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Huaynaputina

Especial: El Huaynaputina y la gran explosión del año 1600Volcán moqueguano hizo


creer a los pobladores de esa época que se acababa el mundo y llegaba el juicio final.
27 de Marzo del 2016 - 15:28 » Textos: Adrian Apaza Diaz » Fotos: Difusión
El 19 de febrero del año 1600, en Moquegua, se produjo la más grande explosión
volcánica registrada en toda la historia de América del Sur hasta la actualidad. Su
origen: el volcán Huaynaputina.
El estallido tuvo repercusiones catastróficas. Sepultó todo el valle de Omate y sus siete
pueblos, destruyó casas en Moquegua y Arequipa. Los cielos se oscurecieron por las
toneladas de ceniza escupidas al cielo, no se vio el sol por semanas y el ruido de las
explosiones se oyó hasta en Lima, capital del virreinato.
FIN DEL MUNDO
Aquí uno de los testimonios: “cuando reventó el volcán que estaba en la provincia de los
Ubinas 12 leguas de la mar río arriba, que era un cerro pequeño que estaba en medio de
una sierra el año de 1600 arrojó de sí tanto fuego y ceniza que alcanzó la ceniza más de
200 leguas por todas partes, y cayó en los navios que navegaban por la mar; causó tan
gran temblor en aquella tierra que asoló muchas casas e hizo notables daños, y con los
temblores (...) y la espesura de la ceniza hecha fuego, que llovía, les parecía que era ya
llegado el fin del mundo y juicio final”, escribió el fraile carmelita Vázquez de Espinosa
cuando visitó la zona en el año 1615. Estando en Lima el virrey don Luis de Velasco,
escribió “a los 19, 20, 21 de hebrero [febrero] se oyeron disparar por la costa arriva [al
sur] donde estava la armada esperando los enemigos [corsarios holandeses] y todos
afirmaron que heran [disparos] de artillería y que devían de estar peleando con ellos,
que causó mucho contento, (...) y alos 5 de marzo tuve aviso de cómo en las provincias
de Camaná y sus valles havía caído y llovido tanta ceniza que casi cegava la gente y que
no se vlelían unos a otros con la oscuridad grande que hacía”.
El impacto del huaynaputina fue catastrófico. Arrojó 30 kilómetros cúbicos de tefra
(ceniza solidificada) que aún hoy en día es posible encontrar en el sur del Perú. La
cantidad de gases arrojados a la atmósfera cambiaron el clima en Europa el verano
siguiente, que se redujo en 2 grados. Según un estudio de la Universidad de California, el
colosal evento fue posiblemente el causante de la gran hambruna que asoló Rusia en
1601 y 1603.
“VOLCÁN JOVEN”
El huaynaputina, que en quechua significa huayna: joven, putina: volcán se encuentra en
la margen derecha del río Tambo en Quinistaquillas. Tiene una altitud de 4,850 metros
sobre el mar. No tiene la característica forma cónica, mucho menos después de la
catástrofe de 1600. Actualmente es vigilado por el Observatorio Vulcanológico del
Instituto Geofísico del Perú y del Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico (OVI) que lo
ha catalogado como un estratovolcán en actividad. Seguramente después que cumpla su
ciclo regular, despertará. El Observatorio Vulcanológico ha organizado un proyecto con
la participación de 10 especialistas de España, Italia, Belgica y Francia, que busca
desenterrar los pueblos enterrados por el huaynaputina, para investigar el fenómeno y
crear un museo de sitio como el que existe en la ciudad de Pompeya arrasada por el
Vesubio.
Huaynaputina, Pompeya peruana
Roberto Ochoa
14 Apr. 2018 | 17:09h
Historia de un volcán
Moquegua fue escenario de la erupción más violenta en la historia de América del Sur.
Cuatrocientos años después, científicos peruanos y franceses buscan restos enterrados
bajo toneladas de cenizas volcánicas.
En el año 1600, Lima era una ciudad con pocos habitantes y muchas supersticiones.
La Ciudad de los Reyes era una de las urbes más ricas del nuevo continente, por ello, el
fantasma de un inminente ataque pirata era la comidilla entre sus pobladores. A fines de
febrero, unas lejanas detonaciones despertaron a la población. El virrey Luis de Velasco,
Marqués de Salinas, envió observadores a la cumbre del cerro San Cristóbal para
comprobar si el puerto del Callao era atacado por los piratas. "Nada, no hay moros en la
costa", dijeron los emisarios. Y tenían razón. Lo que no sabían es que a mil kilómetros al
sur de la capital virreinal, Arequipa y Moquegua eran epicentro del fin del mundo.
El 17 de febrero se inició la gran erupción del Huaynaputina ("Volcán joven"). Primero
fueron la fumarolas, luego la enorme columna de humo que alcanzó 37 kilómetros de
altura formando un descomunal hongo que llenó de cenizas y pavor a todas las
poblaciones vecinas.
En Arequipa cundió el pánico. Todas las imágenes de cristos, vírgenes y santos salieron
en procesión. La lluvia de cenizas cubrió la luz del sol y no dejaba respirar a los
pobladores. Hubo días de tanta oscuridad que en medio de la procesión pasaban raudas
las manadas de aterradas vicuñas que escapaban de la hecatombe. Los curas creyeron
ver las señales del Apocalipsis y culparon a los arequipeños por sus pecados, pero los
indígenas enviaron a sus altomisayocs y ellos volvieron con la novedad de que se
trataba de la erupción de un volcán. Dicen que cinco de estos curanderos nunca
volvieron pues decidieron inmolarse ante el apu.
