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UNIVERSIDAD CATÓLICA ANDRÉS BELLO


Facultad de Humanidades y Educación
Escuela de Letras
Cuarto Semestre
Electiva: Decir lo indecible: Poesía y Mística
PROFESOR Erardo Hernández

Federico García Lorca: místico enmascarado


del siglo XX

Por:
Bárbara Magallanes

Caracas, 25 de junio del 2018



Al momento de desarrollar un concepto de mística, y pretender comprender cómo esta se
desarrolla en una sociedad como la conformada por individuos con el sistema de pensamiento del
siglo XXI, hay que hacer necesariamente alusión al fenómeno de secularidad del que participan
dichas personas. Este fenómeno, es una de las múltiples formas de comprender la experimenta-
ción de la experiencia mística. Según Raimon Panikkar, (1999), “El mundanal silencio”, la secu-
laridad es definida como:

“La secularidad no es un estadio subordinado y/o transitorio del ser,


insignificante frente a un universo eterno, divino y trascendente, pero
tampoco es la única realidad. (…) Mientras que el secularismo absolutiza
la realidad mundana, la secularidad relativiza la realidad ultramundana o
«divina». Intenta mantener un equilibrio entre ser y no-ser, eternidad y
tiempo, mundo y Dios, utilizando la terminología tradicional. Según esta
concepción, por ejemplo, nunca ha habido un tiempo en que Dios existie-
ra solo. Dios y el mundo son «contemporáneos». Dios es un ser relativo,
que está en relación con el mundo. Es Dios del y para el mundo.” (Panik-
kar, R. 1999. El mundanal silencio, pp:27).

Habiendo mencionado brevemente el concepto de secularidad que se pretende emplear en


el presente análisis, es pertinente mencionar un aspecto que Panikkar denomina “secularidad sa-
grada”. Esta, hace referencia al fenómeno que,

“reacciona en contra de la dicotomía que plantean las cosmovisiones dua-


listas: el tiempo ahora y la eternidad después, la tierra debajo y el cielo
encima, la creación aquende y el creador allende, la desdicha en este
mundo y la felicidad en el próximo, etc. Intenta superar el dualismo sin
caer en el monismo; distingue pero no separa.” (Panikkar, R. 1999. El
mundanal silencio, pp:43).

Las dos definiciones previas, van a constituir la columna vertebral de el presente trabajo,
ya que para analizar a uno de los poetas más relevantes del siglo XX, es necesario plantear, e in-
tentar comprender desde diversas perspectivas, algunos eventos y elementos en su poesía que
lograron presentarse gracias a dicho esquema de secularidad que se manejaba tanto en su época,
como en épocas previas.

El poeta a analizar es conocido por formar parte en la renombrada “Generación del 27”,
en España: Federico García Lorca. Si bien el escritor no es precisamente reconocido por profun-
dizar en lo que se denominaría “poesía mística”, hay varios elementos en sus obras que permiten
definir un rasgo que lo podría vincular con dicha categoría. No obstante, antes de iniciar con el
análisis, es necesario mencionar la estrategia que se pretende seguir para elaborar una breve vi-
sión sobre el tópico.

En primer lugar, hay que aclarar que se propone analizar una pequeña selección de los
poemas del autor, encontrados en diversas de sus obras, elaboradas a lo largo de sus años de tra-
yectoria como escritor. Entre los poemarios empleados se encuentra; “De Libro de
Poemas” (1921), “De Canciones” (1921-1924), “De Poeta en Nueva York” (1929-1930), y una
recopilación de sus poemas sueltos, escritos en diferentes períodos de su vida. Dichos poemas se
emplearán para ejemplificar con mayor facilidad, dos propuestas. Una es la estética y la simbo-
logía que utiliza el autor, que la asemeja en gran medida a la poesía mística; permitiéndonos
compararla con la simbología de San Juan de la Cruz. La otra propuesta es para ejemplificar va-
rios de los aspectos que es escritor Raimon Panikkar, desarrolla en su libro “El mundanal silen-
cio”, (1999). Al tratar este último tantos elementos sobre el fenómeno de secularidad, se ha he-
cho una selección de algunos puntos que caracterizan a grandes rasgos dicho evento. Entre los
seleccionados, se resaltará la concepción del tiempo, la manifestación de la muerte, la percepción
de la naturaleza, la participación y encuentro con la divinidad, entre otros elementos.

