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Estoy con vosotros todos los días del mundo

Quiero remitirles al versículo 20, Mateo 28:20, unas palabras poderosas de Jesús, una promesa para
nosotros, creo que todo lo que hemos estado hablando en esta mañana, estos testimonios hermosos, el
himno que Mir ha estado cantando, hay unos hermosos ojos para ti, unos brazos para ti, que están
contigo en diferentes situaciones de la vida. Es precisamente lo que el Señor nos dice, aquí en este
versículo 20, en la segunda parte del versículo 20, dice: "Y he aquí yo estoy con vosotros, todos los días
hasta el fin del mundo." ¿Cuántos pueden decir gracias al Señor por eso?. He aquí yo estoy contigo todos
los días, eso quiere decir domingo y lunes también, en invierno cuando está nevando, y en Junio cuando
hace un sol precioso como hoy, el Señor dice yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.

Y esa es la Palabra que estoy convencido que el Señor quiere compartir con nosotros en este servicio, y
que usted se vaya con esa seguridad en su corazón. Si usted llegó esta mañana con incertidumbre en su
vida, alguna carga muy grande, está pasando por una tribulación, alguna prueba familiar, que le hace
dudar de Dios en este momento en mi vida. O si usted sabe que Él está con usted, también porque Él
quiere afirmar más esa confianza. Pero en todos nosotros nos dice en esta mañana, he aquí Yo estoy
contigo, Yo estoy con ustedes, todos los días hasta el fin del mundo. Y esa es la Palabra que Jesús puso
en mi corazón esta mañana, a veces cuando yo estoy entre una serie de sermones y otra, estoy ahí
esperando que el Señor me indique la siguiente etapa.

Son tiempos algo difíciles porque entonces hay tantas cosas de las cuales uno puede predicar, la Biblia
está explayada delante de uno, pero uno quiere que sea el pasaje que Dios quiere dar, la Palabra
profética. Esta mañana de nuevo como he compartido con ustedes en otras ocasiones, le pedí al Señor
que me diera una Palabra específica para compartir con ustedes, me puse a esperar un momento, y vino
de toda la multitud de enseñanzas que hay en la Biblia, esa expresión de Jesús Yo estoy con vosotros,
todos los días hasta el fin del mundo. Así que yo creo que es una Palabra salida del corazón de Jesús
para ti y para mí en esta mañana, la compañía de Dios, la presencia de Jesús, la obra de Jesús en tu
vida, y su compromiso contigo, firme, inquebrantable, de acompañarte a través de cualquier situación por
la cual tú puedas pasar, todo lo que pase en tu vida recuerda, el Señor no está ausente, está presente
contigo.

Está a tu lado, está mirando sobre tu vida, y todos los recursos del cielo los cuales Él incorpora en su
persona van a estar ahí disponibles a tu favor. Sea en Honduras, sea en Haití, sea en la China, sea en la
abundancia de Estados Unidos, sea donde sea la presencia de Dios irá contigo. He aquí Yo estoy con
vosotros, todos los días hasta el fin del mundo. Y enseguida vienen a mí las palabras del salmista, ¿a
dónde huiré de ti o a dónde huiré de Tu presencia?. Si subiere a los cielos, allí estás Tú, y si en el Seol
hiciere mi estrado he aquí allí Tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar aún
allí me guiará Tu mano, me asirá Tu diestra. Si dijere ciertamente las tinieblas me cubrirán, aún la noche
resplandecerá ante mí. Aún las tinieblas no encubren de ti y la noche resplandece como el día, lo mismo
te son las tinieblas que la luz, porque Tú formaste mis entrañas, Tú me hiciste en el vientre de mi madre.

¿Qué maravilloso no?. En Tu libro estaban escritas todas aquéllas cosas que fueron luego formadas sin
faltar una de ellas. El salmista a través de sus palabras expresa su confianza de que el Señor está con él,
él no se puede escapar aún si quisiera, porque él ha hecho un pacto inquebrantable con el Señor, y los
ojos del Señor lo siguen. Él dice si me quisiera esconder, lo cual no quiero, aún allí me encontrarías,
¿no?. El escritor del Salmo 23, no temeré mal alguno porque Tú estarás conmigo, ciertamente el bien y la
misericordia me seguirán todos los días de mi vida, la Biblia está llena de referencias y de promesas
acerca de un hecho, y es que nunca estamos solos, nunca los ojos del Señor quitan presencia de nuestra
vida.

Wow, y eso es difícil creerlo porque algunas veces nos pasan situaciones de tremendo sufrimiento en
nuestra vida, a veces nos pasan grandes pruebas que parecerían negar esa promesa del Señor de que Él
está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo, porque pasan a veces cosas bien serias. Y no
quiero adelantarme al sermón porque eso es como una parte dentro del mensaje, y ojalá que no se me
olvide porque sí quiero tratar eso también, porque a veces le damos a la gente unas enseñanzas así
someras, y superficiales, pero hay gente que está pasando y ha pasado por grandes traumas, cuando el
médico te da un diagnóstico como le dieron a nuestro hermano, ¿dónde está Dios en ese momento uno
se pregunta?.

Cualquiera que sea el diagnóstico que recibas en tu vida, puede ser una cuenta, pensabas que tenías
mucho dinero, de repente vas al ATM y no era tan grande como tú pensabas, pensabas que te iban a dar
un refund de los impuestos y te cobran 5.000 dólares, pero el Señor dice estoy con vosotros todos los
días hasta el fin del mundo, y eso para mí es una de las verdades fundamentales del hijo, de la hija de
Dios, esa confianza que tenemos de que en ningún momento los ojos de Dios dejan de posarse sobre tu
vida. ¿Sabes que Dios puede mirar a los billones de seres humanos que existen y darles toda la atención
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que necesitan simultáneamente sin inmutarse ni sufrir problemas?. A su computadora no se le vuela un


fusible ni tiene un problema, tiene un mega mega mega bytes, Él puede hacer eso, Él puede estar atento
a ti, y a ti, y a ti, y a cada uno de nosotros en cada situación que tenemos allá afuera.

Él nunca está demasiado ocupado, nunca está demasiado cargado, nunca está demasiado consumido en
una atención allí o un problema por allá, o en una guerra mundial, no, el Señor puede vigilar todo eso y Él
dice estoy contigo, Yo tengo conciencia, si te formé en el vientre de tu madre, puedo hacer eso en tu vida,
cada situación, tu cuerpo, Yo estoy allí. Entonces esa es una expresión que fue dicha por el Señor
Jesucristo en un contexto muy específico pero yo creo que tiene valor para cada situación de la vida. Es
una declaración abarcadora. Pero yo puedo decir, ¿y por qué eso no fue para los discípulos solamente?.
Voy a hablar en un momento del contexto inmediato en el que Él da esa declaración.

Porque la Biblia está llena, como yendo a los Salmos por ejemplo, pero si vamos para adelante en todas
las escrituras, los escritos del apóstol Pablo, Juan, el apóstol Pedro, Apocalipsis, nosotros vemos esa
continua afirmación de que el Señor está con nosotros siempre, y esta fue una declaración simplemente
allí que quizá por su bello contexto nos afirma y nos recuerda en una manera muy fuerte de esa gran
verdad de que Él está con nosotros todos los días hasta el fin de los días. Y no podemos perder, Dios
quiere consolarte en esta mañana, y Dios quiere dejar que su voz se escuche en tu corazón y en tu
mente, y que tú salgas seguro de eso, he aquí Yo estoy contigo, Yo estoy contigo, Yo te acompaño, en tus
pérdidas y en tus luchas, en tus triunfos, y en tu carrera, en tu futuro, Yo estoy contigo, no temas.

No temáis manada pequeña dice el Señor Jesucristo en otro pasaje. Pero yo estoy conciente, una de las
cosas que vino a mi mente fue que yo prediqué hace dos domingos un sermón que puede ser un poquito
severo cuando hablé acerca del matrimonio homosexual, ustedes recordarán, y también recordarán que
yo hablé acerca de la afirmación del amor de Dios. Pero muchas veces la Iglesia tiene que hablar de
diferentes cosas, a veces Dios nos llama a un sermón de santidad, que nos deja un poquito como
temblorosos y, ¿seré yo Señor?. Pero también quiere cogernos como decimos los dominicanos,
acurrucarnos, no sé si es también la palabra en Sudamérica, Él quiere chinearnos como dicen también los
centroamericanos. Él dice no te voy a pedir nada, no te voy a mandar nada, solo te voy a dar un besito en
la mejilla y decirte Yo estoy contigo. Y eso es lo que Dios quiere, que Dios me ayude a ser tierno, no es
una de mis cualidades así necesariamente que resalta.

