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REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

ARQUIDIÓCESIS DE CIUDAD BOLÍVAR


SEMINARIO MAYOR “JESÚS, BUEN PASTOR”

LA REFORMA DE LA MÚSICA LITURGICA HECHA POR EL


CONCILIO VATICANO II TENIENDO EN CUENTA SU IMPACTO
EN LA IGLESIA CATÓLICA

Autor: Juan Velásquez


Profesora: Lic. María García

Ciudad Bolívar, Junio 2013


INDICE GENERAL

RESUMEN I
INTRODUCCIÓN 1
CAPITULO pp.
I PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA 3
Definición del Problema 10
Objetivos de la Investigación 10
Justificación de la Investigación 10
II MARCO TEORICO-METODOLOGICO 12
Antecedentes de la Investigación 12
Formulación de Hipótesis 23
Definición de Términos 23
Tipo y Diseño de la Investigación 31
Población y Muestra de Estudio 32
Instrumento de Recolección de Datos 32
III RESULTADOS DE LA REFORMA A
LA MÚSICA LITURGICA HECHO POR EL
CONCILIO VATICANO II 33
Impacto de la Reforma en la vida laical 33
de la Iglesia Católica
Diferencias entre música litúrgica y la música 48
secular luego del Concilio Vaticano II

CONCLUSION 54

REFERENCIAS CONSULTADAS 56
REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
ARQUIDIÓCESIS DE CIUDAD BOLÍVAR
SEMINARIO MAYOR “JESÚS, BUEN PASTOR”

LA REFORMA DE LA MÚSICA LITURGICA HECHA POR EL CONCILIO

VATICANO II TENIENDO EN CUENTA SU IMPACTO

EN LA IGLESIA CATÓLICA

Autor: Juan Velásquez


Profesora: Lic. María García
Ciudad Bolívar, Junio 2013

RESUMEN

La música desde siempre ha sido medio de expresión del hombre, de


sentimientos y por sobre todo de verdades de fe. Durante toda la historia, la
religión y la música se ha visto íntimamente relacionadas, y no es la
excepción la Iglesia Católica, que ha tomado a la música como instrumento
privilegiado de oración y exaltación hacia Dios. Esta adaptación de la música
ha ido evolucionando dentro de la Iglesia Católica, hasta estar marcada por
el acontecimiento histórico más importante del siglo XX de la Iglesia Católica:
El Concilio Vaticano II. Este trabajo de investigación busca analizar el
impacto que dicho Concilio ha tenido sobre la música litúrgica de la Iglesia
Católica, señalando sus efectos hacia la vida laical de la misma. Por ello es
una investigación documental y de campo, con un diseño no experimental
que permite el estudio del tema de la música litúrgica. Para la recolección de
datos se utilizó una encuesta de tipo abierta, y sus resultados son
representados a través de graficas circulares, que nos arrojan una muy clara
de la reforma a la música por el Concilio Vaticano II a través de sus
verdaderos afectados, los fieles de la Iglesia Católica.

Descriptores: música litúrgica, Concilio Vaticano II, reforma litúrgica

I
INTRODUCCIÓN

El hombre es un ser de expresiones, de sentimientos, de suplicas y


gracias, es un ser puramente religioso, que siempre está en busca de ese
“ser” superior que le otorga la vida y todo lo que le rodea. Esta en un
constante buscar y descubrir, y durante ese proceso la música ha pasado a
ser uno de los instrumentos principales del hombre, por el cual logra cantar o
entonar hacia su Dios, alegrías, penas, suplicas, ruegos, agradecimientos y
por sobre todo, la fe.

La Iglesia Católica, institución establecida por el mismo Jesucristo, abre


las puertas para que el hombre realice toda esta expresión musical, de modo
que por medio de sus celebraciones y oraciones, todo vaya dirigido hacia el
Único Dios, Padre Todopoderoso. La música, pasa a ser, música litúrgica, en
donde se expresan no solo meros sentimientos, sino verdades teológicas, de
esperanza, dogmas, realidades pastorales, sentimientos humanos y divinos.

Esta música litúrgica, no surgió de un día para otro, sino que ha pasado y
sigue pasando por un proceso de purificación y perfección, que la Iglesia
Católica se ha encargado de realizar por medio de sus concilios y
conferencias, pero no es hasta el más importante de todos, el Concilio
Vaticano II, en donde realmente se reforma y establece los estatutos de la
música litúrgica dentro de las celebraciones litúrgicas de la Iglesia.

Esta reforma ha afectado todos los ámbitos de la Iglesia Católica,


especialmente el pastoral, insertando la inculturización de los pueblos y
regiones, y más que eso, las verdaderas líneas musicales, en donde no todo
tiene un sentido etéreo, sino algo realmente enraizado en el corazón del

1
hombre y de la Iglesia, y a partir de esto, fe y música sean elementos
íntimamente entrelazados y complementarios.

En virtud a esta reforma y sus propuestas, la siguiente investigación


busca analizar y describir este gran impacto sobre la música litúrgica,
desglosándose en tres capítulos en donde se desarrolla la problemática de la
reforma y cambios dentro de la liturgia de la Iglesia Católica, proponiendo
objetivos para el estudio de dichos cambios (Capitulo I); se presentan
estudios y desarrollos previos a esta investigación, definiéndose términos
claves y mostrando la estructura de la presente investigación, así como los
medios para desarrollar la misma (Capitulo II), y el impacto laical que tiene
dicha reforma, señalando diferencias necesarias entre la música litúrgica y
otros estilos musicales (Capítulo III).

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CAPÍTULO I

PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA

La música siempre ha sido un medio de expresión del ser humano, la cual


dependiendo del matiz que se le dé, es un instrumento para expresar
gracias, alegrías, rabias, melancolías y tragedias, todo esto estando
acompañado de sonidos muy armónicos.

La música puede llegar a expresar sentimientos muy profundos, que el


hombre por sí solo no puede expresar, que solo con la ayuda de Dios la
puede lograr. Ratzinger, J (2001), en su libro “El Espíritu de la Liturgia Una
introducción”, nos dice que: “Cuando el hombre entra en contacto con Dios,
las palabras se hacen insuficientes. Se despiertan esos ámbitos de la
existencia que se convierten espontáneamente en canto” (pp.158).

La música dentro de la historia de la Iglesia Católica se remonta al


Antiguo Testamento, en donde Moisés junto a otros compañeros, le cantan a
Dios por haber intercedido por ellos y su pueblo, momento en el cual la
música pasó a ser más que arte, pasó a ser un puente con Dios mismo.

Este primer canto de alabanza es sumamente extenso y lo encontramos


en la Biblia, en el libro del Éxodo, donde Moisés dijo: “Canto a Yahvé,
esplendorosa es su gloria…” (1:15)

Ciertamente la música se fue vinculando cada vez más a la Iglesia


Católica, y esto se ve manifestado en todos los relatos de la Biblia, la cual es
la base de la misma, especialmente en el Libro de los Salmos y en la historia
de las primeras comunidades cristianas en el Libro de los Hechos de los
Apóstoles, las cuales se dieron la tarea de incluirla como factor importante

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dentro de la liturgia y sus celebraciones como la fracción del pan y las
oraciones comunitarias, pasando a ser servidora viva de la oración, de la
adoración a Dios y de su alabanza.

Al estar insertada la música dentro de la vida eclesial de los cristianos


primitivos, y al formar parte importante de su misma espiritualidad, la Iglesia
Católica no la toma como un factor de “adorno” o “simple capricho” de los
fieles, sino como medio de expresión de la palabra y verdad de Cristo Jesús.

La música ahora ha pasado a ser herramienta del pueblo cristiano, del


pueblo de Dios, para liberar sus sentimientos hacia él, y por sobre todo, a
formar parte de su vida orante en la Iglesia Católica, mediante las oraciones,
los canticos y los salmos. Por ello “la música en la Iglesia surge como un
„carisma‟, como un don del Espíritu…” según Ratzinger, J (Óp. Cit. 2001,
pp.162)

Así, con el pasar de los años, la Iglesia Católica ha ido evolucionando y


trascendiendo en muchos temas, especialmente en su ámbito doctrinal,
litúrgico y pastoral, siendo estos temas, debatidos y discutidos por el
conjunto de autoridades eclesiales o Magisterio de la Iglesia.

Este es el caso del tema de la eucaristía y la presencia real de Cristo en


ella, los ritos de la misa, los verdaderos sacramentos y, por supuesto, la
música y su influencia en la liturgia.

Este tema viene siendo tocado por muchas autoridades y figuras


influyentes de la Iglesia Católica como lo son los llamados “Padres de la
Iglesia”, entre ellos San Gregorio Magno (540-604) y San Agustín (354-430),
el cual afirma que “el cantar es cosa del amor” y es un don de Dios,
expresando también sus sentimientos con respecto a la música en la Iglesia
diciendo:

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Cuanto lloré entre los himnos y los cánticos,
vivamente conmovido por las voces de tu Iglesia
suavemente exultante. Aquellas voces vertían en
mis oídos, destilaban la verdad en mi corazón; me
encendían sentimientos de piedad; las lágrimas
brotaban y me hacían bien (Confesiones, IX 6, 14).
Igualmente defendida por santos y santas como Santa Cecilia (180-230),
nombrada patrona de la música, y por Papas como Pio X (1903-1914) y Pio
XII (1876-1958) quienes son decisivos en este tema debido a su influencia
doctrinal y sus grandes comentarios y aportes al tema de la música.

El vaivén del tema de la música litúrgica seguiría hasta el año 1955,


cuando el Papa Pio XII publicó su encíclica “Musicae Sacrae” o “Música
Sacra”, en la cual toca este tema de forma seria y profunda, y dentro de su
denso contenido expresa que:

A nadie sorprenderá que la Iglesia se interese tanto por


la música sagrada. No se trata, es verdad, de dictar
leyes de carácter estético o técnico respecto a la noble
disciplina de la música; en cambio, es intención de la
Iglesia defenderla de cuanto pudiese rebajar su
dignidad, llamada como está a prestar servicio en
campo de tan gran importancia como es el del culto
divino (Cap. II).
En este momento de la historia cabe destacar que la Iglesia Católica
había dejado, y sigue dejando, muy en claro que la liturgia y la música debe
estar siempre en favor y al servicio del pueblo o de los fieles, y con este
documento, lo reafirma y rectifica.

