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Fenómenos interlingüísticos en estudiantes

universitarios foráneos asilados en Madrid


Ignacio Esteban Fdez.
ief.esteban@gmail.com
Masterando UNED

RESUMEN:

El objetivo del presente trabajo es el estudio de los fenómenos de choque e intercambio lingüístico
entre universitarios madrileños y foráneos desplazados a Madrid para estudiar. A través del análisis
del lenguaje juvenil y universitario español y madrileño, tratarán de determinarse sus principales
características y confrontarlas con los resultados del muestreo realizado a quince estudiantes
hispanohablantes de distintas regiones con el fin de extraer conclusiones en torno a los procesos y
estrategias interlingüísticas resultantes.

PALABRAS CLAVE: lenguaje juvenil, lenguaje universitario, habla de Madrid, dialectos del español,
choque lingüístico, estrategias comunicativas

ABSTRACT:

The aim of this paper is to study the linguistic phenomena of collision and exchange between Madrilenian undergraduates
and outsiders moved to Madrid to study. Through the analysis of Spanish and Madrilenian youth and undergraduates
language, we will try to determine their main characteristics and confront them with the results of our sampling to fifteen
native Spanish speakers from different regions in order to draw conclusions towards the resulting interlinguistic processes
and strategies.

KEY WORDS: youth language, university language, Madrilenian speech, Spanish dialects, linguistic clash,
communicative strategies
1. Introducción
1.1. El lenguaje juvenil

El estudio de las variables que influyen en el uso de la lengua se ha convertido en las últimas décadas
en el tema principal de investigación de la sociolingüística y la etnolingüística1. En concreto, la
atención a las «fuerzas centrífugas y centrípetas de los dialectos territoriales y sociales» ha deshecho
el mito de la homogeneidad de los grupos lingüísticos, demostrando que los locutores tienen
conciencia de las variaciones, de las distinciones y de los cambios del modelo lingüístico»2.

Otro hito de la investigación lingüística fue el abandono de los adultos como categoría sociocultural
única de estudio3 en el entendimiento del potencial innovador que poseía el lenguaje juvenil no solo
en cuanto variedad genolectal4, sino por su influencia en el lenguaje general5. Esta influencia se
encuentra motivada por dos factores fundamentales: su cambio lingüístico acelerado6 y un nuevo
concepto de juventud más psicológico que biológico7.

La dificultad aparece a la hora de delimitar este grupo generacional transitorio8. Generalmente, se


equipara al joven con el adolescente (13-19 años)9, de modo que el habla de los preadolescentes (entre
la niñez y la adolescencia, etapas sí estudiadas) y posadolescentes (entre la adolescencia y los 30 años,
aproximadamente) ha estado constantemente desatendida. A ello debe añadírsele, en línea con lo
explicado, que «no toda la juventud habla de la misma manera y que la lengua juvenil no es un modo
de hablar uniforme y homogéneo»10.

El lenguaje juvenil ha sido considerado una jerga coloquial propia de una generación (no de un grupo
social exclusivo)11, pero lo cierto es que su carácter jergal es cuestionable y además presenta gran
variabilidad interna en función de la edad y época (variantes diacrónicas), la filiación geográfica
(variantes diatópicas), el medio, la clase social y el nivel de estudios (variantes diastráticas) y las
situaciones comunicativas (variantes diafásicas)12.

1 TORREGO GONZÁLEZ (2011).


2 JAKOBSON (1976): 43.
3 MAGAZZINO (2008): 42.
4 MITKOVA (2007).
5 JØRGENSEN y STENSTRÖM (2009): 105.
6 JØRGENSEN y MARTÍNEZ LÓPEZ (2007).
7 RODRÍGUEZ GONZÁLEZ (2002): 26.
8 MONJOUR (2006): 72.
9 JØRGENSEN y STENSTRÖM (2009): 105.
10 CASADO, M. (1988): “Léxico e ideología en la lengua juvenil” en RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, F. (ed.):

Comunicacion y lenguaje juvenil, Fundamentos, 167. Barcelona. Cit. en HERNÁNDEZ ALONSO (1991): 16.
11 SANTOS GARGALLO (1997): 455.
12
MITKOVA (2007) y MAGAZZINO (2008): 45. Este autor explica, a partir de Cortelazzo, que la
incomprensibilidad de la supuesta jerga juvenil «nace más bien de la función lúdica» y no de una verdadera
intención críptica (47).

2
Por otro lado, se aprecia la constitución de la juventud como grupo parasocial con una cierta cohesión
interna13, que se manifiesta, entre otros aspectos, en su lenguaje, lo que ha llevado a la caracterización
de este como sociolecto y a postular que realmente se trata de un caso de diglosia entre el supuesto
argot y la norma estándar, utilizada de manera automática y adecuada —« salvo en algún tic lingüístico
ya generalizado y admitido»— en ámbitos que exigen mayor formalidad (trabajo, universidad,
Administración…). Ello demuestra que los jóvenes son conscientes «de que su expresión
específicamente juvenil no es más que una variante admitida en determinados ambientes y
ocasiones»14.

