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SEDUCCIÓN, ILEGALIDAD Y PASIONES: LAS RELACIONES AFECTIVAS DE

LOS ESCLAVOS NEOGRANADINOS A FINALES DE LA COLONIA

Trabajo presentado para optar por el título de Historiador

Presentado por:

JULIANA GONZÁLEZ FERNANDES

Director:

RAFAEL ANTONIO DÍAZ DÍAZ

PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA

FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES

CARRERA DE HISTORIA

BOGOTÁ

2010

1
CONTENIDO

Introducción

1. Contexto General
1.1. Presencia Esclava en la Provincia de Antioquia a finales del siglo XVIII y
comienzos del XIX.
1.2. Sistema Penal Neogranadino a Finales del Siglo XVIII y Comienzos del XIX.

2. Los Amores y Desamores Furtivos de los Esclavos: Escándalos y Violencia


Doméstica en la Comunidad.

3. Relaciones Entre Amos y Esclavos, Una Búsqueda de la Libertad

4. Conclusiones

5. Bibliografia
5.1. Archivos Consultados.

6. Anexo

2
INTRODUCCIÓN

El amor es una de las tantas experiencias humanas que parecen desafiar a nuestro
conocimiento y entendimiento, sin embargo, a lo largo de la historia hemos visto como a
través de este, se han forjado alianzas, traiciones e incluso asesinatos que han cambiado el
rumbo de sociedades enteras. Es por ello que en diferentes momentos históricos, las
autoridades han intentado controlar los impulsos humanos de amar en sus diversas formas,
ya sea a través de leyes penales, morales o culturales que a su vez los mismos seres
individuos han intentado burlar en un esfuerzo por vivir sus pasiones con libertad y más
allá del ojo público.

La etapa final del período colonial y los comienzos de la era republicana en la Nueva
Granada tampoco eran ajenos tanto al fenómeno del amor como a los controles impuestos
por parte de las autoridades frente a él, de hecho, el ya demasiado evidente fenómeno del
mestizaje dentro de la población, continuaba preocupando a todas las instituciones
gubernamentales e incluso a la población en general que veía la razón de su funcionamiento
en la rígida estructura de castas y la permanencia de estas a lo largo de los años. Es así
como en el imaginario de la mayoría de personas, la línea que separaría a aquellos
privilegiados socialmente con aquellos que ni siquiera gozan de su libertad como es el caso
de los esclavos, sería imposible de traspasar o incluso destruir, y mucho menos a través del
amor. Nos preguntaríamos entonces, ¿qué tipos de estrategias usaban las personas a la hora
de amar a aquellos que se consideraban “impropios” para ser amados?, ¿qué consecuencias
podía traer para las personas y la sociedad el amar de manera ilegal y a escondidas de los
otros? A pesar de que estas cuestiones parecen ser muy amplias, no es del todo imposible
echarle una mirada a la experiencia amorosa colonial y vislumbrar muchos de los
sentimientos que llegaron a mover a las parejas y a quienes los perseguían para hacer
justicia frente a semejantes escándalos y transgresiones.

El amor y el afecto plantean nuevos problemas para los científicos sociales a la hora de ser
estudiados al no existir una posibilidad tangible de medir el afecto entre las personas y a
que; por lo tanto, la gran mayoría de informaciones estadísticas disponibles alrededor del

3
tema se centren en el fenómeno del mestizaje, en su mayoría producto de relaciones
furtivas y secretas, o en el mucho más documentado número de matrimonios legítimos
celebrados durante los siglos XVIII y XIX; que a pesar de ser muy dicientes con respecto a
la formación de las familias reconocidas, sobre todo blancas, dejan muchas inquietudes con
respecto a individuos de clases subalternas como lo son los esclavos, indígenas y mestizos
empobrecidos, que por lo general no lograban adaptarse o cumplir con los ideales de
familia y matrimonio impuestos tanto por la iglesia como por los estamentos seculares de la
época.1

De esta forma, nos encontramos con un sujeto esclavizado con muy escasas oportunidades
de tomar las decisiones más importantes de su vida al verse sujeto a un amo y a las fuertes
cargas de trabajo impuestas por este; pero al mismo tiempo, también se presenta la
intervención paternal a la hora de escoger pareja siempre presente en todas las castas y que
determina quién será el compañero de por vida de cada persona. En el momento en que el
hijo o hija se rebele a este sistema por lo tanto, las objeciones e impedimentos se harán
sentir, como se muestra en el caso de doña Tomasa Salazar en 1793 frente a la intención de
su hija Gregoria de casarse con un mulato acusándolo de “sastre, mulato puro, hijo de la
Josefa Ruiz que nació de una negra esclava, y de Ignacio Gómez, otro mulato como él,
viejo, sin dientes, tartamudo o media lengua, color de canela oscura, nariz chata y pelo de
pasa enroscado, como legítimo o próximo descendiente de Etiopía”2.

En la provincia de Antioquia en particular existe aún una buena cantidad de esclavos en el


territorio para finales del siglo XVIII y comienzos del XIX (a diferencia de otras
importantes provincias como Santafé, Tunja o Mariquita), que son cruciales para la
economía de la región, y que además de ello nos dejan buenos registros de sus vidas a
través de archivos de casos judiciales, testamentos e incluso cartas implicándolos a ellos; y
que por lo tanto, permiten al investigador adentrarse un poco más en la vida cotidiana de

1
“el factor racial imposibilitó el acercamiento normativo del hombre blanco con la mujer negra y sus
mezclas. La mancebía y el concubinato en cambio, lo permitieron” Navarrete, M. C. (2003 noviembre), “de
amores y seducciones. El mestizaje en la audiencia del Nuevo Reino de Granada en el siglo XVII”, en
Memoria y Sociedad, núm. 15, 2003, pp. 91-99.
2
Tovar, H. (2004), La Batalla de los Sentidos, Infidelidad Adulterio y Concubinato a fines de la Colonia,
Bogotá, Fondo Cultural Cafetero, p. 56.

4
estos individuos. Ello no quiere decir que estos sean testimonios de naturaleza infalible con
respecto a la vida de cada una de estas personas, de hecho, en su gran mayoría relatan el
punto de vista de las autoridades, que buscan juzgar la moralidad no sólo del esclavo a
quien se le imputa un crimen, sino también de aquellos de “semejante clase” e inclusive de
la sociedad en general, alertando de la falta de religión, moralidad y control de las personas
del sector y la necesidad de tomar cartas en el asunto.

El Archivo general de la Nación en sus subdivisiones temáticas, crea entonces el fondo


Negros y Esclavos en la sección Colonia, en donde se pueden encontrar documentos de
diversos tópicos referentes a la esclavitud, desde compras y ventas, pasando por
importaciones hasta llegar a casos judiciales por maltratos, fugas, amoríos e incluso
testamentos. Todo este acervo documental ha sido organizado y digitalizado para
posteriormente ser publicado en internet y así permitir el acceso a todo tipo de público a los
documentos. Junto a ello, el fondo Negros y Esclavos, incluyó en su versión digitalizada
algunos documentos encontrados en el Archivo Histórico de Antioquia y otros archivos
regionales, que permiten al investigador tener una visión más amplia del fenómeno
esclavista en la Nueva Granada. Es así como el presente trabajo se desarrollará básicamente
a través del estudio de casos criminales referentes a delitos de adulterio y amancebamiento,
junto con una carta dirigida al tribunal de la ciudad de Antioquia en donde un esclavo relata
su vida y relación personal con su amo.

Es de esta manera como, a través de los archivos judiciales encontramos, se hará una
reconstrucción de la vida del acusado y se relatarán las causas que llevaron a este sujeto en
particular a las penurias del juicio y la condena, ello implicaría entonces que trataré a los
archivos como las fuentes inmediatas que aportan los hechos particulares e incluso
declaraciones y chismes de la comunidad. A partir de allí se comenzará a hacer un análisis
del contexto social que permitió o condenó las acciones cometidas por el acusado, para
finalmente pasar a un plano más teórico en donde se mencionarán o analizaran los estudios
que han abarcado algunos de esto hechos o crímenes y desde qué punto de vista para así
lograr un panorama general, es así como desde un punto de partida basado en lo particular y
el detalle, se pasará a lo general o global en cuanto al mundo colonial neogranadino.

5
Los casos de uniones inter raciales “ilícitas” no sólo abarcan el campo de las pasiones y
sentimientos de aquellos involucrados, también comprenden la ambición de la libertad por
parte del o la esclavizada que junto a una pareja perteneciente a una casta superior pueden
buscar desde el mejoramiento de sus actuales condiciones, hasta el nacimiento de un hijo de
piel más clara que incluso podría despertar la compasión de su padre y obtener una carta de
libertad o un trabajo menos penoso. Pero no sólo es el esclavo el que puede beneficiarse
eventualmente de una buena relación con sus amos, existieron recompensas que fueron
mucho más allá de la libertad o lo monetario, se trata de la compañía en tiempos penosos, la
asistencia e incluso el mismo sentimiento de pertenencia del esclavo hacia la familia para la
cual trabaja.

Es importante reconocer que no existen grandes números de estudios sobre la dimensión


amorosa y afectiva del mundo colonial latinoamericano, sin embargo, si hay que resaltar
que en los últimos años se han dado grandes desarrollos en cuanto a la historia de la vida
cotidiana y privada así como la historiografía de género y el reconocimiento que las
ciencias sociales en general comenzaron a darle a las castas subalternas, entre los trabajos
destacados en este campo podemos encontrar dos libros que compilan trabajos de varios
autores siendo el primero un libro coordinado por Pablo Rodríguez titulado “La familia en
Iberoamérica 1550-1980”, en donde varios autores trabajan algún aspecto de la vida
familiar en cada una de las actuales naciones latinoamericanas 3, y el segundo coordinado
por Pilar Gonzalbo titulado “Las mujeres en la construcción de las sociedades
iberoamericanas”, en donde los autores de cada artículo rescatan la contribución femenina
a la historia iberoamericana desde sus contextos cotidianos, además de las dificultades que
afrontaron por su condición y las maneras en que sortearon cada obstáculo.4

Se abre aquí la cuestión entonces de cómo revisar un tema que puede resultar tan difuso e
incluso incomprensible como lo es el amor para un determinado momento histórico junto
con su impacto para la sociedad, y es en este punto en donde se pueden encontrar dos

3
Rodríguez, P. (coord.), (2004), La familia en Iberoamérica 1550-1980, Bogotá, Universidad Externado de
Colombia.
4
Golzalbo Aizpuru, P. (2004), Las mujeres en la construcción de las sociedades iberoamericanas, México, El
Colegio de México, Centro de Estudios Históricos.

6
salidas al problema desde diferentes puntos de vista, pero que a su vez se pueden
complementar. Debido a que el afecto es una experiencia humana profundamente personal,
el uso de la historia de vida como herramienta narrativa seria entonces una manera
interesante de investigar las experiencias de aquellos que viven el amor en la colonia y que
a su vez se encuentran en condiciones de esclavitud. Dentro de esta modalidad de hacer
historia sin embargo, encontramos incontables maneras de pensamiento en cuanto a cómo
se debe desarrollar la narrativa de una vida y de si esta es en verdad una manera de
contribuir a las ciencias sociales, ya que por lo general, el autor busca silenciarse para dar
paso al relato del sujeto, y junto con ello, no plantea ningún tipo de hipótesis si no que
reconstruye las fuentes para hacerlas más accesibles al público en general.

De todas maneras, existen interesantes obras dentro de las ciencias sociales que le dan una
voz al esclavo a través de la historia de vida como lo son Biografía de un Cimarrón de
Miguel Barnet o LasManuelos de Christine Hünefeldt, en donde la primera trabaja la vida
de Esteban, un hombre que para ya entrado el siglo XX era el único anciano que había
nacido en estado de esclavitud en Cuba, y que a través de entrevistas que se hicieron
directamente al protagonista de la obra logra adentrar al lector en las duras realidades de la
esclavitud5; y la segunda, en donde se narra a través de fuentes documentales, lo que pudo
haber sido el cotidiano de una familia de esclavos en el siglo XIX peruano. 6

A finales del siglo XX, la historiografía colombiana comenzó a darle importancia a esos
sectores de la sociedad que generalmente las ciencias sociales ignoraban pero que no
dejaban de ser importantes para entender las realidades de cada momento; y junto con esto,
aparece en escena la microhistoria, una manera de fijarse en lo particular dentro de un
contexto determinado para así entender mejor el proceso que se desarrolla en torno al sujeto
particular de estudio.7 No entraré en detalles acerca de la pertinencia de la palabra
“microhistoria”8 o de su uso para este tipo de investigaciones, sin embargo, a partir de ello

5
Barnet, M. (1968), Biografía de un Cimarrón, Barcelona, Ariel.
6
Hünefeldt, C. (1992), LasManuelos, Vida Cotidiana de Una Familia Negra en el Siglo XIX, Lima, IEP.
7
Ginzburg, C. Tedeschi, J. Tedeschi, A. (otoño 1993), “Microhistory: Two or Three Things That I Know
About It”, en Critical Inquiry, vol. 20, núm. 1.
8
Se ha dado un debate en torno al uso de la palabra “microanálisis” para reemplazar a la más utilizada
“microhistoria” debido a diferentes visiones sobre la pertinencia de la palabra y el campo de acción de la

7
quiero reconocer que para entender la situación particular de vida de un esclavo, es
necesario analizar la particularidad de su situación y condiciones, para luego proceder a
darle un sentido a esta dentro del contexto colonial antioqueño del que esta persona hizo
parte.

Para el caso de la Nueva Granada, autores como Pablo Rodríguez y Hermes Tovar entre
otros, le dan una mirada a la dimensión cotidiana del mundo colonial, intentando rescatar
las voces de aquellos pertenecientes a castas subalternas a pesar de las limitaciones en las
fuentes e intentando mostrar los diferentes modelos de familia que podían conformarse, las
maneras de interacción social diaria 9, e incluso los romances y las luchas libradas por las
parejas para mantenerse juntas a pesar de la oposición de los estamento gubernamentales 10.
Con estas investigaciones, ambos logran mostrarle al lector la enorme diversidad que
existía en la sociedad colonial con respecto a la formación de familias y a su
funcionamiento, dejando atrás el mito tradicional de que la familia colonial solamente
podía consistir de un matrimonio católico indisoluble junto con todos los hijos que fueron
producto de la unión.

Otro ejemplo interesante del estudio de los afro colombianos durante la colonia, lo aporta el
texto “Esclavitud, región y ciudad el sistema esclavista urbano-regional en Santafé de
Bogotá, 1700-1750” del profesor Rafael Díaz, en donde se trata todo el tema de la
esclavitud pero desde la perspectiva urbana para el caso particular de la capital; y que al
mismo tiempo abarca los aspectos más generales de la presencia y contribución esclava
para la economía de la región, junto con sus procedencias étnicas y ante todo, la
complejidad de la vida en esclavitud en esta región, en donde también existieron casos de
cimarronaje, rebeliones e incluso contrabando. 11

microhistoria como tal en el momento en que la microhistoria puede ser planteada como una simple manera
de ver los fenómenos históricos y sociales a menor escala.
9
Rodríguez, P. (1997), Sentimientos y Vida Familiar en el Nuevo Reino de Granada Siglo XVIII, Bogotá,
Ariel.
10
Tovar, H. (2004), La Batalla de los Sentidos, Infidelidad Adulterio y Concubinato a fines de la Colonia,
Bogotá, Fondo Cultural Cafetero.
11
Díaz Díaz, R. (2001), Esclavitud, región y ciudad el sistema esclavista urbano-regional en Santafé de
Bogotá, 1700-1750, Bogotá, CEJA.

8
Es imposible ignorar entonces, que toda esta dimensión cotidiana y afectiva, se
entremezclaría con una historia social en la medida en que plantean una revisión de los
estudios de tipo elitistas en la historia y le exigiría al investigador que busque las voces de
aquellos silenciados por las fuentes, en este caso el de los esclavos dentro de juicios
desarrollados por autoridades blancas y con leyes creadas desde la metrópolis española. Un
ejemplo interesante de esta visión no elitista centrada en la época colonial y muy acorde
con lo plateado anteriormente es el trabajo de Virginia Gutiérrez de Pineda titulado
Miscegenación y Cultura en la Colombia Colonial: 1750 – 1810, en donde la autora
desarrolla variadas reseñas cortas sobre diferentes aspectos de la vida cotidiana de aquellos
menos favorecidos en la época, entre ellos incluye matrimonios, conformaciones familiares,
e incluso partes consideradas materiales como la alimentación y el vestir de las negritudes
neogranadinas.12

En esta monografía, no se ignorarán las diferentes visiones que se han dado de la esclavitud
a través de la historia e historiografía; desde su simplificación como una institución
económica o modelo de producción, pasando por todo el debate social que se dio en torno a
la justificación de la esclavitud como institución, pero sobre todo, tomando una visión de la
esclavitud en donde esta dictaría normas de conducta tanto para el amo como para el
esclavo que le darían forma a la sociedad. Lo anteriormente mencionado resulta entonces
de gran importancia ya que es imposible entender el entorno colonial neogranadino sin
tomar en cuenta toda la estructura de castas, los preconceptos que las élites manejaban
sobre aquellos de piel más oscura, y más específicamente para este trabajo, lo que aquellos
preconceptos implicaban en la eventualidad de un proceso judicial que incriminase a uno o
varios esclavos.

El objetivo en el desarrollo del trabajo será dar una mirada a las razones que empujaron a
los esclavos a buscar romance y afecto de maneras que no estaban sancionadas ni por la
iglesia ni por la sociedad en general, adentrándonos así en la historia de vida de estos
individuos y sus luchas personales; y hasta donde las fuentes lo permitieron, vislumbrar el
12
Gutiérrez de Pineda, V. (1999), Miscegenación y Cultura en la Colombia Colonial: 1750-1810, Bogotá,
Editorial Universidad de los Andes.

9
destino final de estos amoríos, no sólo para la pareja implicada directamente, sino también
para la posible descendencia producto de este amor. Al perseguir este objetivo, podremos
vislumbrar también algunas de las tantas implicaciones que los romances furtivos tuvieron
para la colonia y las futuras etapas históricas de la nación, y además de eso, diferenciar los
tipos de vínculos afectivos que las personas pudieron forjar en la colonia y las diferentes
actitudes tomadas por parte de las autoridades frente a ellas.

