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Efectos sociales de la

teoría de la
evolución
Parte de la serie de
Evolución biológica

Temas clave
Biología evolutiva
Introducción a la evolución
Antepasado común
Evidencia de antepasado común

Historia de la idea
Información general
Renacimiento e Ilustración
Antes de Darwin
Darwin • Su libro
Antes de la Síntesis
Síntesis evolutiva moderna
Evolución molecular • Evo-devo

Historia Natural
Historia de la vida
Biodiversidad • Biogeografia
Clasificación • Cladística
Paleontología •Filogenia
Evolución humana

Procesos y Resultados
Genética de poblaciones
Variación
Mutación
Selección natural • Adaptación
Deriva genética • Flujo genético
Especiación • Radiación adaptativa
Cooperación • Coevolución
Extinción

Implicaciones Sociales
Teoría y hechos
Efectos sociales
Controversias
Objeciones
Nivel de aceptación
Campos y aplicaciones
Aplicaciones de la evolución
Selección artificial
Bioinformática
Antropología evolucionista
Computación evolutiva
Evolución experimental
Genética ecológica
Neurociencia evolucionista
Fisiología evolucionista
Psicología evolucionista
Sistemática

Portal de biología
Categoría
Los efectos sociales del pensamiento
evolucionista son considerables.
Conforme se ha ido desarrollando la
explicación científica de la diversidad de la
vida, a menudo ha desplazado
explicaciones alternativas, en ocasiones
muy generalizadas. Como la teoría de la
evolución incluye una explicación de los
orígenes de la humanidad, ha tenido un
profundo impacto en las sociedades
humanas. Algunas personas se niegan
firmemente a aceptar la explicación
científica a causa de las implicaciones
religiosas que perciben (por ejemplo, el
rechazo implícito de la creación de los
humanos descrita en la Biblia). Esto ha
llevado a un encendido debate entre
creación y evolución en la educación
pública, sobre todo en Estados Unidos.

Evolución y ética
La teoría de la evolución por selección
natural también ha sido adoptada como
fundamento por diferentes sistemas
éticos y sociales, como el darwinismo
social, una idea popular en el siglo XIX,
anterior a la publicación de «El origen de
las especies». El darwinismo social
mantiene que la supervivencia de los más
aptos (frase acuñada en 1851 por Herbert
Spencer 6 años antes de que Darwin
publicara su teoría de la evolución) explica
y justifica las diferencias de riqueza y éxito
entre las sociedades y las personas. Una
interpretación similar fue la eugenesia,
creada por Francis Galton, primo de
Darwin. Esta corriente de pensamiento
mantenía que la civilización humana
subvertía la selección natural al permitir la
supervivencia y reproducción de los
menos inteligentes y sanos.

Defensores posteriores de esta teoría


sugieren medidas sociales radicales y a
menudo coercitivas, en un intento de
«corregir» este desequilibrio. Thomas
Huxley pasó mucho tiempo demostrando
con una serie de experimentos que no
solo sería inmoral, sino también
imposible,[1] Stephen Jay Gould y otros
han argumentado que el darwinismo
social se basa en conceptos erróneos de
la teoría de la evolución, y muchos éticos
lo consideran un caso del problema del ser
y el deber ser. Después de que las
atrocidades del Holocausto se vincularan
a la eugenesia, esta corriente perdió el
favor del público y la opinión científica,
aunque nunca se aceptó universalmente, y
en ningún punto de la literatura nazi se
menciona a Charles Darwin o la teoría de
la evolución.[2]
En su libro El fin de la fe, Sam Harris
argumenta que el nazismo fue sobre todo
una continuación del antisemitismo
cristiano. Jim Walker compiló una lista de
129 citas del Mein Kampf en las que Hitler
se describe como cristiano, o bien
menciona a Dios, Cristo o un pasaje
bíblico.[3] Otros argumentan que seis
millones de las víctimas del Holocausto
fueron asesinadas por su religión, no por
su raza ni ninguna otra razón vinculada
con el mecanismo de la evolución
darwiniana. Hitler utilizó a menudo
creencias cristianas como «los judíos
mataron a Jesús» para justificar su
antisemitismo.[4]
La noción de que los humanos comparten
ancestros con otros animales también ha
afectado a la forma en que ciertas
personas ven la relación entre los
humanos y otras especies. Muchos
defensores de los derechos de los
animales mantienen que si humanos y
animales comparten la misma naturaleza,
ambos deben gozar de los mismos
derechos.

