Está en la página 1de 67

Antología poética siglo XX (desde 1936)

Antología poética siglo XX (desde 1936) IEES SEVERO OCHOA . TÁNGER DEPARTAMENTO DE LENGUA CASTELLANA Y

IEES SEVERO OCHOA. TÁNGER

DEPARTAMENTO DE LENGUA CASTELLANA Y LITERATURA

Llamarle antología al presente librito es una pretensión imperdonable; por lo tanto, no pienso pedir perdón. Pase como una broma. En realidad no pasa de ser una mera recopilación, un muestreo, de la poesía que se ha hecho en España a lo largo del siglo XX, con algunas (muchas) matiza- ciones. La primera, se ha dejado fuera la que, a juicio de todo el mundo, es la mejor producción poética del siglo XX en español, es decir, toda la Generación del 27. A este grupo no se le puede despachar con muestreos como éste. Por otro lado, se han quedado fuera los poetas más recientes, entre otras cosas, porque muchos de ellos, aunque estén consagrados a través de los más variados premios y concursos, están en plena producción y es temprano para intentar representarlos con dos o tres poemas; aparte de que no me atrevo yo con los vivos (otra broma, ¿o no?). Por último, esto no pretende ser más que una provocación, a ver si os animáis a leer y os engancháis. Está dirigido a vosotros, alumnos de secundaria, entre quienes es común la idea de que la poesía es un ladrillo, mero material de estudio acerca del cual habéis de sufrir un examen (durísimo examen) por lo que la mayoría se acerca a la poesía como si fuera un@ novi@ impuest@. Por eso he intentado que la muestra fuera de lo más variada, a ver si se podía acomodar a todos los gustos, con la pretensión de que, con más o menos entusiasmo, le echéis un vistazo y comentemos lo que os parezca oportuno. Y puestos a soñar (los sueños a veces se convierten en realidad), si algunas o algunos de vosotros se atreven a comentar (en plan cotilleo,

¿eh?, sin ningún rigor academicista) algún poema que les llame la atención, tened por seguro que ese día me llevaré un gran alegrón. Y hasta brindaré a vuestra salud. Bueno, chiquillos – chiquillas, que esto sólo pretendía justificar lo de

antología

Vale ya de rollo.

Fco. Arroyo

MIGUEL HERNÁNDEZ

Orihuela, Alicante, en 1910 – 1942

Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos

Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos, que son dos hormigueros solitarios,

y son mis manos sin las tuyas varios intratables espinos a manojos

No me encuentro los labios sin tus rojos, que me llenan de dulces campanarios, sin ti mis pensamientos son calvarios criando nardos y agostando hinojos.

No sé qué es de mi oreja sin tu acento,

ni hacia qué polo yerro sin tu estrella,

y mi voz sin tu trato se afemina.

Los olores persigo de tu viento

y la olvidada imagen de tu huella,

que en ti principia, amor, y en mí termina.

Elegía a Ramón Sijé

Yo quiero ser llorando el hortelano de la tierra que ocupas y estercolas, compañero del alma tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas,

y órganos mi dolor sin instrumentos,

a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento. Tanto dolor se agrupa en mi costado, que por doler, me duele hasta el aliento.

Umbrío por la pena, casi bruno

Umbrío por la pena, casi bruno, porque la pena tizna cuando estalla, donde yo no me hallo no se halla hombre más apenado que ninguno.

Sobre la pena duermo solo y uno, pena en mi paz y pena en mi batalla, perro que ni me deja ni se calla, siempre a su dueño fiel, pero importuno.

Cardos y penas llevo por corona,

cardos y penas siembran sus leopardos

y no me dejan bueno hueso alguno.

No podrá con la pena mi persona rodeada de penas y de cardos:

¡cuánto penar para morirse uno!

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como el rayo, Ramón Sijé, con quien tanto quería.)

Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida, un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida, lloro mi desventura y sus conjuntos

y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,

y sin calor de nadie y sin consuelo voy de mi corazón a mis asuntos.

2

Temprano levantó la muerte el vuelo, temprano madrugó la madrugada, temprano está rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,

Volverás a mi huerto y a mi higuera, por los altos andamios de las flores pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.

no

perdono a la vida desatenta,

Volverás al arrullo de las rejas

no

perdono a la tierra ni a la nada.

de

los enamorados labradores.

En

mis manos levanto una tormenta

Alegrarás la sombra de mis cejas

de

piedras, rayos y hachas estridentes,

y

tu sangre se irá a cada lado,

sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes, quiero apartar la tierra parte a parte

a dentelladas secas y calientes.

Quiero mirar la tierra hasta encontrarte

disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,

llama a un campo de almendras espumosas,

mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas

y

besarte la noble calavera

del almendro de nata te requiero,

y

desamordazarte y regresarte.

que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero.

La cebolla es escarcha

cerrada y pobre.

Escarcha de tus días

Nanas de la cebolla

sobre su cuna. Ríete, niño, que te tragas la luna

Es tu risa la espada más victoriosa,

y

de mis noches.

cuando es preciso.

vencedor de las flores

Hambre y cebolla,

Alondra de mi casa,

y

las alondras.

hielo negro y escarcha

ríete mucho.

Rival del sol.

grande y redonda.

Es tu risa en los ojos

Porvenir de mis huesos

la luz del mundo.

y

de mi amor.

En

la cuna del hambre

Ríete tanto

La carne aleteante,

mi

niño estaba.

que en el alma, al oírte,

súbito el párpado,

Con sangre de cebolla

bata el espacio.

y

el niño como nunca

se amamantaba.

Pero tu sangre, escarchada de azúcar, cebolla y hambre.

Una mujer morena resuelta en luna

se derrama hilo a hilo

Tu risa me hace libre, me pones alas. Soledades me quita, cárcel me arranca. Boca que vuela, corazón que en tus labios relampaguea.

3

coloreado. ¡Cuánto jilguero se remonta, aletea, desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño; nunca despiertes. Triste llevo la boca.

Ríete siempre. Siempre en la cuna defendiendo la risa pluma por pluma. Ser de vuelo tan alto, tan extendido, que tu carne parece cielo cernido. ¡Si yo pudiera remontarme al origen de tu carrera!

Beso soy, sombra con sombra. Beso, dolor con dolor, por haberme enamorado, corazón sin corazón, de las cosas, del aliento sin sombra de la creación. Sed con agua en la distancia, pero sed alrededor.

Corazón en una copa donde me la bebo yo,

y no se lo bebe nadie,

nadie sabe su sabor. Odio, vida: ¡cuánto odio sólo por amor!

No es posible acariciarte con las manos que me dio el fuego de más deseo, el ansia de más ardor. Varias alas, varios vuelos abaten en ellas hoy

hierros que cercan las venas

y las muerden con rencor.

Por amor, vida, abatido, pájaro sin remisión. Sólo por amor odiado,

Al octavo mes con cinco azahares. Con cinco diminutas ferocidades. Con cinco dientes como cinco jazmines adolescentes.

Frontera de los besos serán mañana, cuando en la dentadura sientas un arma.

Antes del odio

sólo por amor.

Amor, tu bóveda arriba

y yo abajo siempre, amor,

sin otra luz que estas ansias, sin otra iluminación. Mírame aquí encadenado, escupido, sin calor

a los pies de la tiniebla más súbita, más feroz,

comiendo pan y cuchillo

como buen trabajador

y a veces cuchillo solo, sólo por amor.

Todo lo que significa golondrinas, ascensión, claridad, anchura, aire, decidido espacio, sol, horizonte aleteante, sepultado en un rincón. Espesura, mar, desierto, sangre, monte rodador,

libertades de mi alma clamorosas de pasión, desfilando por mi cuerpo, donde no se quedan, no,

4

Sientas un fuego correr dientes abajo buscando el centro.

Vuela niño en la doble luna del pecho. Él, triste de cebolla. Tú, satisfecho. No te derrumbes. No sepas lo que pasa ni lo que ocurre.

pero donde se despliegan, sólo por amor.

Porque dentro de la triste guirnalda del eslabón, del sabor a carcelero constante y a paredón,

y a precipicio en acecho,

alto, alegre, libre soy. Alto, alegre, libre, libre, sólo por amor.

No, no hay cárcel para el hombre. No podrán atarme. no. Este mundo de cadenas me es pequeño y exterior. ¿Quién encierra una sonrisa ? ¿Quién amuralla una voz?

A lo lejos tú, más sola

que la muerte, la una y yo.

A lo lejos tú, sintiendo

en tus brazos mi prisión, en tus brazos donde late la libertad de los dos. Libre soy, siénteme libre. Sólo por amor.

LEÓN FELIPE. ZAMORA 1884 – MÉXICO 1968

Romero solo

Ser en la vida romero,

romero sólo que cruza siempre por caminos nuevos. Ser en la vida romero, sin más oficio, sin otro nombre y sin pueblo.

, Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo, pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero, ligero, siempre ligero.

Ser en la vida romero, romero

sólo romero.

Que no se acostumbre el pie a pisar el mismo suelo, ni el tablado de la farsa, ni la losa de los templos para que nunca recemos como el sacristán los rezos, ni como el cómico viejo digamos siempre los versos.

La mano ociosa es quien tiene más fino el tacto en los dedos, decía el príncipe Hamlet, viendo cómo cavaba una fosa y cantaba al mismo tiempo un sepulturero. No sabiendo los oficios los haremos con respeto. Para enterrar a los muertos como debemos

cualquiera sirve, cualquiera Un día todos sabemos

hacer justicia. Tan bien como el rey hebreo la hizo Sancho el escudero

y el villano Pedro Crespo.

menos un sepulturero.

Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo. Pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero, ligero, siempre ligero.

Sensibles a todo viento

y bajo todos los cielos,

poetas, nunca cantemos la vida de un mismo pueblo

ni la flor de un solo huerto. Que sean todos los pueblos

y todos los huertos nuestros.

5

Como tú

Así es mi vida,

como tú,

en el cieno de la tierra

ni piedra de un Palacio,

piedra,

que en días de tormenta

ni piedra de una Iglesia;

como tú; como tú, piedra pequeña;

te hundes

como tú, piedra aventurera;

como tú,

y

luego

como tú,

piedra ligera;

centellas

que, tal vez, estás hecha

como tú,

bajo los cascos

sólo para una honda,

canto que ruedas

y

bajo las ruedas;

piedra pequeña

por las calzadas

como tú, que no has servido

y

y

por las veredas;

para ser ni piedra

ligera …

como tú, guijarro humilde de las carreteras;

de una Lonja, ni piedra de una Audiencia,

Vencidos

Por la manchega llanura

se vuelve a ver la figura de Don Quijote pasar

Y ahora ociosa y abollada

va en el rucio la armadura,

y va ocioso el caballero,

sin peto y sin espaldar va cargado de amargura que allá encontró sepultura su amoroso batallar va cargado de amargura que allá «quedó su ventura» en la playa de Barcino, frente al mar Por la manchega llanura

Versos del caminante

se vuelve a ver la figura de Don Quijote pasar va cargado de amargura va, vencido, el caballero de retorno a su lugar.

Cuántas veces, Don Quijote, por esa misma llanura en horas de desaliento así te miro pasar

y cuántas veces te grito:

Hazme un sitio en tu montura

y llévame a tu lugar;

hazme un sitio en tu montura caballero derrotado,

hazme un sitio en tu montura que yo también voy cargado de amargura

y no puedo batallar.

Ponme a la grupa contigo, caballero del honor, ponme a la grupa contigo

y llévame

a ser contigo pastor.

Por la manchega llanura se vuelve a ver la figura

de Don Quijote pasar

I

II

Deshaced ese verso.

Poesía,

Quitadle los caireles de la rima, el metro, la cadencia

y hasta la idea misma.

Aventad las palabras,

y si después queda algo todavía,

tristeza honda y ambición del alma,

cuándo te darás a todos al príncipe y al paria, a todos

sin ritmo y sin palabras!

a todos,

eso

III

será la poesía.

Sistema, poeta, sistema.

6

Empieza por contar las piedras, luego contarás las estrellas.

IV

Ni de tu corazón, ni de tu pensamiento, ni del horno divino de Vulcano han salido tus alas. Entre todos los hombres las labraron y entre todos los hombres en los huesos de tus costillas las hincaron. La mano más humilde

te ha clavado un ensueño una pluma de amor en el costado.

V

No andes errante y busca tu camino. -Dejadme-. Ya vendrá un viento fuerte que me lleve a mi sitio.

7

JUAN REJANO(1903-1976)

Tener amor, tenerlo por entero, es ya perder amor, verlo alejarse, porque amar y sentirse amado es darse al instante -al engaño- pasajero.

Amarga posesión

No es ser dueño, al amor no se domina:

cuando cubre la nube la colina, su sed la altura no mitiga, esconde.

(Amó y no tuvo amor, y el verdadero, el que en vano esperó, más que apagarse, le fue creciendo dentro hasta encontrarse al amor en el pecho prisionero.)

Por un túnel de negras rosas vamos al amor, pero sólo lo encontramos al soñar –al vivir– sin saber dónde.

La noche del olvido me está esperando, abierta, quiere acoger mi sombra como una inmensa tumba. Su aliento me aproxima no sé qué enervadora fragancia y siento el roce de su aterida forma cual si el borde de un ala monstruosa, invisible pasara desgarrando la piel de mis sentidos.

No sé cómo evadirme. No sé si abrir los brazos y aprisionar en ellos el mundo fugitivo, lo que ahora late y crece corriendo hacia las sombras, aquello que me brinda el hálito más tierno

Van cuatro jinetes por la lejanía.

Agonía

antes de abrirse al polvo.

