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Captive Audience

Chloe Cole
1
Agradezco el esfuerzo que han hecho, ya que se han quitado horas de
sueño y de su tiempo de lectura para terminar este libro para Letras de
Corazón, gracias amigas por todos sus esfuerzos, qué dios me las
bendiga…Os quiero.

Mistral

La Nena

Alexa

ℓσвα ¢σяαzση ∂є ∂яαgση

ℓσвα ¢σяαzση ∂є ∂яαgση


P@ndor@

Quiero agradecer a toda la familia de Letras de Corazón, por


todo su apoyo y comprensión... Os quiero con cariño…
ℓσвα ¢σяαzση ∂є ∂яαgση
PD: Dios me las bendiga a todas

2
Argumento
Desde la escuela secundaria, Mickey ha sido una
chica muy buena. Cediendo a los deseos de su madre,
ella se transforma en una simple chica, ocultando su
sexualidad floreciente, ya que los chicos sólo desean
una cosa. Sin embargo, una parte de ella que esta oculta
y que no puede enterrar, anhela algo más.
En la prisión del Condado está encerrado durante
treinta días Jake Thompson, por una pelea en el bar,
el solo quiere cumplir su condena y salir{ hasta que
recibe una visita de la Oficial Michaela Grace. Él ve
en ella una mujer ardiente en su interior, y no se
detendrá hasta conseguir esa parte que ella oculta.

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ÍNDICE
Capítulo 1……………………………5

Capítulo 2……………………………12

Capítulo 3……………………………16

Capítulo 4…………..……….………22

Capítulo 5…….….………….………27

Capítulo 6……………………………33

Capítulo 7……….……..……………37

Capítulo 8……………..…….………43

Capítulo 9……………..….…………48

Capítulo 10……………..……………65

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Capítulo 1
M ichaela Grace se paró frente al espejo de su
habitación, hizo una mueca de dolor cuando
aplasto sus pechos 36D en un sujetador 34C. El
sujetador que no era realmente color blanco sino como el color
del queso cottage, era horrible. Ella supuso que era casi tan
cómodo, como era de esperar, dado que su función primordial
era aplanar los senos poco favorecedores.

Se puso un pequeño bikini negro de encaje. Las sexy


bragas eran su indulgencia. Nadie sabía, pero eran su pequeña
rebelión que la hacía sentir mejor, como si alguna parte de
ella estuviera bonita, aunque nadie pudiera verlo. Rápidamente
se puso una conservadora camisa azul oscuro y los pantalones
azul marino a juego que intencionalmente se había comprado
dos tallas más grandes. Para completar el uniforme se puso el
sombrero azul marino sobre su larga cabellera oscura y que los
zarcillos estuviesen apretados firmemente.

Metódicamente se ató el cinturón, se puso el bastón de


mando en la funda y se fue corriendo por las escaleras,
comprobando en su bolsillo su tarjeta de identificación camino

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abajo. Cogió las llaves y se calzo los absurdos zapatos de
suela gruesa, y se dirigió a la puerta.

Mickey hizo el trayecto en quince minutos,


estacionándose en la prisión del condado de Chester. Se miró
en el espejo retrovisor por última vez, se puso los anticuados
lentes de carey y se dirigió hacia el interior del gran
edificio gris al Bloque C, asintió con la cabeza y saludo con la
mano a varios de sus compañeros de trabajo
predominantemente masculinos, que apenas le daban una mirada.
Entro en la sala de control cuando el sargento Manny
Guerrera salió.

—Hola sargento.

— Hola Mick, ¿Cómo te va? — respondió el con una


sonrisa fácil.

— Bastante bien. ¿Cómo están los niños hoy? — pregunto


refiriéndose a los reclusos que supervisaban. Ellos no solían
tener problemas con los presos en el condado de Chester. La
mayoría estaba allí, por violar la libertad condicional o faltas
menores y cumplían condenas cortas.

— Tranquilos, no mucha acción. Esperamos que se


comporten esta noche. Tienes un chico nuevo en 742, por
pelear en un bar, tipo grande, pero no ha dado ningún
problema hasta ahora.

Con eso se acercó y le dio las llaves del bloque. El


firmo su salida de su día y ella de entrada, para comenzar
su turno de ocho horas.

—Te veré mañana, se buena. — dijo Manny con un guiño y


dejo el cuarto, cerrando detrás de él.

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Realmente le gustaba Manny. Era un tipo realmente
agradable y él estaba presionando para que la promovieran a
sargento cuando hubiera una vacante.

El padre de Mickey había sido oficial de policía


durante treinta años, antes de retirarse. Ella esperaba seguir
sus pasos mediante la obtención de una posición en la
codiciada Unidad de homicidios. Por el momento, estaba
trabajando como oficial correctivo en la noche e iba en la
escuela de posgrado durante el día para obtener su maestría
en la justicia penal. El grado, junto con su experiencia en la
cárcel y con suerte, su ascenso a sargento, aseguraría su largo
camino hacia la carrera que ella quería.

Se sentó, mirando las cámaras. Todo estaba como


debería de ser. Todos los presos estaban confinados en sus
celadas de lectura, escribiendo cartas o durmiendo una siesta.
Miro a la cámara de la esquina que le daba la vista de la
celda 742. El nuevo prisionero estaba en su cama, acostado
con las manos cruzadas detrás la cabeza. Mientras miraba, el
comenzó a hacer abdominales. Ella apretó un botón, para
acercar la imagen.

Oh, él era magnifico. La piel oscura, hombros anchos, los


muslos como troncos de un árbol. Amplio más la imagen,
mordiéndose el labio. Él estaba todo duro, con la cara tensa
y Mickey embelesada mientras él seguía haciendo
abdominales por cinco minutos completos, le dolía el estómago
con solo observarlo. Sus abdominales deben ser como una
piedra, pensó.

El preso se detuvo bruscamente, se sentó, se desabrochó


la camisa y la tiró sobre la cama. El corazón de Mickey
comenzó a latir un poco más rápido cuando vio su pecho y
brazos desnudos. Si él había parecido caliente con su camisa,

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sin ella estaba que incendiaba. Un brillo de luz de sudor
cubría su piel morena. Los músculos finamente esculpidos
cortados con líneas verticales a ambos lados de su estómago,
desaparecían en los pantalones de algodón azul claro colgados
precariamente bajo sus caderas. Ella tragó saliva, con la
garganta seca de repente.

Él se puso de pie, volviéndose hacia la cama. Mickey


silbaba bajo su respiración mientras ponía su vista en su
espalda desnuda. Delicioso. Los amplios hombros, afilados
abajo en una cintura delgada, y un culo tenso y jugoso. La
cara de Mickey se quemó. Ella tomo un respiro tembloroso y
trato de calmarse. Ya no era más esa persona, la niña traviesa
que albergaba pensamientos enfermos y oscuros deseos. Ahora
estaba en un camino diferente, uno que conducía al
cumplimiento y estabilidad intelectual. Su deseo sexual
desenfrenado pero no correspondido había hecho nada más
que causarle dolor.

Mickey había tenido una especie de florecimiento


tardío. A lo largo de un verano sus pechos habían surgido
grandes y pesados, sus piernas juguetonas se convirtieron en
bien torneadas, y sus mejillas suavemente redondeadas
tomaron una forma más delgada. Su madre, Kitty, se había
horrorizado cuando vio el cambio. En su pánico, le había
agarrado a Mickey su melena de pelo de marta y le
había hecho un corte aserrado, al mismo tiempo
refunfuñando en voz baja acerca de la vanidad y los
muchachos que sólo quieren “una cosa”. Sin embargo para
consternación de Kitty, el corte no hizo nada para menoscabar
el encanto de Mickey, solo acentúo su cara en forma de
corazón. Determinada a mantener a su hija a salvo de los
avances, Kitty, tiro toda la ropa de Mickey y obligo a la
muchacha a utilizar la ropa más anticuada que pudo encontrar,

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insistiendo en que ocultara sus pechos y minimizara su
atractivo.

Pronto todos se olvidaron de que Mickey había sido


algo especial y volvieron a sus propias vidas. Pero mientras ella
podía domar su apariencia, no podía dominar su curiosidad. Ya
que su madre apenas le permitía salir de la casa y tener un
novio estaba fuera de toda cuestión, ella aprendió sobre el
sexo por Internet. Estaba fascinada, no, cautivada, y mirar
sin tocar se convirtió en algo insoportable impulsándola a
tientas a masturbarse con sentimientos de culpa. Nunca podía
olvidar las advertencias de su madre, recordándole
constantemente. “las chicas buenas no hacen eso”.

Y las chicas buenas sin duda, no mirarían a los chicos


malos medio desnudos hacer ejercicios.

Con un suspiro de pesar, se volteo decididamente fuera


de la visión de la cámara destinada a la celda 742 y su
delicioso habitante y comenzó hacer unos trámites de
traslados que deberían hacerse al día siguiente, pasando el
tiempo hasta la hora de la comida.

Cuando dieron las cinco de la tarde, se encontró con su


compañero de sección, Rich Sarguchi, que trabaja al otro lado
del bloque C, estaba permitido que las mujeres trabajaran en
el bloque de los hombres, el director siempre se aseguraba de
que si había una mujer trabajando en un lado del bloque,
hubiera un hombre del otro lado. Mickey no sabía si sentirse
alivia o molesta por el doble significado, por lo que optaba por
ignorarlo.

Una vez que sonó la campana de la cena, ella y Rich


tenían que ir a todas la celdas y abrir las puertas para los
presos. Juntos, caminaban cuidando a los reclusos que iban en

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línea hacia la cafetería y velar por ellos mientras comían.
Entonces, los llevaban a las celdas de recreo para que vieran
televisión o el computador.

Como Rich caminaba de un lado del bloque, Mickey iba


por el otro, acercándose a la celada 742. El estómago le dio
un salto, buscando la llave e insertándola.

— Hola{ Thompson. — grito ella leyendo su nombre en el


portapapeles. Mi nombre es el Oficial Grace, sal para que
comas.

— Claro que si Oficial Grace. — dijo una voz profunda


y arrastrando las palabras, desde el más lejano rincón de la
pequeña habitación. Se puso de pie y se movió hasta quedar a
la vista por completo. El aliento de ella quedo atrapado por
completo en su garganta, cuando lo vio de cerca, Era enorme,
más de seis pies de alto, pensó. Ella mantuvo la mirada de
firmeza en su rostro para evitar babear. Cuando él la miro,
con los ojos entrecerrados, parecía que se tomaba su tiempo
mirando su uniforme mal ajustado, desde su sombrero hasta
sus sensible zapatos hasta que su cálida mirada se posó en su
rostro. Después de mirar sus labios por un momento largo, le
dedico una mirada sardónica que desapareció tan rápido como
había llegado.

— Me gusta su uniforme, Oficial. — dijo con expresión


grave.

— Gracias Thompson. — contesto, una descarga de ira


dio color a sus mejillas. — Me gusta también el tuyo. El azul
de la prisión es tu color. Ahora basta con la charla. Vayamos
a la comida, ¿de acuerdo?

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Ella giro en sus talones y se dirigió a la siguiente celda,
dejando a Sarguchi para que tomara la parte de atrás de la
fila Podía jurar que sentía la caliente mirada de Jake
Thompson en la espalda mientras se alejaba y se maldijo por
desear que sus pantalones le ajustaran mejor.

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Capítulo 2
J
ake Thompson vio la retirada del Oficial Grace
con atención absorta. ¿A qué demonios estaba
jugando esa mujer?, Claramente ella tenía un
cuerpo formidable bajo ese ridículo uniforme. ¿Porque trataba
de ocultarlo? Y su cara, sus labios. El sintió sus pantalones
apretarse cuando se fijó en sus labios. Jugosos y llenos, el de
arriba un poco menos que el de abajo. Se preguntaba que se
sentiría{

Se aclaró la garganta, trato de desviar sus pensamientos.


No podía andar con una gigante erección en sus pantalones
delgados. Trato de pensar en la comida de la prisión y no en
cómo sería el culo de la Oficial Grace debajo de sus
holgados pantalones.

Cuando doblo la esquina y se dirigió a la cafetería, Ella


estaba de pie a lado de la puerta mientras el resto de los
prisioneros entraban. El pasó caminando, tratando de capturar
sus ojos, pero ella evito su mirada.

Jake se rió de sí mismo cuando se puso en la fila de


la comida. Él había temido a la idea de estar aquí durante
treinta días. A pesar de que la gente de la ciudad lo llamaba

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“el hotel del condado Chester”, seguía siendo una prisión. Él
no podía montar sus caballos, trabajar en la granja o pasar
tiempo con sus amigos y familiares por el largo tiempo que
venía. Para colmo, no le gustaba sentirse atrapado. Pero
ahora{ bueno, ahora se había puesto un poco interesante. Si
tenía que estar aquí, él podría hacer algo para estar mejor. Y
vaya si el Oficial Grace no parecía lucir bien desde donde
estaba parada.

La noche ocurrió sin incidentes y Mickey hizo lo mejor


que podía para evitar a Jake Thompson. Él la hizo sentirse
adolorida por dentro y que necesitaba estar lejos de él lo
más que fuera posible.

