21 Dom. El Patrocinio de S. José, y S. Anselmo, ob. y dr. 4 37
5 lOi 6 47 22 Lún. S. Sotero y S. Cayo, papas y mrs. 5 44
5 9í 6 4S 23 Márt. S. Jorge, mr. 6 54
@ Luna llena á lai y 22 minutos de la tarde.
5 7 6 49 24 Miérc. S Gregorio, ob y cf., y S. Fidel de Sigmaringa. 8 7»
5 6 6 50 25 Juév. S. Marcos Evangelista.— Letanías mayores.— In-
dulgencia plenaria. 9 22
5 5 6 51 26 Viém. S. Cleto y S. Marcelino, papas y mrs., y la Tras-
lación de Sta. Leocadia. 10 35
5 3 6 52 27 Sáb. S. Anastasio, papa, S. Pedro Annengol, y Sto. To-
ribio de Mogrovejo, arz. de Lima. 11 43
6 53 28 Dom. S. Prudencio, ob., patron de Alava, y S. Vidal. 11 43
6 54 29 Lún. S. Pedro de Verona, mr. 12 43
6 5 ^ 30 Márt. Sta. Catalina de Sena, vg., S. Indalecio, ob. y mr., 1 33
y S. Pelegrin, cf.
C Cuarto meng. á las 8y G minutos de la mañana.

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MAYO.—Esta palabra se deriva de Mains ó de maiores con que se designaba á los ancianos y
senadores de la antigua Roma. A este mes corresponde el signo del Zodiaco Oéminis. Los roma-
nos lo consagraban i la vejez y también á Apolo. Los católicos consagran este mes dc las flores
i la Santísima Virgen, como Madre del Amor Hermoso. Tiene 31 dias.

U—SOL-
Sale. Pónese. MAYO. Sale. Pónese.
H. H. H. M. H. M.

6 56 1 Miérc. S. Felipe y Santiago, aps. 12 20


6 57 2 Juév. S. Atanasio, ob. y cf. — Fiesta nacional.
6 58 3 Viérn. La Invención de la Sta. Cruz.
6 69 4 Sáh. Sta. Monica, viuda.
7 O 6 Doni. La Conversión de S. Agustín, y S. Pio V, papa.
7 1 6 Lún.S. Juan Ante-Portam-Latinam.—Letanías.
4 52 7 1 7 Márt. S. Estanislao, ob. y mr.— Letanías.
© Luna nueva ala 1 y ^ minutos de la tarde.
4 51 7 2 8 Miérc. La Aparición de S. Miguel Arcángel.—Absti- 5 29
nencia. — Letanías.
4 60 7 3í 9 Juév. ^ L A A S C E N S I Ó N D E L S E Ñ O R . 6 2 9 10
4 48 10 Viém. S. Antonino, arz. de Florencia. 6 41 10 8
4 48 11 Sáb. Ntra. Sra. de los Desamparados y S. Mamerto, ob. 7 25 11 1
4 47 12 Dom. Sto. Domingo de la Calzada, cf. 8 15" 11 48
4 46 13 Lún. S. Pedro Regalado, cf., patron de Valladolíd. 9 11 11 48
4 46 14 Márt. S. Bonifacio, mr. 10 9 12 29
4 44 15 Miérc. S. I S I D R O L A B R A D O R , patron de Madrid.— 11 10 1 4.
Indulgencia plciiaria.
3 Cuarto cree, á las d y 51 minutos de la tarde.
4 43 7 10 16 Juév. S. Juan Nepomuceno, mr., y S. Ubaldo, ob.— 12 11- 1 34
Indulgencia plenaria.
4 42 7 11 17 Viérn. S. Pascual Bailón, cf. —Ind. píen. 1 14 2 1
4 41 7 12 18 Sáh. S. Venancio, mr., y S. Félix de Cantalicio, cf.— 2 36
Vigilia con Abstinencia. — Ind. píen. 2 18
4 41 7 12 19 Dom. de Pascua de Pentecostés. — S. Pedro Celestino, 2 51
papa y cf. — Ind. píen. 3 23
4 40 7 13 20 Lún. S. Bernardino de Sena, cf. — Ind. píen. 3 17
4 39 7 14 21 Márt. Sta. María de Socors, vg.— Ind. píen. 4 32
3 44
SOL E!V GÉMINIS. 5 44
39 7 15 22 Miérc. Sta. Rita de Casia, viuda, y Stas. Quiteria y Ju- 6 69 4 16
lita, vgs. y mrs.— Témpora.— Ind. píen.
® Luna llena á las 10 y 53 minutos de la noche.
4 38 7 16 23 Juév. La aparición de Santiago Apóstol. — Ánima. — 8 16» 4 54
4 37 Indulgencia plenaria.
7 17 9 29 5 40
24 Viérn. S. Robustiano, mr., y S. J u a n Francisco Regis.
4 37 —Témpora. — Ind. píen.
7 17 10 35 6 37
25 Sáb. S. Gregorio VII, cf.. y S. Urbano, mr., papas.—
4 36 Ánima. — Témpora. — Ordenes. — Ind. píen.
7 18 26 Dom. L a Santísima Trinidad y S. Felipe Neri, cf. y fr. 11 52 7 43
4 36 7 19 11 52 8 56
4 35 27 Lún. S. Juan, papa y mr.
7 20 28 Márt. S. Justo, cf., y S. Germán, ob. y of. 12 15 10
4 35 7 21 12 51 11
29 Miérc. S. Maximino, ob. y cf.
C Cuarto meng. á lai y 58 minutos de la tarde.
30 Juév. ^ S S M O . C O R P U S C H R I S T I y S. Fernando, rey de 1 22n 12 32.
España. — Procesión general.
31 Viérn. Santa Petronila, vg. , 1 48 1 39

Biblioteca Nacional de Espaa


JUNIO—Esta voz se deriva de la Ialina Júniores, jóvenes, porque los antiguos romanos con-
sagraban e s t e m e s á los jóvenes. A este mes corresponde el signo del Zodiaco Cáncer, repre-
sentado por un cangrejo, significando que el primero de los astros al entrar en este signo prin-
cipia á retroceder. Los católicos consagran este mes al misterio del Santísimo Sacramento.
Tiene 50 dias.

SOL. LtriíA.

Sale. Pónese. JUNIO. Sale. Pónese.


H. M. H. M. H. M. H. M.

4 33 7 23 1 Sáb. S. Segundo, mr., patron de Avila. 2 13n. 2 45.


4 33 7 23 2 Dom. Infraoctava del Corpus. — S. Marcelino y S. Pe- 2 38 3 50
dro, mrs.
4 33 7 24 3 iára. S. Isaac, monje y mr., y Sta. Clotilde, reina.— 3 3 4 54
Absolución en la Trinidad.
4 32 7 24 4 Márt. S. Francisco Caracciolo, fr., y Sta. Saturnina, 3 31 5 58
virgen y mr.
4 32 7 25 5 Miérc. S. Bonifacio, ob. y mr.—Jubileo en los Basilios. 4 2 7 0
4 32 7 26 6 Juév. S. Norberto, ob., fr. y cf. 4 39 8 On
© Luna nueva á las 3y 2 minutos de la mañana.
4 32 7 26 7 Viérn. S. Pedro Wistremundo y comps. mrs. 5 21 8 55
4 32 7 27 8 Sáb. S. Salustiano, cf. 6 9 9 44
4 32 7 27 9 Dom. Stos. Primo y Feliciano, mrs. 7 2 10 27
4 32 7 28 10 Lún. Stos. Críspulo y Restituto, mrs., y Sta. Margarita, 7 59 11 4
reina de Escocia.
4 31 7 28 11 Márt. S. Bernabé, apóstol. 8 59 11 35
4 31 7 29 12 Miérc. S. Juan de Sahagun, cf., y S. Onofre, anacoreta. 10 0 11 35
4 31 7 29 13 Juév. S. Antonio de Padua, cf. 11 1 12 3
4 32 7 29 14 Viérn. S. Basilio el Magno, ob., dr. y fr. 12 3 . 12 29
3 Cuarto cree, á las 7 2/4 minutos de la tarde.
4 32 7 30 15 Sáb. Stos. Vito y Modesto, y Sta. Crescencia, mrs. 1 6 12 53
4 32 7 30 16 Dom. S. Marcelino, ob. y mr., S. Quirico y Sta. Julita, 2 11 1 17...
mártires.
4 32 7 30 17 Lún. S. Manuel y compañeros mrs., y el beato Pablo de 3 20 1 43
Arezo, cf.
4 32 7 31 18 Márt. Stos. Marco, Marceliano, Ciríaco y Santa Paula, 4 32 2 12
mártires.
4 32 7 31 19 Miérc. Stos. Gervasio y Protasio, mrs. 5 48 2 46
4 32 7 31 20 Juév. S. Silverio, papa y mr., y Sta. Florentina, vg. 7 6 3 27
4 33 7 31 21 Viérn. S. Luis Gonzaga, cf., y S. Eusebio, ob. 8 16.. 4 19
SOL EN CÁNCER.—ESTÍO.

ig)Luna llena á las G y AS minutos de la tarde.


4 33 7 31 22 Sáb. S. Paulino, ob., y S. Acacio y 10.000 comps. mrs. 9 18 5 22
4 33 7 31 23 Dom. S. Juan, presb. y mr. 10 9 6 35
4 34 7 31 24 Lún. La Natividad de S. Juan Bautista. — Festividad 10 50 7 51
en las diócesis de Santiago, Pamplona y otras; donde
se guarda fiesta es vigilia con ayuno el dia anterior.
4 34 7 31 25 Mari. Sta. Orosia, vg. y mr., S. Guillermo, cf., y San 11 24 9 7
Eloy, ob.
4 34 7 31 26 Miérc. Stos. Juan, Pablo, hermanos, y Pelayo, mrs. 11 52 10 21
4 35 7 31 27 Juév. S. Zoilo y comps. mrs. 11 52 11 30
C Cuarto meng. á las d y 13 minutos de la noche.
4 35 7 31 28 Viérn. S. Leon II, papa y cf.— Vigilia con abstinencia. 12 18 12 3 7 .
4 36 7 31 29 Sáb. sjí S T O S . P E D R O Y P A R L O , apóstoles. 12 43 1 43
4 36 7 31 30 Dom. La conmemoración de S. Pablo, apóstol, y San 1 8... 2 47
Marcial, ob.
1
Biblioteca Nacional de Espaa
JULIO.- Esta palabra se deriva de la latina Julius, llamado así por los romanos, porque lo de
dicaron á Julio César. Corresponde á este mes el signo del Zodiaco Leo, representado por un
l e ó n , que signiíica ardor y fortaleza de los rayos del sol de Julio. Los católicos consagran ?ste
mes al Corazón de Jesus. Tiene 51 dias.

SOL. LTJBTA.

Sale. Pónese. JULIO. Sale. Pónese.


H. M. H. M." H. MÍ

4 37J 7 31 1 Lún. Stos. Casto y Secundino, mrs. 1 35... 3 50


4 37! 7 31 2 Márt. La Visitación de Nuestra Señora. 2 4 4 53
4 38! 7 31 3 Miérc. S. Trifon y comps. mrs. 2 39 5 53
38i 7,30 4 Juév. S. Laureano, arz. de Sevilla, y el beato Gaspar 3 18 6 50
Bono.
4 39, 7 30 5 Viérn. El beato Miguel de los Santos, cf., y Santa F i - 4 4 7 41
lomena, vg. y un:. — Absolución general en la Tri- 4 56 8 26.
nidad
© Luna nueva á las 6 y 10 minutos de la tarde.
4 40 6 Sáh. Sta. Lucía, v g . y mr.
4 40 7 Dom. S. Fermin, ob. y mr., y S. Claudio, mr. 5 53 9 4
4 41 8 Lún. Sta. Isabel, viuda, reina de P o r t u g a l 6 52 9 37
4 41 9 Márt. S. Cirilo, ob. y mr. 7 52 10 6
4 42 10 Miérc. Stas. Amalia y Rufina, hermanas mártires. 8 56 10 28
4 43 11 Juév. S. Pío I, papa y mr., y S. Abundio, mr. de Cór- 9 53 10 55
doba.
4 44 7 27 12 Viérn. S. J u a n Gualberto, ab., y Sta. Marciana, virgen 10 55 11 19
y mártir.
4 44 7 27^ 13 Sáh. S. Anacleto, papa y mr. 11 56 11 44
3 Cuarto cree, á las 7 Í/ 33 minutos de la tarde.
4 45 7 26 14 Dom. S. Buenaventura, ob. y dr. 1 2 11 44
4 46 7 25 15 Lún. S. Camilo de Lélis, fr., y S. Enrique, emperador. 2 11 12 10
4 47í 7 2ffi 16 Márt. El Triunfo de la Sta. Cruz y Ntra. Sra. del Car- 3 23 12 40
men.— Bendición papal en el Carmen.
4 48 7 24 17 Miérc. S. Alejo, cf. 4 36 1 27.
4 48 7 23 18 Juév. Sta. Sinforosa y sus siete hijos mártires. 5 51 2 4
4 49 7 23 19 Viém. Stas. Justa y Rufina, vgs. y mrs., y S. Vicente 6 55 3 O
de P a u l , fr.
4 50 7 22 20 Sáh. S. Elias, prof., y Stas. Librada y M a r g a r i t a , vg. 7 56 4 8
y mr.
% Luna llena á Za 12/ 38 minutos de la tarde.
4 51 7 21 21 Dom. Sta. Práxedes, vg. 8 43n 5 24
4 52 7 20 22 Lún. Sta. María Magdalena, penitente. 9 21 6 43
SOL E N L E O . — C A N Í C U L A .
4 53 7 20 23 Márt. Stos. Apolinar, ob. y mr., y Liborio, ob. 9 52 8 1
4 53 7 19 24 Miérc. Sta. Cristina, vg. y mí-., y S. Francisco Solano. 10 20 9 15
—Vigilia.
4 54 7 18 25 Juév. í|< S A N T I A G O , ap., patron de España. 10 45 10 25
4 55 7 17 26 Viérn. Sta. Ana, madre de Ntra. Sra. 11 11 11 33
4 56 7 16 27 Sáh. S. Pantaleon, mr. 11 37 12 39.
C Cuarto meng. alasi y A: minutos de la mañana.
4 57 7 15 28 Dom. S. Víctor., papa, y compañeros mrs., y S. Inocen- 11 37 1 43
cio, pa'pa y cf.
4 58 7 14 29 Lún. Sta. Marta, vg., y S. Félix, papa. 12 7.. 2 46
4 59 7 13 30 Márt. S. Abdon y S. Señen, mrs. 12 39 3 47
5 0 7 12 31 Miérc. S. Ignacio de Loyola, fr. 1 17 4 46

Biblioteca Nacional de Espaa


AGOSTO.—Esta palabra se dériva de la latina Augvslus, nombre que le dieron los romanos en
memoria de Augusto Cesar. A este mes corresponde el signo del Zodiaco Virgo, representado en
una doncella que simboliza la esterilidad de la tierra, como lo es la mujer en estado de virgini­
dad. Los antiguos consagraban este mes à la diosa Céres. Los católicos lo consagran al Sagrado
Corazón de Maria. Tiene 31 dias.

SOL. LXTNA.

Sale. Pónese.
AGOSTO. Sale. Pónese.
И. H. H. M.
H. M. H. M.

5 1 7 11 1 Juév. S. Pedro Advínoula.—/мЬйео de la Porciúncula. 2 In. 6 38.


5 2 7 10 2 Viérn. Ntra Sra. de los Angeles. 2 61 6 25
5 2 7 9 3 Sáb. La Invención de S. Esteban, proto-mártir. 3 47 7 5
5 3 7 8 4 Dom. Sto. Domingo de Guzman, cf. у fr. 4 45 7 39
© Luna nueva alas 4 у 31 minutos de la mañana.
5 4 7 '6 5 Lún. Ntra Sra. de las Nieves. 5 47 8 20
5 5 7 5 6 Márt. La Transfiguración del Señor, y Stos. Justos y 6 47 8 36..
Pastor, mrs.
5 6 7 4 7 Miérc. S. Cayetano, fr., y S. Alberto de Sicilia, cf. 7 47 9 0
5 7 7 3 8 Juév. S. Ciriaco y comps. mr. 8 48 9 22
5 8 7 1 9 Viéi-n. S. Román, mr. 9 49 9 47
5 9 7 0 10 Sáb. S. Lorenzo, mixtir. — Absolución general en la 10 53 10 12
Merced.
5 10 6 59 11 Dom. S. Tiburcio y Sta. Susana, vg. y mrs. 11 58 10 39
5 11 6 58 12 Lún. Sta. Clara, vg. y fund. 1 7. 11 12
Э Cuarto cree, á las 5 ^ 38 minutos de la inañana.
5 12 6 56 13 Márt. Stos. Hipólito y Casiano, mrs. 2 19 11 52
5 13 6 65 14 Miérc. S. Eusebio, presbítero y cf.—Vigilia con absti- 3 31 11 52
nencia.
5 14 6 54 15 Juév. >J( L A A S U N C I Ó N D E N T R A . S R A . — Bendición pa- 4 39 12 42
pal en S. Agustín y Mínimos.
5 15 6 52 16 Viérn. S. Roque, patron de lUana, y S. Jacinto, cfs. 5 40 1 44n.
5 15 6 61 17 Sáb. S. Pablo y Sta. Juliana, herms. mrs. 6 31 2 66
5 16 6 50 7 13 4 14
18 Dom. S. Joaquin, padre de Nuestra Señora, y S. Agapi-
to, mártir.
® Luna llena alas 8 y 38 minutos del la noche.
19 Lún. S. Luis, ob., y S. Magín, mr.—Jubileo en toda la 7 48. 5 33
1 5 17 6 48
orden del Císter.
5 18 6 47 20 Mcirt. S. Bernardo, ab., dr. у fund. 8 18 6 50
5 19 6 45 iX.Miérc. Sta. Juana Francisca Fremíot, viuda y fund. 8 46 8 4
5 20 6 44 22 Juév. Stos. Sinforiano, Fabriciano, Hipólito y Timo­ 9 12 9 16
teo, mrs.
5 21 6 42 23 Viém. S. Felipe Benicio, cf. 9 38 10 25
SOL EN VIHGO.

5 22 6 41 24 Sáh. S. Bartolomé, apóstol, patron de Belmonte. 10 6 11 31


5 23 6 39 26 Doon. El Sagrado Corazón de la Virgen, y S. Luis, rey 10 39 12 36.
de Francia.
С Cuarto meng. á las 8 y 20 minutos de la noche.
5 24 6 38 26 LÚ71. S. Ceferino, papa y mr. 11 16 1 40
5 25 6 30 27 Márt. S. Rufo, ob. y mr., y S. José de Calasanz, fr. 11 67 2 39
5 26 6 35 28 ЛШгс. S. Agustín, ob., dr. y fr. — Bendición papal en 11 57 3 34
San Agustín.
5 27 6 35 29 Juév. La Degollación de S. Juan Bautista. 12 46 4 23
5 28 6 31 30 Viérn. Sta. Rosa de Lima, vg. 1 40. 5 5
5 28 6 30 31 Sáb.S. Ramon 'Son&to, cf. —Absolución general en la 2 38 5 41
Merced.

Biblioteca Nacional de Espaa


SETIEMBBE.—Esta palabra se deriva de la latina Seplemher, que expresa el sétimo lugar que i
ocupaba en el antiguo calendario romano. Corresponde á este mes el signo del Zodiaco Libra,!.
representado en una balanza con sus dos platos en equilibrio, que signitlcan la igualdad de los '
dias con las noches. Los antiguos dedicaban este mes á Vulcano , dios del luego, á quien repre- í
sentaban risueño y vestido de púrpura, como emblema de la riqueza de la estación. Los católi-
cos dedican este mes íi San Miguel Arcángel. Tiene 30 dias.

SOL. LUITA.

Sale. Pónese. SETIEMBRE. Sale. Pónesé.


|H. M. H. M. H. M. H. M.

6 29 6 28 1 Dom. S. Gil, abad, y Stos. Vicente y Leto, mrs. de To- 3 38. 6 13.
ledo.—Bendición papal en San Agustín.
5 30 6 27 2 Lún. S. Antolin, mr., patron de Falencia. 4 39 6 41
© Luna nueva á las 12 y 39 minutos de nache.
5 31 6 25 3 Márt. S. Ladislao, r e y , y S. Sandalio, mártir de Cor-, 5 40 7 5
doba.
5 32 6 24 4 Miérc. Stas. Cándida, viuda, Rosado Viterbo y Rosa- 6 41 7 28
lía, vgs.—Bendición papal en San Agustín.
6 22 5 Juév. S. Lorenzo Justiniano, ob. 7 45 7 61»
6 20 6 Viérn. S. Eugenio y comps. mrs. 8 46 8 16
6 19 7 Sáb. Sta. Regina, vg. y mr. 9 51 8 42
6 17 8 Dom. La Natividad de Ntra. Sra. 10 59 9 12
6 16 9 Lún. Sta. María de la Cabeza. 12 8> 9 49
6 14 10 líárt. S. Nicolas de Tolentino, erm. y cf. 1 16 10 34
3 Cuarto cree, á la 1 y i8 minutos de la tarde.
6 12 11 Miérc. S. Proto y S. Jacinto, lierms. mrs. 2 26 11 29
6 11 12 Juév. S. Leoncio y comps. mrs. 3 29 12 29
6 9 13 Viérn. S. Felipe y comps. mrs. 4 22 12 37
14 Sáb. La Exaltación de la Santa Cruz. 5 6 1 48
16 Dom. El Dulce Nombre de María. 5 45 3 6
16 Lún. S. Rogelio, mr., y S. Cornelio, papa. 6 15 4 24
17 Márt. Las llagas de S. Francisco de Asís y S. Pedro de 6 43 5 39
Arbués, mr.
1$ Luna llena á las á y 50 minutos de la mañana.
5 45 18 Miérc. Sto. Tomas de Villanueva, arz. de Valencia, cf. 7 6 6 52
—Témpora.
5 46 6 69 19 Juév. S. Genaro, ob., y comps. mrs. 7 35» 8 3
5 47 6 58 20 Viérn. S. Eustaquio y comps. mrs.—Témpora.—Indul-
gencia plenaria. 8 4 9 14
5 48 5 56 21 Sáb. S. M a t e o , a p . y Témpora.— Ordenes.—Feria
en Madrid por 15 dias. 8 36 10 21
5 49 5 54 22 Dom. Los Dolores gloriosos de Ntra. Sra.
sol en libra.—otoño.
9 11 11 27
5 50 5 63 23 Lún. Sta. Tecla, vg. y mr. — Ind. píen. 9 51 12 30tj
5 61 5 51 24 Márt. Ntra. Sra. de \a,s.ìA.6K&à.cs. —Absolución general 10 38 1 27
en la Merced.
C Cuarto meng. á la 1 y 1 minutos de la tarde.
5 52 5 49 25 Miérc. S. Lope; ob. y cf. 11 30 2 19
5 63 6 48 26 Juév. S. Cipriano y Sta. Justina, mrs. 11 30 3 4
5 64 6 46 27 Viérn. Stos. Cosme y Damián, mrs. 12 28 3 42
5 55 5 45 28 Sáb. S. Wenceslao, mártir, y el beato, Simon do Rojas, 1 27" 4 14
confesor.
5 56 5 43 29 Dom. La Dedicación de S. Miguel Arcángel. — Bendi- 2 27 4 43
ción ^jopaZ en Mínimos.
5 57 5 41 30 Lún. S. Jerónimo, doctor y fundador, y Santa Sofía, 3 30 5 8
viuda.

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OCTOBRE. —Esta palabra proviene de la latina October, octavo, por ser el lugar que ocupaba
este mes en el calendario romano. Los antiguos dedicaban este mes i Marte, á quien sacrifica-
ban un caballo cortándole la cola en el Campo de Marte de Roma. Corresponde á este mes el
signo del Zodiaco Escorpio. Los católicos consagran este mes al Santo Ángel de la Guarda. Tie-
ne 31 dias.

SOL. LtriIA.

Sale. Pónese. OCTUBRE. Sale. Pónese.


H. M. H. M. H. M. H. M.

5 58 5 40 1 Márt. S. Remigio, ob., y S. Severo, presb. y cf. 4 32.» 6 32.


5 59 6 38 2 Miérc. S. Saturio, patron de Soria, y San Olegario, 5 24 5 52
obispo.
® Luna nueva á las 3 y 16 minutos de la tarde.
6 0 5 37 3 Juév. S. Cándido, mr., y S. Gerardo, ab. 6 38 6 19
6 1 5 35 4 Viérn. S. Francisco de Asís, fr. 7 43 6 45
6 2 5 33 6 Sáb. S. Froilan, ob., patron de Leon. 8 60 7 14
6 3 5 32 6 Dom. Ntra. Sra. del Rosario, y San Bruno, ef. y fr. — 10 0 7 49..
Jubileo del Santo Rosario.
6 4 5 30 7 Liín. S. Marcos, papa y cf., y S. Sergio y compañeros 11 11 8 31
mártires.
6 5 5 29 8 Márt. Sta. Brígida, viuda. 12 20. 9 21
6 6 6 27 9 Miérc. S. Dionisio Areopagita, ob., y compañeros már- 1 13 10 13
tires.
3 Cuarto cree, á las 8 y 49 minutos de la noche.
6 7 5 26 10 Juév. S. Francisco de Borja y S. Luis Beltran, cf. 2 18 11 33
6 8 5 24 11 Fié™. S. Nicasio, ob. y mr., y S. Fermin, ob. y cf. 3 4 11 33
6 9 5 23 12 Sáb. Ntra. Sra. del Pilar de Zaragoza. 3 42 12 47
6 10 5 21 13 Dom. S. Fausto, mr., y S. Eduardo, rey y cf. 4 14 2 3...
6 11 5 20 14 Lún. S. Calisto, papa y mr. 4 42 3 17
6 12 5 19 15 Márt. Sta. Teresa de Jesus, vg. y fund., compatrona de 5 8 4 30
las Españas. — Ind. píen, en el Carmen.
6 13 5 18 16 Miérc. S. Galo, ab., y Sta. Adelaida, vg. 5 24 6 41
® Luna llena á las 3 y 20 minutos de la tarde.
6 14 5 16 17 Juév. Sta. Eduvigis, viuda. 6 1 6 52
6 15 5 14 18 Viérn. S. Lúeas, evangelista. 6 31 8 1
6 16 5 13 19 Sáb. S. Pedro de Alcántara, cf. 7 5 9 9
6 17 5 12 20 Dom. S. Juan Canelo, presb. y cf., y Santa Irene, vg. 7 34" 10 15
y uir.
SOL E N ESCORPIO.
6 18 5 10 21 Lún. Sta. Ursula y 11.000 vírgenes y mrs., y S. Hila- 8 29 11 16
rión, ab.
6 19 5 9 22 Márt. Sta. María Salomé, viuda. 9 20 12 1 1 .
6 20 5 8 23 Miérc. S. Pedro Pascual, ob. y mr. 10 15 1 0
6 21 5 6 24 Juév. S. Rafael Ávcánge]. —Bendición papal en San 11 14 1 40
Juan de Dios y Mínimos.
C Cuarto meng. á las 10 y 39 minutos de la mañana.
6 23 5 5 25 Viérn. Stos. Crisanto, Crispiíi y Crispiniano, mrs. 11 14 2 15
6 24 5 4 26 Sáb. S. Evaristo, papa y mr. 12 16 2 45
6 35 5 2 27 Dom. Los Stos. Vicente, Sabina y Cristeta, mrs. de 1 16.. 3 11
Avila.
6 26 5 1 28 Lún. S. Simon y S. Judas Tadeo, apóstoles. 2 18 3 36
6 27 5 0 29. Márt. S. Narciso, ob., y Sta. Eusebia, vg. y mr. 3 20 3 68
6 28 4 59 30 Miérc. S. Claudio y comps. mrs. 4 23 4 22
6 29 4 58 31 Juév. S. Quintín, mr., y Sta. Lucía, v g . — Vigilia con 5 28 4 47
ayuno.

Biblioteca Nacional de Espaa


NOVIEMBRE.—Esta palabra se deriva de la latina Novemlier, por ocupar este mes el noveno lu-
gar en el calendario romano. Corresponde á este mes el signo del Zodiaco Sanitario, represen-
tado por un centauro disparando una flecha, la cual significa lluvias, vientos, escarchas y rigo-
res de las nubes contra la tierra. Los antiguos consagraban este mes á Diana, diosa de la caza,
Los católicos lo consagran à la Conmemoración de los Difuntos, l'iene oo dias.

SOL. LUNA.

Sale. Pónese. NOVIEMBRE. Sale. Pónese.


H. M. H. ni. H. M. H. M.

6 30i 4 57'i 1 Viérn. ^ L A F I E S T A D E T O D O S L O S S A N T O S , y Stos. Ce- 6 36» 5 15.


sáreo y Julián, mrs.
© Luna nueva á las 5 y 13 mimitos de la mañana.
6 31 4 55 2 Sáb. La Conmemoración de los fieles difuntos, S. Va- 7 47 5 50
lentín presb. y mr.—Jubileo en todas las parroquias.
6 33 3 Dom. Sta. Eustoquia, vg. y mr. 9 0 6 28
6 34 4 Lún. S. Carlos Borromeo, ob. y cf., y Sta. Modesta, vg. 10 11 7 17..
6 35 5 Márt. S. Zacarías, y Sta. Isabel, padres del Bautista. 11 18 8 16
6 36 6 Miérc. S. Severo, ob. y mr., y S. Leonardo, ab. y cf. 12 16. 9 24
6 37 7 Juév. S. Antonio y comps. mrs., y S. Florencio, ob. y cf. 1 5 10 36
6 38 8 Viérn. S. Severiano, ob., y comps. mrs. 1 44 11 51
3 Cuarto cree, á las 3y 36 minutos de la mañana.
6 40 9 Sáb. S. Teodoro, mr., y S. Sotero. 2 17 11 51
6 41 10 Dom. Bl Patrocinio de Ntra. Sra. 2 44 1 4...I
6 42^ 11 Lún. S. Martin, ob. y cf. 3 11 2 13
6 43; 12 Márt. S. Martin, p. y mr., S.Diego de Alcalá y S. Millan. 3 36 3 25
6 44Î 13 Miérc. S. Eugenio I I I , arz. de Toledo.—Ind. píen. 4 2 4 34
6 45i 14 Juév. S. Serapio y S. Lorenzo.— Abs. gral. en la Merced. 4 29 5 43
6 46i 15 Viém. S. Eugenio I, arz. y mr., patron de Toledo (esta 5 1 6 51
fiesta se traslada al dom. inmediato), y S. Leopoldo. 5 38 7 58
# Luna llena á las A y 53 minutos de la mañana.
6 481 4 43 16 Sáb. S. Rufino y comps. mrs.
6 491 4 42 3 7 Dom. Sta. Gertrudis la Magna, v g . , y Stos. Acisclo y 6 20 9 2
Ì Victoria, herms. mrs. 7 9 10 1
6 501 4 42 18 Lún. S. Máximo, ob., y S. Roman, mr.
6 51Î 4 41 19 Márt. Sta. Isabel, reina de Hungría, viuda. 8 3.. 10 53
6 52| 4 40 20 Miérc. S. Eugenio, primer arz., y S. Félix de Valois, cf. y y 2 11 37
¡r.— Abs. gral. en la Trinidad.
6 63] 4 40 21 Juév. La Presentación de Ntra. Sra., y S. Rufo, mr. 10 2 12 14.
6 54' 4 40 22 Viém. Sta. Cecilia, vg. y mr. 11 2 12 45
SOL EN SAGITARIO.
6 55! 4 39 23 Sáb. S. Clemente,, papa y mr. 11 2 1 14
C Cuarto meng. á las 5 y 30 minutos de la mañana.
6 56! 4 39 24 Dom. S. Juan de la Cruz, cf., S. Crisógono, mr., y San- 12 3 1 37
• \ ta Flora, vg. y mr.
4 38 25 Lún. Sta. Catalina, vg. y mr.—Absolución en la Trini- 1 4«; 2 1
6 57| dad y en la Merced.
4 38 26 Márt. Los desposorios de Ntra. Sra., y S. Pedro Ale- 2 6 2 23
6 58 jandrino, ob. y mr.
6 59- 4 37 27 Miera. S. Facundo y S. Primitivo, mrs. 3 9 2 47
7 N 4 37 28 Juév. S. Gregorio I I I , papa y cf. 4 15 3 13
7 1. 4 37 29 Viérn. S. Saturnino, ob y mr. , 5 25 3 44
7 2i 4 37 30 Sáb. S. Andrés, apóstol. — Ayuno.— Ciérranse las vela- 6 39 4 21
ciones.—Publícase la bula.
© Luna nueva alas 6 y 20 minutos de la tarde.

Biblioteca Nacional de Espaa


DiciEMBBE.— Esta palabra se deriva de la latirá Decmber, décimo, рог ser este lugar el que
ocupaba este mes en el antiguo calendario romano. Corresponde á este mes el signo del Zodia-
co Capricornio, repesentado por una cabra, y significa el sol que propende y empieza á elevar
su curso, así como lo cabra proponde á trepar á las alturas. Los antiguos consagraban este raes
á Vesta, diosa del fuego, celebrando en él las fiestas Saturnales, de que proviene nuestro Carna-
val. Los católicos lo consagran al misterio de la Purísima Concepción de la Virgen Maria, de-
clarado dogma de fe por Pio IX por bula de 8 de Diciembre de 1834. Tiene 31 dias.

SOL. LUIíA.

Sale. Pónese. DICIEMBRE. Sale. Pónese.


H. M. H. M. H. M. H. M.

7 4 4 37 1 Dom. Ide Adviento.— Sta. Natalia, viuda. — Ind.píen. 7 44». 4 57.


7 4 4 36 2 Lún. Sta. Bibiana, S. Pedro Crisólogo, ob., y Sta. Elisa. 9 7 6 4
7 6 4 36 3 Márt. S. Francisco Javier, y S. Claudio y Sta. Hilaria. 10 9 7 11»
7 6 4 36 4 Miérc. Sta. Bárbara, vg. y mr. 11 3 8 23
7 7 4 36 5 Juév. S. Sábas, ab., y S. Anastasio, mr. 11 45 9 40
7 8 4 36 6 Viérn. S. Nicolas de Bari, arz. de Mira, cf. 12 20' 10 55
7 9 4 36 7 Sáb. S. Ambrosio, ob. y dr.—Desde las vísperas hasta 12 50 10 55
ponerse el sol mañana, se gana indulgencia plenaria
visitando cualquier iglesia dedicada á la Virgen, pre-
via la confesión y comunión. — Vigilia.
3 Cuarto cree, á las 11 y 21 minutos de la mañana.
7 10 4 36 8 Dom.IIdeAdv.—La Purísima Concepción de Ntra,Sra., 1 16 12 5
patrona de España, y S. Macario.—Juh. en las iglesias
de la adv. de la Virgen.—Bend.pl. en S. Juan de Dios.
7 11 4 37 9 Lún. Sta. Leocadia, vg. y mr. 1 41 1 16".
7 11 4 37 10 Márt. Ntra. Sra. de Loreto. 2 5 2 24
7 12 4 37 11 Miérc. S. Dámaso, papa y cf. 2 31 3 31
7 13 4 37 12 Juév. La Aparición de Ntra. Sra. de Guadalupe. 3 1 4 38
7 14 4 37 13 Viém. Sta. Lucía, y el bto. Juan de Marinonio. 3 35 5 45
7 14 4 38 14 Sáb. S. Nicasio, ob. y mr.— Ayuno. 4 14 6 49
(§1 Luna llena á las 9 y 29 minutos de la noche.
7 15 4 38 15 Dom. III de Adv.—S. Eusebio, ob. y mr.— Ind. píen. 5 1 7 50
7 16 4 39 16 Lún. S. Valentín, mr. 5 53 8 45
7 17 4 39 17 Márt. S. Lázaro, ob. y mr., y S. Franco de Sena, cf. 6 50 9 33
7 17 4 39 18 Miérc. Ntra. Sra. de la 0. 7 50» 10 12
7 17 4 40 19 Juév. S. Nemesio, mr.—Témpora.— Ind. píen. 8 51 10 45
7 18 4 40 20 Viérn. Sto. Domingo de Silos, ab.—Vigilia.—Ind.píen. 9 51 11 13
7 18 4 41 21 Sáb. Sto. Tomas, ap.—Vigilia.—Témpora.—Ind.plen. 10 51 11 39
SOL E N CAPRICORNIO.—INVIERNO.

7 19 4 41 22 Dom. FJde.ácí'y.—S. Deme'.rio, mr.—Ind.plen.—Tém- 11 50 12 2.


pora.— Órdenes.
7 19 4 42 23 Lún. Sta. Victoria, vg. y mr. 11 50 12 24
C Cuarto meng. á la 1 y 57 minutos de la mañana.
7 20 4 43 24 Márt. S. Gregorio, presb. y mr.—Vigilia con abst.—Vi- 12 52 12 47
sita general de cárceles.— Ciérranse los Tribunales.
7 20 4 43 25 Miérc. L A N A T I V I D A D D E N T B O . SR. JESUCRISTO.— 1 55.» 1 12
Bendición papal en S. Agustín, Mínimos y S. Juan de
Dios.— Ind. píen, en todas las iglesias.
7 20 4 44 26 Juév. S. Esteban, proto mártir.—Ind.plen. 3 2 1 39
7 20 4 45 27 Viérn. S. Juan , apóstol y evangelista. — Ind. píen. — 4 13 2 12
Bendición papal en el Carmen.
7 21 4 46 28 Sáb. Los Santos Inocentes, mrs.—Ind.plen. 5 26 2 54
7 21 4 47 29 Dom. Sto. Tomas Cantuariense, ob. y mr. 6 41 3 45
7 21 4 48 30 Lún. La Traslación de Santiago, apóstol. 7 50 4 50
® Luna nueva alas G y 21 minutos de la mañana.
7 21 4 49 31 Márt. S. Silvestre, papa y cf. 8 50 6 3

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Eclipses de S o l y de L u n a .

. 0 22.—Eclipse parcial de L u n a , visible en Madrid.


Principio del eclipse, á las 10 h. y 26 m. de la noche.
Medio del eclipse, á las H h . y 3 m. de la noche.
Fin del eclipse, á las H h . y 41 m. de la noche,
El principio de aste eclipse será visible en casi toda E u r o p a , en África, en gran par-
te del Asia , en una pequeña parte de Nueva-Holanda, en casi toda la América del Sur,
el Océano Atlántico, en el í n d i c o , en p a r t e del Pacífico y en el m a r Polar Antartico.
El fin de este eclipse será visible en casi toda E u r o p a , en África, en parte del Asia;
6n la América del Sur y en u n a pequeña parte de la del N o r t e , en el Océano Atlántico,
el Indico, en p a r t e del Pacífico y en el m a r Polar Antartico.
Valor de la máxima fase ó parte eclipsada de la L u n a , contada desde la parte austral
limbo, 0,116; tomando como unidad el diámetro de la Luna.
, El primer contacto de la sombra con la L u n a se verificará en un p u n t o del limbo de
^^'a, que dista 3° de su vértice austral hacia Oriente, y 20° de su vértice inferior hacia
'a derecha (vision directa).
El último contacto de la sombra con la Luna se verificará en u n p u n t o del limbo de
f-ii, q u e dista 37° de su vértice austral hacia Occidente, y 43° de su vértice inferior há-
'^la la derecha (vision directa).
Junio 6. — Eclipse a n u l a r de Sol, invisible en Madrid.
Principio del eclipse, p a r a la tierra en g e n e r a l , á las 12 h. y 6 m. de la n o c h e , en la
'ongitud de 88° 1 3 ' al E. de Madrid, y latitud 0° 24' S.
Principio del eclipse central, p a r a la tierra en g e n e r a l , á la 1 h . y 1 4 m. de la maña-
en la longitud de 68° 4 0 ' al E. de Madrid, y latitud 5° 4 4 ' N.
Eclipse central á mediodía, á las 3 h. y 12 m. de la m a ñ a n a , en la longitud de 131°
al E. de Madrid, y latitud 41° 19' N.
Fin del eclipse central, p a r a la tierra en g e n e r a l , á las 4 h . y 86 m. de la m a ñ a n a ,
®n la longitud de 1 51° 54' al O. de Madrid , y latitud 27° 32' N.
Ein del eclipse, para la tierra en general, á las 6 h. y 4 m., en la longitud de 1 7 1 " 5 8 '
^ ' O - d e Madrid, y latitud 21° 3 0 ' N .
Este eclipse será visible en una pequeña parte de Europa y África, en casi toda el
sia, en las Islas Filipinas y en parte de la América del N o r t e , en el Océano índico y
S'^an parte del Océano Pacífico.
^oviembre 1 5. — Eclipse parcial de L u n a , visible en Madrid.
Principio del eclipse, á las 4 h. y 47 m. de la m a ñ a n a .
Medio del eclipse, á las 8 h. y 4 m. de la m a ñ a n a .
Ein del eclipse, á las S h. y 22 m. de la m a ñ a n a .
. El principio de este eclipse será visible en g r a n parte de E u r o p a y África, en las dos
Ibéricas, en u n a pequeña p a r t e del Asía, en el estrecho de Behering, en el Océano
l^ntico, en g r a n parte del Pacífico y en el m a r Polar Ártico.
^ i fin de este eclipse será visible en g r a n p a r t e de E u r o p a y África, en las dos Amé-
UO^A' pequeña p a r t e del Asia, en el estrecho de Behering, en casi todo el Océa-
Atlántico, en gran p a r t e del Pacífico y en el m a r Polar Ártico,
j , ,.'°r de la máxima fase ó p a r t e eclipsada de la L u n a , contada desde la parte boreal
p '»^bo, 0 , 0 2 3 , tomando como u n i d a d el diámetro de la Luna,
ést P'"'"^^'' contacto de la sombra con la Luna se verificará en u n p u n t o del limbo de
, a. que dista 11° de s u vértice boreal hacia Occidente, y 69° de su vértice superior
la derecha (vision directa),
ésta contacto de la sombra con la Luna se verificará en u n p u n t o del limbo de
, .> que dista 29° de su vértice boreal hacia Occidente, y 86° de su vértice superior
acia la derecha (vision directa).
íioviembre 30. — E c l i p s e total de Sol, invisible en Madrid.

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Principio del eclipse, p a r a la tierra en general, á las 3 h. y 38 m. de la t a r d e , en la
longitud de 1 4 9 ° 3 ' al 0 . de Madrid, y latitud 4° 2 2 ' S.
Principio del eclipse c e n t r a l , para la tierra en general, á las 4 h. y 4 3 ni. d é l a t a r d e ,
en la longitud de 1 6 9 ° 3 0 ' al 0 . de Madrid, y latitud 1 5 ° l ' S.
Eclipse central á mediodía, á las 6 h. y 2 9 m. de la t a r d e , en la longitud de 9 9 ° 5 3 '
al O. de M a d r i d , y latitud 5 3 ° 4 3 ' S.
Fin del eclipse central, para la tierra en g e n e r a l , á las 7 h. 46 m. d é l a noche, en la
longitud de 8° 5 2 ' al O. de Madrid, y latitud 4 1 ° 2 0 ' S.
Fin del eclipse, p a r a la tierra en g e n e r a l , á las 8 h . y 61 m. de la noche, en la longi-
tud de 3 1 ° 3 0 ' al O. de Madrid, y latitud 3 1 ° 1 1 ' S.
Este eclipse será visible en p a r t e de la América del Sur y en parte del Océano Pacífi-
co y del m a r Polar Antartico.

C u a t r o estaciones. — P r i m a v e r a : empieza el 2 0 de Marzo, á las 6 h. y 4 2 m.


de la m a ñ a n a .
Estío: empieza el 21 de Junio, á las 3 h. y 1 7 m. de la m a ñ a n a .
Otoño: empieza el 2 2 de Setiembre, á las 5 h. y 38 m. de la tarde.
Invierno : empieza el 21 de Diciembre, á las 11 h. y 3 9 ra. de la m a ñ a n a .

Ferias. 8, Aldea Novallos; 2 0 , Valle de Bucina.


— E N E R O .

F E D K E H O . 2 , Zafra, Almagro; 3 , Tafalla; 8, Mérída y Puerto Marin; 1 1 , Berlanga ; 1 6 ,


Medina del Campo; 2 0 , Benavente; 2 1 , Balaguer; 2 2 , F i g u e r a s ; 2 3 , Zamora, Benavarre
y Tendilla; 2 4 , Crespa; 2 5 , Cervera.
MARZO. 1, Vargas y Miranda de E b r o ; 3 , C a r d o n a ; 7, Z a m o r a ; 1 2 , Salas; 1 9 , Melgar
de F e r n a m e n t a l ; 2 0 , Santo Domingo d é l a Calzada y Fuente Pelayo; 2 2 , Puente del Ar-
zobispo; 2 5 , T o r q u e m a d a ; 3 1 , Calzada de Galatrava.
ABRIL. 4, Medina de Rioseco; G, Real Valle de Penagos; 7 , Caspe; 1 5 , Lérida y Sevi-
lla; 2 0 , Badajoz y Brozas; 2 2 , C a r m e n a , Alcoy y Sacedon ; 2 3 , Solsona ; 2 8 , Andújar,
C a n n o n a , Chiloeches, Mairena, Alcántara, Cacabelos, Valle d e T o r a n z o , Mairena, E s -
pinosa de los Monteros; 2 6 , Sacedon; 2 7 , Medina de Ricseco y Peralta; 2 9 , Alcalá de
Guadaira ; 3 0 , Tarragona.
MAYO. 1, Coria, Jerez de la F r o n t e r a , Veger, Sanlúcar la Mayor, Medellin, Miranda
de E b r o , Mondoñedo, Santiago de Gayoso; 2 , Medellin; 3 , Tala vera la Real, La Carolina,
F i g u e r a s , Cazalla de la S i e r r a , Puerto-Real y San Juan de Puerto M a r t i n ; 4 , Vilches; 3 ,
Barco de Ávila; 6, Alcalá de los Gazules; 8, Monzón; 9, Guareña y Santo Domingo de
la Calzada; 1 0 , Olivenza ; 1 1 , Almadén; 1 3 , Medina-Sidonia, Osuna y Plasencia; 1 4 ,
Alba de T e r m e s ; 1 3 , Tala vera de la Reina, O n í s , Alconchel, Güenes y Á l u s l a n t e , T o r -
tosa y Balaguer; 1 7 , Cantalapiedra ; 1 8 , Baeza ; 1 9 , Santo Domingo de la Calzada; 2 0 ,
Ronda ; 2 2 , Alba de T ó r m e s , Pobla de Segur y Zamora ; 2 4 , Gascueña y Ronda ; 2 8 , Car-
m o n a , Lérida y Manresa; 2 6 , Casarubios del Monte; 2 8 , Marbella y Vitoria; 3 0 , Lora
del Rio, Teruel y Aranda de Duero.
JUNIO. 1, Orense, Álgeciras y Alba de T ó r m e s ; 2 , Trujíllo; 4 , O c h a n d í a n o ; 9, Canta-
l a p i e d r a ; 1 1 , Cáceres; 1 2 , Villanueva del Campo; 1 3 , Colmenar de Oreja, Chiclana, O r -
d u ñ a y A r o ; 17, G u a r n í z o ; 1 8 , Riaza; 2 4 , L e o n , Segovia, Soria, Zafra, J a é n , Ceclavin,
Castrogeriz y Solaya; 2 8 , Huerta del Rey; 2 6 , J a c a ; 2 9 , Ávila, P a m p l o n a , Sepúlveda,
Campo del P i n a r , Coria, Burgos y Villoslada de Cameros.
JULIO. 2 , Coruna ; 1 4 , San Martiri y Mérida ; 1 6, Yanguas ; 1 8, Santibañez y Ándiano ;
2 2 , Mérida, Cuéllar, Reinosa, Santiago y Alcira; 2 8 , Navaredonda.
AGOSTO. 1 , Estella, San Roque y Alora ; 2 , Ubrique y Cuevas de Vera ; 3 , Arcos de la
F r o n t e r a y Bailen; 6, Orihuela; 7, Valdepeñas, Badajoz y S e r ó n ; 8, Campillos; 1 0 , Es-
corial ; Huesca, Coin, Majadas, Vinaroz y Laredo; 1 1 , Villa del Prado ; 1 3 , Cañete la Real
y Ausejo; 1 4 , Herencia, Chinchón, C e b r e r o s , Archídona y B u r g u i l l o s ; 1 5, Ciudad-Real,
Toledo, J a é n , Plasencia, Utrera, Chucena, Puente Don Gonzalo,PuenteGenil, C a r m e n a ,
Puerto Serrano, Sanlúcar de B a r r a m e d a , San Felipe de Játiva, Alcañiz y Orihuela; 1 6 ,
Constantina, Alcalá del Valle, Gieza y L é r i d a ; 1 7 , Valencia de Mombuy y A r o c h e ; 20,

Biblioteca Nacional de Espaa


^ n t e q u e r a , Esquivias, Alcalá de G u a d a i r a , Villanueva de la Serena y San Vicente de
Alcántara; 2 1 , Torrelaguna y Gáceres; 22 Almería y Villanueva del Arzobispo; 23, Pater-
na del Campo; 2 i , Alcalá d e H e n a r e s , Almagro, Astorga, Santa Olalla , Toro, Piedrahita,
Almería, Solsona, Murcia, Valencia de Alcántara, La P a r r a , Berlanga y F i g u e r a s ; 25,
l^arcelen; 26, Colmenar Viejo y Lerga; 27, ü l z a m a ; 28, Valle de T o r a n z o , Mérida, G e -
tafe, Borox, Cuéllar de Baza, Benabarre y Valle d e Mena ; 29, San J u a n del Puerto, Igua-
aua, Granollers y Plasencia; 3 1 , Calahorra, Lodosa, Torrelaguna é llléscas.
SETIEMBRE. 1, Alcalá d é l o s Gazules, Montilla, Jerez d é l o s Caballeros, Soria, Molina,
Peñíscola, Iníesta, Alcázar, Torrijos y Miraflores d e la Sierra ; 2, Marchena, Jumilla, Vi-
'arobledo y Palencía; 3, Toboso; 4, Montero, Aranjuez, San Martin de Valdeiglesias y
' S l e z - B l a n c o ; 5, F e r n á n N u ñ e z , Navalcarnero y Jergal ; 6, F r e g e n a l , Tarifa, Ampudia y
Alburquerque; 7, Don Benito y Albacete; 8, Andújar, Arrigorriaga, Guadalupe, Haro, Ja-
d r a q u e , L o r c a , Ocaña, R e q u e n a , S a l a m a n c a , Borja, Santa Cruz de Múdela, La Roda,
Alcázar, Uceda, Benasque, Alameda y F u e n s a g r a d a ; 9, Santa María de Nieva; 10, L e -
í^rija; 1 1 , T a r a n c o n ; 12, Cariñena, Puebla d e Cazalla, E c h a r r i , A r a n a z , Orihuela, A l -
•'arracin y Freschilla; 13, Paterna d e la Rivera y Minglanilla; 14, Zalamea, San Cle-
mente, Hellin, Alpera, Segovia , La Carlota, Garavaca, G u a d a l u p e , Guadalajara, A s t u -
dillo, Horcajo, Brihuega y Mora ; 15, Aracena , Motril y Alienza ; 1 B, Logroño ; 1 8, Ca-
loría, Villacañas, Medina de Rioseco, Uclés, Puente la Reina, Aranda d e Duero, Zalamea
'a Real y Yecla ; 19, Onís; 20, Puebla d e Montalban y Alba de T ó r m e s , Uclés y Valla-
dolíd ; 2 1 , Madrid , Carrion , Écija, Llerena , Mula , Coria, Villena , Consuegra, Talavera,
ileinosa, Riaza, Víllamartin, Huele, F r e g e n a l , Carrovillas, Badajoz, T e r u e l , Moratalla
y Talavera d e la Reina; 22, Villa del Rio; 24, Velez-Rubio, Herencia, Montorio, Pozo-
blanco y Bujalance; 25, Castro del Rio, Valle de Buelna, Mataró, Arnedo y P u e n t e ; 27,
Alcaudete y Cervera del Rio Alhama; 28, Concentaina, Tarazona y P r a v i a ; 29, Úbeda,
'alladolid. Zafra, Nájera, Belmonte, O ñ a t e , Valverde del Camino, S a l d a ñ a , T e r u e l , Ve-
lez-Málaga y Vich.
OCTUBRE. 1, Santiponce, Marcílla y Berja ; 2, Jumilla; 3, Alcora; 4, Sigüenza, Mon-
a l b a n , Villarejo, Barco de Ávila, Arcos, F u e n t e s , Albaida, Montero, Velez-Blanco y
Uhva; 5, Lugo; 6, P i n a ; 7, Mancha Real; 8, Viella ; 9, Sasamon; 10, Horche; 12, Cogo-
ludo, Arbúcías y E n g u e r a ; 13, Trigueros, Frechilla y San Felices; 15, Motril y Alcoy;
| . Guarnizo; 18, Villadiego, F r e g e n a l , Cea, C a b r a , t o r r e m i l a n o , Mondoñedo, Torrijos,
^ ' o t , Villafranca, Santibañez; 19, Onís; 20, Ateca; 23, Gifuentes; 24, Yaldemoro y lifcl-
§ar d e Fernamental ; 24, Carrion de los Condes ; 26, Salas d e los Infantes y Mora l a Nova ;
Egea d e los Caballeros, Castellón; 29, Sahagun , Concentaina y Valle d e Mena.
NOVIEMBRE. 1, L e o n , Onteniente, S a n t i p o n c e , P i n a , Lacha y Miranda d e E b r o ; 2,
j f s p e ; 3, Vargas, Seo d e Urgel y Guisona ; 3, Tortosa; 8, U r r o z ; 10, Macula, San E s -
ban y Cervera; 1 1 , Espinosa de los Monteros; 12, Gandcsa; 15, Alcalá de Henares y
puebla de Castro; 19, Naval y V a l d e p o r r e s ; 20, Elche y Navia; 2 3 , Ontoria del P i n a r ;
Castrojeriz, Luarca y Áriza; 30, Huesca, Baeza, L e o n , Falces, Turégano, Manresa,
^'Ot, Daroca, Torroella y Plasencia.
D Í C I E M B R E . 8, Trujillo; 9, Oropesa; 13, Balaguer, C o r u n a , Castellò у G r a u s ; 2 1 , L é -
'''da, Cervera, Barcelona , Tamarite de Litera, Alcañiz y Tremp.

' p ó i n p n t o e c l e s i á s t i c o . — Á u r e o n ú m e r o 1 1 , — E p a c t a XX.—Ciclo solar 5,—


indicción r o m a n a XV. — L e t r a dominical g f.

V e l a c i o n e s . — S e a b r e n el 7 de Enero y 8 de Abril. — S e cierran el 13 de Fé-


w e r o y 30 d e Noviembre. ______

Га ' ' ' * ' * * * " n a l e s . — S e a b r e n el 2 de E n e r o , 14 de Febrero y 2 de Abril. — S e cier-


an el и (le Febrero, 23 de Marzo y 24 de Diciembre.

*^Uatro t é m p o r a s . — Las p r i m e r a s son el 2 1 , 23 y 24 de Febrero. — L a s se-

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g a n d a s el 2 2 , 24 y 28 de Mayo. — L a s terceras el 1 8 , 20 y 21 d e S e t i e m b r e . — L a s
cuartas el 1 9 , 21 y 22 de Diciembre.

U i a s en q u e h a y olilígaelon de oii* misa y ab.«tenei>se d e o b p a s


sepvile.s. — Todos los domingos del año. — El 1." de Enero. La Circuncisión del Se-
ñ o r . — El 6 de idem. La Adoración de los Santos R e y e s . — E l 23 de idem. San Ildefon-
so. {En el arzobispado de Toledo.)—El 2 de Febrero. La Purificación de Nuestra Señora.
— E l 19 de Marzo. San José, esposo de Nuestra S e ñ o r a , patron de la c r i s t i a n d a d . — E l
9 de Mayo. La Ascension del Señor. — El 15 de idem. San Isidro labrador. {En Madrid.)
— El 30 d e Mayo. Santísimo Corpus Christi.—El 29 de Junio. San Pedro y San P a -
b l o . — El 25 de Julio. Santiago, Apóstol, patron de España. — El 15 de Agosto. La
Asuncion de Nuestra Señora. — E l 8 de Setiembre. La Natividad d e Nuestra S e ñ o r a . —
El 1.° de Noviembre. Todos los Santos. — El 8 de Diciembre. La Purísima Concepción.
— E l 25 de ídem. La Natividad de Nuestro Señor Jesucristo.

F i e s t a s m o v i b l e s . — E l Dulce Nombre de J e s u s , 14 d e Enero. —Domingo de


Septuagésima, 28 d e E n e r o . — D o m i n g o d e Sexagésima, 4 d e Febrero. — Domingo d e
Quincuagésima, 11 de Febrero. — Miércoles d e Ceniza, 14 de Febrero. — Domingo de
P a s i ó n , 17 de Marzo. — Viernes de Dolores, 22 de Marzo. — Domingo de R a m o s , 24 de
Marzo. — Domingo de Pascua de Resurrección, 31 de M a r z o . — D o m i n g o de Cuasimo-
d o , 7 de Abril.—Patrocinio de San José, 21 d e Abril. — L e t a n í a s , 6, 7 y 8 de Mayo.—
Ascensión del Señor, 9 d e Mayo. — Pascua de Pentecostés, 19 de Mayo. — La Santísima
T r i n i d a d , 26 de Mayo.—Santísimo Corpus-Christi, 30 de Mayo. — San J o a q u í n , P a d r e
de Nuestra S e ñ o r a , 18 de Agosto. — El Dulce Nombre de María, 15 de Setiembre.—
Dolores gloriosos de María Santísima, 22 de S e t i e m b r e . — N u e s t r a Señora del Rosario,
6 de O c t u b r e . — E l Patrocinio de Nuestra S e ñ o r a , 14 de N o v i e m b r e . — P r i m e r Domingo
de Adviento, 1.° de Diciembre.

Fie.stas s u p r i m i d a s . — Los dias segundo y tercero de las Pascuas d e Resur-


rección, Pentecostés y N a v i d a d . — El 24 de Febrero. San Matías, apóstol. — E l 1 . ° d e
Mayo. San Felipe y Santiago, apóstoles.— El 3 de Mayo. La invención de la Santa Cruz.
— El 13 de Junio. San Antonio de P a d u a . — E l 24 de Junio. San Juan B a u t i s t a . — E l 26
de Julio. Santa Ana. — El 10 de Agosto. San L o r e n z o . — E l 24 de Agosto. San Bartolo-
m é , apóstol. — E l 21 de Setiembre, San Mateo, apóstol. — E l 29 de Setiembre. San Mi-
guel Arcángel. — E l 28 de Octubre. San Simon y San Judas, apóstoles. — E l 15 d e No-
viembre. San Eugenio.—Fíjase perpetuamente en el domingo siguiente p a r a el arzo-
bispado de Toledo, cuando el 15 n o fuera domingo.—El 30 de Noviembre. San Andrés,
apóstol. — El 21 de Diciembre. Santo Tomas, apóstol. — El 28 de Diciembre. Los Santos
I n o c e n t e s . — E l 31 d e Diciembre. San Silvestre.

A d v e r t e n c i a importante.

La Sagrada Penitenciaria de R o m a , e n 13 d e F e b r e r o d e 1 8 6 2 , declaró q u e los espa-


ñoles que tienen la bula de Cruzada y el indulto cuadragesimal pueden lícitamente comer
carne y pescado en una misma comida los viernes en que no haga obligación de ayunar, y
en los dias de simple abstinencia del año, exceptuando únicamente los domingos de Cuares-
ma. Y e n 16 de Setiembre d e 1867 declaró : 1.°, Que esta concesión es auténtica; 2.°, Que
se extiende á toda España; y 3.°, Que no es necesario la comunique el comisario general
de la Santa Cruzada. Así es q u e es evidente q u e los q u e tienen la bula pueden promis-
cuar e n los dias q u e n o sean de a y u n o , á excepción de los domingos de Cuaresma.

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Orla de u n códice del siglo XV.

AL QUE LEYERE.

AJO este misnío epígrafe, dijimos á nuestros lectores, el año pa-


sado, el objeto principal que con la publicación de estos Alma-
naques nos proponíamos. Hoy, que la favorable acogida que el
primero de ellos ha merecido, tanto del público como de la prensa de Madrid y p r o -
^incias,
Vlnpiuí! sin distinción
j . ' i.-.. de
A colores
1 políticos,
„_!;.; nos ha
i . _ animado
_ : j . á
• proseguir
• nuestro tra-
^.10) cuyas grandes dificultades no pudimos apreciar hasta el momento de poner en
práctica n uestra idea ; hoy, pues, repetimos que no tenemos otra esperanza para
°grar la realización de nuestros propósitos que !a constante ayuda de todos los hom-
bres que eu nuestra patria se consagran á dar ferviente culto á al arte ó la indus-
'•"'a bajo cualquiera de sus múltiples y variadas formas. Á ellos, pues, nos dirigimos,
S o l i c i t a n d o su cooperación activa, único medio que se nos ocurre para que dentro
algunos años sean estos Almanaques unos verdaderos anales del arte y de la i n -
dustria, en cuyas páginas queden consignados los progresos y adelantamientos que
^•i su inmenso campo van realizándose cada dia, aumentando el bienestar de todos,
sacrificio de ninguno, mejorando el gusto y popularizando los conocimientos ar-
hstico-industriales.
^ las respetables y conocidas firmas que figuran en el Almanaque para 1871, i i e -
j^os conseguido añadir en éste algunas otras de reputados escritores; también se
*a aumentado el número de los grabados que ilustran el texto, procurando, por to-
°s los medios que han estado á nuestro alcance, mejorar esta publicación; tarea
^ • J e emprendimos con gusto, y en que continuaremos con perseverancia, firmes en
'nuestro propósito de llegar lo más pronto posible á hacer que nuestro libro sea u n a
'^copilacion a n u a l , digna del desarrollo que ha adquirido en Europa la industria
"Moderna.
LA REDACCIÓN.

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ARTE É INDUSTRIA

I. — Necesidad de organizar artísticamente l a instrucción del menestral. Su objeto y ventajas.


I I . — E l Arte : su pluralízacion. Sobre la division de l a s artes en útiles y bellas, en liberales y
mecánicas. Diferencia entre el a r t e y el oficio ; el artista y e] artesano ; el profesor y el
maestro.
I I I . — E l Arte plástico y l a I n d u s t r i a m a n u f a c t u r e r a ; relaciones que existen entre u n a y otra.
IV. — E l t a l l e r , el estudio y el bufete. La Administración pública y la Instrucción pública. Des-
equilibrio e n t r e l a organización de ésta y el estado de l a sociedad. L a libre enseñanza y los
gremios libres. Instrucción del menestral.

I.

xiSTE en España la urgente cuanto imperiosa necesidad de or-


ganizar la instrucción del menestral, del que gana el sustento
con lo que le rinde el traliajo de sus manos ejerciendo una
industria.
El objeto de esta instrucción es, que las manufacturas que salgan de los talleres
del pais tengan sabor artístico, tengan belleza; porque este objeto, único y exclusi-
vo del Arte, es el que puede dar á los productos de la actividad industrial del hom-
bre el atractivo necesario para ganar un puesto privilegiado en los mercados de la
tierra.
A esta ventaja, que, con ser el objeto de la entendida instrucción, es, ademas,
una ventaja económica, debe añadirse la otra ventaja, económica también, de la
conservación del valor de la manufactura, hasta en el mismo estado de deterioro á
que puede ésta llegar. Si en la producción hubiere presidido el sentimiento arlísli-
c o , el producto conservará una importancia, que indefectiblemente perderá con el
tiempo aque! otro producto, cuyas formas no hayan tenido otro origen que el capri-
cho, la moda. Lo artístico adquiere valor progresivamente, llegando á apreciarse
luista en pequeños fragmentos, hasta en astillas, hasta hecho trizas, hasta en hara-
pos; prueba de ello es cuanto los museos arqueológicos guardan, ya que nos ofrecen
jirones de telas tejidas en remotas edades, fragmentos de vasijas antiguas, muebles
desvencijados de nuestros tatarabuelos. Lo contrario sucede á lo que sólo ha tenido
por origen la moda. ¡Cuántas manufacturas hay salidas de talleres donde la palabra
.<4rte apenas es conocida , si no es despreciada, que han perdido Ja importancia y
con ella el valor, existiendo arrinconadas en almacenes, imposibilitadas de volver á
ver la luz, por m ser ya de moda, ni tener esperanza de que vuelvan á serlo tales
cuales están, por no tener sus formas sentido, ó por no haber respondido ni á m e -

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dias á una idea racional, ya que no completamente digna! ¡Cuántos valores no se
han malogrado en semejante caso! Y gracias que en determinadas circunstancias
hayan podido aprovecharse los materiales, no perdiéndose más que la mano de obra,
i Y cuántas veces no se ha exagerado el valor de ésta, ó por mejor decir, cuándo no
se ha exagerado ese valor, previendo el caso de aquella amortización, áfin de resar-
cirse anticipadamente de valores tan sujetos á perderse! La ciencia económica, es-
tudiando esta cuestión, es la que debe declamar muy especialmente sobre la nece-
sidad de dar carácter artístico á las manufacturas, encareciendo la idea de que si
Arte no puede ejercerse sino por medio de la Industria, la Industria no puede te-
ner otro objeto que el Arte.
Resultados morales se obtienen también de la instrucción artistica del menestral,
trascendiendo muy especialmente á la constitución social de los pueblos. Uno de
ellos es el estímulo que siente el amor propio del productor manufacturero. Por h a -
berse atendido en la antigüedad á los principios artísticos en toda manufactura, vie-
nen contándose desde remotos tiempos en la categoría de objetos de arte las obras
de aquellos fundidores y cinceladores, de aquellos cerámicos, toreutas y poyquiltas
de los pueblos griego y"romano, que desplegaron brillantemente la imaginación y
emplearon el talento, la habilidad y la destreza en trípodes, vasos, ánforas, pále-
''as, lucernas, candelabros y tapices; así como las de aquellos iluminadores, plate^
fes, rejeros, bordadores y tejedores de la Edad Media, que dieron á sus produccio-
nes un'sentido artístico que cautiva y embelesa. De este modo mismo podrá el me-
nestral de nuestros tiempos merecer el dictado de artista; y por^medios análogos,
el carpintero, como el metalista y el cerámico ; el tallista, como el bordador ; el sas-
tre y hasta el bonetero y el chapinero, deben aspirar á conocer el Arte para
idear convenientemente las formas de los muebles y de los trajes respectivamente, para
todos los usos de la vida común, así como para responder á todas las necesidades
que la civilización de continuo crea. Y téngase en cuenta que, cuando decimos que
los productores han de ser artistas, no consideramos que todos puedan serlo, ni que
todos tengan el sentimiento de la belleza en igual grado ; porque se nos alcanza muy
hien el poeta nascitur orator fit, de Horacio, que, adaptado á nuestro caso, traduciré-
"nos : el artista nace, el industrial se hace; sino que entendemos decir que cada m e -
nestral, dentro de su profesión, puede alcanzar ese título á favor de la educación ar-
tística que debe adquirir, ya que muchos menestrales hay que ejercen el Arte sin
saberlo; así como muchos que se jactan de artistas, ejercen el Arte por oficio. Y si
bien no siempre brillará la originalidad artística en los productos industriales, por-
•lue no á todos los hombres dota la Naturaleza de igual modo; si bien no se produci-
í'án extraordinarias bellezas, no se producirán tampoco despropósitos de gran cuenta.
Otro de los resultados morales es, y no de poco momento, el dar al lujo una di-
rección conveniente y razonable, ya que la ciencia económica reclama este elemen-
'o para conservar la movilidad que la producción manufacturera necesita ; si bien el
sentido en que suele lomarse la palabra no es el más conforme con las leyes de la
sana moral; y hé aquí la razón por la cual, sólo con ciertas restricciones, la
ciencia económica le acoge, no atreviéndose á admitirle abiertamente como único
estimulo para el desarrollo de la producción manufacturera. Si el lujo se rigiese por
las leyes del Arte, no se fundaría el mérito de las manufacturas en circunstancias
accidentales, ni en el capricho, ni en la veleidad de los gustos ; sino que le fundarla
^n el sentido que se revelarla en sus formas ; en una palabra, le fundaría en el m é -

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rito artístico ; y este mérito tiene la moralidad por resultado, pues al cabo la belleza,
como es sabido, no es más que la idea de la verdad y de la bondad bajo formas sen-
sibles. iMuy bien dice Aquíles Hermant, en una Memoria premiada por el Instituto de
Francia, titulada: De l'influence des Aits sur l'Industrie. « Sin el Arte, esto e s , sin
la observancia de las reglas por las cuales el Arte se rige, y sin el gusto que las diri-
g e , el lujo es una cosa sin nombre y un efecto desordenado de la vanidad.» Pues dése
al lujo una dirección saludable, haciéndole razonado y digno; esto es, diríjasele por
el camino de la belleza, y entonces la ciencia económica no deberá titubear en ad-
mitirle como elemento moral de sus principios.

II.

Conocemos la necesidad que hay de dar instrucción artística al menestral; cono-


cemos las ventajas que pueden reportarse de dar belleza á las manufacturas ; sabe-
mos que la belleza es el objeto único y exclusivo del Arte. Y el Arte, ¿qué es?
Son muy confusas las ideas que del Arte se tienen. Hay sutilezas que despreciar,
puntos que aclarar, y susceptibilidades que acallar, ya respecto de la pluralizacion
del Arte, ya de la division que se hace de las artes en útiles y bellas, en liberales y
mecánicas, y de la distinción entre el Arte y el oficio, entre el artista y el artesano,
y entre el profesor y el maestro.
Toda forma hija de la actividad humana , al Arte pertenece, como todo procedi-
miento procede de la ciencia tecnológica de la Industria. La variedad de materiales,
y los distintos modos de elaboración que éstos exigen, han pluralizado la voz, y no
se ha dicho e / 4 r í e , sino las Artes. Asi se dice el arte del carpintero, el arte del
cerrajero, el arte del alfarero, el arte del sastre, el arte del tallista, el arte del pintor,
el arte del fundidor, el del estampador, etc., etc. Pero aunque el Arte se haya plu-
ralizado, no sé han pluralizado sus principios ; no se ha hecho más que aplicarlos á
distintas especialidades.
La division de las artes en úlUes y bellas no tiene razón de ser ; pues nadie podrá
decir que lo bello no sea útil, ya física, ya moralmente. Lo que hay e s , belleza más
ó menos material ó positiva. A medida que el interés material crece, va perdiéndo-
se el interés estético; interesándose tanto menos la imaginación y el sentimiento,
cuanto más va interesándose el raciocinio. Un templo ó una universidad ó una pina-
coteca tienen ó snn susceptibles de mayor interés estético que un falansterio ; un
consistorio más que una fortaleza; un vaso ó un traje más que un trebejo cualquie-
ra ; el sentido de una herramienta no afecta á la imaginación ni al corazón, sino al
entendimiento. Y, sin embargo, toda forma procede del Arte; y el Arte, que se ocu-
pa en dar forma á la materia, el arte plástico es u n o ; perteneciendo el cuerpo de
doctrinas por el cual se dirige á la arquitectura. Luego nos ocuparemos de este
punto.
La division de las artes en liberales y mecánicas, al arte plástico pertenece. Esta
division es, en el dia, inútil por completo. Pudo un tiempo estar fundada en la con-
dición civil de los hombres; en la Edad Antigua, cuando habia hombres libres y
hombres esclavos. En la Edad Media, atendiéndose solamente á la libertad de ejer-
cicio, se fundó la division en el título de aptitud, conferido previo examen á determi-
nadas profesiones, y fueron liberales las artes que pudieron ejercerse sin título algu-

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no gremial у que eran patrimonio de todos, como la Giamática, la Retórica, la
Dialéctica, ia Geometría; en una palabra, las que constituían el Гггушт yel Quaírt-
"íHíJi en las universidades; y fueron mecánicas aquellas cuyo ejei'cicio necesitó un di-
ploma, adquirido en virtud de pruebas de suficiencia prescritas por reglamentos e s -
peciales de una agremiación. En la actualidad , que ni existen diferencias en la con-
dición civil de los hombres, y no existen los gremios, la division no puede estar fun-
dada más que eu el modo de ejecución; lo cual, más bien que division, establece una
gradación de categoría intelectual poco sensible, que desciende desde el Arle-dl oficio,
y asciende desde el oficio al Arte. Comunmente se dice que es arte liberal e\ propio
ingenio, y que es mecánico el que pertenece á los oficios ú obras de los menestrales;
y de estas definiciones, aunque otra cosa no sea, puede deducirse que el arte mecá-
nico y el oficio son una cosa misma; por consiguiente, que el artesano y el oficial de
nn artesón, si no iguales, muy parecidos, respecto de la tarea. Conociendo cómo se
aerifica la gradación desde el Arte al oficio, conoceremos cómo el artesano puede su-
birse á mayores y llegar á merecer el dictado de Artista.
Un productor, sin atender más que á unos procedimientos aprendidos en un estu-
dio ó eu un taller, produce un objeto: ha ocupado sus facultades intelectuales, pero
sólo por hábito contraído rutinariamente; su imaginación, como su talento, han per-
manecido inactivos; entonces ha ejercido un oficio, ha obrado como artesano. Un
productor busca medios fáciles y económicos para la producción, ó valido de los co-
nocimientos científicos ó de la práctica que posee, aguza su ingenio y produce más
tácil y delicadamente determinadas formas; entonces ha obrado como Ingeniero. Por
niiimo, un productor, conociendo la naturaleza de los materiales y de los procedi-
'nientos, da á la materia formas forjadas en su fantasía (imaginación activa), según
eterminado sentido, habiendo sabido combinar la idea con la forma, é idea y for-
nia con el modo de elaboración : entonces ha obrado como Artista.
Sin embargo, se da el dictado de Artista á todo el que profesa una de las artes mo-
rales, como la Escultura, la Pintura , la Música, la Poesía, ó las que de éstas inme-
diatamente proceden ; pero es menester confesar que eu la producción no hay más
4ue Arte, ingenio áoficio; artista, ingeniero ó artesano. La profesión sólo se refiere
a' que cultiva una clase de conocimientos y vive de los honorarios ó salarios que su
cultivo rinde; y asi se dice, abogado de profesión, profesor de medicina, zapatero de
Presión, etc., e t c . ; y no es propio confundir al profesor con el maestro, porque
este puede profesar ó no la ciencia ó el arte que enseñe: lo que debe saber es ense-
'^^^^^'; en cuyo caso será maestro de profesión. Profesor puede haber que sepa la cien-
cia ó el arte que profese, y no sepa enseñar la una ó el otro; de la pr£>pia manera que
puede haber sabios y artistas sin profesar la Filosofía ó el Arte respectivamente; por-
que se nos antoja que el verdadero ai'tista, esto e s , el que sobresale en el cultivo de
U
alnA^'*^'
artp ^^^^ г
profese .
para ganar el sustento, >• -
bien se limite á cultivarle por ^^^j.
' .'"*e. es, respecto del Arte, lo que el sabio respecto de la ciencia, el cual n
g . 1^ titulo alguno académico, aunque las universidades hayan querido sancionar la
istencia de ese mérito con la investidura de Doctor.

III.'

las^^^*^^ l u e se ha visto demostrado en las exposiciones universales que no basta que


producciones hijas de la actividad industrial del hombre sean simplemente bien

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elaboradas, sino que deben ser bellas; viene preocupando los ánimos del mundo
civilizado la idea de lo que se ha llamado Aplicación del Arte á la Industria.
No son pocos los ensayos que se han hecho y los medios que se han empleado,
para alcnnzar esa aplicación. Escuelas de dibujo, Museos de toda clase de especiali-
dades , Exposiciones retrospectivas, cuanto la ciencia, el Arte y la Historia han po-
dido dar de sí, se ha puesto en juego; y hemos de confesar sinceramente que, des-
pués de bien meditadas las razones que se han dado, hemos sacado el convenci-
miento de que no puede haber semejante aplicación , sino que existe entre el Arte
y la Industria un consorcio natural, perfectamente enlazado, íntimo é indiso-
luble.
Se ha hecho consistir la aplicación en el adorno con objetos de arte de otros obje-
tos , para los cuales no se ha reclamado el auxilio del Arte, como si la construcción
de estos últimos objetos no debiese regirse por leyes artísticas. Los productos manu-
factureros no deben ser construcciones que hayan de decorarse, sino objetos de de-
coración que han de construirse. Ni las Matemáticas, ni la Física, ni la Química
crean forma alguna, sino fórmulas ó ingeniosas combinaciones de formas para la
más fácil elaboración de los productos; máquinas, medios para elaborar mejor y más;
económicamente. El procedimiento no es de la Industria ; y si se quisiera hacer con-,
sistir la Industria en las formas, Industria y Arte vendrían á ser palabras sinónimas;!
en este caso no habria cuestión. Pero es menester no confundir los medios de produ-j
cir, con la producción misma; la forma, con los medios para obtenerla, por m á s '
que tan intimo sea su consorcio. Toda forma es, por consiguiente, obra del Arte,
como todo procedimiento nace de la ciencia tecnológica; de la Industria, propia-
mente dicha.
Y no se crea que para dar formas al mundo físico, y para exornar tales formas, haya
la Escultura y la Pintura, porque esto sería desconocer la naturaleza de estas dos
artes y su misión, que es la representación de la belleza por medio de las formas del
ser humano, ya en simple carácter, ya comprometido en situaciones ó acciones de-,
terminadas. La circunstancia de emplear la Arquitectura medios materiales análogos
á los de la Escultura y á los de la Pintura para exteriorizar sus ideas, puede haber her>
cho caer on este error; pero permanecer en é l , á más de confundir el Arte con et
procedimiento, sería hacer de un picapedrero un escultor, y un pintor de un enjal-
begador. Toda forma, pues, que no sea la del ser humano, bajo el punto de vista
escultórico ó del pictórico, es decir, propio de hs artes plásticas de imitación, está bajo¡
la jurisdicción del arte plástico de construcción, que es la Arquitectura; de manera que
donde quiera que haya formas que inventar ó superficies que exornar, allí debe la
Arquitectura acudir como idónea, única y exclusiva al efecto.
La Arquitectura no limita su misión á la construccion.de edificios, como vulgar-
mente se cree. Si tales fuesen estos límites, quedaría en la producción un vacío, que
no se sabría cómo llenarle, supuesta la necesidad de dar formas á la materia para
los usos de la vida social. Con efecto, ¿de qué arte podría la actividad humana a u -
xiliarse para responder á las necesidades, así físicas como morales, que la civiliza-
ción de continuo crea? Por otra parte, limitar la misión de la Arquitectura al edi-
ficio, será tener que admitir consecuencias extremadamente ridiculas, confundiendo
nombres que, en nuestro caso, no dejan de tener suma importancia. ¿Qué supondría,
por ejemplo, en un platero, en un marquetero, en un cerrajero, en un alfarero, el es-
tudio del arte de construir edificios para idear las formas de un vaso ó la de un re-r

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clinatorio, (le un arca, de un candelabro ó de una verja cualquiera? Pi-escindiendo de
algunos datos bietóricos que podrían servimos para manifestar, que en la antigüedad
'apalabra archUheclhon pudo valer como entre nosotros la palabra artista, en su
generalidad de profesor de las artes plásticas, ya desde Vitrubio, el arquitecto de
Octavio Augusto, es reconocida la Arquitectura, por los no rutinarios, como ciencia
de todas las doctrinas para formar un cabal y completo juicio de todas las demás
artes. Por lo demás, ninguna razón milita para que la belleza d;i un edilicio haya
de ser objeto de un arte distinto del que se ocupare en la de aqitel vaso, de aquel re-
clmatorio, de aquella arca ó de aquel candelabro; así como no puede negarse,
que entre los objetos de que la Arquitectura se ocu,ja, el que presenta mayores y más
numerosas dificultades que vencer, y merece un particular estudio, es el edificio, el
monumento inmueble. Esto quiere decir que en la Arquitectura hay una distinción
que hacer, debiendo reconocerse en ella dos categorías, á saber: la Arquitectura
'"fiayor, que comprende el monumento inmueble, el edificio ; y la rquitectura menor,
que comprende el mueble y el traje; ambas ramas de la Arquitectura dirigiéndose
por los mismos principios, y ambas partiendo de la propia y verdadera naturaleza y
del verdadero objeto de la Arquitectura generalmente considerada. El traje y el
mueble están comprendidos dentro de la jurisdicción de la Arquitectura, porque uno
y otro responden á necesidades de naturaleza análoga á la del edificio, en grados más
o menos elevados de utilidad moral ; pues si el edificio tiene mayor dosis de esta uti-
idad, respondiendo al propio tiempo á la necesidad fisica de guardar y cobijar los
objetos pertenecientes á nuestras creencias religiosas políticas, de interés público ó
privado, así como al hombre mismo; el mueble, con utilidad más material, guarda
os mtereses positivos del hombre, de la propia manera que el traje, respondiendo á
as tareas especiales de los individuos de la especie h u m a n a , y contribuyendo al bien
parecer, puede decirse que es el hombre en acción lo que el edificio es al hombre en
''eposo. He aquí las Artes suntuarias, refiriéndose, por me.lio del mueble y del traje,
*¡ fausto, pompa y bien parecer, ó á la suntuosidad que en mayor ó menor grado la
civilización exige; y aunque dejan de pertenecer á tales artes aquellos ramos de la
producción, que no hacen más que preparar los materiales, no sirviendo al inme-
lato uso del hombre en su vida común, esto es, que no dan la última forma que á
al Uso sirve, como el hilado, el tejido, las sierras mecánicas, etc., etc. ; sin embargo,
es alcanza la apreciación artística en cuanto excitan el sentimiento de la belleza ele-
mental , cuyos caracteres son la regularidad geométrica.
A pesar de comprender la producción manufacturera una parte artística y otra in-
uustrial, hay quienes colocan á la una en contradicción de la otra. Los franceses,
con el humor con que siempre que quieren ridiculizar una cosa los distingue, han
lecho aparecer en escena, para hablar de este punto, á un monsieur Quilit y á otro
monsieur Quifait, suponiendo que el primero precisa, idea y proyecta una forma,
^ue el segundo no puedo ejecutar por falta de procedimientos. Esta cuestión es
análoga á la que suele promoverse con motivo <le la Teoría y de la Práctica. Asi como
'^o puede concebirse una teoría que no esté fundada en la práctica, no piuliendo, por
l^tra parte, admitirse una práctica irrazonada, esto es, sin principios que la dirijan,
e la propia manera no se comprende una idea plástica que no tenga su realización ;
y^al paso que con ello se da á entender la necesidad del que la instrucción de manu-
''cturero comprenda una parte artística y otra técnica, se sanciona el principio de
que la construcción y la elaboración son manantiales de bellezas.

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La observancia de las leyes artísticas va de tal raanerá enlazada con la necesidad
de que los tecnológicos auxilien con todas sus fuerzas la producción, que el artista,
al proyectar, no sólo debe conocer la Tecnologia, esto es, el procedimiento, no
menos que la naturaleza de los materiales, sino que debe hacer entrar estos últimos
conocimientos como datos para la concepción de la idea. Traducidos estos principios
al lenguaje común, tendremos la proposición de que las artes suntuarias no pueden
cultivarse con provecho, sin el conocimiento de la ciencia industrial ; en cuyo caso
no será imposible que se proyecte una forma inejecutable. Pero dése el caso de que
se trazase un proyecto, habiéndose prescindido, por completo, de los medios de pro-
ducción conocidos. ¿Qué no debe uno prometerse de la ciencia tecnológica, cuando
diariamente vemos multiplicarse maravillas, como resultado de solícitas investiga-
ciones? Esto no es decir que el Arte, como productor deformas, deba prescindir
(caso que pueda) de la industria, como proveedora de procedimientos ; antes, al con-
trario, queremos encarecer en esto la importancia de la Tecnologia, de la Industria
en la producción ; pues sin su auxilio, el Arte no podría popularizarse, no podría
existir, como sin el Arte la Industria carecería de objeto. Con razón se ha dicho á las
artes y á la Industria : Cogeos de la mano, y marchad de frente : la Industria enrique-
cerá el Arte, y el Arte ennoblecerá la Industria.