¿Dejaré que esta presa deslumbrante se pierda cual río que agoniza en las fauces de un túnel? ¿Tendré yo que entregarme, desnudo como un niño, a esa corriente impávida que no deja su orilla?

¡Ay, si esta inalterable soledad que me ciñe pudiera ahondar su seno, ser como negra sima sin fin donde mi cuerpo no se saciara nunca! Entonces, qué relámpago perpetuo en la memoria, qué cárcel venturosa de seres consagrados

Canción segunda

Largas capas negras, negras sombras íntimas.

para lo eterno mío. Nada hallaría su término. Cada imagen sería como una rosa en sueños sin crepúsculos fijos. Cada instante tendría todo el fluir del tiempo, tal si un espejo innúmero multiplicase el mundo.

Pero, mientras se agita la rebelde arboleda donde estoy delirando, la noche del olvido me espera, me reclama y yo busco asideros, desesperado náufrago, en el torrente humano que pasa y no me advierte.

(Si yo me alejara, ¿tú me olvidarías?)

8

Se oscurece el campo bajo la llovizna.

Altas sierras negras, negras las encinas.

(Si estuviera ausente,

Niebla fija, arboleda de fundidos ramajes, vegetal nebulosa

que en su vientre guardara

la jubilada imagen

de todo el universo. Así tu forma vana, tu firme incertidumbre, medusa de mil sierpes flotando en las orillas donde la nada empieza.

Nos robas, nos ocultas, te llevas lo soñado, la sangre y su ceniza quemada entre delirios,

el esfuerzo, el milagro. Te llevas y devoras los soles que se apagan detrás de cada frente

y luego les das vida

de nuevo en tu regazo, secreta vida inútil que a nadie pertenece, tal si se derramara sobre un mundo de arena

¿tú me olvidarías?)

Tañe la campana de una vieja ermita.

Campanadas negras, negra despedida.

Compensación

la estremecida savia de cada ser creado.

Como una ciudad triste,

como una derribada ciudad que perdurase en lo más hondo y yerto de un mar siempre enlutado, tu negra fortaleza se esparce, presentida en cada sien, por valles de soledad perpetua.

Por ti dejan de oírse los himnos matinales

que a plenitud convocan,

y ciegan tus pupilas

los encendidos mármoles donde el deseo rige;

se arrastran los inviernos,

la espiga se calcina

y los racimos trémulos

en que el amor palpita se secan como ubres que la aridez maldice.

9

(Si yo me muriera, ¿tú me olvidarías?)

Los cuatro jinetes por el campo oscuro bajo la llovizna.

Pero por ti podemos

también unir las horas que bajan al abismo

y suben a lo inmenso.

Por ti, de cada llanto brota una rosa niña

y del laurel deshecho

un fulgor de esperanzas.

Por ti puede esta llama que en las entrañas llevo, crecer o fatigarse, morir por un momento para nacer más alta, sin agotar el ritmo en que vacila y cree.

—Ven, acércate, llega No, no, huye Te amo

y te odio, lo mismo

que tú alientas y escondes el pensamiento mío, sus ceñidas creaciones que al fin sólo son tuyas.

De: El oscuro límite. 1948

JUAN GIL ALBERT (1904 - 1994)

Si alguien me preguntara cuando un día

llegue al confín secreto : ¿qué es la tierra? diría que un lugar en que hace frío en el que el fuerte oprime, el débil llora,

y en el que como sombra, la injusticia, va con su capa abierta recogiendo el óbolo del rico y la tragedia del desahuciado : un sitio abrupto. Pero también diría que otras veces, en claras situaciones alternantes, cuando llega el estío y los países parecen dispensar la somnolencia

La siesta

de un no saber por qué se está cansado, mientras vibra en lo alto, alucinante, un cielo azul, los frutos se suceden sobre las mesas blancas, y entornados los ventanales, frescos de penumbra, buscamos un rincón donde rendirnos al dulce peso, entonces sí, diría que la tierra es un bien irremplazable, un fluido feliz, un toque absorto. Como una tentación sin precedentes hecha a la vez de ardor y de renuncia. Una inmersión gustosa, un filtro lento.

Las piedras colocadas sobre piedras

y encima de ese muro primitivo

algún olivo blanco. No sé por qué será que ciertas cosas que apenas dicen nada, que bien analizadas no son cosas dignas de nada, causan sobre mi ánimo un influjo de inextinguible paz. Se diría que siento mis raíces

Refinamiento del campo

dentro de esos contornos depurados que no son nada, dentro de esa vejez de una humildad tan firme cual si una incitación muy familiar me retuviera allí. Algo como una voz que me dijera de dentro de mí mismo :

esta fe encantadora es la pobreza.

10

DIONISIO RIDRUEJO (1912 - 1975) A una estatua de mujer desnuda

Desnuda y vertical, pero ceñida, la línea de la tierra a la pereza de una carne que cede, cuando empieza la perfección del sueño, su medida.

¡Oh, dócil a los ojos y apartada del fuego de la sangre, muda gloria en éxtasis de tierra levantada!

Materia sin amor, pero encendida por el número fiel de la pureza donde la fría carne se adereza sin el gusto del tiempo y de la vida.

Suave y firme tu mano. No tembló tu corazón; era un instante de calma y superficie en tu voz como plata con arena

y en la húmeda pizarra de tus ojos. Ha sido ahora, ausente,

cuando el tacto recuerda una caricia

y sangre adentro va tu aroma alzando

Antigua juventud fresca y gastada que aflige la pasión de su memoria en esta eternidad tan sosegada.

Asalto

el oleaje y quema tu piel de oro. Sufro extrañado en esta mano nueva con su emoción de almendro, que late y crea al recordar. La paso por los objetos de costumbre: el hierro, la madera, el cristal, la lana -tuyos- y una descarga eléctrica de rosas los hace carne viva.

Ya solo en mi corazón

Ya solo en mi corazón desiertamente he quedado; el alma es como una nieve extendida sobre el campo, la tierra desaparece, el cielo niega el espacio, las cosas que me rodean rechazan la luz del hábito.

Anteayer dormí en el prado sobre el olor de la hierba, ayer entre los pinares, hoy en la tranquila selva, mañana, raso con raso, solo entre el cielo y la tierra. El alba de cada sol nuevo campo me revela,

¿De qué me sirven los ojos?

¿De qué el aroma sin rastro? ¿De qué la voz sin el nombre que se despoja del labio? El tiempo de mi esperanza es como tiempo pasado. Ya solo en mi corazón desiertamente he quedado.

De en marcha

y el sueño de cada noche

las mismas hondas estrellas. En el día se recorre lo que en la noche se sueña:

siempre la misma esperanza bajo distinta promesa,

y en la noche se vigila

todo lo que el paso deja,

compañía militar en camino de la ausencia. ¿Cuánto será lo que avanza y cuánto lo que regresa? Corazón aventurado:

¿qué miras en lo que sueñas?

La sangre, toda la sangre. La tierra, toda tu tierra.

11

LEOPOLDO PANERO (1909 – 1962)

Canción de la belleza mejor

¿Tan alegre estás tú que te has quedado, corazón, sin palabras? ¿Ya no sabes decir? ¿Hablar no sabes como ayer? ¿Estás mudo para siempre y en paz? ¿No ves los ojos más dulces cada día que cantaste; la frente un poco triste, levantada. pálidamente hacia el cabello leve

la cabeza de niña

?

¿No es mejor y más honda su belleza? ¿Tan alegre estás tú que te has quedado ciego como al andar sobre la nieve? ¿No ves ya su hermosura? ¿No la sabes decir? ¿Estás callado para mejor soñar lo que has vivido? ¿No queda primavera entre tus huesos? ¡Oh vida retirada en lo más dulce! ¡Oh límite en penumbra, casi el alma!

La melancolía

El hombre coge en sueños la mano que le tiende

hablándonos lo mismo que Dios nos hablaría!

un ángel, casi un ángel. Toca su carne fría, y hasta el fondo del alma. de rodillas, desciende.

Un ángel, casi un ángel. En nuestro pecho reza, en nuestros ojos mira y en nuestra mano toca;

Es él. Es el que espera llevarnos cada día.

y

todo es como niebla de una leve tristeza,

Es el dulce fantasma del corazón, el duende

y

todo es como un beso cerca de nuestra boca,

de nuestras pobres almas, es la melancolía.

y

todo es como un ángel cansado de belleza,

¡Es el son de los bosques donde el viento se extiende

¡que lleva a sus espaldas este peso de roca!

Te haces al deshacerte más hermosa,

lo mismo que en la nieve derretida, bajo su tersa limpidez dormida, el tiempo, vuelto espíritu, reposa.

Te haces tan dulcemente tenebrosa,

lago de mi montaña ensombrecida,

que en tu quietud recoges hoy mi vida;

mi ayer que a mi mañana se desposa.

Señor, el viejo tronco se desgaja, el recio amor nacido poco a poco, se rompe. El corazón, el pobre loco, está llorando a solas en voz baja,

del viejo tronco haciendo pobre caja mortal. Señor, la encina en huesos toco deshecha entre mis manos, y Te invoco

Madrigal lento

Igual que ayer cantaba a mi montaña, hoy a ti, mi honda paz, mi nieve viva, mi muerte atesorada en la costumbre

canto, mientras tu tiempo te acompaña, oh, clara compañera fugitiva, hacia el desnudo mar desde la cumbre.

Soneto

en la santa vejez que resquebraja

su noble fuerza. Cada rama, en nudo, era hermandad de savia y todas juntas daban sombra feliz, orillas buenas.

Señor, el hacha llama al tronco mudo, golpe a golpe, y se llena de preguntas el corazón del hombre donde suenas.

12

LUIS FELIPE VIVANCO (1907 - 1975)

Corona firme

I

¿En qué brisa ligera mis sueños arrebatados comulgan con la sombra encendida de tus ojos? ¿En qué dolor de pozo solitario el agua me acaricia como la palma silenciosa que se humilla a tu figura? ¿En qué monte de aromas juveniles oigo palpitar tu sinrazón como una verdad ajena a la perseverancia de mi vida.

Yo sé que en la mañana de fuego excesivo,

y en la tarde tranquila de chopos soñadores,

y en la noche brillante que atraviesa mis dudas como una cierva ligerísima,

tú eres una sola flor que conserva en sus pétalos

el nevado principio de la piel más suave y más profunda, todas las cosas son tu exigencia sencilla

y

tus manos transparentan la precisión gozosa del mundo verdadero.

Y

a mí, que siento y canto tu blancura pequeña y tu excelencia breve,

no

me es posible otro gozo sino seguir inclinado sobre tus huellas.

II

Las montañas se levantan dispuestas a unir nuestros dos corazones,

la mañana dichosa es como el ambiente inefable de nuestras dos almas unidas, pero yo no me atrevo a pedirte que me mires,

y no quiero suplicarte que reposen tus ojos sobre mi locura.

Sólo tu luz inaccesible me recoge con su ligera claridad que rinde los ecos de mi angustia, la angustia del hombre de la tierra

y de sus huesos duros que sufren por el ágil destino de los pájaros.

Pero en el dulce asilo de tu vigilia luminosa

mi

infancia crece como una aurora en fiesta de rocío,

mi

deseo se siente oprimido por el agua sonriente

y mi sorpresa se eleva como brote divino.

Oh ensueño feliz que me obligas a suspirar en esta soledad conmovida!

Oh brillo de ausencia que me conservas puro entre tus brazos luminosos!

Tú eres la sombra tierna en el regazo de los valles

y

la dorada lumbre que perfecciona el viento en las espigas.

Y

yo me lanzo hacia las estrellas porque después del resplandor de tus ojos

13

Sólo la transparencia de la noche puede albergar mi sangre enamorada, que prefiriendo siempre tu claridad alegre hace eterna mi vida en su gozo más hondo.

III

Muchos versos he escrito desde que tenía quince años pero éstos que se encienden con tanta ilusión de puros amores son un risueño escorial apartado, un residuo de pureza que ha resistido al fuego de mi anhelo más íntimo.

Tú has suprimido la tristeza que brotaba debajo de mis pies solitarios, tú me mantienes en una pura intensidad de nubes y de montañas,

y mi corazón es como un ala marchita

que recoge el temprano morir de su esperanza sobre el tiempo seguro de tu unidad resplandeciente.

Por eso persevera mi asombro, y es mi vida nueva ,

y es mi luna romántica en su cuarto creciente de miradas fieles que envuelven tu figura con tus propios encantos. ¡Qué dolor más alto me humilla a sus visiones! ¡Qué purísimo edificio levanto en tu blancura, cuando toda mi sangre enajenada es el claro sonido de mi voz que pronuncia tu nombre.

Cálida voz despierta en tu dulzura,

tierno temblor en tu quietud florece,

y una experiencia virgen que se ofrece con el asombro de su nieve pura.

Donde tu cuerpo anuncia sombra oscura la claridad más viva resplandece,

y su milagro recogido acrece

toda la fe que mi dolor apura.

Soneto 3

De "Tiempo de dolor" 1940

Porque siempre detrás de tu mirada reina la sombra, y misteriosa impera tu altiva convicción de ser amada.

¿Cómo soñar tu gracia verdadera si estás en mi ilusión acompañada por una oscuridad que no quisiera?

De "Cantos de primavera" 1936

14

JOSÉ GARCÍA NIETO (1914 - 2001) Al espejo retrovisor de un coche

eres el corazón con lo vivido,

flotan sobre las aguas del olvido,

en

ti está lo que atrás vamos dejando,

pero vives y estás, claro y pequeño,

lo que hemos ido con pasión amando, definitivamente ya perdido,

miras aquellos prados, aquel sueño tan lejano, las rosas de aquel día,

en

ti vemos las gracias que se han ido,

los paisajes y el cielo del ayer, cuando las cosas que ahora sigues recordando

crees que puedes cambiar toda la suerte y, aunque vamos derechos a la muerte, vives de lo pasado todavía.

