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UNIVERSIDAD ALAS PERUANAS

"AÑO DE LA DIVERSIFICACIÓN PRODUCTIVA Y DEL FORTALECIMIENTO DE LA

EDUCACIÓN"

CIENCIAS DE LA SALUD

ESPECIALIDAD: PSICOLOGIA

CURSO:

TEMA: TRASTORNOS SEXUALES Y DE LA IDENTIDAD SEXUAL.

LICENCIADO:

PRESENTADO POR: LUIS FERNANDO MAMANI PACCO

SEMESTRE: I-B

AÑO: 2015

Juliaca –Perú

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DEDICATORIA

Este trabajo en primer lugar se lo quiero dedicar a Dios, que durante todo este tiempo

me estuvo acompañando, iluminando y guiándome para llegar a mi meta.

A mis padres que con su amor incondicional me apoyaron en todo momento, en mis

momentos de fortaleza y de debilidad, siempre estuvieron para incentivarme a seguir

adelante.

Y a todos los profesores por brindarnos las enseñanzas y gracias a su dedicación,

paciencia, esmero y profesionalismo me dirigió durante todo este trayecto, con el

objetivo de enseñarme e instruirme para mi futuro.

INTRODUCCIÓN

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El comportamiento sexual es el área de la conducta humana en que la que es más

difícil establecer el límite entre lo normal y lo anormal, pues no existen referencias

externas que nos permitan establecer puntos de corte claros, ya que éstos están en

buena parte determinados por el contexto social y cultural en el que se desenvuelve

el sujeto además de por su propio criterio personal. La ciencia es también causa de

cambios en el comportamiento sexual.

En los últimos 30 años se ha producido un cambio social respecto a la sexualidad.

Los aspectos a destacar son: a) reconocimiento, aceptación y preocupación por la

respuesta sexual de la mujer y por su satisfacción sexual, b) interés por el sexo y

liberalización con respecto a una amplia gama de conductas sexuales, c) importancia

que se da a la consecución de unas relaciones sexuales satisfactorias, d) facilidad de

acceso al material informativo y e) interés científico despertado por el tema.

La definición de lo que es un trastorno sexual en las clasificaciones diagnósticas se

basa en la experiencia subjetiva de malestar en relación con algún aspecto de la

actividad sexual propia. Esta definición se amplía para abarcar aquellos

comportamientos de carácter sexual que producen malestar a otra persona (acoso

sexual, violación, parafilias...).

Hay que tener en cuenta las distintas facetas del comportamiento sexual humano que

comprenden la propia respuesta sexual, en la que se incluyen todos los cambios a

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diversos niveles (fisiológico, anatómico, motor y emocional) y la identidad sexual,

constituida por 3 facetas: la identidad de género, el rol o papel sexual y la orientación

sexual.

BREVE REFERENCIA HISTÓRICA

La preocupación por los enigmas de la sexualidad ha existido en todos los lugares y

todos los tiempos, pero es verdad que sólo recientemente esta interrogación

fundamental intenta adquirir el perfil de un discurso científico. Entre los pioneros hay

que citar a Krafft Ebing (1840-1939), Havelock Ellis (1859-1939) y Sigmund Freud (1856-

1939). Pero es Alfred Kinsey quien sienta las bases de la sexología científica al publicar

(1949) su famoso informe, que constituye un análisis objetivo del comportamiento

sexual de grandes grupos humanos en Estados Unidos. Posteriormente, W. Masters

y V. Johnson, al estudiar la respuesta sexual humana en condiciones experimentales,

establecen los fundamentos del sexo terapia y de ulteriores desarrollos.

En nuestro medio, C. A. Seguín y H. Rotondo fomentaron el interés de los

profesionales de la salud en el dominio de la sexualidad humana, y en la década

presente han surgido cursos universitarios, principalmente en los programas de

medicina y psicología, que abordan el tema desde una perspectiva multidisciplinaria.

DEFINICIÓN DE SALUD SEXUAL

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La OMS considera la Salud Sexual como "la integración de los elementos somáticos,

emocionales, intelectuales y sociales del ser sexual, por medios que sean

positivamente enriquecedores y que potencien la personalidad, la comunicación y el

amor".

Según Mace, Bannerman y Burton, el concepto de sexualidad sana incluye tres

elementos básicos:

a) La aptitud para disfrutar de la actividad sexual y reproductiva y para regularla de

conformidad con una ética personal y social.

b) La ausencia de temores, de sentimientos de vergüenza y culpa, de creencias

infundadas y de otros factores psicológicos que inhiban la reacción sexual o

perturben las relaciones sexuales.

c) La ausencia de trastornos orgánicos, de enfermedades y deficiencias que

entorpezcan la actividad sexual y reproductiva.

CLASIFICACIÓN DE LOS TRASTORNOS SEXUALES

El DSM-IV considera tres grupos en esta categoría diagnóstica:

 Trastornos de la identidad sexual,

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 Parafilias,

 Disfunciones sexuales.

TRASTORNOS DE LA IDENTIDAD SEXUAL

Para este diagnóstico se requiere cuatro subgrupos de criterios:

Criterio A.- Debe evidenciarse que el individuo se identifica de un modo intenso y

persistente con el otro sexo.

En los niños, el trastorno se manifiesta por cuatro o más de los siguientes rasgos:

a) Deseos repetidos de ser, o insistencia en que uno es, del otro sexo.

b) En las niñas, insistencia en ponerse solamente ropa masculina; en los niños,

preferencia por vestirse con ropa de niña o mujer.

c) Preferencia intensa y persistente por el papel del otro sexo o fantasías recurrentes

de pertenecer al otro sexo.

d) Atracción intensa de participar en los juegos y pasatiempos propios del otro sexo.

e) Marcada preferencia por compañías del otro sexo.

En los adolescentes y adultos, el trastorno se manifiesta por síntomas tales como:

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a) Un deseo intenso de pertenecer al otro sexo, lo que se revela por un afán de

adoptar el rol del otro sexo o de adquirir su aspecto físico, mediante tratamiento

hormonal o quirúrgico.

b) Un deseo firme de ser considerado como del otro sexo, para lo cual adoptan el

comportamiento, la vestimenta y los movimientos contrarios a su sexo anatómico.

c) Un deseo de vivir o ser tratado como si fuese del otro sexo.

d) La convicción de que ellos experimentan las reacciones y las sensaciones propias

del otro sexo.

Criterio B.- Deben existir pruebas de malestar persistente por el sexo asignado o un

sentimiento de inadecuación en el desempeño del rol sexual. En los niños este

malestar se pone en evidencia merced a los siguientes rasgos:

En los varones, sentimientos de que el pene o los testículos son horribles o van a

desaparecer; que sería mejor no tener pene; o sentimientos de rechazo a los juguetes,

juegos y actividades propios de los niños.