De hecho, Charles Darwin consideraba que


la simpatía[5] era una de las más
importantes virtudes morales, y que era
producto de la selección natural, un rasgo
beneficioso de los animales sociales
(incluyendo al Homo Sapiens). Darwin
argumentó además que por consecuencia,
las sociedades más compasivas serían las
más exitosas, y que nuestra simpatía
debía extenderse a «todos los seres
capaces de sentir».[6]

Thomas Huxley: Evolución y


ética

Thomas Huxley, el bulldog de Darwin,


dedicó buena parte de su ensayo
«Evolución y ética» a desacreditar el
darwinismo social punto por punto. Huxley
comienza por refutar la ciencia en que se
apoya el darwinismo social, y más
adelante da paso a argumentos morales.
Huxley termina presentando una serie de
pruebas históricas en contra de esta
teoría[7] y afirma que el hecho de que
ciertas cualidades se consideren virtudes
o vicios depende de las circunstancias.[8]

Evolución y religión
Véase también: Historia del pensamiento evolucionista

Antes de que Darwin argumentara y


presentara las pruebas de la evolución, las
religiones occidentales solían
menospreciar o condenar cualquier
alegato en el que la diversidad de la vida
se considerase resultado de un proceso
evolutivo, al igual que hacían la mayor
parte de la comunidad científica inglesa.
No obstante, algunos grupos religiosos
aceptaban la evolución, como la Iglesia
unitaria y los teólogos anglicanos
liberales, así como numerosos científicos
franceses y escoceses, e incluso alguno
en Inglaterra, como Robert Edmund Grant.
La interpretación literal o dogmática de las
escrituras mantiene que un ser supremo
creó directamente a los humanos y otros
animales como «tipos de creaciones»
separadas, algo equivalente a las
especies. En Estados Unidos, desde la
década de 1920, existe una violenta
oposición a la enseñanza de la teoría de la
evolución, sobre todo por parte de los
evangélicos conservadores, que han
expresado su preocupación sobre el
efecto que el aprendizaje de la evolución
podría tener en la sociedad y en su fe (ver
Controversia entre creación y evolución).

En respuesta a la amplia aceptación


científica de la teoría de la evolución,
muchas religiones han sintetizado –oficial
u oficiosamente– los puntos de vista
científico y religioso. Varios científicos
importantes del siglo XX, como Ronald
Fisher y Theodosius Dobzhansky, cuyo
trabajo confirmó la teoría de Darwin, eran
también cristianos, y no vieron ninguna
incompatibilidad entre sus creencias y la
confirmación teorética y experimental de
la evolución. Algunas religiones han
adoptado la evolución teísta, según la
cual, Dios inició el proceso de la evolución
y la ha dirigido de una forma u otra.

La evolución y la Iglesia
católica

Desde la publiación de la encíclica Humani


generis del papa Pío XII en 1950, la Iglesia
católica adoptó una posición neutral
respecto a la evolución. «el Magisterio de
la Iglesia no prohíbe el que —según el
estado actual de las ciencias y la teología
— en las investigaciones y disputas, entre
los hombres más competentes de
entrambos campos, sea objeto de estudio
la doctrina del evolucionismo, en cuanto
busca el origen del cuerpo humano en una
materia viva preexistente».[9]

El 22 de octubre de 1996, en un mensaje a


la Academia Pontificia de las Ciencias, el
papa Juan Pablo II actualizó la posición de
la Iglesia, reconociendo que la evolución
es «más que una hipótesis»: «mi
predecesor Pío XII ya había afirmado que
no había oposición entre la evolución y la
doctrina de la fe sobre el hombre y su
vocación (…) Hoy, casi medio siglo
después de la publicación de la encíclica,
nuevos conocimientos llevan a pensar que
la teoría de la evolución es más que una
hipótesis. En efecto, es notable que esta
teoría se haya impuesto paulatinamente al
espíritu de los investigadores, a causa de
una serie de descubrimientos hechos en
diversas disciplinas del saber».[10]

Postura del islam sobre la


evolución

Las figuras clásicas no han discutido el


tema, ya que apareció en el siglo XIX. Las
autoridades contemporáneas tienen
opiniones encontradas. Una de ellas
acepta la adaptación, o evolución en una
microescala, dentro de una especie, pero
no acepta la evolución entre especies, es
decir, de una especie para formar otra, ya
que el ser humano se considera
milagroso. No obstante, este pensamiento
tradicional no estaría en conflicto con la
idea de que en la misma época en que
fueron creados los humanos se crearon
también seres con aspecto humano, lo
que explicaría los registros fósiles de
seres que parecen humanos pero no lo
son. Otros opinan que puesto que la
evolución es la explicación más simple, lo
más razonable es aceptarla, pero
reconociendo que no se produce de forma
aleatoria, sino solamente con el permiso
de Dios en cada etapa del proceso. Uno de
los argumentos que apoya la idea de que
la evolución es posible es el que afirma
que las fases del desarrollo humano en la
evolución son similares a las distintas
etapas de desarrollo que menciona el
Corán. Otra postura rechaza
completamente la evolución cruzada entre
especies en todos los organismos, pero
acepta la adaptación (microevolución).