Barro de la palabra

Hoy he tomado el barro de la palabra en frío;

su piel ya me conoce; poco a poco, temblada

por mi caricia, vibra, responde a la llamada

de la costumbre. Toco. Me adueño de lo mío.

extravío

?

¡Qué torpe es el amante, qué ciega su porfía! No dice la palabra lo que ayer le decía.

 

O

sí: dice lo mismo, miente lo mismo, inventa

Penetro en la palabra. Las orillas del río

me acogen, me conducen, y se siente creada

lo

mismo

«¡Calla, calla

!»,

le increpa. Y luego llora

la mano creadora

mi amor, o me amenazan su ocaso y su

¿Vive la enamorada

Canta el mar a mis pies, canta y resuena,

y dice su mensaje apresurado

hasta escalar la soledad del prado donde otra playa de verdor se estrena.

Se ve en la hondura el oro de la arena,

la sangre de la ola, en el tejado,

ya allá, el azul del cielo, traspasado

por la niebla que al monte se encadena.

su soledad. Y vuelve. Y, arrastrándose, implora:

«Quiero morir tocando tu barro, aunque me mienta».

Lastres

Amor del que nací, vuelve y empieza de nuevo donde surge la belleza

y hace jugoso todo cuanto toca.

Corazón enredado, sal si puedes,

o besa entre los hilos de estas redes

la misma sal de aquella antigua boca.

Soneto a una muchacha enamorada

Si de algo supe fue de amor. Lo digo con miedo, con ternura, con futuro para rendir mi cuenta. Sí; lo juro:

si de algo sé es de amor, y él es testigo.

El es a un tiempo apoyo y enemigo, él lo más miserable y lo más puro.

a

ti te acecha en tu desvelo oscuro,

y

yo, sólo, entre sueños, lo persigo.

Pero, aunque sé de amor y nadie sabe tanto de amor, ni amor mismo, no cabe en otro amor mi tiempo y mi amargura.

Desde tu amor no sabes tu del mío. Ni yo del tuyo sé. No sabe el río del agua pura y niña de la altura.

15

Con los ojos cegados de oro

y con los pies escondidos en agua,

al balcón, con el sol de la tarde, sin querer, sin hablar, se asomaba.

La cigüeña, qué quieta en la torre,

y, en lo rojo del monte, las águilas qué despacio cruzaban el aire La ciudad, desde lejos, miraba.

Esto que tienes ante ti, hijo mío, es España. no podría decirte –y no puedo, al menos con palabras- cómo es su cuerpo duro, cómo es su cara trágica, cómo su azul cintura, extensamente humedecida y agitada. Su pecho, recio y de varón, respira por las altas montañas; la suave curvatura del regazo, femenina se ensancha hasta la soledad de las arenas múltiples y doradas; los brazos de sus ríos acumulan venas que acercan las gargantas oscuras o los verdes valles, arrancando la tierra, acariciándola.

Esto que tienes, que tenemos ahora mismo, es España. Es mía porque puedo celosamente amarla, tocar su piel y estremecerme, mirarme en ella fijo, cara a cara,

sentirme antiguo, envejecer con ella,

o nuevo cada día y estrenarla. Es tuya porque puedo con pasión entregártela,

Toledo, la encarcelada

No podía salvar tanto puente, tanto paso de muerte, entre tanta noche fría por los cigarrales donde un día cantó la cigarra.

Sólo el río podía, gozando los más claros dominios del agua, perseguir lentamente la rosa de la madrugada.

DEDICATORIA

A mi hijo

porque me la he ganado sin fronteras; sin tener que acotarla, la he traído a mi voz cuando he querido, como a una oveja que paciente aguarda el silbo del pastor.

No hay quien le ponga

puertas, y yo te invito a traspasarlas. Mira; aprende a mirar con ella, aprende

a acompañarte de ella, acompañándola.

Tierra de andar y comprobar despacio, huidiza de tan delgada, difícilmente bella de tan sobria, fina y calladamente regalada; tierra para escuchar como una música, para no echársela a la espalda. Cuando puedas, lo digo desde ahora, lo escribo desde ahora, por si falta un día en tus oídos

la fe de mi palabra,

cuando puedas, y tengas el pie firme,

y claro el corazón, y abierta el alma, sal al camino, cíñete la ropa, hijo mío, y ándala.

El sol se pone para todos. Mira; ahora lo está ocultando el Guadarrama; el cielo es como un ópalo, como una precipitación nacarada; quedan azules, negras, las tranquilas

16

honduras de estas navas que encienden sucesivamente el racimo esperado de sus casas. Arriba, las estrellas aparecen

sin prisas y sin pausas”;

se pierden, numerosos, los senderos

y en la penumbra se unen las montañas. Gigantesca, se espuma “La Peñota”;

suave, “El Montón de Trigo” se destaca; afila “Siete Picos” en la sombra su aguda dentellada; quiebra “La Maliciosa” bruscamente su plomiza atalaya,

y allí, en su cascarón de ávida nieve, se hunde Navacerrada.

Esto que ves, que tienes, que te entrego, hijo mío, es España. Digo y escribo, y puede más su nombre que la mano y la voz. Es como un agua que desborda este vaso de mi verso donde quiero encerrarla. Bebe, hijo mío, bebe; el trago es tuyo, tuya es la herencia, tuya la privanza. Sobradamente te dará en los días su variedad multiplicada. Tú podrás elegir, como el que hunde sus manos en el cofre que guardara un tesoro en el tiempo acumulado, la joya deseada.

Deja un día a tus ojos que se pierdan en la redonda vega de Granada; junto al silencio de sus torres rojas, oye las fuentes de la Alhambra;

Estas manos que tienen aún memoria, que alojan la pasión y han provocado

un bosque, un fuego, un viento arrebatado

¿que son sino temblor, cárcel y escoria

Una tierra adelantan, una orilla

?

mira Toledo enamorando al Tajo, el fresco prado hacia la mar cantábrica, el cielo por los arcos de Segovia, Ávila en su quietud amurallada, Sevilla entre jazmines una noche, Burgos de piedra donde el Cid cabalga, Cádiz como una nieve mar adentro, balcón de Tarragona, luz de Málaga, cúpulas de la nave aragonesa, orillas de la Huelva aventurada, minera Asturias con el verde cuello, Córdoba entre arcangélica y romántica, Alicante con palmas hacia oriente, Valladolid con la oración tallada, coronado León entre los puertos, Zamora altiva, Huesca pirenaica, Galicia que la mano de Dios hizo, rosa sillar nacida en Salamanca, campos para la flor de Extremadura donde la encina sin cesar batalla, Madrid desde el palacio a la pradera, Barcelona de las Atarazanas, Valencia de las puertas y los puentes, Alava señorial, Cuenca encantada, Bilbao de hierro, Soria junto al frío, Jaén del olivar, Murcia hortelana, lejanísimas islas de fortuna, islas de claridad mediterránea

¿Ves, hijo mío? El vaso se desborda; deja a tus labios apurar la gracia. Esta es mi herencia; puedes hacer uso de ella y proclamarla. Lo que te doy en buena hora que en buena hora lo repartas. (Geografía es amor)

ESTAS MANOS

del arrabal, del terraplén oscuro; arañan azucenas en un muro de cal donde se asoma ya la arcilla.

Estas manos que alzaron la belleza, que hicieron del amor su fortaleza

17

y eran la eternidad de un tiempo breve,

torpes, y abandonadas, y distantes,

En la tarea fuiste Tú el primero

y me dijiste: "Mira, este es el hombre". Me diste la pasión y con su nombre la posibilidad del alfarero.

pasan sobre la nieve, como antes,

y ahora saben del frío de la nieve.

II

Hace ya mucho tiempo. ¿Merecía la pena hacerse dios de cualquier modo para acabar en estos sueños vanos?

Imagen era tuya y semejanza de Ti mismo. Creé como creaste;

 

¡Qué hermoso fue crear cuando creía! En mis manos estuvo el amor todo

tomé del mismo barro que tomaste

y

todo se me ha ido de las manos.

y

alcé una criatura a la esperanza.

 

- -

-

-

-

-

-

-

-

-

-

- - -

Esta muchacha y su hermosura antigua

y su ademán de enamorada calle

que va con las ventanas de sus ojos hacia los arcos del amor triunfante,

¿ de qué lugar del suelo se ha escapado ?,

¿ de qué reino en que estuve hace un instante ? Hace mil años ya, pero conozco de su piel encendida las señales.

Pasa con sus navío por el agua; abre sus velas; sabe de cien mares:

quieren dejarse hundir por su madera

y hacer brillar cien veces sus metales.

En la penumbra, un arenal sombrío intenta recordar los cuerpos ágiles. Aquí estaban un día, pero el viento borró la oscura huella de la sangre.

la letra se refugia en la costumbre ! Adelante los nombres; adelante !

¿ Quiénes sois? ¿ Dónde estáis, sílabas muertas ? Es memoria falaz la de la carne.

Esos cabellos sueltos, esos brazos, esos pies que se hunden, leves, graves,

18

esa pierna que avanza irrepetible, ese velado pecho inalcanzable,

¿ qué tejados tendrán ?, ¿ qué fina lluvia harán caer en un pinar sin nadie dode algún corazón sienta sus pasos

y estremezca los nidos al mojarse ?

Señor, Tú eres el agua que ha anegado los caminos de oro en esta tarde. Conocían mi huella entre los pinos que conduce la noche al acercarse.

Tenía la belleza por fortuna; tenía un cielo azul por hospedaje, una plaza cuadrada con palomas

y un palomar donde habitaba el aire.

Arriba estabas Tú con la mañana llena de sol. Tu mano, dulce y grande, se apoyaba en los hombros de la tierra, bajaba a mis balcones a tocarme.

Hoy se han oscurecido de repente los troncos dibujados de los árboles donde a tientas persigo inútilmente el testimonio de las iniciales.

No ver. Y no tocar. ¿ Y oír ? ¿ Quién habla ?

O ¿ quén calla ?. El silencio es tu mensaje.

- -

Aledaños de escoria - no escoriales -

la mano, férrea, inevitable, altiva,

llamando en una puerta siempre-viva,

siempre-muerta

! Qué cerca las señales

-

del Dueño que aminora los caudales de aquél edén con flor que nadie liba, con agua escasa, y mísera, y cautiva de los siete pecados capitales !

Eres Tú quien escribe lo no escrito, Tú que jamás repites lo que sabes.

-

-

-

-

-

-

-

-

-

- - -

El arrabal se crece en su estrechura; toda ciudad y toda criatura se presentan prohibidas y distantes.

Las banderas , rasgadas por el viento, no son en las almenas del lamento ni sombra ya de lo que fueron antes.

19

LUIS ROSALES (1910 - 1992)

Abril, porque siento, creo, pon calma en los ojos míos, ¿los montes, mares y ríos, qué son sino devaneo?; mirando la nieve veo memoria de tu hermosura,

y cuando vi en su blancura

tu inmediata eternidad, ¿fuiste sino claridad, temblor, paciencia y dulzura?

MEMORIA DE TRÁNSITO

Tu leve paso indolente deja en mis ojos su aroma, los ojos en donde toma revelación permanente; bienaventuradamente nacieron para el olvido,

tu piel de asombro encendido, tus ojos de limpio viento, y esta ternura que siento

«herido de amor huido».

Herido de amor huido

F. García Lorca Los sitios donde has estado en la memoria los llevo sólo para ver de nuevo el rastro que allí has dejado; la tierra que tú has pisado vuelvo a pisar; nada soy más que este sueño en que voy desde tu ausencia a la nada. me hizo vivir tu mirada:

fiel al tránsito aquí estoy.

LARGA ES LA AUSENCIA La sombra siempre y luz sin la luz mía

HERRERA

Tu soledad, Abril, todo lo llena. Colma de luz la espuma y la corriente. Aurora niña con la piel reciente. Todo en golpe de mar sobre la arena.

¿Qué sueño de varón te hizo serena isla de fiebre la mirada ausente? ¡Ay, búscame sin ti, convaleciente, revocando de cal fachada y pena!

Y ¡ay!, busca tú la sangre tierra adentro,

y olvidarás la voz por el encanto, abierta a ti, mientras resbala el día.

Soledad sin abril será el encuentro,

y en tu ofrenda de paz, cierva de llanto

la sombra siempre y luz sin la luz mía.

LA ÚLTIMA LUZ

Eres de cielo hacia la tarde, tienes ya dorada la luz en las pupilas, como un poco de nieve atardeciendo que sabe que atardece.

Y yo querría cegar del corazón, cegar de verte cayendo hacia ti misma como la tarde cae, como la noche ciega la luz del bosque en que camina de copa en copa cada vez más alta, hasta la rama isleña, sonreída por el último sol,

¡y sé que avanzas porque avanza la noche! y que iluminas tres hojas solas en el bosque,

y pienso que la sombra te hará clara y distinta, que todo el sol del mundo en ti descansa, en ti, la retrasada, la encendida rama del corazón en la que aún tiembla la luz sin sol donde se cumple el día.

20

BLAS DE OTERO (1916 - 1979)

Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre

Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre aquel que amó, vivió, murió por dentro

y un buen día bajó a la calle: entonces comprendió: y rompió todos su versos.

olas de odio, ved, por todo el cuerpo.

