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Seminario sobre el Leviatán.

Examen.
Estudiante: Ruth M. Hazel Fallas.

A partir de su lectura del texto de Michael Oakeshott: La vida moral en la obra de Thomas Hobbes,
explique:

¿Cuáles son las tres interpretaciones examinadas por el autor de la respuesta que Hobbes da a la
pregunta acerca de por qué un ser humano debe (está obligado a) buscar la paz? ¿Qué objeciones
presenta el autor a cada una de esas posiciones? Evalúe críticamente tanto las tres interpretaciones
como las respectivas objeciones. Fundamente sus conclusiones con citas pertinentes del Leviatán y
refiérase, si es pertinente, a los demás textos discutidos en clase.

1. Primera interpretación1:

a. Tesis:
Todo ser humano es necesariamente deseante, es decir, es imposible que no tenga
deseo alguno. Por eso es imposible que no tenga deseo de buscar algo. Y, por otro lado,
en todas circunstancias tiene el derecho a su auto preservación y al actuar en aras de
hacer efectivo ese derecho, lo hace justamente. Por tanto, su búsqueda no puede
trascender, como derecho, lo anterior. Es decir, sería vano incurrir en una crueldad inútil o
desear ser el primero por sobre otros. Sí el ser humano hiciera tal en su búsqueda, su
esfuerzo, en tanto superfluo para su auto preservación, sería poco razonable, reprensible
e injusto, puesto que es un esfuerzo para su propia destrucción (Oakeshott,2000, p.291).
Se desprende de aquí que, esforzarse sea para preservar solo su propia naturaleza, es
por tanto una búsqueda de la paz (este obrar es justo y es su obligación). Buscar algo
distinto de esto, sería la guerra y por tanto la autodestrucción. «(…) En suma, el deber se
identifica con disposiciones y acciones que son “racionales” en el sentido de no ser
“contradictorias entre sí mismas”» (pp.291-92).
El apoyo de esta tesis se funda en ultimo termino, en que Hobbes observó que el
esfuerzo del ser humano para preservar su propia naturaleza tiene la aprobación de la
conciencia y otro esfuerzo distinto es reprobado por la misma. La culpa y falta de culpa se
fundamentan en último término en esos esfuerzos. Finalmente, la actividad que surge del
temor a una muerte innoble y que trata de combatir dicha pasión es la única aprobada por
la conciencia y obligatoria (p.292).

b. Objeción:
Oakeshott observa que la pregunta: «¿por qué todos los hombres deben buscar la
paz?» (la itálica es nuestra), evoca otro cuestionamiento: por qué todo ser humano tiene
la obligación de buscar su auto preservación. Por esto, el primer punto en contra de la
interpretación anterior es que Hobbes no dijo que todo ser humano tuviese la obligación
de actuar en aras de conservar su propia vida, sino que tiene el derecho de preservar su
propia naturaleza. Y un derecho no es un deber, ni origina deberes de ninguna clase.
Como segundo punto, tiene a error lo que se desprende de la primera interpretación, es
decir, asumir que para Hobbes una conducta debida es racional y que dicha racionalidad
se fundamenta en ser consistente o no contradictoria para sí misma (p.292).
Según Oakeshott, Hobbes si apeló al principio de no contracción, pero para referirse a
lo que es deseable en la conducta. Sin embargo, distinguió entre la conducta racional y la
1
Varios de los postulados de esta primera interpretación son también de Leo Strauss, quien declara que el deseo de la auto
preservación es incondicional o absoluto, basándose en esto establece la filosofía hobbesiana como liberalista (p.417).
obligatoria. Por tanto, según esta réplica, en ninguna interpretación se puede considerar
como obligación una ley de naturaleza porque represente una conducta racional (pp.292-
93). En el tercer punto, la interpretación criticada no reconoce la conducta moral como «el
reconocimiento desinteresado de todos los demás como nuestros iguales», lo que según
Oakeshott es un fundamento de la paz en Hobbes. Contrariamente, lo que expone esa
interpretación sería que los esfuerzos, aunque sean interesados, serían justos. Y, por
último, a Oakeshott le parece que hay una confusión entre la causa de la conducta tenida
como justa y la razón por la que se piensa que es justa. El temor a la muerte ignominiosa
y su aversión no son las razones para buscar la paz, son solo las causas de que obremos
así. La razón como mediadora entre el temor y el orgullo, no permite dar el salto de las
causas hacia las justificaciones. Y es que, según Oakeshott, la razón no tiene fuerza
prescriptiva en Hobbes, excepto cuando se muestra evidentemente equívoca (p.293).