Pero yo quiero afirmarles en su vida mis hermanos, el Señor tiene una Palabra, dice, congregación León
de Judá, si ustedes están cansados, Roberto Mirando, si estás cansado o atribulado o lo que sea, Yo
estoy contigo, Yo estoy con ustedes, váyanse seguros de esa confianza, de que el Señor les acompaña a
través de sus pruebas, de sus pecados, sus caídas, sus luchas, sus tribulaciones, el Señor está con cada
uno de ustedes, he aquí Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Lo primero que salta de este pasaje, es que esta promesa el Señor la expresó en el contexto de su
inminente partida. Es la última aseveración que registra el evangelista Mateo. El Señor en ese último
discurso les dijo muchas cosas a sus discípulos, en Marcos tenemos algunas cosas un poquito diferentes
pero más o menos con la misma idea, estas señales seguirán a los que, entonces dice Yo estoy con
vosotros. Entonces parece que fue algo bien claro que Él les quiso decir, qué interesante, ¿no?, que en el
contexto de su ida, su partida al cielo, el Señor quiere dejarles una Palabra de afirmación y de seguridad.
No se preocupen, Yo estoy con ustedes, me voy pero estoy con ustedes.

¿Por qué?. Porque quizá los discípulos estaban un poco atribulados, lo tuvieron tres años físicamente,
pensamos que lo habíamos perdido cuando lo crucificaron y ahora lo tenemos otra vez, Yo estoy con
ustedes a pesar que me voy, ¿no?. Y eso es bien importante que entendamos, aunque no podamos ver al
Señor, aunque a veces ni lo sintamos, aunque no lo sintamos, el Señor dice no te preocupes, aunque no
me veas o no me sientas, aunque las circunstancias desmientan mi presencia Yo estoy contigo, mi
Presencia te acompaña. Así que yo creo que es lo primero, la Presencia de Cristo en nuestra vida no es
algo que tú tienes que sentirlo, es bueno si lo sientes, gloria a Dios, pero no depende de tus sentidos,
depende de la fidelidad y del carácter de Dios. El garante no son tus sentidos, así que si el Señor dice que
Él está contigo, su carácter lo respalda, su promesa lo respalda.

No te preocupes, aunque te sientas atemorizado, yo sé que estás conmigo. No te siento ahora, las nubes
están densas, y oscurecen el sol, pero yo sé que el sol está brillando allá arriba de alguna manera, nunca
dudes, no dudes del Señor. Pedro quitó su mirada del Señor cuando caminaba sobre las aguas, y la puso
sobre las aguas, el viento, sobre el ruido de las olas, y la quitó de Jesús y se enfocó en las circunstancias
amedrentadoras confundido por el temor y ¿qué pasó?, y el Señor le tendió la mano, lo afirmó otra vez y
le dijo, ¿por qué temiste hombre de poca fé?. Y a veces así somos nosotros, cuando las cosas aprietan
podemos temer y dudar, porque no lo vemos en ese momento, porque las circunstancias parecen terribles
alrededor de nosotros, y en ese momento tú tienes que decir como el salmistas, ¿por qué te abates oh
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alma mía, y por qué te turbas dentro de mí?, espera en Dios, porque aún he de alabarle salvación mía y
Dios mío.

Muchas veces cuando yo me siento atemorizado, y muchas veces es así, cuando las cosas aprietan y
arrecian en mi vida, yo hago lo que dice el salmista, ¿por qué te abates?, yo comienzo a dialogar con mi
mente, con mis sentimientos, con mi sistema nervioso caído, y no dejo que él se monte encima de mí ni
que tome control, yo comienzo a darle terapia a él, alma mía, ¿por qué te abates así?, confía en el Señor,
Él dice que está conmigo, me tomo dos pastillas de promesa de Cristo y entonces comienza a despejarse.
Nunca permitas que la ansiedad se asiente en tu vida, la ansiedad va a venir porque es una reacción
nerviosa, antes que tú te des cuenta las hormonas ya salieron, los químicos el cuerpo ya los soltó, porque
es así, la biología es así, un estímulo exterior, algo te atemoriza y fuf, salen los químicos, contaminan tu
sistema nervioso, mental, y esos químicos provocan ansiedad, provocan adrenalina y contaminan tu
ambiente mental, y entonces ya tus pensamientos se colorean de esa sensación de ansiedad, eso pasa.

Lo que tienes que hacer en ese momento es recordar la Palabra de Cristo, Yo estoy contigo, no temas, Yo
he prometido caminar contigo. Entonces comienza en ese momento a darte terapia a ti mismo, habla con
tu mente, habla con tu cuerpo, habla con tus emociones y dlile hey, el Señor dice que está conmigo así
que tranquilízate, ¿ok?. Hijo mío tú tranquilo como dicen por ahí.

Así que el Señor desea aquietar los sentimientos y las emociones de sus discípulos. Cuando lo iban a
crucificar dice que en el jardín del Getsemaní los discípulos estaban tan agotados nerviosamente, sus
nervios estaban tan quemados que estaban llenos de sueño. Cuando uno tiene temor el sistema está
trabajando overtime, y uno quema mucha energía emocional, ¿sabe?, el trabajo emocional es a veces
más cansón que el trabajo físico. Así que los discípulos estaban llenos de temor, y el Señor quiso aquietar
su corazón y su espíritu.

Entonces el Señor se preocupa por esa parte de nuestra vida, cuando estamos en crisis, Él dijo: Mira,
aunque yo me voy, no se preocupen, que Yo voy a estar con ustedes, y vamos a hablar precisamente un
poquito más de eso, el Cristo que se va pero que está también con nosotros. Lo segundo que yo veo en
este pasaje, es que es dicho en el contexto de un mandamiento muy grande que Él les hace a ellos, una
asignación de mucha envergadura que Él les hace a los discípulos, Él les está mandando prácticamente,
les acaba de decir id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en nombre del Padre, del
Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado.

Wow, esa era una orden estratosférica, inmensa. Imagínese, estamos hablando en el siglo I, en el año 30
y pico, en una aldeita de un país insignificante, a gente iletrada, muchos de ellos analfabetos, gente que
no tenía ningún medio para ir a través de la tierra, es más no tenían ni siquiera una concepción adecuada
de lo que era la Tierra, los océanos, los pueblos, mucha de esa gente nunca había salido de su propia
aldea, cuánto más pensar de su país, de su región, cruzar un mar, esa gente no tenía un sentido de nada
de eso, lo único que conocían era una ciudad de Roma, ni siquiera concebían lo que era la ciudad de
Roma, que los tenía bajo su control. Y el Señor les está diciendo a esos discípulos insignificantes, viajen
por todo el mundo, vayan por toda la tierra y conviértanlos a mí, y enséñenles a guardar todo lo que les he
enseñado. Eso parecía una receta para el desastre y la derrota total.

Entonces ahora yo creo, pero nosotros, ¿cómo el Señor nos puede decir que hagamos algo tan grande y
tan importante?, y el Señor les dice Yo estoy con vosotros, todos los días hasta el fin del mundo. En otras
palabras, ¿qué era lo que el Señor les estaba diciendo con eso?. Que no se preocuparan, Él es el Dios de
lo imposible, Él es la fuente de su poder, y Él se iba a asegurar de que llegaran a la meta, y de que no
fracasaran en esa empresa que Él les asignaba. Hoy en día 20 y pico siglos después, esa promesa no se
ha cumplido plenamente pero wow, todas las naciones del mundo, conocen del invididuo de Jesús y
estamos en eso todavía.

Pero ya es mucho más factible lo que el Señor dice, se entiende ahora mucho más lo que el Señor les
dijo, el cristianismo ha cubierto la Tierra, esa banda de gente insignificante llegó a Roma y conquistó a
Roma, continuó por el resto de Europa, ha ido a la China, Asia, África, el resto de América, y el
cristianismo ha sido la fuente de cultura de occidente y también de todas las naciones del mundo, el
cristianismo ha producido algunas de las obras de arte más grandes y sublimes, los descubrimientos
científicos sido muchos de ellos basados en cosas que el cristianismo ha facilitado para el resto del
mundo, una cantidad de cosas, salió de ese pequeñito núcleo de hombres y mujeres traumatizado por la
crucifixión de Él, y Él les dice no se preocupen, Yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo.

Entoces hermanos eso nos ayuda a nosotros también a saber algo, que para el que cree todo es posible.
Que para los que creemos en Cristo todo es posible, inclusive para una familia centroamericana de las
más, sus hijos nunca han estudiado antes o no vienen de una gran alcurnia académica pero ahí tienen a
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su hijo, ganándose una beca o yendo a la mejor universidad de una de las naciones más grandes de la
tierra, porque esa savia que el Reino de Dios trae está comenzando a inseminar esa familia, y bendecirla
y levantarla en tantas maneras, qué hermoso, ¿no?, porque el Señor está con nosotros.