1.2. Características del lenguaje juvenil

Los principales rasgos del lenguaje juvenil son su carácter esencialmente oral y coloquial (para
intercambios informales entre miembros del grupo) y su naturaleza rebelde y reactiva. Debe
puntualizarse que, a pesar de la ligazón entre oralidad y coloquialidad, son posibles los textos
coloquiales escritos, si bien su realización «remite inevitablemente» a la imitación de lo oral15, como
demostraron los diversos estudios sobre el llamado lenguaje chat/SMS. Ante el surgimiento de esta
nueva forma de escritura, se planteó la posibilidad de que hubiera nacido un nuevo código; sin
embargo, pronto quedó comprobado que no se trataba más que de la «abreviación, recreación o
recodificación del ya existente, a partir de una serie de acuerdos implícitos que quizá no coinciden
con los normativos, pero que comparten los usuarios»16.

Este nuevo lenguaje puso de manifiesto dos cosas. La primera es la actual importancia del
ciberlenguaje y los usos relacionados con la Red, que afectan al lenguaje juvenil (y, posteriormente, al
general) en todos sus niveles. Gracias a internet, los usuarios de la tecnología (con una altísima
penetración en la juventud) han encontrado un enorme potencial expresivo en el desarrollo de
«nuevos lenguajes sumamente articulados y complejos»17. El segundo descubrimiento es la creatividad
y pragmatismo con los que los jóvenes utilizan el lenguaje abreviado; no se trata de un mero desafío
a las normas académicas impuestas, sino de una instrumentalización de la escritura y el lenguaje en
aras de posibilitar una expresividad que salve el problema de la ausencia física18.

13 Cfr. MITKOVA (2009), 23: «La edad, igual que todas las variables sociales, no actúa de una manera aislada,
pero sí puede ser lo suficientemente relevante para permitirnos deslindar ciertas características del habla juvenil
que pueden ser, si no exclusivas, por lo menos preferentemente extendidas entre los representantes del grupo».
14 HERNÁNDEZ ALONSO (1991): 20.
15
MAGAZZINO (2008): 56.
16 DOMÍNGUEZ, C. (2005): “El lenguaje de los SMS y del chat en las aulas” en Cuadernos de Pedagogía, 343. Cit.

en FUENMAYOR y VILLASMIL (2010): 94.


17 BRAVO LUIS (2003).
18 BERNETE (2007): 197-ss.

3
Heredero de ese lenguaje y de las sucesivas aportaciones genuinamente jergales del movimiento pasota
(después conocido como rollo, cheli y movida)19, el lenguaje juvenil actual se define «por su valor
contractual y desmitificador de la cultura oficial». Se trata de un lenguaje anticonvencional,
descaradamente realista, lleno de humor e ironía, agresivo, ingenioso e hiperbólico, aglutinador y, a
la vez, individualizador20. Aunque puede caracterizarse en todos los niveles del sistema lingüístico
(fonético, fonológico, morfosintáctico, semántico, pragmático…)21, se manifiesta sobre todo en el
aspecto léxico22, con un vocabulario poco rico y variado, pero muy expresivo, enfático e inmediato23.

Una característica llamativa es el empleo pragmático de palabras malsonantes como marcadores del
discurso, generalmente con la función de expresar una relación de solidaridad o camaradería o como
reguladores fáticos, llamadas de atención o refuerzos argumentativos24. Estos «intensificadores
interdictos» funcionan gracias a la complicidad de los interlocutores, que comparten el código juvenil,
y pueden acarrear «notables alteraciones en la configuración estructural de los sintagmas»25.

En este mismo uso aparecen vocativos coloquiales como hijo/a, tío/a, tronco/a, chaval/a, mari, colega,
etc., que pierden su condición puramente apelativa y se gramaticalizan (desemantización) con fines
metadiscursivos o pragmáticos, adquiriendo los rasgos de los marcadores discursivos: significado
procedimental, tendencia a la invariabilidad y guía de interferencias26. Como los anteriores, estos
marcadores cumplen sobre todo funciones expresivas, mientras que el resto utilizados por los jóvenes
(como, como que, en plan, rollo, ¿sabes?, o sea, yo qué sé, pues nada, y nada…) son usados como palabras de
relleno con las que mantener el turno durante el intercambio, aunque en general todos ellos se
caracterizan por su polifuncionalidad27.

Las palabras comodín o muletillas, los clichés, las onomatopeyas e interjecciones y los disfemismos
—desemantizados y convertidos también en muletillas— son muy frecuentes. En consonancia con
esta ubicuidad de lo peyorativo o «pornolalia»28, se observa un retroceso en el uso peninsular de usted,
conservado solo como fórmula respetuosa o distanciadora29 (a veces, incluso con una función pasivo-
agresiva de «hipercortesía»30). Por otro lado, muchos de los disfemismos son expresados mediante
expresiones en inglés (shit, fuck, what the fuck…)31.