Para poder cumplir y preservar este ideal, la Iglesia Católica, se ha válido


no solo de encíclicas, sino de formaciones laicales y clericales, talleres en las
Iglesias locales, encuentros mundiales de fieles, planes de concientización,
reformas catequéticas, campañas, uso de medios de comunicación como la
televisión, la radio, la prensa, el internet, las revistas, entre muchas otras

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herramientas con el fin de acercarse a los fieles, ser una iglesia más cercana
y humana.

También cabe destacar las numerosas reformas hechas a estos temas ya


nombrados, entre ellos el Concilio de Trento (1545-1563), Las sesiones
papales y cardenalísticas, el Concilio Vaticano I (1869) y, hasta ahora el más
influyente, importante y significativo, el Concilio Vaticano II (1962-1965), el
cual terminó de aclarar y puntualizar aspectos de la música en la liturgia.

Según Allary, J y otros (1970) en el libro “Participación en la Liturgia por el


canto, la aclamación y el silencio”: “Antes del Vaticano II, el canto litúrgico era
considerado, en principio, como la tarea a realizar por el „coro de levitas‟ (San
Pio X); ahora, inicialmente, es una función que „el pueblo‟ debe desempeñar”
(pp. 22)

Para el Concilio Vaticano II se crearon 13 subcomisiones encargadas de


discutir los temas a tratar y, entre esas, se encontraba incluida la Música
Sagrada, la cual al empezar a ser deliberada sufrió un cambio que hizo la
separación de opiniones entre muchos cardenales, sacerdotes y laicos,
debido a sus puntos reformados y al diferente punto de vista de cada uno de
ellos.

Los cambios fueron introducidos en el primer documento expuesto en el


Concilio Vaticano II al pueblo, y es uno de los más importantes a lo que
refiere la liturgia católica, la “Sacrosanctum Concilium” o Constitución de la
Liturgia, firmada por el Papa Pablo VI el 4 de diciembre de 1963, la cual rige
y expone todas las normas a cumplirse en los ritos y celebraciones de la
Iglesia Católica.

Olga Cecilia Bustamante (2008) en su artículo “La música católica desde


el Concilio Vaticano II” para la pagina web música.sanpablo.es expresa que:

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Este acontecimiento marcó significativamente la
renovación de la liturgia, permitiendo que la música
fuera parte viva del carácter práctico y popular, con el
fin de lograr una mayor participación de los fieles en los
cantos, propiciar su protagonismo musical y preservar
nuestra identidad musical católica.
Dichos cambios, que comprendían diez artículos del 112 al 121, le dieron
una revaloración total a la música dentro de la liturgia, especialmente en el
artículo 112, que expresa: “La música sagrada será tanto más santa cuanto
más vinculada esté a la acción litúrgica” (Cf Sacrosanctum Concilium #112)

Estos cambios no fueron aceptados por todos fácilmente, creando incluso


grupos y revueltas muy influyentes en contra y favor de ellos, como es el
caso de la disputa entre las organizaciones: Consociato Internationalis
Musicae Sacrae (CIMS) y la Universa Laus, fraccionando así a la Iglesia
Católica y, más aún, a lo sacerdotes y fieles que la componen activamente,
creando disputas, contradicciones y confusión.

Es en este punto donde la música en vez de seguir su sentido de


servidora de la liturgia, pasa a ser tomada como algo al libre albedrio en las
celebraciones y a ser interpretada por cada fiel, religioso y sacerdote de
forma deferente, adaptándola a su medida y a su forma de pensar, hecho el
cual permitió entrar en una cierta crisis a la liturgia de la Iglesia,

Esta pequeña crisis aumentó cuando las opiniones divididas no sabían si


definir la música como algo realmente sagrado o como simple arte, a lo cual
G. Kock (1989) en su artículo “Entre el coro y el altar. La Música Sagrada:
¿liturgia o arte?” incluido en la Revista Concilium en su edición 222 (Marzo
1989) nos dice: “Dentro de la liturgia la música funciona como una especie
de arte aplicado. Es música, y como tal hay que juzgarla por su valor
artístico, pero también es liturgia” (pp.192)

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Esta disputa le dio la puerta abierta a otros de los factores contra este
tema como lo es la influencia de las corrientes seculares, las cuales al
brindar unas melodías musicalmente hermosas, y al no tener bien definida la
música como arte o sagrado, despliega las verdaderas piezas musicales
litúrgicas.

Todo esto sin mencionar que esta música secular posee factores ajenos
al contenido litúrgico y estructural de las melodías sacras, acarreando ritmos
mundanos, letras divagantes y sin sentido espiritual propio y por sobre todo,
contenido teológico errado.

Estos factores impactaron a los fieles de la Iglesia Católica, creándoles


confusión a nivel de doctrina, de espiritualidad y de fe, ya que se notaba la
disputa interna y la incoherencia de la Iglesia entre lo que profesaba y lo que
practicaba.

Sin embargo, a pesar de todos estos problemas, la “Sacrosanctum


Concilium” salió a la luz para todos los fieles del mundo, para que estos se
integraran y se formaran en la doctrina católica.

Pero debido a los conflictos nombrados, y más aun, debido al desinterés


por parte no solo de los fieles, sino también de sacerdotes, la difusión de
dichos cambios no se dio, o más bien, se dio en muy poco nivel, volviendo
otra vez la música a la categoría de “adorno” de la liturgia.

La música se desarrollo pero de una manera errónea y muchas veces


fuera del contexto de la doctrina cristiana católica, la falta de formación ya
mencionada produjo o aumento más esta carencia formativa, más no todo
recae sobre la Iglesia Católica, ya que sus fieles, incluso los más activos, no
prestaron atención a estas reformas.

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Actualmente estos hechos siguen latentes en la vida pastoral de la Iglesia
Católica, y se ven reflejados directamente en las iglesias locales y
parroquias, en donde existen una gran cantidad de apostolados y grupos que
les dan vida a las mismas.

Dentro de estos se encuentran los ministerios de música o coros


parroquiales, los cuales muchos no saben ni que existen todas estas
reformas ya mencionadas, lo cual afecta en su labor pastoral, ya que al
cantar en una misa, el cual es el acto más importante de toda la liturgia
cristianas, no conocen que están cantando o peor aún, porque lo cantan.
Estos grupos simplemente piensan que con cantar cualquier melodía
complementan la misa, lo cual es totalmente falso.

Desde el error más pequeño, como por ejemplo, de entonar el canto del
aleluya en tiempo de Cuaresma (lo cual está prohibido), hasta cantar la
secuencia del Espíritu Santo en otro día que no sea el propio, como lo es
Pentecostés.

Estos actos reflejan en gran fallo formativo en dichos grupos, por tanto
afectando la solemnidad de las celebraciones y hasta cierto punto,
perturbando a otros fieles y laicos de la misma parroquia.

Más de este grupo no se excluyen los seminaristas, que viven en una


formación constante sobre la liturgia y doctrina de la Iglesia Católica, pero
que no poseen ni el mínimo conocimiento de este tema, y lo que agrava más
la realidad, muchas veces permiten errores como los ya mencionados, y en
vez de formar solo lo hacen pasar desapercibido.

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Definición del Problema

El Desconocimiento del tema de la música litúrgica y como esto afecta la


difusión del mismo, impidiendo la relación de su contenido con seminaristas y
fieles que participan en los ministerios de música parroquiales.

Objetivos de la Investigación

Objetivo General

Analizar la reforma de la música litúrgica hecha por el Concilio Vaticano II


teniendo en cuenta su impacto en la Iglesia Católica.

Objetivos Específicos

1. Definir conceptos bases de la música litúrgica


2. Señalar las diferencias entre música litúrgica y música secular luego
del Concilio Vaticano II.
3. Explicar la reforma de la música litúrgica en la Iglesia Católica.
4. Comparar la música litúrgica antes y después del Concilio Vaticano II
5. Descubrir los resultados del Concilio Vaticano II en la música litúrgica

Justificación de la Investigación

La Iglesia Católica está en una constante evolución, y sufriendo distintos


cambios, tratando de adaptarse a los tiempos y a las nuevas tendencias de
sus fieles, brindando opciones para que estos participen activamente de ella.

La Música dentro de la Liturgia es precisamente esta herramienta, pero


que debido al mismo desinterés del hombre por descubrir su verdadero
sentido, se ha desarrollado erróneamente de una manera muy desigual,
llegando incluso a ser ignorada tanto por la Iglesia como por sus fieles.

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Dios merece toda nuestra alabanza, y a través de cantos y melodías lo
hacemos, más esto no significa que deba ser de forma liberal o a nuestro
modo, sino bajo ciertas normas que son importantes conocer, y más que
conocer, saber cómo han evolucionado a través de los años, hasta llegar a
su culmen (el más grande hasta ahora) como lo fue en el Concilio Vaticano II.

Especialmente para los católicos comprometidos esto debe ser de gran


resonancia dentro de su formación como laicos, ya que involucra un gran
contenido teológico y doctrinal de la Iglesia.

Igualmente para aquellos que no están totalmente sumergidos en la Iglesia


Católica, este tema les permite conocer otra faceta de la misma, en donde
encontraran un lado más práctico y participativo, en donde la Iglesia y el
pueblo son uno solo.

Realidad que afecta a la Iglesia y a su pueblo, a sus fieles, por ello es


necesario desarrollar y explorar el tema de la música litúrgica, y por sobre
todo, como este afecta a las realidades pastorales de dicha Iglesia.