Donde Cristo está entran todos los recursos del cielo con Él, para una familia, a un hombre, a un joven, y
óigame, si nosotros pudiéramos entender eso, si nosotros pudiéramos apropiarnos de esa verdad, de
decirle Cristo, entra a mi vida, siéntate en el trono de mi vida, Él entra pero con Él entran los ángeles, los
arcángeles, todas las riquezas del Padre, el Espíritu Santo, todos los dones del Espíritu Santo, toda la
potencia del Reino de Dios, entra junto con Él, y se sienta dentro de nosotros. Y donde quiera que
nosotros vamos ese poder de Cristo va con nosotros, todos los recursos del cielo, donde tú entras el
poder entra contigo también, el poder de Cristo porque Cristo está dentro de ti, y todo es posible, no hay
ninguna circunstancia, no importa que tú vengas de una familia pobre, no importa que tú no hayas
estudiado, no importa que tú no hables el idioma, no importa que la nación en donde tú estás por alguna
razón u otra no tenga todos tus documentos, tú y Dios son mayoría donde quiera que van, sinceramente,
y recuerda eso siempre.

El apóstol Pablo, una y otra vez en Efesios capítulo 2, recuerde eso porque es uno de mis pasajes
favoritos también, donde Pablo dice yo oro para que Dios les dé espíritu de entendimiento, para que
ustedes puedan entender cuán grande es el poder que Dios ha hecho habitar dentro de su cuerpo, que el
mismo poder que levantó a Cristo de entre los muertos está dentro de ustedes también. Y gran parte del
problema con nosotros hermanos no es que Dios entre a nosotros, o que Dios nos bendiga, o que Dios
obre a favor de nosotros, no, ese no es el problema, el problema es que nosotros seamos capaces de
concientizarnos de que el poder de Dios ya está en nosotros y que obra a través de nosotros.

Y cuando nosotros nos concientizamos de ese hecho, entonces podemos activar ese poder que ya está
esperando, y podemos hacer cosas grandes en nuestra vida. Muchos de los fracasos y las omisiones, y
las fallas que Dios tiene para llegar a nosotros, no es culpa de Dios ni falta de la Presencia de Cristo en
nuestras vidas, es falta de la conciencia de que Él está en nosotros, y parte de nuestra oración debe ser
Señor, abre mis ojos para que yo pueda verte y creer que Tú te mueves conmigo, y que cualquier cosa
que yo haga yo la puedo hacer en el nombre de Jesús porque Tú estás conmigo. Pablo dice todo lo
puedo en Cristo que me fortalece, aleluya.

No hay nada que tú no puedas hacer por más grande que sea, porque Cristo está contigo, Cristo camina
contigo. Pídele al Señor, yo le tengo que pedir al Señor, Padre abre mis ojos para que yo pueda creer
cosas más grandes cada día, porque yo sé que ustedes creen que yo tengo fé, pero Cristo me dice hey, si
tú tuvieras fé como un granito de mostaza, podrías hacer cosas mil veces más grandes, porque los
discípulos se le acercaron a Jesús y le dijeron auméntanos la fé, yo creo que Jesús se rió y dijo, ¿qué fé
les voy a aumentar?, si tuviesen fé como un granito de mostaza le dirían muévete a este monte y se
tiraría, yo no puedo aumentar algo que ustedes no tienen es lo que les quiso decir más bien.

No, una parte de lo que nosotros tenemos que creer es que Él está con nosotros, entonces eso activa su
poder en nosotros. Y por eso les decía a ellos, ¿no?, Yo les estoy dando, it is a total order, como dirían en
inglés, ¿no?, les estoy dando una gran asignación, como dirían, pero no se preocupen porque Yo estaré
con ustedes. Si usted lee el libro de los Hechos, uno ve como comienza a degranarse en la vida de la
Iglesia, en esos primeros años que nos habla el libro de los Hechos, esa afirmación de Jesús.
Continuamente uno ve a los discípulos con tantas diferentes situaciones, a Pablo cuando lo apedreaban,
Esteban, ahí está una de las cosas que yo les decía, una de las situaciones que parecerían negar esa
afirmación de Jesús, completamente, cuando estás pasando por un divorcio y la persona con quien estás
quiere dejarte, y ya tu mundo se está desmoronando qué difícil es creer esa expresión de Jesús, yo
estaré contigo.

Hoy que voy a firmar los papeles, hoy que esa persona me deja, todos los días, yo te dije que iba a estar
contigo todos los días. Ayer me dijeron que tengo una enfermedad incurable, que no saben cuánto tiempo
voy a vivir, que yo tengo que tomar pastillas todos los días de mi vida, no voy a ser una persona muy
saludable, ¿dónde estaba Dios?, Yo te dije Yo voy a estar contigo todos los días, Yo voy a estar contigo en
la enfermedad, y puede que te sanes o puede que simplemente diga Yo te voy a acompañar y te voy a
usar en medio de esa enfermedad, y te voy a dar el poder y la gracia para que batees un home run con
esa enfermedad, porque muchas veces es así. Sabe, a veces pueden venir cosas a nuestra vida que
parecería que son una tragedia irredenta, no hay posibilidad de nada bueno que pueda salir de ello, ¿y
qué pasa?, que eso fue la razón que entonces te llevó a otra cosa mucho mejor y más bendición.

Así pasa muchas veces hermanos, y quién sabe a veces, situaciones que vienen a nuestra vida, de qué
cosas Dios nos podría estar librando, pero es que usted nunca, nosotros no podemos ver todos los
elementos de la existencia, nosotros no podemos conocer todos los secretos del Universo, algo que
parece terrible a la luz de mañana puede que, oh, perdiste el avión, oh, Dios mío, qué terrible, el avión se
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cae, se muere todo el mundo en el avión, oh gloria a Dios, tengo que testificar de eso el domingo en León
de Judá. Qué rápido pasan las cosas, nosotros no sabemos, cuántas personas a través de una aparente
enfermedad han llegado a cosas mayores, en el libro que estoy escribiendo sobre vida por diseño, doy el
ejemplo de un joven autista, no bautista, autista, que desde niño nació con esta enfermedad, y su niñez
fue muy frustrante porque no podía hablar.

Hasta que una de sus maestras en clase descubrió que tenía una aptitud formidable para dibujar. Usó
esto para enseñarle a este niño a hablar, el alfabeto, otras cosas, tenía una memoria visual increíble este
niño, y allá a los 7, 8 años, había comenzado a vender sus dibujos comercialmente. Y este niño tiene
ahora 30 y pico de años, no recuerdo su nombre ahora mismo, tiene una capacidad tan y tan grande,
como viaja por todos los países, las ciudades del mundo, él se puede montar en un helicóptero, y
recorriendo una ciudad en 5, 10 minutos él se memoriza todos los edificios, por ejemplo de Manhattan,
tiene una mente fotográfica, hay personas que tienen eso, él puede recordar todos los edificios, ir a su
estudio y dibujarlos en detalle y con la proporción precisa de todo, las ventanas todo, Willshire, no
recuerdo su nombre ahora.

Y he visto su página, tiene su página electrónica y todo, sus dibujos valen decenas de miles de dólares, y
son una maravilla de la mente humana. Es decir, que su increíble tragedia lo llevó a la grandeza. Si usted
le pregunta a él como se le ha preguntado que si él preferiría no tener su aflicción dice que no, porque es
un don, una divinanza que Dios le ha dado a él, que viene en un paquete un poquito turbio pero
bellísimimo, porque así vienen los regalos de Dios a tu vida, vienen en formas raras, por eso es que a
veces despreciamos los regalos de Dios, porque no nos gusta la envoltura. Los judíos despreciaron el
regalo de Dios a través de Jesucristo porque no les gustó la envoltura, ellos esperaban un hombre de 3
metros, una espada bien grande que le cortara la cabeza a todos los romanos, y aquí viene este
jovencito, hombrecito judío típico sin belleza para que nadie lo deseara o buscara algo de él, y ahí estaba
toda la grandeza de Dios en ese ser común y corriente.

Entonces yo creo que no importa qué situación pases en tu vida, no la rechaces simplemente porque
viene en un paquete raro, diferente, y que Cristo asuma la forma de otra cosa que no es la que tú esperas
que Él aparezca, no lo rechaces porque quizá es la Presencia de Cristo manifestándose en una manera
rara en tu vida. Y por eso yo les decía, aunque ustedes no me van a ver, aunque parece que esto termina
aquí no se preocupen, mi Presencia asume otra forma simplemente, y así pasa en tu vida, no importa
donde tú estés, cuál sea la situación en tu vida, cuál sea el problema que tú tengas por delante, cuán
grande sea la responsabilidad que tú tengas por delante, cuán seria sea la situación y el reto, conseguirte
un nuevo trabajo es mucho más complicado de lo que tú pensabas, tiene más responsabilidades.