IV.

Desgraciadamente no es sino muy cierto que pocos objetos salidos de los talleres
de nuestro país son lo que debieran ser, esto es, que tengan propiedad, que pocos
representan lo que son, y pocos son lo que representan. Y aunque es menester con-
fesar q u e , de algunos años á esta parte, el gusto eu las manufacturas ha mejorado
extraordinariamente, no debe dejarse de suponer que es á favor de un adelanto ge-
neral que se ha realizado en todos los pueblos ; adelanto impulsado por las expo-
siciones universales. Pero ni todos los menestrales, á quienes hubiera convenido vi-
sitar estas exposiciones, han podido realizar la visita por falta de medios, ni reali-
zándola, han podido sacar de la inspección aquel provecho que esperarse debiera,
porque carecieron de conocimientos previos, no sólo de los que á la inteligencia se
refieren, sino de los que del sentimiento parten. Porque no basta ver, no basta copiar ;
es indispensable alcanzar el porqué de las cosas, conocer el espíritu que encierran.
Estamos persuadidos de que menestrales hay en nuestro país capaces de presentar
una imitación perfecta de cualquiera délos productos que las naciones que más des-
arrollado tienen el sentimiento de lo bello, el buen gusto artístico, han presentado
en la última Exposición ; pero que no realizarán una idea nueva , ni la presentarán
del modo conveniente.
Dos causas existen que se opondrán á esta realización : una será por que su genio
no estará educado; otra, porque no habrá hallado el estímulo capaz de impulsarle á
ello. Todavía existen en el país preocupaciones respecto del cultivo del Arte, y del
método ó sistema de enseñanza, á más de cierto despego hacia todo lo que del país
procede. Por más que exista un número nada reducido de españoles tan amantes de
su patria, que disimulen basta los más groseros defectos de ella, nunca este número
será el suficiente para poder decir que está desarraigada de entre nosotros la costum-
bre antisocial de aplicar á todo lo malo la expresión vulgar, y á más de vulgar, necia :

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¡Cosas de España! Ni existe tampoco suficiente número de españoles q u e , despren-
diéndose del prurito de politiquear, busquen solícitamente en el movimiento artístico-
'ndusirial uno de los medios de regeneración de España. El menestral, por su parte,
siguiendo la costumbre del país, aprecia todo lo extranjero sólo por ser tal, y quizá
para dar más salida á sus productos imita lo que en el extranjero se hace, no to-
mándose el trabajo de idear por sí, contentándose con procurarse modelos extran-
jeros. Y no está todo aquí ; que si es extranjero el modelo, extranjera es la nomen-
elatura que adopta ; de modo que en nuestros talleres sólo se oye hablar del estilo de
LuisXIV y de Luis XV; ni se dice renacimiento, sino renaissance. Así es que no b s
queda más arbitrio á los españoles que aman á su patria con amor verdadero, que
exclamar, con D. Fermin, de la comedia de (iorostiza, titulada Indulqencía para
todos :
Porque me lleva la trampa.
Notando que hasta el morirse
Ha de ser á uso de Francia.

Tiempo fuera ya de que las palabras Arle, Industria, escritas sobre toda la ma-
teria que constituye nuestro globo, fuesen lo que ocupase una buena parte de la ima-
ginación y de la inteligencia de nuestros menestrales; tiempo fuera ya de que las
carreras que conducen á la producción fuesen las que más extensión tuviesen y de
mas fácil acceso fuesen. Sin embargo, no vemos que abunden las escuelas donde la
tecnologia y las arles del dibujo puedan aprenderse. Respecto del dibujo, existe
todavía la preocupación de que no es más que un adorno cu la educación de la j u -
•^'entud, y un objeto de lujo para llenar ratos de ocio. Y esla preocupación no puede
menos de trascender á las corporaciones de las cuales llegan á ser miembros los que
tal piensan, alcanzando, á su vez, bastaci mismo despacho délos ministros. Hablen
cu las altas regiones del Estado de aumentar las escuelas de Bellas Artes, para pro-
Pagar el buen gusto hasta las clases menos acomodadas, y se verá cuan poco se logra
Para favorecer este ramo de la Instrucción pública, este artículo de primera nece-
sidad, que ha de dar, en consorcio con la Industria, el mayor impulso á la produc-
ción manufacturera del país. En cambio se facilita el acceso á aquellas carreras pro-
pias de aquellas gentes q u e , por los medios de subsistir con que cuentan, pueden
esperar por mucho tiempo una clientela para no verse precisados, desde que toman
ci título profesional, á invadirlas dependencias del Estado, déla provincia ó del mu-
uicipio, ó las redacciones de adocenados periódicos, con el objeto de ganar lo que la
profesión de su carrera no puede darles; y gracias que la ambición no los empuje
^cia el camino de los quejumbrosos, que dando á su amor propio todo lo que
'''egan á la razón, publican en todos los ramos una democracia que no pueden sentir,
y una libertad que á sus semejantes no conceden.
/|>e dii-á (igjjg negarse á nadie el acceso á tales carreras, y que los puestos
I tilicos, asi en la administración civil como en la judicial, en el sacerdocio como en
a milicia, no deben ser patrimonio peculiar de ninguna clase; en hora buena:
pueden abiertas las puertas do tales carreras; pero ni la posibilidad de cerrarlas
M ede respecto de las que conducen á la producción de esas carreras que tienen
poi objeto el Arte y la Industria, aquél para dar formas bellas á la materia, ésta para
^ o r c i o n a r toda clase de procedimientos y poder obtener aquellas formas.
pasado aquellos tieim£os eu que se creia que todo trabajo de mano, toda ocu-^

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pación de taller debia merecer menores consideraciones que la de estudio ó la de bu-
fete; aquellos tiempos en que el deseo de figurar, y hasta el amor propio mal diri-
gido, habia hecho muchas veces que un productor hubiese preferido dar á sus hijos
una carrera de bufete en lugar de una de taller, sin considerar que á ésta va anexa
la de estudio. La sociedad no puede menos de admitir entre los escogidos á aquel que
le da lo que el bien parecer exige ; pues, como dice un poeta español :

No e s señor quien señor n a c e ,


S i n o q u i e n lo s a b e s e r .

Sin embargo, existe todavía un desequilibrio entre el sistema de Instrucción pública


y el estado de sociedad ; desequilibrio que lleva tras sí graves consecuencias.
Por delicada que sea la materia, no hemos de cejar en nuestro propósito de
emitir una opinion que procede de una experiencia en el espacio de muchos años
ejercitada. Por felices hemos de tenernos, si pudiéramos con este razonamiento dar
motivo á (juc hombres entendidos, tomando la cuestión por su cuenta, la traten con
la extension de un libro, en vez de hacerlo con la concisión de una memoria ó con
el fútil carácter de un artículo de un periódico.
Hubo un tiempo en que la enseñanza universitaria pudo satisfacer las necesidades
de la sociedad, más por los defectos de la constitución de ésta que por aventajadas
circunstancias de aquélla. La sociedad tenía entonces en su seno una infinidad de
establecimientos religiosos, hijos de necesidades sociales de otros tiempos, que iban
sucesivamente desapareciendo; desaparición q u e , al paso que enriquecía el estable-
cimiento, constituía la providencia, digámoslo así, del estudiante poco capaz ó poco
favorecido por la suerte. Multitud de órdenes religiosas, que habian prestado á la so-
ciedad servicios de gran monta, habian dejado de tener ocupación ; y sin separarnos
de la instrucción y de la beneficencia públicas, tenemos que la orden Benedictina
ya no era, en los siglos que siguieron al del desarrollo de las universidades, la única'
guarda y ol único custodio del saber; ni las órdenes Mercenaria y Trinitaria tuvieron
razón de ser luego que lus naciones europeas hicieron entrar en el camino de la c i -
vilización á los pueblos incultos del litoral de África, y dejó de haber cristianos cau-
tivos en las mazmorras de Argel. De lamentar es que tales establecimientos hayan
desaparecido, no por la corriente natural del espíritu de las épocas, sino violenta-
mente por el puñal y la tea incendiaria de las revoluciones y en fuerza de una bor-
rasca político-social, que ha arrastrado en su corriente saber, filantropía y abne-
gación, sin haber sustituido convenientemente lo que se quitó, con otra cosa que
hubiese llenado con exceso el vacío que hubo de quedar.
Que ese vacio quedó, es indudable. Con efecto, la universidad subsistió, es ver-
dad, mas sin las condiciones que debió tener la enseñanza universitaria; limitándose
á lo de inmediata aplicación á determinadas profesiones, dejando lo general y lo a b -
soluto de la ciencia y del arte. De todos modos, la enseñanza universitaria quedó ó
inconveniente ó adulterada ; inconveniente, porque sin haberse conservado con lo ~
general y lo absoluto, tenía después de sí todo lo particular y lo concreto; adultera-
da, porque se encargó de condiciones que no debió admitir : en una palabra, aun sin
pensarlo, se hizo profesional en vez de ser nada más que científica. En cualquiera de
estos dos casos, la universidad ha continuado dando un contingente para las carre-
ras religiosas y civiles tan excesivo, que luego que se llenan los puestos subvencio-

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nados рог el Estado, y los que son menester para atender á las necesidades de la
conciencia, de la justicia y de la higiene, deja un sobrante extraordinario, más ó me-
nos apto para llenarlas, y que en la imposibilidad de hacerlo, busca en el ancho
campo social lo que en otros tiempos hallaba en el recinto de un claustro, donde la
constitución de las órdenes religiosas ofrecia medios de medrar y de subsistir ; so-
nrante que ha quedado sin director que le muestre un camino provechoso y noble,
sin un guia que le tenga de la mano en los primeros pasos, sin una bandera bajo la
cual se le haya podido atraer.
Nos quejamos de la empleomanía, y la reconocemos como origen del frenesí de-
magógico que altera la sociedad ; y, sin embargo, no buscamos medios de aislar esa
corriente eléctrica que de tanto en tanto estalla. Esa empleomanía nace en mucha
parte de ese sobrante que, sin puesto que ocupar, no tiene donde albergarse, ni una
bazofia que pueda alimentarla ; y se extiende desde los puestos á sueldo fijo que el
"astado crea, hasta los que el servicio particular requiere.
Hé aquí el vacío que conviene llenar, por más que no se concedan ánuestras ideas
la menor trascendencia, por más que nuestras expresiones sólo sean consideradas
como elucubraciones, hijas de una imaginación más ó menos impresionada por loa
extraordinarios acontecimientos que á nuestra vista tan rápidamente pasan. La difi-
cultad está en llenarle convenientemente, en suplir lo que haes falta, en corregir
errores, en crear algo que responda con entera justificación á las necesidades de la
época.
Este algo es la Instrucción planteada sobre las bases de la ciencia y del Arte en lo»
general y absoluto que una y otro tienen ; de las especialidades profesionales ; y por
nltimo, de las otras especialidades artístico-industriales; lo primero, para reunir t o -
os los conocimientos en un centro común de vida; lo segundo, para proporcionar
el contingente que debe representar la actividad intelectual de la nación : lo tercero,
para proporcionar el de la actividad industrial de la misma; y todos para exteriori-
zar los resultados del afán con que el hombre debe aspirar á la sabiduría, en virtud
el cual ha podido sustituir al nombre de ciencia, sofía, el de ¡ilosofla, amorá la cien-
Cía, según el principio de que solo Dios es sabio. La universidad es la que debe dar
a enseñanza de la ciencia y del Arte en lo general y absoluto que tienen ; mas no
por un sistema que quite á la ciencia y al Arte su independencia, sino de una mane-
l^a libre de las ideas violentamente trasformadas, para poder llegar directamente á la
azon, libre de toda dependencia, de manera que el Cuerpo académico no haya de
esponder á lo que traiga consigo el desarrollo histórico de la ciencia y del Arte, sino
os descubrimientos obtenidos en fuerza de una concienzuda, razonable, experi-
mentada y libre discusión. Las escuelas profesionales, aunque dependientes déla u n i -
rsidad, mas no con la dependencia que avasalla, sino con aquella procedencia na-
^^lal y legítima que la autorizará para hacer jurisperitos, médicos, artistas ó ingenie-
s, no simplemente ganapanes, sino para cultivar la filosofía en el ejercicio de la
'^sprudencia, de la medicina, del Arte y de la industria,
espues de la libre universidad, después de las libres escuelas profesionales, ne-
. ^r^a.^se otras escuelas para la instrucción del menestral, para el que ha de vivir del
j ^J*^ sus manos, dando á todos los objetos muebles que el estado de civilización
fué^ "^eesarios, buena elaboración, baratura y belleza. Fueron abolidos los gremios,
lib f'"°*^'^'"^'l^ la libertad de los oficios, de las profesiones industriales; pero esta
еЧаЦ fué de tal manera entendida, que dejó á las individualidades desamparadas,

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huérfanas de aquella dirección necesaria en los primeros pasos que para seguir una
profesión han de darse ; y los que antes fueron mffesím, oficiales y aprendices, se
convirtieron en amos y obreros; viniendo la cuestión social á ocupar el puesto que
ocupaba otra cuestión que hemos llamado escolástica, porque de escuela procede, y
porque al cabo de lu enseñanza que al menestral conviene se trata. No es que vaya-
mos á abogar por el restablecimiento de los antiguos gremios, sino de su restaura-
ción sobre la base del libre ejercicio de la industria, no por un plan escolástico-gre-
mial, sino por un medio de fomento capaz de dar á conocer á cada productor la ne-
cesidad de hacer estudios íntimamente relacionados con el respectivo ramo de pro-
ducción manufacturera.
La reunion por matrícula forzosa de cuantos quisieren tener taller abierto de una
industria, cualquiera que fuese, dentro del recinto de una población ó comarca, bajo
el nombi'e de gremio ó de colegio, ó como quisiera llamársela, aparte de ciertas ven-
tajas que á la Administración pública y á la misma colectividad podría traer, debie-
ra tomar á su cargo las escuelas artístico-industriales para los menestrales. Hablase
en el dia de escuelas para contramaestres y para la instrucción de los obreros, y se
acude á la enseñanza oficial : es que estamos todavía demasiado acostumbrados á que
todo haya de venirnos de las regiones superiores del Estado, y nos curamos poco de
ló que particularmente ó en colectividad podría hacerse. Bien puede dejarse á
la Administración pública desembarazada de atenciones, de las cuales, ó puede un
malvado hombre de Estado abusar, ó quisiera un entendido y concienzudo hombre
de gobierno prescindir por razón de los detalles á qne están aquellas atenciones suje-
tas. Harto que hacer tienen los gobernantes con gob.írnar bien, sobre todo en los
tiempos que corren en los cuales los críticos políticos son en mayor número que los
hombres entendidos en política, y en que son muchísimos más los que presumensa-
ber mandar que los que saben obedecer.
En la época de los antiguos gremios la enseñanza no era oficial, pero era positiva.
Toda por completo estaba á cargo, si no del gremio en su colectividad, de las indi-
vidualidades que le constituían ; el ejercicio de la actividad artistico-industrial del
hombre estaba sujeto á un diploma, no menos que lo están en el día el ejercicio de
las profesiones que de la actividad intelectual simplemente proceden. No se podía
ser maestro en una profesión industrial sin el título de tal, adquirido en virtud de un
ejercicio que puede muy bien llamarse académico, si no gremial, cuya verdad fué de
dia en dia adulterándose, no dejando esta adulteración de contribuirá que el sistema
en que los gremios se apoyaban cayese en la mayor decrepitud ; y esta fué la parte
vulnerable de los gremios antiguos. Quizá tiene algo censurable la parte docente, mas
no en tanto grado. Entraba un muchacho en un taller en clase de aprendiz; allí de-
bia pasar una serie de años, más ó menos larga, aprendiendo : es verdad que apren-
día bien ó mal, según sus disposiciones y según los conocimientos, el humor, el mé-
todo y la buena voluntad del maestro, y quizá según los emolunientos que éste de
los padres ó tutores recibía ; pero al cabo aprendía. Pasaba en seguida á la categoría
de oficial, y después de algunos años, y cuando sus posibilidades se lo permitían, as-
piraba al título de maestro, recibiendo el diploma arriba indicado. ¿Qué instrucción,
según esto, recibía el menestral? La que el maestro tenía obligación de darle, y la que
en el taller podía por sí mismo adquirir. ¿Era esta instrucción suficiente? Creemos
que no. El maestro no era responsable, ante el gremio ni ante la opinion pública, de
la misión que debia desempeñar respecto del aprendiz, y el aprendiz nopodia recia-

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mar más que lo que la sola práctica podia proporcionarle. Do los gremios reforma-
dos del modo que dejamos indicado nos prouietemos un remedio, acudiendo á una
necesidad quü se hace sentir, y que el estado en que actualmente se encuentra la
producción industrial reclama.
Encargados los gremios libres, como caso de conciencia, de la instrucción de lo que
ácada especialidad conviniese, la colectividad, escuela gremial, asumiría la respon-
sabilidad de la buena doctrina y de la buena lección, y el aprendiz no quedaría e x -
puesto al egoismo, mal humor "ó voluntad de la individualidad maesíro, que podría
callarle doctrinas generales bajo el pretexto de secretos de las artes y de los oficios.
A la libre voluntsd de esas agremiaciones debiera quedar la fundación y entrete-
nimiento de una escuela artística para las formas y técnica para los procedimientos,
y de un taller para la práctica. Quizá entonces el arte, lainduslriay laacUoidad obre-
ro se armonizarían para dar á la producción todo el atractivo que ha menester, y al
aprendiz toda la dirección que necesite para llegar á ser un entendido y hñh'ú oficial.
Y ser oficial equivaldría entonces á ser maestro, como ser licenciado en jurispruden-
cia ó en medicina equivale á ser abogado ó médico; porque, ¿en qué podría enton-
ces consistir la diferencia? Se puede ser maestro sin ser dueño de un taller, como es
posible ser abogado sin tener bufete propio.
No habria aíiui cuestión social, sino cuestión de pura aptitud y habilidad, destre-
ja, talento ó genio; no habria más que maestros y aprendices; siendo de los sobre-
salientes el campo, que no de los rutinarios.
Los gremios ó colegios deberían fundar y sostener sus respectivas escuelas y talle-
i'es con los subsidios que cada agremiado debiera sufragar en determinadas cuotas,
y con los emolumentos que de los aprendices pudiera sacarse con carácter de ma-
trícula; la emulación entre las distintas escuelas-talleres de la nación sería uno de
ios estímulos de la buena organización y del buen sistema ; los premios en metálico
que pudiesen alcanzar del Gobierno superior ó de las corporaciones populares, ó de
particulares, al paso que aumentarían los recursos para el sostenimiento de las obli-
Saciones, daría grande importancia al gremio que los hubiese merecido ; los pro-
ductos de aquellas escuelas-talleres podrían procurar igualmente medios para d e s -
arrollar más y más la producción ; pudien;lo constituirse en escuelas-talleres mode-
'os. como título de honor, y para gloria del país en que se arraigasen.
No entraremos en detalles acerca de los métodos de enseñanza, ni del modo de
constituir el cuerpo docente, ni de la extensión que debiera darse á la producción de
las escuelas-talleres ; la experiencia y la prudencia es lo que puede aconsejarse en
este particular: un solo principio es el que desde luego podemos sentar como base de
los reglamentos, y es, que la falta de sistema puede impedirei desarrollo de la idea,
y que un exceso de sistema puede ahogarla.
Cuanto hemos manifestado en nuestro razonamiento dejará indudablemente com-
prender que abogamos'enf¡vor'de "¿"enseñanza de las generalidades científicas y ar-
tísticas, m r a que los talentos y los genios puedan desarrollarse_ á su sabor, y para
qne las ciencias y las artes tengan abierto el espacio en toda su mmensidad, a h n de
poder alcanzar ulteriores conquistas y descubrir y esclarecer verdades; pero qne as-
piramos á la realización de la idea de que cada profesión sea la directora de si misma,
'a guarda de sus intereses intelectuales y prácticos, como quizá pudiera serlo de los
económicos y sociales, y quién sabe si podría serlo un día de los políticos, y que
hajo estos puntos de vista deseamos que los profesores de cada una de las industrias,

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y si menester fuese, los de las que se consideren limítrofes, así los que por sus posi-
bilidades tuvieran taller abierto, como los que por falta de ellas hayan de trabajar
por cuenta de ellos, procuren crear escuelas especiales artístico-industriales, escuelas-
talleres; sacudiendo el individualismo egoísta que vincula en una persona conoci-
mientos que sólo á la comunidad pertenecen.
Si llegase un dia en que la libertad de enseñanza se desprendiese del torcido sen-
tido que suele dársele, quizá veríamos nacer escuelas especiales para cada industria
en distintas localidades, según las necesidades que cada una de ellas lo reclamare,
bajo la dirección, inspección y salvaguardia de los gremios libres.
Las ideas (jue hemos emitido ofrecen multitud de puntos de grandísimo y tras-
cendental ínteres y que merecen ser tratados separadamente. De su dilucidación bien
pudiera ocuparse un congreso de instrucción pública, ya que los congresos han ve-
nido á sustituir la autoridad de los cuerpos académicos ó de los consejos oficiales.

José DE MANJARRKS. -.^^

DE LA FABRC
IACÓ
I N DE S
iTRÜMENTOS DE MS
lÍCA EN ESP
. , „ , E N LOS SIGLOS X T , X V I ^ MЦ^ . ... -

EYKJíDO las historias musicales, no se puede menos de maldecir


la incuria española. En cada país, fuera del nuestro, se ha pro-
curado siempre dar publicidad á todo cuanto pueda contribuir
á la gloria, ó cuando menos al buen nombre, de toda persona
que hiciera algo por las artes, la literatura ó las ciencias. En la música, particular-
mente , es tanto lo que se ha apurado ia materia, que no solamente los grandes maes-
tros y artistas, sino hasta los humildes tamborileros tienen un lugar honroso en las
historias musicales de Alemania, Italia, Francia é Inglaterra. Cualquier descubri-
miento artístico, cualquier mejora, por pequeña é insignificante que parezca, se ve
en ellas registrada , comentada y aplaudida hasta la saciedad , demostrando esto el
noble orgullo con que en todas partes se procura disputar el premio merecido por
los que más y mejor cultivan el arte de la música.
En nuestra bendita España pasan las cosas de bien diferente manera. Por regla
general no hemos sabido dar importancia sino á nuestros hechos políticos y milita-
res ; pero raras veces hemos buscado los nombres ó las obras de nuestros hombres de
ciencia y de nuestros artistas, para presentarlos á la admiración del mundo civiliza-
do; sobre todo en materias de música es tan punible nuestro abandono, que éste ha
dado pié para que en las historias generales del a r t e , escritas por extranjeros, se nos

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c o n c e d a e l ú l t i m o l u g a r e n t r e l a s n a c i o n e s e u r o p e a s ; y s i a l g u n o s nombres d e a r t i s -
tas españoles ó a l g u n a s d e sus o b r a s notabilísimas tienen h o y celebridad, se d e b e á
q u e d i c h o s artistas tuvieron q u e e m i g r a r para alcanzarla , c o m o e n efecto lo c o n s i -
guieron , a u n á c o s t a d e l a h o n r a d e E s p a ñ a , c u y a n a c i o n a l i d a d s e l e s n i e g a e n c i e r -
t o s c a s o s , s u p o n i e n d o á l o s tales a r t i s t a s h i j o s d e I t a l i a ó d e o t r a n a c i ó n e x t r a n j e r a
de d o n d e es el historiador q u e los e n a l t e c e .
Los franceses, con su ingénito c h a r l a t a n i s m o , se apoderaron d é l a trompeta de la
a m a , l a t r a s f o r m a r o n e n bombo y platillos, y h a c i e n d o e l o f i c i o d e p r e g o n e r o s u n i -
^'ersales, s e a r r o g a r o n el d e r e c h o d e la c r í t i c a y d e l a s a l a b a n z a s ; p e r o c o m o p a r a \&
g e n e r a l i d a d d e l o s f r a n c e s e s e s a x i o m á t i c a l a f r a s e no hay más que la Franela, n i s e
tornaban el trabajo d e estudiar á f o n d o lo q u e p a s a b a e n otros países f u e r a d e l s u y o ,
ni a u n q u e lo e s t u d i a r a n e n p a r l e , lo h a c í a n d e o t r a m a n e r a q u e c o n el criterio f r a n -
cs y c o n la idea p r e c o n c e b i d a d e su g r a n superioridad intelectual respecto á las d e -
m á s naciones. C o n esta idea y c o n u n a gran actividad ( m u y loable por otra parte),
inundaron el m u n d o d e libros históricos y críticos ; y c o m o e n los t i e m p o s d e super-
ncialidad q u e a t r a v e s a m o s se suele d a r la razón á q u i e n m á s grita, E u r o p a h u m i l l ó
a cerviz, ysin previo e x a m e n admitió c o m o razonables hasta las m á s apasionadas y
a b s u r d a s e l u c u b r a c i o n e s d e los f r a n c e s e s , l l e g á n d o s e h a s t a el e x t r e m o d e n o c o n s i -
derarse j u s t a ó c o m p l e t a u n a r e p u t a c i ó n c u a l q u i e r a s i F r a n c i a n o l a h a b i a s a n c i o -
nado.
P o r otra p a r t e , n o s é q u é t i e n e E s p a ñ a p a r a l o s f r a n c e s e s , q u e c u a n d o é s t o s t r a t a n
d e nuestras c o s a s , lo h a c e n c o n el m a y o r desprecio óc o n la m á s c o m p l e t a i g n o r a n -
e¡a y m a l a v o l u n t a d . E l l o s n o s n i e g a n e n a b s o l u t o n u e s t r o s m e r e c i m i e n t o s e n l a s
Ciencias e x a c t a s , y sin e m b a r g o , u n e s p a ñ o l , P e d r o C i r u e l o , f u é q u i e n p r i m e r o e n -
s e n ó m a t e m á t i c a s e n P a r í s ; t r a t a n c o n d e s d e n á n u e s t r o s m é d i c o s y q u í m i c o s , ye l
arte d e curar d e b e á u n e s p a ñ o l , D. M a t e o Orfila, q u e llegó á ser u n o d e los p r i -
meros m é d i c o s de E u r o p a , los célebres tratados de medicina legal y de toxicología
l u e s i r v e n d e t e x t o e n l a s e s c u e l a s d e F r a n c i a ; á c i e r t o sabio f r a n c é s s e l e o c u r r e d e -
y p u b l i c a r q u e e n p i n t u r a n o h a y e s c u e l a e s p a ñ o l a , y sin e m b a r g o , el c u a d r o m e -
j o r d e l M u s e o d e l L o u v r e es u n a C o n c e p c i ó n d e M u r i l l o , r o b a d a á E s p a ñ a p o r e l m a -
'scal S o u l t . P e r o ¿á q u é c a n s a r n o s e n citar h e c h o s d e t a n t o b u l t o ? E x a m í n e n s e los
Joros y periódicos q u e diariamente arrojan d e s i las prensas francesas, y e n ellos
e verá consignado q u e e n E s p a ñ a n o h a y b u e n o s comestibles y q u e las aguas son
roías ; q u e nuestros magnates son capitanes de bandoleros ; q u e nuestras d a m a s lle-
7'!" n a v a j a e n l a b g a , f u m a n , t o c a n l a s c a s t a ñ u e l a s y b a i l a n e i b o l e r o . E n u n a p a -
a ' r a , no t r a t a n l o s f r a n c e s e s d e l o s a s u n t o s d e E s p a ñ a c o m o n o s e a p a r a t e r g i v e r -
sarlos y f a l s e a r l o s c o n l a m á s i n s i g n e m a l a f e : n o p a r e c e s i n o q u e a u n l e s d u r a el
encor por las humillaciones q u e las a r m a s españolas les hicieron sufrir en R o n c e s -
calles, en Pavía , en Bailón y en otras partes; y q u e ellos ahora tratan de vengarse,
a c i e n d o n o s p a s a r a n t e el m u n d o p o c o m e n o s q u e p o r idiotas. R e s p e c t o á m ú s i c a ,
d e " í ' ^ " ""^^ t r a t a n c o n e l m a y o r d e s p r e c i o , l l e v a n d o l a d e s v e r g ü e n z a h a s t a e l p u n t o
e decir Mr. S c u d o (uno de los críticos de m á s n o m b r e en París), e n cierto libro q u e
P seo q u e , e n E s p a ñ a n o h a y m á s q u e el teatro R e a l , m u y m a l m o n t a d o , y la R e a l
^^apiUa de Palacio, c o m p u e s t a en su totalidad d e artistas extranjeros.. Esto lo decía
hace algunos años, cuando nuestra zarzuela estaba en su mayor apogeo, cuan-
e n el teatro R e a l a c t u a b a n los m e j o r e s c a n t a n t e s d e E u r o p a , y c u a n d o e n la G a -
a no h a b i a u n s o l o a r t i s t a q u e n o f u e r a e s p a ñ o l y e d u c a d o e n E s p a ñ a .

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Pero de cuanto llevo dicho no tienen toda la culpa los extranjeros, sino la in-
curia española y nuestra falta de verdadero patriotismo; pues aunque, poseídos de ir-
reflexivo orgullo, solemos repetir la ívas^e ¡ españoles sobre todo ! sin embargo, es tal
nuestra pereza ó abandono, que dejamos correr por el mundo las falsedades que nos
deshonran, sin poner de nuestra parte nada para colocarnos en el buen lugar que
nos corresponde.
Cierto es que en 1л música tenemos en España escritores distinguidos, como los se-
ñores Soriano Fuertes, Eslava, Saldoni y otros, que en los últimos tiempos han pu-
b ¡cado trabajos enraminados á reivindicar el buen nombre español; pero todavía
queda mucho que hacer par que podamos decir que tenemos una historia completa
de la música en Esp;iua, y para que ella LUEGO traspase los Pirineos y sea conocida
y «preciada en Europa cual se merece.
Para escribir esta histor'a no hay más remedio que acudir á sus fuentes más pu-
ras , á nuestros archivos y bibliotecas, sin hacer caso alguno de la mayor parte de lo
que se ha impreso por extranjeros mal informados ó poseídos de inquina contra los
españoles.
En prueba de esto, búsquense en las obras publicadas noticias sobre nuestros fa-
bricui.tes de instrumentos de música, y se verá con asombro que ni siquiera se hace
mención de España en el particular ; y digo que con asombro, porque no puede ad-
mitirse en buena crítica que vinieran del extranjero absolutamente todos los instru-
mentos usados en España con tan excesiva profusión por el pueblo en general, por
los trovadores y juglares , y particularmente por la Iglesia, en cuya multitud de ca-
tedrales, colegiatas, conventos y parroquias habia siempre por lo menos un órgano
para acompañar á los oíicios divinos.
No podría yo aún tratar este asunto con toda la copia de datos necesaria, porque
mis trabajos de investigación van por necesidad marchando con penosa lentitud, y
no arrojan todavía la suíiciente luz, ni dan de sí los materiales necesarios para un es-
ludio completo. Sin embargo, son tantos y tan curiosos los apuntes que me están
suministrando los archivos de Toledo y del Palacio Real de Madrid, que ellos solos
bastan para el objeto que me propongo en este articulo, que no esotro que el de lla-
mar la atención sobro esta ignorada sección de nuestra historia musical ; sección
que cae perfectamente bajo el dominio del ALMANAQUE DEL MUSEO DE LA INDUSTRIA.
Al tratar de este asunto, lo primero que se ocurre preguntar es: ¿dónde y por
quién se fabricó la gran variedad de instrumentos rústicos y vulgares de que el p u e -
blo español se servia p:ira sus solaces? La contestación á tal pregunta no puede
ser terminante, porque si echamos una rápida ojeada sobre las bascatibias ó silbos,
las dulzainas, las gaitas, los pitos y flautas diversas, los rabeles, bandurrias y gui-
tarros; y si luego atendemos á la multitud de instrumentos rítmicos, como pande-
ros, sonajas, castañuelas, tamboriles, chicharras, zambombas, carrañacas ó gine-
bras, platillos, e t c . , etc.; y si examinamos su índole y el escaso afinamiento con que
generalmente están construidos, no podremos menos de calcular que siempre haya
sucedido en España lo que hoy sucede, es decir, que nunca hayan existido fabri-
cantes especiales consagrados á esta industria exclusivamente, sino que cualquier
carpintero, tornero, herrero ó pellejero, y á veces en la más insignificante aldea , es
el encargado de construir los instrumentos músicos más usados en su localidad; yes-
tos menestrales aun podrían considerarse como fabricantes aristocráticos (digámoslo
, Í'A1»J1J|L^'5ÍL?'* cuenta que la navaja del pastor suele por lo regular emplearse en

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hacer con un cuerno, un pedazo de madera cualquiera, ó unas cañas, y á veces con
estos tres materiales combinados, como en los albogues de que habla Cervantes, y de
que tengo ejemplar, instrumentos originales y característicos, que nunca suelen em-
plearse sino al aire libre y entre las asperezas de los bosques y las montañas.
Este ramo de los instrumentos puramente populares no es indigno de un estudio
especial y profundo; antes, al contrario, es de gran importancia parala historia ar-
tística y literaria, y para la de las costumbres de los españoles; porque si miramos
jas pinturas y bajos relieves de los antiguos griegos y romanos, hallaijémos allí dibu-
jados muchos instrumentos de los que hoy conserva nuestro pueblo; y si atendemos
también á las iluminaciones de códices de la Edad Media, veremos en ellos con fre-
cuencia pintada la cifoiña ó chinfonía, que hoy tocan los gallegos, y también otros
muchos instrumentos, hoy populares, que entonces eran aristocráticos. Pero como
e' objeto de este articulo es más concreto, voy á ceñirme á tratar sólo de los instru-
mentos puramente artísticos, dividiéndolos en dos secciones : la primera, el órgano
solo, y la segunda todos los demás que se construían en España por algunos fabri-
cantes especiales, en los siglos xv, xvi y xvu.
La historia general del órgano bastaría por sí sola para componer un libro. La gen-
uidad atribuyó su invención á la diosa Minerva. Luego, unos 120 años antes de la
era cristiana, el célebre matemático de Alejandría, Ctesibius, inventó el órgano
mdráulico, llamado también clepsidra, conociéndose desde entonces dos clases de
órganos , el neumático y el hidráulico, pero siendo éste el usado con más frecuen-
e^a. En las últimas fiestas del imperio romano se daba un gran empleo al órgano
iidráulico, ya en el Circo para a n i m a r á los atletas, ó ya en el teatro para acompa-
l'ar á las pantomimas. Julio Pollux, que vivía á principios del siglo n , menciona am-
^s clases de órganos, diciendo, á propósito del hidráulico: sedpropter aquam
^"uUientem, major sono spiritus aura emittitur.
Hay quien opina que el órgano se introdujo en la Iglesia en el siglo vi ; pero su uso
general en ella no data sino de fines del x ó de principios del x i , época en que fué
generalmente adoptado por las iglesias y conventos de Italia y del resto de Europa,
f'^Perimentando grandes aumentos y mejoras. Este órgano era el hidráulico, según
° Confirma Guillermo de Malmesbury, escritor del siglo xii, diciendo: Exslant
^ }(im apud illam ecclesiam organa liydraulica, ubi mirum in modum aqum calefactm
^^oientia ventus emergens implet concavitatem barbiti, et per multiforalites transitus
fistulce modulalos clamores emittit.
" e lo dicho se desprende que el alma del órgano hidráulico no era otra que el va-
, de agua, cuya fuerza motriz hace dos mil años era ya conocida y aplicada á la
musica por los griegos. ; Cuánto antes hubieran disfrutado los pueblos modernos de
, s aplicaciones de aquella fuerza a l a industria, si los sabios, en vez de aguardar el
echo casual de las hojas de árbol sobre la olla del pastor, hubieran estudiado la an-
gua historia musical! Pero vamos adelante con nuestro asunto.
"alando el tiempo fué preciso quitar á los órganos el sistema hidráulico, quedando
amenté en uso el neumático ó de fuelles ; y cuando en los siglos xiv y xv la música
to^s "^"l^ '^"'^''^ órgano ó canto figurado hizo tan grandes progresos, fueron é s -
acompañados por los del órgano, que experimentó reformas y aumentos de la
^ y o r importancia, hasta llegar por fin al gigantesco y magnífico estado en que
•^^y se encuentra.
os constructores y reformadores más aventajados que cita la historia fueron los

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alemanes, quienes ya en el siglo ix gozaban de la gran i-eputacíon que siempre han
conservado en materias de fabricación orgánica ; y en el siglo xv se registran los
nombres de muchos organeros célebres, no sólo alemanes, sino italianos y flamen-
cos, que sería prolijo enumerar.
Respecto á los españoles , la historia es más galante que dé costumbre ; ni siquiera
hace mención de nosotros, á pesar de que es sabido que nuestra iglesia ha camina-
do siempre al nivel, si no delante, de las más artísticas, ricas y fastuosas de E u r o -
pa, y que por ló tanto el órgano se usa en España desde la época en que lo usaron
en Italia y Alemania. Por consecuencia, ¿deberemos pensar que todos los órganos de
las innumerables iglesias de España eran traídos del extranjero, en unos tiempos
como aquéllos, en que nuestra guerra de reconquista y nuestros malos caminos y
medios de locomoción eran tan poderosos obstáculos al comercio? Y si aquí te-
níamos tantos órganos, y todos no podian ser traídos de fuera, ¿no habria de haber
en España quien los fabricase? Había, en efecto, muchos organeros ; y en prueba
de esta verdad, voy á permitirme copiar un precioso documento de principios del
siglo XV, que se conserva en el archivo que fué de la obra y fábrica de la catedral de
Toledo, y q u e , con su exacta ortografía, dicede esta manera :

« ÓRGANOS MAYORES DE LA EGLESIA DE TOLEDO.

» Sábado diez e seys dias del mes de setiembre año del señor jheschristo de
iOccccxxiüj años dio e pago don alfonso martinez thesorero e obrero déla eglesia
de toledo a johan rrodriguez de cordona maestro de órganos vecino morador en la
cibdad de cordona trescientos florines de oro del cuño de aragon los cuales dichos
trescientos florines de oro ouo de auer por rrazon del abenimíento que el dicho t h e -
sorero fizo con el dicho johan rrodriguez maestro de órganos para que adobase e
afinase e asentase los cañutos e obra de los órganos nueuos grandes que tenia comen-
gados a facer fray giraldo maestro de órganos la qual avenencia se fizo con el dicho
johan rrodriguez con estas condiciones que aquí se contienen de yuso | primeramente
que desde e! primero punto que sera a fa ut fasta el primero a la mi re que son seys
puntos de los de baxo que fuesen e sean senzillos de un principal solo e sus conjuntos
e dende adelante que sean doblados segunt que se rrequiere á la obra | otrosy la orde-
nación de los caños de dentro que tengan sus cantos e que ponga toda la otra melo-
dia segunt que el sabe que es menester e esta fecha e ordenada | otrosy que los dos
juegos como están fechos que se pongan en manera que el un juego no enbargue al
otro quando se tañiere e que sean bien blandos para tañer e que faga otros juegos
mas largos que los que estañan fechos e aula fecho frey giraldo por quanto non eran
tan ligeros nin tan bien obrados | otrosy que acabe esta obra e de fecha e afinada e
asentada para el dia de sancta maria de agosto primera que viene a vista de maes-
tros a contentamiento del cabilldo e del thesorero | iten que le de el dicho thesore-
ro por su trabajo de facer e afinar e asentar e acabar la dicha obra trecientos flo-
rines de oro del cuño e peso de aragon o los mrs. que ellos montaren a ragon de a
cinquenta e un mrs. e cinco dineros por cada un florin en blancas] iten que le de el
dicho thesorero para el dicho maestro e su compañero e un mogo que les ayude para
su mantenimiento cada dia veynte mrs. e si alguno fallesciere que non labrare es-
tando sano que le quenten diez mrs. del dicho mantenimiento e sy fuere el maes-
tro que piercla el jornal e que estos veynte mrs. que los ayan tanbien los dias de ,

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los domingos e fiestas de guardar | iten que fagan juramento de labrar con diligencia
6 acabar la dicha obra para el dicho tiempo | iten los mrs. del dicho mantenimiento
que gelos de lo que montare a rrazon de los veynte mrs. cada dia de quince en quin-
ce dias| iten que de el dicho thesorero pava acabar toda la dicha obra todas las cosas
"Ue fueren menester así obra de madera como de fierro e de latón e de plomo e
^Çogue e todas las otras cosas necesarias a la dicha obra saluo entonadores e si car-
Pmteros o pedreros ouieren menester que gelos de el dicho thesorero para facer algu-
nos cañutos si falleciere ( iten que adobe el arca e la rrepare por manera que non sal-
ea della viento alguno e non digan los cañutos por si mesmos e que los ponga segunt
a ordenança que frey giraldo tenia ordenada | iten que non parta de aquí fasta que
sea contento el cabilldo e el thesorero de la dicha obra e contentos que le paguen
os dichos ílorines e los mrs. que en ellos montaren al dicho precio luego so pena de
nn florin cada dia| ¡ten que le de peones e plegaría e carpinteros que fueren menes-
ter para la dicha obra saluo para el afinar susodichoj iten que asiente los fuelles en
sus caños por do naya el viento | iten que en toda esta obra siga la ordenación segunt
lue el dicho frey giraldo tiene ordenada e que non quite cosa alguna della [ iten que
^enga á coraençar esta dicha obra á diez dias del mes de mayo primero que viene
sopeña de cien florines | iten sí el dicho thesorero quisiere que este alguno á la afina-
r o n que sea miguel sanchez rracionero que pueda estar ala dicha afinación e non
otro alguno! iten que los caños sean puestos e asentados en el ai'ca segunt la ordena-
Ç'on que se requiere á la dicha obra e esta començada á facer en la dicha arca e sus
ogares la qual dicha avenencia fue fecha entre los dichos thesorero e johan rrodri-
guez con las dichas condiciones el lunes diez dias del mes de abril que paso deste di-
Cuo año de mili e cuatrocientos e veynte e cuatro años e por quanto el dicho johau
rrodriguez fizo e acabo de facer e atinar e asentar la obra de los dichos órganos se-
gún e en la manera que en las dichas condiciones susodichas se contiene diole e pa-
góle el dicho don alfonso martinez thesorero e obrero de la dicha eglesia de toledo
^ dicho johan rrodriguez maestro de órganos los dichos trecientos florines de oro
_c la dicha abenencia susodicha por los quales dichos trezientos florines de oro le
'O e pago a rrazon de a cinquenta e un mrs. e cinco dineros por cada florín que
montaron al dicho precio los dichos trecientos florines quince mili c quatrocientos e
nquenta mrs. de moneda nueua de blancas e otorgo el dicho johan rrodriguez
lue los rrecibio del dicho thesorero ante mi martin ferrandez notario publico e es-
criuano déla dicha obra en este dicho dia sábado diez e seys dias del dicho mes de
tienbre del dicho año de mili e quatrocientos e veynte e quatro años e por mayor
^J°"'^amiento e firmeza el dicho johan rrodriguez escriuio aquí su nombre.—(Siguen
^ Pmas.)—«juan rrodriguez —martin ferrandez notario.»
n*:'^utinuaciou del anterior documento hay un recibo firmado por el mismo Juan
"''•ñguez, por cuyo recibo consta que á este organero se le dieron, ademas de los 300
orines de oro, 2.320 maravedises para su mantenimiento, el de su primo Gonzalo
"w'iguea, también maestro organero, y para el mozo que los ayudó durante la
ustruccion de los órganos ; y más adelante hay otro recibo, firmado por arabos pri-
^ o s , Juan y Gonzalo Rodríguez, de 2.000 maravedises más, que ellos recibieron co-
r n J"*^^™"'''ac¡on de unos dias que se quedaron en Toledo después de cumplido su
'^«mpromiso con el Cabildo.
loc ^'^to. en el contrato anteriormente copiado se habla del asiento ó c o -
acion de los fuelles, pero no de la construcción de éstos ni de su manejo, que fue-

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ron objeto de un contrato especial, celebrado con dos hermanos, vecinos de Toledo,
llamados Ferran González Chápalo y Juan González Chápalo, en el cual se lee el no-
table párrafo siguiente :
« Para que liciesen a su costa e misión un arti¡kio para que un ombre de hedat
de veynte o veynte e cinco años poco más o menos pueda e pudiese entonar e en-
tonase ocho fuelles o diez si necesario fuese pequeños ó grandes.»
Llamo la atención sobre esle asunto de los fuelles, porque no sólo revela la exis-
tencia de dos constructores mecánicos toledanos, desconocidos hasta ahora, sino por-
que el hecho demuestra el estudio que se hacia ya en España, á principios del siglo xv,
para mejorar los órganos, cuya parte más importante es la cantidad de aire y la cons-
tancia y regularidad de su empleo.
Por esto los fuelles han sido siempre objeto de preferente estudio, y los más nota-
bles organeros de Europa se han ocupado en inventar para ellos nuevas formas, ó en
aplicar á los conocidos diversas máquinas para su más fácil y regular manejo. No es
ocasión la presente de indicar los diferentes sistemas empleados ; pero sí me parece
oportuno citar un hecho que habla muy alto en pro de nuestra España.
Hallábame yo en Paris hace pocos años, cuando en la iglesia de San Vicente de
Paul de aquella ciudad se estaba terminando la obra y colocación de su magnifico
órgano, de construcción francesa. Concluido éste, fui convidado por el mismo cons-
tructor para presenciar la prueba de dicho instrumento; y después de haber oido y
examinado con justa admiración la multitud de registros y combinaciones de todas
especies, que hacen de aquel órgano una obra maestra , en la que se resumen todos
los adelantos de la mecánica y del arte moderno, me ocurrió preguntar al construc-
tor : «¿Qué sistema de fuelles ha empleado usted?» Á lo cual me contestó rápidamen-
t e : «El más sencillo y mejor de todos los conocidos: el sistema español.i Confieso
que al oir estas palabras de los labios de un francés, no pude contener un sentimien-
to de la mayor satisfiíccion ; pero ésta degeneró bien pronto en tristeza, pensando eu
las injusticias que cometen con España los historiadores extranjeros, nacidas princi-
palmente de nuestra holgazanería y de la ignorancia en que estamos de nuestros pro-
píos asuntos.
Cuanto acabo de decir es prueba suficiente para dar una idea de la razón con que
merece España ocupar un puesto distinguido en la historia de la organería ; porque
ya hemos hecho mención de tres organeros, como Fr. Giraldo, Juan Rodríguez y
Gonzalo Rodríguez; y todavía, sin salir del siglo xv ni de la ciudad de Toledo, po-
demos citar otros dos, que son el Maestre Jimeno y Cristóbal Cortejo.
En el siglo XVI nos encontramos desde luego con dos toledanos, Juan Gaytan y
Hernán Tellez; pero sin duda el Cabildo de Toledo debió quedar muy contento de
las obras que en el siglo anterior le habian hecho los organeros andaluces, cuando
en 1341 hizo venir de Córdoba á Toledo el organero llamado Gonzalo Hernández de
Córdoba, y le encomendó, por escritura otorgada en 29 de Julio del mismo año, la
construcción del órgano que se colocó sobre la puerta nueva de la catedral (1), y
que fué ajustado en la cantidad de 537.300 maravedís.
Para hacer comparación y formar una idea de los adelantos que la organería es-
pañola habia hecho en un siglo, extractaré aquí algunas de las condiciones de la
dicha escritura, pero modernizando su ortografía :

(1) Ésta era la que hoy se llama Puerta de los Leones.

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«Primeramente, ha detener el caño mayor del dicho órgano 26 palmos de vara
de medir en largo, sin el pié, que responda la entonación á 13 palmos, si cupiere en
el dicho encasamiento.
» ítem, será este juego de ocho contras y á mano extensa con sus semitonos, y
levará cuatro diapasones cumplidos, y otro que será hasta e\ A-la-mi-re, de manera
que tendrá 58 teclas y bemoles.
• í t e m , llevará la multiplicación de los caños al principio seis caños, sin el mayor,
por punto, y vaya en ellos su octava con lo demás, y multiplicándose por sus géne-
í'os, de manera que los postreros puntos lleven 26 caños, y la postrera octava, que se
entiende de 12 puntos con sus semitonos, y en esta multiplicación vayan diablados
os unisones desde el principio de la segunda octava entre unisono, que será de 13
palmos, y éstos multiplicándose de manera que los postreros lleven ocho unísonos
y tengan mucha igualdad desde lo bajo hasta lo alto, y que suenen mucho.
•ítem, irá esta composición de caños puestos en aquella ordenanza de cinco cas-
tillos, que está hecha sobre la dicha puerta nueva.
' í t e m , se tañerá este órgano por delante, y el juego será de buen tañer y con sus
peanas cuando quisieren abultarlo con los píes.
•ítem, irá este órgano con su reducción muy bien hecha, y en hilada de madera
que no haga ruido, con que la reducción sea de hierro ó de madera, como mejor
estuviere.
»Item, llevará este órgano seis fuelles de muy buenos cordobanes, que tengan de
^rgo cada uno dos varas y media, y de ancho una vara de medir, y que den todo
viento que fuere menester para el dicho órgano, muy abundante, y muy buenos
y descansados de entonar con el pié.
• í t e m , irán todos los caños de dentro y de fuera de muy buen estaño fino sin
mezcla de plomo y muy bien labrados», etc., etc.
, Gonzalo Hernández de Córdoba murió en Toledo sin haber podido concluir su
gano, y en 1543 se encargó de concluirlo y mejorarlo el organero toledano Juan
Щ1ап. Este órgano no contaba menos de 900 caños, y produjo á su conclusión una
especie de pleito, para el cual se hizo examinar la obra por varios constructores,
que dieron informes, ya favorables, ó ya adversos. Á uno de los informantes se le
•^0 venir á Toledo desde Murcia, donde era organista y organero muy notable de
quella catedral, y se llamaba Mosen Luis Albero; los otros informantes fueron los
nrganeros toledanos Francisco Gómez y el dicho Hernán Tellez.
^ Codio vamos viendo, muy frecuente y considerable sería en Toledo la fabricación
e órganos, cuando tantos constructores llevamos anotados, y todavía no llegamos
mediados del siglo xvi, en cuya época todavía encontramos otro organero, toleda-
'^o también, llamado Juan Jiménez, que figura muchos años, hasta el de 1564.
*'П esta época hallamos en España por primera vez citado el nombre de un orga-
n^""^ í j a m e n c o , el de Van T^oor^í, maestro y afinador de los órganos del
eal Palacio por los años do 1560, de cuyo maestro no trae Fétis noticia alguna ;
P '"O que sin duda sería muv notable, para que se le llamara á ocupar un destino
tan preferente. • ' P 4
Se h" ^^^^ ^'^ principio la fundación del monasterio del Escorial, para cuyo ornato
tim luego concurrir muchos artistas españoles y extranjeros : entre estos ú l -
bér°^ cuentan Maese Giles Breboz ó Bregoz y su hijo Gaspar, naturales de A m -
i"es (tampoco los cita Fétis), que fueron los encargados de la construcción de los

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cuatro órganos del dicho monasterio, los dos grandes, cada uno con 40 registros
y 2.674 caños, y los dos más pequeños con 23 registros y 737 caños cada uno. La
descripción de estos órganos, y una explicación de la manera de servirse de ellos,
limpiarlos, afinarlos y componerlos, existe en el Escorial (1), y es obrita muy
curiosa.
Otros dos organeros y fabricantes de clavicordios vivian en Madrid por este tiem-
po y poco después ; el u n o , también flamenco, llamado Miguel Breboz, y el otro
de esta misma familia y organero de la Real Capilla, llamado Juan Breboz.
Las diferentes maneras con que se hallan escritos en varios documentos de aque-
lla época los apellidos de estos cuatro organeros, puede inducir á creerlos de dife-
rentes familias; pero he comprobado que son de una sola, ya se nombre al indivi-
duo Bregoz, Breboz ó Brebos, y aun tengo fundadas sospechas de que su verdadero
apeUido sería Van Woorst españolizado, y que los cineo artífices referidos serian to-
dos de la misma descendencia, y aun alguno de ellos nacido en España y de mujer
española, como puede suponerse sabiendo q u e e n 3t de Julio de 4391 fué enterrada
en la parroquia de San Sebastian de Madrid Antonia de la Calle, mujer que fué de
Jlíí'ÉfMe/J5í'efcos, muerto en 1S90.
La protección que Felipe II dispensaba á esta familia extranjera no era, sin embar-
go , obstáculo á que en aquel siglo florecieran muchos organeros españoles. En el mis-
mo Real Palacio gozaba de gajes y otras preeminencias el fabricante Cristóbal de Leon,
y en la ciudad de Toledo se contaban también Juan Jimenez, Juan Bautista de Vargas,
Francisco Gomez, Melchor de Miranda, Juan Gomez, Andres Gomez, Jerónimo de
Vergara, Jerónimo de Vargas y otros.
En el siglo X V H llama la atención el no encontrarse entre los organeros de España
ningún apellido que no sea español; pero no por esto decae la importancia de la fa-
bricación , como puede verse en los órganos del mismo siglo, que conservamos aún
en algunas iglesias, y que revelan que sus autores estaban al alcance de los adelan-
tos que en Europa iba experimentando la organería. Nótanse, por orden cronológi-
co, los organeros siguientes : Diego Quijano, de la capilla de Palacio; Sebastian de
Miranda, Roque de Bevilla y Miguel Puche, en Toledo; Mateo de Ávila Salazar,
organero y violero de Palacio, constructor de clavicordios, clavicímbalos y otras d i -
versas clases de instrumentos ; Agustín Juarez de las Cuevas y Antonio de Echevar-
ría , en Toledo ; D. Domingo de Mendoza, en Madrid ; Fray Domingo Agulrre, en
Plasencia; D. Pedro de Echevarría y Liberna, en Madrid, etc., etc.
A todo lo dicho hay que añadir que en los tres siglos referidos era muy general
que los tañedores de órgano estuviesen enterados en los secretos de la construcción
de dicho instrumento, unos hasta el punto de ser igualmente constructores y tañe-
dores, y la generalidad con los conocimientos indispensables para poder por si mis-
mos limpiar, afinar, ó hacer cualquier pequeña compostura en el órgano que les
estaba encomendado á título tan sólo de tañedores. Véase, p u e s , cuan generales
eran en España los conocimientos en la construcción de órganos.
Pasando ahora á examinar los demás instrumentos músicos que en nuestro país
se construían, nos hallamos con que ya en el siglo xv, y reinando los Reyes Católi-

(1) B i B . DEL E s c . — M S S , Z, iiij, 3 , u n vol. en 4.°, y u n a c o p i a posterior del m i s m o , r e g i s t r a d a ;


iij <t 6, u n vol. en 4." m a y o r , con l á m i n a s . Yo t a m b i é n poseo de este opúsculo u n a copia m o d e r -
n a , que pongo á disposición de lo.s estudiosos.

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cos, debían ser muchos los violeros, puesto que formaban gremio, dentro del de
carpinteros.
En la rica ciudad de Sevilla, donde tanto florecían las artes, la industria y el c o -
mercio, cada clase ó gremio tenia sus ordenanzas ó reglamentos especiales; pero al-
gunos de éstos eran tan defectuosos ó tan contradictorios respecto á los demás, que
á veces se resentía la buena gobernación de aquella ciudad. En tales circunstancias
las autoridades sevillanas, deseando armonizar su gobierno, acudieron á los Reyes
Católicos, y éstos mandaron, con fecha de Toledo, á 17 de Junio de 150-2, que se r e -
visaran , corrigieran y publicaran convenientemente las dichas ordenanzas. Así se
hizo, dándose éstas á la estampa por primera vez en i 5 2 7 , y reimprimiéndose
en 1632, en un tomo en folio. Túvose mucho cuidado en hacer notar en esta publi-
cación las ordenanzas que se habian reformado y las nuevas que se habian añadido;
pero quedaron muchas en el mismo ser y estado en que desde muy antiguo se prac-
ticaban ; una de las que quedaron sin corrección fué la de los artífices violeros, que
formaban, como se ha dicho, una sección del gremio de carpinteros. Véase cómo
se expresa la ordenanza relativa al asunto que nos ocupa :

EXAMEN DE VIOLERO.

«Ítem, que el oficial violero para saber bien su oficio y ser singular del, ha de
saber fazer instrumentos de muchas artes, que sepa ñtzer un claviórgano, y un cla-
vezímbano, y un monacordio, y un laud, y una vihuela de arco, y una harpa, y una
vihuela grande de piezas con sus atarcíes, y otras vihuelas, que son menos que todo
esto; y el oficial que toda esto no supiere, lo examinen de lo que dello diere razón y
fiziere por sus manos bien acabado; y para examinarse el tal oficial, el alcalde car-
pintero y los dos diputados tomen consigo un oficial de los sobredichos, para que él,
y el alcalde y diputados, examinen al tal oficial que se viniere á examinar de lo que
supiere de lo sobredicho : y el menos examen que ba de fazer ha de ser una
vihuela grande de piezas, como dicho es, con un lazo de talla de incomes, con bue-
nos atarcíes, y con todas las cosas que le pertenecen para b u e n a , á contento de los
examinadores, que se la vean fazer, que no le enseñe á la sazón nadie. »
. "Esta ordenanza por sí sola dice más que cuanto yo pudiera decir para ponderar la
importancia y desarrollo que en los siglos xv y xvi habia alcanzado la fabricación
^e instrumentos músicos en España, y si á ello se añade que en aquella época no se
consideraba completa la educación de una persona decente si ésta no tañía algún
instrumento, vendremos á sacar la consecuencia de lo muy numeroso y diestro que
sería el personal de violeros.
Desgraciadamente yo no puedo aún citar el nombre de ninguno de los que flore-
cieron hasta el último tercio del siglo xvi; pero en cambio, á fines del mismo siglo
ya me encuentro á Juan de Rojas Carrion, violero de Palacio; y en el siglo xvii ha -
l ' o á Pablo de Herrera, Pedro de Aldao, Manuel de Vega, el dicho Maleo de Ávila
^alazar, Mateo de Córdoba y Antonio de Zulueta, españoles todos y fiíbricantes de
la Real Cámara y Capilla.
Los instrumentos de viento los construían generalmente los organeros, y sin e m -
hargo, por los años de 1613 vivian en Madrid dos fabricantes especiales en dichos
mstrumentos, que se llamaban Bartolomé de Selma y Antonio de Selma. Estos artí-
fices pertenecían también á la Real Cámara y Capilla, y por la sola obligación de

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hacer las pequeñas composturas en los instrumentos de viento de la propiedad del
Rey, gozaba cada uno de 40.000 maravedís de gajes anuales, casa de aposento, mé-
dico, botica y vestido de luto y librea cuando el Rey mandaba darla á todos, y esto
aparte de pagársele los instrumentos que hiciese nuevos ó las composturas que fue-
sen algo considerables.
Examinando el archivo del Real Palacio he acabado de convencerme de lo muy
aficionados á la música que fueron los reyes de la Casa de Austria; y no me refiero
á Carlos V, de quien se sabe que era gran inteligente y que solia practicar á menudo
cantando en coro las obras de los autores más célebres; me refiero particularmente
á su hijo Felipe П, quien , sin embargo de constar que era diestro en tocar la vihue­
la, por la austeridad de su carácter, parece que no debiera prestar álos asuntos m u ­
sicales la atención que sin duda les prestó, y que se demuestra con sólo recordar la
diversidad y gran número de instrumentos músicos que á su muerte se hallaron en
Palacio ; éstos llegaban á dosdeníos, y eran de todas las especies usadas entonces,
como órganos, laúdes, archilaúdes, tiorbas, bras, vihuelas de mano , vihuelas de
arco, violines, violones, arpas, guitarras, bandurrias, rabelicos, clavicordios, cla­
vicímbalos, claviarpas, claviórganos, pifaros, orlos, flautas, cornetas mutas, dul­
zainas, chirimías, cornamusas, bajoncillos, fagotes, bajones y sacabuches; y según
la tasación que de ellos se hizo por el violero Juan de Rojas Carrion, por el corneta
de la Real Capilla Alonso de Morales y por el organista de la misma Capilla José de
Isassi, su valor pasaba dedos mil ducados, sin contar el dolos cinco órganos; can­
tidad excesivamente grande para aquellos tiempos, en que tan alto precio tenía la
moneda.
He hallado estas curiosas noticias en el Inventario general de los bienes y alhajas
de los cuartos de SS. ММ., manuscrito original en folio, con fecha 14 de Mayo
de 1602, que se conserva en el referido Archivo de Palacio ; y para que mis lecto­
res puedan tomar una idea de cómo eran estos instrumentos, extractaré aquí algu-
nas partidas del dicho inventario.
« Una caja con seis pifaros de marfil, los cuatro menores y dos más largos, todos
con brocales y guarniciones de plata dorada , que fueron de la reina María.
í Otra caja con cuatro cornetas mutas de marfil dentro, con brocales y guarnicio-
nes en el medio de plata dorada.
9 Un sacabuche de plata (1) con los cabos y molduras doradas, de trece piezas,
que pesa nueve marcos, siete onzas y una ochava.
» Una chirimía de marfil, que es contrabajo de las cornetas mutas de marfil, con
dos guarniciones en el medio y dos en los cabos, de plata dorada labrada de medio
relieve.
» Un clavicordio pequeño en triángulo, á modo de claviórgano, de ébano con te-
clas de marfil, la tapa de ciprés y cuerdas de oro, en caja cubierta y forrada de
terciopelo carmesí con clavazón dorada; tiene tres cuartas de largo.
» Un clavicordio pequeño de dos tercias de largo y una cuarta de ancho, labrado
todo de taracea sobre nogal, con tapa de pinabete y teclas de marfil y taraceas del
Moro de Zaragoza.

(1) El sacahtiche era el instrumento llamado modernamente trombón. En este inventario se des-
criben nada menos que nueve sacabuches, seis de los cuales eran de plata y los restantes de latón.

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»Una corneta de marfil labrada, que se tomó de la almoneda de Sebastian de
Santoyo,
»Un clavicordio y claviórgano grande todo j u n t o , con muchas diferencias de mú-
sica, que se tañe con manos y pies, que presentó á S. M. el Sr. D. Juan de Austria.
»Una tiorba con dos cabezas, de hechura de laud, barnizada por el embés con
"Stas de marfil en su caja.
»Una bandurria de cuatro órdenes, la tapa de enebro y la barriga de una concha
natural de tortuga.
»Un cofre con cinco vihuelas de arco, la una muy grande y las otras cuatro p e -
queñas, de madera de Alemania, que fueron de la reina Maria», etc., etc.
Por no cansar más á mis lectores voy á concluir este largo y mal ordenado escri-
to, al cual me he visto obligado á dar tal extension por causa de la novedad de su
asunto, y para que se vea la sinrazón de los historiadores extranjeros, que no hacen
mención de los fabricantes españoles de instrumentos musicales, y que miran con
desden el cultivo dado al arte músico en España, donde siempre hemos estado, cuan-
do menos, al nivel de las naciones más adelantadas.

FRANCISCO ASESJO BARBIERI.


i de Agosto de iSH.

GUSTO ARTÍSTICO DE CIERTAS ÉPOCAS


EN RELACIÓN CON LA INDUSTRIA.

No es verdad, como frecuentemente oye uno decir, que


el público es quien hace descender al arte de su altura. Los
artistas son los que hacen descender hasta ellos al público;
y en todas las épocas en que se ha visto al arte decaer ha
sido por los artistas.
SCHILLER.

A decadencia en todo es la calidad más notable del siglo xvm,


y si algo salta en él desde luego á la vista y conforma de indu-
dable manera lo que decimos, es la degradación del gusto, y
por lo tanto, del arte. El hombre q u e , no contento con r e n u n -
lar al color que la naturaleza habia dado á sus cabellos, preferia el color blanco,
""eio de largos años pasados en esta vida, cuando no resulta de enfermedades, d e
^emendes sobresaltos y aun de vicios ; y desfiguraba su cabeza y rostro con aquellas
ccomunales pelucas, clara muestra del gusto malaventurado de una sociedad c a -

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duca, bien vivia entre muebles panzudos, de remates sin gracia, recargados hasta
tal punto de adornos, que éstos llegaban á ser la parte principal, y debajo de ellos des-
aparecían las líneas y casi la forma entera del objeto adornado, cuando no venía una
capa dorada á cubrirlo todo, deslumhrando á primera vista con las chispas brillantes
del oro, que, á decir verdad, no hacia otra cosa sino disimular la pobreza del dibujo,
y más que nada, la ausencia completa de gusto artístico á cuantos muebles, objetos
de uso diario y de adorno deberían tenerle.
El exceso del mal trajo cierto alivio en tiempos del desventurado Luis X V I , á cuya
época se refieren no pocos muebles, adornos y aun fábricas de casas, que todavía se
edifican, plaga que al presente está padeciendo Madrid, y de la cual haga Dios que
nos veamos libres lo más pronto que se pueda.
A la época de Luis XVI sucedió un gusto bastardo, q u e , al intentar la imitación
del arte greco-romano, en especial con arreglo á los descubrimientos de Herculano
y Pompeya, sólo supo hacer muebles, objetos de adorno y construcciones no menos
desagradables que incómodas, sin contar con que ademas ni aun tenían el carácter
del arte aplicado á la industria en los tiempos de madame Pompadour. Y como de lo
peor que puede haber en esto es la falta de carácter, tristísimo era el estado del arte
á fines de la centuria anterior y en los primeros tiempos de la presente. Lo que des-
pués ha sido, tampoco merece grande alabanza ; que el arte, por si solo ó aplicado á
la industria, no debe copiar servilmente, pues entonces de seguro queda inferior
al original; mas volver los ojos á tiempos en que el hombre supo comprenderle y
caracterizarle, cual no ha sabido después.
Épocas hay en que el arte por sí solo, y naturalmente, aplicado luego á la indus-
tria , ha dejado huella eterna en el mundo. ¿Cómo es posible olvidar en los tiempos
antiguos á Grecia, y en los presentes aquel renacimiento que si en arquitectura
causó, á nuestro entender, graves daños, poniendo del todo en olvido el arte ojival,
hizo, en verdad, grandes cosas, y tales, que su estudio no puede menos de servir de
grande utilidad al presente?
De cuantos pueblos no pertenecen á la raza blanca — suponiendo no haya en él
mezcla con alguna rama primitiva ariana—el Japón es el quemas notables calidades
muestra al aplicarlas artes á la industria. No sólo en los medios de que ésta se vale,
pero en cierta gracia, y aun á veces en el estudio del natural, pueden los japones (1)
presentar objetos que tienen , en verdad, notable relación con el arte.
De ellos citaremos el blandón , hachero ó candelabro que acompaña al texto {Fi-
gura í.'), y q u e , á pesar de su forma extraña para nosotros, no es sino lo que aca-
bamos de decir. Pertenece á la colección del Duque de Morny ; servia para usos
religiosos, y es uno de los objetos más dignos de compararse con otros de arte euro-
peo. Su armazón es de madera, pero le cubre laca encarnada de la que llaman Tsi
TcHEVo, en cuyo trabajo nadie iguala á los artistas de aquella tierra. Conocen éstos y
emplean diez clases de laca , desde la que está cubierta de dorados basta la del todo
negra. Con laca saben los japones cubrir y adornar, no sólo maderas, mas porce-
lanas y aun metales.
El candelabro de que hablamos, si bien conserva caracteres que demuestran mar-
ci) Siempre han llamado de esta suerte á los hijos del Japón nuestros padres, y no japoneses,
traducción del iyia.TiQ.es japoiiais. Véanse todos nuestros libros antiguos referentes á Filipinas y cos-
tas é islas de aquellos mares,

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cada relación entre su forma y la de cuan-
tos objetos por el estilo fabrican los japo-
nes, tiene cierta armonía en el conjunto
y aun gracia en los pormenores, que no
saben dar con frecuencia á sus obras los
pueblos de raza amarilla.
El estado tristísimo del arte, si tal
nombre merecía, ni aun considerándole
en sus relaciones con la industria, hizo
volver los ojos al Renacimiento y t a m -
bién á lo llamado gótico; pero, en vez de
imitar sabiamente y con la discreción de-
b i d a , no se hicieron sino copias, malas
en general. Las que pudiéramos llamar
grandes manías de estos últimos cien
años, con respecto al arte greco-romano,
al ojival y al plateresco ó del Renacimien-
to, han pasado ya; y si bien puede decir-
se que siguen las imitaciones, en especial
del arte egipcio, para las joyas, no hay
duda en que por lo menos se ha c o m -
prendido cuan necesario es dar nueva vi-
da á las artes y á sus aplicaciones indus-
triales. Para hacerlo, fuerza es tener á la
vista buenos modelos de las mejores épo-
cas, y empapándose, digámoslo, en aquel
sacro fuego que en ciertos tiempos expe-
rimentaban los artistas, concluirá por
hacer, no lo que ellos, sino como ellos.
En este sentido son grandes las venta-
jas que se han sacado de las exposicio-
nes de la industria, empezando por la
de 18S1, y es de esperar que estos gran-
des esfuerzos de los pueblos civilizados
traigan las ventajas que deben traer, en
especial para el asunto en que al pre-
sente nos ocupamos.
Las muestras y ejemplares de buenos
tiempos es fuerza tenerlos siempre á la
vista, aun para hacer cosas del todo di-
ferentes; que nada eleva el alma y nos
dispone á las grandes cosas como los b u e -
nos ejemplos. De semejante estudio de
lo pasado podrá esperar lo porvenir más
de lo que al presente existe, que si algo
hay y no es malo, casi puede asegurarse
FIGURA 1 . * 1
no es original. Con esto hay que confor-

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marse por ahora, y no es poco si se hace bien, que con labor tan ingrata hasta cier-
to punto, puesto que corta las alas de la inventiva y mantiene á la imaginación
aprisionada; en cambio el talento se robustece, y apoyado en la buena práctica,
quizá no tarde en caminar por si mismo. Entonces se podrá hablar de un nuevo
arte con carácter propio, ya que el presente no tiene ninguno, y por lo tanto no
merece, en este sentido, ni aun el nombre que lleva.
Grandes cosas hicieron los artistas italianos, españoles y alemanes de los siglos xv
y XVI. Tampoco ba de pasar inadvertido lo bueno del siglo xvn; pues, á decir ver-
dad , quedan de aquella centuria preciosos objetos de arte, como porcelana moldea-
da, pintada y barnizada, adornos y estatuitas de barro cocido; obras de acero, co-
bre y plata , labradas al martillo y cinceladas; esculturas en madera y marfil, así co-
mo en mármol y otras clases de piedra ; tapices, cueros labrados y encuademacio-
nes ; en resolución , toda suerte de objetos en que el arte ha dejado tan honda huella,
que sólo con verlos, podemos decir, llenos de sorpresa y admiración, la época en que
se hicieron, y la suma habilidad y portentoso ingenio de los artífices.
Dos épocas hay en el arte, en que éste, aplicado á la industria, llama desde lue-
go la atención, descollando entre épocas anteriores y posteriores, como la enhiesta
cumbre de Guadarrama sobre los peñascales que ofrecen á sus píes las llanuras de
ambas Castillas.
Sobre todos los pueblos está, para la belleza de la forma y delicado gusto, el pue-
blo griego. Ni antes ni después de él conoce la historia arte más bello en sí ni en
sus aplicaciones á la industria. Acaso pierda cuando se trate de aplicarle á grandes
construcciones, donde, sin la bóveda añadida por los romanos, fuera con exceso
macizo y poco esbelto. De esa manera, las arquitecturas bizantinas, románica y
ojival logran en su conjunto una grandiosa hermosura, en que no pensaban los
artistas griegos, ni tenian para qué, siendo tan distintas las necesidades, ritos y
costumbres desús conciudadanos. Y fué ventura lo que después de ellos sucedió,
porque no faltando á los módulos y reglas establecidas por el verdadero arte clásico,
jamas tuviera el mundo los soberbios monumentos cristianos que posee, ni lograran
las artes decorativas la preciosa variedad que en los tiempos medios y en el Rena-
cimiento alcanzaron.
Pero aun en los edificios y objetos de arle que menos relación tienen, al parecer,
con Grecia, concluye la historia del arte por hallar cierto abolengo, que hasta cier-
to punto lleva su origen á la patria de Fídias y Praxitéles. Torio lo bello e s , en ver-
dad, hijo de la noble raza ariana, y cuanto de ella se aparta, parece condenado á
ser deibrme y espantoso. Por eso, en las artes decorativas, que tan bellas son en
manos de bizantinos, sirios, árabes, egipcios y musulmanes andaluces, parece
también de indudable manera la huella del pueblo ariano, y para cuanto es bello
y no proviene dc Grecia, volvemos boy nuestros ojos á los verdaderos descendientes
del Asia asiática, á los hijos de aquella noble monarquía de Iran, de que en gran
parte desciende el pueblo persa.
No iremos hoy tan lejos, y sin pasar más allá de Europa, ¿quién no se detiene
con respetuosa admiración ante los objetos de arte que aun hoy proclaman la exce-
dencia del pueblo que los supo hacer? Y como para dar en rostro á la soberbia h u -
mana, mientras los edificios de piedra, labrados en las cumbres de Ática ó en los
promontorios del mar Jónico, yacen por tierra ó tristemente aportillados, multitud
de vasos de barro cocido, materia, al parecer, deleznable y de poca importancia,

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buscados y recibidos por todas partes, como preciosísimas joyas artísticas que son,
mantienen la supremacía del arte griego sobre cuantos han venido después.
De la gracia que los griegos empleaban en cuantos obje-
tos de arte salían de sus manos, dan cuenta los objetos de
menos importancia al parecer. Véase, por ejemplo, el
Lecythues, pequeño vaso, cuyo grabado acompaña al texto
(F¿i7. 2."), hallado en un sepulcro de Africa, y verdadera
reliquia de los xnejores tiempos del arte griego. La basa y
parte superior tienen aquel precioso negro, que han repro-
ducido los ingleses con el color, mas no con la materia, en
su cerámica que llaman de basalto negro y lleva la marca,
tan conocida en tiempos modernos, de Wedgwood.
El centro del vaso está pintado de blanco y color amari-
llento, sobre cuyo campo supo, como siempre, el artista
trazar aquellas líneas, aquellos períiles en que los griegos
llegaron á la suprema perfección. Y con todo esto, sabe-
mos por un pasaje de Aristófanes, que un Lecytliiis por el
estilo, verdadera obra maestra en su género, se podría com-
prar en su tiempo por unos cinco reales de nuestra m o -
neda.
Raza fué la griega no menos sensible á la belleza de la
materia que á la ideal. El pueblo entero aplaudía las n a r -
raciones históricas de Herodoto, los cantos de Pindaro y Co-
rina, y cuando, en la guerra de Sicilia, degollaban los sira-
cusanos á los atenienses, apenas comenzaron éstos á decla-
mar versos de Eurípides, vieron que sus enemigos envai-
naban las espadas, y aflojándoles las cadenas, concluían
por llevárselos á sus casas, y devolverles sanos y salvos á la
patria. Mucho se puede perdonar á pueblo que de tal ma-
nei'a comprendía y amaba lo bello.
El arle aprovecha, y aun no deja de verse influido por la
materia que emplea. Sabida es la destreza con que Leonar-
do de Vinci manejaba cincel, lápiz y colores, sin que se
pueda afirmar en qué arte fué mejor el insigne florentino.
En cambio, las obras de Michael Angelo, sean de esta ù
otra clase, llevan siempre marcado el sello del escultor.
El arte etrusco ha dejado también huella imperecedera de
FIGURA 2 . ' sus obras de barro cocido. Véase el ánfora pintada que acom-
paña al texto en la página 46 {Fig. 3.'), hallada en Nola el año de 1801, y comprada
para la colección de Pourtales en 1815, por la respetabilísima cantidad de 100.000
pesetas. Representa el lado que ve el lector un combate con las amazonas Hyppolyta
y "inomarche. Las figuras del lado opuesto indican que este precioso vaso se hizo
para regalo de boda, y el nombre de la segunda amazona parece haber sido el de
a madre de la esposa. Semejante elección de asuntos mitológicos en honor de los
mbres de los compradores es muy poco frecuente en la vida clásica,
^-l Valor de tan precioso vaso puede servir de aviso á los que imaginan fácil ha-
ar antigüedades por el estilo gastando poco dinero, en lo cual se exponen á ad-

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quirir por auténtico lo que no es sino mera falsi-
ficación moderna.
El carácter es, ademas de un elemento de lo
bello, una forma ó manera de belleza, y la cali-
dad que mejor declara la época, la nación y no
pocas veces el propio autor. Nada califica mejor
la disposición de un pueblo para el arte.
Al griego, que como nadie señoreó la pureza
plástica y el más delicado estilo, sucedió el roma-
no, que ya no supo igualarle, y en quien, según
se va alejando del modelo, se advierten claras se-
ñales de decadencia. Mas adelante rayan nuevas
auroras. Y en los barros cocidos, llamados faenza
por los italianos, revive buena parte de la belleza,
sino el puro arte antiguo. No es fácil hallar, es
verdad, aquella que podríamos llamar graciosa
severidad de la raza griega; pero la belleza de al-
gunos objetos de arte italianos es innegable, en
especial de los barros cocidos barnizados, á que
Rafael dio su nombre, y aun trabajó en ellos,
para el duque Alfonso de Este, el mismo Ticiano.
De esta faenza, ó porcelana, fundó una fábrica el
duque Hércules 1 á fines del siglo decimoquinto.
Pues q u e d e semejante fabricación hablamos,
mal haríamos en no mencionar la porcelana fran-
cesa de Ciron, llamada de Enrique H , la cual era
tan rara, que se ignoraba la hubiesen dirigido una
noble dama y su hijo, con lo que cuanto tiene de referida procedencia alcanza, en
proporción, los precios más altos á que ha llegado producto alguno del ingenio
del hombre. Fáltanos espacio para citar ejemplares.
En el arte del platero, podemos hablar los españoles con satisfacción notable.
Grandes alternativas padeció el uso de metales preciosos en nuestra patria. La Feni-
cia y Cartaginesa, habian traído á la Península su afición á vajillas de plata y oro. El
hierro de los romanos lo adquirió todo para la señora del mundo. Conservóse la mis-
ma afición entre los godos, y después entre los musulmanes, perpetuándose de esa
manera en España.
Pero nuestros padres preferían emplear en el culto de Dios los metales preciosos.
Convidado el rey D. Juan I por D. Alvaro Nuñez Osorio, primer conde de Trastama-
r a , halló que éste no tenía sino vajilla de madera, pues decía el noble Conde que
nunca había tenido tiempo más que para comer en pié y á toda prisa. Entonces el
Rey le envió una parte de vajilla de plata ; pero habiendo vuelto á comer con el ri-
co-hombre , halló los mismos platos de madera que antes, con lo que no pudo menos
de preguntar qué habia sido de su regalo. Llevóle entonces D. Alvaro á una ventana,
y mostrándole un ciento de hombres de armas, revestidos de brillantes corazas, le
dijo que aquélla era la sola vajilla propia de un soldado.
Andandoci tiempo, cambiaron, en verdad, las cosas; y lo que la conquista de
España y Asia habia sido para Roma, fué para nosotros la conquista de América.

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Refiere Mad. de Aulnoy que un duque de Alburquerque habia empleado seis sema-
nas en pesar la plata de su casa, y tenía 1.400 docenas de platos para comida, 1.200
platos para postres y 40 escalerillas para subir al aparador, todo de plata. Aun rega-
lando,sahumada á su autora la exageración que pudiere haber en sus recuentos, es
indudable que habia por entonces muchísima plata de aquella suerte en nuestra pe-
nínsula. Los Arfes en Leon y Castilla, los Becerriles en Cuenca, han dejado ver-
daderos monumentos del arte en que se emplearon.
Fué la principal ocupación de nuestra orfebrería el culto, de suerte que no tene-
mos los cofrecillos, arquillas ó cajitas queen tanta abundancia tienen, por ejemplo,
los italianos. De éstos pudiéramos citar preciosos ejemplares, y tantos, que al inten-
tarlo no se puede menos de experimentar verdadera perplejidad.
Especial mención deberíamos hacer de una preciosa caja ó cassone, italiana, del
siglo X V I , de la colección del difunto barón James Rotschild, de París; mas preferimos,
para que vaya en compañía del texto, otra por el estilo, cuya importancia histórica
es ya mucho" mayor, pues/ormata parte de la colección de Mr. Thiers. Como no po-
demos decir qué es de ella el dia de hoy, damos el grabado que la representa {Fig. 4.*),
y lo hacemos así, movidos del más sincero deseo de conservar en lo posible para el
ai'te un objeto del cual no se puede decir si se hallará fundido á estas horas, ó bien
cuidadosa y prudentemente guardado en alguna colección, hasta que después de
algún tiempo vuelva á parecer, Dios sabe dónde.

FIGURA 4.11

Pues hemos citado algunos objetos de diverso arte y procedencia, y entre ellos al-
o nos de cerámica, justo nos parece poner los ojos en nuestra península, antes de
ncluir. Desde los cálices sagunlini, citados por Marcial, fenicios, griegos, roma-
y musulmanes han dejado en España notables barros cocidos de todas clases,
ya lama y precio son cada dia mayores.
n todo fueron los pueblos semitas, especialmente los árabes, imitadores de las
andes civilizaciones que les habian precedido en Asia ; y los preciosos mosaicos vi-
y eos esmaltados del Mihzab, de la mezquita de Córdoba, eran obra de artistas bizan-
deq^^' "^^^^1° "leí emperador griego Constantino Porfiroquetes á Al-Hakem, el año
' ^ ^ j y puestos en el lugar donde se hallaban por artistas griegos.

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El grabado siguiente {Fig. S.») representa un vaso hispano-morisco, que al pre-
sente se halla en la galería de cerámica de South Kensington. Se compró de la colec-
ción de Soulagas por 80 libras esterlinas. Es blanco, barnizado, y las hojas que
le cubren son parte verdes y parte azules. Su aspecto, especialmente el de las asas,
es gracioso y por extremo original.

FIGURA 5.a

De más es decir cuánto se han conservado en las provincias del centro, Mediodía y
Levante las formas de la cerámica de Oriente. No así en las del Norte, dopde usan
los naturales para los mismos empleos vasijas de madera, cuyo estudio bien puede
dar materia para entretenido y curioso trabajo, y cierto que en él será fácil hallar
más luz de la que algunos imaginan, para conocer el origen de los pueblos que mo-
ran en el septentrión de España, de los cuales dijo Strabon : Talis ergo vita est mori'

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tanorum, eorum dico qui seplenlrionale Eispanico Mus terminant, Gallaicorum, As-
l-urum, Cantabrorum, usquead Vasconcs et Pyrenam: omnesenlm eodemvivuntmodo.
Que todos, en verdad, gallegos, astures, cántabros, basta los vascones y el Pmneo,
Vivian en aquel tiempo, como al presente, vida tan semejante, que bien se puede lla-
mar una misma.

FERNANDO FULGOSIO.

DISPOSICIONES LEGALES
SOBRE Lk L E Y D E L O S M E T A L E S PRECIOSOS.

