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CUANDO EL GRANO VERDE TIENE UN AÑO DE VIDA, ser tostado.

En el tueste se forman 800


sustancias responsables del sabor y el aroma del café.

Para iniciar el proceso, se tiene que secar el café verde en un tambor giratorio para eliminar
cualquier residuo de humedad. En la primera fase del tueste, el grano absorbe el calor y se seca,
toma color dorado y es perfumado. En la segunda fase, el grano adquiere el 60 % de su volumen
y surge el primer crack. Además, pierde el 15 % de su peso.

La temperatura definirá el tipo de tueste de café, dependiendo del gusto. A medida que se
tuesta, disminuirá su densidad, pero aumentará su volumen. Además, perderá C02 y acidez,
pero ganará cuerpo y expondrá sus aceites en la superficie; es decir, ganará amargura.

Al enfriar, el café olerá bien y preservará la humedad.

Tambor giratorio

Filippo llegó en tercero de secundaria cuando el año escolar ya había comenzado, porque su
papá era diplomático y viajaba constantemente con su familia.

Además, era primo de Freddie. Parecía un vampiro: alto, blanco y con el cabello muy negro. No
era el mejor de los alumnos, pero pronto destacó en el equipo de natación, por lo cual los
profesores le tenían consideración. Era muy extrovertido y rápidamente se hizo popular en el
colé.

Él me ponía nerviosa. Las manos me sudaban cuando lo veía, sonreía como idiota, me importaba
caerle bien y lo que pensara de mí. De pronto, un día se acercó a mi carpeta y me preguntó:

—¿Te gustan las competencias de skate?

—Sí.

—Mi hermano va a participar en una competencia en el parque del Faro el sábado por la tarde,
¿quieres venir?

—Claro —respondí tratando de parecer calmada.

¡Estaba emocionada! El chico que me gustaba me había invitado a una competencia de skate.
Aunque no sabía nada de skate, ¡ni de la vida! Pues estaba por descubrir que, al igual que los
granos de café verde que

eliminan humedad en un tambor giratorio, mi vida también podía dar muchas vueltas.

El sábado por la tarde me encontré con Filippo en el parque. Estaba reunido con su hermano
menor y otros chicos que participaban en la competencia.

Traté de integrarme, pero me sentía perdida porque hablaban jerga skater para referirse a
trucos, movimientos y no sé qué más.

Al inicio de la competencia, los chicos patinaban en unas rampas muy grandes, pero a medida
que pasaba el tiempo las piruetas se hacían más difíciles.

El clima se ponía cada vez más caluroso. Luego de unos minutos, el calor estaba realmente
insoportable.

—Voy a buscar algo de tomar, ya vengo —dije.


—Bien, estaré mirando la competencia.

Por suerte encontré una cafetería cercana. Tomé un jugo de naranja, me sentí mejor y regresé
a ver la competencia.

—Llegas justo cuando mi hermano va a participar —dijo Filippo.

El chico se deslizaba en la rampa de un lado a otro, luego saltó a otra rampa y se dio un volantín
en el aire, pero al caer resbaló y se golpeó las piernas y la espalda. Por suerte, tenía casco,
rodilleras y toda la protección que el deporte requería. Pero el golpe fue tan terrible que el chico
no podía pararse y lo sacaron en camilla.

Filippo acompañó a su hermano en la ambulancia y yo regresé a mi casa. Por la noche, me llamó.

—Sorry, Cris! Tenía que acompañar a mi hermano al hospital.

—Entiendo. ¿Cómo está?

—'Tiene una pierna fracturada, pero en un par de meses estará bien. No es la primera vez, este
deporte es riesgoso.

—¡Lo lamento!

—¿Qué haces?

—Estoy leyendo cómics.

—¿Te puedo visitar ?

—¿Ahora?

—Claro.

—No, es muy tarde ¿Qué, tus papás no te dicen nada?

—No están; bueno, entonces, me voy a jugar videojuegos con mi primo.

No entendía cómo sus padres lo dejaban salir a todos lados; él tenía mucha libertad, mientras
en mi caso era todo lo contrario.

Al día siguiente, trataba de pensar en la historia de Chica Cafeína y de pronto él me llamó.

—¿Quieres ir a tomar un helado por la tarde?

—Claro —dije, pero recordé que había quedado con Patricio y los amigos que vivían por mi casa;
luego continué—: Te espero a las cuatro...

Llamé a mis amigos para cancelarles y decirles que iría a una reunión famUiar. Filippo apareció
casi a las cinco, yo pensé que ya no vendría.

