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UNIVERSIDAD AUTONÓMA METROPOLITANA AZCAPOTZALCO

DIVISIÓN DE CIENCAS SOCIALES Y HUMANIDADES

Alumno: Rubio Silva Daniel Felipe


Matrícula: 2173041759
Grupo: HAT22
Materia: México, Economía, Política y Sociedad I
Profesor: Robert Patrick Ducarel Gun Cunninghame
Trimestre: 17O

“Reseña de la novela: Santa”

Fecha de entrega: 5 de Diciembre de 2017


Gamboa, Federico. Santa. Ciudad de México. Fontanera. 1989(1903). 369 pp. La obra

escrita por el autor naturalista Federico Gamboa, uno de los máximos representantes de

esta corriente literaria llamada naturalismo. Para entender la obra del autor es necesario

contextualizarlo y conocerlo.

Nació en la Ciudad de México en 1864, y fue el encargado del despacho de la Secretaria

de Relaciones Exteriores durante la mayor parte del Porfiriato. Su colaboración con el

gobierno como diplomático y la abierta admiración y adhesión personal al dictador Porfirio

Díaz hicieron de él un encendido defensor de los logros conseguidos bajo el mandato del

dictador que no implicó, sin embargo, que no se manifestara contra algunos aspectos del

sistema porfirista, como la censura más o menos ácida hacia la clase acomodada de su

país y la descripción de la miseria moral y económica de las clases menos favorecidas de

la sociedad. Su carrera política terminó cuando se postuló como candidato a la presidencia

en las elecciones que ganó Huerta, y además se vio obligado a exiliarse durante el gobierno

de Carranza en La Habana.

Siendo un autor naturalista, sigue los preceptos de esta corriente literaria, en la que se

reproduce la realidad con una objetividad documental en todos sus aspectos, tanto los más

vulgares como los más sublimes. Esto se ve reflejado en su novela Santa, que retrata la

vida en la sociedad mexicana durante la época del porfiriato. Muestra el lado oscuro de una

hipócrita sociedad conservadora que por un lado promueve la moral y los “valores de la

época” y por el otro de manera fortuita practica las más terribles bajezas y vicios morales.

El inicio de la historia de Santa, más bien el preámbulo es meramente la única parte en la

que se nos permite interactuar de una manera más personal con la protagonista de esta

historia. Nos muestra a su manera, una rápida vista de lo que le pasara y además nos

predispone a tenerle misericordia y perdonarla por las faltas que cometió. Aquí es donde se

muestra la visión de una mujer de principios del siglo XX en México, es un mundo donde
para ella, debe ser la mujer perfecta, es decir, abnegada, obediente y servil. Es una

sociedad donde, los errores de las mujeres no pueden ser tolerados y no serán perdonados,

un pueblo donde imperan los altos valores morales rige a la sociedad, pero una sociedad

con doble mascara, una de noche y otra de día, cada una con matices que iremos

explorando conforme avanzamos en la historia de Santa.

Hija de una familia común de la época porfiriana, proveniente del barrio de Chimalistac, en

la temprana urbe de la ciudad de Mexico, con dos hermanos obreros y una madre de edad

avanzada, Santa se ocupa de las labores del hogar como cualquier otra muchacha de su

edad. Sin embargo, Santa va creciendo y los cambios que vienen con esto la ponen en

situaciones muy delicadas. Cabe aclarar que, es muy marcada la manera en que estos

cambios físicos son tratados en esta sociedad. La madre de Santa, la regaña cuando ella,

muchacha inexperta en estos temas, se atemoriza por la llegada de su primera

menstruación (madre, así de enferma he de estar, que no ve como me he desangrado), a

lo que su madre le dice que es la bendición de Dios que la hace mujer. Para ser una

sociedad machista donde la mujer ha sido prácticamente delegada a las labores del hogar

y con un proteccionismo abismal, es realmente irónico como la madre de Santa, especifica

que ser una mujer es una bendición.

Siguiendo la ideología de los mexicanos en esa época, la única falta o pecado de Santa fue

el haberse enamorado del alférez Marcelino que solamente jugo con ella y después de

haber saciado sus instintos, la abandona dejándola embarazada. Es aquí donde el

sufrimiento de la protagonista inicia, con un prematuro aborto a los 4 meses de gestación y

además, echada de su hogar y repudiada por su familia y sus hermanos, quienes creen que

el honor y la imagen de la familia han caído por los pecados de Santa, a quien sin ninguna

consideración abandonan a su suerte.


Es aquí donde Santa recurre a Pepa, una vieja conocida que le hablo alguna vez de trabajo,

y que si alguna vez lo necesitase ella podría darle uno. La muchacha es aquí donde

resuelve su destino, en un prostíbulo a cargo de Elvira, que la examina y la manda a la

clínica a “valorarla”, como si de mercancía se tratara y efectivamente, eso era lo que Santa

decía que era. En el prostíbulo ella vendía su cuerpo a todo aquel que pagara por el placer

de su compañía, y no era un placer barato, pues ella se consolido como la más codiciada

entre los parroquianos asiduos al prostíbulo de Pepa.