Mira el Señor, para Él no hay nada difícil, simplemente dí Señor, que Tu poder se haga más grande,
porque la situación es más grande, Tú estás conmigo, ahora ancha simplemente un poquito más tu
intervención en mi vida, y dame la facultad para yo vencer esto y dominarlo. El Señor lo hace, Yo estoy
contigo, Yo estoy con vosotros, todos los días hasta el fin del mundo.

Lo otro que yo veo aquí es que dice, he aquí Yo, Yo, fíjese que para mí eso es importante, no es que
estoy rebuscando mucho la cosa, porque la Presencia de Cristo es personal, no es un algo que está
contigo, no es una fuerza superior, un higher power, se puede decir así en ciertas circunstancias, lo que
está contigo no es un poder, no es un principio, no es una fuerza, es un ser, una persona, Jesús, es el
Padre, es el Espíritu Santo, el Espíritu Santo no es un gas vago e indefinido, es una persona. Dios es un
ser, es un Dios personal, es por eso que tú y yo somos personales, es porque reflejamos la personalidad
de Dios, el Señor no se condensa o algo así para meterse dentro de ti, misteriosamente Él está dentro de
ti, y está contigo. Él es quien camina contigo.

Entonces con ese ser que habita contigo, y camina contigo y está contigo, tú puedes hablar, tú puedes
gritar, tú puedes soltar tus lágrimas, puedes confesarte, puedes psicoanalizarte con Él, Él es un psicólogo
tremendo, háblale y exprésate, la mejor terapia del mundo es cuando tú te sientas en algún lugar, cierras
la puerta, te aseguras que no hay micrófono, nadie te está viendo, y tú comienzas a soltar todo lo que hay
ahí adentro, habla con Él, háblale con lujo de detalles, pon tus problemas, pecados y necesidades, con
primero, segundo y tercer apellido inclusive, y expláyaselo todo, porque Él se sienta contigo, te sirve una
tazita de café, y Él también se sirve una y te escucha, y toda la personalidad, su amor, su inteligencia, su
sabiduría, su capacidad para aconsejarte, su lealtad y fidelidad feroz están contigo y para contigo.

Yo estoy contigo, la Trinidad está contigo, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, caminan contigo todos los
días, ese es un ser poderoso que estará contigo en las buenas y en las malas. ¿Y qué tú prefieres tener,
un vapor impersonal o una persona que está contigo?. Una persona, yo también estaba allí sentado
pensando, cuando Pablo está en seria dificultad en el libro de los Hechos, creo que es Hechos 18 si no
me equivoco, si no se me va a ocurrir, no importa, el caso es que Pablo está en una estación muy difícil y
el Señor se le aparece y le dice no temas Pablo porque Yo estoy contigo, y tengo mucha gente en esa
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ciudad. ¿Ustedes recuerdan ese pasaje?, se me fue de un momento, lo voy a conseguir más tarde no
importa, lo que me interesa es ese hecho de que Pablo estaba, será el 18, 18:10, ok, qué bueno es tener
gente docta en la Biblia.

Qué lindo, había gente que lo perseguía y se oponía a él, estaban blasfemando, sacudiéndose los
vestidos, lo buscaban para matarlo, y dice el versículo 9, entonces el Señor, ¿ok?, no fue algo impersonal,
entonces el Señor en visión de noche, el Señor tenía compasión de Pablo porque claro, a veces nos
sentimos atemorizados, desprovistos de ayuda en nuestra vida, cuando la cosa aprieta usted se siente
como que wow, qué bueno sería si Dios me tirara por lo menos un mensaje que Él está conmigo, ¿no?.

Entonces en una visión le dice no temas, le dijo a Pablo si no habla, no calles, porque Yo estoy contigo, y
ninguno pondrá sobre ti la mano para hacerte mal, porque Yo tengo mucho pueblo en esta ciudad. Y sabe
que, dice se detuvo ahí un año y medio, para que vean, ¿no?, porque Pablo viajaba de un lado a otro
pero ahí se detuvo un año y medio, al que no le guste pues que bregue con Jesús que está conmigo. Qué
bueno que el Señor en toda su persona, en toda su integridad le dijo a Pablo no temas, habla, no calles,
porque Yo estoy contigo.

Cuando tú estés en situaciones difíciles, la gente te esté atacando y te sientas como cercado por
situaciones o cosas difíciles, recuerda el Señor dice no temas, Yo estoy contigo, no temas ni desmayes
porque Yo estaré contigo donde quiera que tú vayas, dice el Señor. Por eso es que es importante
memorizarse estos pasajes hermanos, tú debes memorizarte, debes grabarte esas enseñanzas y esas
promesas en la Escritura, para que cuando venga esa situación difícil en tu vida tú puedas acudir a ellos.
La Biblia está llena les digo, saturada de esa imagen de un Cristo personal que está con nosotros aunque
no lo veamos, y aunque todo parezca desmentir su presencia en nuestra vida.

Entonces eso es otra cosa, que es un Cristo personal que está con nosotros. Lo otro, hay muchas cosas
aquí, me doy cuenta que hay más de lo que uno piensa aquí, yo estaba temeroso que no tenía suficiente
material, (ríe), pero esa es la carne en uno, ¿no?, la presencia personal, su presencia no ha disminuído
como al principio. Otra cosa, aquí dice Yo estoy con vosotros, ahora piense en la palabra vosotros por un
momento, ese vosotros quiere decir en su Iglesia con i mayúscula, es decir colectivamente, pero también
con cada uno de nosotros individualmente. Porque Él estaba hablando allí con un grupo de sus
discípulos, mientras les encomendaba la labor que iban a llevar a cabo durante siglos, predicar el
evangelio, hacer discípulo a todas las naciones, entonces hay dos cosas maravillosas ahí, ¿no?, la
presencia de Cristo es tanto con su pueblo en general como con nosotros individual.

Entonces ya hemos hablado un poquito acerca de lo individual, la presencia de Jesús en lo individual,


pero también siendo Iglesia, no teman, porque las puertas del infierno no prevalecerán contra ustedes.

Saben que estamos en una época en que todo parece desmentir, como que la Iglesia va mas bien en
retroceso, el mundo como que en muchas partes, en el mundo occidental, mientras que en otros países o
en otras áreas como en África, en Latinoamérica, en Asia, el evangelio está recorriendo como fuego, eso
es otra cosa que debemos recordar también. Porque a veces uno mira aquí a Estados Unidos y dice
bueno, el evangelio está perdiendo terreno, pero en muchas partes del mundo el evangelio está ganando
terreno increíblemente. Pero saben que aún aquí en esta nación de Estados Unidos, cuando yo veo todo
el retroceso y las naciones de Europa que parecería como que ya esas sí que cerraron sus puertas,
¿sabe que a mí no me preocupa en absoluto?. Es como que me enardece más bien, lo que yo veo, lo que
hace es que me reta a ver cómo podemos cambiar la situación, no que me hace sentir como que oh, ya
perdimos la guerra.

Cuando yo veo todas las cosas que están pasando en esta nación en contra del evangelio, es como
David viendo a Goliat insultando a Jehová de los Ejércitos, y cómo podemos cortarle la cabeza al gigante,
no esconderese, no temer de él. ¿Por qué?, porque Cristo dijo bien claro que las puertas del infierno no
prevalecerían contra su Iglesia, y Él dijo que Él estará con su Iglesia hasta el fin de los días, y si usted
mira su Iglesia en 21 siglos que tiene la Iglesia cristiana, la Iglesia ha pasado por todo tipo de momentos
históricos.

Mire Rusia, la ex Unión Soviética, en 1914 creo que fue, o 17, se declara el comunismo como doctrina
filosófica que rige esta poderosa nación, y Rusia crece y arropa buena parte de Europa oriental, y
comienza a expandirse, inclusive pasa a Latinoamérica al Caribe con Cuba, y muchas naciones del
mundo, y muchos intelectuales adoptan el marxismo como una filosofía, y parecería como que el
marxismo, leninismo y comunismo iba a arropar la tierra con su teología atea, su enseñanza atea
materialista, y que Rusia era incontenible, y perseguía a la Iglesia en esos países. Hace poco estaba
viendo la maravillosa Iglesia de San Estanislao en Moscú, he tenido la bendición de verla personalmente,
es una Iglesia maravillosa, no sé si Bruno quiere enseñármela, creo que estoy spoiled, malcriado por esa.
7

No, la Iglesia Saint Stanislao, es esa iglesia que tiene como unas cúpulas preciosas, rojas, ahí en Red
Square, y esa iglesia que es una maravilla arquitectónica mundial, escapó a su destrucción de parte de
Stalin por un pelito solamente, porque él quería destruirla, porque le recordaba al cristianismo. Sin
embargo hoy en día, ¿qué pasa?, el marxismo, el leninismo, está en el basurero de la historia, y la iglesia
estaba allí, ha vuelto otra vez a levantar, estaban allí y están volviendo otra vez a crecer y echar adelante.

