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“Todo tiempo pasado fue mejor”, quizá la frase nos recuerde que todo era todo magnífico.

Que
la vida era como un cuento de hadas. La suerte no parecía acabar nunca. El amor llenaba los
días y las noches. Ni un enojo, ni una pizca de soledad y hasta levantarse temprano cada
mañana resultaba inmensamente satisfactorio. Luego llegó el presente y todo se derrumbó,
anticipando el futuro como una imposible misión que pesaba ante unos ojos temerosos por
lo que vendría. Quizá el pasado nos recuerde a mañanas más cálidas con el sol entrando por
un ventanal, quizá ya no veamos las navidades alegres que veíamos de niños ni los regalos
debajo del árbol, quizá nuestros amigos, con los que jugábamos por horas, se convirtieron en
imágenes por segundo reflejadas en una pantalla. Y hasta quizá sí, era mejor, hasta que
contamos con el sistema machista que se trataba alrededor de los 20 siglos pasados, la
ignorancia y el analfabetismo que se veía en esas épocas, ah, gloriosas épocas llenas de
esclavitud, desempleo, explotación, degradación, racismo, fascismo, guerras, sangre, poder,
política y muertes. El mundo no nació con nosotros ni terminará con nosotros, somos parte
del ciclo desconocido que tiene el universo, procuramos vivir a nuestra manera sin conocer
nuestro pasado y nos condenamos a repetirlo.
La educación formaba parte de un ciclo para la inclusión al trabajo, la fuerza productiva de
los niños como obreros, granjeros y ebanistas; mientras que las niñas eran instruidas a
trabajos manuales como la costura. La postura religiosa en cada colegio era esencial, el
aprendizaje y difusión del mismo. Hasta que por medio del liberalismo se le dio paso al “buen
colombiano” que buscaba promover las figuras de importancia para la historia como lo son
Simón Bolívar, Francisco De Paula Santander y Antonio Nariño. La inclusión a los deportes, a
las danzas y a los diferentes escenarios recreativos se vio intensificado a mitad de siglo. El
poder y la necesidad de estudiar era propia, sólo faltaba la autorización de un mayor para el
papeleo. Las ganas eran propias, la exigencia educativa era continua y contaba como un
privilegio mayor, tanto que entrar a una universidad era un honor y graduarse era un apogeo
para luego salir a las calles en busca del desempleo anual que promediaba en ese momento.
El analfabetismo reinaba en los pueblos alejados de las ciudades grandes, los ricos poseían e
un control hacia los pobres. La humillación económica; no tener ropa, ni lápices, ni
cuadernos, ni comida... Pero, todo tiempo pasado fue mejor, al menos no estábamos
hipnotizados por pantallas gigantes que consumen nuestro tiempo en horas, días, meses,
años, nos consumen la vida.
Nuestro sistema de educación actual no es tan exigente pero podemos decir que promueve
la educación en donde quiera que se vea como un derecho y un deber elemental para ser
humano. La tasas de analfabetismo se reducen a un 5.8% de la población y prácticamente
todo el territorio nacional ha recibido por lo menos la educación básica. Pero después de
todo nos seguimos viendo como unos minusválidos para el poder, sin toma de decisión y con
un liderato que se asesina. Hacer ver al pueblo que la ignorancia no es un estado sino una
enfermedad, perder miedo a aceptar nuestro régimen y las nuevas ideas, los nuevos
movimientos que promueven la igualdad, la justicia, la educación, el trabajo, la salud, la
economía, una prueba de que no somos esclavos sino somos sociedad… La misma que parte
desde nosotros como pensantes autoritarios de nuestras decisiones, como los que
aceptamos la educación como una necesidad para el bien propio, para un futuro. Pero
debemos aceptar que las tecnologías y sistemas de entretenimiento están agotando nuestro
tiempo, nuestro espacio, nuestras ganas, nuestra vida. Estamos siendo controlados por
¿nosotros mismos?, ¿nuestra pereza nos impide pensar? ¿Estamos aceptando la tecnología
como una ayuda o como nuestro método para encerrarnos por días?, ¿Ya podemos aceptar
las nuevas religiones?, ¿Qué podremos aceptar como nuestro?
O quizá nuestro futuro cambie a como lo tenemos pensado en el presente, quizá espero más
apoyo para la educación, también poder concretar todo lo que tengo soñado, poner a
prueba mis habilidades, quiero ver mi ciudad y mi país progresando, quiero y sueño con un
futuro igualitario, sin escalas de valores, sin estigmas, sin muerte, sin silenciar a nadie, quiero
que donde nací, me crie y donde siempre volveré sea la revolución que de cambio a este
país.

Agradezco este espacio para expresar mi postura crítica que quedó inconclusa. Perdón si me
desvié del tema principal, pero no podía vendarme los ojos a mí mismo con lo que yo
realmente quería decir.