En las niñas, rechazo a orinar en posición sentada; sentimientos de tener o presentar

en el futuro un pene; el anhelo de no querer poseer senos ni tener la menstruación;

aversión hacia la ropa femenina.

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Criterio C.- Este diagnóstico no se hará si el sujeto presenta simultáneamente una

enfermedad intersexual (por ejemplo, el síndrome de insensibilidad a los andrógenos

o una hiperplasia suprarrenal congénita).

Criterio D.- El trastorno debe producir un sentimiento de malestar clínicamente

significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de su actividad.

En función de la edad del individuo, el diagnóstico será clasificado como trastorno de

la identidad sexual en niños, o trastorno de la identidad sexual en adolescentes o

adultos. Y, en el caso de individuos sexualmente maduros, especificar si son atraídos

sexualmente por hombres, por mujeres, por ambos o por ninguno.

Síntomas y trastornos asociados. Muchos pacientes con este trastorno se aíslan

socialmente, experimentan una merma de su autoestima y pueden presentar

síntomas de ansiedad y depresión. Algunos de ellos se dedican a la prostitución,

exponiéndose a diversos riesgos, principalmente a contraer el SIDA. Son también

frecuentes los intentos de suicidio y los trastornos por abuso de sustancias

psicoactivas.

Curso y pronóstico. Este trastorno es muy raro, siendo más frecuente en hombres

que en mujeres. El problema se inicia casi siempre en la infancia, se mantiene en

secreto por años y se hace evidente al final de la adolescencia o en los comienzos de

la vida adulta. El 75% de los muchachos que muestran síntomas de travestismo

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empezó el trastorno antes de los cuatro años. En ambos sexos, la homosexualidad se

desarrolla entre el 30 y el 60% de todos los casos. El transexualismo –caracterizado

por el deseo de reasignación quirúrgica del sexo– se da en el 10% de los casos

aproximadamente.

Tratamiento. El tratamiento de este trastorno es difícil y pocas veces se ve coronado

por el éxito si es que la meta es que la persona afectada reasuma su identidad y el

rol sexual que le corresponde. Sin embargo, se puede aliviar los síntomas

concomitantes y ayudar a los pacientes a que se sientan mejor con el rol sexual que

adopten. Los diferentes afrontes psicoterapéuticos: psicodinámico, cognitivo-

conductual, familiar sistémico, entre otros, pueden ser útiles. Igualmente, en función

de cada caso, se emplearán la psicofarmacoterapia, el tratamiento hormonal y la

reasignación quirúrgica. En lo referente a esta última, en pacientes cuidadosamente

seleccionados y preparados, los resultados satisfactorios oscilan entre el 70 y el 80%

(Kaplan, H., 1994) a pesar de lo cual sigue siendo una medida controvertida.

1.2. Trastorno de la identidad sexual no especificado. El DSM-IV incluye esta categoría

para aquellos casos que no han podido ser clasificados como un trastorno de la

identidad sexual específico. Ejemplos:

a) Enfermedades intersexuales (por ejemplo, el síndrome de insensibilidad a los

andrógenos) y disforia sexual concomitante.

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b) Conducta travestista transitoria relacionada con el estrés.

c) Preocupación continúa por la castración o la penectomía, sin deseo de adquirir las

características sexuales del otro sexo.

PARAFILIAS O DESVIACIONES SEXUALES

CONCEPTO Y CARACTERIZACIÓN GENERAL

Los términos de parafilias, desviaciones sexuales o trastornos de la inclinación sexual

hacen referencia a una serie de comportamientos sexuales caracterizados por la

excitación del sujeto ante objetos y situaciones que no forman parte de los patrones

sexuales normativos. Existe dificultad para discriminar entre conductas sexuales

normales y anormales. Un criterio clínico a considerar a la hora de establecer la

normalidad o no de estas conductas, es el grado en que éstas interfieren el ajuste

sexual de la persona dificultando el establecimiento de relaciones sexuales

satisfactorias.

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Otro criterio es si estas conductas representan una agresión o un peligro para el que

lo practica, para la persona que es objeto de la práctica o para ambos. Esto es lo que

pasa con las ofensas sexuales: exhibicionismo, voyeurismo, froteurismo, la paidofilia,

la violación, etc., que además son considerados delitos. En definitiva, siempre que

ocurran de común acuerdo entre adultos y en privado, y siempre que no constituyan

una violación de los derechos y libertades del otro.

CLASIFICACIÓN DEL DSM Y CRITERIOS DIAGNÓSTICOS

El DSM-IV adopta el término parafilias (no desviaciones sexuales) y las define como

un grupo de trastornos cuya sintomatología esencial es la presencia de necesidades

y fantasías sexuales intensas y recurrentes, de impulsos o comportamientos sexuales

que generalmente suponen: 1) objetos no humanos, 2) sufrimiento o humillación

propia o del compañero o 3) niños o personas que no consienten y que se presentan

durante un período de al menos 6 meses. El diagnóstico debe hacerse sólo si el

individuo ha actuado de acuerdo a estas necesidades o si le causan molestias

marcadas.

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Existen diversos grados de afectación. Para algunos, los estímulos parafílicos son

necesarios siempre para la activación erótica. Para otros, estas preferencias parafílicas

se presentan sólo en determinados momentos, siendo el individuo capaz de

funcionar sexualmente sin este tipo de estímulos.

El DSM-III-R y el DSM-IV no distinguen entre parafilias y ofensas sexuales,

agrupándolas bajo un mismo epígrafe. Además, algunas ofensas sexuales como la

violación o las agresiones sexuales no son clasificadas como parafilias, lo que pone

de relieve más su carácter agresivo que su carácter sexual. Los trastornos incluidos

bajo la categoría diagnóstica de parafilias en el DSM-IV son exhibicionismo,

fetichismo, froteurismo, paidofilia, masoquismo, sadismo, fetichismo transvestista y

voyeurismo. Finalmente se incluye una categoría residual de parafilias no

especificadas que debe usarse en aquellos comportamientos que constituyendo una

parafilia no hayan podido ser clasificados en ninguna de las categorías anteriores. ej.:

zoofilia, necrofilia…

Para que una persona sea diagnostica de algunos de estos trastornos, según el DSM-

IV ha de cumplir los siguientes criterios diagnósticos: 1) durante un periodo por lo

menos de 6 meses, intensas necesidades recurrentes y fantasías sexualmente

excitantes ligadas a la parafilia, y 2) el individuo ha actuado de acuerdo a estas

necesidades o se encuentra marcadamente perturbado por ellas. El DSM-III-R ha

incluido también criterios de gravedad: leve; el individuo se encuentra marcadamente

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afectado por las necesidades parafílicas recurrentes pero nunca ha actuado de

acuerdo con ellas, moderada; en algunas ocasiones el individuo ha actuado de

acuerdo con sus necesidades parafílicas, y grave; el individuo ha actuado

repetidamente de acuerdo con sus necesidades parafílicas.

