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“Hagan esto”

como mi memorial
Celebraciones del Año Litúrgico según la tradición
del Camino Neocatecumenal

“Porque les transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí:


que Cristo murió por los pecados, según las Escrituras,
que fue sepultado
y que resucitó al tercer día, según las Escrituras”
1 Corintios 15,3-4
Este ritual se ha confeccionado a partir de las siguientes fuentes:
Misal Romano.
Ritual Romano.
Bendicional.
Ceremonial de los Obispos.
Liturgia de las Horas.
“Celebrar la Semana Santa en las pequeñas comunidades”, de P.
Farnés.
“Roguemos al Señor”, de P. Farnés.
“Resucitó”, Cantos del Camino Neocatecumenal.
Ritual privado de las comunidades Neocatecumenales, de la
Parroquia de San Pedro el Real (La Paloma), de Madrid.
Usos y costumbres propias del Camino Neocatecumenal, recibidas por
tradición oral de catequistas.
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Sábado Santo
En la sepultura del Señor
y su descenso a los infiernos

En su designio de salvación, Dios dispuso que su Hijo no solamente muriese por nuestros
pecados, sino también que gustase la muerte, es decir, que conociera el estado de muerte, el
estado de separación entre su alma y su cuerpo, durante el tiempo comprendido entre el
momento en que él expiró en la cruz y el momento en que resucitó. Este estado de Cristo
muerto es el misterio del sepulcro y del descenso a los infiernos. Es el misterio del Sábado
Santo, en el que Cristo depositado en la tumba manifiesta el gran reposo sabático de Dios
después de realizar la salvación de los hombres, que establece en la paz al universo entero.
Del “Catecismo de la Iglesia Católica”, núm. 624
Introducción

El Sábado Santo es otro de los días del Triduo Pascual. El segundo día, que celebra un importante misterio: la
sepultura de Cristo. Así lo confesamos en el Credo: “padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado,
muerto y sepultado. Descendió a los infiernos y al tercer día, resucitó de entre los muertos”
En este día la Iglesia no celebra la Eucaristía, en espera de la celebración gozosa de la resurrección del Señor,
nuestra Pascua inmolada. Permanece por tanto, en esta “espera” que es sacramental, recordando y celebrando ese
momento en que Cristo permanece en el sepulcro, y desciende a los infiernos para rescatar a los justos que
murieron antes que él.
En el Sábado Santo, se celebran las Laudes con el Oficio de Lecturas. Los ornamentos serán morados, como
signo de austeridad, y de luto por la muerte del Señor. No hay flores.
La Iglesia permanece junto al sepulcro con María, la madre del Señor, esperando el momento alegre del triunfo
de Jesucristo Resucitado. El himno de las laudes de este día debe ser “Stabat Mater”, para recordar el misterio del
sufrimiento de María, asociada a la Pasión de su Hijo: “Junto a la cruz de Jesús estaba su madre”.
Durante estas laudes se deben hacer los ritos prebautismales, con aquellos niños que vayan a ser bautizados en la
noche de Pascua, tal como lo prescribe el Ritual del Bautismo de Niños. El mejor modo de hacerlo es el
siguiente: Después de la entrada del Presidente en la celebración de Laudes, y después del saludo, se hace el rito
de acogida (diálogo con los padres y padrinos y signación). Sigue el himno de Laudes, los salmos, las lecturas, la
oración silenciosa, el Benedictus y las preces, en las que se pedirá de manera especial por los niños que van a ser
bautizados y por sus familias. Inmediatamente después de las preces sigue la oración de exorcismo y la unción
prebautismal, el padrenuestro y la oración conclusiva. Se terminan las laudes, con la bendición y la despidana.
Durante todo el día se guarda el ayuno. El signo concreto del ayuno sacramental, como tensión de espera, es
fuertemente expresivo: pero cuidando de tomar líquidos suficientes para que no obstaculice la atención de la
celebración. No se trata de fastidiarse en este día, sino de estar en una ansiosa espera, significada (padecida) por
el ayuno, que será roto por la comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo, en la solemne Vigilia de Pascua.

COSAS NECESARIAS:
Paño morado en el ambón. Sin flores.
Capa pluvial morada para el Presidente. Estolas moradas para los demás concelebrantes.
Albas, cíngulos.
Liturgia de las Horas, tomo II.
Ritual del Bautismo de Niños.
Bandeja con las Crismeras.
Formulario de petición del Bautismo.

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Celebración de las Laúdes, con los
ritos prebautismales y recepción de
los Santos Óleos

Rito de entrada
Los padres y padrinos de los niños que serán bautizados se colocan en primera fila de la asamblea. Los demás
niños ocuparán también un lugar destacado, para que vean bien el desarrollo de la celebración. En los días
anteriores habrán sido instruidos por sus didáscalos sobre estos ritos que ahora van a presenciar. En un lugar
reservado, fuera de la Asamblea, se coloca una mesa pequeña donde estarán depositados los Santos Óleos,
preparados para ser introducidos en el momento oportuno.
En el centro de la Asamblea estará la Cruz, destacada de un modo solemne. A su lado el ambón, cubierto con
paño morado. Si se dispone de un icono grande con la Sepultura de Cristo, o la Unción de las santas mujeres, es
muy oportuno hoy situarlo dentro de la Asamblea, acompañado con ciriales, para que haga presente el misterio
que en este día celebramos.
El Presidente, revestido de capa pluvial morada, se dirige en silencio hacia la Cruz, acompañado de los demás
concelebrantes y los ministros. Al llegar a la Cruz, se detiene y hace una reverencia con inclinación profunda.
Después se dirige a la Sede.

Saludo

El Presidente saluda con las manos extendidas, diciendo con estas u otras palabras:

E l Señor Jesús, muerto y sepultado,


que desciende a los infiernos,
y espera su gloriosa resurrección,
esté con ustedes.
R/. Y con tu espíritu.

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Rito de acogida en la Iglesia
El Presidente se dirige a los padres y padrinos, con estas o parecidas palabras:

Hermanos: Con gozo han vivido en el


seno de sus familias el nacimiento de
estos niños. Con gozo vienen ustedes
ahora a la Iglesia, a dar gracias a Dios
y celebrar el nuevo y definitivo
nacimiento por el Bautismo.
Igual que Cristo fue sepultado en su
muerte, para resucitar a una vida
nueva, también estos niños, sepultados
con Cristo por el Bautismo, van a
renacer hoy a la Vida Eterna por este
sacramento, que les hace Hijos de
Dios.
Hoy son acogidos por la Iglesia, que,
como una madre, los irá gestando
hasta que lleguen a la estatura adulta
de la fe, a imagen de Jesucristo.

Primer Escrutinio bautismal


El Presidente inicia ahora un diálogo con los padres y padrinos, para ver la voluntad y la intención de los mismos.
Tanto la petición del Bautismo por los padres, como la aceptación de pasarles la fe, constituye una verdadera
profesión de fe ante la comunidad reunida.

El Presidente dice:
Por esto, yo les pregunto:
¿Qué nombre han elegido para estos niños?
Los padres dicen en voz alta el nombre de sus hijos.
R/. N., N.
De nuevo pregunta a los padres:
¿Qué piden a la Iglesia para sus hijos?
R/. La fe. (o R/. El Bautismo). (o R/. La vida eterna).
Al pedir la fe, la vida eterna para sus hijos,
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saben que ustedes, ayudados por los padrinos, y
por la Iglesia, se obligan a educarlos en la fe en
el único Dios, para que amen al Señor, con todo
su corazón, con toda su mente, con todas sus
fuerzas y al prójimo como a ellos mismos. ¿Lo
saben?
R/. Sí, lo sabemos.

Dirigiéndose después a los padrinos, les pregunta:


Y ustedes, padrinos,
¿están dispuestos a ayudar a sus padres en esta
misión?
R/. Sí, estamos dispuestos.

Signación con la Cruz Gloriosa

Después de este escrutinio, los catecúmenos serán marcados en la frente con la señal que les identifica como
ovejas del rebaño de Cristo, Buen Pastor. Se cumplirá así la profecía del Libro del Apocalipsis: “Verán a Dios
cara a cara y llevarán su nombre en la frente” (Ap 22,4)
El Presidente, dice los nombres de todos los catecúmenos:
N., N., la Iglesia les recibe con gran alegría. Yo,
en su nombre, les signo con la Cruz gloriosa, la
señal de Cristo Salvador. Y también ustedes,
padres y padrinos, hagan sobre ellos la señal de
la cruz.
En silencio, signa a cada niño en la frente. Después los padres y padrinos hacen lo mismo.
Terminada esta primera parte del Bautismo, se continúa con las Laudes.

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Laudes
Invocación Inicial
Dios mío,  ven en mi auxilio.
R/. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R/. Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Himno: “Stabat Mater dolorosa ...”


Un salmista sale al ambón y canta este himno, propio de la liturgia de este Santo Sábado, día dedicado todo él a la
Virgen María, quien sostuvo en su regazo el cuerpo de su Hijo, muerto en la Cruz. Los sentimientos de la Virgen
los hace suyos la Iglesia, Madre que prepara entre dolores de parto el nacimiento, por el bautismo, de los nuevos
hijos.

Oración
El Presidente, si le parece oportuno, hace una oración colecta espontánea. También puede dejarla para el final,
antes de la bendición. O bien hace esta oración propia del día. Con las manos juntas dice:

O remos.
Con las manos extendidas:

S eñor todopoderoso,
cuyo Unigénito descendió al lugar de los muertos
y salió victorioso del sepulcro,
te pedimos que concedas a todos tus fieles,
sepultados con Cristo por el bautismo,
resucitar también con él a la vida eterna.

Junta las manos.


Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios,
por los siglos de los siglos.
R/. Amén.
Salmodia
Todos se sientan. Ahora se proclaman o cantan los tres salmos. Un salmista sale al ambón y dice primero la
antífona, que repiten todos, y luego canta el salmo. Al terminar se dice “Gloria al Padre” y se repite la antífona,
primero el salmista solo, y después la asamblea.

Oficio de Lecturas
Terminados los salmos, si parece oportuno, se proclama la lectura breve de las Laudes y su responsorio. O bien,
se pasa directamente a escuchar las lecturas del Oficio.

Primera lectura: Hebreos 4,1-13


Un lector sale al ambón y lee la primera lectura. Cuando ha terminado, dice: “Palabra de Dios”, y la asamblea
responde: “Te alabamos, Señor”

Responsorio.
A continuación, si parece oportuno, se dice el responsorio, fragmentando el texto tantas veces como sea
necesario, para que la asamblea pueda memorizarlo y repetirlo con facilidad. Se puede omitir.

Segunda lectura. “De una homilía antigua sobre el


grande y santo Sábado” PG, 43, 439ss.
El Presidente, u otro concelebrante, sentado en la Sede, lee la segunda lectura del Oficio, tomada de los Santos
Padres (Liturgia de las Horas, tomo II, pág. 415).

Responsorio.
Si parece oportuno se dice el responsorio, tal como se ha indicado antes.

Evangelio.
Es conveniente proclamar un Evangelio. Mejor que sacarlo al azar, es obligado proclamar hoy el relato de la
sepultura de Cristo, tomado del ciclo litúrgico que corresponda.
Un concelebrante, o el mismo Presidente se acerca al ambón, saluda a la asamblea y canta o proclama el
Evangelio.

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Ciclo A: San Mateo 27,57-66.
Al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que se
había hecho también discípulo de Jesús. Se presentó a Pilatos y pidió el
cuerpo de Jesús. Entonces Pilatos dio orden de que se le entregase. José
tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo puso en su sepulcro
nuevo que había hecho excavar en la roca; luego, hizo rodar una gran
piedra hasta la entrada del sepulcro y se fue.
Estaban allí María Magdalena y la otra María, sentadas frente al
sepulcro. Al otro día, el siguiente a la Preparación, los sumos sacerdotes y
los fariseos se reunieron ante Pilato y le dijeron: «Señor, recordamos que
ese impostor dijo cuando aún vivía: 'A los tres días resucitaré.' Manda,
pues, que quede asegurado el sepulcro hasta el tercer día, no sea que
vengan sus discípulos, lo roben y digan luego al pueblo: 'Resucitó de entre
los muertos', y la última impostura sea peor que la primera.» Pilato les dijo:
«Tienen una guardia. Vayan, asegúrenlo como saben.» Ellos fueron y
aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.
Palabra del Señor.

Ciclo B: San Marcos 15,42-47.


Y ya al atardecer, como era la Preparación, es decir, la víspera del
sábado, vino José de Arimatea, miembro respetable del Consejo, que
esperaba también el Reino de Dios, y tuvo la valentía de entrar donde
Pilatos y pedirle el cuerpo de Jesús. Se extraño Pilatos de que ya estuviese
muerto y, llamando al centurión, le preguntó si había muerto hacía tiempo.
Informado por el centurión, concedió el cuerpo a José, quien, comprando
una sábana, lo descolgó de la cruz, lo envolvió en la sábana y lo puso en
un sepulcro que estaba excavado en roca; luego, hizo rodar una piedra
sobre la entrada del sepulcro.
María Magdalena y María la de Joset se fijaban dónde era puesto.
Palabra del Señor.