Este escrito no pretende cuantificar el fenómeno del amor a finales de la colonia en


absoluto ni entregar algún tipo de cifras acerca de los amoríos trabajados ya que las
experiencia afectivas en muchos casos escapan a las ciencias o las estadísticas, de hecho,
los procesos judiciales aquí encontrados se han escogido por el hecho de ser representativos
en cuanto a las diversas formas de amar, lo que implica que se trabajarán pocos casos pero
con bastante detalle en cada uno de ellos. Acorde a ello, este escrito se apoyará en
investigaciones realizadas para diferentes lugares en América latina en épocas similares, en
donde sobre todo se revisan fenómenos como el mestizaje y sus implicaciones
demográficas, la ilegitimidad y los tipos de delitos de índole sexual más comunes a finales
de la época colonial13, y finalmente aquellos textos que aportan al investigador de un
contexto general sobre la situación de la esclavitud en la provincia de Antioquia, y la
manera en que el crimen y los juicios eran procesados por las autoridades
correspondientes.

En la primera parte de este trabajo, se dará una mirada general a la situación de la


esclavitud dentro de la provincia de Antioquia en el período escogido, para así proceder a
caracterizar al sistema judicial utilizado en el momento ya que sin este no será posible
entender la manera en que los personajes escogidos llegaron a los tribunales y la forma en
que el juez llegó a un veredicto. A partir de allí, se desarrollará la narración y análisis de los
casos judiciales a trabajar junto con una breve reconstrucción de la vida de los

13
A pesar de que crímenes como el estupro o la bestialidad no pertenecen necesariamente a las experiencias
afectivas humanas, trabajos como el de Vega, L. (1994), Pecado y Delito en la Colonia, La bestialidad como
una forma de contravención sexual 1740-1808, Bogotá, Giro, resultan interesantes a la hora de estudiar el
fenómeno de los escándalos públicos que los delitos sexuales causaban en la comunidad, junto con los
diferentes tipos de tratamientos que un presunto delincuente obtenía de acuerdo a su estatus social y riqueza.

10
protagonistas, y finalmente se trabajará una carta presentada a los tribunales de la ciudad de
Antioquia de autoría de un esclavo que reivindica sus servicios a la patria y amor hacia su
amo y familia como razones suficientes para obtener su merecida libertad.

11
1. CONTEXTO GENERAL
1.1 Presencia Esclava en la Provincia de Antioquia a finales del siglo XVIII y
comienzos del XIX:

A pesar de no ser del todo posible rastrear con exactitud la presencia de cada uno de los
esclavos que habitaron el territorio neogranadino durante este período, si es posible
hacernos una idea de su influencia en el territorio y sus huellas en la cultura, la economía e
incluso en la política general de su área de presencia. Por supuesto, es importante tomar en
cuenta que en su gran mayoría, estos testimonios de la vida y forma de desenvolverse en
sociedad de los negros libertos y esclavos, nos fueron legados ya sea por entes estatales o
por testimonios directos o indirectos por parte de individuos pertenecientes a estratos
sociales considerados como superiores dentro del orden social neogranadino.

Esto por supuesto, no significa que los afro descendientes de nuestro país no expresaran o
nos legaran en absoluto algún tipo de manifestación de sus propias vivencias y cultura, sin
embargo la gran mayoría de textos que nos entregan datos relacionados a cifras, oficios o
criminalidad tienden a olvidar o silenciar las voces de esclavos y libertos.

Desde el punto de vista de las estadísticas, es importante tener en cuenta que estas nos
aportan una interesante mirada al perfil racial de la Nueva Granada, siendo este aspecto de
vital importancia para los funcionarios administrativos, tanto regionales como de la
metrópolis, quienes eran los que llevaban a cabo los conteos por provincias de acuerdo a
sus necesidades y posibilidades administrativas, por supuesto esto no significa que sus
resultados sean exactos o infalibles, sin embargo, nos entregan interesantes datos de
proporciones raciales y de género para cada región.14

Entre las dificultades experimentadas en el censo de 1825, primer censo realizado en la


república ya independiente, se encuentra la muchas veces virtual imposibilidad de visitar
todas y cada una de las poblaciones en cada provincia, esto debido a la precariedad de las
vías y medios de transporte que incluso llegaban a aislar por completo a poblaciones

14
Urrutia, M. y Arrubla, M. (1970). Compendio de Estadísticas Históricas de Colombia, Bogotá, Universidad
Nacional de Colombia.

12
enteras durante meses; a ello debe sumarse la reticencia y desconfianza de muchos
individuos de ser contados debido a que temían que esta información se usara para
imponerles mayores cargas fiscales o forzarlos al reclutamiento. Una de las grandes
consecuencias de la evasión del censo con respecto a los esclavos, fue precisamente el
ocultamiento de sus esclavos por parte de muchos propietarios debido a que una vez un
esclavo sirviera en el ejército era declarado libre, junto con ello, un esclavo era considerado
un bien por sí mismo, y por lo tanto significaba riqueza por parte del propietario, que del
mismo modo no deseaba pagar montos más elevados sobre sus bienes15.

En primera medida encontramos el “Padrón general del Virreynato del Nuevo Reyno de
Granada, demostrativo del número de personas con distinción de sexos, estados, clases y
castas, incluso párvulos que habitan cada una de sus Provincias (…) Noviembre de 1776.”
Que arroja una cifra de población total en el territorio de 1’279.440 habitantes, de los
cuales 69.526 se encontraban en condiciones de esclavitud; sin embargo, cabe recordar que
para este conteo la dimensión territorial es diferente de la del siguiente siglo, recordemos
que este padrón general aún responde a una administración colonial en donde la capitanía
de Quito hace parte del Virreinato de la Nueva Granada.

Por esta razón, sería más apropiado realizar una discriminación por provincias que nos
ayude a evidenciar los cambios de población producidos en lo que después de la
independencia de España se conforma como la Nueva Granada, es así como retirando las
provincias que posteriormente corresponderán a Ecuador y tomando de este mismo la
provincia de Popayán, tendríamos una población total de 840.049 habitantes, de los cuales
64.860 (7.72%) se encontrarían en condiciones de esclavitud, siendo de estos 35.370
(54.5%) mujeres y 29.490 (45.4%) hombres. Es importante en este punto aclarar que ya
para el siglo XVIII existía un nivel de mestizaje muy fuerte dentro de la población; era tal
el caso que en muchas ocasiones aquellos que realizaban censos u otros tipos de conteos no
lograban definir el tipo de raza al que pertenecían los habitantes de una villa o cantón y por

15
Galvis Noyes, A. (1973, junio-diciembre) “La Esclavitud en Colombia Durante el Período Republicano
(1825-1851)”, en Universitas Humanística, Núm. 5-6, pp. 227-237.

13
lo tanto se limitaban a describirlos como “poblaciones de todos los colores” o “gentes de
diversos tipos”.

En este punto, resulta importante recordar que la población esclava no se encontraba


uniformemente distribuida a lo largo del territorio del mismo modo que la población en
general tampoco lo estaba, sin embargo, cabe distinguir que existían regiones que por sus
actividades económicas mostraban una presencia más significativa de mano de obra esclava
y por lo tanto habitantes afro, entre estas regiones podemos encontrar Cartagena, Popayán y
Antioquia; en contraste con provincias como Tunja, Neiva o Santa Fe en donde su
presencia era más bien escaza.16

Del mismo modo, al avanzar el siglo XVIII y adentrarnos en el XIX, podemos notar que la
población esclava presenta un descenso paulatino hasta el punto en que en algunas regiones
como Santa fe para el momento de la abolición legal de la esclavitud, prácticamente no
quedaban esclavos y en regiones con poblaciones más fuertes se notaba también una
enorme caída en la cantidad de esclavos 17, fenómeno que demostraba un interesante cambio
en la economía del país y de cada territorio en particular, en lo referente al empleo de mano
de obra y la colonización de nuevas regiones.

De este modo, mientras que la población total del territorio neogranadino aumentaba de
manera abrupta desde finales del siglo XVIII y a lo largo del siglo XIX, la población
esclava iba desapareciendo lentamente; para entender este fenómeno más claramente,
podemos observar que, como se mencionó, para 1776, la población total en el territorio
neogranadino era de aproximadamente 840.049 habitantes y la población esclava 64.860
(7,7%); más adelante en 1825 se registra una población de 1’229.259 individuos siendo
46.829 (3,8%) esclavos, ya para 1835 el censo arrojaba una población de 1’686.038, siendo
de estos 38.340 (2,3%) esclavos, continuando, en 1843 se registra una población de
16
Para el caso por ejemplo de Santa Fe, se reportaba para el año 1825 alrededor de 2.300 esclavos en total,
mientras que la provincia de Popayán contaba con 12.393 esclavos, en este punto se nota una clara diferencia
en la presencia esclava de ambas regiones. Ellos no implica sin embargo que se desprecie la presencia afro
colombiana en la capital, un buen ejemplo del estudio de la trata esclava en esta región es el trabajo de Rafael
Díaz Esclavitud, región y ciudad el sistema esclavista urbano-regional en Santafé de Bogotá, 1700-1750.
17
Ortega Ricaurte, C. (2002), Negros, Mulatos y Zambos en Santafé de Bogotá: Sucesos Personajes y
Anécdotas, Bogotá, Guadalupe.

14
1’931.684 con 26.778 esclavos (1,4%) y finalmente, ya poco antes de la abolición formal
en 1851 el total de la población era de 2’243.730, siendo de estos esclavos tan sólo 16.468
es decir un 0,7% .18

Es importante recordar, que para todas las regiones del territorio neogranadino a partir de
1821, se había declarado la libertad de partos, por lo tanto, independientemente del
comercio y la utilización de mano de obra libre o esclava, a partir de ese año, la esclavitud
ya estaba condenada a desaparecer. Además, desde la época de la independencia se había
vuelto habitual la práctica de liberar esclavos durante las fiestas patrias como una manera
de “extender los beneficios de la independencia a este sector oprimido de nuestra
población”, sumado a las habituales compras de su libertad por parte del mismo esclavo, o
la libertad entregada a este en el testamento de su amo. 19

Resulta interesante observar también las estadísticas en cuanto a los matrimonios


registrados de esclavos, ya que ello permite acercarnos a la manera en que estos formaban
familias y habitaban. Es muy diciente por lo tanto el hecho de que la cantidad de esclavos
solteros fuera mucho mayor que los casados, esto se puede relacionar en ciertos casos a la
escasa presencia en ciertas regiones tanto por parte del Estado como por parte de la Iglesia,
hecho que dificultaba la celebración de matrimonios; pero además de ello, existe otra
variable estrechamente ligada con la condición de ser esclavo, se trata de las exigencias
laborales impuestas sobre muchos esclavos, las cuales los obligaban a trabajar en lugares
remotos como por ejemplo minas, campos alejados o seguir a su amo en el caso de una
mudanza.

Para el caso de la provincia de Antioquia, como se mencionó anteriormente, existía una


visible presencia de esclavos como mano de obra principalmente en el sector minero 20, de
este modo encontramos que para 1776, la población esclava registrada era de 8.931

18
Urrutia, M. y Arrubla, M. (1970). Compendio de Estadísticas Históricas de Colombia, Bogotá, Universidad
Nacional de Colombia.
19
Con respecto a la libertad de partos es importante recordar sin embargo, que a pesar de nacer libres, los
hijos de las esclavas debían permanecer al servicio de sus amos hasta la edad de 18 años a cambio de recibir
tanto alimentos como educación.
20
Twinam, A. (1985), Mineros, Comerciantes y Labradores las Raíces del Espíritu Empresarial en Antioquia,
1763-1810, Medellín, FAES, Capítulo I, “El Sector Minero”, pp. 43-81.

15
individuos, siendo de ellos 4.035 individuos de sexo masculino y 4.896 de sexo femenino;
sin embargo, al transcurrir el siglo XIX este equilibrio de presencia entre los sexos se ve
afectado mostrando una fuerte predominancia demográfica de las mujeres sobre los
hombres; ya para 1825 se contaban 2230 esclavos de género masculino frente a 3118
esclavas y hacia 1835 las mujeres representaban prácticamente el doble de población que
los hombres.

La situación de la esclavitud para el territorio antioqueño resulta en muchas maneras mucho


más compleja que la de otras regiones del país, debido al carácter diverso de su economía y
sobre todo a la diversidad del territorio, lo cual forzaba a los individuos a dedicarse a
diversas actividades de producción dependiendo de la época del año y la región en donde se
encontraran. Esto sin embargo no implica que no existiera una actividad particularmente
importante para los habitantes; se trata de la minería aurífera que durante todo el período
colonial marcó el desarrollo económico de la región.

Desde el siglo XVI, la explotación del oro se venía desarrollando en la región con
diferentes fases identificables, en primer lugar encontramos la “minería de la conquista”,
según lo afirmado por Twinam: “en el siglo XVI, los mineros de la provincia se habían
concentrado en el norte y en las tierras bajas cerca de Cáceres, Zaragoza y Remedios o en
las orillas de los ríos cercanos a Santafé de Antioquia y Buriticá o habían lavado el oro de
los aluviones del río Cauca y Nechí” 21. Durante esta fase además, Ann Twinam propone un
dominio de la producción por parte de propietarios acaudalados dueños de cuadrillas ya
fueran de indígenas o esclavos; sin embargo, ya hacia 1620 muchas reservas auríferas, tanto
de veta como de aluvión22 se habían agotado y además de ello, las dificultades del clima
habían cobrado la vida de la mayoría de los indígenas dedicados a esta actividad.

Debido al fuerte descenso de la población indígena, poco a poco esta va siendo


reemplazada por mano de obra esclava en la fase denominada por Twinam como “criolla”

21
Twinam, A. (1985), Mineros, Comerciantes y Labradores las Raíces del Espíritu Empresarial en
Antioquia, 1763-1810, Medellín, FAES, Capítulo I, “El Sector Minero”, p. 64.
22
Al referirnos a “minería de veta”, podemos entender que este es un tipo de extracción basada en la
excavación de lechos rocosos para así obtener el mineral, mientras que al hablar de “minería de aluvión” se
hace referencia a la extracción del oro a partir de ríos, quebradas y en general cuencas fluviales.

16
desde mediados del siglo XVII en donde la minería de veta virtualmente desaparece para
dar paso a la extracción de aluvión y la aparición de una importante figura en la industria
minera: el mazamorrero, generalmente un esclavo o liberto que se dedicaba a esta actividad
de manera individual o en pequeños grupos valiéndose de una batea para lavar el lecho del
río y obtener oro en polvo que incluso llegó a permitir la acumulación de cierto capital por
parte de estos pequeños productores que representaban un importante sector productivo del
oro hasta el punto en que: “Although sluice miners were the elite of the mining sector,
mazamorreros (simple panners) accounted for two-thirds to four-fifths of Antioquia's
eighteenth-century gold production”23

Con el transcurrir del siglo XVII y la entrada al siglo XVIII, muchos de los ríos y las pocas
minas que se explotaban desde la conquista comienzan a agotar sus recursos, por lo que se
requiere el traslado de grupos poblacionales a lo largo del territorio antioqueño, dando
inicio a lo que se conoce como “colonización antioqueña”. Es así como la presencia esclava
en el territorio se amplía hacia regiones como el altiplano de Los Osos, Sopetrán, Yolombó
y la amplia zona del Valle de Aburrá. Cabe notar que este tipo de colonización no contó
con alguna iniciativa gubernamental u organizada, de hecho “Las migraciones espontáneas
o planeadas presionadas por el hambre, el hacinamiento, las políticas sobre tierras
baldías, la apertura de fronteras en actividades económicas como la minería, entre otras
causas, hicieron que los éxodos de futuros colonizadores rompieran en todas direcciones
en Antioquia”24

De esta manera la población esclava antioqueña comienza a hacer presencia en lugares


diversos del territorio, no solamente a base de la minería si no del cultivo de pequeñas
parcelas abiertas a través de las políticas más liberales con respecto a terrenos baldíos,
proporcionando una oportunidad a los habitantes de convertirse en pequeños propietarios y
cultivar la tierra para suplir las necesidades del mercado interno de alimentos antioqueño,
que a su vez es de vital importancia para suplir a las cuadrillas de esclavos mineros sobre

23
Twinam, A. (1979, agosto), “Enterprise and Elites in Eighteenth-Century Medellín”, en The Hispanic
American Historical Review, vol. 59, núm.. 3, pp. 444-475.
24
Lenis Ballesteros, C. (2009, enero-junio), “Las otras colonizaciones en Antioquia. El caso del nordeste
Antioqueño, 1824-1886”, en Historia y Sociedad, núm. 16, pp. 23-48.

17
todo cuando se encuentran en lugares remotos de la provincia: “en 1785 el Ilustrado don
Pedro Rodríguez de Zea visitó el valle de los Osos por orden del gobernador Silvestre.
Encontró una abundante población de libres de todas las clases y algunos negros de
cuadrilla, unos dispersos y otros en pequeñas rancherías casi todas inmediatas a los reales
de minas; también observó que la mayoría de la población estaba dedicada al laboreo de
las minas siendo notable el número de mazamorreros que alternaban su actividad minera
y agrícola por temporadas”.25

Con respecto a las labores agrícolas en la provincia, los alimentos producidos en general
eran destinados para el consumo doméstico o en un pequeño comercio en las cercanías, de
esta forma, muchos esclavos y libertos a su vez dedicaban su trabajo a suplir a las cuadrillas
de mazamorreros de las provisiones necesarias para su faena a través de los tortuosos
caminos provinciales, alimentando así a la creciente economía antioqueña. Este fenómeno a
su vez posibilita el que poco a poco aparezcan medianos propietarios de tierra
mayoritariamente blancos, aunque con el tiempo, gracias a las actividades mineras y de
comercio de otras castas, también se comience a vislumbrar la aparición de medianos
propietarios mestizos e incluso mulatos, sectores sociales que tradicionalmente no poseían
ningún tipo de tierra o una porción muy pequeña destinada al sustento familiar. 26

Ello por supuesto no quiere decir que la posesión de tierras fuera un fenómeno extendido
entre la población afro descendiente, de hecho, la siempre presente monopolización de las
mejores tierras por parte de los grandes hacendados blancos, junto con la manumisión de
esclavos y su creciente población, obligó a la mayoría a subsistir como trabajadores,
arrendatarios e incluso mercenarios de los grandes propietarios convirtiéndolos en
individuos dependientes y vulnerables, que no lograban acceder a ningún tipo de título de
tierras debido a las limitaciones impuestas a las castas para acceder tanto a baldíos como a

25
Melo, J. O. (dir.), (1988), Historia de Antioquia, Bogotá, Presencia, pp. 23.
26
Patiño Millán, B. (1985) Riqueza, Pobreza y Diferenciación Social en la Antioquia del Siglo XVIII,
Medellín, Editorial Universidad de Antioquia, pp. 182-183

18
tierras realengas; situación que a la larga seguía condenando a los esclavos manumisos a las
mismas condiciones de servidumbre hacia un propietario que antes de obtener su libertad. 27

1.2 Sistema Penal Neogranadino a Finales del Siglo XVIII y Comienzos del XIX

La manera en que la eventualidad de un crimen era procesado dentro del territorio


neogranadino, resulta de vital importancia a la hora de entender la estructura moral que
reinaba dentro de la sociedad de entonces, ya que ello permite vislumbrar el cómo los
neogranadinos lidiaban con situaciones consideradas “anormales” y en muchos casos
escandalosas.