A las diez se apagaron las luces. Ella paso de una celda


a otra, asegurándose que todas estuvieran cerradas. Cuando
llego a la celda 742 estaba un poco agitada. La voz ronca de
Jake sonó entre los barrotes.

— Dulces sueños, Oficial Grace. Voy a estar pensando en


ti.

Ella detecto indicios de una sonrisa en su voz y le tomo


toda su fuerza de voluntad para no devolverle la sonrisa.

— Seguro que lo harás, Thompson. Nos vemos mañana. —


respondió a la ligera y siguió su camino.

Mickey termino su recorrido y se dirigió a la sala de


control. Prendió la computadora y abrió la base de datos con
la información de los reclusos. Escribió el nombre de Jake y
le revelo que no tenía antecedentes y estaba en la cárcel por
una pelea en un bar. No era un criminal de carrera.
Probablemente, solo un hombre atrapado en una mala situación,

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cerrando la sesión, se sentó y bebió un sorbo de la taza de
su café a esperar pasar las últimas dos horas de su turno.

En contra de su voluntad, hecho una mirada a la


pantalla en el 742. En la tenue luz de la celda, podía ver a
Jake Thompson acostado sobre su espalda, uno de sus brazos
doblado detrás de su cabeza. Su camisa estaba abierta,
dejando al descubierto su estómago y su pecho. Lo miro con
la boca seca. La mano derecha de él descansaba sobre su
estómago y parecía estar deslizándose con movimientos casi
imperceptibles hacia abajo. Ella acerco la cámara más y
contuvo el aliento, mientras la mano de él bajo más y más
hasta ponerse en la parte delantera de sus pantalones. Ella se
inclinó hacia adelante, forzándose inexorablemente más cerca
del monitor, él envolvió la protuberancia que apretaba los
pantalones, su boca se entreabrió en un gemido silencioso
cuando lo hizo.

Ella miro alrededor sintiéndose culpable y a continuación


se acercó y subió poco a poco el volumen, hasta que se sintió
satisfecha al oírlo respirar duro y bajo. Miro como el
desataba sus pantalones y los empujaba hacia abajo. Su polla
salto a la vista, dura, larga y gruesa. Mickey comenzó a
retorcerse en su silla imaginándolo adentro de ella. Una ola
de calor creció entre sus muslos y su coño mojado.

Los ojos de él se cerraron y comenzó a masturbarse


lentamente, su mano se movió con movimientos largos desde la
base hasta la punta, deteniéndose de forma esporádica en la
cabeza apretándola. Como la mano iba acelerando, también lo
hacia los latidos del corazón de Mickey, miraba sin poder
apartar los ojos.

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El cuerpo de él se tensó cuando comenzó a bombear la
polla en serio, su puño se movía más rápido y más rápido. Sus
abominable se apretaron y su mandíbula también y el abrió los
ojos, volviéndose a mirar directamente a la cámara.

4*5
Cuando Jake yacía de espaldas en su pequeña celda
empezó a acariciar su polla, pensando en la Oficial Grace. Se
imaginó sus labio deliciosos en su polla, salpicar su barbilla con
su cremoso semen y no le tomo mucho tiempo. Él sabía que era
poco probable, pero esperaba contra toda esperanza que lo
estuviera viendo. Se preguntó si se excitaría como él lo estaba.
La idea de que ella estuviera ante él en estos momentos, con
los pezones duros y su palpitante coño lo enviaron al límite. Él
se convulsiono duro y miro directamente a la cámara, su boca
se movía sin palabras al sentir su jugo caliente sobre su duro
estómago.

El soltó su polla esperando a que su corazón se calmara.


No era su ideal, masturbarse como un adolescente, pero al
menos se había corrido. Sin embargo, al minuto tuvo la certeza
de que él iba a encontrar lo que había debajo del uniforme
de la mujer, aunque lo mataran. Dadas las circunstancias ese
era un reto. Y Jake amaba los retos.

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Capítulo 3
M ickey se fue a su casa, con esa noche dándole
vueltas en la cabeza. Estaba mortificada porque
había invadido la privacidad del preso de esa
manera y avergonzada por su reacción ante lo que vio. Ella
pensaba que había puesto esas ansias atrás. Era evidente que
se equivocaba, porque su cuerpo pulsaba con la necesidad de
reproducir en su mente la escena como si estuviera en un
circuito si fin: Jake acariciándose a sí mismo y su corrida
viendo directamente a la cámara.

Como una especia de castigo, sino también para


demostrarse a sí misma que no era depravada, se negó a
masturbarse. El ver a un preso masturbarse, la llevo a pensar
que realmente era una enferma pervertida, como su madre le
decía, o ¿no?

Estaba totalmente despierta a las cuatro de la mañana,


exhausta y todavía con ganas. Obstinadamente se quedó en la
cama, finalmente se levantó a las seis a.m. para salir a correr.
Corrió cinco millas, tomo una ducha fría y luego fue a sus
clases. El plan era estar lo más ocupada que fuera posible para
no pensar en Jake Thompson.

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Después de la escuela, se detuvo en su casa y
rápidamente comió un sándwich de queso y se dirigió a su
habitación para vestirse para su turno. Trato de hacer caso
omiso de la anticipación y emoción que sentía ante la idea de
ir a trabajar esa noche.

Mickey se despojó de su ropa de calle, miro hacia


abajo, al sujetador que minimizaba sus senos, sus manos se
calmaron. No quería ponérselo hoy, no tenía nada que ver con
Jake, estaba segura. El sujetador realmente era incómodo.
Se lo quito y cavo a través de su vestuario hasta que encontró
un sujetador de encaje durazno que no se atrevía a tirar, con
su par de bragas bikini, se puso su ropa interior, con la sangre
zumbando y se puso el resto del uniforme, teniendo en cuenta
la forma de su camisa, en lugar de colgarla en su cuerpo
haciéndola lucir como una masa uniforme, ahora la ajusto en
sus curvas sin restricciones.

Al último minuto, en un capricho, tiro de su pelo hacia


una cola de caballo y se puso el sombrero. Agarro el resto de
sus cosas camino a la puerta principal. En el último momento
ella tomo un labial de fresa brillante y se lo metió en su
bolsa, con el frío de afuera, ella no quería tener los labios
agrietados.

Cuando Mickey entro en la prisión y se dirigió a los


bloques, algunos de los hombres la miraron durante un buen
rato mientras caminaba. Sonrío y saludo como siempre, pero
algunas de las reacciones no fueron las típicas. Algunos hicieron
intentos débiles en pequeñas charlas. Para el momento en que
llego al bloque C, se sentía con la cara enrojecida, entro a la
sala en el momento en que Manny recopilaba sus cosas.

— Hola Manny. — dijo con una sonrisa.

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— Hola Mick{ ¡Wow! Te ves muy bien. Diferente.
¿Dónde están tus lentes?

Su cara se calentó más cuando ella murmuro que se le


habían olvidado. Charlaron mientras Manny terminaba de
empacar sus cosas y terminaron.

Una vez que Mickey se aseguró que se había ido, se fue


directamente a las cámaras para ver a Jake. Y al resto de
los presos, modifico rápidamente. Cuando vio su monitor, él
estaba ocupado con su rutina de ejercicios, haciendo un
sinnúmero de abdominales y luego flexiones.

Con el propósito de alejarse, recogió su libro de texto


de estadísticas de su bolsa. Trato de hacer la tarea, pero le
resultó imposible concentrarse, mientras trataba de ignorar la
trasmisión de la celda 742. Después de un tiempo, Mickey
con un suspiro empujo los papeles alrededor del escritorio y
se puso a garabatear, finalmente, reconoció que era para matar
el tiempo hasta la hora de la comida, cuando ella pudiera
ver la cara de Jake.

Al momento en que dieron las cinco, Mickey estaba


nerviosa y al borde. Se miró en el espejo compacto y le dio a
su cola de caballo un jalón para ajustarla y se puso el labial.
Después tomo una respiración profunda y se dirigió a las
celdas.

Rich la esperaba en la puerta y se detuvo en seco


cuando la vio. El ladeo la cabeza, como si fuera un pequeño
cachorro.

— Uh, hola Mickey. — dijo mientras la recorría desde


su cara a los pechos y se quedó un rato allí. Arrastro su
mirada de vuelta a su cara y con la clara determinación de

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no hablar sobre los cambio de ella, tartamudeo. — Uh, y{
¿estas lista para hacer las rondas?

— Claro Rich, vamos. — Encabezaron hacia las celdas y


se separaron. Él fue a la derecha y ella a la izquierda.

Abría las puertas metódicamente. A medida que se


acercaba a la celda de Jake, su corazón empezaba a golpear.
Sus pensamientos se trasladaron a la escena de la celda la
noche anterior y sus pezones crecieron y se tensaron. Maldita
sea él era sexy. Llego a su puerta, llamándolo en su mejor voz
de guardia de cárcel sin sentido.

— ¿Thompson?

— Bueno. Hola Oficial Grace. — dijo arrastrando las


palabras y un momento después estaba de pie a unos cuantos
centímetros al frente de ella. Ella tuvo que echar la cabeza
para atrás para poder mirarlo, ella paso saliva y su caliente
mirada se enfocó con la de ella.

— Hora de la comida. — murmuro, su voz sonó menos a


guardia de prisión y más estrella porno de lo que a ella le
hubiera gustado. Se aclaró la garganta y animosamente intento
de nuevo. — Hora de la comida. — repitió ella, su voz era
adecuadamente cortante.

La mirada de él recorrió su rostro, su cabello y su


pecho. Ella vio como se le dilataban las pupilas y sus fosas
nasales se hinchaban. — ¿Frío? — susurro él con voz ronca.

Mickey trato de romper el contacto con sus ojos, pero


se sintió casi Hipnotizada. Muda, negó con la cabeza.

— Debo sentirme halagado, entonces ¿Oficial Grace?

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Por fin miro hacia otro lado molesta tanto consigo misma
como con él.

— Siente lo que quieras sentir, Thompson, pero es hora


de comer. — respondió y se dirigió a la celda de al lado.
Jake camino atrás de ella y sonrío para sus adentros. Esto
era muy interesante. Ella había estado magnifica el día de
ayer, incluso con sus gafas de tonta y su cabello con estilo
severo, pero ¿hoy? Bueno hoy era dinamita.

Todo lo que había hecho ayer para ocultar sus senos, no


había evidencias de ello hoy. Le complació al ver que estaba
en lo cierto. Debajo de todo el camuflaje tenía un cuerpo de
muerte. Él la miro caminar delante de él, sus caderas se
contoneaban en cada paso y lamento que sus pantalones fueran
todavía demasiado anchos para que el consiguiera ver su culo.
Doblaron la esquina y ella tomo su puesto en la entrada del
comedor. A medida que los reclusos se adentraban, él se
quedó al final. Y sabiendo que no tendría otra oportunidad de
hablar con ella hasta mañana, se volvió y le dijo.

— Te ves preciosa, Oficial.

— Gracias. —respondió ella.

Él se movió a la fila de la comida, luego se detuvo para


mirar atrás. — Oh y Grace Espero verte más tarde. O por lo
menos espero que me veas{ — Se apagó su voz y le dio una
mirada caliente.

Mientras la observaba su rostro se puso rosa y supo a


ciencia cierta que lo había visto y se preguntó si disfruto con
el espectáculo. Hizo todo lo que pudo para no agarrarla ahí
mismo y hacerle todas las cosas que se había imaginado. Casi
gimió en voz alta.

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Ella abrió la boca un poco por el asombro. Él sabía que
estaba mirando. Se retorció bajo su mirada y a pesar de su
vergüenza, logro reunir alguna justa indignación,

— No estoy segura a que se refiere, Thompson, ahora


entre a la fila.

Él le dio una sonrisa a sabiendas, el apunto a su muñeca


como si tuviera un reloj y murmuro.

— Diez y media. — luego dio media vuelta para tomar


su lugar en la fila.

Mierda. ¿Que estoy haciendo? Mickey pensó con una


sacudida mental de su cabeza. Pondría en riesgo su trabajo,
si lo llevaba más lejos. Debería pedir que la cambiaran de
bloque. Ellos no tendría ningún problema en cambiarla, pero
maldita sea si no era la cosa más emocionante que le había
pasado desde{ bueno, nunca. Además nada iba pasar entre
ellos jamás, ella misma se aseguró. ¿Realmente haría algún
daño al mirar?

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Capítulo 4
E
l tiempo entre la comida y en que las luces se
apagaban, se arrastró lentamente. Mickey
discretamente miraba alrededor durante la hora
recreativa, pero no lo vio en la sala de TV. Para cuando
dieron las diez p.m., Mickey se encontró echa nudos. A
medida que sistemáticamente cerraba las celdas, se encontró
con la 742. Se detuvo en frente le dio un jalón fuerte, el
preso la observaba desde su litera. Se puso de pie y camino
hacia ella, moviéndose cerca de las barras.

— Oficial Grace, la noche pasada fue muy, muy


agradable. Tenía la imagen de su sexy boca y sus dientes
blancos chupando y mordiendo mi polla. Pero esta noche me
dio más en que pensar y quiero que piense en ello. — él le
susurro. — Quiero que te toques el coño cuando me veas e
imagines que te toco. Te chupo. Y quiero que nos corramos
juntos. ¿Puedes hacer eso por mí, cariño?