NFi.MTAs trabasse han ido removiendo, con el trascurso de los años, de


las que en otro tiempo entorpecían el comercio y las artes. Los reglamen-
tos de los gremios, que un dia fueron salvaguardia de las nacientes
industrias, y á cuya sombra asociados los artífices, pudieron v e n -
cer las primeras dificultades de su arte respectivo; la intervención del Estado, unas
Veces llevado del generoso deseo del bien común, otras por miras fiscales; y en fin,
medidas antiguamente necesarias, y luego perjudiciales, llegaron con el tiempo á di-
icultar en gran manera, y hasta á imposibilitar, el perfeccionamiento de las indus-
t''ias, en perjuicio del arte, de los artífices y del público.
, fc-l exceso del mal, que es á menudo ocasión de remedio, patentizó de tal manera
° innecesario de la antigua reglamentación , que en parte por las leyes, y en parte
por la costumbre, ha venido en completo desuso, siendo ya pocas las leyes antiguas,
^'eglaraentos y ordenanzas que en este puntóse observan. Hay, sin embargo, una in-
dustria importante, á saber, la fabricación de oro y plata, que no sólo en España,
Sino Casi en toda Europa, está sujeta á una reglamentación suspicaz y minuciosa,
aunque ineficaz é innecesaria.
Cómpranse todas las variadas manufacturas que inventa el ingenio del hombre,
"ajóla fe del que las vende, y sin más garantía que la probidad del vendedor ó el
cuidado que pone el comprador en no ser engañado. Sólo en la compra y venta del
*^''o y de la plata, cree el Estado que debe intervenir, receloso de la falta de probidad
el platero, y temeroso de la inocencia , candidez ó torpeza del consumidor, por cu-
Jos intereses se propone velar. «Para que nadie sea engañado al comprar objetos de
"^'0 y de plata, ba dicho el Estado, me encargo de poner en ellos una marca ó un
Sello que sea garantía de la ley del metal, y castigaré con severidad al que venda el
metal precioso sin mi marca, ó al que la falsifique. »
Esta tutela del Estado no es gratuita, y naturalmente tiene que pagarla el compra-

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dor, que no la solícita, y gracias si sólo se exige lo necesario para pagarci trabajo del
empleado encargado de marcar los artefactos, como sucede en España, pues en otros
puntos, como en Francia, la marca de la plata y del oro es un origen de renta no
despreciable. Cuatro millones de reales próximamente entraron en el erario francés
(año 4852) de los ocho millones que se pagaron por los plateros por la marca oficial.
Pone ciertamente espanto reprobar y combatir una costumbre establecida en casi
toda Europa, é impugnar leyes que tienen la sanción de los siglos y la autoridad de
tantos sabios y de los gobiernos. Asi y todo, nos atreveremos á bacer algunas obser-
vaciones acerca de las leyes que ban regido y rigen en esta materia, c intentaremos
demostrar que son ineficaces y perjudiciales c injustas, y que deben por tanto des-
aparecer.
Prescindiremos de la legislación antigua de nuestra patria, y nos fijaremos sola-
mente en las leyes de la Nueva y Novísima Recopilación, que no han sido por cierto
escasas en precauciones, prohibiciones, minuciosidades y penas para asegurar que
el 01-0 y la plata llevasen la marca que fuese garantía de su ley. En 1435, D. Juan II
fijó la ley de la plata en H dineros y 4 granos, imponiendo la pena de falsario al pla-
tero que la usase menor, y la obligación de marcar los objetos labrados con una
marca del artífice debajo de la marca de la ciudad ó villa en que se labrase. Don Fer-
nando y doña Isabel, en 1499, prohibieron la venta y la compra de artefactos de pla-
ta que no tuviesen este requisito, también bajo penas severas. Lo mismo dispusieron
estos reyes i'especto del o r o , fijando su ley en 24 quilates, que llamaban oro de ex~
célenles, 22 y 20 quilates, amenazando con tanto rigor á los que faltasen á su prag-
mática, que señalaban á los contraventores reincidentes la pena de no poder labrar
en su vida oro ni plata, so pena de perdimiento de todos sus bienes. Cambióse la ley
del oro, por decreto de Felipe V, en 1730, confirmando las anteriores prohibiciones y
penas. Legislaron en esta materia y en el mismo sentido Fernando VI y Carlos III, si
bien introduciendo alguna modificación respecto á la ley, y permitiendo algún be-
neficio respecto de labores menudas, como veneras, cajas, hebillas, botones, relo-
jes y lo que la ley llama enjoyelado.
En las ordenanzas generales de platería de 1771 se confirmaron las penas y se au-
mentaron las prohibiciones, como fué la de no poder ningún artífice platear ni do-
rar pieza alguna de latón ni de otro metal, ni tampoco ponerlas sobrepuestos de oro
ó plata (lo cual D. Juan II habia ya prohibido), exceptuados los cálices y ornamen-
tos sagrados, armas, jaeces, etc.; se señaló la manera y el procedimiento de dorar,
y se dieron, en fin, varias reglas sobre el modo y forma y hasta lugar de hacer las
obras.
En el presente siglo encontramos, entre otras reales órdenes y decretos, uno
de 1825, que si introduce alguna moditicacion, es más bien disminuyendo las r e s -
tricciones que venían de siglos anteriores. Finalmente, el Código Penal señala varías
penas, según la entidad, desde el arresto hasta el presidio, á los plateros y joyeros
que cometieren defraudación, alterando en su cualidad, ley ó peso, los objetos rela-
tivos á su arte ó comercio.
Para que se observaran las leyes, fué naturalmente preciso que se creara un siste-
ma de fiscalización. Ya en tiempo de los Reyes Católicos se establecieron los contras-
tes y fieles públicos (cuyo oficio y encargo nó hay para qué expHquemos en este l u -
gar), en los cuales se unió después el cargo de marcador de las obras de oro y plata.
Por real orden de Octubre de 1825, se establecieron los fieles contrastes marcadores,

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que, como los del tiempo de los Reyes Católicos, eran nombrados por los ayunta-
mientos, y se dispuso fuesen aprobados por el Consejo de Hacienda, Se les mandaba
ensayar las monedas, etc., y después de ensayados, marcar los artefactos de oro y
plata.
Ya ve el lector que no se escasearon las leyes para fijar las de los metales precio-
sos, y más claro lo veria si hubiésemos citado las numerosísimas disposiciones que
por abreviar hemos omitido. ¿Y cuál fué el resultado? ¿Qué es lo que se consiguió?
La misma serie de disposiciones legales, que se confirman unas á otras, demuestra
la ineficacia de las anteriores. En algunas ciudades principales, tal vez sólo en Ma-
drid, y aun en parte, se observarían, cuando un auto acordado del Consejo, de 1830,
se quejaba de que los plateros que vivían en Madrid en barrios extraviados y partes
ocultas, y los de las ciudades, villas y lugares del reino, contravenían á las leyes, la-
brando alhajas de leyes muy inferiores. Pero como fueron inútiles las leyes antiguas,
lo fueron también las modernas.
Las antiguas costumbres de algunas comarcas, privilegios concedidos por los re-
yes á algunos pueblos, las ordenanzas de los gremios, el descuido de los ayuntamien-
tos, la decadencia del arte de platería en puntos donde antes habia florecido, y por
tanto, el corto número de plateros que en ellos había ; la imposibilidad de vigilar á
los de pequeños lugares, y otras circunstancias que sería largo enumerar, fueron cau-
sa de que se introdujera variedad tal, que ni la ley del oro y de la plata es igual en
todas partes, ni existen en muchas fieles contrastes, ni se aplican con rigor las leyes
penales. Hasta hace pocos años, en Barcelona hacían de mercaderes los cótisules nom-
brados por el Colegio, y en Valencia el Mayoral elegido por los plateros, el cual apli-
caba un privilegio especial para aquella ciudad de ley más baja. En algunas provin-
cias no hay siquiera idea del contraste marcador, y cada platero fabrica como le pa-
'•ece, usando algunos aleaciones que no tienen déoste metal ni una mitad.
¿Sería bastante motivo esta ineficacia de las leyes para decir que deben derogarse?
^os guardaremos muy bien de afirmarlo, porque hemos creido siempre una vulgari-
dad el argumento que se hace para recomendarla derogación de ciertas leyes prohi-
O'tivas, sacado de su ineficacia y de que no se evitan con ellas los delitos ó actos que
prohiben. Si tal razonamiento valiera, podría pedirse la derogación del Código Pe-
nal , á título de que á pesar de él continúan los delitos.
Mas cuando se trata de una ley que teniendo tan larga fecha y habiendo sido tan á
menudo reproducida, sin embargo no ha sido aplicada con exactitud en ninguna
parte y es tan fácil eludirla; cuando se trata de una ley contra la cual se han intro-
ducido costumbres más ó menos autorizadas, es de sospechar que no se cumphrá
nunca y que tiene verdaderos inconvenientes que la hacen injusta é inequitativa.
Vamos á examinarlo. Es uno de los principales inconvenientes de la ley y uno de
•os motivos de su falta de equidad (á lo menos en la situación actual de las cosas)
Ja sujeción al contraste y marca de las obras de plata y alhajas fabricadas en Espa-
ña, y la libertad de introducirlas del extranjero sin este requisito. En las ordenanzas
generales de platería de 1771 (ley 25, tít. x, lib. ix de la Novísima Recopilación) se
disponía que en las aduanas no se diera paso a l a s vajillas, obras de plata y oro y
^lliajas, sin que fueran reconocidas, y hallándolas de ley, marcadas con la señal pu-
nca. Existiendo esta disposición, habia á lo menos igualdad entre los artífices ex-
ranjeros y los españoles; pero habiéndose presentado en 1849 á las Cortes un pro-
yecto de reforma de aranceles, en que se declaraban como de prohibida introduc-

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cion el oro, plata y platino que no fueran de ley, fué desechado en este punto y se
sancionó que era lícito el comercio de objetos extranjeros de ley baja sin límites.
Desde entonces lícitamente pueden venderse, y en efecto se venden, artefactos de
distinta ley, objetos dorados y plateados, de doublé, alhajas con piedras imita-
das, etc., etc.
El público sabe ó presume que las alhajas que cuestan más baratas no son de oro
puro; le consta que los cubiertos de metal blanco no son de plata; que el doublé no
es pro, y sin embargo los compra, y para los usos de la vida y paia el adorno y deco-
ración los prefiere á los objetos de oro y plata por razón del menor precio. Vienen
por nmchos millones todos los años, del extranjero, obras de este género, y el platero
y el artífice español no pueden fabricarlas sin íncurríi' en pena. Para este objeto es en
España una desgracia llamarse Gómez ó García, y una ventaja el llamarse Ruolf,
Cristof ó Merelio.
Por otra parte, ¿ habría justicia, hay á lo menos alguna razón de conveniencia pú -
blíca para privar á los que pueden gastar poco, el uso de objetos que parezcan de
oro y no lo sean, ó que sean de oro de menos quilates? Si hay quien quiera comprar-
los, ¿por qué se ha de prohibir que se vendan? Puédese vender uwa tela barata que
imite otra de más precio; un sombrero que figure de castor sin serlo, una vela que
no sea de cera pura; sólo al platero se prohibe fabricar, y al público usar, objetos que
parezcan de oro ó plata sin serlo, ó que siéndolo, no sean de los quilates que las le-
yes han fijado.
Se dirá que el público no puede fácilmente conocer la ley de los metales y que
puede ser engañado. Verdad; pero ¿ conoce fácilmente y siempre la mezcla del algo-
don en el hilo, del sebo en la cera, del pelo de conejo en el castor, de los mendrugos
de pan en el chocolate, etc., etc.? A nadie, sin embargo, ha ocurrido que los som-
breros y las camisas y las velas y el chocolate hayan de llevar una señal del fiel con-
traste marcador; á pesar de lo que, pocos saldrán engañados, y los ricos serán parro-
quianos de un industrial de lujo, los que no lo son tanto, de una tierula modesta, y los
pobres, de un artífice de portal. El ínteres de los artífices, aun prescindiendo de su
honor y de su conciencia, los llevará á no cometer estafas, y el crédito y la nombra-
dla adquiridos por cada uno les proporcionarán distinta parroquia, según los gustos
y las fortunas.
Guando menos, urgt) que se quiten los limites á la ley de los metales, aunque se
conserven, si se quiere, marcas distintas para las distintas leyes; urge que no se obli-
gue á usar para las alhajas un oro que sea de gusto del Gobierno, en vez de ser de
gusto del que lo paga. Tal vez sería mejor no poner marca alguna; que sin marca
mucho se vende, sin que se oigan quejas ni haya por este motivo causas criminales
en los juzgados. Mientras dure la libertad de introducir del extranjero sin marca (y
es probable que dure mucho), es preciso dejar libertad á la fabricación española, co-
mo en efecto la va consiguiendo de hecho. Pero no basta la costumbre; hágase una
ley, ya que hasta ahora han fracasado varios proyectos y ha quedado paralizado en ¡a
secretaría del Congreso el último presentado por el Gobierno.
Al hacer la ley, téngase en cuenta que mucho vale el oro, pero más vale á veces
la obra de mano, y que con ley de pocos quilates serían igualmente admirables obras
Jas custodias de Barcelona, Vich, Avila, Sevilla, Burgos, Valladolíd, Osuna, Cuen-
ca y otras muchas preciosidades que perpetuarán el nombre de nuestros artistas. En
obras de gran tamaño y de mucho peso uo es fácil que el público sea engañado,

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pues sin necesidad de la marca se asegurará el comprador de lo que hace. En las
obras menudas y alhajas no tiene comparación con el peso del oro ó de la plata el
mérito que á sus trabajos imprimió el genio de Enrique, Antonio ó Juan de Arfe, de
los plateros Becerril, de Merino, Benavente ó Villandrando, y de los artistas moder­
nos. En esta clase de obra el peso y la ley del oro desaparecen ante el buen gusto y
la hermosura de los objetos artísticos.

R . VINADER.

ORDEXANCAS D E L DUCADO D E MEDINA SIDONIA,


EN EL SIGLO XVL

AL SR. D . EDUARDO DE MARIÁTEGUI, en Madrid.

«La vida intima de muchos pueblos sus costum­


bres , grandeza y poderío, como las causas de su atraso y
decadencia , se reflejan, más que en otro documento,
en las OBDENAKZAS MUNICIPALES.»
(D. ANTOKIO MARTIN CAMERO.)

i querido Mariátegui: Es casi seguro que alguna vez habrás


escuchado las siguientes ó parecidas advertencias:
Levante Vd. la cabeza ; más.....; así ; bien.
A la derecha un poquito ; no tanto ; basta.
Perfectamente ; quieto
De mí sé decir que cuando rae las han dirigido, en vez de resultar una vera efi­
gie fotográfica, ha dado por pro;lucto una cosa completamente diversa de mi fisono­
mía. Aquella 230se, aunque corta, la encuentro tan fatigosa y violenta , como agra­
dable hallé la de los tres dias que necesitó Horace Vernet para pintar el magnífico
lienzo que mí familia conserva en Wurzburg, y que de vez en cuando hago repro­
ducir por un fotógrafo para obsequiar con estas copias á los amigos y relacionados
que me honran y favorecen al pedirme el traslado de mi mala y endeble catadura.
Pues bien; con la pose ante el público me pasa lo propio que con la verificada
ante la máquina de Daguerre; ambas me son insoportables. Los escritos míos que
hayas podido leer en algunos periódicos se reducen siempre á cartas misivas; yo me
clirijo al amigo ó al corresponsal, sin curarme para nada del público; si tuviese que
hablarle á éste, jamas sabria cómo empezar.
Hé aquí por qué me deja estupefacto tu demanda de que escriba un articulo para
'^[Almanaque del Musco de la Industria; la mía no alcanza para tanto, querido Ma-
deguí. Cree que yo quisiera enviarte un magnífico p a n ; mas, por mutua desgracia»

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— Sa-
lo que puedo enviarte es una mala y desabrida torta. No sé si tendrá relación con la
Industria el decirte que en el ùltimo tercio del siglo xvi, D. Alonso Perez de Guzman
el Bueno, cuarto de este nombre entre los poseedores de su casa, y séptimo de los
duques de Medinasidonia, dio unas Ordenanzas para el buen gouierno de su tierra y
uasallos, en conformidad de lo quellos pidieron, y de lo dispuesto por Ordenanzas y
costumbres antiguas de su Estado. Y esta advertencia, que se consigna en la portada
del manuscrito original, que tengo á la vista, prueba, á mi juicio, que no debieron
introducirse grandes novedades con las disposiciones del códice que acabo de citar.
Pasando por alto los títulos que se ocupan de alcaldes, regidores, síndicos, algua-
ciles , procuradores y almotacenes ; omitiendo los que se refieren á fortalezas, armas,
puentes, colmenas, prado de caballos, montes, fuegos, venta de pescado, carne y
vino, etc., te diré algo sobre los únicos oíicios mencionados en este Código.
CARPINTEROS. — Este título es harto lacónico, pues no desciende, como el de las
Ordenanzas de Sevilla, Granada, Toledo y otros pueblos, á detallar los nombres de
las diversas obras que para ser maestro en dicho arte era necesario saber fabricar.
Conténtase con decir que los carpinteros han de ser examinados, y que los alcaldes del
oficio deben dividir y separar por carros la madera que los mercaderes trajesen para
la venta, explicando cuántas ¡vigas, porquezuelas, pontones, tirantes, etc., con las
dimensiones de cada u n a , habian de constituir el carro.
CURTIDORES.—Encómianse los grandes beneficios de que la corambre sea bien
curtida, é daño que se sigue de lo contrario; manda que se use de buen zumaque; que
al cordobán se le den dos lexas ¿dos alumbres nueuos; que no se haga badana de piel
de oveja ; que no se curta con lentisco ó con redor, y que no se pueda adobar cuero
de bestia ; pero que si algún zurrador, ú otra persona cualquier pide que le curtieren
algún cuero de bestia para coraza de silla ó para otro seruicio de su casa, busque li-
cencia de la justicia ; é en otra manera, incurra en peni de seiscientos marauedises.
Con respecto al modo de preparar los cueros vacunos, dice que sean echados en agua
para rendir, é bayan uien rrendidos á el pelambre viejo , é allí les den tres calsadu-
ras, é después les den pelambre nueuo é lo demás que fuere menester.
ZURRADORES. — Les previene que á la badana prieta y á los baldreses que zurra-
ren, les den cebo puro, y cebo y unto (cuanto hubiese menester) al cordobán, al
cuero de suelas y al becerro, prohibiendo emplear repaso de fuego con toda clase de
corambre. El cuero dorado habia de teñirse con azafrán; el rojo con brasil, y los bal-
dreses para chapines se habian de preparar con aceite y dos libras de rubia por cada
docena de pieles.
QAPATEROS. — Manda á los de este oficio que las suelas puestas en su obra sean
muy aventajadas ; que las costuras se hagan con hilo de cáñamo encerado con cera-
pez; que el picado de los zapatos de cordobán lleve una barreta á la parte de afuera,
cosida con dos cabos, y que ni para hombres ni para mujeres puedan hacerse p a n -
tuflos de badana, y sí de cordobán, con los cerquillos de dicho material ó de becerro.
Me parece que de este arte es del que más se ha escrito y tratado en las diferentes or-
denanzas de casi todos los pueblos de España, durante los siglos xiv, xv y xvi.
SASTRES, .lUBETEROS Y ROPEROS. —De estas profesiones, como de las a n t e -
riores y de las que después nombraré, se necesitaba carta de examen para ser decla-
rado maestro, y se elegian al principio de cada año veedores que auxiliasen á la j u s -
ticia , como peritos en cada clase de obra, á fin de declararla arreglada ó contraria á
la Ordenanza. De notar es la precision de la ley al exigir garantía á esta gente de lije-

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para que abonaran el valor de las ropas que dañasen ; la advertencia de que eu
los jabones de seda ó tela de labores las sacasen todas acia arriua é concertadas, éno
de traués ni acia abaxo; que las ropas se cortasen al pelo, y no al pospelo ; que en las
prendas no se echaran forros ya usados, sino nuevos y conformes á la calidad del
paño, advirtiendo ademas á los roperos—«que no sangren las capas ni desbaraten,
tiñan ó varíen los vestidos usados que comprasen, sino que habian de colgarlos á las
puertas de sus tiendas, para que si fueren hurtados, pudiesen sus dueños verlos y co-
nocerlos».— Manda también este capítulo del Código que ningún mancebo ù oficial
que dos meses antes de Kesurreccion , Navidad ó Corpus Christi estuviese trabajando
en casa de algún maestro, pudiese dejarlo hasta pasadas las dichas fiestas. La Orde-
nanza amarraba de corto á los sastres, y me agrada tal sistema, pues siempre he mi-
rado con prevención á la mayoría de estos artesanos de tu país, por lo torpes que sue-
len ser en el desempeño de su cometido ; por lo poco ó nada que se fijan en la forma,
aire, estructura y posición habitual del cuerpo de la persona á quien visten ; por la
especie de comunismo práctico de cobrar á los que les pagan al contado, las cantida-
des que les adeudan aquellos que tienen el vicio de no abonar el importe de sus g a -
banes y levitas, ó de satisfacerlo al plazo de dos ó tres años ; y en fin, por la especie
de importancia artística y por la casi necesidad de probar una ó dos veces los senci-
llos vestidos que usamos, y que, á mi juicio, la dificultad estaría en sacarlos mal he-
chos ó poco garbosos. De seguro que el sastre inglés ó el alemán no te mortificarán
tanto como el español ó el francés, ni en el cuerpo ni en la bolsa. — Cuando Sancho
gobernaba en la Barataría, se presentó el hombre que dijo, Yo: con perdón de los
presentes, soy sastre examinado, que Dios sea bendito; añadiendo luego la mala opi-
nion en que' los de su arte estaban, y apelando, por último, á los veedores del oficio
para que dijesen sí podia haberle quedado paño de las cinco caperuzas. — Y cito es-
tos renglones, para que veas lo buen sastre que era tu compatriota Miguel de Cervan-
tes, y lo enterado que se hallaba en los más mínimos detalles de las costumbres, le-
yes y ordenanzas que en su tiempo regían. Basta de sastres, y pasemos á los
CORDONEROS.—Como varios de los pueblos del ducado de Medina Sidonia y
condado de Niebla eran y son puertos de mar, se habla minuciosamente de las j a r -
cias y de las redes de pesca. Recomiéndase, bajo severas penas, que ni con hilo m o -
jado ni con estopa se formasen cables ni otro género de obra, y al marcar con toda
prolijidad los tamaños y nùmero de mallas de cada red, menciónanse las de fisga, las
toallares, las galluderas con que se pescan los cagones é todo pexe de cuero ; las de ena-
^espara coruina éxaluga; las labreras, xauegas y otras m u c h a s , que seguramente
se hallarán descritas y dibujadas en el famoso y notable Diccionario de Yañez Reguart.
La cabresterla (sic) se comprende también en este titulo, marcándose, entro otras
cosas, que las jáquimas sean de hilo doblado de cerro, lo mismo que las cinchas de
caballo, y que tanto éstas como las valadíes lleven un hilo de color por medio.
ESPARTEROS. — Ordénase que no puedan entregar las cuerdas que hicieren para
las armazones que se llevan á Guinea á las personas que las comprasen, sin que a n -
tes se visiten por la justicia y veedores del oficio; que la unidad de medida para las
obras de esparto fuese de ocho cuartas de vara castellana, y siguiendo el mismo sis-
tema que en los anteriores capítulos, marca el Código los palmos, chapas, pleitas,
trabas y mallas que han de tenerlas cobijas, espuertas, serones, barcinas y cofines.—
Las redes para ovejas habian de ser de seis mallas, eceto las de aprisco, que an de te-
ner tres, so pena de seiscientos maravedises.

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TEXEDORES DE LINO.—En sus casas debían existir medidas y pesas fielmente
requeridas y ajustadas para pesar las telas y tramas ; y los telares, peines y demás
aderezos, habían de ser buenos y bien acondicionados. —En los tejidos se les descon-
taba, por razón de las calduras y aristas, una onza en cada libra de estopa, y medía en
la de lino, y anssi mesmo se les desqüente el peso de la piedra ó corcho ú otra cosa so-
bre que fuere debanado el ouillo.
TONELEROS.— Poseedora de las célebres almadrabas de Conil y Zahara (inmor-
talizada ésta por Cervantes en la Ilustre Fregona], era, con privilegio exclusivo, la
casa del Duque de Medina Sidonia.—La importancia de esta pesquería fué tal, y tan-
tos sus rendimientos, que solamente la de Colibre (Rosellon) podía comparársele. Pro-
ducía á principios del siglo xvi más de cien mil atunes cada año, contándose lances
de ocho á doce mil arrobas de pescado (I). Sentado este dato ; sabiendo que anual-
mente salían de Conil centenares de barricas de atún salado para venderse en varios
puntos de España y del extranjero, y no perdiendo de vista que el vino se cosechaba
abundante en los pueblos del ducado, se comprenderá la importancia dada en las
Ordenanzas á la fabricación de pipas y toneles, y el especialísimo cuidado que se
guardaba, y multas que se imponían para que no pudiera llegar el caso de aplicar á
los envases del vino maderas que hubiesen servido antes para el atún. Márcanse los
tamaños de cada casco, previniendo que los toneles sean del talle, longura, mole y
]?erea que los de Sevilla, con cabida de cincuenta y cuatro arrobas ; las ¿oías para
romanias y vino seco, de 29 ; los cuartos de 1-3, y las pipas de 26, mandándose que no
pudiera fabricarse tonel para vinos con duelas que hubiesen servido de agua, cerve-
za, aceite ó pescado. Cinco sámagos debía tener cada vasija junto á la boca ; uno en
ella y dos á cada lado, sin llevar de box más de una tercia de vara de un arco á otro,
los cuales habían de estar bien sujetos por medio de mimbres.
Prohibíase, por último, bajo pena de multa y de ser quemada la obra, construir
envases que no se hallaran exactamente ajustados á alguna de las antedichas cabidas
y dimensiones.
TEXEROS Y CANTAREROS.—Habian de sacar el barro de lugares separados de
los caminos públicos; la labor que diesen habia de ser buena y bien cocida, y se les
otorgaba permiso de cortar palma aulaga y xaguarza en los baldíos, para el surtido
de los hornos. Tanto los cántaros como los ladrillos, gauzines (no he podido saber el
significado de tal palabra) y abobes se habian de hacer arreglados á la gauera de Se-
villa.
A los pilotos de la barra ( Sanlúcar de Barrameda ) y hombres de mar se consagra
un largo título de las Ordenanzas, que ofrece curiosas noticias para los estudios sobre
náutica y cabotaje en los pasados siglos. Tienen también sección especial los moline-
ros de aceite y de pan, los atahoneros y los carboneros, sin olvidarse de mesones, t a -
bernas y casas de trato. Ni una palabra dice de herreros, espadadores, alarifes, ces-
teros y otras profesiones, que indudablemente existían en los pueblos del ducado,
pues de los libros capitulares de Medina Sidonia resultan los nombramientos de al-
caldes y veedores de dichos oficios en el siglo xvi.
Todavía se conserva la huella de las Ordenanzas en muchas de las manufacturas
para las cuales daban tan prolijas y minuciosas reglas. Hoy se nota en toneles, cin-

(1) Almadrabas. Meseña histórica de su empleo eu las costas de España por D. Cesáreo For-
nandei. Madrid, 1866. Un 8," (Publicación oficial.)

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chas, redes, serones, espuertas, etc., la misma forma y dimensiones que el antiguo
códice marcaba, y que probablemente sería idéntica á la que tuvieron en épocas más
lejanas y remotas.
De los gremios es de lo que no queda ni vestigio. Existe, si, una especie de con-
fraternidad digna de estudio entre los alfareros de Medina Sidonia, oficio que parece
como vinculado y hereditario en cierto número de familias. Creo que los dedicados
á esta industria se diferencian por casta de los otros moradores de dicha ciudad. Más
que á la raza de Castilla se asemejan á la que pueiila el otro lado del estrecho de Gi-
braltar. Habitan en el extremo del barrio de San Sebastian, que se halla separado un
kilómetro de la ciudad ; es decir, que moran en un arrabal de los arrabales. Las alfa-
rerías conservan el tipo de construcción morisca, hallándose todas ellas viejas, des-
manteladas y ruinosas. El nopal, la parra ó la higuera suele crecer en las puertas de
aquellas miserables viviendas, que tienen cierta analogía con la jaima del árabe ó
con la cabana del malayo. Allí ves la misma rueda del alfarero de los tiempos bíbli-
cos, sin mejora, ni perfección, ni adelanto; en las toscas vasijas, construidas en tu
presencia con rigurosa igualdad matemática, notarás el mismo tipo y córte, la mis-
ma estructura y proporciones, el completo facsímile, la vera efigies del cacharro fe-
nicio, romano, godo ó árabe que acaba de hallarse en antiguo sepulcro ó en profunda
excavación. Y es tan primitivo el rudo sistema de construir, y conservan tan vivas
las costumbres de remotas edades, que el alfarero medinés apenas hace uso del dine-
ro, ni se aprovecha de las ventajas de la moneda.
Verás el sistema : llega el dia de deshornar, y con algunas horas de anticipación
'^an apareciendo en el patio de la fábrica, como buitres que han divisado carne, n u -
merosos acreedores: el del barro, el del alcohol, el de la leña , acompañados de
panaderos, tenderos, taberneros, etc., etc. Es una especie de concurso al aire libre,
sin trámites judiciales, sin cadi, ni juez, ni cartulario, ni papel sellado. Cada uno hace
presa y forma montón para cobrar en especie; siempre falta, es decir, siempre sale
alcanzado el fabricante. A éste poco le importa; los acreedores son los que disputan
y gruñen como perros que litigan un hueso. Con la impavidez de un estoico presen-
cia el alfarero aquella partija; para él no hay motivo de pena ni de apuro, puesto
que el panadero vuelve á dar pan y el de la taberna vuelve á fiar el vino. Se come,
se bebe, se fuma, se descansa y se lija el dia de la partida de caza, caza que se veri-
fica sin pólvora, sin caballos, sin flechas y sin aves de altanería. Perros y hurones,
palos y azadas y al campo. Los podencos levantan un conejo, y si se les escapa,
señalan la madriguera, suéltase el hurón, y no dando resultado tampoco, comienza
el verdadero lance, el bello ideal de la cacería, que es la destrucción del escondite del
animal, hecha con las azadas. Remuévense metros y metros de tierra, se cava, se
ahonda, se siguen las sinuosidades de la galería subterránea con un afán, con una
habilidad, con una inteligencia y con un vértigo de alegría que espantan, hasta ha-
llar al tímido gazapo, que muero á palos ó en la boca de los perros. El sistema no
puede ser más trivial ni más primitivo: es la teoría de cortar el árbol para coger la
fruta. Si las habitaciones del conejo quedan deshechas, eso no importa; ellos labra-
r'ui otras (me decían); estas casas son baratas, pues no necesitan ni albañiles, ni car-
pinteros, ni cal, ni arena, ni madera, ni ladrillos.
I Cuántas veces, querido Mariáteguí, en las fastuosas cacerías dadas por Napoleon III
en Gompiegnes, por el opulento Salamanca en los Llanos, ó por el egregio Duque de
Rutland en sus extensos parques de Escocia, donde, á usanza de la Edad Media, nos^

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valíamos de azores, neblíes y gerifaltes; cuántas veces, repito, en estas y análogas
partidas de reyes, príncipes y magnates, á las cuales he tenido la honra de asistir,
me acordaba con placer y con envidia de la azada y del hurón del alfarero me-
dinés!
¡Cuántas veces, al regresar álos castillos y palacios, y al sentarme á mesas lujosa y
espléndidamente servidas, bajo la dirección de maestros tan hábiles como mis b u e -
nos amigos Julio Gouf'fé ó Leon Ganivet, lumbreras de la cocina moderna, he recor-
dado la bota de vino tinto y la exquisita salsa de la hambre, que nos hacia hallar de-
licioso el pan, queso, rábanos y aceitunas, que devorábamos tendidos sobre las pal-
mas, lentiscos y maleza de Wad-el-bacar ó de los Almeriques! (1).
Perdona la digresión, y tornemos á nuestros altareros. A los ocho dias de descanso,
de fiesta y de culto á Baco, vuelven á preparar el barro, á hacer girar su rueda y á
encender sus hornos ; de nuevo aparecen los acreedores cobrando sus créditos en frá-
giles cacharros ; esdecir, que todo se repite por turno rigoroso, ó que, valiéndome de
un símil y aplicando las palabras de uno de vuestros más célebres poetas.

De flores vuelve á engalanarse el prado,


Vuelve el otoño, pródigo en racimos,
Y tras los hielos del invierno frío.
Coronado de espigas el estío.

Apuntaré otro rasgo característico de nuestro artesano ó fabricante, ó como se


llame. Lleva en sus hombros al compañero que fallece y cava la fosa y lo entierra.
Ofréceles un puñado de oro, el mejor hurón, el más fino podenco; proponles no más
que carguen con el cadáver del que no fué de su oficio Ni la cara que ponen
puedo yo pintártela, ni la respuesta que dan escribírtela. Te aconsejo, sí, que á vi-
llanos de navaja y garrote no hables nunca, ni aun en broma, de cosa con que pue-
dan ofenderse ó incomodarse.
Las Ordenanzas, de que en esta carta he tratado de darte una ligera idea, eran, como
al principio dije, para todos los vasallos y tierra del Duque de Medina Sidonia; com-
prendían, pues, no sólo á dicha población, sino también á las de Sanlúcar de Barra-
meda, Trebujena, Chipiona, Chiclana, Vejer, Conil, Jimena, Gaucin, etc., etc., con
todo el extenso territorio que forma el condado de Niebla. Calcadas sobre las de Se-
villa, pero respetando las antiguas costumbres de los lugares á quienes habían de re-
gir, y escritas con método y buen lenguaje por personas de letras e conciencia, nom-
bradas para este efeto, e procurando el buen seruicio de Dios e buen estado de las rre-
publicas e particulares dellas, como dice el proemio del códice, tienen, á mi parecer,
alguna impoi'tancía para el estudio del estado civil y militar de una gran parte de las
Andalucías en las edades pasadas.
Aquí termina mi habilidad, y debe empezarla tuya. Lima, corrige, tacha y enmien-
da las anteriores noticias; ponías luego en prensa, y si tu clarísimo entendimiento
puede, con el escaso jugo que ellasden, formar un párrafo para ei Almanaque de 1872,
me alegraré en el alma, aun cuando tenga que darte diploma de perito en nigro-
mancia.

(1) Nombres de terrenos ó pagos del término de Medina Sidonia.

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— 59 —
Dos cosas debo recordarte para descargo de mi conciencia, y son: Que no deben
pedirse peras al olmo, y que
jEn el dóti gne ofrece el poire
No dehe mirarse el precio.
Si la voluntai lo ensalza,
Tío hidalgo del Aswio.

Mucho, fraternal y de la mejor ley es el que te profesa


E L DOCTOR THEBUSSEM.

En los baños de Spá {Alemania), á veinte y cuatro días de Agosto de 1871 años.

AMUEBLAMIENTO DE LAS IGLESIAS.

ecir hoy algo sobre el amueblamiento de las iglesias no es tan


inoportuno como á primera vista parece, dadas las especiales
transitorias condiciones á que circunstancias de todos conoci-
*las han arrastrado al clero español; pues que la especie de decaimiento en que
yace actualmente el culto católico en nuestra nación, por efecto de ciertas naturales
consecuencias del espíritu predominante en la última realizada revolución, tiene
algo más de aparente que de real ; y mientras en io que debe .llamarse culto oficial
se hace pomposo alarde de la falta de recursos que se padece para su sostenimien-
to,—cuya falta, dicho sea de paso, no suele ser tan completa como las esferas
administrativas señalan, —el culto particular ó extraoficial brilla como n u n c a ,
sostenido por asociaciones que se complacen en hacer, por el contrario, ostentosas
manifestaciones de que disponen de cuantiosas sumas para atender á sus obligacio-
nes htúrgicas.
•'ademas, como la libertad de cultos e s , y ahora se observa palpablemente, pode-
roso y eficaz estimulante para avivarlos sentimientos religiosos, y hasta para fomen-
tar las artes sagradas ; como llega á muy elevada cifra el número de católicos en nues-
tra nación, por más que las ideas de que todos ellos se alimentan no sean exacta-
mente las mismas; y por un lado antiguos y firmes creyentes, y por otro fanáticos
supersticiosos, declamadores farisaicos, frivolos indiferentes, libre-pensadores ver-
gonzantes é hipócritas, asquerosos en abundancia, forman un núcleo considerable,
cuya influencia, encaminada directamente al sostenimiento y acrecentamiento del
culto católico-romano, cualesquiera que sean los medios que para el objeto hagan ne-

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cesarlos las determinaciones del poder supremo de la nación, se ha dé dejar sentir
en lo sucesivo mucho más que al presente, y no poco en lo que atañe á la fabrica-
ción de muebles y enseres sagrados, destinados á reemplazar los inútiles y sustituir
los faltosos, y á provistar los nuevos templos que se levanten ; como es de esperar que,
en dia no lejano quizás, el clero llegue á considerar como indestructible hecho con-
sumado esa misma libertad de cultos y otras de las conquistas revolucionarias, con-
tra cuya existencia malgasta sus fuerzas físicas y morales, y renuncie á dar una so-
lución determinada y harto poco factible á nuestro problema político, resuelto ya de
una manera para tantos definitiva y satisfactoria; y que entonces dirigirá toda su
atención, y destinará todos sus recursos al necesario brillo del culto y al conveniente
amueblamiento y esmerada decoración del templo ; y como puede contarse por se-
guro que, también en dia más ó menos próximo, se ha de operar una suerte de r e -
acción religioso-clerical, semejante á la que se experimentó en la vecina infortunada
nación mientras fué últimamente floreciente imperio, no ha de sor tarea ociosa en-
cauzar por terreno adecuado la corriente artistíco-religiosa que hoy se desliza, orga-
nizando aparatosas funciones, ricas de frivola solemnidad, con cualquiera de los mo-
tivos á que ofrecen fácil pretexto los sucesos más ó menos relacionados con la ver-
dadera florescencia y genuina preponderancia del catolicismo, de que es teatro la
vieja Europa.
Llegado el caso de que esa reacción tome cuerpo, no ha de producir, por el pronto,
aumento en la hoy bien escasa ilustración en materia de artes que se nota en las gen-
tes de carácter sagrado. Así, pues, la dirección oportuna y acertada de ese movi-
miento artístico-crislíano no ha de proceder de quien le dé el impulso, sino de los
que sean llamados á secundarle ; y por consiguiente, á los mismos industriales tocará
satisfacer todas las primeras necesidades de la futura situacioii en su carácter artís-
tico, é imprimir á las obras el estilo más apropiado á ellas.
Para esto debe tomarse como punto de partida en general, y muy en particular
por lo que al mueblaje del templo se refiere, el desechar en las formas toda analogía
y similitud con las usadas en ios muebles equivalentes destinados al uso doméstico
ó al seglar, y aun en aquellos de los sagrados más relacionados con las funciones pu-
ramente personales, para que la devoción de los fieles no halle un obstáculo en los
recuerdos mundanos que puedan despertarles muebles semejantes á los relacionados
con acaecimientos poco piadosos de su vida, y para evitar todo género de peligrosa
competencia entre el alhajamíento de las iglesias y el de habitaciones y casinos.
Majestad, sencillez y austeridad son los principales caracteres que en ellos debe pre-
dominar ; reuniendo á la vez aspecto monumental y ausencia completa de lo que hoy
se llama confort; sobre lo cual se observa, en las mismas catedrales, muchas visibles
contradicciones, como el de que el Prelado, por más que sea uno de los príncipes de
la Iglesia, se sienta, cuando asiste al coro, sobre la rasa tabla de su majestuoso es-
telo, cubierta cuando más con un sencillo paño de damasco ó terciopelo; pero en
cuanto con cualquier motivo abandona su cathedra, se le presenta un confortable y
mullido sillón, no muy limpio por cierto, ni muy bien conservado en muchas par- ;
tes, y de forma tan vulgar y anticuada en las más, que lo haría indigno de ocupar \
un rincón en una sala medianamente amueblada, sin darle el menor sabor monu- !
mental ni proporcionarle ninguna respetabilidad. ^
Preciso es confesar que tanta como es la iniportancia de la materia referente ali
amueblamiento de las iglesias, es la dificultad que ofrece el tratar de ella bajo elj

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punto de vista práctico, atendido el estado actual de la ciencia arqueológica en nues-
t'o país, si se ha de procurar que el mueblaje armonice con el estilo predominante
en el edificio, por lo que á las construcciones románicas y ojivales respecta, y si se ha
fie conservar en él el gusto y estilo cfistiano por excelencia, y si al mismo tiempo
se ha de ceñir á las necesidades actuales de la liturgia. Y tanto es así, que sobre eso
nnsmo dccia hace 30 años M. de Montalembert, que era preciso cuidar más del amue-
, amiento de las viejas iglesias que de la construcción de las nuevas, porque para
estas hay numerosos modelos que imitar, y para el otro faltan del todo.
Deberes dei artista, si sobre ese punto ha de conseguir algún satisfactorio resultado,
reanudando las sanas tradiciones artísticas, por tan largo tiempo interrumpidas,
tocantes al amueblamiento de las iglesias, estudiar atentamente las obras antiguas,
y penetrarse bien del genio que ha presidido á la construcción de nuestros magni-
neos monumentos cristianos; pero sin reducirse á hacer copias serviles, ni descender
f formar meras reproducciones délos muebles primitivos, que la absoluta general
instabilidad de las cosas humanas, dejándose sentir también en las más espirituales
y elevadas funciones de la humanidad, ha llegado á hacer inservibles é inaplicables,
con el desarrollo dado á ciertas partes de la liturgia, y las variaciones no insignifi-
cantes ni escasas introducidas paulatinamente en el culto.
Debe también dedicar su atención á utilizar en provecho de esa misma idea todos
'os elementos que se le proporcionen, sin prescindir de la tendencia sobrado mar-
cada á la frivolidad que se observa en todo género de obras religiosas de nuestros
^•as, incluso en las nuevas construcciones arquitectónicas, cuya tendencia, que ha
ue imprimir forzosamente su sello á cuanto dimane del arte cristiano, puede con íiici-
'dad convertirse en carácter de austeridad, y como tal utilizarla el artista encargado
nel amueblamiento de una iglesia, proscribiendo de los muebles sagrados ciertas
astuosas formas y determinados lujosos adornos, y buscando en la severidad de los
cortes las condiciones de majestuosidad que deben reunir.
Conseguiráse este objeto sin gran dificultad, adoptando para el amueblamiento de
as IGLESIAS el estilo ojival, é inspirándose en los abundantes modelos que ofrecen,
en especial, las sillas de coro de muchas de nuestras catedrales y de algunas de las
que fueron iglesias monacales, con la ventaja de que en la mayoría de los casos, por
^ 4ue toca á las grandes iglesias, es ese estilo el predominante en ellas; pues harto
Sabido es que de todas nuestras catedrales no son sino una muy escasa minoría del
'ománico, y muy pocas las greco-romanas de los varios gustos que han imperado
esde el renacimiento pagano hasta la segunda restauración, y ademas, nadie lo ig-
nora, se opera con gran fuerza desde algunos años un contra-renacimiento, verdadera
i'estauracion del arte cristiano.
Admitida la preferencia del estilo ojival para la fabricación de los muebles sagra-
os, no sólo de los destinados á las iglesias construidas con arreglo á sus principios,
•no de los que hayan de colocarse en las románicas y aun en las greco-romanas, la
eccion de ejemplares en que inspirarse, y modelos que imitar, no ofrece ninguna
asede dificultades; porque, por ?nás que no abunden los tipos do los mismos mue-
®s que se trate de fabricar, proveerá del indispensable surtido de esos tales modelos
y h'pos la arquitectura con su prodigalidad en accesorios ornamentales y su riqueza
e detalles decorativos, prestando los medios suficientes para que el artista no песе­
те separarse del carácter propio del estilo.
* en cuanto á la elección de los adornos simbólicos, que es uno de los puntos más -

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interesantes y más .dignos de atención, cuya advertencia pocas personas necesitarán,
de seguro que la propiedad de ellos ha de ser considerada ante todo, deja, por su mis­
ma superior importancia, de ser una cuestión puramente artística para convertirse
en litúrgica, y si se quiere, en dogmática ; porque no de otro modo puede considerarse
el empleo de algunos, como el de las antorchas invertidas en los catafalcos y en los
monumentos sepulcrales y funerarios, significando la pérdida de toda esperanza y la
falta de fe en la resuri'eccion general, y no merece tampoco mayor recomendación
el de corazones traspasados de dardos, algunos cupidos y otros tales de marcado
sabor erótico. -
Sí de las observaciones que quedan consignadas se hace individual aplicación á los
principales muebles de una iglesia, pronto se advertirá la exactitud con que á todos
ellos convienen.
Comenzando por el altar, que por su especial elevado destino, no sólo es el más
importante accesorio del templo, sino que en sí mismo reúne toda la importancia
litúrgica del edificio, si se examinan los cuatro grandes elementos que hasta ahora
se han utilizado para la composición de los retablos, parte la monumental, por ex­
celencia, del altar, notaráse desde luego la preferencia que sobre todos merece el pro­
cedente del estilo ojival. Éste es, por otra parte, el más antiguo modelo que se e n ­
cuentra, pues que hasta que se introdujo, hace de seis á siete siglos, la conocida
variación litúrgica de situarse el sacerdote, para celebrar el incruento sacrificio, de
espaldas á los asistentes, en vez de ponerse de cara á ellos, como antes se usaba, no
tenía razón de ser, ni era posible llevar á cabo la construcción de retablos, por estar
colocados los altares en medio del santuario, indispensablemente aislados, é inter­
puestos entre el oficiante y el pueblo; y aun del siglo xn no se encuentran noticias
sino de retablos en embrión, y mientras se mantuvo el sistema de construcción de
los ábsides centrales de las grandes iglesias, catedrales y algunas monacales, cerra­
dos de arcadas tan sólo, la colocación de los retablos de los altares mayores hubo de
ofrecer no poca dificultad ; pudiendo decirse sobre eso otro tanto que de las cajas de
órgano se dice, de que sus dimensiones debían ser harto reducidas cuando no cui­
daban los arquitectos de destinarles lugar alguno, ni los tomaban en cuenta al tra­
zar el vasto plan de los grandiosos edificios de nuestras catedrales. Así, pues, de los
tiempos del Renacimiento nada más data la introducción de los retablos como hoy se
ven : en un principio, compuestos de una colección de esculturas en mármol, ó de
tablas pintadas de como medio metro en cuadro, engastadas en un suntuoso marco
ricamente exornado de vistosas entalladuras, representando, y algo después con más
exactitud, un cuerpo de arquitectura completo; reducidos á una glacial minuciosa
reproducción del pórtico de un edificio pagano, con su inseparable frontón, ó de
una combinación de varios cuerpos arquitectónicos de puro gusto clásico, construi­
do con estricta sujeción á los preceptos vignolescos; convertidos en una monstruosa
balumba churrigueresca, ó sustituidas todas esas composiciones por un monumental
lienzo de grandes dimensiones.
Por varios recomendables conceptos pudiera preferirse este último sistema de los
grandes cuadros, equivalentes á suntuosas pinturas murales, á cualquiera de los otros;
pero, como los altares, y en particular los mayores, requieren ciertos accesorios, que,
por más que algunas veces aparezcan como independientes de los retablos, tienen que
considerarse como parte integrante de ellos, deja el tal sistema de gozar preferencia
absoluta sobre los otros, fuera del caso en que, como sucede con ciertos altares de

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Capilla y laterales, no han de componerse sino de la mesa y del retablo propiamente
•licho. Rechazada, por consiguiente, la absoluta preferencia del cuadro sobre la obra
fie carpintería para disponer un retablo; y como respecto á los abundantísimos
ejemplares de armatostes churriguerescos no es de esperar que por ahora se despierte
el deseo de reproducirlos, y como son justamente anatematizados y objeto de gene-
ral censura los retablos, hasta cierto punto majestuosos, formados con elementos
tomados del arte pagano, por razones, que algunas de ellas bien pudieran calificarse
ue dignidad para las ideas cristianas ; á menos que aparezca un arte nuevo, de lo que
en el presente no se perciben visibles señales, ó se apele al arte mahometano ó al
maio, ó al egipcio ó al asirlo, resulta forzoso—y aunque de eso no resultase, de
otras no menos poderosas atendibles razones resultaría — el adoptar el arte ojival, ó
Si se quiere mejor, el gótico, comprendiendo bajo esa denominación el romano-bi-
zantino y el ojival para la composición de los retablos, y lo mismo para las demás
exigencias del moviliario sagrado.
AI tratar de su aplicación, por lo que á esos importantes muebles toca, se obten-
nrán los mejores resultados si se combina un cuerpo arquitectónico, por via de ac-
cesorio , con una colección de altos relieves ó pequeños cuadros de las dimensiones
'ndicadas y que armonicen con el gusto del retablo, colocados con la debida sime-
tría. Y ese mismo estilo facilitará, para la construcción del tabernáculo, del sagra-
i''o y de las indispensables gradillas destinadas á la colocación de los candeleros,
abundantísimos y recomendabilísimos modelos, y numerosos y estimables recursos,
nierced al elemento piramidal que le distingue y á la severa majestad de sus miem-
hros ornamentales.
No menos que para los retablos, resulta, con ventaja, adaptable el estilo ojival
para los demás muebles del templo. Sobre las sillas de coro baste decir que su forma
y córte es eminentemente ojival; y por más que muchas de las más notables de las
Sillerías de coro de nuestras iglesias catedrales y monacales no pertenezcan á él, sino
^ la época del Renacimiento y á la siguiente; si se tiene en cuenta que su importan-
cia depende, más que del desarrollo, de los recursos proporcionados por el estilo
greco-romano, del valioso auxilio prestado por la diestra mano del hábil é inspirado
escultor, no podrá negarse que, á no disponer de ese tal auxilio, y en la necesidad
ne reducirse á los elementos arquitectónicos decorativos, nada se hallará más propio,
sencillo, severo, agradable y susceptible de variedad dentro de su misma uniformi-
dad , que los bellísimos adornos geométricos que constituyen la tracería para llenar
°s entrepaños de los respaldos, al mismo tiempo que el obligado doselete corrido
reclama para sí la espiritual elevación piramidal de las agujas y pináculos, y la forma
'i'rosa de la umbela ojival.
Esto mismo, con toda exactitud, puede ajilicarse á los pulpitos. La forma prismá-
t'ca-octógona, tan querida del arte ojival en su ùltimo y más brillante período, es la
•nás apropiada para el pulpito propiamente dicho, con los paños calados de las en-
cantadoras labores ílamíjeras, tan prodigadas en ese mismo período; y para el indis-
pensable tornavoz en vano se tratará de buscar modelos más adaptables que los que
f^freceu los bellísimos chapiteles ó agujas afiligranadas de las torres de Burgos, Leon
y Oviedo.
De ningún modo se conseguirá mejor alejar de todo género de asientos las formas
Pulgares, que ciñéndose en lo posible, en su construcción, á los principios del arte
ojival, y procurando imitar los muchos y diversos modelos que ofrecen las mismas

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sillas de coro, y otras sillas sueltas y banquillos del tiempo, y los tipos que de tales
suntuosos asientos facilitan con peregrina variedad las viñetas de los cóJices y los
sellos reales y las monedas de la época.
Y basta para los confesonarios, de cuyos muebles no se encuentra, como es sabi-
do ni es de esperar encontrar, modelo alguno propio del arte ojival, por no datar la
introducción de ellos sino de los tiempos del Renacimimiento cuando más; debe, aun
cuando no fuese sino por sostener la armonía con el resto del moviliario, adoptarse
igualmente ese estilo, que no negará foi'mas adecuadas á la que deben tener esos
muebles.
Y si se desciende á otro orden de razonamientos, se hallará una nueva, no despre-
ciable, ventaja, que proporciona al artista en primer lugar la adopción del estilo oji-
val para el moviliario sagrado: la de no exigir, sobre todo para los retablos, la c a n -
tidad exhorbítante de material que requieren las macizas construcciones greco-ro-
manas, con sus pesados cornisamentos y sus rollizas columnas; y por consiguiente, la
de que se invierte en el trabajo artístico una parte mucho mayor de su coste que en
el material, al contrario de lo que sucede con los grandes retablos fabricados con
sujeción á las inflexibles reglas del Vignola.
JOSÉ VILLAAMIL Y CASTRO.
Mondoñedo, Agosto 1871.

CORONA IMPERIAL D E L A V I R G E N D E L S A G R A R I O ,
EN TOLEDO.

ntre las imágenes de la Madre de Jesucristo que son objeto de


mayor devoción entre los fieles católicos, figura en Castilla,
eu primer término, la conocida bajo la advocación del Sagra-
rio, que se venera en su capilla propia de la catedral de Toledo. Es toda de madera y
está forrada, excepto el rostro y las manos, con una hoja de plata bastante gruesa;
circunstancia que, unida al carácter general de su escultura, contribuye á darla bas-
tante antigüedad, sí bien nunca tanta como la que la asigna el vulgo toledano, fun-
dado en la tradición y en el recusable testimonio del cronicón de Juliano.
De todos modos, son hechos indudables la ardiente devoción que á esta venerada
imagen profesan los católicos de Toledo y su provincia , y que en tiempos más prós-
peros para la Iglesia católica, los ex-votos,-las dádivas y los regalos fueron poco á
poco acumulando al rededor de esta imagen alhajas, piedras y metales preciosos,
donativos de monarcas y magnates castellanos, aumentados frecuentemente con ma-
no pródiga por el Cabildo primado de las Españas, cuyas pingües rentas le permitían
- , - ^

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hacer, sin gran esfuerzo, estos y otros gastos para dar mayor ostentación y magnifi-
cencia al culto de la milagrosa imagen de la Virgen del Sagrario.
No es nuestro ánimo enumerar, y menos describir, aquí las varias y magníficas j o -
yas, admiración de propios v extraños, que se enseñaban hasta nuestros dias en la
catedral de Toledo, como pertenecientes á la Virgen. Ni el riquísimo manto de gala^
construido en el siglo xvu; ni la basquvia ó vestido de la imagen bordado de oro, al-
jófar y perlas, con su riquísimo delantal, en que las esmeraldas, diamantes y rubíes
alternan armónicamente, produciendo un conjunto do sin igual riqueza; ni el sun-
tuoso pectora/, son objeto, por ahora, de nuestro trabajo. Sólo vamos á procurar
describir la magnifica corona que basta el año 1868 ostentaba la imagen durante la
octava de su fiesta; hermosa joya de gran valor material y artístico, y que manos
sacrilegas robaron, con otras alhajas, del armario en que se custodiaba, en uno de los
primeros meses del año 4869.

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En un principio formaba tan admirable joya un cerco ó diadema circular, de oro,
cuyos adornos limitaban dos lilas de perlas, redondas y orientales, realzando el es-
plendor de los rubíes y esmeraldas que le adornaban, caprichosos adornos cincelados
y esmaltados, de distintos colores y en el estilo del Renacimiento.
Hizo esta corona Fernando de Carrion , platero, y se tasó su trabajo en 760.000
maravedís, de los cuales se le rebajaron 37.500, y sólo se le pagaron 722.500, en el
año 1SS6, en que la entregó concluida.
Diez y ocho años después se determinó hacer el segundo cuerpo ó imperial de esta
corona, y el Sr. D. García de Loaysa Girón fió este encargo á Alejo de Montoya, pla-
tero, vecino de Toledo, quien se obUgó á ejecutarle por escritura que pasó ante A l -
varo Perez, escribano público, en 29 de Marzo de 1574, desde cuyo tiempo trabajó
en ella hasta el de 1S86, en que la entregó concluida y tal como ha llegado hasta
nuestros días.
Este segundo cuerpo se componía de varias estatuitas de oro esmaltado, de unos
cuatro á cinco centímetros de altura, representando ángeles, sosteniendo cada dos
uno de los adornos de la diadema, y ocultando con sus cuerpos el arranque de las
franjas cuajadas de pedrería que se agrupaban por su extremo superior, sosteniendo
figuras alegóricas, sobre las cuales estaba colocada, sirviendo de globo y apoyo, á la
cruz con que terminaba la corona, una magnífica esmeralda de precioso color, lim-
pia , perfectamente esférica y de unos cuatro centímetros de diámetro.
La parte interior de la corona estaba literalmente cuajada de esmaltes, represen-
tando en pequeños medallones varios de los emblemas de la Virgen, como Turris
eburnea, Domus aurea, Fwcleris arca, etc. Toda la labor de esta alhaja era notable,
tanto por la perfección con que estaban cinceladas sus diferentes partes, como por la
pureza y buen gusto de los esmaltes que la adornaban. Sus dimensiones eran vein-
tisiete centímetros de altura y veintidós de diámetro por la parte más ancha, y la i m -
presión que producía su vista era brillante y deslumbradora.
Doce años tardó Alejo de Montoya en concluirla, y fué tasada por Juan Domínguez
y Diego de Abeo, plateros de oro de Madrid, siendo Jacobo Trezzo, escultor de S. M.,
superintendente de la tasación, la cual fué de 8.250 ducados por la hechura, resul-
tando ademas que tenía la imperial de la corona las perlas y piedras siguientes :

Piedrag preciosas. Marayedises.

2 Balajes, su valor es el de. . 150.000


12 Rubíes 403.528
13 Esmeraldas 237.500
57 Diamantes . 555.396
182 Perlas 897.838
1.844.262
Peso del oro 395.981
Id. de la plata de las almas. . , 7.699 . . . 406.227
Oro con que están doradas. . . 1.547
405.227
Hechuras. . 8.097.750 3.097.750

6.343.239

Con este motivo se tasó también la parte de esta corona que habia hecho Fernán-

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do de Carrion en 1.954.156 maravedises, que unidos á los demás componen m a r a -
vedises 7.297.595, ó sean reales vellón 214.629 y 9 maravedises.
Ahora bien ; en vista de estos datos, y teniendo en cuenta la diferencia de valor de
la moneda desde el siglo XVI hasta nuestros dias, ¿se habrá separado mucho de la
verdad uno de nuestros tasadores de joyas, que, según confesión propia, dijo hace
einco años que el valor de la corona ascendía á sesenta mil duros?
El grabado á que acompaña este articulo recordará á los que , como el que escribe
estas lineas, han tenido la suerte de contemplar detenidamente el original, la pri-
mera impresión que la vista de la corona les causara, y podrá dar una idea á los que
no la conocieran, de la importancia que tenia como objeto artístico, independiente-
mente del valor material de las piedras y metales preciosos que la formaban.

E. DE M.
[Ilustración de Madrid.)

PERITOS TASADORES.

I M P O R T A N C I A DE LAS TASACIONES.

lENDO de grande ínteres, en determinadas circunstancias de la


vida, la fiel y exacta avaloracion de cuantos objetos las artes,
la industria y el comercio han creado para regalo y comodidad
del hombre, conveniente nos parece demostrar, en cuanto nuestros escasos cono-
eunientos alcanzen, lo útil é importante que ha sido y será siempre el cargo de p e -
rdo tasador, el abandono en que durante un largo período se ha tenido dicho cargo
tan esencial, y más que todo, la poco estudiada medida tomada últimamente con re-
lación á dichos funcionarios, declarando libre dicho cargo, según el decreto expe-
<l'do á este fin, con fecha 14 de Mayo de 1870.
El asunto que nos proponemos tratar parece ser do aquellos, según se desprende
del citado decreto, de escasa importancia; pero tenemos el convencimiento de no
estar lejos el dia en que se tocarán sus inconvenientes, así como va sucediendo con
otras disposiciones de parecida índole.
En vista, pues, de que la tendencia del presente articulo no es la de uno de t a n -

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—es-
tos de oposición á las órdenes emanadas de la autoridad, nos cumple dejar consig-
nado, que la calificación y justiprecio del moviliario completo de una casa, y muy
especialmente el de toda clase de alhajas, desde la más insignificante hasta la más
preciada, como igualmente la de cuantos objetos hayan producido las bellas artes, ó
que con éstas estén relacionados, es materia de suyo importantísima, digna por lo
mismo de un inmediato estudio y de una especialisíma atención, si han de preca-
verse y evitarse los grandes perjuicios que en muchos casos pueden seguirse á los in-
tereses de los particulares.
La equivocada calificación que se haga de una alhaja, una antigualla, una pintura
Ù otro objeto de reconocido ínteres artístico, dando como falso lo que no lo es, inútil
ó despreciable lo que la antigüedad tiene santificado, ó señalando como copia lo que
es original, trae consigo, como no puede menos de acontecer, trascendencias funes-
tas, de larga y penosa enumeración. Este importante asunto, mirado hasta de ahora
con desdeñosa indiferencia entre nosotros, puesto que los peritos tasadores no tenian
obligación de acreditar, ni la calidad, ni la aptitud del artista, ni los conocimientos y
los estudios del anticuario, ha sido causa de lamentables errores, porque, si bien eran
competentes para justipreciar el moviliario de una casa, los artículos de'un comercio
y los enseres de una fábrica, carecían, ó por lo menos, no era de presumir que
tuviesen los conocimientos indispensables para hacer un exacto avalúo de todos
aquellos objetos de bellas artes, á las cuales, por un orden natural, debían ser ex-
traños.
Esto no debió suceder en otras épocas; pues por los antiguos inventarios vemos
que hubieron de ser formados por personas competentes, y de este modo se com-
prende que las particiones que se hicieron debieran ser justas, acertadas y equitati-
vas. La forma en que están redactados esta clase de documentos, y la escrupulosa
minuciosidad de sus detalles, indican grandes conocimientos en los que ejercían el
cargo, al propio tiempo que gran deseo en ser exactos en la avaloracion de los obje-
tos que registraban. Muchos de estos inventarios, relaciones, escrituras públicas y
testamentos etc., etc., son, por más de un concepto, interesantes y aun necesarios
para el literato, el historiador y el artista, por la suma de curiosos é importantes datos
que suministran al conocimiento del moviliario en general, las clases y nombres de
las telas que se usaban, y no pocos con que se determinaban las diferentes piezas de
la armería. Sin estos recursos, y otros de parecida índole, que se hallan en el impor-
tante arsenal de los códices, hubiera sido punto menos que imposible al entendido y
afanoso investigador arqueólogo, no sólo saber la forma y nombre que tuvieron mu-
chos objetos de uso corriente en edades ya muy apartadas de nosotros, sino también
su emp.eo, su materia y sus colores.
Los inventarios y relaciones, como los demás instrumentos públicos á que más ar-
riba nos contraemos, datan en su mayor parte, del siglo xv y xvi, si bien existen
algunos anteriores.
Gomo todo en el transcurso de los años se altera ó modifica, de aquí nace que en
nuestros dias, se hubiese facultado á un solo individuo para que entendiera en lo que
antes fué del dominio de varios, hasta que por consecuencia de necesidades impe-
riosas , se comprendió por el Gobierno, la obhgacíon de dedicar su atención á un
asunto de tanta importancia y trascendencia. En vista pues, de varias solicitudes
hechas por aspirantes al cargo de tasador, se comprendió la necesidad de organizar
un cuerpo colegiado, reconociendo no sólo lo justo de la petición, sino también

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el fundamento de las reclamaciones que por diferentes conceptos la originaban.
El gobernador de la provincia, que fué la autoridad á quien correspondia entender
en este asunto, dispuso que se formase el oportuno expediente, que favorablemente
informado, fué dirigido al Ministro de la Gobernación. Después de algunas indis-
pensables tramitaciones, y oido el dictamen de la Junta consultiva de dicho ministe-
rio, por una orden de la Regencia, fecha 19 de Diciembre de 1840, se dispuso que
niiéntras se proveía definitivamente por una ley, á este ramo especial de policía, se
expidiesen por el Excmo. Sr. Gobernador de Madrid los títulos para los cargos de ta-
sadores de efectos, previas informaciones de probidad y suficiencia, á tres personas
con establecimiento abierto de muebles, obligándoles á llevar sus correspondientes
libros de asiento, con las necesarias y debidas formalidades, prefiriendo siempre á los
que ofrecieran mayor responsabilidad, y entendiéndose para más adelante el a u -
mentar el número de estos funcionarios, si la necesidad para el mejor servicio hicie-
ra conocer ser insuficiente el número de las plazas creadas. Como se ve, quedó cu-
bierta por el pronto una necesidad que reclamaba el buen servicio de la administra-
ción de justicia, pero no se tuvieron presentes los defectos de que adolecía la crea-
ción de estos cargos, toda vez que á las personas que fueron nombradas no se les
exigió otras clases de conocimientos en su ejercicio que el ser mueblistas, tener un
establecimiento abierto y una creditada conducta de honradez, podiendo con esto
solo, no tanto avaluar el moviliario completo de una casa , sino también tasar pin-
turas, esculturas y demás objetos pertenecientes á las bellas artes, así como toda
clase de joyería, pedrería y alhajas de oro y plata. Esto sucedía precisamente en una
época en que comenzaba á desarrollarse entre nosotros la afición al estudio de las
hellas artes, de cuyo lastimoso abandono tanto partido supieron sacar los especula-
dores asi propios como extraños. Abriendo un paréntesis sobre las infinitas conside-
raciones que pudieran hacerse, calculando el sinnúmero de desaciertos que se h a -
hrán cometido á la sombra de la ignorancia, por ciertas individualidades que sin
estudios á propósito tuvieron la facultad de dar valor á muchos objetos que no cono-
cían , y á los cuales saludaban por primei'a vez, prosigamos nuestra narración histó-
i'ica. Habiéndose aumentado el número de los juzgados, el Excmo. Sr. Gobernador,
con fecha 19 de Junio de 1841, elevó una consulta al Ministerio de la Gobernación,
afín de que se ampliara el número de las plazas creadas, pues las ti-es que se h a -
h'an establecido no eran suficientes para cumplir cual correspondia al servicio, en
atención á los nuevos juzgados que se habían formado. Por consecuencia de lo justi-
ficado de la petición, la Regencia del reino, en 7 de Julio siguiente, dispuso entre
otras cosas :

Que la expedición de los títulos de tasadores, que estaba á cargo del gobierno
de la provincia, se hiciera en adelante por el Ministerio de la Gobernación, previas las
ormalidades establecidas, pero con la condición de un oportuno examen por medio
ue peritos, que el Excmo. Sr. Gobernador tuviese á bien nombrar.
Que desde luego se organizase la incorporación de tasadores, componiéndose
oe seis individuos, distribuidos en los juzgados de la capital.
Que se comprendiera en este número, los que existiesen con título suficiente,
tenido en la forma que hasta entonces se habia practicado, á no ser que se consi-
erasen inhábiles para seguir ejerciendo el cargo, por imposibilidad física ó legal.
Que para completar el número expresado propusiese el Excmo. Sr. Goberna-

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dor los que en su concepto mereciesen obtener el titulo, previas k s formalidades ya
expresadas.
5.° Que el Excmo. Sr. Gobernador diese al Ministerio el oportuno aviso, al insti-
tuir la corporación, para que por el decano se extendiesen los títulos en la forma que
se adoptase.
6.° Que se entendiese que esta clase de oficios, no coartaba de modo alguno la
libertad de escoger expertos á voluntad de las partes en determinados casos, pues
sólo se podia requerir su intervención precisa en los negocios de oficio, ó en aque-
llos que el dicbo del perito hubiese de hacer fe en juicio.
Como vemos por las anteriores disposiciones, quedó aumentado el nùmero de t a -
sadores, los cuales durante algunos años vinieron ejerciendo su importante y deli-
cado cargo, hasta q u e , por el crecimiento de los negocios y aumento de juzgados,
se hizo preciso crear nuevas plazas, á cuyo efecto se instruyó el oportuno expediente,
con intervención esta vez del Ministerio de Gracia y Justicia; y en vista del dicta-
men que emitió, S. M. se sirvió disponer, por Real orden de o de Agosto de 1 8 6 3 ,
que las plazas de tasadores se ampliaran hasta diez, correspondientes á otros tantos
distritos judiciales, mandándose igualmente que por el Excmo. Sr. Gobernador se
procediese á nombrar para las vacantes que en adelante ocurriesen, manteniendo
siempre fijo el nùmero establecido.
Una vez constituido el colegio de tasadores, nombráronse ademas otros tres que en-
tendiesen exclusivamente en la valoración y aprecio de toda clase de alhajas de oro,
plata y piedras preciosas , quedando con tan acertada medida (por cierto hacia tiem-
po esperada), segregado desde entonces este cargo del que tenian los de muebles, si
bien podian seguir justipreciando todos aquellos objetos relacionados con las bellas
artes, contrasentido trascendental y por demás incomprensible, por los perjuicios de
consideración q u e e n ocasiones determinadas pudieran irrogarseálas familias, cuyos
intereses se veian expuestos agrandes detrimentos.
Así lo debió comprenderei Excmo. Sr. Gobernador, puesto que, habiendo consul-
tado al Ministerio de Fomento sobre este asunto, con fecha 24 de Agosto de 1866,
se determinó, que, para el mejor servicio de la administración de justicia, se n o m -
brase un profesor de pintura que entendiese en las tasaciones de los cuadros, escul-
turas y demás objetos de bellas artes. Con esta medida aconteció lo que había suce-
dido ya con las anteriores, pues comprendiéndose á poco lo necesario que era otro
profesor para que, en union al primero, llenase las formalidades establecidas en el
art. 7 0 3 del Código de Enjuiciamiento civil, con fecha de 23 de Junio de 1868 se
nombró un segundo tasador de bellas artes. Trascurridos dos años, el Excmo. Sr. Go-
bernador determinó, en 1 7 de Noviembre de 1868, que para la provisión de las va-
cantes que en adelante ocurriesen se diese aviso al público, previniendo que los as-
pirantes presentasen la correspondiente instancia dentro del plazo fijado, y que ter-
minado, se reuniera el tribunal de examen, constituido por el decano de los tasado-
res y cuatro individuos más del colegio, los cuales deberían formar la terna, y de ella
elegir la persona más idónea y capaz.
Por lo que llevamos expuesto se demuestra que no sin gran trabajo y tiempo se
habia llegado á completar en parte la mente del legislador, ó lo que es lo mismo, que
para cada ramo en particular hubiese más de un individuo, adornado de los conoci-
mientos necesarios, si bien nada se habia previsto con respecto al ramo do libreria.

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materia ésta q u e , por su especialidad, no era inénos digna de ser estudiada con la
detención que su importancia merece.
Los acontecimientos ocurridos en Setiembre de 1868, y que hicieron tomar nueva
faz á todos los asuntos asi políticos como administrativos , hicieron que con fecha 14
<le Mayo de 1870 se acordase por el Excmo. Sr. Ministro de Fomento declarar ente-
ramente libre la profesión de tasador, si bien nada se decia con respecto á los de b e -
has artes.
En vista de lo que la experiencia nos tiene demostrado, estamos muy lejos de con-
siderar beneficiosas á la buena administración de justicia las ideas que entraña el
citado decreto, y tan lejos estamos de creerlo así, cuanto que antes de ahora hemos
sustentado que las bases que sirvieron para la formación dei colegio de tasadores, en
nuestro juicio, no fueron bien meditadas, toda vez que á estos funcionarios se les
concedieron durante muchos años, amplias facultades para justipreciar, no sólo lo
que entendían, sino mucho más perteneciente á otros ramos, á los cuales debían
ser completamente ajenos. No es fácil conceder á todos tan vastos conocimientos, que
abarquen tanta diversidad de materias, siendo así que para cada una en particular
se necesita emplear largas vigilias y no escasos estudios de índole distinta, si no
quiere exponerse, careciendo de ellos, á cometer graves faltas y funestos errores.
Si bien pudo corresponder al gobernador de la provincia la facultad de nombrar y
formar un colegio de tasadores, entendiendo igualmente en las bases por las cuales
sus individuos estaban obligados á hacer constar sus conocimientos especiales para
el desempeño de su profesión, no podemos conceder lo propio para elegir los que h u -
hiesen de justipreciar objetos de bellas artes. A nosotros nos parece que á la Acade-
mia de Nobles Artes de San Fernando correspondia siempre señalar los sujetos que,
previos los ejercicios oportunos, demostraran ser merecedores de desempeñarían di-
fícil como delicado cargo, para el que, con mayor razón que para los demás, estamos
convencidos ser indispensajjles especialísimos conocimientos y gran práctica.
Por lo común, en la generalidad de las tasaciones que se efectúan, no suele haber
más que el moviliario corriente y usual, cuyas diligencias se practican, la mayoría de
las veces, sin que el perito de bellas artes tenga ocupación en ellas, por no existir
ohjetos de su profesión.
Las condiciones indispensables del tasador son, ante todo, un exquisito tacto é
mteligencia, mucha costumbre de ver y apreciar en su justo valor el objeto que se
represente, á fin de no estimarle en más que en aquella cantidad que le correspon-
da , habida consideración á su importancia y al estado de conservación en que se
encuentre, y por último, deberá estar adornado de una rectitud inquebrantable, para
que, juzgando siempre con arreglo á conciencia, ni ceda por nada ni por nadie al
mcentivo del medro personal, ni menos se doblegue á exigencias particulares, ele-
vando ó rebajando el precio de los objetos. De igual manera no habrá de exigir más
honorarios que los que legalmente le correspondan como premio de su trabajo, sin
aumentarlos en ninguna ocasión , ni bajo pretexto alguno, con detrimento de los in-
tereses de aquéllos que en él depositaron su confianza.
En la imposibilidad de tratar esta materia con toda la extension que su importan-
cia merece, concretémonos á lo perteneciente al ramo de las bellas artes, por con-
siderarla entre todas ellas como la más difícil y grave. Las tasaciones de pinturas
suelen ser necesarias, bien por efecto de mandamientos judiciales , disposiciones tes-
amentarias, particiones, bien por mera curiosidad , ó como punto de partida para

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toda clase de transacciones. En cualquiera ocasión son de absoluta é imprescindible
necesidad un exquisito tacto é inteligencia; cierta costumbre de ver y apreciar cuadros;
un estudio serio de la historia del arte, de sus vicisitudes, de su engrandecimiento y
decadencia, y conocimiento también de los precios que alcanzan boy las pinturas en
los mercados extranjeros, cuyos catálogos, con la nota de los valores señalados, y con
los después obtenidos, ya por si solos constituyen un dato curioso de útil y provechosa
consulta. En esto, como en todo lo que depende del comercio y de los caprichos de
la moda, hay variaciones continuas, no siendo extraño ver alcanzar precios subidos
á algunas pinturas, sólo por haber pertenecido á tal ó cual individuo ó corporación,
ó por haber formado parte de esta ó la otra colección, con lo cual, hasta cierto pun-
t o , queda justificada la especie de que el cuadro, en muchas ocasiones, recibe gran
parte de su valor del clavo que lo sostuvo. Ni tampoco es extraño ver llegar su tur-
no á ciertos y determinados autores, que el capricho unas veces, y la especulación
otras, consiguen poner de moda, no habiendo por lo regular, una justa proporción
entre el valor material que alcanzan sus obras y su verdadera importancia artística.
Aparte de esto, son considerados también ciertos cuadros y estimados en más de lo
que valen, por la escasez que de ellos se advierte y del ínteres que inspiran, ya por
su antigüedad, ya por la curiosidad que excitan sus autores, especialmente aquellos
cuyo origen se remonta á los tiempos del renacimiento del arte. Esta circunstancia
realza su valor, y la adquisición de tales obras en ocasiones dadas, puede comple-
tar un eslabón falto de la gran cadena historial de la pintura.
En tres grupos principales deben dividirse aquellas obras del arte, que el comercio
por un lado, y la inteligencia y racional crítica por otro, han considerado de impor-
tante y necesaria adquisición. Pertenecen al primer grupo las de los celebrados
maestros de todas las escuelas conocidas, y cuyo valor material, siempre con su m é -
rito respectivo en armonía, habrá naturalmente de aumentarse en proporción á su
menor número y á su buen estado de conservación.
Corresponden al segundo grupo las obras de los artistas pertenecientes al Renaci-
miento , y que dieron los primeros pasos desde el siglo xiii en Italia y Alemania, y en
el X I V y X V en España y Francia, preparando el camino y echando los cimientos del
arte, que poco más tarde, en el siglo xvi, llegó á su completo desarrollo y perfec-
ción. Los interesantes trabajos debidos á los artistas ilustres cuyos nombres regis-
tra la historia, y á otros muchos de ignorados nombres, no menos apreciables, son
hoy buscados con loable empeño para completar la historia del arte y estudiar las al-
ternativas por que ha pasado.
Muchas de las obras de tan apartadas épocas se estiman más por la antigüedad
que acusan que por su ejecución, pues desconociendo sus autores, como no podia
menos de suceder, las reglas de la composición, las leyes de la perspectiva, los re-
cursos del color y sus acordes, las perfecciones del dibujo y el estudio del n a t u -
ral, etc., etc., fijábanse exclusivamente en dar una expresión seráfica y tranquila á
las imágenes que representaban, no sin que á vueltas de las indicadas faltas, se per-
ciba cierta inocente y candida espontaneidad, tan sencilla como rica de interés. Es-
tas obras son igualmente buscadas con solicitud, y apreciadas cual se merecen, no
sólo bajo el punto de vista arqueológico, sino por la cadena perfectamente eslabona-
da que ellas forman, y su estudio es muy importante para venir en conocimiento de
ciertos detalles de lejanas épocas, asi en trajes como en armas, muebles, usos y cos-
tumbres; detalles que sin este medio de investigación, hubiera sido imposible llegar

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á comprender. Sirven también para apreciar los pasos que se fueron dando paulati-
namente, y los progresos sucesivos del arte, que enriquecieron y elevaron á su más
alto grado de majestad y grandeza, no sin gloria imperecedera, los inmortales Bue-
narrotti. Vinci y el pintor de Urbino.
El tercer grupo lo componen aquellos cuadros que el lujo, y más que todo el capri-
dio explotado por el interés puso de moda, si bien sus autores antiguos ó modernos
no estén considerados como artistas recomendables; cuyas obras las más de las veces
no corresponde su mérito al elevado precio que han obtenido.
No una vez sola, con la mejor intención de la persona llamada para tasar pintu-
ras, se han cometido verdaderas herejías artísticas, elevando á la categoría de obra
maestra un cuadro de abigarrado y desapacible color, ó bien no estimando en lo
que vale tal otro de reconocido mérito artístico. ¡Cuántas veces esta lamentable
ignorancia habrá hecho concebir esperanzas quiméricas, y cuántas otras habrá asi
mismo lastimado los intereses de las familias!
Casos de esta especie hemos tenido ocasión de presenciar, y no pocos han sido los
que han llegado á nuestra noticia. Penetrados como estamos de la importancia que
encierra este asunto, digno como al principio dijimos de especialísima atención,
Vamos á tratarle con el detenimiento que requiere, examinándolo bajo los puntos si-
guientes :
1 Qué condiciones ha de reunir la persona llamada á desempeñar el delicado car-
go de tasador.
2 . ' Cuáles han de ser igualmente necesarias para ponerse en aptitud de justipre-
ciar una pintura.
3.° A qué clase de consideraciones deberá ceñirse el artista tasador para el buen
desempeño de su cometido y
i-" Qué deberá tener presente el tasador para ser lógico en la apreciación que haga
de los cuadros.
La primera y principal circunstancia de que debe estar adornado el perito tasador,
ya lo hemos dicho, una rectitud inquebrantable, para que juzgando siempre con ar-
reglo á conciencia, ni ceda al incentivo ilei medro personal, ni se doblegue á exi-
gencias bastardas, elevando ó rebajando el valor de los objetos.
El cargo de tasador deberá ser desempeñado por un artista pintor, y restaurador á
'a vez, circunstancias ambas, en nuestro juicio, muy necesarias para el mejor des-
empeño de su cometido. La primera condición, sin ir acompañada de la segunda,
acaso no sería suficiente en la mayoría de los casos, á menos que especiales y no
comunes conocimientos se encargaran de suplir la falta del segundo de los indicados
requisitos. Mas como quiera que la experiencia nos haya demostrado lo mucho que
fe ignora en materia de restauración, aun por algunos de aquellos que llevan con
justicia el honroso título de artistas, no deberá extrañarse que sobre este punto insis-
tamos, seguros como estamos, de lo indispensable que es á un tasador reunir las
cualidades preindicadas.
Nadie más que un artista, conocedor de la historia d¿l arte y de las diferentes ma-
neras que tiene de manifestarse, puede estar al alcance de ciertos detalles, que, por
insignificantes que parezcan á primera vista, han de ser siempre útiles para guiar la
opinion y formar criterio, cuando trate de aquilatar el mérito y valor material de
un cuadro.

