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Expedientes de un desastre

Aura García-Junco

Luces. Una luz para ser precisos, enorme y rotunda, con los bordes comidos de blanco.

Brochazos sobre el cielo recién iluminado por el sol. ¿Fuego? ¿De dónde viene?

Echada en su cama, Mildred intenta ordenar los hechos a su alrededor para entender

cómo es que una columna de fuego salió de la nada. Se para y saca la cabeza por la

ventana, que sirvió de marco para la imagen que la terminó de despertar; hace cálculo,

la explosión fue lejos, luego, si lo piensa bien, se da cuenta de que fueron dos, una

después de la otra. Ayer en la noche vio una película sobre el fin del mundo. Las

imágenes eran muy parecidas a esto. Bueno, a lo que cree que vio o que se imagina

que ve a lo lejos, porque lo único que distinguió claro es el fuego en el cielo. Los

edificios cubren el resto del panorama, y, en vez de que eso la tranquilice, la hace

sentir nerviosa: no puede constatar qué pasa abajo. ¿Y si sí es el fin del mundo y nadie

le avisó?

Nota que le tiemblan las piernas y un espesor dentro de la tráquea. Se mete a la

cama. Las sábanas la cubren hasta el cuello y así evade la visión de la ventana abierta.

Su cuerpo se hace pequeño y seguro. Cuando cierra los ojos, ve imágenes fantasma,

de luces y ruidos. Recuerda el temblor ligero que la sacudió junto con la imagen de

las llamas. Quiere llamar a mamá, pero ella ya debe estar en el trabajo a esa hora. Está

sola en su casa en pleno fin del mundo. Pero nadie la ha explicado bien cómo es un

fin del mundo. Es decir, sabe de películas, pero el real, el de carne y hueso ¿cómo es?

Expediente 1. Los marcianos

El rey marciano B42 llegó de Alfa Centauro e intentó negociar con los Líderes del

Mundo. Después de un arduo debate, los Líderes del Mundo se mantuvieron firmes en
no entregar todo el agua de la Tierra a los marcianos y estos amenazaron que atacar

con un ejército de rosas, que es como allá en Alfa Centauro se hacen las cosas. Los

Líderes del Mundo se rieron. El rey marciano B42 no se ofendió, no entendía la risa

como muestra de incredulidad. En su planeta, esa clase de movimientos faciales eran

una declaración de amor. El rey marciano se sintió conmovido porque los Líderes del

Mundo le ofrecían matrimonio y decidió devolver el cariño mandando luz. El rey

marciano miró feliz la sinfonía de luces, que es como en su planeta se miraba la

música.

Expediente 2. La invasión soviética

Los soviéticos están tan hartos de la nieve, tan pero tan hartos de que los dedos se les

hielen y la lengua se les pegue a todas las superficies. De que el té se les enfríe en un

dos por tres y el viento se sienta como una bofetada. Tan hartos, pues, que han

decidido venir al Distrito Federal a vivir. Los soviéticos se imagina tomando una

nieve en Coyoacán, un paseo en el Centro, una caguama en Xochimilco, se les hace

agua la piel de hielo sólo de pensarlo. Pero antes, tienen que conquistar la ciudad.

Expediente 3. Los chairos

Los chairos, esa masa acéfala que Miriam imagina como un montón de gente

corriendo sin orden, a raíz de lo que le ha escuchado decir a mamá, está lanzando

bombas molotov, que Miriam imagina como un aparato complicado y con un reloj

porque nunca ha visto una real; lo hacen para protestar en contra del Señor Presidente

Miguel de la Madrid. Son tan pero tan desorganizados, que las lanzan en todas

direcciones y se vuelven un show de luces. Se la están pasando bien, ríen, se abrazan

y encuentran bello el espectáculo. Todo es ji ji jí y ja ja já, hasta que algo sale mal,

muy mal.
El sueño ha ido cerrando poco a poco los párpados de Miriam, su cuerpo hecho

bolita se siente relajado, como muerto, quizá porque el fin del mundo no está tan mal

después de todo.

P.D. Expediente 4, entre sueños

A las 5.40 horas de la madrugada, aproximadamente, el lunes 19 de noviembre de

1984, “el cielo se encendió de golpe”. (Monsivaís, Crónica de San Juanico.)

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