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Diario: La República

Fecha: jueves 22 de abril de 1982

Sección y página: Opinión, 11

Título del artículo: Educación Inicial, un fracaso

Autor: Carlos Castillo Ríos

Educación Inicial, un fracaso

Escribe Carlos Castillo Ríos

El Perú fue uno de los primeros países que empezó a considerar como obligatoria
la acción educativa oficial desde el momento de la concepción del niño. Es decir, antes de
su nacimiento. Esa fue, precisamente, una de las más audaces, novedades de la
Reforma. La Educación, que debía comenzar desde que el niño estaba en el claustro
materno, dejaba de confundirse con transmisión de conocimientos para ser abierta y clara
forma de impedir que las injusticias sociales repercutieran directamente en la formación
de las nuevas generaciones. Algo así como una educación compensatoria contra la
miseria de las mayorías nacionales.

Desde ese punto de vista, Educación Inicial significaba atención gratuita y


oportuna para la gestante pobre, parto normal y luego, para su hijo, nutrición adecuada,
estímulos culturales, prevención de la salud, atención afectiva e igualdad de
oportunidades. Así las cosas, Educación Inicial se identificaba menos con escuela,
cuaderno, tiza o pizarra para convertirse en vitaminas, minerales y proteínas para las
madres del pueblo y luego, para sus vástagos, plasmarse en alimentación idónea, ternura,
seguridad, cantos, juegos y cuidados preventivos de la salud.

En los documentos que fundamentan la necesidad de Educación Inicial se dijo


textualmente: “necesitamos romper el trágico círculo vicioso que se expresa en pobreza,
hacinamiento, enfermedad, deterioro en la integración neurológica y sensorial y más
pobreza”. La forma de hacerlo fue claramente expuesta: abriendo en las zonas más
pobres servicios desescolarizados para padres de familia, comunidad e infancia y cunas,
nidos, jardines de la infancia y guarderías para los niños de 0 a 5 años.

Ha pasado más de una década y luce ahora el país, una realidad distinta: las
clases sociales instaladas –alta y medias- han comprendido cuáles son los beneficios de
la acción oportuna a los niños durante su primera infancia y por eso han promovido, para
sus hijos, la apertura de servicios de Educación Inicial de lo más completos y hasta
sofisticados. Basta recorrer las zonas residenciales de Lima y las principales ciudades del
Perú para comprobar cómo la iniciativa privada ofrece a sus propios niños educación
preescolar matizada de rondas, canciones y hasta inglés intensivo. Ni Piaget ni Gessel
jamás se imaginaron que, con el tiempo, iban a ser convertidos en artículos de consumo.
En buena hora porque también interesan al país los niños de las clases adineradas. Pero,
aclaremos: Educación Inicial, como nivel educativo, no nació para ser artículo de lujo al
servicio exclusivo de los padres de familia que tienen dinero sino, principalmente quiso ser
fundamento para una vasta campaña nacional que permitiese, de alguna manera, evitar
que los niños pobres sigan siendo víctimas de las distorsiones de la injusta economía
peruana.

Los niños de los Pueblos Jóvenes y las comunidades rurales siguen perdiendo,
prematuramente, sus potencialidades intelectuales, físicas y emocionales. Serán más
tarde, a este paso, adultos de segunda categoría, materia prima para la explotación y la
ignorancia. Educación Inicial nació, como toda buena idea, para servir a las mayorías
pauperizadas. Y terminó, como toda realidad, siendo útil sólo a las clases privilegiadas.
(Castillo, 1982, p. 11)

Referencia

Castillo Ríos, C. (22 de abril de 1982). Educación Inicial, un fracaso. Diario La República,
p. 11

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