Hablar del burdel de Elvira es hablar de un mundo completamente distinto al que va

pasando por las calles de la ciudad de Mexico. Es un mundo donde reina la lascivia, donde

el alcohol es la voz y la lujuria la ley. Contrasta estrepitosamente con la sociedad

afrancesada de Mexico, ese ideal de orden y progreso que Porfirio Díaz se esforzó por

asegurar en su mandato

En el burdel trabaja Hipólito, pianista invidente que rápidamente se ganó la amistad y

confianza de Santa, se volvieron confidentes de las desgracias mutuas. Por un lado se

confiaron las historias de su vida, y por el otro, se consolaron mutuamente en momentos

de flaqueza del alma. Es cierto que entre Santa e Hipólito nace una amistad que se forja en

las desgracias del corazón, en la cúspide de las penas que viven aquellos dos seres

abandonados de una sociedad, a la que no le son útiles, es ilógico pensar que Santa pudiera

llegar a enamorarse de un viejo invidente, aunque al revés pudiera suceder.

Un día, durante los festejos de la Independencia mexicana, Santa se va con un torero

conocido como el Jarameño, el cual queda cautivado por su belleza y le confiesa su amor.

De todos los cuerpos que pasaron por la alcoba de Santa, solo a dos les amo de verdad.

Uno fue el alférez a quien le entrego su cuerpo y su inocencia, y el otro es el jarameño, a

quien de tanto temor le quiso, según palabras de ella. No es justo mencionar a “El Rubio”,
que hasta la quería sacar del burdel o de Hipólito, que en verdad la quisieron, pero no fue

correspondido, al menos no al principio. El “Jarameño”, le propone a Santa irse con él y ser

su mujer, y ella, con la inocencia que aun la caracterizaba y por los consejos de Hipólito, se

va con él, y el Jarameño le pone casa y la mantiene.

Todo transcurre en calma hasta que ella empieza a sentirse sola y en su necesidad de

atención engaña al Jarameño con un inventor de apellido Ripoll. El los descubre y ella se

ve obligada a regresar a casa de doña Elvira.

A medida que pasa el tiempo Santa se va dando cuenta de que en la casa de doña Elvira

se ha gestado una profunda animadversión hacia ella por ser la preferida de los clientes y

de la misma doña Elvira. Pasado algún tiempo después de estos acontecimientos, en la

casa de Elvira entran sus hermanos, quienes conversan con ella y, después de notificarle

que su madre ha muerto y que la ha perdonado, ellos la siguen repudiando y le piden que

jamás los busque, que de igual manera a los considere muertos. Aquí se ven una vez más

la crudeza de la sociedad que juzga y oprime a la mujer hasta el límite de sus fuerzas, es

más, fue echada de la Iglesia al ir a orar por su madre fallecida, tan solo por el hecho de

ser una prostituta. Santa empieza a sentir que una enfermedad la aqueja, enfermedad de

la cual no se repondrá.

Un tiempo después Santa acepta la vieja propuesta de Rubio de irse a vivir con él. Pero,

Rubio empieza a maltratarla por lo que se sume en el alcoholismo. Luego de un tiempo,

Rubio echa a Santa de su hogar, por lo que la muchacha intenta recuperar su vida anterior,

pero ya no en la casa de doña Elvira donde ya no se siente bien recibida. Santa va a un

burdel que compite con el de doña Elvira pero la rechazan por su enfermedad y por los

rumores que sobre ella han vertido.


Al haber sido aceptada en un burdel muy barato y horrible, Santa se encuentra a Hipólito,

quien le pide que por favor se vaya con él, y ella lo rechaza porque sabe que no es suficiente

mujer para alguien como Hipólito.

Sin embargo, el la acoge y ella le confiesa su amor, y después de jurarse que estarían

juntos, y que Hipólito asumiera los costos de la cirugía que salvaría a Santa, finalmente ella

muere a mitad de la operación. Santa, que preveía su muerte le hizo jurar a su amor que la

enterraría en su pueblo junto a su madre. El libro termina con Hipólito rezando en su tumba

y repitiendo una oración “Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros los pecadores…”

A Santa le llego la felicidad demasiado tarde. Hipólito, quien fue el único que en verdad la

amo hasta el final, y a quien ella finalmente pudo amar, siendo este el segundo amor de

Santa, y no el jarameño, como habíamos expuesto antes. Es menester hablar de la

redención que a Santa llego momentos antes de su inminente muerte debida al cáncer.

Pero así como hablamos de su redención, hay que dejar claro un punto: ¿De quién viene

este perdón? Obviamente no viene de la familia de Santa, ni de sus amigos o los amantes

que tuvo, ella se refiere al perdón divino, que es el único que todavía la puede salvar de

todo lo que ella ha hecho pero, ¿Qué ha hecho Santa si no solamente ser víctima de los

que le dieron la espalda? No es justo decir su familia, es la sociedad la que a través de sus

instituciones, los valores que predican pero no practican y aún más, la censura que provocó

que una simple mujer sea llevada al límite de sus fuerzas.