Historiadores y geólogos coinciden en señalar que la erupción del Huaynaputina es la
más violenta en la historia de América del Sur y una de las más poderosas de la historia.
Destruyó la ciudad de Arequipa que apenas tenía 60 años de fundada y enterró a poco
más de treinta poblados ubicados en el área de influencia del volcán, en la provincia de
Omate. Murieron más de 1.500 personas y se contaron por varios miles los desplazados.
Muchos de ellos llegaron a Lima semanas después y dieron detalles de la tragedia ante
el aterrorizado pueblo limeño que recién entendió el origen de estas detonaciones que
habían confundido con un ataque pirata.
Efecto planetario
Ya han pasado 418 años de aquella explosión descomunal. Geólogos y vulcanólogos
coinciden en que las cenizas lanzadas en 1600 por el Huaynaputina se han hallado en
lugares tan lejanos como Groenlandia y la Antártida.
La erupción tuvo un efecto planetario: habría provocado un invierno más intenso (casi
dos grados Celsius menos de lo normal) en varios países de Europa y hasta una
hambruna en Rusia. Pero ¿cuáles fueron los efectos en las zonas circundantes al volcán?
"Los estudios geológicos no eran suficientes", recuerda el ingeniero Jersy Mariño
Salazar, del Observatorio Vulcanológico de Ingemmet (OVI) en alusión al llamado
Proyecto Huayruro: la Pompeya peruana. "Tenía que ser un proyecto interdisciplinario
con geólogos, ingenieros, biólogos, arqueólogos y expertos en turismo", agrega.
El proyecto se planificó el 2015 y arrancó al año siguiente. Para este año acaba de
recibir 400 mil soles otorgados por Concytec, luego de ser elegido entre 230 proyectos.
El proyecto fue presentado por el Instituto Geofísico del Perú y las francesas
Laboratoire Magmas et Volcans-Université Clermont-Auvergne y Volcan Explor Action.
Este año hasta la coyuntura política es beneficiosa para el proyecto Huayruro. El
presidente Martín Vizcarra es moqueguano, es ingeniero interesado en vulcanología y
cuando fue presidente regional apoyó las campañas para que la población tome
conciencia de su vulnerabilidad por la presencia de volcanes en la zona.
Mariño asegura que Vizcarra, durante su gestión como presidente regional, apoyó la
campaña para la reubicación del poblado de Querate, cercano al Ubinas, un volcán que
se encuentra en proceso de erupción desde el año 2003.
Mariño insiste en que "si bien el proyecto Huayruro tiene como objetivo conocer la
dinámica eruptiva, el impacto en la sociedad, infraestructura y medio ambiente de la
erupción del volcán Huaynaputina, también es cierto que se puede convertir en un
nuevo atractivo turístico para Moquegua".
En estos días también está pendiente la construcción de la autopista que unirá
Arequipa, Omate y Moquegua, y que permitirá el incremento de la actividad turística en
la zona.
"Un museo de sitio está dentro de los planes del proyecto Huayruro", explica Mariño.
La Semana Santa en Omate ya es patrimonio cultural de la nación y con la nueva vía se
puede integrar a los circuitos de Arequipa, Moquegua e Ilo.
Tecnología geológica
En sus largas caminatas por los alrededores del Huaynaputina, los científicos peruanos
y franceses han hallado los restos de muros de piedra de varios poblados enterrados
bajo dos o tres metros de ceniza y piedra pómez.
Son desiertos de ceniza volcánica que se alzan sobre los cuatro mil metros de altura
sobre el nivel del mar. Las lluvias de los últimos 400 años han creado cañoncillos y
quebradas donde los científicos pueden estudiar con tranquilidad.
Se han utilizado drones para inspeccionar la zona investigada, también sofisticados
aparatos para medir el campo magnético y tomar "radiografías" de la tierra con equipos
de prospección geofísica.
"Lo mejor –recuerda Mariño– es la reacción de los pobladores de Omate y
Quinistaquilla, quienes demostraron ser buenos anfitriones y ofrecieron toda su
colaboración a las investigaciones científicas".
Los vulcanólogos utilizan una escala de ocho grados para medir la magnitud de una
erupción: el más célebre es el del volcán Vesubio (grado 5) que en el año 79 a.C.
destruyó la ciudad romana de Pompeya. Una más reciente fue la del Mount St. Helena,
en Estados Unidos, que en 1980 arrasó con miles de hectáreas de bosques y transformó
el paisaje local (grado 4). Mientras que la del Huaynaputina es de grado 6, solo superada
por la erupción del Monte Tambora, Sumbawa, Indonesia, en 1815.
El 2018 se proyecta como un buen año para el proyecto Huayruro: se realizará el
estudio de paleoclimatología, será desenterrado el poblado de Calicanto y se iniciará la
construcción del museo de sitio, previa encuesta y capacitación de la población local.
Mariño confía que el proyecto se consolide antes de llegar al 2021, año del Bicentenario,
con excavaciones arqueológicas e investigaciones geológicas que servirán para
reconstruir esa Pompeya peruana enterrada desde hace 400 años.