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Errores y manipulaciones en torno a la obra de René Guénon. Marc García.

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SYMBOLOS

Revista internacional de
Arte - Cultura - Gnosis

René Guénon: "Le Chrisme et le Cour dans les anciennes Marques


corporatives".
Regnabit, noviembre 1925. (repr. Ed. Traditionnelles)

ERRORES Y MANIPULACIONES EN TORNO A


LA OBRA DE RENE GUENON
MARC GARCIA

1. Introducción: el legado de René Guénon


La obra de René Guénon emerge como un faro en medio de la oscuridad
intelectual que caracteriza al inicio del tercer milenio. Occidente ha
culminado exitosamente la exportación de un modelo social y de
"progreso sostenible" al resto del planeta, aprisionando a éste en su aldea
–o cárcel– global hiperconectada a múltiples servicios de venta de humo
y de pasatiempos para atontar al personal y reduciendo el censo de los
librepensadores hasta la exigüidad. Tal ha sido el éxito de Occidente en
su empresa que hasta sus enemigos públicos más acérrimos, los
integristas islámicos, calcan los patrones occidentales de propaganda y
emplean idénticas vías de difusión de sus ideas-cliché, como por ejemplo
Internet.

Guénon denuncia y pone nombre a los errores del Occidente moderno,


pero no es ningún 'crítico social', y menos aún, un cronista político.
Guénon es, exclusivamente, un metafísico, puesto que el conjunto de su

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obra no tiene otro objeto que la Metafísica. Cualquier aspecto que


Guénon aborda en sus escritos, por contingente, concreto e incluso
anecdótico que parezca, surge de la consideración previa de su entronque
y correspondencia con el Principio Supremo inmanifestado de todas las
cosas, idéntico al Ser y al Sí Mismo, y del No-Ser absolutamente
indeterminado que engloba a éste. Sólo hay un tema en la obra de
Guénon, y todo sobre lo que escribe merece su atención en tanto que es
una consecuencia del Principio en el ámbito de lo manifestado. Guénon
recuerda constantemente a los navegantes por el mar de lo concreto que
no hay otro norte que el Principio, y que no hay más viaje verdadero que
el que conduce a la plena conciencia de la Suprema Identidad que anida
simbólicamente en el corazón de cada cual. Todo lo demás son regatas o
paseítos de mañana soleada que en verdad no llevan a ningún lugar.

El camino que conduce de la conciencia del sí mismo a la del Sí Mismo


es la iniciación, y Guénon reconoce en sus obras, repetidamente y de
manera inequívoca, que la Francmasonería conserva aún hoy la facultad
de transmitir una influencia espiritual que hace posible la iniciación
efectiva del hombre. Esta es, sin duda, la mayor contribución de René
Guénon a la Masonería: el recuerdo de lo que la Orden es ante todo, lo
que atesora y lo que representa en medio de un mundo desgarrado por
múltiples violencias que nacen de una profunda incomprensión de la
naturaleza sagrada de todo lo manifestado, de la creencia de que el yo, el
tú y el él son entes disjuntos y no una triunidad según han proclamado
unánimemente todas las tradiciones de la Tierra.

2. Errores y falsificaciones denunciados por Guénon


Se podrían comparar los estudios de Guénon a cartas náuticas. Por un
lado, nos permiten advertir la existencia de una pluralidad de rutas para
navegar desde nuestro puerto de origen hasta el destino final. El rumbo
que más nos convendrá dependerá del porte y demás características de
nuestra embarcación, a la que habremos de conocer bien, y de las
condiciones ambientales de viento, oleaje y corrientes, que deberemos
saber aprovechar a nuestro favor. Pero también las cartas náuticas nos
informan de cuales pueden ser los peligros en nuestro itinerario y de
donde se encuentran: cables submarinos en los que pueden quedar
enganchadas nuestras hélices, bajos en los que arriesgamos varar,
escollos capaces de abrir vías de agua en nuestro casco y hundirnos, etc...
. De igual modo, la obra de Guénon denuncia con nitidez los errores que
se oponen a la realización iniciática del hombre, que pretenden confundir
al navegante y transformarlo en un triste y mareado viajero errante y sin
norte, al pairo en medio de un mar convulso.