Con frecuencia estos sujetos presentan parafilias múltiples y en ocasiones pueden ser

síntomas de otros trastornos mentales. En la mayor parte de los casos son

comportamientos que no provocan malestar subjetivo (rara vez solicitan tratamiento).

En una minoría pueden generar sentimientos de culpa, vergüenza y depresión.

EPIDEMIOLOGÍA

Las personas que lo padecen tienden a ocultarlo. Las parafilias se dan con mucha

mayor frecuencia en los hombres que en las mujeres. Sólo el masoquismo se da en

un elevado número de mujeres, pero incluso en este caso la relación es de 20 a 1.

Hay varias hipótesis para explicar la preponderancia masculina.

En primer lugar se alude a que el hombre tiene un mayor impulso sexual, lo que

facilita que fije la atención en una gama más amplia de objetos sexuales. Una segunda

explicación gira en torno al mayor componente agresivo de los varones que puede

explicar la adopción de conductas violentas ligadas al sexo, p. ej la violación. Estudios

han tratado de establecer correlaciones entre los niveles de testosterona y conductas

sexuales agresivas con resultados poco concluyentes. Por último, se habla de una

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mayor indefinición de la identidad sexual masculina y de menor capacidad de

discriminación sexual en el hombre, que puede llevar a la exploración de estímulos

sexuales diversos. En relación con la edad de inicio, las desviaciones sexuales suele

aparecer en la adolescencia. En un 50% aparece antes de los 18 años.

DESCRIPCIÓN CLÍNICA

EXHIBICIONISMO

El exhibicionismo es una conducta caracterizada por la obtención de un alto nivel de

excitación sexual a través de la exposición de los genitales a una persona

normalmente desconocida, en un lugar público y sin que exista intento de una

actividad sexual posterior. Ocurre casi exclusivamente en hombres. La conducta más

típica es mostrar el pene en erección a una o más mujeres, con frecuencia

adolescentes. Algunos autores han informado de exhibicionismo femenino.

El exhibicionismo debe distinguirse de la paidofilia: en ésta la exposición de los

genitales es un preludio de una actividad sexual posterior con el niño. El

exhibicionismo es la más común de las desviaciones sexuales. De un 30-50% de

mujeres informan de haber sido alguna vez víctimas de un exhibicionista. Es además

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la desviación que más problemas tiene con la justicia: el 34% son detenidos alguna

vez. Comienza normalmente en la adolescencia, con una prevalencia máxima entre

los 20-30 años de edad. Ocasionalmente puede aparecer en hombres mayores de

edad; en estos casos son personas sin pareja o que han sido abandonadas por éstas

por problemas de impotencia. Es frecuente que se asocie a alguna otra desviación

sexual. Las más comunes son el voyeurismo y la paidofilia.

Con frecuencia se asocia el inicio de estas conductas, con alguna experiencia de

excitación sexual que se sigue a un episodio de exposición accidental (alguien le ve

mientras se está vistiendo y tiene una erección). Otros autores lo asocian a las

exposiciones ocasionales que pueden producirse durante los juegos infantiles del tipo

“médicos y enfermeras”. El mantenimiento de esta conducta durante la edad adulta

se podría explicar por la asociación entre dichos comportamientos o fantasías de

exhibición con actividades de masturbación.

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Algunos autores señalan que aunque la adquisición de estas conductas se establece

bajo la influencia de un impulso sexual, en la edad adulta pierden su carácter sexual

y adquieren un matiz compulsivo. McConaghy recurre a la teoría del mecanismo de

terminación conductual para explicar estos hechos. Según esta teoría, cuando una

conducta es muy habitual, se establece en el SNC un mecanismo denominado de

terminación conductual. Éste se activa ante la presencia de estímulos asociados con

la realización de dicho comportamiento, y si la conducta no es completada se

produce un importante incremento de tensión subjetiva. Lo aversivo de esta

sensación impulsa al sujeto a completar su conducta para que desaparezca la tensión.

Esto es consistente con estudios que señalan que un porcentaje elevado de sujetos

informa de no obtener gratificación sexual durante sus exposiciones, no encontrando

un motivo consistente para su conducta aparte de un sentimiento de compulsión. El

exhibicionista es normalmente heterosexual, no existiendo diferencias entre el tipo

de contactos heterosexuales que establecen los exhibicionistas y los sujetos

heterosexuales normales.

Otros autores aluden a la alteración del cortejo: un experimento en el que se

mostraba en películas a mujeres realizando conductas y movimientos no eróticos. En

los exhibicionistas, la visión de estas mujeres producía una excitación sexual que no

aparecía en el grupo de sujetos normales (en éstos, la ausencia de conductas eróticas

o cortejo les previene de excitarse sexualmente). Respecto a las características de

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personalidad, se trata de personas retraídas, tímidas y dependientes, con déficit en

habilidades sociales y heterosexuales.

VOYEURISMO

La principal fuente de excitación del sujeto es la contemplación de personas desnudas

o realizando algún tipo de actividad sexual. El voyeurista lleva a cabo dichas

conductas de forma oculta y sin el consentimiento de las víctimas. La masturbación

está con frecuencia asociada a este acto. Algunas de estas prácticas implican un

importante riesgo de ser sorprendidos, que aumenta más su excitación y que los

pone en peligro de ser arrestados. Esta conducta tiene un marcado componente

compulsivo, y los sujetos informan de una intensa activación autonómica (aceleración

de la tasa cardíaca, aumento de la sudoración) ante la aparición de estímulos

relacionados con esta conducta.

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Aparece predominantemente en hombres, normalmente heterosexuales. Existe alta

morbilidad entre voyeurismo y exhibicionismo. Los voyeuristas solicitan tratamiento

con mucha menos frecuencia que los exhibicionistas (son sorprendidos con mayor

dificultad). Es importante distinguir entre voyeurismo y actividad sexual normal, la

diferencia está en que la persona observada lo sabe. Algunos autores incluyen entre

las práctica voyeuristas la contemplación del striptease, la utilización de pornografía,

etc., siempre que ésta constituye una conducta recurrente o la principal fuente de

excitación para el sujeto. Freund considera una variante del voyeurismo en modalidad

auditiva, la escucha de cintas en las que una mujer describe sus sensaciones al

masturbarse o conversaciones telefónicas.

