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1.

INTRODUCCIÓN:
En el presente trabajo vamos a desarrollar en pensamiento político de uno de
los filósofos más trascendentes en la historia como es Santo Tomás de Aquino
quien vivió entre los años 1227 y 1274, durante el período histórico conocido
como la Baja Edad Media, donde el pensamiento de la iglesia católica se
imponía en todos los órdenes de la vida, y Santo Tomás pertenecía a la orden
mendicante de los dominicos, por lo que su pensamiento político es, en primera
instancia, subordinar el poder temporal al celestial, y la razón a la fe, por lo que
la iglesia tiene mayor autoridad que los reyes.

Nos basaremos en uno de sus tantos libros como es la “Suma Teológica” es un


tratado de teología del siglo XIII, es la obra más famosa de la teología medieval
y su influencia sobre la filosofía posterior es muy amplia, sobre todo en el
catolicismo. Para Tomás de Aquino, Dios es el “principio” y comienzo.

El trabajo consta de la siguiente manera: primero abarcaremos el análisis del


libro mencionado, luego veremos los aportes políticos de Santo Tomás de
Aquino y por último mencionaremos la importancia y vigencia de su
pensamiento a través del tiempo.

Como fin principal buscamos lograr un reconocimiento de la importancia que


tuvo desde el Medioevo y su aplicación en la actualidad, teniendo en cuenta el
poder, el bien común, los derechos naturales y la Ley Divina.

SUMARIO:

1. Introducción.
2. Análisis de la obra.
3. Planteamientos Políticos.
3.1. Concepción providencialista del poder.
3.2. Estudio de la Ley y el Estado.
3.3. La justicia y obediencia de la sociedad.
3.4. Los principios de totalidad y de subsidiariedad.
4. Vigencia.
5. Conclusiones.
2. ANÁLISIS DE LA OBRA:
La Suma teológica (escrita entre 1265 y 1274), es un tratado de teología del
siglo XIII, la tercera parte quedó inconclusa. La obra fue completada
póstumamente por sus discípulos. Es la obra más famosa de la teología
medieval y su influencia sobre la filosofía posterior es muy amplia, sobre todo
en el catolicismo. Concebida como un manual para la educación teológica, más
que como obra elogiosa destinada a polemizar contra los no católicos,
ejemplifica el estilo intelectual de la escolástica en la estructura de sus artículos.

La estructura de la Suma Teológica sigue la estructura de la realidad. Dios es


el “principio” y comienzo. En esta primera parte se tratan las pruebas de la
existencia divina, su esencia, su manera de actuar y a naturaleza de su trinidad.
Tras esto se trata la creación y las criaturas, entre ellas el Hombre como criatura
superior; pues esta creado “a imagen y semejanza” de Dios. Pasando después
al retorno del hombre a Dios desde la religión y la moral. De esta manera el
esquema general de la Suma, como el del universo es una salida y un retorno
a Dios, que es el Alfa y el Omega. Por último, la división de la Suma Teológica
se encuentra dividida en cuatro partes generales (I, I-II, II-II y III). Donde cada
parte está dividida en Tratados. Cada tratado se divide en cuestiones
numeradas.

La Suma Teológica mínima es una breve recopilación de las “propias palabras”


de Santo Tomás. Se extrajeron en esta obra los argumentos y materias
puramente filosóficas de la Suma Teológica, no es por tanto una fuente
secundaria. Esta obra se divide en siete secciones, la doctrina puramente
tomista es obviando las objeciones y sus refutaciones.

Enseñar a los principiantes, todo lo concerniente a la religión cristiana. Después


resalta como a parte de la doctrina filosófica de la que se encarga la razón,
existe una ciencia a la que no puede llegar la razón más que por revelación: La
Teología, que tiene la finalidad de salvar nuestras almas. De este modo, la
palabra revelada debe ser estudiada por la ciencia teológica recurriendo a las
Sagradas escrituras, las cuales según Santo Tomás poseen varios sentidos: el
literal o histórico y el sentido espiritual que se fundamenta en el literal.

La reflexión sobre Dios en este apartado abarca la problemática de la existencia


divina. Para comenzar este asunto, Santo Tomás plantea tres cuestiones que
luego se dispone a contestar. La primera: ¿Es o no es evidente Dios? A lo que
dice que nadie puede pensar lo contrario de lo que es evidente en sí mismo,
como ocurre con los principios de la demostración. Sin embargo, pensar lo
contrario a que Dios existe si se puede. Por lo tanto, que Dios existe no es
evidente por sí mismo. Por esto último se plantea la segunda cuestión: La
existencia de Dios, ¿es o no demostrable? Santo Tomás a esto responde lo
invisible de Dios se hace comprensible y visible por lo creado. Es decir, la
existencia de Dios se puede demostrar desde la razón natural partiendo desde
los efectos que nos encontramos. Estos efectos son la creación, desde donde
se parte como premisa hacia la causa: el creador donde se llega como
conclusión.