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Esos errores son las herramientas de las que se sirve lo que Guénon
denominó en su libro El Reino de la Cantidad y los Signos de los
Tiempos (1945) como "la acción antitradicional". Creemos que este
nombre conviene perfectamente a la obra cuyo propósito –por otra parte,
totalmente vano– es interrumpir la vinculación del hombre a la cadena
áurea que lo une con el Ser Universal intentando romperla por alguno de
sus eslabones, a fin de producir un 'bloqueo' de la Tradición, esto es, de la
transmisión de un legado de Conocimiento que se conserva desde
tiempos inmemoriales y que contiene las respuestas secretas a los
interrogantes vitales que el ser humano se plantea en lo más profundo de
su corazón. En palabras de Federico González, "la Tradición, en sí, no es
sino la imagen del Mundo Arquetípico, Atemporal, que se expresa
cíclicamente en la cinta del tiempo". Y añade: "El Cosmos no es la suma
de sus partes, así como tampoco la Tradición es el conjunto de
costumbres, morales y ortodoxias de un tiempo concreto, ya que su
origen está más allá de cualquier época o determinación. Por lo tanto,
cuando se nos dice que algo es supracósmico, o constituye la Tradición,
debemos comprender que se nos está hablando de un concepto que está
más allá de la comprensión ordinaria del hombre. De algo invisible que
no es aprehendible por los canales del hombre común. Algo que sin
embargo es tan auténtico y real que llega a decirse que es la vida
misma".1

Afirmar la presencia de una acción antitradicional deliberada en nuestro


mundo no tiene nada de visionario. Todas las cosmogonías de los
diferentes pueblos y culturas afirman la existencia de un principio
cósmico luminoso y conservador que está en tensión permanente con otro
principio oscuro y destructor, y que es en el seno de dicha tensión donde
se forja todo lo manifestado. Es la lucha de Ormuz contra Ahriman, de
Indra contra Ahi, de Horus contra Typhon, de Abel contra Caín o de San
Jorge contra el Dragón. Por otra parte, no se infiere de este hecho que
pueda haber una Dualidad divina, radicalmente imposible en el ámbito de
los principios. Las dualidades son reflejos de dos aspectos de un mismo
Principio Universal y Único que aparecen como polaridades
diferenciadas desde el punto de vista de la Manifestación, pero que están
absorbidas jerárquicamente en la Unidad principial y omnicomprensiva.
A este respecto, en el estudio "Las dualidades cósmicas" (1921)2, René
Guénon afirma:

"En todo caso, en el orden metafísico puro ya no podría haber ninguna


dualidad, porque se está más allá de toda distinción contingente; pero
puede haber una dualidad desde el momento en que uno se sitúa en el
punto de partida de la existencia, incluso considerada más allá de toda

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modalidad especial y en la extensión más universal de la que ella sea


susceptible".

Hemos calificado la absorción de la dualidad en la Unidad como


'jerárquica' en referencia a la superioridad de lo que es Uno –y por tanto,
Todo– sobre lo que es dual. Pero también existe una jerarquía entre los
polos de todas las dualidades; la oposición entre los términos de una
dualidad cualquiera en el ámbito de la existencia no puede ser más que
ilusoria puesto que ambos polos se sitúan en niveles de realidad
diferentes. En el magistral artículo "El Demiurgo", escrito por un Guénon
de apenas 22 años (1909)3, el autor francés expone lo siguiente:

"Algunos han creído que debían admitir dos principios distintos, opuestos
el uno al otro, pero esta hipótesis está descartada por lo dicho
anteriormente. En efecto, estos dos principios no pueden ser ambos
infinitos, pues entonces se excluirían o se confundirían; si sólo uno fuera
infinito, éste sería el principio del otro; y, si ambos fueran finitos, no
serían verdaderos principios, ya que decir que aquello que es finito puede
existir por sí mismo, es admitir que algo puede salir de la nada, puesto
que todo lo finito tiene un principio lógico si no cronológico. En este
último caso, en consecuencia, uno y otro, siendo finitos, deben proceder
de un principio común, que es infinito, lo que nos vuelve a llevar a la
consideración de un Principio único. Además, muchas doctrinas que
observamos como dualistas, no lo son más que en apariencia; en el
Maniqueísmo, como en la religión de Zoroastro, el dualismo no es más
que una doctrina puramente exotérica, cubriendo una verdadera doctrina
esotérica de la Unidad: Ormuz y Ahrimán son los dos engendrados por
Zervané-Akérêné, y deben fundirse con él al final de los tiempos. La
Dualidad es entonces necesariamente producida por la Unidad, puesto
que no puede existir por sí misma (...)".

