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JUAN CARLOS ORTEGA RODRÍGUEZ

Lo que hace importante nuestra fe


LO QUE HACE IMPORTANTE NUESTRA FE
Juan Carlos Ortega Rodríguez

Lo que hace importante nuestra fe: La realidad de un Dios cercano


hasta el punto de permanecer realmente entre nosotros todos los días.

Según usted, ¿qué es lo específico de nuestra fe? Haga un


esfuerzo por responder la pregunta, ¿qué es lo propio, lo distintivo del
cristianismo?

La respuesta que en un primer momento viene a nuestra mente es


la caridad.

Indudablemente que esta virtud ocupa un lugar principal en la


vida y en la fe cristiana, pero no es algo específico de nuestra religión.
Por el contrario, con características diversas, el amor es un elemento
común en la mayoría de las religiones.

Lo propio de nuestra fe, lo que la hace diversa y superior a las


demás creencias son dos elementos. En primer lugar, la realidad de un
Dios cercano hasta el punto, no sólo de hablar con nosotros y venir
sobre la tierra, sino de hacerse hombre y permanecer realmente entre
nosotros todos los días. El segundo elemento consiste en la misericordia
amorosa de Dios.

Él, por medio de la muerte y resurrección de su Hijo, nos perdona


todas las ofensas que le podamos infligir, con tal que reconozcamos
nuestro error y pidamos perdón.

¿Cómo actúa y vive el creyente los elementos que identifican su


fe?

La presencia real y constante de Dios se realiza por medio del


sacramento de la Eucaristía, mientras el sacramento de la Reconciliación
hace presente su amor misericordioso.

En efecto, al recordar la llamada que todos los cristianos hemos


recibido a ser santos, nos ha marcado como camino "la oración
cristiana, viviéndola plenamente ante todo en la liturgia, pero también
de la experiencia personal" La oración litúrgica por excelencia y más
común son precisamente los sacramentos de la Eucaristía y la
Reconciliación.
Sin embargo, el Papa ha lamentado que "en el mundo
contemporáneo, junto a generosos testigos del Evangelio, no faltan
bautizados que adoptan una posición de sorda resistencia y, a veces,
también de abierta rebelión. Son situaciones en las que la experiencia
de la oración se vive de manera bastante superficial, de modo que la
palabra de Dios no incide sobre la existencia. Muchos consideran
insignificante el mismo sacramento de la penitencia y la celebración
eucarística del domingo simplemente un deber que hay que cumplir"

¿Qué esta ocurriendo? Lo que identifica la vida de fe del cristiano,


sus sacramentos, son evitados por algunos de ellos. ¿Por qué? Quizás
porque no se han entendido bien y se han considerado más como un
deber que como un regalo de Dios.

Para lograr que un regalo sea útil y agradable para la persona que
lo recibe es necesario conocer sus gustos y necesidades. ¿Quién mejor
que Dios conoce las necesidades del corazón humano? Por lo tanto,
¿quién mejor que Él nos podrá ofrecer los mejores regalos de nuestra
vida? Así lo afirmó el Papa: "Los dones del Señor -y los sacramentos son
de los más preciosos- vienen de Aquél que conoce bien el corazón del
hombre"

Imagínese que usted hiciera un viaje con el fin específico de visitar


a un amigo que desde hace años no ve. Llega a su ciudad y el amigo se
disculpa diciendo que no puede verle pues se encuentra muy cansado.
¿No se sentiría usted defraudado y confundido? En realidad eso es lo
que nosotros hacemos cuando los domingos no participamos en la Santa
Misa. Es necesario recordar que el precepto dominical no es algo
opcional, por el contrario, "es un deber irrenunciable, que se ha de vivir
no sólo para cumplir un precepto, sino como necesidad de una vida
cristiana verdaderamente consciente y coherente"

Ojalá que todos nos esforcemos para que "la participación en la


Eucaristía sea, para cada bautizado, el centro del domingo". Sabemos
que no será fácil pues las circunstancias actuales ponen al cristiano
"ante el reto de testimoniar con mayor fuerza los aspectos específicos
de su propia identidad. El deber de la participación eucarística es uno de
éstos"

Al igual que la Eucaristía es necesario también presentar en su


modo correcto el sacramento del perdón. En la confesión, "Dios nos
muestra su corazón misericordioso y nos reconcilia plenamente consigo"
Cada vez que nos acercamos al sacramento del perdón, Dios Padre
se acerca a su Hijo Jesucristo y le pide que baje a la Tierra, pues una
parte de su viña necesita ser limpiada de la maleza y ser abonada. Esa
parte de la viña del Señor eres tú y yo cada día que nos acercamos a la
confesión.

En efecto, este sacramento es también un don, el don no de la


justicia sino del amor de Dios. "Éste es el rostro de Cristo que conviene
hacer descubrir también a través del sacramento de la penitencia"