Teoría de la evolución e
izquierda política
Muchas de las figuras políticas de
izquierdas nunca han hecho públicas sus
ideas sobre la biología y por eso se
desconocen sus opiniones sobre la teoría
evolutiva. Hasta cierto punto, los
marxistas son la excepción. Marx, Engels y
Lenin apoyaban la teoría de Darwin. Marx
envió a Darwin una copia de su libro El
capital, aunque no hay constancia de que
Darwin le contestara. El trabajo de Marx se
basa en una idea materialista del mundo,
que muestra las causas y efectos
naturales en todos los aspectos de la
economía y la sociedad humana. Marx
consideraba que la obra de Darwin
proporciona una explicación material
similar para la naturaleza, y que eso apoya
su propia visión del mundo.

La mayoría de los marxistas posteriores


coincidían con esta idea, pero algunos –
sobre todos los de los primeros años de la
Unión Soviética– creían que la teoría
evolutiva discrepaba con sus ideales
económicos y sociales. Como resultado,
acabaron apoyando el lamarckismo, es
decir, la idea de que un organismo puede
pasar a su descendencia las
características que haya adquirido durante
su vida, lo que condujo a la práctica del
Lysenkoísmo, lo que causó problemas
agrícolas.[11]
En su libro El apoyo mutuo, el
anarcocomunista Piotr Kropotkin
argumenta que la cooperación y la ayuda
mutua son tan importantes en la evolución
de las especies como la competición y la
lucha mutua, si no más.[12]

En la izquierda moderada contemporánea,


algunos autores como Peter Singer –en su
libro A Darwinian Left («Una izquierda
darwiniana»)– apoyan el darwinismo pero
llegan a conclusiones políticas y
económicas distintas a los observadores
más conservadores. El libro El gen egoísta
de Richard Dawkins tiene un capítulo
titulado «Los chicos buenos terminan
primero» en el que se intenta explicar el
papel del altruismo y la cooperación en la
evolución, cómo los animales sociales no
pueden sobrevivir sin estos rasgos, y
cómo los crea la evolución.[13] Dawkins
explica que cuando un animal se sacrifica
o usa sus recursos para la supervivencia
de otros miembros de la misma especie,
lo hace, en cierta forma, impulsado por el
«egoísmo» de sus genes, que sobreviven
en otros animales. Por ejemplo, si una
madre muere para salvar a tres de sus
cachorros, sobrevivirá una copia y media
de sus genes de promedio, porque hay un
50% de posibilidades de que un gen
concreto esté presente en su
descendencia. Dawkins también realizó un
documental del mismo nombre[14] en el
que afirma haber añadido ese capítulo con
la intención de contrarrestar las
interpretaciones erróneas actuales del
concepto de «supervivencia de los más
aptos».

La evolución respecto al
darwinismo social y el
imperialismo
El darwinismo social es un término
despectivo asociado con la teoría del
malthusianismo, desarrollada por el
filósofo whig Herbert Spencer. Se
relaciona con la teoría de la evolución,
pero hoy se considera que esta relación no
está justificada. El darwinismo social se
expandió después aplicando «la
supervivencia del más apto» al comercio y
al conjunto de las sociedades humanas, lo
que condujo a la justificación de la
desigualdad social, el sexismo, el racismo
y el imperialismo.[15] No obstante, esas
ideas contradicen las de Darwin, y los
científicos y filósofos contemporáneos
consideran que ni se desprenden de la
teoría de la evolución ni hay datos que las
sostengan.[16][17][18]
El darwinismo social también se relaciona
con el nacionalismo y el imperialismo.[19]
Durante la época del Nuevo Imperialismo,
los conceptos de la evolución justificaban
la explotación de las «razas inferiores sin
ley» por las «razas superiores».[19] Para los
elitistas, las naciones fuertes estaban
compuestas de personas blancas que
tenían éxito a la hora de expandir sus
imperios, y por tanto, estas naciones
fuertes sobrevivirían en la lucha por la
dominación.[19] Con esta actitud, los
europeos, a excepción de los misioneros
cristianos, rara vez adoptaron las
costumbres y lenguas de los pueblos que
componían sus imperios.[19] Por otra
parte, los misioneros cristianos fueron los
primeros en conocer a esos pueblos y en
desarrollar sistemas de escritura para los
idiomas locales que carecían de ella, esto
con el fin de enseñar las doctrinas
crstianas.[19] Críticos con el darwinismo,
fueron vehementes abolicionistas, y
proporcionaron educación e instrucción
religiosa a los nuevos pueblos con los que
se relacionaban, ya que creían que educar
a estas gentes era su deber como
cristianos.[19]