En primera medida, es necesario reseñar cuál es el origen del sistema penal neogranadino y
sobre qué tipo de lógica social y moral funcionaba; en este orden de ideas es importante
señalar que las leyes usadas en los territorios colonizados por España, eran las mismas que
se encontraban en vigencia en la metrópolis, por lo tanto, en muchas ocasiones, los mismos
legisladores neogranadinos se quejaban de la falta de claridad en algunas leyes o su
variabilidad; con ello, se referían específicamente a la Novísima Recopilación y a las Siete
Partidas; ambos textos resultado del largo proceso histórico y legislativo español a partir
del derecho romano, siguiendo por las recopilaciones de usos y costumbres de los godos, el
código visigodo y las siguientes reformas aplicadas por los árabes y más adelante los reyes
católicos.28

Hacia el siglo XVIII, a pesar de que los códigos penales siguen siendo los mismos de los
siglos inmediatamente anteriores, aparece una característica importante en la manera en que
se juzga un crimen y se castiga al criminal; se comienzan a tomar en cuenta las razones por
las cuales se ha cometido el crimen, es decir atenuantes o agravantes del hecho cometido.
Resulta interesante mencionar esto ya que Michel Foucault identifica que en épocas
anteriores en el mundo occidental, las condenas sólo tomaban en cuenta el tipo de agresión
que se había cometido, ya fuera contra Dios, el rey o la comunidad, expresando de esta
manera, importantes cambios en la manera en que se concibe la naturaleza misma del
27
Ibíd. Pp. 193-197.
28
Patiño Millán, B. (1994), Criminalidad, Ley Penal y Estructura Social en la Provincia de Antioquia 1750-
1820, Medellín, IDEA, pp. 43-59.

19
castigo y como estos se deben aplicar de acuerdo ya no solamente a la gravedad de la
ofensa, sino también al estado mental del acusado y las consecuencias que sus acciones
trajeron .29

Llegado el final del siglo XVIII y los comienzos del XIX, tanto la Novísima Recopilación
como las Siete Partidas constituyen la fuente más importante de reglas y leyes para la
Nueva Granada y por supuesto para la provincia de Antioquia, no sólo dictando los tipos de
condenas que se deben aplicar en la eventualidad de un crimen, si no también, en el caso de
las Siete Partidas, definiendo lo que son y cómo deben funcionar las instituciones más
importantes de la sociedad como la monarquía, el matrimonio, los impuestos, y el mismo
sistema judicial.

Para entender entonces cómo este sistema de leyes entendía y castigaba delitos tales como
el adulterio y el concubinato, es importante primero revisar qué se entendía por
matrimonio, asumiendo que esta era la única manera de unión legítima entre dos
individuos; las Siete Partidas definen el matrimonio de la siguiente manera: “Matrimonio
es ayuntamiento de marido et de muger fecho con tal entencion de vevir siempre en uno, et
de non se partir guardando lealtad cada uno dellos al otro, et non se ayuntando el varón á
otra muger, nin ella a otro varón veviendo amos á dos.” 30 Es así entonces como el
matrimonio se identifica como una unión entre un hombre y una mujer de carácter vitalicio,
y en donde la lealtad mutua es central para mantener la unión ya que ninguno de los dos
conyugues debe cohabitar con otro individuo al asumirse que el matrimonio produce tres
bienes básicos: fe, linaje y sacramento, en donde el primero se refiere a la lealtad mutua, el
segundo a la descendencia y el tercero a la unión vitalicia entre ambos individuos 31.

De este modo, el matrimonio como estaría definido aquí, produciría un linaje de hijos
legítimos que a su vez haría que el acto sexual entre estos dos individuos no sea de carácter

29
Foucault, M. (1984), Vigilar y Castigar, Nacimiento de la Prisión, México, Siglo XXI.
30
Las Siete Partidas del Rey Alfonso el Sabio, Tomo III, Partida Cuarta, Título II, Ley I, Imprenta Real,
Madrid, 1807.
31
En este orden de ideas, serían considerados “pecados contra Dios” actos como la sodomía o la bestialidad,
en donde el individuo sostendría relaciones con otro de su mismo género o de otra especie y en donde por lo
tanto no existirían fines reproductivos si no una simple búsqueda de placer.

20
pecaminoso o criminal, aparte de ello, todo contacto sexual estaría prohibido y sería
sancionado por la ley constituyéndose como el crimen del adulterio, el cual es definido
tanto en la Novísima Recopilación como en las Siete Partidas de la siguiente manera: “Es
yerro que ome face a sabiendas yaciendo con muger casada o desposada con otro” 32, es
decir, toda relación fuera del matrimonio y bajo el consentimiento de los involucrados
constituye un delito.

Para el caso de la Nueva Granada y las colonias en general, existía una característica muy
diferente con respecto a la metrópolis. Se trata de la convivencia de diferentes razas en un
mismo territorio, básicamente indígenas, esclavos africanos y blancos españoles; por lo
tanto, el gobierno colonial se vio en la necesidad de controlar el nacimiento de hijos
mestizos entre las diferentes castas. Esto se logró a través del establecimiento de un
“principio de igualdad” racial entre los cónyuges, que requería que un individuo escogiera a
su futuro contrayente dentro de su mismo grupo racial evitando así mezclas y futuros
habitantes con un estatus social ambiguo en la comunidad; ello no quiere decir que en la
misma España no existiera tal principio, sin embargo, este mismo no era claramente
identificable con la raza sino más bien con el oficio y la solvencia económica; mientras que
en la Nueva Granada incluso se presentaban casos de familias pudientes que casaban a sus
hijas con españoles pobres con el objetivo de mantener este principio de igualdad en donde
los blancos solo desposarían a blancas, los indígenas a indígenas, etc. 33

De esta manera, el principio de igualdad racial también acarreaba el derecho paterno de


escoger a la futura pareja de sus hijos, incluso la Pragmática Real sobre Matrimonios
Desiguales (1776) entrega oficialmente a los padres y otros parientes el derecho de
interponerse entre los futuros novios en caso de que la unión vulnerara este principio y así
se evitaran las mezclas raciales.

En este punto es importante también hacer una distinción básica entre los crímenes
referentes al adulterio, por ejemplo, podemos encontrar el estupro, la sodomía, el incesto, el
32
Novísima Recopilación de las Leyes de España, Tomo II, Título XXVII, De Los Adulterios y Demás
Delitos Contra Castidad, Madrid, 1820.
33
Rodríguez, P. (1997), Sentimientos y Vida Familiar en el Nuevo Reino de Granada Siglo XVIII, Bogotá,
Ariel, pp. 158-169.

21
amancebamiento y el concubinato. Para el caso del estupro, la Novísima Recopilación es
clara al definirlo como el momento en que “uno corrompe á muger Religiosa ó virgen, ó
viuda que son de buena fama, aunque diga que lo hizo con placer de ella” 34. Como se
puede ver aquí, este es un ejemplo de muchas de las leyes de las cuales los abogados,
jueces y demás integrantes del sistema penal neogranadino se quejaban al ser bastante
amplias, confusas o difíciles de aplicar ya que en la práctica era muy difícil determinar las
intenciones de los involucrados o qué tipo de actos constituían el “corromper” a una mujer,
ya fuera el acto sexual o una simple seducción.

Lo mismo sucedía con respecto a la sodomía, ya que esta podía comprender desde actos de
homosexualidad hasta acusaciones por bestialidad; y para el caso del concubinato y
amancebamiento, a pesar de que legalmente no existía una visible diferencia entre ambas.
En la práctica Beatriz Patiño Millán en su texto Criminalidad, Ley Penal y Estructura
Social en la Provincia de Antioquia, señala que existían interesantes diferencias entre el
amancebamiento, es decir el acto de mantener un romance o “amistad ilícita” con
encuentros y comunicaciones secretas, y el concubinato, acto en donde ambos transgresores
convivían abiertamente “como marido y mujer” lógicamente sin haber recibido el
sacramento del matrimonio.

En cualquiera de los tipos de crímenes anteriormente mencionados, existía un elemento


común y es el del juicio en caso de una acusación, el cual por lo general era un proceso
largo, complicado y que implicaba una significativa inversión de tiempo y dinero para las
partes implicadas. Ello se hace visible en la gran mayoría de casos encontrados en los
archivos en donde por lo regular se incluye algún tipo de documento en donde constan los
costos por los servicios de jueces, escribanos o incluso el uso de la tinta y el papel con los
sellos correspondientes.

Además de los gastos monetarios, también se mencionó anteriormente la cuestión del


tiempo invertido para poder llegar a un veredicto satisfactorio. Se referencia lo extensos
que podían llegar a ser muchos de los procesos, obligando en muchos casos al acusado a

34
Novísima Recopilación de las Leyes de España, Tomo II, Título XXVII, De Los Adulterios y Demás
Delitos Contra Castidad, Ley 6, Madrid, 1820.

22
permanecer en prisión durante largos períodos y generalmente en condiciones
infrahumanas; a ello debe sumársele que en muchas ocasiones estas condiciones
correspondían también a la falta de seguridad en el mismo recinto que facilitaban la fuga de
criminales que en muchas ocasiones no podían ser recapturados.

Para ilustrar mejor estos fenómenos, Leonardo Vega en su libro “Pecado y Delito en la
Colonia, La Bestialidad Como una Forma de Contravención Sexual”, trabaja casos de
individuos denunciados y procesados por el delito de “bestialidad” que generalmente eran
mantenidos en prisión durante todo el proceso y hasta el momento en que se diera un
veredicto y condena, incluso se dan casos de acusados que no llegan con vida hasta el
momento del veredicto ya que fallecen en la cárcel, generalmente debido a enfermedades
relacionadas con las condiciones; en caso de que no se llegara a la muerte, de todas
maneras la eventualidad de una enfermedad en prisión ocasionaba que todo el proceso se
retrasara y que por lo tanto el acusado tuviera que pasar más tiempo en prisión sin ser ni
siquiera condenado.

Es necesario recordar sin embargo, que no todos los acusados enfrentaban el prospecto de
ser encarcelados durante su juicio. Por lo general, aquellas personas pudientes y que
gozaban de cierta fama en sus regiones y por lo tanto de privilegios, podían enfrentar el
proceso en libertad e incluso ser beneficiarios de los testimonios de familiares y amigos con
el mismo tipo de ventajas que podían ayudarlos a ser absueltos. 35

Para que se iniciara un juicio, era necesario en primera medida que se diera una acusación
formal; esta, en teoría, podía ser realizada por cualquier individuo sin distinción al
manifestar el acontecimiento de un crimen y señalar al posible culpable si lo conocía; a esta
persona se la llamaba denunciador; a partir de este acto entonces, aparecía la figura del
acusador, encargado de acusar al delincuente de forma directa y exigir una condena para el
transgresor; ya en este caso las leyes de las Siete Partidas prohibían que las mujeres
actuaran como acusadoras, sin embargo, específicamente en la Nueva Granada, y en

35
Vega Umbasia, L. (1994), Pecado y Delito en la Colonia. La bestialidad como una forma de contravención
sexual 1740-1808, Bogotá, Giro.

23
particular en la provincia de Antioquia, se presentaron variados procesos en donde las
mujeres llegaban a actuar como acusadoras, especialmente en casos de injurias. 36

Existían otros casos sin embargo, que eran considerados delitos públicos, es decir que
atentaban contra Dios, el Príncipe o el Estado, o que suponían una amenaza para la
comunidad y la seguridad pública. Ejemplos de ellos eran el asesinato, la provocación de un
incendio o los disturbios, para los cuales el deber de acusar correspondía a toda la
comunidad y la iniciación del oficio correspondía al alcalde o al gobernador. En muchas
ocasiones, también los escándalos por adulterio se consideraban una falta contra la
comunidad en general al perturbar la calma, por lo tanto los alcaldes locales no sólo
capturaban a los implicados si no que actuaban como acusadores.

A continuación, el proceso continuaría con la comprobación del hecho, es decir la


averiguación de si el delito en efecto tuvo lugar comprobando las heridas de una víctima en
caso de un ataque, o el cadáver en caso de un asesinato; para el caso del adulterio, se
recurría generalmente a los testimonios de vecinos, amigos y familiares para comprobar
que tipo de trato se daban los dos involucrados, si se encontraban a deshoras, y desde hace
cuanto tiempo se estaba cometiendo el crimen.

En caso de que se comprobara la existencia del crimen, se procedía entonces a la captura


del presunto criminal y en seguida a la toma de una confesión la cual se hacía bajo el
juramento establecido: “por ante mi le recibo juramento que hizo conforme derecho por
Dios nuestro señor y una señal de cruz, baxo el qual ofreció decir verdad en lo que supiere
y le fuere preguntado”37. En caso de que el acusado fuera menor de edad o esclavo, se
debía entonces nombrar a un curador o para el caso de un esclavo se debía llamar al
protector de esclavos para que estuvieran presentes durante la confesión.

El momento de la confesión era con seguridad el punto más importante de todo el proceso,
pues como afirma Beatriz Patiño: “La confesión era el acto más delicado y peligroso del
36
Beatriz Patiño por ejemplo nos habla de una gran cantidad de casos en donde las mujeres actuaban como
acusadoras respaldándose en la autorización que recibían por parte de los hombres de sus familias o por
medio de apoderados.
37
Archivo Histórico de Antioquia, Fondo: Colonia, Grupo: Negros y Esclavos, Tomo 10, Leg. B95 1780-
1800, número 00494, folio 9.

24
juicio, pues la aceptación por parte del delincuente de haber cometido el delito, se
consideraba como la prueba más segura” 38. De esta forma, el acto de la confesión no sólo es
el momento en que el juicio puede ser definido, sino además el punto en que el acusado
debía ser completamente honesto no sólo en el ámbito de lo jurídico sino también de lo
religioso ya que se hacía el juramento por Dios y la señal de cruz que se suponía debía
impulsarlo a decir la verdad y no callar, ya que el acto de permanecer en silencio implicaría
que el acusado tenía alguna culpabilidad.

A partir de la confesión se procedía entonces a la segunda parte del juicio denominada


plenario, en donde se discutía la culpabilidad del acusado y demás involucrados. Esta era la
parte más extensa y tediosa de todo el proceso, incluso en muchas ocasiones, los
involucrados en el caso llegaban a algún tipo de acuerdo antes de llegar a este punto para
evitar todos los gastos de los trámites judiciales. El plenario era tan tedioso en ocasiones,
que incluso las palabras o expresiones utilizadas por abogados y acusadores podían poner
en entre dicho la solidez de la acusación o la defensa, y por lo tanto resultar en varias
revisiones del proceso y retrasos. A ello se le debe añadir que era en este momento en que
las partes debían presentar sus pruebas las cuales en muchas ocasiones debían estar
certificadas por las autoridades especialmente en el caso de testimonios. 39

Finalizada esta parte del proceso, se debía proceder entonces a la sentencia, la cual
constituiría la legítima decisión del juez sobre una causa llevada ante él, y que además era
un dictamen que iba de acuerdo con las costumbres y la naturaleza, el título XXXI ley 1 de
la Partida Séptima, describe a la condena o “pena” de la siguiente manera: “Pena es
enmienda de pecho o escarmiento que es dado según ley a algunos por los yerros que
hicieron. Y dan esta pena los jueces a los hombres por dos razones: la una es porque
reciban escarmiento de los yerros que hicieron; la otra es porque todos los que lo vieren y
oyeron, tomen de ello ejemplo y apercibimiento para guardarse que no yerren por miedo
de pena. Y los jueces deben mucho considerar antes que den pena a los acusados, y

38
Patiño Millán, B. (1994), Criminalidad, Ley Penal y Estructura Social en la Provincia de Antioquia 1750-
1820, Medellín, IDEA, p. 93.
39
Patiño Millán, B. (1994), Criminalidad, Ley Penal y Estructura Social en la Provincia de Antioquia 1750-
1820, Medellín, IDEA, pp. 110-122.

25
escudriñar muy acuciosamente el yerro sobre que le mandan dar, de manera que sea antes
bien probado, considerando la manera en que fue hecho el yerro”.

Ya establecida la decisión de que se impondrá una sentencia al acusado, las siete partidas
establecían siete tipos de condenas que se podían imponer de acuerdo a la falta, siendo la
más severa la pena de muerte o la pérdida de un miembro, seguida por la condena a
trabajos forzosos, ambas generalmente aplicadas en casos de asesinatos. Para casos menos
graves se aplicaba el destierro y la expropiación de bienes o las penas de prisión, tanto
temporales como perpetuas, si existían menos agravantes entonces no se aplicaba la
expropiación o se recurría a apartar al culpable de su oficio; finalmente la séptima forma de
castigo eran los de tipo físico, es decir, los azotes, la desnudez pública o la humillación.

