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LOS ACCIDENTES DE TRÁNSITO Y EL SOAT

Escriben: Alyssa Kiabet Rondón Medina


Abogada Asociada a U&R Consultores. Especialista
en Derecho Civil y Derecho del Consumo.

Oscar Alberto Uribe Amorós


Profesor de Derecho Civil y Economía. Posgrado en Contratación Comercial,
Financiera e Internacional en la Universidad Castilla La Mancha, España.
Asociado a U & R Consultores.

No existe día que no tomemos nota de un accidente de tránsito propalado por un medio
de comunicación, o que sea noticia a través de las redes sociales, o debido a que lo
presenciamos, en su origen o en sus consecuencias, en nuestro devenir diario, teniendo
una incidencia directa, si es un familiar la/s víctima/s, e indirecta, si compromete a una
persona y/o familia ajena.

Ante ello, la natural interrogante que surge es: ¿porque se dio este evento? y empiezan a
revolotear en nuestra mente, como quien busca alcanzar la verdad última, junto con la
preocupación y solidaridad con las víctimas, las probables hipótesis típicas que habrían
causado este hecho y que están agrupadas en las siguientes acciones:

a) atribuibles al conductor, como el exceso de velocidad, la ebriedad de este, el exceso


de carga, el mal estacionamiento del vehículo, la invasión de carril, entre muchas otras
que podrían confluir en una imprudencia y/o impericia y/o negligencia del conductor, en
el entendido que la impericia es un desconocimiento de las habilidades para conducir
vehículos que tengan propulsión propia, así como los remolques acoplados, casas
rodantes y otros similares que aun careciendo de esta propulsión, son halados por un
vehículo automotor que si cuenta con ella; asimismo, la imprudencia es entendida,
usualmente, como la no toma de precauciones que evitan un riesgo, con relación a un
automóvil y una negligencia es considerada como la inobservancia objetiva de los deberes
propios de todo conductor, propietario del vehículo y, de ser el caso, prestador del servicio
de transporte terrestre, que, por el solo hecho de ostentar esta calidad, es solidariamente
responsables frente a los daños y perjuicios causados.
b) atribuible al vehículo, esto es, fallas mecánicas y/o estructurales que pueden incluir
hasta las deficiencias en el sistema eléctrico y cualquier otra que incida directamente,
unida al funcionamiento del automóvil;

c) atribuibles a la propia imprudencia de la víctima, las cuales no son pocas sino – por el
contrario – pareciera que se van incrementando en número, puesto que estas comprenden
acciones que se materializan en el espacio más cercano de las personas como el transitar
del peatón, sin respetar los cruces peatonales o señales de tránsito o el caminar distraído
revisando, por ejemplo, su celular;

d) pueden existir también causas atribuibles a circunstancias medioambientales que


contribuyan al accidente o determinen este, como una pista en mal estado, una
señalización defectuosa o inexistente y las consideraciones propiamente características
de una difícil geografía, como sucede en nuestro país, y, por último, pero no menos
importante,

e) también podría acontecer que, en excepcionales situaciones, existan determinados


eventos que no identifiquen –contundentemente– el hecho primigenio causante del suceso
de tránsito.

En todos y cada uno de estos supuestos, queda claro que tenemos víctimas que atender.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha establecido que el cuerpo humano tiene
una capacidad conocida y limitada de tolerar impactos vehiculares de hasta 30 km/h,
siendo que la probabilidad de sobrevivir asciende hasta un 90%. Pero si en un atropello
el vehículo alcanza los 50 km/h, estaríamos ante un supuesto equivalente a una caída
desde un cuarto piso de un edificio, con casi nula probabilidad de salir ileso.

Pero el escenario postsuceso de tránsito es, en la actualidad, no solo obscuro y,


penosamente burocrático sino que, a veces, puede ser más gravoso que el evento dañoso.

Partamos de hechos concretos, la Ley 27181 – Ley General de Transporte y Tránsito


Terrestre prescribe, en su artículo 30.1, que:

(…) todo vehículo automotor que circule en el territorio de la República debe contar con
una póliza de seguros vigente del Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito – Soat o
certificados contra accidentes de tránsito – CAT, que contengan términos equivalentes,
condiciones semejantes o mayores coberturas ofertadas que el Soat vigente, en cuyo caso
las asociaciones de fondos regionales o provinciales contra accidentes de tránsito –
AFOCAT entregarán el certificado; y además el distintivo que acredita la vigencia del
mismo, y serán destinados exclusivamente a vehículos de transporte provincial de
personas, urbano e interurbano, incluyendo el transporte especial de personas en moto
taxis que presten servicios al interior de la región o provincia, que sólo tendrán validez
dentro de la respectiva circunscripción de funcionamiento (…).