De esta manera se deriva la tercera pregunta: ¿Existe o no existe Dios?


Responde Santo Tomás: “está lo que se dice en Éxodo 3, 14 de la persona de
Dios: Yo soy el que soy. Este argumento, es un tanto irónico pues deja
responder a Dios por sí mismo: “Estoy aquí”. Y da solución a este interrogante
mediante cinco vías de demostración.

De este modo, siguiendo lo establecido Dios es completamente inmutable,


porque es el primer ser y acto puro sin mezcla; y como consecuencia es
imposible que se mueva. Además, Dios al ser completamente simple no puede
mudarse ni corromperse. Pero para terminar este asunto, todo aquello que se
mueve adquiere algo que no tenía, Dios al ser infinito comprende toda la
plenitud del ser no pudiendo adquirir nada más.

3. PLANTEAMIENTOS POLÍTICOS
3.1. Concepción providencialista del poder: el gobierno es un asunto del pueblo,
donde los hombres resuelven libremente sus asuntos del Estado, aunque
siempre esté presente la voluntad de la Providencia Divina. Todo poder
deriva de Dios, él no inviste particularmente a ningún hombre ni determina
ningún régimen político. La ordenación del pueblo depende principalmente
de su jefe soberano y por ende sostiene que el mejor régimen soberano es
la Monarquía, porque semejante forma de gobierno se iguala al régimen
divino por el que un solo poder, el de Dios, gobierna al mundo desde el
principio, asimismo es la mejor garantía de orden y unidad del Estado.
El poder es un mero instrumento de la comunidad, el titular del poder resulta
gerente del previo poder divino, mediatamente operante a través de la
naturaleza política del hombre. Distingue el poder en sí y el poder tales o
cuales condiciones; es decir, la forma misma del poder y el medio por el cual
se constituye un poder existencial y el uso que de él se hace. Lo que viene
de Dios es lo que tiene de esencial la idea de poder, pero no determinado
poder concreto, histórico.
3.2. Estudio de la ley y el Estado: La ley tiene un lugar perfectamente determinado
en el conjunto teológico que elabora, Tomás de Aquino la define como
“Cierta ordenación de la razón en vista del bien común, promulgada por
aquel que tiene el cuidado de la comunidad”. En este sentido, se distingue
cuatro clases de leyes, que según la vida de la comunidad la encaminan al
bien común: La Ley Eterna que define como la razón que gobierna todo el
universo y existe en la mente de Dios, el orden del universo afirma la
existencia de una ley que abarca todo lo creado. Como segunda categoría
encontramos a la Ley Natural, a la que se entiende como una participación
de la ley eterna en la criatura racional, sus principios son comunes a todos
los hombres porque deriva de la razón y regula sus tendencias naturales,
sirve para conservar la vida humana, regula el desarrollo y sirve igualmente
para lo que es propio del hombre como el deseo de verdad y vida en común.
También encontramos la Ley Humana que es la constituida por los hombres,
que se basa en la ley natural y que instaura una disciplina que aparta al
hombre del vicio y lo encamina hacia la virtud, esta ley ha de dirigirse a la
utilidad común de los ciudadanos y todos deben someterse a ella. Por último,
tenemos a la Ley Divina que es definida como necesaria para dirigir al
hombre infaliblemente a su fin; por lo tanto, es superior a las leyes naturales
y humanas, se trata de la verdad revelada en las sagradas escrituras y está
determinada para corregir la falta de perfección de la ley humana.
En cuanto al Estado, el Doctor Angelicus nos dice que es “Una unidad de
ordenamiento para un fin común”; no basta estar en presencia de una
multitud para inferir la existencia de un Estado, será necesario un nexo
primordial para que la multitud sea coherente y la conservación se ha de
lograr si todas las clasificaciones de los ciudadanos quieren su
mantenimiento y se contentan con el orden establecido.