¡Aquí! ¡Llegad! ¡Ay! Ángeles atroces

en vuelo horizontal cruzan el cielo;

Así es, así fue. Salió una noche echando espuma por los ojos, ebrio

horribles peces de metal recorren las espaldas del mar, de puerto a puerto.

de amor, huyendo sin saber adónde:

Yo

doy todos mis versos por un hombre

a

donde el aire no apestase a muerto.

en

paz. Aquí tenéis, en carne y hueso,

 

mi

última voluntad. Bilbao, a once

Tiendas de paz, brizados pabellones, eran sus brazos, como llama al viento; olas de sangre contra el pecho, enormes

de

abril, cincuenta y uno.

Blas de Otero

Crecida

Con la sangre hasta la cintura, algunas veces con la sangre hasta el borde de la boca,

sangre, es

voy

como una esperma roja represada,

avanzando

mis pies

lentamente, con la sangre hasta el borde de los labios algunas veces,

pisan sangre de hombres vivos muertos,

voy

cortados de repente, heridos súbitos,

avanzando sobre este viejo suelo, sobre la tierra hundida en sangre,

niños con el pequeño corazón volcado, voy

voy

sumido en sangre

avanzando lentamente, hundiendo los brazos en sangre,

salida, algunas veces

algunas

sube hasta los ojos y no me deja ver,

veces tragando sangre, voy sobre Europa

no veo más que sangre,

como en la proa de un barco desmantelado que hace sangre,

siempre sangre,

voy

sobre Europa no hay más que

mirando, algunas veces, al cielo

sangre.

bajo,

Traigo una rosa en sangre entre las manos

que refleja

ensangrentadas. Porque es que no hay más

la luz de la sangre roja derramada,

que sangre,

avanzo

muy

y una horrorosa sed

penosamente, hundidos los brazos en espesa

dando gritos en medio de la sangre

21

Si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré, como un anillo, al agua,

si he perdido la voz en la maleza, me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo lo que era mío y resultó ser nada,

Mas no todo ha de ser ruina y vacío.

No todo desescombro ni deshielo.

Encima de este hombro llevo el cielo,

y encima de este otro, un ancho río

de entusiasmo. Y, en medio, el cuerpo mío,

En el principio

si he segado las sombras en silencio, me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro puro y terrible de mi patria,

si abrí los labios hasta desgarrármelos, me queda la palabra.

Ímpetu

Sólo el ansia me vence. Pero avanzo sin dudar, sobre abismos infinitos, con la mano tendida: si no alcanzo

con la mano, ¡ya alcanzaré con gritos!

árbol de luz gritando desde el suelo.

y

sigo, siempre, en pie, y así, me lanzo

Y,

entre raíz mortal, fronda de anhelo,

al mar, desde una fronda de apetitos.

mi

corazón en pie, rayo sombrío.

De "Ángel fieramente humano" 1950

Mademoiselle Isabel, rubia y francesa

Mademoiselle Isabel, rubia y francesa, con un mirlo debajo de la piel,

no sé si aquél o ésta, oh mademoiselle

Isabel, canta en él o si él en esa.

Princesa de mi infancia; tú, princesa promesa, con dos senos de clavel;

yo, le livre, le crayon, le

Isabel!e

le

, oh Isabel,

,

tu jardín tiembla en la mesa.

De noche, te alisabas los cabellos, yo me dormía, meditando en ellos

y en tu cuerpo de rosa: mariposa

rosa y blanca, velada con un velo. Volada para siempre de mi rosa -mademoiselle Isabel- y de mi cielo.

Yo por ti, tú por mí

Están multiplicando las niñas en alta voz, yo por ti, tú por mí, los dos por los que ya no pueden ni con el alma, cantan las niñas en alta voz a ver si consiguen que de una vez las oiga Dios.

Yo por ti, tú por mí, todos por una tierra en paz y una patria mejor. Las niñas de las escuelas públicas ponen el grito en el cielo, pero parece que el cielo no quiere nada con los pobres,

22

no lo puedo creer. Debe haber algún error en el multiplicando o en el multiplicador.

Las que tengan trenzas, que se las suelten,

las que traigan braguitas, que se las bajen rápidamente,

y las que no tengan otra cosa que un pequeño caracol, que lo saquen al sol,

y todas a la vez entonen en alta voz

yo por ti, tú por mí, los dos por todos los que sufren en la tierra sin que le haga caso Dios.

Porque vivir se ha puesto al rojo vivo.

Porque vivir se ha puesto al rojo vivo. Siempre la sangre, oh Dios, fue colorada. Digo vivir, vivir como si nada hubiese de quedar de lo que escribo.

Porque escribir es viento fugitivo, y publicar, columna arrinconada. Digo vivir, vivir a pulso, airada- mente morir, citar desde el estribo.

Vuelvo a la vida con mi muerte al hombro, abominando cuanto he escrito: escombro del hombre aquel que fui cuando callaba.

Ahora vuelvo a mi ser, torno a mi obra más inmortal: aquella fiesta brava del vivir y el morir. Lo demás sobra.

23

VICTORIANO CRÉMER (1906 - 2009)

Extenso mar, o renovado velo; cuna del sueño, en la que el ser madura; alondra vertical ganando altura en la flotante música del vuelo.

Si látigo, te ciñes con anhelo.

Si beso, resplandece tu blancura

y la tierra redime su clausura

en la pradera extática del cielo.

Amor

¿Serás, amor, un largo adiós que no se acaba? Pedro Salinas

De la raíz del hombre te alimentas,

de sus juegos más nobles, y le dejas

como una negra tierra fecundada.

¡Mírame ciego, Amor, buscando a tientas,

en un mundo de adioses y de rejas, la salvadora luz de tu mirada!

Huele a soledad el campo tan breve, tan sin sentido, bajo un firmamento abierto de par en par.

¡Apetito de tierra sola, de tierra desterrada, de caminos que nunca llegan a Roma!

La carretera es un río

Los caminos del amor

enjuto que no se acaba

y que no tiene principio.

Pero la esperanza enseña

a creer lo que no vimos;

el aire, la luz, la música, la palabra

Desistimos de andar mirando las cosas, descubriendo los registros

concretos.

El alto cielo nos orienta con sus guiños

fulgurantes.

Levantamos la mirada y transcribimos su fausta telegrafía:

«¡Para el amor no hay caminos!»

Por esta paz, esposa, que te ofrezco, ya madura en la sangre, hecha corteza, qué paciente tributo de tristeza pagué día por día

tanto dolor.

No merezco

(El hombre, entre las manos

a veces tiene un corazón y quiere

morir con él intacto. pero muere lleno de soledad.)

Ecos lejanos traen mi voz antigua de metales;

Madrigal de paz

mi fría voz de hielos transparentes.

Que hasta tu nombre, esposa, fue en mis dientes tallo de amargas hieles minerales

Pero todo ya es campo sin orillas,

lleno de paz. El sol se transfigura

en la ceniza gris de esta clausura

y abandona sus llamas amarillas.

Yo soy para ti, esposa, como un viento

que humildemente llega y se deshace contra tus ojos: un agua que renace entre tus piedras, sin color ni acento.

24

(1918 - 2005)

Cuando tú llegues no estaré yo, amiga extraña, no veré tus ojos tristes. Nunca podré, contra lo que se diga, levantar el tapiz con que te vistes.

La extraña amiga

Aún estando tan cerca no nos vemos

y nunca besaré tu boca muda

porque tu tiempo no es el que yo vivo.

Sé bien, amiga, que eres sólo invento

Te

llamo amiga y no nos conocemos.

de quienes siempre temen a tu nada.

Te

pienso igual que a una mujer desnuda

Voy a creerme una vez más el cuento de que eres una oscura enamorada.

y

te ofrezco la mano con que escribo.

Tenerte cerca. Hablarte.

La pareja

a un destino violento,

Y

besarte en silencio.

aquí, sobre la tierra,

Y

sentir el contacto

abrazándonos ciegos.

caliente de tu cuerpo.

Y

entonces te recojo,

Sentir que vives, trémula,

te

amparo, te sujeto,

aquí, contra mi pecho. Que mis brazos abarcan

pequeña, débil, mía, cobijada en mi aliento,

tus límites perfectos. Que tu piel electriza las yemas de mis dedos.

sostenida en mis brazos, cubierta con mis besos. Pero mi pequeñez

Que la vida se ahoga

en

seguida comprendo.

en el hilo de un beso.

Mi

inútil protección,

Que así, en la sombra, a tientas, bajo la noche, ciegos, topándonos a oscuras

castillo sin cimientos, rueda deshecha frente al enorme Universo.

mientras todo es silencio,

¡Qué poco puede el hombre!

nos amamos y somos

Y

me refugio en medio

casi dioses, rugiendo.

de

tanta soledad

en

tu caliente cuerpo,

Vuelvo a palpar tu carne, vuelvo a besarte, vuelvo

estrecharte en la sombra ciega contra mi pecho. Vuelvo a sentir tu vida trémulamente. Siento que el desamparo pone su soledad, su cerco,

a

para que entre tus brazos me mezas con tu tierno amor. Niño asustado, busco tu amor materno. Los dos en la tiniebla abrazados, pequeños, frente a la eternidad, lloramos en silencio.

en torno de nosotros. El mundo está desierto.

La

noche continúa

Mudo. Tú y yo arrojados

mudamente cubriéndonos.

25

Digo patria, y a veces me parece que mujer digo y que su cuerpo beso, digo mujer y siento que me mece una cuna de tierra desde el hueso.

Patria, mujer

la misma soledad, la misma rosa cortada, y esa música que suena

-patria, mujer- entre la oscura brinda

que el viento herido de la tarde mueve,

Se me viene a la boca un nombre como

y

esa nube que vagamente ronda

un sabor de tristeza y de esperanza.

y

por los campos y los ojos llueve.

A

la ventana de un amor me asomo

y

hacia él el corazón se me abalanza

Me parece que sois la misma cosa,

la misma luz astral, la misma pena,

Escalón a escalón, una cansada mujer asciende como si del centro de la tierra subiera. De allá adentro honda sombra retiene la mirada.

Implacable le impone la escalera su destino de tramos sucesivos. Muertos ahora parecen los que vivos deseos fueron de la primavera.

Pequeño campo de batalla, mira guerra civil y rastro de amargura

y un muerto no del todo que respira,

que aun en tus besos su esperanza apura.

Una mujer en la escalera

Al mirarla subir tan abatida, me pareció la imagen de la vida resignada, y haciéndose la fuerte.

Mas sin embargo esta mujer está subiendo la escalera infinita, ahora comprendo que es la imagen segura de la muerte.

26

EUGENIO DE NORA (1923 -

)

Yo, muchacho aldeano, regresando

por mis años de fresca y verde senda, traigo, para tu tiempo, la alegría

de aquella inagotable primavera.

Para tu boca traigo la caricia

de tantas flores de color que sueña;

para tus ojos en los que oscurece, la estrella de la tarde triste y bella.

Carmen de la riqueza Traigo la voz del agua que ha pasado en el silencio tibio de la hierba; te traigo el cielo, corazón sonoro con álamos de música y ribera.

Abre tu alma. Mira el valle inmenso. Nos ha correspondido esta riqueza. es todo tuyo. El borde de la dicha va más allá del tiempo y de la tierra.

Carmen de unos recuerdos

Hermosa, sólo hermosa. Estrellas tibias en tu pelo suelto que el aire combatía; prados floridos, cielos

en el agua, curvados

animales ligeros cuerpo abajo, ladera abajo; pechos gacelas; áureas caderas con caballos. Todo, fuego

en un río de espacio musical, cauce de astros infinito.

Sí: bella, hermosa. Sonreías como cálida nieve; mirabas pasar ríos; concedías labiales claveles oprimidos, auroras vacilantes, luz negra, hiedras ardientes cuerpo adentro.

¡Oh rosa hija del tiempo, agua del tiempo, floreciente lago de tiempo!

Junto a tus orillas he soñado la vida, y he mirado

anchos los cielos. Aunque todo pase, yo amaré siempre. Poso mi cabeza sobre la roca, muevo el horizonte,

y oh sollozado ramo de palabras, golpeo el agua clara. ¡Fuente, luz del ser, con tu imagen! ¿Te soñaba? Tenía una estrella en el pecho.

Y tú eras

hermosa, eras hermosa; sonreías

Canción triste

Mi

tristeza decía:

Y yo:

o

si retorno yo,

 

pero rosales de oro

¿Qué flor nueva iluminas

¡Ay, amor,

miro otra vez en flor,

en tu tierra de voz?

que te fuiste y te vuelves;

y en una fuente seca

Sangran viejas heridas, y llora el ruiseñor

ay,

amor!

juega el agua y el sol. ¡La primavera vuelve,

de

ayer, al aire nuevo,

Mi

alegría decía:

corazón!

su

canción.

No sé si el tiempo gira,

27

Mi corazón decía:

¡Primavera otra vez! Cántale, ruiseñor, tu antigua y siempre nueva, siempre bella canción:

«Cuánto te quiero, mi vida y

mi sol.

¡Ya el nomeolvides tuyo floreció!»

Y yo decía, sólo,

tu estribillo, canción:

Futuro envejecido

¡Ay, amor, que te fuiste y te vuelves; ¡ay, amor!

Los niños, muchos niños, piden techo, lloran alma, tiritan sin rencor. Acaso está lloviendo, acaso hubo la naranja que no alcanzó su mano,

o el frío, o las muchísimas estampas

que no vieron jamás. O los zapatos que están rotos

La letra jota de jugar, jardín, las letras de alegría que arden solas, ¿dónde yacen? Quisiéramos saber

Los niños quieren recobrar su edad.

qué hacer, qué haríamos, esto es demasiado, esto no puede ser! Nosotros, antes, indudable, muchos ya no tuvimos casi juventud; había sin Instituto tanto que aprender, tanto que ver en serio, ojos redondos; y además qué más da, si era estupendo

vivir ya de

Cumplidos hombres

de doce años entonces

al muchacho. Fue triste, pero un niño está siempre en nosotros.