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CAPITULO II

MARCO TEORICO-METODOLOGICO

Antecedentes de la Investigación

El Concilio Vaticano II, realizado en el año 1959, iniciado por el Papa Juan
XXIII y finalizado por su sucesor el Papa Pio VI, en el año 1963, significó uno
de los eventos históricos más significativo del la Iglesia Católica en el siglo
XX. Este concilio ecuménico acarreó un sinfín de reformas a toda la doctrina
de la Iglesia Católica, entre esas la de la música y la liturgia, delimitando y
concretando aspectos importantes de la misma, y por sobre todo, dándole un
cambio casi radical a toda su estructura pastoral y litúrgica, que podemos
considerar positivo para el avance de la misma ya que se adaptó más a la
realidad de la Iglesia local proponiendo una inculturización de la misma en
los fieles. Pero a pesar de todas estas mejoras y avances, la Iglesia Católica
sigue padeciendo de numerosas disputas y debates pues no todos están de
acuerdo con dichos cambios. A raíz de esta reforma y del impacto de este
Concilio, siendo este el antecedente con más predominancia, es que se
desglosa este proyecto de investigación,

El documento Sacrosanctum Concilium (Constitución de la Sagrada


Liturgia) fruto del Concilio ya nombrado, fue aprobada por el Papa Pablo VI
en el año 1963 con el fin de dar participación activa de los laicos o fieles en
la liturgia de la Iglesia, y dentro de esta se manifiestan las reformas a la
música litúrgica, en el capítulo VI, en los numerales del 112 al 121, los cuales
le dan un aire nuevo y renovado a la música en la liturgia, acentuando su
importancia dentro de ella, su significación bíblica, su papel arraigado en el
pueblo y por sobre todo su acción pastoral y comunitaria dentro de los ritos

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de la Iglesia Católica. A pesar que simulan ser muy pocos numerales, su
contenido e influencia marcaron una nueva etapa en la vida de la Iglesia
Católica, y es la primera vez que la Iglesia y, la humanidad por decirlo así,
empieza a estudiar a la música litúrgica.

A raíz de este Concilio y la constitución mencionada surgen una serie de


autores que se dan cuenta de la influencia del tema de la música liturgia.
Motivados empiezan a profundizar en ella, a desglosarla y tomarla como
tema de estudio. La gran mayoría de los antecedentes de esta investigación
surgen a partir o después del Concilio Vaticano II.

Kock G, fue un gran teólogo estudioso de toda la reforma del Concilio


Vaticano II, y en 1989 publicó un artículo llamado “Entre el coro y el altar. La
música sagrada: ¿liturgia o arte?” en la Revista “Concilium”, que surgió de
dicho concilio, en donde nos describe de forma muy detallada, explicita y
concreta, todo el desarrollo de la música sagrada dentro del Concilio, y más
importante aún como ésta afectó a toda la realidad de la Iglesia,
mostrándonos de forma muy honesta y clara todos los altos y bajos de estos
cambios. Más aún, nos muestra las disputas entre la misma Iglesia y como
ella misma afectó la expansión de dichos cambios en sus fieles. Kock nos
ilustra muy bien todo el contexto histórico y eclesial del Concilio.

Pero a pesar de esto se centró, básicamente, en la Iglesia europea,


dejando de lado a todos los demás continentes que abarca la Iglesia, y a
pesar de ser muy explicito, relegó especialmente a la Iglesia
Latinoamericana. También a esto cabe agregarle que Kock se enfoca muy
poco en el ámbito pastoral, lo cual es un poco contradictorio pues los
cambios que estudió se ven reflejados es en ese aspecto. Más a nivel
general, Kock nos brinda un excelente artículo del Concilio Vaticano II y lo

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más importante, da luz de forma sencilla, para próximos investigadores del
tema y para los fieles de la Iglesia Católica.

Allary J, y otros, en el libro “Participación en la liturgia, por el canto, la


aclamación y el silencio”, publicado en el año 1970, nos muestra toda la
realidad practica-pastoral de la reforma del Concilio Vaticano II a la música
litúrgica en las iglesia locales, de forma que nos lleva de la teórico a lo
palpable, y de cómo tantas reformas se representan o aplican en el día a día
de las comunidades parroquiales y en los grupos o ministerios de música.
Estos autores nos arrojan un pequeño análisis de los numerales 112-121 de
la Sacrosanctum Concilium, pero enfocándolo en un ámbito más laical, es
decir, dirigido a los fieles, y a la luz de esto desarrolla los conceptos de coro,
música, los cantos permitidos, los tiempos litúrgicos, entre muchos otros
términos muy prácticos a la hora de hablar de la música litúrgica en el ámbito
pastoral. Más ciertamente es un libro un poco viejo, por tanto mucho de los
términos y consejos, por decirlo así, que se dan o explican, actualmente no
son aplicables a nuestra realidad, quitándole un poco de eficacia, más a nivel
intelectual es un texto muy completo.

El Concilio Vaticano II permitió que los diferentes autores desarrollaran la


música litúrgica no solo en un estilo determinado, sino que de forma más
flexible, permitiendo diferentes estilos de música, acordes para la celebración
y la litúrgica claro está, por ello la música litúrgica se pudo proyectar a un
ámbito más global, en donde se fue inculturizando en cada región y
costumbre.

A raíz de esto, Zenetti L, en su libro “Religión y música moderna” (1969)


nos expone la música litúrgica a un nivel mundial y mucho más afianzado a
lo cultural, especialmente a las diferentes tendencias musicales de eso

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momento, como el jazz, el beat, entre otras; todas enfocadas a su influencia
en la sociedad moderna de la época y su vínculo con la música en la Iglesia.

Zenetti utiliza una secuencia muy buena para desarrollar la evolución de


la música, adentrándonos primero en la música litúrgica y su antigua
concepción en el culto cristiano, hasta llevarnos a la reforma de Vaticano II y
por consiguiente, todo el desarrollo cultural de la música, su aplicación a la
juventud, los pro y contra de los nuevos estilos musicales, y un sinfín de
opiniones, entrevistas y referencias bibliográficas, que dan peso a este texto.
Este desarrollo de la música realmente es muy completo, objetivo y por sobre
todo muy bien estructurado, permitiéndonos ver a este tema desde un punto
de vista más amplio y por sobre todo, fresco y diferente. El autor resulta ser
muy crítico y es una excelente investigación al tema de la música litúrgica.

La Iglesia Católica mucho antes del Concilio Vaticano II ya venía tratando


el tema de la música litúrgica o música sacra, como es el caso del Papa Pio
XII en su Carta Encíclica “Musicae Sacrae” (Música Sacra) publicada en
1955 en donde, a raíz de todas estas irregularidades y dudas con respecto a
este tema, da un gran paso al concretar y desmentir muchas faltas y fallas
dentro de la música en la Iglesia, proponiéndolo tipo doctrina y afianzándose
bastante en las palabras de San Agustín, de San Gregorio Magno y de uno
de sus antecesores, el Papa Pio X .

En esta encíclica, por escrito del mismo Papa Pio XII, “…no se trata, es
verdad, de dictar leyes de carácter estético o técnico respecto a la noble
disciplina de la música; en cambio, es intención de la Iglesia defenderla de
cuanto pudiese rebajar su dignidad…”, por tanto se nos presenta es una
serie de correcciones y llamados de atención, que se consideran ciertamente
bastante rectos, estrictos y fuertes, yendo dirigido, especialmente, a todos los
artistas que sirven en la Iglesia con su talento musical, a los cuales se le dice

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que “…quieren justificar su deplorable conducta con argumentos especiosos
que dicen deducirse de la naturaleza e índole misma del arte”, enfatizándose
en que todo debe girar no en torno al arte, sino a la liturgia. Más no los
excluye de la liturgia, sino que los invita a poner su talento primeramente
bajo la luz de la fe antes que la de la belleza.

Pio XII se muestra muy sincero al reconocer que dentro de la Iglesia hay
fallas, y es muy valiente de su parte buscar soluciones sin ignorarlas, para
ello también se enfatiza en la importancia teológica y litúrgica de la música, y
lo transporta a una serie de instrumentos o medios que exige se pongan en
práctica. Ciertamente para la época en que se escribió esta encíclica está
muy bien estructurada, más muchos de esos medios no son tan prácticos
actualmente, más esto no desacredita la gran y excelsa importancia que le
da Pio XII a la música, buscando como fin último, el de proteger y velar por la
práctica de la misma, afirmando que: “La música debe ser santa”.

Más esta encíclica ya nombrada, al igual que muchos de los documentos


anteriores, al menos 25 años antes del Concilio Vaticano II, desean seguir la
misma línea doctrinal del Motu Proprio “Tra Le Sollecitudini" del Papa Pio X,
publicado en el año 1903, el cual se considera decisivo a la hora de entender
la evolución de la música litúrgica en la Iglesia Católica. Este texto nos
muestra la doctrina impuesta por Pio X, la cual duro muchos años en
vigencia y hasta ciertos aspectos aun siguen latentes, en donde se muestra
una serie de normas y recomendaciones rigurosas, rectas, infalibles e
inmensamente estrictas, donde se ponen en concreto que debe y que no
debe hacerse durante la liturgia y sus celebraciones.

Es un documento particularmente corto, pero con un impacto litúrgico y


pastoral muy denso. Define a la música en tres aspectos: debe ser santa,

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debe ser arte y debe ser universal; y a raíz de esto desglosa todos los
estatutos para que esto se cumpla.

Pio X es tan severo que impone el tiempo da la música, como debe


hacerse, el porqué, con qué instrumentos tocar, quienes pueden hacerlo y
las faltas o consecuencias si estas no se siguen al pie de la letra. En su Motu
Proprio les encarga la música a los clérigos, con alguna participación de
laicos, y con exclusión total de las mujeres, colocando a la música en un
régimen tan estricto que solo un grupo sumamente experto debía de
manejarla, imponiendo por sobre todo el canto gregoriano y prohibiendo la
lengua vulgar, es decir, que no sea el latín. Se muestra un lado muy cerrado,
talante y estricto de la Iglesia Católica de la época.

No cabe duda que para la época, debido a las fallas que se venían dando,
es un documento con mucho peso, pero que al lado del Concilio Vaticano II y
la Sacrosanctum Concilium posee muchos aspectos contradictorios y
divergente, más la Iglesia no la excluye, es más lo alude por considerarse el
primer documento con suficiente peso de reforma y liturgia con respecto a la
música, por ello la perfila y adapta a una aire más contemporáneo.

Este documento ha sido motivo de estudio de muchos, ya que permite ver


un contraste entre esa época de la música litúrgica y la propuesta del
Concilio Vaticano II, por ello en la Conferencia impartida por Mons. Valentino
Miserachs, director del Coro de la Capilla Sixtina en el Congreso de Música
Sagrada de México en el año 2006, nos expone un análisis completo,
detallado y muy bien explicado sobre el documento de Pio X y su repercusión
en la actualidad de la Iglesia y por sobre todo, como influyó en el Concilio
Vaticano II, comentarios los cuales público en la página web
http://es.catholic.net/comunicadorescatolicos/730/1525/articulo.php?id=34888

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Mons. Miserachs nos habla desde su propia experiencia y desde su
propio estudio, en donde el mismo expresa: “Les ruego, pues, que acepten
mi modesta persona como si se tratara de un mensajero de la música
sacra…me defino como un músico práctico, a quien ha tocado sin embargo
la responsabilidad, en momentos delicados, de representar de alguna
manera la música litúrgica de la Iglesia católica desde una institución
académica pontificia…”, dando acertadamente con el sentido de la música
litúrgica a través de la historia de la Iglesia Católica, pero en especial, desde
Pio X hasta nuestros día, mostrándonos una explicación puntualizada de
todos los hechos al redactarse el Motuo Proprio ya nombrado, y más
importante aún, como este ha repercutido, a pesar de su rudeza, en nuestra
doctrina actual.