Cuando hablamos de condenas durante los siglos XVIII y XIX, es importante recordar que
el objetivo que se persigue con un castigo en específico a un criminal, puede variar
dependiendo del tipo de crimen y por lo tanto su gravedad, sin embargo, el objetivo
principal es apoderarse del cuerpo del condenado e infringirle algún tipo de dolor o
privación. Es así como la muerte priva al condenado del derecho a la vida, pero además si
esta condena se ejecuta con métodos dolorosos, también causará sufrimiento en el cuerpo
del condenado además de servir como forma de advertencia a la comunidad al ser este
suplicio exhibido ante todos.40

La muerte también logra el objetivo de borrar físicamente la existencia del criminal y por lo
tanto del crimen, para el caso de la Nueva Granada, crímenes como la bestialidad,
considerados una ofensa contra Dios, generalmente acarreaban condenas a muerte, que
además se sucedían de la quema del cadáver para eliminar todo rastro de la existencia del
agresor y recuperar el honor que la comunidad había perdido con semejante escándalo.

Para casos de menor gravedad, se aplicarían entonces penas de cárcel, en donde se privaría
de la libertad al cuerpo del condenado, y generalmente acompañadas de trabajos forzosos y
40
Foucault, M. (1984), Vigilar y Castigar, Nacimiento de la Prisión, México, Siglo XXI.

26
el embargo de bienes, que para este caso privaría al condenado de su derecho a la
propiedad; y finalmente el destierro, pena que humilla al condenado al demostrarle que ya
no es bienvenido en cierto lugar y que en cierta forma, ya no pertenece a la ciudad o región
que le vio nacer.

A pesar de que existía esta estructura penal anteriormente mencionada de manera clara, ello
no quiere decir que en todos los casos los procesos se llevaran a cabo de la manera
estipulada. De hecho, para el caso de las colonias americanas, se daban situaciones en que
las dificultades geográficas y de comunicación eran tales que no era posible llevar a cabo
un juicio con normalidad debido a la imposibilidad de que los testigos se presentaran ante
la justicia; a ello se le sumaba la incompetencia de muchos funcionarios públicos que
contaban con poca preparación para manejar los procesos o reunir evidencias (sobre todo
para los casos de asesinato).

Debía además tomarse en cuenta que la fuerte división de castas también se reflejaba a la
hora de impartir justicia, ya que en la mayoría de los casos, el linaje y la “buena fama”
terminaban siendo factores incluso más determinantes que las mismas pruebas, testimonios
y confesiones. Todo ello hace que cada proceso criminal consultado en los archivos
coloniales y de comienzos de la república, sea prácticamente un cúmulo de singularidades
y que no se pueda asumir la manera en que el juicio terminará ni la suerte de los
involucrados.

27
2. LOS AMORES Y DESAMORES FURTIVOS DE LOS ESCLAVOS:
ESCÁNDALOS Y VIOLENCIA DOMÉSTICA EN LA COMUNIDAD

El chisme, el rumor y el escándalo, siempre fueron parte integral de la sociedad colonial; en


un entorno en donde las paredes no podían guardar secretos y en donde todo era escuchado,
el espacio para la individualidad y la privacidad era prácticamente nulo y cualquier
individuo podía caer en las garras de los comentarios ajenos y el desprestigio. En muchas
ocasiones, no eran solamente el príncipe, la iglesia y sus representantes quienes se
encargaban de controlar y castigar los impulsos y los cuerpos de sus súbditos, también los
vecinos, amigos, amos e incluso familiares tomaban cualquier medida si era necesario para
controlar las pasiones de sus allegados y evitar la pérdida de honor que un escándalo podía
traer.

Los juicios criminales trabajados aquí, buscan retratar la variedad de situaciones que se
podían presentar a partir de un amorío en donde al menos un esclavo se encontraba
involucrado, y que terminaban en los tribunales debido al escándalo público que causaban.
A través de ellos se puede ver también la diferencia en el trato que se le otorgaba a aquellos
que se encontraban esclavizados frente a otros que si gozaban de su libertad. En algunas
situaciones, la problemática se veía agudizada debido a agresiones entre la pareja o a la
existencia de un infante producto de la relación, cosa que hacía prácticamente imposible la
absolución, como sucedió en el caso de María Teresa Castro y Salvador Bran.

María Teresa siempre fue una mujer de condiciones humildes y con una vida sencilla en el
pueblo de Cañas Gordas en la provincia de Antioquia, sin embargo, para 1803 en un
pequeño terreno se encontraba construyendo finalmente una casita para ella, además de
haber adquirido una lechona que ya tenía cuatro cerditos y que le darían algún tipo de
seguridad económica, sobre todo después de ser prácticamente abandonada por su marido
Joseph Villa.

Sin embargo, la vida no era tan simple para María Teresa, ella a su vez mantenía un
romance con el esclavo Salvador Bran perteneciente al cura del pueblo, el cual
acostumbraba a visitarla a deshoras en su hogar con bastante frecuencia, permaneciendo allí

28
durante largos ratos, hábito que prontamente generó rumores, sospechas y desconfianza
entre la comunidad; y es por ello que en poco tiempo esta “amistad ilícita” termina frente al
juzgado.

Aparentemente, lo que lleva a esta pareja a ser juzgada es el “malestar” que han causado a
la comunidad con su comportamiento inapropiado, por lo tanto en este punto sería
importante delimitar lo que se constituye como una acción o crimen que causan tal
problema en la sociedad colonial y qué tipo de respuestas o medidas se espera que las
autoridades tomen frente al caso.

Como fue tratado anteriormente al explicar el sistema penal neogranadino, toda relación
amorosa entre hombre y mujer que no estuviera sancionada bajo el sacramento del
matrimonio sería considerada automáticamente como un delito, por lo tanto, la simple
sospecha de que este tipo de actividades sucedieran dentro de la comunidad se consideraba
un escándalo. Aquí cabe aclarar que estas faltas eran percibidas y tratadas de diferentes
maneras de acuerdo a la condición social de los implicados. Por ejemplo, en muchos casos
trabajados por diferentes autores en donde se cometen crímenes similares, pero dentro de
familias acomodadas, se suelen presentar ocultamientos tanto del crimen como de los
criminales por parte de las familias para evitar el escándalo público, de este modo, las
transgresiones a la ley quedaban impunes, mientras el peso de la ley y el castigo caía sobre
los sectores más humildes de la sociedad que no podían darse el lujo de ocultarse por largas
temporadas en sus hogares o escapar a villas remotas. 41

Sin embargo, no era solamente la ley la que sancionaba la existencia de relaciones


consideradas ilícitas, de hecho, para la mayoría de los habitantes eran las costumbres y el
control ejercido por la sociedad las que delimitaban sus comportamientos; y el objetivo más
importante que se perseguía a través de la obediencia a estas reglas era la preservación del
honor, pero, ¿qué era exactamente el honor? Esta característica siempre presente dentro de
la sociedad colonial ha sido estudiada o al menos referenciada desde una gran variedad de
ángulos en la mayoría de los estudios sobre la colonia, sin embargo, su complejidad y las

41
Twinam, A, (1999), Public lives, private secrets: gender, honor, sexuality and illegitimacy in colonial
Spanish America, Stanford, Stanford University Press.

29
innumerables maneras en que puede ser percibido e implementado, hacen que desde cada
punto de vista se encuentren diferentes maneras de entender la realidad social del honor,
tanto para las familias como para cada individuo de acuerdo a su posición social y
procedencia racial. 42

El concepto de honor que funcionaría mejor para entender sus implicaciones con respecto a
los romances ilícitos, es aquel que se refiere a la escogencia de pareja y cómo esta decisión
posteriormente determinará el linaje de la familia a través de sus descendientes y mantendrá
ese “honor” como posesión vigente dentro del núcleo familiar. Para la sociedad colonial el
acto de escoger un conyugue es de suma importancia, ya que a través de ello se busca
mantener un principio de igualdad entre los contrayentes reflejado en su procedencia racial
y estatus económico y social, es así como todo ese bagaje de respeto, reconocimiento y
“buena fama” continuará dentro de la familia, derivando así en la conservación del honor.
Estudios como los de Asunción Lavrin, Margarita Garrido y Pablo Rodríguez, identifican al
honor con la sexualidad en la medida en que la virginidad de las doncellas y la castidad de
las casadas, garantiza el respeto y la buena fama de la familia, la cual es resguardada por las
hombres que velan por ellas, para el caso de Pablo Rodríguez, el honor es prácticamente
tratado como una posesión material que debe ser celada y protegida por el individuo en
caso de algún ofensa o duda frente a este.43

La interrogante se abriría cuando el enfoque queda en aquellos de condición humilde, y de


estatus racial considerado inferior como por ejemplo esclavos, mulatos o mestizos pobres.
Sumado a la falta de un linaje rastreable u honorable e incluso padres conocidos, estos
individuos de todos modos defendían su honra y también presentaban causas ante los
tribunales cuando sentían que su honor había sido vulnerado; de hecho, para el caso del
matrimonio y las relaciones ilícitas, varios autores, entre ellos Pablo Rodríguez y Hermes
Tovar se han enfocado en la búsqueda que emprenden los individuos de clases sociales

42
Dueñas, G. (1996) “Adulterios, Amancebamientos, Divorcios y Abandono: La Fluidez de la Vida Familiar
Santafereña 1750-1810”, en Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, núm. 23.
43
Rodríguez, P. (1997), Sentimientos y Vida Familiar en el Nuevo Reino de Granada Siglo XVIII, Bogotá,
Ariel. Lavrin, A. (coord.), (1991), Sexualidad y Matrimonio en la América Hispánica Siglos XVI-XVIII,
México, Grijalbo. Y Garrido, M. (1993), Reclamos y representaciones variaciones sobre la política en el
nuevo reino de granada, 1770-1815, Bogotá, Banco de la República.

30
menos favorecidas de un cónyuge con mejores posibilidades sociales que en cierta manera
les permitiera tener una descendencia de “mejor calidad” o que incluso los saque de la
pobreza y la cautividad de la esclavitud, de hecho, se han encontrado casos documentados
de matrimonios de hombres blancos con mujeres negras, sobre todo en la ciudad de
Cartagena, del mismo modo en que existieron parejas casadas legalmente en donde una
mujer blanca de familia ilustre y bien sucedida contrajo nupcias con un español
empobrecido con el propósito de mantener un linaje blanco peninsular .44

La cantidad de estudios en donde se abarca la ilegitimidad desde el ángulo anteriormente


mencionado, es decir, el honor y el posterior mestizaje producto de ello, llevaría a pensar
entonces que la gran mayoría de los romances furtivos tomarían lugar entre personas de
diferentes castas o riqueza. Sin embargo, los archivos demuestran que esclavos y esclavas,
mulatos y mulatas e incluso mestizos pobres insistían en buscar el amor con sus semejantes
raciales impulsados por razones muy diferentes al simple interés económico y
arriesgándose a los posteriores chismes, peleas e incluso procesos judiciales como lo
mostrarán los procesos que a continuación se relatarán, ello tal vez sería un fenómeno aún
no estudiado por los historiadores que merecería ser revisado, o por lo menos tomado en
cuenta a la hora de caracterizar a la afectividad inter racial.

Claramente, a través de las declaraciones entregadas posteriormente a la captura de los dos


agresores, María Teresa y Salvador, es posible asumir que lo que llevó a esta pareja a las
penurias del juicio fueron los constantes rumores y chismes que se levantaban en la
comunidad y que finalmente llegaron a oídos de las autoridades. Estos, basados en
evidencias reales o no, moldeaban a la sociedad y su comportamiento al determinar qué
tipo de acciones se consideraban escandalosas o inapropiadas; es importante recordar en
este punto, que ya varios historiadores que han investigado la colonia, han enfatizado en el
hecho de que la privacidad y el espacio personal como los conocemos en la actualidad, no
eran una característica común en la colonia, ello sobre todo entre las clases menos

44
Rodríguez, P. (1997), Sentimientos y Vida Familiar en el Nuevo Reino de Granada Siglo XVIII, Bogotá,
Ariel, pp. 292-300.

31
favorecidas, aquellas que debían soportar los rigores del hacinamiento y las viviendas
precarias. 45

Para empeorar la ya complicada situación de María Teresa y Salvador Bran, los testigos
llamados a declarar en el proceso, rápidamente declaran que: “también a oído que habrá un
año poco mas o menos pario la referida María Teresa de el relatado Salvador, y que la
cria la mando a la ciudad de Antioquia”46. Otro agravante añadido por los testimonios fue
el relato de la propia madre de Castro en donde ella afirma haberla sorprendido en la cama
con más de una persona aunque no especifica quien. 47

El rechazo social que enfrentó María Teresa gracias a su relación informal, no comenzó
desde el momento en que fue sometida a juicio en el pueblo, de hecho, se ha reseñado en
varios estudios, sobre la sociedad colonial las dificultades diarias que enfrentaban aquellas
mujeres que eran abandonadas por sus maridos a su suerte y que debían arreglárselas solas
para conseguir su sustento y el de sus hijos; por eso, no es de extrañar que María Teresa
haya buscado apoyo en otro individuo, así fuera de manera informal.

Aquí es interesante mencionar, que la historiografía colombiana ya había señalado que a


pesar de las creencias populares, la mujer como cabeza de familia era una figura ya
establecida y común desde siglos anteriores a lo largo de toda la América colonial. De todas
maneras la existencia de este fenómeno no implicó necesariamente una aceptación de este
tipo de conducta femenina, al menos a los ojos de la Iglesia y las autoridades, ya que como
lo planteó María Cristina Navarrete, sobre todo para el caso de vínculos inter raciales, aún
existía una enorme tensión hacia el trato de mujeres esclavas con hijos ilegítimos y los
ideales con respecto a la mujer todavía eran fuertes y muy presentes. Por su parte, Pablo
Rodríguez y María Eugenia Chaves parecen entregar en sus escritos una visión mucho más

45
Sobre este punto, Pablo Rodríguez ha escrito varios artículos, incluso algunos que tratan sobre la provincia
de Antioquia en específico (El Amancebamiento en Medellín, Siglos XVIII y XIX), junto con Ann Twinam,
Guiomar Dueñas (Sociedad, Familia y Género en Santafé a Finales de la Colonia), entre otros.
46
AHA, Fondo Colonia, Grupo: Negros y Esclavos, Sección: Antioquia, Legajo: B99 1800-1810, tomo 17,
folio: 4, año 1803.
47
María de Lora, quien declara ser la madre de la acusada, declara que: “estando rezando el santo Rosario se
levanto esta para el aposento, y casualmente reparo en la cama donde dormía la dicha Maria Theresa a
quien por caridad la avia rrecoxido y bio que avia mas gente en la cama”

32
liberal de la sociedad en donde existe una importante aceptación hacia modelos de
conformación familiar atípicos o que incluso podríamos considerar como disfuncionales.

Al ser arrestados y enviados a prisión, a ambos amantes se les embargan todos sus escasos
bienes, es decir, la casa que hasta ahora estaba terminando de construir María Teresa, su
lechona y los pocos muebles que poseía; a Salvador se le retira la propiedad del único
caballo que posee, que pasa a manos de su amo, e incluso, el hasta el momento
desaparecido esposo de María Teresa decide tomar cartas en el asunto: “fue publico y
notorio que Joseph Villa, hombre casado le dio unos golpes a la denunciada porque la
encontró en paraxe sospechoso en el monte”.48

A través de los documentos, no es posible saber en qué momento Joseph Villa golpea a su
esposa ni que tan severamente, pero lo cierto es que los testimonios de los vecinos
referentes a los encuentros entre ambos llevan a las autoridades a concluir que ambos son
culpables y que por ello María Teresa merece el destierro para “que la dicha Theresa no
vuelva a pisar otra ves su casa quedando apersevido que por lo contrario se tomara la mas
seria providencia que se estime”. La suerte de la pequeña niña producto de la relación es
incierta ya que el proceso es cerrado sin mencionar como se dispondrá de su crianza; para
el caso de Salvador, el juez simplemente dictamina que su amo lo controle de mejor manera
y se asegure de que ambos amantes no se vuelvan a encontrar. Es así como el furtivo
romance de Salvador y María Teresa finaliza con la separación forzosa, la pérdida total de
los bienes de ambos y la suerte incierta de una pequeña infante. Sin embargo, el siguiente
juicio trabajado implicando a José María y María Ignacia Duate, demuestra que no siempre
el destierro era la condena impuesta a los amantes furtivos, y que en ocasiones, la justicia
podía llegar a ser más laxa en el tratamiento de los criminales:

José María, esclavo perteneciente a Josef Pablo Torres, llevaba una vida similar a aquellos
semejantes a su condición en la ciudad de Antioquia, tenía alrededor de treinta años, se
dedicaba a servir a su amo en lo que este le pidiera y hacía diferentes trabajos de acuerdo al
momento y las oportunidades que se presentaran, además de ello, era el padre de algunos

48
AHA, Fondo Colonia, Grupo: Negros y Esclavos, Sección: Antioquia, Legajo: B99 1800-1810, tomo 17,
folio: 6, año 1803.

33
infantes que había tenido con una esclava perteneciente a Lucía Gómez, esclava con la que
aparentemente vivía de manera estable 49, además de ello, en general se le consideraba un
vecino decente que no causaba problema alguno. Sin embargo, su comportamiento poco a
poco comienza a generar las sospechas de su vecindario, ya que al parecer, se le está viendo
a deshoras en la casa de María Ignacia Duarte sin explicación aparente.

En la sociedad de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, la rutina diaria determinaba
qué tipo de actividades eran aceptables en determinado momento; por ejemplo, Pablo
Rodríguez identifica al estricto seguimiento de las rutinas diarias en el hogar como una
forma de demostrar “santidad” por parte de sus ocupantes y una protección contra las
injurias verbales, rumores o chismes, ello se debía a que “La casa y la vecindad eran
lugares de solidaridad y de fraternidad, pero, también, de competencia de intereses
sexuales, económicos y personales. La proximidad con que se vivía exponía a las personas
a roces que se expresaban en forma verbal o de hecho y que generalmente herían el
honor.”50

A pesar de que los rumores, chismes, comentarios e incluso calumnias se presentaran en


todos los sectores de la sociedad de finales de la colonia, para las castas inferiores existía
además otra realidad que incentivaba este tipo de comportamientos; se trata del
hacinamiento habitacional que las familias se veían obligadas a enfrentar, junto con la total
falta de privacidad que ello conllevaba y por lo tanto la facilidad para crear comentarios y
difundirlos rápidamente dentro de la comunidad; es importante recordar entonces que por lo
general en los hogares menos favorecidos apenas si existía una habitación construida en
adobe que se utilizaba para todas las actividades del hogar, desde cocinar hasta dormir e
incluso recibir visitas, por lo tanto la privacidad era prácticamente nula y todas las
actividades de una persona eventualmente pasaban al conocimiento de todos.