19
MAGAZZINO (2008): 43.
20 MITKOVA (2007) y HERNÁNDEZ ALONSO (1991): 16.
21 MITKOVA (2009): 23.
22 SANTOS GARGALLO (1997): 458 y MITKOVA (2007).
23 MARIMÓN LLORCA y SANTAMARÍA PÉREZ (2001): 47.
24 MONJOUR (2006): 71, con cita de Briz.
25 HERRERO (2002): “Aspectos sintácticos del lenguaje juvenil” en RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, op. cit., 94.
26 RISHØI HEDEMANN (2010): 24-25.
27 JØRGENSEN y STENSTRÖM (2009): 106-107.
28
MAGAZZINO (2008): 52.
29 MONTERO CURIEL, P. (2011): 112.
30 MORENO BENÍTEZ (2009), 7.
31 GRÜNEWALD SOTO y OSORIO (2010): 136.

4
En general, muchos neologismos son xenismos tomados del inglés o préstamos (selfie, fake, hater,
hipster, hoax, lamer, noob, meme, twerking, zumba, random, fail, lol, oh my god…)32. También adquieren nuevos
significados, por influencia del inglés o espontáneamente, términos ya presentes en la lengua común,
como trol, viral, bizarro, rentar… Por supuesto, no faltan las palabras de nueva acuñación, normalmente
con base en la lengua común (postureo, burla(d)o, perroflauta, juernes, cuñadismo, de jajas…), pero no siempre
(tróspido, chusta, gocho…).

La mayoría de estos nuevos términos obedecen a modas y son, por ello, de éxito efímero33; muchos
otros guardan relación con el ciberespacio y las nuevas tecnologías, por lo que no son de uso exclusivo
de los jóvenes, sino de la mayoría de los internautas. De hecho, otro de los rasgos idiosincrásicos del
habla juvenil es la combinación de códigos, con numerosas incorporaciones de los medios, los
famosos, referentes culturales y argots marginales o germanías, como el caló y el cheli34.

Entre los recursos morfológicos más destacados, cabe mencionar la superlación mediante prefijos
(super-, macro-, maxi-, mega-, multi-, mini-, anti-, ciber-…) y sufijos (-azo/a, -ón/a, -orro/a, -ísimo, -érrimo,
-ito/a, -illo/a, -ete/a…), con desaparición casi total de otros populares en el pasado, como re-, requete-,
archi-, ultra- o -ata (también es posible la superlación composicional, léxica —mediante cuantificadores
adverbializados como muy, tan, más, tope, mogollón, un puñado, cantidad, un huevo, mazo…— y sintagmática
u oracional)35. También son característicos los apócopes (insti, uni…) y aféresis (tuto, ta luego…), si
bien parece que el acortamiento trisilábico con modificación de vocal final, tan productivo en el
pasado, actualmente se encuentra en retroceso36.

En el nivel sintáctico, se constata con frecuencia un habla esquemática, con un estilo informal y
directo (Paso, Cero interés, ¿Y?, ¿Por?). En ocasiones se producen fenómenos de inversión y dislocación
de los constituyentes y de uso de verbos transitivos como intransitivos (a veces con
pronominalización) o viceversa. Abundan asimismo las oraciones impersonales, los dativos éticos
con se y encadenamientos con las conjunciones y y que ilativo y perifrástico (es que…), aunque también
se observa a veces su elisión37. Otras partículas frecuentemente elididas son los artículos (dar por culo)
y la preposición de (Casa Campo).

También existen usos pragmáticos propios, como los mencionados marcadores o expresiones como
Es coña, que anula el enunciado anterior al informar al interlocutor de que lo dicho es una broma y
no debe ser tenido en cuenta38. En cuanto al nivel fónico, destacan la tendencia a la fricación, los

32 BALTEIRO y CAMPOS (2012): 234 explican que no solo se adoptan palabras inglesas, sino que también se
utilizan los patrones formativos ingleses por considerarse «más exactos o expresivos», fenómeno que
denominan inglesidad (249).
33 MAGAZZINO (2008): 51.
34 SANTOS GARGALLO (1997).
35 MONTERO CURIEL, M. L. (2011). Cfr. MARIMÓN LLORCA y SANTAMARÍA PÉREZ (2001) y

NAVARRO CARRASCOSA y DOMÍNGUEZ REQUENA (2007): 173.


36 MARIMÓN LLORCA y SANTAMARÍA PÉREZ (2001): 38.
37 MITKOVA (2009) y HERNÁNDEZ ALONSO (1991): 19.
38 MORENO BENÍTEZ (2009): 14.

5
alargamientos expresivos (sobre todo por escrito) y la supresión de fonemas, especialmente la /d/
intervocálica, además de algunos fenómenos considerados vulgares (metátesis, prótasis, síncopas,
confusión fonológica, diptongaciones y monoptongaciones indebidas…)39, si bien su distribución no
es homogénea ni propia del lenguaje juvenil en general.

Al igual que algunos de los anteriores, el resto de rasgos caracterizadores (uso de siglas, enunciados
interjectivos, juegos de palabras, abundantes metáforas, sinonimias e hipérboles, frases antitéticas y
paradójicas, ironía, sarcasmo y humor…) pueden encontrarse en el habla coloquial popular. Sin
embargo, se consideran representativos del lenguaje juvenil por su profusa reiteración, «que da la
impresión de algo mucho más cuantioso de lo que en realidad es»40.