Esto ahora Qué extraña la vejez si no hubo vida. Qué edad terrible, adulta sin edad.

¡Qué hacer, digo; qué hacer! Rebotan, vuelven, aun con rumor de guerra, tierno César Vallejo, las palabras de aquel llanto:

¡Ah! iDesgraciadamente, hombres humanos, hay, hermanos, muchísimo que hacer!

Nos mataron

Una concha y un pan, un monigote, bastan, mas ¿dónde están? No veo el rostro de esos niños debajo de su cara:

veo un disfraz registrador que suma

tiempo, y tiempo de adultos, tiempo y duelo,

dolor y hasta un

que

escaparíamos, oh Dios, Mucho, mucho, ¡así es!

"España, pasión de vida" 1945-1950

Honda es la herida del amor al verte

Honda es la herida del amor al verte en mis ojos mortales reflejada; pero la daga más apasionada la hunde el recuerdo, España: poseerte

es mirarte en el alma, hecha ya suerte entrañada y total frente a la nada; pues en ti está mi vida sustentada,

y en ti mi sangre ha de vencer la muerte.

En el recuerdo y en el pensamiento cumpliendo voy mi vida y tu memoria. ¡Roca inmortal, límite al mar y al viento:

hecha mi sangre verbo de tu gloria, arrástreme tu cauce violento hasta fundir mi sino con tu Historia!

28

CARLOS BOUSOÑO (1923 -

)

Mira los aires, alma solitaria, alma triste que sola vas gimiendo. Asciende, sube. Amor te espera. La cima es alta. Escaso, el aparejo. Aleteante, temblorosa y blanca, te veo subir con retenido esfuerzo. Hoy llega el sol donde hasta ayer la luna. Llega la luna donde ayer el cierzo. Al fin la vida con la luz se aclara. Al fin la muerte con la luz ya se muerto.

Alma solitaria

¡Cantan las cumbres y los valles! ¡Cantan los siempre vivos a los nunca muertos! Cara con cara junto a Dios, escuchas vibrar los aires y vivir los sueños. Vida con vida, luz con luz amada,

y cielo, humano, en el amor, con Cielo.

Bajar la luz de amor, la luz de vida lenta en los aires minuciosos siento. Fundida luz de Dios con luz del alma. Qué claridad de pronto. Qué silencio.

Desde lejos

El amante viejo

 

Pasa la juventud, pasa la vida,

¡Amabas tanto

!

Acaso

 

pasa el amor, la muerte también pasa, el viento, la amargura que traspasa la patria densa, inmóvil y dormida. Dormida, en sueño para siempre, olvida.

con amargura, acaso con tristeza lo dijiste. ¡Amabas tanto! En el espejo viste tu faz que se iba haciendo vieja,

Muertos y vivos en la misma masa

y

tornaste a decir: «

amor

»

Soñabas,

duermen común destino y dicha escasa.

y

en la alta noche silenciosa y queda,

Patria, profundidad, piedra perdida. Piedra perdida, hundida, vivos, muertos. España entera duerme ya su historia. Los campos tristes y los cielos yertos. Sobre el papel escrita está su gloria:

lejos se oía lento el rumor manso de un agua que pasaba mansa y lenta.

querer edificar en los desiertos; aspirar a la luz más ilusoria.

Tal vez el mundo sea bello, cuando el sol claro lo ilumina, pero yo sé que hay hombres tristes como la lluvia gris y fría.

Yo sé que hay hombres sobre cuyas almas pasó de Dios quizá la sombra un día. Pasó, y hoy queda sólo ausencia en donde la tristeza brilla.

Hombres tristes en todos los caminos

La tristeza

con la tristeza pensativa.

Tal vez la aurora sea pura, el aire delicado, claro el día. Mas muchos hombres hay como la lluvia oscura e infinita.

Escúchame, Señor. Mi voz hoy sólo tiene palabras de melancolía. Sobre la tarde inmensa cae la lluvia monótona, fría.

29

Palabras en la noche

Cecilia, dulce amiga. Hoy yo quisiera hablarte con la verdad que nace de un corazón pequeño. Decirte cómo un día yo quise condenarte. A ti que fuiste sólo la luz para mi sueño.

A ti que fuiste siempre la luz para mi vida, la luz parada en medio de mi existencia vana, la luz suave y callada, la luz dulce, esparcida, valiente en la tristeza, luciente en la mañana.

A ti, blanca presencia del día silencioso,

escala de ternura, licor que yo he bebido.

a ti, prado o colina que esparce su reposo.

A ti a quien tantas veces mi amor ha entristecido.

Decirte, suavizarte, hablarte del rocío, hablarte de la noche que baja lenta a verte, cual baja ya tu vida, más dulce al pecho mío, que quiso un día amarte y vino a deshacerte

Tú y yo

Tú y yo, los dos, bajo la luz del día, bajo la luz que dura en lo inocente, ¡Oh, sí, los dos, bajo la luz riente

queremos ser! Queremos

Contra la sombra o la melancolía, contra las injusticias del presente, quién te tuviera siempre, siempre amor pequeño, campo de alegría!

Y aquí los dos mirándonos. Sin vernos. Aquí los dos hablando. Sin oírnos. Buscándonos a tientas. Sin tenernos.

Y el tiempo ya empujándonos a un irnos

inacabable. No podemos sernos jamás. Entrando siempre en el morirnos.

Yo querría.

¡Tente

30

GABRIEL CELAYA (1911 - 1991)

La poesía es un arma cargada de futuro

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante, mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia, fieramente existiendo, ciegamente afirmado, como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente los vertiginosos ojos claros de la muerte, se dicen las verdades:

las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados, piden ser, piden ritmo, piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto, con el rayo del prodigio, como mágica evidencia, lo real se nos convierte en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día, como el aire que exigimos trece veces por minuto, para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir que somos quien somos, nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren y canto respirando. Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas personales, me ensancho.

31

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,

y calculo por eso con técnica qué puedo.

Me siento un ingeniero del verso y un obrero que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta

a la vez que latido de lo unánime y ciego.

Tal es, arma cargada de futuro expansivo con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.

No es un bello producto. No es un fruto perfecto. Es algo como el aire que todos respiramos

y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado. Son lo más necesario: lo que no tiene nombre. Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

ESPAÑA EN MARCHA

Nosotros somos quien somos. ¡Basta de Historia y de cuentos! ¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus muertos. Ni vivimos del pasado, ni damos cuerda al recuerdo. Somos, turbia y fresca, un agua que atropella sus comienzos. Somos el ser que se crece. Somos un río derecho. Somos el golpe temible de un corazón no resuelto. Somos bárbaros, sencillos. Somos a muerte lo ibero que aún nunca logró mostrarse puro, entero y verdadero. De cuanto fue nos nutrimos, transformándonos crecemos

y así somos quienes somos golpe a golpe y muerto a muerto. ¡A la calle! que ya es hora de pasearnos a cuerpo

y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.

No reniego de mi origen pero digo que seremos mucho más que lo sabido, los factores de un comienzo.

32

Españoles con futuro y españoles que, por serlo, aunque encarnan lo pasado no pueden darlo por bueno. Recuerdo nuestros errores con mala saña y buen viento. Ira y luz, padre de España, vuelvo a arrancarte del sueño. Vuelvo a decirte quién eres. Vuelvo a pensarte, suspenso. Vuelvo a luchar como importa y a empezar por lo que empiezo. No quiero justificarte como haría un leguleyo, Quisiera ser un poeta y escribir tu primer verso. España mía, combate que atormentas mis adentros, para salvarme y salvarte, con amor te deletreo.

Salpicada de espuma, de salitre, desnuda, desde el mar, viene gritando:

La vida, sí, la vida misma:

¡Un delirio por los prados!

Desde mi ventana blanca, con los brazos extendidos, la estoy llamando con voces

La fatiga, la inmensa fatiga de los días repetidos. (Toda alegría supone algo de heroísmo.)

Admirable enemiga, de ti nazco sufriendo. (Arder: Así me miento un alma iluminada.)

Y vivo de la muerte

que me das sonriendo,

y muero en la dulzura

de tu vago silencio.

Amada, amada mía,

Salpicada de espuma, de salitre

de un ardor desmelenado.

Salpicada de espuma, de salitre, desnuda, por los campos, va gritando.

¡La vida, sí, la vida misma!

Pálido y alto, callado, la mira pasar llorando.

Perdido de amor

alta llama en el tiempo, tú creas melodías con pausas y secretos.

Y el hastío se alarga

de pronto en formas dulces,

y los días se nombran

según un sentimiento.

Ni más ni menos

Son tus pechos pequeños,

son tus ojos confusos, lo que no tiene nombre

y no comprendo, adoro.

Son tus muslos largos

y es tu cabello corto;

lo que siempre me escapa

y no comprendo, adoro.

Tu cintura, tu risa,

tus equívocos locos, tu mirada que burla

y no comprendo, adoro.

¡Tú que estás tan cerca!

¡Tú que estás tan lejos! Lo que beso, y no tengo,

y no comprendo, adoro.

33

En el fondo de la noche tiemblan las aguas de plata

En el fondo de la noche tiemblan las aguas de plata. La luna es un grito muerto en los ojos delirantes. Con su nimbo de silencio pasan los sonámbulos de cabeza de cristal, pasan como quien suspira, pasan entre los hielos transparentes y verdes. Es el momento de las rosas encarnadas y los puñales de acero sobre los cuerpos blanquísimos del frío.

En el fondo de la noche tiembla el árbol del silencio; los hombres gritan tan alto que solo se oye la luna.

Es el momento en que los niños se desmayan sobre los pianos, el momento de las estatuas en el fondo transparente de las aguas, el momento en que por fin todo parece posible. En el fondo de la noche tiembla el árbol del silencio.

Decidme lo que habéis visto los que estabais con la cabeza vuelta. La quietud de esta hora es un silencio que escucha, el silencio es el sigilo de la muerte que se acerca. Decidme lo que habéis visto. En el fondo de la noche hay un escalofrío de cuerpos ateridos.

Más allá del pecado, indecible, te adoro, y al buscar mis palabras sólo encuentro unos besos.

En el pecho, en la nuca, te quiero.

Cerca y lejos

En el cáliz secreto, te quiero.

donde tu vientre es combo, fugitiva tu espalda, oloroso tu cuerpo, te quiero.

34

JOSÉ HIERRO (1922 - 2002)

Llegué por el dolor a la alegría. Supe por el dolor que el alma existe. Por el dolor, allá en mi reino triste, un misterioso sol amanecía.

Era alegría la mañana fría

y el viento loco y cálido que embiste. ( Alma que verdes primaveras viste maravillosamente se rompía. )

Como la rosa: nunca te empañe un pensamiento. No es para ti la vida que te nace de dentro. Hermosura que tenga su ayer en su momento. Que en sólo tu apariencia

Alegría

Así la siento más. Al cielo apunto

y me responde cuando le pregunto

con dolor tras dolor para mi herida.

Y mientras se ilumina mi cabeza

ruego por el que he sido en la tristeza

a las divinidades de la vida.

Como la rosa: nunca

se guarde tu secreto. Pasados no te brinden su inquietante misterio. Recuerdos no te nublen el cristal de tus sueños.

Cómo puede ser bella flor que tiene recuerdos.

De "Alegría" 1947

De "Con las piedras, con el viento" 1950

Me tendí sobre la hierba entre los troncos que hoja a hoja desnudaban su belleza. Dejé el alma que soñase:

volvería a despertar en primavera.

Nuevamente nace el mundo, nuevamente naces, alma (estabas muerta). Yo no sé lo que ha pasado en este tiempo:

tú dormías, esperando ser eterna.

Y por mucho que te cante la alta música

de las nubes, y por mucho que te quieran

Alma dormida

explicar las criaturas por qué evocan aquel tiempo negro y frío, aunque pretendas

hacer tuya tanta vida derramada

(era vida, y tú dormías), ya no llegas

a alcanzar la plenitud de su alegría:

tú dormías cuando todo estaba en vela.

Tierra nuestra, vida nuestra, tiempo nuestro (Alma mía, ¡quién te dijo que durmieras!)

De "Agenda" 1991

35

CARMEN CONDE

Tú vives en el alba. Los pájaros te aclaman. De túnicas de aves te viste la alegría. ¡Qué aurora la que exaltas! ¡Qué noble luz la tuya! Te escuchan las mañanas y las noches porque eres como un cirio, porque eres como un corzo. Sentirte a ti que pasas

Guardaré mi voz en un pozo de lumbre y será crepúsculo toda la vida.

Ya girarán más leves los cuchillos porque no encontrarán dónde herirme. Erguida de rocíos negros, para ti cantaré.

Ausencia del amante

He vuelto por el camino sin hierba. Voy al río en busca de mi sombra. Qué soledad sellada de luna fría. Qué soledad de agua sin sirenas rojas. Qué soledad de pinos ácidos errantes Voy a recoger mis ojos abandonados en la orilla.

Lo infinito

rozándome las rosas y los ayes Doler en tus rodillas, estrujada por riscos y malezas.

Y que un céfiro de alondras venga dulce,

que tú llegues aventando mis heridas Ser mujer y tuya, ¡qué inefable fundirse la conciencia entre tus brazos!

Entrega

¡Que no me busquen los sin vista, que no me llamen los ahogados, que no me sientan los que huyo!

A mi soledad de reflejos,

amor,

sólo tú.

Amor

Ofrecimiento.

Acércate. Junto a la noche te espero. Nádame. Fuentes profundas y frías avivan mi corriente.

Mira qué puras son mis charcas. ¡Qué gozo el de mi yelo!