3.3. La justicia y obediencia de la sociedad: Primero se considera que la justicia


constituye la regla de la razón que la impulsa a dar a cada uno lo suyo según
las exigencias de la igualdad y esta consiste en el proporcionamiento estricto
con la dignidad de otro. La materia de la justicia es la operación exterior,
según que esta misma o la cosa de la que usamos en virtud de ella, esté
proporcionada a la persona a la que la justicia nos ordena. Cuando algo es
debido según una igualdad de proporción a alguna persona se dice que ese
algo es suyo propio. Encontramos tres tipos de justicia: La justicia
conmutativa va de la parte a la parte y se obtiene según la igualdad de
cantidad; la justicia distributiva va del todo a la parte y se dispensa conforme
a la igualdad de proporción, la justicia legal va de la parte al todo conforme
a las exigencias del bien común. Por otro lado encontramos que la autoridad
es la causa formal de la unión política de la comunidad, pero si su posibilidad
de obediencia coactiva supone el poder de obligar a las partes a obedecer
el orden instituido para el bien del todo.
Todo poder viene de Dios, pero relativamente puede no venir por la injusticia
de su estableciendo o la injusticia de su uso; así pues, resultan ilegítimos el
poder usurpado y el poder abusivo. Respecto a la obligación de obediencia
hacia un poder injusto, el autor establece una primera distinción respecto del
poder mal adquirido; cuando el poder cae en malas manos el súbdito tiene
la obligación de prestar obediencia, pero si el poder resulta usurpado por la
violencia o el engaño los súbditos no están obligados a obedecer y están
facultados para rebelarse a su dominio. Respecto al poder abusivo donde
se ordene una medida contraria al derecho vigente en cuyo caso son libres
de obedecer o no, es moralmente necesaria la desobediencia.

3.4. Los principios de totalidad y de subsidiariedad: El hombre está subordinado a


la sociedad, pero su finalidad personal trascendente se sobrepone al fin de
la sociedad; es decir, el bien común prevalecer sobre el bien particular. Hay
dos verdades que señala Santo Tomás, el bien particular se ordena al bien
del todo y el hombre no está ordenado a la sociedad política respecto a todo
su ser y según todas las cosas que le pertenecen. Si el hombre se subordina
a la sociedad, conserva una esfera de acción, de libertad y de autonomía
que la sociedad debe respetar. Respecto al principio de totalidad sostiene
que los individuos, ciudadanos civiles o ciudadanos celestiales son el mismo
sujeto y están subordinados a la sociedad política qué busca lograr el bien
común propuesto; en cuanto al principio de subsidiariedad está implícito en
las enseñanzas de Aristóteles, reiteradas por Santo Tomás, al ver en la
sociedad política una sociedad global compuesta de sociedades menores
(no simples uniones de individuos sino conjunto orgánico de familias y de
otros grupos), a la comunidad global le corresponde respetar la autonomía
de tales grupos ejerciendo una acción de suplencia respecto de ellos,
cuando se muestran deficientes. Los individuos tienen derechos que a la
sociedad corresponde reconocer y asegurar.

4. VIGENCIA
La filosofía escolástica adquiere la categoría de doctrina oficial de Estado,
constituye no sólo el mayor nivel alcanzado por el saber humano, sino además
el pensamiento común y dominante en el medioevo a partir del siglo XIII, tiene
como uno de sus máximos representantes a Santo Tomás de Aquino.
El pensamiento tomista tiene y tendrá actualidad permanente, no como un
sistema sino por la actualidad perenne de las dos instancias fundamentales del
conocimiento humano que supo armonizar; es decir, la convivencia de lo que
podemos llamar la esencia de la trascendencia platónica con la esencia de la
concreción aristotélica. La armonía de esa instancia permanente de autonomía,
de consistencia del mundo y de la persona, con la aspiración profunda hacia el
infinito, hacia Dios al que se llega a través de la inteligencia y de la libre elección
de la voluntad, es por esta razón que el planteamiento de Santo Tomás destaca
de las diversas escuelas filosóficas.

No se da una síntesis entre dos extremos inconciliables, sino una


complementariedad de la consistencia y concreción de lo real, del mundo, de la
persona y la apertura al infinito, mediante la relación de participación. En la
actualidad en la sociedad, en la cultura, el hombre ha sido colocado en el centro
de la búsqueda de la verdad y fue el presente autor quién afirmó aquella
centralidad durante de Edad Media. Afirmando la consistencia de la inteligencia
y de la voluntad libre personal de cada sujeto humano, Santo Tomás ha
atribuido enérgicamente a cada hombre la plena responsabilidad de una
relación propia, de una relación libre con Dios.

5. CONCLUSIONES
 Los trazos fundamentales de la doctrina política de Santo Tomás de Aquino son:
La unidad y limitación del poder político, primacía del bien común y el
reconocimiento de los derechos naturales que los hombres constituyen.

 Su pensamiento político se eleva por encima de las ideologías revolucionarias


de nuestra época, gracias a una concepción del universo político fundada sobre
la naturaleza humana y sobre el orden natural de las sociedades. Menciona que
la sociedad debe proporcionar a los hombres las condiciones necesarias para
su subsistencia y el alcance de la felicidad.