El autor de este artículo es sumamente honesto con respecto a este tema


y no posee temor al señalar luces y muchas sombras sobre la Iglesia
Católica. Nos proporciona un espléndido desarrollo histórico de la reforma de
la música litúrgica, dignándose a explicarnos con lujo de detalle cada
momento, pero de una forma sencilla dirigida a los laicos de la Iglesia
Católica. Más podríamos decir que el único altibajo de este artículo es que al
centrarse demasiado en Pio X, deje de lado al Concilio Vaticano II, y a pesar
que en sus momentos sí los relaciona, se podía haber hecho de una manera
más profunda e intrínseca.

El Cardenal Ratzinger, actual Papa Emérito Benedicto XVII, en el año


2001, publicó su obra “El Espíritu de la Liturgia, Una introducción” en donde
desarrolla todo el centro de la liturgia cristiana católica desde un punto de
vista exegético y teológico, desarrollando y entrelazando cada detalle de la
Sagrada Escritura con la doctrina de la Iglesia con respecto a la liturgia. Esta
obra trata varios apartados de la liturgia, y entre ellos, la música,
haciéndonos un recorrido muy completo y detallado de la música por toda la

18
Biblia, desde los tiempos de Moisés hasta las primeras comunidades
cristianas, resaltando el valor comunitario, espiritual y exaltante de la música
en las celebraciones y oraciones de los cristianos primitivos y actuales.

Ratzinger nos muestra una continua secuencia de citas bíblicas que nos
permite llevar un orden o recorrido coherente, y más aún, sabe
perfectamente desglosar cada uno, y señalar similitudes con respecto a
nuestra realidad y la realidad de la Iglesia. Es un desarrollo puramente
teológico, y a pesar de no señalar directamente el ámbito pastoral, si nos
presenta una base muy consistente del porque de la música litúrgica.

En contraste con esto, Benedicto XVI siempre expone sus obras,


discursos y palabras a la luz de la Biblia, y en el año 2012, en el Aula Pablo
VI en Italia, dicto un discurso al Congreso Italiano de la Scholae Cantorum
organizado por la Asociación Santa Cecilia, en donde expone la importancia
de la música litúrgica en dos puntos concretos: cimentar la fe y ayudar a la
nueva evangelización, esto a la luz del Año de la fe que el mismo promulgo,
y al 50 aniversario del Concilio Vaticano II, fuente imprescindible para esta
investigación.

Benedicto XVI propone a la música como un medio de comunicación de la


palabra de Dios, como un instrumento de evangelización para los hombres,
diciendo que puede “…favorecer el redescubrimiento de Dios y un
acercamiento renovado al mensaje cristiano y a los misterios de la fe” ; y
también como una ayuda para aumentar, asentar y fortalecer la fe, ya que
“…no cabe duda de que la música, y sobre todo el canto, pueden dar al rezo
de los salmos y de los cánticos bíblicos mayor fuerza comunicativa”. La
música favorece a la oración y a las mismas celebraciones litúrgicas, que son
puentes para la comunicación con Dios.

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Para este desarrollo utiliza múltiples testimonios, dándonos un punto de
vista más humano a la música litúrgica y su efecto en sus fieles, entre estos a
San Agustín y San Ambrosio, los cuales lograron una gran compenetración
con el cantico de salmos e himnos en las Iglesia de aquella época.

El actual Papa Emérito invita que seamos agentes de oración por medio
del canto, para así “…mejorar la calidad del canto litúrgico, sin temor a
recuperar y valorizar la gran tradición musical de la Iglesia, que en el
gregoriano y en la polifonía tiene dos de las expresiones más elevadas,
como afirma el mismo Vaticano II”. Por último este discurso, muy bien
estructurado y por sobre todo con un aire muy motivacional, invita a todos los
laicos comprometidos a la música que “vosotros, que tenéis el don del canto,
podéis hacer cantar el corazón de muchas personas en las celebraciones
litúrgicas”. Un discurso, que a pesar que es dirigido a un grupo especifico de
Italia, tiene resonancia en toda la Iglesia Universal.

A lo largo de la historia papal de la Iglesia Católica, muchos han sido los


que han querido poner su grano de arena en este tema de la música, este es
el caso del Papa Juan Pablo II en su Quirógrafo sobre la música sacra, en el
centenario del Motu Proprio «Tra le sollecitudini» de Pio X, en al año 2003, el
cual es extraído de la página web http://www.corazones.org . Juan Pablo II
en este discurso se propone concretar de manera muy puntual varios
aspectos doctrinales sobre la música, dando un conjunto de conclusiones y
mejor aún, desmenuzando todo el documento de Pio X de manera que es
más sencillo comprender y ponerlo en práctica.

Juan Pablo II nunca deja de apoyarse en documentos de la Iglesia


durante todo el discurso, y les da un aire más fresco y nuevo, dando cierto a
que la doctrina siempre se renueva y actualiza. Y son numerosos la cantidad

20
de personajes, santo y papas que nombra y propone como testimonio
durante todo el discurso.

La música gregoriana como música oficial de la Iglesia, la importancia


litúrgica, los estilos musicales, la prohibición de la música profana y la
participación de los laicos en la música son solo algunos de los puntos que
se nos muestran y exponen. Al igual que Benedicto XVI anima a los laicos
que participan en el canto a seguir arraigados en su carisma, y como
novedad, incluye a la presencia de Santa Cecilia, patrona de la música, y a la
Virgen María, para que ayude a proclamar las grandezas de Dios con los
hombres.

El diario semanal del Vaticano, L´osservatore Romano, en el año 2010


publicó un artículo llamado “¿Por qué está en crisis la música sacra?” por el
Sacerdote Uwe Michael Lang, que nos presenta algunos argumentos e ideas
del seminario “Las razones del arte” efectuado en la Academia Urbana de las
Artes y fue publicado en la página web http:/vatican.va, en donde se nos
presentan los puntos principales de este seminario, llevado igualmente por el
Papa Benedicto XVI cuando era conocido como Cardenal Ratzinger.

En el se explica de forma totalmente pulcra los crisis teológica de la


música a raíz de la reforma hecha por Pio X y, por sobre todo, del Concilio
Vaticano II. El Papa se centra en las malas interpretaciones y erradas ideas
sobre la misma, la cual llevaban a una mala práctica de las normas
propuestas por Pio X, en donde el mismo afirma que este tema “ha
terminado en medio de dos piedras de molino teológicas de carácter más
bien contrapuesto que, no obstante, cooperan concordemente en
desgastarla”.

Es un discurso con un lenguaje profundamente teológico, por ello resulta


un poco complicado de entender, más para el ambiente en donde se

21
desarrollaba el mismo encajaba perfectamente, arrojando luces de forma
totalmente transparente sobre el gran lio teológico, bíblico y practico de la
música, y dejando muy en claro que no proviene de ahora, sino de muchos
años de errada interpretación de los textos y documentos del Magisterio.

Lang al proponerse resumir y concretar todo el seminario en un artículo lo


logra de una forma muy completa y concreta, señalando los puntos
necesarios y más resaltantes para dilucidar, con el fin de asentar en los
lectores un panorama de renovación eclesial por parte del Magisterio de la
misma. El uso de instrumentos en las celebraciones, la práctica del canto
gregoriano, el uso de lenguas vulgares, la música polifónica, la prohibición de
música teatral, las bases bíblicas y litúrgicas de las canciones y por sobre
todo la inculturización de la música sacra en los pueblos son los temas que
Benedicto XVI reforzó, ya que desglosó y desmenuzó cada artículo del
documento de Pio X, y Lang lo sacó a relucir.

Una de las aclaraciones más fuertes de Lang es que “la música sacra que
merece ese nombre debe servir siempre a un fin espiritual y teológico, no
sólo estético”, afirmando que es más importante la liturgia que el arte como
estética.

Dentro de esta misma línea que clarificar y asentar en los fieles los puntos
de la música litúrgica, en la obra “Canto y Música”, publicada en el año 1999
por José Aldazábal, un muy reconocido autor que se ha dedicado al estudio
de diversos tema de la Iglesia Católica como la eucaristía, el catecismo, y por
sobre todo la liturgia, nos propone una punto de vista de la música litúrgica
renovada desde su aplicación principal; la participación del Pueblo o los
fieles de la Iglesia Católica y el valor central de la misma dentro de la
Eucaristía y las celebraciones litúrgicas. Aldazábal se propone resaltar estos

22
valores, haciéndolo de una manera muy sencilla, didáctica, y con ejemplos
cotidianos muy palpables.

Todo este escrito posee una serie de referencias y citas muy densas y
apropiadas para el tema, utilizando varios documentos de la Iglesia, y
logrando exponer de forma muy ordenada las ideas de los mismos,
relacionándolos con la situación actual de la música en la Iglesia Católica.
Este autor deja muy en claro uno de los puntos que la Iglesia Católica
siempre recalca, que el canto y la liturgia están al servicio del pueblo de Dios.

Formulación de Hipótesis

La reforma de la música litúrgica por el Concilio Vaticano II no se ha


difundido lo suficiente entre los laicos de la Iglesia Católica, impidiendo así su
relación con la misma y la buena práctica de esta en los ministerios de
música de las iglesias locales.

Definición de Términos

Canto Gregoriano:

Es el canto oficial de la Iglesia Católica según la Sagrada Liturgia. Este estilo


musical es monódico, es decir que se canta a una sola voz, sin ningún tipo
de instrumento y “a acapella”. Este estilo es considerado la música por
excelencia de las celebraciones o ritos litúrgicos de la Iglesia Católica, más a
raíz del Concilio Vaticano II se permitió también el uso de los cantos
polifónicos. Su nombre “gregoriano” se le atribuye a San Gregorio Magno,
quien fue Papa de la Iglesia Católica, quien durante su pontificado introdujo

23
importantes modificaciones en la música litúrgica y fue autor de numerosas
obras musicales.