36

JOSÉ LUIS CANO

Junto a la orilla de este mar quisiera

a la sombra morir de su hermosura,

entreabiertos los labios, y esta dura melancolía hiriendo el sol de fuera.

Como otro pino más de la ribera

quisiera allí soñar. Allí mi impura sangre desnudará su rama oscura

y allí la tendrá el aire prisionera.

Este cuerpo de amor no necesita

quemar su luz en otra ardiente rama.

La lava en que se quema y que derrama,

por su propio volcán se precipita.

Tu

hermosura sin voz sólo me incita,

no

un corazón ni el vuelo de una llama.

Mi

alimento es mi amor, y lo que ama

mi

sangre, es esa piel, que un astro imita.

Una dura raigambre de alto helecho

Dulce tumba

A flor de arena el cuerpo amortecido, allí el vívido azul de la bahía hermoseará su nombre y su latido.

Y el eco oiré, cual una melodía,

de unos pies al pasar, ya en dulce olvido de tu hermosura, oh playa triste y mía.

Espumas

¿Qué esconde esa belleza? Sólo espumas, Oh hermosa nada que a mi amor convoca, raudo cielo sin Dios, mar sin secreto.

Pero besar todas sus dulces plumas es ya el único sino de esta boca, la única gloria ya de este esqueleto.

Estío

he

elegido por tumba prematura

Todo ese inmenso mar no bastaría

en

esta soledad de arena oscura

para volver la vida y la mirada

donde gime la sangre de mi pecho.

Lejos está el amor. Aquí cosecho

un bronco sol para mi sepultura.

Aquí crece mejor la quemadura que quiero para el fondo de mi pecho.

a esta osamenta gris, a este esqueleto.

Hace tiempo que amó. Ya no sabría dar su ofrenda al amor, su calcinada sangre, su corazón lejano y quieto.

37

La tarde

Cada día toco con mis manos la dicha la beso con mis labios la dejo que se duerma dulcemente en mi pecho

que se despierte luego estremecida como un hermoso sueño. Enfrente el cielo, los pájaros y tu boca entreabierta sobre la calle con acacias y niños delicada y trémula como una sonata.

Y desde mi terraza, íntima como una caricia ávido sorbo la tarde y su hermosura

contemplo el avión rasgar sereno el aire puro

y casi toco

acaricio con mis dedos la luna inmensa posada con ternura sobre un árbol cercano. Poca cosa es lo que hace falta a veces para sentir la dicha una luz, una flor, una brisa, una mano en la nuestra

o esta tarde que parece de carne

de suavísimo nácar tarde entregada para un mirar lentísimo para entrarla despacio como un sueño en el alma para besarla pura, inmaterial y celeste.

38

GLORIA FUERTES (1917 - 1998)

Soy alta;

en la guerra

llegué a pesar cuarenta kilos.

He estado al borde de la tuberculosis,

al borde de la cárcel, al borde de la amistad, al borde del arte, al borde del suicidio,

Ya no soy la niña amarga

que tenía un mar de llanto

y alta ortiga por el alma.

Ya no soy la niña enferma

que al oír risas lloraba;

ya salí del solitario

Al borde

al borde de la misericordia, al borde de la envidia, al borde de la fama, al borde del amor, al borde de la playa,

y, poco a poco, me fue dando sueño,

y aquí estoy durmiendo al borde, al borde de despertar.

Amor que libera

¡Ay cuánta sonrisa noto que trepa por mis espaldas! ¡Qué brillo tienen mis ojos

-viudos de siete mil lágrimas-! La vida me sabe a verso

y los besos a manzana.

bosque que me acorralaba. Ahora soy la niña verde,

-El monte arregla sus pinos, por las rocas el mar baila-.

porque floreció mi calma.

El amor danza en mi pecho.

Ya

no soy la loca triste,

¡Ya me quiere! ¡Ya me aguarda!

ya

no soy la niña blanca,

Ya no soy la loca triste,

nuevo amor ha traspasado con el nardo de su lanza

que al oír risas gritaba; ahora soy la niña dulce,

mi

corazón, que ahora tiene

ya no soy mujer amarga.

un

nombre de menta y ámbar.

No sabemos qué hacer

A veces el poeta

no sabe si coger la hoja de acero,

sacar punta a su lápiz y hacerse un verso

o

sacarse una vena

y

hacerse un muerto.

Geografía humana

Mirad mi continente contenido brazos, piernas y tronco inmesurado, pequeños son mis pies, chicas mis manos,

39

hondos mis ojos, bastante bien mis senos. Tengo un lago debajo de la frente,

a veces se desborda y por las cuencas,

donde se bañan las niñas de mis ojos,

cuando el llanto me llega hasta las piernas

y mis volcanes tiemblan en la danza. Por el norte limito con la duda, por el este limito con el otro, por el oeste Corazón Abierto

y por el sur con tierra castellana.

Dentro del continente hay contenido, los estados unidos de mi cuerpo, el estado de pena por la noche, el estado de risa por el alma -estado de soltera todo el día-. Al mediodía tengo terremotos si el viento de una carta no me llega,

el fuego se enfurece y va y me arrasa las cosechas de trigo de mi pecho. El bosque de mis pelos mal peinados se eriza cuando el río de la sangre recorre el continente,

y por no haber pecado me perdona.

El mar que me rodea es muy variable, se llama Mar Mayor o Mar de Gente

a veces me sacude los costados,

a veces me acaricia suavemente;

depende de las brisas o del tiempo, del ciclo o del ciclón, tal vez depende, el caso es que mi caso es ser la isla llamada a sumergirse o sumergerse en las aguas del océano humano conocido por vulgo vulgarmente. Acabo mi lección de geografía. Mirad mi contenido continente.

40

CARLOS EDMUNDO ORY (1923 -

)

Cuando pongo mis manos de metal

mis manos primitivas sin destreza

Denise

Y entonces de quietud y roce puro

en

tu pelo abundante donde empieza

tu mirada me vence, llena de aguas

tu

cuerpo que respira amor mortal.

y

tu silencio femenino me arde.

Cuando tocan mis dedos tu total altura de los pies a la cabeza sin que me tiemble el pulso, amo la pieza maravillosa de tu ser carnal.

De repente de acción me transfiguro desciendo mi contacto a tus enaguas

y te desnudo y te amo y se hace tarde.

Ella es mi escarabajo sagrado Ella es mi cripta de amatista Ella es mi ciudadela lacustre Ella es mi palomar de silencio Ella es mi tapia de jazmines Ella es mi langosta de oro Ella es mi kiosko de música Ella es mi lecho de malaquita Ella es mi medusa dorada Ella es mi caracol de seda

Descripción de mi esposa

Ella es mi cuarto de ranúnculos Ella es mi topacio amarillo ella es mi Anadiómena marina Ella es mi Ageronia atlantis Ella es mi puerta de oricalco Ella es mi palanquín de hojas Ella es mi postre de ciruelas Ella es mi pentagrama de sangre Ella es mi oráculo de besos Ella es mi estrella boreal.

En la noche del sexo busco luz

y encuentro más y más oscuridad

mi cuerpo es sacro y sacrifica edad

sin tiempo sobre el tuyo cruz con cruz.

Subo y bajo y gravito mi testuz

cae sobre el muro de tu atroz ciudad sin puertas donde al fin me da mitad

de entrada a la tiniebla un tragaluz.

Eros tremendum

Mantel mi espalda cubre los manjares mis brazos y mis piernas son a pares con los tuyos en forma de escorpión.

Las dos manzanas mi contacto deja

y duerme como un vaso en la bandeja de tu vientre mi enorme corazón.

41

RICARDO MOLINA (1917 - 1968)

Estoy desnudo, el sol con fuego dice cuanto diría el hombre enamorado.

Basta el silencio a confesarlo todo,

si tendido en la orilla de algún río

el hombre calla y en su pecho, mudo, un sol como el del cielo resplandece.

Ya lo sabemos todo. Que son rojos los labios que se besan en la orilla,

Desnudo

que la vida es un breve y dulce abrazo

y que con la mañana una alegría

sin nombre nos invade silenciosa.

Ya no necesitamos las palabras. Ya basta el sol que besa, basta el río que nos lleva en sus ondas lentamente, el viento que los ojos acaricia, la verde sombra que en la boca tiembla.

Invitación a la dicha

Ámame ahora que tengo los cabellos negros

y una corona de junco

y el perfume del agua y de la jara en los brazos desnudos.

Es dulce ser amado pero amar, oh dioses, qué ventura Goethe

confundiendo su aliento al de mis labios.

Bésame ahora que es primavera

y el chamariz canta y vuela en un árbol, ahora, amor mío, que estamos en mayo

Ámame ahora que tengo en los ojos

y

la gracia de la sonrisa

y

zumban en el aire las abejas,

la suave llama de la tarde

ahora que todo es hermoso y feliz, ahora y no mañana,

y

la leve frescura de los manantiales.

ahora y no luego.

Ámame ahora que tengo en los labios el fuego deslumbrante del Mediodía

y la serenidad del cielo en las mejillas.

Ámame ahora que tengo en el cuello el resplandor de los lirios quemados. Ámame ahora que corre por mis hombros el torrente divino del deseo. Ámame ahora que tengo el pecho ebrio como una flor de vino.

Ahora y no luego, ahora y no mañana, ahora que besa mi alma todo tu cuerpo

Bésame los labios, el cabello, los hombros ahora que en los huertos florecidos es tan dulce la flor primera del granado.

Dame todo tu amor ahora, amor mío, ¿no ves que soy en la tierra dichosa, dulce como el árbol del paraíso?

Ahora que soy un manantial virgen donde cada onda es una caricia, una colina verde donde cada florecilla es un labio encendido, un valle misterioso

42

donde cada viento es un suspiro, un río de amores cuya música frágil es tu nombre.

¿No son nuestros estos días tan bellos?

¿No es hermosa la tierra bajo el sol y la luna? ¿No habla todo de amor desde el alba a la tarde?

¡Ámame! ¡Ahora y no mañana; ahora y no luego!

Vino antiguo

Loca sabiduría del corazón, ensueño único de onda inmensa, voz profunda de la armoniosa tierra mía, claro vino andaluz.

Los más hermosos labios tus jardines cambiantes de oro y música, tu ardiente ruiseñor diluido en mudos cielos orientales,

bebieron, y los ojos su mirada misteriosamente abandonaron

a

tu ola feliz de paz, de olvido inalterable,

y

los amantes su deseo oculto

latir sintieron en tus bellos labios

y sorbo a sorbo en ellos apuraron su paraíso.

43

JOSÉ ÁNGEL VALENTE (1929 - 2000)

Cerqué, cercaste

Cerqué, cercaste, cercamos tu cuerpo, el mío, el tuyo, como si fueran sólo un solo cuerpo. Lo cercamos en la noche.

Alzose al alba la voz del hombre que rezaba.

Tierra ajena y más nuestra, allende, en lo lejano.

Oí la voz. Bajé sobre tu cuerpo. Se abrió, almendra.

bajé a lo alto de ti, subí a lo hondo.

Oí la voz en el nacer

del sol, en el acercamiento

y en la inseparación, en el eje del día y de la noche, de ti y de mí. Quedé, fui tú.

Y tú quedaste

como eres tú, para siempre encendida.

El temblor

La lluvia como una lengua de prensiles musgos parece recorrerme, buscarme la cerviz, bajar, lamer el eje vertical, contar el número de vértebras que me separan de tu cuerpo ausente.

Busco ahora despacio con mi lengua la demorada huella de tu lengua hundida en mis salivas.

Bebo, te bebo

en las mansiones líquidas del paladar

y en la humedad radiante de tus ingles, mientras tu propia lengua me recorre

y baja,

retráctil y prensil, como la lengua oscura de la lluvia.

La raíz del temblor llena tu boca, tiembla, se vierte en ti

y canta germinal en tu garganta.

Por debajo del agua

Por debajo del agua

Para que suba al aire

te busco el pelo,

de

tu mirada;

por debajo del agua,

mi

corazón me enciende,

pero no llego.

luego se apaga.

Por debajo del agua de tu cintura:

tú me llamas arriba para que suba.

Te busco el pelo

por debajo del agua, pero no llego.

44

ÁNGEL GONZÁLEZ (1925 - 2008)

Escribir un poema se parece a un orgasmo:

mancha la tinta tanto como el semen, empreña también más en ocasiones. Tardes hay, sin embargo, en las que manoseo las palabras, muerdo sus senos y sus piernas ágiles, les levanto las faldas con mis dedos,

A veces

las miro desde abajo,

les hago lo de siempre

y, pese a todo, ved:

¡no pasa nada! Lo expresaba muy bien Cesar Vallejo:

"Lo digo y no me corro". Pero él disimulaba.

Alga quisiera ser, alga enredada, en lo más suave de tu pantorrilla. Soplo de brisa contra tu mejilla. Arena leve bajo tu pisada.

Alga quisiera ser, alga enredada

Todo quisiera ser, indefinido, en torno a ti: paisaje, luz, ambiente, gaviota, cielo, nave, vela, viento…

Agua quisiera ser, agua salada cuando corres desnuda hacia la orilla. Sol recortando en sombra tu sencilla silueta virgen de recién bañada.

Caracola que acercas a tu oído, para poder reunir, tímidamente, con el rumor del mar, mi sentimiento.