Ciclo C: San Lucas 23,50-56.


Había un hombre llamado José, miembro del Consejo, hombre bueno y
justo, que no había asentido al consejo y proceder de los demás. Era de
Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios. Se presentó a
Pilatos y le pidió el cuerpo de Jesús y, después de descolgarle, le envolvió
en una sábana y le puso en un sepulcro excavado en la roca en el que
nadie había sido puesto todavía.
Era el día de la Preparación, y apuntaba el sábado. Las mujeres que
habían venido con él desde Galilea, fueron detrás y vieron el sepulcro y
cómo era colocado su cuerpo, Y regresando, prepararon aromas y mirra. Y
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el sábado descansaron según el precepto.
Palabra del Señor.
Al terminar dice: “Palabra del Señor”, y la asamblea responde: “Gloria a Ti, Señor Jesús”.

Oración silenciosa
Todos se sientan. Se hace ahora un tiempo de oración silenciosa (unos minutos), a juicio del Presidente. Cuando
se ha terminado el tiempo de oración, todos se levantan.

Benedictus
Un salmista sale al ambón y dice la antífona del Benedictus. Todos la repiten. Después inicia el cántico
Evangélico. Al terminar dice “Gloria al Padre”, y lee de nuevo la antífona, que todos repiten después.

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Recepción de los santos óleos.
Los Santos Óleos estarán depositados en unas Crismeras de suficiente tamaño y dignidad para poder ser
mostradas y ofrecidas a la veneración de los fieles. Los signos han de ser sensibles; estarán sobre una bandeja, o
en un arca abierta. La recepción la hace el Presidente, en la Sede.
Tres ministros se desplazan hasta el lugar donde están depositadas las Crismeras, acompañados de cruz y ciriales.
Otro ministro traerá, con el paño de hombros, la bandeja, o la urna donde están los Santos Óleos.
Si se prefiere darle mayor solemnidad, la introducción podrían hacerla diversos hermanos de la comunidad, de
esta manera: primero un hermano anciano, o mayor en edad, trae en una bandeja, él solo, el Óleo de los enfermos.
Después, algún catequista de la Pastoral de Bautismos, en otra bandeja, el Óleo de los catecúmenos. Por último,
alguno de los padres que van a bautizar a su hijo, en otra bandeja, el Santo Crisma.
Se inicia la procesión, primero va la Cruz, acompañada con dos ciriales. Después viene el hermano o hermana
que trae el Óleo de los enfermos, luego el hermano o hermana catequista que porta el Óleo de los catecúmenos, y
por último, algún padre o madre, que trae el Santo Crisma. Se hace un canto adecuado.

Canto: “Ven Espíritu creador”

La cruz se coloca al lado del ambón, y los ciriales se quedan delante del Presidente, dejando sitio donde se
colocan los tres hermanos que traen los Óleos.

El Presidente, desde su Sede, dice:

B endigamos, hermanos amados, al Señor,


que se ha dignado ofrecernos sus dones,
y derrama su Espíritu sobre el pueblo que ha
rescatado
con la sangre de Cristo derramada en la Cruz.
R/. Demos gracias a Dios.

Se sitúa delante del Óleo de los enfermos, y mostrando el Óleo a la Asamblea, dice:

S eñor Dios, Padre de todo consuelo,


que has querido sanar las dolencias de los
enfermos
por medio de tu Hijo.
Escucha con amor nuestra acción de gracias
por este Óleo de enfermos,
que has enriquecido con tu bendición
para aliviar todas nuestras dolencias.
R/. Te lo pedimos, Señor. (cantado)
El Presidente deposita de nuevo el Óleo sobre la bandeja, y se desplaza hasta el hermano
que lleva el Óleo de los catecúmenos. Lo toma igualmente, lo muestra a la Asamblea, y
dice:

S eñor Dios, fuerza y defensa de tu pueblo,


que has hecho del aceite un símbolo de vigor
y te has dignado conceder tu fortaleza
a cuantos catecúmenos sean ungidos
con este Óleo para conocer
más profundamente las realidades divinas,
vivir más hondamente el Evangelio de Cristo
y sentirse alegres de pertenecer a tu pueblo
Santo.
Acepta ahora nuestra acción de gracias,
y concédenos ver aumentar,
en número y santidad,
la familia de tu Iglesia.
R/. Te lo pedimos, Señor. (cantado)
El Presidente deposita de nuevo el Óleo sobre la bandeja, y se desplaza hasta el hermano que lleva el Santo
Crisma. Lo toma igualmente, lo muestra a la Asamblea, y dice:

S eñor Dios, autor de todo crecimiento


y de todo progreso espiritual:
recibe complacido la acción de gracias
que gozosamente, por nuestro medio,
te dirige la Iglesia.
Tú eres el Dios clemente y compasivo
que te has dignado santificar este Óleo
que llamamos Crisma
en honor de Cristo, tu Hijo,
y en él has querido infundir
la fuerza del Espíritu Santo
para consagrar todas las cosas
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y llevar a plenitud tu obra en el mundo.
Haz que, por este Óleo,
se acreciente tu Iglesia, pueblo sacerdotal
y se propague por todo el mundo
el himno que canta tu alabanza.
R/. Te lo pedimos, Señor. (cantado)
El Presidente deposita el Santo Crisma sobre la bandeja y regresa a su Sede. Los hermanos depositan las bandejas
sobre una credencia colocada cerca de la fuente bautismal, y regresan a sus sitios. Los ciriales se retiran también.

Preces
El Presidente dice esta monición. Después un hermano sale al ambón y hace estas preces, u otras parecidas, pero
pidiendo por los bautizandos, sus padres y los padrinos.

Hermanos, oremos ahora por estos


niños que van a ser bautizados, por
sus padres y padrinos y por todo el
pueblo santo de Dios.

Para que estos niños, al participar en el misterio


de muerte y resurrección de Cristo, alcancen
nueva vida, y por el Bautismo se incorporen a su
Santa Iglesia.
R/. Escúchanos, oh Señor.

Para que, ayudados por la palabra y el ejemplo


de sus padres y padrinos crezcan en gracia y
santidad, ante Dios y ante los hombres.
R/. Escúchanos, oh Señor.

Para que también nosotros seamos sepultados


con Cristo, dando muerte al pecado, al egoísmo y
a las obras de la carne, y recibamos un espíritu
nuevo y un corazón nuevo.
R/. Escúchanos, oh Señor.

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Para que el Señor haga de nosotros su Iglesia,
Sacramento de salvación para todas las gentes,
para que vivamos en el amor y en la unidad, y
seamos así luz, sal y fermento para los que nos
contemplen.
R/. Escúchanos, oh Señor.

Se pueden añadir otras intenciones.


Las preces concluyen con la siguiente oración que hace el Presidente.

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Ritos prebautismales
Es un momento significativo e importante, en el cual el poder de Jesucristo, que expulsaba demonios y espíritus
inmundos, arrancará ahora, con el Dedo de Dios, por la acción del Espíritu Santo, todo espíritu del mal, dejando
así el sitio preparado para que el catecúmeno sea “invadido” del Espíritu Santo.

Oración de exorcismo
El Presidente dice con las manos extendidas:

D ios todopoderoso y eterno,


que has enviado tu Hijo al mundo,
para librarnos del dominio de Satanás, espíritu
del mal,
y llevarnos así, arrancados de las tinieblas,
al Reino de tu luz admirable;
te pedimos que estos niños,
lavados del pecado original, sean templo tuyo,
y que el Espíritu Santo habite en ellos.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

Unción prebautismal
Si la debilidad es signo del poder del pecado, el Espíritu que ahora se recibe confiere fortaleza para luchar contra
el demonio y deshacer sus mentiras, para no caer en sus trampas.

Prosigue el Presidente:

P ara que el poder de Cristo Salvador les


fortalezca,
les ungimos con éste óleo de salvación
en el nombre del mismo Jesucristo, Señor
nuestro,
que vive y reina por los siglos de los siglos.
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R/. Amén.

El Presidente toma el óleo de los catecúmenos y unge en el pecho a los niños, despacio y con abundante óleo para
que sea un signo visible.
Después se lava las manos.

Ritos conclusivos
El Presidente hace una monición para rezar juntos el “Padre nuestro”.

Y ahora, hermanos, digamos juntos la


oración que el Padre escuchó de su Hijo
en la cruz, que fue aceptada, y por la
cual le resucitó de entre los muertos.
P adre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Rito de la Paz
Si parece oportuno, el Presidente invita a todos a darse la paz. Es mejor omitir este rito y reservarlo para la
Vigilia Pascual. Mientras los hermanos terminan de darse el beso de la paz se inicia un canto.

La paz del Señor esté siempre con ustedes.


R/. Y con tu espíritu.
Daos fraternalmente la paz.

Bendición
Si no se hizo al principio la oración colecta, se hace ahora. Después el Presidente extiende las manos
y dice:
El Señor esté con ustedes.
R/. Y con tu espíritu.
La bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo  y Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes.
R/. Amén.

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Despedida
Si hay avisos que dar, hacer grupos para preparar la Vigilia, horarios, etc. se dan ahora.
El Presidente, o un diácono, despide a la asamblea:
Pueden irse en paz.
R/. Demos gracias a Dios.
Los salmistas inician un canto, mientras los ministros abandonan la asamblea, portando
los Santos Óleos hacia su reserva

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Domingo de Pascua
En la Resurrección del Señor

“Durante toda la noche permaneced reunidos en comunidad, no duerman,


pasen toda la noche en vela, rezando y orando, leyendo los profetas, el evangelio
y los salmos con temor y temblor, en un clima de súplica incesante, hasta la
tercera vigilia de la noche, después del sábado...
Ofrezcan después su sacrificio. Alégrense entonces y coman, llénense de gozo y
de júbilo porque Cristo ha resucitado, como prenda de la resurrección de
ustedes”.
De la “Didascalía de los Apóstoles”, núm. 17-19
Introducción

