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Las “Juntas de Agricultores”, creadas mediante decreto constitucional en 1819, constituyen un

notable antecedente histórico de organización democrática que inspiró la creación de un


organismo que representara a los agricultores colombianos ante las autoridades y buscara
condiciones propicias para el desarrollo agropecuario.

El nacimiento de la Sociedad de Agricultores de Colombia -SAC- en 1871, sucedió en medio de uno


de los momentos más interesantes y decisivos de la vida del país: el tránsito de los Estados Unidos
de Colombia (federalismo) a la República de Colombia (centralismo).

Entre sus fundadores se citan: Eustorgio Salgar (primer presidente de la SAC), Gregorio Obregón,
Manuel Umaña, Manuel Silvestre, entre otros.

Los objetivos de la Sociedad estaban desde entonces claramente delineados alrededor de la


integración entre productores agropecuarios y la defensa de sus intereses mediante la discusión
pública, el intercambio de conocimientos y tecnologías, la divulgación de información, la
promoción del avance científico y tecnológico y la formulación de propuestas al Estado.

A ella se encuentran afiliados los 31 principales gremios de los diferentes sectores de la


producción agrícola, pecuaria, silvícola y acuícola, lo que corresponde a una representación de
más del 80% del PIB agropecuario. De igual forma, se suman a la SAC diferentes organizaciones,
sociedades de productores rurales, centros de educación superior, cooperativas, empresas
comerciales y asociaciones de profesionales vinculadas al desarrollo del sector, permitiendo la
posibilidad de anexar nuevos gremios o personas naturales, constituyéndose a la fecha como
gremio cúpula del sector agropecuario.

En los últimos cincuenta años la población colombiana ha quintuplicado su tamaño, sin embargo la
población rural no ha crecido de manera sustancial y continúa produciendo los alimentos para la
totalidad de la población (47 millones). Esto quiere decir que mientras hace 50 años la relación
entre productor y consumidor era de dos a uno, hoy en día es de uno a seis. Para el 2030 se puede
prever que esta relación será de uno a diez.

b. La productividad agropecuaria no ha incrementado en la misma proporción que ha aumentado


la relación entre los consumidores y los campesinos productores de alimentos.

c. La producción agropecuaria se ha dado esencialmente por el aumento del área sembrada, con
una desordenada ampliación de las fronteras agrícolas. No hay mayores avances tecnológicos en
cultivos alimenticios, con excepción de la producción del arroz y maíz (para la agro-industria de
concentrados) y hay una inversión insuficiente y poco estratégica en ciencia y tecnología agrícola.

d. La modalidad de ocupación espacial histórica del territorio, los procesos de colonización agraria
con sus asentamientos poblacionales y la ausencia del Estado, han conllevado a una alta
concentración de la propiedad con sociedades regionales frágiles; configurando una realidad rural
fuente de rentas privilegiadas, de escenarios de conflictos y de violencias.

e. De los casi 51 millones de hectáreas de tierra que tienen uso agropecuario se destinan a la
ganadería 38 millones de hectáreas (74%) de las cuales la mitad tiene vocación agrícola y el hato
total es de menos de 24 millones de reses. A la producción agrícola solo se destinan 4.9 millones
de hectáreas.

f. Desigualdad y pobreza constituyen la realidad social y económica de buena parte de la población


campesina y rural. La mayoría de los hogares rurales (65%) viven en condiciones de pobreza o de
pobreza extrema (33%) y sin acceso a servicios de calidad. Estos factores han contribuido a la
violenta historia política del país.

g. Durante las últimas décadas, el desplazamiento forzado, en particular el de la población rural,


ha ido acompañado con el despojo de sus tierras en varias regiones del país.

h. Aún si el Estado dispone de instrumentos para intervenir en los valores y los mercados de las
tierras, su acción no ha expresado una voluntad reguladora de acuerdo con las necesidades de la
población.

i. A pesar de la estrecha relación entre la problemática rural y agraria y los grandes conflictos
sociales y políticos que ha sufrido el país durante el último medio siglo, los temas del desarrollo
rural y de la tierra (acceso, tenencia, distribución, uso) no han tenido un papel significativo en las
agendas políticas de los gobiernos de las últimas décadas.

j. En el Plan Nacional de Desarrollo (PND), del actual gobierno, se evidencia la decidida voluntad
de incidir en temas de desarrollo rural, se reconoce que el sector agropecuario tiene un papel
estratégico en la economía y el desarrollo social y político del país. Además, con la Ley de Víctimas
y Restitución de Tierras, el Estado asume su responsabilidad frente al desplazamiento forzado y al
despojo de tierras, en las regiones que han sufrido los efectos de los conflictos.