Véase también
Evolución cultural
Neocreacionismo
Hipergamia
Filosofía de la naturaleza
Librepensador
Edad de la Tierra

Referencias
1. Evolution and Ethics, por Thomas
Henry Huxley
2. La falsa naturaleza de los argumentos
reductio ad Hitlerum de los
antievolucionistas (en inglés).
3. Web en la que se listan 129 citas del
Mein Kampf relativas al cristianismo
de su autor (en inglés).
4. Religión y Hitler – Una historia (en
inglés)
5. Kropotkin, Pedro (1 de mayo de 1922).
«Capítulo 3 – El principio moral en la
naturaleza (1)» . Biblioteca virtual
Antorcha. Consultado el 29 de febrero
de 2016. «Darwín entendía la simpatía
en el sentido exacto de esta palabra,
no como compasión o amor, sino
como sentimiento de compañerismo,
de influencia mutua, esto es en el
sentido de que el hombre puede ser
influenciado por los sentimientos de
los demás».
6. Darwin, Carlos R. (c. 1909). «Capítulo
III – Las facultades mentales del
hombre y de los animales inferiores
(Continuación) – Observaciones
finales» . En F. Sempere y Cª, editores.
El origen del hombre. Valencia. pp. 71-
72. Consultado el 29 de febrero de
2016. «Adelantado el hombre en
civilización, y reuniéndose las pe-
queñas tribus en comunidades más
grandes, la simple razón indica á cada
individuo que debe extender sus
instintos sociales y su simpatía á
todos los miembros de la misma
nación, aunque personalmente le sean
desconocidos. Llegado á este punto,
sólo una valla artificial se opone á que
sus simpatías se hagan extensivas á
los hombres de todas las naciones y
razas. Desgraciadamente la
experiencia nos muestra cuánto
tiempo se necesita para que
lleguemos á considerar como
semejantes nuestros á los hombres de
otras razas, que presentan con la
nuestra una inmensa diferencia de
aspecto y de costumbre. (...) Esta
virtud, una de la más superiores en el
hombre, parece ser resultado
accidental del progreso de nuestras
simpatías, que, haciéndose más
sensibles cuanto más se extienden,
acaban por aplicarse á todos los seres
vivientes. Una vez honrada y cultivada
por algunos hombres, se propaga por
la instrucción y el ejemplo entre los
jóvenes y se divulga luego en la
opinión pública».
7. Huxley, Thomas Henry (julio de 1894).
«Evolution and Ethics - Prolegomena -
Collected Essays IX» . Clark University
(en inglés). Consultado el 29 de
febrero de 2016. «En mi opinión, las
cualidades innatas físicas,
intelectuales y morales de nuestra
nación se han mantenido iguales
durante los últimos cuatro o cinco
siglos. Si el esfuerzo por existir nos ha
afectado hasta un punto crítico (y lo
dudo) ha sido, indirectamente, a través
de nuestras guerras militares e
industriales con otros países».
8. Huxley, Thomas Henry (julio de 1894).
«Evolution and Ethics - Prolegomena -
Collected Essays IX» . Clark University
(en inglés). Consultado el 29 de
febrero de 2016. «La benevolencia y la
abierta generosidad que adornan a un
hombre rico pueden convertir en
indigente a uno pobre; la energía y la
valentía a la que el soldado de éxito
debe su ascenso, la fría y osada
sutileza a la que debe su fortuna el
gran financiero pueden fácilmente, en
las circunstancias adecuadas, llevar a
quien las posee al patíbulo o a galeras.
De hecho, es bastante probable que
los hijos de un «fracaso» reciban del
otro progenitor esa pequeña
modificación del carácter que cambia
las cosas por completo. A veces me
pregunto si la gente, que tan
libremente habla de extirpar a los
menos aptos, considera alguna vez su
propia historia desapasionadamente.
Desde luego, hay que ser muy «apto»,
vaya que sí, para no saber de una o
quizás dos ocasiones en la propia vida
en las que habría sido muy fácil
clasificarse para una plaza entre los
«no aptos»».
9. «Carta encíclica Humani generis –
Sobre las falsas opiniones contra los
fundamentos de la doctrina católica» .
La Santa Sede. 12 de agosto de 1950.
Consultado el 29 de febrero de 2016.
10. «Mensaje del santo padre a los
miembros de la academia pontificia de
