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IV.

Decir no y cortar interacciones

Implica que el individuo sea capaz de decir “no” cuando quiera hacerlo y que no se sienta

mal por decirlo. Tenemos el derecho de decir que “no” a peticiones poco razonables y a

peticiones que, aunque son razonables, no queremos acceder a ellas. Galassi y Galassi

(1977) señalan que hay varias razones por las que el ser capaz de decir que “no” es

importante: Nos ayuda a no implicarnos en situaciones en las que sentiríamos más tarde

habernos implicado, ayuda a evitar el desarrollo de circunstancias en las que sentiríamos

que se aprovechan de nosotros o que nos manipulan para hacer algo que no queremos

hacer y nos permite tomar nuestras propias decisiones y dirigir nuestra vida en esa

situación. Gismero (2010) la visualiza como: “La habilidad para cortar interacciones que

no se quieren mantener, así como el negarse a prestar algo cuando nos disgusta hacerlo.

Se trata de un aspecto de la aserción en que lo crucial es poder decir “no” a otras

personas”. Este factor permite cortar interacciones cuando estas no conllevan al

crecimiento del individuo, así como decir No ante situaciones que le creen incomodidad

conllevando a que el individuo poder elegir con qué tipo de personas desea relacionarse

y con quienes decide mantenerse al margen.

V. Hacer peticiones

Esto implica que el individuo sea capaz de pedir lo que quiera sin violar los derechos de

los demás. Una petición se hace de tal manera que no intente facilitar el rechazo por parte

de la otra persona; la persona que hace la petición espera que esta sea aceptada. Para

Gismero (2010) corresponde a la habilidad para realizar: “peticiones a otras personas de

algo que desea, como un amigo, o en situaciones de consumo. Por tanto, es respetar los

derechos de los demás, considerando sus necesidades, y a la vez satisfacer las propias.
VI. Iniciar interacciones positivas con el sexo opuesto

Corresponde para Gismero (2010) la: “Habilidad para iniciar interacciones con el sexo

opuesto (una conversación, pedir una cita) y de poder hacer espontáneamente un

cumplido, un halago, hablar con alguien que te resulta atractivo; en esta ocasión se trata

de intercambios positivos. Constituyendo de tal manera las expresiones de afecto

positivas hacia los demás.

CONCEPTOS DE LA VARIABLE

El concepto de habilidad social (HHSS) ha sido definido por distintos autores en un

intento por delimitarlo. Sin embargo, no se ha logrado una definición universalmente

aceptada. De este modo, no se ha llegado a un acuerdo sobre en qué consiste una conducta

socialmente habilidosa. La razón principal de esto se debe a que no existe un único

criterio, ya que hay diversidad de variables que entran en juego en la interacción social.

Caballo (2002) argumenta que esa gran cantidad de definiciones, con sus matices

correspondientes, se debe a problemas de tres tipos:

1. El gran número de investigaciones usando terminología diferente.

2. Dado que la habilidad social depende de un contexto social y de factores personales,

es prácticamente imposible desarrollar una única definición.

3. Es frecuente que las definiciones no se centren en lo mismo. Así mientras unas lo hacen

en los contenidos, otras lo hacen en las consecuencias y otras en los procedimientos o,

incluso, en una mezcla de todo.

Las habilidades sociales se han definido clásicamente como “un conjunto de hábitos en

nuestras conductas, pero también en nuestros pensamientos y emociones– que nos permiten

comunicarnos con los demás de forma eficaz, mantener relaciones interpersonales


satisfactorias, sentirnos bien, obtener lo que queremos y conseguir que las otras personas

no nos impidan lograr nuestros objetivos” (Roca, 2007).

Para Phillips (1978) es “el grado en que una persona se puede comunicar con los demás

de manera que satisfaga los propios derechos, necesidades, placeres u obligaciones hasta

un grado razonable sin dañar los derechos, necesidades, placeres u obligaciones similares

de la otra persona y comparta estos derechos, etc. con los demás en un intercambio libre

y abierto”.

Linehan (1984) plantea por su parte que, es la capacidad compleja para emitir conductas

o patrones de respuesta que optimicen la influencia interpersonal y la resistencia a la

influencia social no deseada (eficacia en los objetivos) mientras que al mismo tiempo

optimiza las ganancias y minimiza las pérdidas en la relación con la otra persona (eficacia

en la relación) y mantiene la propia integridad y la sensación de dominio (eficacia en el

respeto a uno mismo.

Para Elia Roca (2005) considera a las habilidades sociales como:

“Las habilidades sociales son un conjunto de hábitos (a nivel de conductas, pero

también de pensamientos y emociones), que nos permiten mejorar nuestras

relaciones interpersonales, sentirnos bien, obtener lo que queremos, y conseguir

que los demás no nos impidan lograr nuestros objetivos. También podemos

definirlas como la capacidad de relacionarnos con los demás en forma tal que

consigamos un máximo de beneficios y un mínimo de consecuencias negativas;

tanto a corto como a largo plazo. Nuestro concepto de habilidades sociales incluye

temas afines como el asertividad, la autoestima y la inteligencia emocional”.


También destaca la importancia de los factores cognitivos (creencias, valores, formas de

percibir y evaluar la realidad) y su importante influencia en la comunicación y las

relaciones interpersonales.

Para Pérez (2009) las define como “capacidades o destrezas sociales específicas

requeridas para ejecutar competentemente una tarea. Se refieren a estrategias

seleccionadas por la persona y los niveles de habilidad demostrados a este respecto en

respuesta a las demandas situacionales de las tareas encontradas en las actividades

diarias”.

