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vida vegetativa y vida sensitiva

Grados de inmanencia.
A más inmanencia, más vida. A más unidad, más vida. A más integridad más vida. Los grados
de vida se distinguen, pues, según los grados de unidad, inmanencia y regularidad u orden. De
menos a más estos son: la vida vegetativa, la sensitiva y la intelectiva. Existe en los seres vivos
una escala sucesiva de perfección según los grados de intimidad o inmanencia:

1) La vida vegetativa, con las tres funciones básicas de nutrición, crecimiento y reproducción.
Es el metabolismo vegetal, grado ínfimo de inmanencia.
2) La vida sensitiva (conocimiento sensible: apropiación de formas), con un sistema perceptivo
que ayuda a realizar las funciones vegetativas mediante un la captación de diversos estímulos.
El instinto tiene una respuesta establecida y fija para cada estímulo.
3) La vida intelectiva, en la que se rompe la necesidad del circuito estímulo-respuesta . Es el
grado superior de inmanencia: pienso ideas.

El hombre es un ser que se propone fines personales, eso es lo propiamente humano, la


capacidad de darse a sí mismo fines y de elegir los medios para llevarlos a cabo. La separación
de fines y medios es fundamental para entender al hombre: no hay una respuesta automática
(necesaria) a los estímulos. La respuesta del hombre deberá ser concretada (y aprendida)
mediante los hábitos. El hombre debe aprender a ser quien es para serlo.

La vida vegetativa

La vida vegetativa es una transformación en sí misma de lo inerte. No es una acción-reacción


como en los movimientos físicos, tal como se da, por ejemplo, en el impulso que recibe un
balón de fútbol al ser golpeado por el pie del jugador, sino una incorporación de lo externo a sí
transformándolo en su propia vida. Ante la recepción de lo ajeno, la vida vegetativa impone
unas condiciones tan nobles, que eso externo queda modificado. Lo exterior dejará de tener la
índole que tenía antes de su asimilación y adquirirá otra mejor, puesto que es mejor tener vida
que no tenerla, o tenerla en mejor grado que en uno inferior. Lo externo no será meramente
incorporado de modo extraño a la vida, sino transformado en ella misma.

La vida vegetativa es, por consiguiente, una transformación. Hay varios modos de incorporar
realidades. La vida vegetativa al imponer unas condiciones a lo que asimila, transforma la
índole de lo asimilado. La vida cognoscitiva, en cambio, es una incorporación de lo externo tal
que prescinde de semejante imposición. Incorpora a su propio modo de vida lo externo, pero
sin modificarlo para nada. No recibe sino que posee. No es algo pasivo, por tanto; no es una
vida receptiva, sino una vida activa. Ello nos permite notar que de entre los seres vivos no
todos son igualmente vivos. A más vida, más perfectos, y es notorio que unos lo son más que
otros.

Hay tres tipos de seres vivos en atención a los grados de vida: la vida vegetativa, la
vida sensitiva y la vida intelectual. La sensitiva y la intelectual se caracterizan por estar dotadas
de potencias. La vegetativa, en cambio, no, pues no todas las realidades vivas poseen
facultades. En la vida sensitiva la potencia o facultad es lo que media entre la vida y los
distintos actos u operaciones. Como a pesar de estar un animal vivo no siempre obra (cuando
se aletarga un oso, por ejemplo, no ve, ni oye, etc.), hay que admitir en él la existencia de
alguna potencia. En cambio, en los seres con vida meramente vegetativa, mientras se vive
biológicamente, lo vegetativo siempre actúa (en los bosques del norte de Europa, por ejemplo,
las funciones vegetativas de los árboles se reducen al mínimo durante el crudo invierno, pero
no desaparecen, pues de lo contrario morirían).