A una hora adecuada se congregan los hermanos para celebrar la Vigilia Pascual.
La Vigilia Pascual no es una “misa de medianoche” mas o menos larga y pintoresca. Es una celebración santa
que se extiende durante toda la noche, desde que se pone el sol hasta el alba.
Si la noche de Pascua es una VIGILIA, es decir, una noche en la que no se duerme, se debe ante todo, al hecho de
que es LA NOCHE DEL ÉXODO, la noche en que los israelitas fueron liberados del yugo de Egipto y entraron
en la libertad de los hijos de Dios. Por eso es ante todo UNA NOCHE, y es UNA VIGILIA, una espera de toda la
noche. Es una Vigilia en la noche. El marco es la noche y la espera en fiesta, porque Dios se ha comprometido
con esta noche de Pascua. En esta noche, se nos da una garantía: EL SEÑOR PASARÁ. Él nos enseña a
ESPERAR.
Hay que dar a la Vigilia Pascual toda la importancia que tiene, ya que de la Pascua nace la Iglesia: la Pascua hace
la Iglesia y la Iglesia realiza la Pascua.
No puede haber Pascua sin Historia de Salvación: experimentar la posibilidad de la libertad, para este año,
deprisa. Dios se ha comprometido con una noche para pasar de nuevo, para hacerse presente, para liberarnos.
La Pascua no es un mero rito: ha de hacerse carne en nosotros, hacerse vida. Nosotros somos el cuerpo de la
Pascua, nosotros somos la Pascua. No dijo Jesucristo “recordad”, sino “haced esto”.
El paso del Señor es un paso en la fe, no en el sentimiento. Y aunque a veces la fe desborda en el sentimiento,
puede darse sin él. Puede por el contrario, correrse el riesgo de quedarse en mero sentimentalismo. Esto se
descubrirá por la aceptación o no de la historia de cada uno.
Noche luminosa por la aparición gloriosa del Señor: signos que son la manifestación del Señor, si pasamos de los
signos a lo que significan y realizan: sacramento.
En esta Liturgia, madre de todas las liturgias, son importantísimos los signos, verdaderas catequesis que hablan
por sí mismos. Son fundamentales, y hay que cuidarlos mucho para que aparezcan con toda su expresividad.
Puede, sin embargo, correrse el riesgo de dar culto a los signos en vez de ponerlos al servicio del culto que se
celebra. Los signos, si son de verdad, llevan al misterio y no quedan en espectáculo. La celebración ha de ser al
mismo tiempo solemne y sencilla, ni pobre ni espectacular.
Si toda celebración litúrgica requiere un ritmo para su desarrollo, mucho más hay que decirlo de ésta. Debe
evitarse la prisa, pero también el estancamiento. Hay que cuidar de este equilibrio, que no es tanto en acortar
cosas o en alargar otras, cuanto en dar fluidez a todas las necesarias. Hay que combinar el dinamismo ritual, que
no es aceleración, con la contemplación sosegada, que no es adormilamiento. Hay que proporcionar la
contemplación y la acción. En una palabra, hay que observar el ritmo litúrgico.
La Vigilia Pascual, como toda celebración, resulta tal y como Dios la quiere y dispone, según la necesidad de
cada uno de los participantes. Dios nos da la Vigilia que nos conviene en la realidad concreta de cada año. Ello no
nos dispensa a nosotros de prepararla lo mejor posible, pero luego no inquietarse por su desarrollo.
Es básico para la Vigilia: asientos cómodos, temperatura adecuada, audición perfecta, iluminación amplia, visión
total. Descansar algo durante la tarde, para evitar dormirse durante la noche.
Las lecturas se preparan el sábado en la mañana, las nueve, con sus correspondientes moniciones breves, seguidas
de un pequeño paso al canto (excepto en la tercera lectura), y sobre todo estando atentos a no ahogar la Palabra
con alargadas moniciones o catequesis innecesarias. Las moniciones serán breves, atinadas y alertadoras. Las
lecturas han de hacerse fluidas: ni deprisa ni demasiado despacio o a golpes, proclamadas con fuerza, alto y claro.
Los cantos se elegirán y prepararán adecuadamente. Respetad el sentido de los mismos. Son respuesta a la
lectura, y deben estar en íntima conexión con ella. No vale cualquier canto. Aquí hemos sugerido aquellos que
mejor se adecuan a las lecturas a las que acompañan. No es un capricho el cambiarlos. Durante muchos siglos la
Iglesia ha cantado estos salmos y no otros después de estas lecturas. Ningún canto, ni siquiera la aclamación al
Cirio, debe adelantar “aleluya” hasta el momento propio del mismo, esto es, antes del Evangelio. El canto que
sugerimos aquí para después de la cuarta lectura (Jerusalén reconstruida) se cantará sin aleluya.
En esta noche se estrena el Aleluya Pascual. Es Cristo Resucitado quien lo hace, es el primero que lo canta y lo
hace como un grito de su propia victoria. Es el primogénito de entre los muertos y es Él el que inaugura este
canto. Por eso debe hacerlo el Presidente de la Celebración, - igual que hace con el Gloria -. El aleluya se le
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anuncia al Presidente. Si hay un diácono, debe ser él quien lo haga, como se hace con el Evangelio, el anuncio de
la Resurrección. Esta tradición es antiquísima en la Iglesia. Si no hay diácono, el mismo salmista se acerca al
Presidente y le anuncia este momento tan solemne, y lo hace cantando, en el mismo tono que el Presidente
utilizará para introducir este canto. El Presidente canta en voz solemne: “Aleluya, aleluya, aleluya” y luego se
une la Asamblea en respuesta al mismo canto.
Los cantos no serán largos ni monótonos por las circunstancias que concurren. Se habrán ensayado previamente.
Los pasos a los cantos serán breves y complementarios, que ayuden a interiorizar la Palabra y a personalizarla
respondiendo con el canto. Se elegirán los mejores cantores, que canten con la mayor humildad posible de
espíritu, sabiendo que el corazón y la fe valen más que la voz y la música. ¡Quien no tenga fe ni amor a Jesucristo
que no cante!. Lo importante no es solamente dar participación a todos los salmistas, sino que el servicio se haga
bien, que aparezca Jesucristo siervo, y no el protagonismo personal.
Tener en cuenta que hay un ciclo que no se puede romper y que hay que respetar: MONICIÓN – LECTURA –
CANTO - ORACIÓN. Es un bloque unitario, con cuatro partes que se relacionan entre sí. La monición introduce
la lectura, a la que se responde con un canto, y se concluye orando. La oración sálmica que cierra este ciclo hace
una interpretación cristológica y pascual de la lectura del Antiguo Testamento. La oración dice cómo se ha
cumplido en Jesucristo, en la Iglesia y en nosotros. Es una catequesis breve y reducida. Por tanto, y para respetar
esta estructura, los ecos, cuando se hacen, van después de la oración y no antes.
Los ecos van después de la oración de la tercera y la séptima lectura, y después del Evangelio. Son el eco a cada
una de las tres partes de la Liturgia de la Palabra: Libros Históricos, los Profetas, y el Nuevo Testamento.
Para la intervención de los niños, es mejor que los mayores que contestén a sus preguntas lo hagan a una sola
pregunta cada uno, a no ser que conteste el mismo Maestro a todo. Los niños deben limitarse en sus preguntas a
lo relacionado con la Pascua y para eso orientarles y disponerles previamente. El maestro se reunirá
anteriormente con los niños para preparar los cantos y la celebración.
Una observación sobre la Liturgia Bautismal. Si hay bautismos, los padres y padrinos, después de la bendición
del agua, e inmediatamente antes del Bautismo, hacen personal y públicamente las renuncias y la profesión de fe,
independientemente de las renuncias y profesión de fe que hará toda la asamblea, cuando renueve su Bautismo.
Son dos momentos distintos y diferenciados. No deben juntarse haciéndolo una sola vez todos juntos, padres,
padrinos y asamblea. El Presidente, antes de bautizar a un catecúmeno, le pide de forma individual y personal
estas renuncias y también la profesión de fe. Después, lo hará conjuntamente a todos los fieles.
El lugar donde se coloca el Cirio es cerca del ambón, salvo que exista otra costumbre. Desde allí se traslada
luego a la fuente, durante toda la liturgia bautismal. El Cirio Pascual es la LUZ con la que la Iglesia lee la Palabra
de Dios, especialmente el Antiguo Testamento, que ahora está cumplido en Jesucristo. Es esta Luz la que ilumina
este cumplimiento; así lo expresa la oración sálmica de la tercera lectura: “Oh Dios que has iluminado los
prodigios de los tiempos antiguos con la luz del Nuevo Testamento”. Es muy importante que el Cirio esté al lado
del ambón, que sea “la linterna” que alumbra la lectura de la Palabra, que sin Jesucristo - Luz Pascual - no se
puede ni leer ni entender. Es lo que experimentaron los discípulos de Emaús cuando Jesús “caminó a su lado” y
les abrió la mente para que “entendieran las Escrituras” y les explicaba “comenzando por Moisés y siguiendo por
los Profetas, lo que se refería a Él en toda la Escritura” . Esto es precisamente lo que hacemos en la Liturgia de la
Palabra de la Vigilia Pascual.
Es importante en esta Liturgia, madre y modelo de toda liturgia, resaltar los distintos y múltiples ministerios:
Presidente, diáconos, maestro de ceremonias, acólitos, lectores, salmistas, monitores, ostiarios, catequistas,
didáscalos, ... Que cada uno realice aquél carisma con el que ha sido enriquecido, para edificación del Cuerpo de
Cristo, que es la Iglesia. Todos somos necesarios y nadie es imprescindible. Evitar el protagonismo y el
lucimiento personal. Con humildad y actitud de servicio.
Preparar con el Presidente cada detalle de la celebración, en comunión con él, sin improvisar ni inventar nada.

25
Cosas necesarias.
Para toda la vigilia
Designar y preparar los diversos ministerios: Presidente, presbíteros concelebrantes, diáconos, maestro de
ceremonias, acólitos, lectores, salmistas, monitores, catequistas, didáscalos, ostiarios.
Mesa de altar adornado con flores abundantes. Dos cirios nuevos a cada lado del altar.
Menorá con ampollas de aceite o velas. Manteles lujosos.
Mesa de credencia, sencilla, sin manteles demasiado lujosos para que no parezca un “segundo altar”.
Ambón, velo blanco festivo, y centro de flores.
Ornamentos blancos, los mejores:
Alba, cíngulo, estola y casulla blancas para el Presidente.
Alba, cíngulo y estola blanca para los concelebrantes. Dalmáticas para los diáconos.
Alba y cíngulo para los acólitos.
Leccionario del ciclo que corresponda. O también una Biblia (grande) de plata, con las lecturas seleccionadas.
Misal Romano, Libro de la Sede (o este ritual) y Ritual del Bautismo.
Incensario con carbones, y naveta con incienso perfumado.
Alfombras.
Micrófonos, focos.
Sala para los niños que van a ser bautizados, con calefacción adecuada.
Persona encargada de los niños.
Persona encargada del agua, de calentarla y mantenerla en la temperatura adecuada.
Persona encargada de las luces y del sonido.
Candela para tomar el fuego del Cirio y encender las velas del altar, y también para distribuir el fuego antes de las
promesas bautismales.

Para la bendición del fuego


Hoguera en un lugar fuera de la Iglesia donde se reúna el pueblo. Conviene que haya brasas suficientemente
abundantes, para que el fuego resulte visible. Habrá un hermano responsable que previamente habrá preparado y
encendido el fuego, antes de llegar el pueblo. También para apagarlo si es necesario.
El Cirio Pascual, que debe ser necesariamente de cera, nuevo cada año y suficientemente grande (por ejemplo
100 x 10 cm), a fin de que pueda evocar realmente a Cristo, Luz del mundo. Conviene que esté decorado con
motivos pascuales. Será único, los demás fieles llevarán velitas con resguardo. Los demás Cirios, que usarán las
distintas comunidades no se llevan en la Vigilia para que resalte así el signo de un único Cirio. El Cirio de las
comunidades se bendecirá, si es posible, en la primera celebración del tiempo pascual, con la fórmula que aparece
en el Apéndice. Tened en cuenta que en la Vigilia se bendice “el fuego”, no el Cirio.
Velitas con resguardo, para los fieles, y también para el Presidente y concelebrantes.
Un punzón para marcar los signos sobre el Cirio.
Unas tenazas para poner el fuego en el incensario.
Cinco granos grandes de incienso (si procede).
Una candela para encender el Cirio pascual.
Una linterna, para iluminar los textos que el Presidente debe leer.
El incensario vacío, y la naveta con incienso.
Encargados de repartir y recoger las velitas y apagar y encender las luces, el agua y la calefacción.
26
Para el pregón
Candelero para el Cirio, cerca del ambón, adornado con flores.

Para la liturgia Bautismal


Si hay bautismos, fuente bautismal, grande, adornada con flores y colocada en el centro del templo, antes de la
mesa. Agua tibia (37º). Si no hay bautismos basta con un recipiente digno, grande.
Santo Crisma, y Óleo de catecúmenos (si no se han hecho antes los ritos prebautismales). Tienen que ser ya los
nuevos óleos consagrados y bendecidos por el Obispo en la Misa Crismal.
Vestidura blanca, para los neófitos. Toalla blanca para secarlos después del bautismo.
Cirios para los padres y padrinos, algo más grandes que las velitas de los fieles, pueden estar decorados. Se
encenderán al principio, en el lucernario, como todos los demás.
Bandeja con un pequeño recipiente con agua, jaboncillo, limón, toalla pequeña, para después de la crismación.
Acetre e hisopo, a ser posible vegetal, confeccionado con ramas de romero o similar.
Toalla pequeña para el diácono (o Presidente), para usar después de los bautismos, y también después de la
aspersión al pueblo.
Soporte para dejar el Cirio, después de la bendición del agua y mientras duran los bautismos.
Alba para el diácono o presbítero que realiza los bautismos, si son por inmersión.

Para la liturgia eucarística


Corporal y purificadores.
Patenas con panes y cálices con vino.
Jarrita con agua.
Lavabo y toalla.

27
Liturgia de la luz
INTRODUCCION::
En un lugar adecuado, fuera de la Iglesia, se enciende fuego. Todos están en la Iglesia
sentados, donde se hace la monición ambiental de toda la Vigilia, y también una monición al
Lucernario. Se indica el orden de la procesión, y los lugares que se ocuparán. Si hay
invitados, se presentan a la asamblea.
Si no se hicieron antes los ritos prebautismales (Véase el Sábado Santo), este es el momento
de hacerlo. Después de la monición ambiental, y antes de comenzar el Lucernario, el
Presidente hará el rito de acogida, la signación, el exorcismo y la unción prebautismal con el
óleo de los catecúmenos.
Terminada la monición [y si procede, los ritos prebautismales], todos abandonan el templo y
se apagan todas las luces.
Fuera de la Iglesia se congrega el pueblo, llevando cada uno su cirio. Una vez reunido el
pueblo, acuden junto al fuego el Presidente y los ministros, uno de los cuales lleva el Cirio
Pascual, y otro lleva el incensario sin carbones, y la naveta con incienso.
Saludo

El Presidente se santigua al mismo tiempo que la asamblea, diciendo:

En el nombre del Padre,


y del Hijo,
y del Espíritu Santo.
R/. Amén.

El Presidente, con las manos extendidas, saluda al pueblo.