En la China comunista por igual, la persiguen pero mientras más la persiguen por el suelo más se levanta,
con más poder que nunca, hay como 50.000, no sé cuánto es por día, chinos que se convierten por día,
una gotita, porque los chinos, sabe que hay tantos de ellos en el mundo, pero están creciendo, son
millones y millones, pero nada podrá prevalecer contra la Iglesia de Jesucristo. Porque Cristo ha dicho he
aquí Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo. Yo les aseguro que vendrán y se irán
grandes movimientos, habrá grandes guerras, habrán grandes escuelas filosóficas que pasarán por la
Tierra, y se irán y no se sabrá de ellos más, pero los que confían en Jehová son como el monte de Sión
que no se mueve si no que permanece para siempre.

¿Cómo yo sé que la Iglesia no va a desaparecer?. Porque el Apocalipsis dice que la Iglesia de Cristo va a
permanecer para Cristo llevársela antes de su segunda venida, el cielo y la tierra pasarán mas mi Palabra
no pasará. Yo puedo entender a veces por qué la Iglesia Católica con todos los líos que están pasando y
todo, ya no queda, y ellos se mantienen confiados, y siguen hablando acerca de la fé, y no se inmutan,
con todos sus errores, yo respeto eso, y no tratan de ponerse tan al día como algunos evangélicos, y de
quitar las doctrinas de la Iglesia. ¿Sabe cuánta presión hay sobre la Iglesia Católica para quitar algunas
de sus doctrinas?, de las cuales yo creo que algunas cosas podrían mejorar muchísimo, pero se
mantienen firmes porque en 2.000 años que ellos tienen como institución ellos han visto ir y venir tantas
cosas pasar, tantos príncipes y reyes levantarse contra ellos y tratar de destruirlos, y cuando esos reyes
se mueren ellos abren sus puertas otra vez, y vuelven otra vez los cristianos a llenar la.

Y por eso dice hey, vamos a tener tiempos difíciles pero los pasamos hace 100 años, 50, 500, 600, pero
estamos aquí y vamos a seguir. Y eso es lo que el Señor te dice en tu vida hermano, Yo estoy contigo, por
eso el apóstol Pablo en Efesios capítulo 6, dice que nos revistamos de toda la armadura de Dios para
cuando venga el día malo, ¿no?. Nosotros tenemos que revestirnos de la conciencia, Dios está conmigo,
Él dice entonces para que habiendo pasado el día malo y habiendo pasado todo estemos firmes, estemos
firmes. Cuando tú sabes que Cristo está contigo y Él ha dicho Yo estoy contigo todos los días, porque eso
es otra cosa, no tendré tiempo pero por lo menos una cosita allí, ¿no?. Contraste todos los días, y el fin
del mundo, contraste de lo banal y en lo sublime, en lo banal de cada día cuando te levantas, prendes el
carro y la nieve está gritando alrededor de ti, y los wipers no trabajan, y te resbalaste antes de entrar al
carro, y llegas al trabajo y no hay café, porque se acabó o lo que sea.

Él dice Yo estoy contigo hasta el fin del mundo, esa imagen grandiosa, el fin del universo, cuando se
quemarán todos los átomos, y Dios hará cielos nuevos y tierra nueva, el Señor estará contigo en lo
pequeño y lo grandioso, en lo banal y en lo sublime, en la gran crisis y en el dolor de cabeza, en el carro
cuando te arrancan el bonete porque te dieron en la calle y también cuando necesitas que Dios haga algo
especial, un momentito, ahí en una situación mínima, Señor dame una Palabra para esto, donde quiera el
Señor está contigo. Yo estoy contigo todos los días hasta el fin del mundo, esa es la Palabra del Señor en
este día, ¿amén?.

Pueblo de Dios, cierra tus ojos un momento, como si Cristo estuviera delante de ti, solo tú y Él, y tú lo
visualizas toda su gloria, su poder, condensado así en un sólo ser, que tú puedes visualizar y digerir con
tus ojos y tu mente, Él está ahí pero tú sientes su poder, y siente su mirada poderosa, segura y profunda,
ves su sonrisa sencilla y benévola, sientes su fidelidad para contigo y su compromiso, Él te conoce desde
adentro hacia afuera, conoce cada célula, cada vena, y cada pensamiento que hay dentro de ti, y a pesar
de todo eso tú sientes que Él te ama, y te acepta y te recibe, y sientes que está comprometido contigo. Y
entonces Él abre su boca y tú lo oyes decir Yo estoy contigo, todos los días hasta el fin del mundo.

Regresa a tu hogar hoy con esa seguridad. Padre en el nombre de Jesús, coge tu hierro candente y sella
nuestra mente y nuestro corazón con esa promesa tuya, de manera que nada de este mundo la pueda
borrar de nosotros, de que Tú nos acompañas, y estás con nosotros en las buenas y en las malas, el
domingo y el lunes, el viernes de la crucifixión, el sábado de la tumba, y el domingo de la resurrección, Tú
estás conmigo en cada momento, ayúdanos a interiorizar esa promesa Tuya en este día, y salir de aquí y
eso no se nos quite de la mente ni un sólo momento, y que podamos vivir fundamentados en esa verdad,
inquebrantable, he aquí Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo, gracias Señor, la
recibimos, vivimos en ella, en el nombre de Jesús, amén y amén, gloria al Señor.
8

Yo estaré contigo, dice el Señor


Categorías: Devocionales // Publicado 31/07/2016 a las 05:00 AM
“No tengas miedo, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo
soy tu Dios. Te daré fuerzas y te ayudaré; Pues yo te sostengo de tu mano
derecha; yo, el Señor tu Dios. Y te digo: No tengas miedo, aquí estoy para
ayudarte.” Isaías 41: 10,13.

No importa cuán grande o desesperante sea tu situación, quiero que


sepas que no estás solo (a) Dios promete que Su presencia estará
siempre contigo. Él te ayudará, te guiará y protegerá aunque tu problema
te muestre lo contrario. Por lo tanto, no te preocupes ni te afanes en este
día. “…no te desampararé, ni te dejaré.” Hebreos 13:5

Jesús confió plenamente en las palabras de su Padre Celestial, quien al


tercer día lo resucitó. Los tres jóvenes amigos de Daniel confiaron en el
poder de Dios y el fuego del horno no les hizo daño. El mismo Daniel
depositó su vida en las manos de Dios y los leones no lo tocaron. Él es
quien tiene un verdadero cuidado de sus hijos, por eso nos dice: “No
temas, yo estoy contigo”

Descansa confiando en Dios, en su poder y soberanía, Él siempre sabe


qué hacer en el momento y lugar perfectos. Nada escapa de Su mano y
tiene todo bajo control. Busca su dirección y persevera aunque el tiempo
sea difícil, Dios va contigo.

Te interesa: Cuando la espera te desespera

“…ustedes deben tenerse por muy dichosos cuando se vean sometidos a


pruebas de toda clase. Pues ya saben que cuando su fe es puesta a
prueba, ustedes aprenden a soportar con fortaleza el sufrimiento. Pero
procuren que esa fortaleza los lleve a la perfección, a la madurez plena,
sin que les falte nada.” Santiago 1:2-4

No desfallezcas, toma nuevo ánimo y confía, porque Dios ha prometido


estar contigo todos los días de tu vida. “…y he aquí yo estoy con vosotros
todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” Mateo 20:28

No estás solo y puedes estar seguro que Dios siempre estará a tu lado.
“Cuando pases por aguas profundas, yo estaré contigo. Cuando pases por
ríos de dificultad, no te ahogarás. Cuando pases por el fuego de la
opresión, no te quemarás; las llamas no te consumirán.” Isaías 43:2 (NTV)

Estoy contigo todos los días


Categorías: Devocionales // Publicado 23/07/2017 a las 05:00 AM
Cuando atravesamos momentos difíciles, una enfermedad, un problema
económico, una desilusión amorosa, etc. A veces creemos que Dios nos
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ha abandonado, que no nos ama, que nos ha olvidado, y un sin fin de


cosas. ¿Has pensado de esa manera?

Este tipo de reacción en medio del sufrimiento no es de una persona que


ha puesto su confianza en Dios, es de alguien que no ha conocido por
completo al Señor y ahora está dudando de Él.

¿Qué hacer en ese momento donde nuestros pensamientos nos dominan


y nos hacen dudar del poder y la existencia de Dios?