c. Comentario crítico:
Con respecto a la interpretación, abordaremos, como señala Oakeshott, que, en un
primer momento, no necesariamente se está hablando de una obligación, sino más bien
de un derecho. Hobbes define el derecho de la siguiente forma «(…) consiste en la
libertad de hacer o no hacer» y lo contrapone completamente a la ley, la cual «(…)
determina y obliga a una de las dos cosas» (2018, p.185), es decir, a hacer o no hacer.
Por esto mismo, si se habla de obligación, lo que se debería retomar en este punto es una
ley y no un derecho. Además, Hobbes lo dice muy claro respecto al derecho natural, que
es el que atañe a la autoconservación: «es la libertad que tiene cada hombre de usar su
propio poder según le plazca, para la preservación de su naturaleza» (p.184).
Si puede hacer lo que le plazca, entonces ¿se podría proceder injustamente o
cruelmente en aras de preservar la naturaleza propia? Ciertamente, Hobbes dice que se
obra de acuerdo a lo que el juicio y la razón conciba como lo más apropiado para
conseguir el fin (p.184). Empero, como Oakeshott advierte, se podrían saltar estas
dificultades migrando del estado de naturaleza, en donde se tiene derecho a todo, hacía
el estado civil. Sin embargo, aquí hay un punto importante que Oakeshott pasa por alto y
es que, en este mismo capítulo (XIV), se establece como precepto o regla de la razón
procurar la paz bajo cualquier medio (p.185). Aquí es en donde la primera interpretación
podría tomar su legitimidad para establecer la obligación implícita en la búsqueda de la
paz. Hobbes da un giro importante, dice que, en la primera parte de ese precepto, es
decir: «(…) cada hombre debe procurar la paz», subyace la primera y fundamental ley
natural (p.185).
En ese vuelco, la palabra derecho pasa a abrir espacio a la ley, la obligación, según la
definición que Hobbes da a ese término. Además, en ese mismo pasaje, el derecho
natural queda relegado a la segunda parte del precepto: «defendernos con todos los
medios que están a nuestro alcance». Observando esto, se nos abren dos dificultades,
primero que la obligación se trata de una ley natural, noción muy problemática dentro de
la obra hobbesiana. El otro problema es el hecho de que se derive de un precepto o regla
de la razón. Respecto a lo primero, Oakeshott parecía contemplar la problemática de la
búsqueda de la paz que se abría en la concepción natural y civil, empero nos parece que,
no habría de momento conflicto entre esta primera ley natural y su legitimidad dentro de la
teoría del Estado civil. Ya que, en la misma definición del Estado subyace la garantía de
vigilar el cumplimiento de esta primera ley de naturaleza: «(…) dicha persona» (el Estado)
«pueda utilizar los medios y la fuerza particular de cada uno como mejor le parezca, para
lograr la paz y la seguridad de todos» (p.235).
El segundo problema es que el mismo Hobbes abre la duda sobre si entender esos
preceptos como leyes o mandatos de la razón, puesto que, lo serían solo en la medida de
que sean ordenes de quien manda por derecho a los demás (p.219). Tendría que
suponerse que Dios las ha mandado. Pero no hay duda, Hobbes asegura que Dios tiene
un derecho por naturaleza para reinar sobre la humanidad (su poder irresistible) (p.441).
2
Sin embargo, entraría aquí el conflicto a cerca del carácter obligatorio de las leyes divinas
con respecto a toda la humanidad (problema que abordáremos en la tercera
interpretación) y su prevalencia o no frente a las leyes civiles.
Aún referente al problema de la razón se abre la otra consideración de la tesis, es
decir, el carácter justo, la culpa y el esfuerzo acorde a la conciencia. Hobbes dice muy
claramente que en un estado de guerra las nociones de lo moral y lo inmoral, lo justo y lo
injusto no tienen cabida allí. Si no hay un poder común entonces no hay ley, sin ley no hay
justicia (p.183). Nuevamente aparece la pregunta sobre si la primera ley natural, es ley en
este sentido, ya que, desde aquí parece sugerir que la única forma de que hablemos de
justicia es después de la instauración del Estado (p.200). Por esto, nos queda claro que
esta primera tesis solo puede hacer referencia a la búsqueda de la paz, una vez
instaurado el civitas. Aquí topamos con un grave problema de ambigüedad en la teoría
hobbesiana: ¿al exponer las leyes naturales y hablar de injusticia relacionada a los
derechos (p.187), supone que las leyes están operando en un estado natural o en el civil?
La complejidad de este asunto queda muy clara cuando Hobbes establece la tercera ley
de naturaleza: la de cumplir los convenios (p.200). Pues, asegura que en esa ley subyace
la fuente y origen de la justicia, sin pacto no habría justicia.
Destacamos que había un problema de ambigüedad en Hobbes, ya que, si bien es
cierto lo injusto es el no cumplimiento del convenio, esto solo es posible saberlo una vez
se instaura el mismo, pero tiene que haber un poder coercitivo que obligue a los
convenios, más no es anterior al Estado, sino que se instaura con este. Entonces el
primer grupo que decidió ceder sus derechos lo hacían ni de forma justa, ni injusta. En
tanto fue antes de que hubiese contrato. Si la búsqueda de la paz los ha llevado a erigir el
pacto, el seguir la primera ley de naturaleza no es aquí ni justo ni injusto, estrictamente
hablando (en especial porque esta zona argumentativa se encuentra en el limbo
explicativo que podemos denominar «el acto de establecer el contrato»). Pero, Hobbes
establece que la justicia no es contraria a la razón (p.201). Contrario a la primera
interpretación se dice lo siguiente:

(…) en ningún caso podremos decir que ha sido un acto contra razón, ya que todas las
acciones voluntarias de los hombres tienden a lograr el beneficio propio, y las acciones
más razonables habrán de ser, por ende, las que conduzcan al logro de sus fines de
manera más eficaz (p.203).

Inmediatamente dice lo siguiente «(…) Este razonamiento, pese a su apariencia de


verdad, es falso». Seguidamente Hobbes va a establecer que el carácter de justicia,
solamente puede darse bajo el contrato, que, en efecto, la justicia es la conformidad con
lo que se ha convenido o pactado, es una norma de razón que nos impide hacer cualquier
cosa que sea destructiva para nuestra vida y es por tanto una ley de naturaleza (p.205).
Tenemos dos asuntos: la primera interpretación se equivoca al proponer que la mera
actuación conforme a nuestra razón para auto preservarnos es un acto justo, ya que como
hemos visto el carácter de justicia depende exclusivamente del pacto. Segundo, que, si la
justicia es en consecuencia una ley de naturaleza para Hobbes, entonces podría no haber
cabida para la primera ley natural antes de la creación del Estado. Pero, estas
confusiones se deben a que en el texto de Hobbes hay otras nociones de justicia: la
justicia de los hombres y la de las acciones (p.206). Empero, el conflicto entra en pensar
que estas otras dos acepciones de justicia pueden pervivir fuera de la celebración del
pacto.

2. Segunda interpretación:

a. Tesis:
i. Hobbes a establecido que toda obligación moral deriva de la ley, por tanto, en
3
ausencia de esta no hay deber y tampoco distinción entre conducta justa e
injusta (p.293).
ii. En tanto el legislador está en potestad de dictar una ley, su autoridad ha sido
adquirida, ha sido otorgada y se reconoce por quienes estarán sujetos. El acto
de autorización o reconocimiento es indispensable como condición de una
autoridad legisladora genuina (pp.293-94).
iii. Se desprende de lo anterior que no pueda existir ninguna autoridad «natural»
desde la cual emane la ley que sea no adquirida (p.294).
iv. El estar moralmente obligado a obedecer las leyes se basa en el acuerdo entre
otros que se encuentran en el mismo predicamento, con una disposición común
para celebrar contratos y autorizar a un legislador, reconociendo sus órdenes
como leyes (p.295).
v. Solo las leyes civiles son las leyes apropiadas por excelencia, más aún, son las
únicas reconocidas como leyes. En el caso de Dios, sus leyes lo son en sentido
propio solo cuando es soberano civil, ejerciendo su soberanía mediante agentes
(p.295).
vi. Para Hobbes la civitas no constituye una adición útil a la vida humana, sino que
cambia la condición de naturaleza que le precede (p.296).
vii. Lo que causa que los seres humanos celebren el acuerdo que erige al
Soberano es su temor a la muerte deshonrosa, esto desemboca en un esfuerzo
racional por la paz, pero no se desprende una obligación a hacerlo (p.296).
viii. El deber de buscar la paz empieza con la creación de la ley civil, siendo la única
de su clase que ordena tal esfuerzo (p.296).