Normalmente comienza en la adolescencia, y aunque en ocasiones tiene un carácter

pasajero, con frecuencia tiene un curso crónico. Su inicio se asocia a la excitación

obtenida después de haber observado a una mujer desnuda, una pareja haciendo el

amor... Posteriormente el sujeto asocia estas fantasías a la masturbación y de esta

forma se condiciona la excitación sexual a este tipo de estímulos. En cuanto a las

características de la personalidad, suelen ser sujetos tímidos y con ciertas dificultades

para el establecimiento de relaciones heterosexuales.

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FROTTEURISMO

Consiste en la obtención de placer a través del frotamiento de los genitales contra el

cuerpo de una persona desconocida y sin el consentimiento de ésta. El DSM-III-R

incluye el tocamiento de otras partes de cuerpo. No es el preludio de una actividad

sexual posterior. Los frotteurs realizan estas actividades en lugares públicos y

concurridos (autobús, metro…). Normalmente va acompañado de una masturbación

ante el recuerdo de este tipo de situaciones. Suele tener un carácter pasajero y se da

con mayor frecuencia entre los 15-20 años. La aparición de esta conducta se asocia a

la observación en otras personas y su posterior imitación. Respecto a las tasas de

prevalencia existen muy pocos datos sobre este trastorno.

FETICHISMO Y TRANSVESTISMO FETICHISTA

El fetichista se excita sexualmente observando y/o manipulando objetos inanimados,

normalmente ropa interior femenina, calzado, prendas de vestir diversas, pañales…

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Frecuentemente se masturban mientras sostienen, tocan o huelen el fetiche. Cuando

la conducta del sujeto se limita a ponerse ropa del sexo contrario, no debe ser

diagnosticada según el DSM-III-R del fetichismo, sino de fetichismo transvestista.

Estos sujetos suelen tener ropa interior femenina para transvestirse cuando están

solos, acompañando a la masturbación o cuando realizan el acto sexual con su pareja.

Cuando el objeto que estimula sexualmente al sujeto es una parte o una deformidad

del cuerpo humano, esta parafilia recibe el nombre de parcialismo y debe ser

diagnosticada como parafilia no especificada.

Los fetichistas y fetichistas transvestistas son mayoritariamente hombres y

heterosexuales. Algunos investigadores señalan la existencia de correlación entre

fetichismo y sadomasoquismo. Con frecuencia, las prácticas sexuales con fetiches

implican comportamientos sadomasoquistas (vestirse con ropas de caucho o goma

altamente constrictoras). Apenas existen datos de la prevalencia de este trastorno no

implica violación de las libertades y derechos del otro y que suele darse en privado,

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por lo que muchos fetichistas no acuden a tratamiento, y los que acuden lo hacen

presionados por la pareja.

Respecto a su etiología, se alude a procesos de condicionamiento en el aprendizaje

de esta conducta. Quizás el procedimiento más común es la incorporación del objeto

fetiche a través de la imaginación a una situación de masturbación, por lo que la

aparición de un orgasmo posterior fortalecerá la asociación de ese objeto con la

sensación de placer. Para algunos autores esta explicación no es consistente con que

la mayoría de los fetichistas informen de un fuerte interés desde su infancia hacia el

objeto fetiche, a pesar de que los sujetos no suelan tener consciencia de dicho interés.

Desde el punto de vista del libro estos datos son complementarios, ya que por ser el

fetiche un objeto que desde siempre ha llamado la atención del sujeto es más fácil

incorporarlo a la masturbación.

Se ha hablado de una asociación entre fetichismo y epilepsia temporal, aunque existe

gran controversia. El travestismo fetichista suele tener también su inicio en la

adolescencia.

PEDOFILIA

Se refiere a la presencia de fantasías y conductas que implican la actividad sexual

entre un adulto y un niño. El DSM-IV incluye otro criterio diagnóstico que hace

referencia a la edad del niño y del adulto, indicando que es necesario que el sujeto

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tenga al menos 16 años y que sea al menos 5 años mayor que el niño. Además se

debe especificar si la relación es heterosexual u homosexual, si se limita al incesto, si

es de tipo exclusivo (sólo se da atracción sexual por niños) o de tipo no exclusivo

(existe también atracción sexual por adultos).

Las conductas sexuales van desde el mero exhibicionismo o masturbación delante

del niño hasta los besos, caricias, contactos oro-genitales y en algunos casos la

penetración anal o vaginal. Normalmente no implica violencia física. El adulto suele

ganarse el afecto y la simpatía del niño a través de premios, juegos… Suele ser una

persona cercana o conocida. Se estima que una tercera parte de los abusos sexuales

en la infancia son de carácter incestuoso.

Respecto a la orientación sexual de la paidofilia, algunos autores señalan que esta

diferenciación es determinante, dado que los rasgos de personalidad y las conductas

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exhibidas por unos y otros son diferentes. En general podría decirse que la pedofilia

homosexual suele tener un carácter más crónico y menos reactivo que la

heterosexual.

 Paidofilia heterosexual.

 Pocas víctimas

o El sujeto es alguien conocido para las víctimas

o Se realizan repetidos abusos con una misma víctima durante períodos

prolongados de tiempo

o La edad media de las víctimas es de 8 años

o Se sienten atraídos también por las mujeres adultas

o Suelen ser sujetos casados

o La conducta comienza en la edad adulta de forma ocasional y en

momentos de cierto estrés psicosocial

o Suelen ser de clase social baja, estar en paro, problemas con el alcohol…

 Paidofilia homosexual.

o Muchas víctimas

o El sujeto suele ser un desconocido para las víctimas

o No suelen tener más de una relación con cada una de las víctimas

o La edad media de las víctimas es de 10 años

o No se siente atraídos por adultos del sexo opuesto

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o Suelen ser solteros

o La conducta comienza en la adolescencia

o Suelen ser personas acomodadas con un empleo estable, sin especiales

problemas con el alcohol pero rehúyen las relaciones sociales

La presencia de actos sexuales con niños no es criterio suficiente para el diagnóstico

de paidofilia. Se distingue este trastorno de casos en los que la relación sexual con el

niño se da en un contexto de estrés psicosocial o como consecuencia de una situación

de soledad o aislamiento, constituyendo un episodio aislado en la vida de un

individuo que pre prefiere establecer relaciones con adultos, pero que utiliza al niño

porque el adulto no está disponible.

Hay casos de relaciones con niños aisladas que no constituyen paidofilia en sujetos

con retraso mental, trastorno orgánico de la personalidad, esquizofrenia o problemas

de intoxicación alcohólica. Aquí la conducta está ligada a una disminución de la

capacidad de juicio y del control de los impulsos.

Se sabe poco acerca de la prevalencia: aproximadamente en el 0,5% de las mujeres

y en 5% de los hombres. El perfil típico es el de un hombre de mediana o avanzada

edad, solitario, con dificultades para establecer relaciones heterosexuales.