Ella lo miro con los ojos bien abiertos, Mickey sabía que
debería estar furiosa por su osadía. Pero esta era la primera
vez que un hombre le había hablado de esa manera y
maldita sea si no se sentía bien.

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Jake extendió su mano a través de las barras, se
apodero de su cadera y tiro de ella acercándola a él. Ella
jadeo y se tambaleo un poco cuando él la apretó contra su
fuerte longitud, el empezó a apretar sus caderas rítmicamente,
casi imperceptible en contra de su dulce centro. Ella
retrocedió, fuera de su alcance, el pánico se apodero de ella.
Su coño estaba húmedo y adolorido por él, pero ella se
mantuvo firme.

— Va hacer que me despidan, Thompson. Usted no


puede tocarme de nuevo. — le advirtió en voz baja.

— Esta bien, entonces, no lo haré. No hasta que me lo


pidas. Pero no es contra las reglas el pensar en alguien. ¿No?
A sí que esta noche quiero que pienses en mí. Y que sepas que
estoy pensando en ti, ¿está bien Grace? — le pregunto con voz
ronca por la necesidad.

Igual que una marioneta fue incapaz de dejar de


asentir con la cabeza.

— Debes irte. — entonces, añadió lo suficientemente alto


como para que cualquier persona lo oyera. — Gracias por
explicarme eso, Oficial Grace. Todavía no me acostumbro a
todas las reglas de aquí, pero gracias por su ayuda. — Se dio
media vuelta y regreso a su litera.

Mickey se alejó de la celda con piernas temblorosas y


termino su ronda en piloto automático. Sabía que tenía que
parar esta locura, pero era tan fácil arrastrarse por este
hombre y su cruda sexualidad, que ella no sabía cómo.

Entro en la sala de control y cerró la puerta con seguro


detrás de ella. Apoyándose contra ella, contenta de tener la
barrera entre ella y el resto del mundo por un momento. Una

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cosa era tener esos enfermos deseos, pero otra era actuar
con ellos. Las mujeres de bien se supone que no deben
disfrutar con el sexo{ desear el sexo. Se suponía que solo lo
tenían que tolerar.

De repente algo se rompió dentro de ella. ¡A la mierda!


Ella no era una mujer bien, porque estaba harta de aguantar.
Enferma de seguir pretendiendo que no lo quería y tratando
de ocultar quien era y que era. Con voluntad férrea, se
trasladó hacia los monitores, apagándolos todos menos uno.
Ajusto la imagen del 742 ampliando la visión. En la penumbra,
podía ver a Jake de pie junto a su cama. Mickey echo un
vistazo a su reloj. Diez y media en punto. En ese momento
Jake también miro el reloj de la celda y le sonrío y luego
se volvió a la cámara. Se sentó lentamente, en la orilla de la
litera fuera de la vista de la celda opuesta. Después de
colocar la almohada detrás de él para que pudiera descansar,
se recargo. Mickey se sentó al borde de su silla. Vio cómo su
mano derecha desaparecía lentamente por la parte delantera
de sus pantalones y la izquierda se trasladó hasta su pecho
tirando de un pezón.

Jake nunca dejo de mirar a la cámara y comenzó a


acariciarse sobre el pantalón, aún no se desnudaba para ella.
Mickey gimió cuando ella también busco y tiro de su pezón ya
hinchado. Se mordió el labio y gimió. Maldita sea había
pasado tanto, tanto tiempo. Se balanceo en su silla, tratando
de aliviar la presión entre sus muslos. Temblando llego a su
camisa y se desabrocho tres botones, movió su mano por
delante de sus sostén y tomo la plenitud de su seno, otra vez
tirando de su pezón, esta vez un poco más duro. Ella deslizo
su otra mano hacia el botón de sus pantalones. Cuando se
abrió rápidamente, deslizo la cremallera abajo y se tocó.

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Mickey extendió su mano sobre su coño y gimió cuando
comenzó a frotarse su clítoris con los dedos. Mientras miraba
a Jake, ella se volvía insoportablemente frustrada, queriendo
venirse solo con mirarlo, pero con una sensación de vacío
dentro de ella, con avidez miro su enorme polla. Trato de
combatir las olas que la goleaban, lista para el choque pero
sabiendo que el alivio era fugaz. Quería, no necesitaba sentirlo
en su interior. Gimiendo de frustración, deslizo dos dedos en
el coño y gimió con impulsos y los apretó. Lucho por dirigir más
profundamente sus dedos, tan profundos que pudo imaginar que
era la polla de Jake palpitante en su interior. Ella gimió y
otra vez lucho contra el clímax que amenazaba con succionarla,
aforrándose a los últimos vestigios de auto-control.

Jake miro a la cámara y trato de no cerrar los ojos


imaginando los pechos llenos de Mickey, los pezones listos
para ser succionarlos, por debajo del uniforme. Se imaginó lo
que vería, imaginando presionar su gruesa polla entre los pechos
de seda, ella apretándolo, exprimiéndolo, mientras él
bombeaba su eje hacia arriba y abajo.

De pronto impaciente saco la polla de sus pantalones,


apretó la cabeza y gimió con una gota de esperma en la punta.
Imagino a Mickey de rodillas ante él, lamiéndolo y
succionándolo profundamente en su boca. Jake se acarició más
rápido, pensó en ella en la sala de control viéndolo y comenzó
a trabajar más rápido, con fuertes embestidas que le daba a
ella, pinchando sus pezones firmes y deslizando un dedo en
el pliegue húmedo femenino y luego en el interior de su coño
con fuerza, Dejo su pezón y bajo su mano para exprimir sus
bolas, tirando de la presión que se construía en su vientre. Si
no lo hacía más lento, el habría terminado antes de que
empe{

25
Se hizo el eco de unos pasos ligeros por el pasillo y
Jake gimió casi en voz alta. Él estaba a punto de llegar,
tenía la esperanza de que ella se corriera con él y ahora un
entupido lo había interrumpido. El gruño en señal de
frustración, pero soltó su polla palpitante y se incorporó
rápidamente, acomodándose.

Alzo la vista cuando los pasos llegaron a su puerta oyó el


ruido del radio y a continuación Sarguchi hablando en voz
baja.

— Hey Mickey, ¿qué sucede allá abajo? Voy por un


café. ¿Quieres uno?

La voz de Mickey sonó un poco sin aliento.

— No gracias, Rich. Estoy bien.

— ¿Estas bien? Suenas un poco rara.

— Estoy bien, solo un poco acelerada por el exceso de


cafeína. — respondió ella nivelando la voz.

Jake se echó para atrás y soltó una maldición. Gracias


al imbécil de Sarguchi, que seguramente regresaría a la sala
con el Oficial Mickey Grace. Malditamente fabuloso.

26
Capítulo 5
M ierda. Solo{ solo mierda. Eso había estado
cerca. La pudieron haber cachado. Si Rich
hubiera llegado en lugar de hablado, ella hubiera
tenido que abrir la puerta de sala de control ruborizada y
despeinada y el habría sabido que algo estaba pasando.
Mickey no sabía las políticas de estarse acariciando a sí
mismo en el trabajo, pero estaba bastante segura de que era
mal visto.

Había llegado demasiado lejos, estaba arriesgando su


trabajo y su reputación Por un tipo que apenas conocía. Y la
situación era tan fuera de norma. ¿Quién podía decir que la
atracción que sentía el uno por el otro fuera autentica? Había
llegado muy cerca de hacer algo verdaderamente reprobable.
No importaba que Jake haya hecho los movimientos y que
solo se habían tocado fugazmente. Había un código que había
jurado mantener y por un momento salvaje y loco lo había
perdido de vista. Eso no podía volver a suceder.

Mickey peso sus opciones, Podía solicitar su trasferencia


a otro bloque. Las cosas podrían volver a la forma que solían
ser, antes de que viera a Jake Thompson. Volver a los

27
anteojos sin receta y desaliñada. Volver a ser invisible. Y
sola.

En su experiencia, los hombres eran como urracas en la


búsqueda de algo brillante. Una vez que ella escondiera las
cosas con lo que se sentían atraídos, era como si no existiera.
A excepción de Jake. Se había dado cuenta y visto a través
de la fachada. ¿Podría alguna vez encontrar a un tipo como
ese en el mundo real?

Cuando Mickey se acostó esa noche, el sueño tardo


mucho tiempo en llegar.

4*5
Ella se despertó a la mañana siguiente cansada pero
resuelta. Iba a evitar a Jake durante unos días hasta que
pudiera pensar con la cabeza fría. Y mientras tanto, se iba
permitir ser ella misma, Pasara lo que pasara, había acabado
con la clandestinidad.

Mickey decidió saltarse las clases y se fue al centro


comercial en su lugar. Salió de la casa con el pelo suelto y
dejo sus gafas en la mesita de noche. Caminando de tienda
en tienda, se las arregló para gastar casi todo su sueldo en
ropa nueva, zapatos y maquillaje.

Cuando llego la hora de prepararse para su turno de


noche en la prisión, lo hizo como una mujer normal, atractiva y
todo lo segura que podía. No reduciendo al mínimo el sostén,
sin el uniforme mal ajustado. Sus pantalones nuevos le
quedaban como debería de ser. Su camisa era de corte
deportivo, ajustada en la cintura, ampliándose hacia arriba

28
para dar cabida a sus senos llenos. Su maquillaje era ligero y
de buen gusto. Tenía el pelo recogido en un nudo suave en la
nuca.

Ella paso por la entrada de la prisión, marcho por el


detector de metales y le dio al alguacil una sonrisa mientras
él la miraba fijamente.

— Hola Burt. — ella lo llamo por encima del hombro de


él.

— Hola a ti. — logro decir con voz débil.

Se paró en la sala de descanso para tomar una rosquilla


en su camino a la sala de control, se encontró con Rich.
Estaba comiendo una dona rellena de jalea y comenzó a
ahogarse cuando ella entro.

Mickey se apresuró y empezó a golpearlo en la espalda.


— ¿Hey Rich estas bien?

— Sí. — jadeo. — Musta{ ejem{ respire el azúcar en


polvo.

— ¿Quieres que te consiga un poco de café, para bajar


la comida?

— No, ya estoy bien. Hey, escucha ¿Mick te gustaría{? —


se detuvo en seco cuando Warden Eller entro a la sala.

— ¿Bueno Oficial Sarguchi, porque no me presenta a la


visita? — dijo mirando expectante a Rich haciéndole un gesto
señalando a Mickey.

29
Ella sintió su cara caliente. — Soy yo Warden. Mickey
Grace.

El rostro del director se tensó. Oficial Grace no la


reconocí, me disculpo. — dijo secamente, y se fue a la
cafetera.

Mickey no podía entender que fue lo que paso. En


ocasiones cuando estaban cortos de personal, otros
comandantes venían de otros condados y hacían tiempo extra.
Aparentemente Warden la confundió por un comandante de
otro condado, pero no explicaba porque estaba frío cuando ella
le corrigió. Mickey le dijo a Rich que se verían en el bloque
y se fue, desesperada por salir de ahí. Cuando entro en la
sala de control se tropezó con Manny.

— Wow. — dijo riendo y agarrándola de los brazos para


sostenerla.

Ella levanto la cara y se encontró con sus ojos.

— Mickey. — dijo con una expresión nublada que apareció


en su rostro mientras le veía su apariencia.

— Hola Manny. — respondió ella, de repente se sentía


miserable y autoconsciente.

El suspiro, soltándole los brazos y dando un paso atrás.


— Creo que debemos hablar, como un amigo a otro.

— Esta bien.

— En primer lugar, permíteme decirte que luces


impresionante. — sus ojos oscuro se lo probaron.

30
Ella le guiño y sonrío forzadamente, ella deseaba que el
terminara ya.

— Pero. — continuo, señalándola de arriba abajo. Esto no


va funcionar. Ellos no te van a promover luciendo de esa
manera. Y nunca te tomaran en serio. Aquí o en homicidios.

En un instante, la furia reprimida durante los últimos


cinco años se desbordo.

Esta es la manera en que me veo y estoy harta de


estarme escondiendo para complacer a todos. No estoy
alardeando o vistiéndome inapropiadamente. La única piel que
se muestra es la de mi cara y mis manos. ¿Que pueden decir
de mí? — ella exigió.

Manny no vacilo. — Yo no soy tu enemigo aquí. Te lo digo


como amigo. No te van a despedir por ser demasiado bonita
ni nada de eso. Ellos van hacer que tu renuncies. Entiendo que
no es justo. Sin embargo, este es un club de niños. Y la única
razón de que te dejen estar es por como eras{ pero ahora{
— él se apagó.

— ¿Y ahora qué? — lo desafío.

— Ahora eres una distracción. Y piensa en tu intento de


ser sargento. Si tú te conviertes en sargento luciendo así.
Imagina lo que dirán de ¿cómo conseguiste el puesto?
Sabiendo eso, ¿qué político te promovería?