“Pero si oras a Dios y buscas el favor del Todopoderoso, si eres puro y


vives con integridad, sin duda que él se levantará y devolverá la felicidad
a tu hogar.” Job 8:5-6 (NTV)

Lo que debemos hacer es buscar a Dios y confiar en Él. Para eso es


importante orar, leer su Palabra y llenarnos de su Presencia, es decir,
apartar un tiempo a solas con Él.

Dios sabe cuáles son nuestros problemas y qué es lo que necesitamos.


Ha prometido estar con nosotros todos los días y no abandonarnos
jamás. No perdamos la fe ni la esperanza, la tribulación es temporal.
Aunque ahora no veamos ninguna solución, Dios va a glorificarse por las
maravillas que hará en nosotros.

“Pues nuestras dificultades actuales son pequeñas y no durarán mucho


tiempo. Sin embargo, ¡nos producen una gloria que durará para siempre y
que es de mucho más peso que las dificultades! Así que no miramos las
dificultades que ahora vemos; en cambio, fijamos nuestra vista en cosas
que no pueden verse. Pues las cosas que ahora podemos ver pronto se
habrán ido, pero las cosas que no podemos ver permanecerán para
siempre.” 2 Corintios 4: 17-18.

Te interesa: Dios te sostiene

Sea cual sea tu situación, Dios tiene un propósito con ello y es necesario
que la atravieses. Él sabe qué es lo que necesitas para crecer
espiritualmente y quiere ayudarte acercándote más a Él. Porque a través
del dolor, sin darnos cuenta, nuestra relación con Dios se hace más
cercana que nunca.

Por favor, no te rindas ni dejes de creer en Dios, Él te ama y nunca te


abandonará. Jesús dijo: …y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días,
hasta el fin del mundo. Amén. Mateo 28:20. (RVR1960)

Oremos:

Señor amado, gracias por tu palabra y por esta oportunidad de hablar


contigo. Perdóname por desconfiar de ti y cuestionar tu poder. Por favor
quita toda duda de mí, toda aquella mentira que me quiera llevar a perder
mi confianza en ti y en tus promesas. A partir de hoy decido creer más en
tu palabra que en mis circunstancias. Amén.
10

Primera predicación de Adviento a la Casa Pontificia

P. Raniero Cantalamessa

LA FE EN CRISTO HOY Y EN EL INICIO DE LA IGLESIA

Santo Padre, dos cosas siento necesidad de hacer en este momento: darle las gracias por
la confianza que se me ha otorgado al pedirme que continúe con mi encargo de
Predicador de la Casa Pontificia y expresarle mi total obediencia y fidelidad, como
sucesor de Pedro.

Creo que no hay un modo más bello de saludar el inicio de un nuevo pontificado que el
de recordar e intentar reproducir el hecho en el que Cristo fundó el primado de Pedro.
Simón se convierte en Kefa, Roca, en el momento en que, por revelación del Padre,
profesa su fe en el origen divino de Jesús. «Sobre esta piedra –así San Agustín
parafrasea las palabras de Cristo— edificaré la fe que has profesado. Sobre el hecho de
que has dicho: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo”, edificaré mi Iglesia» [1].

Por esto he pensado elegir «la fe en Cristo» como tema de la predicación de Adviento.
En esta primera meditación desearía intentar trazar la que me parece que es la situación
en acto en nuestra sociedad acerca de la fe en Cristo y el remedio que la Palabra de Dios
nos sugiere para afrontarla. En los sucesivos encuentros meditaremos sobre qué nos dice
hoy a nosotros la fe en Cristo de Juan, de Pablo, del Concilio de Nicea y la fe
experimentada de María, su Madre.
11

1. Presencia – ausencia de Cristo

¿Qué papel tiene Jesús en nuestra sociedad y en nuestra cultura? Pienso que se puede
hablar, al respecto, de una presencia-ausencia de Cristo. En cierto nivel –el de los mass-
media en general— Jesucristo está muy presente, nada menos que una «Superstar»,
según el título de un conocido musical sobre él. En una serie interminable de relatos,
películas y libros, los escritores manipulan la figura de Cristo, a veces bajo pretexto de
fantasmales nuevos documentos históricos sobre él. El Código Da Vinci es el último y
más agresivo episodio de esta larga serie. Se ha convertido ya en una moda, un género
literario. Se especula sobre la vasta resonancia que tiene el nombre de Jesús y sobre lo
que representa para amplia parte de la humanidad para asegurarse gran publicidad a
bajo coste. Y esto es parasitismo literario.

Desde cierto punto de vista podemos por lo tanto decir que Jesucristo está muy presente
en nuestra cultura. Pero si miramos hacia el ámbito de la fe, al que él pertenece en
primer lugar, notamos, al contrario, una inquietante ausencia, si no hasta rechazo de su
persona.

Ante todo a nivel teológico. Una cierta corriente teológica sostiene que Cristo no habría
venido para la salvación de los judíos (a los que les bastaría permanecer fieles a la
Antigua Alianza), sino sólo para la de los gentiles. Otra corriente sostiene que él no
sería necesario tampoco para la salvación de los gentiles, teniendo éstos, gracias a su
religión, una relación directa con el Logos eterno, sin necesidad de pasar por el Verbo
encarnado y su misterio pascual. ¡Hay que preguntarse para quién es aún necesario
Cristo!

Más preocupante todavía es lo que se observa en la sociedad en general, incluidos los


que se definen «creyentes cristianos». ¿En qué creen, en realidad, aquellos que se
definen «creyentes» en Europa y otras partes? Creen, la mayoría de las veces, en la
existencia de un Ser supremo, de un Creador; creen que existe un «más allá». Pero ésta
es una fe deísta, no aún una fe cristiana. Teniendo en cuenta la famosa distinción de
Karl Barth, ésta es religión, no aún fe. Diferentes investigaciones sociológicas advierten
este dato de hecho también en los países y regiones de antigua tradición cristiana, como
la región en la que yo mismo nací, en las Marcas. Jesucristo está en la práctica ausente
en este tipo de religiosidad.

Incluso el diálogo entre ciencia y fe, que ha vuelto a ser tan actual, lleva, sin quererlo, a
poner entre paréntesis a Cristo. Aquél tiene de hecho por objeto a Dios, el Creador. La
persona histórica de Jesús de Nazaret no tiene ahí ningún lugar. Sucede lo mismo
también en el diálogo con la filosofía, que ama ocuparse de conceptos metafísicos más
que de realidades históricas.
12

Se repite en resumen, a escala mundial, lo que ocurrió en el Areópago de Atenas, con


ocasión de la predicación de Pablo. Mientras el Apóstol habló del Dios «que hizo el
mundo y todo lo que hay en él» y del cual «somos también estirpe», los doctos
atenienses le escucharon con interés; cuando comenzó a hablar de Jesucristo «resucitado
de entre los muertos» respondieron con un educado «sobre esto ya te oiremos otra vez»
(Hch 17,22-32).

Basta una sencilla mirada al Nuevo Testamento para entender cuán lejos estamos, en
este caso, del significado original de la palabra «fe» en el Nuevo Testamento. Para
Pablo, la fe que justifica a los pecadores y confiere el Espíritu Santo (Ga 3,2), en otras
palabras, la fe que salva, es la fe en Jesucristo, en su misterio pascual de muerte y
resurrección. También para Juan la fe que «que vence al mundo» es la fe en Jesucristo.
Escribe: «¿Quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de
Dios?» (1 Jn 5,4-5).

Frente a esta nueva situación, la primera tarea es la de hacer, nosotros los primeros, un
gran acto de fe. «Tened confianza, yo he vencido al mundo» (Jn 16,33), nos dijo Jesús.
No ha vencido sólo al mundo de entonces, sino al mundo de siempre, en aquello que
tiene en sí de reacio y resistente al Evangelio. Por lo tanto, ningún miedo o resignación.
Me hacen sonreír las recurrentes profecías sobre el inevitable fin de la Iglesia y del
cristianismo en la sociedad tecnológica del futuro. Nosotros tenemos una profecía
bastante más autorizada a la que atenernos: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis
palabras no pasarán» (Mt 24,35).

Pero no podemos permanecer inertes; debemos ponernos manos a la obra para


responder de manera adecuada a los desafíos que la fe en Cristo afronta en nuestro
tiempo. ¡Para re-evangelizar el mundo post-cristiano es indispensable, creo, conocer el
camino seguido por los apóstoles para evangelizar el mundo pre-cristiano! Las dos
situaciones tienen mucho en común. Y es esto lo que querría ahora intentar sacar a la
luz: ¿cómo se presenta la primera evangelización? ¿Qué vía siguió la fe en Cristo para
conquistar el mundo?