—Disculpa la tardanza, salí a almorzar con mi familia y nos demoramos.

—No hay problema, vamos.

Caminamos hasta la heladería y, mientras comíamos, hablamos de nuestras vidas. Le conté lo


mucho que me gustaba leer, ver películas y que era fanática de los superhéroes.
El me dijo que había estado en varios colegios en distintos países por el trabajo de su papá y que
había hecho muchos amigos. También me contó que no le gustaba quedarse en casa y que le
encantaba conocer gente nueva.

—¿Te gusta leer? —pregunté.

—Para nada, pero sí me gusta ver películas —dijo, mientras me decepcionaba y pensaba: “Le
gustan las películas, al menos tenemos algo en común”.

En clases, Filippo se me acercaba mucho para preguntarme cualquier tontería obvia, y cuando
me reía, él decía que lo hacía solo para acercarse a mi carpeta.

Me quitaba mis cuadernos para que lo persiga hasta que me los devuelva, o dejaba stickers
graciosos en mi

cartuchera o en mi mochila, solo para llamar mi atención. Era evidente que yo le gustaba, y él a
mí. Además, cada vez que me miraba, me ponía nerviosa y sentía que éramos como dos imanes
que se atraían.

—Estoy nerviosa, y ¿qué tal si me besa? Nunca he besado a nadie. ¿Y si lo hago mal? —les conté
a Susan y Flavia a la hora de recreo.

—Pues yo no sé de eso, nunca he tenido enamorado —dijo Susan.

—¡No te preocupes! Eso se da de forma muy natural, por instinto. Recuerdo que antes de que
David me besara por primera vez, practicaba con mi brazo, así —contó Flavia y comenzó a
besarse el brazo mientras nosotras nos reíamos; luego agregó—: ¡Cris! Solo déjate llevar por lo
que sientes.

El siguiente fin de semana fuimos al cine a ver la nueva película de superhéroes. Tenía el
presentimiento de que tarde o temprano sucedería lo que tanto esperaba. Yo estaba un poco
agitada, así que me hice un par de inhalaciones para el asma, pero me lavé los dientes y comí
varios caramelos de menta para eliminar el sabor amargo que me dejaba la medicina.

La película estaba muy buena. Por momentos, él se acercaba y ponía su cabeza sobre mi hombro,
lo cual era una señal. De pronto, en la oscuridad del cine, nos miramos y la atracción hizo que
poco a poco nos acercáramos hasta que por fin... ¡Mi primer beso!

Sus labios eran suaves y húmedos. Me di cuenta de

jugar y causó desorden. Hacía bromas y se reía, al punto que Susan se fue molesta a su casa. A
él no le importó y, después de unos minutos, salió a jugar partido con los chicos. Finalmente, me
quedé estudiando con Flavia.

Al día siguiente, llegó de improviso, cuando estaba dibujando a Chica Cafeína. Me trajo
chocolates y fuimos al cine. Me gustaba mucho Filippo, pero hacía cosas que no me agradaban;
no me sentía cómoda.

Llegaron los exámenes y tuve que contratar un profesor particular de matemáticas para que me
enseñe, pues Susan decía que ya no podía reunirse con nosotros. Estaba un poco extraña, como
molesta. Le preguntamos si había algún problema, pero ella no nos dijo nada. No le hice mucho
caso porque tenía demasiado que estudiar. Por suerte, me seguí reuniendo con los demás chicos
en mi casa.
Después de los exámenes, pensé tener más tiempo para hacer las cosas que me gustaban, pero
mis amigos y Filippo me escribían para vernos a menudo, mientras yo sentía que me faltaba el
tiempo para leer y tratar de escribir mi primera historia.

Una amiga del salón, que era unos meses mayor que yo, celebró su fiesta de quince años a lo
grande. Yo no iba mucho a fiestas porque cada Vez que salía con vestido cuando hacía frío me
enfermaba de asma. Pero ese año tuvimos fenómeno de El Niño y casi no hacía frío; por eso, no
hubo mucho problema.

Filippo llegó a mi casa muy elegante y más guapo

que nunca. Me puse un vestido rosa que me gustaba mucho, y él me dijo que estaba más linda
que de costumbre.

Podría decir que fue una fiesta de ensueño en el club más exclusivo, o lo buena que estaba la
comida, o que bailé como nunca, pero todos esos detalles no importaban, solo Filippo. A pesar
de los consejos de mamá, quitarme el tiempo para hacer mi cómic, sus tardanzas y nuestras
distintas formas de ser, esa noche me di cuenta con mucho miedo y alegría que estaba
enamorada de él.