Con ello, el legislador ha establecido una regla, categórica y contundente, según la cual
todo vehículo automotor debe contar con un Seguro Obligatorio de Accidente de Tránsito
(comúnmente denominado Soat) para viabilizar su circulación además de constituir, su
inobservancia, un flagrante infracción.

¿Qué es el seguro obligatorio de accidentes de tránsito (Soat)?

Conocer las siglas de un término no significa conocer la institución jurídica que contiene
y la finalidad y objetivo que está detrás.

Efectivamente, el Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito (Soat) es un contrato de


seguro que busca coberturar específicos riesgos derivados de un suceso de tránsito que,
al amparo del art. 28 del TUO del Reglamento Nacional de Responsabilidad Civil y
Seguros Obligatorios por Accidentes de Tránsito (Decreto Supremo 024-2002-MTC)

(…) actúa bajo la modalidad de un seguro de accidentes personales y cubre los riesgos
de muerte y lesiones corporales que sufran las personas, sean ocupantes o terceros no
ocupantes de un vehículo automotor, como consecuencia de un accidente de tránsito en
el que dicho vehículo haya intervenido (…).

Según la norma referida, su objetivo es asegurar la atención, de manera inmediata e


incondicional, de las víctimas de accidentes de tránsito que sufren lesiones
corporales o muerte. El Soat no solo tiene por finalidad reparar el daño causado al
asegurado y a los ocupantes de un vehículo, sino también a los peatones
(transeúntes) que, en simultáneo y como consecuencia del evento, pudieran verse
afectados por un accidente de tránsito.

Por ende, al constituirse un seguro contra accidentes personales, brindará cobertura –


únicamente– ante la muerte y las lesiones personales que sean causa directa de un suceso
de tránsito, sea que estas personas hayan o no ocupado el vehículo asegurado. Asimismo,
la cobertura del Soat, a la fecha, tiene como referencia de montos a la UIT, la cual alcanza
la suma de S/. 4200.00, con ello, los valores referenciales, actualmente, son:

a) Muerte: S/ 16 800.00 (4 UIT)

b) Invalidez permanente: Hasta S/. 16 800.00 (4 UIT)

c) Incapacidad temporal: Hasta S/. 4 200.00 (1 UIT)

d) Gastos médicos: Hasta S/. 21 000.00 (5 UIT)

e) Gastos de sepelio: Hasta S/.4 200.00 (1 UIT)

¿Los montos legales, antes aludidos, serán suficientes para coberturar cabalmente
un suceso de tránsito?

Haciendo una rápida evaluación de los mismos podremos concluir que la respuesta
negativa es –lamentablemente– evidente, puesto que todo daño causado o derivado de un
accidente de tránsito, depende –en su cuantificación asegurativa– de, cuando menos, tres
factores fundamentales, a considerar dentro del análisis global del evento, a saber:

1) el número de víctimas del accidente;

2) la gravedad de las lesiones de los mismos y, por si ya no fuera bastante,

3) el lugar donde es atendida la emergencia.

Efectivamente, el número de víctimas es un elemento importante, toda vez que al ser el


Soat un contrato de seguro, cobertura daños a terceros, sin reparar en el número de ellos,
pudiendo ser uno o veinte las personas que se encuentran calificadas como víctimas del
mismo accidente. La gravedad de las lesiones es otro factor concomitante, en la
evaluación de los hechos dañosos, toda vez que múltiples excoriaciones o laceraciones
no se equiparan, en gastos de tratamiento, a lesiones musculares serias, aberturas
craneales, etc.
Es más, dentro de este factor, la edad de la víctima también incide, puesto que un proceso
reconstitutivo no es idéntico si el paciente es joven a si es un adulto mayor. Incluso, a ello
se suma, el criterio de funcionalidad del cuerpo, puesto que acaecido un accidente de
tránsito, la orientación de las aseguradoras y del staff médico tratante es, por lo general,
orientado al retorno de la funcionalidad del cuerpo, dejando de lado elementos tan
importantes como la fisonomía original e integral de la víctima, esto es, que en la
actualidad poco importa si el impacto mayor del accidente incidió en tu rostro o en tu
pierna, no habrá cobertura si, para ellos (aseguradora y médicos tratantes), la lesión está
considerada dentro del rubro de lo estético.