La expresión de él se suavizo, en su ojos amables


apareció lástima. — Bien o mal, hay razones porque una chica
bonita no funciona aquí. — Se volvió para reunir sus cosas y
firmar la salida. — Ya termine de darte conferencia. Yo solo
quería asegurarme de que estuvieras preparada. Tú haz lo que

31
tengas que hacer. — El abrió la puerta para salir y la miro. —
Para que valga la pena, espero que te quedes aquí. — Y se fue.

Mickey cayó pesadamente en la silla, con las piernas


demasiado débiles para sostenerla. Tal vez se equivocó. Esta
era la forma que solía ser, pero ¿seguramente los tiempos
cambian?

En el fondo, sin embargo ella sabía bien.

32
Capítulo 6
La noche transcurrió en bruma. Mickey se aseguró de
mantenerse al margen de Jake. Dejando que Rich se hiciera
cargo de ese lado del bloque y evitando la mirada del preso
al entrar en la cafetería. Trato de no insistir en porque se
sentía tan miserable.

No podía dejar de pensar en lo que le dijo Manny. Los


prisioneros no ayudaron a refutar su teoría ya que susurraban
y se le quedaban mirando. En el pasado hubo algo de eso,
solo por el hecho de ser mujer, pero esta noche se le fue de
las manos. Había sacado a dos reclusos de la sala recreativa
y los regresó a sus celdas por los groseros comentarios que le
dijeron al oído. Para el final de su turno prácticamente
estaba en lágrimas.

Mickey se fue a casa esa noche, se despojó de su ropa


y se arrastró a la cama sin ni siquiera lavarse la cara o
cepillarse los dientes. Una nube se cernía sobre ella con las
dudas y los miedos del pasado.

Al día siguiente, paso sus clases entre sueños. Cuando fue


la hora de trabajar, considero ponerse la ropa vieja, pero el
orgullo no se lo permitía. Toda la alegría que había sentido el

33
día anterior, mientras se vestía para el trabajo y sentirse
como ella misma después de tantos años se había evaporado.
Hoy ella solo examinaba sus movimientos.

Cuando entro en el trabajo, el director estaba de pie


cera de la entrada. Hizo un gesto hacia su oficina. — ¿Puedo
verla por un momento, Oficial Grace?

Su corazón latió con fuerza mientras lo seguía por el


pasillo. Él le hizo una seña para que cerrara la puerta y se
sentara.

— Mickey supongo que sabes porque estás aquí —


comenzó.

Ella trago saliva y se preguntó si él lo habría oído como


ella lo oyó en su cabeza. — No, en realidad no lo sé.

— Bueno parece que su cambio de imagen está causando


un gran revuelo en el bloque C. — respondió con severidad.
Estoy feliz por ti que hayas querido abrazar{ tu femineidad.
Pero yo voy a tener que pedirte que la escondas un poco o
enfrentar una acción disciplinaria.

— ¿Que la esconda un poco? — repitió ella con cuidado.

— Si creo que sabes lo que quiero decir. — mientras le


hablaba su mirada paso de la cara de Mickey a sus senos y
otra vez para arriba.

Cualquier temor, cualquier duda sobre el curso de sus


acciones se evaporo por la ira. —Si mi camisa se ajusta ahora
y mis pantalones ya no son dos tallas más grandes. No sé
cómo eso es excesivo, señor.

34
— Sea como fuere, no podemos tener ese tipo de
distracciones en este ambiente.

Mickey se inclinó hacia adelante y puso las manos sobre


el escritorio. — Esto es lo que voy hacer. Me voy a dar la
vuelta y salir de esta oficina y no regresar jamás. Y no
renuncio porque usted tenga razón. Renuncio porque usted,
señor es un idiota y no voy a pasar mi tiempo trabajando
para un idiota. Y si usted no quiere que le llegue una demanda
por discriminación, entonces voy a esperar recibir una
indemnización de un mes y una recomendación muy buena para
que pueda conseguir otro trabajo. Es eso o lucharemos cada
paso, mientras pasan un par de meses tratando de descubrir
casos inventados para despedirme. Usted decide.

Él se puso de pie y asintió con la cabeza una vez. —


Muy bien deja tu placa y tu equipo. Puedes dejar tu repuesto
en algún momento de mañana. En tu historial aparecerá que te
fuiste por motivos personales. Buenos días señorita Grace. —
él dijo con expresión implacable como cuando la introdujo en
su oficina.

Cuando Mickey salió de la prisión, su ira se disipaba


lentamente. Ella volteo la cara al sol y dejo que el sol la
calmara. Un hormigueo comenzó en su vientre y se extendió
por su cuerpo. Ella sintió{ esperanza.

El trabajo había sido un medio para un fin, y no estaba


triste porque se había acabado. Ella iba ser un detective de
homicidios y quizás no en este mísero pueblo y eso también
estaba bien. Si ella se administraba bien podía vivir de sus
ahorros por lo menos seis meses. Lo que le permitiría
enfocarse al 100 por ciento en la escuela.

35
Independientemente de lo que sucediera después
Mickey se sintió libre y el futuro brillante y con posibilidades.
Incluso si se enfrenaba a la presión, había sido fuerte y no
había permitido que el hijo de puta de Eller la dominara. Él
estaba equivocado y también su madre. Ella estaba bien como
estaba y nunca cambiaría por nadie.

Se metió en su coche y le dio una última mirada a la


prisión. ¿Qué pensaría Jake de que ella se había ido?

Comprimió el sentimiento de decepción y trato de no


insistir en el hecho de que si ellos se hubiera conocido en
otro lado, en igualdad de circunstancias, tal vez{

36
Capítulo 7
S eis meses después{

La cabeza de Mickey golpeaba. La música de la banda


tan fuerte que apenas podía oír lo que pensaba. Algunos de sus
compañeros de clase de criminología la habían convencido para
salir por aperitivos y bebidas, después del examen de mitad
de periodo que fue particularmente agotador. Habían llegado
al bar el Camello Sediento hacia tres horas y parecía que se
iban a quedar toda la noche.

Ella miro a las chicas con las que había llegado y se rió
entre dientes a pesar de su dolor de cabeza. Emily estaba
bailando en la barra una canción de Carrie Underwood sobre
golpear el choche de su novio infiel. Era evidente, que ella
estaba relacionada con los problemas que la Sra. Underwood
cantaba, porque estaba cantando a una botella vacía de alguien.
Sus otras dos compañeras de clase estaban en la pista de
baile, ya fuera que decidieron ser pareja hace mucho o que
serían pareja de una noche, las cosas allí se veían muy
calientes.

37
Mickey tomo un sorbo de cerveza tibia y suspiro, estaba
demasiado vieja para esto. ¿Qué demonios estaba haciendo
ahí bebiendo cerveza caliente y barata en un jarro común?
Ella era una mujer adulta.

El encargado del bar camino hacia Mickey y ella empujo


la cerveza y ordeno un Cosmopolitan frío y con limón. Él se lo
entrego y ella tomo un sorbo. Dio en el clavo. Frío, agrio y
fantástico. Ahora bien si pudiera poner distancia entre ella y
la escandalosa banda, la vida sería mejor.

Ella patio ligeramente a Emily en el pie y le hizo un


gesto hacia las mesas de billar para que Emily supiera donde
iba estar. Tuvo que maniobrar un poco pero llego y notando
aliviada que era más tranquilo lejos de los altavoces a todo
volumen.

Había crecido jugando billar con su padre en el sótano,


pero no tenía la necesaria confianza de jugar en público con
frecuencia. Recordándose a sí misma que ella era la nueva
Mickey, se acercó y metió sus monedas en el borde de la
mesa para que supieran los tipos que ella seguía. Podía sentir
las miradas de los hombres cuando fue a sentarse y esperó
su turno.

Ella vio el partido y dio un sorbo a su bebida, señalo


que, de los dos hombres que jugaban, el de pelo más claro era
bastante bueno. Aunque no tenía el control de la bola blanca,
era buen tirador de puntos. El otro era malo y no tenía
delicadeza. Parecía que pensaba que entre más fuerte le
diera a la bola era más probable que terminara en el hoyo.
Esperaba que el rubio ganara para que tuviera un reto. Un
momento después estaba decepcionada ya que rayo la bola
ocho y perdió el juego.

38
Mickey dejo su trago y se acercó a depositar sus
monedas en la ranura, podía oír el murmullo de los hombres.
Ella empezó a escoger su palo cuando el de pelo oscuro se le
acerco.

— Bueno hola. Mi nombre es Chase, con mi amigo Wade


estábamos jugando individuales solo hasta que nuestros
compañeros regresen con las bebidas. Po lo tanto estábamos
jugando de parejas. ¿Tienes pareja?

Era obvio que ella no tenia, pero respondió cortésmente.

—Yo soy Mickey, y si te da igual me gustaría jugar


individuales. Solo quiero jugar un juego y entonces ustedes
tendrán la mesa de regreso.

— Bueno, es nuestra mesa hasta que alguien no las gane,


son nuestras reglas. Y estamos jugando dobles. Pero al ver
que estás sola, podemos ser pareja. ¿Qué dices hermosa? —
preguntó él, deslizándose cerca de ella y poniéndole una mano
sobre el hombro.

Mickey retrocedió unos pasos, pero él se adelantó,


cercándola con la esquina de la mesa.

— Retrocede idiota. — le dijo firmemente,


recordándose que no tenía por qué tener miedo. Estaba en un
lugar público y probablemente él sería de los bajos fondos
cuya mami no lo quiso suficiente o algo así.

— Ah, eso no es amable, cariño. Yo he sido amable


contigo, ofreciéndome a ser tu pareja. Yo te podría mostrar
como sostener el palo. — dijo con mirada lasciva. — ¿O tal
vez no te guste la gente amable? ¿Es eso? Oye voy a ser tu

39
pareja aquí en el juego y luego podemos ir a mi casa y me
podrás decir cómo te gusta. Agradable y dulce o malo y sucio.

Justo cuando estaba a punto de retroceder y levantar


la rodilla en las bolas de él con todas sus fuerzas, otro
hombre habló.

— Yo soy la pareja de la dama.

Ella se quedó inmóvil con la voz que había oído cientos


de veces en sus sueños en los últimos meses. Jake Thompson.

Le tomo a Jake hasta la última gota de su auto-control


para no golpear al tipo en la mandíbula y arrastrar a Mickey
de ahí. Claramente el tipo estaba ocupando el espacio personal
de Mickey y ella no quería sus avances. Jake trató de
controlar su furia con el hecho de que los chicos que utilizan
la fuerza física para intimidar a una mujer eran más bajos
que la basura. Pero eso no explicaba el aumento de la
intensidad de los celos, de la posesión que pasó por él.

Cuando la vio a través de la sala, primero pensó que tal


vez era su novio, pero rápidamente se dio cuenta de que no
era el caso. Por suerte para él. El señor amoroso echó un
vistazo a Jake y retrocedió.

— Hey, hombre, ella dijo que quería jugar individuales,


pero estamos jugando dobles. Yo solo trataba de ayudarla.

— Bueno pues yo estoy aquí para que podamos jugar


dobles, si ella quiere. ¿O podemos irnos{?. — miró a Mickey
preguntándole. Si ella quería jugar y probar su punto al imbécil,
entonces él entraría. Pero si ella quería dejarlo por el
desagradable comportamiento y quería irse, Jake estaba
dispuesto a llevarla a casa.

40
— Vamos a jugar.

Jake trato de no babear cuando ella camino hacia él


con los brazos abiertos. Ella llevaba puesto una camiseta blanca
y una falda de mezclilla que le llegaba solo encima de las
rodillas. A pesar de su largo relativamente modesto, en su
caso aún quedaba mucha pierna desnuda para que él mirara.
Sus graciosos pies con la uñas pintadas de rojo sexy calzaban
unas sandalias marrón. Ella le quito el aliento.

— ¿Cómo te fue en el trabajo, querido? — le pregunto


con una sonrisa en su voz, ella lo atrajo hacia sí para un
ligero abrazo.

— Muy bien, muy bien. — ella se sentía tan bien en


sus brazos, que era difícil dejarla ir cuando empezó a
retroceder.

— ¿Qué, no hay un beso a tu amor? — le preguntó en


tono afectado.

Ella le lanzó una sonrisa traviesa y levantó una ceja.


Colocó ambas manos en sus hombros, se puso de puntitas y tiró
de él hacia abajo para encontrar su boca. Los labios de ella
eran llenos, cálidos y suaves y eróticos como el infierno. Su
lengua se lanzó ligera contra su boca, el abrió los labios y
profundizó el beso. Y tan pronto como había comenzado, se
acabó.

Él la abrazó por un momento, tratando de controlar


tanto su respiración como su polla, mientras ella le susurraba al
oído. — Vamos a aplastar a este hijo de perra, ¿Jake, está
bien?

41
Sí. Ellos los aplastarían. Y a continuación Jake
averiguaría dónde demonios se había metido ella los últimos
seis meses. De la forma en que él lo veía ellos tenían asuntos
pendientes.

42
Capítulo 8
Mickey retrocedió al estante de las bolas, maldiciendo
por sus inestables manos.

Jake.