k. La modernización del campo tiene que ser vista como un proceso de transformación social y
regional que termine con el largo tránsito de la sociedad rural colombiana del siglo 19 a la
sociedad urbana del siglo 21. Esto implica dar respuestas a problemas estructurales, promo ver
políticas coherentes y sostenidas de desarrollo rural integral que enmarcadas en políticas
ambientales favorezcan la producción agropecuaria de empresas pequeñas y medianas, la
agregación de valor a los productos y su acceso al mercado, que permita a las familias rurales
acceder a un buen ingreso, con empleo de la mano de obra familiar, y la demanda de bienes y
servicios contribuya al crecimiento de otros sectores de la economía, considerando también las
dinámicas macroeconómicas. Establecer políticas que reconozcan la importancia de las
especificidades regionales, la vocación de sus territorios, promuevan la equidad de género y
valoricen la riqueza intercultural del país.
Por décadas el tema de la tierra agrícola y rural (acceso a la tierra, su distribución, superación de
las condiciones de pobreza de la economía campesina) no fue parte significativa de la agenda
política de los gobiernos colombianos. La última acción consistente del Estado en el tema,
remonta a los años sesenta del siglo pasado, cuando el gobierno diseñó y trató de implementar
políticas generales y estructurales que contribuyeran al acceso productivo a tierras por la
población campesina, con programas de titulación de tierras a gran escala, de colonización agraria
dirigida, programas de redistribución, de adjudicación de tierras a campesinos sin tierra y
promoción de las organizaciones campesinas (ANUC).

2 Desde entonces los gobiernos han dado respuestas puntuales a demandas legales de la
titulación de tierras pero no han implementado, en forma sostenida, políticas de desarrollo rural,
de superación de la pobreza en el campo, de estímulo a la producción de alimentos y de seguridad
alimentaria y de atención a las condiciones productivas del pequeño y mediano campesino.

3 A partir de la posesión del presidente Santos en agosto 2010, en Colombia, se presentan nuevas
voluntades y oportunidades, para enfrentar la problemática agraria y el desarrollo rural. Las cinco
locomotoras de crecimiento identificadas por el gobierno e incluidas en el Plan Nacional de
Desarrollo -PND- son: (1) nuevos sectores basados en la innovación, (2) agricultura y desarrollo
rural, (3) vivienda y ciudades amables, (4) desarrollo minero y expansión energética y (5)
infraestructura de transporte.

4 El PND señala que el sector agropecuario tiene una importancia estratégica en el desarrollo
económico y social del país, por su participación en el PIB (aún si desde 1960 ha bajado del 30 a
menos del 10%), su incidencia en las condiciones de vida de la población rural, como proveedor de
alimentos por la población e insumos por la industria. Además es sector clave para las políticas de
restitución de tierras y la reparación a las víctimas del desplazamiento forzado a causa de la
violencia como contemplado en la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras1 (que la UE ha
considerado histórica y esperanzadora).

Al comenzar el siglo XX la ganadería y la agricultura estaban desorganizadas y las haciendas


cafeteras del oriente en la bancarrota. El sistema de transporte, basado en el tráfico de barcos
por el río Magdalena y en las recuas de mulas, estaba afectado negativamente por el conflicto.
El deterioro de la imagen del país hacía difícil la consecución de financiamiento externo. Una
muy buena parte de la población rural se autoabastecía, ya fuera como arrendatarios y
aparceros de extensas haciendas, como campesinos independientes o como colonos
avanzando contra la frontera agrícola, cuyos altos costos de transporte les impedían vender
sus excedentes en los mercados urbanos. Se cultivaba, dentro de los principales productos, caña
de azúcar, banano, algodón, plátano, fríjoles, arroz, cacao, cebada, fique, maíz, papas, tabaco
y trigo. El principal cultivo en extensión y en producción era el café.

(PDF) Aspectos de la agricultura colombiana en el siglo XX. 1. Available from:


https://www.researchgate.net/publication/265199934_Aspectos_de_la_agricultura_colombiana_
en_el_siglo_XX_1 [accessed Oct 03 2018].
EL CONCEPTO DE DESARROLLO RURAL El desarrollo rural, generalmente, hace referencia a las
acciones propiciadas para mejorar la calidad de vida de los habitantes de las áreas rurales. Para
Ceña (1993), es un proceso de mejora del bienestar de la población rural y de la contribución que
el área rural hace de forma al bienestar de la población, ya sea urbana o rural, basándose en sus
recursos naturales.