Para empezar el análisis, es importante destacar simbología empleada por el poeta en va-
rios de sus poemas; en muchas ocasiones comparada a la simbología que emplea San Juan de la
Cruz en su escrito “Cántico Espiritual”. Es un tema recurrente en Lorca, acudir a imágenes como
la sombra, el alma, el amado, el bosque, el dolor y la oscuridad.

En su poema “Sueño”, escrito en mayo de 1919, perteneciente a la obra “De Libro de


Poemas” (1921), el autor escribe “Mi corazón reposa junto a la fuente fría/ El agua de la fuente
su canción le decía/ (…) Mi corazón despiertos sus amores decía./ (…) Mi corazón se vuelca so-
bre la fuente fría…” (García Lorca, F. (1992). Libro de poemas, pp:29). En este poema en parti-
cular se puede observa la estructuración de una imagen icónica en el poma de San Juan de la
Cruz, “¡Oh cristalina fuente,/ si en esos tus semblantes plateados/ formases de repente/ los ojos
deseados/ que tengo en mis entrañas dibuxados!/ ¡Apártalos, Amados,/ que voy de vuelo!”. (San
Juan de la Cruz, “Cántico Espiritual”. “Canciones entre el alma y el Esposo”, pp:55). En ambos
poemas, la fuente es el lugar al que se acercan los amantes para desahogar sus penas, para lanza-
se por el desespero que produce la falta del amado; por esta razón a la fuente en el poema escrito
por García Lorca, se le atribuyen aspectos lúgubres que haces una dicotomía entre vida y muerte,
calor y frío, luz y sombra; “la fuente lo escuchaba sombría”(García Lorca, F. (1992). Libro de
poemas, pp:29), “mi corazón se vuelca sobre la fuente fría”(pp:29).
Otra semejanza que vincula ambos escritos es la espera de la intervención divina como
señal de salvación. En el poema de San Juan, justo cuando la voz de la Esposa realiza la adver-
tencia de su vuelco a la fuente, ocurre la primera aparición del Esposo en el poema para evitar la
fatalidad. Al igual que en el poema del escritor del siglo XX, se encuentran reiteradas peticiones
a un ente que logre impedir la tragedia, “(Manos blancas lejanas, detened las aguas)” (pp:30).

Otra alusión reiterativa en los poemas de Lorca, la podemos apreciar en las constantes
referencias al Alma, como en el poema “La sombra de mi Alma” escrito en diciembre de 1919,
perteneciente a la obra “De Libro de Poemas” (1921), en el cual le atribuye actitudes caracterís-
ticas al Alma como lo frecuenta el poeta del Siglo de Oro; “La sombra de mi alma/ huye por un
ocaso de alfabetos/ (…) Un turbio laberinto/ de estrellas ahumadas/ enreda mi ilusión/ casi mar-
chita” (García Lorca, F. (1992). Libro de poemas, pp:21); la huída, el escape, el enredo, son as-
pectos reiterares en la poesía de San Juan, junto a la sombra y a la dualidad entre lo oculto y lo
descubierto, como alude la sombra y la luz en el poema.

Si bien las alusiones no son idénticas entre los poetas comparados, hay varias representa-
ciones que contribuyen a su diálogo. De igual forma, hay que mencionar, como se comentó al
principio del ensayo, que los escritores pertenecen a esquemas diversos de pensamientos, y que
este hecho ha modificado hasta cierto punto la manera de concebir la mística en el siglo XX y
XXI. En este poema en particular, podemos evidenciar una de las premisas del escritor Raimon
Panikkar.