¿Cuántas veces había pensado en él en los últimos


meses? ¿Cuántas veces estuvo a punto de llamar al 411 para
marcar a todos los J. o Jake Thompson en West Chester,
hasta encontrarlo? ¿Cuantas veces había imaginado
encontrárselo en alguna parte? Tal vez en la tienda de
comestibles y sus ojos se encontrarían en el contenedor de las
coles. O tal vez en la oficina de correos ella iría con la
cabeza baja mientras veía su correo y chocarían y sus cartas
se revolverían.

Uf, que imaginación. Esto no era Hollywood. ¿Quién iba a


la oficina de correos ahora? Ella se había dado cuenta
rápidamente que a pesar de que vivían en la misma ciudad,
las posibilidades de que sus caminos se cruzaran eran escasas.

Sin embargo, aquí estaban.

43
¿Y ahora qué? Es evidente que la química no era
casualidad, porque todavía la tenían en abundancia. Y la
pregunta era, ¿Qué iban hacer al respecto?

Mickey saco el apretado triangulo, asegurándose de que


las bolas estaban al ras, a continuación puso distancia.

— Comienza. — le dijo a Chase, que felizmente ignoraba


lo cerca que estuvo de cantar como soprano unos minutos antes.
Wade regreso de la barra y estaba esperando, con el taco en
mano. Chase golpeo las bolas pero no metió ninguna, dejando la
mesa muy abierta. Jake agito la mano para que Mickey
jugara y ella le dio una sonrisa.

— No te importa, si empiezo. — dijo ella, con la tiza


azul en la punta del taco. Se acercó a la mesa, rodeándola
echando un vistazo a varia opciones de disparo.

— Porque no golpeas la bola uno, cariño. — le pregunto


Wade con una sonrisa condescendiente. — Está a la derecha
del hoyo, recta y justa. Solo golpéala suavemente.

— Gracias Wade. — murmuro ella, sin ni siquiera echarle


un vistazo. Mickey se dobló, alineando el tiro largo a la bola
siete, tomando dos medidas de golpe de práctica antes de
golpear la bola limpiamente en el hoyo con un chasquido.

Jake observaba fascinado, como Mickey merodeaba el


perímetro de la mesa, golpeando las bolas en el hoyo en
rápida sucesión. Su mirada era tan concentrada que no se
daba cuenta de la pequeña multitud que se había congregado.
No era común que una hermosa mujer entrara y se hiciera
dueña de la mesa de esa manera. Cuando se inclinó su escote
bronceado lo llamo como si fuera una sirena. En combinación
con las piernas, la concentración de una mente de un

44
competidor natural y la confianza que irradiaba, era la mujer
más sexy que jamás había visto.

— La bola cuatro, en el hoyo. — ella anuncio. Él se le


quedo mirando, mientras ella se inclinaba de nuevo con el ceño
fruncido por la intensa concentración, sus ojos brillaban de
inteligencia como si estuviera haciendo un trabajo de
geometría. Chasquido.

— Bola dos en el costado. — chasquido.

— Bola ocho. La voy a meter en la esquina. — ella


anuncio, señalando la localización. Ella se agacho y tomo una
respiración profunda, mientras Jake aguantaba la suya. Él no
había tocado el taco. De hecho ninguno de los hombres había
dado un tiro a excepción de Chase cuando empezó. Mickey
estaba a una bola de ganar.

Chasquido.

Ella lo hizo. Gano el maldito juego entero.

Docenas de espectadores, en la mayoría hombres,


estallaron en gritos y aplausos cuando Mickey levanto la vista.
Ella sonrío y asintió las gracias. A continuación, se dio la
vuelta para hacer frente a sus oponentes y dijo fríamente.

— Buen juego chicos. — deslizo el taco en el soporte de


la pared y tomo su bebida de la mesa. Le tomo toda su
fuerza a Jake no estallar en carcajadas por sus bocas
abiertas.

Ella tomo un largo sorbo y miro en su dirección.

45
— Buenos tiros, Grace. — dijo el arrastrando las
palabras.

— Gracias Thomson deberías de verme con la pistola. —


respondió ella con una sonrisa.

— Yo paso. Vamos por unos tragos, me gustaría encontrar


un lugar tranquilo para que podamos hablar. Tengo que decirte
que me sorprendió que no regresaras a trabajar. — Él dijo, la
pregunta no formulada flotaba en el aire entre ellos.

— No quiero hablar de ello. Y en salir contigo. No lo


creo.

Jake intento hacer caso omiso de la decepción que


sintió por su respuesta. Ella acababa de pasar por una
experiencia difícil y probablemente, solo quería ir a casa. Y de
todos modos. ¿Por qué iba querer pasar el rato con un ex
convicto que apenas si conocía?

Pero él no estaba dispuesto a dejarla ir. Había tratado


de olvidarla después de que había salido de la prisión, había
tratado de volver a ser el viejo Jake, de camino al maldito
a West Chester. Pero cada mujer con la que dormía era una
decepción. Ahora que Mickey estaba delante de él, sabía por
qué. Él estaba obsesionado. Tenía que tratar de sacarla de su
sistema.

Sin embargo, él dijo la cosa más honorablemente


correcta, junto las manos con las suyas.

— Entiendo, escucha, si necesitas un aventón a casa, te


puedo llevar. Si no es así, fue realmente bonito verte.

— Jake, yo{

46
— No hay problema lo entiendo.

— No creo que tú lo entiendas. — le dijo con voz firme


acercándose a él. El paso saliva, tratando de no gemir cuando
los senos de ella se frotaron con su pecho y sus muslos se
tocaron.

— No quiero quedarme aquí para otra copa. Quiero ir a


casa contigo. Solo necesito saber si es tan bueno como lo he
soñado. No quiero nada de ti, sin condiciones, solo una noche.
Ni siquiera tienes que hacerme el desayuno. Yo me iré a las
seis a.m. ¿Qué dices?

Fingiendo una bravuconada que no sentía, Mickey espero,


todo su mundo estaba pendiente de su respuesta. Ella se
presentaba para él, ser ella misma, lo más abierta que pudo
ser. Creía que nunca lo volvería hacer si la rechazaba.

Jake encontró su mirada en la penumbra y con voz


peligrosamente suave. — Grace, lo que estamos haciendo con
esta charla es quitando tiempo. Ahora tengo{ — vio su reloj. —
Cinco horas y veintitrés minutos. Vámonos a la mierda de
aquí.

Mickey casi lloro de alivio. Al mismo tiempo, un poder se


elevó por sus venas que nunca había conocido. Ella le sonrío y
se volvió moviendo un poco más las caderas cuando lo guío a
la puerta.

47
Capítulo 9
L a casa de Jake estaba a quince minutos de
distancia. Mickey lo había seguido en su coche para
que pudiera irse en la mañana. Se detuvo en la
calle mientras Jake se estacionaba en su garaje y tuvo
tiempo de poner un par de cosas en su bolsa de mano y en el
bolsillo trasero de su falda y le mando un mensaje a Emily
para hacerle saber que se había ido. Mientras esperaba a que
Jake cerrara el garaje, los nervios la asaltaron. ¿Y si se
decepcionaba de ella? ¿Y si eran horribles juntos? ¿Que
había estado pensando ella?

Jake salio y camino para abrirle la puerta. La última


oportunidad de volver atrás. Él la saco del coche y la tomó
en sus brazos y le dio un ardiente beso en la boca. En el
momento que la dejo ir, ella estaba mareada y todos sus
pensamientos se escaparon.

Esto iba a suceder.

Caminaron a través de la gran casa de Jake hasta la


habitación, y se pusieron enfrente como dos vaqueros a punto
de disparar.

48
Mickey cerro los ojos por un momento y tomo una
respiración para tener valor. Si ella iba hacer esto, lo haría
bien.

Camino hacia adelante hasta que se paró frente a Jake.


Él estaba de pie frente a un gran sillón, ella se acercó y puso
las manos en sus hombros, presionándolo hasta que se sentó.

— Te gusta dar espectáculos, Jake. ¿Te gusta también


verlos?

La garganta de Jake paso saliva con trabajo y asintió. —


Demonios que si. — el gruño.

Mickey metió la mano en su bolsillo trasero y saco las


esposas y se la puso sobre las muñecas con movimiento rápido.
Él la miro con una expresión de sorpresa, que rápidamente dio
paso a una sonrisa.

— Bien, bien Grace. ¿Soy tu prisionero otra vez? —le


dijo en voz baja que la hizo estremecer.

— Eso parece, Thompson.

Al día siguiente de haber dejado la cárcel Mickey fue


a regresar su equipo de repuesto, estuvo sentada en el
estacionamiento, llena de temor de volver a entrar en el
edificio. Así que como un acto final de desafío, decidió
quedarse con la porra y las esposas. Todavía estaban en la
guantera hasta hace algunos minutos y traviesos pensamientos
le hicieron tomarlas y llevarlas consigo.

Mickey respiro hondo y dio un paso atrás, pasando sus


manos por su cuerpo. Se detuvo en sus pechos, después por sus
caderas y poco a poco rozo sus piernas, temblorosas como ella.

49
Movió sus manos hacia arriba y tomo el dobladillo de su
camiseta y comenzó a levantarla.

Jake dejó escapar un silbido de apreciación cuando vio


los pechos a la vista con su sostén de encaje. Llenos y firmes,
eran como él se los había imaginado y no podía esperar a
poner sus manos ahí. Jesús, estaba hecha como una estrella
de los cincuentas, buenas curvas y pequeña cintura.

— Tú vas a tener que abrir las esposas ahora. — le dijo


con las manos adoloridas por tocarla.

— ¿Quién me va obligar a hacerlo? — le pregunto ella,


tanto con una sonrisa, con un desafío en la voz.

Sus manos llegaron a la cintura de la falda y la


desabotono, puso su mano en la cremallera para bajarla pero
se detuvo. — Me voy a quitar mi falda ahora Jake.
¿Quieres ver mi frente o mi espalda primero?

— La espalda, date la vuelta. He soñado con tu culo.

Mickey se volvió, su cuerpo temblaba de emoción.


Realmente lo estaba haciendo. Estaba siendo ella misma y
parecía que él aún la deseaba. De hecho, parecía que la
deseaba más aún. Se quitó los zapatos y lo miro por encima
de su hombro, mientras se deslizaba la tela por su culo,
después por sus piernas y salió con gracia de la falda y la
pateo a un lado.

La polla de Jake creció más dura debajo de sus


pantalones mientras la miraba. Ella estaba erguida y orgullosa
en un pequeño bikini que cubría una pequeña parte de sus
deliciosas nalgas. Sus dientes le dolían, tan fuerte era la

50
necesidad de hundirse en su culo. Lucho contra las esposa
antes de tomar una respiración profunda, estremeciéndose.

— Camina hacia atrás, Grace. — le ordeno.

Ella lo hizo, se deslizo hasta que sus pantorrillas


desnudas rozaron las piernas de él. Mickey se quedó inmóvil
y él se acercó, sintió su aliento en la parte baja de la
espalda. El apretó un beso húmedo allí y ella suspiro de
placer, como su lengua se movía tranquilamente a lo largo de su
espalda y de cadera a cadera.

Sus labios bajaron y bajaron. Ella jadeo cuando sus


dientes se hundieron en su carne y la mordió abruptamente en
su parte inferior. Trato de alejarse, pero se detuvo cuando
su lengua pasó por la parte herida.

— Mmm...{ — Él se retorcía más cerca de él.


Electricidad corrió por su cuerpo cuando él la volvió a
morder, besar y chupar, calmándola. Mickey estaba ardiendo,
con la esperanza de que el la volviera a morder, sacudió su
culo delante de su cara para seducirlo.

Jake se recargo y miro fijamente, hipnotizado las


caderas de ella balanceándose enfrente de él. Que
afortunado hijo de puta era. Este espectáculo se quedaría en
sus retinas para la eternidad y si había tenido que pasar un
mes entero en se maldito lugar para conocer a Mickey, había
valido la pena.

Mickey se volteo para enfrentarlo y sus ojos se


encontraron por un momento, antes de permitirse mirarla a la
deriva por sus curvas.

— El sujetador ahora, Quítate el sujetador. — insistió.

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Ella alcanzo sus pechos y se desabrocho, las copas se
abrieron y sus pechos surgieron regordetes y derramados hacia
adelante.

Su cuello era largo y elegante, sus hombros delicados


pero fuertes.

Todo era hermoso realmente. Sin embargo sus tetas{ o


sus tetas. Grandes y lucían más en comparación de su pequeña
cintura. Eran absolutamente fabulosas. Redondas y firmes,
eran las que toda chica deseaba y por las que todos los
hombres fantaseaban. Jake no había visto nada más hermoso
en su vida. Coquetos, oscuros pezones se destacaron de la
ligeramente dorada piel. ¿Tenían cinco horas? Jake podría
pasar ese tiempo solo con sus pechos.

— ¿Por qué ocultabas todo esto? — pregunto más para sí


mismo que a ella, sabiendo que no contestaría.

El aparto la mirada para seguir viendo el resto de su


cuerpo, vientre plano y liso, bellas caderas curveadas. El haría
su mejor esfuerzo con tal de liberarse de las esposas en
este momento, para poder tomar esas caderas e impulsarla
arriba y abajo sobre su adolorido pene hasta que ambos
explotaran.