49
Durante el juicio que se le sigue al esclavo, uno de los declarantes simplemente afirma que José María es
padre de “uno o dos hijos en una esclava de Lucía Gómez” y no aporta ningún otro detalle sobre el tipo de
familia ni la edad de los infantes.
50
Rodríguez, P. (1997), Sentimientos y Vida Familiar en el Nuevo Reino de Granada Siglo XVIII, Bogotá,
Ariel, pp. 291-292.

34
En el momento en que las autoridades comienzan a recopilar información sobre la relación
que mantienen María Ignacia Duarte y José María, recurren entonces naturalmente a los
vecinos de María Ignacia para que relaten lo que han visto u oído respecto al caso,
particularmente un vecino llamado Salvador Guzmán entrega su versión de los hechos no
sólo basándose en sus observaciones, sino también en lo que ha escuchado a otros vecinos
decir y lo expresa de la siguiente manera: “dijo que lo que puede decir es que en una
ocasión, habrá pocos días, encontró en la casa de la dicha Duarte, al expresado esclavo,
sentado en una silla y como dueño de la casa, que con este motibo tomo sospecha y le paso
promptamente a dar noticia al referido su amo, que habiendo encontrado un hijo de este en
el camino llegando a su casa, se la mando con este: y que también ha visto en la casa de la
tal Duarte al referido esclavo otras dos veces mas, y que María Josefa Gamboa le dijo que
habiendo ydo un dia quasi al amanecer a comprarle una libra de cacao a la tal duarte,
había visto en el quarto de esta al referido esclavo; ya que habiéndose sofocado de esta
acción, le había dicho que si hubiera sabido que el esclavo estaba allí no hubiera ydo” 51

Basándose en este tipo de testimonios y comentarios que se presentaron en la comunidad,


es que se procede entonces a la captura de los transgresores debido a que finalmente el
alcalde ordinario de segunda nominación declara: “haber encontrado en la noche de ayer
un papel [ ] en la puerta de su tienda por el que le denunciaban hallarse en ilícita amistad
Maria Ygnacia Duarte, con un esclavo de Josef Pablo Torres nombrado Josef Maria, con
notable escándalo del publico”, debido a lo cual decide arrestar al esclavo causante de tal
incomodidad dentro de la comunidad por medio de una ronda en la casa de María Ignacia
junto con don Josef Martínez.

Alrededor de las once y media de la noche, finalmente ambos se deciden a tocar la puerta
siendo esta respondida por la misma María Ignacia que incluso les permite ingresar a la
vivienda; ya dentro de la casa, el alcalde ordinario la interroga acerca de las personas que se
encuentran en la vivienda, a lo cual María Ignacia responde que “se hallaba sola con una
mulatilla”, sin embargo, en el momento en que este decide realizar una inspección de las

51
AHA, Fondo Colonia, Grupo: Negros y Esclavos, Sección: Antioquia, Legajo: B95 1780-1800, tomo 10,
folio: 2, año 1795.

35
habitaciones en la casa para su sorpresa, “salió de estampida y ryendo el referido esclavo a
quien siguieron los dichos don Josef Martinez, y Vicente Galvan hasta dos quadras que no
lo pudieron alcanzar: Y preguntándole a la dicha Duarte quien hera aquel que había
salido ryendo, respondió ser el referido esclavo” 52; es necesario agregar aquí que a pesar
de que el esclavo huye durante aquella ronda, en poco tiempo es capturado y llevado a
prisión para enfrentar el juicio. A pesar de las declaraciones y desconfianzas expresadas por
los vecinos, durante el proceso lo único que las autoridades logran comprobar es que “hace
cosa de tres años, que la dicha Duarte le tiene prestada la trofa de la cocina para guardar
maís aunque no sabe si del esclabo o de su amo”53.

En contra de la voluntad de los vecinos y de las mismas autoridades, al final del juicio
ambos procesados son absueltos de los cargos que se les imputan, probablemente debido a
la falta de pruebas contundentes aparte de los chismes y comentarios de la comunidad. A
María Ignacia simplemente se le retiran todos los cargos, mientras que José María es
liberado de la prisión con una advertencia, no sólo hacia él si no también a su amo de que
se cele por un mejor comportamiento del esclavo de ese momento en adelante, y de que su
amo lo “sujete” a su voluntad de manera más efectiva.

A diferencia de María Teresa y Salvador, María Ignacia y José María cuentan con una
mejor suerte con respecto a la condena que deben enfrentar. Entre las causas de la
diferencia entre ambos procesos podemos encontrar la existencia de una infante producto
del romance en el primer caso a diferencia del segundo y a que probablemente gran parte
del segundo proceso se haya basado en rumores más que en hechos concretos. De todas
maneras, cabe preguntarse por qué no se tomó ningún tipo de acción referente al hecho de
que la propia madre de María Ignacia hubiese sorprendido a su hija en la cama con otra
persona o que al esclavo se le haya encontrado dentro de la casa de María Ignacia al
momento de la captura.

A pesar de que esto ya haría parte de la especulación con respecto a lo que pudo haber
sucedido durante el proceso, es posible decir, basándose en el punto de vista de la

52
Ibíd. Folio 17.
53
Ibíd. Folio 6.

36
aplicación de las leyes coloniales, que la manera en que las partes presentaron las
respectivas defensas de sus causas pudo haber tenido una enorme influencia en el resultado
del juicio. Junto con ello, la “buena fama” y en cierta manera el honor del que gozaban
tanto los involucrados antes del incidente como aquellos encargados de defenderlos e
incluso los declarantes, pudo determinar el destino de los acusados y la severidad del
castigo; ello explicaría las diferencias en los resultados de ambos casos e incluso la agilidad
o lentitud con que se llevó a cabo todo el proceso.54

En la ciudad de Antioquia, en el día doce de agosto de 1802, comparece en el juzgado ante


el alcalde ordinario de primera nominación, una esclava que se halla presa para dar su
declaración sobre una grave acusación que se le hace en la ciudad. Su nombre es María
Zapata y se le atribuyen cargos por mantener una amistad ilícita con Juan Esteban Miranda,
un hombre soltero que habita más arriba del río Cauca, en donde posee su hogar y unas
tierras .

A pesar de que María Zapata puede considerarse como una esclava común con una vida
normal, su situación termina tornándose bastante difícil, no solamente debido a las
acusaciones que se le han hecho sino también a que el funcionario encargado de juzgarla
tanto a ella como a su presunto amante, es decir, el alcalde de segunda nominación de la
ciudad, es a la vez su amo, el señor Don Josef Pabón.

Cuando se interroga a María en el juzgado, esta niega todas las acusaciones en su contra y
afirma que ella simplemente visitaba otras residencias debido a que su amo le pedía que le
recogiera o llevara encomiendas, y que la circunstancia en que fue encontrada al momento
de su captura fue simplemente un malentendido y una terrible coincidencia ya que “pasó la
confesante a una casa inmediata a la de la Señora Doña Juana Maria Palas, a solicitar a
Juan Esteban Miranda, que supo se hallaba allí, con el fin de que le llevase a la señora de
la que confiesa una encomienda comprada por la confesante en efecto lo verifico
levantándose de su cama después de haverse acostado por que casualmente, se acordó que
54
Beatriz, Patiño Millán, (1994), en su texto Criminalidad, Ley Penal y Estructura Social en la Provincia de
Antioquia 1750-1820, reseña una enorme diversidad de casos, desde simples injurias de palabra hasta graves
asesinatos en donde no siempre las penas concordaban con la gravedad del delito y atribuye estas penas en
parte al dominio retórico de los defensores y la buena o mala fama de los mismos.

37
tenia que mandarla, que habiendo tocado una ventana de la casa en donde se hallaba
Miranda, y no habiendo quien le respondiese dio la vuelta a buscar la puerta la que toco y
encontró su serradura, y empujándola se abrió y dentro al quarto llamando a Miranda”.55

La mala suerte de María y Juan Esteban lleva a que justamente ese día el amo de esta,
probablemente ya basado en sospechas, llevara a cabo una ronda en los alrededores de la
casa en donde se encontraban y que fueran sorprendidos juntos a deshoras y ocultándose de
la autoridad. A partir de aquí no es posible saber cual versión de los hechos es la verdadera
en cuanto a la posibilidad de que esta pareja en realidad mantuviera una relación amorosa,
pero lo cierto es que las sospechas los llevan a prisión y a enfrentar un juicio que resultará
en una separación forzada de ambos al ser Juan Esteban prohibido de regresar al pueblo o
de acercarse a María Zapata.

La condena implica para María Zapata que deberá permanecer sola el resto de su vida; a
pesar de haberse casado anteriormente, su marido la había abandonado ya hace bastante
tiempo y sólo le quedaba dedicarse a su oficio que declara ser “aquellos caseros en que se
ocupan las mugeres” 56. Debido a que su amante vive “más allá del río Cauca”, la distancia
y la condena a que son sometidos, los separará perpetuamente y les servirá de recordatorio,
no sólo para ellos, si no para comunidad de que tanto esclavos como libres no escapan de
las leyes imperantes, pero que a su vez, cuando se trata de esclavos, los espacios y
oportunidades para escapar de esta realidad son demasiado limitados, e intentar burlarse de
la ley sólo atraerá peores consecuencias. 57

Este caso en específico resulta interesante, ya que de ser cierto que María Zapata y Juan
Esteban Miranda mantengan algún tipo de relación, en ella no se podrían encontrar
intereses económicos aparentes ya que ambos son de condición humilde y sobre todo, los
hijos que podrían producirse a partir de la relación, nacerían como esclavos de acuerdo a la

55
AHA, Fondo Colonia, Grupo: Negros y Esclavos, Sección: Antioquia, Legajo: B46 1800-1810, tomo 13,
folios: 6 y 7, año 1802.
56
Ibíd. Folio 6.
57
Michel Foucault, en su libro “Vigilar y Castigar”, justamente hace referencia al castigo como una manera
de no sólo escarmentar y avergonzar a los culpados, sino también como forma de advertir a la comunidad de
las consecuencias que trae el cometer un crimen para que de ese modo las personas se abstengan de siquiera
pensar en quebrantar las leyes, esto sobretodo en los sistemas legislativos y sociales hasta el siglo XIX.

38
ley de vientres imperante en el momento relativo a la esclavitud. Aquí entonces podríamos
pensar que de existir el amor entre esta pareja, sería uno desinteresado y basado en un
sentimiento mutuo, fenómeno poco estudiado en los trabajos realizados sobre la colonia
pero que a su vez entrega una nueva e interesante perspectiva frente a lo que fue la vida
sentimental en este período y cómo esos mismos sentimientos podían ser tolerados,
fomentados o reprimidos de acuerdo a las circunstancias y las personas involucradas.

Otro de los fenómenos comunes dentro de las relaciones casuales y fuera de la ley era el de
la violencia doméstica entre las parejas en concubinato, en muchos casos a un nivel tan
grave que podían acabar en asesinatos. Ya fueran propiciados por el alcohol como por
pasiones desenfrenadas, tanto matrimonios como “amistades ilícitas” podían presentar este
penoso fenómeno que no era ajeno a ninguna clase social o región, sin embargo para el
caso de los esclavos y las relaciones adulterinas podía llegar a ser muy público,
escandaloso, y sobre todo penalizado.

El juicio criminal que toma lugar entre el esclavo José Antonio y el padre de María Josefa,
resulta en muchas maneras similar e incluso predecible cuando se habla de casos de
violencia doméstica entre las parejas; esto incluso para el ámbito de los siglos XVIII y
XIX. A pesar de que los hechos que desatan el proceso criminal contra el esclavo toman
lugar durante una noche en un baile en la propiedad de Bernardo Piedraita, los testigos a lo
largo del caso van revelando que la situación es mucho más compleja que un simple
altercado en un fandango.

La violencia doméstica, es uno de esos fenómenos que la historiografía en general


solamente comenzó a estudiar desde hace algunas décadas, ya que esta es una parte de la
vida de las personas que escapa a la esfera pública y por lo tanto las fuentes que nos
documentan sobre estos acontecimientos son más bien limitadas si no escazas. Sin
embargo, recientemente los historiadores latinoamericanos, sobre todo aquellos que
implementan aspectos de la “nueva historia” en sus estudios, en donde se toman en cuanta a
aquellos sectores subalternos de la sociedad, entre ellos Jorge Orlando Melo y Hermes
Tovar, han rescatado la importancia del tema para poder entender la realidad familiar de

39
los neogranadinos y con ello otras formas no tan conocidas de ejercer la violencia aunque
igualmente graves y traumáticas para la sociedad, y que además se mantienen hasta
nuestros días.

Existen innumerables casos de violencia doméstica en los archivos coloniales y de


comienzos de la república, que demuestran que la agresión entre las parejas no era un
fenómeno tan extraño como se podría pensar. De hecho, Mabel Paola López hace un
estudio extenso sobre el raro fenómeno de las mujeres conyugicidas en la Nueva Granada
que termina demostrando que estos casos de homicidio fueron prácticamente en su totalidad
causados por maridos que golpeaban y maltrataban verbalmente de tal manera a sus esposas
que ellas, en muchos casos influenciadas por el alcohol, no veían otra escapatoria que
agredir a sus maridos.58

Para el caso de José Antonio y María Josefa, existen ciertas características que hacen que el
caso sea interesante; en primera medida, José Antonio se encuentra en condiciones de
esclavitud, mientras que al parecer María Josefa goza de libertad aunque muy
probablemente provenga de un contexto humilde ya que su padre declara ser “pobre de
solemnidad”. Además de ello, esta pareja no cuenta con el sacramento del matrimonio, es
decir, viven amancebados.

Es así como finalmente la recurrente violencia, sobre todo por parte de Juan Antonio, lleva
a que en el año de 1812, Juan Félix Herrera llega al juzgado de la ciudad de Antioquia
pidiendo que se haga justicia, ya que su hija María Josefa ha sufrido una fuerte golpiza por
parte del esclavo Juan Antonio, quien se encuentra en posesión de José Antonio Varela,
residente del partido de Miranda.

En este punto entonces, nos estaríamos internando en el ámbito de la vida privada y


cotidiana de esta pareja antioqueña de origen humilde; pero que a pesar de su condición, se
sujeta a códigos de conducta específicos que otorgan lineamientos y formas de interacción
de acuerdo al género, condición social, oficio e incluso origen familiar. Cada historia de

58
López Jerez, M. (2006, junio) “Las Conyugicidas de la Nueva Granada: Transgresión de un Viejo Ideal de
Mujer”, en Memoria y Sociedad, vol. 10, núm. 20, pp. 49-58.

40
vida por lo tanto, llegaría a aportar desde cada punto de vista, una nueva forma de analizar
el legado de un individuo en la sociedad, tanto convirtiéndose en una fuente histórica, como
siendo, a través de su historia de vida, un sujeto integral de la historiografía a partir de la
particularidad de su caso.

A continuación, las autoridades competentes proceden a realizar las correspondientes


averiguaciones, para el caso, se le pide a varios individuos que declaren para que
identifiquen a los involucrados en este delito y de qué manera los conocen; así, los vecinos
de Sopetrán, lugar de residencia de la pareja, revelan escandalosos testimonios sobre la vida
y relación de María Josefa y Juan Antonio que van mucho más allá del altercado que
desencadenó el proceso.

Cuando se le pregunta a un testigo específicamente, que resulta ser vecino de los


implicados sobre lo que sabe del esclavo Juan Antonio, este responde de la siguiente
manera: “A espacio de dos años ha estado concuvinado tuvo prole, se murio, y habrá el
espasio de ocho meses se separo de ellos” 59, es decir, que no solamente ambos mantenían
un amorío furtivo, sino que además prácticamente convivían “como marido y muger” bajo
el mismo techo y por un período de tiempo bastante largo.

Las razones que empujan a una pareja a vivir una relación que no está sancionada por los
estamentos políticos y religiosos, suelen ser muy diversas y estrechamente ligadas a las
condiciones sociales, culturales y económicas de cada uno de los implicados, del mismo
modo que la respuesta de las autoridades y la sociedad también puede variar. En primera
medida, María Eugenia Chaves en su libro “Honor y Liberad: discursos y recursos en la
estrategia de libertad de una mujer esclava” establece que para el caso específico de Quito
a finales de la colonia, la situación de la mujer de las castas inferiores, a pesar de ser llena
de penurias y privaciones materiales, también les otorgaba mayor independencia y
libertades, ya que al ser necesaria más de una fuente de ingresos para poder sostenerse, la

59
AHA, Fondo Colonia, Grupo: Negros y Esclavos, Sección: Antioquia, Legajo: B84 1810-1840, tomo 12,
folio: 15, año 1812.

41
mujer se veía obligada a salir a las calles y trabajar; sobre todo si se encontraba en situación
de abandono por parte del marido o había enviudado.60

Generalmente, este aspecto de las relaciones sentimentales no sancionadas por la iglesia en


el periodo colonial se ha estudiado a través del fenómeno del mestizaje, la obvia razón es
que este es precisamente el resultado más visible y duradero de las relaciones amorosas
furtivas, y exactamente aquel con el que las autoridades coloniales luchaban con mayor
interés ya que vulneraba el mismo orden colonial al producir hijos ilegítimos, con ello
generaba una población no perteneciente a las castas establecidas en el momento en que
estos infantes no podían ser considerados ni blancos ni negros ni indígenas, hasta el punto
en que muchos de ellos reclamaban beneficios y reconocimientos más allá del que se creía
merecían debido a la existencia de un pariente de tez más blanca o apellido ilustre, este
fenómeno incluso podía llevar a conflictos referentes a herencias y propiedades en general
basados en la falta de claridad en el linaje del individuo que podía reclamar pertenencia o
asociación a familias más ilustres.