Y continúa más adelante:

"Hemos visto que lo Perfecto es el Principio de todas las cosas, y que, por
otra parte, no puede producir lo imperfecto; de lo que resulta que lo
imperfecto no existe, o que, al menos, lo imperfecto sólo puede existir
como elemento constitutivo de la Perfección total, y, siendo así, no puede
ser realmente imperfecto, y lo que llamamos imperfección no es más que
relatividad. Así, lo que llamamos error es verdad relativa, ya que todos
los errores deben ser comprehendidos en la Verdad total, sin lo que ésta,
estando limitada por algo que estaría fuera de ella, no sería perfecta, lo
que equivale a decir que no sería la Verdad. Los errores, o mejor dicho,
las verdades relativas, no son sino fragmentos de la Verdad total ...".

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Estas apreciaciones son perfectamente aplicables a la dualidad Tradición


- antitradición. Los errores que dotan de entidad a la acción
antitradicional son 'parcializaciones' de la doctrina tradicional que dejan
de lado a los principios y que, por su misma naturaleza fragmentaria,
suponen una falsificación e inversión del verdadero mensaje tradicional.
Son como representaciones en un teatro de marionetas en las que el
director, aquél que ha concebido la obra original, ha sido suplantado por
unos papanatas carentes de inspiración y conocimiento que agitan los
guiñoles sin ningún arte para transmitir un mensaje caprichoso y
totalmente ajeno a la obra. Puede que la impostura pase desapercibida
para la mayoría del público y que el engaño 'cuele'; para quienes
desconozcan la obra y su propósito o sean ajenos al arte del director, éste
será el caso probablemente. Ahora bien, la posibilidad de la falsificación
está implícita en el mismo teatro; incluso la del sabotaje, esto es, de que
los impostores, enloquecidos por su afán falsificador, empuñen unas
tijeras y corten los hilos de todas las marionetas para invalidar la
posibilidad de toda ulterior representación, e incluso acuchillen al
director. Todo forma parte de un mismo teatro, el teatro de la vida; y
cuando caiga el telón, éste volverá a alzarse, quizás en otra ciudad y en
otro tiempo, para que acaso otras marionetas y otro director vuelvan a
representar aquella obra que fue concebida en un origen tal como ella fue
ideada, habiendo sido totalmente estéril el esfuerzo de los criminales.

La afirmación de que existe una acción antitradicional no puede constituir


ninguna sorpresa, pues todo lo que se desarrolla y transmite en el mundo
manifestado, cual la Tradición, posee su aparente contrario, por más que
dicha oposición no sea sino una ilusión que se disolverá definitivamente
cuando todo sea plenamente reabsorbido en la Unidad para dar pie a un
nuevo ciclo de manifestación. Lo que da un carácter antitradicional a esa
acción no es su 'amoralidad' sino su inversión con respecto a los
principios, la cual, desde este punto de vista, puede calificarse
rigurosamente como 'satánica'. Los agentes de dicha acción orquestada
por fuerzas oscuras son individuos perfectamente normales, que no tienen
cuernos ni cola pero que operan como los diablos imbéciles del arcano
XV del Tarot, atados por el cuello a un pesado yunque o pedestal que los
arrastra hacia el dominio del inframundo por más que éstos, en su
adormecimiento, sean absolutamente inconscientes de ello. Hacen cara de
satisfechos, y seguramente lo estén por unas realizaciones que ellos creen
tradicionales cuando no son más que burdas falsificaciones, las cuales,
como el yunque que los esclaviza, han de caer por su propio peso. Se
miran al espejo y, obnubilados, creen ser imágenes vivas de niños áureos
constructores inspirados por el Sol como los que el arcano decimonoveno
representa, cuando no son más que tontos útiles al servicio de lo que no

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es. A este respecto, podemos recordar los siguientes párrafos de El Reino


de la Cantidad y los Signos de los Tiempos, de René Guénon4:

"Tras las consideraciones que hemos expuesto y los ejemplos que hemos
dado hasta el momento, tal vez pueda comprenderse mejor en qué
consisten exactamente y de manera general las etapas de la acción
antitradicional que verdaderamente ha 'hecho' al mundo moderno como
es; mas, ante todo, hay que darse cuenta perfectamente de que, por exigir
toda acción efectiva un cierto número de agentes, ésta no puede ser, más
que las demás, una especie de producción espontánea y 'fortuita', y de
que, al ejercerse de forma especial en el ámbito humano, debe implicar
forzosamente la intervención de agentes de esta misma naturaleza (...)".