2. Kerigma y didaché

Todos los autores del Nuevo Testamento muestran presuponer la existencia y el


conocimiento, por parte de los lectores, de una tradición común (paradosis) que se
remonta al Jesús terreno. Esta tradición presenta dos aspectos, o dos componentes: un
componente llamado «predicación», o anuncio (kerigma) que proclama lo que Dios ha
obrado en Jesús de Nazaret, y un componente llamado «enseñanza» (didaché) que
presenta normas éticas para un recto actuar por parte de los creyentes [2]. Varias cartas
paulinas reflejan este reparto, porque contienen una primera parte kerigmática, de la que
desciende una segunda parte de carácter parenético o práctico.
13

La predicación, o el kerigma, es llamada el «evangelio» [3]; la enseñanza, o didaché, en


cambio es llamada la «ley», o el mandamiento, de Cristo, que se resume en la caridad
[4]. De estas dos cosas, la primera –el kerigma, o evangelio-- es lo que da origen a la
Iglesia; la segunda –la ley, o la caridad— que brota de la primera, es lo que traza a la
Iglesia un ideal de vida moral, que «forma» la fe de la Iglesia. En este sentido, el
Apóstol distingue su obra de «padre» en la fe, frente a los corintios, de la de los
«pedagogos» llegados detrás de él. Dice: «He sido yo quien, mediante el Evangelio, os
engendré en Cristo Jesús» (1 Co 4,15)

La fe, por lo tanto, como tal, florece sólo en presencia del kerigma, o del anuncio.
«¿Cómo podrán creer –escribe el Apóstol hablando de la fe en Cristo-- sin haberle oído?
¿Cómo podrán oírle sin que se les predique?» (Rm 10,14). Literalmente: «sin alguno
que proclama el kerigma» (choris keryssontos). Y concluye: «Por tanto la fe viene de [la
escucha de] la predicación» (Rm 10,17), donde por «predicación» se entiende la misma
cosa, esto es, el «evangelio» o el kerygma.

En el libro Introducción al cristianismo, el Santo Padre Benedicto XVI, entonces


profesor de Teología, arrojó la luz en las profundas implicaciones de este hecho.
Escribe: «En la fórmula “la fe proviene de la escucha”... se enfoca claramente la
distinción fundamental entre fe y filosofía... En la fe se tiene una precedencia de la
palabra sobre el pensamiento... En la filosofía el pensamiento precede a la palabra; ésta
es por lo tanto un producto de la reflexión, que después se intenta expresar en palabras...
La fe en cambio se acerca siempre al hombre desde el exterior... no es un elemento
pensado por el sujeto, sino a él dicho, que le llega no como pensado ni pensable,
interpelándole y comprometiéndole» [5].

La fe viene por lo tanto de la escucha de la predicación. ¿Pero cuál es, exactamente, el


objeto de la «predicación»? Se sabe que en boca de Jesús aquél es la gran noticia que
hace de fondo en sus parábolas y de la que brotan todas sus enseñanzas: «¡Ha llegado a
vosotros el Reino de Dios!». Pero ¿cuál es el contenido de la predicación en boca de los
apóstoles? Se responde: ¡la obra de Dios en Jesús de Nazaret! Es verdad, pero existe
algo aún más concreto, que es el núcleo germinativo de todo y que, respecto al resto, es
como la reja del arado, esa especie de espada ante el arado que rompe en primer lugar el
terreno y permite al arado trazar el surco y remover la tierra.

Este núcleo más concreto es la exclamación: «¡Jesús es el Señor!», pronunciada y


acogida en el estupor de una fe «statu nascenti», esto es, en el acto mismo de nacer. El
misterio de esta palabra es tal que ella no puede ser pronunciada «sino bajo la acción del
Espíritu Santo» (1 Co 12,3). Sola, ella hace entrar en la salvación a quien cree en su
resurrección: «Porque si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu
corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo» (Rm 10,9).

«Como la estela de un navío –diría Ch. Péguy-- va ampliándose hasta desaparecer y


14

perderse, pero comienza con una punta que es la punta misma del navío», así –añado
yo-- la predicación de la Iglesia va ampliándose, hasta constituir un inmenso edificio
doctrinal, pero comienza con una punta y esta punta es el kerigma: «¡Jesús es el
Señor!».

Por lo tanto aquello que en la predicación de Jesús era la exclamación: «¡Ha llegado el
reino de Dios!», en la predicación de los apóstoles es la exclamación: «¡Jesús es el
Señor!». Y sin embargo ninguna oposición, sino continuidad perfecta entre el Jesús que
predica y el Cristo predicado, porque decir: «¡Jesús es el Señor!» es como decir que en
Jesús, crucificado y resucitado, se ha realizado por fin el reino y la soberanía de Dios
sobre el mundo.

Debemos entendernos bien para no caer en una reconstrucción irreal de la predicación


apostólica. Después de Pentecostés, los apóstoles no recorren el mundo repitiendo
siempre y sólo: «¡Jesús es el Señor!». Lo que hacían, cuando se encontraban anunciando
por primera vez la fe en un determinado ambiente, era, más bien, ir directos al corazón
del evangelio, proclamando dos hechos: Jesús murió – Jesús resucitó, y el motivo de
estos dos hechos: murió «por nuestros pecados», resucitó «para nuestra justificación»
(Cf. 1 Cor 15,4; Rm 4,25). Dramatizando el asunto, Pedro, en los Hechos de los
Apóstoles, no hace sino repetir a quienes le escuchan: «Vosotros matasteis a Jesús de
Nazaret, Dios le ha resucitado, constituyéndole Señor y Cristo» [6].

El anuncio: «¡Jesús es el Señor!» no es por lo tanto otra cosa sino la conclusión, ahora
implícita ahora explícita, de esta breve historia, narrada en forma siempre viva y nueva,
si bien sustancialmente idéntica, y es, a la vez, aquello en lo que tal historia se resume y
se hace operante para quien la escucha. «Cristo Jesús... se despojó de sí mismo...
obedeciendo hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó... para que
toda lengua confiese que Cristo Jesús es el Señor» (Flp 2, 6-11).

La proclamación «¡Jesús es el Señor!» no constituye por lo tanto, ella sola, la


predicación entera, pero es su alma y, por así decirlo, el sol que la ilumina. Ella
establece una especie de comunión con la historia de Cristo a través de la «partícula» de
la palabra y hace pensar, por analogía, en la comunión que se opera con el cuerpo de
Cristo a través de la partícula de pan en la Eucaristía.

Llegar a la fe es el repentino y estupefacto abrir los ojos a esta luz. Evocando el


momento de su conversión, Tertuliano lo describe como un salir del gran útero oscuro
de la ignorancia, sobresaltándose a la luz de la Verdad [7]. Era como la apertura de un
mundo nuevo; la primera Carta de Pedro lo define como pasar «de las tinieblas a la
admirable luz» (1 P 2,9; Col 1,12 ss.).

El kerigma, como explicó bien el exégeta Heinrich Schlier, tiene un carácter asertivo y
autoritativo, no discursivo o dialéctico. No tiene necesidad, por lo tanto, de justificarse
15

con razonamientos filosóficos o apologéticos: se acepta o no se acepta, y basta. No es


algo de lo que se pueda disponer, porque es eso lo que dispone de todo; no puede estar
fundado por alguno, porque es Dios mismo quien lo funda y es eso lo que hace después
de fundamento a la existencia [8].

El pagano Celso, en el siglo II, escribe de hecho indignado: «Los cristianos se


comportan como quienes creen sin razón. Algunos de ellos no quieren tampoco dar o
recibir razón en torno lo que creen y emplean fórmulas como éstas: “No discutas, sino
cree; la fe te salvará. La sabiduría de este siglo es un mal y la simpleza es un bien”» [9].

Celso (que aquí aparece extraordinariamente cercano a los modernos partidarios del
pensamiento débil) querría, en sustancia, que los cristianos presentaran su fe de manera
dialéctica, sometiéndola, esto es, en todo y para todo, a la investigación y a la discusión,
de forma que ella pueda entrar en el marco general, aceptable también filosóficamente,
de un esfuerzo de autocomprensión del hombre y del mundo que permanecerá siempre
provisional y abierto.

Naturalmente, el rechazo de los cristianos a dar pruebas y aceptar discusiones no se


refería a todo el itinerario de la fe, sino sólo a su inicio. Ellos no rehuían, tampoco en
esta época apostólica, la confrontación y «dar razón de su esperanza» (Cf. 1 P 3,15)
también a los griegos (Cf. 1 P 3,15). Los apologistas del siglo II-III son la confirmación
de ello. Solamente pensaban que la fe misma no podía surgir de aquella confrontación,
sino que debía precederla como obra del Espíritu y no de la razón. Ésta podía, como
mucho, prepararla y, una vez acogida, mostrar su «razonabilidad».