Cumpleaños

Yo lo noto: cómo me voy volviendo

se aman

menos cierto, confuso,

de dos en dos

disolviéndome en el aire cotidiano, burdo jirón de mí, deshilachado

para

odiar de mil en mil. Y guardan

milímetro de dicha.

y

roto por los puños

toneladas de asco

Yo comprendo: he vivido un año más, y eso es muy duro.

por cada

¡Mover el corazón todos los días

Y

parecen -nada

casi cien veces por minuto!

más que parecen- felices,

y hablan

Para vivir un año es necesario morirse muchas veces mucho.

con el fin de ocultar esa amargura inevitable, y cuántas

Todos ustedes parecen felices

veces no lo consiguen, como no puedo yo ocultarla por más tiempo; esta

 

Y

sonríen, a veces, cuando hablan.

desesperante, estéril, larga

Y

se dicen , incluso,

ciega desolación por cualquier cosa

palabras

que -hacia donde no sé-, lenta, me arrastra.

de amor. Pero

45

Vals del atardecer

Los pianos golpean con sus colas

enjambres de violines y de violas. Es el vals de las solas

y solteras,

el vals de las muchachas casaderas, que arrebata por rachas su corazón raído de muchachas.

A dónde llevará esa leve brisa,

a qué jardín con luna esa sumisa

corriente

que gira de repente desatando en sus vueltas doradas cabelleras, ahora sueltas, borrosas, imprecisas

en el río de música y metralla que es un vals cuando estalla sus trompetas.

Todavía inquietas, vuelan las flautas hacia el cordelaje de las arpas ancladas en la orilla donde los violoncelos se han dormido.

Los oboes apagan el paisaje. Las muchachas se apean en sus sillas, se arreglan el vestido con manos presurosas y sencillas,

y van a los lavabos, como después de un viaje.

46

JOSÉ MARÍA VALVERDE (1926 - 1996)

Cuando vengas, cogiéndote la mano

Cuando vengas, cogiéndote la mano, volveré a recorrer mi historia muerta; pasaremos la misteriosa puerta que guarda mi cadáver cotidiano.

¡Cómo me besarás en el pasado cuando beses allí la pura frente del fantasma de un niño pensativo!

Iremos por las viejas avenidas

del parque de mis sueños, por mi infancia

de pasillos en sombra

cerrará allí sus prístinas heridas.

Y tu fragancia

Verás mi origen, para ti guardado,

que me puedes curar, tú solamente,

de todo lo que fue, el dolor aún vivo.

Elegía 2

De "Nuevas elegías. Anticipo"

Tú debes ser un ángel

Por esa luz me llega a este destierro

de un edén que he perdido y no recuerdo.

mi

nombre, pronunciando con la cadencia vieja

Tienes la luz y aroma conocidos

de

cuando yo era niño y me llamaban

de un mundo que he vivido, no sé cuando, más allá de los bosques de mi infancia; de un mundo amigo y dulce,

Son como las estrellas que mira un prisionero. Sobre tu labio tienes, blancamente, inminencia de vuelo de ala de mariposa.

de una paz primitiva

Ay,

qué triste me pones;

que siento perdurar en los demás humanos,

y que a través de tu cristal aún miro, en la luz de tus ojos.

resucitas mis tardes con la luz que tuvieron, mis sueños por rincones, mis anhelos difuntos, aquel alma perdida.

De "Nuevas elegías. Anticipo"

Hoy vuelves como siempre, primavera

Hoy vuelves como siempre, primavera, cuando a tu luz ya había renunciado

y el corazón está desconcertado

por este gozo nuevo que le altera.

Mas sí, rebosaré por tu sendero, que, aunque tú vuelvas siempre, me iré un día y sin mí brotarán igual las flores.

Casi siente que le redimas

tan bello su rincón iluminado en que, triste, se había refugiado para vivir tan sólo con su hoguera!

¡Era

Pero el gozo de estar lleno y entero al subirme a la boca se me enfría ¡estar en primavera y sin amores!

De "Nuevas elegías. Anticipo"

47

JAIME GIL DE BIEDMA (1929 - 1990)

Amor más poderoso que la vida

La misma calidad que el sol de tu país, saliendo entre las nubes:

alegre y delicado matiz en unas hojas, fulgor de un cristal, modulación del apagado brillo de la lluvia.

La misma calidad que tu expresión, al cabo de los años, esta noche al mirarme:

la misma calidad que tu expresión

y la expresión herida de tus labios.

La misma calidad que tu ciudad, tu ciudad de cristal innumerable idéntica y distinta, cambiada por el tiempo:

calles que desconozco y plaza antigua de pájaros poblada, la plaza en que una noche nos besamos.

Amor que tiene calidad de vida, amor sin exigencias de futuro, presente del pasado, amor más poderoso que la vida:

perdido y encontrado. Encontrado, perdido

Contra Jaime Gil de Biedma

De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso, dejar atrás un sótano más negro que mi reputación -y ya es decir-, poner visillos blancos

y tomar criada,

renunciar a la vida de bohemio, si vienes luego tú, pelmazo,

embarazoso huésped, memo vestido con mis

trajes,

zángano de colmena, inútil, cacaseno, con tus manos lavadas,

a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares

últimos de la noche, los chulos, las floristas, las calles muertas de la madrugada

y los ascensores de luz amarilla cuando llegas, borracho,

Podría recordarte que ya no tienes gracia. Que tu estilo casual y que tu desenfado resultan truculentos cuando se tienen más de treinta años,

y que tu encantadora

sonrisa de muchacho soñoliento

-seguro de gustar- es un resto penoso, un intento patético. Mientras que tú me miras con tus ojos de verdadero huérfano, y me lloras

y me prometes ya no hacerlo.

Si no fueses tan puta!

Y si yo no supiese, hace ya tiempo,

que tú eres fuerte cuando yo soy débil

y que eres débil cuando me enfurezco

De tus regresos guardo una impresión confusa de pánico, de pena y descontento,

y

te paras a verte en el espejo

que no quieres cerrar. Y si te increpo,

y

la desesperanza

la cara destruida,

y

la impaciencia y el resentimiento

con ojos todavía violentos

te ríes, me recuerdas el pasado

de volver a sufrir, otra vez más, la humillación imperdonable de la excesiva intimidad.

y dices que envejezco.

48

A duras penas te llevaré a la cama, como quien va al infierno para dormir contigo.

Muriendo a cada paso de impotencia, tropezando con muebles

a tientas, cruzaremos el piso

Es la lluvia sobre el mar. En la abierta ventana, contemplándola, descansas

la sien en el cristal.

Imagen de unos segundos, quieto en el contraluz

torpemente abrazados, vacilando de alcohol y de sollozos reprimidos.

Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,

y la más innoble

que es amarse a sí mismo!

Mañana de ayer, de hoy

tu cuerpo distinto, aún de la noche desnudo.

Y te vuelves hacia mí,

sonriéndome. Yo pienso

en cómo ha pasado el tiempo,

y te recuerdo así.

No volveré a ser joven

Que la vida iba en serio

uno lo empieza a comprender más tarde -como todos los jóvenes, yo vine

a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería

y marcharme entre aplausos

-envejecer, morir, eran tan sólo las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo

y la verdad desagradable asoma:

envejecer, morir, es el único argumento de la obra.

"Poemas póstumos" 1968

Volver

Mi recuerdo eran imágenes,

en el instante, de ti:

esa expresión y un matiz de los ojos, algo suave

en

la inflexión de la voz, y tus bostezos furtivos

de

lebrel que ha maldormido la noche en mi habitación.

Volver, pasados los años, hacia la felicidad -para verse y recordar que yo también he cambiado.

49

FRANCISCO BRINES (1932 -

)

Alocución pagana

¿Es que, acaso, estimáis que por creer en la inmortalidad, os tendrá que ser dada? Es obra de la fe, del egoísmo

o

la desolación.

Y

si existe, no importa no haber creído en ella:

respuestas ignorantes son todas las humanas

si a la muerte interroga.

Seguid con vuestros ritos fastuosos, ofrendas a los dioses,

o grandes monumentos funerarios,

las cálidas plegarias, vuestra esperanza ciega.

O aceptad el vacío que vendrá,

en donde ni siquiera soplará un viento estéril. Lo que habrá de venir será de todos, pues no hay merecimiento en el nacer

y nada justifica nuestra muerte.

"Aún no" 1971

En el acabamiento de la tarde, cuando hacía el camino, he llegado de pronto ¿a dónde?

Las últimas preguntas

¿Para secar las lagrimas que no puedo verter? ¿O para despedirme, desde la prescripción, de las sombras que dejo?

La noche que ha caído,

tan repentina y negra, me impide ver,

y sólo sé que nadie me acompaña. ¿Qué ha sido este viaje?

Muy largo debió ser, por la fatiga,

o acaso fue muy breve, si existió:

De entre mis posesiones sólo guardo un pañuelo que oscurece en mis manos:

Sin tiempo, me pregunto: ¿qué soy? ¿quién soy? ¿Y para qué partí? ¿Y qué sentido tiene haber llegado? Y qué poco me importa lo que, del lado del desuso, pueda pasar ahora, si nada entiendo. Dejo de ser mortal. Mas no soy inmortal. Como si nada hubiera sido.

50

CLAUDIO RODRÍGUEZ (1934 - 1999)

Clávame con tus ojos esa nube

Clávame con tus ojos esa nube

y esta esperanza de hombre que me queda. ¿Por dónde yo si estaba en la alameda de tus ojos mintiendo cuando estuve?

Disciplina de todo lo que sube. De lo que mira y ve, mientras se enreda su triste agilidad, como en la rueda de tus campos del cielo que no anduve.

Y es por seguir cegueras sin mancilla por lo que tanta bruma nos separa

y hace del resplandor su maravilla,

su clavel mudo. ¡Y qué ajenos al daño después, cuando tus ojos son la clara locura de no verme siempre extraño!

Como si nunca hubiera sido mía

Como si nunca hubiera sido mía, dad al aire mi voz y que en el aire sea de todos y la sepan todos igual que una mañana o una tarde. Ni a la rama tan sólo abril acude ni el agua espera sólo el estiaje. ¿Quién podrá decir que es suyo el viento, suya la luz, el canto de las aves en el que esplende la estación, más cuando llega la noche y en los chopos arde tan peligrosamente retenida? ¡Que todo acabe aquí, que todo acabe de una vez para siempre! La flor vive tan bella porque vive poco tiempo

y, sin embargo, cómo se da, unánime,

dejando de ser flor y convirtiéndose en ímpetu de entrega. Invierno, aunque no esté detrás la primavera, saca fuera de mí lo mío y hazme parte, inútil polen que se pierde en tierra pero ha sido de todos y de nadie. Sobre el abierto páramo, el relente es pinar en el pino, aire en el aire, relente sólo para mí sequía. Sobre la voz que va excavando un cauce qué sacrilegio éste del cuerpo, éste de no poder ser hostia para darse.

Miro la espuma, su delicadeza

que es tan distinta a la de la ceniza. Como quien mira una sonrisa, aquella por la que da su vida y le es fatiga

y amparo, miro ahora la modesta

espuma. Es el momento bronco y bello del uso, el roce, el acto de la entrega creándola. El dolor encarcelado del mar, se salva en fibra tan ligera; bajo la quilla, frente al dique, donde existe amor surcado, como en tierra la flor, nace la espuma. y es en ella

Espuma

donde rompe la muerte, en su madeja

donde el mar cobra ser, como en la cima de su pasión el hombre es hombre, fuera de otros negocios: en su leche viva.

A este pretil, brocal de la materia

que es manantial, no desembocadura, me asomo ahora, cuando la marea sube, y allí naufrago, allí me ahogo muy silenciosamente, con entera aceptación, ileso, renovado en las espumas imperecederas.

"Alianza y condena" 1965

51

CARLOS BARRAL (1928 - 1989)

Noche

Clamo a tu vientre lívido de viento, al corazón estrecho de tus gallos,

a sus látigos rojos, a los rayos

que acribillan tu hueco firmamento.

Si llegaras conmigo a la ondulada alta loma del ser, donde se muta

la sangre viva en el símbolo de hielo

Busco la arista del desdoblamiento, hurtarme fruto a mis normales tallos, libertarme en tus ácidos caballos

y un ungir tus torres de mi advenimiento.

Tu cuerpo en qué alegría de revuelo, que inmediación de trinos, ¡oh agitada pasión de ti, de tórtola inspirada, de azul y pluma en claro azul! (Uccello)

Mas quién podrá parar la madrugada alzando ya la concha de su ruta sus rapaces de luz sobre tu vuelo.

(Laye, n° 14, junio-julio de 1951)

Pájaros para Yvonne

Yo, tu fronda apartada. Permanente árbol donde resuena tu destino, leeré tu trayectoria. Se adivina

Pájaro. Sal. Escribe por el suelo el gozo de tu jaula enamorada. Sea risueña alcándara la espada de gavilán blandida para el duelo.

tan bien lo que se espera

oblicuo, qué te importa, ¡oh diferente mirlo de luz si vienes a la encina!

Del camino

(Alcalá, n° 20, 1952)

Porque conocía el nombre de los peces

Porque conocía el nombre de los peces, aún de los más raros,

y el de los caladeros, y las señas

de las lejanas rocas submarinas,

me dejaban revolver en las cestas, tocarlos uno a uno, sopesarlos,

y comentaban conmigo abiertamente

las sutiles cuestiones del oficio.

Porque entendía de nudos y de velas

y del modo de armar los aparejos,

me llevaban con ellos muchas veces; me regalaban el quehacer de un hombre. Sentía con orgullo enrojecérseme las manos al contacto del cáñamo,

impregnarme un fuerte hedor a brea y a pescado. Sabía casi todo de aquella vida simple, de aquel azar diario y primitivo.

Sólo que aquella ciencia era lujosa. No supieron contarme

o no pude entender cómo era aquello

en los días peores, las amargas semanas de paciencia, cuando el viento del norte roe las entrañas y se harta la pupila de escudriñar los cielos, en los días confusos,

52

cuando el mar de borrosos contornos es sólo como un cascote de vidrio semienterrado en el fango,

un desagradable incidente o una trampa para los que pasan corriendo ciegos bajo la lluvia.