b. Objeción:
i. Dos cuestionamientos importantes: ¿qué obliga al súbdito del civitas a admitir
el reconocimiento o convenio que autoriza al Soberano la elaboración de las
leyes? ¿Tiene el deber de continuar ese reconocimiento aun con la posibilidad
de separarse del deber de obedecer las leyes? Si la respuesta es no, pregunta
entonces: ¿quedaría en suspenso la explicación de la obligación moral a falta
de una respuesta? Por otro lado, si la respuesta es positiva, es decir, si se
mantiene el deber, entonces: ¿no tendría que haber una ley distinta a la ley
civil que se lo imponga? (p.297).
Sin embargo, Oakeshott advierte dos formas posibles de saltar por sobre esta
primera objeción:

1. Que hay poco en Hobbes que ayude a sostener que la celebración


del convenio sea una obligación moral, así como que el cumplimiento
del mismo y la obediencia a la ley fuesen inseparables. Entonces, si
hay un deber de obedecer a la ley, implícitamente hay una
obligatoriedad de mantener el contrato (p.297)2.
2. Si se concede que hay un deber de cumplir el convenio, entonces
debe existir otra ley aparte de la civil que obligue a esto, sin
embargo, en las obras de Hobbes no aparece ninguna ley con ese
carácter. Pero, el punto es que no es necesario que aparezca que
una acción deseable como mantener el contrato, también deba
aparecer a modo de deber (p.297). Se trataría de un acto de
prudencia. Por eso el deber que se asocia con la búsqueda de la
paz, mediante el convenio, en caso de aceptar que la elaboración del

2
Por que esto se ubica nuevamente en la zona gris que hemos mencionada arriba, la cual se sitúa en el acto de celebración
del convenio.
4
mismo sea solo un acto deseable, muestra solamente que esa
búsqueda no siempre se trata de un deber. Lo que subyace entonces
a la articulación de la civitas no es el deber, sino el interés propio
instruido por la razón y la nobleza que no admitiría la obediencia a un
soberano que no pueda obligar el cumplimiento de sus órdenes (p.
298).
ii. Se objeta que para Hobbes lo que la ley civil ordena no es la «búsqueda de la
paz», más bien es hacer o no hacer acciones específicas. Por esto, si un
violador de la ley alega que la violó en aras de «buscar la paz», no es una
defensa valida. La réplica a esto sería que esos actos permitidos o censurados
se disponen en general a mantener la paz. Por eso, según ese razonamiento,
un ser humano no puede «buscar la paz» y al mismo tiempo violar la ley,
porque es un contrasentido. Puede buscarla, eso sí, mediante acciones que la
ley no impone, como siendo benevolente, por ejemplo. En todo caso, su deber
de «búsqueda de la paz» es siempre deber de obedecer la ley, por tanto, justo
y libre de culpa (p.299).
iii. La última objeción es el meollo de las leyes naturales. Estas parecen ser
capaces de imponer una «obligación natural» a todos los seres humanos de
buscar la paz. La posible respuesta a esto es que, aparece la presunta
contradicción de que las leyes reconocidas como tales son solo las civiles, en
tanto son órdenes del legislador reconocido mediante el contrato. Empero, a
las leyes naturales se les puede adjudicar la prescripción de obligar al súbdito
a cumplir con las leyes civiles (p.299).