“Para mucha gente esto puede ser un camino, e incluso un meandro en el


proceso entero: las montañas, el agua, los iconos, y todas las imágenes
tradicionales de lo Divino son todavía suficientemente ricas como para
despertar el sentido de lo sagrado. Pero lo que necesita ser resacralizado
es la misma vida humana. La vida humana necesita ser vivida plenamente
como una realidad más real que lo meramente empírico, es decir, como
realidad sagrada. Antes que las manifestaciones de la vida en las acciones
y cosas sagradas, la vida misma necesita ser experimentada como sagra-
da.” (Panikkar, R. 1999. El mundanal silencio, pp:60).

En el poema escogido, es posible apreciar una transición paulatina de lo empírico a lo


sagrado. Hay un cambio gradual de elementos que se atribuyen a lo fáctico, a lo racional, a la
ciencia, a lo real, como lo son los libros, las palabras, la razón, la sustancia y el laberinto; a ele-
mentos que están vinculados con ese proceso de sacralización de la vida misma: la ilusión, la
alucinación, el espíritu y el alma. También contamos elementos que pretenden racionalizar lo sa-
grado y elementos que pretenden sacralizar lo empírico. Por ejemplo “la línea donde cesa la nos-
talgia”, atribuir una figura precisa y delimitada a algo etéreo; “niebla de libros”, otorgarle a im-
preciso y disipado, la constitución de lo empírico.

Se observa un proceso que pone en diálogo y en equilibrio ambos aspectos que constitu-
yen una realidad, y refleja el predominio de una sola visión al principio del poema y el predomi-
nio de la otra al final, sin eliminar en su totalidad la visión opuesta. hagas tal punto en el que se
puede ver “la palabra amor/ desmoronada.”, indicación que introduce un quiebre tanto en lo em-
pírico como en lo sagrado, porque si bien se deshace la palabra y no el referente, de todas for-
mas, este se ve afectado y modificado en la mente del lector, no desmoronando el amor, pero sí
vinculándolo con una ruptura paulatina.

Varios elementos de la realidad se ven modificados e incluso integrados cuando el indivi-


duo participa de la anteriormente mencionada secularidad sagrada. Tanto como las significados
como los significantes, se ven muchas veces distorsionados tras la conjugación de lo racional con
lo irracional. Entre los esquemas que se ven afectados, encontramos la percepción del tiempo
como algo distinto a lo que plantea el pensamiento que se centra específicamente en lo empírico;
y este punto García Lorca lo maneja con extremo cuidado, tanto en la parte estética de algunos
de sus poemas, como en los elementos simbólicos y las alusiones que los mismos buscan reflejar.

Según Raimon Panikkar, (1999), “El mundanal silencio”, la distorsión del tiempo, no im-
plica una intemporalidad en la poesía, ya que esto “es abstracción, que no encaja en
realidades.” (pp:23). No obstante, esto no quiere decir que el tiempo se mantenga ileso de modi-
ficaciones. El autor asegura que,

“Las estructuras temporales son más que vestigios del pasado que el
hombre retiene en la memoria o anticipaciones del futuro (una prepara-
ción para la vida real). Existen por su propio derecho, pertenecen a la ur-
dimbre y la trama del tejido mismo de la realidad. No sólo el tiempo pre-
sente es real, sino que el pasado y el futuro son tan reales como el presen-
te. El tiempo existe, y todos los tiempos coexisten. Lo que ha sido es
tan real como lo que será, y ambos pertenecen a la realidad. El destino
temporal del hombre está inextricablemente ligado a su destino eterno y a
su situación eterna. (…) Esto quiere decir que el futuro no es el fin de la
vida humana, como tampoco que Dios sea el Futuro absoluto. El tiempo
no es sólo el futuro. Tiempo también es el pasado y, más acuciantemente
para nosotros, el presente.” (Panikkar, R. 1999. El mundanal silencio, pp:
34).