Siguió su mirada hacia abajo y vio el triángulo de seda


color melocotón y sus piernas largas, suaves hasta los pies. Ella
era una belleza en forma. Maldita fuera esta mujer hasta
sus pies eran sexy.

Mickey observaba como su cara se ponía tensa a cada


segundo, su respiración más difícil. Era evidente que le gustaba
lo que veía y el sentimiento de poder se deslizo sobre de

52
ella otra vez, volviéndola más fuerte. Deslizo su mano en sus
bragas y las bajo por sus piernas, poco a poco se las quito.

Prolijamente afeitada con solo una pequeña mancha de


bello, Jake estaba tan cerca de su sexo que podía ve los
labios hinchados manchados con la humedad, haciendo
pucheros como un amante malhumorado. Él se quejó en voz
alta y luego si inclino hacia adelante, con el rostro a una sola
pulgada de su coño. Aspiro profundamente y fue atacado por
su perfume embriagador, almizclado.

— Acércate. — el gimió cuando ella retrocedió un paso.

— Todavía no. — Mickey tenía mucho que dar todavía.


Ella estaba solo entrando en calor.

Se dejó caer de rodillas ante él, extendió la palma de


la mano por el pantalón tensionado por la polla, el arqueo la
caderas hacia ella y gimió. Mickey sonrío y se inclinó hacia
adelante. La gruesa cabeza se asomaba en la parte superior
de los pantalones y la apretó suavemente entre el pulgar y el
índice.

— ¿La voy a chupar, de acuerdo? Nunca lo he hecho


antes. — le advirtió. — Pero he estado muriendo por
intentarlo.

— No te preocupes cariño, solo el hecho de que tú te


pongas al mando del juego. Si a ti te gusta, me va encantar,
no importa lo que hagas allá bajo.

Ella saco el pene de los pantalones y se maravilló de su


tamaño. Una ola de calor se extendió por ella y una ráfaga
de humedad goteaba por sus muslos nada más de pensar en
él en su interior. Se acomodó entre sus piernas, sacando la

53
lengua le dio una lamida provisional a la cabeza. Jake gimió,
y ella lo volvió a hacer, él se tensó debajo de ella.
Cautivada, Mickey golpeo su polla pulsante contra sus labios,
gustándole el tacto sedoso de él. Ella abrió los labios y chupo
la punta poco a poco antes de expulsarla. Dentro y fuera
amamanto la gruesa y lisa cabeza hasta que el empezó a
bombear con sus caderas.

— Tómala, nena, esos es, métetela profundamente —


Jake se pudo haber corrido en ese momento, viendo como la
cabeza de ella se balanceaba arriba y abajo, rebotando sus
cremosas tetas en contra de sus muslos, sus labios jugosos
chupando solo la punta de su polla con entusiasmo. Cerro los
ojos armándose de valor en contra de la vista, a continuación
ella empezó a chupar con más fuerza, más profundo. Su dulce
boca estaba caliente, tan húmeda mientras continuaba bajando,
hasta que llego a la base de su pene. A través de la bruma
oyó como su garganta se cerró ligeramente apretándolo, pero
ella lo sostuvo profundo. Sintió un impulso de esperma caliente
escapar de él y sus músculos temblaron mientras se esforzaba
para no sacar el resto en su boca hambrienta.

— Mierda, eres rápida aprendiendo, Grace. Podemos


hacer otra cosa por un rato. — El logro decir, su voz sonaba
estrangulada en sus propios oídos. El volvió a gemir cuando
sintió la vibración de la risa a su alrededor. Ella lo soltó,
resbalándolo por su boca con un pop y lo miro con una sonrisa.
Se levantó y lo jalo para que se parara junto a ella y se
apretó a él.

— Necesitas quitarte algunas ropas.

Jake se adelantó y en dos pasos la puso contra la


pared, fijándola con su cuerpo musculoso. Ella jadeo y el
apretó la caderas duramente contra ella, su erección como

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roca contra su estómago, doblo las rodillas y presiono su boca
contra la barbilla de ella y luego por el cuello,
mordisqueándola suavemente. Él se trasladó a su oído, su
aliento caliente envío escalofríos por la espalda, haciendo sus
pezones dolorosos.

— Quita las esposas ahora Grace. Necesito tocarte. Voy


a comerme ese coño y quiero tener mis manos en tu cuerpo
cuando lo haga. — le respiro.

— Esta bien, lo que quieras. — la idea de su boca en ella


le hizo temblar la voz.

Sus palabras le enviaron a él una emoción oscura que le


atravesó y se preguntó si ella sabía en lo que se estaba
metiendo. Él se apartó para dejarle pasar. Ella se inclinó para
recoger la falda y sacar las llaves. Se le quedo mirando a su
culo mientras se inclinaba más, imaginando enterrar la verga en
él.

Mickey se enderezo y se acercó a Jake, se hizo un


gesto para que se diera la vuelta y le quito las esposas.

Él se movió tan rápido que parecía borroso y un instante


después ella estaba en la silla con las manos esposada atrás
en su espalda.

— Bueno, cariño parece que las cosas han cambiado.

Un escalofrío de miedo corrió por su espalda, pero


cuando lo miro a los ojos supo que Jake no le haría daño.
Sin embargo a ella le gustaba más cuando él estaba esposado.

Con movimientos rápidos se quitó la ropa y se paró ante


ella, con su cuerpo gloriosamente desnudo. Él se acercó más, y

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haciendo lo que ella hizo se arrodillo entre sus pierna,
recorriendo con sus manos desde los tobillos pasando por sus
rodillas hasta el interior de sus muslos. Sus piernas temblaban
ante su conocedor tacto.

Jake podía sentir el calor que salía de ella. Su coño


estaba preparado para él, jugoso y listo. No podía esperar
para probarla, pero quería empezar por sus pechos. Ella tenía
las manos atrás en la espalda y eso los empujaba para
adelante, los duros pezones le hacían señas.

Jake extendió la mano y suavemente pellizco uno y luego


el otro. Mickey gimió. Él se inclinó, aseguro con sus dientes
la protuberancia firme, y lo succiono cuando ella grito debajo
de él.

El calor fue ganando a través de los miembros de


Mickey y se estableció en sus piernas mientras la chupaba y
lamia. Su mano derecha se deslizo hasta el muslo de ella y
le palmeo la grieta humada. Chupando duro, deslizo un dedo
por su raja profundamente en el interior. Ella gimió y tuvo que
morderse los labios para no gritar. El presiono más,
enloquecedoramente lo saco hasta el tope, deslizando su dedo
sobre su palpitante clítoris y después lo empujo de nuevo con
profundidad. Ella comenzó a jadear mientras el golpeaba con
sus dedo adentro y afuera.

Abruptamente libero sus senos, se inclinó más, dándole


una mirada lasciva antes de presionar su boca en su núcleo.
Mickey aspiraba su aliento y se mordió los labios de nuevo
para no gritar.

El comenzó a darle besos ligeros y recorrió con su


lengua la longitud de sus pliegues. Cuando llego a su clítoris,
tiro de él ligeramente y comenzó a lamer rítmicamente.

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Mickey no podía creer que se había perdido esto en su vida
adulta. Era{ sublime. Ella trataba de no correrse en su boca,
mientras el continuaba su asalto y su dedo se trasladaba en
su interior. No quería que terminara, pero sabía que no podía
durar un minutos más al sentir su orgasmo venir, montándola
con fuerza hasta finalizar.

Inexplicablemente Jake libero sus dedos y dejo su


clítoris.

¿Por qué la torturaba de esa manera? Mickey gimió y


se retorció tratando de acercarse a él.

Jake miro sus ojos suplicantes en la tenue luz y le dio


una apretada sonrisa. — Esto también es difícil para mí,
Grace. Pero quiero que esto sea espectacular entre nosotros y
esperar solo lo hace mejor. — Se dio la vuelta y fue hacia
la mesa.

¿Iba por las llaves para liberarla?

Cuando regreso no alcanzo sus manos para quitárselas,


pero de nuevo se arrodillo ante ella, con una mano en la
espalda.

— ¿Jake? — le dijo con un toque de pánico surgido


de sus conciencia.

— Cierra los ojos, nena. Confía en mí, que va ser bueno.

Mickey estaba en guerra con ella misma. Con los ojos


cerrados, las manos esposadas no podía hacer nada con ellas.
Esto era muy, muy emocionante. Dejo sus ojos cerrados a la
deriva y espero con el cuerpo entero tenso y hormigueando.

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Una vez más ella sintió su caliente y áspera lengua
bañando su coño. Maldita sea que bueno era en eso. Y de
nuevo la lamió, chupo y sacándola casi fuera de su mente, los
músculos tensos, su cuerpo forzando la liberación. Ella se
congelo cuando sintió algo fresco presionando su sobrecalentado
y resbaladizo coño. El retiro la boca de su cuerpo y deslizo
un objeto largo y duro de arriba a abajo en su palpitante
centro. Abajo en su clítoris y en su entrada, hasta debajo de
su culo y de regreso.

— ¿Qué{ estás haciendo? — pregunto con miedo a


mirar.

El no respondió y continúo jugando. Ella jadeaba


mientras él se inclinaba y chupaba su clítoris y trabajaba con
su lengua. Mientras lo hacía, sintió la fría dureza presionando
en su entrada, ahora con más insistencia. Ella se asomó para
bajo para ver a Jake de rodillas entre sus piernas,
lamiéndola, mientras sostenía su bastón. Presa de pánico, trato
de relajarse, pero él la sostuvo firmemente.

— ¿Cómo supiste que estaba en mi bolso?

— Vi que sobresalía cuando estábamos subiendo las


escaleras. Tú me vuelves tan loco que quiero hacerte todo a la
vez. Quiero follarte y comerme tu coño al mismo tiempo y no
puedo. No solo con mi cuerpo. Por favor, Mick confía en mí.
Yo solo quiero ponerte tan caliente como yo. — le susurro.

Ella bajo la mirada a él mientras le daba una lamida


larga a su clítoris y con el bastón presiono una pulgada, luego
dos en el coño, antes de ir a hacia fuera y deslizándolo por
el palpitante clítoris.

— Detente Jake, esto es{

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— Dame veinte segundos, si tu no estas suplicándome en
veinte segundos, voy a parar.

Ella asintió con la cabeza, todavía temerosa. A


continuación el presiono adentro y afuera lamiendo y chupando,
Mickey gimió y la sensación se apodero de ella. Era casi
demasiado, pero al mismo tiempo, no era suficiente. El nunca
empujo el bastón muy lejos y de pronto se encontró con
hambre de más. Sus caderas empezaron a rebotar. Un empuje
superficial de adentro y afuera y luego la boca lamiendo y
succionando. La presión empezó a construirse en el estómago
de Mickey. Ella necesitaba que Jake la follara, sentir su
dura polla enterrarse en todo el camino de ella, estirándola
llenándola. Su corazón se aceleró y empezó a bombear sus
caderas en serio.

— Por favor Jake, por favor.

— ¿Por favor qué? Grace, ¿Qué quieres nena? —


Insistió, su respiración contra su clítoris sobrecalentándola.
Mientras deslizaba el bastón un poco más profundo,
bombeándola un poco más rápido.

— ¿Quieres que te lama mientras te hago esto hasta que


te corras?

— ¡Siiiiiii! — susurro ella fuera de su mente, demasiado


lejos estaba ya.

— Sí. — respondió el moviéndose para cubrirla con su


boca otra vez. Él la amamanto, luego guiaba el bastón más
profundo en esta ocasión cinco, seis, siete pulgadas duras
llenándola. Él lo retiraba lentamente, y luego trabajaba de
nuevo a profundidad, con ritmo constante, al presionar un poco

59
más, hasta follarla duramente y ella se llenó hasta la
empuñadura mientras comía su coño.

— Oh, Dios mío, demonios Jake. — Mickey arqueo las


caderas cuando él lo metió profundamente y se sintió
romperse, rompiéndose en mil pedazos, yendo y viniendo
contra el calor de la golosa boca de Jake, su coño apretaba
el bastón.

Jake estuvo a punto de sacarlo y remplazarlo por su


polla, que le dolía y pulsaba, llorando de necesidad de
enterrarse profundamente en ella. Se obligó a soportar la
embestida de su exquisito orgasmo. El cuerpo de ella se
achico, sus gritos se calmaron y él lentamente deslizo afuera
el bastón de su endurecido coño, mientras la miraba, todavía
jadeando, con los ojos vidriosos.

— Ponte de pie y date la vuelta ahora. Voy a quitarte


las esposas.

Jake levanto la mirada al reloj. Ellos habían usado una


hora. El murmuro una maldición, pensando en todas las cosas
que quería hacer con ella.

— No fue mi intención correrme tan rápido. Lo siento. —


Su voz sonó como un susurro miserable.

Parecía tan desamparada. — Mickey yo lo quería. Y voy


hacer que te corras una y otra vez. — prometió.

Ella se puso de pie, mirándolo dudosa, pero la esperanza


quemaba en sus ojos. Se tambaleo por un momento y se volvió.
Jake gruño al ver su culo desnudo mientras recuperaba la
llave. El abrió las esposas, pero la sujeto cuando ella quiso
encararlo. Agarro un condón de la mesita de noche, lo abrió

60
con los dientes y se lo puso con las manos temblorosas. Apretó
la nuca de ella con la mano, empujándola hacia abajo hasta
que doblo la cintura y se estabilizara en los brazos de la
silla, su firme culo contra su dura roca erección.