Normalmente no presentan ningún trastorno psicopatológico significativo, aunque

suele tener baja autoestima y/o problemas de abuso de alcohol o de sustancias.

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Se sabe poco acerca de la etiología, aunque hay varias hipótesis. Unas hacen

referencia al aprendizaje de actitudes negativas hacia el sexo, a las experiencias de

abuso sexual durante la infancia, a la presencia de sentimientos de inferioridad y de

baja autoestima. La asociación posterior con la masturbación facilita el

mantenimiento de la conducta. Así mismo, las situaciones de elevado estrés

psicosocial pueden funcionar también como desencadenantes y mantenedores de la

conducta. Otros hablan de un proceso de condicionamiento que no se extinguió con

experiencias posteriores más gratificantes.

SADISMO Y MASOQUISMO

El sadismo se refiere a la necesidad de infligir daño a otra persona para excitarse

sexualmente. El masoquismo implica la necesidad de ser humillado, atacado,

maltratado, etc., para obtener placer sexual. Son trastornos con frecuencia aparecen

juntos: muchos masoquistas se infligen daño a sí mismos, son los sadomasoquistas.

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Para muchas personas normales de ambos sexos (25%) es sexualmente excitante

proporcionar o recibir pequeñas agresiones cariñosas o someterse voluntariamente

a ciertas fantasías de dominación-sumisión, por lo que existe un cierto componente

sádico en la sexualidad normal. El DSM-III-R señalaba la necesidad de establecer el

diagnóstico diferencial respecto a la violación u otro ataque sexual. Sólo un 10% de

los violadores encuentra satisfacción en el sufrimiento de la víctima. En ocasiones, el

sadismo está asociado a trastornos de la personalidad antisocial: estos individuos

pueden cometer actos muy violentos y producir daños severos a sus víctimas.

Existe gran variedad de conductas sádicas y masoquistas: sujeción con ligaduras,

golpes o latigazos, pisoteo del cuerpo... Hay una conducta a la que el DSM-III-R

otorga atención especial por el peligro físico que conlleva: la hipoxifilia, que es la

excitación sexual a través de la depravación de oxígeno por medio de un nudo o una

bolsa de plástico. La asfixia produce vértigo y mareos debido a la interrupción de la

oxigenación arterial del cerebro y al aumento del dióxido de carbono. En ocasiones

produce muerte. La prevalencia del masoquismo es más frecuente en mujeres, de

hecho es la parafilia de mayor prevalencia en el sexo femenino.

Estas conductas suelen comenzar en la adolescencia y tienen un curso crónico. Es

frecuente la asociación del sadismo y masoquismo con el fetichismo y el fetichismo

transvestista. Es difícil encontrar una explicación etiológica. Se ha recurrido a procesos

de condicionamiento. El primer modelo experimental de masoquismo es de

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Eroféieva: condicionó la respuesta alimenticia clásica a un estímulo eléctrico. En

circunstancias especiales la estimulación aversiva puede convertirse en señal

discriminativa de hechos agradables.

OTRAS PARAFILIAS Y OFENSAS SEXUALES

Otras parafilia son la zoofilia, que se refiere a las relaciones con animales. Es frecuente

en zonas rurales y aisladas, la coprofilia (heces), la necrofilia, que es con muertos pero

es poco frecuente, o las llamadas telefónicas obscenas. Son pocos los sujetos que

acuden a tratamiento por este tipo de problemas.

DISFUNCIONES SEXUALES

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Las disfunciones sexuales se caracterizan por una perturbación del deseo, por los

cambios psicofisiológicos en alguna de las fases de la respuesta sexual y por el

sentimiento de malestar y las dificultades interpersonales que ellas generan.

El DSM-IV considera siete categorías de disfunción sexual:

1. Trastornos del deseo sexual.

2. Trastornos de la excitación sexual.

3. Trastornos del orgasmo.

4. Trastornos sexuales por dolor.

5. Disfunción sexual debida a una enfermedad médica.

6. Disfunción sexual inducida por sustancias.

7. Disfunción sexual no especificada.

Dado que ellas podrían ser vistas como relacionadas con cada una de las fases de la

respuesta sexual humana, será útil recordar las características de dicha respuesta:

a) Deseo. Es la fase apetitiva, en la que el individuo experimenta fantasías y

sensaciones de urgencia variable que lo impulsan a buscar las relaciones sexuales o

mostrarse receptivo a ellas.

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b) Excitación. Esta fase se caracteriza por la sensación subjetiva de placer, que se

acompaña de importantes cambios fisiológicos, los cuales se explican por dos

fenómenos básicos: vaso congestión e hipertonía muscular. Al iniciarse la reacción

sexual, el vaso congestión se traduce, en la esfera extra genital, por la erección de los

pezones, asociado a un rash cutáneo más aparente en tórax y abdomen.

Concomitantemente se producen manifestaciones vegetativas: hipertensión,

taquicardia e hiperventilación. En la esfera genital, el vaso congestión se manifiesta,

en el varón, por la tumescencia pene que conduce a la erección. En la mujer, la vaso

congestión pélvica produce lubricación vaginal y tumefacción de los genitales

externos. Además, el canal vaginal sufre un ensanchamiento en sus 2/3 internos y

aparece la plataforma orgásmica, una suerte de estrechamiento del 1/3 externo de la

vagina debido a un aumento de la tensión del músculo pubo-coccígeo y al vaso

congestión. Cuando todos estos cambios se intensifican, se alcanza la denominada

"meseta", que preludia la descarga orgásmica.

c) Orgasmo. Constituye el punto culminante del placer sexual producido por la

liberación de la tensión acumulada y la contracción rítmica de los músculos perineales

y de los órganos reproductivos pélvicos.

En el varón existe la sensación de inevitabilidad eyaculatoria, cuyo correlato

fisiológico es la emisión de semen, ocasionada por la contracción de los órganos

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accesorios. Sigue la apreciación subjetiva de la calidad del orgasmo, cuya base

fisiológica está dada por las contracciones pene de expulsión del semen.

En la mujer, el orgasmo se traduce por el espasmo inicial de la plataforma vaginal,

seguida por contracciones rítmicas del útero y de la vía vaginal. Subjetivamente, al

espasmo inicial le corresponde una sensación de interrupción, con una aguda toma

de conciencia de la sensualidad genital, mientras que la fase de contracciones rítmicas

se experimenta como una sensación de calor, de pulsaciones y de estremecimientos

pélvicos. Tanto en el hombre como en la mujer existen contracciones musculares

generalizadas e involuntarios movimientos de la pelvis.

d) Resolución. Consiste en una sensación de distensión general, de bienestar y

relajación muscular. Es el retorno a las condiciones basales, rápido en el varón, lento

en la mujer. En esta fase el hombre es refractario a la estimulación erótica mientras

que la mujer es capaz de responder inmediatamente a los estímulos.