Para Trivelli, Escobal y Revesz (2009), desde el punto de vista de un plano operativo, el desarrollo
rural tiene como objetivo aumentar la cantidad y calidad de los activos de las personas e
instituciones para lograr un mayor nivel de ingresos. Así mismo, busca generar un impacto en las
capacidades humanas, asistencia técnica, créditos y donaciones, entre otros.

Sin embargo, Restrepo y Bernal (2014) consideran que existe una nueva visión de desarrollo rural
que se puede definir por medio de tres postulados:

a) El campo de acción del desarrollo rural es muy amplio y por tanto no debe entenderse como lo
concerniente a las actividades agrícolas y pecuarias, sino que además tiene que ver con las
acciones que contribuyan a mejorar la calidad de vida1 de la población rural, a esto se la ha
denominado la nueva ruralidad.

b) La provisión de “bienes públicos” es fundamental, a cambio de que solo se otorguen subsidios


directos que la mayoría de las veces llegan a manos de quienes menos los necesitan: “Un
desarrollo rural con enfoque territorial, en el que se privilegie la dotación de bienes públicos, por
oposición al método simplista de otorgar subsidios directos regresivos a los que más capacidades
tiene para pedir, que no son necesariamente quienes más necesitan el apoyo del estado”
(Restrepo & Bernal, 2014, p. 146).

De acuerdo con Restrepo y Bernal (2014), también es importante capacitar a los municipios
acerca del funcionamiento del Plan de Ordenamiento Territorial Rural, pero haciendo énfasis en
que no vale la pena plantear un ordenamiento desde el punto de vista municipal, porque podría ir
en sentido contrario de algún municipio vecino, entonces es ahí en donde se debe adoptar una
noción más amplia de los límites territoriales.

c) Las inversiones asociadas al desarrollo rural deben ser intensivas en áreas en donde hay mayor
pobreza relativa, a fin de que la inversión pública tenga considerable impacto en la calidad de vida
de la población rural. El enfoque de las políticas públicas actuales debe abordar esta nueva visión
del desarrollo rural “… desde una perspectiva holística que va más allá de __________ 1
Infraestructura, salud, ciencia y tecnología, servicios públicos, ecoturismo, TIC (Restrepo & Bernal,
2014). 2 Las comillas son de los autores. Estos bienes hacen referencia a asistencia técnica, riego
drenaje, vivienda rural y tecnología (Restrepo & Bernal, 2014). Apuntes Cenes Vol. 35, Nº. 62, ISSN
0120-3053 julio - diciembre 2016, Págs. 87-123 92 la agricultura, para incluir un sin número de
actividades que se desarrollan en las zonas rurales. Así mismo, la actividad agrícola también debe
entenderse hoy como multifuncional, dejando de limitarla puramente a lo productivo” (Restrepo
& Bernal, 2014, p. 151). Para Trivelli (2005) existe una visión más amplia de lo rural: “El mundo
rural es más diverso y complejo que lo agropecuario, pero lo agrario sigue siendo importante y
muchas veces centro de las actividades sociales y económicas” (Trivelli, 2005, p. 9); dicha autora
coincide con Restrepo y Bernal (2014) al reconocer que el desarrollo rural debe ser visto desde lo
territorial, en conjunto y en ámbito multisectorial. Pérez (1998) considera que el desarrollo rural
“… debe buscar la equidad territorial, de género y social, en el acceso a bienes, servicios y demás
beneficios del desarrollo. La equidad es una meta que, en los albores del siglo XXI, está aún muy
distante, ya que los procesos de concentración de la riqueza y de los medios de producción siguen
siendo factores que prevalecen” (Pérez, 1988, p. 10). Además, es necesario dejar atrás la idea de
que las zonas rurales son atrasadas y las urbanas las desarrolladas, se debe reconocer que lo rural
está interrelacionado con lo urbano, dado que se presentan relaciones entre las dos áreas (que
van más allá del hecho de ser proveedor de alimentos) de tipo comercial, de flujos financieros y de
recursos humanos y naturales (Pérez, 1998). Para lograr disminuir la brecha existente entre los dos
sectores es necesario poner en marcha programas de desarrollo rural que involucren a la
población rural y asegurar la atención a los pequeños productores agropecuarios (Junguito, Perfeti
& Becerra, 2014). Para el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el objetivo general del
desarrollo rural es mejorar de manera sostenible la calidad de vida de la población rural de
ingresos bajos, procurando que la economía campesina contribuya al proceso de desarrollo
nacional. Para esto, el BID propone promover la economía del sector rural por medio del
mejoramiento de la producción y los ingresos de la población, para lo cual se debe incrementar el
rendimiento de las unidades campesinas, desarrollar nuevas actividades no agropecuarias y
propiciar el mejoramiento de la condiciones laborales, entre otros. Es importante resaltar que el
Informe Nacional de Desarrollo Humano (PNUD, 2011) incorpora la agricultura y el desarrollo rural
en la agenda del desarrollo humano, porque reconoce como elementos básicos de la estructura
agraria, la estructura de la tenencia de la tierra, el uso productivo de los recursos, las relaciones
laborales y sociales, las relaciones con el mercado y las relaciones con el sistema político y el
Estado. Desde lo normativo, el desarrollo rural debe enfocarse en alcanzar un crecimiento que no
incremente las desigualdades sociales, Agricultura y desarrollo rural en Colombia 2011-2013: una
aproximación Johanna Inés Cárdenas Pinzón - Luis Eudoro Vallejo Zamudio 93 sino que, por el
contrario, logre una mayor equidad en la distribución del ingreso, procurando evitar la
sobreexplotación de los recursos naturales y promoviendo la sostenibilidad ambiental (Hernández
& Becerra, 2013).