Catecismo de la Iglesia Católica: véase Doctrina Católica

Concilio Ecuménico:

Es el encuentro o reunión, encabezada por el Papa, “en donde se muestra la


unidad y pluralidad de la Iglesia, es la autoridad suprema de la Iglesia y
refleja la comunión eclesial a través de los obispos de cada región” (Casiano,
F y Tamayo, J. (1992) Diccionario Abreviado de Pastoral. Pag.94). En estos
también se reúnen “expertos teólogos, legalmente, con el propósito de
discutir y regular materias de la doctrina y disciplina eclesiástica con el
propósito de discutir y regular materias de la doctrina y disciplina
eclesiástica”.

(http://ec.aciprensa.com/wiki/Concilios_Generales#Definici.C3.B3n, 07 de
junio de 2013)

Doctrina Católica:

La doctrina de la Iglesia católica, o catecismo de la iglesia Católica, es el


conjunto de todas las "verdades de fe" profesadas por la Iglesia Católica.
Según el Catecismo de San Pío X, la doctrina católica fue enseñada por
Jesucristo para mostrar a los hombres el camino de la salvación y de la vida
eterna. Sus partes más importantes y necesarias son cuatro: el Credo, el
Padre nuestro, los Diez Mandamientos y los siete sacramentos.

(http://es.wikipedia.org/wiki/Doctrina_de_la_Iglesia_cat%C3%B3lica, 07 de
mayo de 2013)

24
Encíclica:

Las encíclicas son cartas solemnes sobre asuntos de la Iglesia o


determinados puntos de la doctrina católica dirigidas por el Papa a los
obispos y fieles católicos de todo el mundo. Tienen su origen en las epístolas
del Nuevo Testamento y es el documento más importante que escribe el
Pontífice.

(http://es.catholic.net/catequistasyevangelizadores/815/2813/articulo.php?id=
42564, 06 de mayo del 2013)

Fieles: véase Laicos

Gregorio Magno, Papa y Doctor de la Iglesia Católica:

El Papa Gregorio I, con más justicia llamado "Magno", fue el primer Pontífice
que fue monje y ascendió a la silla apostólica en el año 590. Desde el
momento que asumió el cargo de Papa, se impuso el doble deber de
catequizar y cumplir con la disciplina. De toda su labor religiosa en occidente,
la conversión de Inglaterra y el éxito que coronó sus esfuerzos encaminados
hacia esta dirección fue para él, el mayor triunfo de su vida. Se le reconoce a
San Gregorio la compilación del Antiphonario, la revisión y reestructuración
del sistema de música sacra, la fundación de la famosa Schola Cantorum de
Roma y la composición de varios himnos muy conocidos. Se le venera como
el cuarto Doctor de la Iglesia Latina, por haber dado una clara expresión a
ciertas doctrinas religiosas que aún no habían sido bien definidas y quizá su
mayor labor fue el fortalecimiento de la Sede Romana.

(http://www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=264,10 de mayo de 2013)

25
Inculturización:

Durante el curso de 2000 años de la historia de la Cristiandad, se ha


mantenido una relación importante entre la fe Cristiana y la cultura. Esta
relación se entiende mejor cuando se mantiene un dialogo entre la fe y la
cultura donde la sociedad es animada por el evangelio que practica. El
término teológico utilizado para describir esta relación o diálogo se conoce
como Inculturación. La Inculturación ocurre cuando el Evangelio anima,
dirige y une una cultura de tal manera que ayuda a que las personas se
conviertan de corazón y transformen sus vidas.

(http://stbernardswp.com/index.php?option=com_content&view=article&id=10
1:ique-es-inculturacion&catid=16, 07 de mayo de 2013)

Juan XXIII, Papa:

Cardenal y patriarca (arzobispo) de Venecia en 1953. Fallecido Pío XII, el 28


de octubre de 1958 fue elegido Papa, cuando contaba 77 años. Sus mayores
éxitos fueron la convocatoria del Concilio Vaticano II con el objetivo de llevar
a cabo la renovación de la vida religiosa católica gracias a la modernización.
Escribió siete encíclicas, entre ellas Mater et magistra (1961) y Pacem in
terris (1963), que exhortó a la cooperación internacional por la paz y la
justicia, y al compromiso de la Iglesia a interesarse por los problemas de toda
la humanidad. Entre sus obras sus diarios, publicados con el título de Diario
de un alma (1965) y Cartas a su familia (1969), exponen la profunda sencillez
y humildad de su vida espiritual. Juan XXIII falleció el 3 de junio de 1963 en
el Vaticano.

(http://www.buscabiografias.com/bios/biografia/verDetalle/8801/Juan%20XXII
I. 06 de mayo de 2013)

26
Laico:

Por laicos se entiende aquí a todos los cristianos, excepto los miembros del
orden sagrado y del estado religioso reconocido en la Iglesia. Son, pues, los
cristianos que están incorporados a Cristo por el bautismo, que forman el
Pueblo de Dios y que participan de las funciones de Cristo. Sacerdote,
Profeta y Rey. Ellos realizan, según su condición, la misión de todo el pueblo
cristiano en la Iglesia y en el mundo. (Catecismo de la Iglesia Católica #897)

Lengua Vulgar:

Antiguamente la única lengua o el único idioma hablado en la Iglesia


Católica, por Tradición, era el latín, y se le denominaba lengua vulgar a todo
aquel idioma que no fuera este. El termino lengua vulgar se aplicaba
especialmente para la Iglesia Católica Occidental. El latín un sigue siendo la
lengua oficial de la Iglesia Católica, pero no fue hasta el Concilio Vaticano II
donde permitió que se utilizaran las llamadas lenguas vulgares.

Liturgia:

Es la acción o culto público por el cual el Pueblo de Dios, significados en los


fieles de la Iglesia Católica, celebran el Misterio Pascual de Cristo, que es su
pasión, muerte y resurrección, por la cual la humanidad ha sido salvada y
vive en una continua acción de gracia. “La sagrada liturgia es central en la
vida de la Iglesia y de cada cristiano porque en ella celebramos los misterios
de nuestra redención” (Catecismo de la Iglesia Católica #1069)

Magisterio:

El magisterio es la autoridad de la Iglesia, investida a los obispos, como


sucesores de los Apóstoles, para enseñar la fe bajo la autoridad del Sumo

27
Pontífice, sucesor de Pedro. El magisterio incluye la enseñanza de la
doctrina, la moral y las costumbres.

Ministerio de Música:

Conjunto de laicos comprometidos al servicio de Dios, que por medio del


carisma del canto y la música, y regidos por los lineamientos de la Sagrada
Liturgia y el Magisterio de la Iglesia Católica, exaltan, alaban y cantan a Dios
melodías, himnos, salmos y canciones en las celebraciones y ritos de la
Iglesia, dando importante participación y realce a los fieles o asamblea.

Motu Proprio:

Es un documento de la Iglesia Católica escrito directamente por el Papa, con


el fin de reformar o cambiar alguna ley o estatuto de la misma. Este
documento es escrito voluntariamente por el Papa, por tanto no hay
influencia de agentes externos o solicitudes de los mismos, y por tener el
peso de autoridad papal, puede modificar o cambiar alguna ley apostólica o
algún punto referente a la doctrina católica.

Música litúrgica: véase Música Sacra o Sagrada.

Música Sacra o Sagrada:

La tradición musical de la Iglesia universal constituye un tesoro de valor


inestimable, que sobresale entre las demás expresiones artísticas,
principalmente porque el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una
parte necesaria o integral de la Liturgia solemne. La música sacra, por
consiguiente, será tanto más santa cuanto más íntimamente esté unida a la
acción litúrgica, ya sea expresando con mayor delicadeza la oración o
fomentando la unanimidad, ya sea enriqueciendo la mayor solemnidad los

28
ritos sagrados. Además, la Iglesia aprueba y admite en el culto divino todas
las formas de arte auténtico que estén adornadas de las debidas cualidades.
(Sacrosanctum Concilium #112)

Pablo VI, Papa:

El Cardenal Montini contaba con 66 años cuando fue elegido como sucesor
del Pontífice Juan XXIII, el 21 de junio de 1963, tomando el nombre de Pablo
VI. El pontificado de Pablo VI está profundamente vinculado al Concilio, tanto
en su desarrollo como en la inmediata aplicación.Su Santidad Pablo VI, luego
de su incansable labor en favor de la Iglesia a la que tanto amor mostró, fue
llamado a su presencia por el Padre Eterno, el 6 de agosto de 1978, en la
Fiesta de la Transfiguración. Escribió 5 encíclicas, 4 exhortaciones
apostólicas y culminó el Concilio Vaticano II.

(http://ec.aciprensa.com/wiki/Papa_Pablo_VI#.UYmeCKLELSs, 05 de mayo
de 2013)

Reforma:

Designa todo cambio operado en la Iglesia con vistas a un mejoramiento. De


este modo las reformas no son solamente purificaciones morales o
bienhechoras reparaciones; son el advenimiento, por medio de un retorno al
Evangelio, de una nueva cristiandad, ya sea en el unidad católica o en su
problemática ruptura.

(Casiano, F y Tamayo, J. (1992) Diccionario Abreviado de Pastoral. Pag.94)

Sacrosanctum Concilium:

La Constitución Sacrosanctum Concilium fue el primer documento aprobado


por los Padres conciliares en el Concilio Vaticano II. Así, la iniciativa de esta
importante Constitución tiene su origen en el deseo de renovar la vida

29
litúrgica, a la vez que fomentarla, en continuidad con la Tradición viva de la
Iglesia, a fin de que todos sus hijos puedan particip
, 07 de mayo de 2013)

Secularización:

La secularización es el paso de algo o alguien de una esfera religiosa a una


civil o no-teológica. También significa el paso de algo o alguien que estaba
bajo el ámbito o dominio de una doctrina religiosa -siguiendo sus reglas o
preceptos-, a la estructura secular, laica o mundanal. De ahí que secular se
refiera a todo aquello que es mundano, por oposición a lo espiritual, lo santo,
o lo divino.

(http://es.wikipedia.org/wiki/Secularizaci%C3%B3n, 07 de mayo de 2013)

Tiempos Litúrgicos:

Son los espacios o periodos de tiempo en los que la Iglesia Católica divide su
año litúrgico o año de celebraciones, los cuales varían en su duración, y en
cada uno de ellos se recuerda, celebra y conmemora diferentes etapas o
hechos de la vida de Jesucristo. Durante estos tiempos litúrgicos, la música
juega un papel fundamental y varía muchos tanto en sus estilos, como en
sus ritmos y principalmente en el contenido de la letra de los mismos, los
cuales pueden variar desde espera, reconciliación, perdón, a felicidad, gozo,
alegría y esperanza.