La perturbación de la respuesta sexual puede darse en cualquiera de sus fases,

aunque aquella de la fase resolutiva carece de significación clínica. En la mayor parte

de las disfunciones psicosexuales se alteran tanto las manifestaciones subjetivas

cuanto las objetivas y sólo raramente se presentan disociadas.

El diagnóstico clínico debe tener en cuenta factores tales como frecuencia, cronicidad,

grado de sufrimiento subjetivo y su repercusión en otras áreas del funcionamiento.

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Las disfunciones pueden ser primarias, cuando han existido siempre, o adquiridas,

cuando ellas aparecen después que el individuo ha logrado un nivel de

funcionamiento sexual normal; pueden ser generalizadas, cuando se dan en cualquier

situación, o situacionales, cuando sólo se presentan en circunstancias o con parejas

determinadas; y, finalmente, pueden ser totales, cuando la respuesta es nula,

o parciales, cuando existe un cierto grado de respuesta.

Estas alteraciones, que pueden considerarse muy frecuentes, se observan sobre todo

al final de los 20 y comienzo de los 30. Se asocian molestias diversas tales como

ansiedad, depresión, sentimientos de vergüenza, culpa y miedo al fracaso.

Comúnmente aparece una actitud de espectador, de auto contemplación, así como

una extrema sensibilidad a las reacciones de la pareja sexual, todo lo cual genera

circuitos auto perpetuadores de la disfunción y un comportamiento de evitación de

los contactos sexuales que puede deteriorar la relación de pareja.

Actitudes negativas hacia la sexualidad y conflictos internos ligados a experiencias

particulares, sean actuales o de los primeros años de vida, así como la pertenencia a

grupos culturales con esquemas sexuales rígidos, predisponen a este tipo de

trastornos. Al evaluar las disfunciones sexuales es importante tener en cuenta que

muchos trastornos orgánicos pueden manifestarse alterando alguna fase de la

respuesta sexual. Por ello, las enfermedades físicas deben descartarse siempre

cuando la dificultad sexual es crónica, invariable o independiente de la situación.

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TRASTORNOS DEL DESEO SEXUAL

a) Deseo sexual hipo activo. Lo fundamental de este trastorno es la ausencia o la

declinación del deseo de actividad sexual y de las fantasías sexuales (Criterio A),

inhibición que provoca marcado malestar y dificulta las relaciones interpersonales

(Criterio B), y que no se debe a la presencia de otro trastorno del Eje I –excepto otra

disfunción sexual–, o a los efectos fisiológicos de alguna sustancia o a una

enfermedad médica (Criterio C).

La evaluación clínica de esta disfunción debe hacerla el clínico tomando en cuenta

los factores que afectan el deseo sexual, como la edad, el sexo, la salud, la autoestima,

el estilo de vida personal, el contexto interpersonal y el entorno cultural. Cabe

subrayar que las necesidades sexuales varían no sólo de una persona a otra, sino que

una misma persona puede experimentar cambios en función del momento que vive.

Las personas con deseo sexual hipo activo no experimentan apetencia por el coito,

aun ante una pareja atractiva, adecuada y diestra en el arte de amar.

Es importante precisar si el síntoma es situacional o global. En el primer caso

pensamos que las causas son psicológicas, sean inmediatas o profundas, y el

tratamiento indicado es la psicoterapia o la sexo terapia. En el segundo caso, o

cuando la situación es cuestionable, hay que profundizar en el diagnóstico diferencial

para descartar un trastorno psiquiátrico (por ejemplo una depresión mayor) una

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enfermedad médica o el efecto de ciertos medicamentos. Recordemos que el deseo

sexual se localiza en el sistema límbico, y que "el normal funcionamiento de los

circuitos sexuales del cerebro, en hombres y mujeres, requiere niveles adecuados de

testosterona y un equilibrio idóneo de los neurotransmisores" (Kaplan, H.S. 1985).

Entre las enfermedades que pueden afectar este mecanismo mencionaremos

aquellas asociadas a un funcionamiento anormal del eje hipotalámico-hipofisario, con

secreción disminuida de las hormonas tróficas (por ejemplo un adenoma de la

hipófisis) o también aquellas enfermedades sistémicas que, secundariamente, afectan

el funcionamiento testicular. Ejemplos: la insuficiencia renal crónica, el hipo-

tiroidismo, las enfermedades debilitantes. Entre otras, en lo referente a las drogas,

señalemos el abuso de alcohol y narcóticos, la toma de beta bloqueadores

adrenérgicos y las drogas antihipertensivas. En todos estos casos el tratamiento

apunta a la condición médica subyacente.

b) Trastorno por aversión al sexo. Tres son los criterios para establecer este

diagnóstico:

 Aversión extrema, persistente o recurrente al contacto sexual genital y

evitación de dicho contacto en forma total -o casi total- con una pareja sexual

(Criterio A).

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 Malestar personal marcado y dificultad en las relaciones interpersonales

(Criterio B)

 El trastorno no es mejor explicado por la presencia de otro trastorno del Eje

Ia excepción de otra disfunción sexual (Criterio C).

Hay una naturaleza fóbica en esta reacción, la cual puede acompañarse de

sudoración, palpitaciones, náuseas y otras respuestas somáticas semejantes al pánico,

aun cuando hay quienes no muestran manifestaciones tan intensas de angustia. El

deseo sexual se mantiene, lo que se revela porque estas personas no experimentan

el temor fóbico cuando se masturban.

El tratamiento sigue las pautas de la desensibilización sistemática.

TRASTORNOS DE LA EXCITACIÓN SEXUAL

a) Trastorno de la excitación sexual en la mujer. El DSM-IV señala como

característica esencial de este trastorno la incapacidad recurrente o persistente

para obtener o mantener la respuesta de lubricación vaginal, propia de la fase

de excitación, hasta el final del acto sexual (Criterio A). A ello añade, como en

todas las otras disfunciones, el malestar marcado y la dificultad en las

relaciones interpersonales (Criterio B), y el hecho de que el trastorno no sea

mejor explicado por la presencia de otro trastorno del Eje I -excepto otra

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disfunción sexual- y que no se deba a los efectos fisiológicos directos de una

sustancia o a una enfermedad médica (Criterio C).

La respuesta excitatoria consiste en un vaso congestión pélvica, que se traduce en

una lubricación y dilatación de la vagina y en una tumefacción de los genitales

externos.

Este trastorno, conocido también como "frigidez", es relativamente frecuente,

pudiendo afectar hasta un tercio de las mujeres casadas, y se asocia comúnmente

con trastornos del orgasmo y, en otras, con dispareunia y pérdida del deseo. Durante

el coito, el trastorno puede provocar evitación sexual y, por esa vía, perturbar el

vínculo de pareja.