c. Comentario crítico:
Esta segunda parte se encuentra en continuum con lo que se expuso en el comentario
a la primera interpretación. Con respecto a esta segunda tesis, hay que puntualizar que
Hobbes establece que «la ciencia de estas leyes es la verdadera filosofía moral» (p.218),
a las que refiere son las leyes de naturaleza, no las leyes civiles. Pero, como ya se ha
vislumbrado el carácter vinculante de esas leyes naturales es muy dudoso. Incluso al final
de ese pasaje Hobbes abre la duda sobre el carácter de ley que tienen esos preceptos de
la razón y, establece que solo en la siguiente situación lo son: «(…) si consideramos esos
teoremas como algo que nos ha sido dado en la palabra de Dios, el cual tiene, por
derecho, mando sobre todas las cosas, entonces sí podemos darles propiamente el
nombre de leyes» (p.219).
El asunto es que en ese pasaje no queda claro si la palabra de Dios se refiere
expresamente a los textos bíblicos presentes en su contemporaneidad o a los mandatos
de Dios dados en el momento en el que reinó la tierra. En todo caso, en la época de
Hobbes solo podría dar cuenta de los mandatos presentes en las escrituras bíblicas y
creer que lo afirmado en esos textos es auténtico. Por esto es dudoso en este caso decir
que las leyes sean de Dios solo cuando lideró al pueblo judío, es decir, solo en ese
momento histórico. Para hacer esto, Hobbes debería negar que el poder de Dios continúe
siendo irresistible en su contemporaneidad. Aquí subyace la distinción entre el reino
natural y el profético, el primero es el que depende del reconocimiento de la providencia
divina y el segundo en el cual Dios reinó con leyes positivas un pueblo específico (p.441).
Su poder irresistible es el que castiga a quienes no cumplen sus leyes. Dios es en este
sentido, la única excepción a la necesidad del contrato para poder ejercer su poder
(p.442). La tesis de esa interpretación se equivoca al decir que solamente cuando Dios
gobernó positivamente puede ser reconocido como soberano. Aunque claramente, esto
tiene sus propias implicaciones como se retomará en la tercera interpretación.
Para admitir que no hay moral sin la ley civil, diríamos que toda moralidad se
fundamenta únicamente en el Estado y por tanto en la justicia, la cual como dijimos ya,

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existe solo en la presencia de un contrato. Esto retrotrae la pregunta sobre la primera ley
natural que como dijimos arriba se subsume en la definición del Estado y parece
antecederle, es más, posibilita la creación del civitas. Más aun, hay que aclarar que lo
moral es en razón de lo bueno (virtud) y malo (vicio) en la conversación y trato de la
especie humana (p.218). Y que las leyes de la naturaleza son las virtudes morales y lo
bueno es la búsqueda de la paz (p.218). Por tanto, lo moral no escapa a la ley, pero a la
de naturaleza según esos pasajes. La problemática con las leyes naturales y su relación
con las civiles lo veremos en la siguiente interpretación.

3. Tercera interpretación:

a. Tesis:
Toda obligación moral deriva de una ley de alguna clase, donde hay ley auténtica hay
deber y, consecuentemente, si no hay ley, entonces no hay deber. Lo que afirma a
diferencia de la segunda es que la ley de la naturaleza, es una ley apropiada (que se
conoce su autor, el cual tiene un derecho antecedente a mandar, que es publicada y
conocida, tiene interpretación y quienes la obedecen tienen una motivación vinculante
para obedecerla). Por tanto, la búsqueda de la paz queda como una obligación extendida
a todos los seres humanos y, de ser esto así, toda obligación que pueda haber de
obedecer las leyes civiles u ordenes convenidas, deriva de esa prescripción natural y
universal (p.300).
Para aceptar esta tesis, también se debe conceder que el autor que es conocido por
toda la humanidad y ha creado los preceptos naturales es Dios, además, su derecho
natural de legislar no se deriva de haber creado a sus súbditos, si no de su omnipotencia
(p.301).

b. Objeción:
La primera dificultad es que Hobbes pensará que el conocimiento natural de la
humanidad pueda incluir el saber a Dios como autor de leyes que regulan la conducta
humana (p.301). Primero, está la acepción que refiere a Dios a modo de una hipótesis
necesaria como causa primera para explicar fenómenos naturales, solo en ese sentido
tendría conocimiento natural. Además, si decimos que es «el rey del mundo entero», es
solo en sentido metafórico. Por otro lado, se le puede adjudicar a Dios el ser rey en
sentido propio, es decir, para quienes creen que hay un Dios que gobierna el mundo,
premiando y castigando a la humanidad. Sin embargo, las dudas que surgen son las
siguientes: primero, las creencias no llegan a calzar como conocimiento natural, en ese
sentido, el Dios providencial no sería menos proyección del pensamiento que la causa
primera.
La primera acepción de Dios sería una proyección de la razón, mientras que la
segunda lo sería del deseo humano (p.302). Segundo, las creencias, en el Dios
providencial, no sería comunes a toda la humanidad. Entonces, los únicos súbditos
naturales de ese Dios serían aquellos que le han reconocido. Y esos súbitos naturales, en
contraposición a los súbitos por convenio, estarían obligados primariamente a la ley de la
naturaleza, por tanto, a buscar la paz. Las leyes de la naturaleza, obligan solamente
cuando son apropiadas, en este caso, solo si sabemos que son hechas por Dios. Pero,
nuevamente, no se trata de toda la humanidad quien conoce la autoría de Dios. Se sigue
de eso la imposibilidad de afirmar que la ley de la naturaleza lo es en sentido apropiado y
obliga a toda la humanidad (p.303).
Sin embargo, se alza la duda de si realmente la ley de la naturaleza lo es en sentido
apropiado porque su autor se conozca, lo mismo aplica a la pregunta por el poder de Dios
para imponer su ley (p.304). Todo apunta, según la respuesta de Oakeshott, a que Dios