30
Tipo de Investigación

El tipo de investigación que corresponde con el presente trabajo es la


investigación documental y de campo.

Arias, F (2004) en su libro “El Proyecto de Investigación. Introducción a la


Metodología Cientifica” define a la investigación documental como “un
proceso basado en la búsqueda, recuperación, análisis, critica e
interpretación de datos secundarios, es decir, los obtenidos y registrados por
otros investigadores en fuentes documentales: impresas, audiovisuales o
electrónicas” (pp. 25), lo cual es indispensable para el desarrollo del tema de
la música litúrgica.

Más también posee un plano de campo, en el cual según la Universidad


Pedagógica Experimental Libertador (2001) es “el análisis sistemático de
problemas en la realidad, con el propósito bien sea de describirlos,
interpretarlos, entender su naturaleza y factores constituyentes, explicar sus
causas y efectos, o predecir su ocurrencia…” (pp. 5).

Diseño de Investigación

Este trabajo de investigación responde a un diseño de investigación no


experimental, ya que de acuerdo con Kerlinger (1983) la investigación no
experimental es un tipo de “... investigación sistemática en la que el
investigador no tiene control sobre las variables independientes porque ya
ocurrieron los hechos o porque son intrínsecamente manipulables,” (pp.269).

En la investigación no experimental, los cambios en la variable


independiente ya ocurrieron y el investigador tiene que limitarse a la
observación de situaciones ya existentes dada la incapacidad de influir sobre
las variables y sus efectos (cf. Hernández, Fernández y Baptista, 1991).

31
Población o Universo de estudio

Brito, J (1992) define la población como: “conjunto finito o infinito de


elementos, personas o cosas pertinentes a la investigación que se debe
realizar” (pp. 46).

Cumpliendo con lo anteriormente definido, la población objeto de


estudio se encuentra conformada por los seminaristas del Seminario Mayor
“Jesús, Buen Pastor”, entre los años Introductorio y 4to año de Teología, con
un total de 35 seminaristas.

Muestra de Estudio

Según Tamayo, T. Y Tamayo, M (1997), afirma que la muestra ¨ es el


grupo de individuos que se toma de la población, para estudiar un fenómeno
estadístico¨ (pp. 38). Se tomó una muestra de 8 seminaristas encuestados
para el trabajo de investigación.

Instrumento de Recolección de Datos

Encuesta de tipo abierta: en este trabajo de investigación se utilizó la


encuesta de tipo abierta ya que se adapta perfectamente para lograr los
objetivos trazados en esta investigación, y según la pagina web
http://es.wikipedia.org/wiki/Encuesta “le otorga mayor libertad al entrevistado
y al mismo tiempo posibilitan adquirir respuestas más profundas así como
también preguntar sobre el porqué y cómo de las respuestas realizadas”,

32
CAPITULO III

RESULTADOS DE LA REFORMA A LA MÚSICA LITURGICA


POR EL CONCILIO VATICANO II

Impacto de la Reforma en la vida laical de la Iglesia Católica

Los verdaderos cambios y reformas del Concilio Vaticano II se ven


manifestados no solo en el interior de la Iglesia Católica, es decir en
sacerdotes, obispos, religiosos, ni tampoco se quedan plasmados en simples
textos o documentos que pasan a ser archivados o almacenados, y mucho
menos son puro protocolado eclesial, sino que todos estos cambios van
dirigidos hacia el verdadero punto de enfoque de la Iglesia Católica: sus
fieles o laicos, pues son ellos los que realmente le dan vida a la fe y a la
Iglesia, tanto como lugar de fe como de institución humanitaria.

Los laicos son el motor de toda acción de la Iglesia Católica, pues


siempre cualquier movimiento, anuncio, cambio, avance o reforma tiene su
ámbito pastoral, en donde se ubican perfectamente los laicos, que están
entrelazados no solo por lazos humanos, sino por los lazos del mismo
Espíritu Santo. Incluso el mismo San Pablo lo afirma en la Biblia, en su
primera carta al pueblo de Corinto, en donde expresa: “Porque en un solo
Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo,
judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu”
(13:12), reflejando la unidad de toda la Iglesia Católica como un “solo
cuerpo”.

33
La música litúrgica se desarrolla por completo en la vida laical, en la vida
del Pueblo de Dios, que día a día canta y alaba a Dios, tanto en las tareas
diarias, como de forma comunitaria en las celebraciones litúrgicas diarias,
especialmente la misa. Esto es el fundamento esencial de la música en el
Concilio Vaticano II expresado en la Sacrosanctum Concilium, la música
litúrgica dirigida o enfocada a los fieles, y es deber de el Magisterio de la
Iglesia velar por esto, “…Los Obispos y demás pastores de almas procuren
cuidadosamente que en cualquier acción sagrada con canto, toda la
comunidad de los fieles pueda aportar la participación activa que le
corresponde…” (Óp. Cit. 1963, #114)

Más no todos los fieles están infirmados o adiestrados en esta reforma del
Concilio Vaticano II, y a pesar que fue hace ya 55 años, y es considerado el
acontecimiento histórico más importante del siglo XX de la Iglesia Católica,
aun quedan muchas dudas, temas no resueltos, que a largo plazo afectan el
desarrollo pastoral de dichos laicos en sus parroquias o localidades.

En la encuesta abierta aplicada como instrumento de recolección de datos


a los seminaristas del Seminario Mayor “Jesús, Buen Pastor” se denota los
ámbitos en que realmente dicho Concilio a afectado a la Iglesia Católica
Local y Universal. Ellos conocen la realidad pastoral de los laicos, ya que
forman parte de y desarrollan su trabajo eclesial en las parroquias de su
localidad, lo cual permite tener una clara visión de lo que viven y piensan los
laicos. Estas preguntas arrojaron los siguientes resultados:

34
Pregunta 1: ¿Como ha sido el impacto del Concilio Vaticano II sobre la
liturgia y doctrina de la Iglesia Católica?

Respuestas:

Inculturización 4
En el ámbito pastoral 2
En los estilos musicales 1
En el ejercicio litúrgico 1

13%
25%
12% En el ambito pastoral
Inculturización
En los estilos músicales
En el ejercicio liturgico
50%

Todos los encuestados coincidieron en que realmente el Concilio


Vaticano II marcó y se insertó directamente en la música litúrgica de la Iglesia
Católica, haciendo principal realce en la inculturización que ha tenido en los
pueblos y culturas, uno de los principales ideales que se propuso la reforma
en la Constitución Sacrosanctum Concilium (cf. Sacrosantum Concilium,
#113). Igualmente los encuestados acertaron muy concretamente en los
otros puntos centrales de la reforma musical litúrgica, como lo son su ámbito
practico-litúrgico y su apertura a nuevos estilos musicales, y pesar que fue en
menor porcentaje, se corrobora que realmente, el Concilio Vaticano II se
marcó y sigue marcando pauta en la vida de sus fieles.

35
Pregunta 2: A la luz del Concilio Vaticano II. ¿Consideras a la música
como factor importante dentro de las celebraciones de la Iglesia Católica?

Respuestas:

Favorece entrar en oración 4


Crea ambiente más alegre 3
y ameno
Depende de la cultura 1
donde se desarrolle

13%

Favorece entrar en oración

50%
Crea ambiente más alegre
37%
Depende de la cultura

Todos los encuestados respondieron afirmativamente a la importancia de


la música dentro de las celebraciones de la Iglesia Católica, señalando
especialmente a la misa y las oraciones comunitarias como ejes principales
de desarrollo. La música siempre ha sido portal de oración y medio de
expresión, y en este ítem se corrobora lo que decía J. Ratzinger (2001):
“Cuando el hombre entra en contacto con Dios, las palabras se hacen
insuficientes. Se despiertan esos ámbitos de la existencia que se convierten
espontáneamente en canto” (Pág.158). La música, como arte, crea ambiente,
crea atmosfera, y en la Iglesia Católica no es la excepción, ayudando a que

36
sus fieles participen de forma más alegre en la Liturgia de la misma. Más
algo sorprendente es saber que uno de los encuestados dio en un punto muy
importante: la música crea y favorece el ambiente, pero también depende del
ambiente o cultura donde se desarrolle, en las que a veces es mejor callar y
guardar silencio, pues sus fieles están habituados a orar de esa manera. El
silencio también forma parte de la reforma a la música litúrgica.

37
Pregunta 3: ¿Consideras que se ha difundido lo suficiente la reforma a la
música litúrgica por el Concilio Vaticano II dentro de las Iglesias Católicas
locales?

Respuestas:

Falta de Formación Laical 3


Desconocimiento General 2
del Concilio
Los cambios son 1
espontáneos
Depende de la cultura 1
Se denota en la practica 1

Falta de formación en los laicos


13%
Desconocimiento general del
Concilio
13% 37%
Los cambios son espontaneos

12% Depende de la cultura

25%
Los cambios se denotan en los
estilos músicales

En esta pregunta, 6 de 8 encuestados respondieron negativamente a la


buena difusión de la reforma a la música litúrgica, dando buenos ejemplos de
la falta de la misma en la carencia de formación laical en las parroquias, lo
cual radica directamente también en la falta de interés de los sacerdotes para
impartir dicha formación. Se señala también un desconocimiento general de
que se haya realizado un Concilio, dándonos a entender que solo un grupo

38
muy seleccionado de personas conocen de este tema y de las demás
reformas de la Iglesia, pudiéndonos señalar que la Iglesia Católica propone
cambios a nivel interno y externo, pero no vela lo suficiente para que sus
fieles se enteren de los mismos. Otro de los puntos muy curiosos es el de
que los cambios se dan espontáneamente, lo cual es algo acertado, ya que
se podría hablar del factor tradición y costumbre, y más aún, del factor
practicidad.

