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La cultura produce conflictos?

La imagen de la minería en la mayoría de las culturas andinas y amazónicas del Perú, es como ya se
sabe, negativa.

No hace falta retroceder mucho tiempo en la historia de nuestro país, para darnos cuenta de que
en la memoria colectiva de las distintas comunidades nativas ya sea de la costa sierra y selva de
nuestro país la minería está representada como la de hace un siglo. Por un lado, generaron
empleo, pero por otro lado afectaron negativamente en su cultura: la vida económica de estas
comunidades, al contaminar el agua, depredar bosques o al intentar (y lograr en muchos casos)
apoderarse de las tierras comunales, mediante una serie de tácticas que los campesinos tienen
grabadas como fraudulentas y prepotentes y que, en muchos casos, terminaron en medidas de
represión y en dolorosas masacres como:“ el baguazo” “el Andahuaylaso” y últimamente el caso
de “tía María”. Es cierto que hoy en día, la nueva minería, tiene una serie de preocupaciones por
lograr una licencia social y por los impactos sociales y ambientales de sus operaciones, sin
embargo, falta mucho para apreciar resultados y las experiencias en marcha no están aún muy
difundidas.

La imagen tradicional de la minería se asocia también a la percepción de un Estado y autoridades


aliados de las empresas. Aun cuando en la actualidad, el Estado asume el rol promotor y
regulador de la inversión privada y la protección de derechos de la ciudadanía, cambiar aquélla
antigua idea está costando mucho esfuerzo.

Por ello, gestionar un conflicto y establecer un diálogo democrático con la población de entornos
mineros es común y no es raro encontrar elementos típicos del sindicalismo de los años 60-70; el
estilo implica una organización y movilización colectiva, que en ocasiones desemboca en violencia.
En cuanto a los liderazgos, los pobladores urbanos prefieren escoger como dirigentes a aquéllos a
quienes consideran que son más eficaces para conducir, presionar a las autoridades y lograr la
satisfacción de las demandas. A diferencia de las comunidades nativas y aborígenes, el elemento
central de esta culturas, es también la desconfianza, no se confía en las autoridades (por corruptas
y demagogas), se sospecha de líderes y dirigentes (por “vivos” y corruptos), más aún de los
extraños. Las lealtades incondicionales son débiles y mínima, por lo tanto las culturas generara
conflictos, si no hay la voluntad de dialogo entre estas y el estado y no lograr llegar a acuerdos
que beneficien y no afecten a ninguna de las partes.