"Por otra parte, como la iniciación, sea cual fuere la forma que adopte, es
la encargada de encarnar verdaderamente el 'espíritu' de una tradición y
también de posibilitar la efectiva realización de los estados 'supra-
humanos', resulta evidente el hecho de que es a ella a quien se debe
oponer de manera más directa (siempre en la misma medida en que tal
oposición es concebible) lo que aquí nos ocupa [la acción
antitradicional], lo cual tiende, contrariamente, a arrastrar a los hombres
hacia lo 'infra-humano'; así el término de 'contrainiciación' es el que
mejor conviene para designar aquello con lo que se relacionan, en su
conjunto y en distintos grados (ya que como en la iniciación, también hay
grados en ello), los agentes humanos por medio de los cuales se cumple
la acción antitradicional; además, esto no es una simple denominación
convencional para referirse a lo que verdaderamente carece de nombre,
sino una expresión que corresponde con la mayor exactitud posible a
unas verdades muy precisas".

Por otro lado, en el capítulo XXXVI de El Reino de la Cantidad y los


Signos de los Tiempos, Guénon previene de una manera específica acerca
de la "pseudoiniciación", nombre con el que designa a un conjunto de
producciones 'neoespiritualistas' de la acción antitradicional envueltas en
una piel de cordero que hace que se asemejen exteriormente a vías
iniciáticas verdaderamente tradicionales:

"La 'pseudoiniciación' no es en realidad más que uno de los productos


característicos del estado de desorden y confusión provocado en la época
moderna por la acción 'satánica' que tiene su punto de partida consciente
en la 'contrainiciación'; también puede ser, de manera inconsciente, un
instrumento de ésta, aunque en el fondo, en un grado o en otro, ello es
cierto igualmente para todas las demás falsificaciones en la medida en
que son todas como otros tantos medios coadyuvantes a la realización del
propio plan de subversión, de manera que cada una desempeña el papel

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más o menos importante que le es asignado en este conjunto, lo cual, por


otra parte, constituye igualmente una especie de falsificación del orden y
de la armonía contra las cuales está fundamentalmente dirigido ese plan.
La 'contrainiciación', ciertamente, no es una mera falsificación
completamente ilusoria sino algo muy real dentro de su orden, como lo
demuestra perfectamente la acción que ejerce efectivamente (...)".

"En cuanto a la 'pseudoiniciación', ella no es más que una parodia pura y


simple, lo que equivale a decir que por sí misma no es nada, que carece
de toda realidad profunda o, si se prefiere, que su valor intrínseco no es ni
positivo, como el de la iniciación, ni negativo como el de la
'contrainiciación', sino simplemente nulo; si a pesar de ello no se reduce a
un juego más o menos inofensivo, como nos veríamos tentados a creer en
tales condiciones, ello se debe a cuanto, en general, hemos explicado
acerca del verdadero carácter de las falsificaciones y del papel al que
están destinadas; también es preciso señalar en este caso especial que, en
virtud de su naturaleza 'sagrada' en el sentido más estricto de la palabra,
los ritos son algo que nunca es posible simular impunemente. También
puede decirse que las falsificaciones 'pseudotradicionales' a las que se
refieren todas las desnaturalizaciones de la idea de tradición aludidas
anteriormente alcanzan aquí su grado máximo de gravedad, en primer
lugar porque se traducen en una acción efectiva en lugar de permanecer
en el estado de concepciones más o menos vagas, y a continuación
porque atacan el lado 'interior' de la tradición, lo que constituye su propio
espíritu, es decir el ámbito esotérico e iniciático (...)".

"(...) la 'pseudoiniciación' imita la función de motor invisible que, en el


orden normal, es propia de la iniciación; no obstante, hay que tener muy
en cuenta lo siguiente: la iniciación representa verdadera y legítimamente
el espíritu, animador primordial de todas las cosas, mientras que, en lo
referente a la 'pseudoiniciación', el espíritu está evidentemente ausente".