ciencias» . La Santa Sede. 22 de
octubre de 1996. Consultado el 29 de
febrero de 2016.
11. Pérez, José A. (17 de junio de 2014).
«El científico que contribuyó a
millones de muertes» . Ciencia xplora.
Consultado el 1 de marzo de 2016.
12. Kropotkin, Piotr. «Capítulo I – La ayuda
mutua entre los animales» . El apoyo
mutuo – Un factor de la evolución.
p. 24. Consultado el 1 de marzo de
2016. «veremos que los animales que
adquirieron las costumbres de ayuda
mutua resultan, sin duda alguna, los
más aptos (…) se puede decir con
seguridad que la ayuda mutua
constituye tanto una ley de la vida
animal como la lucha mutua».
13. de la Herrán Gascón, Manuel (2002).
«Egoísmo, Cooperación y Altruismo» .
Biblioteca CF+S. Consultado el 1 de
marzo de 2016. «Dawkins habla de
genes egoístas, no de individuos
egoístas. Y lo que es más importante:
con la teoría de Dawkins, la
cooperación e incluso el altruismo
(reales) entre individuos pueden ser
explicados por el `egoísmo'
(metafórico) de los genes».
14. Nice guys finish first Vídeo, en inglés
subtitulado en español. Primera de las
cinco partes en que se divide este
documental (enlaces a las siguientes
partes, a la derecha de la imagen).
15. Para la historia de la eugenesia y la
evolución, ver Kevles, Daniel (1998). In
the Name of Eugenics: Genetics and
the Uses of Human Heredity. Harvard
University Press. ISBN 978-0-674-
44557-4.
16. Charles Darwin discrepaba firmemente
con los intentos de Herbert Spencer y
otros de extrapolar sus ideas
evolutivas a todos los campos. Ver
Midgley, M (2004). The Myths we Live
By. Routledge. p. 62. ISBN 978-0-415-
34077-9.
17. Allhoff F (2003). «Evolutionary ethics
from Darwin to Moore». History and
philosophy of the life sciences 25 (1):
51-79. PMID 15293515 .
doi:10.1080/0391971031233127294
5.
18. Gowaty, Patricia Adair (1997).
Feminism and evolutionary biology:
boundaries, intersections, and
frontiers. Londres: Chapman & Hall.
ISBN 0-412-07361-7.
19. Perry, Marvin; Chase, Myrna; Jacob,
Margaret; Jacob, James; Daly,
Jonathan W.; Von Laue, Theodore H.
(2014). Western Civilization: Ideas,
Politics, and Society . Volume II: Since
1600 (11ª edición). Boston, MA:
Cengage Learning. pp. 634-635.
ISBN 978-1-305-09142-9.
LCCN 2014943347 .
OCLC 898154349 . Consultado el 1 de
febrero de 2016. «La expresión
ideológica más extrema del
nacionalismo y el imperialismo fue el
darwinismo social. En la mente
popular, los conceptos de la evolución
justificaban la explotación de las
«razas inferiores sin ley» por las
«razas superiores». Este lenguaje de
razas y conflictos, de personas
superiores e inferiores, fue moneda
común en los países occidentales. El
darwinismo social defendió
vigorosamente los imperios,
afirmando que sobrevivirían las
naciones fuertes —por definición, las
que tenían éxito a la hora de expandir
industrias e imperios—, y las otras no
podrían sobrevivir. Para estos elitistas,
cualquier persona blanca era más apta
que las de otras razas para imponerse
en la lucha por la dominación. Incluso
entre los europeos, algunas naciones
se consideraban más aptas que otras
para la competición. Los darwinistas
sociales solían pensar que su propio
país era el mejor, una actitud que
encendía su entusiasmo competitivo.
(…) En el siglo XIX, al contrario que en
los siglos XVII y XVIII, los europeos,
con la excepción de los misioneros,
pocas veces adoptaban las
costumbres o aprendían los idiomas
de la gente local. No creían en
absoluto que otras culturas y otros
pueblos merecieran ningún respeto.
Muchos occidentales creían que era
su deber cristiano dar ejemplo y
educar a los otros. Los misioneros
fueron los primeros que conocieron y
aprendieron de otros pueblos ( véase:
Bartolomé de las Casas) y también los
primeros en desarrollar escrituras para
los que no tenían un lenguaje escrito.
Los misioneros cristianos se oponían
fervientemente a la esclavitud (...)».

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