El Señor esté con ustedes.


R/. Y con tu espíritu.

Monición

El Presidente amonesta al pueblo brevemente sobre el sentido de la Vigilia nocturna:

H ermanos:

En esta Noche Santa, en que nuestro


Señor Jesucristo ha pasado de la
muerte a la vida, la Iglesia invita a
todos sus hijos, diseminados por el
mundo, a que se reúnan para velar en
oración. Si recordamos así la Pascua
del Señor, oyendo su Palabra y
celebrando sus Misterios, podremos
esperar tener parte en su triunfo
sobre la muerte y vivir con Él siempre
en Dios.

29
Bendición del fuego
El Presidente bendice el fuego. Con las manos juntas.
O remos.

O Hijo
h Dios, que por medio de tu

has dado a tus fieles el fuego de tu luz:


santifica  este fuego, y concédenos
que la celebración de estas fiestas
pascuales
encienda en nosotros deseos tan
santos
que podamos llegar con corazón limpio
a las fiestas de la eterna luz.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.
Bendecido el nuevo fuego, un acólito o uno de los ministros lleva el Cirio Pascual ante el
Presidente, que con un punzón graba la cruz en el mismo Cirio.

Después hace sobre él la letra griega Alfa, y debajo la letra Omega, y entre los brazos de
la cruz los cuatro números que expresan el año en curso, mientras dice:

1. Cristo ayer y hoy. Graba el trazo vertical.


2. Principio y fin. el trazo horizontal.
3. Alfa. Encima de la Cruz
4. Y Omega. Debajo de la Cruz
5. Suyo es el tiempo. Primer número del año en el
30
ángulo izquierdo superior.
6. Y la eternidad. Segundo número del año en curso en
el ángulo derecho superior.
7. A él la gloria y el poder. Tercer número del año
en curso en el ángulo izquierdo inferior.
8. Por los siglos de los siglos. Amén. Cuarto
número del año en curso en el ángulo derecho inferior.
Acabada la incisión de la cruz y de los otros signos, el Presidente puede insertar en el Cirio cinco granos de
incienso, en forma de cruz, mientras dice:

1. P or sus llagas santas


2. y gloriosas 1
3. nos proteja 4 2 5
4. y nos guarde 3
5. Jesucristo nuestro Señor. Amén.
El Presidente enciende el Cirio Pascual con el nuevo fuego, diciendo:

L glorioso,
a luz de Cristo, que resucita

disipe las tinieblas del corazón y


del espíritu.
Procesión con el Cirio
El Presidente puede invitar a todos diciendo estas palabras:

31
Como en otro tiempo los hijos de
Israel, guiados en la noche por la
columna de fuego, pasaron de la
esclavitud de Egipto a la libertad de la
tierra prometida, así también ahora
nosotros, iluminados por la luz del
Cirio pascual, seguiremos a Cristo que
sale resplandeciente del sepulcro y, a
la luz de su triunfo, nos dispondremos
a inaugurar las fiestas pascuales.
Luego el acólito turiferario toma del fuego algunas brasas encendidas y las deposita en el turíbulo. Se acerca con
la naveta al Presidente, que pone incienso tres veces, y lo bendice sin decir nada.

Seguidamente, el diácono o, en su defecto, el Presidente, toma el Cirio Pascual y, teniéndolo elevado, canta él
solo:

¡Luz de Cristo!
R/. Demos gracias a Dios.
Después se inicia la procesión. Precede el acólito turiferario, con incienso humeante, y después el diácono con el
Cirio Pascual. Sigue el Presidente, que también lleva cirio, los presbíteros en dos filas, los cantores, los niños
acompañados de su didáscalos, y por último, el pueblo.

A la puerta de la Iglesia, el diácono, elevando el Cirio, canta de nuevo:

¡Luz de Cristo!
R/. Demos gracias a Dios.
Todos encienden sus velas de la llama del Cirio Pascual, y avanzan. El diácono con el Cirio, se sitúa al lado del
ambón, y vuelto al pueblo, canta por tercera vez:

¡Luz de Cristo!
R/. Demos gracias a Dios.

Y se encienden todas las luces de la Iglesia.

Pregón Pascual
Cuando el Presidente ha llegado al altar, va a su sede. El diácono pone el Cirio Pascual sobre el candelabro
colocado en medio del presbiterio o junto al ambón.
El Presidente entrega su cirio a un ministro. El acólito turiferario se acerca al Presidente, con el incensario y la
naveta. El Presidente pone incienso tres veces y lo bendice sin decir nada. Se acerca el diácono, y pide la
32
bendición del Presidente, para cantar el pregón pascual.
El Presidente dice:

El Señor esté en tu corazón y en tus


labios,
para que anuncies dignamente su
pregón pascual;
en el nombre del Padre, y del Hijo 
y del Espíritu Santo
El Presidente recibe de nuevo su cirio.
El diácono, y si no lo hay, el Presidente se acerca al Cirio y lo inciensa, con tres movimientos dobles. También
inciensa el Libro. Situado en el ambón, canta el pregón pascual.
Si no hay diácono, puede cantar el pregón un salmista, pero no recibe bendición, ni inciensa el Cirio, y omite el
saludo “El Señor esté con ustedes”. En este caso, el Presidente puede incensar el Cirio y el Libro, regresando a la
Sede, subiendo al ambón un salmista que cantará el pregón.

33
Exulten los coros de los ángeles, en que Cristo ha vencido la muerte
exulte la asamblea celeste, y del infierno retorna victorioso.
y un himno de gloria
¡Oh admirable condescendencia de tu amor!
aclame el triunfo del Señor resucitado.
¡Oh incomparable ternura y caridad!
Alégrese la tierra por rescatar al esclavo has sacrificado al Hijo.
inundada por la nueva luz; Sin el pecado de Adán
el esplendor del rey Cristo no nos habría rescatado.
destruyó las tinieblas,
destruyó las tinieblas, ¡Oh feliz culpa que mereció tan grande
las tinieblas del mundo. redentor!,
¡Oh feliz culpa!
R/. El esplendor del rey,
Destruyó las tinieblas, ¡Oh noche maravillosa, en que despojaste al
destruyó las tinieblas, Faraón y enriqueciste a Israel!
las tinieblas del mundo. ¡Oh noche maravillosa,
tú sola conociste la hora en que Cristo
Que se alegre nuestra Madre la Iglesia,
resucitó!
resplandeciente de la gloria de su Señor
y que en este lugar resuene unánime
¡Oh noche que destruyes el pecado
la aclamación de un pueblo en fiesta.
y lavas todas nuestras culpas!
[El Señor esté con ustedes.
R/. Y con tu espíritu.] ¡Oh noche realmente gloriosa
Levantemos el corazón. que reconcilias al hombre con su Dios!
R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Esta es la noche
Demos gracias al Señor, nuestro Dios. en que Cristo ha vencido la muerte
R/. Es justo y necesario. y del infierno retorna victorioso.
Realmente es justo y necesario,
exaltar con el canto la alegría del espíritu, R/. Esta es la noche
y elevar un himno al Padre Todopoderoso en que Cristo ha vencido la muerte
y a su único Hijo, Jesucristo. y del infierno retorna victorioso.

Él ha pagado por todos al eterno Padre En esta noche acepta, Padre Santo,
la deuda de Adán, este sacrificio de alabanza
y con su sangre, derramada por amor, que la Iglesia te ofrece
ha cancelado la condena antigua del pecado. por medio de sus ministros,
en la liturgia solemne de este Cirio
Esta es la Pascua que es signo de la nueva luz.
en que se inmola el Cordero. Te rogamos, Señor,
Esta es la noche que este Cirio ofrecido en honor de tu Nombre
en que fueron liberados brille radiante;
nuestros padres de Egipto. llegue hasta Ti como perfume suave,
Esta es la noche se confunda con las estrellas del cielo;
que nos salva de la oscuridad del mal. lo encuentre encendido el lucero de la mañana,
esa estrella que no conoce el ocaso;
Esta es la noche que es Cristo tu Hijo, resucitado,
en que Cristo ha vencido la muerte resucitado de la muerte.
y del infierno
retorna victorioso. R/. Es Cristo tu Hijo, resucitado, resucitado de
la muerte.
R/.Esta es la noche Amén, amén, amén.
Terminado el Pregón, se apagan las velas y todos se sientan.
Liturgia de la Palabra
Monición

El Presidente amonesta al Pueblo sobre la importancia de la liturgia de la Palabra en la Vigilia Pascual.

H ermanos: Con el pregón solemne de


la Pascua, hemos entrado ya en la
noche santa de la Resurrección del
Señor.
Escuchemos, en silencio meditativo, la
Palabra de Dios. Recordemos las
maravillas que Dios ha realizado para
salvar al primer Israel, y cómo en el
avance continuo de la Historia de la
Salvación, al llegar los últimos
tiempos, envió al mundo a su Hijo,
para que, con su muerte y
resurrección, salvase a todos los
hombres.
Mientras contemplamos la gran
trayectoria de esta Historia Santa,
oremos intensamente, para que el
designio de salvación universal, que
Dios inició con la creación del mundo,
prosiguió salvando a Israel y culminó
con la resurrección de Jesucristo,
llegue a su plenitud con el anuncio del
Evangelio a todos los pueblos y con la
incorporación de toda la humanidad a
la victoria de la resurrección del Señor.
Lectura de los Libros Históricos

Monición a la primera lectura.

Primera lectura: Génesis 1,1-2,2


En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era caos y
confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba
por encima de las aguas. Dijo Dios: «Haya luz», y hubo luz. Vio Dios que la
luz estaba bien, y apartó Dios la luz de la oscuridad; y llamó Dios a la luz
«día», y a la oscuridad la llamó «noche». Y atardeció y amaneció: día
primero.
Dijo Dios: «Haya un firmamento por en medio de las aguas, que las
aparte unas de otras. » E hizo Dios el firmamento; y apartó las aguas de
por debajo del firmamento, de las aguas de por encima del firmamento. Y
así fue. Y llamó Dios al firmamento «cielos». Y atardeció y amaneció: día
segundo.
Dijo Dios: «Acumúlense las aguas de por debajo del firmamento en un
solo conjunto, y déjese ver lo seco»; y así fue. Y llamó Dios a lo seco
«tierra», y al conjunto de las aguas lo llamó «mares»; y vio Dios que
estaba bien. Dijo Dios: «Produzca la tierra vegetación: hierbas que den
semillas y árboles frutales que den fruto, de su especie, con su semilla
dentro, sobre la tierra. » Y así fue. La tierra produjo vegetación: hierbas
que dan semilla, por sus especies, y árboles que dan fruto con la semilla
dentro, por sus especies; y vio Dios que estaban bien. Y atardeció y
amaneció: día tercero.
Dijo Dios: «Haya luceros en el firmamento celeste, para apartar el día de
la noche, y valgan de señales para solemnidades, días y años; y valgan de
luceros en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra.» Y así fue.
Hizo Dios los dos luceros mayores; el lucero grande para el dominio del día,
y el lucero pequeño para el dominio de la noche, y las estrellas; y púsolos
Dios en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra, y para
dominar en el día y en la noche, y para apartar la luz de la oscuridad; y vio
Dios que estaba bien. Y atardeció y amaneció: día cuarto.
Dijo Dios: «Bullan las aguas de animales vivientes, y aves revoloteen
sobre la tierra contra el firmamento celeste.» Y creó Dios los grandes
monstruos marinos y todo animal viviente, los que serpean, de los que
bullen las aguas por sus especies, y todas las aves aladas por sus
especies; y vio Dios que estaba bien; y los bendijo Dios diciendo: «sean
fecundos y multiplíquense, y llenen las aguas en los mares, y las aves
crezcan en la tierra.» Y atardeció y amaneció: día quinto.
Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes de cada especie:
bestias, sierpes y alimañas terrestres de cada especie.» Y así fue. Hizo Dios
las alimañas terrestres de cada especie, y las bestias de cada especie, y
toda sierpe del suelo de cada especie: y vio Dios que estaba bien.
Y dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como
semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los
cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las
sierpes que serpean por la tierra. Creó, pues, Dios al ser humano a imagen
suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó. Y los bendijo
Dios, y les dijo Dios: «Sean fecundos y multiplíquense y llenen la tierra y
sométanla; manden en los peces del mar y en las aves de los cielos y en
todo animal que serpea sobre la tierra.» Dijo
Dios: «Vean que les he dado toda hierba de semilla que existe sobre la
haz de toda la tierra, así como todo árbol que lleva fruto de semilla; para
ustedes será de alimento. Y a todo animal terrestre, y a toda ave de los
cielos y a toda sierpe de sobre la tierra, animada de vida, toda la hierba
verde les doy de alimento.» Y así fue. Vio Dios cuanto había hecho, y todo
estaba muy bien. Y atardeció y amaneció: día sexto.
Concluyéronse, pues, los cielos y la tierra y todo su aparato, y dio por
concluida Dios en el séptimo día la labor que había hecho, y cesó en el día
séptimo de toda la labor que hiciera.
Palabra de Dios.