En la evaluación de esta alteración hay que tener en cuenta los factores psíquicos y

los orgánicos. Son escasas las causas orgánicas de este trastorno. La más común es

la carencia estrogénica, sea natural (menopausia) sea adquirida, (ovariectomía) que

produce una vulvovaginitis atrófica. Menos frecuentes son las lesiones o

enfermedades del S.N.C. que comprometan los centros sexuales (TBC, accidente

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cerebrovascular), afecciones del S.N. periférico (esclerosis múltiple, neuropatía

diabética, por ejemplo) ciertos trastornos endocrinos, algunos medicamentos

(antidepresivos, antihistamínicos).

Las causas psicológicas inmediatas aluden a temores en torno al coito por el empleo

de técnicas amatorias rudimentarias e inadecuada estimulación erótica, pero más

frecuentemente, la frigidez se asocia con una actitud ambivalente ante la sexualidad,

originada en el pasado o por problemas en la relación conyugal.

B) Trastorno de la erección en el varón (disfunción eréctil, "impotencia"). La

característica esencial de este trastorno es la incapacidad persistente o recurrente

para obtener o mantener una erección apropiada hasta la terminación de la actividad

sexual (Criterio A). Los Criterios B y C son los mismos que los de las otras disfunciones

sexuales.

Kaplan, H.S., señala que "el sistema eréctil es sumamente complejo y depende de la

integridad de la anatomía pene, de los vasos sanguíneos de la pelvis y de los nervios

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correspondientes, del equilibrio de los neurotransmisores en el cerebro, de un medio

hormonal adecuado y, por último, de un estado psíquico susceptible de

concentración erótica". Por ello, "nada tiene de extraño que la erección sea la fase

más vulnerable de la respuesta sexual del varón ni que la impotencia pueda estar

determinada por diversidad de drogas, enfermedades o factores psíquicos. Por lo

mismo, esta alteración es la que cuenta con mayores probabilidades de asentarse en

un factor orgánico. En la práctica tales factores pueden descartarse, en más del 90%

de los casos, basándose en la entrevista. Si el paciente tiene erecciones espontáneas,

sea en la mañana sea en la noche, es inútil seguir buscando patología orgánica.

TRASTORNOS DEL ORGASMO

A) TRASTORNO ORGÁSMICO FEMENINO. Lo esencial de este trastorno es la

inhibición recurrente o persistente del orgasmo femenino, manifestada por una

ausencia o un retraso del orgasmo después de una fase de excitación sexual normal

(Criterio A). El diagnóstico requiere que el clínico evalúe si la capacidad orgásmica de

la mujer es menor a la que debería tener en función de su edad, experiencia sexual

previa y estimulación sexual recibida. Los Criterios B y C son los mismos que para

otras disfunciones.

Este trastorno, conocido también como anorgasmia, puede definirse, en otros

términos, como la inhabilidad de una mujer para alcanzar el orgasmo por

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masturbación o por coito. Si una mujer es capaz de lograr el orgasmo por uno u otro

procedimiento no será incluido en esta categoría diagnóstica, aun cuando pueda

mostrar algún grado de inhibición. La investigación sexológica ha mostrado que,

definitivamente, el orgasmo por estimulación clitoridiana o por estimulación vaginal

es fisiológicamente el mismo, aunque algunas mujeres experimentan -

subjetivamente- mayor satisfacción cuando el orgasmo es precipitado por el coito.

Por otro lado, muchas mujeres requieren la estimulación clitoridiana manual durante

el coito para obtener el orgasmo.

El input sensorial que desencadena el orgasmo proviene fundamentalmente de las

terminaciones nerviosas del clítoris y de los receptores sensitivos de la vagina. Los

centros neuronales localizados en la médula sacra controlan el reflejo orgásmico. En

la práctica sólo unas pocas drogas y enfermedades inhiben tales mecanismos

reguladores, por lo cual prima la causalidad psicológica. Si la disfunción es adquirida

hay muchas posibilidades de que la causa sea orgánica (diabetes, esclerosis múltiple,

tumores de la médula, enfermedades degenerativas). Por el contrario, si el trastorno

es primario, el riesgo de anomalía médica subyacente es bajo. El trastorno orgásmico

femenino adquirido constituye queja común en el ámbito clínico; a menudo se asocia

con los problemas de la excitación sexual o frigidez. La prevalencia de esta disfunción,

cualquiera sea su etiología, se estima en un 30% (Kaplan, H. 1994).

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En el 50% de los casos la anorgasmia es situacional, la mujer logra el orgasmo auto

estimulándose, pero no durante el coito. Las causas inmediatas más frecuentes tienen

que ver con la "auto observación" obsesiva durante la actividad sexual, que interfiere

con la producción del reflejo orgásmico; con la insuficiente estimulación sexual o con

el temor de abandonarse al placer sexual.

Entre las causas psicológicas de esta alteración se menciona el temor al embarazo, el

miedo a sufrir una lesión vaginal, la hostilidad hacia el varón, los sentimientos de

vergüenza y culpa referidos a sus propios impulsos sexuales, el miedo a perder el

control de sí misma, entre otros. Asimismo, se reconoce que el abuso sexual o el

incesto durante la infancia representan factores etiológicos importantes. Pero

también se halla conflictos inconscientes profundos que se actualizan en la relación

de pareja, expresándose bajo la forma de inhibiciones, ambivalencias o recelo hacia

el compañero. En la mayoría de los casos la sexo terapia resulta útil.

b) Trastorno orgásmico masculino. La característica esencial de este trastorno es la

ausencia o retraso persistente o recurrente del orgasmo, luego de una fase de

excitación sexual normal en el transcurso de una relación sexual que el clínico juzga

adecuada en cuanto al tipo, intensidad y duración de la estimulación erótica (Criterio

A). Los otros criterios, B y C, son los mismos que hemos mencionado a propósito de

otras disfunciones.

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c) Eyaculación precoz. La característica esencial de este trastorno es la eyaculación

persistente o recurrente que se presenta en respuesta a una estimulación sexual

mínima o la que se da antes, durante o poco después de la penetración, y antes que

la persona lo desee (Criterio A). El clínico debe tomar en cuenta los factores que

influyen en la duración de la fase de excitación, tales como la edad, la novedad de la

pareja sexual o de la situación y la frecuencia de la actividad sexual. Los criterios B y

C son los ya señalados a propósito de otros trastornos.