Del mismo modo, otro acontecimiento de orden popular durante la colonia que
generalmente se estudió desde la perspectiva de las autoridades fue el de las celebraciones y
fiestas; ya fueran estas de orden religioso o profano, la mayoría de los testimonios sobre
estas ocasiones, tan presentes en la vida de esclavos y libres, entre ellos Juan Antonio y
María Josefa, nos relatan los temores que las clases dirigentes sentían frente a estas
actividades y qué se debía hacer para evitar que tales eventos se salieran del control de
estos mismos, y que por lo tanto su impacto entre la población se disminuyera.61

Tomando en cuenta el origen humilde de María Josefa podemos inferir que como tantas
otras mujeres de su clase, es posible que ella haya podido interactuar con una gran cantidad
de personas en su vida diaria y desde una edad temprana; esto se debe a que desde pequeña
se habría esperado que ella contribuyera económicamente al hogar siendo empujada por la
necesidad de conseguir un sustento y a que probablemente su padre pudo haberse apartado
60
Chaves, M. E. (2001), Honor y Liberad: discursos y recursos en la estrategia de libertad de una mujer
esclava, Gothemburg, Editorial Universidad de Gotemburgo.
61
Jiménez Meneses, O. (2007), El Frenesí del Vulgo Fiestas Juegos y Bailes en la Sociedad Colonial,
Medellín, Editorial Universidad de Antioquia.

42
del hogar por largas jornadas o incluso temporadas para trabajar por jornales en minas
alejadas o propiedades aledañas labrando el campo y recogiendo las cosechas.

Probablemente esta fue la forma como María Josefa y el esclavo José Antonio se
conocieron y eventualmente decidieron vivir como pareja en el área rural de Sopetrán por
varios años y sin que se generara ningún tipo de escándalo o denuncia debido al estado
ilegal de su relación que incluso generó una descendencia que no sobreviviría la infancia
hasta el momento sin objeciones de las autoridades, los vecinos o sus mismas familias, que
hasta parece que hubieran observado con complacencia la relación irregular de ambos hasta
que esta se tornó violenta .

Durante este tiempo, y como era normal entre una gran parte de la población colonial, los
pocos ratos de ocio se pasaban en bailes y fandangos que se llevaban a cabo en diferentes
lugares y con distintas razones para conmemorar por lo general discriminando de acuerdo
al tipo de casta lo cual implicaba que aquellos de situación racial “inferior” se reunían en
sitios más humildes, casa particulares o incluso en el monte, mientras que clases más
adineradas y poderosas podían organizar eventos más lujosos y exclusivos en recintos
propios. Aunque los estudios en las ciencias sociales sobre este espacio de socialización
para el caso particular de la Nueva Granada en la colonia son más bien escasos. Autores
como Marta Herrera y Orián Jiménez identifican características importantes sobre estos
acontecimientos cotidianos, sobre todo desde la perspectiva de la Iglesia y organismos
estatales, entre los cuales podemos encontrar la constante lucha por parte de estos para que
se ejerciera un mayor control sobre las celebraciones populares, Herrera argumenta que:
“La práctica de estos bailes fue origen de numerosos conflictos con los obispos, a quienes
escandalizaban las características de estas fiestas. En 1781 el obispo de Cartagena señalaba
la necesidad de que las justicias impidieran que en las vísperas de las fiestas se celebraran
“los Bayles que vulgarmente llaman Bundes”62.

En general, durante todo el período colonial e incluso durante el siglo XIX, las
celebraciones populares de carácter profano eran vistas con una mezcla de temor y desdén,

62
Herrera Ángel, M. (2002), Ordenar Para Controlar, ordenamiento espacial y control político en las
llanuras del Caribe y en los Andes Centrales Neogranadinos siglo XVIII, Bogotá, ICANH, p. 227.

43
ya que eran espacios en donde las castas inferiores expresaban sus costumbres, su
corporalidad e inhibiciones, y en donde además los individuos de ambos sexos
interactuaban libremente y bajo la influencia de bebidas alcohólicas. Los espacios en donde
se realizaban estas celebraciones variaban de acuerdo a la ocasión, la región geográfica y al
tipo de personas que asistirían. Para el caso de negros esclavos, mulatos y libertos, estas
celebraciones se conocían como bundes, y en ellos hacían presencia los afro descendientes
de la región para ejecutar danzas a ritmo de tambores que llegaron a generar miedo entre
los sectores blancos: “el baile y el tambor ejecutado por los negros, amén de su color,
pueden ser los factores que explican como la sociedad esclavista fue generando un
profundo miedo y temor hacia los esclavizados. En efecto, la fuerte y radical expresividad
corpórea y los impactos sonoros de los tambores produjeron rápidamente la asociación de
estas manifestaciones con el accionar del demonio.”63

Sin embargo, no eran solamente las fiestas de los negros las que generaban temor y
desconfianza; los fandangos o bailes en donde asistían también los mestizos eran vistos
también con recelo, ya que permitían la interacción de todo tipo de gente, y por lo general
tomaban lugar en las residencias de particulares. Durante estas fiestas, tanto esclavos como
miembros de las demás castas e incluso españoles, se reunían para ejecutar lo que las
autoridades consideraban como bailes “inhonestos” e interactuar con libertad. 64

Fue en uno de estos fandangos en donde los problemas entre María Josefa y José Antonio
finalmente salieron a relucir, según las declaraciones del mismo esclavo durante la fiesta:
“estando ella en un correhedor se le asio del cuello, tratándolo de malas razones, y por
esto le dio cinco o seis latigasos porque se la quitaron Salvador Urtado y Maria Baos, en
dicho acto se aparecio Torivio Errera, hermano de la Josefa, se echaron mano y cada uno
se dio un coscorron por que los apartaron, con lo que se concluyo la perdencia” 65. Por esa

63
Díaz Díaz, R. “La Diversión y lo Privado Entre los Esclavos Neogranadinos”, en Borja, J. y Rodríguez, P.
(ed.), (en prensa), Historia de la Vida Privada en Colombia, Tomo I, Bogotá, Taurus.
64
Ibíd.
65
AHA, Fondo Colonia, Grupo: Negros y Esclavos, Sección: Antioquia, Legajo: B84 1810-1840, tomo 12,
folios: 15 y 12, año 1812

44
razón, José Antonio es conducido a la prisión local en donde enfrentará todo el juicio hasta
que el juez llegue a una decisión.

Cuando es el turno del padre de María Josefa para declarar, éste entrega datos más
detallados sobre lo que sucedió aquel día con respecto a la agresión a su hija, afirmando
que el esclavo había planeado el altercado al hacer un rejo a partir de una hamaca de
Bernardo Piedrahita y desde ahí “paso al paraje donde estaba mi hija con otras mugeres y
la echo mano al pelo dicho Antonio la sacó arrastrando al patio en donde la golpio y
asotó” 66. También declara que tal era la furia y violencia de José Antonio, que los demás
individuos que estaban en el lugar no se atrevieron a intervenir hasta que llegó el hermano
de María Josefa a separarlos, acción que derivó en una pelea entre estos.

Según el procedimiento regular de un juicio para este tipo de casos, las autoridades
proceden a continuación a preguntar las causas que llevaron a José Antonio a cometer la
agresión de la cual se le acusa a lo cual responde que “el motivo del castigo fue por andar
dicha mujer diciendo la havia dejado el confesante a causa de tener otra mosa y porque
teniendo un fandango el confesante, y la muger de Bernardo Piedraita Maria de la Lus
Bargas que aun se acavava de concluir, la mando a llamar hasta tercera vez, y el que
confiesa le había mandado a decir no quería [ ] ni tomares con ella pero aburrido de su
[pasado]salió en su solicitud, no la encontró en el paraje que lo esperaba”. 67

En este punto es importante recordar que debido a que José Antonio se encuentra en
condición de esclavitud, él no asume directamente la defensa de su proceso, sino que debe
depender de su amo para dirigirse a las autoridades; además de ello, durante todo el juicio
es mantenido preso en condiciones de vida probablemente precarias; de la misma manera,
María Josefa debe depender de su padre tanto para presentar el caso como para declarar, es
así como a la larga el juicio termina siendo manejado de manera indirecta por otros
individuos considerados con mayor capacidad para ello dentro del sistema colonial y de

66
AHA, Fondo Colonia, Grupo: Negros y Esclavos, Sección: Antioquia, Legajo: B84 1810-1840, tomo 12,
folio: 20, año 1812.
67
AHA, Fondo Colonia, Grupo: Negros y Esclavos, Sección: Antioquia, Legajo: B84 1810-1840, tomo 12,
folio: 15, año 1812.

45
comienzos de la república, demostrando de este modo la forma en que los sectores más
oprimidos de la sociedad eran percibidos y considerados como incapaces de
responsabilizarse por su propio juicio y procedimientos.

Tristemente, el proceso no entrega detalles sobre la vida amorosa de la pareja, ni


información de cómo se conocieron o convivían diariamente los implicados; sin embargo, a
partir de los testimonios recogidos, es posible asumir que lo más probable es que hubiera
sido una relación tormentosa en donde la confianza entre ambos no era del todo sólida;
además, de haber sufrido la pérdida de un incierto número de hijos, y finalmente, el
abandono por un largo tiempo por parte de José Antonio a María Josefa. En unas
condiciones de este tipo, en donde se suma la pobreza y la condición de esclavitud, ya no
debemos entonces extrañarnos al ver un brote de violencia tan crudo y en plena luz pública
sin importar el escándalo en la comunidad.

Para la época referida, la violencia ejercida por parte del marido hacia su cónyuge, podía
ser interpretada desde distintos ángulos de acuerdo al caso, pero en general, era el hombre
el que lograba una justificación de sus actos violentos argumentando la mala conducta de su
esposa o su pobreza moral. Es así como en muchos casos la agresión física hacia las
mujeres era presentada como un error momentáneo, pero que se encontraba dentro de los
límites permitidos por la sociedad; para demostrar esto, se ve como “estos casos ilustran la
creencia de esposos, abogados y fiscales de una mujer “propensa a la corrupción moral”
(…) En este sentido, los hombres al igual que las mujeres también manifestaron en el
lenguaje y en las expresiones utilizadas un orden social en que las madres y esposas tenían
una moral inferior.”68

Este caso de violencia familiar, sin embargo, resulta poco común debido a que José
Antonio y María Josefa no se encuentran casados, por lo tanto, las autoridades
correspondientes no buscan con las condenas lograr un restablecimiento de la paz y amistad
entre ambos como se haría en caso de existir un matrimonio sancionado por la ley; en lugar
de ello, la condena busca mantener la paz entre los vecinos del lugar y una mayor muestra

68
Villegas del Castillo, C. (2006), Del Hogar a los Juzgados: Reclamos Familiares en los Juzgados
Superiores en el Tránsito de la Colonia a la República 1800-1850, Bogotá, Ediciones Uniandes, p. 93.

46
de control sobre su esclavo por parte del amo; a final de cuentas, lo que importa es mitigar
el escándalo causado en la comunidad y demostrarle a los demás pobladores que este tipo
de relaciones acarrean consecuencias poco agradables para los involucrados al no legitimar
su relación bajo la ley de la iglesia.

De este modo, al final el juez logra que el padre de María Josefa perdone las agresiones del
esclavo entregando el siguiente veredicto: “entregándose el esclavo a Antonio Barela, su
amo, para que lo sugete, o de a la venta, apercevido por la mas leve contravención a los
daños que resultara”69. En este punto termina la información sobre la relación de José
Antonio y María Josefa. Debido a ello, no es posible saber si ambos volvieron a tener trato
alguno o incluso si José Antonio al ser esclavo, pudo permanecer en el vecindario después
del escándalo o fue vendido por su amo. De todos modos, sí se puede tener cierta certeza de
que, al igual que para muchas parejas de la época, las relaciones ilícitas además de causar
escándalos, terminaban en separaciones abruptas y amargas para los involucrados que en
muchos casos jamás volverían a verse o simplemente eran obligados a separar sus destinos.

Ciertamente las actividades y comportamientos de los esclavos y libres presentados aquí,


desafían en su totalidad el imaginario que la historia tradicional ha construido acerca del
esclavo como un ser sumiso que limita su existencia a la servidumbre y dependencia de su
amo. De hecho, estos son algunos de los miles de ejemplos que descansan en los archivos
coloniales y republicanos de individuos esclavizados que en algún momento de su
existencia deciden tomar las riendas de sus vidas para bien o para mal, y que aunque en la
totalidad de los casos trabajados las consecuencias han sido negativas para los
involucrados, logran demostrarnos que ese ser tratado como objeto, no sólo por los
estamentos coloniales sino también por la posterior historiografía sobre el tema, logra
encontrar espacios propios para expresar sus pasiones, impulsos y desafíos al sistema social
imperante, y ante todo, amar y apasionarse del mismo modo en que el resto de la sociedad
lo hacía.

69
AHA, Fondo Colonia, Grupo: Negros y Esclavos, Sección: Antioquia, Legajo: B84 1810-1840, tomo 12,
folio: 21, año 1812.

47
Todos estos esclavos y libres a su manera encontraron el amor en algún momento de sus
vidas impulsados por diferentes razones, sin embargo, eligieron hacerlo a manera de
concubinato o amancebamiento en lugar del tradicional y aceptado matrimonio a pesar de
los riesgos que ello les traería. Este es uno de los aspectos que demuestran la difícil vida
que llevaban los seres esclavizados; de hecho, la simple acción de contraer matrimonio con
el conyugue de su elección en muchos casos resultaba casi imposible para aquellos que no
gozaban de su libertad.

Los amos imponían constantemente negativas a aceptar a un cónyuge con otro estatus
social (en este caso libre) ya que este debía vivir junto a su esclavo de por vida, implicando
que el precio de su propiedad disminuyera y los hijos legítimos producidos para el caso de
un esclavo varón y una mujer libre, nacieran automáticamente libres y por lo tanto no
pudieran venderse; junto a ello, Virginia Gutiérrez en su estudio sobre la miscegenación en
la colonia, identifica que muchos amos temían que la nueva familia que prácticamente
habitaría en su mismo hogar, robara algunas pertenencias con el fin de mejorar su
subsistencia e incluso comprara la libertad del integrante esclavizado.

A pesar de que la Iglesia incentivara constantemente a la institución del matrimonio entre


todos los estamentos, siendo este de manera libre y espontánea entre ambos cónyuges, los
impedimentos para que un esclavo lograra este objetivo eran innumerables, desde las
dificultades económicas hasta los obstáculos impuestos por los propietarios, incluso se
llega hasta el punto en que se dan casos de amos que forzaban a sus esclavos a contraer
matrimonio con mujeres u hombres de su elección sin respetar la voluntad de estos para así
perpetrar una descendencia cautiva que significaría una nueva propiedad. Este fenómeno es
el que nos llevaría a pensar que en muchos casos los esclavos escapaban de la vigilancia de
sus amos para encontrar el amor que nunca pudieron encontrar dentro del matrimonio a
pesar de que ello podría costarles muchas libertades e incluso el honor que ellos también
defendían. 70

70
Gutiérrez de Pineda, V. (1999), Miscegenación y Cultura en la Colombia Colonial 1750-1810, Bogotá, Ed.
Uniandes, Tomo II, pp. 368-380.

48
3. RELACIONES ENTRE AMOS Y ESCLAVOS, UNA BÚSQUEDA DE LA
LIBERTAD

Cuando se trata del afecto y sus innumerables expresiones durante la historia, y más
específicamente durante la América colonial, aquellos acontecimientos en donde un
habitante racialmente blanco o al menos alguien que cuenta con cierta cantidad de bienes o
influencia en su comunidad, se encuentran mucho más documentados en los archivos o por
lo menos han sido más estudiados recientemente dentro de las ciencias sociales que
aquellos que involucran a clases oprimidas o subalternas. Debido a esto resulta muy
interesante darle una mirada al igualmente muy variado universo de relaciones inter raciales
que se podían construir en el contexto colonial, ya que entregan otra visión del papel y el
estatus de los afro descendientes dentro del territorio; un estatus que generalmente se
califica de “inferior” por el simple hecho de ser posesión de otro, pero que a través de las
acciones de aquellos esclavizados demuestra que el esclavo siempre fue mucho más que el
objeto que su sociedad pretendió que fuera y que actuó para defender sus intereses y
existencia.

Vicente Tamayo, un habitante del sitio de San Gerónimo, próximo a la ciudad de


Antioquia, había muerto recientemente (1803), dejando atrás varias porciones de tierra con
cultivos de caña, y varias construcciones modestas en ellas, junto a ello dejaba también 200
pesos de oro, 20 animales entre caballos burros y mulas y dos esclavos de alrededor de
cuarenta y cincuenta años. Pero las posesiones no fueron lo único que dejó atrás al
momento de morir, de hecho, a lo largo de su vida había acumulado varias deudas que en
buena parte habían quedado sin pagar, y junto con ellas, quedaron varios hijos ilegítimos
que había tenido con por lo menos dos esclavas habitantes de la región ya que él nunca
contrajo matrimonio.

Durante el período colonial, existían básicamente tres documentos de suma importancia que
una persona podría llegar a adquirir o mandaría sacar durante toda su vida y con mayor o
menor rigor dependiendo de su clase social, siendo más común que aquellos de condición
privilegiada mantuvieran con más rigor sus papeleos y transacciones, mientras que

49
esclavos, indígenas y demás habitantes de zonas remotas llegaban a pasar su vida entera sin
expedir o incluso relacionarse con algún tipo de documento que diera cuenta de su
existencia

De todas maneras, existían básicamente tres documentos: la partida o documento de


bautizo, posteriormente la partida de matrimonio o algún documento que demuestre el
ordenamiento religioso, y finalmente, el testamento; estas eran la principales evidencias
documentales de la existencia de una persona durante la época y sobre el tipo de vida que
llevó. La partida de bautizo evidenciaba si el recién nacido era legítimo o ilegítimo, si tenía
padres conocidos, quienes serían sus padrinos, y en qué fecha y ciudad había nacido, los
documentos matrimoniales evidenciaban el tipo de vida familiar y cotidiana que esta
persona llevaba así como en ocasiones también la procedencia de los padres o tutores del
individuo y la dote entregada a la esposa o si la persona había optado por una vida
religiosa; y finalmente, el testamento reflejaba tanto la última voluntad de la persona como
la cantidad y tipo de posesiones materiales que había llegado a acumular durante su vida y
cómo estas serían destinadas para las generaciones posteriores.