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Averiguado que sea el autor de una pintura, y en esta investigación ha de haber
el mayor cuidado y detenimiento ; sabida la importancia y el grado de aprecio que en
el arte llegó á conquistar; conocida asimismo la escuela á que pertenece, si es que
autor conocido no pueda señalarse; asegurada ó puesta en duda su originalidad, y por
último, descubierta su procedencia, ya sea imitación ó copia, no hay duda que se
tendrá mucho adelantado para señalar el valor que le corresponda, con lo cual habrá
llenado su deber el artista, sabiendo el interesado en cualquier ocasión á qué ate-
nerse, pudiendo obrar con entero conocimiento de causa.
¿Es dable á cualquiera, con solo ser aficionado, emitir su opinion sobre la origina-
lidad de un cuadro, marcar su autor, su escuela, etc., etc., y señalar al propio tiempo
su precio? Mucho nos costaría creerlo. A más de un reputado artista hemos oido decir
con una b'anqueza digna de alabanza, no serle posible determinar la mano maestra
que ejecutó tal ó cual pintura, si es ó no original, á qué escuela pertenece y qué va-
lor pudiera dársela, remitiéndolo todo al juicio de otra persona conocedora y más au-
torizada por sus estudios especíales, para decidir acerca de todos y cada uno de estos
puntos.
Si un artista familiarizado con los cuadros, é identificado con las bellezas propias
de determinados maestros, habituado al estudio de esas mismas obras, y ejecutando
de continuo como á su profesión cumple, llega el momento de no saber responder
categóricamente en materia de filiación, estilo y procedencia de una pintura, ¿cómo
se quiere que un individuo.ajeno al arto, pueda, sin un desapoderado orgullo, emitir
su dictamen con todo el acierto y latitud que tan espinoso asunto exige? El tasador,
pues, según tenemos dicho, debe ser pintor y restaurador, ó por lo menos muy ver-
sado en la restauración, hermana puede decirse, y auxiliar poderoso siempre de la
primera.
Sin los conocimientos de la restauración, y sin los medios de que ella dispone, por
muy hábil y entendido que sea el artista, no podrá en muchas ocasiones estar al al-
cance del verdadero estado de conservación de una pintura, especialmente hoy, que
apenas si habrá un cuadro completamente intacto, es decir, en su tela virgen, y tan
puras y brillantes sus tintas en cuanto es posible atendida la acción del tiempo, como
cuando salió de las manos de su autor. Acostumbrado á ejecutar, y reforzada su in-
teligencia con la práctica de comparar, podrá sin grande esfuerza conocer si un cua-
dro está bien ó mal restaurado, si se encuentra barrido ó deslavazado, sí su estado
actual permite recomposición, y hasta qué extremo, cuyas circunstancias, tenidas en
cuenta, han deservir de base para la señalacion de precio. Pasemos al segundo
punto.
No es lo más común que todos los restauradores estén adornados de los conoci-
mientos indispensables para deslindar el origen, importancia y calidad de las pintu-
ras que deban ser objeto de tasación ; y esto admitido, la calificación y valuación
que de ellas hagan, ni podrá ser justa, ni arreglada.
A la cualidad de restaurador ha de ir unida la de haber estudiado los orígenes del
arte cuya guarda le está confiada, la formación y desarrollo de las escuelas de pintura,
estilos especíales que las determinan, y separan las unas de las otras, ya por el color,
ya por la ejecución, estilo y composición ; debiendo ademas tener conocimiento de
los autores y sus discípulos más aventajados.
La historia sagrada y profana, la del arte en general desde su origen, y la de los

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artistas en particular, es un estudio de suma importancia, para no confundir las es-
cuelas ni el estilo peculiar de cada autor, aparte de los medios empleados asi en la
ejecución, c o m e e n los tipos, trajes, a r m a s , muebles y demás accesorios de un
cuadro.
La formación, desarrollo é importancia respectiva de las escuelas, constituyen
otros tantos datos curiosos, y por extremo interesantes, para poder clasificar los cua-
dros, especialmente cuando en éstos no aparezcan claramente revelados sus auto-
res. El conocimiento de los maestros y de los discípulos que siguieron su manera
prestarán recursos para no cometer errores, que son muy comunes, atribuyendo á
determinados artistas obras que no tan sólo no hicieron, pero q u e , ó no habían n a -
cido, ó hablan ya dejado de existir cuando fueron ejecutadas; confusion lamentable
y por demás frecuente, no estando al alcance de los estilos que cada artista empleó
durante su carrera. Teniendo presentes las diferencias que separan á los maestros de
sus discípulos é imitadores, no se caerá en el ridiculo extremo de vituperar faltas
que los primeros no cometieron, y de aplaudir bellezas que los otros no fueron ca-
paces de concebir.
Amerced de comparaciones continuas, y del concienzudo estudio que se haga, es-
tudio que, por muy detenido que sea, nunca h a d e pecar de prolijo, podrá el artista
venir en conocimiento de lo que es original, imitación ó copia. No es menos impor-
tante tener muy presente la manera de íirmar de los pintores, y las firmas puestas
en algunos cuadros ; firmas que en muchos casos deben su existencia á groseras y
descuidadas falsificaciones. Tan varios son los juicios que se forman tratándose de
cuadros, que bien puede asegurarse que esta materia, por muy pocos estudiada, es
la que más se presta á frecuentes controversias , no habiendo por lo regular dos opi-
niones unánimes. Para conciliar en lo posible estas diferencias, y para que el tasador
pueda cumplir dignamente su cometido, veamos á qué clase de consideraciones d e -
herá ajustarse, que es el tercer punto de que ofrecimos tratar.
Primeramente, del examen que se tenga hecho de un cuadro, y de los estudios
antes de ahora consignados, debe colegirse si es original, imitación ó copia ; cuál es
su verdadero estado do conservación; qué importancia tuvo el autor; á qué escuela
pertenece ; si es ó no escaso el número de sus obras ; la demanda que de las mismas
haya entre los inteligentes y aficionados, y por último, qué aprecio ó valor material
ha conseguido en el mercado.
La originalidad en un cuadro es en todas ocasiones la circunstancia más aten-
dible , y esto, unido á su buena conservación, debe ser el principal regulador para
|aseñalacion de precio; sin estas dos circunstancias, dicho se está que, por muy
importante que sea la obra , ha de desmerecer, y por consiguiente, el precio que se
'a señale ha de estar en consonancia con su estado. Dejando para más adelante el
razonar sobre las clases de deterioro que pueden producir la depreciación de una pin-
tura , veamos ahora cuáles hayan de ser los originales que deban alcanzar mayor
estima.
Sabido es que los jefes de escuela como fundadores, merecen ser colocados en
primera línea, y que con arreglo á la importancia de sus obras deben justipreciarse,
S'n perder de vista su mérito respectivo y la escasez que de ellas se note. Conocidos
son los maestros de todas las escuelas para que nos detengamos aquí en enumerar-
os; asi pues, siguiendo la marcha establecida, diremos, que por rigurosa escala
corresponde á sus discípulos el segundo grado de importancia, excepto aquellos que,

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por la celebridad que alcanzaron, merecen ser colocados al nivel de los maestros. El
valor que á las obras de unos y otros se atribuya ha de estar sujeto por consiguiente,
á iguales consideraciones; teniéndose presente el tamaño de los cuadros, la época
más ó menos brillante de los autores, la importancia del asunto representado, y los
medios empleados para su desarrollo, para fijar la cantidad en que deba estimai-se,
porque es indudable que un cuadro de historia no puede equipararse á un simple
estudio, boceto ó retrato.
Los asuntos y tamaños de los cuadros influyen no poco para la venta , y esto se
encuentra perfectamente explicado sin más que fijarse un momento en la manera de
ser de la sociedad actual. Hoy, por lo regular, los cuadros de asuntos místicos, á no
haberlos ejecutado los más distinguidos profesores, no son ni estimados en loque
valen, ni buscados, aun cuando estén bien desempeñados y en perfecto estado de
conservación. Los goces materiales, sobrepuestos hoy á los del espíritu; lo reducido,
por otra parte de las habitaciones en lo penerai, son causa de que se dé mayor esti-
mación á los cuadros de pequeñas dimensiones, y á una bacante medianamente p i n -
tada que á un cenovita magistralmente ejecutado por el valiente pincel del insigne
Ribera. F'or consecuencia de no muy bien encaminadas restauraciones antiguas y
modernas se han perdido muchos cuadros, y entre ellos algunos debidos á los más
celebrados maestros. El inconsiderado afán por una parte del impaciente aficionado,
codicioso de investigar sin tino la clase de colorido que pueda tener un cuadro, bien
que esté oscurecido por la suciedad que el tiempo ha ido amontonando, bien que se
halle restaurado, despojándolo con sobrada ligereza de los repintes que lo cubrían, es
causa en ocasiones de males irremediables.
La ignorancia por otra parte del comerciante rebuscador, y la esperanza del lu-
cro, son también causa de innumerables profanaciones artísticas, como lo son no me-
nos, la falta de conocimiento y de instinto (hablamos en general) de los que en mal
hora llegaron á poseer cuadros notables.
Pero entre tantos verdugos y atormentadores del arte, ninguno más cruel ni e n -
carnizado que el insensato, que, sin títulos de ninguna clase y ciego de orgullo, pre-
sume de hábil restaurador, y en la ridicula creencia de que tan delicada profesión está
reducida á rellenar agujeros y cubrir grietas, baña de color todo el cuadro, recur-
riendo al barniz para que con su brillo disimule sus torpezas; todos en fin, unos
más, otros menos, han contribuido con sus indiscreciones á que una gran parte de
los cuadros estén deslavazados, barridos y repintados. Los que como nosotros, hayan
tenido la curiosidad de estudiar y de seguir en lo posible las vicisitudes por que han
pasado muchas pinturas, especialmente desde la extinción de los conventos; los que
hayan podido apreciar las infinitas de todos géneros que en los palacios de los gran-
des fueron, desde épocas lejanas hasta los primeros años del siglo presente, el prin-
cipal y más rico ornamento ; los que en fin, hayan recorrido las pequeñas colecciones
particulares, habrán observado el sinnúmero de mutilaciones consumadas.
La imperiosa ley de la moda en los primeros años del siglo presente, hizo relegar
á los sótanos y desvanes multitud de cuadros interesantes é infitiídad de objetos c u -
riosos, sustituyendo los unos con el papel pintado, y los otros con mezquinos mue-
bles. Las pinturas que por fortunase libraron de los perniciosos efectos de 1?. polilla
y de la humedad, vendidas las más por insignificantes cantidades, han enriquecido á
muchos, que, aprovechándose de la ignorancia general, adquirieron importantes
obras. í

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Hemos dicho, que deberá tenerse en cuenta para la tasación de un cuadro, el es-
tado en que se encuentre, esto es, si se halla en perfecta ó mediana conservación, y
si está barrido ó repintado. Conviene mucho advertir que el mal estado de una pin-
tura es algunas veces aparente ; pues que si consiste tan sólo en hallarse cubierta de
groseros repintes, ó bañadas sus tintas do grueso y amarillo barniz, defectos son é s -
tos que pueden desaparecer fácilmente , quedando el cuadro en su primitiva lozanía
y brillantez.
El cuarto y último punto que nos resta tratar es : qué deberá tener presente el ta-
sador para ser lógico en su apreciación.
De los precios que señale un perito, al tasar los objetos que le fuesen presentados,
depende la mayor parte de las veces, su fácil ó imposible enajenación.
A no estar un cuadro bien forrado y perfectamente restaurado, debe considerársele
hajo dos puntos de vista, ó sea representando dos valores: uno al que su mérito le
llaga acreedor, y el otro por el gasto necesario que deberá hacerse en él para disfru-
tarle cual se merece, pudiendo apreciar en toda su extensión sus bellezas. Esto s u -
puesto, y para abarcar en lo posible cuanto conduzca á ilustrar el presente trabajo
y el objeto al que va encaminado, nos parece oportuno advertir que, para conciliar
'os intereses del comprador sin desatender los del dueño de los objetos valuados,
debe procurar el tasador no desatender las anteriores indicaciones, con lo cual faci-
litará en su día la venta de los objetos que hubiese tasado.
La forma más á propósito y conveniente que el tasador deberá dar al cuaderno ó
pliego de tasación habrá de ser la empleada generalmente en los cdálogos. Para pro-
ceder con orden y claridad, comenzará por separar los cuadros, clasificándolos por
autores ó escuelas, y después por asuntoi, sin mezclar los sagrados con los profanos,
ni los cuadros de historia con los de género, ni éstos con los retratos, países, pers-
pectivas y bodegones. Terminada esta clasificación, numerará los cuadros, guardan-
do en esta operación el orden antes establecido.
En el borrador que forme, y que deberá conservar como resguardo, colocará el
nùmero al frente déla descripción, seguidamente determinará el asunto, su autor ó
escuela, copiando la firma si la hubiese, así como letreros y numeraciones, la m a -
teria sobre que está pintado, si tiene ó n o marco, y las medidas, terminando con li-
jar la cantidad de tasación en casilla aparte; todo lo cual ha de ir al final autori-
zado con su firma.
Para tasar con acierto otros diferentes objetos de bellas artes, como tapices, ilu-
minaciones en pergaminos, miniaturas, acuarelas, esmaltes, dibujos originales, gra-
bados, marfiles, esculturas, bajo-relieves, etc., etc., debe tenerse en cuenta cuanto
llevamos dicho al hablar de los cuadros. Para la apreciación de iluminaciones anti-
guas, ya formen parte de manuscritos, ó bien que separadas procedan de aquéllos,
habrá de considerarse la época á que correspondan, el grado de su conservación, y
su mayor ó menor importancia artística.
Para la apreciación de estos objetos es de suma conveniencia conocer los raros y
preciosos manuscritos, enriquecidos con interesantes miniaturas, conservados en la
lamosa Biblioteca del Escorial, la Nacional de Madrid y otras varias de las provincias
de Sevilla, Valencia y Barcelona, y en los archivos de las catedrales de las mismas
Ciudades, con los de Oviedo, Toledo, Burgos, Gerona y otras; de todo lo cual da n o -
ticia detallada D. José María Eguren, en su memoria sobre los códices más notal->les
conservados en los archivos eclesiásticos de España.

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Con relación á los dibujos originales, especialmente los de los maestros más afa-
mados, pocos son los que se encuentran boy, pues si bien amantes de este género
de curiosidades conservan algunos, los más interesantes se han diseminado en los
museos extranjeros, consagrados á reunirlos, aumentando cada vez más sus ya p r e -
ciosas y abundantes colecciones.
Hechos con frecuencia los dibujos sobre papel, como ligeros apuntes ó borrones,
por todos los artistas desde los últimos años del siglo xv hasta nuestros d i a s , han
estado más expuestos que cualesquiera otros objetos á desaparecer. Esta circunstan-
cia ha sido parte para que no hayan llegado hasta nosotros más que un escaso
número, y éstos, en su mayor parte desgastados y deslucidos, bien por haber per-
dido el vigor y la firmeza de los trazos, hechos generalmente por medio del lápiz n e -
gro ó rojo, bien por los torpes restaures, bien por las manchas de todas clases, debi-
das á la acción del tiempo. Ademas de los lápices , han acostumbrado algunos artis-
tas hacer sus apuntes con ayuda de la pluma, manchando las sombras principales y
estableciendo las medias tintas por medio de la aguada, dando los toques de luz en no
pocas ocasiones, con albayalde ó lápiz blanco.
Para poder apreciar la importancia y originalidad de esta clase de trabajos es pre-
ciso que el artista tenga más que medianos conocimientos de la manera de hacer de
cada autor en particular, y que asi como en los cuadros, rebelan por sus trazos,
estilo di; componer y modo de acentuar, la mano que los ejecutó.
Una observación de mucha monta debemos hacer en materia de dibujos.
Algunos dibujantes de no escaso ingenio, ban ensayado los medios de sorprender
la buena fe del aficionado falsificando dibujos y firmas echando mano de papel
antiguo, habiendo conseguido imitar con acierto y gracia la manera de apuntar,
acentuar y manchar de tintas, que determina y señala á los mejores artistas.
Con los grabados ha sucedido lo propio, y en mayor escala que con los dibujos,
pues sabido por muchos es las innumerables y repetidas falsificaciones que se han
hecho de los principales maestros, con especialidad d é l a s aguas fuertes de R e m -
brant y los grabados de Dürer, Marco Antonio y otros profesores.
Sin salir de nuestro pais, podrá el artista buscar rico manantial de conocimientos
é instrucción, estudiando la curiosa y abundante colección de grabados adquirida
por el Gobierno años atrás con destino al Museo Nacional.
Las miniaturas, ya sean retratos, asuntos sagrados ó de la fábula, ejecutados
sobre marfil, tafilete, vitela y cabritilla, para cuyo trabajo tantas medianías han
puesto á prueba su paciencia, alcanzan casi siempre escasa estimación, si bien deben
exceptuarse alguno que otro artista ya conocidos por esta clase de trabajo.
Con respecto á los esmaltes y tierras cocidas, de que tantas preciosidades, en varie-
dad de asuntos, formas y brillantes colores, ha producido Italia, Alemania, Francia,
y desde muy antiguo la China y el Japón, con tantas otras que fabricaron los árabes
en España, y que siguieron imitando después las fábricas de Valencia, Toledo,
Sevilla, Málaga, Talavera y Madrid, puede estudiar su importancia, asi como de la
de muchos otros objetos arqueológicos, que marcan la historia del trabajo, en el n o -
table y ya numeroso Museo Arqueológico, inaugurado en el mes de Julio próximo
pasado en Madrid, como también las muchas obras que sobre este particular han
visto la luz pública en Francia y Alemania.
Terminados estos ligeros apuntes, sólo nos resta tratar de los honorarios que debe-
rán corresponder al tasador, en nada conformes, según los señalados por la Acade-

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•iliade San Fernando, con los estudios profundos que tiene precisión de hacer.
A este propósito únicamente diremos q u e , asi como es justo poner á cubierto los
intereses de los particulares, r.o lo es menos remunerar dignamente los trabajos del
artista, que abandonando los cuidados de su profesión, acude á poner en juego sus
conocimientos é inteligencia para erigirse en centinela avanzado de los intereses
ajenos.
VICENTE POLERÓ.

VENTA DE ALHAJAS PERTEICIENTES A LA YÌMEN DEL PILAB.

A gran veneración que se profesa por los españoles, y especial-


mente por los aragoneses, á la Virgen del Pilar, hace que el
templo en que se rinde culto á la imagen de dicha Virgen sea
conocido, no sólo de toda España, sino en pran parte del ex-
tranjero. El santuario, objeto de la más profunda devoción para toda la cristiandad,
ha ido creciendo y mejorando notablemente en el trascurso de los siglos, desde el año 40
de nuestra era. A fines del siglo xvu se levantó el actual templo, y recibió en el si-
glo xvm grandes mejoras, contribuyendo todos los progresos del arte, en aquella épo-
ca, al embellecimiento y riqueza del recinto destinado especialmente al culto de la
Virgen, cuyo recinto se conoce con el nombre de Cuadro de la Sania Capilla. Que-
dó, sin embargo, por concluir la gran reforma proyectada, y al siglo xix le ha corres-
pondido la gloria de llevar aquélla á feliz término.
Iniciado este pensamiento hace algunos años, tropezábase, sin embargo, para lle-
varlo á cabo, con la gran dificultad de encontrar recursos suficientes, y mucho más,
tratándose de una época en la que tan costosa es la mano de obra, y en la que cual-
quiera construcción de carácter monumental absorbe sumas inmensas.
Esta dificultad no fué, sin embargo, suficiente para desanimar á los que conocían
el carácter piadoso y caritativo del pueblo español, y á los que veian, como ha p o -
dido ver todo el que alguna vez haya pisado el santo templo, retirar diariamente coff
esportillos las limosnas en metáhco, que al través de la verja que aisla la sagrada
Capilla arroja la multitud de fieles que á todas horas acude, en sus pesares y ale-
grías , á visitar la santa imagen y á rendirla un culto que, para algunos, raya casi en
idolatría.
A-si es que las piadosas personas que concibieron la loable idea de terminar el
templo no dudaron ni un solo instante en acudir á la inagotable caridad de los fie-
les , y crearon al efecto una junta encargada de recaudar los donativos y de interve-
mr en su inversion. Dicha j u n t a , compuesta de los arquitectos é ingenieros de Z a -

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ragoza, el Gobernador de la provincia, el Capitan general y los subinspectores de
artillería é ingenieros del distrito militar de Aragón, ci muy reverendo Arzobispo de
la diócesis, el Dean y otras varias personas distinguidas de la capital, comenzó por
abrir una suscricion, que produjo desde luego excelentes resultados, proporcionan-
do fondos con que empezar las obras, cuya inauguración tuvo lugar en 1863.
Agotados los recursos de la suscricion, y comprendiendo la Junta la absoluta n e -
cesidad en que se encontraba de continuar la obra emprendida, acudió de nuevo á
la piedad de los fieles, los cuales, aunque respondieron á este llamamiento, como lo
habían hecho antes y lo hacen siempre, no consiguieron reunir cantidad suficiente
para el objeto. En tal apuro, era preciso arbitrar recursos, si no se quería ver perdido
el fruto de tantos años de trabajo, y al efecto, la Junta, en varias sesiones celebradas
bajo la presidencia de! Prelado, acordó dirigirse al ilustrísimo Cabildo, como depo-
sitario de las alhajas de la Virgen, á fin de que autorizara la enajenación de las
mismas; cuya petición fué acogida favorablemente, y formado el oportuno expediente
canónico se aprobó la venta de todas las alhajas, excepto las cuatro coronas|que usa
la Virgen y algunos objetos de no gran valor, que se le ponen en los dias festivos.
El haber coincidido [¡róximamente esta decisión con la época en que se expidió
el decreto para inventariar los objetos históricos y artísticos que hubiera en las igle-
sias , é incaulacion por el Estado de los que no estuviesen destinados al culto, hizo
q u e , sin fundamento, se supusiera por algunos que la medida tomada sobre venta
de las alhajas obedecía á otro pensamiento, contribuyendo á fomentar esta idea, en
los que no se hacían cargo de los antecedentes del caso, varios hechos aislados ocur-
ridos en otras catedrales, y el disgusto con que diferentes personas veian que iban á
pasar á manos extrañas, y quizás á desaparecer para siempre, objetos de gran pre-
cio, unos por su valor material, otros por su mérito artístico y antigüedad de la fa-
bricación , y otros por los recuerdos históricos que representaban ; objetos cuyos d o -
nadores, con seguridad, jamas sospecharon q u e , andando el tiempo, habian de ir
sus piadosas ofrendas á enriquecerlos museos de una nación protestante, ó á propor-
cionar un motivo de lucro á los joyeros del siglo xix. En cuanto á los fieles que aun
viven, de los que habian hecho regalos al tesoro de la Virgen, bien para aumentar
el valor de éste, bien para mostrar su agradecimiento por la protección que el cielo
les dispensara en sus padecimientos físicos ó morales, tampoco veian con gusto, en
su mayor parte, venderse en pública subasta sus donativos, á los cuales tenían en
gran estima, no por la riqueza intrínseca de los mismos, pues muchos carecían de
ella, sino por los recuerdos á que se encontraban ligados. El pobre que tras una pe-
nosa enfermedad, de la que creía haber salido por la intercesión de la Virgen, sa-
crificaba una corta cantidad, para él de consideración , por el placer de regalar un
pequeño modelo de plata, alegórico del mal que habia sufrido, no podía quedar sa-
tisfecho viendo desaparecer en venta pública aquel humilde recuerdo, que pasaba al
crisol del platero para tomar nueva forma con destino al mercado público.
Todo esto contribuyó, según antes hemos indicado, á que se crease cierta atmós-
fera y á que se diera por muchos un colorido especial á la enajenación de las alha-
j a s , cuando en realidad el hecho en si no debía tener otra interpretación que la de
allegar recursos para atender á la imprescindible necesidad en que se encontraba la
Junta de terminar, á costa de cualquier sacrificio, las obras emprendidas.
Dejando esto á un lado, pues ni es nuestro objeto, ni lo permite la índole de este
artículo, analizar aquellos hechos, la verdad es que todos los amantes de las artes y

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— s i -
de las glorias nacionales hubieron de sentir que llegara un caso de necesidad tan
apremiante, y que ni el Estado ni los particulares encontrasen, ó tratasen por lo
menos de buscar medios, ya que no de impedir la desmembración del tesoro de la
Virgen, de evitar siquiera que las alhajas más importantes por su mérito artístico ó
histórico salieran de España, ó se desmontaran para utilizar por su valor material el
oro y la pedrería de que estaban formadas.
Aprobado el expediente canónico de que antes hicimos mérito, la autoridad supe-
rior eclesiástica del arzobispado adjudicó las alhajas á la junta encargada del mane-
Jo de los caudales destinados á la reparación del templo; cuya junta procedió desde
luego á verificar la tasación pericial de cada una de las joyas que iban á venderse,
ficha tasación fué hecha por los Sres. Miró y Samper, de Madrid, y acto continuo se
formó un catálogo detallado, enei que se incluyeron con un nùmero correlativo, que
alcanzaba al S25, todas las alhajas que iban á subastarse, anunciándose el remate
para el dia 1." de Junio de 1869, bajo las siguientes condiciones :
1 L a s alhajas se subaslarán una por una sucesivamente.
2." No se admitirá proposición que no cubra el tipo de la tasación.
3." El comprador deberá satisfacer ademas, sobre el tanto en que se le adjudique cada
o^lhaja, un 5 por 100, según costumbre, por los gastos de tasación, impresión de catá-
logos y diligencias de la subasta.
4." El valor de cada alhaja deberá satisfacerse, en el acto de la adjudicación, en
ntoneda corriente de oro ó plata.
^.^ La subasta tendrá lugar en una de las salas ó estancias del santo templo de
nuestra Seriara del Pilar, bajo la dirección de la junta de obras, el dia hallán-
dose de manifiesto todas las alhajas los tres dias anteriores, á fin de que los licitadores
puedan enterarse de las circunstancias de cada una de ellas.
Terminado el acto del remate, resultó haberse vendido todas las alhajas compren-
didas en el catálogo, las cuales produjeron 1.818.675 reales 10 céntimos, incluyen-
do en esta suma el 5 por 100 del derecho de subasta.
De las alhajas vendidas, sólo unas 200 eran de valor, y muchas de ellas fueron a d -
luirídas por extranjeros. Entre estos últimos, á un inglés, Mr. Chafer, creemos que
eoniisionado por el Museo de South-Kensington, le fueron adjudicadas las siguientes
Joyas, por los precios que se mencionan :

'^'™ero PRECIO.

Un ramo de oro esmaltado, con un lazo de brillantes, las flores del ra-
mo adornadas con diamantes rosas 15.750
''"8. Una gran pieza de oro con esmeraldas 10.080
•^SQ. Un relicario de cristal de roca con adornos de oro esmaltado y perlas.
En su centro hay dos imágenes cinceladas y esmaltadas. Trabajo
italiano del siglo xvi 8.400
"l^l. Un lazo del que pende un manto de oro adornado con multitud de
diamantes tablas 6.300
^1. Una joya de oro con seis colgantes, adornada con diamantes rosas. . 5.355
Un relicario do cristal de roca con adornos de oro esmaltado y tres
colgantes de perlas. En su centro tiene la Virgen y Santiago. . . 3.360

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Número PRECIO.
del i -
catálogo. fis. vn.

4 4 1 . Un joyel de oro esmaltado, en cuyo centro hay un perrito. Esta pre-


ciosa alhaja está adornada con rubíes, esmeraldas y varios colgan-
tes de perlas. Lo delicado de sus esmaltes, caprichos, dibujos y eje-
cución artística la constituyen en una obra de gran mérito, así como
la época de su construcción, que se remonta al siglo xvi. . . . 3.463
450. Un joyel de oro esmaltado y adornado con dos colgantes de perlas, en
cuyo centro hay un papagayo con un jacinto engarzado en la p e -
chuga. Trabajo del siglo xvii 2.940
509. Un relicario do cristal de roca, con miniaturas en su centro y montu-
ra de oro esmaltado 2.415
129. Una joya de oro con diamantes tablas 2.100
442. Una joya de oro esmaltada de varios colores, en cuyo centro hay un
pelícano con su cria; el ave tiene en el pecho un magnífico granate
cabujón. Esta alhaja, de la cual acompañamos un dibujo {Fig. 1.*),
está adornada con tres colgantes de perlas, y puede suspenderse
por medio de tres cadenas formadas de eslabones planos. Trabajo
del siglo XVI 7.140
127. Un par de pendientes de plata, adornados con diamantes rosas. . . 1.995

FIGURA 1.a FIGURA 2."

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» Un relicario de oro esmaltado; su forma es la de un corazón termi-
nado por una corona; en el centro hay una cruz, y toda la joya
está adornada con piedras de cristal de roca. Este relicario, del cual
acompañamos un dibujo [Fig. 2.*), pertenece al siglo xvn, y es un
excelente modelo, propio para dar á conocer el trabajo de su género
en la citada época. No hemos podido averiguar el precio en que fué
rematado »
303. Un medallón de oro esmaltado 1.165
^•^0. Un relicario de cristal de roca con adornos de oro esmaltado ; en su
centro se halla la Virgen y el Salvador. Trabajo italiano del si-
glo X V I , 2.730
440. Un joyel de oro esmaltado y adornado con diamantes tablas, rubíes,
una esmeralda y colgantes de perlas. En el centro hay un perrito
encadenado, puesto sobre un semicírculo sostenido por dos cade-
nas, que se reúnen en la parte superior á una pieza de oro que sos-
tiene un pájaro como remate. Esta joya, de la cual acompañamos
un dibujo [Fig. 3."), pertenece al siglo xvn 4.20^

FicunA 3.a i FIGURA 4,*

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Штего
del „ -
catálogo. Д?-

463. Una Concepción esmaltada en oro y adornada con colgantes de perlas. 1.155
468. Una Virgen del Pilar de oro esmaltado, adornada con piedras verdes
y colgantes de perlas 1.555
496. Una cruz de oro esmaltado, adornada con amatistas 945
508. Un corazón de cristal de roca con la montura de oro 945
482. Una cruz de oro esmaltado, adornada con piedras de cristal de roca. 997
» Un relicario de oro esmaltado; en el centro, y bujo un dosel adornado
con piedras de cristal de roca y colgantes de perlas, hay una Virgen
del Pilar sostenida por dos ángeles. Esta joya, de la cual da una
idea el grabado que se acompaña en la página anterior {Fig. 4.°),
es un trabajo que pertenece al siglo xvn. No hemos podido averi-
guar el precio en que se remató »
SIO. Una mano asiendo un racimo de uvas formado con perlas y montado
en oro esmaltado 450
470. Una Virgen del Pilar de oro esmaltado y adornada con piedras falsas. 630
477. Otra Virgen del Pilar de oro con esmalte de varios colores 840
385. Dos bandejas, tres jarritos y una silla de filigrana de plata en peque-
ño tamaño 829

La mayor parte de estas alhajas son de gran mérito, más que por su valor ma-
terial, por la delicadeza de su trabajo, y por la idea que dan de los progresos de las
artes en las épocas en que fueron construidas. Todas las que en el catálogo general
llevan un número superior al 432 están clasificadas como joyas artísticas, y esta
sencilla indicación basta para comprobar en la anterior relación el mérito de las que
han sido adquiridas por el comisionado inglés para enriquecer, en su mayor parte,
el Museo de South-Kensington.
Los demás objetos, hasta el número total de 523, fueron adjudicados, unos á ex-
tranjeros, otros á vecinos de Zaragoza, y los restantes á los joyeros que de distintos
puntos de España habian acudido al acto.
El resultado de la venta de las alhajas fué, pues, favorable en el sentido de la
recaudación de fondos para las obras del templo ; pero para el artista, para el anti-
cuario , para el arqueólogo, para todos los que en esta clase de objetos no ven nunca
el valor material de los mismos, que para ellos es casi indiferente, sino que procuran
estudiar por el examen de los menores detalles los progresos del arte, de la industria,
de la civilización de nuestros antepasados ; para los amantes de las glorias naciona-
les y de los recuerdos históricos; para todos esos seres, en fin, en quienes predo-
mina el sentimiento de lo bello, el resultado ha sido muy distinto, ha sido la pér-
dida de un.precioso tesoro, imposible de recuperar. Quédales, sin embargo, el pe-
queño consuelo de que podrán ver en tierra extraña algunas de las que fueron en un
tiempo joyas nacionales, gracias al cuidado que de recogerlas y conservarlas se han
tomado los extranjeros; pero ¿dónde podrán ver y estudiar las que han quedado en
poder de los españoles?
La cantidad que produjo la venta sirvió para dar algún impulso á las obras del
templo; hoy se hallan éstas bastante adelantadas, y se calcula que para terminar-

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las se necesitará invertir aún la suma de millón y medio de reales sobre los 3.365.000
que van gastados.
Si, como puede suceder, no alcanza el gran sacriticio hecho á llenar el fin que se
propúsola junta, ¿qué medios podrán emplearse para dar cima á la grandiosa obra
emprendida? ¿Podrá llegar el caso de enajenarse parte del rico tesoro que aun tiene
la Virgen?
Si tal ocurriera, desearíamos q u e , meditando un poco sobre lo sucedido, hicie-
ran todos los que bajo cualquier aspecto rinden cultual arte, cuanto humanamente
fuese posible para evitar la desaparición de tantas preciosidades, y que nunca pu-
diera decirse con justicia que España ni sabe apreciar el valor de lo que tiene, ni
hace aprecio de aquel valor cuando lo sabe.
Terminaremos estos desaliñados renglones con la descripción de una de las m e -
jores alhajas artísticas, vendida en 1869, la que figura con el núm. 433 en el ca-
tálogo antes citado, del cual copiamos dicha descripción.
Num. 433. «Un joyel de oro representando una granada prendida de tres ca-
'denítas á un caprichoso remate. Esta alhaja está primorosamente ejecutada, con-
>tribuyendo los vivos colores de su esmalte á realzar los preciosos dibujos cincelados,
•calados y grabados. Los granos de esta fruta, que se descubren por una abertura
»al natural, son rubíes orientales tallados exprofeso. Desenroscada la tuerca que se
»oculta en la corona propia de la granada, se abre ésta en dos mitades, descubrién-
"dose en el interior de cada una, una hornacina y portada del gusto del Renaci-
»miento, con algunas figuras corpóreas, que representan los misterios de la Vísita-
>cion de la Virgen á Santa Isabel en un lado, y en otro la Anunciación, perfecta-
»mente esmaltados.
»Por la delicadísima ejecución de esta joya, clásica en su género, por la época y
*estílo en que se construyó, y por lo que se ha escrito de las obras célebres del i n -
»mortal Benvenuto Cellini, debe corresponder también esta granada á tan esclare-
»cido artífice. Así la reputan los inteligentes que la han contemplado; y si el autor
'que publicó en 1850 los trabajos de Cellini, inclusa la descripción y dibujo de esta
"joya, la hubiese visto antes de dar á luz su obra, no hubiese tal vez dicho que la
»creia perdida, sino que existia en el santuario de Nuestra Señora del Pilar de Za-
•ragoza.»
Esta preciosísima alhaja fué adjudicada, en la cantidad de 90.000 reales, á los
Sres. D. Alberto Urríes y D. Manuel Nogueras.
A . R.

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CONSIDERACIONES SORRE E L T R A R A J O .

Nihil desperan.

I.

s la guerra, si bien se mira, manantial de donde brotaron y


brotan muchos de los azotes que han pesado ó pesan sobre la
humanidad, y al propio tiempo, por una contradicción, no en
todo inexplicable, ocasión y motivo de grandes mejoras y halagüeños crecimientos.
Vista, no en un momento circunscrito de su historia, sino en la totalidad de su pa-
sado, muéstrase la guerra descansando como sobre base segura en el sentimiento,
utibzando los trasportes de la pasión, sacando un inmenso partido de la ignorancia.
Penetrando en cuanto es posible en los oscuros limbos de la primitiva actividad
h u m a n a , inquiriendo las leyes que entrañan los acontecimientos de la historia más
remota, descubrimos la fuerza anteponiéndose y precediendo al derecho, la anima-
lidad á la razón; el influjo excesivo del mundo externo, qne avasalla y debilita, al
suave resplandor de la conciencia, que ilumina y fortalece. Sacerdote y guerrero danse
la mano. Es la guerra de origen divino ; la victoria un don del cielo ; el Omnipotente
pelea cerca de sus favorecidos, denominándose Señor de las batallas, mientras la re-
ligión acude á santificar la lucha y á enaltecer al vencedor, ungiéndole con sus sa-
grados bálsamos, quemando ante él perfumadas esencias, rodeándolo de toda clase
de respetos, honores y simpatías con sus bendiciones.
Guerra y religión arrancan de un mismo hecho ya apuntado : el sentimiento; sólo
que la última tiene su más poderoso auxiliar en la inteligencia, y la primera en las
facultades físicas del hombre. Comienza la guerra entre éste y su semejante, suscítase
luego entre familias rivales, pasa más tarde á ser lucha de tribu con tribu, de p u e -
blo con pueblo, de estado con estado y de raza con raza. ¿Qué produjo la guerra?
La flaqueza de la razón, la pi'eponderancia, su sentimiento. ¿Adonde lleva? Al p r e -
dominio de la arbitrariedad, del privilegio y de la tiranía, al desconocimiento de las
leyes naturales y de la dignidad humana. Guerra y cultura son un contrasentido ;
reabzase el progreso á pesar de las guerras; suelen éstas contribuir á dilatarlo, aun
siendo sus consecuencias inmediatas detenerlo, negarlo y destruirlo.
Trae la guerra como inevitable cortejo la desigualdad social; donde están vence-
dores y vencidos ha de haber preeminencias y servidumbres; donde haya unos que
manden sin contraste, otros que obedezcan sin réplica, surgirán derechos absolutos
de un lado, deberes inquebrantables en otro. No discute ni aconseja el guerrero, sino
que ordena y manda ; no reconoce la guerra otra moralidad que no sea el éxito. Tie-
ne aquél por todo freno su albedrio; ésta por móvil pasiones reprobadas, por término

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pasiones satisfeclias. Ante la moral y la filosofía ninguna guerra se justificó, á lo me-
nos de ambos lados; en cambio, la guerra explica la esclavitud, la servidumbre y el
proletariado,

II.

Parecerá pai'adógico, pero es real y positivo : la guerra, ante todo y sobre todo, ha
introducido en el organismo social los gérmenes que más constantemente lo pertur-
ban. El primer esclavo fué el primer vencido á quien se hizo gracia de la vida; el
primer siervo fué el primer hombre á quien la preocupación, el rencor, la debilidad-
el entusiasmo pusieron bajo la férula arbitraria de otro hombre ; el primer proletario
fué aquel que , por consecuencia de la conquista, vio ocupada su tierra por un, ad-
venedizo, y su hogar destruido por una lucha. La primera sabiduría es el sacerdote,
la primera nobleza el guerrero; conciértanse mutuamente, y cuando el uno aher-
roja los pueblos ó los individuos y los unce á su carro, el otro ó sanciona el abuso, ó
lo tolera. Ciencia y supremacía son sinónimos ; nobleza y pureza y elevación un
todo : la más antigua aristocracia es militar.
Àltéranse por tal camino las relaciones que unen á los hombres, se desconocen las
naturales y se imponen las artificiales. Trasciende la influencia de estos hechos á las
esferas todas d é l a existencia; entre la mujer y el hombre, el hombre, porque la
mujer no sirve para la guerra ; es la esposa un mueble ó una cosa, cuando más una
sierva, y no existe como persona jurídica; equivale el alumbramiento de una hem-
bra á una degradación, á un desprecio, á un castigo ; y gozan los hijos varones de las
prerogativas inhumanas que el padre disfruta tocante á la que les dio el ser. En la
esfera social, la casta, esa blasfemia que, disfrazada á la moderna, aun mantiene vivos
entre las criaturas los odios ; en el orden legal, el privilegio ; en el económico, arriba
la riqueza con su cortejo de goces, abajo el trabajo con su séquito de sufrimientos-
Fueron los tesoros títulos nobiliarios ; la miseria ejecutoria deshonrosa del plebeyo.
Y durante siglos y siglos, lo mismo en el mundo antiguo que en el moderno, con
mayor ó menor modificación, según los tiempos, las razas, las zonas y las compli-
caciones políticas, hubo profesiones nobles y profesiones degradantes, oficios bajos
y oficios que por sí solos encumbraban y ennoblecían. Un absurdo trae otro, y al
absurdo de declarar infamantes por esencia ciertos modos del trabajo siguió el a b -
surdo de cerrar ciertas funciones á la masa de los asociados, vinculándolas en fami-
lias ó clases, que sólo mediante ridiculas probanzas podían desempeñarlas.
No se rebajaron ni mancharon los mejores, empleándose en los servicios útiles á
la república. Fueron sacerdotes, guerreros, jurisconsultos; empero el trabajo, que le-
vanta monumentos, abre canales, construye barcos, perfora montañas, siembra ter-
renos, deseca pantanos, domeña olas, vence fieras y produce fuego, pan, telas y todo
linaje de comodidades, consideróse un castigo, y por tal manera hubo de ser colocado,
como estigma vergonzoso y digno de abyección y ruindad, sobre la frente del sier-
vo ó del pechero. Sería el trabajo recio dogal puesto al cuello del esclavo, y andando
el tiempo, esc mismo trabajo convertiriase en agente de su rescate, en instrumento
de su libertad. Sin el trabajo continuaríamos en la barbarie primitiva, en la degra-
dación antigua, en las tinieblas de la Edad Media, en la inmoralidad del Renaci-
miento ; el trabajo es una regeneración, encarna toda la nobleza de lo porvenir. Uno
y vario, uno en su carácter, vario en sus grados y direcciones, podrá ser más ó mé-

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- s a -
nos meritorio, más ó iüénos delicado, más ó menos fecundo en beneficios; pero n i n -
guna suerte de trabajo arguye el menosprecio del que lo practica, ni trae en pos de
si circunstancias degradantes. Hasta aqui hubo de sentarse comunmente en lo más
alto de la jerarquía social el que pasaba por más noble; ¡dia llegará en que ocupe
ese puesto el más sabio, activo y virtuoso! A la pureza de la sangre reemplazará la
pureza de la vida, á los blasones con símbolos heráldicos, los útiles de la industria,
los certificados de invención concedidos á los más dihgentes. Premiase ahora en pri-
mera línea el valor bélico, entonces se premiarán las virtudes pacificas. Los ejércitos,
que destruyen vidas y haciendas, veránse sustituidos por las falanjes industriosas,
que apartan de la vida muchos de sus actuales riesgos; y el mundo progresará tanto,
que cuando vuelva la vista quedaráse absorto, resistiéndose á creer eu lu realidad de
su pasado. ¿Hay quien lo duda? Pues de seguro no conoce la historia, que dice lo que
nosotros.

IH.

En un principio el vencido es sacrificado sin piedad ; hay gracia para las bestias,
para el hombre no hay más que la muerte. Ni aun se le retiene como esclavo. Es el
período del paría. ¿Qué es el paria? Avergüenza é indigna el recordai'lo. Hombre como
todos los hombres, goza el triste privilegio de inspirar el mismo horror que las fie-
ras , si ya no las excede en ser blanco del desprecio, que aquéllas no suscitan. Con-
denado á vagar por los campos como el chacal ó la hiena, no encuentra asilo donde
reposarse; y ¡guay si el paria osa frecuentar las vias públicas; que el solo hecho de
presentarse en ellas autoriza al transeunte para matarlo, seguro de la impunidad. El
paria resume el tipo del proletario más antiguo. Su morada es el antro, sus goces el
dolor, sus cánticos la rabia, sus hijos concebidos en el odio, el sobresalto y la deses-
peración ; lobeznos que la sociedad pone fuera de toda ley.
Prosperan ios tiempos y nace la casta. Ya no se asesina al vencido, se le retiene
como esclavo. Según el código bramánico, las castas de la India son cuatro; de ellas
tres superiores, unidas entre sí, y una aparte, verdadero centro de la esclavitud más
bárbara. Para el sudra no hay derecho alguno. Colocado en línea inferior á la que
ocupan el caballo y el elefante, la caridad es crimen si se ejerce en su beneficio. No
puede, según las leyes del divino Manu, dársele un consejo sin cometer delito, ni a r -
rojarle las migajas del festín sin incurrir en impureza y grave falta. Todo es brillo del
lado del aria, todo sombra del lado del sudra. Equivalen éstos á nuestros hombres
de color. Enbrutecido por la esclavitud y rebajado por el desprecio, el sudra es todo
servilismo. Debe el nombre de un braman resumir el favor y la dicha, el de un cha-
tria el poder y la protección, el de un vaisia la riqueza y la abundancia, el de un su-
dra la abyección y la dependencia. Aun manumitido no sacude la servidumbre, que
es inherente á su naturaleza, y el brama se apodera á su antojo de lo que le es pro-
pio, cosa ó persona, porque un sudra á nada tiene derecho. Si un sudra dirige p a -
labras altaneras á cualquiera individuo de las clases superiores, el menor castigo que
se le impone es cortarle la lengua; si osa dirigir un consejo, nada más que una sen-
cilla advertencia, se le derramará aceite hirviendo en la boca y el oido para que
aprenda y escarmiente.
Recomendaba Manu á los fuertes que mantuvieran á los sudras en el círculo de

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sus deberes, porque entregados á ellos mismos podrían trastornar el mundo. ¡ Maravi-
llosa y peregrina intuición la del legislador sagrado!
Representaban los sudras al pueblo, y con razón sospechaba Manu que rotas sus
cadenas fuera el espanto de sus crueles dominadores. Sanciona la religion b r a m á n i -
ca tan bárbara tiranía, y el sudra trabaja y gime para que gocen y prosperen sus se-
ñores.
No se conoce en Asiría la casta, si la esclavitud. Esclavo es el prisionero, esclavo
el nómade que no tiene fuerzas para defenderse, esclavo el proletario que careció de
medios para satisfacer á su acreedor. Pesa sobre la nación entera el despotismo del
Soberano, que á todos les iguala con el nivel de la tiranía ; mas dentro de ésta la ri-
queza se enseñorea del menesteroso y se apodera de su persona. Entre los hebreos la
servidumbre del deudor es transitoria, entre los asirios perpetua ; circunstancia que
mantiene en la esclavitud buena parte de los mismos hombres que nacieron libres.
Vuelven á presentarse las castas en Babilonia : la de los caldeos, que es la dominante,
no admite en su seno elementos extraños, mientras losíigricultores, los artesanos, los
que viven consagrados á la pesca, ocupan, como siempre, los puestos más inferiores
y despreciados. En la Media, en la Persia, en el Egipto, el obrero, si no es el paria,
participa en mucho de la condición del sudra; pesan sobre él todo género de i m -
puestos y privaciones; su misión es sostener el fausto, el vicio y la supremacía de las
clases altas. Suspenden el ánimo las fábricas del delta del Nilo, las excavaciones del
lago Moeris, el Serapeum, las Pirámides, los templos de Tébas y de Heliópolis; ad-
miramos absortos los restos del arte ninivita ó persepolitano, con que la diligencia
del arqueólogo acaudaló los museos de París y Londres, ó los obeliscos que decoran
la que fué capital del mundo católico, y nos causa asombro la descripción de las
obras que enriquecían á Babilonia. Representan tantas maravillas la vida de millo-
nes de esclavos, vida de vergüenza y de dolor, sacrificada, sin ruido ni mérito, al or-
gullo de los déspotas. Trajo el plebeyo, caminando sobre la abrasada arena, enormes
cantos de granito y de pórfido; excavó bajo los rayos de un sol mortífero los canales
de irrigación que habian de convertir en verde oasis los antes secos arenales; mode-
ló con el cincel y el mazo colosales esfinges y pilones; tejió hermosas telas, tiñéndo-
las de purpúreos colores; grabó afiligranadas joyas ; fundió el bronce; extrajo de las
entrañas de la tierra ó del seno de los mares oro, piedras preciosas, perlas y corales ;
excavó las inmensas necrópolis de la cordillera líbica, y sin embargo, vivia el autor
de tanta riqueza peor que las bestias; atado eternamente al yunque del trabajo, sin
•a libertad de que los perros gozan, siendo maltratado, hambriento, despreciado y
escarnecido.
Ofrécenos Grecia un considerable progreso. Para su filosofía todos los hombres son
iguales, no hay la doble naturaleza que sostienen los pueblos del Oriente. Grecia r e -
conoce la esclavitud ; pero no como de origen natural, sino cual consecuencia del a r -
bitrio humano. Antes la desigualdad de castas estaba sancionada por la religion,
ahora la desigualdad de derechos es hija de la organización política que á los esta-
dos dieron libremente los hombres. Inmensa es la ventaja; sabe el esclavo griego, el
mismo ilota, que entre él y su dueño no existe esencial diferencia; que su esclavitud
es transitoria; que puede aspirar á ser libre. Pero s i e n Grecia ha desaparecido la
casta como institución religioso-social; si la libertad política, según se concebía, es
" n hecho, en la esfera económica aquella sociedad se halla dividida en dos mitades,
que luchan constantemente por el predominio, de una parte los ricos, verdadera é

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intolerable aristocracia ; de la otra el pobre, apartado de toda prosperidad honrosa,
estando, como estaba, la industria contiada á los esclavos. Hasta entonces el proleta-
rio habia gemido sin atreverse á exhalar sus quejas; las instituciones del pueblo grie-
go arman su brazo, y la muchedumbre anónima de seres que se mueren de hambre
exige un puesto eu la mesa de los dichosos. Son las ciudades teatro de luchas intes-
tinas entre las clases acomodadas y las menesterosas, y de violencia en violencia, de
combate en combate, llega la sociedad helénica á su inevitable ruina, legando al
Occidente los vicios que hubieron de disolverla. Aquellas dos esclavitudes, la de la
fuerza y l a d e la fortuna, se trasmiten á Roma.
Si á orillas del Tíber no se encuéntrala casta, hállase, en cambio, la ciudad divi-
dida en tres clases: patricios, clientes y plebeyos. Los primeros son los verdaderos
ciudadanos. La clientela, oriunda de Grecia, es una suerte de servidumbre domés-
tica. Primitivamente el cliente fué esclavo; mas admitido en el seno de la familia,
con derecho á participar de su culto, pierde su condición denigrante, aunque no
conquista su libertad. Amarrado de por vida al hogar de su dueño, labra su campo,
aumenta su hacienda y defiende su casa, pero ni aun le es permitido contraer ma-
trimonio sin el consentimiento de aquél, y sus hijos heredan su servidumbre. Lejos
está el cliente, no obstante, de la injusticia que pesa sobre el plebeyo. Vive aquél
bajo el techo del patricio, acompáñale en las ceremonias del culto, toma su nom-
bre , y hállase éste obligado á respetar su vida, interponiéndose con su palabra ante
los jueces, con su lanza ante quien intente ofenderle, con su oración para con los
dioses. Podrá el patricio comparecer en juicio y declarar contra un pariente por su
mujer; no podría hacerlo contra el cliente, unido á él por los sagrados lazos de la
religión y de la comunidad de culto, base positiva de la familia. Tanto en Atenas
como en Roma, la clientela sufrió considerables cambios, y llegó el caso de pronun-
ciarse la redención de esta servidumbre, dando el patricio al cliente el usufructo del
campo que cultivaba, no la propiedad, que retenía como señal de predominio. In-
tentó el cliente, con el tiempo, borrar toda limitación de su derecho, destruyendo el
hito sagrado que lo simbolizaba.
Patricios y clientes hacen causa común para tiranizar á la plebe, que está fuera de
lo que se llama pueblo. Es el plebeyo una reminiscencia del sudra. De origen desco-
nocido, escoria que las guerras y las emigraciones han condenado en medio de la
sociedad romana; carece de religión, ó mejor dicho, de hogar; ignora los ritos; con-
trae matrimonio sin que ningún poder sagrado lo sancione; no tiene familia ni
propiedad, puesto que ésta presupone un culto, una tumba donde descansen sus
antepasados, dioses, términos y derechos civiles, y sí cultiva un campo, considéra-
sele profano y no se le permite amojonarlo. Repártese un .dia el ager romanus entre
las tribus, las curias y las gentes; excluido de todas ellas el plebeyo, ve con odio
aquella distribución, contra la que habia de alzarse, empuñando la sangrienta espa-
da de las revoluciones. Para él no hay ley, ni justicia, ni ritos, ni fíimilia, ni dere-
chos políticos, ni nada de cuanto arguye la ciudadanía; hasta la oración fué un c r i -
men en sus labios. Su sola presencia en el templo equivale á una profanación ; su
contacto era impuro, su vista repugnante. Gimió la plebe siglos y siglos en tan ig-
nominioso estado; mas no era posible que las formas de la tiranía se perpetuaran
eternamente. Emancipa el trabajo al cliente, y abre las puertas de la ciudad al ple-
beyo. Mientras los patricios dejan pasar las horas adormecidos en el lujo y en las c o n -
cupiscencias del poder, clientes y plebeyos aumentan los dones do la tierra, ensan

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chan los límites de la industria y del comercio, crean el refinamiento artístico, y
reuniendo considerables riquezas, dase un espectáculo extraño, que lleva el espanto
al corazón de los aristócratas. Hombres de baja instrucción despliegan á sus atónitos
ojos el fausto que han obtenido con su actividad y sus talentos ; caen en la miseria
eupatridas y patricios, operándose por este solo hecho una mudanza, precursora de
los más radicales cambios. La democracia inundaba la sociedad. El dia en que Roma
vió elevarse un templo en cada suburbio para que la muchedumbre pudiera elevar en
olios sus preces al cielo; el día en que los pisistratidas levantaron sus kermes en las
plazas de Atenas, quedó roto el valladar que separaba á nobles y plebeyos. Arruiná-
ronse los antiguos privilegios ; la religión fué patrimonio de todos, y las clases se que-
brantaron. Ocupa la ciudad un recinto murado en el centro de las poblaciones; ple-
beyos y clientes, confundidos y asociados, empuñan las armas y atacan las fortale-
zas, y en venciendo, no subyugan á sus señores, contentándose con proclamar la
Igualdad de derechos. Otras veces la sola fuerza moral opera estas conquistas, si ya
no es que el mismo Soberano se coloca del lado del pueblo para contener á los oli-
garcas, y también suele acontecer, como en Sámos, que éstos sean los que se asi-
milen la plebe para vencer á los tiranos.
Decia el poeta Theognís que en Megara, su patria, existían hombres buenos y ma-
los; éstos eran los plebeyos, á quienes no se permitía la aproximación á la ciudad,
propiamente dicha, habitando extramuros, cual las fieras. ¡ Qué cambio tan terrible
en pocos años! Theognís, con sus ínfulas nobiliarias, truena contra los malos, que
han invadido la ciudad; extrañado de ella, que consideraba su patrimonio, confisca-
dos sus bienes, aun protesta contra una i'evoJucíon que considera crimen horrendo
cometido contra los dioses y la justicia. Reconoce Theognis su impotencia, posee el
convencimiento de que el triunfo de los malos es efectivo; guarda, no obstante , en
su pecho el sentimiento de sus menoscabados derechos, y cree candidamente que los
dioses han abandonado el mundo á toda suerte de perturbaciones, desde el instante
en que se ve despojado de sus absurdos privilegios.
Llega en Roma la tiranía de los patricios al extremo de que los esclavos se suble-
•van, buscando en la sangrienta lucha término á sus padecimientos. ¡Valen menos
que los caballos ! Cuidan de éstos con esmero; son aquéllos arrojados á los estanques
para que sus despedazados miembros alimenten á los peces, y la rotura de un solo
vasocuéstales la existencia. El ergástulo es su familia, su cielo, su patria, su amor
y su religión. Parece poco el retenerle encadenado, forzándolo á trabajar sin descan-
so ni recompensa ; por eso se construye el ergástulo bajo tierra, donde la luz es poca
y el aire escaso; que no deben los esclavos gozar de la vista del espacio como el h o m -
bre libre, ni respirar las brisas que la naturaleza otorga generosa al más abyecto de
los seres.
No habia alcanzado el trabajo en Roma mayor consideración que en las antiguas
monarquías del Oriente. Mirábalo laclase elevada con repugnancia, y el obrero
ocupaba de hecho el ùltimo escalón de la escala social, que coronaban con sus críme-
nes aquellos grandes delincuentes llamados Césares. Trasmitióse la servidumbre del
proletario romano á la Edad Media, y aunque los hombres de Occidente traían en
pos de sí el sentimiento de la libertad, continuaron en bastante auje las doctrinas
asiáticas, que Roma resumió en la institución absolutista del Estado. Trasformada la
casta, recorre todos los siglos medios y llega hasta nuestros mismos dias, en que se
otorga la libertad á los siervos del imperio moscovita. Tienen la Edad Media y el Re-

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nacimiento sus esclavos, sus siervos, sus peciieros y sus señores de horca y cuchi-
llo, dueños de la vida y de la hacienda. Pero estas desigualdades y privilegios no se
fundan en una diferencia esencial, sino en hechos políticos, que explica la historia.
La religión , como en la India, lejos de oponerse á la servidumbre y á la esclavitud,
las justifica por boca de sus doctores, y también sanciona y santifica los derechos del
más fuerte.
Ofrece la esclavitud entre los pueblos modernos de la Europa caracteres parecidos
á los de la esclavitud antigua : comienza con el prisionero de guerra, á quien se otor-
ga la vida , mas los progresos de la cultura modifican la naturaleza del hecho, y el
esclavo se convierte en siervo de la gleba. Bajo esta condición pertenece todavía su
cuerpo y alma al señor, ya sea rey, conde, obispo, abate ó comunidad monástica ;
cosa más que persona, el deber del siervo es obedecer y trabajar ; riega con el sudor
de su frente los campos, y no tiene participación alguna en las cosechas ; pelea en las
guerras, y no experimenta ventajas personales; contrae matrimonio, y no recoge las
primicias del pudor y la virginidad. Está la Edad Media, de hecho, partida en dos
grandes zonas: del un lado los privilegiados, del otro los pecheros; ha dicho la r e -
ligión que todas las criaturas son iguales ante Dios, á cuya bondad deben el ser ;
ante los hombres no sucede lo propio. Sólo los nobíes ocuparán los puestos públicos
que se estiman como oficios honrosos ; sólo con una mujer de su clase habrá de unir-
se un linajudo, sí no quiere manchar sus blasones é incurrir en el castigo impuesto
por la ley, y en el anatema de sus iguales ; solas tres carreras no deshonran : la del cle-
ro, la de las armas y la de la magistratura; después se ennoblece la universidad, en
nuestro concepto; mas en algunos países, co.mo en el nuestro, en pleno siglo xvni,
no podian sentarse en los escaños municipales los que desempeñaran oficios y artes
manuales, ó se ej eri; i taran en las industrias al pormenor, y laabolicion de los privile-
gios de nobleza para ingresar en algunos institutos, como el del arma de artillería
por ejemplo, data de nuestros días.
Llenos están los anales de la Edad Medía de los episodios que promueve la lucha
entre siervos y señores ; el espíritu de rebeldía que se manifestó en Grecia y Roma
base acrecentado; unas veces por sí solos, otras apoyados por el trono, conquistan
los pecheros derechos, cuya defensa es á menudo ocasión de terribles colisiones ; or-
ganizase la resistencia por medio de las gildas, confrerías y las corporaciones g r e -
miales, y la bandera con que pelean los menesterosos no lleva esculpidos otros bla-
sones que los del trabajo y de la industria. Posee la nobleza toda clase de privilegios
y exenciones ; la tierra está en manos de la Iglesia, del Soberano ó su magnate ; las
artes, la industria y el comercio son patrimonio de la gente llana, que de conquista
en conquista llega á su emancipación legal, destruyendo los monopolios y preroga-
tívas que luengos siglos de despotismo han acumulado sobre las clases privilegiadas.
Sería preciso escribir un volumen para narrar los trances por que ha pasado el tra-
bajo antes de sacudir el deshonroso sello con que le marcó la antigüedad asiática ;
fué el Renacimiento aurora de su libertad, la revolución francesa su definitivo triunfo
en la esfera de la ley; empero ésta es la hora en que sólo ha redimido á unos pocos;
las muchedumbres gimen en la servidumbre; aun hay razas condenadas á cumpHr
deberes sin gozar derechos, aun se conserva la esclavitud de la ignorancia y de la
miseria.

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IV.

Guerra y religión, dijimos al principio, produjeron y sancionaron las sociales des-


igualdades; una y otra han sido también poderosos instrumentos de la redención
social; no hemos de disertar sobre tema tan vasto; sobra con leves advertencias para
que el lector comprenda el hecho. En las antiguas organizaciones militares, la caba-;
lleria es lo más granado del ejército; son los caballeros criaturas superiores, patricios
é hidalgos; el legionario, el hoplite y el peón, plebeyos. Múdanse estas relaciones con
los progresos del arte militar; el descubrimiento de la pólvora es poderoso elemento
de nivelación, y la disciplina por una parte, y las recompensas que se otorgan al va-
lor por la otra, hacen que las guerras sirvan indirectamente los intereses de la d e -
mocracia. La Iglesia, y con mayor eficacia las órdenes monásticas, introducen al
plebeyo en las altas esferas, siéntanle en los más elevados puestos y realzan la h u -
mana dignidad por diversos caminos.
Aun existe la esclavitud dei hombre de color ; aun se engaña al mísero cooli pro-
metiéndole ventajas que se traducen en explotación indigna; aun existe la casta y
la servidumbre en el Oriente ; aun gime el proletario, en las comarcas déla civilizada
Europa, encorvado bajo el peso de un trabajo sin dignidad ni justa recompensa ; mas
el viejo edificio, levantado por la ignorancia, la fuerza y el privilegio, cruje próximo
á su ruina; hállanse abiertos todos los senderos de lo porvenir á la inteligencia, á la
^h'tud y á la laboriosidad, y ese mismo trabajo, ayer carga irredimible del plebeyo,
es hoy hermosa corona con que se engalanan los hombres libres.
FRANCISCO M. TUBINO.

INDUSTRIA MODERNA.

JOYERO TOLEDANO.

L grabado de la página siguiente representa una bella obra de


arte español contemporáneo, construida por el diestro artífice
y fiel contraste toledano, D. Felipe Rodríguez y Palacios, pre-
miado con una medalla de plata en la Exposición artística é industrial celebrada
en Toledo el año 1866, donde tuvimos el gusto de admirar, entre otros varios obje-
tos, el que hoy reproducimos en estas páginas, en las cuales quisiéramos ver figu-
rar cuanto produce el arte industrial español, para estímulo y aprovechamiento de
los que en nuestra patria se dedican, en cuanto sus fuerzas se lo permiten, á produ-
cir obras como la preocate, en que la riqueza de la materia corre parejas con la
perfección de la mano de obra.
Un canastillo de plata, en forma de copa, con pié adornado de jallones y cuen-
tas, sostiene el cuerpo principal, que es un pequeño jarrón con tapa, construido
del mismo material, adornado con flores, lazos y colgantes de oro, de bastante

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buen gusto, y en los que alternan, forraando un conjunto delicado y bello, topacios,
granates y amatistas, que aumentan el valor material- de la joya, sin disminuir su
importancia artística, que el exánnien del grabado adjunto dará á conocer mejor que
nuestras explicaciones.
Según nuestras noticias, este precioso objeto de tocador pertenece hoy á S. M. la
reina Doña María Victoria, á quien se le ofreció su autor, que fué recibido por S. M.
el rey Amadeo I en audiencia particular, logrando la acogida más benévola.
Z.

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MÁQUINAS AGRÍCOLAS.

'lENDO España un país eminentemente agrícola, es de sumo ínteres


cuanto se diga respecto de las máquinas que la industria moderna
ha puesto al servicio de la agricultura. La aplicación de la maqui-
naria á las filenas agrícolas produce una considerable economía en
la mano de obra, especialmente en las comarcas donde los brazos escasean, como
sucede en casi todas nuestras provincias más feraces. Vamos, pues, á decir dos p a -
labras sobredichas máquinas, procurando limitar las explicaciones á los puntos prin-
cipales, y acompañándolas con algunas figuras que aclaren nuestro pensamiento;
fijándonos con especialidad en las cuestiones de trasmisión de movimiento desde los
motores á los aparatos ó máquinas agrícolas.
La primera cuestión en una explotación agrícola es la elección del. motor. El mág
sencillo , cuando por diversas razones no convenga usar el vapor , es un malacate,
al que se apliquen varias caballerías ó bueyes. La fig. 1." da idea perfecta de un e x -

FIGURA •1.!'

célente malacate de hierro, el cual recibe la impulsion por las dos varas inferiores, á
las que se unce el ganado, y la trasmite por la rueda superior, que lleva una gargan-

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—ge­
la, á la cual se adapta un cable metálico. Di­
cho cable trasmite el esfuerzo con ventajas
sobre las correas, á las máquinas en que se
necesita, como tridadora, aventadora, etc. La
íig. 2." manifiesta el malacate, sobre el que
obran dos yuntas de bueyes y el cable, que
trasmite la fuerza motriz á una trilladora.
La trasmisión del movimiento á la má­
quina trilladora va claramente indicada en
la fig. 3.°, asi como la acción de la polea,
que recibe el movimiento del malacate sobre
la máquina, cuya acción pasa por la correa
indicada en el dibujo.

FIGURA 3 . "

A veces conviene, cuando las labores no


son muy considerables, poner el malacate
sobre la misma máquina, suprimiendo la
correa y cable de trasmisión. Esto se e n ­
cuentra indicado en la fig. 4 . ' La barra co­
locada en la parte superior de la figura se
prolonga á derecha é izquierda, para que
en sus extremos obren las caballerías ó bue­
yes, y el niovimiento se trasmite á la máqui­
na por el engranaje que muestra el dibujo.
Cuando la explotación agrícola es conside­
rable, hay que prescindir de los motores ani­
mados, y apelar á los de vapor. Las máqui-

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ñas que se usan son siempre de las llamadas locomóviles, 'esto es, fáciles de^mover
desde un punto á otro. Las hay de muchos sistemas, porque, á pesar de su novedad,

Son éstos los aparatos en que más progresos se han verificado de diez anos á esta
parte. Hay locomóviles de caldera vertical, generalmente poco usadas; el tipo más
eomun se refiere á caldera horizontal. La fig. S." es uno de los mejores modelos que
7

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pu. ! de las miquinu tooonórilet. En tH^ttiá indicado el carro que
iOrtiaM I i.t,la caldera, que es tubular, y la máquina propiamente lal, pro*

rainiiaclor de balM I booüw de aliiMilaiám


.rae ai i^panrto por aítna de pon atanu
p m ftim doaie 4 hMta tt e^tafk» de vapor: p«ro
(«nifiMHwtn HiBÍtetiilitiorcítoio. yao(hwlaáopanitie»M<Nr'"
eotaa, mmn> t. ^4áhM aiia mntíam. t a p n e i M «teiider é que un
^panio de « >f m mum puco Mjigíiiiia U*. ? l^y» ***

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pobincionne nn qtic haya talleres para
sil rcpnnirion. ПсЬе, pues, proru-
rarsc olfjiir maquina* sencillas , aun­
que no apmvoclien tan bien como
las otra» el combusliblc que arde en
su liopnr.
Alciidicndo A este criterio, reco­
mendamos la máquina indicada en la
6 . ' , que va eoitro un solo par de
ruedas, y que es en todo menos com-
plicada que la anterior.
i.a trasmisión de la |)olencia de una
i<u-4im()vil á las mñ(|uinas ngrirolas se
veriltca análogamente á lo dicho an-
teriormente |>or mi4lio (le un cable
íi de r<»rre;<s. Para (|ue se \ea con to-
da claridad esta trasmisión, ponemos
la flg. 7.', i|uc lo maiiiliesla con su
simple inspección.
Cuando se (rala de trillar grandes
( anlidades de trigo, vale la pena de
dedicar una tnrnmdvil á (-sin laeiia,
pn>scindienilo de otras que puede ha-
cer, romo arar, elevar agua para rie-
gos, etr. Kn tal caso va unida I* lo-
rnmdvil A 1,1 trilladora, y constituyen
ambas como una sola y verdadera
mAquina {Fig. 8.*).
Ы niAqiiina trilladora se rtíduce a
im par de rilindnis, que desgranan
el trigo y trituran la paja de suerte
(|Ue éslB sirva para la comida de las
raballerias. A vines no se reduce A
esto, sino (pie ademas sirve para aven­
tar el grano, de suerte «|ue \юг nii
lado entra la mié*, por olro sale • I
grano limpio, y |»or otm la paja Iri-
lurada. l/i lig. O* se rellere á un
nUMleto de m\n е«|мч1е, y de los mis
|M>Kf4'los. por f) entra la mies, por 18
sale la paja. 1л uia(|uiiia va solm

IjllC

mulrit

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cimos desde la locomóvil porque una máquina de esta especie exige para una pro­
ducción diaria de 150 hectolitros de grano, una fuerza de 3 á 4 caballos de vapor.

Las poleas 5 , 4 y 5 indican los cilindros interiores y un ventilador, que se mueve á


gran velocidad, el cual hace salir por la chimenea 13 el polvo y tegumentos que
cubren al grano.

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A veces conviene montar en una gran explotación agrícola un molino para produ-
cir la harina necesaria al consumo de los operarios.

FICUKA 8."

te Puede] servir en este caso el indicado


en la fig. 10, [que consta de una tolva,
las piedras y la trasmisión del movi-
miento por medio de engranajes. El á r -
bol superior de la izquierda recibe á su
vez la fuerza motriz de una correa que
viene de la locomóvil ó del malacate.
Este aparato sólo puede aplicarse en
condiciones como la indicada ó en al-
guna otra especial, pues no compite con
los molinos de los sistemas en gran es-
cala, que han conseguido en nuestros
dias hacer, por poco precio, una exce-
lente harina.
Pudiéramos hablar de otras máquinas
agrícolas, pero basta con las expuestas,
FIGURA 10. y sobre todo con las trasmisiones de fuer-
za motriz indicadas, para llamar la atención de nuestros agricultores sobre un asun-
to de tamaño inferes.
ANDRÉS CUVÍ MÜGIÑO.

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JOYERO DEL SIGLO XIIL

En la exposición retrospectiva de artes suntuarias que se celel^ró en Murcia, en


Setiembre de 1868, el coleccionista D. Javier Fuentes y Ponte exhibió, entre otros ob-

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jetos importantes, algunos de ellos de remota fecha, la caja en bronce cuyo gra-
bado figura en la página 453, la cual se supone ser un joyero labrado en el siglo xin,
y cuyo ejemplar fué expuesto en la galería de la Historia del trabajo, en la Exposi-
ción universal de París de 1867.
La representación de animales fantásticos y reales que la embellecen, y el colo-
quio de la dama y el caballero que van en el centro, dan una idea de la exaltada
imaginación de aquellas épocas caballerescas, en que todo se hacia por Dios, la
patria y el amor.
Es recomendable esa cajita, por la simplicidad de las líneas de su conjunto y por
J a fuerza de sus detalles. La dimensión mayor es de 43 centímetros.
J.S.
{Iluslracion española.)

TRABAJOS DE METALES
(DEL H I E R R O Y S U S A R T Í F I C E S ESPAÑOLES),

NOTICIA HISTÓRICA
DE LA CUCHILLEBÍA Y DE LOS CUCHILLEROS ANTIGUOS EN ESPAÑA.

I.

os trabajos de los metales en las edades pasadas y en los tiem-


pos que transcurren, con independencia de sus progresos é in-
venciones, presentan históricamente ciertas diferencias fun-
damentales, que sirven para explicarse algunos hechos singulares. Las diferencias á
que nos referimos en este momento consisten en.que los antiguos artífices, por tra-
bajar aislados, debieron poseer cada uno el conocimiento de muchas y diversas ope-
raciones antes de concluir las obras del trabajo. En cambio, los artífices, especial-
mente desde el siglo xvni, en que se asoció la destreza en sus múltiples manifesta-
ciones con capitales enormes de dinero, trasformaron las artes y sus productos en
inmensas y valiosas industrias de señalada influencia en el estado actual del mundo.
Es innegable que en el cambio mencionado hubo naciones que perdieron sus a n -
tiguas artes, por motivos que seria fácil explanar, pudiéndose citar, entre otros
ejemplos, la cuchillería de España, floreciente, hasta fines de la última centuria, en

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diferentes lugares de la Península; para probar lo cual, bastaría exponer los nom-
bres de las ciudades, villas y aldeas, y los de los principales maestros que en el
transcurso de la Edad Media y centurias xvi, xvu y xvni labraron objetos de cuchi-
llería en Toledo, RipoU , Olot, Mora, Peñiscola y Valencia ; en Aspe, Baza, Guadix
y Ronda; en Albacete y Sevilla; en Pamplona, en Tolosa, en Guimaraens y otros
cíen lugares, excelentes armas cortas, en cuchillos, puñales, moharras y hierros para
los lances y jaras de la antigua ballestería; navajas, cañabetes, tijeras y otros ins-
trumentos de córte y p u n t a , unos para emplearlos en la guerra, otros para infinitos
usos de la vida, y no pocos que hubieron de servir en las operaciones, siempre deli-
cadas, de la antigua cirujía.
Antes de recordar los nombres de los maestros cuchilleros que han florecido en
España, parece conveniente fijar la vista en alguna de las obras que se han conser-
vado de aquéllos, para evidenciar con ellas la clase de conocimientos y grados de des-
treza que alcanzaron en la cuchillería de la Península sus mejores maestros en los tres
últimos siglos.
El hierro y el acero fueron en todos tiempos los metales fundamento de la cuchi-
llería; sin embargo, examinando las obras del antiguo arte español, se notará que
sus maestros alcanzaron conocimientos no de! todo despreciables en el labrado
del oro, plata, cobre y latón, de que se sirvieron para el adorno y riqueza de sus tra-
bajos. También poseyeron reglas prácticas para modelar el nácar, carey, marfil, di-
ferentes especies de astas, y variedades de maderas indígenas é indias, trasformables
físicamente en lo genera!, y á veces químicamente, para servir en los puños y m a n -
gos de la cuchillería.
Las operaciones de este arte, con la circunstancia en lo antiguo, según llevamos
dicho, de ser todas concluidas por una sola m a n o , respecto del hierro, eran las de
forjar, limar, moldear, templar, recocer, afilar y acicalar los instrumentos de punta
y córte. Con relación á los demás metales de que usaron los antiguos cuchilleros, se
.reducían á fundir, laminar, modelar con lima y cincel, nielar, incrustar, afiligranar,
soldar y fijar aquéllos unos sobre otros para enriquecer las obras. Con los demás m a -
teriales que entraban en los mangos y estuchería para las cuchillas, las operaciones
estuvieron reducidas mucho tiempo al córte, labrado y pulimento á mano de todos
los que la experiencia indicó eran preferibles por su belleza natural, por su brillo,
por su precio económico ó por su duración en el uso á que se les destinaba.
El taller ú obrador en España de los cuchilleros antiguos le componían uno ó dos
yunques de hierro duro; el mayor, con una superficie rectangular plana para el tra-
bajo, de 8 por 24 centímetros de lado ; el menor, terminado por picos cónicos de hier-
ro para forjar y modelar los anillos de las tijeras. La fragua ó fogón de forja, de un
metro á metro y medio de escuadría. Un juego de martillos, desde el que tenía dos
kilogramos de peso hasta los más ligeros. Unas tenazas y pinzas de anillo, limas,
piedras de afilar y acicalar, bruñidores, taladros, sierras, un tornillo de banco, al-
gunos de mano, con otros instrumentos de menor importancia. No faltando artífices,
entre nuestros cuchilleros de los siglos pasados, que á la herramienta mencionada
añadieron los cinceles para esculpir en relieve (aunque rarísima vez), para grabar en
hueco á martillo, y los buriles de cuchillas y punzonería especial para el trazado á
mano de los dibujos, ó concluir en hueco los adornos y variedades de fondos. Tam-
bién hubo maestros cuchilleros, en los siglos xvu y xvm, que grabaron caprichosa-
mente sus obras al agua fuerte. '

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Los punzones de marca y contramarca se usaron en España desde los primeros
años de la centuria xvi, á cuya época se corresponde cierta organización legal que
recibieron entonces los gremios do la cuchillería, como los de otras muchas artes del
trabajo.
La herramienta, como medios de los artífices de que se trata, por su construcción
en lo antiguo, fué sencilla; por su nùmero, corta; siendo evidente que debió suplir '
mucho la destreza de los maestros, si entonces, como hoy, había de obtenerse en el
hierro el filo agudísimo y duro de los cañabetes para el córte oblicuo de la barba sin
herir la piel delicada del rostro humano ; la punta y cortes de la antigua lanceta es-
pañola, que alcanzó tiempos atrás gran crédito entre los cirujanos y veterinarios de
toda Europa; para obtener por centenas y millares los hierros endurecidos de las
lances y jaras necesarios á la ballestería de caza y guerra, con patronería singular en
los casquillos y en las puntas arponadas de las viras, sostrones, y cortes de los r a -
llones.
Nuestros maestros y oficíales cuchilleros, con el corto número de herramienta de
que dispusieron, labraron también en tiempos pasados muchas de aquellas excelen-
tes cuchillas pequeñas de que hablaba el maestro Iziar en 1547, destinadas á tajar
las péñolas de escribir. Otras mayores para cuchillos que cortaban por presión y movi-
miento trasversal, desde el tosco hasta el más enriquecido y delicado, así como la daga
buida y las moharras de las lanzas y alabardas. Por último, las tijeras, cuyo trabajo
se concluye por la presión ejercida en el córte biselado de sus dos hojas, la una que
se podría llamar cuchilla fija y de apoyo ó resistencia, y la segunda, la movible y gi-
ratoria, ó de potencia; bien las tijeras fuesen pequeñas y destinadas á la delicadeza de
las labores de la mujer, ya para cortar telas fuertes, cueros y metales, bien aquellas
otras mayores que sirvieron y sirven, con su cuchilla movible de doble curvatura, á
semejanza de las alas del molino de viento (helicoidales) para el tundido de las bor-
ras, lanas y cerdas de muchos seres animales, ó ya las más grandes y de peso enor-
me, cuya cuchilla helicoidal había de tundir, igualando la superficie de los paños,
bayetas, etc., para el esmolado y buen labrado ó concluido de dichos tejidos.
Las señoras de todos tiempos admirarán como joyeles de bella ornamentación las
tijeras Berger francesas de la época Luis XIV y XV. Los hábiles cirujanos del si-
glo xvn, al contemplarse frente al dolor que desgarra armados con los instrumentos
de admirable temple que labraban los maestros Domingo García, Ángel Orveira,
Vilarasa, Arbell, Llorens y otros cien cuchilleros menos conocidos, se creerían los ci-
rujanos referidos, al operar, seguros de disminuir, hasta casi hacer que desapareciese
por la viveza, prontitud y firmeza de pulso, lo más temeroso de sentir en las puntas
y filos operatorios de la cirujía, que es el dolor compañero del hierro, si éste es el
metal destinado á combatir con las enfermedades, previas punturas profundas, cor-
tes y mutilaciones parciales. Por ello nuestros cirujanos antiguos, según decía el
maestro Medina, cuidaban mucho de sus instrumentos operatorios labrados en E s -
paña, y cuando eran polidos é bien hechos, les daban contento.
Si las señoras pudieron admirarse, como se lleva indicado, antenna pequeña tije-
í a , y el operador quirúrgico, como se lleva expuesto, sintió contento al encontrarse
dueño de las preciadas obras del arte de España, es innegable también que los ar-
tífices tijereros de nuestro país y de extraña tierra leerán con singular curiosidad los
nombres, dedicatorias, fechas, y con respeto ciertos lemas y axiomas grabados en
las cuchillas de algunas tijeras castellanas, de referencia especial á las dificultades.

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escondidas para la vista vulgar, que tenia el perfecto concluido de aquellos instru-
mentos; como la que grababa el maestro Torres de Albacete en sus tijeras (año 1612)
y decia : Concordes omnia conterunt, discordes seipsas ; es decir, acordes en la forma,
en la articulación, y de igualdad absoluta en los hierros y aceros, lo cortarán todo;
discordes, se corlan á si propias.
JWuchos señores habrán admirado el tamaño y magnitud d é l a s cuchillas, con
los caprichosos calados y adornos grabados en los brazos de la tijera española anti-
gua de bufete, sin reparar que cuando la longitud de aquéllas creció, también t u -
vo que aumentarse la destreza de los más ejercitados maestros, para que las opera-
ciones del temple y recocido de las cuchillas largas no perdiesen su rectitud en el
cuerpo, ni se cambiase aquel hgero alabeo en los filos, que los buenos artífices
tenían conocido como preferible para el buen uso de la tijera de larga cuchilla; y
evitar el grueso de metales, que de seguro las hubiera hecho pesadas é incómodas
para manos varoniles un poco afeminadas por las ocupaciones de la vida ; que tam-
bién sin el alabeo referido hubieran cansado hasta la mano del rudo obrero, encar-
gado del trasquileo y tundido rápido de cientos, diariamente, de cabezas de ganado.
¡ Cuántos esfuerzos de destreza para conseguir fines tan fútiles ! pero esto no obsta
para que sigamos en este trabajo, en la apariencia inútil, y si alguno lo quiere, h a s -
ta ingrato.
Los cuchilleros de España del siglo xvi adoptaron por patroneria para las cuchi-
llas , labrarlas delgadas y planas. Los brazos con el gusto greco-romano de colum-
nitas, basas, chapiteles y arquitrabes. Los anillos adornados alguna vez con rema-
tes, figurando toscamente perriellos y gallos. Los tijereros españoles que se estable-
cieron por los años 1560 en la Puebla de los Angeles, de Méjico, fundando el
centro más importante déla cuchillería americana antigua y moderna, en sus tije-
ras representaban, con los brazos y escudete, el cuerpo y piernas de una rana, forma
que creemos fuese la de las tijeras de Castilla en las edades décimacuarta y décima-
quinta. Las cuchillas de las mismas tenían semejanzas con las quijadas de las h i -
guanas, caimanes y cocodrilos, que tanto temor infundieron siempre á la ge-
neralidad.
Algunos cuchilleros, probablemente toledanos, labraron sus tijeras con patrone-
ria de dagas gruesas de metales, brazos rectos, anillos sencillos, con alguna esfé-
rula por todo adorno; siendo, entre otras, de las que hemos visto de igual figura, la
que tiene en la mesa el maestro sastre Juan Alzega en su retrato, grabado en 1589,
como se ve en la portada del libro sobre la geometría de su arte.
En el siglo xvn los tijereros de los antiguos reinos de Castilla (Albacete, Jaén, Bae-
za, Madrid, etc.) cambiaron ligeramente la patroneria de las cuchillas, doblando el
grueso de metales en su línea central, y labrando á forja y lima algunas mesas bise-,
ladas y planas en aquéllas, para adornarlas con grabados. El gusto greco-romano de
columnitas en los brazos le conservaron todos aquellos maestros en la centuria que
llevamos indicada.
Sin embargo de esto, los artífices madrileños de la misma época presentan en la
patroneria de sus tijeras dos diferencias. La primera se refiere á los brazos en las
de larga y ancha cuchilla, como en las cortas, que los labraron en columnas almoha-
dilladas, ó anilladas con cierto gusto á la italiana, si bien no faltaron algunos que
continuaron labrando á lima con carácter greco-romano. Là segunda diferencia se
halla en el lugar del escudete y sitio del clavillo, que en la antigua tijera madrileña

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se corresponde al principio del tercio superior у en las de Albacete al punto medio ;
de la hoja total. Por lo demás, los tijereros de España en las dos centurias xvi y xvn, \
atendido el excelente forjado y bondadoso temple que supieron dar al hierro, labra-;
ron obras de singular fuerza y finura para punzar y cortar.
En el siglo xvm los tijereros de Albacete cambiaron de patroneria, adornando más '
principalmente los anillos de la tijera con remates calados, en algunas hasta con
exceso. Estos adornos, si se atiende á que fueron combinaciones de muchas medias
lunas, al parecer revelan deseos de renovar cierto gusto árabe más antiguo. Dichos
cuchilleros conservaron la forma greco-romana en los brazos. Relativamente á las
hojas, continuaron grabando, en sus mesas y biseles, ramos y pájaros caprichosos,
aplanándolas más y más conforme trascurrió el siglo xvm.
En éste el forjado y temple del hierro se aligeró mucho; el renombrado acero an-
tiguo de Mondragon, que á los viejos cuchillos castellanos de la Edad Media les obli-
gó á cantar en los talleres :
Cuchillo y vencedora espada,
De Mondragon tus aceros,
y en Toledo templado,

no parecía; y resultó que en los instrumentos á que nos referimos, ya en los prime-
ros años del siglo actual, tanto en Albacete como en lo restante de la Península,
habian perdido su antigua bondad, calidades y primores.
Para hacer más aflictiva la situación de la cuchillería española, se labraron en el
extranjero tijeras y cuchillas de acero fundido y patronería de nuestro país, con el
fin de contribuir más y más activamente, cierto comercio de importación extranje-
ra , á la destrucción completa de los pocos centros que todavía existían en la Pe-
nínsula como productores en cuchillería, los cuales en tiempo oportuno, sí h u -
bieran contado con recursos, animación mercantil y dinero, hubieran podido tras-
tbrmarse en industrias de verdadera importancia.
Todo tuvo que ceder, en el ramo de cuchillería, en España, desde principios de
este siglo, ante el torrente invasor de la industria y comercio extranjero, inmenso
por el número de sus herramientas labradas, invencible por cierta belleza, ligereza,
forma y aspecto exterior, y sobre todo por la economía en los valores y precio de
la cuchillería, tijerería y navajeria moderna en todas sus variedades.

II.

Veamos ahora, aunque sea con rapidez suma, cuáles fueron y son los trabajos
fundamentales de la cuchillería, para apreciaren lo que sea justo el verdadero mé-
rito de los artífices y maestros antiguos de nuestro país.
El hierro, en sus variedades de minas é independiente de las labores que habia
sufrido antes de llegar al taller de nuestros antiguos cuchilleros, bien procediese
de Vizcaya, Cuenca, Sierra-Ronda, Cataluña , Galicia, León , etc., tenía que ser
forjado ó afinado por las caldas y el martillo.
De esta primera operación cuchillera salían los hierros, según decían los maes-
tros viejos de los talleres castellanos, unos buenos y excelentes para el trabajo de
martillo, otros blandos, algunos agrios; los habia que recibían bien el fuego, y no

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faltaban que la misma acción los quemaba, quedando fácilmente reducidos á una
masa pesada é inútil para labores ulteriores.
Cada una de las variedades de metal, según las minas de donde procedían, que
se llevan indicados, exigía una atención especial al aplicarles el caldeo y el martillo,
y con especialidad la arena blanca, que en granillos finos arrojaban sobre los hier-
ros hechos ascua, para que con su castigo en el macho ó yunque con el martillo
se afinasen los metales en la proporción que más convenia, y no en otra.
Sobre el uso de esta arena blanca entre los cuchilleros castellanos, que labraron
desde Mora á Toledo, y de esta ciudad, en lo antiguo imperial, hasta San Clemente,
Cuenca, Alcázar de San Juan, Albacete, Chinchilla, el Bonillo, Aspe, Baeza y
Jaén, en una zona que sería fácil trazar sobre un plano geográfico, espadas, hierros de
lanza, picas, alabardas, terciados ó cuchillos de monte, y'otros instrumentos cor-
tantes para el uso civil y de la guerra, decia el Sr. D. Santiago Palomares, en 1760,
lo siguiente :
,« Para lo que adelante se dirá me ha parecido preciso decir que los forjadores de
«las espadas y otras armas usaron siempre en Castilla, para sus fraguas, déla arena
«blanca y menuda de que abundan las riberas del Tajo, como la usaron y actual-
» mente la usan todos los artesanos del hierro y acero, en la ciudad de Toledo, para
« todas sus maniobras que pasan por el fuego, teniendo una porción de ella á la ma-
> no; y cuando el hierro se forjaba ó se recalzaba con acero, y los cuchillos y espadas
«estaban hechos ascua, caldeados como debían, para la perfecta union y soli-
»dez empezaban á disparar algunas chispas muy vivas y brillantes como estre-
» Hitas, inmediatamente apartaban las piezas del fuego, y tomando un poco de are-
» na, la tiraban al ascua, con que cesalsa la salida de las chispas, y luego pasaba al
« castigo del yunque ó macho y el martillo, continuándose esto el tiempo que era
«necesario, para conseguir la afinación y deseada union de los metales.»
Cada lingote de hierro, por lo que se lleva expuesto, desde el comienzo del forjado,
en los tiempos pasados, hasta su final afinación, exigía cuidados especiales, siendo
cada uno de ellos un problema distinto, que los buenos artífices tenían que resolver
con el fuego , con la arena, con el martillo y número de caldas en el plano del y u n -
que , y en éste decidir la herramienta ó instrumento que más convenia labrar con
el hierro que se habia forjado.
Los cuchilleros españoles de hace muchos siglos práctica y tradicional mente re-
comendaban para las armas cortas no hacer uso de los hierros nuevos, pues con
éstos las obras salían agrias y quebradizas. Por esta razón , aquéllos labraron desde
antiguo con hierro viejo ó más bien usado ; prefiriendo al soterrado ú oxidado
p o r l a humedad, el carbón y el fuego {cementación de los extranjeros), el batido
de heriaduras rotas, trabajadas y desgastadas en las marchas de las caballerías para
proporcionarse el metal más afinado.
Éste fué el que usaron de preferencia muchos artífices en España, y el mismo que
á fines del siglo xvn, manejado por los maestros Nicolas Bis y Alonso Martínez , to-
mándole, á nuestro juicio, de la práctica cuchillera, dio tanta fama y renombre á la
arcabucería madrileña, consignada en esta cuarteta de la época :

Pues todas las naciones


Admiran el primor de mis cañones,
Comprando la hermosura
Que fué carbón y callot de herradura.