La vida vegetativa equivale a tres operaciones vitales básicas: nutrición, desarrollo o


crecimiento y reproducción. En los seres que sólo disponen de ese tipo de vida, la vida no es
algo añadido al margen de esas tres funciones, sino que es esas tres funciones. De entre ellas
la función básica, en el sentido de la más elemental, es la nutrición, a la que sigue la
reproducción, y la más alta, en virtud de la cual se dan las demás, es el crecimiento o
desarrollo proceso por el que un ser vivo adquiere la madurez. Ello indica que la distinción
entre las diversas funciones es jerárquica. Derivadamente, la distinción entre los seres vivos
también es escalonada. De los vegetales podremos decir que aquellos que presentan mayor
desarrollo, esto es, mayor complejidad, mayor multiplicidad o distinción en sus células, y más
diversidad en la especialización de sus funciones, son más vivos, más perfectos. Lo propio de
estas operaciones que permanecen en el ser vivo es la posesión intrínseca. No son
movimientos transitivos sino inmanentes.

Aludamos de nuevo a alguno de los principios constituyentes de la realidad física y revisemos


cómo se dan en el ser vivo. La vida, la forma, en los seres vivos no es determinada como en lo
físico inerte. Los medievales decían que la materia es el principio indeterminado que se
determina por la forma. El cuarzo, por ejemplo, cristaliza de un modo determinado porque su
estructuración interna, su forma, es como es, y no de otro modo. En los seres vivos, en cambio,
la forma no es un principio fijo, sino un principio que cambia, que se mueve internamente, que
crece como principio. La vida anhela el crecer, pero el crecer vegetativo es imposible si la forma
no es con movimiento intrínseco. Pero tampoco se da la forma por igual en todos los seres
vivos. Unos vegetales se desarrollan más que otros. Y todos ellos crecen menos que los seres
vivos sensitivos. Crece menos, porque en su desarrollo no puede prescindir del limite que le
impone la materia. Una operación vegetativa se distingue de una operación cognoscitiva
(sensible o racional) porque esta última posee formas sin materia, mientras que aquella posee
formas con materia, transformando ambas en su propia vida, en su propia materia y forma. El
crecimiento cognoscitivo, implica, pues, que crezca la forma del vivo, que crezca poseyendo
nuevas formas, esta vez sin materia.

La sensibilidad

Antes de atender a cada uno de los sentidos conviene reparar en el salto que supone lo
sensitivo sobre lo meramente vegetativo. Lo peculiar de lo vegetativo estriba en que al
relacionarse con el medio externo lo cambia apoderándose de él y transformándolo en su modo
de ser. Al comer una fruta, por ejemplo, ésta deja de ser lo que era para pasar a ser de la
naturaleza del ser vivo. De modo contrario, lo sensitivo deja las realidades externas tal cual
ellas son, pero se hace con su forma. Al conocer una mesa, por ejemplo, los compuestos
materiales de la mesa, la madera, el hierro, etc., no están materialmente, por suerte, en nuestro
ojo. Lo que está, y no en el ojo sino en el acto de ver, es la forma de la mesa sin la materia de
ella.
¿Qué es sentir? Sentir es hacerse con la forma de una realidad despegándola, por así decir,
de su materia. Sentir es conocer, que es el modo más intenso de vivir. Conocer es poseer de
un modo inmaterial o intencional una forma. La forma conocida no es la forma natural de la
cosa conocida, la que estructura o formaliza a un ser inerte o, en su caso, la que vivifica a un
cuerpo (tampoco es la forma natural del que conoce). Conocer no es robar tales formas
naturales, sino lograr la forma de ellas, absuelta de materia. Esa nueva forma es enteramente
semejante a la forma natural de lo conocido. La vida sensitiva de los seres que la poseen se
caracteriza –señalaban los clásicos– porque está dotada de conocimiento sensible.

Hay dos tipos de conocimiento sensible:


a) Aquel que proporcionan los sentidos externos.
b) Ese otro que permiten los sentidos internos.