Y aunque parecería ser un extremo irrelevante, especialmente cuando se tiene una


emergencia que requiere de un centro de salud (cualquiera) y atención médica inmediata,
no es de menor importancia el resaltar que el ingreso a una clínica particular genera
facturaciones exorbitantes por día de atención y que requieren, además de saber
sobrellevar la preocupación propia sobre el estado de salud del paciente, también exigen
una dosis extra de paciencia, por el discurrir oficinesco de la clínica y un minucioso
control de ingresos y egresos con cargo al Soat y toda la parafernalia burocrática que se
puede crear y encontrar detrás de estas, como lo es la emisión de cartas de garantía con
montos limitados y específicos de consumo, que muchas veces alcanzan al costo de una
única cita y deben volverse a tramitar, de tal suerte que es un mismo trámite se repite, sin
sentido, una y otra vez, en el devenir del tiempo.

Si bien es cierto que el artículo 8vo del TUO del Reglamento Nacional de
Responsabilidad Civil y Seguros Obligatorios por Accidentes de Tránsito, prescribe que
la cobertura del seguro por cada víctima de un accidente de tránsito se encuentra limitada
a los montos previstos en el presente Reglamento; también lo es que, en la práctica, existe
una soterrada intención de minimizar las daños derivados del suceso de tránsito, lo cual
pone evidencia la especial burocratización de los trámites, como ya hemos indicado, que
suele ser común en la obtención de las cartas de garantía para la obtención de una cita
médica o de un tratamiento médico o, incluso, de la obtención de medicinas en farmacia.

Por otro lado, el artículo 15° de la norma antes referida, establece, además, que de
producirse un accidente de tránsito, el conductor, propietario del vehículo o de ser el
caso el prestador del servicio de transporte, está obligado a dar aviso por escrito a la
compañía de seguros, salvo caso de impedimento debidamente justificado.
Asimismo, deberá dejar inmediata constancia en la delegación de la Policía Nacional
del Perú más cercana, exhibiendo el certificado del seguro correspondiente; sin
embargo, lo que vemos en la realidad, es que suele ser la misma víctima o sus familiares,
quienes reportan el acontecimiento del evento dañoso a la Policía, así como informan de
las circunstancias del suceso de tránsito y de los medios probatorios orientados al
esclarecimientos de los hechos, guardando – incluso – registro del evento dañoso, de entre
los testigos, para fines disímiles a los de la aseguradora y sin que haya una interconexión
entre estas.

Como hemos indicado, acaecido el accidente de tránsito, se abren dos escenarios distintos,
uno, referido a la atención del paciente y el restablecimiento de su salud y otro, referido
a las relaciones contractuales que surgen entre la víctima y su familia para con la o las
aseguradoras y el centro médico de atención. En este sentido, la ley dispone que las
víctimas de un accidente de tránsito y sus beneficiarios tendrán acción civil contra la
compañía de seguros, en caso de incumplimiento de las obligaciones indemnizatorias, no
siéndoles oponibles las excepciones que ésta pueda alegar contra el tomador del seguro
que se basen en hechos o circunstancias imputables a este último (art. 16).

Además, es importante resaltar que en caso de accidentes de tránsito en que hayan


participado dos o más vehículos, cada compañía de seguros será responsable de las
indemnizaciones correspondientes a las personas transportadas en el vehículo por ella
asegurado (primer párrafo del art. 17). En caso de peatones o terceros no ocupantes de
vehículos automotores, las compañías de seguros intervinientes serán responsables
solidariamente de las indemnizaciones que correspondan a dichas personas o sus
beneficiarios, en este caso, la compañía de seguros que hubiere pagado tendrá derecho a
repetir contra las demás para exigirles su correspondiente participación sin perjuicio de
los convenios que para el efecto puedan celebrar las compañías de seguros involucradas.
(2° y 3° parte del art. 17).

Esta es una acción civil y de contenido patrimonial, derivada de un contrato, en donde el


derecho de solicitar a la compañía de seguros el pago de indemnizaciones o beneficios
que se derivan del Soat prescribe a los 2 años contado a partir de la fecha en que
ocurrió el accidente de tránsito. Este plazo no afecta la prescripción establecida por el
Código Civil para que, en vía de acción, la víctima o sus beneficiarios puedan cobrar la
indemnización que corresponda de quien sea civilmente responsable o, de ser el caso de
la compañía de seguros (art. 18), siendo importante destacar que el derecho que
corresponda a las víctimas o sus beneficiarios, no afectará al que se pueda tener, según
las normas del derecho común, para cobrar indemnizaciones de los prejuicios de quien(es)
sea(n) civilmente responsables del accidente, de donde es lógico concluir que el pago
recibido, como consecuencia del SOAT no implica un reconocimiento ni una presunción
de culpabilidad del propietario o conductor del vehículo asegurado o prestador del
servicio de transporte y, por lo mismo, tampoco servirá como prueba en tal sentido, en
caso de ejercitarse acciones civiles o penales, quedando vigente si, la posibilidad de
imputación o deducción, de la obligación de cargo del propietario o conductor del
vehículo asegurado o prestador del servicio de transportes, por los pagos indemnizatorios
efectuados en virtud del contrato de seguro.