La eyaculación precoz es la más frecuente de las disfunciones sexuales, estimándose

que entre un 20 y 30% de los adultos la presentan. No se conoce la causa de la

eyaculación precoz. Se asume que el control de la eyaculación es una conducta

aprendida, que ésta ocurre en el momento en que el individuo se inicia en la

masturbación, época en que la eyaculación ocurre más a menudo con rapidez y en

la intimidad, y que este patrón aprendido se refuerza con las primeras experiencias

sexuales, siendo luego difícil de alterar. Ella es fuente de dificultades en la relación de

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pareja. La compañera, inicialmente comprensiva, puede devenir rechazante,

sintiéndose frustrada en su acceso al orgasmo. Por su lado, el marido se siente

culpable y se exige a sí mismo controlar su eyaculación, sin éxito, lo que puede

conducirlo a establecer una pauta de evitación sexual.

Las causas psicológicas son la regla. Los pacientes con esta disfunción no logran

percibir las sensaciones eróticas premonitorias del orgasmo. A menudo se concentran

obsesivamente en el intento de controlarse, lo que los torna ansiosos, estado que

interfiere con la capacidad de aprendizaje del control voluntario. En otros casos, la

disfunción se relaciona con dificultades psíquicas más profundas o con serios

conflictos conyugales. A pesar de todo, el 90% de los pacientes se cura mediante el

sexo terapia.

TRASTORNOS SEXUALES POR DOLOR

a) Dispareunia. La característica esencial de este trastorno es el dolor genital

recurrente o persistente asociado a la relación sexual, tanto en hombres como en

mujeres (Criterio A). Esta perturbación genera malestar acusado o dificultad en las

relaciones interpersonales (Criterio B). Ella no es debida exclusivamente a vaginismo

o falta de lubricación, tampoco se explica mejor por la presencia de un trastorno del

Eje I, excepto otra disfunción sexual, y no es debida exclusivamente a los efectos

fisiológicos de una sustancia o una enfermedad médica (Criterio C).

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La incidencia de la dispareunia es poco conocida. Raramente se le observa en el

varón. Lo que sí es frecuente es su asociación y coincidencia con el vaginismo. Ambos

trastornos se condicionan recíprocamente. El dolor sexual está ligado frecuentemente

a trastornos urológicos y ginecológicos, los cuales deben descartarse. Si el dolor es

"cambiante" lo más probable es que la etiología sea psicológica. Por el contrario, si

es localizado y consistente, hay que pensar en un trastorno orgánico. Cuando el dolor

es psicógeno, el mismo constituye un modo de expresar los conflictos sexuales,

ansiedad, culpa, ambivalencia en torno a la sexualidad. Algunas veces se asocia a

depresión, preocupaciones hipocondríacas, obsesivas y fóbicas y, más raramente, a

esquizofrenia. A veces, el origen se halla en prácticas sexuales teñidas de sadismo o

en historias de abuso sexual en la infancia.

b) Vaginismo. La característica esencial del vaginismo es la aparición persistente o

recurrente de espasmos involuntarios de la musculatura del tercio externo de la

vagina que interfiere con el coito (Criterio A). Dicha alteración provoca malestar

marcado y dificulta las relaciones interpersonales (Criterio B). Y el trastorno no se

explica mejor por la presencia de otro trastorno del Eje I, y no es debido

exclusivamente a los efectos fisiológicos directos de una enfermedad médica (Criterio

C). La tirantez muscular vaginal es tal, que hace la penetración dolorosa, difícil o

imposible. Por ello el vaginismo constituye una de las causas principales del

matrimonio no consumado. Las causas del espasmo pueden ser físicas o psíquicas.

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Cualquier patología pélvica que torne doloroso el coito puede condicionar, como

mecanismo defensivo, el vaginismo. Psicológicamente algunas mujeres son

relativamente sanas y viven en armonía con su pareja. Otras son conflictivas, agresivas

o ambivalentes en cuanto a la sexualidad, el matrimonio y el embarazo. En ocasiones

hay historia de abuso sexual, incesto o intentos dolorosos de realizar el coito.

El pronóstico es excelente, más allá de la gravedad del conflicto psíquico. El

tratamiento: dilatación progresiva de la vagina, mediante dilatadores metálicos o de

plástico, o simplemente los dedos de su compañero. La finalidad de esta forma de

intervención es relajar los músculos pubo-coccígeos y la musculatura pélvica e,

indirectamente, "dilatar" la vagina. En sentido estricto se trata de romper el espasmo

muscular vaginal. Evidentemente hay que abordar también los factores intra-

psíquicos y de la relación conyugal que pueden estar interviniendo como factores

causales.

DISFUNCIÓN SEXUAL DEBIDO A UNA ENFERMEDAD MÉDICA. Lo fundamental de

este trastorno es la presencia de una alteración sexual clínicamente significativa que

se juzga etiológicamente relacionada a una determinada enfermedad médica. En este

tipo de perturbación puede hallarse dolor ligado al coito, deseo sexual hipoactivo,

disfunción eréctil u otras formas de disfunción sexual, las cuales son capaces de

provocar malestar personal o dificultad en las relaciones interpersonales (Criterio A).

A ello debe sumarse la evidencia por la historia, el examen físico o los hallazgos de

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laboratorio, de que la alteración es explicable totalmente por los efectos

fisiopatológicos de la condición médica subyacente (Criterio B), y que dicha alteración

no se explica mejor por la presencia de otro trastorno mental; por ejemplo, trastorno

depresivo mayor (Criterio C).

DISFUNCIÓN SEXUAL INDUCIDA POR SUSTANCIAS. La característica básica de este

trastorno es una alteración sexual clínicamente significativa que produce malestar

marcado y dificultad en las relaciones interpersonales (Criterio A). La historia, la

exploración física y los análisis complementarios prueban que el trastorno se explica

en su totalidad por el consumo de sustancias, sean éstas drogas, psicofármacos o

tóxicos (Criterio B); y, que la alteración no se explica mejor por la presencia de un

trastorno sexual primario (Criterio C). Los síntomas del trastorno se desarrollan

durante o dentro de los treinta días siguientes a la ingesta de sustancias tales como

el alcohol, anfetaminas, cocaína, u otras. En cada caso debe especificarse si desmejora

el deseo, la excitación, el orgasmo, o si aparece dolor ligado al coito.

DISFUNCIÓN SEXUAL NO ESPECIFICADA. Esta categoría diagnóstica comprende los

trastornos sexuales que no alcanzan a cumplir con los criterios para un trastorno

sexual específico. Ejemplos:

a) Ausencia -o disminución importante- de pensamientos eróticos, a pesar de la

presencia de los componentes fisiológicos normales de la excitación y el orgasmo.

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b) Situaciones en las que el clínico concluye que existe una disfunción sexual, pero no

puede determinar si ésta es primaria, debida a una condición médica general, o

inducida por sustancias.

Los casos de cefalea post-coital, de anhedonia orgásmica y de dolor al masturbarse

pueden ser considerados en esta categoría.

BIBLIOGRAFIA

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1985.

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