La interpretación de la premisa anterior podría estructurarse en diversos niveles. La escri-


tura en sí misma puede representar un reflejo de dicha coexistencia de todos los tiempos; plasmar
un pasado en un presente para el futuro. No obstante, Federico García Lorca va mucho más allá,
y logra experimentar fenómeno inusual, que puede representar el planteamiento de Panikkar, de
forma poco ortodoxa, pero que es pertinente mencionar, ya que es un fenómeno al que podría
llegar a considerársele místico: las premoniciones. Hay varios estudios y registros que plantean
que el poeta podía predecir varios sucesos del futuro a través de los sueños. Si bien no es com-
probable dicha aseveración, se ve sustentada tras la creación de uno de sus poemas en los que
predice exactamente lo que le sucederá el día de su muerte. El poema se titula “Fábula y rueda
de tres amigos”, perteneciente al libro “De Poeta en Nueva York” (1929-1930), escrito siete años
antes de su asesinato.

“Cuando se hundieron las formas puras/ bajo el cri cri de las mar-
garitas, /comprendí que me habían asesinado. /Recorrieron los cafés y los
cementerios y las iglesias, /abrieron los toneles y los armarios, /destroza-
ron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro. /Ya no me encontra-
ron. /¿No me encontraron? /No. No me encontraron. /Pero se supo que la
sexta luna huyó torrente arriba, / y que el mar recordó ¡de pronto! / los
nombres de todos sus ahogados.” (García Lorca, F. 1929. “Fábula y rue-
da de tres amigos”)

En dicho poema, se narra su asesinato, y el hecho de que su cuerpo nunca haya sido ha-
llado. Su muerte se llevó a cabo por militares golpistas el 18 de agosto de 1936, junto a otros dos
civiles como narra el poema. Su cadáver al igual que muchos otros fue depositado en una fosa
común, y desde ese día se ha conformado, según varios críticos españoles una herida que recuer-
da la tragedia del evento histórico. Muchos profesionales de la materia, aseguran, que encontrar
el cuerpo de Lorca, representaría un símbolo para que el “mar recuerde a todos sus ahogados”.

La posibilidad del autor de precisar tantos detalles sobre un acontecimiento futuro, permi-
te cuestionar la realidad; reitera la coexistencia del tiempo; y sacraliza lo empírico, ya que si bien
la muerte en sí misma es una experiencia necesaria, constante y predecible; el cómo y el por qué
la convierten en algo difuso al momento de estructurarla.
Al momento de tratar el tema de la muerte, es interesante referirse a una de las asevera-
ciones de Panikkar en su escrito, “Hay una diferencia fundamental entre el fin natural del mundo
(o de los mundos), (…) y la autodestrucción de la especie humana o la anihilación artificial del
planeta.” (pp: 64). Todos estos aspectos son tratados de diversas formas en los poemas de García
Lorca.

Uno de los ejemplos más pertinentes a los que se puede aludir para reflejar la primera
parte de la premisa, es el escrito “Poema Doble del lago Edem”, en el cual se hace una constante
referencia al Absoluto como divinidad que maneja y es el Todo que constituye el entorno “por-
que yo soy un hombre, un poeta, una hoja,/ un pulso herido que sonda las cosas del otro
lado” (García Lorca, F. (1992). Libro de poemas, pp:122); y por ende, también se refiere al ciclo
que interviene en la vida, manejado por dicha divinidad “Déjame pasar la puerta/ donde Eva
come hormigas/ y Adán fecunda peces deslumbrados” (pp:121); “el Sueño y la Muerte me esta-
ban buscando” (pp:122). Se refleja un ciclo en el cual el consumo de los personajes bíblicos
como alusión al origen y a la humanidad se sustenta en la búsqueda de preservar su vida, y la
perpetua engendrando otra vida, para así, cuando llegue el momento indicado, ser buscado por el
sueño, el anhelo, y la muerte, tal y como recita la voz lírica. El poema también alude a anhelos
propios de la vida del hombre, como la libertad y el amor, lo cual es un elemento natural en el
ciclo de la vida; de una vida a la espera de un fin natural. Ejemplo “Pero no quiero mundo ni
sueño , voz divina,/ quiero mi libertad mi amor humano” (pp:121).