Guénon dedicó dos libros completos a la denuncia de la pseudoiniciación,


El Teosofismo: Historia de una Pseudo-Religión (1921) y El Error
Espirita (1923), así como diversos capítulos de otros volúmenes, entre los
que destacan el ya mencionado El Reino de la Cantidad y los Signos de
los Tiempos (1945) y Apreciaciones sobre la Iniciación (1946), y
numerosas reseñas literarias. En cuanto al devenir de la acción
antitradicional, Guénon afirma que ésta se ha expresado de la manera más
clara y completa por medio del "materialismo integral" que ha imperado
en Occidente desde finales del siglo XIX, y que con posterioridad, dicha
acción ha tendido a la constitución de una "contratradición" que pretende,
más allá de la desviación pseudoiniciática y de la "solidificación"
perseguida por la antitradición, la falsificación de la propia idea

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tradicional y, en última instancia, la disolución del mundo. La acción


conjunta de la antitradición y la contratradición en los tiempos que
vivimos se podría comparar a una obra planificada de destrucción de un
invernadero de plantas a base de, por una parte, tapar su techo de vidrio
con una tela gruesa para bloquear la luz y el calor solar, y por otra,
socavar su suelo horadando túneles bajo él. Guénon se refiere al
desenlace final de esta acción de destrucción en los siguientes términos5:

"Ahora podemos añadir que, al igual que la tendencia a la 'solidificación'


expresada por la 'antitradición' no ha podido alcanzar su límite extremo,
que verdaderamente se hubiera situado en el exterior y en un plano
inferior al de toda existencia posible, cabe prever que la tendencia a la
disolución, la cual halla su mejor expresión en la 'contratradición',
tampoco podrá hacerlo; las propias condiciones de la manifestación, en
tanto el ciclo no esté totalmente acabado, exigen evidentemente que así
ocurra; además, el propio final de este ciclo supone el 'enderezamiento'
mediante el cual tales tendencias 'maléficas' serán 'transmutadas' con un
resultado definitivamente 'benéfico', como ya hemos explicado
anteriormente. Por otra parte, todas las profecías (y naturalmente,
tomamos esta palabra en su verdadera acepción) indican que el aparente
triunfo de la 'contratradición' sólo será pasajero, y cuando éste parezca
más completo, aquélla será destruida por la acción de influencias
espirituales que intervendrán entonces para preparar inmediatamente el
'enderezamiento' final (...)".

"Por ello, debemos referirnos una vez más al papel de la


'contrainiciación': en efecto, es evidentemente ella la que, tras haber
trabajado en la sombra para inspirar y dirigir invisiblemente todos los
'movimientos' modernos, llegará en última instancia a 'exteriorizar', valga
la expresión, algo que será como la contrapartida de una verdadera
tradición, al menos tan completa y exactamente como permiten los
límites que se imponen necesariamente a una falsificación. Tal como la
iniciación es, según hemos dicho, lo que representa efectivamente el
espíritu de una tradición, la 'contrainiciación' desempeñará un papel
parecido con respecto a la 'contratradición' ...".

3. La manipulación interesada de la obra de Guénon


La acción antitradicional y contrainiciática que Guénon denunció en sus
libros, sus artículos y su correspondencia ha continuado abriéndose paso
en Occidente hasta nuestros días como, por otra parte, no podía ser de
otro modo en los tiempos de fin de ciclo en que vivimos. La 'novedad' a
la que hemos asistido con posterioridad a la muerte del metafísico
francés, acaecida hace cinco décadas, es la utilización interesada de su
legado escrito por parte de diversos sectores pseudoiniciáticos y

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contratradicionales. Puesto que reconocemos en Guénon a un maestro del


que hemos heredado una guía inestimable para recorrer en pos de la luz
un camino que ha sido plagado de trampas profanas, creemos que es
nuestra obligación contribuir a denunciar con la máxima claridad posible
las manipulaciones interesadas de la obra guenoniana que como tales
suponen negaciones de la Tradición, a fin de que quienes trabajan en el
desbastado de la piedra bruta sepan ubicarlas y puedan sortearlas.

Con tal motivo, hemos realizado un recorrido extenso por más de 150
publicaciones electrónicas (webs) y revistas de diversas nacionalidades
en cuyo armazón la figura y la obra de Guénon ocupa un lugar central y
hemos intentado identificar aquellas en las que se opera una
manipulación grosera de dicha obra. Como si los manipuladores hubiesen
pretendido contribuir a corroborar las apreciaciones doctrinales de
Guénon en "El Demiurgo" (ver arriba), todas las manipulaciones
realizadas –al menos, las que hemos sabido advertir– se basan en una
parcialización del pensamiento guenoniano, aislando su formulación
literal de la invariable referencia metafísica del autor y aplicando sus
textos de manera forzada a la defensa de ideas propagandísticas variadas
e incluso contrapuestas. En el anexo de este trabajo se expone un listado
de algunas páginas web en las que dichas manipulaciones son
especialmente patentes.