Pasaron las semanas y todo parecía ir bien hasta que, un día, Filippo me dijo que no podía salir
conmigo el sábado por la tarde porque vendrían sus parientes de Italia y quería darles la
bienvenida. “¡Por fin algo de tiempo para avanzar con Chica Cafeína!”,pensé.

Sin embargo, mamá me pidió que la acompañara al centro comercial para comprarse un vestido
y no me pude negar. Habíamos recorrido muchas tiendas, pero a mamá nada le gustaba.

—Estoy cansada, ¡vamos a tomar algo! —sugerí mientras caminaba hacia el patio de comidas
inocentemente, sin imaginar lo que sucedería a continuación.

Entre la multitud, creí ver a un chico parecido a Filippo en actitud romántica con una chica.
Cuando me acerqué, ¡era él! Estaba sentado en una mesa besando a ¡Susan! Di la vuelta y me
fui rápidamente, pero ellos me habían visto. Filippo se paró y corrió tras de

mí, pero mamá lo detuvo y le dijo: “Nunca más te vuelvas a acercar a mi hija”.

Mamá me alcanzó en el estacionamiento y me dio un abrazo muy grande mientras lloraba.

—¡Perdón por no hacerte caso! Tenías razón, él no era honesto.

—Eres muy joven y no tienes experiencia, pero ya te diste cuenta. ¡Lo lamento mucho, hija!

—¡No quiero volver a ver a Filippo, ni a Susan, ni tampoco quiero volverme a enamorar nunca
más!

—¡No puedes decir eso! A Filippo y a Susan los verás en el colegio. Tampoco puedes decir que
no te vas a volver a enamorar porque tienes catorce años y mucho por vivir. No todas las
personas son mentirosas y sinvergüenzas. Debes aprender a elegir a la gente que te rodea.

—¿Por qué Susan? Yo la quería mucho.

—Porque es una mala amiga, pero no me vas a decir que ya no quieres tener amigas porque no
todas son así. Dara y Flavia son buenas chicas. Tu amigo Patricio también me parece un chico
bien educado.
—Mamá, ¿y si me cambias de colegio?

—¡Ni hablar! Por un par de traidores no vas a dejar una buena educación; además, aunque
quisiera cambiarte de colegio, estamos a mitad de año y sería muy difícil. ¡Vas a tener que
enfrentarlo!

Regresamos a casa, tristes y sin el vestido de mamá. Corrí a mi habitación para seguir llorando
sobre mi

cama. Mi teléfono no paraba de sonar. Tenía como veinte llamadas perdidas de Filippo, así que
lo apagué. Luego traté de calmarme porque vi a mamá muy triste. Ella preparó chocolate para
hacerme sentir bien y papá, que se enteró de todo, me trajo varios mangas nuevos.

La traición de mi enamorado y mi mejor amiga me dolió muchísimo, pero aprendí a no dejarme


llevar por las apariencias; a veces, las personas no son como creemos.

Tueste

El domingo por la mañana, un día después de aquel horrible suceso, mi adolescente corazón
hecho añicos y yo salimos a comprar al puesto de periódicos.

—¡Hola, Monchito! Vengo por mi cómic favorito —dije saludando al vendedor.

—¡Hola, Cris! Acá lo tienes, como todas las semanas —respondió el vendedor. Al mismo tiempo,
un horripilante monstruo salía de detrás del puesto de revistas con un oso grande de peluche y
yo daba un grito del susto.

—¿Qué diablos haces acá?

—¡Cris! ¡Por favor, escúchame! Las cosas no son lo que parecen.

—¿Crees que soy tonta ? *

—¡Perdóname! Te traje este oso —dijo Filippo; yo tomé el oso y lo tiré a la pista.

—Nunca más quiero que te vuelvas a acercar a mí. ¡Nunca más!, así como el cuervo de Poe —
grité

pensando que tal vez el muy ignorante no sabía ni quién era Poe.

El lunes amanecí sin ganas de despertar, estaba muy nerviosa. No sabía cómo enfrentaría lo
sucedido, pero tenía que hacerlo. Durante el día, Filippo y Susan estaban callados, como si no
hpbiera sucedido nada. En el recreo, Flavia me dijo que Susan andaba diciendo que era
enamorada de Filippo y que le había regalado un oso grande de peluche.