Por otra parte, hay otros poemas que sí reflejan evidentemente la mencionada “autodes-
trucción de la especie humana”; entre ellos, encontramos todos aquellos escritos referentes al
suicidio, como “Suicidio”, “Despedida”, entre otros, que están recopilados en el libro “De Can-
ciones” (1921-1924).

Para culminar el análisis panorámico de García Lorca, hay un aspecto clave que no se ha
mencionado y que constituye un hito en la construcción del hombre moderno. El escritor Raimon
Panikkar plantea lo siguiente; “El hombre de la modernidad está solo, y es soberano, dueño de su
destino, libre, liberado de los poderes de la naturaleza y de los de Arriba, liberado de los poderes
de sus semejantes que lo habían explotado.” (Panikkar, R. 1999. El mundanal silencio, pp:58).

A pesar de que el poeta plantea, en los escritos que hemos analizado, la presencia de una
divinidad que rige sobre la tierra; también hay que mencionar algunas obras del autor, en las que
la divinidad se presenta como parte de una problemática que se basa en la ausencia y la falta. “Y
Después”, es un poema en el que el escritor conjuga todo lo que hemos planteado anteriormente,
la modificación del tiempo, la dualidad entre lo empírico-racional y lo sagrado, la alusión a lo
concreto y a lo etéreo, el cuerpo y el alma, y a la muerte; como estrategia para representar la pre-
sencia y la ausencia de la divinidad en la realidad.

“Los laberintos
que crea el tiempo,
se desvanecen.

(Sólo queda
el desierto.)

El corazón,
fuente del deseo,
se desvanece.

(Sólo queda
el desierto.)

La ilusión de la aurora
y los besos.
se desvanecen.

Sólo queda
el desierto.
Un ondulado
desierto.”
(García Lorca, F. (1992). Libro de poemas, pp:41)

El hecho de que el escritor atribuya la presencia de la ausencia con una imagen tan perti-
nente como lo es el desierto, deja ver la problemática que expone Panikkar en la cita anterior. El
hombre efectivamente se siente sólo y es libre; no obstante, esta soledad le genera preocupacio-
nes y dudas, lo que lo lleva a cuestionarse la ausencia. No poseer un fin definido hace que la
muerte sea aún más difusa y que el después sea un misterio absoluto, evento que no ocurría en la
Edad Media.
“El hombre es un ser religioso; la religiosidad es uno de sus rasgos cons-
titutivos. Pero este carácter religioso se expresa de modos variados y
nuevos, justamos asistiendo a un momento crucial en la comprensión
misma del carácter religioso. En otras palabras, la religión está sufriendo
una mutación.” (Panikkar, R. 1999. El mundanal silencio, pp:62).

Si realmente tomamos como premisa que el hombre es y será un ser religioso, compren-
demos gran parte de la poesía de García Lorca, sin necesidad de entrar en un conflicto con res-
pecto a la secularidad del individuo ni del contexto en el que se desenvuelve. Observamos que el
autor logra compaginar las distintas percepciones de realidad y plantearlas en un equilibro; y que
si bien puede considerarse un hombre empírico, también está constituido por aspectos irraciona-
les y experimenta fenómenos que lo llevan a experimentar diversas visiones de la vida, de la
muerte, de la divinidad y del tiempo; resumiendo de esta forma, la “cosmoteándrica”, como
aquella visión de la realidad que comprende lo divino, lo humano y lo cósmico, como los tres
elementos que constituyen la realidad.

BIBLIOGRAFÍA

García Lorca, F. 1992. Libro de poemas. Editorial RBA Editores. Barcelona, España.

Panikkar, R. 1999. El mundanal silencio. Ediciones Martínez Roca. Madrid, España.

San Juan de la Cruz. 1992. “Cántico espiritual”. Editorial RBA Editores. Barcelona, España.

“Federico García Lorca, el poeta que escribió sobre su asesinato”. Blog extraído de
https://hipertextual.com/2016/08/lorca-asesinato-guerra-civil (24/06/2018).

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