3.1. Los "guenoliteralismos"


Un tipo de error muy extendido es lo que podemos denominar
"guenoliteralismo". Se trata de las producciones de individuos a los que
en catalán calificaríamos de "lletraferits" (literalmente, heridos por la
letra), que conocen al dedillo los textos guenonianos y para los cuales la
palabra de Guénon es cuasi-bíblica, indiscutible, incluso inescrutable y
sólo transponible literalmente. Son los lectores rasantes de la obra
guenoniana, los que ignoran la posibilidad de una lectura fresca y
vivificadora de los textos del maestro francés en la que los aspectos
simbólicos primen sobre los literales y la posibilidad de la adaptación
permanente sobre el dogmatismo plasta y castrante. Se trata de gente para
la cual, por ejemplo, la iniciación tiene un carácter burocrático y exige
unos requisitos previos cuya satisfacción debe verificarse tal como se
chequea si uno lleva todos los certificados, pólizas y fotografías
necesarios para obtener el Documento Nacional de Identidad. Veamos un
ejemplo: en la sección "Correo" del número 10 de la revista Letra y
Espíritu, Verónica pregunta desde Sevilla lo siguiente:

"Repetidamente he podido leer que la Masonería es la única posibilidad


iniciática asequible en la actualidad. Sobre este particular, quisiera saber:

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¿Dónde hay logias masónicas en España? ¿Cómo es posible contactar con


logias o con masones? ¿Cuáles son los requisitos de afiliación?"

Y la redacción de Letra y Espíritu contesta a Verónica lo siguiente:

"Logias masónicas en España las hay en muchas ciudades más o menos


importantes, en Sevilla por ejemplo. El contacto con estas logias es hoy
bastante fácil, simplemente hay que acudir a sus instalaciones, todas ellas
públicas. Los requisitos de afiliación pueden variar según la pertenencia a
una u otra de las diferentes obediencias (nacionales o internacionales).
Los requisitos más acordes con la tradición masónica, son los de ser
hombre, libre y de buenas costumbres; también el no tener defecto físico
grave, creer en la existencia del Gran Arquitecto del Universo y en su
revelación en las Sagradas Escrituras, además, antiguamente, ser fiel
observante de la religión católica. Éstos, en concreto, son los requisitos
indispensables para la iniciación en las logias adheridas a la Gran Logia
de España, única obediencia que mantiene invariables las condiciones de
acceso a la influencia espiritual, excepción hecha de la pertenencia a la
Iglesia católica. Como se observará, la afiliación de mujeres, es
expresamente prohibida (si bien algunas obediencias actualmente
admiten su ingreso). Evidentemente esto implica un grave problema a las
mujeres que poseen una auténtica aspiración iniciática, problema que sin
duda tiene que ver con el momento cíclico en que nos encontramos; hay
que añadir que el estado actual de la Masonería no permite la realización
efectiva ni siquiera a sus miembros masculinos, para lo que se hace
necesaria una restauración tradicional en su seno. A este respecto,
invitamos a la lectura del artículo publicado en este mismo número:
'Iniciación y momento cósmico' de S. de Vilanova".

Reconocemos en esta respuesta una lectura 'après la lettre' de varios


capítulos de las Apreciaciones sobre la Iniciación (1946), Iniciación y
Realización Espiritual (1952) y los Estudios sobre la Francmasonería y
el Compañerazgo (1964-1965) de René Guénon, aderezada con toques de
cosecha integrista propia de los autores y sobrepuesta a una profunda
incomprensión de lo que la Masonería es y representa. A modo de
funcionarios policiales, los redactores de la publicación afirman
taxativamente que las 'instalaciones masónicas' (¿qué serán esas
'instalaciones'? ¿incluirán también los lavabos de las salas húmedas? ¿y
los ascensores?) son públicas; no se nos ocurre en qué pueda residir su
absoluta certeza al respecto, salvo en el hecho de que, si no fuesen
públicos esos locales, acaso serían ilegales... Por lo demás, no sabemos
de templos masónicos en nuestros valles que tengan horario de visita al
público. Otrosí: los cojos y los bizcos deben abstenerse de pedir su
ingreso en la Masonería, y Verónica, también (¿y los feos muy feos?).

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Cosas del momento cíclico. Por otro lado, además de creer en el Gran
Arquitecto del Universo, los aspirantes deben ser fiele

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