Jake amaso sus nalgas, apretando por todos lados.

— Oh esto va ser una follada muy buena, Grace. — dijo


el con voz áspera, con una mano agarrando su culo y con la
otra su pene, froto la cabeza en la húmeda entrada, ella
gimió de anticipación.

Con la esperanza en mente de no explotar al segundo que


entrara. Jake siguió presionando con cuidado. Apretó los
dientes armándose de valor contra su apretado y caliente
sexo de ella. Finalmente se enterró profundamente, tratando
de mantener un gramo de control.

Mickey se mantuvo en su lugar, disfrutando la sensación


de su gruesa polla, permitiendo que su cuerpo se estirara para
alojarlo gratamente. Dios se sentía{ increíble. La presión
comenzó a construirse de nuevo, el calor irradio su núcleo. Ella
estaba llena y él mandaba pulsaciones directas a su punto G.
Dulce. Ella apretó hacia atrás y Jake gimió. Ella lo hizo de
nuevo, esta vez apretando los músculos en su interior. El juro
rotundamente y la agarro de las caderas con ambas manos
tirando lejos de él y deslizándola de nuevo en su polla. La
comenzó a embestir con fuerza, usando sus caderas contra él
una y otra vez. Ella sintió construirse un segundo orgasmo,
tirándola hacia el abismo.

Anclado en su interior, Jake se detuvo de nuevo para


obtener un agarre más firme. El soltó una de las caderas de
ella para trazar lentamente en la grieta oscura entre sus
nalgas. Su miembros inferiores temblaron en contra, él le dio

61
un apretón fuerte, deleitándose con la sensación de su carne
firme contra su palma, Mickey gimió y Jake jadeo de nuevo.
A ella le gusto. La idea de que el cuerpo de ella respondiera
también al placentero dolor hizo que su polla se hinchara aún
más.

Una vez más, amaso y apretó más fuerte esta vez


acompañando con la presión de sus caderas, metiéndose más
profundo en su interior. Mickey grito un sollozo incoherente
mientras empujaba contra él. — ¿Te gusta eso, Grace? — la
engatuso, acariciándola y después apretándola.

Jake cerro lo ojos cuando el cuerpo de ella empezó a


apretarlo a su alrededor como el agarre de un puño. El
detuvo su ataque de dolor placer y deslizo una mano entre
ellos donde estaban unidos. Sus dedos buscaron la humedad
cálida del cuerpo de ella y baño sus dedos con sus jugos. El
deslizo el dedo índice entre sus nalgas hasta que sintió la
presión del pequeño nudo oscuro. Suavemente, el metió su
dedo índice en el culo de ella, bombeando sus cadera en
decadente contrapunto, deslizando su polla profundamente en
su coño caliente, y luego deslizando un dedo más profundo en
su culo.

Mickey sintió una oleada de vergüenza momentánea en


el juego de su culo, pero fue rápidamente eclipsada por el
éxtasis de que Jake la llenaba por todos lados. Ella trato
de no gritar, pero él estaba embistiéndola con su polla ahora,
enterrándose hasta la empuñadura, moviéndose dentro de ella
cuando el astutamente movió su dedo suavemente,
profundamente, dentro y fuera de su culo. Empujando,
empujando{

Un lamento salió de la garganta de Mickey y ella sintió


su cuerpo entero comprimirse, agarrándola y después exploto.

62
Olas sacudieron y pulsaron a través de ella cuando se
estremeció y temblaron sus pies. La longitud de acero de él
continuaba el incesante golpeteo.

Jake se agarró con fuerza, tratando de contenerse,


pero el codiciosos tironeo de su coño apretaba cada vez más
ordeñándolo, succionándolo. Era demasiado. El fijo la mirada
en el hermoso culo que jamás había visto, él la embistió por
última vez, con fuerza. Dejo escapar un bramido con la
tensión agrupada bajo la ingle, hinchando más su polla.
Tensando su bolas casi al dolor antes de que el esperma
caliente fuera expulsado hacia afuera de su cuerpo, con olas
de euforia estrellándose en él.

Largos momentos pasaron con el cuarto en silencio, solo se


oía la respiración pesada de ambos. Jake salió de ella con
suavidad y la volteo para enfrentarle. Intento una sonrisa
arrogante, pero se sentía falsa en sus labios. — Bueno Grace.
Esto estuvo endemoniadamente bien. Y todavía nos quedan un
par de horas. — Dijo con la mayor indiferencia que pudo
manejar.

¿Maldita sea porque se sentía tan raro? El acababa de


tener el mejor sexo de su vida, pero se sentía insatisfecho
de alguna manera, como si quisiera acurrucarse con ella y
besarla en la frente o frotar su espalda y hablar o hacer
algo.

Él se dio una sacudida mental. Ella había sido


realmente caliente y el solo estaba pasando por una bruma
post-sex espectacular. Ella era solo otra chica, aunque magnifica
y en pocos minutos, una vez que la euforia se disipara, el
volvería a la normalidad.

63
Mickey se aclaró la garganta. — Has estado muy bien. Te
agradezco. ¿Puedes cerrar los ojos para que pueda vestirme?
— pregunto remilgadamente. Su rostro flameo con su mirada.

— Todavía tenemos dos horas más. — Se maldijo a sí


mismo, incluso mientras lo decía. Sonaba como un perdedor,
rogando para que se quedara. Pero maldita sea, él sabía que
había estado bien para ella, ¿porque la prisa por irse tan de
repente?

— Lo siento, no puedo. Esto estuvo muy bien, pero estoy


muy confundida en este momento y creo que tengo que irme.

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Capítulo 10
C
uando Mickey volvió su atención a vestirse, se dio
cuenta que sus manos seguían temblando, sus piernas
se sentían como gelatina{ y se sentía maravillosa,
como si le hubieran quitado ochenta libras de los hombros.
Años de tensión, se habían ido. El sexo había sido irreal.
Justo lo que siempre había esperado y soñado que sería antes
de que su madre la hubiera convencido de lo contrario. Ahora,
se sentía asustadiza como una colegiala con su primer amor o
algo igual de tonto. Se comprimían fuertemente sus emociones,
mentalmente castigándola. Romantizar este encuentro no era el
camino a seguir.

Ella se movió para enfrentar a Jake. Tomo una


respiración profunda. — Escucha, no quiero que se haga más de
lo que es{ — Ella lo miro por confirmación.

— Lo que tú digas. — él arrastro las palabras mientras


se limpiaba y se deslizaba en sus pantalones de nuevo.

Ella trato de no mirar su cuerpo, pero era un ejercicio


inútil. Su pecho y estomago desnudos eran tan fuertes y
definidos. Su cara se calentaba a medida que sus dedos
maniobraban su polla todavía dura en sus pantalones antes de

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abrocharse la bragueta. Ella saco su lengua para humedecer sus
labios secos, levanto su mirada y se dio cuenta de que él la
estaba mirando. Sus ojos estaban fundidos como el mientras
la miraba.

— ¿Segura que no te puedes quedar hasta mañana? —


el pregunto, su voz sonó como si acabara de tragar vidrio. —
Incluso te haré el desayuno.

¿Maldita sea, porque tenía que ser tan sexy y tierno?


Ella tendría que mantenerse firme de una manera u otra.
Pero esta noche le había demostrado que él era especial. Él
se había arriesgado a pelear en el bar para defender su
honor, pero estaba bastante seguro de su virilidad para dar
un paso atrás y dejar que ella se defendiera cuando quiso.
Luego, la había hecho volar con el sexo. Y ahora se estaba
ofreciendo a cocinar para ella. ¿Qué más se puede pedir?

Pero era un chico malo. Mickey sabía que era cierto


tanto como sabía su propio nombre. Ámame y déjame Jake. Y
maldita fuera si se enamoraba de él y dejar que la dejara.
Prefería ser la que lo dejara y mejor hacerlo ahora,
mientras todavía tenía fuerza de voluntad.

— Eso es una gran oferta, pero me temo que voy a pasar.

— ¿Muy bien, entonces que tal un beso de despedida


antes de acompañarte afuera?

En contra de su mejor juicio, se encontró asintiendo con


la cabeza.

— Está bien. Un beso.

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Ella tenía el pelo alborotado, las mejillas rosadas y los
labios hinchados. Y algo marco en él cuando la vio con la ropa
puesta, preparada para salir de su vida. No iba a dejarla ir.
Mickey no iba a llevar a cabo su plan. En la mente de ella,
ellos tuvieron una aventura y ya había acabado. Ella tenía que
tomar de su más fuerte voluntad para esperar salir de ahí.
Porque él iba hacer todo lo posible para hacerla cambiar de
opinión. Haría lo que fuera necesario para pasar más tiempo
dentro de Mickey Grace. No solo en lo físico, cosa que no
había experimentado con ninguna mujer antes, pero realmente
ella le gustaba. Era divertida, tenía coraje y buena persona.
El sería un tonto si la dejara escapar. Y Jake Thompson no
era un tonto.

Ella camino hacia él por su beso de despedida y el la


jalo cerca. Tomando su barbilla con la mano, la beso
suavemente en la frente, luego rozo con sus labios sus
parpados, la nariz, las dos esquinas de su boca. Y ella dejo
escapar un suave “hmm”. Presiono sus labios contra los de
ella y ella se derritió. Deslizo sus manos sobre los hombros
de ella, por su clavícula, sobre sus pechos. Hizo una pausa por
un instante, tocando con el pulgar sus pezones hasta que se
pusieran duros, paso por la cintura, luego permitió que sus
manos llegaran a sus caderas. Él se arqueo hacia adelante,
restregando rápidamente su engrosada verga contra su hueso
púbico y gimió en la boca de ella. Ella se inmovilizo y gimió
cundo él se inclinó y deslizo una mano por sus rodillas para
cargarla en sus brazos.

— Jake{ — susurro.

— Sé que te tienes que ir, Mickey, pero solo un poco más


de tiempo, ¿está bien?

67
El soltó su aliento en alivio al sentir que asentía con la
cabeza en su hombro.

Él la acostó en la cama y rápidamente le quito sus jeans.


Ella se inclinó hacia él y envolvió su brazo alrededor de su
muslo. Levanto su polla y la puso en contacto directo con su
esperada boca.

Jake miro la pálida luna cuando ella froto suavemente


sus labios contra él hacia adelante y atrás, después ella lo
agarro con una mano y abrió los labios de par en par y lo llevo
al fondo de su boca.

— Maldición, esto es bueno. — murmuro él mientras le


pasaba los dedos por su pelo sedoso.

Ella se apartó y le sonrío.

— Me alegra que te guste.

Jake gimió cuando ella lo capturo de nuevo y comenzó a


chuparlo duro. Él estaba aliviado de que fuera más fácil ir
despacio en esta ocasión, la sesión anterior lo había llevado al
borde. Entonces lo tomo profundamente, cerrando su garganta
a su alrededor en un sensual apretón y cualquier control se
quebró.

Su mano apretó su cabello y la utilizo como ancla cuando


ella trabajo fundiéndolo, su boca amamanto su polla con
fuerza una y otra vez. El comenzó a bombear sus caderas en
contrapunto, follando su boca. El mundo de él se convirtió en
un alfiler, su visión se borró y su cabeza grito mientras corría
hacia el orgasmo. Mickey nunca lo soltó, llego hasta la bolsa
de sus bolas con una mano. Con una enorme fuerza de
voluntad, él se detuvo con segundos, en su prisa por liberase.

68
¿Qué demonios fue eso? Se suponía que él debía
ganársela, volverla loca. No al revés. Él ya sabía que estaba
enganchado. Ahora, él tenía que engancharla.

— Jesús, Mick eso fue{ — No podía encontrar las


palabras para describir que sexy fue y como lo prendió.

Ella simplemente le sonrío, complacida consigo misma como


un puñetazo.

No era la mirada que él quería. Tenía que volverla loca,


hacerla delirar por él, hacerla correrse fuerte, como nunca se
había corrido en su vida. A jugar.

Cuando Mickey decidió quedarse, decidió que si lo iba


hacer lo iba hacer bien. Se preocuparía por las consecuencias
mañana, pero esta noche eran ella y Jake.

Ella lo miro desde la cama, al parecer tratando de


recobrarse y se dio a sí misma una congratulación. Debió
haberlo hecho bien.

Su euforia se convirtió en anticipación ya que él se subió


a la cama y se cernió sobre ella, a horcajadas sobre sus
caderas. Agarro la parte inferior de su camiseta y se la quitó,
arrojándola a un lado. Ella no se había molestado en ponerse
el sostén de nuevo, cuando se volvió a vestir, se estremeció
cuando él miro con avidez sus pechos desnudos.

Jake se inclinó abajo y metió un pezón en su boca. Ella


jadeo cuando él la mordisqueo y la chupo. Respirando el olor
almizclado de él, ella alcanzo su cabeza para subirlo, pero el
se apartó.

Mickey gimió en protesta.

69
— No me toques. Te estoy tocando yo ahora. — le
ordeno.