Canto: “Oh, Señor, nuestro Dios, que admirable es tu


nombre” (Salmo 8)

Oración sálmica:
O remos.

D ios todopoderoso y eterno,


admirable siempre en todas tus obras;
que tus redimidos comprendan
cómo la creación del mundo
en el comienzo de los siglos,
no fue obra de mayor grandeza
que el sacrificio Pascual de Cristo
en la plenitud de los tiempos.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

Monición a la segunda lectura.

Segunda lectura: Génesis 22,1-19


En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán llamándole: "¡Abrahán!"
Él respondió: "Aquí me tienes." Dios le dijo: "Toma a tu hijo único, al que
quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio en
uno de los montes que yo te indicaré."
Abrahán madrugó, aparejó el asno y se llevó consigo a dos criados y a
su hijo Isaac; cortó leña para el sacrificio y se encaminó al lugar que le
había indicado Dios. El tercer día levantó Abrahán los ojos y descubrió el
sitio de lejos. Y Abrahán dijo a sus criados: "Quédense aquí con el asno; yo
con el muchacho iré hasta allá para adorar y después volveremos con
ustedes." Abrahán tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su hijo
Isaac, y él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos.
Isaac dijo a Abrahán, su padre: "Padre" Él respondió: "Aquí estoy, hijo
mío." El muchacho dijo: "Tenemos fuego y leña, pero ¿dónde está el
cordero para el sacrificio?" Abrahán contestó: "Dios proveerá el cordero
para el sacrificio, hijo mío." Y siguieron caminando juntos.
Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el
altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar,
encima de la leña. Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su
hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo: ¡Abrahán, Abrahán! Él
contestó: "Aquí me tienes." El ángel le ordenó: "No alargues la mano
contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te
has reservado a tu hijo, tu único hijo." Abrahán levantó los ojos y vio un
carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, Tomó el carnero
y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo.
Abrahán llamó aquel sitio "El Señor ve", por lo que se dice aún hoy "El
monte del Señor ve". El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el
cielo: "Juro por mí mismo - oráculo del Señor -: por haber hecho esto, por
no haberte reservado tu hijo, tu único hijo, te bendeciré, multiplicaré a tus
descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus
descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos
los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has
obedecido."
Palabra de Dios.

Canto: “Aquedá”

Oración sálmica.
O remos.
O h Dios, Padre supremo de los creyentes,
que multiplicas sobre la tierra
los hijos de tu promesa con la gracia de la
adopción
y, por el misterio pascual,
hiciste de tu siervo Abrahán
el padre de todas las naciones,
como lo habías prometido:
concede a tu pueblo
responder dignamente a la gracia de tu llamada.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

Monición a la tercera lectura.


Tercera lectura: Éxodo 14, 15-15,1
Dijo Yahvéh a Moisés: «¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los israelitas
que se pongan en marcha. Y tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el
mar y divídelo, para que los israelitas entren en medio del mar a pie
enjuto. Que yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para que los
persigan, y me cubriré de gloria a costa de Faraón y de todo su ejército, de
sus carros y de los guerreros de los carros. Sabrán los egipcios que yo soy
Yahvéh, cuando me haya cubierto de gloria a costa de Faraón, de sus
carros y de sus jinetes.
Se puso en marcha el Ángel de Yahvéh que iba al frente del ejército de
Israel, y pasó a retaguardia. También la columna de nube de delante se
desplazó de allí y se colocó detrás, poniéndose entre el campamento de los
egipcios y el campamento de los israelitas. La nube era tenebrosa y
transcurrió la noche sin que pudieran trabar contacto unos con otros en
toda la noche. Moisés extendió su mano sobre el mar, y Yahvéh hizo soplar
durante toda la noche un fuerte viento del Este que secó el mar, y se
dividieron las aguas. Los israelitas entraron en medio del mar a pie enjuto,
mientras que las aguas formaban muralla a derecha e izquierda. Los
egipcios se lanzaron en su persecución, entrando tras ellos, en medio del
mar, todos los caballos de Faraón, y los carros con sus guerreros.
Llegada la vigilia matutina, miró Yahvéh desde la columna de fuego y
humo hacia el ejército de los egipcios, y sembró la confusión en el ejército
egipcio. Trastornó la ruedas de sus carros, que no podían avanzar sino con
gran dificultad. Y exclamaron los egipcios: «Huyamos ante Israel, porque
Yahvéh pelea por ellos contra los egipcios.»
Yahvéh dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre el mar, y las aguas
volverán sobre los egipcios, sobre sus carros y sobre los guerreros de los
carros.» Extendió Moisés su mano sobre el mar, y al rayar el alba volvió el
mar a su lecho; de modo que los egipcios, al querer huir, se vieron frente a
las aguas.
Así precipitó Yahvéh a los egipcios en medio del mar, pues al retroceder
las aguas cubrieron los carros y a su gente, a todo el ejército de Faraón,
que había entrado en el mar para perseguirlos; no escapó ni uno siquiera.
Mas los israelitas pasaron a pie enjuto por en medio del mar, mientras las
aguas hacían muralla a derecha e izquierda.
Aquel día salvó Yahvéh a Israel del poder de los egipcios; e Israel vio a
los egipcios muertos a orillas del mar. Y viendo Israel la mano fuerte que
Yahvéh había desplegado contra los egipcios, temió el pueblo a Yahvéh, y
creyeron en Yahvéh y en Moisés, su siervo.
Entonces Moisés y los israelitas cantaron este cántico a Yahvéh:
Al terminar esta lectura no se dice “Palabra de Dios”, ni tampoco puede haber paso al canto. Inmediatamente se
empieza el Cántico de Moisés, que forma una unidad con la Palabra proclamada.

Cántico de Moisés: “Precipitó en el mar”.

Oración sálmica.
O remos.
O h Dios, que has iluminado los prodigios
de los tiempos antiguos
con la luz del Nuevo Testamento:
el mar Rojo fue imagen de la fuente bautismal,
y el pueblo liberado de la esclavitud
imagen de la familia cristiana;
concede que todos los pueblos,
elevados por su fe a la dignidad del pueblo
elegido,
se regeneren por la participación de tu Espíritu.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

Ecos de la Palabra
El Presidente invita a dar el eco de esta Palabra que se ha proclamado. Termina recogiendo estos ecos y haciendo
una pequeña exhortación.

Lectura de los Profetas


Monición a la cuarta lectura.
Cuarta lectura. Isaías 54, 5-14
Porque tu esposo es tu Hacedor, Yahvéh Sebaot es su nombre; y el que
te rescata, el Santo de Israel, Dios de toda la tierra se llama. Porque como
a mujer abandonada y de contristado espíritu, te llamó Yahvéh; y la mujer
de la juventud ¿es repudiada? - dice tu Dios.
Por un breve instante te abandoné, pero con gran compasión te
recogeré. En un arranque de furor te oculté mi rostro por un instante, pero
con amor eterno te he compadecido - dice Yahvéh tu Redentor.
Será para mí como en tiempos de Noé: cuando juré que no pasarían las
aguas de Noé más sobre la tierra, así he jurado que no me irritaré más
contra ti ni te amenazaré. Porque los montes se correrán y las colinas se
moverán, mas mi amor de tu lado no se apartará y mi alianza de paz no se
moverá - dice Yahvéh, que tiene compasión de ti.
Pobrecilla, azotada por los vientos, no consolada, mira que yo asiento en
carbunclos tus piedras y voy a cimentarte con zafiros. Haré de rubí tus
baluartes, tus puertas de piedras de cuarzo y todo tu término de piedras
preciosas. Todos tus hijos serán discípulos de Yahvéh, y será grande la
dicha de tus hijos. En justicia serás consolidada. Mantente lejos de la
opresión, pues ya no temerás, y del terror, pues no se acercará a ti.
Palabra de Dios.

Canto: “Jerusalén reconstruida” [sin aleluya]


o también: “Sión, madre de todos los pueblos”
Oración sálmica.
O remos.
D ios todopoderoso y eterno,
multiplica, fiel a tu palabra,
la descendencia que aseguraste
a la fe de nuestros padres,
y aumenta con tu adopción los hijos de la
promesa;
para que tu Iglesia vea en qué medida se ha
cumplido ya
cuanto los patriarcas creyeron y esperaron.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

Monición a la quinta lectura.

Quinta lectura. Isaías 55,1-11


¡Oh, todos los sedientos, vayan por agua, y los que no tienen plata,
vengan, compren y coman, sin plata, y sin pagar, vino y leche! ¿Por qué
gastar plata en lo que no es pan, y su jornal en lo que no sacia? Háganme
caso y coman cosa buena, y disfruten con algo sustancioso. Apliquen el
oído y acudan a mí, oigan y vivirá vuestra alma.
Pues voy a firmar con ustedes una alianza eterna: las amorosas y fieles
promesas hechas a David. Mira que por testigo de las naciones le he
puesto, caudillo y legislador de las naciones. Mira que a un pueblo que no
conocías has de convocar, y un pueblo que no te conocía, a ti correrá por
amor de Yahvé tu Dios y por el Santo de Israel, porque te ha honrado.
Busquen a Yahvé mientras se deja encontrar, llamenle mientras está
cercano. Deje el malo su camino, el hombre inicuo sus pensamientos, y
vuélvase a Yahvé, que tendrá compasión de él, a nuestro Dios, que será
grande en perdonar. Porque no son mis pensamientos vuestros
pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos - oráculo de Yahvé -.
Porque cuanto aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos
a los de ustedes y mis pensamientos a los de ustedes. Como descienden la
lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá, sino que empapan la tierra,
la fecundan y la hacen germinar, para que dé simiente al sembrador y pan
para comer, así será mi palabra, la que salga de mi boca, que no tornará a
mí de vacío, sin que haya realizado lo que me plugo y haya cumplido
aquello a que la envié.
Palabra de Dios

Canto: “Gritad jubilosos”


Oración sálmica.
O remos.
D ios todopoderoso y eterno,
esperanza única del mundo,
que anunciaste por la voz de tus profetas
los misterios de los tiempos presentes;
atiende los deseos de tu pueblo,
porque ninguno de tus fieles
puede progresar en la virtud
sin la inspiración de tu gracia.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

Monición a la sexta lectura.


Sexta lectura: Baruc 3,9-15.32-4,4
Escucha, Israel, los mandamientos de vida, tiende tu oído para conocer
la prudencia. ¿Por qué, Israel, por qué estás en país de enemigos, has
envejecido en un país extraño, te has contaminado con cadáveres, contado
entre los que bajan al seol? ¡Es que abandonaste la fuente de la sabiduría!
Si hubieras andado por el camino de Dios, habrías vivido en paz
eternamente. Aprende dónde está la prudencia, dónde la fuerza, dónde la
inteligencia, para saber al mismo tiempo dónde está la longevidad y la
vida, dónde la luz de los ojos y la paz.
Pero ¿quién ha encontrado su mansión, quién ha entrado en sus tesoros?
Pero el que todo lo sabe la conoce, con su inteligencia la escrutó, el que
dispuso la tierra para siempre y la llenó de animales cuadrúpedos, el que
envía la luz, y ella va, el que llama, y temblorosa le obedece; brillan los
astros en su puesto de guardia llenos de alegría, los llama él y dicen: ¡Aquí
estamos!, y brillan alegres para su Hacedor.
Este es nuestro Dios, ningún otro es comparable a él. El descubrió el
camino entero de la ciencia, y se lo enseñó a su siervo Jacob, y a Israel su
amado. Ella es el libro de los preceptos de Dios, la Ley que subsiste
eternamente: todos los que la retienen alcanzarán la vida, mas los que la
abandonan morirán. Vuelve, Jacob y abrázala, camina hacia el esplendor
bajo su luz. No des tu gloria a otro, ni tus privilegios a nación extranjera.
Felices somos, Israel, pues lo que agrada al Señor se nos ha revelado.
Palabra de Dios

Canto: “Shemá Israel” o también: “Dichoso el hombre” (Sal


1)

Oración sálmica.
O remos.

O h Dios, que sin cesar haces crecer a tu


Iglesia
agregando a ella nuevos hijos:
defiende con tu constante protección
a cuantos purificas en el agua del bautismo.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

Monición a la séptima lectura.

