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Vida militar

A pesar de que se conoce poco sobre el se puede decir que fue un soldado del batallón
de San Blas. Estuvo presente en el momento en que esta unidad, al mando del teniente
coronel Felipe Santiago Xicoténcatl, chocó de frente, en la ladera sur del cerro, con los
estadounidenses quienes lo recibieron con fuego de fusilería y con
las bayonetas caladas, haciendo una carnicería con los soldados nayaritas.

Se sabe que de 400 soldados murieron alrededor de 370; el resto escapó. Los de la
retaguardia seguramente retrocedieron al campo del general Rangel, en la calzada de
la Verónica, pero otros escalaron el cerro y buscaron refugio en el castillo de
Chapultepec. Juan Escutia pudo ser uno de ellos.

Los datos son simplemente coincidentes y sorprende que nadie haya reparado en ellos.
El batallón de San Blas tenía su matriz precisamente en este puerto, ubicado en el
territorio de Tepic. El batallón había sido organizado en mayo de 1847 en Jalisco, y sus
soldados reclutados en el cantón nayarita. Juan Escutia era originario de Tepic, luego,
bien pudo haberse enrolado en el batallón. Además, en la Ciudad de Guadalajara,
capital del estado de Jalisco, residía para curar sus heridas, recibidas en la batalla de
la Angostura, el teniente coronel Xicoténcatl, a quien el gobernador del estado designó
como comandante de la flamante unidad.

Escutia habría llegado a la Ciudad de México con su batallón en junio de 1847 y recibió
su bautismo de fuego los días 12 y 13 de septiembre en Chapultepec. Está comprobado
que algunos soldados del San Blas lograron ascender al castillo después de la masacre
sucedida en las faldas del cerro. El testimonio del cadete José T. Cuéllar es
fundamental aquí: “Desde que comenzó el asalto, el fuego de fusilería se generalizó por
todas las líneas. Yo me mezclé de mi orden en un Pelotón de seis soldados del batallón
de San Blas y me puse con ellos a hacer fuego. De siete, habíamos quedado cuatro:
tres soldados de San Blas murieron a mis pies”. Debe suponerse que los otros tres no,
que continuaron vivos y peleando.

Uno de esos soldados que sobrevivieron a esa refriega pudo ser Juan Escutia. Fueron
escasos minutos, pero los cadetes que allí combatían pudieron tener oportunidad de
conocerlo, de cruzar algunas palabras y de alcanzar a saber, al menos, su apellido,
Escutia. Juan Escutia pudo haber pretendido salir del castillo por la ruta de los demás
cadetes, descolgándose por las ventanas y paredes. Allí los tiradores estadounidenses
lo derribaron con sus certeros tiros y por eso su cadáver fue encontrado junto al de
Francisco Márquez, en la ladera oriental, la más escarpada de todas.

Juan Escutia, el “niño héroe”, quizá fuera un soldado del batallón de San Blas y murió
a los 20 y medio años de edad, al ver la superioridad del ejército norteamericano en
número de hombres y de armas, tomó la bandera mexicana, se envolvió con ella y se
arrojó cayendo entre las rocas.

El joven Escutia prefirió morir antes de que el símbolo patrio fuera pisoteado por los
enemigos en la Batalla de Chapultepec, durante la Guerra de Intervención
Norteamericana el 13 de septiembre de 1847.
Su Patria lo homenajeó con un monumento construido en su memoria y la de sus cinco
compañeros, en el monumento a los "Los Niños Héroes", en la Ciudad de México.

Fuentes
 Juan Escutia Todo por Mexico
 José Manuel Villalpando, Niños Héroes, México, Editorial Planeta, Grandes
Protagonistas de la Historia Mexicana, 2004, pp. 77-82.
 13 septiembre
 Los Niños Heroes
 Biografía Juan Escutia(1827 - 1847)