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La segunda operación que tenian que concluir los antiguos artífices cuchilleros,
después de la afinación por el forjado, fué la de calzar con láminas de acero los filos
y puntas de las cuchillas [eloffe de los extranjeros); la creemos conocida de muy
antiguo en España, como lo prueba la espadería y puñalería de guerra, de las cuales
se conservan ejemplares de veneranda antigüedad en nuestros museos y armerías.
El acero para los calces llegó, desde los tiempos más remotos, á los talleres cuchi-
lleros de Castilla, procedente de Mondragon, aunque en los siglos xni, xiv y xv pu-
dieron verse en aquéllos alguna vez, aunque fuesen en corta cantidad, los aceros de
Suecía. En el siglo xvi, es probable que durante el reinado del emperador D. Carlos,
en que se mandaron venir á Castilla armeros alemanes, se viesen por primera vez
aceros del Tirol, Styria y Hungría. A fines de la misma centuria y en la siguiente
pudieron llegar por Portugal aceros ingleses. En la xvín, desde sus principios, nues-
tros artífices no encontraban ya á m a n o , en el ramo de aceros, más que el francés
y lo peor de Europa, escondiéndoles la nación vecina, porque la tenía cuenta, los
bondadosos aceros extranjeros, ó falsificándolos para España, con la marca de
la llosa, de las Estrellas, del Puente, del Carme, etc.; cuya falsificación se había
sólo de conocer en las obras concluidas, esperando fundadamente, con aquélla, el
descrédito y ruina de nuestra cuchillería patria.
La pérdida y falta del acero de Mondragon en los talleres cuchilleros de Castilla,
con las falsificaciones anteriormente referidas del mencionado metal, la dejó consig-
nada el Sr. Palomares en su curiosa y erudita Memoria sobre la espadería toledana,
diciendo:
«Todo lo que se ha dicho va en el supuesto cierto de que las espadas se forjaban y
labraban de los aceros de la fábrica de Mondragon, como tan experimentado, porque
siendo de fábrica extranjera ficticio, ó de otra clase, no se puede asegurar surtirá el
mismo buen efecto al temple que va referido ; sin embargo de que la destreza é in-
teligencia de los artesanos fabricantes de armas de hoy dia sabrán proporcionar para
el uso sus cualidades; pero si fuese falso ó conlrahecho, por más fino que aparezca,
nunca se logrará en lo sucesivo aquella fortaleza y firmeza que se apetece en las es-
padas, porque es muy natural que con el tiempo se vuelva á su primera materia, y
por consiguiente vaya perdiendo aquella fuerza que adquirió con el temple, como
cosa que no recae sobre legítimo y verdadero acero.»
Pero, no sólo se falsificaron eu el siglo pasado los aceros antiguos, pues ademas,
entre los pocos maestros que ya quedaban en el arte de la cuchillería castellana, el
comercio y los interesados en el descrédito hicieron circular la noticia de que los
aceros de Mondragon habian degenerado. Por esto el mismo Sr. Palomares anadia en
su peregrina Memoria:
«Яе oido decir, de poco tiempo á esta parte (1760), que el celebrado acero, por la
antigüedad de la villa de Mondragon, ha degenerado de su fineza, y que sus vetas y
fábrica no le producen como antes, sino muy agrio, terco é indócil. No he dado
asenso á esta proposición, teniendo por cierto y sin duda que en la real fábrica de
bayonetas de la villa de Tolosa, y en la de fusiles y llaves de la de Plasencia, en
donde continuamente se están labrando estas armas para los fuegos de la infantería
de los reales ejércitos de S. M., con tanta belleza como todos sabemos, ni se ha gas-
tado ni se gasta al presente otro acero que el de la fábrica de Mondragon ¿Y es
creíble que este acero no tuviese hoy la fineza, valor y demás cualidades que se ape-
tecen para el trabajo, cuando sufre todas aquellas pruebas que para su recibo se

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—no —
practican por los maestros que están destinados para ello en dichas fábricas? A más
de esto, vemos que el acero de Mondragon es apetecido en América (para la ma-
chetería, cuchilleria y arcabucería) y otras partes del mundo, llevado por el comer-
cio de la compañía de Caracas, que lo paga cuasi al peso de la plata no alcan-
zándose motivo de haberse abandonado por nuestros artífices un acero precioso, que
tenemos cerca de nuestro país ; si bien no han faltado ni faltan maestros que confie-
sen su bondad, pero que es necesario mucho cuidado y varias observaciones para
usar de é l , lo que es trabajoso ; y siéndoles más fácil y simple el uso del extranjerOi>
les tiene más cuenta gastar de éste que del de Mondragon.»
En la cuchillería, la operación de calzar, bien ejecutada, fué fundamental, si ha-
bian de resultar de ella piezas con puntas y filos duros, tenaces, sin ser frágiles ni sal-
tar graneados en mellas más ó menos irregulares y profundas. Para esto se exigía
el conocimiento previo del hierro afinado y el del acero. El trabajo posterior, segurt
dice un antiguo cuchillero, se comenzaba por el enrojecimiento de los metales su-
perpuestos , el uno en masa, el otro en hojas delgadas, y con el batido en el yunque,
á golpes débiles de martillo en un principio, á fin de observar dónde saltaban chis-
pas brillantes, pues alh había calor en exceso, que luego sería perjudicial. Con el
fuego y la arena fina, el rebatido se aumentaba de fuerza, poniendo el buen artífice
gran cuidado á las marcas ó huellas que hacían los martillos, pues de no seguir á
éstas con mirada ejercitada y hábil, al contraerse por enfriamiento los dos metales en
grado y cantidad diferente, podía resultar el defecto de solaparse, rebasándose algu-
no de aquéllos ; ó cuando n o , habia exposición á saltar en conchuelas la delicada ho-
ja de acero superpuesta. Toda la operación, aunque ligeramente indicada, era difí-
cil , y como se nota, estudiando las cuchillas antiguas, sólo los más diestros artífices
la concluyeron bien , labrando las piezas perfectas del arte en los tiempos pasados.
El modelado á forja y lima de los instrumentos cuchilleros tuvo siempre cierta si-
metría geométrica, con especialidad en las tijeras. Las cuchillas y brazos modelados
de éstas, por una parte habian d e s e r t a n iguales, que, superpuestas, se confundiesen.
Por otra, el alabeo de los filos, considerado en lo antiguo como el misterio infernal de
los malos artífices, es evidente que los buenos maestros, para conseguirle, desple-
garon y poseyeron, por lo menos, ciertas reglas de geometría empírica, que supone
habilidad, si el fin apetecido se había de conseguir.
Las operaciones del temple y recocido seguían al calce y modelado en la antigua
como en la moderna cuchillería, con la circunstancia de que si á las primeras las lla-
maron los artífices españoles las fundamenlales, y en parte encargadas á los oficiales,
á las dos segundas, ó sea el temple y recocido, por concluirlas los maestros, las die-
ron el calificativo de magistrales.
El temple en la cuchillería de todos tiempos se obtuvo, y SÍ obtiene, por la i n -
mersión en agua fresca de las cuchillas candentes, bien al rojo cereza, ó ya coloreadas'
por el fuego hasta el rosa, para los cañabetes, navajas de afeitar, cuchillos y tijeras.
La inmersión, en lo general, alcanzaba en aquéllas, cuando habian de recibir algún
mango ó estar articuladas, hasta el punto de la articulación ó comienzo de las futura^
empuñaduras (el recazo), bien fuesen éstas de madera, nácar, hueso, marfil, plata,
oro, etc.
Esta operación, considerada en los talleres españoles como una de las dos magis-
trales, según un curioso cuaderno manuscrito castellano que tuvimos ocasión de
consultar, dependía de dos condiciones, que para satisfacerlas eran necesarias des-

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treza y habilidad ; y eran : primera , el buen templado del hierro y los aceros depende
del conocimiento previo de la naturaleza de ellos , para recibir en sus masas el fuego ;
segunda, del carbón y saber la cantidad de fuego (grado de calor) que con dicho
combustible se podia obtener, pues aquella cantidad debia ser fija para cada una de
las variedades de hierro y acero que se templasen.
El temple ademas debia, según los antiguos artífices, concluirse bajo la influencia
de ciertas otras circunstancias adicionales, que en los tiempos pasados dieron cierto
colorido misterioso y secreto á la operación referida.
Este misterio, creido como tal por la vulgaridad de muchos siglos, sirvió á los ar-
tífices para sacar partido de él haciéndole la base de su crédito ; pero según el maes-
tro cuchillero que seguimos en este momento, por lo menos los más excelentes del
arte en su tiempo, y desde las épocas más remotas, cuando templaban se sonreían
en la soledad de sus talleres de la creencia vulgar sobre el misterio casi diabólico de
sus trabajos.
Los maestros escogían la noche cerrada y la oscuridad completa para la operación
de templar; pero no era porque aquéllas fuesen misteriosas, sino por necesitarlas
para distinguir con finura los puntos fijos de calor marcados en el hierro sujeto á la
acción directa del fuego, por los colores cereza madura, cereza rojo claro y rosa, a n -
tes de la inmersión en el agua de templar.
Para evitar que las piezas de hierro enrojecidas se enfriasen, siquiera fuese poco,
al pasar del fuego al agua ; y teniendo muy en cuenta que el perfecto concluido de
las obras dependía de que aquel líquido trabajase sobre el metal con una diferencia
de calor fija y única, enseñaron á sus oficiales escogidos el precepto de templar cuan-
do el aire que corría era libio y meridional ; y suspender el trabajo con los vientos
frios del Norte, cierzos y vendavales, que antiguamente el vulgo, al sentirlos zumbar,
los habia considerado en sus cantigas portadores de malos espíritus.
Las atmósferas cubiertas ó nebulosas, con las cuales el calor del aire cambia poco,
lo mismo que las altas hora de la noche, por análoga razón á la expuesta anterior-
mente y relativa á los vientos meridionales, fueron las escogidas por los más hábiles
de los tiempos pasados para la delicada operación de que se trata, sin pararse mu-
cho en las preocupaciones de muchos grandes é ilustrados señores y de todos los ca-
prichos de la imaginación del vulgo cuando éste y aquéllos creían en cierta especie de
libertad para los espíritus infernales á media noche, principalmente en las cubiertas
y nebulosas ; temblando de miedo al distinguir enmedio de la oscuridad el resplan-
dor del fuego que salía por los resquicios de la mala ventana de los talleres del anti-
guo cuchillero templador.
Respecto de las aguas limpias y claras para los buenos artífices , todas les fueron
ayer, como hoy, indiferentes, siempre que no se dejase calentar el agua, renován-
dola cuando se templaban tras u n a , otra y otras piezas ; y agitando el líquido con
lentitud, en el caso dicho, para que se mezclase, pues era sabido que se calentaba
más en las capas superficiales que en los medios y los fondos en el curso de los tem-
plados.
Con relación á las piezas al calor rojo cereza, punto de temple más débil, y con el
rosa para el más duro, la experiencia enseñó de tiempos muy atrás que era necesario,
una vez sumergidas aquéllas, moverlas con cierta velocidad muy estudiada en m e -
dio de la masa del agua, si este líquido habia de concluir su trabajo.
Este movimiento de traslación del hierro enrojecido para el templado no encer-^

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raba misterio que fuese propiedad de las aguas, siendo simplemente expresión de la
necesidad que habia de renovar las capas del líquido que tocaban inmediatamente al
hierro enrojecido ; y que calentadas rápidamente por contacto, y hasta repelidas por
el fuego, perjudicarian en su fin á la totalidad de la operación, si las piezas de hierro
no se nioviesen en el templado.
La manera de inmersión variaba según fuese la forma de cuchillas, y el uso que
habian de tener para trabajar de punta ó de córte, y según también sus dimensio­
n e s ; como ejemplo puede citarse la práctica de los espaderos antiguos de Toledo,
que tomaban la hoja con las tenazas por la espiga, y estando hecha ascua y de color
de cereza, la dejaban caer perpendicularmente y de punta en un cubo de madera, lar­
go, angosto, lleno de agua clara y fresca.
La duración del tiempo del sumergido, los antiguos cuchilleros, para muchas pie­
zas, la calculaban guiados por la experiencia; diciendo aquéllos que era para que el
agua concluyese su propio trabajo. En ocasiones, y á falta de relojes, los artífices
templadores cantaban ó murmuraban oraciones, algunas fórmulas é invocaciones e x ­
travagantes, sin sentido gramatical, á cuyo final se daba por concluida la inmersión
y el temple.
Estas oraciones, algunos las pronunciaban, siglos atrás, con respeto y cierta gra­
vedad; otros, fijándose en que eran invocaciones, por decirlo asi, horológicas, para
medir el tiempo de cierto trabajo encomendado al agua, lo hacían con el aire de
zumba y burla, tan propia del taller antiguo como del moderno.
Nada diremos de ios pater nosler, ave marías, credos, salve-regina horológicas de
los maestros castellanos del arte de la cuchillería, cuando procedían á templar los
hierros y aceros. Pero siendo aquellas oraciones de duración determinada, y el tem­
plado por el tiempo, siendo variable según las diversas calidades de los metales;
cuando los artífices en la ocasión conocían la necesidad de ampliar aquellas oracio­
nes, lo hacían con palabras semejantes: Bendita la hora en que Dios nació,—Santa
María que le parió,—San Juan que le bautizó,—el hierro está caliente,—el agua mue­
le,—buen temple haremos,—si Dios quisiere.
Al finalizar las frases anteriores, ú otras análogas, y siguiendo cuidadosamente
con la vista los cambios y variantes de los colores del hierro, que de rojo pasaba á
oscuro y sombrío en el agua de templar, los maestros obtenían las cuchillas sin gra­
nearse en los filos, sin saltar conchuelas en las mesas de las boj as recalzadas, y cuan­
do se tercian ó volteaban alguna cosa (como regularmente sucedía), echaban un
poco de arenilla sobre el tas ó yunque, ponían la cuchilla sobre ella, y conia pique­
ta en frío golpeaban con tiento y cuidado hasta ver si quedaba perfectamente de­
recha.
Si las piezas eran todas de acero, llamadas de cabo de barra, los artífices templa­
dores, ademas de pronunciar palabras y aplicar la vista, tenían, en lo antiguo, el oi­
do atento para percibir el temible ruido del crujido que solían presentar las cuchi­
llas de acero en su totalidad, algunos momentos después de haberlas sacado del
agua de templar. A este chasquido intimo en las masas de acero templado se seguía
casi instantáneamente el irremediable defecto en las cuchillas, del pelo, de figura se­
micircular, y que los obreros franceses llamaron la media luna.
En los hierros y aceros endurecidos y templados por el fuego y enfriamiento se ha
sabido, desde mucho tiempo há, que habia necesidad de moderar la acción del t e m ­
ple en las superficies de los instrumentos ; porque muchas veces, ó en lo general, r e -

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sultaban aquéllas COil metal duro en grado muy diverso del que tenia la masa i n t e - '
rior esponjosa del hierro de las cuchillas, de lo cual, como causa principal, resulta­
ban éstas frágiles y vidriosas. Este defecto, según los usos que aquéllas habian de
cumplir, se remediaba moderando la dureza de las capas superhciales, para armo­
nizarlas сон las más interiores hasta el corazón del hierro; de modo que del todo
resultase un conjunto metálico de resistencia y fuerza uniforme.
Para conseguir el fin indicado, y preparar las cuchillas á recibir el más perfecto
acicalado, se ideó el recocido, última operación importante y magistral de la cuchi-
llería propiamente dicha. En ella los buenos maestros tuvieron que desplegar tanta ó
mayor destreza, si cupo, que para templar, pues en el recocido las cuchillas volvían
al fuego, y por la acción de éste se las llevaba hasta los colores paja, oro, cobre rojo
{hígado), viólela, azul y verde de agua, según el destemplado ó recocido que más
convenia.
La temperatura del color paja fué siempre la que disminuía en grado menor la
dureza de la superficie de los hierros y aceros previamente templados. La coloración
del verde de agua era la más enérgica, si habían de disminuirse la acción y propie-
dades del templado obtenido con anterioridad.
Conocida esla ley, los maestros antiguos recomendaban para recocer la coloración
paja para los cañabetes ó navajeria de rasurar y corta-plumas. El color oro, para el
recocido de las hojas de los instrumentos de cirujía. La tinta cobre rojo ó hígado, para
las tijeras, terciados, espadería, moharras de lanzas, picas, alabardas, hachas de ar-
mas y otros instrumentos cortantes para el uso común. Los colores violeta y azules
para los muelles y sierras de diferentes especies. La coloración verde de agua no tuvo
uso en la práctica de la cuchillería.
En lo general los instrumentos recocidos se dejaban enfriar libremente al aire,
pero los maestros de Castilla antiguos, con especialidad en las armas de recazo ó que
habían de tener empuñaduras, cuando las fogueaban al color del hígado, acostum-
braban á tomarlas con las tenazas por las espigas, dándolas una pasada de sebo de
carnero ó de macho cabrío en rama, llamado de riñonada sin derretir, que al punto
empezaba á arder lo untado, y en tal estado se arrimaban las cuchillas á la pared
puntas arriba, hasta que se apagaba la llama y se enfriaba el hierro, encontrándose
entonces en estado de pasar á manos del afdador y acicalador.
Las restantes operaciones de la cuhilleríase refirieron al acicalado y montura de las
cuchillas, que aunque delicadas, eran puramente mecánicas. Con relación á los nie-
lados, incrustados y grabados en aquéllas, se comprende que como operaciones de
artes distintas, ni se las pudo, ni en la actualidad se las puede considerar como esen-
ciales al labrado de las muchas herramientas, armas é instrumentos de punta y córte
que existen ó han existido en diferentes tiempos.
En definitiva, para concluir bien las operaciones de la forja y afinación del temple
y del recocido en las obras de la cuchillería, los buenos oficiales de todos tiempos
tuvieron que ser hábiles para evitar las sorpresas á que estaban expuestas sus obras
en el curso del trabajo, cuando tenian un punto en los hierros mal afinado ó forja-
do. Aquellas otras que ocurrían en los aceros de los recalces cuando en un lugar
cualquiera no formaban cuerpo perfectamente unido con el hierro subyacente.
Los buenos maestros también alcanzaron la práctica indispensable para evitar los
temibles cambios de forma, y muy frecuentes, encorvándose las largas cuchillas al
intentar su templadura, bien por tener desigual grueso sus aceros, ó ser éstos de cía-

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se diferente en una ú otra superficie, ó ya por ser toscamente fibrosa, heterogénea y
mal afinada la masa interior del hierro. En cuanto á la formación del pelo ó media
l u n a , quebrarse las puntas, facilidad singular á saltar en mellas los filos, y obtener
en su lugar dureza y firmeza en la union de las espigas con la parte acerada de las
hojas, sonido campanil de las cuchillas, fondo oscuro en sus aceros, y labores cu-
riosas en sus nervios de resalte, en sus calados, en sus crucetas en hueco, en sus
grabados y caprichosos adornos estampados en el hierro, es evidente que todo era d i -
fícil, si la obra habia de concluirse perfecta. Pero, á pesar de las dificultades que e n -
trañó el arte antiguo, y que hemos procurado con brevedad indicar, juzgamos se hi-
cieron acreedores á ser recordados en España, entre otros muchos maestros y artífices
cuchilleros, cuya memoria se ha perdido, los que siguen, para los cuales, si fueron
conocidas las dificultades de su arte, también supieron prácticamente superarlas, la-
brando excelentes herramientas de punta y córte, en los siglos pasados, para todas laS
necesidades del lujo y de la vida de su propio pais.
Intentaríamos en este momento dilucidar aquí si los trabajos cuchilleros en E s -
paña habian ó no desaparecido de una manera absoluta, ó bien si como industria se
presentaban tan sólo en estado de decadencia, y en uno y otro caso, comparados aque-
llos trabajos con el estado actual de la industria extranjera, investigar si habia aún
medios en nuestro país para recobrar de nuevo el todo, ó intentar el progreso de lo
existente en el ramo de la cuchilleria hasta que fuese equiparable, y si cabe, de me-
jores condiciones que la extranjera, ganándose el tiempo perdido.
Estas cuestiones y proyectos nos llevarían lejos, y nuestra pluma se movería guia-
da por la duda y por un sentimiento tristísimo de desconfianza en el acierto, recor-
dando el hecho concreto ocurrido en Toledo, en la época de 1760, al intentar resta-
blecer la famosa y antigua fabricación de las renombradas espadas de aquella ciudad,
acudiendo á la obra con todos sus recursos el Estado, el cual, á pesar de sus más
exquisitas diligencias, no halló entonces más que un maestro en toda España, que se
llamó Luis Calixto, cuchillero famoso y forjador de espadas en Valencia, cuya edad
se acercaba á 80 años, á quien con alguna confianza pudiera encargársele la direc-
ción de oficiales y artífices para la que entonces podía llamarse nueva industria, á
pesar del gran renombre de toledanas que pudieron darse en lo antiguo á las muchas
armas que allí se labraron; y siendo evidente que la duda y el temor no son buenos
consejeros ni los mejores guias para formar proyectos de mejoras, dejaremos este
punto para otros más entendidos y más animosos.

lU.
NOMBRES POR ORDEN ALFABÉTICO, Y OBRAS QUE SE CONSERVAN DE ALGUNOS DE LOS PRINCI-
PALES MAESTROS CUCHILLEROS QUE FLORECIERON Y LABRARON EN ESPAÑA EN LOS SI-
GLOS XVI, xvn Y xvm.

ACACIO. Oficial constructor de jaras y hierros para las ballestas. No se sabe su n o m -


bre propio, pero le citó Martínez del Espinar en su libro de montería y ballestería
entre sus contemporáneos ( año de 1644), época en que rapidísimamente cayeron
en desuso ante el arcabuz de fuego las armas ballesteras, ocurriendo con esto la de-
cadencia simultánea en el arte de fabricar las variedades de hierros ó cuchillas para
los lances y jaras de la ballestería.

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AGUAS (D. Juan). Maestro artífice cucln'Ilero ó arcabucero que labró en Guadix á
principios del siglo xvm, como prueba de su habilidad en^el arte de trabajar meta-
les, poseemos una terraja de su m a n o , en cuyos brazos grabó el artífice su nombre :
JUAN DE AGUAS GUADIX AÑO 1735.
ALANIS. Artífice y maestro de acei'ar vergas, y de puntas y cuchillas para las viras y
lances de la ballestería. Le cita el Sr. Martinez del Espinar entre los regulares ofi-
ciales que labraron en España á últimos del siglo xvi.
ALBACETE (Gel ). Poseemos de este maestro, casi anónimo, unas tijeras del tamaño
más pequeño, para labores delicadas de señora. Grabados en el escudete, brazos
figurando tenaza, anillos ovales grabados y calados. En el plano interior de una de
las cuchillas se ven las letras Cel; son de Albacete y de la segunda mitad del
siglo xvni.
AMBROSIO. Maestro cuchillero que labró tijeras grandes, con hojas helicoidales, para
el tundido y trasquileo, en Mora, á últimos del siglo pasado. Este artífice, de cuyo
taller poseemos unas tijeras gran modelo, usó por marca su nombre dentro de un
escudete coronado (corona Real), y por contramarca una estrella.
ANÓNUIO. Poseemos unas tijeras sin marca, que por la forma de sus brazos labrados
á forja y lima con gusto greco-romano con figuras de perrillos en el extremo de
sus anillos ovales, parecen corresponder al siglo xvi. Modelo y tamaño mediano.
Sus cuchillas muy aplanadas; y aunque su estado de conservación es malo, se
reconoce en ellas la forma apuñalada de los talleres antiguos de Albacete.
ARBELL ( D . Ramon). Artífice cuchillero de habilidad que floreció en Olot (Cata-
luña) probablemente en el siglo xvn. Como prueba de la destreza de éste artífice,
se presentó en la exposición regional habida en Vich en 1869, entre las armas
allí exhibidas, una antigua navaja de forma y trabajo singular por su meca-
nismo, por su temple y gusto del labrado ; en cuya hoja, por uno y otro lado, se
lela delicadamente grabado : Ramon Arbell, fet en Olot.
El nombre de este artífice poco conocido, y la noticia, aunque breve, de la obra
que sirve para recordarle, se publicó en el catálogo de los objetos exhibidos en la
exposición regional de Vich en 1869.
AzcoiTiA (el Viejo). Entre los artífices citados por Martinez del Espinar que consi-
guieron renombrada y justa fama por su habilidad en la construcción de la balles-
ta y sus accesorios como arma de guerra y caza, que para ser útil exigía muchos
primores de construcción, cuenta aquel escritor la familia de los Azcoitias. Este
apellido parece indicar que fueron guipuzcoanos, el más antiguo, ó sea el llamado
Azcoitía el Viejo, debió labrar á fines del siglo xv y principios del xvi. Éste t r a -
bajó, más principalmente, tableros y gafas para las ballestas ; grabó su nombre en
las llaves, y se le consideró como uno de los más diestros artífices de su tiempo.
AzcoiTiA ( D . Cristóbal). Nieto de Azcoitía el Viejo. Este artífice labró con perfección
comparable á la de su abuelo, tableros y gafas de ballestería, poniendo por marca
su nombre, con el calificativo de ser en el orden de antigüedad el cuarto maestro
de su famiba que se habia ocupado de la construcción de tan nobles como anti-
quísimas armas ; floreció en el siglo xvi.
AzcoiTiA ( D. Juan ). Labró tableros solos de ballesta en el siglo xvi. No se sabe de
un modo cierto si perteneció á la familia de los dos anteriores, ó bien si se le co-
^ ^ n o c i ó con djcho apellido por la villa de que probablemente fué oriundo.

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BESON ( D . Manuel). Maestro ciicliillcro que floreció en Madrid en la primera mitad-
del siglo XVIII. Se ocupó, como práctico, de las operaciones para convertir el hier-
ro en acero, imitando al de Milán; habiendo obtenido felices resultados en las
operaciones necesarias para conseguirían noble fin. (Vide García de la Torre, don
Teodoro.)
BIS ( D . Francisco). Artífice y maestro arcabucero y cuchillero que floreció en el si-
glo xvm. Labró en Madrid, como sucesor de su abuelo el famoso Nicolas. Fué,
como éste, arcabucero de S. M. por los años de 1742; considerado como cuchi-
llero, poseemos de su taller un excelente terciado ó cuchillo de monte, en el que
grabó su nombre cerca de la cruceta de la empuñadura. Esta arma tiene bellísimos
nielados de oro y grabados de adorno en la concha y en los remates de la vaina
(piel blanca de zapa), sirviendo el todo de prueba de la habilidad grande que po-
seyó este excelente oficial en el arte de la cuchillería.
BLANCO ( D . .Tuan). Maestro artífice y constructor de ballestas, que floreció en el si-
glo XVI. Fué compañero del renombrado y hábil artífice Juan Hernández. Su nom-
bre se lee grabado en una de las magníficas ballestas que se conservan actualmente
en la armeria del Sr. Duque de Osuna. Le cita Martínez del Espinar como artífice
de vergas y puntas aceradas para la ballestería. Labró más principalmente y con
rarísima perfección las vergas de acero, leyéndose su nombre en las ballestas que
se guardan en la Armería del Palacio de Madrid, clasificadas con los números 579,
588, 604, 657, 649, 611, 627, 605, 615 y 625. En el 616, que fué del Marqués
de Alcañices. En el 626, que perteneció á D. Luis Sarmiento, y en otras varias,
revelándose en todas la consumada destreza de tan hábil artífice.
BONILLO (El). En esta villa de la provincia de Albacete han existido familias de a r -
tífices cuchilleros, que fueron con probabilidad las últimas en labrar las antiguas
tijeras castellanas con hojas grabadas, según los gustos de los siglos xvi, xvn y
xvm. Como prueba, conservamos en nuestra colección unas tijeras fechadas en El
Boniflo, año 1817, y la leyenda de Vivami dueño. Su labrado es bastante regular,
habiendo adoptado el artífice la patroneria en las cuchillas del siglo xvn. Los bra-
zos y anillos, ligeramente ovalados y de labor sencilla.
CASTELLANOS (el Viejo). Maestro artífice y cuchillero que labró y floreció en Alba-
cete á mediados del siglo xvm. Poseemos de este maestro unas tijeras fechadas
en 1766, con sus hojas grabadas, según el gusto de su tiempo. Gran modelo,
brazos sencillos y las leyendas ,
Recto : En Albaxete Castellanos 66.
Verso : Son de mi Sr. D. Phelipe de Aldinate.
Hemos tenido ocasión de ver otras tijeras de este mismo artifice fechadas en 1756,
con patroneria en los brazos, casi exactamente igual á la que usó el maestro Pedro
Diaz, lo cual nos hizo formar la conjetura probable de haber sido el maestro Cas-
tellanos el Viejo, discípulo de aquél.
CASTELLANOS ( el Mozo ). Maestro y artífice cuchillero que floreció y labró en Albace-
te á últimos del siglo xvm y primeros años del xix. Poseemos, como prueba de la
habilidad de este artifice, unas tijeras con las cuchillas de excelente grabado y con
gusto diferente de la antigua cuchillería de Albacete. Brazos calados como los de
Juan Sierra, anillos ídem y bellísimamente adornados, representando el todo de-
las tijeras una cruz de Santiago con otras más pequeñas caladas en el escudete del
ckvüloj^nJj§,Tamas^^.ri^

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En lus cuchillas que tienen tres mesas, aunque se nota tendencia á aplanarse, se
lee : Castellanos, en Albacete, 1791. Servimos á nuestro dueño y señor C . Parece
probable que finaliza las leyendas con la palabra en abreviatura Comendador.
Si se atiende al trabajo diferente, al gusto diverso, á la fecha de 1791, en que
aparecen labradas estas tijeras, y se las compara con las de Castellanos de 17S6,
hay motivos para sospechar que el maestro de ellas pudo ser hijo de Castella-
nos el viejo.
CASTILLO ( D . Cregorio). Maestro artífice cuchillero que creemos floreció y labró en
la segunda mitad de! siglo xvi, según la patronería de unas tijeras que poseemos
de este artífice con cuchillas grabadas. El mal estado de conservación de estas ti-
jeras no permite más que ver la marca del artífice y distinguir la leyenda de
Gregorio Ca.° Varias otras letras borradas, muy difíciles de interpretar, y esta otra :
Soy esclava de mi dueño y mi señor. Parecen labradas en Cataluña.
CERDA ( D . Miguel de la). Artífice cuchillero y de trabajos de hierro, que floreció y
pudo labrar en Madrid y Segovia. Se hace mérito de este maestro, como construc-
tor de un aparato de tijeras y otras herramientas ingeniosamente dispuestas por este
artífice para la casa de la moneda de Segovia por los años de 1S90, en varios docu-
mentos que se guardan en la Biblioteca Nacional (Manuscritos, S, 86), en los cua-
les figura el Sr. Conde de Chinchón, informando sobre la conveniencia y utilida-
des que deberían tener en la fabricación de la moneda los instrumentos y herra-
mientas propuestas y labradas por el maestro Miguel de la Cerda.
CRIADO (D. Juan). Este artífice baUestero construyó tableros; esta indicación, de
Martinez de Espinar, que cita á Juan Criado entre los buenos artífices y los sobre- i
salientes maestros, nos dice que tal vez fué sólo ebanista y entallador de las
cureñas para las ballestas que se construyeron en Madrid para los grandes seño-
res de las cortes de los Felipes, en los siglos xvi y xvji.
Le citamos aqui, á pesar de la indicación anterior, á fin de recordar el infinito
número de familias de artífices asieres, que llevaron á los centros de las armerías ]
de España por millares las astas para lanzas, alabardas, picas y espontones, largas j
desde siete hasta 20 y 2S píes, y más todavía para las grandes ó hitos que señala- ]
ban el campo en los torneos; unas con encaje al estremo para el cinto y brazo,
otras para mantenerlas firmes por sus medios con la mano y el brazo ; algunas
estriadas, no pocas tostadas con el aceite y el fuego; las habia también quebradi-
zas con facilidad para los juegos de cañas, y endurecidas y tenaces para venablos
arrojadizos; sin contar otras infinitas familias de obreros que acudían á los centros
armeros anteriormente mencionados, á comerciar con guarniciones, tablas de haya,
cueros, conteras y otros adornos para los cintos, correajes y vainas.
DÍAZ ( D . Pedro). Maestro artífice cuchillero que floreció y labró en Albacete, en la
primera mitad del siglo xvm. Poseemos unas tijeras de este maestro, de bellísima
ornamentación , hojas grabadas con excelente trabajo de adorno en los brazos y
ojos de las mismas; tienen grabadas las siguientes leyendas: P." Diaz = En
Albacete ilòZ.
ESCOBAR ( D . Cristóbal). Artífice constructor de jaras y otros dardos para las ballestas
y de los casquillos, brocas y puntas aceradas. Sirvió con su industria y reconoci-
da destreza como maestro de su arte á los reyes D . Felipe II y III ; por consecuen-
cia, floreció desde la mitad del siglo xvi hasta principios del xvii.
ESCOBAR (D. Juan). Este artífice de toda clase dejaras, lances y dardos para bailes-

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— l i s ­
tas , fué hijo de Cristóbal, de quien aprendió el oficio, sirviendo, después de muerto
su padre, en el mismo arte, como оДсгя/ real de jaras de los reyes D. Felipe III y IV.
Labró en Madrid á los principios del siglo xvn hasta muy transcurrida dicha cen-
turia.
FERNANDEZ MANSO DE PAYBA ( D . José). Maestro cuchillero, de nación portugués, pero
naturalizado y ennoblecido en España; floreció en la segunda mitad del s'glo xvm,
labrando, por orden del Rey, en Guadalajara, para la fábrica de paños, algunas má-
quinas, martinetes y los talleres de tijeras de esmolar los tundidos. Según los prác-
ticos inteligentes, las tijeras de este artifice sallan más primorosas y mucho mejo-
res que las que hasta su tiempo se habian usado, procedentes de Inglaterra y Ho-
landa. Montó ademas una fábrica de aceros con productos de más excelencia que
los milaneses y de Mondragon, pues los del Sr. Payba no tenian la dureza excesiva
de los vizcaínos ni la blandura de los italianos. Por esto se decia que sus instru-
mentos de córte y punta alcanzaron un temple más perfecto-
A este maestro se le consideró, á últimos del siglo pasado, como capaz para dirigir
y encargarse de las obras más difíciles de su arte, tanto en las de detalle como en
los productos en grande escala de las variadas industrias fundadas en aquél, y más
principalmente en instrumentos de hierro y acero.
FUENTE ( D . Pedro de la). Pedro de la Fuente, considerado como artifice ballestero, fué
más notable, si cabe, que Azcoitia el viejo; pues construyó, ademas de los tableros,
llaves y gafas con suma perfección, algunas vergas de acero, por lo cual, según
dice Martinez de Espinar, se le debe considerar como fabricante de ballesta entera.
Atendiendo al orden con que se habla de este artifice en el Arte de Ballestería de
Espinar, floreció como casi contemporáneo, ó siguió muy de cerca á Azcoitia el
viejo, por cuya causa le creemos artifice de últimos del siglo xv ó principios del xvi.
No se sabe de un modo seguro si la ballesta que se conservaba en la panoplia del
Cardenal Cisneros, en la Biblioteca del Noviciado de Madrid, trasladada con la
Universidad de Alcalá, es de este Pedro de la Fuente, aunque la marca grabada en
su verga tiene repetida la cifra de P.° en sus dos brazos, que puede traducirse por
Pedro. Las mismas dudas se ocurren respecto de la ballesta núm. 65 que se guarda
en la Armeria del palacio de Madrid, en que se dice está grabado el nombre С de
la Fuente, que tal vez sea P. de la Fuente, mal interpretada la P por C; lo cual, de
no ser asi, nos daria motivo para admitir dos artífices ballesteros en el siglo xvi,
del mismo apellido, el uno más antiguo, llamado Pedro, que es del que se ha trata-
do, y el otro C , que pudo ser posterior al referido hasta aqui.
GARCÍA ( D. Domingo). Maestro y artífice arcabucero y cuchillero que floreció y labró
en Madrid en la segunda mitad del siglo xvn; fué discípulo de Juan Sánchez de
Mirueña y de Gaspar Fernandez, á quienes habia llamado á la córte el infante don
Fernando, por los años de 1650, como artífices salamanquinos en la arcabucería.
El maestro García no fué de los excelentes en el labrado de los cañones para las
armas de fuego ; en cambio, lo fué por los admirables temples que daba á los ter-
ciados, puñales, cortaplumas y cañavetes. Usó por marca el punzón de su maestro
Mirueña, que fué un león con la mano izquierda levantada, sin cruz encima. Dio
á conocer esta marca el Sr. Soler, en su Memòria histórica de los arcabuceros de
Madrid. El Sr. García labró en competencia é igual época que Ángel Horbeira (a)
el Borgoñon, aunque natural de Galicia.
GARCÍA DE LA TORRE (G. Teodoro). Este maestro, fundidor en compañía de D. Ma-

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nuel Beson, ofreció en el primer tercio del siglo xvm á S. M. el rey D. Felipe V
establecer varias fábricas y hornos para convertir el hierro en acero, de tan buenas
condiciones como el mejor de Milán ó de otras partes del extranjero, que eran los
que se gastaban en España por los armeros, cuchilleros y fabricantes de limas é
instrumentos para los trabajos de diversas artes.
Con este motivo, presentó á S. M. una petición de privilegios y exenciones, que
habia de gozar por espacio de 80 años, cuyos artículos detallados publicó el Sr. Lar-
ruga en sus Memorias, tomo xvi, folio 230, comprometiéndose á establecer su pri-
mera fábrica en la pequeña villa de Guadalix del Real de Manzanares; y si, como
era de esperar, los resultados fuesen favorables, continuaría y establecería otras fá-
bricas en los puntos de España donde fuesen más necesarias.
Como garantía, se ofreció á verificar las pruebas experimentales ante una comi-
sión de maestros artífices, nombrada por la Junta de Comercio.
Estos trabajos de prueba se verificaron en Madrid, y consistieron en haber esco-
gido varias herraduras nuevas y viejas, que fueron marcadas por los veedores y
demás maestros del gremio de cuchilleros de la córte ; y habiéndose trasladado los
Sres. García de la Torre y Beson al pueblo de Alcorcon, verificaron allí en públi-
co todas las operaciones, que dieron por resultado la conversión ofrecida de aque-
llos hierros en acero de primera calidad, según veinte y nueve declaraciones de
otros tantos maestros encargados de informar sobre este asunto, después de labrar
con aquel metal varios instrumentos.
Posteriormente á estas pruebas de ensayo, aunque demostrativas, se dispuso otra
en grande escala, que se creyó sería decisiva para tomar una resolución favorable.
Para ello, el Sr. García d é l a Torre labró un horno, con la ayuda de varios
maestros del gremio de cuchilleros de Madrid ; los veedores de dicho gremio y otros
maestros de diferentes artes le entregaron piezas de hierro, y en presencia de to-
dos las díó el temple. En este estado se las llevó cada uno á sus respectivos talle-
res, donde se hicieron todas las pruebas en particular, resultando ser el informe
unánime de los maestros que el acero de los Sres. García y Beson era igual al de
Milán, y que podia servir para labrar todo género de herramientas mayores y me-
nores , limas, cinceles y demás de toda clase y condiciones.
A pesar de todo, las proposiciones de estos dos maestros artífices no fueron acep-
tadas sino momentáneamente, y pronto el Gobierno las dejó en el olvido; aunque
se comenzó la fábrica en Guadalix, la oposición que la hicieron los interesados en
la venta de los aceros extranjeros y los vecinos de aquella pequeña villa, dieron
motivo para que desapareciese todo, hasta la memoria de aquellos dos celosos ar.
tífices, de quien no se ha vuelto á tener noticia alguna.
GARUÓ. Maestro artífice cuchillero, que floreció y labró en Albacete á mediados del
siglo xvm. Conservamos en nuestra colección unas tijeras de este artífice con las
cuchillas grabadas, en las cuales se lee: Albacete, Garijo. De D. Juan Lario.
Año de 1771.
Ademas tenemos unas tijeras sencillas con las cuchiflas lisas, marcadas con dos
escudetes coronados, y en el centro una G invertida. La corona del escudo en
este punzón hace sospechar si este maestro habria obtenido el titulo, y con él los
honores y privilegios de cuchillero de S. M., como en lo antiguo le obtuvieron los
maestros Vicen Perez el viejo y otros. '
La patroiwria y montura de estas tijeras, con más el trabajo de lima de sus bra-

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zos, aunque simplemente marcados con una G, se corresponden con las ante-
riores.
G¿Bno (D. Martin). Maestro y artiñce espadero y cuchillero, que labró en Pamplona
á principios del siglo xv. Se dio razón de este maestro en carta fechada en 51 de
Octubre de 1406, en la cual se decia haber entregado al maestro Garro el importe
de una espada y daga, labradas por él, para servir al Sr. Engo destúñiga, yerno
del Rey de Navarra, para ir á Castilla en compañía del Conde de la March, y cuyo
precio fué : «por la espada, cinco escudos. Et por la daga un escudo, que montan
seis escudos. > (Saenz Liziniana.)
GÓMEZ (D. Mateo). Artífice que íloreció en Albacete en la segunda mitad del siglo xvn,
según unas tijeras que guardamos en nuestra colección , graciosamente gr.ibadas
dobladas de metales, brazos greco-romanos, anillos sencillos y las leyendas si-
guientes: Matheo Gómez; en Albacete, año 1659.
GnAJEBAs. Artífice y maestro que labró vergas, punías y cuchillas acerados para la
ballestería antigua. Debió florecer en tiempo de los Felipes II y III, citándole Es-
pinar entre los buenos artífices de su época. De dicho oficial se guardan y conser-
van algunas ballestas de excelente concluido en la armería del palacio de Ma-
drid.
GRANDE (D. Juan). De este artifice de armas cortas de hierro habló con elogio don
Gregorio de Tapia y Salcedo, en su libro de los Ejercicios á la jineta, publicado
en 1643, citando á Grande como uno de los buenos maestros para labrar hierros
de lanzas y por su manera de montarlos en fuerte fresno, que se empleaba en el si-
gl9 xvn. Con este motivo se cita en la misma obra otro artífice, llamado Sosa, d i -
ciendo: «Hierro vaquero de cuatro esquinas ó tres de cinco dedos de largo y de
buen maestro como Joan Grande ó Sosa, y su virola de cuatro dedos, y la espiga
que entre en la vara de un codo, porque no se quiebre el asta fácilmente.»
GUTIÉRREZ. Maestro artifice cuchillero que labró en Chinchilla con el gusto y reglas
de los talleres de Albacete. Floreció á últimos del siglo xvu. De su mano poseemos
unas tijeras con cuchillas dobladas de metales, grabadas con pájaros y ramos en su¡j
mesas, brazos de carácter greco-romano, anillos sencillos y las dos leyendas : Gv-
íierrez; en Cliinchilla, año de 1701 = De D. loseph Albacete.
HERNÁNDEZ (D. Juan). Artífice ballestero de reconocida habilidad, que floreció á me-
diados del siglo XVI, Construyó los mejores tableros, llaves y gafas para armar las
ballestas de su tiempo, en compañía de Juan Blanco, Puebla el viejo y otros. Su
nombre se halla grabado en la llave de la ballesta que usó el Duque del Infantado,
actualmente guardada en la armería del de Osuna. También se lee el nombre
Hernández en la ballesta del Marqués de Alcañices, que se conserva en la a n n e r i i
de palacio, con el número 616. En la primera de las dos citadas se lee ademas el
nombre de Puebla, y en la segunda el de Juan Blanco sobre las vergas.
Como armas, estas dos máquinas, concluidas por tan hábiles artífices, se cor-
responden á las de precisión , y pueden considerarse como prueba de lo que fué el
arte y la destreza de Juan Hernández para construir las partes y piezas de las ba-
llestas en que ñié más hábil, contribuyendo principalmente á que fuesen blandas
en el desarmar y muy seguras de no soltarse cuando estaban armadas. Respecto
de las llaves y tableros, construyéndolos con los pesos mejor proporcionados á la
fuerza de los aceros de las vergas, y con las formas de cureña, rabera y tendal
. más ventajosas para los disparos, encaros y seguridad de puntería, tanto con las

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ballestas de tablero recto como de las muertas, que eran aquellas otras en las que
la rabera formaba un ángulo más ó menos obtuso con el plano del tendal. En todo
esto alcanzó gran nota de hábil, entre los prácticos y experimentados ballesteros del
siglo X V I , el maestro Juan Hernández. Esta opinion se puede demostrar actual-
mente examinando con cuidado las armas en que aquél grabó su nombre y arriba
se mencionan.
HEaBAEz(ü. Andrés). Artífice maestro arcabucero y cuchillero que floreció en la
segunda mitad del siglo xvi, labrando en los talleres que tuvo en Cuenca. Usó por
punzón de marca un águila, si bien en algunas armas puso su nombre. De este a r -
tífice dice ¡Vlartinez del Espinar, en su Arte de ballestería, folio 42 vuelto, que el
maestro Herraez fué grande oficial y muy general en todo género de armas, como
espadas, terciados y otras berranrienlas de córte. El mismo escritor, al hablar de
este maestro, supone que no existia ya en el año de 1644. -
HEKREZL'ELO (el Viejo). Maestro y artífice cuchillero que debió florecer y labrar en
Baeza á últimos del siglo xvi y principios del xvii. No hemos visto obra particular
de sus talleres, y le señalamos aquí por el sobrenombre que estampó en sus labo-
res el maestro Sebastian , que se apellidaba, en 1645, Herrezuelo el Mozo, lo cual
parece indicar la existencia de otro artífice del mismo nombre , más antiguo, y
probablemente, siguiendo la costumbre de la época, su padre y maestro.
HERREZUELO EL Mozo ( D . Sebastian). Maestro artífice cuchillero. Labró y floreció en
Baeza en la primera mitad del siglo xvn. Hemos visto unas tijeras labradas por este
maestro, tamaño mediano ; cuchillas con adornos grabados y dibujos caprichosos,
dobladas, de metales , y análogas á las de los talleres dc Albacete; brazos greco-
romanos, lindamente concluidos, anillos sencillos; en las mesas de las cuchillas
se leía : Sebastian de Herrezuelo el Mozo, me fecit en Baeza, año de 1645.
HORBEIRA ( D . Ángel). Este artífice, conocido por el sobrenombre del Borgoñon, flo-
reció en Madrid en la segunda mitad del siglo xvn. Fué natural del reino de Gali-
cia, de donde pasó, siendo joven, á Namur, en Flándes. Allí aprendió el oficio de
cuchillero con rara y extraordinaria perfección, asegurándose q u e , al verse entre
los maestros de aquel país, sin igual en el conocimiento de los temples del acero,
se volvió á España, estableciéndose en Madrid, con tienda en la calle de San Beni-
to, donde labró magníficos y muy preciados cuchillos de monte, cortaplumas,
cañabetes y otras armas cortas y dobladas, poniendo por marca una cruz cuadra-
da. Murió en Madrid , y fué enterrado en la iglesia parroquial de San Martin.
HoRTEGA. Es desconocido el nombre de este artifice ballestero, que construyó table-
ros, llaves y gafas, probablemente en los primeros años del siglo xvn. Martinez
del Espinar le cita entre los buenos artífices, muerto ya en 1644, añadiendo que,
aunque buen maestro, no se le podia comparar con los renombrados Azcoitias de
la antigüedad.
LALLABE (D. Juan de). Maestro artífice cuchillero y cerrajero que floreció y labró en
Madrid á principios del siglo xix, usando por punzón de marcar una llave coronada,
lo cual parece indicar que alcanzó el título de cuchillero de S. M. Labró con exce-
lente gusto instrumentos quirúrgicos de patronería extranjera, conservándose en
nuestra colección una tijera de cuchillas curvas con el punzón de este maestro.
Ademas hemos tenido ocasión de ver dos llaves torneadas y cinceladas, en sus
estuches, de un concluido perfecto, con el nombre de este artífice grabado y la
dedicatoria al rey D. Fernando VH ; parecían concluidas por los años 1820, No se

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tienen por hoy más noticias de este artífice madrileño, que falleció hace años.
LANZAS. Las lanzas, alabardas, partesanas, picas, venablos, dardos y chuzos que
se labraron en España, en los tiempos pasados, con hierros de muchas variedades
de forma, en Ripoll y Olot, que fueron los antiguos arsenales del principado in-
dependiente de Cataluña. E n C a l i g , a l a m p a r e de Peníscola, donde tuvieron su
arsenal y obreros de armas blancas los moros de Valencia. En Aspe, de donde se
proveían en la Edad Media los árabes de Murcia. En Baeza, Jaén, Guadix y Ron-
d a , donde se proveyeron de hierros y moharras los árabes cordobeses, sevillanos
y granadinos, con muchos otros que les llegaban de Marruecos y Turquía. En
Pamplona, donde labraron iguales ó parecidas armas los navarros. En Tolosa,
Mondragon, Soria, Cuenca, San Clemente, Molina de Aragón, Albacete, y más
principalmente Toledo, que fueron los grandes centros productores de las armas
blancas para los soldados castellanos, como Guimaraens lo fué para los ejércitos
portugueses, desde los tiempos más remotos hasta casi la actualidad. En todos
estos lugares, las moharras de las antiguas lanzas, unas marcadas y otras sin señal
• de artífice, las unas enriquecidas con bellísimos grabados y nielados, otras de la-
bor sencilla, pero en su generalidad de admirable temple, se pueden dividir en las
clases que siguen :
Lanza de armas con hierro de hoja de olivo, nervio en el centro en relieve, en
alguna el nervio en hueco estriado y con crucetas.
Lanza con hierro apuñalado.
Lanza vaquera con hierro de cuatro esquinas. Según D, Gregorio Tapia (Ejer-
cicios á la jineta), tenía en 1643 de tres á cinco dedos de largo; la virola para e n -
chufar en la vara, de cuatro, y la espiga para clavarla, de un codo, para que no se
quebrase fácilmente.
Lanza con hierro de tres filos.
Lanza con hierro de ojo redondo. La cita Argote Molina (Discurso sobre la mon-
tería, pág. 17). Al parecer, la moharra en esta lanza era cónica aguda, á la
manera de los chuzos antiguos; su virola , casquillo y espiga, de las dimensiones
de la vaquera.
Lanza con dos cañones y llaves de rastrillo. Se labraron rarísima vez en el si-
glo XVII.

Lanza con hierro ó mohai'ra de figura de corazón, algunas con nervio en el


centro, otras caladas con filos ó navajas. Se labraron más principalmente en Aspe,
y no pocos por tierra de Madrid, donde todavía las usan atornilladas á la extre-
midad de los bastones toscos la gente del país.
Lanza con hierro de hoja de laurel.
Lanza de hoja de espino. Alguna parte de sus navajas con puntas agudas de
sierra.
Lanza de torear. Según Argote Molina (Discurso sobre la montería, pág. 17),
tenia diez y ocho palmos de asta, con moharra ó hierro de cuatro dedos de a n -
chura , y de navajas ó filos laterales.
Lanza de punta de diamante. Pudo ser piramidal, de cuatro caras, corta y
muy doblada, de metales.
Lanza bota, para torneos, con tres puntas gruesas en el hierro.
Lanza alabe ó flamígera ; moharra aplanada con los bordes en navaja, ondula-
dos desde la base, de medio decímetro de anchura hasta la punta. Su longitud

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vaiùó de 20 á 40 centímetros ; de estas armas se vieron algunas muy antiguas al
comenzar la guerra civil última.
Lanza con el asta en piezas que se atornillaban unas á otras. Las habia también
articuladas para doblarse y llevarlas con más facilidad.
Medias lanzas. Se las distinguía por la longitud de su asta.
Lanza corta ó gabesina.
Pica-lanza para la infantería antigua. En su totalidad tenia siete pies de largo,
con cuchilla do diez y ocho pulgadas.
Bordón ó lanzon estriado, con hierro y roquete de tres puntas.
Bordonasa, lanzon estriado, de asta hueca, adornada con relieves y dorados.
Su peso, enorme; su longitud, extraordinaria. Eran lanzas de honor, hitos ó
marcas del campo y telas para los torneos.
Bohordos. Armas de mano para lanzar á tablado.
Espontones ó medias picas.
Partesana con hoja ancha, larga y puntiaguda, con cortes laterales ó navajas.
Venablo de guerra y de caza ; tenía dos codos dc largo y medía pulgada de diá-
metro.
LASTRA ( D . Juan). Este artífice labró tableros, llaves y gafas y puntas aceradas para
la ballestería, á mediados del siglo XA'II. Se le cuenta como el último verdadero
maestro que ha existido en Castilla de su arte, en la época en que desapareció
completamente la ballesta como arma de caza y guerra, reemplazada por el arca-
buz y escopeta de fuego. En elogio de este artífice, ballestero del rey D . Felipe IV,
dice Martinez del Espinar, legándonos su nombre á continuación de los hábiles
artífices castellanos y vizcaínos del siglo xvi : « no ha quedado de tan grandes y an-
tiguos maestros más que Juan de Lastra, que vive y puede^ser contado entre ellos;
sirve á S. M. en el oficio de hacer ballestas.» -
Tales son las únicas noticias que hasta hoy hemos podido recoger del que para
nosotros se debe considerar como el último de la inmensa pléyade de artífices ba-
llesteros, que desde la más remota antigüedad proveyeron á los particulares, á los
capitanes y á los ejércitos de España de tan preciada arma para la caza y para la
guerra. Las dificultades de su construcción y su uso fué mejor conocido en la P e -
nínsula ibérica qi^e en cualquier otra parte de Europa, donde se prefería, por la
ligereza y velocidad en los tiros, el arco sencillo de madera, á la complicada, artifi-
ciosa y pesada ballesta acerada, seis veces de maj'or alcance y de más segura y
fija puntería.
LEOIV. Artífice cuchillero que floreció y labró en Albacete en la primera mitad del
siglo xvnt, según vimos en unas tijeras, gran modelo, caprichosísimos adornos
grabados en sus cuchillas, regular trabajo de lima en sus brazos de carácter gre-
co-romano, anillos sencillos, tenían en la mesa del clavo un corazón calado, y en
las de las cuchillas la leyenda : Leon : en Albacete, 1749; de Juan García Sevi-
llano. Su estado de conservación, excelente, en su estuche de cuero, de regular
trabajo, en c! género guadamacil, con florecitas, filetes impresos y algunos ner-
vios en relieve.
LLORENS (D. Pablo). Maestro y artífice cuchillero, que labró en la villa de Olot, don-
de floreció en la segunda mitad del siglo xvn. En nuestra colección se conserva
una preciosa navaja con secreto (puñal ó cuchillo doblado á lo miquelete). Tiene
en las superficies de la cuchilla las leyendas latinas que siguen : In villa de Olol

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principatus cathalonim fecit Paulus Llorens, y la dedicatoria al presbítero Juan de
la Zarza: Joanni Zarza, presbítero; villae de Logrosan, in sig. grat. ce. s, f. a.
F. de P.
Los adornos del mango de esta arma consisten en golpes de latón grabados, y
representan dos esferas de reloj con sus horarios, el sol y la l u n a , todo con pie-
zas movibles para esconder el secreto de abrir aquélla. Bajo de la luna se lee la
fecha Die 23 Octub., 1699. El estado de conservación de este trabajo del maestro
Llorens; el concluido de la cuchilla, con más el gusto y perfecto concluido del p u -
ñ o , revelan uno de los maestros más hábiles de su tiempo.
M A D R m . Tijereros de Puerta Cerrada. De los maestros artífices cuchilleros, que labra-
ron en Madrid más principalmente en la calle de su nombre, y á cuyas obras tam-
bién se las llamó de Puerta Cerrada, nos ha sido difícil hallar los nombres de
dichos maestros, de los cuales, y con relación á los antiguos, no fué posible adqui-
rir más que algunas de sus antiguas tijeras, que se distinguen y diferéncianse por
los punzones de las marcas siguientes, que estampamos aqui á riesgo de que algu-
nas de aquéllas se hayan labrado por cuchilleros de otras capitales, bien de Cas-
tilla la Vieja ó ya de la Nueva.
La marca y antiguo punzón de una cruz con pedestal y dos escaloñes, que cree-
mos fuese el del gremio de cuchilleros de Madrid, no lo hemos visto más que una
vez en unas tijeras propias de los trabajos fuertes, como para el corte de cueros y
otros cuerpos duros. Estaban casi destruidas; fueron de ancha cuchilla, de
unos 14 á 16 centímetros de largo. Los anillos consistían simplemente en los b r a -
zos espigados, volteados sobre sí mismos en óvalos, dentro de los cuales podían
ajustarse los cuatro dedos de una mano. Como se ve, el punzón de marcar que
escogió su artífice, fué la cruz, semblanza de la de Puerta Cerrada, que desde
muy antiguo dio nombre al gremio de cuchilleros de Madrid.

Con este punzón de marca, que parece una T invertida, se


guardan en nuestra colección unas tijeras que creemos ma-
drileñas, de cuchillas anchas con dos mesas, brazos cortos
labrados á lima, imitando anillos circulares superpuestos; el
del centro, grabado con buriladas diagonales que se cruzan,
ojos ovalados, y el todo con cierto gusto á la italiana. Parecen
del siglo xvn.

Con este punzón de marca se guardan en nuestra colec-


ción unas tijeras de cuchillas anchas con dos mesas, excelente
limado y gran modelo para el córte de papeles. Sus brazos son
cortos, labrados en anillos elípiicos unidos entre si. El pun-
zón adoptado por el maestro que l:;s hizo, parece ser un ramo
pinial.

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Con este punzón de marca se guardan en nuestra colección;
dos tijeras, al parecer labradas en el siglo xvu. Módulo media-|
n o , cuchillas sencillas con dos mesas á lima, brazos cortos
representando columnas del orden toscano; las unas de más
excelente concluido y gusto antiguo en sus dos brazos; las
otras de labor sencilla, indicando lo que seria en adelante la
patroneria, en Puerta Cerrada, en las tijeras comunes.

Con este punzón de marca se guardan en nuestra colec­


ción unas tijeras de cuchillas anchas dobladas, de metales;
igran modelo para cortar papel; brazos cortos labrados á lima,
mitando anillos superpuestos. Como se v e , el maestro que las
labró usaba en sus obras la marca de cinco mundos con dos
crucetas cada uno. Parecen labradas en Madrid, en la segun­
da mitad del siglo xvn. Su estado de conservación, perfecto.

Con este punzón, que probablemente se refiere al nombre


Antonio, se guardan en nuestra colección unas tijeras de c u ­
chillas anchas, brazos cortos labrados á lima imitando anillos
y cubos, con buriladas diagonales de caprichosí) gusto y regu­
lar concluido. Modelo grande y propias para el córte de papel.
Por la forma de sus cuchillas biseladas y grueso en metales, las
creemos labradas en el siglo xvn.

Con éste punzón, que al parecer se refiere al nombre de Ni­


colas como maestro cuchillero, se guardan en nuestra colección
unas preciosas tijeras con sus brazos anillados á la italiana, de
1-2 centímetros de largas por dos y medio de anchas, graciosos
remates en sus anillos y en estado de conservación perfecto.
Parecen labradas por uno de los mejores artífices del siglo xvii.

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l' Con este punzón se guardan unas tijeras en nuestra colec-
ción, de cuchillas anchas y gran modelo para córte de papel.
El escudete del clavillo ovalado, brazos á lima, imitando en
su totalidad á las ancas de una rana, brazos delgados anilla-
dos á lima y como de transición entre el antiguo gótico, el
greco-romano ó el almohadillado á la italiana. Los anillos ú
ojos délas tijeras graciosamente ondulados, la delgadez de
metales en las cuchillas y el carácter general de su todo, nos
¡as han hecho creer labradas á últimos del siglo xv ó princi-
pios del XVI. Su estado de conservación regular.

Con la marca de una M coronada, que adoptó por punzón un antiguo


maestro cuchillero de Madrid, á cuya villa probablemente se refirió el ar-
jy[^ tífice, se guarda en nuestra colección una lanceta modelo, á la española,
labrada, al parecer, en el siglo xvín, cachas de concha con cabillos dé
plata grabados. El hierro de la lanceta de figura de grano de cebada á la inglesa,
con el talón acicalado trasversalmente en los dos tercios de la longitud total, co-
mo las de hierro piramidal. El acicalado más fino de la punta, oblicuo á su bnea
central ; ésta forma una arista viva en la punta , que se desvanece un poco más
arriba del primer tercio ; formando cuatro mesas, y el todo una pirámide muy
aplanada de dos cortes ó cuchillas.
Aunque por su acicalado y bruñido no pudiera compararse esta lanceta con las
extranjeras de su tiempo, los artífices y cirujanos prácticos de la misma época
concedieron excelentes propiedades á los referidos instrumentos labrados en Espa-
ña, á pesar de las consecuencias que sacaron algunos de un cierto anuncio publi-
cado en la Gaceta de Francia (año 1763, num. 77, pág. 507) para desdoro de la
cuchillería y maestros españoles, á quienes se acusaba de ignorantes con estas pa-
labras : « Los cuchilleros españoles sin duda han ignorado en el trascurso de m u -
chos siglos el uso que tienen en el arte de acicalar los potées para pulimentar los
metales, y hasta no conocieron el esmeril. Esta proposición se puede evidenciar y
demostrar estudiando sus lancetas y recordando que una desús provincias y consu-
lados {Guipúzcoa), entre los premios que ha ofrecido como emulación para los pro-
gresos délas artes en estos años (1763), ha concedido uno de aquéllos, y singula-
rísimo, á Joseph Montaignac, francés, establecido como maestro cuchillero en la
villa de Azpeitía, el cual ha labrado una hoja de cuchillo cuyo pulimento imitaba
perfectamente al que dan los artífices de Chátellerault en Francia. Y téngase muy
en cuenta que lo que se ha premiado entre los maestros españoles es obra de
Joseph Montaignac, aprendiz de cuchillero de la provincia de Guienne, de la cual
es naturai.»
Lástima grande que los maestros franceses no hubieran podido examinar el aci-
calado y pulimento del cuchillo que 20 años antes de 1765 labró Francisco Bis
{vide) en Madrid, haciendo uso del potée y los esmeriles en España, como se em-
pleaban en Francia y otras partes de la Europa fabril de su tiempo.

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Punzón de marca de unas tijeras gran modelo para córte
de papel, labradas en Madrid ; brazos curvos figurando tena-
z a , trabajo de lima excelente y perfectamente concluidas.
Se labraron en los talleres de la cuchilleria de Madrid, á prin-
cipios de este siglo.

Punzón de marca de unas tijeras madrileñas de Puerta


Cerrada, labradas á principios del siglo actual; brazos rectos
y sencillos, dobladas de metales de perfecto concluido, exce-
lente montura y juego de las dos cuchillas, para conseguir
lo cual pueden verse las dificultades que habia, según el
maestro Torres, cuchillero de Albacete (vide).

Poseemos unas tijeras con este punzón d e m a r c a . Tamaño


pequeño ; parecen de últimos del siglo xvn ó principios del xvnr.
Sus brazos labrados á lima con dos columnitas greco-romanas
de bellísimo concluido. Pudieron labrarse en Cuenca ó en
Madrid.

Se guardan en nuestra colección unas tijeras labradas en el


siglo x v m , con la patroneria greco-romana en los brazos y
este punzón de marca, de algún artífice de Castilla la Vieja,
que labró según el gusto y modo antiguo de Albacete. L a -
bor y estado de conservación de estas tijeras, excelentes. Se
hallaron en el interior de un horno de cocer pan, antiguo,
que no se recordaba haberse usado en el siglo actual.

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- vie

Punzón de marca de un maestro cuchillero madrileño, se-


gún unas tijeras que guardamos de anchas cuchillas y pro-
pias para bufete. Como se nota, este artífice marcó sus obras
con un corazón coronado, pudo labrar á principios del siglo
actual, según la patroneria y trabajo de lima en estas tijeras.

Con este punzón de marca se guardan en nuestra colección


una tijera antigua, cuchillas apuñaladas, al parecer del si-
glo XVI, con patroneria semejante á la de las tijeras del
maestro Juan Alcega.

MARCOAIITE ( D . Simon). Maestro y artífice arcabucero y cuchillero que floreció y


labró en Madrid en la segunda mitad del siglo xvi y primeros del xvn. Fué tercer
hijo del maestro Simon el Viejo (a) el de las Hoces, que vino á España en tiempo
del emperador Carlos V. Se atribuye á Simon Marcearte hijo, entreoirás, la inven-
ción importantísima de las llaves de patilla para los arcabuces de fuego, según dice
Martinez del Espinar en su Ballestería (folio 41 vuelto). Considerando este escritor
al referido Simon Marcoarte como cuchillero, dice : « Que era el mayor oficial que
se ha conocido y el que mayor aire y garbo ha dado á todas las piezas que hace de
su mano, como cuchillos de monte, cuchillas de archeros, alabardas y otras cosas ;
y es el que mejor ha conocido el temple del acero para hacer las dichas armas.»
Este artífice vivia en 1644, y era maestro de arcabuces del rey D. Felipe IV; usó por
marcas : la cifra de su nombre en un escudete con una hoz á cada lado.
MARTÍNEZ DEL ESPINAR ( D. Alonso ). De este escritor, que floreció en la primera
mitad del siglo xvii, sirviendo como ballestero y paje de arcabuces de los se-
ñores reyes D. Felipe 111 y D. Felipe IV, se conserva un importante libro sobre la
caza, llamado de la Ballestería y Montería (vide), en el cual, entre las muchas co-
sas importantes sobre las armas arrojadizas de caza, bien fuesen lances y balas de
arcabuz de fuego, que se habian usado en los tiempos antiguos y en su propio si-
glo, escribió un articulo especial en el que define y clasifica por sus nombres pro-
pios los hierros punzantes y cuchillas con que se armaban las extremidades de los
lances arrojadizos por las vergas aceradas de las antiguas ballestas.
Estos hierros los labraban más principalmente los cuchilleros, y según Martinez
de Espinar, aquéllos tenian los nombres siguientes :
Jara.— Es el lance ó dardo más sutil, se hacían del palo de su nombre ; los artí-
fices cuchilleros los armaban con un casquillo de hierro, cabeza cuadrada, puntia-
guda y muy degollado de cuello, con seis dedos de longitud.

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Viras.—Lance ó dardo más pesado que la jara, con mayor hierro y punta con
media garrucha ó de doble arpón y anzuelo.
Virole sostrado.—Lances más pesados en el palo y hierro, de punta sutil, arpona-
da para tirar de noche, y que la fuerza de la ballesta no los haga partir lejos, pues
se perderían.
Sostrones.—Lances si cabe más pesados que los virotes y para el mismo fin que
los anteriores, armados con puntas arponadas.
Viróles herrados.—Lances un palmo más largo que los anteriores, con una viro-
la de hierro, para que la punta acerada y arponada no penetre más de lo conve-
niente.
Pasadores.—Lances más gruesos que la jara.
Rallones.— Lances en los cuales los hierros, en vez de arponados, tenian la forma
y córto de los escoplos de los carpinteros.
Saetones.—Lance pesado de hierro, muy largo y agudo, arponado con una cru-
ceta ó tranquil para que los gazapos heridos no los metan en las viveras.
M A R T Í N E Z ( D . Juan). Este artífice lo fué de jaras, lances y dardos para usarlos en las

ballesías. Floreció en la primera mitad del siglo x v n , siendo buen oficial en el


ejercicio de su profesión. Se tienen muy pocas noticias concretas de este artífice,
á quien cita Martinez dc Espinar entre los maestros de más nota y casi su contem-
poráneo, lo cual supone que habia fallecido antes de 1642.
MENDOZA ( D . Francisco y D. Manuel). Fueron naturales de la villa de Trigueros, en
Castilla la Vieja. Florecieron á principios del siglo xvm. Por los años de 1709 pro-
yectaron establecer en Traspinedo, á las orillas del Duero, una gran fábrica de hilos
de hierro y latón, todo género de tachuela, agujas de coser con punta acerada, cu-
chillos, tijeras, navajas, anzuelos para pescar, brocas, lesnas, buriles, cinceles,
corchetes y cajas de acero ordinarias y pavonadas, ademas de hojas de estaño para
azogar espejos. Para conocer más la historia de estos dos artífices y su proyectada
industria fabril, véase Larruga, tomox.wi, página 121.
MoxuoY Y N I E T O ( D . Diego). Con la dedicatoria á D. Diego Nieto Monroy, se guardan
en nuestra colección unas tijeras cuchillas anchas y grabadas con pájaros y otros
adornos, en las que se lee : Albacete año 1681. Alguno las podría creer obra de los
talleres del maestro Vicen Perez el Viejo; pero á nuestro juicio no lo son, si se atien-
de á las diferencias que se notan en la patronería de estas tijeras, con puntas más
buidas y apuñaladas en la forma que en las varias que guardamos y hemos visto
del cuchillero Vicen, y ademas en la forma de la letra, que parece de otra mano y
de otro maestro, cuyo nombre ha desaparecido en estas tijeras al ponerlas un nue-
vo clavillo y bajo el frote del asperón de acicalar, rudamente aplicado á ellas en
algún tiempo.
MORA. En la villa de Mora, situada á cinco leguas de Toledo sóbrela carretera de Ciu-
dad-Real , en los tiempos antiguos y casi hasta nuestros dias, se labraron, constitu-
yendo una industria de mucha actividad, excelentes hojas de cuchillos, navajeria
doblada y otras armas cortas, como moharras y hierros pequeños para las jaras y
lances de la antigua ballestería. El número de talleres cuchilleros de Mora en otro
tiempo fué proporcional al gran crédito que alcanzaron sus productos. En la edad
presente la cuchillería de la mencionada villa casi ha desaparecido por la deca,
dencia gradual y sucesiva de aquella industria, no conservándose hoy m a s q u e
restos de lo que fué, labrándose allí alguna navajeria común y ordinaria, tijerería

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para el trasquileo de ganados con cucliillas helicoidales y con algunas de las bon-
dades y perfecciones que tuvieron en tiempos pasados.
MORENO (D. Luis). El primero y más antiguo entre los artífices de quienes había visto
vergas aceradas y puntas para la ballestería Martínez de Espinar, fué este Luis Mo-
reno. Pudo florecer en la primera mitad del siglo xvi ó últimos del siglo xv, pues se
le cree anterior á Juan Blanco, cuyas ballestas, según las que se guardando su
mano en la Armería del Palacio de Madrid, tienen la fecha de 1S4S al 50.
MoBAL (Fr. Juan). Como prueba del estado del arte y labrado de las armas de punta
y córte en Albacete, en la segunda mitad del siglo x v m , se guardan en nuestra
colección unas tijeras de un artífice que, por la patroneria y pájaros grabados,
parecen de mano de algún discípulo del maestro Leon el Viejo. En sus mesas se
leen dos inscripciones que dicen : Soy de Fr. Joaif. del Moral, Scrl\ gener"; Al-
bacete, ano 1783. Las cuchillas apuñaladas, brazos curvos figurando tenaza, ani-
llos adornados con medias lunas, estado de conservación perfecto.
MORO (EL) ( D. N . ) . Este maestro y artífice cuchillero íloreció á últimos del siglo xvm
en Madrid. Falleció por los años de 1820 al 50, ya muy anciano y casi ciego. Al-
canzó fama de consumado en su arte y uno de los últimos que pudiera considerár-
sele como equiparable á los mejores y más excelentes maestros cuchilleros de la
antigüedad. Labró con singular gusto todos los objetos de los ramos de tijerería y
cuchilleria al estilo de la escuela madrileña , y con especialidad herramientas de
córte y punta para trabajos en metal y madera, admiradas por su temple en los
talleres de los diferentes artífices que las utilizaron como contemporáneos del maes-
tro el Moro.
Usó por punzón de marca este sobrenombre, que se cree no fuese el de familia,
sino alias de taller. Retirado del trabajo, por los años y la falta de vista y aun des-
pués de su muerte, hubo algunos que continuaron labrando objetos de cuchillería,
con el punzón del maestro el Moro, sin duda para sacar algún partido do la grande
opinion de hábil y diestro que aquél habia alcanzado con las herramientas labra-
das de su propia mano.
MUÑOZ EL DE GETAFE. Maestro y artifice de excelente habilidad en el arte de labrar
vergas aceradas, casquillos y puntas para la ballestería. Floreció en el siglo xvi y
principios del xvn. Le citó Espinar como oficial cuya memoria debía conservarse
entre los mejores artífices de su arte.
OiPA ( D . Juan). Este artifice y maestro constructor de ballestas de acero, se le co-
noce por las que de su mano y como excelente oficial se guardan y conservan en
la Armería del Palacio de Madrid. Dichas armas revelan la grande habilidad que
tuvo este maestro en el labrado de aquéllas, consideradas por sus alcances y tiros,
como armas de precisión. Las dificultades para conseguir esta última, y que algu-
nos, aunque pocos, de nuestros antiguos maestros consiguieron superarlas, pue-
den verse en el cap. vii de la curiosísima obra ya citada de Martinez del Espinar.
PEREZ DE VILLADIEGO ( D . Juan). Este artifice y maestro constructor de ballestas flo-
reció en el siglo XVI. Labró especialmente tableros, gafas y llaves de desarmar,
marcando las obras con su nombre. Trabajó probablemente en Madrid, donde se
le consideró entre los buenos y más excelentes artífices de la época de los Azcoi-
tias.
PEIÍEZ ( D . Julián). Artífice y oficial diestro én la construcción de jaras, lances y cu-
chillas para los dardos acerados, de la ballestería antigua. Debió labrar en Madrid

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en la primera mitad del siglo xvn. l\Iarlinez de Espinar recuerda su nombre, sin
otra noticia más concreta.
PUEBLA E L V I E J O . Artífice ballestero que trabajó con notable habilidad y destreza las

vergas de acero de las ballestas. Vivía todavía en lool , por cuyos años construyó
diferentes de aquellas armas que tienen los tableros y gafas de Juan Hernández,
artífice contemporáneo del referido Puebla. Este trabajó en JHadrid, y de él se con-
serva, en la armería del Excmo. Sr. Duque de Osuna, una ballesta perfectamente
conservada, en cuya verga se lee grabado :
Ballesta del Sr. Duque del Infantado, en Madrid. Debajo, ó sea en la parte cón-
cava de la verga. Puebla, y en la llave, Hernández.
Esta arma no es notable por sus incrustaciones, ornamentación y riqueza de
adornos ; en cambio, se nota en ella que se construyó según las mejores reglas y
experiencia bien probada de los artífices Puebla y Hernández, los cuales ofrecieron
con ella al Sr. Duque del Infantado, una arma ofensiva de la precisión más per-
fecta en cuanto cabía, para emplearla en la ballestería de caza y guerra.
R A M Í R E Z ( D . Juan). Maestro artífice cuchillero que pasó de España, á últimos del si-

glo X V I , á la nueva ciudad de k Puebla de los Ángeles, en Méjico, y uno de los


primeros que fundaron en aquella ciudad la fabricación , en grande escala, de la
cuchillería é industi'ia de toda clase de armas blancas, según las reglas de los maes-
tros toledanos en Castilla. Dicha industria y sus talleres hispano-americanos al-
canzaron pronto gran renombre, conservándole desde el siglo xvi hasta hoy mismo.
Poseemos unas tijeras antiguas de este maestro, en cuyas hojas se ven grabadas
las leyendas siguientes, con golpes de plata y concha en los brazos; gran modelo,
según la moda castellana de últimos del siglo xvi y principios del xvn :
Puebla de los Ángeles, año de 1390; navajeria de Juan Ramírez.
R E N E D O E L V I E J O . De este maestro, constructor de jaras, lances y cuchillas aceradas

para los dardos ballesteros, no hemos hallado más que su nombre, citado por Es-
pinar , entre los buenos y antiguos oficiales del arte. Debió florecer en la primera
mitad del siglo xvi.
R E N E D O E L Mozo. Este artífice fué hijo del anterior; debió labrar como su padreen

la segunda mitad del siglo xvi, considerado como buen oficial de jaras y otros
lances de ballesta, que aunque habia fallecido ya en 1640, debia hacer poco tiem-
po ; pues Martínez del Espinar le considera casi como su contemporáneo.
R O M E R O ( D . N . ) . Maestro y artífice cuchillero, que floreció en Albacete en la segunda

mitad del siglo xvni. Hemos visto unas tijeras gran modelo para córte de papeles,
de este maestro, que actualmente se guardan en las oficinas en la iglesia parroquial
de Santa Cruz de Madrid. Cuchillas grabadas al agua fuerte, brazos greco-roma-
nos, anillos circulares con apéndices calados, y las leyendas :
Romero, en Albacete, 1769.
Soi de D. Baltasar Fernandez, secretario general del Beai Prolomedicato.
Con dos punzones en que se lee el apellido Romero, como maestro cuchillero de
últimos del siglo pasado; poseemos unas tijeras pequeñas de tundir ó trasquilar,
con la cuchilla movible helicoidal. El concluido de estas tijeras, con especialidad
el de sus cuchillas, es excelente como trabajo geométrico en hierro. Los anillos es-
tán formados por las espigas de los brazos volteadas, sin unirse sus extremidades,
y dejando hueco suficiente para cuatro dedos de la mano.
RosEL. Artífice cuchillero en Mora¿ hemos visto algunas tijeras de hojas helicoidales

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labradas рог este maestro con el punzón d e m a r c a , que fué su apellido, en el
cual el grabador invirtió ó puso al revés la El trabajo de dichas tijeras regular.
SAN JOSÉ (el hermano Antonio). Maestro artífice cuchillero que floreció en la se-
gunda mitad del siglo xvn. Labró en Jaén, y de su mano poseemos como prueba
de su habilidad, unas tijeras dedicadas al Iflmo. Sr. D. Antonio Fernandez Campo
Ángulo y Velasco, obispo de aquella capital. El trabajo de dichas tijeras es seme-
jante al délos maestros cuchilleros de Albacete, Baeza y Chinchilla de la misma
época; en las mesas de sus hojas grabó el artífice las dos leyendas que siguen. Los
ojos de sus dos brazos son ovalados :
Soy del Illm". Sr. Do. Anl". Fermdez del Capo Ayulo y Velaico, Obispo de Jaén.
El hermano Antonio de S. Joseph me hizo en Jaén el año de 1675.
SANTAMARÍA. Artífice y maestro de labrar vergas y puntas y cuchillas aceradas,
para la ballestería; floreció á últimos del siglo xvi y principios del xvn. Le cita E s -
pinar entre los buenos oficíales de su tiempo, cuya memoria convenia conservar.

SEGOVIA. Se guardan en nuestra colección unas tijeras pro-


cedentes de Segovia, marcadas con el adjunto punzón. Las
cuchillas de estas tijeras son anchas, los brazos toscamente
labrados, y sin cerrar los anillos formados de dos eses. Parecen
construidas en el siglo xvn. En las mesas de las cuchillas se
lee grabado en letra tosca : Son de D. Melchor Garda Ausin.

SELVA ( D . Juan ). Artífice herrero y cuchillero que labró primero en Cartagena corno
maestro y oficial de la Maestranza del arsenal por espacio de tres años; y poste-
riormente, por los años de 1780, tenía sus talleres, obradores y fraguas en la
calle de San Joaquín, de Madrid. Se cree sea uno de los primeros que ensayó, con^.
buenos resultados, el carbón de piedra para las labores del hierro en España, usan-
do el de procedencia inglesa en Cartagena, y posteriormente haciendo algunos en-
sayos felices en Madrid , con el que le proporcionó D . Enrique Doyle, procedente
de las montañas de Burgos, en el término de Arnedillo.
A petición del Sr. Doyle, de nación irlandés, aunque hacia años residía en
España, el Sr. Selva dio una certificación de los resultados que habia obtenido en
sus fraguas con el carbón de piedra de Burgos, que fueron felices, con especiali-
dad cuando con él se llevaba al hierro hasta el rojo cereza, temperatura incandes-
cente , que haciendo uso de aquel carbón daba al hierro las propiedades de más
dócil para el labrado, más lustroso y superior para trabajarle con la lima, con
otras varias ventajas importantes.
Esta certificación de Selva, con la cual se puede juzgarle de hábil y muy enten-
dido artífice, la presentó el Sr. Doyle al Gobierno, y la publicó Larruga (tomo xxvn,
pág. 157).
SEGURA. Artifice cuchillero que pudo labrar en Mora á últimos del siglo pasado y pri-
meros años del actual; poseemos unas tijeras grandes para trabajos duros, con el
punzón de este maestro, que marcó sus obras con su apellido dentro de un escude-

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te con corona real, y por contramarca, al parecer, un F." ó una P.* toscamente
grabado, que debe indicar el nombre Francisco ó Pedro.
SIERRA ( D . Juan). Artífice cuchillero que floreció y labró en Albacete á mediados
del siglo xvm. Se guarda en nuestra colección, de este artifice, una cuchilla de
tijera para bufete, con el brazo calado á lima, cruces de Santiago, anillos ador-
nados con medias lunas según la moda de la época; en la mesa de la cuchilla,
grabada con pájaros y otros adornos, selee la inscripción de : Juan Sierra, en Al-
bacete, 1771. / Viva!
SiGiJENZA. Esta ciudad tuvo, desde los más remotos tiempos, algunos talleres impor-
tantes, con maestros y artífices espaderos y de cuchillería, cuya industria y labo-
res se habian disminuido, hasta casi desaparecer, á mediados del siglo xvm. En
esta centuria, por los años de 1778, con el recuerdo délo que fueron la antigua
espadería y cuchillería de Sigüenza, se intentó restablecer la segunda en la casa
Hospicio de dicha ciudad, pero se tuvo en esta empresa poca fortuna, por falta
de dirección y maestros hábiles para los que pudieron llamarse nuevos trabajos
de cuchillería y quincallería de hierro de Sigüenza; p o r consecuencia, éstos se
transformaron, en 1784, en los propios á la clavazón y herraduras, más senciflos.
y los cuales se pudieron sostener desde aquel año hasta casi nuestros dias.
Sigüenza, en épocas muy antiguas, también contó algunos excelentes artífices
orebeces y argenteros. {Vide nuestras noticias sobre la argentería española, y sus
trabajos y artífices en metales nobles.)
S O L E R ( D . Isidro). Maestro y artífice arcabucero de la escuela de Madrid, que flore-
ció en la segunda mitad del siglo xvm y primeros años del actual. Escribió y p u -
blicó un Ensayo histórico de la arcabucería, en el cual expuso algunas de las reglas
del arte referido, tanto de los siglos pasados como de su época.
Ademas de arcabucero labró, como cuchillero, algunos terciados y turquesas ó
baleros en forma de tenazas, con tijeras de cortes semicirculares en el mismo
instrumento, para cortar las raberas del balerío al sacarle de la turquesa.
Se guarda en nuestra colección una de estas turquesas con tijera firmada en
hueco y grabado el nombre de :
Isidro Soler. En Madiid, año de 1817.
El concluido de esfe difícil instrumento es tan perfecto como el que poseemos de
Targarona (uíde). Los dos, comparados con otros más antiguos que guardamos,
bien de cobre, en el que se moldearon los huecos seiniesféricos para las balas, ó ya
de hierro , en cuyos dos paletones se escavaron y labraron con limas de corona las
dos semiesferas, completan, á nuestro juicio, la historia del Modum faciendi que
tuvieron los arcabuceros españoles, para concluir las turquesas ó baleros de forma
de tenaza, que tenian un cierto número de semiesferas en hueco en sus brazos
cortos y anchos, con la condición expresa de que al cerrarse aquéllos, las semies-
feras se correspondiesen centradas con exactitud casi matemática, pues de no ser
asi, el balerío resultaría con rebabas que de seguro le habian de inutilizar.
SOSA. Maestro artífice de armas blancas que floreció y labró en el siglo xvii, proba-
blemente en Madrid. Sus trabajos especiales fueron hierros de lanza en todas sus
•variedades y gustos de la época. (Vide Joan Grande.)
TARGARONA (D. Francisco). Maestro y artífice arcabucero de la escuela Madrileña, que
floreció en lu s'^gunda mitad del siglo xvm. Obtuvo el título de maestro de los re-
yes D . Carlos 111 y IV. En su tiempo se le consideró como uno de los más hábiles

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artífices de arcabucería. Labró ademas algunos cuchillos de monte ó terciados, y
de su mano, con su nombre, guardamos en nuestra colección una turquesa ó ba.-
iero para balas de iO á 14 adarmes y postas. Su forma es de tenixzi de ancho pale-
tón , con limas en sus brazos y tijera en arco circular cerca del clavillo, para el
córte de la rebaba y raberas del balerío al sacarle de la turquesa.
Este instrumento por su concluido le creemos de primer orden en su género
(vide Soler) ; estampó el maestro su nombre grabado á cincel, leyéndose en la mesa
del regueron para poner el plomo fundido:
Francisco Targarona en MADñ. A." 1 7 8 7 .
T o m i E S ( D . N.). Maestro artífice cuchillero que floreció y labró en Albacete á prin-
cipios del siglo xvn. Hemos visto unas tijeras de este maestro, con golpes de latón
y madera negra en los brazos, las hojas grabadas, según el gusto de la época,
que con posterioridad se conservó en los talleres de Albacete en los siglos xvn
y x v m . Dichas hojas de tijera forman lomera, levantada sin duda para hacerlas más
resistentes; patron que conservaron los artífices de Albacete hasta mediados del
siglo x v H i , en cuya época se principiaron á ver hojas de tijeras muy aplanadas, y
por consecuencia, de poco espesor de metales, según la patroneria del siglo xvi y
tal vez del xv, cuando se labraban con cierta delicadeza ó para el uso de las per-
t o n a s acomodadas.