Séptima lectura. Ezequiel 36, 16-28

La palabra de Yahvé me fue dirigida en estos términos: Hijo de hombre,


los de la casa de Israel que habitaban en su tierra, la contaminaron con su
conducta y sus obras; como la impureza de una menstruante era su
conducta ante mí. Entonces yo derramé mi furor sobre ellos, por la sangre
que habían vertido en su tierra y por las basuras con las que la habían
contaminado. Los dispersé entre las naciones y fueron esparcidos por los
países. Los juzgué según su conducta y sus obras.
Y en las naciones donde llegaron, profanaron mi santo nombre, haciendo
que se dijera a propósito de ellos: «Son el pueblo de Yahvé, y han tenido
que salir de su tierra.» Pero yo he tenido consideración a mi santo nombre
que la casa de Israel profanó entre las naciones adonde había ido.
Por eso, di a la casa de Israel: Así dice el Señor Yahvé: No hago esto por
consideración a ustedes, casa de Israel, sino por mi santo nombre, que
ustedes han profanado entre las naciones adonde fueron. Yo santificaré mi
gran nombre profanado entre las naciones, profanado allí por ustedes. Y
las naciones sabrán que yo soy Yahvé - oráculo del Señor Yahvé - cuando
yo, por medio de ustedes, manifieste mi santidad a la vista de ellos.
Les tomaré de entre las naciones, les recogeré de todos los países y les
llevaré a su suelo. Les rociaré con agua pura y quedarán purificados; de
todas vuestras impurezas y de todas sus basuras les purificaré. Y les daré
un corazón nuevo, infundiré en ustedes un espíritu nuevo, quitaré de la
carne de ustedes el corazón de piedra y les daré un corazón de carne.
Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que se conduzcan según mis
preceptos y observen y practiquen mis normas. Habitarán la tierra que yo
di a sus padres. Ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios.

Palabra de Dios.

Canto: “Como la cierva anhela” (Sal. 42-43)

Oración sálmica.
O remos.

O h Dios, poder inmutable y luz sin ocaso,


mira con bondad a tu Iglesia,
sacramento de la nueva Alianza,
y, según tus eternos designios,
lleva a término la obra de la salvación humana;
que todo el mundo experimente y vea
cómo lo abatido se levanta,
lo viejo se renueva
y vuelve a su integridad primera,
por medio de nuestro Señor Jesucristo,
de quien todo procede.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
R/. Amén.
Ecos de la Palabra
El Presidente invita a los hermanos a dar el eco a este segundo bloque de lecturas. Puede terminar recogiendo los
ecos y diciendo una breve palabra
Paso de la fe a los niños

El Presidente, o algún catequista, introduce la intervención de los niños, explicando este momento tan importante
de pasarles la fe, en esta noche santa.

Canto de los niños: “¿Por qué esta noche es


diferente?”
Respuesta de los adultos.
Himno Pascual
Se encienden los cirios del altar, también la menorá, y otros candelabros, si los hay. Todos se ponen de pie, y el
Presidente entona solemnemente el Gloria.

G loria a Dios en el cielo ...


Responde la asamblea, con instrumentos y campanillas.

Oración colecta
El Presidente, con las manos juntas, invita a todos a la oración:

O remos.
Extiende las manos y dice:

O h Dios, que iluminas esta noche santa


con la gloria de la resurrección del Señor, +
aviva en tu Iglesia el espíritu filial,
para que, renovados en cuerpo y alma, *
nos entreguemos plenamente a tu servicio.
Junta las manos.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, +
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu
Santo *
y es Dios, por los siglos de los siglos.
R/. Amén.
Todos se sientan.
Lecturas del Nuevo Testamento
Monición.
Lectura: Romanos 6,3-11
¿O es que ignoran que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos
bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo
en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los
muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos
una vida nueva. Porque si hemos hecho una misma cosa con él por una
muerte semejante a la suya, también lo seremos por una resurrección
semejante; sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con él, a fin
de que fuera destruido este cuerpo de pecado y cesáramos de ser esclavos
del pecado. Pues el que está muerto, queda librado del pecado.
Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él,
sabiendo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere
más, y que la muerte no tiene ya señorío sobre él. Su muerte fue un morir
al pecado, de una vez para siempre; mas su vida, es un vivir para Dios. Así
también ustedes, considerense como muertos al pecado y vivos para Dios
en Cristo Jesús.
Palabra de Dios.
A continuación se hace la monición del Evangelio (mejor omitirla).

Aleluya

Un diácono, si lo hay, o un salmista se acerca al Presidente y le anuncia el Aleluya,


cantando con tono solemne:
Padre, le anuncio una inmensa alegría: el ALELUYA.

El Presidente inicia el canto, estrenando esta aclamación de alegría.

A leluya,
Aleluya, Aleluya.

Y se canta solemnemente, subiendo el tono gradualmente:

V/. Cristo Jesús ha resucitado.


R/. Aleluya, aleluya, aleluya.
Se cantan ahora las estrofas del Salmo Responsorial, el Salmo 117: “No he de morir, que
viviré”, tal como viene en el Leccionario, alternando con el canto del Aleluya.

Dad gracias al Señor porque es bueno,


porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
V/. Cristo Jesús ha resucitado.
R/. Aleluya, aleluya, aleluya.

La diestra del Señor es poderosa,


la diestra del Señor es excelsa.
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
V/. Cristo Jesús ha resucitado.
R/. Aleluya, aleluya, aleluya.

La piedra que desecharon los arquitectos


es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
V/. Cristo Jesús ha resucitado.
R/. Aleluya, aleluya, aleluya.
Evangelio
Mientras se está cantando el Aleluya, se acerca el turiferario con el incensario y la naveta. El
Presidente pone incienso tres veces y lo bendice sin decir nada. No se llevan cirios
encendidos para el Evangelio. Se usa el velo humeral dorado.
Después se acerca el diácono (u otro presbítero concelebrante) que pide la bendición, en
la forma acostumbrada. El diácono desde el ambón saluda al pueblo (sin extender las
manos), inciensa el Evangeliario y canta el Evangelio.

Ciclo A: San Mateo 28,1-10


Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, María
Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. De pronto se produjo un
gran terremoto, pues el Ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose, hizo
rodar la piedra y se sentó encima de ella. Su aspecto era como el
relámpago y su vestido blanco como la nieve. Los guardias, atemorizados
ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. El Ángel se
dirigió a las mujeres y les dijo: «Ustedes no teman, pues sé que buscan a
Jesús, el Crucificado; no está aquí, ha resucitado, como lo había dicho.
Vengan, vean el lugar donde estaba. Y ahora vayan enseguida a decir a
sus discípulos: 'Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de ustedes
a Galilea; allí le verán.' Ya se lo he dicho.»
Ellas partieron a toda prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo, y
corrieron a dar la noticia a sus discípulos. En esto, Jesús les salió al
encuentro y les dijo: «¡Dios les guarde!» Y ellas, acercándose, se asieron
de sus pies y le adoraron. Entonces les dice Jesús: «No teman. Vayan,
avisen a mis hermanos que partan a Galilea; allí me verán.»
Palabra del Señor.

Ciclo B: San Marcos 16, 1-7


Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé
compraron aromas para ir a embalsamarle. Y muy de madrugada, el
primer día de la semana, a la salida del sol, van al sepulcro. Se decían unas
otras: «¿Quién nos retirará la piedra de la puerta del sepulcro?» Y
levantando los ojos ven que la piedra estaba ya retirada; y eso que era
muy grande. Y entrando en el sepulcro vieron a un joven sentado en el
lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se asustaron. Pero él les
dice: «No se asusten. Buscan a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha
resucitado, no está aquí. Vean el lugar donde le pusieron. Pero vayan a
decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de ustedes a Galilea; allí le
verán, como les dijo.»
Palabra del Señor
Ciclo C: San Lucas 24,1-12
El primer día de la semana, muy de mañana, fueron al sepulcro llevando
los aromas que habían preparado. Pero encontraron que la piedra había
sido retirada del sepulcro, y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor
Jesús. No sabían que pensar de esto, cuando se presentaron ante ellas dos
hombres con vestidos resplandecientes. Como ellas temiesen e inclinasen
el rostro a tierra, les dijeron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que
está vivo? No está aquí, ha resucitado. Recuerden cómo les habló cuando
estaba todavía en Galilea, diciendo: 'Es necesario que el Hijo del hombre
sea entregado en manos de los pecadores y sea crucificado, y al tercer día
resucite. '»
Y ellas recordaron sus palabras. Regresando del sepulcro, anunciaron
todas estas cosas a los Once y a todos los demás. Las que decían estas
cosas a los apóstoles eran María Magdalena, Juana y María la de Santiago y
las demás que estaban con ellas. Pero todas estas palabras les parecían
como desatinos y no les creían. Pedro se levantó y corrió al sepulcro. Se
inclinó, pero sólo vio las vendas y se volvió a su casa, asombrado por lo
sucedido.
Palabra del Señor.

Terminado el Evangelio, bendice a la asamblea. Después lleva el Libro al Presidente y lo besa. El Presbítero, o el
diácono que ha cantado el Evangelio, lleva de nuevo el Libro hasta el ambón y lo deja sobre él, abierto.

Ecos de la Palabra
Todos se sientan y el Presidente invita a dar el eco de la Palabra proclamada. Que sean breves y sin dejar espacios
de tiempo entre ellos.

Homilía
El Presidente, desde la sede, hace la homilía.
Liturgia Bautismal
Un responsable, o catequista, hace una monición breve a toda la Liturgia del Bautismo. Si no hay bautismos, se
procede como se indica más adelante.

El diácono, o el Presidente, llama a los catecúmenos:

A cérquense los catecúmenos que van


a ser bautizados.

Los padres (y padrinos) con los niños, se colocan cerca del presbiterio, preparados para iniciar la procesión hacia
la fuente.
El Presidente, amonesta a los presentes con estas palabras:

H ermanos: acompañemos con nuestra


oración a estos catecúmenos que
anhelan renacer a una vida nueva en
la fuente bautismal y pidamos
insistentemente todos juntos a Dios,
nuestro Padre, que guíe y acompañe
sus pasos hacia la fuente de la
regeneración.

Se inicia la procesión, muy lenta, hacia la fuente bautismal, que estará en el centro, en un lugar visible. Va delante
un ministro con el Cirio Pascual, siguen los catecúmenos con los padrinos, o los padres con los niños, y,
finalmente, va el Presidente con los ministros.
Los padres y padrinos se colocan al otro lado de la fuente, mientras que los ministros permanecen delante
Letanías de los Santos

Los cantores inician el canto de las Letanías de los Santos, en las que se pueden añadir
algunos nombres de Santos, especialmente el del titular de la iglesia o de los patronos del
lugar, y de los patronos de los que van a ser bautizados:

Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. San Francisco Javier.


Cristo, ten piedad Cristo, ten piedad. San Juan María Vianney.
Señor, ten piedad. Señor, ten piedad. Santa Catalina de Siena.
Santa María, Madre de Dios, Ruega Santa Teresa de Avila.
por nosotros. Santa Teresa del Niño
San Miguel. Jesús
San Rafael. San Toribio de Mogrovejo
San Gabriel. San Martín de Porres.
Santos ángeles de Dios. Santa Rosa de Lima.
San Juan Bautista. se pueden añadir otros nombres
San José. de santos.
San Joaquín. Santos y Santas de Dios.
Santos Pedro y Pablo. Muéstrate propicio con
San Andrés. nosotros,
San Juan. líbranos, Señor.
Santos Apóstoles y Evangelistas. De todo mal.
Santa María Magdalena. De todo pecado.
San Esteban. De la muerte eterna.
San Ignacio de Antioquía. Por tu encarnación.
San Lorenzo. Por tu muerte y
Santas Perpetua y Felicidad. resurrección.
Santa Inés. Por el envío del Espíritu
San Gregorio. Santo.
San Agustín. Nosotros, que somos
San Atanasio. pecadores,
San Basilio. te rogamos, óyenos.
Si hay bautizandos:
San Martín.
San Benito. Para que regeneres a estos
Santos Francisco y Domingo. elegidos
con la gracia del Bautismo.
Jesús, Hijo de Dios vivo.
El Presidente concluye, con las manos extendidas:

O remos.

Q ue tu eficacia,
Dios todopoderoso y eterno,
se manifieste en estos sacramentos,
obra de tu amor.
Que el espíritu de adopción
descienda sobre los nuevos hijos
que van a nacer de la fuente bautismal.
Que tu poder dé eficacia
a la acción de tu ministro.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

Se continúa con la consagración del agua bautismal.


Ritos prebautismales
Es un momento significativo e importante, en el cual el poder de Jesucristo, que expulsaba demonios y espíritus
inmundos, arrancará ahora, con el Dedo de Dios, por la acción del Espíritu Santo, todo espíritu del mal, dejando
así el sitio preparado para que el catecúmeno sea “invadido” del Espíritu Santo.

Oración de exorcismo
El Presidente dice con las manos extendidas:

D ios todopoderoso y eterno,


que has enviado tu Hijo al mundo,
para librarnos del dominio de Satanás, espíritu
del mal,
y llevarnos así, arrancados de las tinieblas,
al Reino de tu luz admirable;
te pedimos que estos niños,
lavados del pecado original, sean templo tuyo,
y que el Espíritu Santo habite en ellos.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

Unción prebautismal
Si la debilidad es signo del poder del pecado, el Espíritu que ahora se recibe confiere fortaleza para luchar contra
el demonio y deshacer sus mentiras, para no caer en sus trampas.