Los otros 2 encuestados nos brindaron por posturas muy contrarias o


diferentes a la corriente de la no difusión, expresándonos que la reforma sí
se dio, y se da a conocer aún, y que se denota fuertemente en los estilos
musicales de las celebraciones de la Iglesia, cosa que tiene todo el peso de
la razón y es expresado en la Sacrosanctum Concilium #116, y que estos
cambios igualmente radican en la cultura donde se desarrollen, insertando
factores como los recursos económicos, la política, y más aún, los
costumbres de dicha región; dos posturas que aunque pueden ser minoría,
nos invita a la reflexión que no todo es tan gris como parece, que también
existe, aunque muy pequeño, un grupo de personas que si conocen del tema
de la música litúrgica.

39
Pregunta 4: ¿Crees que la música dentro de la Iglesia Católica ha
cambiado o ha evolucionado?

Respuestas:

Cambiado 4

Evolucionado 2

Ambas Partes 2

25%

Cambio
50%
Evolucionado
Ambas partes
25%

Diferencias de opiniones es lo que nos arroja esta pregunta, más


concretamente un 50% de los encuestados nos expresan que la música ha
cambiado, que no es nada parecida a la de muchos años atrás, y que se
refleja directamente en el uso ahora de nuevos estilos e instrumentos
musicales. Un 25% de los encuestados difieren de esto, expresando que la
música ha evolucionado, ha progresado al igual que la Iglesia, pues se ha
adaptado al momento histórico donde se desarrolla y que el Concilio
Vaticano II propuso “un viento nuevo” y evoluciono no solo a la música, sino
a toda la doctrina de la Iglesia.

40
Más otro 25% expresa que ambos términos están acertados y existe
cierta relación entre ellos, expresando que la música si ha cambiado, en
todos los ámbitos, pero que este cambio no produjo más que una evolución,
pues hablar solo de cambio definiría, que la música como el canto gregoriano
ya no se utiliza y fue sustituida por los estilos polifónicos, lo cual es
sumamente falso; y hablar solo de evolución tampoco es válido, pues sería
condenar al olvido las antiguas tradiciones musicales de la Iglesia, las cuales
aún se ponen en práctica.

41
Pregunta 5: ¿Consideras que los ministerios de música están bien
formados en el tema de la música litúrgica?

Respuestas:

La gran mayoría desconocen 3


el tema
Fallas a la hora de la selección 3
de cantos apropiados
Falta de Apoyo Eclesial 2

25% La gran mayoria desconoce


37%

Se denota la falta de formación en


la selección de cantos

38% Falta de apoyo eclesial

Los encuestados contestaron un rotundo “no” al tema de la buena


formación a los ministerios de música, expresando en un 37% que la gran
mayoría de estos desconocen totalmente dichos cambios y que se basan en
normas básicas y en lo tradicional de sus parroquias de trabajo, más no
poseen formación de la música litúrgica propiamente, por ello a pesar que el
grupo cante de una manera espectacular, sin formación desconocen que
tierra están pisando.

Esta falta de formación se denota en 38% en la incorrecta selección de


cantos para las celebraciones, incluyendo canciones seculares, mundanas y

42
protestantes, o desconociendo los cantos obligatorios o propios para cada
tiempo litúrgico de la Iglesia Católica. Más estos factores ciertamente
desembocan en el otro 25% restante, que expresan la falta de apoyo
eclesial, especialmente en la diócesis, reteniendo la información, pues los
sacerdotes son conscientes de esta reforma, más como existe aún la
mentalidad de que la música es solo un “adorno” no se le aplica la fuerza
formativa necesaria para su buena aplicación a nivel de un ministerio de
música.

43
Pregunta 6: Para impartir esta formación de la música litúrgica ¿solo
debe competerle a el Magisterio de la Iglesia Católica o a los fieles
netamente?

Respuestas:

Magisterio de la Iglesia 3
Católica
Laicos o Fieles 0

Ambas Partes 5

0%

37%
Laicos
Magisterio de la Iglesia
63%
Ambos

Un 63% de los encuestados expresan que debe ser de ambas partes,


tanto Magisterio de la Iglesia como de sus fieles, pues el Magisterio posee en
sus manos el conocimiento y la formación de la música litúrgica, más si no
hay participación de los fieles es en vano el trabajo.

Igualmente, si los fieles desean o exigen estas formaciones, pues el


Magisterio no dirá que no, pues ellos están siempre a disposición y servicio
de las exigencias de sus fieles. Más un 37% de los encuestados nos

44
proponen que solo le compete a el Magisterio de la Iglesia Católica, por ellos
tener la potestad y ser los responsables de la educación litúrgica y doctrinal
de sus laicos. Un rotundo 0% libra los laicos de esta responsabilidad, y en
cierta medida es razonable, pues como veíamos en las preguntas anteriores,
los laicos desconocen totalmente de esta reforma, más queda de su parte el
interés que puedan tener en ella.

45
Pregunta 7: ¿Conoces la diferencia entre música secular y música
litúrgica? De ser así, ¿Piensas que esta diferencia está clara en los
ministerios de música parroquiales?

Respuestas:

Incluyen cantos protestantes y 3


mundanos
Radica en la falta de formación 2

Falta de comisiones diocesanos 2


y parroquiales de liturgia
Falta de Discernimiento 1

Incluyen cantos protestantes y


25% seculares
37%
Falta de discernimiento

Radica en la misma falta de


formación
25% Falta de una Comision de
Liturgia
13%

Todos los encuestados conocían la diferencia entre ambos conceptos, y


todos coincidieron en que los ministerios de música no conocen estas
diferencias. Una gran variedad de respuestas nos trae esta pregunta, pero
muy interrelacionadas entre si, en donde un 37% nos expone que, debido a
la falta de formación ya expresada en un 25% dentro de los encuestados, se
incluyen cantos protestantes y seculares dentro de las celebraciones de la

46
Iglesia, lo cual rompe y afecta el desarrollo de la liturgia de la misma,
disipando el verdadero sentido de lo que se vive en el momento.

Más otro 25% insertan un factor muy resaltante: la importancia de una


Comisión o Equipo de Liturgia, tanto como parroquial como diocesano, los
cuales ayuden a dirigir y guiar a dichos grupos de música, y más que eso,
que faciliten la solución a la problemática del otro 13% que expresan los
encuestados, como lo es la falta de discernimiento a la hora de cantar dentro
de las celebraciones de la Iglesia Católica, con el fin de crear conciencia que
no es solo un pasatiempo, sino un verdadero compromiso.

Las respuestas y análisis anteriores nos permiten corroborar la


problemática del desconocimiento de este Concilio y su reforma en los fieles
de la Iglesia Católica, enfocándose principalmente en su desarrollo en la
iglesia local o parroquias, en donde se ve en mayor proporción este
desconocimiento sobre la música litúrgica. Ciertamente esta falta de
desconocimiento no queda “en el aire” sino que llama a, tanto a la Iglesia
Católica como a sus fieles, a trabajar de la mano para la implementación de
formaciones o soluciones que permitan el adiestramiento de fieles es en este
tema. Muy bien lo expresa la Sacrosanctum Concilium:

Dése mucha importancia a la enseñanza y a la práctica


musical en los seminarios, en los noviciados de
religiosos de ambos sexos y en las casas de estudios,
así como también en los demás institutos y escuelas
católicas; para que se pueda impartir esta enseñanza,
fórmense con esmero profesores encargados de la
música sacra. Se recomienda, además, que, según las
circunstancias, se erijan institutos superiores de música
sacra. Dése también una genuina educación litúrgica a
los compositores y cantores, en particular a los niños.
(Óp. Cit. 1963 # 115)

47
Diferencias entre la música litúrgica y la música secular luego del
Concilio Vaticano II

La música litúrgica siempre ha llevado consigo un conjunto de


características, rasgos y normas que la han marcado diferencias entre los
estilos musicales mundanos o la denominada música secular, que
corresponde a cualquier melodía, canción o estilo musical de cualquier
género que es empleado para cualquier momento del día a día y que se
extienda a nivel de espectáculos, artistas y temas que van desde el amor
entre enamorados, hasta la pena o dolor, desde música de culturas propias,
hasta estilos sumamente mixtos de varias influencias artísticas.

La música secular podría decirse es aquella que “no pertenece o no es


música apropiada para las celebraciones de la Iglesia Católica”, ya que en
ella ciertamente de expresan sentimientos, vivencias y emociones, pero
están en lo subjetivo o arraigadas únicamente en el hombre, el el mundo,
concepto totalmente contrario al de la música litúrgica, el cual descrito en los
capítulos anteriores, busca es la santificación de las celebraciones de la
Iglesia Católica, ser un medio de oración y el anuncio de Cristo Jesús a los
pueblos.

Esta es la gran diferencia entre ambas tendencias; el mensaje que ambas


transmiten. La música secular expresa una gran cantidad de sentimientos
momentáneos del hombre, utilizando únicamente la inspiración del hombre al
escribir las letras de las mismas, y a pesar que muchas veces reflejan
pensamientos sumamente ciertos, no reflejan una verdad divina como lo
hace la música litúrgica.

Más el verdadero debate está en si un cristiano católico puede o debe


realmente escuchar este tipo de canciones, y más aún, si puede usarlas en

48
una celebración litúrgica. Con respecto a este tema la pagina web
http://integridadysabiduria.org/y-ique-dice-la-biblia-sobre/306-el-cristiano-y-la-
musica-secular nos dice que:

Creemos que aunque no hay ningún versículo bíblico


que categóricamente prohíba el que alguien pudiera
bailar una música secular, hay una serie de principios
bíblicos a meditar antes de decidir escuchar o bailar
música secular… no es tan sencillo responder estos
temas con un sí o con un no. Lamentablemente el
mundo secular ha compuesto casi en su totalidad no
para el reino de los cielos sino para el reino de las
tinieblas, y esas composiciones seculares de hoy en
día, en su gran mayoría, están compuestas de líricas
inmorales o de doble sentido…

La música secular se ha prestado para un sinfín de propósitos que van


desde muy buenos, como expresar la importancia del amor, ser caritativo,
manifestar una tristeza, hasta muy malos, como el caso de canciones con
lenguaje obsceno y vulgar, así como mensajes muchas veces oscuros,
ocultos, y letras de insultos o atentados incluso contra las mismas personas
que lo escuchan. Esto unido a la una gran cantidad de ritmos mayormente
pegajosos y llamativos, que atraen al oyente y muchas veces los separa de
la cristiandad, es decir de Dios mismo, ya que la mezcla de letra-ritmo
muchas veces influye en la manera de pensar y actuar de las personas.