—Debe de ser el mismo oso que me llevó y que lancé a la pista.

—¡Par de traidores!

Empecé a sentirme ansiosa y eso significaba que mis bronquios no estaban bien. Aunque utilicé
el inhalador, mis bronquios se cerraban cada vez más.

En una semana, fui un par de veces a la emergencia de la clínica. No solo me nebulizaban con
medicamentos, sino también con oxígeno, pero mis bronquios seguían cerrados. Regresaba a
casa con un silbido en el pecho y una bolsa llena de pastillas. Mis padres no querían que me
pongan una inyección de cortisona, porque decían que era fatal para los huesos; por eso, me
dieron el medicamento en pastillas.

Quería expectorar eso que tenía pegado a mis bronquios, y tosía con mucha frecuencia. Aunque
a veces lo hacía con tanta fuerza que la expectoración salía con sangre. Empecé a utilizar un
nebulizador casero; lo preparaba con la cantidad de medicina queel doctor me

había indicado. Lo malo era que al terminar me temblaba la mano, estaba muy ansiosa y no
podía dibujar por varios minutos; eso me deprimía. Me agitaba mucho cuando caminaba y falté
a clases un par de semanas.

Cada vez que me ponía mal de los bronquios, era debido a los cambios de clima, el frío, la
humedad o algún tipo de alergias, pero esta vez mamá le atribuyó la culpa al lío con Filippo y
Susan. No era ninguna novedad que el estrés y los problemas suelen empeorar el asma.

Apenas me sentí mejor, tuve que volver a clases, ponerme al día y estudiar mucho. Además,
enfrentar la realidad, pues Filippo y Susan eran oficialmente enamorados. Era demasiado
incómodo, me daba vergüenza por lo que dirían los demás, y me sentía responsable por no
haberme dado cuenta de cómo era ese par. Me dolía mucho, pero me asustaba más no poder
respirar.

Mantuve un perfil bajo durante varios días, hasta que lo inevitable sucedió. Estaba lavándome
las manos en el baño y, de pronto, Susan entró.

—¡Eres la peor! Yo siempre confié en ti, ¡eras mi amiga! Te quería como la hermana que no
tenía.

—Mira, Cris, las niñas como tú lo tienen todo. ¿Qué te importa si por primera vez en la vida te
falta algo?

—Entonces, eso es... ¡Envidia! ¿Cómo pude ser tan tonta de no darme cuenta? ¡Perfecto! Está
bien, no aprecias la amistad; te fijas en lo que otros tienen y tú no —dije molestísima. Pensaba
cómo después de

tenerle tanto afecto podía llegar a detestarla con toda mi alma.

Salí del baño molesta, con un hueco en el corazón y un silbido horrible en el pecho; no. había
más que decir. Tenía que tratar de hacer todo lo posible para que esto no me afectara;
simplemente no valía la pena, pero controlarme era muy difícil.

Como los granos de café cuando se tuestan y adquieren propiedades aromáticas y de sabor, yo
debía adquirir valor para no dejar que este problema influyera en mi salud, además de tener
objetividad con lo que realmente era importante.

En cuanto a las clases, Flavia, David, Freddie y el profesor particular de los sábados me apoyaron
incondicionalmente.

Debo confesar que cuando andaba con Filippo extrañaba mi soledad, y ahora tenía más tiempo
para pasar conmigo misma y con las historias que leía e inventaba.
Estaba de vuelta a mi propio mundo y eso era algo que apreciaba dentro de mi tristeza. Sequé
mis inútiles lágrimas y me prometí que serían las últimas, pues tenía mucho trabajo por hacer.

Miré todos los dibujos de Chica Cafeína que había pegado en las paredes de mi habitación y
empecé a escribir la historia. Escribía, borraba, arrancaba la hoja y volvía escribir, hasta que al
fin me salieron las primeras viñetas de Chica Cafeína.

Les enseñé a mis padres la primera parte de la historia de Chica Cafeína y se mostraron
entusiastas; tenía mucha suerte, pues ellos me apoyaban.

—¡Interesante! Es un buen comienzo —comentó papá.

—Te inspiraste en tu propia historia —dijo mamá, emocionada.

—Hace unos días me preguntaron qué regalo quería por mis quince años, pues ya se acerca la
fecha, y yo quisiera que me apoyen en mi proyecto de realizar el cómic. Supongo que debo de
tomar cursos, comprar materiales y más cómics de diferentes estilos para estudiarlos —expliqué
mientras mis padres aceptaron gustosamente.