Ella bajo sus manos a los costados, mientras el inclinaba


su cabeza de nuevo a sus pechos y encendió su pezón con la
lengua. Ella arqueo la espalda presionándose para que el fuera
más profundo. Mickey gruño en señal de frustración porque él
se hacía para atrás una vez más.

— No, no, no trampas, Grace. Quédate quieta o te voy a


castigar.

¿Porque la amenaza le causo un chorro de calor entre


sus muslos?

Él se inclinó una vez más y froto su lengua por los


pezones una vez más y otra vez. Luego lo tomo con los
dientes, lo golpeo con la lengua. Ella se retorcía debajo de él.
Luchando por no agarrar su cabeza otra vez, sabiendo que
sería inútil.

— Por favor Jake.

— No hables hasta que yo te diga.

Ella cerró la boca bruscamente, creándole frustración. El


señor mandón iba a{

— Buena chica, Mickey, las buenas chicas reciben premios.


— le dijo mientras deslizaba su polla presionándola en contra
de su entrada caliente.

Oh sí. Sus caderas se levantaron para encontrarlo, cuando


la cabeza gruesa de su verga pulso en su coño. Ella gimió de
alivio. Él se apartó.

70
— ¿Que he dicho Mickey? No se permite hablar. Ni
moverse. Ahora te voy a castigar. Y si eres buena chica,
cuando hayamos terminado, tú puedes montar mi polla. — Sus
oscuras palabras y el brutal calor de su tono le envío
emociones que se deslizaron a través de ella antes de
establecerse en sus caderas.

Jake rodó y paso sus piernas sobre la cama. Sus ojos se


encontraron y el hizo un gesto para que subiera en su regazo.
Muda, ella se negó con la cabeza.

— Ahora. — grito él, con el rostro tenso. Ella estaba en


el precipicio, preguntándose hasta donde lo dejaría ir con
este juego, y se dio cuenta de que quería aprovechar la
oportunidad al máximo. Ella se puso de rodillas y se arrastró
alrededor de él, poniéndose boca abajo encima de su regazo.
Su cara quemaba ya que se imaginaba su culo desnudo al aire,
pero su humillación inicial se evaporo, cuando sintió su flexible
polla debajo de ella. Ella se quedó quieta para no frotarse
desesperadamente contra él.

— Bien. — dijo él un momento antes de que su mano le


diera un fuerte golpe. Smack. Ella se puso rígida, luego gimió
cuando él la acaricio con un toque suave, antes de bajar su
palma otra vez dura. Smack.

Mickey trato de separar el dolor del placer. Sus


sentidos se calentaron y a pesar que las mejillas de su culo
quemaban al contacto, también podía sentir la polla de Jake
presionando contra su coño mojado. Smack.

Trato de no moverse mientras se deslizaba la cabeza


de su pene de nuevo por su coño.

Smack.

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Las caderas de él flexionadas, presionando su dura
longitud otros centímetros en ella. Ella no podía respirar, no
podía pensar. Él le palmeaba el culo y se lo apretaba con
firmeza, empalándola más con su pene rígido. Ella tembló por
el esfuerzo de permanecer quieta y apretó la cara contra el
colchón, para evitar suplicar.

En el siguiente golpe, ella arqueo las caderas casi por


reflejo, gimiendo por como el la llenaba tan profundo como
pudo desde ese ángulo. Un segundo después ella estaba
privada cuando él la quito por completo. Ella sollozaba.

— Mickey, si vas a seguir desobedeciendo, va ser una


noche muy larga. — Estrelló otra vez su mano sobre su culo y
comenzó a palpitarle y arderle la carne.

Delicioso.

Jake se preguntó si sabía que se estaba castigando tanto


como a ella. El temblaba por el esfuerzo de solamente
voltearla y follarla. El necesitaba que ella llegara a un nivel
elemental en su mente. Una mujer como ella podía encontrar
un millón de hombres que la follaran, él quería estar fuera de
eso. Quería tenerla por completo, para que no pudiera
compararlo con nadie y ese impulso le dio fuerzas de
voluntad sobre humana.

En ese punto de la lección, él tuvo que cerrar sus ojos


durante un minuto para excluir el erotismo de tenerla
acostada sobre su regazo. Su culo regordete y rosado por sus
manos y si él lo miraba por más tiempo iba a explotar y
humillarse a asimismo corriéndose fuera de ella y no dentro
de ella.

Smack.

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Tanto frotaba como apretaba su culo, de nuevo le dio
unos centímetros de su polla, deleitándose del calor
abrazador, que se cerró sobre él. Ella lucho por permanecer
inmóvil, pero su respiración era entrecortada ya que a pesar
de sus esfuerzos, su cuerpo temblaba mientras yacía sobre él.

— Buena chica. — le susurro y deslizo sus manos hacia


abajo sobre la piel sedosa de su culo, localizando la grieta
oscura con un dedo, uniéndolo más abajo. El separo los muslos
de ella, donde estaban unidos precariamente, separo sus
caderas tirando su pene fuera de ella y lo sustituyo con dos
dedos, gimiendo cuando él los empujo en su esperado calor.
Las caderas de ella se desplazaron casi imperceptiblemente,
él la sostuvo. Ella dejo escapar un gemido ahogado.

— Ahora Mickey, repite después de mí. — deslizo sus


dedos más profundo. — Quiero que.

— Quiero que. — gimió ella

— Te comas mi coño. — continuo él.

Ella gimió y sacudió la cabeza. El flexiono los dedos


dentro de ella.

— Yo quiero que comas mi coño hasta que me corra. Dilo


Mick o te voy a mantener así toda la noche, justo en el
borde.

Ella temblaba y sollozaba y trato de presionar con más


fuerza sus dedos.

Ella estaba tan cerca, tan cerca. Él podía sentirlo por la


tensión de su cuerpo, el endurecimiento de las paredes de su
coño. Saco sus dedos, deslizándola fuera de su regazo, la

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puso de pie. Se levantó y la tomo en sus brazos y camino
hacia el baño principal.

Ella se quedó sin aliento.

— ¿Que estás haciendo?

Él la sentó en la repisa y encendió las luces en baja


intensidad. Su respiración era entrecortada, su mirada febril
mientras esperaba su respuesta.

Espejos los rodeaban por tres lados.

— Mírate Mick.

Ella volteo la mirada hacia un lado y se miró. El


esperaba que viera lo que él veía. Sobresalientes labios
sensuales. Senos perfectamente formados con duros y
enrojecidos pezones. Un testimonio de vida, respiraba la
encarnación de sexualidad y una necesidad saludable.

— Tu eres tan jodidamente hermosa, tan jodidamente


sexy. No tienes que esconder nada. ¿Qué hay que temer?
Di lo que quieres, Mick. Mereces conseguir lo que quieres. —
insistió él en voz baja.

— No puedo.

— Si puedes. — se movió entre sus muslos y palmeo su


polla en la mano. Él miro su coño brillante y rosado y gimió. Él
estaba dolorosamente duro. Le tomo toda su fuerza de
voluntad no bombearse con su puño un par de veces y liberar
la insoportable tensión en sus bolas. Pero estaba en un callejón
sin salida y él tenía que provocarla.

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Él miro hacia arriba y la cacho mirándolo. Se agarró su
polla y se acarició hacia arriba, mirándola fijamente a la
cara, midiendo su reacción. La lengua de ella salió y sus fosas
nasales se ensancharon delicadamente.

Ah a ella le gustaba mirarlo. Él se froto de nuevo,


bombeo su puño arriba y debajo de su polla llena de sangre,
apretando la cabeza. Ella se quedó sin aliento. Él bajo la
mirada para ver la gota de humedad del llanto de su polla.
Ella encontró sus ojos.

— Cuando te vi en tu celda. Tu miraste{ — Su voz se


desvaneció, cuando sus ojos bajaron de nuevo.

El rezo en silencio por su cordura cuando comenzó a


trabajar más fuerte, arriba y abajo. La respiración de ella se
hizo más difícil, cuando su pene se alargó y empezó a gotear
líquido pre seminal.

— ¿Te gusta la verga, nena? Dime que te gusta.

— Si, me gusta. — susurro ella.

— ¿No te puedo oír, Mick que has dicho? — podía


sentir su semen salir de sus bolas ahora, listo para su
lanzamiento, pero él siguió adelante.

— Me gusta, me gusta mucho. — dijo un poco más fuerte


ahora.

Se paró y soltó su polla, esta se sacudió y tembló. Él


tomo su fuerza de voluntad para no correrse.

— Fóllame Jake. Fóllame duro, por favor. — susurro


ella.

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La euforia se disparó a través de él, pero se obligó a
mantener la calma. Ella estaba casi allí, completamente abierta
para él.

Se arrodillo delante de ella, respiro su olor. Movió su


lengua sobre su clítoris hinchado y ella se estremeció, gritando.
Chupo duro el nudo en su boca, expertamente trabajó con sus
labios y lengua.

Su cuerpo se tensó como el de ella y deslizo dos dedos


dentro de ella, profundo. Ella se congelo y el sabia con un
respiro, un movimiento, ella explotaría en él.

— Jake. — sollozo, arqueando sus caderas para llevarlo


más profundo, para que le diera más. El retrocedió sus dedos
hasta que apenas las puntas se mantenían adentro de ella y
ella gimió, insatisfecha.

— Ruega, ruega por mí, Mickey. Dime exactamente lo


que quieres y como lo quieres. — respiro sus palabras contra
ella sus labios a unas pulgadas de su coño, un líquido cremoso
corría por sus muslos. El mordió ahí y ella se estremeció otra
vez, en agonía por la anticipación. El lamió su centro una vez
más y su coño se agito contra sus dedos.

— No. Podemos estar así para siempre. Ruega.

Algo dentro de ella se rompió mientras sollozaba y


temblaba.

— Por favor Jake. Por favor, fóllame. Quiero tu polla


dentro de mí cuando me corra. Por favor. — se quejó.

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Él se puso de pie de un tiro y retiro totalmente los
dedos de su cuerpo, agarro su pene y empujo la cabeza en su
calor esperado.

— Buena chica, Mick. Eso es todo. Ahora tómalo. —


Gruño mientras se aferraba a sus caderas, conduciéndolo en
un solo movimiento suave.

Mickey lo rodeo con sus brazos y se agarró de su culo


para anclarlo por un momento, antes de empujar sus caderas
en respuesta. Él lo saco y lo volvió a meter, a continuación la
embistió todo el camino de vuelta. Agarro las caderas de ella
fuertemente y la follo con fuerza con su enorme polla, una,
dos y luego sintió el cuerpo de ella tensarse cuando grito.

La embestía duro, sintiendo sus paredes interiores


tirando de él, instando a su propia liberación. Se retiró y otra
vez empujo una última vez y el coño de ella, se tensó y
convulsiono sobre él, absorbiéndolo con sus jugos, hasta que no
se pudo contener por más tiempo, agarro sus bolas las apretó
con la mano y se deslizo fuera de su coño. Ella todavía
estaba jadeando, pero se las arregló para pronunciar.

— En mi boca.

El casi se corre en el aire y luego sacudió su cabeza


para despejarse. Ella se arrodillo magnifica entre sus piernas,
agarro su pulsante polla en su puño. Cero los labios en su polla
y chupo toda su longitud. Sus bolas se apretaron más, hasta
sentir como se elaboraba completamente dentro él. El miro su
gloriosa cabeza subiendo y bajando en él, sin terminar.

El orgasmo lo rasgo por dentro y el agarro la cabeza de


ella en sus manos mientras explotaba en su golosa boca,
amamantándolo. El éxtasis venia y venia mientras el gritaba su

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nombre, bombeando en su garganta, la polla se sacudió cuando
se corrió.

Mierda. Trataba de volver a sus sentidos, se preguntaba


quién había sido el profesor y quien el estudiante. A medida
que su ritmo cardiaco se volvió lento, miro hacia abajo y vio
Mickey mirándolo con una sonrisa de satisfacción.

— ¿Porque sonríes? — pregunto el, agitando su pelo


juguetonamente.

— Por nada en absoluto, Thompson. ¿Te crees muy


inteligente, eh? Me haces rogar. Bueno la venganza es perra y
tendré mi revancha.

Increíblemente su polla tembló ante la idea. Alargo su


mano y la tomo entre la suya.

— Mickey, quiero que nos demos una oportunidad. Me


gusta follarte. Y hay un millón de cosas que quiero mostrarte y
hacer contigo. Pero eso no es todo. Me gustas. Me importas. Y
quiero saber si soy capaz de amarte, y ver si tú me puedes
amar también. No soy un ángel, pero si se una cosa, que nunca
me sentí así con ninguna mujer antes y por eso es que nunca
he hecho compromisos. Pero si me das la oportunidad, te
juro, que seremos tu y yo, nadie más. ¿Qué dices? — El
termino con el corazón en la garganta.

La alegría brillo en los ojos de ella.

— Yo digo que sí, tan loco como es, vamos a darnos una
oportunidad. — Ella hecho los brazos por su cuello y se apretó
a su cuello, y el alivio se apodero de él.

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— Pero la venganza inicia ahora. ¿Tienes vendas para los
ojos?

Fin

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