Más nos es el caso atacar a la música secular, pues todos de vez en


cuando o constantemente la escuchamos, e incluso la Iglesia Católica nunca
prohíbe escucharla, sino hacerlo con conciencia de los que escuchamos. El
verdadero problema radica en cuando esta música secular, totalmente ajena
a la Iglesia Católica, pasa a incluirse o hacer parte de las celebraciones de la
misma, lo cual crea un conflicto doctrinal y conlleva a veces a señalar a la
Iglesia como incoherente. Esta inclusión de la música secular a la litúrgica es

49
un fenómeno desde antaño, desde los inicios de la música litúrgica, pero que
actualmente está tomando mucha fuerza entre los fieles de la Iglesia
Católica, y su causa es la falta de formación de dichos fieles.

Esto se ve muy bien reflejado en la encuesta realizada en esta


investigado, en donde los resultados de la pregunta 7 de dicha encuesta nos
arrojan que el 100% de los encuestados está de acuerdo en que los fieles y
ministerios de música no están bien formados y adiestrados en este tema.
Por ello es necesario señalar un conjunto de características básicas que
ayuden a separar y diferenciar música secular de música litúrgica.

Pio X en su Motuo Proprio “Tra Le Sollecitudini” del año 1903, en su


primer capítulo, señala tres características puntuales y concisas sobre la
música litúrgica. La primera de ellas nos dice que la música “Debe ser santa
y, por lo tanto, excluir todo lo profano, y no sólo en sí misma, sino en el modo
con que la interpreten los mismos cantantes”, confirmando una vez más la
idea de que música secular, llamada profana para el momento del
documento, no debe ir de la mano con la litúrgica, pues son incoherentes, y
más aún advierte a la interpretación de los cantores, o en nuestra actualidad,
fieles y ministerio de música, señalándonos la trascendencia que ha tenido el
documento hasta nuestros día.

La música debe ser santa, expresar las verdades de la fe, de Cristo Jesús
y de la Iglesia Católica, no solo sentimientos subjetivos o emociones, que
aunque profundas, pasajeras, que no marcan de forma permanente la vida y
desarrollo de fe de los cristianos. Si este concepto estuviera lo
suficientemente claro en las parroquias locales, no se vieran tantas fallas a la
hora de seleccionar cantos para una misa de difuntos, por ejemplo, en donde
en vez de entonar canciones sumamente ricas y esperanzadoras como “Yo
le resucitare”, “Tú has venido a la orilla” o “No es más que un hasta luego”,

50
que expresan citas bíblicas, mensajes de esperanza y fe, se entonan
canciones como “Yo te extrañare” de la banda Tercer Cielo, grupo evangélico
protestante, que si expresa la tristeza de la partida de un ser querido, pero no
da mensajes de fe o mensajes de esperanza en una Vida Nueva como la
promete Jesucristo.

El Concilio Vaticano II en la Constitución Sacrosanctum Concilium (1963),


en su numeral 112, en base a Pio X, refuerza esta idea diciendo: “La música
sacra, por consiguiente, será tanto más santa cuanto más íntimamente esté
unida a la acción litúrgica, ya sea expresando con mayor delicadeza la
oración o fomentando la unanimidad, ya sea enriqueciendo la mayor
solemnidad los ritos sagrados”.

La santidad es una característica fundamental es la música litúrgica, que


va unida fuertemente a la segunda característica que nos señala Pio X: la
música: “Debe tener arte verdadero, porque no es posible de otro modo que
tenga sobre el ánimo de quien la oye aquella virtud que se propone la Iglesia
al admitir en su liturgia el arte de los sonidos” (Óp. Cit. 1903).

Arte, estilo, instrumentos y estética, factores imprescindibles a la hora de


crear o hacer música, y que no se apartan de la música litúrgica. El mismo
hecho de ser música para celebraciones litúrgicas, para oración y para
exaltar a Dios, conlleva una estructura o un delicadeza estética que elevan o
armonicen el ambiente, y más importante, que exulten las oraciones y textos
litúrgicos, permitiendo la alabanza de Dios en un nivel digno.

Este arte de sonidos se logra desde lo más imponente, como coros,


juegos de voces, gran variedad de instrumentos, hasta la sencillez, como lo
es una simple guitarra u órgano, y una voz profundamente arraigadas como
lo son las de los fieles de la Iglesia Católica. El verdadero eje central debe
ser siempre la liturgia y el sentido de lo que se celebra.

51
En contraste con la música secular, en esta también se emplean todo este
conjunto de instrumentos y arreglos musicales, creando verdaderas obras de
arte al oído, y rompiendo fronteras, que realmente permiten penetrar en el
alma de sus oyentes. Pero esta se centra únicamente en esto, en lo artístico
y estético, no va más allá, como es el caso de la música litúrgica. La música
secular sirve para el fomento puramente artístico y en cierto aspecto para el
propio gusto del artista, en cambio la litúrgica funciona al servicio del la
liturgia, y no proclama sus propios sentimientos, sino las verdades de fe y
expresan mensajes divinos y eclesiales.

La música litúrgica como arte debe ir siempre arraigada o unida a la


cultura donde se desenvuelve, debe haber una inculturización, como lo
señala la Sacrosanctum Concilium: “Foméntese con empeño el canto
religioso popular, de modo que en los ejercicios piadosos y sagrados y en las
mismas acciones litúrgicas, de acuerdo con las normas y prescripciones de
las rúbricas, resuenen las voces de los fieles” (Óp. Cit. 1963. #118).

El Concilio Vaticano II abre las puertas en este aspecto pues admite


nuevos estilos musicales, la adaptación de las lengua vernáculas o vulgares,
nos presenta el canto gregoriano pero también incluye a la polifonía, y no
solo esto, sino que admite el uso de instrumentos musicales especialmente
los de cada cultura, saliendo así del cuadrado, por decirlo así, de el órgano.
(Cf. Sacrosanctum Concilium, 116-120).

Por tanto la música litúrgica trabaja, en cierto ámbito, en función al pueblo


o región donde se desarrolla, en función a la cultura y en cierta medida a lo
tradicional o propio. La música litúrgica, a pesar que utiliza estilos culturales
propios de regiones y muchas veces se ve muy influenciada por la cultura de
cada artista, no se enraíza a una cultura especifica, sino que va dirigida a

52
todos, y su contenido no se modula a un grupo cultural, sino que es
particularmente libre, rayando en el libertinaje; por ello no es extraño que en
algunos países, canciones de ciertos artistas estén prohibidas o censuradas,
pues su contenido resulta ofensivo, dando prueba de lo antes expuesto.

Pio X nos señala una tercera característica, que presenta de forma más
puntual esta diferencia, diciendo que la música litúrgica:

…debe ser universal, en el sentido de que, aun


concediéndose a toda nación que admita en sus
composiciones religiosas aquellas formas particulares
que constituyen el carácter específico de su propia
música, éste debe estar de tal modo subordinado a los
caracteres generales de la música sagrada, que ningún
fiel procedente de otra nación experimente al oírla una
impresión que no sea buena. (Óp. Cit. 1903)

La música litúrgica a pesar de adaptarse a cada región, cumple un


carácter universal, un conjunto de estructuras y normas que se cumplen y
tienen vigencia en cualquier parte del mundo, dando fuerza al ámbito unitario
y mundial de la Iglesia Católica. Por tanto las tres características principales
de la música litúrgica son: “debe ser santa, debe tener arte y debe ser
universal”. (Cf. Pio X (1903) Motuo Proprio “Tra Le Sollecitudini” )

53
CONCLUSION

Fe y música, dos conceptos inseparables, que desde tiempos muy


remotos han ido de la mano, especialmente en el cristianismo, en donde a
pasado a ser, sin duda alguna, la expresión más pura y artística del amor de
Dios para con sus hijos. Música la cual ha ido en constante evolución, que
bajo la luz del mismo Espíritu Santo y del Magisterio de la Iglesia Católica, ha
ido adaptándose al contexto histórico en que se desenvuelven los fieles de la
misma, brindando así una fuente de sentimientos divinos, abriendo una
puerta casi directa entre Dios y el mismo corazón del hombre.

La Iglesia Católica desde sus inicios a velado y sigue velando por el


cuidado de la música, buscando siempre renovarla o adaptarla, tal es el caso
del Concilio Vaticano II, que realmente marcó y transformo toda la música
litúrgica, creando una estructura totalmente enfocada en el pueblo o las
culturas, trayendo consigo un conjunto, que más que normas, instrucciones e
iniciativas que ayudan a expresar a la música litúrgica en su máxima plenitud.

Este mismo Concilio abrió las puertas para que estudiosos y expertos
estudiaran más de fondo a la música dentro de la celebraciones litúrgicas,
ayudando a perfilar las ideas expuesta en dicho concilio, por ello se puede
afirmar que el Concilio Vaticano II ha tenido un impacto a un gran largo
plazo, resaltando acá que faltan muchas ideas, sobre la música litúrgicas,
que están aun congeladas, esperando que salgan al calor.

Todo este fenómeno de la música litúrgica y sus múltiples cambios, como


se señalo antes, va dirigido a los laicos o fieles de la Iglesia Católica, más
toda esta información ha llegado muy poco, permitiendo que se cometan
ciertos errores litúrgicos, en algunos casos graves, dentro de la liturgia de la
Iglesia. Esto en gran parte es consecuencia de la falta de formación hacia
dichos laicos por parte de los sacerdotes y obispos de la Iglesia Católica, así

54
como por la falta de comisiones de liturgias encargas para guiar a estos
fieles, los cuales integran o forman los ministerios de música parroquiales,
encargados de “ejercer”, por decirlo así, a la música en el día a día de la
Iglesia Católica.

Diferencias imprescindibles entre estilos permitidos o no, normas sobre


los tiempos litúrgicos, instrumentos musicales y letras realmente católicas
son algunas de los tópicos que un laico debería conocer, pero en nuestra
realidad no se cumple, llamando no solo al Magisterio de la Iglesia a actuar,
sino también a los laicos, los interesados que claman formación litúrgica, y
así juntos como Iglesia toda, formar para un mañana de la fe.

Pues la música siempre será un instrumento, tanto para alabar a Dios,


como para el hombre manifestar agradecimientos, suplicas, esperanzas,
metas y verdades de fe a Jesucristo, que nunca abandona a sus hijos y
escucha sus oraciones. Los fieles siempre estarán en continua oración, que
a la luz de la Iglesia Católica, dirán como el Salmo 100 de la Biblia: “para ti
todo mi música, Señor”.

55
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