Por esta razón, el testamento resulta ser uno de los documentos más importantes e
interesantes cuando se quiere investigar el período colonial, este nos entrega datos sobre la
riqueza o pobreza de las personas, sus condiciones de vida, la cantidad de hijos que dejan
atrás, pero sobre todo, en muchos casos son el último espacio que tiene el moribundo para
confesar sus pecados en la tierra e incluso pedir el perdón por ellos a sus allegados y a
Dios. Vicente Tamayo entonces antes de su muerte confiesa tener varios hijos producto de
relaciones furtivas con la esclava Carmela perteneciente al cura del pueblo junto con por lo
menos otra esclava y afirma que es su voluntad que a todos ellos se les entregue la libertad
por ser hijos de padre blanco y libre y como prueba del afecto que él les profesaba tanto a
sus madres como a ellos.71

A partir del siglo XVIII, los esclavos comienzan a asumir y utilizar las leyes coloniales
respecto a la esclavitud para tornarlas a su favor en cuanto a los procesos y requisitos para

71
Archivo General de la Nación, Sección Colonia, Fondo Negros y Esclavos, Sección Antioquia, Tomo VI,
Legajo 6, Folios 682-703, Año 1803.

50
obtener la libertad o algunos derechos básicos. Incluso, en los archivos comienzan a
aumentar la cantidad de procesos judiciales levantados por esclavos que se quejan de los
malos tratos recibidos por parte de sus amos, junto a ello se registran bastantes solicitudes
de cambio de amo o de una reducción significativa del precio para obtener la libertad de
manera más sencilla con múltiples resultados favorables hacia el esclavo, que demuestran
así como la sociedad comenzaba a cambiar significativamente hacia una búsqueda de la
abolición, pero que aún no daba el salto definitivo hacia la libertad de los esclavizados en
todo el territorio.

En cuanto este importante paso hacia la libertad de todos los esclavizados aún no se daba,
ellos buscaban maneras alternativas de obtener su propia libertad o la de su descendencia
por medio de actos de rebeldía como por ejemplo el cimarronaje o los bundes en el monte
que escapaban de la vigilancia de las autoridades, si esto no era posible, entonces recurrían
a métodos más sutiles como los romances con los propios amos o individuos que gozaban
de poder dentro de la comunidad con la esperanza de obtener beneficios a través de un lazo
afectivo más o menos fuerte y estable a pesar que de no gozar del reconocimiento social
establecido, sí podía traer mejoras en las condiciones de vida de una esclava, o incluso
eventualmente traer la libertad de ella y sus hijos producto de la relación.

Armados con la declaración póstuma de su padre, dos de los hijos de Vicente Tamayo
proceden entonces a exigir su liberación inmediata ya que esta fue la voluntad de su padre,
el cual antes de morir había comprado a varios de ellos con el objetivo de entregarles su
correspondiente libertad. Sin embargo, dos importantes obstáculos se interponen entre ellos
y su libertad, el primero es que debido a sus deudas, Vicente Tamayo de hecho hipotecó
sus hijos a otros individuos del pueblo, y por lo tanto ambos tendrían una deuda que pagar
antes de obtener su libertad.

Pero más allá de la deuda contraída por Tamayo, a la hora de la solicitud en el juzgado por
parte de los esclavos Martina y Juan Pablo, ambos hijos de Carmela, se levanta un proceso
debido a la gran controversia que genera en la comunidad la intención de ambos esclavos
de obtener su libertad basados en la posición social de su difunto padre. La primera

51
reacción de las autoridades y la clase dirigente es citar las leyes de las Siete Partidas
referentes a la condición de esclavitud y de que maneras no se puede obtener la libertad:
“Respondese a lo primero que el amo por amancebarse con su esclava no la hace libre, la
razón de esto es por que las leyes del reyno Partida 4, tomo 22 ley 5 determinan que si
alguno se casase con su propia esclava, de donde se libera, que si no se casa con ella si no
solamente se amanceva, no la hace libre (…)para que la esclava quede libre por la ley es
requisito que el amo se case con ella, el amancevarce con ellas no es casarse, si no mucho
menos, y assi no basta para quedarse ellos libres: segunda razón el oficio de concubina es
de mui bajo precio.”72

A partir de la declaraciones en el juicio y las exigencias que Martina y Juan Pablo hacen, se
podría asumir que de hecho existió algún vínculo entre este padre y sus hijos ilegítimos a
pesar de que la sociedad censurara este tipo de relaciones, de hecho las Siete Partidas
dedican toda una sección al tema de la crianza y el papel del padre en este importante
proceso, distinguiendo claramente entre los deberes hacia los hijos legítimos e ilegítimos;
siendo la mayor diferencia el tipo y la extensión de las obligaciones que un padre debía
tener hacia sus hijos concebidos fuera del matrimonio. Las Siete Partidas de hecho
reconocieron que todo padre debía proveer ayuda y apoyo a sus hijos hasta la edad adulta
sin importar la procedencia de ellos; sin embargo, cuando se daba la existencia de ambos,
hijos legítimos e ilegítimos, la mayor parte de la ayuda, o por lo menos la económica debía
recaer en los hijos concebidos en un matrimonio legítimo, ya que la lealtad paterna debía
estar con su familia ante todas las cosas. 73
A pesar de la negativa de las autoridades a entregarles la libertad, Martina y Juan Pablo no
desisten en sus intentos de obtener su libertad; ello lleva a que el proceso se alargue por
varios meses y continúe en interminables documentos, transcripciones y papeleos en donde
diferentes personajes prominentes del pueblo expresan su oposición a tal aspiración ya que

72
AGN, Sección Colonia, Fondo Negros y Esclavos, Sección Antioquia, Tomo VI, Legajo 6, Folio 3, Año
1803.
73
Twinam, A. (1999), Public Lives Private Secrets, Gender, Honor, Sexuality and Legitimacy in Colonial
Spanish America, Stanford, Stanford University Press, pp. 117-125.

52
el darles la libertad también implicaría que las deudas de Tamayo nunca serían pagadas y
aquello entregaría un mal ejemplo a la comunidad.

Sin embargo, estos dos esclavos también tienen un argumento a su favor, se trata del amor
que ellos dicen su padre les profesaba a pesar de sus deudas y que al parecer nunca le
ocultó a ninguno de sus vecinos durante toda su vida, sentimiento que los haría
merecedores de la libertad que su padre supuestamente tanto quiso para ellos durante su
vida. Es aquí cuando en general las dudas sobre las verdaderas intenciones que tenía
Tamayo comienzan a surgir, si amaba tanto a sus hijos esclavos ¿por qué los compró para
posteriormente hipotecarlos para pagar sus deudas?, ¿es esta una acción moralmente
aceptable por parte de un padre hacia sus hijos incluso si estos son ilegítimos?, ambas
dudas pueden llegar a hacernos pensar que en realidad detrás de la compra de sus hijos,
Vicente Tamayo sólo buscaba una manera de liberarse de las deudas que tanto lo
aquejaban.74

A pesar de las trabas impuestas por la sociedad a Martina y Juan Pablo, al final las partes
logran llegar a un acuerdo en donde a ambos esclavos se les garantizaría la libertad a
cambio de una suma de dinero que por lo menos compense la deuda de la hipoteca
contraída con el cura del pueblo don Juan Pablo Perez ya que este argumentaba que la
liberación inmediata simplemente le traería perjuicios económicos y que además le daría un
mal ejemplo a la comunidad aunque al mismo tiempo el no reconocer la libertad de los
propios hijos sería inhumano ya que: “Es verdad que en fraude de los acrehedores no se
pueden otorgar libertades, pero esta regla obra en casos comunes, y no para con su propia
sangre, por que a la verdad sería crueldad vender a los hijos que merecen de sus padres
diferentes sentimientos de humanidad”75.

74
Queda argumentado en el juicio del siguiente modo: “Todos los testigos declaran que Tamayo en el
discurso de su vida conoció por sus hijos a estos pretendientes en la clace de libre. No puede perjudicar la
libertad el procedimiento de haber hipotecado a sus propios hijos a Don Juan Pablo Perez de Rubla, por que
solo aspiraba, a sostener su crédito con este sugeto poderoso para que fiándole en sus nesecidades, pudiera
salir continuamente de sus ahogos”.
75
AGN, Sección Colonia, Fondo Negros y Esclavos, Sección Antioquia, Tomo VI, Legajo 6, Folio 22, Año
1803.

53
Autores como Pablo Rodríguez 76 ven a la institución de la esclavitud como una de las
maneras en que el gobierno colonial mantuvo un firme control sobre su población inclusive
a pesar de las fugas de esclavos y otros levantamientos de los mismos, sin embargo,
Virginia Gutiérrez sostiene que para el siglo XVIII más específicamente, la misma
institución esclavista parece haberse tornado en contra de los dueños de esclavos a través de
las facilidades que se le presentan al esclavo para presentar denuncias contra sus amos, de
las cuales el mismo dueño denunciado debía pagar los gastos administrativos y asumir la
posibilidad de una condena no favorable hacia él; incluso, muchos propietarios se
encontraron con que los esfuerzos para recuperar o atrapar esclavos forajidos por parte del
estado eran cada vez menores o menos frecuentes, facilitando así las fugas individuales o
masivas incluso bajo la mirada de las autoridades.

Ello no implica los esclavos hayan encontrado abruptamente la libertad, Orián Jiménez por
ejemplo demuestra que a pesar de que como Virginia Gutiérrez lo plantea, los esclavos
hayan encontrado más flexibilidad frente a las leyes y sus amos, ello no significa que
discursivamente las negritudes, y más específicamente los esclavos, hayan encontrado ideas
más amigables con respecto a su lugar en la sociedad e incluso a sus capacidades, de hecho,
como este autor lo plantea 77, las expresiones artísticas y corporales de los afro
descendientes, aún eran vistas con desdén y temor. Es por esta razón que sobre todo las
esclavas buscaron a través del amor hacia sus amos u otros miembros prominentes de la
sociedad, un escape de las duras cargas impuestas hacia ellas, de hecho, lograr la atención
del amo podía garantizar probablemente más recursos de subsistencia, un mejor lugar para
vivir e incluso mejores ropas para vestir y una herencia una vez su amante dejase este
mundo. Esto es planteado por Virginia Gutiérrez del siguiente modo: “en resumen, existió
un tire y afloje dentro de la estructura esclavista, expresión de la lucha por el dominio que
ya pareció frágil para el blanco en la vida cotidiana”78

76
Rodríguez, P. (1997), Sentimientos y Vida Familiar en el Nuevo Reino de Granada Siglo XVIII, Bogotá,
Ariel.
77
Jiménez Meneses, O. (2007), El Frenesí del Vulgo Fiestas Juegos y Bailes en la Sociedad Colonial,
Medellín, Editorial Universidad de Antioquia.
78
Gutiérrez de Pineda, V. (1999), Miscegenación y Cultura en la Colombia Colonial: 1750-1810, Bogotá,
Universidad de los Andes, 1999, Tomo II, p. 10

54
A través de esta afirmación entonces se debe dejar de asumir que el esclavo es un sujeto
pasivo, sin embargo también se debe rescatar esa rigidez y humillación que el sistema
supuso para aquél que se encontraba sometido a él, es decir, ambas visiones deben
aportarnos una noción de las tensiones que soportaban los esclavos a la hora de interactuar
con aquellos vistos como sus superiores, no sólo en cuanto a la obediencia que ellos les
debían si no a los gestos de desafío y rebeldía que incluso los gobernantes comenzaban a
ignorar aceptar, tal es el caso de los romances entre esclavas y sus amos, e incluso el
establecimiento de familias paralelas a la oficial con incluso propiedades y herencias como
legado del padre.

Precisamente este es el caso de Juan Pablo y Martina que usan el estatus de su difunto
padre para pedirles a las autoridades una mejor vida tanto para ellos como para sus futuros
descendientes, basados en el amor que existió hacia su madre y el abierto reconocimiento
del afecto hacia sus hijos del padre. Un proceso similar es presentado en 1815 por María
Ignacia Duque una joven esclava que acude ante el juez junto con el protector de esclavos
exigiendo que no se le permita a la familia a la cual sirve mantenerla esclavizada debido a
que su difunto padre Manuel Duque, fue el mismo amo de su madre la esclava Teodora y
por lo tanto ella es producto de la relación amorosa que ambos mantuvieron durante su
vida.

Pero ella no basa su causa en el simple hecho de que sea la hija del que sería su propio
dueño, de hecho, a pesar de que ella obviamente posee el mismo apellido de su padre,
María Ignacia busca demostrar que ambos construyeron una relación amorosa de padre a
hija real y duradera, pero que sobre todo nunca fue ocultada al resto de la población de
Rionegro. Por su parte Juan de Dios Duque, familiar del difunto don Manuel, afirma que
María Ignacia simplemente no tiene ninguna prueba de la supuesta paternidad de don
Manuel y por lo tanto no se le debería conceder ningún derecho de libertad.

Una de las características más interesantes de este proceso es su longitud, ya que la primera
petición es presentada en 1815, y sólo hasta 1820 el caso es finalmente cerrado, es decir,

55
hay cinco años de debates, declaraciones, apelaciones y papeleo para finalmente llegar a un
veredicto. Finalmente después de una gran cantidad de cartas, copias y comunicaciones, el
juez entregará el siguiente veredicto y dictaminará que se lleven a cabo las siguientes
acciones: “1ro La libertad de Maria Ygnacia Duque y sus hijos: 2do la opción que estos
tienen por derecho de representación al quinto de los bienes de Don Manuel Duque que
correspondía a su difunta madre; y 3ro la entrega de estos con ausencia del Padre General
de menores a sujeto de confianza que en calidad de curador o tutor los administre hasta su
debido tiempo”79.

La decisión del juez se basa en muchas de las comunicaciones recibidas por parte de
testigos que afirman que en efecto, existió un trato amoroso entre don Manuel y sus hijos
esclavos ilegítimos, pero más importante aún, nunca se lo ocultó a nadie, ya que muchos
afirmaron “que se que el difunto Duque conoció a la mulatica Maria Ygnacia por su hija
pues siempre se lo oi decir a una el mismo por varios etiquetas que tubo con su hermano
Juan de Dios.”80Este es uno de los tantos ejemplos de esclavos que logran su libertad
dentro del sistema legal aprovechándose de las transgresiones que sus amos o superiores y
que incluso consiguen sacar ventaja de la situación, en este caso económica a través de una
herencia.

Hasta este punto, se han trabajado relaciones amorosas que en su mayoría perseguían un fin
o interés, o que por lo menos no dejaban explícito el hecho de que el afecto entregado o
recibido en su momento no buscaba una recompensa material o beneficios de algún tipo.
Sin embargo, cuando el afecto toma la forma de amistad, las maneras en que este es
expresado y forjado entre dos individuos puede llegar a aportar una nueva forma de
entender las relaciones entre amos y esclavos, e incluso cómo estas tuvieron relación con la
formación de la nueva nación colombiana a comienzos del siglo XIX.

79
AHA, Fondo Colonia, Grupo Negros y Esclavos, Sección Antioquia, Tomo 25, Legajo 37, Folio 17,
Antioquia, 1818.
80
Ibíd. Folio 14.

56
En el año 1822, se presenta ante el tribunal de la ciudad de Antioquia una breve pero
profunda carta, que contiene el relato de la vida de José María Martínez, un hombre que
estuvo esclavizado desde que él puede recordar y pasó a ser adquirido durante su niñez por
noventa castellanos por el que posteriormente considerará como su amigo y amo el Doctor
Faustino Martínez. Junto con él, José María viajará por todo el territorio neogranadino e
incluso llegará hasta Jamaica acompañándolo y sirviéndolo en todo lo que él le solicite.

Según su relato, su interés por el bienestar de su amo es tan profundo que “robado de amor
hacia la familia de mi amo, expuse mi vida por salvar la de su padre el señor Juan Esteban
Martinez en un fuerte acaso que tubo como mayordomo de la fábrica material de esta
santa parroquial Yglecia, yendo al altar que llaman de la virgen en el barrio de Jesus
Nasareno con un Manuel Herrera, vecino del Titiribí que encarnisado con un machete
sobre el, yo después de Dios le di la vida, aunque sali partida la chocosuela de la
rodilla”81

Además de los declarados actos de heroísmo desinteresado hacia la familia de su amo, José
María afirma que su amo durante el viaje que emprendieron a Jamaica “no se cansaba de
repetir, que me llevaba de compañero, y no de esclavo”82. Fue así como durante su estadía
en Jamaica ambos siguieron acompañándose mientras José María continuaba sirviéndole
fielmente; sin embargo, en el momento en que ambos regresan a su tierra natal, las cosas
parecen cambiar ya que Faustino su amo comienza a tratarlo con frialdad y a desconocer
todos sus años de lealtad y asistencia, gracias a esto, José María decide simplemente
abandonar a su amo en Sogamoso y buscar su propia suerte. Fue así como “he andado
volteando; pero en el restablecimiento de la República, asenté plaza de soldado,
funcionando de marinero en el Magdalena sitio de Morales, después de haber vendido mis
servicios subcecivamente desde el primero que hice, recorriendo la costa con mi coronel
José Maria Cordova, quando iba al cabildo de Cartagena, desviándome el teniente

81
Archivo Histórico de Antioquia, Fondo Colonia, Grupo Negros y Esclavos, Sección Antioquia, Legajo 38,
Folio 1, Antioquia (Ciudad), 1822.
82
Ibíd. Folio 2

57
Ventura Correa con sus tropas a cuenta, contramarchando luego a Mompox y entrando en
ambulancias, y diferentes debates militares”.83

La suerte de José María se acaba en el momento en que llega a Magangué y se encuentra


con los parientes del que fue una vez su amo, los cuales ahora trabajan como funcionarios
públicos en la región y reclaman a su esclavo de vuelta a pesar de la muerte de su original
comprador y amo Faustino Martínez, impulsando a José María a escribir esta sentida carta a
las autoridades solicitando que no se le vuelva a reducir a su antigua esclavitud, ya que
según su concepto, el sirvió adecuadamente a su amo por varios años y forjó una buena
relación con este sólo para que él le desconociera sus méritos por lo cual lo dejó; además de
ello, él sirvió por varios años en el ejército bajo el mando de figuras bien conocidas en la
patria lo que le aportaba aún más méritos para mantener su preciada libertad.