¿Qué hacer cuando nos dan la noticia que una persona es víctima de un suceso de
transito?

En principio, sería útil seguir los siguientes pasos:


i) conocida la ocurrencia del accidente de tránsito, se debe dar aviso inmediato a la
autoridad policial y a algún servicio de atención de emergencia médica. De otro lado, la
Policía tiene dos funciones esenciales, el auxilio inmediato de las personas, brindando las
facilidades necesarias para la asistencia de las víctimas y, por el otro lado, la
identificación de los involucrados en el suceso de tránsito, lo cual se suma a su labor de
describir e identificar, de forma cabal, del elemento dañante, así como comunicar –sin
solución de continuidad– a la compañía de seguros respectiva, sobre los hechos acaecidos.
ii) con relación a las víctimas, estas serán conducidas a los establecimientos de salud
públicos o privados más cercanos, y estos, a su vez, tendrán que atender obligatoriamente
a las víctimas de accidente de tránsito, con cargo al Soat, cuya contratación será
acreditada con el Certificado del Seguro y/o Calcomanía adherida al vehículo.

iii) Es indispensable contar con la Copia de la Denuncia Policial, en la que conste la


ocurrencia del accidente de tránsito. Este documento es otorgado por la dependencia de
la Policía Nacional del Perú de la jurisdicción en la que ocurrió el accidente de tránsito.

iv) En caso de muerte, la aseguradora pagará directamente las facturas a la funeraria que
haya atendido a la víctima. Si el asegurado realizó los gastos de sepelio, presentará a la
compañía de seguros la boleta y la aseguradora realizará el reembolso;

v) para el caso del reembolso de los gastos médicos, suele ser común, tener a disposición
inmediata: a. Copia DNI de la víctima y del solicitante. b. Copia de la partida que acredite
el parentesco con la víctima, o representación. c. Copia certificada de denuncia
policial. d. Certificado médico y/o copia de la historia clínica. e. Originales de los
comprobantes de pago.

Cuando se trata de pagos de indemnizaciones derivadas del contrato de seguro de Soat,


estas se harán sin investigación ni pronunciamiento previa de autoridad
alguna, bastando la sola demostración del accidente y de las consecuencias de
muerte o lesiones que originó a la víctima o víctimas, de conformidad con los
documentos requeridos, independientemente de la responsabilidad del conductor,
propietario del vehículo, causa del accidente o de la forma de pago o cancelación de la
prima. Estas indemnizaciones se deberán pagar, al beneficiario, dentro del plazo de diez
(10) días siguientes a la presentación de los documentos que acrediten la ocurrencia del
accidente de tránsito y las consecuencias de muerte y/o lesiones corporales que éste haya
ocasionado a las víctimas.

Si el monto indemnizatorio no es cobrado será trasladado al fondo de Compensación del


Soat, el cual es administrado por el Ministerio de Transporte y Comunicaciones, siendo
el fondo que cubre los gastos médicos de las víctimas de un accidente con fuga de
vehículo. Lo que pone en evidencia que, en todo supuesto, una víctima de un accidente
de tránsito debe ser atendida e indemnizada con cargo al Soat.

Para el pago de la indemnización por incapacidad temporal del ocupante o tercero no


ocupante del vehículo automotor, se deberá presentar a la Compañía de Seguros los
siguientes documentos:

a) Certificado médico expedido por el médico tratante que acredite la incapacidad


temporal, donde se consigne que ella tiene su origen en un accidente de tránsito. En este
certificado se deberá identificar a la víctima con nombre completo, DNI u otro documento
de identidad.

b) Certificado policial otorgado por la dependencia de la Policía Nacional del Perú de la


jurisdicción en la que ocurrió el accidente de tránsito, en el cual se consignarán los datos
del accidente de tránsito señalados en la ocurrencia policial respectiva.

El monto de la indemnización por incapacidad temporal será equivalente a la treintava


parte del monto establecido para este beneficio por cada día.