En estas tijeras se nota en el labrado cierto gusto á la forma greco-romana, de


pequeñas columnas, basas y chapiteles, con las cuales se labraron en Albacete los
lorazos de las tijeras durante los siglos xvi, xvn y parte del x v m , presentando
estas tijeras como notables las inscripciones grabadas en sus mesas, que dicen :
Concordes omnia conterum. Discordes seipsas. Tores ariifex en Albacete,
año 1 6 1 2 .
T i j E R E R O (Sánchez, Domingo, el). Maestro artífice q u e , aunque más conocido como
excelente en el arte de la espadería toledana, es probable que el sobrenombre de
Tijerero le alcanzó por alguno ó varios trabajos especiales de las tijeras. Usó por
marca un escudete rectangular con el grabado en hueco de unas tijeras abiertas,
cuyas cuchillas parecen planas y anchas.
Tuvo el maestro Tijerero un hijo, también artífice espadero y cuchillero, cuyo
nombre fué Miguel Sánchez, quien sucedió á su padre en los talleres toledanos,
marcando sus obras con punzón semejante al de aquél. Cita á estos dos artífices
el Sr. Palomares en su Memoria sobre la espadería toledana.
VALDERAS ( Pedro de). Este artifice construyó llaves y gafas de armar ballesta ; fué
contemporáneo de Juan Blanco, uno de los más famosos maestros de vergas en
el siglo XVI, ballestero del rey D. Felipe II, y tal v e z del emperador D . Carlos.
Atendiendo á la costumbre muy generalizada entre los artífices antiguos, de llevar
los nombres de los pueblos de donde procedían ellos ó s u s familias, este artífice,
Pedro, lo creemos castellano y del pueblo de Valderas, de donde pudo pasará
aprender y ejercitarse en su oficio á Valladolid y Madrid. Como compañero de
Juan Blanco, so conserva su nombre grabado en los tableros, llaves y gafas de las
ballestas numeradas en la Armeria del Palacio de Madrid, con las ciíras 604, 657,
649, 6 1 1 y 627.
U c E D o . Este artífice no grabó en los tableros, llaves y gafas de las ballestas más que
el apellido. Sus obras no alcanzaron tanta estimación como las antiguas de los
. Azcoitias, Hernández y Juan Perez de Villadiego.^Es^iartífice, colocado por Mar-

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tinez del Espinar á continuación del ùltimo Azcoitia, da motivo á creer que labró
en los últimos años de Felipe 11 y primeros del reinado dé Felipe III.
V Artífice y maestro cuchillero que debió labrar en
Toledo; poseemos de su mano unas tijeras de cuchilla, en
forma de daga, estrechas y muy dobladas en los gruesos del
metal. En el interior de una de las cuchillas grabó el artífice
I la inicial de su nombre. Los brazos, á lima, de forma exago-
nal; anillos redondos con dos esferillas salientes por todo
I adorno ; parecen labradas en el siglo xvi, y son semejantes,
por la forma, á las que se ven en la mesa de cortar que tiene
el maestro Alcega en su retrato, publicado al frente del libro
I de Geometría de los sastres.

VICEN-PEREZ (D.Pedro). Maestro artífice cuchillero que floreció en la segunda mi-


tad del siglo xvn. Labró en Albacete. Poseemos de este maestro, en nuestra colec-
ción, dos tijeras; el núm. l.° fechadas el año 1674, en cuyas cuchillas, líndísí-
mamente grabadas, se lee : Pedro Vicen-Perez-, en Albacete, año 1674. Sirvo al se-
ñor I). Tomas Panloxa. Están en un estado perfecto de conservación.
El núm. 2.° lleva la fecha de 1699, en cuyo año el artífice Vicen-Perez habia
obtenido ya el título de cuchillero de S. M. el rey D. Carlos II, según se ve en las
leyendas de esta tijera, que dicen : Pedro Vicen-Perez, Artifex Regis, año 1699.
fie D'\ P". Gómez de la Caba, mi S\
Los talleres de este maestro, por las varias tijeras que todavía se conservan de su
mano, fueron de los que más labraron objetos de cuchillería en su época, ha-
ciéndolo con suma delicadeza y con el gusto más exquisito de aquel tiempo.
ViLAB.ASA (D. Antonio). Maesti'o artífice cuchillero, que parece floreció y labró en
la segunda mitad del siglo xvii, según el estuche de navajas de afeitar que se con-
serva en nuestra colección, enriquecidas todas sus piezas con concha y golpes rem-
pujados de plata. La caja del estuche está chapeada de nácar y concha formando
dibujos y estofada de oro ; lacubierta ó caja exterior, de cuero y guadamacil a n -
tiguo.
Las navajas de este estuche son de cabo de barra, con un exceso de metal y
gruesos, que las dan mucho peso. La patronería de las cuchillas es más antigua
y diferente de los dibujos que se ven en las obras que se publicaron en francés é
inglés sobre la Cuchillería en el siglo xvm. Todo el estuche revela en qué se hacia
consistir en España, en la centuria xvn, el lujo en esta clase de objetos, y cuál
fué el mérito y la habilidad del artífice Vilarasa.
EMT (Julián). Maestro artilice cuchillero que floreció en Albacete en los pri-
meros años del siglo xvín, y que tal vez se llamó Julián Vícem-Perez, cuya duda
no se puede aclarar porque las tijeras de los talleres de este artífice que poseemos,
en sus cuchillas, grabadas bndísimamente, se lee una inscripción con algunas le-
tras borradas que dicen : Julián emt CFC'"""™ del Rey N.° S.° en Albacete,
A. de 1710. De D. Pablo Salvati.
Como se v e , este maestro Julián fué honrado con el titulo de cuchillero de
S. M. el rey Felipe V, como lo fué en tiempos más antiguos Vicen-Perez (D. Pe-
dro) de Carlos 11, V el artífice Garijo, en tiempos posteriores, de los revés D, Fer-
nando VI y Carlos 111.

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ZEKUANTES (D. Francisco). De este artífice y maestro cuchillero, que floreció en Tole-
do en la segunda mitad del siglo x v n , hemos visto una magníüca cuchilla de ala-
barda con grabados profundos y toscamente concluidos á cincel y martillo, aunque
pudieron trazarse con probabilidad al agua fuerte.
Dichos grabados en las dos superficies más anchas de la cuchilla, de filo ó córte
en media luna cóncava, representan los escudos reales de España, época de C a r -
los II, con una T de un lado, al parecer de referencia á Toledo, y en la superficie
opuesta : AÑO 1677. En el centro, con dirección á la línea central de la punta ó mo-
harra apuñalada de la alabarda con cuatro mesas aplanadas y dos cuchillas ó filos,
se lee Zeruantes y en la cara opuesta Francisco; las mesas con lineas grabadas pro-
fundas, con tendencia á imitar las aristas de las espigas. Pertenece esta alabarda,
en la actualidad, á D. Eduardo Blariátegui.
ZAMORA (el Sordo), Artífice y maestro cuchillero que labró en Castilla excelentes
vergas y puntas aceradas para la ballestería. Floreció á últimos del siglo x v i y prin-
cipios del xvn. Su nombre le dio á conocer Martinez del Espinar, citándole entre
los más excelentes maestros de su arle que habian florecido en Castilla, siendo pro-
bable que fuese oriundo de Zamora.

MANUEL RICO Y SINOEAS,

EL MARFIL.

I,

ASTA hace poco tiempo se daba el nombre de marfil á la sus-


tancia principal de los dientes de todos los animales, pero en el
dia, gracias á los trabajos de los mejores anatómicos y fisiólo-
gos, se usa esa denominación para sólo aquella modificación
dentaria, cuyas junturas, uniones ó secciones trasversales presentan líneas de diver-
sos matices ó estrías curvas en sistema circular, formando por su enlace ó cruzamien-
to pequeños grupos de fases también curvilíneas. Merced á ese tipo tan caracteriza-
do, a ú n e n l a s más mínimas partes de la defensa del elefante, se puede distinguir
perfectamente el marfil de otra cualquiera sustancia dentaria y de cualquiera imita-
ción por bien hecha que esté. Dicho carácter es tan tangible para el marfil reciente-
mente extraído ó trabajado, como para el marfil fósil. No obstante, y aunque los
colmillos del elefante poseen exclusivamente la cualidad distintiva del marfil, existen
dientes de otros muchos animales q u e , aprovechando la industria sus grandes dimen-

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siones y densidad, se aplican á las artes para iguales ó análogos usos á los que se des-
tina el verdadero marfil, y aun suele suceder que algunos tejidos dentarios, los col-
millos del hipopótamo por ejemplo, son de más utilidad que aquéllos para ciertos
trabajos.
Generalmente los dientes en los animales mamíferos se suelen reemplazar por otros
nuevos cuando los primitivos se han caido ó desgastado ; pero este cambio, salvo p o -
quísimas excepciones, no se verifica más que una sola vez en la vida; los dientes
de esta especie tienen un limitado crecimiento. Existen otra clase de dientes, como
sucede con los delanteros de la rata, del conejo, de los rumiantes en general, los col-
millos deljabaU, del hipopótamo, los largos colmillos del tiburón, el colmillo ó cuer-
no de forma espiral todavía más prolongado de la loba marina, y en íin, los colmi-
llos del elefante, que poseen todos la propiedad de crecer continuamente, mientras
dura la vida del animal. En ambas especies se halla formado el diente de tres partes :
una pulpa gelatinosa quo poco á poco se hace calcárea, y que constituye la sustan-
cia designada con el nombre de dentina ; una cápsula ó saco pequeño que contiene la
pulpa, se convierte también en calcárea y forma lo que se llama cimento, y entre
ambas otra sustancia particular, de la misma clase, que se llama esmalte.
En los dientes de crecimiento ilimitado llegan á asimilarse nuevas cantidades de
estas tres partes, pulpa, cápsula y esmalto, álos elementes preexistentes en la ma-
triz dentaria, al mismo tiempo y en la misma medida que éstos se cambian en fos-
fato de cal, y cuando el extremo de uno de estos dientes pierde por el uso continuo
su marfd y el esmalte que le cubre, una nueva cantidad de éstos se forma, hasta tal
punto, que no se interrumpe el desarrollo del diente. La cantidad de materia asimi-
lada es mayor que la que va perdiendo ; así es, que no sólo hay renovación del dien-
te , sino que aumenta en sus dimensiones.
Sin embargo, cuando el animal ha llegado á su total crecimiento, los dientes no
hacen ya sino reproducirse sin agrandarse; cuanto más, se prolongan; pero esta
prolongación no se verifica sino cuando su cima puede acercarse ó frotar con la con-
tt-aria y en oposición al diente que le corresponde.
Los colmillos del hipopótamo, lo mismo que los incisivos de los rumiantes, no pue-
den llegar sino á una dimension determinada, por encontrarse en oposición unos con
otros. Pero los del tiburón y el elefante, gracias tal vez á carecer de dientes opuestos,
adquieren en proporción una fuerza mayor y poseen las dimensiones más grandes á
que pueden llegar semejantes órganos. Por consiguiente, estos últimos, los del elefan-
te sobre todo, son los que constituyen el más interesante producto de ese género para
la industria.
En el día ha disminuido el número de los elefantes considerablemente. Se cono-
cen dos especies : el elefante indio y el africano. La especie africana es distinta, como
es sabido, do la que vive en Asía, y si, entre ios que pertenecen áesta última, algu-
nos, sobre todo los délas más grandes islas del archipiélago índico (de Samatra por
ejemplo), no son espccificamente distintos de los del Asia continental, forman por lo
menos una variedad muy marcadamente caracterizada. Sin embargo, bajo el punto
de vista comercial, importa hacer notar que entre los elefantes del Asia, los colmi-
llos de un tamaño suficiente para ser considerados comode marfil, pertenecen espe-
cialmente álos machos; mientras que entre los elefantes africanos los machos y las
hembras suministran , tanto unos como otros, colmillos de magníficas dimensiones,
existiendo, sin embargo, una pequeña diferencia en favor de los primeros,

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En la época primitiva y acaso antes de la existencia del primer hombre, los gran-
des cuadrúpedos susceptibles de suministrar el marfil eran mucho más numerosos
que hoy. La paleontología ha dividido en dos series esas especies que ya han des-
aparecido : el elefante y el mastodonte; á ellas pertenece el mammouth. Sus i-azas esta-
ban entonces diseminadas poco más ó menos en toda la superficie del globo ; en el
norte del Asia, de la América , la Siberia, el Asia Menor, etc., etc., se encontraban
variedades diferentes; pero hoy sólo de las partes centrales del Africa y del Asia saca
el comercio tan preciosa materia.
La dentición del género elefante {eleplias), único que ha sobrevivido á tan numero-
sa familia, comprende dos grandes colmillos, implantados cada cual en uno de los
huesos premaxilares y molares, gruesos y de forma compficada, colocados debajo de
cada quijada, pero entre éstos, no tiene el animal nunca, de cada lado, más que uno
solo en todo su grandor completo, porque se forman y se cambian constantemente.
El marfil de los colmillos se forma por la calcilicacion (1) de las casas sucesivas de
la pulpa dentaria ; no está expuesto al frote de otros órganos, y no padece por el uso
sino en algún contacto accidental ; alcanza un grandor extraordinario amoldándose á
la curva que le imprime el alveolo en su origen. Esos dos incisivos del elefante, no
solamente sobresalen á todos los demás dientes de una manera absoluta, en vir-
tud de la enorme talla del cuadrúpedo á que pertenecen, sino que son también,
guardada toda su proporción, mucho más grandes que los de todos los otros a n i -
males.
Los colmillos del elefante, como los de los mastodontes, se forman especialmente
por aquella modificación de la dentina que se designa bajo el nombre de marfil, y
que presenta sobre cada sección trasversal estrías oblicuas, en arco de circulo, que
salen del centro á la circunferencia de la sección en direcciones contrarias, forman-
do por su crecimiento grupos curvilíneos.
Entre los elefantes de la india existe una diferencia notable en el desarrollo den-
tal según el sexo, como antes hemos indicado ; en las hembras es siempre pequeño,
crecen rectos y menos fuertemente arraigados que en los machos. Es sabido que éstos
pueden adquirir un largo de nueve pies, y cuyo peso es de 1.50 libras, si bien los de
esta dimension no son comunes en los elefantes de la raza asiática. El Sr. Corse, al
hablar de una de las variedades del elefante indio, al que denomina Dauntelah, y de
sus grandes colmillos que se proyectan casi horizontalmente con una ligera curva, dice :
«Los mayores colmillos de elefante que he encontrado en Bengala no excedía su peso
de 62 libras, y en Tiperah rara vez pasan de 60 libras,
Los colmillos del elefante primitivo (que ya boy no se ve) ó del mastodonte pre-
sentan una curvatura más pronunciada y más extensa que las del elefante indio; se
han encontrado algunos que describían un círculo. Los numerosos colmillos de mas-
todonte que se han encontrado y examinado, pueden considerarse en dos series : uno
que mide término medio nueve pies y medio, el otro unos cinco pies y medio de lar-
go. Es probable que los primeros perteneciesen á los machos, y los segundos á las
hembras. En los depósitos surtidos por Inglaterra, el marfil de sus colmillos se ha
alterado tan poco, que puede servir en la industria; los dientes de mammouth, que
provienen de los hielos de la Siberia , se han estado recogiendo por largo espacio de
tiempo como artículos de comercio,

(1) Término usado para expresar la asimilación gradual del fosfato de cal,

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Las muelas del elefante son notables p o r sus e n o r m e s d i m e n s i o n e s , áuti teniendo
en cuenta la g r a n corpulencia del a n i m a l , y p o r la complicación q u e ofrece su s u ­
perficie. La corona , cuya mayor parte está e m b u t i d a en el alveolo, y cuya tersa s u ­
perficie se insinúa casi sola fuera de la e n c í a , está dividida p r o f u n d a m e n t e en cierto
n á m e r o de planchas trasversales p e r p e n d i c u l a r e s , formadas cada u n a por un nucleo
de dentina recubierto d e e s m a l t e , y e n el q u e p a r e n c i m a se extiende ademas u n a
m a t e r i a , p a r e c i d a á los h u e s o s , q u e se designa con el n o m b r e de c e m e n t o . Como
la dilatación de cada plancha empieza por la c i m a , se q u e d a n despegados como si
fuesen otros tantos dientes separados, ó llámense dentículos, hasta q u e se completa la
base de éstos y profundiza las otras l a t e r a l e s ; de m a n e r a q u e forman un cuerpo en
conjunto, q u e es el q u e constituye la corona. Las p l a n c h a s ó placas molares de ш а т -
m o u t h siberiano son poco espesas en comparación con su a n c h o , y generalmente
a p e n a s dilatadas en el centro ; y p o r otra p a r t e , en proporción al g r a n d o r de la c o r o -
na , menos n u m e r o s a s q u e en las especies vivientes de elefantes asiáticos.
En c u a n t o á su estructura microscópica de esa modificación de la dentina, q u e se
señala bajo el n o m b r e de marfil, está caracterizada en parle por la pequeña d i m e n -
sion de los tubos q u e , próximos á la cavidad en q u e está contenida la p u l p a , no pasan
de unas 13,000 de pulgada de diámetro, unos 2,000 de milímetro, por su compacta c o m -
binación y m á s q u e todo por sus considerables c u r v a t u r a s . Los tubos dentarios de
marfil, invadiéndose desde la cavidad q u e encierra la p u l p a , se i n c l i n a n o b l i c u a m e n -
te hacia el extremo p u n t i a g u d o del colmillo y describen dos c u r v a s ; la u n a convexa
hacia aquel e x t r e m o , la otra presentándole su concavidad ; esas c u r v a s , e n las s e c -
ciones p e q u e ñ a s , h e c h a s cerca de la extremidad libre del colmillo, están c o m o o c u l -
t a s p o r las segundas c u r v a t u r a s q u e se cruzan p a r a l e l a m e n t e con las p r i m e r a s y d e
u n a m a n e r a m u y p r o n u n c i a d a . Los tubos se dividen en ángulos agudos y decrecen
g r a d u a l m e n t e en g r a n d o r , á medida q u e se aproximan á la periferia del colmillo.
El aparato característico d e estrías curvas cruzadas, q u e forman espacios r o m b o i -
dales tan señalados c o n las j u n t u r a s ó secciones trasversales del marfil, es debido á
u n a refracción d e la luz causada por las segundas c u r v a t u r a s paralelas. Las fuertes И-
neas del contorno, q u e se observan encima de las secciones longitudinales del m a r ­
fil paralelamente al cono q u e sirve d e cavidad á la pulpa d e n t a r i a , y q u e son más
c h i c a s , circulares y c o n c é n t r i c a s , c u a n d o se examinan en porciones trasversales del
colmifio.'se ve q u e se d e b e n p o r lo general á capas de celdillas pequeñas opacas.
Gracias á lo m í n i m o de los t u b o s , á su c o m p a c t a disposición, y sobre todo á la im-
portancia de las oblicuidades ó c u r v a t u r a s s e c u n d a r i a s , el marfil constituye un teji-
do m á s blando y m á s elástico q u e el q u e resulta de Jas disposiciones ordinarias d e la
d e n t i n a , y este resultado es sin d u d a alguna necesario á la coherencia de u n a masa
t a n voluminosa como los dientes de elefante y q u e se proyectan t a m b i é n á distancia
del alveolo, q u e es la q u e los sostiene.
Al lado de esas a r m a s del elefante, se e n c u e n t r a n en el comercio otros objet05 del
m i s m o g é n e r o , q u e se clasifican á veces como marfil.
Los dientes del h i p o p ó t a m o , q u e son después de aquéllos los m á s importantes, se
designan a n a t ó m i c a m e n t e c o n el n o m b r e de c a n i n o s ; pero es de advertir q u e , debido
á su ilimitado crecimiento, se les debe llamar defensas ó colmillos c a n i n o s . Éstos son
c u r v o s , consisten principalmente en u n a variedad do d e n t i n a m u y d e n s a , c o m p a c t a ,
pero protegidos en p a r t i c u l a r por la parte exterior de una ligera capa ó baño do e s -
malte bastante duro para servir de piedra de chispa. Los dientes incisivos del h i p o p ó -

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tamo son también defensas y de bastante crecimiento. Los de las encías superiores
son curvos, los de las inferiores rectos, aunque más pequeños que los caninos, de
menos valor y de muy escasa importancia.
El tiburón no tiene sino nn par de defensas, que salen de las quijadas superiores
y descienden más bajo que las inferiores. Su materia ó sustancia es menos densa, me-
nos recia que la de los dientes del hipopótamo, y posee proporcíonalmente menos
valor en el comercio.
El narval ó loba marina no tiene sino una sola arma de defensa, que no se pre-
senta comunmente sino en los machos. Parte de la quijada superior, y se alarga en
linea recta paralela al eje del cuerpo. Tiene, sin embargo, dos; pero una está siempre
atrofiada y no sale del estado rudimentario en el hueso maxilar. Lo mismo sucede
con la hembra ; tiene dos matrices ó pulpas, que forman unos colmillos muy peque-
ños, también en estado rudimentario, y que se quedan ocultas en la encía superior.
En el macho sigue creciendo hasta una longitud de nueve á diez pies (2™,75 á 3",04)
á la vez que pi'csenta en su base un diámetro de cuatro pulgadas (O"", 10). El exterior
de esa larga defensa está surcada por líneas espirales; está implantada en el alveolo
sobre una longitud casi de 14 pulgadas. Por lo demás, la sustancia es comparativa-
mente basta y de mezquino precio en el mercado. ^

II.

El raarfd, como todas las materias que son objeto de comercio, y acaso con mayor
razón que ninguna otra, se clasifica en diferentes suertes, tomando como base unas
veces su procedencia, y otras su color, dureza, finura de su grano, etc. Desde luego
se ha dividido el marfil en dos grandes grupos ; el que procede del África y del Asia :
el primero se considera como mejor, aparte de tener mayores dimensiones, por r e -
unir mejores condiciones de blancura, elasticidad, etc. ; pero esto no es tan absoluto
como algunos creen, pues sucede á veces que se presentan variedades asiáticas m e -
jores que algunas de procedencia africana. La superioridad de este último se atribu-
ye á que en el Asia perjudica mucho al desarrollo de las defensas del elefante, y áua
á las buenas condiciones del marfil, la cautividad en que se tiene á los elefantes que
se dedican á varios trabajos, mientras que el elefante africano sólo vive en estado
salvaje.
Las variedades más importantes del marfil son las siguientes:
El marjil de Guinea, que asi se llama generalmente el que procede del África, es
el más reputado: de grano muy fino y compacto, es el más duro que se conoce, pre-
sentando un color ligeramente amarillo y trasparente ; pero tiene la particularidad
de volverse cada vez más blanco y opaco, contrariamente á lo que sucede con otras
variedades, que siendo blancas en un principio, van adquiriendo poco á poco una
coloración amarilla.
El marfil del Cabo de Buena Esperanza es más blando que el anterior, siendo
unas veces amarillo y otras blanco mate.
Marfil del Senegal, Abisinia, etc. Esta variedad no difiere sensiblemente de la a n -
terior; se presenta, sin embargo, algunas veces hendido en su longitud, ó roto en su
extremidad, lo cual hace disminuir bastante su valor.
El marfil de las Indias es ordinariamente blanco : se distinguen muchas varieda-

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des; las dos principales son el maifil de Ceylan, que es de un blanco rosàceo y de
gran valor, pero que apenas se le encuentra en el comercio, y el marfil de Siam, que
es bastante pesado, blanco exteriormente, pero amarillo en su interior, presentando
una marcada tendencia á tomar este último tinte.
Cuando se asierra una defensa del elefante en el sentido de su longitud, se obser-
van mucha veces distintas coloraciones en su interior : hay partes perfectamente
blancas, otras más ó menos amarillas ó rosáceas, y por último, algunas tienen un ,
tinte verde. Estas últimas se separan con cuidado y se buscan en el comercio con el ]
nombre de marfil verde. Esta variedad de marfil no se encuentra sino en las defensas ?
recientemente cortadas.
Se conoce todavía otra variedad llamada marfil azul ó turquesa, que no es otra
cosa que el marfil fósil formado por los dientes del mamouth, que se han penetrado
lentamente de sales metáhcas, á las que deben una coloración más ó menos intensa.
Este marfil, por decirlo así, petrificado, esmuydui-o, pero de un aspecto con frecuen-,
cía muy agradable.
Aunque de muchísima menos importancia, existen, como ya hemos dicho, otras
variedades de marfil procedentes del hipopótamo, la morsa y el narval. El primero,
como dejamos dicho también, se emplea para la confección de dientes postizos.
Como es consiguiente, tratándose de un producto tan estimado, el comercio del
marfil es muy considerable. La breve reseña que vamos á hacer de este comercio nos
lo probará de una manera evidente.

COMERCIO EN ASIA.

Inglaterra sola ha recibido, durante el año 1853, la cantidad de 4.210 quintales,


procedentes de las colonias de las Indias, y 57.419 de otros países. En 1834 recibió
4.091 quintales de la primera procedencia y 4.712 de la segunda. En 1855 recibió
respectivamente 5.499 quintales y 4.686. En 1856, 5.359 y 3.907 quintales. En 1857
las importaciones se elevaron á 9.890 quintales, de los cuales la India y Ceylan s u -
niinistraron 5.349. La cuarta parte próximamente de estas cantidades fué en segui-
da reexportada á otros países. Francia recibo casi todos los años una parte bastante
considerable.
A los mercados de la India concurren también los negociantes chinos y algunos
otros establecidos en Canton, á proveerse de marfil. La importación del marfil en la
China nunca excede de 1.000 picales, de los cuales 600 provienen de Bombay y 400
de Siam ; la mayor parte del marfil importado de Canton se dirige á Sou-Tchon, pro-
vincia de Kíang-Sou.
Las defensas del elefante se clasifican en el mercado de Canton en 1 2 . » y 5.° cla-
se, y en desperdicios. Entran de la 1.° clase de 2 á 5 en un picul (próximamente un
quintal), y su precio varía de 100 á 120 duros el picul; cuando entran de 10 á 15,
pertenecen á la 2." clase, y valen de 75 á 95 duros; de 15 á 25 por picul son los de
la 3.", y se pagan de 65 á 80, y por último, los desperdicios se pagan. Se encuentran
muchas veces en Siam defensas de elefante de tal tamaño, que entran tan sólo dos
en un picul, y aun alguna vez una sola tiene este peso ; estas defensas se pagan á 175,
200 y hasta 250 duros.
En el mercado de Londres, un diente del peso de 70 libras (31" ,70) es considerado
como de primer orden, y sin embargo, Cuvier dice haber encontrado uno extraordi-

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nario que pesaba 5o0 libras (ISS^.SO). El caso es raro, у se puede juzgar por las si­
guientes cifras correspondientes á defensas de elefantes de distintas procedencias lle­
gados en 1864 al mercado de Londres, según el Journal oflhe Society of arts.

Peso.

Dientes procedentes de Bombay у del Zanguebar 55'',25


Idem de Angola 31
Idem del Cabo у de Natal 47 ,70
Idem de Lagos у de Egipto 51 ,30
Idem del Gabon 49 ,50

Una casa americana mandó á la exposición de Londres una muestra de marfil que
media 2",SO de largo por 0"\o de grueso.
Es de creer que á medida que los cazadores vayan penetrando en el centro del
Africa, encontrarán indudablemente elefantes muy viejos que suministrarán defensas
de grandes dimensiones.

COMERCIO EN ÁFRICA.

El comercio del marfil en África se hace principalmente de dos maneras: por me-
dio de buques europeos que lo toman en el Cabo de Buena Esperanza y en las costas
occidental y oriental, y por las caravanas que del interior de África lo conducen á
Massonah (Abisinia), á Alejandría y á Trípoli. La conquista de la Argelia por la
Francia ha contribuido mucho al desarrollo del comercio del marfil en el norte del
África, donde llegan con sus cargamentos las numerosas caravanas que han atrave-
sado el desierto.
Inglaterra es la nación que recibe mayor cantidad de marfil de esta parte del mun-
do. La isla de Zanzibar suministra al comercio cantidades bastante importantes, y
su precio es de 28 á 30 duros los 15 kilogramos ; este marfil es buscado muy espe-
cialmente por los americanos. La república de Liberia exporta también algunas can-
tidades de marfil.
En 1849 exportó la Inglaterra, de la costa occidental del África, 1.198 quintales de
marfil ; en 1850 exportó 1.378 quintales; 1.205 en 1851 ; 1.245 en 1852 ; 1.908 en
1853. Las cantidades de la misma mercancía, importadas de la misma pocedencia
en el Reino-Unido en 1854, fueron evaluadas en 52.155 libras esterlinas, y en 649.800
libras las de 1855. La colonia del Cabo ha expedido en 1851 a l a metrópoli tanto
como á las otras naciones, por valor de 11.781 libras de dientes de elefantes, evalua-
dos en 65.000 francos.
La isla de Zanzibar suministra al comercio cantidades muy considerables de mar-
fil, á razón de 28 á 50 piastras de España los 15 kilogramos. Este marfil es particu-
larmente buscado por los americanos ; en efecto, de los 100.500 kilogramos exporta-
dos del puerto de Zanzíbar en 1856, evaluados en 1.150.000 francos, los Estados-Uni-
dos recibieron por valor de 950.000 francos, las ciudades anseáticas por 150.000, y
la Francia por valor de 50.000 solamente. La república de Liberia exporta también
marfil : en 1856 exportó por valor de 598 libras esterlinas.
El marfil que se fleta en Massonah es conducido por las caravanas de Abisinia que
parten de Gondar. Este marfil se distingue en tres clases, según el peso de los dien-
tes. La 1." comprende los dientes de 12 kilogramos en adelante ; la 2.% los de 12 á 9

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kilogramos; y la 5.*, los do 9 á 4, S. El precio varía según las localidades y también
según las épocas: se puede evaluar en 7 francos, término medio, el kilogramo de
marfd en Massonah. Se calcula que la cantidad de marfil exportada anualmente de
Abisinia por los puertos de Massonah y de Zeilah excede de 100.000 kilogramos. En
el mercado de Gondar los dientes de elefante, provenientes de Ednaria, de las Chan-
gallas y del interior de Abisinia, se pagan á 9 talers (2, 23 francos) las 21 rotlas (7'',1442
de la í.a clase, ó las 42 rotlas (14\2884) de la 2.% ó las 84 rotlas (28',5768) de la 5 . '
clase.
Vienen igualmente por caravanas del interior del África, y particularmente del
Sondan y del Dahomey, los puertos de los estados berberiscos, cantidades bastante
considerables de marfil. Durante el trascurso de un año llegan de R'dames á Trípoli
de 50 á 60 cargas de 125 kilogramos. Se compra en Trípoli á 500 y hasta 330 piastras
quintal. Este marfil vale en R'at á 240 piastras quintal. En 1850 el puerto do Trípoli
expidió 35.000 kilogramos de marfil, y el de Bengala 42.000 kilogramos. Los princi-
pales destinos fueron la Toscana y la isla de Malta.
Los precios del marfil en los mercados franceses son generalmente los que si-
guen :
Las pequeñas defensas hasta 4 kilogramos, cuestan á razón de 2,5 á 3 francos.
Las de 4 á 8 kilogramos, 3 francos.
Las de 8 á 16 kilogramos, de 7 á 8 francos.
Las de 23 kilogramos, á 10 francos el kilogramo.
Más arriba de este peso el producto deja de sujetarse á esta regla, y se paga en r e -
lación con los objetos que se puedan sacar de la pieza.
Digamos para terminar la parte correspondiente al comercio del marfil, que en la
costa occidental del África se hace un comercio muy considerable de dientes de h i -
popótamo.
Tales son las noticias principales respecto al comercio del marfil.

111.

El uso del marfil es antiquísimo, como lo prueban algunos pasajes de la Biblia.


En el dia es muy importante en Europa, particularmente en Inglaterra y Francia;
ésta consumió en 1860, según resulta del Informe sobre la exposición universal de
París, redactado por el Sr. Chevalier, la cantidad de 124.630 kilogramos, que re-
presentan un valor de 2.360.466 francos ; la industria del marfil viene formando des-
de hace muchísimo tiempo una de las especialidades de la ciudad de Dieppe. En I n -
glaterra ha adquirido una gran importancia esta misma industria, como lo prueba
el consumo que hace del marfil. Efectivamente, mientras que este consumo sólo era
á último del siglo pasado de 87.246 kilogramos, en 1827 ascendió ya á 163.247 ki-
logramos. Desde esta última fecha ha ido ascendiendo esta cantidad, siendo en 1860
de 230.000 kilogramos, y llegando en 1864 á 453.000 kilogramos, cantidad que re-
presenta poco más ó menos un número de elefantes igual á 8.333, puesto que se
calcula que cada defensa de este paquidermo pesa, término medio, 27'',180.
La China, como dijimos en nuestro artículo anterior, consume también el marfil,
do que fabrica varios objetos que exporta á los Estados-Unidos, á la América del Sur,

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á la india, á Inglaterra y otros países de Europa, cuya exportación representa una
cantidad muy respetable. Los principales centros de fabricación en la China son :
Canton, Chang-hai, y sobre todo Lou-tchon. A los chinos se les atribuye por muchos
la gloría de haber llevado el arte de trabajar el marfil a u n grado de perfección que
no ban podido alcanzar los europeos, y esto no es completamente exacto, ni mucho
monos. Si por perfección se entiende el buen gusto en escoger los objetos á fabricar,
y en la ejecución de los trabajos, negamos la superioridad á los chinos, que pertene-
ce en este concepto á los europeos ; pero si sólo se trata de la habilidad manual ó i n -
fatigable paciencia necesaria para cortar las piezas de una finura y de una complica-
ción extraordinarias, no se puede negar á aquéllos esta clase de mérito, que por lo
demás no creemos se les debe envidiar tanto como algunos suponen.
Los objetos fabricados con el marfil son bien conocidos de todo el mundo. Los
principales son : los juegos de ajedrez, bolas de billar, cuchillos para papel, abani-
cos, sellos, tarjeteros, peines, hojas para miniaturas, puños de bastones y paraguas,
mangos para ciertas armas y herramientas, embutidos, etc., etc. Puede decirse que
las apücaciones del marfil son en número infinito.
El marfil se emplea unas veces en estado natural y otras con determinadas colora-
ciones, que se le dan siempre que lo requiere el caso, pero después de elaborado el
objeto.
. El marfil perteneciente á la variedad que llamamos marfil verde se emplea gene-
ralmente para las obras de lujo más dehcadas. El marfil en este estado es más fácil
de trabajar, y después se vuelve duro y toma un brillo que no se altera al contacto
del aire.
El marfil blanco es mejor para el tornero, que lo prefiere al verde. El cuchillero
parece, sin embargo, que prefiere el verde, porque su tejido es más compacto y go-
za ademas de aquella trasparencia que le hemos señalado y de cierta elasticidad, y
sobre todo, porque blanquea á la larga y no toma nunca el color amarillo.
No debemos ocultar una cualidad muy recomendable del marfil blanco en gene-
ral , y es la de ser más seco y estar menos expuesto á contraerse que el verde. La
contracción es un defecto tan grande , que los fabricantes de objetos de marfil p r o -
curan que el que van á emplear esté bien seco, pues sí no, experimenta aquella ac-
ción que en ciertos casos produce bastala ruptura del objeto.
Por punto general, el marfil de primera clase, que no pierde su color blanco, se
destina á los objetos de lujo, mientras que los de inferior calidad, como por ejemplo
el de Bombay, encuentra un empleo rnás natural y ventajoso en la fabricación de los
objetos que han de recibir color después, como sucede con los juegos de ajedrez,
en donde, como es sabido, la mitad de las piezas deben ser pintadas en encarnado.
Pero de todos los objetos que se fabrican con el marfil, ninguno es tan curioso
como las bolas esféricas, que contienen en su interior otras bolas sueltas y concén-
tricas , y que tanto han excitado la sorpresa de los europeos. Su fabricación, sin em-
bargo, "es muy sencilla. Hé aqui cómo la describe el Sr. Rondot, en un interesante
trabajo que ha publicado sobre el comercio y la industria del celeste imperio : «El
obrero, dice, escoge en la defensa el sitio donde termina la cavidad natural, y to-
mando este punto por centro, talla y tornea una esfera del diámetro de 8 á 9 centí-
metros. Abre en esta bola catorce agujeros cónicos, separados igualmente, y con-
vergiendo todos al centro ; después, sobre las paredes de estas aberturas cónicas, tra-
za con el pincel tantos círculos cuantas bolas quiera obtener. Principia desde luego,

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con urta especie de burJl de tijera centrada, por separar la boia más pequeña , es de-
cir, la del centro, que vacia y esculpe desde luego, presentando su superficie á cada
una de las aberturas. En seguida se ocupa en destacar la segunda bola, y así sucesi-
vamente las otras envolventes , llegando de este modo hasta la ùltima. Se concibo
que pueden así formar y esculpir tantas bolas cuantos círculos se tracen , y por lo
que toca á las dificultades del trabajo, son vencidas siempre por la habilidad y p a -
ciencia del chino.»
Otra aplicación muy curiosa del marfil, aunque de un orden muy distinto de la
anterior, es la de la gelatina que con él se obtiene por el procedimiento del Sr. Ar-
cet. Éste trata el marfil por el ácido clorhídrico diluido, y obtiene una gelatina en
bruto ; bajo esta forma es flexible y resistente y se emplea en los instrumentos de
cirugía. Sometiendo esta gelatina, después de haberla dado forma, á la acción de
una disolución de lanino, se vuelve perfectamente inflexible é inalterable por el aire
y por el agua, y veteándola por medio de una disolución de oro y de plata, se o b -
tiene un producto semejante á la concha encarnada , tan cara y tan buscada en el día
para ciertos objetos de lujo, como cajas de r a p é , tarjeteros, etc.
- La gelatina preparada como hemos dicho puede trabajarse y soldarse. Tomando
algunas precauciones se pueden convertir en gelatina los objetos de marfil, de
antemano elaborados, sin que se deformen ; después se les da un baño de lanino, y
resulta la apariencia de la concha, de manera que la ilusión es completa.
La circunstancia de ser muy compacto e! marfil, parece rechazar la posibilidad de
su blanqueo por medio de los hipocloritos. Se recurre algunas veces muy afortu-
nadamente, en Alemania, á este procedimiento, recubriendo la superficie del marfil
á blanquear con una disolución de hipoclorito de cal de mínimo espesor; el cloro
desprendido por la acción del ácido carbónico del aire, produce muy bien su acción
reductiva sóbrela superficie del marfil, que queda blanqueado.
Con el objeto de impedir que el marfil natural pierda su blancura en contacto del
aire y del polvo, se aconseja que se guarde en una caja de vidrio herméticamente cer-
rada; expuesto así á los rayos del sol, se vuelve más blanco. Este experimento del
Sr. Spengler le ha sugerido á su autor un procedimiento sencillo para blanquear el
marfil amarillo: al efecto, dice que se frote con la piedra pómez calcinada y con
ayuda del agua ; que se encierre en seguida en la caja de vidrio, y por medio de la
exposición á los rayos del sol, va volviéndose blanco el marfil.
Mejor procedimiento que éste me parece el del Sr. Schmeisser, que consiste en
introducir el marfil en rama ó elaborado en una disolución acuosa de ácido sulfuroso;
esta inmersión no debe nunca durar más de cuatro horas ; si no el marfil es atacado.
Con el ácido sulfuroso en forma gaseosa, el marfil aparecerá con grietas en su super-
ficie, lo cuales un gravísimo inconveniente.
Hemos indicado antes que el marfil puede recibir algunas coloraciones, y vamog
á decir algo sobre este punto. Ante todo hay que preparar el marfil, lo cual consis-
te en dejarlo dentro de una disolución de vinagre, ó mejor de a l u m b r e , por espacio
de seis á ocho hor,is. Hecho esto, se le puede dar el color que se desee, para lo cual
se suelen emplear las sustancias siguientes :
Para la coloración roja, se le sumerge en una decocción de palo del Brasil.
Para la amarilla, en una decocción alumbrada de azafrán ó de berberiz.
Para el verde, en una mezcla de tres partes de verde grii y de una parte de sal
amoniaco disuelta en vinagre.

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Para el azul, sumergiéndolas en varias veces y alternativamente en el baño de
verde anterior y en una legía caliente de potasa.
El negro, en fin, se obtiene por medio de un baño en una decocción de palo de la
India, y después en una disolución de acetato de hierro.
Para concluir — y pasando por alto muchas aplicaciones del marfil — diremos que
se obtiene calcinando á éste, en vasijas completamente cerradas, el color conocido
con el nombre de negro de marfil, color tan fino, de un bellísimo aterciopelado y tan
brillante, que los pintores le prefieren á todos los demás negros obtenidos por la
calcinación de los huesos. Excusado es decir que á este uso sólo se destinan las recor-
taduras de marfd y los desperdicios de toda clase de esta misma materia.
Con el nombre de marfií arlifiáal se emplea en las artes y en la industria una sus-
tancia blanca y dura procedente de la concreción de un liquido contenido en el fruto
del Phyteleptias de grandes frutos. Los torneros le sustituyen al marfil desde hace
algunos años, para las pequeñas piezas. En París se hacen con él una porción de ob-
jetos elegantes. Puede distinguirse este marfil del natural por un medio muy senci-
llo : se deposita una gota de ácido sulfúrico concentrado, que desarrollará desde
luego en el marfil artificial una tinta rosada, que un simple lavado con agua hace des-
aparecer, mientras que no producirá acción alguna en el marfil animal.
Por lo demás , el marfil se distingue perfectamente do los huesos, por su peso, por
su tejido especial, y por otros muchos caracteres que se reconocen á la simple ins-
pección.
FHANCISCO BALAGUER.

E X P O S I C I Ó N D E L FOMENTO D E L A S ARTES.

NO de los acontecimientos más dignos de figurar en nuestro


ALMANAQUE, no por ser de estos grandes espectáculos que las
naciones más adelantadas nos han presentado en estos últimos
años, ni tampoco por su importancia artística é industrial, sino por ser el p r i -
mer ensayo en pequeña escala de la exhibición de objetos de artes y de industrias
en la capital de España, debida á la iniciativa privada, es indudablemente la expo-
sición artística é industrial celebrada desde 12 de Mayo á últimos de Junio de 1871,
en el salón de Proceres del Retiro, por la Sociedad del Fomento de las Artes.
Este certamen nos recuerda hasta cierto punto las primitivas exposiciones inicia- .
das en Francia después de su revolución á últimos del siglo pasado, que si bien no
ofrecieron aliciente en un principio al mundo industrial, han servido de enseñanza
para las sucesivas que,han tenido lugar en esta y en otras naciones en lo que va de
siglo. • - • ,

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Dejar pasar por alto esta manifestación, promovida por los deseos y esfuerzos de
una colectividad que, falta de toda clase de medios y recursos, ha sabido llevar á
cabo tan laudable pensamiento, sería menospreciar los intereses de una clase que da
muestras de vida y de progreso en el porvenir y á la cual dedicamos todos nuestros
cuidados.
Es tanto más de apreciar este esfuerzo hecho por la Sociedad del Fomento de las
Artes, cuanto por espacio de veinte años habian estado en perfecto olvido en Madrid
los concursos industriales. Desde 4851 que tuvo lugar el celebrado en el Conservato-
rio de Artes, bajo la protección del Ministerio de Fomento, no habia dado muestras
de vida ninguno de estos interesantes concursos.
Así, pues, para que nuestros favorecedores puedan apreciar de la manera que les
sea dable la poca ó mucha importancia que tuvo este certamen artístico é industrial,
nos permitimos reproducir á continuación los artículos publicados al efecto por los
señores D. G. Vicuña y D. Mariano Borrell, que, según nuestro modo de ver, son,
no tan solamente razonados, sino que en ellos se encuentran algunos detalles i n -
teresantes, que indican el estado de las artes en la capital de España.

I.

Al examinar los principales objetos contenidos en el concurso artistico-industrial


realizado en esta corte por iniciativa de la sociedad titulada FOÍHÍJÍÍÍO de las Arles,
debemos seguir el orden indicado en el catálogo impreso, agregando lo relativo á al-
gunos artículos que no figuran en él, y prescindiendo por ahora de sí dicho orden es
el más apropiado á una exposición de productos artístico-industriales.
Dos divisiones contiene éste, que se fraccionan, la primera en seis clases, y la se-
gunda en ocho secciones, y éstas á su vez en treinta clases. Titúlase aquélla/«sírMC-
cion pública, y ésta Artes liberales, lo cual indica ya el carácter de esta exposición
en consonancia con la producción de la capital de España.
Este artículo se limita á la primera división, cuyas seis clases seguirá en el orden
del catálogo, que por desgracia no es el de los objetos expuestos, muchos de los cua-
les no tienen la relérencía al mismo, cosas que dificultan el examen ordenado de los
productos que se quieren estudiar.
Titúlase la clase primera: Material de las ciencias en general y para la enseñanza
(le éstas, la historia y la instrucción primaria elemental. En ella se encuentran colec-
ciones arqueológicas muy curiosas, pero que sólo pueden figurar para adorno del
local y solaz de los aficionados á libros antiguos, monedas curiosas, muebles exóti-
cos, etc. Entre estas colecciones sobresalen las de los señores Rico, Rubio y Miró,
teniendo ademas la del primero el mérito de una excelente clasificación y enume-
ración erudita de sus numerosos ejemplares.
Entrando, pues, en los productos que den á conocer el resultado de trabajos rea-
lizados por personas coetáneas, nos encontramos con las colecciones de animales
disecados de los señores Severini y Rodríguez, de regular ejecución, é inmediata-
mente con los artículos más comunes necesarios en los establecimientos de ense-
ñanza.
El Sr. Gómez, director de una escuela de niños, expone varios mapas que prueban
la laboriosidad, aunque escasos conocimientos dc dibujo; el Sr. Paoz un gran mapa

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mudo, bien hecho, pero caro, y varias pizarras de excelente uso para los estableci-
mientos de enseñanza, y el Sr. Hernando algunos objetos análogos. Los alumnos de
la clase de dibujo lineal déla Sociedad á quien se debe este certamen, presentan al-
gunos trabajos bastante bien ejecutados.
El Sr. Valdivieso exhibe un modelo de barro cocido para un estudio anatómico,
que está regularmente presentado, aunque dudamos compita en precio con los simi-
lares que de esta ú otras materias se ejecutan en la nación vecina.
Incluimos en osla clase, aunque no está en el catálogo, el reloj cosmográfico y
otros aparatos del Sr. Garrell, que ya conocen nuestros antiguos suscritores, por ha-
bernos ocupado de ellos en nuestras columnas, cuyos modelos prueban el ingenio
de su autor, al par que su poca habiUdad para la ejecución material de los mismos.
Los señores Bastinos é hijo, editores de Barcelona, presentan diez y ocho libros
de premio para los niños, perfectamente impresos y con excelentes grabados, que
suponemos sean hechos en España, aunque sin tener datos para afirmarlo, y cuyas
condiciones de toda especie los hacen comparables con los libros que de su género
se ejecutan en Francia y Alemania.
Denominase la segunda clase Muestras y colecciones de minerales, cuya exigüidad
no merece que nos ocupemos de ella, y la tercera Aplicación de las ciencias á las ar-
tes usuales y á la induslria. En ella notamos principalmente un aparato numerador
mecánico del Sr. Marcos, una bomba del Sr. Besada, excesivamente cara y que
ocupa poco espacio, única ventaja que notamos en ella; un telémetro, ó sea aparato
para medir distancias, bastante ingenioso, y una colección de alambres de cobre
aislado, preparados con una máquina debida al fabricante Sr. Simó. Estos alambres
y carretes se recomiendan por su buena ejecución, y sentimos que su autor no haya
expuesto la citada máquina, de la cual tenemos excelentes noticias.
Titúlase la clase cuarta Productos químicos, con aplicación á las artes y á la in-
dustria. Dejando á un lado el averiguar la conveniencia de incluir esta clase en la
division primera, nos encontramos que está constituida por un solo expositor en el
catálogo, el Sr. Perla, fabricante de bujías esteáricas, de conocida reputación, y
otro fuera de aquél, cuya razón social es Saez, Utor, Soler y Compañía , que presenta
los abonos minerales que desde hace pocos años fabrica en esta capital, tomando c o -
mo base la fosforita ; abonos que son notables por su esmerada faljricacion y por los
excelentes resultados que producen, á juzgar en vista de los numerosos certificados
que obran en poder de estos expositores. Sabemos que es tal la importancia de la fa-
bricación de este articulo, que se han visto obligados á montar un gran estableci-
miento en las afueras de esta capital, pues en el que hoy tienen movido al vapor y
con excelentes aparatos, no dan abasto al pedido que continuamente se les hace.
La clase quinta, denominada ^paraíos e instrumentos auxiliares de las ciencias
médicas y quirúrgicas, contiene una colección notable de aparatos ortopédicos del
Sr. Chevallier, entre los que hay algunos completamente nuevos, todos de fabrica-
ción nacional, y varios relativos á dentaduras artificiales de los señores Criado y Lló-
rente.
Por último, á la clase sexta, titulada Sustancias medicamentosas é higiénicas, así
como instrumentos para la higiene, pertenecen las bebidas gaseosas del Sr. Castella,
de reconocida virtud higiénica, y algunos artículos de ínteres especial.
Como ven nuestros lectores, no hemos hecho sino enumerar los principales obje-
tos de la primera division del catálogo, ya porque no son algunos de la importancia

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relativa de los que entran en la division segunda, ya porque de lo contrario había-
mos de ser demasiado molestos, descendiendo á detalles que quizás fueran califica-
dos de pueriles.
A decir verdad, el número de los expositores de esta division es pequeño, aten-
diendo á que si bien ¡Madrid no es una población fabril, ni mucho menos, es una
ciudad culta, en la cual se profesan las ciencias y las artes con bastante desarrollo.
Esperábamos, por tanto, admirar muchos objetos y modelos relativos á los diversos
métodos de enseñanza, y en una palabra, tener ocasión de examinar el material que
viene en auxilio de la pedagogia. Bajo este punto de vista creíamos que este ramo
sería el más notable de la Exposición, y con sentimiento hemos visto que no es asi,
y que muchas corporaciones y particulares no han acudido solícitos al generoso lla-
mamiento de la Sociedad protectora de este concurso. — G . VICUÑA.

II.

SEGUNDA DIVISIÓN.—^rtes liberales {Ì).

La sección segunda de la Exposición promovida por la sociedad del Fomento de


las Artes, comprende, según la clasificación del catálogo, seis clases : pintura, di-
bujos á la pluma, un eertámen para un medallón, escultura, arquitectura y grabado :
siguiéndola marcha establecida en el artículo anterior, publicado por La Gaceta
Industrial, pasamos á hacer una sucinta reseña de cada una de estas clases, por no
ser la índole de dicho periódico susceptible de una descripción detallada.

CLASE SÉPTIMA. — Pintura.

La pintura es una de las bellas artes que manifiesta el estado de adelanto y civili-
zación de los pueblos ; ella los ilustra y moraliza con su muda elocuencia, presentan-
do toda clase de asuntos, ya históricos, ya mitológicos, ya religiosos, como también
los usos y costumbres de todos los pueblos antiguos y modernos del m u n d o . Es el
arte por excelencia que tiene la facultad de poder representar por medio del colori-
do la imitación de todos los objetos; es, por fin, el arte que con toda clase de for-
mas y colores puede significar no sólo los objetos visibles en su representación ma-
terial, sino también las manifestaciones del espíritu.
Si es de tan j-rande enseñanza para los pusblos, no deja de ser de gran utilidad é
interés para las artes en general, por sus variadas aplicaciones; así es que en la épo-
ca moderna forma parte de las exposiciones industriales, como hemos visto en las
últimamente celebradas en París y Londres. De esta manera lo ha comprendido la
sociedad del Fomento de las Artes, señalando una clase en el repertorio de su catá-
logo , á imitación de lo ocurrido en los grandes certámenes que el siglo xix legará á
la historia.
Esta séptima clase está representada en el antiguo salon de los Proceres del Reti-
ro, por unos sesenta cuadros, unos al óleo y otros á la aguada ; los que pasamos á

(1) Aunque no tio:xG la propiedad que debiera este calificativo, lo consignamos por estar eu el
catálogo, .

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describir por el orden en que se hallan en el catálogo. Aparecen primero los presen - ,
lados por el expositor D. Tomas Diaz Valdés, con los números 1, 3 y 4 ; el pri-
mero representa La Sacra familia, copia de Morillo, y que si bien reúne algunas
cualidades apreciables, como imitación del original, no satisface por completo. El
que más sobresale de este expositor es el señalado con el núm. 3 , que es una minia-
tura que representa La Virgen de las Angustias, trabajo más acabado que el anterior,
y ejecutado con más facilidad é inteligencia.
El Sr. Rubio y Lopez ha presentado, con los números 5 , 6 , 7 y 8, cuatro cuadros
de su pertenencia, al óleo y originales, el primero de Domingo y Marqués, que re-
presentan unos titiriteros exhibiendo una mona en una posada; es un cuadrito que
tiene buena composición , fineza de tonos de color, y ejecutado con la franqueza que
es propia de todo genio artístico.
Si este artista, cuyo talento se habia ya demostrado en otras exposiciones, conti-
núa en la marcha que ha empezado, será uno de los que brillarán entre los más re-
putados artistas modernos en el arte de la pintura en nuestro país.
Otro del Sr. Monleon, que representa una marina copiada del natural, tiene bas-
tante entonación de color, si bien se nota cierta monotonía en el celaje y en el agua,
que hace perder la armonía del conjunto; tiene ademas presentada con el núm. 2o
otra marina, que á más de tener buen dibujo los barcos que en ella se encuentran,
es un trabajo más acabado que el anterior. Por lo que se desprende de las obras pre-
sentadas por el Sr. Monleon , puede afirmarse que este artisfa llegará á ser una espe-
cialidad en este género de pintura.
Otro original del Sr. Jimenez Fernandez, que representa un paisaje, llama la aten-
ción por la manera franca con que está ejecutado, por su buen color y por la varie-
dad de tonos ; es una pequeña obra de las muchas con que ha demostrado sus cono-
cimientos artísticos, con los que sabe representar, á poco trabajo, los accidentes va-
riados de la naturaleza.
Hay uno, también original del Sr. D. Eduardo Balaca y Canseco, que representa
un bodegón. Los objetos que en él se encuentran tienen mucha verdad por estar bien
interpretados del natural, así como su composición y tonos : reúne esta obra un
agradable conjunto.
Con los números 9, 10 , H , 12, 13 y 14, ha presentado el Sr. D. Pedro Perez de
Castro dos pequeños cuadros al óleo y cuatro á la aguada; estos últimos, aunque
bastante amanerados de ejecución, tienen cierto aspecto agradable por haber sabido
escoger los trozos y accidentes del natural, que, representados con alguna verdad,
dan mérito á sus obras.
El Sr. D. Eduardo Balaca, de que hemos hablado anteriormente, tiene presenta-
dos tres retratos con los números 17, 18 y 19, de una apariencia y de una ejecución
muy esmerada.
Con los números 20, 31, 2 2 , 25 y 24, el Sr. D. Vicente Izquierdo tiene cuatro bo-
cetos y un paisaje tomado del natural; los primeros no son de gran importancia ni
por los asuntos que representan ni por su ejecución ; pero demuestran la buena d i s -
posición de su autor: el último está bien estudiado.
Con el núm. 26 se halla expuesto un pequeño cuadro del Sr. D. Nicasio Senet
Conmin , que representa unos cómicos ensayando; si bisn se ve que está hecho con
muchos esfuerzos, tiene, sin embargo, regular colorido y ciertos detalles que indi-
can un entusiasmo por el estudio del arte.

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El Sr. D. Miguel García Hispaleto tiene en la exposición, con los n ú m e r o s 5 7 , 28,
2 9 , 30 y 31 , seis cuadros al óleo , titulado el primero La Curiosidad, y el segundo.
Aprovechar un momenlo. Son dos obras de género bastante acabadas, de buen color
y tienen un aspecto agradable.
El núm. 29, del mismo autor, es un retrato de una joven paseando por un jardín,
con una actitud muy natural y expresiva, y completa el cuadro un fondo bien adap-
tado al asunto con una entonación de color que hace resaltar bien la figura.
El núm. 30, titulado Un paseo higiénico, es un boceto de pequeñas dimensiones,
que no carece de buen color; su representación no es propia de la seriedad de un
concurso público.
Con el núm. 31 ha presentado el mismo expositor el que titula El Llanto de la
huérfana: tiene tan buenas cualidades artísticas, que le hacen digno de la admira-
ción de los inteligentes; á nuestro modo de ver es el cuadro más notable presentado
en la exposición, y que con justicia ha sido premiado en una exposición nacional.
El Sr. D. Manuel Sanahuja, con el n ú m . 3 2 , exhibe un paisaje tomado del natu-
ral, cuyo estilo es bastante monótono en la manera de hacer, lo cual perjudica al
aspecto general de su obra.
El Sr. П. Alejandro Ferrant y Fichermans ha presentado, con el núm. 33, un cua-
drito que representa un torero; es una figura muy bien planteada, con el aire propio
del carácter español, y especialmente de los hijos de Andalucía. Su buen color y los
toques de efecto dados con mucha oportunidad, le hacen más estimable.
El Sr. Bermejo expone cuatro cuadros con el núm. 29; tres de paisaje, y uno con
una ave, que demuestran su afición á la pintura y su aplicación al arte.
El Sr. D. Ricardo Balaca, con el núm. 4 3 , presenta un retrato de un joven de un
tipo artístico: el retrato tiene buen color, tonos agradables, y es un trab.ijo en la
clase de retratos, que por las buenas condiciones que reúne e s , sin duda, el prime-
ro de la exposición: fué premiado en Cádiz en 1863, y en la Exposición nacional
de 1867, con la medalla de oro.
El Sr. D. Dionisio Calzada, con el n ú m . 4 4 , presenta un cuadro con escudos de
armas, siendo el más notable de ellos una cifra inglesa compuesta de todo el alfabe-
to, que siendo original es digna de llamar la atención por su estudiada combinación.
Por último, sin estar comprendidos en el primer catálogo, se encuentran varios
cuadros al óleo y á la aguada, de varios expositores: entre ellos sobresalen los de los
Sres. Florez, Ferrant y Pellicer; el cuadro del Sr. Florez es una aguada ó acuarela
muy esmerada por su riqueza de tonos y color, si bien se encuentra en ella algo exa-
gerada la naturaleza.
El del segundo. Sr. Ferrant, representa á Hernan-Perez del Pulgar clavando con
su puñal el pergamino del Ave María en la puerta de la mezquita de Granada: es un
cuadro de pequeñas dimensiones, ejecutado con mucha maestría; las figuras que se
encuentran en los dos primeros términos, lo mismo que el edificio, están ilumina-
das i)or luz artificial; el efecto producido por esta luz sobre la puerta árabe del
edificio, y los accidentes de la misma repetidos con mayor intensidad en las figuras,
hacen que su conjunto no sea armonioso.
El del Sr. Pellicer es un boceto, ми pobre cosiendo unos paños: si bien está poco di-
bujado y ejecutado con unas cuantas pinceladas, ha sabido, sin embargo, expresar
á grandes rasgns li representación de la miseria.
Estas son las obras más principales que se encuentran en la clase séptima, según

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el catálogo que nos procuramos el dia de la inauguración de dicho certamen , cuyas
obras, según se desprende por la relación que acabamos de h a c e r , no ofrecen ni
mucha novedad, ni variedad, lo cual es excusable hasta cierto punto, si se consider
ra el poco tiempo que han tenido para prepararse los artistas desde la convocatoria
hasta la apertura de la Exposición, y sobre todo la esperanza de presentarse en un
concurso oficial que debe verificarse en Octubre p.-óximo, que por su indole absorbe
todas las aspiraciones. De suerte que puede decirse que no se ha visto ninguna
obra ejecutada expresamente para este concurso ; la mayor parte de ellas han tenido
sólo por objeto responder a l a invitación d é l a Sociedad del Fomento de las Arles;
pero á pesar de esto, creemos, juzgando comparativamente, que es una de las cla-
ses, entre las diversas secciones, más numerosas en obras y expositores en el pre-
sente certamen, puesto que éstos son veintitantos, y pasan de sesenta las obras p r e -
sentadas,

III.

CLASE OCTA\A.—Dibujos á la pluma y otros (1).

El dibujo es la base principal de todas las artes, especialmente de las bellas, de la


arquitectura, de la escultura y de la pintura (2) ; es el arte que por medio de líneas
y efecto de claro-oscuro da la idea exacta de la forma y colocación de los objetos;
sin el dibujo no se puede dar razón de ninguna idea artística; así es que puede de-
cirse que es el engendrador de todas las artes, y el lenguaje universal de todos los
pueblos. Su importancia y perfección datan de la época más floreciente de la Gre-
cia; siguiendo su ejemplo en épocas posteriores casi todos los pueblos del mundo.
Como arte no solamente imita la naturaleza, sino que interpreta todas las ideas ema-
nadas del espíritu ; así es que en todas las exposiciones artísticas é industriales sue-
len presentarse millares de dibujos de todas clases, unos como resultado de las en-
señanzas que se dan de este arte en las escuelas, otros como modelos de proyectos
que se pretende realizar, otros como resultados obtenidos en ciertas industrias, y
por ùltimo, otros que pertenecen á las artes en general de construcción y de co-
mercio.
Los dibujos presentados en la exposición del Fomento de las Artes han seguido,
si no en toda su totalidad, en parte, la marcha que hemos observado en otras expo-
siciones artísticas é industriales, celebradas en mayor escala. Se encuentran dibujos
presentados por el profesor que dirige esta enseñanza en el Fomento de las Artes,
Sr. Romana, ejecutados por sus alumnos, que acreditan el celo é interés que d i -
cho profesor tiene por su clase, y la aplicación y adelanto de los que á ella con-
curren.
La asociación popular para la instrucción de la clase obrera del distrito del Hospi-
tal también ha correspondido al llamamiento de la sociedad del Fomento, exponien-
do ocho cuadros con dibujos de figura, adorno, paisaje y lineal, ejecutados por sus

(1) En esta clase incluimos lo.s dibujos que encontramos en el catálogo pertenecientes á la clase
anterior.
( 2 ) Aunque en ningún sentido debíamos hablar del dibujo después de la pintura, el estar colo-
cado ep el catálogo después de ésta nos obliga á hacerlo, asi.

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alumnos, los cuales, si bien no presentan una marcha metódica en la enseñanza,
como hubiéramos deseado, son de gran interés por el resultado de los esfuerzos que
esta asociación está practicando para la instrucción de la clase obrera.
Se encuentran varios dibujos á la pluma ejecutados por diferentes expositores, so-
bresaliendo entre ellos los cuadros señalados con el núm. 3 , expuestos por D. Maria-
no Perez de Castro; son trabajos muy acabados, hechos con mucha detención y es-
tudio, si bien se encuentra poca variedad de tonos y alguna dureza en ciertos acce-
sorios; como dibujos á la pluma son los primeros en esta clase, é indican la práctica
y conocimiento que posee su autor en el manejo de ésta.
Con el n ú m . i se halla expuesta en esta clase una mesa revuelta, ejecutada á plu-
ma y pincel, presentada por D. Juan González Lentisco; es una obra de un trabajo
por demás entretenido, en la cual hay varias imitaciones de objetos de imprenta, de
estampación y de dibujo, reproducidos algunos con bastante verdad. Se encuentran
otros varios dibujos hechos al lápiz, copias de las estampas y del yeso de bastante
buena ejecución.
Con la denominación de clase 9.', se halla en el catálogo un Certamen para la ad-
judicación de un premio ofrecido por la sociedad FOMENTO DE LAS ARTES r.l que expre-
se mejor en un medallón las fechas cronológicas de la historia de la Sociedad ; á este
certamen se han presentado dos expositores, D. Pedro Perez y Perez y D. Adrian Ga-
liano; la composición del primero es de forma rectangular con adornos de estilo ára-
be ; la del segundo es de forma casi elíptica, con adornos de estilo borromino ; estos
trabajos, según nuestro modo ver, no satisfacen por completo la idea de este cer-
tamen.

CLASE mcmA.—Escultura.

La escultura propiamente dicha es una de las tres nobles artes que por medio de
algún material sólido y del dibujo, imita los objetos palpables ó visibles de la natu-
raleza , especialmente la forma animal, la forma viviente por excelencia, el cuerpo
humano, que es el solo cuerpo que está en perfecto equilibrio con el espíritu. Este
arte, como dice un autor moderno, es un medio de poderosa educación pública,
porque sus creaciones eternizan entre los hombres la presencia de una belleza supe-
rior sobre todas las formas visibles y tangibles que maniliesta el espíritu.
La escultura es de inmediata aplicación á las artes industriales como medio dc or-
namentación, sobre todo en la reproducción de estatuas en general, reducidas á pe-
queñas dimensiones, obtenidas por la fundición de diversos metales; y su dorado ó
plateado por medio de la galvanoplástica forma un ramo especial de la industria mo-
derna, la cual necesita los auxilios de este arte.
En la clase de que nos ocupamos se ha presentado una obra con el núm. 1, perte-
neciente al expositor D. Ángel Alfonso, que representa un modelo conmemorativo de
la defensa de Zaragoza en la guerra de la Independencia; es de bronce dorado y pla-
teado. A la verdad, deja mucho que desear en cuanto á las proporciones de los ele-
mentos que constituyen dicho monumento.
Con el n ú m . 2 ha expuesto D. Julián Aroca un canastillo de flores tallado en ma-
dera de peral en medio relieve ; tiene regular composición y bastante buena ejecu-
ción, cualidades que hacen interesante esta obra y acreditan á su autor.
Con el núm. 3 se halla expuesto un jarro con u n ^ u p o de tlores, basado sobre un

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canastillo, en planta de acanto; es una obra de talla que presenta buen conjunto y
de tan atrevida como admirable ejecución, cualidades recomendables que atestiguan
la práctica y conocimientos que tiene su autor D. Fermin Glosa.
Con el núm. 4 se exhibe otra obra presentada por D. José Pedro Dorado, en forma
de un bajo-relieve en plata, representando «La Cena»; es un trabajo de más ingenio
que de arte, por estar falto de los principios más fundamentales de las artes del d i -
bujo.
El Sr. D. Celestino García Alonso tiene expuesta una escultura en alto-relieve que
representa una imagen de la Virgen sobre un grupo de ángeles ; la figura de ésta está
bien plantada; tiene cierta expresión y actitud propia de la idea que representa; en
el grupo de ángeles se nota cierta monotonia; no obstante, el conjunto de esta obra
es armonioso y agradable ; como ejecución, es un trabajo bastante acabado, que in-
dica los conocimientos que posee este artista.
Dos pequeñas figuras, una en barro, expuesta por el Sr. D. Antonio Marin, que
representa «un contrabandista»; y la otra, tallada en madera, presentada por don
Manuel Belmar, que simboliza á «Guttenberg»; la primera es de una regular ejecu-
ción , y en cuanto á la segunda deja mucho que desear.
Por último, hay un busto en yeso expuesto por D. Antonio Molto, cuya obra está
bastante bien modelada.
Sin estar incluida en el catálogo, encuéntrase en la sala destinada á las antigüe-
dades, un gran bajo-relieve, ejecutado con cera, obra del conocido industrial don
Plácido Zuluaga ; su composición consiste en diferentes adornos combinados con al-
gunos animales; las líneas principales que determinan su conjunto están movidas
con mucha gracia y sentimiento; los adornos están muy bien combinados con los
animales, todo lo cual presenta un agradable conjunto, y da una cabal idea de los
vastos conocimientos artistico-industriales que posee su autor. Las obras del Sr. Zu-
luaga son, por sus buenas formas y acabado trabajo, muy apreciadas, no solamente
en nuestro pais, sino también en el extranjero.

IV.
CLASE UNDÉCLVA. — Arquitectura.

Este arte, que tuvo los más sencillos y humildes principios, debiendo á la necesi-
dad su nacimiento y al lujo su embellecimiento, ha pasado con la serie de siglos á
ser el estudio más importante de las tres nobles artes, para poder apreciar y definir
el espíritu de las concepciones de cada época, el estilo que se revela claramente á la
vista de las producciones de más grandiosidad de todas las artes, y que en razón de
la importancia de sus creaciones, da un gran número de elementos que aquéllas ne-
cesitan, y las trasforma bajo su influencia. Hé aquí justificada la presencia de las
obras de este sublime arte en las exposiciones industriales.
Como la industria necesita el concurso de las ciencias y de las bellas artes para
sus producciones, por esto están reunidos todos estos ramos del saber humano en
los palacios que el genio de la civilización moderna ha levantado para estos concur-
sos universales, que después han desaparecido, tal vez para no levantarse en muchos
años con tanta grandiosidad y esplendidez como el que últimamente se erigió en el
^ampo de Marte4e^París e n J 8 6 7 .

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Pocos son los trabajos presentados en esta clase en la exposición del Fomento
d é l a s Artes; vemos con pena la poca concurrencia de expositores; y no es sólo en
este certamen, sino en varios otros que se ban verificado en nuestro país se ha n o -
tado la escasez de proyectos de arquitectura, circunstancia que ha hecho fijar nues-
tra atención en este punto, y no es de este lugar presentar nuestras apreciaciones
sobre sus causas. Por esto mismo son dignos de elogio, por haber correspondido al
llamamiento hecho por la Sociedad del Fomento de las Artes, los artistas D. Enri-
que Castillo y .lareño, por su proyecto de un teatro para una capital de provincia ; los
señores D. Arturo y D. Enrique Mélida y Sanchez, por su proyecto de mausoleo d e -
dicado á la memoria del general Prim, y D. Luis Cabello, por su proyecto de faro,
premiado en otra exposición. —Sus obras, como toda obra de arte, son susceptibles
de crítica y de elogio más ó menos razonado ó más ó menos fundado; pero lo que
distingue á las actuales es el entusiasmo que demuestran por el arte.

CLASE DUODÉCLMA. — Grabado.

Este arte es el que por medio del dibujo y de los trazos abiertos sobre una materia
d u r a , piedra, metal ó madera, imita las formas y claro-oscuro de los objetos visi-
bles, y multiplica estas imitaciones con el auxilio de un procedimiento mecánico (la
estampación), dando por resultado la estampa. El grabado sobre metal con objeto de
sacar estampas, data del siglo xv. El grabado sobre madera, que parece que dio la
idea de la imprenta, no es anterior á ésta más allá de unos cincuenta años; su origen
se atribuye á unos alemanes fabricantes de naipes.
El grabado en talla dulce es por excelencia el grabado clásico, es el que ha propor-
cionado el mayor servicio á las artes, eternizando las obras de los grandes maestros.
Es de notar en esta clase, más aún que en las anteriores, los pocos expositores que
han correspondido al llamamiento hecho por la Sociedad del Fomento de las Artes
en favor de la industria nacional, tan necesitada de manifestarse en estos centros,
donde resplandezca el muchas veces oculto mérito de artistas tan dignos de estima-
ción. También causa extrañeza que en una exposición dc esta índole y en una p o -
blación como Madrid, no se baya presentado ni un solo grabado en dulce.
El grabado expuesto en esta clase con el núm. 1 no es contemporáneo, y por esta
razón no lo damos á conocer; pues sí bien somos admiradores y queremos estudiar
el arte antiguo en todas sus manifestaciones, consideramos que no debe significarse
en un concurso que tiene por objeto ver el estado actual de nuestras artes é indus-
trias. El arte antiguo y el moderno son, bajo este aspecto, dos cosas bien distintas; la
primera corresponde á resultados retrospectivos, al estudio de artes é industrias de
varias civilizaciones m a s ó menos adelantadas que nos han precedido; la segunda
pertenece á una necesidad de actualidad, al resultado del trabajo, délos medios que
se emplean para que éste sea más perfeccionado, más bello, más al alcance de todas
las fortunas, no comparado con lo que fué, sino con lo que es. Por esto no deben
entrar los productos antiguos en la lucha cntredeseos y aspiraciones distintas, que dan
por resultado el desarrollo material é intelectual de los pueblos modernos, que es la
idea y fin de las exposiciones, ya artísticas, ya industriales, introducidas en el si-
glo XIX. Si prevalece la idea de admitir y premiar los objetos de arte antiguo en las
exposiciones de artes é industrias contemporáneas, vendrán á ser entonces estos
certámenes, más bien que un centro donde se admiren y recompensen los adelantos

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y el progreso de las industrias y de las artes modernas, un museo donde se exhiban
las riquezas y recuerdos de familia de algunos particulares.
Con el núm. 2 tiene expuesto el Sr. D . Manuel Otero varias pruebas de grabados
en madera para diferentes publicaciones, que son uno de tantos ejemplos del ade-
lanto á que ha llegado esto arte en nuestro pais.
El Sr. D. Manuel Rico ha presentado seis pruebas de grabados de esta clase, n o -
tables por la manera franca y entendida con que están ejecutados.
El Sr. D. José Severini también tiene expuestas seis pruebas de grabados de igual
clase ; los trabajos de este artista están ejecutados con mucha precisión de dibujo y
buen efecto de claro y oscuro, correspondiendo al crédito de que goza su autor.

CLASE DÉciMATERCERA. — Fotografía [\).

Uno de los descubrimientos del siglo xix que ha atraído más vivamente la atención
pública es la fotografía. Todo el mundo conoce los principios de este admirable descu-
brimiento, debido á Mr. Daguerrey Mr. Niepce, que descansa sobre los cambios de la
composición de ciertos cuerpos expuestos á la luz, y por una serie de reacciones di-
ferentes en diversas partes de una superficie, en las cuales las partes claras y oscu-
ras de una imagen se reproducen en la cámara oscura. La facilidad de su reproduc-
ción , la ventaja de poderla aprender en poco tiempo, y el ser obras de poco coste,
hace que haya tomado tanto desarrollo. No obstante, la experiencia ha demostrado
hasta la evidencia que la práctica industrial es insuficiente para obtener buenos r e -
sultados; es necesario ademas conocer las artes del dibujo por lo menos, sin las cua-
les no pueden esperarse acabados productos.
Cada dia se presentan nuevos descubrimientos en este arte; pero el que supera á
todos es el grabado directo de imágenes fotográficas, que ha dado muy buenos r e -
sultados, y que creemos podrá ser de mucha utilidad.
En la exposición del Fomento de las Artes la fotografía tiene corto número de ex-
positores , si bien es mayor el de obras ; puede decirse que no está en relación con el
número de artistas que ejercen esta industria en Madrid , y por lo tanto es otra de
las clases que á nuestro modo de ver no ha correspondido al llamamiento hecho por
dicha Sociedad.
Con el núm. 1 tiene expuestos el Sr. D . Faustino Perez Muñoz varias pruebas de
fotografías en el tamaño de tarjetas, cuj'a ejecución demuestra más conocimientos
industriales que artísticos.
Con los números 2 y 3, el Sr. Conde de Vernay presenta en dos cuadros varias fo-
tografías, siendo los trabajos más notables de este expositor los señalados con el n ú -
mero 2 , por encontrarse algunas pruebas ejecutadas con bastante inteligencia y
verdad.
El Sr. D . Eusebio Julia y Garcia, fotógrafo de merecida reputación, tiene expues-
tos con el núm. 4 varios trabajos de esta clase, sobresaliendo entre ellos un retrato
de un caballero de tamaño natural, por estar reproducido con dulzura de tonos,
efectos de claro-oscuro y mucha verdad; cualidades que por las dimensiones en que
está ejecutado hacen apreciable su obra.

(I) Aunque esta clase forma parte de la sección tercera en el catálogo, la incluimos á continua-
oion por ser de aplicación á las ülases anteriores,

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El Sr. D. Eduardo Otero tiene también expuestos varios trabajos, unos de tamaño
natural, otros del tamaño de '/s y V i del natural, en medallones de forma elíptica:
los primeros son de bastante regular ejecución ; los segundos llaman la atención por
haberlos sabido dar un tono de tinta agradable, y un efecto de claro-oscuro muy
armonioso, que pueden basta cierto punto ser comparados con otros trabajos de igual
clase extranjeros, los cuales indican los muchos ensayos y estudios que habrá hecho
su autor para alcanzar tan buenos resultados.
Los trabajos expuestos en esta clase, si bien en corto número, son, sin embargo,
una elocuente demostración del grado de adelanto que este ramo de aplicación de las
bellas artes ha llegado á alcanzar en nuestro país, habiendo conseguido en un corto
número de años un gran desarrollo en beneíicio de las artes y de la industria, que
son el medio más eficaz para el adelanto y cultura de los pueblos.
Con esta clase concluimos la segunda sección, que comprende las clases que a n -
teriormente hemos descrito, y la primera de la tercera, habiendo dado á conocer r á -
pidamente, según nuestro criterio, las principales obras que se encuentran disemina-
das en estas clases en el salon de Proceres del Retiro, sin que haya sido nuestro áni-
mo hacer una revista artística detallada, ni menos una crítica enojosa.

V.

SECION SEXTA.—TRABAJOS DE MADERA.

CLASE yiGé&niA.—Ebanistería.

Una de las aplicaciones más importantes de las artes del dibujo á la industria es
la ebanistería, cuyo arte tiene por objeto la fabricación de toda clase de muebles.
Los muebles, siguiendo la misma historia que la arquitectura, han tenido en to-
das las épocas estilos y decoración diferentes. Unas veces so ha sacrificado la como-
didad al capricho, otras la utilidad á la novedad, otras la exageración de lujo les ha
dado nombres que ninguna relación guardan con las artes en los tiempos modernos.
En el reinado de Luis XVI en Francia llegó á tal extremo la variedad y capricho en
los muebles, que dejó perdido el estilo y delicado gusto de las creaciones del Rena-
cimiento.
Los muebles, como productos industriales, deben corresponder á dos ideas prin-
cipales : la de utilidad y la de belleza; debiendo la primera satisfacer las necesidades
á cuyo objeto se destina, y la segunda al buen gusto de sus adornos y á la armonía
de sus proporciones.
Encuéntranse en esta clase veinte y cuatro obras, presentadas por catorce exposi-
tores, de las cuales pasamos á dar una sucinta idea.
Con el número i, D. Francisco Lozano ha expuesto un velador-jardinera, tallado
en madera de nogal, de estilo moderno ; tiene muy buena f()rma, esbeltas propor-
ciones, y está decorado con esculturas de medio y alto relieve; se encuentran deta-
lles bastante acabados, circunstancias que dan al mueble un aspecto de elegancia y
riqueza que atrae la atención general: es el primer mueble tallado de la exposi-
ción.
Con el número 2 presenta D. Eduardo Jinaenez un secreter todo incrustado de ma;^

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deras finas tenidas у naturales, ejecutado por su difunto padre D. Manuel Jiménez.
Este mueble es un trabajo admirable como obra de ebanistería, de aspecto fino y
delicado, de buenas pi'oporciones, de una construcción esmerada y acabada, desde
las partes más principales hasta el último detalle, tanto en su parte interior como
exterior, y por fin, las proporciones de sus dimensiones y los colores de las maderas
con que está construido, presentan un armonioso conjunto. Los paisajes que deco-
ran los tableros ó trampillas que se encuentran en la cara principal, son una especie
de mosaicos formados por un sinnúmero do pequeñas piezas de madera de varios
colores, ajustadas con precisión geométrica. Los esfuerzos y sacrificios que tuvo que
lucereste malogrado artista para construir este mueble fueron grandes, y el tiempo
que invirtió no fué poco, pues según noticias que hemos adquirido, empleó tres años ;
y después de haber tenido tanto trabajo y hacer desembolsos superiores á su posi-
ción, no tuvo ni ha tenido su actual heredero la ocasión de poder sacar el fruto de sus
desvelos : les queda el triste pero consolador recuerdo de admiración que le tributan
los amantes de las artes industriales. El nombre del maestro Jiménez será siempre
considerado en el arte de la ebanistería : su mueble no tiene precio.
El Sr. D. José Cornuda exhibe, con el número Z, dos librerías escritorios (así los
llama su autor) : como obras de carpintería, en la parte de construcción , están eje-
cutadas con todas las buenas reglas ; pero en la parte de arte la combinación de esti-
los gótico y bizantino que forman su decoración, no producen buen efecto.
Con los números 4, S, 6 y 7, expone D. Cesáreo Marin cuatro muebles; entre
ellos sobresale una mesa fle roble tallada, que sin ser un mueble de un estilo deter-
minado, presenta buenas formas y es un trabajo bien acabado.
El ebanista Sr. D. Luis Roldan ha presentado otros cuatro muebles, señalados con
los números 8, 9, 10 y H ; entre ellos sobresalen el número 10, que es un secreter
de palo santo de buenas proporciones, decorado con adornos de talla, y si bien se
observa que algunos de éstos no están colocados con propiedad, dan valor á la obra,
y su construcción es bastante esmerada. En los demás muebles del Sr. Roldan se
encuentra, por sus proporciones y carencia de adornos, un cierto carácter de serie-
dad, que se aproxima más á los muebles ingleses destinados al servicio de familia,
que á los muebles franceses que, por lo general, suelen imitar muchos ebanistas;
estos muebles son recomendables también por su buena construcción.
Con el número 12 se encuentra un pequeño modelo de una sillería de caoba tapi-
zada, presentada por el Sr. Germán Laruy, la cual nos ha parecido más propia de •
un bazar que de un certamen ; por estar en tan pequeña escala no se pueden apre-
ciar las cualidades de una obra de ebanistería.
Los dos muebles presentados por el Sr. D. José Nesofski con los números 14 y 13,
el primero es una caja de palo-santo para reloj, y el segundo un tocador de señora,
también de palo-santo. El primero de estos dos muebles es interesante, no tan sólo
como obra bien construida y acabada de ebanistería, sino por sus buenas propor-
ciones, acertada colocación de sus adornos, de madera tallada ; por el carácter severo
que representa se puede considerar hasta cierto punto de estilo griego.
Con el número 16 ha presentado el Sr. D. Protasio Ranera un esqueleto de un si-
llon-cama de ingenioso procedimiento.
Con el número 17 tiene el Sr. D. Manuel Monasterio una especie de secreter, no
como obra suya, sino como trabajo hecho en su taller por el obrero Antonio Fer-
nandez, que es el que se presenta al concurso. Otro pequeño pero elegante mueble, _

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ejecutado por el aprendiz del mismo taller, Eduardo de la Yerba y Cobiar, que es un
costurero para señora.
El desprendimiento del Sr. Monasterio es digno de elogio, por manifestar termi-
nantemente el interés que tiene este reputado maestro por sus obreros, ejemplo que
quisiéramos ver imitado por otros maestros en favor de sus operarios, pues éste es
uno de los plausibles medios de estimular al obrero á adelantar en su olicio y vencer
los obstáculos que comunmente se presentan, por desgracia, en la época presente,
entre maestros y operarios, y que dan tan tristes resultados.
Los muebles construidos por estos obreros tienen mucbo interés, no sólo como
obras de ebanisteria, sino por representar los esfuerzos hechos por jornaleros que,
trabajando los dias de descanso y con muchas privaciones, han podido llegar, no tan
sólo á ser expositores, sino á presentarse á concurso para los premios que la Direc-
ción general de Industria y Comercio ha concedido á la Sociedad del Fomento, con
objeto de premiar esta clase de expositores.
Una mesa de billar, presentada por D. Camilo Laorga, construida con maderas de
palo-santo, palo-rosa y limón, es una obra de carpintería y ebanistería de bastante
importancia, no tan sólo por la riqueza de sus maderas, lo concluido de su trabajo,
la colocación de sus tablas ó bandas, sino por la inteligencia y exactitud geométrica
de los ensambles con que está construida, los cuales permiten que en menos de una
bora pueda desmontarse ó montarse este mueble.
También es digno de mencionarse, por las buenas cualidades y circunstancias que •
reúne, el armario ropero presentado por D. Enrique Pontvuyst.
Éstas son, en resumen, las obras de ebanistería presentadas en la exposición del
Fomento de las Artes, que representan parte de esta industria en la capital de Espa-
ña, si bien creemos que esta clase no ha correspondido por completo al llamamien-
to de dicha Sociedad, pues en el arte de ebanistería y decoración de objetos
para el adorno interior de las habitaciones, se construyen y decoran muebles y otros
objetos de mucha más importancia y riqueza que los que en general se han presen-
tado á este certamen; no obstante, da una aproximada idea del estado de esta i n -
dustria en Madrid, que sin exageración es una de las más adelantadas, y da señales
de ir cada dia más en progreso. Para ello es menester que nuestros industriales se
acostumbren á concurrir á esta clase de certámenes, los cuales pueden ser de gran
enseñanza para poderse apreciar, comparar, examinar y estudiar los inventos ó la
novedad, el gusto, la manera de trabajar, el valor que da cada uno á su obra; cir-
cunstancias que deben tenerse muy en cuenta en toda fobricacion, y en particular en
la ebanistería, que si bien tiene por objeto satisfacer las necesidades de la vida co-
mún, entra en ella por mucho el gusto que, fundado en las leyes de lo útil y de lo
bello, es como puede dar buenos resultados, porque el lujo y el gusto tienden á ser
universales y deben estudiarse y dirigirse en beneficio de todas las clases de la s o -
ciedad.
Con este articulo concluimos la parte que nos corresponde en nuestra tarea, que
hemos admitido gustosos en obsequio de nuestros artistas é industriales, y antes de '
dar por terminado nuestro trabajo, séanos permitido hacer una ligera apreciación
sobre esta exposición.
El llamamiento hecho por la Sociedad el Fomento de las Artes es, no solamente •
audable, sino de un ínteres muy especial, atendidas las actuales circunstancias que
está atravesando nuestro p a í s , prescindiendo de su provecho y utilidad para poder

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apreciar el estado que alcanzan las artes y la industria en Madrid; es un ensayo que,
sin ser oficial, ni poder esperar grandes recompensas los que á él concurren, no
obstante, es, á nuestro modo de ver, la base ó punto de partida para una exposición
nacional de artes é industria, en la cual no solamente el Gobierno, sino también to-
dos los hombres amantes del desarrollo material de nuestro país, deben fijarse déte-,
nidamente, por refiejar, aunque sea en pequeña escala, el espíritu de nuestros indus-
triales, la educación práctica y artística de nuestros obreros, primer elemento pars
cada industria, y por ser la manifestación, si bien no la más cumplida, á lo menos
muy aproximada, de los adelantos que hemos alcanzado, á lá vez que del atraso en
que todavía nos encontramos.—M. BoRRELL.