Primer amor

No lo supimos la primera vez; lo extraño, que lo hacía distinto de los sueños, no estaba en ella, ni en ser menos real, más pálida y ausente, humana donde el mórbido cuerpo imaginado. Tampoco en la premura de gestos que, al contrario, habíamos fiado a maravilla ni en las voces que nunca imaginamos -«De un pueblecillo cerca de Jaén», decía, todavía en rosada ropa interior, como en un envoltorio de farmacia.

Y luego de rodillas,

cerca, sobre la cama

esquemática:

-«Ya ves,

a mis hermanos,

que están bien situados, »

esa empresa

Y de pronto una parte

del cuerpo próxima se imponía,

mostraba su imprevista materia

y hacía que nos olvidásemos de nosotros mismos,

y, como en un relámpago, amásemos la realidad

y aquella dulce imperfección inmediata.

-«Mi madre con los años

Había unas cortinas de bordes oxidados

y un perchero

como las mecedoras del verano.

»

Pero un día

(aunque quizás el tiempo nos engañe

y sea sólo ahora) comprendimos,

supimos de aquel vértigo más hondo que los minutos en secreto. Era en las escaleras o en la sala:

aquel señor con aires oficiosos, el mecánico verde todavía de grasa, o el alumno, no estábamos seguros, del colegio, la gente que encontrábamos, los ojos que hacían que miraban otra cosa. Porque habíamos sido cuidadosamente guardados del contagio,

meticulosamente preservados, y, un momento, tiraba de nosotros el instinto más fuerte, nos hacía extrañamente solidarios. Ciudad arriba, luego, en el camino de forzoso regreso a la costumbre, sentía vagamente -me parece- algún alivio a mi respecto, más amigas las cosas, menos prieta la atención a mí mismo, como si aquella sensación durase.

Y eso era todo, creo, era muy corto.

O tal vez algún día escogía un camino sinuoso, buscaba los repliegues azules, las aceras

curvas,

donde los niños juegan a los naipes

a la luz de un comercio de ortopedia; los cielos con alambre

y la humedad afectuosa

de las plazuelas apartadas.

53

JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD (1926 -

)

A batallas de amor, campo de plumas

Ningún vestigio tan inconsolable como el que deja un cuerpo entre las sábanas

y más cuando la lasitud de la memoria ocupa un espacio mayor del que razonablemente le corresponde.

Linda el amanecer con la almohada

y algo jadea cerca, acaso un último estertor adherido

a la carne, la otra vez adversaria

emanación del tedio estacionándose entre los utensilios de la noche.

Despierta, ya es de día, mira

los restos del naufragio bruscamente esparcidos en la vidriosa linde del insomnio.

Sólo es un pacto a veces, una tregua ungida de sudor, la extenuante reconstrucción del sitio donde estuvo asediado el taciturno material del deseo.

Rastros hostiles reptan entre un cúmulo de trofeos y escorias, amortiguan

la inerme acometida de los cuerpos.

A batallas de amor campo de plumas.

Anterior a tu cuerpo es esta historia

Anterior a tu cuerpo es esta historia que hemos vivido juntos en la noche inconsciente.

Tercas simulaciones desocupan

el espacio en que a tientas nos

buscamos,

dejan en las proximidades de la luz un barrunto de sombras de preguntas nunca hechas. En vano recorremos la distancia que queda entre las últimas sospechas de estar solos, ya convictos acaso de esa interina realidad que avala siempre el trámite del sueño. La botella vacía se parece a mi alma

Solícito el silencio se desliza por la mesa nocturna,

rebasa el irrisorio contenido del vaso. No beberé ya más hasta tan tarde. Otra vez soy el tiempo que me queda. Detrás de la penumbra yace un cuerpo desnudo

y hay un chorro de música insidiosa

disgregando las burbujas del vidrio. Tan distante como mi juventud ,

pernocta entre los muebles el amorfo,

el tenaz y oxidado material del deseo. Qué aviso más penúltimo amagando en las puertas, los grifos, las cortinas.

Qué terror de repente de los timbres. La botella vacía se parece a mi alma. Por las ventanas, por los ojos de cerraduras y raíces, por orificios y rendijas

y por debajo de las puertas, entra la noche.

54

Miedo

Mil veces he intentado decirte que te quiero, mas la ardorosa confesión, mi vida,

se

ha vuelto de los labios a mi pecho.

de esa vaga armonía, cuyas notas tiene tan sólo el corazón por eco. Deja al que va cruzando

tenga la luz de la esperanza al menos.

por áspero sendero,

¿Por qué, niña? Lo ignoro, ¿Por qué? Yo no lo entiendo, Son blandas tu sonrisa y tu mirada,

que si no halla la luz en la ventana,

Callemos en buena hora

dulce es tu voz, y al escucharla tiemblo.

Ni

al verte estoy tranquilo,

pues que al hablarte tiemblo, mas deja que las almas, uno a uno,

ni

al hablarte sereno,

se

cuenten con los ojos sus secretos

busco frases de amor y nos la hallo.

No sé si he de ofenderte y tengo miedo. Callando, pues, me vivo

y amándote en silencio,

sin que jamás en tus dormidos ojos

sorprenda de pasión algún destello. Dime si me comprendes,

Dejemos que se digan en ráfagas de fuego confidencias que escuche el infinito frases mudas de encanto y de misterio. Dejemos, si lo quieren,

que estallen en un beso,

beso puro que engendren las miradas

si

amarte no merezco.

y

suba sin rumor hasta los cielos.

Di

si una imagen en el alma llevas

 

Dime así que me entiendes,

Mas no

no me lo digas

¡tengo

miedo!

que sientes lo que siento,

Pero si el labio calla,

 

que es el porvenir de luz y flores

con frases de los cielos

y

que tan bello porvenir es nuestro.

deja, mi vida, que tus ojos digan

Di

que verme a tus plantas

a

mis húmedos ojos

ya os entiendo.

es

de tu vida el sueño,

Deja escapar el alma los rítmicos acentos

dime así cuanto quieras De que me hables así

55

cuanto quieras. no tengo miedo.

JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO (1928 - 1999)

Tú no puedes volver atrás porque la vida ya te empuja como un aullido interminable.

Hija mía, es mejor vivir con la alegría de los hombres, que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada, te sentirás perdida o sola, tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán que la vida no tiene objeto, que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate de lo que un día yo escribí pensando en ti como ahora pienso.

Un hombre sólo, una mujer así, tomados de uno en uno, son como polvo, no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti, cuando te escribo estas palabras, pienso también en otros hombres.

Tu destino está en los demás, tu futuro es tu propia vida,

Algunas veces llego presuroso, rodeo tus rodillas, toco tu pelo. ¡Ay Dios, quisiera decirte tantas cosas! Te compraré un pañuelo,

Palabras para Julia

tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas, que les ayude tu alegría, tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate de lo que un día yo escribí pensando en ti como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes junto al camino, nunca digas no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella, tú verás cómo a pesar de los pesares, tendrás amor, tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección

y este mundo tal como es

será todo tu patrimonio.

Perdóname, no sé decirte nada más, pero tú comprende que yo aún estoy en el camino.

Y siempre, siempre, acuérdate

de lo que un día yo escribí pensando en ti como ahora pienso.

Así

seré buen chico, haremos

un viaje

no sé lo que me pasa.

No

sé,

Quiero morir así, así en tus brazos.

56

Como la piel de un fruto, suave

a la amenaza de los dientes, iluminada, alegre casi, ibas camino de la muerte.

La vida estaba en todas partes:

en tu cabello, sobre el césped,

Como la piel de un fruto, suave

sobre la tierra que añorabas, sobre los chopos, por tu frente

Todo pasó, tal un verano, sobre tu carne pura y breve. Como la piel de un fruto, ¡eras tan olorosa y atrayente!

Cuando todo suceda

Digo: comience el sendero a serpear delante de la casa. Vuelva el día vivido a transportarme lejano entre los chopos.

Allí te esperaré.

Me anunciará tu paso el breve salto

de un pájaro en ese instante fresco y huidizo que determina el vuelo,

y la hierba otra vez como una orilla

cederá poco a poco a tu presencia.

Te volveré a mirar, a sonreír desde el borde del agua. Sé lo que me dirás. Conozco el soplo de tus labios mojados:

tardabas en llegar. Y luego un beso repetido en el río.

De nuevo en pie siguiendo tu figura regresaré a la casa lentamente cuando todo suceda.

El oficio del poeta

Contemplar las palabras sobre el papel escritas, medirlas, sopesar su cuerpo en el conjunto del poema, y después, igual que un artesano, separarse a mirar cómo la luz emerge de la sutil textura. Así es el viejo oficio del poeta, que comienza en la idea, en el soplo

sobre el polvo infinito de la memoria, sobre la experiencia vivida, la historia, los deseos, las pasiones del hombre.

La materia del canto nos lo ha ofrecido el pueblo con su voz. Devolvamos las palabras reunidas a su auténtico dueño.

57

CARLOS SAHAGÚN (1938 -

)

Qué niño irá a caballo pensativo hacia el mar insondable para contarnos una dura historia

de despojos guerreros y de hambre

como aquel mediodía que revive aún hoy bajo los cascos sollozantes.

Tal vez la vida sea para otros

asunto menos grave música que escuchamos desplegada dulcemente en el aire

Para que sepas lo que fui de niño voy a decirte toda la verdad.

Para que sepas cómo fui, aún guardo

mi retrato de entonces junto al mar.

Playa de arena, corazón de arena hubiera yo querido en tu ciudad. Que te faltase como me faltaba

A imagen de la vida

larga espera en la seguridad

de que el tren llegará temprano o tarde.

Mas para mí no puede ser sino dolor hecho a su imagen.

Mi porvenir y mi principio

son una misma escena inolvidable el mar que emerge eternamente al fondo de una calle

y un niño y un caballo derribados tragados por el oleaje.

Canción de infancia

Si hubieras sido niña rodeada

por todas partes, ay, de soledad,

yo te habría buscado hasta encontrarnos,

hasta ponernos los dos a llorar.

Juntos los dos. Que tu madre nos diga aquel cuento que no tiene final. Despertar de la infancia no quisimos

-le

llamaron post-guerra al hambre- el pan.

y

no sé quién nos hizo despertar.

con tu casa de muñecas vivas

Pero hoy, que hemos crecido tanto, vamos,

llenando los rincones de piedad. Yo, capitán con mi espada de palo, matando de mentira a los demás.

dame la mano y todo volverá. Somos dos niños que a la vida echaron. Muchacha -niña-, empieza a caminar.

Desembarco

Perdida la ocasión en las batallas,

años después, hombres y niños esperábamos

la tiranía del silencio.

un

desembarco salvador.

Nada en el horizonte de color Normandía.

Se

poblaban las playas de miradas,

Sólo espuma en la orilla y tierra inhóspita

los sueños, de navíos.

bajo los pies descalzos, anhelantes

Pero nadie venía a destruir

y acobardados.

58

Insomnio

Insaciable,

entré en tu edad madura, en la maleza,

busqué el tenso bambú, la carne cimbreante, con el designio de un tardío acoso,

y como el sueño no era sino un viaje

cuyo mayor dolor es el regreso, hacia la tapia fulgurante y ciega acompañé tu imagen, sufrí su maleficio, oh misteriosa y húmeda concavidad vacía, cuerpo más que la aurora vacilante, desolación para los que esperábamos, tras noches de ansiedad, siglos de entrega.

Para este otoño súbito

Ha muerto, está la losa confirmando

su descenso al infierno, un largo epílogo de ávidos bisturíes y transfusiones. Mas no bajan con él los días aciagos

y un espejo prolonga su adversa simetría sobre el país inerme.

No ha acabado el eclipse. El dolor sigue, la noche sigue proponiendo al aire proyectos infinitos que ya apenas perturban porque se abandonaron: hoy devienen derrotada memoria de una herida que no defiende nadie.

Ahora, en la incertidumbre de esta muerte, contemplo a solas una luz difusa, cada vez más lejana. Hay en las playas pura lluvia sin fin, y en los caminos igual desesperanza, más árboles sin vida para este otoño súbito.

59

"Primer y último oficio" 1979

FÉLIX DE AZÚA (1944 -

)

Romance tecnócrata

Silbando su tonada hacia la izquierda con el tren bajo las nalgas de melocotón

el pecho atravesado todavía por una dentadura

y desdén de la pierna por la media de nylon

camino de la ventilación de un asunto amoroso se lanza al mar y pide dos horchatas brindando con el aire "¡salud salud!" se acerca entonces el bruñido atleta "sé lo que pasa y que tu weltanschauung la voluntariedad, quiero decir; él en cambio -plagiando a Scott Fitzgerald-, es escolástico hasta en la compra de tabaco". Ella grita con júbilo y sonríe por la noche y en íntima fusión los dos orines cantan a dúo:

-"Nada tan claro como las ciencias del espíritu nada tan taylorista como la psiquiatría ".

Taparrabos

power

El oro tiene tantos significados

cuando tu mano pueblan los anillos

o perforando el labio

el largo clavo dobla las comisuras ¿qué peso lo transforma? El color hace la piel más negra porque peso y color son para ti lo mismo un peso blando un color puro hacen la máquina para los sacrificios dan la orden de que se inicie el rito. Cargados de oro pues lamidos por serpientes, cubilete de los significados convertidos en sacerdotes de aquella religión.

60

MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN (1939 - 2003)

Inútil escrutar tan alto cielo

I

nútil escrutar tan alto cielo inútil cosmonauta el que no sabe el nombre de las cosas que le ignoran el c