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Anexo

Respondieron la encuesta 21 Instituciones de 19 países, pero una de Venezuela


(Instituto de Investigaciones Científicas y Tecnológicas) y una de Canadá (Conseil de
la Science et de la Technologie) no son propiamente ONCYT que evalúen y/o
financien proyectos de investigación que involucran seres humanos. A ellas se
agrega Estados Unidos, por la completa información disponible en su WEB y en la
literatura. Por lo tanto, la muestra analizada es de 21 ONCYT en igual número de
países. Al momento de preparar este informe no se ha recibido contestación de
Trinidad y Tobago, El Salvador, Paraguay y Puerto Rico.

Los resultados expuestos a continuación se basan en la información entregada por las


ONCYT a través de sus representantes formales, o de conductos oficiales o informales
debidamente acreditados.
Conclusiones:

Los resultados obtenidos a través de la Encuesta a las ONCYT demuestran un déficit


serio del control ético al interior de estos Organismos. Si bien la gran mayoría exige
una evaluación ética de los protocolos y cuenta con mecanismos de acreditación de
los investigadores, no dispone de profesionales especializados en Bioética que
revisen y supervisen la investigación en seres humanos.

La existencia de legislación y normativas a nivel nacional, en el plano ético, también


es precaria. Ningún país de Sudamérica -con la excepción de Brasil- cuenta
actualmente con ellas y en Centro América y el Caribe sólo existe en cuatro (y en el
caso de Puerto Rico, cobijada en la estadounidense).

Similar situación se aprecia al revisar la existencia de Comisiones o Comités


Nacionales de Etica que supervisen la investigación, lo que guarda estrecha relación
con el punto anterior. En efecto, en Chile, Argentina y Venezuela se están
implementando normas nacionales que traerán consigo la creación de dichas
instancias reguladoras y fiscalizadoras en ese ámbito.

La existencia, en la gran mayoría de los países, de Comités de Etica Institucionales


que revisan y aprueban los protocolos de investigación no es garantía de seguridad
ni calidad, puesto que muchos de ellos no disponen de la formación adecuada en
Bioética y tampoco cuentan con respaldos convenientes para su labor. Por ahora
ésta es una presunción basada en investigaciones previas (**) , pero -como se
señaló anteriormente- esta situación está siendo analizado actualmente a través de
un Proyecto paralelo que permitirá conocerla mejor.

La entrega de esta información a las ONCYT y a las Instituciones nacionales que


tienen a su cargo evaluar protocolos de investigación, así como el retorno que de
ellas se obtenga, permitirá mejorar los datos disponibles y brindar gradualmente un
puente de comunicación, a través del Programa de Bioética de OPS/OMS, con el
objetivo final de lograr un control ético oportuno y eficaz de las investigaciones que
involucran a seres humanos.