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Apuntes sobre El retablo de Melisendra

“Don Quijote de la Mancha” contiene dos partes, la primera (1605) narra linealmente
sus aventuras desde que sale de su hogar. La segunda (1615) prosigue con lo mismo en un
contexto donde Don Quijote es famoso como el protagonista de un libro exitoso y popular.
En la novela se aprecia una serie de técnicas narrativas y superposición de narradores, juego
que se puede observar en el episodio del “Retablo de Melisendra”.
Este episodio comienza con la llegada de Don Pedro y su mono parlante a la venta
(capítulo XXV). Luego de exhibir las habilidades de su mono, muestra su retablo
(espectáculo de títeres con música en vivo) al público reunido. Cuenta con su ayudante, quien
sostiene los títeres y narra la leyenda de Gaiferos y Melisendra, historia
sacada de los romances españoles. Don Pedro se sitúa detrás del retablo y toca la música. El
público, entre los que se cuenta Don Quijote y Sancho, también lo integran los lectores de la
novela. El muchacho que narra la historia sirve como mediador entre la historia y el auditorio,
apelando continuamente a este, haciendo comentarios, dejando ver sus simpatías. Maese
Pedro, invisible detrás del retablo, realiza algunas interrupciones, dialogando con Don
Quijote, dándole la razón y quitándosela.
Don Quijote es incapaz de distinguir verdad de ficción. Ve la historia del mismo modo
que lee los libros de caballerías, por lo que exige apego a la realidad histórica del romance.
Sin aguantar más lo que cree que es una farsa, destruye el retablo. Por ello, Don Pedro se
victimiza, exagera su pérdida ennobleciéndose al mencionar su supuesta riqueza. Incluso cita
al Rey Rodrigo, sin embargo, en el capítulo siguiente nos enteramos de que era un ladrón, un
pícaro.
Don Quijote explica su exabrupto con la posibilidad de la existencia de encantadores
quienes le hicieron creer que todo lo narrado por el muchacho era real. Se ha estudiado la
posibilidad que Descartes extrajera del Quijote la idea de un genio maligno o dios engañador
que puede deformar la coherencia lógica del mundo. Don Quijote, como Descartes, se da
cuenta de la posibilidad del sujeto de caer en el engaño.
En el capítulo siguiente se conoce que Don Pedro es Ginés de Pasamonte, un pícaro
ladrón con quien se encontraron en la primera parte de la novela. El lector sabe que la historia
de Gaiferos y Melisendra es una ficción y observa una caricatura de representación
dramática.

La relación Narrador-Historia-Lector
El episodio del retablo de Melisendra escenifica los modos de narración, es una
metanarración que en tanto representa piensa su forma. La palabra articula el engaño tanto
hacia los personajes como hacia el lector real: “Narrar y representar son aquí actos
simultáneos, y el retablo es, a la vez, acción narrativa y representación dramática. (…) Las
palabras eran el factor decisivo en la creación de la ilusión y ellas hacían creíble lo que los
espectadores habían visto en el instante de verlo.” (Haley)

“El texto de Cervantes se repliega sobre sí mismo, se hunde en su propio espesor y se


convierte en objeto de su propio relato para sí mismo.” (Foucault 55)

Escritura y mundo
“Don Quijote lee el mundo para demostrar los libros. (…)Todo su camino es una búsqueda
de similitudes. Don Quijote esboza lo negativo del mundo renacentista; la escritura ha dejado
de ser la prosa del mundo; las semejanzas y los signos han roto su viejo compromiso; las
similitudes engañan, llevan a la visión y al delirio; (…).” (Foucault)

Según Foucault, Don Quijote se sitúa en un momento de cambio de episteme (matriz


de conocimiento que determina qué se puede pesar en cada época). El protagonista conoce
el mundo buscando semejanzas entre los libros y su vida, cree que existe un lenguaje de
signaturas en el mundo que se debe interpretar para comprender. Sin embargo, en su
contexto la verdad se obtiene a partir de operaciones cognitivas que ordenan, diferencian y
buscan establecer identidades autónomas, por lo que hay una separación entre las palabras
y las cosas. En este contexto el lenguaje se vuelve arbitrario.

En su contexto, Don Quijote parece forzar la semejanza entre las palabras y las cosas.
Es un lector-escritor, un loco o un poeta, que opera haciendo vínculos.
El escepticismo metodológico del sujeto
Cervantes manifiesta la necesidad de distinguir entre verdad y ficción, entre novelas de
caballerías y realidad. Invita a tomar una postura crítica.
“Mientras que el lector de Cervantes sin duda necesita ser escéptico en cuanto a la
existencia del sabio encantador, aquel también necesita, de un modo cartesiano, cuestionar
la creencia incuestionable de que el mago llega a ser únicamente un producto de la
imaginación de don Quijote o de la invención de la sobrina. Es decir, el lector debe
permanecer algo escéptico en cuanto a la hipótesis dominante que niega la existencia del
sabio encantador. No solo el mismo don Quijote sino también el lector de Cervantes —al
igual que el de Descartes— es llevado a un ejercicio de pensamiento escéptico extremo.”
(Steven Wagschal)

Representación: Vida-Literatura
“Él, que a fuerza de leer libros, se había convertido en un signo errante en un mundo que no
lo reconoce, se ha convertido (…) en un libro que detenta su verdad, recoge exactamente
todo lo que él ha hecho, dicho, visto y pensado y permite, en última instancia, que se le
reconozca en la medida en que se asemeja a todos estos signos que ha dejado tras sí como un
surco imborrable.” (Foucault 55)
Desde una perspectiva posestructuralista se puede entender que Don Quijote, el lector, es un
sujeto que se vuelve relato. A través de las técnicas de narración, se muestra la experiencia
de un sujeto que se torna relato, que es texto. Desde esta mirada la vida es representación y
no se puede distinguir de la ficción. En el retablo de Melisendra el lector es engañado tal
como los personajes porque creyó las palabras del narrador, se involucró en el texto.

El punto ciego de la novela moderna


En la misma época en que se valida la ciencia como fundadora de verdad y en que Descartes
afirma el acceso a la verdad a través de un método racional, Cervantes inventa la novela. Esta
consiste en la exploración de la vida humana, trabajo infinito que se renueva en cada época
y en cada contexto. La novela funciona como un medio de conocimiento a través de la ficción.
Así, la herencia de Cervantes consiste en explorar problemas humanos a través de la duda
que se siembra, del escepticismo y la indefinición.
Javier Cercas:
• La novela plantea una pregunta cuya respuesta es el desarrollo de la misma novela.
• A través de su silencio, las novelas del punto ciego se tornan elocuentes, el lector
completa lo que no está dicho. El lector participa del texto.