Vi.

Decididos estábamos á tomar la pluma de manos del Sr. Borrell, y continuar con
igual detenimiento que éste lo ha hecho, si bien con menor competencia, el examen
de las diferentes clases verdaderamente industriales déla exposición madrileña; pero
cerrada ya ésta desde el 1.° del corriente, y adjudicados los premios, habremos de
limitarnos á un brevísimo resumen de los objetos que nos han llamado más la aten-
ción, siguiendo el orden del catálogo antiguo.
En la clase do. Productos de imprenta y libreria, encontramos las reproducciones
foto-litográficas de libros antiguos, hechas con habilidad por el Sr. Zaragozano; al-
gunas encuademaciones bien trabajadas del Sr. Martin, y aunque fuera del catálogo
(y sin asegurar que pertenezca á esta clase), varios clichés galvanoplásticos, que
bien merecen por su novedad y buena ejecución unas cuantas líneas.
Son éstos una reproducción en cobre de algunos grabados en madera, de grandes
dimensiones, que ha presentado D. E. Navascués, y cuyo taller dirige en la imprenta
del Sr. Rivadeneyra. Nos han llamado la atención, no porque dudemos que en Es-
paña puedan llevarse á cabo este y otros adelantos importantes de la industria, sino
porque careciendo de grandes publicaciones ilustradas que dieran alimento á esta
clase de trabajos, parecía difícil que hubiera quien se dedicase á ellos. Sin embargo,
así que se supo por los años de 1842 y 1843 que en Francia se aplicaba el galvanis-
mo á la reproducción de los grabados en madera, con grandísima ventaja sobre el
clisado de metal de imprenta que entonces se conocía, ya hubo en nuestro país
quien empezara los ensayos pai'a apoderarse de lo que entonces y muchos años des-
pués nuestros vecinos consideraron como un secreto científico.
Algunos pequeños trabajos se realizaron al poco tiempo, tales como la reproduc-
ción de escudos de armas, marmosetes, letras iniciales, etc. ; pero la aplicación prin-
cipal no se verificó hasta el año de 18S0.
Muchos recordarán que el año de 1849 se estableció el franqueo previo en España,
y para ello se echó mano de la litografía. Bien pronto, no sin gastos de consideración,
se convenció el Director del papel sellado, donde se hacían los trabajos, de que era
imposible continuar con ese sistema, por lo costoso é imperfecto. Pero ¿qué camino
tomar cuando se ignoraban los procedimientos que se empleaban en otras naciones
donde dicho franqueo existia? Todos veían que los sellos de Francia é Inglaterra es-
taban hechos en la prensa tipográfica, pero ignoraban cómo un sello grabado en

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- l Ó l -
acero ó madera podia reproducirse con exactitud en un cuerpo capaz de resistir una
gran tirada sin que perdiera su primitiva pureza.
Sabedor el Sr. Navascués de los apuros en que se encontraba el entonces director
de la fábrica del sello D. Bartolomé Cororaina, se presentó á él, le explicóla manera
de llevar á cabo la empresa, y efectivamente, gracias á la galvanoplastia, el año
de 1850 ya nuestros sellos podian, basta cierto punto, competir con los extranjeros,
y los gastos, relativamente á los del año anterior, fueron insignilicantes.
Ésta fué la primera y útilísima aplicación de la galvanoplastia en nuestro país.
Pero de estos trabajos á los que ba presentado el Sr. Navascués en la exposición, hay
una distancia inmensa. La reproducción de los tipos de imprenta en planas de todas
dimensiones, y el grabado de la Puerta del Sol, impreso en la Iluslracion española y
umericana, nos demuestran, no sólo que estos trabajos han llegado á su perfección,
sino que tenemos en España un establecimiento capaz de satisfacer las necesidades
de nuestro país con aplicación á la imprenta.
En la sección 14, Inslrumenlos de música, hallamos un piano del Sr. Stocker, de
biienas voces; y en la 13, Pastas y sustancias alimenlicias, tropezan os con los exce-
lentes chocolates de D. Matías López, uno de nuestros productores más activos ó in-
teligentes, y que ha montado en España esta industria á mayor altura que sus simi-
lares del extranjero. Compite con él el Sr. CuníU, y son también notables las con-
servas de frutas del Sr. Prast. En la clase 12, Caldos, hay poco notable; la 15 y 16,
Bordados diversos, y la 17, Arle del sombrerero, no merecen la pena que nos ocupe-
mos de ellas en nuestras columnas.
De la clase 20, Ebanistería, ha tratado ya el Sr. Borrell en nuestro periódico. En
la 21, Estufas y muebles de hierro, vemos con gusto varios objetos fundidos que ex-
pone D. Guillermo Duthu, y que á estar hechos en España merecen recompensa por
su buena fabricación. Son apreciables asimismo las cerraduras del Sr. Callejo. En
la 22, Objetos de lujo en metales, hay una espada del Sr. Besada bastante original, y
los conocidos objetos damasquinados del Sr. Zuloaga. La 23, titulada Platería y jo-
yería, contieno entreoirás cosas numerosos objetos del Sr. Espuñez, quizá el fabri-
cante español en mayor escala de platería, y varios apreciables esmaltes del Sr. Sala.
La 24, dedicada á la Relojería, encierra los de torre del Sr. Duthu y los de bolsillo
de varios industriales, entre ellos los del Sr. Couillaut.
Con el título de Aparatos destinados á objetos especiales, hay poca cosa en la cla-
se 2 3 ; y en la 26, designada con el epíteto de Sillero y guarnicionero, sobresalen
los productos del Sr. Rodríguez Zurdo. La 27, Calzado, y la 2 8 , Bujías y jabones,
son poco notables; en la 29, Objetos de vidrio, existen los productos de la fábrica
titulada El Lean Español, que son regulares. La 50, Galones, y la 31, Mármoles, son
de pequeña importancia. En la 32, Calados, vemos con gusto los trabajos minucio-
sos del Sr. Aterido.
Titúlase la clase 53 Papeles pintados, y sólo hay un expositor, el Sr. Ballesteros;
otro en la 54, Maderas imitadas; otro en la 55, Hules, el Sr. Vela, cuyos productos
son buenos y algunos nos parecen de procedencia extranjera. En la 37, Dorados, sólo
hay también un expositor, y en la 58 (sin nombre) otro, el Sr. Tejero, que presenta
una notable colección de objetos del arle de hojalatero, perfectamente trabajados.
Sobresale este artista en la especialidad de marcos hechos con molduras metálicas,
en lo cual creemos que no tenga rival en íladrid, y que le han hecho digno de un
premio de la Sociedad económica de Amigos del País. — G. VICUÑA.

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REVISTA CIENTÍFICO-INDUSTRIAL DE 1 8 7 1 .

EESUMEN.

I.—Conclusión del túnel de los Alpes. — Camino del sistema Corbin. — Locomotoras para car-
reteras, sistemas Lötz y Thomson.—Exportación de mineral español.
II.—Máquinas de amoniaco.— Kejilla Userà. — Globo Dupuy.—Máquina de hacer los fondos de
los toneles.—El Topo submarino.—Inventos prodigiosos.
III.—Desulfuración del coke. — Carbonización de la leña. — La cosecha y los riegos. — Bombas: >
Neut. — Polémica sobre el calentamiento de loa vinos.
lY.—Exposición de Londres. — Id. del Fomento délas Artes, en Madrid. — Id. de Ñapóles.—ídem -
de Barcelona, Sevilla y Valladolid. — Escuelas de artes y oficios. — Enseñanza del dibujo.
— Eeforma de los cuerpos de ingenieros. — Quema de los Gobelinos, — La Internacional.—
Asociación de productores.
V,—Publicaciones españolas.—Periódicos técnicos. — Obras de dibujo.—Libros de maquinaria
y artes industriales. — Libros de matemáticas,—Libros de física y química. — Libros de
industria primitiva,

I,

La gigantesca obra comenzada en 1857, la que conmemorará siempre los nombres


de los ilustres ingenieros sardos Sommeiller Grandis, y Grattoni; la apertura de los
Alpes por medio del túnel llamado, aunque impropiamente, del Monte Genis, se ha
inaugurado solemnemente el dia 17 de Setiembre de este año. Se creyó en un prin-
cipio que serian necesarios veinticinco años para llevar á feliz término tan gigantes-
ca empresa, y han bastado sólo trece : si por desgracia se hubiera tropezado con al-
gunos manantiales muy abundantes de agua ó con grandes depósitos de arena ó
tierra muy movediza, quizas no hubiera bastado el plazo del proyecto. Felizmente
no ha ocurrido esto, y las previsiones de los ingenieros que reconocieron la consti-
tución del terreno, han quedado perfectamente comprobadas.
El túnel tiene hoy 12,234 metros, de los que S,153 fueron hechos en la sección
francesa, y 7.081 en la italiana. El encuentro de los mineros que atacaban por am-
bas bocas, tuvo lugar el dia 26 de Diciembre del año pasado. Los ejes geométricos
de ambos trozos del túnel sólo discreparon en O^.S horizontalmente, y 0'»,6 vertical-
mente ; cantidades ínfimas habida relación á las longitudes de los túneles, en los
que una pequeña desviación hubiera hecho difícil el encuentro de ambas secciones.
Tan pequeño error prueba la delicadeza de los medios que las ciencias han alcan-
zado en nuestra época, y la competencia de los ingenieros que han dirigido esta im-
portante obra.
El túnel no es horizontal, está 131 metros más alto por la boca de Italia que por
la de Francia, lo que hace que se tarde cuarenta minutos en cruzar desde ésta á
aquélla, y veinticinco en sentido inverso, para un tren de regular velocidad. Ade-
mas de esto, la pendiente no es uniforme entre ambos extremos, pues el suelo del

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túnel forma dos planos inclinados desde el centro próximamente de la obra , los cuá-
les bajan desde éste hacia las bocas. Se ha hecho esto con objeto de dar fácil salida
á las aguas de las filtraciones, si bien éstas son escasas. De aquí resulta que las pen-
dientes de estos dos planos inclinados son distintas, siendo más fuerte la del lado de
Francia. Los gases se acumulan por lo tanto — cuando no reina viento alguno que
hace formar tiro al túnel — e n el vértice ó punto medio de éste: ordinariamente hay
siempre condiciones de temperatura, presión ó viento distintas en las dos bocas de
éste, lo que hace establecer una corriente en su interior, que arrastra todos los ga-
ses que en él hay. •
Está, pues, en la práctica , resuelto el problema que preocupaba á algunas perso-
nas, respecto de la ventilación del túnel y del modo de sacar los humos de las loco-
motoras que le recorren. En el centro de la obra hay una estación telegráfica que
comunica con ambos extremos para dar cuenta de cualquier percance que pu-
diera ocurrir.
La obra va abovedada en casi su totalidad, y presenta todas las condiciones de se-
guridad posibles. El coste total ha sido 74 millones de francos, habiendo sido más
barata la sección italiana que la francesa. A 60 asciende el número de obreros muer-
tos por accidentes. El de metros cúbicos que de ella se han extraído llega á 800.000.
Dicha extracción se ha hecho por medio de la pólvora, pues las máquinas sólo ser-
vían para hacer los barrenos en que ésta se introducía.
En contraposición con esta gigantesca obra para un ferro-carril internacional, p o -
demos presentar un sistema de camino, del cual se ha hablado mucho este año en
Francia, cuyo objeto es facilitar el arrastre de mercancías por medio de una especie
de ferro-carril volante. Este sistema, propagado por Mr. Corbin, consiste en una
vía formada por bastidores de madera provistos de sencillos carriles ; su largo S"',3 ;
ancho, O™,45 ; el peso de cada uno, 20'',5. Estos bastidores se yuxtaponen con suma
facilidad y se unen con el auxiho de una placa de hierro. No es necesario preparar
el terreno, sino igualarlo y colocar encima esta vía, que se pliega á todos los acci-
dentes del suelo, inclusas las curvas que sean necesarias. El coste es en Francia 2'%50
el metro lineal.
El material móvil se reduce á unos carritos muy bajos, de cuatro ruedas de fun-
dición el primero, y de dos los siguientes; éstos se unen por medio de una barra
con una clavija que consiente el juego lateral. Esto permite disponer el tren con m a -
yor ó menor número de carros, según las pendientes. La carga se calcula de modo
que no pase de i00'',5 sobre cada metro lineal de vía. El motor es una caballería ú
hombres; uno de éstos trasporta 1.500'' en pendientes suaves; una de aquéllas 10
toneladas.
Como se ve, no hay nada sorprendente ni verdaderamente nuevo en este sistema,
pero su aplicación en'conjunto parece satisfacer á la necesidad de trasportar econó-
micamente ciertos productos, cuya baratura ó intermitencia no permite sufragar los
gastos de un sistema más perfecto. E s , por tanto, de suma utilidad en algunas c a n -
teras, en el trasporte de las cosechas, en el de materiales de construcción, e t c . , y
muy recomendable en nuestro país, donde tanta necesidad tenemos de arrastres eco-
nómicos.
La locomoción por medio del vapor en las carreteras ord narias, es asimismo un
problema de ínteres constante desde hace algunos años, una vez construidas en
toda Europa las principales líneas férreas, y siendo preciso actualmente estudiar el

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trasporte en las carreteras auxiliares de dichas arterias principales. La tracción al
vapor no alcanzará nunca en las vias ordinarias la velocidad que en las férreas, pero
podrá sustituir ventajosamente á los motores animados en los países en que el com-
bustible sea abundante — con objeto de que la máquina no mueva sino pequeñas
porciones de éste — ó donde se reúnan condiciones especiales.
Uno de los tipos más aceptables es el debido al constructor de Nantes, Mr. Lötz,
que va indicado en la figura 4.", el que consta de cinco grupos de piezas, cadauno

FIGURA 1."

de los cuales no pesa más de 3.000'', condición atendible para su fácil trasporte y
montaje. Dichos grupos son un bastidor rectangular de hierro forjado, sobre el que
va el depósito de agua y carbón; la caldera, que es vertical y de llama invertida;
la máquina, propiamente tal, que es también vertical, con corredera Stephenson,
volante y freno; un juego de engranajes permite dar tres velocidades distintas á esta
máquina; las ruedas motrices de llanta ancha, una sola de las cuales es motriz y la
otra loca, con objeto de salvar mejor las curvas; y el tren delantero, ó sea la rueda
y aparato q u e , según indica la figura, sirve para dirigir toda la máquina. Tiene ésta
la ventaja de poder hacer independiente el motor de las ruedas, con lo que puede
aplicarse aquél, bien á la toma de agua en las estaciones, sin necesidad de depósitos,
bien á mover las grúas para la carga, bien á cualquiera otra faena.
No es éste el único tipo construido por Mr. Lötz, pues el de la figura 2." se debe á
este fabricante; tipo que difiere algún tanto del anterior, según muestra el dibujo.

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La figura 3 / manifiesta la forma de un wagon de mercancías, y la 4.°, de uno para
viajeros. Una locomotora de estos sistemas puede trasportar en pendientes suaves
unas 20 toneladas de carga útil.

La figura 3.^ indica, por último, un tipo de coche-vapor para cuando se desea ob­
tener mayor velocidad ; el dibujo muestra su construcción, no diferenciándose el
motor de los anteriormente indicados.
El profesor Anderson, de Edimburgo, ha publicado recientemente una obra sobre

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la locomotora Thomson para caminos ordinarios, ponderando sus ventajas y acon-
sejando su empleo. Dicha máquina se parece algo á la que hemos descrito. El gasto
de combustible'es de I S S por kilómetro recorrido y tonelada de carga, y 7 el de

agua. La velocidad de los ensayos hechos en Edimburgo con una locomotora de


ocho caballos, varió de 10 á 16 kilómetros por hoi-a, y el tren consistía en seis w a -
gones con 12 toneladas de carga. Se hizo también un ensayo con la misma locomo-
tora, que arrastraba dos cañones de 2.500'' cada uno, con una velocidad de 10 ki-
lómetros por hora. Dicha locomotora puede trasportar la mitad de su peso. Los r e -
sultados soíi económicos en dicha población, comparados con la tracción por medio
de caballerías.
Ha continuado durante el año 1871 el aumento de salida que el mineral español
tiene para los puertos extranjeros. Nuestras ricas calaminas van á Bélgica, cuya ciu-
dad Lieja es el centro de la fabricación del zinc; nuestros cobres y plomos van á I n -

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glaterra, en cuyos establecimientos de Swamsea se transforman en pingües produc-
tos, y lo que ha sido más notable en este año, nuestros minerales de hierro de Viz-
caya van á algunos puertos del oeste de Francia y del sur de Inglaterra á competir
con los mejores de toda Europa. Más de 200.000 toneladas de esta primera materia
se han exportado por Bilbao, trayendo de retorno los grandes vapores que hacen
este comercio fuertes cantidades de carbon mineral.
Ante estos hechos, conviene que nuestros capitalistas detengan un momento su
mirada y piensen en una ocupación lucrativa á sus fortunas, el dia en que se ocu-
pen de algo más que contratas con el Gobierno ó compra del papel del Estado. ¡Qué
bien no sería para España el exportar, no ya calaminas, galenas ó campanil, sino
zinc, plomo y hierro, dedicándose á estas metalurgias gran número de obreros, for-
mando con ellas un poderoso venero de riqueza!

La prensa científica se ha ocupado este año de una máquina motriz, cuyo fluido
es el gas amoniaco, inventada por un ingeniero italiano, y de la aplicación del mis-
mo fluido motor á las locomotoras, ideada por un ingeniero inglés. No conocemos los
detalles de ambos inventos, pero no es nueva ciertamente la aplicación del amonia-
co á las máquinas. Mr. Frot la presentó hace pocos años, y se han hecho numerosos
estudios teóricos sobre ella en la vecina república.
Supongamos una caldera llena de una disolución amoniacal; se la calienta, y bien
pronto se desprende, —se disocia, —el gas y obtiene una presión de unas seis atmós-
feras para una temperatura de 110°, arrastrando consigo */o de vapor de agua. Este
fluido obra en un cilindro y pasa luego á un condensador tubular enfriado por una
corriente de agua, de donde marcha el gas á otro depósito en que se disuelve en
agua, la cual es llevada á la caldera por medio de una bomba. Tal es, en breves
frases, el procedimiento de esta máquina.
Tiene este sistema las ventajas siguientes sobre las máquinas de vapor: conserva-
ción de las calderas por no haber incrustaciones, y brevedad en poner á presión el
generador. En cambio se comprenden los inconvenientes de las fugas de un gas irres-
pirable. Respecto de la economia de combustible, es dudosa la superioridad de este
motor sobre el comunmente usado, pues la moderna y segura teoría de las máqui-
nas térmicas, enseña que el poder de una máquina depende del desnivel de la tem-
peratura entre el fluido que entra en el cilindro y el que sale del mismo, sea cual-
quiera la naturaleza y composición de éste.
Un ingeniero de minas español, el Sr. Userà, ha ideado un nuevo sistema de r e -
jiflas, que pi'esentan sobre las ordinariamente usadas en los hogares una economía en
el gasto del combustible. Consiste el invento en hacer que los barrotes sean muy al-
tos y terminados en su parte superior, destinada á recibir el combustible, en super-
ficies cilindricas. Estos barrotes van ademas unidos por una barra trasversal, colo-
cada debajo de todos ellos, la cual recibe un movimiento oscilatorio con auxilio de
una palanca. El fogonero mueve ésta, con ella la barra, y esto obliga á los barrotes á
girar sobre sus puntos de apoyo, en cuya operación se desprenden las tortas fundi-
das del combustible y caen las escorias y polvo de éste.
Las ventajas de este invento son, pues, limpiar la rejilla sin necesidad de acudir

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al espetón y sin abrir las puertas del hogar, lo que p e m i t e la entrada del aire en ma-
las condiciones para el combustible; y ademas hacer que, gracias á la considerable
altura de los barróles, se caliente el aire que alimenta la combustion antes de que
choque con el carbon. Se ha aplicado este sistema á varios hogares, y ba producido,
como era de esperar, alguna economía en el combustible y gran facilidad en la con-
ducción del fuego.
Muchos son los perfeccionamientos—reales algunos, ideales los más,—de que se ha
hablado en el trascurso de este año, relativos á la navegación aérea, por los servi-
cios que ésta ha prestado durante el sitio de París. Nos limitaremos á indicar uno
solo, porque nos parece de mayor importancia que los demás, debido al general de
ingenieros navales Mr. Dupuy de Lome, uno de los que más han contribuido á la
maravillosa trasformacion de los modernos buques de guerra.
Consta este aparato de un globo elíptico M (Fig. 6."), con un timón dc madera A
y una quilla B; por medio de imas cuerdas cuelga del globo la verga E, en cuyo
centro va la barquilla F, y eiu'lma de ésta corresponde la hélice motriz G. A veces va
la verga en D; el timón se coloca entonces en C, y barquilla y hélice cuelgan de la
verga.

riGORA 6.'

Este globo se llena con gas del alumbrado, y en su interior hay otro globo esférico
lleno de aire N, que desempeña en el aparato un papel análogo al de la vejiga nata-
toria en los peces. Este globo N tiene un tubo que baja basta la barquilla, por el
cual y con una llave se le hace comunicar con la atmósfera. Sabido es que á medi-
da que asciende un globo ordinario, es preciso dar salida á una parte de su gas, por-

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que de lo contrario, éste al dilatarse con la disminución de presión exterior, concini-
ria por estallar. Esta pérdida de gas, muy perjudicial cuando hay que hacer en un
mismo viaje algún descenso, se evita en el aparato Dupuy por medio del globo TV.
Esle va expeliendo el aire á medida que sube el aparato, de tal suerte que el volumen
del gas encerrado an M comprime las paredes del N hasta dejarlo exhausto. Cuando
el aparato desciende, entra el aire en N por el tubo citado, y la presión del gas con-
tra las paredes del M es siempre la misma.
La hélice es movida por una polea desde la barquilla. Para un globo de 40 metros
de largo y 14 de diámetro, calcula Mr. Dupuy que se pueden ascender nueve hom-
bres , con los viveros é instrumentos necesarios, y ademas una carga útil de más de
SQO kilogramos. Seis de estos hombres son los destinados á mover la hélice ; dos á la
vez, y descansando en el intermedio los otros cuatro. La marcha no podrá tener lu-
gar en contra de un viento fresco; pero sí flaqueándole, ó sea á la bolina, y en estas
condiciones la velocidad es de 2"',22 por hora.
Digamos, por último, que esto no pasa de ser un estudio concienzudo del eminente
académico citado; parece que se tratado allegar fondos para realizar prácticamente
este pensamiento, que si bien no servirá para el trasporte de gran número de viaje-
ros, podrá en casos dados ser de inmensa importancia.
El industrial italiano Tosselli, conocido por sus aparatos para fabricar hielo, ha
ensayado en el puerto de Ñapóles una máquina que él llama el topo submarino. Con-
siste en una caja de hierro que afecta la forma de un cigarro, con la cual se puede
bajar á toda clase de profundidades en el mar y moverse bajo éste. Las condiciones
respirables del aire interior se mantienen por medio de cajas con aire comprimido y
trozos de potasa cáustica que absorben los residuos de la respiración.
En las pruebas del aparato comunicaba éste con un buque por medio de un telé-
grafo eléctrico, y la ascensión se verificaba por cables movidos desde el buque. En
el primer descenso corrió algún riesgo el inventor, porque hubo un filete de agua que
se introducía en el aparato; en los sucesivos se han hecho pruebas verdaderamente
decisivas.
Por más que no sea una invención de 1 8 7 1 , como lo son las anteriores, damos á
conocer á nuestros lectores una máquina poco usada en España, cuyo objeto es ha-
cer el reborde de las tapas circulares de los toneles. Esta máquina , ideada por mon-
sieur Arbey, va indicada en la figura 7.» La fresa colocada á la derecha del dibujo,
gira con gran velocidad y va dando la forma conveniente al fondo del tonel, que se
presenta en su contorno á la acción de la fresa por un ineilio, ya auiomático, ya mo-
viendo el manubrio indicado en la figura. La operación con esta máquina es tan r á -
pida como perfecta. Este mismo constructor francés tiene tipos de toda clase de m á -
quinas destinadas á hacer mecánicamente las diversas piezas de los toneles, indus-
tria de porvenir en España el dia en que aumente la exportación de sus ricos y abun-
dantes caldos.
Ya que de inventos mecánicos nos ocupamos, no estará de más terminar este pun-
to diciendo dos palabras sobre los muchos que se anuncian en los periódicos políti-
cos, hijos de la ignorancia los m á s , ó producto de los petardistas los menos. Ya
es un motor por mar y por tierra, que tiene en sí mismo la fuerza, sin necesidad de
combustible ni cosa parecida; ya un reloj, cuya cuerda es perpetua, ya otros m u -
chos análogos. Estos inventores de cosas imposibles, parapetados siempre detras de
lo que ellos llaman la experiencia, y riéndose de la ciencia — que nunca han enten-

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dido — suelen encontrar un buen fdon, que explotan durante algunos años á be-
neficio de algunos ilusos que les allegan fondos con que realizar sus portentosos in-
ventos.

FIGUíA 7.a !

Otros son más avisados, y dejando á un lado la resolución del movimiento conti-
nuo, problema imposible, se dedican á alguno más ó menos difícil ó de mucho apa-
rato teatral. El resultado suele ser el mismo, cuando no se procura ir en conformidad -
con la ciencia.
Es preciso clamar uno y otro dia contra los que juzgan que las invenciones m o -
dernas se deben á la casualidad, y predicar la necesidad de que los que sientan en
su inteligencia el fuego sagrado de la inspiración deben consultar sus elucubraciones
con entendidos mecánicos ó competentes ingenieros, que examinen previamente lo
que de otro modo no será quizás más que un verdadero delirio.

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III. I

Se ha aplicado recientemente en Bélgica el siguiente procedimiento para desulfu-


rar el coke, ó sea quitarle el azufre propio de las piritas, el cual hace muy agrio el
hierro que se elabora con esta clase de carbon. El procedimiento obra química y
mecánicamente á la vez, siendo superior á todos los hasta ahora conocidos.
Consiste en encerrar el coke en cajas donde se halle á unos SJSO° de tempei-atura,
y en hacer que le atraviese una corriente de aire á cuatro atmósferas de presión d u -
rante dos horas. Hay de esta suerte una oxidación y trasformacion de las piritas en
otras sustancias, gracias á los esquistos de alúmina que generalmente acompañan á
la hulla, lo que hace desprenderse parte del azufre en estado de ácido sulfuroso, y
formarse sales, que desaparecen fácilmente con un lavado. Los ensayos hechos en la
gran fábrica Cokerill, cerca de Lieja, han probado prácticamente que, represen-
tado el poder reductor del coke químicamente puro por el número 34, el del desulfu-
rado con este procedimiento lo está por 31, y el desulfurído con el sistema ordinario
por 27.
Un ingeniero francés, Mr. Dromart, emplea un método especial para la carboni-
zación de la leña en los bosques, el cual se ha dado á conocer recientemente. Usa al
efecto un aparato en forma de cúpula de hierro, formada de barras que sujetan
chapas de este metal, ninguna de cuyas piezas pesa más de 100'', con objeto de
facilitar su trasporte é instalación en medio de un bosque. Las uniones se enlodan, y
encima se pone una cubierta de palastro para impedir el enfriamiento debido á las
lluvias. La cúpula tiene 5 metros de diámetro y poco menos de alto, terminada con
una chimenea de poca altura y gran diámetro.
Dentro de ella hay un hogar que lleva diez tubos, los cuales trasmiten el calor á
las diversas partes del aparato. Hecha la carga por capas de madera, se dirige con
algunas precauciones el fuego, teniendo en cuenta varios detalles que no podemos
indicar por falta de espacio, pero que son muy sencillos.
El carbon obtenido con este procedimiento ha sido del 50 al 60 por 100 de la ma-
dera empleada, mientras que en el carboneo ordinario se pasa poco más allá de la
mitad de este rendimiento. Se debe este aumento á que, siendo la carbonización per-
fecta y no habiendo trozos que se quemen en pura pérdida, queda en el estado de
carbon una parte de la madera, que en el caso general se trasforma en productos ga-
seosos y cenizas. El carbon es unilbrme y más denso que el ordinario. Por último,
Mr. Dromart asegura que hay una gran economía en el empleo de su aparato, según
ha tenido ocasión de comprobarlo.
La cosecha de cereales ha sido abundante este año en España, gracias á las fre-
cuentes lluvias del invierno y primavera. Nuestra agricultura está generalmente á
merced de las nubes, y el año en que éstas no nos favorecen, se agostan los más
pingües productos de nuestro suelo. Esto proclama la necesidad de establecer n u -
merosos canales de riego que hagan utilizables las aguas que nuestros ríos vierten
sin aprovechamiento en el mar.
Ya que estas obras no se emprendan en el número que nuestros campos lo exigen,
pudieran establecerse en muchos casos riegos por medio de bombas, ya del tipo de-
bido al español Montenegro, útiles para grandes alturas, ya del sistema Neut, su-
mamente oportunas para grandes masas y pequeñas cargas. El movimiento de estas

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bombas rotatorias puede hacerse por naedio de caballerías, como indica la figura 8.",
cuando no es muy considerable la captidad de agua que se trata de elevar. De lo

FIGURA 8.*

contrario, conviene emplear una locomóvil é instalarla en condiciones análogas á las


indicadas en las figuras 9." y 10.®

El enólogo francés Mr. Terrel des Chenes y el ingeniero español Sr. Dalaguer sos-

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tienen en un periódico técnico de nuestro país una interesante polémica relativa á
ia mejora que experimentan los vinos con el caldeamiento, según ha aconsejado el
académico francés Mr. Pasteur. El enólogo citado ha atacado de u n a manera harto
destemplada los estudios delíngeniero español, quien niega que el procedimiento
Pasteur contribuya á la mejora de los vinos de la manera que suele decirse. La p o -
lémica continúa a ú n , y se alegan por ambos lados poderosas razones en p r o d e una
y otra opinion

IV.

Fecundo ha sido el a ñ o de 1871 en exposiciones, á pesar de la terrible lucha fran-


co-prusiana, que h a perturbado la industria europea. La más notable de todas es la
q u e ba tenido lugar en Londres, abierta el l.° de Mayo. No es este concurso indus-
trial como sus similares del 68, 62, 53 y SI, sino que, conservando su carácter d e
internacional, tiene una limitación en cuanto á los objetos, de tal suerte, que éstos
Varíen todos los años, y dura diez la solemnidad en vez d e u n o .
Así en el concui'so del año actual figuran los objetos referentes á instrucción p ú -
blica, inventos científicos, bellas artes, cerámica y lana. En ol de 1872 entrarán los
instrumentos músicos, el papel, la joyería y el algodón. En el del año siguiente los-
alimentos, acero, instrumentos de medicina, carruajes y seda. La exposición de 1874
sólo admitirá las encuademaciones, cueros, objetos referentes á obras públicas, y
encajes. La del año siguiente abrazará bronces, obras hidráulicas, relojería, tintore-
ría y estampación, hilados y tejidos. Al inmediato corresponden los instrumentos
físicos, máquinas agrícolas, pieles, metales preciosos y fotografía. En 1877 se exhi-
birán muebles, artículos domésticos, y todo lo referente á higiene pública y privada.
El siguiente so destina á objetos en que intervenga directa y primordialmente el c a -
lor, armas y buques de guerra, cristal y labores de aguja. Al inmediato corresponde
el hierro, la maquinaria, cáñamo y lino. Cierra el año de 1880 el último concurso
con los trajes, productos químicos y material de ferro-carriles.
Sorprendente á la verdad es el espeetáculo que ban de ofrecer las galerías del edi-
ficio construido en Kensington para estas exposiciones, inmediato al cual se encuen-
tra la magnífica sala destinada á repartición de premios, conciertos, etc., y bajo cu-
ya bóveda elíptica caben 8.000 personas.
A principios del año actual se nombró una comisión por el Ministerio de Fomento
para examinar los objetos que España iba á mandar á dicha exposición, y sin contar
los de bellas artes, sólo se remitieron tres, cuya cifra basta para dar idea del ínfimo
papel q u e hará nuestra nación en esta gran solemnidad industrial.
Más modesta, pero no sin importancia, ha sido la exposición celebrada en fliadrid
por la Sociedad titulada el Fomento de las Artes. Con un celo digno del mayor e n -
comio, y contando sólo con sus pro[)ios recursos, reunió esta Sociedad en el salón
que fué cámara de Proceres, sito en el Retiro, los diversos artículos que en el ramo
de bellas artes produce la capital de España, y algunos de las artes industriales. No
es, por cierto, Madrid una población cuyos artefactos sean muy numerosos; pero
encierra en su seno numerosos establecimientos dedicados á la fabricación de mue-
bles, ropas, etc. No concurrieron todos al llamamiento del Fomento de las Artes;
pero hubo algunos expositores que hicieron ver su inteligencia y laboriosidad.
En Ñapóles se ha verificado este año u n a exposición internacional d e p r o d u c - ^

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tos relativos á la marina, como la pesca, construcción naval, víveres para los bu-
ques, etc. España ha concurrido, aunque en pequeña escala, y algunos de nuestros
productores han recogido honoríficos premios de este concurso.
Las exposiciones regionales de Barcelona, Sevilla, Valencia y Valladolid presentan
aún menor interés general, si bien han sido útilísimas para las comarcas á que se re-
fieren. Todas se han resentido de nuestra falta de costumbre en concurrir á estas
fiestas del trabajo, y del estado de angustia financiera porque atraviesa la nación. Han
servido, sin embargo, para comenzar á crear hábitos de noble emulación y compe-
tencia en todo lo que á la producción se refiera.
Con fecha 5 de Mayo se publicó por el entonces Ministro de Fomento, Sr. Ruiz
Zorrilla, un decreto, creando en el Conservatorio de artes una serie de enseñanzas
con carácter de inmediata aplicación á los diversos oficios. Según este decreto, se
crea una sola escuela por ahora en la que se enseñará aritmética, geometría, nocio-
nes de geometría descriptiva y sus aplicaciones á las sombras, perspectiva, córte de
maderas y de hierros ; nociones de física, química é historia natural ; nociones de
mecánica, máquinas y su manejo; herramientas de diversos oficios, tecnología;
principios de construcción; nociones de topografía y dibujo de diversos géneros.
Anejas á las cátedras habrá laboratorios y talleres para la enseñanza práctica. LaS
clases serán de noche y en diversos locales, todo para mayor comodidad de los obre-
ros que las han de frecuentar. Se adjudicarán cierto número de premios anuales, y
se escogerá un profesorado idóneo.
Tal es, en pocas palabras, la importante disposición que mereció los aplausos de
todos los que se interesan por el progreso de la industria nacional. Se tomaron algu-
nas disposiciones, pero puede decirse que el decreto ha quedado, por desgracia, r e -
ducido á letra muerta en casi todos sus puiitos, por no contar el Gobierno con los
recursos suficientes para realizarle. Sensible es que el espíritu de economías que se
ha desarrollado crecientemente por los ministros q u e sucesivamente han ocupado el
edificio de la calle de Atocha, haya agostado en flor tan útil proyecto, que esperamos
sea realizado no bien lo permita la penuria del tesoro nacional.
Una parte, sin embargo, de este decreto se ha planteado, y es la enseñanza del d i -
bujo. Tenía establecidos dentro de Madrid la Academia de San Fernando diversos
locales en que varios profesores enseñaban el dibujo de figura durante las primeras
horas de la noche. Adolecía esta institución de un grave defecto, cual era la ense-
ñanza del cfibujo con el fin de formar artistas, para lo que se seguían pausadamente
los diversos escalones del aprendizaje del dibujo.
El citado decreto fundió dichas clases con las que desde hace muchos años se pro-
fesan en el Conservatorio de Artes. De esta suerte se enseñará en lo sucesivo el d i b u -
jo dentro de ellas, con el fin de educar á los artesanos, que si alguno hay con fuer-
zas para aspirar á la comprensión de las bellas artes, tiene en nuestras instituciones
senderos por donde marchar sin tropiezo.
De esta suerte se perfeccionarán las aptitudes de los obreros, se les hará compren-
der ese lenguaje universal que se llama el dibujo, y se comenzará su educación téc-
nica por una base sólida y segura. Dichas clases de dibujo, con un excelente perso-
nal de unos veinte ó más profesores, comprenden el de figui'a, el geométrico, el de
adorno, la copia del yeso y el modelado en barro.
Otra de las disposiciones del Gobierno—realizada en el mes de Setiembre — ha
sido la modificación de los cuerpos de Ingenieros de Caminos, Minas y Montes, con

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sus personales subalternos. Desde algún tiempo se notaba el exceso del personal fa-
cultativo para los diversos servicios é inspecciones del Estado, exceso que se hizo más
sensible con las últimas economías realizadas por el Gobierno. Éste creyó oportuno
reducir á la mitad todo el personal de los citados cuerpos, dejando la otra mitad en
situación de excedentes, á medio sueldo.
No nos corresponde en este sitio discutir la justicia ú oportunidad de esta medida,
pero sí diremos que creemos plausible la reducción hecha por el Gobierno, aunque
no en la forma en que se ha verificado. Preciso era, indudablemente, disminuir el
personal de los cuerpos facultativos, pero no cortar por la mitad en todos ellos y en
todas sus categorías. Lo lógico hubiera sido simplificar los servicios y reformar en
este sentido la Administración, de tal suerte que con el personal que ha quedado
en actividad se pudieran cubrir todas las necesidades. Cierto es quo parte de estas
reformas se han hecho en estos tres últimos años, sin que por eso se redujera sensi-
blemente el personal á que se referían ; pero convenia en el momento presente ha-
ber reducido á sus más estrictos límites la inspección é ingerencia del Estado en al-
gunos ramos, á fin de justificar la medida del Gobierno.
Este sistema de economías, estudiado por personas competentes y aplicado á to-
dos los ramos de la pública administración, podrá realizar la imprescindible necesi-
dad de nuestra Hacienda, que es reducirse á las exigencias de una nación pobre y
agobiada por los despilfarros y torpezas acumuladas desde hace muchos años. Sin
economías y orden no hay dinero á ínteres módico para el tesoro, y sin que baje la
tasa de éste no hay industria posible en el país : esto nos obliga á aplaudir todas las
medidas que en tal sentido tome el Gobierno.
Si bien nuestra industria continúa languideciendo, han ocurrido en el año actual
fenómenos tales en el centro de Europa, que harán sensible su influencia sobre la
industria francesa y aun sobre la alemana. La guerra con sus desastres ha causado
graves perturbaciones en la república vecina, de las q u e , sin embargo, se repondrá
pronto gracias á la laboriosidad de sus habitantes y á las hábiles disposiciones de sus
hacendistas. Poco amigos éstos de las elucubraciones que tanto enamoran á nues-
tros economistas,—desacreditados y casi olvidados hoy, — hacen esperar que la indus-
tria francesa recobre la vitalidad que siempre la ha caracterizado. La industi'ia ale-
mana ha sentido también la falta de brazos y la perturbación monientánea de toda
nación en guerra, por más que la victoria corone sus esfuerzos. Ábrese, á conse-
cuencia de esta guerra, un gran horizonte á la producción de la robusta é inteli-
gente raza germana, y quizas España aumente el cambio de sus productos con los
del nuevo imperio alemán.
Entre tanto se han destruido en Francia varias fábricas, y alguna, como los Gobeli-
nos de París, ha sido incendiada por los mismos franceses ; mejor dicho, por los ilu-
sos de la Commune, al querer imitar uno de los hechos que ha perpetuado el funes-
to recuerdo de Nerón. Con el incendio parcial de esta antigua fábrica nacional han
desaparecido las soberbias colecciones de tapices que con tanto orgullo se mostraban
¿ los extranjeros, y que los parisienses de las barricadas han entregado á la acción
del petróleo.
El hecho social á que va unida ésta y otras desgracias de la Francia tiene h o n -
das raíces en las clases obreras, que se han unido en toda Europa para formar una
terrible sociedad de la fuerza contra la inteligencia, del obrero contra el patrono,
del trabajo contra el capital. Esta sociedad, llamada La Internacional, no ha sido e x -

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—ш —
traña á los últimos acontecimientos de París, provoca todos los dias huelgas para
obligar á los tábricantes á ceder de sus pretensiones, y emplea toda clase de medios
para llegar á su fin.
A E'ípaña han llegado también sus ramificaciones, y hemos visto en la industriosa
Barcelona, en Bilbao y en otras poblaciones varios conflictos que han ocasionado des-
gracias de todos géneros, y que han sido lastimosamente sensibles á la producción
nacional. Una fuerte organización liga á todos los miembros de La Internacional, el
puñal es el castigo de los que faltan á sus compromisos ; la obediencia ciega á los j e -
fes es el carácter de su disciplina.
En este verano se trató de formar en Madrid una asociación que contuviera la im-
petuosa fuerza de la indicada, y la cual estuviera constituida por los fabricantes y
productores. Sensible nos es manifestar que tan loable pensamiento no pudo llegar á
realizarse, y que la apatía de nuestro carácter se manifestó en esta como en otras
ocasiones.
No hay remedio : enfrente de la asociación de los que por un error ó un fin torcido
pretenden perturbar la sociedad, es preciso constituir otra en que entren los capita-
listas, los fabricmtes, los ingenieros, los obreros de buena fe, y que se oponga á
las exigencias absurdas de la primera, con la seguridad que da el cumplimiento de
un deber y el convencimiento de tener el derecho de su parte. No basta la discu-
sión ; en este sentido preciso es reconocer la elocuencia de varios economistas que
lucharon por medio de la palabra con los intemacionalistas durante este invierno en
los salon3s de San Isidro; mostraron allí gran patriotismo; pero, lo repetimos, no se
ganará mucho por medio de la discusión, y es preciso apelar á la asociación para
combatir legalmente y de frente la terrible perturbación que amenaza á la industria.

No pretendemos hacer en esta revista una indicación del movimiento científico del
año, para lo cual habríamos de examinar los diferentes libros, folletos y periódicos
que durante él se ban publicado. Aun limitándonos á las diversas ciencias, cuyas es-
peculaciones influyen directamente en el progreso industrial, tendríamos demasiado
terreno para recorrerlo en un artículo como el actual. Nos concretaremos, por con-
siguiente , á hacer algunas indicaciones respecto de las obras que se han publicado
en España y que hagan relación inmediata á la industria, en la genuina acepción
de esta palabra.
Entre los periódicos españoles que con más constancia se ocupan de todas las
cuestiones reñjrentes á las artes mecánicas y químicas, merece citarse en primer lu-
gar á La Gacela Industrial, que lleva siete años de existencia, sin contar con s u b -
vención de ninguna especie, y cuyo criterio es la defensa de la producción nacional
sin subordinación á clase alguna, y menos á personalidad determinada. Más moder-
no que la Gaceta, pero no menos interesante, es El Museo de la Industria, sobre cu-
yos méritos no podemos dete"iernos por no abogar desde este sitio pro domo\ nostra.
El Fomento de la producción nacional de Barcelona, la Revista minera de Madrid y al-
gunas otras'revistas, se ocupan de las cuestiones que inmediatamente se relacionan
con la industria. No es en España negocio lucrativo la publicación de periódicos téc-
nicos, como lo es bajo diversos aspectos la de los diarios políticos, y justo es, por

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lo tanto, que en compensación tuviera el pais, para los que se dedican á esta impro-
ba tarea, algún agradecimiento y consideración.
El Sr. Borrell ha publicado este año el undécimo cuaderno de su obra de dibujo,
dedicado á los detalles de arquitectura. Es un verdadero tratado, pues su explicación
es muy abultada y comprende nada menos que noventa grabados de madera intercala-
dos en el texto, y diez láminas finales grabadas en acero. El total de lo publicado por
el Sr. Borrell forma un hermoso tomo con setenta láminas grabadas en acero, y está
preparando su laborioso autor el último cuaderno, dedicado á estudiar los caracteres
de los diversos estilos arquitectónicos aplicados á los utensilios, muebles, etc. Me-
rece también citarse el Tratado de dibujo que ha llevado á cabo este año el obrero
catalán Sr. Salient, y que satisface las necesidades de una enseñanza meramente
elemental, acomodada á las clases obreras.
Se han publicado en el curso de este año algunos libros relativos á las artes mecá-
nicas y químicas: enunciaremos los que han llegado á nuestras manos. El Sr. Hidal-
go es autor de una obra sobre la industria vinícola, y de otra el Sr. Aragó ; el señor
Balaguer, de un folleto sobre el anáfisis de los vinos; el Sr. Navarro y Soler, de un
tratado sobre los abonos, habiéndose traducido también al castellano las obras de
Ville y Liebig sobre el mismo asunto. En máquinas de vapor ha dado á luz con este
titulo el Sr. Alcover la primera parte de su obra sobre motores industriales; el señor
Jimenez ha publicado un folleto sobre el empleo del contra-vapor en las locomoto-
ras, y á fines de Diciembre se pondrá á la venta una obra que el autor de estas lí-
neas está haciendo imprimir, en que se estudian las máquinas de vapor en su teoría
y cálculo, teniendo presentes las innovaciones que la teoría mecánica del calor ha
causado en este género de especulaciones.
Se han dado á la estampa en el curso de este año el principio de una obra del se-
ñor Sala, sobre puertos, un Manual de legislación de aguas por el Sr. Abella, un li-
bro sobre la expropiación forzosa del Sr. Madrazo, un folleto del Sr. Maroto sobre
las escuelas de artes y oficios, y algunos otros referentes á diversos asuntos afines
con los problemas de la industria.
En matemáticas y física casi sólo se han hecho nuevas ediciones de los libros de
texto ya conocidos. El Sr. Gomez Pallete ha publicado la primera parte de la obra
que titula Aplíeacíon del Álgebra á la Geometría, la que se ocupa de Trigonometría,
separándose algún tanto del camino que siguen los demás autores , y haciendo á la
Trigonometría un verdadero ramo de la Geometría analítica con mucho criterio y
excelente método.
Algunos folletos se han publicado sobre cuestiones de física, entre los que sólo ci-
taremos uno del Sr. Escriche, sobre una modificación que este profesor introduce
en las máquinas neumáticas, á fin de llevar el estado de rarefacción del aire á un lí-
mite muy extenso. El reputado ingeniero Sr. Echegaray continúa dando á luz su
excelente Termodinámica, harto despacio para los que anhelan verla concluida, y
ha comenzado á dar en el boletín, órgano de la Academia de Ciencias, un notabih-
simo estudio sobre la óptica, como introducción á los trabajos de Cauchy. El Obser-
vatorio astronómico de Madrid ha publicado un Anuario con un concienzudo artícu-
lo del Sr. Merino sobre la temperatura de Madrid. Ha dado á la estampa asimismo
este año el resumen de las observaciones meteorológicas hechas en la península d u -
rante el año 1869.
El Dr. Saez Palacios ha terminado su obra sobre química inorgánica con aphca-

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ciones á la farmacia y á las artes industriales, y el Dr. Puerta lleva muy adelantada
la edición de la suya, referente á química orgánica con análogo carácter. El ingenie-
ro de minas, Sr. Maestre, ha traducido una obra alemana relativa al reconocimien-
to químico de los minerales, y los profesores Orio y Montalvo han comenzado á pu-
blicar un Tratado de mineralogía.
De pocos años á esta parte se han puesto á la orden del dia en todas las naciones
cultas de Europa las investigaciones sobre el hombre prehistórico ; esto e s , sobre la
humanidad en los períodos de su primitiva existencia sobre la faz de la tierra. I n -
teresa este género de conocimientos á los que se dedican á cuestiones industriales,
pues sirve para conocer los utensilios y artefactos del hombre en sus primitivos
tiempos. España tiene dos campeones en este género de especulaciones, que son los
Sres. Vilanova y Tubino, quienes han publicado este año una obra sobre este asun-
to, relatando las discusiones del Congreso que con referencia á estas materias se v e -
rificó el año pasado eu Copenhague.
G . VICUÑA.
Octubre de 1871.

EXPOSICIÓN INDUSTRIAL Y ARTÍSTICA


EN VALLADOLÍD.

E N E M o s á la vista varias cartas de la capital de Castilla la Vie-


ja, donde se nos dan amplios detalles sobre la exposición que
por iniciativa de las corporaciones oficiales y científicas se ba
verificado en aquella localidad con motivo de la feria.
Entre los objetos que más han llamado la atención de los inteligentes, citaremos
la colección de antigüedades del Sr. Minguez, uno de los iniciadores del certamen,
monedas do todas épocas, vasos primorosos, bajo-relieves de mérito , una bandeja
cincelada anterior al Renacimiento, de extraordinario mérito, mosaicos y tapices be-
Uísimos.
Otra colección del mismo señor, de 400 plantas medicinales, clasificadas con gran
exactitud y recogidas en las cercanías d é l a ciudad.
La fábrica de cristales de Gijon ha remitido varios objetos de un mérito singular,
servicio de mesa con preciosos grabados al humo y en relieve, que forman verda-
deras obras de arte.

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Entre otros varios, llamaba también la atención un magnifico reloj, febricado en
la ciudad, cuyo péndulo es una botella de ci'istal cargada de azogue; un bastón, que
marca con exactitud matemática la distancia que ha recorrido su dueño ; el gran co-
llar del ministro de Gracia y Justicia , construido en Madrid por orden del Sr. Mon-
tero Rios; máquinas de vapor con aplicación á la agricultura, notables por su cons-
trucción y mecanismo; un nuevo sistema de coches-correos para los ferro-carriles,
que dejan la correspondencia en las estaciones del tránsito y recogen la nueva sin
necesidad de detenerse el tren, y que desearíamos ver adoptado en España por su
conveniencia.
El Sr. Ruiz Merino , fabricante de pastas para sopa en aquella población, ha pre-
sentado también féculas de garbanzos, h a b a s , lentejas, etc., que hoy tienen ya una
gran aceptación.
La Compañía Colonial y los señores Lopez de Málaga han presentado también los
productos de sus fábricas, distinguiéndose por el lujo y buen gusto d e s ú s apara-¡
dores.
En el salon de bellas artes se hacían notar dos lienzos del Sr. Martí, director déla
escuela de aquella capital, representando un interior del Museo magistralmente pin-
tado, y un retrato del Rey; del Sr. Velaseo dos cuadros que conmemoran la funda-
ción de Nuestra Señora de las Nieves en Roma, y cuatro interiores de muy buen
gusto ; dos paisajes de D. Vicente Rodríguez, discípulo aventajado del Sr. Haes; otros
dos de D.Evaristo Barrio, notables por su vigorosa entonación ; marinas, bodegones,
y muchas copias de maestros clásicos ; varias acuarelas, entre las que descuellan dos
de D. Isidro Gil, que representan tipos de Castilla y unas ruinas góticas de las cer-
canías de Burgos.
En el centro del salon, junto á un busto de Espartero, se ostentaba una preciosa
cabeza de escultura, representando á San Juan, degollado, que obtuvo premio en
Zaragoza en 1868.
También se veian en dicho salon algunos píanos de elegante estructura y armo-
niosas voces, de las fábricas de los Sres. Bernareggi y Marcbeti.
En resumen, la exposición ha estado concurrida aun cuando se ha dispuesto é
nistalado en mes y medio ; el local poco á pi'opósito ; pobre y de mal gusto el adorno
de guirnaldas, gallardetes y escudos.
Ha habido á disposición del público un álbum, donde cada cual era dueño de con-
signar sus impresiones, y en el cual, á vuelta de chascarrillos é insulseces y verda-
deros epigramas, se leían algunos elogios á la junta iniciadora, y críticas mordaces
de las corporaciones que han brillado por su ausencia.

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EXPOSICIÓN GENERAL CATALANA.

I.

A primera vez que vimos anunciado el programa para una ex-


posición universal, concebimos grandes esperanzas del resulta-
do inmediato que tales certámenes darian á todas las naciones ;
no obstante, por lo que á España toca, sólo han dado resultados negativos para el
fomento de nuestra industria.
España concurrió con fe á los primeros concursos universales; pero luego ha
acudido á ellos de una manera desacertada, gracias á que los gobiernos, á pesar
de los millones que han gastado á favor de aquellas fiestas, pocos ó ningún dato han
facilitado á los industriales, para que en lo sucesivo pudieran servirles de mucho al
objeto de mejorar sus productos en aquello que del estudio verificado por personas
competentes hubieran notado de la comparación hecha con los procedentes de otras
naciones.
Los industriales españoles, pues, han facilitado á los extranjeros lo más difícil de
ser estudiado; el gusto especial de cada una de nuestras provincias; los solares y di-
bujos mejor aceptados por los consumidores ; y de tan rico mostruario los extraños
han copiado y mejorado lo que han creído conveniente, llenando nuestros almace-
nes de artefactos extranjeros dedicados al gusto especial que domina en varias p r o -
vincias.
Afortunadamente nuestra industria adelanta con bastante rapidez, y l u c h a , en
ciertos productos, con alguna ventaja con los de otros países; y con algo más de
protección que tuviera á su favor, se colocaría en paco tiempo á la altura de la de
otras naciones.
Las desventajas que generalmente nos reportan las exposiciones universales en el
extranjero, ha hecho que varios periódicos, corpoi'aciones y particulares hayan r e -
doblado sus esfuerzos para celebrar exposiciones en casa ; Valencia, Zaragoza, Valla-
dolid y otras importantes capitales han celebrado concursos de dicha índole ; y en
esta capital el Instituto agrícola catalán de San Isidro, con un celo digno de la alia
misión que se ha impuesto, anuncia frecuentes exposiciones en varios puntos del
principado catalán, fomentando de esta manera los intereses de la agricultura.
Dos corporaciones más existen en esta capital, que merecen bien del país por su
infatigable celo para fomentar los concursos agrícolas, industriales y artísticos; la
Junta corresponsal de la Asociación Industrial Portuense, que en 1861 remitió un
rico y numeroso mostruario á la exposición de Oporto, proporcionando grandes é
inmediatos resultados á España, publicándose ademas una Memoria comparativa,
única en su género, que se repartió gratis á los expositores españoles, redactada y
costeada por el autor de estas líneas, y habiendo escrito una muy buena reseña de
dicho concurso, por encargo de la Excma. Diputación provincial, el inteligente y

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apreciable joven ingeniero D. Francisco Vila y Lletjds, trabajo que desgraciadamen-
te no ha visto la luz pública. La otra corporación digna de ser mencionada es la
Sociedad Económica Barcelonesa de Amigos del País, á quien se debe la iniciativa
de la actual exposición general catalana ; sociedad que se ocupa ya sin descanso en
dará Barcelona un gran edificio destinado á exposiciones, é inaugurarlo en breve con
un gran concurso general de productos españoles y portugueses.
Las exposiciones agrícolas, industriales y artísticas fomentan las industrias de t o -
dos los países, y cuanto han hecho hasta ahora sus iniciadores no ha tenido otro
objeto. En la vida de las sociedades es menester echar de cuando en cuando una
ojeada hacía atrás para ver lo que se ha andado, y examinar con ojo perspicaz hacia
qué punto se han dirigido por el movimiento de las ideas, de las pasiones y de los
intereses mismos del presente, cuyos estudios los facilitan tales concursos, en bien
de la sociedad en general.
El estímulo en las exposiciones proporciona al mundo nuevos inventos; asegura
el trabajo á los operarios ; se desarrolla la navegación, caminos de hierro y trabajos
públicos; las cosechas se multiplican; la mano de obra adquiere mayor precio; se
acometen grandes empresas, y la opulencia y prosperidad renace por todas partes.
Comprendiéndolo asi el Excmo. Ayuntamiento ó Comisión de fiestas y ferias de
Barcelona, protegió la idea de la Económica, reahzando la exposición general c a -
talana.
Después de un mes de haberse anunciado, y habiendo empezado los trabajos en la
nueva Universidad quince dias después para realizar el concurso, el dia 21 de Se-
tiembre no se veia colocado en el local ningún artefacto para la inauguración, que
debía tener lugar el 24 de Setiembre; no obstante, se abrió la exposición el citado
dia con admiración de todos por la riqueza y cantidad de los productos expuestos.
Cerca de las dos de la tarde, la marcha real anunció la llegada de S. M. D. A m a -
deo l al lugar del concurso, dando una muestra evidente con su expreso regreso á la
capital de Cataluña de cuánto se interesaba para inaugurar la solemne fiesta industrial
que se habia improvisado. S. M. permaneció cerca de tres horas en el edificio, sor-
prendido del estado de adelanto de la industria en general; dirigió preguntas á e x -
positores ; se enteró con alguna detención de varios de los artefactos expuestos, y el
inmenso público que poblaba los salones de aquel palacio daba evidentes muestras
de regocijo y noble orgullo por el triunfo que ponia de manifiesto la industria na-
cional.
Antes de salir el Rey de la exposición, D. José IVIestre y Cabañes, presidente de la
Comisión de exposición y de la Económica Barcelonesa de Amigos del Pais, dirigió
algunas palabras á S. M., terminando con un ¡viva el Rey! y otro á la industria n a -
cional.
Si bien el local de la nueva Universidad no es á propósito para celebrar en él e x -
posiciones industriales, no obstante el concurso presenta buen efecto por la gran-
diosidad de algunos de los salones y agrupación que se ha dado á los artefactos; d i s -
tribución que dista mucho de ser perfecta por el pié forzado de la distribución del
local ; sin embargo, debemos hacer mérito del acierto en la dirección de las obras
hechas á dicho objeto por el arquitecto D. José Oriol Mestres, individuo de la sección
de Exposición.
La exposición se halla dividida en 33 departamentos, ademas de la sala de Juntas
para la Comisión, .secretaría, café, y restaurant.

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Con objeto de que se pueda formar una idea aproximada de la importancia de este
concurso, hemos creído conveniente hacer constar el espacio que ocupa cada sección,
lo que vamos á indicar desde luego.
La sección de floricultura está en un espacio de 623 metros cuadrados ; la de fru-
tas y máquinas agrícolas, 293 ; la de carbones y cerámica, 468 ; la de productos agrí-
colas, harinas, abonos y minerales, 416; la de animales vivos, l ü ü ; la de máquinas,
hierros, retortas y ladrillos refractarios, 468 ; la de cerrajería, hojalatería, telas metá-
licas y materias de industria, 416 ; dichos espacios se hallan en la planta baja del
edificio; pasemos, pues, al primer piso.
La perfumería, dulcería, frutas y flores ocupan 288 metros; los productos quími-
cos, curtidos, cerería, peines y pastas para ropa, 416; los tejidos de algodón y báno-
vas, 178; los hilados, tejidos y estampados de algodón y lana, 231 ; los hilados, teji-
dos y estampados de algodón y lino, 414; los hilados, tejidos, estampados é hilos
toi'cidos, cintas, lanería, mantelería y tejidos de cáñamo y géneros de punto, 347 ; los
abanicos, paraguas, sombrillas, corchetes y telas impermeables, 126; la ebanistería
y carpintería, billares, esteras y vidrios de color, 228; la cuchillería y muestras de
letras, 60; los corsés, camisería, sombrerería, zapatería, máquinas de coser y mue-
bles rústicos, 293; los bordados y trabajos al corcho, 60 ; el cristal, porcelana, pianos,
vidrios y bronces de arte, 288; los instrumentos músicos, 126; los tejidos de lana y
seda, paños y maíllas, 347 ; los tejidos de lana y seda, 144; las lanerías, corbatas, gé-
neros de punto, chalequería, hilados de estambre y pañolería, 231 ; el papel de todas
clases, juguetes y objetos de cartón, 416; los tejidos varios y pasamanería, 107; las
blondas, 5 7 ; las sederías, 204; la arquitectura, escultura y dibujo, 160; la pintu-
ra, 288; la litografía, cromolitografía y grabados, 81 ; la caligrafía y fotografía, 6 8 ;
los grabados en metales, aparatos médicos y quirúrgicos y aparatos de precisión, 81 ;
los libros y material de enseñanza, estampas, mapas y joyería, 130; los impresos y
libros nuevos, 80; los aparatos de física, 54(1).
La Comisión de fiestas y ferias de Barcelona puede estar satisfecha del resultado
obtenido por la exposición agrícola, industrial y artística de las cuatro provincias
catalanas, por ser el espectáculo que todavía es visitado por miles de personas, y que
tanto honra á Barcelona, pues salvo algunas excepciones, todos los productos allí
expuestos pertenecen á la provincia de ésta.
Todas las corporaciones de la capital de Cataluña y particulares merecen grandes
elogios por su entusiasmo á favor de tal fiesta ; y deben ser felicitadas muy especial-
mente, por sus eminentes servicios prestados á dicho objeto, la Económica Barcelo-
nesa de Amigos del País, elinstituto Industrial de Cataluña y Fomento de la Produc-
ción Nacional.
La Comisión de Exposición ha nombrado ya su gran Jurado calificador , dividido
en nueve secciones, una por cada grupo de que consta la exposición, según el progra-
ma que se publicó, y adjudicará como primer premio medallas de bronce, y también
menciones honoríficas. Ademas, la Económica Barcelonesa ha nombrado una comi-
sión especial de su seno, para que entre los que hayan obtenido primeros premios
pueda adjudicar el uso del escudo de tan respetable corporación álos que más hayan
sobresalido por el mérito de sus productos.

(1) Dichos espacios son la superficie del plan terreno de cada salón donde han expuesto sus pro-
ductos los 68í) expositores que han concurrido al certamen. {Nota del ЛцШ\)

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La exposición general catalana ha satisfecho los deseos de cuantos se interesan,
por la prosperidad de España, y los que han llevado á cabo tamaña empresa pueden
darse muy cumplida enhorabuena por el resultado obtenido.

IL

Una de las principales ditícultades que ofrece una Exposición para poder apreciar
el mérito relativo de los objetos expuestos, es la mala agrupación de los productos,
por cuyo motivo la que nos ocupa presenta tales inconvenientes, ya por el pié for-
zado de un local nada á propósito para dicho objeto, ya porque, atendido el poco
tiempo de que se pudo disponer para realizar el concurso, en un mismo salón ó de-
partamento se ven artefactos de distintos grupos, lo cual, si bien apenas 'lo nota el
que visita el local con alguna precipitación, lo ve desde luego el obervador por poca
práctica ó conocimientos que posea de tales certámenes.
Prescindiendo, pues, délo manifestado, nos ocuparemos de los objetos expuestos
que á nuestro juicio más hayan sobresalido, sin querer suponer por esto que no haya
otros de indisputable mérito que se habrán escapado de nuestro ligero examen ; falta
disculpable por los motivos expuestos y difíciles de evitar de momento.
Todos los esfuerzos de la Comisión para dar buena forma á la agrupación de los
productos han sido infructuosos, pues, á pesar de permanecer constantemente varios
señores de la junta en el local de la Exposición, se vieron en ia necesidad de acceder
á ciertas exigencias, que sólo pueden evitarse pudiendo disponer de tiempo y local á
propósito.
Hechas estas salvedades, entremos á ocuparnos de lo que creemos más notable de
la Exposición.
Apenas la comisión de Exposición entró en el local de la nueva Universidad, se
ocupó de buscar el salón más á propósito para exponer en él las pinturas al óleo y
otras que se presentaran ; y tuvo la satisfacción de hallar una estancia de excelentes
condiciones de luz y grandiosidad para el indicado objeto.
Difícil era en unos momentos en que la capital del reino estaba próxima á inaugu-
rar una gran Exposición de bellas artes, se presentaran cuadros bastantes para llenar
el salón destinado á dicho grupo; no obstante, nuestros artistas quisieron honrar la
invitación que se les hizo, y el indicado grupo, sí no sobresaliente, reúne obras de
mérito recomendable.
Don Claudio Lorenzale ha expuesto algunos henzos de la historia de Cataluña y al-
gunos santos ; género al que pocos de nuestros artistas catalanes se dedican, por c u -
yo motivo llaman la atención pública, pues si el colorido es poco simpático, el dibu-
jo es correcto, severo y oportuno. Don Tomas Moragas, cuyo pincel se ha elogiado v a -
rias veces, ha presentando cinco cuadros, sobresaliendo un Lavadei'opúblico de Gui-
sona, á pesar de su deslumbrante colorido, y Miguel Ángel velando á su criado Urbi-
no, de bien entendida entonación. De los seis cuadros do D. Leon Conielerán, debe-
mos hacer mención especial de una Puesta de sol, y Lo toch dJoració del ya reputado
paisajista D. Modesto Urgell, cuyas obras son solicitadas cuando quiere dejar un
cuadro concluido. Don Félix Urgellés de Tovar, á pesar del poco tiempo que se dedica
á la pintura, ha merecido elogios de distinguidos críticos en la prensa periódica, y
creemos puede llegar á ser artista de mucho mérito, si como hasta ahora se dedica

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con celo al estudio del naturai, por cuyo motivo llaman la atención sus pequeños
cuadros expuestos, con especialidad Bespaes déla lluvia y Una calle de Espluga.
Con todo de haberse visto en otras exposiciones el original lienzo de D. Bartolomé
Ribo, Llegada de un tren á la última estación, es examinado con gusto; y ofrecen
siempre la más agradable impresión por su indisputable mérito Las ¡lores y uvas, de
D. José Mirabent; Las ramas y zarzales, de D. José Armet; Un efecto de luna, de
D. Cayetano Benavente; Un suscritor al Diario, de D. José Duran; los lienzos de los
señores Masriera ; un Estudio del natural, de D. Francisco Inglada ; y algunos cuadros
de D. Juan Pianella llaman justamente la atención pública.
Dos cuadros hay en dicho grupo fuera de concurso, Una orgía , del señor Miralles,
de "Valencia, y Los mendigos, de D. Juan Bauza, de Palma de Mallorca; ambos de
mérito, muy especialmente el segundo.
En aguadas haremos mención d e l a s d e D . Aquíles Batisluzzi, lasque parecen mag-
nificas cromo-litografías, género que imita aún en sus pinturas al óleo. La procesión
del Corpus en Barcelona, de D. Rosendo Novas, pone de manifiesto el mérito reco-
mendable de su autor. De los trabajos en lápiz, sobresale el de D. Juan Rabana.
Notables por más de un concepto son los grabados de la señora viuda y hermano
de Roca, y los grabados en hueco de D. Joaquín Furnó, así como los grabados en
madera y estereotipia deD. Eugenio Alósy compañía, y los para calados y encuader-
naciones de los señores Montells hermanos.
Los estudios de arquitectura del renombrado arquitecto D. José Oriol ulestres, los
elegantes proyectos arquitectónicos de D. Jerónimo Granell, D. Antonio Robert y
D. Rafael Guastavino, son justamente elogiados en distintas ocasiones, y el proyecto
de un palacio para inválidos de la industria, de D. Macario Pianella, es lo que más
llama la atención en el grupo de arquitectura.
El salón donde hay la litografía y cromo-litografía contiene calados perfectos de
D. J. Verdaguer y compañía, preciosas cromo-litografías de D. José Guai, y un bien
acabado retrato d e D . Amadeo I, por D. Carlos Labielle, quien ha expuesto ademas
algunas foto-litografías.
En la sección de fotografía, si bien no abundante, se distingue en primer término
D. Marcos Sala en retratos y reproducciones de edificios; luego el señor Napoleón en
retratos; D. Francisco Arenas en vistas de Cataluña, y el bien reputado antiguo fotó-
grafo señor Alvareda , en un buen retrato y algunas excelentes vistas.
En el material para ciencias y artes, sobresalen las pesas y medidas, tipos para el
Gobierno, de D. Francisco de Paula Isaura ; los treinta objetos diferentes de ciencias,
de D. Francisco Dalmau é hijos; los instrumentos de vidrio aplicados á las ciencias,
y ojos de esmalte, por D. José Fradera; recomendando el material de dibujo y pin-
tura de D. Alejandro Pianella , por ser industria naciente en España, y que desarro-
llada con acierto puede dar grandes resultados.
La grandiosa imprenta de D. Narciso Ramírez y compañía ha presentado ricos
trabajos tipográficos, consistentes en acciones, obligaciones, cromos, láminas para
obras de lujo, muestrario de su fabricación de naipes y carteles; y D. Juan Pena y
Sacanell un cuadro de estampas grabadas, que por su baratura compiten con las
extranjeras.
D. Ramon Arabia yRodons se ha distinguido en la sección de materias de ense-
ñanza con un tablero para enseñar á leer, dispuesto para adoptar principalmente el
sistema orgánico vocal, y un ciu;dro gráfico y sinóptico de la analogía y sintaxis. El

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señor Bastirlos é liijo, entendido editor, lia expuesto gran cantidad de objetos para
las escuelas ; la escuela de sordo-mudos y ciegos, varios trabajos y aparatos ; siendo
•nuy notable el sistema y aparato de D. Pedro Llorens, maestro de la escuela de cie-
gos, y el del señor Carreras, y examinado con el mayor interés el justamente elo-
giado libro para la enseñanza de sordo-mudos del director de la escuela, D. Francisco
de A S Í S Valls y Ronquillo.
Varios son los cuados de caligrafía que se han presentado, sobresaliendo el del se-
ñor Roca.
Tres expositores figuran en los aparatos de precisión , debiendo consignarse dos
relojes de torre de D. Vicente Cabañac, y una máquina para dentarlas ruedas de re-
lojería de D. Luís ¡Violas.
La sección de pianos está bien representada por siete expositores, que han presen-
tado 22 pianos, entre ellos los de la casa Bernareggi y compañía, que tantas conde-
coraciones y otros premios han obtenido en concursos extranjeros; los del señor
Guarro, sistema Steinway; los de D. Poncio Anger, Izabal, IVIaseras, Altiraíra;,y Plana.
Los instrumentos músicos y música impresa de D. Andrés Vidal ocupan un lugar
distinguido, y merecen especial mención las máquinas para pianos de D. José Jorba.
Los abanicos y paraguas de D. José Oriol Segur, y los paraguas y sombrillas del
señor Quadros, ocupan casi todo un salón, ostentando el gran estado de adelanto en
que está aquel importante ramo de industria, y la perfumería de los señores Roviral-
ta y Puignaire forma un grandioso grupo, sobresaliendo colosales columnas de ja-
bón , elegantes frascos de aguas y vinagres de olor, grandes botes de cristal con po-
madas y preciosas cajas de tocador, que en lujo y clase compiten con las mejores
que se obtienen en el extranjero.
Lo primero que llama la atención en las artes suntuarias de construcción y exor-
nación, es una preciosísima obra de talla en corcho, bellísimo cuadro heráldico y
cronológico de España, rico en detalles, magnífico en dibujo.
Los señores Mayol y Pocli, D. Pedro Tarrada y D. Francisco Amorós, han expues-
to buenos billares, siendo notable uno del último señor expresado, con piano y a r -
monium, cuyo valor es de 20.000 reales. El señor Pons y Rivas ha presentado varios
muebles, siendo muy bien apreciado un rico armario con tres espejos ; D. José Fayá
ba llamado la atención con una cómoda y armario brillante y mate , de mucho gus-
t o ; D. José Bedoya con un sillón y una cuna que él llama universal, por los muchos
objetos á que se destina ; el señor Guisó y compañía con objetos de tornería, y el se-
ñor Bonastre y Feu con varios muebles. .
Un altar de madera, inventado por D. Antonio Robert y ejecutado por D. Epifanio
Robert, у los variados pavimentos de madera de los señores Roseli y Punti, son dig-
nos de ser apreciados ; siendo de mucbo gusto las esteras del señor Vila y MoraguU, y
'bien construidas las persianas de D. Gervasio Amat.
Ricos en arte y en perfección son los objetos de piedras preciosas, oro, esmalte y
plata, expuestos por los distinguidos artistas D. José Masriera é hijos; la rica placa
de oro y brillantes de Isabel la Católica; la grandiosidad de unos candelabros de pla-
ta; la elegancia de un juego de café, de plata; la severidad en el dibujo de un com-
pás de oro; la perfección de los esmaltes en elegantes medallones, todo revela otra
vez más cuan justos son los elogios que se dedican á tan apreciables artistas. Don Pe-
dro Soler é hijos también han expuesto objetos de joyería dignos de la reputación de
que goza tan respetable casa.

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Variados у excelentes son los objetos presentados por D. Francisco de Paula Isaura,
en plata Ruolz y bronces dorados y plateados, llamando la atención varias piezas de
una rica vajilla compuesta de 460 piezas, valor de 20.000 reales.
Don Ramon Pi у compañía, D. Modesto Gasademunt, D. M. Chaminada, D. Ma-
riano Vilanova, y La Porcelana deSoms, han presentado varios objetos de cristal y
de porcelana; D. Venancio Diaz vidrios-muselinas, y D. José Amigó preciosas vi-
drieras de colores.
Rica y variada es la colección de prendas para vestir y tejidos para su confección,
tanto, que nos vemos en la imposibilidad de hacer mención especial de los exposito-
res, por merecer todos igual distinción; no obstante, diremos de paso que los es-
tampados de los señores Ferrer y Vidal, España Industrial, Ricart y Juncadella, lla-
man mucho la atención de los inteligentes. Los señores Batlló hermanos han expues-
to sus productos en un gran espacio, ostentando sus bien acabados artefactos. Esta
grandiosa fábrica produce diariamente 3.333 kilos y 484 piezas de muselinas, etc.
Entre los objetos de camisería que llaman la atención, se distinguen los expues-
tos por D. Francisco Aurígema, rica colección para boda y bautizo.
La sociedad de zapateros La Prosperidad ha presentado calzado admirablemente
confeccionado, viéndose entre ellos los aparatos ortopédicos de cuero-rígido perfec-
tamente trabajados por su inventor D. Juan Pí y Masanés. Los zapatos y botas del se-
ñor Says nos han parecido bastante bien confeccionados.
Las cuatro máquinas para coser de D. Miguel Escuder, merecen justos elogios por
su precisión y elegancia.
Varios son los cuadros bordados, mereciendo ser consignado una «Adoración de
los Reyes», por doña Mercedes Casas.
Un gran salón reúne los productos de lanería que de Sabadell y Tarrasa exponen
diez y nueve fabricantes, rivalizando todos en la bondad de sus artefactos, siendo
notable la gran variedad presentada por el Sr. Campmany y compañía, de Sabadell,
cuya gran colección ha sido comprada por un solo consumidor.
El expositor que quizá sobresale á todos los demás, es el Sr. Sert hermanos, ocu-
pando él solo un salón con reps, alfombras, tapetes, telas para abrigo de señora,
abrigos confeccionados, portiers, pañolería, mantas de viaje, mantas de cama, ta-
pabocas y otros artículos de gran novedad y del mejor gusto.
Otro expositor merece justos elogios, D. Joaquín Parchada, por sus perfectos hila-
dos y torcidos de seda expuestos en gran cantidad, y los capullos de simiente, capu-
llos del .íapon, alducares y otros.
Los objetos de pasamanería del Sr. Santonja ; los de oro y plata de la señora viuda
é hijos de D. Antonio Vidal; las condecoraciones de D. Bernardo Castells; los galo-
nes de oro y plata de D. Joaquín Buguñá, sucesor de la antigua casa Llampallas ; las
blondas y encajes de los Sres. D. José Fiter, D. José Margarit y D. Jaime Vives; los
tules de D. Miguel Clavé y compañía; y las sederías de D. Juan Escuder, D. Eduardo
Reíg y compañía, D. José Olivé y otros, son examinadas con gusto por muy enten-
didos consumidores. Los tisús de oro y plata, gasas y glasés, de D. Juan Asbert, son
notables por su riqueza y buena fabricación.
Muy concurrido es el grupo de máquinas é instrumentos empleados en las artes
usuales y materias de las mismas. La Sociedad de Navegación é Industria y la Ma-
quinista Terrestre y Marítima, la primera ha presentado varias piezas de una máqui-
na de vapor de 60 caballos, y la segunda otva de la fuerza de50, demostrando ambas

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sociedades su acierto en la dirección de sus importantísimos y vastos talleres. El se- '
ñor Peyronill lia expuesto trece máquinas distintas para la agricultura; los Sres. Pla-
nas, Junoy y compañía una preciosa máquina para fabricar papel continuo y una tur-
bina , y el Sr. Borras tiene demanifiesto, llamando extraordinariamente la atención
pública, una admirable máquina para hacer cigarrillos, sistema Monturiol.
Entre los productos de las industrias extractivas y sus aplicaciones, se distingue
un gran grupo de carbón mineral, cimglomerados y cok de San Juan de las Abade-
sas; un grupo de coral de D. Salvador Vidal; una grande y rica colección de corales,
conchas y otros objetos, clasificados unos y formando hermosos grupos otros, de don
Pedro Caballé.
De los productos farmacéuticos, figuran en primera linea los Sres. Formiguera,
Marqués, Andreu y Padró ; y de productos químicos, los Sres. Monroig y Comeleran.
Los Sres. Merly, Serra y SiviUa, sucesores de la antigua y acreditada fábrica de los
Sres. D. Félix Urgellés é hijo, han expuesto una grandiosa colección de barnices pa-
ra coches y demás á base de espíritu de vino, esencia de trementina y otros aceites
lijos y esenciales para todas las industrias y artes ; lo mismo que betunes hidrófugos
contra la humedad de las paredes.
Los Sres. Urgellés é hijo, á pesar de estar retirados ya do los negocios, ban ex-
puesto un frasco de la preciosa disolución de resina copal en el espíritu de vino
puro sin mezcla de ninguna otra sustancia, cuya invención les ha valido honro-
sísimas condecoraciones, cuarenta medallas y títulos honoríficos de nacionales y ex-
tranjeros.
En papel se han distinguido los Sres. Serra, Guarro, Font, «La Gerundense»,
Capdevila, Romani y Vila.
En la sección dc sustancias alimenticias, llaman justamente la atención las h a r i -
nas y arroces de los Sres. Pons y Baulenas; las galletas de la señora viuda de Pa-
lay y Moré; los salchichones d e D . Jaime Vernis; las frutas en conserva de D. F é -
lix Carbonell ; los dulces al vapor de D. José Julia ; los chocolates de los Sres. Amet-
11er hermanos; las cajas para dulces y confitería de D. Agustín ¡^lasaña; la cerve-
za de los Sres. Míret y Tersa, y las bebidas gaseosas y licores de los herederos de
Ansaldí.
En jardinería y productos agrícolas, debemos mencionar las grandes manzanas ex-
puestas por los Sres. AmetUer hermanos; los objetos de jardinería y frutas, por los
Sres. Aldrufen y Graffi ; las semillas y productos de floricultura, porD. Juan Nonell;
las excelentes muestras de vinos y aceites, por D. Antonio M. Llovel; el magnífico
muestrario de vinos, por D. Laureano de Ballester; el vino rancio de D. Antonio
Calí, del cual cosecha 3.S00 botellas anuales, y varías clases de abonos.
La sección de animales vivos ha sido poco concurrida.
Debemos hacer los más justos elogios por el buen gusto que han desplegado todos
los expositores en la colocación de cuanto ban presentado , sorprendiéndola elegan-
cia y vistosísimo efecto de la exposición, debido al acierto y desprendimiento de
cuantos han tomado parte en tan importante concurso.
Creemos justo terminar esta breve reseña haciendo constar los nombres de los á
quienes se debe en primer término la reabzacion de la Exposición general catalana.
D. Agustín Urgellés de Tovar inició la idea para celebrar este año una Exposición
general de las cuatro provincias catalanas, proposición que fué aceptada por unani-
midad en la comisión permanente de Exposiciones de la Sociedad económica barce-

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lonesa de Amigos del País, corporación que aprobó unánimemente aquel acuerdo.
D. Francisco de Paula Rius y Taulet y D. José María Torres, presidente el primero
y secretario el segundo de la junta directiva de Exposiciones, Ferias y Fiestas, que
aceptó la idea de la Exposición general catalana. Don José Mestre y Gabanes, presiden-
te de la Económica, que inició dicha Exposición, nombrado presidente de la sección
de Exposición y secretario el que lo es de la permanente déla Económica, D. Fran-
cisco Vila y Lletjós. El arquitecto que ha dirigido las obras en el edificio de la Uni-
versidad para dicho concurso, es D. José Oriol Mestres.
En estos momentos está reunido el gran jurado clasificador, compuesto de sesen-
ta y tres individuos, en nueve secciones, una por grupo; debiendo adjudicar meda-
llas de bronce y menciones honoríficas. Ademas, la Sociedad Económica barcelone-
sa de Amigos del País ha nombrado una comisión de siete de sus respetables miem-
bros, para que adjudique el uso del escudo de la Sociedad á los que más hayan so-
bresalido en esta Exposición.
Los catalanes sentiiños noble orgullo al visitar el edificio de la nueva Universidad,
por ver que España produce excelentes artefactos, y ¡ quién lo habia de decir ! hoy
hace un año que la prensa periódica de España anunció el fallecimiento del autor
de estas líneas, gracias á algún loco ó infame, que sorprendió la buena fe de algu-
nos periodistas. Al dar éstos cuenta de mi repentina muerte, lo hicieron en términos
que jamas podré agradecer bastante á mis compañeros publicistas, lamentándose de
mi pérdida por el entusiasmo q u e , dicen, tantas veces he demostrado á favor de la
industria nacional y de las exposiciones en el reino. Juzgúese con cuánta satisfacción
escribo estos ligeros artículos, y escribiré la reseña que de dicho concurso he ofreci-
do publicar en breve.
Barcelona ha dado repetidas muestras de saber improvisar exposiciones agrícolas,
"industriales y artísticas; á tan importante capital toca realizar una gran Exposición
general del reino, de cuyo asunto no falta quien se ocupa en proponerlos medios
para llevarla á efecto; y si hasta ahora hemos sido débiles en mandar á casa ajena
patrimonio nuestro, preciso es desde luego prepararnos para que los extraños den
su contingente, para que sepamos aprender sin salir de casa lo bueno que otros p r o -
ducen.
Si al terminar la inauguración de la Exposición general catalana se dio un viva á
la industria de Cataluña, demos otro, pero muy entusiasta y lleno de verdadero com-
pañerismo, á la INDUSTRIA NACIONAL.