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se alza como gobernante solo ante aquellos que reconocen su providencia, es del
reconocimiento que surge la obligación, puesto que es el acto sin el cual todo gobernante
permanecería desconocido. Por lo que, la autoridad de Dios para hacer leyes no es su
omnipotencia, es decir, su poder irresistible ante los súbitos naturales (poder que según
Oakeshott esto podría aplicar únicamente a la noción de Dios como causa primera, pero
en tanto solo se puede hablar metafóricamente al respecto de este, no es propiamente
gobernante), si no un convenio o reconocimiento (p.305).
Respecto a las otras características de la ley natural, es decir, el ser publicada y tener
una interpretación, Oakeshott dirá lo siguiente: la primera característica se basa en que la
ley natural es dada a súbditos naturales en dictados de la razón natural o recta. Sin
embargo, de acuerdo a la obra hobbesiana Dios no puede hacer esto, pues la razón no
puede promover por sí misma ordenes categóricas ni ser el medio para descubrirlas. La
razón solo es según Hobbes la que se encarga de «discernir la causa probable de
sucesos dados o los efectos probables de acciones (…)» (p.305). La segunda
característica, aquí enlistada, es la de la interpretación, según Oakeshott la ley natural no
posee manifiestamente alguna. El asunto es que para Hobbes no podría haber ningún
interprete, ni interpretación que no sea al mismo tiempo natural, no convenida y auténtica.
El problema con eso es que la razón natural o la conciencia privada de los individuos se
puede tener como intérpretes de la ley natural 3, más no como interpretación auténtica de
una ley. Puesto que, en tanto es interpretación según cada quien, no se puede sustraer la
parcialidad de la pasión. Termina siendo en lugar de una obligación universal, a lo sumo
una obligación de cada individuo. Se trataría de una diversidad de opiniones acerca de la
manera en la que el legislador (Dios) desea que nos comportemos. No sería en efecto
una ley, porque no habría una autoridad común encargada de la declaración e
interpretación (p.307). Finalmente, las leyes naturales no parecen ser leyes apropiadas y
la tercera interpretación bebe de una confusión, de la que Hobbes es responsable según
Oakeshott, entre la razón que enseña y las leyes que ordenan (p.309).