Prosigue el Presidente:

P ara que el poder de Cristo Salvador les


fortalezca,
les ungimos con éste óleo de salvación
en el nombre del mismo Jesucristo, Señor
nuestro,
que vive y reina por los siglos de los siglos.
R/. Amén.
El Presidente toma el óleo de los catecúmenos y unge en el pecho a los niños, despacio y con abundante óleo para
que sea un signo visible.
Después se lava las manos.

Consagración del Agua Bautismal


El Presidente, consagra el agua bautismal, cantando o diciendo la siguiente oración, con
las manos juntas.

O h Dios, que por medio de los signos


sacramentales
tu obras con invisible potencia
las maravillas de la Salvación.
De muchos modos,
a través de los tiempos
has preparado el agua, tu criatura,
para que fuese signo del Bautismo.
Desde los orígenes tu Espíritu
aleteaba sobre las aguas,
para que contuviesen la fuerza de santificar.
Y también, en el diluvio
has prefigurado el Bautismo,
para que hoy como ayer
el agua señalase el fin del pecado
y el inicio de la Vida Nueva.
Tu has liberado de la esclavitud
a los hijos de Abrahán,
haciéndoles pasar ilesos el Mar Rojo,
para que fuesen la imagen
del futuro pueblo de bautizados.
Por fin, en la plenitud de los tiempos,
tu Hijo, bautizado en el agua del Jordán,
fue consagrado por el Espíritu Santo.
Levantado en la Cruz,
de su costado salió sangre y agua.
R/. Levantado en la Cruz,
de su costado salió sangre y agua.
Y después de su resurrección
ordenó a sus discípulos:
“Vayan y anuncien el Evangelio
a todos los pueblos,
bautizándoles en el nombre del Padre,
y del Hijo, y del Espíritu Santo”.
R/. Bautizándoles en el nombre del Padre,
y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Ahora, ahora Padre,
mira con amor a tu Iglesia,
y haz brotar para ella
la fuente del Bautismo.
Infunde en esta agua
por obra del Espíritu Santo,
la gracia de tu único Hijo,
para que por el sacramento del Bautismo
el hombre hecho a tu imagen
sea lavado de todos sus pecados
y, del agua del Espíritu Santo,
renazca como nueva criatura.
Sumerge una o tres veces el Cirio en el agua, diciendo:
Descienda Padre,
en esta agua, por obra de tu Hijo,
la potencia del Espíritu Santo.
Con el Cirio en el agua, prosigue:
para que todos aquellos que hoy
reciban [renueven] el Bautismo
sean sepultados con Cristo.
y muertos con Él ¡resurjan!
¡resuciten! a la Vida Inmortal.
R/. Y muertos con Él,¡ resurjan !
¡ resuciten! a la Vida Inmortal.
Por Cristo, nuestro Señor.
R/. Amén, amén, amén.
Bautismo

Terminada la consagración del agua, devuelve el Cirio a un ministro, que lo colocará sobre un soporte preparado.
Si no hay bautismos, se pasa a la renovación de las promesas bautismales por la asamblea, tal como se indica más
adelante.
Si hay bautismos, el Presidente se dirige a los padres y padrinos con estas u otras palabras:

Q ueridos padres y padrinos:


En el sacramento del Bautismo, estos
niños que han presentado a la Iglesia
van a recibir, por el agua y el Espíritu
Santo, una nueva vida que brota del
amor de Dios.
Ustedes, por su parte, tienen la misión
de educarles en la fe, de tal manera
que esta vida divina quede preservada
del pecado y crezca en ellos de día en
día.
Así, pues, si están dispuestos a acoger
esta misión, recordando su propio
Bautismo, renuncien al pecado y
confiesen su fe en Cristo Jesús, que es
la fe de la Iglesia, en la que van a ser
bautizados sus hijos.
Renuncia a Satanás
Después pregunta a los padres y padrinos (que contestan en singular):

¿ R enuncian al pecado, para vivir


en la libertad de los hijos de Dios?
R/. Sí, renuncio.

¿ R enuncian a todas la seducciones del mal,


para que no domine en ustedes el pecado?
R/. Sí, renuncio.

¿ R enuncian a Satanás,
padre y príncipe del pecado?
R/. Sí, renuncio.

Profesión de fe bautismal
Seguidamente, el Presidente les pide esta triple profesión de fe (responden en singular):

¿ C reen en Dios, Padre todopoderoso,


creador del cielo y de la tierra?
R/. Sí, creo.

¿ C reen en Jesucristo, su único Hijo, nuestro


Señor,
que nació de santa María Virgen,
murió, fue sepultado, resucitó de entre los
muertos
y está sentado a la derecha del Padre?
R/. Sí, creo.

¿ C reen el Espíritu Santo,


en la santa Iglesia católica,
en la comunión de los santos,
en el perdón de los pecados,
en la resurrección de la carne
y en la vida eterna?
R/. Sí, creo.

El Presidente concluye:

D ios todopoderoso,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos regeneró por el agua y el Espíritu Santo
y que nos concedió la remisión de los pecados,
nos guarde en su gracia,
en el mismo Jesucristo nuestro Señor,
para la vida eterna.
R/. Amén.

Rito del Bautismo de niños y adultos

El presidente bautiza primero a los niños y después a los elegidos. Antes de cada
bautismo, preguntará a los padres de los niños ( no así a los adultos, a quienes no
preguntará nada, y bautizará directamente). Se acerca la primera familia que va a
bautizar a su hijo. El Presidente pregunta a cada familia, esta pregunta:

¿ Q uieren, por tanto,


que su hijo N. sea bautizado en la fe de la
Iglesia,
que acaban de profesar?
R/. Sí, queremos.

Los padres entregan el niño desnudo al diácono o al Presidente, y se trasladan al otro


lado de la fuente, con una toalla blanca preparada, para recogerlo después del bautismo.
Inmediatamente, el diácono o el Presidente bautiza al niño, diciendo:

N ., yo te bautizo
en el nombre del Padre,
y le hace una primera inmersión en el agua.
y del Hijo,
segunda inmersión en el agua.
y del Espíritu Santo.
tercera inmersión en el agua, sumergiéndole completamente.

Después del Bautismo de cada niño, el Presidente o el diácono muestra al neófito a la asamblea, levantándole en
alto, mientras se hace una breve aclamación cantada.
Terminados los bautismos, el Presidente o el diácono regresa a la sacristía a cambiarse de alba, si se hicieron por
inmersión, o recibe una toalla para secarse.
Unción con el Santo Crisma

Después el Presidente dice:

D ios todopoderoso,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que les ha liberado del pecado
y dado nueva vida por el agua y el Espíritu
Santo,
les consagre con el Crisma de la salvación
para que entren a formar parte de su pueblo
y sean para siempre miembros de Cristo,
sacerdote, profeta y rey.
R/. Amén.

Seguidamente, en silencio, el Presidente unge en la coronilla a cada niño, con el Santo Crisma. Después un
ministro le ofrece al Presidente la bandeja con el recipiente de agua para limpiarse, y una toalla o un purificador.

Imposición de la vestidura blanca


El Presidente impone a los recién bautizados el vestido blanco, diciendo:

(N. y N.), son ya nuevas criaturas


y han sido revestidos de Cristo.
Esta vestidura blanca
sea signo de su dignidad de cristianos.
Ayudados por la palabra y el ejemplo de los
vuestros,
conservadla sin mancha hasta la vida eterna.
R/. Amén.

Se omiten en la Vigilia Pascual la entrega del cirio encendido y el rito del “Effetha”, según se indica en el Ritual
del Bautismo de niños (Notas pastorales, núm. 78,c).
El cirio de los niños bautizados ya lo llevaban encendidos sus padres o padrinos en el Lucernario. Para no
duplicar el signo no se hace esta entrega ahora.
Entrega de la Luz a los neófitos

El celebrante toma el cirio pascual, o al menos lo toca con las manos diciendo a los
padrinos:

A cerquense, padrinos y madrinas,


Para que entreguen la luz a los neófitos.

Se acercan los padrinos y madrinas y encienden un cirio en el cirio pascual, y se lo


entregan al neófito o lo sostienen ellos. Entonces el celebrante dice:

Reciban la luz de Cristo.


Seguidamente el celebrante dice,

H an sido transformados en la luz de Cristo.


Caminen siempre como hijos de la luz,
a fin de que, perseverando en la fe,
puedan salir con todos los santos
al encuentro del Señor.
Padrinos : Amén.
Bendición del Agua común
Si no hay bautismos: se lleva un recipiente con agua al presbiterio, cerca de la sede. El Presidente hace la
siguiente monición:

I nvoquemos,
hermanos, a Dios Padre
todopoderoso, para que con su poder
santifique esta agua, que va a ser
queridos

derramada sobre nosotros en memoria


de nuestro bautismo, y pidámosle que
nos renueve interiormente, para que
permanezcamos fieles al Espíritu que
hemos recibido.
No se cantan las letanías de los Santos (Salvo que se vaya a conservar el agua para
futuros bautismos en el tiempo de Pascua).

S eñor Dios nuestro,


escucha las oraciones de tu pueblo
que vela en esta noche santa,
en que celebramos
la acción maravillosa de nuestra creación
y la maravilla, aún más grande, de nuestra
redención;
dígnate bendecir  esta agua.
La creaste para hacer fecunda la tierra
y favorecer nuestros cuerpos con el frescor y la
limpieza.
La hiciste también instrumento de misericordia
al librar a tu pueblo de la esclavitud
y apagar con ella su sed en el desierto;
por los profetas la revelaste como signo de la
nueva alianza
que quisiste sellar con los hombres.
Y, cuando Cristo descendió a ella en el Jordán,
renovaste nuestra naturaleza pecadora
en el baño del nuevo nacimiento.
Que esta agua, Señor,
avive en nosotros el recuerdo de nuestro
bautismo
y nos haga participar en el gozo de nuestros
hermanos
bautizados en la Pascua.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.
Se continúa con la renovación de las promesas bautismales.
Renovación de las promesas bautismales
El Presidente regresa al presbiterio, mientras los neófitos son conducidos a su lugar, en la asamblea de los fieles.
Los niños ya bautizados permanecen en la asamblea, por lo menos hasta que se concluya la Oración de los fieles,
en la que ya desde ahora, pueden “participar”. Es un signo importante que permanezcan allí, ya que en la Plegaria
Universal se pedirá expresamente por ellos.
Un ministro toma luz del Cirio y lo distribuye a toda la asamblea. Todos de pie, y con las velas encendidas en
sus manos, renuevan las promesas del bautismo. Todos contestan en singular. El Presidente se dirige a los fieles
con estas palabras:

Hermanos: Por el misterio pascual


hemos sido sepultados con Cristo en el
bautismo, para que vivamos una vida
nueva. Renovemos las promesas del
santo Bautismo, con las que en otro
tiempo renunciamos a Satanás y a sus
obras, y prometimos servir fielmente a
Dios en la santa Iglesia católica.
Así, pues:
Los fieles contestan en singular:

¿Renuncian al pecado
para vivir en la libertad de los hijos de Dios?
R/. Sí, renuncio.
¿Renuncian a todas las seducciones del mal?
R/. Sí, renuncio.
¿Renuncian a Satanás, padre y príncipe del
pecado?
R/. Sí, renuncio.
¿Creen en Dios, Padre todopoderoso,
creador del cielo y de la tierra?
R/. Sí, creo
¿Creen en Jesucristo,
su único Hijo, nuestro Señor,
que nació de santa María Virgen,
murió, fue sepultado,
resucitó de entre los muertos
y está sentado a la derecha del Padre?
R/. Sí, creo.

¿Creen en el Espíritu Santo,


en la santa Iglesia católica,
en la comunión de los santos,
en el perdón de los pecados,
en la resurrección de la carne
y en la vida eterna?
R/. Sí, creo.

Q ue Dios todopoderoso, Padre de nuestro


Señor Jesucristo,
que nos regeneró por el agua y el Espíritu Santo
y que nos concedió la remisión de los pecados,
nos guarde en su gracia,
en el mismo Jesucristo nuestro Señor,
para la vida eterna.
R/. Amén.

Un acólito se acerca a la fuente bautismal, toma agua en un recipiente y se lo ofrece, junto con el hisopo, al
Presidente. Éste toma agua con su mano y se santigua, y después asperja al pueblo con el agua bendita,
recorriendo ampliamente toda la sala, con abundante agua, mientras se canta una antífona bautismal.
Terminada la aspersión, devuelve el hisopo al ministro, recibe una toalla, se seca, y sube a la sede. Se apagan las
velas. El Presidente dirige la oración de los fieles.
Oración de los fieles
El Presidente dice:

Llenos de alegría por la santa y


vivificante resurrección del Señor,
purificados nuestros sentimientos y
renovados nuestros espíritus,
supliquemos insistentemente al Señor.