No es posible saber de qué manera falló el jurado con respecto a este caso ya que todo lo
que podemos encontrar es la carta que José María envía y que probablemente inicia el
juicio para la cusa de su libertad, sin embargo, a través de ella podemos encontrar muchos
de los elementos de la vida de un esclavo a comienzos de la república sobre todo en lo
referente a sus duras condiciones de vida y a las escasas recompensas recibidas a base de
todo el sufrimiento entregado a la nación.

Pero además de ello, la carta deja plasmado el hecho de que José María llegó a conocer la
amistad de su amo, que junto a ello, él la retribuyó no sólo hacia don Faustino si no a su
familia defendiéndolos y arriesgando su vida por ellos cuando lo necesitaran. Incluso, José
María adopta el apellido de la familia de su amo demostrando así un sentido de pertenencia
hacia los Martínez menos excepcional de lo que se podría llegar a pensar en el contexto
colonial y de comienzos de la república.

De todas maneras es importante agregar que este fenómeno ha sido poco estudiado aunque
se pueden identificar estudios como los de Pablo Rodríguez que llega a mencionar que en

83
Ibíd. Folio 2

58
muchos registros de archivo, sobre todo en testamentos de las ciudades más importantes de
la Nueva Granada, queda plasmado el agradecimiento de muchos amos hacia sus esclavos
por los servicios prestados e incluso por la simple compañía en momentos de soledad o
tristeza; de hecho, plantea como “la costumbre de la posesión de esclavos domésticos era
algo más que una inversión económica. Con demasiada frecuencia los esclavos daban a
sus amos, además de servicios durante toda su vida, compañía y afecto”.84Del mismo
modo en el texto “Esclavitud Región y Ciudad, el sistema esclavista urbano-regional en
Santafé de Bogotá 1700-1750”, Rafael Díaz trabaja el fenómeno del aparente o real
paternalismo que muchos amos demostraban a sus esclavos a la hora de manumitirlos, e
incluso, la manumisión por medio de la caridad de otros vecinos, sobre todo para el caso de
esclavos enfermos o de edad avanzada que podría demostrar cierto tipo de empatía frente a
la difícil situación que atravesaban esclavos tal vez vecinos o conocidos de aquel que
entrega el costo de la libertad por caridad.85

Sería interesante encontrar estudios en donde se refleje la experiencia de vida y amistad de


tanto amos como esclavos a través de la historia de América Latina, sin embargo, hasta el
momento parece que el romance, el matrimonio y las relaciones furtivas son los temas que
ocupan más a los científicos sociales del país cuando se trata de estudiar el afecto en el
mundo colonial ya que las relaciones afectivas de pareja dejaron un legado mucho más
palpable en la sociedad si se toma en cuenta el enorme fenómeno del mestizaje. Ello no
implica sin embargo, que la amistad no haya dejado huellas en la sociedad, de hecho, José
María Martínez a pesar de ser esclavo tuvo un activo papel en el proceso de independencia
de la Nueva Granada, conocía el territorio y sus mares, pero además de todo acompañó a su
amo y familia en sus viajes y los protegió como un amigo haría en situaciones adversas a
pesar de una posterior ingratitud del amo. José María es una muestra de la tremenda
importancia de los vínculos de amistad que los esclavos formaron para la historia de
Colombia.

84
Rodríguez, P. (1997), Sentimientos y Vida Familiar en el Nuevo Reino de Granada Siglo XVIII, Bogotá,
Ariel, p. 288.
85
Díaz Díaz, R. (2001), Esclavitud Región y Ciudad. El sistema esclavista urbano-regional en Santafé de
Bogotá 1700-1750, Bogotá, CEJA, pp. 205-206.

59
En cierta forma, José María a final de cuentas como muchos esclavos está intentando
defender el estatus que ha adquirido a lo largo de su vida a través de su duro trabajo. Es así
como al parecer se generarían entonces dos tipos de visiones a través de la historiografía
del status del esclavo y por lo tanto de las luchas que debía librar, por ejemplo Virginia
Gutiérrez afirma que a lo largo de toda la historia y hasta el siglo XVIII, existieron pocos
cambios en lo referente a la percepción del esclavo como un simple objeto del que se podía
disponer o incluso desechar o vender, sólo hasta finales del siglo XVIII se levantarían
debates referentes al lugar de la sociedad en el tratamiento de los esclavos. 86

Por otro lado, Hermes Tovar y Pablo Rodríguez aseguran que en cierta manera cada
esclavo también se preocupó por la defensa del honor, no sólo propio si no de la familia en
la medida en que para ellos existía de hecho una extensión del honor y buen nombre de la
familia a la que servían sobre ellos, y la respetabilidad de la que gozarían frente a la
sociedad. Junto a ello, se puede afirmar que en casos de injurias de palabra, de hecho o
escándalos por romances, tanto blancos de clases dirigentes como negros esclavizados
defendían su rectitud y buen nombre con el mismo fervor, del mismo modo que se
escandalizaban por las transgresiones de vecinos y familiares 87. De todas maneras, no se
debe olvidar la dimensión racial de la esclavitud, que imprimía en los habitantes un
imaginario de diferenciación entre aquellos de piel oscura y que por lo tanto implicaba que
ellos jamás poseerían el mismo tipo de honor que aquellos de piel más clara y que gozaban
de privilegios.

Esto queda plasmado en el texto de Leonardo Reales en donde él trata sobre la manera en
que los afro descendientes eran tratados y percibidos durante el siglo XIX tomando como
fuente la prensa escrita de la época, que en muchas ocasiones publicaba textos sobre todos
aquellos que participaron de la gesta independentista y que además eran de piel oscura, se
puede apreciar aún el desprecio que se mantenía en el parecer de las personas a pesar de

86
Gutiérrez de Pineda, V. (1999), Miscegenación y Cultura en la Colombia Colonial: 1750-1810, Bogotá,
Universidad de los Andes, Tomo II, pp. 10-28.
87
Tovar, H. (2004), La Batalla de los Sentidos, Infidelidad, Adulterio y Concubinato a Fines de la Colonia,
Bogotá, Fondo Cultural Cafetero.

60
que claramente sin la contribución afro descendiente no hubiera sido posible obtener los
objetivos logrados en la independencia88. Es así como la búsqueda de estatus del esclavo se
encontraría permeada entonces por el elemento de honor del dueño, la búsqueda propia de
respetabilidad dentro de la sociedad, el tinte racial, y además de ello el replanteamiento que
se daba en el momento de la institución de la esclavitud en la sociedad occidental.

A pesar de que la historiografía ha reconocido casi con exclusividad a Padilla como aquél
afro descendiente que contribuyó mayormente a la causa independentista desde el punto de
vista militar, José María fue uno de los muchos esclavos que optaron por ayudar en la gesta
independentista a cambio de su libertad, de hecho, “Los(as) afro colombianos(as) fueron
determinantes para ganar la independencia de España. El caso de Padilla, quien fue
asesinado por el color de su piel, fue quizás el más conocido. Pero nunca se habla de los
soldados afro que murieron luchando por su libertad. Asimismo, las mujeres afro jugaron
un papel no menos importante que ellos” 89. Es así como el servicio a la patria y la lealtad y
amistad hacia los amos, fue otra manera que los esclavizados encontraron y aprovecharon
para conseguir sus tan preciados derechos frente a la sociedad, ello no implica que siempre
fueran reconocidos o que este camino no haya sido peligroso para quienes optaban por él,
sin embargo, en muchas maneras determinó la manera en que la Nueva Granada dejaría de
ser una colonia Española para dar paso a una república nueva.

88
Reales Jiménez, L. La Imagen de la Población Afro Colombiana en la Prensa del Siglo XIX, en: 150 Años
de la Abolición de la Esclavización en Colombia, Desde la Marginalidad a la Construcción de una Nación.
89
Reales Jiménez, L. La Imagen de la Población Afro Colombiana en la Prensa del Siglo XIX, en: 150 Años
de la Abolición de la Esclavización en Colombia, Desde la Marginalidad a la Construcción de una Nación.

61
4. CONCLUSIONES

Lo anteriormente trabajado, demuestra cómo puede existir una enorme diversidad cuando
se trata de relaciones amorosas durante la colonia, y que ciertamente el imaginario común
que establece que el matrimonio era el modelo de conformación familiar por excelencia, no
fue realmente la norma si se habla de clases subalternas y de regiones con escaso control
estatal. Lo que se acaba de mencionar no implica sin embargo, que las castas inferiores
fueran totalmente ajenas al matrimonio o al menos a los ideales establecidos por la iglesia y
los gobernantes. De hecho, en la mayoría de los casos trabajados, los acusados reconocen
abiertamente que el tipo de relación que mantenían no se consideraba correcto o apropiado,
sin embargo continuaban con su relación a pesar de los escándalos rumores e incluso el
prospecto de ser perseguidos por las autoridades y condenados.

A pesar de que los implicados reconocieran su culpabilidad a la hora de relacionarse con


alguien de otra casta e incluso su propio amo, a la larga este reconocimiento sólo exponía
ante la población una de las grandes contradicciones de las tantas existentes en la sociedad
colonial: a pesar de que se incentivaba el amor dentro del matrimonio, este sólo se podía
llevar a cabo si el cónyuge compartía la misma condición racial e hidalguía; es decir, se
obligaba a los individuos de diferentes razas a ser amantes, concubinas y “queridas” con
hijos ilegítimos, muchas veces también esclavizados antes que aceptar verlos oficialmente
casados y con una descendencia legítima ante la sociedad. 90

De esta manera el modelo jerarquizado de la sociedad se mantiene a pesar de las


contradicciones que mantiene en sí mismo y establece códigos de conducta que someten al
esclavo a la autoridad del amo o de cualquiera que se precie de ser superior a él o ella. Pero
a su vez ello no implica que los esclavos se involucraran en una relación sentimental por
obligación u órdenes, de hecho, todos los procesos judiciales trabajados nos mostraron que
los esclavos quebrantaban las reglas bajo su propia voluntad y probablemente conocían lo
que les podía suceder si eran descubiertos. Existe la probabilidad de que en muchos casos el
motor de estas relaciones no fuera el amor en sí mismo si no la búsqueda de mejores

90
Navarrete, C. (noviembre de 2003), “De amores y Seducciones. El Mestizaje en la Audiencia del Nuevo
Reino de Granada en el Siglo XVII, en Memoria y Sociedad, núm. 15, 2003, pp. 91-99.

62
posibilidades o la libertad propia o de los descendientes, y este es precisamente el aspecto
más estudiado de las relaciones afectivas de los afro descendientes. Sin embargo el hecho
de que las relaciones de tipo más desinteresado no se hayan trabajado demasiado dentro de
la historiografía, no quiere decir que no hayan existido o que no hayan sido importantes
para la historia de Colombia.

El mismo tipo de observación se podría aplicar cuando nos referimos a la amistad también
como forma de entregar afecto, siendo en nuestro caso el protagonista el esclavo y
posteriormente soldado José María, un hombre que a través de su vida no sólo entregó sus
servicios a la patria sino que además logró cultivar una sincera amistad con su amo y la
familia de este a pesar de que todo terminara en los juzgados. Su ejemplo demuestra cuán
poderosa puede ser la amistad como motor de cambios en nuestra historia, y sin embargo,
los estudios sobre la amistad y los vínculos de este tipo formados en la colonia,
prácticamente no existen o han sido tomados en cuenta a la hora de construir una historia
colonial; sería importante por lo tanto, llamar la atención acerca de este vasto campo
temático prácticamente inexplorado y que ofrece enormes oportunidades para la
historiografía en cuanto a hallazgos y reinterpretaciones de la manera en que los individuos
en la colonia se relacionaban social y afectivamente.

A pesar de hallar un vacío en el tema anteriormente mencionado, es importante mencionar


que si fue posible encontrar un interesante número de estudios que trabajan al mundo
colonial desde lo afectivo, y que de hecho ayudaron enormemente a dar un sentido a la
historia de vida de cada uno de nuestros protagonistas. De hecho, observando a la
esclavitud desde un ángulo general, hubiera sido imposible entender las dificultades de
cada proceso y los escándalos románticos sin tomar en cuenta esa sumisión que se esperaba
de los afro descendientes hacia sus amos o cualquiera que se preciara de superior a ellos,
incluso ya entrado el siglo XIX y a puertas de la manumisión, la prensa escrita seguía
publicando artículos en donde se justificaba la marginación e inferioridad de los afro
descendientes con respecto al resto de la comunidad.

63
La interesante contradicción que se puede apreciar aquí es que para las décadas que se
trabajaron en esta monografía, los esclavos ya presentaban en buena cantidad sus denuncias
contra amos abusivos, exceso de trabajo, falta de manutención e incluso, en los casos
trabajados, muchos de ellos declaraban directamente ante el tribunal en el momento en que
se les imputaron crímenes, uno de ellos llega tan lejos como para huir riendo de la supuesta
escena del crimen cuando el alcalde ordinario de segunda nominación decide hacer una
ronda en la casa de su amante María Ignacia Duarte. Estos gestos de rebeldía de todas
maneras no son exclusivos de finales de la colonia, de hecho, el individuo esclavizado
siempre buscó generar espacios en donde este escapara a las presiones y el dominio a los
que la sociedad lo mantenía sometido, ejemplos de ello fueron los bailes, bundes y fiestas
en los montes, el cimarronaje e incluso los crímenes aquí tratados y aquellos de índole
violenta o intimidatoria.

A final de cuentas, nuestros personajes Salvador Bran, María Teresa Castro, José María,
María Ignacia Duarte, Esteban Miranda, María Zapata, Juan Antonio, Josefa Herrera,
Vicente Tamayo, entre otros; nos demostraron que a pesar de la aparente sencillez de la
vida rural antioqueña, especialmente para las clases bajas, sí existieron espacios en los que
todos ellos pudieron vivir el riesgo, el amor, el secretismo pero sobre todo la pasión
desenfrenada y la libertad de entregar y/o recibir amor de maneras no establecidas y en
momentos no apropiados.

Cada uno de ellos decidió tomar las riendas de su vida en lo que muchos pensarían podría
haber sido una sociedad conformista y llena de dificultades especialmente para aquellos de
origen humilde, y a pesar de haber sido capturados, sus historias y modos de
comportamiento demuestran que muchos más pudieron haber incurrido en estas prácticas
sin nunca ser capturados o tan siquiera denunciados o descubiertos, es decir que
probablemente nunca podremos medir la magnitud del fenómeno de los amoríos secretos,
los encuentros ocasionales e incluso de los concubinatos; sin embargo si nos queda la
certeza de que siempre estuvieron allí y en formas como el mestizaje o la resistencia a las
autoridades pudieron darle un tinte hasta ahora poco estudiado a la historia de las colonias
latinoamericanas y a la historia general de Colombia.

64
5. BIBLIOGRAFÍA

1. Lavrin, A. (coord.), (1991), Sexualidad y Matrimonio en la América Hispánica


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Siglo XVIII, Bogotá, Ariel
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Transgresión de un Viejo Ideal de Mujer”, en Memoria y Sociedad, vol. 10, núm.
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Bogotá, Ediciones Uniandes.
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18. Patiño Millán, B. (1994), Criminalidad, Ley Penal y Estructura Social en la
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19. Foucault, M. (1984), Vigilar y Castigar, Nacimiento de la Prisión, México, Siglo
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23. Ginzburg, C. Tedeschi, J. Tedeschi, A. (otoño 1993), “Microhistory: Two or Three
Things That I Know About It”, en Critical Inquiry, vol. 20, núm. 1.
24. Hünefeldt, C. (1992), LasManuelos, Vida Cotidiana de Una Familia Negra en el
Siglo XIX, Lima, IEP.

5.1. Archivos consultados

1. Archivo Histórico de Antioquia, Fondo Colonia, Grupo Negros y Esclavos, Sección


Antioquia, Tomo 17, Legajo B99 1800-1810, Folios 42736.
Lugar y Fecha: Antioquia (ciudad) 1803-1809.

66
Resumen: Causa criminal contra Salvador Bran, esclavo del presbítero don José
Sinforoso Upegui cura de Cañas Gordas, por relaciones ilícitas con María Teresa
Castro, mujer libre y casada.

2. Archivo Histórico de Antioquia, Fondo Colonia, Grupo Negros y Esclavos, Sección


Antioquia, Tomo 10, Legajo B95 1780-1800, Folios 38261.
Lugar y Fecha: Antioquia (ciudad) 1795.
Resumen: Causa criminal contra María Ignacia Duarte por concubinato con José
María, negro esclavo de José Pablo Torres.

3. Archivo Histórico de Antioquia, Fondo Colonia, Grupo Negros y Esclavos, Sección


Antioquia, Tomo 13, Legajo B46 1800-1810, Folios 41275.
Lugar y Fecha: Antioquia (ciudad) 1802-1803.
Resumen: Causa criminal contra Juan Estevan Miranda, soltero, por relaciones
ilícitas con María Zapata, casada, esclava de don José Ignacio Pajón y Pardo
Alcalde ordinario de segunda nominación.

4. Archivo General de la Nación, Fondo Colonia, Grupo Negros y Esclavos, Sección


Antioquia, Tomo VI, Legajo 6, Folios 628-703.
Fecha: 1803
Resumen: Vicente Tamayo, vecino que fue de la ciudad de Antioquia, liberación
que concedió a sus hijos, que había tenido en una esclava; petición de ellos para que
se cumpliera dicha liberación.

5. Archivo Histórico de Antioquia, Fondo Colonia, Grupo Negros y Esclavos, Sección


Antioquia, Tomo 25, Legajo 37, Folios 395-419.
Lugar y Fecha: Antioquia (ciudad) 1815-1820.
Resumen: La esclava María Ignacia Duque solicita su libertad por haberla
reconocido como hija su amo don Manuel Duque.

67
6. Archivo Histórico de Antioquia, Fondo Colonia, Grupo Negros y Esclavos, Sección
Antioquia, Tomo 4, Legajo 38, Folios 409-412.
Lugar y Fecha: Antioquia (ciudad) 1822.
Resumen: José María Martínez solicita su libertad por sus buenos servicios a don
Faustino Martínez y por haber luchado al lado del coronel José María Córdova.

68
6. ANEXO

Mapa de la Provincia de Antioquia, 1809 (Fondo Pineda, Biblioteca Nacional, Bogotá)

69

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