2. Metodología

En el presente trabajo se busca una confrontación entre las características enumeradas el lenguaje
juvenil y aquellas que sean exclusivas o propias del habla madrileña, en particular en lo que se refiere
al lenguaje usado en las universidades. Concretamente, el objeto de estudio son los posibles
fenómenos de variación (contagio, adaptación y resiliencia) sufridos por estudiantes foráneos
hispanohablantes desplazados a Madrid con el fin de realizar estudios universitarios o equivalentes.
Para ello, se parte de cuatro hipótesis fundamentales (con sus correspondientes subhipótesis):

I. Existe un habla general compartida por todos los jóvenes españoles.


II. Los fenómenos de choque lingüístico son frecuentes, pero de fácil solución.
III. Los fenómenos de contagio interlingüístico son frecuentes en los jóvenes foráneos. En los madrileños, suelen
obedecer a una asimilación deliberada.
IV. La mayoría de los rasgos dialectales se conservan.

El estudio se ha compuesto de dos fases: revisión bibliográfica y entrevistas. Se han elegido quince
estudiantes universitarios procedentes de regiones distintas a Madrid, de ambos sexos, distinta
orientación sexual41 y nacidos entre 1991 y 1993. Las provincias de procedencia son Asturias, Badajoz,
Barcelona, Castellón, Ciudad Real, Córdoba, Jaén, Menorca, Murcia, Valencia, Vizcaya y Zamora;
asimismo, se ha contado con un estudiante procedente de Lima (Perú). En cuanto a los estudios, un
tercio los realizan en centros no universitarios (Animación Sociocultural, Artes Plásticas, Auxiliar de
Laboratorio, Peluquería y Técnico de Sonido/Doblaje42); el resto estudian o estudiaron alguna de las

39 Idem, 19.
40 MITKOVA (2009) y HERNÁNDEZ ALONSO (1991).
41 A diferencia de estudios similares (probablemente también debido a la sensibilidad del dato), se ha tenido en

cuenta esta variable en la creencia de su decisiva influencia en el habla de las personas, en particular de los
jóvenes.
42 Uno de los informantes se halla estudiando Doblaje en un centro privado (el resto estudian o estudiaron en

centros públicos) después de haber terminado un Grado Superior en Sonido en un centro público.

6
siguientes carreras universitarias (en centros públicos): Bioquímica, Ciencia de los Materiales,
Derecho, Filología, Periodismo43, Traducción y Turismo.

Servicios

Artes

Ciencias

Letras (Ciencias
Sociales y
Humanidades)
Procedencia de los informantes (solo España) Distribución de los estudios44

3. Resultados

Para pasar al análisis de los resultados obtenidos en las entrevistas, procede su comparación con
respecto a la bibliografía sobre la idiosincrasia del habla juvenil madrileña. Madrid es una ciudad
«lingüísticamente heterogénea, con un núcleo social que dirige las nuevas tendencias y lidera los
cambios lingüísticos»45. Por su situación central y su carácter de capital, marca « la frontera geográfica
de las innovaciones meridionales»46, aunque posee sus propias variaciones internas47. A la vez,
constituye la región de España con mayor penetración de internet, cuestión de interés lingüístico
primordial en una sociedad hiperconectada, ya que recientemente se ha podido constatar la existencia
de usos léxicos coincidentes nacional e internacionalmente48. De hecho, la Red ha posibilitado que
los jóvenes se hayan convertido en «uno de los primeros grupos sociales en globalizarse»49.

En el plano fonológico, Madrid se caracteriza por la fusión fonológica de // en /ʝ/ (yeísmo)50. Una
de las informantes, estudiante de Filología, indica asimismo la inexistencia del fonema fricativo /v/,

43 Tres informantes son estudiantes de Periodismo, dos en un doble grado (con Derecho y con Economía).
44 Aunque debe tenerse en cuenta la agrupación de Humanidades y Ciencias Sociales bajo el epígrafe de Letras
(vid. §43), es evidente el sesgo en ambas infografías, debido a la técnica no aleatoria de muestreo. Dado que se
busca una visión general y no pormenorizada, no es esperable una gran desviación por este motivo, aunque
sería deseable un estudio más amplio con mayor cantidad de informantes y mayor distribución por variables.
45 CESTERO MANCERA, MOLINA MARTOS y PAREDES GARCÍA (2015): 54.
46 GARCÍA MOUTON y MOLINA MARTOS (2009): 183.
47
CESTERO MANCERA, MOLINA MARTOS y PAREDES GARCÍA (2015): 54-55: «El uso que hacen de
la lengua [los colectivos de diverso origen que conviven en Madrid] es su principal marca identitaria, un uso
que irán moldeando de acuerdo a sus deseos y posibilidades de movilidad en la escala social».
48 MORENO FERNÁNDEZ, F. (2015): Hablar madrileño, 10, prólogo a CESTERO MANCERA, MOLINA

MARTOS y PAREDES GARCÍA, op. cit.