AGUSTÍN URGELLÉS DE TOVAR.


[Ilustración Española.)

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L A S B E L L A S A R T E S E N ANDALUCÍA.

o creiamos poder ofrecer reseña de sucesos artísticos en aque-


llas ricas provincias, porque las circunstancias que atraviesan
desde la revolución de Setiembre , y aun desde mucho tiempo
antes, no son nada favorables al desarrollo de las bellas artes, que reclaman tranqui-
lidad de ánimo, espíritu alegre y sosegado en los que á ellas se dedican, y también
en los que con las obras del arte recrean su alma. A las nieblas financieras acumu-
ladas en el cielo andaluz por la esterilidad de los años y la ruina del crédito, unidas
con lo gravoso de los tributos, y otras muchas causas que no son para expuestas en el
terreno de que disponemos,-se unieron las tempestades políticas, que agitando las
pasiones, influyendo temores, fueron motivo poderoso para que cada cual pensara
en sus propios intereses, en su propia pei-sona, creando cierto aislamiento, cierta
atmósfera pavorosa , nada propicia á los tranquilos goces del espíritu.
Todo parecía conspirar contra el arte en aquellas regiones más privilegiadas y que
lian dado mayores glorías á la historia del genio español.
Y sin embargo, en medio de tantas contrariedades las artes ban vivido como por
milagro. La Escuela sevillana, lejos de morir por consunción, como parecía presa-
giarlo el abandono en que se encontraba, ha dado pasos gigantescos, según noticias
recogidas de personas que han visitado aquellas regiones, mostrándose llena de fuer-
zas y demostrando que siempre el genio de sus hijos será uno de los más firmes apo-
yos de las glorias nacionales. Hablábamos de Escuela Sevillana, y esto nos mueve á
recordar una cuestión que hoy se ha hecho renacer, cuando ya estaba resuelta en el
concepto de todos los hombres pensadores; nos refei'imos á la de existencia de es-
cuelas particulares, tanto en artes como en letras. Y no sabiendo en verdad cómo se
niega, sin cerrar los ojos á la luz, la individualidad , el carácter determinado de cier-
tos grupos que parecen recibir inspiraciones especiales del cíelo bajo que nacen, del
suelo que pisan, de la naturaleza que observan, quisiéramos ver cómo se niega esta
índole especial en los pintores y literatos de Andalucía. Existen en ellos todas las
cualidades de unidad y de variedad, armonizadas de modo que bastan para caracte-
rizar los de Escuela. De muy diversa inspiración, varios en sus concepciones, diferen-
tes en la forma de expresión y hasta en la manera de hacer, como hoy se dice entre
los del arte, los andaluces tienen siempre cualidades comunes, parece que están s u -
jetos á ciertos preceptos generales, que los hacen aparecer unos en medio de sus h e -
terogéneas producciones. Y como los artistas valencianos y los artistas madrileños, por
ejemplo, aunque tienen otras condiciones altamente apreciables, no son las mismas que
las que brillan en los andaluces, de aqui los caracteres distintivos de la que se ha
llamado y se llamará siempre Escuela Sevillana.

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El estudio de todas esas manifestaciones del sentimiento aitistico formará luego,
mirado desde un punto de vista más fdosóíico, la historia del genio español; pero
esto no contradice de manera alguna la teoría, por demás verdadera, de que en la
Escuela Sevillana sienten los artistas el color de otro modo que los madrileños, tie-
nen especial forma plástica de expresión, y hasta en la composición de sus asuntos
llevan giro especial y determinado.
Insensiblemente nos hemos separado del propósito de cronistas que teníamos al
tomar la pluma. Volvamosá é l , y consignemos hechos.
Apenas enunciada la idea de una Sociedad Protectora de Bellas Arles, pertenecen
á ella casi todas las ilustraciones y eminencias de la ciudad de Sevilla. El 15 de Ene-
ro abrió las puertas de su Salón de Exposición, en el que han figurado constante-
mente más de trescientos cuadros y esculturas, vendiéndose muchos en altos precios
y conforme su mérito á los extranjeros que han visitado aquél, que hoy puede lla-
marse templo de las artes en Sevilla ; y adquiriendo muchos también la Sociedad
con los fondos que reúne para estimular los artistas (I).
Allí se expusieron lienzos preciosos de los malogrados artistas Eduardo Zamacois y
Valeriano Domínguez Becquer, como honroso tributo á su memoria.
Allí también han podido apreciar los inteligentes el lienzo de grandes dimensiones
que para conmemorar la gloriosa campaña de África pintó, por encargo del Ayun-
tamiento, el célebre artista D. Joaquín Domínguez Becquer, lio y maestro del nom-
brado D. Valeriano.
Allí entre las esculturas de Jiménez Asterga y de Vega han podido ver los enten-
didos un precioso Cristo en nogal, delicadamente concluido, obra de D. Antonio
Peñas y Leon , tan conocido y apreciado en Madrid, de cuya mano son los mejores
bustos de la Colección de Españoles Célebres, de nuestro amigo Cruzada. Por encar-
go de algunos aficionados ha ejecutado también el mismo Peñas varios de esos jai'-
rones de estilo árabe, que tanto agrada á los inteligentes, y dos preciosas esculturitas,
que representan un andaluz y una andaluza, estudios concienzudos del natural, lle-
nos de verdad y gracia.
Saliendo del salón entremos en la Biblioteca Colombina, cuya galería de retratos
de hijos ilustres de Sevilla se ha enriquecido este año con obras dignas.de apre-
cio (2), comenzándose también la serie de hijos de la provincia y de artistas que han

(1) Más de cuarenta cuadros y esculturas ha comprado la Sociedad Protectora para las rifas que
mensualmente hace entre sus socios. No pudiendo dar aquí una nota exacta de los objetos adquiri-
dos , diremos solamente que muchos de ellos han sido muy alabados, excitando el deseo de que la
suerte agraciara á todos los que los admiraban.—En el salón se han vendido también á particulares
muchos cuadros cuyos precios suman crecida cantidad.
(2) Se ha enriquecido la numerosa colección con los retratos siguientes :
•—D. Juan Valdés Leal.—^Tomado de un grabado al agua fuerte que se guarda en la Biblioteca
Nacional en la colección que fué de D. Valentin Carderera. Eegalado y pintado por D. Eduardo
Cano.
—Gonzalo Argote de Molina.—Tomado del libro de Descripción de verdaderos retratos de ilustres
y memorahles varones, que pintó y escribió Francisco Pacheco y conserva el Sr. D, J. M. Asensio.—
Pintado por D. Augusto M. de Quesada.
—Pedro Mexla.—Tomado de la portada de la Silva de varia lección, de la edición hecha en Se-
villa por Fernando Diaz en 1596.—Pintado por D. José Chavez y Ortiz.
—Jerónimo Hernández.—Tomado de un dibujo de la colección del Sr. Carderera, que se cree obra
de Pacheco.—Pintado por D. Pedro de Vega.

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dejado en Sevilla obras notables, que ba de adornar el salón de entrada , donde se
ha hecho nueva y elegante estantería (1).
También la Biblioteca provincial ha empezado á adornar las desnudas paredes de
su extenso salón de lectura con retratros de célebres sevillanos; y aunque en verdad
nmguno de los colocados hasta boy sea obra notable bajo el aspecto artístico, ni su
forma y manera las más aceptables (2), todavía debemos esperar mucho de los que
sucesivamente han de aumentarse, y es dc aplaudir siempre la idea de los bibliote-
carios, que al propio tiempo que protegen el arte y rinden tributoá la ciencia, ponen
ante los ojos de los concurrentes á la Biblioteca las imágenes de los varones ilus-
tres á quienes deben imitar. ¡ Ojalá fueran éstas más fieles y más dignas de aplauso!
Debemos separar del grupo de esos retratos uno magnífico del Principe de los in-

—D. Antonio Cabrai Bejarano.—Pintado por su hijo D, Manuel, teniendo á]a vista ol que hizo
D. Antonio María Esquivel.
—D. Jorge Diaz, presbítero.—Pintado por el referido Sr. Quesada, tomándolo de una buena fo-
tografía.
—D. Antonio Maria Esquivel.—Pintado por eu hijo D. Vicente, teniendo á la vista el quede si
Mismo hizo el D. Antonio.
(1) En el nuevo salón en que han de figurar los hijos de toda Andalucía y los artistas que han
•dejado en Sevilla obras notables, se ha inaugurado la colección con el de A'onso Cano, lienzo an-
tiguo de muy buena mano, que se ha hecho restaurar. Hay ademas los siguientes :
—Juan de Arfe Villafañe, autor de la célebre custodia.—Pintado por D. Manuel Cabrai y Agua-
"lo, teniendo á la vista el que el mismo Arfe grabó al frente de su obra. Varia conmensuración
Sevilla, 1585.
—Pablo de Céspedes.—Pintado por D. José Jiménez, tomado del libro de Francisco Pacheco.
(2) Hasta ahora hay colocados los siguientes :
Miguel de Cervantes.—Por D. Eduardo Cano.
35. Luis Huidobro.—Por D. Francisco Peralta.
D. Miguel de Manara.—Por D. Manuel Wisel.
Fr. Pedro Valderrama.—Por Wisel.
^ • P. Hernando Contreras.—Por D. Virgilio Mattoni.
D. Manuel M. del Mármol.—Por Wisel.
Juan de Roelas.—Por D. Manuel Cabrai Aguado.
D. Kícolas Maestre.—Por D. Manuel Wisel.
El cardenal Wiseman.—Por D. José García. .
D. Félix J. Eeinoso.—Por García.
D. Nicola.s Antonio.—Por D. José Chavez.
Lope de Eueda.—Por Chavez.
Padre F. Galeas.—Por D. Francisco Peralta.
D. Alberto Lista.—Por D. Joaquín Diez.
Pero Mexía.—Por Wisel.
Francisco de Eioja.—Por D. Manuel Cabrai Aguado.
Fernando de Herrera.—Por el mismo.
Mateo Alemán.—Por el mismo.
Jerónimo de Chaves.—Por D. Antonio Alfan.
Juan Martinez Montañez.—Por D. Francisco Peralta.
Francisco Pacheco.—Por D. Manuel C. Aguado.
L). Juan Valdés Leal.-Por el mismo.
D. José María Blanco (Withe).—Por Wisel.
Juan de la Cueva.—Por D. Francisco G. Aguado.
Nicolas Monardes.—Por el mismo.
D. F'rancisoo Lopez do Castro.—Por D. Vicente Esquivel.
Fr. Bartolomé de las Casas.—Por el mismo.
Y ademas se están concluyendo algunos otros.

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genios españoles, pintado por el laureado artista D. Eduardo Cano, y que ha sido do-
nación hecha á la Biblioteca por el Sr. Duque de Montpensier.
Todo allí es admirable, todo embelesa al espectador. Aquél es un cuadro ¡perfecto.
Verdad, sentimiento, color, luz, dibujo, ejecución; nada echará de menos el más
exigente. Es la apoteosis del genio por el genio.
Por encargos particulares ha pintado también este artista el Estudiante que leía el
Quijote á orillas del Manzanares, y que llamó la atención del rey Felipe III, según
refiere Baltasar Porreño ; figura llena de animación bajo un cielo espléndido y bri-
llante : un genio grotesco, en una pandereta de gran lujo, y un cuadro de costumbres
de fines del siglo anterior, que es una preciosidad.
- Por encargos también han hecho D. Manuel Wisel y D. Manuel Cabrai Bejarano
cuadros de género y preciosos retratos, siendo del primero El Almuerzo en la cacería
y Un baile de gitanos en el Alcázar de Sevilla, que enajenó con grande estimación;
y del segundo el Peladero de pava, cuyo dibujo dio la Iluslracion Española y Ameri-
cana, y los retratos de los tres hijos de los marqueses de Casa-Gaviria.
De Arquitectura poco puede decirse que pertenezca á Bellas Artes. La capital de
Andalucía fluctúa en sus habitaciones de particulares, sin rumbo fijo, desde la sen-
cillez más exagerada, que peca en sequedad y en pobreza, hasta el gusto más per-
verso y recargado, que sin líneas ni molduras, sin género ni estilo, y usando adornos
vaciados en yeso con profusión inaudita , dcsja muy atrás á Ghurriguera, Barba y sus
secuaces. Un solo edificio de piedra se levanta, y es lástima, por cierto, que llegue la
falta de originalidad al extremo de copiar en arcos, puertas, pilastras, ventanas y
cornisas, un edificio del siglo xvi, que se toma por modelo, sin añadir ni quitar una
bnea. No comprendemos esta esclavitud del Arte, y compadecemos sinceramente al
artista que así sacrifica su trabajo.
No faltarían oti'as obras de que hablar, aunque realmente no pertenezcan al arte
andaluz.
DeEsquivel (D. Vicente) y de Madrazo (D. Raimundo) hemos visto preciosos c u a -
dros, que enriquecen las galerias de D. Gonzalo Segovia y D. Domingo Goyena. De
otros artistas, tanto nacionales como.extranjeros, hemos visto muy buenas obras en
diversas colecciones, pero en realidad no pertenecen al arte de Andalucía, por más
que sirvan de precioso ornato en las colecciones que hoy atesora la metrópoli anda-
luza, y que son tan dignas de estudio, que nada perderla quien se dedicara á rese-
ñarlas minuciosamente (I).
Pero si esto no pertenece propiamente á la historia del arte andaluz, no pode-
mos dispensarnos, porque pertenece á su presente y anuncia su j)orvenir, de hablar
del estímulo que se ha despertado entre muchos jóvenes artistas de Sevilla para sa-
hr á estudiar los adelantos de otros países, conocer el estado de oti'as escuelas, corn-

ei) Notable es la colección numismática del Sr. D. Francisco Caballero Infante, la primera de
Andalucía y tal vez d? España, especialmente en colonias y familias romanas. El mismo señor po-
see gran número de antigüedades preciosas y una rica biblioteca. Los Sres. D. José María de Alava,
D. Francisco de B. Palomo, D. Juan J. Bueno, D. José María Asensio, D. Antonio Seiidras y otros
varios aficionados reúnen también numerosas colecciones de libros raros y preciosos. T todavía no
se ban reseñado, mereciéndolo por más de un concepto, las colecciones de los Sres. D. J. D. Iruncta
Goyena, D. Manuel Urzaiz y otras, que atesoran preciosas porcelanas, cristales, cuadros y escul-
turas. La descripción de todas estas colecciones sería una historia de las artes y las letras en diver-
sos períodos de su respectivo desarrollo.

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pletando su instrucción y abriendo á sus inspiraciones nuevos y más extensos hori-
zontes.
Tres años ban pasado en Roma dos jóvenes de grandes esperanzas, D. Luis Jimé-
nez y D. ,íosé Villegas, que después de haber recogido abundante premio de su apli-
cación , vuelven nutridos de sana doctrina y con la esperanza de hgurar entre nues-
tras celebridades.
Su ejemplo ha animado á muchos para seguir esa noble senda, y entre otros el
notable artista D. José Jiménez, hermano del D.Luis, uno de los más notables y la-
boriosos de Sevilla, se dispone á esa peregrinación artistica, que ciertamente ha de
reportarle honra y provecho.
Las obras de D. José .Jiménez han llamado la atención de los inteligentes en el sa-
lón de la Sociedad Protectora, se han enajenado en subidos precios, y algunos, como
La Lectura de la Esperanza, Un palco de la Plaza de Toros y Las Lavanderas, han
elevado el nombre de su autor á una altura envidiable y que no es dado á todos al-
canzar.
Y ya que de la Sociedad Protectora hemos vuelto á hablar, terminaremos esta par-
te de nuestro articulo ofreciendo á los lectores del Almanaque las bellísimas décimas
que en el dia de la apertura del salón, y entre otras composiciones poéticas muy n o -
tables de diferentes poetas sevillanos, leyó la inspirada poetisa D." Antonia Diaz de
Lamarque, y que fueron escuchadas entre aplausos por la escogida concurrencia.
Dicen asi :

Propicio á Sevilla el cielo Bajo extraños artesones.


Auras brindóle suaves. De tus hijos las creaciones
Coro de pintadas aves, Lucen, cual claras estrellas :
Florido manto á su suelo ; La madre patria por ellas
Empero con vivo anhelo Cercada de ígnea aureola.
Genios que en ella anidaron Alta su enseña tremola;
Nuevos dones demandaron T ante tanta maravilla
A la suma Omnipotencia, Dice el mundo que Sevilla
Y las Artes y la Ciencia Fué la Atenas española.
En su seno descollaron. Seguid de vuestros mayores,
En esa atmósfera pura Artistas, el digno ejemplo :
Y C í e cielo trasparente, La Fama os aliíre su templo,
De belleza eterna fuente Os brinda el mundo sus flores.
Dichosa halló la pintura. Eicas de vida y colores
Émulas de su hermosura Vuestras obras aparecen ;
Sus hcrmanns !a siguieron, Bellas y frondosas crecen
Juntas & Sevilla dieron Las palmas de la victoria,
Su más fúlgida aureola, Y gratos sueños de gloria
Y la Atenas española Lauros sin fin os ofrecen.
Con noble orgullo la hicieron. Nobles son las tradiciones ;
Di las glorias que algún dia, Sabéis que nohlexa oiliga :
Matrona que el Bétis baña. Sevilla timbres consiga
Te hicieron perla de España En vuestras dignas creaciones ;
Y encanto de Andalucía ; No más de extrañas naciones
Los nombres mil que lucia Con rubor los triunfos vea;
Tu seno, en genios fecundo, Conquistad la que desea
Evoca en tu .afán profundo Inmarcesible aureola,
Con que á nuestra edad asombres j Y que Atenas española
Mas i á qué decir los nombres \ También por vosotros sea.
Que sabe y aclama el mundo? \
Sí : que entre cien obras bellas, ] ANTONIA DÍAZ DE LAMAEQUE (1),

(1) Leida por el Sr. D. Gonzalo Segovia y Ardizone.

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FÁBRICA DE ACERO FUNDIDO DE F. KRÜPP,
EjST ESSEN ( p b t j s i a e h e n a n a ) .

A historia de los progresos de la industria metalúrgica, cuyas


páginas tantos ejemplos nos ofrecen de lo que puede el genio
del hombre, registrará con orgullo en el porvenir como uno de
los más gloriosos, la creación de este gigantesco establecimiento, sin rival todavía en
el mundo. Poco conocido hasta nuestros dias por las grandes dificultados que ofrece
el penetrar en sus talleres, la reputación de sus productos, y lo colosal de la empre­
sa, han bastado para elevar á la altura de una de las celebridades más notables do
la Europa moderna á este afortunado é inteligente industrial. La fabricación del
acero fundido, esta piedra filosofal de nuestro siglo, ha sufrido, merced á su talento
y perseverancia, modificaciones tan radicales, que puede asegurarse le pertenece
por completo la gloria de haber hecho posible el empleo de esta materia en la escala
que exigía el desarrollo de las artes mecánicas en sus múltiples y complicadas apli­
caciones.
Hijo de un pobre forjador de acero, sin más recursos que los que podía proporcio­
narle su reducido jornal, es hoy el único propietario de este establecimiento, donde
no se sabe qué admirar m á s , si la fortuna que representa, ó la suma de actividad y
constancia que ha sido necesario desplegar para alcanzarla. Ciertamente que los
dias del hombre son bien cortos para realizar en tan breve plazo los prodigios de
esfuerzo necesarios para vencer la multitud de obstáculos que siempre se oponen á
la aparición de una nueva idea. Exigen aquéllos el concurso de otras individualida­
des, que, penetradas del mismo ánimo que el iniciador, pongan sus fuerzas al servi­
cio de la misma causa. Pero el tacto que requiere esta elección viene á aquilatar
más su mérito. Las grandes empresas sólo tienen lugar con el concurso de grandes
capacidades dirigidas á un fin común ; pero siempre será necesario que el genio crea­
dor les preste un rayo de su inspiración.
La fabricación del acero fundido estuvo monopolizada casi por completo en Euro­
pa por los fabricantes de Sheffield, en Inglaterra, cuya producción apenas bastaba
á las necesidades ordinarias, en los artículos especiales de cuchillería é instrumen­
tos necesarios al trabajo de los metales. Ademas, esta aplicación no exigía grandes
masas reunidas en un solo lingote, y por tanto, no fué necesario durante la época
citada adoptar nuevos procedimientos que permitiesen esta nueva forma de fabri­
cación. El empleo del acero en las grandes construcciones mecánicas fué muy limi­
tado, y sólo se hizo uso del puddlado, que á favor del sistema propio para su ob­
tención permitía forjar y soldar piezas de ciertas dimensiones. Su calidad dejaba mu­
cho que desear, especialmente bajo el punto de vista de la homogeneidad.
Las exigencias siempre crecientes de la industria fueron grande estímulo para el

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estudio de esta fabricación, у no siempre el éxito coronó los esfuerzos de los hábiles
metalurgistas que lo intentaron.
Obtener grandes masas de acero fundido en una sola pieza fué el problema que
se propusieron, y que parecía insoluble á la altura en que se encontraban los cono-
cimientos, y sobre todo los medios de fabricación de que se disponía. Los adelantos
en la marina de guerra determinaron á la artillería á aumentar su efecto útil, que
no dependía más que de la carga ; mas como este aumento arrastraba consigo una
mayor resistencia en la materia empleada, pronto se adquirió el convencimiento
que solo el acero fundido podia satisfacerla. La dificultad sólo estribaba en la solu-
ción del problema que queda enunciado, sin la cual sería absolutamente imposible
llevar esta idea á la práctica. Estaba reservada á Krupp la gloria de esta aplicación,
que más tarde había de ser el origen de su colosal fortuna.
Sería traspasar los límites naturales de este escrito descender á los detalles relati-
vos á los medios que puso en juego para introducir esta mejora en la metalurgia del
acero. Nuestro propósito es sólo describir el establecimiento que tanta celebridad ba
adquirido, no sólo por la superioridad incontestable de sus productos, sino por la
influencia que ha ejercido en los adelantos de la artillería moderna. Honrados con su
particular amistad, le pagamos en este trabajo el tributo de reconocimiento á que es
acreedor por las deferencias que le hemos debido.
El valle que atraviesa el rio Ruhr constituye el centro de mayor actividad indus-
trial de toda la Prusia. La rica cuenca carbonífera, cuya extensión es considerable
y cuyos productos nada dejan que desear, ha sitio poderoso estímulo para la crea-
ción de numerosas industrias, que vienen á buscar en ella su materia primera más
importante. No lejos déla orilla derecha de aquel rio, y á poca distancia también del
Rbín , en el extremo de la villa de Essen, se levanta este magnífico establecimiento,
cuya extension ocupa 230 hectáreas de terreno, de las cuales más de 50 están ocu-
padas por los diversos talleres que lo componen. Una población de 10.000 obreros
se ocupan en los trabajos de los diferentes ramos que abraza esta fabricación. El
gusto arquitectónico de los edificios, y el orden que reina en su interior, le dan una
fisonomía especial que difiere notablemente de los que presentan sus análogos en
l'arancia, Inglaterra y Bélgica. Surcada en toda su extension por una red de ferro-
carriles de 72 kilómetros de longitud, para el servicio interior, establecido en el
triángulo que forman las tres líneas Cóln-Mínden, Bergische-Markísclie y Rheinísche-
Eisenban, con quienes empalma en estaciones adecuadas, la locomotora puede
recorrer todas estas vias, que le ponen directamente en comunicación con el mundo
entero. Divide al establecimiento en dos partes casi iguales la carretera que conduce
de Essen á Mublheim, conteniendo en sus dos respectivos frentes seis puertas de en-
trada para los operarios, y una séptima para el servicio de las oficinas centrales y
del público negociante, puesá los extraños les está severamente prohibida. Un aviso
escrito en alemán, francés é inglés pone en conocimiento del público la inutilidad
de todo género de recomendaciones para conseguir la visita de sus talleres, fundán-
dose en la necesidad de conservar en secreto un sistema de fabricación' del que de-
pende la existencia dc muchas familias. La principal razón que abona esta negativa
consiste en que seria necesaiúo sostener un personal muy numeroso para acompañar
a cuantos se presentasen á visitarle, dada la gran extension que ocupa y la variedad
de sus trabajos ; ademas, no deja de ofrecer peligro al curioso el tener que andar
constantemente en medio de locomotoras en movimiento, lingotes incandescentes y

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sobre el pavimento abrasador de sus talleres. Respecto al secreto de fabricación, que
sirve de pretexto, los mismos ingenieros se complacen en afirmar no existe para
aquellos que eslán versados en los procederes metalúrgicos, y hemos tenido ocasión
de convencernos de esta verdad durante nuestra larga estancia.
La principal producción de esta fábrica, que no emplea más que el acero fundido
como materia primera, consiste en la fabricación corriente del material de caminos
de hierro, como rails, llantas, ruedas y ejes; en segundo lugar la de cañones de
grande y pequeño calibre. Respecto á aceros de cualidades especiales, como para
laminadores de oro y plata, troqueles, etc., figuran en muy corta cantidad en la
producción general, que excede actualmente á 60 millones de kilogramos.
La fabricación del acero constituye, como queda dicho, la especialidad de este e s -
tablecimiento ; así es que ocupa su parte principal, así como el personal más inteli-
gente y práctico. La materia primera, es decir, la fundición, es objeto á su vez del
mayor estudio y cuidados, puesto que es bien conocida la influencia que ejerce en
la calidad de aquél. Por esta razón Mr. Krupp ha establecido en Seyn, cerca de Neu-
w i e d , á orillas del Rhin, los hornos altos necesarios para su consumo, en los que
emplea los ricos minerales del Gran Ducado de Nassau, cuya pureza es una excelente
garantía. Esta fundición es convertida en acero puddlado, que después constituirá el
elemento principal del fundido. La hulla que se consume procede de las minas que
posee en las inmediaciones de la fábrica ; y no bastando á sus necesidades, los pro-
pietarios de las más próximas le suministran la restante.
La villa de Essen pertenecía antes de 1813 á una abadesa, y apenas contaba cua-
tro mil habitantes ; incorporada al reino de Prusia en virtud del tratado de Viena,
adquirió un desarrollo t a l , que sólo en el territorio de los Estados-Unidos del Norte
podríamos encontrar ejemplos. La explotación de la hulla constituye la principal
riqueza de esta privilegiada comarca, y ha sido el origen de las grandes fortunas
creadas, así como de la densidad de su población. El establecimiento de que nos
ocupamos ha contribuido en una grande escala á este colosal éxito, que sólo en los
centros industriales puede realizarse. Escasa de población obrera , fué necesario es-
timular la traslación de los habitantes de aquellas comarcas menos favorecidas, como
Hesse, reclutando los obreros indispensables á las primeras necesidades, proveyén-
dolos de cuanto exigían las condiciones en que abandonaban su pais. Por todas par-
tes se construyeron barrios que ofrecían cómoda y barata habitación á los emigran-
tes, que, acompañados de sus familias, fueron el núcleo de la nueva población, que
hoy cuenta más de 60.000 habitantes. Las vias férreas que, surcando toda la comar-
ca , llevan la vida y animación á todos los centros, han contribuido en gran manera
á la creación de la multitud de fábricas, la mayor parte de productos similares, que
cuenta la localidad. Para poder formarse una idea del movimiento que tenía en estas
vias, bastará citar el ejemplo que sólo por la estación de Borbeck, que sirve la fábrica
de Krupp, pasan diariamente cien trenes de 50 á 40 wagones cargados de hulla, y
por la de Oberhausen, donde se reúnen las dos grandes líneas de Coln-Minden y Berg-
Marck, ciento sesenta y siete, comprendiendo los de viajeros. Las tarifas de traspor-
tes son tan económicas, que apenas si figura en el precio comercial del producto ela-
borado, el valor que representa aquel elemento. Así se co.mprende la baratura relati-
va que afectan y la concurrencia que hacen en todos los mercados de Europa en este
género de fabricación.
En cuanto al establecimiento de que nos ocupamos, inútil parece añadir que figura

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á la cabeza, no sólo de los más grandes de la comarca, sino del mundo entero. El
número de operarios que emplea, la cifra de sus productos, su especialidad, que no
reconoce rival alguno, y la influencia que ha ejercido en la industria general del
país, merecen la distinción de que es objeto.
Respecto á la contabilidad de esta vasta empresa, presenta un modelo de perfec-
ción digno de imitarse. En los momentos actuales atraviesa la industria en general
una crisis bastante grave, que ha exigido un estudio profundo de sus condiciones
para conseguir darle el carácter y dirección que más convenia á sus intereses. No
bastarla, en efecto, producir mucho y barato, que era el único ideal de los econo-
mistas, si á la par estos productos no encontraban fácil salida en los mercados. El
capital necesario para proveerse de los útiles, máquinas y herramientas propias á
todos los ramos de la industria, exigen un movimiento de renovación en los pedidos
que permita la obtención del ínteres correspondiente. El productor se ha visto obli-
gado á buscar al consumidor, y creciendo de dia en día la concurrencia, sólo á favor
de una administración excelente, estudio constante de los procedimientos y una con-
tabilidad que permita darse cuenta en todos los momentos del estado financiero de la
fabricación, es como se concibe la existencia de estos centros productores. La indus-
tria, generalmente considerada, se ha hecho más comercial, pudiendo asegurarse
que tanto le preocupa la colocación del producto como su calidad y baratura.
Puede calcularse el personal de este establecimiento, cuya misión es exclusiva-
mente la parte de contabilidad y agencias comerciales, cuyo número excede al de
ingenieros y maestros que figuran al frente de sus talleres. Una oficina general cen-
traliza la contabilidad de cada uno de aquéllos, considerado como una fábrica inde-
pendiente. La dirección general se halla confiada á tres jefes, que gozan de la con-
fianza de Mr. Krupp, cuyas atribuciones se extienden á cuanto se relaciona á la b u e -
na marcha de todas las operaciones que constituyen el conjunto general de los tra-
bajos. Á sus órdenes funciona el personal de ingenieros y empleados que se hallan
al frente de los talleres, cada uno de los cuales constituve una verdadera especia-
lidad.
Penetrando en su interior por la puerta núm. i , que conduce á las oficinas cen-
trales, llaman desde luego la atención dos modestas casitas unidas entre sí, que hoy
sirven de oficina para el pago de los operarios, que contrastan con los edificios gigan-
tescos que por todas partes la rodean, dominan y envuelven. En la primera nació
Mr. Krupp, y ha sido teatro de las constantes luchas y agonías por que pasó su pa-
d r e , muchas veces arruinado por sus experiencias, antes de conseguir ver recom-
pensados sus trabajos. En ella, auxiliado tan sólo por dos obreros, dio principio á la
creación de este inmenso establecimiento, cuyo origen no pudo ser más modesto. No
lejos de ellas se conservan los primitivos talleres de forjado, donde funcionan los
toscos martillos que dieron principio á la fortuna de Mr. Krupp, y cuya forma r e -
cuerda nuestros antiguos martinetes. La tradición ha conservado el recuerdo de aquel
tiempo en que al lado del mayor dormía Krupp ínterin sus ayudantes caldeaban las
enormes piezas que era necesario forjar. Después, cuando el terreno le faltaba para
extender sus construcciones, no ha consentido desaparezcan estos recuerdos de sus
primeros años, á los cuales profesa una tierna veneración.
Inmediato á estos antiguos talleres se encuentra el de hornos de puddler, donde
á favor de este conocido procedimiento se obtiene el acero que más tarde será
materia primera en el crisol para el fundido. Con arreglo á las necesidades de fabri-

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cación, el tocho obtenido se estira en el laminador, recibiendo formas diversas, y por
último, se cortan, ya en caliente, ya en frió, en trozos de pequeñas dimensiones que
permitan sü introducción en el crisol.
Una de las más serias dificultades con que tropezó Krupp en sus primeros ensayos,
fué la de obtener crisoles capaces de resistir la alta temperatura de fusión del acero.
Ciertamente que este procedimiento era ya conocido desde mediados del siglo ante-
rior por los fundidores de Sheffield, mas como no entraba en el ánimo de Mr. Krupp
imitarle servilmente, necesitaba principiar por obtener el recipiente donde la fusión
se habia de operar en las condiciones exigidas por las modificaciones que intentaba
introducir. Inútiles fueron sus esfuerzos en los primeros tiempos; las arcillas refrac-
tarias que empleó no poseían la calidad necesaria, y le fué indispensable una serie
de infructuosos ensayos, que al fin vinieron á coronar sus trabajos. Los cuidados de
que es objeto esta fabricación justifican su importancia. La elección do las arcillas,
su molido y amasado, son otras tantas operaciones q u e , bien ejecutadas, garantizan
la buena calidad del crisol; éste se constru\'e en molde metálico, y se deja por espa-
cio de seis meses en las estufas, cuya temperatura, variable en cada una de
ellas, con el estado de sequedad de aquéllos, se mantiene regular y constante en to-
do el período expresado. No pudiendo servir más que una sola vez, puede calcularse
el número considerable de ellos que los almacenes tienen en depósito para la fabri-
cación corriente. Excede á 200.000 este número, cuya capacidad varía entre 20 y 60
kilogramos, con arreglo á la naturaleza y calidad del acero fundido.
El taller de fundición es uno de los que más llaman la atención por su magnitud y
el orden que reina en medio de sus peligrosas operaciones, ejecutadas por ínillares de
obreros, divididos en grupos especiales , cuya circulación se facilita por medio rio la
distribución del trabajo, y que presenta un conjunto que difícilmente se puede olvidar.
Aquellos obreros, verdaderas salamandras h u m a n a s , cuyo menor descuido se paga
con la vida, cuya perfecta disciplina y admirable organización es la única garantía
del éxito, cuya presencia de ánimo y destreza superan á cuanto se pudiera decir, se
hallan de tal modo identificí»dos con los intereses de esta costosa y difícil operación,
que serian escasos cuantos elogios se les prodigaran. Su reclutamiento ofrece serias
dificultades, por cuanto necesitan reunir condiciones físicas y morales que reduce
mucho el número de los que se presentan ; la poca atención ó la torpeza pudiendo
ser origen de pérdidas graves para el establecimiento, ó bien producir en sus compa-
ñeros heridas dolorosas ó tal vez mortales. Sólo aquellos cuya aptitud para esta clase
de trabajos ha sido reconocida continúan formando parte de este taller, y cuyo n ú -
mero rara vez llega al 40 por 100 de los aprendices que tuvieron ing.'cso.
El taller donde se verifica la colada, dispuesto en forma de cruz, puede contener
hasta 2.500 crisoles repartidos en los hornos, cuya capacidad varía de 4 á 12. Estos
hornos, construidos según el antiguo modelo de Sheffield, están colocados en sentido
paralelo de los muros, ya inmediatos á éstos, ya ocupando el centro de manera que
la circulación sea fácil y las operaciones preparatorias de la colada puedan efectuar-
se sin embarazo ni peligro. Este inmenso taller contiene ademas una serie de gale-
rías subterráneas altas y cómodas, por las .cuales se verifica el reconocimiento y vi-
gilancia de los hornos, así como se evita la natural elevación de temperatura, que se-
ria la consecuencia sí aquéllos tuvieran sus parrillas al aire libre. Por último, una
galería corrida, á la qne se comunica por dos escaleras laterales, permite á todos
aquellos que no toman parte rcfVá fejí la colada, presenciarla sin pebgro y sin mo-

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lestia , á la par que dejan libre todo el local á los operarios. Los moldes, que son de
hierro colado y de forma cilindrica, se colocan según su capacidad, bien en sentido
paralelo á la disposición de los hornos, bien en el punto céntrico del taller, en don-
de los conduce un sistema de grúas móviles que pueden circularen todas direcciones.
Sus dimensiones varían con su capacidad de 60 á 60.000 kilogramos, que es el limite
superior alcanzado hasta el dia por el peso de los lingotes.
Cuando los operarios de los hornos por medio de varillas delgadas de acero se han
convencido que la materia del crisol ha llegado á su fusion más completa, y que to-
dos están dispuestos, les desembarazan del cok que incandescente cae á las galerias
subterráneas, dejando libres los crisoles. Una serie de canales de chapa revestidos de
arcilla refractaria y calentados convenientemente, conduce el acero líquido al molde,
que debe estar situado al alcance de todos los hornos que sean necesarios para
suministrar la cantidad de metal que exige su capacidad. Los detalles de la colada
son á primera vista bien sencillos; sólo consisten en extraer de los hornos los crisoles,
colocándolos á la altura de la canal más próxima, y cuando todos están dispuestos, á
una señal del jefe verterlos en ella sin interrupción alguna. Mas esta misma senci-
llez exige u n personal instruido progresivamente , que aprecie con exactitud mate-
mática el tiempo, puesto que la menor dilación inutilizaría todo el lingote. Ademas,
todas las operaciones las debe ejecutar con la mayor sangre fría , orden, atención y
sumo cuidado, ya por evitar las quemaduras, ya por no introducir perturbación en-
tre sus compañeros. Cuando el jefe lo cree conveniente, hace una señal, y los fundi-
dores (jescubren los hornos, cuya cubierta de hierro revestida de material refractario
está montada sobre unas ruedecitas que se mueven en carriles dispuestos con este
objeto. Para cada horno hay tres obreros ; el maestro engancha el crisol por medio
de unas tenazas especiales, cuyo mango está encorvado, y para colgarlas de una pa-
lanca transversal que le presentan los otros dos, que le reciben y colocan, como q u e -
da dicho, á la altura de la canal más próxima. En este punto, y mientras los fundi-
dores continúan extrayendo los restantes crisoles, otra pareja, haciendo uso del
porta-crisol, marcha directamente á la canal, ó bien al mismo molde, cuando éste
es de pequeña capacidad ; vierte su contenido y arroja el crisol por una cavidad que
comunica con las galeríí\s inferiores, á fm do evitar el calor que se produciría en el
taller. Empapa de nuevo los lienzos que les sirven de guantes, así como la herra-
mienta de transporte, y vuelve por otro crisol para repetir la misma operación. Si se
considera que para coíar las piezas de 60.00 > kilogramos se necesita del concurso
de tres mil hombres, que cruzan en todos sentidos, conduciendo cada pareja su c r i -
sol , en medio de un verdadero rio de acero fundido, de los restos de crisoles ya ser-
vidos é incandescentes, sin proferir un grito, sin necesidad de una sola palabra, para
cumplir con el trabajo que le está confiado, en medio de una lluvia de chispas que
despide la cori-ienle y que les amenaza con horribles quemaduras, sin titubear jamas,
con el ánimo sereno en medio del mayor peligro, no se encontrarán exagerados los
elogios á que es acreedor este numeroso y entendido personal.
Este trabajo, en razón á su importancia, está dispuesto de manera que las operacio-
nes de la colada sólo tengan lugar durante el dia, para lo cual se levanta el lingote
de la última por medio de la grúa, y se le conduce por medio de la locomotora al de-
pósito, si no ha de ser forjado inmediatamente. Durante la noche sólo queda el per-
sonal que cuida de los hornos en que se recuecen los crisoles. Como el lingote, por
grande que sea, sólo exige dos horas para que se fije, se puede extraer sin dificultad

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en el mismo dia del molde, y depositarlo próximo al taller de forjado, hasta el mo-
mento en que se proceda á esta operación. En este depósito permanecen durante mu-
cho tiempo envueltos con combustible menudo sin valor, con el objeto de conservar-
le cierta temperatura interior, que contribuirá en gran manera al éxito del recalenta-
do y forjado. Fácilmente se concibe, por otra pai'te, la dificultad de hacer penetrar el
calor con regularidad en estas enormes masas, sin que la superficie sufra demasiado
de los efectos de aquél. Así es que esta preparación ha sido una de las causas más
deteriuinantes del buen resultado obtenido en el martillado, respecto á la buena ca-
lidad y homogeneidad de la materia. El valor que representan los lingotes acumula-
dos en este depósito excede de d O millones de francos, que sólo Mr. Krupp podría
utilizar, en razón á que nadie posee los instrumentos y herramientas necesarias para
forjarlos, tornearlos, romperlos ó refundirlos, y ni aun siquiera para transportarlos.
Para forjar estas enormes piezas, la mayor parte destinadas á cañones dc grueso
calibre ó árboles de hélices para buques de vapor, es indispensable servirse de la
herramienta más notable que posee el establecimiento, el ya celebre martillo jnlon de
50.000 kilogramos de peso, y que por espacio de mucho tiempo ha sido un mito para
las forjas y talleres de construcción. En efecto, se puede asegurar que es el único que
existe en el mundo; los mayores en Inglaterra no exceden de 50.000 kilogramos, y en
el continente ninguna fábrica ba llegado á este enorme peso. Necesaria ba sido la
sanción de diez años de práctica para acostumbrar la imaginación de los ingenieros
á la realidad de su existencia. En 1859, comprendiendo Mr. Krupp las necesidades
de la industria, que cada dia solicitaba piezas de mayores dimensiones, concibió el
proyecto de este martillo gigantesco, como único medio de monopolizar, hasta cierto
punto, la construcción de aquéllas. Cuantos consultó le trataron de insensato ; los in-
genieros negaban la posibilidad de construirlo, y aun, admitida ésta, negaban la
de ponerlo en marcha; y por último, si este caso llegaba, al primer golpe saltaría en
pedazos, arruinando todos los edificios inmediatos. Estas i-azones hubieran hecho
retroceder á cualquiera otro; mas Mr. Krupp contestó á ellas, dando principio á los
cimientos, montándole y haciéndole marchar; el más grande éxito coronó sus es-
fuerzos.
Los cimientos de esta obra colosal constan de tres partes, de cuya acertada ejecu-
ción dependía el resultado ; la primera es de mamposteria ordinaria, y es la más pro-
funda ; á ésta sigue otra construida de troncos enormes de roble y encina, pi'oceden-
tes de los famosos bosques de Teutburg; por último, la tercera de hierro colado,
compuesta de cilindros fundidos en segmento y fijos sólidamente entre sí, la cual se
apoyaba sobre la segunda. Ultimamente, sobre esta armadura reposa la base del
yunque y este mismo; como esta pieza suele romperse con facilidad á la par que se
reemplaza con frecuencia según la forma del lingote que se ha de forjar, se la hizo
movible. A cada lado del yunque queda un espacio de tres metros, que permite
circular fácilmente para todas las operaciones; las columnas que soportan el marti-
llo están separadas entre si siete metros, formando una arcada de cinco metros de
elevación, por manera que descontandola altura del yunque, quedan para aquél
tres metros de caida. La armadura curva que sostienen las columnas, es de hierro
colado y hueca ; el espesor de sus paredes es de 0'",25, y su circunferencia 5'",95, en-
sanchándose y aplastándose hacia el vértice, á fin de poder recibir la armadura de
hierro compuesta de barras ligadas entre s í , que mantiene las guías verticales del
martillo.

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El yunque, su base y las columnas, descansan sobre los cimientos descritos más
arriba ; el macizo que los forma está separado por una serie de construcciones verti-
cales de un segundo cimiento, sobre el cuál descansan los pilares que sostienen el
cilindro de vapor, cuyo vastago eleva el martillo. No es difícil comprender la soli-
dez que exigía este segundo cimiento, y la necesidad de aislarlos entre si; cada vez
que se eleva el martillo, no solamente tiene que soportar el esfuerzo del cilindro de
vapor, sino el peso de aquél; á su vez, cuando abandonado á sí propio desciende y
choca sobre la pieza montada en el yunque, era necesario que las vibraciones pro-
ducidas no se comunicaran á los órganos de la máquina de vapor, cual se verifica-
ría si los dos macizos estuvieran reunidos. Esta notabilísima disposición en el esta-
blecimiento de las bases de resistencia , explica el resultado obtenido contra la opi-
nion de tantos ilustrados ingenieros, que sin duda no se fijaron en este detalle de
suma importancia.
Las dimensiones de la cabeza móvil del martillo son en longitud 3 " , 7 0 , en lati-
tud espesor d^.SS; multiplicándolos entre sí y por la densidad del hierro cola-
do se verá excede en pesó á 50.000 kilogramos.
Las del cilindro de vapor son : diámetro l'",80 y tres metros de corrida, equivalen-
tes á la altura de caída del martillo.
Todos los órganos importantes están duplicados á fin de reemplazarlos en el acto,
en caso de un accidente; un doble cilindro de vapor y cabeza de martillo figuran en
el taller prontos á ser montados en caso de rotura. Respecto á los yunques, hay una
variada colección, cuya forma corresponde á la de las diferentes piezasque se hayan
do forjar. La cabeza del martillo está colada en hierro y acero : la parte inferior es
de este último, y lo restante del primero; la dificultad de obtenerlos en buenas con-
diciones no ha sido la menor que en la fabricación del martillo se ha presentado.
Todas las piezas de esta enorme herramienta han sido construidas en la fábrica ;
desde luego se comprende la imposibilidad de! trasporte desde un punto lejano; h u -
biera sido necesario construir un ferro-carril á proposito, así como un material en
wagones, cuyas ruedas y ejes no se rompieran bajo el peso de tan grande carga.
Cuanto rodea á este colosal martillo está proporcionado á su empleo; la armadura
del techo del taller y sus muros están reforzados para resistir las vibraciones repeti-
das del choque. El ruido de éste se hace sentir á grande distancia, y toda la villa de
Essen conoce si está en marcha ó en i'eposo.
No bastaba á Mr. Krupp haber probado la posibilidad de hacer funcionar este
martillo, leerá necesario asegurar su servicio; y si en aquel problema ya nos dio la
medida de su capacidad, en éste, que le sirve de complemento, ha dado una nueva
prueba de su inteligencia. En los cuatro ángulos que forma su emplazamiento ha
montado otras tantas grúas de vapor capaces de levantar y mover en todas direccio-
nes un peso de 60.000 kilogramos, y en caso de necesidad, de mucho más, puesto
que la carga de prueba para la recepción es de ocho veces aquella cantidad. Estas
grúas están destinadas á maniobrar los lingotes durante la forja.
Al lado de estas grúas, y un poco detras, están situados cuatro hornos de recalen-
tado, cuyo suelo movible sobre rails está formado de ladrillos y arcillas refr.ictarias,
contenidos en un marco do hierro que descansa en fuertes ejes, sobre los que están
montadas las pequeñas y sólidas ruedas que le permiten avanzar ó retroceder del
horno. La forma de ésle es la de una gran rnuíla de 5'" de alto y 2'",50 de ancho.
Sobre el indicado banco se coloca el lingote que se ha de forjar, que ha sido condu-

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cido de antemano del depósito por medio de la locomotora, que puede circular li­
bremente por todo el taller.
Cuando se presencia esta operación sobre un lingote de SO.ООО kilogramos y más
de S^jSO de diámetro, la impresión que deja en nuestro ánimo difícilmente se borra
de nuestra imaginación. Al abrirse la puerta del borno que le contiene, la primera
idea que se nos presenta es la imposibilidad material de que una docena de hombres
puedan mover aquella masa, sobre la que no se pueden detener un instante nuestras
miradas, tal es la intensidad vivísima do la luz que arroja y del calor que despide.
Pero bien pronto vemos aproximarse la grúa, que desciende una cadena con la cual
se le forma al monstruo una especie dc collar. Entonces se retira del horno el banco
que forma su solería, que aproxima al yunque el lingote; una segunda cadena se le
coloca en su parte posterior, y un movimiento circular de la grúa le presenta delan-
te del yunque, y otro vertical de ascenso le deja suspendido, y libre por tanto el so-
porte.
Entonces, el jefe forjador, antiguo operario, con treinta y cinco años de servicio,
que ha seguido paso á paso el progreso de la fábrica, y adquirido una experiencia
consumada, por medio de un sistema de tornos y poleas que manejan sus subordi-
nados, presenta el lingote debajo del martillo, dejándole descansar sobre el yunque.
A una señal, aquél desciende con lentitud hasta marcar el punto donde debe princi-
piar el trabajo; rectifica la posición sí es necesario, y una vez determinada, los gol-
pes se suceden sin interrupción, haciendo avanzar, retroceder ó girar el lingote, sin
esfuerzo aparente por parte de los operarios, que lo manejan cual sí se tratara de un
lingote de 500 á 600 kilogramos.
Este martillo trabaja dia y noche, puesto que es necesario produzca el interés
proporcional á los tres millones de francos que representa como capital de fundación.
En nueve años que hace funciona, sólo se ha detenido tres semanasá causado la ro-
tura de la cabeza del martillo.
Parecía natural que bastase hoy á satisfacer todas las necesidades de la industria
moderna, que ha visto realizado este prodigio mecánico sin el cual hubiera sido i m -
posible la fabricación do las piezas de artillería de grueso calibro, y sin embargo,
más que nunca se siente la necesidad de aumentar estos medios de acción, en vista
de los constantes progresos que realiza esta arma.
Há mucho tiempo que Mr. Krupp tiene proyectado, y aun en vias de ejecución al-
gunas piezas, un martillo de 100.000 kilogramos. El presupuesto se eleva á diez mi-
llones de francos, y tiene calculado que puesto en actividad, cada golpe suyo repre-
sentará un valor de 25 francos. Hemos tenido ocasión de ver los planos, tanto de los
cimientos como de los órganos, y no sólo creemos en su éxito, sino que desde luego
aseguramos que sin él no será posible forjar las enormes piezas que boy se destinan
á la defensa de las costas.
Para las piezas de menores dimensiones que no exijan el trabajo de este martillo,
existen en los talleres de forjado el número necesario de ellos, cuyo peso variable
está en relación con las necesidades de la fabricación. Muchos de 20.000 kilogramos
figuran entre los 62 que se cuentan, en su gran mayoría de 10.000, y cuyo sistema
también varía con el trabajo que han de efectuar.
Una de las más curiosas aplieaciones de estos lingotes forjados, es la fabricación
de llantas sin soldadura para wagones de ferro-carril. Gomo cuantas tienen lu-
gar en esto establecimiento, ofrece unos resultados que no puede presentar ningún^

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otro en Europa: tal es el cuidado con que se hace la elección de materias primeras,
y la perfección con que se ejecutan las operaciones mecánicas.
Se principia por cortar en un lingote de dos á tres mil kilogramos un pedazo, cuyo
peso se ha determinado según el modelo de llantaje que se va á forjar. Como el lin-
gote tiene cuando menos 0 " , 2 S de espesor, la operación se hace en caliente y por
medio de un martillo-pilon, que se hace chocar sobre una cuchilla de acero, que
atraviesa y corta la masa. Separado el trozo se le forja hasta que presenta la forma
de un prisma rectangular ligeramente redondeado por sus extremidades. Este prisma
se calienta de nuevo al rojo y se vuelve á colocar sobre el yunque de un martillo
cuj'a cabeza viene á herir una cuña saliente que presenta el yunque, y sobre el cual
se hace descansar el trozo de lingote caldeado. Dicha cuña determina una pérdida de
metal, en el centro de aquél, de dos centímetros de ancho ; se coloca de canto para
volverle á dar forma en el exterior, y se introducen sucesivamente varias cuñas que
van ensanchando la canal formada, hasta que figura un rombo alargado. De nuevo
se pone de canto, y con los repetidos golpes del martillo, el rombo se abre cada vez
más, hasta que forma un cuadrado imperfecto. A fin de darie cierta regularidad cir-
cular se le coloca sobre un yunque hendido de arriba abajo, que permite introdu-
cir un mandril de acero que se le hace girar al mismo tiempo que se martilla, por
cuyo medio se consigue que tome la forma circular. Después se le vuelve á forjar
sobre un yunque plano á fin de que desaparezcan los ángulos ó aristas visibles al
mismo tiempo que se aproximan las moléculas del metal.
En este estado pasa á los laminadores, que durante mucho tiempo fueron privile-
gio exclusivo de Mr. Krupp, pero que hoy seven en muchas otras fábricas, inclusa la
nuestra de Trubia, donde so aplica á la fabricación de los zunchos con que se r e -
fuerzm las piezas de artillería de hierro colado. Estos cilindros son bastante compli-
cados, puesto que el problema que resuelven es de obrar por muchas presiones á la
vez; la primera se verifica entre dos troncos de cilindros que cogen el anillo por su
parte superior; el que está más elevado sirve á la vez de estampa para determinar el
saliente que le ha de retener sobre el rail cuando funcione. Las dos presiones latera-
les se ejercen en el mismo sentido sobre la superficie exterior, determinando los tres
puntos necesarios para fijar una circunferencia; anterior y posteriormente otros dos
cilindros prensan las otras dos caras de la llanta.
Después de recalentado, se coloca horizontalmente sobre una plancha, en cuyo
centro tiene un cilindro dividido en segmentos, que se abren con lentitud por la a c -
ción de una prensa hidráulica, extendiendo la llanta hasta que adquiera las dimen-
siones reglamentarias. Durante el tiempo que dura esta operación, los operarios la
golpean para asegurarse si existe ó no alguna hendidura que amenace después su .
solidez. Después de terminada, y frías las llantas, se le desprende la cascarilla deóxi-
do formada, tan sólo con darle algunos golpes de martillo.
La garantía que da Mr. Krupp á las compañías de ferro-carriles, consiste en hacer
un trayecto de 400 kilómetros por cada kilogramo de peso ; es decir, que por una
llanta deoOO kilogramos el trayecto será de 5 0 0 x 4 0 0 = 1 2 0 . 0 0 0 kilómetros. Algunos
ejemplos se podrían citar en que el trayecto ha excedido al doble de la cantidad ga-
rantizada.
No se limita á las llantas la fabricación del material de ferro-carriles que tiene lu-
gar en este establecimiento. Hace algunos años, q u e á pesar de las grandes dificulta-
des que presentaba, se ha conseguido construir las ruedas macizas de acero fundido.

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Un taller especia! de fundición, montado exclusivamente con este objeto, las produce
de una sola colada, sin que haya necesidad de tornearlas. Tal cual salen del molde
pueden emplearse, evitando por este sistema, no sólo las soldaduras ó faltas del for-
jado, sino las operaciones que son indispensables para ponerlas en estado de funcio-
nar. A pesar de la respetable cantidad que de estas ruedas circulan por los caminos
de hierro alemanes, no todas las compañías las han adoptado, aun reconociendo sus
ventajas.
Los ejes de wagones y locomotoras constituyen una parte importante del material
que se construye en esta fábrica. Reemplazando hoy á los antiguos de hierro, han
venido á ser empleados generalmente con grandes ventajas y seguridades que no
prestaban aquéllos. Los poderosos trenes de cilindros que posee Mr. Krupp, por su
fuerza y exactitud en el trabajo, no tienen rivales. Uno de ellos, de mil caballos de
fuerza, permite cilindrar ejes basta de O'",26 de diámetro.
Los rails, muelles para locomotoras y wagones, y cuanto constituye el material fijo
y móvil de los caminos de hierro, nada ofrecen, como fabricación, que difiera de los
procedimientos conocidos, si se exceptúa su calidad, que á pesar de su elevado precio
les hace preferibles á las producciones ordinarias de este género. Basta citar el h e -
cho que durante la última guerra franco-prusiana, el pedido de rails se elevaba á la
cifra de 12 millones de francos. No existe una sola fábrica en Europa, comprendiendo
las que se dedican exclusivamente al hierro laminado, que pueda cumplir en corto
plazo un pedido de esta importancia.
Siendo cada día mayor el número de aplicaciones de que es susceptible el acero
fundido, cuyas propiedades le hacen muy superior al hierro, el círculo de la fabri-
cación ha aumentado en la misma proporción. En los trabajos de las minas ha r e -
suelto el problema de la extracción y desagüe á grandes profundidades. Los vasta-
gos para las bombas, tan sujetos á deterioro cuando se hacían de madera ó hierro,
han sido sustituidos por los de acero, con grande economía y seguridad. Esta fábrica
los construye de una sola pieza forjada, de veinte metros de longitud, que se tornean
en un banco de veinticinco, único que sepamos existe en Europa.
Sí se exceptúa algún caso muy raro, esta fábrica no vende acero en lingotes ni en
barras : todos sus productos salen en piezas concluidas, tal cual deben ser empleadas
por la industria ; el material de caminos de hierro, piezas para buques de vapor y
minas absorben los tres quintos de la producción del acero fundido; los restantes
dos quintos se aplican á otra fabricación, cuya importancia es tan grande como la
anterior, si bien menos pacifica, y que han contribuido más poderosamente á a u -
mentar la reputación de Mr. K r u p p , en especial en estos últimos tiempos.
Imposible ocuparse de este magnífico establecimiento sin trazar, siquiera sea á
grandes rasgos, el cuadro de las vicisitudes que ha atravesado hasta llegar á consti-
tuir un sistema de artillería, que sin proceder de ninguna nación, se va ya imponien-
do á toda Europa.
Al principio la fábrica de Mr. Krupp era un terreno neutral, á la que cada país
fué á ensayar el mérito de sus sistemas, sin que el fabricíi^nte tomase una parte acti-
va en estos trabajos, y sólo poniendo á disposición de cada uno de ellos sus talleres,
herramientas y máquinas. Ni una sola pieza de artillería salió construida de aquéllos
que no fuese producto del genio de un reformista, que, protegido por su gobierno,
daba los planos á que debían sujetarse. De aquí esa variedad de sistemas que más
tarde habian de confundir al que intentase deslindar la parte que le correspondía al^

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fabricante y la que correspondia al inventor. Mr. Krupp durante este primer período
no tuvo sistema propio, ni se ocupó de los problemas artilleros, sí bien seguia con
grande ínteres los progresos que esta arma realizaba. Las primeras piezas que salie-
ron de su fábrica ¡ cosa extraña !! pertenecían al gobierno del Japón ; después Egipto
le encargó, según modelo, algunas de campaña, y por último, con las mismas con-
diciones, es decir, bajo su responsabilidad, el gobierno prusiano le encomendóla
fabricación de una buena parte de sus piezas ligeras. Como se ve, el establecimiento
conceptuaba este trabajo como uno de tantos de los que se ocupaban sus talleres,
sin fijarse en la cuestión de bondad de los sistemas, ni de ningún otro proyecto que
más tarde habia de cambiar la faz de las cosas. Como cada invento exigía berra»
mientas y máquinas útiles especiales, cuando la fábrica no contaba con ellas, con-
fiaba este trabajo á sus ingenieros, encontrándose al cabo de cierto tiempo en pose-
sión de la colección más completa que existia en el mundo. El constante estudio de
tan diversos proyectos, y de los resultados que acusaban las experiencias, hizo nacer
el deseo de crear un sistema, q u e , cargándose por la culata, resumiera las ventajas
de cuantos habian figurado hasta entonces.
A partir de esta segunda época, uno de sus ingenieros, que se habia ocupado es-
pecialmente de las cuestiones artilleras, quedó encargado de hacer los estudios nece-
sarios para realizar este pensamiento, y debemos confesar que, según se desprende de
los informes redactados por las comisiones extranjeras que han entendido en los en-
sayos oficiales, ha conseguido unos resultados que nada dejan que desear. Entre
otros figura en primer lugar la comisión de jefes rusos, cuyas experiencias han a r -
rojado mucha luz en la resolución de un problema tan difícil. La importancia de los
pedidos de esta poderosa nación demuestra la bondad del sistema, en el cual se han
introducido en esta última época grandes modificaciones en las piezas de grueso ca-
libre, y que está llamado á reemplazar todas las que hoy figuran en la defensa de las
costas. No tardó mucho tiempo en seguir los mismos pasos la Prusia, y después de
continuados é interesantes ensayos verificados en el polígono de Tegel cerca de
Berlín, se decidió á armar sus buquesacorazados y las baterías que defienden la en-
trada de sus arsenales, con piezas de 8, 9 y 11 pulgadas. Para llegar á dominar por
completo esta fabricación, Mr. Krupp no ha escaseado medio alguno, concluyendo
por establecer talleres independientes, dotados de una colección de máquinas, que
en vano se buscarán en ningún otro establecimiento. Estos talleres son un modelo
en su género, así como el museo donde ha reunido cuantos materiales son necesa-
rios para el estudio completo de la cuestión. En él se pueden apreciar los esfuerzos
de inteligencia que ha sido necesario emplear para ir resolviendo paulatinamente t o -
dos los problemas que se iban presentando á medida que se avanzaba en la determi-
nación de los datos que habían de conducir al resultado final. Trozos de piezas reven-
tadas á propósito para conocer el coeficiente de elasticidad de la materia, así como
su máxima tenacidad, la serie do tentativas hechas para fijar la curva más conve-
niente para la resistencia de la pieza de cierre, proyectiles de diversas formas, cada
uno de los cuales representa una etapa en las investigaciones relativas á la cuestión
de las corazas de los b u q u e i , ejemplares de pólvora de grano grueso y prismática,
con la que se habian hecho las experiencias, y por último, dibujos en foto-litografía
de cuantos proyectos se habían sometido á ensayo, son otras tantas pruebas del celo
que desplegó en la resolución de problema tan trascendental.
Al abandonar el museo, se recorre una galería que domina los talleres de artillería,

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y donde la vista puede gozar de la febril actividad que en ellos reina. Enormes pie-
zas montadas en wagones prontos á partir, grúas colosales capaces de trasportar en
todos sentidos pesos de 80 á 100.000 kilogramos en una amplitud de veinticinco me-
tros, bancos de torno, cuya longitud y altura de centros excede á cuanto se puede
imaginar, y sobre todo, un personal escogido, inteligente ó irreemplazable. Este edi-
ficio, uno de los más notables de toda la fábrica, llama la atención por su buen gusto
arquitectónico y la buena distribución del trabajo : en cada uno de los cuatro ángulos
que forma, se eleva una elegante y esbelta torre cuadrada que contiene en su inte-
rior una escalera de servicio y un monta-cargas ; de tal manera el servicio de las má-
quinas suple al del bombre, que todo el taller parece automático.
Antes de abandonar esta parte de la fábrica, daremos algunos pormenores acerca
del sistema de artillería propio de Mr. Krupp, y á que nos hemos referido en los an-
teriores párrafos. Este sistema no constituye en su esencia una serio de calibres cor-
respondientes á otros tantos servicios del ejército y armada. Lo que constituye su
originalidad es el cierre de la culata : formado el mecanismo de una sola pieza, que
se introduce en sentido perpendicular al eje, en una cavidad preparada de antemano
en el cañón, presenta desde luego mucha mayor resistencia que todos aquellos
q u e , compuestos de diversas partes, no ofrecen la seguridad deseada. Esta pieza se
ajusta exactamente eu dicha cavidad, asegurándola por medio de mecanismo excén-
trico, que impide el menor movimiento durante el disparo. En las de grueso cali-
bre , en razón al mayor peso de la pieza de cierre , se le ba añadido un tornillo de
paso largo que facilita la maniobra de introducción después de la carga. La parte
más difícil de construir consiste en el anillo de obturación, cuyo objeto es impedir,
al dilatarse por el disparo, el escape de gases. Este anillo necesita un ajuste perfecto,
y so halla situado, cual se puede comprender, en contacto inmediato con la carga.
Cualquiera que sea el calibre de la pieza, el sistema de obturación es siempre el
mismo, variando tan sólo en las dimensiones. Respecto al canon propiamente dicho,
si se exceptúan los de campaña de 4 y 6 fibras, en todos se ba adoptado el sistema
de zunchos de la misma materia, que tanto aumenta su resistencia, figurando en los
de mayor calibre hasta dos órdenes de aquéllos, á fin de reforzar convenientemente
la parte de la culata que se halla más expuesta á los efectos de la combustion de la
carga. En los de 9 y H pulgadas uno de los zunchos lleva consigo los muñones so-
bre que se han de montar en la cureña.
El dibujo adjunto representa la sección longitudinal del cañón de H pulgadas des-
tinado en Rusia y Prusia á la defensa de las costas. Estos cañones, capaces dc tala-
drar las más fuertes corazas á la distancia de tres mil metros, hacen imposible la
aproximación de ninguna escuadra. Los fuertes de Kiel y Dantzig, en el Báltico, y
el del Jade, en el mar del Norte, armados con estos poderosos cañones, evitaron que
la escuadra francesa, en esta última guerra, consiguiera hacer efectivo el bloqueo de
estos puertos.
La Rusia, que durante mucho tiempo se ha ocupado de esta cuestión con más in-
terés que ninguna otra nación de Europa, es la que posee mayor número y dc más
fuerte calibre. El modelo ruso de ii pulgadas, que no difiere del prusiano más que
en la longitud, constituye el principal armamento de la fortaleza de Kronstad, que
defiende á San Petersburgo. Pasan de ochenta los construidos últimamente con este
destino, habiendo sido necesario preparar wagones á propósito para su trasporte.
Ordinariamente hay siempre ima comisión ele artilleros de este p.ais, dedicados, bien

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á experiencias especiales en el magnifico polí-
gono que posee el establecimiento, biená la re-
cepción de Ins piezas que se construyen en los
talleres de orden de su gobierno.
Hasta ahora la pieza más colosal que se ha
construido, correspondiente al lingote de más
poso que se ha colado, es el canon de 1.000 li-
l)ras qne figuraba en la exposición de París de
•1867. Esto canon, que exigió para su trasporte
rcíbrzíu' ios puentes de los ferro-carriles que le
liiibian de conducir, estaba destinado al puer-
to de Kiel, mas sus condiciones artilleras dejan-
do mucho qne desear, se proyecta en la actua-
lidad otro de 0"',oo de calibre y 6 metros de
longitud, que será la última palabra, por el
momento, de la construcción. El dibujo que
acompaña, en la p.4gina siguiente, representa
el cañón de i .000 libras. Cada disparo de esta
pieza está calculado en 4.000 francos, y el cor-
respondiente al cañón de 8 pulgadas que lanza
un proyectil de 200 libras con 50 de carga, as-
cenderá á 800 francos. Estas cifras demuestran
con bastante elocuencia los sacrificios inmen-
sos que las naciones se imponen para poder
conservar la supremacía de sus medios de de-
fensa.
Las operaciones de fabricación, si bien son
bastante lentas, en especial tratándose de los
gruesos calibres, son tan perfectas las herra-
mientas y máquinas empleadas, y la colección
tan completa, que la producción diaria puede
elevarse hoy á cinco baterías de campaña y una
pieza cuando menos de 8 pulgadas, sin afectar
en lo más mínimo el trabajo de los demás ta-
lleres.
La fabricación de proyectiles de acero desti-
nados á estas piezas es objeto también del ma-
yor cuidado por parte de Mr. Krupp. Estos pro-
yectiles huecos son fundidos y después tornea-
dos y envueltos en su parte cilindrica por una
delgada capa de plomo, que penetra en las ra-
yas del ánima sin destruirlas, cual acontecería
si fuese de la misma materia. La cavidad inte-
rior va llena de pólvora, que se inflama tan sólo
con el calor desarrollado por la acción del c h o -
que contra las corazas do los buques, estallan-
do en el momento de atravesarlas. Se emplea

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un acero de calidad especial, que hasta el dia nadie ha conseguido imitar, y su pre­
cióles bastante elevado, . _ „ ,

Antes de abandonar los magníficos talleres para la construcción de las piezas de


artillería, desde los cuales se puede tomar la locomotora que nos hubiera de conducir

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en cualquiera dirección, puesto que la línea de Coln-Minden penetra hasta su inte-
rior, aprovechando el panorama que se desplega ante la vista, nos ocuparemos de
algunos detalles accesorios y generales, que seguramente interesarán á nuestros lec-
tores.
Dando principio por los medios empleados para surtir de agua el establecimiento,
que constituyen una de las mayores preocupaciones de los que la administran, h a r e -
mos notar que su consumo excede á cuanto se pudiera calcular ; baste decir que sólo
el taller de fundición de acero exige 4.200 kdógramos por minuto. La destinada á la
alimentación de las calderas de vapor circula por canales de seis kilómetros de Ion- ¡
gitud y procede del desagüe de las minas de carbón y se la hace reposar en grandes I
depósitos próximos á los puntos donde aquéllas están situadas. La necesaria para be-
ber procede del rio Ruhr, de donde la conduce un canal lateral, que las toma del ]
que surte la villa de Essen. i
Estos medios bastan para satisfacer los cuatro quintos del consumo total; el quin- j
to restante se obtiene por medio de bombas de vapor que la elevan de un pozo de 40 ]
metros de profundidad, á donde son conducidas por un canal de un kilómetro de
longitud. Como no sería suficiente para ciertos servicios elevarla al nivel del suelo,
y éste no presenta punto alguno donde establecer un depósito á bastante altura, para ^
poder en ciertos casos lanzarla con cierta fuerza, se ha construido una torre octogo-
nal de 60 metros de altura, sobre la cual se ha instalado uno, que puede contener
150 toneladas de agua. Una serie de bombas, de las cuales la última está colocada
con su maquinado vaporen lo más alto de la torre, elevan la cantidad necesaria
para que en caso de incendio pueda descender naturalmente y ser lanzada á la altura
conveniente.
La distribución general se verifica por tubos que circulan por toda la fábrica, pre-
sentando en ios puntos convenientes las llaves y registros para el servicio de riegos é
incendios. Una compañía de empleados, que se distinguen por las gorras rojas, está
encargada de la buena distribución, así como de reparar los tubos de conducción.
En lugar de establecer las calderas dé vapor al costado de cada máquina respec-
tiva , se ha preferido agruparlas en talleres especiales, de donde se reparte el vapor
por medio de enormes tubos, que le conducen por todo el establecimiento á los
puntos donde es necesario. Uno de éstos contiene cincuenta, de nueve metros de
longitud, con hervidores que pueden concentrar en un momento dado una fuerza de
dos mil caballos.
El consumo de gas representa una cantidad superior á la que exigiría la mayor
parte de nuestras capitales de provincia ; diez mil mecheros á razón de cinco pies
cúbicos por hora y por cada uno de ellos. La fábrica de gas con sus dos enormes
gasómetros es otra de las curiosidades dignas de mención ; la compañía encargada
del servicio de aguas cuida también del alumbrado.
El laboratorio de química, situado al sur de la carretera, está organizado bajo el
mismo pié que el resto del establecimiento. Tres químicos distinguidos se ocupan
constantemente en el análisis de minerales, carbones, hierros colado y dulce, y
más especialmente en el estudio de la composición y propiedades del acero; de cada
producto elaborado en el taller se envía una muestra á esta dependencia, que la
transmite las observaciones á que haya lugar, á íin de poder garantizar la calidad en
todos los pedidos.
Al lado del laboratorio está el gabinete de física, donde se someten las muestras
u

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enviadas del taller á todo género de esfuerzos, de tracción, flexión y torsión, deter-
minando si la materia obedece á las leyes físicas dentro de los límites supuestos por
su naturaleza. La máquina que emplean figuró en la Exposición de Londres de i862>
y está construida por MM. Greenwood y Battley de Leeds.
También corresponden á este grupo cientíüco los talleres de fotografía, litografía é
imprenta, cuyos productos llaman extraordinariamente la atención. El fotógrafo que
se baila al frente es un ingeniero distinguido, á quien Mr. Krupp envió á viajar é ins-
truirse en este ramo, con encargo de adquirir los mejores instrumentos que se cono-
cieran. Tan acertadamente cumplió con su misión, que hoy está reputado por el
primer fotógrafo, y sus obras han merecido los mayores elogios de cuantos han teni-
do ocasión de examinarlas. En la Exposición fotográfica de Berlin mereció el pri-
mer premio por una vista general de la fábrica, compuesta de catorce hojas de O",50
de altura por O",40 de ancho, y cuyo conjunto parece la prueba de un solo cliché;
el panorama mide seis metros y constituye una obra maestra inapreciable.
Dignas son también de admiración las pruebas de foto-litografía, por cuyo medio
se reproducen los dibujos, planos, proyectos, etc., con una exactitud que nada deja
que desear.
Entre los demás establecimientos anexos, debemos citar la panadería, que surte á
una población de cerca de 50.000 almas. El pan es de centeno sin mezcla, de peso
de seis libras, y se vende al precio de 15 cuartos de nuestra moneda. También se fa-
brica otro superior de trigo para los empleados, cuyo precio, como el anterior, depen-
de de la fluctuación en el de los granos, puesto que Mr. Krupp lo ofrece al de fabri-
cación. Los hornos tienen la solería de lava, y se cabentan con hulla por medio de
dos canales laterales, por donde se retira el combustible antes de cargarlos; en la
cochura se emplean tres horas, y cada horno contiene 210 panes. El amasado se h a -
ce por medio de una máquina análoga á la que se emplea en la fabricación del
mortero.
No es éste el único favor que se les dispensa á los operarios ; en toda la villa hay
situados en puntos convenientes seis almacenes que pertenecen á Mr. Krupp , con el
surtido más completo de géneros y efectos de primera necesidad, donde pueden pro-
veerse por su costo, disminuyendo éste en grande proporción respecto á los precios
corrientes en los restantes. Su pago pueden efectuarlo en metálico ó bien en bonos
que les suministran las oficinas y que más tarde les serán descontados en la liquida-
ción de sus salarios. Ademas, los que quieran disfrutar de las ventajas de la vida en
común, son alojados y mantenidos en los ediücios destinados á este objeto, por el
precio de un franco, no comprendido el café ; más de 2.000 gozan de este beneficio.
El pago de los obreros está combinado de manera que reciban, ademas de un sa-
lario íijo, una indemnización, que aumenta con la producción en la que han tomado
parte. Todos están asociados constituyendo una caja de seguros, en la que la admi-
nistración figura por una cantidad igual al valor de la descontada por este concepto
á todos los operarios. Esta caja atiende á todos los gastos de médico y botica ; con-
cede pensiones á las viudas y huérfanos; después de los 16 años de trabajo, el obre-
ro principia á recibir un aumento creciente cada año, de manera que al cumplir los
2o, recibe un equivalente á la totalidad de su jornal y puede abandonar el trabajo.
Muchos de ellos, aun cuando en là actualidad han adquirido este derecho, continúan
trabajando, por la satisfacción que esto les proporciona. La tierna solicitud con que
Mr. Krupp se ocupa de sus operarios no se ha puesto nunca tan de relieve como en

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la última guerra. Llamados á ingresar en las filas más de 2.000, en su mayoría con
familia, no siendo los recursos que la municipalidad les suministraba bastantes
para atender á sus necesidades, Mr. Krupp, al despedirse de ellos, les ofreció abonar-
les la totalidad de sus salarios, como si estuvieran presentes; más tarde fundó un
hospital para 100 camas, provisto de todos los adelantos del arte, donde recibió á
cuantos fueron heridos, asegurando para el resto de sus dias todo su jornal á los im-
posibilitados y á las viudas de los que fallecieron. Rasgos de este género no necesitan
comentarios; así es que su fábrica nunca ha sido teatro de esas huelgas que tanto
perjudican á unos como á otros.
El precio elevado de sus productos se explica por su calidad excepcional, debida
al cuidado y vigilancia que se ejerce sobre todos los detaOes de fabricación. Aquel
varía entre 30 céntimos por kilogramo en los rails y nueve francos en las piezas de
grueso calibre y proyectiles. Esta dií'erencia consiste en que los primeros pierden
muy poca materia en su confección , mientras en los últimos excede de los dos ter-
cios.
Para concluir, esta fábrica, que representa un capital de oOO.000.000 de reales,
pertenece exclusivamente á Mr. Krupp, cuyo nombre ha conservado en memoria de
su padre. Cuando el éxito ha excedido á cuanto hubiera podido concebir la imagina-
ción más exigente, cuando todo le sonreía en derredor suyo, la Providencia ha ve-
nido á herirle en sus más caras afecciones. Su hijo único, de 17 años de edad, no
ofrece esperanza alguna de vida; desde hace algún tiempo sufre una enfermedad
mortal que en breve le arrebatará al cariño de sus padres. Estos, que ya han alcan-
zado una edad provecta, se consagran exclusivamente al cuidado de su hijo, consi-
guiendo tan sólo ir prolongando sus dias, en una agonía perpetua. Con é l , sí bien el
nombre no desaparecerá, puesto que Mr. Krupp tiene varios hermanos, se extingui-
rá la rama directa de esta familia, que tantos títulos ha adquirido á la consideración
general. Modesto en demasía, sin olvidar jamas su origen, del cual se envanece con
cierto orgul'o, sin haber querido aceptar recompensa alguna por sus trabajos, hon-
rado con la amistad personal del actual Emperador de Alemania, que en distintas
ocasiones ha querido elevarlo á la dignidad de barón , que siempre ha rehusado,
Mr. Krupp será en nuestra época la protesta viva de ciertas ambiciones perturba-
doras del orden social, que sólo se distinguen por sus utópicas ideas y por la ignoran-
cia más grande de las leyes que rigen la economía política.

E . G . VELASCO.

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NOTAS Y RECETAS TEGNIGiVS.

P r e p a r a c i ó n d e un c e m e n t o h i d r á u l i c o .

De algunos años á esta parte se está empleando en Inglaterra un cemento artificial,


descubierto por el Sr. Scott, que se obtiene por medio de la reacción del ácido sulfu-
roso sobre la cal. Para prepararlo, se extiende la cal anhidra en un horno de varios
compartimientos, en capas de SO centímetros, y se quema en la parte inferior de este
horno una cantidad de azufre equivalente á 9 kilogramos por cada metro cúbico de
cal. La combustion del azufre debe ser lenta y regular, lo cual se consigue por me-
dio de un registro que regule la entrada del aire que ha de alimentar aquélla ; este
registro es conveniente colocarlo en la chimenea, para que, modificando el tiro de
ésta, se modifique también la entrada del aire en el hogar donde se quema el azufre.
El producto, que ha recibido ya la acción del ácido sulfuroso, se reduce á polvo por
medio de muelas á propósito. La cal hidráulica así obtenida produce mejores resul-
tados que la ordinaria ; pero se pueden aumentar las buenas cualidades de esta última
añadiéndola puzolana en polvo. El Sr. Scott prepara dos clases de cemento para el
consumo inglés : la primera clase contiene de 8 á 12 por 100 de alúmina, y la segunda
de 18 á 24 por 100, conviniendo más que la primera para los trabajos hidráulicos-
Este cemento se endurece lentamente ; el cemento ordinario necesita seis horas para
ello, y un tiempo todavía más largo el que es más rico en alúmina. Y por último, este
cemento es, ademas, más resistente que el mortero hecho con la cal superior, y le cede
bien poco al célebre cemento de Portland.
Inútil nos parece añadir que siempre que se encuentren á mano las piritas, deben
éstas ser empleadas preferentemente al azufre, para la obtención del ácido sulfuroso,
por resultar con ello una gran economía.

B l a n q u e o de las piezas de cobre.

Esta operación es una especie de plateado, que se practica de la manera siguiente:


Se disuelve en ácido nítrico una onza dé plata, después se añade una onza en pol-
vo de una mezcla de sal amoniacal, una libra de crémor tártaro, media libra de sul-
fato de cobre, media de sulfato de zinc y dos libras de sal marina.
De todo esto se hace un lodo en una vasija de tierra barnizada, donde se sumergen
los botones, después de haberlos de antemano limpiado del verdín con agua fuerte
(ácidonítrico). Se agita por algunos minutos, y después de haberlos retirado de la
mezcla se sumergen en ácido nítrico dduido; luego se lavan y se enjugan.

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M o d o de trasladar U D g r a b a d o ó dibujo sobre m a d e r a .

Se compone el mordiente con dos partes de trementina de Chio y una parte de


barniz blanco, y se hace fundir á fuego lento en una vasija barnizada. Se extiende con
precaución sobre el grabado lo menos espeso que sea posible ; se pega la parte del
grabado sobre una superficie de madera bien lisa y pulida, y se deja secar; después
con un dedo ó un pañito mojado se levanta ligeramente el papel, usando el mayor
cuidado cuando el dibujo se descubra.
Cuando esté descubierto enteramente, se pone encima esencia de trementina y se
deja secar todo, después de haber dado tres ó cuatro manos de barniz blanco.

L i g a para empastar los dientes.

Su composición es la siguiente:

Estaño 6M
Plata 38,8
Cobre 0,1
100,0

P a r a b l a n q u e a r e l marOI t a l l a d o .

Para que el marfil tallado quede enteramente blanco, es necesario frotarle suave-
mente con una pastilla de cal, y después pulimentarlo.

Cartulina de esmalte.

Esta materia se emplea comunmente para tarjetas de visita en que se imprimen


nombres y escudos de armas. En otro tiempo (y aun hoy algunas veces) se usaba
una cartulina finísima, con cola, sobre la que se escribía á mano, valiéndose de la
tinta común ; mas después vino la moda de las cartulinas esmaltadas, ó sea cubiertas
por ambos lados, ó por uno solo, de un baño liso y blanco, que imita el brillo del vi-
driado que se da sobre las mayólicas.
Hé aquí un procedimiento para preparar estas cartulinas, que ha obtenido privile-
gio de invención en Inglaterra :
Tómese medio kilogramo de reíales de pergamino, un cuarto de kilogramo de cola

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de pescado, igual cantidad de goma arábiga y 24 litros de agua de rio, y hágase co-
cer el todo hasta que se reduzca á la mitad de su volumen, íiltrándolo después por un
lienzo. La cola obtenida se divide en tres partes iguales, y se añaden : á la primera
cinco kilogramos de albayalde muy blanco y finamente pulverizado con agua, cuatro
á la segunda , y tres á la tercera. Hecho esto, se coloca la cartulina sobre una mesa,
y con un pincel se extiende una mano de la primera mixtura , caliente, y se deja
secar por espacio dé veinticuatro horas, pasado cuyo tiempo, se da otra mano de la
segunda, y después de igual intervalo, otra de la tercera. Las hojas así bañadas se co-
locan sobre planchas de acero finísimo, y se hacen pasar al laminador.
Algunos, en vez del albayalde, han empleado el sulfato de plomo; pero hay que
advertir que cuando la materia blanca y opaca tiene base de plomo, el esmalte se
pone amarillento con el tiempo, y se oscurece bajo la acción de los vapores del ácido
sulfúrico; para evitar lo cual, Delarne ha sustituido los preparados del metal referido
por el óxido de zinc.
Para esto se toman 3'600 kilogramos próximamente de blanco de zinc , y se extien-
den en un litro de cola animal que contenga un tercio de su peso de cola seca, di-
solviéndose después en l'70ü litro de agua cociendo. De este modo se obtiene una pas-
ta blanda, que se hace pasar por un cedazo fino, se extiende sobre la cartulina con
una espátula, se pone á secar, y por último, se somete á presión y se pulimenta.
El óxido de zinc no se pone amarillento ni se ennegrece con el tiempo, como suce-
de con los preparados de plomo.

.llanera sencilla d e copiar dibujos ó e s t a m p a s sin alterar el original.

Prepárase primeramente una disolución de buen jabón de sosa en 12 partes de agua


caliente. En esta disolución se vierte otra, bastante diluida, de cloruro de calcio,
hasta que resulte un precipitado blanco, sin que perjudique al buen éxito un exceso
de la última disolución. Se recoge el jabón blanco, caido al fondo, en un filtro, y se
lava varias veces con el agua. Durante esta operación se disuelven por el calor 4 par-
tes del mismo jabón de sosa en 24 partes de agua y se deja enfriar la solución ; luego
se mezclan el precipitado denso y el jabón con esta última disolución, y se calienta
la masa, agitándola hasta la ebulücion, á cuya temperatura el jabón se ha separado
en la disolución del jabón de sosa, propiedad del jabón calcáreo, no conocida hasta
ahora.
Al enfriarse la disolución , el jabón calcáreo se separa de modo que forma un l i -
quido denso y blanco, que puede conservarse inalterable en vasijas tapadas. Con este
jabón se da con una esponja una capa igual y compacta á un papel de las mismas
di