La denominación de externos e internos no responde a que los sentidos estén fuera o dentro
del cuerpo, sino que se toma de lo conocido por los sentidos, es decir, de si lo conocido es
externo, presente en la realidad física (frío, calor, olor, sonido, color, etc.), o se trata de algo
interno, en el sentido de extrafísico (el acto de ver, lo recordado, lo imaginado, el proyecto
concreto de futuro, etc.).
Unos y otros sentidos son plurales, es decir, no son uno sólo. Esto es, estamos ante diversas
facultades. Estos sentidos no se dan todos en todos los animales , y entre los animales en que
se dan ciertos sentidos, tampoco se dan igualmente desarrollados . En el hombre, en cambio,
se dan todos. En los sentidos externos se pueden diferenciar dos grupos: a) Los inferiores:
tacto, gusto y olfato, y b) Los superiores: oído y vista. A los primeros se les llama así porque
conocen la realidad física muy pegados a ella; muy alterado su soporte orgánico, por tanto, por
ella. A los segundos se les llama superiores porque conocen a distancia, más formalmente, es
decir, sin ser tan afectados, en su base corpórea por la realidad física sensible.

De entre los sentidos internos también podemos distinguir dos grupos: a) El inferior, al que
pertenece el “sentido común”, esto es, ese sentido que permite percibir que se ve, que se oye,
etc., y que no vence el tiempo, y b) Los superiores, donde se encuadran la imaginación, la
memoria sensible y la cogitativa –estimativa en los animales–, es decir, esos sentidos que
permiten respectivamente imaginar, recordar o proyectar asuntos particulares; sentidos todos
ellos que sí vencen el tiempo. Al primero se le llama inferior porque sólo puede conocer en
presente. Sin darse o ejercerse simultáneamente el acto de ver, por ejemplo, no se puede
sentir o percibir que se ve. A los segundos se les denomina superiores, porque conocen al
margen de la inmediatez de que lo real esté presente. Se recuerda, se imagina, o se proyecta o
valora algo, aunque ese algo no se dé en ese momento.
Fases del conocimiento sensible:

Sensación: capta cualidades sensibles o accidentes particularres de los cuerpos, "aspectos"


de esos cuerpos que interesan a nuestros sentidos externos. Cuando decimos, por ejemplo,
“veo un gato”, en realidad no es verdad, lo que vemos es una figura, unos colores, unos
contornos, etc.

Percepción: Las sensaciones no se dan aisladas, sino relacionadas unas con otras, integradas
en la percepción, que es la actividad cognoscitiva que unifica las sensaciones mediante una
síntesis sensorial. Es lo que la tradición clásica llama sentido común. Por ejemplo: líquido
incoloro, inodoro, insípido = agua.

Imaginación: Es el archivo de las percepciones, pudiendo crear imágenes de objetos


percibidos y reconocerlos. Tendemos a imaginar todo lo que pensamos y sentimos, porque no
podemos conocer el mundo si no es a través de la sensibilidad. La síntesis sensorial que
realiza el sentido común produce una impresión que permanece. La imaginación es el sentido
que retiene esas “imágenes”. Por ejemplo: podemos escuchar música porque, aunque las
notas se desvanezcan en el aire se retienen una formas (o imágenes) musicales y así podemos
captar la unidad de la melodía.

Estimación: Consiste en poner en relación una realidad exterior con la propia situación
orgánica y la propia vida. Es una valoración de mi relación respecto a esas realidades: percibo
si me gusta, si me apetece, si me conviene... Por ejemplo: la oveja no huye del lobo porque le
resulta estéticamente desagradable, sino porque lo “estima” peligroso para ella. Se trata de un
modo de “conocimiento” instantáneo, que no se basa en la experiencia (la oveja no espera a
que el lobo le ataque para saber que es peligroso).

Memoria: Conserva y compara las valoraciones de la estimativa y los actos del viviente.
Retiene la sucesión temporal del propio vivir. Lo que la memoria conserva es la actividad
interior vivida, es decir, el pasado que le pertenece al viviente. En el caso del hombre es una
memoria intelectual, que puede indagar en el pasado con razonamientos concretos, de modo
que el hombre dispone más activamente de su vivir pasado. Tiene gran importancia en la vida
humana , pues de algún modo es la condición de posibilidad del descubrimiento de la propia
identidad.