49 FEIXA, C. (2003): “Del reloj de arena al reloj digital” en JOVEN-es: revista de estudios sobre juventud, 19, 6-27.

Cit. en BRAVO LUIS (2003).


50 CESTERO MANCERA, MOLINA MARTOS y PAREDES GARCÍA (2015): 50.

7
indiferenciado de /b/; no obstante, esta distinción actualmente no se realiza en español normativo.
Fonéticamente, se produce la relajación articulatoria y pérdida de la -/d/- intervocálica, sobre todo
entre jóvenes con menor nivel de estudios51, y de la /d/ final, realizada por lo común fricativamente
([])52, como señala la mitad de los informantes. Asimismo característica, según ellos, es la aspiración
uvular ([x]) de la -/s/- implosiva (ejqueísmo)53.

Además de lo anterior, QUILIS menciona la pronunciación «mojada» de la semiconsonante palatal [j]


y la pérdida de la vocal media anterior ([e]) en contacto con [o] átona o [a] tónica (jografía, yastá)54,
entre otros usos vulgares considerados generalizados en la Península. Entre los informantes, aquellos
procedentes de regiones con un acento más marcado (Andalucía, Extremadura, Lima…) citan rasgos
por oposición a lo acostumbrado en sus respectivas zonas (amplia vocalización, ausencia de seseo o
aspiración…). Del resto, algunos perciben en el habla madrileña una tendencia a la entonación
descendente55, así como la mayoría un deje «vulgar», «cortante», «brusco», «seco y chabacano,
chulesco»56 («o muy culto, según la persona», añade este último). Así lo explica la estudiante de
Filología: «Cuando conoces a alguien con un acento central algo desagradable y cortante, piensas que
puede ser madrileño, pero también si usa un registro muy elevado».

Morfológicamente, aunque el empleo de las formas valorativas es un rasgo idiosincrásico del estilo
personal comunicativo de cada hablante, destaca el empleo predominante del diminutivo -ito/a (en
torno a dos tercios de los casos) y, en segundo lugar, de -illo/a, sobre todo entre hablantes de mayor
instrucción, frente a otros como -ico/a, -ete/a, -uelo/a, -in(o/a), -ejo/a o -uco/a, percibidos como ajenos
a la norma madrileña y propios de otras áreas geográficas. Estos sufijos son usados esencialmente
con una función lexicalizadora (especialmente -ete/a), (des)centralizadora y, en menor medida,
positiva, cuantificadora y amortiguadora, mientras que solo raramente cumplen una función irónica,
respetuosa o negativa57. En este plano, en relación con los anteriores, solo una informante ha
destacado la tendencia a apocopar término usuales como pa(ra) y to(do).

51 GÓMEZ MOLINA, MOLINA MARTOS y PAREDES GARCÍA (2011): 1977-1978. Cfr. MOLINA
MARTOS y PAREDES GARCÍA (2015): “La conservación de la dental -/d/- en el distrito de Salamanca” en
CESTERO MANCERA, MOLINA MARTOS y PAREDES GARCÍA, op. cit., 63-ss.
52 Como en el caso anterior, con excepciones, sobre todo en los estratos sociales y de edad superiores, con la

sorprendente excepción de los universitarios (CESTERO MANCERA, MOLINA MARTOS y PAREDES


GARCÍA, 2015: 87).
53 Cfr. MOLINA MARTOS (2015): “La variable sociolingüística -/s/ en el distrito de Vallecas (Madrid)” en

CESTERO MANCERA, MOLINA MARTOS y PAREDES GARCÍA, op. cit., 91-ss.


54 QUILIS (1966): 368-369.
55 Cfr. RAMÍREZ VERDUGO (2005).
56 En tres casos se usa el término «prepotente», referido tanto al tono como a la actitud. A ello añade uno de

los informantes que temáticamente se trata de un «habla sin tapujos».


57 PAREDES GARCÍA (2011) y (2015): “Funciones subjetivadoras del diminutivo en el habla de Madrid” en

CESTERO MANCERA, MOLINA MARTOS y PAREDES GARCÍA, op. cit., 117-ss.

8
En la dimensión sintáctica, se han publicado interesantes trabajos sobre las peculiaridades en el uso
de los relativos58 (a menudo como consecuencia de una tendencia a la anteposición del objeto59), los
verbos60, etc., aunque probablemente los rasgos más característicos y conocidos sean la habitual
elisión de la preposición de (Plaza España) y, como coinciden en indicar algunos informantes, el laísmo
de persona y el leísmo tanto de persona como de cosa, a los que añade un entrevistado la tendencia
a usar frases cortas y otro (el limeño), la utilización de usted solo en contextos formales (en Canarias
e Hispanoamérica es común la sustitución de los pronombres de segunda persona por vos y ustedes).

Mientras que el índice de leísmo es muy alto en los madrileños (cerca del 75%), como perciben los
entrevistados, debe apuntarse que en el 90% de los casos se trata de un uso correcto (leísmo de
persona única de sexo masculino), que disminuye en todo caso conforme aumentan la edad y el nivel
educativo. En cuanto al laísmo, a pesar de la creencia generalizada (también entre los encuestados)
de que constituye un rasgo propio de los madrileños, solo el 10% lo cometen. La explicación de este
desajuste puede encontrarse en la frecuencia de uso de las construcciones que lo propician
(esencialmente, verbos de habla)61.