La comunicación interpersonal es una parte esencial de la actividad humana; casi todas las

horas que estamos despiertos las pasamos en alguna forma de interacción social. Por lo

tanto, el discurrir de nuestras vidas está determinado, al menos parcialmente, por nuestras

habilidades sociales (Caballo, 2009). De aquí su gran relevancia. El aprendizaje o desarrollo

de las habilidades sociales es un tema de gran interés para cualquiera de nosotros, ya que la

mayor parte de nuestros problemas y/o satisfacciones tienen que ver con nuestras relaciones

interpersonales. Por tanto, cualquier mejoría en esta aptitud tan importante supondrá un

incremento de nuestro bienestar y nuestra calidad de vida, (Roca, 2007).

En razón de ello Gismero (2010) la considera como:

“El conjunto de respuestas verbales y no verbales, parcialmente independientes y

situacionalmente específicas, a través de las cuales un individuo expresa en un

contexto interpersonal sus necesidades, sentimientos, preferencias, opiniones o

derechos sin ansiedad excesiva y de manera no aversiva, respetando todo ello en

los demás, que trae como consecuencia el autoreforzamiento y maximiza la

probabilidad de conseguir refuerzo externo” (p14).


Asimismo, García (2005) indica: “son capacidades que posee el individuo para resolver

sus propios problemas y los de su medio sin perjudicar a los demás” (p.64).

O como indica Pades (2003) "hacer nuevos amigos, establecer una relación íntima con

otra persona, o bien para llevarnos mejor con nuestros padres, amigos e hijos (p.14).

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2011) propone las Habilidades para la Vida

(2001), y las define como aquellas aptitudes necesarias para tener un comportamiento

adecuado y positivo que permita afrontar eficazmente los retos y desafíos de la vida. La

adquisición de enseñanzas para la vida aparece como el modelo más prometedor desde el

punto de vista de prevención de situaciones problemáticas y desde la óptica más ambiciosa

de promoción de bienestar social. En la misma línea, autores como Caballo (2009) y Roca

(2007) consideran importante el trabajo en habilidades sociales aplicado a problemáticas

humanas y alteraciones psicológicas tales como la ansiedad y la fobia social (McNeil y

Randall, 2014), la soledad (Cavanaugh y Buehler, 2015), la depresión (Bunford et al.,

2014), la esquizofrenia (Elis, Caponigro y Kring, 2013), los problemas de pareja (Burke,

Woszidlo y Segrin, 2012), los trastornos por consumo de sustancias psicoactivas (Wheeler,

Newring y Schafer, 2014), la delincuencia y psicopatía (Buck, 2014) y otros problemas

cómo falta de habilidades para buscar trabajo, mejora de habilidades de comunicación,

agresividad u obsesiones y compulsiones entre otros. También se ha demostrado su efecto

protector frente al inicio y mantenimiento del consumo de sustancias como el alcohol, el

tabaco y otras drogas (Suelves y Sánchez-Turet, 2001). Las habilidades sociales son

conductas observables, aprendidas y utilizadas en los intercambios sociales para obtener

fines concretos. Una habilidad es “una rutina cognitiva o conductual concreta que forma

parte de una estrategia más amplia” (Trianes, de la Morena y Muñoz, 1999, p. 18). Para

el desempeño social competente es necesario poner en juego patrones de respuesta

específicos tales como: la habilidad para defender los propios derechos, la habilidad para
hacer peticiones, la habilidad para decir no y cortar interacciones, entre otras. Se trata de

expresiones observables de la inteligencia social.

Son claras las numerosas definiciones de habilidades sociales y cada autor habla de ellas

de una forma diferente. Sin embargo, hay tres elementos clave presentes en la mayoría de

definiciones, estos son: conductas de los individuos, que se dan en un contexto

interpersonal y en respuesta a una situación determinada.

Recogiendo y aunando las diversas definiciones de los distintos autores, diremos que las

habilidades sociales son un conjunto de comportamientos aprendidos que se ponen de

manifiesto en un contexto interpersonal, orientados hacia la consecución de un objetivo

que permite obtener reforzamiento social o autorrefuerzos. Conllevan la expresión

adecuada de las opiniones, intereses, derechos y sentimientos, sin negar los de los demás,

de manera que la interacción sea mutuamente beneficiosa y aceptada por el contexto

social en la que es emitida. Es la carga que permite en primer lugar desenvolvernos

eficientemente con nuestro medio y poder desarrollarnos, es decir respetando y haciendo

respetar nuestros derechos en un marco de la forma más idónea de expresar nuestras

inquietudes en determinada cultura.

BIBLIOGRAFIA

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Caballo, V. E. (2007). Manual de evaluación y entrenamiento de las habilidades sociales.

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Cavanaugh, A. M., & Buehler, C. (2015). Adolescent loneliness and social anxiety The

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Gismero, E. (2010). Escala de Habilidades Sociales (3° Ed.). Madrid: Tea.

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Pades, A. (2003) Habilidades sociales en enfermería: Propuesta de un programa de

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Suelves, J. M. y Sánchez-Turet, M. (2001). Asertividad y uso de sustancias en la

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Trianes, M. V., De la Morena, M.L. y Muñoz, A.M. (1999). Relaciones sociales y

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Wheeler, J. G., Newring, K. A., & Schafer, K. D. (2014). Social Skills, Substance Abuse,

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