En el principio, el kerigma se distinguía, hemos visto, de la enseñanza (didaché), como


también de la catequesis. Estas últimas cosas tienden a formar la fe, o a preservar su
pureza, mientras que el kerigma tiende a suscitarla. Él tiene, por así decirlo, un carácter
explosivo, o germinativo; se parece más a la semilla que da origen al árbol que al fruto
maduro que está en la cima del árbol y que, en el cristianismo, está constituido más bien
por la caridad. El kerigma no se obtiene en absoluto por concentración, o por resumen,
como si fuera la médula de la tradición; sino que está aparte, o, mejor, al inicio de todo.
De él se desarrolla todo lo demás, incluidos los cuatro evangelios.

Sobre este punto se tuvo una evolución debida a la situación general de la Iglesia. En la
medida en que se va hacia un régimen de cristiandad, en el cual todo en torno es
cristiano, o se considera tal, se advierte menos la importancia de la elección inicial con
la que se pasa a ser cristiano, tanto más que el bautismo se administra normalmente a
los niños, quienes no tienen capacidad de realizar tal opción propia. Lo que más se
acentúa, de la fe, no es tanto el momento inicial, el milagro de llegar a la fe, cuanto más
bien la plenitud y la ortodoxia de los contenidos de la fe misma.

3. Redescubrir el kerigma
16

Esta situación incide hoy fuertemente en la evangelización. Las Iglesias con una fuerte
tradición dogmática y teológica (como es, por excelencia, la Iglesia Católica), corren el
riesgo de encontrarse en desventaja si por debajo del inmenso patrimonio de doctrina,
leyes e instituciones, no hallan ese núcleo primordial capaz de suscitar por sí mismo la
fe.

Presentarse al hombre de hoy, carente frecuentemente de todo conocimiento de Cristo,


con todo el abanico de esta doctrina es como poner una de esas pesadas capas de
brocado de una vez en la espalda de un niño. Estamos más preparados por nuestro
pasado a ser «pastores» que a ser «pescadores» de hombres; esto es, mejor preparados a
nutrir a la gente que viene a la iglesia que a llevar personas nuevas a la Iglesia, o
repescar a los que se han alejado y viven al margen de ella.

Ésta es una de las causas por las que en ciertas partes del mundo muchos católicos
abandonan la Iglesia Católica por otras realidades cristianas; son atraídos por un
anuncio sencillo y eficaz que les pone en contacto directo con Cristo y les hace
experimentar el poder de su Espíritu.

Si por un lado es de alegrarse que estas personas hayan encontrado una fe


experimentada, por otro es triste que para hacerlo hayan abandonado su Iglesia. Con
todo el respeto y la estima que debemos tener por estas comunidades cristianas que no
son todas sectas (con algunas de ellas la Iglesia Católica mantiene desde hace años un
diálogo ecuménico, ¡cosa que no haría ciertamente con las sectas!), hay que decir que
aquellas no tienen los medios que tiene la Iglesia Católica de llevar a las personas a la
perfección de la vida cristiana.

En muchos todo sigue girando, desde el principio hasta el final, en torno a la primera
conversión, al llamado nuevo nacimiento, mientras que para nosotros, católicos, esto es
sólo el inicio de la vida cristiana. Después de eso debe llegar la catequesis y el progreso
espiritual, que pasa a través de la negación de uno, la noche de la fe, la cruz, hasta la
resurrección. La Iglesia Católica tiene una riquísima espiritualidad, innumerables
santos, el magisterio y sobre todo los sacramentos.

Es necesario, por lo tanto, que el anuncio fundamental, al menos una vez, sea propuesto
entre nosotros, nítido y enjuto, no sólo a los catecúmenos, sino a todos, dado que la
mayoría de los creyentes de hoy no ha pasado por el catecumenado. La gracia que
algunos de los nuevos movimientos eclesiales constituyen actualmente para la Iglesia
consiste precisamente en esto. Ellos son el lugar donde personas adultas tienen por fin la
ocasión de escuchar el kerigma, renovar el propio bautismo, elegir conscientemente a
Cristo como propio Señor y salvador personal y comprometerse activamente en la vida
de su Iglesia.
17

La proclamación de Jesús como Señor debería hallar su lugar de honor en todos los
momentos fuertes de la vida cristiana. La ocasión más propicia son tal vez los funerales,
porque ante la muerte el hombre se interroga, tiene el corazón abierto, está menos
distraído que en otras ocasiones. Nada como el kerigma cristiano tiene qué decir al
hombre, sobre la muerte, una palabra a la medida del problema.

El kerigma resuena, es verdad, en el momento más solemne de cada Misa:


«Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡ven Señor Jesús!». Pero, por sí
sola, ésta es una sencilla fórmula de aclamación. Se ha dicho que «los evangelios son
relatos de la pasión precedidos por una larga introducción» (M. Kahler). Pero,
extrañamente, la parte originaria y más importante del evangelio es la menos leída y
escuchada en el curso del año. En ningún día festivo, con multitud de pueblo, se lee en
la iglesia la Pasión de Cristo, excepto el Domingo de Ramos en el que, por la duración
de la lectura y la solemnidad de los ritos, ¡no hay tiempo para pronunciar al respecto
una consistente homilía!

Ahora que ya no hay misiones populares como una vez, es posible que un cristiano no
escuche jamás, en su vida, una predicción sobre la Pasión. Sin embargo es precisamente
ella la que normalmente abre los corazones endurecidos. De ello se tuvo demostración
con ocasión de la proyección de la película de Mel Gibson «La Pasión de Cristo». Ha
habido casos de detenidos, que siempre habían negado ser culpables, que tras visionar la
cinta confesaron espontáneamente su delito.

4. Elegir a Jesús como Señor

Hemos partido de la pregunta: «¿qué lugar ocupa Cristo en la sociedad actual?»; pero no
podemos terminar sin plantearnos la cuestión más importante en un contexto como éste:
«¿qué lugar ocupa Cristo en mi vida?». Traigamos a la mente el diálogo de Jesús con los
apóstoles en Cesarea de Filipo: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? ...Y
vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Mt 16,13-15). Lo más importante para Jesús no
parece ser qué piensa de él la gente, sino qué piensan de él sus discípulos más cercanos.

He aludido antes a la razón objetiva que explica la importancia de la proclamación de


Cristo como Señor en el Nuevo Testamento: ella hace presentes y operantes en quien la
pronuncia los eventos salvíficos que recuerda. Pero existe también una razón subjetiva,
y existencial. Decir «¡Jesús es el Señor!» significa tomar una decisión de hecho. Es
como decir: Jesucristo es «mi» Señor; le reconozco todo derecho sobre mí, le cedo las
riendas de mi vida; no quiero vivir más «para mí mismo», sino «para aquél que murió y
resucitó por mí» (Cf. 2 Cor 5,15).

Proclamar a Jesús como propio Señor significa someter a él toda región de nuestro ser,
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hacer penetrar el Evangelio en todo lo que hagamos. Significa, por recordar una frase
del venerado Juan Pablo II, «abrir, más aún, abrir de par en par las puertas a Cristo».

Me ha ocurrido a veces ser huésped de alguna familia y he visto lo que sucede cuando
suena el telefonillo y se anuncia una visita inesperada. La dueña de la casa se apresura a
cerrar las puertas de las habitaciones desordenadas, con la cama sin hacer, a fin de
conducir al invitado al sitio más acogedor. Con Jesús hay que hacer exactamente lo
contrario: abrirle justamente las «habitaciones desordenadas» de la vida, sobre todo la
habitación de las intenciones... ¿Para quién trabajamos y por qué lo hacemos? ¿Para
nosotros mismos o para Cristo, por nuestra gloria o por la de Cristo? Es la mejor forma
de preparar en este Adviento una cuna acogedora a Cristo que viene en Navidad.

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[1] S. Agustín, Sermón 295,1 (PL 38,1349).
[2] Cf. C. H. Dodd, Storia ed Evangelo (Historia y Evangelio) , Brescia, Paideia, 1976,
pp. 42 ss.
[3] Cf., por ejemplo, Mc 1,1; Rm 15,19; Gal 1,7.
[4] Cf. Gal 6,2; 1 Cor 7,25; Jn 15,12; 1 Jn 4,21.
[5] J. Ratzinger, Introduzione al cristianesimo (Introducción al cristianismo), Brescia,
Queriniana, 1969, pp. 56 s.
[6] Cf. Hch 2,22-36; 3,14-19; 10,39-42.
[7] Tertuliano, Apologeticum, 39, 9: “ad lucem expavescentes véritatis” .
[8] H. Schlier, Kerygma e sophia (Kerygma y sophia) , en Il tempo della Chiesa (El
tiempo de la Iglesia) , Bolonia 1968, pp. 330-372.
[9] En Orígenes, Contra Celsum, I, 9.
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