En el plano léxico, se constata la determinante influencia del cheli (actualmente, también del cani) y
el habla chulesca madrileña en términos como jeta, peluco, gabán, pipa y tupi, la mayoría
«incomprensibles para un foráneo», según un informante. También abundan los cuantificadores
mazo62 y mogollón, expresiones como molar, guay o ser la leche y marcadores como tío/a, tronco/a y chaval/a,
ya comentados63. Llaman asimismo la atención usos particulares de ciertas palabras, como puto,
utilizado como enfatizador en construcciones anómalas para el resto de los españoles (Estás puto loco,
No quiero puto ir)64, que lo emplean exclusivamente con adjetivos y precedido de determinante (Eres
un puto loco, esta puta ciudad).

58 LOPE BLANCH (1993). También como pronombres en las interrogativas indirectas (GIRÓN
ALCONCHEL, 1991).
59 MENDIETA y MEDINA (1997). Uno de los informantes identifica esta inversión.
60 SIRBU-DUMITRESCU (1988) y RUIZ MARTÍNEZ (2007). Aunque lo considera un cambio fonológico,

QUILIS (1966): 372 recoge como particularidad morfosintáctica el uso del infinitivo como imperativo,
tendencia antinormativa de considerable difusión en la Península; en cambio, uno de los informantes recalca el
por lo general uso verbal correcto (también del imperativo) entre los jóvenes madrileños.
61 ÁLVAREZ MARTÍNEZ (1987): 337-338 y PAREDES GARCÍA (2006) y (2015): “Nuevos datos sobre el

uso y las funciones de los pronombres átonos de tercera persona en Madrid” en CESTERO MANCERA,
MOLINA MARTOS y PAREDES GARCÍA, op. cit., 183-ss.
62 Se trata, con diferencia, del término más repetido por los informantes (más de la mitad). Merece la pena

reproducir las indicaciones al respecto de dos de ellos, quienes apuntan, por un lado, la sustitución de mazo por
pila en Asturias (lo cual no deja de ser curioso si se atiende a la sinonimia de los términos también en otras
acepciones) y, por otro, que lo característico de los madrileños no es el uso de mazo, cuantificador con gran
presencia entre los vascos, sino la adición posterior de la preposición de (mazo de personas, mazo de guapo frente a
mazo personas, mazo guapo).
63 Aunque más informantes han mencionado tronco/a que tío/a, JØRGENSEN (2008) considera más extendido

el último, especialmente en su forma femenina, con el doble de ocurrencias que la masculina (390). Añade que
estos marcadores pragmáticos, típicamente juveniles, van abriéndose paso, como tantas innovaciones del
lenguaje juvenil, en el lenguaje de los adultos (387).
64 Nótese que se convierte así en marcador discursivo y, por tanto, resistente a la variación de género y número.

9
Otros usos llamativos recogidos en las entrevistas son unidades fraseológicas como ver una peli (en
vez de mirar una peli) y ¿Qué hay/ponen en la tele? (en lugar de ¿Qué echan en la tele?) y el abuso de las
expresiones en plan y ¿no?, aunque en general no existe apenas fraseología propia65. Ya que, como se
ha dicho, es en el plano léxico donde se manifiestan la mayoría de las particularidades del lenguaje
juvenil, en él se producen la mayoría de los choques y confusiones. Especialmente problemáticos son
los localismos coloquiales; a modo de ejemplo, el vaso de plástico de 750 mL se conoce como mini
en Madrid, cachi (katxi) en el norte, litro en el este, maceta en el sur y cuba en distintas regiones de la
Meseta66. Esta colisión es especialmente acusada con interlocutores hispanoamericanos, quienes
poseen gran variedad de expresiones propias (nomás, botar, jalar, computadora, chévere, carro, chompa,
lentes…) que contrastan con las generalizadas en la Península67.

Por lo que se refiere a los recursos pragmáticos, destacan marcadores conversacionales


polifuncionales, sobre todo interjectivos y vocativos (eh, oye, tú, hombre, hijo, mari…), con ausencia casi
total de ordenadores argumentativos y uso prácticamente exclusivo del ejemplificador o sea68.
Igualmente representativas son las expresiones tabuizadas (ortofemismos, eufemismos y
disfemismos) con valor comunicativo referencial69 y la utilización repetitiva de vale, va y venga70.
Algunos autores mencionan asimismo las estrategias de mitigación71 y, en relación con ellas, recursos
paralingüísticos como la risa, el tono, la vacilación, etc.72, pero es bastante probable que en este
aspecto no exista una especial distinción con respecto al resto de los españoles (sí podría plantearse,
en cambio, respecto de los hispanoamericanos).

