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Cuando hablamos de sucesiones, es necesario determinar qué persona murió antes y

quien logró sobrevivir; para así determinar la línea sucesoria a llevarse a cabo.

Se entiende por conmurientes cuando dos o más personas han perecido en un mismo
acontecimiento, por el cual no se puede saber el orden en el que han ocurrido sus
fallecimientos, se precederá entonces como si dichas personas hubiesen perecido en un
mismo momento, uy ninguna de ellas hubiese sobrevivido a las otras. Así por ejemplo, en
un caso de naufragio, incendio, terremoto, accidente automovilístico, etc.

La teoría de los conmorientes, viene a ser útil cuando un acontecimiento tiene como
resultado fallecimientos simultáneos, y resulta necesario determinar quien sobrevivió a
quien, para en ese sentido dar luz a la sucesión. Por ejemplo, supongamos que dos
hermanos mueren, no tienen más descendientes ni ascendientes y solo están casados.
En este caso se necesita saber quién muere primero, para tener noción de cual esposa
terminará sucediendo.

Esta teoría está formada de presunciones que resultan útiles en ausencia de otros
elementos probatorios o indicios perfectamente identificables. En este sentido en 1928
la Jurisprudencia Francesavdijo que el tribunal podrá considerar que murió antes el que
no sabía nadar ni tenía salvavidas; en este caso había un indicio por lo menos: el que una
de las víctimas sabía nadar y la otra no.

Podemos determinar entonces que, la conmoriencia es una presunción legal, que


considera que cuando en un mismo siniestro o accidente murió más de una persona, y
no existieran pruebas fehacientes de cual de ellas murió primero, se considera que todas
fallecieron simultáneamente. Es un sistema aceptado por la gran mayoría de los países,
entre los cuales mencionaremos, Venezuela, Perú, Costa Rica y Argentina.

Este supuesto tiene importancia especial en materia sucesoria, pues dentro de una
misma familia, si uno de sus miembros, sobrevivió al otro, aunque sea por unos instantes,
y esto puede probarse, adquirió del otro, los derechos sucesorios, que a su vez va a
transmitir a sus propios herederos.

Consideremos el caso de dos esposos sin hijos, que fallezcan en el mismo accidente. Si el
marido falleció primero, transmite los derechos sucesorios a su esposa, y al morir esta,
los transmite a su vez, a los miembros de su familia, por ejemplo, a sus padres. En caso
que se probara que falleció primero la mujer, heredaría el marido, y con su muerte, sus
parientes, dejando a sus suegros sin herencia.

De no existir pruebas, por ejemplo, si al comprobar el accidente, uno de ellos aún


respiraba, y el otro ya no, no hay problema; y en este caso habría transmisión de derechos
sucesorios; pero si cuando se los encuentra, se hallan todos muertos, es muy difícil
determinar la hora exacta de la muerte de cada uno, que seguramente se diferenció en
minutos o segundos, y es altamente probable que alguno de ellos haya fallecido primero.

En el derecho romano se aceptaba el criterio de la premoriencia, basándose en lo que


ellos consideraban solía ocurrir, por las particulares condiciones físicas, dadas por la edad
y el sexo, que hacía que algunas personas fueran más aptas para sobrevivir. En efecto, el
antiguo Derecho Romano consideraba como presunción “iuris tantum” (admitía prueba
contraria) que si en un siniestro fallecían juntos un padre y un hijo, se consideraba que el
primero en fallecer fue el padre, pues los jóvenes poseen más aptitud para sobrevivir, y
si se hallaban juntos, marido y mujer, por razón de la debilidad propia de su sexo, primero
había fallecido la esposa. En caso de hermanos, se consideraba que murieron todos a un
mismo tiempo. Desde entonces, la presunción de muerte se realizaba siguiendo
lineamientos basados en edad, sexo e incluso habilidades adquiridas por los sujetos en
cuestión.

En determinadas ocasiones se podría dictaminar ausencia o desaparición del sujeto en


cuestión. En este caso es necesario en primer lugar conocer la diferencia entre estas dos
presunciones.

El ausente se distingue del no presente por la incertidumbre que reina sobre su


existencia. El ausente no debe ser considerado jamás como muerto. Por eso su situación
familiar sea conservada siempre, es decir que su matrimonio no se disuelve.

Estas presunciones sólo entran en juego en las sucesiones ab intestat (sin testamento) Si
hay un testamento, éste prevalecerá; si hay donación entre esposos y donación de bienes
futuros, esto prevalecerá.

Es necesario que los conmorientes hayan muerto en un mismo suceso. En este caso, el
mismo suceso debe interpretarse restrictivamente, no cabe lugar a interpretaciones
extensivas. Significa esto que solo será aplicable al conjunto de individuos que hayan
fallecido en el mismo lugar, por la misma causa.

Sus bienes estarán igualmente protegidos, su sucesión no será abierta; sin embargo, con
el transcurso del tiempo, se irán dando derechos cada vez mayores a sus presuntos
herederos.

Según definen los Mazeaud “el individuo del que no se sabe nada si está vivo o muerto
es un ausente. El individuo del que exista casi la certeza de que ha muerto, sin que se
haya podido encontrar su cadáver, es un desaparecido.” Ahora bien no se debe confundir
al ausente con aquel que solamente no está presente y del que se tiene el conocimiento
de que está vivo.

El desaparecido, en cambio, es la persona cuya muerte es casi segura, porque su


desaparición se ha producido en circunstancias de naturaleza como para poner en peligro
su vida; por eso es muy probable su muerte.

Posterior a la realización de esta investigación es necesario resaltar la importancia de la


misma para los profesionales del Derecho, pues de manera profunda y completa sirve de
guía para tomar control de todos los casos relativos a la Teoría de los Conmorientes, la
Ausencia y la Desaparición.

En este mismo sentido, el conocer de modo exacto la cronología de la muerte resulta vital
en este tipo de procesos, pues a partir de ello toma rumbo la sucesión; esto es a quien
va dirigida la herencia en el caso de hermano y/o esposos.