Sepúlveda et al., (2003) realizaron una interesante cronología de la evolución de las ideas sobre
desarrollo rural, que permite ubicar al lector en los principales modelos de desarrollo rural desde
la posguerra:

1950-1960: en este periodo se hablaba del modelo de la economía dual, la agricultura como sector
rezagado, el desarrollo comunitario, la tenencia de la tierra y se tenía una visión peyorativa del
campesinado.

1960-1970: para esta década, la agricultura era vista como motor del crecimiento, se empieza a
hablar de reforma agraria, revolución verde, mecanización de la extensión agrícola, y el campesino
era visto como agente económico racional. 1970-1980: en esta época el interés se manifestaba por
la redistribución con crecimiento, las necesidades básicas, el desarrollo rural integrado, las
políticas agrícolas estatales, el crédito agrícola estatal, el sesgo urbano, la innovación inducida, la
revolución verde, el encadenamiento del desarrollo rural.

1980-1990: en este periodo se presenta un ajuste estructural, comienza la liberación de los


mercados, crecimiento de las ONG, evaluación rural rápida, investigación sobre sistemas de
producción agrícola, seguridad alimentaria y análisis de las hambrunas, investigación y desarrollo
concebidos como proceso y no como producto, mujer y desarrollo, alivio de la pobreza.

1990-2000: las ideas de desarrollo para esta década se enfocaron en la evaluación rural
participativa, la investigación y el desarrollo orientados por los actores, las redes de seguridad
rural, el desarrollo humano, el capital social, el capital humano, el enfoque de género y desarrollo,
ambiente y sostenibilidad, reducción de la pobreza. 2000-: para el nuevo milenio se empieza a
hablar de medios de vida sostenibles, gobernabilidad, descentralización, crítica de la participación,
enfoques sectoriales amplios, protección social, erradicación de la pobreza. Al observar esta
cronología, se percibe la evolución sobre el concepto de desarrollo rural, que da cuenta de que
este tipo de desarrollo está incluido en los objetivos de desarrollo del milenio3 .

7.1 millones de hectáreas en cultivos. El desarrollo de la actividad agropecuaria se ha logrado a


pesar de grandes rezagos sociales y productivos. Entre las deficiencias sociales se encuentra que la
pobreza en áreas rurales es 2.5 veces superior que en áreas urbanas, esto como consecuencia de
bajos niveles de escolaridad (5.5 años versus 9.2 años en zonas urbanas)[1], baja presencia de
bienes y servicios públicos en las áreas rural y rural dispersa, además de otros factores como las
limitaciones de transferencia tecnológica, de acceso vial y la concentración de la propiedad.

Para lograr un desarrollo rural sostenible es fundamental impulsar actividades agropecuarias que
fortalezcan la actividad económica en las regiones, generando así, una mejor oferta de bienes y
servicios para la población rural. En las dos décadas pasadas, el sector agropecuario ha perdido
participación en el PIB de la economía local pasando de niveles superiores al 7.5% a
participaciones alrededor del 6.1%, con un promedio para los últimos 15 años de 7%[2]. A pesar de
ello, en el contexto regional de América Latina y el Caribe, Colombia es uno de los países en el que
el sector agropecuario tiene más peso en el PIB nacional, ubicándose por encima del promedio
que es de 5.1% aproximadamente[3].