4. Conclusiones
4.1. El habla juvenil y universitaria madrileña

La primera hipótesis puede considerarse parcialmente correcta. Aunque el carácter supuestamente


cosmopolita —en cuanto punto de encuentro de los variados dialectos del español— de Madrid
queda desmentido desde la perspectiva lingüística por la ausencia de rasgos propios de otras regiones
(salvo dialectalismos conscientemente usados como tales, como agur, nano y tete, y algunas

65 PENADÉS MARTÍNEZ, I. (2015): “Las locuciones verbales en el habla de Madrid (distrito de Salamanca)”
en CESTERO MANCERA, MOLINA MARTOS y PAREDES GARCÍA, op. cit., 273.
66 TORREGO GONZÁLEZ (2011).
67 Los ejemplos corresponden a coloquialismos peruanos extraídos del encuestado limeño y de PEDRERO

GONZÁLEZ (2015).
68 JØRGENSEN y MARTÍNEZ LÓPEZ (2007).
69 CESTERO MANCERA, A. M.ª (2015): “Estudio sociolingüístico del tabú en el habla de Madrid: propuesta

metodológica y primeros resultados” en CESTERO MANCERA, MOLINA MARTOS y PAREDES


GARCÍA, op. cit., 314.
70 CESTERO MANCERA y MORENO FERNÁNDEZ (2008).
71 PENADÉS MARTÍNEZ (2015): op. cit., 260.
72 MOLINA MARTOS, I. (2015): “Estrategias de atenuación en el barrio de Salamanca de Madrid” en

CESTERO MANCERA, MOLINA MARTOS y PAREDES GARCÍA, op. cit., 384 y 405.

10
coincidencias con otras grandes urbes, como Barcelona y Valencia), la compartición de unos
referentes culturales y mediáticos y, especialmente, el asentamiento de internet como medio principal
de comunicación, información y entretenimiento han determinado la constitución de un dialecto
nacional 73 compartido por todos los jóvenes españoles (en sentido amplio). Estos factores han
contribuido asimismo a tender puentes de contacto lingüístico con Hispanoamérica; sin embargo, no
puede hablarse todavía de un lenguaje juvenil panhispánico.

Según los encuestados, las particularidades del habla juvenil madrileña se manifiestan sobre todo en
el plano fónico (solo un tercio de los informantes, sin negar su importancia, sitúan por encima el
léxico o la sintaxis), mientras que el lenguaje universitario se distingue sobre todo por su léxico,
seguramente debido a que, según perciben, se trata de un entorno más formal (incluso entre pares),
en el que la dicción es más cuidada y la sintaxis, correcta. Además de términos y expresiones propios
del habla juvenil madrileña, como mazo o me mofo, destacan el manejo de un vocabulario amplio de
registro culto, así como léxico específico del entorno, como asignatura maría o de relleno, break, bajón…
A este respecto, indica la estudiante de Filología que «el lenguaje universitario no solo lo crea la
juventud, sino profesores y alumnos de otras edades, además de la propia institución».

De las posibles fuentes que influyen en el lenguaje juvenil y universitario, consideran propias del
primero el habla de los famosos, referentes audiovisuales del cine y la televisión, referentes culturales
de su niñez, los extranjerismos, las jergas marginales y, muy especialmente, el ciberlenguaje
(expresiones internautas, memes, etc.). Por otro lado, el lenguaje universitario parece acudir a la mayoría
de las fuentes por igual, pero sobre todo a los extranjerismos, el ciberlenguaje, el habla de los políticos,
referentes culturales actuales y de su niñez y referentes audiovisuales, si bien en el caso de estos dos
últimos y del ciberlenguaje es considerablemente mayor su influencia en el lenguaje juvenil. Ello se
debe, en su opinión, a que en el seno universitario se enfrentan dos tendencias: la necesidad de
adoptar un «lenguaje guay» como estrategia, consciente o no, de pertenencia al grupo (objetivo
también observado en el lenguaje juvenil) y la necesidad de un campo léxico propio más culto y
formal para afrontar internamente el nivel cultural ligado al hecho de estudiar una carrera y
externamente para «dar a entender un nivel de conocimientos superior» con respecto al extragrupo
de los no universitarios (o alumnos de estudios superiores).

Se corrobora, por ende, la preferencia por un lenguaje neutro y elevado y la ausencia de diferencias
importantes con respecto al lenguaje juvenil, ya que se ha producido en los jóvenes un proceso de
resiliencia vinculado al actual prestigio de la idea de juventud, de modo que no han precisado
desarrollar un léxico claramente diferenciador, como en épocas pasadas, exceptuando algunos
términos y expresiones puramente estéticos, efímeros y, por tanto, irrelevantes. «Su propia integración

73 ULLOA BRENES (2015): 67.

11
dentro del sistema y el conformismo con la mayoría de los valores imperantes hacen innecesario»
semejante léxico diferenciador74.