El diácono, u otro ministro idóneo, canta o dice las siguientes intenciones, con las manos
juntas:
Oremos hermanos a Cristo, / que por su resurrección ha vencido la
muerte y ha destruido el pecado,  para que todos los cristianos
sean siempre fieles a las promesas del bautismo que han renovado
en esta noche santa. 
R/. Escúchanos, oh Señor.
Oremos hermanos a Cristo, que por su resurrección, / ha hecho
renacer a los nuevos hijos de la Iglesia, / engendrándolos por el
agua y el Espíritu Santo,  para que confirme en ellos los dones
que les ha concedido en esta Pascua. 
R/. Escúchanos, oh Señor.
Oremos hermanos a Cristo, / que por su resurrección ha dado la
vida verdadera al mundo y ha renovado toda la creación,  para
que aquellos que viven sin fe y sin esperanza / encuentren la paz y
la alegría de la Vida Eterna. 
R/. Escúchanos, oh Señor.
Oremos hermanos a Cristo, / que por su resurrección ha abierto el
cielo a quienes gemían en el abismo del pecado,  para que otorgue
la Vida al hombre mortal, / y le alivie de todos sus sufrimientos. 
R/. Escúchanos, oh Señor.
Oremos hermanos a Cristo, / que anunció la alegría de su
resurrección apareciéndose a las mujeres y a los apóstoles,  para
que nos conceda a todos nosotros celebrar su triunfo / y anunciarlo
a todas las naciones. 
R/. Escúchanos, oh Señor.
El Presidente, con las manos extendidas, concluye:

S eñor
glorificado
Jesucristo,

por los ángeles y por los santos


y en la tierra eres enaltecido y adorado por tu
que en el cielo eres

Iglesia,
en esta fiesta gloriosa de tu resurrección
te suplicamos que escuches nuestras oraciones
y extiendas tu diestra misericordiosa
sobre este pueblo
que pone toda su esperanza en tu resurrección.
Tú que vives y reinas, inmortal y glorioso,
por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

Rito de la paz

El Presidente, con las manos extendidas, dice:


La paz del Señor esté siempre con ustedes.
R/. Y con tu espíritu.

El diácono:
En el Espíritu de Cristo resucitado,
Dense fraternalmente la paz.

los hermanos se saludan con el beso santo de la paz, diciendo:


V/. ¡Cristo ha resucitado!
R/. ¡Verdaderamente, ha resucitado!

Se concluye con un canto de paz, mientras todos se sientan.


Liturgia Eucarística
El diácono y los ministros preparan los dones sobre el Altar. Un presbítero concelebrante, o el mismo Presidente
hace la presentación de las Ofrendas.
Los ministros se acercan a la sede con el turiferario y la naveta. El Presidente pone incienso en el turíbulo, y lo
bendice sin decir nada. Se levanta y se acerca al Altar. Después inciensa (sin hacer inclinación) las ofrendas y el
Altar. Al pasar por delante de la Cruz hace inclinación y también la inciensa. También puede incensar el Cirio
Pascual (pero no se detiene ante él, ni hace inclinación, ni hace los tres movimientos dobles, sino que lo rodea
incensándolo con movimientos simples). Después regresa a la sede, donde un ministro inciensa al Presidente,
después a los concelebrantes, y por último a los fieles.-Dos ministros se acercan a la sede y ofrecen el lavabo al
Presidente.

Oración sobre las ofrendas

Todos se ponen de pie, y el Presidente, desde la Sede, dice la oración sobre las ofrendas. Si no se hace el “Orad
hermanos”, comienza con la monición “Oremos”.
Con las manos juntas:

O remos.
Con las manos extendidas.

E scucha, Señor, la oración de tu pueblo


y acepta sus ofrendas, +
para que la nueva vida
que nace de estos sacramentos pascuales *
sea, por tu gracia,
prenda de vida eterna.

Junta las manos.

Por Jesucristo nuestro Señor.


R/. Amén.
Prefacio Pascual
El Presidente se acerca al Altar y canta o dice el Prefacio.
Con las manos extendidas:

El Señor esté con ustedes.


R/. Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R/. Es justo y necesario.

E n verdad es justo y necesario,


es nuestro deber y salvación
glorificarte siempre, Señor;
pero más que nunca en este día
en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.

El es el verdadero Cordero
que quitó el pecado del mundo;
muriendo destruyó nuestra muerte,
resucitando restauró nuestra vida.

R/. Muriendo, destruyó nuestra muerte,


resucitando restauró nuestra vida.

Por eso, con esta efusión de gozo pascual,


el mundo entero se desborda de alegría,
y con la asamblea de los ángeles y de los santos,
canta, canta, el himno de tu gloria:

Junta las manos.

R/. Santo, Santo, Santo.


Plegaria Eucarística II

El Presidente, con las manos extendidas, canta o dice la anáfora.

S anto eres en verdad, Señor,


fuente de toda santidad;
Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:
por eso te pedimos que santifiques estos dones
con la efusión de tu Espíritu,
Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente,
diciendo:
de manera que sean para nosotros
Cuerpo y  Sangre
de Jesucristo, nuestro Señor.
Junta las manos.

E l cual,
cuando iba a ser entregado a su Pasión,
voluntariamente aceptada,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan,
y elevando los ojos a ti, Padre, Padre,
pronunció la bendición,
lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

T omen y coman todos de él,


porque esto es mi Cuerpo,
que será entregado por ustedes.
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.
Después prosigue:
Y acabada la cena,

Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:


tomó el cáliz, lleno del fruto de la vid,
y elevando los ojos a ti, Padre, Padre,
pronunció la bendición,
lo pasó a sus discípulos, diciendo:

T omen y beban todos de él,


porque este es el cáliz de mi
sangre,
sangre de la alianza nueva y
eterna,
que será derramada por ustedes
y por muchos
para el perdón de los pecados.

Hagan esto
en memoria mia.

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.

Después prosigue:

Éste es el sacramento de nuestra fe.


R/. Anunciamos tu muerte, Señor,
proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor, Jesús!
Después, con las manos extendidas, canta o dice:

A sí, pues, Padre,


al celebrar ahora el memorial
de la muerte y resurrección de tu Hijo,
te ofrecemos el pan de vida
y el cáliz de salvación
y te damos gracias
porque nos haces dignos de servirte en tu
presencia.
Te pedimos humildemente
que el Espíritu Santo congregue en la unidad
a cuantos participamos
del Cuerpo y Sangre de Cristo.

A cuérdate, Señor,
de tu Iglesia extendida por toda la tierra
y reunida aquí en la noche santísima
de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo,
y con el Papa N.
con nuestro Obispo N.
y todos los pastores que cuidan de tu pueblo,
llévala a su perfección por la caridad.

A cuérdate también de nuestros hermanos


N. y N.
que hoy por medio del bautismo
han entrado a formar parte de tu familia;
ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo,
con ánimo generoso y ferviente.
R ecuerda Señor, a N. y N.
hermanos nuestros de estas comunidades,
que durmieron en la esperanza de la
resurrección,
y de todos los que han muerto en tu
misericordia;
admítelos a contemplar la luz de tu rostro.

T en misericordia de todos nosotros,


y así, con María, la Virgen Madre de Dios,
los apóstoles,
y cuantos vivieron en tu amistad
a través de los tiempos,
merezcamos, por tu Hijo Jesucristo,
compartir la vida eterna
y cantar tus alabanzas.
Junta las manos.

Toma la patena, con el pan consagrado, y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, canta, o


dice:

P or Cristo, con él y en él,


ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria
por los siglos de los siglos.

R/. Amén.
Rito de la comunión
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el Presidente, con las manos juntas, dice:

Llenos de alegría por ser hijos de Dios,


digamos confiadamente la oración que
Cristo nos enseñó:
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:

P adre nuestro, que estás en el cielo,


santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

El Presidente, con las manos extendidas, prosigue él solo:

L íbranos de todos los males, Señor,


y concédenos la paz en nuestros días,
para que, ayudados por tu misericordia,
vivamos siempre libres de todo pecado
y protegidos de toda perturbación,
mientras esperamos la gloriosa venida
de nuestro Salvador Jesucristo.
Junta las manos.
R/. Tuyo es el reino,
tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Después, con las manos extendidas, dice en voz alta.

S eñor
apóstoles:
Jesucristo,

“La paz les dejo, mi paz les doy”


no tengas en cuenta nuestros pecados,
que dijiste a los
sino la fe de tu Iglesia
y, conforme a tu palabra,
concédele la paz y la unidad.
Tú que vives y reinas
por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

Seguidamente el Presidente hace la fracción del Pan, y muestra el Pan partido a toda la asamblea, que lo venera
haciendo una inclinación simple.
Deja caer una parte del mismo en el cáliz. Hace ahora una inclinación profunda, sube a la sede y se sienta.
Otros concelebrantes, o los diáconos, se acercan al altar y hacen la fracción de los panes. Mientras tanto, un
ministro acerca los purificadores hasta el altar.
Cuando todos han terminado de partir el Pan, el diácono, o el presbítero que ha fraccionado el Pan presidencial,
toma la patena del altar y se la acerca al Presidente, quien toma directamente el Cuerpo de Cristo, o bien lo recibe
del diácono.
Después se reparte la comunión a todos los fieles; los presbíteros se desplazan a través de los bancos y entregan
el Cuerpo del Señor a los hermanos, que lo reciben sobre las manos colocadas en forma de cruz.
El Presbítero dice a cada hermano cuando le ofrece el Pan:

El Cuerpo de Cristo.
R/. Amén.

Cuando todos lo han recibido, el Presidente muestra un trozo a la asamblea y dice:

E ste es el Cordero de Dios,


que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.
El Cuerpo de Cristo nos guarde para la vida
eterna.
R/. Amén.

Lo consumen todos al mismo tiempo.


Cuando todos han consumido el Pan, el diácono, u otro presbítero se acerca al altar y trae
hasta la Sede el cáliz con la Sangre de Cristo. El Presidente lo muestra igualmente y dice:

La Sangre de Cristo nos guarde para la vida


eterna.
R/. Amén.
Comulga primero el Presidente, luego los concelebrantes, después los salmistas, y por último todos los fieles.
El Presbítero dice a cada hermano cuando le ofrece el Cáliz:
La Sangre de Cristo.
R/. Amén.
Acabada la comunión, el diácono y los ministros recogen las patenas, los cálices, el corporal y purifican en la
credencia, mientras se continúa cantando.
Cuando todo se ha recogido, se continúa con la oración después de la comunión.
Oración después de la comunión

Todos se ponen de pie. El Presidente invita todos a la oración:

O remos.
Con las manos extendidas dice:

D errama, Señor, sobre nosotros


tu espíritu de caridad, +
para que vivamos siempre unidos en tu amor /
los que hemos participado
en un mismo sacramento pascual.
Junta las manos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.

Ritos conclusivos
El Presidente extiende las manos y dice:
El Señor esté con ustedes.
R/. Y con tu espíritu.

El diácono:
Inclinaos para recibir la bendición.

El Presidente:

Que les bendiga Dios todopoderoso


en esta noche solemne de Pascua,
y que su misericordia les guarde de todo pecado.
R/. Amén.

Y el que les ha redimido por la resurrección de


Jesucristo
les enriquezca con el premio de la vida eterna.
R/. Amén.
Y a ustedes,
que al terminar los días de la pasión del Señor
celebran con gozo la fiesta de Pascua,
les conceda también alegraros
con el gozo de la Pascua eterna.
R/. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,


Padre, Hijo  y Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes.
R/. Amén.

Despedida

Si hay avisos que dar, con respecto al ágape, a la recogida de la asamblea, etc., se dan ahora.
El diácono despide a la asamblea, cantando (con el tono del Evangelio o con melodía
gregoriana):

Pueden ir en paz, aleluya, aleluya.


R/. Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya.

Los salmistas inician un canto festivo: Dayenú, u otro parecido. Un ministro toma la cruz alzada e inicia la salida. Le
siguen los demás ministros, los diáconos y los presbíteros concelebrantes. Por último el Presidente, que besa el Altar y
se incorpora a la procesión hacia el Secretarium, en la forma acostumbrada. La asamblea canta y danza alrededor del
Altar.
Toda la asamblea se reúne en el Agape de comunión pascual.
En la tarde el Domingo de Pascua, sería conveniente si parece oportuno, celebrar las Vísperas solemnes de Pascua,
según una costumbre antiquísima en la Iglesia. En estas Vísperas se hace una procesión a la fuente bautismal, durante
el canto del Magníficat, donde los fieles son asperjados de nuevo con el agua bautismal de la Vigilia de Pascua
(Ceremonial de los Obispos, núm. 371)