c. Comentario crítico:
Como hemos analizado, estaríamos de acuerdo con Oakeshott en que tales leyes de
naturaleza no necesariamente obligan a toda la humanidad. En la acepción hobbesiana
de los súbitos naturales «aquellos hombres que reconocen su providencia» (p.441) es
muy claro que no habla de «todos los hombres» 4. Sin embargo, la duda de fondo es que a
fin de cuentas como el mismo Hobbes aclara, esas virtudes morales (las leyes naturales)
no son verdaderamente leyes (p.341), solo en el caso que se reconozca a Dios como
soberano, cosa que como ya hemos advertido, afectaría solo a un grupo de personas
específico. Es más, la necesidad del instaurar el Estado a fin de cuentas es que las leyes
de naturaleza no puedan proporcionar la seguridad a los individuos (p.229).
En especial, porque ellas en tanto son normas de la razón son contrarias a nuestras
pasiones, por eso, aun teniendo esas leyes de naturaleza, sin un poder instituido, lo
suficientemente fuerte para garantizar la seguridad, se estaría en el estado de derecho
natural y cada quien tendría que echar mano de sus propios medios para protegerse
(p.230). Por eso la falta de carácter vinculante que tiene estas leyes es explícitamente
deficiente en la obra de Hobbes. Además, como diría Bobbio, si las leyes obligan solo de
conciencia (o in foro interno como recordaría Tylor), entones no obligan en absoluto,
3
Lo que Tylor retoma como obligación «in foro interno», asegurando además que esta sigue operando antes y después de la
creación del Estado (1938, p.424).
4
Es interesante la observación que hace Tylor respecto al caso de los ateos y el poder irresistible de Dios. Tylor admite que
ese punto es dificultoso, primero porque es difícil ver cómo el mero poder irresistible de Dios obliga moralmente, puesto
que en sentido estricto nadie debería obedecer la ley natural a menos de que sea un cristiano actualmente o los judíos en la
época del «reino de Dios en la tierra». Entonces nombrarlo «señor de todas las cosas», para con los «infieles» no tendría
vinculación obligante alguna (p.419). Tylor sostendrá, como deriva, que el pilar de la teoría hobbesiana es finalmente el
teísmo que subyace en sus bases.
7
teniendo en cuenta la concepción utilitarista hobbesiana (1991, p.170). Bobbio, quien
tiene más cercanía con la segunda interpretación, asegura que las leyes obligan, pero en
sentido de desear su cumplimiento (p. 176). Similar al acto de prudencia que Oakeshott le
adjudica al deber de ejecutar el convenio.
Podría tratar de abordarse la relación forma-contenido para la ley civil y natural,
respectiva, con tal de salvar la primera. Empero, con respecto a la interpretación de la ley
natural, Bobbio indica que, aunque pueda prevalecer junto con la ley civil, no se puede
aplicar en un caso concreto sin ser interpretada. Pero, la interpretación al fin y al cabo
recae en el juez y finalmente en el Soberano, ya que, de esto no se pueden hacer cargo
los textos de filosofía moral (ya solo tienen opiniones al respecto, a menudo
contradictorias) (p.187). E incluso cuando se piensa que las leyes naturales tendrían su
efectividad sobre el Soberano, quien es el único que no debe obediencia a las leyes
civiles (pp.190-91), la ley natural no es obligatoria para este. Ya que, fuera del Estado, la
única fuerza vinculante es Dios, pero como ya vimos, requiere un reconocimiento de su
providencia y de sus castigos, por esto, la acción divina está subyugada a estos
elementos.
Finalmente, si seguimos la interpretación de Bobbio, arribaremos bastante cerca de la
segunda interpretación, específicamente al que hemos numerado como primer postulado
de la misma, aunque debemos añadir a esta que las leyes a las que haría referencia son
exclusivamente las civiles y eliminar el término «moral» de la misma. Empero, el problema
sigue siendo el mismo, ya que, si la pregunta era por una obligación moral, aunque
digamos junto con Bobbio que la ley natural cumple la única función de dar pie a la ley
positiva o civil (p.204), Hobbes ha denominado como la ley moral solo la ley natural. Pero
si ella es solo un fantasma, según Bobbio, ¿hasta qué punto, entonces, la ley civil se llega
a transformar ella misma en ley moral? Esto es así en caso de que solo las leyes
naturales sean las virtudes morales, como Hobbes lo indica y, una vez instauradas las
leyes civiles, las leyes de naturaleza quedan contenidas en la ley civil. Efectivamente,
Hobbes afirma esto (p.341), por tanto, deberemos asentir a la pregunta. Por lo que
finalmente, es el Estado, el Soberano mismo, una vez instaurado, quien obliga a la
búsqueda de la paz en calidad de primera ley natural contenida ahora en el marco legal
civil.

Fuentes:
Bobbio, N. (1991). Thomas Hobbes (trad. Escrivá de Romani, M.). Barcelona: Ensayo.
Hobbes, T. (2018). Leviatán (trad. Mellizo, C.) (4ta ed.). Madrid: Alianza.
Oakeshott, M. [1962] 2000. La vida moral en la obra de Thomas Hobbes. En El racionalismo
en política y otros ensayos. México: Fondo de Cultura Económica.
Strauss, L. (1950). On the Spirit of Hobbes' Political Philosophy. Revue Internationale de
Philosophie, 4, 14, pp. 405-431.
Tylor, A.E. (1938). The Ethical Doctrine of Hobbes. Philosophy, 13, 52, pp. 406-424.