4.2. Confrontación interlingüística y estrategias comunicativas

Por lo general, los choques lingüísticos se dan esencialmente en el plano léxico. Desde la perspectiva
de los foráneos, las situaciones de incomunicación son muy infrecuentes, dado que la forma de hablar
de los madrileños no plantea dificultades de comprensión y el uso de ciertos localismos no impide
captar el sentido general del mensaje, aunque en ocasiones la distinta sintaxis (por ejemplo, el uso de
pasados compuestos y más pronombres proclíticos que enclíticos) puede causar un cierto
desconcierto inicial. Normalmente, son los madrileños quienes tienen problemas para entender a los
foráneos, debido a su acento y pronunciación (seseo, omisión de ciertas consonantes…) y ciertas
expresiones locales (por ejemplo, los vascos preguntan ¿Pues? cuando un madrileño diría ¿Por?, lo que
les genera un desconcierto que los lleva a responder Pues eso al no entender la pregunta). Aun así,
tampoco estas confusiones sobresalen por su frecuencia o magnitud.

Cuando se producen, lo habitual es repetir el término, expresión o enunciado problemático, a veces


explicando a continuación su significado, ya sea por medio de definiciones, sinónimos del lenguaje
común, el equivalente en Madrid o, en última instancia, ejemplificando o aportando contexto. En
ocasiones se considera en cambio más conveniente reformular o repetir normalizando el acento. La
mayoría de estas estrategias son también usadas de antemano (aunque raramente) cuando es previsible
la incomprensión por parte del madrileño; en general, se procura evitar una pronunciación demasiado
relajada restituyendo los fonemas que normalmente no se realizarían o que se articularían de manera
diferente, así como el uso de ruralismos o construcciones extrañas para los madrileños, como el abuso
de enclíticos y la simplificación de tiempos pretéritos, característicos del norte. Se intenta, pues, imitar
el modo de hablar de los madrileños para facilitar la comunicación.

De acuerdo con lo anterior, la segunda hipótesis queda confirmada: los fenómenos de choque
lingüísticos no son inhabituales, pero raramente ocasionan malentendidos o dificultades graves de
comprensión. En caso de malentendido o incomprensión, basta con la explicación del término
conflictivo, generalmente buscando su equivalente en el habla común española. Sin embargo, estas
situaciones no suelen darse, por lo que las estrategias comunicativas preconflictivas no son frecuentes.

4.3. Contagio interlingüístico

Es difícil dilucidar si son más frecuentes los fenómenos de contagio de madrileños a foráneos o
viceversa. En ambos casos, se trata de procesos de escasa relevancia, referidos sobre todo a los planos

74
MARIMÓN LLORCA y SANTAMARÍA PÉREZ (2001): 59-61.

12
léxico y fónico, aunque no es anormal la modificación estable de la sintaxis de los foráneos con el fin
de hacerse entender (por ejemplo, comenzando a usar pasados compuestos o vosotros en lugar de
ustedes). Algunos de estos cambios e incorporaciones son conservados al volver a la tierra de origen,
aunque suelen atenuarse o sustituirse por el registro antiguo. En contra de lo esperado, los
entrevistados coinciden en rechazar la extensión de los términos y estructuras nuevos entre sus
paisanos (importación).

Con respecto a los motivos del contagio en ambos sentidos, destaca notablemente la función lúdica
de los localismos, usados por causar risa y sorpresa en madrileños y foráneos por igual, si bien el uso
de otros responde a una asimilación genuina motivada por su necesidad para situaciones cotidianas
(en el caso de los foráneos) o por la frecuencia de su uso (en ambos casos). Con ello, se confirma en
lo esencial la tercera hipótesis planteada.

4.4. Conservación del dialecto

Para terminar, cabe preguntarse el peso de los rasgos adquiridos por los foráneos en comparación
con los rasgos dialectales conservados. Según los informantes, su reconocimiento como no
madrileños se debe sobre todo a cuestiones fónicas y, en segundo lugar, a expresiones características
de sus tierras de procedencia; aunque no le conceden tanta importancia, también son distinguidos
por una sintaxis particular y, en ocasiones, hasta incorrecta. De sus rasgos dialectales característicos,
conservan sobre todo el acento, la pronunciación y la prosodia, además de algunos localismos,
expresiones e interjecciones, si bien, como indica la estudiante de Filología (entre otros), lo común
no es eliminar rasgos, sino añadirlos.

Algunos de los entrevistados consideran que esta conservación se produce de forma inconsciente,
mientras que muchos otros recalcan el valor afectivo que atribuyen a la forma de hablar de su región,
por lo que la mayoría de los rasgos son conservados «como signo de identidad» e incluso a veces se
realzan adrede para que sean percibidos. Dos de los encuestados coinciden en que parte del léxico
puede quedar en un segundo plano, pero disponible para su uso en función del interlocutor. Añade
otro la importancia de que por lo general se le entienda bien como aliciente para no cambiar su modo
de hablar.

En atención a los datos obtenidos, puede considerarse corroborada la cuarta y última hipótesis en lo
esencial. En consecuencia, todas ellas se corresponden con la realidad, aunque en algunos casos son
precisas matizaciones debido a la no confirmación de todas las subhipótesis, que aquí no se han
explicitado. Se hace preciso un estudio más exhaustivo de la cuestión, con informantes procedentes
de un número mayor de provincias españolas y distintos países hispanoamericanos. Por lo pronto,
los resultados aquí obtenidos quedan a la disposición de futuros estudios etnolingüísticos, que
deberán profundizar en las estrategias pragmáticas del intercambio entre madrileños y foráneos.

13
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